Autor: admin

  • Milena (III Parte): Su propuesta

    Milena (III Parte): Su propuesta

    Había entrado el mes de diciembre del 2017 y ya tenía dos semanas que no tenía relaciones con Milena, sólo mensajes de whatsapp donde nos expresábamos lo tanto que nos hacía falta el sexo.

    El 24 o mejor dicho el 25 en la madrugada veo una foto de perfil de su whatsapp, donde sale con un vestido corto pegado a su cuerpecito, contemplando un pesebre, le escribo que le pidió al Niño Jesús y al rato me responde de forma muy tajante, decidida: «UN HIJO».

    Esto me pareció en cierta forma raro ya que ella es muy melosa y su respuesta fue muy seca, por así decirlo, y le sigo la corriente diciéndole que encantado pero que sí ella aceptaría que fuera mío y como sería el «proceso de elaboración», ella pregunta muy emocionada que sí la ayudaría en ese «Proyecto de Vida» y empezamos a conversar, yo aun bromeando le digo que de hacérselo sería de la forma tradicional, Milena muy seria responde: No me importa el medio, sólo quiero tener un hijo, ya tengo edad y mi reloj biológico me dice que pronto será muy tarde, ¿Qué dices cuento contigo o busco a otro?

    Esto me resultó muy difícil de asimilar, ya que podré ser muy amante de las mujeres, pero un hijo es otro tema muy delicado, le pedí conversarlo personalmente y accedió. Esa noche o lo que quedaba de noche y mañana, no pude conciliar el sueño hasta que hice una lista de peticiones sí Milena accedía a lo del niño, estas serían:

    1.- Tener contacto con el niño y ayudarle en lo que pudiera con la manutención.

    2.- Hacerlo de forma tradicional, o sea sexo fogoso, hasta la concepción.

    3.- No tener contacto o mejor dicho rollos sentimentales, ya que mi relación con Yoly estaba en pausa y el divorcio con la mamá de mis hijos estaba estancado por no querer firmar ella los papeles, el hijo con Milena vendría a ser una alternativa, ya que tenía dos hijos que son mi vida, pero uno nunca sabe las vueltas que da la vida.

    Cuando nos vimos Milena y yo tomamos un café, conversamos, ella expuso sus motivos, tiene 36 años, profesional, estable socio-económicamente, y en sus planes está el de tener un esposo, una familia y todo lo que las mujeres anhelan, llegamos a un acuerdo mutuo, ella accedió a mis solicitudes, acordando prestarnos apoyo cuando el niño o niña estuviera enfermo (a) los estudios y lo concerniente a la crianza, consejos, amor, cariño, etc.

    Acordado y finiquitado aparentemente todos los puntos, ya que vamos a estar claros y esto lo dejamos más que claro habrían situaciones que se nos escaparían de las manos, pero era estar lo más posiblemente acordado y/o claro todo, empezamos a revisar su ciclo menstrual, a revisar con que Doctor nos consultaríamos, duramos entre un mes a dos meses en chequeos y exámenes de rutina donde gracias a Dios a mis 40 años y al estilo de vida saludable que ambos manteníamos, los 2 estamos sanos empezamos ese sábado después de ir como quién dice a la última sesión médica el día anterior, es decir viernes donde nos expresaron que estábamos en excelentes condiciones de concebir.

    Claro ella debía tener de quedar en estado un chequeo riguroso por estar casi rondando los 40 años. Quedamos en vernos en su apartamento, llegué aproximadamente a las 13 horas, Milena, vestía un sexy vestido, se notaba animada, alegre, de hecho me recibió con una cerveza, mientras me comunicaba que pronto terminaría el almuerzo, me preguntó sí gustaba acompañarla a comer y le dije que sí, que me sirviera un poco para acompañarle. Había preparado arroz, ensalada de zanahoria con remolacha, tajadas y un bistec jugoso, acompañándola con un rico jugo de parchita.

    Terminado nuestro almuerzo, nos dispusimos a limpiar la cocina, a pesar de todo lo vívido con Milena, en los últimos meses, estaba nervioso y creo que ella también. Recuerdo que estaba limpiando el fregador, cuando tomé lo que me quedaba de la cerveza como para armarme de valor y lanzándome hacia Milena la abracé por detrás, haciéndole sentir mi miembro que ya estaba duro, a pesar de que estaba recién bañada para cuando llegué, nos fuimos al baño, donde nos desvestimos entre besos y caricias apasionadas, nos metimos en la regadera, el agua caía por nuestros cuerpos, le besaba su cuello, sus pechos cuyos pezones ya estaban puntiagudos, ella se arrodilló tomando mi pene y llevándoselo a la boca, la tomé por el cabello para señalarle que la felación fuera lenta, me recorrió el pene con su lengua desde los testículos hasta la cabeza, la carita que tenía Milena me tenía a mil, tuve que interrumpir tan extraordinaria mamada para no irme, le sequé rápidamente su cuerpecito, me sequé a toda velocidad yo también la cargué en mis brazos para irnos a su habitación, la tendí en la cama le abrí sus piernas para ver su carnosa, jugosa y deliciosa vagina que ya estaba muy bien lubricada, apenas la punta de mi lengua hizo contacto con su sexo, Milena se estremeció, tenía los ojos cerrados, le ubiqué sus piernas a la altura de mis hombros, mis brazos la sostenían por sus piernas, ella gemía cada vez que mi lengua invadía su coño debidamente rasurado, trataba de contener sus gemidos pero el placer pudo más que su control, «mmmm, papito que rico! dios, que boca más inquieta tienes! cómeme me encanta»!

    Milena empezó a darle vueltas a sus caderas, me tomó con sus dos manitas a la altura de las orejas, como queriendo meterme literalmente dentro de ella, en eso le tomo muy sutilmente sus labios vaginales, se los tiemplo, le meto mi lengua, se la chupo bruscamente, como queriendo extraerle su ser por su vagina, en eso su cuerpo se contrae, me entierra las uñas en la parte superior de las orejas, me protegió el cuero cabelludo, emitiendo Milena un oh oh oh ah ahhhh! y emanando de su coño líquidos producto del tremendo orgasmo, ya empapada de sudor, recorro desde su vagina dirigiéndome hacia sus pechos, los besé, lamí con mucha ternura, delicadeza, Milena me toma el miembro y empieza una masturbación lenta, en eso me susurra al oído, «métemelo papi, poséeme ya, no aguanto!»…

    Yo ya estaba con un inmenso dolor en mis testículos, me recuesto boca arriba en la cama, procediendo Milena a montarse sobre mí para ensartarse ella misma y comenzar a cabalgar, le tomo sus nalgas con mis manos, y empiezo a introducirle mi dedo medio en la vagina junto con mi pene, para lubricar mi dedo medio y una vez empapado de sus fluidos se lo voy introduciendo muy lentamente en su ano, Milena se sentó muy derecha sobre mí teniendo sus ojos muy cerrados, la sujeto muy bien para evitar que mi miembro se saliera me siento para poder acariciar sus pechos mientras Milena se movía muy rítmicamente, en eso me separa de sus pechos para fundirnos en un beso apasionado, jugando nuestras lenguas, me abraza fuertemente y me expresa que quiere venirse conmigo, a decir verdad yo ya no aguantaba y le comunico que estoy próximo a venirme, ella acelera el movimiento de sus caderas, sube y baja y cuando baja aprieta su vagina al mismo tiempo que hace movimientos circulares apretando su vagina, besándonos le dije que ya me venía y ella expresa que también, cuando siente que le inundo sus ovarios, matriz y todo el interior con mi semen se le escapa un: ¡»te amo papi, que rico, creo que me preñaste»!…

    Cayendo sobre mi pecho, ambos exhaustos, con la respiración entrecortada, empapados de sudor, se acomodó sobre mi pecho, como arrepentida de que se le escapara tal frase, la abracé fuertemente, haciéndola sentir protegida, amada, única, le besé en su «mollera», un beso tierno, como transmitiéndole los mismos sentimientos que ella sentía en ese momento…

    Sin querer ambos nos quedamos dormidos despertándonos casi a las 19 horas, nos fuimos a bañar encendiéndonos en otra sesión de sexo donde una vez secada la coloqué de perrito, ella me expresa que por el culito hoy no quiere, y le digo que espere, que quiero hacerle algo que quiero hacérselo desde hace mucho tiempo, ya posicionada de perrito, me ubico detrás de sus nalgas, abriéndoselas y metiendo la punta de mi lengua en su ano, (sintiendo ella un corrientazo dicho por ella después en la noche cuando hablamos), Milena dio un brinco y la sujeto por su cintura atrayéndola hacia mí y metiendo mi cara en su culo, con mi mano derecha introduzco mi dedo medio en su vagina, la cual empezaba a destilar chorros y chorros de líquidos.

    Milena estaba extasiada, transportada al paraíso, diciendo: «ah ah ah si, si si, papi que rico, sigue, dame más, cómemela así rico papi» mientras apretaba las sábanas con sus manos, yo al contrario estaba concentrado en lamer desde su ano hasta su vagina, la cual debo confesar los líquidos de su coño saben rico, Milena ha sido una de las pocas mujeres la cual su vagina huele y sabe bien, por eso ella sabía que me enloquecía comerle su coño y ella lo disfrutaba ya que por lo mínimo eran de 4 a 5 orgasmos bien recibidos, ya para esta altura llevaba 3 ya estábamos bien sudados, a pesar que teníamos el aire acondicionado encendido, Milena me pide que la penetre pero ella abajo, quiere hacerme el candado con sus piernas, la coloco boca arriba, le abro sus piernas y con mi pene juego con sus cachetes vaginales, se retuerce del placer pero al tercero o cuarto coqueteo de mi pene lo toma y se lo introduce en su vagina diciendo: «métemelo no joda, quiero tenerlo adentro»! y empezó a moverse desaforadamente, con sus piernas bordeó mi cintura y me indicaba el ritmo del mete y saca, esa coño e madre si sabía moverse, cuando se lo enterraba apretaba su vagina, sacándoselo muy suavemente y volviendo a repetir la acción, me sujetó por mis orejas, nos miramos a los ojos y nos fundimos en muchos besos nuestras lenguas se entrelazaban.

    Mientras Milena disfrutaba de mis embestidas, su cuca estaba empapada, estaba disfrutando, me pasaba las manos por las nalgas, espaldas, por mi parte cuando no le besaba sus carnosos labios le besaba sus pechos y cuando besaba sus tetas ricas exclamaba: «ale que rico, dame ahi, si, si me gusta, reviéntamela, préñame dame que estoy en el cielo, que rico, ah ah ah!

    Esto último tuve que besarla porque sus gritos subían de volumen, ya llevaba Milena dos soberbios orgasmos cuando le digo que ya no aguanto que estoy por venirme, ella me expresa que me aguante un poco más que ya viene otro orgasmo, que le gusta venirse conmigo, bajo un poco más el ritmo mientras le beso sus pechos ella me acaricia el cabello y cuando estoy por venirme siento que aprieta su vagina, empieza a respirar entrecortado y me dice que ya viene, gritando: «ah ah ah ah si papi si si siii!

    Descargando yo mi semen en su interior, quedando agotado, duro unos minutos encima de ella besándola, y con mi miembro semi erecto pero a los 30-40 segundos perdió toda fuerza, quedando flácido, Milena se vuelve a montar sobre mi pecho y me dice que la caricia con mi lengua en su culito le gustó, le digo que eso se llama «Beso Negro», me dijo que le produjo un orgasmo único, que le gustó porque sintió un «Corrientazo» que le recorrió todo el cuerpo, que de ahora en adelante debía propinarle a su culito iguales caricias, le dije que por mí no había problemas.

    Milena a pesar de ser universitaria, de familia privilegiada y esas cosas le habían hecho ver el sexo como «pecaminoso», se integra a grupos Religiosos y de paso los dos novios que tuvo no le hicieron sentir única, no le enseñaron, no es que sea experto porque no soy un letrado en el sexo, pero me defiendo, y Milena me expresó esas cuestiones, que una simple mamada de cuca la hacía extraordinaria, la hacía llevar al paraíso, el besarle los pechos, su espalda y ahora besarle y acariciarle su rico culito, ese culito redondito, durito, no era bella de cara y a pesar de ser casi enana tenía o tiene mejor dicho un cuerpo lindo y rico, de hecho me confesó que conmigo aprendió a disfrutar, hacer y tener mejor el sexo oral y a gustarle hacerme el sexo oral, veíamos porno ya que el proceso para embarazarla duró más de lo planeado, ya que Milena estaba muy ansiosa, en ese proceso estuvimos casi 8 meses hasta que tuve que ingeniármelas llevármela a Hoteles emborracharla viajamos para quitarle la ansiedad, ya me tenía flaco de tanto sexo prácticamente vivía con ella, hasta que cuando la empecé a presionar para cogerla por el culo nuevamente la amenazaba con dejarlo hasta allí empezó a relajarse la cogía por su vagina y le reventaba su culito… Sorpresa! Pasó!

    Empezó a sentir mareos, a desmayarse, cuando se hizo la prueba por hacérsela tenía casi 2 meses de gestación, cuando me comunicó la noticia, le susurré al oído: «lo que queda del embarazo vas a llevar más guevo que sartén de arepera de pobre»! en alusión a que si antes la cogía 2 y 3 veces al día ahora sería mucho más… Milena sonriendo me dijo: «ya tu cumpliste, bueno asumiré las consecuencias del pago»! jajaja!…

    Esa noche le pedí a Milena conversar antes de irnos a la cama, (Habíamos alquilado un apartamento en una zona neutral de donde vivíamos para evitar malos comentarios y exponerla al que dirán de las viejas chismosas del grupo de Oración, vecinos y todo lo demás, aparte mi relación con Yoly a pesar de estar en un punto muerto o en estado de coma no quería arriesgarme a perderla del todo, ya que Yoly conocía y vivía cerca de Milena) le expresé los cuidados y nuevas normas en cuanto al sexo y como lo afrontaríamos ya que nadie sabría quién era el padre de su hijo, como afrontaría el nuevo reto de ser madre soltera (acompañada) esto con el fin de no causarle posibles conflictos emocionales a Milena y al niño.

    Ella de momento lo tomó bastante bien, me dijo que en la tarde mientras yo trabajaba había meditado mucho sobre lo que se le avecinaba y que la única que sabía todo era una de sus hermanas, que bueno ya no había marcha atrás o como decimos en Venezuela: «ya estamos montado en el burro, lo que hay es que arrearlo» esto quiere decir que ya lo hecho, hecho está, ya no hay vuelta atrás, había que afrontar los retos que se presenten de la mejor manera, me agradeció también el hecho de apoyarla y de mostrarme receptivo, (Milena no sabe la existencia de Yoly en mi vida, sabe que somos muy buenos amigos pero hasta ahí si sabe que hay una persona en mi vida pero que por mi situación con la mamá de mis hijos no he podido consolidar nada con dicha persona), ahora el que sentía un poco más de presión era yo, por Milena su embarazo y por Yoly, le expresé también que un tercer hijo o dos hijos más siempre han estado en mis planes, que su propuesta vino como anillo al dedo, que los hijos para mí son sagrados, bueno habiendo hablado un poco, tuvimos una buena sesión de sexo, le besé comí mamé esa vagina jugosa, carnosa de Milena, ella gritaba, se retorcía del placer, ahora a disfrutar del embarazo y ver que depara el futuro…

  • Nuestra amiga argentina y el pendejo (01)

    Nuestra amiga argentina y el pendejo (01)

    Nota del autor: Iba a ser un único relato pero al final he decidido dividirlo en 7 relatos. Será una serie de siete relatos de las aventuras de nuestra amiga argentina con un pendejo al que lleva 6 años pero que resultará muy lanzado.

    Siempre digo lo mismo, contar lo que hago por acá es como un desahogo, me gusta hacerlo, aparte es como revivirlo de nuevo.

    Para que entiendan, lo que pasó, les cuento, que yo vivo en un barrio que son todas casas, y donde la gente que camina por ahí, es porque vive ahí, no es una zona de paso. Bueno la cosa es que varias veces me cruce con un pendejo, si un pendejo pero re lindo, de esos que a mí me pueden, rubiecito, ojos celestes, no muy alto, y lo vi varias veces con la novia (bah suponía que era la novia, también pendeja porque estaba con ropa del colegio).

    La cosa es que hoy me iba a quedar estudiando, y me quede sin cigarrillos y en el único lugar que venden es en una estación de servicio que está en la avenida (a 4 o 5 cuadras de casa), no hacía frío a la tarde, así que salí como estaba vestida, un shortcito de jean, zapatillas y un buzo. Me cruzo al pendejo, me pide fuego, le doy, y me empieza a chamullar, me decía que ya me había visto un par de veces por ahí, yo le digo que también, le pido un pucho y nos quedamos hablando boludeces un rato largo, no sé, más de 40 minutos, porque nos fumamos un par de cigarrillos, hasta que dejaron de ser boludeces lo que hablamos, que fue más o menos así (el pendejo se llama Martín):

    Yo: pero ¿qué edad tenés nene??

    Martín: 18 ¿y vos?

    Yo: 24, sos un bebe jaja

    Martín: no creas nena, a veces no soy tan bebe

    Yo: si, pero te veo con tu novia que todavía va al cole.

    Martín: si, pero ya termina, si te pregunto si te da para ir a tomar algo, ¿qué me decís?

    (¡Re zarpado el pendejo!, aparte estaba con una remerita, le vi los bracitos, pocos pelitos como a mí me gusta, el cuerpo marcado, y no podía de dejar de pensar en cómo sería su pija, me la imaginaba blanquita y linda como él).

    Yo: nene, estás de novio y yo también, me parece que no da que alguien nos vea, ¿no?

    (Sé que con eso me fui a la mierda, jaja, pero pensaba que iba a arrugar.)

    Martín: bueno linda, si querés podemos ir a un lugar que no nos vea nadie.

    Yo: no te entiendo nene.

    (La verdad que ya estaba mojada, sabía que era una locura, pero quería que me cogiera, les repito, es re lindo el pendejo y no me quería quedar con las ganas.)

    Martín: si, linda, me entendés bien jaja, sos re linda pendeja y esas piernitas que tenés me vuelven loco.

    Yo: pero solo salí a comprar puchos.

    (Trataba de hacerme la boluda con un pendejo de 18 años jeje)

    Martín: te animas, ¿o te vas a cagar? Jeje, tengo el auto a una cuadra, vamos.

    Y se me acerca y me da un tímido beso, que me sorprendió, y no lo pude rechazar, y se lo respondí con un beso de lengua (el pendejo se jugó y eso me gusta).

    No hizo falta para que le diera mi respuesta, solo me dice “vamos”, nos subimos a su auto y encaró al telo más cerca que había, la verdad es que todavía no podía creer lo que estaba haciendo, salí a comprar cigarrillos y me iba a terminar cogiendo a un pendejo, que desde la primera vez que lo vi me calentó y mucho, un nene hermoso, no me voy a cansar de repetirlo.

    Bueno, llegamos al telo, lo normal, nos matamos a besos, nos empezamos a sacar la ropa, y cuando lo vi, pufff, HERMOSO, pocos pelitos y rubios, una pija blanquita, pero no tan pequeña, por lo que no pude evitar ponerme de rodillas y empezar a acariciarla, primero la acaricie con mis dos manos, después la empecé a besar, le pasaba toda mi lengua, le empecé a besar nada más que la puntita hasta que de a poco me la empecé a meter toda en la boca y él me empujaba más mi cabeza para que me la coma ¡toda!

    Nos acostamos en la cama, le beso todo ese lomo hermoso y marcado que tiene, se lo muerdo, me lo quería comer, hasta que llego de nuevo a su pija y se la chupo de nuevo, hasta que me subo arriba de él, de frente, quería ver esa carita hermosa como gozaba cogiéndome, me clavo la pija en mi concha y empiezo a cabalgar sobre él, y me empecé a mover como una zorra, el me tocaba, me acariciaba, me amasaba las tetas, y yo como buena puta le decía: “¿Te gusta bb?” “si, me volves loco, no pares”, es lo que me decía él, y así seguimos hasta que acabamos los dos juntos, explotando de placer.

    Me acosté al lado de él, y nunca dejamos de tocarnos, así que a los cinco minutos le pongo la mano en su pija y ya se le empezaba a parar de nuevo (claro era un pendejo lleno de lechita), me tiro sobre su pija hasta que ya la tenía parada de nuevo, nos acomodamos para un 69, con su boca me empezó a comer la concha y yo tenía esa hermosa pija blanquita en mi boca toda para mi, que no me cansé de besarla y chuparla.

    Me da vuelta y me empieza a besar la cola, ¡con mucha timidez lo hacía! Eso me sorprendió, con mis jugos se anima a ponerme un dedo (la verdad es que empecé a pensar que nunca había hecho una cola), cuando me mete el dedo le digo: “si bb, hacelo asi, me gusta”, yo en cuatro ya entregándole mi cola, ¡y estaba dispuesta a hacerlo!, me mete un dedo de a poco hasta que me lo mete entero y mis gemidos ya decían que me gustaba lo que me hacía, yo estaba re caliente, le digo: “ponemela” y me dice: “¿estás segura?” “si pendejo métemela haceme la cola, me gusta”, y me la empieza a poner, me dolió, (después me confesó que era la primera vez que hacía una cola) pero no me importaba, quería que me cogiera, quería sentirla adentro.

    De a poco, pobre, con cuidado de no lastimarme me la empezó a meter y yo le decía: “toda pendejo métemela toda” hasta que me la metió toda, ayyy me dolió, pero el placer y las ganas de ser su puta eran mayor, y me empezó a bombear por la cola, yo habría cada vez más mis piernas para que me la pueda meter mejor, obvio, volvió a acabar al rato ¡y yo también!

    Nos quedamos otra vez acariciándonos, hasta que hago lo mismo, se la empiezo a tocar se le para de nuevo y me coge otra vez.

    En dos horas el pendejo acabó tres veces yo también.

    Mi celular había sonado varias veces, era mi novio, pero como ayer discutimos, cuando llegue a casa lo llamé, le dije que no sea tan pesado que cuando me enojo no me rompa las bolas, al final nos arreglamos, yo sabía que iba a pasar eso, sé que está muerto conmigo y eso lo aprovecho, nos arreglamos a la noche salgo con él, otra vez dos pijas en un día.

    Espero que el pendejo no sea boludo y no cuente lo que paso, me prometió que no lo iba a contar porque él también está de novio.

     

  • Ya soy el puto del equipo (V)

    Ya soy el puto del equipo (V)

    Abelardo y yo sesionando con el entrenador.

    Habíamos sesionado toda la tarde, como siempre, habíamos tenido la charla del entrenador, los errores repetidos, lo que debíamos corregir, nos animaba a dar mayor rendimiento, etc., estas charlas siempre me han gustado, nuestro entrenador comenzaba por lo peor de todos en su conjunto, luego pasaba lo peor de cada uno que afectaba al equipo, pero siempre concluía, después de proponer cómo debíamos de trabajar, en animarnos con lo mejor del equipo y de cada uno. Siempre me pareció muy instructivo y no se vislumbraban odios, rencores o rencillas, sino estímulo para mejorar

    Luego había ejercicios, más ejercicios de calentamiento, esto me parecía necesario pero aburrido. Lo más divertido del calentamiento es cuando nos dejaba sueltos y nos poníamos a hacer el idiota aunque siempre con la pelota en los pies. No nos dejaba relajarnos ni disimuladamente con estiramientos excesivos, sino que se mostraba exigente y creativo.

    Los ejercicios obligatorios era lo más pesado, pero también el objetivo del entrenamiento. Los ejercicios eran progresivos, muy técnicos y de cara a la eficacia en el partido. Lo que a mí me sacrificaba es cuando venía el momento de mi humillación, los goles desde todas partes, acababa siempre con dolor de cabeza. Si con medio campo todos estaban jugando contra mí, yo no podía distraerme. Eran dos equipos, un portero, todos con la misma portería. Se colaban el 80% de las bolas pateadas. A todos había que decir defiéndela y todos querían marcar gol. Ahí sudaba más la camiseta que en un partido real.

    Luego venía la calma, estiramientos más largos, serenidad en los ejercicios, etc. Pero ese día me envió con Abelardo a la otra mitad del campo para que hiciéramos entre los dos estiramientos ayudándonos y como jugando. Abelardo se puso feliz por esto, ya que iba a poder tocarme cuanto quisiera, pero yo vislumbré que se cernía una nube por el horizonte, que podía ser buena o de mal presagio.

    Luego vimos que todos se iban e hicimos ademán de marcharnos, pero el silbato desesperado del entrenador nos frenó en mitad del campo y nos llamó que nos acercáramos a él.

    Cuando llegamos, lo primero es que nos abrazó a los dos como quien nos animaba. Nos dijo luego:

    — Este sábado os enfrentáis al Ventura CF. Tenéis que saber que es un equipo difícil y duro. No puedo hablar de esta estrategia con todos porque la comentan y eso es como poner el culo a disposición. El objetivo es que tú, Abelardo metas dos goles al comienzo del partido, métete eso en la cabeza, y luego que no te duermas. El segundo objetivo es que tú, Doro, no te despistes ni un ápice, quiero un partido a cero, eso significa que tienes que seguir la pelota sin perderla de vista. No lanzarán por alto, saben que eres bueno; sus golpes serán traicioneros, rastreros, a nivel. ¡Quiero que te rompas las costillas y vayas por la pelota y no permitas que te la golpeen cerca de puerta, amárrala bien y que no escape.

    Y continuó:

    — Doro, vete a puerta. Abelardo, toma —le lanzó la pelota— no la sueltes de tus pies y mete gol, no consientas que te la coja de tus pies.

    Comenzamos. Abelardo jugó como quiso delante de mis narices con la pelota y consiguió encajar dos goles. Me llené de amor propio y comencé a echarme loco por la pelota. Jamás en mi vida he atrapado tantos balones rastreros, jamás había visto tantos goles. Mi camiseta quedó fatal, llena de desgarros; parecía venir de la guerra.

    Cuando el entrenador, después de interrumpir muchas veces para dar recomendaciones, hizo sonar el silbato para acabar, caímos Abelardo y yo al suelo juntos y nos faltaba el alma en nuestro cuerpo. No sabíamos si amarnos u odiarnos, habíamos pasado una media hora haciéndonos la guerra. Nos miramos a la cara y no nos dio ni por sonreír. Se acercó Mr. Vilhjalmsson y nos dio la mano para que nos levantáramos del suelo. Puestos de pie, nos abrazó y nos dijo:

    — Ahora sé que vamos a ganar.

    Caminamos los tres con nuestros brazos a la cintura de Mr. Vilhjalmsson, y él nos abrazaba con sus brazos por nuestros hombros. Iba diciendo cosas sobre nosotros, que si somos el alma del equipo, que nosotros somos los que haremos ganar el partido más complicado de la temporada, que si el Ventura era un atajo de señoritos cabrones de mucho dinero pero todos una mierda…; así hicimos el recorrido al vestuario.

    Nos invitó a pasar a su zona donde tenía un jacuzzi que no sé qué entrenador anterior había mandado construir y que ahora no se usaba, pero que todo era cuestión de llenarlo… Pero en realidad lo vimos ya lleno de agua y en acción: burbujas, remolino, chorro alto y todo lo necesario, incluso luces. El entrenador nos dijo que nos desvistiéramos y nos metiéramos para relajarnos porque el trabajo había sido duro. No le faltaba razón, pero con él allí delante nos parecía excesivo. Abelardo, con un todo de atrevimiento pregunto:

    — ¿Desnudos?

    — Si quieres te pones el abrigo para entrar, —contestó Vilhjalmsson.

    Me reí, me quité todo y me metí, agua templada tirando a caliente. Me siguió Abelardo. Mr. Vilhjalmsson se quitó su ropa y lo miré bien. ¡Qué cuerpazo! Era la ostia, marcado todo, hasta el mínimo cuadrante, cada músculo, se podía dar una lección de anatomía viendo ese cuerpazo. Cuando se acercó miré su polla, ¡qué polla! La madre que le parió debía ser elefanta. le llegaba a la rodilla, carnosa, nervuda y circuncidada. ¡Qué glande! Me entraron ganas de que nos encerrara para violarnos. Se metió en el jacuzzi y se puso en la parte más alejada dentro con agua hasta los hombros como nosotros. De repente, mientras Mr. Vilhjalmsson estaba al otro lado, en susurros al oído me preguntó Abelardo:

    — ¿Te atreverías con esa polla?

    — Ya me pica el culo de ganas, —respondí.

    — ¿De qué habláis, muchachos?, preguntó Mr. Vilhjalmsson.

    — No, de nada, no, señor, —dijo Abelardo.

    — Yo sí, Mr. Vilhjalmsson, de lo bueno que está usted, de su polla, ¿a quien le gustaría tenerla dentro?, de eso hablábamos, perdone, Mr. Vilhjalmsson, —dije quizá motivado por el cansancio.

    — Está usted casado, Mr. Vilhjalmsson, —preguntó Abelardo.

    Se puso de pie, mostrando toda su pollaza y dijo:

    — Eso ya no se lleva, muchachos, ¿qué mujer aceptaría un hombre con esta polla tan trabajada? Esto es solo para machos y muy machos. La primera chica que me vio siendo yo jovencito se fue corriendo, desde entonces que no, que no he tenido sexo con mujeres.

    — ¿Y con hombres?, —pregunté-

    — Doro, tú me has mirado y te ha entrado el pánico, Abelardo se ha horrorizado…, solo un par de veces me he encontrado a machos dispuestos a tragarse esta polla.

    — A mí me gustaría, míster…, —dije con cierto recelo.

    — Yo solo darle una buena mamada y no completa, eso no cabe en mi boca, —dijo Abelardo haciéndose el hombre, pero con horror.

    — No os he traído para violaros, ni por tener sexo, pero sé que sois buenos amigos y me gustaría ver qué sabéis hacer y qué podríais hacer conmigo, sin obligación, —dijo muy osado Mr. Vilhjalmsson, con no menos humildad y sin exigencias.

    Pero a mí me entró el gusanillo y pensaba qué podría ocurrir si me dejaba follar por la pollaza esa que le colgaba, ¡menuda tranca! del míster. Podría entrar, y todo lo que entra sale, podría no entrar y sería una decepción, pero más decepción sería el miedo. Pensé para mis adentros: ˝Doro, tú querías pollas, esta es descomunal, pero será difícil que encuentres semejante oportunidad en toda tu vida, ¡anímate y ve por ella!˝.

    Mr. Vilhjalmsson seguía de pie y nosotros hundidos dentro del agua con las rodillas dobladas y las pollas enhiestas. Yo miraba la pollaza de Mr. Vilhjalmsson, doblada casi por la base, colgando totalmente humillada y acabando con el glande amoratado con una franja blanca junto al anillo a la altura del centro de la rodilla, que al menor movimiento se movía como el badajo de una campana a derecha e izquierda, pero que ya se estaba golpeando a sí misma con ligeros movimientos hacia adelante y hacia atrás, creo que motivados por mi modo de mirarla, pues yo tenía la boca llena de saliva y la miraba con ávidos y aviesos deseos, lo que no pasó desapercibido para Mr. Vilhjalmsson.

    Me incorporé poniéndome de pie, adelanté hacia el míster, me senté al borde del jacuzzi que es ancho y agarré aquella polla con mis manos sopesándola y acariciándola. No pude calcular su peso, pero sí su apetencia. Por el costado veía a Abelardo absorto mirándonos, sobre todo mirando el culo del míster, que tampoco estaba mal. Arrimándome a la pared me fui hundiendo en el agua, doblando las rodillas hasta que tocaran suelo y quedé con mi rostro frente al trancazo del míster. Cuando iba a meterla en mi boca, vi que se acercaba Abelardo y se colocó junto a mí igualmente de rodillas y ambos comenzamos a besar, lamer y chupar aquella polla por partes. Había polla para los dos y pudimos ver cómo la íbamos enderezando. Nos estábamos animando al ver el efecto de nuestras mamadas y la polla se puso recta cual saeta de una brújula enhiesta y todavía no estaba dura del todo. Para sujetarme bien, me agarré por debajo de la nalga del míster, en la parte trasera del muslo y sobre el hombro de Abelardo. Abelardo se agarró de los muslos bien desarrollados del míster y metió la polla dentro de su boca mientras yo la mamaba por los laterales y acariciaba sus huevos. ¡Qué paquetón! Aquello parecía una bomba en color carne un tanto pardusca.

    Tantas lametadas dimos entre Abelardo y yo y alternando por meterla en la boca, que el míster comenzó a gemir rabiosamente de placer. Llenamos la polla y sus bolas de nuestra saliva y salpicada con gotas de agua. Los turnos de metérsela en la boca eran alternos y rápidos porque tanta polla era imposible de meter del todo. Intenté que atravesara mi garganta y me escoció, no entraba o no supe meterla bien. Lo intentó Abelardo y tampoco. Entonces hice gárgaras con la saliva que depositábamos sobre la polla y me la metí de inmediato, entró por mi garganta, pero pronto me faltó el aire, ni por la nariz podía respirar. La saqué y tosía, pero intenté una par de veces más y, ocurriendo lo mismo, me parecía placentero. Soltamos la polla y vimos su inclinación, no estaba totalmente vertical, pero era una polla recta, sin curvas, verdaderamente apetitosa.

    — Descansad un momento; luego, si queréis, seguimos…, dijo el míster.

    Nos remojamos un poco como quien deseaba nadar y salimos los tres afuera del jacuzzi. No hablábamos. Parecía que teníamos el permiso tácito de jugar con la polla porque se la mirábamos y seguía erguida, menuda erección, ¡la puta que lo parió!

    — Bueno, amigos, ya sabéis algo de mí que nadie sabe. Delante de los demás me llamáis el míster, o Mr. Vilhjalmsson, pero somos amigos y podéis llamarme Gunnar, ese es mi nombre. Yo no tengo más amigos, luego os doy mi número de móvil, si necesitáis algo podéis llamarme.

    Nuestra calentura se había bajado, pero a mí seguía atrayéndome esa polla que mis ojos ahora veían humillada y rezumando líquido transparente y pegajoso hasta el suelo. Para nada se la había tocado Gunnar, mientras que nosotros sí, ¡qué aguante, teniendo esa pollaza! Me pareció tan extraordinario que le miré a los ojos suplicando tocarla y me dijo:

    — Sí, por supuesto, lo que quieras.

    Le pedí que se sentara en la banqueta, me puse de rodillas, de nuevo, me la metí en la boca y a Abelardo le indiqué con mi mano que me dilatara el culo, levanté mi trasero como gato para que me lo trabajara bien y al tiempo que yo le daba placer a Gunnar, Abelardo me lo daba a mí. Puse la polla totalmente erecta jugando con la lengua sobre el frenillo que le hacía gemir a Gunnar y tocando sus bolas. Otro tanto hacía Abelardo, comerme el culo y me metió hasta tres dedos que iba separando mientras jugaba con mis bolas. Sentí que me había penetrado los tres dedos separados y consideré que pasaba aquella polla.

    Me di media vuelta para dar a entender a Gunnar que me atravesara y se puso de pie, acomodó su polla a mi culo, la sentía pasearse por mi raja y mis nalgas, mientras yo separaba mis glúteos para mostrar y abrir bien mi agujero y Abelardo me besaba penetrando en mi boca. Grité:

    — ¡Gunnar, maricón, métemela ya, joder!

    El grito debió ser muy fuerte para la sensibilidad de Gunnar que me la metió junto al hoyo y yo me distendí totalmente, de modo que su capullo pasó, apreté de satisfacción, no me había dolido. Aflojé y Gunnar empujó, me dolió y cerré la boca mordiendo el labio de Abelardo que gruñó rabiosamente. Volví a aflojar y empujó. No sé dónde había llegado, pero, metí mis manos atrás y faltaba como un tercio de polla por meter porque alcancé a tocar sus bolas. Mientras Abelardo se acariciaba el labio, pensando que tendría sangre, volví a gritar:

    — Métela toda, joder, sin miedo, destrózame, ¡viólame, cabrón! ¡¡¡Métemela ya, joder!!!

    Empujó y entró, sentí sus bolas por debajo de las mías. Se quedó quieto. A mí me dolía enormemente, pero me entró la puta en mi ser y comencé a mover circularmente mi culo para hallar alivio al infernal dolor. Gunnar solo hacía que escupir sobre su polla y culo y la sacó un poco y escupió abundante porque el escupitajo cayó en mi nalga de donde lo recogió y lo masajeó junto a su polla. Abelardo se acercó por detrás y exclamó:

    — ¡Joder, qué culo, la tragaste toda, toda, toda…!

    Y escupió varias veces sobre la polla de Gunnar para favorecer la posibilidad de deslizarse en lo que venía a continuación. No había desaparecido el dolor, pero sentía placer de saber que estaba toda dentro. Se me acercó Abelardo y me preguntó:

    — ¿Te duele mucho?

    Con mis lágrimas en los ojos de dolor y la sonrisa del placer le dije susurrando:

    — Sí, me duele mucho, pero si me das tu polla a la boca me dolerá menos.

    — ¿A quien le amarga un dulce? Mientras no te me la comas de verdad…, —contestó Abelardo.

    Metió su polla en mi boca y entendió que tenía que follármela sin parar para darme gusto. Al verlo Gunnar moverse, comenzó suavemente un movimiento de penetración saliendo y entrando, y escupía cada vez hasta que notó mis brazos sin tensión y moviéndose normalmente; dejó de escupir, mi culo se había acomodado a la polla de Gunnar. No fue rápido, algo así como desde que te caes de un quinto piso hasta que sales del quirófano. Pero parece un milagro, todo se pasa, el dolor pasó y a la follada de Gunnar solo había que esperar con paciencia, a la follada de Abelardo ayudarle con la lengua y los labios dándole al frenillo. Abelardo comenzó a suspirar:

    — Me voy, me voy, me corroooo… ¡Joder, que me corroooo…!

    Se corrió magistralmente. Cerré bien mi boca para que no se me escapara nada. Cinco chorrones que dieron con fuerza en el paladar y pude tragar, luego el resto que exprimí de la polla de Abelardo. Se la dejé limpia, me besó para probar su esperma, pero tuvo que dejarme porque Gunnar lo llamó diciendo:

    — Méteme tus dedos en mi culo para que me corra. Abelardo, que mete los dedos en cualquier sitio, está muy entrenado y lo folló con sus dedos de tal modo que Gunnar comenzó a gritar salvajemente, mientras yo notaba palpitar su polla y sus venas:

    — Macho, córrete, córrete ya, Aaaagggh, aaaagggh, aaaagggh, — decía esto sin parar, expulsando su esperma, hasta que se inclinó sobre mi espalda dando besos a mi cuello. Entonces también me vine yo con fuertes trallazos de semen.

    Entonces le susurré al oído:

    — Has disfrutado, ¿eh maricón?

    — Te has comportado como una buena puta, muchacho, —me contestó.

    Poco a poco y bajada su calentura Gunnar fue sacando su polla. Los tres estábamos sudando y nos metimos en el jacuzzi. Al final pasamos a la ducha donde los dos me ayudaron a lavar mi culo que seguía tan abierto que mi pulgar entraba sin rozar. Gunnar con un trapo limpió los restos de semen, sobre todo míos que había en el suelo. Nos vestimos y, saliendo del vestuario, Gunnar nos invitó a subir en su coche, pero decliné porque me dolía el culo y quería caminar para ayudar a rebajar la dilatación. Lo entendió y dijo:

    — Ponte bien, el sábado ganaremos, ganaréis vosotros, ganaremos todos y a vosotros dos os invito a cenar en un sitio muy especial… ¿os gusta la comida de diseño?

    — ¡¡Muuuuucho!!, — dije yo.

    — Como te has portado hoy en el campo y en el jacuzzi, hazlo el sábado y seremos campeones…, sé que lo harás.

    — OK, — dijimos los dos.

    Abelardo se quedó conmigo en mi casa. Estábamos felices, pero me convertí para Abelardo en su héroe sexual. Esa noche no follamos, pero nos masturbamos mutuamente algunas veces, mientras Abelardo elogiaba mi proeza con la polla de Gunnar. De vez en cuando, Abelardo me fue girando para ver mi culo y me iba comunicando como volvía al sitio. Más que sentir dolor, era una especie de escozor que parecía como que me faltaba algo en mi culo. En la mañana, en la ducha metí mi pulgar buen mojado con saliva, costó entrar, pero una vez dentro sentí mucho alivio. Abelardo me puso una crema que vio en el baño para suavizar antes y después de las penetraciones. Sentí alivio y le pregunté de donde la había sacado. Me dijo que estaba en el baño y entonces pensé y le dije a Abelardo:

    — La ha dejado mi taita para cuando follemos.

    — Esa mujer es una verdadera joya, —dijo Abelardo.

    Bajamos a desayunar sin prisa, porque las clases de jueves eran por la tarde. Me acompañó a pasear para aliviar mi culo y comimos en casa con mi taita.

  • Malena y don Antonio (Tercera parte)

    Malena y don Antonio (Tercera parte)

    Don Antonio se paseaba por la plaza, pero ya sin la alegría que le proporcionaba el bullicio a la salida del colegio, la visión de las colegialas en cortas polleras había sido interrumpida por las vacaciones estivales. Pero por sobre todas las cosas, Don Antonio extrañaba a la rubia belleza que en forma incomprensible para él, había llevado a su casa en dos oportunidades, no entendía como esa chica había accedido a ir con él. La había cogido deliciosamente, no recordaba el sexagenario haber disfrutado tanto en los últimos años y a la chica también parecía haberle gustado.

    Esa tarde realizaba su caminata habitual para hacer ejercicio, rodeaba la plaza y estaba por cruzar la calle cuando quedo paralizado al ver en la parada de colectivos a la chica que lo obsesionaba. Se detuvo para convencerse si era ella, no estaba vestida con su habitual uniforme sino que tenia un corto short de jean y una remera de manga corta, de todas maneras era inconfundible, su larga melena rubia y sus esbeltas piernas no dejaban lugar a dudas. Don Antonio se acerco y pudo darse cuenta que la chica no estaba sola. Aparentemente un hombre mayor le hablaba y la chica le daba la espalda, negando con la cabeza. Intrigado, Don Antonio se acerco mas, la chica al verlo dijo «Hola, como esta» y se acerco a lo que el otro hombre se dio vuelta y se retiro en silencio.

    Don Antonio percibio algo extraño y dijo «Estas bien, te estaban molestando?», la chica le dijo «Aparecio ese hombre y me decia groserias, queria que fuera con el, yo le decia que no y seguia insistiendo. Por suerte aparecio usted» con voz entrecortada, parecia asustada y Don Antonio le dijo que no se preocupara que ya se habia ido, que siempre hay quien molesta a las chicas pero que no le iba a pasar nada. Trataba de tranquilizarla mientras no se le escapaba lo buena que estaba la pendeja con esos pequeños shorts que dejaban a la vista esas monumentales piernas, y esa carita compungida de niña, no pudo evitar sentir una fuerte pulsacion entre las piernas. «Mira, justo ahora terminaba mi caminata e iba a tomar una cerveza a casa, acompañame asi te tranquilizas, dentro de un rato veras que vas a estar bien» a lo que la chica contesto «Esta bien, usted es muy bueno, pero mejor me invita con un refresco, cuando tomo cerveza a veces hago tonterias» dijo Malena sonriendo picaramente. Don Antonio le dijo «Es bueno hacer tonterias a veces» y se encaminaron al domicilio del hombre mayor, que no podia ocultar su alegria por reencontrarse con la nena que lo enloquecia. En el camino la chica le dijo que habia ido al cole a buscar las notas, que habia aprobado todo y que estaba contenta, «Ves, es un motivo para festejar» dijo Don Antonio que ya estaba imaginando todo lo que le haria a esa espectacular rubia cuando llegaran a su casa.

    Llegados a la casa de Don Antonio, Malena se sento en el sillon del living mientras el excitado hombre iba a traer las bebidas. Cuando volvio, la invito con un refresco mientras el se tomaba una lata de cerveza, se sento al lado de Malena y veia como la chica tomaba un par de sorbos y no pudo contenerse, dejo la lata sobre la mesa y puso una mano sobre el muslo de la joven. Malena dejo su refresco, mientras la mano del hombre la acariciaba dijo casi ronroneando «A usted le gustan mucho mis piernas, verdad?», «Si me encantan» le contesto mientras con otra mano la rodeaba por la cintura acercandose a la chica, su boca buscaba besarla y Don Antonio se sorprendio cuando la chica fue al encuentro de su boca y comenzo a besarlo, tiernamente al principio y con mayor pasion hasta encontrar sus lenguas y entrelazarlas. Si eso fue sorpresivo para Don Antonio, que la mano de Malena, mientras se besaban, se posara en su entrepierna acariciando su creciente ereccion fue un shock y termino por enloquecer al hombre que se tendio sobre la chica acrecentando sus besos y acariciandola por todo el cuerpo.

    Malena sentia que nuevamente su cuerpo respondia a las caricias y besos de ese hombre mayor, pero esta vez ella queria ser mas activa, se habia sorprendido a ella misma cuando acaricio el duro bulto, constatando la excitacion de ese hombre, y que lo habia besado con pasion. Ahora sentia que un torbellino de sensaciones la invadia mientras el hombre le habia quitado la remera y besaba y chupaba con ardor sus duros pezones. Tenia la entrepierna totalmente mojada, tenia ganas de ser penetrada y un deseo enorme de que ese hombre le hiciera de todo.

    A todo esto, Don Antonio ya estaba fuera de si, esa pendeja lo volvia loco, estaba a punto de eyacular mientras le chupaba con frenesi los pechos y se frotaba contra las suaves piernas de la joven, se dio cuenta que si seguia asi se iba a acabar en los pantalones. Se levanto, tomo a Malena de un brazo y se dirigieron al dormitorio. Se quito pantalones, zapatos y su ropa interior mientras Malena lo miraba parada frente a el, solo vestida con su corto short. El hombre se acerco y empezo a desprenderle la prenda, se la sacaba a manotazos mientras Malena ayudaba moviendo sus piernas. Verla solo con minuscula tanga blanca termino de enloquecer al enerdecido Antonio, la tomo por la cintura y se tendieron en la cama, busco como enloquecido ponerse entre las piernas de la chica y sin demora empezo a lamer los costados de la tanga y por encima de la fina tela, ya humedecida. Chupo y chupo los labios vaginales mientras Malena suspiraba, tomo por los costados la tanga y se la quito y ahora se abalanzo sobre la entrepierna de la chica, como un salvaje se dedico a chupar esa dulce conchita, sabia a nectar y Don Antonio estaba embriagado y no existia en el mundo nada mas que esa sabrosa entrepierna que estaba comiendo a besos y lenguetazos.

    Malena sintio la llegada de un fuerte orgasmo en medio de las lamidas, como si fuese una descarga electrica originada entre sus piernas se abandono al placer y exploto en todo su cuerpo, arqueando su espalda y suspirando de placer. El enardecido amante de la chica se dio cuenta que ya no podia aguantar mas, se irguio y levanto con su mano por la cintura a la joven para separarla de la cama y con su otra mano guio su endurecido miembro hacia la mojada conchita de Malena, se introdujo en ella y comenzo a embestirla bestialmente dando rienda suelta a toda su excitacion acumulada. Don Antonio no aguanto mas que tres o cuatro embestidas cuando eyaculo profusamente en medio de un gutural gemido de placer, descargandose dentro de la chica que lo enloquecia, siguio moviendose hasta que su miembro flaccido se escurrio del interior de Malena. La vision de la chica, con sus ojos entrecerrados y su boquita entreabierta volvio a enardecer al hombre que se ubico de nuevo entre las piernas de esa belleza y reinicio sus lamidas y besos con renovado ardor.

    Malena ya deliraba de placer, sentia que nuevos orgasmos la atravesaban, como podia ese hombre darle tanto placer lo desconocia, solo que se entregaba a el y se abandonaba como ahora en que un fuerte orgasmo la hacia gemir y suspirar, su cuerpo temblaba y se sentia liviana, flotando en el paraiso.

    Luego de un rato, la pareja se levanto, Malena fue al baño donde se baño y vistio mientras Don Antonio esperaba respetuoso que la chica terminara para luego hacer lo mismo. Luego Don Antonio invito con un nuevo refresco a la chica que agradecida le dijo «Me gusta que me invite a tomar refrescos a su casa » y el hombre contesto «A mi me gusta que vengas, sos preciosa» y luego de despedirse con un beso, el hombre vio como la chica se marchaba, con su alegre y juvenil paso. Se sintio feliz.

  • Recuperando el slip

    Recuperando el slip

    Ya era domingo y me quedaba menos de una semana de permiso, el jueves tenía que marchar para Zaragoza, ya que el viernes a primera hora tenía que presentarme en el cuartel. Había decidido ir de nuevo al café bar Bío, dejar que me volviera a dar por el culo y así recuperar el slip que me tenía. Si tenía que ir a dormir con él, pues iría, dormiría con él y me dejaría follar toda la noche. Además, aquello cada vez me gustaba más, sentir como me abrían el culo y me follaban dejando preñado el culo de semen, me excitaba y cada vez me hacía más adicto, vamos que me gustaba la polla más que un caramelo a un niño. Me gustaba sentir como me ensartaban la polla en el culo y luego me regaban de leche las entrañas.

    Bío, había sido el segundo hombre que me había dado por el culo, luego fue su amigo Chema, y ese domingo, antes de que me marchara para Zaragoza el jueves al medio día, me volvería a dar por el culo, quería terminar el permiso y incorporarme al cuartel, bien satisfecho de polla, el culo bien abierto y preñado de semen, y por supuesto recuperar el slip.

    El domingo a las 4 de la tarde, fui al café bar Bío a tomar café, hojear el periódico, luego dar una vuelta por el centro de la ciudad, y de paso quedar de nuevo con el dueño, quería que me devolviera el slip. Cuando me vio entrar se quedó mirándome algo extrañado. Me senté en un taburete, le saludé con un hola y le pedí un café cortado y una copa de brandi 1900, que era lo que solía tomar, él me devolvió el saludo, me puso el café y la copa. Le pedí si me dejaba el periódico, cosa que me trajo al momento preguntándome algo extrañado como yo por allí a aquellas horas. Pensé que ya habías terminado el permiso, como hace 2 días que no se te ve el pelo, creí que ya te habías marchado.

    No, le contesté, me marcho el jueves al medio día, el viernes a primera hora tengo que estar en el cuartel.

    ¿Dónde estás haciendo el servicio militar? Me preguntó.

    Estoy en Zaragoza, en la academia general militar.

    Pero que estás, ¿estudiando para militar?

    No, solo estoy realizando el servicio militar y me tocó allí hacerlo. Estoy en ingenieros destinado en la central de teléfonos.

    Y que te pasó que no viniste desde el jueves por aquí.

    Pues que he tenido que ir a la aldea con mi padre, hoy por la mañana hemos llegado, y como quería recuperar el slip y me apetecía un café, he venido a ver si lo recupero.

    Pues ya sabes lo que tienes que hacer, así que, si quieres recuperarlo, te espero esta noche en mi cama. Quiero que te quedes a dormir conmigo. Quiero abrirte el culo con mi polla y follarte toda la noche.

    Bueno le contesté, ahora voy a dar una vuelta y por la noche vengo de nuevo por aquí.

    Tomé el café y mientras terminaba la copa, estuve leyendo el periódico, luego me despedí, quedando en volver a la noche.

    A las 9 de la noche cansado de dar vueltas por el centro de la ciudad y haber bebido demás, me fui para el barrio e ir al café bar Bío y irme con él. Quería recuperar el slip y que me volviera a follar. Pero antes de ir por el café bar, pasé por mi casa, fui al baño, hice lo que tenía que hacer, luego me metí en la ducha, y una vez listo y preparado para ser enculado de nuevo, avisé en casa que me iba de fiesta y que seguramente no volvería hasta la mañana siguiente.

    Cuando entré en el bar, estaban retrasmitiendo un partido de fútbol, por lo que había bastante clientela, entre ellos se encontraba el amigo de Bío, Chema, que la última vez me había follado después de ver como lo había hecho Bío, el dueño del café bar. Los 2 sonrieron al verme entrar, hijos de puta, seguro que me iban volver a follar los 2 aquella noche.

    Los saludé quedándome en la barra justo al lado de la máquina recreativa, el partido de fútbol que retrasmitían, no me importaba, así que jugaría unas partidas en la máquina y luego si acaso, vería el resumen de los partidos de la jornada, que eso sí me gustaba e interesaba. Pedí una cerveza y me dispuse a jugar en la máquina recreativa.

    Ya había acabado el partido de futbol y yo seguía jugando en la máquina, la clientela poco a poco se había ido marchando, era domingo y el lunes la gente tenía que levantarse para ir a trabajar, apenas quedábamos media docena de clientes, por supuesto que entre ellos estaba Chema, el amigo de Bío, y el muy cabrón, miraba más para mi culito que para el partido de futbol, lo mismo que Bío, el dueño del bar. Ambos tenían los ojitos que se les salían de las órbitas, a los 2 se les caía la baba mirándome como movía el culo jugando en la máquina. Estaba seguro de que esa noche ambos me iban dar una buena ración de polla.

    Con esos pensamientos yo estaba ya más salido que ellos, y por encima como al pasar por casa, me había quitado el slip, el roce que me daba el pantalón tejano Levi’s que llevaba, me había puesto como un burro de empalmado, el culo me ardía de caliente que lo tenía, y el pensamiento de cómo me iban dar por el culo, me hacía estar excitado a tope.

    Terminé de jugar en la máquina y me puse a mirar el resumen de los partidos que estaban dando por la tele apoyado en la barra del bar.

    Ya iban dar las 11:30 de la noche cuando quedamos por fin los 3 solamente, se acababan de marchar los últimos 2 clientes. En ese momento salió Bío del mostrador, bajó la persiana y cerró la puerta del café bar.

    Poneros aquí, nos dijo señalando la mesa que había al fondo del bar, así puedo ir limpiando y vosotros podéis terminar de beber y ver el resumen de los partidos, y no me molestáis.

    Ambos cogimos nuestras bebidas, sentándonos donde nos había señalado Bío. Yo quedé sentado en la silla pegado a la pared y Chema el amigo de Bío, pegado a mi costado derecho. Nada más sentarnos, mientras llevaba la cerveza a mi boca para beber, Chema, colocó su mano sobre mi pierna empezando a acariciármela.

    Dios, casi me hace atragantar con la cerveza, aquel tío estaba desesperado por follarme, me acababa de estrujar la polla y huevos con su mano, me estaba sobando en condiciones.

    Como está nuestra nenita esta noche, me decía sin dejar de estrujarme la polla y pelotas, mmm, veo que ya estás bien excitado, ¿eh?

    Coloqué la cerveza sobre la mesa, dejándome sobar por la enorme mano del amigo de Bío, me gustaba como me metía mano. La verdad es que estaba que reventaba de salido que estaba.

    Como vio que no protestaba y me dejaba meter mano, este siguió con la tarea, llevó la otra mano a mi paquete, mientras que con la otra empezaba a soltarme el cinturón, vamos a ver como está nuestra nenita, me decía mientras me aflojaba el cinturón, luego empezó a desabotonarme el pantalón, hasta que consiguió meter su mano.

    ¡Ufff como viene nuestra nenita! Pero si nos viene sin nada debajo del pantalón, decía acercando su boca a la mía. Pasó su lengua por la comisura de mis labios, mientras con su mano acariciaba mis pelotas e iba buscando con sus dedos la entrada a mi culito.

    Anda, deja que te baje el pantalón, me decía mordiéndome el lóbulo de la oreja, mientras empujaba con su mano intentando sacarme el pantalón.

    Me incorporé un poco sobre la silla, dejando que me fuera bajando los pantalones. Estaba nervioso y no sabía que hacer, así que mientras Chema me bajaba los pantalones, volví a coger la cerveza y dar un trago.

    Así mi amor, deja que te vea este culito y lo liberemos para disfrutar un poquito de él, mmm que cosita más rica tenemos, me decía metiéndome mano a la vez que lamía y mordisqueaba mi oreja.

    Anda, se bueno y ve sacándome la polla, ya verás cómo me tienes. Me has puesto como un toro moviendo este culito cuando jugabas en la máquina, eres una nenita muy mala, ¿eh? Me decía sin dejar de meterme mano.

    Mientras tanto yo, empecé a bajarle la cremallera del pantalón, metía la mano por la abertura y buscaba con mi mano la verga de aquel maduro que me estaba metiendo mano. Como no era capaz a sacarle la polla, él llevó sus manos aflojando el cinturón y bajarse el mismo junto a los calzoncillos, liberando su enorme falo.

    Dios, que verga maravillosa tenía el muy hijo de puta, estaba tiesa a más no poder. No era muy gruesa, pero sí que era larga la hija de puta, la tenía tan dura que hasta se le curvaba mostrándose radiante y muy apetecible. No me había fijado la otra vez como se curvaba la polla de aquel hombre maduro, pero ahora que la veía de nuevo, la boca se me hacía agua y el culito me palpitaba por sentirla dentro mía.

    Anda, mámamela un poquito y saboréala con esa boquita que tienes, que después te vamos a volver abrir el culito con ella y follarte.

    Me incliné sobre su regazo, sujeté con mis manos aquella majestuosa verga, abrí la boca y me la metí en ella.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gimió al notar como mi boca se tragaba su rabo, ¡ohhh que boquita! ¡ohhh que boquita! Gritaba mientras yo tragaba aquella verga y empezaba a chuparla como si fuera un caramelo.

    Mientras yo chupaba aquella hermosa polla, con las manos acariciaba y estrujaba los enormes huevos de aquel hombre maduro que por segunda vez me iba a dar por el culo, dejándome la semilla que aquellas enormes pelotas contenían en su interior.

    Así nenita, así así, mama tu biberón. Cómetela toda, anda abre bien esa boquita y trágala toda, ¡ohhh mi amor! ¡ooohhh que gusto! Gritaba empujando mi cabeza para hacerme tragar hasta la base su enorme falo.

    Mientras nosotros estábamos en plena función, Bío, el dueño del café bar, terminaba de limpiar el local. Seguro que se estaba poniendo como un burro de salido, viendo el espectáculo que le estábamos proporcionando, sentados al fondo del local.

    Mientras yo le chupaba la polla al maduro, este fue sacándome la camiseta que traía, al igual que se había sacado por completo su camisa. Me acariciaba la espalda mientras yo estaba inclinado mamándole la polla y me iba subiendo la camiseta hasta dejármela sobre los hombros. Tiró luego de ella sacándomela por la cabeza, haciéndome que dejara de mamarle la polla. Momento que aprovechó para ponerme de pie y sacarme por completo el pantalón y zapatos, dejándome en pelotas por completo.

    Hizo lo mismo con su pantalón, sentándose de nuevo sobre la silla, a la vez que me acercaba a él sujetándome por la cintura. Me pegó a él y cogiéndome por los cachetes del culo, llevó mi polla a su boca, engulléndola por completo de una vez.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar como tragaba mi pobre polla engulléndola hasta la base, no es que mi polla sea muy grande, pero el hijo de puta aquel, tenía unas muy buenas tragaderas, se había engullido toda mi polla como si nada y el hijo de puta aún sacaba la lengua, haciéndome cosquillas en los huevos con ella.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemía sujetándome a su cabeza, mientras él me comía la polla, e intentaba con sus dedos abrirme el culo.

    Con las babas que iban cayendo mientras me chupaba la polla, con una de sus manos me iba lubricando la entrada a mi ano, haciendo que este se fuera abriendo, hasta que consiguió que mi esfínter cediera y uno de sus dedos se introdujera en mi culo. ¡Ohhh! Gemí al notar como entraba su dedo, ¡ooohhh! Volví a gemir al notar como hacía entrada un segundo dedo. Si aquello seguía, yo no tardaría mucho en empezar a correrme, y así se lo hice saber, ¡ohhh! ¡ooohhh ohhh! Me voy a correr, le dije.

    En ese momento, dejó de chuparme la polla y con su otra mano me apretó la polla por la base, cortándome la eminente eyaculación. Luego sacó sus dedos de mi culito, me sujetó por las piernas empujándome sobre él, haciéndome que me abriera de piernas, mientras él me empujaba hacia él.

    Yo me abrí de piernas, salvando la silla donde estaba sentado aquel hombre maduro que me iba a ensartar su tieso falo en mi culito, y tan pronto estuve pegado a él, me hizo sentar a horcajadas sobre su tiesa y dura polla.

    Me fui sentando poco a poco, primero noté como colocaba la punta de su polla en la entrada a mi ano, y mientras me iba sentando, notaba como su polla me iba abriendo el culo e introduciéndose en mí.

    Me sujetaba a sus hombros y me iba sentando poco a poco, mientras jadeaba y gemía notando como me iba entrando la polla, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras mi culito se iba abriendo al paso de aquella estaca que se introducía en él.

    Así nenita, así, relájate y deja que te abra el culito con mi herramienta. Deja que me introduzca en ti, te folle y te deje bien preñado.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto mi amor! Gritó al enterrarme toda su virilidad en mí.

    Me había ensartado toda la polla hasta que sus pelotas pegaron en mi esfínter, teniéndome empalado en ella, sentado a horcajadas sobre él.

    Dios, que sensación más placentera. Me sentía totalmente abierto y con una larga polla introducida en el culo. Al ser ensartado por aquella polla, me hizo que me abrazara desesperadamente a aquel maduro y jadeara gimiendo fuertemente. Que gusto me había dado al ser penetrado por aquella polla.

    Abrazado a su cuello no paraba de gemir, más que gemidos eran gritos y lamentos continuos, ¡ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gritaba abrazándome a él, sintiendo como mi culito se iba abriendo para dar cabida a la polla que me había ensartado.

    Tranquilo, tranquilo mi amor, anda relájate y no chilles tanto que van a pensar que te estoy matando, me decía, acariciándome la espalda con sus manos, mientras con su boca me iba besando el cuello y cara, hasta que se apoderó de mis labios, los mordisqueó, saboreó, terminando por meterme la lengua en la boca.

    Así, así mi amor, me decía sin dejar de besarme y saborearme con su lengua, empezando a moverme con sus manos. Me sujetaba por la cintura, haciéndome que empezase a subir y bajar, clavándome su estaca cada vez más profundamente.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Así mi amor, así, ¡ooohhh que culito! Te lo voy a dejar bien preñadito con mi leche, ya verás que gustito te va a dar.

    Yo sudaba por todos mis poros, subiendo y bajando por aquella polla que me follaba el culo, dándome un placer enorme. No paraba de gemir y sujetado a sus hombros cabalgaba clavándome aquel mástil que tanto placer me estaba dando.

    Mientras tanto, Bío, el dueño del café bar, contemplaba desde hacía ya un buen rato que había terminado de limpiar el bar, como su amigo Chema me sodomizaba. Estoy seguro de que tenía su polla a tope de dura, y pensaba en que pronto me iba tener en su cama.

    Mientras Chema, el amigo de Bío, me follaba allí sentado, Bío se acercó a mi espalda, arrimó una silla sentándose en ella, separó un poco la mesa, y posando sus manos sobre mi cintura, llevó su boca a mi nuca, empezando a darme mordiscos. Me mordisqueaba la nuca, luego bajaba por el cuello hasta el hombro, e iba lamiéndome y mordisqueándome mientras su amigo seguía dándome por el culo.

    Así maricón, así, goza y disfruta que esta noche vas a quedar bien follado. Ya verás como te vamos a dejar ese coñito que tienes, te lo vamos a dejar bien abierto y preñado, pedazo de maricón.

    Ay dios, que placer estaba sintiendo cada vez que Bío me mordisqueaba la nuca y cuello. Me hacía estremecer y poner los ojos en blanco. Las piernas me temblaban, y aquella verga entrando y saliendo de mi culo rozándome la próstata, me hacía delirar y gemir de tanto gusto que estaba sintiendo, me estaban llevando al clímax del placer.

    Sudaba como nunca, subiendo y bajando por aquel falo que se incrustaba en mi culo. Se podía escuchar los gemidos que daba yo, el jadear de Chema, mientras me sodomizaba, y el ruido que hacía la polla al entrar en mi culito, chof, chof chof chof. Hasta que empecé a jadear y gemir más fuerte, ¡ooohhh ohhh! Me corro, ¡ohhh! Me corro, ¡ooohhh! Me corro, me corro, Gritaba mientras me seguían dando por el culo y mordiéndome la nuca, mientras mi polla no paraba de expulsar chorros de semen.

    Había eyaculado sobre el pecho del amigo de Bío, mientras este me estaba sodomizando. Dios las piernas me temblaban de tal manera, que tuve que aferrarme fuertemente a él, y en esos momentos empezaba Chema a clavarme la polla con mayor fuerza y profundidad, empezando a correrse dentro de mí.

    ¡Ohhh mi amor! Me corro, me corro, gritaba soltando toda su leche dentro mía.

    Cuando terminó de eyacular y poco a poco fuimos recuperando el aliento, dejamos que nuestra respiración se normalizara, notando yo como su verga iba saliendo de mi culito.

    Una vez recuperados, nos levantamos de la silla, Bío el dueño del café bar nos trajo papel para limpiarnos un poco, luego terminamos de beber, yo la cerveza, y así como estábamos, ambos en pelota picada, nos volvimos a sentar, ya que Bío el dueño del bar, nos había traído otras bebidas.

    Bueno vamos a beber esta y luego nos vamos, dijo Bío, que quiero follarme este culito en mi cama, decía acariciándome el culo con su mano.

    Después de terminar aquella ronda, nos vestimos, pagamos lo que se debía, y Bío y yo nos fuimos para su casa. Al llegar al portal donde vivía Bío, nos despedimos del amigo. Pasarlo bien nos dijo a la vez que me sobaba el culo, mañana nos vemos, le dijo a su amigo.

    Vale le contestó Bío, mientras se cerraba la puerta.

    Cuando llegamos al segundo piso, que era donde vivía, abrió la puerta haciéndome pasar primero, luego cerró con llave, encendió la luz del pasillo, llevándome directamente a su dormitorio. Encendió la luz, fue a apagar la del pasillo, y nada más volver, se abalanzó sobre mí.

    Me abrazó por la espalda, comenzando a morderme las orejas y cuello, a la vez que me iba soltando el cinturón.

    Que ganas te tengo, maricón. Me habéis puesto a tope de excitado, si no descargo pronto las pelotas, voy a tener un dolor de huevos insoportable.

    Dios, era como una fiera enjaulada, no me daba tregua, ya me había aflojado el cinturón, y desabotonado parte del pantalón. Tiró de ellos hacia abajo, subió sus manos acariciándome el culo, a la vez que me subía la camiseta. Tiró de ella sacándomela por la cabeza, y antes de que pudiera moverme, volvió a apresarme con sus brazos. Me iba mordiendo la nuca, orejas y cuello, mientras sus manos me iban sobando por todas partes.

    Teniéndome así abrazado, fue poco a poco dándome la vuelta, hasta que me tuvo frente a él. Entonces se apoderó de mi boca, lamió y mordió mis labios, terminando por meterme la lengua en la boca, saboreando cada rincón de ella.

    Mientras yo con mis manos intentaba aflojarle el cinturón e irle quitando el pantalón, cosa que terminó por hacerlo él. En cuestión de segundos, ya se había liberado de toda la ropa. Lo mismo hice yo, terminé de sacarme los zapatos y pantalón, y antes de que me diera tiempo a colocarlos ya se volvió a abalanzar sobre mí.

    Me tiró sobre la cama dejándome boca arriba, y empezó a aplicarme una placentera tortura. Con su boca iba recorriendo todo mi cuerpo. Mordía mi cuello, luego iba bajando sin dejar de lamer con su lengua. Se apoderó de los pezones, a los que mordió, succionó y retorció con sus dedos, hasta que llegó a mi vientre.

    Allí empezó a pasarme su lengua, iba bajando por las ingles, mientras con sus manos me levantaba las piernas separándolas, y dejando los pies sobre la cama. Me abrió un poco más las piernas mientras me pasaba la lengua por las ingles. Empezó a morderme en la parte interna de las piernas, haciéndome retorcer de gusto y gemir mientras llevaba mis manos a su cabeza.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía agarrando su cabeza con mis manos mientras me retorcía de gusto, pero él no paraba, seguía con su placentera tortura, excitándome de tal manera, que mi polla poco a poco volvía a ponerse tiesa y dura como el mástil de un velero.

    Cuando vio que me tenía bien excitado y al borde de la locura, llevó su boca a mi polla, la engulló en su totalidad, la chupó y saboreó, luego fue mordiéndome el tronco, lamió los huevos, empezando a mordisquearme el perineo. Ahí me hizo volver a dar fuertes gemidos y retorcerme de gusto. El hijo de puta sabía excitarme y ponerme bien caliente.

    Pasó sus brazos por debajo de mis piernas, tiró de ellas para arriba, dejando mi esfínter más expuesto. En ese momento pensé que me iba volver loco, había llevado su lengua a mi ano, empezando a lamerlo.

    Dios, entre los mordiscos que le daba al perineo, y la punta de su lengua intentando abrirme el esfínter, me estaban volviendo loco, hasta temblaba de tanto gusto que estaba sintiendo.

    Ya deseaba que me diera por el culo, necesitaba que su polla me abriera el culo y lo follara, llenándomelo de leche. Necesitaba aplacar aquella calentura que me estaba martirizando.

    Y gracias a dios que no me hizo esperar. Volvió a levantarme un poco más las piernas, llevándolas más sobre mi pecho, esto hizo que mi culito quedara listo para ser perforado por su verga.

    Se echó más encima mía, colocó la punta de su polla en mi agujerito, empujó un poco, abriéndose mi esfínter, introduciéndose el glande.

    ¡Ohhh! Gemí al sentir como entraba la cabeza de su polla, ¡ooohhh! Volví a gemir cuando dio un movimiento a su pelvis, enterrándome toda la polla en el culo.

    Ya está putita, ya está, ya la tienes toda dentro. No sufras más, me decía empezando a mover su pelvis, metiendo y sacando su polla. No sufras maricón, que ahora te voy a follar bien follado, te vamos a aplacar esa calentura que tienes.

    Joder que pedazo de coñito que tienes, da gusto follarte maricón.

    Los 2 gemíamos y jadeábamos sin parar. Ya estábamos sudando como si estuviéramos metidos en una sauna, y aquello no había hecho más que empezar.

    Notaba salir y entrar su polla, los cojones golpear la entrada de mi agujerito, haciendo que sonara el clásico chof, chof chof chof chof, de su polla entrando en mi culo. Yo me sujetaba con mis manos a su cabeza dando gemidos sin parar, mientras él me iba taladrando el culo con su verga.

    ¡Ay que gusto! ¡ay que gusto! Que coñito más rico tienes, pedazo de maricón. Gritaba sin dejar de darme por el culo. Te voy a abrir en canal, maricón, te voy a meter hasta los cojones dentro y dejarte bien preñado.

    Después de un buen rato dándome por el culo, noté como incrementaba los movimientos, dándome unas estocadas más rápidas y profundas, hasta que noté como su polla se hinchaba en mi interior, empezando a soltar trallazos de semen.

    ¡Ohhh maricón! Me corro, me corro, ya maricón, ya, ¡ooohhh! Me corro. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh ohhh!

    Quedó tumbado sobre mí, mientras tanto su polla terminaba de soltar todo el esperma en mi interior. Me había largado una buena corrida el hijo de puta, había notado por lo menos 6 trallazos de leche bañarme las entrañas.

    Una vez recuperó el aliento y la respiración se normalizó, dejó que mis piernas volvieran a su posición normal, y recostándose a un costado mía, se abrazó a mí, empezando a besarme la cara y boca. Eres maravilloso, tienes un culito divino. Si pudiera te estaría follando toda la noche, pero como eso es imposible, vamos a meternos en la cama, dormir abrazaditos, y mañana por la mañana, te volveré a dar por el culo.

    Nos metimos dentro de la cama, me abrazó a él, nos tapamos con la sábana y cubre cama, y así abrazado a él, quedé dormido.

    Cuando me desperté, estaba abrazado por Bío, notaba su polla y huevos pegados a mi culito, y sus manos acariciarme las pelotas y pajearme la polla, mientras me lamía con su lengua la espalda.

    Poco a poco fui despertándome y dándome cuenta de que estaba en la cama de Bío, el dueño del café bar, que este me tenía abrazado a él, y me estaba pajeando mientras me lamía la nuca manteniéndome pegado a él. Noté sus calientes pelotas pegadas a mi culito, y su rabo ya tieso pegado a mí.

    Eché la mano hacia atrás, tocando su culo y piernas, buscaba su polla, pero él me susurró al oído, ya era hora de que despertaras, putita. Quédate así quietito anda, que te voy a follar. Quiero sodomizarte, así como te tengo, ya verás que rico se siente que te den por el culo nada más despertarte, vamos a darle el desayuno a tu tierno y caliente culito.

    Llevó una de sus manos a mi culo buscando la entrada a mi ano. Una vez sus dedos encontraron mi agujerito, presionó con uno de sus dedos mi esfínter, introduciéndose un poco, yo di un pequeño quejido, pero él susurrándome al oído a la vez que me mordisqueaba la oreja, me decía, tranquilo maricón, tranquilo. Estás bien cerradito putita, pero no te preocupes, tu tranquilo que te lo vamos a lubricar para que no te duela.

    Se giró llevando su mano a la mesilla, abrió el cajón, sacó una cajita de crema, y al poco rato noté como sus dedos untados en una fría crema, recorrían la entrada a mi ano. Volvió a presionar mi esfínter llevando ahora su dedo embadurnado con aquella crema y fue lubricando hasta que mi esfínter se relajó, dejando que entraran 2 de sus dedos sin ninguna dificultad.

    Ya mi putita, ya estás listo, me susurraba al oído. Encoje las piernas y dame el culito, me decía. Así, así, iba diciéndome mientras me colocaba la cabeza de su polla en mi agujerito. Nada más colocó la punta de su polla en mi ano, llevó su mano a mi ingle, y mientras me acariciaba la polla y huevos con una mano, su boca me mordía el cuello, con la mano que me sujetaba por la ingle, empujó de mi culo hacia él, a la vez que movía su pelvis, metiéndome por completo la polla.

    ¡Ohhh! Gemí al entrarme la polla en el culo, ¡ooohhh! Volví a gemir cuando se pegó más a mí, clavándome más a fondo aquella verga que acababa de abrirme el culo.

    Ya, ya está, ya te la he metido toda, ahora ya te tengo ensartado en mi polla, putita. Ahora vamos a abrirte bien este tierno culito y darle su ración de lechita. Vamos a darle el desayuno a este caliente culito que tienes.

    Poco a poco empezó a culearme muy despacito, metía y sacaba su polla, mientras me sujetaba con su mano mi polla y con su boca me mordisqueaba el cuello.

    Así maricón, así, ¡ohhh que culito más rico! ¡ohhh que culito! Me decía mientras me daba por el culo. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡Ay maricón que culito! Joder como me gusta tu culito, cabronazo.

    Yo gemía enterrando mi cabeza en la almohada, y pegaba todo lo que podía el culo a aquel semental que me estaba sodomizando. Dios como me gustaba aquello, no hacía ni 3 meses que me habían desvirgado en Zaragoza, y cada vez me gustaba más que me dieran por el culo. Como había tardado tanto tiempo en probar aquella delicia.

    Me gustaba aquella sensación de sentir una polla abriéndote el culo, meterse dentro tuya, y sentir como se descargaban dentro mía, dios que placer notar como me ensartaban y me poseían, aquello era maravilloso sentirse sodomizado y poseído.

    Ya llevaba un buen rato siendo culeado cuando, bío, terminó por montarse sobre mí. Me colocó boca abajo, y metiendo sus brazos por debajo de los míos, colocó sus manos sobre mi nuca, me hizo abrir un poco las piernas y ordenándome que levantara un poco el culo, empezó a follarme rápido y profundo, se escuchaba el chof, chof chof chof, de su polla entrando en mi culito, y el golpeteo de sus pelotas y pelvis, pegando en mi culo.

    Mientras me daba por el culo, gritaba, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ay maricón que gusto! ¡ay que gusto me da follarte este culito!

    Yo estaba que me derretía, levantaba todo lo que podía el culito, y gemía cada vez que notaba su polla rozar mi próstata. Tenía los ojos cerrados y la boca abierta de tanto placer que estaba sintiendo.

    De pronto empezó a follarme más rápido, y noté como su polla se hinchaba en mi interior, empezando a escupir trallazos de semen.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh maricón me corro! ¡ooohhh me corro, me corro! Gritaba, derramando todo su esperma dentro de mí.

    Cuando su polla ya no soltaba nada de semen y su respiración volvió a la normalidad, se dejó caer sobre el costado, y manteniéndome abrazado a él, empezó a pajearme, hasta hacerme correr a mí. Gimiendo y jadeando de placer, me abracé a él, y mientras le comía la boca, eyaculaba sobre él, derramando mi esperma sobre su vientre y mano.

    Una vez nos recuperamos y nuestras respectivas respiraciones volvieron a la normalidad, nos levantamos y abrazado por él, fuimos los 2 al baño.

    Allí nos metimos en la ducha, y después de lavarnos un poco, nos secamos, volvimos a la habitación, me dio el slip que me tenía, nos vestimos y me llevó a desayunar a la churrería que hay en la calle donde tiene el café bar.

    Me invitó a desayunar, eran las 10:35 de la mañana, y después de desayunar, nos despedimos hasta el día siguiente, él ese día no abría el bar ya que era su día de descanso.

    Me fui para mi casa, iba super follado, con el culo bien abierto y repletito de semen. Por supuesto con el slip que había recuperado.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (13)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (13)

    David avanzó por el pasillo llevándome cogido en sus brazos, yo le abrazaba el cuello para hacérselo más fácil. Como íbamos mojados dejaba la marca de sus pasos en el suelo y las gotas que caían de nuestros cuerpos mojados, escuchaba a los que venían detrás de nosotros y rogué para que no resbalaran sobre el suelo húmedo.

    Me sujeté bien a su cuello y recosté la cabeza en su pecho. David era muy fuerte y lo demostraba el espectacular cuerpo que tenía. Llegó a la puerta y para dejarse una mano libre me colocó las piernas abrazándole la cintura, crucé los pies en la baja espalda y él me sostenía con una mano bajo mi culo.

    Llegamos ante la cama y alguno de los que entraron después encendió la luz. Con la mano que tenía libre descorrió las ropas de cama tirándolas por el suelo y me depositó sobre el colchón, seguía abrazando su cintura con mis piernas y él cayó arrodillado entre ellas.

    Sentía la dureza de su verga entre mis nalgas apretada contra el ano, pero se deslizó evitando el contacto. Su cara estaba a treinta centímetros de la mía, lo justo para enfocar mi mirado en la suya. Los azules ojos de David parecían un cielo claro al mediodía, se aproximo hasta que la punta de nuestras narices se tocaron y me habló soplando en mis labios.

    -Estas precioso, quiero tomarte, entrar en tu cuerpo. -como respuesta abracé más fuerte su cuello para que su boca se juntara con la mía.

    Su lengua jugaba explorando entre mis dientes y se la mordí un poco fuerte haciéndole que gimiera. Notaba a nuestro lado el cuerpo de otras personas pero yo estaba centrado en David, en sentir su lengua moviéndose en mi boca, acariciando mi lengua.

    Me sentía emocionado, y no solo por estar debajo de un hombre pleno de virilidad y hombría, también sentía la emoción de haber sido elegido por el supremo macho. En la piscina había una docena de apetecibles jóvenes deseosos, ellas y ellos, de que David les prestara atención, y allí estaba su marido Oriol, el más bello efebo que yo había visto, y su amante Alberto, pero el macho alfa me había escogido a mi entre todos ellos para hacerme el amor y germinarme el vientre.

    -Besas muy rico pequeño. -dejó de besarme la boca para bajar a mi pechos y empezar a lamerme las tetillas y a morderlas.

    Cerré los ojos para embriagarme de las sensaciones que David me transmitía chupándome las tetitas, y a veces tenía que apretarle la nuca para aplastarle la cara en mi pecho, cuando era imposible resistir aquel placer y quería que se detuviera. Me besaba el ombligo metiendo la lengua, y de repente me sujetó las piernas por los muslos y me las elevó pasándolas por encima de mi cabeza, dejando mis hombros y la nuca como único apoyo sobre la cama, bajó la cabeza metiéndola en mis nalgas y su lengua lamió el ojete de mi culo.

    -¡Ahhhhh! -dejé salir un profundo suspiro gozando la lamida que me daba en el ano y abrí los ojos. Oriol tenía la cara muy cerca de la mía observando mis reacciones, estaba arrodillado a cuatro patas y por encima de sus hombros estaba la cara de Alberto que le montaba la espalda mirándome también.

    Oriol bajó más la cabeza y supe que iba a ser besado por sus preciosos labios, los unión a los míos y le cogí la cabeza para apretarle abriendo la boca, invitándole a que me diera su lengua.

    Era increíble lo que me estaba pasando. David, el ser superior, me estaba comiendo el culo y su marido me besaba llenándome la boca con la lengua, y Alberto, el amante de los dos y macho segundo de Oriol le besaba la espalda y le comía el culito preparándolo para ser montado y penetrado su ano.

    Increíble pero cierto, y un poco más lejos escuchaba el jadeo de otras voces gozando de las mamadas y folladas que se estaban dando. Resultaba un verdadero bacanal, una orgía desenfrenada donde el sexo, y sentir y dar placer, era lo primordial, y mi cuerpo un festín para aquellas bocas hambrientas.

    Me tenían en un total paroxismo de exaltación, arrebatado de deseo, de que el placer llegara a su culmen y descargar la tensión brutal a que me sometían sus dos bocas.

    -Méteme la polla David, dame la verga, por favor, dámela ya. -no pude continuar hablando, la boca de Oriol se estrellaba contra la mía, impulsado por los empujones que Alberto le daba al cogérselo y meterle la verga bien profundo en el culo.

    -¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! -gemía y suspiraba en mi boca gozando de la follada que su amante le daba delante de su marido.

    -Sí Alberto, mi amor dame polla, dámela toda mi vida. -sentía envidia de Oriol, podía decir esas palabras que yo tenía prohibidas por Pablo.

    Levantó la cabeza enderezando el cuerpo cuando Alberto le abrazó por el vientre montando su espalda, besándosela mientras seguía follándolo sin piedad, moviendo su cuerpecito aguantando el vendaval de la pasión de su amante que lo taladraba sin tregua.

    David me bajó las piernas y se colocó entre ellas, su duro miembro temblaba buscando mi ano desesperado, cogí la dura verga caliente y envuelta en jugos, y la coloqué en la entrada de mi culo, mi macho comenzó a empujar hasta que entró la punta, y luego continuó sin detenerse hasta que llegó a mis manos la dura bolsa de sus huevos, estaban duros y parecían uno solo, bien apretaditos en la base de la polla.

    -¡Ayyyy! Sí, sí, que verga más rica. -David empujaba con fuerza a pesar de tenérmela clavada entera, si hubiera sido un perro me habría metido la bola que formaban sus testículos en la base de la verga.

    -¡Ayyy! David, que bien me follas, que gusto. -en ese momento la cabeza de Oriol caía al lado de la mía, chillando entrecortado y temblando al correrse gozando de su venida.

    Pero Alberto aún no se había corrido y seguía dándole duro por el culo.

    -Sí. sí, sí, córrete en mi culo Alberto. -Oriol estaba gozando como un loco siendo cogido por su amante que no terminaba de follarlo mientras el continuaba disfrutando con el culo lleno de leche y dura verga.

    A David le excitaban las palabras de su esposo, y a cada suspiro o gemido suyo me daba la verga en el culo más fuerte. Ya no podía aguantar más y coloqué las manos sobre sus glúteos, se le ponían duros y contraían por la fuerza que hacía para penetrarme.

    En esos momentos David era la perfecta máquina creada para follar y todos los músculos de su cuerpo se contraían para darme placer excitando mis sentidos.

    El torrente de leche salía con fuerza de mis huevos, discurriendo rápidamente hasta la uretra de la polla cuando escuché los gemidos de Alberto vaciándose los cojones en el culo de Oriol, y en esa orquesta de celestiales lamentos y placenteros quejidos el semen comenzó a salir de mi polla.

    David estaba besándome en ese momento y tuvo que notar la calidez de mi semen cuando se depositaba entre nuestros abdómenes, y al abrir la boca para coger aire me mordió el labio, y tembló empezando a derramarse dejándome marcado por su esperma de macho alfa.

    Tembló unos segundos mientras se vaciaba y yo le acariciaba la espalda, enroscando mis piernas en sus muslos, apretándole contra mi para que no me sacara la verga y me dejara seguir disfrutando de ella, sintiendo sus estertores postreros y las últimas gotas de la leche divina fecundándome el vientre.

    Siguió respirando muy fuerte con la cara enterrada en mi cuello, sudando copioso por el cuello, le besé enternecido al sentir, ahora tan niño, al invicto guerrero que me terminaba de romper el culo y subirme a la gloria.

    -Te he embarazado pequeño, lo siento, no me he podido contener, tu culito apretaba tanto. -reía dichoso y satisfecho al escuchar a mi macho disculpándose.

    -Ha sido precioso David, tu verga, tu, sois increíbles y quería que te corrieras dentro, que me dejaras tu simiente. -me besó lujurioso la boca y lentamente su verga se fue aflojando y dejando vacío mi culo.

    Descansamos unos minutos y Oriol se tumbó entre David y yo, nosotros mirando al techo y él hacía abajo, besaba a su marido y giraba la cabeza para besarme a mi también. Alberto a mi izquierda no se movía y permanecía quieto hasta que se giró y sentí su verga en mi pierna.

    Estaba tan cansado que los ojos se me cerraban, y creo que dormí un tiempo, me despertó el sentir que mi polla y huevos eran tocados, y al abrir los ojos Alberto se la estaba metiendo en la boca, sus aspiraciones y lamidas hicieron que pronto comenzara a crecer, y el deseo de más sexo me llegaba en oleadas, además Oriol chupaba la verga ya erecta y dura de David y eso me encendía el deseo.

    Poco después Alberto me montaba lo mismo que hizo con Oriol, por atrás y lo hacía lentamente, penetrándome sin prisas, descansando para besarme el cuello y tirar de mi pelo para que girara la cabeza y poderme besar la boca.

    Era una follada dulce y candenciosa, larga, llena de suspiros y jadeos, y descansos prolongados, estaba muy a gusto siendo follado de esa manera tan suave hasta que Alberto se contrajo, se encogió apretándose a mi culo y entrando hasta el fondo para volver a correrse y llenarme de semen, unos segundos después de vaciarse se separó de mi y creía que todo había acabo.

    Otras manos me sujetaron las caderas sin dejar que cambiara de posición y otro macho me montaba, la verga entro en mi sin casi notarla, la leche de David y Alberto resbalaban de mi culo abierto y la polla resbalaba entrando y saliendo de mi trasero, el macho me sujetó de los hombros empujando muy fuerte.

    -Estas riquísimo, estaba esperando mi turno. -era la voz de Erico, mi tercer verga de la noche me hacía suyo, y me entregaba colaborador, sabía que su polla necesitaba presión y ser bien acogida, y apreté el culo abrazándola para que me gozara y disfrutara como un macho merecía.

    -¡Ayy! qué bien aprietas, tu culito me vuelve loco muñeco. -Oriol y David habían acabado por los jadeos ruidosos que pude oír, pero miraban como era follado por Erico. Oriol aún con la verga de su marido en su culo le retenía contra él abrazado a su cintura.

    A la vez que me follaba, Erico pego el pecho a mi espalda para llegar a mi verga y empezó a masturbarme, ahora me follaba duro haciéndome sentir muy puto, volviendo a gozar de mi tercera cogida en la noche, y cuando eyaculé en su mano arqueé la espalda encabritándola dando fuertes alaridos, y apretando el ano como una hembra herida por la verga de su macho semental cuando se siente fertilizada en la cópula que la dan.

    Había sito todo tan rico y placentero, pero tan cansado, que me dormí después de que Erico se retirara de mi culo.

    Habían pasado horas y me despertaron las caricias que sentía en la cara, Oriol me miraba tumbado a mi lado de costado.

    -Eres precioso chiquillo. -me fijé mejor en él, la coleta que tenía durante el día sujeta en la nuca haba desparecido, ahora el pelo le caía en capas cubriéndole la nuca y las orejas, en la frente se la habría en el centro y parecía una cortinilla. Yo pensaba lo mismo de él, era un chico increíble y aparentaba ser tan joven.

    -Quiero que seamos amigos Ángel, me gustas. -acercó la cara hasta que nuestros alientos se fundieron y con extrema lentitud me dio un beso rozando los labios sobre los míos, pasándolos lentamente.

    -Eres tan dulce, tan fresco, tan suave. -me besaba sin prisas, a veces solamente aspiraba el aire que yo expulsaba de mis pulmones y me lo devolvía envuelto en el suyo que quemaba como si tuviera calentura o fiebre.

    Era un ritual de caricias labiales hasta que se elevó sobre un codo y me empujó para que me pusiera boca arriba, colocó su pequeña mano sobre mi polla y me la acariciaba sacándome el glande de la piel.

    -La tienes grande. -me hablaba pegado a la oreja y dejo salir una pequeña risa, sus labio sonreían maliciosamente antes de empezar a chuparme la tetilla que tenía más próxima. Me lamenté cuando sus pequeños dientes mordieron mi pezoncito y él volvió a reír, para reparar el dolor colocó los labios y besaba lo que antes mordía. Su mano no dejaba de acariciarme la verga y luego los testículos, David y Alberto estaban muy cercanos observando lo que Oriol me hacía.

    Se deslizó y elevó una pierna pasándola por mi abdomen para subirse acto seguido encima mío. se quedó quieto con la oreja apoyada en mi pecho hasta parecer dormido, no sabía lo que pretendía hacer y solo esperaba la acción siguiente, se sentó en mi estómago y colocó las palmas de las manos sobre mis pectorales, justo cubriendo mis tetillas con ellas y se inclinó flexionando los brazos, y a la vez que sus piernas se apretaban a mis costados.

    -¿Te apetece follarme, quieres? -le miré a los ojos creyendo que era una broma, pero Oriol sonreía de una manera extraña y llena de lujuria, se mordía el labio inferior hasta ponérselo blanco. Solo pude mover la cabeza asintiendo, quería, deseaba meter mi polla en aquel cuerpo tan frágil y delicado, tan divinamente hermoso.

    Fue echando para atrás el culo y lo elevó sin dejar de apoyarse con las manos en mi pecho, una mano desconocida me cogió la verga y la colocó entre las nalgas de Oriol, se mordió con mas fuerza el labio y cerró los ojos, la mano extraña me sujetaba la polla bajo el ano del muchacho y empezó a dejarse caer.

    No había abierto los ojos y solo giró con brusquedad el cuello unos grados para inclinar la cabeza y sentí que hacía fuerza por la presión de sus manos en mi pecho hasta que la cabeza de la polla le penetró el ano.

    -¡Uff! Sí. -dejó escapar un bufido y se quedó con la boca abierta, realmente estaba gozando la penetración y dirigía con leves movimientos de su culo la dirección en que deseaba que le entrara la verga. Sus rodillas se iban doblando dejando bajar el cuerpo, enterrando mi polla en su culo hasta que, quien fuera que me agarraba la verga la dejo suelta, y en su lugar me sujetó la bolsa escrotal y la aplastó contra el culo de Oriol, como un aviso de que tenía mi polla metida en su cuerpo.

    Abría y cerraba el anillo anal para hacerse al grosor de lo que tenía dentro. Sentía un cosquilleo delicioso cuando su ano se cerraba alrededor de mi polla y la apretaba.

    Se tumbó de nuevo sobre mi dejando que la polla se saliera unos centímetros y pego su boca la mía.

    -Qué verga más deliciosa Ángel, encaja perfecta en mi culo. ¿Te gusta como te chupo el nabo con mi ano? -el muchacho era un sádico, me preguntaba cuando sabía que me estaba volviendo loco con su parsimonia y lentitud extrema.

    -Oriol estoy en el cielo, tu culito es delicioso. -era una de las pocas veces que mi verga estaba dentro de alguien y ahora era afortunado teniendo el premio mayor.

    -¿Te gusto tanto como tu a mi Ángel?

    -Me encantas Oriol, siento tan caliente mi verga dentro de ti, es todo tan rico y delicioso. -su risa hacía que el ano me apretara la polla y me mordió los labios.

    -Quiero que vuelvas a follarme Ángel, tu verga es perfecta para mi culo, hecha a la medida de él. -volvió a poyarse con las manos en mi pecho y a penetrarse enteramente y a subir y bajar las rodillas sacando y metiéndose mi polla.

    La mano curiosa volvió a cogerme los testículos y a acariciarme la verga, justo mientras salía y entraba en el ano de Oriol hacido que gimiéramos al unísono los dos.

    Miré su polla con el glande fuera de la funda, de un rojo brillante y vivo, dura como un palo, el fuste blanco donde solo se apreciaba el azul de las venas, y el hilo de babita que le salía continuo del agujero muy rojo, buscaba que mi verga le rozara la próstata en las metidas, y había encontrado el ángulo perfecto que le hacía gemir agitado cada vez que se la metía.

    Se agarró a mis pechos clavándome las uñas y encogió el cuerpo agarrotado sin poderse mover.

    -Me corro Ángel, me viene ya. -comenzó a temblar y hacía que mi polla entrara y saliera un par de centímetros de su ano en repetidos golpes mientras la leche le salía disparada, una leche casi líquida como si fuera orina y que me salpicaba la cara.

    Para mi era demasiado placer y sentía que me iba a correr.

    -Yo también me corro Oriol. -intenté retraer el culo para sacarle la verga pero él se sentó sobre mi pene incrustándoselo y haciendo fuerza impidiéndolo.

    -Dentro, déjamelo dentro. -me corrí con fuerza, ahora que tenía su permiso, elevando las caderas haciéndole sentir mi potencia varonil de macho al dejarle el semen en fondo de su cuerpo.

    No se bajó de mi, permaneció con la verga dentro hasta que se me fue bajando y terminó escurriendo de su culo.

    -Ha sido estupendo Ángel, ¿lo repetiremos?

    -Cuando tu quieras, sí, me ha encantado. -y era cierto, me había gustado hacer de activo. creo que me quedé dormido inmediatamente abrazando su pecho y sintiendo su brazo sobre mi vientre.

    ——————————————

    La luz iluminaba la habitación cuando conseguí abrir los ojos, estiré la mano buscando el cuerpo de Oriol, y al encontrarlo la coloqué sobre su pecho y lo acaricié. Aquel pecho tenía algo de vello, no era el de Oriol, levanté la cabeza y miré a Pablo que, acosado a mi lado, giraba la cabeza para mirarme.

    -¿Pablo? -le sonreí dulcemente embargado aún por el sueño.

    -Pensé que eras…, Oriol.

    -Ya ves pequeño duende ninfómano que no. -Pablo me miraba envolviéndome en su cálida mirada.

    -¿Me has perdonado Pablo?

    -No tengo nada que perdonarte brujito.

    -Lo de Álvaro…, no quería que me viera, sentí miedo. -Pablo se levantó sobre el codo y me miró curioso.

    -No te entiendo, yo solo quería que te conociera, le había hablado de ti y me hacía ilusión que os encontrarais. No tienes que sentir miedo por Álvaro, es una persona especial y también excepcional.

    -Tengo que ir al baño, estoy lleno de semen. -al confesarme como me sentía me puse rojo. Pablo soltó una risita cómplice.

    -Si lleno por fuera y por dentro. Yo te llevo. -me envolvió en la sábana donde estaba tendido, ya sucia del semen que durante el sueño había ido dejando que saliera de mi culo y cogiéndome en brazos me llevó hasta el baño, me senté en el inodoro para dejar que saliera la carga que aún tenía dentro.

    Miré las toallas tiradas por el suelo, mis visitantes nocturnos se habían limpiado dejando tirado por el suelo toallas y paños, además el baño olía fuertemente a semen, a sexo. Pablo había vuelto a la habitación y me dejó allí para que vaciara mi recto e intestino.

    Regresé a la habitación, Pablo se había puesto una camisa y también tenía un slip inmaculadamente blanco cubriéndole. Me acerqué al ordenador y abrí mi cuenta de correo, busque el que contenía las fotografías de Álvaro y le dejé que mirase y leyera. Estaba apoyado en mis hombros mirando atentamente, sentí su respiración pesada y abrí el correo de las fotos que yo le había enviado y todo el historial de nuestros correos.

    Creo que Pablo comprendió inmediatamente lo que aquello significaba pero comenzó a preguntar.

    -¿Conocías a Álvaro?

    -Sí pero solo por correo, por internet.

    -Me habló de un muchacho con quien mantenía correspondencia electrónica y me aseguraba que se había enamorado de él, creía que eso era imposible.

    -Pues es cierto y yo también comencé a quererle, a amarle, nunca tuvimos otro contacto diferente y ahora la suerte o infortunio nos junta.

    -Por eso tengo miedo de que me vea, que sepa lo que soy, y cuando lo vi me escondí. -nos levantamos y nos fuimos a sentar en la revuelta cama.

    -Tu no eres culpable de lo que te pasa Ángel, él lo comprenderá y tienes que verle y explicarle lo que ha pasado, Álvaro es la persona que mejor puede ayudarte.

    -¿Ayudarme? Me despreciará, todos no son como tú. -le miré implorándole para que no me obligara a encontrarme con él.

    -¿Y tu que sabes?, dices que le conoces y creo que no es verdad. Te he dicho que es excepcional y lo mantengo.

    -Álvaro tenía el derecho por parte de su tío don Manuel para convertirse en el líder general de la organización, renunció a ello para dedicarse a sus quehaceres de médico en un medio rural ayudando a la gente más pobre.

    -Es un hombre increíble, heredará de su tío todo lo que posee, sus padres tienen una haciendo más grande que la del abuelo de Oriol y nada de eso le importa, no, no le conoces Ángel, no sabes quién y cómo es él.

    Pablo me estaba dejando anonadado con sus revelaciones y la pasión que ponía para defenderlo, parecía que estuviera enamorado de él y sin pensarlo, imprudentemente se lo pregunté.

    -¿Tu amas a Álvaro verdad? Le quieres, no lo puedes negar. -me miró intensamente.

    -Eso no te incumbe y tampoco importa, pero él puede pedirle a don Manuel que no te entregue al miembro que te solicite, o mejor aún, que te ponga bajo la protección de Álvaro, Don Manuel no se negará, nunca lo hace si él se lo pide, le adora como hacemos todos. Sabes, a David le respetamos pero con Álvaro es diferente.

    -Déjame pensarlo por favor, yo no estoy tan convencido como tu. -tenía que darle vueltas en mi cabeza, no dudaba de lo que decía, y pensaba que era cierto y le creía, pero ahora tenía otro dilema, ¿seguía amando a Álvaro?, de lo que si estaba seguro era de que le amaba a él, y todo era muy complicado, porque también pensaba que Pablo quería a Álvaro.

    -¿Lo dejamos de momento hasta que lo medite? -me abrazó, entonces me di cuenta de que seguía desnudo.

    -Conforme, vamos a mi habitación para ducharnos, allí no ha habido amantes nocturnos, el resto de las habitaciones están como la tuya.

    -Anoche no te vi, quería tenerte a mi lado y no estabas.

    -Estuve todo el tiempo, o casi todo, junto a ti. No vi que alguno te hiciera daño y lo pasaste muy bien, sobre todo con Oriol y David. -otra vez me ponía rojo, rojo, deseaba tenerlo a mi lado y a la vez me molestaba que viera como los demás me cogían el culo aunque supiera que era así.

    Pasamos a su habitación, estaba ordenada y el baño limpio, se desnudó y entramos en la ducha.

    -¿Qué le dijiste a Damian para que me dejara tranquilo? ¿Puedo saberlo? -pasé mis manos llenas de jabón por su fuerte cuerpo, me gustaba la rudeza que mostraba en sus marcados músculos de trabajador del campo, tan diferente al de David, Alberto, Erico y los demás.

    -Nada, no le dije nada, fue Eduardo quien le llamó la atención. -me sorprendió y detuve mis manos en su abdomen.

    -Explícate por favor.

    -Eduardo sabía que pasaba algo contigo, cuando Damian te llevó cogido en brazos a su habitación se salió del espacio sin visión y entró un instante en el campo que registran las cámaras, quedó grabado y los de seguridad decidieron informar a Eduardo, lo demás fue sencillo, él no piensa que tu le has denunciado, los de seguridad le han enseñado la grabación. Así de sencillo se resolvió todo.

    Ahora entendía que Damián no me hubiera dicho algo. Me había dejado fuera de sospecha y no tenía nada que reprocharme, no era la causa directa de que Eduardo le llamara al orden.

    -Cuando nos llevó a Ana y a mi al salón de belleza me pareció extraño como procedía, hablaba con un hombre y… -le conté mis impresiones con lo que había pasado.

    -No creo que tengas que preocuparte, Damián le debe mucho a Eduardo y a don Manuel, sería extraño que volviera a delinquir, ahora no saldría de la cárcel en muchos años.

    Seguira…

     

  • Mi esposa tuvo sexo con otro cuando éramos novios

    Mi esposa tuvo sexo con otro cuando éramos novios

    Una historia real.

    Es en mí un pensamiento recurrente y me obsesiona que mi esposa haya tenido sexo con otro cuando estábamos de novios. Ella misma me cuenta ahora que llevamos muchos años de casados que en aquella ocasión en que debió viajar a una lejana provincia del norte donde vivía un familiar, tuvo una aventura con Sergio, un chico que conoció a poco de haber llegado.

    Fue su hermano quien los presentó y al conocerse salieron un par de veces a comer y a bailar. En una de esas noches y por un conflicto entre su hermano y la esposa, ella se quedó a dormir en casa de la familia del muchacho y fue cuando en medio de la fría madrugada, mi novia despertó sorprendida al ver que el jovencito se le metía en la cama. Me cuenta que enseguida comenzó a besarla y que ella aún medio dormida le correspondió, no sabe por qué.

    Mientras se besaban él le bajaba la bombacha y ya encima de ella comenzaba a empujar con su miembro tieso y caliente para penetrarla, aunque Sussy asegura que no lo logró. Esta situación al parecer duró solo unos minutos y el joven sin haber logrado meterle su miembro se retiró de encima de mi novia para salir rápidamente de la habitación. Ella me cuenta que enseguida se acurrucó y se durmió confundida y arrepentida.

    Al otro día, mi novia se vistió y salió para compartir unos mates con la mamá del chico. En ese instante, él la llamó desde una oficina contigua donde ordenaba algunos trabajos de su padre. Cuando Sussy llegó ahí, el muchacho la tomó con sus fuertes brazos y la alzó para depositarla sentada sobre el escritorio, y mientras la besaba en la boca dulcemente le iba diciendo «perdóname… perdóname…», refiriéndose seguramente a la incursión realizada a la habitación de mi novia durante la madrugada.

    Sussy dice que nunca más volvió a pasar nada aunque se encontraron un par de veces y salieron a tomar algo.

    Cuando hablamos de eso, se muestra confundida y arrepentida. Dice que es algo que le duele recordar porque me falló. No sabe por qué lo hizo. Está convencida de que yo no merecía aquello y que nunca debió permitir que Sergio abusara de ella intentando penetrarla mientras la besaba y la acariciaba, con el agravante de que ella le correspondió a esas caricias y besos.

    Llevamos muchos años de casados y la amo con locura. Somos muy felices y tenemos sexo de una forma maravillosa. Pero siempre aparece en mi mente ese recuerdo. Esa aventura que mi esposa tuvo en su juventud y que no puedo olvidar. Creo que es una obsesión y no una preocupación. No sé si es malo o bueno lo que me pasa.

    Hay momentos en que no puedo quitar de mi mente las imágenes de mi novia en la cama con ese chico encima tratando de penetrarla mientras se besan apasionadamente.

    Sé que aquello fue el producto de una aventura de juventud. De una noche de calentura en donde el hombre trató de sacar el mejor provecho. Nunca la condené ni creo que por eso sea una mujer infiel. Es sólo que siento como que aquel macho dejó sus marcas o sus huellas en la piel o en la mente de mi mujer, y eso me lleva a recordar todo lo que me confesó.

    La historia es bastante más extensa y la cuento aquí algo resumida. Sólo quisiera que sea publicada cuanto antes y que alguien me sugiera qué hacer. Cómo manejar esto en mi mente:

    Sus padres no me querían y nos costaba mucho estar juntos. De vez en cuando su papá la enviaba a esa provincia del norte donde vivía su hermano, quien se había casado allí hacía poco. La enviaban para tratar de separarnos, para castigarnos. Lo que hacían nos amargaba y ciertamente ponía en riesgo nuestra relación.

    La verdad es que nos queríamos mucho y nos deseábamos. En algunas oportunidades llegamos a tener sexo superficial con mucha pasión aunque nunca llegué a penetrarla porque quería cuidarla y atesorarla para el matrimonio. Una noche me metí en su cama cuando estábamos de visita en casa de sus parientes, y entre caricias y roces íntimos la mojé toda porque no me pude aguantar. Recuerdo que ella casi enloqueció de placer mientras me susurraba al oído la delicia que experimentaba con eso tan rico.

    Mi novia Sussy siempre fue una rica piba, muy atractiva y deseable. Pienso que eso generó mucho interés en algunos amigos que su hermano tenía allá en el norte, y por eso se dio la ocasión de que estando ella de visita, salió con su hermano y su cuñada a bailar, junto con uno de esos amigos llamado Sergio, quien según luego me contó, desde hacía tiempo le venía haciendo propuestas. Esa noche en el boliche además de bailar apretados, se besaron y les subió bastante la temperatura a ambos. No hubo caricias íntimas pero sí mucho roce y pudo ella sentir al contacto a través de la ropa, que el jovencito estaba muy excitado.

    Cuando llegó la hora de marcharse fueron todos en taxi hasta la casa de los padres de Sergio y allí pasaron largo rato reunidos charlando entre café, bromas y chanzas. La oportunidad probablemente fue propicia para crear o afianzar el vínculo con el joven, aunque Sussy asegura que nunca despertó en ella emoción alguna como para pensar en tener una relación.

    Por esos días los recién casados tenían algunos conflictos y una noche en que la situación se tornó mucho más violenta entre ellos, mi novia decidió ir a la casa de la madre de Sergio con quien tenía una excelente conexión pues la señora la quería y siempre le brindaba atenciones. Estando ya en esa casa, nada más haber llegado le contó a la mujer lo que sucedía y la invitaron a pasar allí la noche. Así, mi novia ocupó el cuarto del hermano de Sergio que en esos días estaba en otra provincia, lo cual le permitiría descansar tranquila.

    Sussy se acostó y enseguida se durmió profundamente. Ella misma me cuenta que se sorprendió cuando en medio de la fría madrugada se le apareció Sergio en calzoncillos en la habitación y sin mediar palabra se le metió en la cama. En la silenciosa penumbra ella percibió cómo se le venía encima y la besaba con pasión. Cuando le pregunté qué hizo ella, me respondió que solamente atinó a abrazarlo respondiendo a sus besos. Es algo que no me queda claro porque siempre me explica que no sentía nada, que no estaba excitada pero que ella también lo abrazaba y lo besaba.

    El momento ya se tornó excitante y apasionado, y el chico empezó a bajarle la bombacha deslizando la prenda rápidamente por las piernas de mi novia. Sin llegar a quitársela totalmente de inmediato le apuntó su miembro duro y caliente tratando de abrirle las piernas.

    Me cuesta mucho entender esta parte porque Sussy me dice que no sintió que la penetrara aunque sí recuerda perfectamente que la cosa dura presionaba sobre su pequeño orificio y sobre sus labios vaginales sin depilar. Ella tenía 20 años igual que él, era virgen y por eso estima que de haberla penetrado le hubiese dolido y probablemente hasta habría sangrado. Sussy me jura que no sentía ganas ni fuego en la sangre aunque la situación no le disgustaba y tenía algo de agradable, y que si él hubiera insistido está segura que se habría entregado, porque se sentía absolutamente vulnerable en ese momento.

    La situación que era por demás extrema, con jadeos encendidos, con besos y abrazos, su bombacha a mitad de las piernas y el miembro tieso y caliente que supuestamente no entraba, se prolongó por algunos minutos sin que ninguno de los dos pronunciara palabra alguna. Sussy podía percibir el perfume masculino y el aliento hirviendo del muchacho que por momentos parecía querer devorarle la boca en su locura. Repentinamente el chico se incorporó y moviéndose con agilidad desapareció rápidamente de la habitación.

    Entre la sorpresa y sin haber despertado del todo Sussy se volvió a dormir hasta el otro día, que fue cuando se vistió y salió hasta la cocina para tomar unos mates con la mamá de Sergio.

    Esa mañana mientras conversaba con la señora, escuchó que él la llamaba desde la oficina contigua donde por pedido del padre ordenaba algunos artículos y productos.

    Al llegar allí, el muchacho la tomó con sus fuertes brazos y levantándola, la depositó sentada sobre el escritorio mientras la besaba dulcemente en la boca. En ese momento él le dijo “perdóname… perdóname…”, refiriéndose seguramente a la incursión que hizo esa noche a la habitación donde mi novia dormía.

    En su confesión, Sussy me dice que después de eso, vino su hermano a buscarla, y que nunca volvió a estar con Sergio. Hace poco logré que de nuevo hablara conmigo del incidente y me pareció que inclusive está algo confundida, aparentemente no recuerda bien aquel tiempo porque ahora me dice que después de esa tormentosa noche volvieron a salir en un par de oportunidades sin que nada sucediera. Ese chico, asegura Sussy, pasó a ser solamente un recuerdo.

    Han pasado los años y aún recuerdo que por propia decisión y arrepentida, en cuanto volvió de aquel viaje inolvidable, ella fue a mi casa y me contó sobre esa aventura. Aunque sentí una enorme bronca y despecho, yo decidí perdonarle el desliz. Creo y creí en ella y en su valiente actitud de ir a contarme lo que hizo. Estoy convencido que lo sucedido fue producto de su inexperiencia, de su juventud, de la ocasión que se presentó y de la pasión de esa noche, a raíz de una caliente situación que seguramente se generó en el boliche. Además, por esos días cuando viajó estábamos algo peleados por no sé qué cosas.

    Llevamos muchos años de casados y somos muy apasionados al tener sexo. Cuando lo hacemos la disfruto y la deseo como si fuera la primera vez, y creo que también a ella le ocurre lo mismo. Pero me confunde una sensación de desesperación cada vez que pienso en la escena de aquella noche en la provincia del norte, con ese chico encima de ella intentando penetrarla y los dos besándose apasionadamente. Las dudas me asaltan y pienso que para no herirme, me ha estado ocultando algo mucho más intenso que vivió con ese muchacho. Es probable que hayan salido varias veces y que hayan tenido sexo en algunas otras oportunidades. Mi esposa era y sigue siendo muy linda. En su juventud; de verdad era un exquisito bomboncito. No agrego aquí una foto de ella de aquel tiempo porque sería dejarla en evidencia. Pero estaba muy deseable. En verdad, riquísima. Así es que no puedo concebir que un tipo deje escapar esa presa teniéndola a su disposición. No logro entender o interpretar lo que verdaderamente sucedió durante su estadía en aquella provincia. De repente comienzo a preguntarme si realmente él le hizo el amor espectacularmente y no me lo quiere decir, o si en verdad estaba tan confundida que no sabe exactamente qué le pasó. No tengo respuestas para varias preguntas que surgen en mi cabeza. Cómo es que estando encima de ella el tipo no aprovecharía para entrar apasionadamente con su miembro hasta lo más profundo, si ella misma me asegura que desde hacía mucho se volvía loco cada vez que la veía llegar. Y, si en todo caso no la penetró, cómo es que se fue de la habitación sin llegar por lo menos a eyacular encima de ella, teniendo en cuenta la locura y la pasión que tenía con mi novia? Sussy me asegura que cuando Sergio se le quitó de encima, ella no percibió líquido alguno sobre sus partes, sobre su vello púbico, o en sus muslos o en su vientre.

    Han pasado muchos años desde aquel incidente. Inevitablemente me asaltan los pensamientos y comienzo a plantearme interrogantes sobre lo que realmente vivió Sussy con ese muchacho. Es probable que aunque ella viajó a esa provincia no muchas veces, hayan mantenido una relación mucho más intensa aprovechando cada momento. Estoy seguro que el tipo estaba dispuesto a todo y puede haberla convencido para que, estando ella alejada de mí, se dispusiera a vivir con él una relación amorosa que le hiciera olvidar los sinsabores y problemas que le acarreaba siempre el estar conmigo. Por momentos, llego a estar convencido de que Sussy tuvo sexo varias veces con él y que debe haber disfrutado algo nuevo con ese chico. Imagino que con todo el tiempo que él la tuvo disponible, le hizo conocer otras formas de placer, besándola toda entera y mojándola con su lengua por doquier, produciéndole orgasmos increíbles. De verdad no me cierra que Sergio haya sido tan torpe subiéndose encima de ella y bajándole solo un poco la bombacha. Yo imagino que le quitó la bombacha totalmente y que fue directamente a comerle su intimidad como no se la había devorado nadie. Ya sabemos lo que pasa cuando esos momentos calientes nos dominan. Con la lengua debe haber recorrido todos los exquisitos orificios de Sussy bebiéndose sus jugos y una vez extasiado, recién le debe haber metido su trozo tieso y caliente hasta el fondo haciéndole doler las entrañas y a la vez produciéndole una vibración y placer infinitos. Esa noche y otras noches, deben haber ocurrido muchas cosas. Sussy debe haber aprendido ahí a cabalgar a un hombre como sabe hacerlo ahora y hasta le debe haber extraído con su boca, los contenidos del miembro al muchacho. Seguramente pasaron cosas así y ella me lo ha estado ocultando siempre para no causarme dolor.

    Sussy dice que no le gusta hablar de aquello porque considera que lo que hizo fue una pelotudez, que incurrió en una falta que yo no merecía. Preocupada y algo enojada me dijo que así como ella no me pregunta de mis aventuras de juventud, que no la torture preguntándole de eso que actualmente le resulta tan doloroso y desagradable. La última vez que hablamos de eso me dijo que es algo que quisiera olvidar para siempre.

    La duda me carcome y a la vez el pensamiento me excita de tal modo, que hasta quisiera que Sussy volviese a vivir aquel momento. Confieso que el sólo imaginar lo que pasó aquella noche, me ha llevado varias veces a excitarme como si fuese de nuevo un jovencito.

    Es probable que lo que cuento parezca una locura. Hace poco viajé con ella a esa provincia donde aún vive su hermano, y lo hice con la esperanza de encontrar a ese tal Sergio. Logré saber dónde es su casa, y de hecho me detuve a contemplarla desde la calle, porque fue ahí, en uno de esos cuartos donde él supuestamente le hizo el amor aquella noche. Viajé con la oculta intención de descubrir un poco más del asunto. Tenía inclusive la esperanza de que al estar allí, Sussy comenzara a contarme con más detalles lo que sucedió y que se animara a señalarme hechos y lugares. Pero nada de eso sucedió. Creo que ocurrió lo contrario y de algún modo mi esposa trató de evitar el tema y hasta comentó en algún momento, como al pasar, que todo estaba tan cambiado que ni siquiera recordaba por dónde había andado ella en aquel tiempo que estuvo de visita.

    La historia es mucho más rica en detalles, pero he tratado de resumirla para poder contarla. Escribo ahora mientras ella duerme y tengo muchas ganas de ir a despertarla para hacerle el amor. Es una fría noche aquí.

    Posiblemente alguien que lea este relato, aporte un enfoque, una opinión o algún elemento que me ayude a clarificar lo que a mi entender, es aún bastante confuso. Lo expresado aquí es absolutamente real y sólo los nombres he cambiado. Es algo que nos pasó y que por lo menos, a mí, me marcó para siempre.

    Es probable que alguien pueda analizar esto que es mucho más extenso, pero que he tratado de sintetizar aquí. Me gustaría obtener a la brevedad un consejo, opinión o sugerencia sobre el asunto, lo cual me permitiría encontrar la calma y la comprensión.

    La historia, lo aseguro, es absolutamente real. Me pasó a mí con mi esposa.

  • Mi novia humillada y lo disfruta (Parte 2)

    Mi novia humillada y lo disfruta (Parte 2)

    Este relato es continuación de ‘Mi novia humillada y la disfruta (Parte 1)’.

    Al ver esto me doy cuenta que ya no hay marcha atrás y les digo:

    —Tienen razón… cójanse a esta puta… pero quiero que la humillen…

    Al escucharme decir esto todos se ríen y se bajan del auto, tiran una sábana en el piso al costado de la ruta, la hacen arrodillar y hacen que les coma la pija uno por uno.

    Ahí estaba yo, con una calentura enorme, de ver a mi ‘difícil’ novia chupando 3 pijas al mismo tiempo de 3 mochileros que había conocido hacía un par de horas. Me sentía un boludo acordándome de todo el tiempo y plata invertida para levantármela y estos pelotudos apenas la conocen y ya la están humillando de una forma que yo nunca pude.

    Uno de ellos en cierto momento dijo:

    —Esto está muy romántico, estamos tratando demasiado bien a esta puta.

    Así fue como Carlos le escupió la cara mientras hacía que le lamiera los huevos. Germán se ubicó atrás de ella y le cacheteo el culo, le tocó la concha y dijo:

    —Esto trola está muy mojada! Es hora de que empiece a recibir pija.

    Dicho esto la agarró de la cintura le hizo parar el culo y se la clavó. Ella quiso gemir pero apenas pudo porque la chota que estaba tragando no la dejaba hablar. Era todo un espectáculo ver ese culo parado con las tiras de la tanga marcadas por el sol mientras la penetraban. Te da rabia y al mismo tiempo me excitaba ver a mi novia en cuatro mientras otro chabón le tiraba el pelo y se la re cogía.

    Después de un rato Enzo se tiró al piso y le dijo a ella que lo montara, cosa que hizo. Los otros dos se ubicaron a los costados de ella para que les siguiera chupando la pija. Mariana que tenía una cara de puta terrible mientras comía pijas y se la clavaban desde abajo, me mira y me dice:

    —Filmáme cornudo. Así tenés un recuerdo de cómo se cogieron a tu novia mientras vos te pajeabas.

    Ya no me importaba que me dijera cornudo, había perdido todo el orgullo, con el celular la empecé a filmar.

    Después de un rato de cogérsela en todas las posiciones Germán le dice a sus compañeros:

    —Somos de demasiadas pijas para tan pocos agujeros. Hay que abrirle el culo a esta perra…

    Me quedé anonadado. Ella nunca había dejado que se la metieran por el culo pero en esta oportunidad creo que no tenía mucho poder de decisión. Después de lo que había dejado que le hicieran ya no podía hacerse la señorita. Así fue como los tres se pararon alrededor de ella y le dijeron.

    —Para el culo puta que te lo vamos a abrir.

    Ella atinó a resistirse pero rápidamente la agarraron del pelo y la ubicaron para partirle el culo. El primero en intentar fue Germán. Con sus dos dedos empezó a empujar en el exquisito orto de mi novia. Mariana gritaba del dolor. Al ver esto Enzo me dijo:

    —Flaco búscate un lubricante o algo para que le abramos el culo a tu noviecita.

    A lo que yo respondí:

    —¡Es lo único que falta! ¡Que les haga más fácil la cogida que le están echando!

    Enzo me dijo:

    —Mirá, cogerla por el culo lo vamos a hacer igual, lo que pasa que sin el lubricante la vamos a hacer mierda. Queremos cuidar bien a tu novia…

    Decía esto mientras se cagaban todos de risa.

    Me acordé que tenía aceite de auto en una botella. Fui la busqué y se las entregué.

    —Ahí está!! Con esto le vamos a abrir mucho más fácil el culo. Gracias cornudo. Ya vas a ver que le vamos a dejar el orto intacto. Re abierto pero intacto. Me dijeron

    Germán fue el primero. Se puso bastante aceite en toda la chota que la tenía durísima, puso un poco más en el culo de Mariana y empezó a empujar con fuerza para clavarse a mi novia. De a poco la chota le empezó a entrar mientras ella gritaba de placer y me decía:

    —Mirá como estos hijos de puta que recién conozco me abren bien el culo, cosa que vos nunca pudiste!! Aprendé como lo hacen! Aprendé como tratar a una puta!!

    Yo no decía nada y me pajeaba. Germán ya tenía toda la chota en el culo de ella y se la cogía como un animal. Después le siguieron Enzo y Carlos. Todos probaron ese orto.

    A continuación Germán se la clavó por la concha, mientras Carlos la penetraba por el culo y Enzo le hacía tragar la pija. Era todo una postal ver a una mina que se hacía la decente con tres chotas dentro de su cuerpo y sintiendo un orgasmo tras otro.

    Después de habérsela cogida por todos lados, se dispusieron a que mi novia les sacara toda la leche. Para esto la hicieron arrodillar y chupar bien cada una de esas pijas. Ni en una película porno vi a una mujer tan humillada como ese día. La insultaban, la ahogaban con la chota, le escupían en la cara mientras se la hacían comer y ella no podía estar más excitada. Mientras hacía esto se masturbaba y seguía acabando.

    En un momento mi querida novia me mira y me dice:

    — Filmá esto, quiero verme llena de la leche de estos machos…

    Yo lo hice. De nuevo empecé a filmar. Carlos no aguantó más y agarrando el pelo de Mariana le tira varios chorros de leche en la cara y en la boca. Como era demasiado semen ella escupió un poco. Él al ver esto le tira el pelo con fuerza hacia atrás le escupe la cara y le dice:

    —Tragáte todo hija de puta!

    Ella obedece como una buena chica y se ríe.

    Era el turno de Enzo. Este le mete todo el pedazo en la boca hasta el fondo. Parecía que le estaba cogiendo la cara. Enzo contrae los músculos y agarrándole la cabeza a Mariana empieza a acabar. No se ve salir nada de leche de esa hermosa boca, distingo como mi novia se está tragando todo. Por último Germán no aguanta más, la pone en cuatro y se la empieza a coger por el culo como una bestia. A los pocos segundos empieza a acabar. Veo como todo el orto de mi novia está inundado con el semen de un desconocido.

    Yo no aguanté más… empiezo a acabar como nunca en mi vida. Mi novia queda tirada en la sábana, recuperándose de la terrible cogida que le habían dado, luego se limpió con una toalla que yo le alcancé. Puedo ver a los hijos de puta de los mochileros con una cara de satisfacción y orgullo al haberse cogida a mi novia de esa manera.

    Uno de ellos me dice:

    —Dale, sigamos el viaje que estamos apurado y además todavía no hemos terminado con tu noviecita.

    No imaginaba como podía seguir esto… pero tenía razón, esto todavía no había terminado…

    CONTINUARÁ…

  • El bloqueo de Catalina

    El bloqueo de Catalina

    Muchos relatos están basados en hechos reales adornados con fantasías que nos gustaría llevar a cabo. Otros en cambio, son solo fantasías por cumplir, plasmando los anhelos del autor adornándolos con experiencias reales.

    Este relato no se sale de la norma, una parte está basada en hechos reales y otra en los deseos del autor y/o la protagonista.

    Que parte es real y cual no, queda a vuestra elección.

    Espero que sea de vuestro agrado.

    ________________

    Eran las tres de la mañana cuando abrió la puerta de casa y su único pensamiento, después de haber estado estudiando por mas de cuatro horas en la biblioteca de la facultad, era meterse en la cama y dejarse caer en brazos de Morfeo.

    La verdad era que ese ritmo de vida estaba acabando con su vida social, pensaba mientras se despojaba de la ropa y se metía en la cama. Poco a poco, había ido perdiendo amistades e incluso a su novio. Su día a día, consistía en estudiar, estudiar y como no, estudiar. El sacrificio era enorme, pero a sus 23 años, tenía bien claro que si quería llegar a ser una buena cirujana, lo primero debían ser los estudios.

    Al cerrar los ojos sobre la almohada, la imagen de Miguel, su novio… ex-novio, se corrigió mentalmente, se adueñó de su mente recordando la conversación que habían tenido semanas atrás cuando decidió terminar con ella, acusándola de dedicarle poco tiempo y que apenas se veían. Además, remató la frase diciendo que estaba seguro de que el motivo de no querer pasar mas tiempo con el, era que había una tercera persona. -Imbécil, -grito mentalmente. No había nadie mas, solo estaba el. Bueno… el y los estudios que, como ya le había repetido mil veces, era algo que no pensaba dejar de lado en ningún momento.

    Incorporándose en la cama, maldijo su estupidez por pensar de nuevo en Miguel y haberse desvelado.

    Incapaz de conciliar el sueño de nuevo, se levantó de la cama y se dirigió al salón. Tras sentarse en el sofá con las piernas cruzadas, tomó el portátil y, apoyándolo en sus muslos, levantó la tapa. El brillo de la pantalla la cegó momentáneamente, a la vez que la canción «Shake it off» de Taylor Swift comenzaba a sonar a todo volumen y comenzaba a reproducirse un video donde una rubia escultural, vestida con unas mallas y un top amarillo, arengaba a esforzarse al máximo con los ejercicios que iban a llevar a cabo y que harían que sus «pompis» estarían mas duros que una piedra. Rápidamente, puso el portátil en silencio y bajó el brillo de la pantalla, mientras recordaba como, antes de marchar a la universidad, había dejado preparado el portátil para, el día siguiente, hacer su rutina diaria de ejercicio. -Bueno, -susurró, – ya veremos si mañana seré capaz de hacerlo, porque, como no dé dormido…

    Tras cerrar el video, pulsó sobre el icono del navegador y tecleo la dirección de una página de relatos eróticos, para continuar la lectura de una serie de relatos que la tenía totalmente enganchada. Dichos relatos trataban sobre un chica que tras ponerse en contacto con un hombre mayor que ella, comenzaba a vivir su sexualidad plenamente, olvidándose de los tabúes impuestos por la sociedad y dejándose guiar por el. La verdad es que estaba enganchadisima y todos los días se conectaba a ver si se había publicado el siguiente capítulo. De no ser así, los releía de nuevo y le encantaba imaginar que ella era la protagonista del relato e incluso, alguna vez, llegó a realizar alguna de las órdenes que recibía la protagonista. Lamentablemente, su cuerpo no reaccionaba igual que el de ella, ya que rara era la vez que conseguía llegar al orgasmo, se excitaba, sí, y mucho, pero el orgasmo se le resistía. Debido a sus estudios, sabía que era algún tipo de bloqueo emocional, al que, a su debido tiempo, pondría solución acudiendo a algún profesional en el medio, pero eso era algo que podía esperar. Lo primero eran los estudios.

    Al fin un poco de buena suerte, tras ojear las últimas novedades, vio que se había publicado la siguiente entrega y sin perder un segundo, pulso sobre el enlace y se acomodó en el sofá para leerla.

    Cuando terminó de leer, fue consciente de como su mano derecha había terminado colándose entre sus piernas y estaba acariciándose el clítoris por encima de la braguita, la cual acuciaba una gran mancha de humedad debido a su excitación, siendo esta incrementada por el calor proveniente del portátil apoyado sobre sus muslos. Cerrando los ojos, echó la cabeza hacia atrás al tiempo que aumentó el movimiento de su mano derecha. Apartó ligeramente la tira de la braguita y deslizó el dedo corazón en su vagina mientras la palma de su mano presionaba el clítoris. La mano izquierda cobró vida y ascendió por su tripa, levantando a su paso la parte de arriba del pijama y dejando sus pechos al descubierto. Continuo ascendiendo y los dedos corazón y anular acariciaron su cuello y lentamente se abrieron paso entre sus labios y comenzó a lamerlos imaginando que una gran polla se adueñaba de su boca. El ritmo de sus manos aumento considerablemente y tanto su coño como su boca estaban siendo follados brutalmente cuando empezó a sentir contracciones en su vagina anunciando la llegada del anhelado orgasmo.

    – Joder, -consiguió decir a duras penas. – esta vez me voy a CORRER!!

    Nada mas decirlo, se arrepintió ya que su mente hizo de las suyas y una vocecita llenó su mente, gritando en silencio, -No, no lo harás.

    Trató de no hacerle caso, pero poderosa es la mente y tras unos minutos follándose salvajemente la boca y su coño con los dedos, cesó en el intento y sudorosa saco las falanges de su interior, respirando agitadamente, acostumbrada ya a quedarse a las puertas del orgasmo sin poder llegar a franquearlas.

    Miró el ordenador y sin saber porqué pulsó sobre el nombre del autor, abriéndose el correo electrónico y le escribió unas líneas:

    «Me encanta la saga que estás escribiendo. Me ha gustado muchísimo este último capitulo.

    Espero con ansia la próxima entrega.

    Un beso.

    Catalina».

    Las teclas del ordenador quedaron impregnadas de la humedad de sus dedos y aspirando el aroma de sus flujos pulsó sobre el botón de envío y seguido cerro el portátil y sudorosa como estaba se acostó de nuevo, logrando conciliar el sueño casi al instante.

    A las 10 de la mañana, la alarma del móvil, interrumpió su sueño y forzándose a levantarse, abandonó la cama camino del baño.

    Se sentó en el váter y mientras meaba, se paso las manos por la cara desperezándose y el olor de sus dedos le trajo a la memoria lo sucedido unas pocas horas antes arrancándola una triste sonrisa pensando en lo cerca que había estado de alcanzar el orgasmo.

    Después de asearse, cogió unos minúsculos pantalones de deporte negros y un top rosa y se encaminó al salón dispuesta a llevar a cabo su rutina diaria de deporte. La verdad es que no tenía ganas de hacerlo, pero el ritmo de vida que llevaba, había pasado factura. Sin apenas tiempo para cocinar, las comidas las solventaba, casi siempre, a base de sándwiches en la cafetería de la universidad. Sándwiches que comía de cuatro bocados, camino de la biblioteca o de las prácticas del hospital, para no perder mucho tiempo y poder arañar unos minutos mas al reloj. Debido a la mala alimentación había engordado un par de kilos que deseaba quitarse de encima, así que diariamente, se obligaba a hacer ejercicio durante 30 minutos.

    Se colocó frente al espejo y se retiró el pelo hacia atrás haciendo una coleta para que no le molestase y observó su reflejo en el espejo.

    La imagen que este le devolvía le gusto. Unos ojos azules le devolvían la mirada e incluso así, con el pelo negro formando una apresurada coleta, se veía atractiva. Bajó la mirada a sus pechos, unos pechos firmes, duros, ni grandes ni pequeños, de proporciones perfectas con el resto de su cuerpo, que el gilipollas de Miguel no dejaba de acariciar siempre que tenia oportunidad. Sus caderas se habían anchado un poco debido a esos kilos de mas que había ganado, pero que pronto se quitaría de encima. Volteándose, miro su culo y azotó ambas nalgas con las manos mientras asentía para sí pasando ahora a estudiar sus piernas. Largas, estilizadas, con un poco de vello. Ups, tendría que poner remedio a eso después en la ducha ya que el buen tiempo estaba haciendo acto de presencia y las faldas volverían de nuevo a su armario. No tenía tiempo nada mas que para estudiar, pero eso no estaba reñido con verse atractiva.

    Era guapa, lo sabía. Siempre decía que se consideraba una chica del montón, pero lo decía por no parecer presumida. Lo que mas le gustaba de ella era su mirada, sus ojos azules resaltaban en su rostro y ella lo acentuaba maquillándose los ojos con tal fin.

    No retrasó mas lo inevitable, así que colocó el portátil sobre la mesa del salón y tras levantar la tapa restauró de nuevo el video de los ejercicios. Puso el volumen al máximo y mientras la instructora comenzaba su arenga, cogió la esterilla y la extendió en el suelo dispuesta a comenzar a sufrir.

    Tras cuarenta interminables minutos, y el sudor empapando su ropa, dio por finalizada la rutina y enfiló el camino al aseo para darse una buena ducha y prepararse para un nuevo día de estudio.

    Ya con las piernas recién depiladas, opto por ponerse una falda por encima de las rodillas y una camisa azul y se dispuso a abandonar la casa camino de la universidad. Al comprobar si llevaba todo en el bolso, un parpadeo en el móvil llamó su atención y lo desbloqueo para leer el mensaje que había recibido, seguramente, del grupo de Whatsapp de la Uni.

    Abrió los ojos como platos al comprobar que la notificación no era de ningún whatsapp, sino de un email recibido una hora y media antes, siendo el remitente del mismo el autor de la saga de relatos. Este, había leído su mensaje y la había contestado.

    Sin saber porque se sintió nerviosa, y procedió a abrir el mensaje. No era largo, apenas unas líneas agradeciéndole el haberle enviado el email y alegrándose de que los relatos fuesen de su agrado. Así mismo, la instó a volver a escribirle aportando cualquier idea y/o sugerencia que tuviera bien a darle para incorporarla a algún próximo relato.

    Catalina, después de leerlo un par de veces, le escribió un nuevo email dándole las gracias por haberse tomado su tiempo en contestarla y que no hacía falta darle ninguna idea ya que la saga iba genial y que confiaba en que el próximo relato le gustaría tanto o mas que el último. Además, apostilló, diciendo que desgraciadamente ella le sería de poca ayuda ya que apenas tenia experiencia en el sexo, y que la poca que tenía no era digna de aparecer en ningún relato. Tras escribir una última frase de despedida, firmo con su nombre seguido de un beso escrito en mayúsculas y lo envió.

    Cerró la puerta de casa tras de sí con una sonrisa en los labios. Mira por donde, el día había empezado bien y el recibir ese mensaje, la había animado y dado fuerzas para emprender otro día mas de duro estudio.

    Al llegar a la universidad, nada mas aparcar el coche, echó mano de su bolso y al ver que tenía una notificación, desbloqueó rápidamente el móvil dispuesta a leer el mensaje que le había enviado, pero, desilusionada, comprobó que esta vez el mensaje si pertenecía al grupo de whatsapp y aún siendo un meme bastante gracioso, deseó que el remitente hubiese sido otro. Al no ir el mensaje con ella, bloqueó de nuevo el móvil y se encaminó a clase.

    Mientras caminaba por los pasillos el móvil no dejaba de recibir notificaciones, al parecer el meme había sido todo un éxito y todo el mundo estaba reaccionando. Hastiada de tanto pitido, busco el móvil para ponerlo en silencio y para su sorpresa, además de las 84 notificaciones pertenecientes al grupo, había una referente a un nuevo email.

    Se detuvo en seco para abrir el mensaje, pero pensándoselo mejor, contuvo su ansia por leerlo y se encaminó a uno de los aseos para tener un poco mas de intimidad a la hora de abrirlo.

    Ya en el aseo, se encerró en el cubículo y leyó el mensaje:

    «Hola de nuevo, Catalina.

    Cualquier idea y/o sugerencia, por mínima que sea, puede cambiar una historia radicalmente y tomar otro rumbo diferente que la mejore, así que me reitero, estaré encantado de leer cualquier sugerencia que tengas a bien hacerme.

    En cuanto a tu poca experiencia en el sexo… eso es algo fácil de remediar. Estoy seguro de que sabrás solucionarlo.

    Un saludo Chrom.

    Pd: Sabes? Eres de las pocas personas que me han escrito que no me ha preguntado si los relatos están basados en hechos reales. Estoy tentado a revelártelo, pero…

    Pd2: Funcionará? Habrá servido para que me escribas de nuevo? O quedará aquí nuestra conversación?»

    A duras penas contuvo la risa que le había producido las Postdatas, ya que cualquiera que la oiría podría pensar que estaba loca por reírse en el aseo.

    Inmediatamente le contestó:

    «Si, Chrom, ha funcionado. Aquí estoy de nuevo escribiéndote…

    No me hace falta preguntarte si son reales o no. Algo dentro de mi me dice que SI, que todo ha ocurrido en realidad.

    La verdad es que sí tengo una sugerencia, me gustaría que incluyeses en el relato una sesión de compras, donde la prota sea puesta a prueba en mas de una situación.

    Que te parece? Podrías hacerlo?

    Gracias de antemano.»

    Debido al contacto electrónico de la conversación, Cata tuvo un arranque de sinceridad y continuó el mensaje.

    «En lo referente a mi poca (casi nula) experiencia en el sexo, es un tema bastante difícil de solucionar. NUNCA he tenido un orgasmo, ni con mi ex-novio, ni siquiera masturbándome. Me excito muchísimo, pero siempre me quedo en las puertas. No soy capaz de probar las mieles del orgasmo.

    Un beso enorme.

    Catalina»

    Una vez terminado el mensaje, a la hora de enviarlo, se detuvo. Sin saber porque, buscó en la galería de imágenes y adjuntó una foto suya tomada diez días atrás, cuando habiendo ido a comprar un rímel, una dependienta se ofreció a maquillarla para demostrarle las excelencias de sus productos y así engordar su comisión por la venta. En esta foto estaba especialmente hermosa, ya que la habían maquillado muy bien y sus ojos azules destacaban en su rostro.

    Tras adjuntar la foto, continuó el mensaje.

    «Me ayudarías Chrom? Me ayudarías a descubrirme?»

    Una vez envió el mensaje, fue presa de un ataque de nervios. – Que he hecho? -pensó. – Le acabo de mandar mi foto a un completo desconocido!!!

    Nerviosa, apagó el móvil y se encaminó a clase, dispuesta a ocupar la cabeza con la materia y no pensar en lo que acababa de hacer.

    Durante las dos horas siguientes estuvo tentada a encender el móvil, pero no llegó a atreverse. Tenía «miedo» de que la hubiese contestado el mensaje y, a su vez, estaba horrorizada de que no fuese así.

    Al finalizar la cuarta hora, la tentación ganó la batalla y finalmente, prendió el móvil. Los segundos le parecieron horas hasta que, por fin, el teléfono le pidió el numero PIN. Al momento, empezaron a llegar notificaciones, pero solo una captó su atención. Tenía un nuevo correo electrónico.

    No se atrevió a abrirlo, al menos, no lo haría en la facultad. Recogió todo dispuesta a irse a casa dejando de un lado, al menos por un día, el pasar el resto de la tarde estudiando.

    Catalina siempre era muy prudente al volante, debido a sus estudios de medicina y las prácticas en el hospital, había sido testigo de primera mano de las consecuencias de los accidentes de tráfico, pero esta vez, condujo a toda velocidad rumbo a casa para descubrir el contenido del mensaje.

    Ya en casa, se dejó caer en sofá y tras inspirar profundamente un par de veces, abrió el mensaje:

    «No, no te ha fallado la intuición. Todo es cierto. Salvo algún adorno necesario y el conveniente cambio de nombres y localizaciones, todo ha ocurrido realmente.

    Cuenta con ello. En la próxima entrega veras cumplida tu sugerencia y la «sesión de compras» será incorporada al relato. Espero estar a la altura de tus expectativas.

    En cuanto a tu «problema», lo lamento profundamente, espero que logres solucionarlo y consigas disfrutar plenamente de todos los aspectos del sexo.

    Me pides que te ayude a descubrirte pero…has tenido en cuenta que somos dos completos desconocidos? Podría ser cualquiera! tu vecino, tu profesor, alguien que viva a 10000 kilómetros, incluso, ¿por qué no?, algún familiar tuyo. La vida está llena de casualidades.

    No negaré que el guiarte despierta en mí un gran morbo.

    Has leído los relatos por lo que ya sabes como soy y lo que esperaría de ti. ¿Realmente estás dispuesta a ello? Con todas las consecuencias?

    Trataría de llevarte al límite, te pediría hacer cosas que nunca habrías considerado llevar a cabo y, sobre todo, no admitiría que faltases a la verdad en ningún momento.

    Piénsatelo Catalina. Tomate un momento y piénsalo. Aunque… quizás será mejor que dejemos que sea tu cuerpo quién tome la decisión por ti…

    Me imagino que estás leyendo este mensaje a solas, refugiada en tu habitación, así que ahora mismo, lleva tu mano a tu coño y desliza uno de tus dedos entre sus labios una sola vez. En tu dedo hallarás la respuesta.

    Catalina dejo de leer y tal y como le había pedido (ordenado?) Chrom, separando las piernas, introdujo su mano bajo la falda y apartando la tira de la braga, deslizó su dedo corazón entre sus labios vaginales. Los recorrió, lentamente, de forma ascendente y al llegar al clítoris, un escalofrío recorrió su espalda muriendo entre sus labios en forma de gemido. Llevó su mano a la altura de sus ojos y fue consciente de que, efectivamente, su cuerpo había respondido por ella. El dedo corazón brillaba debido a los flujos que se habían adueñado de su coño.

    «Mañana a las ocho de la mañana quiero que me envíes un correo haciéndome saber tu decisión.

    De seguir adelante, quiero que me escribas sobre ti. Como y quien eres, si vives sola, que te gusta y que no, cuales serían tus límites, etc.

    Por cierto, una foto preciosa, pero, comprenderás mis recelos. Hoy día es muy fácil conseguir una foto de una mujer bella. Acompaña el mensaje con una foto tuya sosteniendo un papel donde deberás escribir mi nombre.

    Hasta mañana Catalina.

    Chrom»

    La decisión había sido tomada, así que lo primero que hizo fue poner una alarma para las 07:55 del día siguiente. Una vez activada la alarma, se acerco a la mesa de estudio y tomando un rotulador indeleble, escribió su nombre en mayúsculas seguido del suyo propio en minúsculas. Volvió de nuevo al sofá y sosteniendo el papel al lado de su rostro, se tomo el selfie que sería adjuntado el correo.

    «Buenos días Chrom… aunque ahora que he aceptado tu guía, no se como debería llamarte… Chrom? Señor?… Amo?

    Es difícil hablar de una misma, pero lo intentaré.

    Soy Catalina, tengo 23 años y soy de un pueblo del sur de España, aunque por motivos académicos (estoy estudiando medicina), estoy viviendo en Valencia. Gracias a la ayuda de mis padres, me puedo permitir un piso de alquiler para mi sola, así que en casa tengo total libertad, aunque no paso mucho tiempo en ella ya que la mayor parte del tiempo lo paso estudiando en la biblioteca de la facultad o en las practicas del Hospital.

    En cuanto a mi físico, mido 1,69 m, mi talla de pecho es la 95 y aunque me sobra algún kilo en la zona de las caderas, físicamente, me considero muy atractiva. No quiero parecer prepotente, pero estoy, como se suele decir muy buena.

    Que me gusta y que no me gusta, uf, un poco difícil dar la respuesta correcta. Me explico.

    Me gusta imaginarme que soy la protagonista de los relatos que leo, la de los tuyos y la de otros autores, pero una cosa es imaginármelo y otra muy diferente, llevarlo a la práctica. No sé si seré capaz.

    Como te comenté en el correo anterior, me excito mucho cuando he mantengo relaciones sexuales, también cuando me toco, pero nunca he alcanzado un orgasmo. Cuando estaba con mi novio, me gustaba hacerle felaciones, ver su cara de placer y aunque a veces eyaculaba en mi boca, nunca me lo he llegado a tragar.

    Si he de elegir alguna postura para mantener relaciones, me decanto por estar yo encima o arrodillada, en la postura del perrito. Cuando me masturbo, suelo introducir uno dos dedos en mi vagina y acariciarme el clítoris, pero como te digo es un poco frustrante, ya que nunca llego al orgasmo.

    No sé que mas decir en este momento, quizás mas adelante se me ocurra algo mas, cosas que te haré saber.

    Me gustaría saber también de ti.

    Un beso.

    Catalina»

    Terminado el correo, lo guardo en la carpeta de borradores impaciente por que llegaran las ocho de la mañana del día siguiente y poder enviarlo.

    Trató de estudiar en casa, pero por su cabeza no dejaban de pasar distintas situaciones leídas en los diferentes relatos, preguntándose cuales debería llevar a cabo u cuales no. Y lo mas importante, cuales sería capaz de llevar a cabo.

    Viendo que no le serviría de nada estudiar, cerró los libros y se encaminó a la cocina dispuesta a hacer algo de cenar y poner una película en la tele para tener la cabeza ocupada y dejar de dar vueltas a todas las ideas que se le pasaban por la cabeza.

    La alarma no llegó a sonar, faltaban diez minutos para las ocho de la mañana cuando se despertó. Abrió el correo electrónico desde el móvil y tras seleccionar el mensaje guardado la noche anterior en la carpeta de borradores, pasó los siguientes minutos pendientes del reloj para enviar el correo a las ocho en punto de la mañana.

    Nerviosa por la futura contestación de Chrom, Catalina decidió hacer un poco de ejercicio a ver si así se le iba de la cabeza.

    Cuando termino la rutina, se obligó a no mirar el correo, por lo menos, hasta haberse dado una buena ducha y librarse así del sudor que cubría su cuerpo, por lo que tras poner el tapón en la bañera, abrió el grifo del agua caliente y comenzó a desnudarse. Le costó mucho trabajo sacarse el top ya que debido al sudor se le había pegado al cuerpo, sus pechos opusieron resistencia a salir a la luz.

    – Qué te ocurre, Catalina? -preguntó a la imagen que le devolvía e espejo. – Eres lista, guapa, atractiva. Por qué no puedes nunca correrte como cualquier mujer? Físicamente estás bien. Que coño pasa por tu cabeza?

    Incapaz de dar una respuesta, se introdujo en la bañera y cerrando los ojos, trato de relajar el cuerpo, llegando incluso, a quedarse dormida durante unos minutos.

    Se despertó tiritando, lo que en principio pensó que serían cinco minutos de relajación, se convirtieron en cincuenta minutos de siesta matutina y el agua se había quedado ya muy fría. Quitó el tapón para vaciar la bañera e irguiéndose, abrió nuevamente el grifo del agua caliente para entrar en calor bajo el chorro de la ducha, del cual no se separó hasta que el baño estuvo completamente abarrotado de vapor.

    Se envolvió con una toalla e hizo lo mismo con el cabello húmedo y tomando el móvil, se sentó el sofá y lo desbloqueó, viendo, como ya sabía, que tenia un correo nuevo.

    En el momento que lo iba a abrir, se detuvo y recordó varios de los relatos de Chrom. Sabía, y el mismo se lo había confirmado que los relatos eran reales, así que intuyó parte del contenido del mensaje y antes de abrir el correo, se despojó de la toalla que cubría su cuerpo, así como de la de la cabeza. El pelo húmedo cayó sobre su espalda y un mechón se separó del resto de la melena y avanzó por su pecho, quedando a la altura de su pezón izquierdo. Al estar aún mojado, pequeñas gotas comenzaron a resbalar sobre su pezón, el cual comenzó a responder al contraste de temperatura. Enderezó la espalda y tras separar las piernas, exponiendo su vagina como si estuviese delante de ella, abrió el correo.

    Lo primero que hizo fue sonreír, ya que después de haberle dado tantas vueltas en su cabeza, pensando mil y una situaciones por las que tendría que pasar, se dio cuenta de que prácticamente había adivinado el contenido del mensaje.

    En el, Chrom le agradecía de nuevo la confianza depositada en el y le aseguraba que trataría ser merecedor de ella. Así mismo, le explicó que irían poco a poco, disfrutando de cada paso del camino y tras exponerle tres normas básicas de OBLIGADO cumplimiento, le indicó cual sería la primera de las ordenes que recibiría a partir se ese momento.

    Las normas le parecieron aceptables, quizás con la última se sentiría un poco extraña cumpliéndola, pero la llevaría a cabo, tal y como el le había pedido. Estas normas eran:

    1- NUNCA, bajo ningún concepto, mentirle.

    2- En casa debería estar DESNUDA. Nada mas entrar en casa, debería desnudarse.

    3- Siempre que estuviese en su habitación, debería andar a gatas.

    Una vez repasadas las normas, se dispuso a cumplir la primera de las ordenes recibidas. Tomó las toallas y se encaminó de nuevo al baño.

    Con la toalla que había usado para el pelo, limpió el cristal del espejo de los restos de vaho que aún había y, como el le había pedido, procedió a mirarse en el.

    Esta vez fue diferente, en lugar de ver su reflejo, lo miró. Presto atención a cada detalle de su anatomía que este le devolvía. Primero posó la vista en sus ojos azules para luego recorrer su nariz y sentir como sus labios se abrían para facilitar que la lengua los hidratase con su saliva. Su pelo negro caía por su espalda, salvo el rebelde mechón que cubría parte de su pecho izquierdo. Llevó las manos a los pechos y tomándolos desde abajo, los alzó al tiempo que los apretaba y pellizcaba sus pezones. Sintió un leve dolor en el labio y al levantar la vista hacia ellos, fue consciente de que sus dientes lo habían atrapado y se lo estaba mordiendo. Se estaba excitando por momentos, se había visto muchas veces en el espejo, pero esta vez SE VEÍA, SENTÍA cada parte de su anatomía.

    Abandonó los pechos, deslizando sus manos por sus caderas, camino de las nalgas. Las acarició, las recorrió lentamente, sintiendo como se le erizaba la piel. Cuando las manos llegaron al monte de venus, fue consciente del contacto de sus yemas con cada pelo que lo cubría. – Cuando terminé deberé solucionar esto. -pensó al tiempo que esbozaba una sonrisa. -Estoy segura de que será una de sus futuras ordenes. -Tomó los labios vaginales con los dedos y los separó, exponiendo su clítoris al minucioso examen del espejo. Se le aceleró la respiración, deseaba acariciarlo, pero aún no podía. Aún no.

    Llegado este momento, se introdujo en la bañera, abrió el agua caliente y colocó el telefonillo de la ducha en la pared sintiendo el contacto del agua en cada centímetro cuadrado de su piel. Cerrando los ojos, repitió de nuevo el examen al que había sometido su cuerpo un par de minutos antes, utilizando esta vez únicamente el sentido del tacto de las yemas de los dedos. Recorrió sus ojos, su nariz, su boca. Se sorprendió a notar que inconscientemente, había separado levemente los labios introduciendo la primera falange de su dedo corazón y como la punta de la lengua lo acariciaba al tiempo que su mano izquierda se deslizaba por su cuello. Tomando de nuevo sus pechos, los alzó y apretó entre sí buscando el contacto de los chorros de agua en los pezones. Estos, duros como piedras, rompían cada gota de agua que impactaba sobre ellos. Tras unos segundos sintiendo la caricia del agua, soltó los pechos y se dispuso a acariciar de nuevo sus nalgas. Gotas de agua se aferraban los pelos de su pubis haciendo brillar su monte de venus. Dando un paso atrás, separó los labios vaginales y un torrente de sensaciones se adueñó de ella al sentir el impacto del agua contra su clítoris. Abrió los ojos y presionó el botón del mando de la ducha interrumpiendo la forma en la que caía el agua haciéndola brotar directamente del grifo. Se tumbo en la bañera y apoyando los pies en la pared, movió las caderas buscando que el chorro del agua cayese directamente sobre su clítoris. Cuando lo logró, volvió a cerrar los ojos y de nuevo, tomo sus pechos entre sus manos pellizcándose los pezones cada vez mas fuerte, buscando su límite de dolor aceptable. Sus caderas habían tomando vida moviéndose cada vez mas rápido, el ruido del agua ahogaba sus suspiros, los gemidos pugnaban por salir de su boca cuando se obligó a cerrar el agua.

    No debía continuar, no debía buscar el orgasmo. No, solo debía centrarse en cada sensación, en como respondía su cuerpo. Debía buscar la excitación máxima y detenerse. No pensar en si alcanzaría o no el orgasmo. Solo disfrutar del momento y aprender de las sensaciones.

    Permaneció acostada en la bañera hasta que se reguló su respiración y tras secarse corrió al salón dispuesta a mandarle el correo donde le contaría como había llevado a cabo la orden recibida.

    Recordó, que en cada mensaje podría hacerle una pregunta sobre el. Podría obtener la respuesta a cualquier duda o curiosidad sobre el que se le pasase por la mente, así que finalizó el mensaje preguntándole donde vivía.

    Tras enviar el mensaje, fue a su cuarto dispuesta a prepararse para ir a la universidad. Al tomar el pomo de la puerta, recordó la tercera norma y arrodillada abrió la puerta internándose en la habitación.

    Irguiéndose solo para tomar la ropa del armario, cayó en la cuenta de que no sabía como llevar la ropa fuera de la habitación si tenia que ir andando a cuatro patas. Después de unos segundos de dudas, lanzó la ropa por la puerta hacia el pasillo. – Prueba superada. -dijo en voz alta al tiempo que se arrodillaba de nuevo y abandonaba la habitación.

  • Mi relación con don Ignacio

    Mi relación con don Ignacio

    Mi relación con don Ignacio, el conserje del lugar donde estudiaba, duró aproximadamente seis meses. De vez en vez, cuando andaba muy caliente y mis dedos no me quitaban las ganas le avisaba a don Ignacio que ‘preparara el catre’, esa era nuestra clave para decirle que necesitaba de su verga.

    Me escabullía de mis amigas en la parte final del recreo y me ocultaba detrás de los lockers en un rincón. Cuando sonaba la campana sólo tenía que esperar unos cinco minutos más para salir de mi escondite y escabullirme al cuarto donde don Ignacio me poseía, ya para entonces yo tenía llave de su cuarto. Tenía que ser muy precavida y no dejarme ver por nadie entrando furtivamente en ese lugar porque si era descubierta sería muy difícil de explicar.

    Ya dentro me desnudaba y así a esperarlo, a veces cinco minutos a veces hasta media hora. Hasta la fecha no logro entender el porqué me excitaba tanto el rebajarme de esa manera y entregarme al vicio con un viejo sucio, corriente, feo y panzón. Quizás era su manera vulgar de hablarme, de decirme «su putita», «su zorra», de ordenarme hincarme ante él, chupársela y recibir su primera lechada de la ocasión en la cara.

    Me gustaba que me cogiera en el catre, al lado había un espejo y me encantaba ver cómo su feo cuerpo contrastaba con la belleza del mío. Quién lo diría, una chica hermosa, de familia decente, metiéndole la tranca posesamente a una «señorita». Y sí, posesamente era como me follaba, sin piedad, hasta el fondo, deslizando su serpiente dentro y fuera, dentro y fuera.

    Recién entraba al cuarto se sacaba el rabo y sin mayor preámbulo me la metía hasta el fondo, a veces me hacía tenderme en su catre y no hacer nada, sólo dejarme hacer, sentir su pija enhiesta paseándose por mis pies, espinillas, muslos, hombros, cuello, ojos, mejillas. A veces me daba vergazos en la cara mientras me decía lo putita que era, se subía en mi con en cuclillas y se jalaba su vergota frente a mis ojos, colocando el glande a dos centímetros de mi cara.

    Después de cogerme un par de veces a veces me mandaba de regreso a clases sin tanga ni sostén y en más de una ocasión toda me tocó ir escurriendo su venida por entre las piernas (don Ignacio se había hecho la vasectomía años atrás para «poder follarme a putitas como tú sin preñarlas – decía). Había veces que mi vagina seguía palpitando estando yo ya sentada en mi pupitre de mi salón donde me follo la primera vez (contada en mi confesión anterior), en la misma aula y pupitre donde me follaba seguido una vez cerrada la instalación pasadas las seis de la tarde. Fueron pocos los lugares donde no me cogió.

    Me lo hizo en la oficina de la directora, en el patio central, en las duchas, en las gradas de la cancha de básquet, en la cancha de básquet, pero las más de las veces en mi aula, en mi mismo pupitre o sobre el escritorio del profesor (el aula era su lugar favorito, creo que por algún tipo de morbo de joderse a una estudiante en el lugar de su estudio). Un tiempo tuvimos un juego. Ya desnudos ambos me decía – Si te alcanzo, te cojo. Y salía yo corriendo simulando no querer ser alcanzada y cogida.

    Cuando por fin me atrapaba me lamia todo el cuerpo como si fuera una paleta y acto seguido me pedía que le dijera – Ya cójame don Ignacio, hágame mujer – y entonces me enterraba la tranca de una sola embestida y nos entregábamos al vicio durante horas. Quizás era la forma de rebelarme a mi condición de hija de familia educada y casta. Todo mundo siempre me ha hablado con respeto y muchos me tienen en alta estima. No saben que dentro de esa chica hermosa y respetable se esconde una puta siempre dispuesta a ser cogida y humillada.

    Don Ignacio me hablaba de zorra, de putita, de chica fácil y me cogia con ferocidad. De él aprendí a adorar la verga como ante un altar sagrado, de él aprendí a meterme los huevos a la boca, a masturbar y mamar al mismo tiempo, de él aprendí que mi cuerpo es también un altar. En ese tiempo tuve un novio al que le salieron unos cuernos tan grandes como la verga de don Ignacio. Nunca sentí el más mínimo remordimiento. En alguna ocasión me confesó que yo no era la única a la que se cogia, supe que tenía otra y supe que era su intención un día cogernos a las dos juntas.

    El día que me lo propuso mientras me cogia como demonio me encantó la idea y me vine sólo de imaginarlo. Fue el primero que supo que también me gustan las mujeres. La idea nunca se concretó. En fin, mi relación con don Ignacio llegó a su fin después de que alguien lo descubrió cogiéndose a esa «otra», y esa otra resultó ser ni nada más ni nada menos que la hija de la directora, una chica súper mona. La noticia me sorprendió mucho. Nunca imaginé que Leticia (así se llamaba la chica) fuera una «putita» como yo. Como dice el refrán, «Caras vemos, corazones no sabemos». Don Ignacio fue despedido al momento y nunca supe más de él.

    Un día le confesé a mi mejor amiga (Elisa) mi asunto con don Ignacio. «No puedo creer lo puta que eres amiga» – me dijo.