Autor: admin

  • Los herederos Federighi (Chocoidilios)

    Los herederos Federighi (Chocoidilios)

    El sol de verano era demasiado abrasador incluso para aquella pequeña distancia que yo intentaba recorrer desde la playa a casa. Mi rubio no lo aguantaría y mi bikini negro aún menos. La fiesta resultó ser una puta mierda. De repente todo el mundo se creía que reunir a unos cuantos amigos en la playa se podía llamar fiesta. Le había mandado un mensaje a mi hermano para que me recogiera pero no debió verlo, y el trayecto de vuelta en realidad era corto así que mejor no molestarle.

    Llegué a casa cansada, y me extrañó ver que no había nadie, las persianas estaban bajadas y todo a oscuras y en silencio. No estaba borracha, yo nunca bebía demasiado, pero el vino que me llevé al estómago vacío de mal humor antes de marcharme de la fiesta debió sentarme fatal, lo suficiente como para no recordar que mis padres iban a salir fuera todo el fin de semana. Por eso abrí la puerta de la habitación de mi hermano con un enorme estruendo:

    —¿¡Hermano, dónde estás!? —llamé casi gritando.

    Mi pobre hermano Gabriel, que lo último que esperaba es que yo volviese tan pronto de una fiesta, se asustó, dio un bote de la silla de su escritorio y esta cayó al suelo.

    —Estoy aquí, tranquila, ni que lleváramos siglos sin vernos —reprochó reponiéndose del sustillo.

    —Ah perdona, ¿he gritado mucho? Lo siento —me excusé.

    —En fin, no pasa nada. Estoy un poco ocupado, así que si no necesitas nada más, me gustaría volver al trabajo —dijo poniendo de pie la silla.

    Mi hermano siempre era así de formal. En realidad no tenía más opción, su madre se había casado con mi padre, y eso implicaba que siendo varón heredaría el linaje de la familia Federigui como Gabriel Federigui, y para cumplir con su nuevo rol, su madre le había convencido para terminar el doctorado con matrícula de honor, y así lo haría. Le llamaba hermano aunque lo correcto sería llamarle hermanastro.

    —¿No te cansas de estar todo el día estudiando, y haciendo tareas domésticas inútiles?

    —No, no me importa, puedo ocuparme de cualquier cosa.

    —Pero antes teníamos mayordomos para planchar, lavar y todo eso, pero tu madre no deja a mi padre tenerlos…

    —Tienes razón, pero bueno, es mi madre, le cuesta acostumbrarse a este estilo de vida.

    Me dejo caer en la cómoda cama, desarmando las sábanas.

    —Oye, si quieres tumbarte en la cama, ve a la de tu habitación que para eso la he hecho.

    —¿Has hecho mi cama? —dije con la voz oscilante—. ¡Joder, no hagas eso, me da mucha vergüenza! —Me llevé las manos a la cara. No hacía mi propia cama por pereza y no me gustaba que Gabriel perdiese su poco tiempo libre haciendo algo que debería hacer yo.

    —Te noto un poco inquieta —se recolocó las gafas—. ¿No me vas a contar lo que te ha pasado en la fiesta?

    —Ah, nada importante, vine pronto porque era una puta mierda, sin más. Tendrías que haber venido conmigo, habría sido mil veces mejor y podrías haber conocido alguna chica.

    —Siento decepcionarte, pero eso de ir por ahí, de fiesta en fiesta rompiendo corazones ingenuos está por debajo de mi inteligencia. ¿Puedo hacer algo más por ti o tengo que echarte a culazos de mi cama?

    Sabía que Gabriel no estaba siendo antipático, estaba claro que no le gustaba mi forma de actuar y él siempre me había echado en cara lo poco responsable que soy, y la verdad, comparándome con él, estaba en todo su derecho.

    Me levanté de la cama y le abracé el cuello.

    —¡Ay, mi hermanito, tan bueno que es! —dije con alegría melodramática— ¡Qué orgullosa estoy del futuro líder de esta familia!

    —¿Qué coño te pasa de repente? —murmuró él contra mi hombro.

    —¡No puede ser que no tengas novia! ¡Tienes que salir a conocer a alguien! —Me separé y le así de los hombros—. Digo yo que también necesitarás a alguien que te satisfazca ahí abajo, ¿no? —Palmeé uno de sus bolsillos del pantalón.

    —Claro que sí, pero eso puede esperar —dijo muy sonrojado.

    —¿Es porque tu madre tampoco te deja tener novia? ¿Es porque te sientes incómodo en esta casa? Porque que yo sepa antes de venir aquí tenías novia. —Le miré sin parpadear.

    —¡No es nada de eso! ¿Qué quieres que haga si estás en mi misma casa?

    —¿Es por mi culpa? —Me sentí mal por pensar que de alguna manera yo le molestaba tanto como para no tener novia.

    —No, no es eso… —Negó con la cabeza. Entonces entendí el otro significado de su frase.

    —¡Es por mi culpa!

    Por un momento me quedé sin habla.

    —Lo siento, no debí decir eso, olvídalo. En fin, me voy a hacer otra cosa. —Gabriel se puso la chaqueta—. Al menos no me iré sin decirte que ese vestido te queda de lujo.

    —No, no, espera, no lo sientas… —Sacudo mi mano e intento recuperar la sonrisa—. Es solo que no esperaba que sintieses tanto por mí. —Intenté mirarle con los ojos empañados.

    —Por favor, no vayas a llorar.

    Estiré mis brazos hacia él en señal de abrazo, él sin duda respondió con el abrazo más fuerte que jamás pude recibir de él.

    —No voy a llorar, mis ojos son así —traté de mentir—. Es que me sorprende tanto viniendo de ti… ¿Por qué te gusto?

    —No lo sé. Es solo que nunca había conocido a nadie que le quede tan bien ese peinado en concreto —dijo estirándome un mechón de pelo—, o que siga siendo igual de sexy sin importar qué ropa se ponga, o que sea tan divertida a pesar de que me conozco todos sus chistes, o que sea tan amable con todo el mundo aunque sepa que solo están pensando en sus bragas, o que le guste tanto hacer deporte que a mí me anime a verlo, o que le guste tanto el helado que disfrute solo viendo cómo lo come.

    Dejé caer mi cabeza en su pecho, asimilé sus palabras y deje escapar una lágrima sobre su tan calmado cuerpo.

    —Sabía que en el fondo eras tan tierno… —Él no dijo nada, solo limpió mi lágrima oprimiéndome contra su pecho—. Soy tan feliz de que alguien como tú sienta algo así por alguien como yo. Llevamos poco tiempo juntos viviendo como hermanos pero sé que no es lo suficiente como para sentirte como a un verdadero hermano y sin embargo lo que siento por ti es tan difícil de explicar…

    —Mejor no lo expliques, ya eres demasiado para mí, si encima me dices que me amas, no sé si podría contenerme.

    Alcé la cabeza y vi que me estaba mirando muy sonrojado, nunca vi su cara así.

    —No sé muy bien lo que siento por ti, lo único que realmente sé es que desearía seguir siendo tu hermana el resto de mi vida.

    Quise besarle, ladeé mi cara y acerqué mis labios. Sin pensarlo me dio un gran y profundo beso, y de repente se retiró a la mitad.

    —Vaya, al final no soy la única loca de la familia —dije divertida, aprobando su juego y anhelando más. Intenté abalanzarme sobre él, pescándole con mis brazos y encerrándole contra su cama. Tuvo que sentarse al perder el equilibrio.

    —Sí, estoy bastante loco, me gusta todo de ti.

    Le abracé, se pegó a mí y me besó con pasión durante unos segundos. Me robaba la energía poco a poco hasta dejarme sin aliento. Sus manos bajaron hasta mi cintura.

    —Si de verdad estás loco, deja de evitarme. —Agarré sus apelmazadas manos y las puse sobre mi pecho—. Tócame aquí, hermano, en mis grandes “bubis”.

    Las manoseó por encima de mi vestido, pude ver su cara de sorpresa y cómo intentaba ocultarla.

    —Sandra, necesito más. Si no puedo usar estas cosas enormes y perfectas me voy a morir de desesperación.

    —Nunca había deseado tanto que alguien dijera algo así —dije con el aliento. Las mejillas me empezaron a sudar, en su rosado más fuerte que ganaba la partida a mi trabajada piel bronceada—. Empieza ya, todo mi cuerpo te está esperando.

    Me agarró el escote con ambas manos y lo desgarró con brutalidad, tomando mis tetas con sus manos, usualmente delicadas, y su lengua. En poco tiempo mis tetas estaban ensalivadas y mis pezones duros por los chupetones y juegos de estiramientos que les hacía. La cabeza se me erguía hacia atrás y dejé escapar una risa por su vigor y dedicación.

    —¡Me encanta que hagas eso! —Reí—. Asegúrate de estrujarlos bien. —Le miré como un perrito a su amo.

    Acabó de amasarlas, me quitó lo que me faltaba del vestido, dejándome completamente desnuda. Abrió mis piernas y me lamió mi cosita a la vez que la besaba. Acaricié su pelo por tratarme tan bien, exageré mi postura con las piernas y cintura para que pudiese contemplar mis curvas.

    —¿Te gusta? Es el sucio coño de tu hermana —expliqué con seriedad—. ¿Sabes cuántos hombres quieren meter su cosa aquí cada vez que voy a una fiesta? ¿No te avergüenza que tu hermana sea así? —pregunté con curiosidad.

    —No, eso me pone más. Ni en sus mejores sueños podrían llegar a tenerte.

    Me chupaba sin descanso y usaba sus dos manos, una para jugar con mi clítoris, la otra para introducir sus dedos en mí muy rápido, me obligaba a empapar mi vagina.

    —Guau, qué bien sabes hacer esto, eres muy bueno ¿eh? Si no fuera porque me hiciste decir esas cosas antes, nunca habría imaginado que tendría sexo contigo. —Reí un poco y con mi mano izquierda empujé su cabeza hacia mí, gozándolo como nunca.

    —Voy a hacerte soltar todo lo que tienes. Ahora mismo.

    Me estremecía y sentía escalofríos con cada arremetida de sus dedos, mis caderas se contraían por si solas, mientras me veía obligada a sacar la lengua para respirar y recrearme en mi propio placer, mientras usaba mi mano para jugar con mis tetas sin parar de gemir. Era cuestión de tiempo eyacular.

    —¡Si sigues así voy a mojarlo todo!

    Sus dedos entraban mejor y saboreaba mi coño sin parar.

    —Podría estar así toda la vida.

    Hundió su cara y me atacó con toda su fuerza. Mis caderas se contraían como nunca, mi voz estaba descontrolada y muy aguda:

    —¡No puedo más, no puedo más…!

    Mi vagina explotó y vertió todo mi fluido caliente sobre su cara mientras mi cuerpo sufría espasmos. Su cara manchada tragó lo que pudo. Volvió a besarme y abrazarme y se tumbó boca arriba. Yo intenté reponerme de mi fantasía, vi que no paraba de mirar mis pechos que no dejaban de moverse y vi su gran bulto bajo la ropa, no tardé mucho en desnudarle y dejar caer mi cuerpo sobre el suyo consiguiendo el máximo contacto, con mis labios sobre su pecho, mis tetas sobre su abdomen y mi ombligo aplastando su increíble pene. Lo sentí tan largo y duro apretado contra mí que tuve que levantarme un segundo para verlo con mis propios ojos y comprobarlo, entonces le miré impresionada.

    —Sabes que esta cosita me encanta, ¿verdad? —Y moví un poco mi tripa para provocar el roce.

    —A esta cosita le encanta que te encante.

    Con cada roce se movía sola, poniéndose aún mucho más grande, él también empezó a moverse.

    —Sigue por favor —me suplicó.

    —Claro que sí, no voy a permitir que lo más preciado de mi hermanito no tenga lo que se merece —dije sonriendo y mordiendo todo mi labio inferior, me moví contra su pene y todo su cuerpo, disfrutando cada contacto y cada palpitación de su cosa. Entonces cuando nuestros cuerpos estuvieron más alineados, comencé a grindar mi rajita por toda la longitud de su pene mientras mis pezones se volvían cada vez más duros con el rozamiento.

    —No pares, dame lo que me merezco.

    Me besó apasionadamente durante unos segundos, saboreando nuestros labios y sentí su pene muy inquieto sobre mi rajita. Jugaba con su lengua, y presionando con toda la energía de mi carnoso culo, intenté ordeñarle.

    —Sandra, tengo que darte mi leche ya —declaró con su mirada clavada en la mía.

    Agarró mis caderas, las levantó, me punteó mis labios vaginales y me penetró a toda velocidad. Sus palpitaciones llegaban a mi corazón agitando mis senos a ritmo de locura. Tenía el privilegio de dejar caer mi peso sobre él y clavarme su jugoso miembro cada vez más profundo. No podía hacer más que gemir e intentar contener mi saliva con cada clavada.

    Sus bolas chocaban conmigo al hacerlo tan fuerte, usando toda su largura, haciéndome rebotar. Cuando agarró mis pechos sentí mi cuerpo fuera de control. Su pene consiguió arrancarme gemidos y jugos abundantes, sus dedos firmes se enterraban en los pliegues de mis inmensos pechos, mi cuerpo no hacía nada por sí mismo más que rebotar con cada embestida suya y dejarme alcanzar por el éxtasis como un animal salvaje. Sentía su pene más grueso, hasta casi no caber en mí.

    —¡Me corro! —dijo Gabriel.

    No se lo permití. Me incliné hacia adelante para sacar medio pene y lo agarré con una mano para que no siguiera penetrándome. Estábamos jadeando como si hubiéramos corrido una maratón. Quería decirle algo, pero tenía la mandíbula tan salida que no me salían las palabras. Tuve que descansar unos segundos antes de hacerlo.

    —¿Quieres que te haga eyacular? —balbuceé como pude.

    —Sí. Por favor —le costó decir “por favor”.

    —Te haré eyacular, pero solo si te conviertes en mi novio y estás siempre conmigo.

    —¡Sabes que eso es imposible! —lamentó en voz baja—. Somos hermanos, nuestros padres nos repudiarían, además yo tengo que estudiar.

    Sabía que me respondería eso.

    —¿Pero no estarás siempre estudiando, verdad? ¿Tendrás un ratito para mí? Nuestros papis no se enterarán y mis amigos ni siquiera saben que tengo un hermano. ¿No te gusta el trato?

    —¡Qué mala eres! Eso es chantaje, hermanita —se quejó con lástima.

    —No es un chantaje, es un negocio —bromeé—. Se supone que vas a heredar el nombre y la fortuna de la familia, ve acostumbrándote a este tipo de cosas.

    —Entiendo, creo que me encanta ese negocio, ¿dónde hay que firmar?

    —Aquí —dije poniendo mis labios como morritos.

    Me besó.

    —Hazme eyacular, Sandra.

    Encajé su pene en mi vagina y lo empecé a tragar a toda velocidad. Mis ojos se entrecerraron en blanco, mi lengua jadeaba esperando y deseando su vigorosidad, gemí desposeída con lo más profundo que tengo, y mientras sentí su pene hincharse y llenar cada milímetro de mi cavidad sabía que el clímax estaba cada vez más cerca. Gabriel rodeó mis glúteos con sus manos, transmitiéndome su loco deseo.

    El placer de mi vagina y mis pechos me abrumó hasta dejarme casi ciega, sentí a mi vagina producir todo tipo de líquidos, siendo chapoteados sin parar por el pene que seguía clavándose en mis adentros, mis gemidos se volvieron locos y oscilaban sin el menor sentido, mis manos no sabían donde agarrarse así que las tenía contraídas cerca de mis hombros y mi cadera, que aún controlaba un poco y seguí clavando su pene hasta mi útero.

    —¡No puedo más! —dijo Gabriel.

    —¡Yo tampoco! —dije yo aunque no se me entendió.

    Sacó su pene de mí y lo introdujo entre mis senos, y al recibir su calor mi vagina explotó una vez más derramando los fluidos sobre la cama. Mis gemidos incontrolables hicieron que su pene se revolviese entre mi valle con más fuerza. Y mientras yo clamaba su semen, presioné mis senos para hacerle sacar hasta la última gota en mi torso y procurar un final inolvidable.

    Vertió un gran chorro en mi placentero rostro que se depositó en mis tetas. Seguí masajeando con mis senos para ver cómo salía el último hilo mientras intentaba que no se derramara nada con mi lengua para que su olor me impregnase todo el cuerpo. Entonces lucí mi mejor sonrisa con todos mis dientes, y le di un lindo besito a su glande

    —Mira como me has dejado —le culpé—, toda sometida a tu semen.

    Intenté recuperar el aliento.

    —Es lo que más quería. Cabalgas como una diosa.

    —Ha sido la mejor experiencia de mi vida, no la cambiaría por nada.

    Me dejé caer en la cama junto a él y me dijo:

    —Te amo. Ojalá esto no se acabe nunca.

    Me abrazó y me besó.

    *Dos días después*

    El sol pegaba duro en aquella playa tan blanca. Yo llevaba puesto uno de mis habituales bikinis apretados. Un trío de jóvenes llevaba un rato estudiándome hasta que por fin, cuando pensaba que no lo intentarían, uno de ellos se atrevió a venir a hablarme.

    —Ho-Hola, ¿qué tal, todo bien? —me preguntó.

    —Hmm, la verdad es que no, hace mucho calor, ¿sabes? —dije con voz seductora.

    Él se rio.

    —Vaya, sí que hace bastante calor, me encantaría poder ayudar a calmarte un poco.

    Gabriel apareció de detrás de él y vino a besarme con ternura. Puso sus manos en mi culo y se pegó a mí. Me manoseó hasta el límite de lo posible en un espacio público.

    Tenía los ojos cerrados pero pude sentir las miradas celosas de todas las personas de la fiesta sobre nosotros. Me puso tan caliente que mojé el bikini.

    —Vamos a los baños, no puedo más —me susurró Gabriel.

    —Sí, vamos —contesté.

  • De abogada a zorrita en la CDMX

    De abogada a zorrita en la CDMX

    Mi nombre femenino como lo he relatado en la presente página es Vanesa, soy una chica travesti pasiva de closet, morena, de ojos cafés claros, cabello negro lacio, de complexión mediana y mido 1.63 de estatura. Soy abogado de profesión y por razones de trabajo a veces me toca viajar a otras ciudades para atender ocasionalmente alguna audiencia.

    Esta historia trata de la primera vez que me anime a salir vestida completamente de mujer en la Cuidad de México, comienza de la siguiente manera…

    Este suceso se remonta hace unos 3 años (en ese tiempo tenía 26 años), me toco ir a la CDMX a presentar unos escritos y asistir a una afluencia que tendría lugar un viernes muy temprano por la mañana, por lo que decidí que era mejor irme un día antes para evitar algún inconveniente con el tráfico y esas cosas.

    Decidí hospedarme en un hotel céntrico cerca de Bellas Artes de nombre “Hotel Diligencias” que se ubica en la calle Belisario Domínguez ya que está cerca de la ciudad judicial y para turistear en las inmediaciones, fue así que parte de Celaya a la CDMX y fui llegando como a eso de las 3 de la tarde para aprovechar el día.

    Al registrarme en el hotel subí inmediatamente a mi habitación y prendí la tele en lo que me acomodaba e investigaba lugares cercanos para ir a comer, decidí ir a un café que se llama la “la pagoda”

    Cuando llegue al lugar no había mucha gente, me senté en una mesa cerca de una ventana que daba buena vista hacia la calle, me atiendo un mesero muy guapo de piel muy morena de alrededor de unos 30 a 35 años de nombre Martin, no sé si desde ese momento sospecho algo sobre mis “gustitos” porque le eché unos ojos de que me lo quería comer, en fin, me tomo la orden (no recuerdo bien que fue lo que pedí) pero para no hacer la historia tan larga y pasar a la parte interesante lo qué pasó en seguida fue que sin darme cuenta cuando fue el mesero a servirme más café vio de reojo mi teléfono, como no había casi gente descaradamente está viendo en mi teléfono catálogos de lencería de sex-shop cercanas a mi ubicación, fue cuando me susurró “ese babydoll te quedaría muy bien” creo que nunca me había puesto tan roja como en esa ocasión, me quede atónita sin saber que responder y por eso no respondí nada, lo única que sabía era que me quería salir del lugar y le pedí la cuenta a otro mesero que estaba cerca de la mesa donde estaba sentada, pero para mi sorpresa fue el mesero de nombre Martin quien me la llevo y al dejarme la charolita con la nota de la cuenta se animó a preguntarme qué si en caso de que no tuviera nada que hacer después me invitaba a tomarme una cerveza en algún bar y que si quiera después de eso me acompañaba a que me probara lencería y me comprara algo. O través me quede callada por que no sabía que responder, me volvió a insistir y lo único que pude hacer fue mover la cabeza para asentir con la cabeza.

    Después de tomarnos unas cuantas cervezas se me quitó la pena y le conté que soy travesti de closet, que solo solía vestirme de mujer en la intimidad, él me contó que adoraba a las travestís y me empezó animar a que saliera vestida de mujer con él para ir a divertirnos a algún lugar en la noche, me insistió en que la CDMX no son prejuiciosos que nadie iba a molestarme ni a decirme nada, fue entonces cuando le dije una mentirilla blanca y le dije que no me había traído aquí mi ropa de nena (obviamente si la tenía, pero mi plan era vestirme en la habitación y masturbarme con un consolador sola) me contestó que eso no era problema, que si no tenía yo dinero que él me la compraba siempre y cuando me vistiera sexy.

    Después de las cervezas nos dirigimos a una sex-shop céntrica donde tenían vístete variedad de productos, me proveo algunos babydolls, disfraces, vestiditos entallados y tacones, Martin me dijo que me llevara 3 cosas, que escogiera la que más me habían gustado, escogí unos tacones de plataforma de color de frío con morado que hacían juego con unas bragas negras y con el vestido entalladito de color morado que apenas y me cubrían las nalgas, me puse ese conjunto y se lo modele, fue cuando Martin dijo “te queda perfecto, dile a la muchacha del mostrador que te lo vas a llevar todo eso puesto, ah y también llévate de una vez una peluca”

    Al tener todo ese atuendo rozando mi piel me empecé a excitar, fue por eso que obedecí instantáneamente sin oponer resistencia la orden que me dio Martin.

    Sentí una enorme sensación de satisfacción caminar por la calle completamente vestida como una nenita agarrada de la mano de un macho escuchando el sonido de mis tacones contra el suelo y viendo cómo los hombres que pasaban cerca de mi se me quedaban observando. Estuvimos unas pocas horas en una mezcalería cerca del zócalo cuando por fin Martin me propuso que siguiéramos la fiesta en su departamento que estaba a unos 10 minutos caminado, para esas horas yo ya estaba un poco borracha y seguía excitada, ya me moría de las ganas por sentir dentro de mi si verga, sin mentirles creo que si verga es la más grande y ancha qué sentido entre mis nalgas.

    Continuará…

  • Alejandra en casa de Paula

    Alejandra en casa de Paula

    Mi nombre es Alejandra, el otro día me pasó algo extraño, estaba en casa de Paula que es mi íntima amiga, las dos solas porque sus viejos habían ido a pasar el fin de semana a la quinta de unos amigos, les decía, estábamos las dos sentadas en el sillón del living, una frente a la otra recostadas en los apoyabrazos del sillón, yo con las piernas cruzadas y Paula medio despatarrada, las dos somos minas normales, si hay algo que nos distingue de las demás en mi caso quizás sean mis ojos, muy claros, y en Paula sus labios, esos labios que los tipos dirían de chupa pija, y eso fue lo que me sorprendió, me encontré de golpe mirándole los labios, pero de una manera diferente, me atraían, y alternaba mi mirada entre los labios y los pezones de Paula que se le notaban demasiado a través de la musculosa, empecé a sentir que me calentaba verlos así.

    Me debo haber puesto colorada porque me preguntó:

    P: Qué te pasa que estás colorada?

    A: No te vas a enojar si te lo cuento?

    P: Dale dejate de joder, decime.

    A: Te juro que es la primera vez que me pasa, pero te estoy mirando los pezones que se te marcan en la musculosa, y creo que me estoy calentando.

    P: Y que, querés hacerte una paja con mis tetas: me dijo cegándose de risa

    A: Si vos reite, pero la verdad es que en este momento me gustaría que me los muestres

    P: Dejate de joder, cuantas veces me viste en pelotas, y no te pasó nada… o sí?

    A: No, te juro que es la primera vez, dale mostrámelo

    P: Sos una boluda: me dijo con una sonrisa haciéndose la seductora en joda: y empezó a bajarse el bretel, despacito mientras me decía: No me digas que te vas a mojar por verme las tetas?

    A: No sé, pero me parece que ya estoy mojada, y si tardás más me voy a poner peor -le dije mientras medio en joda me mordía el labio inferior.

    P: Entonces lo voy a hacer más despacio para hacerte desear: me decía sin dejar de mirarme a los ojos, y terminó de descubrirse la teta. Paula, a diferencia de la mías que son tipo perita y con los pezones rosados, ella las tiene grandes y unos pezones oscuros

    A: Ay! Qué lindos que los tenés! Y mirá que parados, no me digas que también te estás mojando? Mirá como los tenés!

    P: No, no creo que esté mojada boluda: me dijo mientras se miraba y se pellizcaba el pezón.

    A: Porque no te fijas si estás mojada: la pregunté mientras me ponía la mano entre mis piernas y me apretaba la concha.

    P: Que querés que me pajee adelante tuyo?

    A: No, quiero nada más que te fijes si estas mojada y me lo digas.

    Paula abrió las piernas, se levantó la pollera corta, estiró el elástico de la bombacha rosa con una mano y comenzó a meter dedos de la otra mano adentro, lo hacía despacio, no sé si me parecía a mí o estaba entrando en mi juego.

    A: Y? Decime… -La verdad que no aguantaba más no saberlo, a medida que ella iba llegando a concha, cosa que yo estaba viendo por la forma en que la tela se iba adaptando a la forma de su mano, yo me apretaba la mano contra el short, y comenzaba a sentir mi humedad a través de la tela.

    P: La verdad, si estoy un poquito mojada -todo esto con un sonrisa pícara.

    A: Dale guacha, fijate bien, metete un dedo y fijate, no te creo.

    Paula siempre sonriendo, se estiró un poco más en el sillón y pude ver como estiraba el brazo más abajo para poder meterse el dedo, con los ojos entornados me contestó: y la verdad, vos sos mi amiga y no puedo mentirte, sí, me parece que yo también estoy caliente.

    No hacía falta que me lo dijera, ya había visto el lamparón oscuro del flujo en la bombacha, eso me calentó más aún

    A: Te voy a decir algo más: mientras miraba fascinada el movimiento de los dedos dentro de la prenda.

    P: Qué? Decime…

    A: No solo te estaba mirando los pezones, sino también esos labios de chupa pija que tenés, y tengo unas ganas bárbaras de mordértelos.

    P: Ah no! Pero eso es otro precio.

    A: Te pago lo que quieras!

    P: Me vas a tener que contar si alguna vez te calentaste con una mina.

    A: Una sola vez.

    P: Dale contame, ahora soy yo la que te pido, cómo fue?

    A: Yo tendría 16 años, volvía del colegio en el colectivo parada al lado de un asiento donde había una mina con un vestido cuello bote, la mina se acercaba a cada rato a la ventanilla para mirar para afuera, y se le abría el escote, no tenía corpiño, tenía unas tetas parecidas a las tuyas y los pezones muy parados por el roce con el vestido me imagino, y yo no podía sacarle los ojos de encima…

    P: Dale, seguí que me estas poniendo como loca: me rogó Paula mientras se estiraba más y apoyaba los pies sobre mis rodillas

    Aproveché para separar las piernas un poco y poder correrme el short para llegar hasta mis labios con los dedos, y para que Paula me pudiera ver la concha.

    A: La mina se debe haber dado cuenta que la estaba mirando, y hacía más movimientos para que se le abriera más el escote, hasta que cambió la posición de la cartera, y la agarró de forma diferente, de manera que su codo quedó metido, entre mis piernas, con la pollera del uniforme adentro…

    P: Sos una hija de puta, apurate, termina de contar y vas a tener premio…

    A: Porque no me lo das ahora…

    P: No guacha, me hiciste calentar mientras me mirabas y ahora te vas a tener que aguantar como yo lo hice…

    A: Te imaginas? -estiré una de las piernas hasta llegar con el pie desnudo a palpar la humedad de su bombacha: El codo de ella apretándome la concha, como yo te la estoy apretando ahora con el pie a vos…

    P: Si, si, no sabés como me lo imagino… Seguí por favor…

    A: Empecé a abrir y cerrar las piernas, y a moverme levemente hacia adelante y atrás, como cogiéndome el codo, me di cuenta que la mina tenía la otra mano metida debajo de la cartera, imaginarme que se estaba haciendo una paja por mi delante de todos me puso a mil, como me estás poniendo vos ahora, cuantos dedos tenés metidos?

    P: Ahora tres, aunque necesitaría más, sacate una teta y tocátela, quiero verte también la teta, no me basta con verte a concha chorreando ahí adelante mío, dejámela ver mejor, sacate los shorts.

    A: No, primero quiero tus labios para chupártelos, y meterte la lengua…

    P: Entonces terminá de contar hija de puta… Estaba bien la mina… los labios eran como los míos…?

    La verdad que no me acordaba, pero le dije que sí para que se calentara más, y le pedí que se sacara la bombacha para poder vérsela mejor, cuando empezó a bajársela, el solo ver lo mojada que estaba casi me hace acabar: Así que estabas un poquito mojada puta! Me dejarías que te coja en este momento?

    P: Creo que en este momento te dejaría que me hagas lo que quieras, no solo en la boca, creo que nunca estuve tan caliente, por favor volvé a apoyarme el pie y seguí contando…

    A: Creo que en un momento la mina acabó, y cambió de posición la mano con la que se pajeaba, e hizo como que se agarraba el antebrazo opuesto, el que estaba de mi lado, así que mientras me clavaba el codo empezó a levantarme la pollera con dos dedos y empezar a pajearme sobre la bombacha, te imaginás que me abrí más, así… ves… te gusta…

    P: Si hija de puta, la tenés hermosa, tan rosada que me dan ganas de chupártela…

    A: La guacha con dos dedos empezó a serrucharme la raja, que a esta altura era un charco, y yo disimulando mientras miraba la ventanilla, puse la mochila que tenía en la mano cerca de sus tetas, y comencé a rozarle el pezón con los dedos aprovechando el vaivén del colectivo, ella en cambio me miraba la boca y jadeaba balanceándose para que yo pudiera tocárselas mejor…

    P: Así te miraba y se pasaba la lengua por los labios…

    A: Si guacha así… me deseas?

    P: Claro qué sí, que querés que te haga?

    A: Lo que me hizo ella, cuando me hizo acabar, se chupó los dedos.

    Paula dejó de masturbarse, se acercó y bastó que me metiera dos dedos en la concha para que yo arqueara el cuerpo tratando de ayudarla a que entrara más y más, comencé a moverme con desesperación buscando que me penetre hasta acabar. Una vez calmada la tome de la nuca:

    A: Ahora me tenés que dar el premio: Le dije acercando mis labios entreabiertos a su boca, ella con una sonrisa bien de turra se metió dos dedos en la boca chupándoselos, y cada vez que yo me acercaba se alejaba con los labios entreabiertos, o me metía la punta de los dedos apenas en la boca.

    P: Estás muy caliente? Te gustó que te pajee? Dale decilo, sino no hay premio, o querés dejarlo todo acá?

    A: No Pau, estoy muy caliente, me encantó como me pajearas, pero dejame morderte esos labios, los deseo mucho por favor, hago lo que vos quieras.

    Paula por fin dejó de retroceder y me besó como pocas veces me habían besado, las dos intentábamos llegar con nuestras lenguas lo más adentro posible, bailaban en nuestras bocas, mientras nuestras manos nos desvestían a nosotras mismas y a la otra. Ahora fue ella la que me dijo no podía esperar más deseando que le chupara la concha… Me sonreí:

    A: Pero eso tiene un precio: le dije

    P: Lo que vos quieras, pero chupámela…

    A: Bueno, contame vos si alguna vez te calentaste con una mina…

    P: Si también, una vez…

    A : Y con quién?

    P: Con vos tonta, pero nunca te lo dije

    A: Pero cuando?

    P: Te acordás cuando vos salías con Pablo y yo con Miguel, y fuimos los cuatro juntos a Mar del Plata, a la casa de él. Una vez los expié mientras cogían…

    Continuará…

    Pero esto es algo que contaré en otro capítulo, por ser mi primera historia me encantaría que me dieran su opinión tanto mujeres heterosexuales como homosexuales, si sintieron algo. Gracias.

  • El viaje de mi suegro

    El viaje de mi suegro

    Andaba muy dormida, teniendo un sueño muy húmedo con la persona menos esperada, Will mi suegro.

    ¿Por qué estaba yo mojando mi tanguita azul a estas horas de la noche pensando en el precisamente?

    Te lo describiré. Will está por llegar a sus 40. Alto, de tez color café tostado, ojos oscuros, labios carnosos, un cuerpo atlético muy marcado, con un candado como barba empezando a tener canas dándoles su porte de Señor como bien se lo merece. Ese mulato que fantaseas en tu mente. Sí ese.

    Yo por si te lo preguntas: tengo unos veintitantos, soy blanquita, de pelo castaño a los hombros, no paso de 5 pies (si muy bajita), de grandes senos, grandes pompas, labios muy rosaditos y así rellenita, como para morder todita. Añado, traigo lentes, me dan ese look «inocente» que a muchos les gusta.

    Pues ahí estaba yo, con mis ojitos cerrados, mi tanguita azul mojada y él.

    Llegaba el suegro a la casa de visita, hace mucho tiempo no lo veíamos.

    Toca la puerta, y adivinen, si ahí estaba él. Muy contento abrazo a su nieto, y luego me abrazó a mí. Al tomarme de sorpresa, traía puesto unos shorts, sin bragas, y una pequeña camisilla. Así que le pedí disculpas para salir a cambiarme.

    Sonrió un poco avergonzado y asintió.

    El día transcurrió normal, él y su hijo compartían y charlaban. Imagínense llegó su papá.

    En la tarde, mi esposo recibió una llamada. Debía ir a su trabajo ya que había faltado un compañero suyo y no tenía quien cubrir el turno.

    Le dijo a su papá:

    -«cuídalos a lo que vengo, lamento tener que irme, los veo en la mañana».

    «Claro tranquilo, yo voy a descansar un rato el viaje fue cansón».

    Cerró la puerta.

    Aquí anochece temprano en invierno. O sea la noche es muy larga.

    Bañé al niño y lo acosté temprano como de costumbre.

    Cada uno se ducho.

    El vestía una camisilla blanca y un pantalón como los basquetbolistas muy holgado, y al parecer sin calzoncillos. Se le notaba el paquete enorme moviéndose de lado a lado.

    Yo acostumbro a dormir en camisón y tanga, es muy cómodo. Pero ya que él estaba me coloque unos pantalones muy grandes de dormir.

    Will me preguntó si quería ver alguna película y podíamos charlar un rato.

    El muy mendigo escogió una de misterio. Sabrán que pase toda la película brincando del susto, y el muy muy riéndose.

    Me dijo: «tranquila, se te saldrá el corazón del pecho” (mirando hacia mis senos).

    «Y para que me haces ver este tipo de película, me dan cosita» (yo con mi carita tierna).

    «No seas bobita, es una película, si en la noche no duermes me avisas yo estoy aquí».

    «Okei»

    Se acaba la película, y bueno lo despido que me voy acostar.

    Me quito el gran pantalón ya que estoy en mi cuarto.

    Yo suelo dormir con la puerta abierta por el niño, ya es costumbre.

    No lograba dormir, por más intento que hacía no me dormía.

    Hace un rato no tenía sexo con mi esposo.

    Así que aprovechando mis ganas, y obvio el no poder dormir, decidí comenzar a masturbarme. Lo más silencioso que podía, pues les recuerdo, la puerta mía estaba abierta, y el señor dormía en la sala.

    Estamos hablando de un departamento de 2 cuartos pequeños. Así que no tenía donde más ubicarlo durante su estancia.

    Prosigo a pasar mis manos por encima de mi tanguita color azulito.

    Que rico se sentía sentir mi vagina muy calientita.

    Necesitaba pensar en algo que me excitara más.

    A sí!!

    El bulto enorme que se cargaba mi suegro entre las piernas. Uy! Que rico debería ser ver esa vergota bien parada.

    Me mojo de nada más pensar en tenerlo cerca de mi vagina.

    Paso los deditos por dentro del tanga, tocando lo mojadita que estoy, y comienzo a frotar mi clítoris, poniéndose muy duro, mojándose con mi babita de mi conchita.

    Comienzo a suspirar más profundo, mis pezones color café con leche se ponen muy duros de lo excitada que estoy.

    Froto circularmente más rápido mi clítoris, introduzco mis deditos lo más profundo en mi vagina, imaginando ser penetra por ese gran hombre que duerme en mi sala.

    Un silencio, sepulcral y se me escapo un gemido.

    Tapo mi boca muy rápido pero lo inevitable pasó.

    Escucho unos pasos hacia mi cuarto.

    Mi suegro se había levantado!

    Oh Dios que vergüenza.

    «¿Estás bien?»

    ¿Yo? ¡Si perfecta! ¿Estás incómodo? ¿Necesitas algo? (Respondí nerviosa)

    «Yo, si muy bien. Algo frío pero bien. Es que me parece haber escuchado algo, y pues como aún no me duermo bien, quería saber qué era, y si estabas bien. «

    Él ya es un experto en el tema, sabe lo que escucho no es tonto. Pero yo con mi vergüenza tonta le seguí el juego.

    Si fui yo. Perdóname. Necesitaba dormir y bueno recurrí a esto.

    «Oh, ¿te estabas tocando?»

    Siii. Perdón si escucho algo.

    «No, tranquila. Tu dulce gemido fue el que me despertó. Pero va (se sienta al lado mío en mi cama) cuéntame, ¿estás bien con mi hijo?»

    Bueno Will te seré sincera, escasamente las veces tenemos relaciones, está disque muy cansado o con cosas en la cabeza. Yo soy muy activa, me encanta el sexo, el masturbarme sola ya me cansa. ¡Es frustrante!

    Perdona lo indiscreta.

    «No, tranquila. Sabes eres muy hermosa, tienes una carita muy angelical y tierna, si fuera 10 años más joven, no dudaría ni un segundo en hacerte mía cuántas veces me lo pidas»

    Me sonroje.

    «¿Te gusta lo que te dije?, te pusiste muy coloradita. Que no te de vergüenza, yo soy un viejo ya, y se reconocer un hermosa habrá cuando la veo. De hecho hace tiempo te observo. Y esta tarde cuando me abriste la puerta, que estabas casi no vestida, por primera vez pienso en ti como mujer. Cómo te verías debajo de la poca tela que traías.»

    Perdóname por eso.

    «Oye, (poniendo su mano sobre mi muslo) ¿no quieres que te ayude? Podrás dormir perfectamente, y será muy rápidamente.»

    No señor, no creo que sea correcto.

    «Tu cierra los ojos, y déjame ayudarte.»

    Se coloca justa detrás de mí, sentados en mi cama. Sentía su gran bulto en mis nalgas y espalda. Y pasa su mano hacia adelante, y toca mi conchita.

    «Cierra los ojos, solo disfruta y relájate». (Me dice al oído)

    Comienza a frotarme el clítoris por encima del tanguita. Se siente tan rico.

    «Necesito un poquito más de lubricación chiquita».

    Me mueve la tanguita hacia un lado, ye introduce dos de sus dedos dentro de mí.

    (Se me escapa un gran suspiro)

    «Uy qué rico se siente, estás tan calientita»

    Mmm sii.

    «Vamos a seguir frotando aquí».

    Mueve sus dedos de manera circular en mi clítoris. Me excita mucho. Y mi cuerpo se empieza a calentar.

    Me comienza a besar por el cuello, y su otra mano se mete debajo de mi camisa para alcanzar mis tetas, con los pezones bien parásitos por lo excitada que estoy.

    «¿Quieres que siga?» (Me dice al oído)

    ¡Sii Will!

    «¿Está rico muñeca?»

    (Se me eriza toda la piel)

    Sii, muy rico.

    Ya a este momento siento su pene erectándose entre mis nalgas. No hago más que pensar, cómo se sentiría mi conchita con el adentro.

    En ese momento Will me tumba hacia la cama, me abre la piernas y comienza a lamerme mi conchita, me la devora con ansías.

    ¿Will, espera que haces? (Gimiendo de placer)

    «No podía esperar a probar toda esa babita que sale de tu gordita chochita muñequita».

    Gemidos es lo único que se escuchaba en el cuarto.

    Su lengua penetraba mi vagina como si me estuviera cogiendo con su misma boca. Sus manos agarraban mis pechos, muy fuerte.

    Me tape yo misma la boca, quería gritar de placer.

    Will me estoy viniendo, no pares Will.

    Me le corrí en toda su cara. Todo mi cuerpo temblaba.

    Unos pequeños ataques parecían. Jajaja

    «Así me gusta muñeca, espero que ahora duermas perfectamente bien.»

    Se chupaba los dedos con mis juegos en ellos.

    «Sabes tan divino, con gusto te comería esa rica chochita todas las noches»

    Ay yo me excitaba más de pensarlo.

    Espera, ¿y tú? Mira lo excitado que estas. Déjame ayudarte ¿sí?

    «No ya acuéstate, el trato era que yo te ayudaba»

    A sí lo sé, pero quiero recompensártelo, anda sí.

    Me arrodilló frente a él, y saco de sus pantalones aquel gran miembro, goteando ese líquido tan rico. Que no dudo más y lo zampo directo a mi boca.

    «Ay chiquita, que calientita está esa boquita» (gime)

    Yo lo froto con mi mano, le chupo el glande, le lamo las grandes bolas mientras lo masturbo con la mano.

    Y entonces se escucha…

    «No aguanto, quiero sentirte mía.»

    Me tumba en cuatro hacia la cama, y coloca su miembro entre mis labios vaginales, rozando mi clítoris con su glande.

    Me excita tanto.

    «Por ahí voy mi muñequita, no grites.»

    Me tapa con su mano la boca, y zas.

    De una, lo siento hasta mis entrañas.

    Uuff que sensación, de un pequeño dolor, pues no había sentido un pene tan gordo como aquel, que ahora ensanchaba mi chochito.

    Le lamía los dedos.

    «Estás tan apretadita.» Decía, mientras se movía suavemente dentro de mí. Mi clítoris se puso muy duro desde que entró semejante padrote.

    A la 20 penetrada lo siento con su dedo masajeándome el ano.

    «Tu culito me parece que no ha visto mucha acción, está tan apretadito.»

    Saca su pene y su lengua me penetra mi ano.

    No Will eso es sucio salte. (Le digo gimiendo)

    «Para nada, estate tranquila, que yo te enseñaré lo rico que es. «

    Su lengua me penetra mi ano.

    Y me da varias nalgadas.

    Me acuesta boca arriba

    Y vuelve a penetrarme, esta vez más impaciente, mirándome lujurioso, me besa. Esos labios carnosos tocaban mi boca por primera vez y yo me derretía cada segundo que sentía su lengua entrelazada a la mía.

    Mi vagina quería explotar. Cada vez su penetración era más rápida, profunda, todo su pene estaba muy mojado de mi babita.

    «¿Dónde la quieres?» Decía penetrándome con fuerza.

    Déjamela toda adentro, te quiero adentro de mi Will.

    Me alzó, y me sentó encima de él, agarrándome por mis caderas, entrando en lo más profundo de mi, hasta que lo sentí saliendo, su leche calientita salía de mi embarrando mis muslos con cada metida que me daba.

    Hasta que se vino completo.

    «¡Que rico! Había pensado que esto sería rico pero estás divina mujer. «

    Yo hace mucho no me sentía así. Que rico Will. Lo haría muchas veces más.

    «Este será nuestro secreto muñequita. ¿Verdad?» (Con su pene aún dentro de mí)

    Obvio.

    Me voy a duchar.

    Ahora dormiré perfectamente. Gracias a ti.

    «De nada preciosa.»

    Y zas. Me levanté…

    Toda mi tanguita mojada, con mi cuerpo muy caliente. Pensando cómo sería el día que me mi suegro me hiciera suya.

    Llamada de mi esposo: mi papá vendrá en unas semanas, solo estará unos días será una visita corta. Te aviso el día.

  • Mi amiga Feli me llevó hasta él (3): Mi vida con Abel

    Mi amiga Feli me llevó hasta él (3): Mi vida con Abel

    Acabé mis estudios de violín. Uno de mis profesores me ofreció trabajo de concertista. Éramos siete -un septimio, también llamado septeto, con violín, viola, violoncelo, clarinete, trompa, fagot y contrabajo, el chico del contrabajo también tenía un conjunto donde él era percusionista y se había arreglado una batería múltiple. Todas las semanas teníamos dos sesiones de ensayos, luego tenía que trabajar por mi parte en casa.

    Ese fue mi gran problema con mis padres y hermanos, pues les molestaba que «todo el día estuviera dándole el dichoso violín», decían ellos. Una o dos veces al mes teníamos conciertos y se iban incrementando, de modo que a veces llegaban a tres conciertos, viernes, sábado y domingo. Todo esto aumentaba mi estudio particular y ya estaba cansado de salir al campo para ensayar.

    Propuse a mis padres, arreglar insonorizada mi habitación y se negaron del todo, sin darme mayores razones que una: «yo no era el único hijo; los demás también tienen derechos». No entendí nada porque me lo iba a pagar yo. Llegó el momento en que se me hizo irresistible vivir con ellos, a la vez que necesitaba más tiempo para mis ensayos. Feli descubrió, buscando donde tenía yo conciertos, que había anunciado la necesidad de alquilar una vivienda y las condiciones. Entonces me dijo que insonorizara la habitación de su casa que yo quisiera y que ensayara ahí.

    Acompañado de ella vimos lo que era mejor, respetando su habitación aunque me la había ofrecido. Y ella eligió dos habitaciones, lo dijo así:

    — Esa para el violín y esta para el violinista. Insonoriza esa y cuando te canses y necesites descanso pasas a esta para dormir.

    Me puse feliz, poco a poco iba llevando ropa mía a casa de Feli. Recordarán que era vecina de la vivienda de mis padres. Sin darme cuenta, lavaba allí mi ropa en una vieja lavadora que pronto cambié por una nueva y mejor, gracias a que iba teniendo algunos ingresos por los conciertos. Lo mismo pasó con la cocina. Ocurrió que un día que me iba a dormir a casa me preguntó:

    — ¿No te gusta la habitación?

    — Sí, ¿por qué?

    — ¿Por qué te vas?

    — Por no incomodarte, Feli, que ya te molesto bastante.

    — No me pongo en contra de nadie, pero tu vida no está ahí al lado…, esta es tu habitación, ese tu estudio, tienes un baño aquí…, ¿qué más necesitas?

    No cabía decir palabras. Entonces hice un cartel pequeño para la puerta que decía: «PUEDES PASAR». Primero lo hice en papel, luego lo mandé que me lo hicieran en acrílico blanco, para que no me preguntara más si podía entrar. En la parte trasera del acrílico decía: «SILENCIO, POR FAVOR». Así Feli podía escuchar cada día mis conciertos en directo y de presente. Cuando yo estudiaba, era silencio, cuando ensayaba podía pasar.

    Un día me pidió que le hiciera un cartel similar para la puerta de su habitación, pero en su lugar hice un conducto eléctrico desde su dormitorio al mío y sonaba el timbre y conectaba con el estudio donde se encendía una luz roja, pues había veces que tenía náuseas y podría auxiliarle y si sonaba el timbre o se encendía la luz iba a ayudarle sin llamar a la puerta, caso contrario la dejaba en sus asuntos.

    Había vaciado mis cosas de la habitación de la vivienda de mis padres y la había dejado sin decir nada. Un día mi madre y yo nos encontramos para bajar de casa en el ascensor. Una vez dentro y estando los dos solos dijo mi madre:

    — Si ya te has llevado todo y te has ido, podrías darme la llave, ya que vives con una mujer en su casa.

    No le respondí a sus impertinentes palabras, me callé y salíamos; justo en el momento que entraba mi padre por el portal, yo me retrasé respecto a mi madre y cuando mi padre llegó a mi altura, mi madre salió a la calle, aunque nos miraba a través del cristal de la puerta; entonces le dije a mi padre:

    — Muchas gracias por haberme dado la existencia, haberme criado y haberme querido, papá; pero tu mujer me ha pedido la llave de casa y, como tú me la diste, aquí la tienes, —extendí la mano para darle la llave que saqué del llavero — toma también la del portal, ya me haré otra.

    Me devolvió las dos llaves, pero solo acepté la del portal que volví a unir a la llave de la puerta de Feli. Mi padre estaba lívido, no sabía qué decirme. Lo abracé, lo besé e intenté tranquilizarlo. Lo subí a la casa de Feli, se saludaron y le mostré mi habitación y el estudio: Esto es lo que no me quisisteis dar, papá, pero Feli me lo ha propiciado, ahora ella ha pasado de ser amiga a convertirse en mi hermana mayor, ella es mi familia. Mi padre se puso a llorar, le pasé las manos por su cuello lo besé y lo acompañé hasta su puerta diciéndole:

    — Papá, tú has de vivir con tu mujer.

    Ya nunca más he pisado la casa de mis padres. En los días previos a la Navidad siguiente mi padre y mi madre se asomaron a la puerta al escuchar ruido desde el ascensor a casa, estaban subiéndome una cama nueva, grande, no lo vieron, solo los paquetes de la ropa de cama. Yo estaba sujetando la puerta abierta del ascensor al transportista que iba a montar la cama, salieron y me invitaron a pasar la noche y el día de Navidad con ellos, solo les dije:

    — Lo siento, pero esos días me los paso con mi familia.

    Les sonreí y me metí en casa. Cerré la puerta y me fui a ayudar al empleado de los almacenes donde compré. Cuando acabó, firmé los papeles y le acompañé al ascensor.

    Desde que me mudé a vivir en la casa de Feli, la llevé todos los domingos a misa, aunque yo no entendía mucho, me gustaba ir a acompañarla, además me encantaba escuchar los cantos pausados y solemnes que allí se hacen, sin ensayo, por un coro de pueblo no concordado y diseminado por los bancos, nada de profesionales, eso me apasionó. Lo comparaba con los karaokes desentonados y gritones y me inclinaba por los de la iglesia, moderados, al unísono e interpretados mientras hacían otras cosas, cuando se daban la paz, cuando iban a comulgar o después de leer. Para mí era tan desconocido que nunca había imaginado eso; siempre pensé que para cantar era necesario que hubiera un coro o grupo con director o se cantaba mal e individualmente.

    También iniciamos una costumbre entre Feli y yo. Ella me acompañaba a los conciertos, yo la llevaba en mi coche que tenía apertura vertical de la puerta trasera para que entrara Feli fácilmente con su silla, gracias a un dispositivo que la elevaba. Siempre venían con nosotros dos músicos y los demás iban en el coche de otro de los músicos. Feli entraba con nosotros y buscábamos un lugar para ella. Esto fue así hasta que conseguimos entre todos una furgoneta donde pagamos 8, pues se habían acostumbrado a Feli. También a la furgoneta mandé ponerle un dispositivo elevador y sustituir el asiento por las pinzas para la silla de ruedas.

    El día que me buscaron para una danza por haber enfermado uno de los bailarines, me la llevé al camerino para no dejarla sola. Ese día se acabaron los tapujos, porque nos vimos allí los dos cara a cara y tuve que vestirme las mallas. Me vio en silencio todo el tiempo, luego vino una muchacha, era la maquilladora. Luego la acompañé a bambalinas, a un lugar donde no molestara a los actores y pudiera ver bien. Cuando hube acabado, me la llevé al camerino, me duché, me vestí y me pidió ir al baño, la acompañé y le ayudé a sentarse. Esperé afuera hasta que me llamó. La sostuve para sacarla en brazos, la senté a la silla y salimos al coche.

    Ese día íbamos solos y le dije que nunca se pusiera en peligro al levantarse o ir al baño que yo la acompañaría. Se convirtió del todo y para todo en mi hermana. Cuando la mujer, Antonia, que venía a vestirla, no lo podía hacer, la vestía yo, cuando salíamos de viaje, le ayudaba a ducharse y luego la vestía yo. Mandé hacer una plataforma para que accediera a la cocina y pudiera cocinar cuando lo deseara. Nuestra vida se convirtió en una armónica fraternidad de dos hermanos que se necesitaban. Todo fue gracias a unas chocolatinas y bombones que me daba siendo ella más joven y yo un niño.

    En cuanto Abel supo que me había pasado a vivir a casa de ella porque le contamos en una de nuestras visitas, se alegró porque habíamos mejorado nuestra vida. También nos dijo que le habían dado un nuevo destino a una población más cercana a la ciudad con lo que también nos alegramos porque podríamos ir quizá con más frecuencia. Entonces nos dijo que también él tendría que ir a la ciudad con más frecuencia para asuntos varios. Entonces insinuó si podría venir a vernos a casa. Miré a Feli y nos entendimos. Feli le dijo:

    — Abel, tienes la puerta de casa abierta y no tienes nada que esconder; Izan me lo ha contado todo, toma las llaves, —se las dio— no necesitas avisar, si estamos ya somos tres, si no estamos a causa de los conciertos te acomodas, es tu casa.

    Desde entonces nuestra casa fue su casa; razón por la cual cambié una cama que necesitaba reparación por una nueva donde cupiéramos los dos.

    Todas las semanas venía Abel a la ciudad. Se había programado los lunes libre, venía los domingos en la noche, le esperábamos para cenar, estábamos un rato en la televisión y yo acompañaba a Feli a su cuarto, le ayudaba a desvestirse, le ponía su pijama y le ayudaba a acomodarse en la cama, como hacía a diario, luego Abel y yo nos íbamos a nuestra habitación. Lunes en la mañana hacía sus gestiones, si las había, y martes después del desayuno se iba al pueblo para seguir con su habitual trabajo. De modo que los lunes le hacía otro los oficios y el otro compañero tomaba vacación otro día de la semana.

    Dos noches en compañía de Abel era como un refrigerio en tiempos de dificultad. Yo veía y veo desnuda a Feli cuando le ayudo para bañarse o acostarse. No siento otra cosa que piedad y cariño por una hermana, como un médico con el enfermo, como una madre con su hijo pequeño, como un enfermero con su paciente. Sabía y le constaba a Feli que no había ninguna pretensión. Pudo haberla, pero no es nunca mi caso. Jamás consentimos que Abel hiciera mi tarea con Feli. Ni siquiera él se ofreció, pues sabía por donde iban los tiros. Para que Abel siguiera en su camino y no se desviara hacia ningún lado que pudiera llamar la atención o ser escandaloso, lo sabíamos los tres. Yo sabía satisfacer a Abel suficientemente hasta agotarlo. Dos noches con él y ya podíamos aguantar él y yo el resto de la semana sin molestar a nadie más.

    Ahora bien, tener sexo con Abel era fatigador, porque costaba de saciar. La noche del domingo nos daba el alba revolcándonos en nuestra cama, era insaciable. No es que yo me excuse, que también soy insaciable, pero cuando Abel se encontraba a solas conmigo era como el agua en el barro, podía provocar un tsunami amoroso devastador. Había veces que a la mañana dolían nuestras pollas y en nuestros comentarios decíamos que había que poner remedio, pero remedio sobre remedio significaba follar, follar y follar.

    Alguna vez, cuando se iba Abel, me comentaba Feli que lo habíamos pasado bien, porque los gritos se escuchaban desde su habitación. Se me ocurrió pensar que igual se escucharían desde la vivienda de al lado que era la de mis padres. Resonaban en mis oídos las voces de mi madre protestando al pensar que el depravado de su hijo se estaría follando a la paralítica. Cuando le contaba estas cosas a Feli se reía llena de felicidad y me decía: «Es que si fuera conmigo, no sería así, sería peor». Feli llegó a descubrir que había un triple amor. Mi fraternidad con ella que la desbordaba cuidándola, la de ella conmigo de agradecimiento y el ánimo que me daba para que fuese un exitoso concertista y el amor que nos teníamos Abel y yo. Feli y Abel siempre tuvieron una amistad distante, de cariño familiar, pero sin demasiado entusiasmo. Feli le veía como quien era y Abel la veía como su ex novia. Entre ellos se había cortado el plus de la vida, quedaba el respeto mutuo y la amistad, pero yo me había convertido en el puente entre los dos.

    Un día, a las cuatro de la mañana, me llamó Feli y pensé lo peor, porque llamaba insistentemente. Al despertar y sentir tal vehemencia en el timbre, acudí tal como estaba, desnudo, a auxiliarla, y me dijo que llamaban a la puerta. Fui, abrí la puerta y me encontré a dos hombres vestidos con uniforme policial. Me disculpé por cómo iba y los hice pasar, me metí a mi habitación y me vestí rápido para atenderles. Lo que me contaron fue aterrador.

    Al parecer alguien del pueblo se volvió loco o no sabían lo que había pasado, que prendió fuego en la iglesia, tras abatir una de las puertas de acceso. Abel se levantó de la cama, accedió a la iglesia, lo vio y lo llamó para apagar el fuego, ni corto ni perezoso el sujeto le disparó varios tiros con un arma y dos de las balas encajaron, una en un hombro y otra en el muslo atravesando el fémur que al parecer quedó quebrado y lo dejó como medio muerto. El incendio fue extendiéndose y despertaron muchos hombres que entraron en el templo y descubrieron a Abel tirado en el suelo en muy mal estado y apretando la zona de dolor del muslo. Llamaron a la ambulancia y lo han llevado al hospital politécnico de la ciudad. La policía había podido hablar muy poco con él en donde sacaron unas raras características del culpable y les indicaba que me avisaran urgentemente.

    Me vestí algo mejor, avisé a Feli que no se moviera que yo vendría, le conté lo mínimo y me fui con los policías a ver el estado de Abel. Le habían intervenido y tenía su brazo en cabestrillo por rotura de clavícula y la pierna enyesada. No se podía mover, pero me indicó la chaqueta del pijama que tenía en el armario ensangrentada y que sacara lo que había envuelto.

    Lo desenvolví y había una copa dorada y dentro de la copa que me mandó abrir muchas hostias. Me dijo:

    — Ahora mismo vas al obispado y entregas esto de mi parte al obispo, es el que manda, no expliques nada, avisa donde estoy.

    Eran ya las 9 de la mañana, me había esperado dos horas hasta que despertara y fue en lo primero que pensó y enseguida sentí que era algo importante. Me fui de inmediato en un taxi. Llegue al obispado. Nunca había estado allí. Se asustaron de ver el envoltorio ensangrentado y dije que quería ver al que mandaba. Vinieron varios curas con su sotana y otros sin ella, a todos preguntaba quien mandaba allí. Por fin salió un personaje que llevaba una cruz en el pecho y me dijo:

    — ¿Qué pasa?

    — Me manda Abel, don Abel Fernández, para que le dé esto y le diga que está en el hospital clínico.

    Allí mismo, con cierto temor desenvolvió el contenido, vio la copa y la abrió y se puso de rodillas. Todos se arrodillaron, a mí me dio una especie de mareo, me caí y perdí el conocimiento. Al despertar estaba sentado junto a una mesa. El señor se me presentó como el obispo y recordé todo, era el que manda. No me preguntó nada. Había un médico a mi lado, me dieron azúcar y el obispo me invitó a comer algo en una especie de apartamento o vivienda. Con tanta tensión y hambre no podía ni comer. El obispo, que al parecer ya sabía más que yo de lo que había pasado, me preguntó cómo es que yo había traído la copa y no la policía. No supe contestarle mas que lo siguiente:

    — Sabía Abel con certeza que yo la traería aquí sin que faltara nada; la policía me despertó, fui al hospital y lo que quería era darme esa copa y que no lo tocara nadie ni yo tocara lo de dentro, él sabe que todo lo que me pueda pedir en la vida lo cumpliré con exactitud. Eso hizo él, fiarse como siempre de mí, y eso hice yo, cumplir sus deseos a rajatabla.

    Luego el obispo llenó de elogios a Abel, que allí donde iba lo querían, que era muy responsable, etc., etc. Para mi satisfacción era suficiente. No añadí más ni dije más, es un mundo que desconozco.

    Vino una persona con una camisa limpia para que me cambiara, lo hice delante del obispo sin recato, la otra estaba ensangrentada y bajamos una escalera. Había mucha gente, cuando llegamos todos callaron, pero veía en sus ojos cierta admiración por mí que yo no entendía. A la puerta había un coche con un cura joven que me hizo subir y me llevó al hospital. Vi a Abel mejor, más repuesto, y me acordé de Feli. Me disculpé de Abel y me fui a casa.

    Había ido Antonia y estaba Feli sentada en su silla, preocupada, esperando que yo fuera. Me senté a su lado y le conté todo lo que sabía y lo que había hecho.

    — ¿Te dio la copa y la llevaste al obispo?

    — Sí, ¿qué pasa?

    — ¿Sabes lo que hay dentro?

    — Sí, hostias.

    — ¿Sabes que son?

    — Eso que coméis cuando comulgáis que significa Jesús.

    — No; para nosotros es Jesucristo, Dios mismo.

    — ¡Anda ya…!

    Ella insistió en que lo creyera, pero es muy duro de creer que una cosa como un papel sea Dios. Aunque ella me dijo que no era papel sino pan ácimo porque está hecho de harina sin azúcar, ni levadura, solo harina y agua y que lo consagran y es Jesucristo. Con sus explicaciones entendí que el obispo y todos los de allí se arrodillaran, pero no comprendí cómo eso puede ser. Pero sí capté que era muy importante y que Abel arriesgó la vida para salvar esa copa y su contenido del incendio. Creció mi amor por Abel, al reconocer su valentía y su convicción y llamarme a mí para asegurarse de que aquello iba a llegar completo a su destino.

    Cuatro veces estuvo Abel en quirófano en manos de los médicos para salvarle la pierna. Le pusieron un clavo para sujetarla debido a la rotura en varios trozos del hueso. Aseguraron que se recuperaría. Fuimos al pueblo para recoger sus cosas y nos lo llevamos a casa después de un mes que salió del hospital. El otro cura que había en el pueblo fue destinado a otro lugar y allí iban los domingos a decir una misa en una ermita desde otro pueblo vecino por un tiempo indefinido. Me explicó Abel que esa situación duraría varios años. Noté cómo lo sentía cuando me lo explicaba.

    Lo tuvimos tres meses metido en casa y muy aburrido, vinieron a visitarlo sus hermanos y varios curas. Yo ya sabía por Feli que sus padres habían muerto ya hacía algunos años. Ninguno de los hermanos habló de llevárselo, con lo que no me produjeron ninguna pena de separación. Tenía en mi casa mis dos amores, mi hermana y el más que mi novio, ¿qué más podía desear?

    Cuando el médico le quitó el último vendaje y le hizo caminar normal nos fuimos los tres de viaje a Agios Prokopios, en Naxos, con el fin de relajarnos, sobre todo por Abel, pues los tres habíamos vivido un largo periodo de tensión. Desde Agios Prokopios visitamos Atenas y algunas islas griegas. Excepto los días de visita por las islas que hacíamos en barco, lo pasábamos descansando y tomando el sol en la playa nudista al norte de la larga playa de Agios Prokopios, otras veces íbamos al frente del aeropuerto, la llaman Laguna Beach y esta es en gran parte una playa naturista. Está al lado del lago Aliki de Naxos.

    Al salir de casa vestía a Feli con un bañador y un gran pareo. La ponía en la silla con un bolso colgando donde había otros pareos y las cosas de Feli. La subíamos entre los dos al coche alquilado, y doblábamos la silla. Íbamos en el coche al lugar más cercano de nuestras playas, para poner a Feli en su silla y luego llevarla al borde del mar que no era cosa fácil, pero lo conseguimos siempre.

    Allí nos desnudábamos y al “agua patos”. Yo me fijaba en Abel y vi que nadaba bien, moviendo perfectamente las piernas. El primer día que vi esto decidí que ya estábamos listos para hacer el amor sin tanta precaución como hasta entonces.

    Algunos días tomábamos a Feli entre los dos y la metíamos un rato en el mar. Era una gozada cuidar de Feli, siempre agradecida y sonriendo como si no pasara nada. Pero lo que más le divertía era vernos nadar, jugar, correr, incluso le gustaba —eso nos dijo— vernos besarnos sobre la arena o dentro en el agua. El día que lo dijo ya no lo hacíamos por casualidad sino queriendo que nos vea para hacerla feliz.

    Los domingos acudíamos a una iglesia de la ciudad y ese día no íbamos a la playa, para pasear y comer en la ciudad.

    Cuando regresamos, ya repuesto Abel del todo, le dieron un nombramiento en la ciudad. Pero ya no se salió de nuestra compañía. Compramos una vivienda más céntrica y pusimos en venta la vivienda de Feli. Fue cuando ya dejé de estar cerca de mis padres y ya no sufrí más impertinencias en el ascensor o entrada de la casa. Abel vivió permanentemente con nosotros y solo lo dejábamos aislado cuando yo tenía conciertos, lo que cada vez era más frecuente.

    Cuando regresaba de mis conciertos, Abel no lo resistía más y yo tampoco, ya que con frecuencia eran tres días sin vernos. Entonces hacíamos el amor. Abel recuperó toda su fogosidad y yo estaba más animado por lo bien que iban nuestras cosas.

    También comencé a dar clases de solfeo y violín en el Conservatorio. Los ingresos ya eran sustanciales y la vida comenzó a ser algo más holgada.

  • Mi primera noche como trava

    Mi primera noche como trava

    Cruzarme con hombres siempre fue mi debilidad. Desde que me desvirgaron el culo no tuve otra motivación que ofrecerme como putita de mis compañeros de cole y de vecinos que conocían esa debilidad. Mamar sus vergas, tragarme su leche, acabar empotrada de pie en los baños o en una cama ajena eran mis hobbies preferidos luego de hacer las tareas. En casa si bien se las olían respecto a mi orientación, nunca se metieron ni me dijeron nada. Era buen estudiante y mi tiempo libre lo ocupaba en lo que más me gustaba.

    Al acabar el cole entré a la universidad y pude independizarme. Tuve varios novios, mucho sexo y tras egresar de Ingeniería en Ecoturismo entré a trabajar de recepcionista en un hotel. Era bastante afeminado pero eso no tuvo importancia pues me lie con el dueño y me dejaba coger a diario en habitaciones distintas. Culeo va y culeo viene, la mujer de éste se enteró que su maridito se estaba tirando a un maricón y me corrieron.

    Mi nombre es Steffany, tengo 24 años y desde el mes anterior soy prostituta-travestida.

    Todo sucedió luego de acostarme con el casero del apartamento pues no tenía dinero para pagarle el alquiler del mes. Me ofrecí y aceptó. Me dio por el culo y quedamos en paz por ese mes. Recuerdo claramente sus palabras mientras se vestía -Bien podrías sacar una pasta alquilándote, putita. Estás rica y si te das un toque femenino, seguro te lloverán los clientes, además, mientras seas discreta puedes traértelos aquí-.

    Aquellas palabras me animaron a probar. Con el poco dinero que me sobraba fui a un mercadillo y me compré lencería barata, tacones, una peluca de carnaval roja y pinturas igual de saldo. De vuelta al apartamento me encontré con Pedro, el casero y le mostré lo que traía.

    -Uff!, chiquilla, quiero ser tu primer cliente -dijo contento- Lo mismo y te sale gratis el siguiente alquiler. Tú arréglate y subo en una hora, te parece putita?…

    -Ay, don Pedro -dije avergonzada- Usted ya me probó pero yo encantada de atenderle -continué sensual- Y si va en serio lo que dice respecto al alquiler, le hago lo que usted me pida. Dándome una palmada en el trasero me aseguró su presencia en una hora.

    Subí loquita y excitada a prepararme. Me gusta darme duchas internas para estar muy limpita por el recto y suelo usar la manguerita de la ducha, es algo que me motiva en extremo. Amo esa sensación de la entrada del chorro cálido en mis entrañas, mientras doy saltitos desnuda mi verga suele ponerse durísima y al expulsar el líquido siento el placer de quedarme liviana y muy, muy, muy dispuesta para el acto.

    Extendí sobre la cama toda la ropa que compré y fui ciñendo a mi cuerpo el encaje de las braguitas, los ligueros, el sujetador con relleno, luego las mallas, la faldita roja y negra de tablones y antes de subirme a los tacones de charol y ponerme la blusa de colegiala con corbata incluida, me maquillé, me puse las pestañas y las uñas postizas. Pedro quedó en subir a las siete. Eran las seis y cuarenta y yo estaba casi lista. Acabé por colocarme la peluca roja y finalmente me di brillo en los labios luego del carmín rojo. En el espejo vi a una bella muñequita de 1,78 de estatura, delgadita y con unas piernas torneadas y un culito respingón.

    Mi casero llegó a tiempo y lo recibí toda efusiva y sexy con gestos propios de una chica y la voz dulce que suele gustar a los hombres. Pedro traía una botella de vino y le serví una copa casi llena con la intención de pedirle que me diese de beber de su boca. Mientras él bebía sorbos cortos de licor, yo sumisa y complaciente me arrodillé entre sus piernas y desbaraté su compostura según le chupaba los dedos de los pies, lamía sus piernas y besaba su rica verga que aún estaba a media erección. Lamí sus huevos, le masturbé delicadamente, chupé su glande y se la mamé entera hasta tocar con mis labios las bolsas enormes que contenían su néctar.

    -Dame vino, papi -dije entre susurros- sin soltar su rabo ya duro. Pedro hizo el gesto de acercar la copa a mis labios y mirándolo con gesto de enojo erótico le respondí que quería beber de su boca. Mi macho se largó todo lo que quedaba en la copa y yo sugerente abrí mi boca para recibir el elixir de su cavidad. Eso es algo que me fascina, soy muy desinhibida y me gusta que el hombre que me va a usar me dé a beber saliva o cualquier líquido desde su boca. Me excita mucho al igual que lamer el sudor, lógicamente beber semen y desde hace poco, gracias a Pedro, la lluvia dorada.

    Como «profesional recién iniciada» suelo tener condones y lubricante para que me culeen pero precisamente usé el último el día anterior con Pedro. -No tengo condones, papi -dije apenada-

    -Tranquila amor -dijo él- agarrando mi verga mientras me besaba con lengua. Quiero dejarte preñada si no te importa y así hacemos paso de dos meses de alquiler. Mis ojos resplandecieron y como si de marido y mujer se tratara, lo llevé hasta la cama dejando que me metiera un dedo por el ano.

    Pedro se lubricó la verga y antes de clavármela, temerosa porque era la primera vez que me dejaba encular a pelo, le pregunté si no habría consecuencias. Me refería desde luego a una ETS. Pedro excitado me dijo que era a la primera trava que se tiraba y que me calmase pues su verga hace tiempo que no probaba ni coño y menos culo de nadie. Ni de tu mujer? -pregunté- -Ni de mi mujer -dijo-.

    El coito homosexual es morboso, es la clara representación del autoritarismo, de la fuerza sometiendo a la debilidad en igualdad de condiciones físicas. Pedro arremetió con furia por mi ano lubricado y golpeó mis entrañas hasta hacerme entornar los ojos y arañar las sábanas con gemidos dulces y un placer tormentoso hasta abrirme bien.

    Tardó lo suyo y me hizo gozar montado a mi espalda y con el sable adentro hasta los huevos. Su corrida inseminó mi feminidad, esa leche espesa que mi organismo absorbía, el esperma de un hombre formando ya parte de mi ser.

    Pedro encadenó un segundo amor sin sacarla. Era tremendo. Qué fogosidad. Y yo, chillando muy suelta, ofrecida y asida por sus enormes manos a mis tetas ficticias. -Toma putita, esto te gusta, traga todo zorra, de ésta te embarazo fijo.

    -Ayyy, sí papi, quiero quedarme embarazada, dale papi, no pares, eres un machoteee, dame fuerte, venga amor, quiero que me dejes preñadita bebé…

    Su segundo orgasmo rellenó lo relleno y me sentí plenamente mujer. Transpirábamos ambos, estábamos empapados y yo más. Pedro se mantuvo dentro para que no se me escapara su néctar y como pudimos nos giramos para yo quedar echada de espaldas y poder levantar las piernas.

    -No quiero que se te vaya mi leche amor -dijo- Mantente así o no te quedarás embarazada. Su fláccida verga salió de mi ser y mi primer cliente se puso en pie sobre la cama. Lo veía inmenso. Steffany -dijo- te voy a hacer una lluvia dorada y quiero que te la bebas, será mi marca, es como cuando los perros mean marcando territorio, yo voy a marcarte para que seas mía. Puedes coger con cuántos hombres quieras, pero en tu cabeza estaré siempre yo como tu dueño, de acuerdo? -acabó preguntando-. Asentí con firmeza y mi nuevo dueño me ayudó a levantarme y llevarme al baño.

    -Entra en la tina -ordenó-.

    Entré obediente.

    -Ponte de rodillas.

    El primer chorro me dio en toda la cara. Abrí todo lo que pude la boca y el siguiente súper consistente y largo comenzó a entrar en mi cavidad. Tragué y tragué. Acabé mojada pues no podía con todo. Me supo a vino, caliente pero rico.

    Mientras nos duchábamos mi casero me tomó una vez más de pie y masturbándome según me culeaba. Estaba arrecha y volvió a preñarme. Tres lefadas, tres.

    Yo estaba exhausta pero encantada. Mi dueño se vistió y yo desnuda lo miraba con ojos de amor. -Te amo -dije sin pensarlo- Eres un amante delicioso, te deseo y te amo -añadí-

    Pedro me besó rico y lo acompañé hasta la puerta. Antes de abrirla me preguntó si estaba cansada. Lo estaba pero mentí. -Un poco -dije-

    -Lo digo -dijo- porque dos de tus vecinos quieren culearte. Esperan mi aviso y si tú quieres los mando.

    -No sé cuánto cobrar -respondí excitada.

    -Depende del servicio -dijo- Yo les he dicho que eres puta cara y que lo menos son cien por polvo.

    -En serio? les dijiste cien por uno solo?…

    -Tú vales preciosa, los hago subir?

    -De acuerdo.

    -Y conmigo estás libre de alquiler dos meses. Chao nena…

    Libre de alquiler y dos clientes que estaban por subir. Una noche exitosa, sin duda…

    Si quieren saber cómo me fue esa noche no duden en pedirme que continúe con el relato, estaré encantada de contar con detalles que mi culo quedó destrozado pero feliz de tanta verga que me dieron. Mi correo es: [email protected].

  • El primer contacto

    El primer contacto

    Me miro al espejo. Tengo unas ojeras tan grandes que parecen cuencos y una resaca terrible. Yo no quería ir a la fiesta, pero no podía negarme. Si por mi hubiese sido me habría quedado en mi habitación tranquilamente, de relax. Siempre he preferido el plan sofá, manta y peli que las fiestas y borracheras, pero desde hace un par de meses tengo un plan mucho mejor… Ella.

    Recuerdo aquel primer contacto que tuvimos. Ya nos habíamos visto antes por el campus, pero por no saber no sabía ni su nombre. A pesar de eso, me aventuré a dejarme llevar por primera vez en mi vida. Cierro los ojos buscando volver a ese instante…

    Llego agotada después del examen. Tercero de ingeniería no es moco de pavo. Me tiro en la cama y me quedo mirando fijamente al viejo póster de los planetas que hay pegado al techo. De pronto alguien llama a la puerta.

    Una estudiante de cuarto de magisterio espera impaciente en el pasillo. Abro la puerta y ella me mira confundida.

    – Disculpa, creo que me he equivocado- dice ruborizada. Pero yo no la escucho. Sus palabras se han convertido en un ligero murmullo dentro de mi cabeza mientras no dejo de mirarla.

    Es una chica alta, con el pelo largo y moreno recogido en un moño, y unos labios increíbles que piden a gritos ser besados. Una chica capaz de hipnotizar a cualquiera que se cruce en su camino.

    – ¿Sabes dónde está? – insiste, haciéndome bajar de la nube. Mierda, no tengo ni idea de qué me está hablando. La miro y trato de contestar, pero se adelanta.

    – Oye, ¿Todo bien? Te noto pálida. – dice mientras coloca su mano sobre mi hombro.

    «Por favor, no me toques que me pierdo» pienso, pero ella no se mueve. Intento volver a la conversación.

    – Sí, sí, eh… perdón, no, es que… – balbuceo. Mierda, parezco imbécil. Ella no me quita el ojo de encima. -Es que acabo de salir de un examen y estoy hecha polvo.

    – Época de parciales, la mayor mierda del mundo- Dice mientras sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa. O algo que se le parece.

    – Si… – murmuro.

    – Pues estarás agotada, sé de algo que ayuda. A ver déjame a mí- Suelta mientras entra en mi habitación.

    Mi cuerpo solo me permite mirarla embobada mientras se sienta en la cama. Quiero ir con ella, pero mis músculos no responden, estoy nerviosa y sigo ahí plantada sin moverme.

    – Puedes venir, ¿Eh?- dice entre risas- que no muerdo.

    «Tampoco pasaría nada si me mordieses el cuello, o los labios…»

    Y otra vez esos pensamientos vuelven a mí, pensamientos que tengo desde la primera vez que la vi paseando tranquilamente por el campus hace unos meses.

    – ¿Hola?

    Vuelvo a la vida real otra vez, y la miro. Sonrío tímidamente mientras me siento a su lado. Ella se gira sobre la cama sentándose por completo encima del colchón y deja las piernas abiertas. Da unos golpecitos para que me ponga ahí.

    Me coloco un poco más cerca de lo que debería, y más lejos de lo que me gustaría. Me sujeta los brazos y me guía hacia donde quiere que esté.

    Mis mejillas arden. Cuando me quiero dar cuenta noto como se levanta mi camiseta, y como sus manos acompañan la prenda trazando un camino vertical sobre mi espalda que me eriza hasta el último vello de la piel. Me muerdo el labio.

    Ella sonríe – se te ha puesto la piel de gallina.

    Mierda. – Si… Es porque tengo un poco de frío.

    No puedo sentirme más idiota. ¿Frio? ¿En serio? Pero si tengo unos calores que ya no sé cómo disimularlos.

    Ella se pone en posición y comienza a masajear mis hombros, deteniéndose concienzudamente en los puntos clave. Me encanta. Deja de apretar, y poco a poco convierte el masaje en suaves caricias que recorren cada rincón de mi cuello.

    Se acerca. Puedo notar como su respiración se acelera cada vez más y noto su aliento cerca, muy cerca. Sus labios se posan en mi cuello y yo echo la cabeza hacia atrás para dejarle espacio. Sigue con el recorrido hasta pararse en mí oído.

    – No sabes el tiempo que llevo esperando esto.

    Nos fundimos en un beso muy largo, jugando y mordiéndonos los labios, bailando un vals lento con las lenguas. Fuerte, despacio…

    Con mi mano bajo por su vientre, buscando el botón del vaquero, el botón del placer. Está totalmente mojada. Me mira con picardía al ver que yo estoy tan empapada como ella y comienza a jugar rodeando con el dedo mi clítoris hinchado y palpitante, consiguiendo que grite de placer.

    Me mira, y sin quitar la mano se acerca otra vez a mi oído, tenemos las caras pegadas. Nuestras agitadas respiraciones se acompasan, y acompañadas de los gemidos logran crear la más perfecta sinfonía de pasión jamás compuesta.

    – Haz conmigo lo que quieras- sollozo.

    Se acerca mientras su lengua juega con mi lóbulo -No sabes lo loca que me vuelves cuando te muerdes el labio. Me entran ganas de hacerte de todo- dice. Me sujeta con dos dedos la barbilla para volver a besarme.

    No aguanto más y me abalanzo sobre ella. Con las piernas me hago un hueco, dejando espacio a mi mano para moverme con soltura. Puedo notar la humedad de su sexo en mi piel, su jugo. Yo me pierdo mientras ella grita que quiere que me corra. Estoy a punto. Estamos a punto, y dos fuertes gemidos resuenan por toda la habitación dando la nota final del concierto.

    Abrazadas tratamos de coger aire de nuevo, ella empieza a dormirse mientras le acaricio el pelo. Ojalá pudiera detener el tiempo ahora mismo. Pero pesan los párpados, no quiero dormirme, no quie…

  • Cita con un maduro en su casa

    Cita con un maduro en su casa

    El sábado de la semana anterior, me había dado por el culo un hombre maduro; rondaría los 50 años o quizás algo menos; en los aseos públicos de la calle Fernández Latorre, después de aprovecharse que el hijo de puta del maricón que me estaba sodomizando, me había dejado tirado. Me había dejado con los pantalones y slip sobre los tobillos, la camiseta sobre el suelo, el culo abierto y preñado de semen, la polla tiesa a más no poder, y la puerta del aseo abierta.

    Por supuesto que no perdió la oportunidad aquel hombre maduro, y aprovechó la ocasión que se le había presentado, y sin que yo tuviera tiempo a reaccionar, me sodomizó en aquel aseo público, después de haberlo hecho el hijo de puta del maricón.

    Al menos él me había dejado satisfecho y no me había dejado allí tirado. Incluso me había invitado a una cerveza en el bar que hay enfrente de aquellos aseos, y luego me había dado una nota con sus datos para que lo llamara por teléfono la próxima semana, si me apetecía repetir, pero que la cita sería en su casa.

    Por supuesto que toda la semana estuve pensando en si llamar y dejarme volver a ser sodomizado por aquel hombre maduro. Así que el viernes a media mañana, con la calentura y ganas que tenía que me dieran por el culo, lo llamé por teléfono. Estaba excitado, ya no aguantaba más, así que, armándome de valor, empecé a marcar en el teléfono aquel número que me había apuntado en la nota que me había dado.

    ¿Si, diga? Se escuchó por el auricular del teléfono.

    Hola, contesté, ¿está Jaime?

    Sí, soy yo, ¿Quién es?

    Soy Dani, nos conocimos el sábado pasado en… Sí sí ya me acuerdo, dijo sin que yo terminara de hablar. Entonces que, ¿te apetece repetir?

    Sí, le contesté.

    Estupendo, dijo él, ¿cuándo quieres que quedemos y repitamos?

    Si quieres que sea hoy viernes la cita, tendrá que ser a partir de las 6 de la tarde, hasta esa hora yo no puedo quedar. O si no te va bien, puede ser mañana sábado por la mañana o a cualquier hora que te vaya bien.

    Mejor hoy si puede ser, le contesté.

    Muy bien, me dijo, veo que tienes ganas de polla, seguro que andas calentito y te gustó como te abrí ese culito vicioso que tienes con mi polla el sábado pasado, ¿eh?

    No contesté nada, solo se escuchaba mi respiración, estoy seguro de que, si pudiera verme en ese momento, vería como mi cara se enrojecía, al escuchar aquellas palabras.

    Bueno pues entonces a partir de las 6 de la tarde, podemos quedar en mi casa, dijo. Como ya tienes la dirección, avisaré al portero que voy a tener una visita, para que te deje pasar y no tengas impedimento alguno.

    Vale, le contesté. Sobre las 7 de la tarde estaré en su casa, le dije.

    No me trates de usted, me gusta que me tutees, putita. Y no te preocupes, que te voy a meter mi polla en ese rico y vicioso culito que tienes, te lo voy a dejar bien abierto y preñadito.

    Bueno entonces hasta la tarde, precioso, dijo terminando la conversación.

    Chao, contesté, colgando el teléfono.

    Pasaban ya de las 6:30 de la tarde de aquel viernes, cuando iba camino de la cita con aquel hombre maduro. Iba nervioso y excitado con ganas de que me diera por el culo. Necesitaba ser follado, quería que me abrieran el culo y me dieran una buena ración de polla. Desde el sábado pasado en que me habían sodomizado por 3 veces, no me había vuelto ni hacer una paja, y estaba que reventaba, tenía los huevos hinchados y llenos de leche, que necesitaban ser descargados urgentemente.

    Cuando llegué al portal del edificio donde vivía Jaime; era el número 1 de la calle Alfonso Molina; estaba el portero; era un hombre más o menos de la edad de Jaime, alto y delgado; me preguntó a donde iba. Le dije que iba al piso 12 b, que había quedado con Jaime.

    A, sí sí, ya me ha dejado aviso. Sube, es el último piso, me dijo el portero sin quitarme la vista de encima. El muy cabrón, me había escrutado de arriba abajo, y cuando le di la espalda, no sacaba los ojos de mi culo. Estaba casi seguro de que aquel portero, sabía muy bien a lo que yo iba, o al menos yo tenía esa sensación. Aquella manera de escrutarme de arriba abajo, y luego aquella mirada a mi culo y aquella cara de lujuria relamiéndose los labios con la lengua, me hacía pensar que el muy cabrón, sabía que me iban a dar por el culo y abrirlo bien abierto y dejarme bien preñado.

    Y las sospechas que tenía, me las confirmó cuando me abrió la puerta del ascensor. Abrió la puerta aguantando la misma dejando que yo pasara, y mientras yo entraba en el ascensor, posó su mano sobre mi espalda, bajando luego su mano hasta mi culo, dándome 2 palmaditas mientras me deseaba que pasara una buena tarde, con una sonrisa… Que me dejó pensativo y con la boca abierta.

    Cuando llegué al piso 12; era el último; salí del ascensor, giré a la izquierda, y toqué el timbre de la puerta donde vivía Jaime. En unos segundos ya me estaba abriendo la puerta aquel hombre maduro que me iba a sodomizar, me abrió la puerta, apareciendo en albornoz y recién duchado.

    Hola, pasa pasa, Dani, dijo, dándome paso a su casa. Nada más entrar, cerró la puerta, llevándome luego apoyando sus manos en mis hombros por la espalda, hasta la sala donde tenía la televisión encendida.

    ¿Qué tal estás? Me preguntó, sin quitarme las manos de mis hombros y arrimándose a mi espalda.

    Bien le dije, esperando a que me soltará de aquel abrazo que empezaba a darme, sujetándome por la espalda. Cosa que no hizo, si no que fue todo lo contrario, pegado a mi espalda, fue bajando sus manos por mi pecho, hasta llegar a mi vientre, y pegándome más a él, empezó a restregarme a su polla, ¡ufff! Que ganas te tengo maricón, estás muy bueno, decía restregándome a él, mientras con sus manos me iba sobando por todas partes.

    Empezó a desabrocharme los botones de la camisa, mientras con su boca pegada a mi oreja, susurraba, ¡mmm que bueno estás maricón! Lamía y mordisqueaba el lóbulo de la oreja, mientras me iba desabrochando los botones de la camisa. Cuando ya casi la hubo desabrochado por completo, me acarició los pechos, pellizcándome luego los pequeños pezones, ¡mmm, los tienes excitados y duritos! Me susurraba sin dejar de mordisquearme y lamer el lóbulo de la oreja.

    ¿tienes ganas de polla, eh maricón? Me decía.

    Yo no decía ni hacía nada, solo me dejaba hacer.

    Continuó desabrochándome los botones de la camisa, tiró de ella para que subiera el trozo que tapaba mis pantalones, y luego de desabrocharme todos los botones, tiró de ella para abajo por mi espalda, dejándola que callera quedando colgada por la cintura. Llevó sus manos a mi cinturón aflojándolo, siguiendo luego desabrochándome los botones del pantalón, hasta que tiró de ellos hacia abajo, arrastrando en el proceso el slip, hasta que cayeron por su peso a mis tobillos.

    Mi polla saltó disparada hacia arriba, quedando pegada a mi vientre, tan pronto me hubo bajado el pantalón y slip.

    ¡Ohhh que cosita rica! Me susurraba llevando sus labios a mi cuello besando y lamiéndolo, ¡uy que bueno estás maricón! Decía sobándome con sus manos la polla y huevos. Estás bien caliente, mira como vienes de empalmado pedazo de maricón.

    Después de manosearme por todas partes sobándome la polla y huevos y mordisquearme el cuello y el lóbulo de la oreja, me dijo que me quitara los zapatos y terminara de sacarme el pantalón.

    Me agaché sacándome los zapatos, terminando de sacarme el pantalón y slip. Mientras él me sujetaba por la cintura y arrimaba su paquete a mi culito, ¡ufff! Como te voy a follar este culito, decía restregándome su paquete por el culo, mientras yo terminaba de sacarme el pantalón y slip.

    Cuando ya me tuvo en pelotas por completo, me giró hacia él, empezando a besarme y mordisquearme la boca, mientras yo le soltaba el cinturón del albornoz que llevaba puesto, apoderándome de su verga y cojones. Acaricié aquellas enormes bolas que le colgaban, y fui bajando la piel de aquella preciosa verga, hasta descapullarla por completo.

    Si yo estaba empalmado a más no poder, aquel maduro, tenía la polla tiesa y dura como un fierro. Yo ya estaba deseando que aquella polla me la empezara a meter en el culo. Ardía en deseos por sentir como aquella verga me abría el culo y descargaba el cargamento de semen que contenían aquellas enormes pelotas, regándome las entrañas, dejándome bien preñado.

    Dios, yo ya estaba que moría de lo caliente que estaba, la polla ya me empezaba a soltar líquido preseminal, y las piernas ya me empezaban a temblar de la excitación que estaba sintiendo. Los labios ya los tenía hinchados y enrojecidos, su lengua ya había explorado toda mi cavidad bucal, saboreando cada rincón de ella. Su saliva corría por mi cuello y los pequeños pezones me dolían de lo duros y excitados que los tenía.

    Jadeando y excitado como estaba, sin esperar más me agaché llevando mi boca a su falo, y con unas ganas que rozaban la desesperación, engullí aquella verga que tanto deseaba que me diera por el culo.

    Empecé a chupar y lamer con desesperación, mientras con mis manos acariciaba aquellas enormes pelotas.

    Jaime, colocando sus manos sobre mi cabeza, jugaba con mi pelo enredando sus dedos entre ellos, mientras suspiraba por la mamada que le estaba dando a su polla, ¡ohhh maricón! ¡ooohhh que boquita tienes! Chúpala, chúpala bien que te la voy a meter en ese culo tan rico y vicioso que tienes. Te voy a dar por el culo hasta reventarlo, maricón.

    Hoy vas a quedar bien satisfecho, le vamos a dar polla a este culito hasta reventarlo. Te lo vamos a dejar bien abierto, maricón. Espero que no tengas prisa por marcharte.

    ¿Tienes que estar en tu casa a alguna hora, o puedes quedarte hasta mañana? Me preguntaba mientras yo seguía chupándole la polla.

    Sacándome la polla de la boca, levanté la cabeza mirándole a la cara y le contesté, no, no tengo que estar a ninguna hora en mi casa. Hasta el domingo que vaya a dormir para levantarme el lunes e ir a trabajar, no tengo ninguna prisa.

    Estupendo dijo Jaime, el maduro con el que me había citado en su casa. Es que más tarde va a venir un amigo y si quieres podemos hacer un trio. Es una persona de confianza y ya verás como te va a gustar, te vamos a hacer disfrutar toda la noche, te vamos a dar por el culo hasta que te hartes de polla.

    ¿Qué te parece la idea?

    Quedé pensativo mirándole a la cara, no sé, le contesté. Creí que íbamos a estar nosotros 2 solamente.

    No te preocupes, luego ya lo decidirás, pero te garantizo que, si dices que sí, lo vas a disfrutar como nunca lo hayas podido hacer. Solo se trata de follar, los 2 somos activos, así que tu solo tienes que poner el culo y cuando no quieras más, pues lo dejamos.

    En esos momentos me vino a la cabeza la imagen del portero, así que le pregunté, ¿es el portero del edificio, la otra persona?

    Pues sí, me contestó. Se trata de Pepe, el portero del edificio. ¿Es que lo conoces?

    No, pero cuando llegué y me pregunto a donde iba, y se lo dije, me miró de una manera algo especial, y luego al entrar en el ascensor, me dio unas palmaditas en el culo y me dijo que pasara una buena tarde, pero lo dijo con una sonrisa… Vamos que sospeché que sabía a lo que venía.

    Jaime, se echó a reír, y dijo, sí, sí que lo sabía, vaya con Pepe, menudo hijo de puta que está hecho. Pero no te preocupes, que es una muy buena persona, y tiene una polla que estoy seguro de que te va a encantar. Estoy seguro de que le has gustado y dejado bien caliente y con ganas de probar tu culito.

    Volví a llevarme la polla de aquel maduro a la boca, y acariciándole las enormes bolas que le colgaban con mi mano, seguí chupándole aquel hermoso falo que tanto deseaba por tenerlo dentro de mi culito.

    Así, así, ¡ooohhh maricón que bien la chupas! Gemía Jaime, empujándome la cabeza con sus manos enredadas en mi pelo, a la vez que impulsaba su pelvis para hacerme que tragara más su falo que estaba tieso y duro como un fierro.

    Ya me dolía la mandíbula de tanto tragar y chupar la polla de Jaime, y mi culo ardía en deseos porque lo abrieran de una vez, dándole una buena ración de polla y leche. Así que me incorporé poniéndome de pie, diciéndole que necesitaba estirarme un poco.

    Jaime me abrazó a él, y llevando su boca a mi cuello, empezó a lamerlo y mordisquearlo. Ven mi putita, ven que te voy a hacer que goces y disfrutes con mi polla. Vamos a abrirte este culito y hacerte gemir de placer, me susurraba mientras sus manos sobaban mi culito, y uno de sus dedos buscaba la entrada de mi ano. Fue llevándome así abrazado a él como me tenía hasta que se apoyó al respaldo del sofá.

    Allí apoyado, me dio la vuelta, quedando yo mirando por el enorme ventanal que tenía.

    Desde allí tenía una vista espectacular de todo el puerto de La Coruña, y parte del centro de la ciudad. Se veía todo Linares Rivas, Plaza de Orense, los jardines de Méndez Núñez, y los cantones. Me hizo apoyar las manos sobre el alféizar de aquel ventanal, y haciéndome que quedara inclinado mostrándole mi culo, me hizo abrir las piernas, llevando él su mano a la entrada de mi culo. Palpó con su dedo el esfínter, luego llevó su dedo a la boca, y después de mojar su dedo con su saliva, volvió a llevarlo a la entrada de mi ano. Presionó un poco, e introdujo parte de su dedo en él.

    ¡Ohhh! Di un ligero gemido, estremeciéndome cuando noté entrar su dedo en mi culito.

    Tranquilo mi putito, tranquilo que solo voy a lubricar un poco este hermoso culito, antes de meterte la polla en él.

    Sacó el dedo, y vi como sacaba un tubito de lubricante del bolsillo del albornoz. Abrió aquel tubo, echando un poco en sus dedos, llevándolos luego a mi ano. Noté como algo frío me esparcía en mi ano, y como poco a poco iba introduciendo un dedo en él. Metía y sacaba el dedo, luego fueron 2 los dedos que me iba metiendo. Cuando metía los 2 dedos, los giraba y presionaba haciendo que mi culo se fuera abriendo y relajando. Cuando ya me tubo bien lubricado y apunto mi culito de ser perforado por su verga, llevó su mano a su polla, pasó aquellos dedos por su glande, haciendo que la polla quedara igualmente lubricada. Se acercó a mí, y sujetándome por la cintura, llevó su polla a la entrada de mi ano. Empujó un poco, empezando a introducir la cabeza de su polla en mi culo.

    Mi esfínter cedió como si de mantequilla se tratase, y un cuchillo fuese enterrándose en ella. Siguió empujando su pelvis y su polla poco a poco iba entrando en mí.

    Ya me había metido todo el glande, y su verga proseguía su camino. Poco a poco iba introduciéndose, hasta que noté su pelvis pegada a mi culo. Dio una suave envestida, haciéndome dar un gemido al notar sus pelotas pegar en la entrada de mi ano, y su glande llegar al fondo de mi culo, ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemí al notar toda su virilidad dentro de mí.

    ¡Ohhh! Siii maricón, siiii, ya te la has tragado toda, ¡ooohhh que gustazo! Dios que culito, gritaba manteniéndome sujetado por las caderas y la polla enterrada en mi culito.

    Ya me tenía empalado en su polla, me la había ensartado hasta los cojones y todavía impulsaba su pelvis, queriéndome meter aún más aquella verga que me tenía empalado.

    Poco a poco empezó a mover sus caderas, dando pequeñas envestidas, clavándome y volviéndome a clavar la polla en lo más profundo de mis entrañas. ¡Ohhh que culo! ¡ohhh que culo más rico! Gritaba sin dejar de culearme. Llevó una de sus manos a mi polla y huevos, los sobó, luego fue subiendo hasta mi pecho, me agarró el pezón, empezando a apretarlo y decirme, ¿te gusta? ¿te gusta cómo te doy por el culo maricón? Me iba susurrando mientras me tenía empalado en su verga, pellizcaba con su mano mi pezón y lamía la oreja y mordisqueaba mi cuello.

    Siiii, Siiií, balbuceaba yo tartamudeando sin parar de gemir a causa del placer que me estaba haciendo sentir aquel maduro.

    Yo pegaba todo mi culo lo que podía a su pelvis, notando sus pelotas pegadas a mi ano, y como aquella verga me estaba sodomizando. Entraba y salía de mi culo cada vez a mayor ritmo, masajeando mi próstata, haciéndome llegar al clímax del placer. Mi polla dura y tiesa, se bamboleaba junto a mis pelotas derramando pequeñas gotas de semen, al compás de las envestidas que me daba Jaime, mientras me iba dando por el culo, teniéndome allí apoyado al alféizar del ventanal. Estaba contemplando aquella parte de La Coruña, mientras me daban por el culo en aquel apartamento, haciéndome gemir de placer.

    Los 2 ya estábamos sudando y Jaime cada vez me daba por el culo a mayor velocidad, hasta que empezó a gritar que se corría. ¡Ohhh me corro! Me corro, ¡ooohhh me corro!

    Noté como clavaba sus dedos en mis caderas, sus envestidas eran más profundas y agresivas y su polla se hinchaba, empezando a soltar varios trallazos de leche.

    ¡Ohhh maricón que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba mientras su polla descargaba el semen en lo más profundo de mis entrañas.

    Una vez hubo descargado todo el esperma que contenían sus pelotas, y ya no salía nada de semen por su polla, se sentó sobre el respaldo del sofá, arrastrándome con él, mientras su polla iba saliendo de mi culo poco a poco. Jadeando mientras se iba recuperando, me abrazó por la espalda a él, e iba mordisqueándome el cuello y hombro. Qué bueno estás maricón, tienes un culito maravilloso, es para estar follándotelo sin parar.

    Me dio la vuelta de forma que quedara mirando para él, prosiguiendo con sus magreos y besos. Volvió a comerme la boca y labios, volviendo a ponérmelos rojos e hinchados de tanto morderlos y saborearlos.

    No te has corrido, pero no te preocupes, me decía acariciando mi polla que seguía tiesa a más no poder. Vamos a beber algo, y luego continuamos, a ver si llega el amigo Pepe, ya verás cómo vas a gozar con los 2.

    Me llevó abrazado con él hasta la cocina, así desnudo como estaba, allí me dijo si quería cerveza, o prefería alguna otra cosa. No, cerveza está bien, le contesté. Sacó 2 botes de cerveza, luego fue por 2 vasos, y me llevó de vuelta para la sala, sentándonos ahora en el sofá.

    Mientras bebíamos aquellas cervezas, él, no dejó de abrazarme y sobarme y besarme por todas partes. Yo seguía empalmado como un burro, y él ya volvía a empezar a estar empalmado de nuevo.

    Me tenía tumbado sobre el sofá y a punto de volverme a dar por el culo, cuando sonó el timbre de la puerta. Vaya, que oportuno, ahora que me iba volver a follar, sonaba el timbre. Se levantó y abrochó el albornoz, y se fue a abrir la puerta. Cuando volvió, lo hacía junto al portero que traía una sonrisa y una cara de lujuria, que era imposible ocultar. La verdad es que me dio algo de vergüenza que me viera allí desnudo por completo, por lo que me incorporé sobre el sofá, busqué el slip, terminando por ponérmelo.

    No te preocupes, Dani, quédate así desnudo, que Pepe, no se va a asustar, ya está acostumbrado a ver cuerpos desnudos, dijo Jaime. Bueno ya sabes por lo que viene, así que os presento, dijo Jaime, él es Pepe, dijo, mientras el portero estiraba su mano para saludarme, y él es Dani, le dijo al portero. Mucho gusto, me dijo el portero dándome la mano.

    Quieres beber algo, Pepe. Sí contestó este, pero no te preocupes, yo voy a por ella que ya se el camino.

    Tráete otras para nosotros, le dijo Jaime al portero, mientras este ya caminaba rumbo a la cocina.

    Cuando el portero llegó con las cervezas, Jaime me tenía abrazado a él comiéndome la oreja y mordiendo el cuello. Puso las cervezas en la mesita que había, y después de beber unos tragos de cerveza, apoyó el baso en la mesita, empezando a desvestirse, mientras miraba como Jaime y yo nos abrazábamos sin parar de meternos mano y besarnos. Cuando se terminó de desvestir y se sacaba el bóxer que todavía tenía puesto, saltó la enorme polla que tenía. Dios, la verdad es que estaba bien pero que bien bueno el portero aquel, no tenía ni un gramo de grasa, y la polla además de enorme, ya la tenía tiesa como el mástil de un velero. Joder, si aquel adonis me agarra entre sus brazos y me clava la polla, iba ser como un peluche entre sus brazos.

    El portero se fue acercando a mi espalda, y sentándose en la esquina del sofá, empezó a acariciarme la espalda, mientras Jaime estaba apoderándose de mi boca y cuello. Fue bajando poco a poco por mi espalda, hasta que llegó a la altura de mi slip, allí fue metiendo sus manos por dentro de ellos, y poco a poco y sin dejar de acariciarme, me los fue bajando, hasta quitármelos por completo. Ya volvía a estar en pelota picada, pero ahora con 2 cachas maduros, que me iban a dar polla por el culo, hasta dejarme extenuado y reventado.

    Nada más terminó de sacarme el slip, el portero, mientras Jaime me tenía abrazado comiéndome la boca, el portero sujetándome por las caderas, me hizo subir de rodillas al sofá, quedando mi culito totalmente expuesto y a su entera disposición. Pasó su mano por mis huevos y polla, y mientras me sobaba los huevos, acariciaba mi polla que estaba a punto de reventar. Mientras me pajeaba y sobaba los huevos, llevó la otra mano a mi culo, pasando la misma por mi agujerito. Tocó mi esfínter con sus dedos, introduciéndome uno de sus dedos en el culo. Yo di un ligero movimiento hacia delante, echándome más sobre el maduro, Jaime. Tranquilo mariconcito, dijo el portero, tranquilo que solo es mi dedo.

    ¡Bufff! Exclamó el portero, veo que ya tienes el culito bien lubricado con la corrida que te echaron. Te an dejado bien preñado. Pero no te asustes, dijo metiendo otro de sus dedos, ahora te voy a preparar para que recibas mi polla, y te deje preñado con mi lechita, te voy a dejar mi semilla dentro, voy a echarte mis hijos en lo más hondo de tus entrañas.

    Estuvo un rato metiendo y sacando sus dedos en mi culo, hasta que sacando estos, se pegó a mí, llevando su rabo a la entrada de mi culo. Apoyó la cabeza de su polla en la entrada de mi ano, y dando un movimiento a sus caderas mientras me sujetaba con sus manos por la cintura, entró toda su enorme polla en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Suspiré dando un fuerte gemido a la vez que levantaba mi cabeza y me volvía a impulsar hacia delante. Dios, ya volvía a estar empalado por una polla, aquella era enorme de larga la muy cabrona, menos mal que no era muy gruesa, y eso me encantaba ya que son las pollas que más me gustan y más me hacen disfrutar.

    Ya mariconcito, ya, ya la tienes toda dentro tuya, decía el portero sujetándome por la cintura mientras pegaba su pelvis a mi culo e impulsaba más su verga llegando hasta el fondo de mi culito.

    Notaba sus bolas pegadas a mi ano y sus bellos púbicos pegados a mi culo, su polla insertada en lo más profundo de mis entrañas, y sus manos sujetarme por la cintura. Se colocó a su gusto, y luego de unos segundos que no se movió, empezó a moverme con sus manos, haciendo que su polla empezara a deslizarse dentro de mí.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Empecé a gemir al notar como su polla se deslizaba dentro de mi culito, dándome un gran placer.

    Al ver como gemía, Jaime abrazándome a él, empezó a morderme los labios susurrándome, disfruta putita, disfruta que hoy te vamos a follar por todos los agujeritos y te vamos a dejar bien preñado.

    El portero ya me follaba a saco, sacaba y metía su polla en mi culo a un ritmo endiablado. Apenas movía sus caderas, pero con sus manos en mi cintura, hacía mover mi culo, adelante y atrás, dándome una follada espectacular. Se escuchaban mis gemidos, el chof, chof, chof, de su polla entrando en mi culo y el golpeteo de su pelvis contra mis cachas, cada vez que me enterraba toda su virilidad.

    Mientras tanto, Jaime, después de saborear toda mi boca y recorrer cada rincón de ella con su lengua, y dejarme los labios hinchados y enrojecidos, se puso de rodillas sobre el sofá, sujetó mi cabeza con sus manos, llevándola a su polla, la cual, abriendo la boca, engullí mientras me daba por el culo el portero. No hacía falta que moviera la cabeza para chuparle la polla, con el vaivén que me hacía dar el portero mientras me follaba, era suficiente para que la polla de Jaime entrara y saliera de mi boca.

    Estaba siendo follado por 2 pollas, una por delante y la otra por detrás. Era como una marioneta bamboleándose mientras le insertaban 2 pollas, una por el culo y la otra por la boca. Aquello me estaba haciendo delirar de tanto gusto que me estaban dando aquellos 2 hombres maduros.

    Sin poder aguantar más, mi polla empezó a soltar todo el semen que mis huevos tenían acumulados de toda la semana. Me estaba corriendo sobre el sofá, mientras ambos me follaban, Jaime me follaba la boca con su verga, y el portero me daba por el culo con aquella enorme polla que me estaba haciendo derretir de gusto. No podía gemir, solo murmuraba con la polla de Jaime en la boca, pero mis ojos soltaban lágrimas de tanto placer que estaba sintiendo y mi culito se contraía apretando el miembro del portero que me seguía taladrando el culo.

    ¡Ohhh mariconcito! ¡ooohhh que gusto! Te estás corriendo, gritaba el portero. ¡Ay que gusto! Ay que gusto me da cuando aprietas el culito, maricón.

    Cuando terminé de soltar toda mi corrida sobre el sofá, pensé que el que se iba a correr era el portero, ya que había incrementado sus arremetidas, pero el que comenzó a correrse, fue Jaime. Empezó a soltar varios trallazos de leche dentro de mi boca, teniendo que tragarme aquel semen que me había soltado el maduro en mi boquita.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba Jaime, derramando su semen en mi boca. Traga maricón, trágate mi leche, ¡ooohhh que gusto! Trágala toda putita, gritaba Jaime, Así así, maricón, así, cómete mi cipote y bébete toda mi lechita.

    Cuando terminó de correrse sobre mi boca, seguí succionando su cipote, mientras el portero seguía dándome por el culo. Una vez la polla de Jaime estuvo flácida, limpia y sin restos de semen alguno, este sacó su polla de mi boca, agarró mi cara con sus manos, y al ritmo de la follada que me daba el portero, volvió a besarme la boca, morderme los labios y recorrer con su lengua toda mi cavidad bucal, hasta que cansado se dejó caer recostándose sobre el sofá.

    Al poco de derrumbarse, Jaime sobre el sofá, el portero dejó de follarme y sacándome la polla del culo, me dijo que me pusiera de pie, que íbamos a cambiar de postura.

    Me puse de pie siendo sujetado por el portero, ordenándome este que pusiera un pie sobre el sofá, cosa que hice. Y con un pie sobre el sofá y el otro en el suelo y sujetado por la cintura por el portero, se pegó a mí, volviéndome a meter su larga polla en el culo de nuevo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Volví a gemir a la vez que temblaba de gusto. Menos mal que el portero me tenía bien sujeto con sus manos, que, si no me hubiera caído sobre el sofá, cuando entró su polla como si fuera una serpiente que entra en su cueva.

    Dios, ya volvía a estar empalado por la polla del portero, y este me daba envestidas fuertes y bien profundas. La polla en esta posición me llegaba aún más adentro, haciéndome estirar cada vez que me metía la polla en el culo. Sudaba por todo el cuerpo y las piernas me temblaban de tanto placer que estaba sintiendo. El portero estaba pegado a mi espalda dándome por el culo, y ahora con su boca me mordía el hombro y cuello, haciéndome gritar de gusto y poner los ojos en blanco, mientras temblaba como una marioneta. Menos mal que aquel maduro era un cachas que me sujetaba abrazándome fuertemente a él, mientras me follaba como si fuera un muñeco en sus brazos.

    Jugaba conmigo mientras me daba por el culo, me mordía el hombro y cuello, con sus manos apretaba y retorcía mis pezones, luego agarró mi pobre polla que se mantenía medio morcillona, y mientras me seguía culeando, empezó a pajearme hasta que mi polla volvió a endurecerse. Y Jaime, viendo cómo me tenía y como me estaba follando su amigo el portero, se arrimó a nosotros, y a la vez que el portero me daba por el culo y me pajeaba, llevó su boca a mi pobre polla, se la metió en la boca, dándome una de las mejores mamadas que me hicieron.

    Dios, ahora sí, ahora gritaba el portero que se corría. Me corro, ¡ay maricón me corro! Ya, ya ya, ya me corro.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba mientras su semen inundaba mi culo. Había largado 6 o 7 trallazos de esperma en lo más profundo de mi culito, regándome las entrañas con él.

    Sin que apenas hubiese terminado de soltar todo su semen eyaculando dentro de mi culo, y mientras me mordía el hombro, empezaba yo a correrme por segunda vez.

    ¡ohhh! ¡ohhh! Me corro, ¡ooohhh! Me corro, gritaba derramando mi leche sobre la boca de Jaime, que succionaba mi polla tragándose toda mi corrida.

    Cuando recuperamos el aliento y nos recuperamos de aquella tremenda follada que me habían dado aquellos 2 hombres maduros, me derrumbé sobre el sofá, sentándome sobre la corrida que yo había derramado sobre él, mientras me daba por el culo el portero y mamaba la polla a Jaime.

    Estaba totalmente extenuado, sudaba como un cerdo por todas partes, el culo me escocía de tanto que me habían dado por él. Notaba el culo abierto y como me escurría el semen que me habían inyectado en él. Las piernas aun me temblaban, y mi pobre polla estaba encogida después de aquellas 2 corridas.

    Terminamos de beber las cervezas que teníamos sobre la mesita, fumamos un cigarrillo, y estando yo sentado en medio de ambos maduros, no dejaron de meterme mano. Pero yo ya no podía más, así que aproveché a que el portero se tenía que marchar, y le dije a Jaime que yo también me iba. No puedo más, le dije, otro día quedamos y vuelvo por aquí si quieres.

    Como quieras, dijo Jaime, la verdad es que yo también estoy satisfecho por hoy, si no quieres quedarte a dormir, pues ya sabes, cuando lo desees me llamas por teléfono y quedamos.

    Jaime se despidió dándome un tremendo morreo, y después de meterme mano por todas partes, bajamos en el ascensor el portero y yo.

    Por supuesto que el portero no dejó pasar la ocasión, y mientras bajábamos ambos en el ascensor, me sobó el culo todo lo que quiso, mordió mis labios y saboreó mi boca, y me dijo que cuando yo quisiera podía venir por allí, que, aunque no estuviera Jaime, él con mucho gusto me daría por el culo todas las veces que yo quisiera. Tienes un culo perfecto y delicioso, me encantaría volvértelo a follar, solo tienes que venir por la portería, estoy todos los días menos el domingo, desde las 9 de la mañana, hasta las 8 de la tarde.

    Antes de marcharme me llevó al cuartito donde estaba la portería, y donde me follaría cuando yo quisiera. Este es mi nido de amor, me dijo metiéndome mano y mordiéndome el cuello y los labios.

    Será mejor que nos despidamos, si no vas a terminar dándome por el culo otra vez, y la verdad es que ya no puedo más. Nos despedimos, y él cogió en una dirección, y yo en otra. Iba reventado, el culo abierto y saciado de polla y leche.

    Podéis escribirme a:

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  • Masturbándome en el camión, camino a mi trabajo

    Masturbándome en el camión, camino a mi trabajo

    Hola a todos los lectores de esta página. La historia que voy a contar me pasó el sábado 13 de noviembre de 2018, cuando iba en camino a mi trabajo, espero les agrade.

    Disculpen si no digo mi nombre verdadero y usaré el de Luis. Tengo actualmente 41 años, soy de Querétaro y tengo viviendo aquí desde hace ya 16 años. Soy muy cachondo ya que cuando empecé a masturbarme antes de saber exactamente lo que era eso aprendí a disfrutar tocándome la verga, solo sabía que tenía un pene y que al tocarlo me provocaba mucho placer, desde entonces diría que me he masturbado unas 3 a máximo unas 5 o 6 veces por día. Aquí quiero aprovechar y comentar que lo que hice este día previamente no me había pasado por la mente o se me había ocurrido ya que de mi forma de pensar es la educación que me han dado mi papa como mi mama que debería de ser normalmente en la privacidad de la casa o un lugar similar, pero lo que hice este día fue porque leí un relato relacionado al exhibicionismo y provoco que poco a poco me excitara y me pusiera súper mega cachondo.

    Continuando con mí relato, este día como cualquier otro me levanto a caminar para abrir el apetito y llegar a desayunar, mientras estaba caminando veía a las mujeres de una forma diferente ya que de mi punto de vista parecía como si la ropa que trajeran puesta era muy transparente o hasta como si pudiera ver a través de su ropa y ver los senos, el trasero o hasta la vagina de la mujer que viera pasar, aparte que había tenido días en los que no me había masturbado y andaba aún más caliente y cachondo de lo que normalmente soy.

    Llegando de caminar desayune, me metí a bañar, me vestí y salí de mi casa para tomar mi ruta que tomo para llegar a mi trabajo, cuando me subí a mi camión iban muchas mujeres y lo mismo que me había pasado previamente cuando había salido a caminar veía a través de su ropa y eso causo que se me empezara a parar la verga, vi que hasta el fondo de camión estaba vacío fui hasta ahí y me senté pegado a la ventana del lado izquierdo y al sentir que el pantalón como el bóxer que uso me estaba haciendo presión sobre mi verga y sin pensarlo demasiado agarre me baje el cierre y saque mi verga y me empecé a masturbar viendo a las mujeres, teniendo cuidado de que si alguien se acercara a donde estaba inmediatamente meter mi verga de regreso, pero mientras que iba a mi trabajo que está más o menos 1 hora de mi casa, no dejaba de masturbarme.

    Deseaba ver si tal vez tenia suerte de que tal vez alguna mujer se acercara a mí y arriesgarme a mostrar mi verga y que quisiera tal vez mostrarme uno de sus senos o tal vez tocarme la verga y si me permitiera tal vez y tocar su vagina por encima de su pantalón o en dado caso que tuviera falda ver si me permitiera meter mi mano debajo de su falda y tocarla más directamente, pero lo único que paso fue que una mujer de más o menos unos 20 a 23 años me estaba viendo no sé si tal vez se imaginara que estaba haciendo o solamente me veía y vi que traía una blusa con un escote algo pronunciado y al fijarme un poco en el escote y acelerar mi movimientos sentía que estaba cercas de venirme, para evitar problemas traía conmigo unos Kleenex agarre unos como pude y al poco tiempo empecé a venirme.

    Mientras veía como salía mi semen en el Kleenex, entre tantito en pánico porque veía como una señora se acercaba y no deseaba que me fuera a ver así y también estaba preocupado porque note que los Kleenex no era lo suficiente y estaba preocupado de que cayera de mi semen al piso y la mujer que estaba viendo hacia donde estaba lo viera y pudiera decirle al chófer y me fuera mal y me metiera en problemas, no sé como pero termine de venirme sin que ensuciara el piso del camión y vi que ya mi parada se acercaba y aún estaba bastante excitado ya que cuando metí mi verga dentro de mi pantalón, me subí el cierre teniendo cuidado de no lastimarme y bajarme teniendo cuidado de que no se me cayeran los Kleenex y no ensuciarme, bajando corrí a un bote de basura y tire los Kleenex, sentía como me latía el corazón muy rápido y me sentía entre mal por haberme masturbado en el camión, pero sobre todo me sentía muy excitado, me fue algo difícil estar trabajando con la erección que traía durante mi horario de trabajo y cuando salí del edificio donde trabajo y salí casi corriendo para tomar la otra ruta que me lleva a mi trabajo, cuando me subí al camión por la hora iba casi vacío, pero por si las dudas como en el camión que tome para venirme a mi trabajo me senté hasta atrás pegado al lado izquierdo y recordando lo que había hecho no me importo y volví a bajarme el cierre y empecé a masturbarme viendo un video porno en mi celular como traía mis audífonos no había problema.

    Lo que no me había fijado bien porque el camión en el que iba trae cortinas y solamente luz morada que de mi punto no alumbra mucho y aparte no fije también por andar de cachondo y excitado es que había una mujer de más o menos 21 años que creo que más o menos podía ver que me estaba masturbando, cuando vi su silueta me quede quieto y sentía el corazón en la garganta y no sabía que iba a pasar, por un rato me quede quieto todavía sosteniendo mi verga, pero claro sin moverme para nada, aquí por lo mismo de que el camión parecía boca de lobo no sabía si solo más o menos estaba viéndome o tal vez se estaba tocando también, pero cuando vi que no se levantó ni me dijo nada empecé a masturbarme nuevamente, pero por los mismos nervios y la preocupación de que tal vez pudiera decir algo y meterme en problemas la erección que traía se fue bajando hasta que estaba mi verga flácida, cuando paso eso agarre y solamente metí mi verga dentro de mi pantalón espere que llegara mi bajada me pare sin decir nada y solo fui hasta el chófer le pague y me baje.

    Me quede pensando en lo que había pasado en esta mujer que había estado ahí y aunque estaba preocupado también me había excitado un poco ya que como lo dije antes no pude darme cuenta si tal vez esta mujer tal vez podía verme y si me estaba viendo solo hacia eso ver cómo me estaba masturbando o tal vez se estaba tocando mientras que me veía, por lo que deseo aprovechar y usar este medio para encontrar una mujer que guste y desee que platiquemos y que quiera estar de acuerdo en que nos veamos en una ruta de camión y que guste tocarme la verga y si también gusta y permitiría tocarle sus senos como su vagina.

  • Conociendo a mis compañeros de trabajo (4)

    Conociendo a mis compañeros de trabajo (4)

    Lo conocí cuando me movieron a la nueva sucursal, él tenia curiosidad de conocerme pues su esposa y las amigas de la esposa, que también eran amigas del que era mi pareja en ese momento, estaban de celosas y no le habían dado muy buenas reseñas mías y yo me encargué de que su opinión cambiara acerca de mí.

    Fue en los primeros días de haber llegado a la nueva sucursal que me lo presentó mi novio, me cayó muy bien, es bromista y muy alegre, coincidió en que era uno de los encargados de calidad del área donde yo estaría, así que eso nos hizo que tuviéramos más convivencia, a los pocos meses su esposa tuvo un bebe y el parecía muy alegre con esto pero no había pasado ni una semana cuando lo notamos triste y le preguntamos si todo iba bien con el bebe, él nos respondió que sí, pero que su esposa se quería ir a con su familia a una ciudad al norte del país para pasar los primeros meses del bebe ya que no conocía a nadie más y se sentía sola en lo que él estaba en el trabajo, no muy contento con ello, arreglaron todo para que ella viajará a con su familia, el trato era que ella estaría de vuelta en dos meses, pasaron los días y las semanas y se llegaron los dos meses y ella no volvió, decía que pronto lo haría pero seguía pasando el tiempo y con algún pretexto u otro alargaba su regreso, él fue a visitarlos un par de veces y ella no quería regresar, quería que él se fuera a vivir a donde ella se encontraba, el por su lado no quería renunciar a su puesto pues gozaba de un buen puesto y obvio un buen salario que les había permitido comprar casa, así se llegaron los primeros seis meses del bebe sin que ella regresara.

    Un día se acercó a saludar y yo no estaba en un buen momento pues sospechaba que mi pareja me estaba engañando, después de tanta convivencia nos conocíamos lo suficiente así que me preguntó la razón de mi tristeza, le conté así como él nos contaba lo de su esposa, a partir de ese día notaba que él me hacía muchos cumplidos, iba más hasta mi lugar de trabajo y se ofrecía a llevarme a casa porque mi pareja a últimos días me salía con que tenía cosas que hacer, debido a nuestro mutuo “dolor” iniciamos conversaciones por teléfono y mensajes, que cada vez se hicieron mas intimas y candentes.

    Soy una mujer a la que le gusta usar zapatillas, faldas, vestidos, jeans, leggings, visto de acuerdo a mi edad pero me gusta vestirme sexy y a mis 36 años, me persiguen tanto más jóvenes como hombres maduros.

    Cierto día a media platica me insinuó que se le antojaba besarme, yo lo miré de una manera muy picara y es que no lo puedo evitar, yo no quería nada serio con él, el tenia esposa y yo pareja, pero coincidimos en que a ambos nos estaban dejando de lado y pues supuse que no estaría mal darnos un poco de consuelo, así que le respondí que necesitábamos un momento a solas y que tal vez podría ser.

    Ni tardo, ni perezoso acomodó sus horarios para salir a la misma hora que yo y se ofreció a llevarme a mi casa, obvio durante el trayecto, iba diciendo lo bien que me veía ese día y que eso lo había animado a llevarme a casa, yo vestía unos jeans ajustados y una blusa color gris con cruce al frente que obvio hacia que se notará muy bien el escote, con un brassiere gris con encajes ligeros y muy bonitos que se veían un poco al moverse la blusa, botines negros de tacón y cabello suelto.

    Obvio lo guie a un lugar donde pudiéramos tener un poco de privacidad para “platicar” nos acomodamos para estar más cómodos, ahí donde estábamos no teníamos que preocuparnos de que alguien nos pudiera ver, él puso su mano en mi pierna y comenzaba a jugar con sus dedos sobre mis jeans, yo por mi parte jugaba con mis dedos en su brazo y el inicio de la manga de su polo, nos fuimos acercando poco a poco, su mano fue subía y bajaba por mi muslo hasta mi cadera y nos besamos, me besaba muy tímidamente pero me gustó, un beso tierno y suave, con esa misma timidez su mano se posó en mi seno derecho, me lo tocaba de la misma manera en la que me besaba, estábamos en un momento muy sensual, muy rico, no nos preocupaba el tiempo, ni que alguien nos pudiera ver.

    Su mano se fue recorriendo hasta que rozó mi piel desnuda, sentí escalofríos de los ricos, metió su mano por debajo de mi blusa y busco mi pezón, sus dedos jugaban con él y yo sentía como se iba poniendo muy duro, mi respiración se agitó, ya estaba excitada.

    Me pidió que nos pasáramos al asiento de atrás para estar más cómodos, ya estando ahí nos besábamos muy apasionadamente, sin refreno, mi blusa desapareció y no supe ni a qué hora fue, me acomodó quedando de espaldas recargada en él, desabrochó mi pantalón y metió su mano por debajo, yo bajé más mi pantalón para que tuviera libertad, sus dedos llegaron hasta mi clítoris y me empezó a masturbar, lo hacía de una manera muy riquísima, mis gemidos se escuchaban dentro del auto y era excitante, mis jugos ya se corrían hacia el asiento y me metió dos dedos, tiene dedos grandes y gruesos, así que ya se imaginarán, era extremadamente placentero, me los metía y sacaba lento haciéndome sentir cada roce con mucho placer dentro de mí, al escuchar mis gemidos y el chapoteo al entrar y salir de sus dedos, como que se excitó y aceleró el ritmo y lo hacía rápido, yo sentía muy muy rico y empecé a sentir las contracciones más deliciosas, me hizo llegar a un delicioso orgasmo entre gemidos y gritos, ya estábamos sudando y no me quería ir sin agradecerle de manera apropiada tan delicioso momento.

    Entre los movimientos ya había sentido que estaba muy excitado pues sentía su erección por debajo de su pantalón, me incliné un poco hacia adelante dándole espacio para que liberara su verga que se sentía de muy buen tamaño, no necesitó mucho tiempo cuando me tomó de la cadera y me guio a quedar ensartada en su verga, es gruesa y larga, al sentarme en ella se fue hasta el fondo, que rico sentí, y se lo hice saber con un rico gemido, estaba yo muy caliente ya, le di un par de sentones y me movía muy rápido, su verga me hacía gozar muy rico, entre mis movimientos y mis gemidos, él me decía cosas como: que rico te mueves, me encanta como te ves arriba de mí, no pares por favor! Su voz se entre cortaba por la excitación del momento.

    Mis movimientos en ese momento eran adelante y atrás, justo donde sentía un placer inmenso, y justo en ese momento apretaba su verga con mi vagina, me encanta hacerlo, como su verga era tan gruesa y rozaba muy rico cada pliegue de dentro de mí no tardé en llegar a un segundo orgasmo que al sentirlo el, me pidió venirse en mi boca, me moví lo más a prisa que se puede en el espacio de un automóvil (aunque este era amplio) y me coloque para recibir su leche en mi boquita, cuando se vino, gemía fuertemente, salían chorros de leche que caían en mi boca y mi cara, subí al asiento y tomé una toalla que el llevaba ahí para limpiarme lo que no cayó en mi boca, me abrazó y me besó, tenía una sonrisa enorme en su rostro, sus ojos chispeaban y me agradecía por el momento, ninguno había esperado que fuera a llegar tan lejos pero lo disfrutamos al máximo y le regalé su primer infidelidad con un toque muy especial de adrenalina, nos acomodamos la ropa y volvimos al asiento delantero.

    Me llevó a casa y al despedimos como lo harían dos compañeros de trabajo, me preguntó si yo quería que volviera a suceder y le dije que eso se lo dejaríamos al futuro, al siguiente día en el trabajo actuamos normalmente como lo he hecho con todos mis demás compañeros, ya que se conocen entre sí y a los pocos días supimos que su esposa le dijo que si no se mudaba a donde estaba ella, el matrimonio se acababa y el, terminó cediendo a la petición, lo bueno que ella nunca supo de ese momento que compartí con su esposo porque vaya que se hubiera armado semejante lio, porque era amiga del que era mi pareja.

    Fue una aventura, una infidelidad y una cogida muy rica.

    En este momento tengo otros dos compañeros en la mira, uno es un universitario y el otro es un hombre con el que tenemos química sexual, se puede sentir cada que estamos cerca, ya les contaré si se me da.