Autor: admin

  • Atrapados en el tiempo

    Atrapados en el tiempo

    Tenía 18 años cuando empecé a fijarme más en serio en mujeres mayores a mí. Hasta entonces, solo había tenido ojos para la chica guapa de mi clase, o de mi curso, o de mi barrio, con relativo éxito. Siempre chicas en torno a mi edad.

    Todo cambió con la llegada de los nuevos vecinos. Vivíamos en una comunidad, dos edificios con jardín común y piscina. Los vecinos de al lado (una pareja de ancianos), vendieron su casa, y llegó una pareja joven, de unos treinta y pocos, con un niño de año y medio.

    Era la típica familia conservadora, religiosa, y bien posicionada. Ambos con buen trabajo, y un futuro sin ninguna complicación a la vista.

    Era finales de abril. Llegué a casa del colegio y me encontré a mi madre en la puerta hablando con la nueva vecina. Su nombre era Marina, y había pasado a presentarse. Era de pelo castaño claro, recogido en una coleta, ojos de color azul, labios pequeños, nariz normal y pómulos ligeramente marcados. Tenía buen cuerpo (más tarde descubrí que hacía Pilates regularmente), de unos 1,65 cm de estatura, sin curvas excesivas en la cintura, pero con unas tetas de un volumen algo mayor a la media, sin llegar a ser excesivamente grandes. Vestía de forma discreta, aunque con estilo. Cuando tienes un buen cuerpo, trabajado y entrenado, cualquier tipo de ropa puede resultar sexy.

    Eran muy amigables, y atentos. Sin duda parte de la “jet set”, bien educados desde niños. Hicieron una fiesta de bienvenida en su casa, con algunos amigos, y nos invitaron a nosotros también. El ambiente era muy pijo, como decimos en España. Yo, que poco pintaba ahí, por edad y estilo, al cabo de unos minutos me puse a pasear por el piso. Siempre me causaron extrañeza los ancianos, antiguos propietarios. Ariscos, esquivos… habían dejado la casa por sorpresa, como con prisa, y se vendió muy rápido. Me invadió la curiosidad y miré en cada rincón. Era la primera vez que entraba en ese piso.

    En uno de los baños, encontré una rendija cubierta. Con algo de esfuerzo, conseguí retirar la cobertura. Encontré una piedra, con un raro tono brillante. Me atraía, la cogí, la metí en el bolsillo y me fui.

    Lo que inicialmente despertó mi curiosidad fue la bonita cara de Marina. Ese fue el punto inicial que hizo saltar una chispa dentro de mí, hasta entonces desconocida. Posteriormente empecé a fijarme en su cuerpo. Y también empecé a fijarme en otras mujeres mayores a mí.

    La piscina abrió a mitad de junio. Para mí fue la culminación de mi corta etapa “voyeur” con Marina. Me había pasado un mes espiándola, cuando me cruzaba con ella, o mirándola desde mi ventana mientras jugaba con su hijo en el jardín. Hasta me entraron ganas de ir a misa los domingos, ya que ellos iban siempre en ese día, solo para verla. Me quedaba mirándola el culo, o intentando ver algo a través de los huecos entre los botones de su camisa, las contadas veces que estaba cerca de ella. Intentaba ser lo más discreto que podía. El primer día de piscina fue una liberación. Marina bajó, sonriente, con su hijo, con un bañador de una pieza, discreto y tradicional, pero elegante. Ese cuerpazo haría atractivo hasta un chándal. Resultó ser asidua a la piscina, para mi felicidad. Normalmente usaba bañadores de una pieza, aunque alguna vez se puso un bikini. Me encantaban sus tetas, y ese culo firmemente trabajado en Pilates. Algunas otras madres tenían piernas menos cuidadas, o se veían algunas estrías. Sin embargo las de Marina no. Parecían bien tonificadas, sin estrías visibles en ningún sitio. Yo, como buen adolescente, me pajeaba como un mono, y el 95% de las veces lo hacía pensando en ella.

    Unos meses después, en septiembre, Marina cumplía años. Lo celebraron invitando a sus familias, y organizando un pequeño picnic en el jardín. Yo espiaba desde la ventana. Tenía la piedra que cogí de su casa encerrada en mi puño. Llevaba todo el día llamándome, atrayéndome. Había algo extraño en esa piedra. Mientras observaba a escondidas desde mi ventana, vi que Marina se alejaba del grupo en dirección al portal, con una bandeja vacía. Estaba seguro de que iba a subirla a casa. Por alguna razón, salí corriendo hacia la puerta. Era como si la piedra me dirigiese. Salí de casa sin decir nada, y me dirigí a la puerta del ascensor. Esperé, y un minuto más tarde llegó Marina, saliendo de él. Se pegó un pequeño susto al verme, pero enseguida reaccionó con una sonrisa. Qué guapa era.

    -Hola! –dijo sonriendo– qué tal? Estamos celebrando mi cumpleaños. Si quieres tarta, baja, estoy a punto de ir a cogerla para llevarla.

    -No gracias –dije, algo absorto– Felicidades. Solo quería darte este regalo.

    No sabía qué estaba haciendo. No era yo dirigiendo mi cuerpo. Extendí la mano, abriendo el puño, y la ofrecí la piedra, que estaba más brillante que nunca. Marina reaccionó al principio con una mirada confusa, pero al ver la piedra, quedó también atrapada por su influencia. No podía retirar la mirada de ella. Extendió la mano poco a poco, y finalmente la tocó con un dedo.

    De repente, todo se volvió de color blanco, ya no había nada más. Unos segundos después, todo volvió a la normalidad, pero ya no estábamos en el edificio. Estábamos en lo que parecía un bosque, rodeado de árboles, y hojas de color marrón y anaranjado cubriendo el suelo, con rocas grandes por aquí y allá. Nos pusimos los dos a mirar a todos lados, sorprendidos. Qué había pasado!!

    Marina se puso a preguntarme histéricamente qué había pasado, que dónde estábamos. Cómo si yo tuviese la menor idea. La piedra había desaparecido.

    -Qué era esa piedra! Qué has hecho! Donde me has llevado! –empezó a hiperventilar.

    -No he hecho nada! –es lo único que pude decir.

    Tras unos segundos, Marina echó a correr. Yo la seguí. Gritaba esperando que alguien la escuchase, corriendo entre los árboles. Entonces llegamos a un claro donde se acabaron los árboles. Vi que Marina se detenía, quedando parada, inmóvil. La alcancé y me quedé parado, al lado de ella. Enfrente nuestra estaba un grupo de hombres de cara hosca, vestidos con pieles, de aspecto sucio, algunos con lanzas.

    -Qué clase de broma es esta –susurró con un hilo de voz Marina.

    El grupo de hombres se acercó. Probablemente habían escuchado el alboroto organizado por Marina. Ellos parecían también sorprendidos. Quienes eran esos extraños, y qué tipo de vestimenta llevaban. Se acercaron curiosamente, sobre todo a Marina. Los dos nos quedamos quietos, inmóviles, paralizados por el miedo. Yo llevaba puesta ropa de casa, pero Marina, que venía del jardín, llevaba puestos unos vaqueros ajustados y botas altas, con un jersey de color amarillo muy vivo, y un pañuelo alrededor del cuello que dejaba medio ver el cuello de una camisa blanca. Los hombres se interesaron por su jersey, y empezaron a tirar del pañuelo, a lo que Marina reaccionó tímidamente apartándoles las manos. Uno de los hombres, que por su apariencia y vestimenta algo más ornamentada, parecía el jefe, reaccionó agresivamente, y la dio un empujón. Yo desperté, y traté de ponerme entre ella y los hombres. La actitud de los hombres cambió, el jefe dio órdenes a gritos, y el resto me redujeron, inmovilizándome. También apresaron a Marina, atándonos las manos a la espalda.

    Nos condujeron durante unos kilómetros por el campo, hasta que llegamos a lo que parecía un pequeño poblado. Marina no decía nada, pero se pasó todo el camino sollozando en voz baja, con la cabeza agachada. Todo esto era muy confuso, estaban pasando muchas cosas imposibles, en muy poco tiempo. Marina y yo estábamos desorientados, perdidos. No podíamos entender qué estaba pasando, ni donde estábamos. Ni nuestros cuerpos ni nuestras mentes reaccionaban.

    Al entrar en el poblado, compuesto de unas diez chozas, nos condujeron al centro, desatándonos las manos, en donde había una roca de forma cúbica, que parecía una especie de silla o trono. Pronto se congregó alrededor una multitud de unas 40 personas, incluido mujeres y niños. El jefe se adelantó, y empezó a hablarnos en un lenguaje incomprensible, haciendo gestos, señalando a Marina y después a mí.

    -No sé qué dice, qué es esto! –dijo medio llorando Marina, como dirigiéndose a mí.

    Marina tenía unos 13 o 14 años más que yo, pero por alguna razón, inconscientemente esperaba que yo solucionase todo esto que estaba pasando. Miré al jefe, y le dije con voz firme que no entendíamos nada de lo que decía, ni de lo que estaba pasando. La gente, que por primera vez nos oía hablar claramente en voz alta, quedó boquiabierta.

    A pesar de su primitiva mente, el jefe comprendió que no entendíamos qué nos quería decir. Tras unos segundos de silencio, se giró hacia el resto, y empezó a señalar. Por primera vez les miré con ojo más crítico. Me di cuenta de que se dividían en pequeños grupos, como familias, uno o dos niños con un padre y una madre. Entonces señaló al otro lado, donde estaban solo mujeres y hombres desperdigados sin aparente relación unos con otros. Ellas vestían con menos ropa que las mujeres dellado de las familias, y en este lado todos parecían más jóvenes también. Entonces, el jefe dio órdenes a un hombre del grupo del lado joven. Este reaccionó inmediatamente, empezó a observar a las otras mujeres de su lado, cogió a una, la llevó a la roca, se sentó, luego ella se sentó sobre él, y empezó a follársela. Tardaron un rato hasta que él se corrió dentro de ella. Posteriormente volvieron a su grupo. Yo ya empezaba a entender lo que estaba pasando. Y, por la cara de terror de Marina, creo que ella también empezó a hacerse una idea.

    El jefe nos volvió a mirar, y volvió a hacer las mismas señas que al principio, señalando a Marina, luego a mí, y luego a la roca. Marina se quedó mirándole con los ojos como platos, y un segundo después le soltó un grito cargado de dolor, descargando finalmente toda la frustración e incomprensión acumulada, negándose a obedecer lo que el jefe ordenaba, mientras empezó a llorar otra vez.

    Todos se quedaron en silencio, mirándola de forma asustada. Entonces el jefe, se acercó a ella, y cogiéndola del brazo, la empezó a llevar a la roca. Se sentó.

    Ahora comprendía lo que pasaba. El jefe no nos estaba ordenando tener sexo. Estaba preguntando si Marina y yo éramos pareja. Al negarse Marina, le había confirmado que no era así, por lo que Marina estaba libre para él.

    Me acerqué rápidamente a Marina, y en un tono suave, le hablé al jefe, diciéndole que esperase (aunque no me entendiese). Cogí a Marina del brazo, y ella giró su cabeza para mirarme. Tenía la mirada perdida, la cara con rastros de lágrimas, y sus bonitos ojos azules, húmedos, que junto al reflejo del sol, les daban un aire celestial. Era la vez que más impresión me causó su cara. Esta mujer era preciosa. Quizá era mi corta edad la que me hacía tener sentimientos más exaltados, pero sentí una presión en el pecho. Estaba enamorado de esta mujer que casi me doblaba la edad?

    -Marina –empecé a hablarla, de forma algo insegura– creo que nos está preguntando si tú y yo estamos juntos. Si le decimos que no, entonces él quiere estar contigo.

    -Cállate! –dijo exaltadamente de repente– Todo esto es tu culpa, qué coño has hecho, qué era esa piedra! Dónde está mi marido, donde están todos! –volvió a gritar entre lágrimas, a la vez que me empujó con fuerza, casi tirándome al suelo. Marina hasta ahora había sido cordial y dulce conmigo. Me quedé callado.

    El jefe la agarró del brazo, obligándola a sentarse. Intentó quitarla el pantalón, pero no sabía cómo. Marina entonces, con cara de susto, se levantó rápidamente e instintivamente se agarró a mí. Un grupo de hombres empezó a cercarnos, sacando unos rústicos cuchillos. Marina me abrazó más fuerte, mirábamos a todos lados, estábamos los dos asustados. Entonces Marina se dio cuenta de que no tenía otra salida. Era o uno de ellos, o yo. Giró su cabeza, y me miró a los ojos. Esta vez me miraba de otra forma. Daría todo por saber qué estaba pensando. Yo era un chico con atractivo para mi edad, pero por supuesto ella nunca se había fijado en mí. Esta era la primera vez que me veía de otra forma.

    -Siéntate –dijo finalmente en voz baja, mirando al suelo y señalando ligeramente a la roca.

    La obedecí. Me acerqué a la roca, ahora vacía, y me senté. Ella se acercó lentamente, mi corazón latiendo como una locomotora. Me quedé mirándola. La habían quitado el pañuelo, y el jersey amarillo quedaba completamente a la vista. A pesar de no ser ceñido, sus tetas marcaban un buen volumen. Me miró, y me dijo que me quitase el pantalón. Ella empezó a quitarse lentamente las botas. Los hombres que se habían acercado, y el jefe, se retiraron y unieron al resto del poblado que nos rodeaba y miraba, en el momento en el que vieron que yo me sentaba en la roca. Parece que era una cultura que respetaba a las parejas.

    Me quité las zapatillas y calcetines para quitarme el pantalón, y me quedé con el bóxer puesto, con toda la vergüenza del mundo. Marina se quitó botas y medias, y poco a poco empezó a quitarse el pantalón, sin mirarme en ningún momento. Estaba de frente a mí, y según se bajaba el pantalón descubriendo sus bonitas piernas, vi que llevaba puesta lencería de color rojo muy elegante. Me sorprendió que llevase ese tipo de prenda, no me cuadraba con lo tradicional que parecía ser. Pensé que quizá fuese un regalo para su marido en el día de su propio cumpleaños.

    Cuando terminó de quitarse el pantalón, me miró y se dio cuenta que seguía con el bóxer puesto.

    -Qué haces, quítate eso ya, quieres que nos pase algo!? –dijo mirándome de forma enfadada.

    -No –dije apartando la mirada de sus ojos– pero… tengo un… problema –dije, de forma insegura, sin mirarla, con más vergüenza que nada.

    -Qué! –dijo exaltada.

    Mi corazón se había acelerado enormemente. Por un lado, me volvía loco el ver desnuda a la que había sido la fantasía para mis pajas los últimos meses. Pero por otro… Me había liado con unas cuantas chicas, e incluso una de ellas me había hecho una paja, sin llegar a correrme. Pero no había tenido sexo nunca. Había mentido a mis amigos, diciéndoles que sí. Me había inventado una mentira, y el sexo se había convertido en un problema mental para mí. Estaba bloqueado y aterrorizado.

    -Soy virgen –dije con muchísima vergüenza finalmente– No sé qué hacer, ni por qué no se está levantando –dije señalándome la polla. Había visto 1000 películas porno, y siempre había asumido que la polla se te levantaba en cuanto empezabas a ver a la mujer en pelotas. Es también lo que pasaba cuando me hacía pajas… mi polla estaba a tope de solo pensar en Marina. Pero en este caso, no estaba ocurriendo.

    Marina me miró el paquete, sorprendida. Supongo que no se esperaba esta complicación.

    -Está bien –dijo ahora más calmada. Tras una pausa en la que parecía estar pensando, dijo con la cabeza agachada sin mirarme– Déjame encargarme a mí de eso, tú haz lo que yo te diga.

    Se dio la vuelta, y pude ver que la lencería roja era un tanga. Estaba casi seguro que era el regalo para su marido. No podía ser que llevase lencería tan sexy todos los días. El tanga se perdía hacia la mitad de su culo entre sus glúteos. Tenía un culo firme, tonificado, hacer Pilates daba resultado.

    Dubitativamente, puso sus manos en los extremos del tanga, y empezó a bajarlo, poco a poco. No creo que su intención fuese calentarme, la lentitud en sus movimientos serían más bien por vergüenza y pudor. Era una mujer tradicional, y se estaba desnudando enfrente de 40 personas, y a 1 metro de un chico 13 años menor. Pero el resultado fue muy sexy, y sentí con alivio que mi polla, aunque flácida, dio un pequeño salto. Me quité entonces el bóxer. Una vez su tanga cayó a sus tobillos, se lo quitó levantando los pies uno tras el otro. Seguía vestida de cintura para arriba, eso no parecía que fuese a cambiar.

    Poco a poco, sin mirarme, caminó hacia atrás. Cuando sus piernas contactaron con las mías, las abrió ligeramente, para acercarse más. Su culo quedó a escasos centímetros de mí. Mi corazón se iba a salir de mi pecho, y respiraba fuertemente. Mis manos temblaban. Se empezó a agachar, y sin mirarme, echó su mano derecha hacia atrás, para buscar mi polla. Antes de encontrarla, tocó mi bajo vientre con sus dedos. Parece que se llevó una sorpresa. Yo estaba depilado al 100%, también la polla. A pesar de no ser activo sexualmente, me gustaba depilarme, como veía que hacían los actores porno.

    Para Marina, esto debía de ser algo nuevo. Giró por primera vez la cabeza para mirar, y noté su cara de sorpresa cuando vio que estaba depilado. Tras unos segundos, volvió su cabeza al frente, finalmente sujetó delicadamente mi flácida polla con la mano, que estaba temblorosa. Para ella esta situación era una pesadilla. No podía pasar algo así. Tenía un marido, un hijo, esto que estaba haciendo era tabú. Aun así, era lo único que podía hacer. La mejor de las malas opciones. Si no era yo, sería uno de esos bárbaros. Noté que ella también respiraba agitadamente, y su cuerpo temblaba.

    En aquella incómoda posición para ella, sin mirar, Marina empezó a pajearme, lentamente. Su mano agarraba mi polla, subía y bajaba. Esta sensación era (casi) nueva para mí. A pesar de mi nerviosismo y miedo, la sensación de una mano (su mano, en particular), pajeándome lentamente, era maravillosa. Yo apoyaba mis manos en la roca, y Marina quedaba suspendida en el aire frente a mí, con la mano derecha pajeándome, y la izquierda como único apoyo de su cuerpo, sobre la roca. Me fijé en esa mano. En el dedo anular llevaba un tradicional anillo de casada.

    Mi polla había perdido cierta flacidez, pero seguía sin estar lo suficientemente dura para poder metérsela. Tras un minuto, giró su cabeza mientras me seguía pajeando, y preguntó con cara de cansancio, que por qué no se me levantaba. Otro minuto y Marina no aguantó más. Se levantó para descansar el brazo. Entre la gente, que seguían observando, se empezaron a oír voces. Si esto no funcionaba, alguno de esos se follaría a Marina, y no sé qué ocurriría conmigo. Parece que Marina pensó lo mismo, porque rápidamente, se dio la vuelta. Quedó de frente a mí. Ya no me quedaba duda de que esa noche tenía algo especial preparado para su marido. Estaba también depilada completamente. No creo que fuese lo habitual. Su coño era bonito, se veía algo rosado. Daban ganas de comérselo.

    Se arrodilló, volvió a coger mi polla, y esta vez mirándome a los ojos, con cara angustiada, dijo.

    -Como no se te levante, estamos perdidos. Qué te pasa?

    -No lo sé, estoy muy nervioso. No me había pasado nunca –dije. Como si lo hubiese hecho antes… creo que es una de las frases más comunes de la humanidad.

    -Pues tienes que relajarte –contestó, mientras empezó a pajearme otra vez.

    Esta vez el ritmo de la paja fue más rápido. También estaba en una posición más cómoda para ella. Aunque la polla se levantó algo más, tenía todavía algo de flacidez. No había manera. La gente se estaba impacientando, y el jefe empezó a gritarnos. Esto no iba bien…

    Marina, viendo que la situación era casi desesperada, tomó una decisión que había evitado todo lo más que pudo. Torció el gesto, susurrando un “dios mío…”, una lágrima cayó por su mejilla. Acercó su cara, y abriendo la boca, se metió mi polla medio flácida dentro. Cerró los labios, y los deslizó por todo lo largo hasta la base. Esta situación sí que era nueva para mí. Qué delicia, un calambre recorrió todo mi cuerpo. De repente se me olvidó donde estábamos, ni cuanta gente estaba mirando, ni si estaba nervioso. Gracias a que su pelo estaba recogido en una coleta, podía ver claramente cómo su boca recorría mi polla. Me di cuenta de que tenía los ojos cerrados.

    Con su mano derecha sujetaba la base, mientras que la izquierda, la del anillo, reposaba sobre la roca. Iba a un ritmo medio, sus labios recorriendo el largo de mi polla hasta tocar los dedos que la sujetaban en la base, y volviendo hasta casi la punta. Su objetivo no era darme placer, sino levantarme la polla lo antes posible, por lo que empezó a acelerar el ritmo aún más. De reojo, vi que la gente volvió a callarse, sus caras de asombro. No debían saber qué estaba pasando. Esto nos iba a dar algo de tiempo. La brutal mamada que Marina me estaba dando empezó a dar resultados. Mi polla empezó a levantarse más que antes. Para desgracia de Marina, tenía un buen miembro.

    Ligeramente más largo de la media, pero sobre todo, más grueso. Noté cómo se dio cuenta de esto, porque en cierto momento, según mi polla iba creciendo dentro de su boca, abrió finalmente los ojos y me echó una mirada, como mitad sorpresa, mitad reproche, que duró un par de segundos. Esa imagen era imborrable. La tradicional y conservadora madre de familia Marina, con esos bonitos ojos azules, húmedos, mirándome, mientras mi voluminosa polla salía y entraba en su boca.

    Era el momento, ahora o nunca. Se sacó la polla de la boca, algunos hilos de saliva conectando mi miembro con sus labios. Tras unos segundos en los que parecía que se había quedado hipnotizada por mi polla, sujetándola y mirándola, a unos centímetros de ella, recuperando la respiración tras semejante mamada a tal voluminoso aparato, se levantó, se dio la vuelta otra vez, hizo el movimiento para sentarse sobre mí, cogiendo mi polla, esta vez sí bien erecta. Con cuidado, siguió descendiendo, sujetándola firmemente.

    Sentí cómo la punta tocó su cuerpo, momento en el que dejo de bajar. Tras un momento en los que me pareció que Marina trataba de acoplar mi polla a su coño, finalmente soltó la mano para apoyarla también sobre la roca. Mi polla sin embargo no se movió. Como me había dicho Marina, me estaba dejando llevar. Ella era la que estaba dirigiendo. Poco a poco, empezó a descender otra vez, sentí que la piel se retiraba y mi polla quedaba envuelta, caliente. Era una sensación extraña, pero excitante. Sentí cómo mi miembro se enterraba dentro de Marina, con poco esfuerzo. Era como si su coño estuviese lleno de lubricante, empapado. Supongo que sería lo normal.

    Esta sensación era demasiado para mí. Marina seguía descendiendo, mi polla seguía enterrándose dentro de ella, su coleta cubría mi cara, el olor de su perfume, la cercanía de su cuerpo, su espalda en mi pecho. Sus muslos tocaron los míos, sentí su culo en mi bajo vientre. No podía más. Solté un gemido de placer enorme. Como asustada, Marina se levantó ligeramente, y girando rápidamente la cabeza para mirarme de reojo, dijo:

    -No te puedes correr dentro de mí, en cuanto sientas que te vas a correr, avísame.

    -Vale –dije como pude, en otro suspiro.

    Marina volvió a retomar el movimiento, subiendo, sin llegar a sacarse la polla. Bajaba hasta que su culo tocaba mi cuerpo, y volvía a subir. Mi polla entraba y salía de su coño sin ningún problema. Cada vez subía y bajaba con más velocidad. Sentía que su coño apretaba mi polla, gruesa como era, por lo que la sensibilidad era aún mayor. Siguió su movimiento en el que se metía la polla hasta el fondo, para sacársela casi hasta la punta. Estuvimos un tiempo así. Yo ya estaba en el cielo. La mujer que había estado espiando, me estaba follando sin contemplaciones. Entonces me pareció que Marina soltó un pequeño gemido, que no volvió a repetir.

    Sus brazos empezaban a cansarse, y me pidió que la ayudará, colocando mis manos bajo sus muslos. Puse una mano debajo de cada muslo. El contacto con su suave piel era increíble. Al principio intenté poner las manos sin tocar su culo, pero era más incómodo. Al final cedí, y retrasé las manos para ayudar más efectivamente. Casi la totalidad de mis manos estaban sujetando su culo. Ella no dijo nada, seguía subiendo y bajando. Ahora sí que escuché un jadeo más constante por su parte. Jadeaba con cada metida, su coño lubricando para ayudar a mi polla a deslizarse dentro y fuera, mis manos sujetando ya sin rubor su trabajado culo, que golpeaba mi bajo vientre cuando descendía. No podía más.

    -Me voy a correr! –dije

    Parece que no me hubiese oído, porque siguió bajando y subiendo apasionadamente, jadeando ahora sin disimulo, echando la cabeza hacia atrás, enterrándose mi polla con fuerza todo lo dentro que podía, para subir otra vez. Tuve que repetir que me iba a correr, era como si con todo el movimiento no me pudiese oír. A la tercera vez que lo dije, ya casi corriéndome, se levantó rápidamente y se dio la vuelta mirándome la polla con cara de susto. Estaba algo colorada, y note alguna gota de sudor en su frente.

    -Te has corrido!? –dijo alarmada

    -No, pero casi –contesté. Era una sensación dulce y dolorosa a la vez. Había parado justo en el momento en el que me iba a correr, por lo que el esperma no llegó a salir.

    El jefe se acercó, y mirándome, vio que no me había corrido. Habló en tono agresivo. Hizo gestos con la mano, como diciendo que tenía que correrme. Marina le contestó que no podía ser, a lo que el jefe, visiblemente agresivo, la cogió del brazo, la empujó a la roca, me tiró de ella, se sentó él, y se dispuso a follársela.

    -No! –grité, sacando fuerzas de no sé dónde.

    Me levanté, cogí a Marina del brazo, y la aparté de él. Inmediatamente unos hombres vinieron.

    -Está bien! –gritó Marina con cara asustada, haciéndoles un gesto con el brazo para pararles– Siéntate otra vez en la roca –me dijo mirándome esta vez a los ojos.

    El jefe se quitó, y me senté yo. Mi polla seguía prácticamente erecta. Marina se acercó otra vez, se volvió a sentar de espaldas, sujetando mi polla otra vez con la mano. Solo tuvo que pajearla 5 segundos para que volviese a su máxima erección.

    -Marina, qué vas a hacer? –dije con voz temblorosa.

    Ya con mi polla a plena capacidad, Marina empezó a descender. Mientras lo hacía, giró la cabeza y me dijo:

    -Escúpete en la polla lo más que puedas. Sigue lo que yo haga sin decir nada.

    Obedecí sus órdenes. Vi que ella también se escupió en la mano, la del anillo. Siguió bajando, sujetando mi polla, hasta que mi polla tocó su cuerpo. Esta vez sin embargo, noté que estaba algo más atrás. Tras unos segundos, oí susurrar entre un sollozo a Marina, un “lo siento”. No creo que estuviese hablando conmigo.

    La sensación era diferente. Marina no soltó mi polla, la mantenía agarrada, mientras intentaba descender. No entraba esta vez tan fácil, no entiendo por qué. Miré más detenidamente y me di cuenta.

    -Te la estás metiendo por el culo! –dije sorprendido.

    -Silencio!! Te he dicho que no hables! No se pueden dar cuenta, tienen que pensar que me estás follando por delante y que te corres dentro por ahí! –dijo violentamente entre los dientes– Voy a poner una mano entre mis piernas, para que no vean bien. Me tienes que ayudar desde ya con tus manos a moverme.

    Tras un segundo, reaccioné, y puse mis dos manos otra vez en su culo. Marina tenía una mano por delante entre sus piernas, mientras con la otra sujetaba mi polla, haciendo fuerza para metérsela dentro. Poco a poco, empezó a entrar. Soltó pequeños gritos ahogados de dolor, respirando agitadamente. Yo veía claramente cómo mi grueso miembro entraba, lentamente. Cuando ya estaba casi a la mitad dentro, soltó mi polla y apoyó su mano en la roca. La sensación era diferente. Me apretaba más la polla, y no era tan fácil de deslizar.

    Aun así, estaba muy cerca ya de correrme. No llegó a metérsela entera. A poco más de medio camino, empezó a subir ligeramente, despacio. Antes de que se me saliese la polla de su culo, Marina volvió a bajar, también muy despacio. Creo que esta vez los dos éramos vírgenes. Para ella esto era algo imposible. Algo que en circunstancias normales, no hubiese ni pensado hacer. En situaciones de estrés cuando tu integridad física corre peligro, hacemos cosas inimaginables. Marina decidió en unos segundos que la diese por el culo, algo que nunca en su vida hubiese ni pensado hacer, ni siquiera con su marido.

    Pero no estaba siendo fácil. Llevábamos casi minuto y medio, y solo se la había metido y sacado dos veces. Marina empezó a llorar, mientras se metía la polla por tercera vez. Esta vez, ya fallándonos las fuerzas a los dos, se dejó llevar y bajó más, entrando mi polla completamente dentro, chocando su culo contra mi bajo vientre y huevos. Marina soltó un grito.

    -Córrete ya desgraciado. Tienes una polla enorme, me está matando! –dijo desconsoladamente.

    Yo estaba a punto de correrme. Saqué fuerzas de donde no había, la levanté agarrando con fuerza su culo. La dejé caer hasta que mi polla entró a la mitad. La volví a levantar, y cuando volvió a bajar, sentí un calentón en los huevos, mi polla reaccionó violentamente y sentí como expulsaba una catarata de esperma. Con la adrenalina por las nubes, fui yo el que empezó a mover frenéticamente la pelvis, empujando y sacando mi polla con violencia en el culo de Marina. Solté un grito de liberación, y me corrí unas tres veces más. Marina gritó, sonó mitad a dolor, pero me pareció que el grito tenía un componente de placer. Cayó al suelo, quedando bocarriba con su mano todavía ocultando su coño. Mi polla con restos de corrida.

    El jefe y otros hombres se acercaron, miraron ligeramente, y empezaron a celebrar, marchando toda la tribu a seguir con sus labores, dejándonos solos a los dos. Parece que se habían creído el engaño.

    Yo quedé de pie, respirando acelerada y profundamente. Marina, tumbada a unos centímetros de mí. Respiraba también de forma acelerada, y me miraba a los ojos, sin decirme nada. No conseguía descifrar esa mirada. Era fija, penetrante, extraña. Pasó a mirarme la polla, que aún voluminosa, empezaba a perder la erección. La observó, ya sin ningún reparo ni disimulo. Me sentí intimidado. Otra vez me gustaría saber qué estaba pasando por la cabeza de esa mujer, que podría ser casi mi madre.

  • La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 3)

    La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 3)

    El deseo por mi hijo.

    Ramón me proporcionó mucho placer, pero era costoso que se pusiera empalmada, no tanto como a mi esposo, pero solo una de cada tres veces era una erección natural. ¿Cómo descarté definitivamente a Ramón? Muy sencillo mi hijo pequeño Alberto se retornó temporalmente a casa y sin saber por qué cambié de objetivo… Deseaba al hijo de Ramón, pero en realidad mi pasión era más fuerte por el hijo que me hizo el albañil, MI ALBERTO. Disculpen semejante barbaridad pero no puedo morir con este secreto, necesito sacarlo.

    Soy una mujer mayor con dos hijos, uno de 35 años y otro “pequeño” de 29 años muy guapo que se llama Alberto. No sé en qué momento de mi vida fue desarrollándose toda esta situación que he llegado a sentir deseos de estar con él entre sus brazos. Él vive conmigo desde hace unos meses ya que está juntando dinero en lo que su trabajo le permite mudarse a un lugar solo tras haberse separado de su pareja. En cierta parte me siento perversa en el mal sentido, por tener tantas fantasías sexuales con él aunque la excitación y la adrenalina que ya no sentía desde hace muchísimos años han vuelto, me siento motivada y menos cansada, con más ánimo y candente. Cuando él no se da cuenta yo constantemente le ando observando la entrepierna que me fascina como se le ve el paquete ovalado y abultado entre sus pantalones vaqueros o sus pantalones de vestir cuando está sentado, o incluso parado… debe tener el mismo talle que su “padre biológico”.

    Es un chico fuerte, musculoso, fornido, bien proporcionado y huele muy rico, es muy adorable, todo un hombre, al que vi crecer poco a poco ante mis ojos aunque siempre fue con ternura. Mi marido me tiene totalmente desatendida desde hace años, y desde entonces no he tenido compañía viril se exceptuamos las aventuras de Ramón a base de viagra… pobrecillo en lo que se ha quedado. Pero al final respondió con una buena follada con eyaculación tremenda, fue un regalo la verdad, tampoco lo esperaba ya que no muchos se fijan en las mayores. Mi hijo es sumamente adorable conmigo, todo un caballero, me escucha, me valora, me confía (incluso temas de aspecto sexual), nos llevamos muy bien. No he podido o he sabido quitarme estos deseos.

    Perdonen la vulgaridad pero no puedo hablar esto con todo el mundo más que sólo con mi mejor amiga a la cual me dice con una sonrisa que he enloquecido pero me apoya, así que trato de desahogarme por aquí, es una barbaridad, lo sé. A veces me lo imagino en tanga bailándome, o voy a su cuarto cuando él no está y agarro su ropa interior, pero sobre todo cuando voy a hacer la colada y huelo su ropa impregnada de su olor a macho, sudada, ya que el todo los días va a su gimnasio y le molesta usar bóxer de un día para otro… me los paso por la cara inhalando todo su aroma, eso me pone más cachonda.

    La semana pasada cometí mi más grande pecado y fue verle completamente desnudo tras ducharse…, no pude resistirme al oír el agua de la ducha caer sobre su cuerpo y entré con la naturalidad que le da a una ser la madre de ese hombre…él no se inmutó al verme entrar, me miró y me dijo que por detrás no llegaba bien. Le ayudé a secarse la espalda, estaba bastante emocionada porque todo salió bien, le alcancé a tocar desnudo, con la mala suerte que he sentido mayores deseos por él, si mi crío hubiese querido me hubiera dejado tocar y hasta follar… ¡Es una bestia total!

    Lo compartí con mi amiga íntima Charo y también se emocionó y estuvimos hablando un buen rato sobre él hasta que llegó a casa, al menos por eso no me siento tan sola. A veces mi hijo me ha dicho bromeando que parezco su esposa tras de él todo el tiempo y por eso he tratado de controlarme. Por otro lado, el hecho de ser su madre y ya abuela, me ha permitido esconder comentarios subidos de tono que le lanzo pero se podrían confundir con un amor de madre, le digo que es un bombón, mi hombre, mi tesoro, alabo su físico, le abrazo cariñosamente o le doy caricias en el pecho (incluso una vez le acaricie las piernas cerca de sus genitales en son de broma, cuando él se estaba quedando dormido en el sofá), besos en los cachetes cuando se va o regresa a casa o incluso le he llegado a comentar por ejemplo que su paquete no podría decepcionar a ninguna mujer ya que se le ve muy prometedor…

    A veces él se medió incomoda y se va pero no pasa a más. No sabía qué iba a suceder en el futuro pero creía merecer ser feliz, de todas maneras no le hacía mal a nadie. Solo es un deseo que me ha surgido y por favor, traten de ponerse en mi lugar aunque entiendo que no todos pueden comprenden lo que siente… Una mujer, madre de dos jóvenes que se ve desatendida por su marido.

    Reparé en mi hijo, pero no me atreví a dar el paso, hasta que lo sorprendí masturbándose frente al ordenador, mientras navegaba por Internet. Desde entonces me marqué el objetivo de aliviar a mi niño sea como sea, y de paso cubrir mis necesidades. Tenía un buen cuerpo a pesar de mis 58 años… lo conservaba porque hacía mucho ejercicio.

    En mi vida nunca hice el amor con nada más que tres hombres, pero a los 17 años tuve una amiga con la cual pasé momentos inolvidables de placer, ya que ella era lesbiana y gozábamos cada vez que ella llegaba a la casa de mis padres a dormir, éramos inseparables, yo pensé que también era lesbiana, con el tiempo hicimos lo mismo con nuevas amigas lesbianas, la pasábamos muy bien, pero conocí a Eduardo, un hombre que nunca se enteró de mi atracción sexual y la verdad me enamoré de él, nunca hice el amor con él hasta casarnos, según yo para terminar con toda mi calentura y que fuera sólo suya hasta el día de nuestra noche de bodas, fue un error fatal ya que lo acostumbré a hacer el amor pocas veces, me casé muy joven nada más terminar la carrera a los 22 años, estaba maravillada con ese hombre.

    Al año tuvimos a nuestro único primer hijo Emiliano, Eduardo creció procesionalmente y vivimos muchos años entre lujos y los placeres que da el dinero pero nuestra relación amorosa fracasó, con mucho una vez al mes teníamos relaciones sexuales, pasé de ser una caliente chica lesbiana a una frígida mujer. Seis años después en la reforma de la casa conocí al albañil Ramón, nunca había visto tipo tan macho y me lo follé, quitándome todas mis frustraciones de encima… me preñó y mi vida volvió a la rutina de mi marido. En estos días es un verdadero milagro que me “FOLLE”, ya no se le empalma, es imposible que se lo ponga dura conmigo aunque él afirma que no ha perdido facultades, así es que me folla con un consolador, se la mamo un rato y finalmente se corre… solo tiene 60 años pero está para el arrastre.

    Desde hace unos meses tengo a Alberto en casa, quiere ahorrar para emanciparse definitivamente tras el fracaso de su última relación. Hace cosa de un año descubrí todo el sexo que se encuentra en internet. Mi hijo se pasaba las horas navegando, nosotros no sabíamos el por qué hasta que un día en el cual no esperaba mi regreso, entré al estudio de la casa y él se encontraba masturbándose…, al abrir la puerta él no se dio cuenta y yo no hice ningún ruido sólo me limité a observarlo y la verdad fue maravilloso, tenía la verga bien rica, muy grande, casi más que su “padre”, al que hacía bien poco pude probar por última vez, pero además era un cipote muy gordo… al igual que su padre lo tenía rollizo, lo veía más carnoso.

    La vista era maravillosa, no pude distinguir qué era lo que veía en la pantalla por mi miopía, pero él lo estaba gozando, me sentí tan mal al estarlo espiando, pero no podía dejar de admirarlo, sus gemidos me hacían excitar más y pronto me empecé a calentar tremendamente, mis pezones saltaron duros y mis bragas se humedecieron sin parar, fue en ese momento donde recordé todas mis locuras de juventud con Ramón, y deseé tanto tener ese hermoso mástil entre mis piernas, quería gozarlo y que me volviera hacer mujer, pero era mi hijo y sólo sería una fantasía.

    Continué con el espectáculo y pocos minutos después, explotó en una eyaculación tremenda… vi cómo soltó chorros y chorros de semen los cuales no paraban de salir saltando largos por la fuerte presión. Fue maravilloso ver a mi querido hijo gozar de esa manera, cómo deseé haber sido yo la que con mis manos hiciera gozar a Alberto o los labios de mi coño los que arroparan el magnífico falo de mi niño. Rápidamente cerré con cuidado la puerta y regresé a la de entrada y fingí regresar a casa, abrí y cerré con fuerza la puerta y grité mi llegada, mi hijo me contestó desde el estudio, por un momento quise entrar a él pero sabía que lo encontraría muy excitado y preocupado de encontrarlo en ese estado y opté por subir a mi habitación…

    -“Voy a ducharme cariño”, le grité.

    -“Yo voy a salir…”, me contestó.

    Entré a mi habitación me desnudé lentamente frente al espejo, mi corazón latía sin parar pude ver lo duro de mis pezones, como en muchos años no estaban así y mis bragas qué decir de ellas, estaban tan mojadas que sólo pensé en su rabo recio y largo horadándome dentro de mi coño…, así que me empecé a acariciar todo mi cuerpo, mis tetas, mi culo, mi coño. En segundos ya tenía dos dedos metidos en mi conejo hambriento y me acariciaba el culo todo esto imaginando que era el cipote de Alberto. Tomé mi consolador modelo Alex, me acosté y gozaba metiéndomelo hasta que gemí del gusto de mi acabada orgásmica.

    Entré a la ducha y ahí tuve otro orgasmo, salí me vestí y fui directo al cuarto de mi hijo, a pesar de que una señora llega dos veces por semana a realizar la limpieza de la casa mi hijo se negó desde un principio y prefirió hacerlo él mismo en ese momento me enteré de la razón, ya había entrado muchas veces a su habitación pero nunca a husmear, tenía posters de algunas actrices en traje de baño pero nada fuera de lo normal, abrí su cajón y sólo encontré sus bóxer, busqué más adentro y nada, fui hacia el armario y encontré una caja con candado busqué por todos lados hasta que encontré la pequeña llave, abrí el candado y me llevé una grata sorpresa, revistas pornográficas, CD’s de videos porno (imagino que caseros), varias cajas de condones XL, en fin me di cuenta de que mi hijo era un follador tremendo, por los condones supe que mi hijo follaba con sus amigas y se gastaba una buena polla…, me imaginaba las locuras que tendrían los videos y ardía en deseos de verlos, guardé todo sin antes dejar de ver un momento esas riquísimas revistas, las ojeé y las dejé todo en su lugar… me fui a mi habitación a seguir masturbándome pensando en él, en años no había tenido tantos orgasmos como en ese día y mucho menos imaginándome que sería por mi hijo.

    Me volví a duchar y esperé a mi marido e hijo para comer, sólo encargué comida por teléfono ya que todo el tiempo se me vino encima. Llegó mi marido y después apareció mi Alberto…, estaba nerviosa, no sabía si él se dio cuenta de que lo vi masturbarse pero no lo creo porque actuaba muy natural, comimos y mi marido regresó a trabajar.

    -“Esta tarde voy a salir con mis amigos”, dijo mi hijo.

    -“Oye cariño, porque no me dejas tu ordenador, necesito hacer algún trabajo en Word”, le supliqué.

    -“De acuerdo ahí lo tienes, no tiene clave de acceso”.

    -“Lo que necesito es que me enseñes a buscar por internet y poder descárgamelo para reflejarlo en un documento de office editable… no sé cómo se hace”.

    En realidad quería descubrir qué veía en ese ordenador, ni siquiera entendía lo de Internet, pero en fin me empezó a enseñar lo básico cómo manejar Windows (crear y renombrar carpetas), Word (Cortar y pegar…) y como buscar archivos en internet. Traté de abrir alguna carpeta de él pero estaban protegidas con contraseñas y no pude leerlos, lo demás eran tareas, videos, fotografías de artistas. Al siguiente día me prometió enseñarme más sobre Internet. Llegó la noche cenamos y aún me sentía muy caliente intenté hacer el amor con mi marido pero éste estaba muy cansado, le reclamé y discutimos pero accedió a hacérmelo con el dildo… me estaba aburriendo esa vida monótona e insulsa que llevábamos… mi relación con mi marido era un fracaso y por todo lo que pasó con mi hijo, pensé que sería bueno gozar del sexo con otros hombres, y así no tener que ver nada con mi hijo ya que no era correcto.

    El viernes cuando mi hijo se fue a una entrevista de trabajo, fui directamente por los videos… dios era maravilloso, en uno salían dos chicas jóvenes, muy bonitas y delgadas, besándose y desnudándose, chupándose todo el cuerpo, un tipo se acercó a ellas de inmediato lo despojaron de su ropa y le mamaron el enorme mostrenco rico que portaba, él se las folló como todo un maestro, lo que más me encantó fue cuando les daba por el culo, y luego cómo se tragaban su semen las dos, el video continuó yo terminé masturbándome riquísimo mientras veía el video deseando a mi hijo, y decidí cambiar el rumbo de mi vida tenía que follar con mi hijo.

    Me bañé y sólo me dejé mi bata de baño esperando su regreso, cuando llegó le dije que me enseñara cómo manejar el Internet, me explicó cómo entrar a páginas, cómo buscarlas… entre otras cosas, todo enfocado a mis materias docentes claro (Recordar que soy maestra de escuela). No dejaba de mirarme la abertura de mi bata que mostraba un poco mis tetas y marcaba mis pezones hinchados de placer, pude notar su erección y eso me encantó, había excitado a mi hijo. Cuando él se fue con sus amigos lo primero que hice fue buscar la palabra “incesto”…, y ahí encontré la página de relatos eróticos… empecé a leer todos los relatos, las fotos, los videos y las Webcams, y todo me encantó, comprendí por qué mi hijo se pasaba las horas conectado a Internet.

    Los relatos de incesto me dieron valor e ideas de cómo follar con mi hijo y no dudé en hacer un plan para lograrlo. Lo más curioso fue que el correo electrónico lo tenía abierto con la clave automatizada, no pude contenerme para ver qué y con quién se escribía. Iba pasando mensajes de amigos y sobre su trabajo, búsquedas de empresas y por fin un mensaje que me llamó la atención.

    Asunto. Como es mi mujer madura favorita

    “Como por ejemplo una madurita que sea madre, una mujer mayor pero que aún se mantiene activa, no como su marido que suele estar para el desahucio… ellas dicen que las follan poco o nada. Así que mientras que éste se encuentra en el bar echándose una partida a las cartas en el bar, yo le suelo hacer compañía y algunas veces surge, sobre todo me relajo con ella los viernes y los domingos por la tarde cuando voy a visitarla, ya sabes cómo son las mujeres de esa generación… están acostumbras a que el hombre sea quien ponga y disponga. Aún tiene un chochito muy cálido. Son los mejores coños que te puedes follar: acogedores, cariñosos, sumisos y tragones, y como ya no están en edad fértil no hay problema que la puedas preñar, se dejan follar a pelo sin condón… la pones y la clavas hasta que dé de si tu rabo hasta los huevos.

    Ya imaginas que la sensación es única cuando la estás follando porque sientes toda la calidez de sus esponjosa y lubricada vagina en tu capullo… se te pone a reventar. Y para acabar una buena lechada toda para adentro en lo más hondo de su útero para que no se saga una gota…, se pone las bragas y faena acabada a esperar a su marido. Después cena con su esposo… madre mía el morbo que da saber que tiene toda tu leche caliente metida en su coño y tratando con su marido como si no hubiera pasado nada con la vagina atorada de lefa… ¡Esas mujeres son únicas! Y si además son tu madre, no te digo a donde se eleva el morbo y el placer.

    Después un poco de tele en el sofá con su marido que pronto se queda grogui, y yo para casa con los huevos aliviados. Por supuesto un beso con lengua de despedida sin que se note mucho y no sospeche el cornudo del padre… menudo calzonazos trabajando como un mulo para mantener a la familia y el hijo llenando a su esposa de placer y leche espesa, pero para eso están los hijos primogénitos o los amigos de estos.”

    Me quedé impresionada a mi hijo le van las maduras como su madre, vamos que no tendría ningún reparo de follarme…, me puse cardiaca. Después leí de su otro interlocutor otro comentario en respuesta, y éste si se lo hacía con su madre por lo que decía…, debía estar asesorando a Alberto para animarlo a follarme.

    “Menudo coñazo tiene mi madre, anda que no disfruto follándoselo todos los días que me deja. Además mi madre es de las que permite correrme dentro, así que en cada polvo acaba con el coño lleno de leche de su hijo. Gracias a que voy de vez en cuando por la casa materna se siente más joven y deseada, me dice. Ha rejuvenecido desde que lo hicimos la primera vez. Le gusta abrirse de piernas y que su hijo la folle en la postura del misionero, a cuatro patas le da reparo, pero también le doy con un poco de insistencia cuando la tengo bien cachonda. Bueno, y que termine dentro de su coño lleno de semen, total, a su edad es imposible quedarse preñada como tú dices, y nada supera a una buena corrida interna a pelo, sin condones ni monsergas, sentir el calor y la humedad de su chocho directamente en tu polla.

    La primera vez mientras me corría dentro de su coño mi leche iba chorreando, era impresionante, se me puso el pulso a mil al notar como la llenaba. Además entonces lo tenía sin depilar, con mucho pelo. Acerqué mi verga a su cara y me hizo una mamada mientras se tocaba el coño antes de empezar. Se tumbó en la cama y abrió las piernas, yo le metí toda mi polla esquivando todo su matorral de pelos hasta introducirla al completo. Mi madre es silenciosa, es de esa generación que folla sin gemir interiorizando su gozo, pero se le nota lo cachonda que está lubricando como una bestia.

    Luego le doy la vuelta y sigo follándomela viendo su culazo. Otras veces se sube sobre mi rabo, hasta que no aguanto más tocando y chupando sus tetas y empiezo a eyacular dentro de ella. Todas las semanas se queda con mi regalo dentro. Incluso me hace una limpieza final con una mamada para tragarse todo lo que había quedado”

    Cerré su correo y me marché volando a hacerme una soberana paja, no lo pude evitar, chorreaba como una adolescente pensando en eso jóvenes pendientes de sus madres. Esa misma noche entré al estudio con Alberto frete a su ordenador, no sé si veía una página de sexo pero se encrespó…, entré despacio y me senté en sus piernas y por fin pude sentir lo duro de su polla ya que lo alcanzaba a rozar, estaba muy tenso pero yo actué natural y le dije que su padre tenía mucho trabajo y que quería salir a la playa a pasar unos días en el chalet de Tarragona, él me dijo que sería maravilloso, le di un beso en la mejilla y le dije que lo arreglaría todo.

    Hablé con mi marido y por su puesto él dijo que iría sin nosotros, le dije que saldríamos el próximo jueves y regresaríamos el domingo de la semana siguiente, fui a la habitación de mi hijo y cuando entré el olor a semen era intenso, mi niño se había masturbado, llevaba sólo mi bata de seda para dormir, mis pezones se marcaron en la fina tela, él se dio cuenta y no apartó su vista de ellos, me acerqué a su cama y me senté en ella, mis nalgas sintieron entre las sabanas una revista, me imagino que mi hijo estaba masturbándose con alguna pornográfica y no le dio tiempo de guardarla, me dieron ganas de sacarla y descubrirlo para ver su reacción pero no lo hice, preferí seguir con mi plan.

    -“El jueves nos vamos a la playa tú yo solo, papá no puede venir, tiene mucho trabajo”. Él me sonrió.

    -“De acuerdo, me va a gustar estar contigo a solas en la playa, relajaditos los dos”.

    Lo tomé de la mano y le di un beso en la mejilla muy cerca de la comisura… “¡Ya verás cómo nos los pasamos muy bien!”, me encantó la forma que disimuladamente me veía mis senos, me imaginaba su hermoso cipote erecto bajo las sabanas y por un momento estuve a punto de despojarlo de las sabanas y chupárselo pero me contuve. Al siguiente día fui a la estación de Sans a sacar los billete de tren, recordé que en el centro comercial que me pillaba de paso, había una tienda de ropa con una señora mucho mayor, de la cual todas mis amigas decían que era lesbiana y me pareció buena idea jugar un poco con ella, y recordar mis tiempos de lesbiana, llegué a la tienda ya casi para la salida a la comida, la señora se llama Martha y me dijo que estaba a punto de cerrar, le comenté que era una urgencia ya que saldría de viaje, me acerqué a su oído y le dije…

    -“¡Ayúdame voy a salir con mi amante y quiero lucir bella para él!”, le brillaron los ojos y despidió a sus empleadas una vez cumplida la hora de cierre, les dijo que se fueran que ella me atendería.

    -“Amiga tu sí que sabes convencer”, me dijo.

    -“Lo que pasa es que es mi primera cita con otro hombre fuera del matrimonio… y quiero excitarlo mucho”.

    -“No te preocupes querida yo te ayudo, dime qué te gustaría”, al mismo tiempo que cerraba la tienda.

    -“No lo sé, quiero algo muy sexy, vamos a ir a la playa y quiero tenerlo excitado todo el tiempo”.

    -“Mira tengo este vestido pruébatelo”.

    Entré al probador y dejé la puerta abierta y me desnudé dentro poco a poco, ella no dejaba de mirarme quedé sólo en bragas y me coloqué el vestido, me dijo que me quedaba muy bien y era cierto tenía un escote en todo el pecho sólo me cubría mi senos y la espalda estaba abierta y me llegaba sólo unos centímetros abajo de mis nalgas, se acercó y me acomodó la parte de arriba alcanzando a rozar mi pezón…, saltaron erguidos de inmediato…

    -“Con este vestido querida levantas a un muerto”, sonreímos. “Dices que vas a ir a la playa, pruébate este traje de baño”.

    Nuevamente estaba desnuda me quité las bragas, ella ya no disimulaba nada, me veía con lujuria y yo estaba con mis pezones erectos y empezaba a humedecerme, era una tanga minúsculo apenas me cubría con un pequeño triangulo, todos mis vellos salían disparados, el sostén apenas me tapaba con esos pequeños triángulos mis pezones que son espectaculares cuando se pone duros…, y mi culo se tragaba todo el delgado hilo dejando al descubierto mis nalgas.

    -“Date la vuelta querida”, lo hice lentamente ella se acercó a acomodarme mi sostén para cubrir bien los pezones rozándolos nuevamente, me sentía en la gloria… “Amor con este traje no solo excitas a un muerto, a cualquier mujer la dejas con ganas de comerte toda”.

    -“A cualquier mujer no creo, tendría que ser lesbiana o bisexual”.

    Tienes razón las demás te verían con envidia, pero nosotras con admiración, de verdad te ves muy sexy, pero tenemos que hacer algo con estos vellos…, me temblaron las piernas ya que con su mano me acarició mis vellos…

    -“Amor tienes que rasúratelos” (ciertamente no me rasuraba en varios meses y me salían muchos). “Cuando quieras te ayudo…”.

    Me quede ahí parada sorprendida, mi juego de excitarla me había ganado, ahora las dos estábamos muy excitadas, me empezó a acariciar mi coño, solté un gemido el cual tapó con un beso… tenía experiencia de varios años de aquellos juegos juveniles con mis amigas, pero ahora estaba besándome con una mujer que me había convertido en bisexual, su beso fue húmedo, rico, pasaba su lengua junto a la mía. Me acarició el culo, me chupó y mordió mis pezones, no dejaba de acariciar mi coñito todo mojado, yo sólo seguía besándola y mis manos fueron a parar a su culo ya flácido por la edad pero no menos rico y excitante para mí.

    No sé cómo pero ya estaba desnuda y yo a ella ya le había quitado su vestido, tenía a una mujer en bragas gozando con ella, sus tetas le colgaban por la edad, pero su tamaño lo compensaba ya que eran enormes con unos pezones grandísimos y oscuros, unas bragas blancas y más húmedas cada vez que le acariciaba, de inmediato ella se agachó y me dio la mamada más rica en años

    Yo gemía, le tomaba de la cabeza empujándola más hacia mí, le jalaba sus duros y grandes pezones, ella subía y me seguía mordiendo mis tetas y me besaba, no tardé nada en tener un orgasmo delicioso, ella se levantó y me ofreció sus pezones comiéndomelos sin parar, le quité sus bragas, ahora era mi turno y bajé a comerme toda su vulva hinchada, la cual chorreaba jugos riquísimos por todo mi rostro, le metía mis dedos ella gritaba sin pena, dio un salto cuando le metí un dedo en el culo, a la muy puta le gustaba, me mojó toda al llegar a su orgasmo. Después de correrse, me puso en cuatro patas y hundió su boca en mi culo, metiéndome uno y hasta dos dedos en mi culo, me estaba destrozando, tenía años que nadie me daba por el culo, me dolía tanto que casi no podía soportarlo, me decía…

    -“Eres una puta cabrona, te gusta zorra, te gusta que te jodan por el culo”, me daba nalgadas fuertes en el culo, que me lo dejaron rojo y sensible, no paraba la muy cabrona me estaba violando riquísimo y tuve un orgasmo interminable, y acabé toda golpeada en el culo. Me dejó ahí parada como toda una puta, excitada…

    -“Amor mañana vienes para rasúrate estos vellos para que al cabrón de tu amante lo dejes erecto todo el día de lo hermosa que te verás y de paso traigo unos juguetes para que gocemos más”

    La besé, me vestí y salí de la tienda sin el vestido y traje de baño que llegué a comprar, tendría que regresar mañana por ella y para ver que sorpresa me tendría, entré a un restaurante pedí un vodka y en cada trago que le daba me venían imágenes de mi hijo dándome por el culo, haciéndome su amante, su caliente esclava, no sé cuánto tiempo estuve en las nubes mojada deseando tener ya a mi hijo haciéndome suya, entré al baño del restaurante y me masturbé de nuevo, salí y me fui a casa, apenas podía conducir… esa mujer me dejó rendida.

    El jueves iría con mi hijo a la playa y todo lo tendría planeado para gozar con él, haría que él me pidiera a gritos que folláramos… lo haría el amante perfecto, ya que no tendría que salir de casa para gozar con él. Sin duda Alberto debía de estar muy necesitado después de romper con su pareja y llevar tres meses picoteando y poco…, así que debía de estar bien cargado de testosterona, energía juvenil y mucha leche en sus duros huevos. Deseaba tanto que pasaran los días rápido y que llegara el día de nuestra partida, regresé a la tienda a la misma hora ahí estaba esperándome Martha, pero ahora estaba una amiga suya, muy delgada, con cabello negro, muy alta, se veía muy elegante con un vestido negro, no tenía casi nada de donde tomar, pero se le marcaban muchísimo sus pezones, cerró la puerta y me dijo…

    -“Amor esta es Susana, ella nos va a ayudar a rasurarte, vamos desnúdate sexy para nosotras”

    Y así lo hice, me desnudé para ellas, lo hice muy sensual Susana se acercó a mí y me besó, me hizo sentar y sacó todo lo necesario para rasurarme, me abrió las piernas y acarició mi chochito, yo me mordía los labios de la sensación tan excitante al estarme rasurando, en minutos estaba totalmente sin vellos, de inmediato las dos me hicieron un show particular, las veía besándose, tocándose todo el cuerpo, masturbándome riquísimo, fue increíble, verlas gozando de esa manera, el contraste de los dos cuerpos era hermoso, una con grandes tetas y culo y otra casi lisa pero con unos pezones puntiagudos me tenía súper mojada.

    No resistí y me uní a ellas, las tres gozamos tremendo, llevaban consoladores dobles, vibradores, una pollas enormes, los usamos por todos lados, las tres éramos machos para cada una de nosotras, fue increíble todo lo que hicimos, sólo en las películas de mi hijo vi algo así, puedo decir que nunca dejaría de hacerlo, de verdad nunca lo haría.

    Me regalaron el falo más grande de recuerdo de nuestra cachonda amistad, para que siempre las recordara, me llevé el vestido y el minúsculo traje de baño, en mi plan no estaba salir con ese traje el primer día, así que entré a otra tienda a buscar uno menos escandaloso, pero también de dos piezas y que me quedara ajustado, entré a buscar sujetadores y bragas muy sensuales y transparentes, busqué una braguita transparente negra con encajes para ponérmela con mi vestido.

    Y por fin llegó el jueves, como todos ya sabéis con 58 años la menopausia se instaló hace tiempo en mi cuerpo, pero lejos de quitarme las ganas y dejarme seca, ahora que mis días fértiles habían pasado, podría gozar de mi hijo sin el uso del condón ni riesgo de quedar preñada de él.

    CONTINÚA…

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (25)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (25)

    Los tres días siguientes, antes de que saliéramos para nuestro viaje, fueron bastante entretenidos, los pasaba con Pablo que me recogía todas las mañanas y no volvíamos hasta la tarde.

    Tenía que hacer trabajos en la hacienda ayudando a su tío y a los peones en algunas tareas, la mayor parte del tiempo lo pasaba con don Ernesto analizando sus proyectos y haciendo cálculos sobre inversiones.

    A veces me aburría y hablaba con la abuela de Oriol, tenían adornada la casa lo mismo que la de Álvaro con un enorme abeto en el salón principal y guirnaldas por las escaleras, la señora me hablaba de sus hijas y nietos, y que pronto vendrían para pasar unos días con ellos.

    En las comida nos invitaban para seguir hablando de sus cosas, pero Eliseo comía con el resto del servicio, a veces me escapaba hasta las naves donde estaba el personal, o a las caballerizas y ver como cepillaban el pelaje de los caballos.

    Entre bromas me ofrecían el cepillo para que yo lo hiciera, me entretenía y resultaba divertido, eran buenas gentes aunque tocas, y los mayores, en su mayoría, analfabetos.

    Era un conjunto de edificios enorme y laberíntico, donde al principio me perdía pero pronto aprendí a orientarme. Eliseo se portaba como si realmente fuera mi tío, y para hacer alguna gracia me pedían un beso de sobrino delante de aquella gente, o me daba una nalgada cariñosa sin importarle que Pablo estuviera delante.

    Sabía que me deseaba pero intentaba contenerse, una cosa eran las bromas que todos le reían, y otra muy distinta cuando alguna vez me encontraba a solas con él.

    Quería enseñarme a montar a caballo y yo me resistía porque tenía miedo, al final terminó convenciéndome, una vez de haberlo ensillado me sujetó de la cintura para elevarme y aprovechaba para abrazarme y arrimarme la entrepierna y que notara el enorme bulto de su verga, pero no pasaba de ahí y terminaba colocándome sobre el caballo, luego le llevaba de las riendas para que nos fuéramos acostumbrando.

    Una de las veces me sujetaba muy fuerte y me abrazaba el abdomen frotando la entrepierna en mi culo, en esta ocasión era muy diferente e insistía a pesar de que yo me oponía intentando apartarle.

    -Déjame pequeñín solo quiero arrimártela un poquito.

    -Eliseo, ¡por Dios! suéltame.

    -Solo es un segundo, tienes que querer a tu tío precioso. Mira que caliente me tienes. -me cogió la mano y la colocó sobre su verga con descaro, por el tacto no reconocía lo que le vi cuando meaba en el wáter.

    -¿Te gusta? Seguro que te gustará verla. -sin darme cuenta había dejado la mano muerta sintiendo aquella tibieza que salía a través de la tela.

    -Ya te la vi el otro día cuando estabas borracho. -seguía sin retirar la mano y él se dio cuenta.

    -¿Ves como si te gusta? Sácala y dala un besito sobrino lindo. -entonces retiré la mano y me puse intensamente rojo al sentirme cazado.

    -No podemos hacer eso Eliseo, a Pablo no le va a gustar.

    -Pero yo no se lo voy a decir y tu tampoco lo harás. -volvió a cogerme la mano y ahora me la restregaba violentamente en la dureza de la polla.

    -¡Por favor Eliseo! Portate bien.

    -De acuerdo por hoy cederé a cambio de un beso tuyo. -no tenía otra opción y temía que pudiera aparecer algún empleado en cualquier momento y nos sorprendiera.

    Arrimé la cara a la suya para darle un beso en la mejilla, él me cogió la cara y pegó sus labios atrapando los míos, me forzó con la lengua a que abriera la boca para recibirla, y durante unos segundos jugó con ella acariciándome el paladar y la lengua.

    -No es tan difícil bonito, y no creas que me doy por vencido, si quieres tener a mi sobrino y ser su mujercita, podrías ser algo amable y complacer a su tío.

    Por esta vez había salido indemne, o eso me creía, su beso había sido igual a la caricia de una fiera, y a pesar de ello, resultó hermoso como besaba Eliseo.

    Cuando estuve a solas con Pablo, y aprovechando el momento de un beso que me daba le referí sin detalles lo que había pasado y sin decirle que el beso me había gustado.

    -Se nota que te quiere mucho, eres un puro conquistador, ni mi tío que tiene las mujeres que desea puede escapar a la seducción de tu embrujo. -se lo tomaba como una broma más de las que tenía Eliseo para conmigo y quise insistir.

    -Pero si te molesta puedo hablar con él, no creo que lo haga con mala intención, tu eres un niño para él y sabe la relación que tenemos. -no podía estar dependiendo de él o de Álvaro para que me defendieran del acoso de otros hombres.

    -No hace falta, se defenderme y si no aprenderé.

    -Así me gusta, que vayas venciendo tus miedos, no todo el mundo es como Damián. -lo que decía era evidente, pero en lo sexual Eliseo tenía mucho poder de convicción.

    -No se lo tomes a mal, está pasando un bache, cuando estoy aquí se siente desplazado, piensa que le quito su trabajo porque don Mateo y don Ernesto hablan conmigo de los proyectos de mejora para las haciendas. No se da cuenta de que hay temas que sabe llevarlas como nadie.

    Posiblemente, si era cierto lo que Pablo suponía, por eso querría algo de mi, para compensar lo que pensaba que Pablo le arrebataba, ser la persona insustituible en las haciendas y para sus dueños.

    Al final me daba cuenta de que los hombres éramos como niños, caprichosos, volubles y que aspiramos a sentirnos importantes para los demás.

    Todos los días mis dos hombres me hacían el amor, parecía que se disputaban el ser más machos y potentes al saber que lo hacía con los dos, no me preguntaban demasiado y se limitaban a hacerme gozar y satisfacerse con mi cuerpo, me entregaban todo su amor y yo se lo devolvía multiplicado haciéndolos disfrutar al máximo.

    Esa noche, después de que Álvaro me hiciera el amor, de esa forma tan sensual y tan placentera con que se mueve follándome, diferente a como lo hace Pablo, y pudiendo comparar, y siendo tan diferentes, los dos consiguen encumbrarme en el éxtasis perfecto.

    -Ya he reservado el hotel gatito, voy a enseñártelo.

    -Será mejor que nos lavemos antes. -le señalé mi pecho bañado en semen para que se diera cuenta de como estábamos. No tardamos mucho, estaba inquieto, ilusionado por mostrarme el hotel.

    -En dos horas llegaremos y podremos dormir allí el viernes. -me mostraba las fotos de unas habitaciones lujosas y vistas del exterior.

    -He reservado una suite para los tres, ¿qué te parece? -le abracé maravillado, era la primera vez que alguien me llamaba a un viaje y también a un hotel.

    -Es muy bonito mi amor, pero es una pena que sea invierno y no podamos utilizar la bonita playa, gracias mi vida, seguro que a Pablo también le gusta.

    Cuando se durmió escapé de sus brazos, era una costumbre abrazarme por detrás pegándose a mi espalda, me coloqué de frente mirándole y le acaricié la cara. Tenía mucha suerte, lo mal que lo había pasado ahora se compensaba al tenerles a ellos, preocupándose por mi y amándome. Me fui quedando dormido sin dejar de mirarle hasta que se me cerraron los ojos por el sueño y el cansancio.

    Era el último día antes de marchar y Pablo me recogió como siempre, esa mañana estaba más locuaz y alegre hablando sin parar, aceptó la invitación de Victoria para desayunar, cuando terminamos subí a la habitación para cepillarme los dientes y Pablo subió detrás de mi.

    Se tumbó en la cama que ya había arreglado la muchacha, todo estaba en su lugar, como si no hubiéramos pasado la noche.

    -Tengo ganas de partir al viaje, a veces tengo envidia de que Álvaro pueda tenerte toda la noche a su lado. -le miré algo asombrado y estaba haciendo pucheros como un niño molesto, me tiré encima de él.

    -Tu me tienes todo el día y despierto, con él solo duermo.

    -¿Solo duermes? ¿No folláis? Yo lo haría te lo juro. -me puso un poco rojo y sentí como me ardía la cara.

    -Me hace el amor, pero no estamos toda la noche, sabes que Álvaro se levanta muy temprano. -le besé los labios y me levante para marchar.

    Hacía horas que no nevaba y un fuerte y cálido viento iba deshaciendo la nieve acumulada, varios jornaleros estaban enganchando el remolque a un tractor dirigidos por Eliseo.

    -¡Ya habéis llegado! Vamos a aprovechar la mejoría del tiempo, llévate a los hombres para recoger la vides que arrancamos cerca Los Tres Cantos, podéis traeros algunas brazadas de sarmientos también para que vayan secándose a cubierto. -Eliseo impartía órdenes como un general.

    -Yo subiré con Marcos para llevar comida a los caballos del monte. -entonces Pablo le pidió lo que no debía, aunque fuera con buena intención.

    -Llévate a Ángel y que Marcos venga con nosotros para ayudarnos. -parecía que tenía que ser así y Pablo me dio un beso, a continuación montó en el tractor donde Marcos le esperaba, otros operarios les siguieron en otro vehículo y me quedé a solas con Eliseo.

    -Parece que volvemos a trabajar juntos, vamos. -se sonreía mientras comenzaba a cargar las pacas de hierba en la caja de la ranchera, le ayudé a pasar las cintas para sujetar los fardos, sinceramente no estaba preparado para ese tipo de trabajos pero ponía toda mi voluntad en brindarle mi ayuda.

    -Tenemos que aprovechar las horas de calma antes de que vuelva a nevar, esto es un paréntesis. -al principio íbamos por la misma carretera que cogió Pablo.

    A unos tres kilómetros los encontramos ante un gran montón de vides arrancadas, las cargaban en ese momento en el remolque, eran cargas pesadas y entendí el motivo de que Pablo me mandara al monte con su tío.

    -¿Por qué habéis arrancado las vides? -como de algo teníamos que hablar le formulé sin mucho interés la pregunta, había una gran extensión de tierras sin cultivar y rodeadas de otras viñas que no habían quitado.

    -Ahora hay nuevas ideas sobre la economía del campo, tenemos que diversificar y sustituir parte de lo tradicional por nuevos cultivos, hay quien opina que el olivo esta bien como complemento. -Eliseo hablaba como si estuviera despechado, enojado con alguien, y sospechaba que el causante de su molestia era Pablo.

    Coloqué la mano en su brazo con el animo de que apaciguara su resentimiento.

    -Todo cambia Eliseo, lo mismo en el campo que en la ciudad, tenemos que evolucionar y no quedarnos quietos. -le solté y él me palmeó ligeramente el muslo.

    -Tienes razón, a los viejos nos cuesta cambiar los hábitos y dejar los vicios que vamos cogiendo. -no pude evitar que me saliera una risa.

    -¡Tu no eres viejo!

    -¿Crees que no? -le miraba, y la verdad, no era un viejo como el pretendía, solamente un poco mayor pero con mucha energía aún.

    -Estoy seguro. -habíamos entrado en los caminos rurales y algunas zonas estaban cubiertas de nieve que no dejaba ver los socavones y baches del firme.

    Avanzamos en silencio, cada uno dedicado a sobrevivir del traqueteo y saltos de la ranchera por el maltrecho camino.

    En esta ocasión algunos de los caballos estaban cerca de la nave donde Eliseo había dejado las pacas de hierba la otra vez, bajé del coche e intenté acercarme a ellos pero escapaban no muy lejos.

    -Ofréceles comida, hazte su amigo. -Eliseo arrancó unos matojos de un fardo y los fue tirando sobre la nieve, los caballos lentamente fueron acercándose y comenzaron a rumiar la hierba.

    -Ahora sin tirarla tenla en la mano. -hice lo que me pedía y uno de ellos, más atrevido, me la arrancó de la mano abriendo el hocico, sentí el aliento caliente que expelía.

    Continué jugando con ellos dándoles la comida como me dijo Eliseo mientras él iba bajando los fardos, rompió las ataduras de uno y lo esparció sobre la nieve alejándose de la nave, otros caballos parecía que habían olido la comida y empezaron a llegar, ahora ya no me hacían caso al tener la comida mas cercana.

    Terminó sus labores y volvimos a la ranchera, estuvo parado un tiempo observando a los animales.

    -¿Te gusta el campo Ángel? -me había cogido del hombro y apoyé la cabeza en su pecho para seguir mirando como se disputaban la comida.

    -Creo que si aunque no estoy preparado para trabajos tan duros.

    -Claro nene, tu eres delicado y suave, un hermoso ejemplar para tenerlo bien guardado. -había comenzado a acariciarme el muslo con una mano mientras que con la otra me sujetaba del hombre estrechándome en su pecho.

    -Eliseo, no podemos, no sigas.

    -¿Por qué no? ¿Soy tan desagradable? ¿No te gusto nada, nada? -parecía herido por mi negativa pero no me soltaba.

    -No se trata de eso Elíseo, en realidad si me gustas pero están Pablo y Álvaro, entiéndeme. -me había cogido la mano con la suya izquierda y la llevó encima de su bragueta, notaba la barra de dura y palpitante carne .

    -Solo quiero un poco de cariño, no te estoy pidiendo que seas mi amante y dejes a tus hombres por mi, mira como me tienes. -no podía comprender muy bien lo que le pasaba a aquel hombre, podría tener cualquier mujer que se le encaprichara, y algunos hombres si los quería también, y se había ido a encapuchar del novio de su sobrino.

    No retiré la mano, no podía hacerlo y el calor nos fundía a través de la dura tela. Se abrió la bragueta de un tirón y apareció el slip de color azul que llevaba puesto.

    -Mete la mano, cógela un poco bonito, espera ansiosa tus caricias. -sabía que no debía hacerlo que terminaría despertando los demonios del primitivo deseo, pero la tentación era mas fuerte que mis convicciones y empecé a pasarle la mano por encima de la tela en toda su longitud.

    -¡Ohhh! Qué rico siento mi nene. -sentía como se le iba engordando más y más hasta que el glande apareció por encima de la cintura de goma.

    Me incliné para observarlo, era muy gordo y partido por la mitad en una raja profunda, de la boquita rosada le salía un hilo de jugos que brillaban, una pura tentación para meterlo en la boca y chuparlo aunque entraría llenándome. Le pasé el dedo por la boquita y recogí el jugo que le salía llevándomelo a los labios.

    -¿Te gusta, te sabe rico?, siempre tiro cantidad de precum. -me soltó del hombro y con las dos manos se bajó los pantalones y el slip estirándose sobre el asiento.

    Tenía la verga a tope y en pleno esplendor, si que era algo más grande que la de Pablo, en longitud y grosor, con potentes y sobresalientes venas cruzándole.

    Llevé la mano y le cogí el glande envolviéndolo con los jugos que sacaba.

    -¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! Sí, sigue, sóbame los huevos amor, me duelen. -debajo del pene y envueltas en negros vellos sus pelotas se movían con vida propia, sus huevos eran enormes, los sostuve en la mano y no podía cerrarla conteniéndolos.

    Se los sobé un momento y volví a cogerle el rabo para bajarle el prepucio y mirarle todo el glande al descubierto, era una verga prodigiosa, aún en esa postura sentado donde no podía enseñarla entera.

    No podía apartar los ojos de su inmenso glande, y le baje y subí varias veces el prepucio masturbándole, asombrado del riachuelo de precum que le bajaba ensuciándome la mano.

    -¡Oh! ¡Oh! Tu manita es una delicia, dale precioso, dale, tengo los huevos rellenos y no aguanto. -mi mano no llegaba a marcar el grosor de su polla y la movía muy suave disfrutando de su tibieza y suavidad.

    -Chúpala un poco nene para sacarme la leche, lámela te va a saber deliciosa. -me empujaba la cabeza hasta tenerla a unos diez centímetros de la verga y comenzó a mover las caderas buscando más fricción entre su verga y mi mano.

    Era justo la distancia focal para no verla borrosa, ya me sentía vencido y decidido a saborearle la rica y jugosa verga, cuando sentí en la mano correrle la leche desbordando por el glande, estaba tan cerca que los primeros trallazos impactaron en mi cara y el resto salía a borbotones que resbalaban por mi mano hasta los pelos del pubis y sus testículos.

    -¡Ohhhaauuuggg! -le salió un fuerte gruñido que le hizo temblar el pecho, estremeciéndose a la vez que forzaba la presión sobre mi nuca haciendo que la verga resbalara por mi cara sin llegar a entrarme en la boca. Enterró mi cara en su entrepierna juntando el semen que me había dado en la cara con el que se derramó sobre los testículos.

    -¡Ahhh! Que rico nene sentirte cerca. -me mantuvo así unos segundos y luego dejó que me separara, tenía la cara totalmente encharcada de semen restregado en ella, me la sujetó entre sus manos y comenzó a lamerme toda la cara comiéndose su propio semen hasta terminar dándome un beso con la lengua en mi boca haciendo que paladeara el sabor dulzón del esperma.

    -Ten, límpiate la cara. -me entregó una caja de pañuelos de papel y él cogió unos pocos para limpiarse la verga y los huevos, yo tuve que hacerlo con mi cara y la mano derecha.

    -¡Por favor Eliseo!, no estaría bien que Pablo o Álvaro se enteraran de lo que ha pasado. No quiero que haya problemas por mi causa.

    -No tengas problemas pequeño esto queda entre nosotros, gracias por ayudarme a descargar los huevos. ¿Te ha gustado? -me detuve un momento pensando la respuesta que tenía muy clara por la hinchazón que aún tenía en mi polla.

    -No lo se…, bueno si que me ha gustado aunque no debe volver a pasar.

    -No te preocupes, nenito, yo buscaré el momento sin que se enteren los demás. -no sabía si Eliseo me había entendido o si yo no me había sabido explicar, de todas las maneras yo sabía que él podría controlarme y que sabía seducirme con sus dulzuras equívocas.

    Cuando regresamos a la hacienda Pablo y sus compañeros habían descargado el remolque, me quedé un poco apartado mientras hablaban entre ellos, en parte me sentía violento al verles a los dos intercambiando opiniones tan tranquilamente, al propio Eliseo tan fresco, sin sentir para nada su culpa ante su sobrino por haber obligado a su novio a hacerle una paja.

    Después de la comida Pablo se quedó solo trabajando en sus papeles y yo me dediqué a ver televisión y curiosear por la casa, ya me estaba aburriendo cuando me buscó para llevarme a la casa de Victoria.

    Tenía ganas de que terminara, durante el tiempo que estuve ocioso recordaba constantemente lo que sucedió en el monte, e imaginar la polla de Eliseo me calentaba y por eso deseaba estar con Pablo.

    -Lo siento pero tenía que terminar unos notas, podías haber salido y estar entretenido con el personal. -no le quise responder con la verdad, que solamente hubiera conseguido que su tío o Marcos me estuvieran persiguiendo.

    Pensaba que era cierto que me gustaba verme cortejado por los hombres, y deseado, pero siempre que pudiera escarpar de ellos y no quedara encerrado y sin salida. Marcos no me resultaba desagradable, para nada, salvo su aire chulesco y que creyera que podría tenerme con solo dar una palmada.

    En lugar de responderle le abracé la cintura y le pedí que me besara.

    -Voy a llevarte a tu casa. -ahora se refería a mi casa cuando hablas de la de Álvaro- ya está anocheciendo y quiero volver temprano, también tengo que preparar mi maleta para el viaje de mañana.

    Cuando llegamos no hizo intención de salir del coche y le pedí que se quedara para cenar o esperar a que Álvaro llegara.

    -No puedo, el equipaje me espera y yo no tengo una criada, mañana vendré para comer y esperaremos la llegada de Álvaro para partir. -me dio un montón de besos pero no quiso quedarse, y tampoco le iba a decir el verdadero motivo de mi insistencia. “Tu tío me tiene caliente toda la tarde porque le hice una paja, y ahora necesito tener tu polla para calmarme”.

    Esperé la llegada de Álvaro jugando con don Mateo delante de la televisión, cuando entro en el salón le note muy preocupado, enseguida pensé que podía haber tenido noticias sobre las pruebas del niño y quizá no fueran mejores que el otro día, pero no le pregunté y le seguí cuando subió para ducharse.

    Me abracé a él cuando entramos en la habitación sin dejarle que se metiera en el baño.

    -Sigues preocupado y si no puedes estar tranquilo anulamos el viaje. -le sentí como temblaba.

    -Nos iremos, necesito olvidar lo que tengo a mi alrededor gatito, me hará más bien que mal y ademas ya lo tengo acordado con mis compañeros.

    Me quedé con él mientras se duchaba, mirándole a través de las cristaleras hasta que salió y le envolví en la toalla.

    -¿No te han hablado el abuelo de Oriol o mi padre?

    -Solamente de los normal, a tu padre solo le he visto a la tarde, ¿es que hay algo especial? -se estaba peinando y nos miramos reflejados en el espejo.

    -No se habrán atrevido a pedírtelo, es por si te quedara tiempo libre para que impartieras algunas clases al personal trabajador.

    -No me han dicho nada y no le veo sentido, pueden pedirme lo que necesiten, tus padres me tienen de huésped, de invitado haciendo el vago.

    Después de la cena sacó la ropa que quería llevar en el viaje para dejarla preparada y ya nos metimos en la cama. Me contó como había pasado el día y yo, a mi vez también se lo conté, sin decirle lo que hice con Eliseo.

    -Mi amor te estás haciendo granjero, en poco tiempo vas a saber del campo mas que yo. -le abracé colocando la cara sobre su pecho desnudo y jugué con los pelitos alrededor de las tetillas.

    -Tu tienes cosas más interesantes de las que ocuparte. -me abrazaba y me revolvía el cabello.

    -Como atender a mi gatito celoso. Mi cielo, eres mi reposo, mi amor, lo que más quiero. -nos comenzamos a besar, yo impaciente y deseoso, no se me habían ido las ganas y metí la mano por la cintura de su pantalón de dormir.

    -Mi bichito esta dormido. -envolví la verga dormida en mi mano, estaba tan suavecita y caliente.

    -Despiértalo. -aparté la ropa de la cama y le bajé el pantalón, la polla reposaba sobre el mullido lecho de los pelos y le acaricié la bolsa de los huevos pasándole las uñas, enseguida la verga le comenzó a crecer.

    -¡Ahh!, mi vida, Ángel. -me la metí en la boca y empecé a moverla con la lengua notando como creía muy rápido hasta ocupar todo el hueco y tuve que dejarla que saliera.

    -Amo tu verga Álvaro. -me colocó de costado y los dos empezamos a lamernos la polla el uno la del otro, me sentía muy excitado, mucho más que en otras ocasiones.

    -Tienes ganas de verga, señal de que no has estado con Pablo. -mis hombres ya empezaban a conocerme y a saber mi estado de ánimo y mis deseos, sobre los dos Álvaro era más sensible y se daba mejor cuenta.

    -Quiero tu polla Álvaro, no he estado con Pablo, no ha querido. Mi amor dámela. -cogí la iniciativa y le monté estando de costado, entre risas se dio la vuelta para que quedara sentado en su abdomen y sujeté la polla llevándola a mi culo.

    No me importó que me doliera y me la clavé de una sentada.

    -Me vas a romper la polla.

    -No, eso no es lo que deseo.

    -Cabálgame gatito, sírvete tu mismo. -tarde pocos minutos en sentir los temblores del orgasmo y derramé la leche sobre su pecho, y seguí cabalgando la verga de mi macho hasta que también él se derramo en mi culo llenándomelo de semen caliente.

    -Tenías muchas ganas gatito…

    -Soy un depravado sexual, tenía un deseo loco de verga mi amor.

    -¿Ahora dormirás bien?

    -Si me despierto a la noche lo sabrás.

    -¿Nos lavamos?

    -No, nos limpiamos con mi camisa, ahora quiero tenerte abrazo junto a mi amor mío.

    Seguirá…

     

  • Mi tesoro boricua

    Mi tesoro boricua

    Llegué a puerto muy temprano, dejé en el embarcadero mi barco, que arriendo para viajes de exploración por la Islas. Me apodan ‘el Pirata’ y no es por ser un saqueador o cosas negativas, así que gané mi apodo de marinero porque me gusta buscar tesoros femeninos.

    Soy un capitán de edad madura de rostro serio y a la vez afable, de contextura media, no fornido, pero de aspecto sano y vigoroso, tengo porte de gentil y viril caballero. Esta historia comienza así:

    Le dijo a mi primero oficial: ‘cuida! La nave mi amigo! Voy por mi tesoro boricua’. ‘¡Que te vaya bien Pirata! y ojala no sea una casada como la última vez en Brasil, que casi se bates a duelo, jajaja’ me dice mi amigo, finalmente me grita ‘Capitán traiga ron!’, ‘si puedo claro!’, que le respondo.

    Salto del barco y tomo rumbo al centro del puerto, entro a un restaurante y pido un contundente desayuno local: relleno de papa y para beber un chocolate caliente con queso de bola, luego de ese contundente energético y vital desayuno, pongo rumbo a la plaza, en búsqueda de ese tesoro que anhelo con ansias. Pero primero no me vendría mal, un buen corte de pelo y arreglo para mi barba. Cruzo la puerta de la peluquería y pido un corte tradicional y arreglar mi barba, terminado el servicio me dirijo a cancelar y busco a la dueña de este local.

    En el trascurso de ir a cancelar, no estaba mirando al frente, sino que caminaba atendiendo mi cinto y acomodándome mi camisa. Al levantar la vista ohhh ¡Cual sorpresa! En la dueña del local, reconozco a mi tesoro boricua. Era una mujer hermosa de labios sensuales y exquisito cuerpo, tenía una cabellara despeinada que le daba un aire salvaje a su figura, sus mechones caída sobre su escotado pecho que dejaba entre ver unos grandes pechos duros y blancos, vestida un vestido no muy apretado al cuerpo, pero que reflejaba en ella un aspecto de mujer sensual y digno de la mujeres puertorriqueñas. Una hermosura de mujer!

    El uso mi voz con simpatía y entregando mi mejor sonrisa, la saludo de cortésmente, como un caballero. ‘Buen día Señorita. Un gusto vengo navegando y aquí he recibido un muy buen servicio muy agradecido de la atención de su personal’.

    ‘Gracias’, le dice a ella, es un agrado que el servicio haya sido satisfactorio, ella al mirarme siento que le gusto sexualmente por este viajero, extiende su mano para terminar la transacción y en ese momento yo aprovecha de tocar su mano y ella coquetamente agradece el gesto, apretando mi mano y dando una mirada penetrante, acto seguido me dice: ‘voy saliendo del local de compras, si gusta me acompañas y le muestro parte de esta hermosa ciudad’, su voz esta sensual, quedo flechado inmediatamente y me acerco un poco para sentir su exquisito aroma y en eso le dijo: ‘Ohh! muchas gracias, será un honor’ y termino la frase con generosa y pícara sonrisa.

    Ponemos rumbo al mercado y la conversación versa, sobre un poco de mis mejores narraciones de travesías y ella de su valioso trabajo y como quiere a cada uno de sus empleados… en ese momento le dijo: ‘mejor jefa no puede tener’ y la tomo de la cintura y la aprieto fuerte a mi pecho mirándola deseoso de ser correspondido, ella acepta me mira y ríe coquetamente, se entregándose con lujuria provocando que estos dos furtivos amantes, tenga que esconder su pasión por unos instantes. Le dijo ‘vamos a mi barco ahí estaremos tranquilos. Solo está mi primer oficial, al cual lo enviare a puerto’.

    Llegamos al barco y le ordeno a su primer oficial y amigo, ‘Jacinto! vamos, sale del barco!’. A lo cual el me hace un giño en el ojo izquierdo y se retira raudamente, no sin antes preguntar por el ron pedido. ‘No hay ron no hubo tiempo amigo mío’ y los tres nos reímos a carcajadas por la situación.

    Ya en el barco, rápidamente la llevo a mi cabina, la tomo entre mis brazos y besándola delicadamente, la meto en mi cama, ella me responde acariciando mi espalda y besando mi cuello y mordiendo delicadamente mis labios y oreja, ‘mmm que rico tesoro he encontrado’ le susurro, ‘si papi’ me dice ella, ‘este tesorito es todo tuyo papi’, con esa sensual voz boricua que me estremece y exista enormemente. Se pone de pie y me recuesta en la cama y me dice ‘mira cariño’, se deprende la parte de arriba del su vestido, dejando ver sus pechos grandes blancos, duros, turgentes, acariciando cada pecho delicadamente y tocándose sus ya rígidos pezones rosados, continua, desvistiéndose sensualmente y deja ver ya su gran y adorable culo blanco y su hermosa vagina totalmente de pilada y color rosa, que tiene la particular forma de una capullo sellado de la flor del lilum, finalizando esa experiencia acaricia sus piernas suaves y tersas, que la ponen frente a mí , caminando cual sacerdotisa, estrega su tesoro a este navegante.

    Ella desnuda, se acerca y acaricia mi cuerpo, mirándome fijamente, su cara demuestra una candela y siento que empieza a jadear al contacto con mi piel, ‘Mmmm mi pirata que duro esta tu cuerpo siento deseo de que me tomes duro mi cielo… veamos que ahora mi tesoro’ y acto seguido, desabotona mi pantalón y saca mi verga, ‘mmm me gusta que rica cabeza tienes papi. Mmmmm y que rico hueles cariño, te la voy a mamar bien rico papi’.

    Se arrodilla e inicia un masaje por mi verga, lo toma entre sus manos acariciándolo de abajo hacia arriba y jugueteando con sus dedos la punta de mi glande, todo coronado con excitante mirada, buscando mi atención y aprobación, yo muy complacido solo gimo de placer al sentir sus cálidas manos que juegan con su carnoso pene. Luego inicia su mamada chupándome cada huevo y lamiendo suavemente el tronco de mi verga… ‘Eso mi tesoro es toda suya… Mmmm que rico amor…’, con su lengua hace movimiento circulares y se la introduce completa en su boca hasta llegar a tocar mi zona púbica, la tomo de enmarañado pelo y la a sujeto fuerte contra mi cuerpo y la suelto, me grita ‘si papi’ me dice ‘domíname marinero, dame duro con tu verga en mi boca!’. Mmmm me chupa fuerte e intenso mi verga, veo su cara desbordada de lujuria ‘mmmm que rica verga papi… vamos papi la quiero ahora quiero que tú me chupes mi vagina’ y se recuesta en mi cama y me muestra su flor abriéndosela para mí.

    Yo me acerco y se la empiezo a lamer suave e intensamente hasta tenerla abierta completamente mi lengua la muevo con frenesí y la penetro con mi legua, siento sus quejidos y gritos de placer al tocar mi legua con su clítoris y veo que está llegando a su excitación, ciento que se viene y se contornea frenéticamente y gimiendo de placer brotando desde su vagina, un chorro de existo néctar vaginal ‘mmmm papi que rico me vine. Hay que carajo! como me chupaste me dice mmmm ahora papi dale métemela duro así duro’ y se pone en posición de perro y me muestra su vagina ‘dale la quiero bien dura aquí’ y la penetro y siento su húmeda y ardiente vagina, y bombeo rápida y furiosamente apretando los cachetes de su culo dándole palmadas, ella gimiendo y gritando fuerte me dice ‘mmm que rico dale, así mmm que caliente me tienes uyyy que rico como me das mmm’.

    Bombeo intensamente hasta que me dice ‘voy a acabar uyyy de nuevo gracias papi… uyyy que rico’. Luego de acabar me dice ‘no la saque aún’ y aprieta con sus labios de su vagina a mi pene duro y me dice ‘te gusto que te apreté con mi vagina’, ‘si cariño’ le dijo ‘mmm que rico hágalo de nuevo’, me aprieta una, dos, tres cuatro… muchas veces más y siento mí en mi verga una electricidad que me agita y me calienta más y más ‘mmm que rico cariño… dale voy a acabar donde quiere mi leche’, ‘en mi cara’ dice ella arrodillada, expulso una gran cantidad leche por su hermosa cara y ella gime y me dice ‘mmm que rica leche mmmm papi que rico…’ lamiendo con su legua sus labios y dedos, tomándome la verga, chupándola deliamente. ‘Gracias cariño de verdad fuiste un exquisito tesoro boricua’.

    ‘Ahora te llevare a navegar por la bahía y cenaremos el barco’, ‘si mi pirata’ me dice y se recuesta en mi pecho, cerrando sus ojos, la beso suavemente y nos relajamos al compás del suave vaivén del mar.

    Fin

  • Descubrí que mi mujer me era infiel en mi propio trabajo

    Descubrí que mi mujer me era infiel en mi propio trabajo

    La verdad me siento culpable por haberla ayudado a conseguir un trabajo en donde yo trabajaba.

    Antes de comenzar con el relato les quiero describir como era mi novia. Ella se llamaba Antonella y en ese momento tenía 25 años. Ella desde que la conozco siempre se vestía de forma muy provocativa y fue eso lo que me enamoro. Era una mujer de tetas grandes y de unas piernas espectaculares, era una Ferrari.

    Un día ella llegó a casa y me comentó que la habían despedido del trabajo, en ese momento me dijo que la echaron por que el lugar no estaba pasando un buen momento económico pero no fue así. La cuestión fue que unos días después me enteré que en mi trabajo andaban buscando una secretaría y se lo comenté. Ella me dijo que le encantaría trabajar en donde yo trabajaba así que luego de hacer unas llamadas le programe una entrevista de trabajo.

    Recuerdo que para el día de la entrevista se vistió supersexy con una faldita, una camisa apretadita con varios botones desabrochados y los labios pintados de rojo pasión.

    Yo mismo la lleve a la entrevista y luego me fui a trabajar. Recuerdo que luego me llamó y me dijo que había causado una buena impresión y que la llamarían para una segunda entrevista. Fue lo que ocurrió, a la semana la llamaron para una segunda entrevista. Lo raro fue que cuando llegué del trabajo me dijo que la llamarían para una tercera entrevista, que era algo que no solía suceder. Tiempo después me enteré de que esa tercera entrevista nunca existió y yo mismo la había llevado con las personas de RR.HH.

    La cuestión fue que quedó contratada y a las dos semanas empezó a trabajar. Lo malo fue que la enviaron dos pisos arriba de donde yo trabajaba en el sector donde se encontraba la oficina del jefe.

    En las primeras semanas yo la pasaba a buscar para ir a almorzar pero un día dejo de pasar. Recuerdo que subí al piso en donde trabaja y me dijeron que se había ido a almorzar con unas compañeras, la llamé y me atendió de forma media agitada y rara.

    Yo: te encuentras bien amor?

    Ella: si, que pasa.

    Yo: te noto media agitada.

    Ella: estoy bien.

    Yo: pase a buscarte y me dijeron que te habías ido a almorzar con unas compañeras.

    Ella: sí, estoy acá con ellas.

    En ese momento se empieza a escuchar un ruido fuerte de un golpeteo.

    Yo: que es ese ruido?

    Ella: no es nada, te corto que estoy ocupada.

    Fue entonces que esporádicamente nos veíamos en los almuerzos. También empezó a pasar que comenzó a quedarse después del trabajo con la excusa de que necesitaba hacer unos trabajos especiales para el jefe y luego llegaba tarde y muy cansada a casa.

    Pero lo peor fue que de veces en cuando yo debía subir al piso en donde ella trabajaba para llevar unos documentos y en un par de ocasiones la vi sentada en las piernas de uno de los hombres que trabajaba allí.

    Sucedió entonces que empecé a sospechar que mi novia me estaba siendo infiel en el trabajo y la confirmación no tardó en llegar.

    Una noche yo estaba en casa esperando que mi novia regresada del trabajo cuando me puse a revisar mi casilla de correo y note un email de alguien anónimo. Lo abrí y en el estaba el siguiente mensaje «tu mujer te está siendo infiel. Mira los vídeos» habían 2 carpetas con videos una llamada «vídeos que yo filme» y otra llamada «vídeos del grupo de whatsapp».

    Primero abrí la carpeta «videos que yo filme» y me encontré con varios vídeos de ella besándose con el hombre que la vi sentada en sus piernas. Había otro video en donde se ve a mi novia sentada en las piernas de este hombre y como él le tocaba las tetas y luego le metía la mano dentro de la falda.

    Después abrí la otra carpeta llamada «videos del grupo de whatsapp» y me encontré con contenido porno.

    El primer vídeo se llamaba «con la nueva» en él se podía observar a mi novia arrodillada en el piso chupando la pija de alguien en lo que parecía el cuarto de limpieza.

    El segundo vídeo se llamaba «atendiendo al cornudo de su novio» y en él se podía observar como mi novia se encontraba en cuatro patas siendo penetrada en lo que parecía el mismo cuarto de limpieza hablando conmigo por teléfono.

    El tercer vídeo me sorprendió porque se llamaba «las chicas se divierten» en el se podía observar a mi novia arrodillada junto con una de sus compañeras besándose y luego chupando la pija de alguien.

    El cuarto vídeo se llamaba «te gusta la pija?» en el se podía observar a mi novia chupando las pijas de tres hombres y uno de ellos le pregunta «te gusta chupar pijas» y ella responde «me encanta».

    El quinto vídeo se llamaba «haciendo horas extras» y en el se podía observar a mi novia en cuatro patas con las tetas hacia afuera y con la falda levantada chupando una verga mientras está siendo penetrada por detrás.

    El sexto video se llamaba «que está haciendo el jefe» y se puede ver cómo alguien abre apenas la puerta de la oficina de mi jefe y primero se escuchan unos gemidos de mujer y luego se puede ver a mi novia en cuatro patas con sus brazos apoyada en el escritorio siendo penetrada por nuestro jefe.

    Debo decir que luego de ver esos videos me hice una paja tremenda y que cuando llego mi novia le hice un escándalo terrible. Me terminó de confesar que siempre fue así, siempre le fue infiel a todos sus novios y que le encanta el sexo. Sucedió entonces que me separé de ella y luego renuncie al trabajo.

    Por último, ella también me confesó porque la habían echado de su anterior trabajo y fue porque la dueña del lugar los atrapo infraganti a ella y a su marido teniendo sexo.

     

  • Él llegó a hacerle compañía

    Él llegó a hacerle compañía

    La casa estaba completamente sola. Él llegó a hacerle ‘compañía’, con ese pesado bolso en la espalda y una chamarra que siempre le tapaba el torso. Ella se lo había imaginado tantas veces fuera de esas cotidianas indumentarias, tantas veces imaginó como arrancarle todo y dejarlo totalmente desnudo sobre su cama. Hoy era ese día donde él sería a totalidad propiedad de ella.

    Con una dulce pero a la vez hambrienta sonrisa la joven recibió a su hombre. Este pretendía y presumía su inocencia, conocía lo que ocurriría más sin embargo estaba dispuesto a someterse a ello. No hubo barreras ni puntos de control y el viaje fue hasta el cuarto de la señorita. Ahí; recostado en el centro de la cama de encontraba un látigo de negro cuero enroscado, presentado de forma simbólicamente sugestiva, como si estuviese listo para usarse.

    Ella le ordenó quedarse en ropa interior y esperar por ella. Se retiró al baño pero desde ahí no pudo evitar mirarle: Observar cómo se quitaba la camisa dándole la espalda al baño, descubriendo aquella amplia espalda ante los ojos de ella, recorría la vista por la cintura y la llevaba al trasero, cubierto por el bóxer de él.

    Terminó de prepararse y salió a su encuentro, él se volteó para verla y se topó con esa sensual imagen de ella, en un corsé de cuero, el sostén del mismo material estaba unido al corsé con cierres, unas botas que llegaban a sus rodillas seguidas hasta el corsé por una maya negra que le daba un acabado dominante a esas grandes y hermosas piernas de tostado color y cubriendo su intimidad un brillante negro que dejaba al descubierto todo su trasero.

    La hembra se mordió los sabios en excitación al ver el cuerpo que tanto deseaba.

    —Ponte en cuatro —Le ordenó a él, este obedeció y desplegó la vista que ella esperaba.

    Jadeó en su interior se acercó y por más que lo intentó no pudo disimular su deseo, desenredó el látigo y con un ágil movimiento de dio un moderado latigazo en la espalda. El muchacho arqueó la espalda para abajo y suspiro volteando a verla. Ella dijo. —¿Qué esperar esclavo? Bájate los pantalones —demandó dándole otro latigazo.

    El despegó un pequeño gemido, sostuvo su cuerpo con la cabeza y las rodillas mientras se bajaba el bóxer frente al rostro de ella que detalló cada centímetro que se le revelaba como si quisiera comérselo entero.

    Ella suspiró deliciosamente mientras acercaba sus manos a aquél trasero, ese par de redondos trozos de carne, duros y tensos; con la piel de gallina por esas manos que tocaban cada vez más cerca del centro, separando los glúteos de un lado al otro, observando directamente aquél agujero. Sentía la agitada respiración de su esclavo, quien esperaba lo que estaba a punto de suceder.

    Lubricado con un líquido especial, el dedo medio de la excitada mujer ingresó en el hombre por detrás, él pretendió tragarse el gemido pero no pudo. Ella disimuló la molestia y dijo:

    —¿Te quieres tragar los gemidos? —Le sacó el dedo que había introducido y camino al frente de él tomándolo de la barbilla de forma amenazante.

    —¿Quieres esconder lo mucho que te gusta que te meta un dedo atrás? —Él murmuró pero ella quería que le respondiera con orgullo y verdadero disfrute, soltó el látigo y le dio una cachetada preguntando.— ¡¿No te gusta?!

    —¡Sí! ¡Si me gusta! —Le respondió fuertemente el esclavo.

    —Así me gusta. —Contestó ella con propiedad mientras lamia la mejilla donde había propinado la cachetada, luego volvió a tomar el látigo y le dijo.— Quiero que grites, que gimas, que entiendas que me perteneces y que voy a hacerte mío.

    Mientras decía esto iba ajustando un consolador en su entrepierna con la ayuda de un arnés, luego lo comenzó a lubricar.

    —Levanta bien ese culo y ábrelo para mi .—Le dijo ella, luego puso sus manos sobre sus nalgas y posando la punta del consolador en la entrada de su hombre sonrió y comenzó a penetrarlo lentamente.

    Ella jamás había escuchado a un hombre gritar de semejante placer, y era ella quien lo estaba haciendo gritar así, cada nalgada, latigazo mientras el consolador se seguía hundiendo en el cuerpo de él era todo parte del poder que ella tenía sobre él, de las cosas que no todas las mujeres reciben, el cuerpo entero de un hombre.

    Finalmente la pelvis de ella llegó al trasero de él, estaba lista para retroceder, ir y volver, cada vez más rápido. Ella lo estaba disfrutando tanto que tuvo que destaparse los senos por lo fuerte que se tersaron las puntas. No podía dejar de pasar la oportunidad de preguntarle quién estaba literalmente cogiéndolo, le encantaba escuchar entre gemidos y gritos que el respondía que era ella y luego seguía siendo montado.

    Finalmente estaba sucediendo, finalmente ella lo poseía a él tanto como él a ella. Y por fin era capaz de hacer todo lo que ella sentía le gustaba. Ella lo volteó, él quedó bocarriba observándola mientras ella seguía penetrándolo y ahora masturbándolo con una mano. El con los ojos entrecerrados se dejaba tomar por ella, ella seguía dejando ir todas las cosas que se le ocurría porque esa mirada lo decía todo, todo ese poder era de ella, ese hombre era de ella y ella lo estaba haciendo suyo.

    Un fuerte gemid ose escuchó y un fuerte disparo de éxtasis dejó al hombre exhausto y a ella contemplando al hombre que acababa de hacer suyo.

  • Me convertí en el putito de mi tío

    Me convertí en el putito de mi tío

    Por razones económicas, mi padre tuvo que vender nuestra casa y nos llevó a vivir a casa de mi abuela paterna. Esa casa contaba con 3 habitaciones en el segundo piso, una ocupada por mi abuela, la segunda por mis padres y la tercera por mi hermana menor.

    La casa contaba con otras 2 habitaciones en la parte trasera de la casa, que fueron construidas para recibir a las visitas, que tenía mi abuela, esas 2 habitaciones compartían un baño y mi abuela decidió que una la ocupará yo y la otra mi tío, hermano de mi padre, de 27 años.

    Mi tío siempre jugó futbol desde muy pequeño, le gusta hacer ejercicio, es un tipo de 175 cm, peso de 85 kg, moreno claro, torso marcado, piernas fuertes, nalgas riquísimas y un trozo de pene riquísimo, pero eso lo supe a las 2 semanas de haber llegado a vivir a esa casa.

    Mi tío Armando, siempre tuvo fama de ser mujeriego, parrandero y tomador, a los 2 días de vivir ahí, escuché que llegó alrededor de las 2 am, acompañado de una amiga suya, con la cuál cogió toda la noche, no pude dormir, de estar escuchando los gemidos y los gritos de placer que daba la chica y las guarradas que mi tío le decía, tales como ‘así perrita, te gusta mi verga’…

    A la mañana siguiente, cambio mi forma de ver a mi tío, solo lo veía con ojos de deseo y morbo, cosa que él noto, de ahí en adelante, se dejaba ver sin camisa, enredado solo en toalla, incluso lo vi solo en ropa interior, ya fuera bóxer ajustado, bóxer flojos, trusa, bikini, de todos los tipos, para mí era inevitable verlo y él se daba cuenta, solo sonreía de una manera pícara.

    Debo confesar que a esa edad yo solo tenía 18 años, delgado, piel blanca estatura 165 cm peso de 65 kg. Y muy buenas nalgas y yo ya tenía la inquietud de estar con un hombre.

    Un día al salir de bañarme, me topé con mi tío ya que el baño que compartimos es lo que separa nuestras habitaciones, y al verlo me puse nervioso y más la forma en que él me vio el trasero y escuchar lo que me dijo; sobrino tienes buenas nalgas, eso me hizo ponerme nervioso y entrar a mi habitación rápidamente, mientras él se reía de lo ocurrido.

    Pasaron algunos minutos y escuché que mi tío entró a darse un baño, era normal sábado día de parranda y porque no de llevar alguna de sus amigas, en esas 2 semanas de vivir ahí, ya había llevado a 4.

    A los 15 minutos después, escuché que me hablo, me asome y pregunte que se le ofrecía, a lo que respondió, pásame la toalla que deje sobre mi cama, entre a su habitación y vi sobre la cama, toda su ropa, el bikini blanco que se pondría, su pantalón y su camisa, junto a todo eso un paquete de condones que seguramente había comprado, tome la toalla y toque la puerta del baño y respondió entra no tiene seguro, al entrar el aún estaba dentro de la regadera, lo vi totalmente desnudo y con su pene medio erecto, no pude dejar de verlo y él solo riendo y tocándose el pene me dijo; sabe que es sábado y hoy le toca remojón, salí rápidamente mientras él solo reía.

    Yo que salía muy poco en ese entonces, me quedé viendo la televisión hasta tarde una de la mañana quizá, cuando escucho llegar a mi tío y venía sólo, salí de mi habitación para ir al baño y lo encontré entrando lo saludé y vi que tenía unas cervezas en una bolsa y me dice quieres una, le dije dámela, voy al baño y ahorita me la tomo, a lo que él contestó, no sal del baño y vienes y te la tomas aquí. Entre al baño orine y solo podía pensar en que iba a estar con mi tío en su habitación.

    Salí del baño y entre a su habitación, él estaba sentado en la cama, ya se había quitado la ropa, solo tenía puesto un short puesto, sin camisa, al estirar mi mano para agarrar la cerveza que me daba mi mano temblorosa y me dijo ‘estás nervioso o que te pasa’, solo atiné a decir ‘no sé…’

    Él estaba cambiando los canales y de pronto me dijo ‘quieres ver porno?’ Le dije ‘no sé’. Puso un canal pornográfico y me dijo ‘ven siéntate acá para que estés más cómodo’, me senté del otro lado de la cama a ver la escena porno y el solo comentaba, ‘que rico se la come’, de reojo alcance a ver que tenía su pene erecto, sin ningún pudor se sacó su verga erecta y comenzó a masturbarse yo no podía articular palabra, me volteo a ver y me dijo: ‘que la tengo de buen tamaño?’. Solo lo vi y le dije ‘sí’, me preguntó ‘Te gusta?’. Y me quedé callado, tomó mi mano y la llevo hasta su pene y comencé a masturbarlo. Mientras él decía ‘chúpalo’. Poco a poco, me fui acomodando para quedar frente a su pene, acostado frente a su verga, era la primera verga que yo conocía y probaba.

    El noto mi inexperiencia a lo que pregunto, ‘nunca te han cogido?’ Le dije ‘no’, ‘cuántas vergas has chupado?’. Le dije, ‘esta es la primera’, el sólo me dijo ‘hay sobrinito me tocará desquintarte’, y comenzó a darme instrucciones, de cómo chupársela, desde los huevos enormes que tenía hasta la punta de la cabecita que ya le salían las primeras gotas de precum, que saboreé como nunca.

    Mientras yo seguía chupándole la verga el solo me decía, lo que tantas veces escuché les decía a sus amigas, ‘cómetela toda, así, te gusta mi verga?’. Yo no podía responder, porque tenía la boca llena de ese trozo de carne viva, que de vez en vez, sacaba de mi boca, para restregármela y pegarme en la cara con ella.

    El me pidió que me levante y me quitara la ropa, se estiró y saco de su cajón una tanga y me dijo ‘ponte esto’, la verdad en esa época con 18 años, yo aún estaba confundido y nunca había pensado en usar tanga y menos de mujer, pero pudo más la calentura y complacer a mi primer hombre, me la puse, me sentí algo incómodo pero lo hice, él se acomodó de nuevo como estábamos recargado en la cabecera de la cama, con sus piernas abiertas, su verga apuntando hacia arriba, yo me acomodé de nuevo en medio de sus piernas, para seguir chupando esa verga, que ya erecta alcanza los 19 cm de largo y una circunferencia de 14 cm.

    Al estar chupando me dijo, ‘mi niña, levanta el culo quiero verlo’, ya que detrás de mí está el tocador con el espejo y él quería ver el reflejo de mi culo en el espejo, lo hice tal y como lo pidió, a los pocos minutos, me estaba acariciando las nalgas y tocando la entrada de mi culo con sus dedos, me hizo la tanga a un lado, para poder acariciar sin estorbos, y comenzar a meterme un dedo, lo metía y sacaba, casi 20 minutos estuvimos así, cuando se levantó y me hizo acostarme boca arriba con la cabeza colgando fuera de la cama y me dijo, ‘quiero ser el primero que te coja por la garganta’, comenzó a meterme la verga por la boca, al grado de hacerme vomitar, pero eso no le importaba, el solo quería satisfacer su necesidad de someterme y usarme.

    Después de la cogida de boca, me levanto y me dijo ‘ponte en cuatro’, cuando ya me tenía empinado, solo me decía, ‘que rico culito tienes, blanquito y rosita, hasta parece una panochita sin usar’, me nalgueo, me mordió las nalgas, las beso, las apretó y me volvió a meter dedo, comenzó con uno, después dos y me decía, ‘sigue muy apretadito’ y me dijo ‘ahora sí, va lo bueno’, escupió en la entrada de mi ano y coloco su verga, me la restregó en la entrada, me pegaba con ella en las nalgas y me decía, mira mi putita lo que te vas a comer.

    Se colocó en posición y comenzó apretar su verga contra mi culo que no cedía, hasta que por fin, entró la cabecita, con lo cual sentí un dolor enorme, quise zafarme, pero él me retuvo sosteniéndome por las caderas y me dijo, ‘ya va a pasar mami’ y con eso vino otro empujón y ya tenía la mitad adentro, seguía doliendo mucho pero él no me dejó zafarme, y me decía ‘la sientes? Ya eres mi perrita, mi sobrina preferida, yo soy tu macho, desde chiquito te noté que serías putita’, y me la dejo ir toda, solté un gritó, pero no le importó, solo me dijo ‘ya te la comiste toda mami’, y comenzó el mete y saca, la metía hasta el fondo y la sacaba casi por completo, me dijo que me levantara, sin que se saliera la verga, así que me estire y levanté de puntas, para evitar se saliera, y nos dirigimos al tocador dónde me hizo subir una pierna y me decía, ‘vete en el espejo, lo putita que eres y qué te estás tragando la vergota de tu tío, eres mi putita’.

    En ese momento yo solo sentía excitación, por ser tratado así, después de unos minutos volvimos a la cama, él se acostó, y me pidió montarlo, pero dándole la espalda, cuando me coloque el dirigió su verga a la entrada, ya cuando tenía la cabecita dentro, el me dio el jalón, para que entrara por completo, me dolió mucho, pero lo disfruté, al escuchar decirme, ‘que bien culo tiene mi sobrina, que ricas nalgas, las veces que quieras, aquí tienes verga mami’, me pidió girar y quedar de frente, para en esta posición, abrir mis nalgas para que entrará toda, ya habían pasado como 20 minutos y me pidió acostarme boca abajo y él se posicionó detrás de mí, me ensarto durísimo y se acostó encima de mí, me tomo por la espalda, aprisionando y me la dejaba ir sin piedad, yo solo sentía esa verga perforándome y solo escuché, cuando suelto un fuerte soplo que significaba que se estaba viniendo dentro de mí, cuando terminó de vaciarse, se quedó encima de mí y me dijo, ‘ya te acabe de estrenar, ya llevas a mis hijos en tus entrañas…’.

    Se levantó se dirigió al baño yo me quedé recostado, y cuando regresó me dijo, ‘mami ve a bañarte que te están escurriendo mis mecos’, me levanté y pude sentir, que por mis piernas escurría todo el semen del macho, que me acababa de estrenar, mi tío Armando.

    Esta fue la primera de varias veces que me cogió, en otra ocasión les contaré más, y la vez que me invitó de vacaciones y me compartió con 2 de sus amigos.

    Escriban sus comentarios a mi correo:

    [email protected].

  • Hombre primera vez con hombres

    Hombre primera vez con hombres

    Es la primera que escribo un relato. He leído muchos, y me he excitado y fantaseado.

    Este que voy a contar es absolutamente real. Omitiré y cambiaré nombres de sitios por privacidad y vaya a ser que alguien se entere.

    Todo empezó digamos en diciembre de 2018, a principios de mes, digamos fecha de puente.

    Yo soy heterosexual, pero alguna vez leyendo algún relato pues… me han entrado un montón de ganas de comerme una poya, sentirla en la boca y bueno… más adelante contaré más.

    La cuestión es que me desplace de mi ciudad a otra a visitar a unos amigos que tenían ganas de que los visitara y salir de marcha. Y así fue, salimos de marcha hasta las mil del día siguiente. Ya en su casa ellos estaban cansados, era de noche otra vez… yo llegué la noche anterior.

    Por lo que fuera les dije que iba a dar una vuelta y tomar algo, y me fui solo. No tenía muy claro lo que tenía ganas de hacer o donde ir… y de repente empecé a pensar en hacer cosas que en un sitio que alguien me conociera no podía hacer… era la oportunidad… pensé en algún local de ambiente pero no era lo que quería, no quería hablar con un tío con la intención de ligar… quería lo que mi mente había imaginado y deseado, quería poyas, sin hablar, como un sueño donde todo ocurriese eliminando las cuestiones que no me excitaban nada…

    Me puse a buscar por el móvil y sitios de ambiente había miles pero sabía que ir y entrar apagaría y enfriaría ese fuego que me ardía… busqué y busqué y encontré un sitio, que no voy a poner el nombre por privacidad pero bien merece recomendaciones. Por lo que leía en las descripciones parecía un sitio diseñado por un guionista erótico. Tenía de funcionamiento abierto como 3 horas, no abría todos los días, en fin, que puse en el móvil la dirección y fui hasta allí.

    Me costó encontrar el sitio aun guiado por el teléfono. No tenía carteles como un pub, era muy muy discreto, y bastante escondido. Al llegar y tocar un timbre me abrieron, pasé y entré era como una recepción en la que solo ves y hablas con el chico que está allí. Era un pequeño recibidor con un mostrador donde no veías nada del interior. Me examinó físicamente, yo me cuido mucho, visto bien, ropa cara y juvenil aunque ya tengo muchos años más de los que aparento. La cuestión es que me preguntó que si sabía cómo funcionaba aquello, le dije que no, que era la primera vez y me explico lo siguiente:

    -tienes que pagar la entrada, con ella va una copa, te doy una llave, al entrar hay unas taquillas, guardas tu ropa, móvil, etc. y te quedas en calzoncillos y zapatillas.

    Le quise preguntar más pero me dijo la barra está al lado de las taquillas, es como el sitio sin acción tú tranquilo, entra ya iras viendo… me dijo. Por las copas no te preocupes pides las que te apetezcan y te las vamos apuntando, luego al salir se paga, no tenemos precios caros.

    Entré y dejé ya el recibidor atrás, aquello se veía grande por dentro, tenía curiosidad por explorarlo.

    Creo que fui de los primeros que llegó al local. Fui a la taquilla e hice lo que me había explicado el chico de la recepción, guardé todo en la taquilla y me quedé en calzoncillos y zapatillas de deporte. Al verme en un espejo pensé: menos mal que llevo calzoncillos que me quedan perfectos. Eran tipo culote de goma ancha que me las baje un pelín pero sin pasarme… a la altura de donde empezaría el vello púbico.

    Siempre me depilo piernas, barriga, pecho y brazos. Aquel día agradecí esa costumbre que adquirí no hace mucho. Mi aspecto físico en calzoncillos me daba la impresión que pondría cachondo a cualquiera, tío o tía. No soy tío de gimnasio de músculos a reventar, tengo todos los músculos marcados, cuerpo atlético, sin barriga, peso ideal. Piernas que alguna pareja femenina y sin ser pareja, que tengo unas piernas muy chulas.

    Hecha un poco la descripción, sabía que iba a llamar la atención bastante. Cosa que explicaré más adelante.

    Me acerqué a la barra, pedí una copa, para que un poco de embriaguez no me dejara echarme atrás. Aunque parezca una tontería, no me había puesto las lentillas lo cual pensé que era un acierto porque no quería que nada me hiciera ver desde otra óptica y no probar algo que sabía que esta era la ocasión.

    Con la copa en la mano, mi calzoncillo de culote ajustado, mi cuerpo depilado, afeitado y perfecto peinado despeinado con ese efecto a mechones de la cera, me dispuse a explorar que era aquello y cómo funcionaba.

    Describir el sitio de acción intentaré hacer que se pueda tener una visión los más cercana, pero está muy muy bien montado.

    Me dirigí a lo que se veía que era LA ZONA por la luz era baja en todas las dependencias, a diferencia de la zona de barra y taquilla

    Fui en dirección a la zona oscura, había dos plantas, la de abajo, en la que a partir de pasar unas cortinillas había cuartos de baño, rollos de papel dispuestos por todos lados en los que pudiera pasar algo, preservativos por todos lados(esto también en la parte de arriba, en todas partes)… una sala que tenía una puerta, también oscuro, tipo sauna, con sillones en círculo, donde luego vi que se bajaba a echar un cigarrillo, aunque alguna vez te encontrabas a alguien en acción. Aunque esto, también lo explicaré más adelante. Porque una norma no escrita era no hablar, no molestar.

    Después de ver esta parte de abajo subí las escaleras, que era donde intuía que pasarían las cosas. Reconocí todas las dependencias, donde no faltaba habitación que no tuviera elemento erótico imaginable, desde camilla de masajes, aparatos tipo gimnasio para facilitar posturas, etc.

    El lugar impresionaba, era como un laberinto, con zonas muy muy oscuras, otras algo menos pero impresionante.

    Cuando subí y reconocí todo empezó a llegar una o dos personas. Yo estaba algo frío y nervioso porque no sabía cómo funcionaba. Pronto me di cuenta de que todo era con las miradas, y el lenguaje corporal. Sin hablar alguien te acariciaba por ejemplo y sin ser maleducado si no dabas señales de que te apeteciera se desistía, aunque todo muy cordial y con respeto.

    Recuerdo el primer tío con el que me encontré solo, aun había poca gente. Este no tenía calzoncillos, cosa que estaba permitida, además luego había quien por motivos de la acción se los quitaba, o se lo quitaban… pero ya explicaré.

    Con este primero, tuve una extraña reacción, nos mirábamos de lejos, él me comía con la mirada. Tenía una poya bastante grande y gorda pero no me causaba ninguna excitación. Estaba dejado físicamente, no era mayor, pero también tenía pelo en la poya y casi me hizo pensar ‘que hago aquí’.

    Poco a poco fui cambiando de opinión conforme fue llegando gente. Nadie pasaría de los 40 o poco más, todo el mundo muy cuidado, casi todos depilados en la poya, otros no, pero mucha gente de gimnasio, de cuidarse el aspecto. En total la hora de máxima gente habría unas 40 personas.

    Debo continuar con mi primer contacto que ya he mencionado, pues si no me excitaba de ningún modo, para demostrar que estaba en el juego, y que no estaba ahí de mirón, al pasar junto a él y acariciarme, seguí de largo pero le pasé la mano y acaricie su poya, cosa que noté que le debió excitar por esa enorme poya empezó a engordar. Luego me persiguió más adentrada la noche varias veces, parecía conformarse mirándome mientras le apretaba un poco su poya y seguir a otro lado.

    Después de ese no recuerdo como fue, el orden porque por momentos todo iba a una velocidad de vértigo.

    Por los gestos, movimientos, algunas veces que al oído se dice un ‘vamos a otro lado’ etc., parecía todo el mundo como yo, nadie había afeminado.

    Las cosas pasaban en habitaciones, que si se ve que hay dos te vas a otro lado o sitios como pasillos, por ejemplo, o salas grandes donde en algún momento aquello era todos con todos.

    Está unido en esta planta de arriba, aunque casi se necesite un mapa.

    Mi deseo de comerme una poya ya iba en aumento. El local estaba ya con las 40 personas aproximadas.

    Recuerdo, que había gente que me miraba, se me acercaba, me tocaba la poya por encima del calzoncillo (yo estuve ya a partir de aquí empalmado toda la noche y se veía por mucho calzoncillo apretado, no lo podía disimular) yo le devolvía el gesto, con el que le decía sin palabras por la forma de tocarle la poya, que me ponía. Este contacto, pese a estar deseando comérsela, se agachó, se puso de rodillas delante, me bajó el calzoncillo hasta los huevos y me la empezó a chupar y babear que tuve que decirle al oído: -por favor tío para, que no puedo aguantar. Estaba a punto de correrme y él lo notaba pero me hizo caso y paró. Todo el mundo se respetaba, lo vi a lo largo de la noche.

    Después de este contacto me fui a dar una vuelta para que se me bajara un poco la excitación, aunque era complicado ya con el local como estaba y pasando todo lo que pasaba.

    Bajé a la barra a pedir otra copa y pensé: esto va a ser difícil, aguantar sin correrme y con mi deuda pendiente de comerme una poya, viendo las que veía, que parecían algunos Nacho Vidal.

    Antes de continuar debo explicar, que nadie se corre en las bocas de nadie, me di cuenta de aquello porque uno me dio el toque diciéndome molesto que casi me había corrido en su boca. Cosa que me convencía de que el sitio era perfecto, yo tampoco quería que nadie se corriera en mi boca.

    Uno de los momentos por los que escribo esto sucedió en una sala común, donde uno se estaba follando a otro, dos comiéndole la poya a uno, etc.

    En ese momento, no sé cómo, uno de los que habían pasado y nos habíamos tocado las poyas anteriormente nos cruzamos en ese sitio, ya todo estaba descontrolado, había hecho y me habían hecho más cosas que relataré en otro momento.

    Me agache y me puse con una rodilla apoyada en el suelo y la otra para poder levantarme, lo hice ahí en medio y le empecé a pasar la lengua por el capullo, lo estaba disfrutando, el sitio era de mucho paso, y muchos me tenían ganas… allí no habían reglas, si uno se acercaba a mirar cómo le estaba comiendo la poya y te apetecía parabas y se la empezabas a comer a este otro, cosa que hice cuando me tenía a la altura de mi boca una poya grande, gorda, y los huevos depilados. Yo mientras se la empecé a comer a este segundo, con la mano no dejaba de movérsela apretando fuerte de arriba a abajo, para que notara que seguía deseando su poya. Cosa que solucioné al momento, tenía delante una fantasía hecha realidad y parecía que el miedo a los prejuicios aun revoloteaban, hasta ese momento. Pensé aquí estoy yo de rodillas y manda mi yo vicioso y sin límites, me fui con la boca a seguir comiéndosela al primero, y a este segundo le pegué un tirón suave pero con mando, para que se pegara más… empecé e chupar una y otra, bajando los huevos y recogiendo mis babas, apreté las dos poyas una contra otra, abrí la boca, y sentí como entraban dos poyas a la vez en una boca…estaba sintiendo lo que tanto me había excitado ver que hacía una tía viciosa en una película porno…

    Aquello debió de empezar a llamar la atención, verme ahí en medio, todos los que se acercaban, sin cortarme comiéndome 2 poyas como en un manual porno… de una a una, las dos a la vez hasta donde me cabían, enteras era imposible, eran muy grandes. Yo solo veía poya y huevos y empecé a notar que se acercaba más gente. Mientras estaba en faena, un tercero, me dio a oler varias veces los que ya sabía que era, aunque no había probado. Alguien me empezó a acariciar la espalda, otro me pegó varios chupetones en los pezones… cada vez estaba más vicioso, más cachondo, ese momento fue una locura… mi postura impedía que alguno me comiera la poya, menos mal, porque iba a explotar…

    En este momento, que creo que por méritos propios me convertí en la atracción, porque veía alguna tocándosela mirándome. Los dos a los que se la estaba comiendo miraba hacia arriba y se estaban comiendo la boca como putas viciosas… se acercó también el primero del que hablé… que pese a haberme perseguido toda la noche, solo le había devuelto un apretón de poya… hasta ese momento… por algún motivo pensé lo mismo que al principio, que no me excitaba, pero por otro lado, no sé si movido por lo que me daban a oler continuamente, pensé joder, esto así como está pasando, supera mi imaginación, ni pedido por encargo pasa así… y lo que hice fue mientras me metía y sacaba de la boca las dos poyas, agarradas con una mano para que no se separaran, de todas las poyas que había alrededor de mi, tocándose, empalmados a reventar, alargue la mano libre hasta donde estaba situado mirando tocándose con distancia por los rechazos, le cogí de los huevos, que eran enormes, le apreté suavemente tirándole hacia mí… se acercó y tenía a los dos con las poyas juntas a mi derecha, y a mi izquierda, con su poya pegada a mi cara, a este otro.

    La descripción de la acción es sencilla, paré con los otros 2 y giré la cabeza hacia su poya y mirándole a los ojos sin juego alguno de lengua, saliva ni nada, me la fui metiendo en la boca abierta al máximo, iba entrando pero sin tocar mi boca… mirándole a los ojos… hasta que llegué hasta la mitad aproximadamente, había un trozo grande grande dentro… no quería que me atragantara y paré antes de que me llegara a la garganta… ahora sí cerré la boca e hice lo que sentía que le debía por haberlo rechazado… me quedé sin moverme mirándole, observando si percibía que quería que notara como mi boca segregaba saliva y más saliva de notar su capullo y su enorme poya en mi boca, le apreté con la mano izquierda la poya que sobraba, y con toda la saliva que ya me chorreaba por los lados… me la metí y me la saqué hasta la misma altura unas 3 veces, pero le succioné como si quisiera tragármela entera. Paré, noté que le iban a reventar los huevos y se iba a terminar corriendo en mi boca y saliéndome leche por todos lados…

    No sé cuántas poyas distintas a la de estos tres pude coger mientras chupaba otra, pero casi todas las que me acercaban al menos un par de chupetones o lengüetazos le daba.

    Como pude me levanté, al ponerme en pie otro más me cogió la cara y me comió la boca metiéndome la lengua hasta la garganta…no me hizo gracia pero bueno… dije en tono bajo pero que oyeron, uff tíos me voy un rato, necesito un cigarro y una copa. En ese momento necesitaba salir de allí, relajarme y tomarme una copa y un respiro, al menos un rato… para volver en mí y porque la poya me iba a reventar y correrme, ya no aguantaba más

    Continuó la actividad y pasó mucho más. Pero esta grupal fue impresionante.

    Este relato es totalmente cierto. No lo pongo por darle aires de verdad. Mientras lo escribía he ido recordando sensaciones y detalles al volver a visualizarlo para contarlo y por poco salgo ardiendo.

    No sé en qué categoría encuadrarlo. Voy a poner en fantasía creo.

    Si os gusta puedo contar más partes.

    Podéis contactarme en [email protected].

     

  • Ya soy el puto del equipo (XIII): Descubriendo El Refugio

    Ya soy el puto del equipo (XIII): Descubriendo El Refugio

    Al día siguiente, fiel a su desempeño, se presentó don Fermín, tal como me había avisado, para saber si nos faltaba alguna cosa o algo no funcionaba bien. Cuando llegó yo estaba con mi bañador más pequeño de color naranja, recogiendo unas flores para ponerlas sobre la mesa. Ya había visto todo, las mujeres estaban contentas porque «a los chicos les gustaba todo y no dejaban nada», todo funcionaba perfectamente y me vino a buscar con la intención de mostrarme algo.

    Me habló de otra parcela, llamada El Refugio, que quería mostrarme y dispusiera de ella. Le dije que espere un momento:

    — Voy a ponerme un pantalón y a llamar a Abelardo, para que venga con nosotros.

    — No te cambies nada que estás muy guapo así.

    Entré a la piscina y Abelardo estaba en el agua, le dije:

    — ¿Quieres venir conmigo a ver otra finca de mis padres?

    — Sí, claro que sí.

    — Pues ponte el bañador y ven rápido.

    Mauricio nos vio y como quería saber qué pasaba, me pregunta:

    — ¿Pasa algo?

    — No, ponte tu speedos y ven a ver.

    Salimos los tres y nos tropezamos con don Fermín, me preguntaron:

    — ¿Nos ponemos pantalón?

    — Vosotros sois jóvenes y esos bañadores os lucen, vaya cuerpos tenéis, si no nos verá nadie, y está muy cerca, iremos a pie.—contestó don Fermín.

    Don Fermín llevaba las llaves en la mano y me las daba y yo le hice un gesto con los hombros como diciendo «llévelas usted que lo sabe todo».

    Por el camino, bajo un sol de justicia, tres jóvenes casi desnudos y un adulto con pantalón largo y camisa, parecía que íbamos a tramar algo. Pero no nos cruzamos con nadie. Se paró en un punto, frente a una esquina de la alambrada.

    — Aquí acaba el Romeral, si miráis a la derecha veréis una esquina también vallada, allá empieza El Refugio. Tu padre quería comprar esta zona hasta arriba para tener la dos fincas juntas, pero pasó lo que pasó y cuando me enteré ya la habían vendido y no me pareció bien montar un lío con juicios por derecho de vecindad. Estos nuevos propietarios me la han ofrecido por una barbaridad de dinero, pensando que la deseamos comprar y les he dicho que no tengo ningún interés. Esto es lo primero que te quería decir. La puedes comprar si lo deseas pero exigen demasiado dinero.

    — Si usted no la compró cuando podía, yo no la voy a comprar, su criterio me vale absolutamente.

    Mauricio y Abelardo guardaban silencio, pero iban adquiriendo mucha confianza con el proceder de don Fermín.

    Seguimos caminando hasta llegar a El Refugio. Igualmente en la entrada había un cartel con la caligrafía de mi padre. Entramos al jardín por la verja de hierra, el jardín estaba muy bien arreglado, aunque con pocas plantas. Cerró con llave y me señaló al frente que se veía por entre los árboles una casa a unos 150 metros. Llegamos allí y la casa era más modesta, le dimos la vuelta y era una casa unifamiliar. Entramos y conté que tenía tres habitaciones con baño, un estudio totalmente montado con planos y como de proyectos de arquitectura, mis padres eran arquitectos los dos y, además, constructores. Dijo don Fermín:

    — Aquí tienes el más vivo y último recuerdo de tus padres. Cuando tu padre subía a descansar, no iba a El Romeral, sino aquí, por eso lo llamó El Refugio. Cuando venían con amigos, vivian allá, pero venían a trabajar aquí.

    — Don Fermín, voy a ser sincero, como nadie me dice nada, pensé que esto era para escapar mi padre y que no se llevaba bien con mi madre…

    — De ninguna manera, justo todo lo contrario, tu padre estaba tan enamorado de tu madre que ambos hacían todas las cosas juntos y juntos les pilló el accidente y murieron. Nunca pienses de tus padres nada distinto, hoy serían felices de saber cómo te comportas. Cuando te sugerí la ayuda al equipo de fútbol no era idea mía, sino de tus padres.

    — Gracias, don Fermín, y perdone si le he molestado…

    — Hijo mío, si nunca los has podido conocer… Yo quisiera trasladar este estudio, tal como está a la otra casa, así yo vendría este verano a esta casa que es más modesta.

    — ¿Esto tiene piscina?

    — No, no hizo nunca falta.

    — ¿Por qué no hacemos una?, así sus hijos y nietos tendrán una sin necesidad de trasladarse.

    — Este verano probaré con una prefabricada y si quieren más piscina está aquella… Los que van a la playa también han de caminar hasta el mar…

    Mauricio y Abelardo se rieron por la franqueza y soltura de don Fermín.

    — Don Fermín, gracias por mostrarme esto. Preferiría que este estudio lo trasladáramos a la ciudad, a mi casa, allí hay espacio.

    — Como gustes, Dorito, me voy a encargar.

    — Cortinas y muebles, todo, por favor, y haga unas fotos para que en casa me lo pongan en la medida de lo posible que quede allí igual que está aquí.

    — Así se hará, descuida.

    — Si le va bien esta casa, don Fermín al acabar el verano puede ser suya.

    — Doroteo —dijo con mucha seriedad— yo soy tu administrador, lo he sido de tus padres, lo he sido durante tu infancia y adolescencia, soy ahora en tu juventud, no quiero que nadie diga que me he aprovechado de un muchacho huérfano…

    — Gracias, don Fermín, entonces la usa mientras la necesite y luego la venderemos, sé que hacer con el dinero y seguro que sus nietos lo agradecerán.

    — Tus padres me decían, hemos de procurar que nuestro hijo no se haga orgulloso por poseer bienes, siempre te indiqué de pequeño y lo mismo Rosita; recuerdo que cuando venías conmigo y descubrías un pobre me cogías de la chaqueta arrastrándome hasta que le diera una limosna. ¡Cuántas veces he recordado en esos momentos a tus padres y me decía, allí donde estén, estarán orgullosos de su hijo…

    Se le escaparon unas lágrimas y, tras cerrar todo, nos regresamos a casa. Don Fermín comió en el comedor pequeño junto a la cocina con las mujeres y el vigilante. Nosotros nos fuimos a la piscina. Me quité el slip de baño para entrar en la piscina, pero no sé cómo me senté a tomar una cerveza, pensando lo que había visto y lo que me había contado don Fermín, me puse a llorar y me pareció como si estuviera viendo a mis padres por la nebulosa de mis lágrimas. Mi pena iba en aumento. Y fueron algunos los que se dieron cuenta de mi llanto y se vinieron a donde yo estaba preocupados.

    Vino Mauricio y les dijo que me dejaran solo y no me preguntaran nada, luego se fueron junto a la piscina y les explicó que hoy yo había pensado mucho en mis padres a los que no pude conocer porque murieron siendo yo muy niño.

    Poco a poco me fui calmando y me metí en la piscina. Marcos vino con mi botellín para que me bebiera la cerveza, entró con él en la mano en alto dentro del agua, me lo dio y dijo:

    — Toma, guapo, que te lo mereces.

    Se puso delante de mí, me abrazó y nuestros cuerpos estaban pegados uno al otro acariciándose ambas pollas. Se lo agradecí a Marcos con un beso.

    Ya no miraba nadie, al menos con mala intención, pues todos estaban desnudos dentro del agua o fuera tomando el sol.

    Ese día ya hubo un partido de futbol 7 y un partido de tenis individuales. Se les veía a todos felices. Ya solo esperaba que alguien avisara para comer, pues tenía hambre, no sé si por la hora o las impresiones vividas o todo a la vez. Avisaron para comer. Me puse el slip de baño y fui a mi habitación, me puse un short jean y una camiseta amarilla de tirantes y muy sesgada, bajé al comedor sonriendo para no preocupar y Toñete me estaba guardando un puesto, justo en el centro de la mesa. Me gustó el detalle, por eso al llegar le pasé mi brazo por sus hombros abrazándole y me abrazó también. Teníamos apetito y todo estaba tan rico que iban desapareciendo las bandejas como por arte de ensalmo.

    Luego de comer, hicimos lo mismo que el día anterior, contar como iba el mini campeonato y contar chistes, pero antes nos sorprendió Frasquito con su móvil en mano.

    — ¿Os acordáis del míster? — todos extrañados, lo menos que esperaban era recordarlo— Sí, el tal Gunnar que siempre se había llamado antes por nosotros como él nos dijo, Mr. Vilhjalmsson; así estaba registrado en la Universidad. La policía ha descubierto que toda documentación es falsa, que no es noruego, sino ruso y se llama Gunnar Bogdánov, sale en prensa por la investigación policial. Fue un perfecto farsante aprovechado. Parece que tiene cosas más graves y va a ir condenado a la cárcel por bastantes años.

    — Por mí que muera si quiere, esos tipos están de sobra, —dijo Fernando.

    — Mejor dejamos estar este tema, que aquí estamos disfrutando, —dijo Mauricio.

    Luego cada uno iba contando chistes, los primeros eran muy inocentes pero luego fueron entrando en picardía y algunos eran de cuidado. Algunos nos habíamos desnudado para ir a la reunión y ya los había que se apartaban un momento para meneársela. Nadie se extrañaba, pero se ponía necesario aliviarse.

    Marcos estaba a mi lado y me dijo mientras tocaba mi polla:

    — Hoy está muy dormida, eso hemos de arreglarlo.

    — Descuida, cuando acabemos aquí, —le dije.

    Al acabar, decidí caminar un rato y pensar. Mi idea era conectarme con la naturaleza. La verdad es que me gusta el nudismo, el naturismo, pero me faltaba filosofía al respecto. Fue Mauricio el que me pasó sus ideas que son muy simples: lo importante —opina Mauricio— es que te aísles del mundo de la materia, no te puedes aislar de tu cuerpo, porque forma parte de ti, pero si de envoltorios, ropa, deseos, pensamientos, gustos, caprichos, imposiciones, por eso es importante aislarse. Si estás con los demás, es decir, con gente que no cuenta con la naturaleza sino que se aprovecha de ella, no podrás conectar con la naturaleza, sentirte parte de ella y gozarla en cada poro de tu cuerpo, tanto en invierno como en verano. El contacto con la naturaleza es físico y mental, puede ser incluso espiritual.

    Así que tomé la decisión de tener una experiencia voluntaria. Yo siempre supuse que tenía tal comunicación y contacto con la naturaleza porque ir desnudo me hacía feliz. Pero no había puesto una reflexión al respecto en mi vida. Caminé hacia el cerro por debajo de los árboles con la idea de llegar al despoblado de sombra y comunicarme con el aire, el sol y la vegetación y tumbarme pensando en la vida de los pájaros, de todos los animales los grandes y pequeños, los visibles y los invisibles, como los microscópicos.

    Intentaba no echar la mirada atrás para mantener mi decisión, pero escuchaba voces que me perturbaban y sobre todo de vez en cuando escuchaba pisadas y ruidos como de palos o bastones moviéndose. Así que caí en la tentación cuando ya iba a dejar la zona de árboles y volví la mirada. Me seguían juntos Marcos, Jaime y Luis Calvero. Los esperé para preguntarles donde iban:

    — Donde quiera que vayas tú, —dijo Marcos.

    — ¿Los tres?, —respondí.

    — Creo que entre tú yo yo tenemos algo pendiente para darnos las paces del todo, —me dijo Jaime.

    Reconocí que era cierto y además, ¿cómo iba yo a conectar con la naturaleza teniendo a alguien considerado como mi enemigo?, así que me acerqué a él, le besé, me besó y le dije:

    — ¿Amigos ya?

    — Sí, pero ya que somos amigos, tengo que resarcirte, me alegraría que me follaras, pienso que no tienes inconveniente…

    — Y vosotros… ¿qué deseáis?

    — ¡A ti! —dijo escuetamente Luis y miré a Marcos como preguntando.

    — Me has dicho «después», por eso te sigo.

    — No voy a daros ninguna explicación, vuestros deseos son órdenes agradables para mí —se sonrieron—, así vamos allá —señalé con el brazo— veo un claro con hierba, porque hacia arriba todo ha de estar más seco.

    Y allí nos encaminamos. Mientras nos acercábamos ya estábamos tocándonos. De hecho, Jaime se puso a mi lado y me tomó la mano, se le metió en la boca untando con saliva mis dedos y me la puso en su culo. Luego me pasó el brazo por mi cuello y con su mano me iba tocando, friccionando, masajeando el pezón de mi tetilla, como él estaba en mi derecha yo tenía esa mano en su culo y el me friccionaba con la izquierda. Le metí un dedo y me gané una frenada y un beso en mis labios. Y ya dilataba aquel culo. Detrás nuestro estaban haciendo algo casi similar, imitándonos, Marcelo y Luis. Pero estos también tenían costumbre, solo que en esta ocasión Luis pidió a Marcelo que lo follara primero que quería saber de esa sensación. Pero la suerte o circunstanciales deparaba a cada uno una historia.

    Llegados al claro, ya tenían medio camino recorrido y Jaime se apoyó a un árbol medio inclinado y me pidió que lo follara como de castigo. Yo le tenía ganas, pero me pareció una brutalidad y me entretuve comiéndole el culo hasta tenerlo bien húmedo y dilatado, ya había pasado mi lengua el primer esfínter y entonces apunté la cabeza de mi polla a su hoyito. El mismo retrocedió, echo un grito estentóreo y se penetró hasta el interior. Me quedé quieto contemplando a Luis y Marcelo. También Luis estaba tumbado en el suelo boca a bajo comiendo hierba mientras Marcelo ya le estaba follando con movimientos. El cuadro era espectacular y me animé a montar a Jaime poco a poco, sacando mi polla al completo y volviéndola a meter. Se veía que por momentos le dolía pero gozaba con un placer extraordinario.

    Mi situación era privilegiada en cuanto que podía ver qué estaba ocurriendo en el bosque. Me pareció que todo el mundo estaba ocupado, al menos veía a dos más, cerca que se estaban follando pero no pude distinguir quienes eran. Todo el mundo estaba corriendo y persiguiéndose por el bosque, gritos, gemidos, en definitiva placer y diversión. Acabé echando todos los restos sobre Jaime y con ello mis chorros de leche inundando su recto. Ayudé a Jaime para que le llegara su orgasmo masturbando su polla y nos tumbamos en el suelo mirando las copas de los árboles en corona y con Jaime besándome mis pezones del pecho.

    Encima se nos echaron Luis y Marcelo felices para perturbar nuestra paz y descanso. Luis tenía ganas de volverme a follar desde la otra vez en el vestuario y no tardó mucho en levantar mis piernas y meter poco a poco solo con saliva su polla en mi culo. Dolió en algún momento, pero el placer habido no hacía mucho ayudó a la mayor dilatación. Al poco tiempo estaba escuchando los sonidos del escroto de Jaime contra el culo de Marcelo. Luis fue muy cariñoso, porque después de este primer momento a lo bruto, se tumbó encima de mí dejando que la naturaleza actuara por su cuenta y se vació pacíficamente en mi interior, sintiendo yo un placer superlativo. Acabamos besándonos y miré a los otros que igualmente estaban besándose como quien da el premio a la constancia. Al rato nos levantamos, pues teníamos un partido de futbol 7 esa tarde. Yo estaba inscrito en el grupo C con Marcos, Eleuterio, Ricardín, Chesco, Canales y Jiménez, sorteados por insaculación. Tocaba jugar contra el Equipo A formado por Jaime, Javi, Abelardo, Manolo, Calvero, Soto y Frasquito.

    Cuando llegamos, cada uno llevaba un short y una camiseta de un color, entonces, considerando que hacía calor, el árbitro que era Martín, después de elevar moneda y salir cara para nosotros y escudo o cruz al equipo A, preguntó a estos:

    — ¿Con camiseta o shorts?

    Eligieron shorts, a nosotros nos tocó con camiseta y decidimos quitárnosla por el calor y jugar con zapatillas. Todo el partido fue bueno. Solo que Martín no sancionaba la de veces que nos daban palmadas al culo o cuando nos tiraban de los huevos. Entonces nos pusimos a hacer infracciones bajando short de los contrarios. Al final quedamos todos desnudos y el partido fue un desastre y más divertido. Martín tuvo que determinar quien ganaba por penales y perdimos. Pero todos felices. De ahí a la piscina hasta la hora de la cena.

    A la hora de dormir, siempre éramos cuatro en mi habitación, pero ese día no sé por qué razón me vi que éramos cinco, porque estábamos Abelardo, Marcos, Leoncio que venía siempre y Calvero que se presentó. Salí a traer una jarra de limonada, entré con dos jarras y salí con una de ellas en dirección de la habitación de Mauricio. Se alegró de verme y bebimos limonada. Me invitó a dormir con él y me hizo suyo con total maestría. Primero le mamé su polla mientras él preparaba mi culo con besos, lengua y dedos. Tampoco necesitaba tanto. Luego me penetró, me folló rápido como hace con su chica y me dio mucho placer. Me había dicho cosas tan cariñosas mientras me follaba que me dio mayor placer, aun siendo tan del gusto femenino. Pero así y todo noté que me tenía un especial cariño. Dormí muy feliz abrazado a Mauricio con todos nuestros sudores y humores pegados al cuerpo. Me despertó un poco antes de la hora habitual, el olor a sexo era de fábula, aun estando la ventana abierta. Me fui a mi habitación donde estaban los cuatro amontonados durmiendo y allí no olía a sexo, apestaba a semen, y me hice un hueco entre ellos hasta la hora de levantarnos. Al despertar se extrañaron de verme durmiendo entre ellos, pero nadie preguntó nada, como si no se hubieran dado cuenta.

  • Una pareja se desata lejos de todo el tedio de lo cotidiano

    Una pareja se desata lejos de todo el tedio de lo cotidiano

    Y ahí estaban, en el concilio de la soledad. Ocultos del resto del mundo en una callada y fina habitación de espejos en cada ángulo. Oscuro mármol detallando los fríos bordes que se remontaban desde el suelo de madera hasta el techo de piedra. Todo tan elegante y tan sugestivo.

    Todo hacía oda a la céntrica cama de gran tamaño y suave almohadaje. Ciertamente era hora de soñar, pero no con los ojos cerrados. ¿Qué ojos se atreverían a cerrar ante tal imagen que él disfrutaba? La tensionada pieza de cuero de color negro; en los brazos, las piernas y la cintura. Dibujando tan exactamente la figura de ella, sin perderle fidelidad a sus afirmados muslos, tostados brazos y curvada cintura. Dotas de una mujer verdadera, no de aquella imposible mujer que la falta de corazón creo para negarnos a todos el sueño de la verdadera belleza, esa que sale a través de nuestros ojos.

    El corsé de cuero se contorneaba con un sostén con encaje carmesí que cubría sin tirantes aquel par de atributos que escondidas llamaban tanto la atención. Él sabía que escondía ella ahí pero el misterio lo hacía temblar sin tener frio.

    Debajo de este escondite de la cintura estaba una falda corta y abierta que no pretendía de ninguna forma ocultar el hilo dental rojo que tampoco proporcionaba cobertura a los redondos glúteos que él había tocado y acariciado tantas veces por encima de un blue-jean o cualquier pantalón que en su incapacidad de ocultar la belleza corpórea de ella; le llenaban de deseo.

    Por la falda se escurrían dos cintas por cada pierna que unían aquellas tentadoras redes que bordeaban sus piernas hasta entonarse con un par de botas del mismo material apretado. Conjunto que jugaba en perfecta coreografía con los guantes que ella se había puesto.

    Él estaba en la cama, apreciando esa figura, la mirada. Que entre una sonría podía leerse claramente. “¿Ves lo que se escondía en mí?” ¿Quién podría imaginárselo? ¿Quién podía pensarlo? Pero esto no era asunto de nadie más, solo de ellos dos.

    La chica posó ambas piernas al lado de las caderas del joven, inclinándose al frente para que sus rodillas tocasen la tela de su cama. Los cuerpos se encontraron, el pecho descubierto de él, los ocultos senos de ella, los calientes y humedecidos labios, las lentas y tentadoras lenguas, que comenzaron a danzar sin importarles tiempo ni fecha porque los ojos se habían cerrado, solo daban espacio a aquellos suspiros y gemidos que el momento no podía contener.

    Este trató de destapar su sostén, ella aprisionó sus manos con las de él y siguió sus besos, el reto no sería tan fácil, nada tan delicioso podía serlo. Acercó su pecho al rostro de él, quién con los dientes destapó aquél confinamiento y las vio.

    Tensas, brillantes y tibias, de un color cobrizo que lo observaban, tanto como ella. Quién esperaba que él hiciera lo que la dama tanto disfrutaba. Acercó su boca este caballero a la punta de uno de sus senos y comenzó a besarla, lamerla; con delicadeza y respeto como si se tratase de un tesoro que él quería demostrar comprendía y disfrutaba como ningún otro podría. Las pequeñas lamidas a la punta y leves mordisquillos llevaron al joven a intentar abarcar cuanto pudo con la boca, ella se aferró del cabello de él gimiendo moderadamente mientras lo halaba.

    Él con sus manos escaneaba partes más bajas, igual de firmes pero más grandes. Glúteos que lo llenaban de deseo, lo excitaban. Lo hacían suspirar y le hacían hundir los dedos en esos sensuales músculos, como si pretendiera robárselos, comérselos.

    La chica se levantó, le dio la espalda y comenzó a bailar sobre su hombre, movimientos lentos y circulares llenaban aquél regalo. Regalo que incontables desearían pero solo uno tendría. Inclinó las piernas para poder bajar y subir suavemente, sugiriendo lo inconfundible, sus manos danzaban desde las rodillas del afortunado hasta su entrepierna. Ahí ella encontró los resultados de su erótico baile. Ese objeto oculto en una tanga azul marino que ella siempre le pidió usar. Ahora le estorbaba el camino por lo que la bajó hasta donde ella había comenzado.

    Tomó profundo aire al ver el objeto de su deseo en total funcionalidad, con la piel apretada como su cuero, caliente como su entrepierna, de un rojo color como si estuviera sonrojado por sí solo. Ella podía sentir como palpitaba como si se tratase de un corazón cuando una de sus manos lo cubrió y comenzó a frotar sin dejar de bailar. Con la otra mano la posó tras de ella haciendo el hilo dental a un lado. Dejándole ver lo excitada que ella estaba también. Invitándole a tocarla. Ante tal honor, el hombre accedió. Colocando una de sus manos en los glúteos para no perder el ritmo de aquel deleitable baile, luego seleccionando el dedo índice y anular, se hizo paso por la entrada de ella como si abriera un libro y pasara las páginas, sintiendo finalmente aquella líquida y caliente sensación que él había provocado.

    Los movimientos nos perdieron sutileza pero adquirían pasión a medida que el silencio se despedía ante la llegada de gemidos y palabras de placer del uno y la otra. Los movimientos siguieron porque ella, dueña y señora del momento lo ordenó con una voz entre demandante y rogante. Ella también aumentó el movimiento de su mano sobre aquél miembro lubricado por la boca de ella, que sentía tanto poder y control al introducirse aquél pedazo de carne entre los labios e impresión cuando alcanzaba la entrada de su garganta, no podía esperarse más que pasar al siguiente nivel.

    Le tocaba a ella estar en la cama, observaba los tensos músculos de su hombre mientras despejaba su entrepierna de la ropa interior, ella abrió las piernas y lo observó llamándolo con una mano. Él aceptó el regalo y levantó suavemente aquéllas extremidades alzándolas más. La tensión que ambos sintieron cuando estaban a punto de conectarse, la ansiedad. El sentimiento de la punta del miembro de él haciéndose paso por la abertura humedecida y lubricada en excitación.

    Cada vena, cada grumo y figura en aquel trozo se podían sentir en el interior de ella, lentamente iban descubriéndose y tocándose en sitios que nadie más podía imaginar. Era el uno para él otro incluso en carne. Ella podía sentirse tan extasiada que su cuerpo apretaba el miembro de él como antes no había hecho su boca. No se podía contener el placer y lo que ella deseaba ocurrió, aquél ser salvaje que nadie más conocía abrió las puertas, entraba y salía repetidamente mientras su ágil pero calculadora boca sorteaban el objetivo entre su boca y sus senos.

    Entre movimientos giraron, ella ahora estaba sobré él, utilizando sus piernas para rebotar sin perder la conexión con ese hombre que la había hecho mujer. Orgasmo tras orgasmo ella perdía la cuenta mientras el aferraba ese cuerpo lleno de vida a seguir dándole todo lo que ella pidiera, darle la libertad de llamarle como ella quisiera, como ella deseara, hacer lo que ella comandara porque él era suya.

    El grito de amor y pasión fue largo y a dos voces cuando ambos compartieron aquél estallido final que los dejó exhaustos, llenándose de besos y dormidos en la cama.