Autor: admin

  • Intimando con mi compañera de trabajo

    Intimando con mi compañera de trabajo

    Todo comenzó cuando yo comencé a trabajar en uno de esos planes de empleo que organiza el ayuntamiento de mi ciudad cada año.

    Allí conocí a una señorita muy amable y cariñosa, amable y muy sexy, ella y yo comenzamos a tener una conversación como cualquier otra relacionada con el tema del trabajo y que tipo de compañeros nos podrían tocar en la tarea que fuéramos a desempeñar cada día en el tiempo que durase el plan de trabajo.

    Esta compañera y yo nos hicimos tan amigos que llevamos a otro nivel el tema de la amistad entre ella y yo, habíamos conectado tan bien que nos dejó de importar el compañerismo que nos hubiera tocado y empezamos hablar de cómo éramos cada uno de nosotros en el tema de salir los fines de semana o quedarnos en casa, ella vivía con su marido y yo en mi casa con mi madre, pero eso ya es otro tema.

    Nuestra conversación se hacía cada vez más interesante y yo hacía que mi compañera y amiga se sintiera cómoda conmigo, hasta tal limite que ella me dijo que se sentía muy a gusto conmigo y que podríamos hablar de todo lo que sea, cualquier tema, confesiones y mucho humor entre nosotros, la decía cosas que a ella la hacía reír muchísimo.

    Una mañana la di los buenos días como cualquier otro día, quise llevar mi amistad con ella a otro limite más sentimental y amoroso, sin que pareciera que la estaba tirando los trastos, la confesé que me gustaría tener otro tipo de amistad más carnal; sexológicamente hablando, la dije que quería montármelo con ella antes que con cualquier otra persona, ella me dijo que estaba casada pero eso yo lo había intuido desde el principio de nuestra amistad.

    La dije que esta conversación que tuviera con ella iría subiendo de nivel cada vez más y más, ella era la mujer con la que yo quería pasar una tarde de sexo, lujuria y mucha pasión, la invite a tomar algo mientras que hablábamos de lo que podría ser una tarde dulce y muy sensual, además de acalorada en el tema sexual.

    Yo me preguntaba como seria mantener una relación sexual con mi amiga, después de tomarnos el desayuno la dije que me acompañara a un lugar donde solamente estaríamos ella y yo, llegados al lugar; la dije que cerrara los ojos y se dejase llevar por mí, junte mis labios con los suyos al mismo tiempo que mis manos agarraban las suyas, como si de una pareja se tratase, pero no.

    Seguía besándola y mis manos las puse sujetando su preciosa cara para que así fuera más sensual y cálidos nuestros labios no se despegaban los suyos de los míos, ella con sus manos agarro mi pantalón y desabrocho el botón para bajar mis pantalones hasta el suelo y seguido mi bóxer dejando al aire libre mi miembro sexual y erecto, se agacho y comenzó a masturbarme de tal manera que yo me sintiera cómodo y con muchas ganas de querer intimar con ella.

    Yo con mi pene en erección y mi amiga con ganas de introducírselo en su boca, la dije que tenía vía libre para hacer lo que quisiera y así fue, comenzó lamer y chuparme el miembro de tal forma que parecía que se quería poner más empinado como si aquello fuera un poste dé a luz, ella seguía y seguía chupándomelo y yo jadeaba de placer deseando que aquello no terminase jamás, saco mi pene de su boca y se bajó el leggings hasta el suelo, me dijo que se lo metiera hasta el fondo y así fue.

    Comencé a follarme a mi amiga al mismo tiempo que la agarraba con una mano la cintura y con la otra uno de sus grandes pechos, no podía creer lo que me estaba pasando, además de buenísimos amigos con derecho a roce, y que roce, yo con mi pene dentro de su almejita me pedía que no la sacase hasta que no me fuera a correr, pasada una media hora y yo a punto de correrme la saque de su almeja y se agacho para que echase todo mi semen por encima de sus pechos y cara, entonces supe que a mi amiga además de hacerla reír mucho también la gustaba pasar buenos ratos conmigo y follar y hacerme sentir bien cómodo con ella.

    Jamás olvidare ese día, fue uno de los mejores de mi vida con una compañera de trabajo.

    Espero que esto se vuelva a repetir, así la dije a ella, y ella me respondió otro día cuando volvamos a desayunar como hemos hecho hoy.

    FIN

  • El vecino de estreno

    El vecino de estreno

    Nuestras vagancias sexuales de los últimos meses habían sido muy planeadas. Necesitábamos acción y la que contamos hoy vino a refrescar ese aspecto de nuestra vida sexual.

    Una noche llegué del trabajo y Ana me contó que Edgar, el hijo de una amiga suya de los grupos de trabajo le había escrito. Ella nunca le dio su número pero él lo sacó a escondidas del teléfono de su mamá. Ella conocía Edgar sólo como encuentro social incidental cuando llegaban a coincidir. Apenas después de un «hola» se había identificado y ya que confirmó que Ana lo había identificado le marcó para decirle de viva voz que estaba muy impresionado por ella desde el primer momento que la vio. Ana no recordaba en qué momento ocurrió eso pero le hizo ver a Edgar que tenía pareja. Sin embargo el chico siguió tratando de convencerla por mensajes de que lo dejara verlo en persona al menos una vez. El universitario le dijo claramente que era virgen y que estaba buscando tener una experiencia que le dejara mucha enseñanza.

    «¿Te gusta?» le pregunté, pensando que tal vez me lo estaba presentando como candidato a un trío o alguna otra vagancia.

    «Es muy muy guapo pero aunque ya tiene 18 años en realidad parece de menos y aparte ni sabe coger» me respondió justificando el descarte inmediato.

    Coincidimos en el tema y de hecho, Ana ya le había pedido que no escribiera aunque sin cerrarle la puerta agresivamente para no provocarlo. Decidimos que el mejor camino era la negativa cortés para que se fuera aburriendo.

    Pasaron las semanas y cada vez escribía menos. Finalmente se llegó el tiempo de las fiestas de fin de año. El couch del gym de Ana organizó una fiesta con la mira de que aun añadiendo a los que éramos parejas de los clientes el número de hombres y mujeres fuera exactamente el mismo.

    «Eso y unos litros de alcohol a libre demanda y aquello debe ponerse divertido» decía el couch.

    Cuando llegamos a la fiesta aquello parecía fiesta de secundaria fresa. Nos decepcionamos pero decidimos esperar ahí un rato tomando algo para luego irnos a alguno de nuestros antros habituales.

    La gente estaba tomando bastante y de pronto el ambiente comenzó a avivarse. Decidimos esperar un poco más con la esperanza de que hubiera algo de acción como había pensado el couch.

    Cuando llevábamos unas 4 o 5 copas, empezaron a entrarle mensajes, varios, al celular de Ana que por estar hablando con una compañera no pareció escuchar. Cuando le dije que tenía mensaje se limitó a pasarme el celular para que yo viera si no era alguna urgencia. Cuando abrí los mensajes, resultó ser Edgar:

    «Hola»

    «Cómo estás?»

    «Salí al cine con un amigo y en la sala había una mujer que me recordó a ti»

    Lejos de darme celos me causó mucha risa y eso sí llamó la atención de Ana quien también se rio bastante por el recurso tan trillado.

    «Síguele la corriente!» le dije, «será más divertido que la fiesta» que por cierto ya no daba señales de progresar a algo más picante.

    La conversación de Edgar era tangencial. Había ido al cine, se iba a quedar con un amigo que estaba sólo por el fin de semana, pero que había fiesta en el barrio, que no sabía si ir sólo»

    Muy torpemente se notaba que trataba de plantear la posibilidad de que ella se escapara o sugiriera algo pero sin decirlo claro.

    «Dile que si pasamos por él» sugerí, «a ver qué reacción tiene»

    «¿Seguro?» me dijo Ana, «¿Qué reacción crees que va a tener? Pues va a decir que sí.»

    «Pues vemos en ese caso» le respondí.

    Sin embargo, Ana no es de propuestas a medias. Cuando le escribió se fue al grano:

    «¿Quieres que vaya y te ponga un faje?

    Lo confieso, inmediatamente tuve principio de erección y Ana lo sabía.

    La respuesta no tardó…

    Seis emoticonos de asombro, sin más texto.

    Y a seguir otro mensaje: » Pero andas con tu novio, ¿dónde lo vas a dejar?»

    Evidentemente se moría por Ana.

    «Cómo que dónde lo vamos a dejar? Pues a él lo dejamos a cargo del volante y a mí me dejas a cargo de tí» No omito mencionar que esa maniobra de Ana atrás en el auto con nuestro invitado es uno de nuestras movidas favoritas.

    Pasaron unos segundos antes de volver a contestar con un buen número de emoticonos de asombro.

    Le dije a Ana: «Vámonos, ese que dices tú que es un niño tiene más idea de lo que quiere hacer esta noche, que estos dizque maduros que no pueden encender la chispa de una fiesta ni estando borrachos»

    No le dije 2 veces. Se levantó y nos fuimos.

    La verdad ambos sabíamos que las circunstancias estaban dadas. Nunca hubiéramos entrado en negocios con Edgar en los terrenos de su mamá que era compañera de Ana. Haberse quedado a dormir con su amigo era la oportunidad perfecta de mantener discreto todo.

    Nos mandó su ubicación por Whatsapp. Cuando llegamos Edgar y su amigo venían de regreso de comprarse unas cervezas. Al pararnos junto a ellos el amigo se siguió de largo como sin saber cómo comportarse.

    Edgar se paró y quedó al lado del carro de pie, expectante y evidentemente nervioso. Su cara era muy delatora. Ana abrió la puerta y se bajó. Edgar se había parado de tal modo que al salir Ana del carro quedó exactamente frente a él apenas a unos centímetros. Pasó sus brazos por los hombros de Edgar y acercó su cara para besarlo. El puso sus manos en su cintura pero juro que temblaban, tal vez tanto de nervios como de deseo y excitación.

    Duraron tal vez unos segundos en ese beso y entonces Ana se separó. Cerró su puerta del carro con una mano y con la otra tomó la mano de Edgar para hacerlo subir al asiento trasero. Apenas subieron yo arranqué pero aun así, para ese momento Edgar ya estaba encima de Ana y ella gimiendo de excitación. Que Ana estuviera excitado tan rápido no era sorprendente, seguramente había comenzado a mojarse desde los primeros mensajes. 2 cuadras adelante nos tocó alto en un semáforo y al voltear pude ver que Edgar ya estaba rodeado por las piernas de Ana que me miraba sonriendo mientras sostenía la cabeza de Edgar que estaba besando su cuello.

    Ana no había dicho nada sobre ir a un motel y yo no pregunté. Afortunadamente encontré en verde casi todos los semáforos.

    Llegamos al motel y había 2 coches adelante en la fila para pagar. Los gemidos de Ana eran constantes e intensos. Al momento de detenerme por completo sentí la mano de Ana en el brazo. Giré mi cabeza. Ana me miraba con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta por sus gemidos. Edgar había logrado sacar un pecho de Ana por encima de su escote y lo chupaba con fuerza pero al momento de voltear yo, sin darse cuenta de que yo miraba, dejó de chuparlo para deslizar su lengua con fuerza por el pezón. Aquello arrancó un gemido más intenso de Ana. Yo tenía que hacer algo porque la mirada excitante de Ana no me dejaba alternativa. Sin dejar de mirarnos comencé a sacarme el pene para empezar a masturbarme dejando que todo mi movimiento fuera claro para Ana mientras Edgar seguía alternado chupadas y lengüetazos en el pecho de Ana. Ella al ver lo que yo iba a hacer estiró su cuello como tratando de verme jalonear mi verga pero esa acción hizo reaccionar a Edgar que aprovechó para jalar aún más el escote de Ana haciendo brotar el otro pecho y repitiendo ahí el tratamiento. Estuvimos ahí así hasta que nos tocó pagar. Único momento que los gemidos pararon. Mientras yo pagaba y esperaba el cambio, los jadeos fueron reemplazados por un cuchicheo casi imperceptible. Miré por el retrovisor y en la penumbra vi que Ana decía algo al oído a Edgar quien estaba quieto y miraba un poco sorprendido alrededor, como asombrado al darse cuenta de que entrábamos a un motel. Seguramente el mero faje ya era un sueño para él y las implicaciones de entrar a ese lugar eran casi apabullantes. La mano de Ana que antes me había estado tocando parecía tocar su pene por encima del pantalón, o… ¿Ya le había metido la mano para empuñarlo? No sé. Es muy probable porque al cerrar el cristal pude escuchar claramente el cuchicheo de Ana:

    «¿Quieres usar este? ¿Quieres que te lo saque para que lo uses conmigo?» Hubo una pequeña pausa mientras Ana esperaba una respuesta que no llegaba.

    «Quiero que nos quitemos la ropa» le dijo «y me beses toda antes de meterme éste y que me cojas. ¿Quieres?»

    Yo me seguía tocando mientras escuchaba.

    Entramos cuarto y dejé las luces prendidas.

    Edgar es alto, casi tanto como yo y al ver como se quedó a media habitación expectante, nervioso, su estatura lo hacía verse en realidad más tenso y vulnerable. Eso seguramente prendía más a Ana al hacerla sentirse con todo el control. Cuando cerré la puerta del cuarto Ana sólo puso su teléfono sobre la cómoda y se dirigió de inmediato a Edgar para abrazarlo y besarlo mientras al mismo tiempo se sacaba los zapatos. Ahí mismo de pie se sacó la blusa y se quitó el sostén mientras él se quitaba la playera. Apenas tuvo a su alcance el torso desnudo de Edgar empezó a acariciarlo mientras lo jalaba hacia la cama para dejarse caer ahí.

    Mientras yo observaba aquella escena no había perdido el tiempo y me había quedado sólo en calzoncillos lo que hizo a Edgar sentir la confianza de hacer lo mismo para luego recostarse a la derecha de Ana quien lo jaló hacia su boca.

    Mientras ellos se besaban y él masajeaba los pechos de Ana yo me dispuse a soltar el cierre de sus jeans y al tenerlos sueltos los jalé hacia abajo junto con su pantaleta. Al sentir mis manos jalando ambas prendas Ana movió sus caderas a modo de ayuda. Al sentir sus piernas libres Ana las separó ligeramente y pude ver su entrepierna evidentemente recién depilada. Inmediatamente me metí ahí para disfrutar su sabor que me encanta. Cuando me tuvo ahí, Ana me jaló con una mano para hacerme presionar con fuerza su clítoris. Cuando está recién depilada disfruto enormemente la suavidad de la piel de sus labios. Me encanta pasarle mi lengua despacio sobre uno y otro labio para luego meterla en el estrecho surco que se forma entre el labio mayor y menor de cada lado. Estuve ahí un momento repitiendo mis lengüetazos pero ella empezó a contonearse para subir hacia la cabecera. La seguí por unos centímetros mientras metía mi lengua en su vagina pero decidí moverme a un lado para ponerme a su izquierda. Edgar seguía besándola en la boca cuando ella tomó su mano derecha y la llevó hacía abajo. Entonces Edgar dejó de besarla para empezar a masajearle el clítoris con la mano que Ana había guiado hasta ahí. Edgar veía con asombro la manera claramente ruidosa de Ana de disfrutar aquello. Mientras eso pasaba yo admiraba la escena desde el lado izquierdo de Ana y complementaba las caricias recorriendo todo su cuerpo con mi mano izquierda. Apenas le rozaba su piel con las yemas de mis dedos. Los deslizaba desde sus mejillas, bajaba por su cuello hacia su hombro, hacía un par de movimientos circulares sobre su pezón para luego seguir hacia sus caderas y de ahí a sus piernas. Ana, que había subido ambos brazos para rodear su cabeza y apoyarse en la cabecera correspondía a nuestras caricias con deliciosos gemidos. Edgar la veía asombrado seguramente porque a su edad nunca había visto a una mujer gozando así del sexo y mucho menos tan bella y voluptuosa como Ana. A cada movimiento de la mano de Edgar entre las piernas de Ana ella correspondía con un gemido, un estremecimiento y sus manos empujándose fuertemente contra la pared detrás de su cabeza.

    Ana me miraba a mí, con ansiedad y respirando cada vez más fuerte. Decidí hacer una travesurilla para ella. Metí mi mano para reemplazar la de Edgar y procedí a explicarle lo que estaba haciendo con mis dedos:

    «tienes que usar tus dedos índice y medio, los metes a modo que los puedas doblar hacia arriba para hacer un movimiento como rascando pero obvio sin usar las uñas y tratando de apretar despacito contra el hueso y repites rico de arriba a abajo». Lo dejé que viera como Ana se empezaba a contonear y a moverse gimiendo más rápido y más fuerte bajo el efecto de mis dedos en su vagina. Habiéndolo demostrado gráfica y claramente le dije: «Hazlo ahora tú» Edgar introdujo sus dedos y comenzó a darle, seguramente con la fuerza de un inexperto pero con ello haciendo que finalmente Ana se viniera escandalosamente. Edgar y yo nos quedamos mirándola mientras se convulsionaba de placer.

    Ana se quedó ahí un momento reponiéndose. Normalizando su respiración. Los tres muy callados hasta que Edgar hizo la pregunta más simpática que puede hacerse en un momento así:

    «¿Cómo fue que llegaron a éste acuerdo?

    Ana dejó escapar una pequeña sonrisa nada más.

    «Platicando con sinceridad y confianza para poder decir lo que se nos antojaba» le expliqué.

    Silencio.

    Tal vez duramos así unos 2 o 3 minutos mientras Ana reposaba. Mientras, tanto Edgar como yo la acariciábamos a dos manos.

    En eso estábamos cuando Ana volteó a besarme en la boca. Pude ver que buscaba con cada mano el pene de los dos para empezar a masturbarnos a ambos. Aquello duró apenas un minuto o dos. Se incorporó y llevó a Edgar al sillón Kama Sutra. El dócilmente siguió las indicaciones de Ana quedando recostado en el sillón boca arriba sin dejar de mirar a Ana de arriba a abajo, supongo que tratando de decidir si desnuda estaba igual o mejor que como la había estado imaginando tanto tiempo. Ana sin hacer caso, o más bien, aprovechando la indefensión de su pupilo, se inclinó para empezar a darle una de esas mamadas que te espantan. El extendió su mano para acariciar las piernas y el trasero de Ana. Yo no esperé pasivo. Me acerqué aprovechando su posición que no tenía nada de casual y la penetré desde atrás. Ana no hizo nada que no fuera recibirme al penetrarla y movió sus caderas para facilitar que le metiera mi verga, mientras ella no dejaba de chupar la de Edgar.

    Después de un delicioso rato, Ana se dio la vuelta y me dijo «¿Quieres darme un condón?»

    Yo me fui al carro porque ahí los había olvidado y cuando regresé Ana estaba nuevamente inclinada pero esta vez besaba en la boca a Edgar quien estaba aprovechando que ella se había quedado de pie para meter sus dedos entre las piernas de Ana.

    Cuando ella escuchó que yo volvía a cerrar la puerta del cuarto vino y me recibió un condón. Al regresar se puso sobre Edgar con una pierna de cada lado. Supongo que estaba pensando en ponerle el condón para sentarse sobre él pero al tenerla así lo que Edgar hizo fue tomarla por el trasero y jalarla hacia él hasta que pudo alcanzar con su boca la entrepierna de Ana, que casi inmediatamente soltó un grito de placer. Yo me dediqué a masturbarme viendo el trasero de Ana sostenido por las manos de Edgar combinados en un movimiento que seguramente involucraba la lengua de Edgar entrando y saliendo de la vagina de Ana. Los gritos deben haberse oído claramente hasta afuera mientras se tambaleaba cuando se le doblaban las rodillas por el placer. Ana empezó a venirse pero esta vez mientras lo hacía, se regresó a ponerle a Edgar el condón que no había soltado y casi de inmediato se sentó sobre él. Yo veía claramente el rico trasero de Ana subiendo y bajando de adelante para atrás mientras seguía viniéndose ruidosamente. No dejaba de ser divertido pensar en las emociones de Edgar al tener en sus manos un trasero tan delicioso. Seguramente había pensado que jamás lo tendría en sus manos. No menos divertido era imaginar a Ana, que tal vez estaría pensando lo mismo y que por eso estaba tan inusualmente caliente y excitada. Terminó su orgasmo y ahí se quedó. Sentada sobre Edgar. Penetrada por él, que aparentemente aún no se venía, se quedó ahí, moviéndose despacito con más calma, empezó a cuchichearle otra vez a Edgar, que ahora la tenía tomada de la cintura sin dejar de mirarla. Yo miraba desde la cama la escena masturbándome. A ratos Ana se movía con más fuerza y rapidez.

    “Dime la verdad, tu ya hace mucho que coges porque no eres nada inexperto» le dijo a Edgar que seguía mirándola con asombro y admiración. Seguramente la sedosa voz de Ana lo excitaba aún más.

    “Con lo rico que me estás cogiendo ¿Quieres que te crea que nunca habías tenido sexo? “

    Escucharla decir aquello era muy excitante.

    Ana se inclinó para besarlo en la boca sin dejar que se le saliera la verga de él. Empezó a excitarme mucho escuchar como se hablaban al oído. Ella no dejaba de moverse con el pene de Edgar adentro y se veía increíble inclinada sobre él, lo que hacía resaltar su cintura delgada contra su trasero.

    De pronto se levantaron y empezaron a caminar. Ana me miró aclarando: «vamos a la ducha, vienes?»

    «Adelante, los alcanzo» le contesté.

    Escuché la regadera empezar a funcionar. Dejé pasar un momento y empecé a escuchar otra vez los quejidos y gemidos de ambos. Risillas intercaladas. Empezó a resultar excitante escuchar porque era claro que la acción seguía más intensa bajo el chorro de la ducha caliente.

    Escuché gemidos un rato más y me empecé a imaginar las posibilidades cuando empecé a escuchar que Ana gemía diferente, como pujando. Ahí me ganó la curiosidad. Me fui al baño donde encontré una escena genial.

    Ana estaba recargada de frente contra la pared, pegada completamente a la misma. Ambos de pie, mientras Edgar la penetraba desde atrás. Le daba unos fuertes empujones que eran el motivo de los quejidos de Ana. Lo más delicioso de aquella vista era la forma en que Ana me miraba sonriendo mientras se meneaba al compás de las acometidas de Edgar. Empecé otra vez a masturbarme mientras veía todo su cuerpo, sus manos extendidas sobre la pared, su carita sonriente mirándome, su mejilla escurriendo agua sobre la cerámica, su trasero sostenido por Edgar con sus manos moviéndose rápido y con bastante fuerza. Ana realmente disfrutaba las embestidas a juzgar por su expresión sonriente. De pronto extendió su mano hacia mí abriendo y cerrando sus dedos para pedirme que me acercara. Apenas lo hice ella se movió también hacia mí inclinándose hacia mi verga. Por un momento pareció que Edgar la dejaba escapar pero una voz quejumbrosa ansiosa y pujante de Ana le dijo:

    «¡No te salgas! ¡No te salgas!!¡Cógeme, síguele!»

    Empezó a darme una mamada increíble sin dejar de gemir porque Edgar, estimulado por la escena incrementó la rapidez y la fuerza de sus movimientos. Apretaba el trasero de Ana con fuerza desde atrás mientras me miraba con asombro.

    En algún momento Ana me tomó a mí por las caderas, dejó de chuparme la verga y empezó a moverse por su cuenta. Me clavó las uñas mientras dejaba escapar un gemido prolongado y fuerte. Claramente tenía un orgasmo intensísimo. Al momento de ocurrir eso Edgar comenzó también a venirse adentro de Ana y seguramente sentirlo provocó que Ana me apretara con más fuerza. Casi perdió el equilibrio por la fuerza de las embestidas de Edgar echando sus chorros desde atrás pero la misma fuerza le hacía sostener con energía el trasero de Ana y evitó la caída. Sentir los orgasmos de Ana me causa un enorme placer. La escena de la ducha terminó con Ana buscando colgarse de mis hombros con sus brazos y Edgar muy pegadito detrás de ella acariciando su espalda lubricada por el agua caliente de la ducha.

    Estuvimos unos minutos así apretando el cuerpo de Ana entre los nuestros acariciando la hasta que mojados nos fuimos a la cama los 3. Nuevamente nos colocamos ella en medio y Edgar y yo a su derecha e izquierda respectivamente. Por un momento nos quedamos ahí echados abrazándola entre los dos. Ella daba la espalda a Edgar y comenzó a besarme despacio en la boca. Ella sabía que yo no había eyaculado aún. En sus besos húmedos dejaba escapar leves gemidos de que aún seguía muy caliente y creo que la escena era propicia. Edgar la acariciaba y le besaba la espalda. En eso estábamos cuando me di cuenta de que le había regresado la erección a Edgar y buscaba desde su lado penetrar nuevamente a Ana. Aunque ella no dejaba de besarme y abrazarme movió sus caderas para ayudarle. Empezó ahí mismo una danza donde se dejaba penetrar alternativamente por Edgar mientras me besaba a mí, para luego darse vuelta a besar a Edgar mientras yo la penetraba desde atrás. La quinta o sexta vez, al momento de penetrarla yo, en vez de besar a Edgar se limitó a abrazarlo y apoyar su cabeza en él. Inclinó su trasero un poco más incrementando sus movimientos y sus jadeos. Tomó la verga de Edgar con una mano para masturbarlo mientras en medio de sus jadeos me pidió venirme adentro. Incrementé mis movimientos en fuerza y velocidad mientras no dejaba de verla masturbando a Edgar. Sobra decir que el orgasmo que tuve fue paralizante. El punto de unión entre Ana y yo comenzó a sonar a agua salpicando. Tanta excitación había hecho que arrojara una enorme cantidad de semen y supe después por Ana que ella también tuvo un orgasmo tan fuerte que eyaculó, lo cual sólo le pasa después de varios orgasmos previos.

    Se dio la vuelta para seguirme besando. Finalmente nos calmamos un poco y ella pareció quedarse dormida. Unos momentos después también Edgar y yo comenzamos a dormitar.

    No supe cuánto tiempo pasó pero desperté escuchando nuevamente gemidos. Ana me daba la espalda besando a Edgar que amasaba su trasero con pasión. Ana le acariciaba la verga y los testículos. El espectáculo era agradable y me limité a dejar hacer, disfrutando los ruidos deliciosos de Ana. Ella, sin soltar la verga de Edgar se fue poniendo encima de él para empezar a cabalgarlo furiosamente mientras él acariciaba todo su cuerpo y cubría los pechos de ella con sus manos. No tardó Ana en venirse reposando un poco para luego moverse un poco más completamente descansando su peso sobre el tronco de Edgar. Hubo una leve pausa. Yo estaba muerto y me volví a quedar dormido. Desperté un momento después, no sé, me despertaron los gritos de Ana que estaba boca arriba, en misionero, penetrada por Edgar que la estaba haciendo venirse otra vez. Quedándose adentro Edgar la dejó tomar aire un poco para luego tomarla por los pies y ponerlos sobre sus hombros. Ana me buscó con su mano izquierda haciéndome que me acercara. Apenas lo hice comenzó a masturbarme. Edgar no dejaba de empujar y Ana me hizo acercarme a su rostro para pedirme:

    «¿Te vienes encima?» con un tono pujante y suplicante. Me puse de rodillas a su izquierda y empezamos a alternar su mano y la mía hasta que me hizo vaciarme escurriendo mi semen todo por encima de ella. Uno de los chorros fue a caer en su cara y aquello fue como el desencadenante. Empezó a venirse a gritos intensos mientras que a su vez Edgar comenzó a pujar seguramente por estarse vaciando adentro en la vagina de Ana que ya ni le había pedido ponerse condón.

    Quedamos un rato descansando. Ana pasó al baño cuando nos marcaron de la administración si íbamos a renovar el cuarto y fue cuando caímos en la cuenta de que eran las 6 de la mañana. Nos fuimos quedando de repetir en otra ocasión. Remembrando después, Ana no pudo recordar cuántas veces se vino en total. Cuando cuchicheaban en el sillón Kama Sutra él le rogó ir a la ducha porque así fue como la imaginó cogérsela desde la primera vez que la vio. Me contó que cuando yo me quedé dormido y ella también, fue Edgar quien la despertó casi penetrándola cuando todavía estaba dormida. Todo un cogelón con juguete nuevo. O ¿era Ana la cogelona con juguete nuevo? Me hizo saber que mientras yo dormía se la cogió al menos 2 veces más aparte de las que yo me di cuenta, incluyendo una de perrito que lamento haberme perdido.

    Debo confesar, al día siguiente y toda la semana siguiente, el sexo entre Ana y yo fue tan bueno, que lo atribuí a la multitud de cogidas que le puso Edgar en una sola sesión. Basado en ello, estuve de acuerdo que lo llevara a la casa un par de veces más y además que se lo cogiera ella sola en 2 ocasiones. Al final me la dejaba más caliente de lo habitual. Yo salía beneficiado y ella disfrutaba a sus anchas.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (10)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (10)

    La mañana se pasó rápida, nos habíamos levantado a la misma hora, muy temprano para que Pablo marchara a la universidad, desayunamos y aún no había nadie levantado, solamente Alicia y Berta trabajaban en la cocina y Tomás terminaba de preparar la mesa cuando nosotros entramos al pequeño comedor.

    -Pablo, se me ocurre que tu no llegarás para cuando marchemos, tus clases no terminarán hasta más tarde. -tenía la mochila puesta y se disponía a salir de casa para coger su moto. Me sujetó la cara con las dos mano y me besó levemente los labios.

    -No pasa nada por perder dos clases, me dejaran los apuntes que a veces son mejores que la clase. -le abracé con fuerza la cintura impidiéndole que abriera la puerta.

    -¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!, vamos, alegra tu carita, estaré de vuelta antes de que salgáis, ahora quiero que vayas a estudiar precioso.

    Y lo intenté, con todas mis fuerzas, de verdad, pero me distraía, al punto de que Oleguer tuvo que llamarme la atención varias veces.

    En la comida, y como solo estábamos Eduardo y yo, pude entretenerme jugando con Dulce y disimular la preocupación que sentía.

    Antes de que Guido terminara de impartirme sus dos horas de clase escuché el ruido sordo de la moto de Pablo, había llegado a tiempo como me prometió, antes incluso de la hora.

    Tenía que prepararme y corrí a mi habitación. Empezaba a ducharme cuando le vi entrando en mi baño, le hice una señal a través del cristal de la mampara y se sentó en el inodoro para esperar que terminara.

    Se levantó y me ayudó a secarme envolviéndome en la toalla y me abrazó.

    -¿Como te ha ido el día? -pasaba la toalla por mi cara como si yo fuera un niño pequeño.

    -Bien, bueno he estado un poco distraído y Oleguer tuvo que pedirme que le prestara atención.

    -Ten, te ayudará, métetelo ahora para que de tiempo a que te haga efecto. -me entregaba un envoltorio plateado con algo en su interior alargado. Lo abrí y se trataba de un supositorio.

    -¿Qué es? -adivinaba de lo que se trataba.

    -Sirve para relajarte, no es algo malo, también hace la función de analgésico, es mejor ir prevenidos. ¿Y me vas a explicar lo que te preocupa? -no sabía como decírselo, me iba a tomar por un tonto.

    Tenía la pequeña bala de materia resbaladiza en la mano y sentía como se deshacía con mi calor, coloqué un pie en el inodoro y me lo introduje por el culo, empujé unos segundos hasta que se deslizó en mi interior.

    -Se trata de don Manuel, no me inspira confianza, además se trata de estar en su casa. -se puso a reír abrazado a mi.

    -Venga, comienza a vestirte, seguro que Eduardo nos estará esperando. -mientras me iba poniendo la ropa se sentó en la cama.

    -Ángel verás, de don Manuel no tienes que preocuparte, a él no le van los chicos bonitos como tu, él prefiere a Yasín o a mi, chicos con una buena verga, o sea que por eso puedes estar tranquilo.

    -Mira, te seré muy sincero, en la organización hay miembros que son auténticos sádicos, hombres crueles y despiadados, entre ellos no se encuentran los que tu conoces. Eduardo, don Manuel, el abuelo de Oriol y los doctores Salvatierra intentan controlarlos, no siempre lo consiguen pero son diferentes, buscan el placer sin causar daño, esto es como una religión donde hay miembros que sobrepasan los cánones, se saltan las normas establecidas y que se complica por los intereses económicos. -dejó de hablar dando por concluida la explicación y comenzó a ayudarme con la ropa.

    -¿Habrá más gente en la casa?

    -Seguramente sí, tendrán algún invitado pero yo estaré a tu lado, no debes tener miedo. -aquello apaciguó mi inquietud hasta cierto punto.

    Me había puesto un pantalón pitillo de tela vaquera con una camisa a cuadros blancos y rosas, zapatillas de lona sin calcetines y una especie de poncho abierto. Me perfumé a toda prisa y fuimos a buscar a Eduardo.

    Eduardo me miró satisfecho cuando nos vio en la puerta de su habitación, no dijo nada pero al salir me sujetó pasándome un brazo por los hombros en actitud protectora, entendí que se daba cuenta de mi nerviosismo sin que se lo dijera.

    El coche nos esperaba al pie de la escalera, y Damián tieso como un disciplinado soldado, esperaba que entráramos en él. Unos minutos después escuchaba el golpe de la puerta de hierro cerrándose a nuestras espaldas.

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    Recorrer la distancia entre la casa de Eduardo y la de don Manuel, nos llevó una media hora, miraba a menudo el reloj de pulsera que me compró Ana y Pablo sentado a mi lado me apretaba el muslo infundiéndome confianza. Sentado enfrente Eduardo nos observaba.

    La casa de don Manuel me pareció aun mayor que la de Eduardo, y el parque realmente lo era, una larga avenida con robles plantados en los laterales, nos guiaba hasta las escalinatas de aquella casa que más parecía un palacio. No había otros vehículos aparcados allí, pero antes de entrar en la casa pude observar como Damian se llevaba el coche apartándolo del lugar.

    Entramos en un enorme hall y de allí a un salón decorado ostentosamente pero con poco mobiliario, allí dos criados recogieron el bastón que portaba Eduardo.

    -El señor le espera. -uno de ellos se dirigía a Eduardo.

    -Pablo, lleva a Ángel con los otros chicos. -me besó la mejilla y siguió al criado.

    -!Sígueme¡ No te entretengas. -me había quedado absorto mirando el gran salón, con la escalera lateral que llevaba a la segunda planta de la casa, y no me di cuenta de que el otro criado avanzaba hacía una puerta cercana a la que se dirigía Eduardo.

    Pablo me sujetó de la mano y tiró de mi llevándome. Anduvimos por un pasillo y el criado se detuvo ante una de las últimas puertas, la abrió y entramos, luego la cerró dejándonos dentro.

    Era una sala pequeña, con puertas de armario en dos de sus paredes, otra era un enorme ventanal que ocupaba todo el frente y podía verse el frondoso verde de las plantas del jardín. En el centro tenían un sofá circular y una mesa baja redonda, estaban sentados tres muchachos y jugaban entre alegres risas con una máquina donde pescaban con pequeñas cañas objetos de plástico que parecían pequeñas pirañas.

    Volvieron la cabeza hacia nosotros y un muchacho, moreno más alto que yo y muy delgado se levantó de inmediato y avanzó hacia nosotros, abrazó a Pablo y riendo los dos se daban amigables palmadas en la espalda.

    Los tres chicos vestían unas pequeñas túnicas que les dejaban un hombro descubierto, atadas en la cintura por un cínculo dorado, eran muy cortas y al moverse dejaban al aire el inicio de sus nalgas. En las cabezas les recogía el pelo una cinta dorada del mismo material que el de la cintura. Parecían jóvenes efebos salidos de un friso griego. Me parecieron increíblemente bellos.

    -Mira Ángel, estos son Yasín, Óliver y Gustavo. -sabía quien era Yasín por las fotos de Oriol, a los otros dos no los había visto, Óliver era un poco más alto que Gustavo, los dos de piel blanca, la de Óliver parecía mármol aterciopelado.

    -Él es Ángel. -el primero que me abrazó fue Yasín y le siguieron los otros dos, los tres me miraban curiosos, y su despreocupación, y el recibimiento amigable que me daban, hacía me que olvidara de mi problema.

    -¿Solo estáis vosotros tres? -Pablo le preguntaba a Yasin mientras Óliver se dirigía a una de las paredes de armarios y los abría.

    -Hoy tienen pocos invitados, además el plato fuerte será Ángel, no tendremos mucho trabajo que hacer. -llegó Óliver y traía en las manos dos túnicas como las de ellos, le entregaron una a Pablo.

    -Ayudad a Ángel a cambiarse y preparar la bebida, no tenemos mucho tiempo. -los dos chicos comenzaron a quitarme la ropa, Pablo se desnudaba a la vez, me sentía avergonzado y me llevé las manos a los genitales para ocultarlos a sus miradas cuando quedé desnudo. Yasín me miraba atentamente.

    -Eres muy guapo Ángel, no ocultes lo que tienes. -aunque todos me lo decían no terminaba de acostumbrarme, ni me lo creía, y me puse intensamente rojo despertando las risas de los oros chicos. Me recogieron la verga y los huevos con una especie de tanga resistente y me colocaron la túnica de seda, tenía mucha habilidad para recogerme el pelo y ceñirme la especie de diadema.

    Pablo ya se había cambiado y estaba increíblemente guapo, resaltaba por su viril cuerpo musculado, al lado de los nuestros más frágiles y delicados, enseñando el ligero vello que le poblaba el pecho y las recias piernas, realmente parecía el macho entre sus hembras. Yasin resultaba algo más duro y correoso con el cuerpo delgado y fibroso.

    Nos ofrecieron una copa de la misma bebida que tenían ellos sobre la redonda mesa, me supo a metal e hice un gesto de desagrado.

    -Bébelo todo, esto te calentará. -no sabía a lo que se refería, había notado que tenían encendida la calefacción de la casa, en la calle ya comenzaba a imperar el frío del otoño, y al estar prácticamente desnudos en aquel tenue calor se estaba más a gusto.

    Llevaba algunos minutos sintiéndome el ano flojo, como si se me fuera abrir por si solo, el supositorio que me introduje debía estar haciendo su efecto y ahora la bebida me hacía sentirme eufórico, con un estimulante calor que encendía mis mejillas.

    -Vamos chicos, estarán esperando por nosotros. -Yasín inició el camino seguido por sus compañeros, y Pablo me cogió la mano para llevarme guiándome.

    La habitación que don Manuel utilizaba como gym era más grande y contenía más instrumentos que la de Eduardo, parecía que todo lo suyo era más importante. Además de una piscina cubierta inmensa también tenia un yacuzzi irregular, ahora en funcionamiento aunque no estaba nadie utilizándolo.

    Además de Eduardo y don Manuel había otros dos señores, estos no eran muy mayores, de unos cincuenta años y estaban bien cuidados físicamente, de estatura regular uno setenta. Uno de ellos estaba calvo o se afeitaba la cabeza, tenía algo de barba en la perilla y bigote, el otro era castaño y usaba gafas, resultaban agradables y ambos sonreían al mirarnos.

    Los cuatro usaban unas batas de baño de color verde claro. Don Manuel se nos acercó el primero.

    -Mirad la nueva adquisición y decidme que os parece. -me sujetaba de un brazo haciéndome presión para que me girara.

    -Tienes mucha suerte Manuel, siempre te ofrecen lo mejor del mercado. -hablaba el de la perilla.

    -En este caso le servirá de bien poco, este muñequito es para auténticos hombres como Eduardo o nosotros. -a la vez que le respondía el otro hombre me levantaba la túnica hasta la cintura mostrándome a los demás.

    -No cabe duda de que es un hermoso ejemplar. -tiro de la cinta del breve taparrabos dejándome totalmente desnudo de medio cuerpo.

    -Y tiene una hermosa polla, puede servir para mi también. -don Manuel se reía señalándome la verga que la tenía algo empalmada por la bebida que me dieron.

    El hombre de la perilla me sujetó por el cuello y me obligó a inclinarme, me abrió las piernas y pasó los dedos por mi ano y los apretó ligeramente. Sentí mi culo sin fuerza abriéndose ante tan leve empuje.

    -Lindo culito para follarlo hasta terminarlo de abrir. -me sentía como si fuera un animal al que analizan sus atributos, delante de aquellos cuatro hombres, y los cuatro muchachos mirando como el señor me acariciaba el culito y me metía los dedos por el ano.

    -Ya vale, no violentéis más al muchacho vamos al agua mientras nos sirven las bebidas. -después de hablar el señor me permitió ponerme derecho, habían comenzado a desnudarse todos, observaba de pasada, pero lo que centraba mi atención era lo que veía entre las piernas de Yasín, estaba de espaldas a mi y con las piernas abiertas, se le veía en primer plano dos tremendos huevos sin pelos colgando metidos en la bolsa de piel negra, y detrás de ellos una increíble verga que sin estar dura aún, me parecía imposible que pudiera entrar en un culo.

    Eduardo se quedó en una zona circular del yacuzzi y Óliver se colocó a su izquierda, Eduardo le abrazó y el chico colocó la boca sobre su gordo pezón comenzando a chuparlo. El resto fueron metiéndose y tomando asiento, el señor de la perilla me sujeto de la cintura para sentarme a su lado, don Manuel se colocó cercado dejando a Yasín entre él y yo, y a su otro lado se sentó Pablo, enfrente el otro señor con Gustavo.

    El agua estaba bastante caliente y salía un leve vapor oloroso, las burbujas del agua explotaban incrementando la fragancia que percibía a lavanda. Se estaba muy agradable recibiendo la caricia del agua en movimiento, llegaron los criados del principio con bandejas que contenían bebidas, la misma que me ofrecieron en la sala de vestir, pequeños aperitivos de bocado, todo ello lo dejaban al borde del yacuzzi para que cada uno se sirviera lo que quisiera.

    Miré a Pablo y me hacia señas, con un vaso en la mano, para que cogiera el mío y bebiera, así lo hice y la impresión de calor aumentaba en mi, aumentado mi deseo sexual, a los demás les sucedía lo mismo y por encima de las burbujas podía ver la punta de la verga de Yasín sobresaliendo entre roja y negra, muy brillante.

    No sabía de donde apareció una pelota que Gustavo comenzó a tirarnos y Óliver le devolvía entre risas, los sirvientes no dejaban que los vasos se quedaran vacíos y las bandejas de aperitivos las empezaba a retirar sin acabarlas y las llevaban a una mesa.

    Yasín me cogió la mano y la hundió en la gua hasta que alcancé su polla, no la podía rodear con la mano y la retiré, entonces con una sonrisa se acercó y me besó la mejilla.

    -No la tengas miedo, es suave y te va a gustar. -me forzó para que se la agarrara, hasta que con timidez se la sujeté, era cierto lo que aseguraba, la sentía tierna y suave, pero también fiera cuando le llegaba el bombeo de la sangre llenándola y haciéndola que creciera. Comenzó a gustarme el tacto y lo viva que la sentía creciendo.

    El hombre de mi lado me acariciaba el pecho, e imitando a Yasin me llevó la otra mano a su polla, no tenían comparación pero tampoco era pequeña y la sentía muy, muy dura pulsando en la palma de mi mano. Me giró la cabeza y sus labios buscaron los míos apretándolos con fuerza.

    -Abre la boquita y no te resistas. -había apretado los labios y a su orden los abrí dejando que su lengua me invadiera, comenzó a batir mi lengua con la suya y me estremecí sin remedio apretando las dos vergas que tenía en mis manos.

    -Así pequeño, muévemela con tu manita. Dame gusto, sí. -me llevó la cara contra su pecho y supe lo que tenía que hacer, lo que aquel hombre quería y empecé a lamerle las tetas mientras le masturbaba.

    A mi pesar había tenido que soltar la polla de Yasín para atender a aquel exigente macho que requería mi completa atención, despacio iba empujando mi cabeza y yo le iba lamiendo el pecho, el abdomen, hasta sentir como me hundía en el agua, aspiré aire y llegue a su pene que me tragué, aguanté con él en la boca hasta que tuve que respirar y me soltó al sentir que tiraba hacia atrás, así me tuvo jugando con mi cabeza varias veces, me sentía ahogar de dos maneras, por su verga al entran hasta el fondo de mi boca y por la falta de aire al estar debajo del agua, más que un placer resultaba una tortura, pero una agradable tortura sin duda porque me gustaba.

    Cuando por fin me dejó fue para cogerme y montarme sobre él a horcajadas, me besaba la boca y notaba la erección dura de su pene en la entrada de mi culo, apretó hasta introducir la cabeza, gemí pero no de dolor, mi culo se había abierto dejándole entrar sin mayor problema, me sujetó por la cintura y su pene entro más en mi culo, se fue poniendo de pie, conmigo a la vez abrazándome con un solo brazo, pegado a su pecho y con mis piernas enroscadas en su cintura.

    Salió del yacuzzi y llegó hasta una camilla donde me dejó sentado, pero sin sacar la verga de mi ano.

    -Aquí estaremos mejor para cogerte con gusto, podremos movernos con más libertad. -tiró de mis piernas haciéndome caer de espaldas y me las colocó sobre sus hombros, la camilla se bajo adaptándose a su altura y la verga, que antes no había entrado, me la metió de golpe.

    Gemía sin poderme contener, el placer era mayúsculo, no sentía ningún dolor, el afrodisiaco que me hicieron beber ampliaba el sentimiento de placer que la verga de aquel hombre me producía entrando en mi cuerpo.

    -¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!, más, mas, por favor. -el hombre se reía y se inclinó para chuparme los labios y tirar de ellos con los dientes, su barbilla llena de pelos acariciaba la mía.

    -Mira como le gusta al putito la verga de un macho jodiéndole el culito. -entraba con fiereza en mi culo y me daba mucho gusto, me sujeté arañando la sábana de la camilla y grité subiendo la pelvis, formando un arco con mi espalda apoyada sobre la dura superficie, cerré los ojos al sentir una mano que me ayudaba a terminar, pajeándome con fuerza la polla, y no era la de aquel hombre que se sujetaba fuertemente a mis caderas impidiendo que escapara.

    Caí sobre la madera sintiendo los golpes de leche que expulsaba de mi verga, y escuché el golpe seco del rebote de mi cuerpo al golpearse, en ese momento el hombre tiró de mis piernas clavándose más en mi cuerpo, y se quedó un instante quieto empujando mientras se vaciaba los huevos dentro de mi culo. Salió un fuerte gruñido de su garganta y pensé que me arrancaría las piernas de lo fuere que tiraba de mi.

    -¡Ahhhgg! Qué bueno, pero que gran polvo. -comenzó a moverse de nuevo cuando yo aún temblaba con mis últimos y ya suaves espasmos. Me retiró las piernas de los hombros y casi con violencia sacó la verga de mi cuerpo y dejó mis piernas colgando fuera de la camilla.

    -Pruébalo Juan, es una carne exquisita. – soltó una áspera carcajada y sin llegar a abrir los ojos sentía al otro hombre respirando fuerte, volviendo a levantarme las piernas que me pesaban. Sentí un fuerte estremecimiento al colocar su boca en mi ano para aspirar la leche de su compañero y que yo iba expulsando.

    -Es un culo delicioso y sabe mejor envuelto en tu semen. -escuchaba al hombre de la perilla reír y alguna otra más, no podía atenderles demasiado, me centraba en la lengua del hombre que entraba con facilidad en mi ano, buscando sacarme para comer lo que para aquel hombre era un majar, los jugos de mi culo con la leche de su amigo.

    Eran una deliciosa tortura sentirle la lengua entrando muy profundo en mi recto, y sus lamidas del perineo y los huevos, no dejando que cualquier rastro de la preciada leche se perdiera.

    Cuando no pudo sacar más se dejó caer sobre mi y me besó la boca, me dio un poco de asco pero la abrí y metió la lengua profundamente dejando en mi boca el sabor de lo que terminaba de comer, no sabía nada mal y le chupé la lengua aún babosa de leche y mis jugos anales.

    -Eres tan marrano como yo, terminará gustándote hasta que no puedas parar. -regresó a mi culo y volvió a lamerme la entrada para, a continuación, colocar la punta de su polla en la entrada y empezar a penetrarme. Era una polla ligeramente más gorda que la anterior y la sentía entrar, había dejado mi culo muy seco llevándose toda la leche y secreciones con la lengua.

    De todas las maneras no dolía como para quejarme y empujó hasta que estuvo pegado en mis nalgas, con toda la polla en mi recto. Se movía sin control y a veces se detenía cuando se cansaba respirando profundamente contra mi boca, al principio no sentía nada concreto, solo una ligera molestia, pero poco a poco el placer volvía recurrente a mi culo, volvía a notarme mojado y mi culo respondía a los estímulos del macho, a la verga que me penetraba rozando deliciosamente mis entrañas.

    Abrí los ojos al sentir la dureza y el calor de una polla sobre mis labios, a mi izquierda estaba Yasín y cogía su larga polla dejándola deslizarse por mis labios abiertos, me los humedecí con saliva y los separé para adaptarlos al tronco y que resbalara mejor, a la derecha estaba Eduardo al que masturbaba la polla con suavidad Óliver, no alcanzaba a ver a Pablo y don Manuel, pero escuchaba los gemidos de este pidiendo que se la metiera más, exigiendo más verga. Supuse con facilidad que Pablo se lo estaba cogiendo, o podía ser el de la barbita al que tampoco veía, pero yo no estaba para preocuparme de otros, solo de sentir el garrote que me encantaba dentro del culo y de atender la verga de Yasín pasando por mis labios y golpeándome la cara con ella.

    Llevé la mano a los testículos de Yasin y se los sujeté tirando de ellos, estaban duros y muy calientes, no podía contenerlos en la mano y palpitaban trabajando para fabricar el semen.

    Empecé a sollozar, alocado por el gozo que el macho aquel me daba en el culo y por sentir el pedazo de carne en los labios, pasando sin cesar rozando por ellos.

    Alguien volvió a cogerme la polla, una boca la encajó y comenzó a absorberla, pensaba que querían volverme loco y no pude seguir aguantando la espera, la boca no me dejó cuando empecé a eyacular expulsando el semen por segunda vez dejándoselo en ella, cuando pude abrir los ojos vi a Óliver relamiéndose los labios, él había sido el goloso que se prendió de mi polla para beberme la leche.

    Mi follador no cesaba de bufar, y para que me moviera empezó a golpearme la nalga izquierda, apreté el culo abrazándole la polla, y con cuatro entradas se apretó en mi culo, tiró la cabeza para atrás adelantando las caderas, y muy clavado en mi culo me lo volvió a llenar de leche.

    Debía sentirse cansado y respiró recuperándose pegado a mi pecho, su verga fue resbalando de mi culo hasta caer desfallecida contra mis nalgas, y se separó respirando como si fuera un toro vencido, había quedado satisfecho pero rendido.

    Me tiré hacia atrás y subí los pies a la camilla para descansar, cerré los ojos sin querer mirar, escuchaba a don Manuel gritar de placer por la follaba que le daba alguien, y no me apetecía saber quien le daba semejante placer para hacerle chillar como un cerdo ante el cuchillo del matarife hiriéndole la garganta.

    Yasín permanecía a mi izquierda, ahora se daba masajes a la larga verga para que no perdiera la dureza rígida que la mantenía vibrante y culebreando como una serpiente, se la sujeté con la mía haciéndole la labor, me terminaban de dar por el culo dos machos, con dos soberbias folladas, y no podía negar que deseaba la polla de Yasín, poder sentir lo que aquella enorme verga podría llegar a hacerme, darme el mayor de los placeres o romperme y destrozarme.

    Sentí la mano que me limpiaba el sudor de la frente y giré la cabeza, era Pablo y le sonreí agradecido, y contento, sí contento de que los últimos gritos de don Manuel no le eran arrancados por la polla de mi hombre, no era Pablo el que se lo estaba follando.

    -Para Yasin es mejor que te coloques arrodillado y te la de por atrás. -recordé como habíamos ensayado y empecé a levantarme, Pablo me ayudó y me dispuso como él quería, bajaron la camilla para que mi ano quedara a la altura de la verga de Yasín, Pablo me pasó la mano por el ano y esparció el semen que en ese momento expulsaba y que me dejó mi anterior macho.

    -Vas a estar tranquilo y yo voy a estar a tu lado. -me abrió las piernas e inclinaron un poco la camilla para que la verga me atacará el culo en ángulo inclinado, podía ver lo que sucedía detrás de mi inclinando la cabeza y mirando entre mis piernas.

    Ahora estaban todos a mi alrededor, expectantes ante el espectáculo que les iba a brindar, tragando por primera vez una verga de tan tremendo tamaño. Yasín se aproximo y metió la verga entre mis muslos dejándose caer en mi espalda.

    -Si sientes que te hago daño aprieta el culo y me detengo. -colocó las manos en mis hombros y Pablo le agarró el pene colocándolo en el hoyito y a la puerta de mi ano, podía sentirle pasando la cabeza tan grande como un ciruelo por mi entrada y me forcé a relajarme.

    Yasín comenzó empujar mis hombros contra él y mi espalda se arqueó por la fuerza que imponía, su gordo glande no conseguía vencer la barrera que mi ano le oponía hasta que de un empujón me penetró la cabeza, tuve que sacar un hondo gemido y abrir la boca para tomar aire.

    Me hubiera metido media verga si Pablo no se la estuviera sujetando.

    -¿Vas bien? -se le notaba la preocupación en la voz.

    -Sí vale. -no podía decirle que tenía el culo increíblemente estirado y que pensaba que me lo iba a rasgar si seguía entrando, pero Yasín estuvo unos segundo esperando a que mi culo se acostumbrara al tamaño de su polla, haciendo pequeños movimientos de fricción estimulándome el músculo anal. El chico sabía lo que se hacía y tenía que haber abierto muchos culos con su tremenda herramienta.

    Luego siguió empujando, entrando y y saliendo pero más de lo primero, hasta que afianzo la mitad de la polla en mi culo, entonces Pablo le dejó que fuera él quien quien decidiera y terminara de meterla entera, hubo un momento, hacia el final del trayecto por el recto donde sentí un ligero dolor, también parecía saber que eso sucedería, se detuvo y con pequeños piquetes se fue abriendo camino hasta sentir sus testículos que golpeaban los míos.

    ¡Dios mío! Había conseguido meterme toda su polla y conseguir que me sintiera reventado por dentro, se apoyó en mi espalda para descansar y me susurró al oído.

    -Ya te tengo, eres mío. -su forma tan sensual de decírmelo hizo que me estremeciera y que se me encogiera el culo apretándole la verga.

    Tarde un par de minutos en domina aquel monstruo dejándole su lugar en mis tripas, la presión fue cediendo. Comenzó a salir de mi muy lento, solamente sacaba unos centímetros volviendo a penetrarme seguido, y así cada vez más fuerte produciéndome un agradable cosquilleo en el fondo, donde el glande golpeaba al meterse y encontrar un tope. Centrado en lo que sentía había olvidado el entorno, Óliver continuaba masturbando a Eduardo y por la excitación de verme cogido por Yasin, se le había endurecido la polla, no mucho, pero si lo suficiente para que Óliver pudiera sujetársela con la mano y terminar de hacerle la paja, los demás no me interesaban, solamente Pablo que apoyaba la mano en la mía, agarrotada sujetando la sábana.

    El placer que la verga de Yasin me producía tenía difícil explicación, era placer mezclado con dolor, era emoción y temor, y sobre todo era sentir la verga de un poderoso macho joven que sabía follar mejor que uno mayor.

    Ya gemía a cada embestida que me daba, y loco de deseo le pedía más verga, y él tiraba de mis hombros doblándome la columna a su antojo para que mi culo se abriera para recibirle la polla y envolvérsela con mi ano codicioso de tenerla.

    -¡Me voy Yasín, me voy a correr!

    -Hazlo no me esperes. -Pablo me agarró el glande con la mano húmeda, y exploté en ella al instante, iba a desplomarme abatido, herido de muerte, sin poderme sujetar con las rodillas temblando, pero Yasín me tenía bien agarrado con las manos, y con su vergón afincado y bien metido en lo más profundo de mi culo comenzó a verterse, y dejarme las tripas tan llenas, que salía a la fuerza por mi ano al no poder contener tanto semen.

    Seguira…

     

  • En la semana de Pascua

    En la semana de Pascua

    Era Pascua, habían acabado los desfiles de Semana Santa y del lunes de Pascua y programamos toda la familia un campamento para el fin de semana siguiente, que era un puente largo por la fiesta de san Vicente en lunes; esto nos daba para cuatro días de aire, sol y mar. Nos dispusimos a acampar cerca de una playa nudista en la zona de El Saler donde se sitúa el Parque Natural de la Albufera. Hay allí algunos establecimientos de camping y tendríamos la belleza de El Saler a mano. En un camping se tiene mucha libertad para vivir por lo rústico, sin compromisos sociales, y contamos, además, con algunas comodidades propias de un camping, principalmente baños y agua potable.

    Íbamos varias personas de la familia, pero como la mayoría de ellos trabajaban, sólo podían llegar el sábado en la mañana, a la hora del baño y a comer. Mi primo Matías, que era estudiante como yo, y por tanto estábamos todavía de vacaciones, nos ofrecimos a ir el viernes temprano para preparar el campamento. Así que, llegado el viernes, un amigo nos dejó allí con las tiendas de campaña y una mochila con poca ropa, ya que el resto vendría al día siguiente con todos los demás, la mayor parte chicos, porque las chicas si no pueden pintarse y ponerse mil ropas cada día no viven, se quedaron para cuidar de la abuela que no necesita cuidado, pues está menos loca que todas ellas juntas.

    Llegamos temprano, antes de comer, y nos pusimos manos a la obra, limpiando la zona —que era lo razonable por tratarse de un camping— y montando las tiendas para poder acabar en cuanto antes e irnos a la playa.

    Hacía mucho calor e inmediatamente nos quitamos las camisetas. ¡Matías era un espectáculo! Morenazo, a sus 20 años, era dos años mayor que yo, se le veía muy bien acabado, orgullo de su madre que es también otro monumento. Desde que hacía ejercicio ya desde adolescente, al menos llevaba ya cuatro años dándole duro a su cuerpo, sus brazos y pecho estaban bien definidos, fuertes, pero sin exagerar. Lo más atractivo era esa línea en forma de pluma negra clara cubriendo su pecho, bajando por el vientre y perdiéndose en la línea de la cintura, escondida por el short que vestía. Las piernas eran fuertes y peludas, como me gustan en los demás, pues yo me depilo continuamente. Matías no es muy alto, medía entonces 1,65 metros, pero era todo proporcional y tenía una cara preciosa. Llamaba la atención allá dónde iba. Lo sabía y lo utilizaba como un poder para capitanear a las chicas del barrio ya desde el colegio, teniéndolas bobamente embelesadas, a parte de su extremada simpatía.

    Mientras preparábamos el campamento y desde que nos quitamos las camisetas, yo tenía que disimular mi polla que estaba dura todo el tiempo, mirando ese cuerpo fuerte, sudoroso y bronceado que de vez en cuando recaía sobre mí mientras montaba la tienda de campaña. Su sudor se mezclaba con el mío y cuando Matías no miraba pasaba los dedos por donde me había tocado para oler y degustar el sudor propio de un macho bien hecho.

    Casi a mediodía habíamos terminado el trabajo y fuimos corriendo a la playa para refrescarnos en el agua del mar, que estaba más fría que el clima exterior. Después de la carrera el agua estaba deliciosa, fría al principio y después en la justa medida y nos quedamos allí bastante tiempo, hasta que nos apretó el estómago y decidimos ir a comer un par de bocatas en un quiosco cercano, con la idea de trasladarnos en otra carrera hasta la zona nudista, donde estuvimos, ahora sí, sin el short, y yo me prendía de la polla de mi primo Matías, aunque también me di cuenta que él miraba de vez en cuando la mía, ya que es algo más larga que la suya, aunque no tan gruesa. Así estuvimos hasta el anochecer, jugando, nadando y tomando el sol. Cuando el sol desapareció, emprendimos la carrera de regreso al camping.

    Al caer la noche, fuimos a comer algo y devoramos los sándwiches que habíamos traído. Luego llegó la hora del baño, ya estábamos de puta miseria, con el sudor pegado, la barriga llena empujando y se hacía necesario evacuar, nos veíamos con el sudor pegado al cuerpo y seco de ir mezclado todo el día con sal y arena de la playa.

    Las duchas no tenían cortinas, pero estaban separadas por cubículos estrechos, así que descartado todo eso de ducharnos a la vez juntos. Así que no podía seguir mirando mucho y deleitarme viendo la polla de Matías que tanto me había deleitado en la playa.

    Mientras me quitaba la ropa, entré en el cubículo y abría la ducha y me mojaba el agua, sentí de pronto mucho frío, gracias a lo cual pude refrescar un poco los pensamientos libidinosos que tenía con respecto a mi primo al que sentía claramente qué parte de su cuerpo lavaba ya que estaba en la ducha de al lado.

    Cuando acabé y salí, él ya estaba terminando de secarse y pude disfrutar algunos momentos contemplando ese culo oscuro, aunque un poco más claro que el resto del cuerpo; miraba sobre todo unos pelos muy finos que cubrían las nalgas, pero que se iban volviendo más voluminosos a medida que se acercaban a las piernas.

    No voy a negar que mi polla saltó y se puso en dirección a él, señalando su culo, por lo que tuve que dar la vuelta para disimular un poco. Matías ya se estaba dando la vuelta para hablar conmigo y se dio cuenta de mi extremada situación. Con un amago de sonrisa, me miró descaradamente y me dijo:

    — La natación y el entrenamiento con pesas ya están dejando tu cuerpo bien definido para tu edad, primo Lucho.

    De hecho, yo siempre había sido un adolescente un poco regordete, pero ahora también tenía brazos y piernas fuertes, así como un pecho bien definido y plano el abdomen, aunque sin total definición.

    —Sí, pero todavía tengo que trabajar lo suficiente para ser como tú, —dije esto, mientras me puse rápido mi bóxer negro, esperando camuflar la erección notable que tenía, pero a la vez me remarcaba mi espacio en contraste con mi piel excesivamente blanca.

    Obviamente estaba satisfecho con el cumplido y pude mirar tranquilo el volumen que marcaba en su bóxer blanco que se había puesto. Sé que él siguió mirándome el culo, como antes había hecho yo disimuladamente.

    Nos sentamos en el suelo delante de la tienda y todavía allí tuvimos alguna tontería entre nosotros con palabras indirectas, referencias al gimnasio a donde cada uno íbamos y a nuestra imagen externa. El podía presumir de las chicas que le seguían y yo podía presumir de mi altura, mi cara más bonita que la suya y sobre todo de mi timidez. Porque cada uno decía lo del otro hasta que nos sentíamos avergonzados de los piropos y decíamos cosas que no eran verdad del todo, pero para bajar el volumen de alabanzas. Todo era por mantener una conversación informal y algunos toques al hombro, al brazo al costado que a mí me electrizaban y notaba que a mi primo también. Por fin decidimos que era el momento de echar una cabezadita, porque se había hecho de noche y el relente comenzaba a refrescar, así que decidimos entrar a dormir en la tienda de campaña.

    Nuestra tienda de campaña, la que habíamos escogido para nosotros, era muy grande, con dos compartimentos como dormitorios, pero sólo montamos uno por perezosos. Me puse una camiseta, porque hacía bastante frío por la noche, y él hizo lo mismo. Nos acostamos, escuchamos música que sonaba en el exterior y hablamos con la luz apagada.

    — Lucho —dijo Matías después de apagar la luz— ¿no tienes novia o amiga o sales con alguna chica?

    — No, todavía, no tengo tanto éxito como tú, Matías, que te llevas todas las chicas del barrio y no dejas ninguna para los demás.

    — Aaaah, envidia cochina, ellas me buscan no sé por qué; tú, más guapo que yo, si quisieras harían fila ya sabes para qué…

    — Uy, que va, tú sí, te las tiras seguro sin problemas…

    — ¿Yo a las chicas del barrio?, ni te cuento, vienen sí, pero de ahí no paso, no te creas…

    — ¿No pasas o no pasan, primo Matías? Dime…

    — Te lo juro por las almas de mis muertos que nunca he tocado a una ni en broma.

    — Pues mira que yo, ni comprando boletos me toca una, aparte de, bueno, no sé qué podría hacer yo con una chica…

    — ¿Qué me dices?

    — No nada, ¿por qué no dormimos ya?

    Matías es un tipo muy tranquilo, buena gente, de buen carácter. Incluso me protegió bastante en el colegio, ya que él iba dos años por delante de mí y tenía cierta ascendencia sobre los chicos más fuertes y horripilantes. Me gustaba mucho, pero a pesar de la dureza en mi pene que me causaba ver su cuerpo, nunca había pensado en intentar nada, pues no quería poner en peligro nuestra amistad y, además, eso de ser mi primo pone entre medio muchos impedimentos.

    Nos dijimos buenas noches y nos volvimos a dormir. La proximidad de ese ejemplar masculino que tenía al lado estaba ejerciendo un poder de atracción muy fuerte sobre mí. Podía olerle y mi polla se estaba poniendo contenta. Así y todo, estaba tratando de calmarme e intentar dormirme.

    Al cabo de un rato, estaba yo medio dormido y sentí que su mano tocaba mi muslo, casi sobre mi trasero. Fue algo rápido, pero me despertó y me puso en alerta. Pasó un rato y de nuevo su mano otra vez tocándome, en esta ocasión fue justo en mi trasero.

    Mi polla se puso muy dura, mi corazón sobresaltado. No era posible —pensaba yo—, que fuera por accidente. Pasó un largo momento y todo estuvo tranquilo, no ocurrió nada.

    Cuando ya estaba yo convencido de que no había nada de qué preocuparse, he aquí que se volvió lentamente y se inclinó poco a poco hacia mí. Fue muy rápido, pero pensé que iba a morir. Entonces me convencí que estaba intentando algo y me estaba probando.

    Me volví yo también para ver y me quedé en la misma posición, justo a su lado casi rozando, esperaba sobre mi lado izquierdo un toque sorpresivo. Él se acercó un poco más y ya volvió otra vez a probar. Esta vez se inclinó por detrás de mí y me dio una buena toqueteada, de modo que pude sentir su polla muy fuerte, pasando por mi culo, de arriba a abajo y de un lado a otro. Tras unos segundos se retrajo de nuevo para ver mi reacción. Me quedé quieto, no sabía cómo reaccionar. Nunca había esperado algo así y nunca había tenido nada con nadie. Yo era virgen.

    Dándose cuenta de que no había ninguna queja por mi parte, se volvió a inclinar hacia atrás para alargar su polla hasta mí, esta vez lo hizo anidándome del todo desde sus pies a mis pies y desde su cabeza hasta junto a mi cuello. ¡Joder! Podía sentir su aliento cálido justo al lado de mi cuello y me entraron como si fueran escalofríos. Inadvertidamente —creo que instintivamente—, moví mi culo para hacerlo encajar mejor en su polla. Su respuesta fue sujetar de inmediato mi cintura y presionar su pene contra mi trasero. Su mano se deslizó muy lentamente por mi cintura y me sostuvo mi polla con fuerza.

    Teniendo mi polla en sus manos, se acercó a mi oído y me habló misteriosamente como susurrando:

    — Sé que estás despierto y que lo estás disfrutando, ¿quieres jugar un poco?

    Escuchar esa voz en mi oído y sentir esa polla custodiando mi culo fue demasiado para mí. Gemí y presioné con fuerza mi cuerpo contra el suyo. Se rió suavemente de mi reacción y empezó a besarme el cuello y a enamorarme de verdad. Con todo ese movimiento de besos en mi oreja, su polla acariciando mi culo y su mano en mi polla, no tardé ni dos minutos en hacer explotar mi ser en un potentísimo orgasmo. Él, perdiendo el control, terminó eyaculando también. El detalle es que ni siquiera nos habíamos quitado el bóxer. Así son los jóvenes y la inexperiencia…

    Me dio la vuelta y me dijo sonriendo:

    — ¡Chico, eso fue excitante!

    Luego me besó. Fue muy bueno y extraño al mismo tiempo. Hasta entonces pensaba que era heterosexual y ahora me besaba.

    Debe haber entendido mi extraña cara y dijo:

    —A mí también me gustan los chicos. Yo salgo más con chicas, pero no me hallo con ellas; me veo mejor y más a gusto con un hombre; pienso que yo aceptaré un hombre en mi vida cuando descubra que es el hombre perfecto que deseo.

    — ¿Soy yo acaso el hombre perfecto que deseas? —pregunté con una sonrisa.

    Se rió suavemente, y dijo:

    — Lo he estado intentando algún tiempo, pero nunca ha habido una clara oportunidad; hoy, en la ducha, noté que me mirabas y te emocionabas, no hice nada allí porque tenía miedo de que alguien viniera.

    Limpiamos el esperma con nuestra ropa interior y la echamos en una esquina. Nos acostamos totalmente desnudos, un poco escuchando la música que tocaban afuera. Yo estaba acostado sobre su pecho y me acarició el pelo muy suavemente.

    Sentí que su respiración se aceleraba y me di cuenta de que se estaba excitando de nuevo. Segundos después estaba yo en la misma situación, también muy excitado. Empecé a besarle el pecho, a buscarle los pezones, a lamerlos y a chuparlos. Se volvió loco, me agarró con fuerza el pelo y me apretó contra su pecho, suplicando que siguiera.

    Entonces comencé a subir por su cuello con mi lengua, hasta su boca, que me recibió con un beso fuerte, masculino, sin sutilezas.

    Sus manos corrían por toda la piel de mi cuerpo, apretándome contra su cuerpo. Parecía que nos íbamos a incendiar de tan calientes que estábamos. De pronto sentí sus manos sobre mi cuello, primero empujando mi cabeza contra la suya, como si el beso pudiera ser más profundo, pero luego empezó a tirar ligeramente, señalando que quería que yo bajara besando su cuerpo.

    Me entregué a su voluntad y bajé con mi lengua. Otra vez lo volví como loco lamiendo lentamente su cuello, su pecho y cada rincón de su abdomen. Cuando me acerqué a su polla, pude sentir todo su esplendor, su olor a macho, un olor indescriptible, que parecía explotar dentro del cerebro e hizo que la emoción, que ya estaba en su apogeo, se multiplicara por mil.

    Hundí mi cara en sus pelos del pubis, impregnándome de todo su olor. Empecé a lamer su entrepierna, su escroto. Quería que le chupara la polla ardiente, pero me detuve. Jugué antes con sus pelotas, metiéndomelas alternativamente en la boca y finalmente le agarré la polla con un hambre que incluso lo asustó. Pronto se dio cuenta de que, a pesar de mi inexperiencia en la práctica, había visto mucho en las películas y parecía tener una experiencia innata.

    Tenía una hermosa verga, que podía disfrutar en la penumbra; no es que fuera muy grande, tal vez ente 16 y 17 cm, pero bastante gruesa. Es un tamaño cómodo y muy sabroso en la boca. Lo lamía todo, desde la base hasta la punta, jugaba con mi lengua acariciando su prepucio y trataba de tragar toda aquella verga, lo que lo volvía loco. Aunque no pude llegar a la base, fui casi hasta allí y él me empujó la cabeza como si fuera a cruzarme.

    En ese frenesí, solté su polla y volví al escroto y luego bajé y levanté sus piernas. Cuando se dio cuenta de que mi intención era detenerme, porque ya había alcanzado mi meta, fue cuando le lamí el culo por primera vez, soltó un fuerte gemido y relajó las piernas, que había estirado para intentar detenerme. Se mordisqueó las nalgas e hizo vibrar mi lengua en medio de su trasero. Parecía que iba a morir de tanto gemir.

    Volví a su polla y la chupé lentamente como si no hubiera un mañana. Siempre me había sentido caliente imaginando ese momento, y eso era realmente todo lo que imaginaba. Podía sentir su calor, su pulso dentro de mi boca. Podía pasar horas jugando con él, probando sus reacciones al trabajo que hacía con mi lengua, pero tenía otros planes…..

    Me tiró de los hombros y me dio un beso largo y feroz. Luego me puso boca abajo y se acostó sobre mí, totalmente muy pegado su cuerpo al mío: su boca en mi cuello, su abdomen en mi espalda, su polla en mi culo y las piernas —¡oh, qué piernas!— inmovilizándome en esa posición. No se imaginaba que mi voluntad de huir de allí ni existía…

    Comenzó a acariciarme con fuerza, frotando su pene a lo largo de mi raja o hendidura interglútea, mientras me mordía en las orejas y el cuello y me abrazaba, doblando sus brazos bajo mi pecho. Su polla, completamente babeante, ocasionalmente se deslizaba fuera de mi ano y pasaba entre mis piernas, tocando mi trasero y haciéndome ir al cielo. Pronto estaba jugando bien en la misma entrada, tratando ya de iniciar la penetración que, en ese momento, parecía fácil, con todo ese lubricante natural.

    En ese momento, la responsabilidad había que tenerla en cuenta y me contuve un momento para preguntarle:

    — ¿Tienes un condón?

    Estaba un poco loco y susurró algo ininteligible, tratando de convencerme de que lo olvidara y siguiera adelante de todos modos. Murmuró no sé qué e intentó volver a meterme la polla. Pero yo también fui muy fuerte y me di la vuelta, frente a él, y le dije:

    — Sé que trajiste muchos condones. ¡Deja de ser perezoso y juguemos limpio!

    Sonrió con una sonrisa muy traviesa y extendió la mano hacia su mochila, de donde sacó el condón y un tubo de lubricante y comenzó a colocárselo. Luego me levantó las piernas, me puso la polla en mi agujero y comenzó a tratar de penetrarme.

    Eso no iba a ser fácil, ya que yo nunca había hecho eso antes y él tenía una verga bastante gruesa. Con un poco de miedo, le dije:

    — Tranquilo, hombre. Es mi primera vez…

    Me miró fijamente con cara de sorpresa que luego se convirtió en una tierna sonrisa. Él soltó mis piernas, que aún estaban levantadas, y se echó sobre mí, abrazándome, besándome y diciendo:

    — No te preocupes, guapo; nos lo tomaremos esto con calma, y si te duele, házmelo saber que me detendré, ¿de acuerdo? Al principio siempre duele un poco, pero así es; va a ser muy bueno, te lo garantizo.

    Y me besó de nuevo, esta vez muy suavemente.

    — Date la vuelta y será más cómodo para ti.

    Me volví y él volvió a su posición encima de mí, como si nunca hubiera salido de allí y me amaestró el culo de nuevo, pasando la polla a través de mi trinchera y provocándome, metiéndola justo en la puertecita de mi culo y luego sacándolo. En ese momento yo ya estaba suplicando que me la metiera, me acercaba el culo hacia él y me lo frotaba contra él, sintiendo su piel, su pelo y esa polla frotándose contra mí.

    Sintió que el camino estaba despejado, juntó la polla a mi agujero y comenzó a penetrar. Todo parecía estar bien hasta que un dolor punzante pareció partirme en dos. Yo estaba paralizado y él se detuvo inmediatamente y siguió hablando suavemente en mi oído:

    — Shhh, cálmate, ya pasará, ya pasará, ya pasará….

    Al poco rato, el dolor cedió y volví a moverme. Luego regresó y me penetró y pronto pude sentir su vello púbico frotándome el trasero. ¡No podía creer que toda esa polla estuviera dentro de mí! Me echó todo su peso encima y se quedó ahí por unos minutos con toda su polla en el culo, hasta que empezó a moverse lentamente.

    A medida que se sentía más relajado, aumentaba sus movimientos y pronto parecía que toda su polla entraba y salía de mí con cada aventón. Estaba en las nubes y sentí toda una serie de sensaciones que nunca pensé que pudieran darse. Su boca me mordisqueaba la oreja y el cuello y parecía como si un relámpago me cayera por la espina dorsal, su peso sobre mi cuerpo me hacía sentir protegido como nunca antes me había sentido, sus manos sobre mi pecho parecían estremecerse ante cada pinchazo ligero que me daba en mis pezones, y su polla… ¡ahhhh, su polla!, entrando y saliendo de mi culo parecía como si me estuviera bombeando y sentía una presión deliciosa, que hacía que ríos de baba salieran de mi polla. ¡Era el paraíso!

    Sentí que su respiración se aceleraba, sus movimientos se volvían más frenéticos y su habla más incomprensible. Pronto explotó de alegría, abrazándome tan fuerte que casi me asfixió. Estuvo sobre mí unos minutos hasta que se resbaló a un lado. Sentí el tacto de su mano en mi cabeza. Me acarició y sonrió tiernamente. Su mano bajó por mi cuello y espalda, pasó por mi cintura y buscó mi pene. Me volví para hacer su trabajo más fácil.

    Se rió cuando me sostuvo la polla, que todavía estaba dura, ya que todavía yo no había eyaculado. Empezó a masturbarme ligeramente y, para mi sorpresa, comenzó a descender hacia mi pene. ¡Sentí su boca tragándose mi verga dura! ¡Fue algo indescriptible! Lástima que estaba tan emocionado que en menos de dos minutos empecé a sentir que mis piernas temblaban, luego mis brazos, luego todo, todo mi cuerpo temblaba en un orgasmo sin precedentes hasta ese momento. Dirigió mi esperma hacia su pecho y prácticamente ordeñó mi pene hasta la última gota. Era hermoso ver ese pecho castaño, peludo y fuerte bañado en los flujos de mi alegría.

    Cuando volvió hacia mí, lo sentí que se encontraba muy a gusto junto a mí y me besó con mucho afecto y probamos de jugar con nuestras lenguas.

    — ¿Qué tal un baño? ¡Lo necesitamos!

    Tomamos nuestras toallas y fuimos al baño. Perdimos la noción del tiempo y ya era de madrugada. El agua fría se llevó los signos de nuestra locura y nos revitalizó por un tiempo. Nos miramos con una mirada divertida, con pequeñas sonrisas de satisfacción, pero no dijimos nada.

    Volvimos a la tienda y la dejamos presentable para esa tarde. El frío del amanecer y la fatiga del día y el sexo latente manifiesto en nuestro cansancio, nos tumbaron y dormimos abrazados y desnudos, porque no sabíamos cuándo podíamos repetir otra noche como esta. ¡Ah…, pero si os contara…!

     

  • Milena, chiquita pero fogosa, estrenando su culito

    Milena, chiquita pero fogosa, estrenando su culito

    Luego de esa noche con Milena, donde me dejó totalmente exprimido, pasamos la semana chateando, para el día miércoles, a eso de las 10 h., estando en el trabajo Milena me envía un mensaje entre otros que ya me había enviado en donde me preguntaba qué haría ese fin de semana. Le dije que hasta ese momento no tenía nada planeado, me expresó que le había gustado, pero tenía aún como dudas morales, le dije que perdiera cuidado, que por mí parte nadie se enteraría de lo ocurrido, pero también ella quería hacerlo, quería que le reventara su culito, ya que había experimentado sensaciones placenteras, especialmente cuando le bese sus pechos, cuca y su culo. Se sentía curiosa por experimentar el sexo anal, ya que lo que había oído es que era doloroso, le había escrito o comentado que con una buena técnica de lubricación y excitándola adecuadamente sería muy placentero para ella y nada traumático.

    Milena me expresa que dado lo que vivimos siente curiosidad y a la vez confianza en lo que le digo, le expreso de forma clara pero contundente que cuando se sienta en verdad preparada me avise, ya que es una decisión que no debe tomarse a la ligera y no la estoy presionando. Creo que esto la calmó un poco, seguimos platicando de otros temas banales por whatsapp y me vuelve a preguntar qué haría para ese fin de semana. Le dije que hasta el momento nada en especial, me pregunta sí nos pudiéramos ir dos días a la Colonia Tovar, un sitio bien bonito y frío en Aragua Venezuela, que ella tiene pagado desde unos meses atrás unos días pagos en una posada. Le dije que si, que cuadraba unas cosas y partiríamos el viernes después de mi trabajo, o sea después de las 15 horas. Llegó el viernes, la pasé buscando y tomamos el Bus, llegamos a la Posada a eso de las 18 Horas, nos registramos, subimos a la habitación, muy bonita la decoración, ella se ríe, ya que nos registramos como esposos, jajaja, nos bañamos rápidamente para disponernos a bajar y cenar algo, como estaba lloviendo hacía más frío, Cenamos y Milena por debajo de la mesa me pasaba el pie, me miraba con carita de niña buena tramando una travesura, me dijo que ansiaba subir, tenía frío y hambre, pero apetito de algo diferente, le dije que se calmara, que también estaba deseoso por poseerla pero que lo bueno se hacía esperar, también estaba a reventar, pero trataba de contenerme, terminamos de comer, pedí una botella de vino chapañizado para llevármela a la habitación, una vez dentro de la habitación Milena se me lanza encima, la cargo y como puedo coloco la botella en la mesita de noche, nos empezamos a devorar a besos, le desabotono la blusa que lleva puesta y prácticamente le quito el brassier con los dientes para meter mi cara en esos pechos hermosos, ella con su respiración ya algo agitada me dice: «estaba que te brincaba encima de la mesa, te quitaba la ropa y me metía tu miembro en la boca»

    «hazme tuya papi, lo necesito»

    Le dije: «también quiero hacerte mía corazón». Me tomó la franela me la subió y me la quitó. Me besaba por el cuello desesperada, me buscaba la correa para desabrocharla junto con el jeans, el pantalón cayó al suelo y nos vamos a la cama, la coloco suavemente en el borde de la cama le quito los zapatos y el pantalón, quedando en una tanga negra muy tentadora, procedo a quitarme los zapatos y el pantalón ella me baja el boxer saltando mi miembro, quedando frente a su cara, ella procede a tomarlo con su pequeña mano y dándole un beso al glande, para luego pasarle la lengua y bordearla como si fuera una barquilla, la tomo por su cabello y comienzo a indicarle para que proceda con la rica mamada, ella comienza el rico oral y con sus manos me acaricia las nalgas, lo hacía divinamente, en eso desde arriba la veo a los ojos y ella como queriendo preguntar con su mirada le hago señas de que continúe, le susurro muy suave «así corazón muy bien lo haces, no pares»…

    La tomo por sus brazos y la ubico en el medio de la cama y me posiciono para comerle su cuquita y empezar un fastuoso 69, ya su cuquita depilada era un manantial de líquidos, los cuales degustaba, Milena tenía su boca atragantada con mi miembro, le metí mi dedo medio a su cuquita lo que produjo que explotara en un primer orgasmo, sintiendo sus piernas tensarse, de su boca buscaba tomar aire ante la sensación por venir su primera corrida y embarré de sus líquidos mi dedo y lleve dicho dedo a la entrada de su ano, muy suavemente empecé un masaje mientras Milena estaba en trance por la rica mamada a su cuca, se retorcía, blanqueaba los ojos, cuando le pasaba la lengua a su ano lo que aprovechaba para ir deslizando suavemente el dedo hacia adentro, cuando ya había metido con algo de dificultad el dedo medio con saliva y sus líquidos procedí un lento mete y saca, y a buscar la manera de lubricar el anular para seguir masajeando su ano con el dedo anular.

    Milena estaba transportada mientras mi lengua jugaba y alternaba entre su vagina y ano, cuando ya estaba por explotar por segunda vez le empujé un poco el segundo dedo, no aguantaba más sus piernas no respondían y así me lo hizo saber, la coloqué boca abajo le subí sus nalgas y enterré mi cara entre su culo procediendo a besarlo, mamarle ese culito a Milena, ella por su parte enterró su cara en la almohada para ahogar sus gritos de placer, tomé mi miembro viendo que su culito ya estaba algo dilatado y diciéndole al oído sí estaba lista, me hizo señas con la cabeza que si, le posicioné mi miembro en su ano y lo empujé un poco, entró la cabeza con un poco de dificultad, le besé su cuello y orejas mientras le decía que respirara profundo que se relajara, esperé unos segundos y procedí a empujar otro poco mientras con mis dedos trataba de lubricarle su ano con sus propios líquidos, empujé otro poco más, le pregunté sí le dolía, me dijo que sí pero que sentía rico, le dije, aguanta un poco mi amor, y tomándola por ambas manos le terminé de empujar mi miembro hasta el fondo, Milena trató de gritar, pero sus gritos fueron capturados por el colchón, por sus mejillas rodaban unas lágrimas, le besaba el cuello orejas y busqué como pude darle un beso en la boca, traté suavemente de sacar un poco mi pene y meterlo suavemente para ir acoplando su ano a mi miembro, le fui señalando un lento pero rico movimiento en círculos a medida que metía y sacaba mi pene, cuando vi que ya su cara estaba mostrando signos de placer empecé de forma rítmica, ya estaban otra vez los gritos de placer, le tomé por sus cabellos y un hombro y mis movimientos eran más rápidos, le coloqué una mano en su vagina para procurarle un orgasmo ya que estaba por venirme y así se lo expresé viniéndome y llenándole su culito de mi semen, me quedé unos minutos con mi pecho en su espalda, diciéndole lo rico que tenía su culito, ella expresó también que le había gustado, cuando mi saco mi miembro veo rastros pequeños de heces unos hilitos de sangre y semen, nos lavamos y llamo a la recepción para pedir una botella de vino champañizado y cuando me vinieron a traer la botella hablo con el mesonero para que me la ponga a enfriar la que me había traído hasta el día siguiente, dándole una buena propina, brindamos ya que no había rincón de Milena que no había sido mío, me dijo también que de ahora en adelante le gustaba el sexo anal, recobré un poco las fuerzas y tuvimos una sesión pero donde la privilegiada esta vez fue su cuca, nos dormimos alrededor de las 4am, dormimos hasta las 13 h. aproximadamente.

    No despertamos, nos metimos a la ducha, ahí fue un festival de besos, caricias, rico sexo oral, en fin nuestra ducha se prolongó por hora y media aproximadamente, cuando nos dimos cuenta ya eran casi las 15 horas, entonces ya debíamos desayunar y almorzar todo en una sola comida, nos vestimos rápidamente y bajamos al restaurante, antes llamé a la recepción para solicitar que cambiaran la ropa de cama. Comimos una parrilla y tomé cervezas, Milena tomó un vinito, luego nos dispusimos a caminar por el pueblo tomados de la mano, cuando llegamos que nos dirigimos a la habitación siento la mirada de una de las mucamas que me mira de forma pícara, me imagino que fue la que cambió las sabanas, Milena se dio cuenta y dice en voz alta, «vamos papi a disfrutar como anoche»…

    Al cruzar la puerta, Milena parecía poseída, me empezó a besar y a quitar la franela, a desabrochar la correa me tumbó en la cama, ya casi desnudo se lleva mi miembro a su boca dándome una mamada descomunal, la acomodo, le quito sus zapatos le bajo sus pantalones y pantaletas, y meto mi lengua en su clítoris, empezó a gemir, a voltear los ojos, yo seguía chupando su clítoris cuando tensa las piernas apretándolas en mi cara mojándome la boca con sus fluidos, me exclama que no aguanta más que quiere que la penetre, me llevo sus pequeñas piernas a mis hombros, con mi pene le acaricio la entrada de su vagina, haciendo que se retuerza, le beso el cuello, la boca, casi gritando me pide que se lo entierre, le mamo sus pechos y poco a poco le introduzco mi pene, con sus piernas me abraza a la altura de mi cintura como para asegurarme y que no se lo saque, me muevo en círculos con mi miembro adentro de ella, se lo tengo metido hasta el fondo, estoy ocupado besando ese par de tetas, ella acaricia mi cabello, mientras dice: «así papito, rico, dale aaahhhh si, si, si me gusta», dame así.

    Que rico se movía, apretaba su cuca cuando se lo enterraba hasta el fondo, le sentía esa cuca rica cuando la apretaba, sus pequeñas manos masajeaban mis nalgas y espalda, en una de esas encajó un poco sus uñas lo que me avisaba que estaba por explotar en otro orgasmo estaba que reventaba no aguantaba más y muy suave le digo al oído mientras le beso su lóbulo que voy a acabar, ella con la respiración agitada me dice: «acábame adentro papito, bien adentro, que rico me coges, así me gusta, me tienes esa cuca hinchada, nunca me han cogido así!» «aaaahhh!»

    Aquí no pude más vaciando toda mi carga bien adentro, mientras Milena me incrustaba sus uñas en la espalda y nos fundíamos en un besos apasionado, estábamos empapados en sudor, con la respiración agitada, mi pene aún medio erecto le palpitaba en su cuquita, mientras Milena aún daba muestras de espasmos por su orgasmo, nos lavamos y dormimos abrazados por el resto de la noche… Al día siguiente despertamos alrededor de las 11am, nos dimos una ducha que se prolongó hasta las 13 h. aproximadamente, ya que volvimos a coger riquísimo recuerdo que me senté en la poceta y la ensarté por el culo Milena aullaba gemía Dios es una ninfómana, nunca dice que no, bueno terminamos bañándonos para irnos a almorzar y regresar a nuestro hogares, ese fin de semana Milena experimentó el sexo anal quitándole de su cabecita la idea de que era traumático y doloroso, ya en la tarde a las 19 horas aproximadamente me escribe por whatsapp que el martes en la mañana cuando saliera del trabajo y llevara los niños al cole me daría mi «desayuno»…

    Esta historia se pone mejor ya que los próximos meses Milena me pide que la embarace…

  • Señor y muchacha (Parte 4)

    Señor y muchacha (Parte 4)

    Laura se abrazaba a Antonio con fuerza. Este sintió que la boquita de aquella muchacha le besaba el pecho.

    – Tengo que irme, mis padres me esperan – mientras hablaba iba llenando de besos pequeños su pecho, su estómago, su vientre. La boca de aquella muchacha besó su sexo… – Mañana vengo y estamos juntos, vale?

    – Si pequeña, ven cuando quieras…- Antonio le contestó deseando que llegara el momento de volver a tenerla en sus brazos.

    La observó vestirse. Un sin fin de pensamientos se agolpaban en su cabeza. Era tan solo una chica y lo estaba volviendo loco. La miró la rajita justo antes de que ella la ocultara con su braguita. Pensó que nunca había saboreado un coño tan dulce. Aún sentía en su polla su suavidad y su calor. Deseaba hacer el amor con esa criatura a todas horas. Miró su cara y ella sonreía. Su rostro era muy infantil y Antonio se sintió culpable de estar sintiendo esas cosas por ella. Laura se puso la cazadora y él la acompañó hasta la puerta.

    – Hasta mañana Antonio- Laura se puso de puntillas y besó los labios de Antonio. La vio caminar hasta el ascensor.

    Cerró la puerta de casa y se dirigió a la ventana. Vio como aquella muchacha se alejaba caminando alegre. Aún le costaba comprender porque aquella preciosa chiquilla le hacía caso pudiendo tener a cualquier hombre que quisiera. Recordó que además ella tenía novio. Se preguntó dónde estaría ahora aquel muchacho. Se preguntó que sentiría ese chico si se enterara que su novia se había acostado con otro hombre y encima muchísimo mayor que ella. Antonio se sintió una mala persona, un egoísta… Una lágrima resbaló por su mejilla. Se la secó avergonzado. Hacía mucho tiempo que no lloraba…

    Laura llegó a casa y sus padres la esperaban. Ella les explicó que Lucía se había encontrado mal y la había acompañado. Se quedaran dormidas por eso no los había avisado. Sus padres se miraban entre ellos. Laura tenía toda la confianza de sus padres gracias a que siempre había sido una hija muy responsable. Su madre le dijo que se fuera a dar una ducha que ellos saldrían a dar un paseo antes de comer.

    Se desnudó frente al espejo del baño y miró su cuerpo. Aún tenía los pezones endurecidos y oscuros por la excitación de lo sucedido hacía una hora. Se sonrojó y sonrió al recordar a Antonio. Como flashes que acudían a su mente recordó lo mucho que le había gustado besar aquel sexo maduro. Recordó su sabor, su calor al introducirlo en la boca… Laura sintió una especie de corriente en su vagina y pasó su dedo por ella. De nuevo se le había mojado totalmente al recordar a ese señor y su pene feo pero que tanto la atraía. Su mano comenzó a masturbar su sexo todavía sensible. Al hacerlo pensó que aquel señor le había besado y lamido entre las piernas dos veces. Por la manera que la lamía, sabía que a ese hombre le encantaba su sabor íntimo…Se corrió entre temblores. Gimió contra su brazo por miedo a ser descubierta…

    Habían terminado de comer y sonó el teléfono de Laura, era Pedro. Le pidió que fuera por su casa que estarían solos. Ella aceptó. Al colgar se quedó pensativa. Se había dado cuenta que deseaba ver a su novio pero que lo de estar solos en casa no le había hecho ninguna ilusión. Otras veces era distinto. Antes los dos deseaban encontrar el momento de estar solos y hacer el amor.

    Laura llegó a casa de su novio a las siete y él ya la esperaba con impaciencia. Hablaron un poco sentados en el sofá. Enseguida Pedro le dijo con picardía de ir a su cuarto.

    – Vale, vamos – Laura le respondió sin demasiado interés

    Una vez en el cuarto Pedro la besó con pasión, Laura lo abrazó. Le quería muchísimo. Se sintió rara pues deseaba que su cuerpo reaccionara a las caricias de su novio, como hacía cuando estaba con ese hombre. Pedro acariciaba sus pechos y le iba desnudando y Laura sentía que su vagina no reaccionaba igual que con Antonio. Su novio la desnudó por completo y se desvistió también él. Hicieron el amor… Laura lo abrazó al terminar y se quedó en silencio. Pensaba que con su novio sentía placer pero con Antonio sentía cosas que jamás había imaginado. No se había atrevido a pedirle a su novio que le besara entre las piernas, le daba igual, Antonio se lo haría sin ni siquiera pedírselo. De reojo observó el sexo del muchacho. Había deseado besárselo, sentía curiosidad por cómo sería, si sabría igual que el de ese señor. Pero no lo hizo, quizás su novio pensaría que era demasiado atrevida por hacerlo. Contempló aquel sexo desnudo. Lo comparó mentalmente con el de Antonio. Se ruborizó al pensar que el pene de aquel hombre maduro era feo pero le atraía mucho más que el de su novio.

    Al día siguiente Laura se sentía nerviosa pensando que por la tarde iba a estar con Antonio. En la facultad se encontró con Marta y esta le propuso ir de compras.

    – Tengo que hacer unos recados – le dijo Laura sonrojándose – no podré ir.

    – Unos recados? – Marta al verla sonrojarse sintió curiosidad- Quedaste con Pedro?

    – No, no… -Laura nerviosa no sabía que decir.

    – Uy, entonces? -Marta le guiñó un hijo- …cuéntame pillina.

    – No es nada Marta. Ya hablaremos, vale?

    Marta vio alejarse a su amiga Laura y se quedó intrigada pensando que era lo que iba a hacer su amiga esa tarde. Al preguntárselo había actuado de una manera muy extraña y no era habitual en su amiga Laura.

    Por la tarde Laura estaba muy nerviosa. Cogió un autobús para ir a casa de Antonio. Varios chicos la miraron al pasar a su lado. Llevaba un vestido blanco que le quedaba perfecto. Se sentía algo excitada y su cabeza solo pedía que nadie le notara su estado. Antonio leía sentado en el sofá del salón. Miraba el reloj cada poco tiempo. Acaso aquella muchacha se había arrepentido y ya no iría a su casa? se preguntaba así mismo. El sonido del telefonillo rompió el silencio. Se puso nervioso. Ni siquiera preguntó quién era y abrió el portal. Escuchó el ruido del ascensor y abrió la puerta de casa. Allí estaba ella. La muchacha que en poco más de una semana había cambiado su vida. La miró caminar hacia él. Antonio la contempló detenidamente, aquel vestido blanco le quedaba perfecto. De nuevo pensó que era una muchacha preciosa. Se entristeció. Ella al acercarse vio el rostro de aquel señor y se dio cuenta que algo no iba bien. La cara de Laura que unos segundos antes era de alegría, cambió al verlo a él.

    – Hola Antonio, que sucede? -le preguntó algo asustada.

    – Pasa Laura, tenemos que hablar.

    Fueron andando hasta el salón, ella mirándolo y esperando que le dijera que ocurría. Antonio le señaló el sillón y ella se sentó. Él se sentó en el sofá frente a ella. La miró con tristeza durante unos segundos de silencio. Su voz rompió el silencio…

    – Laura antes de nada quiero decirte que eres lo más bonito que me ha pasado en muchos años. Eres una muchacha adorable y tierna. Me cuesta decirte esto pero me siento mal porque pienso que estamos haciendo algo que no debemos.

    – Pero… -Laura intentó hablar pero él le pidió que le escuchara…

    – Tú eres una muchacha joven… Me siento mal porque yo soy un hombre mayor y debo tener los pies en el suelo. Laura… tú tienes a tu novio. Os queréis y debéis ser felices… -Antonio apenas podía seguir hablando.

    – Pensaba que te gustaba…Yo deseo estar con usted. Deseo estar en sus brazos – Laura pensaba lo que Antonio le había dicho y sabía que tenía razón. Ella quería mucho a Pedro.

    – Laura por más que me duela, no puede ser pequeña. Es por tu bien

    Antonio la vio levantarse y la vio entrar en el baño. Desde el sofá intentó escuchar por si estaba llorando. Al poco rato escuchó el pestillo del baño y se abrió la puerta. Al verla su corazón se agitó nerviosamente. Aquella muchacha apareció ante él con tan solo la braga puesta. Se había quitado el vestido. Se acercó a él. Antonio intentaba no mirarla, aunque no podía evitar mirar fugazmente los pechos de aquella joven.

    – Laura por favor, no puede ser…

    – Déjeme estar con usted por favor – Laura intentó abrazarlo y Antonio evitó abrazarla.

    – No pequeña, es por tu bien…

    Laura se bajó un poco la braga, dejando a la vista su vagina desnuda.

    – Pensaba que te gustaba – Antonio no pudo evitar mirarle el coño. Se sentía sin fuerzas para luchar contra su deseo pero tenía que resistir.

    La muchacha aprovechó aquel momento para sujetar la mano de aquel señor y la llevó entre sus piernas. Antonio se estremeció al volver a sentir aquel sexo carnoso y tierno en su mano. El silencio solo roto por la respiración de los dos se adueñó del salón. Se miraron sin decir nada. Laura emitió un gemido al sentir como su vagina se empapaba totalmente. Antonio sentía la suavidad de aquel coño en su mano. Sentía que desprendía muchísimo calor. Sintió su mano mojada…

    – Le gusta mi vagina?

    – Es la más suave y bonita que vi nunca pequeña – Antonio ya no podía luchar contra ella y empezó a mover la mano muy suave acariciándola – Pequeña, esto no puede ser…

    – Cállese…- Laura apoyó su cara en el pecho de Antonio y comenzó a desabrocharle la camisa – mi vagina desea sus caricias…

    Él la comenzó a masturbar. En los anteriores encuentros había sentido que esa muchacha se mojaba muchísimo pero esta vez era mucho más. Su mano grande acariciaba aquel coño suave y sentía su mano totalmente mojada. Laura gemía contra su pecho. Su boca entreabierta no era capaz de contener la saliva y ésta resbalaba por su barbilla hasta caer en el pecho velludo de Antonio. Sintiéndola tan mojada no pudo evitar recordar lo mucho que le gustaba el sabor de los flujos de aquella jovencita. La joven gemía mientras era masturbada por Antonio. El sintió que le sacaba la camisa y la mano de aquella niña comenzó a acariciar su estómago. Su mano era pequeña, suave. Su corazón se aceleró mucho más cuando la mano de Laura bajó y comenzó a acariciarle la polla por encima del pantalón. Estaba totalmente excitado.

    La muchacha separó las piernas. La enloquecía sentir la mano de aquel hombre entre ellas. Deseó acariciarlo también ella a él. Después de acariciarlo por encima del pantalón solo pensaba que deseaba volver a ver aquel sexo de Antonio. Deseaba tenerlo en su mano, masturbarlo con sus manos. Se ruborizó al sentir que deseaba lamerlo y chuparlo por segunda vez… Le desabrochó el pantalón y se lo bajó. Le bajó también el slip y vio de nuevo aquel sexo que tanto le atraía. Nunca encontraba la explicación de que aquel sexo feo le gustara tanto. Lo agarró con su mano y comenzó a moverlo de arriba abajo. Había masturbado muchas veces a su novio pero no sentía lo mismo. Al comenzar a masturbar a ese señor sintió como si en su vagina se hubiera abierto algo y comenzara a derramar su flujo aún en mayor cantidad. Antonio notó que aquel coño se derramaba de placer al agarrar su polla.

    – Te gusta mi polla, verdad? – le preguntó excitado.

    – Cállese… -le avergonzaba contestarle

    – A mi tu coño me encanta mi niña – Antonio se sorprendió diciendo esas palabras.

    La cogió en brazos y la sentó en el sofá. Se arrodilló en el suelo y le separó las piernas. Contempló maravillado aquel coño. No tenía ni un solo vello. Era hermoso, tierno… Laura veía a aquel señor mirándole entre las piernas. El rostro de aquel hombre le indicaba que le gustaba mucho mirarla ahí. Le miraba y sus dedos comenzaron a tocarla cada pliegue de su rajita. Ella sentía placer. Antonio le pidió que subiera los pies al sofá y ella lo hizo. Él le pidió que echara su espalda para atrás. Al hacerlo su culo se levantó un poco. Se creyó morir de vergüenza al sentir que en esa postura aquel señor también le estaría mirando su agujero más íntimo… su ano.

    Antonio no le había pedido que se sentara así con la intención de observarle también el ano. Seguía contemplando aquel coño y acariciándolo, cuando al echarse para atrás lo vio. Se sintió avergonzado al darse cuenta que sin dejar de acariciar aquella rajita, no podía evitar mirar entre las nalgas de la pequeña. Entre ellas asomaba lleno de timidez aquel ano. Antonio se puso muy nervioso. Nunca había imaginado que le pudiera ejercer tanta atracción el mirar esa zona de una mujer. Siguió acariciando aquella vagina con ternura y fue cuando vio a aquel agujerito tímido moverse. Rozó de nuevo el clítoris de la muchacha y su ano se contrajo. Una inmensa sensación de ternura hacia aquella zona se apoderó de Antonio. Laura tenía los ojos cerrados por la timidez de sentir que ese señor le estaba mirando su agujerito. Cuando le rozaba con sus dedos el clítoris sentía que entre sus nalgas el culito se contraía por el placer. Antonio le comenzó a rozar el clítoris más seguido y sentía las manos de ese hombre separándole un poco las nalgas. Abrió un poco los ojos para ver qué sucedía y observó que Antonio miraba extasiado su agujerito. Laura vio que Antonio acercaba la cabeza entre sus piernas y deseaba sentir de nuevo los besos de ese hombre en su coñito. Le producía una inmensa sensación de placer sentir que ese hombre no sentía ningún tipo de asco por lamerla. Muchas veces pensaba que su novio si lo sentía y por eso nunca la lamía. En ese momento fue cuando lo sintió. Su cuerpo se agitó totalmente al sentir que Antonio había comenzado a darle besos pequeños pero muy seguidos… Laura se sonrojó al notar que los labios de ese señor estaban dándole besos en el ano. Fue una sensación indescriptible para esa muchacha. Se sonrojó totalmente e intentó apartarse por la timidez.

    – Pequeña es precioso…- Antonio le dijo esas palabras con tanta sinceridad que Laura dejó de intentar apartarse- me encanta…

    – De verdad? – ella se sintió desconcertada, nunca había imaginado algo así.

    – Si mi niña, es delicioso y tierno… – mientras Antonio le hablaba no dejaba de darle besos en el ano…

    La muchacha se estremeció. Con sorpresa y reparo sintió que aquellos besos le daban placer. Sentía como su culito se movía por las sensaciones. Se abría y cerraba. Sentía espasmos en su culito. Los dedos de Antonio comenzaron a masturbarle el coño. Laura comenzó a temblar, sentía que se iba a correr. El placer que sentía en su ano era tan fuerte que la muchacha no sabía distinguir si se iba a correr su vagina o era su otro agujerito. Sintió la lengua de Antonio lamer entre sus nalgas y no pudo evitar que su agujerito se relajara y fue cuando notó aquel calor de la lengua penetrarla. Se comenzó a correr intensamente y miró. Se quedó asombrada al comprobar que Antonio no la estaba masturbando el coño. La había hecho correrse lamiéndole el ano. La muchacha se quedó temblorosa, avergonzada. Antonio la miró y se dio cuenta de lo que sentía y la abrazó fuerte. Le acariciaba el pelo y él también pensaba en lo ocurrido. Nunca había besado a una mujer ahí y con Laura no solo la había besado sino que la había lamido y saboreado y le había encantado hacerlo…

    Laura aún temblaba de placer cuando se sentó sobre él y lo besó en la boca. Antonio estaba totalmente excitado y ella acercó su vagina a aquel sexo hinchado. Deseaba hacer el amor como la primera vez que estuvieran juntos. Besándolo, comenzó a frotarse contra él. Era una sensación de muchísimo placer frotar su coño contra esa polla. Antonio acariciaba sus pechos endurecidos y la muchacha gemía excitada. El glande resbaló entre sus labios y lo sintió justo en la entrada de su vagina. Se miraron y se volvieron a besar. Antonio estirando el brazo apagó la luz. No quería que aquella muchacha mirara su cara. Se quedó totalmente a oscuras el salón y Laura se dejó caer sobre él. El sexo de Antonio la penetró con muchísima facilidad, estaba mojadisima. Se sintió totalmente llena y gimió fuerte. Comenzaron a moverse excitados. Laura le estaba haciendo el amor a ese señor. Antonio se movía y le hacía el amor a esa muchacha. Se hacían el amor al mismo tiempo. Sus bocas se buscaban con desesperación. Deseaban grabar en sus mentes para toda la vida aquellos besos y aquellas sensaciones. Pegaron sus caras y sus bocas. Gemían excitados. Sus rostros comenzaron a humedecerse. Se besaban apasionadamente. Sus lágrimas se mezclaban con sus salivas en las bocas de ambos. Laura comenzó a moverse muy rápido. Antonio empujaba con fuerza hasta el fondo de aquel coño. Lloraban, gemían….Un intenso orgasmo les atravesó desde los pies a las cabezas. Sus cuerpos descontrolados se abrazaron temblorosos…

    Llevaban cinco minutos abrazados en silencio cuando el teléfono de Laura sonó. Ella no quería romper aquel abrazo y no hacía ademán de contestar.

    – Tienes que contestar pequeña… -Antonio cogió el móvil de Laura de encima de la mesa y se lo ofreció.

    – Hola… -era su novio. Laura contestó nerviosa…- vale. Que me esperas en el centro?… estoy en… vine a comprar una cosa… -Laura no sabía qué decirle- te llamo yo en un rato y quedamos… Yo también te quiero… -colgó y se volvió a abrazar a Antonio…

    – Tienes que irte mi niña… -su voz delataba la tristeza de Antonio

    – Lo se Antonio… -Laura se levantó del sofá- Puedo dejar la luz apagada?

    – Claro… -una lágrima rodó por la mejilla de ese hombre.

    Laura fue al baño y se vistió. La braguita estaba en el salón pero en la oscuridad no lograría encontrarla. Decidió dejársela como recuerdo de esos días que habían pasado juntos. Era un regalo para ese señor que tanto le había enseñado en apenas una semana y poco. Laura lloraba al acercarse a Antonio. Le dio un beso en la mejilla y la sintió húmeda. Un impulso la llevó a besarlo en los labios. Antonio la escuchó caminar lentamente hacia la puerta. Laura abrió la puerta de la casa y antes de cerrarla escuchó la voz de Antonio llamándola.

    – Laura!!!…  la muchacha se detuvo en la puerta- se feliz por favor.

    – Tu también Antonio.

    Desconsolada echó a correr y bajó por las escaleras. Le dolía el corazón pensando que nunca más volvería a ver a ese hombre. Lo odiaba por alejarla de él. Sabía que tenía razón en todo lo que le dijo. Lo odiaba… Lo quería. Era la muestra de amor más grande que nadie había hecho por ella. Antonio solo deseaba que fuera feliz.

    Antonio escondido detrás de la cortina la vio alejarse corriendo. Él también lloraba… Encendió la luz y vio allí la braguita de Laura. Se le encogió el corazón. Cogiéndola del suelo la acarició. Aún permanecía el calor de Laura en aquella prenda íntima. Instintivamente la olió y sus lágrimas se mezclaron con la humedad de los flujos de la muchacha…

  • Juan: Introducción (Historia 0)

    Juan: Introducción (Historia 0)

    Juan tenía frente a sí a dos de los más hermosos garañones-hombres que cualquier ‘putito’ como él pudiera desear y sin embargo, no los deseaba (a pesar de haber disfrutado con ambos, fantásticas cogidas) y estaba hasta la madre.

    En primer lugar nunca le había gustado que le dijeran ‘puto’, ‘maricón’, ‘joto’, ‘afeminado’, ‘niña’, etc., en segundo jamás había permitido que los hombres con quienes se había acostado hasta entonces lo trataran como tal y en tercero, lo que este par de pendejos se estaba disputando era ni más ni menos que su culo y eso lo tenía encabronado.

    Pero todo comenzó más o menos dos horas antes:

    El único medio de transporte entre la lejana comunidad donde trabajaba como maestro y la cabecera municipal era el camión de Don Gil y en el mismo todo podía pasar… que se descompusiera a la mitad de la sierra…. que llegara a tiempo a cualquiera de sus destinos (casi nunca)… que no arrancara y toda la gente se quedara con las ganas (y muy encabronada) de llegar a donde tenía que llegar… o que Don Gil, rascándose los huevos (así decía él) simplemente dejara de ir a cubrir su ruta (generalmente cuando amanecía crudo), sin embargo aquel día todo había pasado para Juan como había esperado que pasara, don Salvador pasó por él, en un hermoso caballo y una vieja mula, para llevarlo al punto de donde pasaría el camión, desde luego Juan montó la mula vieja.

    (Una aclaración, Juan era maestro rural de un pequeño rancho perdido en una de las sierras de Jalisco y para llegar a la brecha donde pasaba el desvencijado camión de Don Gil, que lo llevaría a la cabecera municipal tenía dos opciones: caminar cuesta arriba, al menos tres horas <la mitad, de bajada> o esperar que alguno de los padres de familia <según un rol que establecían> lo llevara en una bestia hasta el paraje donde cabría esperar que pasara el autobús)

    El camión pasó a tiempo, Don Gil recibió con gusto al muchacho que tímido subió y Don Gil con poca educación (cosa que no era rara en él) quitó a un señor que iba en el primer asiento y le pidió a Juan que se sentara allí, para platicar con él.

    A Juan en particular Don Gil le caía muy bien, era malhablado, irrespetuoso con todos, extraordinario para contar chistes (cada que se subía un sacerdote destinado a un pueblo de la sierra le encantaba mortificarlo al contar en voz alta chistes e historias aderezadas de humor y mucho, mucho sexo, relativas a monjitas o curitas, que solían ruborizar a todos los pasajeros), pero bajo la estampa de patán que Don Gil se cargaba, estaba un hombre que poseía una extraordinaria cultura general, a pesar de que con trabajos había concluido la primaria, era generoso con las personas que no podían pagar el costo del pasaje y a veces, Juan pudo observar como de manera disimulada entregaba dinero y apoyo a gente de las rancherías que recorría su desvencijado camión, además Don Gil siempre se mostraba extraordinariamente cortés y amable con ese muchachito que, atento desde el primer asiento, escuchaba las historias y chistes de Don Gil.

    El camión llegó a la cabecera municipal y al bajarse del mismo, la primer persona con quien se encontró Juan fue Erick, quien alegre se dirigió a saludarlo y tomando su mochila lo invitó a comer a uno de los tantos restaurantes que se encontraban alrededor de la plaza principal del pueblo, cuando comenzaban a comer, de manera inesperada llegó Miguel, quien pasaba por ahí y al divisar en una de las mesas a Juan en compañía de Erick se introdujo al restaurante y saludándolos de manera brusca se sentó en la mesa y se unió a los dos pidiendo también de comer a uno de los meseros.

    Erick era un joven de la comunidad en la que trabajaba Juan, 23 años, un gigante de 1.90, puro músculo, un cuerpo esculpido en el rudo trabajo del campo, que había dejado sin respiración a Juan, cuando lo vio por primera vez en el río, adonde acudían todos los hombres del rancho a bañarse y donde era común que todos lo hicieran desnudos.

    Además, Juan tenía oportunidad de admirar a Erick todos los días, pues, como era costumbre en esos ranchos, la casa donde había sido acogido durante ese ciclo, era precisamente la de Don Ezequiel, Padre de Erick, que lo trataba como un hijo más, por si fuera poco compartían habitación.

    Desde que llegara a la comunidad, Juan y Erick habían entablado una relación que se transformó en amistad y luego en intimidad.

    Al mes de su llegada, Erick invitó a Juan a otra comunidad a una fiesta, durante la misma Erick se puso fenomenal borrachera y cuando se fueron a descansar en una estrechísima cama que les asignaron, de inmediato Erick cubrió con su cuerpo a Juan, acariciándolo con sus manos, tratando de no hacer ruido, porque en la misma habitación había más personas, presionando las nalgas de Juan con una potente verga, pudiendo comprobar después que era un tremendo pedazo de carne que se correspondía con su dueño… Potente, enorme, generoso (pero esa es una historia que les contaré con más detalle)

    Miguel, 22 años, era un maestro, como Juan, se conocieron en la zona donde estaban adscritos, en una reunión a la que fueron convocados por el Inspector, por casualidad llegaron a hospedarse al hotel a la misma hora, y como resultaba más económico contratar una habitación doble, lo hicieron.

    Ya en la habitación, Miguel procedió a quitarse la ropa para descansar y Juan pudo apreciar al atleta que era, medía 1.80, su espalda poderosa, descansaba sobre una cintura estrecha y sus piernas firmes, cubiertas de un vello espeso, denotaban a un jugador de futbol, lo mejor fue que se recostó cubierto sólo con un bóxer ajustado, en el cual se mostraba completamente delineada una excelente verga.

    Juan era un muchacho alegre y extrovertido, que resultaba agradable a los demás, así que pudo formar una gran amistad con Miguel, en las reuniones de zona se volvieron inseparables y siempre que podían se hospedaban juntos, Juan pudo observar con el tiempo que Miguel le dedicaba atenciones que generalmente no dedicaba a otras personas, incluidas sus compañeras, y cuando estaban juntos, buscaba divertirlo y divertirse.

    La primera vez que cogieron, fue después de asistir a un baile en el que se presentó un grupo de moda, en el tumulto Juan se propuso caminar hasta quedar frente al escenario y Miguel se ofreció a acompañarlo y abrirle paso entre el gentío, en cuanto llegaron al frente, Miguel se colocó atrás de Juan y lo tomó firmemente con sus manos de la cintura, moviéndose ambos al ritmo de las melodías, entre los empujones Juan desde luego pudo sentir a plenitud la enorme verga de Miguel, que sin disimulo se le pegó excitado, y al terminar el baile y regresar al hotel, cogieron, vaya si cogieron… (Pero esa es otra historia que les contaré con más detalle)…

    *****

    La comida se desarrolló en un ambiente tenso, Juan trataba de entablar conversación con ambos, pero ello era casi imposible, a cada momento se dirigían miradas agresivas, sus respuestas solo agregaban tensión, desde luego Juan se percató que ambos exhibían tremendas erecciones, tratando de convencerlo, en otras condiciones sin dudarlo, se hubiera ido con ambos, pero en ese momento estaba molesto, para ellos solo era un culo…

    Cuando se solicitó la cuenta cada uno como si fuera una cuestión de extremo honor quiso pagarla, cuestión que resolvió con un volado que ganó Erick, Miguel desde luego no se quedó atrás y dio al mesero una propina más que generosa, el primer peor momento para Juan sucedió cuando Miguel se levantó y le dijo:

    – Vámonos

    A lo que respondió Erick

    – Juan viene conmigo y conmigo se queda hoy

    – Ni madres, Juan se viene conmigo

    – Mire “maistro” usted no decide aquí, Juan se queda

    Total que la negociación entre ambos no tenía para cuando acabar, cuando sucedió el segundo peor momento para Juan (y el peor de los dos), cuando Miguel dijo:

    – Juan ¿con quién quieres quedarte hoy?

    La verdad es que Juan estaba molesto, pues el interés de ambos por su persona se reducía a dos partes: su boca y su culo, lo demás carecía de importancia, desde luego cualquiera de los dos le daría el mejor placer que pudiera esperar y durante toda la noche, lo había comprobado, pero le exasperaba la forma en que los dos se lo disputaban como si su opinión no contara.

    La verdad era imposible encontrarse a dos amantes tan formidables como los que tenía enfrente, pero a veces lo hartaban…

    Así que les dijo…

    – Tengo muchas ganas de coger, no creo que ninguno me complazca hoy, así que si lo desean, nos vamos los tres y dudo me aguanten…

    Y entonces…

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  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (11)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (11)

    La tarde había resultado todo un éxito y yo había superado las expectativas que tenían depositadas en mi, podía leérselo en las caras. Tanto Eduardo como Pablo estaban muy satisfechos, creo que Eduardo más que Pablo.

    Después de la gran y profesional follada que me había dado Yasín, Pablo se ocupo de lavarme y acompañarme al aseo para que expulsara la gran cantidad de semen que tenía dentro.

    -Lo has hecho todo muy bien, creo que ya estas preparado y puedes empezar a recibir a los socios principales. -sabía lo que sus palabras implicaban.

    Tenía que empezar a trabajar en lo mío, que no era precisamente el estudio, eso únicamente era accesorio. Ese recado de Eduardo lo supe captar inmediatamente, apoyé la cabeza en su hombro y miré a Pablo que viajaba enfrente de nosotros, él también me observaba y desvió su mirada para intentar ver la noche a través de los cristales ahumados.

    Era un poco tarde y solo se veían las luces del parque encendidas, la casa estaba en silencio y cada uno marchamos a nuestra habitación. Me sentía cansado y me desnudé para meterme entre las sábanas.

    No esperaba la visita de Pablo, no había pronunciado una palabra durante todo el trayecto de vuelta y pensé que se encontraba cansado como yo o molesto por algo que no conocía.

    Se tumbó a mi lado sin hablarme y me estaba quedando dormido cuando escuché su voz.

    -¿Como te encuentras? -me di la vuelta para mirarle de frente, una luz tenue estaba encendida en la mesilla a su lado y no podía verle la cara, solo el perfil de la cabeza.

    -Bien pero el culito me escuece. -entonces se levantó y arrodillado en la cama…

    -Quiero verlo, en casa de don Manuel no observé nada extraño. -me bajé el pantaloncito y me coloqué para que pudiera verme el ano. Encendió la lámpara del techo y me abrió las nalgas.

    -Solo es una pequeña irritación superficial, no creo que tengas algo por dentro, tu culito es muy flexible y no tiene fisuras apreciables, has soportado muy bien la verga de Yasín. -en ese momento pensé que no había sido solamente la polla de Yasín la que tuve en el culo, fueron otras dos más y no eran precisamente enanas.

    Pablo se inclinó y me besó el ano, para mi resultaba imposible comprenderle, de repente no me hablaba y al rato se desvivía por atenderme.

    -Espera un momento voy a por una crema que sirve para esto. -volvió en un minuto y me untó aquella pomada delicadamente con los dedos, acariciándome la entrada del culo y metió uno en el recto, enseguida sentí el alivió. Apagó la luz y volvimos a la misma posición.

    -Lo de Yasín fue tremendo. -le escuchaba murmurar muy quedo.

    -Sí.

    -Creí que no podrías soportarlo, tu culito no está usado como el de don Manuel.

    -Me dijiste que también se había cogido a Oriol.

    -Es verdad, pero tu me preocupabas.

    -¿Pablo?

    -¿Que?

    -Nada. -lo que deseaba saber no podía preguntárselo, sabía que le molestaría, ¿por qué se preocupaba por mi, si al final yo era un objeto adquirido por y para la organización?

    -Lo de Yasín te ha gustado.

    -No ha estado mal, sabe lo que se hace. -no quería molestarle diciéndole que había estado exquisito y que me había encantado la tremenda y lujuriosa verga del negrito.

    -Entonces te ha gustado… -esa fue su conclusión afirmando.

    No escuchó mi respuesta, no era necesario decirla, ni hubo más preguntas. Me abrazó y coloqué la cabeza en su pecho hasta que el sueño me venció.

    Hasta el jueves siguiente no se me calmó el escozor que sentía en el culo, Pablo continuó aplicándome la crema todas las noches pero antes me besaba el ano una y otra vez. Llegue a pensar que lo más importante de mi cuerpo para él era mi culo.

    Todo lo demás de mi día a día se estaba convirtiendo en monotonía, había avanzado en mi aprendizaje para conducir, Damian me dejaba que fuera solo conduciendo el coche por los caminos del parque.

    Ana María anunció que la comida que preparaba para su familia y de la que Pablo me había hablado, se convertiría en una fiesta con más público, pero todos ellos de la familia o amigos muy próximos.

    Quería hacerla antes de que la piscina exterior se cerrara así como el pabellón de verano. Había hablado con los del mantenimiento y vendrían para podar los árboles y dejarlo todo dispuesto para pasar los meses fríos.

    En todo el tiempo que llevaba en aquella casa, más de un mes, no había visto que alguien utilizara esa piscina, salvo ella para tomar el sol, y además ya comenzaba a hacer algo de frío a las tardes, anochecía antes y pronto cambiarían la hora para ahorrar energía.

    Llegó el viernes, y a la tarde, un enjambre de personas trabajaban en el pabellón de verano, colocando luces, adornándolo y preparando las mesas con manteles, enfundando las sillas de blanco.

    Ana lo dirigía todo y yo, desde la galería de sus habitaciones, miraba a aquella hermosa mujer caminando entre los operaros, como un general dirigiendo la batalla definitiva que ganaría la guerra. Era increíblemente hermosa, al mismo nivel de su vacua frivolidad, un adorno más en la casa de Eduardo.

    Volví a mi habitación, esta tarde no había tenido la clase de conducir, Damián, como todo el personal de la casa, estaba para atender las ordenes de la señora Ana, no tenía suficiente con el personal de la agencia organizadora del evento.

    Abrí el armario para admirar, una vez mas, el traje de fiesta que Ana había comprado para mi, un pantalón ceñido azul celeste, chaqueta corta del mismo color a juego, camisa de seda blanca, corbata estrecha negra lo mismo que los zapatos y el cinturón. Mañana tenía cita, para ella y para mi, en el salón de belleza, principalmente porque quería que llevara otro peinado acorde con aquel traje.

    Pablo aún no había llegado, su retraso me molestaba por el lugar donde ahora se encontraba, la noche anterior escuché como le decía a Eduardo que iría a la casa de don Manuel directamente desde la universidad y que volvería para la cena.

    Me molestaba saber que se prostituía con aquel hombre, pero yo no era la persona adecuada para juzgarle, y no tenía derecho alguno para hacerlo, pero era inevitable sentirme así.

    No sabía que más hacer para entretenerme, no tenía tiempo para ir a la piscina ni me apetecía pasear por el parque con tanta gente allí aunque ya estaban recogiendo para marcharse.

    Las imágenes pasaban, sucediéndose ininterrumpidamente, por la pantalla de ordenador de Oriol. Abrí por enésima vez mi correo y busqué el mail que me envió Álvaro con su fotografía, y no recordaba ya el tiempo que hacía.

    -¡Álvaro!, mi Álvaro!, me enamoró con sus cartas sin conocerle en persona, sus largas cartas llenas de historias y sus vivencias, su trato amable y comprensivo para entenderme y consolarme, elevando mi autoestima.

    Si antes era difícil que llegáramos a encontrarnos, ahora resultaba totalmente imposible. Soy creyente y rogaba fervientemente que sucediera el milagro, pero también me conformaba con mi destino ahora más incierto que en el pasado.

    Me resignaba aceptando las adversidades que llegaban a mi vida, según Pablo había chicos que tenían peor suerte que la mía, entonces no había motivos para quejarme y tenía que continuar hacia adelante.

    Miré otra vez su imagen, la de aquel muchacho castaño, con gafas de sol, metido en la piscina y al que solamente se le veían los hombros y los brazos apoyados en el borde. -¡Adiós Álvaro! Nunca nos encontraremos pero te amaré toda mi vida.-

    El correo con mi respuesta estaba también, y fechado unos días más tarde, me sonroje recordando las fotos que le envié, desnudo y mostrándole el culo, abriéndome las nalgas como él me quería ver, con el hoyito moreno y el ano centrado al fondo. ¡Qué atrevido fui! Me arrepentí al instante de pulsar el botón de envío, y no podía vivir intentando adivinar lo que él pudiera pensar.

    Mi pesar se diluyó cuando leí su respuesta, le había encantado y mi culito le parecía un prodigio, deseaba tenerlo para acariciarlo, y muchas cosas más que mi culo le sugerían mirándolo.

    Ahora sonreía divertido por nuestras tonterías de muchachos que se desean tener. Él se considera mayor y solo tiene veintinueve años, nueve más que yo, pero la edad que no era importante si nos amábamos le decía yo.

    Abandoné la mesa al notar que estaba llorando y me fui al baño a lavarme la cara.

    Habíamos empezado a cenar cuando llegó Pablo, estábamos en el comedor principal, a Ana le había dado tiempo para prepararse y resplandecía excitada por la actividad desarrollada este día y viviendo lo que llegaría el siguiente. Entró en el comedor y fue a darle un beso a Ana sentándose a su lado.

    -He llamado a Alberto para que venga a la cena, ¿qué os parece? -hablaba para todos y solo miraba girando la cabeza hacia Pablo, pero la respuesta llegó de Eduardo.

    -Has hecho lo correcto, para nadie es un secreto que hacen vida en común los tres. David y Oriol te lo agradecerán, aunque puedan hacer lo que quieran les pareceré bien tu reconocimiento de lo que sienten.

    Pablo habló muy poco durante la cena, le veía preocupado y me imaginaba mil cosas que podían haber sucedido en la mansión de don Manuel, por supuesto que no eran ninguna buena.

    No pude esperar a que nos encontráramos en mi habitación, se estaba convirtiendo en habitual que durmiéramos en la misma cama, y hoy especialmente necesitaba estar con él, saber el motivo de su cara preocupada, también porque mi culito estaba sano y le necesitaba, era una sensación extraña que cuando pensaba en él y habían pasado unos días sin tenerle, mi culito pedía a gritos su verga lo mismo que mis labios sus besos y mi cuerpo sus abrazos.

    Llegué a su habitación y estaba recogiendo los papeles que tenía en el escritorio, haciendo dos montoncitos con ellos y colocó una bola de cristal sobre cada uno para que no se movieran. Era muy cuidadoso y ordenado con algunas de sus cosas, para otras un desastre, no le importaba dejar los calcetines o sus interiores tirados.

    -¿Te interrumpo algo importante? -me apoyé sobre sus hombros pasando las manos por su pecho.

    -Estaba terminando de recoger, mañana cuando me levante seguiré mientras Ana y tu vais a la peluquería. -me incliné para dejar mis labios sobre su pelo oliendo tu dulce aroma.

    -Te espero en la cama y termina pronto. -le dejé y me fui a la cama tendiéndome sin cubrirme y observándole.

    Comenzó a quitarse la ropa y se puso la de dormir sin quitarse el slip, clara señal de que no tenía ganas de mi, o que estaba muy preocupado y no pensaba en el sexo, seguramente lo habría hecho con don Manuel y sentí un pinchazo de celos. Se tendió a mi lado.

    -Cúbrete yo comienzo a sentir frío. -nos metimos debajo de la sábana y el edredón y le abracé enredando mis piernas en las suyas, sintiendo en la piel el duro vello que le cubría.

    -Cuéntame lo que te pasa, ¿te ha molestado don Manuel?, ¿no ha quedado contento contigo? -se puso a reír y se dio la vuelta para encararme y me abrazó besándome la cara.

    -No es por lo que supones, no siempre voy a darle por el culo, eres un pequeño celoso y eso te pasa por quererme, te digo siempre que eso no es bueno para chicos como tu, tienes que hacerte fuere y ser duro para vivir en este ambiente.

    -Pues dime el motivo de tu preocupación y así me quedo tranquilo.

    -Escúchame pequeño, ya te he dicho que don Manuel no es tan malo como tu crees. Es un hombre riquísimo y poderoso, quizá su único defecto, si se puede llamar así, es que le gustan las vergas y si es enorme mejor, y eso no es tan malo, ¿no crees? -claro que a mi también me gustaban, no podía decir nada negativo sobre ello.

    -Cuando la organización criminal te secuestró, te ofrecieron en el mercado y especialmente a don Manuel, suyo era el dinero que te salvó de tus secuestradores y luego te dejó para que Eduardo te educara.

    -Es cierto que no lo hacen simplemente por bondad, no son mecenas que inviertan en rescatar chicos secuestrados, pero dentro de lo malo es lo mejor que te ha podido suceder.

    -Tu le perteneces a él, no eres de Eduardo y principalmente, cuando llegue el momento, será don Manuel quien decida quien será tu dueño. Siempre me he llevado bien con él y ahora necesito que esté contento conmigo. -se detuvo un momento dudando antes de seguir.

    -Si tuviera que follarle todos los días para influir y poder ayudarte, lo haría sin dudarlo, si te tiene que entregar a alguno de los miembros de la organización que sea a uno bueno. -sentía que se me encogía el corazón, eso significada que Pablo, de alguna manera me quería, pero no me lo quería confesar.

    -¡Oh! Pablo, lo siento, pero tengo celos, no se el motivo y se que no tengo que ser así. -si que conocía el motivo de mis celos, le quería aunque no se lo pudiera decir, y tampoco él lo deseaba saber, para protegerse y protegerme. Le abracé desesperado, sabiendo que algún día tendríamos que vivir separados.

    -Mi visita de hoy a don Manuel era por otro motivo, ha venido a visitarle su sobrino, es médico en el hospital donde tenían a mi tía y quería hablar con él, se desplaza del hospital y visita a menudo a mi tía.

    -Sus padres tienen su hacienda vecina a la de los abuelos de Oriol y Erico. Es un gran tipo, un estupendo médico y un magnífico amigo, aunque sea mayor que nosotros siempre ha estado a nuestro lado. -le escuchaba hablar de aquel hombre con tremenda admiración, como si le idolatrara.

    -¿Tú tía cómo va? -le sentí que temblaba.

    -Según él será cuestión de días, sufre tremendos dolores, y si no hay solución le he pedido que haga algo que acabe con su padecimiento.

    Permanecimos en silencio unos minutos, y quizá para animarme, comenzó a hablarme de la fiesta del sábado.

    -Creo que Ana te ha comprado un bonito traje para presentarte mañana en sociedad, conocerás nueva gente, a los padres de David, a Oriol y al grupo más selecto de gente allegada a su familia. -le besé los labios con timidez, esperando no molestarle.

    -Me conformo con que tu estés a mi lado. -respondió a mi beso mordiéndome el labio inferior.

    -Ángel, eres precioso, enamorarás a todo el mundo, te van a querer y desearte.

    -Estará también Oriol y no me parezco a él.

    -No, tu eres diferente, pero tan bello y deseable como él, se que te va a gustar, las fotos no le revelan fielmente como es, solo enseñan el físico y en persona gana un montón, y tu le vas a cautivar, seguro. Además tu tienes la ventaja de ser una novedad, a él estamos acostumbrados a verle. -me sentía orgulloso por lo que me decía, me comparaba a Oriol o me ponía por encima.

    -¿De verdad piensas así?

    -¿Acaso lo dudas? Eres tan bello y deseable que no hay un hombre que no desee ser tu dueño y que le pertenezcas, además de por tu belleza, resultas muy erótico, voluptuoso y tan carnal que excitas al deseo y al pecado. -aplastó mis labios y abrí la boca para que su lengua me penetrara.

    -¡Ohh! Pablo, mi Pablo. -le besaba apasionadamente y me empujé contra el para hacerle notar mi necesidad, aplastando mi virilidad sobre su pierna, a la vez sentía su potencia prisionera tras las telas del pantalón de dormir y el slip.

    Fui con mi mano hasta el bulto caliente de su entrepierna y temblando la pasé por toda la longitud de la verga hasta llegar al glande, la humedad mojaba las telas en ese punto. Pablo me deseaba y lo mostraba metiendo las manos por la cintura de mi pantalón para apretarme las nalgas.

    -Quítate la ropa Pablo, quiero sentirte la piel caliente pegada a la mía.

    -Si hago eso no voy a poderme contener y tu culito no esta bien. -su risita me retumbó en el oido.

    -Quiero verga Pablo, la tuya, por mi culito no te preocupes, desea que lo penetres, que tu verga lo visite otra vez.

    -Me calienta como hablas bebe. -empujaba un dedo dentro de mi culo y me mordía la oreja respirando fuerte. Comencé a empujarle la ropa para liberarle la polla de su encierro.

    -Ya, ya me la quito yo precioso, es que no puedo parar de comerte. -me costó dos segundos deslizar mis pantalones y quedar totalmente desnudo y él fue más rápido que yo.

    Entrelacé nuestras piernas y nuestros penes entraron en contacto.

    -Qué caliente lo tienes. -sentía el calor de su verga más fuerte que el de la mía, su potente erección que sobrepasaba mi polla haciéndome cosquillas con el húmedo glande encima de mi ombligo. Bajó un poquito el cuerpo y la punta se enredó metiéndose en él. La aplasté con mi mano y me hizo gracia sentirle como apretaba.

    -¿Quieres metérmela por ahí? -Pablo río suavemente.

    -Si se pudiera no me importaría, te haría agujeros por todo el cuerpo para probarte de mil maneras, estar como sea dentro de tu delicioso cuerpo, pero como no se puede me conformo para hoy con esté. -empujó un dedo y me penetró el ano.

    -¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! Pablo.

    -¿Te he hecho daño?

    -Es delicioso, mételo más. -tiré el culito hacia atrás para que se abriera y facilitarle la labor, llegaba con alguna dificultad y busqué la manera de que siguiera preparándome el culito para recibirle la verga.

    -Déjame que suba sobre ti, será mejor y así te la mamo. -se colocó mirando hacia arriba y me subí sobre él abriendo las piernas arrodillado, dejando al alcance de sus manos y la boca mis genitales y mi culo, sentía las cosquillas de los pelos de su pecho en mi vientre, y le lamí el abdomen antes de comenzar a degustar el palo que emergía del bosque de pelos de su pubis.

    Pablo se había metido mi pene en la boca y tiraba de mis caderas hacía arriba, indicándome que deseaba que se la follara, lo fui haciendo lentamente, entrando profundamente en su boca hasta que sentía sus labios besando la base de mi polla. La notaba muy caliente y suave, sobre todo cuando llegaba al fondo haciéndole tope; él no me la mamaba, solo la dejaba abierta para que yo me aprovechara de la situación privilegiada que me permitía.

    A la vez jugaba con los dedos en la entrada de mi ano y metiéndolos despacio los abría dilatándomelo, todo eso añadido al placer de sentirle la rica verga en mis labios, me trastornaba los sentidos llenándome de placeres. Cogí sus peludos testículos en mi mano y los llevé hacia abajo, para admirar en su totalidad le hermosa verga que me comía y que deseaba traspasara lo que sus dedos acariciaban sin cesar.

    Estuvimos unos minutos dándonos mutuo placer, excitándonos cada vez más hasta que fue inaguantable seguir, la verga se le endurecía hasta pensar que iba a eyacular en cualquier momento, entonces me elevó sacándose mi pene.

    -Ya vale, no aguanto mucho más. -nos besamos las bocas, mezclando el sabor que nuestras vergas había dejado impregnado en ellas.

    -Pequeño, estas tan rico que voy a correrme enseguida.

    -Quiero mirarte mientras te vas en mi culo Pablo, verte la cara mientras me llenas de leche. -y me tumbé colocando mis piernas sobre el pecho, dejándole mi culo dispuesto para que entrara en él.

    Cogió un cojín y lo colocó bajo mis caderas elevándome el culo, sabía que la follada iba a ser muy profunda, en esa posición y con el culo elevado iba a penetrarme hasta el fondo. Me apartó un poco las piernas y miró mi ano, estaba palpitando con vida propia haciendo llamadas a su polla.

    -Es precioso, tu ano es increíble. -que bien me hacia sentir con sus elogios, empujé para que se me abriera y cerrara, había conseguido dominarle hasta cierto punto, logrando que mis esfínteres obedecieran mis deseos.

    Pablo no puedo resistir la atracción de ese punto de su máximo interés y se inclinó para colocar sus labios sobre mi ano y besarlo, se estaba convirtiendo en una de sus manías, un fetiche compulsivo que no podía esquivar, pero no quería que continuara lamiéndome el ano o lograría que me corriera antes de tener la verga dentro.

    -¡Por favor, dame la verga, métela en mi culo! -resultaba un suplicio esperar a que se posicionara, y sentí una profunda paz cuando su polla apretaba en mi culo deseosa de ocupar el lugar que le tenía reservado.

    -Pablo, ¡por fin, Ahhh! -estaba dentro de mi, en el fondo de mi vientre, y sentía a la vez que sus mordidas en mi cuello, la punta de su polla empujando salvaje abriéndose camino en el recto.

    -Mi Angel, estás riquísimo. -Pablo movía su cuerpo para que la verga entrara sin miramientos, como si fuera un salvaje poseído de lujuria. Me follaba inmisericorde, y sin contemplación alguna me follaba profundo y fuertemenet.

    -Así, Pablo que rico siento, sí, sí , si…, dame, dame duro. -se elevaba apoyado en las manos y se dejaba caer de golpe, enterrándome su dura verga sin piedad como le pedía..

    Llevaba minutos follándome de esa forma brutal y lujuriosa, casi inhumana haciéndome sentir el cielo, o el infierno, pero no importaba, solo era reseñable su cara de placentero delirio, y la mueca desesperada en sus labios esperando la brutal y perseguida descarga del macho al preñar a su hembra.

    -Pablo, ¡Ayyyy! ¡Ayyyy! ¡Ayyyy! Pablo, me corro vida mía. -terminé de hablar y mi huevos explotaron lanzando al aire el semen que esperaba impaciente el toque final de su verga rozando deliciosamente mi ano.

    Fueron varios latigazos de espesa leche los que salieron de mi verga embarrándose en mi pecho, y después de temblar con angustia, me quedé estático, esperando el momento en que el macho preñara mi cuerpo llenándome de germinante semen.

    -Ángel, Ángel. -susurraba una y otra ves en mi oido mientras su verga se vaciaba en el fondo de mi recto.

    Seguira…

     

  • Inusual amor

    Inusual amor

    Todo comenzó entre los dos de forma inocente, unas cuantas mordidas de amor aquí, algunas que hacían rascar en el lugar allá, Ken ni siquiera se dio cuenta al principio pero había dejado su parte justa de marcas en el cuerpo de Daisuke, le había mordido el labio lo suficientemente fuerte como para extraer la sangre, lo suficientemente fuerte como para dejar moretones del tamaño del pulgar en sus caderas. Daisuke culpó a su agrietado labio en el aire seco del invierno y a sus contusiones en accidentes de partido de fútbol, pero Ken sabe la verdad y se lo recordaba cada vez que lo mira.

    Al principio siempre eran accidentes, asperezas en un momento de pasión, y Ken no pensaba mucho en eso. Se había despertado para encontrar marcas de arañazos en su espalda y no le había parecido nada inusual. Cosas así sucedieron cuando el sexo era tan intenso como el de ellos.

    Pero últimamente comenzó a notar que Daisuke llevaba muchas más marcas que él, y más a menudo. En general, todavía eran lo suficientemente pequeñas como para esconderse o explicar fácilmente, pero sabía que estaban allí y comenzó a prestarles más atención. Se encontró más consciente de sus acciones, preguntándose incluso mientras mordía la piel detrás de la oreja de Daisuke si dejaría una marca y mordía más fuerte para asegurarse de que lo haría, el dueño de la oreja al ser un eyaculador con solo ese toque se vino casi y acto seguido fue cuidado en sus brazos. Las ideas comenzaron a formarse en su cabeza.

    Sus acciones se volvieron intencionadas cuando calculó diferentes lugares, diferentes métodos, chupando, mordiendo, pellizcando, lo suficientemente fuerte como para dejar una marca más duradera en la piel de su amor. Descubrió que le gustaba, y que incluso más al disfrutar de las señales que mostraban visiblemente que el cuerpo de Daisuke era todo suyo, le gustaba la forma en que él gritaba cuando las hacía, la forma en que su cuerpo se sacudía y se estremecía en reacción a sus esfuerzos, le gustaba la forma en que la voz de Daisuke hacía que el eco temblara a través de su propio cuerpo.

    Y así siguió haciéndolo, con más frecuencia y más fuerza, porque podía y porque Daisuke se lo permitía, disfrutaba tanto del dolor que le daba que en ocasiones le hizo sentirse culpable de que sus orgasmos fueran mucho mejores cuando estaba lastimando a alguien que amaba. Y se preguntaba por qué Daisuke lo permitía hasta cuando forzaba el límite y aunque sabía que él no se lo permitía le dejaba seguir hasta más allá del dolor y todavía seguia disfrutandolo,

    ¿O era él? comenzó a enfocarse más cuidadosamente en las reacciones de Daisuke, sabía cómo reaccionaba y disfrutaba esas reacciones, pero descubrió que realmente no sabía qué significaban. ¿Estaba confundiendo gritos de placer con gritos de dolor? Tal vez realmente no estaba lastimando a Daisuke después de todo, definitivamente no estaba seguro de qué hacer al respecto.

    Pero, al prestar más atención sabía que no se había equivocado. La forma en que Daisuke se estremeció, la forma en que hizo una mueca.. este último se quedó sin aliento, disfrutaba de ese dolor, y, tal vez por eso su erección nunca se detuvo, se mantuvo firme y goteaba incluso cuando Ken dejó una serie de marcas de dientes en su muslo interno mordiendo lo suficientemente fuerte como para romper la piel. Cuando Ken se deslizó hacia atrás por su cuerpo, pudo ver que Daisuke tenía rastros de lágrimas trazando un camino desde las esquinas de sus ojos fuertemente cerrados hasta su línea del cabello.

    – ¿Por qué no me detiene? ¿Por qué me deja hacerle esto? -. Pensó hacia si mismo, pero incluso mientras lo pensaba, Daisuke se balanceó contra él y él pudo sentir la propagación del calor húmedo entre sus estómagos

    – Tenemos que hablar de esto-. Pensó de nuevo pero no dijo nada, simplemente se acercó hasta él y lo abrazó mientras Daisuke temblaba de placer y jadeaba por aire.

    Pero, ¿cómo se menciona algo así? no tenía idea de cómo siquiera comenzar la conversación. Cada vez que lo intentaba, terminaba cambiando de tema, sintiéndose demasiado incómodo para enfrentar su realidad hasta que se enfrentó a él, hasta que Daisuke gruñó fuerte cuando le le pellizcó el pezón, clavándole las uñas, y vio que los dedos de Daisuke se apretaban contra las sábanas.

    – ¿Te gusta esto? -. dijo en voz alta, sorprendiéndose a sí mismo. Esperó a que Daisuke abriera los ojos y vio la pregunta en ellos.

    – ¿Te gusta cuando te lastimo?

    Daisuke se ruborizó de inmediato, pero cuando abrió la boca no fue la negación que Ken esperaba.

    – Sí -. susurró casi inaudible.

    Ken sacudió la cabeza con incredulidad, a pesar de que ya sabía que era verdad. Tuvo problemas para encontrar el aire suficiente para hablar.

    – ¿Por que?

    – No lo sé, no sé qué me pasa, tal vez será que me acostumbré a tu forma de darme el amor que merezco

    Pero luego abrió los ojos y le miró directamente

    – ¿Y a ti? ¿Por qué te gusta lastimarme?

    Sonaba mucho peor dicho en voz alta,

    -¿Qué clase de persona horrible soy? -. Pensó hacia si mismo pero todo lo que dijo fue un eco de las palabras de Daisuke:

    – No lo sé. No sé qué me pasa.

    Se miraron fijamente y, lentamente, una pequeña sonrisa levantó las comisuras de la boca de Daisuke

    -¿Cómo llegamos a esto? -. Preguntó Ken

    – ¿Importa? y ¿Te importa?

    – No… N… no… pero no deberia preguntarte esto.

    – No me importa -. le dijo y se llevó la mano de Ken a su pecho, las acciones claras y las palabras aún más claras.

    – Quiero que lo hagas.

    -¿El que?

    -Agujereame, quiero dolor placentero

    -Sé que he abusado de tu cuerpo en muchas ocasiones pero hoy estoy con muchísimas preguntas que no me dejan pensar con claridad, te haría daño y no quiero, no puedo hacerlo -. Confesó con un poco de temblor en sus cuerdas vocales y en sus manos por lo que Daisuke entendió que Ken no estaba preparado en esta ocasión, lo abrazó y terminaron con su sesión amatoria, lo unico que hubieron alli fueron palabras para hablar sobre lo que cada uno quería y le gustaba y no, y mientras Ken estaba teniendo una crisis existencial, Daisuke pasó unos minutos investigando en internet. Quizás lo que tenían entre ellos no era tan común, pero tampoco estaban solos. Encontraron consejos e ideas y se sintieron cómodos con ellos mismos, pero tras eso, Ken no quiso seguir ofreciendo amor a su chico, no tenía claro emocionalmente lo que sentía y Daisuke lo entendió, decidieron esperar a que Ken volviera a su realidad.

    Se tomaron algunas semanas para prepararse adecuadamente, tanto en términos de investigación como de adquisición de los suministros necesarios, y Ken todavía se siente bastante nervioso por todo el asunto. Excitado pero nervioso, y sus manos tiemblan mientras coloca la caja de agujas en el suelo al lado del futón. Son diminutos, un calibre fino, hecho para la acupuntura.

    Ambos se sientan, desnudos, en el futón.

    – Dame tu brazo -. Ken instruye, y Daisuke con calma extiende su brazo, apoyando su codo sobre la rodilla de Ken. Observa en silencio, confiando, aunque Ken puede ver el ascenso y la caída de su cuerpo mientras respira, agarra una almohadilla de algodón y la presiona en la parte superior del recipiente de alcohol, bombeando una vez para empaparlo en líquido. Desliza un parche en la parte superior del antebrazo de Daisuke y deja caer el algodón en el pequeño recipiente de plástico junto a ellos, abrió la caja de acupuntura y recogiendo una de las agujas.

    Pero antes de pasar a la acción hace una pausa.

    – ¿estás realmente seguro de esto?

    Sin poder evitarlo Daisuke suelta una pequeña risa

    -¿Porqué te ries?

    -Porque es lo mismo que me dijiste cuando ambos perdimos la virginidad, tu pregunta fue la misma

    -Y cual es tu respuesta

    – La misma, adelante y sin miedo

    Ken respiró hondo y dijo

    -Bueno, ahí voy

    Justo como habían investigado, coloca la aguja casi plana contra el brazo de Daisuke y la desliza con mucho cuidado debajo de su piel. Oye una especie de silbido extraño pero no mira hacia arriba, se inclina lentamente y empuja la aguja hasta que la punta se libera. Permanece quieto por un momento, y luego se va, mirando el delgado metal tejido a través de la piel de Daisuke

    -¿Qué sientes? -. pregunta, teniendo que aclararse la garganta antes de que pueda hablar.

    Daisuke sacude la cabeza cuando Ken lo mira.

    – Está bien, es solo un pequeño pellizco entrando y saliendo. igual que al sacar sangre o algo así

    Ken traza un dedo sobre el brazo sintiendo el ligero golpe del eje de la aguja debajo de la piel.

    La piel de gallina se rompe en el brazo de Daisuke a su paso.

    – Eso se siente raro -. dice

    – ¿Es malo?

    – No, sólo raro.

    Una de las cosas que le gustan a Ken es que Daisuke aunque lo parezca no es el pasivo en esta relación. Si él no hace nada, Daisuke tomará la iniciativa, haciendo lo que le plazca, siempre y cuando Ken lo permita. A pesar del control que tiene sobre él, Daisuke es quien debe derribarle al futón. él usualmente da lo mejor que puede (cuando quiere, aunque no en términos de dolor), como tocar y bromear, y generalmente eso hace que Ken sienta que todo su cuerpo está en llamas. Daisuke levanta la cabeza tan pronto como Ken toca su hombro.

    – No… no puedo… -no sabía que ocurria, no queria hacerle daño de forma consciente a Daisuke, la duda le tenía en una especia de bloqueo dificil de explicar

    – Está bien, entonces ¿Que quieres que haga? -contesta de forma agradable

    -¿Puedes ponerte de rodillas-. pregunta, realmente nunca le exige cosas, no necesita hacerlo.

    Prepara todo cuando Daisuke se reposiciona, empapando un algodón con alcohol. Pasa el algodón por la parte posterior de los muslos cubriendo un área generosa y dejandole temblando cuando el líquido se evapora, espera hasta que los temblores de Daisuke disminuyan hasta que pueda estar seguro de que sus propias manos son firmes, y luego pasa una mano por la parte inferior de la espalda en señal de advertencia, un gesto inusualmente suave para él.

    A continuación marca una línea invisible en la parte posterior del muslo de su chico con una uña para que pueda sentir exactamente dónde intentará insertar el metal. Después de un momento coloca la primera aguja con cuidado contra la piel de Daisuke.

    – ¿Listo?

    Su amor asiente y luego toma una respiración, liberándola temblorosamente una vez que Ken retira sus manos, este mira la aguja, una pequeña línea de metal atravesó la piel de Daisuke hasta la mitad del muslo y luego le preguntó si está bien.

    -Mmm -. responde tan retrasado que no tiene sentido, y Ken se ríe casi tímidamente.

    Desliza la segunda aguja en la otra pierna en línea con la primera, y se pregunta si tendrá la paciencia para esto después de todo. Daisuke está tan bien posicionado e invita a los debates de Ken que simplemente lo llevan allí y allí. Se retiene, no queriendo arruinar semanas de planificación.

    Se alterna de un lado a otro entre las piernas, reduciendo su velocidad poco a poco, trabajando duro para controlar su respiración y mantener sus manos firmes, aunque se excita cada vez más con cada inserción y es casi imposible concentrarse. La polla de Daisuke ya está colgando pesadamente entre sus piernas, un pequeño lugar húmedo donde la venida previa ha goteado sobre el futón debajo de él. Su respiración suena trabajosa, pero no se detendrá a menos que Daisuke le diga que lo haga.

    Se sienta para admirar su trabajo después de que teje en la última aguja en lo alto del muslo. Las agujas hacen dos líneas rectas hasta sus piernas, desde la mitad de los muslos hasta justo debajo de las nalgas de Daisuke, pareciendo pequeñas escaleras o cremalleras o vías de ferrocarril. Fascinado, Ken arrastra sus dedos índices por el centro de cada uno, sintiendo los golpes de metal justo debajo de la piel. Daisuke grita y se estremece violentamente. Pero Ken sonríe.

    Es tan difícil no empujarlo directamente hacia él, pero con las agujas que atan la piel no sería seguro. En su lugar, traza lubricante a través del ano de Daisuke, recogiendo uno de sus consoladores de tamaño mediano y utilizando la punta para dibujar círculos alrededor de los bordes de la piel sensible. Luego, sin avisarle, deja que la punta se deslice hacia el centro y empuja con fuerza. Daisuke se sacude y grita, el sonido se interrumpe bruscamente cuando su voz se quiebra, y el futón debajo de él salpica repentinamente aparte de una breve sonrisa que él no puede ver, Ken ignora esto, empujando el consolador más adentro.

    Daisuke no vuelve a gritar, pero un sollozo fuerte es casi tan satisfactorio para Ken y saca el juguete por completo, solo para empujarlo de nuevo, follando a Daisuke con golpes fuertes y profundos. Espera hasta que su voz sea áspera y considera simplemente rendirse y follar su boca hasta que se haya ido por completo.

    Pero eso no está de acuerdo con su plan, por lo que Ken aprieta los dientes contra su propia excitación y elimina el consolador dejándolo a un lado. Presiona un dedo sobre una de las agujas y, con un movimiento rápido, lo saca con la otra mano y lo deja caer en la basura cercana. Daisuke gime y Ken continúa, y el proceso de eliminación es mucho más rápido que colocarlos pero es casi tan excitante y se deleita con los múltiples puntos rojos que florecen a lo largo de las agujas, dejando un camino algo menos uniforme a lo largo de las piernas de Daisuke quien vuelve a ser violentamente usado cuando Ken deja caer el trozo final de metal en el recipiente y sin perder más tiempo, le agarra ásperamente por las caderas y golpea adentro, su gemido de alivio es aún más fuerte que el de Daisuke, este último está demasiado caliente y apretado alrededor de él para que Ken lo pelee por mucho tiempo, por lo que se asegura de que cada empuje empuje sus muslos tan fuerte hacia la parte de atrás de Daisuke como pueda. Está seguro de que la piel es demasiado sensible, y tal vez no esté equivocado, ya que su chico se aprieta aún más a su alrededor y Ken llega al final de su paciencia. Con un gruñido bajo, golpea lo suficientemente fuerte como para levantar las rodillas de Daisuke del futón, y allí, el fogonazo de orgasmos aumenta y explota, enviando oleadas de calor a través del cuerpo de Ken mientras se derrama en su chico. Débilmente escucha el ronco grito de Daisuke cuando eyacula convulsionando alrededor y debajo de Ken mientras este lo mantiene en su lugar.

    – Eso fue realmente bueno ahora permiso porque… me voy a desmayar -. susurra después de que Ken se retirase y fuera tomado en sus brazos inclinándose para besar su mejilla, rápidamente lo hace, la pequeña sonrisa en sus labios se relaja mientras se afloja en el abrazo de Ken y este mira hacia abajo y ve las filas de manchas de color rojo en sus muslos, sonrie mas y abraza a Daisuke inconsciente con mas fuerza, este extraño amor es insuperable.

  • Ya soy el puto del equipo (IV)

    Ya soy el puto del equipo (IV)

    La primera noche con Abelardo

    Para mi taita, Abelardo era solo un amigo. Mi taita es tan buena que nunca piensa torcidamente de nadie. Ahora que ya es mayor y a veces le pesan los años, sigue trabajando. Ella se cobra su pensión, y no tiene hijos, ni hermanos, ni más bienes que a mí, está en mi casa sin sueldo porque es la suya, pero con total disposición de dinero para hacer las compras que desea. Hace poco me dijo:

    — Dorito, cuando tengas amigos o a alguna persona que te haga buena compañía, ¿donde iré yo?

    Me puse a llorar de ver una persona que de pronto vio su futuro incierto y, tras pensarlo un rato mientras ella me miraba llena de incertidumbre, le respondí:

    — Taita, esta es tu casa, aquí mandas tú, cuando yo tenga a alguien, si alguna vez tengo a alguien, tú eres mi taita siempre y espero que me cuides siempre y cuando tú no me puedas cuidar, yo te cuidaré a ti.

    Un día me preguntó Abelardo qué era para mí mi taita, yo le respondí:

    — Todo y a la vez más que todo. Es más que mi madre, porque ha sacrificado su vida sentimental por mí, por cuidarme, nos tenemos los dos, para ella soy más que un hijo. La quiero como mi madre y como mi madre la considero.

    — ¿Por qué la llamas taita?, me preguntó.

    — En el quechua de Cuzco significa «padre», pero es algo más, es el padre que cuida y tiene sus sinónimos como «tata», «yaya»; yo la llamaba así no sé por qué, cuando podía pensar me dijeron esto que te acabo de explicar, me gustó haber dado nombre de varón a mi taita porque para mí es padre y madre a la vez.

    **********

    Decía que para mi taita Abelardo era un amigo y me solía preguntar por el «otro amigo», se refería a Marcos, por Abelardo me preguntaba por su nombre. Por eso descubrí que le tenía cierta preferencia, aunque ella nunca hacía distinciones.

    Cuando le dije que Abelardo dormiría conmigo, taita no se inmutó, había dormido ella muchas veces conmigo hasta que me hice mayor y dejé los miedos. Pero ella sabía que un día tenía que venir alguien a mi vida, lo que yo no solía pensar ni por accidente.

    ¿Había pensado mi taita en que sería una mujer? No lo sé, pero lo dudo, ella siempre conoció mis preferencias, sabía que me gustaban las películas con chicos guapos, sabía cómo estaba mi dormitorio y estudio decorado con actores y sin actrices. Mi taita sabía mis inclinaciones, aunque nunca lo habíamos hablado, pero nada había escondido entre nosotros. Mi taita me lavó y me vistió hasta mis 16 años y compraba mis juguetes, jamás violentos ni pelotas de fútbol, sino trenes, muñecas, luego venían los juegos de consola que abandoné pronto y tenía inclinación a leer y a la soledad. Lo que más le hacía sufrir a mi taita era mi soledad.

    A los 16 años me dijo que ya era mayor para que lo lavara y vistiera, no me opuse como no me opuse antes a que me lavara y vistiera. Me enseñó a escoger mis perfumes, mis peines, mis cuchillas para afeitarme el bigote y una maquinilla para depilarme el pubis porque siempre le decía que me cortara los pelitos que empezaban a salir. Fue taita la que me enseñó todo y no forzó mi orientación sino que me dejó suelto para que la descubriera. Por eso no extrañó para nada a Abelardo.

    Esa noche Abelardo cenó conmigo, nos acompañó como de costumbre mi taita tal como lo hace conmigo, aunque sus cenas son muy frugales para ella y abundantes para mí. Ella siempre dice que los jóvenes necesitamos comer. Luego nos fuimos a la televisión y estábamos muy intranquilos así que no nos gustó nada y nos metimos en mi dormitorio. Le invité a jugar en la consola, pero no le gustaba mucho, le mostré algunos de mis muñecos y muñecas, se detuvo a mirar varias, pero tampoco ahí entraba, prendí el ordenador y entré en páginas de contactos y pornográficas, a las que soy habitual, y tampoco. Así que no quedaba otra. Me fui desnudando y él hizo lo mismo, nos quedamos los dos desnudos y nos miramos a una distancia de un metro. Se me llenó la boca de saliva.

    Nos acercamos uno al otro y nos pusimos delante del espejo. Me gustaba Abelardo, pero él decía que yo soy más guapo que él y que tenía mejor cuerpo. Por mi parte se lo negaba y le decía que a mí me gustaba su cuerpo. Cogí el móvil y comencé a hacerle fotos de todo su cuerpo entero y por partes, un dedo, el pie, la rodilla, la axila abierta con su pelambre, el cuello, la nariz, el pene, el escroto, el ano, todo, cada foto pudo ser un beso y me prometí que la siguiente pasada lo sería. Llegó el momento, cuando dejé el móvil.

    El segundo turno fue tocarnos, es lo que tenía deseos Abelardo, solo que yo se lo iba adivinando. Abelardo quiso pasar sus manos y detenerse en cada órgano de mi cuerpo y me lo hizo pasar muy bien, yo iba sobando aquel lugar que dejaba a mi alcance en sus movimientos, pero Abelardo escogía y volvía a tocar aquellos lugares que le impresionaban, los pezones de mis tetillas, el pene, el agujero del culo, mis axilas y los ojos. Los ojos me los besaba.

    Luego, cuando ya noté que quería hacer otras cosas, comencé a besarle todo su cuerpo empezando por su cara —toda su cara, ojos, nariz, lóbulos de las orejas y labios—. Como no abría la boca, le di una suave dentellado a los labios y la abrió, metí mi lengua y le gustó. Nos entretuvimos intercambiando saliva, porque los sabores eran similares, aunque no el aliento. El aliento de Abelardo era suave como una brisa, y no tan caliente; el aliento de Abelardo era una mezcla de cardamomo y canela, o eso me parecía y me sigue pareciendo.

    Luego tomé el turno de su tronco, y le besé el cuelo, los hombros, el pecho, mordía suavemente las tetillas arrancando desde su estómago sus gemidos. Me entretuve en su ombligo, origen de su existencia; lamí el ombligo sin parar mientras mis manos jugaban con su trasero y mis dedos se acercaban a su agujero jugueteando allí a profundizar lentamente.

    Llegué al pubis, cuando Abelardo dejó de acariciar mi cara u metió sus manos sobre mis cabellos revolviéndolos, besé su polla que ya se había puesto dura, besé su escroto que se notaba recio como una bolsa llena y redondeada pegada a la base de su pene, y, sin dudar ya más, me metí su polla en la boca de manera salvaje. Ya estaba yo suficientemente caliente y tenía que ir a por todas.

    A por todas es que quería la leche de Abelardo y la mamé magistralmente para ordeñarla sin tocarla con las manos que tenía apoyadas en sus muslos acariciando las ingles y el trasero. De pronto, Abelardo se puso a gemir cada vez más fuerte y asió con sus manos mi cabeza para que me tragara su polla. No pretendía perforar mi garganta porque a duras penas llegaba, sino por la emoción que ya sentía, lo que devino en una magistral y abundante eyaculación. No pude tragar todo, se me escapaba. Era un volcán de semen derramándose en mi boca.

    Saboreé el agradable manjar y procuraba con los dedos recoger o paralizar lo que salía por la comisura de mi boca. De pronto Abelardo me cogió de mis axilas y me elevó para besarme y compartimos de su semen en un profundo beso con el cual fue recogiendo con su lengua los restos de mi barbilla, nariz y sobre las cejas. Era recoger para que no se desperdiciara lo que tanto placer nos producía.

    Gemí y comencé a arquear mi cuerpo con el deseo interno de explotar mis testículos. Abelardo se dio cuenta enseguida y cayendo de rodillas, puso justo a tiempo su boca albergando mi polla que llenó su boca. Algo tuvo que engullir para poder mantener su boca con mi preciado semen y al concluir mi eyaculación y espasmos caí de rodillas, me abracé a Abelardo y participamos ambos del segundo plato, como de un aperitivo de lo que seguiría a continuación. Nos pusimos de pie agarrados por la cintura.

    Levanté la sábana de la cama y la eché a los pies de la misma para tumbarnos en nuestra brazo descansando. Conversamos de nuestras cosas, sin prisa y nos dimos a conocer los gustos e ilusiones que teníamos en proyección, no tan alejado lo de uno de los deseos del otro. Éramos jóvenes con parecidos deseos y lo que nos ilusionaba era nuestra complementariedad personal y compatibilidad.

    La noche era calurosa y no queríamos conectar el aire acondicionado para no sentir otros afectos o condicionamientos de nuestra piel que aquellos que podíamos proporcionarnos nosotros mismos. Hay algo que siempre resulta insaciable y lo he comprobado hasta nuestros días, se trata del tacto. Tocarnos, acariciarnos y decirnos que nos queremos sin palabras, solo estimulando con el tacto nuestro cuerpo, es insaciable. Cuando llega el momento de la explosión, el orgasmo, el final de toda operación, vuelve a comenzar el mismo deseo y así se pasan horas y horas haciendo el amor, comenzando una y otra vez hasta que solo el cansancio físico y el apretón de un abrazo de ambos cuerpos totalmente juntos y con las piernas entrelazadas, puedan dar fin a un deseo satisfecho. Así y todo al despertar y encontrarse abrazados, se desperezan los cuerpos y vuelven de nuevo con su deseo abrazándose, tocándose, y satisfaciéndose de placer. Eso es lo que nos pasó.

    Abrazados nos habíamos producido tanto placer, tocándonos y sintiendo el calor de nuestros cuerpos mezclados con nuestros imparables besos y suaves mordiscos en nuestro cuello que nuestras pollas también desearon interactuar y se despacharon en un derrame casi simultáneo que se enterró entre nuestras cuerpos y nos quedamos impregnados de nuestro semen y seguíamos abrazados hasta dormirnos.

    Despertamos al poco tiempo por nuestro movimiento y nuestro deseo ya tenía planificada la realización de sexo con otras magnitudes ingeniadas por nuestro deseo de amarnos. Me di media vuelta y acudí a limpiar con unos escupitajos la polla de Abelardo y secarla con mis manos limpiándolas en la sabana bajera. Dispuesta esa polla, me dispuse a mamarla y prepararla para prestarle mi culo a Abelardo y que me forzara a sacar mi apetito. Pronto entendió mi intención, porque hay cosas que no seducen, solo se insinúan y si se ama se entienden. Abelardo tomó mi cintura con la fuerza de sus brazos y me colocó sobre él, de modo que mi culo quedó sobre su cuello, estando yo medio encorvado y animado chupando su polla.

    Abelardo en esa postura comió mi culo con chupetones y lamidas, me lamía apretando su lengua y yo me sentía muy halagado y lleno de placer. Así estuvimos trabajándonos hasta que entendimos que ya era el momento adecuado para ejecutar nuestro deseo y me incorporé para sentarme sobre la polla de Abelardo cara a él. Deseaba mirar su cara de placer. Me sonreía cuando poco a poco iba descargando mi cuerpo sobre su polla. No tardó en entrar y me senté sobre su pubis. Su cara era todo un espectáculo con los ojos medio cerrados y gimiendo; el placer de mi interior albergaba toda mi alma.

    Abelardo, sintiéndome caído y abandonado por mí mismo comenzó con furia el movimiento de sus caderas y pies para que su culo se elevara y me obligara a actuar. Entonces tomé la iniciativa de entrar y salir ayudado por mis pies y manos en la dirección contraria de Abelardo de modo que cuando yo bajaba el subía, dos fuerzas contrarias llenas de placer para obtener un mismo fin. Ambos estábamos al rato impregnados de sudor hasta que yo sentí los espasmos de mi cuerpo que proporcionaron el orgasmo y expulsé mi semen sobre el pecho y abdomen de Abelardo. Se impactó de sentir mi orgasmo y llegó de inmediato el suyo, derramando toda su semilla para perderla en mi intestino. Caí en un golpe de placer sobre su rostro para dar fin a nuestro orgasmo con un beso interminable.

    Al ponerse blanda su polla, salió sola de mi interior y sentí como se derramaba su semen por mi ano e iba cayendo sobre su pubis y resbalando hasta la sábana. Abrazados y con humedades por todas partes, nos volvimos a dormitar, sin caer todo el tiempo absolutamente en los brazos de Morfeo. Porque al rato escuché un susurro en mi oído:

    — Has estado bueno…

    — Has estado mejor que nunca…, —contesté susurrando.

    — Prepárate que deseo tu polla en mi culo, — susurró nuevamente Abelardo.

    — Tantas veces cuantas quieras, —contesté del mismo modo encendiendo más sus deseos.

    Así es como volvimos a hacer el amor. Se me puso en cuatro y le comí su culo hasta tenerlo a punto y le ensarté despacio mi polla en su puerta hasta que me dio su permiso para entrar. Se distendió y empujé. No fue fácil. Gemía Abelardo de dolor y deseo a la vez y mi polla entró en su aposento interior. Descansé un poco para que se acomodara Abelardo que movía su culo para sentir placer e inicié el movimiento entrando y saliendo. Fue más difícil y lento que antes, pero todo llega y por fin mis testículos me dieron su fruto para que lo expulsara en el interior sintiendo tal placer que me caí sobre la espalda de Abelardo. Solo deseaba comerme entero a mi amante y le daba besos en su espalda y cariñosos mordiscos suaves en su cuello, al tiempo que, cruzando mis manos por sus caderas, así con mis manos su polla para masturbarla y obligarla a derramar una excelente y voluminosa eyaculación que se derramó sobre las sábanas. caímos los dos extenuados con nuestras cabezas a los pies de la cama y nuestros pies quedaron debajo de la almohada.

    Extenuados nos dormimos abrazados. La luz del día bañó a través de la ventana nuestros cuerpos. Despertamos y nos encontramos que estábamos ambos abrazados y nuestras cabezas sobre la almohada y nuestros pies a los pies de la cama. No fue un milagro ni un terremoto. Habíamos estado toda la noche haciendo de las nuestras y descansando con ligero sueño, hasta que nos alumbró la luz del día. Eran las 8 de la mañana, un día jueves, que teníamos clases por la tarde, razón por la que no habíamos puesto ningún despertador. Pero podría ser que tuviéramos el desayuno preparado.

    Nos duchamos para despejarnos. Lo hicimos juntos para ayudarnos a lavarnos. Teníamos semen secó por todo el cuerpo incluidos los cabellos de la cabeza. Nos excitamos de nuevo y todavía bajo el chorro suave de la regadera nos masturbamos mutuamente para sentirnos más aliviados y salimos a secarnos. Lo perfumé con uno de mis perfumes preferidos de LOEWE y ligeramente vestidos con un short salimos a desayunar. Nos esperaba mi taita.

    — Buenos días, taita, — y la besé.

    — Buenos días, Dorito, — y me besó.

    — Buenos días, taita, — y Abelardo la besó.

    — Buenos días, mi hijito, — y mi taita, lo besó.

    Nos pusimos a desayunar.

    — Taita, creo que hemos dejado la cama imposible y totalmente perdida, —dije con cara de avergonzado y la cabeza gacha, mirándola de reojo.

    Abelardo también agachó totalmente su cabeza.

    — No te preocupes, Dorito, mientras desayunáis voy a poner orden, no quiero que entre Lucía y vea nada, es muy joven.

    Salió y nos dejó desayunando lo que había preparado. Teníamos hambre.

    — Esta mujer es un cielo, —rompió el silencio Abelardo.

    — ¡Es mi taita!, —respondí con naturalidad.

    Al rato llegó mi taita y me dijo:

    — Ya he hablado con Lucía y le he dicho que a partir de ahora yo le indicaré cuando entra en tu dormitorio. Un día de estos te voy a cambiar la cama, es muy pequeña.

    — Gracias, taita, ¿qué puedo hacer por ti?

    — Cuidar tu salud, no enfermarte y acabar tus estudios.