Autor: admin

  • Mi segundo jefe Carlos

    Mi segundo jefe Carlos

    Les contaré de como hice dinero rápidamente haciendo lo que más me gusta, esto se lo agradezco a Carlos ya que sin su apoyo y sin su dinero jamás habría llegado a Playa del Carmen.

    Solo les recuerdo como era en ese entonces. Tenía recién mis 19 añitos, ya estaba yo en el tercer semestre de la Carrera de Conta, ya saben, alta 1.75, delgadita de piernas largas, culo paradito, tetas pequeñas, pero duras y en su lugar, y como me gustaba traer loco a los hombres en especial a mi novio, a mi amante y a mi profe, pues siempre con ropita interior casi invisibles extremadamente pequeña y siempre bien depilada ya saben quién sabe que pueda pasar.

    Acaba de pasar semana santa, yo terminaba de desayunar y me subí a mi recamara, me quede viendo mi pancita en el espejo y decidía que ponerme ese día, pasaron por mi cabeza mil cosas pero nada que un short de mezclilla y una blusa me haga pasar todo el día cómoda, sencillita pero a la moda saben…

    Algo de corrector aquí otro poco acá ya que no soy perfecta y me hago una cola de caballo, agarro mi mochila de la uni mi bolsa y como estaba cerca la universidad pues me iba en el trole que me dejaba frente a la Universidad.

    Saludo a mis amigos (amigas casi no tengo) a uno que otro conocido a otros que me prometen la luna y las estrellas y me encuentro a Paty, platicando ahí perdiendo el tiempo antes de entrar a clase veo en un panel un anuncio de trabajo, lectura rápida pero me llama la atención que solicitan a chicas jóvenes que no tengan trabajo… ERA MI PERFIL jajaja así que llame…

    Sonó una vez… sonó dos veces…. sonó tres veces… sonó cuatro veces… y colgué. Pero al nada de colgar mi teléfono empieza a sonar.

    —Hola!!

    —Hola, buenos días, soy Carlos. —Tenía una voz de estas que llama la atención, grave y firme.

    —Si mira, les acabo de marcar para la oferta de trabajo que acabo de ver aquí en mi Universidad.

    —Ah!! Perfecto, que edad tienes?

    —19 Años.

    —Muy bien espero tengas tu IFE, Que te parece que te hago unas preguntas?

    —Si claro.

    Hago señas a Paty, para que se meta, ya que estoy hablando, es la hora de entrar a clase.

    —Bueno, Alejandra tienes que contestarme del 1 al 10, ¿de acuerdo?

    —Hecho.

    —¿Cuánto necesitas el dinero de este trabajo?

    —uumm… 8

    —¿Cuanta confianza tienes de conseguir este trabajo?

    — Un 9

    —Y que estas dispuesta a hacer valorando del 1 al 10?

    —Pues supongo que un 9.5.

    —Bien, pareces una mujer segura de ti misma y con ganas de trabajar. ¿Qué te parece una reunión en las oficinas?

    Toma, ya tenía una entrevista de trabajo sin casi hacer nada. Y luego dicen que el trabajo en México está muy mal, no trabajan porque no lo quieren hacer.

    —Pues perfecto, dígame la dirección, día y hora.

    —Pues mira hoy mismo tenemos espacio. Si no mañana por la mañana.

    —¿Esta tarde?

    —Sobre las 4:30pm

    —Perfecto.

    Me dio la dirección completa ahí por el Pedregal y cerramos la llamada, me sale una vocecita muy cariñosa y en mi cara una sonrisa tonta.

    —Bueno Alejandra, entonces prepárese y nos vemos en un rato.

    —Gracias bye.

    Uuufff, que bien, entraba a clase encantada de recibir buenas noticias. El cosquilleo y el nerviosismo empezaban a recorrer mi barriguita. Ya no iba a poder concentrarme en toda la mañana y decidí 2 horas después irme a casa poniendo la excusa de que me sentía mal.

    Ya en mi casa me preparo para la entrevista. Practico un discurso del porque yo debería tener el puesto de… preparo mi ropa. Escojo un pantalón de vestir con una camisa rosa de cuello en V muy coqueta con escote pronunciado camuflándolo con un collar, me maquillo a conciencia y espero…

    Me subo al coche y manejo al pedregal, para mi desgracia había tráfico pero llego a tiempo, es una casa grande más que nada, Con barda alta, jardines, puertas y portones de verdad muy linda con buen gusto

    Ring!!! -al poco la voz en el Intercom.

    —¿Alejandra?

    —Sí, soy yo.

    La puerta se abre meto el coche y un jardín precioso te lleva hasta la entrada de la casa, allí estaba Carlos, un hombre trajeado con corbata muy elegante de unos 35 – 40 años.

    —Buenas tardes Carlos. —extiendo mi mano para saludarle.

    —Hola Alejandra un placer. —toma mi mano suavemente y la lleva hasta sus labios para darle un beso— todo un caballero.

    Wow, madre mía. Ese hombre no estaba nada mal, parecía que todo iba a ser muy formal y delicado. Así que me puse sería. Entramos a la casa y me quede un poco sorprendida porque verdaderamente era su casa. ¿Dónde quería que trabajara?

    —Bueno Alejandra, veo que me has hecho caso y vienes preparada para la entrevista, además eres linda —me toma la mano y me da una vuelta— (yo no entendía nada), bien maquillada, muy guapa.

    —Gracias— me sonrojo un poco, la verdad trato verme linda siempre.

    —Pasa siéntate y ahora regreso.

    Me siento en el sofá observando cada detalle, era su casa, tenía fotografías con amigos, de cuando era pequeño. La casa era preciosa. Pero seguía pensando donde iba yo a trabajar.

    Llega con una bandeja y unas tazas de café con unas galletitas muy monas, de diseño. Los dos nos preparamos un cafecito para que empezar bien la tarde.

    —Alejandra, 19 años, muy guapa —me hace una mirada— bueno creo que eres una muy buena candidata.

    —Perdone mi indiscreción, pero de que se trata el trabajo?

    —Ya era hora que lo preguntaras no Alejandra?

    —Jajaja, si, la verdad, necesito el trabajo y… de que sea el trabajo es lo de menos —intentaba venderme con un poco de penita pero decidida caray necesitaba el dinero ya tenía el gusanito de irme a otro lugar a vivir solo mi independencia así que seguí diciéndolo mucho que necesitaba el trabajo.

    —Bueno mira, este trabajo consiste en ser mi asistente.

    Mi mirada y mi interrupción al trago de café hicieron que siguiera su explicación.

    —Sí, jeje, me explico. No se trata de limpiarme la casa o planchar la ropa para eso ya tengo quien lo haga. Se trata de asistirme, mira soy un hombre muy atareado y mis dotes de moda y estética son escasas. Entonces se trataría de compararme la ropa, aconsejarme en que ponerme y todas esas cosas.

    —Bueno no está mal el trabajo, es llamativo.

    —Sí, claro si te gusta este mundo sí. También debo decirte que soy muy exigente.

    —Bueno como todos los jefes. jajaja

    Se quedó muy serio…

    —No Alejandra, me refiero a cuando se trata de satisfacerme.

    —Si se paga bien, no hay problema. Soy una excelente masajista. —intenté salirme por la tangente lo más pronto posible y desanimarlo.

    —Alejandra, al estar tan ocupado y ser un hombre con negocios busco una mujer que me hagas los servicios que muchos hombres pagan.

    Ok ok ok o sea me estaba diciendo que tenía que ser su puta!!!

    —Ya, pero…

    —Shhh… —Me puso un dedo en mis labios—. Estarás muy bien pagada Alejandra. No te faltara de nada. Y a de más cumples muy bien los requisitos. —Me sabroseo con la mirada.

    Me enseño un buen fajo de billetes, metiendo su mano en el bolsillo, mis ojos se abrieron sin querer al ver ese dinero. Bueno mi cabeza estaba saturada, no había dicho que no pero tampoco que sí. Ese hombre que no conocía de nada… porque no leí bien el anuncio!!! O si lo hice? Pero no era solo ser su putita. Era lujo, dinero, viajes, compras, todo lo que una jovencita universitaria quiere.

    —Carlos, ¿esto puedo pensarlo?

    —Esto es de incorporación inmediata.

    Me quede pensativa, cuando me sorprendió con la pregunta:

    —¿Cómo tienes las nalgas? ¿Blanquitas o morenas?

    —Pues pues pues morenitas, nada que mejore con un poco de sol. — contesté sin pensarlo.

    —Mejor, me gustan así…

    Sonreímos los dos ligeramente.

    —Si quieres te muestro la casa y vas pensando.

    —ok, este Sra. Carlos busca convencerme.

    Nos levantamos y me ofrece la mano para ir de ella. Lo tomo por el brazo y empezamos a caminar. Nos vamos directamente hacia la parte de arriba. Donde tiene las habitaciones, un lavabo, un cuarto de limpieza y una habitación con sauna y jacuzzi. Alucinante la casa.

    La parte de abajo, está la cocina, una habitación para invitados, despacho y sala de estar, el comedor muy amplio y el jardín con piscina y una pequeña cancha de frontón.

    —Bueno después de ver todo esto, es más difícil decir que no DAM.

    —No te va a faltar nada. —me toma por la cadera, poniéndonos cara a cara.

    Ese hombre tan elegante delante de mí alto, corpulento, moreno…sus manos acarician mi cadera, y me dice:

    —No te arrepentirás.

    Mi mente está bloqueada, será porque quiero aceptar el trabajo, me lo ha vendido muy bien, se me antoja hacer todo eso que me pide o pedirá o imagino, hasta lo más sucio.

    Sus manos empiezas a desfajarme mi camisa, nuestras miradas… no se desconectan. Me desabotono la camisa y hago mis brazos para atrás para que se deslice al piso, me toma una mano y me da una vuelta.

    —Eres perfecta para este trabajo… —al estar de espaldas a él, siento como sus labios besan mi cuello.

    Me pone la piel chinita y pongo todo mi pelo hacia un lado, con un movimiento lento y sensual. Llevando una de mis manos a su mejilla mientras besa mi cuello.

    —Acepto… —Digo con la voz entrecortada—

    QUE??? ESTABA ACEPTANDO??? MALDITA CALENTURA!!!

    —Así me gusta nena.

    Me vuelve a dar la vuelta, estamos cara a cara. Acerca su boca a la mía y nos besamos, primero los labios, lentamente. Después de lengüita. Nuestros cuerpos se atraen como imanes, su cadera se pega mi pubis. Yo acaricio su barbilla rasposa mientras nos besamos. Se separa unos centímetros y me besa de nuevo el cuello. Sus manos empiezan a acariciar mi cuerpo hasta que me abraza y sus dedos llegan a mi bra. Con gran sutileza lo desabrocha y me admira (tenia rato que alguien no me veía así). Ya me tenía sin camisa y con las tetas al aire. Sutileza…

    —Wow!!!

    —Jajaja. —Sonreí al ver su cara cuando veía mis tetas.

    Al verlas las admira, pero no tarda en acercar su boca y morder uno de mis pezones. —Ummm, siii me encanta!!! Siento su aliento en mi piel. Mientras me mordisquea delicadamente y mi pezón crece, no duda en desabrochar mi pantalón, tomar mis manos e írmelo bajando lentamente al mismo momento que me esta mordiendo y chupando mis pezones, yo solo lo voy siguiendo.

    Me quedo en micro tanga en casa de ese desconocido, si apenas si me tapa por adelante y es de esas que van bien metidas en el culo ¿mi actual nuevo jefe? Que sensación más rara entra por mi cuerpo. Eso debe sentir una puta cuando pagan por ella, un desconocido que se la va a coger y ya.

    Sus manos pasan por todo mi cuerpo como si fuese un masajista. Noto que está muy cachondo por su forma de actuar, la delicadeza de sus manos se vuelve más tosca, ahora es más brusco, más directo. Yo ya estaba completamente desnuda y él, no. Demuestra su excitación y eso juega a mi favor, o eso creo.

    Él seguía manoseándome sin cesar, incluso llega a tocarme el muslo por la parte interior y acerca sus dedos a mi panocha, cosa que hace que mi respiración se acelere y me tense, me están dando un feje de locura.

    Hasta que en uno de esos movimientos, me agarra de la mano y me lleva hasta la mesa del comedor, en ella jala una silla del comedor. La agarra por el respaldo y la separa de la mesa, dejándola de cualquier forma, pero invitándome a sentar. Así que pongo mi culo desnudo notando el frío de la madera. Solo sentarme, una sonrisa muy morbosa coincide entre nuestra mirada. Unos movimientos de sus manos llevan mi mirada a su cierre del pantalón, empezaba la acción.

    Bajó su cierre y con un simple movimiento, sacó su verga del pantalón. Estaba durísima, me apuntaba como una pistola a su objetivo. Cuando la agarro por la parte más cercana a su cuerpo y la acerco a mi boca con un movimiento de cadera. Al ver que no llegaba me agarro de la cabeza y me acerco a ella. ¿Qué carajos hacía? ya sabía lo que tenía que hacer con una verga en mi cara. Pero entonces comprendí que ya era mi jefe y él mandaba.

    Saqué mi lengua pasándola por la punta de su pito. Pero no me dio ni tiempo que ya empujaba mi cabeza contra su verga. Me tenía bien sujeta, entre su mano y su pelvis, su verga empezaba a desaparecer en mi boca. Sus jadeos salían de su boca y él era el que seguía el ritmo de la mamada.

    Con la otra mano, mientras su verga empezaba a mojarse de mi saliva, cogió sus huevos y los sacó de los pantalones. Yo acerqué mi boca, después de sacar su pitote, y con mi lengua los acaricié. Mis manos levantaron su verga para facilitarme el acceso. Ummm, estaba disfrutando esa mamada como una de las mejores de mi vida, no lo dudo. Lo dura que estaba, la situación, ese hombre, mmmm, una pasada. Me sentía tan a gusto en ese preciso momento.

    Está claro que prefiere que se la chupe, en ese momento debía estar a mil, tenía la cabeza roja, una maravilla. Su verga volvía a entrar en mi boca, ahora era mi mano la que acompañaba la piel arriba y abajo. Otro gesto de Carlos, hace que me detenga y me levante. Su mirada me dice que está muy cachondo. Yo también lo noto en mí, me dejo hacer lo que ese hombre quiera, lo ha logrado, se lo merece, soy un juguete entre sus manos, estoy mega excitada.

    Me coloca de espaldas a él y me inclina hacia adelante, justo con los codos en la mesa, vuelve a admirar mi micro tanga y mi culo lo acaricia, lo aprieta y sin más baja mi tanga por debajo de mi culo. Entonces noto sus manos como se posan en mis caderas y como poco a poco se acerca con su verga, la por mi rajita de abajo a arriba, pasando por mi culito, lo roza y hace que me mueva.

    —Shhhh quieta!!! Así muy bien nena…

    Entonces siento como mi humedad le da entrada así verga en mi panochita y mete un poquito la cabecita. Yo me muevo a su misma vez, me la mete poco a poco, notando como cada cm de su verga entra en mí. Eso no evita que empiece a sentir y mis gemidos suban de tono. Mi placer aumenta. Sus dos manos en mis caderas, su verga atravesándome, los dos gimiendo de placer, en esa casa maravillosa. Esa casa podía ser a partir de ahora un lugar donde se iba a coger muy rico.

    Su verga se deslizaba dentro de mi mas rápido y lo digo porque estaba yo empapada. Sus manos acarician mi espalda y me da alguna que otra nalgada para después agarrarme mis carnes y escuchar…

    —Uuuff, si Ale caray… —Se escucha como sus huevos chocaban en mí y la respiración y la fricción a flor de piel.

    —Aaahhh…

    —Empiezas el primer día muy bien ehhh!!!

    Giro mi cabeza para encontrar un espejo y observar esa imagen, veo su cara de pervertido con sus ojos bien clavados en mi culo, su traje medio desarmado, su verga taladrándome… yo estaba urdida no sabía qué hacía solo disfrutaba de lo que estaba pasando…

    Su mirada se nubla y solo se centra dónde está la acción, noto sus manos apretar mi culo, sus ojos se cierran, sus penetraciones cambian de ritmo y sus manos no paran de apretar cada vez más mi culo.

    —Aaaggghhh… —Unos gemidos salen de su garganta, de lo más profundo y placentero fondo…

    De mi cara sale una sonrisa maliciosa, cuando me saca la verga y empieza a jalársela mientras se vienen en mí salpicándome la espalda y el culo…

    —Ohhhh…

    Yo muevo el culo de izquierda a derecha mientras él se acaba de sacar toda la leche, se limpia las últimas gotas embarrándomelas en mis nalgas, le veo su cara es de máximo placer. Mientras observo todos sus movimientos y mi culo se menea de lado a lado, veo como mete su mano en el bolsillo buscando algo. Lo agarra y saca el fajo de billetes, tomando varios de estos y lanzándomelos encima de mi espalda, aún se me pone más cara de tonta.

    —Te los has ganado nena. —ZAS, una nalgadita.

    Me incorporo de esa posición sumisa favorita en todo el mundo sintiendo como me escurre toda su semen de la primera explosión que tuvo en mi recorriéndome la espalda. Se acerca Carlos y me da un piquito mientras recojo el dinero del suelo que al levantarme se me había caído. Sin tiempo a levantarme me agarra de nuevo de la nuca, y me dice:

    —Anda déjala bien limpia.

    Tomo esa verga flácida que aun así era de buen tamaño y con mi lengua recorro toda su piel llena de restos de semen y flujos.

    —Good girl Good girl nos llevaremos bien bien bien.

    —Sonrío— Gracias!!!

    Me levanto mientras el termina de acomodarse su verga y se faja la camisa mientras voy al rescate de mi ropa que estaba tirada por el recorrido que los habíamos hecho hasta la mesa del comedor. Sabía que me observaba así que mientras me vestía primero me puse la tanga bien acomodada y metida en el culo, mi Bra empujándome las tetas hacia arriba, mi pantalón entallado y mi camisita coqueta, notando como el semen se pega a la ropa en mi espalda. Que sensación más extraña.

    Carlos va a la cocina a refrescarse, yo me dirijo al lavabo para asearme…

    —Ok bueno ya tienes trabajo, cada vez que te necesite necesito disponibilidad inmediata, te daré un celular y una TC ya que harás muchas cosas por mí en el camino o por aparte o aquí ok niña.

    WOW

    Hey necesito sus comentarios anden sin miedo eso me ayudara a mejorar besitos.

  • Mi cuñada Carmen

    Mi cuñada Carmen

    El siguiente relato sucedió tiempo después de los 15 años de mi sobrina Angy, quien es la hija de mi cuñada Carmen, al ser de escasos recursos y madre soltera, ya que el padre de su hija no se hizo responsable dejándole esta responsabilidad.

    Carmen junto con su hija viven en la casa de mi suegra. Por azares del destino su vida amorosa no ha sido muy buena ya que ha tenido novios que nada más buscan de ella el placer sexual.

    La describo para que se den una idea de cómo es mi sabrosa cuñadita. Es bajita mide como 1.51 cm. Es delgada pero con un cuerpo muy bien formado de carita bonita donde resaltan más sus ojos negros grandes una nariz pequeña al igual que su boca con unos labios carnosos sin llegar a ser grotescos más bien son apetecibles. Tiene pechos regulares firmes con bonitos pezones los cuales resaltan en temporada de frio o cuando se excita tiene cinturita de colegiala. Tiene unas caderas de buen tamaño acompañada de unas nalgas bien paraditas firmes y unas piernas bien torneadas firmes también.

    Carmen tenía en ese entonces 29 añitos pero por su físico aparentaba una mujer de 20 o mucho 25 años. A pesar de haber tenido a Angy a los 14 años. A raíz de ese suceso su vida ha sido difícil dejó la escuela para trabajar, por lo que fue juzgada duramente por su familia. Con el pasar de los años me cuenta mi esposa se ha atrevido a tener un novio que otro, los cuales no la han tomado en serio por lo cual sigue soltera.

    Un día que fuimos a visitar a mi suegra la que nos recibió fue Angy nos saludó y ayudó a meter todas las cosas que le llevamos hasta la cocina en un momento que me quede a solas con Angy pude observar el gran parecido con su madre y que se estaba convirtiendo en una mujer hermosa cabe señalar que fuimos nosotros quienes dimos a nuestra sobrina la fiesta de 15 años de sus sueños por lo que estaba muy agradecida.

    La observaba cuando se retiraba para salir a hacer un mandado pensando en si mi cuñadita sería así cuando tenía esa edad. Estaba absorto en mis pensamientos hasta que mi esposa me llamó, fui a la habitación de mi suegra la cual se encontraba enferma la saludé deseándole pronto alivio.

    Mi esposa me comentó que Carmen necesitaba hacer unas compras incluidos los medicamentos de mi suegra por lo que me pidió que la acompañara, accedí con gusto la esperé y en cuanto estuvo lista salimos de la casa. Cuando llegamos al coche le abrí la puerta y eso hizo que se sonrojara, la verdad siempre me ha gustado ser caballeroso y darme ese gusto de atender a las mujeres y a mi cuñadita que siempre me ha gustado lo haría con más placer.

    Desde que la conocí me gustó pero terminé casándome con su hermana aunque eso no hizo que dejara de gustarme y desearla. Mientras subía al coche sin querer rocé una pompa y ella solo me sonrió por mi mente pasó el deseo de poseerla de hacerla mía, quería besarla y abrazarla y aunque siempre se vestía de manera recatada y esta no fue la excepción la imaginaba con un vestido corto tallado. Subí al coche para ir a la farmacia al llegar nos atendió una mujer muy coqueta a lo cual correspondí con miradas risas y un guiño eso parecía molestar a mi cuñada. Eso me gustaba así que lo hice con más descaro.

    Una vez que salimos la noté seria así que le pregunté y solo se limitó a contestar que si hacía lo mismo cuando estaba con su hermana le dije que no ya que la que me coqueteaba era mi esposa y no necesitaba nada más. Carmen no sabía que decir así que le dije de manera tajante si tú me coquetearas solo te miraría a tú. Pude notar en su rostro el rubor característico de la pena así que me decidí a tomarla de la mano y le dije actúa como si fueras mi esposa y vamos por un café. Me obedeció. Llegamos a la cafetería la senté frente a mí, Carmen ya más tranquila me dijo que se había creído lo que le dije. Me limité a decirle que era cierto así que volvió a ponerse muy nerviosa la tome de las manos y le dije que lo único que quería era que fuera feliz al igual que su hija. Que eran muy importantes para mí eso abrió camino a que ella me agradeciera por todo lo que hicimos de los 15 años y que me pagaría hasta el último centavo.

    Le dije que fue un regalo que no se preocupara. Con voz baja y entrecortada me dijo quiero pagarte de alguna forma dime que quieres y lo haré. Al escuchar eso me prendí tanto que cancelé lo que habíamos pedido. La tomé de la mano y rápidamente nos fuimos hacia el coche una vez dentro le dije que quería hacerle el amor, bajó su mirada y me dijo bueno pero que vas a decirle a tu esposa. Tome el celular y le marqué a mi esposa le dije que se me había descompuesto el auto y estábamos esperando el mecánico que le avisaba más tarde a qué hora llegábamos. Lo creyó así que encendí el coche rumbo a mi casa ya que estábamos cerca, una vez que llegamos la lleve a la parte de atrás en una cabaña que tenemos, una vez dentro la miré y me pareció hermosa la abracé y noté que estaba temblando así que la besé.

    Por fin pude saborear esos labios excitantes aún seguía nerviosa por lo que fui por una botella de vino y le serví un trago. Se lo tomó de prisa así que le serví otro y este si lo tomamos con calma. La llevé hacia la sala una vez sentados me dijo que no quería que pensara que era una puta que lo hacía en agradecimiento no dije nada y la volví a besar esta vez de manera apasionada mientras que mis manos comenzaban a recorrer su cuerpo. Su ropa me estorbaba así que quité cada una de sus prendas dejándola solamente con sus pataletas. Carmen se dejaba hacer lo que quería eso me excitaba aún más. Una vez que la tuve así, comencé a besar el cuello la espalda cuando le da la vuelta tomé sus pechos y los saboree hasta ese momento pude escuchar un pequeño gemido supe que esa era la parte más sensible así que no los solté por un buen rato, la senté en mis piernas para seguir saboreando sus pechos mientras con mis manos tocaba sus nalgas y piernas.

    La cargué para llevarla a la cama la acosté me quité la ropa y me acosté a su lado mientras besaba su espalda. Le dije que se dejara llevar que podía hacer lo que quería entre gemidos y suspiros, me pregunto si yo la deseaba le dije que sí que quería cogérmela desde hacía tiempo se volteo y me dijo yo también papi te traigo ganas desde hace mucho. Me masturbo pensando en tú, me gustaste desde el primer día que te vi y envidio a mi hermana por tenerte. Quiero ser tuya hazme tu mujer, tu esclava pídeme lo que quieras y lo haré. Eso me excitó aún más, así que le dije mámamela y sin más obedeció bajo y comenzó a mamármela se metía mi pene en su boca al verla me encantaba es genial haciéndolo ver que su boquita me comía por completo el pene sus labios lo recorrían todo de arriba abajo hasta mis bolas.

    Estaba a punto de venirme así que le dije que viniera sobre mí y me pusiera los pechos en mi boca me obedeció son hermosos con sus areolas rosadas y su pezón firme los apretaba y daba pequeños mordiscos mientras que Carmen gemía y con una mano me tocaba el pene la subí un poco más para poder comer su vagina así que arranque sus pantaletas mientras se sentaba en mi cara estaba húmeda sus jugos sabían riquísimos me estorbaban un poco los bellos pero no importaba le daba lengüetazos mientras ella gemía y me pedía más, mientras sentía que su vagina se contraía pude ver y sentir un orgasmo a la par de un pequeño grito. La baje y puse en cuatro detrás de ella frotaba mi pene en su vagina no aguanté mucho así que sin aviso previo lo metí es una sensación diferente apretaba pero no tanto solo sentía el calor de su vagina la bombee por un rato sin piedad con fuerza mientras le daba nalgadas fuertes y en cada una de ella apretaba la vagina por lo que continué por un rato más, acaricié el orificio del ano y con pena me dijo que no.

    Le contesté que era lo que quería hacer y que era mi esclava me respondió como quiera mi amo estoy para complacerlo, eso me lleno de excitación así que mojé mi dedo con sus jugos y poco a poco lo introduje en su ano le pregunté si alguien había usado esa parte me dijo que no. Seré el primero entonces le contesté ella se limitó a gemir y decir como desees amo así estuve un rato con mi pene en su vagina y mi dedo en el ano. Nunca había experimentado algo así el poder tenerla a mis deseos me prendía le ordené que se hincara y me hiciera una mamada lo hizo le después le ordené que se pusiera en cuatro porque le daría por el ano así que se volteo.

    Puse la cabeza del pene en el orificio del ano y poco a poco lo fui metiendo hasta tenerlo todo dentro mientras que veía la cara de sufrimiento de Carmen en el espejo, momentos después comencé a meter y sacar mientras gemía como loca pidiéndome más así que aumente la velocidad hasta que no pude más y me vine dentro de su culito eso me dejó satisfecho al igual que ella nos acostamos y me dijo que era su primera vez por el culo y que le había encantado. Le dije que quería seguir cogiéndomela a lo que me contesto que cuando yo quisiera que era mi esclava y podía hacer con ella lo que quisiera. Eso me gustó y mucho, le dije vístete que nos vamos.

    En el camino hacia la casa la hice llevar los pechos por fuera y que se levantara el vestido enseñándome la vagina mientras que en los semáforos la traía hacia mi pene para que me lo mamara eso la excitaba y a mi también. Al llegar a la casa le da una nalgada y le dije al oído pronto te daré otra cogida fenomenal, me sonrió y dijo eso espero mi amo.

    Mi esposa me preguntó qué había sucedido y solo le dije que era algo relacionado con una parte de atrás y que necesitaba mantenimiento en mis pensamientos me refería a mi cuñada.

  • Noche de pasión en Lisboa (IX): Los libros sibilinos

    Noche de pasión en Lisboa (IX): Los libros sibilinos

    Marta me adora. Pero no en el sentido sexual, quede claro y vaya por delante. Estoy saboreando con fruición un plato de arroz con menudillos de ave, que ha preparado especialmente para mí. Enfrente, sentada y en silencio, Amália da cuenta de su cena mirándome con una sonrisa, que yo interpreto de aprobación, viendo como disfruto de la mía. Me enjugo los labios con la servilleta, y me dispongo a beber un buche de un vino tinto que me gusta particularmente y que he descorchado para acompañar las viandas.

    Todas las personas ejecutamos inconscientemente una serie de actos, en los cuales, si no existe un condicionante exterior que los altere, la precisión de tiempos y movimientos es sorprendentemente regular. Aunque en cada persona sean diferentes. Uno de ellos es el beber durante una comida. Siempre tardamos el mismo tiempo desde que levantamos la copa, hasta que la volvemos a posar en la mesa. Y la cantidad de líquido que ingerimos también es la misma.

    Con la precisión del francotirador que apunta su fusil, disparando por delante de un objetivo en movimiento, para que su proyectil alcance al blanco cuando aquel cruce su trayectoria, Amália calcula cuándo ha de comenzar su frase, para terminarla exactamente en el momento que estoy empezando a tragar.

    Levantando su servilleta, en apariencia para enjugar la comisura de sus labios, la extiende como un escudo frente a sí, a fin de proteger su escote y el frontal de su vestido, de las consecuencias que sabe que tendrá lo que va a decir a continuación. Y sin previo aviso, dispara:

    – Por tu culpa, tu nietecita tiene un pretendiente que le hace la rosca.

    Al oír semejante aseveración me atraganto, expulsando una nube de vino pulverizado. Al mismo tiempo que, debido a los espasmos de la tos, derramo más de la mitad del contenido de mi copa, directamente encima del plato de arroz. El vino tinto, al contacto con la comida, tiñe ésta de un color parduzco y la contamina con el sabor del vino crudo, estropeando definitivamente el delicioso plato que estaba degustando, arruinándome así la cena.

    Para que no me quepa ninguna duda del por qué me ha dado así la noticia, Amália sonriéndome inocentemente, me comenta:

    – Mira cariño, ahora tu plato parece un arroz malandro.

    La madre que la parió. Qué nivel de maquiavelismo. Ha esperado más dos meses para hacerme pagar la deuda que asumí que haría efectiva, en el nombre de Marta.

    – ¿Queda con esto saldada la deuda? – pregunto

    – Sí, ya está pagada, cariño – Me dice Amália, levantándose y besándome por encima de la mesa, mientras me sonríe cariñosa.

    – Y ahora, cielo, dime ¿qué es eso de que Paulinha – mi nietecita no puede ser otra- tiene novio? Y lo más importante ¿Qué rayos tengo yo que ver en el asunto? – pregunto, encendiendo un cigarrillo. La cena para mí se ha terminado.

    – Pues que le has enseñado a entrenar al perro, y eso ha sido la causa de que la muchacha ahora tenga un guayabo que la ronda.

    – Si no me lo explicas mejor…

    – Es lo que me han contado. Yo no sé más. Pero creo que ya llevan más de un mes con el asunto. Te lo digo para que estés informado.

    – Bueno, ya me informaré sobre ese pollo y sus intenciones. – Paulinha tiene su familia, pero extrañamente, me siento responsable de las mujeres de esta casa, que ahora es la mía, también.

    Desde que celebramos nuestra particular ceremonia de matrimonio, todo el tiempo que tenemos libre, lo dedicamos a estar juntos Amália y yo. Unas veces se desplaza ella a España, y otras vengo yo a Portugal. A Lisboa o a la quinta. Para mí la solución más cómoda pasa por venir a la finca, ya que me queda a menos horas de camino, y en realidad, me encuentro más a gusto aquí que en la ciudad. Y poco a poco he ido haciendo mío el dormitorio, de manera que ya no necesito preparar mucho equipaje, pues he ido dejando ropa en los roperos de la misma. Amália ha renunciado a uno de los cuerpos del armario y a varios cajones de la cómoda, y ya nos comportamos en todo como un matrimonio convencional.

    Esa noche, en nuestra cama, yo también me cobré un precio por la venganza. Amália tuvo que esperar mucho más de lo que quería por cada uno de sus deseos. Aunque pensándolo bien, creo que hice un pan como unas tortas, ya que en definitiva, cuando logró culminar sus orgasmos, fueron mucho más intensos que de costumbre. Pero bueno, yo salvé la honrilla haciéndola sufrir. Flaco consuelo.

    Por la mañana me visto con ropa cómoda, pero recia. Pantalones de loneta, camisa de franela, un jersey de pescador de lana gruesa, y en los pies unas botas de paracaidista de caña alta, muy usadas, pero bruñidas con brillo de parada. Tomo un chaquetón de corte militar, grueso, y bajo a tomar un café antes de salir. Estamos en otoño, hace frío, pero es temporada de setas, y entre los alcornoques tiene que haber boletus aeurus y le he prometido a Marta que le voy a preparar un risotto con setas, para que las pruebe por primera vez.

    En la cocina me hago con un cesto de mimbre, grande y con tapas, que Marta me ha conseguido, echándome al bolsillo la navaja que he estado afilando ayer por la tarde. Y salgo hacia el alcornocal. Mal se tendría que dar el día para no mediar el cesto y hacerme con setas suficientes para una comida.

    Aún faltan unos cincuenta metros para llegar al lindero del bosque cuando dejo de mirar al frente y bajo la vista al suelo, mirando por delante de donde voy pisando, comenzando la búsqueda. A mi izquierda el terreno se va elevando en una pequeña loma de unos cuatro metros de altura sobre el nivel de la llanura. Y entonces encuentro la primera seta. Me agacho para recolectarla y sin incorporarme, veo que a poca distancia tengo otra. Al llegarme a esta segunda, veo que siguiendo la loma van apareciendo más setas. Al llegar a la cumbre, tengo el cesto completamente lleno, y aún hay setas para llenar otro. Tengo producto para hacer cuatro platos diferentes para cuatro personas, y comienzo a pensar en qué recetas puedo preparar y hacer una degustación. Así pensando me incorporo y poniéndome las manos en los riñones, estiro mi espalda hacia atrás para desentumecerme del rato que llevo agachado y no termino el movimiento. Válgame Nuestra Señora.

    Hasta donde alcanzo a ver con claridad, el suelo está alfombrado del color marrón oscuro típico de los sombreretes de los boletus, maculado con grandes parches color amarillo naranja que, aunque desde donde estoy no puedo distinguir, sé a ciencia cierta que son agrupaciones de cantharellus cibarius o rebozuelos. En el cesto llevo recolectados alrededor de tres kilos y medio. Lo que estoy viendo, y es una pequeñísima parte del bosque, al precio de venta normal, tiene un valor final de mercado por encima de los doce mil euros. Eso en España. En Francia o en Italia, posiblemente mucho más.

    Me dirijo de vuelta a la casona y mientras voy caminando en mi cabeza se va formando un plan. No podemos dejar esta riqueza sin explotar. Lo malo es que no tengo infraestructura y hoy es sábado. Tengo que configurar un plan de urgencia y ver que podemos aprovechar, antes de que sea tarde.

    Al entrar en la cocina, están Amália y Marta desayunando juntas en la mesa de trabajo. Dejando el cesto sobre la encimera le pido a mi esposa:

    – Amália, cariño, necesito urgentemente veinte o treinta mujeres, y todas trabajadoras de la finca. ¿Tenemos tantas?

    Amália se levanta, y delante de Marta, abrazándome por la cintura, me arrima al muslo su pubis, mientras aprieta el pecho contra el mío, sin ningún pudor. Y mirándome a los ojos me replica:

    – ¿Veinte mujeres urgentes? Mmmm muy necesitado veo a mi maxho – dice tratando de pronunciar lo último en buen español – Solo te permito que te acuestes con dieciséis, yo también quiero mi parte – Y me besa en la boca.

    – Amália, que esto es serio. Las necesito para trabajar urgentemente en el alcornocal.

    – Ya me parecía a mí. Mientras éramos novios tenías más empuje, desde que nos casamos te esfuerzas mucho menos – Dice guiñándole un ojo a Marta.

    – Todos los hombres son iguales, mucho prometer… hasta meter – Contesta ésta a su vez. Vaya par de arpías conchabadas.

    Entonces, le explico lo que he visto y lo que pretendo hacer, pero para eso necesito que todos estemos coordinados y que me echen una mano.

    – ¿Por qué solamente mujeres? También tenemos hombres que pueden ayudar.

    – ¿Conoces a algún hombre que sea capaz de diferenciar un rosa palo de un rosa chicle? En medio de los hongos buenos estoy seguro de que también hay amanitas y necesito que todo lo que se recoja sea comestible y no peligroso, aunque controlaré personalmente uno por uno los hongos recogidos. Vuestro cerebro funciona de manera diferente al de los hombres, y sois mucho mejores en eso. Aunque ahora que lo dices, vamos a necesitar también a los hombres para transportar y almacenar las setas. Dios, esto se empieza a complicar. Vamos a tener que improvisar sobre la marcha.

    Amália y Marta, cada una con un móvil, comienzan a hacer llamadas telefónicas y a convocar al personal, para que se personen inmediatamente en la quinta, provistos de un cesto grande de mimbre y de cuchillos y navajas. Mientras, yo limpio las setas que he recogido, guardándolas en la nevera, y dejando útil también este cesto.

    Cuando está todo el personal reunido, cuento las mujeres, y al final, hay treinta y cinco. Separo a treinta y me dirijo con ellas al bosque. Al llegar, las pongo en corro delante de mí, y les enseño como tienen que proceder para recolectar las setas correctamente, enseñándoles las características del hongo. Para recolectarlas con una cierta clasificación y no arrasar como la langosta, había preparado tres palitos, uno con la medida de la seta más grande que había recolectado yo por la mañana, otro con la medida de la más pequeña, y otro entre las dos. Con ramitas recogidas allí mismo, y con mi navaja, fabriqué diez patrones de cada medida. Entonces organicé a las mujeres en tres brigadas de diez, dándole a las primeras el patrón más grande y las siguientes los demás, en orden decreciente, con la orden de que cada una recolectase solo las setas de la medida de su patrón, o más grandes. Nunca más pequeñas. Y así organizadas comenzaron las diez primeras, siguiéndolas al poco tiempo las segundas y finalmente, un rato después, el tercer grupo.

    Mientras yo ponía en marcha la brigada de recolectoras, Amália, con las otras mujeres y los capataces, organizaron a los hombres para que fuesen trayendo las setas y las mujeres limpiaron el patio empedrado de las cuadras, para ir colocando lo recolectado.

    Amália había llamado al restaurante propiedad de la familia de Paulinha para que nos preparase un catering para 60 personas y que nos los sirviesen a la hora de comer en la finca. Pidiendo que trajesen todo lo necesario. Antes de aparecer con la comida, trajeron también unos termos industriales con sopa y bocaditos para que la gente pudiese ir tomando algo caliente y reponer fuerzas en los descansos.

    Otro problema a solucionar es qué diablos hacíamos con todo aquel producto. No se trataba de llamar a veinte restaurantes y ofrecerles cinco kilos a cada uno. Esto era un maná caído del cielo. Era otra escala.

    Amália llamó a Ana María, que se encontraba en Lisboa y le explicó el asunto en el que nos habíamos metido, y entre ambas, moviendo conocidos, al final dieron con un intermediario que se prestó a ponernos un transporte frigorífico y a hacerse cargo de la totalidad de la recolección. Solo necesitaba que le dijésemos que tipo de camión necesitaríamos para sacarnos las setas de la finca. Al mismo tiempo, tratamos un precio por la carga, quedando en que nos entregaría un cheque por el importe, una vez pesados en su presencia y cargado en el camión el producto.

    A la hora de comer, nos encontramos con otro problema. Me acerqué hasta la zona de recolección, y a simple vista parecía que no se había recogido nada. Pero en el patio de las cuadras, colocadas con cuidado sobre el suelo, ya no teníamos sitio para seguir almacenando. Necesitábamos cajas. Un sábado. ¿Dónde rayos íbamos a encontrar cajas para todo aquello? Comencé a pensar que había metido el barco en las piedras sin pensarlo. Y los rebozuelos ni siquiera habíamos empezado a recolectarlos.

    Otra vez Amália me sacó de apuros – Bendita mujer – Llamó a una quinta vecina que se dedicaba a la producción de vino, y presentándose como “La tía Amália”, les pidió que nos prestasen las cajas en que recolectaban las uvas. Por lo que se ve, la tía Amália tenía peso en la comarca, porque no hubo ningún problema. Incluso nos las trajeron en unas camionetas de caja abierta, dejándonoslas en la quinta.

    Al ser sábado y haber convocado al personal para trabajar, fueron apareciendo a lo largo de la mañana los hijos de los trabajadores. Y se me ocurrió que podría utilizarlos también. No estoy de acuerdo con la explotación de nadie. Pero aquí cada uno que doblase la espalda iba a cobrar lo mismo, independientemente de su edad. Así que organice una brigada con las chicas y chicos, procurando que tuviesen la edad rayana con la legal de trabajo, o muy poco por debajo los más jóvenes. Y me los llevé a recoger los rebozuelos, dándoles las mismas instrucciones. Les fijé a las chicas la talla mínima a recolectar y a ellos los puse a transportar hacia la quinta las setas.

    A las tres de la tarde, tuvimos que dejar el trabajo, ya no quedaban cajas. En el patio de almacenaje, el suelo estaba completamente cubierto de cajas en cuatro bloques diferenciados, con varias alturas de apilado en cada uno de ellos. Consulté con Alipio y el resto de los capataces y llegamos a la conclusión que necesitábamos un tráiler articulado para mover todo aquello. Mi gente era gente de campo, acostumbrados a trabajar pegados al suelo y lo habían hecho como jabatos.

    Pesamos varias cajas al azar, y haciendo un cálculo aproximado, teníamos delante de nuestros ojos, 45.000 euros al precio que habíamos tratado.

    Llamamos al intermediario y quedamos en que en una hora tendríamos un camión puesto en la finca y que él estaría presente en el pesado de las cajas y la carga del mismo.

    Mientras venía y los hombres organizaban todo para acometer la carga fui a hablar con mi mujer, a la que casi ni había visto durante el día. Se me había ocurrido otra de mis “brillantes” ideas y antes de publicarla, quería su aprobación. La busqué y no era capaz de encontrarla, hasta que la vi. Era una bracera más. Estaba vestida con ropa de trabajo y un pañuelo cubría su cabeza. Cuando me vio, me sonrió y dándome un beso me preguntó qué tal iba todo. Entonces la puse al corriente de lo que se me había ocurrido:

    – Cariño, he estado en el bosque y si no hubiese visto por la mañana como estaba, diría que ahí no se ha recolectado absolutamente nada. Se me ha ocurrido algo, pero necesito que vosotras lo aprobéis antes de decir nada. Se trata de lo siguiente: Este negocio ha surgido hoy, y la finca no contaba con este dinero. Podríamos, este año, sacar del dinero una parte para la quinta, y repartir entre los que han trabajado y van a seguir hasta el final de la campaña, el dinero que saquemos.

    Tenemos un año para organizar un negocio que puede ser otra fuente de riqueza para la comarca. Si nuestra finca está así, sin duda el resto de los bosques estarán igual, o muy parecido. Hablando con los propietarios de otras fincas se podría formar algún tipo de cooperativa y durante el año buscar canales de distribución. E incluso, viendo qué otros productos agrícolas hay en la comarca, crear una planta de procesado que dé trabajo durante todo el año y no solo en otoño.

    – Cariño, ya piensas como el dueño de la quinta, estoy orgullosa – me dijo ella – ahora se lo comentaremos a Ana María, llegará en un rato. Seguro que no pone impedimentos a tu idea – Ding, Ding, Ding. Alarma. Ana María en la finca, no me gusta un pelo. Adoro a mi cuñada, pero tiene más peligro conmigo que un chimpancé con una escopeta – Además se va a quedar ella en la finca, porque hay que seguir recolectando y tú y yo tenemos que estar el lunes en otras obligaciones y alguien tiene que organizar y tratar con el intermediario.

    – De acuerdo entonces, lo hablamos con ella y si está de acuerdo, se lo comunicamos al personal.

    Cuando llegó mi cuñada, así lo hicimos, y tal y como había previsto Amália, estuvo de acuerdo. Pero pusieron como condición que yo debería decírselo a los empleados. Así que llamé a un aparte a los capataces, hombres y mujeres y les comuniqué lo que habíamos decidido, dejando claro, que todos iban a cobrar lo mismo, desde los capataces hasta los muchachos que habían trabajado sin contrato. Se me quedaron mirando y vi en la expresión de todos que intuían que eso era cosa mía, y que su respeto hacia mí había subido varios grados. Al terminar de comunicárselo a ellos, cada uno reunió a su brigada, comunicándoles la decisión tomada.

    Acabábamos de tener esta conversación cuando llegó el camión y con él, el intermediario. Así que todos se aprestaron a cargar el transporte.

    Delante del intermediario fuimos pesando caja por caja y anotando los pesos. Cuando estuvo el camión cargado, hicimos la cuenta, y resultaba un montante de 47.200 euros. Le estaba cubriendo la factura y la documentación para el transportista cuando el intermediario me dio un cheque que traía cubierto y firmado por 30.000 euros. Entonces le requerí:

    – El resto del pago, ¿Cómo nos lo va a hacer efectivo?. Este dinero no cubre el precio tratado.

    – Piense usted, Dom Alfredo que ahora se producirán mermas, hasta que llegue a destino, algunas se estropearán a causa del transporte, luego el lunes, ya no tendrán la frescura que tienen ahora. Yo tengo que cubrir mis gastos.

    Alipio que al ver mi expresión se había acercado, escuchó lo último que decía el intermediario, y cerrando los puños, se iba hacia él, cuando lo detuve con un ademán.

    Alipio es un hombre curtido en el campo y es más fácil saltarlo que rodearlo. Tiene dos manos que cada vez que levanta una, se produce un eclipse de sol. Si le permito que le ponga la mano encima a este pisaverde, lo revienta.

    – Filho da puta, ele estão vigarizando (Hijo de la gran puta, él le está estafando). – Dice Alipio con el rostro congestionado por la ira.

    – Alipio, tranquilicese. Descarguen el camión y pongan las setas estibadas en el patio, de nuevo.

    – Dom Alfredo, pienselo bien, tenga en cuenta que el lunes, estas setas valdrán la mitad. Va a perder usted mucho dinero – me dice el intermediario.

    – Patrón, este cabrón tiene razón, al recolectarlas, ahora no tenemos manera de conservarlas mucho tiempo, y nos tiene cogidos por las pelotas.

    – Alipio, descarguen como he dicho. Dígale a Marta que le facilite una silla cómoda y pónganla al lado del pozo, viendo hacia la carga. Y ponga a dos hombres al lado. Este caballero tiene mi permiso para sentarse durante el tiempo que quiera, viendo cómo se pudren las setas en la era. Pero bajo ningún concepto puede tocarlas.

    Y usted – digo dirigiéndome al intermediario – cuando quiera, puede hacer valer su opción de compra. Solo tiene que decirlo. Pero tenga en cuenta que aunque solamente quede una seta aprovechable, el precio que pagará serán 47.200 euros. Recuerde los libros sibilinos, no vaya a ser usted otro Lucio Tarquino.

    De repente, se me viene a la memoria que tengo un conocido italiano. Un ingeniero con el que he coincidido varias veces en montajes de máquinas y que sé que sus padres tienen un restaurante en el Véneto. Así que lo llamo. Al tercer tono, me contesta

    – Ciao Alfredo, ¿cómo estás? ¿Cómo es que me llamas?

    – Ciao Massimo, tus padres tienen un restaurante ¿verdad?

    – Si, precisamente estoy ahora con mi padre en la cocina.

    – Pregúntale si tiene manera de mover un tráiler de funghi porcini y cantharelus cibarius, no sé el nombre en italiano. Tendrías el tráiler ahí el lunes.

    – Espera que se lo pregunto – Oigo como hablan en italiano entre ellos y me pregunta

    – ¿Cuál es la fecha de recolección?

    – Hoy mismo, acabamos de recolectarlas, le contesto.

    – Dice mi padre que si son de buena calidad, no habría problema para ponerlos en el mercado, que él conoce canales de distribución.

    – Mira, te envío fotografías y te garantizo que todo el cargamento está en las mismas condiciones.

    Cojo una seta de cada tamaño y un puñado de los rebozuelos y poniendo al lado mi reloj de pulsera, para dar la escala, hago un par de fotografías y se las envío. Y vuelvo a llamarle

    – ¿Has visto el material? Es todo el cargamento así, y ya van clasificados en esos tamaños.

    – Me dice mi padre que le interesan si el precio es… – Y me da un precio 4 euros por kilo, superior al que ya teníamos.

    – Si pagáis vosotros el transporte en destino, te los puedo dejar a… y le araño 0.50 euros más.

    – Dice mi padre que de acuerdo. ¿Cuándo los tenemos aquí?.

    – Espera

    El camión que tenemos en la finca es de una compañía de transportes y Alipio me dice que acostumbramos a trabajar con ellos con el corcho. Así que me dirijo al conductor y le pregunto si puede salir inmediatamente para Italia con la carga. Y me confirma que no hay problema. Él es autónomo, el camión es suyo, y el porte es jugoso.

    – El lunes por la mañana los tienes ahí. – Le digo y acordamos la forma de pago – Por cierto Massimo ¿cada cuánto tiempo podéis absorber un camión como este?

    – Dice mi padre, que cada tres días, sin problema, pero que entonces tendríamos que ajustar algo más el precio.

    – No hay problema. Hablamos. Ahora tengo que poner todo en marcha para que te llegue. Ciao Massimo.

    – Ciao Alfredo.

    El intermediario está blanco como un papel. Se le acaba de esfumar una oportunidad de negocio como no había tenido en mucho tiempo. Así que se sube en su coche y se marcha sin despedirse.

    Alipio se va hacia los capataces que estaban viendo la escena y los pone al corriente. Todos me miran y asienten cachazudos. El patrón tiene pelotas y no se deja pisar.

    Despido al camión, dándole las últimas instrucciones y diciéndole que tienen que cambiar las setas de cajas y traernos estas de vuelta, que tenemos que devolverlas.

    Hemos terminado. Pero mañana habrá que volver a recolectar. De todas maneras, hoy vamos a celebrar una improvisada fiesta de la cosecha. Busco a Amália y a mi cuñada y las pongo al corriente de lo que ha ocurrido y el canal de ventas que hemos conseguido.

    Amália me pone una mano en la mejilla, y besándome en los labios me dice:

    – Amor mío, a cada momento me sorprendes más.

    Mi cuñada también me da un beso, felicitándome, pero… la condenada no pierde la oportunidad de darme un repaso pectoral con sus tetas. Ya no sé qué hacer con ella. Desisto.

    Para celebrar el día, mando a Alipio y a varios hombres a que salgan por la comarca y que me traigan una docena de lechones asados, para la hora de la cena. Y le digo a Amália que encargue catering para la misma hora al restaurante de los familiares de Paulinha. Yo cojo el todoterreno de Ana María y junto con Amália, nos vamos a buscar unas cajas de vino. Hoy vamos a fundir el mundo. Hemos comenzado un negocio inesperado. Cuando termine la campaña, cada persona que ha trabajado recolectando las setas, tendrá en el bolsillo, quemándole, más de 3.000 euros. Y hay familias que han tenido hasta cinco personas trabajando.

    La cena se ha convertido en una bacanal romana. Todo el mundo está contento y celebrando. El vino casi no nos llega. Corren las bromas de muy diverso gusto entre el personal, y he notado que me faltan parejas desde hace un rato. No quiero apartarme mucho de la mesa, para no encontrarme dando alguna sorpresa inesperada a nadie. Amália está con las mujeres riendo y bromeando. No quiero saber de qué hablan. Cuando se juntan las mujeres, son peor que los hombres. Así que me aparto un poco y me arrimo a una pared que queda un poco en penumbra, pensando en el día que hemos tenido y gozando de la felicidad de los que me rodean.

    Estoy fumando recostado sobre la pared y al poco tiempo noto que un cuerpo de mujer se me arrima, recostándose a su vez, pidiéndome un cigarrillo. Por la voz la reconozco. Es Marta

    – Hola Marta. Hemos tenido un día duro hoy.

    – Sí, dom Alfredo, pero ha merecido la pena, según me han comentado.

    – Y ¿Qué le han comentado? Que yo me entere.

    – El pago por el trabajo que usted ha establecido, y los planes que tiene de futuro para la comarca.

    – Demasiados oídos en esta finca. Tengo que tener cuidado con lo que digo o lo que hago.

    – Dom Alfredo, me recuerda usted mucho al abuelo de la tía Amália. Él era como usted.

    – Espero que eso sea un cumplido.

    – Lo es, no lo dude – Y tirando la punta del cigarro, me puso una mano en la mejilla y me besó en los labios, diciendo

    – No se equivoque. Ya sabe, no voy a repetirme.

    – Ya sé Marta, ya sé, no se preocupe. Y gracias por todo.

    Marta es los ojos y los oídos de su familia en la finca. Me he dado cuenta de que nada de lo que ocurra o se diga, se le pasa desapercibido. Es una buena mujer.

    Me aparto de la pared y cuando voy a doblar una esquina, veo a una pareja de jóvenes abrazados, besándose con pasión. Él tiene una mano metida por debajo de la ropa de la muchacha acariciándole un pecho, mientras ella suspira. Al dejar de besarla, ella gira la cabeza y veo que es Paulinha. Al parecer el maromo estaba en la finca hoy trabajando, y nadie me dijo nada. Me retiro con discreción y pienso que es buen momento para hacerle una entrevista y ver de qué pie cojea.

    Vuelvo sobre mis pasos, haciendo ruido y llamando “Paulinha” Paulinha”. Voy despacio para darles tiempo a componerse. Mientras me acerco oigo como ella le dice a él que desaparezca, que no le vean con ella. Cuando la veo, observo que está arrebolada, pero hago ojos ciegos y comienzo a charlar con ella:

    – Paulinha, me han dicho que tienes un novio ¿Es verdad?

    – Vovô, ¿Cómo sabes tú eso? ¿Quién te ha ido ya con el cuento?

    – Es verdad, entonces

    – Ummm bueeeeeno, siiii, pero todavía no somos muy novios – Coño, pues te estaba metiendo mano en las tetas hace un momento, pienso yo.

    – Y ¿cómo os conocisteis?

    – Paseando con Bolacha, él tiene también un perrito y me dijo que le gustaría que estuviese tan educado como el mío. Yo le dije que, si quería, yo podría enseñarle. Y nos vemos desde entonces.

    – Me gustaría conocerle y hablar con él. Me ha dicho un pajarito que está hoy aquí.

    – Cotillas – Dice asumiendo que ha sido Marta quien me lo ha dicho o alguna de las mujeres, y yo no la quito del engaño.

    – Dile por favor que le espero en el salón, que quiero charlar con él, si no tiene inconveniente.

    El patrón de la quinta es un hombre relativamente poderoso, y respetado. Cuando solicita una entrevista con alguien, educadamente y con respeto, se consideraría un desaire gratuito el no acudir.

    En el salón hay una chimenea, con dos sillones orejeros viendo hacia el hogar. Dudo un momento y decido darle un aire más informal a la charla, y sentarme en el Chesterfield, esperando para que aparezca el muchacho.

    Oigo venir a la pareja por el pasillo cuchicheando entre ellos. Paulinha lo está tranquilizando, suponiendo que mi trato con los de la casa, es extensivo automáticamente a todo el mundo. Entran y Paulinha me lo presenta:

    – Dom Alfredo, este es Filipe. – Y no da más explicaciones. No quiere llamarle novio en mi presencia.

    Es un muchacho de más o menos su edad, bien plantado y guapote. Al menos la niña, en cuestiones estéticas tiene buen gusto. Se le ve educado y un poco cortado al verse por primera vez a solas ante el patrón.

    Me levanto y estrecho la mano al muchacho, pidiéndole a Paulinha que nos deje solos, que lo que vamos a tratar son cosas de hombres. Ella se enfurruña pero no dice nada y se va hacia la cocina. Nosotros nos sentamos y comenzamos a charlar:

    – Buenas noches, me ha llegado el rumor de que te ves con Paula. No temas. Como sabes yo no soy parte de su familia. Pero sí quisiera que supieras en que terreno juegas, para que no te llames a engaño. Todas las mujeres de la casa considero que son mi responsabilidad. Así que si cualquiera de ellas te ofende en algo, tienes la puerta abierta para venir a plantearme tu queja. Pero si alguien ofende a cualquiera de ellas está ofendiendo mi casa, y por lo tanto, a mí. Y comprenderás que eso no puedo consentirlo.

    – Dom Alfredo, a mí me gusta Paula, y estamos conociéndonos, yo no sé hasta dónde vamos a llegar. A lo mejor dentro de unos meses ya no somos nada.

    – Lo entiendo perfectamente. Las parejas se juntan y si no congenian, se deshacen. No tengo nada en contra de eso. Pero a mí me gusta, cuando me voy de un sitio, dejar las cosas tal y cómo las encontré, sin romper nada. Y me gustaría que en vuestro caso también fuese así. No sé si comprendes lo que quiero decir.

    – Dom Alfredo, no ha pasado nada entre Paula y yo. Usted me entiende. Yo la veo con buenas intenciones.

    – Bueno, pues me alegra que así sea. Cuando vengas a buscarla o te apetezca, pásate por aquí y charlamos como amigos.

    – Así lo haré, no se preocupe.

    Nos levantamos, y nos estrechamos la mano. Cuando se dirigía hacia la puerta para irse le envié un aviso:

    – Una última cosa, para que todo quede bien claro.

    – Dígame Dom Alfredo.

    – Si le pegas, te mato.

    – Dom Alfredo, ahora es usted quien me ha ofendido. Yo no soy de esos hombres.

    – Me alegro, créeme. Yo no tendré un disgusto y tú vivirás muchos más años. Y discúlpame la ofensa.

    Cuando me vio la cara, supo que no era una amenaza, era la constatación de que si le ponía la mano encima a Paulinha, era hombre muerto.

    Se fue y yo me senté en el Chesterfield, encendí un cigarrillo y cerrando los ojos, eché la cabeza atrás. Poco sabía yo, que por culpa de ese cabrito, iba a derramar lágrimas de felicidad en el futuro.

    Una presencia se arrodilló ante mí y agarrándome la mano derecha se la llevó a los labios mientras, con mucha guasa me decía:

    – Don Alfredonne, bacio la mano – Amália había escuchado toda la conversación sentada en uno de los sillones orejeros, y no la vi al entrar.

    – Que guasa tienes. Si es el novio por mi culpa, tendré que hacer algo al respecto ¿no crees?.

    – Ummmm viéndote así, en plan tipo duro, me ha entrado un calentón que tendremos que remediar – Me dice empujándome hasta que estoy tendido en el sofá y se pone a caballo de mí.

    En esa posición me queda perfecta para meter las manos por debajo de su jersey y agarrarle los pechos, masajeándolos y disfrutando de la caricia. Ella se echa sobre mí y mientras me besa en la boca, maniobra con su cadera frotando su entrepierna contra la mía. Estamos en semejante postura y haciéndonos arrumacos cuando entra Paulinha que viene a interesarse por lo que le he dicho al muchacho. Nos ve, y sale corriendo hacia la cocina, gritando por el pasillo, cada vez más alto, según se va alejando: Perdón, PerDON, PERDOOOON.

    Amália y yo rompemos a reír, y continuamos con nuestro juego.

    Esa noche tuve que demostrarle a mi mujer que la afirmación de que había perdido ímpetu al casarme, era totalmente falsa. Pero la verdad es que me costó bastante, después del día de trabajo que nos habíamos tragado todos.

    Y como era nuestra costumbre, el domingo amanecimos abrazados. Con mis manos agarrando sus pechos.

    CONTINUARA, si les ha gustado. Envienme comentarios, tanto a favor como en contra, son todos bien recibidos.

  • En la ferretería

    En la ferretería

    Supervisaba un proyecto en Chorrera, una ciudad cerca de la capital. Me tocaba ir donde un proveedor constantemente y ahí encontré a Pablo. Todo en él era grueso: sus cejas, dos matas de vello hirsuto y negro azabache sobre sus ojazos cafés, labios gruesos y bien moldeados, dos brazotes musculosos, una ligera panza que comenzaba a notarse bajo sus pectorales, dedos gruesos, sucios de trabajo, piernotas, gruesas. Tenía el cabello en doble tono y cada movimiento que hacía con sus nalgas era pausado, como si supiera que las tenía ricas y deseables.

    Después de unas 4 veces de verlo, lujuriarlo y conversar ligeramente con él ya sabía todo: su Facebook, su hija, donde vivía, su edad… En la era del internet ya no tienes privacidad. Un día me preguntó si tendría trabajo extra los domingos, el salario no le alcanzaba y el necesitaba hacer algo de dinero extra. Por supuesto le contesté y me puse de acuerdo para vernos el domingo temprano.

    Ese día fuimos a cargar unos materiales en mi camioneta. Todo el rato estuve tirándole fuertemente, preguntándole cada cosa y tratando de acercármele. En varios momentos le veía el bulto en su pantalón y él se daba cuenta que yo estaba embobado. A cada rato se acomodaba la pinga, se levantaba la camiseta y yo veía su ombligo velludo. Un tipo rudo, sin educación pero con un atractivo sexual definitivamente poderoso. Estoy seguro que está acostumbrado a dominar y eso me gustaba.

    Durante todo el rato que estuvimos cargando vainas yo tenía un cooler lleno de cervezas y se las servía generosamente. Con la excusa de que estaba tomando medicamentos yo solo tomaba un sorbito de soda a cada rato. Tener cervezas frías gratis mientras le pagaban por un trabajito extra era un sueño hecho realidad. Casi al mediodía estaba bien entonado y yo cada vez que podía le respiraba cerca, lo rozaba y me le quedaba viendo con ganas. El parecía disfrutar de mi arrechera pero no se veía tan interesado, más bien divertido y estoy seguro que no era la primera vez que un hombre se le insinuaba.

    Cuando estuvimos listos para salir de la bodega ya lo veía con los ojos rojizos y aliento alcohólico y mucho más relajado. De repente siento como me presionó contra la camioneta y me pego su frente sudorosa en el cuello, empujándome la verga dura a través del pantalón presionando mis nalgas. Me apretaba y comenzó a decirme toda clase de vulgaridades, como te gusta la verga cueco, vas a ser mi mujer? Yo estaba un poco nervioso porque se había transformado, ya no era amable, ya no me estaba tratando como su jefe sino como su juguetito.

    Me bajé el pantalón y Pablo enseguida mojó uno de sus dedos ásperos y comenzó a hurgarme el ojo del culo. Se sentía rasposo pero la arrechura era demasiada. No entraba. Me lo metió en la boca y lo ensalivé lo mejor que pude y ahora si entró. Me levantó con el dedo y yo le agarré la pinga. Una vaina curva, gruesa, dura. Con una mano me abría las nalgas y con la otra me abrió el culo con dos dedos. Me dolía un poco pero me fue lubricando con más saliva y yo mismo me acomodé la cabeza de la pinga en el ojo del culo y le pedí que me dejara acostumbrar pero él estaba como loco y me zampó el huevo de todos modos. Yo sentía el mete y saca y su sudor me caía en la nuca. Me agarró por el cabello y me seguía culeando de pie, con mis pantalones apenas en las rodillas. Yo también sudaba pero el nerviosismo no dejaba que me calmara, estaba arrebatado dándome pinga sin parar. Mi culo estaba tan abierto pero aun así me seguía ardiendo. Creo que me culeo como 10 minutos sin parar y cada vez que yo podía mojaba su vergota gruesa para que no me hiciera tanto daño. De repente comenzó a quejarse y se vino dentro de mi culo, bien adentro. Yo le agarré los pelos de la verga para que no se moviera mientras sentía como me bombeaba ese litro de leche adentro de mis entrañas.

    Solo se subió el pantalón, me dio dos nalgadas y se fue a tomar otra cerveza.

  • Mi prima Claudia (Parte 5)

    Mi prima Claudia (Parte 5)

    Mañana del 3 de enero.

    Me desperté por la mañana, estaba acostado al lado de Claudia la tenía abrazada tomándola por sus senos, ella se levantó me beso en la boca y dijo:

    C- Me voy a duchar cielo

    La vi alejarse caminando contoneando sus caderas cubiertas con una muy diminuta bombachita lila.

    No la vi volver, me quedé dormido, cuando desperté, ella estaba sentada en una silla que había en la habitación solo cubierta con un tallón de color rosa y leyendo un libro, me desperté la vi dándome la espalda y me levanté, fui a su encuentro, acaricié sus hombros, y bese dulcemente sus labios para luego darnos un beso de lengua, mientras la besaba, acariciaba suavemente su brazo y su hombro, al tiempo que su lengua y la mía se unían cada vez más apasionadamente.

    Ella dejó el libro y ambos fuimos hacia la cama, nos arrodillamos sobre ella sin dejar de besarnos, sus manos me tomaban por la cintura, no podíamos parar de besarnos mis manos tomaban sus senos con el tallón aun cubriéndolos, masajee sus senos y retiré el tallón de su cuerpo.

    Su cuerpo quedo totalmente desnudo, mientras nos besábamos, una de mis manos acariciaba su seno y la otra fue a acariciar una de sus nalgas seguíamos besándonos su dulzura me excitaba, baje mis manos por su cuerpo y comencé a acariciar y a masajear sus nalgas, ella en medio de nuestros beso comenzó a gemir.

    Nos acostamos en la cama, besaba su cuello, acariciaba su vientre y ella acariciaba sus senos, luego fui en busca de sus labios y bese dulcemente su boca, luego mi mano bajo a su vagina y la acaricie muy suavemente, ella gemía y dijo

    C- Mi amor me vuelven loca tus caricias y tus besos, nunca sentí nada igual… te amo… te deseo

    G- Vos también me volves loco, nunca desee tanto a alguien como te deseo a vos

    Luego de esto mi boca fue en busca de uno de sus dulces y aterciopelados senos, lo chuponee un par de veces antes de lamer su pezón rosado… besaba y lamia sus pezones mientras su boca gemía, seguí besando ambos senos lamiendo sus pezones… acariciándolos, ella suavemente acariciaba sus labios vaginales.

    Bajé por su tórax besándolo hasta llegar a su vagina, al llegar ahí la bese suavemente, un alarido partió de su boca, Claudia, abrió sus piernas y mi lengua entro en su vagina saboreando el dulce néctar de sus efluvios, besaba su vagina, jugueteaba con mi lengua; su cuerpo se contorsionaba, su mano jugaba con mis cabellos.

    Luego ella dijo:

    C- Ahora es mi turno quiero saborear ese pene que me vuelve loca

    Yo me arrodillé sobre la cama ella cual dulce gatita se puso en cuatro patas e introdujo mi pene en su boca, yo sostenía su cabello porque este caía sobre su cara, introducía mi pene en su boca y por momentos su lengua jugaba con la punta del glande… lo introducía en su boca para después volver a juguetear con la punta y con su lengua, luego de unos minutos, la detuve, no quería acabar en su boca deseaba que todo ese deseo contenido explotase dentro de su vagina.

    Nos acostamos sobre la cama, tome mi pene con la mano y mientras besaba sus labios moví mi pene en las puertas de su vagina, nos besábamos constantemente y mi pene jugueteaba sin penetrar su conchita, solté mi pene, acaricié con mi mano su vientre encima de su vagina y la penetre. La abrazaba besaba su cuello su boca, le decía lo mucho que la amaba. Mi pene cada vez la penetraba más, acelere mis movimientos cada vez más dentro de su vagina, mientras tanto besaba su carita, sus labios sus pechos y ella gemía a mas no poder, ella no paraba de gemir.

    Luego ella se puso en cuatro, se recostó sobre la cama levantó su cola a la altura de mi pene y volví en esa posición a penetrarla vaginalmente la tome con ambas manos por la cintura, ella no paraba de gemir y gritar de placer al mismo tiempo; luego ella se incorporó apoyando sus manos sobre la cama, giro su cabeza hacia mí y dijo:

    C- acabame mi amor no puedo más…

    Y su ruego fue aceptado por mí; segundos después mi pene estallo dentro de su cuerpo lanzando torrentes de cálido semen, al mismo tiempo que su cuerpo se contorsionaba en un polvazo infernal y continuamos así hasta que mi pene perdió su rigidez… nos acostamos nos abrazamos nos besamos y nos juramos amor eterno, nada ni nadie podría separarnos permanecimos acostados durante largos minutos, ambos estábamos enloquecidos, yo nunca pensé que se podía amar a alguien así, lo que sentía por Claudia era algo imposible de describir con palabras.

    Nos levantamos cerca del mediodía y decidimos ir a almorzar, yo estaba vestido con un jean azul y una camisa de manga corta color blanca, ella salió de la habitación con un vestidito rosa pastel, entallado al cuerpo de breteles anchos y corto dejando sus piernas al descubierto unos 10 cm por sobre las rodillas y lo entallado del vestido copiaba perfectamente las curvaturas de su cuerpo, su escote insinuaba levemente los comienzos de sus adorables senos su falda marcaba sus nalgas erguidas y redondas, pegándose levemente su vestidito a ellas, nos abrazamos y nos besamos apasionadamente durante un par de minutos luego salimos de la casa, abrazados mi mano sentía su cuerpo moviéndose bajo ella, en el mundo parecía no existir nadie más que nosotros, el amor que sentíamos era infinito yo nunca había sentido eso por otra mujer.

    Caminamos por el shopping vimos vidrieras, almorzamos y regresamos a casa y al llegar dije

    G- Me encanta todo lo que usas, pero ese vestidito me enloquece

    C-Gracias, por lo que veo te gusta el vestido

    G- El vestido es hermoso, pero lo que me vuelve loco es todo lo que hay debajo

    Ella jugueteó sensual con su dedo índice sobre sus labios, caminó hacia mí y dijo

    C- Bueno vamos a comprobar si es cierto, soy una adicta sexual a vos…

    Me tomó de la mano y me llevó a la habitación

    Ella se acostó sobre mi y comenzó a besarme muy dulce y romántica nos besamos en la boca mientras yo sujetaba su cuerpo por sus hombros para luego bajar suavemente por su espalda hasta llegar a su cintura y rozar suavemente sobre su vestido sus nalgas mientras ella seguía besándome dulce y seductoramente y cada tanto me miraba con sus ojitos tiernos… y de sus labios nació un “te amo, sos lo mejor que me pasó en la vida”, no me dejo responderle sus labios dulcemente volvieron a apoderarse de los míos.

    Luego ella me miró se incorporó arrodillándose en la cama tomó su vestidito con ambas manos y la fue retirando de su cuerpo, lo levanto hasta llegar arriba de sus pechos, llevaba un conjunto de bombacha y corpiño rosa, yo la tome suavemente por su cintura, acariciando su tórax y su vientre para besar suavemente la parte de sus senos que su corpiño no podían ocultar ella alzó sus brazos y yo retire de su cuerpo el corpiño, luego quise besar sus senos pero ella me hizo acostar sobre la cama.

    Sentada sobre mis piernas desabotonó mi pantalón y bajó mi cremallera, subió mi camisa, introdujo su mano en mi slip y sacó mi pene se inclinó sobre él y su lengüita, jugueteo sobre la cabeza de mi pene luego lo tomó con su mano derecha y lo masturbó unos segundos mientras yo no paraba de gemir entonces lo introdujo en su boca y lo lamió dulce y suavemente mientras yo acariciaba con mi mano su pierna derecha y su cola por sobre su bombacha ella lo lamio y saboreaba muy despacio, como si se tratase de algo frágil, mientras tanto mi mano acariciaba sus senos.

    Luego se volvió a incorporar y yo baje su bombacha viendo su conchita depilada acaricie su tórax y lo besé mientras ella abrazada a mi gemía y jugaba acariciando mi pelo. Luego fue ella la que quedó acostada sobre la cama yo contemplaba y acariciaba su cuerpito para luego besar sus senos, bajé por su tórax besándola hasta llegar a su entrepierna y besé dulcemente su “conejito” ella emitió un gemido muy profundo para que luego mi lengua se introdujese en ella, subí en busca de su boca nos besamos con pasión, nos revolcamos sobre la cama y luego ella quedo sobre el colchón los dos desnudos.

    Hice que doblase sus piernas sobre su cuerpo, quedando sus rodillas cerca de sus tetas, en esa posición mi dedo acarició sus labios vaginales su boca gimió en forma suave y delicada para que luego mi pene erecto y deseoso fue el que jugó deslizándose sin penetrarla por su conchita jugué con ella así algunos segundos para luego si introducir mi pene en su vagina desde esa posición dominante podía ver su carita dulce y tierna gozando el momento ella por momentos apretaba sus labios para acallar un poco sus gemidos.

    Mi pene se deslizaba suavemente en su vagina mientras tanto yo acariciaba sus piernas y sus nalgas, ella puso sus piernas sobre mis hombros y yo me recline sobre su cuerpo besando su boca a la vez que le decía lo mucho que la amaba mientras mi pene no dejaba de recorrer su lubricada vagina, luego apoyé las palmas de mis manos sobre la cama y me incorporé un tanto para poder darle más ímpetu a mis movimientos.

    Luego y sin sacar mi pene de su vagina nos acomodamos sobre la cama, ella con una de sus piernas alzadas y yo a su lado acariciándola mientras nos besábamos con pasión mis dedos por momentos también acariciaban su entrepierna muy cerca de su sexo y en otros momentos mis manos acariciaban su tórax y sus adorables senos mientras mi pene no dejaba de penetrarla, ella no dejaba de gemir, su respiración se hacía cada vez más agitada.

    Yo acariciaba su cuerpo, besaba su boca, su cuello, me encantaba verla así, demostrando su carita esa sensación de placer y de gozo, seguía penetrándola besándola acariciando su piel tersa Luego ella se acostó en la cama, boca abajo, con un almohadón bajo su vientre y así la penetre de nuevo ella no paraba de gemir. Después de unos segundos ella se incorporó los dos nos arrodillamos en la cama y nos dimos el beso más dulce y apasionado. Luego yo me acosté sobre la cama, ella abrió sus piernas y se colocó sobre mi dejando su vagina sin introducir mi pene en ella, luego lo introdujo en su vagina y cabalgo sobre él muy suavemente durante un par de minutos luego ella se reclinó sobre mí y beso mi boca y mi cuerpo y dijo:

    C- Te amo nunca pensé que se pudiese sentir tanto amor por alguien, no sé lo que va a pasar cuando dejemos esta casa, pero te juro que contra viento y marea vamos a estar juntos el resto de nuestras vidas.

    G- Yo ya no podría vivir sin vos, sos increíble, te amo con locura nunca sentí nada igual

    Nos dimos un beso y ella cabalgó sobre mí con más violencia, yo la tomaba por la cintura, ella acomodaba su cabello revuelto, hasta que su vos en una mezcla de ruego pasional dijo:

    C- Ahora mi amor por favor no aguanto más acabemos juntos, y su pedido fue una orden, mi pene estalló lanzando torrentes de cálido semen, su boca con un profundo gemido se convulsionó violentamente en un infernal orgasmo, ella luego de unos segundos se arrojó sobre mí en busca de mi boca, nos besamos apasionadamente. Mientras mi dedo acariciaba los bordes de su ano.

    Estuvimos así hasta que la calma invadió nuestros cuerpos luego entre abrazos, besos y caricias, nos juramos amor eterno y hacíamos planes sobre el futuro donde estábamos nosotros, Vale y los hijos que vendrían. No dudábamos sobre lo que queríamos, sabíamos que sería difícil pero lo nuestro ya no tenía vuelta atrás ambos estábamos dispuestos a todo

    Hasta que volvió mi amigo todo siguió igual entre ambos, volvimos a casa y comenzamos una vida juntos que solo nosotros conocíamos…

    Continuará

  • En el cine porno, todo rico

    En el cine porno, todo rico

    Hoy, exactamente hoy, regresé del cine acostumbrado, mi culito está hablando por mí, así que le cedo la palabra a él.

    Estuve desde muy temprano en el teatro, para evitar perderme lo mejor, pasaban las horas y nadie se atrevía a molestarme siquiera. Palpitaba como nunca de deseos, ya que hacia buen tiempo nadie osaba tocar la puerta siquiera.

    Bien ya casi al final del día, de la nada apareció un chico que se detuvo a verme las nalgas, porque últimamente tengo que desnudarme solo los cachetes para atraer algún cazador. Y felizmente apareció, empezó a acariciarme como si nunca hubiera tenido unas nalgas en sus manos, yo estaba deliciosamente aturdida por esos embates a veces violentos de este caballero, pero lo dejaba sin ningún recato, me hacía excitarme sobremanera. Pues de tanto taladrarme con su dedo, me tenía en el aire, que manera tan brusca de meterme el dedo, pero me hacía delirar.

    Tengo que detallar el tiempo, estuvo más de media hora cogiéndome con el dedo. Mmmm ya me dolía del roce de su uña, pero yo ahí aguantando para lo que se venía, pues sí que llego y de qué manera, se puso el forro, e inmediatamente me echo gel, así que la cosa iba en serio. Como siempre yo después de tanto tiempo que no me cogían, lo tenía otra vez estrecho, el pobre no sabía en qué pose ponerme para lograr metérmela, yo lo ayudaba de vez en cuando, pero igual mi ano se resistía a dejarlo entrar, pero los dos estábamos como fuego.

    De repente en un movimiento casi sin quererlo se deslizo triunfalmente dentro de mi huequito, mmmm de veras tengo que decir que sentí la gloria, porque eran tantas mis ganas que cuando me lleno mi ano todo eran luces en mi cerebro, el hombre tampoco lo podía creer que al fin me había penetrado, así que se dio un breve descanso para respirar, y aquí viene lo exacto del título de este relato, empezó una faena deliciosa que nunca jamás en mi vida había sentido.

    Parecía que quería matarme de tan violento que se puso, me levantaba de las nalgas, me apretaba mis piernas debajo de ellas y me incrustaba sus uñas suavemente, que en vez de dolor sentía satisfacción, era un tigre arañándome al cogerme, imaginase un real tigre cogiéndome, así era el, me mordía la espalda, me hacía sentir una hembra dominada, el parecía que había tomado viagra, porque no tenía cuando acabar, y cada vez que sentía que iba a explotar, se agarraba de la base de la verga metida en mi culo y me abría mucho como dándose un pare a su posible eyaculación, lo hizo continuamente, creo que al menos fueron 10 veces que repitió la aguantada, de tal manera que el tiempo pasaba inexorablemente, yo estaba totalmente entregada a esa faena, mis nalgas como nunca se movieron en todo sentido para procurarle el máximo placer que él me agradecía besándome la espalda y arañándome como también dándome pequeñas mordidas, es decir creo que jamás volveré a vivir tal experiencia, lo sentía todo un tigre que me abrazaba y a pesar que era un poco más bajo de altura que yo, lo aumentaba en su manera de tratarme como una perra en celo, era su perra y el mi tigre, imagínense que tal desventaja que llevaba, pero yo estaba en el cielo muchos hombres a nuestro alrededor jalándosela mirándonos, era tal la faena que normalmente ellos ayudan a la cogida en alguna forma, pero viéndonos como estábamos no se atrevían ni siquiera a tocarme.

    El tigre me tenía toda dominada, era su presa y podría morir aquel que se hubiera atrevido a meterme mano. Debo haber perdido algo de la razón porque no tenía fuerzas ni siquiera para decirle algo a mi tigre, solo me movía y me movía tratando de que se vaciara, pero repito, debe haber tomado viagra porque no eyaculó, fui yo la que tiro la toalla, ya mi culo no podía mas, lo había abierto totalmente y ya empezaba a sentir un verdadero dolor del salvaje trato que me había dado el tigre. Lo mire toda arrobada, ni siquiera le di las gracias, estaba loca de felicidad, mi culo era lo que se dice vulgarmente un hueco destrozado… Se fue algo desanimado pienso, porque no pudo eyacular. Y yo por supuesto más triste por no haber podido sentir su explosión dentro de mi culo.

    Me quede en el mismo sitio con mis nalgas exponiéndolas, pasaría como media hora de un descanso que no tenía porque mi ano estaba totalmente fuera de lo normal palpitando alocadamente. Y ahí no más se me arrimo un señor que le gustaron el brillo de mis nalgas blanquitas en la oscuridad del cine, pues parece que lo había mandado el tigre porque también empezó a darme dedo, y yo ayyy, que iba a hacer, solo me dejaba porque no tenía fuerzas para rechazar nada, así que fue el segundo tiempo con diferente dedo, y oh sorpresa, este caballero no tuvo mejor idea que servirme de bálsamo, porque en suerte era los que les gusta meter lengua al culito y entonces me sentí una verdadera puta, porque la lengua la sentí bien adentro de mi culo, era tanta mi irritación de la faena anterior que su lengua la sentía como un pene de dura, era la sensibilidad de mi ano, que divino, pero me aliviaba la irritación, mmmm así estuvo como si fuera mi consolador en toda la extensión de la palabra, me consolaba de la cogida anterior con su lengua diestra.

    Pero oh sorpresa también estaba dispuesto a cogerme, cuando me hizo sentir su verga erecta al máximo, yo no podía creerlo, estaba disfrutando de la mejor noche de mi vida. No duró mucho la alegría, no tenía forro, así que le impedí que me la metiera. Aunque la deseaba con locura. Mmmm El pobrecito no le quedo más remedia que seguir cogiéndome con su lengua, y así estuvo más de una hora. Ayyy, nunca me podre olvidar.

  • Nuestra amiga argentina se lleva a Pau a la playa

    Nuestra amiga argentina se lleva a Pau a la playa

    Bueno, nada, fue totalmente distinto a lo que venía pensando hace unas semana atrás, y les cuento porque.

    Resulta que Pau -mi amiga/novia- no sé qué le agarró, pero sabía que el 31 iba a terminar cogiendo con algún chico (porque al igual que el 24 el 31 mi viejo invita a todos los conocidos que tiene en Cariló).

    La cosa, es que me empezó a quemar la cabeza que si se iba con sus viejos (que viven en el interior) el 31 iba a ser un embole, y me decía porque no la invitaba a que lo pasara el 31 conmigo en Cariló, ya que mi viejo había alquilado ¡una casa grande!

    La cosa, es que tanto me quemó la cabeza, más allá, de que con ella es con la amiga que tengo mejor sexo, porque físicamente es como yo, flaquita, pocas tetas poco culo, y aparte digamos que: “es más activa” y eso me pone loca, me calienta mucho y me dejo coger y mucho por ella (bah eso lo conté mil veces).

    Bueno, al final le dije que sí, que se venga, llegó el 30. No es por nada, pero para que me entienda bien, porque seguro va a pasar algo más, la casa que alquilo mi viejo, en la planta baja tiene un dormitorio con baño (que es el mío) la parte de servicio, living y todo eso, y arriba el resto de los dormitorios.

    Para no hacerla muy larga, llega, vamos a casa, nada, se tira a dormir un rato, y por suerte que vino, ya que no sé porque carajo este año, ¡éramos pocos!, matrimonios amigos de mis viejos, hijos de ellos, con sus novias o mujeres, solo había un par de chicos solos, pero ¡puaj! ninguno me gustaba.

    Después de las doce, que se yo serian la 1 de la mañana, les digo a mis viejos que me voy con Pau a boludear un rato, obvio en un lugar de veraneo es distinto como una se viste que si hubiéramos pasado acá (Buenos Aires), estábamos las dos con polleritas de jean, ojotas, remeritas y ¡nada más!

    Agarro el cuatriciclo y de una me mando a los médanos (otra vez, no es por nada, pero manejo re bien los cuatriciclos, y más en los médanos, lo hago ¡desde hace años!)

    Hasta que llegamos, Pau, que iba atrás mío, no dejaba de meterme sus manitos hermosas, en mis piernas, me calentaba la puta, hasta que le dije: “Para nena, nos vamos hacer mierda”.

    Llegamos, hasta uno de los médanos que ya conozco, nos bajamos del cuatriciclo (es un lugar donde no había nadie), tiramos una lona en la arena, y con el viento, la brisa que es como una caricia en nuestra piel, nos empezamos a besar, a tocar, a acariciar, hasta que nos empezamos a sacar la ropa y quedarnos en bolas las dos.

    Yo no sé cómo puedo explicar la sensación de estar en bolas al aire libre en las dunas, como les dije con esa brisa ese viento que nos acaricia. Así, en bolas, Pau, me empieza a chupar la conchita, sabe que me gusta cómo me lo hace, me la seguía chupando hasta que me hizo acabar, me da vuelta, me empieza a chupar otra vez la concha y la cola, la concha y la cola, saca un consolador ¡que había llevado!, y me lo mete en la concha, de a poco, hasta que la trola, así (como no voy a repetir de nuevo) me hizo acabar ¡de nuevo!

    Nos quedamos, así desnudas sobre la lona, me lleva mi cabeza a su concha, se la chupo, le meto los dedos (no el consolador, eso mucho no me va), hasta que la hice acabar ¡a ella!

    Nada, nos quedamos un rato largo, así las dos en bolas, nos tapamos con otra lona (como les dije aparte de tener buen sexo con ella somos amigas y hablamos de todo), hasta que ya hacía frio y nos volvimos.

    Llegamos a casa, veo que ya estaban todos dormidos, Pau va a mi cuarto (que como les dije era el de abajo) yo subo a ver qué pasaba arriba y ya estaban todos dormidos.

    Vuelvo a mi cuarto, Pau ya estaba con esas remeritas cortas con las que duerme, me parte la boca de un beso, nos empezamos a besar de nuevo, a acariciar (me encanta su piel y a ella la mía), me empieza a sacar la ropa, la ayudo, nos quedamos las dos en bolas (obvio había cerrado el cuarto con llave).

    Seguimos así, me pongo yo sola en cuatro, me empieza a comer la cola, me la besa, me la chupa, me la escupe (cosa rara, porque nunca lo hace) había llevado un lubricante, me empieza a meter los dedos en la cola con ese lubricante hasta que me mete uno dos ¡tres dedos!, yo gozada, gemía, mis piernas cada vez ¡más abiertas!

    Hasta que (y es lo que yo esperaba), me empieza a meter ese consolador en la cola (pero era bastante grande), pero el placer fue más fuerte que el dolor, me lo mete, mientras me besaba la cola, me lo sácame lo mete, juega con mi cola, hasta que me hizo acabar ¡de nuevo!

    Ella, por el viaje ya estaba cansada y yo ¡también!, nos quedamos dormidas en bolas en la misma cama, no sé qué hora seria, pero me despierto, y le digo: “forra pásate a tu cama” (aunque la puerta estaba cerrada con llave), y se pasa a su cama.

    Al día siguiente nos levantamos, me ducho yo, después ella, desayunamos con mis viejos, como si Pau fuera una amiga mía y nada más y al mediodía nos fuimos a la playa.

    Pero mi cabeza loca ya está ¡a mil!, ella quería coger, y yo la iba a re coger.

    Y es lo que hoy 1° de enero ya empecé a reorganizar mis vacaciones, fuimos un rato a la playa, estaba, obvio el tatuado en la barra de jugos, le digo a Pau (ella ni idea de mi historia con el tatuado). Llegamos a la barra y ahí empezó mi juego (y fue algo así).

    Yo: Hola lindo.

    Me pongo en puntas de pie, y a través de la barra de doy un pico (Pau, cuando vio eso no entendía nada, menos como yo como soy le voy a dar un pico a un pibe llenos de rastras y tatuajes).

    Tatuado: Hola chicas, que suerte verte caro.

    Yo: y como todos los años nene, sabes que siempre vengo.

    Tatuado: ¿que toman?

    Yo: ¡Que! ¿Acaso no sabes lo que me gusta a mí?

    (Pau, muda, no decía nada, estaba asombrada, creo que no entendía un carajo).

    Tatuado: si, el licuado de banana con mucha lechita.

    Yo: si, si sabes que me encanta la lechita

    Tatuado: ¿y tu amiga?

    Yo: lo mismo, vas a ver que le va a gustar la lechita

    Nada, nos sirvió el licuado, y me dice: “Caro, nos podemos juntar en casa y hacer una joda antes que se vaya tu amiga ¿te parece?” y le digo: “Obvio, ella se queda unos días, pero antes de irse arreglamos algo”

    Ah, les aclaro algo, para ir a la barra muchas chicas sobre la bikini se ponen una remera o algo, yo nada, voy así en Bikini, y Pau, me dice: “nena nadie va así, pongámonos algo”, le digo: ¡déjate de joder!

    Bueno la cosa, es que Pau se quedó sorprendida, y me pregunta: ”nena, vos ya estuviste con ese pibe, digo lo conoces, porque se dieron un pico, sos ¡re trola Caro!” y le digo: “nada, el año pasado alguna vez fui a su casa y lo pasamos re bien y este año, hagámoslo con vos, vamos a estar juntas, no te voy a dejar sola nunca, vas a ver que va a estar re bueno…”

    No me contesto nada, seguro que la convenzo, pero no le dije que ir a su casa es dejarnos coger por él y sus amigos y encima yo me fumo y la voy hacer fumar a ella, para que se la re cojan.

    Qué se yo, son algunos de los planes de mis vacaciones, vamos a ver qué pasa…

  • Marcela, mi musa del calendario

    Marcela, mi musa del calendario

    Hola, me presento: mi nombre es Pirata, 45 años. Se recuerdan cuando jóvenes, intercambiamos calendarios de bolsillos de mujeres desnudas, musas inspiradoras para desatar el placentero pasatiempo de una rica paja mirando cada chica de estos calendarios, al mirarlas iba un poco más allá. Pensaba cómo serán personalmente, serán cariñosas, ganosas, o serán modelos contratadas, solo para estos fines. El tiempo cronológico avanza, pero el espíritu joven prevalece, si pudiéramos llamarlo así. Y es aquí donde se inicia esta historia.

    En estos tiempos, tenemos a nuestra disposición la tecnología y las App que nos ayudan a conocer chicas calientes, coincidencia o destino, créanme que conocí a una chica igual a mi favorita de esos calendarios. Ella es Marcela, de estatura mediana, delgada, color de piel blanca, es real! y no una imagen de mi mente!, la conocí en un grupo hot, donde tengo el gusto de chatear con ella. ¿Qué les puedo decir de su personalidad y demás atributos?, Ufff mejor, les narro parte de nuestra primera y fogosa conversación.

    Pirata: ¿Hola cariño como estas?

    Marcela: Hola bb, muy bien lindo.

    Pirata: de dónde eres?

    Marcela: de Colombia, cariño.

    Pirata: mmm! son ardientes las mujeres de tu país? Es verdad?

    Marcela: jajajaja claro cariño, estamos hechas para dar cariño y placer, somos amantes por naturaleza, a mí en lo particular me gusta complacer a mi hombre.

    (Me dije, mmmm que bien! Mi icono de juventud es real, es una chica ardiente y no una modelo contratada).

    Marcela: que estás haciendo en este momento, cariño? Tengo curiosidad jejeje, dígame? quieres una charla entretenida y rica, siento que algo, se moja en mí.

    Pirata: estoy en casa, recostado en mi cama, claro charlemos me siento ganoso. Y por lo que leo tú también.

    Marcela: mmm! qué bien tesoro, y envía una foto: esta recostada en su cama con una polera larga, donde muestra un sus piernas blancas, el escote de su polera muestra su pezón asomándose, tiene una mano en su pierna y una mirada coqueta, provista de unos labios son sensuales y lo mejor para mi usa lentes, mmm me encantan las chicas con lentes!

    Pirata: mmm vaya que hermosa eres cariño ufff… En tu foto pareciera que esa mano, en tu pierna esta juguetona. Jejejeje, o no?

    Marcela: Me encanto, que te gusté, cariño! mmm, sí esta mano mía, quiere jugar…

    Pirata: que ganas de ver cómo son sus juegos.

    Marcela: en vía breve video: sus manos recorren sus suaves piernas y su rico culo

    Marcela: otro video, sin su blusa, tocándose sus tetas y pezones escuchándose unos lentos y ricos gemidos.

    Marcela: ahora tú, muestra! El juego debe ser reciproco.

    Pirata: (breve video), mi verga dura, que está debajo de mi pantalón, haciéndolo la latir.

    Marcela: mmm que paquete, quiere jugar. Me gusto! dale sáquelo para mi cariño.

    Marcela: (video de tres minutos), veo que se está tocándose suavemente su cuerpo, y acariciando su rica vagina, que es depilada y jugosa, escuchándose su gemidos suaves e intensos, metiendo sus dedos suavemente y abriendo su flor para que la conozca.

    Pirata: mmm que rica vagina amor, esta jugosa y rosada.

    Marcela: si cariño siempre está así jugosa y depilada para sentir la piel de mi hombre, me gusta que este húmeda, está hecha! para ser cogida!, soy una mujer para coger rico… a ver cómo vamos?

    Pirata: (video de 2 minutos) le muestro mi verga, esta dura, roja y me masajeo suavemente y mmm Marcela mi verga es toda tuya.

    Marcela: uyyy que rica! dame esa leche cariño, dámela la quiero, mmm que rico me la metería entera a la boca… dale más! Y luego la metería a mi hoyo jugoso y apretado.

    Marcela: (video más largo) me muestra fallándose, con su dildo rápidamente su vagina, luego lo saca y se chupa su juguete mostrándome, como me la chuparía.

    Pirata: mmm Marcela, cariño quieres leche, quieres cam?

    Prendemos la videocámara, y nos vemos como nos masturbamos mutuamente, le dijo: dale Marcela eso chúpese su juguete mmm que caliente eres mi colombiana, ella me dice: dale mi pirata que rico como te la masajeas, dale, dale cariño, dale papy, quiero esa leche. Y en acto seguido nos despachamos ricos gemidos y ella se entrega a su éxtasis y acaba gimiendo rico y yo choreando abundantemente, abriendo su boca, moviendo su lengua enviándome ricos besos para recibir mí leche, termina diciendo gracias papy, que abundante y rica leche me diste, y yo le dijo que hermosa y ardiente colombiana, me hiciste explotar rico eres el fiel reflejo de las mujeres de tu país, gracias a ti.

    Así es mi musa del calendario!

  • Mi ahijado me coge

    Mi ahijado me coge

    —¡¡¡Wow!!! ¡¡Jesi, que afortunada!! ¿De donde sacaste al muchachote que se está asoleando en tu alberca?

    —Ahhh es Danilo, mi ahijado, está por graduarse este año, le sortearon las prácticas universitarias en esta ciudad, así que me acompañará un par de meses.

    —¿Y esa novedad? Pensé que te incomodaban las visitas que se extendían por más de una semana

    —Pues sí, pero es el hijo de una buena amiga que me ayudó mucho cuando vivía en provincia, y ahora que estoy en posibilidades de extenderle la mano, no puedo portarme desagradecida; además mi ahijado es un buen chico, hace los mandados y da mantenimiento en la casa, así que quien sabe y hasta termine extrañándolo cuando se vaya.

    —De seguro amiga, de seguro, siempre se extraña a una persona tan servicial, en todo caso me alegro mucho de que al fin alguien pueda encargarse de tu “mantenimiento”, digo… del mantenimiento de tu casa…

    —Jajaja, Marlene tu siempre de mal pensada. En fin, me alegra que se quede una temporada, no habíamos tenido mucho contacto últimamente pero nos estamos acoplando bien.

    —¿Acoplando? mmmm no me digas que entre ustedes ya…

    —¡Entre nosotros nada! Ya te dije que es mi ahijado, y por si fuera poco el muchacho hasta podría ser mi hijo

    —Bahh, tu hijo… de cuando acá la edad es un impedimento para darse un gustito

    —y dale con lo mismo, hoy sí que estas pesada no?

    —Perdona amiga, perdona, pero me enerva que quieras seguir sola, ya es hora de que superes tu divorcio, se fue!! Se largó con otra y qué!! Da dos chirlazos al pasado y disfruta que solo se tiene una vida.

    Me quedé pensativa, había algo de razón en las palabras de mi amiga, mi marido se había ido llevándose mis ganas de volver a ilusionarme; me marcó tanto el hijo de puta, que ni siquiera se me antojaba sentir el roce de otro cuerpo en mi piel.

    Parece extraño pero me acostumbré a vivir sin sexo, en más de cinco años nadie volvió a hundir mi colchón, ni a volcar su apetito en mi cuerpo. No es que aun amara a mi ex y mucho menos que le esperara, sino que simplemente no se me antojaba compañía bajo el riesgo de ser lastimada nuevamente.

    Mi refugio era mi trabajo, la familia, unas pocas amistades de los viejos tiempos y un cachorrito que consentía como al hijo que nunca tuve, pero claro, no estaba dispuesta a reconocer que a veces la soledad duele, así que en voz casi inaudible murmuré:

    —No exageres… aunque no lo entiendas a mi modo soy feliz.

    —Sí, lo imagino, debe ser genial vivir sola y recontra divertido no tener sexo en años.

    Iba a responderle con alguna majadería, pero la cara sorprendida de Danilo que había avanzado hasta el umbral de la cocina me lo impidió, intuyo que escuchó parte de nuestra charla, pero no hizo ningún comentario al respecto.

    —Este… perdona madrina… pensé que estabas en tu habitación, vine por una bebida…

    —Ad… Adelante hijo… toma lo que gustes, estás en tu casa…

    —Que afortunado muchacho!! ya lo oíste, en esta casa “todo” es tuyo, agregó Marlene con su clásica suspicacia, le reprendí con la mirada y dirigiéndome a mi ahijado murmure:

    —Esta es mi amiga Marlene, es algo alocada pero tendrás que aprender a tolerarla pues suele venir ocasionalmente

    Danilo sonrió dejando ver una línea de dientes blanquecinos que daban forma a una traviesa sonrisa

    —Un gusto Marlene, si usted es amiga de mi madrina debe ser una gran persona, por cierto lamento haberlas interrumpido y además perdonen que haya entrado así en bañador, supuse que no había nadie aquí

    —No te preocupes Danilito respondió Marlene, también nosotras andamos en pareo, por cierto, tu madrina se ha pasado hablándome de tus cualidades, pero por lo visto le falto mencionar “algunas”… dijo mientras bajaba la vista desde el abdomen marcado de cuadros hacia la parte baja de la pelvis donde se dibujaba un bulto de apetitoso tamaño.

    Lejos de incomodarse con aquellas miradas sobre sus genitales, el muchacho con un guiño de ojos respondió:

    —Pues para mí siempre será un honor que una mujer como usted note mis… “cualidades”…

    Marlene volteó mirarme sonreída, creo que a ambas nos agradó que el chico no se cortara

    —Ok ok, me encanta que en este tiempo todavía haya chicos galantes, pero odio que nos hagan sentir viejas con aquel trato de “usted”, así que por favor a mí me tuteas, y a tu madrina deberías llamarla por su nombre que se oye mejor.

    —Por mi encantado chicas, es más, en vista de que la tarde está calurosa, deberían venir conmigo a darse un chapuzón, para eso traen los biquinis no?

    Marlene se incorporó aceptando la invitación y sin pretender ser una aguafiestas agregué:

    —Sigan sigan que ya los alcanzo, voy por mis gafas

    Marlene tomó al muchacho por el brazo y entre risas se dirigieron a la piscina, dejándome perpleja ante la rapidez con la que hicieron confianza.

    Mientras caminaban mi amiga se quitó el pareo, llevaba un biquini violeta intenso que destacaba sobre su piel blanca, su cabello castaño le llegaba a los hombros, y viéndola desde atrás parecía apenas una veinteañera. Sus pechos eran de tamaño pequeño por lo que el sujetador no le causaba ningún lío, como en mi caso que al tener senos voluptuosos, frecuentemente tenía que mirármelos para ver si no se me escapaban del brasier.

    Ella tenía la ventaja de ser caderona, por lo que daba la apariencia de tener una cintura muy delgada, lo cual la hacía ver curvilínea, más aun cuando el par de tiritas de la tanga caían coquetamente en sus muslos.

    Yo usaba un biquini más tradicional de color turquesa, morena, de cabello largo ondulado; con silueta no tan perfecta, puesto que me faltaba un poco más de marcación en la cintura, pero compensaba con un vientre aceptable, y unos muslos fuertes que sostenían una cola respingona. Honestamente para los treinta y tantos que teníamos encima nos veíamos bastante bien, aunque debo reconocer que mi amiga era más llamativa, quizá por sus atuendos de corte juvenil y su carácter descompilado.

    Me quedé en el ventanal contemplándolos, Danilo se acomodó en el borde de la piscina mientras Marlene juguetona, trataba de empujarlo, él la agarró de las caderas y juntos cayeron al agua, se los veía muy animados jugando como dos adolescentes. Sentí algo de envidia porque a pesar de que yo estaba orgullosa de ser una mujer formal, en el fondo sabía que me faltaba esa chispa que me hiciera sentir a plenitud.

    Me encaminé en busca de los accesorios para asolearme. La casa era cómoda, algo amplia para mí, puesto que tenía dos habitaciones que generalmente pasaban libres, y que ocasionalmente eran usadas por algún familiar en épocas vacacionales. Mi recámara estaba en la planta alta, tenía ventanales grandes y un balconcillo con vista a la piscina que me permitía refrescarme en las noches de calor.

    Entré, tome mi bolsa playera de uno de los armarios y me encaminé a la salida. Casi al cruzar la puerta volví tras mis pasos, estábamos en época de verano, así que creí prudente dejar abiertas las ventanas de forma que la habitación estuviera ventilada en la noche. Mientras corría las cortinas dirigí la mirada hacia la alberca.

    Marlene estaba recostada boca abajo sobre una de las tumbonas, con los brazos cruzados de forma que su rostro descansaba sobre su antebrazo, Danilo sentado junto ella, le aplicaba bloqueador solar en la espalda.

    Las manos de mi ahijado recorrían los hombros y la zona de los omóplatos en forma circular; arrastraba la crema por los costados rozando ligeramente los pechos de mi amiga, (al menos eso es lo que me pareció), luego las deslizó con maestría por la espalda media blanqueando la cintura, hasta llegar a la zona baja donde recorrió con esmero parte de las exuberantes caderas. Marlene hacia pequeños movimientos como si le estremeciera el roce y disfrutara del contacto…

    Danilo retiró las manos unos segundos agarró el bloqueador y mientras chisgueteaba un poco de crema en el cuerpo de mi amiga, para mi sorpresa pude notar que su otra mano se dirigió a su miembro y se lo apretó una milésima de segundos antes de volver a masajear la espalda. Luego como si nada, deslizó sus manos por las piernas subiendo y bajando hasta bordear la parte alta de los muslos, en algunas delas subidas rozaba furtivamente los insinuantes cachetes pero Marlene no daba muestras de incomodidad, al contrario mansamente se dejaba hacer.

    Quizá yo exageraba en mi apreciación y tan solo actuaban con la normalidad propia del momento, pero no pude evitar un mal pensamiento y un estremecimiento en mi cuerpo.

    Sentí un cosquilleo en mis pechos e instintivamente subí mis manos hacia ellos y pude notar que mis pezones estaban totalmente endurecidos

    Es comprensible me dije, llevo tanto tiempo sin sexo…

    Me escondí tras delos cortinales, y continué acariciando mis pechos, jugando suavemente con mis pezones, metiendo mis dedos por dentro del brasier y disfrutando de mis propias caricias

    No solía masturbarme seguido, solo algunas ocasiones en que mis instintos eran demasiado fuertes, generalmente lo hacía en la ducha o dejando mi transpiración en las sábanas, pero nunca me había estimulado como consecuencia de espiar a la gente.

    Quizá por ser una experiencia nueva, mi mente reaccionó con morbosidad, y mientras Danilo continuaba embadurnando los muslos de Marlene, yo escondida tras las cortinas hacia a un lado el biquini y acariciaba mis labios, estaban húmedos así que resulto fácil deslizar mis dedos entre ellos. Rodeé el capuchón de mii clítoris, proporcionándome suaves toques de izquierda a derecha…

    A la distancia vi como Marlene se dio vuelta sensualmente y Danilo se inclinó pasándole sus manos sobre el vientre, ella recogió un poco sus pies y ligeramente separó sus muslos como si quisiera ofrecerle un panorama completo de su cuerpo, imagine a mi amiga gozosa… caliente… cachonda…

    A medida que me acariciaba mi respiración empezó a acelerarse aquellos suaves toqueteos que yo misma me proporcionaba ya no me satisfacían, así que bajando mi biquini hasta los pies empecé a acariciarme con más rapidez. Mis dedos se introdujeron en mi sexo mientras con la otra mano me acariciaba el clítoris, lo estimulaba con suavidad y luego aceleraba. Mi palma ejecutaba masajes en mi zona genital, y volvía repetir las caricias hasta el punto de regalarme un delicioso orgasmo obtenido en tiempo record

    Me tumbé en la cama orgullosa de mi destreza y cuando recuperé el aliento con una toallita húmeda borre todo residuo de mi maniobra.

    Un tanto más calmada bajee a reunirme con quienes sin saberlo me habían provocado una calentura voyerista.

    Al acercarme pude notar que Danilo braceaba a lo largo de la piscina y Marlene continuaba recostada en la tumbona, me senté junto a ella y le extendí el bloqueador para que lo aplicara en mi piel.

    —Dani!!! Ven!! Alguien necesita de tu ayuda dijo entre risas

    —Mujer, deja de molestar al muchacho y hazlo tú!!

    —Como digas Jesi, pero no sabes de lo que te vas a perder, las manitas de tu ahijado tienen una suavidad que… ufff mejor ni lo recuerdo porque me da chirinches

    —jajaja que te da que???

    —chi-rin-ches!!! O sea estremecimientos… pero de esos ricos

    —Jajaja si que eres un peligro

    —El peligro es él que está bien puestito, mira nada más todo lo que tiene…

    No le quitaba razón a mi amiga el muchacho tenía lo suyo, una piel bronceadita, un cuerpo que provocaba mirárselo aunque sea a través de las gafas, ojos oscuros que escondía una mirada profunda y traviesa y unos labios que parecían siempre dispuestos al beso.

    La tarde fue divertida, la pasamos entre charlas, zambullidas y bromas y a eso de las siete Marlene se despidió, estampó un beso en el cachete de Danilo y antes de salir le hizo la última recomendación:

    —No te olvides de consentir la espaldita de tu madrina mira que ha agarrado tamaña asoleada, aplícale una loción humectante, para que pueda dormir a gusto y sus “sofocos nocturnos” no la despierten…

    —Descuida Marlene que estoy para cuidarla, dijo el presintiendo la suspicacia de mi amiga, luego ella se me acercó y mientras se despedía susurro en mi oído:

    —Mmmm que disfrutes de las dulces manos de Danilo… ya verás que rico te la pasas gracias al ahijadito

    Solté una carcajada y le metí un codazo para callarla, luego la acompañé hasta el portón y volví con Dani.

    Mientras limpiábamos la cocina y nos tomábamos el último café, como era costumbre charlamos de lo acontecido en el día. La verdad es que me estaba enseñando a la presencia de mi ahijado, era grato tener con quien charlar en las noches, quien colabore en casa y quien me ponga una sonrisa en el rostro con sus desperplejos ante la vida.

    De pronto note que Dani se distrajo, con la cucharilla daba continuos toquecitos en el borde de la taza de café, como si sus pensamientos estuvieran en otro lado

    —Sucede algo? pregunte a la vez que daba un golpe en la mesa con el fin de llamar su atención.

    —Ahhhh no nada, solo pensaba en… madrina perdona que te pregunte esto, pero que hay de cierto en aquello que dijo Marlene cuando las interrumpí en la tarde

    —A qué te refieres hijo, charlábamos de tantas cosas

    —Es que me pareció escuchar que… que llevas varios años sola, sin pareja

    —Este… bueno, no hay misterio allí, después de mi divorcio no he querido volver a relacionarme con ningún hombre

    —Qué extraño, eres una mujer guapa, daba por seguro que tenías a alguien solo que aún no me lo presentabas

    —No hijo, la verdad es que fue decepcionante mi vida en pareja y a estas alturas lo que quiero es tranquilidad

    —Pero no entiendo, como puedes estar sola tanto tiempo, eres mujer y…

    —Vamos Dani, las necesidades de la juventud no son las mismas que las de la madurez y yo estoy a gusto así

    —Perdona, pero sigo sin entender, el amor es esencial en la vida de cualquiera y ni hablemos de la importancia del sexo…

    —Que caray!!! A Marlene y a ti les ha dado hoy por andar de cansones!!

    —jajaja tu amiga te dijo lo mismo? por algo será no?

    —Ya ya y ya!!! No quiero seguir con el tema

    —Ok, Jessica, no quiero que te enojes no vaya a ser que me eches de tu casa jajaja

    Le miré extrañada, desde la niñez siempre se refería a mí como madrina, y esta vez me había dicho Jessica, notando mi desconcierto añadió:

    —Marlene dejo que se oía mejor que te llame por tu nombre no? pues es lo que hago

    Sonreí asintiendo con la cabeza, como muestra de aceptación

    —Hasta mañana hijo

    —Hasta mañana Jessica, y por cierto dime Danilo, así estamos a mano vale?

    Volví a sonreír y me encaminé a mi habitación.

    Era un poco más de las nueve, ya me había duchado y estaba recostada en mi cama a punto de dormirme, cuando escuché leves golpes en mi puerta

    —Jessica, puedo entrar?

    —Sí, Dani, no está puesto el seguro, adelante, dije en medio de un bostezo

    Cruzó el umbral y con su acostumbrada sonrisa preguntó:

    —Supongo que estas lista

    —Lista? lista para qué?

    —Mujer no puedo creer que lo olvidaras, debo aplicarte el humectante… o crees que ignoraría la recomendación de Marlene?

    —Ahhhh verdad pero ya me apliqué un poco en los hombros y…

    —Ni intentes negarte, que entre otras cosas estoy aquí para cuidarte, mira nada más como traes la piel

    -Humm… creo tienes razón, el ungüento me va a refrescar

    —Eso ni dudarlo, vamos acomódate mientras busco la crema

    Mientras Danilo leía las etiquetas de varios pomos tratando de hallar el humectante, me quité la sábana de encima y me ubiqué boca abajo, estiré mi bata al máximo de forma que me cubría hasta debajo de las rodillas, la apreté entre mis muslos para que no se me subiera; luego bajé los tirantes descubriendo mi espalda, y procuré tapar mis pechos con la almohada.

    En breve se sentó junto a mí, bajó un poco más mi batita y un chorrito fresco de crema cayó sobre mi espalda; acto seguido las suaves manos de mi ahijado empezaron a distribuir el líquido por mi dorso. Lo hacía despacio, alcanzando mis hombros y escurriendo sus yemas hacia abajo, al llegar a la parte media de mi espalda tuve el primer respingo, siempre he sido sensible y no pude evitar un ligero gemido

    —Ahhhh

    —Duele?

    —No… no… está bien así…

    —Ok, entonces sigo…

    —Si… por fa…

    —Te gusta así?

    —Si… si…

    —Eso Jesi… así… así… relajadita…

    Sus yemas continuaron paseándose, recorrían con suavidad mi cintura, avanzaban por mis costados , las sentía fuertes, tibias, inquietas y sin poder evitarlo en varias ocasiones me estremecí a su contacto.

    Usando un poco más de humectante descendió acariciando parte de mis caderas, entre subidas y bajadas desvió sus manos intentaron llegar desde atrás a mi vientre, hace tanto no había sentido estímulos de ese tipo que no pude evitar relajarme dando lugar a que sus dedos rozaran con disimulo la frontera de mi pubis. Volví a gemir.

    Eran delicioso las sensaciones que me provocaba mi cuerpo había olvidado el gustito del roce y estaba despertando nuevamente al placer, pero en un arranque de sensatez, me apreté contra el colchón impidiéndole avanzar más

    —Tranquila Jesi… tranquila… afloja… afloja el cuerpo…

    La delicada danza de sus manos me estaba haciendo perder el juicio, me gustaba lo que me hacía, como me tocaba y solo cerré los ojos dejándome llevar, el notaba mi predisposición y me animaba con sus palabras

    —Así… así… relajadita… date vuelta linda, para ponerla en tus piernas…

    —Ahhh

    Respondí con otro gemido… (Ponerla en mis piernas? Que es lo que quiere poner en mis piernas! pensé)

    Giré suave mi cuerpo, quedando boca arriba, estaba tan concentrada en los estímulos y en la excitación que me producía, que por un instante olvidé que al tener la pijama a la altura de mis caderas al dar vuelta mis pechos desnudos quedaban ante sus ojos.

    Los tenía allí, grandes, redondos con un par de orgullosos pezones desafiándolo, Danilo no podía apartar la vista de ellos ni yo de su bermuda templada en la que claramente se dibujaba su miembro en acción.

    No hicimos ningún movimiento, tan solo nos miramos profundamente; la magia duró escasos segundos y me cubrí los senos con las manos…

    —Suficiente… dije en medio de un suspiro

    —Segura? No tengo reparo en continuar todo el tiempo que haga falta…

    —nno, tranquilo… ya… estuvo bien

    —Mmm deberías dejar que te cuide… son mis deberes de buen ahijado…

    —Te… lo agradezco Dani pero… pero es mejor que vayas a descansar

    Me sonrió y asintió con la cabeza

    —Ok niñita asustadiza como tú digas

    Me dio un beso en la mejilla y salió hacia su habitación.

    Apenas cerró la puerta, me abrí de piernas e introduje mis dedos en mi coño violentándolo con profundas arremetidas, estaba muy humedad y tenía una necesidad profunda de ser follada.

    Las palabras de mi amiga se volvieron proféticas, estaba caliente gracias a las caricias de mi ahijado, pero sin duda también él se había excitado al tocarme y eso me emocionaba. Sin pensar en nada me levanté hacia el ala izquierda donde estaba ubicada su habitación, y protegida por la oscuridad quise arriesgarme a espiarlo, pero la puerta estaba totalmente cerrada y tan solo pude escuchar leves gemidos que me hicieron suponer que se masturbaba pensado en mí. Sin otra opción que escucharlo, Allí mismo arrimada contra la pared volví a meter mi mano entre mis piernas disfrutando de una dosis extra de excitación que me producía el riesgo de que pudiera descubrirme. No tardé mucho y por segunda vez en el día me corrí brutalmente.

    Al día siguiente todo volvió a la normalidad, salvo por el hecho de que el muchacho se portaba aún más atento conmigo y además me miraba con insistencia; no puedo negar que también yo lo hacía al disimulo, sin embargo mantuvimos la distancia propia de nuestra relación de madrina – ahijado.

    El fin de semana siguiente Marlene llegó de visita. Con dos bebidas refrescantes y sendos sombreros nos sentamos en la mesita de jardín ubicada a pocos metros de la piscina, ni bien nos acomodamos encaminó la charlar a su objetivo

    —Ya que por teléfono no pude sacarte nada, ahora si me contaras con detalle cómo te fue con los masajitos de tu ahijado, porque cumplió mi recomendación no?

    —Nunca te han aplicado un humectante? que puede tener de especial aquello respondí queriendo evadir el tema

    —Nada nada, sino fuera porque desvías la mirada como cuando intentas ocultar algo, vamos Jesi nos conocemos hace tanto, dime, dime si almenas sentiste rico

    —Jajaja que morbosa eres

    —Ok, si tu no me lo quieres contar, le preguntaré a Danilo…

    —Eres tan imprudente que te creo capaz de eso y mucho más!!

    —Ay, solo bromeo!! Pero aunque lo niegues se nota que algo fluye entre ustedes, esas miraditas no engañan…

    —Mmmm que puedo decir, solo es un muchachito…

    —Es un muchachito, pero acaricia rico no? a mí me gusto cuando me puso bloqueador en la espalda

    —Jajaja bueno si, se siente bien

    —Solo bien? te excitaste?

    —Joder, me causas risa!!

    —Mmm por lo visto si, y él se excitó? se le par…

    —Sí, si se le paró, se le puso enorme!!! Es lo que quieres oír no?

    —Wuaoo suponía que la tenía grande y… como cuanto le medía?

    —Jajaja que pregunta!! Crees que ando con una regla en la mano?… además solo se la vi a través de la ropa

    —No se vale Jesi tanto misterio para contar esa ñoñería

    —Ay Marle, Marle, ya en serio, no sé lo que me pasa, la verdad es que en esta última semana me he masturbado más que en un año!!

    —Lo sabía, te pone caliente tu ahijado!! Pero tranquila, es lo normal, llevas mucho sin sexo y además el chiquillo esta como quiere.

    —Creerás que la otra noche me asomé al balcón, resulta que Dany se estaba bañando en la piscina, me metí a la habitación pero me quedé tras de los cortinales espiando y al ratito salió totalmente desnudo, no sé pero me dio la sensación de que lo hacía adrede, porque de rato en rato miraba hacia mi habitación, ufff me temblaron las piernas

    —Jajaja debió ser muy rico lo que viste, pero creo que a estas alturas tú necesitas de cosas más contundentes que espiar o auto complacerte, vamos que no eres una niña, ya déjate llevar

    —Pero…es que es tan joven…

    —Y??? Aprovecha!! Que esa es la mejor parte… imagina ese cuerpazo restregándose sobre ti, esas manotas amasándote toda, su buena herramienta dentro de ti, porque dijiste que la tiene grande verdad?

    —Cielos Marle tiene una verdadera… verga!!

    —jajaja Jesi mira nada más como te expresas, tú muy bien

    —Jajaja si como que se me está subiendo la temperatura… ya Marle dejemos el tema que últimamente fácilmente me pongo…

    —Cachonda? humm o sea que la juiciosa Jesi así de fácil se pone cachonda vaya… vaya…

    —Ya… no sigas que al menos tú tienes con quien desquitar

    —Si la que sigue eres tú, mira cómo se te levantan los pezones, estas hecha toda una putita

    —Si no te callas terminare corriendo al sanitario oíste

    —Al sanitario o los brazos de Danilo? mira, mira lo que esconde en el bañador, Jesi no te gustaría bajárselo y darle un par de lamidas?

    —Ufff a estas aturas lo que quisiera es… comérsela… comérsela toda…!!!

    —Eso es Jesi, deja deja salir a la zorrita que llevas dentro…

    La charla se ponía morbosa, y el ambiente caliente, más aun cuando Marlene pasó sus manos suavemente por detrás de mí nuca, zafando las tirillas del sujetador, lo mis hizo con el lazo atado en mi espalda. Nunca había hecho toples, pero estaba tan alborotada que cuando me di cuenta ya tenía el brasier en mis manos, y la mirada absorta de Danilo sobre mis pechos.

    Sentí un escalofrío, sus miradas literalmente me devoraban, sus labios parecían prenderse de mis pezones, al punto de quedarse con la mirada perdida en ellos. Indudablemente me encendí y con toda maldad apliqué un poco de bloqueador, masajeándolos suavemente, rozando mis pezones jugando con mí aureola, se me antojaba ponerlo caliente, bruto, cachondo…

    Marlene sonreía con satisfacción, luego se quitó el brasier con naturalidad, exhibiendo su par de bonitos senos sin inmutarse en lo más mínimo. Danilo sentado en el borde de la alberca, nos contemplaba queriendo guardar la compostura, pero su cuerpo hacia evidente su fascinación, levantando con furia su bañador

    —Ves Jesi, si ves todo lo que puede ser tuyo… imagina tus piernas amarradas a sus caderas, te gustaría? se nota que es del tipo de hombre que folla bien

    —Vamos Marle, cállate de una vez, una palabra más y de verdad…

    —Jajaja Jesi tantas ganas traes? a poco y no te gustaría hacerlo ahora mismo, algo así brutal que te recompense los varios años de soledad, porque en verdad traes una linda cara de perrita en celo…

    —Uffff… eres una cabrona!!!

    —Jajaja Jesi, es divertido verte grosera, y me encanta como luchas contra tu calentura… pero como no quiero hacer mal tercio y en vista de las habas están por cocerse, me voy, a ver si estando solos al fin los tortolitos se animan a divertirse un poco

    Sin decir más y sin perder la sonrisa, gritó:

    —Dani!!! Ven!!! Acompaña a Jesica que ya debo irme.

    Danilo no pudo disimular su emoción, se incorporó al instante y creo que para calmar su calentura, antes de acercarse a nosotras, dio un par de zambullidas que se encargaran de bajar su carpa

    Marlene recogió sus cosas y se despidió:

    —Chicos los dejo solitos, diviértanse sin miedo…

    Su sonrisilla fue suficiente para que ambos captáramos su doble intención y por si fuera poco se arrimó a Danilo susurrándole algo que le hizo sonreír, luego me dio un beso y cuchicheo en mi oreja:

    —Recuerda que eres toda una golfilla… déjate llevar…

    No cabe duda que a esas alturas me sentía una golfita, pero al irse Marlene perdí valor convirtiéndome tan solo en una golfita asustada. Mi ahijado despertaba mi libido con violencia, pero había una parte de mí que aún se resistía, quizá debido al vínculo casi familiar o a la diferencia de edad, lo cierto es que al quedarnos solos tome una toalla y me la eché encima cubriéndome los senos.

    —Estabas preciosa así al natural, jamás deberías cubrirlos

    —Oh gracias, pero creo que ya tome suficiente sol

    —15 min es suficiente? no lo creo… o es que te incomoda traerlos desnudos cuando estás a solas conmigo? preguntó mientras plantaba la mirada en mis senos

    Danilo había dado en el clavo, me excitaban sus miradas, y me gustaba su descaro al abordarme de esa forma, pero haciendo un gesto de indiferencia respondí:

    —Vamos Dani, no digas tonterías porque habrías de incomodarme?

    —Justamente eso me preguntaba, hace un rato cuando estaba Marlene te veías tan desinhibida y de pronto al quedarnos solos te apagas… me atrevo a decir que hora mismo pareces nerviosa…

    Sí, estaba nerviosa, lo tenía sentado frente a mí, con aquella piel morena que alimentaba mis fantasías, con aquellos labios carnosos que me provocaba probar, con esa mirada incitante con la que se paseaba por mi torso, para terminar clavándose en mis ojos cafés…

    —Nerviosa yo? por favor!!

    —Sí, nerviosa y no es la primera vez que pasa… hace unas noches cuando te aplicaba el humectante, también te inquietó que te los mire… los tenías preciosos, duros, levantados, pero te asustaste y me mandaste a dormir

    —No me gusta lo que insinúas… creo que estas… confundiéndote…

    —Jesi… Jesi… quiero pensar que no estoy confundido, es más yo no temo reconocer que me inquietas, que me inquietas demasiado, cuando me miras, cuando sonríes, cuando tu mirada baja aquí a mis genitales…

    —Dany… yo no…

    —No lo niegues Jesi, te he descubierto mirando mi sexo varias veces, y yo… siento que moriría si me lo tocaras… si me lo tocaras con esos dedos con los que hace un rato acariciaste tus pezones… querías provocarme verdad? lo lograste linda, sí que pudiste ponerme… a tope

    —Dani… Dani… no sigas… dije casi sin aliento

    —Te prometo que nunca te volveré a decir nada si al retirar la toalla tus pezones están dormidos, pero si están duros como lo imagino, no dejaré de besarlos hasta que me pidas que pare

    No respondí, ya no tenía fuerzas para objetar nada y el continuó:

    —Sé que no solo son tus pezones lo que te traicionan, también sé que tu biquini está húmedo, ha estado húmedo toda la tarde verdad? te pones húmeda por mí… cuando te miro, cuando te hablo, y mucho más ahora que sabes que nadie me la pone como tú, así de fuerte… así de inquieta… así de necesitada…

    —Ahhh Danilo…

    —Marlene te incita a tener sexo verdad? pero no Jesi, lo que tú necesitas es amor, y sabes que haremos después de hacernos el amor? después de eso si follaremos, follaremos como dos locos, como dos enfermos… como dos animales… muéstrame mami, muéstrame que quieres hacerlo conmigo…

    Tenía el cuerpo caliente, mordía mis labios, totalmente excitada y sentía como perdía fuerzas en mis muslos; mi sexo definitivamente quería albergarlo; eran demasiado tiempo de soledad, eran demasiados años sin follar.

    Con suavidad retire la toalla que cubría mis senos, dejándolos al aire, y mientras le miraba a los ojos empecé a masajearlos circularmente, abrí mis palmas sobre ellos abrazando la totalidad de mis tetas, contentándolas con suaves caricias que se intercalaban con apretones en mis pezones. Danilo me contemplaba sin decir palabra, solo se atrevía a humedecer sus labios mientras no perdía detalle de como mis piernas con una ligera oscilación le mostraban que mi sexo necesitaba de su ardor.

    —Danilo susurre tócate, tócate para mi…

    Mientras yo sobajeaba mis tetas, ubicado frente a mí, deslizó su mano entre sus ingles, acariciaba su miembro por encima del bañador, haciendo que notara el bulto que se le formaba, subía su mano a la pelvis y jugaba con el resorte de su bañador, bajándolo ligeramente, de modo que podía ver el inicio de su pubis.

    Ajusté los muslos excitada, para volver a separarlos con suavidad, me sentía empapada y quería que el chico viera la sombra de humedad en mi biquini, una humedad que el provocaba, sin siquiera tocarme.

    Maliciosa deslicé mi mano por mi vientre, jugando con mi pubis, escasas pelusas formaban un pequeño triángulo en mi monte, que culminaba en unos labios suaves totalmente depilados, apenas lo rocé y me estremecí, más aun cuando Danilo introdujo sus dedos en el bañador sacando su miembro. Al fin pude vérsela a mis anchas, enarbolada, lista para guerrear, era grande, ligeramente gruesa, de un bello color rosáceo; una verdadera joya en medio de su vientre. El vello había sido recortado con cuidado, y majestuosas colgaban dos esferas haciéndola más apetecible.

    Su mano se acomodó en la base y empezó a subirla y bajarla despacio, a momentos exprimía el capullo y gotillas de sus líquidos se desparramaban por su glande, yo estaba absorta, contemplando como su respiración se aceleraba al igual que los movimientos de su mano, en un juego solitario que le arrancaba gemidos.

    También yo gemía, mientras mis dedos se escurrieron entre mis labios, eché mi cuerpo hacia atrás y me concentré en mi propio placer, no quería besos, ni caricias, quería correrme, necesita hacerlo con urgencia y el dedeo insistente sobre mi clítoris me arrancó ese orgasmo que tanto necesitaba.

    Danilo al verme contraer, aceleró el movimiento de su mano, y una fuerte descarga se derramó entre sus, palmas. Sus ojos se entrecerraron como si quisiera contener el placer y al volverlos a abrir sus pupilas se clavaron en las mías…

    Nos acariciamos con la mirada unos segundos y nada pudo romper mejor aquella magia, que nuestras risas descontroladas floreciendo después del placer. Luego de la risa, otra vez el silencio; luego del silencio, otra vez el placer…

    Nos besamos, al fin nuestros labios se tocaban, se buscaban y se abrían, permitiendo que nuestras lenguas juguetearan enamoradas; infinidad de besos se tatuaron en nuestra piel desde los hombros hacia las caderas, desde los pies hacia la cintura…

    —Ahora si quieres seguir? o me volverás a dejar con ganas susurró mientras tiraba de mis pezones…

    Gemí, no hacía falta más respuesta que mi mano apretando su bragueta

    —Mmm o sea que la nena hoy si tiene ganas de probarla, mira nada más como me la estruja mmmm anda quiero oír que me la pidas…

    —Dani quiero… quiero que lo hagamos…

    —No, así no, quiero que la pidas como una putita, como una putita caliente…

    —Mmmmm Dani dámela… quiero comérmela toda… quiero sentir tu… verga!!

    —uffff muy bien, así es como debes pedirla, pero si la quieres… tendrás que venir por ella!!

    Dicho esto se recostó sobre la tumbona, se bajó el bañador y elevo su cadera, no había duda era una invitación a un oral, a sentir en mi lengua el calor de su miembro, no dudé ni un segundo, separé sus muslos con violencia haciendo que los dejara por fuera de la tumbona, me acerqué despacio y refundí mi rostro entre sus ingles. Moví mi lengua entre sus testículos rozándolos apenas y cuando escuché su primer gemido susurré:

    —Te gusta mi lengua?

    —Ohhh, me encanta como la mueves… sigue… sigue…

    Recordando sus palabras anteriores respondí:

    —Mmmm pues si la quieres… tendrás que venir por ella!!!

    —Jajaja con que esas tenemos!!! La niña quiere jugar a ser mala

    Sacando la lengua de forma provocativa respondí:… te espero en agua

    Ambos reímos y en cuestión de segundos me tenía arrinconada en las escalinatas de la piscina

    —Jajaja Dani sabía que mi lengua era una verdadera tentación para ti

    —Quien dice que vine por tu lengua? yo vine por esto!!!

    Antes de que pudiera decir nada, me agarró de los brazos y me tumbó…

    Luego gemidos, muchos gemidos… su lengua en mis genitales daba incansables lamidas que recorrían desde mi canal hasta mi pubis, rebuscando en mis pliegues los maravillosos puntos donde mi jadeos aumentaban hasta hacerme sentir desenfrenados espasmos. Era imposible dejar de contraerme, hace tanto no sentía una boca comiéndose mi coño de esa forma, ni unos dedos tan hábiles hurgoneando en mi sexo.

    La sensación era desbordante, el agua de la piscina refrescaba mi espalda y mis glúteos, mientras despatarrada, me permitía el lujo de gozar de un buen polvo. Sin duda era excitante saber que pese a ser una mujer madura tenía en medio de mis piernas una carne fresca, un muchacho joven, arrancándome un orgasmo de primera. Luego de mis maravillosos espasmos continuó besando mis ingles, lamiendo mis líquidos, con sus ojos chispeando de deseo y su bañador levantado…

    Cambiamos de posición, Dani se sentó en un peldaño de la piscina y yo un poco más abajo, con la mitad del cuerpo sumergido en el agua, acaricié sus muslos juguetona

    —Dani ahora si se te antoja mi lengua?

    —Desde luego linda desde luego, aunque… no sé si puedas hacerlo bien…

    Sabía que su intención era provocarme y me gustaba que lo hiciera porque eso me ponía aún más caliente

    Sin darle oídos escupí sobre su miembro, extendí la saliva a lo largo del tallo usando mis dedos, luego coloqué mis labios en la punta, y acaricié con ella su glande, chupe suave, sin prisas, mientras él se desesperaba por encajarla, a cada empujón de su cadera queriendo meterla en mi boca, me retiraba velozmente de forma que lo único que me comía era su glande

    —Vamos Jesi… cómetela… cómetela… toda…

    Ignorando sus palabras me dediqué a lamer sus testículos y a recorrer con mi lengua la zona del perineo, entrecortados gemidos se escuchaban y queriendo disparar aún más su excitación, junté mis senos y los pasé a lo largo de su pene las suficientes veces para que su miembro alcanzara su máximo tamaño

    —Dany te puedo preguntar algo? tengo una curiosidad…

    —Ahhh pregunta linda… pregunta…

    -Mmmm como cuanto… te mide?

    —Jajaja temes no poder con ella?

    Sin responder volví a escupir sobre su miembro, contuve la respiración, ajusté mis labios sobre su diámetro y me la introduje a profundidad arrancándole un fuerte gemido. Subí y bajé repetidas veces, suavizando con mi saliva y apretando con mis labios. Aceleré el movimiento, Danilo se revolvía gimiendo mientras yo no paraba de succionar, me costaba algo de esfuerzo tenerla casi toda en mi boca pero me excitaban sus jadeos, sus ojos vidriosos, su cuerpo tenso, y eso hacía que yo apurara más los movimientos, hasta que mis labios sintieron como la corrida atravesaba su troco para terminar vaciándose en mi boca. Luego limpié su sexo, lamí mis comisuras, y bebí el extraño sabor de sus fluidos como si se tratara dela más rica miel.

    Nos quedamos varios minutos abrazados, sin decirnos nada, solo sus manos se paseaban por mi espalda, acariciando mi cintura, a momentos las bajaba y apretaba mis glúteos, perfilando sus dedos en mi vulva.

    —Jajaja que haces Dani

    —Jajaja lo siento, es que me pone cachondo pensar que ese coñito lleva años desamparado

    —Mmmm o sea que ya tengo quien se preocupe por él?

    —Si mami desde hoy lo vamos a atender a diario, tú sabes, deberes de buen ahijado

    —Jajaja eres un sinvergüenza!!

    —Mmmm ven acá y te enseño todo lo que hace un sinvergüenza..

    Tendió un tallón sobre el parquet, me recosté deleitándome con las caricias suaves con la que cubría los espacios más íntimos de mi cuerpo, sus besos se esparcían dejando el brillo de su saliva sobre mi piel, los míos buscaban sus gemidos. Allí a plena luz del día, sintiendo los últimos rayos de la tarde disfruté de mi propia liberación, necesitaba entregarme, necesitaba amar y necesitaba follar…

    Abrí mis muslos, quería sentirlo dentro, el estímulo de los besos, de las caricias y del dedeo, me tenían ansiando la penetración, subí mis piernas permitiendo que su miembro se ubique en mi entrada, y Dani empujó las caderas con suavidad. Se sentía claramente cómo se abría paso entre mis carnes, produciéndome algo de ardor al ir deslizándose al fondo, me ocasionaba un dolorcillo que si bien provocaba algún quejido, me hacía desear ser punzada a plenitud.

    Su peso sobre mi cuerpo y la fricción intensa generada por el movimiento de entrada y salida, hacía que poco pudiera resistir, empujé a tope mis caderas produciendo una hundida profunda y grité producto de un orgasmo enloquecedor.

    Luego me tomó de la mano ayudándome a incorporar:

    —Ven vamos a tu habitación

    —A mi habitación?

    —Si linda, a tu cama… mira como quedaron mis rodillas, ouuchh el parket no es precisamente cómodo

    —Jajaja entiendo pero… quien dice que yo quiero en una cama?

    Nuevos besos, nuevas caricias, nuevos deseos de unirnos, las ondas formándose en la piscina daban muestra de nuestra actividad en el agua; arrinconada contra la esquina me sujeté de su cuello y abracé sus caderas con mis piernas, sus manos me sostenían del trasero, y ambos empujábamos rítmicamente de modo que su miembro se encontraba con mi sexo; que puedo decir sino que gloriosas arremetidas me hacían perder el aliento.

    Gemía como una perra, y agitaba mis caderas buscando más de sus estocadas, y mientras su miembro era devorado por mi coño, su boca devoraba mis pezones; tanta calentura en nuestros cuerpos no era calmada ni siquiera con la frescura del agua en la que chapoteábamos mientras nos cogíamos.

    —Ohhh que rico, asii… muévete así Jesi…

    —Quieres que me mueva más? te gusto así sucia y cachonda?

    —Ohhh sigue nena… me encantas así… cachonda y cochina… sigue…

    Le señale, uno de los descansos de la alberca, y terminé sentada sobre él, con las piernas abiertas, al fin tenía el control absoluto de los movimientos cabalgándolo a mi antojo. Mi melena oscura se revolvía cayendo sobre mis hombros mientras como una salvaje brincaba sobre su reata, sin más me contraje en explosivos movimientos que me dejaron exhausta en sus brazos.

    Una vez repuesta Danilo me empujó contra la pared y sin misericordia arremetió contra mí, sus mano se engarfiaron en mis caderas y no me soltó hasta que su sexo agotado de amarme explotó en una estremecedora corrida. Su semen llenaba mis entrañas escurriéndose en mis muslos mientras el pegado a mi terminaba de convulsionar…

    —Uffff Jesi delicioso… ahora si quieres ir a nuestra habitación?

    —Nuestra habitación?

    —Jajaja nuestra desde hoy… si me dejas quedar contigo

    —Mmmmm y que me ofreces a cambio?

    Mordió mi oreja y susurró:

    —Cumplir con todos mis deberes… de un buen ahijado

    —Dani… sii… ahhhh

    Espero les haya gustado, comentarios en esta página o a [email protected]. Besos.

  • Una perra a su servicio

    Una perra a su servicio

    Digan lo que digan y hagan los estudios que hagan, los maricones siempre queremos verga. Sin enculada no hay placer.

    La primera vez que me dieron por el culo no estaba preparado pero sí muy arrecho. Dolió no lo voy a negar pero la verdad, me enloqueció. Tenía 18 años, sabía perfectamente que me iban los hombres y me dejé coger por uno de 34, me doblaba en edad y lógicamente en rabo, el suyo era un tremendo mástil, venoso y de capullo súper gordo que el simple roce en mi entrada me hacía temblar.

    Hay hombres que sencillamente te fascinan con solo verlos, los hay que su olor te hipnotiza, sus gestos, su sonrisa, su mirada. A mi me gustan mayores, maduritos descomplicados que lo único que buscan es usarte, echarte uno o varios polvos y satisfacernos mutuamente, nada de compromisos ni cosas raras, aunque si de rarezas hablamos…

    Mi nombre es Marcos, tengo actualmente 29 años, trabajo en una empresa hotelera y soy un jefe intermedio, sobre mi hay superiores y claro, a mi cargo llevo subalternos y tanto en los de arriba como en los de abajo hay homosexuales como yo. He ligado en ambos bandos, me han follado bien y duro, he comido de todo hasta hartarme. Allí conocí al que es mi macho oficial y con quien mantengo una relación poco usual.

    Tengo una fijación por el travestismo un poquito enfermiza. Me encanta vestir de mujer y tener sexo como una mujer, cuido mucho los detalles, suelo maquillarme muy bien, tengo pelucas variadas, uñas y pestañas postizas, ropita muy sexy, en fin, lo que toda cross o sissy debe tener en su armario para transformarse en una bella muñequita con el fin de ofrecerse a su hombre para la labor «conyugal». Mi «marido» es bastante liberal (nos pertenecemos exclusivamente cuando estamos amarrados) y por lo general ligamos con otros chicos juntos o por separado obviamente con las debidas precauciones, pero abiertamente tenemos sexo con quien nos apetece tenerlo.

    Hace un mes llegó un huésped con el que tuvimos ciertos problemas y tuve que hacerme cargo yo. Finalmente lo llevé hasta su suite y una vez dentro muy educadamente me pidió algún contacto de amantes de compañía. Con cortesía le pregunté el tipo de persona que deseaba y me soltó que buscaba un chico como yo, que era gay activo y dominante y que estaba dispuesto a pagar muy bien por el servicio. En mis ojos se dibujaron los signos de dólares y sin pensarlo me ofrecí. El señor sonrió con sorna y dando un paseíllo a mi alrededor me dio una cachetada en todo el culo a la vez que medía mi masa glútea con su grandiosa mano. Frente a mi me tomó de la barbilla y clavó sus negros ojos inyectados en sangre en los míos, con su mano libre bajó su cremallera y sacó por el agujero de sus pantalones un tarugo descomunal que me lo hizo agarrar pero no verlo. Al tacto aquello tenía un grosor imposible, lo calculé con el diámetro de una lata de refresco. «Eso» fue creciendo en mi mano y mi ansia de ver lo que tocaba me estaba matando. Su olor me encantó, todo él olía a miel quemada, mi perfume preferido. Se la masturbé suavemente sin dejar de mirarlo. Amo la verga de mi marido pero ésta bien podía adorarla por el resto de mis días.

    Su virilidad creció lo suyo y ya empapadito como estaba le pedí -supliqué creo yo- dejármela chupar, quería mamar esa belleza, pero él, seco y firme me la retiró y se la guardó. Entonces soltó mi barbilla, se dirigió hasta su maletín y sacó un fajo de billetes y un sobre. Tomó la mitad de ello y me lo extendió junto a dicho sobre.

    -Esto -dijo con seriedad- es apenas una parte. Si te comportas como una buena putita esta noche, me satisfaces como debes y te comportas bien, lo que te espera es una buena propina. Me invitó a salir citándome a las diez no sin antes recordarme que cumpliera al pie de la letra lo que estaba dentro del sobre…

    No me gustó para nada su prepotencia y menos que me impidiera mamar su verga pero tenía en mi mano un montón de pasta que guardé celosamente en mi bolsillo junto con el sobre y tomando el ascensor me dirigí hasta mi oficina. Sin cámaras ni curiosos descansé la excitación y metí mano al «pago adelantado» y al sobre.

    750 dólares. Uff!, estaba helado y tembloroso. Toda esa pasta como anticipo? Este tío estaba forrado o muy necesitado de culo. Abrí el sobre. Saqué el papel y acomodándome empecé a leer:

    «Mi nombre es Laureano, tengo 54 años y soy colombiano. Mis gustos son bastante controvertidos y a muchos les resulta aberrantes, me gustan los chicos, me gustan pasivos y que sean muy sumisos. Estoy en viaje de negocios y necesito distracciones propias de alguien como yo, es por eso que lo que voy a «ordenarte» lo acates al pie de la letra, no me gusta perder el tiempo, no me gustan los reprimidos y si estás leyendo esto es porque aceptas de antemano mis condiciones. Valoro mucho los servicios que chicos como tú prestan a hombres como yo y sabré recompensarte como te mereces. Ante todo exijo discreción, es fundamental que seas muy discreto. Me gusta estar en intimidad con travestidos, es por eso que tu obligación será presentarte ante mi vestido de chica. Soy muy dominante por lo que debes obedecerme en todo momento y nunca hacer nada por tu cuenta, los detalles te los daré en cuanto estés postrada ante mi como debes estar a no ser que te ordene lo contrario.

    Harás lo que yo te mande hacer. Consientes ser mi esclava y consientes que te haga lo que yo disponga. No hay vuelta atrás. A partir del momento en que estés a mi pies te referirás a mi exclusivamente como AMO. Te espero con puntualidad. Nadie puede enterarse de que eres un hombre y que vienes aquí”.

    No pude reaccionar. Aquello me supuso enorme -como su verga- y complicado para llegarme hasta su habitación sin levantar sospechas y peor vestido de mujer. Era un reto que acepté a ciegas por el solo hecho de haber tocado algo que no sabía y de haber recibido dinero. Eran las tres de la tarde y empezaba a nublarse…

    Continuará…