Autor: admin

  • Gracias a mi hijo salí de una depresión

    Gracias a mi hijo salí de una depresión

    Después de mi separación entre en una profunda depresión, que con el tiempo se hizo crónica. Me llamo Clarisa Feldon, tengo 37 años y hace dos años y cinco meses que estoy separada, era una relación enfermiza, peleas interminables con mi ex terminaban en constantes ataques de pánico y trastornos psiquiátricos que hacían de mi vida un calvario. Pero no todo en la vida es oscuridad, siempre existe la luz que la compensa.

    Esa luz fue mi hijo Alejandro o Alejo como todos le dicen, con sus 18 años ya es un hombre, siempre me defendió de su padre, es mi protector.

    El otro rayo de luz en vida es mi amiga Leticia, nos conocemos de toda la vida, ella es una profesional y gracias a ella pude tomar la decisión de separarme. Ella es psicóloga y me atiende como paciente, pero más como una amiga, aunque yo respeto su trabajo y le pago la consulta semanal en contra de su voluntad, pero esa era la única condición para que me atienda, yo siempre quise que me trate como a un paciente más y así lo hacía.

    Leticia conocía todas mis obsesiones y casi todos mis secretos, ella me ayudo a salir de la unión toxica que tenía con mi marido, del maltrato psicológico a que me sometía. Luego del divorcio, después de la euforia inicial de la separación, fui entrando lentamente en una depresión, cada día que pasaba era como la gota diaria que llenaba un vaso de angustia frente a la soledad. Leticia sabía que debía tomar medidas extremas para que rápidamente me alejaran de esa situación.

    Ella durante la terapia hacia un trabajo profesional y aunque era mi amiga, no se exponía ante mí, un día decidió cambiar su estrategia y enfocar mi problema desde otro ángulo. Comenzó a contarme de su vida, de como había enfrentado una obsesión que la frustraba en su matrimonio. Les detallo como fue esa sesión.

    Su consultorio es luminoso, gracias a una gran ventana que da a una avenida, muebles de estilo en madera oscura y una biblioteca que cubría toda una pared, también un sillón de cuero y un cómodo diván para el paciente, completando el juego de muebles. Pertenecía a su padre, ella siguió la profesión de su padre, siempre lo admiro

    La cita era todos los miércoles a las tres de la tarde, me quedaba de paso después de terminar las clases de yoga. Ella siempre viste muy formal, una camisa clara y una minifalda oscura que deja ver sus largas piernas, los zapatos parecen su fetiche, por los colores y marcas siempre se destacan. Yo en cambio no voy muy elegante que digamos, casi siempre en remera y jean si me cambio en la clase de yoga o en calzas cuando no me cambio después de las clases, como fue este día. Tenemos la suficiente confianza para que no le moleste si estoy un poco transpirada cuando esto ocurre, somos amigas y comprende que vivo apurada.

    Ese día mientras desde el diván miraba el celeste cielo a través de la ventana, Leticia decide romper el silencio y contarme algo personal con el fin de sacarme de mi depresión.

    -Te voy a contar algo que me paso el primer año de casada. No era feliz, no estaba satisfecha con mi marido, me sentía frustrada, triste. Siempre tuve una relación especial con mi padre, estaba obsesionada con él, sentía una atracción física, que aunque parezca enfermiza, existía, era real y me torturaba, necesitaba estar con él y sentía que el matrimonio fue el desencadenante de ese sentimiento de abandono y depresión, porque me alejaba de mi padre. La obsesión por mi padre empezó un día en que por casualidad lo espíe mientras se duchaba, fue mucho antes de que saliera con mi futuro esposo. Se estaba duchando con la puerta entreabierta, porque pensaba que estaba solo en casa, pero yo llego antes del colegio y lo veo. Nunca había visto un pene y ahí estaba el de mi padre, colando entre sus piernas, brilloso por el agua de la ducha, sobre dos enormes huevos, quedé impresionada y fue la primera vez en que eyacule.

    -pe, pe, pero, como lo resolviste, era tu padre.

    -Te cuento como pude superar mi obsesión. Mientras hacia el amor con Juan (su marido), no podía sacarme de la cabeza a mi padre, cuando se la chupaba a Juan pensaba que era la pija de mi padre, pero no me satisfacía, sabía que eso no era verdad, que la única forma de romper con mi obsesión era estar con mi padre.

    -Pero eso sería incesto, es enfermizo.

    -Yo en ese momento pensaba lo mismo, lo que acrecentaba el deseo de estar con mi padre, el cuerpo me lo pedía, lo sentía necesario. Entonces fue cuando leí en un libro que en las tribus de Papúa donde los jóvenes les practican felatios a los ancianos para nutrirse del “líquido vital” o en Malawi que los padres pagan para que sus hijas tengan sus primeras relaciones o como era normal en el antiguo Egipto y entre los reyes de la edad media el incesto. Aunque las prácticas incestuosas sean rechazadas en casi todas las culturas por razones biológicas o sociales, no impiden la atracción entre un hombre y una mujer.

    -Pero está mal

    -Qué es el bien o mal, más que un punto de vista. Peor es vivir una vida de frustración, eso nos enferma. Mira vos conoces a mi papá, sabes que para su edad es atractivo, alto, atlético y algo que no sabes, tiene una pija gigante.

    -jajaja, pero que hiciste.

    -Al mes de casada empiezo a trabajar en lo que era su consultorio, este donde estamos ahora. Yo estaba contenta y agradecida con su regalo. Yo lo ayude a mudar unas cosas y él a traer mis cosas. Siempre teníamos largas charlas, pienso que él siempre me analizó, no lo podía evitar, una deformación de su trabajo. Yo estaba sentada donde estas vos y él me preguntaba desde su sillón como la estaba pasando en mis primeros días de convivencia y le dije la verdad, que me sentía frustrada que pensaba que iba a ser otra cosa el matrimonio.

    -¿Te ayudo?

    -En realidad fue mutuo, cuando me pregunto si sabía porque me sentía así, le conté la verdad, que lo necesitaba a él, que me hacía falta sentirlo, que necesitaba su sexo. Quedo callado y después de unos segundos trato de persuadirme de que trate de no pensar en eso, que con el tiempo mi marido me iba a satisfacer, pero no quise perder la oportunidad y decidí dar el primer paso.

    -¿Qué hiciste?

    -Voltee a mirarlo y puse mi mano en su entrepierna, él enseguida puso su gigante mano sobre la mía. Pude sentir de inmediato como crecía su gran pija en mi mano, como se puso dura. Pero yo fui muy rápida, me arrodille y le baje la cremallera del pantalón, metí la mano y saque ese palo inmenso, él no dijo nada, sólo se dejó hacer. Se la empiezo a chupar, casi no me entraba en la boca, le dejo la cabeza roja y brillosa, le chupo los huevos y acaba en mi cara.

    -Pero ¿No se enojó?

    -¿Por qué? Es sólo sexo, no quería tener un hijo con él, se la quería chupar, quería liberarme y así lo hice. Él me entendía y lo sigue haciendo. Una o dos veces por mes me visita en el consultorio y se la chupo, eso es todo, no quiero que me la meta y él tampoco, es algo casi tántrico un secreto y un alivio para los dos. Pero es nuestro secreto y ahora tuyo también.

    -¿Y tu mamá?

    -No sabe nada, obvio, nos hubiera matado, literalmente, pero hace más de veinte años que se come esa pija, tiene que aprender a compartir.

    -jajaja estás loca.

    -Muchas veces las soluciones están a nuestro alcance y no nos damos cuenta o no nos atrevemos a tomarlas. Yo todavía no entiendo como aguantaste a ese hijo de puta por tanto tiempo.

    -Es que somos diferentes. Por eso vengo a que me ayudes, te respeto y sé que me podes ayudar.

    -Yo te voy a ayudar, pero sólo si me haces caso, dejar de lado los prejuicios. ¿Estas dispuesta?

    -Sí, pero yo quiero decidir.

    -No, yo voy a tener el control, soy la profesional y si aceptas no hay vuelta atrás.

    -Bueno, es un trato.

    -Entonces primero te voy a decir que provoca tu depresión y que te falta para superarla.

    -ya sé, me vas a decir, un hombre. Ya te dije que no quiero saber nada de tener otra relación con un hombre, no quiero pasar por ese ritual de conocerlo y que después me desilusione.

    -Yo no te voy a decir un hombre, sino sexo.

    Se levanta del sillón y se para a mi lado, yo sigo acostada en el diván. Lleva su mano a mi barriga y desliza su mano debajo de mi calza hasta tocar mi vagina. Casi como un reflejo le tomo la muñeca pero dejo que me toque. Mete un dedo y saca la mano.

    -Ves como te puso mi confesión.

    Me lo dice mostrando un hilo de baba entre los dedos índice y pulgar. Se los lleva a la boca y los chupa.

    -Ahh, no seas chancha

    -Hasta tiene rico gusto, mira, toca, yo estoy igual.

    Se levanta la pollera y se baja una diminuta tanga de encaje blanco, dejando expuesta su vagina pelada y rosada. Sin dudar le hago caso y le meto un dedo, efectivamente, estaba muy mojada. Hago lo mismo que ella, me chupo los dedos y puedo saborear su néctar salado.

    -También tiene rico gusto.

    Se vuelve a vestir y vuelve al sillón.

    -¿Nunca deseaste a tu hijo?

    -No, ¿de qué forma?

    -Ya sabes de que hablo.

    -¿en el sexo? Claro que no.

    -Pero es joven, atlético, mide como un metro noventa ¿nunca lo miraste como a un hombre?

    -No.

    -Soy tu psicóloga y también tu amiga, no me mientas.

    -Bueno alguna vez, cuando está con el torso desnudo, pero trato de no pensar, es mi hijo.

    -Lo viste desnudo

    -Cuando era chico

    -Si lo vistes ahora, te pregunto.

    -No.

    -Bueno, eso es lo primero que vamos a tener que cambiar.

    -No, no, no, es imposible.

    -Clarisa, tenemos un trato y me ibas a hacer caso, si no podes cumplir con tu palabra no te voy a poder tratar más.

    -No, no, pero…

    -Ningún pero. Clarisa, sos una mujer hermosa, atractiva y tu hijo seguro no es ciego. Quiero que hoy salgas de acá con un objetivo a cumplir, verlo totalmente desnudo, a él seguro le va a gustar que lo veas, los hombres siempre tienen un lado exhibicionista, complácelo, dale el gusto. Mira, un día cuando se esté duchando, golpeas en el baño, dile que te deje pasar para orinar, insiste, vas a ver que te dejará, la semana que viene me cuentas.

    Me fui de la sesión, me sentía excitada como hacía mucho tiempo antes, más aun como casi nunca. La propuesta de Leticia me daba vueltas en la cabeza durante todo el viaje. Sabía que mi hijo iba a estar en casa, está casi todo el día ya que termino sus estudios, pero ese día no me atreví a hacer nada.

    Pasaron tres días y seguí con mi rutina, pero no me podía sacar de la cabeza lo que me dijo Leticia, fue como un virus que se metió en mi mente y me carcomía todo el día. También sabía que el tiempo se acortaba y vendría la próxima sesión, así que debería tomar coraje y decidir qué hacer.

    El sábado por la mañana salí a correr temprano por el parque como hago siempre, sabía que Alejo se levanta a eso de las 9 AM y se ducha, él sabe que voy a correr pero siempre llego antes del almuerzo. Tomo coraje y decido ejecutar un plan.

    Llego de correr a las 8:45 AM y entro sin hacer ruido a la cocina y espero a que mi hijo se levante y se vaya a duchar, siempre tiene la misma rutina, casi es un autómata por las mañanas.

    Espero hasta escuchar el sonido del agua corriendo en la ducha. Cuando esto ocurre tomo valor y subo las escaleras hacia la puerta del baño.

    -Toc, toc, toc. Alejo

    -Toc, toc, toc, Ale

    -SÍ, MA, ¿QUÉ PASA?

    -Te falta mucho.

    -RECIÉN ENTRO.

    -¿Puedo pasar?

    -¿AHORA?

    -Me hago pis, dale, miro para otro lado.

    -BUENO, DALE PASÁ

    Abro la puerta y entro, el baño tiene la ducha con una mampara de vidrio transparente así que apenas entro lo veo desnudo con el agua escurriendo por el cuerpo. No me mir, se sigue bañando como si nada, tenía razón Leticia, le gusta exhibirse o por lo menos no tiene prejuicios. Estaba de espaldas le veo el culo más blanco que el resto del cuerpo, redondito y firme. Mientras me acerco al inodoro lo veo de costado, sigue sin mirar, yo no lo puedo evitar. Me bajo las calzas y me siento, él gira un poco mientras se lava la cabeza. Ahora puedo ver colgando entre sus piernas el pene sobre un escroto que sostenía dos grande huevos, no puedo alejar la vista de esos huevos, él como si nada. Largo un chorro de orina y me pregunta algo.

    -¿Fuiste a correr?

    -Sí, ahora tengo que ir a comprar algo para comer.

    Me seco, me levanto y salgo del baño. Él siguió como sí nada duchándose. Quedo muy excitada, no puedo aguantar y me tengo que masturbar en el dormitorio antes de cambiarme para salir. Fue algo increíble ver su cuerpo enjabonado y saber que no le importaba que lo viera desnudo.

    Después de una hora regreso para preparar el almuerzo, nos sentamos a comer y le pido perdón.

    -perdón por entrar al baño, me hacía encima.

    -¿Por qué?

    -Te estabas bañando

    -¿Por qué estaba desnudo? Jajaja, no pasa nada, en el vestuario del club están todos desnudos y tengo que ver a cada viejo que me mira las bolas, van para eso algunos viejos putos.

    Me dejaba más tranquila, no era la única que la volvía loca sus huevos. Los días parecían que pasaban más lentos, yo me moría por contarle a Leticia que había cumplido la promesa, pero eso no fue todo. Dos días después de verlo en el baño era casi el mediodía y Alejo no se levantaba, voy a su cuarto, golpeo y no responde, entonces abro la puerta y lo veo dormido profundamente y desnudo, con el pene colgando hacia un costado apuntando la cama.

    -Uy, perdón, ¿Te pasa algo?

    -No, nada, es que tengo sueño, ahora me levanto.

    Cierro la puerta y me doy cuenta que le gustaba que lo vea desnudo. Yo no podía creer que mi cabeza ya no la ocupaba mi ex marido, ahora pensaba en el pene de mi hijo todo el día.

    El miércoles, como todos los miércoles después de las clases de yoga voy de Leticia. Ahora con novedades.

    -Bueno ¿Cómo te fue en la semana?

    -pude cumplir, lo vi desnudo.

    -Bien y ¿dijo algo?

    -Parece que no le molesta.

    -jajaja lo sabía.

    -Tenías razón.

    -¿Cómo la tiene?

    -¿Qué cosa?

    -Ya sabes, la pija. Es grande.

    -Si es larga, los huevos se veían grandes.

    -¿Te gusto? ¿Te excito?

    -Si.

    -bueno, ahora hay que ir más allá, él objetivo es hacer tuya esa pija.

    -No, no puedo.

    -Ya dijimos que tenemos un trato y veo que ya estás dejando atrás la depresión. No hay nada malo en tener deseo sexual por un hombre, que sea tu hijo es una anécdota.

    -Bueno ¿Qué tengo que hacer?

    -el segundo objetivo es seducirlo.

    -Pero ¿Cómo se va a fijar en mí? Soy su madre.

    -Créeme, él se muere por cogerte, como todos los hijos con las madres, yo sólo te voy a enseñar a provocarlo, calentarlo como a un motor para que funcione. Quiero que un día cuando vayas a correr lo llames por teléfono y le digas que te caíste en el parque y te golpeaste muy fuerte, que te vaya a buscar. Vas a ver que va a salir disparado para buscarte, él instinto protector con su madre le pondrá la adrenalina al tope en sus venas, estará en el punto justo para que crear toda tu actuación.

    -Pero si me quiere llevar al médico.

    -Mejor aún, él va a sentir que tiene el control de la situación y lo vamos a poder mover como una ficha de ajedrez. Tengo una amiga en el piso de abajo que tiene un consultorio, es pediatra, pero es más mi amiga y me debe un favor, yo le voy a decir que tiene que hacer. Solamente tu hijo te tiene que llevar a su consultorio, vos solamente tienes que fingir un fuerte dolor, avísame el día que vas y yo arreglo todo. Actúa lo mejor que puedas.

    No me quiso adelantar nada de lo que le dijo a la doctora que tenía que hacer.

    El viernes sería el día, salgo a correr temprano y a eso de las 8 AM me decido a llamar a mi hijo, me siento en un banco de plaza y marco su número de móvil, suena varias veces y entra el contestador, debo insistir, ya le había avisado a Leticia para que le avise a su amiga la doctora. Llamo otra vez, suena unas cinco veces hasta que atiende.

    -Hola Ale, soy tu madre.

    -Sí, sí, ¿Qué pasa?

    -No te preocupes, pero me caí en el parque, podes venir a buscarme.

    -¿Estas bien?

    -Sí, si, no es nada me golpee, pero no es nada grave.

    -¿En qué parte estás?

    -Cerca de la fuente, debajo de un árbol.

    -Ok, Ahora voy para allá.

    Me sentía una basura, no quería asustar a mi hijo pero la idea de Leticia era más fuerte y me obligaba a seguir con el plan.

    No pasan 20 minutos y veo que viene corriendo desde un sendero de polvo de ladrillo.

    -¿Qué te pasó? ¿Te duele? ¿Podes caminar?

    -Me caí sentada, pisé una piedra y me desestabilizo. Me duele mucho la cintura.

    -Llamo una ambulancia.

    -No hace falta, puedo caminar, ayúdame a llegar al auto y vamos a un consultorio de una médica amiga.

    Alejandro estaba asustado, me toma con su brazo por debajo del mío y me ayuda a llegar al auto. Dramatizo un estado de dolor y hago que me cueste sentarme en la butaca por el dolor. Arranca el coche y vamos de la doctora.

    Llegamos al consultorio, él baja del automóvil y sale corriendo hacia el portero eléctrico de la entrada del edificio, vuelve y me ayuda a salir del auto. Subimos por el ascensor hasta la puerta del consultorio. Tocamos y abre la doctora. Yo no la conocía, era una mujer grande, de unos 60 años, rellenita. La seguimos hasta una habitación que era el consultorio. Tenía elementos de cualquier consultorio, pero muchas fotos de niños y una balanza para bebés, pero mi hijo no se iba a fijar en esos detalles, sólo la veía a ella con un guardapolvo blanco y un estetoscopio colgado de su cuello.

    -Pasen

    -Permiso.

    -¿Qué paso?

    -me caí en el parque, caí sentada y me duele mucho la cintura y la columna.

    Mi hijo estaba miraba a un costado.

    -Bueno te tengo que revisar, ¿él quién es?

    -mi hijo, ¿quiere que salga?

    -no, no hace falta, mejor que se quede, puede que la tenga que ayudar. Por favor sáquese la remera.

    Le hago caso y quedo en corpiño, uso de esos deportivos cruzados en la espalda, con otros no puedo correr es muy incómodo cuando las tetas saltan para todos lados. Yo estaba parada y ella se sienta detrás de mí. Me empieza a apretar las vértebras de la columna mientras me preguntaba si sentía dolor. Llega a la cintura y me baja la calza y la tanga, quedo con el culo al aire y lo empieza a tocar como hacía con la columna. Yo finjo dolor cuando me toca.

    -¿Duele?

    -Ay, si, si

    -¿Acá?

    Llegó más abajo y me tocaba el coxis con el dedo y lo apretaba, no podía ver a mi hijo, pero me imagino el espectáculo lésbico que estaba viendo, una doctora metiendo el dedo en mi culo.

    -Sí, sí, duele.

    -Bueno déjame que te inyecte un calmante y te digo que hacer.

    Yo no me imaginaba que sería tan realista la entrevista pero parecía que las instrucciones de Leticia fueron muy precisas. Yo la obedezco en todo. Me inyecta en la nalga un supuesto calmante, casi no siento el pinchazo, pero me lo dio.

    Tomo asiento, simulando dificultad en hacerlo, en una silla junto a mí hijo frente al escritorio, del otro lado del mismo estaba la doctora anotando algo en unas planillas y haciendo unas recetas. Estábamos en silencio, se podía escuchar el sonido que hacia la pluma sobre papel mientras escribía.

    -Bueno, por suerte fue solo un gran golpe, no sentí nada roto, aunque te va a doler unos días, vas a necesitar ayuda. Mira acá te receto unos calmantes y una crema analgésica que te tienes que pasar cada 6 horas. También esto por si te duele cuando vas al baño. ¿Tienes a alguien para que te ayude?

    -No, vivo sola con mi hijo.

    -bueno, te va a tener que ayudar a desplazarte o higienizarte, lo digo porque te va a empezar a doler más mañana. No te puedes caer de nuevo.

    -Voy a tratar de hacerlo sola.

    -No, ¿Cómo es tu nombre?

    -Alejandro.

    -Mira, ella no puede moverse, así que la vas a tener que ayudar con las cosas de la casa y a desplazarse por la casa, las vas a tener que ayudar a ir al baño o cambiarse, es peligroso que se caiga, se tiene que desinflamar la columna pasan muchas terminales nerviosas. Ella te va a decir que necesita, depende de ella. ¿Podes ayudarla?

    -Sí, puedo

    -Bueno, te tomo la palabra, ahora sos responsable por su salud.

    Ella logró su objetivo, preocupo a mi hijo por mi salud, me lo dejo servido en bandeja, ahora dependía de mi hasta donde quería llegar. Hasta me receto sin que mi hijo viera, unos supositorios de glicerina, se ve que las instrucciones de Leticia eran para llegar muy lejos.

    Nos fuimos del consultorio, yo caminaba colgada del hombro de Alejo. Él me ayudaba con mucho cuidado, mientras fingía dolor al caminar. Hace lo mismo cuando llegamos a casa, me acompaña a mi habitación y me deja en la cama donde me acuesto agotada.

    Estaba desesperada por hablar con Leticia, por el horario sabía que debería estar con algún paciente, decido mandarle un mensaje para contarle como me fue con la doctora, sabía que me iba a contestar, me dice que si no se distrae con algo con algunos pacientes se duerme, así que me iba a contestar.

    -Hola Leti.

    -(manito saludando)

    -Fui de la doctora, Alejo, se lo creyó todo.

    -(pulgar para arriba) (pulgar para arriba)

    -Pero me recetó unos supositorios, ¿fue tu idea?

    -(Pulgar para arriba) (cara sonriente y gota de sudor)

    -No creo que llegue tan lejos.

    -(cara enfadada) (cara enfadada)

    -No sé qué hacer, te lo prometí, pero tengo miedo, ¿Qué hago?

    -(signo ok) (dedo índice señalando a la izquierda)

    -jajaja te voy a hacer caso. Después te cuento.

    -(pulgar para arriba) (pulgar para arriba) (cara sonriente)

    Fue una promesa y el empujón de Leticia lo que me llevo a lo que les voy a contar.

    Desde la cama lo llamo a Alejo para que me ayude. Golpea la puerta y entra a la habitación.

    -Ale, me ayudas a ir al baño, me quiero duchar y cambiar esta ropa.

    -Sí, vamos.

    Voy caminando despacio colgada de Alejo y entramos al baño.

    -Gracias hijo.

    -Podes sola.

    -¿me podes ayudar?

    -Sí.

    Me quedo inmóvil para que me ayude a sacar la ropa, yo estaba decidida a todo. Primero me saca la remera y quedo en corpiño, luego me baja la calza y quedo con mi pequeña tanga que me doy cuenta que estaba mojada. Yo pensaba que él pararía ahí pero no, siguió, tomo el corpiño de los costados y lo saco por mi cabeza, luego sin mediar palabras me saca la tanga. Quedo completamente desnuda, siento un poco de vergüenza pero estaba más excitada que nunca. Toma mi mano y me ayuda a entrar a la ducha y cierra la mampara de vidrio.

    -¿Llevo esta ropa al lavadero?

    Con su mano izquierda sostenía la calza y la remera, y en la derecha el corpiño y la tanga.

    -Si, por favor.

    Yo me di cuenta que su intención era saborear mi ropa interior, yo en su lugar haría eso.

    -Cuando termines llámame que te ayudo a ir a la habitación.

    Apenas salió del baño me masturbo bajo el agua de la ducha, supongo que él estaría haciendo lo mismo con mi ropa interior. No puedo evitar el ruido que hacia mi mano en la vagina mientras me masturbo, plaf, plaf, plaf, trataba que no se me escape ningún gemido, aunque no sé si alguno salió de mi boca.

    Termino de ducharme y estoy mareada, no sé cuántos orgasmos tuve mientras me duchaba, pero fueron muchos, estaba agotada. Me seco con una toalla y me pongo una bata de tela de toalla y llamo a mi hijo.

    -Ale, me puedes ayudar.

    No pasaron ni diez segundo que golpea la puerta y pasa. Me mira con cara de desilusionado por no verme desnuda, pero yo sé que es más poderoso el deseo en los hombres.

    Repitiendo la escena anterior me lleva caminando a mi habitación y me deja sentada en la cama. Él me pregunta.

    -¿Te duele?

    -Sí, espero que sea un par de días, es molesto este dolor, ojalá la crema que me dio la doctora sirva de algo. ¿Me puedes ayudar con la crema?

    -Si.

    Con total naturalidad me acuesto boca abajo en la cama y me levanto la bata hasta veinte centímetros arriba de la cintura. Quedo con el culo al aire y le doy en la mano el pomo de crema. Me coloca justo arriba de la cintura un poco de crema y la empieza desparramar con sus dos manos masajeando la zona. Sus manos se deslizan de un lado a otro de la cintura pero de a poco van bajando hasta mi culo. Sé que tengo un culo atractivo, grande en su justa medida, mi marido lo besaba y chupaba por horas, pero con el tiempo fue desquitando su furia en él, me sodomizaba cuando quería someterme, no paraba hasta que lloraba mostraba sumisión. En realidad a mí me gustaba pero nunca le di el gusto de que sintiera placer en cogerme por el culo, lo odiaba. Con mi hijo era diferente cuando lo empieza a tocar puedo sentir que lo hace con ternura y miedo, siento que lo puedo dominar con el culo. Mientras con el movimiento de sus manos me doy cuenta que trata de separarlo y abrirlo para ver el ano, me pregunta.

    -¿Son analgésicos lo que te dio?

    -¿Cuáles?

    -La caja azul.

    -Ah eso, no.

    -¿Qué son?

    -Supositorios, me los dio para que no me duela cuando voy al baño, facilitan el trabajo.

    -¿Quieres que te lo ponga?

    -¿Lo harías?

    -Sí, si te ayuda.

    -Gracias. Están en ese cajón.

    No imagine llegar tan lejos, supero todas mis expectativas, me moría de ganas de contarle a Leticia.

    Saca del blíster un supositorio y me lo muestra.

    -A ver dame que lo chupo un poco, así lo podes meter más fácil.

    Me lo da y le paso la lengua para mojarlo con saliva y se lo doy. Levanto el culo y quedo arrodilla en la cama y con la cabeza en la almohada. Siento que empieza a tocar el ano con el pequeño supositorio y lo va introduciendo de a poco.

    -Mete bien profundo el dedo para que no se salga.

    Como un fiel esclavo me hace caso y mete el dedo hasta que hace tope la mano, luego retira el dedo de a poco. Me vuelvo a acostar y bajo la bata.

    Fueron unos segundos en lo que pensé, por qué no ir más lejos. Entonces me doy vuelta y le digo.

    -¿Querés meterlo más profundo?

    -¿Cómo?

    -Ven.

    Lo tomo de la cintura y le bajo el pantalón, el pene sale disparado, lo tomo con las dos manos y me lo llevo a la boca y se lo empiezo a chupar, no quería que acabe en mi boca, así que lo saco y le digo.

    -Mételo en el culo, bien profundo.

    Me pongo en cuatro, me toma de la cintura y apoya el pene en el ano. Ya tenía el agujero tan lubricado y dilatado que no hizo falta mucho esfuerzo para meterlo, empujo y empujo hasta tenerlo bien adentro, entraba y salía, hasta que acaba adentro del culo, puedo sentir como me llena su leche caliente.

    Cogimos todo el día y toda la semana. Cuando el miércoles fui de Leticia le cuento todos los detalles de lo que hicimos y como no podemos para de hacerlo.

    Leticia me saco de la depresión, me dijo que ella quería participar y así lo hizo. Ahora somos un trio que nunca agota su apetito sexual. Mi hijo nos coge como a dos adolescentes, nos rompe el culo cada vez que nos encontramos. Nos hicimos adictos al sexo y no podemos parar.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (02)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (02)

    A partir de aquella noche, en que además de tener a Pablo en mi cuerpo, fue la primera que pude dormir sosegado, las cosas fueron diferentes, sabía o imaginaba, deseándolo fervientemente, que tenía un amigo en él, era cierto que lo que me decía resultaba complejo y difícil de asimilar pero confiaba, deseaba con toda mi voluntad creer en alguien.

    Los dos días siguientes pasaron tranquilos, Pablo acudía a sus clases y cuando volvía tenía que hacer sus deberes, y sin embargo me dedicaba un rato para hablar y así me sentía confortado, alguien se preocupaba por mi.

    En algunas ocasiones no podía evitar pensar en mi familia o en Álvaro, ya menos en Alejandro, intentaba que fuera lo menos posible para no ponerme triste.

    -El viernes quiero llevarte a dar una vuelta en moto. ¿Te apetece? Visitaremos a Erico, va a estar solo, sus padres van a visitar a sus abuelos y se llevan a su hermano. -estábamos viendo la televisión después de la cena, acompañados de Eduardo y por eso no di un salto para llegar donde él y darle un beso, era tanto el aburrimiento que sentía de estar tantas horas solo, curioseando por la inmensa casa.

    -Me gustará, seguro, esto es una jaula. -eso estaba comenzando a pensar, una jaula de oro pero al fin una jaula donde me sentía prisionero.

    Solo después de hablar me di cuenta de lo inoportuno que había sido al hablar de esa manera delante de Eduardo, le miré para pedirle disculpas y soltó una carcajada, tenía a Dulce sobre sus piernas y movió con alegría la cola.

    -¿A ti que te parece Eduardo?

    -A mi no me preguntes, ya te ha dado él la respuesta. Pero le voy a buscar ocupaciones para que el diablo no le tiente. Vendrán unos profesores para impartirle algunas clases. -luego se dirigió a mi. -Aprovecha los días que te quedan de relax.

    Habían pasado los dos días sin más incidentes de importancia, y esa noche Pablo no cenó con nosotros pero si Ana María, que desde el principio anunció que tenía pensado salir después de la cena.

    -Ana, deseo que te ocupes de Ángel, ya sabes, como hacías con Oriol, comprarle las ropas que necesite, llevarle para que le arreglen el pelo y cuiden de su aspecto personal, te lo agradecería muchísimo.

    Pensaba que se iba a negar por la cara que puso en un principio.

    -Por mi encantada cariño, ya sabes que esas son las cosas que me gusta hacer, solamente que tendrás que llenarme la cuenta bancaria.

    A Eduardo no pareció cogerle de sorpresa y solo encogió los hombros como afirmación. Después de prepararme me metí en la cama, no había querido preguntar por Pablo y ninguno había dicho algo al respecto. Pensaba en lo que tendría que hacer a partir de ese momento. Me impartirían clases que harían que no me aburriera, Ana María me sacaría de compras y a la peluquería, Pablo me llevaría de paseo.

    De alguna manera ya me sentía en un mundo diferente y más amable. Se me ocurría pensar que podría encontrar una manera de escapar al poder salir a la calle, de huir, pero ¿a donde iba a ir?, además metería en un compromiso a Pablo y a Ana que se portaban bien conmigo. Y a menudo me hacía la pregunta: ¿Dónde estaría Pablo? Comencé a preocuparme.

    Me había quedado dormido y desperté sobresaltado al sentir que la cama se movía, a continuación la voz de Pablo cuando iba a gritar asustado.

    -Tranquilo precioso soy yo.

    -¿Pablo?

    -Sí, déjame sitio a tu lado.

    -¿Por qué, por qué…? Es muy tarde.

    -No es tarde pero te has dormido, ¿estás cansado?

    -No lo sé…, no, no, te esperaba… Has faltado a la cena, ¿dónde has estado?

    -No importa, ya estoy aquí.

    -Estas frío, ven que te abrace. -pasé la mano por su cara y la sentí helada.

    -En la calle hace frío bonito, ahora me calentaré a tu lado.

    -No tenías que estar en la calle de noche.

    -No he estado en la calle, ha sido el viaje y el viento, hoy hace frío.

    -Pablo, por favor, cuéntame donde has estado, estaba asustado, pensaba que te había pasado algo malo.

    -Pues ya ves que no, estuve en la casa de don Manuel haciéndole un trabajo. -se había quitado la ropa y estaba totalmente desnudo, pasé la mano por su espalda.

    -Un trabajo a don Manuel, ¿qué trabajo? -su mano helada me cogió la cara.

    -No lo entenderías precioso, don Manuel me regaló la moto, Yasin no pudo acudir a la cita que tenía con él esta noche y estuve yo en su lugar.

    -¿Yasin? No te entiendo Pablo.

    -Lo suponía, los regalos hay que pagarlos de alguna forma, pero no te preocupes y abrázame.

    No conseguía entender sus palabras, y decidí olvidarlas de momento, le froté la espalda y enredé mis piernas con las suyas.

    -Se está bien así, a tu lado.

    -Te quiero Pablo.

    -Pues no me quieras, solo abrázame fuerte. -estuvimos un momento en silencio, él con la boca sobre mi cuello besándome con suavidad.

    -¿Ángel?

    -…

    -Escúchame con atención…, don Manuel no es como Eduardo, él se cobra los favores, los regalos, todo tiene un precio.

    -Antes decías que me querías y yo te pido que quieras a Eduardo, él está viejito, necesita mimos como los que tenía de Oriol. Ya se que es diferente, que Oriol le conocía desde niño, en realidad es su padrino, pero no te será difícil ser zalamero y cariñoso con él. ¿No es mucho pedirte verdad? -se detuvo un momento, quería comprender sus palabras y lo que me pedía, para hacerlo y darle gusto, porque él me lo pedía y yo le debía tanto.

    -Oriol le quiere mucho, Eduardo se lo enseñó todo y se lo entregó al doctor, ya no es suyo. No se le endurece la verga y no puede tomar pastillas, solo necesita algún beso y sentirse querido. ¿Me entiendes pequeño?

    -Creo que sí Pablo, haré lo que tu me mandes.

    -Así me gusta bonito y ahora te premiaré. -la recompensa eran sus labios hambrientos sobre los míos, sus dientes mordiendo mi oreja, sus risas en mi oido.

    -Te deseo Ángel, deseo tu hermoso cuerpo. -me mordía la clavícula a la vez que me sacaba la chaqueta del pijama.

    -Tus tetitas ricas. -y me las lamía pasando la lengua una y otra vez.

    -Tu pancita preciosa. -y metía la lengua en al agujerito del ombligo, dejándolo lleno de saliva para luego sorberla, y arrastrarla con la lengua hasta el esternón, ahí se detenía para besar mis costillas y volver a lamerme los pezones.

    Su verga golpeaba en mi pierna y la sentía húmeda y pegajosa.

    -¿Pablo?

    -Sí.

    -Déjame que ahora sea yo.

    ¡Waauu! Claudicó, se quedó tendido boca arriba a mi lado y luego me llevó para colocarme sobre él.

    -Soy tuyo, estoy para ti.

    Me senté a horcajadas sobre su estómago apretándolo entre mis piernas, mi pantalón de seda resbalaba sobre su piel y me lo quité sin dejar de estar sentado, elevando una pierna y luego la otra.

    -Me gustas Pablo, mucho. -y comencé a besarle la cara y chuparle los labios, para bajar a su garganta, seguido a su pecho y le elevé los brazos, recibí el perfume de sus sobacos lamí los negros pelos de sus axilas.

    Cada momento que pasaba me gustaba más, el olor corporal que desprendía elevaba mi deseo, al lamer el vello de su pecho noté su polla rozando entre mis nalgas y la pasé rozándola para besar su abdomen marcado y duro. Me estaba entreteniendo demasiado y me empujó la cabeza hasta los pelos del pubis.

    Olí esa parte, el olor se acrecentaba hasta hacerse fuerte al pasar mi nariz por el glande cubierto, sujeté la verga en mi mano y la coloqué en mi cara, el pene le temblaba, le besé la punta y el talló, buscando sus testículos con la lengua entre el matorral de vellos que los cubrían.

    Pablo gemía y a veces se contraía y me animaba a seguir.

    -Sí precioso, vas bien, cómelo ahora.

    Empecé a chupar con avidez, deslicé el prepucio dejando libre el glande redondo y lo besé delirante de gozo y deseo, una y otra vez hasta tenerlo en mi boca abrazado con la lengua.

    Su erección se volvía más potente y me cogió la nuca empujando para que comiera más, la polla de Pablo no se parecía a las que ya había mamado, era única, dura y larga que llegaba hasta el fondo de la boca y quería traspasarla, sentí una arcada pero no me retiré, no me importaba devolver la comida de la noche si eso quería él, y me forcé para dejarle que llegara hasta el final, y sentir los primeros pelos del fuste de la verga en mis labios.

    Me daba unos golpecitos follándome la garganta y él mismo la retiraba para dejarme respirar y que no me ahogara. Sujeté sus testículos con una mano apretándolos contra la base del pene y así sentirlos en la barbilla.

    -¡Ahhh! Precioso, que bien la mamas. Chupa, chúpala bonito mío.

    Su voz era ronca y elevaba el culo de la cama para atravesarme la boca, hasta que la sujeté con una mano, para solo chupar un cuarto de ella con enormes ganas mientras con la otra le masajeaba los huevos.

    Sentía una presión angustiosa en mi bajo vientre, y tenía mi pene a reventar, entonces volví a posicionarme con el culo sobre su abdomen, presionando su verga dura sobre la raja de mis nalgas, haciendo como que me follaba, y llevé la mano derecha a su verga, me elevé hasta sentirla encajada en el hoyito del culo, y comencé a sentarme en ella.

    Mordía mis labios dejando que mi peso venciera la resistencia del ano, hasta que comenzó a entrar en mi cuerpo. Entonces le miré, Pablo me observaba con atención y solo me sonreía dejándome hacer a mi, sin tocarme con las manos.

    Fui bajando lentamente, sintiendo como me abría y hacía sitio para que su pene entrara hasta quedar sentado totalmente empalado, y sentirlo muy profundo en mi vientre, entró completa y me dejé caer sobre su pecho, la verga salió un poco pero pude llegar con mi boca a la suya para besarla y morderla, le entregué la lengua y él me la mamaba muy rico.

    Dejaba resbalar mi pecho sobre el suyo al descender, para que su verga entrara y el ayudaba elevando las caderas, y retirándolas para que saliera, sintiendo la intensidad y profundidad de sus metidas, hasta que no aguantó más y me rodeó con los brazos, manteniéndome pegado a su pecho mientras entraba y salía muy fuerte elevando el culo de la cama, saltando sobre ella.

    Yo apretaba el ano lo que podía en esa postura tan abierto para que el roce fuera más fuerte, deseando el momento que llegó como un torrente saltando sobre las peñas.

    -Me corro Pablo. -y luego solo un Ah,Ah,Ah angustioso.

    En ese momento elevó las caderas buscando la penetración total y completa, para empezar a vaciarse los testículos en mi cuerpo llenándome el culo de semen.

    -Me estoy corriendo Ángel ¡wooooo!

    Le sentía en lo más hondo de mi con las pulsaciones de su verga vaciándose, tranquilo, gozando de su plenitud.

    Respirábamos entrecortados y Pablo me abrazaba muy fuerte, y cuando nos repusimos, con su pene aún en mi culo, comenzamos una nueva sesión de besos, ahora tranquilos, los míos llenos de cariño y gratitud, los suyos eran más fogosos.

    -Pablo me gusta estar a tu lado y sentirte como ahora.

    -A mi también pequeñajo. -no sabía si me decía la verdad pero me gustaba que me lo dijera.

    No conseguía entender como en el poco tiempo que le conocía había llegado a quererle tanto, y sentir que sus folladas eran totalmente distintas a las de mi tío o Alejandro, me hacia sentirme querido, deseado, protegido, lo contrario que con mi tío donde era violado.

    ——————————

    Había mirado la ropa de Oriol cien veces, abierto los cajones del vestidor para encontrarme ropas increíbles, desde calcetines y medias hasta trajes para vestir de etiqueta, su escritorio revolviendo sus libros, su ordenador con la contraseña apuntada en post it de color rosa y pegada a la pantalla, las fotos que pasando incesantes por la pantalla, y me podía el aburrimiento.

    Decidí salir para hacer mis investigaciones, la zona del comedor de diario y la cocina estaban desiertos, miré por la ventana y en el jardín estaba Dulce escondido debajo de una planta dormitando. Volví al pasillo donde estaba mi habitación y con miedo avancé sigilosamente hasta la puerta que Pablo me había señalado como la habitación de Eduardo.

    Llamé suavemente con los nudillos, luego más fuerte sin tener contestación, había decidido, siguiendo las instrucciones de Pablo, intentar un acercamiento a Eduardo pero estaba visto que no era mi día de suerte.

    Seguí avanzando y doble el pasillo hasta la entrada de la piscina cubierta. Pensaba que la encontraría vacía y la abrí, a la izquierda, sobre una mesa camilla, estaba tendido Eduardo, desnudo y boca abajo, un hombre enorme, con una bata blanca pasaba las manos por sus brillantes piernas.

    -¡Perdón! -musité, e intenté cerrar la puerta.

    -Entra Ángel. -no me dio tiempo a cerrarla y Eduardo reconoció mi voz. Entré con algo de timidez, observando a aquel gigante con la cabeza afeitada que no abandonaba su trabajo.

    -Anda, acercaté. -recorrí la distancia que nos separaba hasta estar a su lado izquierdo y giró a cabeza para verme.

    -Me alegra que hayas venido, ¿querías algo?

    -No, bueno no se, fui a tu habitación, quería verte. -mientras hablaba observaba su cuerpo, el culo era pequeño y lo tenía arrugado, con algunos pelos en las nalgas, y en ese momento su masajista los estiraba haciendo que se abrieran dejándole ver el ano.

    -¿Pablo te atiende bien?

    -¡Oh sí! Es muy amable.

    -Dese la vuelta. -el hombre aquel le ayudó a levantarse para tumbarle de espaldas. -tenía la barriga abultada, peluda igual que el pecho con mucha carne en las tetas, unos pezones enormes y la tripa le llegaba colgando ligeramente sobre el pubis. Tuvo que ser un hombre verdaderamente bien dotado sexualmente, aún ahora le descansaba un tubo rosado de carne sobre unos testículos gordos envueltos en un escroto con mucha piel casi transparente.

    El masajista derramó una olorosa sustancia aceitosa sobre su pecho y las piernas y comenzó a pasar las manos haciendo el masaje y dejándole la piel brillante. Sin pretenderlo mi mano parecía cobrar vida propia y la pasé con suavidad por donde terminaba de hacerlo el señor, me salió una risita nerviosa, más gritito de sorpresa que risa.

    -Está muy suave. -y dejé la mano parada mirando los azules ojos de Eduardo.

    -Sigue, lo haces muy bien. -nos sonreímos el uno al otro y continué moviendo la mano subiendo por su pierna y muslo, me detuve al llegar donde su escroto colgaba, pero la curiosidad me mataba y puse la mano sobre el tubo de carne rosada. Solo sentí un pequeño latido en su pene y volví la vista otra vez para mirarle.

    -Ya ves, murió antes que su dueño. -Eduardo se divertía viéndome nervioso y ruborizado, salvo el momento con una risa secundada por la del otro hombre más grave y callada.

    -Cuando termine conmigo puedes aprovechar sus servicios, te gustará como lo hace y te sentirás mejor. -miré al masajista con las mejillas rojas por el esfuerzo de su trabajo, los ojos algo hinchados, las manos grandes y fuertes, los brazos como muslos de un niño, me miraba sin dejar de apretar las carnes flojas de Eduardo y asintiendo con la cabeza.

    -Vale, de acuerdo.

    -Puedes bañarte mientras termina conmigo. -retiré la mano de su pene y me aparté dos pasos para que me mirara.

    -No tengo bañador. -Eduardo volvió a reír divertido.

    -Oriol tenía montones, pero no importa puedes hacerlo desnudo, así estarás preparado para la siguiente sesión.

    Y como tenía ganas de hacer ejercicio no tuvo que repetírmelo otra vez, me quité rápidamente la ropa y caminé al otro extremo, donde estaba la puerta de cristal que daba acceso a la piscina. Esta era rectangular, ovalada en dos de las esquinas y me tiré de cabeza.

    Nadé un rato esforzándome hasta sentir que los músculos me dolían, pero resultaba delicioso, llevaba muchos días sin hacer ejercicio de verdad.

    Eduardo, envuelto en un albornoz, me hacía señas para que saliera y me tenía preparado otro igual al suyo para mi, me llegaba hasta cubrirme los pies.

    El masaje, como ya me había advertido, resultó placentero, y hasta me pareció cargado de erotismo sentir las manos enormes abrirme las nalgas, y jugar delicadamente con los dedos en la entrada de mi ano.

    La mañana transcurría y sin darme cuenta de que el tiempo pasaba.

    -Te ha gustado. -Eduardo repartía su tiempo mirando una gran pantalla de televisión, sintonizada en un canal de noticias económicas y mi cuerpo manejado por el gigante masajista.

    -Ha sido estupendo y me lo he pasado muy bien, nadando y con el masaje. -Eduardo parecía estar contento y volvió a reírse con ganas.

    -Yo también me lo he pasado bien, hacía mucho tiempo que no lo pasaba así, ahora vamos a la ducha y prepararnos para comer.

    El camino de mi entendimiento con Eduardo estaba iniciado, y se consolidaría en la comida, no estaban Ana María ni Pablo y Alicia nos la sirvieron en el comedor cercano a las cocinas.

    Eduardo empezó a dar pequeños pedazos de nuestra comida a Dulce y le secundé, el perrito viajaba de una mano a la otra para comer aquellas golosinas que le entregábamos. Después se marchó para echarse la siesta a su habitación, y yo salí a dar un paseo por el parque cerrado a la libertad y al mundo real. Pero ese día no lo sentía tanto, hacía un calor inusual para la época y me sentía a gusto caminando sobre la hierba y jugando con Dulce que alborotaba el silencio rompiéndolo con sus ladridos.

    Continuará…

     

  • Saliendo del cine

    Saliendo del cine

    Ese día había bajado al centro de la ciudad en busca de marcha, necesitaba ser follado, vamos que ardía en deseos porque me dieran por el culo. Como era algo temprano, decidí ir primero al cine, iría a la última sesión, de esa manera cuando saliera del cine, sería una hora adecuada para mis propósitos, que no eran otros que encontrar una polla que me rompiera el culo.

    Había ido al cine que habían abierto hace poco en la calle San Andrés, ‘Tom y Jerry’, echaban la película de Manuel Bandera, Las cosas del querer. Cuando salí del cine, cerca de las 12 de la noche, iba pensando en si antes de entrar en los jardines de Méndez Núñez, en busca de alguien que me follara, en ir primero a comer algo, me apetecía comer una hamburguesa. En eso iba pensando, cuando me encontré con el cazador de jovencitos, así lo llamaba ya que nunca supe realmente su nombre, eso que me folló en multitud de ocasiones. Ya comenté en otro relato (De cancaneo (cruising), en la ciudad), como me solía follar, siempre en lugares públicos y en el centro de la ciudad.

    Nada más verme, se lanzó a por mí. Íbamos caminando por la calle San Andrés, y en cada comercio que el escaparate tenía hall y las luces no estaban encendidas, me acorralaba e intentaba bajarme los pantalones para follarme. Yo me resistía ya que no terminaba de gustarme los lugares donde lo intentó.

    Llegando a la estrecha de San Andrés; principio de la calle; allí en uno de los comercios que había, consiguió desabrocharme el cinturón y empezar a bajarme los pantalones. Yo estaba caliente a más no poder y deseaba tanto o más que él que me metiera la polla en el culo y me follara, pero cada vez que él lo intentaba, siempre pasaba gente por la acera donde estaba el comercio. En este último el vestíbulo era mucho más grande y largo, y la oscuridad nos ocultaba bastante. Como yo ya estaba tan pero que tan empalmado y caliente de tanto que me había sobado, me fui dejando bajar los pantalones. Pero… o maldita suerte, en ese preciso momento, pasaba un matrimonio o pareja, la cual nos vio perfectamente. Habían visto como me estaba bajando los pantalones y se disponía a meterme la polla en el culo. Nos llamaron de todo, maricones, indecentes, etc. etc. etc. Por lo que salimos de allí escopeteados.

    Yo iba por la calle abrochándome el pantalón, sujetado por el brazo por el viejo cazador de jovencitos, íbamos en dirección a la dársena, pero al llegar a la calle donde vivía él, Riego de agua, se paró donde tenía el vehículo aparcado y me hizo montar en él. Era la primera vez que me llevaba en el coche o vehículo; para que los que no son de España entiendan el término coche, escribo lo de vehículo; y me llevaba fuera de la ciudad; parte de este encuentro lo comento de pasada en el relato, De cancaneo (cruising), en la ciudad.

    A donde me llevó fue al monte de la Zapateira. Allí nos metimos en una pista forestal que baja hacia Vilaboa, parroquia del ayuntamiento de Culleredo. Yo estaba además de caliente y excitado a tope, la mar de contentísimo. Por fin aquel cazador de jovencitos me iba a follar en condiciones y sin el estrés de ser cazados follando en vía pública.

    Paró el vehículo en un costado de aquella pista forestal. Yo pensé que íbamos a salir del vehículo y que me follaría al aire libre, ya que además de campo de sobras, había árboles para ocultarnos y hacer de todo. Pero no, me ordenó pasar para el asiento trasero, y después de pasar ambos, empezó a quitarme la ropa. Mientras me iba desnudando, me iba mordiendo los labios y metiendo la lengua en la boca. Una vez me hubo desnudado por completo, empezó a desvestirse él; era la primera vez que lo veía desnudo y que le veía algo más que la polla y huevos; una vez se quedó en pelotas por completo, me levantó las piernas sujetándome por las corvas y elevándome las mismas, hizo que mi culo quedara totalmente expuesto para ser penetrado.

    Apoyó mis piernas en sus hombros, tiró con sus manos por mi cintura para acercarme más al borde del asiento y quedara pegado a él. Agarró su polla con la mano llevándola a la entrada a mi agujerito, presionó un poco, y sin más dilaciones, me enterró toda la polla de una sola estocada.

    ¡Ohhh! Grité, ¡ooohhh! Volví a gritar al chocarme las pelotas del cazador de jovencitos, en la entrada a mi culo. Pedazo de hijo de puta, no se molestó en dilatarme ni un poquito, me clavó la polla sin compasión alguna.

    Menos mal que yo estaba caliente a tope y la polla de aquel maduro, no era muy grande, si no me hubiera hecho daño. Además, el hijo de puta, nada más enchufarme la polla en el culo, empezó a sacar y meter la polla en mi culo a una velocidad frenética.

    Me estaba envistiendo con ganas el hijo de puta, me tenía que agarrar a sus brazos para no irme para atrás. Se escuchaban los jadeos del viejo, y el golpeteo de su pelvis con mi culo, plof, plof plof.

    Notaba como sus pelotas pegaban en la entrada a mi ano, y como su polla se iba deslizando por mis entrañas, abriéndome cada vez más el culo.

    Cuando empezaba a cogerle el gusto a la follada que me estaba dando el viejo cazador de jovencitos, esté empezó a jadear más fuerte anunciándome su eminente corrida.

    ¡Ohhh! Me vengo, ya, ya me vengo, gritaba el muy hijo de puta empezando a eyacular en mis entrañas.

    Descargó varios chorros de leche en lo más profundo de mi culo, dejándome preñado el culo con su semen, y más caliente que una burra en celo.

    Si andaba caliente y excitado a tope aquel día, ahora estaba que me salía de excitado y caliente. Necesitaba más polla y que me llenaran más el culo de leche.

    Joder, tanto viaje para aquella follada tan pero que tan rápida. La verdad es que hubiera sido mejor que me hubiera follado como hacía siempre, al menos con el stress y la excitación por ser cazado siendo enculado en plena vía pública, me hacía subir la adrenalina y me dejaba más relajado y satisfecho.

    No quise correrme, por lo que antes de vestirme, salí del vehículo, eché una meada para relajarme y que no me dolieran las pelotas con la calentura y ganas que llevaba por correrme. Luego fui para vestirme, no se fuera a marchar el hijo de puta del viejo y me dejara allí en pelota picada.

    Una vez estuvimos los 2 vestidos, volvimos para el centro de La Coruña.

    ¿Dónde quieres que te deje? Me preguntó.

    Déjame más o menos donde tenías el vehículo, le contesté.

    Bueno pues entonces busco donde aparcar y listo. A ver si hay suerte y todavía tengo el sitio de antes.

    Aparcó junto la dársena, y allí nos despedimos, él se iba para su casa, y yo en busca de otra polla que me diera por el culo.

    Iba caminando para ir a los jardines de Méndez Núñez, a ver si había suerte y encontraba una polla que me diera por el culo, pero antes me paré a beber ya que llevaba sed. Bebí un par de cervezas en el Pub Salón, y como apenas había ambiente y ya iban dar las 2 de la madrugada, marché rumbo a los jardines a ver si tenía suerte.

    Cuando entré en los jardines, no había ni un alma, estuve dando vueltas por lo menos 2 horas, y nada, no había nadie. Desesperado y caliente como andaba, ya estaba a punto de marcharme, cuando apareció un hombre de mediana edad. Lo vi entrar en la zona que le llamábamos urgencias; era una zona pegada a los aseos públicos que allí había y que estaban rodeados de árboles y matorrales, era una zona donde se podía ir a follar estando algo resguardado, aunque cualquiera que pasara por allí, veían lo que se estaba haciendo; él entró por la parte trasera y yo lo hice por la parte de delante.

    Esperé unos segundos y me puse a hacer que estaba meando, para lo que aflojé el cinturón y desabotoné el pantalón, saqué la polla de fuera y esperé a ver lo que él hacía.

    Yo estaba prácticamente en las puertas de entrada a los aseos, los cuales estaban cerrados, él pasó por mi lado mirando lo que hacía, y se puso a mear allí al lado. Yo no esperé más, con la calentura que llevaba y la excitación que sentía por ser follado, me acerqué al maduro, le miré el rabo que se gastaba, viendo que estaba empalmado y que tenía un rabo de muy buen tamaño. Llevé mi mano a aquel cipote que estaba duro y bien tieso, y después de acariciarlo y sobarle los huevos, me agaché para introducirlo en mi boca.

    Nada más tragarme aquel cipote, el hombre se agarró a mi cabeza dando un suspiro cuando notó como mi boca se tragaba toda su polla.

    Dios, que ganas tenía de una polla que me diera por el culo, y ahora tenía en mi boca un buen cipote al que estaba chupando para dejarlo bien lubricado y que luego me lo metiera en el culo y me follara bien follado, preñándome de leche el culito que me ardía de tan caliente como estaba.

    Las pelotas de aquel hombre de mediana edad me golpeaban la barbilla cada vez que yo tragaba aquel cipote todo lo que podía. Cuando ya cansado de chuparlo y dejarlo bien lubricado con mis babas, me levanté para seguido bajarme el pantalón y slip, y ponerle el culo para que me clavara aquel rico y hermoso cipote que se gastaba, en mi caliente y desesperado culito.

    Se aferró a mis caderas, me hizo inclinar un poco para que mi agujerito quedara es puesto y listo para ser perforado, arrimó su polla a la entrada de mi ano, y nada más colocar la cabeza de su verga, yo mismo empujé mi culo hacia atrás, clavándome su cipote en mi desesperado culito.

    ¡Ohhh! Gemí al notar como mi esfínter se abría dejando paso a aquel cipote, ¡ooohhh ohhh! Volví a gemir más fuerte al notar como iba entrando en mí.

    Dios que gusto, ya me tenía ensartado en su cipote, sintiéndome completamente lleno por su verga haciéndome delirar de gusto.

    Empezó a moverse poco a poco, haciendo que su polla se fuese deslizando dentro de mí, haciéndome gemir con cada envestida que me daba. Se apoyó en la pared de la entrada a los aseos, dejándome sin donde poder apoyarme y exhibiéndome a cualquiera que pasara por allí en aquellos momentos. Y es que me estaba dando por el culo delante de la misma fachada de entrada a los aseos.

    Poco o nada me importaba en aquellos momentos, si venía alguien y me veía cómo me estaban dando por el culo y siendo empalado por aquel cipote. En aquellos momentos estaba tan pero que tan desesperado y excitado, que nada me importaba más que sentir como me abrían el culo con aquella polla y me follaban dejándome bien preñado el culo.

    Cada vez que aquella verga entraba hasta lo más profundo de mi culo, el roce que le daba a mi próstata me hacía gemir de placer, y hacía que mi polla goteara semen continuamente.

    Dios que gusto, veía cómo se bamboleaba mi polla y pelotas, al ritmo de la enculada que me estaban dando. Mi polla salpicaba gotas de semen en todas direcciones, y mi maduro follador, me movía como si fuera una marioneta. Me tenía empalado en su cipote, haciéndome delirar de placer.

    Ahora sí, ahora sus ensartadas eran violentas y profundas. Prácticamente me levantaba haciéndome poner de puntillas, y su polla me llegaba a lo más profundo de mis entrañas. Sus pelotas chocaban violentamente en la entrada a mi ano y el golpeteo de su pelvis al chocar con mi culo, hacía que se escuchara el clásico plaf, plaf plaf, cada vez que su polla se enterraba en lo más profundo de mi culo.

    De pronto el maduro empezó a jadear más fuerte notándose su respiración más agitada, hasta que clavó sus dedos en mis caderas, exclamando, ¡ohhh me corro! ¡ohhh me corro!

    Dios, estaba notando como eyaculaba dentro de mi culo, dándome tanto placer, que, en ese mismo momento, yo también empezaba a descargar mi semen regando con él, aquellos jardines públicos. ¡Ohhh me corro! Me corro, me corro, gritaba yo mientras seguía estando empalado por el cipote que me estaba dando por el culo y regando con su semen mis entrañas.

    Cuando ambos terminamos de eyacular y recuperar el aliento, la polla que tenía ensartada en lo más profundo de mi culo fue saliendo poco a poco, de él. Ambos nos limpiamos con un papel que el maduro sacó de uno de sus bolsillos, y una vez nos limpiamos, él guardó su verga marchándose, mientras yo terminaba de subirme los pantalones y slip.

    Ahora sí, ahora sí había quedado satisfecho y me iría andando para mi casa.

    Iba con el culo recién preñado de leche, abierto y relajado.

    Podéis escribirme a:

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  • Limpiadora argentina

    Limpiadora argentina

    Cuando lo dejé con mi ex y todo el peso de la casa recayó sobre mis hombros, busqué una muchacha que viniera a limpiarme día sí y día no. Al principio no tenía claro de si buscarla joven o mayor, porque acabé un poco harto de mujeres por culpa de mi ex, lo que si tenía claro es que a un hombre no quería. Entre muchas propuestas, algunas con protestas de mi precio, muchas con interés por trabajar para mí, elegí tres y llamé a las tres un par de veces.

    Pero no me lo cogieron, cuando iba a desistir me habló un muchacho por su novia, que estaba interesada y decidí probarla.

    Al llegar nos presentamos: ella se llama Cintia y yo me llamo Pedro, la chica era una máquina de limpiar por lo que decidí mantenerla en su puesto, además de ser una belleza que me alegraba los días.

    Rubia, ojos azules; labios gorditos y pronunciados, piel blanca. Al principio no podía hablar de su cuerpo, porque no se quitaba el chaquetón, pero poco a poco fue viniendo con menos ropa; y con ropa más ceñida o que mostraba más, llegando a gustarme bastante. El proceso fue así, de camisetas anchas y pantalones vaqueros, pasó a llevar mallas ceñidas y camisetas cortas pero anchas… Lo que me mostro en primer lugar, que tenía las nalgas respingonas, redondas, perfectas y en su sitio. Luego paso a una malla colombiana nada más, mostrándome que también tenía unos senos grandes, perfectos, redondos y en su sitio.

    No sólo su forma de vestir fue cambiando, cada vez era más agradable, conversábamos más, y de más cosas. Me demostró que era la mujer perfecta, guapa, con cuerpazo, con corazón e inteligencia. Nuestros toques siempre habían sido con respeto, más casuales al acariciar a los perros los dos, un par de besos o un abrazo, en agradecimiento por un regalo. Se dejaba mirar normalmente, pero si la miraba demasiado o hablaba de un tema sexual se cortaba. Hasta que un día… vino con las mallas colombianas y nada debajo, se le notaba todo por detrás y no llevaba nada, por delante no sólo se le marcaban los pezones pidiendo guerra sino que, el chocho se le marcaba perfectamente.

    Mientras limpiaba me estuvo haciendo posturitas, para que le mirara las partes sexuales. Al limpiar la mesa por poco lo hace con las tetas, al tender se inclinó para que pudiera verle las nalgas perfectamente y parte del chocho marcado, pero cuando hablaba con ella, casi me ponía el chocho en la cara.

    Y como cada vez hablaba más conmigo e intentaba empezar donde estuviera yo, y al notar eso la seguía y charlaba con ella por toda la casa, así que estuvo una hora provocándome e incluso esta vez se quedó diez minutos más. Cuando íbamos de camino a la puerta, fui mirándole el culo que ella movía sensualmente, ella me pilló de reojo mirándola y no hizo, ni dijo nada. Cuando estábamos en la puerta hablando no paraba de mover su pierna sensualmente mostrándome su rajita, vio mis miradas disimuladas, entonces ella vio mi erección, y se fue con un poco de prisa para volver dentro de dos días.

    Yo salí corriendo hacia el baño, me desabroche los pantalones, me baje los boxers y empecé a machacármela, con las imágenes mentales de todo lo que había hecho hoy… pero eso no era suficiente para correrme, por lo que comencé a imaginar otra escena distinta con ella, ella entraba a limpiarme la casa… pero al notar que estaba empalmado, me cogía de la mano y me hacía sentarme en el sofá, una vez allí sentado ella empezaba a hacerme sentadillas sobre la polla, dejándose caer un poco más cada vez.

    Una vez puesto a mil, empieza a menear el culo de lado a lado, pero yo la agarro de las tetas y le empiezo a dar puntazos en el húmedo chocho, nada más pensar eso e imaginar como gemía… mi polla se convirtió en un cañón, por primera vez no cayó en el váter sino que impacto en la tapadera, con una potencia y cantidad fuera de lo normal.

    Entonces es cuando me di cuenta, Cintia me tiene en sus manos. Si ella quiere seré suyo, pero solo si ella quiere porque tiene novio y yo haga lo que haga no pienso dar el primer paso.

  • Contra el silencio, violencia cómplice de la piel

    Contra el silencio, violencia cómplice de la piel

    Daisuke acaba de correrse, pintando sus jadeantes secuelas en la fibra de bambú humedecida en la funda de almohada cuando el dedo de Ken lo rodea nuevamente y luego ese se desliza hacia adentro antes de que Daisuke pueda hacer algo más que sacudidas, un ruido inarticulado cae de sus labios abiertos y flojos.

    – Shh -. La otra mano de Ken presiona entre los omóplatos de su chico, a medio camino entre acariciar y restringir. El dedo en el interior de Daisuke empuja más profundo, más profundo ahora que él se rompió emocionalmente hacia Ken, piensa en lo que su amado debe estar sintiendo en este momento, está más flojo para ser follado, pero no tan flojo para que la intrusión de un solo dedo hace que intente estar a la altura de las circunstancias; piensa que Ken se ha adentrado en su interior, mojado y abriendo camino para ese dedo lento y palpitante; piensa en el calor febril que se eleva de su piel, lo enrojece de color rosa, lo abrasa profundamente, irradia todo el camino hacia donde Ken lo está follando lo vuelve a follar con ese magnético dedo en el que sabe que poco a poco va a perder la razón. No puede controlar su lengua lo suficiente como para hacer un nombre, el nombre de Ken. Lo que sale es, de nuevo, solo ruido, quejido y suave.

    Y desesperado. Muy desesperado, sus caderas se doblan, la suave polla se arrastra por su propio charco. Sus muñecas se sacuden contra los puños, las cadenas garabatean contra la madera de la cabecera y él quiere disculparse, necesita disculparse, lo sabe, pero acaba de correrse y Ken lo está desarmando, lenta, metódicamente, con toda la maldad, deleitada alegría que trae a su actuación.

    – Estamos bien -. Dice Ken en voz baja, profundo rugido de terciopelo que se abre paso a lo largo de los nervios de Daisuke como Ken frota dentro de él. Profundo, muy profundo.

    – Estás bien. Puedes tomar esto. Vas a soportar esto por mí, ¿sí? -. El dedo huesudo de Ken se encuentra casi esponjoso dentro de Daisuke y lo que era bueno, al borde de demasiado, se convierte en insoportable pero de muy buena manera, Daisuke empuja su cara más profundamente en la almohada, retorciéndose, gritando… Pero soportandolo. Porque Ken quiere que lo haga.

    – Me encantas ahora, debajo de mi estómago y yo encima de tu espalda, adentrandome muy dentro, te ves fuerte, atlético, me encantas, te amo, demasiado -. Dice susurrandole y a la misma vez soplandole en el oído, de una forma serena y calmada, como si estuvieran sentados en un patio durante un par de horas.

    Así fue como comenzó la noche en la que Daisuke recuerda vagamente; un dulce y unos perros que descansaban alrededor de sus pies, coqueteando en busca de sobras.

    » – No puedo follarte toda la noche. Pero hay más de una forma de follar». El toque de la nariz de Ken detrás de la oreja de Daisuke es impactante, como lo es el sobrecalentamiento de su aliento al temblar, la piel ya está caliente. –

    Y tú… Puedes correrte toda la noche, amor, Sé que puedes. Así que te voy a tocar, así. Y te pondrás duro, muy duro. Y luego expulsarás todo tu amor contenido por mí. «No puede, piensa Daisuke, sacudiendo la cabeza para que el raspado de su cabello a través de la funda de almohada suene como piedras a través de un palo de lluvia.

    -No puedo… – Siempre nos dices a todos que lo imposible siempre es posible, puedes hacerlo, hazme sentir orgulloso de tí y te lo quiero demostrar ahora mismo-. Insiste Ken, antes de rodar una franja caliente detrás de la oreja de su chico que termina con un beso sorprendentemente suave en el hueso. Un segundo dedo se cuela y Daisuke gime en el estiramiento, las caderas levantándose en el deseo de más.

    – Sí-. Canturrea Ken, la voz se engrosó, se profundizó, como de terciopelo áspero, satinado deslizamiento de la piel.

    – Oh, amor, mi niño bonito, siente como te hago el amor con mi mano

    Los dedos de Daisuke se hunden en las sábanas y los fuegos artificiales de colores explotan detrás de sus párpados cerrados mientras el siente que está por correrse una vez más todavía es demasiado pronto, no hay suficiente jugo en él para volver a endurecerse, pero lo está intentando, con descargas eléctricas estremecedoras, una lluvia de meteoritos entrando a través de él, soplándolo, abriéndolo.

    Todavía no había palabras en su cabeza, solo gruñidos de deseos y necesidades, gemidos apretados y jadeantes. Le asustó la primera vez que Ken le hizo perder la virginidad… Con amor pero a su vez como una agresión anal, porque cuando lo hacen, cuando Ken le hace esto a él, para él, se siente más puro que eso, más simple

    . Más cerca de la persona que solía ser, antes de las heridas y los fracasos y el peso aplastante de la expectativa, la suya y la de todos los demás y ahora era él en la cama de Ken, siendo penetrado analmente, como la primera vez.

    El deslizamiento de los dedos de Ken alrededor de la polla de Daisuke es un shock, más que el descubrimiento de que está duro de nuevo, dolorido y húmedo, curvándose en la palma de la mano de Ken como si estuviera destinado a estar allí. Ya no puede respirar. Gira la cara hacia un lado, tragando aire fresco, con aire acondicionado, como el agua de lluvia.

    -Sí… Mírame -. Dice Ken de nuevo, Se está moviendo muy lento. Demasiado lento, aunque constante, frotando, rítmico. El rizo de sus dedos es estático, solo aguantando, ahuecando

    . -Mírame-. Repite inflexible debajo de la suavidad. Los ojos de Daisuke se abren, parpadeando a través de la humedad, lágrimas, sudor, parpadeando para ver la cara de Ken allí, junto a la suya.

    – Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo -. Murmura estirándose hacia adelante esos últimos centímetros para succionar el labio inferior de Daisuke. Cambia el ángulo de sus dedos en una fuerte profundidad de la penetración y Daisuke grita en la boca de Ken, dejando que este se coma el grito

    – Me gusta tu cuerpo. Me gusta lo que hace. Me gustas -. Ahora agrega velocidad, presión, moviéndose tan suave que se siente como parte del cuerpo de Daisuke quien no sabe lo que está diciendo, pero las palabras, el sentimiento, crean un eco a través de él y un reconocimiento inmediato y profundo de la verdad. «Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo»

    – Muéstrame cuánto te gusta lo que te hago, amor-. Ken respira las palabras directamente contra la piel de Daisuke, haciendo que los huesos vibren con cada sílaba sucia y lenta. Su agarre alrededor de la polla de Daisuke se aprieta, la fricción y el calor para que vibre.

    – Muéstrame cómo te hago sentir. Muéstrame todo-.

    El gemido de Daisuke se pierde en otro beso devorador, mordiéndole la lengua y chupandola pero su respuesta es obvia por la forma en que se afila en una mano y se empuja contra la otra, follando con Ken, perdiéndose en / con / para Ken Y cuando se desmorona, temblando y medio gritando, borracho y delirante y loco, es el cuerpo de Ken quien lo retiene allí, lo mantiene allí, le da una razón para quedarse… Y para volver.

  • Como mi tía acabó atada y a mi merced

    Como mi tía acabó atada y a mi merced

    Mi tía es una mujer muy erótica. Tiene sobre 50 años, una larga melena rizada, y unos pechos considerables. Se cuida mucho, y para la edad que tiene está impresionante. Siempre le ha gustado vestir elegante y tiene una legión de tacones y botas, mi debilidad. Entre los dos siempre había habido una relación muy cercana, y en ocasiones hasta yo había llegado a creer que tenía otras intenciones conmigo. Pero lo cierto era que desde siempre me había excitado, siendo la causante de mis primeras masturbaciones. Esto era algo que muchas veces me perturbaba, porque tenía estas reacciones con ella. En mi sexualidad siempre me había excitado ser dominante, pero con algunas figuras como mi tía, me volvía loco imaginarme totalmente sometido.

    Yo soy un chico joven, de 26 años. Varias veces al año, me desplazaba hasta su casa, en Mallorca, bien por trabajo bien por ocio. Ella vivía con su hijo, mi primo, de 24 años. Estaba divorciada, y aunque había tenido alguna relación, ahora mismo la soltería era su acompañante. Tenía un carácter fuerte, pero es una persona que necesita alguien a su lado.

    Me tocaba otra vez viajar a la isla, así que le mandé un whatsapp como siempre diciéndole que en un par de días iría. Ella, como siempre, me escribió un «cuando quieras» junto con un beso y un corazón.

    Llegó el día y aterricé en Mallorca. Cogí el coche de alquiler y me fui a la casa. Llegue para cenar, así que me instalé rápido y nos sentamos los 3 a la mesa. Charlamos un rato y nos fuimos a dormir temprano.

    A la mañana siguiente me levanté y allí estaba ella. Habitualmente no se cortaba a la hora de andar por casa, y no le importaba que yo estuviese allí. Vestía una camiseta de tirantes, unos pantalones cortos y chanclas. Cada vez que se agachaba, ahí estaban mis ojos pendientes de sus pechos.

    -Buenos días cariño, que tal has dormido?

    -Buenos días. Muy bien, muy a gusto como siempre.

    Mientras hablaba, ella me miraba y yo intentaba disimular mi erección mañanera.

    -Tu primo ya se ha ido que hoy tiene reuniones, no vendrá hasta la noche. Tu qué plan tienes? Si quieres después cenamos que hoy vuelvo a las 7

    -Perfecto, yo iré a dar una vuelta y comeré por ahí fuera, así que después vuelvo para casa, que mañana tengo trabajo

    Yo trabajo en una empresa de eventos. Además era fisioterapeuta, por lo que mi tía de vez en cuando me pedía un masaje. A mi me era imposible decirle que, y era una oportunidad para tocarla. Mis erecciones se volvían enormes, y aunque nunca me había dicho nada, ella se tenía que dar cuenta

    -Cariño, me puedes mirar la espalda antes de irme? Ayer estuve corrigiendo y estoy molida. Y a las 11:00 tengo que salir

    -Claro que si tía, me hago el café y voy

    Ella era profesora, así que tenía horarios diversos. Trabajaba en una academia y en la universidad. Cogí el café y me fui a la sala, me senté detrás de ella y comencé a masajear sus hombros y espalda:

    -Ay cariño que manos tienes…

    Seguía callado, intentando concentrarme en mis fantasías. Llegaron las 11:00 y mi tia se marchó. Se puso unos pitillos vaqueros, un top escotado y unos botines negros de tacón de aguja y salió de casa. Así que me dispuse a aprovechar el día. Me vestí con ropa deportiva, y me fui a la zona de Arenal. Era una preciosa mañana de marzo y el sol brillaba, así que me puse a correr por el paseo. Terminé, y me di un baño en el mar, y una ducha. Comí, y como estaba un poco cansado decidí irme a casa y descansar hasta que los demás llegarán.

    Llegué a casa, y estaba solo, así que mi cabeza comenzó a excitarse. Entre a su habitación a ver su ropa, era algo que adoraba. Me desvestí y comencé a rebuscar entre su ropa. Vi un tanga negro, y me lo puse. Mi polla y mis huevos se salían. Cogí unas botas de piel marrones, de amazona, y me las puse. Me quedaban un poco pequeñas, pero ella era alta y no había mucha diferencia. Cogí un trozo de cuerda de tender la ropa y me lo lleve, junto con cinta embalaje. Seguía buscando fetiches, cuando encontré el premio gordo, dos en concreto. Unos tacones de aguja plateados y unas esposas. Fui al cesto de la ropa sucia y rescate un tanga. Lo cogí todo y me fui a la sala. Puse la gopro a grabar en el mueble, era algo que me recalentaba. Me ate los pies con las botas, me puse de rodillas delante de la cama y puse lo tacones encima. Comencé a lamerlos mientras me masturbaba. Después me metí el tanga usado en la boca y apreté bien fuerte con la cinta de embalar. Me espose las manos por delante, y mientras arrastraba la cara por el zapato, mi polla descargaba dentro del otro. Llego el éxtasis… me incorporé para darme la vuelta…y allí estaba mi tía, de pie, mirándome…

    -Así que a esto te dedicas cuando la casa está vacía…

    No me dejo quitarme nada, me agarro del brazo, y a duras penas me sentó en el sofá.

    -No respetas ni la intimidad de tu tía, esto no va a quedar así.

    Había salido antes del trabajo. Me olvidé de poner las llaves en la puerta, así que entró en casa y me encontró en pleno éxtasis. Tan metido estaba que ni la escuché. La muy puta se calló y escondida se puso a grabarme.

    -Tú crees que puedes venir a mi casa y hacer esto. Ya no eres un niño. Mírate con mi tanga y mis botas puestas, das vergüenza- me decía mientras salía de la habitación ya que había ido a cambiarse

    A mi, que me dijese todo eso, me estaba volviendo a poner cachondo. Pero la realidad es que estaba acojonado, tenía mi vídeo, y si se lo enseñaba a mis padres… la vergüenza era terrible. Como iba a volver yo allí? La había liado bien. Entonces ella apareció, desnuda, y se sentó en el sofá.

    -Más te vale hacer lo que yo te diga. Te vas a cansar de darme masajes si no quieres que enseñe el vídeo. Venga! Empieza por mis pies ya que tanto te gustan.

    Comencé a masajearle los pies. Yo estaba como me había encontrado, atado de pies, con las botas puestas, amordazado y esposado por delante, así que mis movimientos eran limitados para poder trabajar sus pies.

    -Yo que te tenía por un follador, y eres una maricona hahaha. Y vestido como tu tía??? Seguro que ya te rompieron el culito.

    Todo esto me excitaba aún más. Cogió los tacones, aun con mi semen, y se los puso. Me quito la mordaza, y me esposo las manos por la espalda.

    -Ahora me vas a lamer los tacones que tanto te gustan. Y todo el semen. Veras que rico, seguro que no es la primera vez.

    Comencé a lamer sus zapatos y el semen que chorreaba. La miraba a la cara, y lo estaba gozado, estaba disfrutando realmente, aunque me hablase como si estuviera enfadada. Se quitó los zapatos y seguí con los pies, y poco a poco fui subiendo hasta que llegue a su coño. Olía a sexo, y ella comenzó a tocarse más fuertemente sin frenarme.

    -Mmmm cariño, nos vamos a entender tu y yo. No sabes lo solita que estaba

    Se corrió en mi boca, y se levantó.

    – Ahora vamos a ir al cuarto, y me vas a masajear entera con aceite

    -Si tía – y en ese momento me abofeteo

    -Para ti, ahora, soy Ama

    -Si, ama

    Me desato y me quito las esposas.

    -De pie y al cuarto. Y no te quites nada

    -Si, ama.

    Me levanté, pero no fui hacía el cuarto, sino hacia el mueble. Mi tía miro extrañada, y entonces me vio coger la gopro

    -Qué es eso?- dijo con la cara desecha

    -Una cámara. No eres tú la única a la que le gusta grabar.

    Se puso blanca, no sabía que decir. El video ya se enviaba directo a mi móvil. Ahora estábamos empatados, pero llevaba yo la delantera, y me tiré un farol:

    -Si quieres puedes mandar el vídeo a mis padres, que en la universidad van a tener una copia de este último

    -No serás capaz… también te perjudica

    -No te preocupes, tu pruébame

    – Que quieres…?

    -Ahora el que manda soy yo

    Me quite el tanga, y las botas. Le puse los tacones y la esposé con las manos en la espalda. La lleve a la cama y le até un pie a cada lado de la cama, bocabajo.

    -Que me vas a hacer??

    -Cállate – le dije mientras le daba un bofetada- Para ti ahora soy amo

    -Si, amo…

    Fui a por el par de calcetines que había usado el día anterior. Estaban sudados de todo el día viajando. Se los metí en la boca y cerré con cinta. Ella protestaba:

    -Mppffffmm

    -Cierra el pico puta. Alguna vez has probado por el culo?

    -mmmmppp

    Su expresión y su cara lo decían todo. O era su primera vez o su última experiencia no había sido buena. Sin más le abrí las nalgas y empecé a escupir y lamer. Ella se retorcía. Yo lamia y mientras le metía un dedito por el culo y otro por el coño. Luego fueron dos, y después tres. Cada vez protestaba más. Cuando ya no aguantaba más, se la metí. Mi polla no era grande, unos 13cm, pero nunca tuve problemas para dar placer a mis parejas. Comencé a follarle el culo, mientras le agarraba los rizos. Cada vez mas fuerte y más rápido. Ella lloraba, tenía el maquillaje corrido. Termine dentro y su culo chorreaba mi semen.

    Le desate los pies, y la levanté para llevarla a la ducha. Le quite la mordaza y me metí con ella esposada. La puse de rodillas:

    -Ahora límpiamela puta

    Estaba sucia, no se había lavado el culo y la tuvo que limpiar así, con restos de semen y de la penetración. Le caían las lágrimas. Cuando acabo abrí el agua y me duche y me enjabone mientras me lamia los huevos. Salí y me seque dejándola dentro. Estaba mojada de mi ducha, así que le orine por encima.

    -No, por favor… esto no… -mientras balbuceaba

    -Calla y abre la poca puta, y como vuelvas a hablar sin permiso te vas a enterar

    Abrió la boca y recibió mi orina tragándose todo lo que pudo. La aclare con agua fría, la enjaboné y otra vez con agua fría. Solté las esposas y la deje allí mientras me fui a cambiar

    Me vestí y salí a la sala otra vez. Ella ya se había secado y vestido, y se había ido a preparar la cena. Entre a la cocina y ella miraba al suelo, le agarré la cara y la bese. Nos fundimos en un beso que duro un minuto. Se abrazaba a mí, y yo a ella. Le di la vuelta, contra la encimera, y le dije al oído:

    -Pues si «cariño», sí que nos íbamos a llevar bien…

    Continuará…

  • Consulta con el urólogo

    Consulta con el urólogo

    Tengo 19 años, me llamo Ernesto y he sufrido un problema de nervios, quizá debido a los exámenes que se me han manifestado con una insuficiencia urinaria, que me produce mayor stress y preocupación. Me estaba orinando gota a gota y sin darme cuenta a cualquier hora en cualquier sitio y me fui a la farmacia para comprarme pañales. Me resultaba muy molesto eso de los pañales, pasé cuatro días así y permanecía siempre húmedo y sin poder ir con los amigos a ninguna parte, porque en cualquier momento hablan de pelársela o de follar y me daba vergüenza ir con mi pañal, que, además, siempre estaba húmedo. Ni me atrevía a decirlo a mi madre, pues no sabía qué podría pensar, ya que cuando me pillaba los calzoncillos sucios de semen me decía: «Vas a agarrar una enfermedad».

    Ya desesperado no tuve más remedio que meterme en la consulta de un urólogo particular que descubrí caminando por la calle. Accedí y pedí consulta. La secretaria me dijo que ya estaban para acabar, que consultaría con el doctor. Entró, tardó poco tiempo y me aceptó, pero sin saber exactamente a qué otra porque estaba con un paciente. Preferí esperar a marcharme, ya había entrado y eso era bastante.

    De pronto, estando yo metido en mis preocupaciones, asomó el doctor y una señora que salía de la consulta. Le dijo el doctor a la secretaria:

    — Que pase el siguiente y ya se puede marchar, Isabel.

    Me sorprendió, de modo que la prisa la tenía la secretaria y no el médico. Pero me quedé como muy aliviado de saber que me iba a atender un urólogo y quizá podría quedar tranquilo.

    Al que pasé, el médico me miró de arriba abajo, se fijó en la parte de mi pantalón e hizo una mueca de sonrisa.

    — ¿Es la primera vez que vienes?, preguntó.

    Entonces comenzó a escribir como haciendo la ficha, pero solo me preguntó nombre, apellidos, DNI, teléfono, algo que debía de haber hecho la secretaria. Escribía en un tablero del ordenador de sobremesa. No me preguntó dolencias, enfermedades, operaciones y me extrañó muchísimo, porque después de eso me dijo:

    — Desnúdate, quítate el pañal y métete en la camilla tumbado.

    — ¿Cómo sabe doctor que llevo pañal, si no le he dicho lo que me pasa?

    — Porque eres guapo, delgado, y tienes todo lo que envuelve el entorno de tu culo muy grueso y necesariamente es el pañal.

    Se puso guantes azules, se acercó me miró a la cara y me dijo:

    — Buena polla, chaval, lástima que tengas esa estúpida incontinencia.

    — ¿Qué puedo hacer, doctor?

    — Dos cosas, igual que te vino por un shock que desaparezca por otro; a ver, explícate, ¿cómo van tus deseos y apetitos sexuales…?

    — No sé, doctor, supongo que normales, como cualquiera de mi edad.

    —¿Cómo lo lleva cualquiera de tu edad, follando o absteniéndote?

    — No sé si acabo de entender, pero me hago alguna paja de vez en cuando.

    — ¿Con qué frecuencia, una o dos a la semana, una al día o más de una al día?

    — A veces más de una al día.

    — ¿A veces o es habitual?

    — Es habitual, doctor.

    — Ya…, a ver, entiende bien, ¿has follado alguna vez con alguien?

    — Hace tiempo que no, doctor.

    — ¿Como cuánto tiempo hace?

    — Desde que salí del Colegio…, ah, no, el verano pasado…, sí, el verano pasado.

    — Ya, ¿con una chica?

    — No, hmm, hmm, doctor —bajé el nivel de mi voz—, con un primo mío, pero no fue nada del otro mundo, no crea.

    — No, yo no creo, pero te gustan los chicos…

    — Verá, doctor, es lo que hay, ¿no?

    — ¿Te gustaría que fuese alguien mayor, ¿es eso lo que quieres decir…?

    — Sí, doctor, pero no vaya a pensar usted que yo…

    — No pienso nada, solo te digo que desde que estamos hablando no te ha salido ni una sola gota de orina.

    — No, doctor, yo tampoco he notado necesidad.

    — Vamos a la segunda parte, cierra los ojos y piensa en cualquier cosa, como si soñaras.

    El doctor me descapulló mi polla que yo ya notaba que se me iba levantando de estar expuesto totalmente desnudo ante el doctor. Sentí placer cuando con dos dedos subía y bajaba el pellejo y cómo se iba animando a tener mayor velocidad. El colmo de mi placer fue cuando me rodeó la polla con toda su mano y sentía el calor y comenzó a masturbarme; entonces sentí que mi orgasmo se aproximaba y aguanté todo lo que pude, pero como todo tiene un fin, eyaculé y me pareció abundante, aunque no lo vi, porque el doctor con unas toallitas de papel limpió y echó en un tacho con pedal, no lo veía pero escuchaba todos los sonidos y ruidos. No podía decir palabras porque el doctor me había producido tal placer que estaba muy distendido y sereno. Tiempo que no me encontraba así. Todavía un rato largo sentía en la punta de mi pene un pequeño e intenso regusto y en todo el entorno una situación placentera inconmensurable. Debía de estar con una cara llena de placer y sonrisa porque el doctor me preguntó:

    — ¿De qué te ríes tan a gusto?

    — Porque nadie me había dado nunca tanto alivio a mis males.

    — Creo que esto se te va a curar en un par de días o tres, hoy es martes…, uno, dos, tres —contaba con sus dedos enguatados— el viernes has de venir.

    — ¿Ya está, doctor?

    — No; pero no falta mucho, ¿tienes prisa?

    — Ninguna doctor, estoy muy a gusto y esperanzado.

    Se cambió los guantes y se puso otros, no sé por qué pero estos eran blancos. Me imaginé que los otros estaban pringados de mi leche y por eso se los cambió. Entonces me dijo:

    — Si te duele algo, dilo de inmediato, no te calles…

    — Ok, doctor.

    — Cierra tus ojos o mira al techo y piensa lo que quieras, pero siente todo para decirme si algo te duele.

    — Ok.

    Me levantó las piernas poniendo mis talones junto a las nalgas y me indicó que dejara mis extremidades liberadas de tensión. No sé que me hizo, pero sentí como un dedo que se paseaba por mi ojete con algo muy frío, que me parecía resbaladizo y pensé que sería una pomada. Así estuvo un rato largo y metió el dedo al interior de mi culo y seguía moviéndolo al tiempo que hacía presión con otro, pero no me hacía daño y sin darme cuenta noté los dos dedos dentro y que presionaba con otro que apretó fuerte y me quejé, se disculpó y seguía moviendo en circular y metió el tercero. De repente los sacó y sentí alivio, pero fue metiendo otra cosa, como si fuera una sonda o manguera, y me puso más crema de esa fresca del comienzo y yo me sentía bien y mi polla se iba poniendo dura.

    — Un momento, quédate tranquilo.

    — Sí, doctor, eso ha estado bueno.

    No me contestó, oía algunos ruidos muy suaves y el moverse de una silla y de pronto me tocó el hombre, volví la cabeza y lo miré, estaba sonriente. Me dijo:

    — ¿Te he hecho mucho daño?

    — No, nada, doctor, más bien ha sido placentero.

    — ¿Puedo darte más placer o estás cansado?

    — No doctor, estoy muy bien, puede continuar.

    Se subió a una especie de taburete y se abrió la bata, me mostró su polla, ¡qué polla! Yo había visto las pollas de caballo y me parecían grandes, pero esta, aunque no se parecía a la de los caballos, era magistral. Me dijo:

    — Quiero llegar a tu próstata y ver cómo reacciona…, si no te parece mal.

    Entonces me animé de valor y le dije:

    — Doctor, no me meta usted ese pollón en mi culo en seco, deje al menos que se lo remoje con mi boquita.

    — No hay problema, ya sabía que eras una verdadera puta y una mamona; estaba seguro que me la querrías comer… Anda, dale lengua al glande…

    Estuve un rato lamiendo y poniéndomela en la boca, luego ya el mismo doctor me fue follando la boca, metiendo su tranca hasta el fondo y sacándola para que respirase hasta que dijo:

    — Gime, gime, ya has remojado bastante, hemos de seguir con la rutina.

    Se fue a mis pies, se subió en otro taburete, me agarró de los tobillos, se los metió en los hombros y sacó el tapón que me había puesto, se volvió a embadurnar la polla y mi culo con esa pomada y metió su pollón adentro, diciendo:

    — Lo que no hace daño no cura.

    Tiró empujando hacia adentro, y añadió:

    — No te resistas y quédate tranquilo.

    Me serené y noté un fuerte dolor cuando la clavó hasta adentro. Se quedó quieto, se fue calmando el dolor muy rápidamente y comenzó a mover su polla de forma circular, me acariciaba las nalgas y de vez en cuando me daba un suave cachete a los glúteos. Por fin vino lo que yo me imaginaba, un mete saca suave pero in crescendo. El doctor se paró, yo lo miraba y se quitó la bata y la camisa que llevaba debajo, se quedó con el pecho descubierto muy lleno de pelos. Se agarró a mi polla por encima de mis manos para invitarme a masturbarme y después metió sus manos en mi cadera mientras daba un más que violento mete y saca que también me hizo sudar solo de verlo como le corría el sudor por todo su torso desde la cabeza, de modo que algunas gotas caían encima de mí. Durante unos 25 ó 30 minutos estuvo follándome el culo y me entró el orgasmo, sacando todos mis jugos por mi polla que cayeron encima de mi pecho y abdomen.

    Ya no tardó en venirse el doctor en mi interior, ya notaba que su grosor había llegado a tope y sentía palpitar sus venas, entonces noté que chorreaba dentro de mí y fue menguando sus movimientos hasta caerse encima de mi pecho. Lamió mi leche y me besó, entregándome parte de mi semen.

    Nos pusimos de pie fuera de la camilla y le vi desnudo todo entero y le dije:

    — Doctor, eres muy bueno follando.

    — Espera que me vista; toma estas toallitas húmedas para limpiarte antes de vestirte y toma este pañal, pero cuando llegues a tu casa, te lo quitas, te pones un calzoncillo o dos, mejor sería uno para recobrar la seguridad en ti mismo.

    — ¿Qué tengo, doctor?

    — Se trata de puro stress, pero te doy una receta para que pases por una farmacia y tomas dos pastillas antes de la primera comida que hagas y dos más antes de la cena. Mañana tomas hasta seis, dos, dos y dos, desayuno comida y cena; si se resiste sigues tomando al día siguiente, el viernes te quiero aquí.

    — Vendré, doctor, ¿que te debo?

    — Prepara bien tu polla para el viernes que apenas verla hoy me ha gustado.

    — ¿A qué hora vengo?

    Como hoy, solo que en la tarde no hay consulta y nos iremos a comer algo por ahí, cuando nos cansemos.

    Me atreví a besarlo antes de salir y me devolvió el beso y un abrazo diciendo:

    — Me llamo Jaime.

    — Me llamo Ernesto.

    — Hasta el viernes, Ernesto.

    — Hasta el viernes, Jaime.

  • Yiyo

    Yiyo

    Conocí a Yiyo por cuestiones laborales y enseguida me di cuenta que tenía amaneramientos y actitudes de gay. No había que ser muy despierto para notarlo. Nos fuimos haciendo bastante amigos pero nunca en esos primeros tiempos se me insinuó o tuvo alguna actitud oferente. Era realmente un chico de rasgos finos, con cuerpo de buenas formas y proporcionado. Como decía, nos fuimos haciendo bastante compinches en cuanto al trabajo y solíamos ayudarnos. Hasta que un día surgió un problemita y era necesario arreglarlo fuera del ámbito estrictamente laboral. Así que lo charlamos y convenimos encontrarnos en su departamento.

    Un sábado a la tarde me aparecí por allí y enseguida nos pusimos a trabajar, mientras nos tomábamos alguna cerveza de su refrigerador. –Te las debo, le dije… -No te preocupes, no soy de tomar mucho y me alegra compartir. Trabajamos duro y ya entrada la noche terminamos. Yiyo me preguntó si tenía algún compromiso o urgencia por irme. Caso contrario podría cocinar algo o podíamos pedir comida a un delivery. Por supuesto le dije que mejor esto último, antes que se molestara en cocinar. Por lo tanto hicimos el pedido y nos tomamos alguna otra cerveza mientras esperábamos charlando. Luego comimos y seguimos conversando animadamente. Cerveza va, cerveza viene, los temas fueron surgiendo para pasar a ser motivo de conversación. Ambos estábamos “achispados” por las bebidas. Me preguntó cosas de mi vida, si tenía novia, casado o qué. Le dije que había tenido novia pero en ese momento estaba solo.

    -Yo tampoco tengo novia… ni novio dijo y se rio. Yo le seguí la broma y reímos juntos. Seguimos bromeando hasta que se puso un poco serio y me dijo que tal vez me había dado cuenta de su condición de gay. Que estaba solo y que nunca se había atrevido a tener una relación o experiencia en sus 19 años. Yo le dije que gracias por la confianza pero que eso no cambiaba en nada lo de nuestra amistad, que respetaba su condición y que cada quien es lo que le toca ser.

    -Gracias, eres muy buen tipo, me dijo. He tenido ya que soportar algunos insultos. Y como tú dices, soy lo que soy y como soy… lo que me tocó en suerte y no reniego…

    La charla se siguió haciendo más íntima y ni sé desde cuando fue que estuvo sentado al lado mío. Me dijo que era totalmente pasivo, virgen y que nunca se había animado a consumar nada. Que le aterraba la idea de ofenderme pero que conmigo no le importaría confirmar su condición de gay. No sé si fue la cerveza o qué, pero de pronto tuve su cara entre mis manos y lo bese. ¿Era yo? ¿Me hacía esto menos hombre? Y yo mismo me contesté que no, para permitirme algo que ya me había empezado a dar morbo. Le dije que no me ofendía, que nunca había ni habría planeado nada para con él, pero que estaba dispuesto a complacer sus deseos ya no tan ocultos.

    Me pidió que lo esperara unos minutos y salió hacia su habitación. Cuando regresó casi no lo creo. Venía envuelto en una tela muy fina, que transparentaba una tanga negra. Peluca y labios pintados.

    –No sé si está bien o mal, pero hace tiempo lo sueño así… imaginé así el momento y ojalá no te parezca ridículo!

    Le dije que no, que estaba precioso y que hiciera como quisiera ya que era su noche. Me agradeció, se paró delante de mí dándome la espalda y levantó la fina tela, hasta dejar al descubierto su tesoro. La tanga le marcada un culo harto tentador y hasta muy femenino. Terso, con apenas una ligera vellosidad. Esto terminó de aplacar mis dudas y ya mi verga mostró signos de calentura. Se sentó a mi lado para besarme ya sin reparos, en tanto su mano se posaba delicadamente sobre mi bulto para explorarlo. Aparté la tela para chupar sus diminutas tetillas, arrancándole un suspiro. –Ven, vamos a mi habitación… estaremos más cómodos, dijo y lo seguí.

    Nos tiramos en la cama. Me acarició y pidió permiso para quitarme la ropa, a lo que por supuesto accedí. Una por una mis prendas fueron quedando en el suelo. Hasta llegar a quedar solo con el bóxer. Acarició mi verga enhiesta por encima de la tela, para enseguida quitarlo. Se quedó mirando con la boca entreabierta. –Es hermosa, dijo… me encanta ese tamaño! Puedo? –Claro, respondí. Me la tomó entre sus manos con una delicadeza femenina. Acercó sus labios pintados y me la empezó a chupar de una forma que, juro, pocas veces me lo habían hecho.

    -Disculpa si cometo alguna torpeza… soy nuevo en esto… sin experiencia!

    -Lo haces a la perfección, dije… Chúpamela por favor! Y eso hizo… Vaya si lo hizo tanto y tan bien que al rato debí detenerlo. –No me hagas acabar todavía… tengo otros planes para mi leche!

    Sonrió y me dijo que era un loquillo picarón… Hice que se estirara en la cama, boca abajo, para masajearle y acariciarle la cola. Le quité luego la tanga. Separé sus nalgas y sin reparos busqué el ano para lamerlo. Lo fui preparando a conciencia, correspondido por sus gemidos y suspiros. Lentamente me masturbaba para mantenerme erecto. Tomé líquidos de mi verga y se los dejé caer en el ojete ya muy mojado. Con mi dedo medio lo fui masajeando e insinuando una leve penetración, en tanto el meneaba sus caderas bamboleando sensualmente las nalgas. Muy despacito le introduje la primera falange del dedo para masturbarle y lubricarle el apretado ano. Apoyando las rodillas, tiró bien las nalgas hacia atrás, descansando el vientre sobre los muslos. Así su orifico quedó más expuesto, palpitante, tentador… Cada vez más ganas me venían de penetrarlo de una vez. En tanto lo lamía, lo masturbaba para ponerlo totalmente loquito y en clima.

    -Crees que es hora?, le pregunte…

    -Mmmm, si… por favor

    Le levanté un poco la cola para acariciarle el culito con la punta viscosa de mi verga. Se estiró un poquito para tomar algo del cajón de la mesa de luz. Me alcanzó un pote de vaselina. –Toma… termina de prepararme. Cargué mi dedo en lubricante y se lo desparramé en el ano empujando hacia adentro. Estaba totalmente ofrecido y lubricado.

    -Ahí voy… si te molesta me dices…

    Me preparé a sus espaldas. Con una mano aferré su cadera, con la otra agarré fuerte mi pica para apoyarla en la boca cerrada de su esfínter. Empujé despacio. Estaba tan lubricado que no me costó ganar terreno. Ya casi loco de lujuria vi perderse la cabeza de la poronga en sus adentros. Un pequeño gemido me hizo detener.

    -Te duele?

    -Solo un poquito pero lo soporto… sé que no me harás daño!

    -Claro que no… quiero darte placer, no dolor. Cogerte bien rico…

    Empujé otro poco y le clavé media verga. Retrocedí y avancé… retrocedí y avancé. El juego lo puso más que frenético. Me acompañaba. Retrocediendo cuando yo avanzaba y quitándose cuando yo retrocedía. Cuando supe que estaba listo lo tomé de ambas caderas y le mandé la verga hasta el fondo de su ser. Lanzó un gemido pero no de dolor.

    –Ahora si eres totalmente mi macho… no dejes de cogerme… cógeme fuerte… coge mi culo. Y cómo no cogerlo? Enardecido fui y vine varias veces. Hasta el fondo para casi quitar la verga y llevarla nuevamente a lo profundo de su cuerpo. Se la saqué y me miro extrañado.

    –Te cansaste?

    -No… probaremos de otra forma… Lo hice acostar boca arriba y levantar las piernas abiertas. Su orto así se me ofreció, totalmente abierto. No tuvo problemas en volver a recibirme dentro ni yo remilgos en penetrarlo de un solo golpe. Volví a cogerlo con fuerza. Gemía y se movía a cada estocada. Su pequeña verga estaba a punto de estallar y no atinaba a tocarla. Traje su mano, hice que se la agarrara y le pedí que se masturbara. Con mis furiosos juegos anales y el meneo, no tardó en eyacular estruendosamente. Lanzó un grito agónico en tanto su leche le saltó al pecho. Se la frotó y desparramó por las tetillas. Sin dejar de cogerlo, me acerque y besé sus labios aún pintados. Nuestras lenguas serpenteaban de una boca a la otra. Mis huevos pedían a gritos ser vaciados.

    -Ahora si te daré mi leche…

    -Siiii, por favor, llena mi sediento culo… llénalo de tu lechita.

    Aumenté todavía más el ritmo y sentí venir mis líquidos. Acabé de una forma extraordinaria, alocadamente placentera.

    -Aaaah, dijo… la sentí bien adentro. Tu leche me quema el ojete… que divino.

    Me dejé caer a su lado y Yiyo me beso con suma pasión. Fue hasta mi verga que aún manaba esperma para dedicarse a lamerla, a limpiarla.. A los pocos minutos, casi enseguida y merced al buen trato bucal, mi miembro comenzó otra vez a erectar… Debo ser sincero y reconocer que, cogiendo con una mujer, me costaba recomponerme. Pero Yiyo lo logró y merecía su premio. Volvió a colocarse en cuatro. Con sus dedos untó la leche que aún le brotaba del ano para lubricarse, como supiera que eso me pondría más loco. Apunté, presioné, entré y cogí. Sus gemidos me informaban del gusto, del placer que sentía. Juegos. Una estocada a fondo, una estocada a la mitad. Siempre sin perder la boca de su túnel y mi barra de carne jugando. Me auto excitaba.

    -No acabes todavía! Cógeme mucho… cógeme bien… Mmm! Tengo otra vez la verga a mil… Quiero paja y mucha verga en el culo… quiero un doble orgasmo!

    -Vamos por eso, le dije…

    Lo seguí cogiendo cada vez a mayor ritmo. Tan veloz como el ritmo de su mano masturbando. Al cabo de unos minutos, otro largo gemido me anunció que estaba acabando. Acabando por su pene y con unas contracciones anales que casi me arrancaron la lefa de los huevos. Un momento que ni soñado hubiese sido tan intenso.

    Lo solté. Se cayó en la cama y dándose la vuelta me dijo que le encantaría le chupara la verga.

    -Perdona, le dije… no estoy preparado todavía para eso… Lo siento.

    -Ya… te entiendo. Igualmente me has dado ya mucho más placer del que esperaba. Esto no se olvida.

    Descansamos un rato. Luego nos fuimos a duchar y allí me quedó resto para cogérmelo otra vez y de parado.

    Después seguimos siendo amigos y del asunto no se habló más. Bueno, casi. Un mes después me llamó y me dijo que estaba loco de ganas. Volví a su departamento. Cogimos intensamente y acordamos que sexualmente hablando, la relación terminaba allí…

  • Mi lista de amantes

    Mi lista de amantes

    Este es mi segunda confesión en esta página. Elisa me pidió anoche que le fuera enumerando, uno a uno, a todas las personas con que he tenido sexo. Para definir sexo quedamos en que me hayan mamado las tetas, haya o me hayan masturbado, se la haya mamado a alguien o me la hayan mamado a mi, o bien, que me lo haya follado como Dios manda habiendo sido penetrada.

    Estos fueron los resultados:

    1) El tío que hizo que se la mamara y con quien vi la primera verga enhiesta de mi vida.

    2) Mi primer novio, con quien empecé a tener sexo casi todos los días a escondidas de mis padres.

    3) Mi hermano. Se la acabé mamando un día que se le ocurrió mostrarnos su verga a una amiga y a mí. Cuando mi amiga se fue, fui a la alcoba de mi hermano, y se la chupe hasta hacerlo acabar. Por mucho tiempo fue la verga más grande que vi.

    4) El novio de mi mejor amiga. En una fiesta terminó penetrándome salvajemente contra la pared del baño mientras mi amiga dormía de borracha a unos metros de distancia.

    5) Mi vecino. El chico que me enseñó todo lo que sé de sexo y con quien el sexo se me hizo vicio.

    6) El chico de una fiesta con quien desperté desnuda a la mañana siguiente. Nunca supe su nombre.

    7) El amigo de mi vecino. También una mañana desperté desnuda junto a él. Como siempre me gustó, lo desperté y me lo estuve follando hasta el anochecer. Con él estuve teniendo sexo casual durante varios meses.

    8) El desconocido Disc J de un antro a quien sin siquiera preguntarle y sin conocerlo, me escabullí entre la oscuridad, le saqué el rabo, y se la chupe hasta hacerlo terminar y tragarme todo. Esa noche me cayó el veinte de que soy una vil puta. El tipo me encantó y, si no hubiera sido por su novia que andaba por allí, me lo hubiera acabado follando allí mismo. Cuando me presentaron a su novia, quedé enamorada de sus tetas, esa noche me enteré que ciertas chicas me ponen cachonda.

    9) Mi maestro de historia. Me gustaba, le gustaba, y un día le ofrecí chupársela. No sólo se la chupe, al final me llevó a un hotel y me follo como un demonio hasta el anochecer. El primer madurito que me comí. Tuvimos una especie de romance por unos meses. Lo esperaba desnuda en su departamento a que llegara después del trabajo, y follábamos como conejos.

    10) El sucio conserje de la escuela con la verga más grande que jamás haya visto en vivo que me metió mano como quiso mientras yo lo masturbaba y se la mamaba ferozmente. No lo pude evitar, un sábado quedé de verlo en su lugar, vivía dentro de la escuela en un catre sucio, y allí me follo varias veces. Me encantaba su vocabulario soez mientras me follaba como salvaje y su mirada de viejo pervertido. Con él descubrí que me gusta el sexo rudo y que me hablen soez. Ese hombre sí que sabe tratar a una dama. He estado pensando últimamente en volver a pagarle una visita a ese viejo sucio.

    11) La hija de la vecina de al lado. Una noche después de una fiesta me acomedí a llevarla a casa ya borrachas las dos. Al final acabamos comiéndonos a besos en mi coche cubiertas por la oscuridad de la noche mientras me entregaba al vicio de chuparle sus gloriosas tetas. Después de esa noche rica, repetimos tres veces más, para entonces en su casa cuando sus papás no estaban. Fue la primera concha que probé.

    12) Vicente, mi ex-novio actual. Duramos 6 meses de novios en donde casi le fui perfectamente fiel a alguien por primera vez en mi vida.

    13) Elisa, para quienes ya leyeron mi relato anterior, ya saben quién es. Después de ser mejores amigas por tres años, una noche acabamos dándonos mientras nos contábamos nuestras intimidades la una a la otra. Me encantan sus tetas, su culo y su cara, es una belleza y una fiera en la cama. Es también la chica más puta que conozco, y con ese cuerpo de demonia y esa cara de ángel, obtiene propuestas sexuales al mayor él.

    14) Israel, con quien le fui infiel a mí ex. Es el primo de mi vecina. Con ellos dos hice mi primer trío MHM y repetimos cuatro veces. Al final lo dejé, Israel era bastante bobo en la cama y al final preferí follarme sólo a mí vecina.

    15) Rogelio, el mejor amigo de mi ex y con quienes hice mi primer trío HMH. Un goce total que me ha puesto a pensar si no será la relación perfecta para toda chica. Ser tomada por dos es maravilloso. Lo pensaré y quizás se lo plantee a los chicos un día de estos. Obvio, yo sí exigiré la fidelidad de ambos a mí, y ellos tendrán que compartirme entre los dos, lo cual ya hicieron la vez pasada y no pareció molestarles.

    Pues esa fue mi lista, la de Elisa se fue a no está segura si 21-22-23, perdió la cuenta la muy zorra. Besos.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (03)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (03)

    Esa noche, a la hora de la cena, sentía la tirantez que atenazaba el ambiente, algo distinto y diferente a lo de otros días flotaba en el aire, y analizaba las miradas que Ana María lanzaba en algunos momentos a Pablo.

    La cena, al estar Ana presente, nos la servía Tomás en el comedor principal, Alicia se limitaba a traer los fuentes de la cocinas y entregárselas al mayordomo, tampoco teníamos a Dulce, Ana no lo permitía, y además a Eduardo le observaba serio.

    Al acabar el postre Pablo se limpió los labios y diciendo buenas noches se despidió hasta el día siguiente. Estuve un tiempo con Eduardo viendo la televisión, él estaba ocupado con las noticias que solo hablan de política y yo me aburría sobremanera. Estaba sentado a su lado y me coloqué arrodillado en el sillón, le cogí la cara y le di un beso en la mejilla. Eduardo me sujetó por la cintura, y él, en lugar de uno fueron dos los besos que me entregó.

    -Me voy a la cama.

    -Vale lindo, que descanses.

    Me limpié los dientes y no tenía sueño, a las mañanas no tenía que levantarme temprano y dormía hasta tarde, pero si estaba algo cansado por el ejercicio de la natación. Me coloqué el pijama y decidí ir al a habitación de Pablo, para darle las buenas noches y un beso, se me hacía imprescindible hacerlo y ver si la expresión preocupada de su cara había cambiado.

    Toqué en la puerta antes de entrar sin esperar la respuesta. Estaba sentado en su escritorio, ante un buen montón de papeles y un libro abierto, también tenía encendido el ordenador. Levantó la cabeza y dejó que viera un esbozo de sonrisa.

    -Sí Ángel, ¿qué deseas? -me acerqué y me apoyé en sus hombros mirando los papeles llenos de formulas ininteligibles para mi.

    -Solo venía a darte las buenas noches. -comenzó a mover los papeles algo nervioso y me incliné para posar los labios en su pelo.

    -¿Qué haces? -por detrás le cogí su cara en mis manos.

    -Tengo que terminar unos ejercicios que presentaré mañana. -su tono no era precisamente amable.

    -Perdona, te he interrumpido, soy tan imprudente, ya te dejo estudiar. -comencé a caminar hacía la puerta con el corazón encogido, había venido a molestarle cuando necesitaba concentración y estar solo.

    -¡Eh, eh! Espera Ángel. -se levantó rápidamente y llegó donde yo estaba en dos zancadas. Me sujetó por los hombros y me miró a los ojos.

    -He sido brusco y además grosero, discúlpame, debía darte las gracias por tu detalle y mira lo que he hecho. Ven, vamos a hablar un momento. -con su brazo sobre mi hombro me llevó hasta a cama y me sentó a su lado.

    -Venga anímate y cuéntame como has pasado el día. – sonreí agradecido y le abracé.

    -A la mañana ha estado el masajista de Eduardo y también me lo ha hecho a mi. La tarde la he pasado en la piscina. He jugado con Dulce, y le fui desgranando toda mi actividad que no era mucha, pero quería alargar el momento que sabía le robaba a él.

    -¿Qué estás estudiando Pablo? Después de volver de la universidad no has salido de tu habitación hasta la cena.

    -¡Baff! Tenemos un pequeño examen sobre el efecto de las aguas residuales y su influencia en los cauces de los ríos. Estudio agronomía, me gusta el campo, yo soy del campo, y algún día no muy tarde, volveré a él, cuando termine mis estudios. -me tenía sujeto pasando el brazo por mis hombros y me encanta sentirme así y escucharle.

    -Te falta mucho para terminarlos.

    -No, un poco más de un año si todo va como espero.

    -Y te irás, entonces dejaremos de vernos.

    -No pienses esas cosas Ángel, un año es mucho tiempo. El padre de Ana Maria y abuelo de Oriol quiere que vuelva en el momento que termine, mi tío que lleva su hacienda hace todo lo que puede pero no es suficiente, necesitan implementar nuevas técnicas.

    -Tengo muchas ideas para mejorar la producción en la hacienda, se los envió al señor y dice que está de acuerdo, que los ve factibles de llevar a cabo. -le veía tan guapo en este momento que soñaba despierto, con la cara arrebolada y la mirada encendida.

    -Y le debo tanto que tengo que resarcirle, él paga todos mis estudios, y Eduardo me mantiene. Ahora tienes que volver a la cama precioso, hablaremos más despacio, recuerda que mañana saldremos con mi moto y conocerás a Erico, es un chico encantador y te gustará.

    Me dio un beso en los labios, muy corto para mi gusto, y me llevó hasta la puerta.

    -Hasta mañana, voy a continuar para terminar pronto.

    Me metí en la cama y pensé sobre lo que Pablo me había dicho, despacito me iba dando cuenta de la ínter relación que había entre todos ellos. Se me había quedado grabado a fuego lo de que “solo le quedaba un poco mas de un año” y después desaparecería y eso me llenaba de tristeza.

    Pasó un tiempo y no conciliaba el sueño, dando vueltas y más vueltas a temas sobre los que no podía influir de manera alguna. ¿Dónde estaría yo dentro de un año?, si sabía el mañana a duras penas, y ahí justamente terminaba mi imprevisible futuro.

    Escuchaba unos pasos caminando por delante de mi habitación, y sentí curiosidad por saber quien podría andar por el pasillo tan tarde. Me levanté y abrí la puerta con cuidado y sin encender la luz.

    La silueta de Pablo se perfilaba en el final del pasillo, parecía más grande de lo que era por la sombra que proyectada en el suelo alguna luz encendida en los salones. Dudaba sobre seguirle y saber a donde iba, sentía que no debía hacerlo pero mi malsana curiosidad me vencía.

    Cuando atravesó el salón y cogió la galería para ir a las habitaciones de Ana María adiviné cual sería su destino, continué espiándole a pesar de mi presentimiento, y efectivamente, el pasillo estaba iluminado y la puerta de su habitación abierta, la cerró tras él y el chasquido que sonó me impulsó a salir corriendo.

    Sentía celos de Ana sin saber el motivo, él mismo me había advertido de lo que pasaba entre ellos, pero comencé a llorar hasta quedarme dormido.

    ———————————

    Escuché el ruido de su moto desde la ventana de la cocina, estaba jugando con Dulce y haciendo tiempo hasta que llegara. Había pasado mucho tiempo del día pensando sobre lo de la noche, y me arrepentía de ceder a mi curiosidad, ni Ana, y menos Pablo merecían que les hubiera espiado.

    Entró en la cocina con prisas cargado de su mochila, la que usa para ir a la universidad.

    -¡Hola precioso! ¿Aún no estas preparado? -me levanté disparado como un muelle y fui a su lado, me costaba levantar la vista y mirarle a los ojos. Él me levantó la barbilla y me besó los labios.

    -No te quedes parado, quiero llevarte a un lugar antes de ir a la casa de Erico, voy a bebe algo que muero de sed y me cambio de ropa en un minuto. -golpeó con la mano mi culo para que me moviera y se acerco al frigorífico para servirse un zumo de naranja. Se bebió el vaso sin respirar y le seguí a nuestras habitaciones para cambiarnos de ropa.

    Escogí un pantalón ajustado azul celeste, camisa de cuello redondo de rayas verticales blancas y verdes, mocasines de tela y suela de goma gis-perla y por si hacía frío al volver, una chaqueta de punto floja sin botones con un cinturón cosido a la cintura, me alboroté un poco el pelo y salí decidido a buscar a Pablo.

    Estaba preparado, con pantalones cortos enseñando sus duras piernas, camiseta ajustada de cuello en pico y zapatos náuticos, metía en ese momento algunas objetos que recogía del armario en su mochila.

    -¡Waauu! Te has puesto guapo. -gritó sin abandonar lo que hacía y me puse rojo, como siempre hacía ante los cumplidos.

    -Ten, llévame la mochila, tu irás detrás y así no te molestará. -realmente no pesaba ni era incómoda para llevar, recogió una chamarra de tela ligera y sin ponérsela me adelantó iniciando la marcha.

    Damian sacaba brillo a uno de los lujosos automóviles que había en el garaje.

    -Ángel, ¿tienes licencia para conducir? -me pareció extraña la pregunta que me hizo Pablo después de saludar a Damian.

    -No, aún no he podido sacarla. -mientras me entregaba un casco y se ponía el suyo se acercó a Damian.

    -Podía pasar un tiempo con él y enseñarle lo básico de un automóvil, ¿le parece bien? -no esperó la respuesta de Damian, más que un comentario había sonado a una orden y se volvió hacia mi seguido.

    -¿Tu que dices, te gustaría aprender? -solo podía asentir con la cabeza.

    -Yo lo hablaré con el señor, usted estudie los tiempos cuando esté libre y sin salir del parque puedo empezar a iniciarle. -montó en la moto y la puso en marcha, el rugido grave de la máquina llenó el local.

    -Ponte la mochila en la espalda y monta. -me miró un momento, imaginé que para comprobar que el casco estaba bien ajustado.

    A la salida del recinto, y antes de traspasar la puerta de hierro, mientras el mecanismo chillaba, por el esfuerzo o por no estar bien engrasada, llevo la mano enguantada hacia atrás y me sujetó el muslo.

    -Abrázate fuerte a mi y lleva pegado el pecho a mi espalda. -la voz le salía diferente a través del casco. -la poderosa máquina arrancó con un rugido manifestando su fuerza.

    La casa de Eduardo estaba situada en una avenida arbolada y con pocas casas, todas ellas rodeadas de altos muros, pasamos algunos grupos de casas más pequeñas y urbanizaciones de vecinos antes de llegar a una carretera de costa, casitas y pequeños núcleos urbanos salpicaban el camino, no podía centrarme en los lugares que veía, todo pasaba muy rápido, y me abrazaba a su cintura temiendo caer en cualquier curva o badén en los pasos de peatones.

    Subimos una pequeña loma y en la lejanía el mar se hizo presente, aparcó en un pequeño parking ocupado por una veintena de automóviles y comenzó a andar llevándome cogido de la mano.

    No sabía a donde se dirigía hasta que tuvimos delante unas escaleras que bajaban a un conjunto de edificaciones. Estaban a distintos niveles, unidas por pasos estrechos aprovechando las cavidades en la ladera para sostenerse.

    Nos sentamos en una de aquellas pequeñas terrazas y enseguida apareció un camarero.

    -¿Qué quieres tomar? … -pedimos las consumiciones y me llevó al borde de la terraza para enseñarme el paisaje.

    Lo que se veía era idílico a pesar de la ligera bruma que salía del mar, algunas velas triángulares de pequeños barcos de pescadores, salpicaban el azul del agua, y aún permanecían algunas personas en los arenales debajo de nosotros, haciendo ejercicios o jugando.

    No hablábamos, y solo miraba admirado el inmenso espacio, libre de muros y puertas que me privaran de libertad, aspiré el aire con un suspiro.

    -¿Qué te parece? -me apretó la cintura con el brazo y colocó la mano en mi cadera.

    -Grandioso. -sujeté su mano con la mía y se la apreté. El camarero había llegado con las bebidas y Pablo sacó dinero para pagarle mientras nos sentábamos.

    Había pedido un batido de chocolate caliente y él una cerveza sin alcohol, comenzaba a refrescar y la ligera brisa marina aumentaba la sensación de frío, agradecí el calor que me llegaba de vaso con el batido y lo encerré entre las manos para llevarlo a la boca.

    -Espera, espera. -Pablo me puso un dedo sobre el labio superior.

    -Te has dejado bigote con el chocolate. -arrancó a reír y se llevó el dedo a la boca para chuparlo.

    -Está muy dulce. -el sentir su risa me animo a confesarme, para dejar de reprocharme lo de anoche.

    -Anoche te seguí cuando fuiste a la habitación de Ana María, lo siento Pablo, se que estuvo mal, escuché tus pisadas y no pude resistir la curiosidad.

    Esperé alguna palabra de su parte, para bien o para mal, solamente me miraba sin pestañear y siguió bebiendo su cerveza.

    -No pasa nada, tómate el batido, nos marchamos, Erico nos espera.

    Pablo no tuvo problemas para poder acceder a la casa de Erico, llevaba la llave de la puerta del jardín y entramos. Esta casa y el jardín no era como la de Eduardo, resultaba más pequeña, pero así y todo impresionante. Un gran arco de entrada en ladrillo rojo, sostenía el porche de acceso. Apretó un timbre situado al lado de la puerta izquierda y esperamos.

    -Ahí vivíamos antes. -señalaba otra puerta idéntica, a la derecha de una doble y más grande situada en el centro.

    -Y en esa más grande sus abuelos cuando venían a pasar los meses de invierno a la ciudad. -en ese momento se abrió la puerta y teníamos delante al que identifiqué como Erico, por las fotos del salvapantallas de Oriol.

    Las fotografías no le hacían realmente justicia, al natural resultaba más atractivo y varonil. Estaba hablando por el móvil y siguió haciéndolo. Pablo me cedió el paso para que entrara y cuando él lo hizo pasó el brazo por el hombro de Erico en un breve saludo, luego dejó los cascos sobre un asiento.

    -Vamos arriba y deja el teléfono, has escogido el momento más oportuno. -comenzó a subir las escaleras que llevaban al piso superior, se le notaba que conocía la casa y a donde tenía que ir, le seguía yo y detrás de mi Erico sin dejar de hablar por el movil.

    Pasó por una puerta abierta y le seguí, era una habitación decorada con carteles de bandas de música pegados, o clavados con chinchetas en las paredes.

    La habitación era grande con dos camas literas, un enorme escritorio y en un rincón un mueble con aparatos electrónicos de música y televisión, con muchos cojines grandes de tela a cuadros, tirados por el suelo o apoyados sobre las paredes haciendo la labor de respaldos, para apoyar la espalda al estar sentado en el suelo.

    Había un cierto desorden muy bien ordenado, y también música con el volumen muy alto, que salía de varios altavoces colocados en las esquinas de la habitación.

    Pablo dejó la mochila sobre la cama inferior, se quitó los zapatos y se sentó sobre uno de los cojines, agarró un mando y la música cesó.

    -Ven, siéntate aquí, a ver si termina de hablar de una vez por todas. -me quité mis zapatos imitándole y fui a sentarme a su lado. Erico daba pasos haciendo gestos con la mano libre y luego se cubría la boca para que no escucháramos lo que decía a la persona con la que hablaba a la vez que nos dirigía la mirada.

    -Ya te dejo, ha llegado Pablo con un invitado y tengo que atenderles. -cortó la comunicación y me iba a poner de pie para saludarle, pero se me adelanto y se arrodillo junto a Pablo.

    -Es una pesada, querría tenerme al teléfono todo el tiempo.

    -Este es Ángel, ¿no le vas a saludar? – hizo una cosa insospechada y que por poco me hace caer de espaldas, tiró de mis pies para arrastrarme a su lado.

    -Soy Erico, se te ve bien guapo Ángel, Pablo no me había mentido. -tiró de mis pies un poco más y me abrazó besándome en las mejillas.

    -¿Te atienden bien mi tía y Pablo? -no me dejaba suelto y Pablo le dio una patada, le devolví los besos.

    -Déjale respirar, parece que te lo vas a comer.

    -Ahora que hablas de comer he preparado unos emparedados para merendar, de los que a ti te gustan de bonito lechuga y huevo cocido, voy a buscarlos. -le levantó con agilidad sin tocar con las manos el suelo, le observé mientras marchaba.

    Era ligeramente más más bajo que Pablo, casi iguales, con el pelo castaño algo pelirrojo y alborotado, con pecas en la cara y en los brazos, los rasgos me recordaban a los de su tía Ana, la nariz fina con algo de puente, labios algo gruesos, jugosos, mentón en punta con algunos pelos de la barba sin afeitar de unos días.

    Solo llevaba puesto un pantalón corto hasta las rodillas y flojo de cintura engomada, una camiseta verde con la figura amarilla del canario “piolín”, muy infantil y descuidado, con los pies descalzos largos y tendones marcados, muy bonitos. Todo él era una tentación, muy diferente a Pablo peo también estaba para comérselo crudo.

    Volvió en unos minutos con una bandeja de bebidas y los emparedados que anunció, lo dejó en el suelo, y se sentó, estaba claro que la merienda sería estilo campestre. Pablo había puesto la televisión a funcionar, proyectaban una serie televisiva, de chicos jóvenes haciéndose travesuras y bromas los unos a los otros, dejó de mirarla para coger comida y llevársela a la boca.

    -Eres el mejor, no hay quien te iguale a preparar estos sándwiches. -Pablo comía con ganas y sin dejar de comer me alargó el plato para que cogiera uno, y realmente estaban buenos como él decía, bebían los dos cerveza directamente de la botella, la de Pablo sin alcohol y como no había otra cosa cogí una igual.

    Terminamos la merienda Pablo se había comido más de la mitad, y recogimos la bandeja, se tendieron para seguir la serie con una botella cada uno recién empezada. Reían algunas veces las escenas que les gustaban, Erico se había subido la camiseta dejando al aire el ombligo y jugaba con los pelitos que tenía alrededor de la hendidura, resultaba muy sensual el movimiento que sus dedos.

    -Pon algo que sea más interesante, ¿tendrás grabado algo? -le pidió Pablo, cambió con el mando para escoger la fuente de un pendrive que tendría conectado. Enseguida me percaté de que iba la cosa. Eran pequeños cortos bajados de internet, pornográficos por supuesto, heteros y de gays. Los dos muchachos comenzaron a interesarse en la materia y acariciaban sus herramientas sobre los pantalones excitándose.

    Yo los miraba sin poder evitar sentirme también excitado, más que por lo que se veía en la pantalla, por aquellos dos jóvenes machos que se acarician con descaro.

    -Quitaros la ropa que esto se está poniendo bueno. -Erico no lo dudó, parecía estar deseándolo y sin más se quito su “piolín” para enseñar el marcado abdomen y el pecho cuadrado y fuerte lleno de pecas, la polla se alzaba palpitando sobre el abdomen, no era un monstruo, unos diecisiete centímetros aún sin endurecer completa, los testículos pegados a la base con el escroto arrugado, se agarró la polla y comenzó un lento vaivén descapullando el glande. Pablo estaba de la misma forma y yo miraba indeciso.

    -¿A qué esperas Ángel? -entonces a toda prisa me quité la camisa, el pantalón me costó más sacármelo, tuve que ponerme de pié para hacerlo.

    -¿Qué te parece? -le preguntó Pablo.

    -Un perfecto bombón. -dejó de mirar la pantalla para fijarse definitivamente en mi.

    -Ven Ángel colócate entre nosotros. -me estaba cubriendo el pene con las manos, me daba vergüenza que vieran como me tenían excitado.

    Me tumbé sobre dos cojines que había acercado y Pablo me retiró las manos.

    -No seas vergonzoso, mira nosotros como estamos, tranquilos, como tu debes estarlo. -Erico se aproximó hasta tocarme con las piernas y empezó a acariciarme una tetita.

    -Eres precioso. -se acercó y me besó la boca, el sabor a cerveza me invadió con su lengua. Pablo me acariciaba los huevos apartándome las piernas y me relaje aceptando las caricias y besos de aquellos dos muchachos más grandes que yo, disfrutando lo que me iban haciendo. Erico que no dejaba mi boca entregándome la lengua exigente para que jugara con ella. Pablo lamiendo mi vientre y tocándome el anito con la punta de los dedos, intentó meter uno y gemí cerrando el culo.

    Entonces se levantó y fue a buscar su mochila, la verga se le movía al compás de sus pasos, sacó un tubo de crema y se echó en la mano. Lo que sospechaba se confirmó, todo estaba preparado para pasar una tarde noche de sexo y yo iba a ser el plato que se comerían los dos machos.

    Dejé de pensar para sentir los placeres que me brindaban. Con aquella crema fue fácil meterme el primer dedo, el segundo llegaría sin darme cuenta, sin sentirlo apenas, Erico lo evitaba chupándome la polla con ganas.

    -¡Ahhhh! -dejé salir un gemido cuando, intencionadamente, me mordió la verga. Sacó la polla de la boca para reír.

    -Es para que no te corras muy pronto. -sabía mamar muy bien y enseguida volvió el placer, moví la mano buscando la verga de Erico, no era fácil y se dio la vuelta para acercarse viendo mi intención. Ahora la tenía dura y palpitando, húmeda la punta por el precum. Le acaricié el glande y empujó para que mi mano la cogiera por el fuste.

    -Vamos a parar, por favor, vais a lograr que me vaya. -los dos rieron y Pablo me pegó una palmada en el culo cerca del ano que me hizo estremecer.

    -De acuerdo chúpanosla tu un rato. -se colocaron tumbados con las piernas abiertas y yo montado en una pierna de cada uno, tenía dos hermosas vergas esperándome, las veía increíblemente bonitas a las dos y empecé lamer la de Erico que aún no la había probado, antes de meterla en la boca y chuparla aspirando. Pablo se la meneaba esperando su turno y mirándome hacer.

    -¡Que boquita! Sí, chupa, chupa más. ¡Qué rico la chupa este putito!

    Erico me agarraba del pelo, empujando mi cabeza queriendo que me la tragara entera.

    -Más, más, métela mas dentro. -su verga sabia deliciosa, muy rica y me encantaba sentirla deslizarse por mi lengua donde le recibía camino a mi garganta.

    Decidí que tenía que cambiar de rabo y me deslicé colocándome arrodillado entre las piernas de Pablo.

    -Ya era hora de que me tocara, ¿te ha gustado la polla de Erico? -respondí con brevedad antes de que su carne me llenara.

    -Está muy rica. -y seguí chupando verga encantado.

    Erico llegó gateando detrás de mi y empezó con la labor que dejó pendiente Pablo, metió dos dedos en mi ano, pero el índice de cada mano y tiraba de la entrada hacia los costados para abrirme.

    Tiró de mis caderas y me elevó el culito separando más mis piernas, metió la cara en entre mis nalgas y su lengua comenzó a trabajarme el ano. Parecía otro maestro como Pablo, los dos sabían comerme el culo increíble y tuve que dejar de mamarle la verga para suspirar.

    -¡Ahhhh! ¡Qué gustito, qué placer! Sigue Erico. Ummmm, sí, me gusta, me gusta Pablo, que rico chupa tu amigo.

    Mis palabras y gemidos estimulaban a Erico y ahora me intentaba morder. Algún momento podía chupar la verga de Pablo pero tenía que dejarla incapaz de gritar ante la comida de culo tan magistral.

    Entonces Pablo se tumbó sobre el suelo, con el pene durísimo y brillante, y tiró de mis brazos para que me subiera sobre él y le montara.

    -Cabalga mi verga, métela en tu culito precioso. -no tuve que cogerla para llevarla a mi ano, Erico la cogió y me la enchufó para que fuera dejándome caer penetrándome con ella. Lo hice lentamente gozando de sentirla tan rígida hasta que los pelos me indicaron que la tenía toda dentro, lo tenía muy dilatado por las maniobras de Pablo y la comida posterior de Erico.

    -¡Ayy! qué culito tienes bonito, apriétalo un poco, cómeme la verga con tu anito, bésame, bésame lindo. -tenía que inclinarme y pegar mi pecho al suyo para hacer lo que pedía y su polla se deslizo fuera de mi culo sin salirse.

    Erico acariciaba la verga de Pablo que tenía fuera y la entrada de mi ano, su mano me aliviaba produciéndome placer y chupé la lengua de Pablo con ganas, pero el súmmum fue cuando sentí como pasaba la lengua por la verga de Pablo y mi ano, lamiendo el lugar donde se producía el encuentro.

    -¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! -parecía que el culo se me abría queriendo tragarme el mundo.

    -Te gusta ¡eh pequeño! Erico sabe lo que se debe hacer. No dejes de besarme y eleva un poco tu culito. Lo hice y entonces Erico intentaba meterme un dedo además de la verga de Pablo que ya tenía dentro.

    -¿Qué hace? -elevé la cabeza para mirar a Pablo.

    -Tu solamente bésame, céntrate en ello, déjale a Erico que lo hará todo bien. – como siempre obedecía lo que Pablo me pedía y le di la lengua para que me la chupara rico, pero no perdía un detalle de lo que Erico me iba haciendo, con mucha paciencia y con cuidado me iba metiendo los dedos hasta que contraía el culo asustado, entonces los sacaba y era su lengua la lamía el lugar de encuentro entre mi culo y la verga de Pablo.

    Hasta que se colocó a mi espalda, me levantó más el culo y sentí la punta de su verga queriendo entrar en mi ano, volví a separar mi boca de la de Pablo y le miré interrogándole.

    -No tengas miedo, no te la va a meter toda, relájate y verás como entra sin dolor. Confiaba en Pablo pero era inevitable sentir temor, nunca había tenido dos pollas dentro de mi culo.

    Pablo conseguía entretenerme de los pinchazos que sentía en la entrada cuando Erico empujaba, haciéndose lugar para meterla junto con la de su amigo. Sentía que me desgarraba y que mi ano no podía estirarse más, pero pudo y sentí como tenía las dos vergas dentro, siguió empujando hasta meter como la mitad, luego me dejó descansar y Pablo no me dejaba pensar con sus labios y la lengua besando y lamiendo mis labios.

    Hacía fuerza con mi culo para que terminara de estirarse y que admitiera las dos vergas, me sentía repleto de carne y milagrosamente no sentía dolor, pensé que aquella crema tenía algún analgésico o alguna sustancia que hacía el mismo efecto relajante. Entonces comenzaron a moverse, uno y el otro con pequeñas entradas y salidas de las vergas y a veces movían las dos, comenzó a gustarme a medida que me iba tranquilizando y sintiendo lo estirado que tenía los anillos de mi ano.

    Pero la follada no era total, las vergas no terminaban de entrar totalmente y no obstante el placer era muy grande, hasta que Erico me sujeto de los hombros y tiro de mi hasta meterme toda la verga, entraba y salía mientras Pablo permanecía quieto, al penetrarme entero tocó algo en mi interior que me hizo gemir y comencé a eyacular sobre el abdomen de Pablo. cerré el ano atrapando las dos polla y Erico tembló sobre mi espalda vaciándose la leche en mi culo.

    Estuvo unos instantes vaciándose la leche y poco a poco fue calmándose.

    -No te salgas aún que ahora voy yo. -Erico sacó un poco su polla para que, entonces, Pablo entrara hasta el fondo y comenzó la tarea de follarme con fuerza. Su verga resbalaba envuelta en la leche que Erico me había dejado y todo era más suave y placentero, hasta que también se corrió volviendo a rellenarme el vientre de su semen.

    El primero que se salió de mi fue Erico y se tendió a nuestro lado mirando al techo y respirando con fuerza, Pablo me abrazó pegándome totalmente a su pecho.

    -¿Te ha dolido algo precioso?

    -No, ha estad bien, ha sido maravilloso, vosotros sois estupendos, pero prefiero que me lo hagáis uno a uno, estaba aplastado entre vuestros cuerpos sin poderme mover. Entonces Erico se echó a reír.

    -¿De que te ríes, payaso? -Pablo le hablaba a su amigo como si estuviera enfadado.

    -Pensaba que como le hemos preñado a la vez, como podremos saber de quien será el hijo que le hemos hecho. -reímos los dos con él y la verga de Pablo terminó por salirse de mi culo.

    Nos duchamos, subieron más emparedados y bebidas, y luego volvieron a follarme como yo prefería, primero uno y luego el otro, o se turnaban dándome verga a ratos. Me hicieron pasar unos bonitos momentos entre risas y bromas hasta que veíamos a Erico en exceso alegre, su cerveza no era sin alcohol.

    Me faltó que me hubieran dado la leche en la boca y probar las dos mezcladas, pero ese sería en otra ocasión. La tarde me la había pasado de fábula, seguro que ellos también la disfrutaron.

    Pablo anunció que teníamos que marchar y Erico me despidió con un beso de lengua que me emocionó, quería que nos quedáramos con él la noche entera.

    Seguirá…