Autor: admin

  • Chantaje y violación a la mujer de mi primo

    Chantaje y violación a la mujer de mi primo

    Mi nombre es Andrés y este es mi primer relato. Es algo real que me ocurrió hace ya tres meses y pues debido a lo sucedido, me llevó a buscar páginas como esta y contar mis historias.

    Soy ingeniero de sistemas, tengo 28 años, de aspecto no tan agradable gracias a mis años de locura en los que me vi metido en el mundo de las drogas y el alcohol, en pocas palabras soy la oveja negra de la familia, una familia de clase alta de la ciudad de Pereira. La cual me hizo a un lado, cuando por culpa de las drogas caí en desgracia, fui despedido de mi empresa, mi novia me echo y mis padres y mi familia en general a excepción de mi primo Mario decidieron sacarme de su círculo, pues ya estaba haciéndoles mucho daño incluso robando para comprar mi vicio.

    Como les conté el único que no me dio la espalda fue mi primo Mario, él era como el resto de la familia alguien ejemplar, pero siempre tuvimos una relación de hermanos, el para ese entonces, hace dos años vivía lleno de lujos vida sana y por supuesto una novia que causaba que todos lo envidiáramos, pues era realmente hermosa con un cuerpo espectacular, morena labios sensuales cabello largo cuerpo bien tonificado pero su mejor atributo era ese par de nalgas que volvían loco a todo el que se la cruzaba, en fin, ella siempre mostro cierto desprecio con migo pues la verdad yo estaba en estado deplorable física y mentalmente y mi única pasión era los computadores la droga y el alcohol.

    Al verme mi primo así durmiendo en un andén, tomo la decisión de ayudarme y me convenció para que entrara a un centro de rehabilitación, el cual tardaría un año y medio, para que mi cuerpo se desintoxicara, yo me interne y el único contacto que tenia del mundo exterior era las pocas veces que Mario podía ir a visitarme, obviamente su novia nunca lo acompaño. Faltaba un mes para salir del encierro y mi primo fue a darme la buena noticia, me dejo las llaves de uno de sus apartamentos y un celular, para que cuando saliera lo llamara y el darme algo de ropa y ayudarme.

    Se llegó el día de mi salida, yo estaba muy feliz, algo nervioso y la verdad muy ansioso, mi cuerpo estaba limpio, pero mi mente seguía algo sucia. Lo primero que hice al salir fue recibir la llave del encargado del centro y el celular recargado por petición de mi primo.

    Lo llame, le dije que ya estaba recuperado, pero que aún no quería ver mi familia pues mi facha no era la mejor. Él se notó feliz y me dijo.

    —Primo que alegría, por fin estas bien, mira yo estoy en una junta, pero si quieres llama a marcela mi esposa y avísale que vas para allá por algo de dinero y que te de la dirección yo ya le hablo a ella para que te espere.

    —Listo primo muchas gracias.

    Me dio el número de la mujer, la cual yo llame, y me contesto con algo de recelo cuando se enteró que era yo. A regañadientes me dio su dirección. Y yo me dirigí caminando hasta su casa. Al llegar a el conjunto donde Vivian, me hicieron pasar con algo de desconfianza, llegue a la puerta, toque y me abrió una señora ya de edad y me pidió que esperara en la puerta, mientras venia la su patrona, yo la verdad me sentí humillado, pero decidí esperar, al poco tiempo bajo marcela, estaba real mente hermosa parecía que acababa de llegar del gym pues, tenía un short de licra muy corto y un top que la hacían ver muy provocativa, yo la mire con algo de respeto, y alegría pero el comportamiento suyo fue de total desprecio y humillación.

    —Hola Andrés, como esta mire mi esposo le dejo este dinero y esta ropa, por favor tómela y trate de rehacer su vida lejos de él.

    Yo me quedé perplejo y de inmediato me sentí como una basura, pero lo único que se me paso fue pedirle un poco de comida y algo de tomar, Pues tenía mucha hambre.

    —Está bien si quiere siéntese en el comedor, ya le digo a la empleada que le prepare algo, yo me voy a duchar. Que este bien.

    Llamó a la señora, le dijo que me diera algo y se fue al segundo piso, yo me senté humillado pero, con hambre, y espere que la señora, fuera a prepararme algo. En ese momento mí mente llena de enojo y rencor, me llevaron a subir tras Marcela quería insultarla por su desprecio y prepotencia, subí despacio, y cuando llegue a la que parecía su habitación, entre y sentí que estaba en la ducha y mi mente se retorció aún más, al ver su silueta a través del a puerta semi traslucida y su ropa interior sobre su cama, unas tangas negras y un sostén del mismo color junto a un pantalón y una blusa, mi pene se puso duro al instante, pues hace más de un año no saboreaba el sexo.

    En medio de mi estupor, sentí como se cerró la ducha y yo me asuste, pero al no ver más que hacer, decidí tomar un computador portátil súper moderno que se encontraba encendido sobre la cama, pensé que por lo menos haría un poco de dinero y me desquitaría de alguna forma por la humillación de la zorra esa, lo tome y salí disparado no espere nada solo llevaba el dinero, la ropa y el portátil.

    Llevaba media hora caminando, buscando donde vender el objeto, pero el cansancio y el hambre me hicieron parar y ya calmado y con algo de remordimiento con mi primo, decidí pensar un poco antes de acabar de cagarla, estaba ahí en la banca de un parque, sentado, pensando, cuando sonó el celular que me había dado Mario.

    —Alo. Conteste.

    —Hola, Andrés soy Marcela, como pudo hacerle eso a su primo, le pido que por favor no valla a vender el portátil, tráigalo y yo si quiérele doy más dinero pero, no lo entregue a nadie, y por favor tráigalo lo más rápido posible, y le prometo que no le diré nada a mi esposo. Son las 11 de la mañana y él llega a las 2 si de aquí a eso no lo ha traído, le contare y lo denuncio por robo y abuso de confianza.

    Yo colgué de inmediato algo asustado, pero algo me hizo penar, el porqué de su necesidad de recuperar su equipo, y más aún su complicidad para conmigo, si esa era su oportunidad para alejar definitivamente a su esposo de mí. Ya estaba próximo a llegar al apartamento que me había prestado mi primo y decidí ir y revisar su computador, llegue no quise hacer nada mas solo revisarlo encontré varias carpetas pero, nada relevante, hasta que encontré una carpeta oculta y encriptada, la cual por mis conocimientos no fue ningún problema para desbloquear, abrí la carpeta la cual decía privada y vaya sorpresa, había fotos intimas de marcela en las cuales dejaba ver aún más su belleza, pero lo que encontré luego fue oro, tenía un video y varias fotos con un tipo, que no era precisamente mi primo.

    ¿Así que esta es tu urgencia Marcelita? Pensé, me pare, prepare algo de comer, mientras maquinaba como le iba a sacar provecho a la información que tenía, y decidí salir de una para la casa de mi primo.

    Me dejaron pasar de nuevo en portería, llegue timbre y esta vez me abrió directamente marcela, con la ropa que había sobre su cama, lo cual hozo que mi imaginación volara sabiendo que tenía puestas esas tangas tan diminutas.

    —Entrégueme el computador y le doy doscientos mil pesos para que ahora si se vaya, ¿dónde lo tiene?

    Yo la mire esta vez con mucha seguridad y sin pedir permiso entre hasta la sala y le dije.

    —Se me quedo en el apartamento, Marcelita.

    —¿Cómo así, que pretende que le dé el dinero y robárselo?

    —Nooo, para nada, solo que lo quiero conservar unos días más, porqué lo que me encontré en esa carpeta oculta que tenías ahí, vale más que lo que me ofreces.

    Ella se puso pálida y su cara de agresiva y prepotente cambio, a una de angustia y vergüenza.

    —¿De qué me habla, cual ca ca carpeta?

    —La donde apareces con tu mozo, ¿ahora si sabes cuál?

    —Por favor entréguemelo, ¿cuánto quiere?, dígame pero tráigame el computador.

    La tenia donde quería, y no iba a esperar más para hacerle mi petición.

    —Ves que puedes ser más formal, Marcelita pues quiero el doble de lo que me das y también quiero que me des una buena mamada en este momento, y es mejor que te apresures, antes que llegue el primo y tenga que contarle tus travesuras.

    —Está loco que le pasa idiota, respete y lárguese antes que llame a la policía.

    —Ok, pero ya mismo le hablo a Mario.

    Di la espalda y me dirigí a la salida, y cuando estaba a punto de salir, me llamo.

    —Espere, por favor, se lo suplico no le diga nada a mi esposo, si quiere le doy más dinero, pero, no me pida eso, ni diga nada.

    —Si no hubiera sido tan grosera y humillante conmigo esto no estaría pasando Marcelita, ahora o haces lo que pido o mejor no digas nada más.

    —Discúlpame en serio, la verdad si fui muy grosera pero no es para tanto, si quieres pídeme otra cosa pero por favor.

    Puso su cara de triste y arrepentida, yo la mire de arriba abajo y con algo de lujuria le dije.

    —Está bien dame el dinero y déjame ver tu ropa interior.

    —¿Cual, ropa interior, la que tengo puesta?

    —Obvio, pero dale que quiero ver.

    —Nooo, eso no, si crees que voy a ceder a tu chantaje estás loco.

    —Ves que no te dejas ayudar.

    Pero, cuando abrí la puerta de nuevo para salir dijo.

    —Está bien, pero solo eso y te vas por mi portátil.

    Yo sonreí, cerré de nuevo la puerta y me quede viéndola, ella por su parte, me entrego el dinero y dio unos pasos hacia atrás, se desabrocho el pantalón, bajo el cierre y fue bajándolo hasta las rodillas, dejándome ver su diminuta tanga y ese espectacular par de piernas que hicieron que de inmediato mi pene se pusiera erecto. Pero, cuando todo salía a las mil maravillas, sentí como unas llaves abrían la puerta, yo mire algo asustado y marcela subió su pantalón y lo acomodo.

    —¡Andrés que felicidad verte mi hermano!

    —Mario que bien te ves.

    Mi primo había llegado yo para disimular le di un fuerte abrazo, mientras su esposa algo nerviosa se acercaba y le daba un beso.

    —Si amor mira la sorpresa, tu primo ya se iba cuando tú llegaste.

    —No, pero como te vas a ir ya quédate y almorzamos y me cuentas como has estado.

    Yo ni corto ni perezoso, aproveche y me quede hasta que se hizo tarde, eran ya las siete de la noche y fingí que me debía ir para no incomodarlos, a lo que mi primo con gran amabilidad me pidió que me quedara esa noche, yo aunque haciéndome de rogar, acepte, algo que incomodo aún más a Marcela.

    —Amor pero el cuarto de huéspedes esta sin arreglar, y la verdad yo estoy muy cansada.

    —Tranquila amor entre Andrés y yo lo arreglamos, verdad primo.

    —Si claro, igual les acepto la invitación pero, mañana antes del amanecer debo salir, quiero ir a alistarme para ver a mis padres.

    —Perfecto. —dijo Mario y nos fuimos a alistar mi cuarto.

    Marcela por su parte subió a su habitación dizque a descansar. Terminamos de dejar todo listo le dije a mi primo que me daba un duchazo y subía a despedirme pues no quería despertarlos en la mañana.

    Me duche y subí muy suave, la puerta de la habitación estaba ajustada y con la luz encendida lo que me permitió ver sin ser visto, mi primo estaba acostado viendo tv y su esposa tenia puesta una pijama de tirantes que le llegaba hasta unos pocos centímetros más debajo de sus nalgas, se veía deliciosa.

    Toque la puerta, ella se puso una levantadora, la abrió, y yo me despedí como si nada, mi primo me dijo que el igual se levantaba temprano, a eso de las 6 pero, yo le dije que me iba mucho antes pues estaba ya acostumbrado a madrugar, en fin, fui me acosté a planear cosas, hasta dormirme.

    A eso de las 5 am me levante, tendí la cama y fingí salir, abriendo y cerrando la puerta con algo de fuerza, me escondí a esperar que saliera mi primo, a eso de la hora y media sentí cuando bajaba las escalas, yo me oculte bajo la cama y pude ver que entro a la habitación, vio todo en orden y salió. Cuando cerró la puerta de la calle, yo me pare, le puse pasador y subí al cuarto de los esposos, la puerta estaba medio ajustada, la abrí muy despacio, y ahí estaba Marcela, aun dormida acostada de lado lo que permitía ver su prominente cola resaltar bajo la cobija.

    Yo me pare a un lado de la cama la observe y me empecé a quitar la camisa luego el pantalón, y que dé en mis viejos bóxer. Me senté en la cama y levante la cobija suavemente, para ver su hermoso culo, todo para mí, puse una de mis manos en su muslo y la acaricie hasta llegar a sus nalgas, acabe de alzar su pijama y deje libre su cola, solo con las tangas que el día anterior me habían dañado la cabeza y las cuales se perdían en medio de ese manjar.

    Empecé a besar despacio sus nalgas sus piernas y ella empezó a dar señales de que se iba a despertar, por lo que me subí dl todo a la cama y cuando ella despertó y giro su cuerpo para quedar de espalda contra la cama, y abrir los ojos, aproveche para montarme sobre ella y evitar que se parara, ella intento gritar, pero yo puse una de mis manos en su boca, mientras con mis piernas abría las suyas y quedaba en medio.

    —Shiiiiit, Marcelita no hagas ruido que estamos solos, además la vamos a pasar rico un buen rato, ahora si me vas a pagar tu desprecio y de paso calmar las ganas que te tengo.

    Ella intento forcejear, pero era inútil, mi peso no le permitía moverse, además puse mi mano en su cuello y la apreté un poco, para que no gritara.

    —Bueno, mamacita, si quieres que todo salga bien vas aportarte bien, y veras como la pasamos rico y tú te quedas con tu computador tu amante y yo me quedo con tu cuerpo y mi silencio, es un trato.

    Apoye mis rodillas en la cama me incline un poco y con la otra mano baje hasta su entrepierna y empecé a acariciar su vagina sobre su tanga, luego levante el borde de su prenda e introduje mis dedos en sus labios vaginales, ella desesperada trataba de zafarse pero era inútil.

    —Bueno pues maricona, te quedas quieta o te mato.

    Ella puso cara de pánico y empezó a llorar, yo quite mi mano de su cuello, y le di una cachetada que como que la dejo medio tonta, luego tome su pijama y la subí hasta su cuello y dejar libre sus tetas que estabas de infarto, le puse ambas manos en la cabeza para acabar de sacar la bata y dejarla solo con esa tanguita.

    —Por favor no me vaya a violar, se lo suplico así nooo, se lo ruego.

    —Cállese puta.

    Y alce mi mano en tono amenazante y le di otra cachetada, baje mi boca hasta su cuello, lo lamí, baje hasta sus tetas, las chupe, mordí sus pezones suavemente, y note que se ponían duros, baje por todo su cuerpo hasta llegar a su chochita, corrí aún más su tanga y metí mi lengua, sentí un placer enorme, mientras ella se retorcía y lloraba, pero al paso que succionaba su clítoris ella no parecía hacer ya tanta resistencia, abrí con mis manos hasta donde más pude sus piernas baje con mi lengua hasta su culo y se l metí y aunque la zorra no se había bañado aun me supo delicioso, luego subí nuevamente por su vagina, su ombligo, sus tetas, y bese y lamí su cara.

    —Ves lo que te pasa por puta y orgullosa, ahora te lo voy a meter hasta el fondo, mira.

    Me acomode y me baje el bóxer ella inclino un poco la cabeza y vio mi pene erecto, me miro con desprecio y volteo su cara llena de lágrimas a un costado, mientras yo ponía mi pene en la entrada de su rica vagina y se lo metía de un solo viaje, la penetre tan fuerte que pego un grito.

    —Ahhhh.

    Saque mi pene y de nuevo la penetre, su vagina estaba apretada y era un placer entrar en ella, y con cada embestida, mi lujuria aumentaba, chupaba y mordía sus tetas, lamia su cuello, y ella empezaba a dar pequeños quejidos, hasta sentir que relajaba sus piernas y medio movía sus caderas al compás de mis penetradas.

    Estaba dan buena y yo tenía tanta calentura acumulada, que le di un par de embestidas más y mi semen se derramo entre su vagina y la deje bien llena.

    —Ufff, ufff siii, siii que rico, Marcelita. Tú si eres una hembra de verdad.

    Le decía mientras terminaba de vaciarme, la tome de la cara y la bese a la fuerza para luego dejarme caer a un costado. Y sonreír diciendo.

    —Que mujerona tiene el primo, con razón cumple todos tus caprichos, él y tu amante la deben pasar muy bien.

    —Ya tuvo lo que quería, váyase —me respondió en medio del llanto, mientras se bajaba de la cama y daba pasos des ubicados.

    Yo la miraba y me reía, ella me miraba, pero cuando salió de su transe entro en un ataque de histeria y empezó a gritar, como loca mientras se sacudía como tratando de limpiarse, salió corriendo de la habitación, y bajo las escalas, yo me pare, salí tras ella y la alcance intentando salir a la calle, por fortuna tenia para mí la puerta tenia pasador.

    La tome del pelo, con una mano mientras con la otra le tapaba la boca.

    —Cállate estúpida, ¿para dónde crees que vas? Mmm, ¿te quieres morir maricona?

    La arrastre hasta la sala. Mientras le decía.

    —Te vas a quedar calladita, así como yo me quede calladito con lo de tu otro maridito, y te calmas o te calmo a golpes.

    —Nooo, no me pegue más por favor, solo váyase.

    —Eso está mejor, mamacita. Ahora vas a ir a la cocina y me vas a traer algo de tomar, estoy con mucha sed.

    La empuje y le di una palmada en las nalgas, ella me volteo a mirar y me dijo.

    —Por favor váyase, no me atormenté más.

    —No me escuchaste estúpida, tráeme algo de tomar.

    Alce mi mano para amenazarla y ella trato de cubrirse.

    —No por favor no me pegue.

    Y salió para la cocina, mientras caminaba yo la observaba y con solo ver ese par de nalgas, esas piernas y esa cintura, mi pene de nuevo quería entrar a la fiesta, pues una cosa era haberla viso en las fotos y otra tenerla ahí en vivo, que hembra más deliciosa.

    A los pocos segundos salió de la cocina con una cerveza en lata, y mirándome muy asustada dijo.

    —E… e… esto es lo único que hay, tómesela y márchese, que ya casi viene la empleada.

    —Cerveza, perfecto, pero el que da las ordenes soy yo Marcelita, ¡ven acá!

    Ella me la entregó muy temblorosa, yo la recibí, la destape y me di un sorbo, luego la tome del antebrazo y la lleve al comedor.

    —Ves como si puedes ser una buena mujer. Acuéstate en la mesa. Yaaa.

    Ella me miro, y me obedeció, yo me acerque le derrame un poco de cerveza en los senos y se los empecé a chupar junto con su cuello, mientras metía mi mano en su vagina y la masturbaba, ella solo sollozaba al paso que daba pequeños quejidos de placer, luego le ordene que se parara y me lo chupara, ella se negó.

    —Nooo, eso noo, ya no más, váyase.

    —Estúpida, ¿te vas a hacer golpear otra vez?

    Y le di una cachetada, ella grito.

    —Máteme pero eso jamas.

    Y sin dudarlo me escupió, yo muy enojado, la tome del pelo, le di un golpe en su abdomen, la puse sobre el comedor boca abajo abrí sus piernas, revente su tanga, y le di unas nalgadas tan fuertes que sus deliciosos glúteos quedaron rojos.

    —Eres una perra muy terca, y ya que no quieres chupármela, te voy a partir ese culo tan delicioso, bueno igual te lo pensaba comer después que me lo mamaras, mira nada más que delicia de nalgas.

    —Nooo, nooo, ¡auxilio ayuda!

    Puse mi mano en su cabeza la apoye contra la mesa, luego metí la tanga en su boca, para ahogar sus gritos, escupí un par de veces su culo, y puse mi pene en la entrada de su orificio, ella arañaba con sus manos las partes de mi cuerpo que lograba alcanzar, pero no tenía salvación, y para mí era excitante verla así, sentí más placer que con la droga, me apoye en su cuerpo y mi pene empezó, a tratar de entrar en ese delicioso culo apretado, hasta que por fin debido a la presión que hacía y a la saliva logre entrar una parte, para de un nuevo empujón clavarlo todo sin compasión, acompañado de un quejido mío de placer y un grito ahogado de dolor por parte de ella.

    —Ahhhh, ujuuu que ricooo.

    —Mmmm, mmmmm

    —Esto es la gloria, siiiii siiiii.

    Ella aruñaba el vidrio del comedor y lloraba desesperada del dolor.

    Saque mi pene y lo metí, mientras tomaba sus caderas para penetrarla cada vez más profundo, y notar como salía un hilo de sangre de su culito y mi pene se teñía de rojo, la empecé a penetrar con más facilidad cada vez, ella solo temblaba, estuve así dándole parejo, hasta que ya ella solo se dejaba sin decir nada, luego saque mi pene de su ya perforado culo, ella, se deslizo por el comedor y quedo sentada en el piso, la tome del pelo y le puse mi pene en su boca, ella temblaba y con solo verme supo que tenía que hacerme una paja con sus deliciosos labios. Le puse mi pene en sus labios, ella solo abrió la boca mientras yo guiaba su cabeza con mi mano.

    —Que buena chica haz sido hoy Marcelita, siiii esooo asiiii, uffff, mamacita.

    Yo solo podía sentir como mi pene se estrellaba contra su paladar, mientras ella intentaba vomitar, pero no pude aguantar más y me vine en su boca, y mientras yo me descargaba de nuevo, ella intentaba votarlo, yo saque mi pene ya algo flácido y ella se puso a vomitar en el piso.

    Entre a la habitación saque la ropa me vestí y cuando salí ella aún estaba en el piso llorando y temblando, sus piernas estaban untadas de sangre junto con su boca.

    —Ahora si me voy Marcelita, pero que esperas vete a bañar que estas hecha un desastre, anda sube.

    —Mal…

    Intento decirme algo pero se contuvo, y cundo intento pararse sus piernas a duras penas se sostenían. Yo abrí la puerta y le dije.

    —Esta semana que ya estés mejor te llamo, para que vayas a mi apartamento por tu portátil.

    Cerré, la puerta y me fui.

    Este es mi primer relato, después de ese día mi vida cambio, ya no dependo del alcohol ni la droga, pero si tengo otra obsesión. Y unas cuantas mujeres más, que merecen ser castigadas, espero sus comentario y preguntas.

    En mi perfil subí una foto de Marcela, de las que encontré en su computador, no me juzguen por lo que hice, ella lo merecía, por estar tan buena y ser tan clasista.

  • Ya soy el puto del equipo (XVIII)

    Ya soy el puto del equipo (XVIII)

    El triste regreso a casa.

    Todo acaba, y después de tanto desenfreno, había que acabar con todo aquello e irnos a casa. La verdad es que nos fuimos todos por aquello de que las penas fueran menos penas, porque Abelardo y yo nos regresamos al día siguiente después de hablar con el padre de Abelardo.

    En efecto, la mamá de Abelardo vino a casa para decirnos que su esposo estaba en casa esperándonos, así que, sin pérdida de tiempo nos fuimos con ella en un taxi que yo había llamado. Llegamos a la casa y los hermanos pequeños de Abelardo, que son cada uno un amor, se alegraron mucho de verlo. Para ellos Abelardo estaba muy cambiado, porque ellos lo vieron por última vez ensangrentado y siempre vistiendo con ropa similar y ahora lo veían un poco más fuerte, robusto, aunque delgado, pero no flaco y con ropa de verano muy a mi estilo, jeans y camisetas. Nos habíamos puesto un jean sin desgastes cada uno y una camisa de manga corta a cuadros, Abelardo en rojo con gris y negro y yo en verde con azules y negro. Sí, parecíamos hermanos, pero a esa altura nos importaba poco ya que fuéramos amigos, hermanos o novios. Ibamos a volver a las paces con el padre a Abelardo y su mamá fue la medianera. Pero el padre de Abelardo no estaba en casa. Su madre se puso a llorar y apareció la hermana mayor de Abelardo, Ifi o Ifigenia, que se abrazó a su hermano y le dijo:

    — Me alegro mucho de verte, pero papá se ha ido porque es un cobarde; él quisiera volver en paz pero ganando…; si yo fuera tú me olvidaría de papá, no te merece…

    — Ifi, mira mi mamá como llora y sufre, antes prefiero una nueva paliza de papá que el sufrimiento de mamá, —respondió Abelardo abrazando a su madre y llenándola de besos.

    — Eso te honra, Abe, pero papá no te merece, hermano, —dijo su hermana.

    Los niños pequeños se pusieron a llorar al ver a la mamá llorando y mi corazón se acongojó y me dije: «¿Para qué he venido yo aquí? Alguna razón ha de haber que me haya metido en este asunto». Le dije a Abelardo que consolara a su mamá y hermanos y a su hermana le dije:

    — Ifi, ¿quieres salir conmigo a la calle un momento?

    Salimos y allí le pregunté:

    — Es una pena que nos conozcamos en estas circunstancias pero creo que debemos aprovecharlas, ¿sabes donde puede estar tu papá?

    — Sí, claro que sí, donde se refugia siempre, en el bar, luego vendrá a casa a matarnos a todo el mundo, pero su cobardía se lo impide.

    — ¿Me quieres acompañar al bar?

    — Voy contigo, pero a darle una paliza a ese viejo de mierda, —dijo Ifi.

    — Y ¿qué ganas con eso? Vamos a conversar con él y a darle esperanza…

    — Vamos, pero no sacarás nada en limpio de ese hombre…, —comentaba Ifigenia.

    Llegamos al bar y en efecto, en la barra, con la cabeza gacha estaba delante de un chato de vino a medio tomar. Me puse a su lado en silencio. Se acercó el barman y me preguntó que deseaba.

    — ¿Cuántos lleva?, —pregunté señalando el medio chato.

    — Es el primero…, pero cuidado, está muy nervioso…

    — Pon dos, del mejor que tengas.

    El papá de Abelardo levantó la cara a mirarme y volvió a agacharse, cuando llegaba el barman con los dos chatos, aparté el que tenía a medio tomar y le dije al barman:

    — Deja ahí la botella que he visto que has abierto y sírvele a la joven que está sentada en la mesa lo que desee.

    La trajo y se encontró con cincuenta euros sobre la barra. Trajo el cambio, lo guardé dejando la propina y le dije al caballero:

    — Por favor, brindemos por la alegría y la felicidad.

    — ¿Qué alegría y qué felicidad puedo tener yo?

    — Usted tiene unos hijos y una mujer que le aman a pesar de todo…

    — Pero no sé cómo hacer, me propongo algo y luego me acobardo…, —dijo tras un largo rato de silencio.

    — He venido a presentarme ante usted: Me llamo Doroteo, he albergado a su hijo en mi casa y nos hemos hecho amigos; ahora sé las dificultades de su casa, pero estoy dispuesto a ayudar. Abelardo debe seguir en la Universidad porque es muy buen estudiante…

    — Sé quién eres, te he visto algunas veces, pero yo no tengo más posibilidades… para que mis hijos estudien en la Universidad…

    — Pero Abelardo es mi amigo y yo las tengo…, pero el papá de Abelardo ha de ser también mi amigo, porque su hijo sufre, su hija sufre, los pequeños sufren y su mujer es una joya de madre…

    — Es también una joya de esposa, pero yo no la merezco…

    — Pero usted le ha dado los hijos que tiene y usted tiene que cuidar de todos…

    — ¿Cuidar…? Cuidar…, no tengo nada para poderlos cuidar…

    — Pero usted tiene un trabajo…

    — Hace dos meses que no tengo trabajo…

    — Ahora tiene usted un trabajo vigilando la portería de una edificio y los aparcamientos.

    — ¿Qué? ¿Cómo?

    — Mi administrador se pondrá mañana mismo de acuerdo con usted. Con ese trabajo podrá mantener a su familia, estabilizar su persona y dar estudios a sus hijos; además, económicamente no se ha de preocupar de Abelardo. Pero tiene que regresar a casa, tiene que mostrar un rostro más natural y más familiar y sus hijos no pueden ser objeto de sus contrariedades. Abelardo espera para darle un abrazo, adelántese usted y gánele la partida. Además, no venga más a la mi calle frente a la puerta de mi casa para espiarnos a Abelardo y a mí, mejor llame a la puerta y entre, donde viva su hijo es también su casa.

    *****

    Abelardo suele ir a su casa con cierta frecuencia, visita a sus padres y hermanos, suele llevarles algunos chuches a sus hermanos más pequeños. Alguna vez voy con Abelardo a su casa, pero me he aficionado a pasar por donde trabaja su padre. Allí hay cerrada una oficina de mis padres, me espera para ocuparla con mi profesión. La finca es de mi propiedad, allí todo son oficinas y estacionamientos. No hay viviendas familiares. El trabajo del vigilante es necesario, recibe encargos, el correo, orienta a los clientes de las diferentes oficinas y autoriza o deniega el paso según se le indica desde cada oficina.

    No había ido nunca a ese lugar, como no he ido a tantas propiedades porque mi administrador don Fermín, me tiene al tanto. Pero ahora que está el papá de Abelardo me da ganas de ir y aprovechar para saludarlo, hablar con él y conseguir que pacíficamente se entere y acepte de lo que es necesario que sepa y de lo que debe aceptar. Si me da tiempo ya explicaré un día estos detalles.

    De momento Abelardo y yo hemos regresado a la casa de la playa para relajar nuestro espíritu. Las cosas comienzan y acaban y es necesario sosegar los ánimos y abrir las mentes. Esta semana tenemos con nosotros a sus tres hermanos pequeños, Eusebio de 13 años, Manolín de 11 años ya cumplidos y Pablito de 9 años y también a Ifi que cuida de los niños. Por la mañana, Abelardo y yo nos levantamos temprano y vamos corriendo hasta la playa nudista, antes de llegar nos entretenemos tomando nuestro desayuno en un puesto junto al mar, entramos a la playa y estamos hasta que se hace la hora de regresar a casa a comer. Allí nos esperan los tres niños e Ifi para comer lo que ella ha preparado. Por la tarde los acompañamos a la playa que está al frente y distraemos a los niños. Ifi se viene con nosotros y su hermano Abelardo le lleva la sombrilla de playa para que la chica está a salvo de los excesos de sol. Resulta muy agradable.

    La segunda noche que estaban en nuestra casa, decidimos que había que informar a Ifi de nuestra vida, antes de que se diera cuenta. Estaban los niños ante el televisor, les saqué una coca a cada uno y Abelardo les dijo que íbamos un rato a pasear para conversar. Les prometió algunas cosas y los niños se quedaron tranquilos.

    Ifi se extrañó de que la quisiéramos abordar, pero consintió. Estuvimos un largo rato en silencio…

    — Ifi, necesitamos decirte algo que cuesta un poco por si no entiendes…, —dijo Abelardo.

    — Me lo explicáis para que entienda y ya está, contestó Ifi.

    — Mira, Ifi, es que, ¿sabes?, bueno, no, ¿cómo vas a saber?, pero que te explique Doro…

    — Es muy simple, Ifi, ¿sabes lo que es ser homosexual?, —pregunté.

    — Sí, un maricón o un gay, un chico que quiere a otro chico, —contestó Ifi.

    — Pues, escucha y entiende, Abelardo y yo somos homosexuales…, ¿lo has entendido, verdad?

    — Pero…, ¿os habéis enamorado uno del otro?

    — Pues va y sí, estamos enamorados, —le dije yo.

    — ¿En serio? ¡Qué buena elección has hecho, Abe, ya me había enamorado yo de Doro, tú me lo pillas… bueno, tienes más derechos…, —dijo Ifi como si para ella fuera normal.

    — No, Ifi, no tengo más derechos, es que nos queremos, entiende eso, entiéndelo bien… —suplicaba Abelardo.

    — Si yo lo entiendo, no es difícil, tú amas a Doro y Doro ama a Abe, ¿qué más hay que entender…?, pero, Abe, ¿tú sabes lo que mola tener un hermano gay?, —se explicaba Ifi.

    — Doro, creo que ella no puede entender esto, —dijo Abelardo.

    — ¿Cómo que no? Claro que entiende…, el que no entiendes eres tú, ¿no acabas de darte cuenta que Ifi está feliz por lo que le hemos contado?, —le explicaba yo a Abelardo.

    — Pero mi hermana debía resistirse, ¿no?, y nosotros debiéramos convencerla…

    — Abe, a mí no me tienes que convencer de nada…, hace tiempo que yo imaginaba por cosas que dices y haces que eres gay, ¿cómo no te voy a entender? Lo que me cuesta aceptar es que a mí me habéis dejado fuera, porque si los dos sois gays y os habéis enamorado…, ¿ahora que pinto yo aquí?

    — Ifi, te necesitamos como hermana, porque tu hermano no se conformó con perderte, él te quiere, pero es que yo nunca he tenido una hermana a quien consultar cosas y me gustará tenerla en ti, al menos hasta que encuentres un hombre para ti…

    Abelardo con sus gestos de manos y cara iba afirmando, asintiendo y confirmando mis palabras como si las pronunciara él mismo. Entonces comenzó una conversación entre nosotros más familiar, amable y delicada en la que le explicamos que nosotros nos consideramos pareja, pero dejaremos pasar el tiempo hasta formalizarla ante toda la toda la familia, sin embargo —le iba explicando—, que antes del compromiso, teníamos dos años de estudios difíciles y nos íbamos a ayudar aunque no estudiamos lo mismo, mientras explicaríamos a los familiares nuestra condición de algo más que amigos, de amigos especiales, pero que para ella éramos novios y queríamos que lo supiera, porque nos tiene que ir ayudando a explicarlo bonito para que todos los familiares lo puedan entender. Estuvo encantada de nuestra propuesta y se puso en medio de nosotros dos, nos cogió de nuestros brazos, se apoyaba en nosotros y nos dijo:

    — En lugar de perder un hermano, he ganado otro, ya tengo dos hermanos casi de mi edad para que nos entendamos.

    La besamos encantada. Pasaba gente mirándonos y lo más que ocurrió es que se reían de ver a tres jóvenes, una chica y dos chicos, felices. Esto me hizo reflexionar, con lo fácil que es obtener y dar felicidad, ¿por qué las personas nos empeñamos en atormentarnos unos a otros con desprecios, diferenciaciones y descalificaciones? Lo más bonito que hay en la vida es el amor, del cual debemos participar y disfrutar todos. Fuera guerras, fuera divisiones, que acaben los odios, los rencores, las envidias y discordias. Hay que hacer un mundo mejor en lugar de deteriorarlo.

    Pasamos una bonita semana, los niños muy contentos, el viernes por la tarde se iban sin ganas, pero lo habían prometido a sus padres, quedamos en que volverían. Se iban rojos como cangrejos y con una mueca de tristeza en sus rostros. Tampoco Ifi podía disimular su pena, sobre todo antes de subirse al taxi le dio un abrazo a Abelardo del que no podía soltarlo, pero es que luego me lo dio a mí del mismo modo y entonces le dije:

    — Estáis el fin de semana con mamá, le ayudáis y os esperamos el lunes. Os mandaré este taxi a las 8 de la mañana, tráete a los niños; ya nos encargamos nosotros de comprar todo lo que necesitaremos. Los niños están rojos y hay que ponerlos morenos.

    Desde dentro del taxi se escuchó una aclamación de alegría y aceptación a lo que escuchaban. Cuando se fueron le dije a Abelardo:

    — Otro grupo que cuando se va se pone triste y quieren regresar, ¿no sería hermoso que nuestra casa, la tuya y la mía fuesen siempre acogedoras y los nuestros quisieran estar siempre con nosotros?

    — Tú siempre tan soñador, todo lo que se te ocurre te hace feliz.

    — Mira, una vez don Fermín me dijo que, aunque yo quisiera derrochar, jamás acabaría con mis bienes… ¿por qué no van a participar de ellos estos hermanitos míos…?

    — Eh, eh, eh…, para ahí, son mis hermanitos, —protestó sonriendo Abelardo.

    — Si tú eres lo que yo más quiero y todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío, yo solo puedo darte dinero y cosas, tu tienes personas mucho más valiosas que el dinero, tus hermanos, deja que los sienta como hermanos míos…

    Me besó y se puso a llorar. Para calmar la situación le propuse:

    — Hemos de adoptar virtualmente a tus hermanos para darles estudios; así tu padre podrá pagar tranquilamente los estudios de Ifi. Porque no conviene que anulemos el deber de los padres, aunque podamos hacerlo todo. Así que a partir de ahora has de preguntar a tu mamá que te diga las cosas que necesitan tus hermanos, se lo llevas a ella para que lo reparta con ellos, tú les compras cosas caprichosas, camisetas, bañadores, algún jersey estrambótico en invierno y los sacamos de vez en cuando con nosotros a pasear y tú nos invitas a todos.

    — Pero entonces el cariño de mis hermanos será solo para mí y no para ti, —reflexionó Abelardo.

    — A mí me has de querer tú, eso me llena, no necesito reconocimientos, que también me satisface la felicidad de la familia de mi novio.

    — Eres un sol, eres mi sol, —y me besó profundamente.

    — La segunda cosa es que tenemos que hablar con papá, perdón, con tu papá…

    — Me ha gustado, Doro, me ha gustado, a él también le hubiera gustado…

    — Pues digo, que hemos de hablar con papá de lo nuestro, no dejemos que juegue su imaginación.

    — Acepto de total acuerdo, —me contestó.

    — Y la tercera es que a tus hermanos tienes que meterlos en los equipos o en algún equipo, que no se aíslen, que compartan y que se ganen a su papá para que vaya a verlos jugar.

    — Eso no presenta dificultad, —dijo Abelardo.

    — Por fin la cuarta: quiero que hagamos el amor y que me poseas y me ames.

    Esto quedó todo del claro y de inmediata realización.

    Nos fuimos a la habitación, dejamos la cena para después, pues ¿qué importaba la cena, si estábamos envueltos por el amor? Nos miramos a los ojos, sonreímos, nos pusimos serios. Estábamos uno al frente del otro, nos separaban cuatro pasos. Avancé un paso y avanzó un paso, estábamos a dos pasos. Nos miramos fijamente a los ojos. Sonreímos. Abelardo se quitó su camiseta, me quité mi camiseta. Avanzamos un paso más a la vez y nos abrazamos juntando nuestros pechos. Sentí la piel fría de Abelardo en mi pecho y noté por contraste un calor inmenso en mi cuerpo. ¡Qué paralizado me quedé! Paralizado quedó Abelardo y pensé que estaba sintiendo como yo. Había sintonía de sentimientos. El abrazo se apretó más gracias a la fuerza de los brazos y mi boca quedó lamiendo y besando su cuello. Abelardo besaba mi hombro, cerca ya del cuello, y mordisqueó suavemente mi piel. Sentíamos deseos de ser cada uno el otro y los lametones y suaves mordiscos indicaban el deseo que sentíamos cada uno por el amor del otro. Ma acordé de unas palabras de mi taita cuando era pequeño: «Te comería a mordisquitos para saborearte del todo». Y se me escapó susurrando al cuello del Abelardo muy cerca de su oído:

    — Te comería a mordisquitos para saborearte del todo.

    Y escuché igualmente susurrando:

    — Quisiera poder meterme dentro de ti y ser uno solo contigo.

    Me puse a besar desde el cuello al pecho y sentía sus besos en el inicio de mi espalda desde el cuello. Llegué al pecho de Abelardo y lamí sus pezones uno y otro y de uno al otro. Succioné el derecho y no necesitaba que saliera nada, me transmitía el amor con un beso a mi espalda por cada succión a sus tetillas. ¡Cómo me enamora Abelardo! Es lo que sentía abrazado a él. No sentía necesidad de nadie y de nada, solo sabía, y constataba, que yo era suyo y él mío. Sonaba una sinfonía musical acompasada por cada beso y los sentidos se ponían atentos. Mis oídos escuchaban el latir del corazón de Abelardo, mis besos y sus susurros:

    — Te quiero, te quiero tanto, quiero mucho, hasta más que a mí mismo.

    Hacía mía sus suaves y cadenciosas palabras y en mi mente se organizaban las notas de una composición musical de amor. Abelardo abrió el primer botón de mi pantalón, yo acariciaba aún sus costados que sentía hermosos en el tacto suave de su piel. Abrió el segundo botón de mi jean y el miembro dormido y cobijado en el jean comenzó a despertar, seguía besando agachado al extremo su abdomen y llegando a su precioso ombligo, donde cobijé mi lengua para que llegara a lo profundo. Abelardo se estremeció y desabrochó el tercer botón, después de lo cual metió sus manos por detrás para acariciar mis nalgas. Suaves manos frías que estremecieron de nuevo mi cuerpo tan caliente como estaba.

    Ya no podía agacharme más y abrí el botón de la cintura de su jean con esfuerzo, descubriendo a mi vista su pubis afeitado de cuatro días. Pasé mis labios por él encerrando mi pubis por mi abdomen que estaban juntos ya y presionando las manos de Abelardo por la tela de mi jean. Sentía las puntas de los pelos casi recién crecidos, como púas de un cepillo. Sentí la fortaleza de mi hombre al que amaba y me puse de rodillas, liberando las manos de Abelardo que se pusieron sin dudar en torno a mi cabeza acariciando mi cara. Descorrí la cremallera y dejé caer el jean sobre las rodillas. Atrapé el bulto escondido dentro del jocks turquesa de Abelardo y lo lamía y mordisqueaba por encima de la suave polyamida mojándola con mi saliva hasta hacerla casi transparente. Allí estaba el objetivo de mi hombre.

    Lo agarré por la cintura, se dejó llevar en volandas hasta el borde de la cama y bajé sus ajustados jeans hasta los tobillos y los saqué de sus pies, echándolos sobre una silla. Bajé la cinturilla de sus jockstraps y descubrí su hermosa polla. La olí, la volví a oler, inspiré el olor hasta que me llegara a la garganta y noté que penetraba por el esófago. Tiré del jockstraps obligándole a mi amor a que levantara el trasero y dejara pasar la cintura elástica, puesto que ya iba sacando del todo con mis dientes. Se los saqué por los pies y, como ya sentía la necesidad de comerme aquello que estaba ante mis ojos, le dije:

    — Te los como como están, sabrosos, y no paramos hasta que me des tu leche, que mañana te los afeito.

    Abelardo guardaba silencio, es lo que hace el amor, consiente los deseos del amado y el amado entiende que luego le tocará su turno. Acercándome a su pubis, me puse su polla en mi boca, la lamí, la chupé, la besé la mordí con suavidad, la volví a besar y me la puse entera a la boca hasta que llegara a mi garganta. No llegaba, pero crecía, se estaba poniendo dura y tocó lo más profundo la garganta hasta la epiglotis, tuve una arcada y entendí que no puedo meterla en la parte prohibida. La succioné, le pasé la lengua varias veces por el frenillo y el anillo de su glande y comencé a sentir los espasmos de Abelardo y cómo se apoyaba fuerte en mis hombros. Ya no apretaba mi cabeza, porque yo la mantenía fija lo más cerca posible, ahora me follaba la boca con fuerza y rápidamente hasta sacar toda su lefa. Me tragué el esperma de los primeros embates y luego ya mantuve el resto en la boca mezclando con mi saliva para saborear el amor de mi amado. Si su amor es como el esperma que me dio, mucho es el amor que me tiene… Se dejó caer sobre la cama tal como estaba. Me puse de pie y me tumbé para besarlo y darle a saborear su propio néctar mezclado con el sabor de mi saliva. Sus ojos manifestaban satisfacción, alegría y deseo de mí. Me besó fuertemente y me dio la vuelta, situándose encima de mí para besarme más a gusto.

    Se levantó, saco el último botón de mi jean de su ojal y tiró desde los pies para sacar el pantalón de una vez. Como había hecho anteriormente yo mismo, él tiró mi jean encima del suyo, diciendo:

    — ¡Que se enamoren los pantalones como sus dueños!

    Me mostró su mueca de sonrisa al mismo tiempo que yo me sonreía y comenzó a mamarme mi polla. Abelardo había avanzado mucho, de ser un macho ha pasado a ser un amante. De ser un enamorado de penetrar culos se ha convertido en un amante de hacer feliz a su amado con todas las posibilidades que el sexo permite que no son pocas. Me chupó tan magistralmente que fui más rápido al eyacular. Lo hice sin poesía, sino con solo el placer. Abelardo me dio mucho placer son su mamada y con las manos que no tenía quietas tocando el escroto, el perineo suavemente y metiendo dedos en mi culo. Reaccioné tal cual esperaba mi amante y le ofrecí seis trallazos de lefa contenido durante tanto tiempo. Se enderezó, me besó y solo me dio el olor y sabor de mi lefa desde su boca, porque se la había tragado toda. Así me ama Abelardo.

    Nos sentamos en la cama y nos besamos hasta no sé por qué que nos pusimos de pie, nos lavamos la boca y, desnudos como estábamos, nos fuimos a preparar la cena y cenamos los dos en un solo plato, no hacían falta dos. Me daba de comer y yo le daba de comer. No faltaron los besos durante la comida así como compartir algún trozo de carne como dos leones jóvenes que se la pelean hasta cortarla con los dientes. No hacían falta las palabras, nuestros gestos nos decían: «amor» y nosotros vivíamos el amor en cada momento.

    Nos fuimos luego a la piscina. Nos sentamos al borde de la misma, uno junto al otro y abrazados por la cintura con una mano y con la otra para acariciarnos.

    — Doro, ¿no te parece que somos como niños?

    — Abe, somos como niños

    — ¿Qué hace que estemos así?

    — Pienso que es amor, vivimos el amor con intensidad y hoy nos ha dado esta locura.

    Allí estuvimos algo más de una hora mirándonos, haciendo pequeñas conversaciones, sobre la taita, la mamá, el papá, el placer, filosofamos sobre las estrellas que veíamos en el cielo y nos abandonábamos dejando caer nuestras cabezas sobre los hombros. Entramos en el agua. Nadamos un rato en silencio, luego abrazados dentro del agua, nos besábamos y juntábamos nuestros cuerpos totalmente, desalojando el agua de nuestro pubis porque los penes se erectaban. Salimos del agua, nos hicimos secar por el calor y nos fuimos a la cama. Nos acostamos, desnudos sobre la sábana, soportando el calor.

    — Abe, quiero que me poseas.

    — Date la vuelta y prepararé tu culo para no hacerte daño.

    Empleamos todas las posibilidades a nuestra disposición e hicimos el amor como nunca lo habíamos hecho. No hubo mucho dolor, y lo poco que pareció haber se convirtió pronto en placer. Hicimos el amor cara a cara. Mis pies rodeaban su cintura y sus manos atraían mis caderas. Me penetró, sentí inmenso placer. Holgué maravillosamente, me sentí atravesado por una saeta de amor. Se sintió recompensado porque no le permití que se saliera de mí y pudo eyacular dos veces en mi recto sin salirse y yo igualmente sobre su abdomen. Le dije que durmiéramos con su polla dentro de mí. Me contestó:

    — Dentro de ti podré estar acostado, pero no sé si dormiré; si te siento, mi vida es tuya.

    — Pues permanece así hasta que puedas y te venza el suelo.

    Creo que no tardé en dormirme. Parece que no tardó en dormirse. Me desperté por la luz que penetraba en la habitación y tenía su polla dentro de mí.

    — ¿Duermes?

    — No.

    — ¿Qué haces?

    — Amarte.

    No tardó en bombear y eyaculó. Ya nos fuimos a duchar y a desayunar. Pasaría el fin de semana y esperábamos ansiosamente a Ifi con los niños. Cinco días más con nosotros. La mamá de Abelardo visitaba a mi taita y merendaban juntas. Ambos, Abelardo y yo, teníamos taita y mamá. Las mujeres se complacían. Cuando quisimos hablar de nuestro amor, ya todo fue tan fácil, que nos animaron a perseverar en nuestro afán de amarnos. Hasta el papá de Abelardo se sentía feliz de saber cómo nos amábamos tanto. Eso fue lo que le hizo cambiar a favor nuestro. No poca parte les corresponde a mi taita y a Ifi, que hablaban de nosotros como pienso que no merecíamos. En realidad, lo digo por mí, pero puedo decir lo mismo por Abelardo, nosotros éramos unos egoístas, porque queríamos sembrar la alegría para podernos amar con paz y alegría. Todavía decían que les dábamos lecciones. Pero así de travieso es el amor.

  • Las fotos de mamá (Parte 1)

    Las fotos de mamá (Parte 1)

    El timbre de la puerta sonó y Sergio se accionó como un resorte apresurándose a abrir, esperaba la llegada de su hermano Iván. Hacía año y medio que no le veía. Le echaba mucho de menos, estaba ansioso por volver a verle.

    —¡Iván! -exclamó al abrir la puerta y encontrar a su querido hermano al otro lado.

    Los dos hermanos se dieron un abrazo y luego se miraron a los ojos en silencio. Enseguida el menor ayudó al mayor a entrar las maletas en casa.

    —¿No están papá y mamá? —quiso saber Iván.

    —Papá lleva toda la semana quedándose hasta tarde a trabajar —contestó Sergio— y mamá está haciendo un recado.

    —¡Jo! Con las ganas que tengo de verles…

    Sergio llevó las maletas hasta el cuarto que su hermano conocía muy bien. Cuando vivía en casa los dos compartían esa habitación.

    —¿Y Marta? ¿Tampoco está?

    —Marta tiene exámenes, está en la biblioteca, dice que yo no le dejo estudiar…

    —¿Todavía os seguís peleando?

    —Venga, tú ya sabes como es ella…

    —Es tu hermana, Sergio, deberíais llevaros mejor…

    Sergio dejó las maletas en el suelo mientras Iván dejaba su chaqueta a un lado. Seguidamente se desplomó sobre la cama lanzándose de espaldas.

    —¡Ya estoy en casa!

    —Me alegro mucho de que estés aquí, tío —dijo Sergio desde lo más profundo de su corazón.

    —Yo también me alegro de volver, hermanito…

    Sergio se sentó frente a su ordenador y lo encendió. Tenía una sonrisa enigmática en el rostro.

    —Tengo que enseñarte una cosa, lo vas a flipar…

    —Viniendo de ti —replicó Iván cordial— seguro que es porno…

    —Sí, pero como esto no has visto nada en tu vida…

    Sergio buscó una carpeta en su ordenador y desplazó el cursor para abrirla. Seleccionó una foto e hizo doble clic sobre ella. En la pantalla apareció la imagen de una despampanante mujer desnuda.

    —¡Ostia! —Exclamó Iván con los ojos como platos— ¡Pero si es mamá!

    —¿A qué mola? —contestó Sergio con un brillo de orgullo en el rostro.

    —¡Que pasada! ¿De dónde la has sacado?

    —Del disco duro de papá —contestó Sergio— igual se las ha hecho para enviarlas a alguna página guarra…

    —¿Se las ha hecho? ¿Es que hay más?

    —Pues hay como unas veinte…

    Sergio dispuso a su ordenador para que las imágenes de la carpeta fueran apareciendo una tras otra. La hembra que salía en las fotos era una atractiva mujer madura de grandes pechos y exuberantes formas. Su cabellera negra y larga le daba un aire salvaje y sus poses, lascivas y obscenas, completaban un cuadro estremecedor.

    —¡Joder! —Exclamó Iván— ¡Pero qué buena que está mamá! ¡Se me está poniendo dura y todo!

    —Y a mí… —contestó Sergio— y eso que llevo ya una semana pajeándome con las fotos…

    —¡Joder, mira que culo! ¿Todavía se pone aquellos pantalones azules tan ajustados?

    —Sí que se los pone, que buena que está con ellos…

    —Eres un cabrón, me estás haciendo que me entren ganas de follarme a mamá…

    —Tú siempre has tenido ganas de follarte a mamá…

    —Eso es verdad —reconoció Iván— pues no nos hemos hecho pajas pensando en ella ni nada…

    —Mira —indicó Sergio— en esta sale con el chocho abierto.

    —¡Joder, que pasada! Me estoy poniendo caliente y todo…

    —Pues sácatela y hazte una paja —recomendó Sergio a la vez que alargaba la mano hacia la entrepierna de su hermano.

    Iván se desabrochó la cremallera y se sacó el miembro. Lo tenía ya bastante erecto. Sergio se lo sujetó con una mano y se lo masajeó un poco. En la pantalla la hermosa mujer enseñaba su trasero y su sexo colocada a cuatro patas sobre una cama.

    —Así —dijo Iván guiando la mano de su hermano— así es como me gustaría tenerla…

    Sergio se desabrochó también la cremallera y se sacó el pene, aun así alargó la mano hasta el de su hermano para encargarse de acariciárselo. Iván reaccionó acercándose y sujetando a su vez el pene de Sergio.

    —¿Quién te la toca ahora que ya no estoy por aquí? —quiso saber Iván.

    —Muchos y muchas —contestó el hermano menor— tengo chochos y pollas para dar y vender.

    —Ya será menos…

    Pero ninguno me lo hace como tu…

    A base de tocarse el uno al otro los dos hermanos tenían ya considerables erecciones. Sergio se puso de pie para abrazar a su Iván y besarle en la boca. Sus penes se acariciaron también restregándose el uno contra el otro. Sergio se estiró entonces en la cama y procedió a bajarse los pantalones. Iván, aún de pie, también comenzó a desnudarse.

    —¿Te imaginas lo que molaría follarse a mamá? —preguntó Iván a su hermano mientras se desprendía de toda su ropa.

    —¡Joder si molaría! Yo, desde que descubrí las fotos que no pienso en otra cosa.

    Iván se abalanzó sobre su hermano para besarle, abrazarle y acariciarle. Se frotaban pene contra pene y Sergio le acariciaba el trasero a su hermano.

    —¿No tienes vaselina o algo así? —Quiso saber Iván— me gustaría follarte el culo imaginándome que es el coño de mamá.

    —¿No me la vas a chupar?

    —No —dijo Iván sentándose en el filo de la cama— me la vas a chupar tú.

    —¿Ya empezamos? A mí también me gusta que me la chupen —protestó Sergio.

    —Pero el mayor soy yo y tú me vas a comer toda la polla —Iván decía esto sujetándose el nacimiento de su miembro con la mano y mostrándolo a su hermano.

    Ni corto ni perezoso Sergio se dispuso a hacer lo que se le decía. Estirado en la cama colocó su boca en el regazo de su hermano y engulló su miembro. Mientras, Iván le acariciaba el trasero, los testículos y el pene todo lo lascivamente que podía.

    —Me tienes que hacer una copia de esas fotos —comentó Iván— la del coño abierto me la voy a poner en el portátil de fondo de escritorio…

    Sergio no contestó. Tenía la boca ocupada tratando de engullir la verga de su hermano. Se recreaba en su labor, lamiendo toda la longitud del miembro, acariciando los testículos y subiendo y bajando la piel con la mano.

    —Ya no recordaba lo bien que la chupas, hermanito…

    —Y yo no recordaba —se interrumpió Sergio— lo mucho que echaba de menos tu polla…

    —Va, tío, déjame que te la meta por el culo, lo de mamá me ha puesto a cien.

    —Vale.

    Los dos hermanos tenían cuerpos musculosos y fibrados y sus traseros eran como sacados de una estatua de mármol.

    Sergio se sentó en el regazo de su hermano colocándose adecuadamente para que la verga de éste le entrara suavemente por el orificio del ano. Enseguida Sergio inició un movimiento sinuoso encima de Iván, haciendo que el pene de este girase y se moviese en su interior. Por su parte Iván se hizo con una mano con la verga de Sergio para masturbarle a la vez que lo penetraba.

    —Demasiado tiempo sin follar contigo. Iván…

    —Tienes el culo perfecto para mi polla, encaja a las mil maravillas…

    Iván se pegó a la espalda de su hermano cuanto pudo y acercó sus labios a su cuello. Lascivamente la pasó la lengua por su cuello y por la oreja hasta conseguir que se girase y le ofreciera su lengua.

    —Ahora que he vuelto —susurró Iván— te voy a follar todos los días, hermanito.

    —No te vuelvas a ir —dijo Sergio con tristeza en la voz mientras el falo de su hermano le taladraba el esfínter y su mano le acariciaba los genitales— te he echado mucho de menos…

    —Lo siento, en serio…

    —He echado de menos tus caricias, tus besos, tu polla, tu culo…

    Como respuesta Iván empujó fuerte su miembro en el interior de su hermano.

    Entonces, sin previo aviso se escuchó el sonido de una puerta al cerrarse. Seguidamente la voz de una mujer.

    —¡Ya estoy en casa!

    —¡Joder! —Exclamó Sergio— ¡Es mamá! ¿Qué coño vamos a hacer ahora?

    Espero les hay gustado esta primera entrega. Seguiré la saga si a ustedes les gusta.

    Para sugerencias, consejos, preguntas, o demás intereses, les dejo mi correo: [email protected].

    Nos estamos leyendo.

  • Me gusta follarme mujeres feas

    Me gusta follarme mujeres feas

    Desde que empecé a follar, siempre me he acostado con mujeres hermosas. Jóvenes y guapas, de entre 25-35 años, diréis que soy un estúpido y engreído por no saber apreciar a la mujer madura, pero es que en mis gustos no entraban mujeres así. Ahora que he cumplido los 30 me he dado cuenta de algo en lo que no había reparado hasta entonces. Me estoy fijando en mujeres de unos 50 y tantos, y diréis ¿y eso qué tiene de malo? Pues nada, lo que pasa es que me estoy fijando en mujeres feas, pero con un buen cuerpo.

    El otro día precisamente voy a coger el autobús. Mujer de unos 52 años más o menos, fea con ganas, de la que no te follarías ni harto de vino, pero me fijo en que tiene unos muslos y un culo que ya quisieran muchas.

    Se sienta a mi lado y roza, claro, su muslo izquierdo con el mío (lleva mallas que se le marcan bien). Intento disimular bajando la vista hacia su pierna, está bastante bien como dije, vaya par de piernas.

    No puedo evitar ponerme cachondo con el roce. Con los traqueteos del bus y su muslo izquierdo me estoy empalmando.

    Llegamos al final del recorrido del bus y ella se baja también conmigo y el resto de pasajeros. Cuando veo cómo se mueve su culo al andar, me pongo a cien, había perdido parte de la erección, pero pienso que no puedo dejarla escapar.

    Se me ocurre algo de repente.

    —¡Señora! ¡Se le ha caído algo!

    Se gira y veo lo fea que es, pero tan apetecible de cintura para abajo…

    Le muestro un peine que estaba en el suelo.

    —Gracias, pero creo que no es mío. Abre su bolso y me enseña su peine.

    —Ah, disculpe.

    —No se preocupe. Además creo que se me olvidó peinarme hoy.

    No lo dude señora, pensé para mí. Pero lo que me interesa es su cuerpo.

    —Está muy guapa, le dije mintiendo como un bellaco.

    —Gracias de nuevo, se acercó a darme la mano. Me llamo Virginia.

    —Yo Juan Carlos. ¿Tiene prisa?

    —Pues he quedado para una entrevista de trabajo. A las 12:00. Creo que en una hora podría estar fuera. Si quiere, podemos quedar en la cafetería que hay aquí, justo al lado de la parada del autobús.

    —Por supuesto. Yo tengo que hacer unas cosas, pero me dará tiempo volver en una hora.

    La pobre debía de estar desesperada por follar y que un hombre como yo le diera conversación, seguro que era lo último que esperaba encontrar hoy.

    Nos despedimos y desaparecí calle abajo. En realidad no iba a ningún sitio. Solo a la caza de macizas para follar. Iba con mi bandolera, como si en realidad fuera a trabajar o a hacer cualquier cosa, pero solo llevaba una botella de agua y una caja de condones.

    Después de una hora sin hacer nada, llegué a la cafetería. Me senté y cuando el camarero me dijo si quería tomar algo le dije que estaba esperando a alguien. Pensé que tal vez no aparecería. Estaba claro que me había mentido. No iba a ir a una entrevista de trabajo con esas mallas. ¿O tal vez si?

    Era la una y cuarto según el reloj que había sobre la puerta de la cafetería, cuando veo que aparece.

    Llega azorada, me parece que se hubiera hecho algo en el pelo, pero no creo que le hubiera dado tiempo. Me levanto y me planta dos besos en las mejillas.

    —Perdona, la entrevista se ha alargado más de la cuenta.

    —No pasa nada.

    Pedimos dos cervezas y unas patatas bravas. Veo cómo se acomoda la ropa. Está muy nerviosa. Se sube las mallas marcando aún más sus muslos y eso me vuelve loco.

    Con la cerveza y la conversación, parece que sus nervios se van calmando.

    —¿Y qué tal ha ido la entrevista? Le pregunto.

    —Bien, bien. Necesito encontrar trabajo. Me separé de mi marido hace 5 años, afortunadamente no teníamos hijos, pero él se quedó con el piso, en realidad era suyo y yo he tenido que volver a casa de mi madre.

    No me extraña, pensé, con lo fea que eres….

    Seguimos hablando de todo y yo de vez en cuando me estiró en la silla, marcando pectorales con mi camiseta ceñida. Noto que no puede apartar la vista de mi y que juguetea con su lengua.

    Con la segunda cerveza ya ha perdido toda la timidez. Me toco distraídamente el pezón izquierdo y ya la tengo en el bote.

    —Bueno pues, dice llevándose un calamar a la boca, creo que debería irme. Ya se ha hecho tarde.

    De repente, da marcha atrás y me pregunta:

    —¿Tú tienes tiempo…?

    Su boca se abre mostrándome su lengua. Lo hace inconscientemente, pero el deseo la puede.

    —Hay un hostal justo enfrente, podemos ir si quieres. Le digo.

    —Claro.

    Pago la cuenta, y salimos rápido de la cafetería. En el hostal pido una habitación para un par de horas.

    Hay una mujer bastante estúpida en la recepción.

    —Serán 20€. Pueden estar todo el día si quieren, nos dice con su voz de pito.

    Me da la llave de la 123. Subimos las escaleras y abro la puerta. Es una habitación pequeña, algo andrajosa, pero para lo que la quiero me viene bien.

    En cuanto cierro la puerta, Virginia se echa sobre mi y empieza a besarme. Lo odio. No me apetece ver su cara, solo quiero follármela y ya está. No quiero ninguna demostración de cariño. Pero le sigo la corriente y pese al asco que me da, le meto la lengua hasta la campanilla.

    Después de la demostración de cariño, le bajo las mallas y las bragas y la vuelvo de espaldas. Mojo un dedo con mi saliva y se lo meto en su coño. Ella se muere de gusto. No lo lleva depilado, pero me da igual, tampoco se lo voy a comer.

    Me desnudo de cintura para abajo cuando Virginia está a punto y sacó un condón y me lo pongo y se la meto sin más.

    —¡Ah! gime.

    —¿Cuánto hace que no follas?

    —Cuatro, cuatro años, me dice con un hilo de voz.

    Se nota que hace mucho que no folla, porque me ha costado un poco penetrarla. Aunque estaba húmeda y con la lubricación del condón, ha entrado con dificultad.

    Enseguida nuestros movimientos se acoplan. Ahora mi polla se desliza de maravilla dentro de ella. Mi pelvis choca contra su culo y el sonido me pone más cachondo aun si cabe.

    La inclino un poco hacia adelante, pero no demasiado, no quiero ver el reflejo de su cara en el espejo que tenemos justo enfrente.

    Unas pocas embestidas más y Virginia acaba corriéndose. Yo todavía aguanto. Pienso que si veo su cara duraré más. Decido inclinarla hacia adelante y veo su cara, que aunque fea, está muerta de gusto y eso me excita más y acabo corriéndome, cuando pensaba que sería al revés y que duraría más.

    Recupero la respiración todavía dentro de ella y entonces la levanto. Se sale de mi y se vuelve y me besa apasionadamente, cosa que me molesta.

    Pienso en darnos una ducha, pero entonces me doy cuenta de que la habitación no tiene baño. Tenemos que salir al pasillo desnudos y andar hasta el baño que está al final del pasillo. No pensaba que el hostal tendría un baño común.

    Cierro la puerta y echo el pestillo. Nos duchamos juntos, el baño es demasiado pequeño, al menos hay toallas.

    Con el agua Virginia vuelve a ponerse cachonda y quiere que me la vuelva a follar.

    —Tengo los condones en la habitación.

    Ella parece no escucharme porque se agacha y me hace una buena mamada.

    No quiero una mamada de ella, pero no me queda otra. No creo que tenga ninguna enfermedad, pero comparando con las tías buenas que me le han mamado a lo largo de mi vida sexual, Virginia es un cardo.

    Mi polla está otra vez a punto. Ella ha vuelto a calentarse y quiere que volvamos a follar. Pero me niego sin condón.

    Abro la puerta del baño y miro el pasillo, no parece haber moros en la costa. Salgo rápido con la toalla puesta y vuelvo a la habitación.

    Regreso con un par de condones por si le da más gana.

    Esta vez quiere follarme de cara. No sé si aguantaré la erección.

    Con el agua de la ducha cayendo sobre nosotros, me monta y me folla como si nada. Ahora se ha soltado y su coño se ha abierto bien cómo debería. Trato de cerrar los ojos y concentrarme en aquella chica rubia tan guapa que me follé en mi primer trabajo. Con esas tetas tan bonitas y esos pezones rosados. Qué bien follaba la jodía. Claudia se llamaba.

    Gimo su nombre bajito, Claudia, Claudia, con la esperanza de que con el sonido del agua no me oiga.

    En un momento que abro los ojos, veo cómo Virginia gime como una loca, y se agarra a mis hombros. Estos cuatro años sin follar la habían dejado seca y ahora está recuperando el tiempo perdido.

    Al estar al borde del orgasmo de nuevo, la giro y me la follo bien follada de espaldas. Sus muslos y su culo son lo mejor como os dije. Por ello merece la pena follársela, aunque sin mirarla a la cara.

    Me gustar follarme mujeres feas con un buen cuerpo.

    Eyaculo bien fuerte pese a que acababa de correrme. Virginia se muere de gusto y se corre en pocos segundos después de mi.

    Ya bien follados, nos duchamos, nos secamos y dejamos la habitación. Cuando salimos, la mujer de la recepción nos dice que si lo hemos pasado bien. Ni la contestamos.

    Virginia se despide de mi con dos besos en las mejillas y cada uno nos vamos por un lado.

    Días después vuelvo a verla en el mismo autobús. Ella también me ve y me sonríe. Seguro que quiere volver a follar, pero yo no lo tengo tan claro.

    Toco el timbre solicitando parada y me bajo en la primera.

    Virginia viene detrás de mí y me llama. ¿Qué hago me la follo o paso de ella?

    Si os gustado y queréis comentar escribidme a: [email protected].

  • Seduciendo a Cristina en un trío

    Seduciendo a Cristina en un trío

    Cristina es hermosa, una gordita con cintura y cola grande, a mí me vuelve loco, es muy sexi. Siempre nos calentamos mucho al imaginar un trío, pero de los dos soy el único que se animaba a hacerlo, ella no. Quizás por miedo o quizás por otra cosa, pero la idea sí que la calentaba.

    Una vez la lleve a bailar sin decirle que la llevaba a un boliche swinger. Sabía que ni bien se diera cuenta que tipo de boliche era se quería ir. Pero una vez adentro el ambiente era igual que cualquier otro boliche.

    Tomamos algo y luego bailamos. Cuando terminó la bebida me dijo «anda a comprar otra yo te espero acá». Y así lo hice, en el camino note muchas chicas que me gustaron pero solo mire. Al volver me encontré con Cristina bailando con un chico, era más alto que yo, flaco con el pelo un poco largo. Quedé viendo muy sorprendido pero no los interrumpí, pase por al lado y me recosté por la pared muy cerca para ver. Cristina bailaba meneándole la cola a la altura de su bulto con la clara intención de calentarlo. Cuando ella se dio cuenta que los estaba viendo se despidió de él diciéndole algo, entonces el intento besarla en la boca a lo que Cristina retrocedió pero logró rozarle un pico.

    Se acercó a mí y me besó apasionada. El flaco quedó mirando y luego se fue. «No te enojaste me dijo Cristina». Y yo le dije no…

    Seguimos tomando y bailando y volvió a terminar la bebida. Le mire y le dije que iba a comprar otra que ya volvía. Y al volver el mismo flaco estaba bailando con ella, a lo que me acerque a ella y le pregunté qué onda?

    Me dijo que yo podía bailar con alguien pero solo bailar, que ella más que eso no se animaba.

    El flaco se me acerca y me pidió disculpas por intentar besarla a lo que respondí todo bien.

    No quise bailar con alguien. Ya que verla con el flaco bailando me gustaba más. Ella se dejaba apoyar por el flaco y de tanto en tanto se me acercaba a besarme, y por el besó me di cuenta… estaba caliente ya.

    Volvió a despedirse del flaco y se me acerca y me dice que se quería sentar. Entonces empezamos a caminar por el lugar y fue ahí donde vimos otra entrada, desde afuera se veían sofás y mesas pero la persona de seguridad nos dice que debemos dejar los celulares para entrar. Y ahí cris se dio cuenta que ese lugar era swinger. Yo le dije que estaba caliente y que quería cogerla. Y el de seguridad viendo las dudas de Cristina me ayudó diciéndole que nadie nos molestaría ni faltaría el respeto. Eso y el hecho que ella también estaba caliente ayudaron y entramos.

    Buscamos un lugar para sentarnos, la luz era roja y suave, nos compramos algo para tomar y nos sentamos. Entre besó y besó me confesó que se calentó con el flaco que bailaba y mientras le levantaba el vestido y le quitaba la tanga me decía que le gustó cuando sintió su pene duro y él le dijo que la quería coger de cuatro.

    Yo le dije acá podemos coger, pero por ahí alguien podría vernos. Y me dijo que eso es lo que le daba cosa.

    Entonces la puse de cuatro le levantó todo lo que daba su vestido y le empecé a dar. Y de tanta calentura no nos dimos cuenta, nos estaban mirando, y si… Era el flaco. Yo fui el primero en notarlo por lo que me salí y le di la vuelta al sofá para ponerme en frente de ella me agache y la empecé a besar y ella me reclamo»¡ porque saliste? Yo quiero pija… Y me empezó a pedir pija. Yo le pregunté «estás muy caliente te gustaría cogerte al flaco?» Si me respondió quizás por calentura del momento por qué cuando le dije que él estaba detrás viendo se sentó asustada y se tapó y me reclamo porque no le avisé.

    Le dije que es una linda oportunidad de probar y si algo no te gusta cortamos y nos vamos. Me dijo que no, que no se animaba, y el flaco se acercó más y pidió permiso para sentarse y le dijo a Cris que el solo quería ver. Que no le faltaría el respeto nunca y que si no aceptaba él se iba.

    «Solo quiere mirar dice» probamos con eso? Si no podés nos vamos que decís? Le dije.

    Lo pensó y dijo bueno como dudando. Comencé de cero con besos suaves y note que ella lo miraba con timidez pero a cada rato. Le acariciaba los pechos y le decía «mira cómo te mira le gustas mucho» y se empezó a calentar de nuevo. De a poco se iba soltando mientras yo le preguntaba te gusta el» y hasta que me dijo muy tímida que sí. Y te animas a que se acerque más? «No sé» me respondió «no me animo»

    Pero te gusta? insistí yo

    Si! volvió a decir

    Entonces le hice una seña al flaco para que acerque y él ni lento se acercó sentándose en el sillón dejando a Cris en el medio. Cristina lo miro de cerca y se dio vuelta a decirme «Marce es re lindo» y el al escuchar contesto vos también y cuando ella volteo quedaron muy cerca. Entonces me acerque a su oído y dije:

    «Besalo» y fue el quién al escucharme la besó

    Ella se tapó la cara con vergüenza y se escondió en mi pecho. Yo levante su cara y la bese y después gire su cara y el la volvió a besar. Fue un beso más largo entonces aproveché para besar su cuello y espalda y acariciar sus pechos. Sus pezones se volvieron a endurecer, estaba calienta, dejo de besarlo y me miró sin poder creer lo que pasaba y yo la volví a besar. Mientras la besaba no podía ver lo que hacía el flaco pero sentí que se paró y cristina de golpe dejo de besarme sorprendida, al abrir los ojos descubrimos al flaco chupando la concha de Cristina, arrodillado en el suelo, Cristina me miró con los ojos abiertos y exclamando suspiros. Yo me dedica a mirarla y a acariciarla un rato y comencé a besarla hasta que ella no aguanto más y le pidió que pare. El muy respetuoso se volvió a sentar y yo la acosté recostando su cabeza en las piernas del flaco y la empecé a coger el flaco le acariciaba las tetas y la besaba. Yo ya estaba muy caliente y salí para descansar a lo que ella me reclamo que no salga. Yo le dije que iba a comprar algo de tomar y volvía. Cuando volví la encontré a los besos con el flaco.

    Ella le bajo el pantalón y le empezó a chupar la pija, después de un rato se puso en cuatro y el flaco se puso atrás y le empezó a dar. En ese momento me acerque de frente a ella y ella se tapó la cara yo me senté a la altura de su cara y levanté su boca y la bese y le dije que se veía hermosa. Y saque mi pija y la puse en su boca. Con cada embestida del flaco mi pija entraba en su boca. Estábamos los tres muy calientes. El flaco no aguanto y termino en esa pose y se salió entonces yo me pare y cambie de lugar con el flaco yo le empecé a dar de cuatro hasta que ella acabo y al rato acabe yo.

    Nos sentamos y ella aún con vergüenza no podía creer lo que paso. Él se vistió y se fue al baño dejando su número.

    Se despidió diciéndole a Cristina lo hermosa que era para él. Y se fue. Nosotros tomamos algo más y nos fuimos.

    Hoy recordamos lo vivido nos calentamos mucho.

  • Priscila, esperando por ti

    Priscila, esperando por ti

    Para Priscila era habitual el saludar a don James, el señor de la tiendita de la esquina. Ella siempre lo vio mayor, dado que desde que tiene uso de razón lo veía ahí, detrás del mostrador. Fue hasta hace unos meses que la situación se volvió incómoda. Priscila se desarrolló a muy temprana edad, aunque es chaparrita, sus caderas crecieron como las de su madre. Es a partir de que cambio su forma de vestir que su vecino, el tendero amigable, comenzó a mirarla de otra manera.

    —Hola Priscilita, ¿qué te voy a dar?

    —Buenos días señor, un refresco por favor.

    —Toma, yo te lo invito.

    —¡No como cree!

    —Si si si, insisto. Es un honor para tan bonita nena!

    —¿Perdón?

    —¿Seguro ya tienes novio?

    —No…

    —Pues que bobos, tan rico bombón. Y con esos shorts te ves deliciosa.

    Priscila salió casi corriendo, desconcertada, nunca había experimentado algo así. Pensó que ella tenía la culpa, ahora tenía terror de que la mandaran a la tienda. Y era algo inevitable.

    Al siguiente día la mandaron por aceite y sintió que su cuerpo se estremecía, sentía que sus piernas le temblaban, al llegar al mostrador pensó que no le saldría la voz.

    —Hola Priscila, quería disculparme.

    —¿como…?

    —Ayer me excedí, no quiero ser molesto. ¿Dime que te doy?

    —Aceite…

    —¿De oliva?

    —Del normal!

    —Aquí tienes, son 25

    —Gracias

    —De nada nena.

    Salió un poco más tranquila pero a sus espaldas alcanzó a escuchar como entre dientes Don James decía.

    “Que pedazo de nalgas tienes”

    Ella sintió una punzada en el estómago, en realidad seguía mirándola con morbo. Aunque en diferentes ocasiones escucho a su madre platicarle a sus tías que era un tipo inofensivo, y al parecer le encantaba hacer comentarios inapropiados a todas las mujeres. Pero no pasaba de ahí. Así que lo tomó como una mala broma. Las mujeres de su familia estaban reunidas para los preparativos de su fiesta de cumpleaños, el número dieciocho.

    Ella también estaba ilusionada, vendrían todos sus amigos, sus familiares y gente cercana. Sería una gran fiesta. Así que los comentarios de don James le parecían hasta divertidos.

    —Me da pan don James

    —Te voy a dar todo lo que quieras mamacita!

    —Solo pan, gracias.

    —De nada cosita rica!

    “Ahí quiero morir Dios mío”

    Por fin llegó el día, la despertaron con regalos. Fue a la escuela a recibir abrazos y más regalos. Por la noche la gente fue llegando a su casa. La música sonaba y algunas cervezas ya pasaban de mano en mano. También era la primera vez que Priscila tomaba en presencia de sus padres. Alguien la tomó de la cintura y le dio la vuelta para luego abrasarla.

    —Feliz cumpleaños Priscilita!

    —Don James!

    Extrañamente nunca lo había visto así, siempre detrás del mostrador. El olor a perfume le gusto y sus manos gruesas acariciando su espalda la hicieron sentir cosquillas en el estómago. Pero más lo que él le susurró al oído.

    —Ya tienes edad para que te dé una buena cogida.

    —¿QUÉ?

    —Felicidades, gracias por invitarme.

    —Algún día tenías que salir de tu cueva —le dijo el papá de Priscila.

    Resulta que Don James fue compañero de colegio de su padre, ambos están por cumplir cuarenta, también se enteró que él nunca se casó. Se dedicó a cuidar a sus padres y a atender el negocio. Priscila no paraba de míralo. Aunque estaba un poco pasado de peso, su espalda ancha y sus brazos con las venas saltadas le atraían. Desde siempre a tenido canas cerca de las orejas, y esa sonrisa amplia. Mucho más alto que su papá.

    —Me acuerdo cuando la cargaba para que agarrara dulces y mírala, ya es toda una mujer.

    —Te voy a cobrar el dentista, siempre quería ir, sabía que le regalarías lo que quisiera.

    Priscila estaba apenada, no recordaba nada de eso. Luego, todos comenzaron a bailar. Ella se divirtió con sus amigos y nunca supo en que momento se fue el tendero. Pero al día siguiente, convencida de que era inofensivo fue a la tienda con esos shorts diminutos. Un regalo para ese viejo, pensó ella.

    Cuando don James la vio entrar, tiro lo que traía en la mano, y abrió los ojos lo más que pudo.

    —Dios mío bendito

    —Hola don James

    Ella se agacho ante el estante de papas fritas y el short parecía que reventaría en cualquier momento, James estaba con la boca abierta y mudo ante aquel delicioso paisaje.

    —¿Cuánto le debo?

    —¿Cuánto te debo yo a ti mamacita hermosa?

    —Ya en serio.

    —¿Me dejarías tocarte las nalgas?

    —¡Don James!

    —Olvídalo, no me debes nada niña!

    Salió sonriendo y esperando el comentario del tendero. Pero no hubo tal. Al día siguiente repitió la dosis, era tarde y James ya estaba por cerrar.

    —Antes de que cierre deme unos cigarros para mi papá

    —Ese vicio lo va a matar.

    —¿usted no tiene vicios?

    —Sí, tu culito es mi vicio!

    —No sea grosero!

    —Mira como me pones ingrata!

    Le tomó la mano la puso sobre su pantalón, un gran bulto se sentía endurecido. Aunque quiso apartar su mano, James la recorrió sobre su miembro varias veces. Luego la soltó y le dio la vuelta. Pasó la cajetilla de cigarrillos en medio de sus nalgas, como si fuera una tarjeta de crédito y luego se los dio.

    —Ahora llévale los cigarros, seguro te está esperando.

    —¿Cuánto le debo…?

    —Ya me cobraré no te preocupes.

    Priscila camino un poco excitada, le gustaba la manera brusca de aquel señor hacia ella. Sus pezones estaban duros, y la sensación de esa verga en su mano seguía en su mente.

    Volvió al siguiente día con unos jeans ajustados, su culo Como de costumbre lucia espectacular, sin embargo don James ni siquiera la volteó a ver, le despacho, no le recibió el dinero y cuando salió, tampoco le dijo nada. Priscila estaba desconcertada. ¿Qué mierda con ese viejo? Era verdad lo que decían de él, al menos tendría golosinas gratis de por vida. Así pasó una semana entera, se puso minifaldas, shorts, leggings de cuando iba a secundaria. Obviamente le apretaban muchísimo. Y nada. Hasta el domingo en que súbitamente volteó a verla y le dijo sonriendo.

    —Hoy podrías darme un adelanto de lo que debes!

    —¿Y qué cosa quiere si ya ni me mira?

    —¿puedes o no?

    —¿qué cosa quiere? Dígame!

    —Pues… aprovechando que traes falda, solo ven y recárgate acá en el refrigerador de las paletas.

    El refrigerador estaba dentro, desde afuera no se veía. A Priscila le dio un poco de miedo, sin embargo entró y se paró junto al refrigerador.

    —De panza, y abre las piernas.

    —¿qué me va a hacer…?

    Don James la volteó y la recargó sobre el refrigerador, podía ver las paletas cubiertas de chocolate que tanto le gustaban, al mismo tiempo sentía como su falda se levantaba. Y el tendero hacía a un lado su calzón. Cuando sintió los dedos frotando su panochita ella separó un poco más las piernas, no era su primera vez, pero si era la primera vez que alguien se tomaba su tiempo. Siempre buscaban penetrarla lo antes posible.

    —Mira que ricos jugos tienes muchacha!

    —…

    Esto era nuevo para ella, mientras la frotaba, hundía un par de dedos en su sexo. No sabía que podía disfrutar tanto. Un pequeño orgasmo la sacudió y sintió que sus piernas se doblaban.

    —Hola don James!

    Era la voz inconfundible de su madre, el tendero le indicó que guardara silencio y le sostuvo la espalda para que no se levantara. Ella guardó silencio y apretó los puños esperando que su madre no la descubriera.

    —Hola doña Laura, que milagro!

    —Mi Priscila que no sé dónde se metió.

    —Con los amigos, es la edad.

    —Seguramente, me da un litro de leche por favor.

    —Claro, son 20 por favor.

    —Gracias, buen día…

    —¡Magnífico… culo!

    —¡DON JAMES!

    —¡Ojalá y su hija se ponga igual de buena!

    —Cállese, no diga esas cosas!

    Su madre se alejó con una risa coqueta mientras su hija seguía con el culo al aire esperando al tendero. Sintió como sus calzones iban bajando por sus piernas, luego por sus tobillos hasta que tocaron el piso.

    —La verdad estás más rica que ella hace años.

    —menso…

    —¡probemos!

    —Haaa!

    La cabeza de James se hundió entre las nalgas de Priscila y ella sintió la lengua recorriéndole la panocha. Con ambas manos separaba sus nalgas para meter más su cabeza.

    —aaah ahhh!

    La lengua de James ensalivaba por todos lados, sentía como pasaba por encima de su clítoris y de su ano, daba pequeños brincos cada que sucedía.

    —Haaa que rico!

    Escucharla gemir le daba pie a chupar con más énfasis, su lengua se abría paso y entraba en su sexo, sentía sus fluidos entrar en su boca, cuando se ocupó de su cola, continuó metiendo sus dedos en el sexo de Priscila.

    —Sii papi! Si dale dale!

    —Pequeña perra!

    Ella sentía que otro orgasmo se acercaba, sus piernas aflojaron, se fue de panza completamente, mientras veía la conexión del refrigerador y basura inalcanzable acumulada. Aceleraba su respiración, apretaba los labios y se dejaba ir en el placer.

    —Aaaaah! Siii! Que rico! Siii!

    —¿Te gusta mi nena?

    —Me encanta! Cógeme! Cógeme ya!

    —Hoy no, será después.

    Le acomodo la ropa luego le puso su mano en la boca para que chupara sus propios fluidos, ella paso su lengua por cada dedo y quiso agarrarle la verga. Pero el sonriente la detuvo.

    —Ahora ve y dale un beso a tus padres. Ya después seguimos.

    —Pero…

    —¡Llévale sus cigarros a tu papá!

    —…

    Aunque en sus piernas seguían escurriendo sus fluidos, iba un poco enojada. Cualquiera de sus amigos la hubiera penetrado sin pensarlo. ¿Que se creía ese viejo? Aun así cuando entró a su casa, por puro morbo beso a su mamá en la mejilla y a su papá en la frente. Luego se fue riendo a su habitación.

    —Toma pa’ tus cigarros!

    —¿Pero no te di dinero?

    —Que mañana le mandes al James.

    —Don James, respeta niña —le dijo su mamá desde la cocina.

    Aunque regresaba cada día, volvió a pasar una semana para que el tendero le prestara atención. A pesar de que ella sacaba los atuendos más pegados de su guardarropa.

    —Hola Priscila, que vas a hacer mañana.

    —¡Vaya!—le dijo casi en forma de reclamo.

    —¿Tienes planes de sábado en la noche?

    —¿Me va a llevar a bailar?

    —No, pero si te portas bien algo te daré.

    —Voy a salir con mi novio.

    —Bueno, si se cancela lo de tu novio, cierro a las diez. Llega un poco antes, y por favor ponte falda. Me gusta cómo se te mueve el culo al andar.

    Tenía fiestas, el cumpleaños de su amiga. Una boda a la que fueron sus papás y una ida al antro con ex novio. Pero ella, puso pretextos. A sus padres y a su ex novio le dijo que iría con su amiga, y a su amiga que pasaría la noche con su ex, se reconciliaría. A las 9:45 salió con un vestido corto. Se puso las zapatillas que usaba en fiestas y se maquilló muy bien. Entró a la tienda y el en total silencio la paso hasta el refrigerador. Cerró y puso candados. Luego apago la luz y así la condujo hasta su casa. Pasaron por una pequeña puerta hasta llegar a la sala.

    —¿A dónde me lleva?

    —Al paraíso niña!

    —¿Me va a mandar otra vez a casa toda cachonda?

    —¿Ya se arrepintió?

    —Estoy aquí.

    Priscila sonrió y siguió avanzando, las manos de Don James le sujetaban la cintura, miraba el meneo de aquel culo hermoso, sentía el calor de aquel cuerpo joven en sus manos callosas, en cuanto cruzaron la puerta, levantó el vestido. Como si quisiera cerciorarse que ahí estaban aquellas nalgas deliciosas. Esas que había probado, con las que soñaba hace mucho.

    —Súbete a ese sillón, en cuatro.

    —¿Que me va…?

    —Shhh! Ahí encima, levante el culo!

    —¿Así?—dijo mientras se acomodaba.

    Priscila se montó en aquel sillón y levantó el culo, arqueo la espalda, sabía que su culo se veía bien así. Sintió las manos ásperas sobando sus nalgas, abriéndolas, y pasando su palma por la panocha. El calor en su sexo era una sensación divina. Comenzaba a humedecerse.

    —¿Me la vas a chupar?

    —¡Hoy me la vas a chupar tu a mi!

    Aunque no paraba de sobar y ya metía un par de dedos en su panochita, James tenía una mano en un bolso, de donde sacó unos dildos, Priscila no veía nada, estaba con los ojos cerrados recibiendo un par de dedos en su concha, esperando esa lengua que la enloqueció. Cuando sintió la textura rígida pegó un respingo. Un dildo grueso chocaba en su ano, ella sentía la vibración que emitía aquel artefacto. Poco a poco fue entrando, abriéndose paso entre aquellas nalgas de campeonato. Y ella respondía, los soplidos acelerados se convirtieron en pequeños gemido, para dar paso unos gritos.

    —¡Me duele!

    —Ok Ok!

    Sacó aquel artefacto vibratorio, apuntó y escupió sobre el ano de Priscila.

    —Haaa!

    Luego escupió en la punta del vibrador y volvió a colocarlo en el ano de Priscila, la mezcla de saliva logró que resbalara más fácilmente, volvieron los gemidos.

    —ahh, aaay!

    —Eso putita, ya vamos comenzando esto!

    Entre más entraba, más fuertes eran sus gemidos, pero el tendero no paró hasta que entró casi por completo. Luego volvió a escupirle, ahora en su panochita, solo para que sus dedos resbalaran y pudiera sentir en su interior como apretaba por estar ocupada en su cola. Pasado su lengua por el clítoris y ella brinco.

    —Haaaay!

    —Que rico sabe esto carajo!

    —Mama bien rico cabrón!

    Chupaba como si fuera un helado, sorbía, lograba sentir aquellos espasmo, acompañados de los gemidos de Priscila, cuando ella sentí que tendría su primer orgasmo, otra textura chocó ahora contra su panochita un vibrador del mismo tamaño estaba luchando por entrar en su sexo.

    —Haaaa! Haaaa! ¿Qué haces?

    —Llenando a mi puta de juguetes!

    —¡Me duele!

    —ya lo sé! Pero te va a gustar!

    Cuando ambos juguetes entraron por completo y vibraban dentro de ella, James se acomodó, sentándose frente a ella, ya tenía abajo el pantalón, cuando Priscila abrió los ojos, una verga gruesa estaba frente a su cara, ella mordía sus labios, apretaba los puños y gemía mientras la vibración en su interior se intensificaba.

    —Abra esa boca, que le toca chupar!

    —Haaa! Haaaa!

    Priscila apenas asomaba la lengua, seguía apretando los labios por el inmenso placer un tanto doloroso de los juguetes en sus orificios, lamia suavemente el tronco del miembro tímidamente.

    —Abre la boquita nena!

    —Mmm haaa! Mmm! —ella quería abrir la boca, pero no soportaba la vibración dentro de su cuerpo.

    La punta de su pene aún chocaba en sus dientes, sus labios se movían de un lado a otro al ritmo de aquella verga, el me volvía como un pincel dando trazos para entrar en su boca. Un gemido de Priscila al fin dejó entrar aquella verga por completo. El calor del aliento envolvía aquel miembro que endurecido entraba en su boca y sentía resbalar por su lengua. A ella le gustaba chupar, pero esto era diferente, este tipo la trataba como una puta, lo extraño era que lo estaba disfrutando muchísimo.

    —Eso mámalo nenita, chúpalo todo putita!

    —Haaaag haaag

    La saliva formaba un poco de espuma que salía por la orilla de su boca, los juguetes en sus orificios vibraban más fuerte y sentía como un orgasmo escurría en sus piernas, sentía todo su cuerpo sin fuerzas y temblando.

    —Ahora si vamos a probar ese chochito rico mamita! —por fin, pensó Priscila.

    Sacó su verga de la boca de Priscila y ella jalo aire y se limpió la boca de tanta baba acumulada, Don James le aplastó la cabeza en el sillón y su hermoso culo quedó empinado con los juguetes aun vibrando, sacó el de su panochita y se escupió la verga, luego la punta tocó la entrada de su vagina, se tomó el tiempo de jalar sus brazos y luego le metió la verga con fuerza.

    —Haaaaay!

    —Llevó años esperando a que seas mayor para probar este culito mami!

    —Haaaa! Haaaa!

    —En cuanto te empezó a cambiar el cuerpo, creció tu culo, tus tetas… me obsesioné mami, te tenía que coger.

    —Haaaa! Haaaa!

    El pene de plástico en su culo seguía vibrando, pero estaba a la mitad, así que don James lo empujó hasta que se hundió por completo. Priscila mordía un cojín y apretaba los dientes.

    —Haaaahaaahaaa!

    —Eso putita, grita, eres mi perra ahora!

    —Hay hay! Haaa!

    —Que rico atravesar esas nalgotas!

    Don James tiraba de sus brazos y el sonido de sus nalgas chocando contra el era impresionante, así como la imagen de aquel hermoso culo joven, nuevecito y delicioso frente a sus ojos. Para un tipo solitario como el esto era un regalo de Dios.

    —¿vas a ser mi putita?

    —Haaa! Siii! Haaa!

    —Este culo es mío, y te voy a coger cuando se me dé la gana putita!

    —Haaaa! Siii! Soooy tuuu haaaa!

    Un tercer orgasmo llegó y Priscila parecía deshacerse, gemía sin control y sus piernas perdían fuerza.

    —¡que rico que rico! Haaa!

    —Mi putita, vamos aprobar esa colita!

    Don James sacó el dildo del culo de Priscila, y uno nuevo, más grande y negro lo colocó en su panochita, resbaló sin ninguna dificultad, luego abrió sus nalgas con ambas manos y metió su verga. Un anal en su primera sesión con aquella niña no estaba mal.

    —Me duele! Me duele! Haaay! Sáquela!

    —Claro, ya la sacó mamita! —le dijo sonriendo, ni loco se saldría de aquella cola.

    Embistió con más fuerza y Priscila se retorció, el disfrutaba del dolor que le causaba a cada empujón dentro de aquella colita. Priscila sentía como las lágrimas a causa del dolor que sentía escurrían por sus mejillas. Le dolía muchísimo, jamás sintió tanto dolor.

    —Haaaay haaaay me duele mucho!

    —De eso se trata hija de puta, de que no me olvides nunca!

    —Haaaa! Haaaa!

    —¿ya te habían usado el culo mi niña?

    —Haaay nooo nunca haaay!

    James soltó una gran carcajada, mientras aplaudía festejando.

    —¡ESTOY ESTRENANDO ESTE CULITO! ¡GRACIAS DIOS JA JA JA!

    —Haaa! Haaa!

    Unas nalgadas sin piedad azotaban las nalgas de Priscila, mientras ella a gritaba más y más fuerte. Su culo ya no oponía resistencia y la verga del tendero entraba y salía a placer.

    —Haaay hay haaay!

    —Que putita tan deliciosa carajo!

    —¡No tan fuerte!

    —Puta! Puta! Miii puta!

    Las nalgadas de Priscila estaban completamente enrojecidas, sentía el calor que le provocaba el ardor a causa de las nalgadas que le daba aquel señor, que parecía no tener piedad, con la mandíbula apretada soportaba las embestidas, pensaba que se desmayaría en cualquier momento. Pero sintio como el saco su verga y unos chorros calientes de semen le mojaban la espalda.

    —Ahí tienes hija de puta, el premio mayor.

    —Haaaaa!

    Una sensación de alivio le devolvió el alma a Priscila, miro el reloj en la pared y vio que eran las 00:36 llevaba dos horas ahí a Merced del tendero que al parecer se acababa de ganar la lotería, pensó en tomar su ropa y salir ahí pero, sintió como su cuerpo se giraba. Se topó de frente con don James, sus piernas estaban sobre sus hombros.

    —¿No pensarás que ya terminamos?

    —Pensé que…

    —Tu no estas para pensar, estas para que te de verga!

    —Haaa! Pero…

    Don James la interrumpió con un beso de legua, ella se quedó estupefacta, luego el chupo sus tetas como loco y el libido de Priscila volvió.

    —haaaa! Haaa!

    —Que ricas tetitas mi amor!

    Las manos callosas jugaban con sus tetas, y la verga erecta entraba nuevamente en ella.

    —huuuy que rico

    —Ya se mamita, te encanta ser una puta!

    Ahora fue ella quien buscó los labios de aquel señor y lamía su cuello, mientras él la penetraba y aprovechaba la posición para confesarle al oído todo lo que guardaba en sus adentros desde hacía años.

    —Te deseó desde hace años, antes tu mamá estaba igual de sabrosa.

    —Siii?

    —Pero tú estás más nalgona, tengo fotos tuyas almacenadas en mi computadora. Te grababa las nalgas cada que entrabas mi tienda.

    —Que cerdo ereees!

    —Note cuando dejaste de usar esos calzones de algodón y comenzaste a usar tanga, y como eso hacía que tus shorts se metieran entre tus nalgas mientras caminabas.

    —¿Te gusto más mi culito?

    —Luego supe que lo habías echo con tu novio el escuincle pendejo ese, se veía en tu mirada.

    —No se compara contigo haaa! Y ya no es mi haaa!

    —Entonces espere pacientemente aquel cumplieras la mayoría edad, para hacerte mía.

    —Soy tuya papito!

    La verga de Don James seguía entrando y saliendo de ella, su sudor se mezclaba, ella disfrutaba saberse deseada, el tipo podría ser su pare y aun así le encantaba sentir su cuerpo contra el suyo.

    —Imaginaba esas nalgas, redondas, ricas, tenerlas, mamarlas. Y esa boquita, sabía que le entraría toda mi verga.

    —Que rica verga!

    —Ven, quiero ver ese culote rebotando en mi verga.

    La volteó para sentarla sobre él, ella metió su verga dentro pero él la detuvo.

    —No no no, en tu cola mamita.

    —¿Quieres mi culito de nuevo?

    —Y mete este en tu panochita mi putita.

    Le dio el enorme dildo negro y ella luchaba para meterlo mientras él ya se balanceaba para que sus nalgas comenzarán a rebotar sobre él.

    —Haaay! Me duele un poco!

    —Muévete que quiero ver esas nalgotas rebotando rico!

    Ella obedeció, aunque ya no pudo meter el juguete en su vagina. Le ardía, miro el reloj y vio que ya había pasado una hora más, llegaba tres horas recibiendo la verga de aquel señor, su cuerpo estaba cansado. Pero comparado al sexo de minutos que había tenido con sus novios, esto era algo distinto, sabía que en realidad don James tenía razón, jamás olvidaría esto. Movió más sus caderas tratando de que el acabara, pero solo conseguía que el sujetara sus nalgas y las azotará más fuerte contra él. Y que la tomara del pelo para cogérsela con más fuerza. Se daba tiempo de apretar sus tetas y morder su espalda.

    —Eres mi muñequita! Mi pequeña nalgona! Mi puta!

    —Ajá siii!

    Estaba por terminar, pero todavía tenía un fetiche que cumplir con Priscila. La bajo se colocó frente a ella.

    —saca la lengua!

    —¡¿qué?!

    —desde niña, cada que venías a comprar algo me sacabas la lengua, te burlabas.

    —y…?

    —Voy a llenar esa lengüita de leche!

    Priscila obedeció y saco la lengua, mirándolo fijamente. Mientras él se masturbaba provocando la eyaculación. Su leche entró en su boca, y escurría en su lengua.

    —Eso es caarajo!

    —Haaaaa!

    En cuanto cayeron las últimas gotas, Don James le cerró la boca.

    —Ahora trágatelos

    —Glup! —¿que estoy haciendo? Se preguntaba mientras el semen resbalaba por su garganta.

    Miro como ella los tragaba y el asco que le provocaba, cuando quiso ponerse de pie, sus piernas no respondieron. Estaba fatigada y no tenía fuerzas. Don James la tomó entre brazos y la llevó hasta una recámara, todas las paredes tenían fotos suyas. Debajo de sus faldas, en short frente al mostrador, incluso desnuda en su propio baño. El cansancio le ganó y sus ojos se cerraron. Cuando despertó, estaba de lado con don James penetrando su culo.

    —¿ya despertó la princesa?

    —¿qué hora es?

    Aún tenía el sabor a semen en su boca, las nalgas le ardían muchísimo y el clítoris lo tenía evidentemente irritado. Aun así James seguía dándole verga en su culo, mientras ella apretaba las manos y los dientes con los ojos cerrados. Sintió como los chorros de semen inundaban el interior de su cola.

    —Son las nueve, deberías ir a casa o se preocuparan.

    —¡LAS NUEVE DE LA MAÑANA!

    Se levantó, buscó su vestido, sus zapatillas y salió a prisa. Llegó a casa, pero al parecer todos habían bebido de más y dormían profundamente. El hilo de semen escurriendo en sus piernas le recordó que acababan de llenarle la colita de leche. Se bañó y se miró en el espejo, su culo estaba colorado, apenas toleraba el chorro de agua caliente en su clítoris, su cuello y espalda estaban repletos de chupetones. Las piernas apenas y tenían fuerza para mantenerse en pie. Durmió todo el día, hasta que su madre la llamo para que cenara algo.

    Con un pants y suéter hasta el cuello salió, todos la miraron raro.

    —¿y ahora tú estás loca? tremendo calor y tu tapada hasta la cabeza!

    —Tengo frío mamá, ¿puedo cenar en mi cuarto?

    —Hay niña, no tendrás calentura, ándale ve a tu cuarto pero come algo.

    Se recostó y durmió sin parar hasta que su madre la despertó el lunes por la mañana.

    —¿No piensas ir a la escuela niña?

    —Ya voy mamá!

    Cuando camino por la banqueta se cruzan con don James que barría su banqueta antes de abrir la tienda.

    —Buenos días niña, corra que se le hace tarde!

    —Viejo puerco!

    —¿la veo en la tarde para mandarle sus cigarros a su papito!

    —lo veo al rato viejo cabrón!

    —Córrele hija o no llegas!

    —¡SEÑORA, TAN GUAPA COMO SIEMPRE!

    —¡hay don James cállese!

    Sonrieron y supieron que su pacto estaba cerrado, ella sería su puta cada que él quisiera. Aunque Don James tenía ganas de coger con su madre desde que eran unos jovencitos. Tal vez intentaría con la mamá.

    @MmamaceandoO

  • Mi tía Mary, yo y la zorra de su amiga

    Mi tía Mary, yo y la zorra de su amiga

    Otro domingo por la mañana, una ducha y a visitar como cada domingo a mi tía Mary. Aparte de cocinarme me come muy bien y según dice ella yo también le como de vicio. Ahora por la mañana improvisaremos sobre la marcha pero con cuidado de que no nos pillen. Ahora es viuda pero aquí todo el mundo se conoce y se sabe todo pero seguro que en la cocina se cocina algo como siempre, a la noche vendré a buscarla como casi todos los domingos y algún día más y me la llevo a mi casa o a otro lado a desfogarnos follando como siempre, desde hace 23 años. A veces más a veces menos pero no hemos dejado de hacerlo nunca y hoy día seguimos disfrutando muchísimo de nuestros cuerpos. Ahora mismo voy a buscarla para traerla a mi casa y hoy la cosa promete, como siempre.

    Lo que os voy a contar hoy con mi tía, mi amante, mi cómplice y mi pedazo de tía que desde que la pillo su joven sobrino ha sabido lo que es sexo del bueno y yo gozo con ella cada día como la primera vez que disfrute comiéndome a mi tía. Me encanta ver lo zorra que es y sentir cómo goza con el cabronazo de su sobrino. Antes de follar conmigo había sido sexo tradicional a oscuras y alguna comida de polla que le hacía a mi tío.

    Ahora os vamos a contar juntos lo que pasó hace tres años. De momento empiezo yo porque ella está a mi lado en el sofá, ya me ha quitado el pantalón de casa y como debajo no llevo gayumbos, ya tiene mi polla en la mano derecha acariciándola de arriba abajo y por la cara de zorra que está poniendo, se la va a comer despacio y profundo…

    -Me encanta lo puta cachonda que eres tía. Cómetela despacito y suave cómo a mí me gusta. Jodeeerr!! A ver si soy capaz de escribir así.

    Hace tres años mi tía tenía 69 y yo 43. Soy un madurito con buena presencia y bastante escuela por lo que veis. A las mujeres mayores las sé llevar hasta el clímax y mi tía lo sabe. Verdaaad titaa??

    Eres el hombre que toda mujer de mis tiempos necesita para ser feliz Sergio. Educado, discreto, limpio y por supuesto en la cama el mejor y no lo digo yo sola Sergio, ya sabes…

    Tu boca y tú manera de calentar a una mujer sin prisas, el tiempo que haga falta esperando con tu polla así de dura que espera su momento. Es impresionante verla tan dura durante horas mientras tus manazas, boca y lengua devoran con gusto y sabiduría a tu tía.

    Voy a estar comiéndotela hasta que acabemos este relato y no te vas a correr hasta acabarlo. Ahora tu tía experta también va a hacer que sientas la leche en la punta con ganas de explotar las veces que yo quiera.

    Es tuya toda. Me encanta lo puta que eres tía pero ponte cómoda por favor. Desnúdate primero que te vea yo, ese cuerpo de mujer mayor que tanto me pone, ese coño ahora rasurado y arregladito. Ponte de rodillas y así mientras yo escribo sentado en el sofá con las piernas abiertas y tú cabeza en mi entrepierna.

    -Claro sobrino mío!! Tus deseos son órdenes

    -Si tía sí. Espera un segundo que te vea bien. Os la describo.

    Pelo corto, rubia, un pelín encorvada con el cuello morenito y unas tetazas enormes caídas y muy blancas. Barriguilla con pliegues, culo pequeño y arrugado y un coño con el pelo justo. Precioso. Un mujerón de 69 años!!

    -Cómo me pones tía!!! Venga! Ven aquí.

    Se está arrodillando con cara de viciosa y acercándose a mi polla si tocarla… Buuuff!!

    Lametazos desde los huevos hasta la punta del capullo yyy… Toda para adentro!! Que garganta tienes. A dónde vas?? Esa cabeza abajo tíaaa!!

    Aaarrgg!! Cabrón!! Hasta que no me sale la arcada no me sueltas eeh!!

    Sin arcada no es manada. Ahora sigo a nuestro relato y tú a mamar tía. Cómo tú sabes. Eres lo más!!

    Cómo os he dicho antes, lo que os vamos a contar pasó hará unos tres años. Mi tía, está mujer que ahora mismo me la está chupando de vicio mientras siento sus tetas grandes apoyadas en mis huevos, que ella sabe cómo me pone esoo!! Buuuff!! Cabrona eres!! Ya verás cuando te pille luego! Vas a gozar hijadee…!!

    -Jijijiji!! De momento me toca a mí Sergio!!

    Me encanta el sexo, follar. Gracias por enseñarme hace años lo que me había perdido.

    -Te debo mi alegría de vivir mi niño. Estoy mojadísima!!

    -Si!! Lo sé tía!! Hay que usarlo mucho y bien y funciona igual que el de una de 25.

    Que se lo digan a Matilde sino. Mi amiga del alma. Está encantada cómo yo. Venga cuenta que tengo ganas de beberme tu lechaza.

    Pues no te queda rato tiiaa… jodeeerr!!

    Cómo ha dicho mi tía Matilde tiene que ver en este relato. Es amiga íntima de mi tía y mi tía la quiere mucho, tanto como que un día me llamó esta mujer que tengo en mi entrepierna chupándomela mientras mira como una perra en celo.

    Un viernes me sonó el móvil a las 9 de la noche y cogí y era mi tía.

    -Hola Sergio. Estás en casa??

    -Si tía. Que quieres?? Te paso a buscar?

    -Si eso también jijiji. Pero aparte de hoy quiero que me rompas el coño y el culo tengo que pedirte un favor.

    -Lo que quieras tía! Ya sabes…

    -Ven, te espero dónde siempre y me coges.

    -Me iba a duchar ahora pero bueno ya voy

    -Luego nos duchamos Sergio. Juntos como siempre, entre polvazo y polvazo. Jijijiji

    -En 30 minutos estoy ahí

    -Cuando quieras yo voy a ir así como estoy en bata de casa con una chaqueta.

    -Ya sabes que aquí tienes ropa tía, aparte te voy a arrancar todo lo que traigas a lo bestia.

    -Si!! Diooosss!! Eso necesito hoy sobrino!! Que me agarres de los pelos y me empotres una y otra vez cómo a una perra!!

    Directo:

    -Qué dices tía? Aaag, Uunnhh!! Cabrón!!

    -Quería decir que como me obedeciste ese día, me metiste desde el ascensor sin tocar suelo. Jijijiji!! Me levantaste la bata y como no llevaba bragas me la metiste durísima, como siempre, en el ascensor y me llevaste en volandas follandome el coño como un toro, me follaste de pie cabronazo!! Contra la pared del pasillo… Diooosss!! Ahora verás tú!!

    -Ah, ah, ah!! Tiiaaa!! Que me corroo!!

    -Noo. Aagg!!

    -Hija puta!! Si la tienes entre las amígdalas si zorra!! Uuhh!! Uuhh!! Así!! Para ahí!! No subas la cabeza Yaa. Uuhh!

    -Yaaa. Casi me corroo!!

    -Te vas a correr cuando yo te diga Sergio!!

    -Buenos!! Siglo. Me está follando con la boca… Buuuff!! Profundas!! Y rápido!! Buuuff!! Tiiaaa!! Ahora os sigo contando… me voy a follar está boca. No aguanto más.

    Me levanto agarro a mi tía de las axilas peleando para que se saque la polla de la boca la cabrona. Túmbate tía!! Aprieto con ambas manos las dos tetas y poniéndole un cojín alto debajo del cuello empiezo a follarme las tetazas apretadas y subiéndolas un poco para arriba le digo.

    -Quien te ha dicho que cierres la boca??

    La punta de mi polla salía de esa cubana para entrar con el capullo en la boca de mi tía.

    -Si Sergio! Follame las tetas y la boca!!

    Embistiéndola rápido y con fuerza le digo.

    -Me voy a correr tíaaa!!

    Al subir apretó sus tetazas más y mi polla aparece corriéndose en la cara de mi tía y al bajar en sus tetas, una y otra vez.

    -Buuuff!! Aahhh!!Tomaa tías!! Toma tu leche!! Le digo ya con la polla por encima de sus tetas y salpicando la por todo mientras ella se masajea los pechos con mi leche caliente.

    Aquel día, después de la primera y placentera empotrada le pregunté a mi tía.

    -Que me querías decir tía? Qué favor me ibas a pedir? Sabes que lo haré encantado. Lo que me pidas…

    -Lo sé Sergio, pero no es cualquier cosa.

    -Cuéntame tía que seguro que no será para tanto, si está en mi mano, dalo por hecho.

    -No es precisamente en tu mano donde está lo que te voy a pedir.

    -Uyuyuy. Dime, dime tía. Me está matando la curiosidad.

    -Es por mí amiga Matilde, la de la tienda de ropa que se ha quedado viuda hace dos años. Te acuerdas? Me llevaste al funeral

    -Claro que me acuerdo. Que le pasa?

    -Te gusta cómo mujer Sergio?

    -Uumm!! No está mal pero no la he mirado con esos ojos aunque es un mujeron. Alta, elegante. Pedazo de señora si!! Tiene que tener la tienda llena de pretendientes. Además ella sí que me mira de arriba abajo.

    -Que le pasa?

    -Siempre ha dicho lo atractivo que eres pero aún y así no le he dicho nada de lo nuestro. Sabe que estoy servida porque le cuento pero le he dicho que es con uno que conocí por internet. Se muere de envidia pero lleva 13 años sin catar un hombre.

    -Jesuuusss!! Quién lo diría? Que quieres tía? Que la ponga en marcha?

    -Pues si Sergio. Es mi mejor amiga y tú eres mi sobrino, mi amante, mi vicio y no quiero que la pille un egoísta y no disfrute del sexo como yo.

    -Para mí será un placer tía. Ya me dirás cómo y cuándo y dónde. Ahora ven para acá a la ducha conmigo. Me meto yo primero y mientras ese chorro cae desde mi cabeza digo.

    -Tía! Dónde estás??

    -Voy mi niño!!

    Entra mi tía en el baño, desnuda y diciéndome. Ya le he llamado, mañana tomaré café con ella ya pensaré como os lío.

    -A dónde vas con la banqueta tía?

    -A sentarme dentro de la ducha con las piernas abiertas para que tú te comas lo tuyo hoy sobrinito.

    -Has venido con las ideas claras hoy eh?

    -Serás cachonda. Me encanta que me digas lo que quieres tía!! Pasa y siéntate en la banqueta!

    -Noo Sergio, no lo has entendido. La banqueta es para que te sientes tú, yo voy a sentarme encima de tus hombros y te voy a poner el coño y el culo en la cara y no vas a sacar la cabeza de ahí ni para respirar.

    -Veeengaa!! Súbete aquí putita mía!! Que tengo unas ganas de lamerte todo. Después te voy a llevar a la cama y voy a reventar el culo tiiaa!!

    -Síii!! Mi niño. Luego lo que quieras Sergio. Ahora al pilón cabrón!!

    La jodida me tuvo más de 45 minutos comiendo sin parar ni a respirar.

    Me encanta lo zorra que he hecho a mi tía!!

    Cuando la puse en la cama con el culo en pompa a cuatro patas y el ojete perfectamente dilatado le dije:

    -Ya verás cuando le meta así como te voy a meter ahora a tu amiga Matilde. Jujuu.

    -Va a flipar!!

    -No Sergio!! A Matilde por… Aaahhhh!! Diooosss!! Cabrón!! Aaahhhh!! Rompermelo cabrón!! Uuhh!! Buufff!! Eres un cabronaz… Aahhh!! Siii!

    -Te la he metido se golpe eeh??

    -Tomaa! Tomaa!! Zorra!! Te voy a dejar el culo!! Toma! Tomaa!! Tíaaa!!

    Me la folle sin mucha fuerza pero cada penetrada desdé la primera le había metido hasta los huevos!! Durísima como siempre. La incliné un poco más, me puse de rodillas detrás de ella y la acabé follando el coño que chorreaba de lo cachonda que estaba. Luego nos tumbamos y abrazados fuimos preparando como montarlo con su amiga ese mismo domingo.

    El sábado mi tía fue dónde su amiga con el plan montado. Ahora le os lo va a contar ella porque yo voy a empezar con mi tía. Ven, vamos a la cama tía!! Allí sigues, toma mi móvil y cuéntalo tú. Túmbate, relájate y sobre todo disfruta, como siempre hacemos.

    Os cuento amigos. Llegué a casa de mi amiga, que es un caserón, ya que ella tiene posibles también, porque yo no me quejo, y después de un café y charlando como siempre le saqué el tema del que alguna vez ya habíamos hablado y le dije.

    -Bueno que? Para cuando un jovencito que te dé lo tuyo?

    -Jijijiji!! Jovencito tiene que ser Mary?

    -No mucho tampoco pero si, yo que tú pillaba uno como el mío de unos 40, con experiencia y activo.

    -Tu sobrino tiene 40 no? Y bien guapo!!

    -Ya te digo Matilde que sí. Quien lo pillara. Algo así necesitas.

    -Pues nada mujer, ya está. Decidido!! Jajaja. Es broma Mary. Es tu sobrino, jamás me lo perdonaría. Tampoco querría él una burra vieja jajaja.

    -Jajaja. Si tú supieras lo que te viene pensé.

    -Está noche te voy a buscar uno que venga mañana mismo

    -Sii Mary!! Lo necesito.

    Lo pagamos y ya está le dije

    -Un puto no? Jajaja.

    -Sii esoo. Un puto para mí ti solo. Jijijiji

    Lo dejamos ahí y seguimos charlando de michas cosas como siempre mientras yo pensaba en la cara que iba a poner mañana cuando mi sobrino apareciera por la puerta. Que por cierto está devorando cada centímetro de mi cuerpo. Uuhh!! Que caló!!

    Esa misma noche llamé a Matilde diciéndole que ya había alquilado al puto jajaja. A las 8 de la tarde iría a su casa para prestarle sus servicios hasta el amanecer.

    Que dices Mary?? Jajaja! De verdad? Que cabrona eres? Estarás aquí conmigo cuando venga no? Es que me da mucha vergüenza.

    No contaba con esto pero me hizo gracia la idea y le dije:

    -Si mujer, ni te preocupes, allí estaremos.

    Directo:

    -Sergio!! Jooo! Sigue sii!! No pares!! Sigue chupando así síii!!! Toma corrida en la cara!!

    -Buuuff!! Que bueno!! Diooosss!! Aahhh!! Ah! Ah! Aaaaaahh!! Otra vez!! Buuuff!! Comete las dos corridas!! Ahora mismo tengo apretada su cabeza contra mí coño con fuerza. Diooosss!! Toma tercera!! Aaaaaahh!! Siiiii!! Eres el mejor!! Que boca tienes cabronazo!! Mi putoo! Buuuff.

    -Jajaja!! Qué bueno tía!! Me encanta el sabor de tus corridas.

    -Toma el móvil y sigue tú qué voy a saltar encima de esa polla dura…

    -Pues eso. Me ha empapado la cara mi tía. Como se corre de bien.

    -Si no niño. Eres muy bueno y sino que le digan a Matilde… jijijiji.

    Al día siguiente mi tía Mary pasó la tarde con su amiga que estaba nerviosa perdida.

    Después de muchos años iba a tener sexo y ella pensaba que pagando pero no iba a ser así. Iba a ser gratis, por tiempo indefinido y del bueno.

    Yo pasé el día pensando en ello, como la iba a llevar a lo más alto poco a poco, igual que había hecho con otras y además después de cómo había hablado de mí el día anterior y estando mi tía allí preparada para contarle todo, sabía que no me iba a rechazar.

    Llegué a su casa puntual con una chaqueta con capucha y una gorra, abrió la puerta, me saludó y me invitó a entrar. Mi tía que ahora mismo sigue saltando encima de mi polla me mandó pasar a la habitación y esperar allí, mientras ella se quedó con su amiga animándole sin todavía saber a quién tenía en la cama esperándole. A mí la situación me había puesto muy cachondo y ya me había quitado todo menos la gorra y el gayumbo que estaba aguantándome la polla durísima con ganas de salir de ahí. Me tumbé en la cama, apagué la luz y me quité todo. Me tumbé boca arriba haciendo montañita en medio con mi polla cómo un mástil. Oigo pasos que vienen y me levanto a la puerta a esperarla cuando entra agarro a Matilde por detrás y le susurró al oído.

    -Me tienes ganas no Matilde?

    Conoció mi voz enseguida y se giró hacia mi diciendo:

    -Sergio. Eres tú.

    -Si yo, ahora relájate que no estás con ningún desconocido mujer.

    Entonces se abre la puerta y asoma mi tía y pregunta:

    -Todo bien mis amores?

    -Si pasa tía

    -Que cabrona eres Mary!! Cómo has convencido a Sergio??

    Son decir nada se me arrima y empieza a pajearme suavemente la polla y le dice:

    -Ha sido fácil Matilde. Ya ves…

    -Entre nosotros todo queda en casa… jijijiji!!

    -Cómo sois!! Así que os lleváis tan bien, dijo Matilde acercándose a nosotros y desnudándose a la vez, pasa a nuestro lado y cierra la puerta. Abrazándose a mi tía empieza a acariciarle las tetas suavemente y mirándome con cara de zorra me pregunta:

    -Podrás con las dos Sergio?

    Se me iluminó la cara mientras mi tía que tampoco esperaba lo que estaba pasando sin pensárselo sentó a su amiga en la cama y empezó a recorrer si cuerpo con la lengua a la vez que le quitaba la ropa bajando poco a poco hasta empezar a chuparle el coñito, estrecho y depilado.

    Matilda agarra mi polla y acercándola a su boca empieza a hacerme una mamada brutal.

    -Joder Matilde!! Cómo la chupas de bien! Buufff!!

    -Sii Sergio!! Pollas he comido muchas pero lo de abajo estará oxidado ya, aunque tu tía ya está abriéndolo… Uummmm!! Maryyy!! Uuummm!!

    -Buufff!! Sigue Matilde!! No pares! Vaya chupada!! No te preocupes que de poner eso en marcha me encargo yo. Uuuff!! Que boca tienes hijadee.

    Mi tía se levantó y dijo. Os dejo solos. Sergio, ya sabes, ponla apunto como hiciste hace años conmigo y hasta hoy día. Todo tuyo Mati. Aprovéchate de él todo lo que puedas. Te va a llevar a lo más alto del placer. Es muy cabrón mi sobrino y muy bueno en la cama.

    -Gracias tía!! La voy a poner… Tú ya sabes cómo… jajaja

    -Síii mi niño. Ponla en marcha. Follátela cabronazo!!

    -Si Sergio Follame!! Me dijo Matilde que ya estaba cachonda pérdida…

    Pasé mis dedos por su coño y noté una humedad brutal. Estaba mojada por dentro como debe ser, ese coño no se había secado en absoluto.

    -Este coño no ha estado en desuso. Le dije

    -No Sergio, lo he mantenido yo solita, me masturbo a diario. No sabes la de veces que me he tocado contigo. Tengo unas ganas de cumplir esta fantasía cabrón!!

    -Que me dices? Jiodeer!!

    La agarré, la tumbé en la cama boca abajo, le cerré las piernas y subiéndole un poco la cintura levanté su culo un poco hasta ver asomar la esquina de ese coño estrechito y fui metiéndosela hasta tocar el culo con los huevos empezándola a follar poco a poco y hasta dentro.

    Entonces empezó a gritar:

    -Follame Sergio cabrón!! Llevo años esperando este momento!! Ya me ha costado prepararlo.

    -Follame!! Aahhh!! Que te voy a pagar bien!!

    Eehh?? Esto ya me dejó a cuadros pensando está zorrita con pasta se piensa que puede hacer lo que quiera. Nos ha manipulado y ahora me quiere comprar…

    Me entró tal mala hostia que se la saqué, la puse a cuatro patas y poniéndome medio de pies encima de ese culo virgen, se la clavé hasta dentro con fuerza y empecé a follarmela mientras ella gritaba más de dolor que de placer Sii!! Nooo! Paraa cabrón!!Sigue!!

    No sabía ni si le dolía o le gustaba. Tomaa puta!! Toma!! A esta noche te invita tu amiga pedazo de puta!! Yo no me vendo. Tomaa!! Tomaa!! Aaahhhh!! Tomaa zorraaa!!

    Ella ya no gritaba, solo ponía cara de dolor.

    -Te he roto el culo eh zorra??

    Jodete putaa!!

    -Correte yaa CABRONAZO!!

    Nooo!!

    Le decía yo mientras la seguía embistiendo como un animal por ese culo ya cedido. Cuando vi que me iba a correr la saqué del culo agarrándola de los pelos se la metí en la boca hasta dentro y descargué toda mi leche caliente dentro de sí garganta entre arcadas y medio lloros. La dejé ahí un par de minutos y cuando se la saqué le pegué con ella en la cara. Eso por zorra y puta.

    Que cabrón! Que daño me has hecho cabrón. Ya cuando me tranquilicé y empezamos a hablar me pidió disculpas por lo mal que se lo había montado engañándonos y me prometió contárselo a mi tía y le perdoné y pasé la noche con ella. Lo hicimos otra vez pero con delicadeza como a mí me gusta y me fui a mi casa.

    Mi tía hace un rato que se ha dormido aquí apoyada en mi hombro. Venga, hasta otro relato

  • Dos putitas hermosas

    Dos putitas hermosas

    Mirando un poco un sitio de chicas que buscan hombres para pasarla bien y recibir un pago por sus servicios, bah un sitio de putas jaja, me gustó el perfil de una joven de 18 años que buscaba más allá del sexo alguien mayor con quien poder charlar y pedir algunos consejos.

    Le escribí y al rato me contestó que vendría encantada a visitarme, pero que estaba con una amiga y no podía dejarla y venir, me pregunto si no me molesta que vengan las dos.

    A lo cual no puse ningún reparo y quedamos en mi casa para las 21 hs.

    Llegaron puntuales, Miriam a quien ya había visto en las fotos del sitio era mucho más bonita que en sus fotos y su amiga Anita tampoco estaba nada mal.

    Ambas tenían 18 años y eran colegas de la Uni, Miriam es rubia de cabello muy largo y lacio, de piel blanca como leche, de unos 1.65 con tetas chiquitas y un culito redondito que mi madre…

    Anita una castaña de pelo enrulado y corto era un poco más bajita dirá 1.55 con un cuerpo hermoso y la piel aceitunada.

    Las chicas pasaron y nos sentamos en el salón donde ya había preparado una mesita con bebidas y algunos bocadillos.

    Bebimos y charlamos de todo un poco casi una hora entre risas y buen humor, así fuimos rompiendo el hielo inicial y ya éramos como viejos amigos.

    Les explique a las chicas que yo ya estaba un poco mayor para follar como un jovencito con dos chicas, pero que dentro de lo que puedo la pasaríamos lo mejor posible.

    A mí me encanta hacer masajes a las chicas así que les ofrecí quien quería recibir un masaje inolvidable y fue Anita quien acepto rápidamente diciendo que le gusta mucho los masajes y sentir el aceite en su cuerpo.

    Arme mi cama de masajes y traje todos los elementos necesarios, aceites, gel, vibradores, dildos y unas cuantas sorpresas más.

    Baje las luces y puse una música de fondo apropiada para la situación Anita se desnudó y se acostó boca abajo en la mesa de masajes.

    Comencé masajeándole el cuello y los hombros luego bajando por la espalda hasta llegar al culo que recibió un masaje especial, luego bajando por su entrepierna ya sentí lo mojada que estaba pero seguí bajando con mis manos masajeando sus piernas.

    Ahora comenzaba lo mejor, mis manos subieron por sus piernas y se metieron en su entrepierna donde esperaba su coñito mojado y caliente… mis dedos entraban y salían masajeando su clítoris y produciendo en Anita olas de calor y estremecimientos.

    Miriam estaba parada del otro lado de la Camilla toqueteándose y le pedí si quería ayudarme con Anita.

    Claro que si contesto a lo que le invite a desvestirse y venir a mi lado.

    Yo también ya me había sacado los pantalones quedando en bóxer preparado para lo que venía.

    Sin dejar de masturbar a Anita unte su culo con gel lubricante, tome la mano de Miriam y puse sus dedo en el agujerito del culo de Anita y se lo metí hasta el fondo entre los gemidos histéricos de Anita que entre mi masturbada y el dedo de Miriam en su culo estaba ya enloquecida.

    Le dije a Miriam que moviera el dedo dentro y fuera y que haga también redondelitos par air agrandado el agujerito del culo de Anita.

    Yo me coloque en cerca de la cabeza de Anita y le tome la mano metiéndola en mi bóxer, mi verga ya había reaccionado como corresponde, sin dejar de jugar con mis dedos en su coño y mientras Miriam le bombeaba el culo ya con 2 dedos, le metí mi verga en la boca y comencé a follarla mientras su lengua jugaba con mi verga en su boca.

    Al cabo de un par de minutes saque mi verga de su boca y dando vuelta al otro lado de la camilla saque los dedos de Miriam del culo de Anita y la clave mi verga caliente hasta el fondo, los gemidos y gritos de Anita me excitaron de tal modo que acabe en su culo inmediatamente llenándolo de leche caliente y espesa.

    Anita respiraba agitada y pidió que la dejemos descansar con lo cual el turno de Miriam llego, luego del masaje convencional que le hice durante unos 15-20 minutos llego su turnos de gozar, y por supuesto mis manos se encargaron de excitar su ya remojado coño provocando lo que era ya diría una inundación de jugos calientes.

    Saque un hermoso vibrador con cabeza rotativa y vibraciones variadas y esta vez le pedí a Anita que juegue con el vibrador en el coño de Miriam que estaba acostada de espaldas con sus piernas muy abiertas.

    Anita comenzó a jugar con el vibrador en el coño de Miriam que se retorcía de placer mientras yo le lamia las tetas y mordía sus pezones duros como piedritas.

    Miriam acababa una y otra vez con orgasmos espectaculares y líquidos perfumados que emanaban de su coño caliente.

    Me doble y metí mi cabeza entre sus piernas lamiendo cada gota del preciado néctar que fluían de su interior, me encanta lamer coños y lo haría por horas sin intercepción…

    Anita protesto que también ella quería así que nos fuimos a mi cama donde las chicas se pusieron en un 69 y una le chupaba a la otra el coño entre gemidos de placer y temblorosos orgasmos, mientras que yo manoseaba sus tetas y culos a mi gusto incluido meter dedos en las profundidades de esos culitos jóvenes y apretados.

    Mi verga volvió a la vida y aprovechando que Miriam estaba arriba y su culo y coño frente a mis ojos metí mi semi dura verga en su coño y la folle mientras ella seguía comiéndose el coño de Anita que al haberle ocupado el coño de Miriam me besaba y lamia mis huevos.

    Cuando sentí que estaba por acabar la saque del coño de Miriam y la metí en la boca de Anita que en segundos sintió como mi chorro de semen llenaba su boca.

    Ya exhausto me tire en la cama y entre besos y un poco más de toqueteos terminamos por esa noche la fiesta.

    Las chicas se ducharon, se vistieron y luego de beber unas copas más les pague lo convenido y nos despedimos hasta la próxima.

    Si quieren comentarme algo de esta historia real 100% escribidme a [email protected].

     

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (31)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (31)

    Había tenido que marchar al aseo, para limpiarme el semen que me escurría por el cuello, las orejas y para limpiarme con una toalla el cabello también manchado de esperma, cuando volví Pablo se encontraba tumbado boca arriba, con los ojos cerrados, las manos debajo de la nuca y con una hermosa sonrisa de felicidad en los labios.

    No pude evitar fijarme en el abundante vello rizado y oscuro de las axilas, siempre me gusta observarlo en los hombres, y aunque mi polla ya hacía rato que estaba floja, la sentí cobrando vida.

    Llevaba una toallita húmeda, para terminar de limpiarle los restos de semen que aun tenía, brillándole, enredado en el vello del pubis. Me arrodillé y le cogí la verga, ahora descansando sobre el abdomen. Aun así, estando floja, la veía preciosa y enorme, llegué con los labios a ella y la di dos besos. Escuché la risita de Pablo y como se le contraía el abdomen.

    -¿Te gusta? -la apoyé sobre mi mejilla y le miré.

    -Desde el primer día que la vi me llamó la atención, no es tan impresionante como la de Yasin, pero no esta mal. -se lo decía para molestarle y reaccionó sentándose y cogiéndome del cuello. Entre risas se montó sobre mi cuerpo apretándome el cuello como si me quisiera ahogar.

    -Repite lo que terminas de decir… -aparentaba una falsa furia y me apretaba sin hacer demasiada fuerza, no pude contener la risa.

    -Es verdad, la verga de Yasin es más grande que la tuya. -puso cara de ofendido y soltándome se tumbó a mi lado, y yo me coloqué apoyando mi pecho sobre el suyo, acariciándole la hendida barbilla con la punta de los dedos.

    -Pero prefiero la tuya, me gusta más, es hermosa y yo te amo, te quiero Pablo, te quiero… -me elevé para llegar a sus labios y darle unos dulces besos.

    Pablo respondía a mis caricias, pero como si no tuviera ganas y se mantenía ahora muy serio. Deslicé los labios por los suyos y me los atrapó con los dientes.

    -Te comería Ángel, ¡gracias! gracias por todo… -le miré los ojos ahora soñadores y tiernos.

    -¿A qué viene eso ahora?

    -Porque resultas increíble, me has dejado que te folle la boca en plan bárbaro, sin miramientos hasta hacerte daño. ¿Tanto me amas?

    -Sí, te amo, muy pronto cuando te conocí te quise, aunque tu no me hicieras caso y te limitaras a enseñarme mis funciones, el oficio de puto para dar placer a los hombres, te amé desde entonces. -me elevó exigente para que me colocara sobre él montándole a horcajadas.

    -Tu también me gustaste desde el principio, eres tan delicado, tan pequeño.

    -Claro, a tu lado lo parezco, pero no lo soy.

    -Y tan flaco…, con este culito pequeño, rico y duro. -me susurraba al oido y sus dedos avanzaban hasta posarse en el ano para acariciarlo lentamente y en círculos.

    Abrí las piernas atrapando su cuerpo, para facilitarle las caricias y eleve el culo que lo tenía posado en su abdomen.

    ¡Ahh! Pablo, Pablo. -el ano me hervía y temblaba excitado por sus dedos. Hubiera querido que comenzara a penetrar en mi en ese mismo momento pero se levantó y me colocó arrodillado con el culo en pompa, ofrecido a él y tiró de mis nalgas abriéndome todo lo podía hasta sentir su boca pegada en mi ano expeliendo el caliente aliento.

    Estuvo unos minutos comiéndole el culito, logrando que gimiera enloquecido tirando el cuerpo hacia él en un deseo alocado de que me penetrara llenándome.

    -¡Dame la verga mi vida! Métela amor, no puedo soportarlo. -mis gemidos y lamentos se había convertido en gritos y Pablo gozaba mirándome así sometido.

    -¿Quieres polla precioso? ¿Deseas que te destroce el culo?

    -¡Sí, si! Rómpemelo, no tengas piedad, me gusta, me gusta mucho Pablo. -gemía, gritaba, y movía el culo incitándole a que de una vez me hiciera suyo.

    -Eres una nenita preciosa. -me azotaba el culo con la verga sin terminar de meterla.

    -¡Sí, soy tu nena! Pero no me hagas sufrir más, dame verga por favor, por favor Pablo. -lloriqueaba implorando mientras él se reía y me atormentaba volviendo a besarme el ano y a chuparlo hasta que metió dos dedos y comenzó a follarme con ellos.

    -¡Ayyy! qué rico, méteme la mano entera, necesito que me llenes. -entonces me atendió, y me empujo de las caderas buscando el mejor ángulo para que su verga entrara en mi culo. Mi ano ansioso se abría y cerraba, en espera de que aquella enorme y negra culebra lo mordiera.

    Comenzó a entrar, y se detuvo cuando el glande consiguió vencer la poca resistencia que mi esfínter le oponía, y fui yo quien me clavé la polla tirando el cuerpo hacia atrás, hasta sentir el ligero dolor de la verga al llegar al fondo de mis entrañas. Respiré boqueando una gran cantidad de aire y me dejé caer con el pecho sobre la cama pero sin apartarme de él para que no se saliera la polla.

    -¡Ahh! Pablo, tu rica verga, la siendo amor, me llega al fondo.

    La verga de Pablo me había penetrado en el primer empujón obligándome a gritar por el pequeño dolor que experimente y por sentirme tan lleno de repente.

    Tiró de mi para que elevara el pecho y se posó sobre mi espalda sin dejar de empujar para que la polla se le mantuviera bien dentro. Comenzó a besarme la espalda hasta pasar las manos y sujetarme el pene que lo tenía dolorosamente duro.

    -Lo siento bebé no he podido contenerme, ¿te duele?

    -No pero no te muevas un momento. -Pablo descansó apoyando el pecho sobre mi espalda y llegaba con la boca a mi cuello para morderlo con suavidad y besarlo para que me calmara.

    En unos minutos no sentía dolor alguno y solamente el placer de notar la dureza de su pene taponándome el culo.

    -Puedes moverte. -a la vez que le hablaba movía yo mismo las caderas haciendo que la verga se adaptara perfectamente a mi recto. Metí la mano por debajo para sujetarlo los huevos duros y grandes contra los míos.

    -¡Ayy! chiquillo, tu culito es delicioso. -lo cerré con fuerza alrededor de su polla agradeciéndole sus palabras.

    -¡Ohh Pablo! dame verga amor, quiero sentir tu polla como me entra. -los dos gemíamos, él con sonidos roncos de macho cada vez que la metía hasta el fondo, y yo le acompañaba con leves y dulces gemiditos de placer.

    A veces se detenía para pasarme las manos por el vientre y las tetitas acariciándome los pezones, y llevaba los dedos a mi boca para que se los chupara y lamiera como si fueran su verga.

    Estuvo unos minutos más bombeándome el culo alternando las metidas lentas para luego imprimir más velocidad y fuerza a sus estocadas, me tenía en lo gloria logrando que gimiera como un loco, pero loco de gusto y placer.

    Luego sacó su gran verga y me quejé.

    -¡No, no me la quites, no por favor!

    -Vamos a cambiar de postura, quiero verte la carita. -me dispuso como él quería, mirándolo de frente.

    -Recoge las piernas y ábrete todo lo que puedas. -le obedecía deseoso de que me volviera a llenar y tener dentro de mi su pene.

    Ahora me tenía con las manos sujetando mis rodillas, abriéndomelas y permitiendo que mirara con atención mi ano que boqueaba hambriento de carne.

    -Parece que tiene vida, tu ano es delicioso. -se relamió los labios y se inclinó para besarme el ojete, me dio tanto placer que instintivamente cerré las piernas cogiéndole la cabeza. Me obligó a abrirme de nuevo y me besaba el ano con inmenso entusiasmo chupeteando hasta que se arrodillo y volvio a colocar la punta de su lanza de carne en la entrada.

    Le miraba a los ojos y él no perdía detalle de como su polla me iba invadiendo, entrando rápidamente en mi cuerpo hasta que cayó sobre mi con todo su vergón incrustado en mi culo.

    Pablo gruñó en mi oreja y, a pesar de estar todo dentro, empujó con fuerza las caderas hasta formar con nuestros cuerpos una sola carne. En ese momento su verga hizo presión en la próstata y sentía venir las estrellas a mi encuentro.

    -Me corro Pablo, me voy amor, ¡Ahhh! -y sentía salir la leche de mi, embarrando nuestros abdómenes, mientras él volvía a hacer el mismo movimiento repetidamente para que yo siguiera expulsando semen.

    No podía respirar como necesitaba, oprimido por su peso y porque me besó en la boca cegándomela, solo tenía la nariz para coger aire temblando como las hojas de un árbol batidas por el fuerte viento. No me dejaba descansar y solté las piernas para pasarlas por su cintura abrazándole a la vez que con las manos le apartaba la cara y que me dejara tomar aire como necesitaba.

    -¡Ohh! Pablo, estoy muerto, ha sido increíble lo que me has hecho.

    -Espera, espera, aún no he acabado. -volvió a darme un ligero beso y se elevó separando los cuerpos, mi semen escurría del vello de su abdomen, se pasó la mano extendiéndolo por su cuerpo y después por el mío, para finalizar colocándome la mano en la boca para que se la limpiara.

    Saqué la lengua y fui pasándola por sus dedos según me los ofrecía.

    -¿Te gusta chupar tu semen? -mis ojos hablaban por mi confirmando lo que preguntaba.

    Su verga seguía dura y poderosa dentro de mi, y después de besarme y jugar un minutos con su lengua en mi boca volvió a follarme, ahora con suavidad y disfrutando mirando como me mordía los labios, extasiado por el placer que me volvía a embargar y sintiendo como mi culo gozaba de la follada magistral que me daba.

    -¡Dale, dale, lo siento tan rico! Vas a conseguir que vuelva a correrme amor.

    -¿Sí bebé? ¿Te gusta como te follo?

    -Si que me gusta Pablo, eres el mejor de todos mi amor. -Pablo me sonrió orgulloso por las palabras que escuchaba. Me follaba sin descanso, sin detenerse aunque a veces descendía para besarme.

    -No voy a poder aguantar más, tu culito me atrapa la verga precioso, me la chupa, ¡Ohh, sí! ¡Tú tienes el mejor culito lindo gatito! -le miré sorprendido por emplear el apelativo con el que Álvaro me llamaba, pero entonces tenía sus ojos cerrados y se mordía los labios disfrutando de mi cuerpo, de mi ano y supe que le llegaba el orgasmo por la rigidez que iba cogiendo.

    -¡Dale mi vida! Acaba y vacíate dentro de mi, lléname de leche amor.

    ¡Sííííí! Toma, toma todo mi semen, es para ti. -Y de nuevo sentía como mi leche fluía sin necesidad de tocarme la polla, y como su verga explotaba dentro de mis entrañas regándole el vientre de leche.

    -¡Ahhh! Pablo, abrázame mi amor. ¡Ayyy! que rico. ¡Dios, Dios…, que placer! -convulsionaba con las piernas en el aire, golpeándole en la espalda y arañándosela, era como si me hubiera vuelto loco mientras el terminaba de vaciarse dentro de mi vientre.

    Resultó un orgasmo de antología que duró largos segundos, y al que sucedieron pequeños temblores, como espasmos que hacía que la leche me siguiera manando pero sin fuerza. Ahora permanecíamos abrazados, y no me importaba soportar su pecho sobre mi, me sentía tan dichoso y feliz preñado por mi hombre, apretando mi culo para notar que aún seguía dentro de mi.

    Con lentitud su pene se fue aflojando, y saliendo de mi culo aunque yo necesita que siguiera haciéndome de tapón, sentía el ano tan dilatado, tan abierto que seguro que la leche me saldría cuando su pene saliera.

    No deseaba mancharle las sábanas de la cama, pero era imposible poder contener la cantidad de leche que tenía dentro.

    -Puedo usar tu baño para limpiarme y darme una ducha, no quiero ensuciarlo todo. -me besó antes de incorporarse.

    -No necesitas pedir permiso, aunque no vivas aquí, esta es tu casa, de mi tío, mía y también tuya bebé. -le seguí hasta el baño y nos metimos los dos bajo el tibio chorro de la ducha, de pronto no pude evitar reír al recordar lo que he me había dicho mientras me hacía el amor. Me miró extrañado, pero divertido enjabonándome el pecho y con una mirada de interrogación.

    -Me has llamado gatito, igual que hace Álvaro y me preguntó el motivo que os induce a llamarme así. -no se detuvo y siguió pasando las manos por mi cuerpo en suaves y acariciadores círculos.

    -Creo que es lo que mejor representas, a veces eres un adorable gatito, abandonado y precioso al que todos quieren darle de comer y proteger, otras veces un gatito salvaje y delicioso que da placer con solo acariciarlo. No lo se exactamente, pero te refleja muy bien y Álvaro ha estado muy acertado.

    Terminamos de ducharnos, y yo no me cansaba de acariciar su formidable, duro, y perfecto cuerpo de varonil joven en plena sazón, y aunque habíamos hecho el amor recientemente, y se había corrido dos veces, su verga despertaba ante las caricias que mis manos la prodigaba.

    Entonces me apartó las manos de su pene, me abrazó besándome la boca con delirio.

    -Déjalo estar o empezaremos otra vez. -sabía que era lo más prudente, llevábamos más de dos horas alejados de los demás, y seguramente algunos sospecharían lo que estábamos haciendo, y aunque no nos preocupaba sería mejor dejarlo de momento, y nos vestimos para estar presentables, por si a su tío Eliseo se le ocurría volver a casa.

    -¿Te apetece tomar algo? Tengo te en el frigorífico. -me apetecía y además me permitía seguir a solas, y hora satisfechos de sexo, poder hablarle de lo que me interesaba.

    Me senté a su lado, con el vaso lleno de te frío en la mano, y le di un pequeño sorbo antes de hablar.

    -Pablo, me gustaría saber lo que hablasteis los tres sobre mi, si no te compromete y puedo saberlo te lo agradecería de verdad. -pasó su brazo por mi espalda y llevándome hacía él me besó con dulzura en la frente.

    -No tienes que preocuparte y no era algo importante que ya no sepas.

    -Por favor, no me trates como al niño que no soy, no estoy preocupado y es simple curiosidad, pero me sentiría más a gusto sabiendo lo que habláis. -Pablo me miró y me debió ver muy serio.

    -Vale, de acuerdo, podíamos haberte llevado, es verdad y con veinte años no eres un niño al que debamos tutelar. -hizo una pequeña pausa para hacer más fuerte su abrazo y posar los labios sobre mi frente.

    ——————————-

    -Habíamos quedado en llegarnos hasta el ambulatorio donde Álvaro pasaría la mañana, y aprovechar alguno de sus improbables descansos para comentar lo que tu sabes, lo que David te comentó cuando estuviste a solas con él, y también lo que Eduardo te pedía en la nota que acompañaba a su regalo.

    -A medio camino recibimos una llamada de la enfermera que ayuda a Álvaro, había tenido que salir para atender unas urgencias y la reunión se atrasó hasta la hora de la comida. Nuestro amigo, como siempre, tenía prisa y David no se anduvo por la ramas para comenzar a hablar de lo que le interesaba.

    En principio nada diferente a lo que conoces, y como especial que la organización estaba molesta, por la facilidad con que te había concedido la libertad, molesta con su tío don Manuel y con el mismo Álvaro a pesar de la admiración y respeto que sienten hacia él y el poder que sigue ejerciendo su tío.

    David, en parte, está de acuerdo con las quejas que algunos miembros de la organización presentan, ya que hasta su marido Oriol tuvo que pagar el canon que se le exigía, y permitir que estuviera con los miembros que le solicitaron para disfrutarle.

    -Andrés y Millán, estos más que ningún otro, no cesan de alabar tus virtudes como amante y la perfección de tus artes amatorias y algunos, unos más que otros desean tenerte, gozarte, pasar al menos una noche a tu lado.

    Le interrumpí realmente sorprendido, asombrado más bien.

    -!Dios mío!, no me creía tan irresistible y que atrajera tanto a los machos.

    -Pues lo eres aunque te pese, y más si ya te han probado. -en realidad me sentía orgulloso y no era molestia por sentirme deseado, sentía mi ego alterado por el gozo de saberme tan querido por personalidades tan importantes y adineradas. Pablo continuó explicando.

    -Están buscando nuevos chicos, muchachos en tu misma situación, para que entren a formar parte del plantel de los putos mejor pagados, que satisfagan las necesidades de los hombre que desean gozar a un chico, y hay muchos dadas las circunstancias actuales del trabajo, pero como tu es muy difícil hallar uno, por eso quieren que vuelvas, voluntariamente ya que ahora, por la gracia de Álvaro, eres libre ya que su tío Manuel te regaló para él.

    No sabía el motivo, pero sus palabras me encandilaban al dejarme ver lo importante que resultaba, para la organización y los miembros que formaban parte de ella, aunque fuera en el plano sexual sentía que ejercía cierto poder en los hombres que gustaban del sexo entre machos.

    -¿Qué dice Álvaro?

    -Creo que esto debías preguntárselo a él.

    -Por favor Pablo, necesito saber lo que pensáis vosotros dos, sois lo más importante para mi. -me miró con una enorme ternura y comencé a presentir que Pablo estaba muy enganchado de mi.

    -En principio Álvaro se negó en redondo y David le advirtió que ahora tu eres libre por su exprese deseo, y al final serías tu quien decidiera tu futuro, discutieron, eso sí como amigos civilizados que se aprecian y respetan.

    -Alvaro le recordó que si era el líder de la organización fue por que él le había cedido sus derechos. Y David le replicó que él, a su vez, no debía olvidar que ambos había jurado fidelidad a la organización cuando los dos eran unos jóvenes muchachos.

    -Cada uno, en su manera diferente de verte, quieren lo mejor para ti, y David consiguió la promesa de Álvaro de no interferir en tu decisión si de verdad pensaba que eras libre de tu destino.

    -¿Y tu qué piensas Pablo? ¿Cuál es tu opinión?

    -¡Ohh, Ángel! Yo tengo poco que decir, solo soy un servidor de la organización, tú ya lo sabes.

    -Para mi es importante lo que tu pienses, quizá tu opinión sea lo más importante para mí, estoy dispuesto a renunciar a los lujos, al placer, al dinero que la organización me ofrecerá solo con que tú lo quieras así.

    -Gatito, me abrumas de responsabilidad, igual que Álvaro pienso que eres tú el que debe decidir, a mi no me vas a perder si no quieres, y a Álvaro tampoco, te esperaremos el tiempo que haga falta, hasta que encuentren los chicos que les satisfagan… -se quedó momentáneamente en suspenso.

    -¡¿O qué terminen cansados de mi cuando se les pase la ilusión por dormir con nueva carne?! -no era un tonto sabía que esa posibilidad existía y terminaría por llegar más pronto que tarde. Nuevo chicos ocuparían mi lugar, aunque no fueran tan exitosos estaba la novedad de gozar nuevos jóvenes cuerpos que se les ofrecerían con los ojos cerrados dispuesto a triunfar en ese mundo de esclavitud, sexualidad y lujo.

    Voluntariamente o no, los jóvenes sucumbirían ante el dinero y el poder que ser un puto de lujo en aquella organización representaba, muchos querrían aprovechar la ocasión para hacerse ricos en poco tiempo. Dejé de pensar para escuchar las últimas explicaciones de Pablo.

    -También tengo que decirte que por mi parte, por ahora, prefiero que vuelvas para tenerte a mi lado, imagino que todo será como antes, que a pesar de tener que cumplir con tu trabajo y obligaciones, a las noches estarás libre y podremos dormir abrazados.

    -Yo no soy tan generoso como Álvaro y aunque desearía que fueras solamente para nosotros, no me importa compartirte si te tengo cerca y puedo estar a tu lado.

    Me abracé a su cuello y respiré aliviado, si él quería que estuviera para él cuando me necesitara, mi decisión estaba tomada, poco más tenía que pensar. Álvaro era en ese momento quien me preocupaba, el tener que dejarle solo.

    -Si vuelvo a la casa de Eduardo Álvaro se quedará solo, no quiero causarle daño alguno, es alguien magnífico.

    -Tampoco tengas prisas, tu vuelta allí no es urgente, ahora ni posible, la policía sigue buscando al maldito Damian, has estado a punto de cogerle en varias ocasiones pero se escurre como una culebra, por ahora tienes que seguir aquí, además ahora estarás ocupado con tus clases y las que debes impartir, no vas a tener tiempo para aburrirte.

    -Por Álvaro nos preocuparemos en su momento si decides que te marchas, ahora es poco lo que podemos hacer por él salvo estar a su lado. -a pesar de su hablar desenfadado me sorprendió cierto aire preocupado en su tono.

    -Pablo, ahora me parece, que de cierta forma, te sientes más interesado por Álvaro, y que le quieres. – se levantó y marcho a la cocina buscando la botella que tenía con el te y en unos segundos volvió, le retiré el vaso para que no me sirviera más.

    -Sabes gatito, a Álvaro lo he querido siempre, no como a ti porque ha sido como un hermano mayor hasta ahora que tu has aparecido y no dejo de reconocer que disfruto teniendo sexo entre los tres.

    -Una vez me dijo que había leído una frase que le emocionó, y que deseaba hacerla suya, que reflejara su forma de ser y como quería comportarse.

    -Más o menos decía así:

    “No siembres tu semilla con ira, ni con odio, ni con temor; porque el que siembra con ira tan solo cosechará lágrimas.”

    -Quizá ahora le entiendas mejor aunque para mi es difícil.

    Tendría que reflexionar y pensar en ello, profundizar en el sentido más íntimo de la frase.

    -Ves Pablo, por eso me duele dejarle solo, nunca pide nada pero lo necesita todo, alguien que le quiera como merece.

    Se hacía tarde y volvimos donde los trabajadores seguían, bajo las órdenes de Eliseo, preparando la improvisada aula, y poco después Pablo me devolvía a la hacienda de los padres de Álvaro, no quiso bajar de la ranchera y me quedé de pie, parado, envuelto en el gélido aire hasta que las luces rojas desaparecieron tragada por las sombras de la noche que caía.

    Seguirá…

  • Incesto tras incesto

    Incesto tras incesto

    Esteban era un joven gallego de 18 años, moreno, de ojos negros, alto y muy guapo, que no sabía si era de carne o si era de pescado.

    Principios de agosto de 1971.

    Esteban estaba en el monte tumbado a la bartola mientras las cabras apastaban, llegó a su lado su tío Arturo, un hombre pelirrojo, bajito, de 25 años, casado y sin hijos. Se sentó a su lado y le preguntó:

    -¿Ya te estrenaste, Esteban?

    -Aún no.

    Se lo dejó caer sin anestesia.

    -¿Quieres estrenarte con tu tía?

    Aquello era algo que jamás esperaría que le dijera su tío.

    -¡¿No te importaría?!

    -No.

    -No creo que ella quiera.

    -Fue ella la que me dijo que te lo peguntase. Quiere enseñarte a follar.

    -¿Y eso a qué se debe?

    -Es una fantasía que tiene.

    -¿Cuándo sería?

    -Mañana a la tarde te estará esperando.

    -¿Tú vas a estar?

    -No, mañana no puedo.

    Le volvió a preguntar:

    -¡¿Seguro que no te importa?!

    -Seguro. Si ella es feliz, yo soy feliz.

    -Me cuesta creer que seas tan abierto sin un motivo. ¿No hay algo más, tío?

    -Para ser tan joven no se te clavan tan fácil. Lo cierto es que me pilló con tu prima Julia, y este es el precio que tengo que pagar si quiero seguir con tu tía. Estrenándote con ella me harías un favor.

    Al día siguiente, Esteban, llegó a casa de sus tíos. Su tía María le abrió la puerta.

    -Buenas tardes, tía.

    -Lo serán. Pasa.

    Entró en la casa y la mujer cerró la puerta. Estaba vestida con una funda blanca de las que usaba su marido para trabajar de pintor. El cabello negro lo llevaba recogido en dos trenzas largas que le bajaban hasta la cintura y calzaba unos tenis blancos. En el comedor, le preguntó:

    -¿Quieres beber algo, Esteban?

    -No.

    María bajó la cremallera de la funda y Esteban le vio las tetas, unas tetas grandes a las que no se les veía las areolas marrones, ni por supuesto, los grandes pezones. Esteban se puso más nervioso de lo que ya estaba y comenzó a tragar saliva. María, sonriendo, le preguntó:

    -¿Estás nervioso?

    -Mucho.

    -Relájate que lo vamos a pasar muy bien. Dime: ¿Es verdad que aún no cogiste con una mujer?

    -Sí, es verdad.

    María, le rodeó el cuello con los brazos y le dio un morreo que le puso la polla a temblar.

    -¿Nunca te había besado con lengua una mujer?

    -Ni mujer ni hombre. Ni con lengua ni sin lengua.

    María, le echó la mano al paquete. Se encontró con la polla dura cómo una piedra, lo volvió a besar, y después, le dijo:

    -Se nota, cariño, se nota.

    Lo tomó de la mano.

    -Ven, te voy a enseñar cómo se coge con una mujer.

    Al llegar a la habitación, de pie, al lado de la cama, cogió la teta izquierda con una mano, y le dijo:

    -Pasa tu lengua por el pezón -se la pasó- ahora por la areola y chupa -hizo lo que le dijo- Coge las dos tetas, magréalas y lame y chupa.

    Lo tuvo mamando sus tetas grandes y esponjosas unos minutos, después se quitó la funda, los tenis y se echó boca arriba sobre la cama.

    -Ahora te toca aprender a comer un coño y un culo.

    Le dijo dónde estaba el clítoris y cómo lamerlo y chuparlo, lo que eran los labios mayores y menores y como lamerlos, la vagina y como follarla con la lengua. Cómo lamer y follar el ojete, donde estaba el periné… La lección duró más de media hora y no duro más porque enseñándole cómo le gustaba más que jugase con su clítoris, exclamó:

    -¡¡Y así se corre una mujer!!

    Esteban vio cómo su tía jadeaba y se convulsionaba y cómo acababa de correrse con las manos en el coño y en posición fetal.

    María tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando acabó de correrse. Descansó un par de minutos, durante los cuales no abrió la boca más que para respirar. Recuperada, le dijo:

    -Desnúdate que ahora voy a enseñarte a follar.

    Se desnudó. María, al ver la polla empalmada y mojada no se pudo resistir, la cogió y le hizo una mamada. No tuvo que esmerarse mucho. Unas chupaditas, unas lamidas de periné y ojete, unas lamiditas de pelotas, y de la polla de Esteban salió un chorro de leche que casi llega al techo. Fue la única leche que se perdió, el resto se lo tragó María.

    La mujer pensó que se le iba a bajar, pero la polla seguía dura como si no se acabara de correr. Fue a lo suyo:

    -Follar no es solo meter y sacar, Esteban, bueno en el culo, sí, con menos o más rapidez, o con más y menos fuerza, follar es… Échate encima de mí y métemela. -se echó y se la metió- Ahora no te muevas y bésame -se besaron unos minutos- ¡Joder qué bueno estás! Mejor no te digo nada y vete aprendiendo mientras follamos.

    Esteban, se envalentonó y le dio a su tía, le dio duro, y le dio suave y se la quitó y se la comió… Y la tía lo cabalgó al galope, al trote y al paso, y se la quitó y se la chupó… Y ella se corrió seis veces y Esteban le llenó el culo de leche tres veces… Y quedaron para hacer el trío.

    Esteban seguía sin saber si era de carne o si era de pescado.

    Finales de agosto de 1971.

    Esteban había cogido el tifus. Eran las once de la noche y estaba en cama sudando y tiritando. La hermana de su abuelo, Matilde, una mujer de cincuenta y cinco años, se metió en cama para darle calor. Esteban se abrazó a ella y le puso las manos sobre las tetas, que eran grandes y fofas. La polla se le puso dura. Esteban, poco después ya no temblaba. Matilde, al sentir la polla en su culo, se puso cachonda… Haciendo que se acomodaba, echaba su gordo culo hacia atrás para provocarlo. Esteban, le subió el camisón y le bajó las bragas. Le hizo con el dedo en el ojete lo mismo que le había hecho su tío a él. Matilde se dejaba. Probó a ir más lejos. Metió la cabeza debajo de las sábanas y le lamió el ojete. La mujer se encendió, y le dijo:

    -Mete la punta de la lengua dentro.

    La metió y supo a que sabía… Sabía a lo que sabía.

    Matilde echó el culo para atrás y le folló la lengua… Esteban le echó la mano al coño y se encontró con una charca de jugos. Matilde le cogió la mano por la muñeca, la llevó a la boca, se la lamió por ambos lados, se puso boca arriba, y le dijo:

    -Come mi coño.

    Esteban, le hizo una comida de coño que Matilde acabó agarrando la almohada para ahogar sus gemidos de placer cuando se corrió, ya que su marido estaba mirando la televisión en la habitación de al lado.

    Después, Matilde, se puso de lado, Esteban, volvió a lamer y a follar el culo con la lengua… Matilde, comenzó a gemir de nuevo, muy bajito. Esteban, le acercó la polla al ojete, empujó, se la metió hasta el fondo y comenzó a follárselo, muy, muy despacito para que la cama no se moviese.

    Matilde estaba chorreando. Metió dos dedos dentro del coño y empezó a masturbarse.

    Estaba con la polla dentro de su culo y los dedos dentro de su coño, cuando llegó a la habitación, Víctor, su marido, que había sentido sus gemidos. Encendió la luz, y al verla con los ojos cerrados, y a Esteban pegado a ella, le pregunto:

    -¿Duermes? -Matilde, no le contestó- ¿Estas bien?

    Matilde, seguía gimiendo y con los ojos cerrados. Sintió la leche de su sobrino llenar su culo y sin poder evitarlo comenzó a correrse.

    -Oooooh, oooohh.

    Víctor, no salía de su asombro viendo la cara de placer de su mujer.

    -A saber con quién estás soñando. En fin, todos tenemos sueños húmedos.

    Apagó la luz y se fue.

    Tía y sobrino se echaron a dormir.

    Esteban seguía sin saber si era de carne o si era de pescado.

    Septiembre de 1971.

    En las fiestas del pueblo, Conchita, una mocita muy guapa, de ojos marrones, tetas medianas, con media melena rubia, estaba bailando con Esteban, ‘Yo soy aquel’, la canción de Raphael. Apretado a él, y mirando para una pareja que bailaban muy acaramelados, dijo:

    -Hijo de puta.

    -¿Qué te pasó con Alfredo?

    -Me engañó.

    -Yo no oí eso.

    -¿Qué oíste?

    -Que le metiste los cuernos y por eso te dejó

    -Sí, pero eso no le daba derecho a llenarme el culo de leche antes de decirme que me dejaba.

    Esteban quiso corroborar lo que acababa de oír.

    -¡¿Dijiste el culo?!

    -Sí, el culo, me desvirgó el culo antes de decirme que sabía lo que hiciera.

    Esteban, se empalmó, y cómo estaban bailando pegados, Conchita, sintió la cosa dura pegada a su coño. Se separó de ella y le dijo:

    -Perdona, prima.

    Conchita puso las manos en el culo de Esteban y lo apretó contra ella.

    -No hay nada que perdonar. Me gusta saber que te excito.

    -En ese caso, te diré que me gusta saber que te gusta que te excito.

    -Sabes, primo, en casa no hay nadie y yo tengo ganas.

    A Esteban le acababa de alegrar la noche.

    -¿Voy yo primero?

    -No, voy yo. En cinco minutos ven tú.

    Cuando Esteban llegó a casa de su prima se oía al vocalista de la orquesta cantar: Un sorbito de champán, de los Brincos. La puerta estaba abierta. La casa olía a carnero asado. Sentado en una silla, con los dos brazos y la cabeza sobre la mesa dormía la borrachera el padre de Conchita, un cabronazo cincuentón que a la mínima le bajaba las bragas, sacaba el cinto y le daba hasta que le ponía el culo al rojo vivo, y después, excitado, el muy cerdo, follaba a su mujer, sabiendo que su hija escuchaba los gemidos de la madre.

    Esteban no se creía lo que estaba viendo. Conchita estaba desnuda, de pie, al lado de su padre, con un cinto de cuero en la mano. La miró de abajo arriba. Sus piernas eran perfectas. En su pubis tenía una pequeña mata de vello rubio. Su cintura era estrecha y sus caderas anchas. Sus tetas medianas tenían pequeñas areolas rosadas y sus pezones, era gordos. Su cuello era de cisne y su cara preciosa. Oyó cómo le decía:

    -Cierra la puerta con llave.

    Esteban, temblando, cerró la puerta y después fue junto a Conchita. La muchacha le dio el cinto, se dio la vuelta, y le dijo:

    -Dame en el culo con él.

    -Se va a despertar tu padre.

    -No te preocupes, ya se podía caer la casa que antes de dos o tres horas no despierta.

    -¡¿Sabías que estaba aquí?!

    -Sabia

    -Me mentiste, dijiste que no había nadie en casa.

    -Si no estuviera no te traía.

    -Deja que te coma las tetas.

    Conchita, seguía a lo suyo.

    -¿Después me darás con el cinto?

    No le respondió a la pregunta.

    -¿Me dejas o no?

    -Come, pero solo un poquito.

    Esteban le magreó y le comió las tetas tal y cómo le enseñara su tía. Conchita, le dijo:

    -¡Joder que bien sabes comer las tetas! Dame un beso, hombre, dame un beso.

    Esteban le dio un beso con lengua que la dejó sin aliento. Después se agachó, y le comió el coño mojado. Conchita, poco duró, duró hasta que comiéndole el coño le metió un dedo en el culo. En ese momento, le dijo:

    -¡Qué bien lo haces, que bien lo haces¡ Que… ¡¡Me corro!

    Se corrió en la boca de Esteban mientras su cuerpo temblaba. Fue una corrida larga e intensa.

    Al acabar de correrse, la dulzura de sus gemidos dio paso a su voz grave. Cogió el cinto en el piso, se lo dio, y le dijo:

    -¡Ahora castígame por haber sido una guarra, lame coños!

    Esteban, no estaba por la labor.

    -Yo no sería capaz de pegar a una mujer.

    -¡Qué me des con el cinto, hijo de puta!

    Mil peleas tuviera Esteban por llamarle puta a su madre, y Conchita lo sabía.

    -No le llames eso a mi madre que te breo.

    Conchita parecía una gata rabiosa.

    -¡Hijo puta, hijo puta, hijo puta!

    -¡La madre que te parió!

    Le largó con ganas. El cinto chasqueó en sus nalgas:

    -¡¡Traaaas, traaaas, traaaas!!

    Esteban ya se había calentado, y si se despierta el padre de Conchita, que era un medio metro, le pasa la borrachera a golpes.

    -¡A ver si callas, coooño!

    -Hijo puta -¡trassss!- Hijo puta, hijo puta -¡traaas, traaaas!- Hijo puuuta. ¡traaaaas, traaaas ¡Aaaaay!

    Después de que le dejara al rojo vivo el culo, Conchita, se puso en cuclillas, le bajó la cremallera, sacó la polla empalmada y se la mamó hasta que le llenó la boca de leche. Después puso las manos y las tetas sobre la mesa, abrió las piernas y con su cara al lado de la cara de su padre, oyendo al vocalista de la orquesta cantar: Cerca de las estrellas, de los Pekenikes, le dijo:

    -Rómpeme el coño, papá.

    Esteban, también sabia lo de las palizas con el cinto que le daba el padre a Conchita, lo que no sabía era que fantaseaba con él. Le importó una mierda, Se la clavó de un golpe y después le dio sin piedad, a romper… Conchita, poco después, sintiendo que le venía, le levantó la cabeza a su padre, que estaba en lo mejor del sueño, y le dijo:

    -Mira cómo me corro, papá.

    Quien vio cómo se corría fue Esteban. Vio cómo se abrían y se cerraban su culo y su coño, y cómo el coño echaba jugos mucosos que no dudó en lamer, saborear y tragar… Al acabar de correrse se la metió en el culo, y al ratito, se corrió dentro.

    Mientras se oían bombas y el vocalista de la orquesta cantaba Anduriña, una canción de Juan y Junior, se la sacó del culo y se la metió en el coño. La follo despacio, aprisa, con fuerza, suave… Le dio cañita de la buena… Ya se oía Black is black, de los Bravos, cuando Conchita, besando a su padre, se volvió a correr. Esteban, la sacó y se corrió en la entrada del ojete.

    Diciembre de 1971.

    Juan, el padre de Esteban, que era viudo y tenía 45 años, había vuelto de Suiza casado con un pibonazo. Una rubia, veinte años más joven que él, alta y con un cuerpazo de escándalo. Solo tenía un defecto, no hablaba una palabra de español y menos de gallego, que era lo que se hablaba en el pueblo.

    Creo que en el mes escaso que estuvo en el pueblo, cayeron más pajas de las que habían caído hasta el día en que llegó.

    El día que entró su madrastra en su casa y le dio un beso en la mejilla y olió el perfume que llevaba, se le puso la polla dura como una piedra, y la cosa iba a ir de mal en peor, ya que la voz de la francesa era tan sensual que al oír palabras cómo mon cheri (querido) mon amour, (mi amor) y cosas así, deseaba tirarse encima de ella y que fuese lo que Dios quisiera.

    La ocasión dicen que la pintan calva, pero a él le apareció peluda y en forma de coño. Fue un día que su padre se fuera de caza con sus viejos amigos. Esteban iba a ir con su padre, pero a última hora fue otro en su lugar para espantar las perdices.

    Esteban llegó a casa y sintió gemidos. Venían de su habitación. Fue a mirar. Abrió la puerta y vio a su madrastra, con el culo hacia él, a cuatro patas, con un dedo metido en el culo y otros dos metidos en el coño. Su madrastra se estaba masturbando, eso era obvio. ¿Pero por qué lo hacía en su habitación? Cómo dije, la ocasión se le presentó peluda y en forma de coño.

    Sin hacer ruido, se acercó y la cogió por la cintura. A Madeleine casi le da un infarto. Se echó boca arriba sobre la cama y tapó los pezones con un brazo, y el coño con el otro. Esteban vio una foto suya sobre la cama. Su madrastra se estaba masturbando pensando en él. Cogió la foto y la tiró al piso. Madeleine dijo unas palabras en francés que Esteban, por supuesto, no entendió. Lo que hizo fue subir a la cama, cogerle la mano que tenía sobre su coño peludo, y apartarla sin que Madeleine ofreciera resistencia. Le quitó el brazo de las tetas y vio una maravilla de mujer. Imagina una diosa y sabrás lo que vio Esteban.

    Le comió y le magreó las tetas… Después bajó y comenzó a comerle el coño. Madeleine, pensado que no sabría comerle el coño. Le apartó la cabeza, le señaló el clítoris con un dedo, echó la lengua fuera y la movió de abajo a arriba. Esteban le lamió el clítoris hasta que le señaló el ojete. Se lo lamió y se lo folló. Le folló el coño con la lengua, y ya sintió los primeros gemidos de su madrastra… Ya se vino arriba, ojete, coño, clítoris… Hasta que oyó:

    -¡¡¡Oui!!! (¡¡¡sí!!!)

    Madeleine le cogió la cabeza, y moviendo la pelvis le frotó el coño en la boca, en la nariz… Se la frotó por toda la cara mientras gemía sin parar.

    Al acabar de correrse, se volvió a poner a cuatro patas. Esta vez, Esteban, no tuvo dilema ninguno. Madeleine le puso la polla en la entrada del ojete y empujó con el culo hacia atrás. Esteban la cogió por las tetas y se la clavó hasta el fondo.

    Tiempo después, a Madeleine, que tenía dos dedos dentro del coño, le empezó a temblar todo el cuerpo, Sus jadeos eran de perra. Se corrió y Esteban se corrió dentro de su culo… Luego, se la quitó del culo, se la metió en el coño, y le dijo a Madeleine:

    -Soy de carne.

    Madeleine, giró la cabeza, y le preguntó:

    -¿Quoi? (¿Qué?)

    -Sí, lo quooiste.

    La folló hasta que se volvió a correr. Esta vez, sin pesar en las posibles consecuencias, le llenó el coño de leche.

    ¿Tú qué crees? ¿Esteban era de carne o era de pescado?

    Comentar no es perjudicial para la salud.

    Quique.