Autor: admin

  • Final inesperado

    Final inesperado

    Aquella noche estaba solo en casa y un deseo escabroso me empujaba a salir de mí retiro de paz, me sentía con ganas de dejarme engullir por el bullicio nocturno de los habitantes de bar, pub, conciertos, gente joven exprimiendo la noche.

    Me di una ducha, me retoqué un poco la barba y me vestí para la ocasión. Llegue sobre las 24.30 h a aquel antro lleno de pubertad, jovencitos de entre 20 y 30 años llenaban aquel habiente, yo a mis 43 años no me amilané y lejos de eso me fui directo a la barra y después de un gin tónic mis pies se empezaron a mover al ritmo de la música alternativa que se escucha, me movía como pez en el agua en aquel ambiente, y al poco rato empecé a entablar conversación con aquella joven pareja que me observaba hacia un rato, ellos reían mientras hablaban y me miraban, pareja joven de entre 22 a 24 que andaban algo colocados según aprecie en sus gestos. Pasado un tiempo en los que ya llevaba algo más de un par de gin tónic, observé como aquella chica de la joven pareja no me quitaba el ojo de encima… El novio se llenó de valor y se acercó a mí:

    —Oye que mi novia hace tiempo que tiene ganas de enrollarse con un puerta como tú

    —Puerta ja ja conteste

    —Que si te apetece tomar algo con nosotros y hablamos vente para aquí

    Así al poco rato nos sentamos junto a la barra y algo colocados los tres empezamos a hablar, paso algo más de media hora ya no recuerdo bien bien como fue aquella conversación, pero cuando se apagó la música sobre las 3h de la madrugada me invitaron a tomar algo en el local de ensayo de uno de los dos, no recuerdo quién

    — ok vamos para allá

    Llegamos y nos sentamos en el sofá que avía en aquella pequeña sala, y trajeron algo de bebida, la niña estaba bien no lo pude negar me puso caliente desde el primer momento en que la vi.

    —Así que te vas a follar a mi novia? —Me preguntó el cretino a si de buenas a primeras.

    — y tú qué dices? —Le pregunté a la chiquilla.

    — buf llevo un colocon y estoy tan caliente que me follaria a los dos, a mí novio y a ti.

    Así que sin más preámbulos el chico la empezó a desnudar, para entonces yo ya estaba muy caliente y empecé a sobarle una de sus tetas mientras su novio se bajó la bragueta y empezó a mirar cómo acariciaba el cuerpo de su novia, se empezó a masturbar frente a nosotros ansioso por ver cómo me follaba a la tetona de su novia.

    Pero entonces quise que cambiarán los papeles… Me folle a su novio mientras ella se masturba frente a nosotros caliente como estaba de ver a su novio a cuatro patas.

  • Nuestra amiga argentina enfiesta a su nueva amiga pendejita

    Nuestra amiga argentina enfiesta a su nueva amiga pendejita

    Para los que siguen mis relatos, bah, lo que cuento que hago, me van a entender, pero lo resumo en tres líneas.

    Migui es el hermano de una de ‘mis amigas’ así llamo a mis amigas del cole, el otro día cumplió años una de ellas, cuando me fui su hermano, Migui, me dice si no lo llevo a la casa de su novia Valen, que vivía cerca de casa. Y ocurrieron cosas que ya conté.

    La cosa, no voy a contar todo lo que conté antes, es que Valen a pesar de sus 18 años (y que aparenta menos le gusta la joda).

    Bueno para resumir (como lo hago siempre), la idea de mi cabecita loca era hacerla bien puta y que cojamos las dos juntas con dos chicos. Obvio iban a ser Gonzalo y Juanchi que ya conté como me cogieron.

    Volviendo a mi idea era que cogiéramos los cuatro juntos, es más, me llevo un par de días para convencerla, ¡nada más!

    Como siempre, les copio lo más importantes de los whatsapp que nos mandamos:

    Yo: hola trolita

    Valen: ¿qué haces?, ¿todo bien?

    Yo: si, como te volviste loca la otra noche en casa.

    Valen: forra, ni sabía lo que hacía jaja

    Yo; pero te gusto, gozaste como una guacha ¿o no?

    Valen: no me pidas que te conteste eso, ya lo viste.

    (Bueno seguimos hablando mil boludeces).

    Al día siguiente seguimos hablando y ahí la cosa se puso más, digamos profunda

    Yo: Valen, decime la verdad, ¿nunca lo cagaste a Migui con otro chico?

    Valen: No nena, ni en pedo, lo único que hice fue estar con vos los tres y sola con vos, ¡nada más! Y obvio él no sabe que estuvimos solas.

    Yo: bueno, me juego, no sé qué me vas a decir, pero por lo que hiciste seguro si te animas, te vas a poner re loca.

    Valen: decime boluda, ¿qué?

    Yo: tengo un amigo que con el que solo nos juntamos para coger.

    Valen: ¡sos re puta loca!

    Yo: bueno eso no se lo cuentes a nadie, pero no es solo eso, el otro día (como ya lo había hecho antes) me cogió con un amigo de él.

    Valen: Loca, y te cogiste a dos chabones ¿a la vez?

    Yo: si, es lo mejor, que dos tipos te cojan juntos ¡es lo más! no sabes lo que es una doble penetración, no te podes ni mover y hacer gozar a dos tipos a la vez, pufff, ¡es lo más!

    Valen: que se yo, soy re pendeja, ¡nunca me paso!

    Yo; bueno (y ahí me mande con todo) ¡hoy te va a pasar!

    Valen: ehhh, ¡estas re loca nena!

    Yo: está bien nunca lo cagaste a Migui pero no te pone loca la idea que nos estén cogiendo ¡a las dos juntas! te aclaro ¡no te voy a dejar sola! Siempre vamos a coger juntas y a tocarnos.

    Valen: estas re loca nena.

    Yo: si, estoy re loca, y lo peor es que ya lo arregle, son chicos que conozco y que no va pasar nada malo. ¿Te animas?

    Estuvo un rato sin contestarme hasta que me contesta y me dice:

    Valen: pero ¿cómo sería la cosa?

    Yo: nada nena, no tengas miedo, vamos a coger juntas, no es que vos a estar en un cuarto y yo en el otro, si no todos juntos en el mismo lugar, y nadie te va a hacer nada que no quieras (es lo que me dicen siempre).

    La cosa es que la terminé convenciendo diciéndole que mientras nos cogían nosotras nos tocábamos, nos besábamos, y los chicos ni sabían que a mí también me gustaban mis amigas y me calentaba con ellas, cosa que si nos empezábamos a tocar tanto ellos como nosotras nos íbamos a poner re locas de la calentura

    Resumo, después de tanto me dice que sí, pero que no me prometía nada (ya la primera parte de mi plan estaba cumplida y la segunda seguro se daba, digo que nos cojan como perras).

    Paso a buscar a Valen (sé que a veces me voy a la mierda con los detalles, pero es para que entiendan como se dan las cosas), ella es re linda, tiene 18, aparenta menos, estaba con una pollerita re cortita de cuero roja, una blusa y un saquito arriba, cuando la veo le digo: “nena, te van a re coger” Bah, yo no estaba muy distinta con una pollerita, corta, pero amplia (no como la de Valen que era reajustada y se queda en bolas en cualquier momento ) una remera y también un saquito, porque estaba medio fresco (otra vez me voy a la mierda con boludeces).

    Bueno la cosa es que llegamos a la casa de Gonzalo, que como les conté alguna vez, vive en Vicente López, en esas calles, re tranquilas, que no pasa nadie.

    Valen ya se iba a bajar de mi auto, y yo (con mi cabecita loca y recaliente) antes de que se baje, le parto la boca, ella se deja, le meto la manos en esas piernas con esa piel de pendeja ¡re suave que tiene!, ella hace lo mismo, me mete la mano, llegamos hasta tocarnos las conchitas, estábamos ¡re calientes mal! Las dos, pero obvio (yo soy una capa para eso) le digo ya está hasta acá y basta, cosa de dejarla ¡bien caliente!

    Cuando entramos, en la casa de los chicos se querían morir, y no era para menos, les había llevado una juguete hermoso (de eso me di cuenta en seguida)

    Bueno, y ahí viene la parte más difícil “como romper el hielo” porque para Valen era: su “primera fiestita” y ni sabía cómo hacerlo, y le dije: “seguime, hace lo que hago yo, nada más”

    A ver, como lo resumo: llegamos, Gonzalo va a la cocina a preparar algo para tomar, voy con él, el hijo de puta, me empieza a meter manos, me besa, me mete la mano debajo de la pollerita, ya se había dado cuenta lo caliente que yo estaba, y si no lo freno me coge en la cocina, entonces le digo: “nooo, vamos con Juanchi y Valen que recién se conocen”.

    Vamos todos al mismo sofá, porque tiene uno solo, y Gonzalo, me empieza a acariciar mis piernas “sabe que eso me calienta y mal”, me termina besando.

    Juanchi le hace lo mismo a Valen, con la diferencia que con la pollerita que tenía Valen estaba casi en bolas, y como yo le dije me hizo caso y hacia lo mismo que yo.

    Bueno bah, nos empezamos a dejar tocar, Valen veía que me miraba lo que yo hacía y obvio yo habría bien las piernas, me entregaba, ella hacía lo mismo, y nos tocaban las piernas nos acariciaban hasta llegar a nuestras conchitas, ya estábamos las dos re calientes.

    Ya les dije que estábamos en el mismo sofá Gonzalo me saca la bombacha me dejo, Juanchi hace lo mismo con Valen, y también se deja.

    Los chicos nos empezaron a pegar una chupada de conchas de aquellas, con Valen, nos sacamos, las blusas, nos quedamos en bolas y, la sorpresa de los chicos fue cuando vieron que nos empezamos a besar entre nosotras dos (ninguno sabía que yo me acostaba con mis amigas).

    La cosa es que siguieron hasta dejarnos en bolas, cosa que a las dos nos gustó, y así nosotras sentadas en el sofá besándonos tocándonos, y ellos, obvio re calientes nos empezaron a coger, a bombear desesperadamente, mientras nosotras también nos sentíamos, hasta que acabamos los cuatro ¡casi juntos!

    Nos quedamos en el sofá, no había, como siempre mucho que hablar solo Gonzalo me dice: “no sabía que también te gustaban las chicas” y le digo: “algunas si” y le vuelvo a partir la boca a Valen de un beso (cosa que se ponga re loco y caliente)

    Yo creo que otra vez ella ni sabía lo que hacía, solo me seguía.

    Le digo a Gonzalo: “vamos arriba” (es donde está su cuarto).

    Y ahí ya fue todo ¡un descontrol!

    Ahí cambiamos, Juanchi, se tira arriba mío y Gonzalo arriba de Valen (no voy a entrar mucho en detalles con esto porque es lo de siempre), hasta que Juanchi, me cogió a mí y Gonzalo a Valen, pero en ningún momento dejamos de tocarnos de besarnos con Valen, y los chicos ¡más calientes estaban!

    Sin perder tiempo, y que para a Valen no se le vaya la calentura que tenía, me pongo en un posición (parecida al 69) le empiezo a chupar la concha y ella a mí, los chicos nos miraban, todavía tenían que recuperarse, hasta que una vez ya más o menos recuperados nos empiezan a poner cada uno la pija en la boca, y así estuvimos un rato, chupando conchitas y pijas todo completito.

    Ahora viene lo mejor.

    Los chicos nos empiezan a chupar la cola, a meter los dedos, les digo que paren que para Valen era su primera vez (se quería morir) me importó un carajo.

    Buscan un lubricante, nos empiezan a meter los dedos con el lubricante, uno dos dedos con el lubricante (para mí con todas las veces que me hicieron la cola era lo mismo).

    Ah, para que entiendan ya estábamos una al lado de la otra, con las colitas listas para ellos,

    Jaunchi obviamente (y por todas las veces que me la hicieron) me la mete más rápido, me bombea, mientras con Valen nunca dejamos de tocarnos, hasta que acabo ¡casi enseguida!

    Me voy, me pongo debajo de Valen (eso es lo que quería hacer como para terminar la noche, pero no sabía si lo iba a lograr) Gonzalo, le sigue metiendo la pija en el culo, a ella le costaba acabar así, le empiezo a chupar la concha, y se ¡recalienta!, la hago dar vuelta, Gonzalo se la vuelve a meter en el culo (que ya lo tenía bastante lubricado, pero no acababa).

    Le sigo chupando la concha, Juanchi estaba ahí pegado al lado nuestro, le agarro la pija para que se la meta en la concha. “NOOO”, eso decía Vale “DOS JUNTAS NOOO”, la beso le digo: “forra, estás conmigo te va a gustar”, hasta que Junchi de a poco se la empieza a meter la pija en la conchita (terrible puta resulto la pendeja a sus 18 años, de no haberlo cagado nunca al novio se estaba dejando coger por dos tipos a la vez).

    La cosa es que mientras Gonzalo seguía metiéndosela en el culo, Juanchi en la concha y yo también se la chupaba, se puso ¡como loca! Y yo sé (porque me paso) en que termina ¡eso!

    Juanchi se la ponía, se la sacaba, se la ponía, se la sacaba, ella ya temblaba, su cuerpo ya no respondía, era todo un orgasmo, acabo, pero quería ¡más!, se la chupaba, Junchi se la cogía, hasta que le empecé a meter los dedos con todas mis fuerzas, ella se retorcía de placer hasta que por primera vez en su vida EYACULO y no una vez sino ¡tres veces!

    Quedo en la cama destruida, temblando y los tres sobre ella, haciéndole todo lo que queríamos, yo se la chupaba y los chicos le ponían las pijas en la boca y se las comía, (estaba como loca la pendeja, totalmente entregada).

    La cosa es que los chicos le llenaron la boca de leche y yo la hice acabar con la chupada de concha que le hice

    Sin dejar pasar mucho tiempo (Valen estaba como loca) le digo: “ahora me toca a mí” le llevo su cabeza a mi concha hasta que me la empieza a chupar, así estuvo un rato largo, le agarro las pijas de los chicos medias dormidas, las llevo a mi boca, y mientras Valen me la chupaba yo se las empecé a chupar a ellos, hasta que se les pararon y me llenaron la boca de leche y Valen me hizo acabar con la hermosa chupada de concha que me hizo (que la verdad en muy poco tiempo aprendió a chuparla muy bien)

    Estábamos los cuatro muertos, cogimos a morir (yo no trabajé ese día pero ellos sí, y ya no se ni qué hora era).

    Nos quedamos medios dormidos, me despierto, la despierto a Valen (ya eran como las 6 de la mañana) y le digo de irnos. Nos vestimos y nos fuimos.

    En la vuelta casi no hablamos solo le dije: “¡que trolita que resultaste nena!”, y me dice: “vos me enseñaste a ser así, pero la verdad es que me gusto, jamás cogí así en mi vida, nunca me cogieron de a dos, es más ni Migui me hizo la cola”.

    Bueno le digo: “ahora te la va hacer siempre” y me dice: ”lo que pasa es que ni si quiera intento” ¡QUE BOLUDO!

    No sé cómo seguirá la cosa, pero ¡qué noche!

  • Novata sexy

    Novata sexy

    Eran cerca de la una de la mañana cuando Allison, una chica muy bella de cabellos rojizos y ojos miel entró entre carcajadas hasta su habitación. Suspiró feliz y caminó hasta su cómoda para sacar una pijama y su toalla; iba a darse una ducha rápida antes de dormir.

    Ese día había cumplido dieciocho años y no podía ser más feliz por eso. Toda su familia había ido para celebrarla y tanto la fiesta como sus regalos habían hecho de la ocasión algo inolvidable. Además, por fin había podido hablar en persona con sus primas, a las cuales quería mucho y hace un año no veía.

    Haciendo algo de memoria, recordó algo muy curioso que ellas le habían mencionado después de beber muchas cervezas, ella no porque sus padres la querían lucida pues su “regla de NO alcohol” no se le quitaría hasta dentro de una semana. Volviendo al tema, ellas le habían dicho entre risas y alucinaciones que habían conocidos tipos grandiosos y morbosos en un chat en línea. Al verlas en ese estado, no les hizo tanto caso y continúo disfrutando su fiesta, pero ahora que lo pensaba… si tenía algo de curiosidad acerca de eso.

    Sabía que había páginas para hablar “caliente” entre extraños, y en realidad nunca se había detenido a pensar en entrar en una. Tal vez dejándose llevar por la idea de que aún era menor.

    Dejo su pijama encima de su cama y tomo la toalla antes de mirar su computadora de escritorio. Jugo un poco con uno de sus mechones antes de reír para sí misma y tomar lugar frente a la pantalla. Abrió una venta de incognito y busco algún chat de ese tipo, lo cual consiguió rápidamente.

    Al entrar, la página le pidió un seudónimo. No iba a poner su nombre, así que pensó un poco antes de mirar maliciosa el teclado y escribir algo rápido.

    —“NovataSexy” —leyó en voz alta antes de aceptar y ser llevada a una sala de chat—. Ok, veamos cómo va esto. Mientras algo sucede me bañaré.

    Y tal como lo dijo, se levantó dejando la ventana abierta y camino hacia el baño, en donde se desvistió y entro disfrutando de una larga y relajante ducha.

    Salió unos cuantos minutos después, envuelta en su toalla. Se secó bien el cabello y empezó a vestirse con la ropa que había preparado. Estaba por acostarse cuando vio su computadora encendida.

    —Lo había olvidado —menciono sorprendida. Camino hasta su lugar y quito el protector de pantalla para ver que había conseguido— ¡No puede ser!

    Se acercó a la pantalla y vio que nada de eso era mentira: tenía bastantes pestañas con mensajes para ella. Nunca pensó que tantos hombres la llamarían. Recobrando el aliento, escogió uno al azar y leyó lo que le había mandado:

    —Hola. ¿Qué tal?

    —Muy bien, ¿tú que tal? —respondió para ver que seguía.

    —¿Qué edad tienes? —Leyó. Escribió que dieciocho y obtuvo una respuesta rápida— Mmm, me gustan las jovencitas.

    —¿Tu qué edad tienes? —pregunto algo extrañada.

    —Cuarenta, bebé. ¿Te molesta?

    Sin duda un hombre mucho mayor que ella no era lo primero que se le venía a la cabeza al pensar en un hombre guapo y sexy, pero ya que nada de eso sucedería en realidad se encogió de hombros y le respondió.

    —Claro que no. Me encanta.

    —¿Cómo estas vestida, hermosa? ¿Y cómo eres?

    Se miró a sí misma y escribió rápido un nuevo mensaje.

    —Una blusa de tirantes y un short cortó. Soy alta, pelirroja, pechos grandes y caderas anchas.

    Luego de enviar eso, solo recibió mensajes de aquel hombre en el que le decía como la tomaría por atrás y le metería el pene entre sus nalgas. Aquello la sorprendió, pero aun así siguió leyendo, tal parecía que el solo necesitaba una descripción para excitarse.

    “Te lanzaría en la cama y chuparía tu culo al mismo tiempo que te pego en el trasero”

    “Pondría mi verga en tu boca y te la follaria hasta que me venga. Espero que te lo tragues zorra”

    “Estarías en cuatro y te rompería el coño mientras aprieto tus tetas. Mmm, eres una gran perrita ¿no?”

    “Tu sentada encima de mí y cabalgado mi fierro mientras gimes como una puta. Maldita zorra, estoy tan duro ahora mismo”

    Leía todo con atención y sin darse cuenta de que en momento empezó, vio que tenía las piernas abiertas y su dedo índice se paseaba a todo lo largo de su vagina por sobre la braga. Se sonrojo y siguió leyendo todo aquello que él le decía.

    En cierto momento, una nueva ventana de chat se abrió y ella fue a ver de qué se trataba.

    “¿Quieres que te penetre y te haga gritar de placer como una puta?”

    Movió su dedo alrededor de su clítoris y empezó a jadear. Empezaba a sentir mucho calor.

    Fue hasta el chat grupal y rápidamente escribió algo de lo esperaba no arrepentirse.

    —Mándenme mensajes morbosos diciéndome como me desvirgarían. Le contestare al que más me moje.

    Espero unos segundos y pronto muchos mensajes empezaron a llegarle. Los abrió uno por uno, mojándose cada vez más y en cada uno presionando su entrada, ahora con dos dedos.

    “Te pondría contra la pared y te lo metería de una”

    “Empezaría lento para luego penetrarte y hacer que grites tanto como puedas”

    “Me pondría encima de ti y lamería tu coño hasta desvirgarte con mi lengua”

    “Yo dándote por atrás, y un amigo por delante mientras se la chupas a otro. Para que quedes satisfecha puta”

    “Te sometería y alzaría tu culo para lamerlo todo y luego romper tu himen, mmm que rico marcar placer a una perra como tú”

    Para ese punto, Allison jadeaba con la lengua de fuera y había hecho a un lado su braga, ahora sus dos dedos daban círculos en su entrada palpitante mientras movía sus caderas hacia adelante y atrás.

    Recibió una notificación de video llamada y la acepto casi sin pensar. En toda su pantalla, apareció la imagen de un hombre mayor, con una gran barriga, desnudo, y masturbándose tan rápido como su mano se lo permitía.

    Ver ese fierro moviéndose y sacudiéndose casi como invitándola a chuparlo y hundirlo en su cavidad vaginal, jadeo más fuerte y finalmente hundo en su entrada ambos dedos. Con la otra mano, se levantó la blusa y sus dos pechos de gran tamaño se sacudieron debido a la brusquedad.

    —Hermosa —murmuro con lascivia aquel hombre, quien sonrió de lado y siguió con lo suyo.

    Allison apretaba sus tetas y ahora se penetraba más rápidamente con los dedos. Gemía y murmuraba cosas inentendibles mientras se retorcía de placer. Escuchaba a aquel hombre insultándola mientras le decía que quería acariciarla y chuparle cada parte de su cuerpo, todo eso la calentaba y la hacía desear más.

    Así continuo por varios minutos más hasta que ahogo un grito al mismo tiempo que veía a aquel sujeto venirse y regar por todas partes su semen. Metió sus dedos hondamente y al igual que se vino, dejándose caer en su silla.

    Aún con sus tetas en alto, se recargo en el escritorio y vio como el tipo le enviaba por mensaje una dirección y un número de teléfono antes de desconectarse. Vio aquello hasta el final, en donde venía escrito “Déjame tenerte frente a mí para hacerte mía.”

    Sonrió complacida, pero aun así cerró aquello sin copiar ni el número ni la dirección. Sonaría ambiguo, pero su primera vez tenía que ser especial, y tenerla con alguien como él no era una opción.

    Cerró el chat y se dedicó a sobar uno de sus pezones mientras acariciaba su cadera.

    —Creo que ya sé cómo celebrar con mis primas mañana —sonrió encantada y se dejó caer en el respaldo de su silla—. Allison, mañana vas de cacería.

  • Noche de pasión en Lisboa (VI): Fin de semana en la quinta

    Noche de pasión en Lisboa (VI): Fin de semana en la quinta

    Estoy sentado en el chesterfield del salón, esperando que baje Amália para irnos juntos a pasar el día a Coímbra, a menos de 100 km. al norte de la finca.

    Hoy, sábado, será el último día completo que pasaré esta semana con mi amiga, ya que mañana por la mañana volveré a España y necesito dejar cosas arregladas para comenzar la semana de una forma ordenada.

    Pienso en lo que ha ocurrido desde el pasado domingo y que el marido de Ana María, llegará hoy a comer a la quinta. Nos marcharemos antes de que llegue, y procuraré por la noche coincidir lo menos posible con él, sin resultar grosero.

    Es posible que no sea un tipo muy de fiar. Probablemente tenga una querida. Pero eso son asuntos privados en su matrimonio. A mí, personalmente, no me ha ofendido con nada. Y yo he tenido a su mujer entre mis brazos. Y tengo normas. Normas que no me permiten verle a la cara con comodidad, sabiendo lo que ha ocurrido. Jodidas normas. Cuando se transgreden, alguien tiene que pagar.

    Pero ceñirse a esas mismas normas también conlleva consecuencias, justificando a veces sobradamente su existencia. Porque aunque en este momento es imposible que yo lo sepa, al ceñirme a ellas estaré forjando un futuro de felicidad. No solo para mí.

    Dentro de tres años, en un viaje sin avisar a la quinta, en compañía de Amália, cuando entre en esta sala; sentada exactamente donde yo estoy ahora, encontraré a una Paulinha mucho más mujer, amamantando a una niña. Niña que llevará toda su vida el nombre de Minerva, porque Alfreda o Alfredina me resultan tan horrorosos, que me negaré a que castiguen a la niña con ellos.

    Cuando las vea, Paulinha tendrá cubierto su seno y la cabeza de la niña, guardando el pudor mientras la alimenta, con una prenda de seda de color azul metálico, que me resultará conocida, sin recordar por qué.

    Y con voz muy queda, procurando no alterar la tranquilidad del momento, conversaremos:

    —bom dia, vovô (buenos días abuelito)

    —bom dia, minha nena (buenos días, mi niña)

    —Olha, é o fruto de uma linda recordação (Mira, es el fruto de un bonito recuerdo)

    —¿ele te ama? (¿él te quiere?)

    —com loucura (con locura)

    —¿e você, você ama ele? (¿y tú, lo amas a él?)

    —com minha vida (con mi vida)

    —Deixa eu ver (Déjame verla)

    Paulinha retirará la prenda de seda. Y permitiéndome ver su seno, al tiempo que veo la cara de la niña, le dirá a ésta:

    —Olha, meu tesouro, é o vovô (Mira, mi tesoro, es el abuelito).

    La niña soltará el pecho de la madre y girando su carita hacia mí, hará una mueca con su boquita, que yo interpretaré como una sonrisa. Y cuando la madre vuelva a ponerla al pecho y la cubra con la prenda, recordaré de repente donde fue la última vez que vi ese pañolón de seda, de color azul metálico.

    Y un hombre, que en esta casa goza de marchamo de tipo duro y peligroso, al tiempo que besa tiernamente a la madre en la frente, llorará de felicidad en silencio mientras la emoción le atenaza la garganta. Porque sabe en su corazón, que en verdad, ambas son sus nietas.

    Benditas normas.

    —Dom Alfredo… Dom Alfredo. ¿me está escuchando?

    —¿Cómo?… Perdón Marta, estaba distraído pensado. Dígame ¿qué desea?

    —Dona Amália me ha dicho que mañana usted ya no comerá con nosotros. Que esta noche será su última comida en la quinta. He pensado en matar un pato y hacer “arroz de pato” en su honor, ¿Le gusta?

    —¿Seco o grasiento?

    —Muuuy grasiento – Me dice entrecerrando los ojos y componiendo una cara lujuriosa.

    —Mmmm, me va usted a acabar con la salud, Marta.

    —¿Prefiere que le prepare “arroz malandro”?

    —¿De pato? Nunca lo he comido. Siempre me lo han servido de gallina o de conejo.

    —Es una receta mía. ¿Le apetece probarla?

    —Por supuesto Marta, será un placer.

    Marta es la típica cocinera rural, que cree que su deber primigenio es cebar a sus comensales. La que viendo sentado a la mesa a un tipo que pesa 140 kg. en canal, mientras le atiborra el plato, le espeta: “Tengo la impresión de que has adelgazado mucho últimamente”. Y sigue a rajatabla los dos primeros mandamientos de las Tablas de la Ley de la cocinera: “Esta es mi cocina, y aquí mando yo” y “En esta casa se come lo que yo ponga en la mesa”. Desde que el lunes le pedí que me preparase la carne de cerdo a la alentejana, juega en mi equipo. Le ha importado menos y nada, que esté todo el elenco familiar en la casa. Ha venido a preguntarme a mí que es lo que yo quiero para cenar. A los demás les toca hacer de comparsas en la mesa. En una semana me he hecho el niño mimado de las mujeres de esta casa. Joder… y me gusta.

    Mientras Marta vuelve a la cocina llega Amália a mi encuentro, ataviada para pasar el día en mi compañía. Parece que vamos a asistir al rally de Montecarlo. Trae un pantalón blanco, de pinzas, largo hasta mitad de tobillo, donde tiene un puño que cierra con cuatro botones, ciñéndose a la pierna. Una blusa color púrpura, sin mangas, muy floja y abrochada hasta un botón antes del cuello. En la cabeza una pañoleta que se ha anudado dando una vuelta con las puntas alrededor del cuello, formando una suerte de capucha y calza unas manoletinas color azul marino. Para completar el conjunto, trae unas gafas de sol con montura “ojos de gato”, al estilo de los años cincuenta.

    —¿Salimos ya? Alfredo.

    —Voy a por las llaves de mi coche, y partimos.

    —¿No te gustaría ir hoy con el mío?

    —¿Podré conducirlo un rato?

    —Todo el rato que quieras. Así yo tendré las manos libres – me dice con una sonrisa torva.

    —Miedo me das. Jajaja.

    Al dirigirnos a coger el coche, se cruza por delante de mí una pelota de goma, y detrás, como un relámpago, aparece un cruce entre rata y canguro. Un cachorro de perro, hijo de mil padres, que tiene un vago parecido con un terrier. Al mismo tiempo escuchamos un potente silbido, tipo pastor y una voz que grita:

    —Bolachaaa, Bolachaaa (Galleta) – Paulinha (¿Cómo no?) aparece corriendo tras el perrillo y al verme me saluda

    —Vov… Dom Alfredo, buenos días – Acaba de ver a Amália e interrumpe el tratamiento de abuelito, sonrojándose.

    —Buenos días Paulinha – Saludamos ambos a la vez – Por favor, amarra al perro, que vamos a salir con el coche.

    —Ahora mismo lo sujeto. Tengan buen viaje.

    —Gracias. Nos vemos por la noche.

    Después de ayudar a mi amiga a franquear la complicación del acceso al coche, me encuentro en el puesto de conducción, admirando esta joya de la automoción. Enciendo el automóvil y en mis manos, a través del volante de pasta blanca, siento la vibración del motor de inyección de seis cilindros y tres litros de cilindrada. Sus más de 200 cv de potencia se reflejan en el velocímetro, que declara una velocidad de 270 km/h. Para frenar este monstruo solo cuento con tambores en las cuatro ruedas. La sensación que tengo en este momento, debe ser parecida a la que sentiría quien se atreva a montar sobre una pantera. Embrago la primera velocidad y salimos de ruta.

    Podría tomar la autopista, y en poco más de treinta minutos estaríamos en Coímbra, pero quiero disfrutar conduciendo, así que tomo la carretera nacional. Este coche es para lucirlo, y mucho mejor cuando uno lleva a su derecha una mujer como la que me acompaña. Así que en unos cómodos 80 km/h cubro la práctica totalidad del camino. Amália me mira sonriendo, con la misma mirada que tiene una madre al ver a su hijo disfrutar con un juguete que le hace ilusión.

    Durante el trayecto vamos conversando y le comento a mi compañera el comportamiento tan relajado que observo en la casa entre los dueños y el servicio y Amália me pone al corriente del porqué de esa relación:

    —Supongo que has visto la fecha que consta en el dintel de entrada de la casa. Pues bien, aunque no tenemos registros fiables, creemos que la familia de Paulinha ha trabajado con nosotros desde que la quinta se creó. Tanto el servicio doméstico como los trabajadores de la finca, siempre, desde que hay memoria, han pertenecido a la misma familia. De hecho Marta es prima segunda de Paulinha.

    Piensa que, hasta que se apareció La Virgen, ésta era una zona deprimida, en la que el único modo de vida era la agricultura. Con el desarrollo de la zona, nuestra familia ayudó económicamente a la suya a crear negocios de hostelería y restauración en el pueblo. Más que empleadores y empleados, casi somos familia entre nosotros. De hecho, por tradición, a la mujer del dueño de la casona, siempre le han dado el título de “Tía”. La última fue mi difunta madre “La tía Carmen”, y aunque no han empezado a utilizarlo, probablemente porque no estoy casada, has de saber que la actual tía soy yo.

    —Ya he notado que la relación es muy familiar, por eso te lo comentaba. Por ejemplo, Paulinha estaba jugando con el perro, como si estuviese en su casa.

    —No me hables del perro. Apareció hace unos meses en casa con un cachorrillo que casi ni estaba destetado. Lo había encontrado dentro de un contenedor de basura en el pueblo y lo metió en la finca sin siquiera pedir permiso. Nos nombró a Ana María y a mí madrinas del chucho. El perro oficialmente es suyo, pero adivina quién paga los gastos de veterinario y seguro.

    —Paulinha es un cielo de muchacha. Le he cogido mucho cariño durante esta semana.

    —Pues tanto ella como Marta también te han integrado a ti dentro de la familia de la quinta. Marta me ha pedido permiso hoy para matar un pato en tu honor y hacer arroz de pato.

    —Sí, me lo comentó, pero al final me propuso en lugar de arroz de pato, hacerme un arroz malandro de pato. No lo he comido nunca. Estoy deseando probarlo esta noche.

    —La madre que la parió. Esta me la paga. Juro que me la paga.

    —¿Por qué? ¿Qué ha hecho la pobre Marta? – pregunto intrigado.

    —Tanto Ana María como yo detestamos las salsas hechas con la sangre del animal, como el arroz malandro. Y Marta lo sabe perfectamente.

    —No se me alcanza el por qué me lo ha propuesto, entonces.

    —Nos está haciendo pagar el haberte hecho dormir el jueves en el sofá del salón – Dice mi amiga enfurruñándose.

    —Pues dale un beso asesino. Jaaaaa.

    Entramos en Coimbra por el sur, cruzando la ciudad. A la altura del hotel Astoria, giro a la izquierda y cruzando el puente sobre el río Mondego, me dirijo hacia el convento de Santa Clara a Nova y el “Portugal dos pequenitos”. Frente a la entrada de éste hay una larga avenida en la que puedo aparcar el coche con seguridad.

    Nos apeamos, y al ver de frente la entrada del “Portugal dos pequenitos”, Amália me comenta que hace muchos años que no lo visita y le apetecería pasearlo en mi compañía. Así que nos dirigimos a la taquilla y solicito dos entradas. Es un parque en el que están representados a escala los monumentos más representativos de Portugal, así como sus casas más típicas y unos pabellones en los que están glosados aspectos representativos de la vida y costumbres de sus colonias.

    Paseamos de la mano tranquilamente y mi compañera se está comportando como una adolescente. Cada vez que estamos dentro de algún edificio que pueda ofrecernos alguna intimidad, aprovecha para colgarse de mi cuello y besarme, arrimándose a mí como una quinceañera enamorada. Yo, que no soy muy partidario de mostrar esos sentimientos en público, sin embargo me encuentro muy cómodo y disfruto del paseo. Cuando terminamos la visita es prácticamente la hora de comer.

    Salimos y nos dirigimos hacia unos restaurantes que hemos visto en la acera de enfrente, y compartimos un “bacalhau a Lagareiro”, acompañado de una botella de tinto del Douro.

    Al terminar de comer, cogemos el coche y subimos a la zona de la Universidad y paseamos toda la tarde como una pareja de enamorados. La verdad, no sé si lo que tenemos entre nosotros es amor, pero ciertamente se le parece bastante. Tengo que hablarlo con Amália a no tardar mucho. Pero necesito tiempo para poner en orden mis sentimientos.

    A la hora de volver hacia la quinta, decido tomar la autopista. Este coche me está pidiendo que lo ponga a prueba. En plena autopista, y en una zona casi sin tráfico, le entierro el acelerador y durante un par de minutos voy conduciendo a 190 km/h según el cuentaquilómetros. Ya me he sacado la espina, así que levanto el píe y termino el trayecto a una velocidad mucho más moderada hasta que arribamos, por fin, a la quinta.

    Al meter el coche en el garaje, aparte de la berlina de Ana María, aparcada en un lateral, hay una moto, grande como un camión articulado. Amália me dice que es el capricho de su cuñado. No entiendo de motos, y no sé qué modelo es, pero sí reconozco el logotipo de Harley Davidson. Realmente es una máquina preciosa.

    Cuando veníamos de camino, Amália contactó telefónicamente con Ana María, avisando que ya estábamos llegando, por lo que ya estaba la mesa preparada y nos dispusimos a cenar.

    Nos sentamos a la mesa por parejas, de tal manera que yo quedé enfrentado con Ana María y su marido enfrentado con Amália, lo que íntimamente agradecí. No me sentía con ánimos de verle a la cara durante toda la cena. El trato entre nosotros dos seguía siendo correcto, pero distante.

    Paulinha trajo el arroz famoso, y lo puso en la mesa, cabizbaja, sin mirar a las mujeres a la cara. Lo que en ella era toda una declaración de intenciones. Sabía el por qué del plato. Había hablado con Marta, y tengo para mí, que ella estaba de acuerdo.

    Ana María, al ver el arroz malandro, levantó la vista interrogando a Amália, y mi amiga le hizo un ademán imperceptible que significaba algo así como “después te cuento”. He de decir que por no dar el brazo a torcer, ambas se sirvieron y dieron cuenta de sus raciones como si no ocurriese nada. O eso, o es que sabían a ciencia cierta que no había nada más preparado para cenar. Conocían a Marta.

    Cuando terminó la cena, me disculpé diciendo que iba a felicitar a Marta por la cena, como así hice. Al entrar en la cocina, Marta y Paulinha estaban cenando juntas, dando cuenta de un arroz con los menudillos del pato. A pesar de haber cenado maravillosamente se me hizo la boca agua. Me encantan ese tipo de arroces.

    —Marta, le felicito por el arroz, estaba delicioso. Y quisiera además darle las gracias por las atenciones que ha tenido durante la semana conmigo. Me he encontrado como en mi propia casa.

    —¿En su casa también duerme en el sofá? – Me contesta con todo el descaro, mientras me sonríe.

    —A veces, Marta. A veces. – contesto sonriendo, a mi vez.

    Quiero aprovechar para despedirme de ustedes, ya que mañana salgo temprano y probablemente no tendré tiempo de hacerlo adecuadamente.

    —¿Puedo darle un beso? – Me solicita

    —Claro que sí. Y dos si quiere.

    Se levantó de la silla, y limpiándose las manos en la punta del delantal que todavía llevaba puesto, me las puso en los hombros y me estampó un beso en la mejilla al tiempo que me decía:

    —Volte sempre (vuelva siempre). – Ya soy oficialmente de la familia.

    Me despedí de Paulinha con un beso en la frente, recomendándole que se portase bien y que no hiciese enfadar a las señoras, con el convencimiento íntimo de que ella seguiría haciendo lo que le saliese del moño y volví al salón.

    La sobremesa estaba siendo tensa, Ana María y su marido aún arrastraban las consecuencias de la tensa conversación del domingo anterior. Además había pasado la noche del jueves, aunque él no lo sabía. Amália y yo nos sentíamos incómodos en medio del disgusto del matrimonio. Así que pretextando cansancio por una semana demasiado ajetreada, lo cual no era totalmente mentira, solicité me disculpasen para retirarme a dormir. Amália, dirigiéndose a mí, me dijo que ella me acompañaría en un rato.

    Subí a mi habitación y entrando en el baño, me desnudé y me dí una ducha. Salí y completamente desnudo, me metí en la cama, recostando mi espalda sobre el cabecero.

    Apenas me había acostado cuando veo abrirse la puerta y Amália entra en la habitación. Quedándose frente a mí, se fue desnudando poco a poco. Cuando estaba en ropa interior, se soltó el sostén y se masajeó los hombros. En ese momento pensé que durante toda la semana, mi amiga había utilizado sostenes normales. Tenía que tener la espalda y el cuello destrozados por el peso de su pecho. Ella se inclinó hacia adelante y se sacó la braga, introduciéndose en la cama conmigo.

    Me pidió que me acostase y puso su cabeza en mi pecho, pasándome una pierna doblada por encima de las mías. Yo le pasé una mano por detrás de su espalda, y con la otra, comencé a acariciarle el pecho al que podía acceder con comodidad. En mi muslo noto el contacto de su sexo desnudo.

    —Amália, esta semana no te he visto nunca con uno de tus sostenes especiales, tienes que estar dolorida. – Le comenté.

    —Créeme, cariño, no quieres verme con uno de esos sostenes. Tendrías que estar muy necesitado para que te excitases.

    —A mí me excitas hasta vestida.

    —No seas pelota, que todos sois iguales.

    —Sí, pero yo duermo contigo.

    Al no contestarme me doy cuenta de que se ha quedado dormida. Yo acerco mi cara a su pelo, aspirando su perfume, mientras continúo acariciándole el pecho.

    Lo siguiente que recuerdo conscientemente es despertar por la mañana abrazados como acostumbramos a dormir. Amália dándome la espalda, con uno de mis brazos debajo de su cuello, y mis manos agarrándola por los dos pechos. No tengo ni idea de cuando hemos cambiado de postura.

    CONTINUARÁ.

    Agradezco sus comentarios, tanto a favor, como en contra.

  • Exhibicionismo sexual

    Exhibicionismo sexual

    Conocí a Ludger en el avión de Miami a Madrid, coincidimos uno al lado del otro y un señor mayor que estaba en la ventanilla, yo estaba junto al pasillo y Ludger en el centro. Como Ludger es guapo, me apeteció hablar con él. A las primeras palabras ya sabía que era holandés y le hablé en holandés, de modo que nadie hizo más caso. Pedimos dos veces a la azafata botellines de whisky, dos para cada uno cada vez, la primera pagué yo y luego quiso pagar él. Tan amena se puso nuestra conversación que en el momento en que ya todo el mundo dormía, fuimos a la cola del avión para seguir hablando y tomando otro whisky, hasta que la azafata nos pidió por favor que nos sentáramos.

    Sí, Ludger es guapo, tanto que no pensé que podría ser holandés cuando subió al avión, pero sí, también hay holandeses guapos y muy guapos. Ludger solo es 2 años mayor que yo, por tanto tiene 25. Yo había ido a Miami a pasar dos semanas de vacaciones en casa de un primo mío que trabaja allí, el cual me había invitado y deseaba que le complaciera, sobre todo en la cama, claro, ya quería pollas hispanas y decir tacos a la española mientras follaba. Cuando regresaba fue cuando conocí a Ludger. Nos hicimos amigos, muy amigos, hasta el día de hoy. Mi amigo Ludger quería tener conmigo sexo en público, es decir, pretendía que folláramos desnudos en un lugar discreto de mi ciudad pero que alguien nos viera. La idea me gustó, pero le dije que si nos veían podrían llamar a la policía y tendríamos problemas por escándalo público o alguna multa. Pero él me decía:

    — Yo pago lo que sea, pero quiero follar en público.

    Yo pensé que no teníamos nada que perder. Si nos metían en alguna celda de comisaría por exhibicionistas, allí follaríamos para entretenernos. Así que le dije que sí y salimos esa tarde a buscar un lugar, donde hubiera gente sin exceso. Avistamos un parque con bancos. No deambulaba nadie, pero todos los bancos estaban ocupados.

    — Este es un buen lugar, ¿te parece?, —preguntó.

    — Pienso que sí, en un par de horas más, ya será de noche y habrá bancos libres o podremos follar en el suelo, —le respondí.

    — Prefiero banco, pues donde hay bancos, la luz está cerca y nos verán, pues quiero que nos vean, —insistió decidido.

    — Ese es el objetivo, me va a gustar la experiencia, pues nunca lo he hecho en la ciudad, —dije.

    — Ah, pero ¿tú ya has follado en público?, —preguntó Ludger.

    — En la playa nudista, detrás de las dunas, bajo el sol y con gente cerca que veían y otros hacían lo mismo, —le expliqué.

    — Entonces ya sabes algo; yo he intentado varías veces pero nadie me había aceptado; así que vamos a cenar y luego venimos, ¿qué quieres cenar?, —preguntó Ludger.

    — Pizza cuatro quesos, —respondí sin dudar.

    Me hizo llevarle a una pizzería y pedimos dos diferentes para compartir, una de cuatro quesos y la otra boloñesa, y sangría «para calentarnos», como decía Ludger: «en España guica sanguiguía paga calentagnos», por más que lo intenté no hubo modo de hacerle pronunciar la erre, todo era «egue». Buenas pizzas, pasta crujiente y bien cargada de queso. El litro y medio de sangría que tomamos nos puso contentos y salimos de la pizzería cogidos del cuello y con las caras juntas.

    Por el camino nos dimos algunos piquitos a la boca, pero me cogí a Ludger por los hombros, acerqué mi boca a la suya y apretando con mis manos sus nalgas por encima del short vaquero —ambos íbamos igual como gemelos con short vaquero y camiseta de tirantes, la mía es blanca y sesgada hasta la cintura, la de Ludger roja con espalda de nadador—; Ludger rodeaba con sus manos mi cintura. Algunos que pasaban nos miraban, pero nadie dijo nada.

    Nos paramos cerca de una esquina para besarnos profundamente. Pasaron como 15 minutos que los disfrutamos bien. Ludger incluso metió sus manos por dentro de mi short y, al no llevar interiores como siempre, me acariciaba mis nalgas y mi agujero mientras nos besábamos. Cogidos de la mano y dándonos picos de vez en cuando llegamos al parque.

    Seguían ocupados todos los bancos. Ludger con tremendo descaro me llevó a un banco donde había una pareja heterosexual algo mayores, nos sentamos, abrió su pantalón, separó el slip y sacó su polla diciéndome:

    — Menéame la polla o, mejor, chúpala y me das una buena mamada.

    Le seguí la corriente, me puse de rodillas frente a él e hice el ademán de mamar aquel pene grueso y largo. De inmediato, la pareja se levantó, nos regalaron el banco sin despedirse ni con un buenas noches y desaparecieron. Ludger se quitó su camiseta y se tumbó a lo largo del banco para celebrar su victoria, luego se sentó y se sacó el short, yo hice lo mismo, solo que me quedé desnudo, mientras Ludger llevaba aún su mini slip puesto.

    — De alguna manera hay que comenzar, ¿qué te parece un 69 para calentar motores?, —preguntó Ludger.

    Hacía mucho calor, me levanté para que Ludger se acomodara y ponerme encima al revés. Pude ver que éramos observados desde los otros bancos y por alguno que paseaba. Eso me calentó más y comencé a empalmarme y mi polla se iba poniendo dura. Ludger se tumbó con las rodillas dobladas y mirando al oscuro cielo y yo me acomodé, colocando primero mi polla sobre el rostro de Ludger, que de inmediato me la cazó con su boca, me agaché y recogí la dormida polla de Ludger para ponerla en tensión. Creo que yo mamo mejor que Ludger, pero el chico no tiene desperdicio. Conseguí poner erecta la polla de Ludger casi de inmediato.

    Mientras me comía aquella bestia con una mano, iba acariciando ora la bolsa del escroto, ora el agujero del culo de Ludger. No pretendía dilatarlo, solo deseaba producirle placer porque cada vez iba metiendo el dedo medio más adentro y por el movimiento de Ludger supe que había dado con la próstata, así que seguí golpeando e hice venirse a Ludger en mi boca. Aunque apreté los labios para tragarme el semen de varias explosiones, no pude contenerlo todo para irlo tragando, porque la eyaculación de Ludger fue muy seguida. Algo se cayó sobre su zona púbica que chocaba con mi barbilla. No tardé en eyacular. Ludger, que es un buen catador de semen, gracias a la postura en que estaba, se lo tragó todo. Descansamos uno encima del otro. La gente no se fue, miraban hacia nosotros, hombres y mujeres.

    Como estábamos, hablamos poco, pero permanecíamos abrazados. Mi cabeza reposaba sobre los muslos arqueados de Ludger, de modo que su polla en reposo y sus bolas caídas quedaban a la altura de mi nariz, mis ojos las miraban, mi nariz olía el semen y mi boca lo deseaba. Después de un largo rato, nos sentamos y Ludger inclinó su cabeza sobre mi hombro, yo incliné la mía sobre la suya. Y conversamos.

    — ¿Te parece que ya cumplí mi deseo?, —preguntó el muy cabrón.

    — Pienso que no; tu fantasía es follar en público. Aquí tienes mi culo y anima esa polla, —respondí como quien reta.

    Por un momento seguimos hablando porquerías para calentarnos hasta que con mi mano comencé a manosear la polla de Ludger, mientras hablaba groserías:

    — Está puta polla va a destrozar mi culo, me va a tratar como una maricona de mierda podrida, tu dueño se comportará como un burro semental y me va a joder hasta dejarte muerta de asco, maricona perdida, como una puta rastrera. Esos huevos de mierda producirán maldita leche para amamantar mi culo de gloria. ¡Joder, machoı, atraviesa a esta puta con esa tranca, maricón, hijo de tu puta madre, cabrón de mierda.

    Así no paraba hasta que me agarró fuerte con sus manos y bien caliente y me dio media vuelta para sentarme en su regazo con mi agujero sobre su polla. Ya estaba bien cachondo, estábamos mirándonos y me puse a besarlo mientras él con sus manos guiaba su polla hacia mi agujero feliz y cuando apuntaba me dejé caer de golpe y grité:

    — waaaaggggg…

    Me dolió el culo como si me hubieran atravesado con una espada cortante y comenzó a poner saliva a la mitad de su polla. Aunque el dolor era fuerte, el doble placer de tener una buena polla en mi culo y que, además, nos vieran, porque nos miraban y escuchaban mi grito y mis gemidos, me ponía igualmente o todavía más cachondo, pensando que los presentes se estaban poniendo igualmente cachondos. Yo comencé mi vaivén y, después de un largo rato, cogiéndome fuerte, se levantó Ludger, rodeé su cintura con mis piernas, vi cuántos miraban, algunos bastante cerca y de pie, como si vieran una película porno al paso. Ludger se dio la vuelta espectacularmente y me sentó por la espalda en el banco y comenzó por su parte en mete y saca de caballo hasta lo más profundo de mis entrañas. Entonces me vine sobre mi pecho, mi abdomen y sobre el abdomen de Ludger. Nos quedamos hechos una mierda, pero muy felices. Felices también porque hubo algunos que aplaudieron cuando sucumbió Ludger sobre mí y otros que se estaban agitando su polla o masturbando.

    Al rato, Ludger sacó su polla de mi culo, yo comencé a derramar el semen desde mis entrañas, delante de los que seguían mirando. Estábamos contentos porque Ludger había cumplido uno de sus grandes sueños. Seguimos tocándonos y jugando con nuestras manos, mientras conversábamos porquerías y palabras soeces. Por fin decidimos que lo mejor entre nosotros iba a ocurrir en el hotel, en la ducha y en la cama; así que de momento lo más favorable era dejarlo.

    Estábamos sudorosos y pringados de semen por todas partes y le dije:

    — El hotel está cerca, es tarde ya, pues ya estamos en mañana, solo estará el portero y el vigilante; vamos a ir desnudos; si en el hotel lo impiden, allí nos ponemos el short o les decimos que venimos de una fiesta o, ¡mierda!, que estamos borrachos o qué sé yo.

    — Vale, eso me gusta, afirmó Ludger.

    Nos fuimos con el short y la camiseta doblados bajo el sobaco, nosotros cogidos de la mano, entramos en el hotel, Ludger mostró la tarjeta llave y no hubo impedimentos ni preguntas ni nada más; nada más, sí; les escuche sonreír y conversar en voz baja a nuestra espalda, cogí a Ludger por los hombros, me lo encaré y le di un beso largo y profundo mientras restregaba polla contra polla. Cesaron las risas burlonas y los comentarios de los dos hombres y entramos en el ascensor.

    Supongo que luego seguirían comentando, pero de otra manera y sin risas burlonas.

    Pero lo mejor es que nosotros continuamos en lo nuestro, casi toda la noche nos la pasamos follando y pensábamos que valdría la pena al día siguiente, en el que ya estábamos, volver a tentar la suerte. Lo hicimos, tuvimos más éxito y quedamos totalmente satisfechos.

  • Mi madre quiere panza (Parte 2)

    Mi madre quiere panza (Parte 2)

    Los días siguientes a nuestro encuentro en mi habitación fueron muy incomodos para ambos. Ella trataba de acercarse a mí, pero solo se encontraba con mis evasivas. La despegaba cuando trataba de abrazarme, me incorporaba de la silla cuando quería darme masaje en la espalda, llegué al punto de cerrar la puerta de la habitación todo el día para que no se acercara. Mi madre parecía que ya no se acordaba de como mi semen empapó sus enormes tetas y peor aún, que me había propuesto embarazarla. ¿Esperaba que siguiera actuando como su hijo sin importarme ese episodio o qué me lanzara sobre su vagina para dejarla preñada? Me parecía ridícula. ¿Cómo iba yo a asimilar lo que había pasado? Sentía que nuestra relación madre/hijo estaba destrozada para siempre. ¿Cómo la vería ahora? ¿Dónde quedaba todo mi cariño que como hijo le tenía? Es difícil definir qué rol tiene una madre pero algo les puedo asegurar, no es la encargada de liberar la presión de tu verga.

    Trate de distraer mi mente de todas esas divagaciones, fui directo a la computadora para ver si algunos de mis amigos quería salir por unas cervezas. Mi suerte fue grande, una chica con la que ya varias veces me había acostado tenía casa libre esa noche. Qué mejor forma de olvidarme de mi madre un rato que cogiéndome a una rica universitaria. Me fui directo a duchar para estar presentable. Todo parecía bien hasta que mi madre me abordó al salir del baño.

    —No me digas que vas a salir.

    —Si, quedé con una amiga.

    —Pero hace mucho que no estamos juntos ¿acaso me estas evitando?

    —Mamá, tengo prisa déjame pasar.

    —Seguro que te vas a ir a acostar con una puta de las que se dicen estudiantes. ¿Ves cómo me cambias por simple sexo?

    —Bueno, eso es asunto mío.

    —Yo te podría dar lo que vas a ir a buscar con tu amiguita.

    Me abrí camino entre las súplicas hacia mi habitación. Terminé de arreglarme y salí del departamento sin mirar atrás. Todo el camino fui pensando en mi madre y en su desesperación por acostarse conmigo o mejor dicho por tener un bebé mío. Ella tenía razón en un punto, yo tarde que temprano me iba a ir de la casa para hacer mi vida, encontraría una mujer y ella se quedaría sin su hijo. Pero es el ciclo normal de la vida, no podía parar el tiempo y mucho menos pedirme que la embarazara y fuéramos una familia. ¿Dónde quedaba yo y mis planes a futuro? Me parecía que mi madre solo veía por sí misma y yo no estaba dispuesto a sacrificar mi felicidad por ella. En ese momento llegué a la conclusión de que la ayudaría a superar sus inseguridades pero no iba a ceder ante sus caprichos.

    Por fin llegué a mi destino, toqué el timbre y en seguida salió mi amiga a recibirme. Se encontraba muy sexy. Alta, delgada, cabello castaño claro, piel morena clara, un cuerpo muy poco exuberante pero bastante estético. Hablamos de banalidades durante un rato y antes de terminar nuestro sexto vaso de vodka con jugo ya estábamos cogiendo en su recamara. A pesar de estar con una de las chicas más ricas de la universidad no podía sentir nada, casi no lograba ni mantener la erección. Ella al ver mi falta de entusiasmo se montó sobre mi, sus nalgas rebotaban contra mis piernas mientras mi verga se adentraba en su coño. Al juzgar por la cantidad de fluidos sobre mi sexo creo que ella llevaba dos o tres orgasmos y yo no sentí ni la mínima cosquilla. Mi mente no pudo evitar divagar sobre el asunto con mi madre. ¿Pensándolo bien, mi madre está más rica que esta zorra? Carajo, que estaba pensando, era mi madre. Trate de concentrarme en esta chica pero llegó el momento en que solo se me venían imágenes de mi madre montándome. Dios, las trataba de evitar pero mi excitación no me lo permitía. Mi verga alcanzó su punto máximo con las imágenes de mi madre y yo revolcándonos como perros en celo. Por fin estallé dentro de del coño de mi amiga, por suerte ella utiliza pastillas. La dejé tumbada en su cama y salí a la fría noche para regresar a casa.

    Me sentía devastado, sucio y avergonzado por lo que había sucedido. Pero si jamás había sentido atracción física por mi madre ¿por qué ahora era lo único que lograba excitarme? Quería que la tierra me chupara, ahora era un maldito anormal que fantaseaba con su mami. ¿Qué dirían las chicas de la universidad si se enteraran? ¿Y mis amigos? Digo, siempre me andan diciendo que quieren follarse a mi madre pero una cosa es eso y otra a que yo la desee. Me iban a tomar como un enfermo, de hecho yo ya me sentía así.

    Entré en una depresión terrible después de eso y fue empeorando con el pasar de los días. No podía de dejar de fantasear con ella, cada noche me la jalaba frente a la computadora viendo videos de milfs imaginándome su rostro. Una gran excitación me invadía al pensar en ella. Me la imaginaba cocinando desnuda o haciendo la limpieza solo en tacones, incluso llegue a fantasear con ella embarazada y dejándome mamar la leche de sus pechos. Todas estas fantasías estaba bien para mi hasta el momento en que descargaba mis grandes chorros de semen. En ese momento todo dejaba de parecerme excitante y me volvía a asquear de mí mismo. Odiaba sentir tanto placer pensando en ella, odiaba que mis venidas fueran más cuantiosas fantaseando con ella que las que tenía cuando follaba con mis ex parejas sexuales, odiaba anhelar dejarla embarazada.

    Me enclaustre en mi habitación, salía de noche cuando mi mamá estaba dormida a comer y a bañarme. De día ella insistía tocando mi puerta para que saliera a comer o simplemente para hablar pero ante mis repetidas negativas dejo de intentarlo. Cuando estaba excitado me moría de ganas de abrir esa puerta y clavarle directo mi verga en su coño pero sabía que después me arrepentiría de lo sucedido. Dos fuerzas luchaban dentro de mi y ambas buscaban anular a la otra completamente. No podía vivir reprimiendo el deseo de follarme a mi madre pero tampoco con la culpa de haberlo hecho.

    Mi morbo por los temas relacionados con el incesto fue creciendo, pasé de los video porno a buscar directamente material relacionado con el tema. Entre a varios foros donde se contaban sus experiencias, en la mayoría de los casos fantasías pero fui dándome cuenta que no era tan anormal el asunto. Muchos chicos de más o menos mi edad fantaseaban con sus madres a pesar de que no eran tan excitantes como la mía, decían que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por cogérsela, algunos hasta decían que consideraban dormirlas con pastillas y así no recibir una negativa por parte de ellas. Cuando les conté mi experiencia me decían que matarían por tener una madre así y que no entendía que era lo que yo estaba esperando. Les decía que aún no podía dejarla de ver como mi madre y un chico me contesto «Bro, una vez que se te empalma pensando en ella jamás volverá a ser para ti la mujer intocable que era antes. Ya mejor dale paso a lo nuevo que por lo que nos dices tu mamá si es bien puta. Como quisiéramos tener tu suerte los demás.»

    Y si nunca volvería a tener la misma imagen de ella ¿no era mejor tomarla como la rica madurita que era? La imagen de madre que no me permitía apreciarla totalmente como mujer comenzaba a arder y solo era cuestión de tiempo para que dejara de existir. Pero aun no aceptaba mi atracción hacia ella, todavía me sentía culpable después de cada sacudida pensando en sus tetas. Todos me verán como un enfermo. Entre mis divagaciones me hice la pregunta que terminó por orientarme hacia lo que debía de hacer. ¿Para mi es malo o así lo ven los demás? Era obvio que si alguien se enteraba no iba a poder a asomar la cara por el resto de mi vida, o sea que para la sociedad es malo. Pero yo me sentía bien al fantasear con ella, entonces ¿por qué reprimirme?

    Mis inseguridades se fueron disipando en los días siguientes. La excitación fue superando a la aversión poco a poco. Después de masturbarme recordando nuestro primer encuentro seguía con ganas de follármela. Gozaba tanto de haber reconciliado mis deseos con mi vida, ya era tiempo de cumplir mis fantasías y los deseos de mi madre pero… ella no solo quería sexo, quería que la embarazara. Busque en internet información sobre anomalías en los bebés y lo que leí me convenció más. Al parecer solo hay una mayor posibilidad de que nazca con alguna enfermedad (oscila entre el 10 y 20 porciento) por la existencia de dos pares genó… bueno, creo que esto no es de interés en un relato.

    Vi la hora en el monitor, eran las ocho. Decidí salir de mi habitación para romper el aislamiento con mi madre. Tenía casi una semana y media que no la veía y moría por cenar con ella. Con paso seguro me dirigí a la cocina donde se oía el ruido de las cazuelas, seguro estará haciendo la cena pensé. No tenía previsto que fuera esa noche cuando culminaría todo, mi idea era simplemente cenar con mi mamá y charlar un poco sobre el tema para aclarar dudas sobre cómo iba ser desde ahora nuestra relación pero la imagen que presencié al entrar a la cocina no me permitió seguir con mis planes.

    Mi madre se encontraba frente al lavaplatos sacando algunos del interior. Por la altura a la que se encuentra este, mi madre estaba inclinada con su culo apuntando directo a la puerta. Lucía un vestido amarillo floreado, de esos que se acostumbran en primavera. Normalmente el vestido debía de cubrirla hasta la mitad de los muslos pero en esa posición apenas si lograba tapar su inmenso culo. Aparte traía unos zapatos descubiertos con un pequeño tacón que remataba de manera esplendida la figura de sus piernas.

    No sé si era que realmente se veía tan excitante o el aislamiento de ella me había sensibilizado a su belleza, el punto es que no puede contener aproximarme hacia ella y meter mi mano dentro de su vestido. Su reacción fue de sorpresa, a lo mejor pensaba que era un fantasma por tanto tiempo que tenía sin verme, aparte de mis constantes negativas de ceder a sus planes. Se incorporó con un sobresalto y un pequeño grito, yo no aparté mi mano y seguía sobando la tersa piel de su culo. Cuando se dio cuenta de que era yo no trató de separarse, ni siquiera para preguntarme el por qué de mis acciones, simplemente pasó su mano por detrás de mi nuca para sostenerse de mi. Continúe tocando su cuerpo, subía y bajaba mis manos por la parte interna de sus muslos, ella comenzaba a gemir un poco y su piel se erizaba con cada centímetro recorrido. Después de algunos minutos mis manos centraron su atención en el sexo de mi madre. Mis dedos pasaron por encima de sus empapadas bragas, la reacción de ella fue bajar las manos al filo del mueble que tenía enfrente y agarrarse con fuerza. Se inclinó aún más, ofreciéndome su culo para disponer de él. Levanté su falda y contemplé lo maravilloso de esa imagen. Solo aquellos que a hayan practicado el incesto podrán entender la multitud de sensaciones que arribaron a mi. En sus bragas que eran del mismo color del vestido era evidente la gran mancha de humedad producto de su excitación, de hecho sus ingles se notaban ya brillosas por sus jugos. Parece que no solo quería tener un hijo mío sino que aparte la ponía caliente todo el proceso para ello.

    Yo no soy un fanático del sexo oral, cosa de la cual muchas de mis exnovias se quejan pero en ese momento no me pude resistir a probar la miel de mi madre. Tomé sus bragas y las deslicé fuera de su cuerpo. Ya no había nada entre su húmedo coño y mi boca ansiosa de devorarla. Sin más, me hinqué como si estuviera ante la presencia de dios, coloqué mis manos sobre su culo y di el primer lengüetazo a su húmeda fuente rosa. No había comparación entre su coño y el de las demás chicas a las que pocas veces las llegué a probar, era delicioso, no en el sentido de que supiera a fresas ni mucho menos pero sus jugos en mi boca me provocaban un hormigueo en la lengua, quizás parecido a la sensación de algo agridulce pero elevado potencialmente. Su sexo me iba a volver adicto a al sexo oral, bueno por lo menos a practicarlo con ella. No solo era mi lengua, chupaba sus labios y su clítoris para disfrutar más de su miel, era como besarle el coño. Estaba tan pegado a ella que mi nariz se enterraba en su culo, muy cerca de su ano. A los pocos minutos una ola de fluidos y un gran grito me avisaron que mi mamá había tenido un orgasmo.

    Me puse de pie, ella jadeaba aun por el orgasmo del que apenas salía, su piernas aun temblaban sobre sus tacones. Fui acercándome a su oído y con un murmuro apenas audible…

    —¿Quieres que te haga la mujer más feliz del mundo?

    No pudo evitar que se le dibujará una pequeña sonrisa en su rostro, se incorporó quedando frente a mi y selló la propuesta con un largo beso a mi boca aun impregnada de sus jugos vaginales. Desabroché mi pantalón para dejar expuesta mi verga que desde hace un rato estaba palpitando por tanto placer. Ella se echó un poco de agua en la cara y pechos para refrescarse. Pffff… de nuevo no traía brassier y entre lo húmedo de su vestido y lo excitado de su cuerpo podía ver casi hasta el color de sus pezones. Cuando volteó a verme su vista bajo involuntariamente directo a mi sexo, se acercó a mi y después de darme un beso en la mejilla…

    —No, amor. Este niño no lo vamos a hacer aquí, quiero que sea procreado en la misma cama en la que tú lo fuiste.

    Salió de la cocina y con un gesto de su mano me indicó a que la siguiera, se imaginaran a donde nos dirigíamos. Ya dentro de su habitación me indicó de nuevo con la mano que me acostara en su cama matrimonial. Comencé a desvestirme mientras ella me veía con una mirada pícara. Las dudas volvieron a acechar mi cabeza. ¿Qué estoy haciendo, después de esto nada entre nosotros volverá ser lo mismo? ¿Qué tal si solo es la calentura de momento y al pasar me arrepiento? Ella no va querer abortar al bebé. Estaba a punto de salir corriendo cuando mi madre saco sus tetas del vestido que fue descendiendo por su cuerpo al perder las carnes que lo sostenían. Después de ver su cuerpo desnudo todas mis dudas desaparecieron para siempre (o por lo menos no me han molestado desde ese día). Sus pechos un poco caídos por la edad y coronados por sus pezones color miel pedían a gritos mi atención, aun así mi mirada recorrió todo su cuerpo. Es obvio que mi madre es de esas mujeres que tiene un pelo muy tupido sobre su sexo pero en ese momento se encontraba rebajado y con una perfecta forma triangular que asemejaba la punta de una flecha negra que marcaba el camino al mayor tesoro. Se dirigió hacia el balcón para cerrar las cortinas (tanto mi cuarto como el suyo comparten el balcón)

    Ya censurados los ojos de la ciudad de nuestro acto incestuoso se subió a la cama a gatas como si se tratara de una perra o mejor dicho de una gata por lo estético de sus movimientos. Cuando llegó a mi verga sin esperar ni un segundo más comenzó a chupar mis bolas. Jamás me habían hecho eso y ahora lo agradezco, probarlo por primera vez con mi madre fue maravilloso. La tenue luz de la lámpara de mesa iluminaba su rostro mientras hacia la acción. Sus mejillas se hundían con cada succión y su saliva bajaba entre mis piernas hacia mi ano. Con su mano me masturbaba suavemente, aun así la chupada me estaba poniendo al límite…

    —Mamá, siento que me voy a venir.

    —No lo hagas amor, no quiero que desperdicies tu precioso esperma. Esto es solo el principio. Quiero que estas bolitas saquen todo esos pequeños tú dentro de mi, para eso la estoy preparando.

    Sus labios pasaron de mis bolas a mi boca. Nos fundíamos en un beso mientras nuestros cuerpos se revolcaban entre las sábanas. Sus zapatos se desprendieron de su cuerpo y ahora acariciaban mis piernas. Cuando quedé encima de ella me despegué de su boca y descendí a la altura de sus piernas. Quería hacer realidad todo eso que había leído en los relatos de incesto, quería disfrutar cada rincón de su cuerpo, probar su sabor. Mi lengua recorrió sus piernas, su torso, su cuello, detrás de sus orejas, sus dedos se convirtieron en mis nuevos chupones. Mis manos masajeaban sus pechos y ella gemía de tanto placer que le estaba dando. Cuando regresé a su boca volví a besarla pero ahora ella lo interrumpió…

    —Te olvidaste de las más importantes o ¿acaso no recuerdas de lo mucho que te gustaban de bebé?

    Sus manos levantaban sus pechos a manera de ofrecimiento para mi. Claro que no me había olvidado de ellos, pero quería dejar lo mejor para el final. Mis labios se aferraron a su pezón izquierdo y ella posó su mano sobre mi cabeza. Yo me imaginaba que de sus pechos brotaba dulce leche materna, que volvía a alimentarme de su ser. Supongo que ella imaginaba lo mismo, entre sus gemidos que le sacaba su mano derecha sobre su sexo susurraba…

    —Vamos… bebé… mmmm… esperé… mucho… tiempo… para… que… lo… volvieras… a hacer…

    Conformé se acercaba al orgasmo su voz se fue haciendo más fuerte hasta que culminó con un.

    —¡Sigue, no pares. A mami le encanta que chupes su leche ahhh!

    Santo cielo, aun hoy me pregunto si escuchó algún vecino. Lo normal hubiera sido esperar unos momentos para que ella recuperara sus energías pero yo ya no aguantaba las ganas de atravesarle el coño. El cuerpo de mi madre aún estaba temblando por el anterior orgasmo, eso no me impidió abrir sus piernas y rozar mi verga contra su vulva. Parecía que le daban choques eléctricos cada vez que mi grande rosaba su clítoris. Se estremecía o alzaba su cintura con cada toque. Después de disfrutar de sus pequeños espasmo puse mi pene en la entrada de su vagina.

    —Ya no aguanto más mamá, necesito de ti.

    —No hay vuelta atrás bebé ¿seguro de tu decisión?

    —Tan seguro como de que quiero pasar toda la vida junto a ti, quiero ser tu hijo, tu esposo y el padre de tu hijo.

    —Ohhh amor, no sabes lo feliz que has hecho como madre desde que eras pequeño y ahora como mujer.

    —Te amo mami

    —Y yo a ti hijo

    Nuestras bocas y sexos se unieron al mismo tiempo sellando nuestra relación incestuosa. Mi calentura no me dejaba ir lento pero al parecer a mi madre no le importaba eso, de hecho lo disfrutaba. Su vagina estaba cálida y mojada, mi pene podía penetrar sin problemas en ella. En mi vida había escuchado a alguien gemir como ella, no sé si así era con los demás hombres o solo conmigo se desinhibe tanto. Sus tetas rebotaban con cada embestida que le daba a su cuerpo. De nuevo mi boca apresó uno de sus pezones pero ahora mordisqueaba un poco la punta.

    —aaahhh… ansías la leche de mami ¿no es cierto bebé?

    —Sí, quiero que me alimentes con ella.

    —mmm… pero primero me debes darme la tuya. Regálame ese bebé…

    Mis movimientos se volvieron más acelerados, sentía como mi semen recorría todo mi sexo para salir expulsado dentro de ella. Mi mamá me abrazó con sus piernas, supongo que para evitar que en el último momento me arrepintiera y eyaculara fuera de su coño o simplemente para disfrutar más. Los chorros de leche caliente inundaron su vagina en pocos segundos, jamás había gritado por una eyaculación y mucho menos recuerdo una tan abundante. Ahora era yo quien parecía sufrir de choques eléctricos pero eso no me importó, seguí penetrándola hasta con más fuerza durante la eyaculación. Estoy seguro que todas esas penetraciones tocaron el límite entre su vagina y su útero. Casi perdí la conciencia después de eso.

    No solo era la fatiga, era que por más seguro que estuviera de mi decisión acaba de romper la barrera moral que casi nadie se atreve si quiera a mirar y que parece la más sagrada de nuestra sociedad, incluso la moral social se espanta menos del asesinato que del incesto. Estúpido, ¿no lo creen?.

    Al regresar las fuerzas a mi cuerpo saqué mi verga del interior de mamá. Ya se notaba algo flácida y embarnizada en semen. Ella jadeaba aun, se tocaba el coño como asegurando que no era un sueño y que efectivamente, el semen de su propio hijo saturaba su interior. Con un dedo tomó lo que brotaba de su vagina y volteándome a ver…

    No hay que desperdiciar nada de esta rica leche.

    Si más se llevó el dedo a la boca y chupó de él. Nada podía superar ese momento (o al menos eso creí). Nos quedamos juntos el resto de la noche cosa que continúa así hasta ahora. Durante la noche repetimos varías veces el acto, prácticamente lo hicimos hasta que no salió una gota más de leche de mi pene pero más vale asegurarnos ¿no lo creen?

    Dos semanas después de nuestra primera follada (vacaciones, ella y yo solos ¿qué esperaban, qué solo cogiéramos una vez y solo para procrear?) ella llegó de la clínica de maternidad con los resultados. Nos sentamos en la silla del balcón, ella sobre mis piernas para estar más juntos aun. Procedió a abrir el sobre y sacar la hoja que venía en su interior. Al ver su contenido mi verga se erecto clavándose en sus raja. Era oficial, mi madre estaba embarazada.

    Espera las dos siguientes y últimas entregas «Mi madre está embarazada de mi».

  • Mi fiesta de despedida de soltera terminó en una orgía

    Mi fiesta de despedida de soltera terminó en una orgía

    Mi nombre es María, tengo 25 años y estaba a punto de casarme. Mis amigas y mi hermana menor de 19 años, me organizaron una fiesta de despedida de soltera en casa de una ellas.

    La fiesta transcurría normalmente, había música y mucho alcohol hasta que al llegar a la medianoche una de mis amigas me dijo que tenían una sorpresa para mí. Me hicieron sentar en una silla y me pusieron una venda en los ojos. Cambiaron la música y en un momento las chicas empezaron a gritar como locas. No entendía lo que estaba sucediendo hasta que alguien tomo mis manos y dejo que le tocara las nalgas, las sentí bastante duritas. Luego está misma persona se me sentó encima y agarró mis manos y me hizo pasarla por todo su cuerpo. No tenía nada puesto arriba y era muy musculoso, yo misma rasguñe sus abdominales al sentirlo que estaban bien marcados. Luego una de mis amigas me saco la venda y vi entonces como un hermoso hombre bailaba enfrente de mí.

    El hombre continuo bailando hasta que en un momento y de un rápido movimiento se sacó el pantalón y queda solamente en calzoncillos. Mis amigas y yo empezamos a gritar como locas y el hombre siguió bailando y a moverse alrededor mío.

    Luego él se volvió a sentar encima mío, me tomo las manos y me hizo pasarla por encima del calzoncillo. Mis amigas empezaron a gritar mucho más fuerte cuando vieron que metí mis manos dentro del calzoncillo.

    Él se volvió a levantar y esta vez para sacarse lo único que tenía puesto y quedarse en bolas en frente de todas. Mis amigas se volvieron locas al verlo completamente desnudo. El empezó a moverse y a bailar haciendo que su pene se moviera para todos lados.

    Él puso su pija cerca de mi cara y las chicas empezaron a gritar «que la chupe, que la chupe» y yo no pude resistir así que se la chupe. Mientras se la chupaba apareció otro hombre que empezó a bailar con mis amigas.

    Yo dejé de chupársela y no sé porque le hice un guiño con mi ojo. El llevó su pija a una amiga que era casada y esta se la chupo. El otro hombre también tenía la pija en la boca de otra amiga.

    Vi como mi hermanita se escondía detrás de unas amigas y la fui a buscar. Ella era muy tímida y no quería participar, pero igual yo la traje y la senté en la silla. Llame a los dos hombres y ellos empezaron a bailar desnudos alrededor de mi hermana. Las chicas y yo empezamos a gritar «que la chupe, que la chupe» y ella agarró una pija y empezó a chuparla. Mi hermanita no nos dejaba ver ya que se tapaba con las manos. Yo me agache junto con ella y empecé a chuparle la pija al otro hombre.

    Luego mis amigas se nos acercaron y algunas de ellas se agacharon con nosotras y otras empezaron a besarse con los hombres. Mi hermana y yo le dejamos el lugar a unas amigas y ellas empezaron a chupársela. Me sorprendió que mi hermana no se haya alejado sino que permaneció en el piso esperando a volver a meterse una de esas pijas en la boca.

    Una de mis amigas que estaba chupándole la pija a uno de los hombres se puso en posición de perrito, se bajó el jean y empezó a pedirle pija. El hombre le hizo caso y empezó a penetrarla.

    En ese momento empezó el descontrol, mis amigas empezaron a sacarse la ropa y a ser penetrada por estos hombres. Y yo no fui la excepción, también me saqué la ropa y espere mi turno para ser penetrada.

    Me subí encima de una de esas pijas y empecé a cabalgar como una loca. Mientras lo hacía busque con mis ojos a mi hermana y la encontré. Estaba besándose en el suelo junto con una amiga mía. Vi como mi amiga la desnudaba y primero le chupo las tetas luego le practicó sexo oral.

    La dueña de la casa agarro a uno de los hombres y junto con unas amigas se lo llevó a su habitación. Yo me quedé junto con tres amigas, mi hermana y uno de esos hombres.

    Fue entonces que nos juntamos y mientras una cabalgaba encima de su pija, otra ponía su concha en la boca del tipo y así fuimos pasando cada una.

    Como mi hermana es una chica petisa y delgada fue levantada por el hombre y él se la follo de parado. Luego nos juntó y nos puso una a lado de la otra, nos pidió que levantemos el culito y nos follo. Para terminar se la chupamos hasta que nos pidió que saquemos la lengua y algunas afortunadas pudimos probar su leche.

    Debido a que estábamos cansadas nos quedamos dormidas, yo dormí con el hombre abrazada a mí en el sofá. La demás chicas junto a mi hermana durmieron juntitas en el suelo.

    Yo me desperté cerca de la 7 de la mañana por culpa del hombre que durmió conmigo. Él me estaba penetrando y el otro hombre estaba parado frente a mí esperando su turno. Yo se la chupe mientras el otro seguía follándome. Las demás chicas seguían durmiendo.

    Le pedí al hombre al cual se la estaba chupando que se folle a mi hermana. Le indique cuál era y como ella estaba boca abajo se subió encima y se la follo. Mi hermana se despertó con gemidos y él le tapó la boca para que no despierte a las demás chicas.

    Así fue como nos despertamos de la orgia que habíamos hecho el día anterior. Toda esa mañana nos la pasamos follando con eso dos hombres y yo a los dos días me case en una hermosa ceremonia. Los hombres me pasaron sus números y de veces en cuando mi hermana los llama y pasamos un buen rato con ellos.

  • Los inmigrantes (III)

    Los inmigrantes (III)

    ‘Hay experiencias que duran sólo una vez y son buenas. Hay otras que duran varias veces y son muy buenas. Pero hay otras que duran toda la vida: esas son las imprescindibles’. Parodiando al poeta y autor Bertolt Brecht diría lo mismo. Buscando mi realización en mi vida bisexual encontré a la pareja que se acercaba a todo lo que había buscado durante gran parte de mi vida.

    Después de nuestro primer encuentro Catherine y yo continuamos enviándonos mensajes con un contenido cada vez más erótico. Me enviaba fotos suyas desnuda en posiciones sugestivas y en compañía de amigas con quienes claramente se veía que disfrutaba plenamente de su compañía. Charlábamos también acerca de cuáles posiciones sexuales nos gustaban más. Mientras tanto Manuel su esposo nos alentaba a continuar con nuestra relación.

    Un día ella me escribió sugiriéndome que le gustaría tener un arnés. Sin preguntarle por sus motivaciones inmediatamente le contesté entusiasmado que tenía uno guardado hacía mucho tiempo pues lo había comprado para dejarme penetrar por una chica pero que después nunca más se había vuelto a presentar tal oportunidad. Le dije que en nuestro siguiente encuentro se lo llevaría de regalo para que además lo usase conmigo.

    Pues bien, ese día decidí viajar cerca al pueblo donde ellos residían. Conseguimos un discreto hotel cuya habitación era muy pequeña para los tres, pero adecuada para nuestros propósitos. Nos desnudamos y procedí a sacar de mi mochila el arnés con el consolador que le había prometido a Catherine. Ella se quedó mirándolo con lascivia y no dudó en ajustárselo a sus caderas. Me quedé emocionado mirándola, pensando en cómo me sentiría cuando ella me penetrase. Manuel mientras tanto le tomaba fotos con su celular al mismo tiempo que pasaba su mano sobre su pene cada vez más erecto.

    Casi de inmediato Catherine me pidió que me pusiese en cuatro. Accedí obedientemente. Me sentía como un esclavo accediendo a las órdenes de mi ama. Ella lubricó con vaselina el consolador y de un solo empellón lo entró en mi culo. Sentí de inmediato un intenso dolor que fue desapareciendo a medida que Catherine metía y sacaba aquel pene de silicona. Aquella penetración me hizo estremecer y gemir de placer.

    Cambiamos de posición. Me coloqué entonces boca arriba con las piernas apoyadas sobre los hombros de Catherine. En esa posición ella me penetraba muy profundamente, tan profundamente que nos abrazamos y nos besamos como un par de amantes. Mientras tanto Manuel nos observaba y se masturbaba al mismo tiempo.

    Le pedí a Manuel que se acercara. “En un trío debemos participar los tres” le dije. Cogí la verga de Manuel y comencé a chupársela. Manuel hizo lo mismo mientras Catherine continuaba penetrándome. Sentía cada vez más que estaba llegando al orgasmo. Manuel ya no me chupaba sino que cogió mi pene y empezó a masturbarme cada vez con mayor intensidad hasta que casi gritando me dejé llevar por un éxtasis brutal eyaculando de lleno sobre el vientre de Catherine.

    Después de recuperarnos un rato le pedí a Catherine que se volteara para penetrarla analmente. Luego Manuel hizo lo mismo conmigo y nos quedamos los tres en un tren anal hasta que exhausto me derramé en el culo de Catherine y nos quedamos los tres acostados uno al lado del otro sudorosos y jadeantes-

    Había sido otra experiencia de algo que prometía ser cada vez más emocionante.

    Continuará.

  • Me vendí al jefe de mi novio

    Me vendí al jefe de mi novio

    Mi nombre es Antonella tengo 18 años y mi novio se llama José y tiene 23 años. Soy una joven delgada con el cabello rubio, senos pequeños y una linda cola.

    Sucedió que luego de cumplir 18 años empecé a buscar trabajo y no encontraba nada. Mi novio me comentó que en su trabajo andaban buscando una secretaria y él hizo todo lo posible para que me tomen una entrevista.

    Al día de la entrevista fui vestida con un pantalón negro y con una camisa blanca. Ser la novia de mi pareja me permitió tener una entrevista personal con su jefe y no con los de Recursos Humanos. Él tenía 40 años y no era una persona linda, tenía panza y algo de barba. Él resulto ser una persona muy simpática y creo que yo le caí bien porque a la semana me llamaron diciendo que debía presentarme a la semana siguiente en mi nuevo trabajo.

    El primer día fui vestida con una minifalda y una camisa, esa vestimenta terminó siendo la habitual de todos los días.

    Al llegar al trabajo me encontré con la sorpresa de que no iba ser una simple secretaria sino la secretaria personal del jefe de mi novio. Iba a trabajar sólo para él y a pasar mucho tiempo en su oficina privada.

    Desde el primer día él fue muy bueno conmigo, me enseño demasiadas cosas y si me equivocaba en algo no se enojaba, sino que me corregía y me ayudaba a mejorar. Le empecé a tomar mucho cariño y como era una persona grande a veces le decía papi y no señor. A veces me tomaba la libertad de sentarme en sus piernas cuando le tenía que mostrar algún documento o algo en la computadora.

    Un día yo estaba sentada en su pierna mostrándole algo en la computadora cuando el en un momento saco una pequeño estuche de su bolsillo.

    —Te quiero regalar algo —dijo él.

    —Qué cosa??

    Él me dio el estuche y nunca hubiera imaginado que al abrirlo me encontraría con un collar de oro compuesto de varias piedritas preciosas.

    —Señor no puedo recibir esto, es muy caro para mí.

    —Te lo mereces, estás trabajando mucho y muy bien.

    —Gracias pero no hacía falta que me compre una cosa como esta.

    —Déjame ponértelo. —El agarró el collar y me lo coloco en el cuello.— Te queda precioso.

    —Gracias señor, pero quiero pagárselo de algún modo.

    —No hace falta.

    —Dígame que puedo hacer para pagárselo??

    —Ahora que me lo preguntas, quiero que hagas algo por mí.

    —Qué cosa??

    —No quiero que te ofendas con lo que te voy a decir, no es mi intención.

    —Dígame.

    —Sos una mujer muy hermosa y tenés unos labios espectaculares. Me encantaría que me hagas una mamada con esos labios carnosos que tenés.

    Yo no quise armar un escándalo y en vez de decirle que no dije que sí.

    —Bueno, está bien, pero solo esta vez nomás.

    —Sí, sí, claro.

    Yo me bajé de encima de él y me metí debajo del escritorio. Él se puso muy ansioso y se bajó el cierre del pantalón muy rápido. Metí mi mano y saque su poronga de dentro de su pantalón. Fue entonces que empecé a chupársela por debajo de su escritorio.

    Su pija no era grande sino que era bastante gordita y a mí me gustaba.

    En un momento golpean a la puerta y mi jefe en vez de decirle que estaba ocupado dice «adelante». El dejo pasar a una persona mientras yo le estaba practicando sexo oral.

    —Disculpe señor, le traje estos documentos —dijo esta persona.

    —Déjelos sobre la mesa.

    El dejó los documentos en la mesa y se largó. Yo en ese tiempo me había detenido y cuando apenas se fue, volví a chupársela.

    Estuve chupándosela hasta que sin avisarme se vino dentro de mi boca y tuve que tragarme toda su lechita. El me ayudó a salir de debajo de su escritorio y me agradeció por lo que había hecho.

    Al día siguiente yo estaba mostrándole unos documentos cuando de repente me empezó a pedir que vuelva a practicarle sexo oral.

    —Yo le dije que sólo iba ser una sola vez. Tengo novio señor.

    —Si está bien, pero si te ofrezco dinero ¿lo harías?

    —No lo sé señor.

    Tomó su billetera, saco un billete de 50 dólares y los puso en la mesa. Con eso ni siquiera me movió. Saco otro billete que ahora era de 100 dólares y los puso encima del de 50. Ya ahí empecé a dudar. Volvió a sacar otro billete de 100 y los puso encima de los otros. Ni lo dude, agarre los 250 dólares y me los metí dentro de mi corpiño. Me coloque debajo de su escritorio y comencé a chupársela de nuevo. A partir de ese día me pagaba para que se la chupara.

    Un día tuvimos que quedamos hasta tarde para terminar un trabajo y cuando terminamos yo empecé a chupársela a cambio de dinero. Mientras estaba chupándosela tomo 500 dólares de su billetera y empezó a abanicarme con ellos.

    —Te interesan?? —me preguntó. Yo tome los 500 dólares y le pregunté que tenía que hacer.— Te tenés que poner en 4.

    Me coloque como el me había dicho, con mis codos apoyados sobre el escritorio y luego el me levanto la minifalda y me bajo la tanga. Metió su poronga dentro de mi concha y empezó a follarme. Luego por su excitación me abrió la camisa de manera brutal haciendo que los botones volaran para todos lados y agarro mis pechos con sus manos.

    Para terminar bajo mi cuerpo dejándome con la cara apoyada sobre el escritorio y se vino dentro mío.

    Esa fue la primera vez que me folló, después vinieron muchas más.

  • Atender así a clientes tan interesados, fue hermoso

    Atender así a clientes tan interesados, fue hermoso

    Temprano como cada día, la casa es un revuelo, algunos aún dormidos, otros que vuelven de sus ejercicios matinales y yo anticipada ya depilada, bañada y pronta, preparo el desayuno para todos.

    Mi marido Pedro que llega de correr sus 8 km diarios y de hacer sus ejercicios en nuestra sala de gimnasio, se detiene a comerse un gran tazón lleno de cereales y sus huevos revueltos.

    Virginia mi hija menor, que está en su último del secundario, se levanta dormida en pijama siempre, se toma un jugo de naranja y dos tostadas saluda a su padre, discute con él por alguna pavada y vuelve a su dormitorio para peinarse con la planchita, maquillarse y vestirse de uniforme para quedar pronta para que la lleve al cole.

    Alborotados, comiéndose todo a su paso y prendidos desde temprano a sus celulares mi hijo Iván de 22 años y Lucas mi sobrino de su misma edad, que se está quedando en casa hasta que mi hermana terminé la remodelación de la suya. Ellos están en el universitario, Iván estudia psicología y Lucas magisterio, pero en las noches trabajan en la atención de las mesas, en un espacio de comida gourmet de Claudio hermano de mi esposo.

    Ese viernes, que hoy les cuento, empezó como siempre los varones de la casa salieron directo luego del desayuno, Iván en su bicicleta eléctrica rumbo a la universidad y a Lucas se fue en el auto con Pedro para quede camino a la empresa lo deja en la parada del bus.

    Yo ordené un poco el comedor pero no mucho, porque recibí a Ángela que se encarga de la limpieza en casa, ella está cubriendo desde hace un mes a Irina que está de licencia maternal, le di las instrucciones y marché con Virginia para llevarla al cole y seguir a mi oficina inmobiliaria.

    Todo parecía normal en la oficina, yo atendiendo llamadas, respondiendo mails toda la mañana además recibí a una pareja que vino a firmar su alquiler, luego llegó Sabrina de mostrar una casa a un cliente y llegando el medio día recibo una llamada que me cambiaría mi día.

    Era Antonio, que con una vos gruesa y un tanto ruda, que desde el inicio me despertó curiosidad e imaginándomelo bien polentoso, me pidió coordinar para ver uno de los tophouse que tengo en alquiler con vista al mar y piscina, fijamos para las 14 horas en la puerta del edificio.

    Como es nuestra propiedad estrella, además que me dio curiosidad aquel hombre, decidí ir yo y pedí a Sabrina, mi vendedora, que en esta oportunidad me cubriera. Ella insistió que el cliente venia por un referido de ella y que le correspondía ir, quizás en un día normal si pero yo soy la dueña y sentencie que yo iría.

    Llamé a mi esposo y le cancele nuestro almuerzo juntos, estaba con ropa muy casual por lo que decidí ir por casa para cambiarme, ya que Antonio dijo que era él representante de una empresa internacional y quise ponerme a tono.

    Llegó a casa, ingreso por el subsuelo del garaje y cuando me aproximo a la sala ahí estaba Ángela gimiendo en 4 patas sobre el sofá con su uniforme recogido a su cintura y Lucas penetrándola con intensidad, con sus manos sujetándose sus grandes nalgas.

    Dude si interrumpir o no, y opte por dejarlos continuar, son jóvenes y la que no debía estar a esa hora en casa era yo, además prefiero que sea mi sobrino y no mi esposo quién se tire a la doméstica.

    Me quede observándolos, ellos estaban muy compenetrados, el golpeteo rítmico de cada embestida «paf… paf… paf» me empezó a excitar, además de ver como mi sobrino le estaba poniéndole todo dentro como una verdadera máquina.

    De repente se detuvieron y pensé que me habían visto, pero cambiaron de posición, Lucas se sentó en el sofá, ella de frente a él, le escupió su verga para luego meterla toda hasta las bolas en su culo, y empezó a cabalgarlo, desde mi lugar veía la espalda de Ángela y su cola con el tatuaje del conejito en su nalga derecha comiéndose todo el miembro de Lucas.

    Fue así que me encontré, tocándome viéndolos y me dio vergüenza, mire el reloj y subí a mi habitación. Mi bombacha estaba húmeda me la cambie y me puse en vestido de encaje corto y escotado para destacar mis 110 de pechos, regalo de mi esposo para mis 40 hace 3 años. Estar linda es importante y en la oficina lo sabemos, cuando el cliente es un hombre hay que estar sexy y sugerente, ya que suele ser sinónimo de una venta o contrato de alquiler, en eso Sabrina tiene el 95% de efectividad, incluso dice cuando no le sale un negocio es que seguro el hombre era gay.

    Tan rápido me vestí que no me puse soutien y descubrí al maquillarme que mis pezones se me marcaban en el vestido, terminé y baje, ellos continuaban en la sala, por dios!! con las piernas en sus hombros, Ángela seguía disfrutando de mi sobrino.

    Cuando arribo al edificio en la puerta dos hombres, altos bien formados y no más de 30 años, me anuncio y con su respuesta reconocí su vos. Por dios!!! No sé si había quedado excitada de más, pero lo primero que hice fue pensar cómo serían de grandes los penes de aquellos muchachos, ya que ambos se les marcaba notoriamente el bulto en su pantalones.

    Les muestro todo el apartamento, ellos trabajan para una empresa internacional de marketing y uno de los ejecutivos regionales, vendría a vivir dos años acá por lo que pensaban alquilar, les mostré las habitaciones todas amuebladas y parecían convencidos. Pero algo me descolocó, note que el muchacho de piel morena, que toda la recorrida me miro los pechos, tenía una semi erección, entonces le pregunté «tiene alguna duda? gustarían ver algo más?» y lo miro a los ojos para concentrarme en no mirarle la entre pierna.

    «Si, quien nos recomendó su inmobiliaria dijo que Ud., tiene una atención especial si el cliente concretaba en el momento» me avanzó y acarició su entrepierna.

    Sorprendida aunque ya con calor «Creo que hay una confusión, nosotros somos profesionales».

    «Puede ser que haya una confusión porque nos dijeron que la vendedora era peticita y juguetona, pero Ud. es alta y seria. Pero eso a mí me gusta más, y quiero ver lo profesional que es» tomó mi mano y la llevó a su paquete, desde ese momento no lo pude soltar estaba grande y se sentía ya un tan duro.

    El de la voz profunda, Antonio se me coloco detrás y al oído dijo «tranquila, solo vamos a pasarla bien, el negocio está hecho», eso me fue suficiente para pegar mi cola a su pelvis, y el moreno frente a mí comenzar a tocar mis pechos mis pezones erizados se marcaban en mi vestido.

    Antonio tras de mí se le sentía muy rico y con sus manos suavemente recogió mi vestido, haciéndole caricias a mis piernas, para dejarlo enrollado a mi cintura, se agachó y comenzó a besar mis nalgas divinamente mientras, el moreno comía mis pechos, los que solo liberó retirando los sujetadores.

    Me sentía una diosa con mis sirvientes aprovechándose de mí y yo dejándolos que conmigo y mi cuerpo hagan lo que quieran. Le pedí que retirara su remera, por dios!!! Era del sueño todo marcado, abdominales perfectos todo joven, magro, mientras Antonio seguía jugando con mi cola y comenzaba con sus dientes a quitar mi bombacha.

    Con mis manos recorrí sus abdominales y entre en su pantalón, me inclino para bajarlos y descubrir cómo ese slip soportaba como toda esa carne que latía por salir, Antonio aprovechó mi inclinación para comenzar a sobar mi vagina al tiempo que abría mis nalgas con sus besos.

    Le tome su miembro y comencé a jalárselo, mientras él se movía para dejar que su pantalón y slip terminarán de caer al suelo y quedar completamente desnudo ante mí. A esa altura ya la lengua de Antonio comenzaba a alimentarse de mis fluidos, me estaba comenzando a mojar.

    La carne la quería en mi boca y terminé de agacharme frente a él y sin parar de jalárselo, con mi lengua comencé a lubricar y lamer la cabeza de su hermoso pene negro de cabeza rosada. Al lado Antonio, ya estaba parado y desvestido, puso su miembro con una erección muy alta y dura, para que también lo atendiera. Estaba a dos vergas y alucinada tener a esos chicos excitados por mi dejándome sus más preciados tesoros para que los disfrute con mi boca.

    No podía soltarle aquel pene, estaba mojada como hacía tiempo, si bien mi esposo me da buen sexo, la excitación y la vibra que tenía era única. Antonio siempre muy gentil hasta en ese momento me llevó hasta el sofá de la sala; él se sentó abrió sus piernas y me pidió que continuará chupándole. Inclinada en casi cuatro patas el moreno se rodillo tras de mi coloco su protección y se dispuso a penetrarme.

    Me la puso sin más y tomando de mis nalgas me embestía con profundidad y fuerza, Antonio sostenía mi cabeza y gozaba de mi atención y decía «eres una profesional estás haciendo un muy buen trabajo continúa chupándola, vamos»

    El moreno se venía y más fuerte me daba y sentía que iba a estallar solté de mi boca el pene de Antonio y mirándolo a los ojos apoyada con mis antebrazos en sus piernas le di todo mi cuerpo a aquel moreno y su verga, en esa posición de perrita empecé a sentir ganas de que me penetrara por el culo. Pero no hubo más tiempo aquella máquina de sexo estaba pronta para liberar su producción me cacheteo las nalgas y dijo «te gusta la leche ven date vuelta» salió de mí se paró quitando su protección y en ese instante llegue en parte con mi boca y mi mejilla a recibir su semen, con su mano exprimió su pene hasta dejar su última en mi boca sobre lengua y tragármele toda su producción.

    Yo seguía con ganas, Antonio que se había mantenido masturbándose la erección dijo: «es mi turno, ven súbete» pidiendo que le montará.

    «mejor apronta eso que me voy a sentar en tu rabo» y le di los preservativos que dejó sueltos el moreno, cuando estuvo pronto de espalda fui sentándome y llenando mi vagina con su verga y me lo cogí todo mientras él me sostenía del pelo, era delicioso estaba fuera de mi dándole todos mis fluidos y llenándome de orgasmos, pero el celular no paraba de sonar.

    El moreno que con su mano se jalaba para volver a su plena erección no revistió más el ruido del celular, lo tomo y dijo: «dice Vir hija» y ahí recordé que debía llevarla al profe de guitarra a las 15. Deteniéndome dije «debo atenderla».

    Antonio me contuvo diciéndome «esto es una reunión de trabajo, no creo que puedas» y continuo penetrando sin dejar que me saliera de él.

    «Si es tan importante toma habla» y el moreno me enciende el celular y lo pone en mi cara

    «hola amor estoy ocupada que pasa?» contesté tratando de contener mi agitación y con mi vagina llena de Antonio que me subía y bajaba en su verga

    «Disculpa no puedo llevarte» y se me escapan exclamaciones

    «No, no pasa nada, estoy agitada bajando las escaleras» casi sin aire «beso» corte.

    Al cortar Antonio me saca su pene y cambia para mí cola la que venía dilatando con su dedo y me siento desgarrar de dolor pero placer, ya tan lubricado de fluidos su pene que mi culo solo gozo y yo gritaba de placer el manejaba mi cuerpo y yo sólo disfrutaba.

    Llega el moreno con su pijon pronto y pone sus dedos en mi vagina, yo seguía de espaldas sobre Antonio que me recuesta sobre él y deja que el moreno se acomodé, y lentamente me comienza a introducir su miembro ya erecto. Yo nunca había vivido y sentido algo así estaba totalmente llena con dos jóvenes sobre mi, tenía una verga negra en mi vagina y otra en mi cola, no pudimos seguir así por mucho, era muy incómodo me sentía asfixiada.

    El moreno se tuvo que reincorporar, cuando Antonio se alzó y como fuera de si, me levantó del sillón, el también, me inclino levemente sin más de parado continuo dándome por la cola con todo su fuerza, yo era una muñeca de trapo encallada, se puso rudo y sin piedad se apoderó de mí, para estallar saco y quitó la protección para llenar mi espalda con toda su producción láctea.

    Mis piernas temblaban, ya no podía más, estaba con la cola hecha una flor y el moreno me tiró en el sofá levantó mi pierna y me puso el suyo pero sin protección en mi cola, me sometió a su antojo y cuando lo entendió suficiente me estalló dentro para dejarme hecha un trapo toda sucia y babeando leche por mi cola.

    Los chicos se empezaron a vestir y yo tirada satisfecha, dolorida me quedé recostada en el sillón. «Nosotros estamos prontos, nuestro escribano se comunicará con tu oficina, fuiste muy profesional, tu limpias verdad?».

    Casi sin aliento conteste «Si, gracias a sido más que un placer, chicos».

    «Tranquila no agradezcas, que las putas no lo hacen, hora báñate y nos vemos la próxima vez que necesitemos algún inmueble» dijo con su vos ruda Antonio.

    Y así se fueron, me quedé 20 minutos descansando y alucinando con lo vivido, pensando que solo supe el nombre de uno de ellos, y atando cabos entendí qué tipo de atención especial que aplica Sabrina.

    Llegue a casa, me esperaba Ángela pronta para irse, la miré y pregunte «Como estuvo el día?».

    Muy sonriente contestó «todo bien, pero no puede limpiar el horno, es que se me fue el tiempo los vidrios estaban muy sucios y costo limpiarlos».

    Le respondí asintiendo «Ok, si veo que los ventanales están muy limpios y la sala muy ordenada, cambiaste los cubre sillones?».

    Tranquilamente me respondió «Si, me pareció que era mejor lavarlos y poner estos rojos que siempre le gustaron».

    «Está bien, que tengas lindo fin de semana y disfrutes con tu esposo y las mellis» me despedí.

    «Gracias señora, si hoy es su cumple, me voy que tengo que pasar a buscar un regalito para él» tomando su cartera se abrió la puerta para salir.

    «Que le guste el regalo y suerte».

    Se fue, cerré la puerta y directo a ducharme y acostarme un rato, rato que se convirtió en tres horas, y se interrumpió cuando Pedro llegó como cada viernes tarde de trabajar cerca de las 19.30.

    «Vamos mujer, que haces ahí durmiendo? Dale conseguí las entradas para el teatro»

    «Si perdón me quedé dormida, es que hoy tuve mucho trabajo» y le bese.