Autor: admin

  • Le quito el novio a mi ex novia

    Le quito el novio a mi ex novia

    La verdad fue decisión de él. Yo no quería quitárselo. ¿La odio? Si, por humillarme delante de otras personas, pero no al grado de vengarme quitándole el novio.

    A mi ex no solo le molestaba muchas de mis actitudes femeninas, como el tener un tratamiento completo para suavizar el rostro, suavizantes corporales, depilarme las piernas, las cejas, utilizar mallas deportivas de mujer o incluso tener una que otra panti de mujer según yo porque son más cómodas para hacer ejercicio. Lo que más le molestaba era el tamaño minúsculo de mi pene el cual no la satisfacía. Lo digo sin problema 9 cm en erección no es mucho, pero a mí me gusta incluso me gustaría que fuera más pequeño.

    La primera vez que tuve sexo con mi ex, mi pene le pareció coqueto y lo dejo pasar, pero desde la segunda vez empezaron los reclamos y problemas. Constantemente me decía que no la satisfacía, que yo era más niña que ella. Decía que antes de salir conmigo solo ella estaba en la búsqueda de un buen macho, pero que desde que me conoció tenía que buscar no solo uno sino dos machos uno para cada una. Mi autoestima cayo por los suelos y mi mente se llenó de ira. Aparte de la ira y frustración que tenía yo también pensaba como ella, necesitaba un buen pene que me hiciera mujer y dejar de la apariencia de hombre. Por las noches cuando ella no estaba buscaba una buena porno y masturbaba con cualquier cosa de forma fálica que tuviera en ese momento. Desarmadores, pepinos, zanahorias, botellas de cerveza, mangos de peines etc.

    Un mes ella no tuvo para pagar el alquiler de su departamento y se quedó conmigo mientras encontraba otro trabajo. Llevábamos días sin tener sexo y ella siempre me recriminaba todo. Un día que llegue temprano al departamento la descubrí teniendo sexo con un tío. En ese momento fui incapaz de recriminarle. A la siguiente semana otra vez la encontré teniendo sexo pero ahora con tres hombres. Sigilosamente la espié por el portezuelo de la cerradura. Ella cabalgaba a uno de ellos y lo hacía con bastante gracia, moviendo sus caderas de atrás hacia adelante. Lo hacía como nunca antes lo había hecho conmigo. En ese momento otro de los tíos se paró detrás de ella se escupió dos dedos y empezó a tocarle el ano.

    Al cabo de un rato y sin avisar le empujo todo el pene dentro de su ano haciéndola gritar. No fue para menos, ese tío tenía un pene muy rico, bastante gordo. Mi novia se retorció de dolor cerrando ambas manos y dedos de los pies lanzando un maullido de dolor al cielo. Al minuto, cuando su ano se dilato al tamaño de aquel bello pene, empezó nuevamente a mover su cadera incrementando poco a poco la velocidad. La muy puta empezó a mamársela al tercero el cual le metía el pene hasta la tráquea.

    Ver el cuerpo desnudo de esos hombres me puso muy caliente, sus penes jugosos deliciosamente entraban y salían de mi novia. Verlos frenéticamente follándola me excito al máximo .Un par de lágrimas rodaron por mis mejillas por saber que nunca podría cabalgar esas tremendas pollas como ella lo hacía. Por envidia y ya que terminaron de follársela la corrí del departamento.

    Pase una semana muy triste. Durante el día no podía concentrarme, estar tan confundido con mi orientación sexual me ponía mal. Pero en las noches el recuerdo de esos hombres me ponía muy caliente. Me iba a dormir vestido de nena, baby-dolls, batitas de noche o pijamitas de mujer. Imaginaba que era ella y lamia cada lugar donde las gotas de semen habían caído.

    Mi corazón se fue calmando con el transcurso de los días. El día que la corrí fue un jueves y el lunes alrededor de las 11 pm escuche alguien forcejear con la cerradura de la puerta principal del departamento. Solo forcejeo por unos segundos y después abrió la puerta de par en par. Yo asustada tome mi móvil y corrí a la cama tapándome con las cobijas empecé a teclear el número de emergencia cuando de repente escucho que el tío decir…”dónde estás mi amor?”. Su voz no era amenazadora, más parecía de alguien seduciendo a su mujer.

    Estando yo en la cama de tanto miedo que tenía el teléfono resbalo de mi mano y cayó al suelo. Rogué que no hiciera sonido al caer, pero resulto todo lo contrario. Cuando el teléfono cayo, su cubierta protectora se desprendió y las dos cosas rebotaron hacia distintos lados produciendo un gran ruido que se escuchó en cada esquina del departamento. El susto me hizo sacar un grito sordo de mi boca. “No” dije yo lo más bajo que pude. En cuanto este tío escucho eso dijo en voz alta “Prepárate Julia de mi vida, te voy a meter el pene durísimo por ese culito tan rico que tienes… no vas a poder ni caminar de todo lo que te voy a amar”. Resulta que Julia era mi exnovia y el tipo que había entrado a mi departamento era uno de sus amantes, la muy descarada le había dado las llaves. Escuchar el nombre de mi ex me calmo un poco por lo menos no era alguien que venía a robar o secuestrarme, mucho menos a matarme. Me quede sin hacer ni un ruido en la cama con mi baby doll blanco que traía puesto, el susto me paralizaba y no podía pensar en que más hacer.

    Con sumo cuidado el abrió la puerta de la habitación y dijo “mi pequeña está dormida tal vez mi verga la despierte” se sentó en la cama y se desvistió. Emanaba un fuerte olor a alcohol y cannabis. Una vez que se había quitado todo se metió entre las cobijas me tomo de la cintura y restregó tremendo pene gordo y cabezón en mi culo. Beso un poco mi cuello y después de un par de minutos paro. Después de medio minuto empezó a roncar. Estaba tan borracho que no pudo mantenerse despierto.

    Lo primero que se me vino a la mente fue salir corriendo de la habitación. Pero sentir ese pene duro en mi trasero me hizo pensarlo dos veces. Con sumo cuidado evitando que se despertara me levante de la cama y fui por una caja de condones y lubricante que tenía en el ropero. Tome uno de ellos y me volví a meter a la cama. El roncaba sin parar y la erección se le estaba bajando. Con mido y con mis manos temblorosas le toque por primea vez su pene. Lo empecé a estimular mientras que el seguía roncando. Me sorprendió el tamaño, lo podía tomar con mis dos manos y aun así sobresalía completamente su glande. Con sumo cuidado y después de parárselo nuevamente, vestí su pene con un condón y lo arregle con un poco de lubricante.

    Se veía guapísimo así que se lo presente a mi culo. Lo tome con mi mano derecha y dije “culito te presento este guapo y fornido pene” y lo apunte directamente a mi culo. Me moví hacia atrás en círculos haciendo ligera presión. El pene cabezón rompió la barrera del primer esfínter de mi ano y me entro todo el glande. Uf eso dolió y dolió tanto que quise sacarlo, pero mi ano estaba muy hambriento y lo empezó a comer centímetro a centímetro hasta llegar a 19 el tamaño que tenía este tipo. El dejo de roncar y despertó por un instante de su sueño y con voz ronca dijo “Julia que puta eres y que culo tan estrecho tienes” me dio dos o tres envestidas rugiendo como león y paro, nuevamente se quedó dormido.

    Después del susto y que se dilato completamente el ano esa verga dentro de mí me hizo sentir en la gloria. Mi cuerpo caliente empezó a moverse como gusanito poco a poco. Movía frenéticamente mis caderas hacía el, sintiendo el delicioso placer del mete y saca que da la penetración en el sexo. El escuchar el chocar de mis nalgas con su pelvis me puso a mil mmm que rico no sentía más que placer. Era mejor que ser el hombre que te la metan es 1000 veces más delicioso. Su cuerpo cavernoso masajeaba increíblemente mi punto P, escalofríos corrían por mi cuerpo y de pronto mi vista se nublo mis piernas empezaron a temblar, una oleada de calor subió desde mi ano hasta mi cabeza zaz el primer orgasmo anal de mi vida. Un choque eléctrico recorrió mi espina dorsal hasta mi cabeza, empecé a temblar… e instantes después a reír como loca del gusto. Dije una y otra vez te amo te amo te amo. Una vez que me repuse empecé a mover mi cuerpo con más vigor y a gemir como puta que soy. Gemí tanto que estoy segura que me escucharon hasta la esquina de la cuadra. Y por fin in un aviso previo se corrió dentro de mi despertando nuevamente por unos instantes.

    El sol nos encontró desnudos y abrazados. Yo le empecé a mamar la vega ya no me importaba si se despertaba o no. Y si… se despertó “Tú no eres Julia… quien eres”. Le dije “soy una puta, me encanto lo que me hiciste anoche y podría hacerlo todas las veces que tu quisieras”.

    Me levante y sin decir una palabra más y lo monte. Empecé a besarle su estómago y después el pecho, lo hacía poco a poco mientras su pene se ponía erecto nuevamente. No tardó mucho en ponerse duro y yo no tarde mucho en metérmelo. Me escupí la mano derecha unte mi saliva en mi ano y con la mano izquierda direccione su pene. Me entro como cuchillo en mantequilla. Ummm que placer tener ese pene dentro de mí. Desde que me lo metí me moví frenéticamente no pensé que el terminara tan rápido yo lo que quería sentir era otro orgasmo como el de la noche anterior. Moví tan rápido mis caderas que se corrió, en pocos minutos. Yo no me pare y seguí montándolo hasta que se le puso flácida. No pude terminar pero me gustó mucho. Su pene se fue desinflando y un torrente de semen salió por mi ano. Mmm que rico, nos quedamos dormidos nuevamente.

    Hoy en día yo estoy en proceso de reasignación de sexo. Él es mi novio y tenemos una relación llena de sexo. Mi ex nos odia ahora que se ha quedado sin macho y que sabe que somos pareja. Haciendo una cruda evaluación de las condiciones. Su pene cabezón embona mejor en mi culo que en su vagina, así que bye bye ex y bienvenida a mi bien dotado novio y mi nueva vida como su mujer.

    ¡Asume tus obligaciones ambientales! No utilices bolsas de plástico.

  • Me comí al barman

    Me comí al barman

    Estaba por la capital en unas diligencias me había hospedado cerca de la zona rosa y salí a un bar del lugar, me había puesto un cachetero de encaje azul pequeño que resaltaba mi culo una falda cuero un poco más abajo de mis nalgas una blusa escote sin bra como siempre unas botas altas de gamuza y una chaqueta.

    Era un lugar pequeño agradable buena música no me quitaban la mirada de encima y yo noble quitaba la mirada al barman un chico de unos 1.85 tatuado, acuerpado, le hice la charla mientras tomaba unas cervezas y sentía una fuerte atracción no sé por qué. Eran las diez y media le pedí la cuenta y me despedí, él me dijo ‘espera yo te llevo’ le dije ‘no gracias después no hay transporte me voy…’, él insistió, me invitó a comer algo y acepté. Comimos en el bar, cerró y salimos hacia el hotel donde aprovechó y me tocó las piernas diciendo que era muy linda. Yo sentía una fuerte atracción y coloqué mis manos en su pierna, él más seguro subió su mano viendo más mis piernas.

    Llegamos al hotel me abrió la puerta del carro y me jalo de la cintura hacia el robándome un beso al cual le respondí apasionadamente, subimos a la habitación abrí la puerta y lo bote a la cama arrodillada ante él, me quite la chaqueta le solté la correa abrí su pantalón bajándolo a sus tobillos dejando ver una verga grande le hice una mamada espectacular con mi lengua llevando su verga a lo más profundo de mi boca entraba y salía lo chupaba con desespero tenía unos 21 cm gruesa blanca.

    Me le subí encima me levanto la falda a la cintura masajeó mis nalgas mientras corría mi ropa interior jugaba con. Sus dedos en mi vagina abrí el condón con mi boca se lo coloque en su pene me senté encima y empecé a moverme desesperadamente subía y bajaba, me moví de adelante hacia atrás con fuerza el gemía le dolía la fuerza con que me movía apoyada en sus manos me moví con más rapidez sintiendo su enorme verga dentro de mi abriéndome hasta que termine en un fuerte orgasmo sintiendo sus espasmos al venirse quede encima de él dando un largo beso mientras acariciaba mis nalgas me levanté le quite el condón. Acaricié su miembro y se fue.

    Me desnude entre al baño sentía mi vagina húmeda y me dije «Shirley sos muy caliente» nunca lo volví a ver.

  • Novia puta

    Novia puta

    Empecemos describiendo a mi novia, su nombre es María, 21 años, 1.63 cm de altura, copa 34 B, con un culo parado y redondo, cara de ángel, pecas, lentes y cabello castaño claro, aunado a una ideología conservadora que no le permitía más que comerse mi verga hasta pasado el año de relación.

    La historia comienza pasado el tortuoso año de sexo oral y chaquetas en el asiento de atrás de mi auto, comenzada nuestra vida sexual y ya empezado octubre, un día mi novia y yo quedamos de vernos en un hotel para pasar el día teniendo sexo, sin embargo, la noche anterior recibí un mensaje suyo cancelándome la salida argumentando un examen y que no podría faltar, no me molesté por lo sucedido y puesto que ya no tenía plan, me dispuse a beber toda la tarde.

    A eso de las 10 pm no sabía ni mi nombre, pero tenía una conversación con mi novia que recordaba someramente:

    5:15 pm: ya vas para tu examen? (yo)

    5:17 pm: Ya amor

    5:21 pm: a qué hora es?

    5:34 pm: 6 pm

    (Al parecer llegó su examen)

    8:10 pm: ya acabaste? (yo)

    8:45 pm: desde hace rato, voy camino a mi casa

    Caliente de la borrachera le dije que si cambiaríamos el hotelazo para el día siguiente, a lo que contestó que no, que tenía clases.

    Soy profesor de la universidad de mi ciudad, ella al ser alumna, no puede declarar lo nuestro, siendo del último año, la espera ha valido la pena, así que decidí sorprenderla con un ya acostumbrado juego nuestro, en el que la sorprendo como si de casualidad me la encontrara y ella se desvía para preguntarme algo académico, sin embargo esta vez… antes que a mi novia me topé con Antonio, (19 años, rubio, castaño), un estudiante de los primeros semestres que hacía poco había pretendido insistentemente a mi novia, al aparentar soltería, era normal que la hostigaran.

    Luego de saludarme (para colmo le di clases por dos semestres) me preguntó lo usual y al ver que buscaba a alguien, me dijo que él esperaba a una compañera, que seguro la conocía, María, se llama. Asentí, me puse nervioso, él lo notó y para romper el hielo me mostró una foto de ella (robada de Facebook) e insistió “si la conoce profe? Ya la ubica?”

    Volví a asentir y hasta bromee diciendo que era una joven guapa, él río y ahí comprendí mi error y el porqué de su insistencia…

    Me dijo, “¿quiere ver algo increíble, a cambio de un favor de escuela?”

    Sentí un escalofrío, presentí que no debía, pero asentí, solicitó mi mano como palabra… se la di, sacó su celular y tecleo 1982, después agradecí haber visto su contraseña, y me dijo “adivine…”

    La pantalla mostraba un cabello castaño claro de cerca, como si grabaran desde arriba de su cabeza… comprendí en segundos, María dejó ver la cara luego de 12 hipnóticos segundos donde su cabeza subía y bajaba con un ritmo pausado… su mano se veía apretando una verga y sus labios brillosos tenían vestigio de líquido seminal, sonrió y dijo algo… ininteligible…

    Al ver yo hacia arriba, la María real venia bajando una escalera, por lo que aprovechando que Antonio seguía sonriendo como estúpido le dije “ahí viene la estrella, van $200 a quien se la lleve a comer”, él comenzó a reír y aceptó de inmediato, bastaron esos 10 segundos de distracción para guardar el celular “1982” en mi chamarra, sacar el celular que uso para dar en caso de un robo, y que él no notara el cambio al decirle, ten y calla, que no note nada.

    Ella apareció en los siguientes instantes y sonriendo algo turbada me vio como suplicando que no abriera la boca (verán, al hacer la apuesta solo quería acceso a su celular, a distraerlo, pues sabía que ella jamás saldría a comer conmigo de la universidad por las apariencias, pero no esperaba lo que ocurriría), y saludó primero a Antonio plantándole un beso en la mejilla, al volverse conmigo me dio el propio y dijo “Hola Profe”… Antonio aprovechó y atajó con un “te invito a comer va?”

    Ella lo vio, y contrario al “no puedo, debo estudiar”, aceptó diciendo que sí, mientras fuera en ese momento, como en un sueño bizarro él la tomó de una mano y la llevó a la zona de estacionamientos.

    Esperé 5 segundos y salí corriendo a la sala de profesores, donde nadie estaría (viernes 4 pm) hasta el lunes en la mañana, pensé cuanto tiempo tardaría en darse cuenta que yo tenía su celular, y así entrando a la sala de profesores, cerré con llave, teclee 1982 y abrí los videos encontré 4 archivos mp4 recientes, la ansiedad pudo más y me pasé a cuanto servicio de mensajería tenía, identificando solo una conversación con mi novia:

    Ayer 9:46 pm: Gracias, por el mejor regalo de cumpleaños. (Él)

    9.50 pm: de nada, pero júrame que nadie sabrá de eso

    9:55 pm: cuando me dejes meterte la verga, entonces hablamos de jurarte cosas, mientras, no prometo nada

    10:11 pm: no, por favor no digas eso, no puedo

    10:15 pm: pues gracias por mi regalo, que boquita, pero… mientras no cojamos, no prometo nada 😉

    A continuación una serie de llamadas, aproximadamente a las 11 lograron hablar más de 10 segundos, y era todo.

    Regrese a los archivos mp4, abrí de nuevo el archivo más reciente (ayer), 1 minuto 46 segundos de mi novia recargada, un volante de fondo, y su cabeza subiendo y bajando con una verga en su boca, en su casi virginal boca, llegue a la parte interrumpida y subí el volumen, ella, con los ojos brillosos y poco entornados le decía “pero, ¿lo vas a borrar?” arrastrando las palabras y engullendo su verga de nuevo.

    Una voz confirmó, y la cámara subió un poco, mostrando el culo de mi novia de lado sobre el asiento del copiloto, y una mano apretándolo. “Quiero verte en cuatro patas” le dijo Antonio a mi novia, mientras metía la mano entre sus piernas y sobaba su pepa por encima del pantalón, ella retiró su mano en los últimos 10 segundos de video y él se encargó de grabar a mi novia y sus leves gemidos siendo ahogados por su semen, ella apretó los ojos y tragó, acercándose a besar su boca y ahí terminó el video.

    Los hechos:

    Mi novia me mintió y le dio una mamada de campeonato a un ex alumno vio, todo quedando grabado.

    Yo tenía su celular, por lo que tenía total control sobre sus datos e info personal.

    Al grabar ese video mi novia estaba borracha, lo sé pues conmigo toma de vez en cuando.

    Mi novia y él estaban juntos, y quién sabe dónde…

    Continuará…

    Si comentan correo, envío pic y motivan a escribir la continuación.

     

  • Hipnosis (Parte 1)

    Hipnosis (Parte 1)

    ¿En qué momento ocurrió esto? Estaba arrodillada, como poseída, degustado un delicioso pene. No podía despegar mi boca ni mi lengua de él, era grande, firme y duro, tenía un sabor encantador. Su aroma solo invitaba mucha lujuria. Mis senos estaban descubiertos, solo tenía aun mi falda amarilla. Algo andaba mal…

    Ese pene no me pertenecía. No era el pene de mi novio. Sabría reconocerlo fácilmente, pues no es ni de cerca tan grande como este. ¿Cómo había llegado a esta situación? Me costaba recordar en qué momento había conocido a este chico, en qué momento fui seducida de tal forma, que estaría disfrutando tanto de otro miembro masculino que no fuera el de mi querido novio. ¿Cómo fue que fui despojada de mi blusa, regalando mis senos que, aunque disfruto de presumir, celosamente guardo para mi novio? Sentía humedad en mis pezones, sentía el frio del aire acondicionado. Era obvio que una lengua ya había pasado por ahí. Lo más extraño, no podía detenerme, estaba perdida en ese dulce pene delicioso. Mis pensamientos estaban turbios. Supuse que era el alcohol.

    Y aunque me pareciera muy extraño… no tenía ni la más mínima intensión de detenerme. Algo en mi me impulsaba a seguir así, saboreando… siendo una puta.

    Estaba muy cerca de una mesita, como un tocador. Mi celular estaba ahí. Una llamada. Era mi novio. Noté la hora y era tarde.

    —Contéstale —me ordenó la voz del muchacho con el que me encontraba. Era una voz muy familiar. Pero estaba tan confundida que no podía pensar claramente.

    Extrañamente obedecí. He sido infiel en otras ocasiones (cuando la situación es inevitable) y jamás me atrevería a contestarle a mi novio. Pero lo hice.

    —Amor, dónde estás? No avisaste cuando llegaste a tu casa… —me reclamó algo serio, molesto.

    —Amor… no puedo ahora… —no podía parar de saborear este misterioso pene. Debí haber sonado como si estuviera comiendo una paleta al teléfono.

    —Dónde estás? Está todo bien? —preguntó mi novio algo nervioso.

    —Dile… —me ordenó la voz de mi acompañante.

    —Mi amor… perdóname. Debiste haberme acompañado. No llegaré a dormir, mi amigo me invito a pasar la noche con el —no entendía. ¿Por qué dije todo eso? ¿En qué estaba pensando?

    —Cómo?! Cuál amigo?! Cómo que pasar la noche?! —el tono de mi novio me indicaba furia y mucha preocupación. Miedo.

    —Si amor… me hará el amor esta noche —esto no podía estar más fuera de control.— No quiere usar condón, perdón amor —nuevamente mi boca traicionaba a mi mente. Era como si me desconectara temporalmente.

    —Sofía, con quién estas?! Es broma?! —me preguntó mi novio. En el fondo sentía horrible por él, Sabía cómo debía sentirse, pero mi mente no me dejaba actuar.

    —No amor, no es broma. Él me dará lo que tú nunca has podido darme — le dije. Me sentía terrible, pero mi mano continuaba masajeando suavemente el exquisito pene del que al parecer era mi amigo.

    —Es en serio, amor?! —me preguntó mi novio, se oía aun molesto, preocupado.

    —Si mi amor… te tengo que dejar. Ya quiere que me desvista —le dije. Inmediatamente le colgué. Puse el celular de nuevo en la mesita.

    —Muy bien preciosa —me dijo mi «amigo».— Esta noche ya no eres su mujer —me dijo sonriente.

    —Ya no —le sonreí.

    —Tómate una foto —me ordenó.

    Y lo hice. Tomé el teléfono, me tomé una selfie, apreté mis senos con mis brazos para hacerlos ver más apetecibles. Actuaba como si otra persona me controlara. Me fijé que el largo pene apareciera frente a mi cara. Sonreía pícaramente. Flash. Tomé la foto.

    —Mándasela —me dijo.

    —Sí… —le contesté. Abrí mi Whatsapp. Encontré la conversación con mi novio. Estaba lleno de audios, mensajes, preguntándome dónde estaba. Busqué entre las fotos. Seleccioné. Envié la foto. Debo admitir que me veía hermosa, mis senos brillaban por el flash de la cámara frontal. Era una foto tan sexy.

    Chicos, les doy un consejo. No dejen que su novia vaya sola de fiesta.

    Continuará…

  • Sudados

    Sudados

    Me habías hablado temprano. Quedamos en la tarde en el lugar de siempre.

    Llegué pronto más del tiempo necesario quería hacer un poco de ejercicio antes de que llegaras pretendía que mi sudor se mezclara con el perfume, además de que tú siempre has sido muy especial con el sudor nunca te ha gustado que esté sudado, hoy era parte de tu castigo, la última reunión habías enseñado tu ropa interior en medio de un reto y eso aunque me excitó mucho me tenía por decir algo… un poco molesto y te tenía que corregir.

    Llegaste puntual como siempre, elegante como siempre, nunca me decepciona mirarte eres realmente hermosa y siempre te arreglas con esmero para mí. Hoy tu atuendo era sencillo y te hacia lucir joven, radiante, sexi, segura y tu sonrisa no dejaba lugar a dudas venías a divertirte y a gozar, tu aroma era embriagador y transpirabas sensualidad por un momento casi olvido que el que manda este día soy yo y por poco me pongo a tus pies… aunque siempre pienso que en realidad la que manda siempre eres tú haciéndome creer que el control lo tengo yo.

    Yo traía el pantalón de mezclilla que te gusta verme y una playera sin mangas.

    Again de Lenny Kravitz sonaba en la habitación, sé que te gusta esa canción la puse varias veces en la lista junto con otras de él mismo y varias de Queen.

    Nos saludamos con un hola, un beso y un abrazo.

    -tengo ganas de ti quiero que hoy te portes rudo y sensual conmigo quiero que me inmovilices en la cama y me hagas tuya.

    -¿de verdad? Quiero portarme rudo y creo que hay mucha cuerda suficiente. Por cierto espero que traigas más ropa porque esa que traes la voy a romper un poco y no me gustaría nada mandarte solo de tacones y medias a tu casa. Quiero ver tu piel marcada me imagino que sea de quedar toda roja con las marcas.

    -si

    -shhh calla no hables sin permiso

    -si mi señor

    -¿quieres decir algo? Ahora es el momento

    -no mi señor

    -hoy tendrás que irte con marcas a tu casa espero tengas un pretexto que dar, camina hasta la pared ponte de frente a ella levanta las manos y quédate quieta voy a pasar una navaja para ir cortando tus ropas

    ¿Entendiste?

    -si mi señor

    Me gusta verte así quieta sabiendo que voy por ti esperando que llegue a ti y comencemos a jugar. Camine hasta ti bese ti nuca y cuello y fui cortando con cuidado tus ropas incluido el brassier solo deje los calzones y las medias. Cuando estuviste así te ordene ir a la cama y que me esperaras en cuatro con el culo bien arriba y la cabeza pegada al colchón la vista así es sensacional. Una vez que te acomodaste te hice a un lado el calzón y mis dedos exploraron un poco tu vulva ya estabas húmeda con ganas del castigo rose un poco entre tus labios y metí un par dentro tuyo solo unos momentos no ibas a acabar así… no todavía tome un dildo de los que tenía preparado lo puse en la primer velocidad y lo inserte en tu vagina.

    -está en la primera velocidad

    Ni se te vaya a ocurrir acabar mi linda sumisa… lo tendrás dentro mientras te amarro y esa es una tarea que lleva su tiempo.

    Deje el calzón en su lugar con el juguete vibrando en tu interior y comencé amarrando de un tobillo a otro, de una vuelta tras otra fue quedando como quería pase a tus muslos cerca de tus nalgas con cuidado fui envolviendo tus piernas separadas entre si por la misma soga fui subiendo hasta su cintura varias vueltas después tus pechos quedaron besados por la cuerda…

    -tus manos pasa las detrás de tu cabeza

    Las pusiste detrás de tu nuca y las uní a tu cuerpo amarrado cuando termine de amarrar tu calzón ya estaba empapado entre el morbo de la soga que te envolvía y el juguete dentro tuyo me imagino que ya estabas esperando permiso de terminar, tome tu calzón y jale con mis manos de él, la fina tela se estiró y cedió fácilmente lo rompí por mitad y lo deje entre tus piernas bese tus nalgas y jale un poco tu cabello un poco antes del primer azote en tu culo fue el primero de varios que pusieron tu culo rojo acelere un poco tu juguete y la vibración aumento en tu interior

    Gemiste y quisiste moverte… no podías hacerlo y eso es excitante

    Saque mi verga dura la libere del pantalón y le di unos toques en el trasero con el cómo saludando

    -¿te han hecho una doble penetración vaginal?

    -no

    -hoy será ese día

    Sentí un pequeño temblor en ti tal vez fue la lujuria… tome mi falo lo arrime a tus labios y poco a poco lo metí en tu vagina fue fácil estabas empapada tome tu pelo entre mi mano di dos vueltas a él y jale tu cabello al tiempo que empezaba a bombear dentro tuyo no salía de ti solo movía mis caderas bien pegadas a tu trasero una vez, dos veces, diez veces…

    -sabes mi sumisa ya te puedes venir dame tus orgasmos

    Y con dos movimientos más llegó el primero de los varios que tuviste ese día. Mi mano libre apretaba tus saltados senos, daba nalgadas y rozaba tu ano intercaladamente. Salí de ti para desbaratar los nudos y dejarte libre de cuerdas el dildo aún seguía dentro tuyo y tu seguías disfrutando con él. Tu cuerpo estaba rojo con la cuerda marcada en tu piel bese cada una de tus marcas saque el dildo, y, te ordene lamer mi cuerpo todo el sudor del ejercicio previo y de este. Tus ojos se abrieron por un momento pensé que no lo harías eso no te gusta hacerlo pero lamiste, lamiste cada parte de mí empezaste por el pecho y tu lengua bajo por mi abdomen lamiste mis piernas y te brincaste mi polla, esa junto con los huevos la dejarías para el final subiste por la parte trasera de mis piernas lamiste mis nalgas y subiste por mi espalda una vez que limpiaste mi sudor te paraste frente a mi te hincaste…

    Sentí tu cálido aliento en la punta de mi verga esa humedad que fue envolviendo mi miembro tu lengua que envolvía la cabeza la visito de una manera sin igual la pasaste por cada parte el tronco y los testículos poco los fuiste metiendo en tu boca y jalaste de ellos los soltabas y los volvías a meter en ella jugaste con ellos para después volver al falo lo mamaste con adoración buscando sacar hasta la último suspiro de placer la última gota de mi esencia y salió, salió disparada en tu garganta chupaste y lamiste lo poco que cayó en tu pecho lo tomaste con tu dedo y lo tragaste las gotas que tocaron el suelo te agachaste y las lamiste no dejaste que nada se desperdiciara, levantaste tu mirada buscando mis ojos te tome de los hombros y te levante, los besamos nuevamente antes de vestirnos.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (30)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (30)

    El salón estaba vacío cuando bajamos y respiré aliviado al no tenerme que enfrentar a las miradas que suponía suspicaces de mis dos anfitriones, ellos me ofrecían casa y comida y a cambio yo la utilizaba para dejarme follar y disfrutar con mis amantes haciendo cornudo a su hijo… Hubo un momento que me sentí terriblemente mal hasta que la increíble Victoria aparecía por la puerta de servicio.

    -Debías quedarte a cenar, Álvaro esta para llegar y se alegrará de verte aquí. -se dirigía a David con una dulce sonrisa en la boca, no sabía que pensar, estaba convencido de que todo el personal de la casa, el servicio incluido, se había enterado de lo que el recién invitado y yo habíamos hecho, y actuaban como si nada hubiera pasado.

    La llegada de Álvaro, instantes después, me distrajo y pude constatar lo bien que se llevaba con David, se abrazaron y hasta tuve celos por no ser el primero al que prestara atención. Pero luego me besó integrándome en el abrazo conjunto con su amigo. Y David se quedó a cenar, llamó a Oriol para disculparse porque llegaría tarde sin más.

    La cena resultó agradable para mi ya que hablaban entre ellos y me ignoraban lo que hacía que me fuera calmando. Quedaron para hablarse entre ellos el siguiente día, cuando se llegarían Pablo y David hasta el centro de salud donde trabajaba Álvaro. Cuando hicieron el comentario ambos me miraron y adiviné que de esa charla sería yo el protagonista. Había ciertos temas que, tanto Pablo como Álvaro, se reservaban y luego cada uno me iba contando la parte que consideraba conveniente.

    La abuela de Oriol y la mamá de Alvaro habían concertado donde celebraríamos cada comida y cena, así como los bailes y festejos que tenían preparados. La noche de Navidad vendrían a cenar a nuestra casa. Ya…, de alguna manera, la consideraba también mía pues era donde vivía, y al día siguiente la comida sería en la casa de Oriol ya que estarían también sus tíos y primos Erico y Rubén. Según iban hablando me emocionaba al pensar que estaría con toda esa gente que me había recibido tan bien.

    Las fiestas fueron pasando, sucediéndose una tras otra y en la Noche Vieja se desplazó Alberto para estar con sus dos amores. Resultaron unos días de ensueño donde baile y disfruté como nunca. Ana María no se había quedado corta, y hasta un traje de fiesta me había comprado y que estrené esa noche de fin de año. Pude conocer a los hacendados vecinos que para esa fiesta invitaron, y la hacienda de don Ernesto, el abuelo de Oriol, estaba para reventar de público.

    Había hermosas muchachas y chicos muy guapos, y tengo que reconocer, orgulloso, que llamé la atención tanto como Oriol o más. Todo terminó dos días más tarde y nos dejaron otra vez solos, bueno no tan solos, Pablo se quedaría hasta después de Reyes y luego volvería a la ciudad, para atender ese año tan difícil de final de su carrera.

    Para esa noche mágica abrí el estuche que contenía la pulsera regalo de Eduardo, tanto Álvaro como Pablo me animaron a que me la pusiera y la luciera en la fiesta, entonces abrí el pequeño sobre de tarjeta que permanecía en el fondo.

    La elegante letra de Eduardo resultaba reconocible solo al verla.

    “¡Querido Ángel!, primero quiero decirte que añoramos tu presencia, todos nosotros recordamos tu vivencia y la alegría que deparabas en la casa. Ahora, en este momento, Dulce adivina que te escribo y me muerde el pantalón para recordarme que te envíe su recuerdo.

    El pequeño obsequio que te envío, aprovechando el viaje de David, espero que sea de tu agrado, también le he pedido que te transmita un recado, en el que los dos, y otros más, estamos muy de acuerdo, él se ocupará de transmitirte nuestro interés por tu persona y el deseo de que te encuentres bien.

    Aquí sigues teniendo tu casa, esperándote para cuando quieras volver.

    Ahora te envío un beso muy fuerte amado muchacho, también otro de Dulce, y disfruta estas fiestas. Feliz Año Nuevo bebe.”

    Eso era todo, escrito con su apretada y elegante letra y seguramente meditada cada palabra que contenía el mensaje. Lo leí para mi mismo y luego en voz alta para que los chicos lo escucharan. Pablo no puso muy buena cara y quería que discutiéramos, tanto el contenido de la nota como lo que habían hablado con David unos días atrás, pero Álvaro opinaba que para eso habría tiempo y ahora había que disfrutar el fin de año sin meternos en enredos que posiblemente disgustarían a alguno de nosotros. Más adelante hablaríamos de todo.

    ————————

    Me desperté cuando aún no había salido el sol, recordaba vagamente los labios de Álvaro con su beso de despedida, y como intenté sujetarle para que no abandonara la cama.

    -Tranquilo gatito, es temprano para ti. Sigue durmiendo. -le había esperado hasta muy tarde y me sentía cansado. Así habían sido los dos últimos días. No podía entender su capacidad de trabajo y que pudiera aguantar las largas jornadas trabajando durmiendo tan pocas horas.

    Me levanté y llegue al baño para prepararme, dejé correr el agua hasta que la sentí con la temperatura ideal para mi gusto, el agua caliente resbalando por la piel me producía un benéfico placer y me pasé las manos por el cuerpo sensualmente en una sutil caricia. Me sentí ligeramente excitado y me apresuré para no ceder a mis deseos de continuar con el manoseo en mis órganos de placer.

    Me vestí con un pantalón ligero y una camisa de rayas azules y blancas. Antes de bajar para el desayuno corrí los visillos para intentar adivinar como sería el día. Los tímidos rayos del sol, que aun no aparecía sobre las cumbres de las montañas, repartían la suave luz iluminando las faldas de las montañas de un azulado intenso casi negro, y donde terminaban las alargadas sombras de los riscos, el blanco impoluto de la nieve comenzaba a resplandecer cegadora.

    Descendí las escaleras con cautela, pretendiendo no despertar al resto de las personas que aun estuvieran durmiendo, hasta que el intenso olor a café y pan tostado me advirtieron que en la cocina, alguien, más tempranero que yo, preparaba el desayuno.

    Victoria permanecía de pie dando instrucciones a una de las cocineras, pensaba que era yo el madrugador y la madre de Álvaro se me adelantaba, seguramente estaría levantada desde que su hijo se marchó al trabajo. Se volvió presintiéndome y me sonrió.

    -¡Cariño!, ¿qué haces levantado tan temprano? -me observaba con su dulce y risueña mirada.

    -Tengo mucho trabajo que hacer hoy, antes de que Pablo venga a buscarme, en la hacienda de don Ernesto me esperan, van a preparar una sala para impartir las clases y quisiera estar presente y ayudar en lo que pueda.

    -Espérame en el comedor, termino en un momento y enseguida nos servirán el desayuno. -en el salón estaban ya las criadas limpiándolo y pasé directamente al comedor.

    El desayuno estuvo riquísimo y terminaba mi segunda tostada cuando don Mateo apareció portando los diarios del día. Finalicé el abundante desayuno y los dejé para subir a la habitación a limpiarme la boca y comenzar a preparar mi trabajo.

    Llevaba dos días desentrañando las instrucciones de mis profesores, y además les había pedido ayuda para mi labor docente. Oleguer, y en mayor medida Guido, se desvivían por atenderme y serme útil, con sus consejos valiosísimos sobre como debía orientar mis clases, no descuidaban el insistir sobre mis inicios para comenzar con los ejercicios de mis propios estudios.

    Sobre las once de la mañana cerré el ordenador de Álvaro y comencé a recoger mi material para llevarlo conmigo a la hacienda de don Ernesto. Observé por la ventana que el sol, jugando a ocultarse entre las nubes, iluminaba las laderas de los montes que hacía unas horas eran todo sombras. La ranchera que conducía Pablo llegó por fin, me coloqué unos zapatos de agua y baje presuroso a su encuentro.

    Nos despedimos de Mateo y Victoria y emprendimos el camino, pensé que no les agradaba demasiado la idea de que no volviera para comer, pero Pablo les advirtió que teníamos mucho trabajo que hacer ese día.

    No habíamos avanzado un kilómetro por la carretera, liberada de la nieve aunque grandes montones negruzcos se acumulaban en los arcenes, cuando colocó la mano derecha sobre mi pierna.

    -¡Venga…, habla ya! -le miré girando la cabeza sorprendido.

    -Algo te preocupa y es mejor que lo sueltes ahora. -me asombraba lo bien y profundamente que me conocía.

    -Es Álvaro. -me detuvo unos segundos, hasta sentir como su mano hacía presión en mi muslo animándome a que siguiera.

    -Llega muy tarde por la noche, a la mañana madruga, apenas lo veo y las palabras que intercambiamos son para un rápido saludo o despedida. -Pablo dejó escapar un bufido para, a continuación, esbozar una sonrisa maliciosa.

    -¡Vaya que no te atiende como quisieras! Ya me tienes a mi precioso, todo lo que te pueda hacer falta puedo dártelo yo. – le miré molesto y sujeté su mano para retirarla de mi pierna. Se dio perfecta cuenta de mi enfado y su risa llenó el aire.

    -No te enfades bebé, era solamente una broma…

    -Me preocupa, tengo miedo que tan poco descanso sea una factura para su salud. -aminoró la velocidad del vehículo hasta detenerlo en el arcén, en un hueco libre de nieve acumulada y se volvió hacía mi para mirarme de frente.

    -Álvaro es fuerte, no tienes motivos para preocuparte.

    -A la larga su salud se resentirá, seguro, no tiene tiempo para descansar y tampoco para comer, y también me gustaría que pasara más tiempo en la casa, reconozco que también soy un poco egoísta y lo quiero a mi lado.

    -Lo siento Ángel, nuestro amigo es así, entregado a su trabajo, a su labor de buen samaritano. David le aprecia y por eso quiere que deje este trabajo y se una a él, aunque influya cierto interés, él, como todos los que le queremos, sabemos que se mata en su labor, que hace más de lo pueda ser normal, pero es inevitable porque siempre ha sido así y seguirá con sus ideas.

    Me acerqué y abracé su cintura escondiendo la cara sobre la suave lana del jersey que llevaba.

    -¡Oh Pablo! Me voy a quedar tan solo cuando tu te marches. -elevé la cabeza, y sin que se lo pidiera, posó sus labios sobre los míos en un ligero beso aleteando en una tierna caricia.

    -¡Eh, eh!, que aún quedan unos días, no adelantes acontecimientos. -ahora sus labios pasaban por mi rostro recorriéndolo con dulces besos.

    -No me lo pongas más difícil pequeño, van a ser solo seis meses y seguro que Eduardo no me pondrá objeciones para que venga cuando pueda. -me sujetó la cara entre sus manos y se miró en mis ojos.

    -Estaría siempre a tu lado Ángel, haciéndote el amor cada momento del día, seguro que Álvaro siente lo mismo, no eres tu solo el que lo desea, cuando comiences con tu trabajo todo te será más fácil y estarás entretenido. -sentí que se me escapaban las lágrimas a pesar del esfuerzo que hacía para no llorar.

    -Y también solo, tu tienes allí a Ana María, amigos y te divertirás. -me arrepentí inmediatamente de mis palabras, Pablo volvió a dejar que escuchara su risa alegre.

    -¿Aún sientes celos? Ana María no es mi preocupación, no la amo Ángel, deja que haga mi trabajo hasta que finalice los estudios, además tu no estarás solo, a pesar de lo que pienses Álvaro estará aquí para cuidarte, y le pediré a mi tío y a Marcos que te cuiden en mi ausencia. -no me esperaba esto último, claro que Eliseo y Marcos me cuidarían, pero no como él quisiera.

    -¡Oh Pablo, te necesito tanto! En la casa de Eduardo sabía donde buscarte, te tenía cerca y podía acudir buscando consuelo aunque no siempre te pudiera tener.

    -¡Mi dulce chico! Volveremos a estar juntos, el tiempo pasa muy rápido, te amo Ángel, te deseo bebé. Ahora vamos a reemprender el viaje, tenemos muchas cosas para hacer, luego podremos estar solos como queremos, yo también te necesito, quiero tenerte mi angelito precioso. -sus besos se iban volviendo agresivos y abrí la boca para recibirle la lengua.

    -¡No, ahora no!, o no podré detenerme. -sentía como su verga palpitaba debajo de mi brazo adquiriendo una dureza que denunciado su estado de creciente excitación. Me apartó con cierta brusquedad y puso en marcha el vehículo, pero yo dejé la mano sobre el bulto de su entrepierna.

    -Pablo, quiero que me hagas el amor, ¡Oh! La tienes ya tan dura. -su carcajada me cogió desprevenido.

    ¿Aquí?, ¿en la carretera? ¡Oh, por Dios!, vamos a tener tiempo cuando terminemos lo que tenemos que hacer. -aparté la mano que me quemaba por el calor que sentía a través de la dura tela del pantalón.

    -Vale, como tu quieras. -no volvimos a hablar durante el resto del camino, cada uno ensimismado en sus pensamientos, yo deseando estar desnudo debajo de su cuerpo en una cama caliente, y le miraba por el rabillo del ojo el bulto que lentamente iba deshaciéndose en su entrepierna.

    Cuando llegamos Pablo salió rápidamente de la ranchera y dio la vuelta para abrirme a mi la puerta, como estaba contrariado por lo que había sucedido me quedé esperando hasta que me sonrió tendiéndome la mano para que bajara.

    -No te enfades Ángel, yo también deseo tenerte y no sabes cuanto. -al descender me abrazó dándome un rápido beso en los labios.

    Había varios hombres trabajando en una sala adyacente al comedor del personal de la hacienda, un par de ellos colocaban nuevos puntos de luz en el techo, y dos más mezclaban pinturas en un rincón, todos ellos dirigidos por Eliseo el tío de Pablo.

    -Creía que no llegabais. -se detuvo para mirarnos un momento con gesto adusto, y aprovechar para reprocharnos que llegáramos tarde, luego dulcificó el gesto.

    -Marcos, con otros hombres están rescatando mesas y sillas en el almacén, será mejor que vayáis y elijas lo que más convenga. -me gustó que tuviera la deferencia de brindarme que fuera yo el que eligiera. Salimos de la sala y me alegré al evitar de esa manera el fuerte olor de las pinturas y el polvo que flotaba en el ambiente.

    En una de las naves, que hacían de almacén de maquinaria, útiles del campo para labranza y muebles viejos, Marcos y otros trabajadores armaban alargados tableros sobre patas en forma de tijera, sillas de rejilla con reposabrazos, y varias muchachas lo fregaban retirándoles el polvo y la suciedad que acumulaban por el tiempo que llevaran arrumbados.

    Después de saludarnos nos mostró lo que estaban escogiendo y me parecía bien ya que permitía armar una clase como yo quisiera, y rápidamente tracé un plano en la cabeza de como deseaba que fuera. Marcos no me había ofrecido la mano para saludarme, solo me las mostró para que viera que las tenía manchadas al tomar parte activa en los trabajos de selección.

    -Os dejamos para que sigáis trabajando, estaremos con don Ernesto si nos necesitas. -Pablo se despedía de esta forma de Marcos.

    -Solo necesito que Ángel nos prepare un croquis de como quiere que dispongamos la sala para hacerlo a su gusto. -pensé que Marcos había cambiado bastante, o era yo que lo veía de otra forma, más amable y colaborador, aunque no dejara de dirigirme miradas que lo decían todo expresando sus deseos.

    Después de hablar unos minutos con el abuelo de Oriol, y recibir del mismo las instrucciones y datos del personal que tendría en las clases, me retiré a una mesa baja de su despacho donde me dispuse, sentado en el suelo, a realizar el croquis que Marcos me pedía mientras Pablo hablaba con él de otros temas.

    Puesto que solamente serían diez personas las que estarían en las clases, como máximo, pensé que lo ideal sería tenerlos próximos y dispuse una mesa en “U” con una mesita en el hueco para mi, así podía observarles y estar pendiente de ellos. Con varios trazos tuve hecho mi trabajo y tomé asiendo en uno de los sofás del despacho mientras les escuchaba hablar e intercambiar sus ideas.

    A la hora la comida Pablo quería estar en el comedor, con los trabajadores y su tío, pero los abuelos de Oriol no lo permitieron y los acompañamos en el lujoso y enorme comedor como si nosotros fuéramos invitados especiales.

    Sirvieron el café y comenzaba a aburrirme por la monótona charla sobre el mismo tema.

    -Voy a entregar el plano de la sala para que lo tengan. -me despedí para acercarme a la nave-almacén donde había estado antes. Continuaban con la limpieza de muebles después de la comida y entregué el croquis a Marcos.

    Resultaba factible hacer lo que pretendía con los muebles que había localizado, y finalizaba de explicarlo cuando llegó Pablo que solo escuchó mis últimas recomendaciones.

    -Creo que nosotros no tenemos más para hacer aquí, estos días terminarán los trabajos para que podáis comenzar el día marcado. -me sujetó la mano y tiró de mi sin despedirse, lo hice apresuradamente de Marcos para seguir hasta Pablo a la calle.

    Tiraba con fuerza mi mano para que le siguiera.

    -¿A qué viene ahora tantas prisas?- le interrogaba pero le seguía sin oponer resistencia.

    -¡Ha llegado nuestro momento, somos libres! -sabía a lo que se refería, y más cuando vi que nos dirigimos hacia la casa de su tío. Dejé salir una risa nerviosa y excitada.

    -¿No correremos peligro y que nos sorprendan? -recordaba la vez pasada y la desagradable experiencia que tuvimos.

    -Ahora están todos ocupados, tranquilo. -entramos en su casa tropezando por la impaciencia, y rápidamente avanzamos hasta su habitación. Sentí que la calefacción estaba encendía, y hasta hacía bastante calor. No tuve tiempo de quitarme la chaqueta cuando ya tenía a Pablo abrazándome, sujetándome la cabeza con ambas manos para morderme los labios.

    -¡Oh, Pablo! ¡Qué ganas tenía! Estaba desesperado, te necesito mi vida. -lograba hablarse a duras penas abrumado por la intensidad de su abrazo y la calidez de sus besos. Notaba la dureza de la tremenda erección que tenía apretada contra mi vientre y una corriente eléctrica me sacudió.

    -¡Qué dura la siento mi vida! La quiero Pablo, es mía…

    -Si tuya para que hagas con ella lo que quieras. -mis dedos temblaban retirándole la ropa.

    -¡Quiero tenerte desnudo, sin ropa! -él no dejaba de besarme mientras a veces reía.

    -¡Loco! Mi bebé loquito, espera ya me los quito yo. -tiraba de la cintura de sus ajustados pantalones, e impaciente metía la mano para agarrarle la verga.

    Pablo divertido por mi inquietud dejó de tocarme, para retirarse el pantalón y el bóxer todo a la vez, y sin dejarle ponerse derecho mi mano se apoderó del cetro duro y rotundo de su caliente virilidad. Lo abracé con la mano trémula sintiendo la enorme potencia, calor y suavidad al tacto de mi mano.

    -Es majestuoso Pablo, ¡Ayyy! tu rica verga mi amor…

    -¿Te gusta?

    -Me vuelve loco, y es mía, y de nadie más, la quiero para mi Pablo. -me dejé caer arrodillado y escondí la cara en la frondosa mata de vello pubiano, oliendo con fuerza la intensidad de la fragancia a macho que impregnaba mi olfato. Besé el escroto y coloqué la verga a lo largo de mi cara acariciándome la mejilla con ella. Resultaba más larga que mi rostro y su dureza hacía difícil controlarla como yo quería.

    Entonces Pablo me sujetó de los sobacos y me puso de pie a su lado.

    -Desnúdate tu también precioso, yo quiero ver tu delicioso culito amor. -rápidamente obedecí y con su ayuda, en menos de un minuto, estaba igual que él.

    -¡Joder! Eres divino Ángel. -me abrazó colocando las manos en mis nalgas y elevándome a la vez que me apretaba uniendo nuestras duras pollas, amasaba mis nalgas apretando hasta hacerme daño.

    -Voy a cogerte este culito rico bebé.

    -Sí Pablo, sí, pero déjame que disfrute tu verga, antes déjame que te la chupe mi vida, muero por tenerla en la boca. -caimos sobre la cama de mala manera, con mi cabeza colgando y Pablo entre mis piernas, separándomelas para llega con la boca hasta el ano y empezar a besarlo y lamerlo.

    ¡Ahhhh! ¿Qué me haces? Vas a hacer que me corra y no quiero, aún no. -elevé a cabeza que la tenía colgando fuera de la cama y cerré las piernas atrapándole la cabeza, iba cayendo hacia atrás y mi cabello rozaba el suelo, tuve que aflojar las piernas para evitar caer, y Pablo entonces tiró de mi hasta dejar mi cabeza justo al filo del colchón, saltó de la cama y la rodeó para situarse de pie al lado de mi cabeza.

    Me la sujetó con ambas manos como si fuera un balón y su polla quedó a un centímetro de mis labios. Saqué la lengua para llegar a lamerle la punta del glande.

    -Abre la boca. -fue una orden algo brusca y forzó a su verga contra mis labios, dirigí la mirada a sus ojos y me miraban divertidos desde arriba.

    -Ahora vas a gozar mi polla como deseas. -abrí la boca lo más que pude y Pablo empezó a flexionar las rodillas, logrando que la dura verga se fuera deslizando en mi boca. No era un buen ángulo y bajé ligeramente la cabeza para darle más facilidad y que no me hiciera daño en la traquea. Colocó una mano sobre mi garganta para sentir el deslizar de la larga verga, entrando profundamente hasta que los testículos golpearon en mi frente.

    Cerré los ojos y aguanté la respiración todo o que pude hasta que fue sacando la verga de las profundidades de mi garganta, Pablo emitió un ronco gemido cuando al final mis labios abrazaron el glande la polla.

    No resultaba tan placentero para mi como chuparle la verga a mi voluntad y como quisiera, pero él lo gozaba y yo deseaba que así fuera, acarició con una mano mis cabellos mientras la otra volvió a situarla sobre mi garganta, sabía que volvería a dejar que su verga se metiera en mi y deseaba sentir como iba resbalando, tentando con la mano y notando el avance que hacía.

    Dejé que se divirtiera y me gozara como él quisiera, solamente me abracé a sus piernas, para soportar el peso que hacía al forzar la polla cuando llegaba al final queriendo meterme más de lo que tenía, golpeando con sus negros y peludos huevos en mi frente con fuerza y energía.

    A veces abría los ojos y, en la postura forzaba en que me encontraba, podía observarle con la cara elevada mirando al techo y mordiéndose lujuriosamente los labios, también a veces hablaba, o gruñía varoniles sonidos guturales de salvaje gozo.

    -¡Qué linda boca, qué gusto tan rico me das! -y yo disfrutaba sabiéndome el motivo de su gozo. Me follaba la garganta metiéndose con regularidad y evitando ahogarme hasta que sentí como tensaba las piernas y comenzaba a temblar.

    Hizo intención de retirarme la verga de la boca, pero sujeté con fuerza sus nalgas evitando que lo hiciera. los primeros chorros de esperma me llenaron la boca y tuve que abrirla un poco para que saliera.

    -¡Ohhh! ¡Aggg! ¡Dios! qué rico. -y volvió a meterla hasta el fondo unos segundos que para él resultaron deliciosos, donde le notaba estremecido de placer acariciándole el culo.

    Poco después la sacaba de mi boca y se dejó caer a mi lado respirando agitado.

    Seguirá…

     

  • De puta con Juan

    De puta con Juan

    El viernes pasado, como es habitual, llegué de mi caminata, entré a pegarme una ducha y depilarme, les cuento que esa semana fue muy tranquila respecto a sexo para mí, no es que no tenga ganas, es que estuve con mi periodo desde ese lunes y respeto mucho esa regla, de hecho el jueves ya estaba de vuelta normal.

    Salí del baño, me senté en la cama se me ocurrió probarme el uniforme que usaba en el colegio, quería saber si aún me quedaba, entonces lo saqué y me lo puse, quedé asombrada al notar que de cintura estaba perfecto, pero mis nalgas se han desarrollo muy bien, me paré frente al espejo de espaldas y pude ver que me quedaba súper sexy, se podía ver donde iniciaban mis nalgas, enseguida pensé en que podría usarlo en algún momento con alguien.

    Me excitaba la idea de que me pongan de 4, me levanten la pollera y me den, como un fetiche por los tantos años de secundaria en la cual me mantuve impoluta respecto a mis compañeras, estaba fantaseando y en eso suena mi celular, veo un número que no conozco, creyendo que se trataría de algún cliente atendí, «hola hermosa, qué tal?» me dijo una voz familiar, «quién es?» pregunté, «soy Juan» me dijo, «hola, qué tal desaparecido?, qué pasó de vos?» le dije, es el ex de Valeria con quién ya tuve varios encuentros anteriores, «estoy llegando a la ciudad y me gustaría pasar a saludarte un rato» me dijo, «qué hora vendrás?» le pregunté, «en 5 estoy ahí» contesta, «dale, te espero para tomar alguito y ponernos al día» le dije, no sabía si estaba de paso nomás, si se quedaría a pasar la noche, lo que sí sabía, es que no lo dejaría ir sin tener relaciones, era mi oportunidad de manchar de sexo el uniforme que tenía puesto…

    Desabroché mi brassier y me quedé solo con la camisa y la pollera, sin ropa interior, escucho el timbre y le abro con el interruptor la puerta de acceso, no iba a bajar así para hacerlo, si me ve algún vecino pensaría que estoy loca.

    Ya una vez adentro, le abrí la puerta de mi departamento y se quedó asombrado al verme, «hola colegiala, estás divina como siempre» fueron sus palabras, «me estaba probando para ver si aún me queda» le dije girando de espaldas y levantando un poco la pollera dejando ver que no traía nada debajo, «ponete cómodo, no sé, si querés podés ducharte mientras preparo los tragos» le dije, «de eso quería hablarte, será que puedo pasar el fin de semana aquí?, no quiero quedar en un hotel» me preguntó, «sin problema, no pensaba salir este fin de semana» le dije, «duchate y ponte cómodo» le pedí.

    Mientras él se estaba duchando y yo preparando los tragos, suena de nuevo mi celular, adivinen quién es?, era Valeria, justo ella, encima su ex estaba en casa, me preguntó si podía pasar por casa y le dije que no estaba sola, «en serio?, con quién o quiénes estás?» preguntó, «un ex compañero de colegio que vino con su señora de paseo» le dije… obviamente no me creyó, lo noté por su voz, «bueno, nos vemos mañana entonces» me dijo, «dale, besos» le dije y para mi mal, justo me habló desde la habitación Juan, «yo conozco esa voz» me dijo Vale, «no creo, no le conoces a mi ex compañero» le dije, «mmm, no sé… bueno, nos vemos mañana» me dijo y cortamos…

    No está demás decir que me quedé preocupada por si haya identificado como el de Juan la voz que escuchó… traté de hacerlo pasar y ya en la sala, empezamos a tomar y hablar de nuestras cosas, ponernos al día con chismes, él no paraba de mirar mis pechos, me senté a su lado y nos empezamos a besar mientras le apretaba el pene sobre el pantaloncito él iba besándome el cuello y apretando mis pechos, tomé su mano y la puse entre mis partes ya humedecida de excitación, fui desabrochando mi camisa para sacar mis pechos mientras él lamía mis pezones, me puse de rodillas entre sus piernas para bajarle la ropa y comencé a chuparle la pija, como siempre, me encanta sentir el líquido seminal que va saliendo producto del deseo, me arrodillé de espaldas a él para que me levante la pollera y me chupe la concha y el culo, me abría las nalgas y me pasaba lengua, estaba súper mojada, me toma de la cintura y va ubicando su miembro a tiro y me la mete despacio y empieza a bombear hasta el fondo, mis gemidos le encantan.

    Me levanté y fuimos a la habitación, allí no se escuchan mis suspiros y gemidos entonces podría expresar mi sexo sin que oiga nadie más que él, se puso boca arriba y ya sin nada arriba, me levanté la pollera y me senté sobre su pija de espaldas, sé que a los hombres les gusta ver la penetración desde ese ángulo, con movimientos en círculo lo cabalgaba mientras él metía sus dedos en mi ano, sabía que quería hacérmelo por ahí, saqué su pene de la vagina y fui introduciéndolo en mi ano, con ricos sentones fui metiéndolo todo y de repente, cuando estaba a punto del orgasmo, levanto la mirada a la puerta de mi habitación y adivinen qué?, Valeria estaba parada ahí viendo toda la escena con quién hasta hace meses era su novio…

    Automáticamente el miembro erecto de Juan se ablandó, paré mis movimientos y ella sonriendo dijo «sigan, veo que la están pasando bien», Juan quiso levantarse para hablarle y lo atajé, «dejá que se vaya» le dije, personalmente no iba a dejar que dicha situación arruine la cogida que nos estábamos dando, aparte ambos estábamos a punto de llegar al orgasmo, eso es sagrado para mí, en definitiva no me sentí muy incómoda ante la pillada que nos dio Vale, ella sabe que en el sexo no me limito, ya tocará mentirle diciéndole que era la primera vez que cogía con Juan, nunca le diré que fui su amante mientras estaba de novio con ella, eso no, pero me replantearé el hecho de que tenga acceso a casa sin avisar.

    Todavía en la cama, yo muy caliente aún, volteé y fui chupándole la pija, lamiendo sus bolas casi por media hora hasta que por fin se calmó y volvió a estar erecto, subí por su vientre hasta sus labios, mientras nos besábamos acomodé su miembro por la entrada de mi vagina y lo metí lentamente hasta el tope y lo cabalgué mientras él me lamía los pechos y besaba la boca, estaba riquísimo y no tardé en llegar al orgasmo, entre mi disfrute sentí que también se estaba viniendo a chorros dentro mío, lo apretaba y besaba aún más y así quedamos, si bien me cuido casi siempre, o sea, tengo con quiénes estoy que dejo que me lo hagan sin condón, me encanta sentir el semen bien adentro y que me vaya saliendo después, no todas las veces puedo pegarme ese lujo, solo con personas que gozan de mi confianza.

    Me levanté, me duché y al salir desnuda encontré a Juan aún tirado en la cama, me agachaba frente a él para tentarlo de vuelta, enseguida se puso erecto de nuevo y me empiné por la cama, se levantó y me lo fue metiendo por el culo, tuvimos relaciones otra vez, hasta que se vino bien adentro haciéndome gemir como yegua agarrándome de la cintura y cogiéndome con fuerza, quedé con ganas aún, porque cuando tengo sexo anal, mi orgasmo es más intenso, pero estaba feliz de que él me haya disfrutado por ahí, en todo este tiempo de mucho sexo en mi vida pude notar que los hombres se vuelven locos por el sexo anal, les fascina y se enamoran de quienes les damos esa satisfacción, aparte de que es fácil abrirte de piernas, que te bombeen y eyaculen, la calidad a la hora del sexo es lo principal, en mi caso, hago en todas las posiciones, me muevo como sé que les gusta, ese el secreto por el que siempre me buscan, ser rica y saber coger, por eso Juan me ha buscado de vuelta, sabe que conmigo solo tendrá sexo del bueno, sin sentimientos de por medio, sabe que no soy ninguna santa porque conoce que no es el único con quién me acuesto, incluso la primera vez que cogimos estuve con su jefe, su compañero y él, ese día por primera vez tuve doble penetración, fue maravilloso, es por eso y otras razones por la cual lo hago sin protección con él, sé que es de confianza y aparte me siento cómoda con él, he tenido sexo con personas que sólo querían tal o cuál posición y también he rechazado algunos por tenerla chica… y con los años que llevo teniendo sexo, me siento más viva que nunca, ni puedo imaginar que hubiera sido de mi si seguía con mi novio o peor, casarme con él!!!, pero aquí estoy, para disfrutar y que me disfruten.

  • Mi cuñada, su deliciosa hija y mi suegra alcahueta (Parte I)

    Mi cuñada, su deliciosa hija y mi suegra alcahueta (Parte I)

    Mi sobrina Daniela quien acababa de cumplir los 18 años y aún estaba en el colegio, tenía prohibido hablar conmigo, estar a solas conmigo, o tener cualquier tipo de relación conmigo, por lo menos ero era lo que ella me decía mientras me chupaba los testículos y con su mano meneaba mi verga.

    Yo estaba desnudo de los tobillos para arriba ya que Danielita me había bajado el pantalón para podérmelo mamar bien rico, y yo para estar más cómodo me había quitado la camisa, ella tenía sus senos por fuera, mientras en el espaldar de una silla del comedor de la casa de su abuela Consuelo, había colgado la jardinera del uniforme de su colegio y su brasier, mientras que a petición mía se había desabrochado su camisa para poderle acariciar sus téticas aprovechando que por fin mi suegra nos había dejado solos por largo tiempo.

    Aunque debo reconocer que su madre me lo mamaba mejor, el solo hecho de ver todo el espacio que mi pene ocupaba en su boca me excitaba mucho, y ver como mi miembro entraba y salía de su cara me volvía loco, ya que en ese momento era la niña de la casa, la que todos cuidábamos para que no le pasara nada malo, la que me lo estaba mamando.

    Me contó una vez que ella sabía que su mamá le era infiel a su papá, por eso mientras ella me lo chupaba yo le pregunte.

    -¿Y cómo sabes eso?

    Ella me contesto.

    -Un día llegue temprano del colegio al apartamento y cuando entre escuche muchos ruidos de sexo de mi mamá, pero eran diferentes a los que hacía con mi papá, estaba gritando más y en vez de decir el nombre de mi papá le decía papi.

    Yo le pregunte.

    -¿Y cómo sabes que ese no era tu papá?

    Ella me dijo.

    -Porque yo me asome, y vi a mi mamá con las piernas abiertas de par en par con un tipo grandote encima que no era mi papá, además mi papá estaba en un viaje en Medellín, yo me asuste y me fui del apartamento para volver más tarde cuando todo pasara.

    En ese momento me acorde que hacia como unos tres meses mi esposa me había escrito un mensaje pidiéndome el favor que le ayudara a su hermana Paola a subir un mueble modular que había comprado para sorprender a su esposo ya que ella vivía en un sexto piso y le quedaba muy pesado.

    Yo, que estaba en mi día de descanso, salí hacia su apartamento que quedaba a unas pocas cuadras de nuestra casa para ayudarla.

    Cuando llegue me di cuenta que no era una caja sino eran dos, grandes y pesadas, así que entre los dos las subimos hasta su apartamento quedando muy cansados.

    Mi cuñada esquivaba mi mirada y trataba de despacharme rápido para mi casa, pero yo le pedí que me dejara descansar un momento y me senté en el sofá de la sala, justo en el sofá donde me la había comido por primera vez hace trece años.

    Ella, en silencio esperaba de pie a que yo me fuera, sin embargo yo le pedí algo de tomar para la sed, ella me trajo un vaso de agua sin preguntarme que quería, yo me lo tomé y seguí sentado como si nada, después le pregunte.

    -¿Quieres que te lo ayude a armar?

    Ella me dijo un poco tímida y mirando al piso.

    -No, tranquilo.

    Ignorando lo que me había dicho, yo me levante y empecé a abrir las cajas para sacar las piezas y armar su mueble, era un armario gigante y se necesitaban dos personas para armarlo.

    Ella muy levemente me insistió que no, pero yo la ignoré nuevamente y empecé a armar el mueble.

    Cuando ella vio que yo no le hacía caso, no le quedo de otra que ayudarme y empezamos los dos a armar el mueble.

    En muchas ocasiones Paolita se tenía que poner en cuatro para armar alguna pieza y yo no desaprovechaba para verle el culo, algo que yo hacía tan frecuente y descaradamente que había ocasionado fuertes discusiones con mi esposa, y era tan evidente, que ella a veces se ponía una manito en la cola, como si esa pequeña manito pudiera tapar semejante culazo.

    Yo la conocía tan bien que sabía que ropa interior llevaba puesta solo viéndola por encima de la ropa, pero en ese momento no puede descifrar que traía puesto, así pasamos el tiempo hasta que prácticamente lo armamos todo.

    Ella llevaba puesta una sudadera que le delineaba muy bien sus hermosas caderas y su pequeña cintura, su cabello largo, negro y liso cogido de colita que la hacía ver muy atlética, aunque no practicaba ningún deporte, y una chaqueta deportiva que no se quitaba para nada.

    Después de analizar la situación, mientras mi cuñada se agachaba para recoger el desorden me di cuenta que no llevaba puesta ropa interior y mientras estaba ahí, en cuatro yo me acerque y la tome por el pantalón y se lo baje hasta las pantorrillas para darme cuenta que era cierto lo que yo pensaba, al descubierto quedo su grande y blanco trasero y el abundante vello púbico que se veía desde atrás.

    Así en cuatro, yo empecé a lamer sus nalgas y a pasar mi lengua desde su vagina hasta su esfínter anal, a lo que ella correspondió con unos gemidos que enloquecerían a cualquier hombre.

    Tremendamente excitado me quite la camisa y me baje el pantalón de sudadera para dejar libre mi pene que estaba a punto de estallar, después me prepare para penetrarla desde atrás mientras le quitaba la chaqueta de sudadera para darme cuenta porque no se la quitaba.

    Mi cuñada no tenía ninguna clase de ropa interior ni nada más puesto que su sudadera, al parecer, a pesar que hacía varios años me había dicho que ya no podíamos seguir teniendo sexo porque ella era una mujer casada y yo era el esposo de su hermana, ella se había preparado para lo que fuera esa mañana.

    Yo primero acaricié su rica y peluda vagina dándome cuenta que estaba empapada en fluidos vaginales y que necesitaba ser penetrada ya, así que sin compasión, entre como Pedro por su casa y le di tan duro como pude, desquitándome de un par de años de abstinencia de mi cuñada y castigándola por haberme negado durante esos años la entrada a su exquisita vagina ya su apretadito culo.

    Ella, sumisa como siempre puso su carita contra la alfombra y me entrego su vagina mientras yo como un animal la penetraba dese atrás, mientras metía mis dedos en su colita algo que la excitaba mucho

    Halándole el cabello, yo dejaba escurrir mi saliva en su culo preparándola para lo que venía, le seguí dando muy duro desahogando toda mi lujuria acumulada por años hasta que le dije al oído que ya me iba a venir, algo que yo sabía que la volvía loca y la ponía a mover su cadera duro contra mí, así que inviablemente ella tuvo su orgasmo mientras mi pene seguía duro dentro de ella.

    Yo deje que tuviera su orgasmo y mientras la tenía a mi merced, en cuatro, fue imposible para mí ignorar esa colita toda abiertica, solo para mí, así que me salí de su vagina y lentamente empecé a entrar por su deliciosa cola.

    Ella no puso ninguna objeción, no decía ni sí ni no, solo dejaba que yo hiciera lo que quisiera, entonces lentamente mi pene se fue abriendo paso por su estrechito conducto anal, del cual yo era el único dueño y el cual era calientico, apretadito y muy rico.

    A pesar de su cara de dolor, ella no me decía nada, así que fui aumentando el ritmo de mis movimientos mientras ella dejaba salir unos gemiditos muy agudos.

    Cuando ya fuimos cogiendo ritmo y su colita fue soltando ella me dijo.

    -Vamos a mi cuarto porque no demora en llegar mi hija.

    Rápidamente recogimos nuestra ropa y corrimos hacia su cuarto, hacia su cama, en esa cama donde su esposo le hacía el amor cada vez que él quería, allí ella me recibió como la primera vez, con sus delgadas y largas piernas abiertas, su vagina peluda, y una carita de morbo que no podía ocultar.

    Me acosté sobre ella entre sus piernas mientras ella con sus manos guiaba mi pene hasta su esfínter anal diciéndome.

    -hágamelo así, que quiero verlo a la cara mientras me lo hace.

    Donde manda capitán no manda marinero, y en la posición del misionero, le empecé a hacer el amor por la cola a mi cuñada quien cerró sus ojos me cogió por las nalgas y empezó a revolcarse de placer debajo mío como lo había hecho la primera vez.

    Era algo tan excitante que no me medí en fuerza y empecé a darle durísimo por su cola mientras ella rasguñaba mi espalda, gritaba y gemía al mismo tiempo.

    Resistí la mayor cantidad de tiempo que puede hasta que le hice saber que me iba a venir, ella con su mirada me dio la aprobación y apoyándome en mis puños aceleré mis movimientos, pegándole la mayor culeada que hacía tiempo no le pegaba y desesperadamente me vine con toda, eyaculando descontroladamente en su conducto anal.

    Mi sobrina me lo seguía mamando mientras yo me acordaba de este episodio e inevitablemente mientras en mi mente me venía en la cola de mi cuñada en la vida real le llenaba de semen la delicada boca a su hija quien sorprendida me abría los ojos y se tragaba todo lo que podía.

    Yo todavía eyaculaba en la boca de mi sobrina cuando escuchamos la puerta de la casa, era mi suegra que volvía toda afanada.

    Afortunadamente el comedor quedaba en el segundo piso y mi suegra subía muy lentamente así que mi sobrina se tragó el semen que aún le quedaba, recogió su ropa y corrió para el baño a vestirse, mientras yo rápidamente me subía el pantalón y me ponía la camisa.

    Cuando mi suegra llego al segundo piso encontró todo normal, mi sobrina en el baño y yo en el comedor esperándola para seguir con las clases de química, que realmente ella ya no necesitaba.

    Y es que todo había comenzado hace trece años, en ese entonces yo tenía 22 años igual que mi esposa, mi cuñada tenía 20 y la pequeña Daniela tenía 5.

    Paola vivía con su esposo Yhon quien era como diez años mayor que ella y al que todos odiaban porque consideraban un abusador.

    Yhon quien trabajaba en una empresa de transporte y quien trabajaba muy duro para que a su esposa y a su niña no les faltara nada no dejaba trabajar a su esposa porque no quería que le pusiera los cachos con el primer man que viera, por eso la tenía muy controlada y se la llevaba a trabajar con él, dejando a la niña bajo el cuidado de mi suegra quien fue como su verdadera mamá, sin embargo cuando eran viajes largos él no la podía llevar y ella se tenía que quedar con la niña.

    Mi esposa estaba embarazada y habíamos decidido que nuestra hija naciera en un hogar ya conformado así que nos fuimos a vivir juntos y se nos ocurrió que podíamos compartir el mismo apartamento con mi cuñada y su esposo ya que esto nos reduciría los gastos a todos.

    Pronto a mi esposa le diagnosticaron un embarazo de alto riesgo y le recomendaron que pasara todo el embarazo en cama, entonces ella pensó que la persona que mejor la podía cuidar era su mamá y se fue a vivir nuevamente a su casa, dejándome solo con su hermanita Paola.

    Yo trabajaba por la tarde así que en la mañana yo la iba a visitar, pero con el tiempo mi esposa se puso muy agresiva con migo por los malestares del embarazo y culpándome por el hecho de estar embarazada motivo por el cual discutíamos, pero ella no media sus palabras y me trataba muy mal, algo de lo que mis cuñadas y mi suegra se daban cuenta.

    Yo deje de visitarla tan seguido y con el tiempo la abstinencia sexual y la soledad me fueron pasando factura.

    Por las mañanas muy temprano, mi cuñada salía con su esposo a trabajar y a llevar a la niña al jardín o donde su abuela y yo me levantaba tarde para ir a trabajar siempre con una gran erección y cada vez más necesitado de sexo.

    Con el tiempo me fui dejando llevar por mi impulso exhibicionista y empecé a caminar desnudo por la casa, luciendo mi gran erección y masturbándome en cualquier rincón.

    Pero esto ya no era suficiente, yo necesitaba una mujer de verdad y ni por más pajas que me hacía se me quitaba esta sensación de sequía.

    Un día mi cuñada dejo una tanguita con transparencia secando en el baño, lo cual me enfermó más, pues me puso a imaginarme a mi cuñada con esta puesta, y en lo afortunado que era su marido al podérsela comer cuando él quisiera.

    Como era de esperarse me masturbe con su tanguita y sin lavarla ni nada la deje entre su balde de ropa sucia.

    Con el tiempo ya eran más tanguitas las que quedaban en el baño y yo me mataba a pajazos pensando en mi cuñada y masturbándome con su ropita lo cual ya era enfermizo.

    Una mañana yo me levante como siempre, erecto y excitado, fui a la cocina a preparar mi desayuno totalmente desnudo, cuando termine tome en una mano un pocillo de chocolate y en la otra unos huevos batidos y cuando me dirigía hacia mi cuarto, me encontré de frente con mi cuñada quien venía hermosa, con un pantalón negro y ajustado una abrigo que le delineaba su figura de mujer y su cabello negro largo y liso.

    Yo no tenía nada con que cubrir mi desnudez y tampoco lo quería hacer, pero lo mejor fue que mi cuñada no me quito la mirada de encima, lo primero que hizo fue devolverse y taparlo los ojitos a la pequeña Daniela para que no me viera mientras que mirándome de arriba abajo salió de la casa esbozando una pequeña sonrisa, mientras jugaba con su hija para que entendiera porque no debía ver diciéndole que había una enorme sorpresa en la cocina.

    Obviamente corrí al baño, tome una de sus pequeñas tanguitas transparentes y me masturbe pensando en esa mirada de mi cuñada.

    En ese momento me acorde que era sábado y que Danielita no tenía que ir al colegio y por eso se habían levantado tarde para ir a casa de la señora Consuelo.

    A partir de ese momento pensé que lo mejor era no andar desnudo por ahí para evitar algún escándalo pero la soledad me estaba matando.

    Casi un mes después, como a las 10 de la mañana, yo me estaba alistando para ir a la casa de mi suegra, tenía puesto mi overol y mis botas de trabajo pensando en hablar con mi esposa quien seguía muy furiosa conmigo, yo estaba en la cocina terminado de desayunar cuando escuche que mi cuñada puso el tv a muy alto volumen y le dijo a su hija.

    -ya vengo, me voy a bañar, no vayas a salir.

    Cuando yo me voltee para ver a mi cuñada que de por sí ya era un espectáculo no daba crédito a lo que veían mis ojos.

    Por el pasillo que de los cuartos conduce a la sala pasaba mi cuñada vestida únicamente con una camisa rosada de manga larga que le cubría solo hasta la cintura.

    Cuando yo me asome la vi de espalda contoneando sus apretaditas nalgas y desfilando lentamente por la sala de la casa, cuando se dio vuelta de frente me dejo ver su hermosa vagina tapizada por un abundante pero bien cuidado vello púbico, en medio de unas grandes caderas algo huesudas pero anchas y divinas.

    Yo como un loco empecé quitarme la ropa y mientras lo hacia la perseguía por toda la casa, mientras ella corría riéndose de mí al ver que no la pida alcanzar por tener mis pantalones escurridos y por estar quitándome las pesadas botas.

    Por fin me quite las botas y mis pantalones, tire por ahí mis bóxer y la alcance justo en la sala del apartamento donde ella se tiró al piso con sus piernas abiertas, en frente de un sofá blanco en el cual le iba a chupar la vagina muchas veces, y con una cara de excitación que ni siquiera se la había visto a mis esposa.

    Me quite la camisa quedando totalmente desnudo, metiéndome entre sus piernas mientras ella cogía mi pene y lo metía directamente en su empapada vagina y recibiéndome con un ruidoso gemido que continuo durante toda nuestra relación sexual.

    No hubo tiempo de mamadas ni de chupadas, fuimos directo al acto y dejamos salir todo el deseo y la lujuria que habíamos acumulado durante meses.

    Mientras nos besábamos apasionadamente en la boca los chasquidos de su vagina indicaban el grado de excitación de mi cuñada quien se las arreglaba para revolcarse de placer de bajo mío, meneando su vagina contra mí y llenando la casa de deliciosos gemidos que me hacían sentir como un macho dominante.

    Sus uñas se enterraban en mi espalda y su ojitos se cerraban para sentir mucho mejor, así que mientras mi sobrina Daniela miraba televisión en su cuarto yo le pegaba severa culeada a su mamá en el pido de la sala y ella lo estaba disfrutando.

    Desenfrenadamente mis movimientos si hicieron más bruscos y nuestras pieles chocaban palmoteando y combinándose con los chasquidos de su vagina y sus gemidos de placer que no podía evitar dejar salir hasta que este coctel de sensaciones provocó en nosotros un inolvidable orgasmo que nos mantendría unidos por mucho tiempo.

    Tan pronto termino de revolcarse debajo mío, lentamente mi cuñada termino de sentir su orgasmo y con sus uñas bien clavadas en mi espalda se fue relajando mientras yo descansaba del mío encima de ella tratando de controlar mi respiración sintiendo como si litros y litros de semen salieran de mi y quedaran en la vagina de mi cuñada.

    Me salí de ella y me acosté a su lado, mientras en la cara de mi cuñada se dibujaba levemente una cara de tristeza, lo cual me hizo darme cuenta que ella realmente amaba a su esposo.

    En silencio, se levantó, caminó hasta el baño y se ducho, yo me levante me vestí y me fui a almorzar a la casa de mi suegra.

    Paso más de un mes para que mi cuñada me volviera a hablar, después de evitarme durante mucho tiempo, en las reuniones de familia o cuando tenía que salir tarde con su hija, hasta que un día yo la obligue en un pasillo de la casa de mi suegra donde estaba mi esposa y sus hermanas, aprovechando que no podía hacer ningún escándalo le pregunte qué había pasado.

    Le dije.

    -¿cuéntame que paso?

    Ella

    -nada.

    Le dije

    -¿no te gustó? yo sentí que si

    Después de mucho insistirle ella me contesto de mala gana.

    -¡sí, me encanto!, ¿querías oír eso? Me gusto, me gustó mucho.

    Y salió caminando rápidamente donde su mamá

    Mi esposa cada vez más gordita y a punto de dar a luz seguía muy furiosa conmigo y no había nada que la hiciera cambiar de opinión.

    Un sábado mi cuñada estaba en la cocina preparando el desayuno para su esposo, quien no se levantaba ni ayudaba a nada en la casa, mientras dormían en el cuarto con su pequeña hija.

    Mi cuñada quien estaba en pijama, me empezó a hablar de un momento a otro y me dijo en voz baja.

    -en el baño quedaron otras tanguitas mías.

    Yo le dije.

    -delicioso pero te prefiero a ti.

    Y desde atrás la empecé a besar en el cuello, sin que ella me opusiera nada de resistencia, por el contrario dejo de hacer lo que estaba haciendo y sin voltearse empezó a pasar su manos por mis genitales mientras yo metía mis manos por debajo de su camisa y acariciaba sus exquisitos senos medianos muy suaves.

    Abruptamente se volteó y me dijo.

    -¿ese milagro de verte con ropa un sábado?

    Y bajo mi pantaloneta de dormir y sin pensarlo dos veces metió mi pene en su boca y me lo empezó a mamar ahí en la cocina.

    Yo le pregunte.

    ¿Y su tu esposo sale?

    Ella me dijo

    ¿Él no se levanta para nada?

    Y mientras me hacía sexo oral me decía

    -mi marido no lo tiene así.

    Y con unas ganas y un morbo continuó mamándomelo hasta que me hizo venir en el piso de la cocina.

    Rápidamente limpiamos con el trapero, después ella termino de hacer el desayuno, yo hice el mío y con un beso en la boca se despidió de mi y se fue con su familia a desayunar.

    Este fue el comienzo de una serie de relaciones sexuales desenfrenadas en cualquier parte donde nos cogiera la excitación.

    Lo hacíamos en la cocina, en el patio, en el baño incluso en la casa de mis suegros cuando yo iba a visitar a mi esposa.

    Con el tiempo yo le pedí que me lo diera por la colita pero ella decía que eso era la para las putas, sin embargo yo insistía, y cada vez que hacíamos el amor le lamia su colita y le metía uno que otro dedito, ella lo veía como un juego pero yo sabía para lo que la estaba preparando.

    Incluso un día le regale un acostumbrador anal el cual ella rechazo, pero en un descuido después de uno de nuestros encuentros sexuales escondí en su bolso mientras ella se bañaba para reunirse con su esposo en el trabajo, artefacto que ella nunca me devolvió.

    En mi cumpleaños fui a visitar a mi esposa, ya que en la empresa me habían dado todo el día libre, todo iba bien hasta que llego mi cuñada con Danielita, venia de recogerla del colegio, ese día su esposo estaba trabajando lejos y ella no lo había acompañado, ella venía muy hermosa y arregladita y para colmo de males vestía un pantalón apretado que le hacía ver esa cola enorme y redondita.

    Yo no puede evitar la tentación y me quede deleitándome con el culo de mi cuñada, cuando mi esposa me arma tremendo escándalo, y aunque no dio a entender porque había sido para evitar problemas mayores, prácticamente me echo de la casa de su mamá, lo cual enfureció a mis cuñadas, especialmente a Paolita quien sin mediar palabra le dijo a mi esposa.

    -¡uy hermana usted es muy cansona!

    Y se fue de la casa antes que yo, mientras yo trataba infructuosamente de tranquilizar a mi esposa.

    Después de esta discusión me fui para la casa, un poco decepcionado entre entré a la sala y cuándo entre a mi cuarto me lleve una grandísima sorpresa, estaba mi cuñada acostada de lado, desnuda en mi cama y me dijo.

    -feliz cumpleaños.

    Entonces mientras yo me quitaba la ropa ella se puso en cuatro, tenía un moño de regalo que le rodeaba su cintura y entre sus nalgas, insertado entre su colita el acostumbrador anal que yo le había regalado, yo me termine de desnudar y empecé a lamer toda su cola, desde su vagina, mientras ella gemía y me miraba desde adelante.

    Sin sacarle el acostumbrador, le hice el amor por su vagina y después lentamente saque el acostumbador de su cola y lentamente fui metiendo mi pene por su esfínter anal.

    Al comienzo era un poco durito, pero después su colita se abría como una flor dando paso a mi duro y erecto pene mientras ella sumisamente colocaba su cara contra la almohada y me decía.

    -pacito por favor.

    Yo sabía por lo que había investigado y leído que mi pene tenía el tamaño y la forma perfectos para el sexo anal lo cual le hice sentir a mi cuñada y mientras su colita se dilataba más y más, yo disfrutaba de quedarme con la virginidad de la colita de mi cuñada.

    Mi excitación era tal que no pude hacer caso a las suplicas de mi cuñada quien me decía.

    -despacito por favor, pasito.

    Y yo le dacia

    -Desde el primer día que te vi te quería dar por el culo.

    Cuando su colita dilato lo suficiente mi cuñada empezó a disfrutarlo mucho más y empezó a decirme entre gemidos.

    -¿Por qué mi marido no me lo hace así?

    Eso desencadeno un castigo brutal para su solita, la cual tuvo que aguantar una enculada dura y profunda hasta que no aguante más y le llene todo su conducto anal de semen mientras ella apretaba el puño, gemía muy duro y meneaba su colita contra mí.

    Ella se levantó rápidamente y se acostó en mi cama, descansando del dolor y del orgasmo, mientras yo veía un pequeño charco de fluido vaginal en las sabanas de mi cama y como aun su colita escurría semen y su vagina estaba toda dilatada y mojada.

    Ella se levantó y se metió a la ducha, casi sin decir nada se vistió y se fue para la casa de su madre, mientras yo me levante y me metí a la ducha a bañarme alguna pinticas de caquita que habían quedado en mi pene.

    A mí me constaba que mi cuñada amaba a su esposo, lo digo por eso dejo tristeza que le quedaba después que hacíamos el amor, pero esa tarde no fue así.

    Sin embargo ella me dijo que esta era la última vez porque no quería seguir engañando a su esposo ni a su hermana. La verdad hubieron muchas más últimas veces anales y vaginales, ya que para mi cuñada esto se volvió una obsesión.

    Con el tiempo nació mi hija y todo volvió a la normalidad, ya no teníamos sexo y con el paso de los años, nos fuimos a vivir a la casa de mis suegros, donde habíamos construidos unos cuartos y ahora no teníamos que pagar arriendo.

    Mi hija creció y entro al colegio, mi esposa estaba trabajando y mi cuñada y yo quedábamos de vez en cuando solos, pero la estricta vigilancia de mi suegra evitaba que algo pasara.

    Pero un día yo la acorrale en su cuarto, y ella, quien no quería armar escándalo me dejo entrar en su cuarto, en su boca en su vagina y en su cola.

    Mientras teníamos sexo anal escuchábamos a mis suegros discutir por una camisa que era la favorita de mi suegro y que no encontraba, yo estaba a punto de venirme cuando mi suegra que tenía la fea costumbre de entrar a los cuartos sin golpear la puerta, entro al cuarto de mi cuñada y nos encontró en pleno acto sexual.

    Mi cuñada en cuatro y yo detrás de ella dándole lo mas de rico, lo más curioso es que cuando mi suegra entro, en medio de los gritos de mi cuñada quien le decía que cerrara la puerta porque mi suegro nos podía ver, mi suegra encontró la camisa de su esposo y salió del cuarto para dejarnos terminar lo que empezamos.

    Literalmente mi suegra me había encontrado dándole por el culo a su hija quien había desarrollado la habilidad de dilatar su ano a voluntad, una habilidad que su hija Daniela heredaría a las mil maravillas.

    Después de este encuentro mi cuñada fue a hablar con su mamá a explicarle todo y a decirle que no armara un escándalo, sin embargo esa ideología de mi suegra de no armar escándalo para no armar un problema mayor fue el que permitió que las colitas de mis otras cuñadas se abrieran dócilmente para mí.

    La sorpresa mayor fue la de darme cuenta que mi suegra odiaba tanto al esposo de Paola que incluso la felicito por no dejarse dominar por ese tipo, y le dijo que por lo menos se estaba acostando con alguien conocido.

    Ese mismo pensamiento confiado de mi suegra fue el que años más tarde permitió que yo le llenara de semen la boquita, la vagina y la colita de a su adorada nieta Daniela.

     

  • Ana la peluquera

    Ana la peluquera

    Ana es una mujer, de 42 años, cabello amarillo claro, algo rellenita, de 1,60 a 1,65 m de estatura, culo grande provocativo, piernas algo rellenas apetecibles, piel blanca, nariz perfilada, ojitos marrones café, labios delgados, senos pequeños, abdomen algo plano, tuvo 2 hijos que ya están grandes su hija 23 años y su hijo 21 años, casada, pero en su mirada se le nota que a pesar de todo no es feliz completamente, a pesar de ser Testigo de Jehová y aparentar ser feliz su mirada denotaba lo contrario.

    Conocí a Ana hace 3 años, aproximadamente, ella le secaba el cabello a la mamá de mis hijos, cuando ella iba a la casa a pesar de vestir muy conservadora cuando llevaba monos se le notaba una buena cuca (panocha, chucha, etc.) que me volvía loco.

    Cuando me divorcié de la mamá de mis hijos quedo con ella para que me afeite, ella a pesar de trabajar con clientes femeninas accede a prestarme sus servicios profesionales. Coordinábamos según mis turnos y sus planes según su religión y otras clientes, hablábamos de todo un poco, hasta de su esposo Miguel, quién según ella era de carácter fuerte, lo que si noté es que siempre que venía a afeitarme venía vestida con pantalón o mono que aunque le quedaba desahogado se le marcaba sus cachetes del Gran Cucón, cosa que se me hacía cuesta arriba o difícil no mirar tremendo «atributo femenino» o pantalón de tela suave de igual características, que le quedara flojo, ocasión que aprovechaba para dejar escapar algún piropo tierno o inocente.

    Después de cortarme el cabello buscaba cualquier pretexto para tomar café o un juguito con torta o galletas y platicar de cualquier cosa. Cuando ya me había afeitado como 4 veces siempre noté como la segunda vez que buscaba recostarme su cuca a mi hombro, muy suavemente, esto hacía que mi miembro cobrase vida, por debajo de la manta me acomodaba mi pene para evitar momentos incómodos y seguir disfrutando de sus roces inocentes o muy conscientes.

    Cierto día llegó muy puntual a la hora acordada, pero como había limpiado no me había bañado la hice entrar y le serví refresco y torta para que me esperara mientras me aseaba rápidamente. Estaba escuchando música, cuando salí sonaba una canción romántica y terminándome de secar la espalda para colocarme la franela veo que tenía los ojos húmedos como queriendo contener las lágrimas, la mirada perdida hacia la ventana, me quedé unos segundos absorto viéndola, cuando el sonido de mi teléfono celular indicando que llegaba un mensaje nos sacó de nuestros pensamientos, a mí en lo particular por contemplarla.

    No sabía que decir, así que rápidamente busqué la silla para sentarme, ella procedió a darme el vaso donde tomó refresco y el plato agradeciendo el postre y expresando que estaba delicioso, le expresé muy cortésmente que estaba a la orden para lo que fuera, no recuerdo bien ya que hablaba mucho que me preguntó por las canciones que tenía colocadas en el pendrive, que como hacía para grabarlas, le pregunté sí le gustaba y me dijo que sí, le dije que bueno con mucho gusto me dijera que canciones le agradaban y se las copiaba, ese día me restregó su cuca en mi hombro a tal punto que cuando me fui a levantar no sabía cómo hacerlo ya que la erección se notaba, ya que el short que me había colocado me quedaba algo ajustado, cuando me retiro de la silla ella dirige la mirada hacia mi pene (no es que sea grande pero era evidente).

    Voy a mi computadora para hacerle la transferencia y se ubica a mi espalda y me quedo absorto viéndole el centro de sus piernas, (ya que delante de la computadora había un espejo grande, ella colocada detrás de mí) hago la transacción equivocándome varias veces se da cuenta de mi nerviosismo ella también lo estaba me pide la computadora para revisar algo en su correo le doy la silla, se sienta y ruborizada emite un pequeño grito diciendo que no sabe qué hacer, me sorprendo y corro hacia donde está ella para ver que le sucede, no sé porque le llegó un correo con escenas de sexo y se puso roja como un tomate, por más que presionaba no se quitaba el correo, procedo a tomarle la mano con el mouse, la siento nerviosa y fría, le pregunto si se siente bien, me hace señas que sí, pero intenta no ver las escenas donde esta una mujer siendo penetrada pero disfrutando de la follada que está recibiendo, pero su mirada la traiciona, me doy cuenta de esto y tomándolo de lo más natural le digo: «Esto es lo más normal del mundo, solo que ciertas personas o grupos lo toman como algo inmoral o en extremo pecaminoso!»

    Ella refuta diciendo: «Señor Alejandro el diablo se escuda en todo para hacernos pecar!»

    Le respondo: «Si señora Ana tiene razón pero tal parece Ud. como que le llamó la atención! Jejeje», pero se lo dije tratando de poner una cara angelical y riéndome con cierta inocencia, para no parecer irrespetuoso.

    Aún con mi mano sobre la de ella tocándosela muy suave, sintiendo su piel muy dócil, ella dice: «Ay Sr. Alejandro como dice eso?». Le respondo tratando de romper sus escrúpulos morales, religiosos, sociales, culturales y hasta familiares, pero transmitiéndole confianza…

    «Si Sra. Ana eso es normal pero más bonito es y se ve cuando se hace con alguien que a uno le guste o sienta esa conexión especial…»

    Al ver la reacción de ella que riéndose pero con cierta tristeza en sus ojos por así decirlo dice: «ah no se señor Alejandro», a lo que acercándome por atrás le pregunto: ¿cómo que no sabe? ay Sra. Ana y que paso con su esposo?”. Ella nerviosa recoge sus cosas y se marchó, no hice nada pensando que había metido la pata, pasaron 3 semanas nuevamente le escribo con cierta prudencia para ver sí podía venir a afeitarme el domingo a eso de las 3 pm como vivo algo retirado de su casa quedé en buscarla en un taxi como era costumbre, a lo que accedió como si nada.

    Una vez en mi departamento le invito un café con galletas y procedo a acomodar la silla para comenzar la faena/tortura, traía un pantalón mono algo flojo pero en la parte de su cuca se le marcaba la M de Mc Donald pero al revés, o sea un Gran Cucón que no pasaba desapercibido, trataba de mirarla disimuladamente, cuando me recostaba su cuca en mi hombro sentía cierto calor en sus partes, a pesar de tener música movida (merengue) pidió la misma carpeta de la vez anterior, a lo que muy amablemente le coloqué las canciones de artistas venezolanos de la década de los 80′, cuando voy a pagarle por internet me pide la computadora nuevamente para verificar algo en su cuenta.

    Me dirijo a la cocina cuando me solicita alegando que el mouse no responde, le tomo de la mano y la siento con algo de temperatura, le pregunto sí se siente bien y me responde algo nerviosa que sí, le digo que la siento caliente como con fiebre, pero no me responde, le pregunto nuevamente si se siente bien y cuando le veo su cara está sonrojada, empieza a hablar entrecortado, tomo la decisión de arriesgarme y le estampo un beso en sus finos labios, ella intenta poner resistencia, levantándose ella y yo siguiéndola sin dejar de besarla, le tomo su cara con mis manos y se relaja y empieza a responder a mis besos, le empiezo a frotar mi pene en su vagina y poco a poco la llevo hasta el sofá donde la siento, sin perder tiempo le beso el cuello, y voy buscando la manera de sacarle la chemise negra que lleva, me encuentro con un brasiere negro, se lo levanto y veo ante mí 2 pechos chicos con aureola marrón oscuro me dirijo a su pecho izquierdo dándole un tierno beso, Ana se eriza, la piel se le pone «piel de gallina» como decimos aquí en Venezuela.

    Le empiezo a succionar su pecho izquierdo como recién nacido, mientras con la mano izquierda le masajeo suavemente el pezón derecho, Ana está callada con los ojos cerrados, liberando una feroz batalla interna, con sus principios religiosos, morales, familiares y hasta sociales, pero ya su respiración está entrecortada, al notar esto introduzco mi mano derecha en el interior de su mono sintiendo unos cañones o pelos cortos en su vagina, intento tocar sus labios vaginales y ya estos asoman líquidos, a lo que rápidamente procedo a bajarle su mono, ella pone un de resistencia, la miro a sus ojitos tratando de transmitirle confianza, en eso sube su gran culote y aparece un bikini algo conservador, le quito los zapatos, para despojarla de su mono y ropa interior.

    Ana tenía los ojos cerrados, aún estaba librando esa batalla interior, su mente decía que no, pero su cuerpo respondía que Si y pedía a gritos las caricias de un hombre, que la hiciera sentir viva, deseada, que la hiciera sentir mujer amada pero al mismo tiempo esa puta capaz de exprimirle a cualquier hombre ese deseo carnal, al quedar expuesta su cuca sin pensarlo me arrojo a besársela muy sutilmente primero, sintiendo sus pelitos cortos en mis labios y cara, ella da un brinco, la miré desde abajo donde estaba, aún con los ojos cerrados seguí besándole su cuca, le pasaba la lengua de arriba a abajo en círculos, le metía la lengua en sus apretados labios que ya estaban empapados de líquidos que eran agridulces, más dando un toque a dulce lo que hacía que me volviese loco y disfrutase de ese néctar espectacular como era comerle la cuca a Ana, ella me pasaba sus manos por mi cabello, acariciándomelos, siempre con los ojos cerrados, como aprobando y dando a entender que iba por muy buen camino, y tratando ella de recuperar la respiración, aunque era difícil puesto que tenía tiempo que no sabía lo que era sentir un cariñito hacia sus zonas intimas, el sentirse deseada, esa combinación de puta y señora, de niña y hembra en celo, no tardó en contraer su espalda acelerar más su respiración y dejar escapar gritos y gemidos a los cuales tuve que introducir un dedo en sus finos labios para silenciar ese soberbio orgasmo, producto de esas ganas reprimidas por la ignorancia, desgano irrespeto de una sociedad castradora, frustrante, aunado a la mala praxis de su esposo por no esmerarse en complacerla, en saborear su cuerpo, en ser ocioso, morboso, tierno, cariñoso toda esa mezcla que una mujer pide en la cama, Ana estaba algo sonrojada, ya algo más calmada me explica que no podía estar más allí, la detengo y le enseño mi miembro el cual ya me dolía, muy decidido pero a la vez queriendo transmitirle confianza, deseo, ternura, pasión le dije: «apenas esto comienza»!

    Acto seguido me dirigí a sus labios finos robándole un beso, no tan brusco, más bien tierno, apasionado, con mis manos en sus mejillas restregándole mi miembro muy sutilmente le tomo una de sus manitas y la coloco en mi paquete, ella suavemente lo tocó, mientras ella empezó a meneármela muy torpemente, le acaricié su gran culote el cual me traía como loco, la ubico en el sofá en posición de perrito, mientras le amaso esas nalgas, a pesar de ser grandes no tenía ninguna celulitis como creía, le beso su espalda desde el cuello y voy bajando con mi lengua hasta llegar a la abertura de su esfínter y meter mi lengua, Ana pega un brinco y la sujeto por sus caderas, atrayéndola hacía mí, la sujeto como un luchador de lucha grecorromana y procedo a meterle mi lengua en su culito, Ana se contorsionaba diciendo: «Alejandro que rico, no oh oh oh para por favooor oohhh»!

    Yo no hacía caso estaba en el paraíso y debía aprovechar ya que no sabía sí se volvería a repetir una oportunidad como esta, cuando empezó a hacer círculos con su culo ubiqué una de mis manos hacia su cuca y le metí un dedo, haciendo que tuviera otro orgasmo, me levanté y me puse detrás de ella, ubiqué mis piernas en su cintura y dirigiendo mi miembro se lo emburré por su cuca, la cual estaba hirviendo, le estaba dando masajes en su cuello, mientras hacía círculos en su cuca y buscaba agarrarme de sus cabellos, a lo que Ana sólo decía: «dios que rico, si así, tenía tiempo que no sabía que era esto, anda amor, así me gusta, ah ah ah grrrr»!”

    Me coloqué en su oído y empecé a mordérselo suavemente y ella a esconderse ya que sentía cosquillas, su cuca empapada me decía que estaba por correrse nuevamente: «amor me vengo, ya no aguanto, me vengo» a decir verdad por la posición casi parado ya me dolían las piernas y no aguantaba más y aventé mi primera carga en su interior dejándonos caer en el sofá, mi pecho en su espalda, ambos sudorosos y con la respiración entrecortada, le dije: «Ana me traías como loco»!

    Mientras le beso su orejita y cuello, ella sintiendo aún cosquillas me dice lo mal que se siente, la abrazo amasando sus senos pequeños, mordisqueando sus lóbulos de las orejas, haciendo que se retuerza un poco, cobrando mi miembro vida lentamente, le beso su cuello muy sutilmente, notando como se le eriza la piel, la volteo y comienzo a besarla tiernamente, nuestras lenguas se entremezclan apasionadamente, ya para este momento mi miembro está nuevamente listo para otra tanda, le beso su cuello y voy bajando lentamente para sus senos, le beso un pecho y manoseo el otro con mi mano muy suavemente, Ana empieza a gemir débilmente, suspira, todo esto con los ojos cerrados, la cucota de Ana era una delicia, grande carnosa algo cerrada, empiezo a rozarle mi pene en sus cachetes, provocándole espasmos, en eso de pasárselo como 4 o 5 veces me toma por las nalgas y procede a empujarme a manera de introducirse mi pene hasta el fondo, su vagina caliente con la cantidad de fluidos y mi semen producto del primer polvazo hacen que me sienta en la gloria y procedo con el mete y saca y a contorsionar mi cintura para un mayor placer.

    Le beso sus pechos mientras ella me acaricia el cabello y masajea suavemente mi cuello le digo lo rico que es estar dentro de ella, «Ana que rica estas, eres una mujer con esa cucota rica, te meneas sabroso, así amor que rico, así mami»! Ella resoplaba la estaba pasando bien su cuca emanaba líquidos a borbotones y era cerrada, lo que hacía más placentero mis empujones, produciendo una sensación gloriosa, cuando le digo que me vengo, ella me pide hacerlo adentro que quiere sentir mi leche otra vez, no me hago de rogar y cuando siento que me vengo se lo meto al tope siento mis bolas tocar sus cachetes la cabeza de mi miembro hincharse y soltar la carga de semen dentro de esa cucota de Ana fue una sensación de extremo placer, caí sobre los pechos de Ana besándolos muy sutilmente alternándolos con sus labios los cuales debo admitir son una maravilla, ya una vez calmados y recostados, apenada me confía que tenía tiempo que no disfrutaba del sexo, ya que su esposo lo tiene más grande pero le está pegando la edad, su esposo es casi 10 años mayor que ella y está empezando a sufrir de disfunción eréctil y eyaculación precoz pero no quiere ir al médico, me pidió también discreción ya que ama a su esposo pero estaba en un dilema moral ya que había disfrutado mucho, le comenté que quería cogerla por el culo, se quedó pensando, no dije nada para no forzarla, no me dijo si se volvería a repetir y no quise hacerla sentir presionada, me pidió el baño para lavarse pidiéndome estar a solas, después de asearse me dio un beso tierno corto en los labios y se marchó a su casa, con el dilema moral por la religión pero seguro de que disfrutó mucho su cara así lo reflejaba a pesar de ir como distraída…

    Continuará…

  • Una lectora me cuenta cómo le comió el chocho a una amiga

    Una lectora me cuenta cómo le comió el chocho a una amiga

    Mi nombre es Roxi, soy una joven colombiana, pero vivo en Galicia con mis padres desde hace dos años. Mido un metro sesenta, soy bisexual, trigueña, todo curvas y me alivio leyendo tus relatos. Me gustaría tener sexo contigo para saber si al follar haces las cosas que escribes.

    P.D.- Puedes preguntarme lo que quieras.

    A su correo, le respondí:

    -Cuéntame cómo fue tu última relación lésbica y con quien.

    Su respuesta fue:

    La última vez fue también la primera.

    Volvía de clase con mi amiga Carmen y comenzó a llover de forma torrencial. Nos tapamos la cabeza con las carpetas, echamos a correr y nos abrigamos bajo un balcón. Al rato estaba toda la calle inundada. Pasó a todo gas una cabrona en un auto y nos bañó con el agua de una charca que se había formado. Carmen, mirando para el auto que se alejaba, dijo:

    -¡Maldita desgraciada!

    -Ojala se estampe contra una farola.

    -Mi casa queda a la vuelta de la esquina. ¿Vienes a secarte?

    Carmen, me gustaba, me gustaba mucho. Oyera algún comentario acerca de sus inclinaciones sexuales. En aquel momento decidí aclarar mis dudas.

    -Sí, pero antes dime: ¿Eres lesbiana?

    -Me gustan las chicas, sí. ¿Y a ti?

    Le mentí.

    -¡No!

    -Es bueno tener las cosas claras. ¿Vienes a mi casa o no? Mi padre y mi madre están trabajando.

    -¿Por qué me lo dices?

    -Para que no pienses mal al ver que no están, eso si vienes.

    -Voy.

    Carmen es una chica morena de ojos azules, largo cabello negro, guapa, más baja que yo, y tiene un culo precioso, y para él le miraba de camino a su casa.

    Al entrar en su casa sentí un calorcillo muy agradable y un fresco olor a pino. En la sala, Carmen, puso la carpeta encima de uno de los calefactores, y yéndose, me dijo:

    -Pon tu carpeta al lado de la mía.

    No tardó en volver con cuatro toallas de baño, dejó tres encima del calefactor y con la otra se puso a secar mi cabello. Comencé a temblar. Sonriendo, me dijo:

    -El tembleque no es de frío. Son los nervios. No te preocupes. No te voy a comer. Quita la chaqueta y la blusa.

    -No llevo sujetador.

    -Ya te dije que no te iba a comer.

    Me quité la chaqueta y la blusa y vio mis tetas con forma de pera, areolas negras y finos pezones.

    -Tienes unas tetas preciosas.

    Sonreí con nerviosismo, y le dije:

    -Gracias.

    Cogió la toalla que había puesto sobre el calefactor, se puso detrás de mí, y con ella calentita secó mi cuello, mi espalda, mi barriguita, y al final mis tetas. Me besó el cuello, le dije:

    -No.

    -Como quieras. Acaba de desnudarte.

    Al quitar la falda, las medias los zapatos y las bragas me estaba entregando y ella lo sabía.

    -Tienes un cuerpo maravilloso.

    -Gracias.

    Me secó las nalgas y me las besó. No la reprendí. Me secó las piernas. Me di la vuelta. Se agachó. Me secó el chocho, que tenía totalmente depilado y me besó el clítoris. Después se levantó, cogió otra toalla de las que estaban sobre el calefactor, y me dijo:

    -Sécame la cabeza.

    Enfrente de ella comencé a secar su cabello. Carmen se quitó la chaqueta, la blusa y el sujetador. Tenía unas tetas redondas, preciosas. Cogí otra talla y le sequé todo, espalda, nalgas, vientre… Al secar las tetas sentí como de mi chocho salía flujo calentito que bajaba por uno de mis muslos. Carmen se acabó de desnudar. Cuando me agaché para secar su chocho peludo, las piernas y los pies, cogió mi cabeza con las dos manos y llevo mi boca a su cuevita.

    Yo había visto bastante porno lésbico, así que metí mi lengua entre la raja y lamí de abajo a arriba. La lengua se me llenó de babitas, calentitas, deliciosas. Tiré la toalla. La cogí por la cintura y le hice un delicioso cunnilingus… No sé el tiempo que pasó hasta que le comenzaron a temblar las piernas y se corrió en mi boca. No era como yo que me corro como un río, Carmen, eyaculó muy poco, pero eso sí, sus gemidos de placer erizaban la piel. Cuando acabó de correrse miré para el piso del salón. Sobre la alfombra había un charco de jugos, no eran suyos, eran míos, y eso sin haberme corrido, cuando me corriera la iba a ahogar en jugos, y de hecho, casi la ahogo.

    Bueno. ¿Qué me dices, Quique? ¿Quieres ser el primer hombre que me penetre y que me haga de todo? Espero tu respuesta.

    Un beso.

    No sé qué contestar. ¿Tú qué harías?

    Quique.