Autor: admin

  • Más que mi criada

    Más que mi criada

    Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

    Llegue a esta ciudad fronteriza hace dos años, me trajo aquí la oportunidad de negocio, es pequeño y solo tengo una secretaria pero poco a poco ha ido creciendo. Debido a que no soy de esta ciudad viajo cada semana a mi ciudad natal. Esto me condujo a buscar quien hiciera la limpieza de mi casa, que aunque no es muy grande si requería de limpieza constante.

    —Daniela…

    —Dígame ingeniero…

    — Haz pasar a la última candidata para ya irnos por favor.

    —Claro que sí… Me puedo retirar ya? Mi novio vino por mi e iremos a…

    —No tiene caso que termines tu discurso Daniela, gracias por hoy y… si puedes retirarte.

    —Gracias!

    No tenía ni porque pedirme permiso, hace más de una hora había terminado su turno y decidió quedarse para ver si necesitaba algo. Daniela era blanca, con poco busto, ni flaca ni gorda, sin nada físicamente muy llamativo. Pero una mujer de 23 años muy trabajadora y eficiente.

    Hizo pasar a la siguiente candidata de inmediato, la cual es poco decir me dejo con la boca abierta y no precisamente por su belleza. No era fea, tenía unos pechos grandes, piernas largas, abdomen plano, nariz respingona, de facciones finas, pelo lacio, piel canela y ojos color miel… Arreglada podría ser una mujer muy guapa… Pero decidió presentarse a la entrevista en chanclas, un pants azul y una playera blanca de tirantes rota por varios lados…

    —Adelante señorita…

    —Gracias.

    —Dígame… Como se llama y porque quiere el empleo.

    —Me llamo Hilda señor, y vengo migrando desde Guatemala para poder cruzar a Estados Unidos. Necesito trabajo para poder estar un mes y cruzar.

    De verdad me apenaba la situación de la muchacha, pero no podía contratar a una migrante. Es cierto que el trabajo es de limpieza pero siempre hay que pensar a futuro. Mi intención era contratar a una mujer que limpiara mi casa y el local. Y así darme cuenta de si tenía madera para este negocio, hacerla secretaría y permitirle a Daniela ir de ventas y poder pagarle más… No vi más opción que serle franco y decirle que no podría darle el empleo.

    —te seré franco Hilda, lamento tu situación pero no puedo darte el empleo. La vacante es para alguien que quiera crecer en la empresa… lamento hacerle perder su tiempo.

    He de reconocer que fue todo un espectáculo ver cómo le rebotaban sus senos al pararse y su trasero era suculento. Me la imagine de rodillas con mi pene en su boca o a cuatro siendo penetrada fuertemente por mí… En fin. Tenía que seguir trabajando.

    Una hora después salía del trabajo y me dirigí a comprar insumos para la semana. Era lunes y requería comprar comida. Al salir de la tienda con mi compra pude ver a Hilda pidiendo dinero, me sentí muy mal por ella así que fui para allá.

    —Hola Hilda.

    Claramente apenada agacho la cabeza y no me respondió.

    —Escucha… El trabajo es tuyo. Preséntate mañana en mi casa a las 8 a.m. la calle y numero…

    —No se llegar señor.

    Vaya… No me agradaba tener que explicar muchas cosas, así que le pedí subiera a mi auto para enseñarle donde vivía. Durante el trayecto no hable con ella, me preguntaba si estaba haciendo lo correcto en contratarla.

    Al llegar le presente la casa, los camiones que llegaban, cuáles serían sus funciones y que esperaba de ella. Y al terminar me ofrecí llevarla a su casa.

    —No tengo casa señor, vivo en la calle…

    Me lleva la jodida… Venia sola, no tenía casa, ni familia ni quién la ayudara. Eso era el colmo, pero al final yo era hombre y ella estaba de buen ver… Siempre me ha gustado el sexo duro y aunque gozaba de una que otra mujer en mi ciudad natal el tener una migrante a mis pies me excitaba. Además que había algo en su forma de ser que me decía que le iba la onda del masoquismo.

    —Muy bien Hilda, puedes quedarte en mi casa esta semana, pero el fin de semana me voy y no podrás quedarte. Tendrás que rentar un cuarto para esos días.

    Esa semana la lleve a buscar un lugar donde poder dormir los fines de semana ya que entre semana viviría conmigo. Ella debía comprar su comida y sus utensilios de limpieza.

    He de decir que ni notaba que estaba en la casa, si no estaba limpiando se encerraba en su cuarto y no salía para nada. Me encantaba su forma sumisa de dirigirse a mí y su obediencia.

    Un día llegue un poco tomado y vi a Hilda en el sillón de la sala sin brassier en una playera que dejaba poco a la imaginación. Yo venía de estar con una chavita de 18 años que me dejo por demás caliente y se me hizo buena presa mi bella criada.

    Le ofrecí una cerveza, la cual aunque no acepto le traje y le pedí se sentara a mi lado a ver un poco de tele. Acepto con la cabeza gacha y se quedó a mi lado tomándose su cerveza.

    Su timidez y sumisión me ponían a mil. Sus ojos de cordero me decían que se temía lo peor, pero que no haría nada para impedirlo. Le cruce el brazo por la espalda y empecé a acariciar su pelo lentamente. Le acariciaba el cuello, los hombros y bajaba por su brazo hasta su cintura. Notaba su incomodidad y como suplicaba con su mirada. Como se temía que algo pasaría pero no se atrevía a hacer nada. En un momento subí mi mano hasta su cabeza y la presione hacia abajo, se resistió y pronuncio un «no» apenas audible. Me rogaba con la mirada vidriosa piedad pero la batalla ya estaba perdida para ella. La conduje despacio pero firme con mi mano derecha mientras que con la izquierda me bajaba el pantalón. Al llegar a la altura de mi duro pene, volteo a verme con una lagrima en sus ojos, implorando una vez más que no la forzara, que la dejara libre. Yo no hice más que hacerle una seña indicándole que se callara mientras hundía mi pene en sus labios carnosos. La subí y la baje con mi mano derecha a mi antojo, le toque con mi glande su campanilla forzando arcadas a la pobre Hilda. Y disfrute cada uno de sus movimientos. Al borde de mi excitación apresure su cabeza con mi mano forzando que los movimientos fueran cada vez más rápidos lo sentía cerca y al parecer las palpitaciones de mi pene le dieron a entender que tendría un orgasmo en su boca por lo cual intento separarse pero no la deje. Con mi pene hasta su garganta sentí tres potentes chorros que salieron directo a su garganta, y la mantuve ahí hasta que sentí como se lo tragaba con un sonoro «glup».

    Al tragárselo quiso separarse nuevamente pero yo no iba a dejar que me dejara el pene chorreando…

    —Límpialo bien Hilda.

    Como autómata empezó a lamer mi pene con su lengua mientras estaba inclinada en el sillón. Su pants estaba a media nalga por la fricción contra el sillón y su blusa estaba prácticamente en su cuello permitiendo que sus grandes senos rozaran mi pierna… Y fue inevitable, se los pellizque y presione su cabeza con mi mano izquierda. Y mientras obtenía otra mamada de mi criada le sobe los pechos a gusto, le estruje y pellizque los pezones a conciencia. Le acaricie la vagina la cual note levemente húmeda y me vine por segunda vez en esa boca de puta.

    —Gracias Hilda, no requiero me hagas de cenar, y ya te puedes retirar a dormir

    —Gracias señor…

    Se retiraba arrastrando los pies con pequeñas lágrimas en sus ojos.

    —Hilda…

    Se volteó con esos ojos de cordero que me volvían loco.

    —S… sii??

    —se te olvidan las botellas… Tíralas por favor.

    Se agacho a recogerlas regalándome una última vista de sus hermosos pechos color canela y estuve a punto de abalanzarme sobre ella para cogérmela… Pero me contuve, ya tendría tiempo de entrenarla. Me vio a los ojos y una vez más se retiró sumisa a hacer lo que le ordenaba…

    Continuara…

    Me encantan las mujeres sumisas que se entregan como fieles mascotas a su dueño. Es delicioso contar con dos bocas de putas para lamerte los huevos y poder hacer con las perras lo que uno desea.

    El lugar que te corresponde como mujer es sirviéndome, adorándome y complaciéndome.

  • Noche de pasión en Lisboa (II)

    Noche de pasión en Lisboa (II)

    Estoy en Lisboa nuevamente. Aprovechando que la próxima es la ‘semana loca’ de diciembre, ya que los días 6 y 8 son festivos en España, y el 6 cae en martes, me he venido ayer viernes y voy a disfrutar de casi 10 días de vacaciones. Me he levantado tarde, ya que arribé al hotel casi a las tres de la madrugada y después de desayunar me he ido a la zona del Rossio a pasear y tomar un aperitivo. Desde una cafetería llamé a Amália, a la que ya presenté en mi primer relato, avisándole que estaba en Lisboa, con la intención de quedar con ella, en el caso de que no tuviese un compromiso anterior. Ella me confirmó que no tenía nada comprometido y me preguntó dónde me encontraba. Quedamos en una cafetería del Campo Pequeno que ambos conocíamos y me dirigí hacia allí a fin de tomar un aperitivo y luego irnos a comer juntos.

    Mi relación con ella es un tanto especial, ambos tenemos nuestras propias vidas y por lo tanto, otras amistades y conocidos. Ella no pregunta y yo a mi vez, tampoco. Cuando nos vemos puede ocurrir cualquier cosa: Podemos hacer el amor y cada mochuelo a su olivo; podemos hacer el amor y dormir juntos, en su cama o en la mía del hotel, o podemos dormir juntos sin que ocurra nada, aunque suene raro. Nos encontramos bien juntos y no necesitamos del componente sexual para divertirnos. Se lo comenté una vez y me respondió:

    – E que nos somos un casal (en portugués la palabra casal define tanto una pareja como un matrimonio), así que en realidad hizo un juego de palabras.

    Y es cierto, la verdad es que nos comportamos casi como un matrimonio consolidado de muchos años, pero ambos nos encontramos cómodos con ese rol.

    Me gusta llegar antes que la persona con la que esté citado, de manera que no tenga que esperar por mi, así que tomé un taxi y me dirigí al lugar de encuentro. Cuando llegué pedí un café mientras esperaba la llegada de mi acompañante, lo que no se demoró demasiado; con puntualidad británica vi entrar por la puerta a mi amiga.

    Como siempre, venía espectacular, aunque más bien ella es un espectáculo de mujer en sí misma. Venía ataviada con un pantalón palazzo de pernera muy ancha, de color azul marino, una blusa en crepè anudada con un lazo al cuello en color azul celeste y remataba el vestuario una chaqueta Chanel en tweed harrys; completaba el conjunto unos zapatos de tacón en ante negro y un bolso negro a juego con los zapatos. En su mano derecha destellaba un brillante montado en una montura Tiffany y en sus orejas unos pendientes de esmeraldas a juego con sus ojos; en su muñeca izquierda, un pequeño reloj de señora, redondo, con pulsera de oro. Su melena cobriza, como era normal en ella, ondulada y peinada al estilo de los años 40 del siglo pasado.

    Tomamos un vermouth y le propuse ir a comer al restaurante del zoo, ya que me apetecía comer un rodizio, que para quien no lo sepa, es un despropósito de asado, de origen brasileño, en el que te van sirviendo cortes de vacuno, cerdo, pollo y ananá hasta que digas basta, acompañado de feijoada y farofa. Estuvo de acuerdo con la opción, así que pagué las consumiciones, y salimos, cogí un taxi y nos fuimos al restaurante.

    Durante la comida, y aunque solemos charlar por teléfono, nos pusimos al día de las últimas novedades de nuestras existencias, y así, charlando me dijo que ya que me había cumplido el capricho de la comida, que en justa correspondencia yo debía cumplirle otro capricho a ella, a lo que accedí gustoso (nunca lo hubiera hecho, parece mentira que tenga los años que tengo).

    – Esta tarde, tengo ganas de ir a bailar – Tierra, trágame-

    – Quieres ir a una boite?

    – No, hay un hotel que tiene salón de baile, y son bailes más tranquilos.

    Menos mal, pensé, por lo menos no vamos a retorcernos en una pista, así que accedí:

    – De acuerdo, pero tengo que cambiarme de calzado, el que traigo tiene el piso de goma y no es el más adecuado para una pista de baile.

    – Yo también necesito cambiarme de ropa, me gusta más bailar con falda que con pantalones y estos zapatos se me pueden salir.

    Terminamos de comer, salimos paseando y paramos un rato en un salón de té a tomarnos un café. La llevé a su casa y acordamos que la recogería en una hora, mientras yo me cambiaba en mi hotel y hacia allí me dirigí.

    Como la conozco, sabía que mi atuendo no era acorde con el que ella llevaría así que me puse un terno gris marengo con camisa blanca y una corbata azul marino con lunares pequeñitos blancos; en los pies unos Oxford con el piso de suela. Pañuelo blanco con plegado presidencial en el bolsillo del pecho, y tomando un abrigo largo, azul marino y unos guantes, me dirigí a recoger a Amália para ir a bailar.

    Cuando llegué, la llamé desde el taxi y me dijo, que subiera al piso, que aún necesitaba un ratito para terminar de arreglarse, así que despedí al taxi y llamé desde el portal. Ella me abrió la puerta y subí al piso. Al llegar la puerta del apartamento estaba entreabierta, así que entré, avisándola en voz alta que ya estaba arriba al tiempo que cerraba la puerta. Amália me contestó en voz alta que me pusiera cómodo que ella aun tardaba, así que me serví una copa mientras esperaba, con la familiaridad que me daba el haber estado varias veces en aquella casa.

    Para quien no haya leído mi primer relato pongo aquí la descripción más aproximada que se me ocurre de Amália para que se den una idea de cómo es. Mide aproximadamente 1.60 m. de estatura, y cuando dije en mi primer relato que estaba un pelín entrada en carnes, creo que no le hice justicia, en realidad tiene un tipo parecido a las actrices de Hollywood de los años 40-50 del pasado siglo, o sea, que está más rellenita de lo que hoy se consideraría buen tipo, tiene unas bonitas piernas, con los gemelos altos y el tobillo fino, pero lo que destaca en ella sobre todo es su pecho: Tiene dos mamas con tamaño de copa E, lo que en según que momentos es una molestia y en otros es el Cielo en la Tierra. Le calculo alrededor de 50 años, nunca hemos entrado en ese tema, y como la verdad, me trae sin cuidado, no se lo he preguntado. Lleva el pelo normalmente peinado en una melena ondulada con aire retro, como dije, a la moda de los años 40, siempre con un color cobrizo oscuro. A mi me recuerda en cierta manera a Rita Hayworth, aunque realmente no se parecen. Ah! Y tiene los ojos color esmeralda.

    Oigo un taconeo por el pasillo y me vuelvo para verla entrar al salón, cuando la tengo delante no me defrauda. Trae una blusa negra, brillante, opaca en el cuerpo y transparente en las mangas, cerrada con un cuello militar; falda gris perla con mucho vuelo, a la altura de la rodilla por delante y bajando el largo por los laterales hasta llegar a la altura de los gemelos por detrás. Una tira de perlas ciñendo el cuello y en los pies unos zapatos negros, de charol, con tiras cruzadas que protegen unas medias con costura trasera y talón cubano. Hoy viene guerrera: No se ha puesto uno de sus sostenes habituales, trae uno normal, con lo que su busto luce en todo su esplendor. En su brazo izquierdo trae plegado un abrigo de color marfil y en la mano, calza un guante y trae el otro sujeto.

    Mientras le ayudo a ponerse el abrigo le digo:

    – Estás preciosa hoy.

    – Gracias. Ya me he dado cuenta de adonde se te iban los ojos.

    – ¿No sentirás molestias llevando el pecho tan suelto a bailar?

    – Probablemente al final, pero si me molesta, me lo quitas y listo –dijo guiñándome un ojo con picardía.

    Pedí un taxi desde casa, bajamos y cuando ya estábamos montados, Amália le facilitó al taxista la dirección del hotel donde se celebraba el baile. Al llegar, nos dirigimos a la zona de guardarropía a dejar los abrigos, mientras esperábamos, se oía en la sala Taquito Militar de Mariano Mores, lo que me extrañó pues no es normal escuchar tangos en los bailes en Europa. Amália se dio cuenta y me dijo:

    – ¿No te lo había dicho? En este salón todos los primeros viernes de cada mes el baile temático es el tango.

    El mundo se me vino encima y lo vi todo negro de repente. Trataré de explicarme, adoro el tango, tanto oírlo como bailarlo, y aunque en la pista no soy tan buen bailarín como para jubilar a Juan Carlos Copes, me defiendo diría mejor que bien, pero Hollywood ha hecho mucho daño. Mucha gente en Europa dice que sabe bailar tango, aunque una gran mayoría bailan eso que se ve en las películas americanas y otra parte baila el “tango deportivo”, ese en el que van haciendo posturitas en las que parece que llevan 2 tallas menos de braguero y algún día a alguno se le va a caer la cabeza al suelo con los golpes de cuello que dan, así que sin pensarlo, dije mi frase estándar para estos casos:

    – Pero Amália… es que yo no sé bailar tango – Fue la única vez que le mentí.

    – Bueno, cariño, no te preocupes, aquí nadie es profesional, tú haz lo que puedas y yo te sigo.

    Nos dirigimos hacia el salón de baile, a mí los pies ya me pesaban una tonelada cada uno, iba a ser una tarde para olvidarla. Al entrar, la disposición de la sala era la típica, una tarima sobre elevada para la orquesta, a continuación una barra de bebidas atendida por dos camareros y mesas para 2 personas a lo largo de las paredes restantes, dejando una zona central despejada para las evoluciones de los bailarines.

    Nos dirigimos a una mesa y le hice señas a un camarero, mientras esperábamos que nos atendiesen, me fijé en la composición de la orquesta: Piano, 3 violines, 1 contrabajo, 3 bandoneones y un cantante, alto, chupado y repeinado de gomina, que me recordaba al polaco, aunque si Goyeneche tenía voz de bajo, este la tenía de sótano.

    Nos tomaron la comanda y nos trajeron las bebidas, y en esto la orquesta se arranca con un tango orquestal, cuando al octavo compás hicieron un silencio de 2 compases, reconocí inmediatamente La Cumparsita, en la versión de Arienzo, Amália me dijo si bailábamos ya, y le dije que me apetecía escuchar esa pieza, al tiempo que echaba un ojo a los bailarines para ambientarme. Para quien no lo sepa, esa versión de La Cumparsita es larga como un día sin pan, y como me temía que mi compañera bailaba “a la europea” no me apetecía verme en ese berenjenal tanto tiempo. Como me temía, solo con verlos abrazarse ya vi que había varios bailarines al estilo Hollywood y dos parejas “deportivas”. Nadie bailaba tango en aquella sala, así que hacía falta más cebo para que “el tigre de Villa Urquiza” metiese el cuello en el lazo.

    A continuación, la orquesta atacó Flores del Alma que es un vals, y Milonga Celestial, que como su nombre indica es una milonga, así que fui teniendo cuartelillo, pero para mi desesperación el primer fuelle se arranca y al segundo compás del fraseo ya sé que lo que toca es Chiqué y observo que mi compañera me mira como diciendo “a ver, que yo quiero bailar”, así que dándome al cuchillo, me levanto, le ofrezco el brazo y la saco a la pista.

    Ella se queda firmes a 2 pasos delante de mí, lo que me llama la atención, pienso que a lo mejor me he equivocado. La embrazo a la altura de su escápula con mi brazo derecho y ella con su brazo izquierdo apoyándolo sobre el mío, hace presa a la altura de mi deltoides, le levanto su brazo derecho con mi izquierdo ofreciéndole la mano y ella, tomándola, echa la cadera atrás, apoya su pecho en el mío y junta su frente con mi cara. Mmmm mi compañera sabe bailar tango. Comienzo a tantearla a ver hasta adonde puedo llegar, y aunque nunca voy contando mientras bailo, no se me ocurre como describir el baile si no hago parte del conteo de pasos.

    Salgo sin florituras, y completamos los pasos de la base, así que viendo que la cosa va bastante bien comienzo a bailar con el corazón y no con la cabeza. Vuelvo al primero de la base, segundo y en el tercero le marco el paso atrás y a mitad de paso la freno y quedamos ambos con un pie retrasado, la empujo hacia abajo, nos semiarrodillamos, la pego a mi pecho y le hago una hamaquita, nos erguimos… tercero…cuarto… ocho atrás, quinto con cruce de ella por delante y cuando sale, la freno y giro hacia la izquierda a su alrededor haciendo pivote sobre el pie que ella tiene cargado su peso, esto va de maravilla.

    Amália en este momento, con su boca pegada a mi oreja me dice:

    – Me has mentido, sabes bailar tango. Esto lo vas a pagar.

    No me preocupo mucho de su comentario, supongo que tendré que invitarla a algo que se le ocurra y nada más (imbécil de mi). El baile continúa, y noto como ella mueve su pecho contra el mío y en las evoluciones en que ha de pasar sobre mi pierna, se roza con el interior de sus muslos más de lo necesario, dándome de vez en cuando un beso en el cuello, así que, poco a poco, casi sin notarlo voy teniendo una erección que comienza a ser problemática, pues cuando termine la pieza va a ser manifiesta para todo el que por casualidad me vea. Entonces, llegamos a una figura en la que yo clavo mi pie izquierdo haciendo de pivote y ella gira a mi alrededor mientras mi pie derecho, con la punta apoyada en el piso va trazando una circunferencia, para después haciendo un rulo, terminar haciendo un sanguichito en su pie derecho. Pues no llegué a la parte del rulo sin que ella materializase su venganza. Cuando estábamos girando, puso su mano izquierda en mi nuca y me estampó el “beso asesino” en mitad de la pista.

    – La madre que te pariooo, me corro.

    – Te dije que pagarías el haberme mentido. Y mi madre no tiene la culpa, jajajaja.

    Para los que no sepan a que llamo “el beso asesino”, si leen mi primer relato lo comprenderán, Amália tiene una forma de besarme, poniéndome una mano en la nuca al tiempo que me estampa en los labios un beso sin lengua, que hace que si estoy excitado siento un calambrazo en los riñones y eyaculo inmediatamente como un primerizo. Solo me ocurre con ella, y como no es la primera vez, ni la segunda y ella lo sabe, lo utiliza cuando y como le apetece, y en este caso, lo hizo para vengarse por el engaño.

    Ya no tenía que preocuparme por la erección, pero el problema era más peliagudo, como se rozase contra mi pernera iba a ser peor todavía, pero no es tan retorcida y tuvo buen cuidado de no ir a más.

    Acabé el tango como buenamente pude, las piernas me respondían con tembleques. El minuto escaso que faltaba fue un verdadero suplicio.

    Nos dirigimos a nuestra mesa, la dejé y me fui raudo al aseo a tratar de arreglar aquello como buenamente pude, me metí en una de las cabinas y con papel higiénico me limpié y enjugué lo que pude de aquel desastre en mis calzoncillos.

    Volví a donde me esperaba mi acompañante y cuando me vio llegar, inclinó su cara hacia su regazo y me miró de reojo mientras en su boca aparecía una sonrisa de niña traviesa y cuando estuve a su altura, en voz baja me preguntó:

    – ¿Es muy grande el desastre? ¿Podemos seguir bailando o necesitas que nos vayamos?

    – Si no me vuelves a hacer otra como esta puedo aguantar la incomodidad, pero al terminar tenemos que ir a mi hotel, necesito cambiarme porque tengo la ropa interior completamente mojada.

    – Pues yo, la verdad no.

    Así quedó la cosa, continuamos bailando por espacio de un par de horas y al salir, tomamos un taxi en dirección a mi hotel, para poder asearme y mudarme. Cuando llegamos, Amália subió a la habitación conmigo y cuando empecé a desnudarme me dijo:

    – Déjame ayudarte, que al fin y al cabo estás así por mi culpa.

    Diciendo esto, me soltó el cinturón mientras yo me quitaba la chaqueta y la corbata, me abrió la bragueta y me bajó el pantalón y el calzoncillo en el mismo movimiento, al tiempo que se arrodillaba delante de mi. En ese momento quedó enfrentada a mi miembro y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, se lo metió en la boca. Me pilló de sorpresa ya que no esperaba que comenzásemos nada en ese momento pero la dejé hacer. Ella retiró el prepucio hacia atrás y fue lamiendo y ensalivando todo el glande, metiéndose la totalidad del pene en la boca. Yo estaba en la gloria con aquel tratamiento, pero ella se levantó y comenzó a besarme mientras yo le sacaba la blusa por fuera de la falda, y metiendo mis manos por debajo, llegué a su pecho, lo agarré por encima del sostén, y noté que era una prenda tenue de algún tipo de tul que difícilmente podía contener y soportar aquellas maravillas. Amália me fue empujando hacia la cama, tropecé y caí atravesado en el colchón, quedando mis pies en el suelo y mi miembro apuntando al techo. Entonces ella se subió la falda y vi que debajo no tenía bragas, quedando a mi disposición aquel sexo depilado que tanto me gustaba. Se subió a horcajadas sobre mí y sin preámbulos se empaló de un viaje. Comenzó a moverse lentamente, como a ambos nos gusta, estaba totalmente lubricada, sus maniobras en el baile también le habían pasado factura a ella. Se abrió la blusa y sacándose las tetas por el escote del sostén se dejó caer hacia adelante quedando su pecho pegado al mío. Comenzamos a besarnos y acariciarnos y con el lento movimiento de su cabalgada en poco tiempo me susurró al oído:

    – Alfredo, en nada me voy a correr.

    – Yo también, cielo. Te aviso y te sacas.

    – Si, hoy si, porque así no puedo ir a cenar goteando lo que me dejes.

    Así lo hice, en el momento en que me iba a correr, le avisé y ella me pidió que aguantase un poco más, aceleró y levantando su espalda quedó de rodillas sobre mí, noté como se contraía su interior y al tiempo que echaba su cabeza atrás con un gemido gutural tuvo un orgasmo brutal. Siguió moviéndose hasta que le dije que no podía más, momento en el que se descabalgó y metiéndose mi miembro en la boca me hizo eyacular y se tragó todo lo que le solté.

    Nos aseamos, nos recompusimos el vestuario y salimos a cenar y a dar una vuelta por los locales del Bairro Alto.

    Esa noche volvimos a dormir juntos, esta vez en mi hotel.

    CONTINUARÁ…

    Espero sus comentarios, a favor o en contra.

  • Cine porno

    Cine porno

    Les cuento, soy una chica muy curiosa, y hace poco, leyendo en línea, me enteré que en la ciudad a la que iba de viaje tiene un par de cines porno, pero lo que más me interesó es que en esos cines se dan encuentros sexuales de toda clase mientras ven la película, por lo tanto, no podía perder la oportunidad de ir allí.

    Me informe de los horarios y decidí ir a la función de 9:00 pm, me puse una minifalda, un crop top con buen escote, sin ropa interior, pero eso sí, con una abrigo que me llegaba a las rodillas. Llegue al cine y compre mi entrada frente a la mirada, un poco extrañada, del chico de la taquilla, y es que era bastante poco común ver a una mujer sola en un ‘lugar como ese’ pero bueno, no todas son tan curiosas como yo…

    Al entrar en la sala me quite el abrigo y las pocas personas presentes me quedaron viendo intrigados, decidí centrarme en un puesto central un poco alejado de los demás; ya que estos estaban en la zona más oscura y distante que pudieron encontrar.

    La película no era nada del otro mundo; una fiesta que se convirtió en una orgia bi. Al cabo de un rato un hombre de 40 o 45 años, alto, un poco gordo pero no mucho, de barba, se me acercó.

    —¿Qué tal estás? —pregunto.

    —Bien, ¿Tú que tal? —respondí

    —Bien, bien. ¿Qué te parece la película?

    —He visto mejores.

    —Oye, no quiero ser grosero pero me preguntaba si eres mujer, es que aquí es muy común que vengan trans, pero chicas solas no…

    —¿Quieres saber? Compruébalo tú mismo.

    Abrí mis piernas invitándolo a que metiera su mano, me sonrió mirándome a los ojos mientras recorría mi muslo con sus dedos en dirección a mi coño. Encontró el clítoris y empezó a masajearlo.

    —Creo que eso responde tu pregunta —le dije.

    —Totalmente, no cabe duda. Pero también me gustaría saber si esas tetas son naturales.

    —Son 100% naturales, pero si no confías en mi palabra puedes comprobarlo…

    —Soy un hombre desconfiado.

    Enseguida, aún con sus dedos en mi concha, saco mis pechos con su mano libre, los apretó, los agarro fuerte y tiro de los pezones.

    —Me convenciste, en definitiva, son naturales —miro por un momento la pantalla y dijo

    —Mira, que bien lo chupa, seguro que lo hace mejor que tú.

    —Lo dudo, soy muy buena mamadora de verga.

    —Tendrás que comprobarlo.

    Le abrí el pantalón y salió una polla bastante gorda, de un largo promedio. Él se paró y me indicó que me arrodillará en medio del pasillo, a estas alturas ya teníamos la atención de todos en la sala.

    Ya arrodillada y con la boca abierta esperando su polla, subió mi falsa hasta la cintura para poder mostrarle el culo a nuestros espectadores.

    Por fin puede meterme toda esa verga en la boca, me esmere chupándosela, el estar expuesta ante esos desconocidos me tenía muy cachonda. Después de un rato me puso en cuatro y me penetro sin piedad, lo único que hacía era gemir hasta que una verga, un poco más larga pero menos gruesa, se puso ante mí y lo único que pude hacer fue mamarla.

    Me puso de espalda y ahora el de rodillas seguía penetrándome con igual intensidad. No sé cuándo paso, pero cuando me fije está chupando 2 pollas mientras otra me tenía ensartada y dos hombres tenían en su boca cada una de mis tetas. Pero la cosa no paro ahí, al hombre que me tenía el coño abierto, otro lo tocaba por todas partes, hasta que se concentró en sus nalgas, se agachó y lamió su ano, y después de un rato; quien me penetraba también estaba siendo penetrado.

    Después de esto, solo pude aguantar un rato más antes de tener un rico orgasmo que causó un efecto dominó en los demás, quién me follaba derramó su semen en mi estómago, mientras a él se lo derramaban en el culo, los dos a los que se la estaba mamando y los que estaban entretenidos en mis tetas, también dirigieron sus chorros de lecha caliente en mi abdomen, podía sentir como ese rico semen corría por mis costados.

    Finalmente regrese a mi silla, me limpié lo mejor que puede, espere el final de la película y regrese a mi cuarto de hotel.

  • Iniciando con mi mamá

    Iniciando con mi mamá

    Bueno, todo comenzó un día en verano, cuando mis deseos sexuales por ella estaban comenzando.

    Mi madre es madre soltera, una mujer joven, chaparra, delgada y hermosa, con unas tetas grandes naturales que solo te invitan a jugar con ellas.

    Mi apetito comenzó porque al ver su teléfono encontré conversaciones bastante eróticas con uno de sus amigos y cambio por completo mi manera de ver a mi mama.

    Comencé a ver sus conversaciones más seguido solo para masturbarme para imaginar a mi madre una mujer sería al borde del orgasmo

    Era más juguetón con ella la cargaba la apretaba pero todo en el rango de su hijo.

    Un día estaba muy caliente y me acababa de salir de bañar cuando por fin pasó lo que tanto había esperado, mis fantasías de coger con ella se volverían realidad.

    Mientras me bañaba comenzar a masturbarme y mi madre entro, al ser un cancel transparente obvio se veía que estaba parado mi pene por lo que le dije:

    —¿Qué pasa?

    —Nada hijo pensé que no había nadie

    —va pues salte —dije en tono de molestia

    Mientras hablaba con mi madre no podía dejar de notar su mirada clavada en mi paquete algo que lo ponía más y más duro.

    Salió del baño y terminé de bañarme cuando salí me puse unos bóxer de licra y aún tenía parado el pene.

    Mi madre estaba en el sillón viendo la tele y hablando con el hombre con el que siempre hablaba fue por eso que tome la determinación de cogérmela.

    Fui al sillón y guardo su celular entonces me acosté en sus piernas y le dije que me iba a dormir.

    Le llegó un mensaje entonces comencé a forcejear por su celular, durante el forcejeo me levanté y mi madre al notar mí cercanía se abrió de piernas por lo que mi pene quedó muy pegado a su vagina.

    Le quite el celular y estaba dispuesto a correr cuando me atrapó con sus piernas y me lo pidió.

    Mientras peleábamos por el accidentalmente bajo un poco mi bóxer viéndose la cabeza de mi pene erecto por lo que me dijo

    —Algo se salió

    —rayos perdón

    —No pasa nada yo lo ocasione

    —parte…

    —Ya súbete dame mi teléfono

    Obviamente no lo hice y corrí con el teléfono llegué a mi cuarto y cerré la puerta, pero cometí el error de no poner seguro.

    En un momento mi madre entro y me sorprendió masturbándome con sus conversaciones por lo que me quito su celular y se fue.

    Estaba perdido, pensé que no me volvería a hablar más pero en la noche toda mi familia salió y me quedé solo con mi madre.

    Estaba dispuesto a no salir de mi cuarto hasta que mi madre me llamo para hacer tarea.

    Baje y mi madre estaba solo con una falda y unas calcetas sin nada que cubriera sus tetas esto me la puso muy dura.

    —Entonces te gusta lo que lees

    —si me excita mucho

    —Vamos a ver qué tanto

    Se lanzó hacia mi polla y comenzó a chupármela, poco a poco primero solo la lámina hasta que comencé a metérsela toda haciendo toda clase de sonidos con su maquillaje corriéndose por sus ojos y ella chupando cada centímetro de mi pene comenzando por la cabeza hasta llegar a las bolas metiéndose toda mi polla en su pequeña boquita.

    Comenzó a hacerme una rusa pegándose fuerte con mi pene esto me estaba excitando más y más.

    No traía bragas por lo que empezar a jugar con su coño mientras ella chupaba mi pene hasta que la pare le di la vuelta y la puse en cuatro sobre la mesa.

    Quite su falda y retire sus calcetas tenía a mi madre desnuda en cuatro delante de mí.

    —Cógeme hijo hazlo fuerte

    Esto me la puso más dura y metí lento el glande para después desparecer toda mi polla en su vagina con unas embestidas brutales y más que fuerte, tenía a mi madre chillando.

    —Hijo duro

    —Fuerte, pégame ahhh

    Comencé a pegarle con todo lo que tenía y a jugar con sus pies hasta que me cansé y le dije que era su turno de montar.

    Se puso encima de mí y comenzó a moverse riquísimo pero me aburrí rápido pues quería maltratarla.

    Levante las piernas de la cama para poder penetrarla y comencé a embestida muy duro con unas fuertes nalgadas.

    Sus nalgas estaban rojas y ella más que excitada hasta que se vino.

    La baje de la mesa y la puse a comerse mi verga hasta que me corrí.

    Cuando me recompuse estaba listo para seguir bombeándola con un dedo en su ano y ella sin decir nada más que nunca se la había por ahí.

    Metí la punta y sus ojos se llenaron de lágrimas pero llegó mi familia y no pude seguir con la cogida.

    Me fui a mí cuarto y me prometió que me la cogería al siguiente día, pero eso ya es otra historia.

    Fin…

  • Me convierto en la puta de mi suegro

    Me convierto en la puta de mi suegro

    Mi nombre es Yohana, tengo 25 años, soy de tez blanca, delgada, mido 1.60, con tetas medianas copa B y tengo buen culo que acapara miradas.

    Llevo 5 años de casada de los cuales he soportado una vida muy aburrida a su lado sin nada emocionante. Por su trabajo viaja continuamente y solo nos vemos cada fin de mes lo cual aprovechamos para tener sexo pero la verdad eso me ha fastidiado aparte de que cuando lo hacemos solo se preocupa por su propia satisfacción y no me toma en cuenta.

    Desde pequeña mis padres me educaron para ser una chica recatada y respetar al hombre con el que decida casarme por lo cual estos 5 años le he sido fiel a mi marido a pesar de los problemas que tenemos, pero para ser sincera me he aburrido de mi forma de ser por lo que he decidido experimentar nuevas cosas en mi vida sexual y bueno ya que mi marido no puede darme ese gusto, tuve que buscar otra alternativa encontrándola en mi suegro Don Beto. Aquel maduro de 56 años, moreno, panzón y un poco bajito.

    Para mi fortuna mis suegros viven a unas cuantas calles de mi casa por lo que me visitan muy seguido lo cual últimamente he aprovechado para coquetearle a mi suegro, dándose cuenta de lo que quiero.

    Un día normal regresando de mi trabajo pase por la casa de mis suegros encontrándomelo afuera barriendo su banqueta.

    Lo salude con un beso en la mejilla y muy coqueta le pregunte.

    Y: porque tan solo Don Beto. ¿No está mi suegra en casa?

    DB: no, estoy solo y aburrido por eso salí a barrer.

    Y: porque no me acompaña a mi casa para hacernos compañía y no aburrirnos solos.

    DB: claro vamos deja guardo mis cosas.

    En el transcurso del camino me iba preguntado sobre mi relación con su hijo, el cual le respondí que me tenía muy abandonada en todos los aspectos. Necesitaba atención en un cierto tema.

    DB: Te entiendo Yohana una mujer tan linda como tú necesita de mucha atención, si gustas te puedo ayudar con cualquier problema que tengas.

    Esas palabras de mi suegro hicieron que me cosquillara la vagina me estaba poniendo tan cachonda al imaginarme a mi suegro penetrándome como una puta.

    Llegamos a mi casa, le dije que me esperara en la sala en lo que me cambiaba, me dirijo a mi habitación con la vagina ya húmeda empapando mis pantys.

    En ese momento estaba ardiendo de deseo por mi suegro. Así que decidí aceptar su propuesta de ayudarme con cualquier cosa. Busque mi falda más corta que tenía la cual me llegaba a medio muslo, una tanga cachetero de encaje y una playera escotada. Salí de la habitación decidida a entregarme a mi suegro. Llegue a donde estaba me senté a un lado de él cruzando las piernas y de esta forma dejando ver gran parte de ellas.

    DB: dios, hija te vez muy hermosa.

    Y: gracias Don Beto.

    DB: vaya que mi hijo tiene mucha suerte por tener una esposa tan linda como tú.

    Y: jejeje no exagere.

    DB: no exagero pequeña enserio eres una mujer muy hermosa y sexy, cualquier hombre desearía estar contigo.

    Y: Don Beto le puedo hacer una pregunta?

    DB: la que gustes.

    Y: yo le gusto?

    Poniendo su mano en mi pierna me dijo.

    DB: ufff claro que me gustas pequeña

    Y: ay suegro, sabe, su hijo no me satisface y yo necesito a alguien que me ayude con eso. Usted me haría el favor?

    DB: Yohana no sabes cuánto tiempo fantasee contigo, desde que te vi te he querido coger linda.

    Y: uy suegro pues entonces que estamos esperando vamos cójase a su nuera.

    Se levantó del sillón desabrochándose el pantalón y sacando su verga ya erecta, no era grande pero si muy gorda. Al verla se me hizo agua la boca quería probarla sentirla en mi boca. Dándome unos pequeños golpes en la cara con su verga me dijo.

    DB: anda Yohana cómetela yo sé que la quieres toda.

    Sin pensar comencé a chupar esa verga tan rica. Parecía niña con paleta me la quería acabar. En un momento me detuvo.

    DB: Ya linda que vas hacer que me corra y quiero meterte la verga todavía. Anda súbete al sillón y empínate.

    Yo lo hice parando mi culo hacia él, después se quitó el pantalón, me levanto la falda a la cintura y me quito el cachetero, comenzó a lamer mis nalgas y mi vagina tan rico me daba mucho placer sus lengüetazos que movía mi culo del placer. Me encantaba tener la cara de mi suegro entre mis nalgas.

    Después de un rato se levantó y tomo su verga la puso en la entrada de mi vagina metiéndola lentamente disfrutando mi rica vagina, ambos gimiendo de placer. Me tomo de la cintura y comenzó con el mete-saca más rápido, mordí el cojín del sillón del placer que me estaba dando mi suegro. Hacia tanto tiempo que no me cogían así que sentía un placer extremo entregándome totalmente a él.

    Gemía como loca.

    Y: Aaahhh suegro que rico me coge mmm, métamelo mas fuerte, me encanta su verga deme más por favor no pare.

    DB: ummm Yohana aun estas muy apretada eres una ricura de mujer me encantas, ufff que pendejo es mi hijo al no saber disfrutarte pero le doy las gracias porque su descuido ha hecho que te pueda coger mamacita. Desde ahora vas a ser mía pequeña.

    Y: si suegro soy suya cójame más fuerte, me encanta su verga que rico me lo hace.

    DB: si mamacita te voy a dar bien duro. Dime Yohana quien te coge más rico tu marido o tu suegro.

    Y: definitivamente mi suegro. Me encanta como me mete la verga.

    Él se detuvo me saco la verga

    Y: porque me la saco no sea malo y vuélvamela a meter por favor mientras le movía el culo.

    DB: te quiero coger en tu cama vamos.

    Y: está bien vamos.

    Llegando a la habitación me abrazo y nos dimos un beso apasionado mientras me tocaba las tetas y mis nalgas. Después me quite toda la ropa y el me aventó a la cama de espaldas, se puso encima de mí con mis piernas en sus hombros y comenzó a penetrarme mientras se comía mis tetas.

    DB: ufff Yohana así te gusta? Porque a mí me encanta no quiero dejar de cogerte pequeña.

    Y: si suegro me encanta como lo hace yo tampoco quiero que me deje de coger.

    Así estuvimos un rato hasta que me pido que me colocara en cuatro. Puse mis rodillas juntas en la orilla de la cama con mis nalgas bien paradas formando el corazón lo cual a mi suegro lo puso a mil.

    Agarro de mi tocador aceite para bebé y me lo hecho en mis nalgas y vagina dejándome bien aceitada, se puso detrás de mí, me tomo de la cintura y de un golpe me metió toda su verga hasta el fondo. Salió de mí un grito muy fuerte que seguramente los vecinos escucharon.

    Y: aaahhh suegro deme más duro que se siente riquísima su verga.

    DB: me gusta que me pidas más verga y claro que te la voy a dar mi putita.

    Y: ufff si suegro soy su puta cójame como su hijo no puede.

    Empezó a embestirme más fuerte. En toda la casa se escuchaban nuestros gemidos y ese rico sonido que hacía los huevos de mi suegro chocando con mis nalgas plaff, plafff, plaafff. Por fin estaba teniendo ese placer que tanto tiempo no pudieron darme. Seguía gimiendo y recibiendo verga hasta que me dijo que se iba a correr.

    Y: uffff suegro córrase fuera porque no tomo nada para evitar un embarazo.

    DB: no putita me voy a correr dentro, vas a ser totalmente mía.

    Y: no suegro por favor hágalo fuera.

    Se montó encima y abrazándome muy fuerte de la cintura se corrió dentro dejándome toda la vagina llena de su semen.

    Y: aaaahhh, suegro que rico se siente su semen dentro de mí.

    DB: sabía que te iba a gustar putita.

    Me lo decía mientras bombeaba lentamente, saco su verga ya flácida y sentí todo el semen escurrir por mis piernas, quede extasiada por la cogida que me había dado mi suegro.

    Él se levantó y fue al baño a limpiarse la verga después se vistió.

    DB: ay Yohana no puedo creer que te haya cogido, quisiera seguir cogiéndote pero me tengo que ir ya es muy tarde y tu suegra ya me está marcando al celular.

    Y: está bien suegro, otro día podremos coger sin parar.

    Lo acompañe a la puerta y antes de salir nos dimos un beso muy apasionado despidiéndonos. Volví a la habitación para vestirme, me acomode la falda me puse el cachetero y salí con rumbo a la farmacia de la esquina sintiendo todo el semen de mi suegro en mi vagina.

    Llegue a la farmacia para mi fortuna no había gente. Toque el timbre y salió el señor enrique el dueño de la farmacia, le pedí una pastilla del día siguiente, el me quedo viendo sorprendido, me dio la pastilla y me dijo.

    SE. Andas de traviesa eh.

    Solo sonreí y le pague, tome la pastilla y me fui directo a casa a tomarme la pastilla después me fui a la cama. Esa noche dormí delicioso sabiendo que cada vez que quisiera podía llamar a mi suegro para que me diera una buena cogida y ya no tener que aguantarme a ver a mi marido que no es capaz de satisfacerme como su padre.

  • Me filmé teniendo sexo con unos amigos

    Me filmé teniendo sexo con unos amigos

    Primero tengo que contarles que tengo 33 años y mi esposo 40 años. El muy desgraciado me fue infiel y yo lo perdoné, fui una idiota. Luego de unos meses de esa infidelidad me puse a revisar su celular y descubrí varios chat con varias chicas. Él había vuelto a meterme los cuernos, pero esta vez no fue con una mujer sino con varias. Estaba desconsolada y es por eso que caí en un estado depresivo agudo.

    Una vuelta yo estaba llorando en el patio de forma desconsolada y mi vecino de 25 años me vio e intento ayudarme. Me invitó a su casa y para tranquilizarme me sirvió una taza de té. Por un momento pude ser feliz.

    Él se empezó a preocupar por mí y todo los días me invitaba a su casa para charlar y esas cosas. El joven no era la persona más linda del mundo pero me empezó a gustar porque sentía que yo le agradaba. Fue entonces que en una tarde mientras mi esposo trabajaba, me lo folle en su casa.

    A partir de ese día iba a su casa solo para follarmelo. Primero se la chupaba y luego me desnudaba todita para que después me penetre de distintas formas posibles.

    Cuando sentí que tenía confianza en él le conté toda las cosas que me hizo mi marido y el comenzó a sentir cierto odio hacia él.

    —Te gustaría vengarte de alguna forma?? —él me pregunto.

    —Quiero verlo sufrir como sufro yo todos los días.

    —Lo que te voy a proponer es algo muy habitual en la internet.

    —Qué cosa??

    —Muchas mujeres despechadas se filman teniendo sexo con varios hombres y luego envían el vídeo a sus maridos.

    —No será mucho?? Quiero que sufra y no matarlo de un infarto.

    —Vení que te muestro.

    El agarró la notebook y me mostró varios vídeos. Al verlos empecé a excitarme y termine follando con el mientras veíamos esos videos caseros.

    —Y qué te parece?? Lo hacemos??

    —Bueno, está bien.

    Al día siguiente luego que mi marido se fue a trabajar, mi vecino golpeo la puerta de mi casa y trajo con él a dos de sus amigos.

    —Estas listas?? —dijo él.

    —Si.

    —Antes de empezar mis amigos necesitan un poco de atención?

    —Que quieren??

    Vi entonces como los dos empezaron a tocarse la pija por encima del pantalón y entendí lo que necesitaban. Me arrodille en el piso y empecé a chupárselas.

    Luego de ese momento con sus amigos, los cuatros nos sacamos las ropas y nos metimos en mi habitación. Mi vecino acomodo una cámara encima de un mueble y de una bolsa saco tres máscaras (esas negras que usan los ladrones).

    Ellos no me iban a tratar con cuidado sino como una trola y así fue que cuando presionaron la tecla «rec» se convirtieron en verdaderos hijos de puta.

    Me agarraron del cabello y me hicieron arrodillar en el piso. Empecé entonces a chupársela a cada uno de ellos. Mientras se las mamaba me pegaban cachetadas en la cara o sino me tomaban de la cabeza y me hacían tragarme toda sus porongas.

    Luego uno se recostó en la cama y me hicieron subir encima de él. Fue entonces que empecé a ser penetrada mientras les chupaba la pija a los otros dos. Empezaron a intercambiarse, el que estaba abajo penetrándome ahora tenía su pija en mi boca.

    Luego empezó la triple penetración, mientras uno me la metía por la concha el otro me la metía por el culo mientras le chupaba la pija al otro.

    Después de ser triple penetrada, me acostaron en la cama, me abrieron las piernas y cada uno fue pasando para penetrarme. Mientras uno me la metía los otros dos me ponían la pija cerca de mi cara para que se las chupara.

    Por último me colocaron boca abajo sobre la cama y cada uno fueron pasando para follarme el culito y acabar en él. Tomaron la cámara y luego de ponerme en cuatro patas empezaron a filmar como la leche de ellos salía de mi culito.

    El vídeo termino ahí y lo que hice después fue enviárselo a mi marido con el mensaje «mira cómo se follan a tu mujer en tu cama».

    El tardo media hora en contestarme, me envió un mensaje diciendo «estás loca, cuando llegue a casa hablamos».

    Yo redoble la apuesta y lo llame a través de una video llamada. Cuando atendió me vio chupándoles la pija a los tres y enseguida corto. Así que empecé a enviarle fotos haciendo distintas cosas con las pijas de estos tres muchachos.

    El me envió un último mensaje diciendo que lo nuestro se había acabado y yo empecé a sentirme mejor, sentí que por fin el sufrimiento había llegado a su fin y empezaba una nueva vida sin él.

    El resto del día me la pasé follando con mis amigos y antes que viniera mi marido tome mis cosas y me fui con ellos.

  • Pina, la chica de tetas grandes del BBS

    Pina, la chica de tetas grandes del BBS

    A Pina la conocí hace ya varios años, recuerdo que la amistad nació en algún foro de un BBS (Bulletin Board System o Sistema de Tablero de Anuncios) pudo haber sido en el Servidor de una de las universidades Mexicali o de Guadalajara. Como breviario cultural un BBS es un sistema el cual se entraba por medio de la red que en ese momento estaba en pañales utilizando el protocolo Telnet popular solo entre los ñoños por ahí de 1985-1995 aproximadamente.

    Las pláticas en los foros o chats eran como cualquiera de su época en modo texto, aunque la comunidad era muy reducida la mayoría era gente universitaria ya que no todo el mundo tenía acceso y esto hacia que nos integráramos y apoyáramos mucho más, había compañerismo en ese medio.

    Era el inicio de las comunidades virtuales, que bajo el anonimato que nos daba la red de redes, éramos libres de expresar, opinar y hacer miles de cosas interesantes bajo un código de honor friki.

    Yo aún estudiaba en mi ciudad natal en el estado de Veracruz, cuando por ese medio conocí a Oruguita, bueno ese era su Nickname o apodo. Su nombre real en este caso tampoco lo podría dar, pero le llamare Pina.

    Ella era originaria de la Ciudad de México, estudiante de una de las universidades grandes del país, no nos conocíamos en persona pero en alguna platica de la comunidad a la que pertenecíamos se fue dando la amistad y entre platicas juegos y bromas guardábamos la esperanza de que algún día podríamos reunirnos con cualquier integrante de esa comunidad, de hecho había reuniones llamadas “Fiestas BBSeras”, pero por lo regular eran en ciudades muy al norte del país o en la ciudad de México, y a las cuales no pude participar, pero había “Amigos” de esas localidades que si asistían y a veces nos comentábamos como estaba “fulanita” o “sutanita”, o se compartían fotos de las fiestas, por estos medios fue que conocíamos a la gente.

    A Pina la conocí por fotos de una de esas reuniones a la que ella había asistido y era la típica chica nerd dueña de un cuerpo un poco robusto, más no gorda casi típico de las niñas frikis de la época, yo era mayor que ella por 5 años. Ella me demostró ser una “compañera” agradable, una chica con la que podía contar con su sincera amistad. La conocí en persona en uno de mis viajes que tuve que hacer a la ciudad de México para comprar algunos componentes de computadoras, y acordamos reunirnos para conocernos. Una vez que nos conocimos lo repetimos un par de veces más después de ese primer encuentro, solíamos reunirnos por las calles del centro de la ciudad básicamente por el edificio de Bellas Artes nuestro punto de reunión, para después tomar algo en el famoso restaurante de los azulejos o alguno de la periferia y poder conversar plácidamente. La amistad continuaba como siempre por medio de la comunidad BBSera, hasta que evoluciono el Internet y empezamos a usar los recién nacidos ICQ, y MSN.

    Los años pasaron hasta que me fui a radicar a la gran ciudad de México por cuestiones laborales, al principio me encontraba alquilando un cuarto en una pensión, por lo que se me hacía difícil invitar amistades, como típico provinciano recién llegado, uno no tiene compromisos en la ciudad y extraña uno a su familia así que viajaba constantemente a mi casa, poco a poco fui alargando los periodos de mis viajes y en algún fin de semana sin algo que hacer me reunir con Pina nuevamente, salimos un par de veces más, básicamente ella se encargaba de llevarme a conocer la ciudad en los fines de semana que no viajaba a mi tierra.

    Volvió a pasar unos meses cuando para cuando pude rentar un departamento, precisamente en búsqueda de mi libertad y privacidad, en él que podía hacer y deshacer como ya les he relatado en otras de mis historias. Ya mis viajes a mi ciudad de origen fueron más lejanos, porque ahora podía estar plácidamente en el departamento, organizándolo y descansando. En aquellos fines de semana que estaba en la ciudad, Pina podía ser una buena compañía, nunca la había visto más allá de una buena amiga y una muy grata compañía, con ella había conocido algunos lugares interesantes de la ciudad. Un día la invite a que conociera mi nuevo departamento, así que después de tanto tiempo de no vernos, nos volvimos a reunir pero ahora en mi departamento, ya tenía la mayoría de muebles y lo principal, ya saben la cama, aquel altar del sacrificio donde pasaban la mayoría de las chicas premeditadamente sabían lo que sucedería en ese departamento.

    Esa tarde nos citamos en una estación del metro el cual estaba a una calle del edificio donde estaba rentando, le di el tour por el mercado de la colonia aprovechando hacer la despensa y comprar algo que prepararíamos para comer, pasaríamos la tarde en el “Depa” viendo pelis, platicando y poniéndonos al día lo que hacíamos cada vez que nos reuníamos, aparte de que también había estudiado informática y podíamos hablar de ciertos temas relacionados.

    Ese día me deslumbro cuando la veo llegar con un bonito escote en la blusa que usaba ese día, aunque ya había notado en anteriores reuniones que era de teta grande, nunca las había visto de esa manera, eran grandes y casi tocables por que sobresalían del escote de su blusa, se antojaba besarlas y prenderse de ellas para mamar como becerro. Como ya les había comentado ella era de complexión gruesa, sabía que ella hacia deporte en un equipo femenil, es por ello que su cuerpo estaba firme. No le quitaba aquel bello atractivo de sus tetas grandes, blancas, “apretujables y besables” que ya me estaba haciendo fantasear poder besarlas y de ser posible cogerla.

    Llegando al departamento, le mostré las habitaciones y cuando llegamos a la habitación principal donde estaba mi cama, me elogio lo ordenada y acogedora que estaba a lo cual la invite a sentarse, me senté junto a ella y en algún momento ella jugueteo tirándonos en la cama haciendo cosquillas sin ninguna “Malicia”, creo que era parte del cachondeo que ya se estaba armando en el departamento o no sé qué paso, pero estábamos tumbados en la cama platicando y jugueteando, hasta ese momento no era mi intención pasarme de listo ella creo que al final de cuentas tenía miedo de involucrarme sentimentalmente ya que no deseaba una relación seria, así que paramos el juego y nos fuimos para la sala, preparamos una botana ligera, y unas bebidas para disfrutar con comodidad de una película, nos sentamos en el mismo sofá “Loveseat” cuando de repente ella iniciaba nuevamente con el juego de las cosquillas, quería seguir el juego, ya nos teníamos la suficiente confianza de conocernos por muchos años, aunque nunca más allá de unas cuantas reuniones y unas tardes muy placenteras de amigos únicamente.

    El cachondeo de este relato da inicio cuando yo recargue mi cabeza sobre su hombro, como buenos amigos que nos confiábamos, y pero el escote que llevaba ese día, estaba alterando mis libido, me estaban haciendo tener fantasías con sus tetas, fue el contacto de mi cara en la piel de sus hombros y tener tan cerca esas bubis, tan ricas, blancas y bellas, que vire mi cara hacia abajo donde sus senos se separaban y se veían hermosos, se me estaba parando la verga de solo pensar lo rico que estaría besarlos, creo que el cachondeo y erotismo ya estaba dado en el ambiente del departamento, una clave fue el juego en la cama, y la gota que derramo el vaso, era que me permitía estar a unos centímetros de sus grandes tetas. Ya solo faltaba que me pidiera que le besara sus bubis grandes…

    No aguante más la tortura y mi respirar cerca de su pecho yo creo que la éxito o mis feromonas y las de ella se acoplaron perfectamente, ya que torpemente fui bajando mi cara por su grandes senos, podía sentir sus latidos por lo que empecé a darle suaves besos sobre la parte de sus tetas que salía de la blusa, sintiendo como su piel se había erizado, sin que rechazara o me negara aquellas caricias, bese su dos grandes senos por la apertura de su escote hasta llegar a sus pezones los cuales ya estaban erectos cuando mi lengua se extendió hasta localizar aquellos ricos botones café obscuros, mis labios aprisionaban aquellos ricas protuberancias, muy agradable sensación el poder apoderarme de esas dos grandes bubis, ella solo acaricio mi cabeza dejándose llevar por mis caricias que propinaban mis labios sobre su pecho parecía bebe alimentándome y extasiado de tan suculento manjar, yo los exprimía como si quisiera obtener de ellos su preciado líquido, aunque sin conseguir algo saliera de ellos, pase a besarle el cuello, y mientras mis manos no perdían tiempo de acariciarla, estuvimos fajando en aquel sofá, mientras más besos le propinaba, más caliente se ponía mi amiguita, después de unos minutos ya tenía las tetas de fuera, le había bajado su blusa hasta sacar sus dos grandes tetas, yo me estaba dando un banquete con esos dos grandes melones, no estaban caídas a pesar de ser grandes, su juventud y el deporte que ella practicaba las hacia firmes a pesar de su gran tamaño.

    Por mi parte ya estaba más que calientes, dirigí una de sus manos hacia mi verga para que sintiera como me había puesto, aunque con un poco de nervios, tímidamente acaricio mi pene sobre mi ropa abriendo unos grandes ojos mientras nos besábamos al sentir tan caliente y dura mi verga. Al parecer solo iba a ser un cachondeo sin llegar a más ya que se estaba haciendo del rogar un poco, pero no quite el dedo del renglón y fui insistente en mis caricias y besos, aunque nunca había planeado un encuentro sexual con ella, si había deseado sus grandes melones la primera vez que vi sus grandes tetas, esa tarde el Dios Eros nos había dado un “empujoncito”, así que ahora dependía de mí el que yo le diera su “empujadita” a ella.

    Yo ya quería desnudarle ahí mismo en la sala, pero ella continuaba con la negativa, asi que poco a poco la hice levantarse de aquel sofá, y mientras la besaba y acariciaba, atravesamos el pasillo del departamento que llevaba a mi recamara, me coloque atrás de ella mientras caminábamos, con mi verga que quería reventar el pantalón mientras la abrazaba cogiendo sus tetas desde atrás, besando su cuello mientras mi verga le daba piquetes a su colita, ella con un poco de miedo pero a la vez quería seguir en ese rico juego de seducción que la llevaron hasta mi cama, donde previamente habíamos jugueteado.

    Tal vez ella no había ido preparada para ser cogida ese día, pero nuestro lívido ya estaba despierto y no habría nada que nos detuviera. Al principio no me dejaba hacer más que los besos y caricias, tendidos en aquella cama, yo ya tenía la verga al 100%, pero no estaba desnudo, mientras nos acariciábamos mutuamente, ella se negaba a que yo avanzara más allá de aquel escarceo que habíamos iniciado en la sala, entre gemidos ella ya iba cediendo terreno y eso fue una buena señal para mí.

    Con paciencia logre quitarle su blusa, el brasiere y su pantalón, pero no me permitía quitarle su prenda más íntima, la cuidaba con mucho recelo, quería que solo jugáramos, y cuando intentaba bajarle la prenda, ella rápidamente con sus manos me apartaba y se aferraba a esa última prenda, mientras que yo como poseído me aferraba a tan ricos cantaros, y solo gemía y balbuceaba.

    Pina: “no… nooo… noooo…”

    Yo: “Andale Pina, mira como me tienes, palpa mi verga y siéntela…”

    Pina: “Ummm, pero noo, mejor nooo… solo así… no hay más…”

    Sabía que solo era cuestión de trabajo, recorrí con mi boca todo su cuerpo cubriéndolo de besos y caricias, en algún momento ella ya no aguanto más y me permitió que le quitara esa última prenda, le quite su calzón mientras mi boca se afianzaba en sus grandes tetas, las cuales me las comía con desesperación, tuve que parar para quitarme el resto de la ropa, y mi verga salió como resorte, de lo dura y caliente que ya estaba, sus ojos se fijaron en mi verga y en su rostro se dibujaba un gesto de calentura y ternura a la vez. Me volví a acostar con ella, y jugueteaba con mi falo sobre su pubis ya desnudo. Nos enfrascamos en besarnos y acariciarnos como podíamos, ella se retorcía en mi cama, al sentir mis besos en sus pechos, y cuello, tratando de abrir sus piernas para que mi falo la penetrara, pero aun no era momento, ahora yo tenía que hacerla sufrir por lo que ella me había hecho pasar (jejeje)

    Ella con delicadeza, acariciaba mi verga y la chaqueteaba suavemente, lo trataba de dirigir hacia los pliegues de su pucha que ya estaba ardiendo, ya mis manos habían recorrido sus ardientes pliegues y estaba calentita y húmeda. Lista para recibir su regalo, pero tenía que darle antes una rica mamada a sus labios, sabía que eso la iba a derretir, así que baje poco a poco por su cuerpo hasta donde sus piernas abiertas de par en par recibieron mi boca, la cual ayudado por los dedos de ella, abrió camino entre su leve mata de pelos que tenía, para que su vulva se mostrara ante mi, con ese típico sabor agridulce, su clítoris estaba muy sensible ya que al rozar su botón con mi lengua ella solo arqueaba su cuerpo y gemía más fuerte por el placer que le estaba provocando mis caricias, ocupando mis dedos abrí de par en par sus bellos labios vaginales, y ocupaba un dedo para medir la temperatura de su interior, jugando con mi dedo dentro de ella, sabía que ya estaba ardiendo por las sacudidas que ella se daba en la cama al sentir mis dedos introducirse, estuve un rato así jugando con su vulva y sus labios, acariciándolos delicadamente, tratando de no hacerle sentir algo que no fuera agradable, ya en ese momento tuve que usar mi lengua para saborear los jugos que de esa gruta del placer recorrían su interior para brotar ante mi boca, lo cual me di un gusto de saborear y lamer como gatito que bebe su leche de su pozuelo.

    Ella ya estaba ardiendo y la agitación de su cuerpo así como sus palabras, me demostraban que ya era el momento…

    Pina: “Que me hacess… que ricooo… huuummm ya no me tortures… Así bebe, cómeme soy tuya…”

    Ella ya estaba ardiendo literalmente, abandone su panocha para subir nuevamente a sus grandes tetas que eran mi fijación, y mientras me prendía de sus grandes tetas para después besarnos con frenesís hasta enroscar nuestras lenguas en una batalla de besos cargados de deseo.

    Mi verga solo hacia intentos de penetrarla, jugaba friccionando mi falo en su pubis, mientras ella movía sus caderas al ritmo de mis embestidas, de repente entre besos y gemidos de su parte, solo dijo

    Pina: “Que me has hecho… Hazme tuya de una vez…”

    A lo que yo sintiéndome dueño de la situación y con ánimo de hacerla sufrir un poco por haberse hecho del rogar jugué con mi falo en la entrada de su cuevita, la cual solo le tallaba el tronco de mi falo por sus labios pero no se lo metía, a veces solo le metía la puntita, y se la sacaba, ella solo gemía y cuando sentía la cabeza de mi falo entrar soltaba leves gemidos y arqueaba el cuerpo como queriendo empujar mi falo dentro de su cavidad y suplicante decía:

    Pina: “que rico mi amor, ya metérmelo, no seas malo, primero me calientas y ahora me haces sufrir… que malo eres conmigo.”

    Yo: “Ah sí… yo te calenté?”

    Pina: “Si, tú me pusiste así, mira como me tienes… ya no seas malo y entiérrame tu verga mi amor… soy completamente tuya…”

    Yo: “Quieres mi verga?… Quieres leche?… dime que es lo que quieres primor?…”

    Pina: “Quiero tu verga dentro de mí, quiero tu leche por favor… ya dámela… me tienes ardiendo, necesito tu verga dentro… y probar tu leche…”

    Hice una pausa a nuestro “Juego de seducción” y con rapidez fui al cajón de la cómoda en búsqueda de un condón, abriendo el empaque y colocarlo rápidamente en mi verga, que ya quería penetrar a mi nueva conquista.

    El ambiente en la habitación estaba ardiendo, ella en mi cama tendida desnuda solo cruzaba sus piernas y un brazo sobre sus tetas, mientras camine hacia la cama y me subí poco a poco a la cama para subir besando y recorriendo con mis labios sus piernas hasta llegar a su pelvis haciéndola que se estremeciera, subí por su ombligo hasta llegar a sus grandes tetas, donde ya me esperaban sus dos botones cafés erectos e hinchados de la excitación, mi verga ya estaba bien caliente y se la pegue a su pucha que igualmente ardía como un volcán.

    Dirigiendo mi verga a su ardiente cuevita, la cual empecé a penetrar suavemente haciendo que sus ganas de verga fueran más urgidas por ella, mientras Pina abría sus piernas para que mi cuerpo se acoplara sobre el suyo, mi verga iba entrando en su panocha, resbalando por aquel caldo de almeja que deseaba su ingrediente extra de camarón, mientras mis labios y manos acariciaban sus pechos, hombros y cara, ella solo abría y movía su cadera al compás de mis penetraciones.

    Tome sus pies y la hice que los colocara en mis hombros mientras la penetraba y nos mirábamos fijamente mientras la ensartaba. Sus tetas se movían como dos grandes gelatinas en el golpeteo de mi cuerpo con el suyo, a veces tomaba aquellos grandes senos para chuparle y besarle sus pezones, mientras mi verga parecía tener vida propia con movimiento propio, no paraba de entrar y salir de su rica cuevita, la cual estaba ardiendo por la calentura del juego previo. Sus gemidos inundaban la recamara, la cual estaba en silencio y solo a lo lejos se escuchaba la película que habíamos dejado en la sala.

    Pina: “Así… así… ahhh… que rico… así cógeme…”

    Estábamos embebidos en nuestro ritual amatorio, cuando de repente empezó a sonar el teléfono de del departamento, no quería que me interrumpieran por lo que deje que sonara sin contestar, después de varios timbrazos dejo de sonar para ahora timbrar mi celular en el que el identificador aparecía el nombre de mi amigo de parrandas “Alex”, deje que sonara y recordé que había quedado con él y otro amigo que ese fin de semana iría a checar su computadora para hacerle servicio de mantenimiento y reparar alguna cosas que tenía fallando el sistema operativo, pero no solo era eso sino que habían quedado que a cambio me prepararían un platillo especial para comer en retribución al servicio que le haría a su computadora. El plato era uno típico de la cocina Mexicana, y según tenían una muy buena receta , acompañado obviamente de unas cervezas como ya era costumbre los fines de semana que nos juntábamos para armar nuestras pequeñas reuniones en el departamento con música, cervezas y anécdotas, que por cierto tengo alguna que contare en un futuro.

    Tenía a esta amiguita en mi cama y no podía dejarla así, por lo que ante tal insistencia del teléfono, ella al principio me decía que no contestara hasta que fue demasiado y me cuestiono el motivo de tanta insistencia, a lo que le medio comente el plan que se había armado desde hace varios días, a lo cual me dijo que no contestara que yo la tenía así de caliente y ahora tenía que acabar lo que había provocado en ella, así que seguimos en nuestra actividad, haciendo el amor, recorrimos nuestros cuerpos y ella se movía intensamente al recibir mi verga, la puse en cuatro mostrándome ella su amplias nalgas y su panocha bien jugosa y roja en espera de mi verga, incitándome ella con que se la metiera así, no haciéndome del rogar le volví a meter mi verga en ese rico coñito, mientras la tomaba de las caderas y ella solo pujando contra la almohada mientras recibía mis embates de mi verga toda caliente y bañada en nuestros líquidos espesos, mientras me la cogía le decía lo rica que ella estaba, y acariciaba su espalda, lo recorría con mis palmas hasta sus hombros y a veces le daba besos en ella, su cuello y su nuca, a lo que ella respondía con sus boquita ardiente con un:

    Pina: “así, así, mas, mas… Que rico me coges… ¿por qué nunca me habías cogido?… “

    Sus ardientes palabras y el movimiento de su cadera hicieron que mi verga estuviera lista para botar su blanco y espeso contenido, por lo que ella al escuchar mis resoplidos en su nuca y mis palabras indicándole lo rica que estaba, supo que estaba listo para soltar mi ardiente néctar, a lo que ella al último momento se separó quedando de nuevo frente a mí, con la pucha bien abierta y su cuerpo todo mojado de la actividad misma del acto sexual, mirándome me dijo que quería mi leche pero no en el condón, que se lo echara en su cara y tetas, a lo cual pronto manipule el condón lo quite, jalando un par de veces el prepucio de mi verga, arrojando mi semen en su cara en su boca cayéndole a sus tetas, lo cual ella se encargó de distribuirlo por su piel. Se tragó el resto que tenía en la cara, mientras yo desfallecía sobre ella, bufando por lo rico que había resultado esa sesión de sexo no planeada.

    Mientras me acurrucaba ante aquel par de tetas grandes, ella me abrazaba y acariciaba, diciéndome que había sido una muy grata experiencia, que había pasado, porque habíamos llegado a ese momento después de tantos años que nos conocíamos y que nunca habíamos dado ese paso, a lo cual no pude contestarle, ella me cuestiono que éramos ahora, (jejeje creo que esa pregunta cómo es como una cubeta de agua fría, quien sabe cómo tomaría la respuesta), a lo que le respondí que íbamos a intentar y ver qué pasaba, a lo que ella acepto.

    Nos quedamos abrazados en la cama cuando nuevamente empezó a sonar el timbre del teléfono, ya más relajado y con cargo de conciencia por el compromiso que había hecho desde hace varios días me decidí a contestar la llamada aun al pesar de Pina que no quería que nos interrumpieran.

    A lo que quise negar mi disponibilidad con mis cuates, pero pues ya hasta habían preparado aquel platillo especial, con tal de que le ayudara con su equipo y me dijeron que podía llevar a mi invitada. Así que tuve que convencer a Pina para dejar el momento para otra ocasión o mejor aún si me acompañaba a ver aquel asunto a casa de mi amigo, de paso nos invitaban a comer, ella también era del área de informática, pues que más otra Friki de las computadoras, bueno y que esperaba encontrar en el BBS (jajaja aunque también había chicas muy interesantes de áreas de sociales).

    Pina acepto acompañarme a regañadientes, así que nos alistamos y nos fuimos a casa de la familia de este amigo, ante los cuales presente a Pina como una “Amiguita” ellos entendieron el mensaje porque me conocían bien y sabían que no tenía una novia fija, trabajamos sobre el equipo que estaba fallando, con ayuda de ella terminamos de arreglar el equipo, ella se acoplo a mis amigos y su familia y nos invitaron a la mesa a comer, lo cual fue muy rápido ya que ella me apuraba con la vista y me preguntaba de vez en cuando discretamente si ya nos íbamos a lo que diplomáticamente y una vez cumplido con mis amigos, salimos de la casa anfitriona y le pregunte a Pina si ya nos íbamos a su casa la iba a llevar, era lo menos que podía hacer por ella después del regalo que me había dado ese día.

    A lo que me respondió que mejor regresáramos al departamento, que necesitaba hacer algo, así que nos pusimos en marcha hacia el departamento, y una vez que estuvimos dentro, se me vino encima en una avalancha de besos y caricias, indicándome que seguía bien caliente que necesitaba más de mi verga, por lo que no me hice del rogar y nos fuimos besando por el pasillo del departamento hasta mi recamar, donde terminamos de quitarnos las prendas para volvernos a meter a la cama mientras me decía con una voz melosa y ardiente.

    Pina: “Que me has dado, que me has puesto así, yo llegue normal y no planeaba coger, me tienes ardiendo, por favor ya métemela, la necesito nuevamente…”

    Yo estaba maravillado con ese para de tetas grandes, que aunque no eran mis únicas bubis grandes que había besado si eran bonitas sus tetas, además de que ella era muy sensible en esa área, y vaya que he conocido mujeres a las cuales no les causa nada el que les toquen sus tetas, pero la mayoría de las mujeres con las que he estado, les ha producido placer el que yo se las bese, estimule, pellizque, chupetee, etc. Siendo de las mejores sensaciones para ambos ya que para mí es como un fetiche las bubis, ya sean chicas o grandes, todas tienen algo diferente y bello y que admirar.

    Me prendí de ella, pero esta vez por lo caliente que estebamos empecé a jugar con mi falo en su cuevita que ya estaba escurriendo su lechita de hembra, ya que al quitarle el calzón estaba bien mojado, era un fluido limpio y no olía mal, por lo que solo atine a besar su rica pucha que por cierto ella tenía poco vello, bien cortado, no alborotado, pero si era abundante. A lo cual solo atine a meter mi lengua en su coñito rico, y le hice un oral para incitarla más. Ella solo se retorcía entre las almohadas y daba gritos de place.

    Pina: “Así… así… dame más… quiero más…”

    Termine de darle lengua en su panocha, sabedor de que ella ya estaba nuevamente ardiendo. Por lo que la hice girar para que se acostara boca abajo, y poder admirar sus caderas y su culo desnudo, lo cual me complació, parando sus nalgas, mientras yo me hundía entre sus nalgas para seguir mamando de su pucha ardiente, ella solo gemía y trataba de que mi cara se hundiera más en su interior, mientras solo gemía de tanto placer que sentía, en un momento me dijo

    Pina: “me vas a hacer venir de nuevo… que me haces, por favor ya métemelo quiero sentir tu pene dentro de mi interior…”.

    Como respuesta de mi parte solo le di unas nalgadas a sus nalgas que estaban paradas apuntando hacia mí, le di un par de nalgadas indicándole que tenía que pedirme lo que quería… Ella solo atinó a decir

    Pina: “ya cabrón, dame tu verga, primero me pones bien caliente y ahora no me la quieres dar… por favor ya dámela la neceeesiiitooo…”.

    Estaba por completar la frase, cuando yo me estaba colocando atrás de ella, con mi falo apuntando a su pucha, y se la deje ir asi sin miramientos sin condón solo con la humedad propia de ella y un poco de saliva de mi parte que había colocado en la punta de mi glande, se lo metí fuerte y cuando ella decía.

    Pina: ”…necesiiiitooo… ay que ricooo”

    Al sentir mi falo pelón hundirse en su cueva ardiente como volcán con lava… La tome de las caderas y le embestía bruscamente a solicitud de ella que pedía

    Pina: “Mas fuerte papito… más fuerte… Así… Así soy tu perrita soy tuya que me diste que yo no soy así.”

    Yo solo le respondía que nada, que solo era el momento oportuno, que lo disfrutáramos.

    Yo: “Así te gusta?… Así la quieres mamita?…”

    A lo que solo respondió

    Pina: “como quisiera pero que no pares de darme mi verga…”

    La voltee porque quería disfrutar de sus tetas, así que ahora frente a mí, nos besábamos y yo aprovechaba de sus bubis las cuales se movían al compás de nuestros movimientos de la cogida que nos estábamos dando, se las agarraba, las chupaba y se la mamaba, ella solo las juntaba para que quedara a disposición de mi boca, jugaba con sus pezones, se los mordía levemente se los chupaba al extremo, estábamos idos en nuestro éxtasis, sin importarnos nada a nuestro al rededor, solo estábamos ella y yo en ese cuarto que fue testigo una vez más de un rico encuentro sexual.

    Ella se movía sensualmente, su cuerpo a veces me cabalgaba frenéticamente donde pudiera ver como se movían sus tetas al ritmo de mis embistes con mi verga en su coño húmedo. Así estuvimos cambiando de posiciones ideando distintas formas de sentir placer entre gemidos y frases cargadas de erotismo de ambos, se sentía muy rico tener mi verga dentro de ella sin protección, a lo cual ella me recordó no terminar dentro de ella ya que no se estaba cuidando, que le avisara cuando fuera a eyacular porque quería mi leche pero no dentro.

    Por mi parte quería prolongar esa sesión, estaba con Pina, aquella amiga entrañable de hace muchos años, nunca me la había imaginado que me la cogería alguna vez, así que le indique que quería cogérmela de otra forma y nos paramos de la cama, y le dije que se pusiera recargada en la cama, agachada apoyándose en la cama, mientras yo me colocaba atrás de ella y la penetraba de esta forma, podía admirar sus caderas, sus nalgas y le daba nalgadas mientras ella solo gemía, y movía sus caderas al ritmo que ella quería, gimiendo y repitiendo lo mismo.

    Pina: “Quiero tu verga, dame tu leche. Que rica esta así sin nada, la tienes muy rica papi… Porque nunca me la habías dado… Seré tuya cuando yo quisiera…”

    Sus palabras entre gemidos me pusieron más que caliente, y estaba a punto de escupir toda mi leche en su interior, yo la agarre fijamente de las caderas, y ella empezaba a sentir los espasmos de mi venida, así que entre gemidos solo dijo…

    Pina: “Ahhh que rico, me vengo, me vengo, ya vente échame tu leche pero fuera porfis…”

    Eso me puso más como toro de lidia al escucharla a ella explotar, su humedad mojo mi palo y entre sudor y fluidos de ella mis huevos estaban empapados, así que mi venida fue inminente, rápidamente le di el último empujo en su útero, agarrándola fuertemente de sus caderas para luego separarme de ella rápidamente

    Yo: “Que rica pucha mi vida… me exprimes… me vengo… que rico que rico… Ufff”.

    Mi flema se la eche entre la espalda y las nalgas, la cual brotaba como fuente de mi verga, después del segundo chisguete de semen que le cayó en su espalda, ella solo se hinco ante mi rápidamente poniendo su cara frente a mi verga, abriendo su boca queriendo captar del néctar de mi falo, mamo de mi verga para atragantarse mi leche, me estaba exprimiendo el tuétano, toda mi leche estaba entrando en su garganta, yo estaba por desfallecer ante aquella succionada, me estaba dando una de esas mamadas que hasta los ojos bizcos estaba poniendo de mi parte, jajaja.

    Termino de atragantarse de mi leche, indicándome que estaba muy rica la saboreo y con sus manos se embarraba por sus nalgas la que le había caído en ellas, mientras yo me reponía en la cama de tal succionada de tuétano que me había aplicado aquella señorita que me había resultado tan golosa.

    Después de que al principio se hizo de rogar, pero después fue ella misma fue quien quería más guerra al hacer que nos saliéramos de la casa de mis amigos para seguir cogiendo en el departamento.

    Ella se fue al baño, a asearse y regreso a la cama a mi lado nos acostamos abrasados, mientras nos reponíamos de tan rica faena no programada. Así abrasados seguíamos el cachondeo, mientras platicábamos de cómo habían sucedido las cosas sin planearlo previamente y más por la amistad que ya teníamos de años atrás y nunca habíamos tenido tal contacto, pero que había sido muy rico y placentero, que le había gustado que la cosa fuera así, entre platicas el tiempo se fue dándonos cuenta de que ya era muy tarde, y ella tenía que llegar a su casa, así que la fui a dejar cerca de su casa, despidiéndonos con un tierno beso y la promesa de volvernos a reunir muy pronto.

    Pina y yo seguimos siendo amigos y cada que podíamos reunirnos nuevamente para tomar un café en algún restaurante de la ciudad o asistíamos al cine o para hacer el amor casi como la primera vez, a veces con sus escotes me ponían loco y en una ocasión fuimos al cine en el WTC en la CDMX en las escaleras eléctricas, me puse un escalón para ir admirando sus grande tetas que sobresalían de su escote, al cual tuve que sacarle fotos por lo rica que se veían, y ella solo con muecas, de “Que haces… te van a ver…” jejeje

    Nunca formalizamos lo nuestro y al no ver una definición de mi parte hacia nuestra relación ella opto por tener un novio formal, no sin antes despedirnos con una rica cogida.

    Espero que el relato haya sido placentero para ustedes como para mí lo fue.

    Y Ojala puedan regalarme su calificación y/o comentarios sobre este mismo ya sea en este mismo sitio o a mi correo [email protected].

  • Limerick School (Episodio 2)

    Limerick School (Episodio 2)

    Desperté con un leve dolor en mi glande. Contemplé a mi esposa y me dio un poco de pena. Ya no me atraía tanto como antes, pero era buena. Decidí que en el día de hoy, iba a concentrarme en hacer un buen trabajo y nada más. Tengo que guardarme la verga en los pantalones y bancármela como un hombre decente. Sentí que solo con mi débil voluntad, no iba a poder lograrlo. Tuve una idea. Fui al baño y me estire la verga hacia abajo. Agarré unas vendas del botiquín y me vende la verga contra mi pierna. En el caso que alguna situación me ponga muy caliente, la erección iba a ocurrir a lo largo de mi pierna y no se notaría. Al menos espero que Marcia no lo note y no me busque para chupármela. Me vendé fuertemente y fui al colegio.

    Se me hacía un poco difícil caminar, tenía que renguear un poco. Si alguien me pregunta podría decir que me caí y me golpeé la pierna o algo así. No tuve en cuenta que el movimiento de mis piernas y la venda me realizaban cierta masturbación. Mientras mi verga no estuviera erecta, supongo que eso no sería un peligro. El día estaba muy caluroso, y eso me generaba más incomodidad. Empecé a dudar de mi idea, esto iba a terminar mal. Ingresando al colegio veo a algunas de las chicas sentadas en las escaleras esperando a que abra. Una de ellas era la terrible pendeja de último año, que era más alta que yo y tenía unas tetas que se desbordaban de su camisa. Tenía una pollera cortísima y su camisa más desabrochada de lo habitual. Pude ver con facilidad toda la carne de sus muslos y un poco del pliegue de su culo, estaba sentada de una manera muy descuidada. Dios mío. Mi verga de a poco empezó a reaccionar, sentí unos cosquilleos.

    Continué caminando y al pasar a su lado no pude evitar mirarle las tetas. Eran increíbles, firmes y enormes. Tuve que caminar más lento, la venda había empezado a masturbarme. No pude dejar de mirarla y ella finalmente levanto su cabeza y mi miró a los ojos. Yo estaba totalmente ruborizado. Su mirada se tornó libidinosa y se mordió el labio inferior. Verla desde arriba, con esas tetas y sus ojazos verdes, me hizo poner muy caliente, quería sacar mi verga y metérsela en la boca. Pero no. Basta. Ni siquiera había entrado al colegio y ya estaba así.

    Caminé rápidamente entregándome a la masturbación que me propiciaba la venda. Debía ir rápidamente al baño y hacerme la paja sin que Marcia me viera. Miré para todos lados y al parecer no había nadie. Apresuré mi marcha y escuché.

    -¡Martín! Qué bueno que llegaste, vení un momento a mi oficina.

    Me doy vuelta y veo la silueta de la directora metiéndose a su oficina. Me pareció divisar mucha piel, al parecer por el calor, estaba con muy poca ropa. Con miedo, camine lentamente y me asome desde la puerta. Allí estaba Susana, la directora. Tenía una musculosa extremadamente escotada y una pollera larga. Se estaba sentando en su escritorio donde se encontraba su computadora.

    -Vení, acércate, ¿vos sabes de Excel?

    Tendría que haber dicho que no. Pero sí, sabía bastante. Ella se mantuvo sentada y me puse atrás de ella hacia un costado. Tenía una visión perfecta de ese océano de carne blanca que eran sus tetas. Podía ver sus venas celestes esparcidas y la sombra de sus pezones. Empecé a traspirar. Mi verga empezó a crecer y a ponerse muy caliente. Me preguntó sobre algunas operaciones básicas de base de datos. Intenté explicarle y ella no lograba comprenderme. En cada movimiento sus tetas generaban olas que las recorrían por completo. Tuve la terrible idea de decirle

    -Si querés lo hago yo, te pido el asiento.

    Me dijo que no hay problema y su majestuoso cuerpo se elevó. Yo me senté y ocurrió lo que de alguna manera estaba esperando. Ella acercó su cara hacia el monitor y me apoyo sus monstruosas tetas sobre mi hombro. Era evidente que no tenía en cuenta del todo las dimensiones de su cuerpo. Mi excitación estaba llegando a un límite. Sentir toda esa carne suave y caliente sobre mí me llevó a una sobredosis de placer. Empecé a sudar mucho. Mi visión se empezó a poner borrosa. Temblé y perdí la conciencia. Vi estrellas y luego todo negro.

    Me desperté en una camilla. Tenía la ropa puesta, pero estaba sin zapatos. Mi camisa estaba desabrochada. Vi a Marcia en el fondo de la habitación. Su cara mostraba preocupación. Trate de recomponerme y ella me pidió que me quede allí recostado.

    -Ahora viene la enfermera.

    Estaba en la enfermería del colegio y Marcia me comentó que el personal de mantenimiento me trajo hasta aquí. Por suerte conservaba mis pantalones. Tenía que sacarme esa venda llena de transpiración y liquido preseminal. Solo debía pasar el examen de la enfermera.

    La puerta se abrió y mi corazón se detuvo. Entró a la sala una chica de unos veinticinco años que era una versión más joven de la directora. Era más delgada, el pelo largo y las mismas tetas impresionantes. Su uniforme estaba haciendo un esfuerzo terrible para contener esas tremendas ubres. Ella era mucho más hermosa y más delgada, haciendo que sus tetas resalten aún más. Marcia me vio y comenzó a reírse, rápidamente clavó su mirada en mi verga.

    -¿Que anda pasando? Yo sabía que mi mamá tenia levante, pero tampoco para hacerlos desmayar. Me dijo la enfermera.

    Marcia fue hacia la puerta y con una sonrisa picarona puso la traba.

    -Yo ya sé de donde viene el problema. Dijo Marcia. Ambas se miraron con complicidad y me di cuenta de lo que se venía. Marcia se puso detrás de Maite, la enfermera y le apretó las tetas.

    -Martín es un enfermo por las tetas, no pudo con las de tu vieja.

    -¿Ah sí? dijo Maite mientras Marcia le apretaba las tetas. Mirándome la verga preguntó -¿Y qué pasa que conmigo no se calienta?

    Yo no podía más, empecé a perder conciencia, y trate de quitarme los pantalones pero no tenía las fuerzas. Las chicas se dieron cuenta que yo estaba descompensándome y con rapidez empezaron a sacarme los pantalones.

    -¿Que mierda es esto Martín? Exclamó Marcia y entre las dos sacaron la venda.

    -Nunca más vuelvas a hacer esto, estás loco.

    Sacaron con totalidad la venda y mi verga estaba casi morada, totalmente dura, se había puesto enorme.

    -A la mierda. Dijo Maite. -Ay Martin, no podes andar así, de verdad que te puede hacer muy mal.

    Mientras me hablaba, Maite y Marcia usaban sus dos manos para acariciarme la verga y las bolas.

    -Mira el tamaño que tienen estas bolas, esto está por estallar. Me dijo Maite y seriamente me miro a los ojos. Acercó su cara y me dijo con voz sensual. Hay que ordeñarte hasta deslecharte por completo.

    Me hicieron sacarme toda la ropa y pararme. Incline mi torso hacia adelante y apoye mis manos sobre una silla. Maite trajo un banquito y se sentó bien al lado de mi verga. Lleno sus manos de un lubricante.

    -¿Me puedo quedar a mirar? Dijo Marcia.

    Yo gire mi cabeza para verla y me di cuenta que tenía puesta una pollera muy cortita. También vi como su verga erecta se asomaba.

    -Obvio que si Marcia. Dijo Maite que no sacaba sus ojos de mi verga.

    Así como se ordeña una vaca, Maite empezó a pajearme. Lo hacía con firmeza y lentitud, yo empecé a gemir, no quise contenerlo. Su mano subía y bajaba realizando giros. Vi como con su otra mano empezó a acariciarse las tetas. Marcia había corrido su bombacha y liberado su enorme verga. También empezó a pajearse al ritmo que me pajeaba Maite. Maite empezó a subir la velocidad y yo ya estaba listo para explotar. Maite se dio cuenta y concentró su mano en mi glande. Empecé a gritar, estaba por acabar. Vi como Marcia su puso bajo mi verga y apoyo su lengua extendida sobre mi glande, Maite subió su mano y pajeaba con fuerza y rapidez todo mi tronco. Con un intenso gemido que me resulto interminable, liberé numerosos chorros de leche espesa. Marcia quiso meter toda la leche en su boca, pero no pudo, le rebalsaba y algunos chorros cayeron en sus tetas. Empezó a tomar el semen de manera desesperada mientras se seguía pajeando.

    -Marcia tráeme ya esa vergota para acá. Le dijo Maite.

    Marcia puso sus dos manos sobre la cabeza de Maite y movió sus caderas cogiéndole la boca. A todo esto Maite nunca me soltó la verga. Marcia aumentó su velocidad hasta acabar en la boca de la excitada enfermera. Maite abrió su boca y deja chorrear el semen de Marcia sobre sus tetas.

    Me levanté y me senté sobre un sillón. No lograba estar parado. Mi verga aún seguía durísima, sentía que esto no me había aliviado, al contrario estaba más caliente que nunca. Marcia se puso en cuatro y se me acercó gateando. Bajó mi verga erecta con su mano y la puso en su boca. Luego volvió a su posición y empezó a moverse chupándome la pija únicamente con su boca. Sus movimientos orales eran de mamada, sentía que la estaba alimentando como una vaca alimenta a sus terneros. Maite se acostó en el piso y puso su cabeza entre las piernas de Marcia mirando hacia arriba. Colocó la verga de Marcia en su boca y agarrándose las tetas se puso a mamar. La verdad que el cuadro que estábamos representando era hermoso. Marcia se movía lentamente, lo estábamos disfrutando muchísimo. Vi como Maite empezó a tocarse la entrepierna. Yo estaba totalmente relajado, me recosté hacia atrás y cerré los ojos.

    Era imposible no desear esto. Quisiera que me chupen la pija durante toda mi vida, todo el tiempo. Y de repente sentí algo, como una pieza de un rompecabezas que encajaba. Oh Dios. Marcia no quiere otra cosa que chuparme la pija. Vivir con ella sería un sueño cumplido. Así mi mente divagaba mientras gozaba como nunca con la impresionante chupada de pija de Marcia. Me tire un poco para adelante y le vi la cara. Sus ojos cerrados, su cara de placer, ella realmente lo estaba disfrutando. Comencé a acariciar su cara suavemente. Ella abrió los ojos y me miro con intensidad. Me pareció una imagen muy hermosa. Eyaculé mientras nos mirábamos fijamente. Ella succiono como una mamadera y se tragó todo sin pestañear. Algo cambió. Marcia bajó su cabeza y tiro su cuerpo hacia abajo. Acabo en la boca de Maite mientras ella le agarraba el culo con sus dos manos.

    Sacamos servilletas y nos pusimos a limpiarnos. Me sentía bien.

    -Nunca más hagas esa estupidez de la venda Martín. Yo te deslecho todas las veces que sea necesario. Me dijo Maite. -Antes que te vayas, quiero que te acuerdes de esto. Maite empezó a desabrocharse el uniforme de enfermera. De a poco empezó a liberar esas tetazas. Sus pezones eran enormes y estaban excitados. -Me quede re caliente. Me agarro la mano y me acerco hacia ella. -Ya estuvimos mucho tiempo encerrados, despedite de ellas y la próxima nos vemos sin Marcia. Dijo riéndose.

    Miré fugazmente a Marcia y la noté incomoda. Yo no me pude contener y con mis dos manos agarre desde la base esas monstruosas ubres. Se movían para todos lados, mis manos difícilmente podían sostenerlas. Eran increíblemente pesadas. Me llevé sus pezones a mi boca y los chupe con fuerza. Empecé a calentarme nuevamente.

    -Bueno, bueno, bueno. Me dijo Maite guardando sus tetas. -No abusemos de nuestra suerte.

    Volvimos a nuestra oficina. El resto del día pasó tranquilo. Susana pasó a verme y preguntarme si estaba bien. Me sorprendí al darme cuenta que sus tetas eran más grandes que las de su hija. Unas infernales ganas de ver esas tetas desnudas se apoderaron de mí. No quité mi vista de esos globos, en algún punto quería que se dé cuenta. Le dije que estaba mejor y que cuando necesite ayuda con Excel que me avise. Me sonrió y se fue. Marcia estaba atenta de la escena.

    -Como te gustan las tetas a vos eh. Me lo dijo sonando a reproche. Se me acercó por detrás de la silla poniendo sus manos en mis hombros. -Sos un pajero, tu verga ya esta dura, de acá la veo. Marcia se pone bajo el escritorio, yo adelanté mi silla lo máximo posible y sentí como Marcia me bajó la bragueta. Ya no iba a resistirme. Marcia se metió la verga en la boca y sentía como jugueteaba con su lengua tranquilamente. Así da gusto trabajar. Mientras Marcia me chupaba la verga yo seguía con las planillas del inventario.

    El día terminó. Me acerqué a saludar a Marcia que estaba sentada en la silla. Se acercó a mi verga y le dio un beso sobre el pantalón.

    -Hasta mañana. Volví a mi casa y no daba más. Me di una ducha y tuve una sensación de sentirme afortunado. Un fuego empezó a recorrer mi cuerpo. No veía la hora de volver al Limerick School.

    Escribime. [email protected].

  • Noche de pasión en Lisboa (III): Sacando de apuros a Amália

    Noche de pasión en Lisboa (III): Sacando de apuros a Amália

    Estoy en mi garaje, arrodillado en el suelo con una pistola estroboscópica en mi mano izquierda, mientras con la derecha afino el avance del encendido de mi capricho más preciado. Es difícil reconocer en este MG TC migdet de 1.946 aquel patito feo en estado ruinoso que adquirí hace ya treinta años en Inglaterra, cuando pasé una temporada trabajando allí. Este cochecito que hoy es azul almirantazgo, con cubos de radios cromados y capota de lona blanca, era en aquel entonces un montón de chatarra, de un color rojo desvaído, arrinconado en la esquina de un granero en la campiña inglesa, al que descubrí de casualidad, y por el que casi me pagaron para que me lo llevase. Después de haberlo desmontado literalmente hasta el último tornillo y dedicado horas ingentes a su restauración, hoy es una pequeña joya en la que he ido trabajando con el mimo que se hacen las cosas, cuando no se hacen por dinero, sino por el gusto de devolverles el esplendor que tuvieron de nuevos.

    Es el mes de julio y la próxima semana me la he tomado de vacaciones para viajar por carreteras nacionales y secundarias, conduciendo con tranquilidad y parando allí donde me apetezca, solamente disfrutando del paisaje, y estoy dándole los últimos toques a la puesta a punto, para salir mañana, domingo y volver al final de la semana, tratando de minimizar cualquier problema mecánico que se me pueda presentar.

    Acabo de apagar el motor y me dispongo a poner el capó de libro en su sitio cuando suena Malena en el tono de llamada de mi móvil. Sin necesidad de ver la pantalla, sé que me está llamando Amália. Me extraña que me llame un sábado a las 4 de la tarde, pero tampoco le doy demasiada importancia. Ordeno de viva voz al manos libres la orden de descolgar y respondo a la llamada:

    —Dime Amalia, buenas tardes, ¿a qué debo el gusto de tu llamada? Tengo puesto el manos libres, pero estoy solo, puedes hablar sin problemas.

    —Alfredo, querido, estoy en un apuro y no sé si podrás ayudarme.

    —Por favor, dime que te ocurre, que ahora me has preocupado. Ten por seguro, que si puedo, sabes que te ayudaré en lo que sea.

    —Verás, para mí es un poco difícil decirte esto, no quisiera que te sintieses como “el sustituto”. Mañana se casa Magnolia, la hija de mi hermana y yo soy, además, su madrina de bautizo, así que comprenderás que mi presencia en la boda es inexcusable. El caso es que mi pareja en la ceremonia iba a ser un primo mío, pero esta mañana se levantó con un dolor agudo en el costado derecho y ha resultado ser una apendicitis. Lo han operado de urgencia hace dos horas y no corre peligro, pero obviamente, no estará en la boda y no quiero ser la tía solterona que va a la boda sin pareja. Por favor, cielo, podrías acompañarme?

    —¿A qué hora es la boda?

    —La ceremonia es a las 11:30 de la mañana.

    Mientras estamos hablando, hago cálculos. Estoy a unos 450 Km. de Lisboa, veo en el garaje mi coche de uso habitual, un sedán alemán de gama media y en unas 4 horas podría estar sin problemas, así que saliendo de casa a las 6:00 de la madrugada podría llegar cómodamente a la ceremonia, pero se me ocurre que haciendo alguna hora más de camino y saliendo antes, podría llevarme el MG y en lugar de conducir por España, hacerlo por Portugal.

    —Cielo, ¿cómo tienes la próxima semana de ocupada?

    —En principio no tengo compromisos, me he tomado dos semanas de vacaciones, una antes de la boda y la otra es la semana que viene, el jueves estoy de cumpleaños y me apetecía tener días libres para mí.

    —Perfecto, te voy a dar una sorpresa, alrededor de las 09:00 estoy en Lisboa y será un placer para mí ser tu pareja en la boda.

    —¿En Lisboa? Ay no, perdona, que no te lo dije, la boda será en la capilla de la quinta de la familia en Cova de Iria, al lado de Fátima.

    —Mejor me lo pones, lo que no sé es como llegar a la quinta.

    —No te preocupes, cuando llegues a Cova de Iría, entra en la segunda calle a la derecha, verás un restaurante cafetería; allí pregunta por Paulinha, su familia lleva años trabajando en la quinta y ella tendría que estar aquí a las 08:00, pero yo le avisaré ahora, al colgar, que te espere y la traes tú, así ella te mostrará el camino.

    —Mmmm así que Paulinha, ¿es guapa?

    —No seas payasete que sé que ella no corre peligro contigo en el coche, el que me preocupa eres tú, jajajaja.

    —Bueno, pues entonces quedamos así combinados. Mañana a las 09:00 estoy ahí.

    —Gracias, cariño, eres un amor. Un beso.

    —Un beso, cielo.

    Cuelgo y rehago los cálculos me he ahorrado 150 km. Cova de Iría está como a 300 km. a una media de 80 km/h me da en números gordos cuatro horas, más dos paradas de media hora para no forzar al abuelito, total 5 horas. Saliendo de casa a las 04:00 estoy a la hora convenida sin problemas.

    Termino de colocar el capó en su sitio, reviso todo el coche para asegurarme que no me he dejado nada sin ajustar y le coloco la capota para dejarlo preparado para salir. Voy a mi habitación y en la maleta que ya tenía preparada meto una camisa blanca, un traje de estambre color azul marino y unos zapatos con hebilla lateral color chocolate; la cierro y la llevo al garaje amarrándola con 2 correas de cuero a la parrilla cromada que tiene el coche en la parte trasera, sobre la rueda de repuesto (este coche, entre otras cosas, no tiene maletero).

    Me doy un buen baño para quitarme los olores minerales de haber estado trasteando con el motor y ceno temprano, acostándome sobre las 10:00 para estar descansado. He decidido al final salir a las 03:30.

    A las tres de la madrugada me suena el despertador, me levanto y me aseo. Decido ducharme a la llegada y me visto una camisa de franela de cuadros, un pantalón kaki, en los pies unos mocasines de conducir y una cazadora de piloto, forrada de borrego, estamos en julio, pero de noche y aunque lleve la capota puesta, hará frío en el coche, ya que otra cosa de la que carece es de calefacción.

    El trayecto lo cubro sin contratiempos, y he ido mejor de tiempo de lo que esperaba, así que a las 08:15 estoy delante de la puerta del restaurante, aparco y entro a preguntar por la tal Pauliha. La avisan y cuando sale veo que es una muchacha de unos veinte años, agraciada y vestida con una falda negra de tubo a la altura de la rodilla y una blusa blanca de manga corta, con puños, calzada con unos zapatos negros bajos. Supongo que es el uniforme de trabajo. Ella me pregunta si soy “Dom Alfredo”, al contestarle afirmativamente me dice que ella es Paula y que cuando quiera podemos ponernos en marcha, y que la finca está a 10 minutos en coche de donde nos encontramos.

    Al salir, ve el MG aparcado en la puerta y con la vista y dada mi indumentaria busca otro automóvil, pero es el único que hay aparcado en la calle y me pregunta:

    —¿Este é o seu carro? (¿este es su coche?)

    —Si, ¿por qué?

    —Qué lindo, eu gosto muito dele (que lindo, me encanta)

    Yo me dirijo al lado izquierdo para abrirle la puerta y permitirle subir al coche y ella, creyendo que el lado derecho es el del acompañante, intenta abrir la puerta y se encuentra que en este coche todo está al revés. Con la capota puesta no ha reparado que ese es el lado del conductor ya que es un coche inglés para Gran Bretaña y además el tirador de la puerta no está hacia atrás porque la puerta abre al contrario de lo normal. Nos reimos y viene hacia mí, le abro la puerta y le doy una mano para que pueda acceder con comodidad.

    Nos vamos y mientras me va mostrando el camino me va preguntando lo típico que se le pregunta a un extranjero: si me gusta Portugal… si es la primera vez que estoy en Cova de Iria… si he visitado el Santuario de Fátima…, yo le contesto que sí que me gusta Portugal, que no es la primera vez y que aparte de Fátima, he visitado otros monumentos, mientras me voy regodeando al pensar en el apuro que va a pasar para salir del coche. Este coche es una trampa para las mujeres con falda corta. Entrar es relativamente fácil, pero es tan bajito que para salir, una mujer se ve en apuros para no enseñar nada.

    Llegamos a la finca y la muchacha me indica donde debo dejar aparcado el coche. Aparco y antes de que pueda ayudarla, ella ya ha abierto la puerta intentando bajarse, pero la falda no le deja abrir las piernas lo suficiente, así que, con el desparpajo que da la juventud, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, se remanga la falda hasta límites peligrosos y se baja del coche como puede, no he tenido tiempo de ayudarla. De pie, al lado de la puerta, se recompone la falda y mirándome con una sonrisa pícara, me dice:

    —você não viu nada, pos não? (Vd. no vió nada, verdad?)

    —No, tranquila, no he visto nada – pero porque no hice ademán de ver, pienso yo.

    Me acompaña al edificio principal de la quinta, que es una casona de campo que tiene grabado en la clave del arco de la entrada anno 1.754. Entramos a una estancia que hace de distribuidor y me pide que espere un momento, que ahora avisa a la señora. Al cabo de un momento veo bajar por la escalera a Amália. Viene cubierta con una bata de raso blanco casi hasta los pies, con una especie de turbante de toalla en la cabeza y por el movimiento del pecho, deduzco que debajo está desnuda.

    —Gracias Alfredo por sacarme de este compromiso. Me alegra mucho que hayas podido venir.

    —Sabes que el placer es mío.

    —En cuestión de placer, déjalo de mi cuenta, que sabré recompensarte el sacrificio.

    —Por cierto, acabo de llegar y no he tomado todavía habitación ¿podrías llamar a algún hotel del pueblo y que me reserven una para esta noche?

    —De ninguna manera, te alojarás en la casa, con nosotros, faltaría más. ¿Dónde tienes el equipaje?

    —En el coche. ¿Lo traigo, entonces?

    —Pues claro que sí, no voy a consentir que tengas que ir a dormir a un hotel.

    Voy a por la maleta y Amália me precede por la escalera y los pasillos de la casona, hasta que llegamos a una habitación y entrando me dice:

    —Este es tu cuarto, puedes poner la ropa en este cuerpo del armario.

    —Pero… Amália, aquí veo ropa tuya.

    —Claro, también es mi habitación. No seas niño, que ya somos mayorcitos. Esta es nuestra habitación, este es nuestro baño, este es nuestro armario y esta es nuestra cama, ¿lo entiendes, o te hago un croquis?, me dice recalcando el posesivo.

    —No, no, está claro como el agua. Por cierto, no tendrás por casualidad un espejo de maquillaje de aumento, lo necesito para afeitarme.

    —Si quieres, te puedo afeitar yo. He afeitado a mi abuelo muchas veces cuando el pobre ya no podía hacerlo bien él solo.

    —¿Con navaja?, porque es lo que he traído ya que es lo que uso.

    —Pues claro, pero si no te fías, puedo hacerlo con una maquinilla desechable, pero no preguntes que he afeitado antes con ella.

    —Bueno, me ducho y me afeitas tú entonces. Por favor, a ver si me pueden dar un toque de plancha en la camisa y el pantalón del traje, que vienen doblados en la maleta.

    —Dúchate, que Paulinha te repasará el vestuario. Por cierto ¿Has llegado vivo con ella en el coche? Jajaja.

    Entro al baño y me doy una ducha que me sienta de maravilla tras el viaje. Me seco y cuando voy a buscar los trebejos de afeitar me cruzo con Amália en la puerta, que entra al baño a coger agua en una taza para preparar la espuma, mientras me dice que me siente en una butaca baja que hay a los pies de la cama y eche la cabeza hacia atrás.

    Desnudo, tal como estoy, me siento como me dice y me encuentro tan a gusto que cierro los ojos mientras noto que me pone una toalla doblada sobre el hombro izquierdo y empieza a repartirme la espuma por la cara con la brocha. Cuando tengo la cara bien enjabonada entreabro los ojos para ver con que me afeitará al final y observo que ha tomado mi navaja y la pasa plana por la palma de su mano izquierda, asentando el filo. Vuelvo a cerrar los ojos y noto como la navaja se desliza por mis mejillas afeitándome, cuando llega a la zona del cuello, como le quedo demasiado bajo, Amália se abre la parte inferior de la bata y pone una pierna a cada lado de las mías. Abro los ojos y constato que efectivamente bajo la bata está desnuda, alcanzo a ver su sexo depilado, así que cierro los ojos para no meterme en problemas, no tenemos tiempo de hacer nada, así que mejor, tranquilizarme. Ella se sienta a horcajadas sobre mis piernas para afeitar el cuello, y con el movimiento, va rozando sus muslos con los míos, así que entre eso y el recuerdo de la visión de hace un momento, mi pene se alegra, y según la erección se va consumando, por casualidad y sin buscarlo, el glande traza una trayectoria que pasa por el interior de sus labios menores y se queda apoyado, haciendo fuerza hacia arriba sobre su clítoris. Amália al notarlo, da un respingo y aparta rápidamente la navaja de mi cuello al tiempo que me dice:

    —Le echas mucho valor, teniéndome con una navaja barbera en tu cuello.

    —Lo siento, cielo, ha sido totalmente reflejo.

    Ella se libera y deja que mi miembro siga su camino libre y continúa hasta terminar de afeitarme. En ese momento llaman a la puerta. Es Paulinha que trae mi ropa planchada. Amália la recoge entreabriendo la puerta y yo me visto, quedando preparado para la ceremonia, momento en que Amália me echa fuera de la habitación, al tiempo que me dice:

    —Ahora voy a vestirme yo, así que por favor, sal de la habitación y espérame abajo. No hay tiempo de terminar lo que podamos empezar. Ten paciencia y créeme que no quedarás sin tu premio.

    Bajo al piso inferior para esperarla y observo que comienzan a llegar invitados que se mantienen en el exterior hablando entre ellos. Se nota que se conocen y van de un grupo a otro charlando distendidamente. En ese momento veo a Paulinha que viene casi corriendo hacia mí y me pregunta que si quiero tomar algo mientras espero. Declino la bebida y le comento que no se preocupé por mí, que procure atender al resto de invitados. En esas estoy cuando oigo unos tacones en el pasillo superior, me vuelvo y es Amália que viene a mi encuentro, la veo bajar la escaleras y no me canso de admirarla. Trae un vestido de muselina color azul marino, casi a juego con mi traje, con falda de mucho vuelo y larga por debajo de las rodillas, en los pies unos zapatos de tacón, también azul oscuro, una carterita de mano y el pelo recogido en un moño bajo, con forma de lazo, tocada con un solideo negro del que parte una redecilla que le cubre el rostro hasta la altura de la nariz, salpicada con lentejuelas negras. En las orejas, una perla solitaria en cada lóbulo, y como únicas joyas, su reloj con pulsera de oro, además de un anillo con una esmeralda en su mano izquierda. Según baja la escalera, mira detrás de mí, controlando que no haya nadie y se levanta la falda por delante, mostrándome la braga que le conocí la primera vez que nos acostamos juntos, mientras me sonríe pícaramente. Tampoco se ha puesto uno de sus sostenes especiales, el pecho luce en todo su esplendor. Al llegar a mi altura me toma del brazo al tiempo que me comunica que debemos ir ya hacia la capilla, faltan pocos minutos para que la ceremonia religiosa comience.

    La capilla es un edificio de piedra probablemente de la época de la casona, tiene una capacidad para unas treinta personas y delante, frente al altar hay unas sillas reservadas para la familia cercana. Amália me dirige hacia allí y nos sentamos en la primera fila, en uno de los extremos de la fila. Al poco tiempo, llegan la madre de la novia y el padre del novio, que se sientan hacia el centro de la primera fila.

    Se oye la marcha nupcial y entra el novio, acompañado de su madre que es la madrina y la novia, acompañada de su padre, que es a su vez el padrino. Ella trae un traje de novia largo y cerrado por el escote, con un aspecto virginal. A mí me gusta que las mujeres cuando se casan, independientemente de su edad luzcan así. Los escotes y alardes de carne, mejor para otros momentos. Ya lo sé, soy un rancio. Viendo a la hermana de Amália y a la novia, me doy cuenta que el pecho generoso viene de serie en esta familia.

    Cuando termina la ceremonia, me presentan a los novios y a sus padres y departimos con ellos unos momentos sin entrar mucho en detalle ni entretenernos demasiado ya que todo el mundo quiere felicitar a los novios. Yo no conozco la finca, así que me dejo llevar a donde Amália quiera dirigirse.

    Llegamos a la parte trasera de la casa y entiendo que es allí donde va a celebrarse la fiesta. Debajo de un emparrado alto, hay colocada una mesa corrida con aperitivos y bebidas. A continuación y bajo una carpa, un conjunto de mesas con sillas para cuatro personas. Más allá hay una tarima con una orquesta de salón y un pinchadiscos para los jóvenes. A la derecha han montado una tarima de madera, nivelada, de unos 80 metros cuadrados que hará de pista de baile y al fondo hay una mesa que está vacía en ese momento, pero que según me dice mi acompañante, es la mesa destinada al buffet. O sea que comeremos de pie y picando. Las mesas son para sentarse a descansar durante el día. No me cuesta imaginarme en otros tiempos las bodas familiares que se habrán festejado en este lugar, con abuelos y niños corriendo, mientras los demás charlan sentados a la mesa, delante de una copiosa comida.

    Continúa la celebración. Han retirado ya la barra de aperitivos y hace un par de horas que han comenzado a servir el buffet y pronto la orquesta comenzará a amenizar la tarde con música bailable. Mi compañera ha ejercido de anfitriona conmigo y hemos estado charlando con diferentes personas y grupos, después de la preceptiva presentación, ya que hasta hoy, yo no conocía absolutamente a nadie de su familia o amigos y aunque lo intuía, no sabía el status social de su familia. Hoy he constatado que pertenecen a la alta burguesía lisboeta.

    Hemos ido paseando y nos encontramos en una esquina de la mesa de buffet charlando entre nosotros, cuando observo a un hombre solo, de aproximadamente 1.85 de estatura, con una apostura varonil y cuidado vestuario que se viene acercando a nosotros con paso inseguro. Si bien se muestra encantador aparentemente con las personas que va encontrando y saludando, observo que las reacciones a su presencia son correctas, pero frías. En ese momento escucho a Amália diciendo:

    —Válgame Dios, apenas son las cuatro de la tarde y ya está borracho.

    —¿Quién es? Me parece que es tolerado pero no muy querido.

    —Se llama Héctor Queiroz, es el hijo único de un matrimonio mayor, muy respetado, pero que tardaron mucho tiempo en tenerlo. Como ves, a primera vista es un hombre atractivo, y la verdad es que cuando está sereno, su trato es exquisito. Abusa del dinero de su familia y hace vida de playboy. Lamentablemente, su estado habitual es el que estás viendo, y lo malo es que tiene muy mal beber. No tenía que estar aquí, la invitación era para sus padres, pero han declinado alegando su edad y le han enviado a él en representación de su familia. No hay manera de evitarlo, porque mi cuñado tiene negocios con sus padres, por lo tanto, es un compromiso ineludible.

    Vaya por Dios, no soporto a los borrachos, y menos cuando parece que tengo un imán para que me toquen a mí en suerte. Además, tengo un mal presentimiento.

    El tal Héctor se viene acercando a nosotros y al llegar a nuestra altura, mi compañera hace las presentaciones ofreciéndole una mejilla al saludar. Él se inclina hacia adelante para besarla y hace como un traspié, pasando una mano por el exterior de un pecho de Amália, al tiempo que con todo el descaro, se lo tantea apretándolo. Mi compañera da un respingo y le aparta la mano, pero en lugar de retirarse y disculparse, el playboy intenta de nuevo sobarle el pecho a mi amiga. Entonces yo le aparto la mano de un manotazo, y le miro fijamente a la cara mientras le interpelo:

    —Haga el favor de disculparse y déjenos tranquilos.

    —A usted ¿quién le ha dado vela en este entierro? Me contesta con chulería.

    —Señores, por favor, tengan en cuenta donde estamos y el día que es. Por favor, no den un espectáculo – Dice Amália contrariada.

    Busco con la mirada y me doy cuenta que estamos ante un edificio que tiene un portón grande, de doble hoja, de madera y preguntando qué es ese edificio, mi compañera me dice que son los edificios auxiliares de la finca, cuadras y almacenes. Entonces, sin quitar la vista de la cara del tal Héctor, dejo caer:

    —Tranquila, este caballero y yo entraremos ahí, charlaremos y llegaremos a un acuerdo satisfactorio para todos.

    He de decir que a lo largo de 60 años, como no podía ser de otra manera, me he visto en situaciones parecidas, pero a un manco le sobran dedos para contar las veces que me he visto en la necesidad de llegar a las manos. La gran mayoría de las veces, he rehuido la pelea, no por cobardía, si no porque las más de las veces, una vez pasado el calentón, con una disculpa hemos solucionado las diferencias sin que llegue la sangre al río.

    Pero hoy las campanas doblan a San Joderse, y yo he sacado la pajita corta en el sorteo. Esta confrontación no solo no puedo dejarla pasar, si no que he de ir directamente en su busca. Así que empujando el portón, hago un ademán de invitación a pasar al sinvergüenza, a lo que él con una sonrisa artera accede y penetra en el edificio seguido a continuación de mí.

    Amália queda esperando, mirando hacia la puerta. Busca en su cartera la pitillera y saca un cigarrillo para tratar de calmar su ansiedad. Lo enciende y cuando le ha dado un par de caladas se sorprende viéndome salir del edificio, tan inmaculado como había entrado.

    —¿Qué ha ocurrido ahí adentro?

    —Nada. Hemos tenido un cambio de impresiones y se ha dado cuenta de que no está en condiciones, por lo que ha dicho que se va a echar una cabezada en un lugar tranquilo para despejarse y que luego se marchará discretamente.

    Mi compañera acepta un poco extrañada mi explicación y nos dirigimos hacia la pista de baile, ya que la orquesta ha empezado a tocar una selección de boleros y queremos olvidarnos del incidente.

    Lo que Amália no ha visto lo describo a continuación. Nada más entrar, me doy cuenta de que el tipo está mucho menos borracho de lo que aparenta, su andar, de repente, se vuelve seguro, al tiempo que se va quitando la chaqueta y remangando la camisa. Es un cabrón peligroso… y ventajista. Tiene unos diez años menos que yo, me gana en altura por unos quince centímetros y pesa como diez kilos más. En una pelea legal, con árbitro, no nos dejarían pelear por estar en diferentes categorías, y en una pelea normal, pero atendiendo a unas normas éticas yo soy carne de cañón en sus manos, puede reventarme la cara sin que yo pueda tocarle a él, y ambos lo sabemos.

    Lo que él no sabe es que nunca he perdido una pelea, ya que todo lo que tengo de educado y caballero en mi trato cotidiano, lo tengo de marrullero inmisericorde si tengo que hacer uso de los puños.

    Cuando cruzamos el portalón observo que estamos en una especie de túnel al final del cual hay un patio cerrado y hacia allí nos dirigimos. Veo que los edificios están construidos formando un cuadrado cerrado formando una plaza interior, posiblemente para las funciones agrícolas de la hacienda. Es un patio empedrado en el que, en una esquina cerca de la entrada, existe un brocal de pozo de agua con un arco metálico y una polea.

    Él con una sonrisa lobuna, dejando la chaqueta en el suelo, al tiempo que compone la guardia de boxeo, me dice:

    —Vamos a terminar esto por la vía rápida, que Amália está muy sola.

    —Me parece bien, no es correcto hacer esperar a una señora.

    Mientras digo esto, saco la mano derecha del bolsillo del pantalón, escondiendo dentro del puño mi encendedor de plata, y compongo a mi vez la guardia, observando que ambos somos diestros, así que tenemos el pie izquierdo adelantado, cargando el peso en él. No pierdo de vista sus ojos ya que es ahí donde se ve el peligro y no en los puños. Cuando veo que va a atacar sé que su movimiento va a ser un directo de izquierda, ante lo que la tendencia natural es bloquear el golpe con la mano derecha y desplazarse hacia la izquierda, con lo que uno va con la cara al encuentro de su puño derecho que saldrá con décimas de segundo de diferencia con el izquierdo. En lugar de eso, me venzo hacia mi derecha al tiempo que le suelto una patada con todas mis fuerzas a la canilla de su pie de apoyo y levanto mi mano izquierda agarrando la suya, tirando de ella hacia mí. Al sentir el dolor por la patada y el tirón de su mano, se desequilibra cayendo hacia adelante y pasando por mi izquierda. Al paso de su cabeza a la altura de mi cintura, le empalmo un puñetazo en el pómulo con mi puño derecho, cargado con el mechero. Es como si le golpease con una bola de madera sólida. En menos de media hora va a tener ese ojo cerrado y un hematoma que le va a cubrir media cara. Cae a cuatro patas y aún no ha tocado el suelo cuando yo giro sobre mi pie izquierdo y por detrás con toda la energía del giro, le atizo una patada en la entrepierna. Abre la boca en un grito mudo y comienza a vomitar en el suelo. Tengo la adrenalina por las nubes y el cuerpo me pide que le patee la cabeza, pero me puede la razón y dado que ambas familias tienen tratos comerciales, dejo correr el asunto para no agravar más la cosa. En ese momento no puedo resistirme a terminar de humillarlo y agachándome, le desabrocho y le quito los pantalones y el calzoncillo, al tiempo que le saco los zapatos, saco la cartera de su bolsillo trasero y la tiro su lado, hago un hatillo con la ropa y los zapatos y lo guindo sin pensarlo por el brocal de pozo. No puede salir de aquí sin cruzar la celebración. A ver como justifica su estado. Busco en su chaqueta y le quito el móvil, metiéndomelo en el bolsillo y salgo a reunirme con Amália. Todo ha ocurrido en poco más de 30 segundos.

    Mientras nos dirigimos a la pista de baile, con disimulo, dejo caer su móvil cerca de la mesa del buffet y le doy una patada, dejándolo oculto a la vista debajo de la mesa.

    Sobre las siete de la tarde aparecen los novios cambiados con ropa de calle, y comienzan a despedirse de los invitados ya que se dirigen a Lisboa a tomar un avión para comenzar el viaje de Luna de Miel. Cuando se acercan a nosotros me parece estar contemplando una copia de Amália un cuarto de siglo más joven. Más parece hija de mi amiga, que su sobrina.

    —Tía, perdonadnos que no hayamos podido estar más con vosotros, pero ya sabes como es esto – Dice Magnolia dirigiéndose a su tía y dirigiéndose a mí con una sonrisa pícara me espeta:

    —Así que es usted el español que hace que mi tía levante adoquines suspirando.

    —Niñaaa – dice Amália.

    —No sabía que le producía ese efecto a tu tía, pero me alegro, ya que la tengo en mucho aprecio

    —No seas creído, que hasta mañana por la mañana, la estancia puede hacérsete muy solitaria – dice de nuevo mi compañera.

    —Volte sempre (vuelva siempre) – me dice con simpatía el novio, en esa fórmula que los portugueses utilizan para despedirse de los amigos.

    Con los novios fuera de la celebración, se van relajando las cosas y es posible charlar más tranquilamente entre los invitados y en un momento determinado nos encontramos con la hermana de Amália a la que observo con una cierta tranquilidad por primera vez en el día. Es una mujer atractiva, un poco más joven que mi acompañante, tal vez un par de años. Con una bonita figura y con un parecido notable con Amália. Es una de esas mujeres a las que les queda bien el pelo completamente blanco y lo luce corto en un peinado asimétrico. El pecho indudablemente es patrimonio de la familia. Con disimulo observo que aparentemente tiene el mismo tamaño que mi amiga, aunque posiblemente por el embarazo parece un poco más caído. Ella mientras charlamos me trata con corrección, pero con distancia, supongo que a causa de ser el amigo que se acuesta con su hermana y a no conocernos suficientemente.

    En ese momento suena su móvil, y disculpándose, se hace a un lado y contesta la llamada. Aunque se ha retirado un tanto, no podemos dejar de escuchar su parte de la conversación:

    —Pero… no es posible… que vergüenza… ¿y ya está solucionado?… ok, yo se lo digo y ahora vamos.

    —¿Qué ha ocurrido? – pregunta Amália

    —Era Joao, mi marido. El servicio ha encontrado a Héctor en el patio de las cuadras, encima de un charco de vómitos, completamente desnudo de cintura para abajo y con la cara destrozada. Lo han sacado discretamente por la puerta de atrás y lo han llevado a su casa en Lisboa. Dice que le ha atacado un español. El único español que hay aquí hoy es usted, Alfredo. Mi marido quisiera tener una conversación aclaratoria con usted, si no tiene inconveniente. – Encima de ventajista, chivato, pienso yo. Bien podía haberse callado y decir que no se acordaba de nada.

    —No tengo ningún inconveniente, si me guía, tendré mucho gusto en dar las explicaciones pertinentes.

    Así lo hace, y nos dirigimos los tres hacia la casona, en una de cuyas estancias particulares, nos espera el cuñado de Amália. Mientras nos dirigimos hacia allí, mi amiga intenta por todos los medios que le diga que ha ocurrido, pero la dejo con la duda. En cambio su hermana, si antes me miraba con recelo, ahora me ve con incomodidad manifiesta. Cuando estamos los cuatro juntos, el padre de la novia me saluda con frialdad, y me comunica que me han acusado de agredir sin motivo aparente al playboy de guardarropía. Entonces Amália, irritada, les describe la escena del exterior, que es la que ella conoce. Su cuñado me mira y me dice azorado:

    —Veo que no es lo que Héctor ha contado. No sé cómo lo ha conseguido usted, pero le agradezco la defensa de mi cuñada. De cualquier manera, comprenderá que mi situación es delicada – otro membrillo, pienso yo.

    —Lo entiendo perfectamente, y probablemente la defensa de una mujer de la familia no sea la situación más adecuada para que yo pase la noche en esta casa. De todas maneras tenga en cuenta que me he contenido, precisamente por ser una mujer de la familia y los tratos que usted tiene con la familia de ese indeseable. Si en lugar de hacérselo a Amália, se lo hace a Paulinha y lo pillo, lo envío dos meses al hospital.

    —De ninguna manera vas a salir de esta casa hoy, faltaría más – dice la esposa, mirando a su marido con una mirada de furia y tuteándome por primera vez. También observo que me mira a mí con una mirada que solo he visto en su hermana, en ocasiones, digamos especiales. Amália se da cuenta y le lanza a su hermana una mirada con la que le dice claramente “no se te ocurra ni pensarlo”.

    Acordamos mantener el secreto de lo sucedido y dar orden al servicio que no lo comenten para que los novios no lleguen nunca a enterarse y tengan un bello recuerdo del día más feliz de su vida. Yo no las tengo todas conmigo y supongo que el tal Héctor encontrará la manera de manchar el recuerdo de los novios.

    Pasan las horas y cenamos en compañía de los padres de la novia. Cuando nos vamos a retirar a la habitación, Ana María me pone la mano en la nuca, igual que hace su hermana y me pongo en guardia esperando un “beso asesino”, pero me besa en el pómulo, eso sí, manteniendo el contacto de sus labios un tiempo más prolongado de lo normal.

    Mientras nos dirigimos al dormitorio Amália me va comentando

    —Alfredo, como has visto, mi cuñado es un tipo que antepone el dinero a su familia, pero en este caso el dinero es de nuestra familia. Su matrimonio no va bien y han acordado no resolverlo hasta que la niña no se hubiese casado, probablemente se divorcien en poco tiempo. He visto cómo te ha mirado mi hermana y solo te pido que no le hagas daño. Haced lo que queráis u os apetezca, pero por favor, no la dañes. Sé que no necesitas mi permiso, pero me gustaría que no te aprovechases del momento por el que pasa.

    —Tranquila, cielo, sabes que de esta casa, la única mujer que me interesa, eres tú.

    —Gracias. Y ahora pasa, que tenemos una cuenta pendiente, tenemos que revisar la factura del coste de este viaje de improviso. Y te advierto que llevo casi dos días ahorrando para el pago.

    Entramos en el dormitorio y colocándose de espaldas a mí, me pidió que le bajase la cremallera del vestido, y así lo hice. Ella dejó caer el vestido al suelo y se apoyó en mi pecho. Solamente llevaba un sostén transparente y las bragas tipo calzón que ya conocía. La abracé acariciándole los pechos sobre el sostén y noté como sus pezones se endurecían. Echó la cabeza atrás sobre mi hombro y aproveché para besarla en el cuello mientras continuaba jugando con su pecho. Mientras tanto bajó su mano y acariciaba mi miembro por encima del pantalón. Yo estaba ya dispuesto para hacerle el amor. Se separó de mí, saliendo del ruedo del vestido y mientras yo me quitaba la chaqueta y la corbata, ella se dedicó a mi ropa de la parte inferior. Me quitó, como era su costumbre el pantalón y el calzoncillo de un solo movimiento, mientras que yo me quitaba la camisa. Introdujo su miembro en su boca y el espectáculo del que yo estaba disfrutando era para derretirse. Solo veía su cabeza cubierta con su tocado y la red que le cubría media cara en una imagen sumamente sensual. La aparté para sacarme los zapatos y quedar completamente desnudo y ella aprovechó para sacarse el sostén, dejando a mi total disposición aquel par de tetas que eran mi perdición. A continuación, y como el día que la conocí, soltó los botones de la braga, y con un movimiento de cadera, las dejó caer al suelo. Cuando sacó los pies, alcancé a ver la humedad que se marcaba en la entrepierna de dicha prenda. Avancé mi mano e introduciéndola entre sus piernas constaté que estaba totalmente excitada. Nos metimos en la cama y ella se puso de rodillas sobre mí, se inclinó, pegando su pecho al mío y poniéndome su mano en la nuca, me besó donde me había besado su hermana hacia un rato, diciéndome:

    —Tranquilo que hoy no hay “beso asesino”, estoy cansada del ajetreo del día y quiero que lo hagamos solo una vez, y dormirme a continuación. Por la mañana te pago el segundo plazo de la factura.

    Levantó las caderas y con la mano dirigió mi miembro hacia la entrada de su sexo, bajando e introduciéndoselo lentamente en un solo viaje. Sus pechos estaban a la disposición de mi boca, así que comencé a besarlos y chuparlos mientras los acariciaba, tomándoles el peso. Ella bombeó tres o cuatro veces e inmediatamente tuvo un orgasmo fortísimo. Continuó moviéndose arriba y abajo y yo me iba acercando rápidamente a mi final. Se dio cuenta y ralentizó aún más su ritmo y cuando sintió que estaba a punto de su segundo orgasmo aceleró el ritmo, mientras me besaba en los labios. Le avisé que iba a correrme y ella se clavó aún más profundamente. Nos corrimos ambos gimiendo como jovencitos mientras nos besábamos en la boca. Quedamos abrazados tal como estábamos y al perder mi erección y salirme de su interior, se descabalgó de mí y poniendo mi brazo bajo su cuello se acostó dándome la espalda, y llevando mis manos a sus pechos se dispuso a dormirse hasta la mañana siguiente, mientras me decía entre agotada y melosa:

    —Buenas noches, mi caballero andante. Nunca un hombre se había peleado por mí.

    —Buenas noches cielo, que descanses.

    Así nos quedamos dormidos, abrazados uno al otro.

    Por la mañana me desperté sintiendo unas manos en mi escroto, al tiempo que una boca abrazaba mi pene. Amália, interrumpiendo la felación me dio los buenos días, y a continuación se aplicó a continuar con lo que estaba haciendo, me encontraba tan a gusto que en muy poco tiempo sentí que me corría, le avisé y ella, manteniendo la felación, recogió todo mi esperma con su boca, tragándoselo a continuación. Me levanté al baño, y cuando volví a la cama, ella me estaba esperando y durante una hora nos dedicamos a conocernos más a fondo de lo que ya nos conocíamos. Ella tuvo cuatro o cinco orgasmos y yo pude culminar otro más.

    Se levantó y entró en la ducha y al salir, mientras se vestía me dijo:

    —Dúchate y levántate que es media mañana y tengo hambre. Desayunamos abajo en la terraza bajo el emparrado.

    —Vale, mientras me ducho, por favor, pide que me hagan un café doble, cargado y un vaso grande de zumo de naranja.

    —No te demores, te espero.

    Me duché y me vestí con un pantalón de lino blanco, remangándolo un par de vueltas, y una camisa de algodón sin cuello, por fuera de los pantalones. Me calcé con los mocasines de conducir que había traído en el viaje y bajé a desayunar.

    Cuando llegué estaban en la mesa Amália y su hermana charlando, las saludé con un beso a ambas y noté que su hermana me trataba con mucha más familiaridad que el día anterior, además sus miradas tenían una carga sexual manifiesta. Amália se cocía sola en su silla. No hice nada por alentar a la hermana y agradecí que me hubiesen invitado a la boda y la estancia en la casona.

    Entonces aparece Paulinha que trae en una mano mi café y en la otra el zumo de naranja. Los pone delante de mí en la mesa y viendo hacia Amália dice:

    —Com licença, dona Amália (Con su permiso, doña Amália) —e inclinándose sobre mí, me abraza, me coge la cara con las dos manos, y me estampa un beso en la frente, mientras me dice: Muito Obrigada (muchas gracias). Y como si no hubiese sucedido nada, se yergue de nuevo y se va a sus quehaceres.

    Me quedo estupefacto ante lo ocurrido y pregunto:

    —¿Qué ha pasado? ¿Es alguna costumbre portuguesa que desconozco?

    —Fue Paulinha la que encontró a Héctor ayer, y no sé cómo, se ha enterado de lo que le dijiste a mi marido – dijo la hermana de Amália.

    —Yo no he sido, que conste – dice Amália.

    —Pues no queráis saber cómo ha empezado a llamarte desde que lo sabe.

    —La verdad, no sé si quiero saberlo – digo yo.

    —Te llama “mi abuelito español” —dice Ana María.

    Ambas estallan en una carcajada mientras yo pienso que tengo que salir rápidamente de esta casa, hay demasiadas mujeres pendientes de mí y comienza a ser peligroso.

    CONTINUARÁ.

    Agradeceré sus comentarios tanto a favor, como en contra.

  • Nadie me ha trastornado tanto como Alexandra (Parte 3)

    Nadie me ha trastornado tanto como Alexandra (Parte 3)

    Y si ese jersey gris con camisa blanca fue el inicio del mayor morbo de mi vida aún vendrían muchos más jerseys con camisas que me excitarían fetichistamente lo que jamás pude imaginar. Cierto que los jerseys y camisas que llevaba Alexandra eran simplemente eso, es decir, unos jerseys y camisas normales pero aun así verla así vestida me daba mucho morbo.

    Nunca sabré porque me daba morbo fetichista esa forma de vestir, pero a mí me volvía loco y me parecía muy pija siempre así vestida de la misma manera. Por lo que las siguientes semanas seguimos siempre el mismo ritual del último día: en cuanto nos quedábamos solos en la Academia me colocaba detrás de ella, le sacaba los cuellos de la camisa por fuera del jersey, la besaba el cuello, la levantaba de su asiento, la ponía contra la pared, le subía el jersey que llevara ese día y empezaba a comerle esas pequeñas tetitas por encima de la camisa que llevara ese día.

    Siempre el mismo ritual. Siempre igual. Le comí las tetitas yo creo por encima de todas las camisas que tenía (que eran muchas y todas muy pijas) y ella siempre muy seria, impasible, inalterable, inexpresiva, como si eso fuese lo más normal del mundo, con esa cara de soberbia, engreída, altiva y orgullosa que tenía ella. Es más, nunca pude saber si eso la excitaba o disfrutaba pues su cara de palo tenía siempre la misma expresión indiferente como si todo aquello no fuese con ella. Era tan rara. Incluso hoy en día, 10 años después, me cuesta comprender su comportamiento.

    Además es que, a pesar de que tenía ya 18 años, desprendía un aroma de inocencia virginal asombroso, apestaba a virginidad, y estaba segurísimo de que ningún chico la había nunca ni rozado ni besado, a pesar de ser tan alta, tan guapa y estar tan buena (a pesar de apenas tener tetas estaba muy buena). Quizás que aparentase tanta virginidad e inocencia hacía que me cortase un poco y me limitase solo a chuparla las tetas por encima de la correspondiente camisa. No me atrevía a más. Quizás con cualquier otra chica sí que hubiera avanzado más pero con Alexandra con esa frialdad virginal que la caracterizaba nunca me atreví a ir más lejos que chuparla y tocarla el culo. Hasta que llegó el día que desencadenó todo y el fetichismo fue tan brutal que acabó pasando lo que pasó.

    Ese decisivo día vino tan guapa como siempre y vestida con su estilo de siempre, con ese jersey gris que ya conocía, una camisa blanca a cuadros que nunca se la había visto antes y unos vaqueros azules. El ritual fue el de siempre pero al empezar a comerle sus pequeñas tetitas por encima de esa camisa blanca a cuadros me sentí verdaderamente excitado e incontrolado ese día. ¿Por qué? pues porque hice algo que nunca había hecho antes por lo mucho que me imponía virginalmente Alexandra y es que mis besos y chupetones empezaron a bajar poco a poco de sus tetitas hasta su vaquero. Sin darme yo cuenta acabé arrodillado antes ella y empecé a besarla la entrepierna por encima del vaquero mientras la acariciaba el culo. De vez en cuando mis manos subían de nuevo a su camisa y la acariciaba un poco pero siempre volvían a su delicioso culo adolescente que me encantaba masajear mientras besaba su vaquero en su entrepierna.

    ¿En qué momento perdí el control y me cegué por completo? no lo sé exactamente pero supongo que el detonante fue cuando empecé a desenganchar su camisa por fuera del vaquero, se la saqué por fuera del vaquero, eso me dio mucho morbo, siempre llevaba la camisa metida perfecta, formal e inmaculadamente por dentro del pantalón, así en plan niña buena pija, y habérsela sacado así fetichistamente por fuera me dio un morbo fetichista total. Y ese morbo fue mi perdición pues antes de que me diera cuenta la estaba desabrochando su vaquero, bajando la cremallera y bajando su vaquero brusca y rápidamente con deseo y pasión.

    Qué poco me sorprendió ver que llevaba unas sencillas braguitas blancas muy infantiles y virginales. No esperaba otra cosa. Tendría 18 años pero en el fondo era una niña pequeña en todo y su forma de vestir así lo demostraba. ¿Qué paso? pues lo inevitable: empecé a comerle esas braguitas blancas con toda la pasión del mundo y mientras se la comía (y empapaba con mi saliva) le tocaba las tetas por encima de esa camisa a cuadros o la tocaba el culo por encima de esas braguitas. Dios, qué placer me daba eso, era una pasada.

    Pero, lo más desconcertante para mí fue que de repente alcé la vista y comprobé como Alexandra seguía igual que siempre, es decir, con esa pose orgullosa, altiva, indiferente y prepotente como si todo eso no fuese con ella. Me incorporé y la miré a sus ojos verdes y me llene de odio y rencor, me cabreé un montón, ¿por qué? pues porque la estaba comiendo su pequeño coño por encima de sus braguitas y ella como si nada, con una indiferencia brutal, con un desdén en su mirada como si eso no le importase, solo mantenía su mirada engreída de orgullo y altivez como si todo lo que yo hiciera se la sudara.

    Y eso me frustró y cabreó un montón, en ese momento la odiaba al mostrar esa indiferencia con desdén a todo lo que yo hacía, por lo que llevado por el odio empecé a tocarla tas tetas con fuerza, con violencia, con pasión y pasó lo que jamás pensé que haría en toda mi vida, y mucho menos con Alexandra: la agarré su camisa a cuadros y con mucha furia se la rasgué violentamente. Todos los botones de su camisa saltaron por los aires, fue un acto de pura pasión, jamás en mi vida le había rasgado así la camisa a una chica y nunca más lo he vuelto a hacer en mi vida, pero ese día Alexandra sacó lo peor de mí y tuve que calmar mi frustración sexual rompiéndola así esa camisa a cuadros.

    Y a partir de ahí ya no pude controlar mi odio, mi deseo, mis ganas y mis anhelos fetichistas por ella, porque con la camisa abierta me lancé a su pequeño sujetador blanco y empecé a comerla las tetitas. Esto duró poco pues enseguida le rompí también ese sujetador blanco y puede por fin después de tantos meses verle esas tetitas. Y sí, ciertamente eran tetitas, eran muy pequeñas, apenas tenía nada de tetas, pero me daba igual, Alexandra me producía tanto morbo que me encantaba comerla esas tetas y acariciarlas aunque fuesen tan pequeñas.

    Y lo que tenía que acabar pasando pasó, mentiría si dijera que recuerdo cómo pasó exactamente pero no lo recuerdo, solo sé que la acabé empujando hacía la mesa, la puse con el culo en pompa, le rompí sus braguitas blancas y acabé penetrándola por detrás con un deseo como nunca antes he tenido en mi vida. Puro deseo. Pura pasión y puras ganas de follármela con toda la potencia del mundo. Y, entonces sí, sí que por fin su inexpresiva cara empezó a cambiar y soltó un gemido contenido. Su primer gemido. Qué morbo me dio eso. Me hizo follarla más deprisa, más rápido y con más ganas, y ella empezó a gemir más rápido y con ganas. No podía creer que por fin Alexandra demostraba algo de ser humano, esos gemidos era lo más humano que la vi nunca hacer, y estaba harto de verla siempre tan fría, seria, frígida, gélida, orgullosa, prepotente e inexpresiva.

    No sé cuánto tiempo estuve follándomela así por detrás. Sé que fue mucho. Y sé que cada vez que la oía gemir (y que me demostraba con ese gemido algo de humanidad y no el robot que era siempre) me activaba tanto que volvía a follármela con más ganas. Aún tengo en mi retina de mi ojo ese jersey gris subido con esa camisa blanca a cuadros medio rota y rasgada mientras me la follaba por detrás. Mentiría si dijera que ella estaba gozando como una loca pues dudo mucho que Alexandra con lo rara y fría que es pueda nunca llegar a gozar pero lo que sí es que la follada que le estaba haciendo, aparte de ser la primera, iba a ser para siempre la follada que más la iba a hacer gozar y gemir. Y gimió poco pero lo que gimió fue un estimulante brutal para mí.

    Al cabo de muchísimo tiempo me separé de ella. Tenía mi inmenso pene erecto lleno de sangre, fue todo tan rápido que nunca reparé que la había desvirgado y eso me dio aún más satisfacción brutal. No llegué a correrme y tenía muchas ganas de correrme. Además tenía ganas de correrme en su boca virginal por lo que fui con mucha ilusión al cuarto de baño a limpiarme la sangre vaginal de mi inmenso pene erecto dispuesto a metérselo en su boca para hacer así la corrida del siglo.

    Y ese fue el momento más frustrante de aquel día inolvidable pues tarde solo 15 segundos en ir a limpiarme al cuarto de baño y cuando volví Alexandra ya se había subido los pantalones, se había bajado el jersey tapando así su camisa rasgada y estaba cogiendo tranquilamente su abrigo del perchero. Me dejó boquiabierto y desconcertado la frialdad de sus actos. Actuaba como si nada hubiera pasado, con la indiferencia, orgullo y prepotencia que siempre la caracterizaba. Por supuesto que podría haberla en ese momento forzado de nuevo y follarla la boca (yo estaba que explotaba y tenía litros de semen en mi inmenso pene deseando salir) pero el verla así ya vestida me corté un poco y no supe cómo actuar. Su comportamiento frío tan imprevisible nuevamente me coaccionó y no supe reaccionar. Alexandra se puso el abrigo, se despidió como siempre y salió.

    Y por desgracia salió para siempre pues nunca más volvió a la Academia y nunca más volví a saber nada de ella. Tenía pagado el resto del mes pero no volvió. Y no es que se fuese ultrajada, enfadada o indignada. En absoluto, se fue como siempre como si nada hubiera pasado y como si no hubiese perdido la virginidad. Nunca he conocido a nadie más rara que ella pero al mismo tiempo jamás he vuelto a conocer a nadie que me dé tanto morbo y fetichismo.

    Me sentí muy frustrado y me costó superarlo al principio pues me quedé muy colado, obsesionado y trastocado por ella. Y nunca he vuelto a sentir por nadie (ni siquiera por las novias que he tenido desde entonces) el deseo fetichista irracional que sentía por la fría y antisociable Alexandra. Y ¿por qué cuento todo esto ahora que han pasado casi 10 años desde que pasó? ¿Qué me ha motivado el revivirlo y compartirlo aquí? pues que sorpresivamente después de casi 10 años sin verla me la he encontrado casualmente en dos sitios diferentes. Jamás pensé que en una ciudad tan grande volviéramos a coincidir pero así ha sido. Y además dos veces muy seguidas que ha hecho revivir mis recuerdos y mis obsesiones.

    ¿Me acerqué a saludarla o le dije algo? pues no, no supe cómo actuar ni cómo afrontar la situación. Como ya digo han pasado casi 10 años de todo eso y ya no es esa adolescente de 18 años. Ya es toda una mujer aunque sinceramente vi en su rostro las dos veces que la he visto esa frialdad, indiferencia, soberbia, orgullo y aspecto virginal que tanto me obsesionó en su día y que tanto me marcó. Aunque en determinado aspecto a pesar de tantos años transcurridos hubo algo idéntico y es que las dos veces que la he visto iba vestida como hace 10 años con jersey, camisa y pantalón, el mismo estilo de siempre, lo cual ha acrecentado mi deseo hibernado, eso sí, con una leve diferencia en la forma de vestir y es que llevaba los cuellos de la camisa por fuera del jersey y morbosamente he pensado ¿habrá llevado en todos estos años desde que no la he vuelto a ver los cuellos de la camisa por fuera del jersey como homenaje a lo que yo la hacía? ¿Subconscientemente vestirá así porque yo la marqué y porque la dije en su día que le quedaban mejor los cuellos por fuera del jersey? quiero creer que es así y solo pensar eso produjo una gran erección en mí.

    La gran pregunta ahora es: ¿si llego en los próximos días a encontrarme con ella una tercera vez debería decirla algo? Sé que ella orgullosamente nunca se acercará a mí ni me dirá nada pero ¿debería dar yo el paso? Seguro que a estas alturas de su vida tiene ya novio pero eso me importa un bledo porque me encantaría volver a repetir y experimentar todo lo que paso hace casi una década y que tanto me trastornó. ¿Seré capaz de dar el paso? y si lo doy ¿reaccionará Alexandra de nuevo igual de sumisa y obedientemente a todo lo que yo la hice con esa indiferencia e inexpresividad de siempre? No lo sé pero me da tanto morbo pensar que sí que solo imaginar volver a hacer eso con sus nuevas camisas me excitó como hacía años que no me excitaba. En fin, ya veré cómo se desarrollan los acontecimientos y si al final acaba pasando algo con la fascinante, pero muy rara, Alexandra.