Autor: admin

  • Mientras fingía

    Mientras fingía

    Llegué temprano a casa ese día de la Universidad. Vivíamos mi hermano y yo en un apartamento mientras terminábamos nuestros estudios.

    Al llegar me sorprendió y emocionó ver a Alejandro. Alejandro era el amigo de mi hermano y últimamente llegaba a casa con mayor frecuencia.

    A Alejandro lo había conocido desde hace casi un mes y cada vez que lo miraba se me aceleraba el pulso.

    Alejandro tiene un cuerpo matador… Alto, de hombros anchos y caderas estrechas que resaltaban los jeans de talle bajo que siempre usa y con esas sudaderas pegadas al cuerpo que le marcan todos y cada uno de los músculos de su suculento cuerpo.

    Llevaba tiempo fantaseando con que Alejandro me violaba. Y allí estaba él. Tan delicioso como siempre.

    Lo salude como siempre. Platicamos un rato hasta que decidí poner a prueba la resistencia del amigo de mi hermano. Me disculpe con la excusa que iba ir al baño cuando en realidad me fui a mi habitación a desnudarme. Me quité toda la ropa y me puse un short súper corto y que a duras penas escondía que no llevaba bragas y una camisa de seda que hacía que se me marcarán mis pezones erectos.

    Decidida, fui donde Alejandro para poner en práctica mi plan. Al verme se sobresaltó… Definitivamente se había dado cuenta que andaba prácticamente desnuda y por más que intentaba disimular no dejaba de verme los pechos ni las piernas desnudas.

    Le dije que tenía un tremendo dolor de cabeza y que me iba a acostar. Que se quedaba en su casa y que no se preocupara por el ruido, que me había tomado mis pastillas de dormir y que iba a dormir como un tronco hasta el día siguiente. Hice especial hincapié en el hecho de que no importaba el ruido que hiciera, nada podía despertarme con las pastillas que había tomado.

    Bostecé para dar más realismo a mi mentira. Él me seguía viendo los senos mientras me animaba a acostarme. Me aseguró que sólo se iba a quedar un rato, que tenía un compromiso.

    Con el corazón retumbando me dirigí a mi habitación, dejé la puerta abierta para alentarlo, me acosté boca arriba con los brazos sobre la cabeza y las piernas abiertas para que así él pudiera tener un tentador vistazo de mi coño depilado.

    Mi coño palpitaba de emoción, traté de controlar la respiración aunque sentía que me ardía todo el cuerpo. Estaba muy excitada y a cada momento que pasaba más y más me mojaba, mi coño palpitaba como loco pidiendo atención.

    Ya no aguantaba!!!

    De repente oigo que alguien entra al cuarto. Es Alejandro y mi coño se moja más, mis músculos vaginales palpitantes como locos mientras me corre la humedad por los labios hasta el esfínter que también me palpita. Toda yo palpito, pero me esfuerzo por parecer dormida.

    Estoy a punto de vivir una de mis fantasías, y con Alejandro nada más.

    Alejandro hace ruido. Está tratando de comprobar si estoy dormida. Oigo el ruido del bote de las pastillas. Al parecer está revisando que sean tan efectivas como le afirme.

    Siento su aliento acariciando mi cuello y oigo que dice mi nombre con su voz ronca. Yo sigo en lo mío esperando con ansia su próximo paso. Es entonces cuando lo siento moverse hacia los pies de la cama. Quiero mirar pero me aguanto. Y me veo recompensada cuando siento una de sus grandes manos acariciando desde mi pie e ir subiendo… Poco a poco. Yo sentía como me ardía el coño de lo caliente que estaba. Su mano subiendo era una tortura deliciosa…

    Ahhh!!! Qué rico sentí cuando llegó a la cara interna de mi muslo derecho. Con cuidado siento como me hace a un lado el short.

    —Joder!!!

    Su susurró hace que me excite más, y entonces sentí sus dedos sondeándome.

    Sus dedos tan grandes como su mano me empiezan a acariciar con suavidad los labios y la vulva. Oigo su respiración cada vez más pesada mientras trato desesperadamente de controlar la mía. Siento su otra mano abrir mis labios vaginales mientras su primer mano me empieza a masturbar. Mi coño está tan mojado que su dedo entra con facilidad a pesar de ser del grosor de una salchicha.

    Alejandro empieza a masturbarse con penetraciones lentas y profundas, primero con un dedo, al rato con dos…

    Qué rico lo que me está haciendo con sus manos expertas. Ahhhh!!! Estoy a punto de correrme!!!

    De pronto oigo una maldición y sus manos se retiran. A duras penas puedo contener mi propia maldición al pensar que mi plan fracasó y que Alejandro me va a dejar así. Frustrada y tan cachonda que podría quemar la cama en la que estoy.

    Cuál es mi sorpresa cuando siento las manos de Alejandro jalando con cuidado la cinturilla de mis short. Mi respiración se acelera pero la controló, lo que no puedo controlas es el delicioso calor húmedo que escapa de mi mojando más mis pantaloncitos.

    Alejandro logra quitarme los pantaloncitos y escucho como aspira fuertemente. Entreabro mis ojos con cuidado y veo que está oliendo la humedad de mis pantaloncitos. La cara de morbo que tiene me pone a cien. Cierro los ojos con miedo de que me pueda ver. Esperando lo que sigue. Espero oír el sonido de la ropa de Alejandro pero no sucede. Lo que oigo y siento es el peso de Alejandro en la cama. Se ha subido a la cama!!!

    Qué me va a hacer?

    Sin preámbulos Alejandro me abre las piernas y siento su aliento caliente e irregular en mi coño mojado y depilado. Sólo puedo imaginar lo que está viendo: labios rosados e hinchado, mi clítoris duro y erguido, y toda la humedad tan rica y caliente que me está mojando hasta el ano.

    Siento los espasmos de la entrada de mi vagina y la humedad que resulta de ésta.

    Cuando por fin siento la lengua húmeda y mojada de Alejandro en mi coño no puedo evitar emitir un gemido ahogado.

    Mmmm!!!

    Alejandro se queda quieto esperando… Supongo que se asustó el pobre, pero es que ya no aguanto más!!!

    Al parecer convencido de que es una reacción involuntaria me dice ya con confianza.

    —Así que te gusta esto mi putita.

    Oír su lenguaje sucio me excita más.

    —No te preocupes, que tengo más para darte.

    Y procedió a demostrármelo.

    Su lengua volvió a lo suyo empezando desde la entrada de mi vagina hasta mi ansioso clítoris que saltó a su contacto. Alejandro ya sin miedo me lamía con confianza de arriba a abajo y cada vez más rápido alternando entre lamidas y chuparme el clítoris.

    Me lo estaba haciendo bien rico el condenado. Ummm!!!

    Ahhhh!!! Mmmm!

    Yo suspiraba y gemía con suavidad para que Alejandro no sospechara ni se detuviera.

    Pero que delicioso me lamía. Con tanta rapidez que parecía un vibrador. Mi coño arrojaba líquido como una fuente ardiente y sólo se escuchaba en la habitación el sonido del choque entre su lengua y mis labios, el ocasional sonido de succión cuando me chupaba el clítoris y el de muestras respiraciones jadeantes.

    Así pasó lamiéndome durante lo que pareció una eternidad. Al final se decidió por chuparme y lamer mi clítoris sobre estimulado e hinchado mientras me metía tres de sus enormes dedos en la vagina. Lo hacía con tanta rapidez y maestría que en unos minutos sentí como mis músculos vaginales convulsionaban succionando sus dedos con fuerza. Al darse cuenta de lo que estaba pasando Alejando dijo:

    —Eso es mío zorrita.

    Mi mente aturdida no sabía a qué se refería hasta que lo siento lamiendo como loco el líquido vaginal que desató el orgasmo más increíble que había tenido hasta ése momento.

    En mi mente yo repetía una y otra vez.

    Cómeme, cómeme cabrón.

    Como si me hubiera oído Alejandro comenzó a comerme la concha como un muerto de hambre y a emitir sonidos de placer que me hicieron gemir hasta que grité por el tremendo orgasmo que tuve.

    Alejandro no dejó de lamer mi coño hasta que lo dejó limpio. Entonces, se levantó, me puso el short. Y me dijo:

    —Era verdad que tenía que irme, pero no pude resistir tener una probada de ese coño tan delicioso que tiene. La próxima vez no seré tan gentil —me prometió

    Me dio un beso y allí pude degustarme.

    Se fue dejándome saciada y con ganas de más al mismo tiempo.

  • Fantasía recurrente de un trío con mi esposa

    Fantasía recurrente de un trío con mi esposa

    Tengo una fantasía recurrente: ver a mi esposa teniendo un orgasmo con otro hombre. Debo decir que soy completamente heterosexual, pero no puedo evitar el sueño de verla penetrada por otro pene en su culo mientras cabalga sobre mí.

    Ambos tenemos cuarenta y cinco años y veinte de casados. Somos profesionales y tenemos un hijo en la universidad que es nuestro orgullo. Creo que tenemos un matrimonio feliz, aunque ha habido algunas crisis aisladas. Cuando nos conocimos ambos éramos divorciados y sin hijos.

    Todo empezó hace diez años cuando le confesé varias infidelidades, para ella fue un shock pues siempre pensó que teníamos una relación especial, pura, por encima de la media. Pero es muy inteligente, entendió rápidamente que somos una pareja más, con sus problemas y crisis. Tuvimos muchas conversaciones, pero finalmente me perdonó, no nos separamos ni un solo día.

    Ella me dijo en esa época que jamás me ha sido infiel, pero yo creo que a raíz de mi confesión tuvo su aventurilla de venganza, creo que es normal y no pienso mucho en eso, me lo merecía. Después de ese año he seguido teniendo amantes, de hecho llevo doce años con una, pero esa es otra historia.

    Tal vez ella no lo recuerde, pero en esas largas conversaciones, durante la crisis, le hable de mi fantasía de hacerle una doble penetración con otro hombre, ella se rio y no le dio importancia, no pasó de un breve intercambio de palabras, pero tengo mis dudas, tal vez si lo recuerda porque ahora cuando hacemos el amor y ella se sienta sobre mí y se inclina hacia delante yo le abrió las nalgas con mis manos, como preparando su culo para el otro y entonces le sobreviene el orgasmo.

  • Cuernos consentidos

    Cuernos consentidos

    A mis 42 años y después de 15 casada, sólo había tenido sexo con mi marido, quien fue prácticamente mi primer novio, y hablando con amigas separadas o que habían tenido más experiencias con hombres, me contaban las diferencias entre hacerlo con unos o con otros, si la tienen más grande, más pequeña, si son de una manera o de otra…

    Todo eso me había dado curiosidad por saber cómo sería hacerlo con otro hombre y hasta alguna vez lo había comentado con mi marido, claro, en broma, y sin que nunca me hubiera atrevido a ponerle los cuernos por mis principios y porque le quería.

    Eso fue quedando ahí, hasta que una noche estábamos en casa con un amigo de mi marido celebrando un negocio que habían hecho y bebiendo unos licores. Yo no estoy muy acostumbrada a beber y enseguida me hizo efecto y les dije que me iba a la cama y que les dejaba ahí más tranquilos. La verdad es que estaba realmente mareada y cuando me metí en la cama, me quedé prácticamente dormida.

    Al cabo de un tiempo noto que mi marido se mete en la cama y me abraza por detrás, sintiendo la dureza de su pene presionarme las nalgas. Yo estaba medio adormilada y no estaba para mucha juerga, pero parecía que él sí y continuó insistiendo acariciándome entre las piernas, los pechos… de una forma distinta, como más apasionada que otras veces. Después de tanto toqueteo estaba empezando a calentarme yo también, dejándole ya que hiciera lo que quisiera porque había conseguido humedecerme toda la vagina abriendo las piernas para que sus dedos se introdujeran dentro de ella y provocara mis primeros gemidos.

    Cuando llevé mi mano a su pene lo noté distinto, como más grueso, pero entre la penumbra de la habitación y lo mareada que estaba, no pude pensar mucho en eso y me dejé llevar por el gozo que estaba sintiendo con su masturbación y sus besos. De pronto me hizo ponerme a cuatro patas sobre la cama y me penetro por detrás, primero lentamente y luego incrementando su ritmo haciéndome sentir su polla más profundamente que otras ocasiones.

    La rapidez con la que estaba consiguiendo llegar al orgasmo me dio un momento de lucidez, miré hacia atrás y pude darme cuenta de que quien me estaba follando no era mi marido, sino su amigo y eso me dejó muy confundida, y tuve un primer intento instintivo de quitarme y gritar, pero sus manos me sujetaban fuertemente y entre la excitación que estaba sintiendo, el alcohol, la rabia y un montón de sentimientos más que no podría describir, me dejé llevar y lance mi primer grito al sentir que esa polla me estaba proporcionando el orgasmo más intenso que recordara en los últimos años.

    Yo no sabía cómo su amigo se había metido en mi cama, si había sido con el consentimiento de mi marido o que había pasado para que se estuviera dando esta situación, pero al darme la vuelta, ya no reparé más en quien estaba conmigo y me dispuse a disfrutar lo más posible de la oportunidad que estaba teniendo de cumplir esta fantasía y de la necesidad que rondaba mi cabeza últimamente, así que me metí su polla en la boca para hacerle la mamada que con más ganas hice en muchos años, y creo que eso lo notó él porque al poco rato hice que se corriera en mi boca y así pude probar otro semen distinto del de mi marido, derramándose entre mis labios, haciéndole ver a ese hombre lo entregada que estaba a él comportándome como una auténtica puta en la cama, lo que debía de tenerle un poco desconcertado y excitado a la vez por mi reacción ante su sorpresiva follada, seguramente ayudada por el alcohol que había bebido a lo que no estaba acostumbrada.

    Mientras se recuperaba su erección, se puso entre mis piernas a comerme el coño de una manera deliciosa. Las dejé abiertas completamente para él y fue cuando pude ver la sombra de mi marido que nos estaba observando y eso hizo que se disparara en mi un nuevo orgasmo y sin darme descanso, se puso encima para metérmela de nuevo bombeándome de una manera trepidante, como nunca me lo habían hecho, poniéndome a gritar ya sin ningún pudor, cuando sentí su semen caliente dentro de mi haciendo que yo me corriera de nuevo, dejándome en un estado que ya no sabía ni donde estaba ni con quien, pero preguntándome todavía como mi marido le había ofrecido mi coño a su amigo y por qué.

    El amigo de mi marido salió de la habitación y yo me quedé agotada profundamente dormida hasta el día siguiente, levantándome más tarde de lo habitual, y muy cansada como si me hubieran dado una paliza la noche anterior.

    Cuando vi a mi marido en la cocina, casi ni me atrevía a mirarle a la cara, sin saber cómo reaccionar, sin saber muy bien por qué, porque había sido él mismo quien había provocado esa situación, pero decidí actuar como si no me hubiera enterado de nada, y tampoco él me comentaba nada de lo que los dos sabíamos que había pasado, así que durante las noches siguientes seguí teniendo sexo con mi marido como siempre, pero quizás notando más pasión por parte suya, como si fuera alguien nueva para él y hubiera aumentado su deseo hacia mí.

    Y así pasaron varios días, hasta que volvió a presentarse en casa con su amigo para que les hiciera algo de cenar. No podía creerme que me fuera a hacer lo mismo otra vez. Yo estaba muy nerviosa y casi ni me atrevía a mirarles, en mi timidez, así que les puse de excusa que estaba muy cansada y que me iba a la cama. Desde luego, esta vez no pude dormir y estuve esperando que en cualquier momento su amigo volviera a entrar en la habitación y se metiera en la cama, pero esta vez estaría muy consciente y lo disfrutaría desde el primer momento.

    No pasó ni media hora y le sentí entrar y meterse en la cama empezando enseguida a manosearme por todos lados. Yo ya estaba muy caliente esperándole y debió de notar como estaba de mojada mi vagina, porque yo lo único que deseaba era que me penetrase y que me hiciera sentir esos orgasmos tan intensos. Me di la vuelta y le agarré esa polla que tanto me gustaba y que ya la tenía bien dura, así que me abrí de piernas para él, para que me montara como le apeteciera y me hiciera gozar.

    En la penumbra de la habitación volví a ver a mi marido observando como su amigo estaba encima de mí follando a su mujer, lo que me dio más morbo todavía y aceleró la venida de mi orgasmo.

    La noche fue larga y con él parecía que tenía ganas de probar de todo, porque me dejé hacer anal también, lo que fue todo un descubrimiento, de lo cual, después se aprovechó mi marido, porque lo seguí practicando con él en nuestras noches privadas, pareciendo que le gustaba a él más que a mí.

    Otro día vino a casa con otro hombre distinto, pero esta vez era un conocido del barrio. Me quedé sorprendida de que quisiera que lo hiciera con alguien conocido, lo que aumentó mis nervios y mi morbo por ser poseída por alguien que muchas veces me había mirado con deseo por la calle, que además estaba casado y yo conocía a su mujer bastante, lo que hizo que yo volviera a beber más de la cuenta para poder relajarme, para al poco rato decirles que me iba a acostar. Ellos se miraron y al poco rato, ya tenía a ese hombre metiéndose en mi cama en la oscuridad de mi habitación.

    Realmente era un hombre atractivo, con un cuerpo atlético y cuando pude palpar su pene me entusiasmo su tamaño. Parecía como el de un actor porno de alguna película que me había enseñado mi marido en alguna ocasión y me dispuse a disfrutarlo como se merecía. El saber que era el marido de mi vecina le añadió más morbo a la situación, aunque también con cierta envidia de saber que ella podía gozar con su cuerpo cada día. Pero yo me propuse ser más puta de lo que pudiera ser ella con él y me lo folle con pasión gritando con cada embestida que me daba con su polla. Vi como mi marido se masturbaba más rápido que otras veces, quizás notando que yo estaba gozando más que con ningún otro.

    Mi marido había conseguido emputecerme ya totalmente, y el día de mi cumpleaños invitó a casa a su hermano que acababa de separarse, quizás para animarlo, celebrándolo con unas copas.

    Yo estaba más relajada, porque nunca me atreví a imaginar lo que iba a pasar después. A pesar de que mi marido me había traído varios hombres a casa, no le veía capaz de ofrecerme a su propio hermano y cuando le vi entrar en la habitación y meterse en la cama igual que los demás mi morbo subió un grado más, si es que era posible y dejé que sus manos me tocaran toda y sus dedos entrasen en mi coño abierto por tanta excitación, y cuando tuve su polla penetrándome, sentí como si me quemara por dentro, como si hubiera roto un tabú y me sintiera la más puta de todas las mujeres.

    Y así empezó un juego, en el que mi marido me fue trayendo varios hombres a mi cama, haciéndome yo la tonta, como si no me enterara de nada, y sin que nunca comentásemos nada de esas situaciones, y de esta forma cumplir mi fantasía de tener otras pollas distintas a la de mi marido en mi coño y darles la razón a mis amigas de que cada hombre era distinto y lo hacían de distinta forma.

  • Un día de trabajo

    Un día de trabajo

    Mi nombre es Carolina, tengo 22 años, soy una joven delgada de linda cola y de cabello oscuro y largo.

    Actualmente estoy trabajando en la calle entregando folletos de un negocio importante junto con otra chica llamada Antonella de 18 años. Nuestra ropa de trabajo es una calza negra, la cual nos queda bien apretadita así se nos marca bien la manzanita que tenemos como cola y una musculosa blanca con el logo del negocio. Trabajando así nos ganamos la mirada de todos los hombres que pasan por allí, de veces en cuando nos dicen algunas groserías. Lo que les voy a contar sucedió hace unas semanas.

    Estábamos Antonella y yo entregando folletos cuando de repente se nos para un hermoso auto en frente nuestro, nos quedamos flipando de lo espectacular que era, creo que era un Mercedes Benz. La ventana del acompañante se abre, el conductor se asoma y nos dice algo.

    —Hola lindas, como están?

    —Muy bien —dije.

    —Vengan acérquense, no tenga miedo.

    Las dos nos acercamos al auto y empezamos a mirar el hermoso interior del mismo.

    —Qué lindo auto tiene señor —dijo Anto.

    —Gracias linda, no quieren subirse y dar un paseo conmigo?

    —Pero estamos trabajando —dije.

    —Dale amiga, sólo va ser una vuelta —dijo Anto.

    —Dale tu amiga te insiste.

    —Bueno está bien.

    Él nos abrió la puerta del acompañante y yo me senté con Antonella arriba mío. El arranco y empezamos a dar varias vueltas por toda la zona. Mi amiga estaba muy contenta por haberse subido al auto, se le notaba en la cara. El hombre mientras conducía nos hablaba de que él era un empresario exitoso que tenía varios negocios por todo el país. Yo como no soy tan ingenua me di cuenta que nos quería conquistar con su dinero y creo que con eso conquistó fácilmente a mi amiga.

    —Vivo cerca de acá, no les gustaría almorzar conmigo?

    —Sí, nos encantaría —dijo Antonella hablando por ella y por mí.

    El hombre nos llevó a un hermoso departamento de un edificio enorme. Tuvimos que subir por el ascensor hasta el departamento del señor. Mi amiga estaba muy emocionada y maravillada con todo lo que nos estaba ocurriendo.

    Quiero decir que cuando ingresamos a su departamento quedé estupefacta al igual que mi amiga. Su departamento era tan elegante y precioso, tenía cuadros, sillones, un televisor enorme y lo que más me gustó fue el enorme ventanal con vista a la ciudad.

    —Me ayudas a cocinar? —dijo el hombre.

    —Sí, ahí voy —dijo Antonella.

    Yo me sentía un poco la mamá de Antonella, la cuidaba como si fuese mi hija. Por eso me asomaba para ver lo que hacían en la cocina. Él se ponía detrás de ella y le enseñaba a cocinar, un par de veces lo vi que le apoyaba el bulto en la cola y ella se dejaba. Sabía que nos llevó a su departamento para follarnos. Luego ambos regresaron a dónde yo me encontraba y el me pidió que hiciera algo.

    —Podés mirar por la comida, que le quiero mostrar algo a tu amiga.

    —Bueno.

    El la tomo de la mano y se la llevó creo que a su dormitorio. Luego de que pasaron unos minutos empecé a sospechar de lo que seguro estaban haciendo, después de 10 minutos salieron. Él fue para la cocina y ella se quedó conmigo.

    —Te hizo algo?

    —Nada.

    —Decime la verdad?

    —Bueno, se la estuve mamando.

    —Te obligó?

    —No.

    —Contame cómo fue.

    —Entramos a su dormitorio y el empezó a decirme que soy muy bonita y eso me gusto. Luego él se bajó los pantalones y yo me puse a pajearlo y luego se la chupe.

    —Te penetró?

    —No, pero me encantaría.

    —Estás loca, recién lo acabamos de conocer y ya te lo querés coger.

    —Estas celosa?

    —No, solo te estoy cuidando.

    —No hace falta, tengo edad suficiente para hacer lo que quiera.

    Ella se enojó conmigo y se fue con el hombre a la cocina. Yo me puse mal y no quería que ella esté enojada conmigo, así que fui a buscarla para disculparme. Al entrar a la cocina ella tenía la calzas bajadas, sus manos sobre la mesada y él la estaba penetrando por detrás a la vez que tenía sus manos sobre sus pechos.

    —Pero que están haciendo?

    Ellos se detuvieron y se pusieron a mirarme.

    —No te detengas —ella le dijo a él.

    El empezó a moverse hacia delante y hacia atrás metiéndole la pija hasta el fondo.

    —Que querés? —dijo Antonella.

    —Me quería disculpar, estuve mal.

    Mientras él se la follaba ella intentaba escuchar lo que yo decía y se le dificultaba decir dos palabras seguidas.

    —Está bien amiga, te perdonó.

    —Hay espacio para uno más? —les pregunté a los dos.

    —Vení amiga.

    Yo me acerqué a ellos y primero empecé a besarme con él y luego con ella. Mientras lo hacía le tocaba la cola a mi amiga. Luego me arrodille y me quedé viendo como el la penetraba bien duro.

    —Querés un poco? —el me pregunto.

    Moví la cabeza indicándole que si quería.

    Él retiró la pija de dentro del cuerpo de mi amiga y me lo acercó por un breve tiempo. Yo me puse a chupársela hasta que volvió a metérsela. Luego volvió a sacar la pija y yo a chuparla.

    Después de estar penetrando a mi amiga, él se vino sobre la cola de ella y yo me puse a lamer toda esa leche que estaba sobre mi amiga. Luego ambas arrodilladas en el piso nos pusimos a besar y a comerle la polla al hombre.

    Luego de almorzar con el hombre tuvimos que regresar al trabajo y el me prometió que me follaría.

  • El dulce placer de la esclavitud y la sumisión (Parte 1)

    El dulce placer de la esclavitud y la sumisión (Parte 1)

    Me llamo Paulina, tengo 19 años, uno setenta y cinco de altura, cabello negro más o menos lacio, y con unos pechos amplios; soy de tetas algo voluminosas (medidas: 93- 60- 92). En clase se me considera una chica decente y, en el sentido literal de la palabra, y lo era, antes de irme con las amigas primero eran los estudios.

    Eso era antes de que llegara Sonia, una chica más alta que yo y de cabello rubio algo. Siempre vestía con ropas muy ceñidas que se le ajustaban como una segunda piel y mostraba, de forma evidente, la ropa interior que llevaba, si alguna vez la usaba. La primera vez que me “enfrenté” con ella fue en una clase de gimnasia. Yo era, y aún lo soy, muy tímida y normalmente no me cambiaba con el resto de las chicas sino que me buscaba un lugar apartado, y aunque de forma disimulada las observaba y “admiraba”, aunque yo no me consideraba en aquella época homosexual ni bisexual. Bueno aquel día yo estaba en mi rincón como de costumbre cuando se me acercó ella.

    —¿Te importa si me cambio contigo?, me preguntó, mientras yo, como hipnotizada, la miraba de arriba abajo.

    —Claro que no, dije reaccionando al darme cuenta que ella ya había notado mi ensimismamiento.

    Allí estaba ella a pocos centímetros de mí desnudándose y mostrándome su esplendoroso cuerpo, que cuando lo veía en clase me lo quería comer entero. A partir de aquel día, tanto ella como yo, buscábamos la ocasión de poder estar juntas. Empezamos a realizar trabajos para los profesores en equipo pero siempre venían algunos aguafiestas que buscaban poder montar a mi amiga.

    Solamente al final de curso mientras preparábamos los exámenes finales, ella me pidió estudiar conmigo, gustosa accedí, al principio en mi casa, pero la continua presencia de mi tía y madrina no me aventuraba a tener una relación con ella, así que un sábado me pidió que yo fuese a su casa ya que su madre se había ido fuera por unos días, yo loca de contento me arreglé como nunca lo había hecho. Me presenté en casa de mi amiga con muchos nervios, sentía que iba a poder estar con mi amiga de una forma más íntima pero nunca imaginé que fuera como me ocurrió. Al principio nos pusimos a estudiar, ella me preguntaba sus dudas y yo procuraba resolvérselas de la mejor forma posible, cuando ya de madrugada, y cansadas, me dijo de salir a tomar una refresco lo que le acepté, creí que era en un bar cercano a su casa.

    —Así no puedes ir. Tendrás que ir como yo diga, me dijo de forma autoritaria.

    Yo no dije nada solamente asentí levemente con mi cabeza, mientras la seguía. Fuimos directas hasta un dormitorio amplio, que sería el de sus padres y de una cómoda sacó ropa interior de color negro, un tanga, un liguero y unas medias. No hizo falta que me dijera nada allí mismo me desnudé, mientras me ponía la ropa interior Sonia abandonó el dormitorio y la esperé durante unos minutos, cuando regresó venía vestida íntegramente de negro, una camiseta, sin mangas, muy ceñida que marcaban sus voluptuosos volúmenes, y un pantalón muy ajustado que parecía que era una segunda piel y como colofón unos zapatos de tacón de aguja.

    En sus manos llevaba unos shorts y una camiseta de tirantes junto con unas botas de media caña. Cuando terminé de ponerme la ropa que me había dejado mi amiga, me sentía oprimida por todos los lados, y, sin embargo, me gustaba. Nos fuimos a un bar, lejos de la zona de la movida, en las afueras de mi ciudad, de chicas. No había ningún hombre ni siquiera homosexuales, era de y para las mujeres, nos colocamos en la barra, alrededor de nosotras solamente mujeres y niñas que se besaban con ardor y/o exploraban los rincones más recónditos del cuerpo femenino, entretanto Sonia pidió por las dos, cuando la vi se estaba besando ardorosamente con la camarera, nunca me he sentido homosexual ni “propietaria” de nadie pero en aquel momento me entró un ataque de celos, “quien era aquella niñata para robarme el cuerpo que tanto deseaba”, pensaba para mí.

    Sonia se dio cuenta de lo que pasaba por mi cabeza y sin decir nada me pegó contra su cuerpo, sus labios se fundieron con los míos y su lengua experta enseñaba a la mía como debía comportarse con “una invitada”, sus pechos aplastaban a los míos, mientras que una de sus rodillas me acariciaba la entrepierna, y sus manos, en mi culo, querían que me introdujera en su cuerpo, sus labios, como ardientes ventosas, recorrían mi cuello mientras los míos próximos a sus orejas solo acertaban a mostrar los gemidos de mi excitación.

    —… por favor necesito sentirme tuya… deseo que me poseas totalmente…, acerté a decirle.

    Sonia me cogió de la mano que tenía libre, la otra sujetaba el cubata y me llevó hacia una parte del local que yo no había visto, allí me introdujo en una pequeña habitación, allí una pequeña mesa y dos taburetes, cerró la puerta detrás de mí se sentó en uno de los taburetes y vi cómo se quitaba los zapatos los apoyaba en el suelo. Yo ya no era dueña de mis actos, me tumbé a sus pies y con suma delicadeza los cogí y los puse sobre mis senos, mientras miraba la cara de sorpresa que tenía Sonia, no se esperaba aquel gesto mío.

    —Quiero que me uses, necesito sentirme tuya, le supliqué.

    —¿Harás lo que te diga?, me dijo en un susurro.

    —Haré lo que me pidas, me convertiré en lo que tú quieras hacer de mí, pero no me dejes por favor… le rogué.

    A partir de aquella noche, comenzó a salir una parte de mi que ni yo misma conocía. Sonia, repuesta, eso creía, de su sorpresa por mi actitud, comenzó un juego que me excitó sobremanera, lo inició introduciéndome uno de sus zapatos en mi boca, mientras sus pies comenzaron a masajear mis pechos, para ocultar mis gemidos comencé a lamer el zapato que me había colocado en la boca.

    Lamí los zapatos y los pies de Sonia, casi sin darme cuenta me convertí en su juguete, yo era un objeto que no podía competir con ella, jamás me había sentido de esa forma, Sonia había logrado calentarme solo con mirarme y cuando me abrazó me hizo suya. Había logrado hacer de mi un torbellino de sensaciones y sentimientos muy contradictorios, estaba dispuesta a renunciar a mi misma para ser parte de ella, y por otro lado estaba dispuesta a venderme para mantenerla, utilizar mi cuerpo para que ella no tuviera que preocuparse por nada.

    Cuando entramos en su casa nos besamos nuevamente con pasión, con delicadeza llevó mis manos hasta mi espalda impidiéndome que la tocase, después me dejó sola en el salón de su casa, durante largo rato no me moví para nada, ni siquiera quité las manos de mi espalda, nerviosa por saber que nueva experiencia sexual me encontraría y que haría conmigo. Se presentó al rato y cuando la vi comencé a desnudarme, quedándome solamente con el tanga, el liguero y las medias, Sonia se me acercó y me esposó las manos a la espalda, para a continuación bajarme el tanga hasta medio muslo, entonces se sacó una especie de collar de cuentas, y una a una me las fue introduciendo en mi chumino, hasta que me las “tragué” todas, seguidamente hizo lo mismo en mi culo y me subió el tanga.

    —Por favor no te quites eso mientras yo no te lo pida, si no haces caso me veré obligada a castigarte de forma cruel, y no quiero hacerte daño… me dijo dulcemente.

    Asentí con decisión, “¿quién era yo para oponerme a sus deseos?”, Seguidamente me introdujo una pelota en mi boca y la anudó en la nuca, a continuación ciñó sobre mi cuello un collar del cual pendía una cadena y del salón de su casa me llevó hasta su dormitorio, allí nuestros libros descansaban sobre la mesa puso un cojín en el suelo, me tumbé en el mismo y dejó caer mi cabeza sobre el cojín, en ese momento me quitó la pelota de la boca.

    —Quiero que te quedes ahí, me gusta sentir tus pechos bajo mis pies y que tus labios recorran toda la planta de los mismos. Necesito que seas mi alfombra particular…, me decía cuando la interrumpí.

    —Adoro tus pies, y el sentirte caminar por mi cuerpo haces que me eleve al séptimo cielo, te amo tanto que mi vida sin ti no tiene sentido, haz de mi lo que quieras pero no me dejes sola…, y sin proponérmelo comencé a sollozar.

    Sonia me miró de una forma extraña, en aquel momento una lágrima furtiva recorría mi rostro, se arrodilló y me secó la lágrima y con dulzura me miraba.

    —No sé cómo lo haré, pero serás mi esclava. Mi madre me ayudará, y este verano te vendrás conmigo a la casa de mi abuela, allí hay de todo para domarte y te transformes en la esclava perfecta y yo seré tu Ama…, me dijo y al terminar me besó con pasión

    —Mi Ama, quiero que aceptes a esta humilde esclava… le dije.

    Sonia se había incorporado antes de que yo terminara de decirle mi ofrecimiento se sentó en su cama y sus pies los apoyó sobre mis pechos y comenzó a masajearlos, comencé a gemir al sentir la opresión que su cuerpo ejercía sobre el mío, durante unos minutos continuó con el masaje de mis senos, hasta que se acostó, previamente se desnudó y me permitió volver a disfrutar de la belleza del cuerpo de mi amiga y propietaria Sonia.

    —Buenas noches esclava, me dijo.

    —Buenas noches mi Ama, le respondí yo.

    Cuando se apagó la luz y la oscuridad ocupó aquella habitación, por mi cabeza pasaban miles de imágenes, sensaciones y sentimientos diversos y contradictorios. “¿Para qué necesitaba domarme?, ¿no veía el esfuerzo que hacía para ser suya? Sin embargo, deseaba que caminase sobre mi cuerpo desnudo con esos zapatos de tacón de aguja para que me marcase, que yo era de su propiedad”, con esas ideas me dormí. No sé qué hora era cuando me dormí, para mi demasiado tarde, porque cuando sonó el despertador e intenté incorporarme me di cuenta de que el cansancio me tenía derrotada, pero aquél despareció nada más sentir como los pies de mi “propietaria” y amiga se dejaban caer sobre mis pechos, haciéndome recordar lo ocurrido durante la noche, y Sonia comenzó a masajearme los pechos con sus pies, provocándome nuevos gemidos de placer.

    Poco después me ayudó a incorporarme y me llevó hasta el cuarto de baño y junto a la ducha me tumbó nuevamente, ya me imaginaba para que me quería allí, antes de introducirse en la ducha me volvió a colocar la pelota de goma en mi boca, y comenzó a ducharse, sobre mi cuerpo caía salpicaduras de agua que provenían de su cuerpo, tan deseado por mi. Terminó su ducha y cuando salió de la bañera se dejó caer sobre mi y comenzó a secarse, terminada la operación, solamente se puso unas medias y unos zapatos de tacón de aguja y enseguida me incorporó y me desnudó. Me introdujo en la bañera y me comenzó a bañar, sus manos se entretuvieron en mis partes más íntimas y sensibles, sexualmente hablando. Me pellizcaba los pezones, retorciéndolos hasta niveles que me eran increíbles, por el dolor que me causaba y por las vueltas que le daba a cada uno de mis pezones por no hablar de mis labios vaginales quienes fueron torturados de forma cruel y placentera para mí, después de haberme duchado me llevó nuevamente hasta el dormitorio, que así lo creía yo, de su madre.

    Allí puso juntas dos banquetas entre la cama y el armario, a mi me colocó sobre las banquetas de tal forma que mis pechos se quedaron colgando libremente y mis manos se agarraron a ciertos pomos, a una altura extraña, que había en el armario, cuando oigo un clic metálico y veo con estupor que mis dos muñecas están ceñidas por un aro metálico que me une a los pomos del armario, la miro con estupefacción por lo que me ha hecho y está haciéndome. Estoy inmovilizada y totalmente a su merced, por mi vientre me introduce un grueso cojín que hace que eleve mi pelvis dejándola como punta de algo que no comprendo, sobre mi cuello ciñe, nuevamente, una correa de la que pende una cadena que une con una de las banquetas, obligándome a mantener la cabeza elevada y sin posibilidad de girar. Me coloca una venda en mis ojos y ya no puedo ver nada, solamente la sensación de tensión de todos mis músculos.

    Me dejó sola durante varios minutos, en aquella postura tan incómoda y tensa, los brazos y las piernas mostraban los primeros signos de cansancio, las primeras babas se escapaban por las comisuras de mis labios, cuando llegó ella. No podía verla porque la venda de mis ojos lo impedía, pero si sentí su presencia cuando unió mis pezones con mis labios vaginales por medio de pinzas, unidas entre sí. El dolor se presentó de forma súbita e imprevista, no podía pensar solamente sentir cuando de pronto un fuerte golpe sobre mis nalgas me hizo reaccionar. Mi amiga me estaba azotando, sin saber el motivo que le impulsó a tomar semejante decisión, pero fui benévola con ella, si yo era de su propiedad y le apetecía golpearme, estaba en su derecho a hacerlo, aunque aquello no me gustase. Pero lo más sorprendente me ocurrió cuando apenas llevaba ya dos o tres golpes en mi culo cuando, en pocos segundos, comencé a notar que el placer me iba invadiendo, durante los minutos que duró el azote me vinieron dos o tres orgasmos como nunca los había tenido, ni siquiera cuando me masturbaba en la soledad de mi habitación había logrado disfrutar tanto.

    Después de ser azotada, sentía que mi culo ardía y Sonia comenzó a pasarme la mano suavemente, en su mano había algo frío que de forma gradual iba calmándome el dolor. Poco después me liberó y me ayudó a incorporarme y sobre la cama había otras prendas íntimas de color negro, prácticamente igual que la noche anterior salvo que ahora había un corsé que me ceñía totalmente mi torso, haciéndome difícil incluso la respiración, pero no me quejé a mi amiga. Poco después, se presentó con unos zapatos de tacón de aguja increíbles, serían unos quince o más centímetros de tacón, jamás había usado un tacón como aquel.

    —Camina, me dijo dulcemente.

    —Sí… MI AMA, le contesté.

    Sonia no dijo nada, solamente me sonrió, y comencé a dar mis primeros pasos con esos zapatos. La verdad que esos primeros pasos eran horripilantes, apenas mantenía el equilibrio y varias veces estuvo cerca de mi para que no me cayese, cuando ya llevaba casi dos horas dando paseos por aquella habitación y mis pasos ya no eran tan torpes me sacó del dormitorio y me ordenó que me moviera por toda la casa y para evitar cualquier indicación o palabra por mi parte me volvió a colocar la pelota de goma en mi boca, y me hizo seguir caminando hasta el mediodía. Cuando llegó la hora de la comida, yo creí que nos íbamos a sentar juntas para comer pero Sonia tenía otras ideas con respecto hacia mí. Me encerró en su dormitorio, me retiró la pelota de la boca y me mantuvo a cuatro patas, cuando al rato regresó con dos bol para perros, uno con comida y otro con agua.

    —Mientras estés en mi casa, este será tu plato favorito. ¡Así que come!, me dijo autoritariamente.

    No quise racionalizar nada, quería dejarme llevar por el instinto y disfrutar del momento que estaba viviendo con la humillación de la que estaba siendo objeto, intuí que Sonia no querría que usase las manos por lo que acerqué mi rostro hasta el plato y mi boca comenzó a devorar el arroz que me había preparado y a beber el agua que me había traído.

    AMA, su e… PERRA, quiere que le ciña su collar de animal, le dije agachando mi cabeza.

    No vi la cara de Sonia, a quien sentía como parte suya, pero la oí salir no muy deprisa. A los pocos minutos regresó y ciñó sobre mi cuello la correa, aunque me costaba respirar por la opresión del corsé, Sonia fue muy exigente al colocarme la correa de cuero sobre mi cuello.

    —Mientras yo no te lo pida esta será tu postura ante mí, aquí en mi casa, y fuera de ella será como hasta ahora, nadie tiene que saber lo que eres. Cuando vengas a mi casa, sea cual sea el motivo, te desnudarás nada más cruzar la puerta sin que te importe quien esté aquí… me decía entre autoritaria y dulce.

    Entretanto yo me acerqué a sus pies y comencé a besar sus pies y a lamer sus zapatos, no sabía lo que me ocurría, deseaba mostrarle mi sometimiento a sus caprichos, me sentía suya y anhelaba ser humillada por mi amiga. Que digo amiga, yo era de su propiedad y ella podría hacer conmigo lo que quisiera y yo tengo que aceptarlo para algo soy su esclava y “su alfombra”.

    Si desean que continúe, escribir a mi correo [email protected].

  • Con mi tío Cris (1): Navidad

    Con mi tío Cris (1): Navidad

    Mi padre, de 45 años de edad, y tío Cristóbal, 12 años mayor que yo, es decir, de 31 años ya que yo tengo 19 recién cumplidos, hace mucho tiempo que no se hablan. Todo es por una cuestión de herencia, pues cuando murió mi abuelo dejó en testamento muy beneficiado a mi tío y a mi padre le dejó prácticamente la legítima. Mi padre siempre ha sido rebelde con mi abuelo y ha funcionado por su cuenta desde joven. Esto lo explica todo.

    Puedo asegurar que mi padre tampoco se entiende muy bien que digamos con mi madre, de quien he de decir que viene a vernos a sus hijos -somos tres hermanos, yo soy el mayor y me llamo Yago, me sigue una mujer, Eleonora, con casi 18 años y cierra la lista mi menor llamado Ignacio con 15 años. Con mi padre yo me entiendo fatal, a mi madre la comprendo pero ella se fue y no quiso llevarnos consigo para que mi padre se ocupara de nosotros. En resumen, mi vida es un desastre. Me he matriculado en la Universidad gracias a que mi tío Cristóbal se hace cargo de todos los pagos y se ha empeñado en que me matriculara.

    Llegaron los días anteriores a Navidad y dije en casa a mi padre y hermanos que, como “quien paga, manda”, me iba a casa de mi tío para acompañarle en la Navidad. En casa de mi tío hago lo que quiero y sé que ama a su sobrino, pues lo demuestra en todo, me compra ropa o me da dinero para que me compre lo que yo quiera, no dice nada de mi forma de vestir con jeans rotos, tampoco se queja de que vaya desnudo por la casa, sobre todo en verano. Me encuentro muy a gusto con él, solo me exige que saque buenas notas en mis estudios.

    Yo me fui a casa de mi tío el día 21 de diciembre. Le había llamado para decirle que iría a adornarle la casa y me dijo que, yendo yo ese día, saldríamos los dos a comprar todo lo necesario al día siguiente sábado. Cuando llegué esa noche me preguntó hasta cuándo me iba a quedar, le contesté que hasta el día 7 de enero, si no lo molestaba. Se alegró y me dijo:

    — Entonces el día 29 salimos de viaje para recibir el año nuevo en una zona más caliente… ¿has traído tu pasaporte?

    — Lo tengo aquí desde el último viaje que hicimos a Bruselas.

    — No digas nada en tu casa.

    — Nunca les digo nada. El único que me apena es mi hermano Ignacio.

    — No te preocupes, cuando sea mayor de edad nos hacemos cargo de él y procura enterarte qué cosa necesita o le ilusiona y se la compras tú, no yo, que no quiero líos con tu padre.

    Nunca pregunto a mi tío donde vamos ni otros detalles, me dejo llevar por él. Mi tío Cristóbal es un solterón empedernido, dice que no se va a casar porque se encuentra muy bien de soltero. Sé que de vez en cuando se va de putas o a follar con alguna amiga, pero no lo sé porque lo investigue, sino porque él mismo me lo dice, «esta noche es tuya, yo vendré tarde, salgo con una amiga, comeremos juntos y si se tercia nos echaremos un polvo», «no me esperes hoy, salgo con un amigo y nos iremos luego de putas», siempre me da este tipo de avisos con total claridad y naturalidad.

    Sé que me trata así porque nunca le he hecho preguntas, nunca le he incomodado, porque ya me he acostumbrado, porque trae chicas a casa y luego me pregunta si me han gustado, cuál me ha parecido mejor, o quien es la más guapa, yo siempre le digo lo mismo, que las mujeres todas son bonitas, pero que a mí no me van y me contesta siempre «no sabes lo que te pierdes». Me río, nos reímos y nos entendemos. Por eso es que le gusta que le acompañe en sus caprichosos viajes, antes se aburría y ahora no. Si quiere ir de putas, yo me quedo en el hotel viendo la televisión. Ni le incomodo ni me incomoda, es mi tío y punto.

    Cuando estábamos en el súper comprando, me dirigí a él:

    — Tío, qué te parece si compramos…

    — Dos cosas, una, ya no me llames tío, ni tío Cristóbal, ¿te parece bien Cris?, y dos, no me preguntes qué comprar, mete al carro lo que te guste o necesites o te haga ilusión.

    Entonces compré todo lo necesario para la cena del 24 y para el día de Navidad. Pues había decidido que cocinaba yo, aunque mi tío me había dicho que podríamos irnos por ahí con otros dos amigos suyos. Le dije que invitara a sus amigos que yo iba a preparar la cena del 24 y la comida del 25. Se puso contento e invitó de inmediato por teléfono a sus amigos, aceptaron y me dijo:

    — ¿Ves? por estas cosas me alegra que estés conmigo, no te hace ascos cocinar para que yo quede bien delante de mis amigos, sabes querer. Han aceptado para las dos ocasiones. Luego el 25 en la noche cenamos fuera los cuatro y nos vamos de putas.

    — Lo siento Cris, yo no voy de putas, ya lo sabes, conoces mis inclinaciones y prefiero no ir de putas con vosotros, me quedo en casa viendo la televisión, además, así ceno de las sobras.

    — Como tú quieras, no hay problema, lo que pasa es que te veo con un comportamiento muy macho para ser maricón, la verdad.

    — No tiene nada que ver, Cris, pero yo soy feliz con una polla en mi culo, y cada uno somos como somos y no me molesta que te vayas de putas ni que me cuentes luego, como haces a veces, porque me gusta escucharte y que seas feliz.

    — Eso es fácil de arreglar, un día que yo no salga y lo necesite, si quieres remedio de una tajada a los dos.

    — ¿Te atreverías a follarme?

    — Hombre, creo que me costaría, pero si con eso se alegra el culito de mi Yago…

    Nos reímos los dos y recordé que la última vez que estuve aquí hubo una fiesta de disfraces con unos amigos que vinieron a verme y me disfracé de mujer. Guardaba mis cosas, bragas sexy, mini falda escocesa, sujetador, blusa y corpiño, peluca y lápices de labios y polvos de colores para el rostro, lápiz de cejas y todo lo necesario. Me veía guapo, digo, guapa y a mis amigos les gustó. De siete que éramos dos íbamos de mujer, los otros daban más miedo, muertos, degollados, qué asco.

    Pasé una Navidad bien divertida conversando con los amigos de Cris, pero ninguno se atrevió a meterse conmigo. Cada uno de ellos trajo su champagne, Pedro trajo dos botellas de Moët & Chandon y Luis se acompañó de una Veuve Clicquot. Vinos teníamos nosotros en la bodega, cosa curiosa de Cris, que siempre hace colección, pero ese día sacó sus mejores vinos. Se habían preparado dos habitaciones, para Pedro y Luis. Nos fuimos a dormir con la cabeza dando vueltas. Desperté con resaca, me duché y me dediqué a preparar la comida. Poco a poco se me fue pasando, hacia las 11 de la mañana amanecieron los tres con unos minutos de intervalo entre ellos, todos con resaca, pero contentos.

    Llegada la tarde se fueron. Mi tío me miró con tristeza porque no quería ir con ellos. Pero si hubiera ido me hubieran metido con una prostituta y tengo dos razones para no aceptar: una, que soy gay, y otra, que no me gustan las putas, que para puto ya estoy yo. Me puse una peli porno, no me gustaba mucho y busqué con mi móvil películas de porno gay, sincronicé el ordenador y allí estaban tres tíos magreándose, penes grandes, buenos músculos y con ausencia pelos en todo el cuerpo. Ya estaba yo oliendo a hombre y me saqué el pantalón, mojado estaba ya el jockstraps del presemen, me lo saqué y, mientras me olía a mí mismo, me iba tocando mi polla mojada de líquido preseminal y me puse mis dedos embadurnados a la boca; así que me olía a mí mismo, me gustaba yo mismo y faltaba sentirme, pero sin prisas.

    Me olvidé de la película y, mientras miraba una foto de Cris, me estaba masturbando despacio, como quien quiere hacerlo durar, hasta que me corrí. Apreté el prepucio para cerrar la salida y me tumbé de espaldas, levanté todo lo que pude el culo encorvando mi espalda y quedó el pene cerrado con mis dedos sobre mi boca. Abrí el pellejo y se fue escapando hacia la boca. Aunque no encajó todo entre los labios, luego fui recogiendo de la barbilla y del cuello y me gusté. Comencé a amarme más. Exprimí mi polla y me lo tragué todo. Esa fue mi primera vez que hice gotear mi pene sobre mi boca, pero fue el inicio para ensayar y a los meses ya pude mamar con mi boca mi propia polla.

    Me despojé de mi ropa, porque había elevado la temperatura de la calefacción y sentado y manoseando mi polla seguí viendo la película. Me calenté y necesitaba meter algo en mi culo. Debajo del televisor hay cajones donde Cris pone cosas no muy útiles. Rebusqué hasta descubrir un tubo con una vitola, era de aluminio y contenía un puro habano. Cris no fuma, así que decidí untar con gel el tubo con el puro dentro y me unté el culo y comencé a meter el tubo, sin soltarlo para que no se me escapara. Metía y sacaba y cada vez que lo metía me daba como un relámpago de gusto y al rato estaba eyaculando. ¡Qué pasada! Se me ocurrió que tenía que comprarme un dildo o bolas o algo para tener puesto en el culo y que me diera ese gusto. Lavé el tubo, lo dejé en el mismo sitio y desnudo fui rebuscando algo por toda la casa, pero nada me satisfizo porque quería dejarlo suelto y no me convencía.

    Fue entonces cuando tomé la decisión de ir el día 27 a comprar algunas cosas en un sex shop. Desnudo estaba absorto viendo otra peli y con mis manos en mi polla. No me di cuenta de la entrada de Cris. Se me quedó mirando sin que yo me enterara hasta que escuché:

    — ¡Patético, eso es patético! ¿Cuándo me dejarás que te pague un puto de carne y hueso?

    — Nunca; yo lo quiero regalado, que me guste, que esté cerca de mí, que sea de mi familia, algo mayor que yo, que sea tío mío y que se llame Cris, —dije sin levantarme ni mirarlo, estaba yo fijo en la película.

    Me levanté, aunque estaba desnudo me acerqué a Cris, lo abracé, lo besé, intercambié mi lengua, y le fui abriendo la cremallera de su pantalón, luego abrí su cinturón y tiré el pantalón a sus pies. iba en bóxer rojo, no podía ser de otra manera, si es tiempo de Navidad. Estaba absorto mirando el televisor y por encima de la tela del bóxer mordía su polla con suaves toques en los dientes. Me cansé de que no se levantara y le bajé el bóxer a los tobillos. Tomé su polla con las dos manos, abrí la cabecita y fui metiendo la polla dentro de mi boca hasta que mi nariz apretaba su pubis. Con la lengua iba dando vueltas a la cabeza cuando la sacaba y volvía a metérmela hasta el fondo.

    Se puso totalmente dura, por fin conseguí que moviera sus manos y las puso en mi cogote para empujar mi cabeza al fondo y él se curvó como queriendo meter más. Profundizó lo que pudo y mis labios y lengua apretaban la polla cuando estaba al fondo. Cuando salía tocaba con la lengua el frenillo notaba su electrificante movimiento. Mis manos en su culo para que volviera a empujar y ya no lo dejé retroceder porque supe que iba a soltar su lefa.

    En efecto, descargó su leche, bastante, pero no tanta como yo había imaginado, así que la pude tragar toda y me pasaba la lengua por los labios para humedecerlos de la lefa espesa. Cris había gemido, mucho y al final dio un grito ininteligible aunque salvaje. Me levanté y lo besé para hacerle partícipe, si no de la materia de sus huevos, al menos de su olor y sabor. No le disgustó, sino lo contrario, abrió su boca y dejó que entrara mi lengua que lamía con la suya. Nuestras pollas por abajo se tocaban y abrió sus brazos para abrazar mi cuerpo desnudo. Entonces dijo:

    — Esto es asombroso, maravilloso, ha sido mejor que con la puta de esta noche.

    Y me besaba por toda la cara. No me soltaba, entonces bajé mis manos para acariciar su sable blando, caído y suave como el terciopelo. Conseguí levantarlo al instante y me di la vuelta para que me la metiera en el culo. Me agaché y, como ya lo tenía lubricado de gel, me lo atravesó de una tacada y sin descanso me folló a golpes de entradas y salidas. Me llenó el culo de su leche. Se descansó en mi espalda gracias a que me apoyaba en el sofá donde había estado sentado. Luego desperdicié todo mi semen sobre el piso. Cris se salió de mí y lo vi como ido.

    Fui a la cocina a recoger papel absorbente y le limpié el pene, me limpié mi ano de todo el semen que se escurría y limpié el suelo. Cris miraba lo que hacía totalmente absorto. Tiré los papeles a la basura, me enjuagué las manos. Salí al salón y estaba de pie sin moverse. Le quité los pantalones y el bóxer de entre los pies y lo senté en el sofá, yo me senté a su lado. Luego le quité el resto de su ropa para contemplar su cuerpo peludo. La televisión estaba encendida pero solo decía «NO HAY SEÑAL DE VIDEO». El móvil había agotado su batería. Nos quedamos Cris y yo mirándonos y comencé a tocar su cuerpo. Él hizo lo mismo que yo, hasta que le dije:

    — ¿Qué te pasa, Cris, que estás tan callado?

    — Estoy pensando la cantidad de dinero que me he gastado para estar un momento con una puta que me ha hecho eyacular y me he salido enseguida, he pagado dos veces y solo he descargado una. Aquí, tú, sin pagar nada, me has hecho eyacular dos veces y mira cómo me has vuelto a poner.

    Yo me reía sin carcajearme porque lo vi feliz como nunca y él añadió:

    — ¡Joder, joder, joder! Eres maricón, pero eres bueno, mejor, mejor, mucho mejor que una puta…

    Y me llenó de besos.

    Comencé a sentir la necesidad de vestirme y me puse mi slip y mi camiseta para preparar la cena. Cris se vistió y se vino conmigo. Yo le iba diciendo lo que tenía que hacer hasta preparar todo. Nos sentamos a cenar, ya era tarde. Al acabar la cena, mientras yo limpiaba los dos platos y tenedores, Cris sacó un champaña y dos copas y nos fuimos al salón. Puse el móvil a cargar, subí tres grados la calefacción hasta los 28º y me senté. Noté que Cris ya tenía calor mientras servía las copas y me desnudé. Me miró, sonrió y se desnudó.

    Nos tomamos poco a poco la botella entre los dos mientras conversábamos de diversas cosas de sus amigos y de él mismo. Me dijo que sus amigos estaban encantados conmigo:

    — Les has gustado, dicen que cocinas muy bien y que eres muy guapo, menos mal que no saben cómo la mamas, mejor que todas las putas que me he pasado por el forro de los cojones.

    — Siempre se ha dicho que los gays la mamamos mejor que las putas, las esposas y las novias, porque ellas la maman por obligación y nosotros por devoción.

    Tras unas risas nos levantamos para ir a la cama. Bajé el nivel de la temperatura de la calefacción, aunque ya era casi la hora de que se apagara en la sala. Me iba a mi habitación y Cris me toca del hombro y me dice:

    — ¿No te gustaría dormir en mi habitación?

    — Siempre lo he deseado…

    — Pues no seas idiota, ven.

    Me arrastró con su brazo, dejamos las ropas sobre un sillón y nos metimos desnudos en la cama. Para qué contar más; se nos hizo de día despiertos. Además el 26 de diciembre era no laborable, así, que a dormir pegaditos desde las 6 de la mañana hasta las dos de la tarde, nos iba a sentar bien y descansaríamos. Al despertar me di cuenta de cómo estaba la sábana llena de manchas de semen. Con solo verlo se me levantó la polla y tuve que meterme en la ducha. No tardó Cris de hacerme compañía y nos ayudamos a lavarnos entre nosotros.

    Como yo le metía el dedo con gel para lavarle el ano, se empalmó y me miró como pedigüeño, me agarré del pasamanos de metal y le di mi culo para que me atravesara y descargara, yo también eyaculé. Nos acabamos de lavar, nos secamos y vestimos y salimos hacia la cocina, porque el sexo es un trabajo que produce hambre. Íbamos cogidos por los hombros.

    — Nunca pude imaginar que me gustara tanto follar con un tío.

    — En este caso es con tu sobrino, que te adora.

    — No sé si te adoro, pero si mucho te quería ahora desbordo.

    — Lo bueno es que te ha gustado.

    — Mucho y me vengo preguntando, ¿seré yo gay y no lo sabía?

    — Eres gay, Cris, lo eres… o al menos bi, estoy seguro, pero eso se es y a veces no se sabe y cuando se descubre ya no tiene engaño.

    — Bueno, si tú lo dices…, igual es por eso que no me he casado…

    — Seguro que es por eso, pero yo puedo arreglar eso…

  • Nuestra amiga argentina, el tatuado y una amiga especial

    Nuestra amiga argentina, el tatuado y una amiga especial

    Bueno, sigo contando mi vida en lo que llamo ‘mi diario íntimo’, obvio son cosas que ni a Pau -mi amiga/novia- le cuento. Esto que me pasó ayer a la noche.

    El tatuado, me estuvo mandando whatsapp, para hacer algo a la noche pero no me decía que, y se los copio:

    Tatuado: rubia hoy no viniste a la playa

    Yo: no, porque se iba Valen y después me dio fiaca

    Tatuado: Dale, está bien, ¿te venís a casa a la noche?

    Yo: ¿otra vez? Jaja, dame un poco de descanso.

    Tatuado: pero va a ser algo distinto, solo vamos a ser tres.

    Yo: obvio vos ¡y algún amigo tuyo!

    Tatuado: no exactamente, y no te quiero adelantar nada, pero venite, es algo que seguro nunca hiciste, y si no querés no hay drama.

    Yo: pero nene, adelántame algo, decime que es lo que vamos hacer???

    Tatuado: sorpresa, pero estoy seguro que te va a gustar, te espero a las 11,30 o 12 hs, beso.

    El guacho me cortó así, le mande un par de whatsapp y ni me los contesto, y como soy yo, que no me gusta quedarme con las ganas de nada, me quede intrigada, y sé que a veces soy muy boluda (y ya se van a dar cuenta porque), me tendría que haber dado cuenta antes.

    La cosa es que como siempre la adrenalina esa que siento a lo desconocido y la calentura fue más fuerte que yo, así que, nada, me voy a los del tatuado, total ya había ido mil veces.

    Bueno llego a lo del tatuado, toco bocina, me abre, entro y estaba con una “supuesta amiga” (de lo de supuesta amiga me di cuenta después, porque repito sé que a veces soy media boluda y no me doy cuenta de las cosas).

    El tema es que su “supuesta amiga” se llama LU, tendría 25 años, estaba con una pollerita, lindas piernas, lindo cuerpo, me pareció buena piel, esa suave que me gusta y de cara más o menos, y lo que pensé es que el tatuado nos quería enfiestar ¡a las dos!

    Como siempre unos cigarros para hacer la previa, (cosa que a veces después de eso me cuesta contar los detalles exactos de cómo fueron las cosas).

    El tema es que en un momento (y de esto me acuerdo bien), estábamos los tres parados, yo enfrente de Lu, y el tatuado atrás mío. El tatuado me empieza a besar el cuello, me toca las tetas (sobre mi remera), yo ya estaba calentándome, me la saca, me empiezo a besar con Lu, hasta que ¡me quería morir! Y si ME QUERÍA MORIR.

    SI, en vez de sentir su conchita, empiezo a sentir algo duro, la verdad que no lo podía creer, era ¡una travesti!, siempre me dio puajjjj esas cosas, pero la estaba besando ¡y tocando! Y lo peor es que su piel suave me calentaba, me gustaba.

    Freno todo, le digo al tatuado: “forro, ¿qué es todo esto?”, “nada”, me dice: “algo distinto, y no dejes de ¡probarlo!, nunca lo hiciste, no te quedes con las ganas.”

    No sé, me quede sin palabras, mientras el tatuado, me seguía poniendo en bolas y Lu, me seguía besando y tocando las tetas (y la verdad que lo hacía bien) y sentía la pija de Lu, como cada vez se ponía más grande y el tatuado me dice: “te aclaro, a Lu, la conozco desde hace tiempo, pero siempre la jugué de activo a pesar de que se le para y se coge a chicos y chicas”

    ¡Qué cosa loca! La verdad, jamás hubiera pensado estar en una situación ¡así!

    Hasta que yo ya en bolas el tatuado agarra mi mano y me la lleva ala pija de LU, al principio PUAJJJ, que asco, hasta que se la empiezo a tocar y no era ¡nada despreciable!

    LU se saca la pollera, la bombacha, el tatuado, me lleva a arrodillarme y se la empiezo a chupar, ya fumada, ni sabía lo que hacía, solo que me estaba comiendo una linda pija sin pelitos, ¡como a mí me gustan! Y acariciando su piel hermosa, cosa que yo también ya me estaba calentando y bastante.

    La cosa es que se la sigo chupando y se le paraba cada vez más, me llevan al cuarto, me dejo (repito ya ni sabía lo que hacía).

    Nos vamos los tres a la cama, LU se pone boca arriba, y me dice algo así: “vení nena” y si me voy arriba de ella (pero esta vez le pedí que se ponga un forro), y me monte sobre su pija, mientras me incline y le empezaba a chupar sus tetas, otra vez nos sentíamos esa piel suave que las dos teníamos y me calentaba mucho, y el tatuado empezó a jugar con mi cola.

    Me metía uno, dos dedos, me la dilato bien y me empezó también hacer la cola ME ESTABAN HACIENDO DOBLE PENETRACIÓN ENTRE UNA TRAVESTI Y UN CHICO, nada obviamente, me hicieron acabar como loca, pero no estaba convencida de lo que hice, esas cosas no me van pero la calentura me ganó.

    Me vestí y me fui, y la verdad no muy bien, creía que tenía mis límites y uno de esos era jamás estar con una travesti, pero lo hice, nada, que se yo, no estoy muy bien con ¡lo que hice!, pero repito la adrenalina y como me caliento, me llevan hacer estas cosas, creo que fue lo más loco que hice en mi vida.

  • Cuando provoqué a mi amante

    Cuando provoqué a mi amante

    Hace unos doce años ya tenía más de diez de casado. En esa época mi esposa, Liz, y yo teníamos una grave crisis, acababa de confesarle una infidelidad.

    Mi deseo sexual hacia mi esposa había decaído muchísimo. Mi amante era una bella muchacha recién graduada de veinticuatro años, pequeñita, rubia, con unos ojos azules que eran un sueño. Era además muy coqueta y tenía fantasías sexuales que compartía conmigo en la cama. Con ella lograba hacer el amor más de tres veces seguidas a pesar de mis treinta y tres años, cosa que hacía tiempo no lograba ni deseaba con Liz.

    Mi joven amante se enamoró de mí, cuando llegaba a su casa me saltaba encima como una gata y caímos juntos en el sofá de su sala. Al principio trató que abandonara a mi esposa, pero a pesar de todo yo tenía una historia construida y un hijo pequeño y no quería perderme su educación. El ambiente familiar era muy bueno. Así que mi amante llegó a proponerme que, antes de perderme, podría ser la otra muchos años, pero debía dedicarle algún rato diario y un fin de semana al mes.

    Liz comenzó a notar que algo me pasaba, yo estaba horas ensimismado pensando en mi amante y en la vida que podríamos llevar juntos. Al mismo tiempo quería que la llama de pasión de mi matrimonio se avivara. Por eso confesé la infidelidad y puse en alerta a mi esposa.

    Esto tuvo algún resultado, por años mi esposa se negó a tener sexo anal; sin embargo comenzamos a tener sexo con más frecuencia y sesiones salvajes de sexo anal. En ese sentido superó a mi amante que siempre me negó su culo, decía que solo después de casarnos. Por un tiempo me sentí enloquecido, se me reseca la boca aún del recuerdo. Liz tiene un hermoso, grande y bien proporcionado culo y vista en cuatro patas resalta su abultado coño depilado. Yo primero introducía mi pene en su vagina caliente y húmeda para que se lubricara bien, después poco a poco lo metía en su culo apretado, mientras tanto ella se masturba con su mano derecha, a veces sentía el roce de sus dedos en mi escroto, era una sensación fascinante.

    Mi objetivo era provocarle un orgasmo por el culo, a ella que siempre me lo había negado. ¡Y claro que lo logré! Me movía como un poseso, no solo de atrás a delante sino también en círculos, su culo, al principio apretado, se delataba enormemente. La sensación de eyacular en su recto era espectacular. Quería despertar sus bajos instintos, hacerla una mujer más puta, con más deseos de follar y no solo conmigo, soñaba con hacer un trio con otra chica o con un chico, pero en plan hetero. Alguna vez llegué a proponérselo, pero nunca me tomo en serio.

    Mi mente rota estaba entre dos deseos opuestos: reavivar mi matrimonio o provocar que mi esposa me abandonara para irme libremente con mi amante. En mi cobardía era incapaz de tomar la decisión yo solo. Así que un día le di a mi amante el número del celular de Liz y la provoque diciéndole: «a que esta noche no te atreves a enviarle un mensaje a mi esposa diciéndole que eres mi amante y vienes con todo a por mí.» Ella rio y me dijo que lo haría… pero llegó la noche y el mensaje no llegaba.

    Yo estaba cada vez más nervioso y excitado, así que cogí mi móvil y le envié un SMS: «cobarde». Esa provocación enfureció a mi amante de tal modo que le envió un mensaje a Liz diciendo: «quiero a tu marido para mí, así que esto es la guerra». Liz dio un salto en la cama muy nerviosa y molesta -pero que se cree está tipa.

    Entonces la llamó y se dijeron muchas cosas. Al final colgó y me dijo: «… la voy a llamar para proponerle hacer un trio contigo, los tres juntos, y tú y yo vamos a tener un sexo anal que se va a morir de envidia, a ver si se aplaca y nos deja tranquilos…»

    Yo me quedé de piedra, callado…

  • Me enamoré en mi primera vez de hacerlo con una madura

    Me enamoré en mi primera vez de hacerlo con una madura

    Tengo 21 años, mi experiencia fue fascinante, no esperaba que esta tarde sucediera.

    Mi amiga tiene 38 años, es casada y no tan feliz con su esposo, nos dimos confianza y me gustaba saber de ella. Me contaba cómo era, sus gustos y todo lo demás. Después una tarde me dijo que andaba de compras y tenía unas horas libres para poder vernos, era mi oportunidad y no podía creerlo.

    Estaba nervioso, llego a mi casa, hablamos poco y siendo directo comencé a besarla y acariciarla…

    Lo hicimos muy rico tanto que podía sentirlo con su amor, no tan simple como cuando sientes que algo más te falta…

    Le di eso que le faltaba, podía aguantarla y metérsela rico, me enseño algunas cosas también quede fascinado, se tragó mi leche, fue un buen chorro de semen de lo excitado, le di por el culo y lo disfrutamos tanto, hicimos de todo, me vine tres veces y con mucho sudor…

    La quiero por siempre, fue diferente más que una experiencia, existirá por siempre.

  • Volver a verte (Parte 1)

    Volver a verte (Parte 1)

    Helena fue la primera chica de quien me enamoré. Nos conocimos a los 18 años, ya que vivíamos a 4 casas de distancia en ese tiempo, y lo cierto es que a mí me encantó desde que la conocí.

    Sus hermosos ojos verdes tenían y tienen, un efecto hechizante. Siempre ha sido unos centímetros más alta que yo, tiene el cabello castaño claro; ondulado y largo hasta la mitad de la espalda, unas piernas largas y gruesas, de esas que no necesitan demasiado ejercicio para lucir súper bien, rematadas por unas caderas, ligeramente anchas, que dan un efecto delicioso a su pequeña cintura y sus nalgas bien colocadas en su sitio. Su piel es clara, y sus tetas pequeñas (pero con unos pezones pequeñitos y rosados de antojo!). En pocas palabras, desde adolescente, Helena era guapísima y me bastó conocerla en la calle donde vivíamos, para comenzar a enamorarme de ella a través de los meses y años.

    Como era de esperarse; tuvimos una relación que duró pocos meses. Ella era una chica con cierta experiencia, a pesar de que éramos de la misma edad, había estado con varias mujeres ya. Y yo, a los 18 años, yo había tenido apenas un par de historias que no habían llegado a concretarse, así que puedo decir con toda seguridad, que Helena fue mi maestra en el arte del sexo y ciertamente, la responsable de mi experiencia y habilidad futura con las mujeres.

    En fin… nuestra historia, fue linda, pero corta. Y más bien hubo mucho sexo. Al ser mi primera vez, yo estaba encantada con las cosas que Helena me hacía sentir, además de ir aprendiendo a complacer a una mujer a través de nuestras tardes a escondidas en la casa de mis padres, donde nos pasábamos con el pretexto de ver películas, y terminábamos desnudas en la regadera de mi habitación, después de haber tenido sexo en mi cama, en mi alfombra, en mi sofá o en la regadera misma, Helena se apresuraba a vestirse antes de la hora de llegada de mis padres. Algunas otra veces había sesiones de besos profundos detrás de algún auto estacionado, cuidando que nadie nos descubriera, muchas fiestas con sus amigos, donde después de un poco de alcohol, Helena me llevaba al baño o al auto de alguno de ellos y me hacía sexo oral, o por lo menos me masturbaba, metiendo su mano solo por el cierre de mis jeans. En una ocasión, fuimos a una fiesta en la casa de un amigo suyo, quien celebró con carne asada en su enorme jardín. Helena llevaba un vestido color blanco con azul, que la hacía lucir hermosa, y en algún momento en que la gente comenzaba a estar entrada en tragos, ella aprovechó un pequeño rincón del jardín para besarme y masturbarse con mi pierna; nos prendimos tanto, que terminamos encerrándonos 30 minutos en el baño y haciéndonos sexo oral la una a la otra. Entre el sexo y el efecto mágico que Helena causaba en mí, la verdad es que me sentía enamorada de una manera en que solo ocurre a cierta edad (siempre he pensado que jamás volvemos a enamorarnos de esa manera).

    Pero como dije, lo nuestro duró poco. A los 6 meses, terminamos y Helena al poco tiempo comenzó a salir con una chica un poco mayor con quien duró bastante tiempo. Evidentemente me rompió el corazón y a partir de ahí mi historial con la chicas creció de manera importante. Pero lo cierto es que siempre guardé un recuerdo lindo de ella, incluso cuando al entrar a la universidad, se mudó a otro estado.

    Dejé de verla, casi 8 años, en los cuales el contacto fue prácticamente nulo. Si acaso algún mensaje en navidad y nada más.

    Yo también me mudé, cuando cumplí 23, pero obviamente vuelvo y visito a mis padres en vacaciones y fechas importantes, así como algunos fines de semana. De manera que, en las vacaciones de verano, el año pasado, decidí pasar una semana entera en casa de mis padres. Todo iba muy bien, salíamos juntos a cenar, descansamos mucho, visitamos a mi hermana, fuimos al cine juntos… hasta que un viernes en la noche, después de haber salido a trotar, Helena me llamó por teléfono. Su llamada me dio gusto, pero también me sorprendió, pues teníamos años sin hablar. Al contestar, escucho su inconfundible voz, diciendo que estaba de visita en casa de sus padres y que hacía un par de minutos me había visto entrar a casa de los míos. Charlamos unos minutos alegremente, poniéndonos al día, pero entonces Helena me interrumpió, para decirme que su llamada era más bien para invitarme a salir, y que de esa manera pudiéramos ponernos al día tomándonos una cerveza.

    Helena: Recuerdas a mi amigo Richard?

    Alexa: Claro!, hace tanto no lo veo, cuéntame como está él?

    Helena: Bueno, por qué no lo saludas tú misma? Hoy tendrá una reunión en su casa, si te animas, él puede pasar por nosotras en un rato más y podemos ir a beber unas cervezas y platicar. Tengo muchas ganas de verte Alejita y abrazarte por supuesto.

    Alexa: Suena bien!, Entonces, te veo en unos 30 minutos? recién entro de trotar y me gustaría darme un baño antes.

    Helena: (Bromea), si quieres te ayudo Alejita. Ya sabes que soy buena con eso (ambas reímos). Te busco en 30 minutos

    Alexa: Ya está nena. Te veo en unos minutos.

    Me metí a bañar y elegí una blusa color negro, jeans rotos de las rodillas y unos tenis negros, además de una chamarra de cuero negro. Me dejé el cabello suelto, me apliqué un poco de maquillaje, me delineé los ojos y me puse perfume. Cuando terminé de arreglarme, Richard estaba llegando en su auto. Me dio gusto verlos a ambos y al saludarlos se los dije.

    Helena, quien fue más efusiva al saludarme, se quedó colgada de mi cuello y me dijo:

    H: que guapa estás Alejita! Y ese perfume… es el de siempre?

    A: Que buena memoria nena!, Sabes que recién lo encontré de nuevo?, hace años que no lo compraba y hace poco lo vi y no pude resistirme.

    H: Como olvidarlo! -Me dijo clavando su nariz en mi cuello y haciéndome sentir un poco de escalofríos.

    Ella se veía guapa. Vestía toda de negro; jeans y blusa negra, chamarra de cuero también y llevaba el cabello recogido en una coleta. El perfume de siempre. Los ojos verdes delineados, hechizaban como siempre, y los labios pintados de rosa claro. Subimos al auto y comenzamos a platicar animadamente, compramos alcohol en el camino, llegamos a casa de Richard, saludamos a varios de sus amigos y brindamos con ellos, pero a los pocos minutos, Helena propició que nos quedáramos a solas para poder hablar. Y hablamos mucho!, bastante tiempo, varias cervezas, tanto que contarnos! Cuando me levanté para ir por un par de cervezas más, Helena me gritó: – ¡Qué guapa estás!- y después rio pícaramente. Yo solo sonreí bajando la cabeza, pues había logrado sonrojarme un poco.

    Regresé con el par de cervezas y Helena me recibió con un abrazo. Estábamos charlando sentadas en una pequeña barda en el jardín, por lo que al abrazarnos, nuestras rodillas se juntaron haciéndonos quedar más cerca. Continuamos hablando animadamente. Helena tenía ambas manos sobre mis piernas, yo la imité y puse mis manos sobre las suyas. Un amigo de Richard nos preguntó si estábamos juntas, y no le respondimos, solo reímos ambas dejándolo a su imaginación. Estuvimos recordando cosas de antes y hablando de nuestras vidas actuales, de la universidad, de amigos… hasta que Helena se volteó dándome la espalda y se recargó en mí para que la abrazara. Lo hice y seguí hablando muy cerca de su oído, recordé que solíamos hacer eso siempre que hablábamos de mil cosas en el parque. Cuatro amigos más se nos unieron, sentándose alrededor de nosotras y seguimos así un rato, cuando de pronto ella sin más, volteó la cara hacia mí y me besó en los labios. Fue un beso pequeño y leve, tras el cual, me sonrió, volteó la cara y volvió a la charla de los demás. Yo seguí abrazándola.

    Después de eso bailamos un rato, y Helena comenzó a acercarse más. Reíamos y yo la abrazaba por la cintura para sentir su cuerpo, ella me daba besos pequeños en los labios y volvía a abrazarse de mi cuello y seguía bailando.

    H: Estás hermosa Alexa. Me encantas! -Me dijo un par de veces en medio de la euforia del baile.

    La primera vez le sonreí y besé su nariz. La segunda, la abracé por la cintura y la atraje hacia mí, sintiendo su cuerpo moverse al ritmo de la música y su pelvis muy cerquita de mis caderas haciendo movimientos muy sexys.

    Cerca de las 3 am, Richard se ofreció a llevarnos a casa. La mayoría de los amigos se habían ido y los que quedaban estaban algo borrachos, por lo que ambas accedimos. Subimos al auto con otras 5 chicas atrás a quienes también llevaríamos a casa. Helena y yo, tuvimos que compartir el asiento del copiloto, lo cual no me molestó, pues me pidió entrar primero, y al acomodarse junto, muy junto a mí, pude rodear de nuevo su cintura para que la posición de viaje fuese más cómoda, así que entre el ruido de la música y las chicas que reían de las tonterías de Richard; Helena sin más volteó hacia mí y me besó en los labios. Fue un beso suave, pero esta vez no fue pequeño, tuvo cierta intensidad aunque fue lento, y sentí como la punta de su lengua buscaba la mía. Las chicas comenzaron a armar jaleo debido al beso y entre aquella molestia no pudimos continuar. Llegamos a la casa de la primer chica, quien por alguna razón que no recuerdo, comenzó a convencernos de que siguiéramos la fiesta en su casa, ya que sus padres estaban de vacaciones y podíamos entrar a la alberca.

    Por alguna otra razón que tampoco recuerdo, accedimos, incluso Richard, quien llamó a 2 de sus amigos para que se hicieran cargo de terminar con la otra fiesta y venir a la nueva.

    Eran algo así como las 4 am, cuando los 3 chicos y las 5 chicas comenzaron a calentarse con preguntas candentes en la alberca. Además de estar en ropa interior y tenerse muy cerca. Helena y yo habíamos decidido no entrar al agua, éramos las más sobrias y aquello nos llevó a pensar en la incomodidad de llevar la ropa interior mojada después, así que estuvimos conviviendo desde la orilla de la alberca, hasta que fuimos al baño y al volver, los demás ya estaban entrando en materia de besos y bailes sensuales. Decidimos quedarnos en la habitación de Lili (la dueña de la asa), hasta que la plática nos llevó a retomar lo que dejamos pendiente. Comenzamos a besarnos en el sofá, muy suavemente, mi cuerpo, ligeramente debajo del suyo poco a poco entró en calor al sentirle. La abracé, mientras acariciaba su cabello con mi otra mano. Ella me tenía la cara agarrada con ambas manos y me besaba con esa intensidad que yo ya conocía. Volver a sentir sus besos y la piel de su espalda era excitante. Nos fuimos quitando la ropa lentamente sin dejar de besarnos; primero la chamarra, después la blusa, después ella me desabrochó los jeans y yo hice lo mismo.

    Quedamos en ropa interior y ella volvió a acomodarse sobre mí. Los besos eran cada vez más intensos y nuestras manos tocaban toda nuestra piel. Yo la tomé de la cintura y acomodé su pierna derecha, de manera que una de mis piernas quedó en medio de las suyas. Ella comenzó a mover su cadera dejándome sentir la humedad de su vagina a través de la tanga. Desabroché su sostén, lo deslicé lentamente y llevé mis dos manos a sus tetas, ella lanzó un pequeño gemido y se incorporó ligeramente mientras seguía moviéndose sobre mi pierna. La hice levantar y rodear el sofá para que su vagina quedase exactamente frente a mi boca, quité su tanga y alzando solo un poco la cabeza, llevé mis labios a su rica vagina, que estaba mojada y cálida. Succioné suavemente su clítoris y lo acaricié con la punta de mi lengua; eso la hizo soltar otro gemido y dejarse caer un poquito más sobre mi boca, así que metiéndole la lengua tan adentro como pude, la tomé de las caderas para seguir el movimiento con que se cogía mi boca. Gemía levemente y eso me calentaba más.

    Afuera escuchaba a los chicos seguir en la fiesta, mientras adentro, Helena me quitaba toda la ropa y me besaba cada parte del cuerpo que se le antojaba, algunas veces me mordía. Me hizo tener un orgasmo con su lengua y otro con sus dedos.