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  • Isidro: La piscina de mi tía en el pueblo

    Isidro: La piscina de mi tía en el pueblo

    Por fin llegó el verano y con él las vacaciones en la universidad.

    En mi ciudad como no tenemos playa, nos morimos de calor cada año en estas fechas, así que aprovechamos para ‘asaltar’ las piscinas de los amigos y familiares que las tienen.

    Yo tenía la suerte de que mi tía (la hermana pequeña de mi madre) tenía piscina en el chalet del pueblo, y siempre nos invitaba para matar el calor en estos días.

    El martes fui con mi madre al pueblo de mi tía a comer con ella. Como era entre semana, mi padre tenía trabajo y no pudo acompañarnos y en el pueblo estaba mi tía, mi tío y mi prima.

    Como era lógico, mi prima y yo estábamos en la piscina disfrutando mientras hacían la comida mi madre y mi tía, y mi tío se arreglaba para irse a trabajar en cuanto saliese de comer.

    Me salí un rato de la piscina y fui a por un refresco, al pasar por la cocina mi madre estaba cuchicheando los cotilleos de siempre con mi tía. Al hacerme hueco entre ellas para coger un vaso, mi tía me cogió el culo y grito ¡ay mi sobrino guapo! ¡Mira que machote está ya hecho! ¡Con lo enanín que era y la guerra que daba! mi madre se rio y añadió «crecido por fuera, por dentro sigue como si tuviera 8 años», y se rieron las dos.

    Comimos todos juntos, luego mi tío se marchó y nos dejó a los 4. Al acabar nos fuimos a la piscina, y mi madre y mi tía a ponerse el bikini. Estaba en el agua y vi salir a mi tía, estaba rompedora con ese bikini, tenía unos pechos enormes, una talla 95 seguramente, con lo que al andar podía ver como vibraban los pechos, y el trasero lo tenía redondito, haciendo una curva perfecta en el bañador, estaba estupenda con sus 37 años.

    Estuvimos un buen rato tumbados en el césped con las toallas jugando a las cartas mientras la comida nos bajaba. Estábamos jugando al mentiroso y tenía a mi tía justo a mi derecha, con lo cual le intentaba a veces mirar las cartas y cuando se daba cuenta me gritaba «tramposo» y se las acercaba al pecho para que no se las viera. En una de esas se me fueron los ojos y me quedé embobado mirando sus pechos, mi tía se dio cuenta y le salió una sonrisa picarona y me soltó «deja de mirar que no las vas a conseguir ver» (evidentemente iba con doble sentido la frase), mi madre me gritó que dejase de hacer trampas y mi prima aprovechó el despiste para colarnos unas cuantas cartas jajaja.

    Cuando nos bajó la comida nos fuimos al agua y empecé a fastidiar un poco a mi prima ahogándola, luego cuando se metió mi madre y mi tía nos pusimos a jugar a los caballitos, ¡hijos contra madres! así que yo hice del corcel de mi prima y mi tía del de mi madre. En una de esas que me acerco para derribarlas, mi tía me ataca haciéndome cosquillas mientras mi madre trata de tirar a mi prima, así que le contraataco con cosquillas también y mi tía acaba dándose la vuelta, y casi tira a mi madre, pero ahí aguantaba como podía girándose para tirar a mi prima mientras yo le hacía cosquillas a mi tía. Como se había dado la vuelta mi prima lo tenía más fácil y agarraba a mi madre por la espalda para tirarla, yo mientras agarré por la espalda a mi tía para que no se moviera y pudiera tirar a mi madre. Mi tía no paraba de moverse para soltarse y me golpeaba con su culo en mis partes, lo que con tanta tontería y tanto roce empecé a empalmarme. Se me puso dura del todo y mi tía en una de esas enculadas lo notó y dio un pequeño brinco hacia delante, yo me sonrojé y me eché para atrás soltándola, lo que aprovechó para girarse y mi madre para colocarse bien y agarrar a mi prima. Al tener a mi tía enfrente, me miró con picardía y me puso las manos en la cintura para luego tirar hacia abajo del bañador, yo me agaché y giré, y al hacerlo como mi tía seguía intentando quitarme el bañador, acabó sin querer dando con la palma de su mano en toda mi polla empalmada, que agarró por la inercia por un segundo y ahí fui cuando me caí con mi prima y ellas gritaron eufóricas de su victoria. Yo me quedé rojo y mudo unos segundos mientras mi prima reclamaba que hicieron trampa y que no valía, pero ellas ni caso.

    Jugamos un rato más y nos secamos, a la noche llegó mi tío y mi padre, cenamos todos juntos y nos fuimos.

    Al día siguiente volví al pueblo, pero mi madre no pudo acompañarme porque tenía cosas que hacer y ya se acercaría en la noche para cenar y recogerme. Tras comer con mis tíos, mi tío se fue a trabajar y mi prima se arregló y se marchó que había hecho planes con sus amigas y no volvería hasta después de cenar y ver una película. Así que me quedé sólo con mi tía.

    Hoy no fui directo a la piscina, sino que me quedé un rato tumbado en el césped, y cuál fue mi sorpresa cuando vi salir a mi tía con un bikini muy ajustado y el sujetador era bastante pequeño, casi tapaba sus pezones dejando a la vista todo lo demás. Se tumbó a mi lado y dijo que quería tomar un rato el sol, me sacó el bote y me pidió que le untase crema por detrás. Me levanté y empecé a echarle crema, en eso me pidió que le desatase la parte de arriba para que no le quedase marca, cuando acabé con la espalda le pregunté si quería algo más y me dijo que no me olvidase las piernas, así que tímidamente acepté y le unté poco a poco hasta llegar casi a su trasero. Yo estaba ya casi para meterme en la piscina de lo caliente que me había puesto, y de repente me di cuenta que estaba súper empalmado, así que me tumbé de inmediato boca abajo en la toalla.

    Mi tía me dijo que me echase crema yo también o me iba a quemar, como era obvio no me podía levantar y que se me viera empalmado con estos bañadores que son unos putos chivatos y que pareciera que tenía una tienda de campaña ahí en medio, así que me negué varias veces diciendo que no me hacía falta. En esto mi tía se levantó y me dijo, «te la hecho yo entonces, que si te quemas luego tu madre me va a echar la bronca», y se puso encima de mí, sentada en mis piernas a echarme crema en la espalda. Sus manos eran suaves y pequeñas y notaba como me recorrían toda la espalda, para luego acabar en mi cuello. Luego se levantó y empezó a echarme crema en las piernas «no hace falta tía, tengo pelos», «de eso nada» me soltó, «no tienes tantos como para que te protejan bien». Y empezó por los tobillos a extender la crema. Iba poco a poco dando masajes en círculos con una ligera presión para extenderlos bien, y cuando pasó de los gemelos y llegó a mis muslos me acordé que mi tía estaba en topless al ver a mi derecha su sujetador tirado en la toalla, en ese momento me recorrió un cosquilleo por todo el cuerpo y mi tía comenzó a meter un poco sus manos por mi bañador para untar la bien la crema en los muslos. Yo estaba que iba a reventar. Mi tía paró y dijo «ya está». Se volvió a tumbar y se abrochó de nuevo el sujetador, para sentarse y untarse crema por delante.

    Me preguntó si queríamos jugar al mentiroso y dije que sí, en eso se echaba crema y cuando me preguntó qué tal iba con las chicas de mi uni, levanté la mirada y vi cómo se estaba metiendo las manos en el sujetador para untarse bien en todo el pecho, me vio de lleno y me puse rojo como un tomate, agaché la cabeza lo más rápido que pude y le dije que bien, pero que no había ninguna así interesante al que echarle el diente.

    ¿Ninguna? al menos tendrás una amiguita «para jugar», me soltó.

    Yo estaba entre empalmado por el «masaje» y rojo por la inusual conversación.

    Nos pusimos a jugar un poco a las cartas y luego nos tiramos a la piscina. Mi tía me lanzó una pelota y tiró un aro de esos que flotan al agua. «A ver quién la mete más» gritó. No sé por qué, pero cada cosa que decía mi tía le encontraba hoy un doble sentido fuera de lo habitual.

    El juego era sencillo, el que tenía la pelota la lanzaba y trataba de meterla de un tiro en el aro. Entre lanzamiento y lanzamiento cuando fallaba mi tía se burlaba «que malo eres», «no la sabes meter», pero mi tía estaba perdiendo, así que empezó una táctica más agresiva y comenzó a darme pequeños empujones por la espalda cuando lanzaba. El problema es que los empujones me los hacía con su cuerpo y por tanto en cada empujón sentía sus pechos en mi espalda, y volví a empezar a empalmarme, lo que me hizo empezar a perder la concentración y mi tía a ganar…

    Copié la técnica a mi tía y empecé a hacerla yo también cosquillas por la espalda, a lo que respondía dándome golpes con su trasero, lo que hizo que me empalmase más aún. «Eso no vale, la idea fue mía copión» me gritaba mientras trataba de tirar.

    En uno de mis turnos hizo el amago de querer bajarme el bañador, lo que me hizo saltar de golpe y fallar el tiro, ahí ya me dispuse a vengarme, y en su turno tiré del cordel de su sujetador, lo que provocó que se soltase y sus pechos se soltasen a ambos lados. Como estaba de espaldas no pude ver nada, así que enseguida se tapó con los brazos y se giró «malo, tramposo», «no sabes ganar a una mujer sin hacer trampas» a lo que rojo y excitado le solté, «es que juegas sucio y haces trampas todo el rato».

    «¿Que yo juego sucio?» me dijo mirándome fijamente mientras sus manos tapaban sus enormes pechos. Se puso a caminar hacia mí, y cuando estaba a unos centímetros (estaba paralizado por los nervios) me soltó: «Esto es jugar sucio», y agarrándome rápidamente me bajó el bañador hasta las rodillas. El agua de la piscina era muy trasparente y mi tía pudo ver como estaba totalmente empalmado. «Vaya, que mayor está ya mi sobrinito», «entonces lo que toqué ayer no fue tu brazo» me dijo sonriendo. Yo estaba con los ojos abiertos de par en par, paralizado, no sabía que hacer, y para colmo mi tía ya no se cubría los pechos. Me logré recuperar un segundo y me giré, dándole completamente la espalda muerto de vergüenza. «Pobrecito ¿estás bien?, cuéntale a tu tía que te ha pasado», y al terminar de decir eso noté como sus pechos se apoyaban en mi espalda y su barbilla se clavaba en mis hombros. Se acercó a mi oído y me susurró «no tienes de que avergonzarte, es algo natural», y mientras me susurraba esas palabras noté como me rodeaba por la cintura y una de sus manos bajó justo a agarrar mi miembro totalmente empalmado.

    «Uy», «que duro está sobrinito». Me dijo apretando con su mano mi polla. Yo estaba que no me salían las palabras de la boca, apenas tartamudeaba aire. «¿Decías algo?» me preguntaba la cabrona mientras comenzaba a pajearme lentamente. «No… Yo… es que…» se me trababa cualquier cosa que trataba de decir. «¿mmm? no te entiendo si no hablas más claro» y justo al decírmelo al oído noté como me clavaba lentamente sus dientes en el lóbulo de la oreja para acabar cerrando los labios en una especie de beso. «Esto te va a encantar».

    Comenzó a morderme por el cuello, mientras la mano libre me acariciaba por el pecho y ella se pegaba más para que notase sus cálidos pechos en mi espalda.

    – «¿Te gusta mi pequeñín?» me susurró al oído.

    – «Me encanta» logré decir con la voz casi cortada por los nervios.

    Su respiración se aceleraba, sus bocanadas de aire extasiaban mis oídos, y mi cuerpo se iba arqueando hacia adelante a medida que llegaba al clímax.

    Ella paró, se separó un poco y me dio la vuelta, «cuidado no me vayas a manchar la piscina» me dijo con una sonrisa, «vamos a evitarlo probando lo fuerte que estás». En eso se volvió a pegar a mí, puso sus brazos sobre sus hombros y me escaló mientras movía su cadera para que la penetrase al vuelo.

    No podía creerlo, estábamos metidos en la piscina, mi tía encima de mía y yo sujetándola en alto con ayuda del agua que me aliviaba de una parte importante de su peso, mientras mis manos la agarraban por sus muslos dejando nuestros cuerpos pegados frente a frente.

    Empezó a besarme con pasión y a mover sus caderas de arriba a abajo durante la penetración. La velocidad se hizo más intensa y dejó de besarme para lanzar bocanadas de gemidos mirando al cielo. Yo estaba luchando conmigo mismo para no correrme muerto de la excitación de la situación, de su cuerpo, de sus gemidos…

    Sus pechos botaban de la fuerza con la que ella misma subía y bajaba con la ayuda de mis brazos, hasta que la escuché gritar por fin, y exploté dentro de ella, matándome del susto y pidiéndola perdón.

    «No pasa nada sobrino, tomo pastillas para no darte más primitas», me dijo con sonrisa pícara. Me dio un pequeño beso en los labios y me hizo bajarla para ir al baño a «vaciarse».

    Yo me quedé unos minutos en la piscina, estaba embobado, aún no creía lo que había pasado. Salió mi tía y me vio «¿Qué haces aún ahí? entra a limpiarte, no te vayan a pillar y ya no podamos jugar más…».

  • Me invitan a coger

    Me invitan a coger

    Ya tenía tiempo de no relatarles alguna de mis cachondas anécdotas, pues bien, aquí les dejo una más de mis tantas experiencias esperando sea de su agrado.

    Esto que les voy a contar sucedió en una fiesta infantil a la cual me invitó una amiga.

    Fue un sábado en un salón con un lindo jardín especial para fiestas infantiles.

    Sinceramente no tenía pensado pasar mucho tiempo ahí, ya que al ser una fiesta infantil pensé estaría algo aburrida al menos para mí.

    Para la ocasión elegí ir vestida de bra de media copa y tanga en color morado, blusa negra escotada, leggings y zapatillas.

    Al llegar al salón me recibió mi amiga y su marido, los salude y pregunte por su hijo para darle su regalo, la fiesta transcurría de lo más tranquila al menos para mí ya que los niños y sus padres se divertían con los juegos e inflables que había ahí, yo me encontraba platicando con algunas amigas y notaba que un chico de aproximadamente unos 25 años me observaba y en varias ocasiones lo caché mirándome las nalgas y el triángulo que mi panocha formaba en mis leggings, su mirada cargada de lujuria y morbo me empezó a poner cachonda.

    Al poco rato el esposo de mi amiga se me acercó y me dijo que quería presentarme a un amigo le dije que sí y oh sorpresa era el chico el cual me había estado observando, comenzamos a platicar, me preguntó si tenía algún hijo o hija pequeña en la fiesta le dije que no que me había invitado la esposa de su amigo ya que éramos muy buenas amigas y nos conocíamos prácticamente de toda la vida, él me dijo que estaba ahí por qué traía a su sobrinito a la fiesta ya que sus papás iban a llegar más tarde y continuamos charlando muy amenamente.

    El cada que podía no dejaba de verme ahora las tetas por el escote de mi blusa así como las nalga, mis piernas y obvio la panocha, yo me ponía más cachonda con esas deliciosas miradas, la plática transcurría de lo más normal y de pronto me preguntó si era soltera, casada o? A lo que le contesté que casada y note que esbozó una sonrisa, él me dijo que era soltero, que tenía novia y así poco a poco y con más confianza la plática se fue tornando más íntima, le comenté que me gustaba ser muy clara y directa al decir las cosas directas y sin rodeos y no se en que momento llegamos al tema del sexo, llegaron los papás de su sobrino y me dijo que por que no nos íbamos a otro lugar, me le quede viendo y le dije ok vámonos.

    Salimos de la fiesta y le dije “a dónde iremos?” Ahora él se me quedó viendo y me dijo “mira las cosas como son y cómo me dijiste que te gusta ser clara y directa te voy a decir que desde que te vi me gustaste y la verdad estás bien buena y quiero ver si se puede dar otra cosa?”.

    Lo miré de frente y pregunte “qué otra cosa?”. Me tomo de las manos así de frente y sin dejar de verme a los ojos, me dijo “te quiero coger que dices?”. Yo la verdad es que ya estaba más cachonda y con ganas de que me comenzará a manosear muy rico, así que de igual manera viéndolo a los ojos me acerque más a él y le dije al oído “te tardaste mucho en pedírmelo”, por respuesta me beso y comenzó a manosearme por todo el cuerpo, mientras nos besábamos sentía sus manos recorrerme toda y eso me calentó a más no poder.

    Seguimos ahí parados cachondeándonos súper rico y me dijo si nos vamos a mi departamento, rápido le dije que sí y nos subimos a su carro.

    Durante el trayecto me fue acariciando las piernas, la panocha por encima de mis leggings y tocaba muy rico mis tetas, yo le acariciaba la verga sobre el pantalón y nos besábamos cuándo podíamos.

    Al llegar a su departamento entramos cerramos la puerta y nos volvimos a besar como locos, está vez ya la hacíamos de una forma más lujuriosa y al mismo tiempo nos quitamos uno al otro la ropa.

    Una vez desnudos me acomodo en un sillón y me comenzó a chupar la panocha, lo hacía realmente muy rico y entre gritos de “no paresss, no paresss papiii, asiiii, asiii, mmmm, que ricooo” y gemidos me hizo tener un delicioso orgasmo, y no apartó su boca y su lengua de mi panocha hasta que termine, nos besamos muy rico y ahora era mi turno de devolverle el placer de hacerme venir con una rica mamada de verga.

    Así que me acomode para comenzar a chuparle la verga empecé por pasarle la lengua por toda la cabecita de su deliciosa verga y mientras lo hacía le acariciaba los huevos, después pasé toda mi lengua por su verga y al llegar a sus huevos los lamí y me metí a la boca cada uno para después volver a lamerlos y volver a pasar la lengua por su verga, me acariciaba la cabeza y jugaba con mi cabello y mis tetas mientras gemía y decía “ahhhh que rico la mamasss, que bien se siente tu boca en mi verga, mmmmm, que ricooo” y al llegar otra vez a la punta de su verga volví a pasar la lengua y entonces comencé a chupársela por completo.

    Sentía como se retorcía del placer cada que le chupaba toda la verga, seguía chupando y chupando su verga, el no dejaba de acariciarme la cabeza y las tetas y de pronto me metí toda la verga en la boca, le acaricie los huevos y sentí como su verga se hinchaba y el comenzó a bufar, se puso tenso y explotó dentro de mi boca, trague toda esa rica y caliente leche hasta que dejó de salir, limpie su verga y me acomode junto a él.

    Me beso y me dijo “que rico me lo chupaste” y comenzó a pasar sus dedos por mi panocha, que ya estaba que ardía por tener su verga dentro, se acomodó para que me subiera sobre él y colocando su verga en la entrada de mi panocha me deje caer sobre ella, lance un fuerte gemido y un “aaaah que ricooo, que ricooo y el solo gimió mmmm, todaaa tuya PUTAAA”.

    Comencé a subir y bajar en esa deliciosa verga que me estaba dando mucho placer, y el chupaba mis tetas muy rico, abría mis nalgas con ambas manos y yo brincaba sobre su verga una y otra vez ensartándome muy rico.

    Me daba deliciosas nalgadas y metía sus dedos en mi culito, y empujaba su verga hasta el fondo de mi panocha, me estaba haciendo disfrutar al máximo esa rica cogida.

    Al momento de sentir que me venía, me clave toda su verga y me quedé quieta gimiendo y gritando “aaaah, papiii, que ricooo, me vengooo” y el “siiii putaaa, vente dame tus jugos bañarme la verga y huevos con ellos, uffff que ricooo, me aprietas la verga putaaa”, sentí desfallecer y quedé montada sobre el y con su verga dentro de mi, fue delicioso.

    Una vez repuesta volví a subir y bajar sobre su verga ahora lo hacía lento y con calma y el chupaba mis tetas, mordisqueaba mis pezones y las apretaba muy rico, sus dedos seguían entrando y saliendo de mi culito, en uno de los sentones que me di me tomo de la cintura y ya no dejo que subiera, hundió su verga hasta el fondo y lanzando gruñidos y gemidos me grito que se venía, contrajeron mi panocha para darle mordiscos con ella a su verga y grito “aaaah, muerde tu perrito putaaa, que rico perrito tienes putaaa”, se vino dentro de mi panocha y me quedé sobre el hasta que su verga salió solita de mi mojadísima panocha.

    Fue una deliciosa sesión de sexo quedamos de volver a repetir tan grata experiencia.

    Bueno espero le haya gustado y ya les contaré en otra ocasión la vez que volvimos a coger.

    Le mando un beso y gracias por leer mis anécdotas.

  • Domando a la yegua de mi hijastra

    Domando a la yegua de mi hijastra

    Eran las 4 pm, ya sabía que el vuelo había arribado por lo que pronto volvería a ver a mi hijastra, la Monita, como llamaba de cariño, quien venía a terminar su último año de secundaria. Hacia algunos meses no la veía porque se encontraba con su familia materna mientras nos organizábamos con la mamá, pero había llegado el momento oportuno de vivir todos juntos. Sin embargo dudé ese mismo día al verla, pues la Monita ya con 19 años, estaba hecha toda una mujer muy alta ella 1.76 cm., de pelo largo de color castaño claro rizado, también observé así por encima que contaba con un muy bonito cuerpo y su cara bonita que siempre había tenido, pero mi duda era porque sería difícil de pronto cuidar a una chica tan bonita, pues tenía pinta de reina modestia aparte!

    Pasaron los días y la verdad yo no pasaba mucho en casa por estar trabajando por lo que mi señora se encargaba de todo de la casa y hasta el momento mi relación con mi hijastra no era cercana pero cordial pero un día fueron unos amigos a casa para jugar un poco de póker y conocieron a la Monita por unos segundos que paso a llevarnos unas cervezas a la sala pero esos segundos basto para que mis amigos me hicieran el comentario; “Tremendo percherón” refiriéndose al tamaño de la Monita pero también comentaron; “Mucha hembrononon” “Va tocar regalarle la silla y los estribos” lo cual causo gracia a todos comenzando reír.

    Lo cual realmente me molestó un poco, pero no le presté mucha atención y seguimos jugando como si nada, para la noche ya cuando mis amigos se habían ido mi señora me pidió el favor de subirle la comida a la Monita al cuarto lo cual hice inocentemente y al entrar a su cuarto ella estaba en piyama corta sentada encima de la cama con las piernas recogidas las cuales fue inevitable detallar pues veían unos muslos grandes carnosos como dos jamones que provocaba echarle muela, pero pude controlarme de tal forma que no me viera morboseando sus muslos la Monita.

    Salí entonces del cuarto, pero ya con mi cabeza trastornada no solo con lo que había visto sino con los comentarios de mis amigos y reconocí que tenía razón diciéndome mentalmente; “Que patotas de yegua”. Pero comenzaron mis problemas, esa noche no dormí, ya sentía la necesidad de verla por lo que al día siguiente llegue más temprano valiendo la pena porque la vi llegar del colegio con su uniforme de camisa, chaqueta y medias blancas acompañada de una falda azul oscura que dejaba ver ya sus encantadoras piernotas y que no había disfrutado hasta entonces.

    Pero lo mejor estaba por venir pues verla sentada en el comedor fue nuevamente antojarme de sus muslos enormes mientras mi señora nos servía la comida, luego se me hizo agua la boca cuando la veo recostada en el mesón de la cocina mientras conversaba con su mama pues esa pose me calentó por ver esa cola paradita ahí apenas para levantarle la falda para un gozo, pero por respeto a mi señora di media vuelta y un duchazo de agua fría me quito la calentura por un rato porque en la noche daba vueltas fantaseando con la Monita.

    Y cada día que pasaba era más las ganas, ganas que solo alimentaba mirándola morbosamente pues ya no me provocaba estar con mi señora, hasta el punto de que un día me levanté después de media noche cuando mi señora estaba completamente dormida al cuarto de la Monita el cual entre sigilosamente y con mucho morbo le fui quitando las cobijas que la cubrían para con mi linterna alumbrar y deleitarme con su piernas un rato pero eso hizo que por primera vez me fuera al baño no a ducharme sino a masturbarme a nombre de la Monita lo cual me hizo bien por esa noche.

    Así lo repetí un par de ocasiones más mis acciones como también mis pajas, lo que era evidente que no calmaba mi deseo por la Monita, al contrario cada día era más soñando ya con penetrarla siendo solo cuestión de oportunidad para que como felino asechara la su presa, y esa oportunidad se dio, mi señora había salido y yo había quedado solo en casa preparando las riendas para domar mi yegua, entonces escuche la puerta la Monita yo estaba esperándola en el comedor sentado esperándola en pantaloneta ella me saludo y siguió a la cocina para prepararse algo de comer mientras tanto prendí el equipo coloque la canción; “La Gasolina” a un alto nivel me dirigí entonces a la cocina con un par de esposas espere que se acercara al mesón y desprevenidamente me le abalance sobre la Monita para esposarla al mesón y a pesar que forcejeo en segundos logre que quedara con los brazos esposados hacia el mesón boca abajo dándome la pose que tanto deseaba doblada y con la cola parada lista para ser clavada, la Monita por su parte se alteró comenzó a gritar pero la música obviamente no servía de nada por el contrario me excitaba más por el hecho de domarla, para ese momento su falda azul me separaba de ver por completo sus piernas, sus mulos y sus caderas pero igual me doy gusto manoseándola deteniéndome en sus muslos para agárraselos con intensidad y deseo mordiéndolos saboreándolos solo provocándome más.

    La Monita comenzó a pedirme; “Andrés por favor, no lo hagas. Suéltame!”. Pero yo poseído por el deseo y la lujuria que me despertaba verla allí amarrada como potra den el establo apunta de ser montada y no haciendo caso a sus suplicas me quite la pantaloneta ya mi verga estaba lista firme como vara de hierro, le quite sus pantis mas no la falda solo se la levante y se lo mande su primer envionazo accediendo a la Monita con todo mi vigor sacándole un grito a la Monita tal vez igual de profundo como mi verga entro en ella; ”Andrés nooo auch!!!”. Y empecé a enérgico a pujar, y pujar mi verga dentro de ella mientras la Monita decía: “Para Andrés, basta! Bastaa…!” pero yo estaba dichoso montado en ella, le arranque su blusa desesperado manoseaba sus pechos mientras literalmente la perforaba a placer dándome el gusto de seguir el ritmo de la música, poco a poco observo que ella estaba sometiéndose decido entonces soltarla pero aprovecha la Monita para zafarse haciendo que la corretearla por la cocina, la sala hasta llegar a mi cuarto donde nuevamente la agarro la Monita como potra desbocada y algo de bravía me golpea y forcejea conmigo pero yo la someto con fuerza y la logro dominar poniéndola en cuatro patas para montarla como se debe y salvajemente vuelvo a introducir mi verga en la Monita y nuevamente empiezo a pujar una y otra vez con el fin de dejarle claro quién sería su jinete por lo que le decía; “Monita soo! Quieta yegua, quieta yegua!” y seguía castigándola sin piedad hundiéndole y enterrándole mi verga en ella hasta que como jinete la tome de su cabello con mi mano derecha y con potencia empiezo a soltarle chorros de mi semen asegurándome no solo mi gozo sino que mi eyaculación llegue a lo profundo de ella y lo sienta que fue evidente porque su rostro que se reflejaba en el espejo del tocador observaba que de su boca abierta salían sonidos que parecía gemidos de orgasmos, pero para mí era como le decía a la Monita; “Relincha, relincha yegua que ya eres mía” y veo con asombro que los ojos exorbitados ya de la Monita se blanquean había sido DOMADA sumisa dejo que terminara desgastado recostándome en su espalda o lomo mientras lentamente le sacaba mi verga de dentro de ella.

    La monita estaba domada.

  • Nuestra amiga argentina corrompiendo a su amiga pendeja

    Nuestra amiga argentina corrompiendo a su amiga pendeja

    Obvio, hablo de Valen, con quien ya conté todo lo que hicimos, para los que no lo leyeron, se los resumo.

    Tengo una amiga que tiene un hermano, Migui, 18 años, y lo conozco desde chiquito. Está de novio desde hace 4 años con Valen, también 18 años, chiquita, pero preciosa, flaquita, muy linda.

    Todo lo que hicimos ya lo conté en relatos anteriores, pero para seguir resumiendo, hasta que aparecí yo solo habían cogido solo entre ellos, hasta que me metí en sus vidas:

    1) Hicieron su primer trío conmigo.

    2) Valen paso la primer noche con una mujer (o sea yo y le re gusto).

    3) Valen y yo cogimos con otros dos chicos todos juntos (era la primera vez que Valen lo hacía).

    4) Migui me cogió un par de veces (después del trio) obvio, Valen ni lo sabe, y fue la primera vez que la cago con otra mina.

    Bueno, pasada la introducción, como ya lo conté, Valen resulto ser re trola, y reprimida, con fantasías que quería cumplir, pero no tenía con quien (hasta que aparecí yo) y me di cuenta que le gusta la pija y las conchitas más que el café con leche.

    Pero mi idea, las ideas de mi cabecita loca, que como estoy al pedo, pienso mucho en estas cosas, es hacerla, bien, pero bien trola, que sienta esa adrenalina putezca que siento yo y me hace calentar (ante determinadas situaciones), y que sé que a ella le gusta sentir.

    Ayer, sábado me llama Belu (para quienes no saben quien es les resumo de nuevo: amiga mía, sus viejos viven en el interior y le bancan todo, pero es una enferma de gastar plata, y cuando no le alcanza se prostituye, pero siempre con “sus clientes” y aunque a mi la plata no me hace falta, varias veces, cuando pedían más de una chica, me prostituí junto a ella, cosa que me daba una adrenalina distinta, por el solo hecho de hacerlo por plata).

    Me voy mucho en detalles.

    La cosa es que ayer, a la tarde, temprano, me llama Belu y (no les voy a copiar todo el whatsapp, porque sería muy largo) solo me dice, que por favor, le haga gamba de nuevo con dos chicos de más o menos 30 años, que la habían llamado y a ella, en esta época del año, esa plata ¡no le venía mal!

    Yo a esos chicos no los conocía, pero hacer de puta con ella, me calienta, y mucho, porque aparte, mientras nos cogen siempre estamos juntas, o mientras los chicos se recuperan entre nosotras solitas, nos seguimos calentando.

    Como yo, ya lo había hecho con ella, y varias veces (mi viejo se llega a enterar que juego me hago, que me pagan por prostituirme, me da una patada en el orto, que no se donde termino, porque la verdad me da todo, no me hace falta, pero me gusta hacerlo, pero con ella, así, con gente que ella conoce).

    La cosa es que le dije que si, y ahí empezó a trabajar mi cabecita loca y me dije: “la voy hacer laburar de puta a Valen” y cuando me propongo algo, como soy una caprichosa de mierda y consentida, ¡siempre lo consigo!, pero no sabía si llevarla engañada (o sea no decirle que iba hacer de puta, o avisarle antes).

    Por un lado si le avisaba antes corría el riego que me dijera que no, pero si no le avisaba, iba a dejar de confiar en mi (perdón por tantos detalles, pero me gusta contar así las cosas).

    La cosa, es que me decidí, contarle la verdad, antes que desconfíe de mi, y les copio (como hago siempre), lo más importante de lo que hablamos:

    Yo: Valen, desde que nos conocimos, cumpliste todas las fantasías que tenías ¿o no?

    Valen: si, nena sos ¡re trola!, cogimos juntas con dos flacos, pasé una noche ¡con vos!

    Yo: Y te gusto todo, yo sé que si.

    Valen: y si nena, ¿no te diste cuenta?, hacía tiempo que quería algo más que solo coger con Migui, pero no se me daba o no sabía con quién hacerlo hasta que te conocí ¡putita!

    Yo: ¿putita yo? Vos no te quedas atrás nena, te hice eyacular por primera vez en tu vida y estabas re loca ¡trolita!

    Valen: y si nena, me pusieron re loca, estaba ¡re caliente!

    Yo: y hoy ¿qué vas hacer?

    Valen: nada, lo de siempre, salir con Migui, coger y volver a casa

    Yo: te propongo algo, que nunca hiciste y estoy segura que alguna vez fue tu fantasía, porque si me decís que, no, no te lo creo.

    Valen: uy, te tengo miedo forra, siempre me terminas convenciendo.

    Bueno le cuento lo de Belu, nada, que tengo una amiga, que no es que sea prostituta, pero cuando le hace falta, con “sus clientes” lo hace por plata y yo algunas veces, lo hice con ella.

    Valen: forra, sos re trola, no me digas que lo hiciste con pibes que no conocías y solo por plata, como una puta.

    Yo: si, nena, y esa adrenalina que da hacer de puta, donde esperan todo de una, digo, vas a un lugar donde sabes que te van a coger y por plata, con lo que te tenés que dejar hacer lo que quieran, y lo haces, porque fuiste a eso, a jugar (para mi es un juego), donde hago bien de trolita.

    Valen: que se yo nena, la verdad, te confieso, siempre pensé en lo que se siente ¡cuando una hace eso!

    Yo: Bueno hoy a la noche te vas a sacar las dudas.

    Valen: ¿qué?

    Yo: si, nena, me llamo Belu, que la llamo “un cliente” de ella, para ir a su casa con un amigo (que ella ya lo conocía, porque ya la habían cogido entre los dos, pero esta vez querían dos chicas).

    Yo: me llamo Belu, y como estoy al pedo y “jugar a ser puta” me gusta le dije que si, pero si le decimos que en vez de ser dos chicas somos tres le sacamos mas guita y te sacas la duda de lo que se siente ¡hacer de puta!

    Nada, no me contestaba ¡nada!, pero me quede esperando, al rato me manda un mensaje.

    Valen: nena, ¿me estás diciendo que haga de prostituta?

    Yo: bueno algo así, es como coger, con chicos que conoces esa noche, con la diferencia que ya tenés referencia y encima en la casa de una amiga mía, pero por plata, jugando a ser bien putas, dale nena, anímate, estas cosas no se dan siempre.

    Valen: que se yo, me estas volviendo loca ¡nena!, me estás haciendo hacer de todo.

    Yo: no nena, vos lo haces porque te gusta, ¿o no?, jamás te obligue hacer nada, ¿o no?, es más te estoy siendo sincera y te cuento de entrada como es la cosa.

    Valen: no se nena, la idea esta buena, pero ni sé como hacerlo y tampoco si me animaría.

    Yo: nena, hacerlo es re fácil, solo tenés que hacer lo mismo que hacemos Belu (que es re copada) y yo, nada más, anímate, ¡no perdes nada!

    Otra vez pasa un rato sin respuestas, hasta que me manda un WS y me dice:

    Valen: Caro sos ¡una HIJA DE PUTA! me haces calentar con tus ideas, es más recién fui al baño y termine masturbándome con solo pensar ¡lo que me propones!

    Yo: entonces ¿es un sí?

    Valen: y si, nena, ya me calentaste, y a Migui, como me dijiste el, otro día, y como estamos con finales le digo que al final me junto a estudiar en la casa ¡de una amiga!

    Yo: Ok, pero mira que te tenés que ir vestida ¡bien puta!, con una pollerita re corta, tenés de esas ¿no?

    Valen: sí, tengo un escondida que nunca me la puse porque quedo casi ¡en bolas!, pero si salgo así de casa mis viejos ¡me matan!

    Yo: que forra que sos ¡nena!, ponete esa pollerita y arriba una más larga, yo hago lo mismo, si salgo en bolas mis viejos también ¡me matan!

    Valen: OK, dale nena, ¿a qué hora pasas?

    Yo: no sé, te aviso.

    Hablo con Belu, y le digo que voy con una amiguita nueva, que era la primera vez que lo iba a hacer, así que hable con los chicos y les diga que en vez de dos, íbamos hacer tres chicas, y les saque más plata.

    Bueno, ahora empieza la noche.

    Voy a mi cuarto, me pongo una pollerita de cuero (de esas que tengo escondida), re corta, pero re corta en serio y súper ajustada, que me marcara bien la colita parada que tengo, una blusa (obvio sin corpiño) y arriba una pollerita más larga, para salir de casa.

    Me subo al auto, en el camino, me saco la pollera más larga, la voy a buscar a Valen, también se saca la pollera más larga, y se queda con su pollerita cortita, ¡más que la mía!, la puta se lo tomo en serio, estaba casi ¡en bolas!

    Llegamos a lo de Belu, y Belu también estaba con un vestido re cortito, bah, las tres casi en bolas.

    Obvio llegamos un rato largo antes que los chicos, le preguntamos a Valen si tenía corpiño, nos dice que si. “Nooo forraaa, sácatelo”, (le decimos) no se puede perder tiempo, nos hace caso, se saca la blusa, el corpiño, nos miramos con Belu y fue más fuerte que nosotras, cada una le empezó a besar una teta a chupársela, a comérsela, Valen se empezó a calentar, le metí mi mano en esa hermosa conchita que tiene, hasta que sin que ella lo piense le hicimos ¡acabar! (Es re puta y re lesbiana la pendeja).

    Al rato llegan los chicos, entran al departamento, yo la miraba a Valen y la verdad era como ¡no sabía que hacer! Yo sí, porque ya lo aprendí, aparte no era toda la noche solo un par de horas, nada más…

    Uno de los chicos, me toca las tetas y me dice: “a ver ¿cómo andamos por acá?” a Belu le hacen lo mismo.

    Y yo, cumpliendo mi función de putita le digo: “y por acá ¿cómo andamos?” y le meto la mano sobre la pija, que ya la tenía bastante parada, y Valen estaba parada sola, como una boluda sin saber ¡que hacer!

    La agarro y juntas les empezamos a tocar la pija a mi chico, le desabrochamos el pantalón, se lo bajamos, también el bóxer y entre las dos de rodillas en el piso, mientras con Valen, nos besábamos y nos íbamos sacando la ropa, le empezamos a chupar bien la pija (que no estaba nada mal).

    La cosa es que Valen, ya estaba, digamos en el “clima de putita”.

    Belu hacia lo mismo, de rodillas en bolas pegándole al otro chico una flor de chupada de pija.

    Yo le digo a mi chico: “¿así te gusta bebé?” obvio me dice que si, que siguiéramos ¡así!

    Bueno se las seguimos chupando un rato hasta que yo re loca y para que Valen vea como era la cosa le digo a mi chico: “¿nos querés coger?”, la cara de Valen, pero me hizo caso hacia lo que yo le decía.

    Bueno la cosa es que nos vamos los cinco a la cama y obvio yo quería ¡que se la cogieran a Valen por plata!

    Nos acomodamos y la hice acomodar a Valen de tal manera que se la coja nuestro chico, mientras yo la besaba y la tocaba toda, ¡y así pasó!, nuestro chico se la empezó a coger, yo a besarla en la boca, a besarla en las tetas hasta que llegue a besarle la concha mientras se la cogían, ella solita puso sus piernas sobre el hombro de nuestro chico, así sentía más la pija, y yo seguía chupándole la concha, hasta que Valen, termino acabando ¡como una yegua!

    Ah a Belu también se la estaba cogiendo ¡el otro chico!

    Fue todo rápido, cambiamos, y a mi me empieza a coger el chico que se la estaba cogiendo a Belu, Valen solita, me empieza a tocar, besar la concha ¡y todo eso! Yo estaba ya en cuatro y como siempre ¡muy caliente!

    Para no hacerlo tan largo, los chicos terminaron acabando y Belu y yo ¡también!

    No sé cómo fue que se dio la cosa, la verdad que la calentura me hace olvidar algunas cosas, pero mientras los chicos se recuperaban, nos empezamos a tocar las tres, a besarnos, como tres lesbianitas, cosa que los hizo calentar ¡enseguida!

    Lo que me acuerdo es que con Belu ya estábamos haciendo el 69, y los chicos se acercan y nos empiezan a meter la pija en las conchitas de nuevo, mientras Valen se entretenía ¡con nosotras dos! Y nos cogieron y acabaron de nuevo, ¡nosotras también!

    Ya había pasado más que el tiempo pautado “es decir cobrado” y Belu como la tiene re clara en esto les dice: “bueno chicos, ya cumplimos y creo que bien y el tiempo pasó”.

    No dijeron nada, se vistieron, nos pagaron ¡y se fueron!

    Pero nos quedamos las tres casi, ¡bah en bolas! Y con ¡buena onda!

    Nos fuimos, sin decir nada a la cama de nuevo, y como siempre nos empezamos a besar entre las tres, cada una le metía el dedo, los dedos en la conchita a la otra, nos comíamos, las tetas, hasta que terminamos acabando ¡las tres juntas!

    Le pregunto a Valen: “y forrita ¿te gusto hacer de puta por primera vez?” Y me dice: “forra, ni me lo preguntes. ¿No te diste cuenta?”

    Belu, que no es ninguna boluda y también les gusta las chicas, mientas yo hablaba con Valen (que fue más largo que lo que conté), saca una pija de goma ¡de su mesa de luz!

    Valen acostada boca arriba, se la empiezo a chupar y me dice: “NOOO FOORRAAA ya está por esta noche”, no le hago caso, se la sigo chupando igual, estaba ella, re caliente, estaba toda mojada y mientras se la chupaba, Belu le empieza a meter el consolador. “NOOO”, eso decía Valen “NOOO, ¡tan trola no soy!”

    “Si nena, sos re trola” es lo que le decía yo, hasta que entre las dos la hicimos ¡acabar!

    Mi idea era quedarnos las tres juntas a dormir, pero entiendo Valen es pendeja y los viejos la controlan más que a mi, así que nos quedamos un rato y nos fuimos, pero ya eran como las 6 de la mañana.

    Bueno, ya no sé qué cosa nueva hacerle probar a Vale, al menos nos llevamos plata que no viene mal, y ella fue la primera vez que lo hizo por plata.

  • Complaciéndolo

    Complaciéndolo

    A raíz de la jubilación de mi marido, nuestro matrimonio entró en una etapa de crisis. Él no estaba preparado para ello, pues le desencadenó problemas de salud física: hipertensión y diabetes y de salud emocional: depresión, autoestima baja, etc. Yo lo apoyé en todo lo que estuvo de mi parte, pero no fue suficiente, asistimos a terapias, las cosas parecían mejorar pero regresaban a donde habían iniciado. Yo continuaba con mi trabajo, soy consultora financiera, estudié Actuaría y después un diplomado de finanzas en el IPADE. Es un trabajo que me ha dado muchos satisfacciones y beneficios económicos.

    Esta nueva etapa de nuestra vida provocó que nos distanciáramos un poco, sobre todo en el terreno sexual y por tanto afectivo; las relaciones íntimas dejaron de ser frecuentes, esto le afectó más a él, a mí no tanto, pues me absorbía el trabajo y otras actividades que realizaba. Dejamos de tener intimidad por más de un año, a mí no me importó, comprendía su situación y sabía que terminaba una etapa. Varias veces lo intentaba pero no respondía, yo trataba de motivarlo, a mi manera, pero tampoco funcionaba. Se esforzaba pero era inútil, además mi apetito sexual tampoco era el mismo, sentía como mi libido venía a la baja, en conjunto con la menopausia. Sin duda, esto profundizó la crisis.

    De repente, sin embargo, empezó a plantearme y proponerme cosas, por ejemplo, que me vistiera de otra forma cuando me iba a trabajar, o que fuera al gym en leggins. Yo siempre he sido una mujer recatada y conservadora en mi forma de vestir, ni faldas cortas ni vestidos ajustados. Además, como soy un poco voluptuosa (alta, caderas anchas, trasero grande y piernas gruesas) no me gusta llamar la atención. Él insistía mucho en esto, no sabía el porqué, pues siempre estuvo de acuerdo en mi forma de vestir, tampoco le agradaba que llamara la atención. En una ocasión tenía una cita con un ejecutivo muy importante en su empresa y me dijo que me había comprado una ropa que quería que me pusiera: un vestido aunque largo pero ajustado, lo complací, momentáneamente, pues ya en el coche me cambié, y me vestí como siempre lo hago. Y así lo hice en varias ocasiones, lo complacía momentáneamente, para terminar cambiándome de ropa, pero sentía que eso le empezaba a gustar, saber que yo estaba cambiando y accedía a sus propuestas.

    Después me preguntaba si no tenía pretendientes, yo le decía que no, para luego decirme que no le molestaría si los tuviera, considerando que estaba muy bien conservada a pesar de mi edad y que debía aprovechar. No dejaba de insistir, hasta que le dije un día que sí, que si tenía pretendientes, pero que ninguno me interesaba, y que además a qué venía todo eso. Luego fue más allá y me dijo que si quería salir con alguien que lo hiciera, que para él no existía inconveniente. Me parecía una perversión todo lo que me decía y proponía, después de tantos años de un matrimonio feliz con 3 hijos, pero trataba de entenderlo por la situación que estaba atravesando.

    En una terapia que tomaba, la doctora me decía que la virilidad es muy importante para un hombre y enfrentar su pérdida es motivo de crisis. Yo lo seguía complaciendo, pero sin que hubiera algo real, simplemente era algo que a él le gustaba y le provocaba placer o supongo, excitación. Un día llegó a tal grado que me dijo que si quería estar con otro hombre que lo hiciera pero con la condición de que le contara todo. Yo estaba fuera de casa casi todo el día, y cuando llegaba en la noche estaba en la computadora, siempre en la computadora.

    Transcurría el tiempo y no dejaba de preguntarme, hasta que le dije que sí, que había un hombre que me había invitado a salir y que yo me había negado. Se le iluminaron los ojos y me dijo que aceptara. Yo le seguía haciéndole el juego, y ese fue mi error, pues no pasaba por mi mente llevar a cabo sus propuestas

    Finalmente le inventé que había aceptado la invitación de ese hombre y que iba a salir a comer con él. Me compró ropa para la susodicha cita y me la puse, era época de calor: una falda corta de color negro, una blusa ajustada de color blanco y un blazer negro, a la altura del largo de la falda y unos tacones altos. No me gustó como me veía, llamaba mucho la atención por mis piernas, gruesas y blancas, pero mi marido estaba feliz al verme vestida así. Por supuesto que me cambié, ya estando en mi auto, y me fui a otro lado.

    Esperaba con ansia mi regreso, me cambié nuevamente y llegué a mi casa vestida como me había visto. Le conté como me había ido, que la había pasado bien y que aquel hombre era muy amable y educado. Seguimos con ese juego, claro, él sin saberlo, hasta que después de disque varias citas a comer o a cenar, me preguntó si este hombre ya me había propuesto tener intimidad. Le respondí que sí, pero que yo no quería. Me preguntó que por qué, le dije que era algo incorrecto, que iba en desacuerdo a mi forma de ser, a mis creencias, a mi juramento de serle fiel. Él se quedó callado, pero insistió preguntándome: “¿Acaso no tienes necesidades como mujer? Sabes bien que ya no puedo satisfacerte como antes”, le dije que no se preocupara, que las mujeres somos diferentes a los hombres y que no pasaba por mi mente buscar satisfacción con otro hombre.

    Con toda esta dinámica vi un cambio en él, ya no lo veía malhumorado o ensimismado, parecía que estaba superando su depresión y le estaba encontrando sentido a su vida con todo esto. Yo no sabía qué hacer, si detener todo esto que estaba inventando o continuar complaciéndolo, pues a final de cuentas ese era el fin: complacerlo. Lo consulté con mi terapista y me dijo que mi marido encontraba placer en todo eso y que tenía sus riesgos. Me preguntó que cómo iba mi sexualidad con él y le dije que eran muy poco frecuentes nuestras relaciones y poco satisfactorias.

    Al mismo tiempo conocí a un joven como de 40 años que fui a asesorarlo por una herencia que había recibido, me simpatizó desde un inicio, estaba recién divorciado. Por cuestiones de trabajo nos vimos de manera frecuente y pasamos del trabajo a conversaciones de nuestra vida personal, me habló de su divorció y yo le hablé de mi situación con mi marido, que estaba jubilado, que le había afectado mucho esta situación y que además tenía 10 años más que yo. Debo confesar que llegó a pasar por mi mente, ahora sí, estar con otro hombre, como éste: atractivo y gentil conmigo, y además más joven que yo, aunque dudaba se fijara en mí por mi edad.

    Yo seguía complaciendo a mi marido, pues le comentaba que ese hombre insistía en tener intimidad conmigo. “¿Y cuándo le dirás que sí?” Me preguntó mi marido. Y yo para haber si ya terminaba esto, le dije que ya le había dicho que sí: el rostro de mi marido cambió por completo. Me propuso que lo invitara a nuestra cabaña de Valle de Bravo, que allí podría estar con él, que le diera tiempo para arreglarla, pues tenía tiempo que no íbamos y que le gustaría estar presente para vernos. Me dejó atónita, no sabía qué decirle, me estaba proponiendo algo inaudito, nunca imaginado, ¿a tal grado había llegado la mente perversa de mi marido?

    Lo dio por hecho y el fin de semana fue a la cabaña con la sirvienta para limpiarla y con un trabajador. Colocó un cristal en una parte contigua a la recamara para poder observar sin que nadie se percatara. Regresó y me dijo que la cabaña estaba preparada para mi encuentro con ese hombre.

    Yo no sabía qué hacer, me sentía mal por haber provocado toda esta situación. Pasó por mi mente decirle que me habían cancelaba la cita, que este hombre se había enfermado o hasta muerto. Mi marido estaba irreconocible, parecía que le habían inyectado algo, se le veía contento, esperando ese día.

    Para esto, aquel joven que conocí empezó a insinuarse, me invitó a cenar una noche y acepté, me sentí halagada. Me propuso sin más estar conmigo a solas, con muchos cumplidos, que era una mujer muy guapa, que me diera una oportunidad a estas altura de mi vida, etc., lo que siempre le dicen a una mujer, pero todo esto me lo planteó de tal forma que me convenció, además de que me había agradado. Le dije que podría ser en una cabaña en Valle de Bravo, en un ambiente romántico. Al despedirnos le pregunté si no había problema que fuera mayor que él, me respondió que no, que le resultaba excitante una mujer madura, con tantos años de matrimonio, que significaba un desafío para complacerla totalmente.

    Llegó el día, el acuerdo fue que yo llegaría con este hombre en la noche y mi marido ya estaría en la cabaña para observarnos sin que nos diéramos cuenta. A diferencia de las otras veces, me compré un vestido negro, pegado al cuerpo en la parte de arriba, y suelto en la parte de abajo, arriba de las rodillas, con zapatillas, me recogí el cabello. Cuando me vi en el espejo dudé en ir a esa cita así vestida, nunca lo había hecho pero finalmente lo hice. Cuando este joven me vio quedó estupefacto, pues siempre me había visto vestida conservadoramente. Fuimos a comer a un restaurante y conversamos mucho, supo cómo seducirme, pues me dijo que se esmeraría en hacerme gozar y hacerme experimentar con cosas nuevas a pesar de mis 27 años de matrimonio. Yo me puse coqueta y le dije que haber si lo lograba pues llevaba años sin gozar sexualmente, que mi terapeuta me había adelantado que padecía a estas alturas de mi vida anorgasmia. Y que también dudaba que después de tantos años de matrimonio hubiera algo nuevo o diferente en mi vida sexual.

    Llegamos a la cabaña y nos dirigimos a la recamara. Me empezó a besar y luego a desvestirme, dejándome completamente desnuda, luego me pidió que me acostara boca arriba, que no me moviera, mientras él se desnudaba y se ponía una bata blanca. Me untó aceite de almendras en todo mi cuerpo y me dio un masaje erótico, me besaba toda, me acariciaba toda, mis partes íntimas, mis muslos, mis senos… y siempre deslizando suavemente sus manos por todo mi cuerpo, con ese aceite que derramaba su olor en todo el ambiente. Después me untó un gel para lubricar y tocó cuidadosamente mis partes íntimas con sus dedos; luego dejaba de hacerlo y regresaba nuevamente. Todo esto me estaba gustando y al mismo tiempo imaginaba la cara de mi marido observando.

    Después sacó un vibrador y empezó a masturbarme, fue algo inaudito, ya me había hablado del punto G en el restaurante y yo le había dicho que había oído hablar pero nada más. Llegó a esa zona y mi placer se disparó, no se detenía, pues nunca me habían metido un vibrador ni mi marido había descubierto mi punto G en tantos años de casada: lo disfruté muchísimo y llegué a un orgasmo único, espectacular, grité y grité de placer, no me podía contener. Me sentía deseosa, como hace tiempo no lo sentía, por lo que me acerqué a él, lo abracé y lo besé, después le quité la bata que traía puesta, mi excitación no se detenía y al ver ese cuerpo joven, musculoso, mis palpitaciones subieron rápidamente: lo acaricié todo, sus hombros, sus espaldas, su pecho, su abdomen duro y plano, sin panza; toqué sus nalgas, duras y redondas; luego dirigí mi mirada a su miembro y confirmé su grosor y tamaño, pues cuando salimos de comer del restaurante y esperábamos al valet parking me abrazó por atrás y sentí esa cosa dura que se pegaba a mis nalgas. Noté cómo comenzó a ponerse erecto, no pude más y tomé su miembro con mis dos manos, no dejaba de mirarlo, no había visto un pene que no fuera el de mi marido, pero éste era diferente: más grande, erecto y duro. Lo llevé a mi boca, lo sacaba de ella y luego le pasaba mis labios por su glande, luego mis manos lo volvían a acariciar e intentaban masturbarlo, no sabía qué hacer, lo disfrutaban mis ojos, mi boca y mis manos, hasta que me lo llevé nuevamente a la boca y no dejaba de succionarlo de prisa y a veces con calma, hasta que empecé a sentir cómo venían en camino sus fluidos: sentí como un estallido en mi boca, una explosión, una enorme cantidad de semen se disparaba en mi boca, parecía que no terminaba de salir. Mi boca se llenó de semen y lo que nunca había hecho, lo hice: me tragué el semen de ese joven atlético, me gustó su sabor y su consistencia, lo que nunca había experimentado. Sí, fue algo novedoso.

    Supuse que quedaría exhausto con esa eyaculación, yo ya lo estaba, pero él no, todavía seguía un poco firme su miembro. Nos acostamos y me dijo que le gustaba mi cuerpo, que podría pasar como una mujer con menos edad, le dije que a mí no me gustaba mucho, que era muy voluptuoso, y que se conservaba así porque hacía mucho ejercicio en el gym. Entonces me dijo que deseaba contemplar mis caderas y mi espalda y que si conocía la posición de la “vaquerita invertida”, le dije que no, me explicó cómo era y me coloqué en esa posición. Su pene todavía no estaba tan erecto, pero poco a poco empezó a estarlo nuevamente y en ese momento volví a recordar que mi marido nos veía. Sentía cómo crecía su pene y como empezaba a envestirme suavemente, yo empecé a moverme sin saber cómo, pues nunca había tenido relaciones con mi marido en esa posición.

    Primero no le encontré gusto a esta posición pero después me empezó a gustar, sobre todo porque sentía la penetración diferente. También me gustó que los movimientos los empezamos hacer en forma sincrónica, aunque en ocasiones se salía su pene de mi vagina, pero yo lo agarraba con una mano y lo volvía a llevar a su lugar. No sé cuánto tiempo duraríamos en esa posición pero el placer era indescriptible, no quería terminar, esos movimientos me estaban volviendo loca, gozaba como entraba y salía ese pene erecto y grueso y sin la ansiedad de sentir que se viniera. (En los últimos años mi marido se venía muy rápido). Con este joven era algo diferente. Poco a poco me iba llevando al éxtasis, sentía como iba llegando nuevamente al orgasmo, me excitaba como había aguantado tanto tiempo sin eyacular y no paraba de envestirme. Yo no dejaba de mover mis caderas de arriba abajo, o en movimientos circulares y él con su fuerza en el abdomen y siempre con ese miembro rígido, entrando y saliendo. Pero también contribuía el ambiente: el olor del aceite de almendras, la sensación de sentir mi cuerpo con ese aceite, húmedo y que mi marido observaba como ese joven se cogía a su mujer en una posición que él nunca se imaginó en tantos años de matrimonio.

    Llegamos al cielo juntos, explotando al mismo tiempo, sentí perder el conocimiento, recuerdo haber gritado de placer en el momento en que sentía como se derramaba su semen en mi vagina. Me quedé así, en esa posición, sólo cambió cuando recargué mis codos en la cama y se elevaron mis caderas y supuse que mi trasero se vería más grande. Él solo me decía “no lo puedo creer, nunca imaginé cuando te conocí que tuvieras ese culo tan espectacular, tan firme”, yo le preguntaba “te gusta” y él me respondía: “sí, me encanta”.

    Desnuda, en esa posición, me preguntaba y me respondía en silencio: Complací a mi marido, sí; se complació él, no lo sé, ya me dirá. Me gustó, sí, me gustó. Me siento culpable, sí, me siento culpable. Le fui infiel a mi marido, sí, le fui infiel. Pero complací a mi marido, complací a este joven y me complacieron a mí.

  • El cabrón, la puta y el voyeur

    El cabrón, la puta y el voyeur

    Es una relación de tres.

    El voyeur que soy yo; un gordo de estatura mediana, parado frente a la cama de ellos con los pantalones abajo. Me estoy acariciando, masturbándome con frenesí. La tengo tan dura por lo que estoy viendo.

    El cabrón; un joven que apenas conozco. No sé su nombre ni su edad, pero sé cuánto le mide la verga: 20 centímetros. Es moreno, de buen cuerpo con mucha energía que gastar.

    La puta: mi querida amiga Arleth que conozco desde la primaria: una morena bien nalgona con unos cuantos kilos de más que forman parte de su belleza. Unos pechos redondos, unos labios gruesos y una dulce voz de perra obediente.

    Ella me mira fijamente mientras está siendo penetrada por su novio. Está en cuatro patas, como la perra que es, sobre la cama con el culo levantado para su vato. Él bombea ese prieto culo con rabia, se la mete toda de un solo impulso mientras nalguea su trasero con cada embestida. Arleth tiene el culo todo rojo.

    El sonido de los huevos del novio al chocar con la humedad vagina de Arleth hace eco por todo el cuarto. El sonido de las brutales nalgadas hace eco por el cuarto. Pero ambos sonidos son opacados por los gritos de placer de la morena.

    —¡Más duro, cabrón, más duro! Rómpeme el culo papi —exclamó ella sin desprender la mirada sobre mí, sobre mi miembro que es un chiste comparado con el pedazo de carne que tiene clavado en su ano.

    —¿Cómo se dice, zorra? —le blandió otra nalgada, una tan fuerte que hasta a mí me dolió.

    —Por favor, papi, dame más duro. Rómpeme el culo por favor.

    La jalo de su cabello y aumento la intensidad de sus movimientos dejando a la perra de Arleth sin aliento. Muerde las sabanas de la cama mientras es penetrada por el culo. A pesar de todo eso no deja de humillarme con esos ojos dilatados perdidos en el placer y en el morbo. Con la mirada me dice que nunca la llegare a complacer como su novio lo hace, ni a ella ni a ninguna otra mujer.

    Esto es tan humillante para mí, pero mi mano no se despega de mi pene. Me la sigo jalando mientras veo como se follan a mi mejor amiga de la cual he estado enamorada desde hace mucho tiempo.

    Arleth se dejó caer en la cama, su novio la voltea, separa sus piernas y las coloca en sus amplios hombros.

    Yo admiro el cuerpo de ella, bañado en éxtasis, apunto de ser penetrada salvajemente. Los veinte centímetros de jugosa carne son insertados de un solo movimiento en la vagina de mi mejor amiga, parece que el vato ya se aburrió de su culo.

    El suspiro, ella grito y después dejo caer la cabeza al borde de la cama donde su mirada de placer se clava de nuevo en mí. Esta sorprendida porque todavía no me he venido, ni yo sé cómo es posible eso si estoy más caliente que ellos dos.

    Las tetas de la puta se balancean por el aire por las fuertes embestidas de su macho, saca y mete su pene sin piedad mientras muerde esos pezones oscuros que me vuelven loco.

    —¡¿Te gusta, pinche perra?!

    —¡Me gusta! ¡Joder! Estoy enamorada de tu vergota, no te detengas por favor.

    Para él no existo, ignora mi presencia, para ella soy un juguete sexual. Recibe placer humillándome y extrañamente me excita ser humillado, aunque ella también está siendo humillada por su novio: la nalguea, azota sus tetas, muerde sus pezones y su cuello, la insulta, le escupe en la cara y la penetra como si ella fuera un objeto a la cual hay que llenar de leche. Al final el único ganador es él, que domina a la puta y al voyeur a la vez.

    —Sigue así, sigue así. Ya casi, ya casi —dijo Arleth que estaba a punto de correrse pero su novio no la dejó. Se la inserto por última vez con violencia y saco su gran verga de la inflamada vagina de mejor amiga.

    Ella no dijo nada, sabe cuál es su papel de puta sumisa. Su novio se levantó de la cama, se puso frente de Arleth dándome una buena imagen de su peludo trasero.

    Arleth abrió la boca y con la mirada fija en mi acepto la verga de su macho, entera, 20 centímetros de buena carne entrando lentamente en su garganta hasta provocarle arcadas. El vato se sujetó de las tetas de la perrita, apretando y retorciendo sus pezones a la vez que metía y saca su verga de la boquita de Arleth. Le follaba la cara con la misma brutalidad que tuvo cuando la penetraba por el culo o la vagina.

    Ella mantenía su fría mirada sobre mi pene. Verla con la boca llena de verga, la nariz tapada por un buen par de huevos y las mejillas siendo recorridas por gotas de saliva y semen; ver esa hermosa expresión de placer y humillación hizo que me corriera en mi propia mano.

    Estuve observando cómo se follan la boca de mi amiga por otros cuatro minutos más, después su macho descargo toda su leche sobre su garganta; esa se lo trago con mucho placer sin dejar de mirarme.

    Su macho dio un gran bocado de aire, me miro sonriente y me palmeo la espalda antes de salir de la habitación. Arleth se acomodó en la cama tosiendo con fuerza, escupiendo saliva y semen aunque tenía la cara llena de ese último líquido.

    —Ven —me ordenó—. Todavía no te subas los pantalones. Y trae su toallita.

    Yo siempre cargo con una toalla de mano para secarme el sudor o los mocos. Me acerque a ella con la verga flácida de fuera y la toalla en la mano.

    —Límpiame, con cuidado, con mucho cariño como si fuera tu madre.

    Mi madre es una puta igual que ella así que con lo último no tengo problema. Con mi propia toallita fui limpiando el semen de su ovalado rostro. Realmente su macho expulso una gran cantidad de leche, su carga es como el triple de la mía.

    —Perfecto, quiero que utilices esa toalla por toda la semana. No la laves ni la cambien, ¿Entiendes, putito?

    —Entiendo.

    —Ahora ayúdame a cambiarme.

    La ayude a ponerse el pantalón, las botas, el sostén y la blusa, todo menos la tanga negra de hilo. Le arregle el cabello, oliendo su sudor, el aroma a sexo y a leche.

    —Gracias, ahora ponte esto. —Me entrego su tanga, le mire raro pero no la cuestione. A este punto ya pa ´que.

    Me puse la tanga de Arleth donde el hilo se metía dentro de mis nalgas. Después me subí el pantalón y acompañe a mi dulce amiga de la infancia hacia su casa.

  • Patas arriba (XXV): Fin

    Patas arriba (XXV): Fin

    Ylian. 

    —¿Estás seguro que puedes tomar eso? —me inquieta un poco el tamaño del helado que Norman se pidió en la heladería, pero dijo que sus papás le dieron permiso, espero sea cierto, igual tengo mis dudas, al final de cuentas sigue siendo un niño y su naturaleza es ser travieso.

    —Claro que sí —Norman me miró con una sonrisa que me recordó tanto a Ricardo que decidí dejarlo disfrutar su helado-, si quieres, llama y pregunta, es mi helado favorito, porque es el que solía compartir con Iván y Ricardo —añadió sin dejar de sonreír.

    —Bueno, vale, dejemos el tema de los helados de lado —intervino mi Joel mientras intentaba encontrar por donde empezar su propia montaña de helado-, ¿qué querías proponernos para ayudar a esos dos?

    Norman se puso serio y nos explicó que había intentado hablar con su hermano, pero Ricardo seguía en sus trece: aunque literalmente se estaba muriendo por volver con Iván no haría nada hasta que él diera el primer paso, quería que Iván le demostrara que de verdad le importaba y que estaba comprometido con lo que habían construido en ese tiempo. No me sorprendió y por la expresión de Joel, era evidente que él se lo esperaba también, los dos conocemos muy bien a Ricardo: su nobleza y lo justo que es cuando se trata de este tipo de situaciones.

    —¿Entonces qué propones? —quise saber.

    —Lo más sencillo del mundo: ya que ellos no se acercan por sus propios medios, me parece que necesitan un empujoncito, ya sabéis, simplemente amañar un poco las cosas para que se encuentren por mucho que dé la impresión que se evitan como nunca. El domingo en la tarde creo que voy a querer ir al cine, ya hace mucho que no voy y siempre viene bien despejarse un poco, ¿sabéis?

    En cuanto terminó de hablar, Norman se concentró en su helado y no dijo nada más. Se nota que conoce a su hermano, Ricardo nunca le dirá que no a algo que él le pida mientras sea posible. Joel me tomó de la mano por debajo de la mesa, uno de sus pequeños detalles que me tienen loco.

    —Uf —gruñó Norman— ¿podéis hacer el favor de no esconderos? Es lindo ver que todavía existen personas capaces de amar —terminó con una sonrisa y le hice caso: es importante mostrar el amor, así que tomé firmemente la mano de mi chico y la puse sobre la mesa.

    Cami

    —Tío, esto ya pasa de castaño oscuro, ¿sabes? No te la puedes vivir ebrio, ¡tienes que hacer algo para solucionar todo este tinglado que has liado, macho! —no nos molesta que Iván esté aquí, pero no es justo con él ni con Ricardo que pasen por todo esto cuando Iván sólo necesita decir una palabra.

    Iván, como era de esperarse, empezó a balbucear cosas sin sentido, no tanto por la miseria en que se siente como por la borrachera que se trae, pero en lugar de intentar hacer algo, simplemente abrió otra cerveza. En ese momento sonó el telefonillo y como no esperábamos a nadie, nos sorprendió un poco, pero resultaron ser mi papá Luis y el tío Tavo, que se autodenominaron “la caballería” y querían intentar una solución.

    Se metieron a la cocina y no nos dejaron entrar a ninguno, aunque en un momento que el tío Tavo necesitó una sartén, me sorprendí un poco verlo con un mandil, ya que casi nunca cocina, pero tampoco pude curiosear mucho, me sacaron en cuanto les di lo que querían.

    —Muy bien, chaval, tómate este carajillo mientras está listo el resto —desde la cocina se escuchaban las risas del tío Tavo-, eso ya lo explicará él, aunque la verdad, sí es gracioso.

    —¡Anda! Pero si es un cigaló —dijo Ramón-, creo que lo primero es quitarte esta cerveza, tronco —bajo protesta, pero Iván soltó su cerveza.

    —¿Qué es…? —intenté preguntar.

    —¡Quieto todo el mundo! —Me interrumpió mi tío Tavo—esto está caliente y no veo por donde voy —entonces le vi la cara, tenía los lentes totalmente empañados, así cualquiera. Finalmente logró dejar el tazón que llevaba frente a Iván-. Cómetelo ahora que está caliente, pero no preguntes lo que es —le recomendó.

    Volvió a la cocina y regresó con una bandeja de canapés y unas cuantas Coca-Colas.

    —No es bueno que nadie coma solo —dijo mi papá Luis mientras se servía a dos manos.

    —¿Pero qué es un carajillo? —por fin me dejaron preguntar.

    —Un cigaló —me empezó a explicar mi novio guapo-, es un café que se prepara junto a algún licor destilado, puede ser un simple café con alcohol, pero también dicen que ayuda a sacar la resaca.

    —Un carajillo también es un una persona joven, al menos en mi país, —acotó mi tío Tavo. Ahora sí entendimos sus risas y los tres nos unimos a la broma. Me alegró mucho ver a Iván sonreír de nuevo, la verdad-. Y la sopa que se está tomando Iván es un levanta-muertos, como llamamos a ciertos platillos que son capaces de sacar cualquier borrachera, incluso de eliminar totalmente la resaca.

    —¿No piensas decirnos qué tiene? —quiso saber Ramón.

    —Un poco de esto y de aquello y mucho de no-te-metas-donde-no-te-llaman —mi tío se estaba quedando con nosotros, aunque noté que no le quitaba ojo a Iván, probablemente esperando a que el chico mejorara.

    Aurora

    —Tía, ¿estás segura que esto va a funcionar? —le pregunté a mi chica.

    —Por supuesto que no, cariño, pero somos chicas, salir de compras es lo que más nos levanta la moral —me dio un pico y siguió buscando la ropa que se iba a poner.

    —Cómo te gusta encasillarte en un cliché, joer —protesté-, no creo que salir de compras nos guste sólo por ser chicas, la verdad…

    —Ya, pero igual te encanta la idea cuando estás con el ánimo por los suelos, así que no fastidies.

    Le iba a responder en condiciones, pero justo en ese momento sonó el teléfono de Ester, era Iván para ver si se mantenía la hora, que resulta que se acercaba demasiado rápido, por lo que tuvimos que correr un poco, pero llegamos puntuales a sacarle de casa de Cami, que no le dejaban salir solo para evitar que hiciera alguna tontería, además, teníamos instrucciones de Ylian sobre el sitio al que debíamos ir de compras, nada del Corte Inglés, nos hizo prometer ir a ver tiendas a un centro comercial cerca de casa de Ricardo, a ver si las cosas funcionan. Ramón nos acercó al sitio y luego se dio el piro, creo que quería aprovechar el tiempo a solas con su chico, cosa bastante lógica, aunque no dijo nada al respecto por respeto a la situación de Iván.

    —Pues ya estamos —dijo Iván nada convencido con la perspectiva de pasar la tarde con dos chicas ávidas por ver tiendas.

    En realidad, nosotras no pensábamos comprar nada, pero teníamos que entretenerlo un buen rato todavía, por lo que nos enfocamos en el tipo de ropa que a él le gusta, además de convencerlo de comernos algo, tal como estaba planeado.

    Norman

    —Venga, que no llegamos a la peli —le metí prisa a mi hermano, sólo espero que el resto del plan vaya bien porque lo que menos me interesa es salir, lo que quiero es ver sonreír a mi hermano.

    La salida empezó bien, la peli estuvo buena, también vi a Iván con Ester y Aurora en una de las tiendas, aunque Ricardo no lo notó. Al salir del cine, vi que estaban comiendo, lo que seguía mi idea perfectamente, ahora tengo que decirle a Ricardo que tengo hambre y esperar a que suceda un milagro.

    Iván

    Bueno, debo reconocer que el hablar con Tavo y con Luis, especialmente con Tavo, me ayudó a centrarme un poco, la verdad que debo ser responsable de mis actos, si le partí el corazón a mi Ricar, soy yo quien debe componerlo, no esperar que alguien lo haga por mí o que suceda un milagro.

    También salir con las chicas me sentó bien, pensé que sería un calvario, como siempre que acompaño a una chica a ver tiendas, porque me aburro y me desespero antes de salir de casa, pero Ester y Aurora estaban decididas a comprarme ropa nueva y también me tuvieron paciencia cuando estuve un buen rato en el kiosko de revistas donde conseguí números muy buenos, aunque no quise comprar la revista que mi Ricar me compraba siempre, lo sentía como rechazar la oportunidad de volver con él, como si me diera por vencido.

    Había comido bastante, además, esos dos vasos de refresco hicieron efecto mucho antes de lo que esperaba y necesité ir al váter. Cuando volvía, pude ver a Ricar con una bandeja de comida sentarse junto a Norman, di un rodeo para que no me viesen, no me siento preparado, no sé qué podría decirle, “perdón” no es suficiente, tampoco podría decirle que fui un idiota, porque insultarme no soluciona nada, al contrario, terminaríamos peleando otra vez. La verdad, tengo miedo, miedo a perderlo definitivamente por no saber decirle lo mucho que lo amo.

    Norman

    Vaya, Iván nos evitó, no contaba con eso, no sé si Ricardo se habrá enterado, pero no me gusta nada. En fin, me entretuve decidiendo un postre lo suficiente para que al salir del lugar casi coincidiéramos con ellos, pero Iván lo que hizo fue apurar el paso y no dar tiempo a nada.

    —¿Todo esto fue idea tuya, verdad, hermanito? —me preguntó Ricardo una vez en casa.

    —Pues sí, ¿era tan obvio? —me ruboricé un poco, pero no me importa, es mi hermano y mis intenciones eran buenas.

    —Al principio, no, la verdad, pero algo me decía que te interesaba algo más que la peli, sin embargo —se acercó a mí y me abrazó fuerte-, me di cuenta que a Iván le importo, aunque no se sienta preparado para enfrentar la situación. Muchas gracias —me dio dos besos-, todo se solucionará cuando él decida acercarse a mí, no te preocupes.

    Parece que mi plan no fue un fracaso tan grave, por lo menos, pero en este momento disfrutaré que mi hermano está de buenas y sonríe, le daré el mejor abrazo que le he dado en mi vida y esperaremos a que esto pase.

    Ester

    Vaya putada que Iván no se haya atrevido a hablar con Ricardo, joer, si nos salió todo, hasta ponerlos frente a frente, pensé que Ylian tendría razón y que al menos intentaría saludarlo, pero no, el tío va y se esconde, no sé si es cobarde o si no se sentía preparado. Lo que sí puedo decir es que estaba a punto de llorar cuando le dejamos en casa de Cami y Ramón y no nos creyó ni de lejos cuando le dijimos que todo fue simple casualidad, sólo espero que no nos odie mucho.

    Semejante tarde y algunos otros temas que debíamos resolver y nos fuimos a la cama listas para dormir 5000 años como Tutankamon. Aunque yo me fui a la cama con algo dando vueltas a la cabeza y que no me dejaba dormir hace días: he tomado una decisión, pero no sé cómo hacerlo. Quiero pedirle a Aurora que sea mi novia, ya hemos pasado juntas por mil cosas y creo que lo nuestro está para durar, además, todo esto entre Iván y Ricardo sólo me recuerda un consejo que me dieron una vez: Carpe Diem. A ver cómo le hago.

    Ya sé, se lo diré en la próxima reunión que inviten los chicos, pero sólo si están Iván y Ricardo, porque los dos son parte de esto también.

    Joel

    —Abuelo, quisiera ayudar al hermano de Ylian, pero no sé cómo, es que el tío ni se anima a hablar con su novio… ya su cuñado intentó hacer que se encontrasen por una forzada casualidad, pero nada —me sinceré con mi abuelo, él siempre tiene buenas ideas, tal vez nos pueda ayudar.

    —Pues si es la mitad de buena persona que Ylian —me contestó mi abuelo mientras revisaba un viejo baúl, al parecer lleno de recuerdos-, creo que es sólo cosa de tiempo, pero ya ha pasado mucho tiempo para seguir discutiendo por tonterías, creo yo.

    —Eso mismo pienso yo, pero no se me ocurre cómo hacerlo, no sin ser prudente —apunté.

    —Bueno, tal vez es momento de no ser prudente, a veces es necesario un poco de violencia —levanté una ceja-, no digo que les acomodes las ideas a ostias, aunque podría ayudar, digo que esta vez podrán obligarlos a verse cara a cara sin que puedan evitarse, no sé si me entiendes… —me dijo con esa sonrisa pícara que usa para darme a entender alguna trastada que espera que deduzca por mí mismo.

    —No sé si es lo que estás pensando —le contesté con una sonrisa-, pero tengo un plan…

    Cami

    —Bueno, ya que estás sobrio y decidiste no hacer ninguna estupidez, creo que puedes salir un poco a que te dé el aire, Iván —le dije claramente, no le vamos a mentir, aunque tampoco le digamos nuestras esperanzas-, vístete, que Joel hará una barbacoa para celebrar no sé qué, como sabrías si revisaras tu teléfono, y vendrás con nosotros, no te la puedes pasar encerrado como un preso.

    —¿No irá a estar Ricardo allí, verdad? —vaya, lo único que no debía preguntar.

    —Pues, esté o no, creo que deberías ser un poco valiente y correr el riesgo —le contestó mi novio antes que pudiera decir nada-, además, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué os reconciliéis?

    Iván se puso colorado como nunca antes, no sé si de pena, no sé si de ilusión, pero su cara adoptó ese mismo gesto de determinación que tenía cuando decidió esperar a que Ricardo regresara de Finisterre, se ve que aunque pueda que no se sienta preparado, al menos no se rendirá sin luchar por lo que siente, que es lo que llevamos un mes intentando que haga.

    —Vale, voy con vosotros, y, os advierto, me la pasaré bien, nada de alcohol y sí mucho qué solucionar —nos dijo con los ojos, ahora sí, brillando por la ilusión.

    Ylian

    Menos mal que aunque no se hablen, Vanya y Ricardo me dejaron usar su coche mientras no lo necesiten y como ninguno está en situación de decidir nada, pues al menos he impedido que lo tomen por un auto abandonado. Me puse guapo, como Joel me pidió, aunque sé que lo que quiere festejar es que esos dos se reconcilien, aunque todavía no haya sucedido. En fin, me terminé de vestir, le dije a mis tíos que saldría con Vanya y que esperaba volver con los dos a casa, así que me dieron sus buenos deseos y permiso de llegar a la hora que hiciera falta, siempre y cuando el intento fuera serio. Les expliqué la idea de Joel y lo que ya había planeado Norman y me dijeron que era lo mejor que podía hacerse, al final me recomendaron llevar al niño también, para que fuera parte de algo que le importaba tanto.

    Me fui a buscar a Ricardo, quien no quería ir, con la idea de llevar a Norman con nosotros hasta que llegué a casa de sus padres.

    —Ricardo, tío, vamos que se nos hace tarde —le dije.

    —No pienso ir, Ylian, no tengo nada qué festejar, no seas pesado —me dijo de mala leche.

    —Pues nos iremos Norman y yo sin ti, ya le pedí permiso a tus papás y no tienen problema, especialmente porque mañana es sábado y no tiene cole —le dije con bastante acidez, más que todo para hacerlo reaccionar y que acepte ir.

    —Pufff —refunfuñó-, sabes cómo obligarme, ¿verdad? Sabes que si te llevas a Norman iré contigo aunque no quiera —me encogí de hombros-, vale, esta vez ganas, pero me la pagarás, cuñado, me la pagarás.

    Le dediqué una radiante sonrisa, no tanto porque me hiciera caso, que también, como por el hecho que todavía me ve como su cuñado, parece que es cierto lo que me comentó Norman sobre que no fue un fracaso la salida al cine.

    Al final nos subimos todos al coche, previas advertencias de sus padres respecto a Norman, y nos fuimos a casa de mi chico, que igual se está haciendo tarde.

    Ramón

    Bueno, ya todo está puesto, esperemos que esto sí dé resultado, al menos tengo la completa certeza que no se pelearán a gritos porque por algún extraño motivo a los papás de esos dos les pareció bien que viniera Norman y ellos lo quieren demasiado como para que los vea pelear.

    Con el final del verano, hacer una barbacoa no es buena idea: por un lado, empieza a hacer frío además, cuesta más encenderla, al menos la de casa de Joel, que es a carbón y no a gas. Pero juraría que la idea de la barbacoa es más por comer fuera de la casa, porque en cuanto llegó Ylian con Ricardo y Norman, Joel y Cami se llevaron al chico aparte y le dijeron algo mientras señalaban la piscina, sospecho por dónde van las cosas, a ver si dan resultado.

    Cuando me acerqué a ayudar a Joel, me di cuenta que hace rato tiene la barbacoa encendida, simplemente está haciendo tiempo, así que decidí poner de mi parte. Norman estaba hablando con Iván junto a la piscina, ninguno de los dos dejaba de ver de reojo a Ricardo, que estaba al otro extremo hablando con Ester, pero de espaldas a esos dos, aunque debía sentir sus miradas taladrándole la espalda. En un momento Norman desvió su mirada hacia Cami y él asintió, por lo que me fui hacia el cuarto que hay junto a la piscina, donde está la ducha, para verificar una cosa.

    Cami

    Tal como habíamos acordado, a mi señal, Norman empezó a preparar a Iván para lo que se venía y yo, distraídamente, me acerqué a Ricardo y Ester con un par de refrescos, el pretexto ideal, tomando en cuenta lo “difícil” que la está teniendo Joel con la barbacoa.

    —Ester, pensé que te apetecería tomar algo —le dije mientras le ofrecía una de las bebidas, luego le di un trago a la otra.

    —Joer, y yo, ¿qué? ¿No puedo querer algo también? —me dijo Ricardo fingiendo estar molesto, la verdad, para no haber querido venir, hay que reconocer que tiene un humor excelente.

    —Ah, perdona, ¿tienes sed? —Asintió, lo peor que pudo hacer— pues te daré agua —y le di un empujón directo a la piscina, sabía que Norman tenía su móvil, así que no me preocupó lo que tenía en los bolsillos.

    Mientras Ricardo caía al agua vi que Norman hacía lo propio con Iván, al que primero le había quitado el móvil, puesto que lo tenía en la mano.

    De inmediato Rubén y Edu se acercaron corriendo, pero Ylian y Ester los retuvieron, los tíos se iban a lanzar de cabeza a ayudarles a salir, pero eso no era necesario, la piscina no era tan profunda y ya ellos estaban saliendo, como bayetas y con fuego en los ojos, pero al menos por fin de acuerdo en algo.

    —¿Cómo se os ocurre…?

    —¿… tirarnos así con el frío que hace? —Iván completó la frase de Ricardo, lo que a todos nos sacó una sonrisa de complicidad y los hizo mirarse perplejos el uno al otro.

    —Venga ya, tampoco es para tanto —dijo Mr. Mellors, no sé cuándo se acercó el abuelo de Joel-, iros a duchar y secaros en la ducha, hay toallas de sobra y en la habitación de huéspedes hay ropa vuestra de otros días que habéis venido, voy a buscaros algo.

    En cuanto Mr. Mellors se hubo ido, Iván y Ricardo se decidieron a irse a la ducha, pero a la hora de entrar no se decidían a hacerlo.

    —Meteos juntos, coño, ni que nunca os hubierais visto con poca ropa, joder —los impulsó Ramón.

    —Si no te molesta, Ricardo… —Iván estaba un poco cohibido por estar a solas en un lugar tan chico con su novio, pero tampoco es que les diéramos otra opción.

    —No, para nada —el rostro de Ricardo hubiera parecido una máscara de lo inexpresivo que estaba, pero sus ojos lo delataban-, mejor entremos antes que vuelva Mr. Mellors y nos eche la bronca.

    Entraron a la ducha y Ramón sonreía triunfal, entonces me di cuenta: cerró la puerta con el pasador que tenía por fuera para cuando no estaba en uso:

    —Allí os quedáis hasta que habléis, ya es hora de dejarse de gilipolleces.

    —Creo que te pasaste, macho… —Mr. Mellors traía algo de ropa, pero estaba con Joel riéndose de la cara de los chicos al caer al agua, curiosamente, la comida ya estaba casi lista.

    —Ya, bueno, sólo había una forma de hacerlos entrar en la ducha sin que nadie más se mojara —mientras hablaba, Norman se acercó a él y le chocó los cinco-, esperemos que funcione.

    Iván

    Joer, estos tíos se pasan, la verdad, aunque no creo que hubiera otra forma de hacernos estar a solas, la verdad, cosa que agradezco, aunque agradezco más que Ricar quisiera.

    —Ricar… —intenté empezar mientras él se quitaba la ropa de espaldas a mí.

    —¿Sí? —se giró para ver lo que quería, él ya estaba sólo en bóxer y me podían las ganas de abrazarlo, cosa que hice.

    Él me correspondió el abrazo y cuando nos separamos, tomó mi cara entre sus manos, contacto que no sabía lo que añoraba:

    —Sólo di la palabra, por favor, Vanya —me dijo.

    —Perdón —me salió del alma, no fue impuesto, es todo lo que podría haber dicho, porque es lo que siento, que necesito su perdón, nada más.

    Él sonrió, con esa bella sonrisa de amor que tiene y me besó, me besó como nunca, intentando que nuestros corazones recuperaran ese mes que estuvimos separados por una estupidez.

    —Te amo, mi Vanya, no importa nada más, sólo quería que tú me dijeras que todavía me quieres, aunque no sea el tío más guapo del mundo —me volvió a besar, pero esta vez le abracé, quería tenerlo tan cerca como fuera posible, no importaba nada más.

    —Puede que no seas el tío más guapo del mundo —le di un pico-, pero eres el hombre más bello, hermoso, lindo y guapo de mi mundo —ahora sí le di un beso en condiciones.

    Fin.

  • Mi prima Claudia (Parte 3)

    Mi prima Claudia (Parte 3)

    La tarde del 1 de enero.

    Luego de haber tenido sexo anal ambos sentimos que nuestra relación estaba en la cúspide de ese mar de pasión y que nadie ni nada podría interponerse; que entre ambos había surgido un sentimiento profundo que iba mucho más allá de lo meramente sexual, sabíamos que lo nuestro era amor y que juntos afrontaríamos cualquier desafío y que no había vuelta atrás, nos amábamos y estábamos dispuestos a defender ese amor por sobre todas las cosas.

    Decidimos ir a almorzar a un restaurante que a pesar de que era año nuevo estaba abierto… Claudia estaba como de costumbre hermosa, su cabellito corto, anteojos de sol sobre su cabeza, ojos maquillados, sus carnosos labios en un color rojo pálido, llevaba una musculosa animal print blanca y negra, ajustada al cuerpo que marcaba la exuberancia de sus senos, y una minifalda negra ajustadita dejando al descubierto sus torneadas piernas y marcando su buena cola, esa que una hora antes había desvirgado, y unas sandalias abiertas con tiritas negras y taco chino…

    La miré con deseo, pasé mis manos por detrás suyo, y la sujete por la cola y dije

    G- Sos hermosa, todavía no puedo creer que te tenga así

    C- Te amo Gabriel

    Nos dimos un beso largo y apasionado durante varios minutos, yo acariciaba su cola, y sus pezones excitados por el momento, ellos estaban parados marcando su chomba, y dije:

    G- Tenés los pezones erguidos y a punto de hacer estallar tu musculosa

    C- Que querés que haga es imposible no excitarme cuando estoy en tus brazos.

    Salimos, fuimos caminando, tomados de la cintura y besándonos constantemente cual adolescentes

    Entramos al shopping, subimos las escaleras, caminamos en busca del restaurante almorzamos, nos detuvimos en un par de vidrieras había algunas abiertas pasamos por un negocio que vendía ropa interior femenina miramos la vidriera y ella entro sin mi, no tardo mucho volvió con una pequeña bolsa… algo había comprado pero cuando quise saber que era ella se negó a darme información y solo dijo:

    C- No seas impaciente… esta noche te lo muestro… puesto.

    A eso de las 15 h., volvimos a la casa… íbamos a sacar a pasear los perros, pero decidimos hacerlo más tarde… cuando bajase el sol… no parábamos de besarnos… hubo un momentáneo de impase y Claudia me ofreció flan de chocolate con crema que había hecho por la mañana… sabía que yo moría por ese postre.

    Fuimos a la cocina, me senté en una silla ella sacó de la heladera el postre y la crema mientras ella buscaba las compoteras, yo hundí mi dedo índice y saboree la crema… ella se dio vuelta y dijo:

    C- Ah que bonito…

    G- No soporte la tentación, pudo más que yo

    C-Te entiendo yo tampoco puedo aguantar una tentación…

    Hundió mi dedo en la crema y lo llevó a su boca y empezó un jugueteo que me excito sobremanera ya que lamia y succionaba mi dedo como si se tratase de mi pene, su lengua se deslizaba por mi dedo saboreándolo y ver su carita sexy excitándome con su mirada.

    Luego de varios segundos así nos besamos apasionadamente…el deseo se había apoderado de ambos, la tomé en mis brazos, seguíamos besándonos mientras la llevaba a la habitación y nos desnudamos, yo me acosté en la cama quedando en ella con un bóxer blanco ella se fue acercando tentadora y provocativa con un conjunto de bombacha y corpiño diminuto a cuadritos blancos y celestes con puntilla blanca en su corpiño y su bombachita de colaless con la tirita metida entre sus cachetes y sujeta a sus caderas con pequeñas tiras

    Claudia subió a la cama, se sentó sobre mí con mi cuerpo yo lleve mi mano a su cuerpo acariciándolo suavemente como una porcelana frágil su suave su vientre, luego la deslicé por su pecho hasta llegar a su corpiño acariciando sus senos por sobre él, ella se movía sobre mi excitando mi pene ya erguido. Su boca emitía gemidos excitantes… tomó mis manos con las suyas llevándolas hasta su corpiño haciendo que acariciase y masajee ambos senos mirándome con su carita tierna, dulce y deseosa luego se acostó levemente sobre mi cuerpo, mientras mi lengua se deslizaba sobre su tórax y mis manos tomaban y acariciaban sus nalgas mientras le decía:

    G- Nunca amé y desee a ninguna mujer como a vos…

    C- Yo también te amo Gaby y te deseo desde mi adolescencia… te amo… te amo… te amo

    Ella me besó con deseo y desesperación; volvió a erguirse y yo a acariciar sus senos aun con el corpiño puesto, volvió a acostarse sobre mí y yo a acariciar sus nalgas mientras sus besos en mi boca eran más ardientes, se colocó a un costado mío yo la tome por una de sus nalgas y comencé a besar la parte descubierta de sus senos, al tiempo que le decía lo mucho que la amaba y la deseaba, nuestra relación como pareja se solidificaba a cada instante, no solo había deseo, brotaba entre nosotros el romanticismo y el entregarnos mutuamente a un amor puro…

    La tome en mis brazos, la acariciaba, la besaba con pasión disfrutaba de su dulce boca, de chuponearle su cuello, de ver su carita deseosa y excitante, luego ella se sentó a un costado mío, y se sacó el corpiño y con mi cuerpo entre sus piernas, deslizo sus senos sobre mi bóxer hasta subir por mi tórax, subió y bajo varias veces, se detuvo un segundo yo extendí mi dedo índice sobre su boca y ella lo tomo entre sus labios y lo pellizco con sus dientes y lo lamió como si fuese mi pene, excitándome al máximo.

    Luego besó mi vientre acarició y besó por sobre mi bóxer mi pene totalmente erguido varias veces poniendo su cabeza sobre él; cada tanto dirigía su mirada hacia mi, me excitaba su carita de gozo, luego bajó mi bóxer dejando parte de mi pene afuera, lo beso dulce y delicadamente. De mi boca surgió un gemido profundo excitante y mi mano tomo su cabeza y se hundió en su cabellera ella siguió besando y lamiendo mi pene para luego bajar totalmente mi bóxer.

    Liberado mi pene lo contemplo unos segundos y dijo:

    C- Ahora si es totalmente mío

    G- Siempre va a ser tuyo amor

    Lo beso y lamió varias veces por el tronco luego deslizó su lengua en mi glande haciéndome gemir de placer mientras yo acariciaba su cabello y gozaba ese mágico momento. Lo tomo con una de sus manos y lo fue introduciendo en su boca poco a poco hasta absolverlo por completo lo tenía en su boca y luego lo liberaba para deslizar su lengua desde mis testículos hasta la punta de mi pene, luego giro su posición 180º siguió lamiendo mi pene solo que ahora yo tenía ante mis ojos su hermoso culo.

    Contemple esa hermosura, corrí la tirita de su diminuta bombacha, tome los cachetes de su cola entre mis manos y saboree con mi lengua el néctar de su ano y de su vagina sus gemidos quedaban un tanto ahogados por mi pene dentro de su boca yo la seguía lamiendo al tiempo que yo acariciaba sus nalgas… su espalda… luego ella se incorporó un tanto permitiendo que mi lengua se apoderase mejor de su vagina… sus gemidos inundaron de sonidos placenteros la habitación.

    Luego ella se movió y quedo acostada sobre mi…antes baje un tanto su bombacha.

    Claudia quedo acostada sobre mi… yo deslizaba mis manos por su cuerpo… acaricia sus redondos senos… su tórax… su vagina por sobre su bombacha a medio sacar y mi pene sentía los cachetes de su cola sobre mí, ella se revolcaba y gemía constantemente al tiempo que una de mis manos se introdujo bajo su bombacha acariciando su ya húmeda conchita, al mismo tiempo besaba su cuello y ella se revolcaba y gemía placenteramente y repetía que me amaba, ella retiro por completo la bombacha de su cuerpo.

    Luego de unos segundos ella se levantó, se colocó frente a mí y con desesperación su boca se apoderó de la mía en un profundo y excitante beso… luego paso sus piernas sobre mi cuerpo el que quedo entre medio de ellas, se recostó sobre mí, separó aún más sus piernas y su mano fue en busca de mi por demás excitado pene y lo ubicó a las puertas de su vagina me beso y se sentó sobre mi haciendo que mi pene entrase lentamente en su vagina súper lubricada y comenzó a cabalgar sobre mi haciendo que mi pene se deslizase por su vagina mientras mis manos la tomaban por la cintura mi pene entraba y salía de su vagina avasalladoramente… nuestras bocas gemían y gritaban de placer ella cada vez más aceleraba sus movimientos sobre mí; Claudia estaba muy excitada y deseosa de que mi pene explotase entregándole el semen tan deseado, ella sin dejar de moverse se recostó un tanto sobre mí y me besó profundamente.

    Luego volvió a su posición dominante volvió a inclinarse sobre mí en busca de otro beso mientras yo acariciaba y masajeaba sus nalgas, se incorporó y aceleró aún más sus movimientos yo ya no podía contenerme más entonces mi pene estalló violentamente lanzando torrentes de cálido semen dentro de su vagina al mismo tiempo, su cuerpo se agitaba violentamente en miles de convulsiones, ella se recostó sobre mí y nuestras bocas se unieron en un beso apasionado, dulce y violento sellando ese placentero momento.

    Luego de varios minutos así ella se recostó en la cama, su cuerpo seguía agitado, su voz sonaba placentera, y dijo:

    C- Ya no podría vivir sin vos… nunca pensé que el amor de mi vida lo tenía al alcance de mi mano, te amo y te deseo tanto…

    G- Yo también te siento así y este amor será más intenso cuando mi esposa.

    Nos besamos con pasión y juntos fuimos a ducharnos, volvimos a la habitación besándonos con ella en mis brazos y nuestras bocas unidas, jurándonos amor eterno.

  • Cartas homoeróticas (X): De Janpaul a Mikel

    Cartas homoeróticas (X): De Janpaul a Mikel

    Mi queridísimo Mikel:

    No sé por qué me imaginaba que tu campamento iba a ser un desastre y no me extraña lo que me cuentas. Aunque es un exceso de sexo, te habrás divertido, pero, ya ves, has acabado no amando a nadie, no completando tus banquetes de semen, usando condones para ti y para otros, desperdiciando el sexo y tirando por la borda el placer. Te voy a ser sincero, de haber estado yo en tu lugar, me hubiera aprovechado de todos y cada uno y hallar la plena satisfacción, aunque sé que una hora contigo vale más que cuatro días con quince pobres imbéciles, porque erais dieciséis contando contigo, ¿no es así?

    Ya ya tuve una experiencia no muy diferente que ni me dio tiempo a comunicarte para tu conocimiento, porque fue de esas sorpresivas, que uno no las busca ni las quiere pero se la presentan y debes aceptar aunque sea a desgana.

    Todo el asunto comenzó el viernes pasado, teníamos puente laboral y estudiantil de viernes a miércoles porque viernes y martes fueron festivos. Toda la familia de mi madre organizó una fiesta en Tarragona, de donde son todos originarios y habían contratado un hotel casi para nosotros solos, porque éramos más de cuarenta, viajamos el viernes por la tarde, para estar sábado, domingo y lunes enteros y el martes regresarnos tras el desayuno.

    En la provincia de Tarragona hay una población junto al mar que se llama L’Hospitalet de Infant y al sur está la playa del Torn. Pues después de estar comiendo, bebiendo, hablando y visitando los entornos de esa región, te imaginas 40 personas alquilando un autobús para ir de visitas culturales y turísticas con el gravamen de que esas cuarenta personas todos son familiares, abuelos que eran los que pagaban, padres de todos y todo un ejército de primos y primas con unos cinco niños que daban la lata hasta morir. Un hotel como si fuera nuestra casa, y un autobús como si fuera nuestro carro. Ya estábamos hartos de tanta monserga turística y cultural y el lunes habían programado ir de compras a la misma ciudad de Tarragona. Los hombres con sus mujeres y las chicas que les gustan mucho las compras querían ir para traerse consigo un montón de trapillos, tacones y perfumes. Así que mis primos solteros, es decir, los que no tenían ni novia siquiera, se rebelaron y dijeron que no iban, me convencieron para que tratara de convencer a los mayores y ahí me tenías a mí diciéndoles el domingo en la cena que para nosotros no iba aquello, cuando yo ni siquiera sabía qué pretendían estos pájaros.

    Como yo tengo fama de chico obediente, educado, amable —si supieran lo puto que soy— se dejaron convencer y dijeron que no nos fuéramos muy lejos, pero ellos se iban para todo el día. Por tanto mis primos, diez cojonudos primos, sonsacaron dineros de sus padres para poder comer (?) o para no sé qué. Mis padres estaban tan contentos de que mis primos confiaran con mi liderazgo, que me dieron dinero para poder forrarme.

    En la noche, tal como habíamos quedado, cuando ya todos se iban a retirar a sus habitaciones, se reunieron en la que ocupábamos uno de mis primos y yo. Conté los que estábamos y éramos 11 machos. Quedamos en esta reunión que debíamos estar a punto en zapatillas y short después del desayuno, para despedir al autobús y luego, ir a alquilar unas bicicletas para irnos a la playa nudista del Torn. A todos nos pareció muy bien porque estábamos sin la gente mayor, las mujeres y los niños y podríamos bañarnos desnudos con la ilusión que nos hacía.

    La Playa del Torn es una de las mejores playas de Cataluña; se encuentra a unos 2 Km al sur de L´Hospitalet de l’Infant. El paisaje de ese entorno parece el Edén, todo él rodeado de naturaleza pura, rodeado de bosques de pinos y acantilados de roca calcárea que hacen de la playa del Torn un lugar mágico. La playa tiene una extensión de kilómetro y medio limpios de construcciones, solo hay un camping nudista llamado para mayor causa el Templo del Sol. Fuimos en bici hasta el camping. Como estamos en la primavera calurosa y no es verano, no había casi nadie.

    Nos dirigimos a la parte trasera donde está el restaurante. Entramos mi primo Alfredo y yo para ver si podíamos comer. Nos preguntaron cuántos éramos y al decir once nos preguntaron para qué hora y les indicamos que a las dos de la tarde. Me preguntaron qué preferíamos comer y les dije que pongan lo que quieran que vendrán con apetito, hambre y ganas de comer y beber. El tipo del restaurante se reía de lo que yo decía. Pusieron nuestras bicis atadas en custodia y atravesando el camping nos fuimos al mar.

    Al llegar a la arena, nos empezamos uno a uno a quitar el short y las zapatillas. Bromeábamos de penes grandes y penes pequeños, pero ya con eso todos estábamos empalmados y tuvimos que echarnos de inmediato al agua, sobre todo ellos, mis primos, que algunos no tienen costumbre. Después del primer baño me salí y me tumbé directamente sobre la arena, removida con los pies previamente para que no quemara.

    Se me acercó mi primo Cristóbal. Este es buen chico, tímido a pesar de sus diecinueve años y haber comenzado a estudiar ingeniería naval. Intentó sentarse y la arena quemaba, le dije que la removiera, lo hizo y me dijo:

    — Lo sabes todo.

    — No; es la costumbre.

    — ¡Ah! ¡Claro que sí! Tú, primo, eres playero…

    — ¿No te gusta el mar, Cristóbal?

    — Bueno, a decir la verdad, quien me gusta eres tú…

    — Ja, ja, ja; ¿no sabes que tengo novio?

    — Ah, sí, eso dicen, pero de allá, de lejos…

    — Un novio es un novio, ¿no te parece?

    — Entonces…, tendré que conformarme…, me voy allá, aquí hace mucho calor…

    —Sí, Cristóbal, tienes razón, allá, detrás de los árboles y sobre aquellas rocas se debe estar mejor…

    Emprendimos una carrera, para desplazarnos y para no quemarnos los pies fuimos por donde la arena estaba húmeda junto a las olas que estaban suaves y tenues. Había una parte más rocosa y me metí para adentro, bajo los árboles, sin esconderse mucho para ver el mar. La vista era bella, concupiscente, concupiscible, apetecible y la carrera me puso caliente. Estaba pensando en meneármela un rato y llegó Cristóbal con más deseos que cansancio y se me echó encima, se puso a besarme. Perdí del todo la modestia.

    — ¡Métemela, Jor, métemela, por fa…!

    — Pero… ¿tú solo quieres un polvo?

    — Por lo menos, Jor, mejor algo que nada…, si no puedo ser tu novio, al menos tu amante…

    Nos pusimos uno al lado del otro e invertidos, Mi primo Cristóbal tiene buena polla, no tan gorda como la mía pero igual de larga más o menos. Lo que sí tiene es un culo que ni su puta madre, que es mi tía, lo mejora aunque vaya por la clínica Gluteoplástica del Quirón. Aquello son dos medios melones que con verlos me aturdieron y me dije «los voy a atravesar y los corto como sandía».

    Me comí aquel culo, me sabía a sal porque había entrado antes al mar para quitarse la arena, es por eso que venía detrás de mí. Me comió la polla como un perro la longaniza. Mi primo estaba súper salido de madre, no había modo de contenerlo, era la hostia, joder con el cabrón y siempre presumiendo de muy hombrecito.

    — ¡Joder, me saliste más maricón que Falete! Siempre tan hombrecito, con las chavas jugando a muy hombrazo y ahora me tienes cogida la cola con tus dientes, pues te voy a estrenar, maricón, puto maricón…

    Lo agarré con mis manos y lo puse en cuatro. No me paré más, ni había tiempo para remilgos, los otros primos estaban gritando y llamando para no sabía qué en ese momento. Y quise rematar la faena, total se trataba de un polvo. Metí mi polla por ese agujero sin preparar. Imagínate que me dolió mi polla de empujarla y meterla, cómo le iba a doler al puto de mi primo.

    Cristóbal sudaba y gemía, y comencé un mete y saca rabioso hasta que los dos nos salimos de onda y el puto de Cristóbal se corrió sobre la arena al tiempo que yo le llenaba su orto con todo mi semen. Me descolgué y caímos los dos al suelo mientras yo estaba todavía en las últimas.

    Cristóbal me quiso besar y volvió la cara, para ver a cinco más de mis primos que nos estaban mirando absortos. Habían venido a buscarnos para ir a comer y se pararon hasta que acabáramos la faena.

    Saqué mi polla al ver la cara de susto de Cristóbal y dije mirándolos:

    — ¿A quién le toca ahora?

    Durante la comida todos comentaban el asunto con jocosidad, pero de mí todos saben que soy gay, lo que no sabían es que el primo Cristóbal también lo era. Me levanté para defenderle:

    — Nada hay entre nosotros, yo tengo mi novio que va a saber de mí directamente lo ocurrido hoy, que nadie se meta con Cristóbal, cada uno ha de hacer su vida, y que a todos nos vaya bien. Levantaron el vaso, cada uno con lo que tenía y se hizo el brindis más incorrecto de la historia, quien con cola, quien con vino, otros con cerveza e incluso con agua alguno.

    Como contarnos nuestras cosas es como ponernos a follar, espero recibir una papelada de tu leche tan grande como la que te mando yo.

    Besos, te quiero, te espero, te amo, te deseo,

    Janpaul.

  • Ágata

    Ágata

    Es esta la historia, la de un solo día, 
    de una divina mujer prometida, 
    de nombre Ágata, preciosa joyería, 
    de talle fino, ella su cuerpo cuida, 
    culo duro y unas tetas de fantasía, 
    ardiente como una brasa encendida, 
    que a su novio deja por aburrido;
    ni en un empleo porquería fue admitido:

    Pronto esta mañana hemos despertado;
    tan temprano era: el sol no había salido. 
    Para un empleo serás entrevistado:
    «Cariño, debes ir fortalecido;
    te voy a hacer una mamada, de lado;
    quítate el calzón, hum, sí, me lo pido;
    vente, así, de costado, te la chupo;
    derrama tu semen, luego lo escupo.» 

    Has salido y en la casa me has dejado. 
    Sorbo un café y veo la televisión;
    luego hago la cama y un poco he limpiado;
    pero, no sé, me falta algo de acción. 
    Oigo campanas, el timbre ha sonado. 
    Abro la puerta: el cartero; ilusión. 
    Me dice que viene a dar un paquete;
    pienso que podría entrar en mi boquete.

    Que entre le he pedido al cartero urgente, 
    que el recibo quiero bien revisar. 
    Me mira el buen hombre; lo veo pendiente 
    de mi bata abierta que, por azar, 
    deja a la vista mi carne caliente:
    creo que ya tiene ganas de follar. 
    Yo lo dirijo a mi alcoba del brazo. 
    «Ay, cartero, ay, ah, hum, tu polla, hum, qué buen mazo.» 

    Termina el cartero, ya se ha marchado. 
    Voy de compras para hacer la comida. 
    En la frutería el tendero ha observado 
    que mi falda es muy corta, muy atrevida. 
    No hay nadie; me da por atrás, qué osado; 
    «hof»,»hum»,»hof»,»hum», y siento su corrida, 
    viscosa, tibia, en mi ano derramada. 
    La compra, gratis; hoy no hubo mamada.

    Me he cruzado en la calle con Teresa;
    es vecina mía; compra, va cargada. 
    Ella es un poco mayor que yo, y obesa;
    es guapa, y tiene una lengua afilada:
    «Ágata, vente a casa, no seas siesa, 
    que quiero comerte el coño, malvada»;
    «Ay, y yo que me lo comas, Teresita, 
    me apuro, voy contigo derechita.»

    En casa Teresa me he desnudado; 
    y ella; he tocado su piel blanca y grasa;
    sus tetas, inmensas; las he chupado;
    gimiendo, está a gusto, mi boca pasa;
    mi saliva y su leche; yo me evado:
    soy como una ñiña feliz en casa. 
    Abriendo ella mis muslos cuidadosa, 
    despacio, en mi coño sus labios posa. 

    Resulta que mi novio ha regresado;
    saber si será admitido: un dilema. 
    Yo: «¿Follamos?; él:»No, que estoy cansado.»
    Prefiere ahora que cambiemos de tema,  
    así a la mesa nos hemos sentado. 
    Comemos juntos, su cara es un poema;
    después nos vamos a echar una siesta. 
    Sueño despierta con su polla enhiesta.

    Bajo mi pijama, una hembra esperando:
    «¿Debo esperar o ya te has decidido?;
    digo, sí, tendríamos que estar follando, 
    y no hablando de si te han admitido;
    cariño, qué ganas, estoy deseando
    que tu cipote me quite el sentido;
    métemelo pronto, ay, sí, así, más, más;
    ¿otro gatillazo?, lo pagarás.»

    Ágata, la noche, horas anodinas. 
    Ágata, di, ¿el follar se va a acabar?
    Ágata, oye a vecinos y vecinas, 
    los resuellos y alaridos sonar. 
    Se regalan citas por las esquinas;
    di, Ágata, ¿vas a dejarlas pasar?
    Ágata se viste, no va a dormir. 
    Vete, Ágata, que el sol está al salir.