Autor: admin

  • Una milf me comió

    Una milf me comió

    Me sucedió hace tres semanas. Mi amiga Elisa me pidió de favor llevar a su sobrino al fútbol por la tarde. La mamá del niño había tenido un problema y Elisa estaba gozando con algún nuevo chico que recién conoció el día anterior.

    Su veinticuatroava verga en sus apenas diecinueve. ¡Vaya zorra! De mala gana pero acepté, – me debes una amiga – le dije al final. Tomé mi carro y me enfile rumbo a la dirección del niño. Cristóbal es un niño de diez años muy simpático y muy inteligente, a su corta edad sabe muchas cosas de muchos temas, tiene buena plática en muchas cosas. Llegamos a las canchas y se fue corriendo con sus compañeros al entrenamiento.

    Era un martes a las 5pm, el entrenamiento duraría una hora y media, tiempo que tenía para matar escribiendo algunas cosas, siempre me ha gustado escribir. Estaba en las gradas junto a otras mamás del equipo. Después de un rato empezó a llover y como las gradas no tienen techo las mamás corrieron a sus coches y yo decidí refugiarme en una especie de cabina que había en uno de los extremos de la cancha. Fue cuando me encontré con ella. No sé cómo no la había visto antes.

    Lo que tenía frente a mi era una mujer de unos 36-37 años, rubia, con unas tetas que se le salían por su escotada blusa roja de mangas remangadas y unos jeans apretados que delineaban su figura perfecta. Se veía una mujer fina, educada, y se veía que con ese cuerpo se podía acostar con quien ella quisiera. La lluvia arrecio y tuvimos que paramos encima de un borde para que el agua que caía estrepitosamente sobre el piso no nos salpicara tanto. Por estar las dos juntas en ese borde nuestros cuerpos se acercaron un poco de más y siendo ella más alta que yo (mido 1.65) sus protuberantes senos quedaron a la altura de mis ojos. Yo estaba, literalmente, entre la espada y la pared, por un lado el muro de la caseta, por el otro los senos de esta señora.

    Entablamos plática y así fue como más o menos fluyo la conversación.

    – Vaya tormenta y nosotras aquí atrapadas – me dijo como para romper el hielo ante lo que parecería sería una larga espera a que pasara la lluvia.

    – Cierto, lo bueno es que encontramos refugio.

    – Y buena compañía.

    – ¿Qué haces por acá? Es tu hermanito el niño con quien llegaste?

    – Qué va, es el sobrino de una amiga, tenía cosas que hacer (obvio no le dije que mi amiga estaría en ese momento con una buena pija dentro) y me pidió traerlo.

    – Eres una buena amiga. Por cierto, me llamo Laila.

    – Yo Amanda.

    – Eres muy linda, debes tener muchos novios.

    – Gracias – dije tímidamente.

    De por sí ya era mucho estar la una tan cerca de la otra y con sus senos a escasos centímetros de mis ojos. Y yo sólo tenía dos opciones, o voltear a la pared, lo cual se me hacía no sólo incómodo sino descortés con ella al darle la espalda, o voltear hacia ella y quedar con sus senos casi tomándome las narices.

    – Pero niña, estás temblando de frío – dijo de repente – olvidaste ponerte algo más apropiado para este clima. Anda, acercate más a mi, calor corporal – dijo en un tono de doble sentido.

    Al ver que no me movía me dijo

    – acercate, no seas tímida, no te voy a comer.

    En ese momento me di cuenta que efectivamente, esa señora sí me quería comer. Se acercó un poco más a mi y para poder caber mejor, con su brazo rodeó mi cuerpo y posó su mano en mi hombro izquierdo. En ese momento la tormenta arrecio, el estruendo de la lluvia cayendo sobre el techo de la cabina era ensordecedor y en ese momento me dije a mi misma que sucediera lo que sucediera yo iba a dejar fluir las cosas.

    – Qué frío hace niña, me muero de frío yo también – dijo mientras su cuerpo se apretó al mío en una especie de abrazo.

    Ahora sus tetas tocaban mi nariz y yo podía oler lo bien que olían. Noté que mi concha ya estaba más húmeda que la tormenta que nos caía. Sentir el cuerpo de esa mujer pegado al mío era algo nuevo para mí. Mis relaciones lésbicas con mi vecina y con Elisa eran diferentes, como más igualitarias por decirlo de una forma, chiquillas que se daban placer por simple travesura, nuestros cuerpos todavía tenían más de niñas que de mujeres, pero esto era diferente, Laila era ya una mujer hecha y derecha y todo lo que tenía lo tenía en abundancia.

    – Si quieres las puedes probar – dijo dejándome estupefacta. Mi deseo por ella quedó exhibido y eso me hizo apenarme.

    – Ellas quieren que las pruebas – me dijo muy cerca de mi mientras olía su fresco aliento salir de esa boca de mujer de labios carnosos.

    – Anda, pruébalas, no tiene nada de malo – dijo con voz ya entrecortada por la excitación. – Anda, eres mi bebé – suspiró mientras con su mano libre se sacó una teta de su cautiverio y me lo ofreció guiando su pezón a mi boca. – Amamántate – dijo – bebe de mi.

    Entreabrí los labios y toqué su hermoso pezón con mis labios. Su teta era hermosa, blanca como la leche, y su pezón rosado con aureolas gigantes. Su pezón estaba tan tieso que parecía una microverga. Segundos después mi lengua ya descontrolada lamia cada centímetro de esa teta, la lamia, la chupaba, la mamaba y olía esa hermosa combinación de saliva con busto de mujer. En un abrir y cerrar de ojos retiró su teta de mi y me besó agresivamente, parecía que su lengua me quería penetrar la garganta.

    Yo, ya totalmente entregada, correspondí el beso lo mejor que pude, intentando avanzar mi lengua ahora hacia dentro de su boca e intentar penetrarle la garganta. Sus ágiles manos me desabotonaron el jeans en un segundo y sin apenas darme cuenta sentí sus dedos posarse en mi sexo, los dedos de una experta. En cuestión de cuatro o cinco minutos me hizo correrme dos veces con violencia, sacó sus dedos mojados de mi y los chupo uno a uno para después besarme juntando nuestras salivas con mis jugos en un beso lleno de lujuria.

    – De ahora en adelante vas a ser mi bebé y cada vez que lo quieras te podrás comer mis tetas.

    Sacando sus dedos de mi se desabotono la camisa y puso frente a mi sus dos gloriosas tetas. Un manjar, me entretuve con ellas por varios minutos hasta que del otro lado de la cancha escuchamos que el entrenamiento se cancelaria, la cancha estaba inundada, y en esos momentos que la lluvia había amainado, todos corrían de regreso a sus coches. Retiró sus tetas de mi, que mamaba de ella como bebé y me dijo

    – tenemos que parar nena, pero esto lo tenemos que terminar en forma. Guardó sus senos en su lugar y me dijo – dame tu número. Se lo di con la mente embotada de aturdimiento, la concha entre mis piernas palpitaba airadamente, mis piernas temblaban. – Te hablo luego para terminar esto. Vístete, estás toda desaliñado.

    Efectivamente, ni siquiera me había dado cuenta que mis jeans estaban a la altura de mis rodillas y que tenía una teta de fuera. Esta mujer tiene manos de seda – recuerdo que pensé – es un peligro. Me dio un beso de lengua de despedida y me dejó allí sola, completamente aturdida, a medio desvestir, y con un hambre de sexo que no me lo aguantaba, y eso que me había hecho correrme dos veces. Horas más tarde llegué a casa después de llevar a Cristóbal a su lugar. Esa noche me masturbe como demonio.

    Eso fue hace tres semanas, y fue hace tan sólo dos días que me llevó a un hotel a culminar lo que comenzamos en esa caseta bajo una tormenta, lo cual contaré en mi siguiente relato.

    Besos

  • Axel y El Zurdo (Historia 1)

    Axel y El Zurdo (Historia 1)

    Estaba harto y ya era hora de poner fin a tantas mamadas.

    Rosendo y Agustín aprovechando la indudable ventaja física que tenían sobre él, le habían quitado el dinero, el material para las clases y la comida que le había preparado su madre, además lo habían golpeado y se habían burlado, todo frente a sus compañeros, quienes no movieron un dedo para apoyarlo, por el temor que los dos rufianes inspiraban, y no era la primera vez.

    De hecho la escena era frecuente desde el inicio del ciclo escolar y Axel hacía todo lo posible para defenderse, pero en la Escuela Vocacional de Guadalajara, donde había cientos o miles de alumnos, donde los maestros difícilmente se conocían entre ellos, mucho menos a sus alumnos y donde los prefectos desviaban la vista cada que intuían un problema, esto era imposible…

    Y entonces decidió ir con El Zurdo…

    El Zurdo (Fernando) era el jefe de uno de los grupos de alumnos de la escuela, se podría decir que sus amigos formaban una banda y él era su líder.

    El Zurdo, por lo general no se inmiscuía en los asuntos de los demás, siempre y cuando no interfirieran con sus negocios, era un muchacho un tanto mayor (había perdido años de la primaria y la secundaria), moreno, alto y fibroso, con una cintura estrecha, piernas fuertes, unos excelentes bíceps que gustaba presumir con camisetas con o sin manga, complexión muy robusta, donde cada uno de sus músculos se marcaba cuando caminaba, con unas manos enormes que habían probado su eficacia al mantener el control de su banda y en el camino había prácticamente despedazado a todos su rivales, así que su autoridad no se discutía, gustaba vestir de pantalones un tanto ajustados o trajes deportivos, en ambos casos, presumía un bulto y verga espectaculares.

    El Zurdo no perdía el tiempo haciendo las tareas, simplemente se dirigía con alguien al azar, le dejaba sus cuadernos, una nota o una simple seña y al día siguiente sin falta, las tareas estaban hechas, ese trabajo ya lo había realizado varias veces Axel, siempre con la esperanza de obtener siquiera una mirada de Fernando, pero éste sólo se limitaba a recoger su trabajo y sin darle las gracias, simplemente decía:

    – Órale cabrón

    Axel, por el contrario era el típico “hijo bonito” de mamá, delgado, pero buen cuerpo, güerito, entusiasta pero malo para los deportes, alegre, muy limpio y modosito, bueno en sus calificaciones, incapaz de faltar a clases o hacerse la pinta, guapito, de hecho muy guapo, respetuoso con sus maestros, etc., etc., etc.

    Harto de la situación que vivía en el grupo y temblando por el pavor que sentía, se armó de valor y se acercó al Zurdo, que estaba sentado en una jardinera del patio, en compañía de dos de sus amigos, El Ronco y El Ticuiz, diciéndole

    – Fernando

    – ¿Qué quieres?

    Sentía que se doblaba por el miedo, pero siguió adelante

    – Quiero tu protección

    Lo que siguió a continuación, fue la carcajada más grosera que había escuchado en mucho tiempo, ya que los tres cabrones, soltaron la risa al mismo tiempo, sin dejar de señalarlo y burlarse de él.

    – Ah que chingón me saliste, pendejito, ja, ja, ja.

    Recogiendo lo que quedaba de su dignidad, Axel dio media vuelta y refugiándose en un baño, lloró hasta que se cansó, ese día, por primera vez faltó a una clase, por la vergüenza que sentía.

    Pasaron varios días, durante los cuales El Zurdo se burlaba de él diciéndole “pendejito” cada que lo encontraba, y era coreado por sus amigos, Axel no se podía sentir peor, antes siquiera, El Zurdo ni quisiera lo tomaba en cuenta y ahora no perdía la oportunidad de burlarse de él, se sentía infeliz y desgraciado.

    Hasta que se encontraron en el baño.

    A los pocos días, en una clase de dos horas, un maestro les aplicó un examen muy complicado, sin embargo Axel lo terminó en tiempo récord y pidiendo permiso salió al baño, al estar en el reservado se percató que alguien había entrado después que él y ocupado el baño siguiente, le llamó la atención la potente fuerza al mear, simplemente parecía que nunca iba a acabar, después todo quedó en silencio.

    Cuando Axel salió del reservado, al abrir la puerta, se encontró de frente con El Zurdo, quien lo esperaba y observaba con una sonrisa cínica, otro detalle llamó su atención, la puerta de los baños estaba cerrada y esto sólo contribuyó a que Axel se comenzara a sentir muy nervioso.

    – Así que quieres mi protección, pendejito

    – …Sí…

    – Y, ¿qué estarías dispuesto a hacer?

    – Lo que tú me pidas

    – ¿Lo que sea?

    – …Sí…

    – Dame tu mano y dime lo que sientes

    Ese día El Zurdo vestía un pants holgado, que marcaba hacia la izquierda lo que parecía una erección, según observó Axel, El Zurdo tomó entre sus manos, una de las delicadas manos del muchacho y observándola con cuidado le dijo:

    – Pendejito, tienes unas manos muy bonitas, chiquitas, de putito, ni siquiera vas a poder agarrar lo que quiero.

    Con una mirada de lujuria, se jaló la parte delantera del pants y el bóxer, y sin bajarlos, con su mano izquierda introdujo ambas manos de Axel, quien de inmediato sitió la verga del Zurdo.

    Axel se asombró, no se esperaba eso, lo que El Zurdo le pedía que sintiera era un fenomenal pedazo de verga, gruesa, muy gruesa y larga, y muy caliente

    – ¿Qué sientes?

    – Tu… Tu… Tu… pppp

    – ¿Mi qué…?

    – Tu pene

    – ¡Verga!, pendejito, verga, otra vez, ¿qué sientes?

    – Tu… verga… Dijo, sintiendo que la más profunda vergüenza lo cubría

    – ¿Cómo la sientes?

    – Muy caliente

    – Ja, ja, ja… de eso se trata pendejito, sácala

    Con manos torpes, Axel bajó pants y bóxer de El Zurdo, quien se exhibió orgulloso frente al muchacho, quien miraba maravillado lo que se le ofrecía y tomó entre sus manos la verga circuncidada de Fernando, un enorme pedazo de carne, extremadamente duro, que palpitaba y parecía que no se dejaba agarrar, la tarea de domar esa verga era compleja, así que El Zurdo la agarró por la base y se la apuntó desafiante a Axel, que sentía también como lo iba venciendo la lujuria.

    – Acaríciala

    De manera torpe, Axel intentó tomar con la mano derecha la caliente verga que se le mostraba, pero no la pudo abarcar, entonces la comenzó a recorrer con ambas manos, el Zurdo de inmediato, se excitó, Axel no podía despegar sus ojos de ese enorme pedazo de carne, veía todas y cada una de sus venas, la roja y enorme cabeza que la coronaba, el líquido seminal que comenzaba a fluir, veía y sentía los duros pelos recortados con cuidado, acercó su nariz para olerla, y el aroma lo abrumó, a jabón, limpia, sí con un toque de sudor, olor a macho, pero impecable.

    Axel poco a poco se fue excitando también, de pronto, dirigió sus labios y con suavidad los posó sobre el glande de la verga del Zurdo, que abrió los ojos y llenó con sus jadeos el silencio del baño y poniendo sus manos sobre las de Axel, inició un leve movimiento para masturbarse, mientras Axel con la lengua lamía con suavidad el líquido que se escapaba de su verga, el Zurdo sintió como el sudor comenzaba a recorrer su cuerpo.

    Axel comenzó a chupar la cabeza, era lo único que entraba en su delicada boca y con intuición logró despegar una de sus manos y la dirigió a los huevos, al sopesarlos se asombró, se notaban enormes, duros, tensos y al acariciarlos notó como El Zurdo se tensaba y ponía los ojos en blanco y entonces… todo terminó relativamente pronto.

    El Zurdo apenas logró apartar a Axel, pues, sin avisar, un enorme y espeso chorro de semen salió por su verga, no pudo reprimir un jadeo enorme, Axel se hizo a un lado para no salpicarse, el Zurdo se masturbó con furia y apretó fuerte su verga, hasta que no le quedó una gota, Axel admiró sus movimientos, veía como aquella enorme verga vibraba entre sus manos, como salían una y otra vez los chorros y como poco a poco fue perdiendo su dureza, que no su grosor y tamaño.

    Un detalle insólito, caballeroso, El Zurdo tomó las manos de Axel y con cuidado y suavidad, se las lavó en una de las llaves, hasta dejarlas limpias, después se las secó suavemente, con un pañuelo, que sacó de una bolsa de su pants, todo esto mientras su verga seguía a la vista, ya satisfecha, sin dejar de observarla y maravillarse, Axel no pudo dejar de pensar sin embargo, que cuando la señora que hacía el aseo entrara, lo primero que iba a encontrarse era un enorme reguero de semen y no pudo evitar una sonrisa.

    – Entonces, mi pendejito, ¿cualquier cosa?

    – Sí

    – Esta chaqueta es nada, lo que te voy a pedir es más grueso, ¿estás dispuesto?

    – Sí

    – ¿No se me raja?

    – No

    – Entonces espérame mientras me limpio.

    Con mucho cuidado El Zurdo acercó su verga a la llave y la lavó hasta dejarla completamente limpia, la secó con otro pañuelo y se la guardó, después se lavó las manos y tomando por el hombro a Axel se dirigieron hacia el salón de clases, donde sus demás compañeros seguían contestando el examen.

    Axel se sentía entre nubes, podía sentir sobre su hombro la mano pesada del Zurdo, quien quizá sin darse cuenta lo acariciaba con sus dedos, de pronto a Axel se le aclararon muchas dudas, sí, definitivamente, las cosas irían mejor.

    Axel notó cómo con curiosidad los demás observaban cómo se sentaban en una jardinera que se encontraba de frente al salón, con satisfacción se percató de la mirada de preocupación de Rosendo y Agustín, ese sería el primer asunto que le pediría al Zurdo que le ayudara a resolver, vaya si sería el primero…

    – Tú vas a contar con mi protección y yo voy a ser tu machín, ¿de acuerdo?

    – Sí

    – ¿Entiendes lo que te digo? Vas a ser mi putito

    – Sí….

    – No te me alegres, que la cosa no va a ser fácil, ¿has jugado dados?

    – No

    – Pues yo te voy a enseñar… ¿Te ha cogido alguien?

    – Sí (y era cierto, de hecho eran varios “alguien”)

    – No hay pedo, pero mientras sea mi putito, sólo conmigo ¿estás de acuerdo?

    – … Sí…

    – Voy a tirar los dados dos veces, y dependiendo los números que salgan vas a coger conmigo o mis compas

    Esta situación dejó aterrado a Axel, eso no se lo esperaba, ¿Amigos?, ¿Quiénes?, sus amigos eran muchos.

    – Es la prueba de fuego con quien quiere protección, mi pendejito, quien quiere protección, tira los dados, y los dados dicen cuántas veces cogen conmigo y con cuántos de mis compas, si aguantan, entonces apoyamos en todo, hasta partirnos la madre… pero no te espantes pendejito, sólo va a ser con El Ticuiz y El Ronco, nadie más

    – …

    – Son compas, no hay fije… ¿Conoces el taller de mi papá?

    – Sí…

    – Entonces allí te espero hoy en la tarde a las cuatro, te quiero bien bañadito y zurradito, no quiero fregaderas, entendiste y no te me espantes, hoy sólo va a ser conmigo, usted llega y echo los dados y si dice 6, pues cogemos seis veces o me la mamas hasta que te canses, si dice 2, pos dos, yo aguanto y mañana van a estar mis compas y lo mismo, si sale 12, vas a coger 12 veces, pendejito, te vamos a dejar bien guanguito… ¿Estás de acuerdo?

    – Sí

    – Entonces deme su mano y que toda la bola del salón lo vea, que sepan ahorita que el que se meta con usted se mete conmigo y mis compas

    – Te pido un favor, Zurdo

    – Cuando usted sea mi putito, le voy a cumplir todos los que quiera, no antes, pero dime

    – No me digas pendejito

    – Eso lo vemos hoy en la tarde, si me aguantas, ¿entendiste pendejito?

    Axel supo en el momento que sintió el fuerte apretón del Zurdo, que su rutina iba a cambiar, que se iba a convertir en un puto y bien puto, pero iba a contar con la protección del Zurdo… y de sus amigos

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  • En este nido

    En este nido

    Desnudos los cuerpos cobran sentido;
    juntarse, para eso se diseñaron: 
    mi coño y tu polla así lo anotaron, 
    cuando nos citamos en este nido. 

    Me saqué por la cabeza el vestido;
    gruesas mis tetas se desparramaron. 
    Tus labios a mi cuerpo se acercaron;
    sorbiste mi leche como un poseído. 

    Me follaste con ganas por detrás;
    a gatas gemí, ¡qué placer me dabas! 
    «No te corras», dije, «espera y verás.»

    Te hice la mamada que tú soñabas;
    junto a tu glande, mi lengua, «así, más»;
    de tu semen bebí mientras temblabas. 

  • Mujer seria y respetable (10)

    Mujer seria y respetable (10)

    Y llegó el día, había alquilado un apartamento para vernos una tarde, Marta estaba desde el día anterior masturbándose y cortando su orgasmo, quería que me conociera así, caliente, a punto de estallar, y súper sensible, mi intención esta vez era abordarla en el vestíbulo del edificio, las veces que había ido a esos apartamentos jamás me había encontrado gente allí, pero esta vez debí esperarme a que llegara el ascensor para desvelar quién era, dejemos que cuente ella lo sentido ese día.

    “Hola!

    Bueno no sé bien por dónde empezar, acabo de llegar a casa y aún estoy digiriendo lo vivido esta tarde.

    Físicamente estoy súper cansada y relajada (imagino que tu también debes estar cansado claro ) He aprovechado al ir al baño para mirar el culito si lo tenía tan rojo como me has dicho y jajaja pobrecitoooo, está granate !!!! También ahora mismo algo resentida la verdad.

    No quisiera por nada jajaja tener sexo esta noche, y eso es culpa tuya…

    Desde anoche ya sabes que estaba nerviosa y que los nervios han ido en aumento a medida que se acercaba la hora… bueno ya me has visto, pero no eran nervios por temer una mala situación, no eran de miedo, era como has dicho tu «lo desconocido»

    En ningún momento me he sentido mal, ni amenazada a pesar de que los primeros minutos lo pudiera parecer… Me gustas, me gusta tu contacto, me ha encantado ponerme en tus manos y sentir tu piel, me ha gustado mucho sentir esa diferencia de edad que tenemos, pareces en realidad una persona muy muy cariñosa a la que sin duda me apetece seguir viendo.

    Desde el principio, he tenido una sensación muy buena y la verdad me demostrabas mucho tacto y cuidado por mi, me refiero a cuando no veía… bueno y en todos los otros momentos.

    Como ves tampoco me ha supuesto un gran problema darte mi confianza, y quedar a tu disposición, además también me has explicado que siempre podría quitarme las «esposas»

    Si te fijas nunca he hecho el gesto de quitarlas, lo que no podía evitar era mover las manos…

    Me sentía muy a gusto con la situación, la verdad. Estar atada y no poder tocar (aunque alguna vez lo haya hecho, creo que sí…) proporciona mucho morbo, igual que el no poder ver, que avivaba los sentidos y por cierto estaban muy a flor de piel.

    He tenido momentos de tanto placer… que a veces pensaba uff no sé, que era demasiado, que no lo podría aguantar más… pero a lo tonto han sido unas cuantas horitas y memorables, por descontado.

    Tengo que darte las gracias, nunca había tenido a nadie tan entregado y tan pendiente de mi propio cuerpo y placer, eso no ocurre con gente de mi edad.

    La valoración de hoy es más que positiva, cuando empecé a hablar contigo claro que imaginaba que nos conoceríamos en algún momento, y me dije a mi misma que me quería hacer el «regalo» de tener una nueva experiencia, algo que no hubiera vivido sexualmente y creo que no podía haber escogido mejor a la persona para realizarlo (aunque no buscaba nada concreto cuando te contacte, escribirte fue pura curiosidad) inicialmente con toda la inocencia.

    Resumiendo, quiero más… tengo aún más curiosidad, me gustaría sentirme muchas más veces como hoy y quiero que seas tu.

    Tengo curiosidad por mi misma, por saber cómo reacciona mi cuerpo y mi mente a cosas nuevas, me gustaría también sentirme dominada y atada junto a otra chica, como ya te comente, seria algo memorable… y entiendo lo que dijiste que primero debemos avanzar solos, pero tenlo en cuenta porfis…

    Bueno de momento no se que mas explicarte, si tienes alguna pregunta o algo que creas que no he explicado me lo dices y respondo

    Ahh si, me ha excitado mucho como me mirabas cuando yo te lo hacia a ti, y bueno tu sabor me ha encantado… mmm ay, que me estoy mojando otra vez!! jajaja.

    Bueno ya me dirás algo no? que yo también era examinada.”

    Y por supuesto mi respuesta a sus sensaciones:

    Bueno, vamos allá.

    El día no empezó como imagina, no llegaron los paquetes, y tuve que ir corriendo a un sexshop a buscar la bola, para al menos poder hacer el juego del ascensor, una vez comprada esta fui a por el apartamento, me duche, y prepare las cosas, y me dispuse a esperar para abordarte en el ascensor, en todas las veces que he estado ahí nunca he visto gente en el vestíbulo, bufff, de nuevo cambio de planes…

    A partir de ese momento decirte que me sorprendiste bastante, aunque estabas nerviosa lo llevabas muy bien, lo controlabas, si lo se te propongo algo más duro para empezar, pero bueno, ya será para una próxima vez jejeje y no tendrá la carga emocional que podía haber tenido ayer como primera vez y para empezar.

    Estabas ansiosa por descargar tus orgasmos, estabas super sensible y tuve que dejarte ir muy rápido pues apenas tocarte debía de parar, de nuevo improvisación, puesto que tu primer orgasmo fue muy rápido y los siguientes ya ni intente frenarlos, simplemente me dispuse a disfrutar viéndote y haciéndote que llegaras, juegue de todas maneras posibles con tu cuerpo y no te disgusto absolutamente nada, bueno si la campanilla jejeje lo disfrutaste todo, todo y estando toda irritada como ya estabas y que debía de escocerte ya un poco todo y aun así quisiste seguir adelante disfrutando de lo que te hacía.

    En el próximo encuentro no dejare que dejes fluir tus orgasmos tan libremente como ayer, debemos aprender a controlarlos, para así, con menos cantidad puedan ser de igual o mayor intensidad y placer, poco a poco lo haremos juntos y te llevaré a otro nivel de placer.

    Me ha encantado tenerte a mi lado y jugar contigo, ha sido todo un placer, gracias.

    Nueva respuesta recibida a mis sensaciones:

    “uhmmm he dormido genial, hoy cuando a sonado el despertador la verdad es que lo he parado, no quería dejar la cama de lo bien que estaba.

    Bueno estoy llena de agujetas, creo que hasta en las pestañas (esas deben de ser por el antifaz) jaja.

    Es cierto, no me acuerdo de hacer abdominales pero todo el cuerpo está así los brazos, piernas… todo con agujetas.

    También sigo resentida en mi sexo… aún, tengo sensación de plenitud, no se explicarlo bien pero aunque no estoy mojada hoy, creo que me has dejado seca!! Aunque tengo deseo por ti.

    Imposible que no estés presente tanto en mi cuerpo como en mi mente, ya que también hoy en lo primero que he pensado al despertarme era ver si tenía algún correo tuyo, pero no…

    Imagino que vas liado y además como ya me comentaste que te ibas estos días, también entiendo que no voy a saber de ti.

    Tenías razón leí tu primer correo y si, decías la palabra usada… pero la verdad o al menos ayer yo no me sentí usada para nada.

    Te confieso una cosa, cuando me pediste correrte en mi boca si lo hice fue solo por darte placer a ti y premiarte por la dedicación hacia mi y porque quería satisfacerte. Aunque a mi también me gustó y fue una sensación un poco rara hacerlo a tu manera, quiero decir ser guiada con tus manos y dejar el cuello relajado para que tu llevaras tu propio ritmo.

    Creo que eso fue la mayor demostración de confianza que te pude dar ayer, mucho más que dejarme atar las manos o llevar los ojos vendados.”

    Y seguimos con el cruce de correos sobre nuestra primera sesión juntos

    Es normal que tengas agujetas y que estés menos mojada, ayer soltaste muchísimo flujo y ya casi al final no había, te estruje al máximo estuviste casi 3 horas seguidas sin parar de correrte… se que lo hiciste por mi, y por ello te doy las gracias, pero me encanto verte mientras lo hacías, por ese motivo te puse en esa postura, para verte, cogerte la cabeza, y presionar hasta la campanilla.

    Eres una chica encantadora, me gustas, me gusta tu forma de ser, y me gusta disfrutar contigo, y respecto a la diferencia de edad al principio sabes que te dije que las prefería mayores, pero me has demostrado que me equivoqué, pues has estado y estas a la altura de lo que podía esperar de ti.

    No te sentiste usada, porque me dedique mas a ti, a conocerte, a conocer un poco tus límites para saber mas de ti, pero si fuiste usada a mi antojo, aunque por ello te sentías recompensada una y otra vez, pero estabas siendo usada por mi. Me alegra mucho que hayas podido conciliar el sueño esta noche, el granate va bajando?

    “Hola otra vez!

    Pues aún está algo rojo, pero muy a gusto,

    Es verdad fueron muchas horas y al final también notaba yo, que no estaba casi mojada.

    Que malo eres! dices que si lo sabes me lo pones más duro para empezar… con lo nerviosa que iba? creo que para empezar estuvo en su punto justo de morboso y dureza.

    Me parece que eso de que me corra rápido me va a pasar siempre, creo que soy así. Y sobre todo si me preparas como hiciste.

    Te sorprendí? me alegro, al menos no fui yo la única sorprendida entonces… me río si pienso en como te vi, la primera vez… debí de poner cara de tonta dentro del ascensor jaja, si me paro a rebobinar la imagen es cierto que cuando estabas a mi lado esperando, me di cuenta un momento de que sonreías, solo un segundo me fijé… porque claro como iba a saber yo!

    Mmm me gustaste y excitaste mucho… y sí, me sentí más que recompensada.

    Estoy deseando verte otra vez jajaja”

    Y a falta de juegos está su propia imaginación:

    “Ufff, llevo un dia muy malita jaja desde que me he levantado esta mañana estoy mojada no, lo siguiente.

    He decidido, después del semi fustre del huevo ayer… probar hoy una cosa nueva para mi.

    Así que esta mañana me he puesto unos tejanos que tengo bastante ceñidos, de los cuales ya he notado hace tiempo, que la costura justo me da de lleno en el clítoris y como se clava bastante he aprovechado y no me he puesto tanga… mmm que dia me ha dado ! he ido y voy a 100, noto mi sexo a tope, por la calle andando a veces me tenía que parar unos segundos para poder controlarme un poco jaja como iba sola con el perro no llamaba la atención que me parase de golpe.

    Pero lo mejor ha sido esta tarde, porque siempre me quejo a mi chico de que es un aburrido y no salimos entre semana y va hoy y le da por querer ir a pasear y jaja al final para ir parando, le tenía que decir que el botín, me hacía daño en el pie.

    Explicarte cómo he llegado a casa me es imposible… no hay palabras.

    Mmmm completamente encharcada y deseando que me folles otra vez… me has abierto algo nuevo en mi vida, y no paro de pensar en sentirte otra vez.

    Me masturbo pensando en lo que me hiciste, y aun no he follado de nuevo con mi chico, pues creo que ahora no me sabra de la misma forma, deseo ser usada por ti, y correrme para ti.

    Ahora en chándal que no puedo más…”

  • Ya soy el puto del equipo (VI)

    Ya soy el puto del equipo (VI)

    Tras el partido, un rapidito con Calvero.

    Tenía razón el míster, dependía mucho de nosotros. Antes de salir al campo, nos habló a todo el equipo y nos animó. En un aparte sin casi darnos cuenta, se reunió con nosotros para recordarnos los compromisos del día del entrenamiento. La verdad es que estábamos muy motivados. Abelardo se cogió por detrás de mi cabeza con sus brazos sobre mis hombros y yo le seguí y casi mirando el suelo, comenzamos a forzar nuestra respiración:

    — ¡Uh!, ¡uh!, ¡uh!, ¡uh!

    Se nos iban uniendo los demás y formamos un apretado círculo:

    — ¡Uh!, ¡uh!, ¡uh!, ¡uh!

    Y abriendo los brazos en alto:

    — ¡Aaaah!

    Esto varias veces. Entonces oigo que me dice el que estaba a mi lado:

    — Doro, si no te dejas meter ni un gol, yo también tengo polla para ti.

    Lo miré sonriendo, era uno al que llaman Calvero. Digo que llaman porque nunca había hablado nada que valga la pena con él. Y lo besé, me besó en la boca y sostuve mi beso para decirle luego:

    — Hecho.

    Del tal Calvero en ese momento solo sabía que era moreno bronceado, no pareció un bronceado de sol y playa sino, como dicen en mi pueblo, agitanado. Nariz recta, fina y pronunciada hacia el frente, ojos débilmente verdes, pómulos muy señalados y encantadores. Cuando lo miré, me gustó. De su cuerpo normal de un deportista, ancho, pectorales, grandes piernas y todo muy firme. No recordaba su polla cómo era, pues no me había detenido, pero sí en su culo, firme, un poco más claras que todo su cuerpo por bañarse con ropa, eran como dos medias pelotas de béisbol muy firmes.

    Cuando salíamos al campo me miró. Noté que tenía ganas de decirme algo. El jugaba de medio campista y tenía la carrera larga. Una vez en el campo, antes de esparcirnos se me acercó para decirme:

    — Eres el mejor, recuerda lo que te he prometido y no dejes pasar una.

    — Ok, fue mi respuesta, sin dejar de mirar a mis adversarios…

    En efecto, ya no consideré que era nuestro equipo contrario, sino mis enemigos que a la vez eran enemigos de mis amigos. Tengo que decir con sinceridad que en ese momento los odié. Odié al Ventura CF, como si odiara a un vecino que me quisiera mal. Desde mi puerta los fui mirando y me parecían feos, como si fueran demonios o algo parecido. Y exclamé en mi interior: «Guerra sin cuartel». Pero al parecer no me di cuenta y lo repetí en voz alta:

    — ¡Guerra sin cuartel!

    Los que estaban cerca de mí, exclamaron

    — ¡Guerra!

    Abelardo fue el héroe en los 20 primeros minutos. Estaba al tanto y no cesaba de dar ordenar para que la bola no pasara de la mitad del área y a los defensas les decía que no quería verles ni de cerca del área chica. Yo miraba de vez en cuando el punto de penal y en esos 20 primeros minutos no llegaros los enemigos ni por cojones. Pero Abelardo cumplió con su promesa y marco sus goles prometidos, 11′ y 19′. Consideré que el partido estaba ganado porque vi a los jugadores contrarios totalmente desmoralizados. En un momento, casi al final del primer tiempo Calvero metió el tercer gol, como nos dijo el entrenador fue en el minuto 42. El resto fue fácil. Mis compañeros se portaron bien conmigo, no dejaron que nadie llegara al área chica. No hubo felicitaciones para mí, ni las merecía. Abelardo y Calvero se llevaron nuestros abrazos y besos. En ese momento solo se pensaba en abrazar, besar y sonreír. Mis compañeros estaban cansados y el entrenador no paraba de animar e instruir.

    Antes de volver a salir, el ínter me habló unos segundos, me dijo:

    — Ahora están instruidos intentarán pasar, llegar y echarte la pelota a ras de los pies, pero no te fíes, puede venir alguna de largo por alto. Confío en ti.

    — Ok, Gunnar, —le dije sonriendo y me sonrió, pues ambos pensamos que ganas este partido y volver a realizar la hazaña del día del entrenamiento era lo mismo. Yo lo deseaba y él lo sabía.

    Salimos al campo. Tuvieron su oportunidad, capturé dos veces la pelota desde los pies de dos enemigos y un tiro largo que para mí no fue problema. Me dolía el costado, pero no quise quejarme ni decir nada, sabía que era el golpe que di en una captura y que eso se pasa. Abelardo volvió a marcar y estañábamos 0-4. Las gradas bullían y hasta los partidarios del Ventura abucheaban a su equipo y aplaudían nuestras jugadas. Así, sin pensarlo nadie, yo observaba la pelota y vi que íbamos a por el quinto gol; en efecto, todo estaba preparado con una sucesión de jugadas desde medio campo y un servicio de Calvero a Abelardo y de este a Jiménez que pateó genialmente a través de dos contrarios desorientados que quitaban la visión del su propio guardameta y ocurrió lo que nadie imaginaba: Jiménez marcó gol suave y certero hasta el fondo de la red. El campo se convirtió en el delirium tremens. Luego llegaron algunas pelotas a mi área, pero sin fuerza, sin engaño y las zanjé unas yo y los defensas despejaron otras. No metimos más goles porque a una señal del míster nos replegamos a defender. Se formó tal barrera que solo tuve que parar tres tiros elevados. Esta era la única esperanza de nuestros enemigos. Me llené de soberbia, porque los tiros de mis paradas iban directamente a puerta y todos aplaudían y vitoreaban.

    Cuando nos íbamos camino del vestuario, Calvero se me acercó y me dijo:

    — En el campo me la has puesto muy dura, ¿cuándo lo remediamos?

    Sin darme cuenta le dije:

    — Háblalo con Abelardo, que él lleva mi agenda.

    Se fue corriendo adelante que estaba Abelardo y entonces me di cuenta de la animalada que había dicho, pero ya estaba hecho. A eso se pone remedio pagando las consecuencias.

    Cuando entré al vestuario junto al entrenador, Abelardo se me acercó para saber si le había dicho a Calvero que necesitaba mi permiso y un poco para decirme que fuera prudente. Me disculpé y me dijo:

    — Tengo prisa para llegar a casa, mi padre me ha amenazado si no estoy para cuando lleguen mis abuelos. Calvero te esperará y te ayudará, míralo allá. Llámalo y recogéis entre los dos las cosas.

    — ¿A qué puede amenazarte tu padre?

    — Ya te contaré a la noche, —dijo, y se fue corriendo sin cambiarse de ropa.

    Entonces me acordé que a la noche teníamos cena y que el míster ya le había recordado. Gunnar se vino donde mí y me dijo que se marchaba que yo cerrara al acabar, me dio la llave con el silbato y la cadena, la puse en mi cuello colgando y miré a Calvero para llamarlo, se vino a donde yo estaba y me besó, metí lengua y él también; nadie notó nada porque todos nos saludábamos, jamás me habían besado tanto mis compañeros como ese día. Luego le dije a Calvero:

    — No te duches, tengo la llave del míster, cuando acabe todo este jolgorio vienes conmigo a recoger las cosas, luego te pago tu petición, que me has calentado. Me besó y le metí lengua, él también, creo que nadie se dio cuenta y si se dieron, nadie dijo nada ni en ese momento ni en otro. Creo que había mucha alegría por haber metido cinco goles justamente al que se consideraba imbatible.

    Me entretuve hablando con algunos mientras se desvestían o entraban a la ducha o se vestían. Sabiendo ellos que tengo que recoger todo no se extrañaban de que yo aún no me duchara, era algo habitual. Esto me servía para ver culos, pollas, pechos y en definitiva cuerpos atléticos, e iba calibrando tamaños, volúmenes. Los que mantenían larga conversación conmigo mientras se desvestían y luego quedaban desnudos contándome algo, eran posibles candidatos con los que intentar algo o insinuarse.

    Se iban y cada uno se despedía de mí, mientras yo iba recogiendo toallas, medias, calzoncillos. Estaba seguro que, como siempre, nadie iba a reclamar lo que se había dejado, pero no iba a quedarse por el suelo. Yo lo iba poniendo en una bolsa que llevaba a una lavandería y me lo devolvían planchado para empaquetarlo y mandarla a una casa de asistencia de pares, de lo que se encargaba mi taita. Sábados recogía tras el partido todo lo abandonado, esperaba a miércoles para reclamos y luego a la lavandería. Si algún despistado reclamaba después le explica y nadie se quejaba. Para su consuelo les decía: «Se ha ido a los pobres».

    Para mi sorpresa, me quedé solo y cuando iba a salir al banquillo de los dos equipos, ya venía Calvero con todo en sus brazos llenos de prendas. Todo asombrado, me dice

    — ¿Siempre es así?

    — Los sábados sí, se van con sus novias y se dejan todo ahí, tienen prisa, le contesté mostrándole la bolsa que había recogido del vestuario.

    Le pregunté si había pasado por el banquillo del Local y me dijo que no, pero corrió y trajo más cosas que pusimos en bolsas. Entonces me preguntó:

    — ¿Qué haces con esto o dónde lo llevas?, ¿es para tus hermanos?

    — No, es para los pobres, —respondí explicando lo que hago.

    Entonces fui a cerrar el vestuario y me desnudé. Me miró, abrió desmesuradamente sus ojos y dijo:

    — Pero, ¡oh, Dios mío, qué cuerpo! ¿Cómo lo has conseguido?, —preguntó.

    — Déjate de historias, y vamos a lo nuestro.

    Le dije que se tumbara sobre la esterilla, lo hizo, me puse sobre él al revés y en frío comenzamos un 69. Se puso mi polla en su boca y yo comencé a lamer su culo, que olía bastante fuerte. Esos olores fuertes del culo me ponen y me creció mi polla en su boca. Parece que no había mamado muchas pollas porque se puso a hablarme y le calle:

    — ¡Calla y mama, cabrón!

    Ya supe de inmediato que yo tenía que llevar la iniciativa. Y como quería que fuera algo rápido, dada la hora, casi la una de la tarde, pensé que iba a ser un polvo rápido, así que le mamé la polla y dejé su culo, así me ahorraba la fuerza del olor. Cuando consideré que ya estaba casi a punto, con mi mano metí un dedo en mi culo y luego le cogí la mano para que él hiciera lo mismo, lo entendió y comenzó a follarme el culo con un dedo, le indiqué que metiera dos y los metió de golpe, me estremecí y me hizo daño, luego le indiqué que poco a poco meta el tercero. Parece que disfrutaba de mi mamada y de lo que no esperaba.

    Se la había puesto dura, todo era cuestión de comenzar en cuanto antes. Me enderecé, me giré de cara a él, tomé sus pies para abrirlos y me senté poco a poco sobre su pubis manteniendo su polla para que me entrara despacio dentro de mi culo. Poco a poco me fui acomodando, llegó toda y me quedé quiero. Comenzó el placer como siempre que tengo una polla dentro, me dan calambres electrizantes por todo el cuerpo, creo que lo hace mi cabeza, el punto del cerebro donde está la base del deseo. En esos momentos estoy que me muero de placer y no llega aún el orgasmo.

    Entonces alargué la mano para recoger el dildo que tenía preparado y apoyándome con la izquierda en el suelo me repantigué sin dejar que se escapara la polla de Calvero de mi culo y le fui metiendo poco a poco el dildo en el culo. Gritaba como una bestia, cada vez que le empujaba para meter unos milímetros, lo sacaba y volvía a meter un poco más y rebuznaba como un burro, pero yo seguía con mis malas intenciones. Lo volví a sacar y a meter un poco más, se puso a rugir como un león. Sin sacarlo empujé un poco más y aulló como un lobo. Decidí sacarle toda la especie animal de su interior y empujé fuerte, ladraba y arrugaba alternativamente como un perro salvaje; lo movía y alternaba entre el relincho de la yegua y el mugir de un toro. Compasivamente lo dejé tranquilo con el dildo dentro, moviéndolo despacio y suavemente para estimularle la próstata y al parecer dejó de sentir dolos y su cara se puso sonriente y los ojos en blanco mirando al techo:

    — Ay, ya, hi, ay, hi, hi ya, hi ya, — me pareció distinguir una tórtola gimiendo o una serpiente silbando enroscada en su interior.

    Lo que yo sentí fue su orgasmo derramando toda su leche en mi interior. No noté que su polla engordara o palpitara sino que se vino y fue abundante. Y su cara volvió a serenarse y a silenciarse. Me agaché, junté mi cara hacia él y lo besé, metí lengua. Primero se sintió y luego aulló como un coyote lleno de felicidad.

    Nos duchamos juntos. Bajo la ducha le saqué el dildo y se lo mostré, abrió por un momento los ojos como un búho ululando y le dejé que me tocara el cuerpo como quisiera. Yo también lo hice para goce suyo, porque se le puso una erección de caballo y le masturbé hasta eyacular sobre mí mientras relinchaba. Pensé que tenía que acabar para llegar a casa a mi hora deseada. Nos secamos, vestimos y salimos. Me puse la llave de nuevo en el cuello para dársela a Gunnar en la noche.

    — Calvero, porfa, ¿cuál es tu nombre?

    — Luís, ¿por qué?

    — De ahora en adelante para mí serás Luís,

    — Gracias, Doro, fuera de mi casa serás el único.

    — Ya verás como no, me encargo de eso.

    — Te lo agradeceré, Doro, de verdad, gracias.

    Se fue en dirección a su casa y yo subí por la Avenida Universitaria hasta llegar a la mía.

    Saludé a mi taita y fui a dejar mi mochila en mi dormitorio. Al punto llamó Abelardo y pregunto:

    — Hola, guapo, ¿cómo ha ido?

    — Normalito y rápido, —contesté.

    — ¿Vale la pensa?

    — Si le enseñamos algunas cosas, sí, anda muy verde…

    — ¿No pasó el examen?

    — Sí, pero muy ajustado, —respondí riéndome.

    — Ah, que no te olvides, que esta noche cenamos con el míster…

    — Ya, sí, pero, ¿dónde?

    — Creo que es en el Camarón rojo, o eso creo haberle escuchado, pero como tengo su número de móvil, le pregunto y ya te digo.

    — ¿Vienes a casa después de cenar?

    — No sé, no sé, hoy mi padre me ha echado una bronca super y casi me pega…

    — ¿Por qué?

    — Dice que le han dicho cosas de mí, pero no me ha aclarado nada…, fíjate, te estoy hablando desde la calle frente a mi casa, sé que me están vigilando y he dicho que ceno con un profesor y no sabes cómo sea puerto mi viejo…

    — No necesitas avisar para venir a casa, esta noche si puedes vienes, si no puede ser, no pasa nada…

    — Pero yo te quiero, Doro…

    — Ya lo sé, yo también…, aunque ya sabes como.

    — Si, si, eso de la polis no sé qué, —dijo riéndose.

    — Poliandria, Abelardo, poliandria…

    — Pero me quieres…

    — Claro que te quiero, incluso tenerte en mi cama.

    — Jo, macho, eres una perla brillante.

    — Para mí tú vales más que un rubí.

    — Hasta las 8 de la tarde.

    — Hasta luego, pues.

  • Vivo amando una ilusión

    Vivo amando una ilusión

    Todo lo vivido con ella está en el pasado. Y no desaparecerá jamás de mi mente.

    Mi amor inolvidable. Sé que siempre una parte de mis sueños serán para ti.

    Qué paradoja, pienso. Aquellos fríos días de mayo te trajeron sorpresivamente hasta mí como una cálida y agradable brisa. Y te encontré sólo para perderte prontamente.

    Esta noche estoy otra vez perdiendo el sueño por ti… reviviendo momentos preciosos que conocimos. Han pasado tantos años… y sin embargo el perfume de tu flor aún sigue aquí. Es extraño pero en medio de tanta gente me siento solitario y te recuerdo a cada minuto. En la penumbra busco y espero a cada instante descubrir de nuevo tus grandes ojos negros asombrados al ver mi locura y mi obsesión por ti.

    Estoy delirando. Te transformaste en una ilusión. Asumo que ya nada puedo hacer para volver a tenerte y como un loco trato de ubicar tu presencia en los laberintos de mi mente.

    Esta historia es mía. Me pertenece. El relato es lo que de verdad ocurrió, y ahora sólo siento la necesidad de contarlo por lo que significa para mí y porque forma parte de mi vida. Sin duda uno de los pasajes más hermosos de mis momentos de juventud.

    Ocurrió hace varios años. Conocí a una jovencita que vino a mi provincia. Estuvo de paso, solo permaneció en mi tierra por unos días, visitando a familiares. No mencionaré su nombre. No aquí. Lo que sigue es absolutamente verídico. Ruego consideren la importancia que para mí tiene esto que hoy decido relatar.

    Ella llegó a mi mundo sorpresivamente. La vi y me enamoré. No pude evitarlo.

    Tenía ante mí a una chica bellísima que con su grácil figura me deslumbraba. Nada más verla y quedé prendado. Nada exuberante pero tan linda como ninguna. Nos presentaron y cuando dije su nombre me sonrió de una manera especial. Desde ahí, mi sangre empezó a circular mucho más rápido. Charlamos un poco y tuve la suerte de salir a bailar con ella y otros amigos de mi barrio. En el diálogo que tuvimos me contó que estaba de novia allá, a cientos de kilómetros donde ella residía. Con tristeza me confió que su familia no aceptaba esa relación y que sufría mucho por eso, pues estaba muy enamorada. Hablábamos de todo un poco. Me contó cosas de su provincia y de su vida. Su padre había dispuesto que viajara aunque ella no quería. Antes de venir había discutido con su novio y eso le amargaba más aún.

    Durante su estadía busqué desesperadamente estar con ella todo el tiempo posible. Afortunadamente en ese invierno hubo una fiesta familiar con los suyos y estuve invitado. Bailé con ella toda la noche. Me volvía loco. Me perdí con su simpatía y su forma de ser. Bailé abrazándola y tomando su cintura. Mezclando mi rostro con el negro de su cabello y al ritmo de la música sentía que yo era el más afortunado del mundo.

    Yo tenía veinte años igual que ella. Nunca había conocido una mujer así. Arrolladoramente hermosa. No podía dejar de mirar sus ojos negros que me atrapaban. No sé si a alguien le ocurrió algo así, para mí tan extraordinario. Han pasado muchos años y yo aquí y ahora en mis oídos puedo escuchar su dulce voz y su risa. Juro que desde que la vi, imaginé lo que podría llegar a sentir si besaba esa boca. Perfecta, hermosa, tentadora y para mí; prohibida.

    Ella me atrapó. No me pude resistir. Desde que la conocí todo lo demás en mi vida pasó a un segundo plano. Sólo tenía sentido estar cerca de ella y extasiarme con su perfume y la belleza incomparable de su rostro. Una dulce mujer que cualquier hombre quisiera conocer y disfrutar.

    Estuvo compartiendo conmigo durante todos los días y salíamos a caminar conversando sobre cosas que nos pasaban a los jóvenes de ese tiempo. Nuestra generación que no conocía celulares, ni internet ni redes sociales. Pasábamos los minutos y las horas hablando y analizando nuestro pequeño universo con alegrías y tristezas.

    Debo admitir que casi siempre la charla desembocaba en lo relacionado con su novio y lo que les tocaba soportar.

    Muy dentro de mí sentía celos y no podía dejar de pensar la fortuna de tener esa princesa enamorada. Yo me esforzaba y sabía que se iría pronto, por lo tanto tenía que insistir para tratar de conquistarla. Tenía poco tiempo.

    Una noche en que fuimos a bailar, la besé sutilmente en la comisura de sus labios aprovechando la penumbra del lugar. La música, unos tragos y el ambiente me ayudaron. Supongo que también su tristeza o nostalgia influyeron y me besó. Primero con desconfianza pero luego con algo de pasión. Me di cuenta que le atraía algo de mí. Sin dudar la besé apasionadamente apretándola contra mi cuerpo. La sentí vibrar y suspirar. Yo estaba al borde de la locura. Me parecía un sueño. Una especie de embrujo me atrapaba porque la piel de terciopelo de su rostro generaba en mí una magia o algo parecido. Una cosa que nunca me había sucedido.

    Pasaron las horas y así estuvimos. Ella se negaba por momentos a lo que estábamos haciendo porque recordaba a su hombre amado y no quería traicionarlo. Nos fuimos. En el camino discutió no sé por qué cosas con su hermano y decidió quedarse a dormir en mi casa. Mi madre le acondicionó rápidamente la habitación de mi hermano que por esos días no estaba y allí pasó la noche.

    No pude dormir. A pesar del cansancio y la hora yo estaba desvelado. La tenía tan cerca y a la vez tan lejos. Y era así porque me pareció incorrecto acercarme a su lugar de descanso. Con qué argumento voy, me dije. Con qué excusa podría invadir yo su intimidad y avanzar sobre algo que podría tener otras consecuencias. Mis padres, su familia. La confianza. Su noviazgo. En fin. No era prudente dar un paso así.

    La verdad es que perdí la noción del tiempo y del espacio. Ni el frío de la madrugada me detuvo. No sé en qué momento sucedió. De repente me vi de pié junto a su lecho contemplando con ternura cómo dormía, y comencé a besarla y a acariciarla como enajenado. Despertó asombrada. El sueño interrumpido y sus grandes y hermosos ojos negros como la misma noche me miraban sorprendidos. Me besó. Su boca tibia y su aliento cálido me recibieron para que nuestras salivas se mezclaran. Mis manos actuaban rápido y a conciencia recorrí su piel de punta a punta. Con urgencia deslicé su bombacha sobre sus piernas y la besé por todos lados. Mis labios se extasiaron con sus encantos. Desde sus pequeños pies hasta sus rincones más íntimos y húmedos, perfumados como pétalos de rosa. Ahora casi como que las palabras estaban demás. Sólo sus suspiros y mi afán por poseerla. Las caricias en silencio inundaron de lujuria el pequeño cuarto donde la temperatura había subido ya a niveles muy altos, a pesar del frío.

    Estaba a mi merced. Confundida o excitada o ambas cosas, pero se mostraba rendida bajo mi cuerpo mientras sus brazos me envolvían. Apenas en una especie de susurro alcanzaba a pronunciar mi nombre y un no que jamás me convenció. Un escenario intenso y diferente en el que los dos entendíamos que había que aprovechar preciosamente el tiempo.

    Mientras afuera el frío de la noche era despiadado, en nosotros crecía el fuego y parecía que nos devorábamos.

    No te puedo olvidar… Mi vida! Éramos solo tú y yo… El resto del mundo que nos rodeaba a esa hora dormía, ignorando lo que estábamos haciendo.

    Nos unimos sin preámbulos, sin previas… sólo el deseo fuerte produciendo respiraciones agitadas y miradas llenas de vértigo. Una locura temporal desembocando en un descarado frenesí.

    En un momento para mí soñado logré penetrar en su cuerpo. A pesar de mi febril deseo lo hice muy despacio. Lentamente. En forma sutil y saboreando ese momento sublime.

    Yo estaba ingresando en el paraíso. Se estremeció. Sus pequeñas manos apretaron fuerte mis hombros y un gemido que dejó escapar me encendió como una hoguera mientras sus uñas casi me lastimaban. Me sentí como un ladrón. Un asaltante. Me estaba apropiando de sus encantos. Probando la delicia de un fruto exquisito pero ajeno. Sentí que era su primera vez.

    Mordió mis labios y mi cuello. Su vergüenza y el doloroso placer se mezclaron, y entonces la belleza de ese rostro y su piel quemante me otorgaban una oportunidad nueva para admirarla y desearla aún más. Con ardiente anhelo y sintiendo que no volvería a tenerla, la amé como un loco y la hice mía en medio de esa fría madrugada. Con desesperación me hundí en su cuerpo disfrutando la profundidad de sus ojos y perdiéndome en lo dulce de sus labios. Momentos intensos impulsados por la fantasía y la imaginación, con sus ruegos y gemidos ahogados que indicaban su llegada a las más altas zonas de placer. Pude experimentar la irrefrenable sensación de querer retener esa atmósfera de pasión, misterio y locura. Fueron solamente unos minutos. Instantes interminables en que los dos sucumbimos atrapados por ese fuego sagrado.

    Después los días pasaron rápido. Me di cuenta que en su conciencia las culpas le pesaban y hasta le costaba mirarme. Y un día se fue. Y ya nunca volvió.

    Yo sabía que lo nuestro era una locura y que en la distancia después todo se perdería. Cómo podría yo olvidar esos días de mayo. Con nuestra juventud conquistábamos el mundo. La vida era generosa con nosotros. Días de risas, juegos, suspiros y palabras románticas con las que quería conquistarla.

    No puedo dejar de pensar en aquello. Cuántas veces he imaginado tenerla de nuevo entre mis brazos con su respiración agitada y la piel sudada. He vuelto a ver nuestros cuerpos fundidos mientras el deseo se apodera de mi voluntad. De nuevo siento su furia, sus ganas y me veo perdiendo la razón al saciarme y embriagarme con el néctar de su hermosa juventud. Todo eso que permanece en el pasado me acompaña inexorablemente y sé que son reales esas huellas imborrables de aquella breve, pequeña e inolvidable historia de pasión y locura junto a ella.

    Han pasado muchos años. Hoy esa princesa seguramente es flor perfumada y bella pero de otro jardín. Nunca más la vi. Son incontables las veces que sentí la necesidad de volver a ese cuarto donde la hice mía. Ese lugar que fue testigo de lo que juntos hicimos. A dónde fueron a parar esos momentos tan maravillosos? En dónde están?

    Ahora tengo otra vida. Y sé también que desde hace años otro disfruta de sus mieles.

    Seguramente alguien dirá… son cosa viejas. Historias añejas.

    Amor mío. Es muy probable que nunca leas esto. Aquí sin nombres te escribo. Estarás enamorada de otro, indudablemente. Y seguro tu vida ya es también de otro.

    Mi amor inolvidable. Siempre una parte de mis sueños serán para ti. Qué paradoja, pienso. Los fríos días de mayo te trajeron sorpresivamente hasta mí como una cálida y agradable brisa. Y te encontré solamente para perderte.

    Quizás no te acuerdes de mí. No te olvidaré, lo juro. Siempre serás mi gran recuerdo y te puedo asegurar que eternamente estarás en mi mente.

  • Secretos de familia

    Secretos de familia

    —Dime la verdad. ¿Acaso te avergüenzas de mi? —preguntó Miriam con ojos llorosos.

    —No, no es eso. Es… es… complicado. Dame un poco más de tiempo, por favor. —contestó Jaime abrazándola por la espalda mientras acariciaba sus pechos.

    —Llevamos saliendo ¿cuánto? ¿Dos años? ¿Dos años y medio? Y no entiendo porqué no quieres que conozca a tu familia. A veces pienso que solo estás conmigo por el sexo y que en realidad no quieres que pasemos el resto de nuestra vida juntos. Como tantas veces me dic…

    —Precisamente por eso, joder! —le interrumpió Jaime alzando la voz— Te quiero!! Coño! Te quiero y tengo miedo de perderte si conoces a mi familia. Es… —su voz se apagó y a duras penas logró finalizar la frase.— …complicado.

    —Complicado!! Odio esa puta palabra. Siempre que hablamos de esto sales con lo mismo.

    —Joder! Mira quien fue a hablar. Siempre vuelves a lo mismo cuando terminamos de follar.

    —Es que no lo veo normal. Tú conoces a mi familia y yo no sé nada de la tuya. Es porque somos de clase obrera y no estamos forrados como vosotros? —preguntó Miriam librándose del abrazo de Jaime y volteándose para poder mirarle a los ojos.

    —A mi familia le da igual si tenéis pasta o no. No tiene nada que ver con eso. —fue la respuesta de Jaime tumbándose boca arriba y perdiendo la vista en el techo.

    —Entonces no lo entiendo. Y no me vengas otra vez con que es complicado.

    —Está bien. —contestó Jaime de mala gana. —Te llevaré a conocer a mi familia. Tú lo has querido.

    —De verdad? —preguntó Miriam sin creerse las palabras de su novio.— Estás hablando en serio?

    —Tú lo has querido. —fue su única respuesta.

    Miriam no cabía en sí de felicidad, de un salto se subió encima de su novio y comenzó a besarle. Loca de alegría, le besó en los labios y de un salto se acomodó entre sus piernas. Tomó la polla de Jaime entre sus manos y comenzó a adorarla. Jaime aún no se había recuperado del polvo que habían echado unos minutos atrás, o quizás fuese debido a la conversación que acababan de mantener, así que se la metió entera en la boca, hasta que los huevos tocaron sus labios y, como pudo, empezó a mover la lengua tratando de darle el mayor placer posible y que recuperase su vigor. Pasados unos segundos, con el objetivo cumplido y la polla dura como una piedra, se la sacó de la boca, escupió en el glande y se la clavó de nuevo hasta el fondo de la garganta comenzando a follarse ella misma la boca. Nuevamente se la sacó de la boca, pero en vez de clavársela de nuevo, reptó sobre el cuerpo de él. Tras besarle en los labios, plantó los pies a ambos lados de las caderas de Jaime, ofreciéndole una visión perfecta de su coño y sonriendo maliciosamente fue bajando las caderas flexionando las rodillas.

    — Te mereces un premio. —le dijo Miriam cuando el glande rozó los labios de su coño. Adelantó las caderas y guiando la polla hacia su ano, se dejó caer ensartándose la polla en el culo arrancando un gemido de placer de los labios de Jaime.

    Empezó entonces un movimiento salvaje, que sería la envidia de cualquier vaquero de rodeo, sintiendo como invadía sus entrañas hasta que finalmente estas fueron regadas con el esperma de Jaime.

     —Lléname —dijo entre jadeos.— Lléname con tu corrida. Mi culo es tuyo, solo tuyo. —continuó diciendo mientras disminuía el ritmo de las embestidas para asegurarse de que hasta la última gota de la esencia de su amado terminaba dentro de ella.

    —Ya lo veremos. —estas palabras se adueñaron de la mente de Jaime mientras se agarraba con fuerza a las caderas de Miriam forzándola a detenerse.

    Jaime no dejaba de darle vueltas a la cabeza. Por qué coño había claudicado? Estaba enamorado de Miriam y si la presentaba a la familia… Todas las familias guardan secretos, todas. Solo que algunos secretos son más oscuros que otros.

    Entró en casa cerrando la puerta de un portazo y se dirigió directamente a su habitación. Se le había cerrado el estómago y decidió prescindir de la cena. Se desnudó dejando la ropa tirada por el suelo y se tumbó encima de la cama. Tapándose la cara con la almohada, ahogó un grito de frustración.

    —Miriam? —oyó decir desde la entrada de su habitación.

    —Miriam. —fue si única respuesta.

    Rebeca, su hermana mayor, se sentó en la cama a su lado y, posando la mano en el muslo de Jaime, le preguntó:

    —Te apetece hablar?

    —No. No me apetece. —sin embargo, continuó hablando.— Por qué coño es todo tan complicado? Por qué coño quiere conoceros?

    —Es normal, Jaime. —Respondió Rebeca.— Es lo normal en estos casos.

    —Lo sé. Pero en este caso es nuestra familia la que se sale de lo normal.

    —Y que vas a hacer? —preguntó Rebeca.— Dejarnos? Largarte y empezar de cero con ella en otra ciudad?

    —No negaré que es algo que se me ha pasado por la cabeza.

    —No seas tonto. —dijo al tiempo que le golpeaba cariñosamente con el puño en el muslo.— Nos echarías de menos.

    —Lo sé.

    —Y acabarías volviendo con nosotros

    —Eso también lo sé. —dijo Jaime quitándose por fin la almohada de la cara.

    —Puedo hacer algo por ti, hermanito? —preguntó Rebeca posando de nuevo la mano en el muslo de Jaime.

    —No, gracias. Me apetece estar solo un rato. Te importa?

    —Para nada. —contestó Rebeca poniéndose en pie.

    Jaime observó a su hermana mientras abandonaba su habitación. Era la sensualidad en persona. Alta, con casi un metro ochenta, y unas tetas de infarto, era la perdición de cualquier hombre. Cuando por fin conseguías separar la vista de sus pechos y alzabas la vista hasta su cara, te encontrabas con unos ojos azules en los que deseas perderte y unos labios carnosos que te invitan a profanarlos a cualquier precio. Verla caminar es el mejor de los poemas. Sus tetas se balancean al ritmo del movimiento de sus caderas y sientes que algo de ti se va con ella. Sus ojos se clavaron en su CULO. Sí, CULO con MAYÚSCULAS. Las horas que pasaba en el gimnasio habían dado un precioso, redondo y duro fruto.

    Al pisar el pasillo se detuvo un momento.

    —Si me necesitas, ya sabes donde estoy. —dijo Rebeca dándole la espalda, sabiendo que su hermano estaba deleitándose con las formas de su culo.

    —A la mierda! —gritó mentalmente Jaime al tiempo que lanzaba la almohada contra la pared.— Que pase lo que tenga que pasar.

    La verdad es que Jaime hubiese dormido un poco más, pero su cuerpo le pidió despertarse.

    —Buenos días Ingrid. —dijo cruzando las manos detrás de la espalda.

    —Buenos días Señorito Jaime. —contestó está sacándose la polla de Jaime de la boca.— Quiere bajar ya a desayunar?

    A modo de respuesta, Jaime tomó la cabeza de Ingrid y la dirigió de nuevo hacia su polla. Está sacando la lengua, abarcó la base de la polla con su boca y la recorrió lentamente hasta llegar al glande, momento en el que se la metió entera enterrándosela en la garganta. Comenzó a mover la cabeza cada vez mas rápido sintiendo como se abría su garganta. Cuando sintió que la faltaba el aire, se la sacó dejando un rastro de saliva que unía su boca con la polla. Apenas tuvo tiempo de llenar los pulmones cuando ella misma se ensartó de nuevo la polla hasta el fondo de la garganta. Sintió como los músculos de Jaime se tensaban y se le endurecía, aún mas si cabe, la polla, por lo que, aun faltándole el aire, se obligó a seguir follándose la garganta aún más violentamente. La corrida de Jaime no se hizo esperar y buena cantidad de semen se deslizó por su garganta camino de su estómago.

    —Gracias Ingrid. Aunque no lo sepas, me has ayudado mucho con una decisión que tenía que tomar.

    —Siempre es un placer, Señorito Jaime. —consiguió decir con los ojos llorosos por el esfuerzo.— Quiere que le ayude con algo mas? A ducharse? O prefiere que llame a Olga?

    —No, gracias. Hoy me ducharé yo solo.

    Jaime se dirigió al baño cuando Ingrid abandonó su habitación. Si había alguna duda de porqué Ingrid seguía trabajando para su padre a sus 60 años, esta había sido disipada hace unos minutos. Y pensar que cinco años atrás le había pedido a su padre que la despidiese para contratar a alguien mas joven!, alguien como Olga. Menos mal que no le había hecho caso.

    —Joder. Adoro mi vida. Adoro mi familia —dijo al abrir el agua caliente.— Que pase lo que tenga que pasar. A tomar por culo. Ella lo ha querido.

  • Sexo casual con un pequeño platónico

    Sexo casual con un pequeño platónico

    Cuando la conocí por primera vez no llamó mucho mi atención, aunque por ese entonces mi mente estaba preocupada por asuntos diferentes. Sin embargo, un día llegó al salón de clases con un vestido que me hizo notarla como la mujer más espectacular que mis ojos habían tenido el privilegio de admirar.

    Fiel a mi compromiso y mi palabra, jamás engañé a mi pareja, pese a que todas las mañanas mi mirada se perdía en esa indeciblemente bella sonrisa. El tatuaje en el nacimiento de sus pechos también era un punto focal. Toda ella era intimidantemente bella. Su mirada… ¡Oh sus ojos! Eran como un lente para asomarse al universo y ver las estrellas… es como si tuvieran la habilidad de detener el tiempo… También estaban su forma de sonreír y de reír, que no se daba cuenta que era una suprema maravilla que compartía cada vez que abría su boca… y una voz tremendamente sexy que me hacía ponerme duro solo de escucharla… sus perforaciones, sus tatuajes, sus pechos, sus curvas, sus piernas y sus nalgas… Todo me embelesaba y, además de todo, me atraía mucho más que tuviera una forma de ser peculiar y una inteligencia que se notaba a leguas. Sin embargo, nunca me atreví a decirle que me atraía enormemente, más aún cuando uno de mis amigos tomó la delantera y se hicieron novios… aunque, bueno, lo suyo no duró mucho… pero hay un “código de honor” entre amigos. Lo cierto es que daría cualquier cosa porque ella me hubiese mirado como miró alguna vez a él…

    Así que decidí reprimir todos mis instintos y centrar mi atención en quién lo reclamaba por aquél entonces, pese a que no perdía la oportunidad de admirar su belleza cada que la veía entrar o salir del salón, en fiestas, salidas escolares o reuniones. Cómo dicen en mi país “echarme un taco de ojo”.

    Lo que, en un momento de mi vida, pasó de ser un pequeño platónico, se convirtió en una de las más deliciosas noches que jamás he podido contar.

    – ¡No te creo! – comenté y le di un sorbo a mi trago

    – Pues si – me dijo ella apresuradamente y continuó con su explicación – es decir, ¡yo me dedico a eso! Y el cabrón va y se mete con una tipeja que no sabe distinguir un tweet de un re-tweet – suspira y en ese momento mi corazón se acelera al admirar ese pequeño milagro, para después soltar exasperada – ¡Me emputa!

    – Lo noto – señalé un tanto sarcástico, pero con una buena intención – Perdona que te lo haya hecho recordar – me disculpé un tanto cohibido por la reacción, lo cual denotaba que aún le dolían los cuernos

    – No te preocupes corazón – dijo tranquilizándome – es bueno sacarlo de vez en cuando para que ya no afecte y, de hecho, cada vez que explota así, me afecta menos.

    – Pues – suspiré y le di otro sorbo a mi ron con coca – al parecer padecemos el mismo mal.

    – ¿Cómo? – preguntó abriendo los ojos y sonriendo de manera educada, aunque con una curiosidad evidente – No me digas que…

    – Si – le interrumpí – Aunque creo que mis cuernos son mucho más grandes que los tuyos

    – ¿Por qué lo dices? – inquirió

    – Pues verás… – solté tras un largo suspiro

    Honestamente no cabía en mí de tanta emoción que se arremolinaba en mi estómago. Ella, una deidad de mujer… Una mujer con M mayúscula, frente a mí, conversando y compartiendo detalles íntimos de su vida. Sobra decir que estaba con el corazón desbocado y haciendo unos esfuerzos titánicos (aunque sospecho que inútiles) por no mirar su escote. Estaba nervioso y no podía creer que tuviese la ventura de encontrármela precisamente ahí.

    Había acudido a Monterrey para un curso relacionado con mi trabajo y con el modesto grupo, acudimos a un bar – karaoke, donde, celebrábamos anticipadamente el fin de aquella capacitación que se daría al día siguiente. Mi sorpresa fue mayúscula cuando, al regresar del baño, me topé con una de las mujeres más bellas del mundo. Inverosímil, pero ella había ido por trabajo y se encontraba con su equipo en el mismo bar. El mundo es un pañuelo.

    Nos quedamos platicando en la barra un rato y terminamos por quejarnos de nuestros fracasos en el tema del amor. Conversación que disfruté enormemente, aunque a cada instante estaba a punto de abalanzarme sobre ella. Venía vestida casual formal. Para salir, pero lo que más robaba mi atención eran sus labios, pintados de un rojo intenso. Si de por sí, siempre me había fascinado su sonrisa, aquél conjunto era un delirio para mí, que me mantenía babeando por ella.

    Siempre supuse que una chica así jamás se fijaría en mí y aún ahora mantengo ese pensamiento, pero me encontraba dolido, presumiblemente separado y sin ninguna atadura. Además, en aquél momento, me sentía (gracias al alcohol) menos desinhibido. Desgraciadamente nunca he sido un don juan y mis aproximaciones con las mujeres siempre han resultado desastrosas; para mí es preferible que ellas se acerquen. Cuando es así, la cosa funciona perfectamente. Sin embargo, ella no daba muestras de sentir atracción alguna hacia mí (y si lo hacía, jamás me di cuenta de ello… porque… bueno… hombres…). Así que hice lo más estúpido que podría hacer un hombre en una situación como la mía.

    – Así las cosas con esta mujer – concluí

    – No lo puedo creer – dijo – de verdad que no

    – La triste realidad – expresé – pero no queda más que seguir adelante – y levanté mi trago hacia ella de manera elocuente

    – ¿Tú nunca la engañaste? – inquirió dándole un sorbo al suyo

    – En teoría no – admití – Lo único que hice fue mandarme varios correos con mi ex, pero lo dejé de hacer desde hace mucho. Ella se enojó bastante.

    – Y con justa razón – sentenció con rotundidad – pero, ¿nunca te viste con ella? ¿nunca se vieron o algo?

    – No, sólo fueron correos – expuse con honestidad y tratando de enfatizar la verdad del asunto – Vivo en Tijuana y ella en Querétaro. Jamás. Salgo mucho de viaje, pero nunca me han mandado allá y cuando voy al D.F. apenas tengo tiempo de hacer algo.

    – Eso no estuvo bien – me regañó, aunque un tanto en buena onda – Así sea un pinche mensaje, no está bien

    – ¿A poco tú nunca lo engañaste o coqueteaste con alguien mientras estaban juntos? – pregunté en mi defensa, pues creía conocerla un poco y, si algo intuía, es que ella era coqueta… y yo hubiese dado mi mano izquierda porque ella coqueteara conmigo, casada o soltera.

    – ¿La neta? – preguntó con una sonrisa cómplice y asentí con la cabeza indicándole que quería que fuese honesta – Si, con muchos güeyes, pero jamás permití que ellos cruzaran mis límites.

    – En ese caso, yo creo que estabas en el mismo terreno que yo

    – Puede – admitió y de pronto sonó una canción familiar en el bar – ¡Oh, esa canción la íbamos a cantar una amiga y yo! – hizo ademán de retirarse con sus amigos y subir a cantar la canción, pero cuando se retiraba, la tomé por el brazo e intenté (reitero, intenté) robarle un beso. Al instante ella se hizo hacia atrás, impidiendo que lograra mi empresa y compuso una cara, confusa y de un rechazo palpable – ¡¿Qué te pasa?!

    – Lo siento – alcancé a balbucear como disculpa. Me observó con detenimiento y se fue, dejándome ahí, completamente avergonzado, turbado y recriminándome una y otra vez de mi pendeja osadía.

    Regresé un tanto triste con el equipo de la capacitación, pues aquello suponía un duro golpe. Siempre había albergado una leve esperanza, por raquítica que ésta fuera de que, en algún momento, alguna reunión de exalumnos o cumpleaños de alguien donde nos pudiésemos encontrar… ella borracha y yo con suerte… pero aquella reacción había supuesto una rotunda negativa y la contundente certeza de que eso jamás sucedería.

    Aunque ya llevaba unos tragos encima, lo normal era que hubiese ahogado mis penas en alcohol, pero había aprendido desde hace mucho que era mejor saborear ese dolor, aceptarlo y absorberlo, para que después desapareciera. En un arrebato de orgullo y en un intento de demostrar que no me había afectado dicha actitud suya, tras haberlo solicitado, interpreté “el rey” y “yo no sé mañana” (modestia aparte) de manera magistral ante el escenario, lo cual arrancó varios aplausos sinceros, pero me di el lujo de mirarla fijamente mientras lo hacía. Podría haber sido rechazado, pero con aquello había mantenido un poco (una minúscula pizca) de mi orgullo intacto.

    Ya en el hotel y con la habitación amenazando con dar vueltas, trataba de no pensar en ella. Pero en mi celular se encontraba abierto su perfil de Instagram, el cual admiraba, como siempre lo había hecho. En mi defensa, es que era endiabladamente hermosa y no podía dejar de verla. Cada vez que cerraba mis ojos, acudía a mi mente su imagen.

    De pronto, tocaron a mi habitación y supuse que se trataba de algún compañero que venía a revisar alguna cosa de las actividades que nos restaban realizar al día siguiente, pero mi corazón dio un vuelco al verla ante mi puerta con un semblante que denotaba… ¿Vergüenza? ¿Ruego? ¿Picardía? Lo cierto es que enmudecí y nuevamente una mujer logró incapacitar mis acciones.

    – ¿Puedo pasar? – me preguntó y logré atisbar, aunque sea por un instante esa mirada que tantas veces había ansiado.

    Mudo y petrificado, no supe cómo es que logré hacerme a un lado para darle el paso. Supongo que mi cara debió haber sido un verdadero poema. Mis piernas temblaban terriblemente y estaba seguro de que, si no lo estaba alucinando, podría darme un infarto o el hueco que había en mi estómago se haría realidad.

    – El mundo es cada vez más pequeño – comenzó a decirme de espaldas mientras caminaba – No imaginé que estarías precisamente en el mismo hotel que yo y más curiosamente que estuvieras a dos habitaciones de la mía.

    -… – como había dicho, era incapaz de articular palabra o hacer alguna otra cosa. Incluso dejé la puerta abierta de la habitación. Ella se mantenía de espaldas a mí.

    – ¿Por qué intentaste besarme? – volteó de pronto y me miró con curiosidad, pero percibía algo más. Algo que me negaba a creer, pero que, de ser cierto… ¿Ella atraída por mí? No podía ser.

    – Pues es obvio – alcancé a articular – Me gustas

    – ¿En serio te gusto? – volvió a preguntar y en esta ocasión no me quedaron dudas de que me miraba de verdad.

    – Mucho – admití y contuve la plétora de alabanzas que pugnaban por salir de mi boca.

    – ¿Qué es lo que quieres de mí? – preguntó por tercera vez y la noté avanzar hacia mí lentamente.

    – Esa es una pregunta muy complicada de responder – expuse con honestidad sin atreverme a desviar mis ojos de los suyos. No era lo que yo quisiera de ella… era lo que ella quisiera darme y cualquier cosa hubiese sido suficiente para mí; incluso yo le quedaría a deber.

    – ¿Por qué? – inquirió nuevamente, pero ya se encontraba casi donde estaba yo, en el umbral de la puerta.

    – ¿Por qué estás tú aquí? – intenté contra atacar.

    – No se responde a una pregunta con otra pregunta – me dijo con una sensualidad que me causó un cosquilleo en la nuca. Cerró la puerta lentamente y colocó el seguro. No me lo podía creer. Se colocó frente a mi tan cerca que podía escuchar su corazón latir – “¿Yo no sé mañana?”

    Tras esa elocuente cita, me besó. Me tomó completamente desprevenido. Pero al instante correspondí y mi mundo se vio elevado al cielo, al infinito. Parecía que estaba viviendo uno de esos momentos en las películas cuando una pareja se besa, sólo que yo sentía vértigo y todo me daba vueltas… Sentía como si el piso estuviera temblando… ¡Qué beso! Lo hacía endemoniadamente bien.

    Sentí sus manos en mi espalda y yo me aventuré a abrazarla. Casi al momento, la sentí arrastrarme hacia la cama sin romper nuestro ósculo. Guiado por mis instintos, me apoderé de sus nalgas con desesperación y creo que en ese momento pude haber muerto sin ningún remordimiento. Ella suspiró, dejándose hacer. Rápidamente la despojé de su blusa y sus pantalones, mientras ella hacía lo propio con mi vestimenta. Me separé de ella en un instante para desnudarme por completo y admirar a la que, durante mucho tiempo, fue el motivo de muchas fantasías. Era una diosa.

    Como un pequeño paréntesis, siempre he sido partidario de la filosofía de que el físico no es importante. Cuando alguien te atrae, eso pasa al segundo plano. Cómo usualmente he dicho en mis anteriores relatos, he estado con todo tipo de mujeres. Todo tipo. Incluso tuve una fugaz relación con una modelo que, con sólo tocarme, me hacía estar duro y ocurría también para ella, puesto que cuando tomaba su mano, siempre me aseguró que se mojaba. Pero eso es otra historia y no sé si sea bueno hacer un relato sobre ello… pero me estoy desviando del punto. La mujer que tenía ante mí era sensual y sumamente hermosa. No del tipo pornográfico ni del tipo grotesco que abundan hoy en día (sobre todo en las redes sociales). Ella era distinta y su sensualidad y belleza era algo nato y puro. Si bien tenía algunos kilos de más y alguna que otra llanta, para mí era lo más endiabladamente excitante, sublime y lúbrico que mis ojos habían admirado. Y eso que sólo estaba en ropa interior. Además, yo no soy un adonis y por supuesto que también tengo muchos defectos, no obstante, como dije, el físico no me importa. Ella podría haber tenido 100 kilos de más y aun así yo me habría lanzado a intentar robarle un beso y estaría más que dispuesto a intimar con ella.

    Me desnudé mirándole fijamente y ella me sonrió al verme erecto. Me acerqué a ella y comencé a besarle el estómago y el ombligo para ir bajando poco a poco a su sexo. Aspiré su aroma y para mi deleite emitía un olor inconfundible: a hembra en celo. Con delicadeza, pero cierta rapidez, deslicé aquella prenda hacia abajo y ante mi apareció una visión que quedará grabada por el resto de mis días. Ella se abrió para mí y hundí, sin más, mi cabeza entre sus piernas.

    La probé y fue delicioso. Sabía exquisitamente. Una “unión de dulce y sal” a la que soy adicto. Pero me tomé mi tiempo en aquella hermosa gruta. Lamí e inspeccioné con cuidado. Haciendo círculos alrededor de su clítoris, casi rozándolo, recorriendo con mi lengua sus labios y adentrándome de vez en vez dentro de ella con mi lengua, para después, estimularlo directamente. ¡Oh, qué delicia! No sé cuánto tiempo me perdí realizándole un oral que sólo existía en mis fantasías, cuando ella me exigía más. “Sigue”. “Más rápido”, me susurraba en un suspiro mientras que sus jadeos eran música para mis oídos.

    Cuando la sentí próxima al orgasmo, paré, me incorporé y se la clavé de golpe. Ella aulló de placer y de inmediato imprimí un ritmo constante, aunque no lo suficientemente rápido. Miré su rostro y me volvió a sonreír. ¡Demonios, esa sonrisa me mataba! Estuve a punto de venirme en ese instante, puesto que eso era demasiado para mí, pero logré contenerme. Le devolví la sonrisa y le levanté el bra para poder tocar sus pechos, esos divinos montes que ansiaba acariciar.

    Cerca de cinco minutos después fue ella quien me detuvo. “Recuéstate”, me dijo. Obedecí de buen grado y fue ella quien me montó a mí. Normalmente soy yo quien impone el ritmo, incluso en esa posición, pero en esa ocasión, me sorprendí. Ella fue quien me cogió a mí y no yo a ella. Se movía de una manera espectacular y yo estaba al borde del orgasmo. Con mis manos me apoderé nuevamente de esas gloriosas nalgas y las amasé con brío, mientras que, con mi boca, jugueteaba con sus pechos. En momentos, me quedaba hipnotizado del movimiento bamboleante de sus hermosos pechos. Su piel llena de tatuajes hacían verla más deliciosa, más exuberante y magnífica.

    A cada instante y a cada momento, cuidé celosamente de no sacar a relucir mi verdadera naturaleza, puesto que eso supondría algún resultado contraproducente. Además, estaba casi completamente seguro de que ella no era partidaria del bdsm. Así esto fuese un “vainilla”, era el “vainilla” con ella y eso lo hacía muy, muy especial.

    No supe cuánto pasó, pero cuando yo estaba nuevamente encima de ella, sintiéndome a punto de explotar, saqué mi miembro y eyaculé sobre su monte venus. Caí rendido junto a ella, jadeando y completamente fuera de mí. No cabía en mi corazón tanta felicidad ni plenitud. Feliz, escuché que ella también jadeaba, aunque no supe identificar cuando se vino ella o si es que en algún punto lo hizo. Fue un orgasmo intensísimo y sólo ha habido tres mujeres que habían logrado hacerme venir así.

    – No puedo creerlo – susurré jadeante, mirando al techo

    – ¿Por qué te viniste afuera? – preguntó con la respiración agitada

    – Porque lo hicimos sin condón – respondí cauto, pues aquello podía significar muchas cosas – Y no quiero que te embaraces. También puedo asegurarte que estoy limpio de cualquier enfermedad de transmisión sexual, por si tenías el pendiente – la miré de soslayo y noté que me observaba

    – Es bueno saberlo – hizo una pausa elocuente y continuó

    – Lo siento… – me disculpé

    – No hay problema.

    – Eres espectacular – le ensalcé – coges delicioso.

    – Gracias – me contestó, aunque no era la respuesta que esperaba. Me giré a ella y sonreí abiertamente. Comencé a acariciar su hombro con delicadeza.

    – Si te apetece, dame unos 5 minutos y repetimos la faena – propuse un tanto nervioso por mi desempeño, puesto que era ella y me aterraba que el acto hubiese sido insatisfactorio.

    – ¿Qué esperas de esto? – me preguntó tras un instante de silencio donde ella estaba mirando hacia la nada y suspirando.

    – ¿A qué te refieres? – respondí confuso.

    – Probablemente no hay manera de decirlo con delicadeza, así que…

    – Ya sé que sólo es sexo casual – le interrumpí adivinando sus pensamientos – Perdona que te haya interrumpido, pero como yo lo veo, sería demasiado complicado. ¿Es más o menos lo que me ibas a decir?

    – Algo así – me respondió con una expresión que me fue difícil identificar – Es que siento que siempre te involucras demasiado en tus relaciones y jamás imaginé que tú fueras de esos tipos que se les da el sexo casual.

    – Normalmente no soy así – acepté – Pero eres tú y…

    – ¿Cómo que soy yo? – me interrumpió un poco más seria

    – Bueno, siempre te admiré y me gustaste – le confesé – No es que tuviera un crush por ti o algo así… creo que más bien fue un “amor platónico” porque yo sabía que nunca te fijarías en mí ni te llegaría a gustar. De hecho, no tengo idea de por qué estás aquí, si hace rato me bateaste gacho. No es que te esté despreciando, al contrario, le agradezco al cielo o a quien sea por todo esto – y nos señalé sonriendo, desnudos.

    – ¿Y tú cómo sabes si me gustas o no? – me reclamó un tanto airada – Eso es lo que pasa con los hombres, que siempre asumen cosas cuando ni siquiera tienen la decencia de preguntarnos y para colmo actúan en consecuencia

    – ¿Te gustaba o te gusté en algún momento? – le pregunté y esa duda me carcomía desde hacía mucho tiempo

    – Bueno, no… – me confesó y algo en mí se quebró, aunque dicha información la sabía por adelantado – Además tú siempre andabas con alguien.

    – En eso llevas razón – admití – Bueno, para el caso es lo mismo – corté el rollo para tratar de tranquilizarla, a pesar de que me encantaba verla así, cuando sus emociones crecían en intensidad. Era eso, precisamente, uno de los rasgos más atractivos para mí – Te prometo que no te voy a buscar ni te mandaré mensajes cursis o corta venas. Entiendo que hay innumerables factores que harían de la supuesta relación, algo quimérico. Me gustas y siempre me has gustado. Mucho, muchísimo, pero no soy tonto.

    – ¿Te gustaría que esto llegara a más? – preguntó y me miró con más seriedad

    – Eso tampoco es algo sencillo de responder – comenté tratando de apartar la mirada de ese cuerpo que comenzaba a excitarme nuevamente y no pude reprimir la erección que se me estaba formando. Ella lo notó y sonrió levemente – Sin pensarlo, por supuesto que sí. Pero cualquier decisión referente a esos temas, siempre se tiene que considerar. Ambos somos padres de dos criaturas y tenemos trabajos que no nos gustaría dejar. La distancia es otro punto a considerar. No nos conocemos lo suficiente para emitir un juicio correcto de ambos y, sinceramente, a esta altura del partido me daría hueva volver a empezar en aras de un incierto. Hay muchas, muchísimas otras cosas que intervienen…

    – Se ve que lo has analizado mucho – apuntó con precisión quirúrgica, delatándome

    – Bueno, como te dije, me gustas y mucho y en algunos momentos pensé… – comenzaba a confesarle de nuevo, pero eso no nos llevaba a ningún lado… a menos que ella quisiera, pero no… eso no podía ser – Mira, la noche aun es joven y como verás – comenté señalando mi verga y me acerqué a ella, acariciando sus piernas – quiero que continúe. Después de que terminemos, puedes mandarme a la chingada como mejor prefieras y prometo no agobiarte con nada.

    Cómo única respuesta obtuve un beso y su mano sobre mi miembro, masturbándolo. Nuevamente tomé la iniciativa y me coloqué sobre ella, saboreando cada momento y cada segundo que durara aquella fantasía que se había vuelto realidad, esperando poder corresponder, aunque sea un poco con todo el placer que ella me estaba proporcionando.

    A las 8 de la mañana y vestidos, nos despedimos con un beso fugaz, más por rigor que por deseo, al menos de su parte. Yo dudaba que ella tuviera el remolino de emociones que se acumulaban en mi interior, pero había valido la pena… “había valido cada maldito segundo”. Observé su caminar y, por última vez en mucho tiempo, me dediqué a admirar descaradamente el sensual movimiento de sus caderas y su hermoso culo.

    – Gracias – le dije cuando abría su habitación y sonrió cuando notó que le miraba las nalgas. Su única respuesta fue precisamente ese gesto, el cual que percibí sincero. Entró a su cuarto sin dirigirme la palabra.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (15)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (15)

    Ese día comenzaría mis prácticas en una academia de conducir, Pablo se lo había pedido a Eduardo antes de marchar y ya había concertado la hora con el responsable. Me recogerían después de las clases de Guido, y Damián me acompañaría para cuidarme.

    Pensé en hablarle a Eduardo sobre lo que estaba observando en él, pero Pablo me había dicho que no tenía que preocuparme, que Eduardo lo tenía todo bajo control, intenté apartar mis obsesiones, que sin duda eso debían ser, y le demostré mi alegría colgándome de su cuello y besándole sin parar.

    -Gracias Eduardo, me hace tanta ilusión. -me devolvió un beso pero en mis labios.

    -Tranquilo que tengo más noticias para ti, la mala la dejaré para el final. -cogió de encima de su mesa un paquetito pequeño y me lo entregó.

    -Mi amigo Millán no se olvida de ti. -me quedé en suspenso con el paquete, envuelto en papel dorado en mis manos.

    -Abrelo, vamos a ver como se ha portado y lo satisfecho que le dejaste con tus servicios. -con manos temblorosas comencé a romper el envoltorio, ahora me encontraba con una pequeña cajita forrada en simil piel de color verde y arabescos de oro grabados. Era como un pequeño cofre y lo abrí.

    No podía creer que aquello fuera mi regalo por atender a su amigo; por un polvo que habíamos disfrutado los dos, me regalaba unos bellísimos pendientes, una pequeña esmeralda verde rodeada de minúsculos brillantes, me quedé con la boca abierta y cogí uno de ellos en la mano.

    -Pero Eduardo, yo no tengo agujereadas las orejas para ponérmelos. -recordé los de Oriol y como le embellecían los lóbulos. Eduardo reía al verme azorado.

    -Eso no es lo importante, Ana se encargará de que te los puedas poner, ¿pero te gusta el regalo? -me preguntaba lo que era obvio, eran preciosos y los quería tener desde ya en mis orejas.

    -Me encantan, son muy, pero que muy bonitos. -Eduardo seguía riendo y me abrazó besándome la boca.

    -Y también muy caros, has dejado encandilado a Millán, pero tu lo mereces todo. Ahora viene lo peor. -me quedé en suspenso con la preciosa joya brillando en la mano.

    -Pablo tardará unos días más en volver, su tía ha fallecido y permanecerá allí un tiempo hasta que terminen los funerales a los que Ana y yo iremos. -me iba a poner a llorar por la pena que Pablo estaría pasando, había perdido a su tía que le hizo las veces de madre, pero me aguanté mordiéndome el labio.

    -¿Podéis llevarme con vosotros?, me gustaría estar allí. -me miró y creo que adivinó el dolor que sinceramente sentía.

    -Iba a pedírtelo para no dejarte aquí solo y porque se que querrás ver a Pablo, también estarán allí David con Oriol y sus primos. -Eduardo me recibio en su brazos acariciándome la espalda, sentía tanta gratitud por aquel hombre al que no terminaba de entender, tan pronto me trataba como un amoroso padre, o como un amante al que se follaba, y que además entregaba a sus amigos para que me disfrutaran.

    —————————————

    Cuando entré en la sala de clase a la tarde, Guido había llegado y estaba esperándome, desvió la mirada de mi un momento, ¿avergonzado? No lo se, pero enseguida reaccionó.

    -Ángel lo de ayer…, igual te pareció mal, en realidad no debimos estar en los vestuarios pero no lo pude evitar. -me miró confuso, azorado y con la cara roja. Sinceramente sentía una punzada de celos cuando recordaba aquel momento.

    -No te preocupes, yo lo entiendo y además no tienes que darme explicaciones, hazte idea de que no vi nada. -sacó su mejor sonrisa y le vi más tranquilo.

    -Gracias Ángel, de verdad estaba preocupado de que se lo contaras al señor y suspendiera mis clases, no quiero perder un alumno tan importante como tu, el trabajo no va muy bien y ya ves que tengo que dar otras clases además de las de la academia de baile.

    -No te preocupes Guido, de mis labios no saldrá una palabra. -hasta ahora no me había fijado mucho en Guido pero tenía sus cosas buenas y agradables, unos ojos muy bonitos y un buen tipo aunque resultara estrafalario por la excesiva delgadez que le hacía ver más alto.

    -Ian es tan insistente, tan, tan…, no volverá a suceder te lo prometo. -había nombrado a Ian y lo hacía de una forma que sugería la poderosa atracción que aquel muchacho le causaba, y no podía dudarlo, Ian estaba muy bueno y además lo sabia.

    -Insistente y atrevido, parece que le gustamos todos, anda siempre con el rabo dispuesto para meterlo donde sea. -me atreví a responderle, la conversación era cómica y comenzamos a reír los dos por mi salida.

    -La verdad es que Ian está muy rico y lo sabe hacer divino. -Guido aún se relamía, no dejábamos de reir, pero a la vez me estaba poniendo caliente al rememorar como el viril muchacho se la daba por el ano, y con que ganas y fuerza.

    -A ti te tiene unas ganas locas de tenerte y buscará la forma de follarte. -Guido se puso rojo mirándome aturdido.

    -¡Perdona!, no quería decir eso. -el hombre se había excedido y no sabía como arreglarlo.

    -Lo se Guido, no te preocupes, hace todo lo posible para exhibirse y enseñarme lo que tiene entre las piernas. -no quería ir a más y al parecer él tampoco.

    Dejamos nuestras bromas para cumplir las tareas de estudio, aunque me quedó claro que Ian se lo cogía cuando quería y tenía ganas, y que Guido no le negaría nunca el culo.

    Tengo que reconocer que no es lo mismo llevar el coche por los caminos del parque, en la casa de Eduardo, que salir al tráfico de la calle y la carretera. Me desanimé cuando encontré las primeras dificultades a pesar de que el profesor dijera que lo hacía bien.

    La comida del domingo la adelantamos sobre nuestro horario de costumbre, el funeral sería a la tarde y Eduardo quería llegar con tiempo para pasar antes por la hacienda del abuelo de Oriol y hablar con él.

    Después de dos horas de viaje llegamos al destino. Era la primera vez que estaba allí, Damián conocía el lugar y entró directamente en el patio del enorme edificio principal. En el salón donde entramos estaban Erico y Rubén mirando una película en la televisión, Eduardo y Ana nos dejaron inmediatamente para reunirse con los abuelos y los padres de los muchachos.

    Cuando la peli terminó me enseñaron parte de la casa, el piso de arriba donde tenían sus habitaciones, Oriol y David no habían llegado y no quise preguntar el motivo que los retrasaba.

    No los vería hasta que llegamos al templo donde celebraban las exequias o funeral, nos colocamos a su lado, unos bancos más atrás del primero. El cortejo fúnebre no había llegado del tanatorio.

    Comencé a temblar cuando metieron el féretro, pero no era precisamente por él, detrás venía un señor que parecía el mismo Pablo en mayor, supuse que era su tío, él venía a continuación acompañado de Álvaro a su lado, sentía unas ganas locas de escapar de allí, Erico se dio cuenta de mi nerviosismo y me cogió la mano.

    Cuando terminó la ceremonia teníamos que pasar para presentar nuestras condolencias a Pablo y su tío, únicos familiares, aunque Álvaro estaba sentado en el primer banco a su lado.

    Avancé muerto de miedo llevado por la mano de Erico que no me la soltaba. Pablo estaba terriblemente demacrado y parecía un cadáver, fue abrazando a todos y al llegar a mi sentí lo fuerte que me apretaba, no pude hablar por lo emocionado que estaba.

    -Gracias por venir Ángel. -no hablamos una palabra más, pasé de Álvaro sin mirarle para dar la mano a su tío en un silencioso pésame. Suspiré aliviado creyendo que todo había pasado cuando sentí una mano que me cogía el brazo.

    -¡Perdona! Yo te conozco de algo. -pensé que me desmayaba y me sujeté más fuerte de la mano de Erico. Me quedé mudo esperando sus siguientes palabras y no dejaba de mirarme lo mismo que yo a él.

    -Disculpa, por un momento pensé que…

    -Es Ángel, Pablo te lo quería presentar en la fiesta de Eduardo, ¿no lo recuerdas? -después de que Erico le aclarara las dudas me miró de nuevo detenidamente.

    No hubo más porque el tío de Pablo le sujetó del brazo para que le siguiera, los hombres de la funeraria llevaban el carro donde tenían el féretro por el pasillo central, con el sacerdote y sus acólitos precediéndoles, ellos se colocaron detrás y les siguieron, le vi como volvía la cabeza en un par de ocasiones buscándome sin conseguir localizarme entre el numeroso público que llenaba el templo.

    Volvimos a la ciudad anocheciendo, al día siguiente tenían otras ceremonias y actos que atender, como dar tierra a la difunta, pero eran exclusivas para la familia.

    La vida continuaba y nuestra cotidianidad seguía con las obligaciones que teníamos que atender cada uno. Álvaro me había reconocido, o al menos le resultaba conocido, quería pensar que me relacionaba con el Ángel al que carteaba por mail hasta que desapareció repentinamente de su vida.

    Para el miércoles, los recuerdos del domingo parecían lejanos y solo pensaba en el momento de la vuelta de Pablo, había tomado la firme decisión de hablar con Álvaro, presentarme a él y referirle los motivos de mi desaparición. En persona le encontraba diferente a verle en fotografía, para mi disgusto mejor al natural, por supuesto, y sentía renacer y aumentar el amor que ya daba como perdido.

    La realidad se imponía a mis sueños y mi trabajo como prostituto de lujo al servicio de Eduardo debía continuar. Esa tarde tenía una labor para con otra de sus “amistades”. En esta ocasión me lo pidió a la hora de la comida, tenía que prepararme y esperar en mi habitación hasta que él llegara con el invitado.

    Me despedí de Guido y llegué a mi habitación preparándome para recibir a mi cliente. Llevaba una semana de abstinencia, y hasta sin premeditarlo, me sentía deseoso y con ganas de ser cogido por quien fuera.

    Mi cuerpo reaccionaba haciéndome actuar como un lujurioso dominado por la lascivia del deseo carnal, cuando Eduardo me lo comunicó sentí como mi culo se contraía, y el tiempo que pasé en las clases con Guido deseaba que volviera a hablarme sobre Ian, la imagen de su verga no se apartaba de mi cabeza, y ahora pensaba en como sería el hombre al que Eduardo me entregaría.

    No tuve que esperar demasiado y Eduardo abrió la puerta para dejar que un hombre penetrara en la habitación y él le siguió, la dejó abierta para que Tomás entrara con una bandeja de bebidas que dejó sobre mi mesa de estudio para desaparecer como había venido.

    El señor era más joven que el de la otra vez, fornido pero no tan alto como Millán, tenía poco pelo, solamente a los costado de la cabeza y muy corto. con bigote y barba de perilla muy bien recortada.

    -Aquí tienes al muchacho. -me indicó que me acercara, el hombre me observaba con descaro y sacó la lengua para lamerse los labios.

    -Parece un dulce bocado. -habló mientras me revolvía el cabello y Eduardo me levantó la camisa dejando al aire mis nalgas desnudas.

    -Mira esta ricura, si yo pudiera me lo cogería a todas horas. -Eduardo me besó en el cuello, al parecer tenía decido participar como actor secundario.

    El señor se había quitado la chaqueta y comenzó a desabotonarse la camisa.

    -Deja que te lo haga Ángel. -me acerqué al hombre y le solté el cinturón bajándole los pantalones, él me observaba con detenimiento hasta que me abrazó para besarme la boca, llevaba unos bóxers azules con rayas blancas, los llevaba muy ajustados marcándosele la polla y dejando ver la forma del gordo glande en la tela.

    Debía de tener prisa, o estar impaciente, y no esperó a que le quitara la camisa, él mismo terminó de desnudarse, tenía un hermoso cuerpo marcado, más apetecible que el rostro.

    -Te mantienes en buena forma Andrés. -Eduardo le cogió el bulto de la marcada verga envolviéndola en la tela haciéndola que se notara más.

    El tal Andrés le retiro la mano y se bajó el bóxer, lucía una suculenta verga sin estar del todo dura y se arrascó los testículos estirándolos la piel.

    -Comienza tu trabajo pequeño, mira lo que te está esperando. -se agarró la polla por la base y la blandía como si fuera un largo sable.

    Tomé su verga con las dos manos, estaba caliente y suave y la sentía palpitar mientras se iba llenado de sangre haciendo que creciera más.

    Deseaba tocar aquel cuerpo y comprobar la dureza de sus músculos, pasé una mano por las tetillas descendiendo otra vez a la verga que ya estaba consistente y dura.

    -Cómela nene, mi polla es ahora tuya, disfrutala. -miré a Eduardo que se había sentado en la silla de mi escritorio, se había bajado los pantalones y se acariciaba la larga verga que no terminaba de levantársele.

    Me arrodillé ante aquel hombre y le sujeté la verga con una mano, ocultando la cara en la ingle poblaba de pelos, donde comenzaba a colgarle los testículos, olía deliciosamente, a sudor y un leve aroma a canela o polvos de talco.

    Le besé esa parte y la polla comenzó a palpitar más deprisa, entonces me la metí en la boca y comencé a succionarla sintiendo el sabor del liquido que expulsaba, tenía un sabor delicioso, a macho, a sudor de hombre salado que lleva horas sin ducharse aunque limpio y que me encantaba, iba a gozar de una buena polla que necesitaba.

    Andrés me cogió la cabeza con las manos, dejando unos centímetros de verga en mi boca para que se la acariciara con la lengua y la apretara con los labios.

    Le chupaba con muchas ganas, ya no pensaba que era un desconocido, era un varonil cuerpo de macho el que tenía delante, con una verga que me encantaba y comencé a tragarla hasta la garganta, hasta que sus pelos púbicos acariciaron mis labios y mi nariz, el olor de esa parte se sentía muy rico.

    Me soltó la cabeza y dejó que yo siguiera sujetándome a su duro culo.

    -¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! Como mamas la verga niño, hace tiempo que no me la chupaban así. -yo continuaba mamando, sintiéndome la boca llena de tan rica verga.

    Me estaba gustando mucho y apretaba su culo trayéndolo hacia mi para que me penetrara más la boca, a la vez iba bajando las manos para acariciarle los muslos cubiertos de duros pelos.

    Volvió a sujetarme la cabeza para entrar y salir con rapidez de mi boca, tenía que abrirla mucho y separar los labios para que me follara la garganta, a veces me daba unas grandes embestidas y paraba unos segundos con la verga metida muy profundo.

    Me estaba cansando de tener la boca abierta de tal manera y logre que me soltara para sacarme la verga y empezar a lamerle los huevos, a chupárselos y meterlos uno a uno en la boca y jugar con ellos.

    -Ummm. Ummm. -gemía sin parar cada vez que los sacaba cerrando los labios sobre ellos.

    -Lo tienes bien entrenado, que putito rico tienes Eduardo. Ummm., sigue sigue chupa la verga otra vez. -y yo atendía sus órdenes, con mucho placer por mi parte, me gustaba como sabía y olía aquel macho

    -¡Ahhhhhh! Qué chico tan puto, chupa para que fabrique la leche, te voy a llenar el culo mariconcito. -cada vez le sentía más excitado sin saber lo que decía.

    -Te voy a inundar el culito, chupa, chupa más zorrito. -mamaba y lamía sin cesar, el tronco duro y venoso, desde la base a la cabeza y luego chupaba el glande lamiendo los jugos que le salían, se le ponía más roja y dura a cada segundo.

    La disfrutaba y me volvía loco el sabor que desprendía, en su excitación volvió a sujetarme la cabeza y me metió la verga hasta el fondo, aunque me molestaba le dejé que me hiciera lo que quería para su placer de macho.

    Andrés se movía como poseído, empujando las caderas con fuerza follándome la boca, y comenzó a gemir muy alto, gritando su satisfacción por la rica follada que se daba en mi boca.

    Sus gritos me incendiaba el deseo, haciendo soportable la brutal cogida que me daba, me dolían las rodillas y me puse de pie, me sostuvo cuando vio que no podía mantenerme y entonces empezó a besarme lo que no había hecho al principio salvo un corto y furtivo beso.

    También yo le besaba respondiendo a sus besos, le lamí el pecho y le mordí los pezones bajando hasta el duro abdomen, tenía que inclinarme para hacerlo y en esa posición me levantó la camiseta y metió la mano entre mis nalgas llegando a acariciarme el fruncido ano.

    Todo su cuerpo olía de maravilla y le seguía lamiendo el abdomen y el pecho continuando inclinado, y él tratando de meterme los dedos por el culo, no le entraban hasta se los mojó en saliva y consiguió penetrarme logrando que gimiera de placer y dolor.

    -Tienes el culito cerrado, me gusta romper los culitos de putitos jóvenes. -pasó el ligero dolor y manteniéndome inclinado me iba follando el culo con sus dedos.

    No se en que momento me cogió en sus brazos y me llevó hasta la cama dejándome sobre ella bruscamente, Eduardo se sentó a mi lado.

    -Ponte a cuatro patas, quiero ver como te la da por atrás. -Eduardo se estaba convirtiendo en voyeur que disfrutaba mirando como otros me tomaban. Me coloqué como me pedía y Andrés se puso de rodillas detrás de mi, me sujetó las nalgas y me las abrió metiéndose entre mis piernas.

    -Mira que anito más apretadito y rico Eduardo, ¿no te lo quieres comer? -pero Andrés no quería que Eduardo me lo comiera, sacó saliva de la boca y la dejó caer haciendo diana en mi ano y seguido sentí antes su barba raspando mi hoyito con su boca pegada a mi ano.

    Me lo comió unos minutos haciendo que gritara de gusto y que le pidiera que me abriera el culo con la lengua.

    -No te lo voy a preparar demasido mariconcito, quiero sentirte prieto cuando te meta la verga. -soltó una risa diabólica y temía que me la metiera de inmediato causándome algún daño.

    El sabor de mi culo debía de gustarle mucho porque continuaba lamiendo y metiendo la dura lengua con fuerza follándolo.

    -¡Síííi! Come mi culo, que rico siento. -esto le calentó más y ahora intentaba morderme el ano arañando con los dientes superiores, pero no podía morderlo y se conformaba con pasarme la lengua apretando por toda la raja y el perineo, era un maestro come culos, al menos el mío lo devoraba con ganas.

    -Méteme la lengua, cometé mi culo, dame más, que gusto, que gusto. -y no cesaba de gemir y suspirar, emitía débiles gemidos que aumentaban hasta que gritaba.

    -¡Waaw! Tienes un rico culito puto, me excita comértelo y sentirlo jugoso en la boca. -disfrutaba de aquel hombre, de lo que me hacía y de lo que me hablaba, me estaban llevando a un punto sin retorno de excitación y deseo.

    -¡Ayyyy! mi culito, que rico me lo come señor Andrés.

    -Me gusta comer culitos apretados como el tuyo para luego romperlos con la polla. -se puso a reír y dejé de sentir su rica lengua y la boca absorbiendo mis jugos anales.

    -Te voy a romper el culo putito, vas a sentir mi verga llegándote hasta la boca. -disfrutaba de su furia desbocada horadándome el ano y succionándome el culo.

    -Prepárate puto, te voy a dar la verga que necesitas zorra. -no sabía si me calentaba más su boca y la lengua adorándome el culo, o la manera que me trataba tan bruta y grosera.

    -Sí, dámela, la quiero entera en mi culo, rómpeme con tu polla, la quiero, la necesito. -quedé inclinado en la cama elevando el culo y con la cabeza y el pecho hundido en la cama, me aparté las nalgas dejándole que viera mi culo esperando verga, la suya que miraba y la veía muy grande y deseable escurriendo esencias.

    -Si zorrita, ahí te va.

    Andrés me sujetó con una mano la cadera y enchufó el glande en el hoyito de mi culo, y comenzó a dar golpes secos haciendo que tomara consciencia de la carne dura y caliente que en un momento me partiría el culo.

    El culo se me abría a su paso y la punta de la verga me penetró haciendo que gimiera y cerrara el ano alrededor de la polla.

    -No cierres el culo zorra, deja a tu macho que te tome como hembra. -me pegó una nalgada no muy fuerte y me forcé a favorecer la penetración para que mi culo se abriera y su verga se apoderara de mi recto.

    Empujó con fuerza y me introdujo la mitad, sentía como mi ano se abría, resistiendo hasta ser vencido, por la fuerza de aquel macho dispuesto a entrar aunque mi ano se resistiera.

    Y entre gemido y gemido la polla avanzó hasta ocupar el hueco entero haciéndose mi dueño, yo gemía entre el placer y el dolor, y él rugía satisfecho al ver como su hombría dominaba la última resistencia de mi cuerpo. Mi culo perdió la dulce batalla y se rindió a lo que el brutal, pero delicioso macho, quisiera.

    Una vez que me la encajó entera, y sentía los pelos aplastados en mi culo, y las duras pelotas golpeando en mis huevos, se detuvo un momento elevándome el pecho de la cama. Su verga latía caliente y pulsaba enfebrecida.

    Notaba mi culo caliente y el recto lleno abrazándole la verga para que sintiera el calor que desprendía el interior de mi cuerpo.

    Me sentía muy a gusto al ser dominado de esa forma, con mi hombre afincado en mi cintura y haciendo presión para que la verga no saliera.

    Empezó a follarme lentamente, metía la verga y la sacaba casi entera volviendo a enterrarla con la misma lentitud, se detuvo un instante y se apoyó en mi espalda.

    -Eduardo, ¿te importa grabarme como lo cojo?, quiero guardar este momento inolvidable. -entonces me di cuenta de que Eduardo se masturbaba la polla sentado a un costado de la cama, no le respondió, solamente se levantó y no pude ver lo que estaba haciendo.

    Andrés siguió bombeando mi culo de la misma forma, sacando y metiéndome la verga totalmente pero muy lento, gozándome y disfrutando de follar mi cuerpo. Esa forma de cogerme me encantaba, me dejaba sentir como se deslizaba la polla por mi recto hasta llegar al final de mi tripita cerca del ombligo, la rugosidad de la piel y las abultadas venas de la dura manguera de carne.

    Cambió el ritmo y lo hacía más rápido aumentando las sensaciones de placer que hacían que gimiera, Andrés sacaba murmullos y voces viriles y masculinas.

    -¿Te gusta la verga? ¿Sí? Cierra el culo quiero sentirte maricón, pídeme que te de duro putito, pídelo. -ya tenía muchas ganas de sentir todo la fuerza de aquel macho penetrándome.

    -Sí, dame polla, métela entera y cógeme rico, quiero que rompas mi culo con tu verga.

    -¡Ahhh! Maricón me pones a cien. -nos excitábamos los dos con lo que decíamos y empezó a ametrallarme el culo a velocidad de crucero.

    -Sí, sí, dame papi, dame rico por el culo. -nuestros gemidos y gritos eran cada vez más fuertes y los suyos retumbaban en la habitación como el sonido de sus cojones al estrellarse en mis nalgas.

    -Más fuerte papi, más fuerte, jódeme el culo.

    -Sí puto, toma verga para tu rico culito.

    Aceleró el ritmo más y más y los movimientos se hicieron incontrolados y bruscos.

    -Me voy puto, me corro, te voy a llenar de leche, toma, toma. -el hombre estaba gozando mucho y pegó el pecho a mi espalda pero seguir follándome con mucha fuerza e ímpetu.

    -¡Qué rico me das la verga! También me viene, no pares papi, no pares, sigue, más fuerte. -pero no podía más y se apretó queriendo entrar más adentro.

    -Sí, papi, si, dame tu leche. -comenzó a encogerse para forzar a que el semen le saliera y noté los chorros que me dejaba en el fondo.

    -Toma, toma la leche bebe, toma la leche de tu macho. -lentamente se iba quedando quieto y entonces sentí la mano de Eduardo en mi verga, me acarició el glande y terminé por vaciarme los huevos, el pecho de Andrés saltaba sobre mi espalda con mis estremecimientos.

    Descansó un minuto recostado en mi espalda para recuperar el aliento y seguido me desenchufó la verga del culo. Al sacarla un chorro de su rica leche salía de mi ano.

    Después de cenar estaba un poco preocupado porque Eduardo no me decía nada sobre Andrés como hizo cuando Millán me cogió.

    -¿He estado bien? -a diferencia de otras veces no me había colocado la cabeza sobre sus piernas. Dejó de mirar la pantalla y me abrazó llevándome a su lado.

    -Eres una maravilla, Andrés se ha ido encantado con la grabación que le he hecho, has conseguido que se sienta un macho semental. -y soltó una carcajada apretándome la cabeza en su pecho.

    -Decía que se la iba a enseñar a sus amigos para que darles envidia. -algo que yo no terminaba de comprender le hacía que siguiera riendo.

    Seguirá…

  • Nuestra amiga argentina y el pendejo (03)

    Nuestra amiga argentina y el pendejo (03)

    Mi ‘doble vida’ se está yendo al carajo, pero no me importa, la disfruto, ¡soy así!, calentona y cuando me gusta lo que me hacen sentir, me dejo, me entrego. Y como todo el mundo, con alguien tiene que hablar, yo lo hago por acá, es como ir al psicólogo. Capaz, algún día entra en esta página algún conocido y me descubre, pero no creo que eso pase, y si pasa, ya tengo ‘mi respuesta’.

    Lo que les voy a contar ahora, sinceramente jamás, pero esta vez en serio, jamás pensé que lo iba a hacer, pero me dejé llevar, y se fue dando de a poco hasta que lo hice.

    Anoche mi novio tenía ‘cena de egresados de la facultad’, no sé si sería cierto o no, pero lo que me importaba es que yo tenía noche libre, y Martín, el pendejo de 18 años, hermoso, que vive cerca de casa y quien me cogió un par de veces, me estaba quemando la cabeza para que fuera a su casa, porque iba a estar solo.

    Y el pendejo se moría por hacer algún trío y le dije que no, que se busque alguna pendeja de su edad.

    No la voy hacer muy larga, la cosa es que ayer al final le digo (no me quería regalar tan fácil de entrada), que no sabía, si él iba a estar capaz iba, pero algo yo presentía, no sabía bien qué, pero algo presentía, pero tampoco quería averiguar más ni preguntar más, esas dudas, me provocan una adrenalina que se va transformando en calentura.

    Yo estaba embolada en casa, no estaba muy segura de ir de nuevo a lo del pendejo (Martín), ya yo con 24 años, me estaba transformando en “la putita” de un pendejo de 18, y quería poner un poco el límite.

    Algo que es una boludez, pero es el origen de lo que pasó, yo, como todas, tengo mucha ropa, y a veces me la empiezo a probar, a ver cómo me queda (porque hay ropa que ni me acuerdo que tengo, porque la tengo escondida, porque si la ve mi vieja me empieza a putear, y ya van a ver porque), y revisando encontré una pollerita roja re corta, pero muy corta (por eso las escondo, mi vieja si la ve me putea), y muy ajustada, me la pongo, con una remera cortita, que dejaba ver un poco mi panza, unas botas, me miro al espejo y pienso: “si el pendejo me ve así, se muere, se le va a parar de solo verme”

    Solo, me calentaba de pensar en eso, y como mis viejos habían salido, me animé y me digo: “Caro, anímate, sal así y mátalo al pendejo”, toda esa previa, aunque la haga sola, me calienta, me da esa adrenalina de animarme a hacer cosas que me calientan, aparte vivo en un barrio muy seguro, con mucha vigilancia, por lo que sabía que no me iba a pasar nada por caminar dos cuadras así vestida, ¿qué quiero decir con esto? Vestida como una trola, la pollerita era re corta, apenas me tapaba la cola y tenía ¡la pancita al aire!

    Ah, a todo esto habrá pasado una hora desde que le dije al pendejo que capaz iba, hasta que como les conté me animé y fui. Llego, le toco el timbre, sale, me abre, cuando me vio se quería morir, me di cuenta en su mirada y me dice:

    Martín: Caro, no te esperaba ya!!! no puedo creer como estas, sos una turra, me vas a matar nena!!!

    Yo: porque, pendejo, te gusto asi???

    Martín: sos una guacha, mirame (ya se le estaba parando), pero me hubieras avisado, hace un rato cayeron 3 amigos míos que estaban al pedo y vinieron a casa, porque sabia que estaba solo.

    Yo: ahhh, esta bien, me voy, nos vemos otro día.

    Martín; no, nena, no seas boluda, quedate, estamos tomado fernet y Shampu

    Yo: no nene, estas con tus amigos, son cuatro, que voy hacer yo sola???

    Martín: Nada, nena, tomamos algo, nos cagamos de risa, no seas forra.

    Yo: no, nene, me voy.

    Martín: nena, sos una pendeja, nosotros todos tenemos 18 años, vos tenes 24, y te portas como una de 15, no te vamos a violar!!! no seas boluda, no te vas a volver a tu casa!!!

    La verdad, tenía razón, a veces me porto peor que una pendeja de 15 años, eran cuatro y yo sola, no daba para que pasara algo, si hubiera estado solo con algún amigo, la cosa hubiera sido ¡distinta!

    Yo: bueno dale, tomo algo y me voy.

    Bueno, entro a la casa, los amiguitos, bueno todos de su edad, como todos los pendejos de esa edad, cuerpito marcado, y la verdad es que cada uno con su estilo pero eran los tres re lindos, dos medios rubiecitos y uno morocho, no muy altos, ni grandotes, bah, pendejos, ¡pero como también me gustan!

    Fue una noche con muchas cosas, así que, lo voy a resumir. Entro, me siento en un sofá, obvio, con la pollerita cortita que tenía puesta, me quede casi en bolas, tenía que cruzar las piernas para que no se me viera la bombachita, porque estaba ya ¡casi en bolas!

    Pasó un rato largo, entre el Fernet y el shampu (yo no tomo mucho y me pongo media en pedo enseguida), no se cuanto tiempo habrá pasado, pero los pendejos no paraban de clavarme la mirada en mis gambas y mi panza, eso me calentaba, y la verdad que en algún momento se me cruzo por la cabeza “ser la puta” de ellos, me imaginaba sus pijas ¡y la lechita que tendrían! Pero me dije: “nooo, estas re loca caro, ¡nooo podes pensar eso!”

    Hasta que en un momento Martín, me dice que lo acompañe a la cocina a buscar no me acuerdo que carajo, nada eso era excusa, ¡y yo lo sabía!, entramos en la cocina, y me empieza a besar, yo me cuelgo de su cuello y le como la boca (ya les dije había tomado un poco, pero para mi es mucho), baja sus manos, me empieza a tocar la cola, yo pongo una de mis piernas sobre una silla, y ya la pollerita dejaba ver casi la bombachita, me mete, si me mete directamente la mano en la cola sobre la bombachita, pero con solo sentir su mano en la cola, me empecé a calentar, y así seguimos, hasta que me pone la mano por debajo de la bombacha, ya me estaba tocando la cola y tratando meterme ¡un dedo! Y eso ya me estaba poniendo re caliente.

    Yo le digo: “pendejo, terminala, están tus amigos y me estas re calentado, no seas forro” pero mientras, casi sin poder evitarlo, le apoyo mi mano sobre el jean en su pija y ya la tenía re parada, esa pija hermosa que tiene, y el pendejo sigue, y me termina sacando la bombacha, ya no me importaba que sus amigos estuvieran en el living, y yo le empiezo a desabrochar el pantalón hasta que encuentro esa pija irresistible para mi.

    El se sienta en la mesa de la cocina, y se la empiezo a acariciar, a besar a chupar, todo despacio, mientras siempre lo miraba, quería ver esa cara de placer que ponía, mientras él me empieza a sacar la remerita (me estaba poniendo en bolas y no me importaba), y se la sigo chupando y el gozaba, me esforzaba para que goce el pendejo de mierda jaja

    Hasta, que obvio, se empezó a ir todo a la mierda, yo mientras estaba sola inclinada chupándosela, siento que viene uno de los pendejos y me agarra de la cintura, era el momento en el que tendría que haber dicho BASTA PENDEJOS, HASTA ACÁ LLEGAMOS, pero la vedad que no pude, me agarro tan dulcemente el, pendejo, que no dije nada, y empezó a acariciarme la cola, y así, como un pendejo desesperado, me la empezó a besar, mientras yo se la seguía chupando a Martín, pero cuando me empezó a acariciar la concha, ahí ya no pude más (en realidad hacía rato que no podía más), pero empecé a gemir, cosa que no había hecho hasta ese momento, y abrir cada vez mas mis piernas, y el pendejo me empezó a meter los dedos, y yo mientras ya no me podía mantener en, pie, siento que viene otro y también me empieza a meter mano ¡en la cola!

    Entre los dos me sacan la pollerita, ya me habían dejado en bolas, y eso me pone loca, estar en bolas y más delante de esos hermosos pendejos, siento que de atrás uno de los pendejos, me empieza a acariciar las tetas, mientras otro me metía la mano en la concha, y siento las manos del otro también tocándome, ahí con los dedos en la concha y chupándole la pija a Martin y en bolas, entre todos me hicieron acabar.

    Ya estaba jugada, lo que en algún momento se me cruzo por la cabeza era realidad, me iban a coger entre todos, no sabía como, pero ya estaba desnuda delante de todos y caliente como la puta madre, ¡me quería comer a todos los pendejos juntos!

    Martín, mientras sus amigos, no dejaban de mimarme con sus caricias, me lleva a un cuarto, ahí, cerca de la cocina, Martín me dice: “¿no queres comerte a mi amigo?” yo no digo nada, me subo sobre él y le empiezo a besar ese hermoso cuerpito que tenía, hasta que llego a su pija y me la meto toda en la boca, y me la como desesperadamente, mientras los otros pendejos, me metían mano por todos lados (la verdad no me acuerdo bien, solo se que me tocaban, me acariciaban y eso me calentaba, y mucho) hasta que el pendejo (que estaba lleno de leche) me acaba, me lleno la cara y la boca de leche.

    Apenas termino de limpiarme con una sabana, yo estaba en cuatro y ya sentirá una pija que me quería entrar, me doy vuelta para ver quién era, y era uno de los amigos de Martín, lo dejo, lo hacía despacio, con cuidado, le digo: “pendejo ¿queres cogerme?” “si”, me decía: “te quiero coger”, yo le decía: “cógeme bebé, me dejo, cógeme”, me empieza a coger y Martín me empieza a meter la pija en la boca, pero me la metió como lo zarpado que es. Y me gustó, deje que el pendejo me cogiera mientras se la chupaba a Martín hasta que acabo de nuevo y el pendejo que me cogía ¡también!

    Se pone en la cama el pendejo que no me había cogido, me subo arriba de él, yo estaba re loca, tenía todas hermosas pijas para mi, y las quería todas, ya estaba re jugada y lo único que quería era que me cogieran ¡todos!, me subo arriba de él, me pongo de cuclillas y me clavo su pija, la agarro y la pongo en mi conchita, y empiezo a saltar sobre ella, mientras siempre siento otras manos que me tocaban, lo que más me calentaba, hasta que siento que alguien, me inclina para que apoye mi cuerpo sobre el pendejo que me estaba cogiendo, me doy vuelta y veo que era Martín, me inclino y Martín, empieza a jugar con mi cola (como yo le había enseñado que lo tenía que hacer) , mientras el pendejo me cogía, no tardó mucho en meterme un dedo y su pija y yo a gritar de placer y dolor, ¡no lo podía creer! Me estaban haciendo otra vez doble penetración, pero entre pendejos, que seguramente era la primera vez que lo hacían, pero me gustaba, mi cuerpo temblaba, esa sensación de placer en todos lados, hasta que acabe otra vez y como una guacha, ¡sin importarme nada!

    Bueno, la verdad es que ¡no daba más!, tampoco soy una ¡máquina sexual! Me habían cogido entre cuatro y cuatro pendejos de 18 años y con la calentura que tienen a esa edad.

    Nada, me quede con Martín en el cuarto un rato más, cuando se me fue pasando la calentura, le dije que era la última vez que nos veíamos, que no iba a ser la puta de sus amigos, me vestí, y aunque no lo crean con vergüenza, a pesar de que me cogieron todos, los salude y me fui.

    Pero la verdad es que no me arrepiento, no me voy a olvidar de una noche así.