Autor: admin

  • El relato de una noche muy mojada

    El relato de una noche muy mojada

    Todo en esa noche empezó como un plan tentativo y también tentador, no tenía mucha seguridad de qué pudiese ocurrir pero, finalmente, llegamos al sitio que ya he mencionado varias veces, un club swinger en el qué, con seguridad, los lectores sabrán qué tipo de experiencias se pueden encontrar; la temática de aquel viernes ‘CAMISETAS MOJADAS’, entré con un panty normal y una blusa blanca bastante transparente, aún sin estar mojada, a pesar de no ser una mujer especialmente llamativa, sé con seguridad que mis senos aunque pequeños se veían siempre turgentes y provocativos para algunos…

    Nos sentamos, él y yo, en una mesa desde donde se pudieran ver la mayoría de las parejas, él viendo que tan sexys eran las chicas y yo, buscando entre los asistentes algún hombre que me provocara algún tipo de deseo con la idea de hacer un intercambio…a medida que avanzó un poco la noche tocaba mis pezones con cubos de hielo y me estimulaba mucho más de lo que ya estaba, sentía entonces muchas ganas de besarlo y tener su pene duro dentro de mí, pero preferí no mostrarme muy insistente.

    Después de un rato fuimos a la terraza del lugar, le dije todo el tipo de cosas sexuales que se me pasaban por la cabeza en ese momento y le conté de mis ganas de que me penetrara, jugó un poco conmigo, disfrutó mirando como me masturbara y después de metérmelo solo un par de veces salió de mi vagina, me dejó con la sensación de querer más y más… y eso fue lo que me dio durante toda la noche.

    La fiesta continuó en una especie de pista de baile, llegó una bailarina bastante atrevida y con un cuerpo bastante lujurioso, me tomó algunas veces y me besó, tocamos nuestros sexos y nuestros pechos y podía sentir lo duro que él se iba poniendo mientras todo pasaba; después entramos a la piscina, ahí me penetró durante largo rato, algunos hombres y mujeres me tocaron, ayudé a una pareja a alcanzar el orgasmo mientras masturbaba a otro hombre y él, me hacía poner más y más caliente con sus embestidas, su miembro dentro de mí, y yo haciendo todo lo posible para alcanzar su orgasmo en compensación a los muchos que había tenido durante esa noche.

    Finalmente fuimos a una de las camas grandes que hay en otra instalación del lugar, mientras me penetraba besaba y tocaba a otra mujer, mientras yo hacía lo mismo con su pareja, en medio de gemidos y muchos fluidos, sentí como él se vino dentro de mi… y fue el final de una noche de sexo casi perfecta.

  • Acudiendo a la cita con el quiosquero

    Acudiendo a la cita con el quiosquero

    Desde que me había levantado el sábado, llevaba todo el día nervioso, apenas había podido comer a causa de los nervios y stress que tenía, era como un hormigueo que me recorría todo el estómago, y todo era por causa de aquella cita con el quiosquero. No le había prometido nada, pero llevaba 2 días que no dejaba de pensar en ello.

    Realmente deseaba volver a estar con él, por otra parte, sentía remordimientos, no terminaba de aceptar por completo mi homosexualidad. Tenía miedo de que me descubrieran, de que no aceptaran que fuese maricón, en fin, miles de pensamientos que recorrían por mi cabeza.

    Pero aquello que sentía era demasiado fuerte, y sobre todo muy difícil de reprimir. Así que al final terminé por acudir a la cita con el quiosquero, la calentura y excitación que sentía, habían ganado como solía pasarme siempre.

    A las 7 menos 5 de la tarde, emprendía camino al quiosco, tal y como había quedado con el quiosquero hacía 2 días. Había dicho en casa que seguramente no vendría a dormir, que había quedado con unos amigos, que íbamos a una fiesta, y seguramente hasta el domingo no volvería. ¿Pero vas a venir a comer? Me había preguntado mi madre, no lo sé, supongo que sí, le contesté.

    Cuando llegué al quiosco, ya pasaban de las 7 de la tarde. Al ver el quiosco sin luz y las persianas bajadas, quedé paralizado, miré el reloj, viendo que ya eran casi las 7 y cuarto de la tarde. Joder, ya no está, y ahora que hago, quedé pensando sin saber que hacer.

    De pronto escuché como se abría la puerta del quiosco, saliendo en esos momentos el quiosquero. Al verlo, se me iluminó la cara, ¡bufff! Que sensación de alivio me había recorrido todo el cuerpo.

    Hola, le dije, con voz temblorosa y unos nervios que me hacían encoger el estómago.

    Vaya vaya, que sorpresa, creí que no venías. Ya estaba cerrando para marcharme. Pero bueno, al final veo que te has decidido, y aunque tarde, has venido.

    Entonces que, me decía el quiosquero, ¿vas a venir a mi casa y quedarte a dormir, como hablamos el otro día?

    Sí, le contesté, poniéndome rojo de vergüenza a la vez que miraba al suelo.

    Estupendo, soltó el quiosquero, dándome un abrazo. Ya verás como no te arrepientes, vas a ser mi perrita toda la noche, me susurraba al oído mientras me abrazaba. Ya verás como vas a disfrutar, te voy a montar y hacer que chilles como una perrita, me decía tocándome el culo con su mano.

    Al verme nervioso, tratando de zafarme de aquel abrazo y manoseo que le daba a mi culo, el quiosquero se dio cuenta de que aquello me ruborizaba y no me gustaba que me vieran. Abrió la puerta del quiosco, diciendo, espera un momento. Ven, pasa que vamos a coger tabaco, que seguro que te va a hacer falta.

    Pasé a dentro del quiosco como me había pedido, mientras él buscaba agachado en un cajón el tabaco. Cuando lo hubo cogido, se giró preguntándome si quería llevar algo más.

    No no, le contesté, yo no necesito nada, le dije.

    Ven mi perrita, me decía él abrazándome de nuevo. Ya se que lo único que necesitas y deseas es esto, decía llevando mi mano a su entrepierna.

    Mira como me tienes, decía llevando su boca a mi oreja y cuello. Estoy deseando abrirte el culo y metértela hasta los mismísimos cojones. Quiero oírte chillar mientras te doy por el culo, y hacer que te corras de gusto mientras te follo.

    Mientras yo le palpaba la entrepierna al quiosquero, este lamía mi oreja y me mordisqueaba el cuello, en esos momentos, escuché como cerraba la puerta del quiosco y le pasaba el cerrojo.

    Ven mi perrita, me decía abrazándome a la vez que me giraba, haciendo que le diera la espalda. Déjame que te toque este culito, déjame sobártelo un poquito.

    ¡Ufff! Que bueno estás maricón, me decía el quiosquero abrazándome por la espalda, a la vez que restregaba su paquete por mi culo. Como me gustas maricón, ay que ganas tengo de abrirte este culito con mi chota y dejarte preñado.

    Joder, el muy cabrón del quiosquero no paraba de meterme mano y restregarse el paquete por mi culo. Ya me había puesto a tope, y aquellos mordiscos que me daba por el cuello y la nuca, me estaban derritiendo de gusto. Me hacían temblar y que echase el culo más atrás, notando aun más como restregaba su paquete por mi culo.

    Mi perrita tiene ganas de que lo monte, ¿eh? Me decía al verme jadear y temblar mientras me mordía el cuello y seguía restregándome el paquete por el culo.

    Tienes ganas de que te encule, ¿eh perrita? Me susurraba empezando a soltarme el cinturón. Una vez lo hubo aflojado, siguió desabrochándome el pantalón, cuando este empezó a caer por mis piernas, tiró de mi camiseta y cazadora subiendo ambas prendas hasta mis hombros. Echó mano a mi slip, tirando de él hasta debajo de las rodillas.

    ¡Ohhh maricón que bueno estás! ¡ohhh como me gustas! ¡ooohhh que culito!

    En menos de 3 segundos, ya se había bajado el pantalón y calzoncillo. Su polla se erguía mirando al techo del quiosco, estaba tiesa y dura como una roca.

    Yo había echado la mano hacia atrás, encontrándome con aquella verga, miré como pude de reojo, viendo que el cabrón del quiosquero estaba salido y empalmado como una mona. Dios, al verle la verga, vi que estaba hinchada y enrojecida. La boca se me hizo agua al verle la polla al quiosquero, aquella polla me encantaba, estaba dura y caliente, parecía un plátano con aquella semicurva que le hacía la polla. Y el glande enrojecido, asomándose por la piel del prepucio, me hacía desear tenerlo en la boca. Dios como deseaba aquella polla, quería chuparla, quería sentirla dentro mía, deseaba que el quiosquero me montara, me abriera el culo con aquella verga haciéndome su perrita.

    Se pegó a mi culo, empezando a restregar su falo por la raja de mi culito.

    Ay maricón, ya no puedo aguantarme más, quiero follarte ya, quiero hacerte mío. Quiero darte por el culo y hacerte mi perrita, me gritaba quitándome la camiseta y cazadora subiéndola por arriba de mi cabeza.

    Llevó su mano a mi culo buscando la entrada de mi ano, presionó con un dedo, viendo que estaba cerrado y apretadito, me dijo, anda maricón, afloja un poco y deja que te abra el culito.

    Yo aflojaba, pero el esfínter no cedía. Escupió en su mano, pasándola de nuevo por mi agujerito, hasta que consiguió meter un dedo.

    Estás bien cerradito, maricón. Uy que calentito se siente. Anda aflójate y deja que se abra el culito, me decía metiendo y sacando su dedo en mi ano. Anda relájate perrita, déjame que te haga mío. ¡Ufff! Deja que te monte tu macho, déjame follarte y preñar este culito tan rico que tienes.

    Anda maricón, déjame sodomizarte, me susurraba al oído colocando la punta de su polla sobre mi esfínter.

    Así perrita, así, relájate, me susurraba cuando dio una envestida haciendo que mi esfínter se abriera, entrándome la cabeza de su polla.

    ¡Ahhh! Grité al entrarme la punta de su polla en mi culo, ¡ahhh! ¡aaahhh! Volvía a gritar cuando volvió a dar otra envestida a su pelvis, metiéndome más su polla. Espera espera, le pedía. Sácala, sácala que me estás lastimando.

    Yo me había estirado todo lo que podía al meterme la polla el quiosquero, pero este me tenía bien sujeto. Se pegó todo lo que pudo a mí, sin dejar que su verga saliera de mi culo, el muy cabrón me tenía bien ensartado en su polla.

    Tranquilo maricón, tranquilo que ya está. Ya la tienes toda dentro, ahora vamos a esperar un poquito, ya verás como te pasa el dolor, me decía rodeándome con sus brazos, pegándome más a él, mientras me mordía el cuello.

    Así maricón, así, relájate y no te muevas. Deja que tu macho te monte y folle, me decía acariciándome con sus manos mi polla y vientre. Ay que bueno estás maricón, hoy te voy a llenar esta tripita con mi leche y te voy a dejar bien preñadito.

    Notaba como sus huevos los tenía pegados en mi culo, y al quiosquero presionar su pelvis contra mí, notando como su verga se ensartaba cada vez más, teniéndome bien empalado en ella.

    Ya mi perrita, ya, me susurraba mientras iba mordisqueándome el cuello, relájate ya verás como se pasa el dolor.

    Con sus manos iba acariciándome por la barriga hasta que llegó a mis tetillas, luego empezó a apretar y retorcer los pezones mientras seguía mordiéndome el cuello y la nuca, a la vez que iba empezando a mover poco a poco su pelvis, haciendo que su polla fuese resbalando por mi interior. Se movía muy suavemente, mientras yo me iba relajando y entregándome a él.

    Así mi perrita, así, dame tu culito y deja que te folle, déjame hacerte mía. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Susurraba moviendo cada vez más su pelvis, clavándome su polla una y otra vez cada vez más profundo.

    Notaba sus bolas pegadas en la entrada de mi ano, y como el quiosquero empujaba su pelvis, enterrándome una y otra vez su polla. Notaba como su glande rozaba mi próstata, y sus pelos púbicos, rozaban con mi culo.

    El muy cabrón del quiosquero, ya me tenía bien ensartado en su polla, ahora me tenía a su entera disposición, y él lo sabía. Iba poco a poco y muy suave, pero sabía que me tenía en sus manos. Me tenía bien empalado, y ahora era completamente suyo.

    Así perrita, así, deja que tu macho te monte. Deja que te folle, perrita, me susurraba moviendo su pelvis mientras su polla se insertaba una y otra vez recorriendo mis entrañas.

    Me echaste en falta, ¿eh perrita?

    Echaste en falta a tu macho, ¿verdad?

    Claro que sí perrita, claro que me echaste en falta. Te gusta que te follen, te gusta sentir como te abren el culo y te monta un buen macho, ¿verdad?

    Te gusta sentir una buena polla dentro tuya, sabes que naciste para ser follado, ¿eh? Te gusta la polla maricón, y a mí me gusta tu culito. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Susurraba a mi oído sin parar de culearme.

    Esta noche te voy a hacer mío, te voy a follar toda la noche, voy a hacerte sentir toda una hembrita y te voy a preñar este culito hasta dejarte embarazado.

    El cabrón del quiosquero no paraba de taladrarme el culo con su verga, cada vez me la metía más a fondo. Con sus manos retorcía mis pezoncitos y su pelvis se movía culeándome una y otra vez. Se escuchaban nuestros jadeos y el plof, plof, plof plof, de su pelvis golpear mi culo cada vez que me enterraba la polla, haciéndome suyo.

    Yo sudaba y gemía de placer, mientras el quiosquero jadeaba y gruñía mientras me daba por el culo, haciéndome suyo.

    Empecé a notar como el quiosquero aceleraba sus acometidas, su polla se hinchaba en mi interior y de pronto empezó a gritar que se corría.

    Me corro, me corro perrita, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Exclamaba enterrándome la polla en lo más hondo de mi ser, derramando su semen dentro de mí.

    Ya perrita, ya te he preñado esta noche, y esta es solo la primera de ellas, ya verás que bien lo vamos a pasar, me susurraba mordiéndome el cuello y lamiéndome la oreja.

    Yo caliente a más no poder, con la polla tiesa y más ganas de seguir siendo follado, me sujetaba al pequeño mostrador del quiosco, sin poder dejar de temblar. Las piernas me temblaban y la calentura que sentía por todo mi cuerpo, me hacían sudar por todos los poros. Quería seguir siendo empalado por aquella polla, hasta que me hiciera correr de gusto.

    Pero el quiosquero tenía otros planes. Sacó su polla de mi culo, diciéndome, ahora es mejor que lo dejemos, no quiero que te corras y te marche la calentura. Te quiero así calentita mi perrita, quiero que estés excitada y desees que te vuelva a montar.

    Que hijo de puta, ahora que estaba caliente a más no poder, me dejaba así sin poder correrme. Estaba jadeando con una excitación de 3 pares de cojones, y el cabrón del quiosquero, me dejaba con la miel en los labios. Como pude levanté el pantalón y slip, y comencé a vestirme.

    Una vez listos, salimos del quiosco marchándonos para su casa. Yo iba sudando y colorado a más no poder, el cuerpo me ardía y el olor a semen y sexo que desprendía, aún me hacía estar más excitado. El muy cabrón sabía perfectamente como estaba, e iba disfrutando al ver mi estado de excitación y calentura. Sabía que me tenía en sus manos, que de esa manera no me iba a marchar, iba a dejar que me siguiera dando por el culo, sabía que de esa manera estaba entregado a él.

    Pero la cosa aún empeoró, en lugar de irnos directamente para su casa, antes me llevó a un bar, donde estuvimos bebiendo. Allí le preguntaron por mí, contestándoles el quiosquero, que era un cliente de él, que coleccionaba unas revistas, y que íbamos a mirar en su casa a ver si encontrábamos las que me faltaban.

    No sé si creyeron lo que les contó o no, lo que sí sentí yo en esos momentos, fueron miradas como si me acusaran de maricón y depravado. No me sentía cómodo, aquellas miradas me hacían sentir sucio, veía en sus caras el rechazo y desprecio.

    Cuando por fin salimos de allí, después de más de una hora, quedé aliviado. Detalle que el quiosquero notó.

    ¿Qué pasa? No se te veía muy cómodo, me dijo.

    No, le contesté, no me gustaba como me miraban, le dije.

    Tranquilo, me decía el quiosquero pasándome la mano por la espalda, ya te noté que estabas muy tenso, me dijo. Vamos a tomar algo más a otro bar, y nos vamos para casa.

    La verdad es que yo prefería irme ya para su casa, pero no me quedaba otra alternativa. Así que fuimos a otro bar, y de allí salimos ya pasadas las 9:30 de la noche.

    Cuando llegamos a su casa, yo ya estaba medio borracho, la calentura ya se había aplacado un poco, pero la excitación que sentía, todavía me recorría por todo el cuerpo. La polla la tenía tiesa y dura a más no poder.

    Nada mas cerrar la puerta de su casa, el quiosquero rodeándome con su brazo por la cintura, me llevó hasta el sofá, allí dejó las bolsas que llevaba sobre el suelo, y abrazándome a él, empezó a besarme los labios, mientras me iba quitando la ropa.

    Empezó sacándome la cazadora, luego tiró por mi camiseta sacándomela por la cabeza, luego se paró a acariciarme los pezones, mientras yo le aflojaba el cinturón, le desabrochaba el botón del pantalón, le bajaba la cremallera, tirando luego de su pantalón y calzoncillo hacia abajo, liberando su polla y huevos.

    Agarré aquella polla que medio morcillona le colgaba y ya empezaba a ponerse tiesa y dura, empezando a acariciarla mientras se la iba descapullando.

    Mientras tanto el quiosquero, me iba mordiendo los pezones, luego fue subiendo hasta mi cuello, empezando él a soltarme el cinturón, desabrocharme el pantalón, bajándomelo junto al slip, sin dejar de mordisquearme el cuello.

    Nada más terminar de bajarme el pantalón y slip, me empujó haciendo que me callera sentado en el sofá. Tiró de mis zapatos, luego de sacármelos, terminó de sacarme el pantalón y slip, hizo lo mismo con los calcetines, luego se irguió a la vez que llevaba mi cabeza a su entrepierna.

    Chúpala, perrita, chúpale la polla a tu macho, me decía llevando mi cabeza a su entrepierna. Abrí la boca metiéndome la cabeza de aquella verga que ya se empezaba a poner tiesa, mientras me sujetaba a sus caderas.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh maricón que boquita tienes! Jadeaba el quiosquero agarrándome por la cabeza mientras yo me tragaba su polla.

    Mientras yo tragaba y chupaba la polla al quiosquero, este terminó de desvestirse, hasta quedarse desnudo por completo, al igual que estaba yo.

    Cómeme los huevos perrita, anda cómele los huevos a tu macho. Anda perrita que te voy a montar y preñarte este culito que tienes.

    Aquí dejamos el relato, ya que si no se hace demasiado largo. En el próximo relato continuaremos donde lo hemos dejado.

    Podéis escribirme a:

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  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (24)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (24)

    Al salir a la calle Marcos dio un fuerte portazo al cerrar la puerta que sonó como un estampido de escopeta, busqué algo que ponerme para taparme, y salí para ver donde estaba Pablo, había llevado a Eliseo a su habitación y allí luchaba con él, intentando desnudarle para meterle en la cama.

    -Deja que te ayude para llevarte a la cama, estas borracho tío.

    -No, quiero ir a tu habitación, quiero ver a tu novito, esta muy rico verdad. -hablaba con voz estropajosa de estar bebido, Pablo no le replicaba y solo le sujetaba tumbado sobre él, pero Eliseo era más fuerte, no sabía lo que hacer con él y me vio en la puerta observándoles.

    -Ayúdame Ángel, por favor. -me acerqué para sujetarle de un brazo y al verme se calmó quedándose quieto y respirando agitado.

    -Mírale ha venido, ¿no es hermoso? Ven lindo, dame un beso, yo también te quiero bonito. -hablaba propiamente como una persona beoda, implorante y que inspiraba risa y a la vez lástima.

    Ahora se dejaba hacer sin necesitar mi ayuda, pero con esfuerzo, Pablo le iba quitando la ropa, pude verle el poderoso y potente pecho cubierto de negros vellos que bajaban hasta el abdomen marcado, y se perdían en la cintura del blanco slip que llevaba.

    Las piernas las tenía, a su vez, cubiertas de un negro manto de pelos ensortijados, y aunque la polla la tenía floja, el bulto en su slip resultaba considerable. Todo un perfecto ejemplar de macho semental y muy semejante a Pablo. Se le cerraban los ojos murmurando palabras que no podía entender y le metió entre la ropa tapándole.

    Ya no me sorprendía nada, pero me extrañó el cariño que Pablo le manifestaba dándole un beso en la frente y pasando su mano grande por la cara de Eliseo.

    Volvimos a la sala para recoger nuestra ropa que habíamos dejado tirada y la llevamos a la habitación.

    -Tenemos que lavarnos, nos han sorprendido en el peor momento. -Pablo aún permanecía desnudo y me entró la risa por lo absurdo y ridículo de la situación.

    -Cállate, si te escucha querrá continuar la fiesta, -pero él se reía también.

    Ibamos a entrar en el baño para limpiarnos cuando Eliseo empezó a llamar a gritos a Pablo, quería que le ayudara a ir al baño porque necesitaba vaciar la vejiga. Le dejé que fuera a recogerle pero al salir me pidió ayuda para llevarle entre los dos.

    Eliseo pasó un brazo por mi cuello mientras Pablo le sujetaba pasando el suyo debajo del sobaco, en el wáter le bajó el slip y le cogió la polla dirigiéndola al inodoro, sus nalgas estaban cubiertas de vello igual que las piernas y su pene resultaba impresionante, más grande aún que el de Pablo.

    Un potente chorro de orina salía continuamente de su pene hasta que fluyó menos fuerte, terminando por ser unas gotas que Pablo limpió con papel higiénico, el olor a penetrante amoniaco inundó mis fosas nasales.

    Volvimos a llevarle a la cama y dejé a Pablo que terminara de taparle para volver al baño y acabar de una vez lo que ya nos habían interrumpido en dos ocasiones.

    -¿Has recogido mi regalo? Con tanta interrupción hemos tenido que salir corriendo. -la luz del salpicadero de la ranchera le iluminaba la cara, pensé que algo gracioso pasaba por su imaginación por la sonrisa que llevaba.

    -No tengas en cuenta las tonterías de mi tío, cuando se emborracha se vuelve un poco insolente y desvergonzado. -tuve que sonreír a mi vez, yo no lo veía tan simple y normal como él, y más con la experiencia que tenía sobre los deseos de Eliseo.

    Levanté la bolsa de la tienda de lencería que tenía en el suelo para que la viera como respuesta de que la traía conmigo.

    -A tu tío le pasa algo, no se lo que es pero intenta imitarte y ser como tu, parece que tuviera celos de que te aparte de su lado y actúa queriéndome conquistar para que terminemos enfadados. No lo entiendo muy bien pero sospecho es algo así o parecido.

    Aunque le aseguraba que no lo entendía, no era cierto, yo mismo empezaba a sentir celos de que cualquiera se acercase a él o a Álvaro, y no podía soportar que mantuviera relaciones con Ana María y don Manuel. Sentía unos tremendos celos, y más ahora que los consideraba de mi exclusiva propiedad. Por eso me sentía mal y egoísta al exigirles, de deseo al menos, que me fueran fieles cuando yo no estaba dispuesto a serlo.

    -Yo creo que le has caído bien y te aprecia, también es normal que te vea atractivo y guapo, lo eres mi amor, eso no puedes ocultarlo. -no tenía ganas de argumentarle lo contrario, tampoco de contarle los detalles de mis experiencias con Eliseo, ni de alimentar mis temores, y me quedé callado hasta llegar a la casa de Álvaro.

    Victoria y Mateo nos esperaban y mientras subía a dejar la bolsa con el regalo de Pablo, él se quedó con ellos hablando. Victoria le convenció para que se quedara a cenar y Álvaro llegaba cuando yo bajaba del piso superior.

    Álvaro subió para darse una ducha rápida antes de cenar y luego en la mesa, dentro de la conversación, me sorprendió lo que propuso.

    -Pienso coger un par de días para estar con vosotros y he pensado en salir a alguna ciudad cercana de la costa… -se quedó en suspenso y yo miré a Pablo, pensando que también lo habían hablado a la mañana, pero tenía en la cara la misma expresión de sorpresa que la debía de tener yo.

    Después de la primera impresión le vi sacar una juguetona sonrisa.

    -Yo no tengo problemas y Ángel me parece que tampoco, tu eres el que tiene mucho trabajo, pero sería genial poder salir esos días y sacarle a Ángel de casa.

    Tuve la impresión de que Álvaro respiraba tranquilo y satisfecho de que Pablo le aprobara su proyecto.

    -Entonces no hay más que hablar, encargo el hotel mañana. -después la conversación giró hacia las tareas del campo y la conversación que Pablo mantuvo con el abuelo de Oriol en la comida. Cuando terminó la cena Pablo se marchó, se sentía inquieto por su tío.

    A pesar de la ducha que se había dado notaba cansado a Álvaro y no habló mientras subíamos a la habitación y nos cepillábamos los dientes.

    -Mi vida ¿estas cansado? -se había quedado desnudo y se ponía un pantalón de dormir.

    -Más que cansado preocupado, han llegado unos análisis que pedí para un chiquillo y me confirman lo peor, es terrible tener que dar las malas noticias.

    Terminé de desnudarme y me coloqué un pantalón como él para tumbarme a su lado. Seguía con la gafas puestas y se las retiré dejándolas en la mesita.

    -Por tu profesión esas malas noticias serán frecuentes. -le pasé los dedos por los ojos cerrados, tenía unas pestañas largas y rizadas muy bonitas, y los abrió para fijarlos en mi.

    -Es cierto, tenía que estar acostumbrado, pero no es lo mismo cuando se trata de un niño de doce años, no hablemos de eso, dime lo que piensas del viaje que proyecto y de tus vivencias del día. -sonreía intentado quitar importancia a sus preocupaciones y se volvió hacía mi colocando el brazo por mi encima de mi estómago.

    -Sobre lo del viaje, estoy nervioso Álvaro, es la primera vez que voy a salir y me emociona, además por estar con vosotros, los tres juntos, seguro que lo pasaremos bien. -de repente me acordé del regalo de Pablo y me puse a reír mirándole con picardía.

    -¿De te ríes? No he dicho nada gracioso.

    -¡Oh! es por Pablo. -me levanté y fui a recoger la bolsa que vacié sobre la cama.

    -Mira lo que me trajo de regalo esta mañana, ¿no me digas que no es cómico? Tengo un montón de ropa interior parecida y se gasta el dinero en repetir lo mismo. -Álvaro miraba todas aquellas eróticas prendas cogiéndolas y estirándolas viendo la nimiedad de las telas.

    -¡Es un pornográfico lujurioso! Si no te cubre nada. Será que te quiere ver voluptuoso y sensual, pero está bien, me gusta, puedes ponerte uno de ellos para que te vea. -quería ser superficial pero torció el cuello con una mueca de desagrado.

    -Me lo pongo si me dejas que te de un masaje en el cuello, no lo puedes mover sin hacer un gesto de dolor. -me sonrió, yo pensé que encantado y se colocó boca abajo sin que se lo pidiera mirando hacia mi lado, para veme como me quitaba el pantalón y escogía, para colocarme, un tanguita que únicamente me cubría el pene y los huevos, con unas tiras muy finas que pasaban por la base de las nalgas y enlazaban con el elástico de la cintura.

    -¡Precioso!, estás increíble con el culito al aire. -se reía en silencio sin moverse y fui al baño a buscar un aceite, me coloqué sobre él a horcajadas, sentado sobre sus nalgas y me tumbé para besarle la espalda.

    -El cuellito de mi nene se porta mal, le voy a castigar por hacer sufrir a mi amorcito. -le daba suaves besos rozándole apenas con os labios, Álvaro suspiró.

    -Que bien se siente Ángel, tus labios son suficientes para que me sienta mejor. -y tenía que ser cierto porque le notaba como se relajaba dejándose sentir muerto sobre la cama. Le quité el pantalón para no mancharlo y le vertí sobre los hombros un chorro de aceite empezando a darle masajes en el cuello y la parte alta de la espalda.

    -Ángel estas haciendo un milagro, tu masaje es genial. -recordé los que Néstor, el masajista de Eduardo, me daba a mi y lo bien que me hacía sentir.

    -Es porque te lo hago con todo el amor mi vida. -mis manos no tenían las fuerza de aquel hombre tan grande, pero hacía lo que podía centrándome en la zona que se le agarrotaba produciéndole molestias.

    Después de un tiempo fui bajando por la espalda y comencé a masajearle las nalgas, me tentaban y le metí la mano entre ellas llegándole al ano.

    -Eso no estaba en el programa gatito. -las abrió separando las piernas para dejarme acceso al perineo y al ano. Solamente le pasaba la punta de los dedos pero notaba como los pliegues se le movían inconscientemente al sentir el placer del masaje.

    -Ya es suficiente gatito, ¡gracias!, no sigas o voy a tener que pedirte que me folles el culo. -reí dejándome caer sobre él y abrazándole con mi cuerpo, dándole besos en la ancha espalda.

    -Si lo quieres no me importa usar tu divino agujerito, me gustó la otra vez. -se dio la vuelta tirándome a su costado y me abrazó.

    -Hoy va a ser que no, mira como me has puesto la polla con tus masajes. -se cogió la verga y me la mostraba, roja y dura bañada en jugos. El culito se me calentó al verla pero en ese momento me abrazó y la polla golpeó en mi abdomen.

    -La tienes durísima amor, es preciosa cuando esta tan roja y excitada. ¿Me la darás mi vida?, mi culito se muere por ella. -me besó la cara y luego la boca dándome la lengua para que se la chupara.

    -Es para ti, tú la pones en este estado. No es como la de Pablo o Eliseo pero puede darte placer mi vida. -me tenía muy apretado besándome sin cesar y le aparté empujándole el pecho.

    -¿Cuando les has visto la verga a Pablo y a su tío? -más que haberme molestado que me lo dijera, fue él tono que empleó, como si se sintiera inferior o menos digno porque su polla fuera un poco más pequeña.

    -He estado en la cama con los dos, y están muy ricos. -claramente se estaba burlando de mi. -se reía ocultando la cara en mi cuello sin dejar de besarme entre risas.

    -No me gustan esas bromas Álvaro, me vas a poner celoso. -me dio la vuelta colocándome boca arriba y me abrió las piernas metiéndose entre ellas, me cogió la cabeza con los codos apoyados sobre la cama.

    -Gatito, soy su médico, ¿lo olvidaste? -su risa no cesaba mientras me lamía los labios.

    -¡Oh! Qué tonto soy, perdóname mi amor. -a veces se me olvidaba que era médico y ellos dependían de él para sus revisiones y cuando estuvieran enfermos, tenía que haberlos visto desnudos alguna vez.

    -Deberás moderar tus celos gatito, si vas a tenernos a los dos será inevitable que Pablo y yo mantengamos una mínima relación, ¿no te parece? Espero que la convivencia de esos días que estaremos juntos sirva para ello.

    Me sentía confundido, Álvaro pensaba en darme los caprichos y cumplir mis deseos y era yo el que lo tergiversaba y retorcía lo que pasaba.

    -Tienes razón, es mi culpa por no ver más allá de mis narices. -le sujeté la polla y se la acaricié sin llegar a masturbarle.

    -Tampoco te preocupes mucho bichito, esa reacción es normal, solo disfruta ahora mi vida, nosotros cuidaremos de ti, sabemos como sientes y no es tan fácil tener dos hombres a los que quieres. -como tenía toda la razón y su verga estaba deseando que la atendiera, me separé de él para cambiar de postura y llegar con la boca a su polla.

    Aproximé la cara para oler el perfume que desprendía, una mezcla de su colona y los jugos que le mojaban, realmente delicioso y me la metí en la boca con ansia de mamarla.

    -Suave gatito no la muerdas.

    -Sabe rica Álvaro, me gusta el sabor que tiene. -aspiré de la punta para sacarle la secreción y en ese momento sentí como se metía la mía hasta fondo de la garganta.

    -¡Ahh! Álvaro. -dejó salir un sonido de chisporroteo y pensé que estaba riendo con mi polla entera en su boca.

    -También a mi me gusta tu verga gatito.

    Continuamos chupándonos mutuamente, a veces emitiendo gemidos o suspirando, Álvaro estaba aprendiendo muy rápido y se esforzaba en imitarme en todo. Pasó a acariciarme el ano y seguí su ejemplo, los dos nos metíamos los dedos a la vez que nos mamábamos la verga.

    -Te la voy a meter gatito, tengo muchas ganas precioso.

    -Yo también, ¡Ayy! Álvaro, tu polla para mi solo, dámela amor, mi culito la espera. -me coloqué tirado boca arriba para mirarle y abrí las piernas.

    En lugar de montarme me las subió y enterró la cara en la raja del culo empezando a lamer y meter la lengua.

    -Tu culito sabe hoy más rico gatito y lo tienes más abierto. -podía notar como metía la lengua profundamente en mi culo haciendo que me retorciera.

    -Pablo te ha hecho un buen trabajo. ¡Ummm! ¡Qué rico gatito, sabe dulce! -no podía responderle, bastante tenía con soportar el placer que me producía metiendo y sacando la lengua con fuerza, y aspirándome el culo queriendo sacar la leche que pudiera tener aún de su amigo..

    Le sujeté la cabeza y le hundí en mi culo para que me penetrara más y así estuvo un par de minutos haciéndome que gimiera y chillara.

    Dejó de comerme el culo y se montó sobre mi aplastándome con su peso, comenzó a besarme la cara insistentemente, el aliento le olía fuerte a mi culo con la mezcla de los restos de semen de Pablo.

    -Dame verga Álvaro, lléname con ella amor, dámela ya mi vida, la quiero tener dentro de mi. -a pesar de que era difícil, metí la mano para cogerle la polla y bajarla para que se me metiera entre las piernas.

    -No seas malo, métela en mi culito mi amor. -le rodeé la cintura con las piernas, haciendo un nudo con los pies en su espalda para que no pudiera zafarse de mi abrazo, y le empuje de los hombros hasta que la polla empezó a golpear en mi ano.

    Se la sujeté fuertemente y la emboqué a la entrada de mi culo.

    -Por favor, no seas malo. -lloriqueaba pidiéndole que me atravesara, diciéndole que estaba desquiciado por que la metiera hasta los huevos en mi cuerpo.

    -Eres impaciente gatito. -se reía sin empujar y cumplir como se espera de un macho, mientras yo empujaba mi cuerpo hacia él sin resultados. Sentí de repente un empujón y metió media polla de golpe.

    -¡Ahh! Mi vida que bien, sigue, sigue mete todo. -había sentido un pequeño pellizco de dolor pero el gozo era muy superior.

    -¿Te gusta así mi vida? ¿Quieres rudeza?

    -Si, dámela duro, estoy quemándome y muriendo de deseo amor. -se retiró sacándola hasta la cabeza y de un fuerte golpe la volvió a meter pero esta vez entera.

    -¡Ohh! ¡Ohh! Mi vida, mi amor, la siento muy dura y viva, ¡Ohh! Álvaro tu rica verga amor mío, que linda me entra. -era tal su excitación que la sentía crecer hinchándose.

    Los pelos de su pubis me acariciaban el perineo y la bolsa de los testículos, y su huevos se aplastaban contra mis nalgas en la entrada del culo. No podía entrar más, le tenía todo para mi y le abracé el cuello para que volviera a besarme.

    -Mi amor, pero que rico siento, tu divino pito me gusta, quiero tenerlo así siempre, siempre. -pensaba que me volvía loco por el placer que sentía. Era maravilloso ser follado con tato amor y fuerza a la vez.

    -También yo quiero gatito precioso, darte toda la verga que necesites, mi pequeño niño, me haces volver loco por tu cuerpo mi vida.

    Estuvimos besándonos unos minutos, calentándonos más, diciéndonos cosas lindas al oido, y respirando con dificultad por los continuos besos donde nuestras lenguas jugaban lo mismo que su verga en mi vientre se contraía.

    Despacio al principio, y sin dejar de besarnos, comenzó a moverse se sentía delicioso notarle la verga moviéndose, acariciando las paredes del recto y su lengua invadiéndome la boca, hasta que se elevó apoyado en las manos y entonces las embestidas eran largas, lentas y constantes haciendo que gimiera y gritara algunas veces.

    Le oprimía la cintura con las piernas hechas un nudo en sus nalgas, y alargué las manos para agarrarle el culo y traerle hacía mi cuando me penetraba.

    -Así, sí mi vida, así te siento, hazme gozar mi amor, quiero tu polla. ¡Ahhh!

    ¡Ahhh! ¡Ahhh!

    -Estás calentito gatito, tienes el infierno en tu culo, apriétame un poco la verga amor, quiero correrme, llenarte de leche precioso.

    Le atraía contra mi apretando los redondos culos y llegué con los dedos a su ano, lo acaricié y le introduje un dedo de cada mano abriéndoselo.

    -¡Ayyy! Ángel, tus dedos me follan el culo, es muy rico amor mío.

    -¿Te gusta mi vida?

    -Sí gatito, es exquisito, me encanta sentir tus dedos abriéndome el culito. -el ano se cerraba cuando empujaba para entra en mi culo y se le abría al retirase dejándome que yo le fuera follando el ojete con los dedos.

    -Me voy a correr mi vida, es demasiado y no puedo aguantar más.

    -Si mi amor, vente cuando quieras, lléname el culo de semen vidita, espero tu lechita mi amor. -le forzaba a que me penetrara hasta el fondo tirando de sus nalgas y metiéndole los dedos todo lo que me permitía.

    -¡Me corro! ¡Ya me corro gatito! ¡Yaaaaa!. -se le escapó un fuerte grito y temblaba enterrando la polla en el fondo de mi culo, dejando que le saliera el semen que notaba abundante, primero con fuertes convulsiones que se fueron suavizando pero sin dejar de temblarle el cuerpo.

    Me sentía tan caliente y excitado con el placer de sentir como me llenaba que el mismo roce de su abdomen con mi verga hizo que yo también me corriera.

    -Mi amor mi vida, yo también me voy. -saqué los dedos de su culo para abrazarle la espalda y fundirle el pecho con el mío, el esperma brotaba convulso de mi pene envuelto en el abdomen de los dos.

    Me solté las piernas que me empezaban a doler y las enredé entre las suyas para que no se retirara todavía.

    -¡Qué bien lo he pasado Álvaro! Eres prodigioso amor mío. Tengo los dos mejores hombres, los mas soberbios machos para mi solo.

    -Te adoro Ángel, no he conocido otros hombres, ni quiero teniéndote a ti. Tu eres lo mejor mi vida, gatito lindo.

    -Mi Álvaro, con todos los hombres que has visto, por tu trabajo quiero decir, y ninguno te ha entusiasmado. -se rió mordiéndome la oreja, y chupando el pendiente del lóbulo.

    -No te creas, pero los veo como mis pacientes, en sentido profesional, hay alguno especial como Pablo, Eliseo o el mismo Marcos, tres machos increíblemente viriles, pero amor, son mis pacientes y les debo respetar.

    -También yo soy tu paciente, eres mi médico. -se reía y su pene iba saliendo de mi culo.

    -Pero a ti te amo mi vida, te amaba antes de ser tu médico. -le besé los labios que tenía húmedos.

    -¿Me querrás siempre así?

    -No lo dudes gatito, ¿dónde encontraría algo mejor y más lindo?

    -¡Ahhhh! Alvaro, te quiero amor, también yo te amaré siempre, ¿me gustas sabes? Eres especial mi amor.

    -Lo se, lo se gatito, se que me amas, mi loquito hermoso. -nos abrazábamos a pesar de que su verga se había salido y el semen escurría de mi culo.

    -¿Te gusta Pablo? -no sabía el motivo de preguntárselo pero sin darme cuenta se me escapó inconscientemente. Se me quedó mirando y me agarró la mano para llevarla a sus labios.

    -No quiero que tengas celos…, si que me gusta, le quiero, diferente a lo que siento por ti, además él es mi amigo y nunca le he interesado en ese sentido. -en ese momento pensé que quizá no fuera exactamente como él pensaba.

    -¿La idea de pasar unos días juntos ha sido solamente tuya? A Pablo le ha sorprendido como a mi.

    -Lo llevaba pensando desde hace tiempo y esperé hasta saber lo opinaba Pablo sobre compartirte.

    -Mi amor, os tendré contentos a los dos, te lo prometo, os quiero mucho mi vida, vosotros seréis mis hombres, mis machos y para mi solo.

    -Tenemos que lavarnos, mira como estamos. -el semen se estaba secando en nuestros abdómenes y además olía muy fuerte a sexo.

    -Abriremos la ventana o mañana la muchacha se mareará cuando entre a limpiar. -parecía que no tuviéramos prisa y nos limpiamos en uno al otro despacio, con las manos delineándonos los cuerpos.

    Álvaro resultaba perfecto, con todo puesto exactamente en su lugar, aunque no resaltara tanto como Pablo amaba cada milímetro de su cuerpo, e imaginé que sería como su padre don Mateo, y esa imagen me encantaba, quizá hasta se dejara el pequeño y bien recortado bigote de su padre. Me reí emocionado.

    -¿Qué te hace tan feliz?

    -Pensaba en como serás de mayor y me gusta lo que veo para el futuro.

    Como convinimos dejamos la ventana abierta y nos tuvimos que abrazar para no helarnos, en algún momento de la noche se levanto para cerrarla y solo sentía el trozo de hielo que se me apretaba para recibir el calor de mi cuerpo.

    Seguirá…

     

  • Ya soy el puto del equipo (XI): A cada problema su solución

    Ya soy el puto del equipo (XI): A cada problema su solución

    «Escándalo en el Deportivo Universitario». Así rezaba en gigantescas letras el periódico local.

    Escándalo sexual salpica al fútbol universitario, juveniles denuncian pederastia. Unas imágenes aparecidas en una red pornográfica muestra quienes son los homosexuales del equipo campeón o, tal vez, los más significativos.

    Por contra, y con pruebas filmadas, jugadores del Universitario aseguran que los «favores sexuales» es una práctica común en el fútbol juvenil.

    El escándalo sexual sacude al fútbol universitario, luego de que se diera a conocer un presunto caso de pederastia que involucra a entrenador del Deportivo Universitario, aunque los jugadores campeones son mayores de edad y entre ellos sorpresivamente abundan los muchachos homosexuales, estos mismos denuncian al entrenador por abusar de algunos de ellos para obtener favores.

    El diario Balompié reveló, luego de una investigación, que el entrenador Gunnar Bogdánov, pedía “favores sexuales” a los jugadores menores en los clubes donde también ejercía de entrenador, principalmente sexo oral, para asegurarles la alineación en los partidos.

    El periódico sigue perorando con muy fogosas palabras, intentando salvar a los jugadores, —decía un presentador de la televisión local— «pero todos nos vimos incursos ante la policía, no por culpables, sino para declarar sobre el trato del entrenador hacia nosotros» —ha dicho Doroteo, uno de los que ha tenido que declarar porque apareció con otro compañero en las imágenes filmadas en el Hotel El Camarón Rojo—. El joven no se defiende ni niega nada, solo dice que «mi amigo y yo somos amantes, mayores de edad, podemos hacer lo que nos parezca que es mejor para nosotros, no hemos hecho daño a nadie, pero nos han hecho mucho daño social al filmar sin pedir permiso el que jamás hubiéramos concedido, porque nuestra vida privada no importa a nadie; han ido contra nuestros derechos a la intimidad, pero hay algo que la policía tiene que comprobar todavía donde se demostrará que hay más de fondo y por favor no insistan porque no podemos decir nada de esto para no perjudicar la labor policial». Aunque no lo ha dicho el joven guardameta del Universitario, pensamos que se refiere al entrenador del equipo, el cual no puede de momento ser sancionado por lo que supuestamente pudiera haber hecho con algunos del equipo, ya que todos somos mayores de edad. Pero a causa de lo ocurrido en otros clubes con menores desapareció y es buscado por la policía.

    ***** ***** *****

    Nadie preguntó por el míster, nadie dijo nada al respecto y si alguien quería decirme algo, yo le contestaba que no quiero saber nada de ese hombre, todo el asunto está en manos de la policía.

    El escándalo estaba en el aire. Habían salido las imágenes que el entrenador había hecho grabar de nosotros en el hotel y estábamos en la mira de todos Abelardo y yo. Lo que más hizo pensar a muchos es que ni Abelardo ni yo, ni Marcos ni Leoncio, ni Fernando ni Manolo habíamos negado bajo ningún concepto nuestra homosexualidad como querían ciertas mentes obtusas que hubiéramos hecho. Pero teníamos claro que nada ganamos con mentir. Muchos estaban confusos al ver una decisión tan firme de salir del armario seis jugadores del equipo a la vez.

    Todo el mundo estaba seguro que en la Universidad se determinaría nuestra salida, al menos del equipo, y si se veía muy implicada incluso nuestra expulsión. Los seis éramos responsables en nuestro estudio y disfrutábamos de buenas calificaciones.

    Nos reunimos los seis para prepararnos y decir siempre la verdad. A todo eso, todos los demás componentes del equipo sin excepción, encabezados por Mauricio, estaban en nuestra defensa y públicamente se la jugaron por nosotros. En nuestra reunión, los seis quedamos que teníamos que convencer todos a nuestros padres para que hiciéramos una reunión con todos ellos. Si había algún padre que no quería asistir, que no insistiéramos. Les comuniqué que vendría mi abogado para escuchar a los padres y comunicarles si había algún peligro legal de expulsión o eran simples rumores. Aunque habíamos dejado al margen de esta reunión y así se lo comunicamos a Mauricio se presentaron todos los chicos, los padres de Mauricio y algunos más.

    En la reunión dejé claro lo siguiente:

    — Los homosexuales somos nosotros seis, ni sabemos ni nos interesa si hay más, pero no molesten a sus hijos, por favor, déjenles que vivan sin problemas… Son nuestros compañeros de equipo y no deseamos que se vean involucrados más de lo que ya de por sí lo están.

    La reunión fue interesante, se presentaron todos los padres de los cinco, excepto el papá de Abelardo, pero sí estaba su mamá. Avisé a mi taita por si quería estar y aceptó. Fue una reunión orientadora. El abogado les dijo bien claro que por ser sus hijos homosexuales no los podían expulsar de la Universidad, mucho menos a los demás. Por el escándalo provocado, estaba claro que no lo habían iniciado sus hijos, que el culpable fue el entrenador, Gunnar Bogdánov, que mandó instalar unas cámaras escondidas en aquella habitación. El hotel había sido denunciado por permitir la instalación, así como el equipo que lo realizó, del grupo Telemat, S.L. Por todo ello, el escándalo no era imputable a los chicos, sino a todos los reseñados, principalmente el Sr. Gunnar Bogdánov que estaba en busca y captura. Añadió el abogado que todos los partidos estaban legalmente filmados y que los había visionado, sobre todo los 7 últimos, el Comité Deportivo, responsable de la organización que ha dictaminado que el esfuerzo de los jugadores es tan evidente que no es posible imputar como culpables ni a los jugadores ni a los árbitros. De este modo, mostró a todos una copia del título que en una singular fiesta próxima se iba a entregar al equipo, probablemente en el siguiente sábado de esta reunión.

    Como la reunión se había realizado en el salón de mi casa, los padres, a invitación de mi taita, pasaron al comedor donde había preparado un aperitivo. Costumbres de mi taita. Allí departieron todos y había algo unánime en el ambiente que resumió el papá de Marcos con estas palabras:

    — Nuestros hijos son como son, no hay duda, aunque no nos guste no podemos hacer nada contra ellos porque son nuestros hijos. Pero hay algo más, son responsables, trabajadores, buenos estudiantes y cariñosos con la familia. ¿Alguien podría esperar más de sus hijos? Yo os digo que estaré con mi hijo hasta la muerte, os pido que defendáis a vuestros hijos, porque muchos quisieran unos muchachos como estos seis que están aquí.

    Todos se sentían en la misma onda. Nada se habló de nuestra homosexualidad, ni sentimientos de pena y dolor, nada se dijo de las incomprensiones. Parecía que no hubiera rencores, sino solo petición de justicia para sus hijos. El vino tinto y blanco que mi taita puso en la mesa calentó los corazones y aquella reunión no parecía acabar. Pero todo tiene su final. Nos quedamos mi taita, Abelardo y yo. Abelardo le dio un fuerte abrazo a su madre para despedirse y me llamó para presentármela. Le di dos besos muy cariñosos y lloró. La tranquilice diciéndole que un día el papá de Abelardo sabría que tiene un hijo sin rencores y que le va a querer siempre, y añadí, mirando fijamente a los ojos de la señora:

    — Cuando usted desee, con o sin necesidad, solo que quiera ver a su hijo, venga a esta casa. Señora Bibiana, mi taita, la recibirá siempre, la atenderá y, si no estamos, esperará con usted hasta que lleguemos. No se olvide de su hijo, ahora considérese que tiene uno más, pues mi cariño no le faltará.

    — Gracias, lo haré…, necesito ver a mi hijo, espero no molestar…

    — No molestarás, mamá, —dijo Abelardo— y yo me alegraré de verte.

    — No sé cómo pagaré esto, no lo sé, ¡Ay, Dios mío…!

    Se fue y me dejó sin palabras. Hubiese querido decirle que su amor lo paga todo, pero ya no me salían las palabras al presenciar y sentir el dolor de esta mujer. Me quedé en la puerta mirándola y Abelardo acompañándola hasta la parada del autobús. Me metí en casa con los ojos húmedos y se me puso delante mi taita:

    — Dorito, lo que más me gusta de ti, hijo mío, son tus sentimientos hacia las personas, me alegra verte cómo los amas, te pareces en todo a tu madre; ella no podía ver un pobre sin darle una limosna sustanciosa.

    — ¿Me parezco a mi madre, taita?

    — Tu cara y tus maneras de moverte, la pose, son todo tu padre, te veo y lo veo a él; tus sentimientos, tus cariños son de tu madre… Has heredado lo mejor de ellos dos, el exterior de uno y el interior del otro.

    — ¿Tú querías a mis padres?

    — Como a mi propia vida, Dorito. Entré a servir en la casa de tu abuelo a los 11 años, tu padre era un bebé, aun no hablaba y me encargué de él, lo tuve como a mi hijo y cuando por desgracia, Dios sea bendito, me faltó, me dieron a su hijo; tú has sido mi vida.

    — ¿Y a mi madre?

    — Vino un día tu padre y me pidió que lo acompañara, me llevó en el coche a la plaza y me dijo antes de llegar, te voy a presentar a mi novia antes que a nadie, quiero que hablemos y que me digas si seré feliz con ella. Eso hicimos, llegó la chica, nos presentamos y nos fuimos a tomar un refresco, conversamos y nos entendimos ella y yo. Le conté cosas bonitas de tu padre de cuando era pequeño y le encantó y me dijo cómo era ella, lo hizo con pocas palabras y delante de tu padre, me dio un retrato completo de sus sentimientos. Se notaba su sinceridad y su cariño hacia mí. Me esperé en la plaza a que tu padre la acompañara a casa y regresara. Nos fuimos en el coche a casa en silencio. Al llegar dentro del coche me preguntó qué me había parecido. Le dije que no la dejara escapar que en la actualidad ya no quedan mujeres así. Todo el tiempo que vivieron en esta casa, les serví yo, nunca he sido una sirviente, tu mamá me tenía como una hermana mayor. Entre los dos me regalaron la joya que presumo con gusto…

    — ¿Qué joya, yo no la he visto, taita?

    — Eres tú, Dorito…, tú eres la joya que me regalaron.

    Nos abrazamos los dos llorando y entró Abelardo que venía muy contento.

    — ¿Por qué lloráis?

    — De alegría, Abelardo, mi taita me ha contado cosas de mis padres y nos hemos emocionado.

    — Mi madre se fue muy contenta y emocionada por las palabras que le dijiste.

    — Tienes que traer más veces a tu mamá, hijito, —dijo mi taita a Abelardo.

    — Lo haré, taita, lo haré.

    Abelardo y yo nos fuimos a estudiar, los exámenes estaban a quince días y había que aprovechar el tiempo. Íbamos a estudiar hasta que mi taita nos avisara para la cena; luego volveríamos a estudiar por lo menos hasta las 11 de la noche. Luego a la cama. Así ocurrió todo.

    Así transcurrieron esos quince días y la semana de los exámenes que era de 10 días. Estudiar lo que ya sabíamos pero había que sacar las máximas notas posibles. Esto nos producía un fuerte stress que sosegábamos al llegar a la cama. Ya fuera Abelardo, o yo, insinuábamos la necesidad de tener sexo para serenar nuestro sentimientos y calmar las presiones, sobre todo para manifestarnos el amor. Según me declaró Abelardo una noche, necesitaba provocarme al sexo para acostumbrarme a él, sabiendo que era yo poliándrico pensó que, estando satisfecho con él no me iría a buscar a otro. Entonces le dije:

    — ¿Y si me fuera a buscar a otro para tener sexo con él?

    — Yo seguiría con la misma táctica perfeccionándola, para que lo fijo y oficial fuese conmigo, lo otro sería como despistes, —me contestó.

    — Me parece que cada día te amo más y vas a ganar tú en este juego, —así le dije, rindiéndome a su causa.

    ***** ***** *****

    Llegaron los exámenes y por desgracia se mezclaron con los líos del entrenador. La policía lo capturó y llovieron las denuncias de clubes juveniles. Yo estaba hastiado y conmigo todos mis compañeros.

    Cierto día, saliendo de un examen, me encuentra al Decano de mi Facultad esperando. Yo no sabía a qué ni a quien y pasé saludando sin más. Me llamó, regresé y lo miré con el susto dentro del cuerpo. Quería relajarme del examen que me parecía que me había salido muy bien y, al llamarme, se me vinieron a la cabeza todos los problemas vividos. ;e preguntó:

    — Qué tal te salió el examen?

    — Pienso que muy bien, pues lo tenía muy preparado, nada me ha parecido extraño.

    — Perfecto. Quisiera hablar contigo un momento de parte de la Rectoral y su Consejo.

    Me puse a sudar y comencé, según me decían a ponerme blanco como la nieve. Me parecía que fallaba el piso, pero pude mantenerme en pie hasta que escuché:

    — No te preocupes mucho, solo quiero que conversemos de las posibilidades de formar el equipo de la superior categoría y pienso que nadie ha estudiado o previsto este asunto mejor que tú.

    — A mí nunca me ha gustado el fútbol, —sancioné mientras me llevaba a su despacho.

    — Pues, para no gustarte, la has armado buena y nos has llevado a la victoria, a pesar de tantas dificultades, — me dijo sentándose frente su mesa y ofreciéndome que me sentara al frente de él.

    — Es que yo no he llevado a la victoria a nada ni de nada, ha sido todo el equipo y el apoyo de nuestros compañeros y la propia Universidad.

    — Eso mismo es lo que esperaba de ti… Todos los decanos hemos sido informados de lo que tu familia aporta a la Universidad, pero alguien nos ha dicho que no viven tus padres, lo que significa que lo aportas tú.

    — No se equivoquen. Eso lo ganaron ellos y lo dispusieron ellos y eso es intocable, ya lo hicieron de modo que ni yo lo pudiera tocar…

    — Pero después de fallecidos tus padres, tú has engrosado esa suma…

    — Creo que es un deber que la Universidad tenga medios para premiar ciertos trabajos, sostener determinadas actividades y tantas cosas necesarias que tiene una institución de este nivel como es la Universidad. No me den méritos a lo que es de justicia. Estoy pensando en crear unas becas con el nombre de mis padres para que alumnos pobres e inteligentes puedan acceder a los estudios en esta Alma Mater.

    — A lo que vamos, ¿qué propondrías para el año próximo.

    — Por mi parte dotar de una cantidad para estimular a los jugadores con alguna merienda, fiesta o mejor formación en alguna actividad extra académica para los jugadores. Por parte de la Organización deportiva que este equipo pase casi íntegro a la categoría superior, que el capitán sea Mariano y buscar un guardameta que no sea un susto cada vez.

    El decano se sonrió y preguntó:

    — No quieres seguir…

    — No soy el más adecuado, por eso me cambio por la dotación de la que he hablado. Me gustaría estar dentro pero no como jugador, cada partido para mí ha sido un auténtico martirio. El equipo juvenil puede ser el siguiente, estarán contentos de sucedernos de sub18 a sub20 y tener el orgullo y responsabilidad de mantener el nivel alcanzado. Implementar desde la universidad el deporte en los centros de enseñanza media. Por ejemplo que un profesor fue derecho pueda ser entrenador de un equipo de colegio daría mayores garantías éticas y deportivas que un entrenador venido de no se sabe donde, eso supondría una escuela de entrenadores para el profesorado más joven. Ellos cobran menor sueldo y podrían ayudarse por esta actividad sostenido por la Universidad.

    — Notificaré todo esto que he ido anotando, creo que nadie había pensado en esto…

    — Porque todo esto es caro y si la Universidad no puede sostenerlo, para qué pensarlo…

    — Pero tú puedes ayudar, quieres decir…

    — Sí, pero nadie debe saber de donde sale el dinero… Tengo la responsabilidad de pensar qué hacer con el dinero que mis padres me han dejado. Probablemente yo no tenga sucesión ni herederos, y en esta casa puedo depositar ciertos deseos y anhelos y sufragar determinadas necesidades. Pero nadie, mas que las autoridades superiores y Hacienda pueden saber esto. Yo soy un estudiante y no quisiera que el profesorado se viera en la obligación de regalarme fácilmente las notas durante mis estudios, sería corrupción y yo un fracasado; creo que me comprende usted.

    — Perfectamente. Pienso que debéis olvidar todos los acontecimientos pasados y al acabar el examen organizad unos días de descanso el equipo o una fiesta o una merienda, algo que os ayude a volver a poner los pies sobre el terreno; patead esa pelota que os pesa y meted un gol a los que os quisieron equivocadamente.

    — Gracias, señor, usted me anima.

    En la tarde comencé a contar a Abelardo y a mi taita mi conversación con el Decano y apenas nombrar al Decano, exclamó Abelardo:

    — ¿Has hablado con el Señor Bermúdez?

    — Sí, ¿qué pasa?

    — El Señor Bermúdez es hijo del Comisario Bermúdez; ¿te ha dicho cómo va lo nuestro?

    — No quería hablar de eso, ni me lo ha nombrado, quería saber mi parecer para formar un equipo en la categoría superior.

    — Entonces lo nuestro va muy bien.

    Les conté todo lo conversado y cómo al final me sugirió que organizáramos unos días de excursión o descanso para todo el equipo y serenar nuestras inquietudes. Al acabar, dijo Abelardo:

    — Entonces lo nuestro va muy bien.

    Mi taita salió inesperadamente del salón donde estábamos sentados y me dijo Abelardo:

    — Esta noche lo vamos a celebrar bien y te voy a meter dos goles de campeonato, ya verás.

    Apareció mi taita con un champagne y dos copas.

    — Taita, vamos a estudiar…, —dijimos a coro.

    — Una copa anima y se pasa pronto y el resto para la cena.

    Brindamos por mi taita, se puso feliz, estudiamos, cenamos y estudiamos. A las 11:30 nos íbamos a la cama a jugar nuestro partido. Apenas entrar nos desnudamos y nos besamos con serenidad. Estábamos bien preparados para nuestros respectivos exámenes y ahora nos íbamos a hacer otro tipo de examen.

    Adalberto me besaba como si en eso le fuera su vida, me besaba centímetro a centímetro todo el cuerpo y yo solo podía tocarle y cuando comenzó a besar de cintura abajo ya pude besar su ancha espalda. De pronto, mientras seguía besándome hasta los pies, me puso los suyos en la cara y comencé a lamer sus pies, los que habían estado dentro de las zapatillas. Tenían sabor, pero un sabor múltiple, no olían mal, a carne con zapatilla y sudor, muy machos los pies de Abelardo. Me puse dedo a dedo en mi boca y se los dejé brillantes y húmedos de mi saliva. Abelardo me besaba y lamía los tobillos y el talón de Aquiles y me producía agradables sorpresa. Jamás nos habíamos lamido los pies, descubrí un nuevo placer para mi vida. Abelardo iba siendo cada vez más mío y cada vez me gustaba todo lo de Abelardo.

    Levantó mis pies y se corrió hacia arriba hasta ponerme su polla en mi cara. Inició la succión de lo que más me gustaba, el escroti, secando los testículos y metiéndolos en mi lengua uno a uno. Es una pena que no se puedan exprimir por ósmosis los testículos y comer el fruto de su interior como una baya frutal, pero solo el gusto de tenerlos juntos y separados dentro de la boca, mientras mi compañero me preparaba el culo con su lengua y masajeaba con sus manos mi escroto, me daba cierto placer incalculable. Lo mejor fue cuando separó mis nalgas y metió su lengua dentro de mí. Creí que me corría si continuaba, pero no dije nada y y lamía el entorno de mi hoyito mientras yo chupaba con mi boca y masajeaba com mi lengua su polla, para que estuviera bien dura para metérmela triunfalmente.

    Se enderezó y se puso de pie sobre el piso al los pies de la cama, me agarró de los tobillos y arrastró mi cuerpo hacia él. Abrió bien mis piernas haciendo una ancha uve en alto que yo creía que me iba a partir em dos. Cuando vio mi agujero abre, pues el lo decía:

    — Ahora está tu agujero abierto y a punto.

    — Hum, hum, —yo suspiraba.

    — Ahora entra Atila en Roma para inundarla con sus hordas.

    Metió su polla de una pasada. No sé si me hizo daño de tanto daño y placer que me produjo, pero tenía a Atila en persona dentro. Cuando comenzó a pelear, los hunos entraban y salían de mi Roma como Pedro por su casa y yo sentía un enorme placer, cada vez más rápido y cada vez tocando el corazón de Roma, todos hunos tropezando con mi próstata y allá que se inundó toda Italia desbordándose el Tiber de mi polla. Entre el sudor y el semen, Rola quedó anegada y yo me rendí sin más a Atila que cayó sobre mí y me conquistó sin más con un mar de besos, de semen y sudor y brotaron las lágrimas de placer entre ambos. Nos dormimos sin ducharnos de puro cansancio abrazados.

    Sonó el despertador y le dije que el partido había quedado 0-1. Me miró como con rabia y me dijo:

    — !A la ducha, cochino! Mira como me has puesto.

    Nos fuimos a la ducha, Abelardo venía caliente, aunque no más que yo y me dijo:

    — ¡Manos a la pared! ¡Esto es un asalto!

    Metió dos dedos sin problemas de modo rápido y me atravesó, volví mi cara y lo besé, el no quiso besarme. Inició su vaivén e iba in crescendo, mientras dijo:

    — Roma se ha portado muy mal con mi Atila y ahora sabrás lo que es una invasión de los hunos.

    Ni los hunos ni los otros, aquello parecía un desquite futbolístico teniendo atenazado al enemigo. Me follo con fuerza, con ganas, con rabia, mientras yo chillaba:

    — Ya, ya, ya, cabrón, hijo puta, me la estás metiendo a lo bestia.

    — Son los hunos, maricón, aguanta.

    Y se derramó, más que en la noche. Me sentía lleno, lleno de semen, lleno con su polla como un tapón y lleno de placer.

    — Abelardo, hemos de desayunar e irnos al examen, el mío es a las 10:00 en punto, no quiero llegar tarde.

    — El mío es una hora más tarde, ¿me esperarás?

    — Mal amigo sería si no te esperara, no soy imbécil.

    — Pero una hora suelto, si pasa alguien te gusta, igual…

    — Pues sí, ahora después me pones el pene de castidad y te llevas la llave.

    Suerte que no tenemos, porque hubiera aceptado. Si me voy conociendo a Abelardo.

    Cuando metió sus dos dedos en mi culo, salió la leche que me había inoculado y me vino mi orgasmo retrasado, pero abundante. Caí en sus brazos, me besó, nos lavamos y al desayuno.

    Mi taita estaba feliz de vernos tan animados para ir a los exámenes y nos preparó un brebaje para que no fallara nuestra memoria. Le agradecimos sabiendo que eso no iba a hacernos ni bien ni mal y nos fuimos a la puta calle a vencer otro día.

  • Los socios de mi esposo (3): Don Julio

    Los socios de mi esposo (3): Don Julio

    Luego que salí de la oficina de don Ricardo, baje directamente al parqueadero, tome mi automóvil y me dirigí a mi casa. Alii me duché y luego pude notar en mi tocador que tenía la mano de don Ricardo, marcada en una de mis nalgas y un tremendo chupetón en uno de mis senos. Me miré al espejo, estaba totalmente desnuda y a pesar del baño me sentía sucia.

    çde nuevo había sucumbido de placer con otro de los socios de mi marido, me sentía una zorra, y al recordar la forma como había sido penetrada en un principio obligada, pero luego dejándome llevar de la lujuria y el placer hizo que me sentara a llorar, hasta quedarme dormida.

    Al rato me desperté me vestí de tal forma que no se vieran mis marcas, tome el collar, y lo guarde en uno de mis cajones. Tuve que inventar una disculpa para no hacer el amor con mi esposo durante dos semanas para que no fuera a ver mis morados. Y decidí que no podía volver a caer en el juego de los señores, nuevamente continúe mi vida como si nada, eso sí evitando quedarme sola con Ricardo y marcos. Para ello contrate una asistente que me acompañaba a todos lados mientras estaba en la empresa de mi esposo y sus socios.

    A menudo me topaba con ellos, pero aunque sus miradas eran picaras no hubo más contacto, ni palabras indiscretas. Pasaron tres meses y pronto terminaría mi contrato en el consorcio y en la última reunión que tuve con mi esposo y los señores, se llegó a la conclusión que la nueva imagen de la empresa sería presentada, en la inauguración del nuevo hotel en Cartagena. Algo que me pareció genial pues aprovecharía para tomar unas cortas vacaciones en la playa.

    Las cosas parecían cambiar a mi favor aún más, mi vida económica, social y marital era perfecta. Carlos me insinuaba que ya era hora de pensar en un hijo y aunque yo también quería, sentía que aún no era el momento, faltaba una semana para la inauguración del hotel y la presentación de mi proyecto. Era un lunes a las 9:00 am yo estaba ultimando unos detalles para irme a la empresa y sonó el timbre de mi casa, me pareció extraño, pues de la portería principal no habían anunciado a nadie. Mi esposo tenia llaves, sin embargo decidí abrir la puerta, y gran sorpresa, mi hermana menor, Lina estaba allí parada.

    -Sorpresaaa!

    Mi felicidad fue total.

    -¿Mi vida, que haces aquí? ¡Qué alegría!

    -No Danny, pues mira termine semestre y hable con mi mami, le dije que quería viajar a visitarte y aquí estoy.

    Yo la abrace, y la hice pasar de una.

    -¿Pero cómo hiciste para entrar al condominio, Lina?

    -Jajaja, eso se lo debes a Carlos, el sabia de la sorpresa y pues hablo con los porteros, que guapo esta Carlitos y que elegancia.

    -Sí, mi esposito es lo más divino, pero, la guapa eres tu hermanita mira como estas de hermosa y grande.

    Lina, era una niña hermosa, 18 años recién cumplidos, una cara preciosa, y un cuerpo aunque no tan desarrollado como el mío, tenía muy buenas curvas.

    Yo la instale en la habitación de huéspedes, le prepare algo de comer, y le pedí que se quedara sola un rato mientras yo iba a organizar unas cosas en el trabajo. Termine temprano todo en el consorcio, le di el resto de día libre a mi asistente y me regrese a casa para salir de compras.

    El resto del día fue de risas y diversión, llegamos a casa le prepare una cena especial a mi marido y aproveche la llegada de mi hermanita para invitarla a Cartagena. La idea era irnos tres días antes de la inauguración para preparar todo y aprovechar la playa y el sol para darnos un buen bronceado, esa noche pensaba convencer a Carlos para que viajara con nosotras, algo que fue imposible pues, el solo podría viajar el mismo di de la presentación junto con los otros señores.

    -Amor, pero pues haz la excepción, y viajas pasado mañana.

    -No, amor que más quisiera, pero la verdad me es imposible, más bien te adelantas con Lina y las esposas de mis socios y aprovechan el sol y la playa. Yo me quedo unos días más co tigo en Cartagena luego que pase lo de la presentación y la inauguración, ¿si amor?

    -Mmm, está bien amor, ¿pero las señoras si van de fijo, o aun no es seguro?

    -Amor, mañana cuadro todo en la empresa con los socios, para que eso quede listo y viajen todas el miércoles, igual todas llegarían al hotel y se instalaran cada una en las suite. Si quieres separo una para Lina o compartimos la nuestra.

    -No, amor compartamos con ella, me da cosa dejarla sola, además tu sabes que ella es algo miedosa, jajaja.

    Nos fuimos de viaje, los preparativos de mi presentación fueron muy rápidos gracias al trabajo de logística, el hotel era cinco estrellas, con unas suites preciosas a escasos metros de la playa, era la maravilla. El día de la inauguración llego, todos los socios legaron junto a mi esposo, y gran parte del equipo de trabajo del consorcio, hubo prensa local y nacional, músicos de gran categoría y mi presentación fue todo un éxito, aunque fue un día arduo valió la pena tanto esfuerzo. Ya para cerrar se tenía preparado un coctel, con lo cual yo pensaba hacer un pequeño acto de presencia y retirarme a mi habitación junto con Carlos y Lina.

    Algo que fue imposible, por la insistencia de las señoras, mi humana y mi esposo. Yo me quede a regaña dientes, recordando lo que me había pasado en el coctel pasado con don marcos y don Ricardo, pero esa noche todo fue totalmente diferente todos estuvieron en su sitio hasta que termino todo y nos dirigimos cada uno para su respectiva morada.

    Al día siguiente y luego del desayuno, Lina y yo nos dispusimos a bajar a la playa para entrar al mar y luego tomar el sol, como lo habíamos planeado con anterioridad con las señoras, Carlos decidió quedarse un rato más pues se sentía algo agotado. Nos pusimos el traje de baño el cual era de dos piezas, el biquini era tipo hilo especial para tomar un buen bronceado, nos pusimos el pareo y nos dirigimos a la playa a encontrarnos con la señoras.

    -Hola Danielita, ustedes nos quieren avergonzar, ese cuerpazo y mira nosotras ya todas cuchi Barbie, jajaja -dijo la esposa de don Ricardo.

    -Si mira que par de mujeres tan lindas, la familia no se pierde,-contesto la esposa de don marcos.

    -¿Niñas y Carlitos no baja? Pensamos que íbamos a tener caldo de ojo, jajaja – contesto la esposa de don Julio.

    -Jajaja, no, este algo agotado, pero demás que baja en cuanto descanse- les respondí.

    -Mejor dicho el único de los señores que madrugo fue julio, él fue quien me despertó y mírenlo allá está en el agua. -dijo su esposa.

    Lina, solo nos miraba y se reía, nos fuimos acomodando en la playa, la cual era exclusiva del hotel, al instante que don julio salía del agua, llego saludo de beso en la boca a su esposa, y luego a las señoras para por ultimo llegar donde estábamos Lina y yo, era un hombre atlético para su edad, bien conservado. Pero, su mirada cuando se dirigió a mí y luego a mi hermana fue algo incomoda pues nos desvistió o nos quitó el poco de ropa que teníamos. Se acercó a Lina le dio un beso en la mejilla, y luego a mí, pero antes se detuvo y me dijo.

    -Danielita que grata sorpresa, me alegra mucho que estén compartiendo con nosotros, tu hermana es una copia exacta tuya, que mujeres.

    Me dio el beso en la mejilla y se fue donde su esposa. Nos ubicamos cada una en nuestras respectivas bancas de sol, y ellas quisieron tomar el sol antes de ir al mar, yo por mi parte preferí aprovechar la mañana y nadar un rato.

    -¡Lina, vamos a nadar un rato?

    -No, Danny ve tu yo me bronceo, más bien antes de meterte al agua, porque no me aplicas el bronceador en la espalda.

    -¡Está bien! Ya te lo aplico.

    Le aplique el bronceador, lo mismo hizo Don Julio con su esposa y las otras dos señoras se aplicaron y se tendieron boca abajo a tomar el sol incluido don julio quien argumento que quería descansar un ratico, a mí por mi parte me encantaba el mar y la natación. Me fui al mar, estuve nadando y jugando en las olas por varios minutos, me sentía feliz y libre pues, la playa por ser tan temprano estaba aún vacía solo con nosotras.

    Estaba tan desprevenida nadando que no advertí que ya don Julio había ingresado de nuevo al agua, y cuando lo sentí fue prácticamente hablándome por detrás.

    -Veo que te encanta el agua y nadas muy bien.

    -Ayyy, don Julio que susto me dio, penseque aún estaba sola.

    -Jaja, discúlpame por asustarte, pero no pensé que estuvieras tan concentrada.

    -Tranquilo, y si me encanta el agua y la natación. -Le respondí, mientras volteaba a mirarlo.- Pero veo que a usted también don Julio

    -Si, Danielita, pero, ya no me digas don, y también hago natación, pero a ti si se te nota que cuerpo tan perfecto tienes, no veo la hora que llegue la noche y sea mi turno de disfrutarlo.

    Yo lo mire a los ojos, con cara de asustada y le dije:

    -¿Qué dice don Julio, a que se refiere con lo de su turno de disfrutarlo?

    -No te hagas la tonta, tu sabes a qué me refiero, ya Marcos y Ricardo pudieron probarte ya es hora de que yo sea el siguiente.

    Yo, me quede lívida y le esquive la mirada morbosa que tenía mientras me decía eso, pero de nuevo estaba siendo chantajeada por el tercer socio de mi esposo. Yo intente salir de ahí nadando pero, de inmediato sentí sus manos en mi cintura, y como el agua me llegaba casi al cuello nadie notaba que hacia él, igual estábamos siempre alejados de la orilla.

    -por favor me suelta que ya me quiero salir, don Julio.

    -no tan rápido Danielita, tu sabes que es mejor que no te pongas de digna. Te follaria aquí mismo si no fuera porque a diferencia de los demás yo si me quiero tomar el tiempo contigo y disfrutar cada espacio de tu cuerpo.

    -ya me quiero ir señor. -le dije e intente zafar sus manos de mi cintura si hacer mucho movimiento para evitar que alguien estuviera observando.

    Y cuando salí intentando nadar de nuevo sentí sus manos en mi cadera y me halo hacia él. Hábil mente tomo las tiras de los lados de mi tanga de baño y las haló zafando los nudos y quedándose con ella en las manos.

    -Jaja, vete si quieres mujer.

    Yo me gire hacia él y asustada le dije.

    -Devuélvame el biquini por favor don Julio.

    -Jajaja, deja la prisa, y no seas tan mal educada. A demás no te preocupes que nadie está viendo. Más bien acércate un poco. Vamos ven.

    Yo me sentía de nuevo humillada y derrotada, y avance un poco más hacia él.

    -Eso está mejor me gusta que entiendas la situación.

    Dicho esto, puso una de sus manos en mi abdomen y empezó a deslizarla hacia mi entrepierna, yo trate de cerrarlas pero era imposible sostenerme en el movimiento del agua y sentí como su dedo del medio fue introduciéndose lentamente entre mis labios vaginales, lo subía y lo bajaba rosando mi clítoris, para luego meterlo todo en mi vagina y empezar un movimiento de meter y saca. Yo agache mi cabeza mientras tragaba un poco de saliva.

    -Mírame Danielita, ¿te está gustando verdad? Mira como aumenta tu respiración y se dilatan tus pupilas, están muy rica mujer, creo que me voy a divertir mucho contigo.

    Yo sentía mis cachetes sonrojados, no sé si de la vergüenza o del movimiento de sus dedos en mi vagina pues ya sentía dos de sus dedos entre mi cosita.

    -Ahora mete tu mano en mi pantaloneta y hazme una paja.

    Yo, solo hice caso e introduje mi mano tome su erecta Berga y empecé a masturbarlo.

    -Eso, así perfecto mujer.

    El empezó a meter y sacar su dedo más rápido y yo también aumente el ritmo con el movimiento de mi mano. Ya empezaba a sentir el efecto de su mete y saca, por lo que abrí un poco más mis piernas y cerré mis ojos mientras mordía mis labios, el también empezó a suspirar y a dar pequeños quejidos de placer.

    Era increíble como a plena luz del día, yo de nuevo le era infiel a mi esposo, y prácticamente me había olvidado de la situación, tal vez por la adrenalina y el susto del momento pero, cuando medio reaccione ya estaba a escasos centímetros de don Julio casi rosando mis pechos contra los suyos. Solo ocultos por el agua pero a la vista de todos, sin que nadie se percatara de la situación.

    -Ahhh, que dicha mujer, relájate que nadie nos mira.

    Con su otra mano me tomo de mis nalgas y me apretó contra él, pero como ya era demasiado evidente nuestro acercamiento. Y prácticamente ya estábamos a punto de besarnos, pues de los socios él era el más, bajo pero más atlético, solo me llevaba unos cinco centímetros de diferencia.

    Saco su mano de mi vagina, me pidió que me volteara, y me inclinara un poco hacia adelante. Yo hice lo que me pidió, y sentí como rodeaba mi cintura con una de sus manos, para sostenerme.

    -Abre las piernas mamacita.

    Yo las abrí y sentí como se metía entre ellas y guiando su pene con una de sus manos y al sentir que se encontraba en la entrada de mi vagina, me lo introdujo de golpe haciéndome dar un gemido

    -Ahhh, don Julio nos pueden ver, pareee.

    -Mmmm, tranquila mi putica, no te asustes, o me vas a negar que querías que te lo metiera. Mmmm.

    Soltó la mano que rodeaba mi vientre y con ambas manos tomo mis caderas y empezó a darme embestidas, causando que yo clavara mi cabeza en el agua y me atragantara, como pude la saque y tome aire.

    -¡Pare, pare!

    Le grite mientras al tiempo que le decía, movía mi cuerpo para seguir siendo penetrada, luego de eso, me dio al menos 10 embestidas más, y de repente sonrió, saco su pene aun erecto de mi concha, me entrego mi tanga y me dijo.

    -Estuvo perfecto para ser la entrada, esta noche tomare el plato fuerte y el postre. Jajaja.

    Salió nadando hacia la orilla y yo me puse mi bikini, y Salí llena de mal genio no sé si por lo que me hizo al chantajearme de nuevo, o por dejarme iniciada al borde de un orgasmo. Lo único que tenía claro es que el tipo me había dejado así de maldad pues no se había venido y su verga aún estaba erecta. Me organice un poco y me lave bien, Salí del agua y me tumbe en la playa, a tomar el sol y a aparentar que no ocurría nada como ya estaba acostumbrada.

    Media hora después llego mi esposo, y estuvimos jugando y nadando junto con mi hermana y las señoras, Don Julio se quedó en la playa tomando cerveza con don Ricardo y don marcos, luego salimos y nos quedamos en la playa, debo reconocer que el calor y la sed del sol me hicieron tomar demasiada cerveza, lo mismo que a Lina que ya se notaba que estaba pasada de tragos, yo note como los señores no disimulaban el morbo que les causábamos Lina y yo, solo reprimidos por la presencia de Carlos y sus respectivas esposas, de inmediato me hice la agotada.

    -Amor, vamos a la habitación a descansar un rato estoy súper agotada.

    -Claro, mi vida vamos, señores y señoras los dejamos por un rato, nos vamos a descansar y en la tarde noche nos vemos para la cena y la fogata.

    -¡Vamos Lina!

    Le dije a lo que ella algo aburrida, me pidió quedarse un rato más. Yo no sabía que inventar, pero tampoco iba a dejar a mi hermana con esa jauría de lobos, y más con tanta cerveza en el ambiente.

    -Déjala un rato mas, dijo una de la señora.

    -Si mujer déjala. Respondió don Marcos.

    -Si por favor Danny déjame un rato más por favor.

    -No, señorita, nos vamos ya, además estas muy tomada, más bien subimos nos duchamos, descansamos un rato y luego bajamos como nuevos.

    -Si Lina vamos. Dijo Carlos.

    De inmediato subimos y nos dispusimos a descansar. Pues con la presencia de mi hermana no pude calmar con mi esposo, la iniciada de don Julio. Nos duchamos y nos acostamos un rato, Lina y Carlos, se quedaron fundidos pero, yo en cambio no pude dejar de pensar en la forma como estaba siendo chantajeada por esos tipos y la manera como había sucumbido ante ellos cayendo en su juego y termina siendo follada prácticamente con mi complacencia.

    Decidí que debía parar eso ya, pues me sentía una puta, por lo tanto tome la decisión de hablar seriamente con mi esposo al día siguiente y ese resto de día pensaba hacerme la enferma para no bajar pues no quería estar cerca de ellos, solo tenía que convencer a Lina para que se quedara acompañándome, y a mi esposo para que bajara un rato a hacer acto de presencia.

    Todo salió como lo había planeado, fingí estar enferma, mi hermana aunque muy aburrida prefirió quedarse y Carlos fue a reunirse un rato con sus socios. Eran ya las diez de la noche y Carlos no regresaba, yo opte entonces por usar una de sus camisetas como pijama, me quite mi sostén y que de solo con unas pequeñas tangas color rosa y la camiseta de Carlos. Lina por su parte se puso una pijama corta tipo cachetero con su respectiva blusa, decidimos salir un momento al mirador de la suite ver si se veía mucho movimiento en a playa, y efectivamente se escuchaba música vallenata y se podía ver una gran fogata, por lo cual opte por que nos fuéramos a dormir, para no antojar más a mi hermana y por qué imagine que mi esposo tardaría en subir más de lo pronosticado.

    Nos recostamos, al momento Lina quedo profunda y yo tome el celular para chismosear y actualizar mis redes. Estuve así por varios minutos, cuando sentí que se abría la puerta de la suite, espere que entrara mi esposo para preguntarle como la había pasado, pero me lleve una gran sorpresa cuando la silueta que se formó frente a mi cama no era la de mi esposo si no la de Don Julio.

    De inmediato volteé a ver a mi hermana, la cual seguía dormida. Él se quedó mirando mis piernas descubiertas y la cola de mi hermana que por la pose de cuchara en la que estaba dejaba ver gran parte de sus nalgas. Se acercó hasta mi lado, con una sonrisa pícara.

    -¿Usted que hace acá don Julio? Por favor salgase.

    Le dije lo más despacio posible para no despertar a Lina.

    -Tú sabes que hago aquí, Danielita. Vengo a probar el plato fuerte y el postre, pero mira nada más que rica te ves así y que rica se ve tu hermanita. ¿Empezamos?

    De inmediato se sentó al bordo de mi cama y puso su mano en mis piernas, yo ahí mismo me pare de la cama lo toe de la mano y lo lleve hasta la puerta.

    -Por favor váyase, no quiero más problemas, váyase.

    -Calma mujer por tu maridito no te preocupes MARCOS Y JULIO lo tienen bien cuidado y por Linita pues de ti depende que se entere o no, tal vez hasta hacemos un trio, sería bueno desvirgarla a ella, se nota que no ha probado macho. Jajaja.

    Yo me llene de ira y solté una cachetada en su cara intente cerrarle la puerta algo que no pude hacer pues a pesar que estaba muy tomado, tenía gran fuerza, y con la bofetada que le di solo logre enfadarlo. De inmediato me tomo del cuello y me llevo hasta la puerta de la habitación donde estaba Lina, me hizo mirarla mientras me tobaba por detrás y me hablaba al oído.

    -Mira tu hermana, ¿quieres que se dé cuenta lo puta que eres, quieres que la despierte y me la coma? ¿Tú decides Danielita, o te portas como una zorra con migo o te juro que me follo a la ricura de tu hermanita también?

    Yo empecé a llorar, mientras miraba mi hermana, el dejo de apretarme y empezó a besar mi cuello y mis orejas, metió su mano derecha entre mi camiseta y la subió a uno de mis senos estrujándolo y apretándolo.

    -Eso está mejor mamacita así es que me gusta.

    Metió su otra mano y se apodero de ambos senos los masajeo y luego me quito la camiseta dejándome solo en mis tangas rosa. Me volteo hacia el tomo de nuevo mi cuello, y me beso la boca, luego me soltó, me miro de arriba abajo, sonrió de nuevo y me dijo.

    -Que buena presentación la de este plato lo voy a disfrutar mucho.

    Puso su mano en mi entrepierna por encima de mi tanga y me dijo que me tirara al piso sobre la alfombra, yo dude para hacerlo pero al ver de nuevo a Lina me acosté de tal forma que ella no pudiera vernos. Es se paró frente a mí, con uno de sus pies abrió mis piernas, y empezó a desnudarse mientras yo lo veía desde la alfombra. Se quitó su camiseta, su short y por ultimo su bóxer.

    Se arrodillo en medio de mis piernas puso una de sus manos sobre mi tanga y comenzó a jugar con sus dedos sobre mi vagina mientras me miraba, después corrió un poco la tanga e introdujo su dedo índice, yo estaba ya algo majada por sus masajes, saco su dedo lo olio y lo metió a su boca, se inclinó hacia mí, beso mi boca luego mi cuello y se adueñó de mis tetas, haciéndolas poner cada vez más duras, luego subió de muevo a mi boca la beso y me dijo al oído.

    -Ves cómo te puse nuevo, te apuesto que ya quieres que te lo meta.

    Yo solo guarde silencio, mientras él se ponía nuevamente de rodillas, ponía sus manos en mi cadera a los lados de mi tanga y empezaba a quitármela, yo levante mis caderas para que salieran, luego alce una pierna, después la otra, para quedar totalmente desnuda. Es agacho su cabeza olio mi vagina y empezó a darme pequeños lenguazos, para después tomar mi clítoris con sus labios y halarlo muy suave sacando de mi gemidos de placer causando un orgasmo postergado.

    Yo puse una de mis manos en su cabello y con la otra agárrela alfombra mientras pegaba mi vagina en su cara y mi pelvis tenia contracciones, el por su parte subió con su boca por mi vientre, llego de nuevo a mis senos los chupo, continuo a mi boca, y sentí como acomodo su pene en mi vagina y me dijo mirándome a los ojos.

    -El palto fuerte sabe delicioso, ¿en serio quieres que me valla mamacita?

    A mí solo se me vino a la cabeza decirle.

    -Usted ya sabe lo que quiero Don Julio.

    Mientras levantaba mi pelvis, para que me lo metiera, él sonrió me beso y clavo su Berga en lo más profundo de mi vagina iniciando un vaivén que me puso loca con cada movimiento y penetrada.

    -Shhh, uffff, mmm siii, siii mas, no pare no pare.

    Yo estaba tan excitada que lo gire y quede sobre él y empecé a cabalgar en su pene mientras el masajeaba mis tetas, yo aceleraba más, mis quejidos terminando en el segundo orgasmo.

    El me volteo nuevamente me penetro por unos instantes, para después ponerme en cuatro empezar a morder mis nalgas, pellizcarlas, abrirlas. Para después meterme su pene e introducirlo en mi vagina y continuar su penetración. Su pene entraba de una forma tan deliciosa que yo mordiera mis labios y me excitara cada vez más, hasta que sentí como acelero sus embestidas y en medio de quejidos de placer, me vaciara todo su semen y dejara mi vientre con todo su esperma, mientras yo tenía mi tercer orgasmo.

    Los dos quedamos tendidos en el piso llenos de fluidos por unos instantes hubo silencio. Él se puso de pie estiro su mano y me ayudo a parar y muy al contrario de terminar todo ahí, tomo mi cadera y me llevo al mirador de la suite, me recostó contra la baranda y empezó a besar mi boca, yo le correspondí.

    -Ves que no estuvo tan mal Danielita.

    -Para nada don Julio.

    -Ahora solo falta el postre, mamacita. -Me dijo mientras acariciaba mis nalgas y besaba mi cuello.

    -¿Y se puede saber cuál es el postre, don Julio?

    Le dije con algo de curiosidad y morbo y hecha toda una zorra debido a la forma como me había culeado ese tipo.

    -Pues si quieres saber cuál es el postre haz que se pare nuevamente mi pene.

    Yo lo mire de forma picara y le respondí.

    -Eso para mí no es ningún problema.

    Y empecé a besar su cuello su pecho y fui descendiendo hasta su Berga allí la tome con mis manos y la metí suavemente en mi boca para chuparla, se la lamí, bese y mordí tan rico que al poco tiempo estaba dura. Subí nuevamente besando su cuerpo y al llegar a su boca le di un beso mientras con mi mano masturbaba su pene y le dije.

    -¿Cuál es el postre?

    -Eres toda una hembra, ahora veras cual es el postre.

    Me puso de espalda mirando hacia la playa parándose detrás mío, abrió mis piernas con algo de brusquedad, se agacho, sentí como con ambas manos abrió mis nalgas y clavo su lengua desde la entrada de mi culito hasta la entrada de mi vagina, yo pegue un pequeño brinco mientras me escaramuzaba de placer y paraba cada vez más mis nalgas, luego sentí como su saliva inundaba mi ano para, sentir como introducía uno de sus dedos dentro, mientras con la otra mano masajeaba mi clítoris y mi vagina, metió el segundo dedo en mi cola y yo instintivamente lo apreté sintiendo un dolor leve y muy placentero, los dejo adentro un momento y luego empezó a moverlos de adentro a afuera cada vez con menos dolor y más placer.

    De repente sentimos como por la puerta principal de la habitación había ruido, él se paró tras de mi aun con ambos dedos dentro de mi culo y miramos de reojo, apareció una silueta de Carlos, yo me llene de susto y adrenalina, pero por fortuna estaba tan borracho que apenas se sostenía de pie y cayó como un bulto sobre el sofá.

    Don Julio beso mi oreja yo gire mi cabeza y lo bese mientras el continuaba con el mete y saca en mi culo y mi vagina.

    -¿Querías saber cuál es el postre Danielita? Pues tu culo es mi postre. Aun quieres dármelo?

    -Siii, obvio si, cómaselo.

    De inmediato sentí como puso su pene en mi orificio y lo clavo muy despacio hasta metérmelo todo, yo apreté mi boca para no gritar pues sentí como me partía el alma, lo dejo ahí unos instantes y luego empezó a sacarlo muy despacio y luego de nuevo meterlo yo ya empezaba a sentir mucho placer con cada mete y saca al punto inicio un bombeo más seguido cada vez y yo solo decía groserías de placer.

    -Mierda que rico julio jueputa asi más mass.

    -Rica tu mamacita que culo más delicioso, como todo lo tuyo.

    Sus bolas chocaban contra mis nalgas cada vez más seguido. Hasta que sentí como se movía como sufría espasmos para venirse esta vez dentro de mi culo.

    Termino todo y muy despacio tomo su ropa y salió para su suite yo me fui al baño me limpie, y me puse mi ropa para irme a dormir muy adolorida, agotada y satisfecha.

    NOTA: el traje de baño y la pijama que tenía puestas son los que tengo en mi perfil, espero sus comentarios.

  • De compras con mi novia y su mejor amiga

    De compras con mi novia y su mejor amiga

    Esta experiencia es una de mis más morbosas aventuras con quien ahora es mi pareja, como ya he contado en otros relatos, encontré mi pareja ideal, es alocada como yo y le encanta tener sexo en lugares públicos o con el peligro de ser encontrados.

    En una ocasión estábamos en una tienda de compras con un motivo especial, el cumpleaños de mi esposa (en ese entonces mi aun novia) y nos acompañaba su mejor amiga, a quien llamare Rina, que por cosas de la vida nació el mismo día que ella y aprovecho para comprar algunas cosas también. Siempre he sido cariñoson y siempre ando tocándole las pompis a mi pareja, dándole besos y bien acaramelado estemos en lugares públicos o no… Todo transcurría normal, veían prendas de vestir y zapatos, yo me la pase hablando cosas triviales y bromeando con las dos.

    Como es normal, ellas pasaban mucho tiempo decidiendo cual prenda si y cual no, y el tiempo se me hacía eterno, y mientras se decidían por unos zapatos les dije con voz ruda ya que estaba aburrido “llévate los dos y ya” ella sonrió y me pidió que no me desesperara, a lo que respondí que ya era tarde, entre risas tomaron uno y yo tome la caja del otro y la puse en el carrito para llevar.

    Al salir de la tienda ya de noche mientas caminábamos hacia el vehículo Rina hablaba por teléfono con su novio y mi novia me contaba sus planes para el día del cumpleaños mientras yo pensaba en como haría la ruta para llevar primero a su amiga y luego a mi ella para ver como conseguía que el viaje fuera más placentero, pero para mi sorpresa al salir del estacionamiento y tomar la calle sentí la mano de mi novia posarse sobre mi pene, la mire y su sonrisa y cara pervertida dejaba dicho su plan, rápidamente me desabroche el pantalón y la deje hace lo que quisiera, ella se acomodó sacando mi pene ya erecto y comenzó a hacerme la mamada poniendo a su mejor amiga con vista en primera fila… mientras ella comenzaba lentamente a lamer mi miembro y decirme que le encantaba mamármelo, su amiga le contaba a su novio por teléfono lo que estaba pasando y recuerdo perfectamente como ella le explicaba que mi novia me hacia la mamada enfrente de ella sin el más mínimo rastro de vergüenza…

    Yo disfrutaba al máximo tan deliciosa mamada, más el morbo de que alguien estaba junto a nosotros mirándonos, entonces se me ocurrió algo mucho más excitante y dije “Rina, páseme su mano por favor”… no sé qué habrá pensado ella en ese momento pero tímidamente me paso su mano libre y yo la coloque sobre la cabeza de mi novia, de modo tal que ella pudiera guiar el ritmo de la mamada, ella aprovecho la oportunidad y aunque fue por poco tiempo le propino 3 arremetidas en la nuca de mi novia lo que provoco que mi pene llegara hasta la garganta, yo estaba en la gloria y se me complicaba conducir correctamente.

    Tome dirección a un parque (el mismo parque de mi relato “Compensación por el viaje”) y me estacione en un espacio oscuro, le dije a mi novia que se pasara al asiento trasero y se sentara al lado de su amiga, luego pase yo pero no podíamos hacer la posición de perrito cómodos así que abrí una de las puertas y me pare fuera mientras acosté a mi novia boca arriba con su cabeza sobre las piernas de Rina y comencé a penetrarla fuerte… Mi novia gemía muy sexy y tiernamente mientras Rina solo reía y se quejaba de que ella tenía mucho tiempo sin tener sexo y nosotros la pusimos en esa incómoda situación…

    Estaba muy excitado y sentía que no tardaría mucho para venirme y trate de bajar el ritmo para durar un poco más, pero Rina pregunto con una voz tímida “quieren que les tome unas fotos?” yo rápidamente saque mi celular del bolsillo y se lo pase, mientras seguía penetrando a mi novia que solo gemía y disfrutaba la cogida, Rina nos hizo algunas fotos y yo no aguante más y descargue todo dentro de mi novia, ella me pidió que por favor continuáramos a lo que le dije que sí, pero que no en ese lugar, me subí los pantalones, mi novia se acomodó la ropa y nos fuimos a dejar a su amiga y luego seguir nuestra cogida en mi casa.

  • La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 2)

    La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 2)

    30 años después de la infidelidad con el albañil.

    Ana bajó del automóvil de su esposo que la dejó en la entrada del elegante hotel donde sería la convención. Al subir la rampa al acceso principal, escuchó que alguien le dirigió el clásico piropo silbado. Ella giró y vio a un hombre mayor que trabajaba en las plantas de ornato de la entrada. No había nadie cerca excepto taxistas en sus vehículos y a distancia, un botones, pero el silbido era muy cercano.

    -“¡Adiós guapa!”, escuchó que el viejo le decía.

    A pesar de su supuesta indiferencia, su feminidad la hizo sentirse halagada. Se giró de nuevo y vio que él la miraba fijamente. Su cara se le hizo conocida y caminó hacia él. A sus 58 años, Ana había conocido a muchísimas personas de todas las clases sociales y pensó que lo menos que podía hacer es ver de quien se trataba. A medida se acercaba, Ana empezó a sentir una leve descarga de adrenalina…

    – “¿Ramón?”, preguntó.

    –“El mismo que viste y calza, hermosa”, contestó él emocionado. “Te han sentado bien los años, mi reina”, la halagó el vetusto albañil.

    Quizá la última vez que supo de Ramón fue en alguna de las esporádicas veces que se vieron después de sostener un tórrido y largo romance de casi cuatro meses hacía poco más de 30, cuando ella estaba poco tiempo casada con Eduardo. Como una corriente eléctrica, los recuerdos se vinieron a su mente.

    -“Te sientan bien esos, que serán, ¿10 o 15 kilitos que traes encima?” le dijo Ramón. ”Tus nalgas se ven más sabrosas, más rellenas”, prosiguió. Ella simplemente le sonrió.

    Entre Ana y Ramón existió siempre un vínculo de franqueza cuando ella fue su puta casada. A ambos les encantaba dominarse y tenían relaciones de alto riesgo que disfrutaban enormemente, unas relaciones que Eduardo nunca supo que así fueran, o por lo menos eso pensaban. Rosa, la esposa de Ramón, era para Ana un misterio… si supo o no de tal relación poco importaba a estas alturas.

    Ana vio su reloj y le dijo… –“Tengo que entrar a la reunión. Durará como hora y media o dos. ¿Estarás por aquí?”

    –“¡Claro!, contestó Ramón emocionado. “Salgo a las 11. Trabajo media jornada aquí”, agregó.

    En la convención, Ana no hizo sino recordar sus ardientes años con Ramón. La relación se enfrió algo cuando temió haber quedado preñada de él, pero se siguieron viendo esporádicamente. Ana se preguntaba cómo estaría el pollón que gastaba de joven. Era enorme, ella recordaba que fácilmente podría llegar a los 20 cm y no conseguía cerrarla con sus dedos en la base, dura, venosa… obscura. Empezó a salivar con el solo recuerdo y sintió su vulva humedecerse. Recordó cada detalle, y la convención le pasó en blanco y se le hizo eterna. Habrían pasado algunos años desde que lo vio por última vez. Se llamaban rara vez por teléfono, ella le pedía trabajos…, Ramón se la follaba cuando podía, trabajando como albañil en casa de Ana y Eduardo. Frecuentemente era solo dinero lo que él quería, y ella con gusto se concedía… quedaban de verse, pero rara vez se lograba dicha reunión. Cuando finalmente pudo salir del salón, Ana bajó apresuradamente y no lo encontró.

    Algo decepcionada se dirigió al área de la piscina en la parte posterior del edificio, y a lo lejos lo divisó y alzó su mano. Ramón estaba guardando sus herramientas y ya se había cambiado. Le hizo señas para que se acercara.

    -“Siempre podrás decir que me conoces, que me estás pidiendo un trabajo o algo así”, le susurró Ramón. “Así, tus amistades que nos vean no creo que sospechen, además tú estás hermosa y yo me conservo aun en forma”, agregó.

    -“Eduardo saldrá el sábado a pescar con sus amigos. Ahora solo tengo a Alberto soltero en casa que seguramente saldrá, no tengo nietos que cuidar”, le dijo ella.

    – “¿Ya eres abuela?”, preguntó Ramón.

    –“Si”, contestó Ana. “Tengo dos nietos y una nieta”.

    -“Pues eres la abuela más sabrosa que jamás he visto”, le dijo Ramón. Ana sonrió.

    – “¿Sigues viviendo en el mismo sitio?” Preguntó Ramón.

    -“No”, contestó ella. “Esta es mi nueva dirección”, al tiempo que le dio un papel con su número de móvil.

    Por prudencia y cuidado, Ana no lo besó en la despedida. Ramón le aseguró que estaría el sábado a las 10 en su casa para “visitarla”… Ambos coincidieron que había mucho de qué hablar, y lo invitó incluso a comer con ella. Anduvo unos pasos, Ana se detuvo… tímidamente se volvió y le preguntó a Ramón, -“¡¿Todavía se te pone dura?!”.

    Ramón se rio. –“Digamos que rara vez me falla, pero casi siempre hace un buen papel todavía”, le aseguró.

    – “¿Cuántos años tienes Ramón?” Preguntó ella.

    – “Voy para los 65”, le contestó orgullosamente. “Le cuesta arrancar pero cuando se empalma se pone fuerte y de un recio muy sabroso como ya conoces…”, dijo haciendo un gesto con su brazo y cerrando el puño en signo de fortaleza.

    –“Pues Eduardo tiene 60 y no se le empalma muy bien que digamos desde hace mucho”, confesó ella.

    -“Pobre de ti”, contestó el. “Dile que ya perdida la suya, te compre una verga de goma”, le dijo riéndose.

    -“¡Acaso crees que no la tengo…! Te veo pasado mañana. ¿Sabrás llegar?” preguntó Ana.

    -“Veré la manera. Tú cuenta conmigo y con tu orgasmo”, le aseguró Ramón.

    Se dirigió a la entrada y llegó Eduardo por ella. Ramón los vio alejarse, tomó sus cosas y se dirigió a la parada del bus al otro lado del boulevard.

    Casi a las 10 en punto de la mañana, Ramón llegó al nuevo domicilio de Ana y Eduardo. Ana sabía bien que por ningún motivo Ramón rechazaría la invitación a su casa para tener una larga conversación y después quedarse a comer, y quizá tal vez, algo más. No hacía mucho calor, el clima era soleado y agradable. Ana se vistió con unos leggings deportivos grises muy ajustados, que dejaban entrever su aún atractiva figura y hacer que sus kilos de más le dieran una apariencia de un pasado agraciado. Era verdad que se hallaba un poco rellenita, pero esos kilos le daba la forma a su silueta, por la que todo hombre pierde sus cabales…, su cara un poco más rellena, sin perder su belleza o más bien realzarla, sus nalgas más rellenas y torneadas por los años, y sus tetas algo más caídas pero muy apetitosas y más gordas después de amantar a dos hijos. En esta ocasión no se puso ropa interior. A su edad, Ana no había sido objeto de cirugías como la mayoría de sus amigas. Conservó su belleza lo más intacta posible a lo largo de más de 30 años.

    Ramón, vestido lo mejor que pudo dentro de su humilde condición, entró a la casa y esta vez, Ana lo besó brevemente en la mejilla. Se abrazaron y no tardaron mucho en besarse apasionadamente comiéndose la boca, ansiosos de revivir aquellos años llenos de calentura y atrevimiento. Ramón, con casi 65 años, se veía mucho más maltratado para su edad. El extenso y arduo trabajo al sol. Su otrora rizado cabello estaba completamente blanco… siempre fue hombre de mucho vello. Su desaliñada barba fue recortada y le quitó algunos años de encima… era un maromo fuerte y erguido, siempre lo había sido…, sus músculos estaban firmes y se notaba que aún tenía condición varonil, potente y muy macho. Ana le ofreció algo para desayunar. Ramón aceptó gustoso.

    -“Cuéntame Ramón”, dijo Ana. ”Cuéntame de tu familia… ¿Cómo está Rosa, los hijos… 4 son verdad?”

    -“Todos bien”, empezó Ramón. “Rosa muy descuidada… ya estamos solos, la pequeña se casó hace como cinco años y nos quedamos solos”, continuó.

    – “¿Y mi Zapo?” (Así apodaban al hijo mayor de Ramón), preguntó Ana.

    -“¡Ah ese inútil…! Contestó Ramón. “Me ha salido más vago que las mantas”, prosiguió. “Ya debe de andar sobre los 46. Lleva dos o tres mujeres y ha preñado a varias. Cuando nos visita, ya no quiero ni preguntar”, dijo Ramón mientras Ana le servía su desayuno.

    Ana se sentó enseguida de él, a su derecha.-“Salió caliente como su padre, pues”, dijo Ana, mientras Ramón comía. Ana empezó a acariciar en antebrazo de Ramón con sus dedos… -“Nunca te dije nada…”, empezó Ana. ”Pero me hubiera gustado que me follara el Zapo… se parece tanto a ti”.

    Ramón casi se ahogó con el café. Ella se rio. Esperaba esa reacción.

    –“Me acuerdo cuando lo traías de ayudante”, continuó Ana. “Tendría, qué, Me acuerdo que veía sus pantalones y se notaba que había heredado tu citote. Si tú tenías treinta y tantos y parecías de 20… me imagino que el Zapo, pudiera darme unas 10 veces al día”, agregó Ana mientras ambos se carcajeaban.

    -“A ver”, Ramón, y se puso a sacar cuentas. “Estamos en el 2018. Aquello fue por allá por… el 87-88. El Zapo si no me falla la memoria nació en el 72. Hace… ¿Cuánto? Me casé con 19 o 20”. Trató de recordar.

    Ana contó con sus dedos…

    – “No, estoy mal. El Zapo nació como en el 72, justo antes de la crisis del petróleo…”.

    -“Es que son tantos zagales y la cabeza que ya no es lo que era…”, dijo.

    – “¿Te imaginas Ramón? ¡Tu hijo follándome! Metiéndola donde la tuvo su padre y tantas veces se corrió…

    –“Recuerdo”, empezó Ramón. “Aquella vez en mi casa cuando te tenía ensartada por el coño, y no te quitabas… te dije que estaba a punto de explotar, y haciéndote la desentendida de mi inminente eyaculación, me dijiste que querías tener un hijo mío, ¡Que te preñase! Querías que te hiciera una buena barriga con un hijo que tuviera un pollón como su padre para que en el futuro no te faltara un buen cipote para follarte”.

    Ana sonrió. –“Claro, estaba peligrosamente caliente y no me importaba decir tonterías”. Se quedó mirando a los ojos del vetusto hombre casi del cromañón.-“Es que de verdad Ramón, eras increíble”, prosiguió ella. “Muy afortunada ha sido mi esposa de tener esta maza a su entera disposición… ¡¿Cuántas folladas le das a la semana?!”.

    -“Ya no tantas como antes… con dos o tres lleno el cupo. Tampoco tiene el coño tan apetecible como hace unos años, ya le pesan las tetas y el culo un poco…”, se rieron de la ocurrencia, la pobre mujer ya rondaba los 62 años.

    -“Nunca se me va a olvidar aquella vez que lo hicimos como cinco veces en un día… me llenaste todos los agujeros de lefa. ¡Salí perdida de leche! Olía a semen dos días después, menos mal que Eduardo no andaba por casa esos días. Y ni que decir de cómo me dejaste el coño… ¡Para el arrastre!”.

    –“Seis Ana, fueron seis polvos”, corrigió Ramón. “Fueron 6 polvazos y en todos sacaste algo de lefa para ti, ¡Cómo lo recuerdo!”.

    – “¡Que bárbaros éramos!”, recordó Ana. “¡Me dejaste toda desvencijada con el coño irritado y zamba! ¡Eras una bestia parda follando… un auténtico semental! Ella lo miraba con ojos lascivos.-“Aquellos largos viajes de Eduardo, cuando te quedabas a dormir y le avisabas a Rosa que era porque tenías que velar de la construcción… nunca lo olvidaré”, prosiguió.

    Entre la amena conversación sobre sus familias, lo que habían hecho de sus vidas y sus candentes recuerdos, Ramón terminó su desayuno.

    – “¿Te importa si fumo?” Preguntó Ramón.

    –“Claro que no”, contesto ella. “Si Eduardo dice algo, le diré que viniste a ver unos trabajos pendientes. Pero sí quisiera que vieras algo en el cuarto de arriba que no usamos”, agregó.

    –“Ahora lo vemos”, dijo él. ”Ando necesitado de lana”.

    Pasaron a la sala. Transcurrió un grato momento lleno de recuerdos, sentimentales y calientes anécdotas. Ana se sentó frente a Ramón, aunque moría por estar enseguida en el mismo sillón, aguardando el momento preciso para desenterrar la calentura que ambos, seguramente, llevaban dentro. Los años arrancaron de Ramón aquel arrojo que él tenía cuando la saludaba por las mañanas…no esperaba ni un minuto para lanzarse sobre ella y devorarla. Hoy se veía prudente y mesurado, más retraído, se notaba más la falta de energía.

    –“¿Qué te parece si vemos el trabajo que quiero hacer?” dijo Ana.

    Ramón se levantó sin dificultad y salieron al jardín.

    -“Es allá arriba”, señaló ella.

    Una escalera metálica de espiral daba acceso al cuarto en un segundo piso. Ella caminó frente a él. Cuando empezó a subir, Ana empezó a acentuar con provocativo ritmo el movimiento de sus nalgas, segura de que Ramón no les quitaba la vista. A la mitad de las escaleras, Ana se llevó las manos a la cintura y de un rápido movimiento, se bajó sus leggings, mostrando a Ramón sus desnudas, blancas y deliciosas nalgas.

    -“¿Lo has extrañado?” Preguntó ella sensualmente.

    Ramón quedó inmóvil, en silencio. Ana abrió sus nalgas inclinándose hacia enfrente, mostrándole sus íntimos encantos. Ramón sintió aquella ardiente familiaridad al ver el espectáculo. Sin decir palabra alguna, Ramón acercó su cara, le besó, mordisqueó suavemente una de sus nalgas, y empezó a lengüetear su ano mientras rodeaba con su mano su cuerpo y acariciaba su vulva. Ramón empezó a introducir vigorosamente su lengua en la raja de su coño, venciendo con facilidad su resistencia, saboreando y recordando su ligeramente amargo y salado sabor, mientras ella levantó su camiseta y empezó a acariciarse las tetas, retorciéndose de placer. Ana se volteó y se sentó incómodamente en el peldaño, abriendo los muslos lo más que pudo. Ramón retrocedió un poco, se arrodilló más abajo, y empezó a lamerle la vulva, ahora por delante mientras ella empujaba su cabeza y acariciaba su blanca cabellera.

    –“¡Sabe mejor, huele igual, igual de caliente!” Exclamó Ramón.

    Ana gemía y jadeaba, claramente se escuchaban las lengüetadas de Ramón en su húmeda intimidad. Finalmente, Ramón se separó. La tomó de la mano y bajaron la escalera, dirigiéndose a la sala de nuevo. Ana se detuvo, se quitó los leggings ajustados y la camiseta, y caminó completamente desnuda al lado de Ramón.

    – “¡Mmmmh, me muero de ganas de ti!”, exclamó Ana presa de intenso placer.

    -“Yo también”, contestó Ramón. ”Te cargaría, pero creo que ya no te puedo llevar en brazos… la edad no perdona”, dijo él al tiempo que la abrazaba por el estómago, acariciando sus contundes masas mamarias.

    Ana se rio, –“¡deja mis lonjas!” le decía, pero Ramón insistente le acariciaba sus excesos y la nalgueaba mientras caminaban, disfrutando las ondulaciones que se formaban al nalguearla.

    –“¿Cuánto has engordado?” Finalmente preguntó él, siendo una pregunta que no toleraría de su esposo.

    –“Mmmhh, ¿Serán, unos 8 o 10 kilos?” Contestó. Si Eduardo le hubiera preguntado, seguramente lo bofetearía.

    –“¡Te sientan a la perfección! Están donde deben estar en una mujer hermosa”, le aseguró el. “lo mejor es tu culo”, agregó.

    Se sentaron en el sofá y empezaron a acariciarse como en aquellos felices años. Ramón seguía vestido mientras ella acariciaba su abultada entrepierna que se posaba ya en su muslo izquierdo, tratando de adivinar como encontraría aquel bello monstruo que la había llevado a los límites del éxtasis, aquél enorme ejemplar masculino que la deleitó y hasta la asustó. Nunca usaban condón, follaron siempre a pelo, lo que le llevó a abastecerla de litros de esperma en su vagina, culo y boca. Posesionada de Ramón, Ana empezó a desvestirlo. Él se puso de pie frente a ella. Aflojó su cinturón, bajó su cremallera sin perder tiempo, ansiosa como es, dejó caer sus pantalones, bajó sus calzoncillos, y vio por primera vez en muchos años aquel aún enorme miembro flácido, un badajo colgando donde antes le aguardaba una polla en total erección. El pelo púbico de Ramón era ya entrecano.

    – “¿Qué pasa?” Preguntó ella. “¡¿Ya no se te para como a Eduardo?!”

    -“Tranquila preciosa”, le dijo Ramón. “Es casi lo mismo, pero tarda un poquitín más. Acuérdate que es grande y requiere bombearle mucha sangre para endurecerla”, agregó él.

    Ana se arrodilló entre los muslos de Ramón y empezó a besar y lamer su verga y empezó a ganar tamaño conforme ella se deleitaba. En menos de un minuto, Ana pudo devorarla desde el glande hacia abajo, como solía hacerlo, pero para su sorpresa, la verga de Ramón no alcanzó su legendaria longitud pese a que le iba creciendo dentro de su boca, aunque si su recordado grosor. Las venas que le corrían por el lado y que a ella le fascinaba lamer ya no eran tan pronunciadas…pero aún las tenía marcadas sin inflamar. Extrañó mucho aquella viril dureza, aun así, como siempre lo fue, era muchísimo mejor que los 12 o 13 cm que le quedaban a Eduardo.

    Ana interrumpió su mamada, miró a Ramón a los ojos, y le confesó…–“¿Sabes que Eduardo ya no me puede follar? Estamos como cinco años que no me la mete… no puede, no se le pone dura. Yo creo que le ha menguado se le hizo más chica, ni por el culo la podría sentir y eso que siempre mi culo ha sido apretado. No te digo por enfrente, apenas la siento nada cuando me intenta follar el coño”, agregó frustrada.

    – “¡Pobre de ti!”, exclamó Ramón. –“Siendo tan caliente, tan zorra. ¿Cómo te lo hace entonces…?”

    – “¿Cómo le hacemos?”, preguntó de nuevo ella. ”Pues…”, tímidamente respondió. “Hace como tres años compramos un dildo, tu sabes, una polla artificial, un consolador y me folla con él” confesó. Se rieron al recordar que la propuesta de Ramón en el jardín del hotel, dos días antes ya había sido tomada en cuenta.

    -“Es muy real, negra con su venas y su glande perfecto”, se rio ella. “Luego te la enseño. La compré con esa forma y color porque me recordaba a tu cipote. Es algo parecida, pero haz cuenta que es la de un negro. Se la pone con un cinturón. Tiene en los huevos un depósito para llenarla de algo que parezca semen, como leche condensada licuada o cualquier cosa parecida inocua y la puedes hacer “eyacular” con una bombita, como los aparatos con que te toman la presión. Le puedes quitar el cinturón y jugar con ella… costó un dineral, como 250 euros, pero eso ha salvado mi matrimonio de momento”, concluyó.

    –“¿Cómo las que usan las lesbianas?” Preguntó Ramón.

    – “¡Exacto!”, replicó Ana.

    La verga de Ramón empezó a perder su erección mientras Ana le contaba sus desventuras. Ella vio entonces con tristeza que era cosa normal en los hombres que su polla empezara a servirles para orinar únicamente a medida se acercan a los 60, salvo que tomaran una pastillita mágica… era un castigo para las mujeres de su edad sentir el fuego por dentro y que sus esposos o amantes maduros no pudieran satisfacerlas. Se sintió impotente y se sentó a su lado. El otrora poderoso miembro cayó derrotado, impresionante de tamaño, pero sin rigidez a pesar que la había mamado.

    Ana le sonrió y lo acarició… -”tienes dos opciones”, le dijo a Ramón. “O llamas al “Zapo”, o vamos a comprar la pastilla mágica”. Ambos se carcajearon. –“Vamos, te enseñare a tu rival”, dijo ella, sin darle mucha importancia a su frustración.

    Subieron a la recámara principal, Ramón se quedó fascinado con la decoración, ella entró a su vestidor, y regresó con una caja rectangular de madera. –“Mira, mi regalo por mis 55 cumpleaños”, le dijo ella, y abrió la caja, poniéndola sobre la cama.

    Ramón la tomó en sus manos. Era una enorme verga artificial emulando el miembro de un negro, detallado a la perfección, con testículos que apenas le cabían en una mano a Ana, con asombrosa esponjosidad muy similar a una real. Ramón lo olió para ver si podía detectar el olor de los orificios de Ana. –“Huele ligeramente a tu coño”, le dijo riéndose. Se la puso enseguida al lado de su chorra lánguida… era bastante más larga que la flácida polla de Ramón.

    – “Supuestamente es la réplica de la verga de un negro semental muy famoso, mira”, dijo Ana al tiempo que le extendió un panfleto que venía en el interior de la caja.

    – “Lexington Steel”, leyó Ramón. –“Ni idea quien será”, agregó.

    –“Es un actor porno, negro de 28 cm de polla”, le dijo ella, mientras él veía al enorme negro calvo en una foto.

    Ana lo empujó y cayó de espaldas en la cama. Ella se tiró sobre él y se empezaron a besar apasionadamente.

    -“¡Fóllame con ella!”, le susurró.

    Ramón, sorprendido, se incorporó. Ella le instaló en la cadera el sofisticado consolador, le pidió que se acostara de nuevo, se montó en el albañil, se lo insertó en la vagina, y comenzó a gemir y gritar de placer. Ramón puso sus manos detrás de su cabeza mientras ella se retorcía penetrada de placer hasta que tuvo su primer orgasmo del día. Eso no hizo que Ramón tuviera una erección total, pero si alcanzó a sentir las nalgas de Ana. Se incorporaron, Ana se arrodilló sobre el borde de la cama, Ramón se puso de pie detrás de ella y se la cogió de nuevo, alabando aquel contraste en su blanca piel, haciendo que el falo real se endureciera un poco. Duraron unos minutos, y lentamente se lo retiró.

    –“Gracias Ramón. Lo necesitaba con urgencia…se siente de puta madre, pero algo fría al principio”, agregó. “Como extraño cuando me correteabas con la verga empalmada y rígida… ¿te acuerdas?” No te puedo exigir más…, me has dado tanto orgasmo en mi vida, con eso me conformo, dijo ella con nostalgia en sus palabras.

    -“Con Eduardo es muy fácil. Le hago a un lado su cosita después de mamársela, se le medio empalma, y luego le pongo el aparato. Me da muchísimo placer, me corro fantástico, pero nunca como contigo, claro está”, dijo ella. “Después se la vuelvo a mamar y se corre en segundos”, terminó.

    -“¡Pobre cabrón!”, exclamó Ramón.

    Bajaron de nuevo a la sala. Ella le preguntó de nuevo… ” ¿Viagra o Zapo?”

    -“La Viagra la he usado”, Ramón confesó. “Y es maravillosa, pero es cara. Aparte, ¿Dónde voy a encontrar al cabrón del Zapo? ¿Y si lo encuentro que le diría? ¿Ven, vamos a que te folles a Ana porque no se me pone dura?” Ambos se carcajearon. “Vamos por la puta pastilla”, urgió Ramón.

    -“Vamos a Benavides”, dijo Ana mientras se vestían. –“Te daré el dinero para que compres un par, pero te dejaré unas calles antes y te esperaré en la siguiente. Me conoce todo el mundo por aquí”.

    Cuando regresaron de la farmacia, Ana tomó la caja y empezó a leerla.

    –“¡Echa para acá!” dijo Ramón, al tiempo que se la arrebató de las manos. –“Es una chulada, no perdamos tiempo”, agregó. “Solo dame unos 15 o 20 minutos. Mientras eso pasa, ve y tráeme una cerveza”, le ordenó en aquel extrañado tono dominante. Cuando Ana se dirigía a la cocina, Ramón la detuvo, la besó apasionadamente.

    Ramón acarició su estómago, la nalgueó, ella se rio y fue por la cerveza. Ramón tomó la píldora y se la pasó con un trago de cerveza. Pasaron de nuevo a la sala. Ramón se desnudó, y se sentaron abrazados, besándose apasionadamente, mientras ella acariciaba su adormecido monstruo el jugueteaba con sus tetas y su babeante vulva. Si bien Ramón ya no tenía los músculos del estómago marcados como a ella le fascinaban, se sentía duro y fuerte, su trabajo se apreciaba en su firme anatomía. Ana se arrodilló en medio de sus muslos de nuevo, y empezó a lamer la verga de Ramón, de abajo hacia arriba jugueteando con su lengua el enorme glande, en espera de los ansiados resultados.

    –“¿Todavía te salen esa cantidades enormes de leche? Siempre me parecieron ríos de semen inagotables… ”Preguntó ella en tono juguetón, mientras seguía lamiéndole golosamente la verga.

    -“Eso no es problema preciosa”, le aseguró Ramón. “Ahí sí, sigo con el mismo volumen”, agregó.

    Pasaron unos minutos más, y ante el asombro de Ana, la verga de Ramón empezó a tomar sus familiares proporciones, como si el tiempo se hubiera detenido. En poco tiempo, las familiares venas aparecieron tal y como ella las recordaba acentuando la virilidad de Ramón que tanto la enloquecía, superando notablemente la verga artificial de Lex. Ana empezó a mamar con el mismo furor que tanto apasionaba a Ramón, pero con el característico ritmo de una desesperante urgencia.

    –“¿Todavía aguantas igual?”, le preguntó sutilmente ella mientras miraba a sus ojos.

    -“Aún”, contestó Ramón.

    Ana se puso de pie, volteó sus nalgas hacia él, las abrió con sus manos, y suavemente se dejó caer para que la enorme verga del albañil, ya en todo su vigor, la penetrara en el primer orificio que encontrara… daba igual ya, ano o coño, lo urgente era tener ese pedazo de cipote en sus entrañas. Ella sintió el glande en el ano, y graciosamente dijo… “Le tocaba”, además Ramón la acababa de dar por el culo con el consolador. Ramón la penetró suavemente, pero ella se dejó caer hasta sentirla totalmente dentro, mientras él llevó su mano a acariciar y jugar con sus dedos su húmeda vulva.

    -“¡Ahhh, que cosa tan ricaaa!”, gimió Ana, mientras frotaba sus nalgas en el regazo de Ramón.

    -“¡Ah cabrón!” Dijo Ramón. “¡Definitivamente es lo mismo desarrugar que romper!” balbuceó en éxtasis. –“¡Tu culo se siente nuevecito, hasta aprieta más que cuando eras joven!”, exclamó con sorpresa.

    Ana subía y bajaba por sí sola, deleitándose con cada milímetro de la tranca de Ramón, juraría que sentía sus venas en el esfínter, mientras el contemplaba aquella belleza de espectáculo. Ana experimentó un tremendo orgasmo en muy poco tiempo, su segundo, reflejando la urgencia que tenía de una buena culeada, mientras Ramón acariciaba y cogía con sus largos dedos su vagina. Después de varios minutos de la apasionada sesión anal, Ana se incorporó, se arrodilló entre los muslos de Ramón, y empezó a deleitarse mamándole con locura de nuevo la verga al extrañado albañil.

    – “¿Qué tal?”, sugirió Ramón. “Si te traes tu consolador y te lo meto por el culo mientras te follo el coño”

    – “¿Seguro?” Pregunto Ana.

    Se desacopló lentamente y se dirigió a su recámara de nuevo mientras Ramón observaba su bella desnudez, y en un momento bajó con la cajita del consolador.

    -“Nunca hemos jugado a esto”, dijo ella.

    – “Hazte cuenta”, interrumpió él. “Que tienes al Zapo metido en el culo mientras el padre te arrima por el chocho”, ambos carcajearon.

    Ana dudó. –“¿Me irá a doler?“

    – “¡Mmmh, seguramente con ese agujero tan holgado que tienes ni la vas a sentir”, bromeó Ramón.

    Ambos volvieron a reír, mientras ella se sentaba en sus muslos. Ramón la levantó un poco y con su mano guio su tremenda erección hacia la vagina de Ana. La penetró con suavidad arrancándole sus ya familiares gemidos al tiempo que ella tomaba su ritmo, sintiendo sus entrañas discernidas hasta el fondo por la enorme verga del albañil. Mientras Ana frotaba gozando el enlace de sus órganos, Ramón empezó a lubricar su recién penetrado ano con la misma lubricación de su vulva. Sin poder ver, posicionó el consolador en su culo y lo empezó a insertar lentamente, no con mucha facilidad, porque el espacio estaba comprometido con su bálano enclaustrado en el coño, pero prosiguió.

    – “¡Ay…ay¡”, exclamó Ana…”se siente raro, pero riiiico”, gimió. – “Te diré que sí me gustaría que fuera el Zapo”, agregó sonriendo.

    – “¡Y dale con el cabrón del Zapo!” Contestó Ramón. “¿Qué lo tendré que traer para que te dé por el culo también, preciosa?” agregó.

    Ana sonrió de nuevo. –“¡Pueees!”, dijo. “Quizás no sea tan mala la idea”, continuó. “¡Qué hermoso debe estar el Zapo… hade ser igual de bien dotado que su padre!” dijo al rítmico movimiento.

    – “Si la tiene muy grande”, aseguró Ramón. –“A lo mejor algún día al calor de unas cervezas se lo planteo y nos hacemos un trío. ¡No creas que lo veo mucho al zanguango!”, le dijo.

    Ana empezó a acelerar su ritmo, mientras Ramón aumentaba sus jadeos. Ella había experimentado al menos dos orgasmos mientras que él hacía gala de su habilidad de aguantar. Ella se arqueó hacia atrás, Ramón empezó a frotar sus tetas al tiempo que sentía el sabroso cosquilleo anticipado de una tremenda eyaculación.

    – “¡Me corro nena, me voy a correr yaaa!” Gritó Ramón, haciéndole entender que hiciera lo propio… quitarse, arrodillarse frente a él, poner su cara, abrir su boca y disfrutar de la espléndida descarga. La rutina fue la misma de aquel entonces. Ana se levantó rápidamente con el consolador metido en el culo y este cayó al piso. Tomó la verga de Ramón con su mano derecha, empezó a lamerla por debajo cuando salió la primera pulsación. Rápidamente, Ana arropó con su boca la verga del albañil, -“¡¡¡Aaaarrghhh!!!”, gritó Ramón, al tiempo que un abundante torrente de caliente semen la empezó a llenar en su boca. Era tanta la cantidad como Ramón había anticipado, que Ana no podía tragarlo como quería. Se ahogaba, le salía por la boca, tosía e incluso ¡¡le salió por la nariz!! Extasiado, Ramón veía aquella revoltura burbujear de lefa y saliva correr hacia abajo por sus muslos, mientras ella devoraba lo que le era posible, lamiendo sus testículos y atrapando con su lengua el ya débil torrente. El orgasmo llegó a su fin. Ana continuó lamiendo el rabo de Ramón, pero notó que, curiosamente, su erección no cedía.

    -“¡Cabrón!”, dijo Ana cuando pudo reponerse. “¡¿Cuánto tiempo estabas sin eyacular…?! ¡Seguro que me has vaciado todo lo que contenían tus huevos! Y lo dura que aún la tienes… ”Se miraban y Ana vio cierta preocupación en la cara de Ramón.

    – “Así es la Viagra. Tendré que andar con la picha empalmada un rato”, le advirtió al notar su inquietud por el empalme.– “Pero no te preocupes”, le dijo. –“Será inofensiva por un buen rato, o sea, no te emociones preciosa”.

    – “Pero yo quiero que sea ofensiva y penetrante”, contestó Ana, mientras limpiaba su cara y tetas. –“¿Te acuerdas aquella vez que tardaste como 15 minutos después de que te la mamé y me tragué toda tu lefa… para luego darme por el culo en la cocina?” Expuso ella con cierto tono de nostalgia.

    -“Inolvidable”, respondió Ramón. “Fue aquella vez de las seis veces… ese día me tenías como loco, no veía la forma de follarte bien y acabar contigo”, recordó el.

    A mediodía, Ana y Ramón pidieron comida china. Tomaron una siesta juntos en la habitación marital y sobre la cama de Eduardo le pusieron bien los cuernos teniendo un intenso sexo vespertino ahí mismo, comprobando los maravillosos efectos de la pildorita azul. Ramón pudo con ella un par de veces más, ya sin el temor de preñar su vientre…, eyaculó una vez en su vagina y una última en el ano, cumpliendo así el clásico trío de corridas en sus tres orificios. Se ducharon juntos. Bajo el agua, Ana trató inútilmente de hacerlo correrse en su boca, pero el cansado albañil ya no pudo más, lo años no habían pasado en vano y las cuatro corridas no se alcanzaron. Ramón hizo la valoración del trabajo y se retiró ya tarde. El trabajo, si bien era fácil y rápido, daría pie a que pronto se volvieran a ver. Ana le adelantó una cantidad de 500 €, que él aceptó gustosamente y le agradeció con un beso más.

    – “Es a cuenta del trabajo, no por haberme regalado este día de polvos mágicos…”, le dijo ella al tiempo que Ramón finalmente se retiró. Su erección por fin cedió. Totalmente satisfecha, Ana fue a la sala, recogió su dildo, y lo lavó para guardarlo a la espera de Eduardo. Cuando llegó, ella lo esperaba en una bata de seda como si nada importante hubiera acontecido aquél inolvidable sábado otoñal.

    Una semana después aun continuábamos en la reforma de la casa de Eduardo y Ana. En esto que me voy al baño y no me preocupé de cerrar la puerta, mejor no me di cuenta que no la había cerrado, estaba tal como vine al mundo cuando se abre la puerta y entra Ana rápidamente, que parece que no se había percatado de que yo estaba desnudo hasta que ya estaba adentro del baño y muy cerca de mí. La impresión de ella como la mía fue de sorpresa por su parte y agrado por la mía… no tenía pudor de que me viese desnudo. Mi verga no estaba tan flácida, tenía una erección bastante pronunciada sin necesidad de viagra, tal vez el efecto aun duraba…, ella no tuvo otra cosa que decir, primero disculparse por lo inoportuna que fue y lo que dijo después hizo que mi verga tomara toda su erección.

    -“¡Hay que ver Ramón que herramienta te gastas! Como me gustaría que me siguieras arreglando este desperfecto que tengo ya hace varios años, que ya le están pasando como a las cañerías… se va obstruir del poco uso”. Yo no sabía qué hacer, ni que decir, al ver que quedé inmóvil sabiendo que Eduardo andaba por casa. –“Ramón tú te has dado cuenta que soy una mujer que necesito como todos los seres humanos satisfacer mis deseos sexuales, ahora solo con verte despiertas ese deseo que por muchos años he tenido reprimidos, sabes cuantos años no estoy con un hombre que me haga sentir y gozar como mujer…, más de cinco desde que no se le pone dura a Eduardo”. “Te puedes dar cuenta, soy una mujer joven todavía, tú sabes mi edad y estoy en la plenitud de mis fuerzas aunque sé que puedo hacer feliz a cualquier hombre, al decir cualquier hombre, no estoy diciendo que me voy a ir con cualquiera, aunque pretendientes no me han faltado y oportunidades tampoco, aun estando casada. Tú que me conoces soy una mujer muy respetada y respetable y he guardado hasta este momento mi reputación para que nadie me apunte con el dedo y no tenga nadie que decirme nada. Pero esto que nos está pasado reviviendo nuestra juventud no puede ser por casualidad…, yo nunca pensé verte en estas condiciones de nuevo, y mira has despertado en mí ese deseo de estar con un hombre y disfrutar de los placeres sexuales como toda mujer. Olvidémonos quiénes somos y complace a esta mujer que está deseosa de placer y de sexo”. Yo escuchaba y seguía como petrificado.

    Mi polla seguía erecta y esa conversación más me la endurecía, pero lo que hizo después no me dejaron dudas de que estaba dispuesta a satisfacer sus deseos pese a correr el riesgo de ser pillados por su esposo, deja caer su bata y queda completamente desnuda y dice…

    -“Mi cuerpo todavía está bien proporcionado aunque no lo cuido lo suficiente, aun sus partes están en su lugar, ¿Y no querrás desperdiciar la erección tan hermosa que tienes ahora mismo?”.

    -“Claro que estás muy bien Ana, y sé que puede hacer feliz a cualquier hombre”.

    -“Pero yo quiero que seas tú que me haga feliz”, me dice muy resuelta, me toma de la mano y así como estaba, desnudo se dirigió a su dormitorio conyugal.

    Yo aproveché de llamar a Rosa y avisarle que iba a demorar en la obra, y que iba a estar bastante ocupado en el sótano y que no me llamara. El dormitorio era hermoso, una tremenda cama y muchos muebles estilo Luís XV, muy bien decorado, todo conjugaba, por lo que pude darme cuenta parecían todo nuevo o estaban muy bien conservados. En la cama resaltaba un cubrecama blanco con unos almohadones rosados, el ambiente dentro del dormitorio muy acogedor por la calefacción central que temperaba cada pieza de la casa.

    -“Ramón hazme sentir nuevamente una mujer, no me hagas quedar con estas tremendas ganas que tengo, de sentir esa verga dentro de mí, por favor compláceme y satisfáceme”.

    -“Sabes que sí te voy complacer Ana y esperemos que tu marido no aparezca…”.

    -“Por él no te preocupes, hasta el medio día estará ocupado…”

    Comienzo a acariciar su cuerpo, sus pechos bastante abultados, duros y no estaban tan caídos, los empecé a besar muy suavemente, tan delicadamente como lo merecía ella. Comencé a profanar ese cuerpo de diosa que por más de diez años no había sido tocado como era debido por mano de hombre, ella gemía y decía que bien se sienten tus manos recorriendo mi cuerpo y tus labios tocándome y besándome, seguíamos de pie a un costado de la cama, dirijo mi boca hacía su boca y un beso apasionado estaba sellando nuestro encuentro pasional del momento, parecían que nuestras lenguas se habían trenzado en una lucha encarnizada por disfrutar la una de la otra, mientras nuestras manos las mías y las de ella recorrían y hacían su trabajo de exploración. Ella en un momento toca mi verga muy suavemente, como pidiendo permiso para tocarlo me dice…

    -“¡Cuántos años que no tocaba ni tenía un cipote duro en mis manos y nunca uno tan grande como el tuyo, cuando te dije hace un rato que grande tienes tu herramienta, lo estaba diciendo de verdad ¡¿Eso lo sabes bien no Ramón?! Eres todo un semental nacido para hacer disfrutar a las mujeres tan necesitadas como yo. Toda hembra necesita un canalla y hombre formal, ¡¿Adivina quién eres tú?! ”

    Yo también me animé y comencé acariciando su vagina rasurada con un aterciopelado pasto que la hacía muy apetecible para ser tocada, me introduje en su abertura entre sus labios vaginales y pude comprobar que estaban expeliendo abundante líquido, el solo hecho de rozar su vagina hicieron que se contorneara, gimiera y gritara descontroladamente, le metía uno, dos y tres dedos en su coño tragón. Ella con su mano hacía una paja agradable en mi verga, después de estar un rato, besándonos, acariciándonos y tocándonos descontroladamente, la tomo en mis brazos, la aprieto hacia mí, como haciéndola sentir segura y que ahora es de mi propiedad, la levanto y así cargada la llevo como hombre que lleva a su novia al lecho nupcial por primera vez, la dejo caer muy suavemente sobre ese cubrecamas blanco, dejándola entre los dos almohadones rosados, yo me acosté a su lado y nuevamente la comencé a besar en los labios, abundante saliva le dejaba beber de mi boca, para que degustara ese sabor de hombre, seguí mi exploración bocal, chupaba sus tetas, que ahora en la posición en que Ana se encontraba, se exponían como dos volcanes a punto de erupción, estaban impresionantes, creo que en los años de estar con mujeres no había aun tenido y degustado de dos ubres como esas, así que chupé, succioné, chupé y mamé como queriendo sacarle leche y hasta quedar extasiado.

    Luego seguí hacia su estómago, ombligo, pelvis, que besaba, acariciaba, mordía y lengüeteaba como león con su presa, mientras estaba en eso pensaba en cuantas veces le habría comido su esposo el coño sigo más abajo pues creo que nadie aun le ha besado, lamido y chupado como es debido. Ella con sus manos acariciaba mis espaldas, mi cabeza como haciendo un masaje capilar, estaba en eso pensando cuando siento que empieza hacer presión con sus manos sobre mi cabeza, para seguir más abajo, no tuvo que decírmelo solo con ese gesto comprendí que debía seguir mi exploración hacia esa vulva de labios carnosos hasta más no poder. Así lo hice, ella abrió sus piernas dejando al descubierto esos labios vaginales listos para ser devorados por esa boca que hasta el momento estaba realizando un excelente trabajo, tomé sus piernas se las encogí, abrí sus labios vaginales de amplios pliegues y comencé un ritual de succión, lengüetear e introducir mi lengua en esa cavidad nunca antes explorada de esa manera por hombre alguno y que expelía abundantes jugos, manjar delicioso a mi paladar.

    Ella no daba más de la calentura que tenía y la excitación y me decía… -“¡Así Ramoncín, así mi amor, hazme gozar y vuelve loca a esta mujer que ha estado impedida de regocijarse por tantos años!”.

    Se retorcía como una serpiente sobre su presa, en ese momento comienzo a percibir y a escuchar por sus labios… -“Mi amor, mi vida me estoy corriendo, me estoy corriendo en tu boca. Que deliciosa sensación que estoy sintiendo”, yo comenzaba a ser testigo presencial, mi boca mejor dicho de esos abundantes jugos que brotaban mientras mi lengua y boca seguían moviéndose, succionando y bebiendo esos jugos de ese coñito. -“Me estás haciendo la mujer más feliz de la tierra, nunca me habían chupado el coño como tú lo haces… que delicioso lo he sentido. ¡Y es primera vez que me corro sin penetración desde que tú lo hiciste por primera vez…, de las pocas veces que recuerdo que he acabado corriéndome!”.

    Abundantes jugos desparramó por su conejo, que algunos cayeron en la cubrecama. –“Ahora nena te voy a meter esta verga que está ansiosa de poseerte”, se la muestro, estaba como un palo de dura y grande… “¡Vas a sentir una nabo de verdad!”.

    Ella tenía una expresión de lujuria y deseos que con solo esa expresión sabía que estaba deseando esa verga entrando hasta lo más profundo de sus entrañas, yo no necesitaba que ella me dijera que se lo metiera despacio pues sabía los muchos años que llevaba sin ser penetrada, sin tener sexo de verdad y máxime con mi tranca. Así que la acomodé bien, tomé nuevamente sus piernas, se las levanté, se las abrí dejándola despatarrada, y así abierta como estaba le di unos golpecitos en su clítoris con la cabeza mi dura polla, como diciéndole con ese acto, ahora Ana te voy a castigar de placer.

    -“¡Vamos Ramón dale más, más fuerte, castígame con ese garrote! Dale a ese coño que se está portando tan mal”.

    Luego de ese castigo placentero, pienso yo, dejé la punta de mi verga justo a la entrada de su vagina, la acomodé lo mejor posible para que la penetración sea de placer y no un martirio para ella. Comencé a hacer presión suavemente e introducirle ese pedazo de carne, Ana gemía, gritaba, se retorcía, no sé si de placer o dolor, creo que las dos cosas se conjugaban en ese momento, piensen más de diez años sin ser penetrada, su coñito debe estar casi virgen… Mi verga estaba entrando muy apretada, percibía el dolor que Ana sentía, así que paraba un momento y seguía muy despacio con la penetración, era como si la estuviera desvirgando de nuevo, sentía como la punta de mi pollón iba explorando esas cavidades muy bien lubricadas e iba tomando posición de ellas, fue realmente un ritual esta penetración, no quería de Ana sufriera es por eso que demoré bastante rato, hasta ver que la tenía totalmente penetrada, al estar toda mi verga dentro de ella, comienzo muy despacio a moverme, después de un momento Ana empieza también a moverse, eso me hacía entender que comenzaba disfrutar la penetración, los movimientos se fueron intensificando y los quejidos, los gritos de satisfacción también, era una locura lo que estaba sucediendo en ese dormitorio… demasiado pronto me vinieron las ganas de acabar, pero lo controlaba, pues bajaba la intensidad de los movimientos.

    Aproveché de decirle… -“Goza querida, goza por los años que no lo hiciste y muchas cosas más”, a lo cual ella también me respondía–“Soy muy feliz mi amor y quiero seguir gozando por mucho tiempo si tú quieres, claro que sí, estoy para complacerte también en lo sexual y en lo económico”.

    Por varios minutos estuvimos en un mete y saca fenomenal que ahora ya no podía contener mi eyaculación, así que le dije que estaba por acabar, acabo dentro o fuera, ella me dice sin ni siquiera pestañear… -“Dentro, bien dentro Ramón, siembra tu semilla en mí por favor mi amor, quiero sentir tu leche recorrer mis entrañas y empaparme de ella… no creo que me vuelvas a preñar”.

    No hice mucho caso a lo me decía, mis esténtores comenzaban a desequilibrar mi cabeza y con una fuerte sacudida comienzo a verter mi semen en su coño profundo que se abría con más ganas para recibirlos, estaba en eso cuando ella empieza a gritar…

    -“Me corro de nuevo, me corro mi amor, no sé cuántas veces he deseado que esto ocurra otra vez mientras te estás corriendo dentro de mí… he perdido la cuenta”.

    Tras haberle dado toda mi leche me recosté encima de Ana la acaricié de nuevo, la besé muchas veces en la boca teniéndola empalada le dije… -“Espero que hayas gozado y disfrutado querida mía”.

    El tiempo había transcurrido vertiginosamente y había sido testigo mudo de esa hora de placer incontrolable de dos cuerpos sedientos de amor. Si bien lo hubiese deseado no volvía tener más encargos de Ana y Eduardo y tampoco más encuentros con ella, no porque yo no quisiera sino porque ella nunca más me solicitó. Imagino que una hembra como Ana necesitaba a un macho joven y no a un sexagenario que necesitaba la pastilla azul para cumplir dos de tres veces.

    CONTINÚA…

  • Mi familia colombiana y su secreto (22)

    Mi familia colombiana y su secreto (22)

    Para que nadie sospechara lo sucedido con Reyina me puse la misma ropa y volví al despacho, me tumbé y escuché fuera a mi padre y la Yaya hablar. Tomé mi hierro, lo puse sobre mi pecho, me hice el dormido y cuando mi Yaya abrió la puerta me hice que me había despertado sobresaltado y la apunté con la pistola.

    H: Por dios Yaya, casi de disparo!!!

    P: Mama, ¿Qué haces?, ¿Estás loca?, entrar sin avisar, déjalo dormir se fue a la cama a las 5 de la madrugada se ha pasado la noche de guardia…

    Mi abuela cerró la puerta de golpe, y ella y mi padre conversaron fuera…

    Yo dormí un par de horas me levante lleve la cobija sucia y la metí en la pila, y me fui al baño para seguir con mi aseo y le pedí a Adelita que me sacase ropa y mudas limpias de mi pieza…

    Me asee y vestí me coloque el chaleco anti-balas y las armas y baje a desayunar… Me encontré con la Yaya.

    H: Buenos días, Yaya, Bendición

    Y: Dios me lo bendiga mi rey. ¿Dónde está mi beso?

    Le di un beso en la frente de buenos días, había gente de fuera y no me pareció adecuado darle un pico en los labios

    H: Perdona, lo antes dormía con la pistola en la mano y…

    Y: No hay nada que perdonar y un hombre no debe disculparse jamás por cumplir con su deber para con la familia… Yo debí tocar a la puerta y me agrada ver que como tu abuelo en este tipo de situaciones duermes con tu arma en la mano…

    Nos interrumpiera Esteban Papa y Jacobo que le contaron a la Yaya que en la noche en varios enfrentamientos entre Los Arce y Los Cuervo había habido varias bajas de cierta relevancia por ambos lados y que tío Jacobo había buscado y contratado a algunos hombres más para la protección de la haciendo y el negocio, en especial a unos viejos amigos de la familia.

    Los hermanos Morón:

    Entre los 3 no tiene medio cerebro recién salido de prisión mal vestidos desaliñados y El Mugre además olía como la mierda de caballo más o menos de la edad de El Limón o El Bisonte fuertes y con pinta de duros y fieles y leales como perros.

    Fueron a prisión por que El Pirata se metió en una pelea en un prostíbulo por una puta de la que estaba enamorado el muy imbécil, se bajó a un tipo y fue a prisión, y los otros 2 lo intentaron rescatar de prisión y los pillaron a los 3.

    Marino o Morí (El Búho): Le dicen El Búho porque tiene los ojos muy grandes.

    Olegario (El Mugre): Le dicen El Mugre porque tiene un olor corporal muy desagradable y su higiene es muy deficiente.

    Camilo (El Pirata): Le dicen El Pirata porque tiene un tatuaje de la calavera y las tibias en el dorso de ambas manos.

    La yaya les dio la bienvenida a la familia y le ordeno a Adelita que les diera ropa limpia y una ducha y de desayunar mientras yo debía proporcionarles armas y Jacobo y la Yaya planificarían como devolver a nuestras ilustres invitadas a sus hogares ilesas.

    Jacobo decidió que él y El Bisonte llevarían a Wendy y tía Diana y El Limón y yo llevaríamos a Ivonne Reyes y Reyina Guerrero a sus respectivos hogares, tía Eva tenía un cabreo como una mona ya que el tío Rodolfo no había venido a buscarlas ni a ella ni a su sobrina

    Diana mis hermanas y tía Cynthia se quedaba en casa.

    Deje que El Limón manejara estaba roto y nuestras ilustres pasajeras iban chismoseando atrás solas, de camino a los 3 ases recibí una llama del celular que me había dado Elisa (La Campanas).

    LC: Hola amor, puede hablar.

    H: No, me pillas en una vuelta muy importante…

    LC: Podrías pasarme unos hierros…

    Me pidió específicamente un fusil con mira telescópica todo lo que pudiera conseguir así como munición, no es tonta y sabe que en una situación como esta las armas escasean son costosas y fáciles de vender, y con el don que dios le dio para los negocios sería capaz de venderle hielo a un esquimal, así que había que pensar muy bien cual sería mi próximo movimiento.

    Llegue a los 3 ases, deje allí a las damas tuve una conversación con Don Amadeo que me informo a mí y a El Limón de lo sucedido la noche anterior y los muertos por ambos bandos y que él pensaba que se derramaría mucha más sangre, le dije que tía Cynthia estaban en la hacienda dijo que llamaría a la Yaya y ahí se acaba lo conversación por aparecieron Ivonne Reyina Úrsula La Negra y dos mujeres más pidiendo la cabeza de un tal Porfirio Arce (El pico de Oro) por haber intentado registrara a las niñas…

    Me dieron las gracias por mi intervención, yo le quite hierro al asunto y nos volvimos a casa no era el mejor día para hacer turismo…

    Llegue justo a la vez que el tío Jacobo que también tenía noticias se las comunicamos a la Yaya y los demás cuando

    CY: La sangre y la venganza nunca son buenos para el negocio…

    En esto llamo El Bigotes y la Yaya tía Cynthia y Jacobo pasaron al despacho de la Yaya y yo aprovecha para comentarle a papa lo de Elisa (La Campanas)

    P: Llévale las armas que puedas no de las mejores pero que disparen bien y que te cambie 800.000$ en esta situación es bueno tener mucho billete, pero antes arma a Los Morones

    H: ¿Y qué les gusta a esos para disparar?

    P: Vamos a ver que tienes en el Armero

    Volvimos con una escopeta de bombeo del calibre 12 un viejo revolver S& W Modelo 19 calibre 357, dos fusiles Galil y dos viejas pistolas Hi Power y se lo dimos a los hermanos

    Yo recogí un fusil G3 con mira un viejo fusil FAL fusil AUG al que le había puesto rieles Picatinny puesto otra mira así de color rosa y dorado una cuantas escopetas de bombeo del calibre 10 una de ellas pulida como un espejo con grabados de color rosa 2 Subfusil Skorpion algunos revólveres viejos del 38 y varias pistolas 380 ACP,CZ-83, Browning, Bersa y algunas recortadas de uno y dos cañones de calibre 16 y dos sorpresas para Elisa y Fabiola

    Metí las armas en una bolsa y en otra la plata tome mi Jepp, y puse rumbo a la casa de La Campanas.

    Llegue y estaba todas allí estaban Fabiola y sus 5 de 7 hermanas además de Elisa el novio de Elisa y sus cuerpo de seguridad las había abandonado para pasar a ingresar las filas de Los Arce pagaban más hijos de puta…

    Solo tenía un viejo FAL que no funcionaba un Ruger Mini-14 todo niquelado hasta la mira telescópica y los cargadores dos escopetas de calibre 12 mono tiro un par de Colt Detective Special con un cañón de 2 “

    Le die la plata y mientras la iban cambiando les enseñe a Elisa y sus dos hijas mayores Imelda y Magaly las armas con las que quedaron complicadas y felices además les di sus regalos espécieles a Elisa y Fabiola a la primer una Colt 1911 súper 38 modificada bañada en oro y plata y a Fabiola una Colt Mustang 380 ACP modificada bañada en oro y plata cachas de Nácar…

    Les hice funcionar el FAL les di una receta especial de un Cóctel Móloto son baratos y buenos para la defensa y las planifique posiciones de disparo y repliegue turnos de guardia etc.

    Imelda y Magaly no querían dejarme marchar le dijeron a Elisa que la mejor arma era yo y que en los descansos de la guardias podía proporcionarles otros servicios…

    H: Tengo que deciros 3 advertencias:

    Primera: Esas armas y municiones me han costado la vida, si me entero que las vendéis o se las pasáis a otros, no aremos más negocios…

    Segundo: Espero que no las uséis en mi contra o la de la familia… (Todas se echaron a reír)

    MAG: Tú pórtate bien y tennos contentas sino pepazos te vamos a dar…

    LC: Magali eso no se dice ni de broma… (Muy seria y enojada).

    Tercero: Jamás he estado aquí con armas si preguntan me cambiasteis plata…

    LC: Claro Hernán, y te agradezco todo esto nadie más a venido a ayudarnos, tranquilo todas te debemos mucho ninguna dirá nada aquí tienes tu plata… Y dile a la Madrina que yo he dicho que sé que van a haber selección para nuevos Alacranes.

    Las palomitas de Elisa ante el orgullo de esta me reiteraron la oferta de quedarme en aquel aren con dos gemelas y bellezas desde los 17 a los 25 y todas con las tetas de la madre y más arrechas que un volcán era un sueño pero peligroso con lo celosas que suelen ser las Colombianas…

    La Campanas cerró la puerta del despacho y la bloqueo con el pomo de la puerta.

    LC: Tengo que enseñarte una cosas amor.

    Se colocó a 4 patas mostrándome en todo su esplendor su culazo y su chochazo, no llevaba bragas…

    H: Me estas provocando nena.

    LC: Yo (girando su cabeza con una sonrisa picarona)

    Del armario saco dos alfanjes y sus fundas y un letrero con letras en oro y en latín que ponía: “Deus peccata non dicitur sanguis sanguinem”… Los coloque cruzados con el letrero en medio en la pared a espaldas de su sillón, la reina pirata al abordaje jajaja.

    La Campanas, me planto un beso en la boca metiéndome la lengua hasta el fondo

    LC: No tengo que provocarte mi amor, yo soy tu hembra y tu eres mi dueño… Ahora a la cama mi amor, te voy a dar algo que ninguna otra te dio

    La Campanas me arrastro a su cuarto, me saco las armas y la ropa se quedó en cueros.

    Me beso lamio mordió y chupeteo como un pirulí desde mi boca hasta mi rabo sin dejar un centímetro de mi piel sin saborear…

    LC: Desde hoy soy tu mujer tu hembra tu putica la perra que más y mejor te va a consentir y complacer si tú así lo deseas.

    Me limite a sonreír, (Sin afirmación de viva voz no es un compromiso en firme ni estas atado a nada).

    LC: Sé que muchas niñas del valle están por ti y algunas de familias importantes… y sé que tendrás novia y que te casaras pero yo seré tu primera mujer tú hembra TU FAVORITA BEBE…

    Nos besamos, nuestras lenguas se trenzaron, se fundían en calor, mi verga erecta brillaba de la calentura y los líquidos que ya hacían su aparición Elisa sacó de un cajón un poco de dulce de Arequipe que tenía en su cuarto para antojos nocturnos, la untó en mi polla convirtiéndome en su sabroso postre sexual, dulce y pegajoso como caramelo derretido pero excitante delicioso para mi golosa gorda

    Ya entrados en faena y después de empalagarse del postre vendría a la inversa el rico plato principal, anunciado con un fuerte grito: cooogeme beeebeee cooogeeme yaaa mmmiii rreeey!!!

    Obediente como si de un soldado raso se tratase a la orden de su capitana, tome mi rabo y se lo clave de una sola acción hasta el fondo, sentí como nunca a una mujer mojada hasta las rodillas en sus jugos, empecé el mete y saca su calor me ponía más y más caliente, ella solo cerraba los ojos y se limitaba a hacer sus movimientos como una PERRA expertamente instruida en los deliciosos placer del sexo…

    Después de besarla y hacerla sentir mi putita como loca poseída se puso a gritar y gemir asiii, dame mas, soy tu puuutaaa, tu peeerraaa beebeee dame dame dame duuurooo.

    Lo único en lo que yo podía pensar por dios que la escuche sus hijas o este secreto va a estar en boca de todo el Valle… gritando como una perra enloquecida tuvo varios orgasmos antes de que yo me corriera como un semental ante semejante espectáculo, estaba como loca fuera de si… cuando pensé que aquella salvaje y fabulosa follada avía terminado Elisa se detuvo para pedirme que la dirá por el culo, pero cara a cara.

    A mi cabeza vinieron las palabras relatadas por mi abuelo asegurando que era toda una expertita en esta forma de follar y mi polla se puso en instantes dura, dura como el cemento y dispuesta para la acción era su sorpresa y era el tercero al que concedía este especial e infrecuente placer de dioses.

    Había leído que romper así el culo a una mujer les suele ser muy doloroso y no todas aguanten el dolor y para ser sincero tenía muchas ganas de fallármela así pero trate de contener mi entusiasmo y disimular

    Elisa se abrió totalmente de patas se untó crema que sacó del mismo cajón que el dulce de antes, me acerque con la polla en la mano guiándola a su pequeño orificio dilatado por sí solo, con un poco de crema mi putita, ella la tomo con su mano derecha y la guio suave y deliamente, a su orificio que comencé a penetrar con suavidad y lentamente sentí como se tragaba mi polla hasta que sus nalgas tocaron mis huevos, mi polla penetraba su culo como un cuchillo caliente corta mantequilla. Mi entregada perrita no parecía sentir dolor y si disfrutar como una puta profesional que lo hiciese a diario.

    LC: ¿Te gusta bebe? ¿Te gusta mi amor?, el regalo de tu perrita.

    H: Si esta rico, no sabía que se podía así…

    LC: dame duro, dame duro, dame duro, hazme sentir tuya!!!

    Envestí como un ariete dentro fuera dentro fuera con todas mis fuerzas!!!

    Me corrí como un animal la llene de semen como aun pastelito de crema nos besamanos en con lengua en boca después de haber follado como perros en celo.

    Tras unos minutos para recuperar fuerzas tuvimos que salir cada uno a nuestros asuntos despidiéndonos como hombre y mujer con gran beso en la boca.

    De camino a la hacienda iba orgulloso de mi mismo, el abuelo tenía razón Elsa era una tigresa en la cama…

    CONTINUARA…

  • July, mi vecina madura amiga de mi madre

    July, mi vecina madura amiga de mi madre

    Como ya os conté en otro relato siempre me han gustado y me gustan las mujeres maduras, son mi perdición y las que me gustaban a mis 18 años, hoy día a mis 43 me siguen gustando. Por este motivo siempre me he fijado en las que forman parte de mi vida, por ello y gracias a que mi persistencia y que tengo cierto atractivo, he podido cumplir varias de mis fantasías, suenan a historias típicas e inventadas pero mis historias son ciertas y reales.

    July, mi vecina, siempre ha formado parte de mi vida, de niño era normal que estuviese en mi casa como yo en la suya, pues mi madre y ella eran amigas de toda la vida y de una edad similar. En aquel entonces estaba casada con Teo y tenían dos hijos. Una hija 5 años mayor que yo y un hijo dos años menor con el que me juntaba para jugar en casa de mi madre o en la de July.

    Ya de niño mi manera de ver a July empezó a cambiar, cuando venía a casa a hablar con mi madre de sus cosas, yo iba a la cocina con ellas buscando colocarme en un sitio donde podía mirar a July sus piernas o el sujetador entre medio de los botones de su blusa. Mi vecina de entonces 38 años, me ponía cachondo

    Así fue pasando el tiempo y mis miradas cada vez eran más intensas e indiscretas. Nuestra relación era buenísima pues a mí aparte de una mujer encantadora, me ponía muy cachondo y estaba seguro de que ella se había dado cuenta. Tal y como yo la buscaba siempre con la mirada, sería raro que no lo se enterase. Si coincidíamos en la escalera siempre subía detrás de ella sin quitar vista de su culo. Tiene un culo redondo y precioso, hoy día también, acompañado de unas preciosas piernas, unos pechos no muy grandes pero muy bonitos y muy guapa de cara.

    Me fui dando cuenta de que su marido no la podía satisfacer pues él no podía subir peso por problemas de espalda y desde el coche la llamaba a ella para que bajara a por las cosas de peso para que las subiera, lógicamente si yo estaba en casa bajaba a ayudarla y así podía subir las escaleras con ella, detrás de ese cuerpazo que me ponía tan cachondo. Deseaba estrenarme con esa mujer, pero era complicado entrarle, porque es la gran amiga de mi madre y no quería meter la pata.

    Yo seguía virgen y cada vez más cachondo con ella y con otras maduras cercanas, una que ya os conté y otras que os contaré en otros relatos, pero tenía claro que quería que mi primera vez fuera con July. Buscaba encontrarme con ella, subía a su casa con cualquier excusa tonta pero no me atrevía a dar el paso por vergüenza y miedo al rechazo y las consecuencias.

    En todos estos años me había dado cuenta de que Teo, su marido, babeaba por mi madre, intentaba ligar con ella, aunque mi madre pasaba de él como de la mierda. Mi madre se quedó viuda muy joven y aunque nunca tuvo otra relación siempre tenía hombres merodeando a su alrededor y pasaba de ellos, como para no pasar del marido de su amiga.

    Un día pasó lo inesperado yo venía del bar del barrio de echar unas birras y algún porrete a la 1:30 de la madrugada y cuál es mi sorpresa que coincido con July de camino. Nos dimos dos besos y empezamos a charlar. Yo venía animadete y al darle los besos la agarré por la cintura y la arrimé contra mí a lo que no opuso resistencia aunque antes de separarme de ella mi erección era notable. Me contó que venía de una cena en una sociedad con unas amigas de Pilates y que después habían ido a tomar algo por la ciudad. Enseguida me di cuenta de que ella también estaba animada y pensé en como entrarle en el paseo de apenas un kilómetro que nos quedaba hasta casa.

    Empezamos a charlar y me di cuenta de que ella me miraba el bulto de mi paquete, pues mi empalmada era brutal, era difícil no darse cuenta por lo que intenté disimularla metiendo las manos en los bolsillos a lo que ella respondió sacando mi mano derecha para rodearla en su cintura y me dijo:

    -Abrázame mi niño!

    La rodeé con mi brazo y agarré de la cintura encantado y ella me miró el paquete y me guiñó el ojo sonriéndome. No me podía creer, no era cierto, es mi imaginación pensé, había imaginado tantas situaciones y tantas fantasías con esa mujer.

    La conversación era normal hasta que me empezó a decir que yo tenía que ligar mucho porque era muy guapo y muy majo. Te las tienes que llevar de calle vecino me dijo mirándome otra vez el paquete y subiendo la vista hacia mi cara. Me sonroje y le dije que no que no ligaba nada que no me gustaban las chicas de mi edad

    Ella me preguntó: -Como te gustan?

    Le contesté: -Mayores

    Ella me dijo: -Es normal que te gusten algo mayores que tú, pues eres muy joven tienes 18 y las veinteañeras te atraerán más vecino jajaja

    Entre dudas bajé mi mano a su culo y le dije: -Me gustan más mayores July, no sé si decírtelo porque no sé si haré bien, me da vergüenza…

    Me rodeó con su brazo izquierdo y metiendo su mano derecha en mi bolsillo derecho del pantalón acarició la mi polla dura suavemente y me dijo: Llevas años mirándome Sergio y poniéndote así de cachondo, sería imposible no haberme dado cuenta, pensaba que con el paso de los años ibas a dejar de hacerlo pero no ha sido así, soy muy mayor para ti. Podría ser tu madre. Aunque cierto es que gracias a tus miradas estos años me he seguido sintiendo mujer pues nunca me han mirado así, con ese deseo con el que tú lo has hecho.

    -Me pones mucho July, le dije mientras sobaba su culo acercando mi mano a la raja. Como se lo tiene que pasar Teo con semejante mujer, hay hombres con suerte

    -Si tú supieras Sergio

    -Que vecina? Cuéntame

    -No hay nada que contar Sergio, nada de nada, ni me mira. Hace al menos 10 años que ni me toca.

    -Que me dices July? No te folla? Siéntate conmigo aquí en este banco y cuéntame

    -No Sergio solo me pide que me desnude delante suyo mientras se pajea esa polla que ni se levanta y se la tengo que acabar de menear yo. Esa es nuestra vida sexual, bueno la suya porque la mía es inexistente, hace tanto tiempo que no siento nada de gusto ahí abajo y lo poco que he sentido siempre me lo he hecho yo porque Teo jamás se ha preocupado por mí excitación y nunca ha conseguido complacerme. Dice que no lo puede hacer porque le duele la espalda, aunque ya antes de la hernia no lo intentaba tampoco porque las últimas veces no se le ponía dura y nunca ha ido al médico.

    -Valiente gilipollas!! Aparte de egoísta el tío mierda. Pues a mi madre bien que la mira babeando

    -Qué me dices Sergio? A tu madre?

    -Sí, la repasa de arriba abajo cada vez que la ve pero ya sabes como es mi madre y lo torea sin cabrearse. Fíjate ya verás.

    -Si, me voy a fijar, el muy cerdo.

    Entonces me lancé, la abracé contra mí y busqué su boca, la encontré aunque cerrada mientras mi lengua buscaba entrar en su boca, por fin entrelazamos nuestras lenguas mientras yo, que no me creía lo que estaba pasando, empecé a manosear sus pechos por encima de la blusa al principio para enseguida acariciarlos por dentro suavemente. Entonces le cogí la mano y la lleve a mi paquete y le dije:

    -July, ves lo dura que me la pones?

    Ella acariciándola por encima del pantalón me dijo:

    -Jooo vecino!! Qué cosa más dura, mi marido nunca la ha tenido así…

    -Pues yo llevo años con ella así por ti. Quiero estrenarla contigo, llevo muchos años deseándote

    -Eres virgen Sergio?

    -Si July, lo soy y siempre he pensado que me desvirgaría contigo.

    -Buuuff!! Vecinooo!!! Exclamó cuando mi mano bajó derecha a su entrepierna y empezó a acariciar su raja por encima del pantalón de tela con el dedo corazón profundizando en su coño

    -Para Sergio por favor!! No sigas que no puede ser.

    Entonces empezó con que no puede ser, que mi madre es su amiga además que está casada y si nos pillan que va a pasar. Se levantó y paré de intentarlo, el respeto que le tengo es muy grande.

    -Vale July, lo entiendo dije, si no quieres que pase, no pasará.

    Seguimos andando hacia casa mientras ella seguía encontrando lo que a mí me parecían excusas de moralidad porque a la vista estaba que los dos queríamos lo mismo. Mientras yo seguía empalmadísimo pensando en el pajote que le iba a dedicar en un rato. Llegando al portal le dije:

    -Que pena que no quieras vecina, pero bueno si cambias de opinión ya sabes que por mí encantado.

    -Mira Sergio, te mereces algo mejor que yo, soy muy mayor para ti y además llevo muchos años sin que nadie me toque.

    Entonces le contesté indignado:

    -Tu si que te mereces algo mejor! No al baboso ese egoísta que no sabe el mujeron que tiene y encima de no satisfacerte te ha degradado como mujer pensando solo en el y respecto a la edad que sepas que me ponen las mujeres maduras y atractivas y tú lo eres.

    -Mira Sergio, yo también llevo desde hace 3 o 4 años fijándome en ti y en cómo me buscas y en el bulto que se te pone cuando me tienes delante, en cómo me miras y deseas. Me haces sentir mujer.

    -Entonces que problema hay. Hazme un hombre y siéntete mujer, lo mereces.

    Abrí el portal le dejé pasar y al llegar al primer descansillo de la escalera la abracé por detrás rozando mi polla en su culo y le dije al oído. Esto es por ti y estará así tantas veces como quieras. Enséñame y aprenderé contigo July. Te deseo! Hagámoslo aunque sea una vez, no se enterará nadie de verdad.

    Ella asintió con la cabeza mientras para mí sorpresa empezó a restregar su culo contra mí polla.

    -Siiiii. Nos lo merecemos. El sábado y domingo estoy sola, Teo se va todo el finde de caza y mis hijos a pasar 15 días al pueblo, iba a ir con ellos pero cambiaré de planes y me quedaré poniendo alguna excusa para quedarme.

    Se dio la vuelta nos besamos, nos sobamos mutuamente y yo me quedé en el 2°izda que es donde yo vivo y ella subió al 3° derecha mientras yo me quedé mirando como movía ese cuerpo que tanto me ponía. Ella giró su cabeza sabiendo que yo la miraba y sonriendo con complicidad me guiño un ojo y me dijo:

    -Estoy deseando que llegué el momento vecino, tanto cómo tú.

    Entré en mi casa emocionado y cachondísimo pensando en lo que había pasado y en lo que habíamos quedado. Me hice dos pajotes seguidos pensando en ello.

    El día siguiente era viernes y me levanté feliz. Fui a trabajar y pasé todo el día pensando en el fin de semana que me esperaba y en todo lo que haríamos July, mi deseada vecina y yo. Nervioso y ansioso como buen primerizo.

    A la tarde al llegar a casa la vi en el balcón y la saludé sin dejar de mirarla y le hice un gesto que en broma le hice entender que ya me había puesto la polla en marcha y se reía.

    Al rato estaba yo en casa viendo la tele y sonó el timbre, mi madre abrió y dijo:

    -Hola July, pasa y siéntate mujer. Al oírlo me levanté y fui a la puerta habiéndome el sorprendido y saludándola amablemente. Ella me dijo:

    -Hola Sergio vecino, cuanto tiempo, dame dos besos corazón.

    Me acerqué a dárselos con mi mano en la cintura y ella al darse mi madre la vuelta me agarró del culo y me apretó contra su cuerpo, a lo que mi polla reaccionó enseguida y entonces se separó para dejarme en un pantalón corto de pijama, sin calzoncillos y empalmado en la cocina delante de mí madre. Me miró muy pícara y dijo.

    -No te vayas vecino, ven aquí que tengo que pedirte un favor.

    Amablemente fui sin saber cómo hacer para disimular mi polla que se quería salir del pantalón por un lado. Improvisé.

    -July, siéntate mujer. Eché la silla para que lo hiciera disimulando con el respaldo mi paquete para que no me viera mi madre y me quedé detrás de ella disimulando hasta que pude sentarme.

    Ella sonreía y me miraba con cara de pícara riéndose disimuladamente. Entonces estando sentado enfrente de ella noté un pie descalzo que rozando mi muslo llegaba a entrar por dentro de la pata del pantalón y empezó a rozar mi rabo durísimo con mucho disimulo mientras yo pensaba que me iba a correr ahí mismo. Ya paró y después de un rato de charla me pidió a ver si podía subir con ella a poner dos baldas que había comprado que Teo llevaba siete meses sin colocar por su dolor de espalda.

    -Sube y ayudarle Sergio, dijo mi madre

    Encantado dije: -Claro July como no, cojo herramientas y vamos

    -Gracias corazón, te espero. No te olvides del taladro que el de Teo no funciona hace años y cuando funcionaba tampoco lo sabía usar.

    -Si July, tranquila, cojo el mío y la caja de herramientas. Me subes tú el taladro que no pesa? Ahora me reía yo.

    -No faltaba más vecino. Dame corazón.

    Salimos despidiéndonos de mi madre y subiendo las escaleras empezamos a reírnos y le dije:

    -Serás cabrona!! Me has hecho pasar un rato en la cocina.

    Como siempre lo has pasado pero está vez en pijama corto y empalmado desde la puerta. Hace años que te ponías ahí enfrente mirándome y tocándote y hoy te he podido vecinito. Hoy era yo la que se ponía cachonda viendo cómo disimulabas la empalmada que te había creado. Llevo muy cachonda desde ayer pensando en ti, creo que me estoy poniendo en marcha otra vez gracias a ti vecino. Hoy me he tocado acordándome de lo de ayer y de lo que nos espera mañana. Hacía años que no me sentía así de caliente. Me llevas años poniendo caliente con tus roces y miradas pero hoy estoy desatada y muy caliente.

    Abrió la puerta y la agarré de los muslos, le subí la falda y la puse contra la pared comiéndole la boca y magreandola entera.

    -Vas a ver cómo te voy a follar July!! Diooosss!!

    -No sabes cómo lo necesito vecinoo. Uufff

    La llevé encima de la mesa de la cocina, la tumbé, bajé sus bragas y empecé a lamerle el coño como había visto en pelis porno.

    -Uufff!! Vecinooo qué haces? Nunca me han hecho esooo

    -Qué rico!!!

    Entonces oímos un coche aparcar y era Teo.

    -Para Sergio, es Teo!! Me pita para que baje a por la compra. Uummm!! Joder vecinooo!!

    Seguí lamiendo ese coño sin parar hasta que noté como sus fluidos empezaron a mojar mi cara y ella gritaba de placer. Ooohhhh!! Siiiii!! Uuuufff!! Qué cabrón!! Agarró mi cabeza y la apretó contra su coño y mientras se corría también la apretaba con sus piernas. Ooohhhh!! Síii!!! CABRONAZO!! Uufff!! Me soltó y apartando mi cabeza me dijo:

    -Nunca había sabido lo que era un orgasmo. Uufff! Qué rico vecino!!

    -Me ha encantado tu orgasmo vecina. Te lo comía otra vez!!

    Calla Sergio y vístete que te tienes que ir me dijo mientras se subía las bragas y la falda, que viene Teo!! Saliendo al balcón le hizo el gesto de que ya bajaba y salimos los dos de su casa. Bajamos las escaleras y yo en vez de meterme en casa esperé un poco y seguí bajando buscando cruzarme con ella y Teo con la compra.

    Al verme ella sonrió y dijo

    -Hola vecino. Qué tal?

    -Hola pareja. Os ayudo a subir las cosas?

    -No, gracias vecino, no te molestes

    -Sabes que no es molestia July, dame esas bolsas que yo las subo.

    Pasó Teo delante a ella le dije que pasara y yo el último, detrás de ese culo redondo y precioso.

    -Que tal tu espalda Teo? No puedes subir nada no??? Dije sarcásticamente.

    -No Sergio, no subo nada hace años ya.

    -Lo sé, le dije. Tranquilo, yo subo las cosas y las pongo en su sitio encantado dije viendo como July giró su cabeza sonriendo y contoneando ese culo dijo.

    -No Sergio, no puede subir nada hace años, menos mal que estás tú para ayudarme

    -Un placer vecina, siempre que necesites algo me dices

    -Gracias corazón.

    Teo abrió la puerta y fue al baño sin decir nada y sin hacer caso a su preciosa mujer, entonces ella le preguntó:

    -A qué hora sales mañana Teo

    -A las 8 de la mañana. Prepárame la ropa, comida, etc. y mañana a las 7:30 me bajas todo al coche.

    La miré con cara de cabreo viendo como la trataba y dije:

    -Tranquilo Teo que ya te bajaré yo el equipaje por la mañana que estaré levantado, me gusta madrugar. Prepararlo cuando puedas July que mañana subo yo a las 7:15 y lo bajo, tú no te muevas de la cama, descansa vecina que yo me encargo.

    Me fui a mí casa y seguí a lo mío, a la noche me acosté y no pude dormir pensando en lo que estaba por llegar.

    Por fin dieron las 7, desayuné y subí a casa de mis vecinos, cogí el equipaje de Teo y lo bajé al coche luego bajó el que coincidió con mi madre que se marchaba a andar. Miré al tercero y vi la cabeza July asomar en la esquina de la cortina viendo lo que yo ya le había dicho, a su marido mirar babeando a mí madre. La siguió descaradamente con la mirada hasta que dobló la esquina. Le hubiese dado una hostia pero me contuve pensando en el finde que iba a pasar con su mujer. A ella le dio tanta rabia que salió al balcón y llamó su atención diciéndole:

    -Qué Teo? Dónde miras?

    -Nada -dijo él y se dio la vuelta se metió en el coche y antes de cerrar la puerta le dije:

    -Vete tranquilo Teo que si July necesita algo ya sabe dónde vivimos y la ayudaré encantado.

    -Gracias Sergio, me dijo, estará bien

    -Lo sé, te la cuidaré bien, no te preocupes y pásalo bien vecino que ella no se sentirá sola, ahora mismo voy a subir un rato a tu casa para ayudarla y entretenerla. Así no se quedará triste.

    Dicho y hecho, en cuanto desapareció subí donde July que me esperaba ansiosa y ahora sí acaso con más ganas de hacerlo, habiendo visto babear a su marido por mí madre.

    Estaba la puerta abierta y ella en la cocina esperándome con un camisón y una bata y me dijo:

    -Quieres comer algo vecino?

    -Si, lo mismo de ayer

    Riéndose me dijo: -Eso enseguida corazón que tenemos tiempo, tenías razón en cómo mira a tu madre el baboso impotente, me dijo.

    -Tranquila July, no es un hombre si no complace a la que tiene en casa y desea a otras.

    -Yo te deseo y lo sabes.

    -Ayer contigo tuve mi primer orgasmo Sergio. En mi vida había sentido ese gusto.

    -Ven aquí mujeron!!

    La abracé, entrelazamos nuestras lenguas y en volandas la llevé a su habitación, la tumbé en la cama y la desnudé despacio mientras lamía todo su cuerpo desde los pies hasta el cuello, luego bajé a sus tetas y estuve deleitándose con ellas, su ombligo y por fin ese coño peludo y que para entonces estaba ya mojadito. Al notar su humedad le dije.

    -Ahora voy a ser yo el que sepa lo que es follar. Me encantará mi primera vez contigo.

    Cuando ya iba decidido a metérsela, me paró y pudo boca arriba en la cama diciéndome.

    -Me toca a mí vecino. Relájate y disfruta tu primera vez.

    Mi polla estaba durísima y ella se puso encima y empezó a metérsela muy despacito por el coño mientras yo sentía ese calor húmedo indescriptible. Empezó a cabalgarme despacio y profundo y empezó a gemir diciendo.

    -Te voy a follar cabrón! Qué dura está!! Me encanta!! Oohhh!!

    Noté como se corría y no me aguanté más. Descargué todo mi semen dentro de ella mientras gritábamos de placer los dos.

    Nos quedamos tumbados mientras yo la acariciaba y me dijo de ir a desayunar a la cocina, así lo hicimos ella en camisón y yo con su bata.

    El camisón era transparente y justo tapaba su culo por detrás y adelante tenía un generoso escote. La miraba en la cocina mientras se movía y me empecé a empalmar otra vez. Mi polla salía por medio de su camisón, me miró y me dijo:

    -Sergio!! Otra vez así?

    -Si vecina sii. Me levanté y abrazándola por detrás -le dije

    -Este fin de semana vamos a follar como locos!!

    Le dije mientras arrimaba el rabo a la raja de su culo, sin dudarlo levanté su pierna izquierda y se la volví a meter por el coño y empecé a embestirla encima de la encimera.

    -Síii!! Buuuff!! Sigueee!! Qué gusto cabronazo!! FOLLAME vecinooo!! Oohhh!!

    -Siiiii vecina!! Tomaaa!! Buuuff!! Qué ganas tengo de ti!! Cuántos años deseando esto. Tomaaa!! Buuuff! Aahh! Siiiii. Nos corrimos juntos gritando de placer.

    Ese finde lo pasamos sin salir de su casa follando como locos día y noche. Así estuvimos alrededor de un año y luego decidimos parar pues casi nos pillan varias veces.

    Ahora ella está viuda y tiene 73 años y yo 43 y estoy acercándome otra vez a ella. Mañana le voy a llevar este relato imprimido y le voy a pedir la segunda parte. Os lo contaré en otro relato.

  • Mi mujer me engaña con mi jefe

    Mi mujer me engaña con mi jefe

    Después de volver de nuestro viaje de Isla de Pascua, mi mujer y yo tratamos de retomar la normalidad. Aunque ella seguía en contacto con Philipe no habían hablado de volver a juntarse, así que nosotros seguimos nuestra vida. Pero había algo que no estaba funcionando bien y era la intimidad, mientras que yo la disfrutaba más que antes, porque tenía unas tremendas erecciones recordando todo lo que había hecho con su amante, me empecé a dar cuenta que ella no quedaba satisfecha.

    Así que un día después de acabar dentro de ella y notar que ella no logró disfrutar la confronté: ‘¿Que tienes? Ya no quieres que te haga el amor’, ‘no es eso’; respondió, ‘por el contrario, me gusta saber que disfrutas mucho de mi cuerpo’. ‘Bueno y entonces ¿qué pasa que tú no lo disfrutas?’, ‘No quiero que te enojes, pero…’. Ese silencio era una mala señal para mí, a pesar de eso con cariño le dije: ‘Cuéntame que pasa, sabré entender’.

    Miró al cielo y dijo, ‘no te siento… el tamaño de Philipe y el tuyo es tan diferente que ahora no te siento’. No me había percatado de ese detalle, pero era verdad, yo llegaba con ganas de mi trabajo y ella no estaba pensando en sexo pero apenas yo la buscaba se ponía disponible, entonces entraba en ella y a pesar de estar seca, yo entraba sin problemas y sin que ella sintiera dolor.

    ‘Entiendo’ le dije, ‘o sea que piensas en él y haces la comparación’. No, me respondió, ‘verte gozar me hace sentir muy bien, solo es cosa que yo vuelva a estar un poco más cerradita y de seguro todo será como antes’. No hablamos más del asunto, porque la verdad quien más pensaba en ese hombre clavando todo su instrumento en mi mujer era yo y no ella.

    En mi empresa había un proyecto que gracias a unos ajustes que realice, dieron como fruto un gran contrato, esto produjo una gran alegría en todos, mejoraría nuestros ingresos y además nos daba una estabilidad laboral muy apreciada. Mi jefe entonces planeó una comida para celebrar este éxito.

    Así que ese sábado, mi mujer se vistió tan linda como siempre, con un ajustado vestido que dejaba ver su bello culo, con un colaless metido en sus nalgas, pareciera que iba sin nada abajo, como tenía un gran escote, puso un brasier que solo cubría bajo sus bellos senos y un chal cubriendo sus hombros, dejamos los niños donde mis suegros y nos juntamos al resto del grupo, en un conocido hotel de la ciudad con un salón privado para que después de una exquisita cena, tuviéramos un bar libre con buena música para bailar.

    Toda la noche fui el centro de la atención, mis compañeros celebraban con algarabía y mi jefe no dejaba de halagarme frente a mi mujer, agradeciendo el logro. Yo la verdad no soy bueno para bailar y el único sin pareja en la fiesta era mi jefe, por lo cual me pidió permiso para bailar con Viviana, pensé que ella no aceptaría después de lo que me había contado, la vez anterior cuando trató de sobrepasarse con ella, pero en cambio ella si aceptó la invitación.

    Entretanto algunos de mis compañeros se me acercaban y todos querían hacer un brindis conmigo, eso hizo que bebiera mucho, después de un par de horas estaba demasiado bebido. De verdad empecé a borrarme, como se dice acá, y solo sentía a lo lejos las risas y alegría de todos y miles de palmotadas en mi espalda que seguían felicitándome.

    Mi mujer vino a sentarse y mientras se dio cuenta de mi estado, algo habló con Héctor (así se llama mi jefe) ‘Solo entendí, vamos no te preocupes, se merece estar feliz, luego yo les acerco a su casa’, y algo le susurró al oído a Viviana, que sonriendo aceptó una nueva pieza de baile.

    No sé cuánto más duró la fiesta, más de algún sueño eché sentado en un mullido sillón, solo recuerdo que Viviana me habló; ‘Puedes caminar, ya se han ido casi todos y será mejor que vamos a casa’, ni recuerdo que respondí, lo próximo que recuerdo es que entre mi esposa y mi jefe me cargaban hasta los estacionamientos, abrió la puerta del auto y caí semi acostado en el asiento trasero. Pasaron unos minutos y no sé porque ellos no entraban en el auto.

    Trate de ver hacia afuera pero por mi estado no lograba ver bien, al parecer ¿conversaban de algo o él la tenía abrazada? A mis movimientos los vi separarse y entraron en el auto, ella se sentó al lado de él y me pareció ver que su vestido estaba levantado, no traía su chal sobre sus hombros y al parecer su escote mostraba más de lo debido. El sueño me vencía y no me di cuenta cuando echó a andar el auto y salimos de allí.

    Luego de un rato creo que estábamos detenidos, sentí algo así como jadeos, balbuceé preguntando donde estamos. Viviana se revolvió en su asiento como tapando algo y Héctor me respondió, ya estamos llegando a tu casa. Otra vez el sueño me ganó, abrieron el auto y Héctor me ayudó a salir del auto, Viviana abrió la puerta de nuestra casa y entramos, sentí como me recostaron en la cama, sacaba mis zapatos y me dormí.

    Desperté no sé a qué hora con ganas de orinar así que a duras penas me levanté para ir al baño, cuando abría la puerta de la pieza, sentí unos gemidos de la pieza de mi hijo, con sigilo y aun adormilado me acerqué a la puerta semi abierta y en penumbras vi algo que no me esperaba.

    Mi mujer estaba siendo duramente penetrada por mi jefe. De espalda sobre la cama y con sus piernas abiertas sobre los hombros de Héctor, este con fuerza hundía su pene en la conchita de Viviana. Recordé que ella se había fijado que este tenía un gran tamaño y ahora yo mismo podía dar fe que así era. Después por Viviana supe que llevaban casi una hora cogiendo.

    Mi mujer estaba perdida en deseos, ella me divisó en las penumbras, yo no atiné a hacer nada, eso para ella fue señal de que podía seguir, así que cerrando los ojos se dejó ir en un tremendo orgasmo mientras Héctor blufaba derramando su leche dentro de ella y cayendo rendido encima de Viviana. A todo esto yo ya lanzaba leche en el pasillo de mi casa, me había ido sin tocarme, viendo a mi mujer penetrada.

    Me retiré en silencio para dejarlos recuperarse, seguramente Héctor tomaría sus ropas y se marcharía. Esperé acostado en mi pieza, recordando lo que había visto nuevamente estaba excitado, quería que Viviana apareciera en esa puerta y me la cogería con todas mis fuerzas, pero pasaban los minutos y nada. Me levanté nuevamente sigilosamente y al acercarme a la pieza. Ahora Viviana estaba en cuatro siendo enculada por mi jefe con las mismas fuerzas que antes, Este tipo no solo tenía un tremendo pene, sino que también mucha fuerza y gran sentido de recuperación, porque estaba tan endurecido como antes.

    Viviana estaba perdida nuevamente y se mordía los labios concentrada en lograr un nuevo orgasmo, metiendo sus dedos en su vagina, mientras Héctor aferrado a sus caderas iba fuertemente de afuera hasta el fondo del culo de mi mujer con su largo y gordo trozo de carne. Empecé a tocarme y ellos estuvieron muchos minutos en esa tarea, sé que mi mujer acabo al menos dos veces antes que Héctor le llenara las entrañas de leche. La abrazó y se recostó sobre ella. Le agarró las tetas y algo le dijo al oído, ella se volvió y se besaron apasionadamente, hasta que un plop, anunció que recién desalojaba su ano, aun así siguió amasando sus tetas y besándose con ganas. Me devolví a mi cama, con mi mano llena de mi semen que una vez mas había derramado y me dormí.

    A la mañana, Viviana dormía al lado mío, no quise molestarla y me levanté a prepararme un café cargado para pasar mi dolor de cabeza, ella apareció en la puerta sin decir nada, solo me atreví a decirle ‘¿Te gustó?’. Ella movió la cabeza afirmativamente, ‘¿Te sentiste llena?’. ‘Si’ me dijo. ‘A ver explícame como empezó esto, si tú lo habías rechazado por mujeriego y porque solo te deseaba para la cama’.

    ‘Bueno’ dijo ella, ‘Tu sabes que necesitaba algo más grande para mi cuquita y justamente sabía que Héctor cumplía con esa característica. Cuando comenzamos a bailar en la fiesta, fue muy respetuoso y comenzó a alabarte por tu trabajo y por la bella mujer que tenías, luego vinieron unas salsas donde me abrazó con sensualidad pero sin propasarse, es un buen bailarín y supo levarme lo que me hizo entregarme a su ritmo, luego tocaron un reggaetón y allí sentí que estaba empalmado, eso me despertó y me hizo recordar el tamaño de su pene.

    Seguimos bailando cuando noté que estabas muy ebrio, pensé que me echabas a perder la noche, pero resultó que me la mejoraste, porque Héctor se ofreció a traernos a casa si no estabas en condiciones, sabiendo que así sería seguimos bailando de manera más sensual, ya estaba acariciando mi culo y pegándome su paquete a mi conchita, mientras dejábamos que tu siguieras tomando.

    Al término de la fiesta te metimos en el auto y nosotros comenzamos a besarnos y a acariciarnos con frenesí, en el estacionamiento saco un seno y comenzó a chuparlo, mientras nos refregábamos muy calientes, levantó mi vestido y agarro mi culo con ganas. Sentimos que te moviste y entramos al auto muy excitados.

    Salimos del hotel, y Héctor manejó lentamente mientras tenía una mano dentro de mi cuquita, yo desabroché su pantalón y tomé su enorme pene en mis manos y comencé a pajearlo y al verte dormido nos detuvimos en un mirador y no resistí las ganas de succionar ese delicioso trozo de carne, pero está tan gordo que solo me cabía la cabeza.

    Otra vez interrumpiste nuestros juegos, así que vinimos a casa, temía que te despertaras y arruinaras las ganas que teníamos de coger, pero estabas tan pedorro, que apenas te dejamos en la cama, comenzaste a roncar, así que te quité los zapatos y te cubrí, salimos de la pieza y dejé la puerta junta para sentirte si te levantabas, nos fuimos a la pieza del niño y reiniciamos nuestros juegos de caricias y besos, empezamos a desnudarnos y comenzó a chupar mis tetas con deseo, bajó hasta mi conejito y su lengua empezó a hacer maravillas en mi clítoris, yo también quería chupar su enorme mástil, así que nos acomodamos para un rico 69, me hizo llegar a un orgasmo muy rico, mientras yo había ensalivado muy bien su pene y había logrado meter casi la mitad en mi boca.

    Le pedí que me penetrara y me recostó en la cama, separó mis piernas y comenzó una lenta y constante penetración, nuevamente sentí mi vagina llena, dilataba mi cuquita en cada arremetida y eso me hacía gozar, cuando se percató que había llegado a meterlo todo, empezó con más fuerza a taladrarme, levantó mis piernas eran exquisitas sus penetradas, te divise en la puerta, no sé cuánto llevabas allí, pero entendí que estabas de acuerdo porque no hiciste nada, así que me dejé llevar por un tremendo orgasmo compartido con Héctor.

    Luego me levanté para ver en que estabas, pisé tu acabada en el piso y sabía que te había gustado lo que viste, te vi durmiendo y volví con Héctor, para mi sorpresa ya estaba de nuevo empalmado así que comencé a comérmelo, mientras él jugaba con mis tetas y luego con mi culo, sabía lo que quería y yo también así que me acomodó un cojín bajo mi cintura y comenzó a jugar con la cabeza de su pene en mi orificio anal. Le dije que calentara mi clítoris antes de entrar y así poco a poco entró su cilindro de carme en mi hoyito, cuando comencé a gemir fue yendo cada vez más fuerte, hasta que se convirtió en un tren de orgasmos y sensaciones, acabando con una abundante corrida en mis entrañas.

    Siguió acariciándome y dándome las gracias porque lo había hecho sentir sensaciones que jamás había sentido con nadie, yo también le agradecí lo que me había hecho sentir y seguimos con besos y caricias, esto hizo reaccionar su pene y no pude evitar ponerlo en mis labios y comencé a succionar con tanta habilidad que lo hice acabar en mi boca, luego se vistió y se fue, no sin antes pedirme que ojalá repitamos la experiencia. Así llenita y satisfecha me acosté’.

    Cuando terminó su relato mi pene quería guerra así que la afirmé en la mesa de la cocina y clavé mi pequeño pico en su culo y rápidamente le revolví mi leche con la que aun tenia de mi jefe en su interior.