Autor: admin

  • A mi madrastra le gustan las nalgadas

    A mi madrastra le gustan las nalgadas

    Conocen una familia aburrida, si no conocen una le describo la mía, ojalá que no se aburran.

    Somos cinco en la familia, mis padres y dos hermanas, en realidad somos una familia de las que se llama compuesta. Mis hermanas son hijas biológicas de mi madre y yo de mi padre. Papá quedó viudo de mi madre biológica hace siete años y en ese momento se hizo pastor evangélico, supongo que un escape a su profunda pena, estuvo tres años solo hasta que conoció a Silvia mi madrasta, ella también había quedado viuda, su esposo era bombero y perdió la vida en un incendio forestal, quedo destruida y con dos hijas pequeñas, se refugió en la iglesia en la que mi padre era pastor.

    Silvia tiene 29 años, es muy joven para mi papá que tiene 56, aunque para el amor no hay edad. Cuando lo conoció ella trabajaba como secretaria en una aerolínea, siempre viste formal, o por lo menos le exigen un traje que puede ser gris oscuro o azul, con sus lentes de marco metálico fino la convierte en una sexi ejecutiva, es hermosa, un cuerpo hermoso que llama la atención a todos, aunque no por mostrar, no tiene escotes pronunciados, ni pollera corta, son las formas que dibujan su cuerpo y sus espectaculares rasgos faciales. Su pelo es largo y castaño claro, siempre lo lleva recogido en un rodete sobre su cabeza. No sólo su vestimenta es formal, ella también lo es, por lo menos cuando está con mi padre no se muestra cariñosa con él, es una típica ama de casa, su vida está casi dedicada en exclusiva al cuidado de sus dos hijas. Acompaña a mi padre todas las tardes a la iglesia donde da sus sermones, ella lo asiste en su trabajo. En cambio yo no le encuentro el sentido que le encuentran ellos a la religión, razón por la que tengo una relación media complicada con mi padre, aunque no llegamos a pelearnos mostramos indiferencia uno del otro. Puede ser que yo sienta celos de mi padre, envidia de estar con una diosa, creo que desde el primer día en que la vi me enamoré de ella.

    Mi nombre es Cristian y tengo 21 años, estudio y trabajo, todavía el presupuesto no me da para irme de casa, aunque yo no me quiero alejar de ella, no quiero dejar de verla y sentir aunque más no sea un amor platónico no correspondido.

    Con Silvia mi trato es como si fuera una hermana, cuando está con mi padre casi no me habla sólo lo hace cuando él no se encuentra en casa, pero esto no ocurre muchas veces, estas pocas veces que está conmigo la veo sonreír, hablamos de música o video juegos, cosa rara en una mujer, pero ella juega cuando puede y lo hace muy bien.

    Un día estaba en casa con Silvia y mis dos hermanas, ellas estaban en su habitación jugando, se las escuchaba reír, Silvia había terminado de lavar en la cocina y estaba terminando de barrer en el living, yo estaba sentado en el sofá jugando al Call of Duty, con la tv a todo volumen, cosa que a ella no le molestaba. Me ve y se sienta a mi lado, toma el otro control y empieza a jugar conmigo, jugamos una misión en la que teníamos que emboscar al enemigo en modo francotirador, así que nos movemos con cautela.

    Se escuchaba el sonido del viento y las ramas de los arbustos del juego, con el fondo de las risas de mis dos hermanas, en el juego nos acercábamos a una cabaña, muy despacio para no ser descubiertos, ella estaba concentrada, yo aunque trataba de estarlo no podía alejar mi vista de sus tetas que miraba en el reflejo de la pantalla. Ya nos encontrábamos a segundos de sorprender al enemigo y de pronto un sonido me sorprende,

    -Trrrr…

    Silvia en su profunda concentración se había tirado un pedo, me sorprendió que ese hermoso culo sonara de aquella forma, aunque fue un sonido corto y seco, tuvo la frescura de un fonema de algún idioma desconocido. Giro la cabeza y la miro, se le comienza a dibujar una sonrisa que se trasforma en carcajada, en ese preciso momento estábamos muertos los dos en el juego, nos habían descubierto. Tira el control sobre el sillón y se para riendo, me muestra el culo moviéndolo mientras se ríe, yo me hago él enojado y le digo.

    -Perdimos por tu culo.

    Y le pego en el culo con fuerza, fue una tentación muy grande verlo sacudirse a unos centímetros delante de mí, mi mano hizo contacto y pensé que se iba a enojar, a ponerse furiosa, pero no fue así. Pego un saltito y salió corriendo, como si hubiese hecho una travesura. Ese momento creo que no los voy a olvidar en mi vida, fue un giro en nuestra relación.

    Ese día no podía borrar una sonrisa de su cara cuando me miraba, hasta lo hacia delante de mi papá sin que él se diera cuenta. Fueron a la iglesia y no los vi hasta la cena.

    Después de cenar mi padre se levanta de la mesa y lleva a mis hermanas a la habitación, les iba a mostrar un juego de mesa que les había comprado. Quedo sentado en la mesa y se acerca Silvia y me dice en voz baja.

    -Mañana me das la revancha.

    -Sí, no hay problema, pero no quiero perder de nuevo, vas a tener que guardar silencio.

    -jajaja, ¿por qué? Me vas a castigar de nuevo.

    -Si haces los mismos ruidos, sí

    En eso regresa mi padre y cortamos la conversación como si nunca hubiésemos estado hablando, pero ella no podía esconder una leve sonrisa como la de La Mona Lisa.

    Teníamos un secreto a espaldas de mi padre, creo que eso empezó a hacer más excitante nuestra relación, lo clandestino nos excitaba.

    Al otro día yo iba estar temprano en casa, no trabajaba y estaba en un receso de la universidad, Silvia llegaría a eso de las tres de la tarde después de buscar a sus hijas de la escuela.

    Empiezo a jugar mientras espero a que llegue, el tiempo se hacía elástico hasta que escucho el sonido del picaporte de la puerta y a mis hermanas que pasan corriendo a su habitación. Silvia pasa a mi lado, con su traje azul, se la ve agotada pero me dice

    -¿No me esperaste?

    -quería pasar de nivel.

    -jajaja y conmigo no podías, ya vengo.

    Se fue a cambiar y vuelve a los pocos minutos, con un camisa floreada de tela liviana que usa de entrecasa que le llega casi hasta las rodillas, con solo ropa interior debajo, se sienta a mi lado y toma el control para jugar, pero no la dejo quería pasar de nivel antes de cambiar el modo de juego.

    -¿Puedo jugar?

    -espera, espera, que paso de nivel.

    -dale, déjame, te juro que no te distraigo.

    -espera, espera.

    -vamos, dale.

    Parecía una nena caprichosa, nunca la vi así, con tantas ganas de jugar o de que yo le haga caso, era como que quería molestarme con la insistencia, me llega a tomar mi control del juego y la empujo para alejarla, pero sigue insistiendo y me niego a hacerle caso. Entonces no tiene mejor idea que atacarme y no se le ocurre mejor forma que sentarse sobre mí pensando que eso me molestaría, le sigo la corriente mostrando mi enojo, pero se sienta sobre mi mano izquierda que tenía sobre las piernas. Se sienta de forma tal que corre la tela de la camisa y mi mano queda en contacto con sus tibias nalgas y la tela de sus bragas. Ella inmediatamente se da cuanta, pienso que era su objetivo, tocarme la mano con el culo, entonces comienza a mover el culo sobre mi mano, lo frotaba y yo no podía mover la mano atrapada. Pero avanza un poco más y no tiene mejor idea que pasar a la acción con el culo, de pronto un aire caliente golpea sobre el dorso de mi mano, casi no hizo ruido, pero se había tirado un pedo en mi mano. Gira sobre su cuerpo y queda acostada sobre mis piernas con la excusa de agarrar el control que tenía en la mano derecha. El culo queda apuntando mi cara.

    -jajaja ahora me vas a dar el control

    -Saca de acá ese culo apestoso

    Le digo y le pego una palmada en el culo y ella ríe pero no cambia de posición, entonces le pego varias veces más y más fuerte, mi mano en cada golpe sacudía las nalgas. De repente llegan sus hijas y ven que le estoy pegando en el culo mientras ella ríe, piensan que era un juego y no tienen mejor idea que empezar a pegarle cachetadas en los cachetes del culo. En su inocencia le van corriendo la camisa y el culo queda tapado solo por una braga de algodón blanco, yo casi podía sentir el calor que emanaba de ese hermoso culo, hasta un embriagante olor a perfume llegaba a mi nariz. Se empezaban a poner las nalgas rojas por los golpes, pero a Silvia perecía encantarle. Estuvimos así unos largos segundos hasta que se pone de pie y empieza a correr a las hijas hasta su habitación.

    Yo no podía creer que le estuve tocando el culo a mi madrasta, hasta pude sentir sus suaves vientos en mi piel. Pero la realidad volvió a ser oscura y aburrida cuando llega mi padre. Ella volvió a ser la misma de siempre, obediente hasta en la ropa, pero nuestra relación ya había cambiado.

    Estábamos cenando y Silvia se para muy cerca de mí mientras hablaba con mi padre, no era nada raro que esto pase, pero esta vez estaba tan cerca que no tardo en tocarme el brazo derecho con su pierna, mejor dicho con la nalga izquierda, mi padre no notaba nada, seguía con la conversación y ella hacía lo mismo, pero en secreto me estaba provocando. Cuando termina de hablar, gira y le da la espalda a mi padre, me mira aunque desvía la vista mientras se le dibuja una pícara sonrisa.

    Al día siguiente como todos los sábados estábamos en casa, algo estuvieron hablando durante la cena de una pareja, Peter y Alejandra que iban a pasar por la mañana para hablar con mi padre, que como ya les conté es pastor, para que les de consejos matrimoniales, era algo habitualmente hacía, algo que a mí me aburría enormemente, por esa razón me iba a mi habitación o muchas veces con mis amigos, así que no me molestaba. Silvia siempre se mostraba atenta y servil con los invitados y escucha al igual que ellos los consejos de mí padre, pero por la cara que me hizo durante la cena, sin que la viera mi padre, le pasaba igual que a mí, la aburría de la misma forma.

    Cuando llega la joven pareja mi padre los atiende en el living, Silvia les arrima unas tazas de té y mientras lo hace observo que le dice algo al oído a mi padre y se va, yo en silencio me voy deslizando hacia mi habitación. Cuando estoy por el medio del pasillo escucho a Silvia llamar a mi padre, él se llama Osvaldo.

    -¡Osvaldo! Podes venir por favor.

    A lo que mi padre responde

    -¡Cristian! Podes ir a ver qué quiere.

    -Si ahora voy.

    Estaba a unos metros del baño, me arrimo a la puerta y le pregunto qué quiere.

    -Sí, que querés

    -Ah, Cristian, me podes alcanzar un rollo de papel, se acabó.

    Podía jurar que había en el baño cuando me levanté, pero voy a buscar un rollo a un armario en el cuarto de la limpieza y se lo alcanzo.

    -toc, toc. (Golpeo en la puerta)

    -Si pasa.

    Le hago caso. Abro la puerta esperando ver sus manos para tomar el rollo de papel, pero no es así. El baño tiene frente a la puerta el lavamanos, con un gran espejo sobre él, a su costado izquierdo se encuentra el inodoro y sentada sobre este estaba ella esperándome con la mano extendida. Tenía el vestido subido hasta la cintura y la braga hasta debajo de sus rodillas. En voz baja me dice.

    -pasa, pasa.

    Entro tímidamente con el rollo de papel pero ella no lo toma con su mano, solo toma el comienzo del papel del rollo y empieza a tirar para sacar un tramo de medio metro al que empieza a enrollar en su mano. Mientras hace esto me pregunta con total normalidad.

    -espero que no se queden mucho tiempo estos pesados.

    -no sé

    Yo no sabía que decir, estaba bloqueado, pero ella seguía con total normalidad la conversación y sus movimientos, termina de enroscar el papel en su mano derecha y se lo lleva a la vulva y la limpia, no podía ver como lo hacía me lo impedía el vestido pero veía sus movimientos, hasta que lo tira en el inodoro.

    -Espero que no los invite a comer, sabes cómo es tu padre. Jajaja

    Yo era su porta rollo, ahora toma otro trozo de papel y lo pliega de igual manera, ahora se levanta un poco, se inclina y se lo lleva al culo, se lo empieza a limpiar lentamente, lo empieza a pasar de arriba abajo recorriendo la hermosa raya. Ella era consciente de la forma en que me estaba calentando y le fascinaba, seguía hablando como si nada y aparentemente sabía una cosa, que yo podía ver su reflejo en el espejo del lavabo, así era, desde que se inclina me doy cuenta que le puedo ver el culo abierto esperando el papel, ella miraba el suelo, me regalaba la libertad de deleitarme con esa espectacular visión. Tira el papel, me doy cuenta que lo tira limpio, no había cagado, ni olor había, era todo un juego, pero me pide otro pedazo y obediente le arrimo el rollo. Sigo mirando el culo abierto y el rosado ano sobre el comienzo de los labios que se perdían entre sus piernas. Con el papel termina de limpiarlo en varias pasadas. Enseguida se levanta y sube su braga mientras se baja el vestido. Ya había cumplido su misión, dejarme caliente como una estufa. Luego se lava las manos y salimos cada uno para su lado, ella a acompañar a mi padre en el living y yo a pajearme a mi habitación.

    Fue increíble lo que había vivido, no me podía sacar el culo de la cabeza, soñaba con partirlo, con metérsela tan profundo que lloraría del dolor, pero todo era un sueño.

    El domingo se fueron todos al templo, yo prefería no ir, cosa que le molestaba a mi padre pero no me obligaba. Regresan por la tarde a casa como es habitual, pero esta vez con una noticia.

    -Cristian, nos invitaron a un casamiento. (Dice mi padre)

    -¿Quién?

    -Peter y Alejandra.

    -Los que vinieron ayer

    -Sí nos pagan todo. El hotel, la estadía.

    -pero ¿dónde viven?

    -Se quieren casar cerca de donde son sus padres a 500 km. Nos vamos el martes y volvemos el sábado. Te la vas a tener que arreglar solo estos días.

    -No hay problema.

    Era la primera vez que no quería estar solo, tenía necesidad de ver a Silvia, era casi una atracción animal que sentía hacia ella.

    Luego cenamos como es habitual pero un simple gesto en Silvia era el preludio de lo que vendría. Se inclinó para levantar los platos de la mesa y se reincorporó de golpe tomándose la cintura, se arrima a mi padre y le dice algo al oído. Mi padre en voz alta le dice.

    -Otra vez te duele, pero si tomas algo no podes ir

    -No, no puedo, si me agarra el dolor fuerte allá va a ser peor

    -Pero si te quedas, no te puedo ayudar, vas a estar con este inútil

    Me señala indicando al inútil.

    -puedo llamar a mamá

    -No, ni loca, metes a la vieja acá y no se va más.

    -Bueno entonces que me ayude el inútil.

    -Hace lo que quieras si te podes arreglar, quédate, yo me llevo a las nenas, mira que él trabaja y no puede estar todo el día.

    Me meto en la conversación de la que era parte

    -yo puedo tomar unos días de vacaciones que tengo acumulados y se me vencen.

    -Listo todo solucionado, ya tengo quien me cuide.

    El lunes yo trabajaba y tenía que arreglar lo de las vacaciones por lo que me tuve que quedar más tarde para terminar unos trabajos pendientes, iba a llegar muy tarde a casa.

    El martes mí padre se iba a ir muy temprano con mis dos hermanas, lo llevo al aeroparque cercano y lo acompaño hasta que parta el avión. En esa espera me da uno consejo.

    -Cristian, ya sé que es medio complicado a tu edad tener que cuidar a alguien y peor a tu madre, pero sabes cómo es Silvia y como se pone si no le haces caso. Ella está tomando unos analgésicos para el dolor que tiene en la cintura, casi siempre son suficientes, pero algunas veces me pide que le pase un analgésico local porque dice que le hace efecto más rápido. Si te pide que le pases ese, hace el favor y pásaselo sino me va a llamar para que regrese, porque no le deje que vaya la madre, sabes cómo es de insistente.

    -No hay problema pa, podes ir tranquilo. Nos vamos a arreglar.

    Los despido y vuelvo a casa, eran como las nueve de la mañana.

    Cuando entro a casa me dirijo a mi habitación y mientras estoy caminado hacia allí escucho que me llama Silvia desde la suya.

    -Cristian ¿Podes venir?

    -Sí que pasa.

    Me asomo a su habitación y veo que sigue acostada, estaba boca abajo, tapada con una fina sabana rosa. Mira por sobre su hombro y me dice

    -Me podes ayudar con esta crema, me la podes pasar en la cintura

    Me arrimo a un costado de la cama y sacando la mano de debajo de la sabana me alcanza un pomo de crema desinflamatoria, como la que usan los deportistas. Como un estúpido le pregunto.

    -¿Qué hago?

    -Dale, bobo, pasame en la cintura

    Se corre la sabana y queda tapada con un camisón floreado que le llegaba hasta detrás de las rodillas. Se queda esperando con los brazos a los costados.

    -y dale ¿me vas a pasar la crema?

    -Pero, te tengo que levantar el camisón.

    -Y claro tonto, ¿no tenés manos?

    Me increpa para que la toque, lo que me da valor para tocarla.

    Le levanto el camisón hasta la mitad de la espalda dejando al descubierto el hermoso culito tapado solo por una braga que me llama la atención, tenía un estampado de múltiples titulares de diarios sobre un fondo blanco, las letras se escurrían entre sus nalgas, daban ganas de morderlas para que no se caigan en esa brecha.

    Tomo el pomo y lo apretó sobre su cintura, le empiezo a esparcir con las dos manos la crema con movimientos circulares, mientras subo lentamente por la espalda. Pero me para.

    -más abajo.

    Toma con las dos manos la braga y se la baja dejando el culo al aire.

    -Bueno, como quieras

    Me siento sobre sus piernas automáticamente, como algo instintivo y le empiezo a pasar crema por el culo, le manoseo esos hermosos cachetes mientras se los separo con cada movimiento. Tenía el mejor plano de su arrugado y apretado ano. Ella estaba entregada, fue deslizando su mano entre su cuerpo y la sábana hasta lograr introducir sus dedos en la vulva, comienza a masturbarse mientras se retuerce del placer. Pasa un rato y no podía para de tocarle el culo, y me dice en voz baja.

    -Pegame.

    No dije nada, le empiezo a pegar en las nalgas como si fueran unas tumbadoras cubanas. Se ponían las nalgas levemente coloradas mientras ella se retorcía y me pedía más.

    -¡Dale!, no seas puto, más fuerte.

    Me enojó su insistencia y empiezo a pegarle con más fuerza, sonaban los golpes de cada palmada. Empezaba a sentir dolor pero le encantaba y pedía más, mientras se masturbaba con fuerza. No resisto más y meto mi cara entre sus nalgas y empiezo a pasar la lengua sobre su ano. Ella grita con cada lengüetazo hasta que acaba con fuerza sobre su mano, el líquido se escurre sobre la cama.

    No sé de qué forma terminé desnudo y con el pene erecto, pero así estaba. Me lanzo sobre ella para meterlo en sus entrañas, pero me detiene. Toma el pene con la mano y me dice

    -No, ahora no. Quiero que sigas excitado, lo quiero tocar así duro.

    Su deseo no dura mucho tiempo, acaricia el pene con su mano unas pocas veces y acabo en su mano, un chorro de leche cae en varias cuotas, ello lo miraba fascinada. Se empieza a reír a carcajadas, no podía parar, me desafiaba con su risa, la tiro con fuerza sobre la cama y ríe más fuerte, la pongo boca abajo y le empiezo a pegar en el culo para que no se ría más, pero ella pedía más, un dolor la excitaba. Esta vez no le hice caso, no pude parar y como un animal se la metí en el culo, por la violencia parecía que la estaba violando, pero quería más era insaciable.

    Cogimos los tres días que estuvimos solos y desnudos por la casa, azotarle el culo se hizo una rutina antes de metérsela en todos los agujeros posibles. Se acostumbró a unas paletas de madera de ping pong, le quedaban marcados los pequeños cuadraditos en las nalgas de la goma que reviste las paletas.

    Después que volvió mi padre del viaje nosotros seguimos haciendo lo mismo a escondidas, lo que nos excita más, siempre algún dedo juguetón termina en su culo cuando mi padre nos da la espalda y puede ser en cualquier lado, en casa, en el supermercado o en la iglesia, no lo podemos evitar, vivimos en pecado, un pecado que nos alimenta y nos consume.

  • Adela

    Adela

    Era un viernes pasada medianoche volvía para casa, después del trabajo, ir al gimnasio y haber tomado unas copas con amigos, había salido del metro, apetecía no ir directa al piso que por aquel entonces compartía con otras chicas, a la espera de cruzar un paso de peatones interrumpió mis pensamientos una voz que me llamaba por mi nombre, Nora. Por la voz y por lo que pude apreciar por la ventana trasera del taxi era una mujer, el coche paro, desde luego era alguien que me conocía, al llegar a su altura, se abrió la puerta, primero fueron unos zapatos de tacón y unas piernas enfundadas en medias y después el resto me costó al primer momento reconocerla. Era Adela, llevaba un traje chaqueta además el pelo suelto sobre los hombros, cuando la conocí en el tren era más informal con jeans, jersey, deportivas, parka y con el pelo recogido en la nuca, me impacto de la misma manera como lo hizo también aquel día, no olvido fácilmente a una mujer, habían pasado casi cuatro meses de nuestro encuentro en el AVE.

    Entré en el vagón y tome asiento, la vi pasar por el andén tirando de dos maletas, al poco entró era la ocupante del asiento del lado ventanilla, tuve que levantarme para dejarle paso, me saludo agradecida, por la voz percibí un acento sudamericano, tendría entre 45 y 50 años, el tren emprendió su marcha puntual. Me quedé dormida tan pronto se puso en marcha, desperté cuando había ya anochecido, miré el reloj faltaba algo más de media hora para llegar, la mire de reojo, ella se dio cuenta.

    —Buena siesta —me dijo.

    —Sí, espero no haberle molestado.

    —Bueno en alguna ocasión he tenido que enderezarte la cabeza pero no ha sido una molestia —dijo sonriendo.

    —Usted perdone, la verdad es que iba con sueño atrasado, de nuevo le pido excusas.

    Se había girado hacia mí, la observe mejor que cuando tomo asiento, simpática, y con unas simples ganas de hablar. Tenía una cara redonda, de piel morena, unos labios carnosos, ojos grandes de color castaño, el pelo recogido en la nuca, el ajustado jersey color miel le daba un modesto realce a sus pechos que no se apreciaban grandes pero suficientes, las piernas con jeans, con unos toques de maquillaje, vamos una mujer con estilo, en fin resultona.

    —¿En MD por trabajo?

    —Bueno no, en busca de él, después familia.

    —Uf, la familia a veces agota más que buscar trabajo.

    —Pues la verdad que sí.

    —Y tú —antes ya me había advertido que la tuteara.

    —He pasado dos días visitando amigos aquí en MD de vuelta de mi país, ahora a casa y vuelta al trabajo.

    —Vives en BCN

    —Si llevo casi tres años, me encanta la ciudad y sobre todo el mar. Y tú?

    —De momento estudiando, vivo allí también hace tiempo.

    Me comentó que era arquitecta, yo le hablé de mis estudios y lo difícil de encontrar un trabajo, con esto llegamos al final del trayecto, le ayude con una de las maletas, yo llevaba solo una bolsa, nos despedimos, ella para un taxi y yo me adentré en el metro. Después de los besos de rigor en ambas mejillas, le pregunte que hacía por aquellos lugares. Vivía cerca, se había mudado hacía escasamente un mes. Éramos casi vecinas, yo vivía dos manzanas más en paralelo a su vivienda, charlando la acompañé hasta su portal, venía de una cena con compañeros del trabajo pero no le apetecía seguir cuando propusieron ir de copas, alegó cansancio y dolor de cabeza.

    —Quieres subir, te invito a tomar algo naturalmente si no tienes prisa —me dijo

    —No tienes dolor de cabeza, no quisiera molestar.

    —Todo fue una disculpa, no me apetecía encerrarme en un local donde no puedes ni hablar por el sonido de la música, ¿por qué tienes que estar uno mal para complacer a otros?

    —Realmente tienes toda la razón sino te gusta no tienes porqué ir.

    —Como me encuentro bien y con pocas ganas de dormir, te vuelvo a proponer mi invitación, seguro que tendremos algo que contarnos y hablar contigo seguro será reconfortable.

    —No quisiera molestar, en fin, acepto tu propuesta. Abrió la portería, por el pasillo ella delante con paso firme, cuando llegamos el ascensor le cedí el paso, a lo que ella respondió con una sonrisa dándome las gracias. No pude evitar una mirada furtiva a su trasero que cubría la falda ajustada que llegaba hasta la mitad de sus muslos, imagen que procuré, no sin esfuerzo, quitar de mi cabeza, entramos en el ascensor y con voz enérgica.

    —Al ático, por favor —solo había uno, obediente, apreté el botón. Entramos, deje la bolsa de deporte en el recibidor y pasamos al interior. Se le veía satisfecha de mostrarlo, realmente un piso coquetón y decorado con gusto, se notaba el toque de su profesión. Pasamos a la sala, me ofreció el sillón para sentarme y que quería tomar.

    —No, se tu misma.

    —Te apetece un gin-tonic, es mi bebida preferida.

    —Bueno pues que sea.

    Se dirigió al mueble sobre él botellas de licor, se agachó frente al equipo de música y lo conectó, espero en cuclillas hasta que empezó a sonar, suavemente, una batería punteada por una guitarra

    —Te molesta la música.

    —Todo lo contrario.

    Mientras se dirigió a la cocina, la observe con la mirada, aproveché para hacerle un examen más completo desde otra perspectiva. La melena castaña le caía sobre los hombros y se mecía en suave oleaje con cada paso, la camisa blanca con piezas de piel en los hombros y puños, desabrochados los primeros botones insinuando la canal de entre los pechos, caderas y nalgas, con buena armonía con el resto, realzadas por la falda ajustada, las medias negras, le realzaban las piernas, no gordas pero robustas. Aunque no era mi estilo, había de reconocer que era armonioso todo el conjunto. Además sabía andar con tacones, mirándola desenvolverse un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Era un tipo de mujer que sin duda admirada y deseada por los hombres y como no también por mujeres, aquí en aquel momento me incluía yo.

    Perdida en su contemplación ella se acercó con la bebida, se inclinó frente a mí para depositar ambas copas sobre una mesita, mis ojos se desviaron a la generosidad del escote.

    —Espero que te guste, cargaditos y con mucho hielo —Dijo con una sonrisa tomó asiento en un sillón delante de mí, sorbió un poco de la copa y recostándose cruzo las piernas.

    —Umm está en su punto.

    —Tomé un trago, está cargadito pero muy bueno.

    —Gracias me alegro que te guste.

    —Cuál es el motivo de tu cambio de piso —empecé para entablar la conversación.

    Siguieron preguntas del trabajo y de mis estudios. Al unísono tomamos un trago, al incorporarse, me ofreció una nueva exposición de la comisura de sus pechos y al acomodarse de nuevo en el sillón, con el abrir y cerrar de piernas pude apreciar perfectamente unos muslos generosos, las medias no llegaban hasta el final pues vi el color de la piel entre ellos y al fondo el color negro de la tela de sus bragas. Se hizo un silencio, yo en aquel momento solo tenía en mi cabeza la visión de sus pechos y sus muslos, no sé qué cara tendría, seguro que ella no rompía el silencio porqué se sentía alagada por mi cara de embobada, al final tuvo que hacer un suave ruido con su garganta, entonces la miré a los ojos, de repente me puse roja como un tomate, me sentía incomoda, pensé que haría algún tipo de comentario, pero no fue así, se limitó a sonreír.

    Mientras hablábamos, descruzaba las piernas lentamente, asegurándose de darme una buena visión. La voz de Adela sonó mientras montaba su espectáculo.

    —¿Estás bien? —sonrió.

    —Um, uh, sí estoy bien. ¿Por qué preguntas?

    —Oh, pareces bastante distraída. Como si tuvieras problemas para concentrarte en nuestra conversación —Descruzó las piernas, deslizándose hacia atrás, un poco en el asiento y las dejó todo lo separadas que le permitían la falda.

    —No sé de lo que estás hablando.

    —Creo que lo sabes. Desde que hemos entrado, me estas observando con una mirada.

    —Perdona Adela, yo…

    —Me has estado mirando fijamente las piernas. Al menos cuando no estabas hablando.

    Sonrojándome, solo pude mascullar. —Oh Dios.

    —Está bien. Esta sesión ha terminado. Ahora veras lo que quieres —Se levantó y subiéndose la falda, me mostró por completo sus piernas, unas medias liguero dejando al descubierto parte de sus muslos y una ajustada braga de encaje negro. La elegancia y el erotismo unidos.

    —No… quiero decir…

    —Deja de pensar, no, no, no… —Mientras sonreía

    —No me gustaría…

    —Sé lo que quieres y al igual tengo lo que necesitas.

    —No entiendo…

    —¿Te gustan mis medias? ¿Mis piernas? pues adelante.

    —No puedo… no soy una…

    —Tú puedes y lo harás. No sé si eres, pero lo estas deseando.

    —Adela, no…

    —Nora, si —mientras señalándome con el dedo.

    —Ponte de rodillas, ahora mi deseo es que me pases la lengua por cada centímetro de mis piernas. Levantó una pierna apoyándola en el asiento del sillón, yo de rodillas siguiendo sus indicaciones, inclinada lamiéndole desde los tobillos hasta el inicio justo de la ropa de la braga, primero una pierna y después la otra.

    —De momento solo las piernas. Oh, ¿A mi niña le gusta esto? ¿Verdad?

    —Sii

    —¿Es esto lo que imaginaste cuando aceptaste subir a casa?

    —No.

    —Ya verás que es mucho mejor —Se había girado inclinándose levemente, unas generosas y prietas nalgas, solo cubiertas mínimamente, las tenía ante mi cara, pasé la lengua.

    —Oh, qué niña tan traviesa. Seguro que te está excitando, ¿no es así? Sigue, eso está bien.

    —Bueno, yo…

    —Genial, levántate, vamos —No me dio la oportunidad de cambiar de opinión, tomándome de la mano me llevó al dormitorio. Una oleada de energía nerviosa recorrió mi cuerpo, cuando ella me tomó de la mano. Me colocó delante de un espejo, este cubría desde el suelo casi hasta el techo, ella se colocó detrás de mí. Sus manos me acariciaron la cara, después igual sobre la camiseta.

    —Me gustaría verte las tetas, ¿quieres? ¿Verdad?

    —Sí, sí, Adela. Si tú las quieres ver.

    —A qué esperas —tuve mis dudas, pero me desprendí de la camiseta y el sujetador.

    —Que hermosas son —por detrás me abrazó, con una mano, empezó a acariciarlas, con los dedos giró con cierta presión los pezones. Con la otra mano desde atrás, me desabrochó el pantalón aflojando la cintura, lo desprendió un poco, y paseo la mano por encima de la tela de la braga. Mientras lo hacía, me sorprendí al notar que mi coño se mojaba. Muy mojado. Empecé a gemir involuntariamente ante los manoseos de ella.

    —Oh, ¿A mi niña le gusta esto? ¿Verdad?

    —Shhh…

    —Pues mami, quiere verte también el coño, ¿querrás enseñármelo?

    —Si es tu deseo.

    Me manejaba, estaba bajo su control, decidí dejarme llevar, ella estaba disfrutando, y yo también. Voluntariamente me baje los pantalones y después la braga. Me pidió que me colocara con las manos entrelazadas en la nuca. Mis sensores se activaron cuando se desprendió de la falda y la camisa. Las dos frente al espejo, yo desnuda, ella con ropas intimas, sus ojos clavados a los míos a traves del espejo, una mirada fría y extraordinaria, sus piernas un poco abiertas, tensos los gemelos por la altura de los tacones, su mano pasando por delante, bajo por entre mis piernas y sintió la humedad.

    —Oh, mi niña, eso está bien, pero todavía no.

    Se dio la vuelta y cogiendo mi mano por la muñeca la colocó entre sus muslos, mirándome me pregunto:

    —¿Te preocupa algo?

    —No que va, nada —estaba del todo decidida, que fuese lo que el vicio y el deseo me tuviese preparado.

    Mientras mi mano subía por su muslo hasta llegar a sus bragas. El roce de mis dedos sobre la tela, hizo que un leve gemido rompiese el silencio, y que instintivamente abriese sus piernas para facilitar mi labor. Busqué su sexo, de tal forma que mi mano pudo recorrer su raja de abajo a arriba con facilidad. Mis dedos pronto quedaron empapados. Cogiéndome de nuevo la mano por la muñeca la sacó, llevando mis dedos a mi boca. Me la quede mirando, vi como una sonrisa lasciva se dibujaba en su cara a la vez a que afirmaba con su cabeza

    —Creo que no me he equivocado.

    —Me gustará complacerte, estoy lista.

    —A ver de que es capaz mi niña para complacer a su mami.

    Mientras se había sentado al pie de la cama. En cuclillas frente a ella. Mis manos recorrieron sus muslos hasta llegar a su cintura, lentamente fui bajando su braga hasta sus rodillas, su sexo apareció ante mi desnudo, completamente rasurado, acaricie su pubis, era suave y desprendía un aroma corporal que penetró en mi nariz provocando una subida de mi excitación. Separé sus piernas con mis manos, lo que hizo que su braga acabase a la altura de sus tobillos. Situé mis dedos en el inicio de raja deslizándolos para abrir unos labios que empezaban a humedecerse. Lo bese delicadamente, a lo que Adela respondió con un primer y profundo suspiro. Mi lengua recorrió cada pliegue de sus labios, la entrada de su vagina y su clítoris, seguí así durante unos minutos hasta que con sus manos me obligo a parar.

    Me hizo levantar y que me tumbase en la cama, se desprendió del sujetador, aparecieron unos pechos grandes y maduros, se reclinó sobre mí sin dejar de mirarme.

    —¿Mi niña tiene hambre?

    —Sí, mami, tengo mucha hambre —Mientras los colocaba a la altura de mi boca.

    —No te preocupes, niña, puedes alimentarte todo lo que quieras —. Mientras yo succionaba sus pechos, a la vez que con su mano acariciaba lentamente el exterior de mi coño. Hacían que mi excitación subiera a lo más alto. Cerré los ojos.

    Siguieron después, sus labios en mi sexo, la lengua dentro, para después subiendo lentamente, su lengua entraba en mi boca, cuando notaba que mi excitación había llegado casi a su tope, se relajaba y acariciaba mis pechos mientras me miraba. Y así que cuando mi respiración se empezaba a relajar, volvía a empezar. Sentí que ya había perdido el control, que me iba a correr. De golpe se apartó, se levantó y desde la puerta.

    —Eso es todo de momento, relájate —y salió del dormitorio.

    Al poco volvió sonriendo, llevaba algo que dejo en la mesita, se tumbó a mi lado, y mientras sus dedos se enredaban en mi cabello, se acercó a mi oído.

    —Ya no eres una niña pero te doblo en edad. ¿Te gusto?

    —Sí, mami, me gustas.

    —Espero que no te arrepientas —Se incorporó y mostrándome un collar.

    —Es una prueba de sumisión absoluta que determina quién lleva las riendas y quién debe acatar las órdenes, ¿entiendes?

    —Sí, mami lo entiendo.

    A la semana siguiente me mudé a su casa, durante casi dos años fui su sumisa sirviente en el hogar y sumisa sexualmente. Lo que ocurrió creo que merecen relatos aparte.

  • Pirañas en la piscina

    Pirañas en la piscina

    Por fin llegaba el fin de las clases y como último acto nos íbamos los cursos 11ª, 11b, y 11c de excursión a Cartagena, un total 120 jóvenes masculinos todos ya mayores de edad y llenos de energía de comernos el mundo pero comeríamos otra cosa. Nos repartidos en tres buses, un recorrido largo pero divertido, además para muchos por primera vez conoceríamos el mar pero las maletas no solo llevarían vestidos de baño también se encontraba suministros de trago y muchas ganas de sexo que se representaba en caja de condones pues la idea era diversión total.

    Un día nos demoró llegar a Cartagena a un hotel de 5 estrellas y para la mayoría de nosotros nunca había estado en un lugar así tan fino, pronto nos cambiamos y cada uno se inventaba su plan pero llegó a nuestros oídos, que el noticiero estaba cubriendo el reinado nacional por lo que estaban trasmitiendo en una tarima en la piscina y pero lo que hizo realmente correr el rumor fue que las presentadoras que eran hermosas estaban en vestido de baño por lo que hubo la necesidad de ir a ver para recrear el ojo, y al llegar a la piscina realmente la excusión mejoro esas presentadoras eran unas diosas muy buenonas una era mona de 1,68cm menudita y de buen cuerpo llamada Cristina , la otra se llamaba Cindy de cabello negro y un poco más alta pero también con un buen cuerpo y aunque ambas mayores que nosotros Cristina con unos 32 años y Cindy con 28 realmente era estimulante verlas en persona pues ambas merecían atenciones, lo que amerito esa noche un par de pajas en su nombre y que en la mañana siguiente fue el comentario en el desayunó más de uno le había dedicado una masturbada, pero todos quedamos en silencio en el comedor cuando las vimos entrar a desayunar a Cristina y Cindy lo que nos confirmó que estaban hospedadas en el mismo hotel lo cual nos entusiasmaba aún más a todos pues podíamos verlas otra vez, claro que ahora esperábamos una foto o un autógrafo lo cual no se hizo esperar cada uno busco la oportunidad para pedirlo pero la gente de seguridad no facilitaba la cosas, muchos nos conformábamos con masturbarnos físicamente y mentalmente con verlas pero las ganas de sexo iban incrementando entonces para la segunda noche fuimos a buscar putas y como no había mucho dinero toco unas vagabundas no tan agraciadas y encima de todo con condón.

    Pero a la mañana siguiente las ganas seguían solo fue verlas en su traje de baño a Cristina y Cindy que mis hormonas se alborotaron de nuevo, desde temprano estuvimos pendientes de su aparición en la piscina era evidente que la mayoría de nosotros estábamos muy ansiosos por verlas en vestido de baño en la piscina por lo que cuando las vimos salir a la grabación pronto el rumor llego a todos para verlas unos desde sus habitaciones con binóculos, otros desde las terrazas del comedor y otros cerca de la piscina donde estaban ellas aunque nos dejaban acercar ni meternos a la piscina mientras la trasmisión del noticiero pero la distancia era suficiente para morbosearlas, ambas muy buenas pero cada uno de nosotros teníamos nuestras preferencias, aunque la mayoría incluyéndome nos inclinábamos por Cristina más mayorcita y hasta con hijos pero cuando la vi confirme mis ganas por ella, tenía puesto un vestido de baño de dos piezas estampado de color verde claro y blanco lo particular es que la parte de abajo no era vestido pato sino pantaloneta ajustado que hacia admirar muy bien sus provocadoras caderas y Cindy por el contrario tenía un vestido de baño enterizo blanco muy sexy lo que nos despertó literalmente el hambre y los deseos lujuriosos por ellas, no se hizo esperar los comentarios cargados de morbo; “Esas hembras están muy ricas” “Huy! Esas están para hacerles el gasto” fue algunos de los comentarios que alimentaban las ganas, pero hubo un comentario que alboroto aún más los ánimos; “Sera que esas hembras gritan como las putas de anoche?” y el pensar en ello, mi verga se paró mi deseo sexual por las caderas de Cristina al tope al igual que muchos que esperábamos ya una oportunidad de acercarnos pues estábamos ya asechando la presa y la oportunidad llegó en segundos paso todo pero en mi mente quedo en cámara lenta.

    Al acabar la trasmisión del noticiero estas hembras Cristina y Cindy se lanzaron a la piscina para celebrar el fin de la emisión del noticiero sin percatarse que 120 jóvenes estaban asechándolas alrededor de la piscina que al ver esa oportunidad nos fuimos lanzando a la piscina en manada y como pirañas ya era cuestión de que el llegara más rápido a donde su presa por supuesto yo hice mi mayor esfuerzo por llegar a donde Cristina ya para entonces habíamos perdido la cordura todos y estábamos dominados por los instintos sexuales, se escuchaban arengas como; “Cójanlas, cójanlas” “Vamos, vamos a encenderlas a verga” todos nadamos con prisa para alcanzarlas Cristina y Cindy no tuvieron tiempo de reaccionar pues estaban rodeadas por todos nosotros que como pirañas hambrientas estábamos más que ganosos por comerlas, de repente veo que ya llegan adónde Cindy que y ya gritaba al ver zarandeada por las múltiples manos que la agarraban pero yo seguía nadando para llegar a donde Cristina que ya tres compañeros habían llegado a ella y también ya escuchaba sus gritos de la manoseada al final llega a Cristina de cuarto pero rápidamente la cifra se multiplico y desmandada ella se vio envuelta en una abrumadora manoseada que la hacía gritar intensamente pero todos queríamos más y cada uno hacia lo que podía entre la turba que atacaba a Cristina mientras le gritaban de todo como; “Colabora zorra!” “Quieta ricura quieta! “y en el zarandeó llegue a estar primero al frente a ella cara a cara y en sus ojos se veía la rabia, al igual que en sus golpes y manoteos pero no sentíamos nada en ese momento me enfoque en un par de pecas en sus pechos que resaltaban sus tetas suculentas y que me invitaban a besarlos lo cual hice pero también lamí.

    Luego me empujaron y la presa se me salió de mis manos todos jalaban a Cristina y observe que ya le estaban quitando el sostén del vestido de baño y pronto a pura fuerza y ganas me quite mi pantaloneta para llegar a Cristina, iba por mi premio mayor llegue a sus caderas y en segundos le quite la parte de debajo de sus vestido de baño y salvajemente hago mi primer intento de acceder a Cristina pero la euforia de la manada no me dejaba embocar mi verga en ella, pero después de varios intentos enérgicamente la tomo de sus caderas y literalmente la inserto en mi verga como un chuzo de carne sacándole un grito desgarrador a Cristina pero me dio ímpetu para pujar con fuerza y aprovechar el momento con frenesí, ya éramos uno pues aunque la jalaban ella estaba unida a mí conectados por mi verga que la tenía penetrada, para entonces ya tanto Cindy como Cristina estaban abusadas y clavadas en diferentes vergas y parecía una competencia entre dos grupos en donde no se sabía quién hacia gritar más a Cristina o a Cindy y también escuchaba a mis compañeros “Suéltela, suéltela” “Me toca” pero yo aferrado a Cristina aún no había terminado con ella faltaba eyacularla.

    Y así lo hice empecé a soltarle todas mis ganas y semen provocado por Cristina, que poco a poco fue dejando de gritar y se entregó a mi sacándole gemidos de pura ramera, a lo que todos les dio avaricia por poseerla también, que literalmente me la arrancaron de mi verga para rotarla penetrándola una y otra vez mientras gritaban “Dame más!, dame más, mas ramera!” “Dame a mi” “Me toca” Y Cristina ya totalmente desgonzada ya no forcejeaba por lo que a placer ya todos trataban de sacar provecho de Cristina que solo término cuando llegaron los guardias que disperso al grupo tan rápido como llegamos como las pirañas, al llegar a la habitación unos más satisfechos que otros solo esperamos el castigo y un amigo me pregunto; “Que tal la comida?” y yo aún agitado por el goce con Cristina respondí; “Pues los servicios de Cristina salió gratis y además presto una atención sin condón, Buenísima” y el añadió; “Ahora tocara esperar que pasa? Y si la preñamos!”. Nos miramos todos y Ups!!

  • Una abrupta decisión

    Una abrupta decisión

    —Hermanito, creo que lo mejor es repartirnos a partes iguales, ¿no crees? —Le dijo Vladimir con una gran sonrisa, lo que fuera que había hablado con Santiago, pensó Alec, lo tenía del mejor humor que había visto en su vida—tú lleva a Bobby y a Amber, yo me encargo de Santi y de Claudia.

    Los tres amigos de Santiago se miraron con la boca abierta y totalmente estupefactos, nadie llamaba Santi a Santiago si no quería ganarse un enemigo y muchos problemas, pero Santiago sonreía y no tuvo problema alguno en que Vladimir lo llamase así.

    – Me parece bien -Alec no sabía el motivo del asombro de los demás, pero si algo no quería era otra decepción ese día-, cuando termines me llamas, así puedo ir a buscarte.

    – Va a ser que no -esta vez le contestó Santiago-, Vlad no necesita que nadie lo busque -agregó con un pícaro guiño de ojo.

    Esta vez fue Alec quien necesitó usar la mano para cerrarse la boca, porque nadie llamaba Vlad a su hermano, pero allí estaba él, sonriente como nunca y sin importarle el gesto cariñoso de Santiago. Salieron todos hacia donde estaban los autos y Alec pudo notar que cuando pensaron que nadie los veía porque todos se subían a los autos, Santiago acariciaba la mano de Vladimir y éste le correspondía con una sonrisa radiante. Finalmente, se subieron todos a los autos y salieron de allí.

    *-*-*-*-*

    Alec estaba tan sorprendido por lo que acababa de ver que se quedó congelado y no reaccionaba, por lo que Bobby tuvo que tirar de él para preguntarle si podía elegir el auto en que irían. Alec asintió sin dejar de pensar mientras Vladimir llevaba a Santiago y a Claudia al auto de su ‘amigo’ o lo que fuera y partieron de allí como si se conocieran de toda la vida, aunque Bobby, y también Vladimir, notaron que Claudia no dejaba de mirar en todas direcciones, como si buscara algo o quisiera memorizar todo el lugar.

    Una vez solos, Bobby había pensado en irse en un sencillo Volkswagen Tipo 1 que había en una esquina y que era el auto que siempre había soñado tener, pero tuvieron que tirar entre los dos de Amber para separarla de un Audi R8 negro que miraba como si fuera el auto de sus sueños, que lo era. Al final Bobby pensó que sería un buen detalle complacer a su amiga y eligió ese auto.

    Sin embargo, Bobby no podía evitar tener ese presentimiento que no volvería a tener una oportunidad igual de estar con Alec y decidió aprovechar, así que le tiró las llaves del auto a su amiga y tomó a Alec de la cintura y lo escondió detrás de una columna y le dio un beso como nunca antes, se entregó a él, dejó a un lado todos sus miedos y lo dio todo en ese beso, ya no le interesaba complacer a Alec, ni estar a la altura ni nada más que ser sincero por una vez, sólo quería dar un beso y vivirlo al máximo.

    Amber no quería interrumpir, pero ella recordaba bien la promesa de Bobby de irse directo a casa y sabía que como se hiciera más tarde los problemas de su amigo serían terribles, así que aprovechó que le habían dado las llaves del auto de sus sueños, se subió, lo encendió y aceleró, a ver si ese par de tórtolos entendían.

    Y por suerte entendieron. Se acercaron rápidamente al auto, que Amber tenía preparado para salir, pero cuando ella hizo amago de bajarse para que Alec condujera, él le hizo un gesto con la mano y se subió en el asiento del acompañante, lo que dejó a los otros dos de piedra, era evidente que quería que Amber condujera, pero, ¿y Bobby?

    Alec se reía a carcajada limpia, sabía muy bien que era bastante inocente, Vladimir se lo recordaba cada que podía, pero era ridículo que esta vez ellos no hubieran entendido algo tan obvio. Cuando vio que ninguno entendió, tiró de Bobby y lo sentó sobre su regazo, cerró la puerta del Audi y ajustó el cinturón de seguridad para que los protegiera a los dos y ayudara a disimular que él estaba allí, en caso que algún policía quisiera echar un vistazo.

    Ahora era Amber quien reía, debió haberlo visto venir. Finalmente se centró en el volante y condujo hasta su casa con casi más prudencia de la normal, no porque no supiera conducir, sino porque quería disfrutar al máximo la oportunidad, aunque si todo salía como estaba planeado, un auto de esos se perfilaba en su próxima lista de compra de caprichos.

    “Vaya que has ligado bien esta vez, pequeño granuja”

    Bobby quiso borrar ese mensaje, pero sabía que aunque lo hiciera no podría olvidarlo, es que Claudia tenía razón, esta vez había apuntado alto y lo había logrado, aunque todo había sido pura chiripa, pero eso no lo admitiría jamás. Al menos se las ingenió para que Alec no lo viera.

    *-*-*-*-*

    Mientras tanto, en algún punto de la ciudad, ese mismo punto donde vive la gente que tiene la plata con la que el resto de la ciudad sueña, Vladimir conducía el auto de Santiago camino a la casa de Claudia, pero en lugar de pasar de largo y dirigirse a algún otro vecindario, ella le indicó a Vladimir dirigirse directo a la entrada. Una vez llegaron, ella indicó algo a la cámara de vigilancia y a su lado se levantó un panel bien disimulado en el asfalto que resultó ser un lector de huellas digitales y después de un escaneo se oyó una confirmación: “bienvenida, señorita Dzhugashvili”.

    Las alarmas internas y el instinto de preservación de Vladimir se pusieron en máxima alerta, no sabía por qué, pero no le daba buena espina que alguien tuviera el mismo apellido que Stalin, algo no le cuadraba. Santiago, que nunca había oído semejante apellido ni tenía idea de sus raíces históricas, soltó una risa reprimida, tal vez iba a hacer alguna broma ingeniosa, pero una mirada de advertencia de Vladimir lo congeló en el acto.

    – ¿Segura que podemos entrar así como así en un lugar de estos? -Vladimir intentaba ser cortés, pero la verdad quería salir corriendo de allí.

    – Sí, entra, no hay problema, queda registrado que vienes conmigo -intentó calmarlo Claudia.

    Después de pensarlo un poco y de ver que no tendría sentido insinuarle a Claudia que caminara a su casa, Vladimir dirigió el auto por donde se le indicaba y dejó a Claudia, pero insistió en acompañarla al portal, sólo para que Santiago no lo oyera cuando le decía:

    – Sé lo que pasó en la casa de mi hermano, sé que te pudo la curiosidad, también te diré algo: esa arma era mía, igual que los cuchillos, fue una prueba, mi hermano es muy descuidado, especialmente cuando alguien le gusta, yo necesitaba saber quién iba a meter sus narices donde no debía, así que -le puso las cosas en claro, sin alzar la voz ni parecer intimidatorio, sólo quería ser sincero, al final de cuentas, Alec es su hermano y lo cuidaría-, ten cuidado, yo sí te vigilaré, deja de ser indiscreta.

    Claudia le asintió muy seria, escaneó su iris en la entrada de su casa y cerró la puerta antes que Vladimir pudiera pensar en entrar, pero él ya se había subido al auto de Santiago y había salido de esa zona residencial como si su vida dependiera de ello.

    Santiago intentó que Vladimir le dijera algo, pero él no quiso decir nada hasta que estuvieron en el centro de la ciudad, dieron un par de vueltas y lo que fuera que lo preocupaba en el retrovisor hubiera desaparecido.

    – Esa mujer me preocupa, Santi -le dijo sinceramente.

    – Mira, Claudia puede llegar a ser una molestia, pero es buena persona, Vlad -Santiago no quería sospechar de ella, pero cada cosa que hacía le sembraba dudas, es más, todavía no estaba seguro de cuándo se habían hecho amigos.

    – Bueno, hay algo que quiero que quede en claro, mucho más importante para mí que la Claudia esa -el rostro de Vladimir se mantenía serio, pero sus manos se habían relajado sobre el manubrio-. Es sobre que me digas Vlad -Santiago lo miró sorprendido, no creyó que lo molestara-, siempre detesté el diminutivo ‘oficial’ de mi nombre. Es Vova, ¡no te rías! -de hecho, Santiago seguía sin saber reaccionar, aunque no pensaba reírse de ninguna manera-. Cuando vivíamos en Rusia simplemente era por hacerme el malote, pero se lo prohibí incluso a Alec cuando empezamos a hablar en español, por los chistes fonéticos a los que se presta, así que tampoco pensó en llamarme nunca Vlad, pero… -se volvió hacia Santi, le guiñó el ojo y le tiró un beso-, pero viniendo de ti, no sólo es lindo, es que me derrite, pasé de ser ‘el que decide su camino’ que es lo que significa Vladimir a ser de verdad un bobito contigo… -estaban en una luz roja y Santiago aprovechó la situación para soltarse su cinturón y darle un pico.

    – Ya que estamos -le dijo Santiago-, sabes muy bien quién soy y por qué hago lo que hago, eso lo dejaste claro, no olvido que estoy totalmente a tu merced -Vlad sonrió pero no dijo nada-, aun así… ¿cómo sabes dónde vivo? -Vlad había llegado sin ninguna indicación, se había estacionado y se estaba quitando el cinturón-. Olvídalo, mejor ni pregunto.

    – Así me gusta -le dijo Vlad antes de darle un beso largo, lento, con todas las ganas que tenía de simplemente estar con este chico que él había planeado usar como un juguete, una diversión más, un pasatiempo sin consecuencias.

    Santiago se bajó de su auto, que pensó que metería al garaje al día siguiente, era tarde y no tenía ganas de conducir, pero le sorprendió un poco que Vlad se bajara sin esperar invitación, aunque luego recordó que había sido un poco descarado al invitarlo a dormir con él y se dirigió a su casa sin siquiera volverlo a ver, no porque no quisiera, sino para mantener las apariencias con los vecinos.

    Giró la llave para entrar a su casa y le sorprendió un poco ver que la alarma estaba activada, aunque supuso que sus padres estarían atrasados, nada fuera de lo común. Su suposición se vino abajo cuando vio una nota en la mesa, no necesitaba leerla, sabía lo que decía, lo que le interesaba era saber cuánto duraría.

    – ¿Qué planeas hacer las próximas 3 semanas, Vlad? -Santiago se volvió hacia su invitado, pero este ya lo abrazaba de la cintura y le besaba el cuello.

    – Primero, averiguaré si te gusta que te diga Santi y luego, no sé, seguir así, abrazándote, es lo mejor del mundo -Vlad dejó salir lo que tenía dentro.

    – No es que me guste, es que me encanta, me fascina y me vuelve loco que sólo tú lo hagas -se giró y le dio un beso en condiciones a Vlad-, respecto al abrazo, me parece un plan genial.

    *-*-*-*-*

    – Bueno, bueno, lo que se entera uno -dijo un chico bien parecido, aunque algo flacucho, mediría 1,75 metros escasos, tenía el pelo de grandes rizos totalmente desordenados, su cara, aunque podría intuirse tierna, tenía un rictus de crueldad intimidante, pero lo que más temor despertaba eran sus ojos azules, que parecían lanzas dispuestas a destrozar su víctima.

    – No tienes derecho a hablarme así, soy tu hermana mayor -quiso imponerse la chica que entraba a casa.

    – Por un par de minutos, no me jodas, al menos veo que cumples tu palabra y te los has ido ganando, esto será divertido -una sádica sonrisa apareció en su boca y hasta su melliza se estremeció.

    – Te lo dije: soy buena en lo que hago -dijo encogiéndose de hombros-, sólo espero que cumplas con mi parte del trato, V…

    – Que sí, que sí, sabes que nunca falto a mis promesas -le dijo antes que pudiera decir su nombre, un nombre que detestaba profundamente, especialmente desde que “él” le había dado sentido, lo había llenado de cariño y hasta logró que sonara diferente, no, eso no se lo perdonaría, ni la cicatriz que le atravesaba la mejilla izquierda de arriba a abajo y que apenas lograba disimular con una incipiente, pero atractiva barba.

    *-*-*-*-*

    Ya en su casa, Bobby, que se libró de la bronca con que lo esperaban sus padres con algo rápido sobre tener cosas por hacer y que no lo comprendían lo suficiente. El beso de despedida con Alec había sido bueno y no pudo negar que el sentir su pene duro como piedra todo el trayecto de camino a casa de Amber le había subido la temperatura, pero había algunas cosas que necesitaba resolver antes que cualquier cosa.

    Lo primero, tendría que decidir que haría con Claudia, no era una persona que le importara realmente, además, era demasiado observadora y horriblemente sincera, dos cosas que a él ni le convenían ni le agradaban. Ese mensaje era más que claro, ella se dio cuenta que a él sólo le interesaba desplumar a Alec, no iba a negar que ese maravilloso pene lo entretenía mucho, también debía admitirse a sí mismo que usar el ataque de hacía tres años como forma de controlar las hormonas de Alec había sido una gran idea, aunque la suerte lo había ayudado en dos ocasiones, la primera, obviamente, al encontrarse con Alec, la segunda, cuando llegaron a la carrera y los chicos le reprocharon el estar con Alec usando precisamente el ataque como argumento, eso había sido la guinda en el pastel y fue pura chiripa.

    Aunque también estuvo todo a punto de irse al garete cuando se congeló en la entrada del primer apartamento al que lo llevó Alec o cada vez que no sabía qué hacer y que, por dicha, Alec tomó como tierna timidez. Y es que resulta muy fácil fingir ser alguien cuando se ha estudiado el personaje y se ha tenido tiempo para prepararse para lo que sea que pueda ocurrir, pero tener que improvisar e inventar sobre la marcha una forma de ser que le resulte agradable a alguien que no había estudiado previamente… no le resultó complicado, pero sí estaba muy nervioso. Por lo pronto, ya sabía lo que le gustaba a Alec y eso no lo preocupaba, sabía el personaje que tendría que representar, al menos hasta que se cansara de él… y de su dinero, principalmente.

    Por otro lado, estaba el problemita de la Claudia, eso tendría que resolverlo pronto…

    *-*-*-*-*

    Habían pasado ya algunos días desde que había conocido a Alec, que era buen tipo, sí, y aunque le costara confiar en él, el que le provocaba miedo era su hermano Vladimir. Para su fortuna, no había vuelto a coincidir con él, ni con ninguno, sólo había ido al cine con Amber, pero Santiago dijo que tenía que cuidar la casa porque sus papás no estaban y Bobby no contestó su mensaje. Como fuera, no pensaba bajar la guardia. Ya empezaba a desconfiar hasta de los geranios que tenía en la ventana, pero tampoco podía dejar que ese par de tipos interfirieran en su vida, así que esa noche se preparó para dormir y, aprovechando el calor del verano, decidió dormir con la ventana abierta, no siempre se puede tener aire fresco y quería aprovechar.

    Claudia dormía como una piedra cuando lo sintió: alguien la ataba fuertemente, ya tenía asegurados manos y pies, se despertó porque intentaba amordazarla y se estaba ahogando, aunque al parecer se dio cuenta, porque le inyectó algo que la volvió a sumir en la oscuridad de la inconsciencia y no volvió a saber de sí misma hasta que cayó de cara en el duro suelo de lo que a simple vista parecía ser una cabaña.

    – Bueno, es hora de solucionar un problemita bastante molesto -aturdida como estaba, Claudia no lograba enfocar a su captor y todo lo que su cerebro le decía es que la figura y la voz deberían serle familiares.

    Viendo que ella era incapaz de mucho por sí misma debido al narcótico que le había inyectado, su captor procedió a un sencillo y efectivo método para despabilarla: le vació un cubo de agua fría encima. Se alejó un poco y notó satisfecho que Claudia lo reconocía, sus ojos totalmente abiertos, las pupilas dilatadas y el que se quedara paralizada y dejara de forcejear eran señales más que claras.

    La mordaza no dejaba hablar a Claudia, pero tampoco es que su mente estuviera mucho mejor en ese momento, el impacto de ver a quien creía su amigo con un arma en la derecha y una daga en la izquierda la superaba por mucho.

    – Sí, sí, soy yo, ¿quién si no? -se burlaba de ella-, te has convertido en una gran indiscreta y eso no lo puedo permitir.

    El hombre deslizó la daga por la garganta de la joven haciéndola estremecerse por el contacto del metal y la situación en general, aunque en el último momento giró su mano y cortó.

    – ¿Cómo pudiste engañarnos a todos, Bobby? -dijo Claudia en cuanto la mordaza cortada cayó al suelo.

    – En realidad, fue sencillo -Bobby se encogió de hombros-, tú y Amber querían ver un chico desprotegido que necesitaba quien lo cuidara. Alec y Vladimir, bueno, ellos sólo vieron lo que querían ver -vio que Claudia lo iba a interrumpir y se adelantó a ella-: en cuanto a Santiago, es el más sencillo de engañar aunque me conozca desde que éramos niños, está tan enamorado de mí que hará lo que sea para que todo cuadre en lo que él quiere ver de mí.

    La risa de Bobby, del Bobby que Claudia estaba conociendo era lo peor que le había pasado en su vida, lo que ya era decir; se había acostumbrado a desconfiar y ahora se demostraba a sí misma que ni siquiera en un chico medio muerto que ayudó a juntar de la calle se podía confiar. “Demasiado tarde” se reprochó mentalmente.

    – Bueno, y ahora, ¿qué haré contigo? -la pregunta de Bobby era retórica, a tal punto que miraba por una ventana y jugueteaba con la daga en su mano mientras hablaba-, eres bastante guapa, eso no se puede negar, pero no soy tan idiota para violarte y dejar rastros, no, ni hablar -ahora miraba a Claudia que volvía a estar totalmente aterrorizada y sin saber qué decir-, ¡oh, vamos! ¿En serio no te habías dado cuenta que Santiago tiene de heterosexual lo que un político de honesto? ¡Esto sí es un buen chiste!

    Era claro que Claudia no estaba sorprendida por eso, es más, su cerebro ni siquiera detalló esa información. Sus sentidos buscaban forma de escapar y su mente buscaba idear una manera de alejar esa faceta de Bobby y traer de vuelta el chico tierno, risueño y casi tímido que había sido siempre. Necesitaba separar a su captor de su amigo, su instinto le decía que esa era la clave de su supervivencia. Tenía que obligarse a pensar que había una forma de salir de ese trance o no lo lograría. Bobby la vio debatirse, de hecho, se sentó a verla forcejear un rato. Cuando decidió que era aburrido, volvió a la ventana, que dejaba entrar la luz del amanecer.

    – Lástima, el amanecer dice que se te acabó el tiempo. Verás -Bobby empezó a caminar de un lado al otro, como si quisiera tomar una decisión-, la cosa es que hoy tengo que ver a Alec y no quiero llegar tarde, lo que nos deja poco tiempo para la diversión, porque después que termine contigo tendré que deshacerme de la evidencia y eso siempre toma tiempo. Vale, te dejaré escoger: ¿arma o daga?

    Si le estaba dando a entender que podría elegir cuál la mataría, pues no, no elegiría y lo haría hablar hasta que tuviera que irse y así haría tiempo, pero no conocía nada de este Bobby, Claudia no sabía qué podría hacer si no elegía.

    – Antes de decidir, quisiera saber algo -era la única oportunidad que tenía y se aferraría a ella.

    – No lo has entendido, ¿verdad? Esto está pasando porque te metes donde no te llaman -Bobby decidió que tenía tiempo para jugar un poco más con ella-: está bien, te seguiré el juego, pero sólo tienes derecho a una pregunta, elige con cuidado tus palabras.

    Claudia estaba en un aprieto más serio de lo que pensaba, si sólo podía plantear una pregunta, tendría que ser algo que lo hiciera hablar largo y tendido, así que preguntó algo sencillo pero que realmente no lograba adivinar:

    – ¿Cómo puedes pasar de ser un hombre lindo, tierno y cariñoso a ser… esto? -en parte la pregunta era sincera, pero tampoco era tan sencilla de responder.

    – ¿De verdad quieres saber eso? -Claudia asintió pensando que lo haría hablar- dos palabras: actuación y manipulación. Listo, ahora podemos terminar.

    Bobby dejó el arma a un lado y se puso a buscar algo en un maletín, en ese momento Claudia supo que todo había terminado. Pronto encontró lo que buscaba, una jeringuilla preparada que procedió a utilizar con Claudia.

    – No te preocupes, sólo te paralizará, pero no dejarás de sentir ni perderás la consciencia -le dijo Bobby con una sonrisa como la que ella siempre le había visto, lo que hacía que todo fuera peor, ese era realmente Bobby-. No lo tomes personal, es sólo que no puedo permitir que alguien por pura curiosidad llegue a arruinarme la vida, además, es hacer justicia con alguien chismoso.

    Entonces Claudia intentó decir algo en su defensa, prometer que no se metería donde no la llaman, pero no pudo articular palabra, lo que fuera que le había inyectado Bobby surtía efecto y estaba encerrada en su propio cuerpo. Bobby lo notó y tomó unas pinzas, le abrió la boca y las usó para tirar de su lengua, que cuando no dio más procedió a rebanar de un corte limpio con su daga.

    Claudia quería poder gritar del dolor, era demasiado intenso para poderlo aguantar, además, ahora estaba en un serio aprieto, si no recibía atención médica pronto, moriría desangrada y, aunque lograse salvarse, no podría volver a hablar o comer si no le podían reimplantar la lengua. Bobby, por su parte, lo que hizo fue variar la posición de la lengua en las pinzas, buscó un depresor lingual y procedió, con total sangre fría y aplomo, a colocar la lengua de su amiga en su garganta, teniendo cuidado de no asfixiarla. Luego la roció con algo que olía a combustible y no sólo a ella, toda la cabaña también.

    – Te diré lo único que no has preguntado: dónde estamos -le dijo Bobby con un gesto entre divertido y burlesco en la cara-, estamos en esa misma vieja cabaña donde perdiste tu virginidad hace años, exactamente el mismo lugar donde tu familia te buscará como primera opción. Ahora, con tu permiso, tengo cosas que hacer.

    Bobby se dirigió a la puerta, pero antes de salir encendió un pequeño fuego que ya tenía preparado para hacer arder toda la cabaña lentamente y con un pequeño gesto de despedida se fue dejando la puerta abierta.

    Claudia intentó hacer algo, pero la droga seguía activa y no lograba moverse, es cierto, es el primer lugar donde la buscarían, pero estaba en medio de la nada y no tendría opción de salir de allí en cuanto las llamas le bloquearan la puerta, que estaba abierta para garantizar que el fuego no se extinguiría. Entonces se dio cuenta del detalle de planeación de Bobby, todo en esa vieja cabaña era inflamable, pero tardaría tiempo en quemarse, el fuego allí duraría mucho, lo suficiente para matarla sin dudas, además, ella no estaba atada con cuerdas o esposas plásticas, eran cadenas con candado, de los hechos para resistir intentos de robo y hasta sopletes. No, si salía de allí, sería maniatada como estaba, pero no tendría opción mientras la droga la paralizara, su única esperanza era que su cuerpo reaccionara, eso si no la afectaba la pérdida de sangre, que ya sentía que se empezaba a acumular en su boca.

    *-*-*-*-*

    Amber había dormido bastante mal esa noche, ella era capaz de muchas cosas, pero había una cosa que no había logrado hacer: dejar de sentir. En cuanto al dolor y las emociones, las experimentaba como cualquier otra persona, aunque había logrado aprender a disimularlo al punto de parecer que nada ni nadie le importaba.

    Sin embargo, ella todavía sentía dos emociones que la dominaban y a veces hasta la superaban: el cariño y el miedo. Cariño hacia a sus amigos, miedo a que se descubriera que no era tan sincera como debería, que no era más que una traidora, aunque técnicamente no era una traición, simplemente ella olvidó decirles que más que su amiga sería su perdición, todo gracias al estúpido de Valerius, que sea su mellizo no le daba permiso para obligarla a hacer ese tipo de cosas, pero él sabía muy bien cómo doblegarla y esta vez lo había logrado, aunque ella no podía ni imaginarse qué carajos podía querer Valerius de chicos normales como Bobby y Santiago, especialmente después de haber atacado a Bobby después de drogarlo, habían pasado ya tres años, pero ella todavía podía escuchar los gritos de Bobby en medio bosque mientras su hermano se divertía con él todo lo que quería para luego ella ayudarle a fabricar una escena donde fuera factible que ella lo había encontrado por casualidad al pasar por la carretera.

    Y pensar que eso era de las cosas que menos culpa la hacían sentir de todo lo que cargaba en su conciencia gracias a su hermano. Decidió intentar dormir un poco, así que giró la almohada para colocarse sobre el lado fresco, cerró los ojos e intentó poner la mente en blanco.

    *-*-*-*-*

    Era curioso que ni su hermano ni su jefe lo estuvieran fastidiando ahora que quería que lo dejaran en paz, creía Vlad, generalmente tenía que apagar el teléfono e intentar usar transporte público, pero esta vez no, ni siquiera le habían intentado contactar, aunque él sabía muy bien que Alec no intentaría localizarlo a menos que Francisco lo obligara, así que la cosa era que realmente Francisco les estaba dando tiempo libre, lo que agradecía.

    Y es que era innegable que estaba disfrutando ese hombre que había intimidado y que quería manipular a su antojo, ese mismo que podía desnudar cuando quisiera, besar sus sabrosos labios, aferrar su espalda con fuerza, seguir besando su cuello, jugar con su oreja, oírlo gemir en su oído al acariciar su torso… se estaba empezando a excitar, así que hizo lo que había pensado con Santi, que estaba a su lado mirando la tele. Santi reaccionó como era de esperarse y sus ojos azules, usualmente atractivos, hechizaban todavía más con la excitación que manifestaban… ¿o era algo más? Vlad decidió que eso podía esperar, en ese momento quería otra cosa.

    Siguió acariciando el cuerpo de Santi, disfrutando de cada milímetro de su piel, simplemente disfrutándolo. Como era de esperarse, llegó a su pene y, cosa rara en él, Vlad se lo comió con toda la gana y excitación que sentía en ese momento, lo disfrutó como nunca, le sabía a hombre y eso le encantaba. Santi estaba en las nubes su único contacto sexual con hombres había sido el psicólogo que chantajeó para ello y ahora este hombre que lo quería de juguete, pero la verdad nunca la había pasado tan bien, su concentración en disfrutar era tanta que no detuvo a Vlad a tiempo y terminó en su boca, pero él no protestó, se bebió el semen como si fuera la mejor bebida del mundo.

    Vlad se sentía satisfecho y se recostó para disfrutar lo que acaba de hacer: beberse el semen de un hombre, era la primera vez que decidía hacerlo y no se arrepentía. Tenía una erección más que evidente, especialmente porque sólo tenía un ajustado slip por vestimenta, lo que hacía que parte de su pene duro como piedra se saliese de la prenda y Santi pronto le besaba los labios y le hacía caricias que le provocaban una mayor excitación a su pene, pero antes de llegar a él estuvo jugando un rato con sus pezones y se entretuvo bastante con su tableta, le gustaba mucho la verga de Vlad, pero no sólo era sexo lo que sentía, aunque no quería pensarlo en ese momento.

    Finalmente, se decidió a hacerle sexo oral y le arrancó el slip antes que Vlad pudiera protestar y se deleitaba en ese pene y esos huevos afeitados que le sabían tan bien. Pero no quería que Vlad terminara todavía, así que apresuró a subirse sobre él y sin aviso ni lubricación, a punta de excitación lo hizo entrar en su ano, que estaba más que preparado con el deseo y las ganas que tenía de fundirse con él. Sin embargo ninguno movió las caderas, sino que, en total sincronía, sus bocas se buscaron y se besaron largo rato, gozando del ser uno plenamente, sin tapujos ni apariencias, sólo ellos dos y los sentimientos que se negaban a aceptar. Cuando Santi empezó a sentirse cansado de esa posición, decidió moverse un poco y Vlad respondió también a sus movimientos hasta que pronto terminó dentro de él, entonces Santi se levantó y se acostó junto a él, recostó su cabeza en el pecho de Vlad y dejó que lo abrazara.

    Vlad hizo todo en automático, porque no podía negarse que el beso que le dio Santi mientras hacían el amor le había revuelto todo en su interior, no podía creer que por el simple hecho de estudiar toda la vida de Santi para saber cómo manipularlo y lograr tener vigilado a Alec con sus nuevos amigos lo había llevado a perder la cabeza, él nunca se había enamorado así, no con la libertad que tenía con Santi. Se le había roto el corazón mil veces, pero había sido en silencio, sin poder decir lo que sentía y por eso quería cuidar a su hermano, ya con Valerius había pasado suficiente, él sabía lo feo que podría ponerse todo a futuro.

    Pero resulta que este juguete estaba jugando con él, porque no sólo lo había enamorado, sino que se dejaba amar y eso era superior a él, nunca lo había experimentado, pero esa semana escasa había sido la mejor de su vida. Se le escapó un suspiro y ni siquiera se molestó en disimularlo.

    Santi no podía creer su suerte, este hombre que no conocía de nada, pero que era exactamente su ideal de hombre se había fijado en él. Es cierto que lo primero que había hecho era golpearlo, luego lo amenazó… pero después cuidó de él, al llevarlo a casa de Alec, además, se aseguró que estuviera bien, hasta le llevó comida cuando a nadie más se le ocurrió y, cuando él se lo pidió, tuvieron el mejor sexo de su vida. Vale, su experiencia era más bien poca, pero sabía muy bien lo que era usar a alguien para divertirse y otra cosa era entregarse a la otra persona y eso era lo que había pasado cada vez que se desnudaban, Santi podía notarlo y también podía notar que lo que alguna vez había sentido por Bobby no era más que capricho, tal vez porque lo que quería de él era la confianza que se tenían, lo conocía desde siempre, no se burlaría de él, pero más allá de eso, ni siquiera lo veía atractivo, en cambio este hombre que lo abrazaba… no pudo, ni quiso reprimir un suspiro.

    – Te amo.

    *-*-*-*-*

    Hacía una semana que Alec descubrió que su daga familiar no estaba y aunque estuvo tentado a llamar a su hermano Vladimir, el que él no diera señales de vida sólo podía significar que no quería que lo molestaran, así que lo dejaría estar. Además, ¿para qué querría su hermano su daga familiar si él tenía la suya propia? Era una especie de tradición familiar que el padre le debía dar a cada varón de la familia una daga, no tenía nada especial, ningún grabado ni arte ni incrustaciones, ni siquiera historia, era simplemente el gesto que el padre regalara a su hijo su primer arma y que fuese específicamente una daga, eso sí tenía historia, algo sobre un antepasado tan remoto que ni su padre podría recordar hace cuantas generaciones fue, que se salvó de la muerte en un aprieto feo por una daga que tenía.

    Alec no sabía ya donde buscar, porque en ese apartamento además de él mismo, el único que tenía acceso era Vladimir y la única visita era Bobby, así que a menos que su hermano se llevara su daga por algún motivo que no llegaba a asimilar, alguien tenía que haber entrado a robar sin activar las alarmas. Es cierto que Alec mantenía su daga a la vista, en una urna como el arma de colección que era, sólo una vez la había usado y todavía tenía pesadillas con el rostro de Valerius, el hombre que amó tanto, con un tajo en la cara por su propia daga, pero era la única forma de detener esa tontería sin tener que matarlo.

    Por lo pronto, iría con Bobby al cine y ya pensaría en lo demás después, no era bueno matarse pensando en cosas que no podía resolver.

    Cuando regresaron del cine, Alec supo que las cosas estarían cuando menos curiosas, porque Vladimir estaba en el apartamento. Eso lo supo al entrar y notar que la alarma estaba desactivada. Lo que no se le habría ocurrido es que Vladimir no estuviera solo.

    – Hola, hermano -Vladimir le sonrió mientras le ponía un whisky en la mano-, pasa. No me hagas mala cara -le dijo con una sonrisa que habría borrado cualquier duda que Alec hubiese tenido-, tú trajiste a Bobby primero.

    – No me preocupa eso, Vladimir -le dijo Alec, feliz de ver a su hermano tan contento-, me sorprendió verte en casa, últimamente no te veo ni el pelo…

    – Eso es mi culpa -dijo Santiago, con una cara llena de alegría también-, toma, Bobby, Coca-Cola para ti -le dijo mientras le ponía una bebida en la mano-, tranquilos, sólo tiene hielo, que aquí todos somos adultos responsables.

    Los cuatro se rieron un rato y luego pensaron en comer, dado el buen ambiente, ninguno quería cocinar y optaron por pizzas. Alec se llevó aparte a Vladimir con el pretexto de buscar el menú de una pizzería cercana, pero realmente quería hablar con él:

    – Hay algo muy feo que está pasando aquí, Vladimir… -empezó Alec.

    – Vlad, si no te molesta, eres mi hermano -definitivamente, algo le pasaba a su hermano-, pero creo que mejor primero comemos con esos dos y los llevamos a sus casas, luego hablaremos todo lo que quieras, porque yo te tengo buenas noticias.

    – De acuerdo, si te parece lo mejor, lo hacemos así, Vlad -el énfasis de Alec no era de burla, era de satisfacción por poder mostrarle a su hermano, aunque fuera con un sencillo diminutivo, que era importante para él.

    Volvieron con Santiago y Bobby llevando el menú en la mano y, para sorpresa de todos, Bobby propuso ir a la pizzería, así no tendrían ni que limpiar, aceptaron y comieron fuera, luego cada uno llevó a su chico a su casa y se reencontraron en el apartamento que compartían.

    Se sentaron a la mesilla de la cocina con un par de tragos y Vlad encendió un puro:

    – ¿Qué es eso tan grave, Sasha? -Alec levantó la ceja sorprendido de escuchar el diminutivo que hacía mucho su hermano había dejado de usar-, ¿o prefieres Aleksandr?

    – Claro que no, Vlad, sólo que no acostumbras ser tan simpático -Alec sería inocente, incluso distraído, pero no era nada tonto-, además, tú no eres de los que está con un hombre más de una noche y es la segunda vez que te veo con el amigo de Bobby, ¿puedo suponer que por ahí van tus buenas noticias?

    – Ja, por fin empiezas a ver más allá de tus narices, hermanito. Sí, -suspiró- me enamoré de Santi… sólo lo quería para mantenerte vigilado, porque cuando te enamoras, pierdes la cabeza -la cara de Alec parecía un tomate, pero Vlad le hizo un gesto para que no se enojara-, pero resulta que el que perdió la cabeza fui yo -rio.

    – Pues ya ves, yo estaba seguro que tarde o temprano te llegaría el momento de un amor de verdad y no tanta cosa que te ha pasado en la vida -Alec se levantó y antes que su hermano pudiera decir nada, lo abrazó como hacía años no lo hacía, era su hermano y lo amaba como a su vida, pero no se dejaba querer, ahora que le daba una oportunidad la aprovecharía. Sin embargo, Vlad se limitó a aferrarlo fuerte y disfrutar un rato el abrazo.

    – Bueno, pero ¿qué era eso tan grave, Sasha? -le preguntó cuándo decidió que ya había tenido suficiente cariño fraternal por el momento.

    – Cierto -el rostro de Alec pasó de una alegría casi eufórica a la seriedad absoluta, como siempre que hablaba de negocios-, mi daga familiar no está. La tuya sí está, de hecho, según lo que sé, no falta absolutamente nada más que eso.

    – ¿Seguro? -Vlad se levantó inmediatamente y se dirigió a su habitación, revisó todo bien, luego regresó totalmente serio-, no falta nada, pero alguien usó la impresora 3D… para imprimir un arma.

  • La primera comunión de mi sobrina

    La primera comunión de mi sobrina

    El día en que mi sobrina hizo su primera comunión, fue realmente ajetreado para mi hermano, mi cuñada y para mí, como soy el tío soltero, soy quien ayuda en los preparativos y con lo que falte en las fiestas o reuniones.

    Para el evento rentaron un jardín muy grande y hermoso, ya que los invitados superaban las 150 si no es que hasta las 200 personas, algo que a mí me pareció realmente exagerado, bueno el caso es que Sonia mi cuñada estaba por demás hermosa en ese día, si normalmente llama la atención ese día con su vestuario era realmente el centro de atención, y objeto de las miradas libidinosas de la mayoría de los hombres si no es que de todos, incluyéndome.

    Bueno pero entrando en detalle de lo que paso fue realmente alucinante, desde que la vi por la mañana cuando fui a su casa por algunas cosas para llevarlas a el jardín de la recepción, me puso súper caliente, ya que cuando llegue la encontré en una bata transparente, sin ropa interior, lo pude adivinar gracias a que sus pezones resaltaban espectacularmente, y al momento de darme la espalda sus nalgas se dibujaron tan perfectamente que estire mi mano para acariciarlas, solo un poco porque mi hermano estaba por salir de bañarse y no había tiempo de disfrutar a mi putita como yo quisiera, pero ella me dejo acariciar su lindo culo, y sus hermosas tetas por unos minutos, mientras nos dábamos un candente beso en el que nuestras lenguas se entrelazaban y jugueteaban, le dije quiero cogerte hoy, mientras todos estén en la recepción quiero disfrutar tu hermoso culo y morder tus lindos pezones, busca la manera de que estemos solos un tiempo, ella no contesto solo sonrió y afirmo con un prolongado beso.

    Salí de su casa con las cosas que me pidieron que llevara al jardín y me fui en mi camioneta divagando, e imaginando todo lo que quería hacerle cuando estuviéramos a solas.

    Estando ya en la recepción y con la mayoría de los invitados, ella le pide a mi hermano que la lleve de regreso a su casa ya que olvido los recuerdos que se dan en estas ocasiones a los invitados, y algunas cosas más que «olvido» por andar a la carrera, lógicamente mi hermano se molestó ya que entre los invitados estaba el jefe de él y le parecía una grosería salir y dejar a los invitados sin que estuviera alguno de los anfitriones, por lo que me pidió de favor que si podía yo llevarla y pasar a comprar algunas cosas que le faltaban, yo puse cara de fatiga pero por dentro estaba que no aguantaba las ganas de cogerme a mi cuñada.

    Cuando subimos a la camioneta, ella sonrió pícaramente mientras subía su vestido hasta el límite de sus piernas y me permitía verlas en todo su esplendor, puse mi mano sobre ellas y arranque la camioneta esperando que nadie se diera cuenta ya que algunos invitados aún estaban llegando, cuando ya estábamos unas cuadras más adelante ella tomo mi mano y la introdujo por debajo del vestido, cual sería mi sorpresa al sentir su piel desnuda, la muy puta no traía ropa interior, como iba manejando no podía voltear completamente pero de reojo pude ver que tampoco traía sostén ya que sus pezones resaltaba por debajo de la tela del vestido, al estar endurecidos por la excitación, yo introducía mis dedos en su vagina y masajeaba lo más posible su interior, ella jadeaba y me pedía que acelerara para llegar cuanto antes a su casa, estaba realmente excitada.

    Apenas llegamos a su casa y como había entrado hasta la cochera me dio un beso tan intenso ya sin miedo a que nos viera algún vecino o conocido, acaricie sus tetas y le abrí el vestido para poder besarlas y mordisquear sus hermosos pezones, ella ya había introducido su mano en mi pantalón y masajeaba mi verga, tan dura por la excitación que me había contenido en el camino, ella bajo de la camioneta y me tomo de la mano para guiarme a su recamara, era la primera vez que lo hacíamos ahí, deslice su vestido hasta que cayó al piso, ver ese esplendoroso cuerpo excitado y desnudo me produjo una sensación indescriptible, ahí estaba yo en la casa de mi hermano, con su mujer y en su cama follándola, fue realmente una gran cogida, chupe su coño húmedo por sus jugos y masaje su clítoris con mi lengua, tan intensamente que se corrió casi de inmediato, introduje mi verga en su coño cálido y lubricado, me llevo al cielo en un instante, estábamos realmente disfrutando ese encuentro, la voltee y empecé a lamer su culo para prepararla no quería perder tiempo, quería hacérselo por todos sus orificios, en cuanto estuvo lubricada introduje mis dedos para hacerle espacio a mi verga que ya estaba que reventaba por entrar en ese culo, cuando la penetré, empecé a bombear suave y lento disfrutando cada movimiento, ella me pedía más y más, así que bombee con más fuerza y a un ritmo más rápido, mientras lo hacía magreaba sus tetas y pellizcaba sus pezones, azotaba sus nalgas con mis manos y ella lo disfrutaba tanto que pedía más, por fin llegamos al clímax casi al mismo tiempo, nos besamos, nos dimos un regaderazo rápido y salimos pronto a la recepción, creo que nadie se dio cuenta de cuanto nos tardamos, gracias a que estaban muy entretenidos con el show que contrataron para divertir a los invitados.

    Aun en la recepción, cuando hubo oportunidad, volví a acariciarla y besarla cuando nadie nos veía, fue un día muy intenso, pero muy satisfactorio.

  • Noche de pasión en Lisboa (VII): Amália recibe un anillo

    Noche de pasión en Lisboa (VII): Amália recibe un anillo

    El hombre está concentrado en su trabajo. Lleva una camisa fina. Ha remangado las mangas enrollándolas por encima del codo. A pesar del calor, debajo lleva una camiseta de asas. Solo los tontos de ciudad desnudarían el torso para ponerse a trabajar bajo este sol. Sabe que cuando moje con su sudor la camiseta, la evaporación de éste creará una corriente de aire por el interior de la camisa, que le refrescará mucho más que si estuviese desnudo. No está dispuesto a pasar tres días penando, a causa de las quemaduras. Por motivos parecidos, va cubierto con un sombrero de paja de ala generosa. No es físico. No entiende el mecanismo de la termodinámica. Es campesino y ese conocimiento le viene de serie. Con el sol no se juega, y menos en el mes de agosto. Se agacha, tomando un botijo y se echa al coleto un generoso trago de agua. Escupe en sus manos, y agarra la azuela.

    Con la pericia que da la práctica, va dando cortes precisos en la corteza del alcornoque, tajando justo hasta donde termina ésta. Trabaja con cuidado. Esta es la tercera extracción de corteza de éste árbol. Su padre hizo la primera. El corcho que está sacando ya es de la máxima calidad. Un material uniforme y prieto, prácticamente sin defectos. Sabe que no debe dañar al árbol. Hasta dentro de quince años este alcornoque no volverá a sufrir otro descortezado.

    Si se produjese una catástrofe y Europa se hundiese en el mar, Portugal quedaría flotando. Es el primer productor mundial de corcho. Han desarrollado una industria, en la que con él fabrican desde tapones hasta bolsos de señora. Y ésta es una parte de la mayor zona de producción.

    En ello estoy pensando, apoyado sobre otro alcornoque pendiente de descortezar, mientras veo sus evoluciones.

    Hace un par de horas que he llegado a la quinta. Les he visto trabajar desde la casa, y como es una labor que nunca había visto hacer, me he acercado a curiosear.

    Cuando me han visto llegar, la cuadrilla de trabajadores ha parado su trabajo. El que parece el capataz, se ha acercado a mí y mostrándome la palma de su mano derecha, sucia por el trabajo manual, ha girado la muñeca y cerrándola en un puño, me ha ofrecido el dorso para que se lo estreche, en un saludo respetuoso, al tiempo que me dice:

    – Bem vindo, Dom Alfredo (Bienvenido Don Alfredo).

    – Muito Obrigado, Dom…. (Muchas gracias, don…)

    – Alipio, a seu serviço, sou o capataz (Alipio, a su servicio, yo soy el capataz).

    – Muito pracer (Encantado).

    Uno a uno, me van saludando y presentándose los hombres de la cuadrilla, a los que no conozco de nada y estoy completamente seguro de que ellos jamás me han visto. Pero ellos sí saben quién soy yo. Observo en su pose que me tratan con respeto, pero sin servilismo. Si no fuese porque yo no tengo nada que ver con la finca, diría que se comportan conmigo como lo harían con el dueño. Es más, me tratan como se trata a un “hombre”. Como a un igual.

    Le pregunto al capataz como es que saben quién soy, si nunca nos hemos visto, y me contesta con un enigmático:

    – Nós sabemos coisas (Nosotros sabemos cosas).

    Y entonces comprendo. Recuerdo que el personal de la finca pertenece todo a la misma familia, y lo primero que pienso es que Marta se ha ido de la lengua. Sé que Paulinha no ha sido. La muchacha quiere tanto a Amália, que si ésta le dice que guarde un secreto, se deja matar antes de contar nada. Extrañamente, sé en mi interior que el incidente de la pelea no va a llegar a oídos de los novios. Puedo dormir tranquilo. Aquí rige la ley del silencio y la orden es que ni Magnolia ni su marido lo sepan jamás. Pero Marta se ha asegurado de que se sepa que el compañero de Dona Amália es un hombre que se viste por los pies.

    Marta…

    Al llegar a la quinta, he aparcado fuera del garaje. Hace poco más de un mes que he estado aquí por primera vez. He vuelto aprovechando el puente de la Virgen de Agosto, sabiendo que Amália no llegaría hasta la hora de la cena. Pero yo me he adelantado.

    Cuando me he dirigido a la puerta principal, la he encontrado cerrada. Sin dudarlo he rodeado la casa, yendo hacia la puerta de la cocina, encontrándola también cerrada. Es algo que me extrañó, pues durante el tiempo que pasé en esta casa, nunca había visto ambas puertas cerradas con llave. Así que me acerqué a la ventana de la cocina para ver si estaban en el interior Marta o Paulinha.

    Mientras me estaba acercando, vi en pie, de espaldas a la ventana y apoyado en la mesa de trabajo a un hombre que no había visto jamás. Un tipo como de unos cuarenta y pocos años, fuerte; de anchos hombros y con los brazos quemados por el trabajo al sol. Estaba, como digo, apoyado de espaldas, con la parte inferior de los glúteos y los brazos abiertos en compás a cada lado del cuerpo, en la mesa de trabajo. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás, como mirando algo por encima del aparador de la loza.

    Me coloqué de forma que no pudiese verme a mí y continué observándolo ya que se trataba de una situación extraña. Aquel individuo dentro de la casa, sólo y con todo cerrado.

    Entonces veo que Marta emerge delante de él, su cara deformada por la lujuria. Con la blusa abierta y las copas del sostén a la altura del cuello. Mostrando unos pechos plenos y pesados, con areolas oscuras del tamaño de galletas de desayuno y los pezones enhiestos por la excitación. Él le agarra la cara con las manos y la besa en la boca, mientras ella se arremanga la falda hasta la cintura, permitiéndome ver una braga de encaje, de color blanco. Se giran, cambiando de sitio, y él la sienta sobre la mesa, bajando la mano a la entrepierna de ella. Y apartando la braga, se dispone a penetrarla.

    Yo ya he visto más que suficiente. Entiendo por qué está cerrada la casa y dado que Marta no corre ningún peligro, y lo que ocurre no es de mi incumbencia, me retiro de la ventana. Es entonces cuando veo, a lo lejos, a la cuadrilla que está trabajando en los alcornoques, y me dirijo hacia allí.

    Voy pensando en si comentarle algo a Amália de lo sucedido y decido que mejor no. No le están haciendo mal a nadie y creo que mi amiga todavía le tiene marcado en rojo el tema del arroz malandro. Y le temo a las venganzas de mi amiga. Aunque no son peligrosas, tiene una rara habilidad para hacer que sean de lo más incómodas, en el momento que menos te apetece.

    Después de pasar un rato con la cuadrilla de leñadores, y considerando que les he dado tiempo suficiente a Marta y a su acompañante, me despido de ellos y me dirijo nuevamente a la casa.

    Al acercarme veo que la puerta de la cocina está abierta. Sé que la principal también lo estará, pero decido entrar por la trasera.

    Cuando entro, Marta está trasteando en la encimera, empezando a preparar todo para la cena. Siente que hay alguien en la cocina, se vuelve, y no me da tiempo a saludarla

    – Dooom Alfredoo, que gusto verle de nuevo por aquí

    Diciendo esto, me pone las manos en los hombros y me besa en la mejilla. Al retirarse hacia atrás, con una mano, se recompone el escote de la blusa. Yo pienso “compón, compón, si supieses lo que he visto hace un par de horas…”

    – Buenas tardes Marta, el gusto es mío. Estoy deseando empezar a probar esos platos que me prepara.

    – ¿Quiere otra vez “arroz malandro”?

    – Yo sí, pero en su caso, no jugaría con fuego.

    – Puedo prepararlo para usted y para nosotras dos, solamente – me dice soltando una carcajada – ¿Cuándo ha llegado? – Pfffff, y ahora ¿qué le digo?

    – Hace un par de horas, pero al llegar vi una cuadrilla sacando corcho y fui a curiosear.

    – Mal, muy mal. Lo primero es venir a saludar al personal de la casa – No creo que te hubiese hecho mucha gracia, pienso.

    – Marta ¿mi habitación es la misma que ocupé la última vez?

    – ¿La de arriba o la del sofá? Me contesta con todo el descaro, riendo.

    – La de arriba, Marta. No juegue con fuego.

    – Sí, por supuesto. Han dado orden de que se le aloje siempre en ese dormitorio.

    – Voy a por mi equipaje y lo subo.

    – Refrésquese y no tarde, que hoy cenaremos temprano. Les dejo todo preparado y me iré, que tengo compromisos.

    – De acuerdo, Marta. No se preocupe.

    Me voy a por mi equipaje riendo para mis adentros. Ya sé yo que compromisos tienes hoy. Lo subo a mi habitación y deshago la maleta, poniendo mi ropa en mi parte del armario. Veo que también hay ropa de Amália en el mismo. Comprendo que lo utiliza habitualmente.

    Me ducho y al secarme, me paso la mano por el cuello y noto que necesito un afeitado, pero me escuece algo, con el sudor y el calor se me debe haber irritado. Así que lo dejo para la mañana siguiente.

    Vistiéndome con una ropa cómoda y fresca, un pantalón y una camisa de lino y calzándome unas alpargatas con el piso de esparto, bajo al piso inferior.

    Al llegar oigo voces en la cocina y reconozco la de Amália hablando con Marta. Empiezo a ir a su encuentro, justo en el momento en que mi amiga sale dirigiéndose hacia donde yo estoy.

    Al verme se le ilumina la cara y viene corriendo hacia mí como una adolescente, se me echa al cuello, y antes de decirme nada, me estampa un beso en la boca. Por debajo de su blusa, al abrazarme, noto que trae puesto uno de sus sostenes ortopédicos.

    – Hola cariño ¿Cuándo has llegado?, ¿Tuviste buen viaje? – me dice.

    – Hola cielo. Llegué hace tres horas, más o menos. Y sí, tuve un viaje tranquilo.

    – Ayúdame con el equipaje, que quiero darme una ducha. Hoy tenemos que cenar temprano y apañarnos solos. Paulinha no vendrá hasta mañana, y Marta tiene compromisos.

    – Ummmmm, toda la casa para nosotros solos. ¿Marta tiene un “amigo con derechos”?

    – Que mente más sucia tienes. El marido de Marta es pescador de altura. Pasa tres meses en el mar y quince días en tierra. Y llegó esta mañana en avión a Lisboa, desde el Índico. Así que ya te puedes imaginar por qué quiere llegar temprano a casa.

    Ya cantó la gallina, ya sé quién es el maromo de la cocina, pienso para mí. Aún así no le digo nada a Amália de lo que he visto. Es un secreto que no me pertenece.

    Le llevo la maleta a la habitación, aunque noto que es más pequeña que la mía. Pero también es verdad que ella tiene ropa en el armario. Cuando estamos dentro me pide que la deje sola, que se va a duchar y cambiar de ropa.

    – Querida, ¿a estas alturas con pudores?

    – Cielo, no quieras ver lo que traigo puesto. Esta noche tengo ganas de ponerme al día contigo. Me dice sonriendo, mientras me va empujando hacia la puerta.

    – De acuerdo. Te dejo sola, entonces.

    – Bajo pronto, no te preocupes.

    Cuando baja mi amiga, trae puestas una falda y una blusa, muy sencillas ambas, de algodón y con pinta de ropa fresca y en los pies, unas sandalias planas.

    Nos sentamos a la mesa y cuando nos ha servido cena, Marta, dirigiéndose a mi compañera le dice:

    – Tía Amália, en la cocina dejo una cafetera preparada. ¿Necesitan algo más antes de que me vaya?.

    – No, Marta, muchas gracias. Hasta mañana.

    – Buenas noches, Marta. Hasta mañana – Saludo yo a mi vez.

    Entonces, al quedarnos solos, me dirijo a mi amiga:

    – ¿Tía Amália? ¿Desde cuándo?

    – Sí. Al parecer, ya soy decente. A partir de la semana siguiente a la de la boda, todo el personal de la quinta empezó a dirigirse a mí con el calificativo.

    – ¿Sabes que me ha pasado hoy? Estuve viendo como descortezaban los alcornoques, y cuando me acerqué a los operarios, el capataz inmediatamente se dirigió a mí como “dom Alfredo”. Toda la cuadrilla me trataba como si yo fuese el dueño de la quinta. Cuando le pregunté cómo sabía quién soy yo, no habiéndonos visto nunca, me contestó “Nosotros sabemos cosas”. Creo que Marta ha contado lo de la pelea en la boda.

    – ¿Por qué Marta? Pudo ser Paulinha la que contó lo que sabía.

    – Amália, Pauliña es un culo inquieto, una chiquilla alocada. Pero a ti te adora. Si tú le has dicho que no diga nada, se deja arrancar la piel antes de soltar prenda.

    – Pues ya está, entonces. Han decidido que la quinta ya tiene un hombre otra vez, y su mujer, por supuesto, es “La Tía”. Aunque no estemos casados. Llevaban seis años sin utilizar el tratamiento.

    – Pues si eso es lo que ha ocurrido realmente, puedes creerme, me gusta.

    Terminamos de cenar y nos sentamos en el suelo, apoyados en el Chesterfield mientras tomábamos café. Amália no quiso que le sirviese ningún licor, pero de vez en cuando, le daba pequeños sorbos a mi copa de coñac. Allí, sobre la alfombra, la empujé hasta que estuvo tendida y me acosté a su lado besándola en el cuello mientras acariciaba sus muslos por debajo de la falda. Ella abrió las piernas, permitiéndome llegar con mi mano hasta su sexo, y comprobar que no se había puesto ropa interior. Mientras, con su mano me acariciaba el pene por encima del pantalón. Cuando me besó, sintiendo la barba hirsuta me dijo:

    – Cariño, esa cara, con esa barba, hoy no la vas a acercar a ningún sitio, te lo advierto.

    – ¿Me afeitarás tú mañana?

    – Mañana será otro día, pero hoy… a ver cómo te las apañas para darme lo mío, que llevo varios días esperando este momento.

    Esa noche me apañé para darle lo suyo, y un porcentaje de propina, y desperté con su espalda en mi pecho, y sus pechos agarrados con mis manos. Estaba en Portugal y por lo que se ve, aquí no se dormir de otra manera. También me cobre lo mío. Que conste.

    Al despertarnos, le pedí a Amália que me afeitase, tal y como había hecho la mañana de la boda y ella por toda contestación, me señaló la butaca. Me senté de la misma manera que lo había hecho aquel día y ella repitió los mismos pasos que había realizado. La diferencia es que esta vez, ella no llevaba la bata, y teníamos tiempo para hacer lo que quisiéramos. Y claro, lo que quisimos, pasó.

    Me duché en primer lugar y cuando me estaba vistiendo, Amália entró a la ducha. La escuché rezongar y me asomé al baño. Mientras se frotaba la entrepierna con una esponja decía entre dientes:

    – Cómo escuece. Con esa barba no me vuelve a meter aquí la cabeza. Menuda avería tengo.

    Riendo en voz baja, me retiro antes de que me oiga y termino de vestirme.

    Cuando sale de la ducha, le pregunto si tardará mucho para bajar a desayunar juntos y me contesta que baje yo, que ella aún se demorará un rato porque quiere repasar la ropa o algo así.

    Entro en la cocina y lo primero que veo es a Marta, doblada por la cintura, con las piernas rectas, abiertas en compás y trasteando en el horno, de espaldas a mí. En esa posición el culo tensa la tela de la falda. Y qué culo. No tengo tiempo de saludarla cuando sin volverse a mirarme, me dice:

    – Buenos días, Dom Alfredo, ¿le gusta lo que está viendo?

    – Perdón Marta, no pretendía asustarla, ni me esperaba encontrarla así.

    – Es la parte que le faltaba por conocer, el resto ya lo ha visto. Y no verá más, se lo aseguro.

    – Perdone Marta, no entiendo a qué se refiere.

    Entonces, me agarra por un brazo y me pone delante de la mesa de trabajo, mirando hacia la ventana, en el lugar que ella estaba ayer por la tarde y me dice:

    – La próxima vez, aprenda a esconderse mejor. Desde aquí se controla todo el patio a través de la ventana. Mi marido no se dio cuenta, pero cuando me levanté yo le vi inmediatamente.

    – Lo siento Marta, me encontré la casa cerrada y quise ver si estaban usted o Paulinha a través de la ventana, cuando vi a un hombre desconocido, sólo y con la casa cerrada. Lo estaba vigilando a ver que ocurría. Cuando comprendí lo que estaba pasando, y que usted no corría peligro, me fui inmediatamente y les dejé en la intimidad. Lo que vi fue totalmente accidental. Créame.

    – Lo sé, vi su sombra en la pared cuando se alejaba. Sabía que no se iba a quedar mirando, por eso continué con lo que estábamos. Y no me equivoqué con usted. Cuando volvió no hizo ningún comentario, y no le ha dicho nada a la tía Amália. Ha guardado el secreto. Gracias.

    Levantó la cabeza hacia mí y me estampó un beso en la boca, al tiempo que me decía:

    – No se equivoque. Esto es porque es usted un “hombre”. Y no se volverá a repetir. Ahora… ¿quiere desayunar?

    – Sí, Marta, muchas gracias. ¿Podría servirme el desayuno en la terraza?

    – Claro que sí. Váyase a la mesa que ahora se lo llevo.

    Sentado en la mesa, observo como Marta viene hacia mí con el servicio del desayuno. Trae puesta “la sonrisa”. Yo he cumplido como varón esta noche, pero a ella le han arrugado a gusto las sábanas debajo de la espalda, y se le nota en la cara. Lo cierto es que es una mujer muy guapa y me alegro de su felicidad.

    Cuando termina de ponerme el desayuno me pregunta:

    – Una última pregunta, Dom Alfredo ¿Lo que vio ayer, le gustó?

    – Mucho, Marta. Mucho. Puede creerme. Es usted una mujer muy apetecible.

    – Gracias.

    Y se fue a la cocina a continuar con sus cosas. No volvimos a comentar nunca más el incidente.

    Al terminar mi desayuno y fumarme un cigarrillo, viendo que Amália no había bajado todavía, me dirijo a mi habitación para ofrecerle mi ayuda en lo que esté haciendo. Casi llegando a la escalera, veo que la bola de pelo con pretensiones de perro de Paulinha, entra y sale correteando por la puerta del salón y la escucho rezongar enfadada. Me acerco y me quedo apoyado en el montante de la puerta, en silencio, sonriendo ante lo tengo delante de mis ojos.

    Paulinha, con la cabeza medio metida debajo de un mueble y con un brazo estirado, está tratando de agarrar algo. Tiene todo el pecho pegado al suelo y las rodillas totalmente separadas, con las piernas arrodilladas y el culo en pompa. Va cubierta con una falda a medio muslo de algún tejido muy elástico. La falda está completamente tirante por la postura. Y le oigo que refunfuña:

    – Bolacha (Galleta) estúpido. Por tu culpa nos van a echar a los dos de la quinta. Sabes que no puedes entrar en la casa a jugar con la pelota. La tía Amália me va a reñir. Y como me riñan a mí, le voy a decir a Marta que no te guarde huesos.

    El perrito, al oír su nombre, se acerca por detrás jugando y empuja con el hocico el borde inferior de la falda de Paulinha. Entonces, debido al estiramiento, la falda se enrolla, remangándose completamente, dejando a la vista un tanga tan ancho en la entrepierna, que el clítoris asoma por los dos lados al mismo tiempo, dejando el culo y el sexo de la muchacha totalmente a la vista. Al intentar bajarse la falda, Paulinha mira hacia atrás y me ve a mí en la puerta. Da un respingo y se golpea la cabeza con el borde inferior del mueble. Pega un grito, y mientras se frota la cabeza, e intenta recomponerse la falda, me espeta:

    – Vovô, porco, não olhe (Abuelito, guarro, no mires). – Lagrimeando por el dolor del golpe.

    Corro hacia ella, y agachándome, la ayudo a levantarse lentamente. Mientras le inspecciono la zona del golpe, ella forcejea con la falda para ponerla en su sitio. No veo sangre en la cabeza, pero como no pongamos remedio va a tener un buen chichón. Le paso un brazo por la espalda, a la altura de los hombros y la voy dirigiendo hacia la cocina, donde Marta nos podrá dar hielo para evitar la hinchazón. Mientras vamos de camino me dice:

    – Vovô, no le digas nada a la tía Amália, por favor. Me va a reñir y no me van a dejar tener al perro en la quinta. Y él no es malo, pero es un cachorro y todavía no sabe comportarse como un perro educado – Tan alocada como buena persona. Tiene un golpe en la cabeza, y la amenaza de una reprimenda, y su única preocupación es que no echen al perrillo de la finca.

    Marta, cuando ve como viene Paulinha, y al decirle que tiene un golpe en la cabeza, inmediatamente coge unos cubos de hielo de la nevera, y envolviéndolos en un trapo, se los pone en la zona afectada, poniéndole a continuación la mano de ella para que sujete el emplasto.

    – ¿Qué hizo el perro esta vez? – Le pregunta a Paulinha.

    – La versión oficial es que se me cayó la cartera debajo del mueble del salón y Paulinha al meterse debajo para cogerla, se golpeó la cabeza. – Le contesto yo.

    – Pero en realidad fue el perro, ¿verdad? – Insiste Marta.

    – Bueno, Marta. Todos tenemos secretos ¿No le parece?

    – Tiene razón – Me responde con una sonrisa cómplice. Y no insiste más en el tema.

    Le doy un beso en la frente a Paulinha y las dejo a ambas en la cocina, volviendo a tomar el camino de mi habitación. Voy pensando que aún no llevo un día en la casa y tengo los ojos cansados de ver lo que no debería.

    Durante la comida, Amália me va poniendo al día de los últimos acontecimientos familiares:

    – Ana María y João han decidido divorciarse y ya han presentado los papeles. Va a ser un proceso sencillo, según creo. No hay pensiones que negociar y el dinero es de mi familia. Solamente en lo que afecta a los negocios de mi cuñado habrá algún reparto por gananciales. Al parecer en poco tiempo la cosa estará hecha.

    Tal y como ella pensaba, él tiene una amante desde hace casi cinco años. Y ya ha empezado a comportarse como la esposa oficial. Él ha dejado el apartamento que compartía con Ana María y ya no viven juntos.

    A mi hermana ahora la veo mucho más tranquila, como si se hubiese quitado un peso de encima. Está mucho más alegre y con ganas de vivir. Esta noche vendrá a la quinta. Mañana tenemos que hacer gestiones con los braceros para estudiar como va la producción de corcho. Aunque yo soy “La Tía Amália”, realmente la quinta nos pertenece a las dos.

    Aquí me saltaron todas las alarmas. Ana María en la quinta, libre y deshinibida, no es una combinación que me apetezca mucho. Aún recuerdo una noche que no debería haber ocurrido.

    Pasamos el resto del día como dos tortolitos, de acuerdo a la costumbre que habíamos desarrollado en los últimos tiempos, y cuando nos fuimos a dormir, Ana María aún no había llegado a la finca.

    Al levantarme por la mañana, mientras esperaba que Amália terminase de vestirse para bajar a desayunar juntos, salí de la habitación para explorar un poco la casa, ya que no la conocía en su totalidad. Al fondo del pasillo donde estaban nuestras habitaciones había una puerta, la abrí y entrando me encontré en una especie de sala de costura. Algo muy femenino, en todo caso. Fuí hacia la ventana para ver las vistas desde ese ángulo de la casa, y debajo de esa ventana, en el nivel del suelo, habían construido una especie de patio cerrado, con unas tumbonas a modo de solarium. En una de esas tumbonas estaba Ana María, completamente desnuda, dándose aceite protector.

    La visión de aquel cuerpo, que yo habia acariciado y del que había gozado una noche, y las manipulaciones de ella dándose el protector, me produjeron una erección inmediata. Cuando me dí vuelta para retirarme, me dí de manos a boca con Amália, que habiendome visto a través de la puerta, venía a mi encuentro. Se dió cuenta inmediata de mi estado, y acercándose a la ventana, vio el motivo.

    – ¿Quieres acostarte con ella, otra vez? – me preguntó, serena.

    – Cariño, por querer, sí que quiero.

    – Todo se puede arreglar, si se quiere.

    – Amália, tenemos que hablar seriamente tú y yo.

    La tomé de las manos y nos sentamos juntos en un confidente.

    – Amália, debemos aclarar nuestra relación. Por mi parte, ha pasado del estado de amigos que se acuestan ocasionalmente. Me gustaría tener algo más contigo. No sé si tú sientes lo mismo.

    – Alfredo, cuando te llamé para que me acompañases a la boda, creía que nuestra relación era esa. Durante la semana me dí cuenta que éramos algo más. Cuando dormimos con mi hermana, sentí que si estabas conmigo, estabas conmigo. No te quería compartir. Y la mitad del disgusto que me llevé con Paulinha, además de que no esperaba que te hubieses aprovechado de ella, me dí cuenta de que era porque me dolía que te fueses con otra. Yo tambien siento algo más.

    – Comprenderás que en este momento, no podemos vivir juntos. Ambos tenemos responsabilidades que hasta dentro de unos años no podemos eludir. Pero me gustaría gozar de tu compañía tanto tiempo como pueda.

    – A mí tambien. Y cuando sea posible, volveremos a estudiar el tema ¿Te parece?

    – Me parece perfecto.

    Allí en ese confidente, a solas, nos besamos con la pasión de dos enamorados.

    Esa tarde, mientras ellas fueron a tratar los asuntos de la finca con los trabajadores. Yo busqué a Paulinha.

    – Paulinha, ¿sabes donde guarda la tía Amália sus joyas?

    – Sí, ¿por qué?

    – Necesito que me lo enseñes, tengo que coger un anillo suyo. Y necesito que me lleves rápidamente a donde haya una buena joyería. ¿Me ayudas?

    – Claro Vovô, claro que te ayudo.

    – Pero guarda el secreto.

    Encontramos en el joyero el anillo con la esmeralda que lució en la boda, y partimos rápidamente a la joyería. Compré dos alianzas, una para ella y otra para mí.

    Despues de cenar, y en presencia de su hermana y de las chicas de la casa, le mostré la alianza y le declaré mi amor. Ella se puso la alianza a la manera portuguesa, en la mano izquierda. Yo me la puse a la manera española, en la derecha. Hasta poder ir a más, formalizamos allí nuestra relación. Como en siempre, estos casos, fuimos acompañados de un coro de llantos y felicitaciones.

    Esa noche fue a Amália a quien le arrugaron a gusto las sábanas bajo su espalda. Y despertamos abrazados como de costumbre.

    Nadie llamó a la puerta.

    CONTINUARA, si les ha gustado envíen comentarios, a favor o en contra, los agradeceré

  • Mi mujer me corneó con un negro delante de mí

    Mi mujer me corneó con un negro delante de mí

    Soy un hombre de Argentina, casado, de 38 años. Esto pasó cuando yo tenía 36 y mi esposa, a la que aquí llamaré Claudia, de 28 años. Ella es de tez muy blanca, con un cuerpito agraciado y un rostro muy bello. No tiene demasiado de pecho, pero en compensación tiene un culito que hace que los hombres se den vuelta a mirarla. Ya llevábamos 7 años de casados y nuestra relación no iba bien. Ella es una mujer muy caliente y yo soy impotente, por tanto no podía satisfacerla como debía. No me decía nada, pero yo me daba cuenta que ella no era feliz.

    Una vez la llevé a un sex shop para comprarle un dildo. Después de ver varios, eligió un gran consolador de color negro. «Tengo fantasías con africanos», me dijo. Se lo compré sin decir nada. Esa noche lo estrenó masturbándose con ese aparato. Cuando terminó le pregunté si había fantaseado con negros y me contestó afirmativamente.

    Al día siguiente después que llegamos de trabajar nos pusimos a mirar porno por internet. Por supuesto, fuimos a la parte de sexo interracial. Ella miraba los videos y se notaba el deseo en sus ojos. Al final me animé a decírselo «si querés tener sexo con un hombre negro, por mi está bien». «En seriooo??» responde ella, y yo asentí. Quedamos en que yo estaría escondido en el placard frente a la cama cuando ella tuviese sus encuentros. En parte para cuidarla y también porque no voy a negar que me excitaba la idea ver a mi linda mujer siendo penetrada por un negro.

    Fue ahí que ella se puso en campaña para encontrar un candidato. Se hizo una cuenta en una página de citas, puso algunas fotos de ella sin mostrar su rostro pero si su lindo físico, algunas fotos vestida normalmente y otras con ropitas bastante eróticas. No tardaron en lloverle candidatos. A la mayoría no le dio importancia, pero entre ellos eligió algunos con los cuales trabó conversación. Uno en especial era un chico de 22 años (al que llamaremos Carlos), hijo de inmigrantes caribeños. Era un muchacho simpático, alto, delgado pero con un físico atlético y fibroso. Ella charlaba por Skype con el conmigo presente, sólo que el chico no sabía que yo estaba ahí. Me excitaba que le contara desvergonzadamente nuestras intimidades, como que estaba casada y necesitada de un amante, que su marido era impotente, etc.

    Él le pide para tener un encuentro con ella y le dice que está bien, pero antes tiene que hacerse un test de HIV y enfermedades venéreas. Carlos accede, y días más tarde llama a mi esposa para decirle que tiene el resultado y es negativo. Le saca una foto al papel con su celular y se la envía. Efectivamente, es un muchacho totalmente sano.

    Mi esposa le dijo que yo tenía que salir por negocios y ella iba a quedarse «sola» en casa, por tanto Carlos podía ir a visitarla. Quedaron en verse al día siguiente. El día de la cita ella lavó el cabello con matizador rubio (por lo que quedó con el pelo más claro aún). se depiló toda quedándole la concha bien peladita, se produjo bien y se puso un vestido muy sexy negro, cortito, muy entallado y sin breteles. Como ropa interior sólo se puso una tanguita blanca. En la parte de arriba no se puso nada, por lo que sus pezones se notaban bajo el vestido. Se colocó unas sandalias negras de taco alto que completaban su atuendo muy sexy y deseable. Mientras se preparaba cantaba alegremente «hoy me voy a comer una pija negra, siii!» y cosas por el estilo.

    A los 2 minutos de la hora suena el timbre del portero eléctrico. Ella atiende y es Carlos. Le abre la puerta mientras yo me meto en el armario. Luego se escucha unos golpes en la puerta del departamento y ella le abre. Escucho desde el armario la voz de Carlos y la de mi mujer saludándose. Ella lo trae inmediatamente a nuestro dormitorio. Yo veía todo a través de las mirillas de la puerta del placard. «Estás segura que tu marido no va a venir?» pregunta el chico. «No te preocupes por el cornudo. Hasta mañana no viene» responde mi esposa. Claudio estaba vestido con un jean desgastado y una remera moderna, como la que usan los muchachos de su edad. Era más alto de lo que parecía en su perfil. Medía como 1.90, y mi esposa con tacos apenas llegaría a 1.75. Claudia se cuelga de los hombros de Carlos y el la agarra del culo mientras comienzan a besarse apasionadamente. Mientras lo hacían, el comienza a levantarle la pollera dejándole su lindo culito al aire. Ella levanta una pierna y él se la acaricia. Va desde su muslo hasta su culo. Después le mete mano a la concha de mi esposa y ella gime de placer, todo esto de parados. Entonces Claudia se pone lentamente de rodillas frente a él y le acaricia el bulto que se notaba en su bragueta. Le desprende el cinturón, le baja el cierre y le baja el jean con todo y bóxer. Al momento salta una víbora negra, larga y gruesa. Ella da un gritito de sorpresa y placer. «Wawww! Que linda pija tenés, negro! Nada que ver con la porquería de mi esposo!». Él se ríe y le contesta «Te gusta? Ahora va a estar adentro tuyo, putita blanca!».

    Al momento se la comienza a chupar, a lamer, a darle mordiditas. La levanta y se la lame por debajo. Así como estaba le pasa la lengua por sus grandes bolas. «Mmmmm! Que huevos grandes tenés!». «Todos tuyos. Pasame bien la lengüita, zorra.». Mientras le chupaba la pija y las bolas, el con una mano la tenía agarrada del pelo, y con la otra le acariciaba las tetas. «Me tenés muy caliente, macho!» Le termina de quitar los pantalones y de repente lo da vuelta. En ese momento hace algo que ni me imaginaba: le comienza a chupar el culo! A mí nunca me hizo eso! Bueno, ya que estaba miraba. Le abrió las nalgas, le lamió la raya del culo. Después se detenía con la punta de la lengua en el agujero del ano. El gozaba de placer. «Mmmm! Que bien se siente! Chupame bien el culo, putita!» «Soy tu putita dócil, mi negro! Haceme lo que quieras!». En eso Carlos no aguantó más.

    Le mete su pija en la boca y le acaba en ella. Claudia se traga casi toda su leche, porque parece que fue tanta que parte le corrió por la boca. Luego de eso, llevó a mi esposa a la cama. Le quita la tanguita y le comienza a lamer la concha peladita. Ella gritaba de placer con cada chupada. Él se quitó la remera y le dijo a Claudia para hacer un 69. Ella se pone sobre él y comienzan a lamerse. Así estuvieron un rato hasta que Carlos pone a Claudia sobre la cama y sin mediar palabra la penetra. Ella grita de placer y de dolor por comerse esa enorme pija, pese a tener su concha bien lubricada por la previa. Carlos se mueve rítmicamente sobre ella, su culo subiendo y bajando. Se oía el «plaf plaf plaf…» de sus ingles chocando, mientras mi mujer seguía gimiendo a los gritos. Luego el se levanta, la pone en 4 patas y vuelve a penetrarla. Otra vez el «plaf plaf plaf» y más gritos placenteros de Claudia.

    Después la pone acostada de lado, el la vuelve a penetrar mientras le acaricia las tetas, el culo, las piernas, todita. Ni hablar que entre cada cambio de pose Claudia se acabó varias veces. De repente Carlos comienza a moverse más rápido hasta que emite un tipo de rugido, acabando dentro de mi esposa! Se quedó un rato inmóvil y luego se dejó caer al costado de Claudia. Así estuvieron un rato, jadeando en silencio. «Te gustó?» pregunta mi esposa. «Me…encantó…» contesta el entre jadeos. Luego fue al baño a mear y a lavarse su enorme pija, y cuando vuelve mi mujer le dice. «Amor, va a ser mejor que te vayas, Por las dudas que vuelva mi marido, viste?». Él dice que sí, se viste rápidamente, le da un beso en una mejilla y se va. Mi esposa se queda en silencio descansando cuando salgo del placard.

    «Y, todo bien?» pregunto yo tontamente. «Mejor que bien!» responde ella. «Estoy re llena de leche. Por fin cogí con un hombre de verdad!!». Y en forma maliciosa me pregunta «querés chuparme la concha?». Yo me quedé duro! En algunos videos vimos que algunos tipos hacen eso después que sus esposas cogen con otros. «Yo sé que estás deseándolo» continúa ella. Entonces subo a la cama, la tomo de sus muslos y pongo mi boca en su concha. Comienzo a lamérsela. Me doy cuenta que me agrada. «Tomate la leche de mi macho. Dale, putito! Sé que te gusta», Después me da un beso apasionado en la boca. También tenía gusto a semen del negro.

    Luego de esa noche Carlos se volvió un visitante habitual de mi casa. Después continuaré contando sobre esta aventura de mi esposa, y otras que siguieron.

  • Follado en el vestíbulo de la gestoría

    Follado en el vestíbulo de la gestoría

    Terminaba de ser follado por dos hombres maduros en plena vía pública de mi ciudad, La Coruña, y ahora cruzaba desde los jardines de Méndez Núñez, hacia la calle Sánchez Bregua, acompañado por ellos. Me iban tocando y sobando el culo, diciéndome lo bueno que estaba y que culito más rico tenía, a ver si me dejaba ver otro día, que me volverían a dar por el culo y dejarme preñado.

    Cuando estábamos cruzando por la acera a la que nos dirigíamos, iba caminando otro hombre que se nos quedó mirando, miraba como me hablaban y tocaban el culo sobándolo. Es evidente que viendo de donde veníamos y como me sobaban el culo, se había dado cuenta de que era maricón o que al menos me gustaba que me metieran mano aquellos 2 hombres maduros.

    Al llegar a la acera, ellos 2 se iban en una dirección, y yo me fui en dirección opuesta, se despidieron dándome una palmadita en el culo, y a ver si me dejaba ver otro día. Caminé delante del hombre que se había parado a mirarnos, y al llegar a la altura de la cafetería, mirando hacia atrás, para ver que no me siguieran, miré a los ojos de aquel hombre que se había quedado mirando como me tocaban el culo, viendo que no me perdía de vista, entré a la cafetería, fui hacia al mostrador, pidiendo una cerveza. Me volví a girar hacia la puerta a ver si pasaba aquel hombre, viendo que se había parado en la puerta quedando mirando para mí. Dudó unos segundos, terminando por entrar él también a la cafetería. Se puso relativamente cerca de mí, y pidió al igual que yo, una cerveza. Miraba para mí sin quitarme la vista de encima, tanto era su persistencia, que llegó a ponerme nervioso empezando a enrojecerme de la insistencia de su mirada. Se había dado cuenta de que me había puesto nervioso, y que empezaba a ponerme colorado por lo que le hizo gracia, terminando por esbozar una sonrisa.

    Bebí un trago de la cerveza que había pedido, yendo luego a los aseos a mear mientras me recuperaba de aquel nerviosismo que me había provocado aquel hombre con la insistencia de su mirada. Me puse a mear en uno de los urinarios que había, y luego de terminar, fui a lavarme las manos, de paso a refrescarme la cara y esperar que se me pasara el enrojecimiento que tenía.

    Pero la tranquilidad no me dejaba aquella noche, terminaba de entrar en los aseos aquel hombre. Al verme en el lavabo, se acercó a mí. Perdona por mi insistencia en mirarte y ponerte nervioso, no es mi intención, es que te he visto venir con aquellos hombres y vi cómo te metían mano. Eres muy joven, y no es buen sitio el lugar de donde veníais. Es mejor buscar ligues sin tener que ir por esos lugares, son muy peligrosos.

    Joder, de que iba aquel tío, se había dado cuenta perfectamente de que me iba el rollo, pero estaba tratando de ligarme, o que era lo que pretendía.

    Pronto lo supe, ya que se acercó a mí, y poniéndome una mano en el culo, me dijo si le permitía invitarme. Permites que te invite a la cerveza, me dijo tocándome el culo. Eres muy joven y guapo, me gustaría que vinieras conmigo a pasar un buen rato, eso si tú lo deseas.

    Quedé mirándolo, y moviendo la cabeza en señal de afirmación, le contesté que bueno.

    Se acercó más a mí, y sobándome más el culo, llevó su boca a la mía, dándome un beso en los labios mientras me decía, eres muy guapo, ya verás como no te arrepientes, verás lo que le voy a hacer disfrutar a este culito tan bonito que tienes.

    Dios que noche, me estaba saliendo redonda, sin apenas esfuerzo ya me habían dado por el culo 2 hombres maduros, y ahora un tercero me estaba ligando en aquellos aseos de la cafetería, proponiéndome un encuentro romántico, y que me prometía hacerme pasar un buen rato dándome por el culo.

    Salimos los 2 del aseo y yendo para la barra donde teníamos la bebida, terminamos de beber. Pagó las 2 consumiciones, saliendo ambos de la cafetería.

    Fuimos los 2 caminando juntos a la par uno del otro, en dirección a la plaza de Pontevedra. Allí no recuerdo si justo en la esquina con la calle Payo Gómez o Teresa Herrera, entramos en un edificio en el cual estaba la gestoría Astela, no me di cuenta si era el primer piso o fue el segundo, el caso es que entramos en aquella gestoría. Sacó las llaves abriendo la puerta, ordenándome que pasara. No te asustes, es donde trabajo me dijo. Después de pasar yo cerró la puerta, volviendo a pasar las llaves a la cerradura. Quedé parado en medio del vestíbulo, esperando a que él me dijera para donde ir. Se acercó a mí, me estrechó entre sus brazos, empezando a besarme los labios. Tranquilo, me dijo, no te asustes, aquí es donde trabajo, relájate que nadie nos va a molestar. Siguió besándome los labios, llevando una mano sobre mi nuca, empezó a meterme la lengua en mi boca. Eres muy guapo, me dijo, estás muy bueno, tienes un culo perfecto, quiero que sea mío, quiero follártelo y hacerte gozar, me decía sin dejar de besarme la boca y toda la cara y cuello.

    Empezó a irme desvistiendo poco a poco de una manera muy sensual. Primero sacó mi camiseta, aprovechando a morder y besar mis pezones que estaban duros y excitados, luego desabrochó mi cinturón para poco a poco irme desabotonando el pantalón mientras seguía besándome, dejó que callera al suelo, seguidamente se agachó para sacarme los zapatos y calcetines, terminando por sacarme el pantalón. Me llevó por la mano hasta el centro del vestíbulo, haciéndome poner acostado boca arriba, mientras él se desvestía por completo. Una vez estuvo desnudo por completo, pude ver el pedazo de pollón que tenía; es de las 3 mayores vergas que he visto y que tuve a mí disposición; al ver semejante pollón, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, aquella polla me iba abrir en canal, vamos que si me daba entrado en el culo, me iba dejar reventado; aquello si que me iba romper el culo cuando me la metiera; sí que era gruesa y larga la hija de puta.

    Vio como no le quitaba el ojo al pedazo de pollón que tenía, y arrodillándose a mi costado, me abrazó diciendo, no te asustes, ya verás como terminas pidiéndome que te la meta en el culo y te folle. Ya verás lo que te va a hacer gozar esta polla, me decía mientras me iba besando la boca y cara.

    Fue besando y lamiendo todo mi cuerpo, a la vez que me iba dando pequeños mordiscos de vez en cuando. Mientras me hacía sufrir con su boca y lengua, con sus dedos iba bajando hasta llegar a mi slip, metía sus dedos por dentro acariciándome con las yemas de sus dedos, luego los sacaba, volvía a meterlos, y así poco a poco y sin tocarme la polla, iba bajándome el slip.

    Pasaba las yemas de sus dedos por el borde de mi vientre siguiendo por las ingles, evitando tocarme la polla, cosa que me hacía excitar de tal manera, que deseaba que quitara de una vez el slip, y agarrara mi polla y así terminar con aquella tortura.

    Pero cada vez que pensaba que ya me iba sacar el slip y agarrar la polla y huevos, volvía a sacar sus dedos, evitando sacarme el slip, y alargando aquel sufrimiento.

    Yo jadeaba y me abrazaba a él, deseando que me bajara de una vez el slip terminando por sacármelo, pero él, al ver cómo sufría y me excitaba, iba alargando más y más aquella tortura. Veía como levantaba el culo del suelo deseando que me sacara el slip, sabiendo él que me tenía en sus manos, y aquello me estaba volviendo loco.

    Hasta que por fin terminó por bajarlo y sacármelo por completo, haciéndome dar un suspiro de placer, ya que no aguantaba más. Llevó entonces su mano a mi polla, y acariciándola suavemente, la fue descapullando, hasta meterla en su boca, y darme una mamada de las mejores que he recibido en mi vida. Aquello no era practicar el sexo, aquello era hacer el amor. No hubo rincón que no explorara con sus dedos y boca, y poro de piel que no me lamiera. Me hacía jadear y gemir retorciéndome de gusto agarrando su cabeza con mis manos y pedirle que parara.

    Cuando ya me tenía a punto de caramelo, ardiendo en deseos porque me diera por el culo, fue cuando me levantó las piernas, y lamiéndome la polla y huevos, empezó a morderme el perineo y parte interna de los muslos, a la vez que, con un dedo, me lo metía en el culo e iba explorando mi interior.

    Metió un segundo dedo, e iba explorando y haciendo que mi esfínter se fuese abriendo más y no opusiera resistencia a la polla que me iba a meter.

    Te dieron por el culo aquellos hombres, ¿verdad?

    Sí le contesté, cuando nos vistes, acababan de darme por el culo los 2.

    Y se corrieron dentro por lo que veo. Te dejaron bastante semen. Pero bueno así será más fácil la penetración, me dijo sacando los dedos de mi culo.

    Se levantó yendo por detrás del mostrador, y abriendo el cajón de una de las mesas, extrajo una cajita de nivea, la abrió, y untando un poco en sus dedos, la pasó por la cabeza de su polla, luego se volvió a poner de rodillas pasándome los dedos untados de nivea, por mi ano.

    Se colocó en medio de mis piernas y levantándome las mismas por las corvas, las fue llevando hacia mi pecho. Cada vez que me empujaba las piernas haciendo que mis rodillas se acercaran más a mi pecho, mi culito se iba abriendo más, quedando cada vez más para arriba y totalmente expuesto para que su polla entrara en mi culo.

    Arrimó su polla a mi ano, y empujando poco a poco, fue haciendo que mi esfínter se fuese abriendo. Ya tenía la cabeza de su pedazo de pollón medio metido en mi ano, cuando le pedí que parara, espera, espera, le pedía. Tranquilo, respira profundo que ya casi la tienes dentro, me decía.

    Y tan pronto vio que me relajaba respirando profundamente, dio un empujón con sus caderas a su pedazo de pollón, metiéndome toda la cabeza de una estocada.

    ¡Ohhh! Grité al entrarme aquella cabeza del enorme pollón en el culo. Le había clavado los dedos en su espalda al meterme aquel pedazo de pollón dentro de mí.

    Ya está, ya ha entrado, ahora relájate y deja que se vaya abriendo y acostumbrando tu culo al tamaño de mi polla, me decía.

    Respiré profundo, dejando que aquella verga fuese resbalando por mi interior, hasta que noté los huevos de aquel experto follador que me estaba rompiendo el culo sobre el suelo del vestidor de aquella gestoría.

    Ahora si que estaba bien empalado, y lo estaba por una polla descomunal, y a merced de aquel hombre que me tenía empalado en su polla.

    Poco a poco fue sacando y metiendo su polla en mi culo, hasta que ya me follaba sin mayores problemas. ¡Ohhh que culo! ¡ohhh que culo! Decía, ¡ooohhh que bien se siente! ¡ohhh que culito! ¡ohhh como me gusta tu culito!

    Se podía escuchar el ruido de su polla entrando en mi culo, y el golpeteo de sus huevos pegar en la entrada a mi ano, plof, plof plof plof, y los jadeos y gemidos míos al estar siendo follado por el pollón de aquel experto rompe culos.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Sí, síiii, me gusta, me gusta tu polla, dame más dame más le pedía. Rómpeme el culo y fóllame hasta dejarme preñado, le gritaba.

    Si mi amor, yo te daré polla, te daré toda la polla que quieras y te dejaré bien preñado. Toma polla mi amor, toma polla, toma polla me decía, follándome y dándome polla a saco.

    Yo sudaba y deliraba de gusto, por el gran placer que estaba sintiendo al ser follado por aquella enorme polla que no dejaba de abrirme el culo en canal.

    Ya llevábamos unos buenos 10 minutos dándome por el culo, cuando me anunciaba su corrida. Ya viene mi amor, ya viene, ¡ooohhh me corro! ¡ooohhh me corro mi amor!

    Y largando 5 grandes trallazos de semen, dejó mi culo preñado con su leche.

    Dios que noche, era la tercera polla que me abría el culo, preñándome de leche. Pero esta polla no solo me había abierto y preñado el culo, este pedazo de pollón, me había abierto en canal, teniendo la sensación de estar totalmente poseído. Era una sensación de plenitud, como si mi cuerpo le perteneciera a aquella polla.

    La verdad es que sí que me tenía bien empalado en aquella polla, aquel hombre. Se había corrido dentro de mí, y todavía seguía con aquel pedazo de rabo insertado en el culo, y no notaba que fuera aflojando. Seguía acariciándome y besando, sin sacarme el enorme pollón que me había incrustado en el culo.

    Después de unos minutos de haberme preñado, y siguiendo estando empalado por aquella verga, mientras seguía torturándome con sus caricias, besos, lamidas y mordiscos por mi cara y pecho, sacó su enorme pollón de mi culito, tumbándose a mi costado, manteniéndome abrazado a él.

    Dios, aquello no podía ser, seguía teniendo el enorme pollón totalmente erguido, como si no se hubiera corrido. Miraba para aquel pedazo de rabo, y no lo podía creer, parecía más grande que cuando me la había metido en el culo. No daba crédito a que aquello hubiese estado dentro de mí. No me extraña que me sintiera empalado y que me abrían en canal el culo. Sin dejar de mirar con asombro aquel enorme rabo que terminaba de estar dentro de mí, llevé mi mano acariciándolo, estaba resbaladizo y seguía duro y tieso como una vela el muy cabrón.

    ¿Te gusta? Me preguntó.

    Giré la cara mirándole a los ojos, y sin dejar de acariciar su polla, le contesté tartamudeando, sí, sí sí me gusta.

    No te asustes, me dijo al ver mi cara de asombro y tartamudez, aunque me haya corrido una vez, la erección se mantiene, puedo eyacular varias veces seguidas sin que se baje la erección.

    Joder, aquello quería decir que me iba seguir dando por el culo. Pues sí que me iba hacer disfrutar, más bien me iba reventar el culito aquella verga. Aquel tío sí que me iba dejar bien preñado si tenía aquel aguante y era capaz de eyacular varias veces seguidas.

    Ven, dijo tirando de mi brazo hacia él. Me rodeó con sus brazos echándome sobre su pecho, empezando a morderme el cuello mientras me decía, ya te dije que íbamos a disfrutar de tu hermoso culito, y que te iba hacer gozar, y eso pretendo, me decía pasando de mi cuello a los labios, y empezar a morderlos. Eres muy guapo, me gustas mucho, me gusta tu hermoso culito, tu cara y estos labios que están para comerlos, decía dándome mordiscos en ellos.

    Dios como me encendía aquello, el cabrón aquel me ponía tan caliente, que parecía una brasa al rojo vivo. Empecé a morderle los labios y chupárselos, saboreando su boca con mi lengua, deseando que me volviera a meter aquel pedazo de enorme rabo en el culo, y me hiciera delirar de placer, hasta que me derritiera de gusto. Métemela, méteme la polla en el culo y fóllame otra vez, le pedía sin dejar de besar y comerle la boca.

    Sí mí caliente y hermoso amorcito, me decía abriéndome las piernas con sus manos mientras me tenía sobre su pecho. Ahora quiero follarte mientras te sientas a horcajadas sobre mí, me dijo abriéndome el culo con sus manos. Anda siéntate a horcajadas sobre mí, y ve metiéndote la polla mientras te sientas.

    Me puse cómo me dijo, y mientras él me abría el culo con sus manos, yo llevé la enorme polla a la entrada de mi ano. Me fui sentando poco a poco, mientras me iba entrando aquel rabo en el culo.

    ¡Joder! Ya estaba insertado en aquella verga de nuevo. Parecía que me iba salir por el ombligo aquella verga, estaba abierto en canal y empalado como un pincho moruno. ¡Dios que sensación de placer y gusto me daba estar insertado en aquella polla! Aquello me hacía suspirar y gemir de placer, ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba mientras empezaba a subir y bajar sobre aquel enorme pollón. Cada vez galopaba a mayor velocidad, subía y bajaba gritando de tanto gusto que estaba sintiendo. Apoyé mis manos sobre el pecho de aquel semental que tanto me estaba haciendo gozar, y pellizcando y retorciéndole los pezones, me inclinaba buscando su boca con la mía. Al ver que no llegaba, puso su mano sobre mi nuca, y levantando su cabeza, empezó a besar y comerme la boca mientras yo me insertaba cada vez más su polla en mi culo.

    Dios, sudaba como si estuviera en una sauna, mi polla goteaba semen salpicando en todas direcciones, y ya no podía más. Quedé sentado con la polla dentro de mí, y buscando de nuevo su boca, le decía que no podía más. Estaba agotado, llevaba más de 10 minutos subiendo y bajando sobre aquella verga, clavándomela en el culo.

    Me abrazó a él mordiéndome los labios y besándome, y tirando con sus manos por mi culo, me sacó la polla, luego me dejó tumbado boca abajo, se puso de rodillas en medio de mis piernas, y levantándome por la cintura, llevó mi culito a su polla, metiéndola de una estocada, ¡ooohhh! Gemí de placer al notar entrar de nuevo aquel hermoso rabo que me daba por el culo. Me estaba dando por el culo prácticamente a 4 patas, solo que yo estaba con la cabeza y parte del pecho apoyado sobre el suelo.

    ¡Así mi amor! Así. ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba dándome por el culo a todo trapo. Me estaba follando duramente aquel enorme pollón. Tenía el culo apunto de derretirse de tan caliente que estaba, y la polla y huevos, parecían el badajo de una campana cuando se bambolean haciéndola sonar, salpicaba semen en todas direcciones.

    De pronto empezó a follarme más rápidamente, me movía agarrándome por la cintura, haciendo que mi culo pareciera una máquina de coser trabajando a toda velocidad, sin parar de gemir mientras me movía con sus manos, ¡ohhh, ooohhh ooohhh! Gritaba taladrándome el culo con aquel enorme rabo que me daba por el culo abriéndome en canal.

    Solo se escuchaban nuestros jadeos y gemidos, y el ruido de su polla entrando en mi culo, chof, chof chof. Parecía una locomotora arrastrando de los vagones a toda velocidad.

    Me corro, me corro empezó a gritar. Ya, ya ya, ¡ohhh me corro! ¡ooohhh me corro!

    Noté como palpitaba su polla escupiendo todo su esperma, bañándome las entrañas y dejándome el culo preñado de leche.

    Cuando terminó de eyacular, pegándome el culo a él y sin sacarme la polla, empezó a besarme por la espalda, mientras con sus dedos retorcía mis pezones. Estábamos sudando como cerdos, pero él seguía con la polla totalmente erecta, metida en mi culo.

    Besaba mi espalda, me mordía el hombro y la nuca, mientras con sus dedos, retorcía los pezones y me acariciaba con su otra mano la polla y huevos.

    Me tenía totalmente fundido y entregado a él. En esos momentos podía hacer de mí lo que quisiera. Estaba que deliraba de gusto, me había llevado al clímax del placer.

    Después de unos minutos que me tuvo en aquella posición sin sacarme la erecta y enorme polla de mi culo, agarrándome por la cintura me fue levantando. Cuando me hubo levantado sin dejar de abrazarme, la enorme polla salió de mi culo, siguiendo estando totalmente erecta. Fue a buscar una silla de una de las mesas que había detrás de aquel mostrador, y arrastrándola por las ruedas, la dejó en medio del vestíbulo. Se sentó en ella llevándome a mí abrazado a él, y haciéndome sentar a horcajadas mirando para él.

    Dios, aquello parecía imposible, seguía estando totalmente erecta la polla, y ahora me la estaba metiendo otra vez. Cuando volvió a empezar a entrar en mi culo, abrazándome a él, empecé a correrme mientras me iba metiendo la polla. Grité abrazándome a él, ¡ohhh me corro, ooohhh me corro, me corro!

    Dios, me había corrido sin haberme tocado, fue empezar a entrar aquel enorme rabo en mi culito, y empecé a expulsar semen por mi polla. Le había bañado todo el pecho con mi semen, semen que le fui lamiendo, hasta habérmelo comido todo.

    Con la polla enterrada en mi culo, me tuvo abrazado a él comiéndome y besando la boca, luego mordió y la mío y chupó mi cuello, teniéndome sentado a horcajadas sobre él con la polla enterrada en mi culo.

    Aquel hombre era una auténtica máquina, pero no de follar, sino de hacer el amor. Porque aquello era algo más que follar, aquello era hacer el amor, pero el amor con mayúsculas.

    Después de por lo menos tenerme así durante unos 20 minutos, nos pusimos de pie, y ahora llevándome hacia una de las ventanas que daban a la plaza de Pontevedra, colocó mis manos sobre el alféizar, y abriéndome las piernas e inclinándome un poco, volvió a follarme. Ahora me estaba dando por el culo, mientras yo miraba por la ventana para la calle.

    Nada más colocarse detrás de mí abrió mis piernas colocándose en medio de ellas, me sujetó por las caderas, llevando mi culito hacia él. Tan pronto tuvo mi culito pegado a su pubis, metió El enorme rabo que tanto me estaba haciendo gozar aquella noche, en mi culo dando un movimiento a sus caderas. De un solo viaje me había enterrado todo el enorme rabo en el culo.

    Empezó a meter y sacar la polla en mi culo a una velocidad y profundidad que me estaba haciendo delirar. Me hacía poner de puntillas cada vez que me la metía, haciéndome gritar de placer.

    Si llega a ser más de día, cualquiera que pasase por la calle, podría ver perfectamente como me estaban follando. Aquello era algo excitante y que me hacía poner más caliente, solamente el pensamiento de que me vieran como me daban por el culo allí apoyado a la ventana, ya me excitaba y calentaba. Me gustaba que me exhibieran mientras me daban por el culo.

    Con solo aquel pensamiento, y el masaje que me daba aquel rabo a mi próstata, me tenían delirando de gusto, aquello definitivamente me llevaba al clímax del placer.

    Nunca había disfrutado tanto de una polla dándome por el culo. Y aquella noche como me había prometido, me estaba haciendo disfrutar de mi culo como nunca lo había hecho.

    Después de al menos 15 minutos allí dándome por el culo, empezó a gritar que se corría.

    Me corro, me corro, ¡ooohhh me corro mi amor!

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba mientras iba eyaculando dentro de mi culo derramando su semen por mis entrañas.

    Cuando ya no salía ni una gota de esperma más, mordiéndome la nuca y meneándome la polla hasta que volvió a salirme unas gotitas de semen por ella, haciéndome temblar las piernas y gritar de placer, ¡ohhh me corro, me corro! ¡ooohhh me corro!

    Dios, estaba temblando como un corderito cuando lo llevan al matadero. Ahora sí que ya no podía más.

    Me sacó la polla del culo, y dándome la vuelta, me abracé a su cuello, haciendo que me besara, hasta que me dejó los labios hinchados y enrojecidos.

    Le dije que ya no podía más, que estaba totalmente reventado.

    Sí mi amor, ahora nos vamos a asear y vestirnos, Otro día si quieres volvemos a quedar, y repetimos lo que hemos hecho hoy.

    Nos aseamos y vestimos, y por supuesto que quedamos para otro día, y otro y otro, y así estuvo dándome por el culo, durante algo más de un año, hasta que se fue a vivir a California.

    Ese día sí supe lo que era hacer el amor, y enamorarse, ese día sí que fui inmensamente feliz.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].

  • Mi prima Claudia (Parte 4)

    Mi prima Claudia (Parte 4)

    Sábado 2 de enero por la tarde. Ese día nos habíamos acostado a las 6 de la mañana, habíamos ido a bailar, cuando nos despertamos eran las trece horas, luego de una sesión de besos y arrumacos nos levantamos a almorzar. No teníamos mucha hambre así que preparamos unos sándwiches y ese fue nuestro almuerzo.

    Claudia estaba muy provocativa, llevaba un pequeño y ajustado short de jean y una camisa ajustada, a cuadros rojos, blancos y gris oscuro, la camisa de mangas muy cortas, anudada por debajo de sus senos y con los botones desprendidos, ella se sentó sobre mí y nos besamos, acariciamos durante varios minutos, ambos estábamos muy excitados.

    Esos días juntos y solos fue lo mejor que nos pudo haber pasado, nos dimos cuenta de lo mucho que nos amábamos y que lucharíamos por ese amor contra viento y marea, Claudia es hermosa, dulce, tierna, sexy.

    Me había quedado sin cigarrillos así que fui a comprar, Claudia dijo, mientras tanto ella limpiaría la cocina, tuve que caminar unas 7 cuadras para conseguir un kiosco abierto, el calor era infernal.

    Volví a casa y no encontré a Claudia en la cocina así que la busque en la habitación, tampoco estaba en ella, sentí música venir desde el jardín entonces vi a Claudia con una diminuta bikini de color rojo lavando el auto, me puse el short y fui en su búsqueda.

    La bikini que llevaba puesta debía ser la que se había comprado y que no me había mostrado, le quedaba espectacular, rojo furioso y muy pequeña, su corpiño apenas si ocultaba sus senos, dos pequeños triangulitos ocultaban sus pezones, y una muy diminuta bombacha, por delante ocultaba su conchita, y por detrás una impresionante tanguita tipo cola less dejaba sus nalgas muy al descubierto, estaba excitantemente sensual y provocadora.

    Llegué por detrás la miré unos segundos dándole el placer a mis ojos de ver su adorable y curvilíneo cuerpo y dije:

    G- Lo más hermoso de este auto es la belleza que lo está lavando

    Ella empezó un juego de seducción y provocación

    Me acerque a ella, la tome por la cintura, sentí su piel estremecerse al contacto con la mía y mis manos comenzaron a deslizarse por su cola, enseguida ella estaba reclinada sobre el capot del auto y su cola se movía al compás de mis caricias.

    Entonces ella empezó un pequeño juego haciendo el papel de sirvienta acosada

    C- Basta señor… alguien puede vernos… y su esposa es muy celosa…y yo necesito este trabajo

    G- Ella no está en casa, no nos puede ver, desde que llegaste a esta casa muero por vos te deseo, no te puedo sacar de mi mente es hora que aprovechemos este momento.

    Claudia se movía provocadora, giró y se apoyó contra el capot del auto y me miro seductoramente.

    G- Me encanta como te queda la bikini… pero más me encantaría que estés sin ella… no tenes calor belleza?

    C- Si, bastante

    El juego siguió y dije

    G- Me encanta esa bikini, pero más me encanta todo lo que hay debajo.

    C- Ya lo sé, veo como me mira… señor

    Le di un beso en la boca y dije

    G- Hagamos una cosa, mientras vos lavas el auto yo lavo tu carrocería…

    C- Lo que usted quiera… para eso es mi patrón, usted manda y yo obedezco…

    Empecé a mojar su cuerpo, al mismo tiempo que lo acariciaba por sobre la bikini, nos dimos un pequeño beso en la boca, mientras el agua corría por sus senos, ella los fue acariciando por sobre la bikini, sus pezones comenzaban a erguirse y sus manos en forma sensual y provocativa acariciaban sus senos por encima de la bikini, pasados unos segundos se quitó el corpiño, entonces sus manos empezaron a acariciar sus tetas y sus pezones súper erguidos, duros firmes y rosados.

    Solté la manguera, la tomé en mis brazos, nos besamos apasionadamente en la boca, mientras mis manos acariciaban los cachetes de su adorable cola, que por el tamaño de la bombachita casi no ocultaba nada, entonces la quité dejando su cuerpo totalmente desnudo.

    Comencé a bajar por su cuerpo, besando sus senos, deglutiendo sus pezones, luego su tórax, lo besé lo lamí, lo chuponee, en medio de un concierto de apasionados gemidos de su boca, así hasta llegar a su conchita se apoyó contra el auto abrió sus piernas y besé su concha apasionadamente, mientras un grito de pasión y placer surgió de su boca, la besé y la lengüetee durante varios segundos saboreando el néctar de su vagina; mientras tanto ella no paraba de gemir y gritar, luego me levante y ella se incorporó. Nos besamos y nos abrazamos con pasión jurándonos amor eterno.

    Luego se invirtieron las posiciones, yo quede contra el auto y ella se arrodilló, acarició mi vientre y bajo mi traje de baño, y comenzó a lamer con su lengüita mi glande, durante varios segundos y luego lo absorbió por completo en su boca… succionaba mi pene con mucha pasión y extrema calentura, luego de varios minutos mi pene hacia demasiados esfuerzos por no acabar… entonces me miró a los ojos y dijo:

    C- Dame toda tu leche… estoy muy caliente… la necesito… quiero sentirla dentro mío recorriendo mis entrañas.

    Y su pedido fue una orden enseguida mi pene comenzó a lanzar torrentes de cálido semen dentro de su boca cuando todo llegó al final me incorporé, ambos seguíamos muy calientes, lo recién vivido era apenas un aperitivo.

    La hice acostar en el piso en 4 patas, me coloque detrás de ella, acaricie su cola, ella abrió sus piernas y mi pene antes de penetrar su vagina jugueteo a las puertas de ella, luego la penetré, suave y delicadamente y comencé a bombear dentro de ella, su boca no paraba de gemir mientras la mía no paraba de jurarle amor eterno.

    Así estuvimos varios minutos a pedido suyo nos acostamos sobre el césped solo que esta vez ella se ubicó sobre mí, tomó mi pene lo frotó en su vagina y lo introdujo, luego se echó sobre mí y nos dimos cientos de besos mientras el aire se llenó de “Te amo”, mientras nos besábamos ella cabalgaba suavemente sobre mí, haciendo que mi pene recorriese su vagina.

    Yo la rodeaba con mis brazos, besaba su carita, su cuello, sus labios, una dulce pasión nos envolvía, ella suavemente seguía cabalgando y ella acurrucada sobre mí, besaba también mi cuello con pequeños chupones. Ella se incorporó un poco apoyo sus manos sobre el césped y siguió bombeando al tiempo que yo acariciaba su cola.

    Después se sentó sobre mí y ambos bombeábamos con desesperación, el final se acercaba inexorablemente, mi pene no podía contenerse más, la pasión nos envolvía, y mientras pasaba mi mano por su vientre y su tórax, sentí su vagina contraerse, un gemido profundo nació de su boca al mismo tiempo que mi pene comenzó a darle el más bello final a esa pasión con un acabada profunda e interminable.

    La calma se apoderó de nuestros cuerpos, pero seguimos besándonos y acariciándonos, durante largo tiempo, sentía que el amor había llegado a mi puerta, Claudia era la mujer ideal, la mujer de mis sueños, lo nuestro ya no tenía vuelta atrás, lucharíamos contra la oposición de nuestros padres pero nadie iba a impedir ese amor irrefrenable que surgió en nosotros.

    Me dio un beso en la boca, se levantó y dijo, voy a servir helado, pero primero me voy a pegar una ducha. A los 15 minutos volvió con el helado y traía puesta mi salida de baño color blanca, se sentó en la silla tomamos el helado y nos pusimos a charlar, decidimos ir a caminar un poco.

    Claudia se levantó de la silla diciendo:

    C- Bueno me voy a cambiar… supongo que ahora que sos mi esposo, me vas a dejar seguir usando minifaldas y ropas ajustadas

    G- Por supuesto… me encanta verte con esas ropas

    Abrió la puerta balcón por la que se ingresaba desde el jardín a la habitación, y al entrar dijo:

    C- Ah, me compre esto ¿Te gusta? (lo dijo y se mostró muy sexy al hacerlo)

    Me di vuelta y ella abrió su salida de baño… creí morir al verla… Claudia debajo de esa salida, llevaba un body de encaje negro transparente, sujeto por el cuello, que ocultaba parte de sus senos con ese encaje bajando por los costados hasta formar una diminuta bombacha, yo al principio quede muy breves segundos impávido para luego correr tras ella.

    Cuando reaccionó yo estaba casi a punto de sujetarla con mis brazos, ella grito levemente y caímos así entrelazados en la cama, nos arrodillamos en ella Claudia estaba con el body, yo la tome entre mis brazos y comencé a besarla en forma dulce como si su cuerpo fuera de porcelana. Luego nos desnudamos.

    Ella se acostó sobre la cama y se abrió de piernas, yo empecé a besar su concha en medio de sus eróticos gemidos nos tomamos de la mano y la besaba más profundamente, para luego introducir mi lengua y saborear su vagina

    Luego colocó sus piernas sobre su cuerpo, yo las sujete en esa posición por debajo de sus rodillas, cuando introduje mi pene en su vagina, ella gimió y gritó yo empecé a recorrer su vagina con mi pene, mientras su respiración era cada vez más agitada. Reclinado ella tomó mi cara entre sus manos y nos besábamos apasionadamente hasta acabar en intensos orgasmos.

    Después ella tomó mi pene entre sus manos y lo comenzó a lamer manteniéndolo duro y tieso, segundos después se acostó y dijo:

    C- Cógeme otra vez…

    Y su pedido fue una orden para mi volví a penetrarla, volví a vivir lo más hermoso de un amor infinito, hasta que de nuevo mi pene volvió a eyacular sobre ella.

    Luego salimos, abrazados, besándonos por la calle como adolescentes, fuimos a un boliche a escuchar música y cenar y luego nos acostamos, entrelazados y desnudos, besándonos hasta que el sueño nos venció.

  • Como descubrí que mamá era infiel

    Como descubrí que mamá era infiel

    Empezaré describiendo a mi familia, resulta que somos, mis padres, mi hermana y yo, actualmente solo vivimos en la casa mis padres y yo ya que mi hermana terminó los estudios y se fue a vivir a otra ciudad.

    Mi padre es un hombre de 44 años con un buen puesto en una importante empresa constructora, la verdad tiene un muy buen puesto y gana mucho dinero, su problema es que siempre está trabajando, por otra parte yo soy un estudiante que recién entró a la universidad de 19 años totalmente dedicad al estudio y también como pasatiempo al deporte y finalmente está mi mamá, una mujer de 41 años, la clásica ama de casa que es esposa de un hombre de dinero y que solo se dedica al hogar y a los hijos pero que siempre está sola ya que el esposo siempre está trabajando, hasta aquí todo normal, somos una familia como cualquier otra, pero falta un pequeño detalle el cuál es el motivo de toda ésta historia, mi mamá está súper sexy.

    Ella se casó con mi papá muy joven a los 19 años, inmediatamente tuvieron a mi hermana y un par de años después a mi, éste matrimonio es el resultado de una relación amorosa de estudiantes en donde ella salió embarazada y pues se tuvieron que casar, el punto es que ella partir de eso como mencioné anteriormente solo se dedica a los quehaceres del hogar y a los hijos y como mi hermana ya se fue de la casa y yo ya estoy en la universidad últimamente solo se dedica a los quehaceres del hogar por lo que tiene mucho tiempo libre, a ella siempre le ha gustado hacer ejercicio y siempre ha tenido un cuerpo de infarto, recuerdo que desde que era muy chico y salía con ella a la calle siempre notaba que todos los hombres se la quedaban viendo y cuando fui creciendo poco a poco fui entendiendo porque y me quedó más claro en la adolescencia cuando algunas veces por cuestiones de tareas algunos compañeros llegaban a ir a mi casa y nunca faltaba el comentario ¡Wow, tu mamá está buenisima! y si, ni como negarlo.

    Para que les quede más claro como es ella físicamente la describiré brevemente, ella es una mujer de 1:65 de estatura, de pelo lacio con una cara muy linda de tez clara, es delgada con unos senos ni muy grandes ni muy pequeños, pero que se le ven súper sexys cuando llega a usar blusas escotadas, tiene una cintura como dicen coloquialmente “de avispa”, unas piernas muy sexys que resaltan cuando usa algún vestido entallado, unas caderas bastante pronunciadas que contrastan perfectamente con su figura delgada y finalmente su mayor atributo, sus nalgas uff, ella es en todo el sentido de la palabra “una milf nalgona”, sus nalgas son bastante grandes sin llegar a ser algo exagerado pero bien paraditas y redondas producto del ejercicio que toda su vida ha hecho, sin exagerar muchas chavas de 20 quisieran tener el cuerpazo que ella tiene a sus 41 años, sin duda ella es el prototipo de milf que todo mundo se imagina, una señora casada con un cuerpazo de infarto.

    Sabiendo esto ahora si podemos entrar de lleno a lo que nos trajo aquí, ella toda su vida ha hecho ejercicio, pero siempre lo ha hecho en la casa con los aparatos que tenemos, pero últimamente como ya está la casa prácticamente vacía la casa todo el día decidió que era mejor inscribirse a un gym, el día en que decidió eso yo la acompañé a buscar un gym y después de buscar minuciosamente las opciones se decantó por uno que quedaba cerca de la casa y que tenía una buena cantidad de aparatos para hacer rutinas de ejercicio y aparte contaba con un instructor que la apoyaba en todo lo que quisiera, ese mismo día que se inscribió se quedó a su primera sesión de ejercicio y yo la acompañé, la verdad no lo hubiera hecho porque fue muy incómodo, se imaginan por qué? Pues si, imagínense que a su gym llega una nueva persona, una señora de 41 años más buena que cualquier chava de 20 con unas nalgotas que respingan a través de unos leggins apretados que dejan muy poco a la imaginación, pues si, esa era mi mamá y todos los hombres ahí presentes se la comían con la mirada, total, transcurrió el tiempo y los últimos minutos de la sesión el instructor se acercó a ayudarla con unos ejercicios, él era un hombre de unos 29-30 años y si, los encantos de mi mamá no pasaron desapercibidos para él y notaba como cuando le ayudaba a hacer los ejercicios la tocaba de más acercando mucho sus manos a sus nalgotas, finalmente la sesión acabó y nos fuimos.

    Los siguientes días transcurrieron con normalidad hasta después de 1 mes cuando ella tenía que pagar de nuevo el mes y por alguna razón olvidó el dinero en la casa y me habló para que se lo llevara, total, se lo llevé pero oh sorpresa que me llevé cuando llegué y los encontré a ellos carcajada tras carcajada mientras él le ayudaba a hacer los ejercicios, parece que ya se llevaban súper bien, pero lo interesante no era eso, era que él la tocaba descaradamente, en cualquier ejercicio que le ayudaba le pasaba a tocar sus nalgas y ella en lugar de molestarse parecía que le gustaba, digo, un entiende que las mujeres tengan cierta debilidad por ciertos hombres, más por un hombre como él, un hombre muy alto, bien parecido y obviamente un cuerpo de instructor de gym, pero aun así era extraño, total que la esperé hasta que terminara la sesión y nos fuimos a casa no sin que antes él se despidiera de ella con un “Mañana te veo para que me pagues la apuesta”.

    Ya saliendo del gym yo le pregunté a ella que de que se trataba la apuesta de la que él hablaba y ella riéndose me contestó que cuando empezó a ir al gym le dijo al instructor que una de sus metas era hacer cierta cantidad de repeticiones en un aparato al concluir el primer mes y el instructor riéndose le dijo que eso era imposible, que mínimo lo podía lograr en 2 meses, total que apostaron por eso un helado y bueno, el mes había concluido y ella efectivamente había perdido por lo que tenía que pagar la apuesta, entonces yo le pregunté que cuando iba a pagar la apuesta y ella me dijo que habían quedado que mañana al terminar la sesión, total que por todo lo que había visto de como él la manoseaba y como ella se dejaba y aparte de que iban a ir por un helado esa noche dormí bastante inquieto.

    Al día siguiente muy temprano decidí espiarlos cuando fueran por el “helado” y así fue, me pasé por el gym justo cuando debían de estar saliendo y si, efectivamente los vi salir, caminaron una cuadra hasta llegar a una plaza comercial que hay ahí y entraron, yo sigilosamente los seguí sin que se dieran cuenta y posteriormente ellos entraron a una heladería y compraron sus helados y se sentaron a comerlos en unas mesitas que había en la tienda, duraron como media hora ahí entre que comían sus helados y platicaban y se reían a carcajadas, se veían que se la estaban pasando muy bien, finalmente se pararon y salieron de la tienda, ya saliendo de la tienda, ella se despidió de él y pum pasó lo que toda la noche anterior pensé que podía pasar, él la besó uff él la besó y ella por unos segundos correspondió el beso para después apartarlo, hablaron alrededor de un minuto, ella parecía ella algo molesta y finalmente se fue, eso había sido extraño para mi, una parte de mi decía que ella le había correspondido el beso y otra parte de mi decía que lo había apartado, el resto de ese día fue muy confuso.

    Los siguientes 2 días ella no fue al gym y pensé que ya no iba a volver a ir por lo que había pasado con el instructor pero oh sorpresa al tercer día volvió a ir, yo quería ir a espiarla cuando saliera del gym por todo lo que había pasado sentía una cierta desconfianza pero por cosas de la escuela me fue imposible y los siguientes días transcurrieron con normalidad, ella siempre llegando a casa 20 minutos después de que salía del gym que es más o menos el tiempo que uno se hacía del gym a la casa, así que pensé que todo iba normal y finalmente no había pasado nada más hasta que un día como 2 semanas después oh sorpresa, llegó tarde, debería llegar a casa a eso de las 6:20 como siempre y llegó casi a las 9 diciendo que se había encontrado a una amiga y se había ido a tomar un café con ella, pero yo noté que su comportamiento era muy extraño como si ocultara algo, aparte de que se veía bastante desalineada, muy agitada e inmediatamente se metió a la ducha, cosa que nunca hacía, obviamente lo primero que se me vino a la mente fue “de seguro viene de tener sexo con el instructor”, con esto en mente y ella ya en la ducha yo no me iba a quedar con la duda y puse en práctica mu último recurso, ver su celular a ver si encontraba la respuesta de donde había estado, para esto cabe mencionar que estos últimos días había estado ocupando su celular más de lo habitual, cada rato agarrándolo y tecleando como si enviara mensajes por lo que yo supuse que de seguro esos mensajes eran para el instructor, entonces así lo hice, agarre su celular mientras ella se duchaba y obviamente tenía contraseña pero lo que ella no se acordaba es que una vez que ella me pidió que le pasara un contacto de su celular me dio la contraseña, entonces yo la sabía y pude desbloquearlo sin problema, inmediatamente me fui a los mensajes de Whatsapp y oh sorpresa “Instructor GYM” estaba hasta arriba de las conversaciones, inmediatamente abrí la conversación y me puse a leer todo lo que se escribían, la primera conversación fue de 1 día antes de que fueran por el helado, básicamente quedando de que el día siguiente ella le iba a pagar su helado, lo interesante empieza con la conversación de esa misma noche más tarde después de que él le robara el beso, básicamente pidiéndole disculpas y ella aceptándolas diciéndole que estuvo mal porque ella es casada.

    Todas las demás conversaciones de los días posteriores básicamente son cosas sin importancia pero eso sí de muchas risas entre ellos, pero en una de las últimas conversaciones él le dice que le gusta mucho y ella en cierto modo corresponde pero le dice que ella es casada y no puede pasar nada entre ellos, finalmente en la última conversación él le dice que le dé una oportunidad de salir con él a ver qué pasa, que no le pide más que solo una oportunidad para salir y después de mucho insistir ella le dice que no es seguro pero que tal vez después de que salgan del gym mañana vaya con él por un café, esa conversación es del día anterior al que estoy contando en éste momento, entonces obviamente deduje que al acabar la sesión de gym efectivamente se fue con él por un “café” y no como ella decía que se había encontrado a una amiga uff pero la verdadera sorpresa no era esa, sino que había llegado a la casa toda desalineada y de inmediato metiéndose a la ducha, obviamente yo no soy nada ingenuo y de inmediato supe de qué se trataba, ella efectivamente se había ido a tomar un café con él y él ya iba con la intención de llevársela a la cama a como diera lugar, y si, en algún momento ella cedió ante sus encantos y terminó en un motel teniendo sexo con él, eso explicaba porque había llegado tan desalineada y metiéndose de inmediato a la ducha, el resto de ese día no hubo nada más, solo el hecho de que ya estaba confirmado que mi mamá ese día había tenido sexo con su instructor de gym.

    El día siguiente ella no fue al gym y yo en cierto modo lo entendía porque era obvio que se sentía contrariada por lo que había pasado la noche anterior, pero aun así todo el día se la pasó con el celular en la mano mandando mensajes y yo no desaproveché el momento en que ella se metió a bañar y revise su celular y vi todos los mensajes que se habían mandado ese día, él le preguntaba que como se la había pasado el día anterior y confirmaba lo que era evidente, le preguntaba que si le había gustado como le hizo el amor y ella respondió que si, pero que no se podía repetir, total que básicamente fue lo único que hablaron y él le insistía que se volvieran a ver para lo cual ella decía que no.

    Al día siguiente yo pensé que ella no iba a ir al gym, de hecho pensé que ya no iba a volver a ir pero grande fue mi sorpresa cuando al 20 para las 5 me dijo, “Voy al gym, ahorita regreso”, yo ya no entendía lo que pasaba, por una parte el día anterior ella lo había rechazado hasta el cansancio y ahora ya se iba al gym con él, total, se fue al gym, ya cuando dieron las 6:30 me di cuenta de que de seguro algo había pasado y otra vez se había ido con él a tener sexo y efectivamente, llegó casi a las 9 de la noche, otra vez muy desalineada y corriendo a ducharse.

    Los días posteriores fueron muy parecidos, ella se iba al gym y regresaba ya de muy noche, se hizo prácticamente rutinario, al menos para mi, y su excusa era según que se había hecho muy amiga de una mujer del gym y diario se iban a tomar café cuando salían del gym, yo nunca le mencioné nada de esto a mi papá ni pensé hacerlo, ya que creo que cada quien responde por sus actos.

    Los días siguientes yo seguí revisando sus mensajes y confirmaba que lo que al inicio era un total rechazo por parte de ella hacia él, cada vez ella fue cediendo más y más hasta que aceptó la realidad. Y cuál era la realidad? La realidad era que a ella desde la primera vez que tuvieron sexo le encantó como él se la había cogido y al inicio lo negaba por la culpa moral de estar casada y tener una familia pero no podía resistirse a eso y poco a poco fue cediendo hasta aceptar completamente que le encantaba el sexo con él por lo que en los últimos mensajes ella ya hasta le decía literalmente que el sexo con él era mucho mejor que con mi papá, que él si que sabía cómo satisfacer a una mujer, que era todo un semental.

    El tiempo pasó y ellos se siguieron viendo, él se consolidó como el amante de mi mamá, yo ya sabía que cada que se iba al gym, aparte de ir al gym se iba a coger con él y tuve que aceptar, ella cambió mucho su comportamiento, se veía más jovial y siempre con una sonrisa que nada ni nadie se la quitaba y yo lo entendía, era una sonrisa de una mujer que está satisfecha sexualmente a plenitud.

    Los días pasaron así hasta que un día en una fiesta de uno de mis primos oh sorpresa! que llega el flamante amante de mi mamá, resulta que era un amigo de uno de mis primos, él ya me conocía pero obviamente no sabía que yo estaba al tanto de su “aventura” con mi mamá, total, nos saludamos y ya entrados en la fiesta y con algunas copas de más yo le confesé que sabía lo que estaba pasando, el quedó en shock, pero yo le dije que no se preocupara, que no iba a decir nada, que era la vida de mi mamá y ella sabía lo que hacía, total seguimos hablando cada vez agarrando más confianza hasta que en un punto de la conversación salió el tema de lo bueno que era el sexo con mi mamá y yo aseverando eso contesté “Moriría por verlo”, para mi sorpresa él contestó que si en algún momento yo quería ver, él se las arreglaría para que así fuera y viera como de verdad el sexo era muy bueno, en ese momento me puse a pensar, uno generalmente no se imagina a su mamá teniendo sexo pero dadas las circunstancias de que mi mamá era infiel con su instructor de gym, y que en sus mensajes con él hacía tantas aseveraciones diciendo que el sexo era muy bueno, me había entrado la curiosidad por ver como se comportaba ella en la cama con su amante.

    Con todo esto pensado yo le dije que si, que si quería ver, él, entre sorprendido y no tanto me dijo que se iban a ver con mi mamá el día siguiente, que saliendo del gym se iba a ir con ella a su casa y que ahí iban tener sexo, me dio las llaves de su casa y me dijo, que ellos iban a llegar alrededor de las 7 de la noche, que entrara un poco antes y que mes escondiera en su armario, que desde ahí iba a apreciar todo, no lo podía creer, el día siguiente iba a ver a mi mamá tener sexo con su instructor de gym, con su amante.

    Esa noche casi no pude conciliar el sueño por la intriga de lo que iba a pasar el día siguiente, total, al día siguiente trascurrió el día con normalidad y llego la hora esperada, ella se fue al gym y yo poco después me fui a la casa del instructor de gym y me escondí en el armario, todo como lo habíamos planeado, no pasó mucho tiempo cuando ellos llegaron, estuvieron un rato en la sala, oía que platicaban, muchas risas y así pasaron unos minutos, luego cada vez fui oyendo menos voces y más silencio y el clásico sonido de 2 personas besándose, hasta que pasó lo inevitable, entraron a la recamara donde yo estaba.

    Entraron besándose apasionadamente, se besaban cada vez acercándose más y más a la cama, en un momento, el la dejo de besar y la empezó a desvestir, primero le quitó su blusa y al dejó con el brasier al descubierto, ella llevaba un brasier negro muy sexy y desde donde yo estaba se apreciaban los sexys y firmes senos que tenía mi mamá, no tardó mucho más en arrancarle ese brasier y dejar al descubierto tan sexys senos uff se veían más grandes que cuando traía su ropa puesta, de verdad que se veía supe sexy pero aún faltaba lo mejor, ya cuando la desvistió totalmente del top, empezó a besar sus senos, ella ya para ese entonces se veía que estaba a full de caliente porque empezaba a jadear involuntariamente, posteriormente él la cargó y la recostó sobre la cama y le quito los sexys leggins que tenía dejándola solo con una tanga súper diminuta que traía debajo, uff siendo sinceros yo no imaginaba que mi mamá usara tangas, estaba bastante seguro que nunca había visto tangas entre su ropa, de seguro esa tanguita era nueva y la usaba solo cuando se iba a coger con su amante uff cuando se quedó ella solo en tanga, lo apartó y se paró, uff la vista era increíble, todo mundo notaba que mi mamá era súper sexy, con ropa se veía que tenía un cuerpazo, pero verla casi sin ropa solo con una tanguita diminuta era insuperable, se veía súper chichona, piernuda y nalgona uff toda una milf con un cuerpo casi de modelo, vaya que el instructor de gym se había sacado la lotería.

    Posteriormente de que lo apartó y se paró ahora era el turno de él, ella lo empezó a desvestir, hasta que lo dejo solo con su trusa, para finalmente bajársela y sacarle su verga y chupársela completamente uff nunca imaginé que mi mamá fuera de esas que les gusta dar sexo oral, a pesar de ser tan sexy siempre había sido muy recatada, aparentando que es la mujer mas inocente del mundo pero oh sorpresa, la tenía de frente mamándole la verga a su amante, no pasó mucho timepo cuando él ya estaba a full y mucho de lo que ella le decía por mensajes ahora tenía sentido, si que tenía una vergota, muy grande y gruesa, con razón mi mamá estaba tan picada con él, con tremendo súper dotado uff estoy seguro que mi papá no le llega ni de cerca a esa tremenda vergota, y él por otra parte estaba extasiado por tremenda mamada que le estaba dando, uff que una mujer tan sexy te esté mamando la verga así, no hay manera simularlo, no pasó mucho tiempo cuando él la apartó, la volvió a besar, la cargó y la recostó en la cama ora vez y le quitó lo único que faltaba esa tanguita diminuta uff cuando se la quitó mi mamá quedo completamente desnuda, wow si que tenía un cuerpazo, por donde se le viera, y lo que tenía debajo de esa tanguita no era la excepción, tenía una vagina super mojada completamente depilada, uff quién la viera, se depilaba para su amante, ya que él la había desvestido toda le empezó a mamar su rica y mojada vagina, wow ahora entendía porque ella le decía tanto por mensajes de que era muy buen amante, si que sabía como mamar una vagina y ella solo respondía con gemidos y frases como “ah que rico” o “uff, si que sabes como hacerlo”, le estuvo mamando un buen rato hasta que ella empezó a jadear y gemir cada vez más y más hasta que llego a un punto donde gritó “Me vengo” uff era obvio lo que estaba pasando, él con su lengua le había sacado un orgasmo a mi caliente y sexy mamá.

    Inmediatamente después de eso, él no dejo que ella se recuperara de tremendo orgasmo, cuando ya se acercó y la empezó a penetrar, sorpresa grande me llevé cuando me di cuenta que lo estaba haciendo sin condón y ella tan extasiada que estaba que ni se lo reprochó, la empezó a bombear en posición de misionero y ella solo gemía y jadeaba y seguía diciendo cosas como: “Ah, que rico lo haces” o “Si que eres un semental”, así estuvieron un buen rato hasta que cambiaron de posición ella encima de él wow yo tenía un vista increíble, ella cabalgándolo a él a todo lo que da uff se veía que era una experta montando, pero estoy seguro de que se hizo experta con él porque de seguro con mi papá no hacía nada de esto, lo montaba y lo montaba y yo admiraba como rebotaban esas sexys nalgas sobre él y ella solo jadeaba y gemía, se ve que le encantaba, pasaron unos minutos así y finalmente volvieron a cambiar de posición, él la agarró y la puso en 4, uff enserio que ella se veía súper sexy así, con eso de que está súper nalgona, así en 4 uff un manjar, total, él la puso en 4 y a empezó a bombear, wow se veía que él si que tenía experiencia y sabía como cogerse a una hembra porque vaya que le estaba dando un cogidón, con razón mi mamá había quedado tan encantada con él desde la primera vez, pues es todo un semental súper dotado, la estuvo penetrando un buen rato hasta que ella otra vez empezó a gritar y gemir más fuerte hasta que dijo “Otra vez, otra vez ahhh” era obvio lo que pasaba, estaba llegando al orgasmo otra vez, pero ahora por tremenda penetrada que le estaba dando uff cuando dijo eso, él también dijo que ya se venía y saco su tremenda verga que en serio era muy grande y gruesa de la vagina de mi mamá y se corrió en las nalgas de ella, finalmente acabaron, se besaron y estuvieron un rato acostados acariciándose y apapachándose hasta que finalmente se cambiaron y salieron de la recamara, al poco rato salieron de la casa y yo ya pude salir de ese lugar camino a casa, cuando llegué a mi casa ella todavía no llegaba, no pasó mucho tiempo cuando ella llegó y siguió su rutina de siempre, directo a la ducha, la diferencia era que ahora yo ya sabía exactamente que había pasado, estaba toda llena de semen en las nalgas y toda mojada de la vagina de tanto y tan buen sexo que tenía que llegar a ducharse para que cuando llegara papá no oliera a “sexo” uff

    Los días siguieron y ella se siguió viendo con el instructor de gym hasta la fecha, mientras o se entere mi papá todo está bien, yo la noto muy feliz desde ese entonces y es obvio, tiene un semental de amante que la llena sexualmente a plenitud y yo bueno, tuve la fortuna de ver como se ve completamente desnuda, un manjar, un cuerpo de diosa y aparte pude ver como el semental que tiene de amante se la cogía, todos aquí salimos ganando, claro, mientras no se entere mi papá.