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  • Iván, feo pero dotadísimo. Los mejores carnavales

    Iván, feo pero dotadísimo. Los mejores carnavales

    Iván se regresó a su pueblo después de trabajar 5 días consecutivos. La cantidad de pajas que me hice pensando cómo había arropado a Karina me tenía la verga pelada. Ese mismo día, en la noche, recibí un mensaje en mi celular. Estaba medio tomado y me comentó que le habían robado toda su paga en una cantina. Estaba desesperado, casi lloroso. Que si no había más trabajo, que si podía ‘apoyarlo’, que no tenía dinero para nada, etc. etc. etc.

    Le envié justo el pasaje para que volviera dos días después. Se le veía derrotado y deprimido.

    Eran los carnavales y todo el país estaba en fiesta pero Iván no tenía donde caer muerto. Se fue a trabajar mientras todos los demás parrandeaban. El domingo en la tarde estaba sudado, cansado y cabreado. Lo invité a ir a mi casa a rastrillar el jardín y a limpiar. De todos modos, el lunes nadie trabajaría y no tenía sentido dejarlo solo en el proyecto.

    Lo primero que hice fue apertrecharme con una caja de cervezas y le di para que se le quitara la pendejada. Llegó en la tarde y comenzó a bajar las cervezas como si fuera agua. No habían pasado más de dos horas cuando ya tenía los ojos rojizos, con cara de borracho. Ni siquiera comió, cargaba los mismos shorts holgados de todo el día. En un momento se quedó adormilado en el sofá y me le acerqué. Tenía un olor agrio, a sudor adolescente y eso me excita demasiado. Le quité la camiseta y comencé a olerla, un aroma que merecía ser embotellado. Sus axilas eran velludas, pelos groseros asomaban por entre sus brazos pero aparte de eso no tenía ni un solo vello en el pecho ni en la cara. Me le quedé viendo, la verdad que no sabía qué hacer. Lo que hice fue ayudarlo a ponerse de pie y lo fui llevando a la habitación. Lo tiré en la cama y podía ver que él se divertía con lo que estaba pasando.

    Le comencé a sobar el short y los calzones. La verga la tenía fláccida y la sentí endurecerse a través del pantalón. Poco a poco se fue poniendo dura mientras él se hacía el dormido o por lo menos eso parecía. Cuando metí mi mano en sus calzoncillos sentí una mata de pelos gruesos, sedosos, largos. Una verdadera mata. Comencé a pajearlo y la verga se le fue poniendo gruesa, dura. Era un palo oscuro, venoso, con la cabeza rojiza. La pinga la tenía con un fuerte olor a orín de macho, más que cualquier otra cosa. Me le fui encima y empecé lamiéndole los sobacos. Metí mi cara y aspiré, el dolor era mareante, fuerte. Lamí, lamí y lamí ambas axilas y él se quejaba suavecito pero la pinga estaba durísima. Mientras le lamia el pecho lo seguía pajeando, La verga era mucho más gruesa que larga pero aun así daba miedo. Los huevos los tenía peludos y no eran tan grande, o tal vez como tenía ese tuco lleno de pelos tan grande los huevos se achicaban.

    Busqué la pinga con mi boca y mientras aspiraba su hedentina me la metí en la boca. Enseguida arqueó el espinazo y me agarró por la nuca, obligándome a tragarme su verga todo lo que pudiera. Escupí con cierto asco pero no deje de mamársela. Bajé mis labios a sus huevos y los lamí, sintiéndome una perra caliente. Cada vez que trataba de tragarme su pico me daban ganas de vomitar porque él quería culearme la boca.

    Cuando le tuve el huevo babeado y mojado me fui acomodando sobre él, Me tuve que poner lubricante en el ojo del culo y traté de que me entrara la cabezota rojiza. Nada. El tipo estaba demasiado caliente y con cada punteada me hacía daño. Me fui meneando suavecito y al fin entró un poquito. Respire hondo y fue entrando un poco más. Tuve que sacármela y volver a empezar hasta que pude sentarme completo, Me meneaba suavecito, Iván me agarraba las nalgas para separarlas y que me entrara su vergota. Estaba demasiado dura, como si fuera una piedra.

    Me bombeaba cada vez más duro, yo lo sobaba, lo acariciaba y luego fui arañándolo cada vez con más desesperación. De repente me soltó una cachetada y siguió bombeando, me agarraba con fuerza y seguía culeándome sin venirse. Ya llevaba más de diez minutos y me tenía el culo abierto, seguía sin venirse, paraba por momentos y luego volvía. En una de esas se me montó sobre mis espaldas y me mordió los hombros hasta que al fin sentí su leche caliente corriéndose dentro de mí. Siguió empujándomela hasta que casi se quedó dormido. Esa noche culeamos dos veces más y al día siguiente me levanté feliz de haberme tragado esa pinga tan deliciosa. Los mejores carnavales que he pasado.

  • Miradas (Parte 3)

    Miradas (Parte 3)

    Damián estaba muy excitado al sentir como aquella joven, lo abrazaba y besaba profundamente. La petición de la muchacha, por verlo como la tarde anterior, le hizo sentir cierto reparo. Pero deseaba agradecerle a Nuria, todo lo que estaba sucediendo en esos momentos. Se levantó de la cama y de pie, al lado de ésta, comenzó a desabrocharse la camisa. Nuria lo miraba con curiosidad y nerviosismo. Al sacarse la camisa, ella miró su pecho cubierto de vellos canosos.

    Damián miraba el cuerpo de la joven y sentía su virilidad totalmente inflamada. Nuria separó un poco sus piernas al darse cuenta que Damián buscaba su sexo con la mirada. Vio como él, se desabrochaba el pantalón y se lo quitaba. Ella se dio cuenta que estaba excitado, pues el sexo de aquel señor, se marcaba con claridad bajo la tela del slip. Damián sentía la mirada de aquella joven en su slip. Nadie le había mirado con tanta expectación. Se bajó el slip. Su polla empalmada, estaba a la vista de Nuria y un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar como la pequeña gemía al mirar su polla.

    – ¿Cómo quieres verme cariño? -Damián rompió el silencio preguntando que deseaba la joven.

    – Me gustaría verte como ayer, en el sillón -Nuria sentía vergüenza por decir lo que deseaba.

    Él se acercó al sillón de la esquina y apartando la ropa de ella, se sentó. Veía a Nuria desnuda. Aún tenía el sabor de su coño en la boca. Mirando entre las piernas de la joven, llevó su mano a su polla y la rodeó con sus dedos. Nuria observaba con verdadera devoción, como el hombre comenzó a masturbarse para ella. No podía apartar la mirada del sexo de aquel señor. Era gordo y sus venas se marcaban en la fina piel de su polla. Miraba los testículos de aquel hombre. Eran grandes y cubiertos por pequeños vellos blancos.

    Comenzó a acariciarse el sexo mirando a Damián. Un gemido de ese hombre, le hizo comprender que le excitaba mirarla tocándose. Por primera vez en su vida, se estaba masturbando delante de otra persona. Miraba la polla de aquel hombre y su sexo rogaba ser masturbado más fuerte y rápido.

    Damián, vio como Nuria se levantaba de la cama y se acercaba al sillón donde él estaba. Se arrodilló delante de él. Damián había detenido su masturbación al no saber que deseaba la muchacha. La miraba como interrogándola por sus deseos.

    – Siga por favor, acaríciese…

    Sólo deseaba hacer realidad los deseos de Nuria. Sabía que los deseos de ella, serían los deseos suyos. Siguió masturbándose. La cercanía de la joven hizo aumentar su excitación. Nuria miraba fascinada aquella polla. Se sorprendía al ver el glande amoratado de aquel señor. Brillaba y estaba mojado. Volvió a mirar aquellos testículos. Ahora estando tan cerca, sentía que le excitaba mirarlos.

    Damián gimió, cuando sintió la mano suave de Nuria acariciarle los huevos. Se miraron y en sus miradas veían la vergüenza por lo que sentían pero también la excitación. Aquella muchacha le acariciaba con curiosidad los huevos y le hacía gemir. Sintió los dedos de Nuria acariciar la base de su polla. Paró de masturbarse y dejó que ella saciara su curiosidad. Los dedos de aquella joven se deslizaban por su polla. El rostro de ella era de fascinación. Damián sentía la yema de sus dedos recorrer las venas. Gimió cuando Nuria los pasó con delicadeza por su glande. Su polla iba a explotar de placer como esa joven no parara de tocarlo así. Nuria miró la cara de Damián y vio que tenía los ojos cerrados y gemía. Comprendió lo que necesitaba ese señor. A pesar de sus temores por no saber hacerlo bien, agarró aquella polla con su mano y comenzó a masturbarla. Damián se moría del placer que le estaba dando aquella muchacha.

    Aquella mano suave le estaba dando el mayor placer de su vida. Nuria aumentó el ritmo. Jamás había imaginado que le haría una paja a un señor tan mayor y le encantaba hacerlo. Aquella polla estaba caliente y totalmente dura. Nuria llevó su mano libre entre sus piernas y comenzó a tocarse mientras masturbaba a ese señor.

    Damián gemía. Podía sentir en su polla la respiración entrecortada de la joven. Nuria gimió al sentir como aquel sexo excitado rozaba su cara. Nunca había tenido tan cerca de su cara un sexo masculino. Masturbaba a ese señor con rapidez. El olor de aquella polla acariciaba su nariz. Era un olor desconocido para ella. Se sorprendió acercando su nariz y oliendo el glande de aquel señor. Le gustaba aquel olor. Damián estaba alterado totalmente por lo que estaba haciéndole aquella muchacha. Nuria no pudo evitar acercar sus labios y besar la amoratada punta de aquel fascinante miembro. Su clítoris estalló de placer al ver el primer chorro de semen salir de aquella polla. Después otro chorro y otro… Nuria miraba fascinada la polla de ese señor correrse, en un orgasmo muy fuerte, provocado por ella.

    Se miraron exhaustos y Damián la cogió en brazos. Sus mejillas estaban coloradas. Ninguno de los dos sabía si era por la vergüenza de lo vivido, o por el fuerte orgasmo que habían sentido.

    Esta vez, fue él quien acercó su boca a la de ella y ella abrió sus labios. Se besaron. . Damián pensaba hasta ese día, que jamás volvería a vivir de nuevo esa pasión. Nuria mientras lo besaba, pensaba que por fin estaba descubriendo esa pasión que tantas veces había leído y escuchado hablar sobre ella…

  • Cinthia, trigonometría avanzada

    Cinthia, trigonometría avanzada

    Cuando el profesor Pastrana renunció, todos los alumnos de la facultad agradecieron, en especial Cinthia que tenía la certeza de reprobar todos y cada uno de sus exámenes de trigonometría. Así que el lunes estaban nerviosos por conocer a su nuevo profesor.

    Llegadas las ocho de la mañana, un tipo arriba de los treinta años, con el pelo a rape y una barba espesa, entro al salón. Aunque traía camisa y chaleco, se notaba a leguas que tenía músculos hasta en las orejas. Una espalda ancha y brazos gruesos. Pero cuando se dirigió a la clase, Cinthia sintió un temblor en las piernas y las mariposas de todo el mundo se mudaron a su estómago.

    —Hola a todos, Me llamo Jorge y soy su nuevo profesor de trigonometría.

    La voz gruesa y profunda hizo que todos prestaran atención. Y a Cinthia le sudaban las manos solo de verlo. La hora que duraba la clase le pareció que duro apenas unos instantes. Cuando salió el profesor, se armó un bullicio en el salón.

    —Está bien sabroso el cabrón —dijo Daniela que era conocida por su coquetería.

    —Seguro es puto —Alegaban la mayoría de los compañeros. Pero Cinthia en silencio, atesoro cada recuerdo de él en su mente. Y ya esperaba el día siguiente con ansia.

    Por la tarde, mientras se cambiaba en el Gimnasio escuchó una voz muy parecida a la de su profesor, pensó que se estaba volviendo loca, pero en cuanto salió se topó con el de frente. Estaba en el banco levantando unos discos enormes, lo ayudaba el instructor.

    —Hola profe —dijo tímidamente levantando la mano con todo y su botella de agua.

    —Hola… ¿Eres…?

    —Cinthia, de la universidad.

    —Claro, ¿hola qué tal?

    —Bien, creo… bueno voy a…

    —Claro, claro… adelante.

    Ella loca de amor y el ni siquiera la noto, se fue triste a la caminadora. Mientras tanto el instructor platicaba en voz baja con Jorge.

    —¿En serio es tu alumna?

    —Al parecer…

    —¿Al parecer? ¿Ya viste esas nalgas, como puedes no recordarla? Yo a diario me paro verla, mira cómo se ese culo!

    —Si si basta, eso es acoso.

    —Yo solo digo.

    Aunque fingía que nada pasaba, su mirada se clavó en ella. Chaparrita, el pelo largo se mecía en su cintura, y en efecto tenía unas nalgas divinas, redondas y grandes, podía ver como su pequeño short se metía entre sus nalgas. La erección en su pants, lo obligó a frenar su ruina y fue directo a la ducha.

    Al día siguiente, Cinthia llegó devastada por la indiferencia de su profesor, pero él llegó un poco nervioso, quería ver a su alumna del culo delicioso. En cuanto entro clavo la mirada en ella, y aunque su clase fue muy buena. Jorge no sacaba de su cabeza el contoneo de esas nalgas. Al finalizar la clase espero a que ella saliera y la saludo muy cordial.

    —Señorita Figueroa, ¿la veo esta tarde en el gimnasio?

    —¿que? Digo… si. Ahí lo veo profe —la sangre le hervía, esa voz ronca y viril le hablo directamente a ella, al menos ya sabía que no le era indiferente.

    Solo de pensar en ella, Jorge tuvo una nueva erección. Nunca le había pasado eso, era culpa de Mario su instructor por meterle ideas a la cabeza. Cuando llegó al gimnasio recorrió con la mirada todo el lugar pero no la encontró. Debía convencerse de hacer su rutina y salir de ahí, se puso sus audífonos y comenzó, estaba en la prensa para pierna cuando por enésima vez volteó y por fin vio a su alumna en la elíptica. Sus nalgotas se balanceaban, perdió totalmente la concentración.

    Espero todo el tiempo hasta que ella bajo y salió a su paso.

    —Hola señorita, ¿Hoy que le toca?

    —Hola profe, pues pierna —ella estaba agitada por el ejercicio y por tenerlo ahí enfrente con los brazos musculosos y sudados. Se formó un silencio incómodo que ella rompió sin decir una sola palabra. Se quedó mirando fijamente el bulto que se había formado en la entrepierna de su profesor. Y el apenado se retiró disculpándose.

    —Bueno, nos vemos mañana en clase —camino de reversa sonriendo y choco con un banco de ejercicio.

    —¡Cuidado!

    —Estoy bien, estoy bien.

    Ahora ella estaba desconcertada por una razón diferente, ¿su profesor se excitaba cuando la veía? Sabía que muchos le miraban el culo en la escuela, incluso bromeaban acerca de su tamaño. “A ti no te ponían talco de bebé, te ponían royal”. Pero su profesor… diablos!

    Ahora ella lo espero hasta que salió de la ducha con su maleta y lo espero en la salida.

    —¿Y le gusta mucho?

    —¿qué cosa? —no sabía bien a qué se refería.

    —Dar clases.

    —Pues llevó diez años dando clases, aunque es la primera vez en una universidad. ¿Para dónde vas?

    —Aquí a la vuelta.

    Use te acompaño, yo deje mi auto acá atrás. ¿Cuánto llevas en el gimnasio? Nunca te había visto.

    —Ya voy para seis meses, pero ni se nota, ¿o sí?

    —Si, como no! Digo, estas muy… bueno… bonita.

    —Pero no como usted, está súper mamado profe!

    —Dime Jorge, acá no te enseño nada —sonrió porque quería enseñarle todo.

    —Bueno Jorge, yo voy para allá.

    —Pues adiós —se despidieron de beso y ella pudo sentir la fragancia a maderas en su cuerpo. Él se quedó quieto mirándole las nalgas mientras ella cruzaba la calle, luego subió a su auto pensando en cómo sacarse de la cabeza a esa alumna suya.

    Al día siguiente, Cinthia se puso su pantalón más ajustado. Desde que llegó se llevó varios chiflidos y piropos. «Adiós mamacita”, “en esa cola si me formo”. Pero ella se vistió así por Jorge, cuando entró intentó saludarlo de beso, pero él se retiró.

    —Aquí no señorita, tome asiento.

    —Perdón…

    De nuevo se sentía una idiota, ni siquiera le interesaba la clase, solo quería quitarse esos pantalones dos tallas más chico que la estaban dejando sin aire. Al terminar la clase salió furiosa, pero él la alcanzó.

    —No te enojes, pero acá debo mantener un respeto.

    —Pues me parece bien profe —siguió caminando si voltear a verlo.

    —Y sabes, ese pantalón se te ve espectacular.

    Cinthia bajo la velocidad y lo miro a la cara.

    —Pero pues acá debe guardar el respeto.

    —Pero, te veo en la tarde Cinthia —le pasó su mano por la cintura y recorrió por completo sus nalgas mientras ella inmóvil sentía como exploraba entre sus nalgas.— Es más, te invito un café después del gym.

    —Pues no sé si pueda.

    —Así enojada paras la trompa, y no sé si estas enojada o quieres beso… o quieres otra cosa.

    —¿Qué cosa?¿ese bulto? —con la mirada le señaló el pantalón. Y luego se fue. Aunque, por supuesto que también se moría por probar a su profe. En cuanto llegaron, ambos se buscaron con la mirada, sonrieron al encontrarse. Él fue a la caminadora de al lado y corrieron casi al mismo ritmo.

    —Hola.

    —Hola!

    Ella miraba el sudor escurriendo por su cuerpo musculoso, mientras el sin disimulo la recorría de pies a cabeza. Cuando terminaron, salieron a un café a unas calles. Cinthia con su Frappuccino y el con su cortado doble platicaron durante casi tres horas. Él supo que Cinthia tenía 19, sin novio, le gustaba mucho el reggaetón y adoraba las películas románticas. Por su parte él le confesó tenía 36, Estoque terminó una relación de diez años y desde entonces, se refugia en el ejercicio para no deprimirse, siempre fue más de los libros y el rock. Pero igual bailaba lo que le pusieran. Ya de noche caminaron hasta casa de Cinthia y ella se abalanzó sobre él, dándole un beso tan cachondo que el sin esperarlo solo la sujeto por la cintura, y de manera automática sus manos bajaron a sus nalgas, grandes duras y redondas. Delicioso culo. Pero un momento después se separó casi asustado.

    —¡esto no está bien, eres… una niña!

    —Pero…

    —No, no puedo. Perdóname… ya mejor me voy.

    Entró casi llorando a casa y pasó la noche sin dormir. Que le pasaba a ese imbécil, no podía darle todas esas señales y de pronto botarla y decirle niña. Ya soy mayor de edad, pensó y se quedó dormida por fin casi de día.

    Pasaron varias semanas sin que él le dirigiera la palabra, y aunque ella lo buscaba en el gimnasio, el no apareció ni un solo día. Seguro, regreso con su novia, no le gusto. Cada hipótesis posible pasaba por su cabeza a diario. El fin de semana sería la feria de ciencias de la escuela. Él era Juez y ella aprovecharía para tratar de hablar y aclarar todo de una buena vez.

    Lo encontró tomándose un refresco, se acercó y se detuvo a su lado. El vestía un traje ajustado con corbata y chaleco. Se veía espectacular. Su barba había crecido considerablemente.

    —¿Estás enojado conmigo?

    —Señorita, le recuerdo que debe dirigirse a sus profesores con respeto.

    —Solo dime que no sientes nada y me lavo a la mierda!

    —En el fondo de la escuela, donde está la cancha, en las escaleras junto al barandal, ahí en cinco minutos.

    —¡¿QUÉ?!

    —En cinco…

    Se alejó y le sonrió a un grupo de profesores, estaba por comenzar el concurso. Cinthia se fue hasta el fondo, estaba totalmente solitario, se sentó y espero impaciente. Escucho ruidos, pero era el conserje que guardaba sus herramientas en una bodega. Al fondo vio a Jorge venir a prisa y quitándose la corbata, cuando llegó, ella se quiso levantar pero él se lo impidió. Le tomó las manos y las sujetó con la corbata, luego las sujeto a la baranda, encima de su cabeza. Ella quiso decir algo, pero miro como él se bajaba el cierre del pantalón sacaba su verga dura como roca, percibía el olor cerca de su boca.

    —Vamos a ver si esa boquita sabe hacer milagros.

    Cintia ya estiraba el cuello en busca de la verga de su profesor, pero él se adelantó y la tomó de la nuca, hundió su verga hasta el fondo sin dejarla respirar.

    —haaaggg!

    —Creo que sí, esta boca es milagrosa.

    La sacó un momento y Cinthia jalo aire.

    —Ahí vamos niña

    Comenzó a cogerla por la boca, sentía como sus genitales chocaban en su mentón y se sofocaba a cada arremetida que daba y eran muchísimas, solo la sacaba para que ella jalara aire e inmediatamente le volvía a meter por completo. El esfuerzo hizo que unas lágrimas resbalaran por su cara y el maquillaje comenzaba a caer. No podía hacer nada y no quería hacer nada en realidad. En su sexo un leve calor anunciaba la excitación y sabía que comenzaba a humedecerse.

    —Eso! Aguanta que rica boquita tienes!

    Jorge sentía como se acumulaba el semen y en cualquier momento acabaría. La baba acumulada hacía que Cinthia tosiera y escupiera sin lograr que su profesor sacara su verga de la boca. Cuando al fin la sacó, ella quiso tomar aire, desesperada, pero un chorro de semen la tomó por sorpresa. Apenas y pudo cerrar los ojos, sentía el cosquilleo de aquel líquido viscoso y caliente bajando por su cara, intento abrir los ojos, pero el semen sobre su papado se lo impedía y el sol que le daba de frente lo hacía aún más difícil.

    —¡por Dios ya quería hacer esto!

    Lo escuchaba bufando, sacando las últimas gotas de semen y sentía su verga sobre su cara, esparciendo el semen por cada parte si dejar nada limpio. Su cara estaba pegajosa, Jorge pasó sus dedos pulgares sobre sus ojos para que pudiera verlo.

    —¡Hola!

    —¡estoy toda batida!

    Rieron al mismo tiempo aunque Cinthia apenas podía abrir los labios, Jorge se acercó para desatarla de la baranda. A consecuencia su verga cucho de nuevo con los labios de ella, que en cuanto se sintió liberada buscó con su boca aquella verga, la metió en su boca y se ayudaba de ambas manos para estimularlo. Ahora ella misma se atragantaba con la verga de su profesor, la metía hasta su garganta mientras escuchaba los gemidos de su profesor, que rápidamente volvió a soltar semen, esta vez Cinthia lo tragó por completo y limpio hasta el último residuo. Los ruidos de varios chicos que se acercaban los alertaron. Se levantaron de inmediato y Cinthia corrió a los baños para lavar su cara.

    —Corre corre!

    —Guarda eso —le dijo señalando su verga que seguía asomándose por su pantalón.

    Antes de lavarse la cara, se miró al espejo, su cara estaba sucia, su cabello también tenía un poco de semen. Sonrió y después se enjuago por completo la cara. Cuando volvió al patio principal, Jorge estaba entregando unas medallas a los ganadores. Ella siguió de largo, sabía que lo vería por la tarde y eso le emocionaba.

    “Tengo junta de maestros, pero te veo a las 8 en la plaza, te invito al cine”.

    Cinthia tampoco fue al gimnasio, paso toda la tarde eligiendo su ropa y a las 7:30 tomó un taxi a la plaza comercial, vio su carro estacionado, se emocionó de al fin salir con él. Y él la recibió con una gran sonrisa. Ella quiso besarlo, pero la detuvo.

    —Acuérdate que sigo teniendo casi el doble de tu edad!

    —No me importa!

    —Pero a la gente si, ya apagaran las luces allá adentro, no seas ansiosa.

    Compraron palomitas y refrescos y se acomodaron en las butacas, en cuanto apagaron las luces ella lo besó.

    —Guau!

    —¿no quieres?

    —Claro que quiero.

    Él le tomó la cara y le metió la lengua, un beso apasionado que se debían hace mucho.

    —Me puse falda para ti.

    —¿Para mí?

    —siii

    Tomó la mano de Jorge y la metió bajo su falda, no llevaba ropa interior. Pudo sentir su clítoris al frotar su vagina. Luego sacó su mano y se chupo los dedos.

    —Que delicioso!

    —¿Quieres más?

    Cinthia ya le sobaba la verga sobre el pantalón, no importaba lo que sucediera en la pantalla. Ellos estaban navegando en su pasión. Jorge metió su mano y un par de dedos se hundieron en el sexo de Cinthia, que correspondía con besos cachondos y apretones sobre su verga.

    —con permiso!

    Una familia numerosa se sentó junto a ellos y tuvieron que parar, y mirar la película, aunque fuera algo que ya no les importaba. En cuanto termino y subieron a su auto se besaron y el metió sus manos bajo su falda, sentía sus nalgas y su sexo totalmente rasurado. Sus fluidos mojaban sus dedos, recordó el sabor delicioso de aquella panochita. Y aunque se interrumpían cada que alguien pasaba cerca, no querían parar.

    —Ya son casi las doce, mejor te llevo a tu casa.

    —Nooo

    —Siii, si queremos que esto funcione.

    Arrancó el auto y salieron de la plaza, en cuanto pudo, Cinthia se abalanzo sobre su pantalón, la verga de Jorge quedó al descubierto y ella la chupo como una paleta, quería saborear cada parte y no escatimaba esfuerzos. Mientras el levantaba su falda para sobar sus nalgas que a la luz de la carretera lucían preciosas. A unas calles de llagar el bajo la velocidad, sabía que por tercera vez en el día se vendría. Apretó las piernas y se aferró a su nuca, ella tragó todo y siguió mamando. Mientras el le acomodaba la falda, estaban frente a su casa.

    —¡eres perfecta!

    —Tú eres perfecto

    Toda Italia con sabor a semen lo beso y bajo de su auto.

    —Te veo mañana

    —Nos vemos mañana mi amor!

    Cuando llego a su casa, Jorge vio que tenía dos notificaciones en su teléfono.

    “Buenas noches, sueña conmigo“

    Los mensajes incluían dos fotos de ella empinada con las piernas separadas y la cabeza abajo. Una tanga rosa pastor se perdía entre su hermoso culo. A pesar del día, Jorge entró a la ducha y se masturbo viendo las fotos de ese culo hermoso.

    Fue hasta el sábado que pudieron volver a verse en forma, el la invitó a bailar a un lugar alejado de su casa y la escuela. Cinthia se puso minifalda, pero esta vez una ajustada, hacía lucir su culo de manera espectacular. Desde que llegaron, mochos de los hombres no le quitaron la vista de encima, a ella le gustó, pero a él le encantaba.

    —Todos están mirando tu culo

    —Sí, ya me di cuenta.

    —Ven, date vuelta y págamelo en la verga. Que sepan quien se va a comer esas nalgas.

    Ella obediente le bailo muy sensual restregando su culo, podía sentir como le crecía el paquete en el pantalón. Que la vieran la ponía muy calienta. Desde siempre notaba que los hombres la miraban, pero ahora la miraban porque sabían que el tipo mayor y musculoso se cogería en algún momento de la noche.

    Las cervezas se le subieron a la cabeza y Cinthia era cada vez más atrevida, mordía sus labios, apretaba sus pezones y lo besaba por todos lados. Así que él la tomó de la cintura, pago la cuenta y salieron del lugar, era de madrugada y el estacionamiento estaba casi vacío. Aun así algunos en el balcón de fumadores los seguían con la mirada.

    —Dales gusto amor.

    —¿que?

    —Levántate la falda, que te vean el culo.

    —Estás loco.

    Aun así, ella se recargó en el cofre de su auto y levantó lentamente su falda, mostrando su hermoso culo, con una tanga negra que se perdía entre sus nalgas. Todos, dejaron de hablar y de beber para admirar el hermoso culo juvenil de Cinthia.

    ¡CÓGETELA!

    —Cógeme!

    —Ja ja ja…

    —¿No quieres?

    —¡en serio!

    ¡Órale!

    —Ven!

    La colocó en cuclillas y se sacó la verga del pantalón. Solo para que miraran que era muy grande. Luego sonrió y le dijo a Cinthia.

    —Chúpala!

    —Por supuesto!

    Se metió la verga en la boca y mamo como una verdadera Estrella del porno, la metía por completo y la sacaba para saborearla, mientras Jorge le detenía el cabello, así todos podían ver su cara con esa verga entrando y saliendo de su boca. Después de unos minutos, la levantó y la recargó sobre el cofra, Justo como ella lo había hecho para mostrar su culo. Bajo su tanga hasta sus talones y metió su verga muy lentamente, quería disfrutar aquel momento.

    Separó las nalgas de Cinthia y su verga resbalo dentro.

    —Que rico!

    —¿Te gusta que te vean?

    —Siii contigo!

    ¡NO SE VE!

    ¡PONLA DE LADO!

    Jorge la giro y la sujeto por los hombros, estaba en el aire, y así comenzó a penetrarla fuertemente.

    —Haaa! Haaaa! Siiii! Siii!

    —Que deliciosa!

    —Siiii cógeme! Méteme tuuu vergota! Haaa! Haaaa!

    —Eso, eres mía!

    Una gran ovación surgió desde el balcón donde ahora todos los de bar contemplaban aquel acto. Los elementos de seguridad impedían que alguien pudiera grabarlos. El ruido de sus nalgas chocando contra el rompía el silencio de la noche. Ya no podrían ser maestro y alumna nunca más, al menos no en la escuela.

    —Ven acá!

    —heey!

    La levantó y la llevó a la pared del balcón, Justo debajo del griterío de los espectadores en el bar. La puso de espaldas al muro y la cargó por las nalgas, para penetrarla así, estaban frente a frente, él se la comía a besos. Y ella ni siquiera escuchaba el bullicio sobre ellos. Estaba concentrada en sentir a Jorge, su verga entraba y salía vigorosamente. Sentía que estallaría en cualquier momento y se aferró ella. Pudo sentir como inundaba el interior de Cinthia, mientras ellas se aferraba a su nuca disfrutando por completo.

    —¡Haaaa que riiiico!

    —Haaag haaaag que deliciosa estas!

    “¡BRAVO!”

    Gritos, chiflidos y aplausos acompañaron su regreso al auto. Él se la echo al hombro como un costal y camino con ella hasta su auto. Cuando entró, él se puso frente al público, metió su verga en su pantalón e hizo una reverencia. Todos aplaudieron festejando como si su equipo favorito hubiera metido gol.

    La llevo a su casa casi al amanecer y pasó todo el día recordando el sexo con su profesor, el sexo con su amante, el sexo en público. El lunes en cuanto entro Jorge al salón, intercambiaron miradas y sonrisas cómplices.

    —Buenos días, hoy tenemos examen sorpresa.

    Mierda, pensó Cinthia. En todo el fin de semana no estudio nada en absoluto.

    @MmamaceandoO

  • Yiyo (Segunda parte)

    Yiyo (Segunda parte)

    Por aquel entonces, tenía una amiga con la que me llevaba muy bien, Sara. Realmente una amiga a toda prueba y con la que hablábamos de todo y nos contábamos todo. Una amiga para todo, sin enamoramiento, pero si para brindarnos ‘sexo higiénico’. O sea, estaba necesitada ella, necesitado yo o ambos, simplemente nos recluíamos y disfrutábamos descargando tensiones. Como compartir una cerveza o un vino. Sexo sin compromisos pero no por eso desapasionado.

    Por supuesto le conté lo que había tenido con Yiyo y me preguntó qué tal. Obviamente le dije que lo había disfrutado y que sería hipócrita si dijera lo contrario. Le comenté que había sido el primer hombre para el chico… como también mi primera experiencia homosexual. Le di variados detalles, como el no haber accedido a mamar la verga de Yiyo. Y de cómo el pobre se quedó con las ganas.

    -Y te encontrarías de nuevo con el chico? Acaso se la terminarías mamando?

    -No, Sara… ya bastó. Estuvo bueno como experiencia, pero no es lo que más me atrae. Tampoco quiero crearle expectativas en cuanto a que pudiera yo liarme con él. Ya sabes…

    -Claro, te entiendo. ¿Sabes? No seré tan boba como para decirte que nunca vi a dos chicos cogiendo. En videos, por supuesto. Pero “en vivo y directo” nunca… Creo me gustaría. Me da morbo! Ji ji!

    -¿Qué?… No estarás hablando en serio…

    -Y por qué no?

    -Bueno… eres mi mejor amiga, te conozco, pero siempre me sorprendes con algo!

    -Nos cogemos a tu amigo?

    -Sara!!! ¿Qué dices?

    -Bueno, bueno… no te enojes. Tampoco seas tan pacato. Ya lo has hecho con él… solo que… nada

    -No, no… está bien. Te escucho. Como siempre te escucho…

    -Y bueno, eso… que tal vez disfrutaríamos de algo distinto. Discretamente para los tres…

    -Lo pensaré. No solo tengo que animarme yo. También cuenta Yiyo. Lo que pasó entre nosotros quedó como pasado. Fue un acuerdo casi tácito de que cada uno siguiera con su vida…

    -Okey… creo fue una mala idea. Disculpa…

    -Sara… te pedí tiempo para pensarlo y tratarlo… nada más… Anda, trae otra cerveza. Ya sabes donde están.

    Después no nos vimos por varios días pero, a decir verdad, lo planteado por Sara me quedó dando vueltas en la cabeza.

    Cierta tarde, estando en el trabajo, nos encontramos con Yiyo revisando algunas cuestiones laborales.

    -Cómo has estado? -me preguntó.

    -Bien -le respondí…

    -No pareces demasiado categórico!

    -Yiyo… digo bien y es bien…

    -Disculpa, no quise ser molesto!

    -No… para nada. Solo que es así de simple. Bien…

    -Oka, oka… pasa que nos cruzamos poco últimamente y me interesó saber.

    -Te agradezco. Sé que eres sincero. Estuve reuniéndome bastante con mi amiga Sara. Con ella siempre hay charla y alguna cerveza para compartir! Ja!

    -Sí, seguramente!

    -Algún día podríamos reunirnos los tres… dije casi sin pensarlo…

    -¿Te parece? ¿Crees que Sara aceptará?

    “Si supieras!!!” -pensé- Sí, sí, claro. No creo que tenga inconvenientes. Es una muy buena amiga…

    -Y confidente, supongo. ¿Te puedo preguntar si sabe…?

    -Eh… si Yiyo. Lo sabe y se lo confié porque sé que puedo hacerlo.

    -Entiendo… Bueno, tal vez después de todo no sería mala idea reunirnos a charlar. Estando ella evitaría que yo intente violarte… jajaja!

    -Jaaa! Sí, claro…

    En cuanto tuve ocasión de telefonear, hable con Sara para comentarle de que la reunión era posible. La noté entusiasmada, hasta tal punto que casi me apuró para que organizara la reunión de una vez.

    Tres o cuatro días después, finalmente volví a hablar con Yiyo y directamente le dije que nos haríamos unas pizzas en mi casa con Sara y que él estaba invitado. Aceptó y coordinamos para concretarlo el sábado por la noche.

    El sábado desde temprano, Sara fue hasta mi casa y se encargó de preparar pizzas para la cena. Después nos dimos una buena ducha y quedamos listos esperando al amigo, que llegó ya entrada la noche portando una botella de buen vino. Él conocía a Sara pero nunca había tenido oportunidad de hablar con ella. Sin embargo mi amiga enseguida lo “envolvió” con su charla para hacerlo entrar en confianza. Cenamos con vino y ya la sobremesa fue en compañía de alguna cerveza. Rondó la idea de buscar una buena peli para ver, pero lo descartamos en beneficio de la charla.

    Poco a poco, Sara se iba animando y mostrándose más cariñosa para conmigo. No por “marcar territorio” para con Yiyo; sino, por el contrario, ir acaso insinuando de que venía la noche.

    -Parecen novios, dijo Yiyo riéndose.

    -Mejor que eso, dijo Sara… amigotes y con derechos! Jajaja! Se acercó más y me dio un beso.

    -Hermoso… pero tampoco se pongan a “contar dinero delante de los pobres”, replicó nuestro amigo…

    -Jaja! Tonto! No me lo quedaré todo. Alguna “moneda” te dejaré caer…

    El chico pareció quedársela mirando pero enseguida se largó a reír. Después de todo, él sabía que ella sabía. Y ella sabía por dónde quería ir.

    -Anda, ven y dame un besito tú también!

    -Yo? Yo no… sé si…

    -Anda que estamos entre amigos… Se estiró para tomarle la mano y lo acercó a ella. Le tomó el rostro entre las manos y lo besó cálidamente… él respondió al beso.

    -Besas muy bien, Yiyo!

    -Te parece?

    -No me parece… estoy segura! ¿Primera vez?

    Él se sonrojó y asintió.

    -Gracias por dejarme ser la primera, dijo Sara y volvió a besarlo. Yo permanecía mudo, sin intervenir y dejándola hacer.

    -Hemos desatendido a Gerónimo… es imperdonable, dijo Sara guiñándome un ojo. Yiyo entendió el mensaje. Se acercaron y empezaron a besarme. Chocó mi lengua con las de ellos y chocaron sus lenguas. En mi cara, Sara metió su lengua entre los labios del amigo y él no retrocedió. Se besaron y me besaron varias y repetidas veces. El ambiente se iba poniendo a tono!

    Sara se animó más. Mientras me besaba comenzó a rozarme la bragueta y zonas aledañas. Despacito y con cuidado me corrió el cierre y metió la mano para acariciarme…

    -¿Voy muy rápido? Dijo sonriente.

    -No sé… la que conduce eres tú!!! Jajaja!

    -Yiyo… ¿puedes por un momento ayudarme?

    Me desprendió botón y cinturón. Me levanté un poco del asiento para que, entre los dos me bajaran el pantalón hasta las rodillas.

    -Yiyo, te voy a presentar a una amiga… aunqueee… bueno, tú la conoces.

    Yiyo se hizo el enojado y simuló abofetearla. Pero ella le tomó otra vez el rostro para estamparle un enorme beso.

    Se miraron como acordando dedicarse a jugar con mi verga y entonces intervine.

    -Oigan chiquillos… Creo que vamos encaminados, que no hay vuelta atrás. Así que entonces los invito a pasar a mi habitación donde estaremos más cómodos… ¿Les indico o conocen el camino?

    -Conocemos, dijeron a coro y nos fuimos. Una vez allí me arranqué la ropa para dejarme caer sobre mi cama.

    -¿Y? ¿Se van a quedar mirando ahí los dos vestidos?

    Por supuesto que enseguida arrancaron a desnudarse, para venir a acostarse junto a mí. Uno a cada lado. No hubo demoras para que sus manos se adelantaran a acariciarme el miembro. Por supuesto, la primera en acercar su boca fue Sara. Me dio una lamida larga y sensual mientras me lanzaba una mirada llena de picardía. Tras ella fue la boca de Yiyo y entre ambos se disputaron mi verga, repartiendo lamidas y chupadas. Les acariciaba la cabeza como para tranquilizarlos, ya que por momentos hasta me hicieron doler. Se calmaron y el trabajo de los dos resultó más placentero. Mi palo estaba a mil y era hora de que lo introdujera en algún lugar.

    -Sara… ¿estás dispuesta?… Yiyo… ¿puedes darle prioridad a la dama?

    -Claro, dijo él… me encantaría que te la cogieras a lo perrito… eso no me lo quiero perder!

    -Maldito vicioso, dijo Sara y soltó una carcajada… Pero bueno, te complaceré!

    En cuatro patitas se acomodó en el centro de la cama. Se llevó una mano atrás y con dos dedos separó los labios vaginales.

    -Yiyo, dije… a esa conchita le falta preparación. Amigo mío, siempre hay una primera vez para todo… y para ti, la primera chupada de concha es esta noche. Y si le robas un orgasmo, el premio para ti será mayor. No se lo hizo repetir. Se estacionó detrás de Sara y de una entró a lamer y chupar. Yo miraba y me tocaba. El culo de Yiyo, en pompa, estaba a centímetros de mi cara, por lo que no me quedó otra que empezar también a lamerlo. El sintió el contacto y lo acusó en el trato para con la conchita de Sara, que a su vez entró a gemir de placer por la andanada de lamidas. Desde atrás escuchaba el chasquido de lamidas y chupones. Sara aullaba de placer. Aparté a Yiyo y le hice señas de que estuviera atento. Me instalé detrás de Sarita, le apoyé la verga en la entrada, el introito vaginal, técnicamente hablando! Je… y se la mandé adentro. En nuestras relaciones nunca hubo violencia, pero reconozco que la traté con brusquedad.

    -Aaaay… despacio que me la vas a romper…

    -Disculpa cariño… no quise hacerte daño. Solo me dejé llevar por la calentura y la tentación de esa cosita tan tierna que tienes! Vamos despacito…

    Suaves movimientos de entre y salga para que Yiyo no pierda detalle del juego, de la penetración que deseaba ver!

    -Qué lindo es verlos coger! Los quiero!

    Yiyo miró todo cuanto pudo y se le ocurrió. Cuando el mete y saca se le hizo monótono, atendió a que Sara se las ingeniaba para sobarse las tetas con una mano.

    -Mmmm… Sabes Sara? Desde que mi mami me amamantaba no he vuelto a probar teta… Puedo?

    -No te demores, amiguito, no te demores.

    Él se acostó boca arriba y metió la cabeza entre la sábana y los pechos de ella. Desde mi posición mucho no veía, pero por los suspiros y gemidos de Sara, supe que sus tetas estaban siendo bien tratadas. Mi mano por debajo buscó el clítoris endurecido para masajearlo. Todas esas atenciones no podían tener otro resultado que no fuera su manifiesto u bullanguero orgasmo. Terminadas sus convulsiones se separó de mí, evitó a Yiyo y se dejó caer en la cama. Se revolcó un poco hasta quedar boca arriba. Su cara era todo placer y felicidad.

    -Que bellos son… los amo… me han regalado un orgasmo memorable!

    Nos tiramos los tres en la cama y en tanto nos reponíamos –Sara más que ninguno- nos tomamos una cerveza cada uno.

    Rato después, ella volvió a la carga sobre mi verga. A chuparla y sobarla.

    -¿Ves cómo te la preparo, Yiyo? Tu momento está llegando, bebe!

    -Muero de ganas!!!

    -Pues no te haremos esperar… ¿Verdad, Gero?

    -Por supuesto!

    Acostado boca abajo como estaba, Yiyo se fue arqueado y levantado la cola sensualmente. Sara lo acariciaba y yo me lo quería clavar ya!

    Ya en cuatro patas, se giró para quedar ofrecido hacia mí. Sara tomo vaselina y lo fue embardunando para lubricarlo bien. Le acarició las nalgas y aventuró un dedo para masturbarle ligeramente el ano. Él se contoneó y yo me incorporé. Arrodillado a su popa restregué mi verga justo en la boca de su culo.

    -Espera, dijo Sara, esto no me lo pierdo.

    Con una mano separó una nalga y con la otra tomó mi falo para orientarlo al camino correcto. Jugó meneándomela para insinuarla en el hambriento ojete de nuestro amigo. Luego la dejó quieta, la sostuvo firme y me miró para invitarme a avanzar.

    -Ahí vamos, Yiyo, le dijo… y yo empujé. El apretado anillo cedió y la punta de mi verga se abrió paso. Sara creo estaba más feliz que el chico. No se perdía detalle y ya usaba las dos manos para separar sus nalgas. Embestí y toda la verga fue Yiyo adentro.

    -Esto es sublime… me encanta! Yiyo… ¿estás bien?

    – Mmmm… siii! Cógeme fuerte, Gero!

    No me lo hice repetir y vaya si lo cogí con fuerzas. Se la saqué y volví a meter dos o tres veces. Sobre todos para que Sara se extasiara viendo abrirse las carnes para devorar mi poronga. Lo gozaba como si ella también se lo estuviera montando!

    -Sara… te recuerdo que hay otra primera vez para Yiyo. Creo que si se la chupas como tú sabes, nuestro amiguito estará doblemente satisfecho!

    No se hizo de rogar. Se metió bajo el vientre del chico y se prendió a la “mamadera” como chico hambriento. Él casi bramaba de placer.

    -Por favor… por favor… cógeme más fuerte… chúpamela… así, asiiii.

    Entre el frenesí de mi cogida y la mamada de Sara, la eyaculación de Yiyo fue monumental, Sara la recibió toda en su boca.

    Solo me faltaba a mi llegar al clímax.

    -¿Sabes una cosa, Yiyo? A mí, Gero, nunca me la dio por la cola…! Así pues que decido esta será la noche también para solucionar esa faltante!

    -Si él está de acuerdo, que así sea, respondió nuestro amigo.

    -O sea que yo no cuento, no me preguntan…

    -Cállate caradura… que buenas ganas me tendrás! ¿O no te gusta mi cola?

    -Ya, ya… no preguntes tonterías y ponte… que Yiyo te guiará por el buen camino!

    -Ay si, Sara. Yo te preparo y te guío… yo la manejo!

    Enseguida Sara se puso en cuatro y Yiyo le fue embardunando bien el ano con vaselina, e introduciendo el dedo medio para dilatarla. Me miró, me hizo una seña y me acerqué a Sara por detrás. Yiyo me tomó el tallo para depositar también algo de lubricante, me la agarró luego más fuerte para orientarla al ano de Sara. El mismo separó las nalgas y empujé. Ella se sobresaltó un poco al sentirse invadida. Yiyo le dio un par de palmadas y ella se aflojó, cosa que aproveché para embestir lento pero sin pausa, hasta que mi verga desapareció en su caverna carnosa.

    Yiyo no perdía detalle de la operación y mantenía las nalgas bien separadas para facilitarla.

    -¿Te gusta, amiguita?

    -Cómo nunca pensé me gustaría!!!

    Oír eso no hizo más que aumentar mi calentura y la rapidez del vaivén.

    -Así, así que me gusta. Cógeme fuerte… ábreme bien el ojete, maldito violador!!!

    Sentía la sangre pulsar en las venas de mi verga. La esperma bullía en mis huevos y pugnaba por salir.

    -Mmmm… que rico culo tienes, amiga… qué rico!

    Tres veces llevé mi verga casi hasta afuera para volver a introducirla toda. La tercera fue la vencida. Me fui en una acabada interminable, llenándola de leche y quejidos. Ella también estalló en un orgasmo agónico, pues Yiyo la había estado masturbando frenéticamente en tanto yo la enculaba!

    Fue lo más jugoso de una noche memorable e irrepetible…

    Geronimo68

  • Delirios en el club del desenfreno

    Delirios en el club del desenfreno

    Eran ya las doce de la noche y el olor a alcohol y sudor se hacía cada vez más penetrante. Un ambiente bastante obscuro solo permitía ver sombras bailando en el salón central. Parejas acariciándose y besándose podían verse en la proximidad. A lo lejos, solo siluetas de personas sin ningún rasgo definido. El sonido de la música y unos cuantos tragos ya hacían estragos en la cabeza de Carolina.

    Dos muebles de semicuero negro, con una mesa en el centro era todo el espacio que podía ver con relativa claridad. No había nadie en el mueble de enfrente y a su lado, solo su esposo Roberto. Por eso, se levantó y se dirigió al lado opuesto del mueble, se escurrió un poco y entre sentada y acostada, aprovechando que tenía falda, se quitó sus pantis y abrió algo sus piernas con dirección a su esposo.

    Un minuto después, ya tenía la cabeza de él entre ellas, permitiendo que este le chupara toda la entrepierna. La lengua pasaba una y otra vez por el clítoris, por los labios menores y mayores, por la parte interna de sus muslos, y luego comenzaba el ciclo de nuevo. Sentía por momentos como la lengua de su esposo entraba en su agujerito de cuando en cuando.

    Ya no sabía si gemir, gritar o decir una que otra mala palabra. Cuando los labios de Roberto se colocaban en forma de beso francés y la lengua penetraba en las diferentes partes, se perdía totalmente en la excitación. Con cada roce de la lengua, en su hoyito y su clítoris, acompañado por los movimientos de los labios de su esposo, le salía un gemido, un pequeño grito y algunas veces hasta algún balbuceo de alguna palabra inentendible.

    Roberto levantó la cabeza por un momento para tomar un trago y pasarle el vaso a su esposa y luego volvió a sus labores de cunnilingus. Carolina entonces tensó un poco su cuerpo, y agarrando la cabeza de su esposo para pegar más la boca con su cuca, suspiraba. Un trago más de alcohol y todo se volvió más surrealista para ella. No sabía si era verdad o era un sueño lo que estaba viviendo, incluso no parecía importarle ya dónde estaba.

    Roberto notó que su esposa se mojaba cada vez más, sobre todo cuando simulaba una penetración con la lengua. Le metió la lengua hasta donde podía, como si fuera un pequeño pene y siguió con una chupada concentrada en el clítoris, circulando al derredor y de arriba a abajo. Ella cerró sus ojos y su cabeza le daba vueltas, mientras sentía que se acercaba el orgasmo.

    Lo hubiera conseguido si no fuera porque él se incorporó para beber otro trago. Ella abrió sus ojos mientras él trataba de llenar el vaso y solo veía sombras de cuerpos que se movían con el ritmo de la música. Aprovechó el momento para tomar otro sorbo del vaso que sostenía en su mano derecha y volvió a tomar posición, cuando sintió que su esposo volvía a meter la cabeza en su entrepierna.

    El nuevo sorbo, parecía cargado de lujuria, pues cerró nuevamente sus ojos y tomó la cabeza de Roberto con sus manos para pegarse más la boca a la vagina. Echó su cabeza un tanto hacia atrás, para preparar el orgasmo, pero el frío de la boca de su esposo por el trago con hielo, la hizo regresar a su posición original.

    Su cabeza comenzó a dar nuevamente vueltas, volvió a echar su cabeza hacia atrás y finalmente, al Roberto agarrarle el clítoris con los labios y darle pequeños toques de lengua, Carolina llegó al orgasmo. La lubricación de la vagina era extremadamente abundante. Sus manos agarraban la cabeza como para no dejarlo respirar. Un momento de combinación entre alcohol y excitación, que le hizo perder la noción de la realidad. Solo la última fase del clímax le hizo soltar la cabeza de Roberto para lograr equilibrio y no caerse de aquel mueble.

    No se había recuperado totalmente de aquel primer orgasmo cuando sintió que el pene rozaba sus labios, en un intento por meterlo en aquella boca pintada totalmente de rojo. Todo fue muy confuso, pues mientras abría su boca para recibir y saborear el miembro, seguía sintiendo la lengua en la entrepierna y los últimos espasmos del orgasmo.

    En medio de una divagación, no sabía ya con claridad lo que sucedía. Sacó aquel miembro de su boca para tomar un nuevo sorbo, dejando el vaso en el piso, no sin antes tomar un hielo pequeño y dejarlo en su boca. El frio de aquella roca de agua fue un impacto placentero y novedoso para aquel hombre que volvía a insertar su miembro en aquella boca pequeña pero hambrienta.

    Con aquel hielo en la boca comenzó a juguetear y chupar cada parte del pene. Lo metía, lo sacaba, lo lamía, lo saboreaba. Lo bombeaba un rato con la boca y otro con sus manos. Sentía sensaciones intensas, como si lo que su mano izquierda y su lengua hacían en ese falo, su cuca lo sintiera por igual. Al punto que en un acto reflejo bajo su mano derecha para agarrar aquella cabeza que poco rato antes la había chupado. Sorpresivamente su mano encontró un tumulto de pelo que evidenciaba que la seguían chupando. Fue muy extraño, pues no sabía si aquello era real o propio del último trago.

    De golpe abrió sus ojos, pero no pudo reconocer del todo a su esposo en aquel cuerpo que le ofrecía el miembro para chupar. No podía asegurar si era o no, pues la obscuridad, la posición en la que se encontraba y la cabeza de este echada hacia atrás por la excitación no lo permitían. No sabía tampoco quien la estaba chupando. De pronto pensaba en dos o tres hombres posibles, incluyendo a su esposo, pero no hubiera podido asegurar que era alguno de ellos.

    Hubiera entrado en pánico, si no fuera porque las sensaciones que estaba recibiendo eran muy intensas y estaba por alcanzar el segundo orgasmo. Ese miembro en la boca la excitaba muchísimo y al mismo tiempo aquella lengua en su cuca, recorriendo cada parte de su hoyito y su clítoris eran sensaciones impresionantes. Su lengua quería más, quería saborear aquel pene centímetro a centímetro, sin importar de quien fuera. Con los espasmo del orgasmo soltó el miembro de su boca y comenzó a sentir como el placer le recorría todo su cuerpo.

    En medio de las contorsiones pudo ver vagamente que dos personas más estaban detrás del mueble donde se encontraban y dos más en el otro mueble. Parecía que el movimiento estaba captando público. Era excitante el que personas extrañas se excitaran con su cuerpo, sus movimientos, su culo, sus gemidos y su lujuria. Era inevitable no sentir las miradas en cada parte de su piel.

    Trató de aprovechar el momento para fijar mejor al dueño del pene que ella estaba chupando, pero este ya se estaba acomodando en el mueble. La tomó por las piernas y la hizo deslizarse totalmente hasta quedar acostada. Le abrió sus piernas, y estando arrodillado, la penetró de un empujón. La comenzó a bombear y bombear. Le introducía el pene con muchas ganas, como si tuviera muchos días sin sexo. Aquel hombre se sentía totalmente excitado por estar penetrando esa cuca. Su ritmo, sus gotas de sudor y los gemidos que emitía, daban cuenta que estaba ansioso por cogerse a Carolina.

    Ella de pronto se preguntó dónde estaba quien la estaba chupando, pues había sido muy experto en el arte. Pero antes de hacer conjeturas, ya sentía otro cuerpo que se acercaba hasta donde estaba su boca. Sintió como colocaba una rodilla a cada lado de su cabeza, preparando una penetración oral intensa. Pero cuando abrió su boca para recibir aquel nuevo miembro, el nuevo sabor, el nuevo “guevo” en su boca; sintió como una cuca totalmente mojada se pegaba a su boca. Y oyó entre la música que decían “coño… que rico”.

    Como por reflejo comenzó a chupar, pero abrió sus ojos para ver si identificaba a la mujer que estaba chupando. Tampoco hubo total claridad, pero el perfume de ella le era vagamente familiar. La excitación pudo más que cualquier otro pensamiento, por eso comenzó a chupar esa cuca como si fuera experta en dicha acción. Su lengua recorría el clítoris y luego el hoyito, saboreando aquellos flujos vaginales y sintiendo como las caderas de aquella fémina, le cogían la cara y sobre todo la boca.

    Los embates de aquel pene dentro de su vagina, hicieron que volviera a concentrarse nuevamente en las sensaciones de su propia cuca. Unos momentos después, volvió a cambiar su centro de atención, pues sentía como por aquella cuca, además de aquel rico flujo vaginal, chorreaba un poco de licor que aquella mujer había regado por su monte de venus. Una jugada que hizo que bebiera un nuevo sorbo de alcohol, pero con un sabor mejorado.

    Todo tomó un matiz más surrealista, al punto que casi no se da cuenta que la mujer encima de su boca se volteó para acomodarse y quedar frente a quien la penetraba. Carolina mientras era penetrada cada vez con más fuerza, chupaba aquella cuca cada vez más chorreada y quienes estaban encima de ella, se besaban con máximo placer. Las caderas de la mujer seguían cogiéndose su lengua y el hombre parecía que quería reventarla con sus embates. El miembro parecía que llegaba a lugares cada vez más placenteros, entraba y salía con un ritmo intoxicante.

    Carolina con su mano derecha comenzó a masajear el clítoris de aquella mujer, lo que hizo que esta acelerara su ritmo, pasando aquella vagina por su boca de manera muy excitante. Por último apretó sus nalgas mientras conseguía el orgasmo. En medio de los espasmos de aquel cuerpo todavía desconocido, aquella mujer se levantó un poco para sostenerse del respaldar del mueble.

    La música seguía muy acelerada, como de DJ europeo, al igual que las penetraciones que seguía recibiendo. Y mientras tenía su siguiente orgasmo, Carolina veía que quienes estaban en el otro mueble ya se besaban y metían mano. Ya ella notaba que estaban desnudos.

    Sorpresivamente, sin él alcanzar el orgasmo, quien la penetraba sacó su pene de un golpe, pues la mujer que estaba encima suyo, lo comenzó a besar y lo hizo sentar en el mueble, se subió encima de él y se metió el pene hasta el fondo. Ver aquel ritmo y la curiosidad de saber quiénes eran, hizo que Carolina se acercase, apoyándose en cuatro patas, hasta la cara de estos. Como él tenía la cabeza entre las tetas de ella, pudo inicialmente ver que la mujer no era una extraña. Era Paula, una antigua vecina y amiga de hace unos cuantos años. Y cuando trató de buscar a Roberto en la cara de aquel hombre, se dio cuenta que era Carlos, un compañero de clase con el que se había dado unos besos durante su período universitario, pero no habían llegado a mayores. Eso hizo que determinara que todo aquello era irreal, que era imposible que aquello estuviera sucediendo. Aquellas personas no podían ser reales.

    De pronto, Carolina sintió unas manos que la abrazaban y la hacían levantar, solo para quedar apoyada en las rodillas. Un miembro erecto en su espalda le indicaba que otro hombre realizaba la maniobra. Cuando volteó la cabeza para ver quién era, se encontró con la cara de su esposo que de un empujón le metió la lengua en la boca. Eso era más real, eso era lo que realmente estaba pasando. Aquella lengua recorría el mismo camino y con el mismo ritmo que el pene que había chupado hace unos momentos.

    Se sintió aliviada de tener un poco de realidad, en medio del desenfreno. Por eso decidió relajarse y dejarse llevar por aquella tormenta de lujuria. Volvió a la posición de perrito y con mucha suavidad, pero con firmeza, Roberto la penetró por el culo. Su esposo entraba y salía de su ano, con mucha excitación. Le agarraba las caderas y las nalgas en cada empujón. Solo lo sacaba para masturbarse un poco entre sus nalgas y nuevamente se lo volvía a meter con muchas ganas.

    Mientras era sodomizada, Carolina nuevamente dirigió la cabeza hacia su izquierda y se volvió a encontrar con la escena donde Paula cabalgaba a Carlos. Mientras Paula aceleraba el ritmo, Carlos bajó un poco su cabeza, besó a Carolina y le tomó una de sus tetas con una mano. La sensación del beso profundo fue el toque final que hizo que Carlos soltara toda la leche mientras penetraba aquella cuca. Paula terminaba casi al mismo tiempo y después de los espasmos, viendo que Carlos no soltaba la boca de Carolina, esta se levantó y comenzó a besar apasionadamente a Roberto. Evidentemente quería buscar más sensaciones.

    La lengua de Carlos en su boca y la penetración de Roberto por el culo, hizo que Carolina tuviera su siguiente orgasmo. Uno que casi la hace desfallecer, y por eso hizo que se sentara de una vez en el mueble, dejando que todo lo demás fluyera por su cuenta.

    Mientras Carlos un tanto agotado y Carolina a su lado, buscando un poco de aire, Paula, después de separar su lengua de la de Roberto, se acomodaba en cuatro patas en la alfombra al pie del mueble. Exactamente en el espacio que permitía la mesa. Roberto se acomodó como pudo, se colocó un condón y la penetró también por el culo. Paula se movía bastante fuerte. Se veía que no le importaba si era penetrada por un hoyo o por el otro. Roberto estaba fascinado con aquel culo de piel canela, pero que en aquella obscuridad solo se veía redondo y con movimientos muy excitantes.

    Roberto se cogía aquel culo con mucha excitación. Entraba y salía sin ningún problema. Paula parecía dilatarlo sin ningún contratiempo y se veía que sentía mucho placer, por la cantidad de gemidos que emitía. No era muy necesario agarrarle las caderas, ella misma se metía el miembro hasta el fondo con toda la fuerza y por momentos aceleraba el ritmo de manera considerable. Por ratos, Roberto solo se movía cuando Paula tomaba unos segundos para agarrar aire del ritmo un tanto salvaje que llevaba.

    La pareja solo se separaban de tanto en tanto, para que Paula se incorporara y lo besara nuevamente con mucha pasión.

    Mientras tanto, Carolina solo veía, en primer plano la escena de su esposo y en segundo, la de las personas que había en el otro mueble. Ya en aquel otro lado, no eran dos personas como inicialmente había, ya eran tres. Al otro lado del mueble, Carlos con un pene ya algo flácido, se quitaba el condón y lo dejaba en la mesa.

    Aprovechando que Roberto nuevamente penetraba a Paula, Carolina se levantó y comenzó a besar a su esposo. Esto hizo que se generara un poco de espacio en el mueble, y una de las personas del otro mueble se acercó más a la escena. Al sentarse la persona, Carolina pudo ver que era Endriago, el esposo de Paula. Ya tenía una erección algo considerable, pues había estado jugueteando con la pareja que estaba en el otro mueble.

    Todo ahora parecía más real, parecía ser posible. Esto hizo que todo fuera más excitante, pues aunque ya habían pasado bastantes cosas esa noche, le hacía revivir varias de las fantasías que todavía tenía en su cabeza. Al ver que Endriago se sentó en el mueble, Carolina se separó de Roberto y comenzó a chuparle el miembro ya erecto. Primero en la cabeza y luego por todo el tallo del pene. Con su lengua saboreaba cada centímetro de piel.

    Un miembro delgado pero largo, permitía una maniobra de este tipo y no una mamada total, pues la boca de Carolina es un tanto pequeña. Pero esto no impedía que Carolina pasara la punta de su lengua por cada vena del miembro de Endriago, mientras este gemía de placer. Carolina fascinada con aquel pene, chupaba hasta los testículos como si fuera un chocolate o un helado. Las pequeñas gotas que salían por aquella punta, ella las recogía y saboreaba con su lengua. De tanto en tanto, lo masturbaba con sus pequeñas manos, mientras se levantaba y besaba a Endriago.

    Al ver todo esto, la pareja del otro mueble se acercó, y dos hombres que estaban detrás, también. Terminó de configurarse el cuadro para un gran final. La pareja era un par de esposos de piel obscura, de unos cuarenta y tantos, como el resto del grupo, y que luego se supo que se llamaban Alejandro y Eliana. Los hombres eran uno de tez más obscura que la pareja y cuyo nombre es Mario, y un rubio bastante pequeño y delgado, llamado Hans, ambos más jóvenes que el resto del grupo, aunque no por mucho.

    El mueble era de filmación. Nueve personas lo ocupaban. Tres dobles penetraciones se daban al mismo tiempo. Carolina era penetrada por Alejandro en la cuca y Hans en el culo. Paula por Mario en la cuca y Endriago en el culo. Y Eliana por Carlos en la cuca y Roberto en el culo.

    Carolina se introdujo el pene de Alejandro en su cuca y besaba por primera vez a un hombre de piel obscura. La lengua de él parecía cogerle la boca, mientras con las manos él le agarraba fuertemente las nalgas. Alejandro solo dejaba de besarla cuando le chupaba las tetas. En un momento en que le agarró las nalgas intensamente, Hans aprovechó con su pequeño tamaño meterle su miembro en el culo. Dos hombres de diferentes tamaños y color de piel, en una doble penetración, hacían que Carolina tuviera su último orgasmo de la noche. Alejandro terminaba en su cuca y Hans alcanzaba perfectamente a darle fuerte por el culo hasta soltar el semen.

    Paula después de quitarle el condón a Roberto, lo chupo un rato, recogiendo con su lengua cualquier líquido que saliera de aquella punta. Se metía y sacaba aquel miembro con mucha suavidad pero con muchas ganas.

    Luego tomó a Mario y lo sentó en el mueble. Le chupo el pene hasta que tuvo una tremenda erección. Se acomodó encima de él y comenzó a cabalgarlo. No habían pasado sino algunos instantes, cuando sintió como su esposo buscaba penetrarla por el culo. Tomó sus manos y separó las nalgas. Endriago introdujo su miembro por aquel trasero que ya estaba bastante dilatado por el movimiento de la noche. Después de su último orgasmo se arrodilló para recibir el semen de su esposo y de Mario en las tetas y la cara.

    Carlos ya se había recuperado nuevamente, viendo aquel cuerpo exuberante de piel obscura de Eliana. Y mientras ella se besaba con Roberto, este aprovechó para penetrarla por la cuca desde atrás. Luego de bombearla un rato, esta se levantó y comenzó a cabalgarlo y le pidió a Roberto que le cogiera el culo. Aquellos miembros no parecían ser suficientes para el movimiento y exigencia de aquella mujer. Recibió cogidas frenéticas por el culo y la cuca hasta que cerró su último capítulo orgásmico de aquella noche, recibiendo la segunda leche de Carlos en su cuca y el fuerte embate de Roberto por el culo, mientras soltaba todo su semen.

    Después de un rato, de aquella escena tan loca y tan movida, con piel, penetración y mucha excitación, Carolina y Roberto, como por arte de magia, se quedaron solos en su respectivo ambiente. Ella no sabía todavía si todo aquello había sido real, o producto del alcohol en su cabeza y las ganas de sexo. Al día siguiente comprobaría una cosa u otra. Por los momentos, seguir oyendo música en compañía de su esposo y feliz de haber tenido todos esos orgasmos, era suficiente.

    Sirena y Tritón

  • Ya soy el puto del equipo (XIX)

    Ya soy el puto del equipo (XIX)

    Nuevos amigos.

    Hoy se ha ido Abelardo a visitar a su familia. Con frecuencia le acompaño, pero como ayer me llamó don Fermín para que fuera a firmar unos documentos urgentes, pasé a ver al papá de Abelardo, charlé con él y le regalé una caja de chocolates para que la llevara a casa como cosa propia.

    — Por favor, no diga a sus hijos que se los he dado yo, su mujer se lo imaginará, pero da lo mismo, pero los niños han de amar a sus padres antes que a nadie.

    Le avisé que al día siguiente iría Abelardo e igual me animaba yo. Pero Abelardo me ha dicho que disfrute del aire y del sol. De vez en cuando hay que hacer caso a los que te aman.

    Había leído en algún lugar de la red que aquella playa era tranquila y solitaria. Ciertamente, por la dificultad del acceso a pie por un camino que va bajando por los acantilados que la rodean, suponía que no habría mucha gente. Cuando llegué a lo alto del acantilado, me sobrecogió la belleza del paisaje. La playa es una cala rodeada de acantilados escarpados salpicados de verde. La arena, de un color tostado, contrasta con el agua color turquesa ya en aquella hora de la mañana. Aproveché para hacer unas fotos, antes de recorrer el último tramo del camino que lleva cuesta abajo hasta ese paraíso.

    No había nadie en los alrededores. Aparte de la dificultad del acceso, un martes cualquiera no festivo, fuera del periodo vacacional oficial, esperaba poder pasar todo el día sin más compañía que las gaviotas. Elegí un sitio en el repliegue de un costado de la cala, justo bajo el acantilado. Allí podría disfrutar del sol, no demasiado fuerte en aquellas horas, y con sombra para cuando me agobiase el calor, aunque no era la sombra lo que me apetecía. También me liberaba de gente a mi alrededor si venían porque ellos huyen de la pared del acantilado por si desprende piedras, lo que no ocurre casi nunca a no ser en invierno cuando el agua golpea alto, motivo por el cual es un acantilado.

    Extendí el pareo en la arena y me desnudé. Dudé si ponerme el micro slip de baño, pero no había nadie, así que decidí quedarme desnudo. Abrí el bote de crema protectora, me extendí por todo el cuerpo y me tumbé sobre el pareo, sintiendo la suave brisa que soplaba desde el mar. Cerré los ojos y me dejé transportar por el pequeño rumor de las olas, el graznido de las gaviotas y el rumor del viento sobre los pequeños árboles que crecían en las paredes rocosas.

    Empezaba a quedarme adormilado cuando, de repente, me pareció escuchar unas voces. Abrí los ojos y miré al camino. Habían aparecido dos tíos que, al verme, se quedaron callados, aunque enseguida volvieron a su conversación. Sin duda, tampoco esperaban encontrar a nadie allí y les había sorprendido mi presencia. Por un momento pensé en ponerme el slip de baño, pero decidí que si aquellos dos llegaban hasta allí también sería para disfrutar desnudos. Escogieron un sitio apartado solo unos quince metros de donde yo estaba. La playa no era muy grande, pero agradecí que no se pusieran demasiado cerca. Además, hablaban en un tono de voz bajo. No nos molestaríamos mutuamente. Volví a cerrar los ojos. Les oía hablar, pero no podía distinguir lo que decían.

    Al cabo de un rato se quedaron en silencio. Miré disimuladamente. Se habían desnudado y se estaban poniendo algún protector solar por el cuerpo. Estaban de pie de espaldas a mí, así que me quedé mirándolos descaradamente. Ambos tenían un buen cuerpo, de anchas espaldas, y muy peludos. Sobre todo uno de ellos, el que estaba poniendo el protector al otro, tenía la espalda completamente cubierta de pelo. Sus nalgas eran redondas y firmes y también cubiertas de vello espeso y negro. Extendía aquella pasta incolora por la espalda, también con vello, aunque menos espeso, de su compañero, y bajaba con las manos hacia las nalgas, alargadas y huecos a los lados, me parecieron preciosas. Pensé en cómo me gustaría ofrecerme para untarlos de crema protectora a los dos, y mi verga reaccionó al instante con una ligera pero progresiva erección.

    Cuando el más velludo acabó de untar la crema en la espalda de su compañero, cambiaron los papeles y se dieron la vuelta, quedando de frente a mí. Entonces pude contemplar sus torsos, ambos muy abundantes en vello. El que había puesto el protector a su compañero era el mayor, algo así como de cuarenta años, pero su cuerpo presentaba unos músculos perfectamente definidos bajo la espesa mata de pelo que los cubría. Sus huevos colgaban sólidos y pesados varios centímetros por debajo de la base de la verga, bastante gruesa y además semi erecta. Se notaba que le había excitado el contacto con su compañero. Este, por su parte, era algo más joven y estaría por la treintena de años. También muy musculoso y velludo, con todo el pelo completamente negro y barba espesa y cerrada. Su verga parecía más pequeña que la de su compañero, pero también presentaba una erección incipiente. Los huevos no colgaban, sino que permanecían pegados a la base de la polla. Ambos me miraron y, sin duda, se dieron cuenta de mi excitación. Me volví de espaldas a ellos para disimular.

    Ya llevaba un rato al sol y el calor empezaba a sentirse, así que me levanté, cuidando de dar la espalda a mis vecinos para no mostrar mi erección, y me dirigí hacia la orilla. En cuanto metí los pies en el agua, pude comprobar que no estaba tan fría como esperaba. Estaba fresca, pero no lo suficiente como para bajar mi calentura. Nadé durante unos minutos. El agua estaba completamente transparente y se podían ver algunos peces que se acercaban curiosos. Salí a la arena, procurando no mirar hacia mis vecinos, y me tumbé sobre el pareo para secarme al sol. Cerré los ojos, y creo que me quedé adormilado, porque cuando los abrí de nuevo vi que la pareja salía del agua y se dirigían a sus toallas.

    Saqué de la mochila el iPad en donde leía mis libros y las colecciones de relatos, escogí la novela histórica que estaba leyendo, «Alejandro Magno» de Mary Renault. Miré en dirección a mis vecinos. El más maduro estaba mirando en mi dirección, y se acarició la polla. Yo tomé el gesto como una invitación. Sin bajar el iPad, pasé mi mano derecha por mi pecho depilado. El respondió pellizcándose un pezón. Decidí aceptar el reto, dejé el iPad en la mochila, me puse en pie y me dirigí hacia ellos. Él me miraba sonriente. El más joven estaba tumbado boca abajo y no se había percatado.

    — Hola, me llamo Doroteo, aunque casi todo el mundo me llama Doro, —me presenté tendiéndole la mano.

    — Hola, Doro, yo soy Lucas, y él es Nacho.

    El aludido se dio la vuelta incorporándose:

    — ¿Qué tal estás?, —preguntó.

    — Encantado, Nacho, —dije estrechándole la mano.

    — ¿Vienes con frecuencia por aquí?, —preguntó Lucas.

    — No; aunque estoy cerca, no había venido nunca, es la primera vez que lo hago. Me habían hablado de esta playa y miré en la red información para saber cómo llegar. Me costó un poco encontrar el acceso, pero me alegro de haber venido. Es un sitio maravilloso.

    — Yo también me alegro de que hayas venido, —respondió Lucas con una sonrisa pícara, al tiempo que me ponía una mano en el hombro. Me gustó que me tocara y sentir al calor y la humedad de un hombre.

    Me aproximé a él y eso de besarnos salió con espontaneidad, sí, nos besamos. Nacho se puso en pie y comenzó a acariciar mi espalda. La lengua de Lucas exploraba mi boca y la atrapé con los labios. Mi mano derecha se hundió en los pelos espesos que cubrían su espalda, y con la derecha alcancé el pecho de Nacho. Este se apretó más a mí al abrazarme y nuestras caras se juntaron. Dejé la boca de Lucas para prestar atención a la de Nacho, mientras Lucas me besaba en el cuello. Luego se besaban ellos dos y yo bajaba por el cuello y el pecho de Lucas hasta llegar a uno de sus pezones, que reaccionó inmediatamente al roce de mi lengua poniéndose duro como una piedra al tiempo que Lucas gemía de placer. Luego me ocupé del pezón de Nacho, con resultados similares. Ambos eran muy velludos. Subí con la lengua por su pecho, hasta el cuello, y de nuevo a su boca.

    Entonces fue Lucas quien lamió mi pezón, excitándome aún más. Volvimos a besarnos Lucas y yo, con Nacho bajando por el pecho de su amigo, más abajo, hasta llegar a su verga. Empezó una mamada haciéndole gemir sin cesar. Luego dejó la polla de Lucas y se introdujo la mía, completamente tiesa, en su boca. Al principio atrapó el glande con los labios mientras jugaba con su lengua, pero enseguida la engulló entera hasta que con la punta le rozaba el paladar. La mantuvo en esa posición, succionándola con fuerza y arrancándome fuertes gemidos de puro placer. Tras unos momentos, Nacho volvió a mamar la verga de Lucas. Al mismo tiempo levantó las caderas, ofreciéndome su entrada. Yo me coloqué detrás de él, acariciándole su espalda y masajeando sus nalgas, firmes y peludas. Por su parte. Nacho chupaba con ansia la gruesa polla de Lucas. De vez en cuando la sacaba de su boca para lamerle los huevos. El glande de Lucas, muy grueso, brillaba húmedo de saliva. Nacho recorría con la lengua toda la longitud de la polla desde los huevos hasta el glande, para luego introducírsela de nuevo entera en la boca. Yo, por mi parte, separé las nalgas de Nacho para descubrir su agujero. Puse mi polla sobre él y la exprimí para extraer un grueso goterón de líquido lubricante que extendí luego con la punta del glande.

    Nacho gimió y se apretó más contra mí obligándome a presionarle en su agujero. Separé aún más sus nalgas y presioné firmemente con mi polla sobre su entrada, que inmediatamente se abrió franqueándome el paso. Entró el glande y luego mi polla se deslizó con suavidad hasta el fondo. Su culo se ajustaba perfectamente y podía sentir sus músculos exprimirme la verga. Empecé a moverme lentamente dentro de él. Sus gemidos subieron en intensidad mientras no dejaba de mamar a Lucas. Este, por su parte, también empezó a mover sus caderas follándole la boca cada vez más fuerte. Yo fui acelerando el ritmo poco a poco. Le agarré por la cintura para facilitar mis embestidas. Lucas se apoyó sobre mis hombros y se inclinó hacia delante. Comenzamos a besarnos sin dejar de follar a Nacho, él en la boca y yo su culo glotón. Yo sabía que no iba a aguantar mucho más. Se la clavé bien hondo, arqueando mi cuerpo para que penetrara bien, y un chorro de esperma le inundó las entrañas. En ese momento, Lucas también descargó su leche en la boca de Nacho.

    — ¡Ohhhh, sí, joder! ¡Trágatela toda! hmmmmmmm.

    Seguimos bombeando hasta que nuestras pollas dejaron de echar leche. Entonces, Nacho se incorporó, besó a Lucas y luego a mí. Pude sentir el sabor de la leche de Lucas en su boca. Me puse de rodillas delante de Nacho. Su polla estaba a punto de reventar. Era larga, aunque no muy gruesa. La cogí con dos dedos y tiré del prepucio atrás para descubrir el capullo. Apareció sin dificultad el glande, rosado y brillante, más grueso que el resto de la verga. Lo besé antes de introducirlo entre mis labios y jugar con la lengua en la raja del meato. Presioné ligeramente para introducirla, y Nacho lanzó un gemido. El glande sabía a sal marina. Lucas lo tenía abrazado desde atrás, le acariciaba el pecho y le pellizcaba los pezones. Introduje la verga en mi boca. Al retirarla, dejé que el prepucio cubriera de nuevo el glande. Con los labios retiraba el prepucio y luego dejaba que volviera a cubrirlo. Lo hice varias veces porque eso parecía gustarle a Nacho.

    Lamí todo el tallo y bajé hasta los huevos. Eran grandes pero no colgaban como los de su compañero o los míos. Nacho empezó a mover las caderas, pero Lucas lo mantenía sujeto desde atrás y bajó la mano para sujetarle por la cintura. Quería que fuera yo el que fijara el ritmo. Decidí alargar la situación el mayor tiempo posible. Fui subiendo con la lengua por el rabo hasta llegar de nuevo al capullo. Retiré la piel con los labios y jugué con la lengua sobre el glande. Luego empecé a mamarle más fuerte, bajando la cabeza por su polla hasta introducirla del todo para luego volver a sacarla, cada vez más rápido. Cuando notaba que Nacho se acerca al punto de no retorno, sacaba su polla de mi boca y le lamía los huevos. Mientras, Lucas no paraba de acariciarle el pecho y los pezones y besarlo en la boca. Lo mantuve así durante al menos quince o veinte minutos. Me rogaba entre gemidos que lo dejara acabar, que quería darme su leche. Yo también quería recibirla. Al fin, introduje su polla hasta el fondo de mi garganta y empecé a tragar. Eso le llevó al tope y, con un grito, empezó a descargar su semen. Fueron cuatro o cinco chorros de lefa, que golpearon con fuerza contra el fondo de mi garganta, seguidos de un fluir más lento pero continuo que me esforcé en tragar para no dejar escapar ni una gota. Continué chupando la verga hasta que perdió rigidez.

    Nacho jadeaba con una sonrisa bobalicona en su cara.

    — ¡Joder, macho! ¡Qué buena mamada me has hecho!

    — Ha sido un verdadero placer —respondí— tienes una polla formidable, y me has dado una buena ración de leche.

    — Tú me has llenado antes el culo, —dijo él.

    — Vamos al agua, —dijo Lucas.

    Se dio la vuelta y se dirigió hacia la orilla. Yo me puse en pie, di un beso rápido a Nacho y seguí a Lucas. Hacía ya mucho calor. La mamada a Nacho me había vuelto a excitar y mi polla estaba semi erecta. Lucas se zambulló en el agua. Fui tras él y me tiré de cabeza. Llegué buceando hasta él. Debajo del agua vi que su polla también estaba erecta. Di un beso rápido en el glande antes de sacar la cabeza del agua. Lucas estaba riendo.

    — Me excita mucho ver cómo follan a Nacho o, como ahora, cuando le hacen una buena mamada como la tuya. De hecho, he estado a punto de follármelo otra vez.

    — Ya lo he visto, —respondí.

    — Es que eso que le has hecho me estaba poniendo a mil; eres un puto maricón en toda la regla y le has hecho gozar.

    En ese momento llegó Nacho junto a nosotros y preguntó:

    — ¿De qué hablabais? Seguro que nada bueno.

    — Estaba diciendo lo mucho que me ponéis, —decía yo— sois guapísimos los dos; me encantan vuestros cuerpos peludos.

    — Tú también eres muy peludo, lo que pasa es que te depilas todo, todo, todito y eso también me pone a mí verlo en los demás, — dijo Nacho.

    — Sí, es verdad, —dije riendo, y le salpiqué agua con las manos.

    Estuvimos un rato jugando en el agua, abrazándonos, besándonos y echándonos bajo el agua unos a otros. Cuando ya empezamos a sentir el frío del agua, decidimos salirnos al sol. Recogí mis cosas y extendí mi pareo junto a sus toallas. Nos quedamos tendidos al sol, secándonos y recuperando el aliento.

    — ¿Tenéis sed? Traje unas cervezas, — les ofrecí y aceptaron encantados.

    — Y vosotros… ¿venís mucho por aquí?

    — Siempre que podemos, —respondió Lucas.

    — Pero en esta época es mejor. En el mes de agosto puedes encontrar más gente y no hay tanta libertad; aunque a veces hemos montado una buena fiesta con dos o tres que estaban aquí, —apostilló Nacho guiñándome un ojo.

    — ¿En serio?, —dije sorprendido.

    — Sí, —continuó Nacho—, recuerdo una vez que había cerca de diez personas aquí: un par de matrimonios y luego tres tíos solos. Los tres tíos nos estuvieron tirando los tejos todo el día, pero tuvimos que esperar a que se fueran los matrimonios. Cuando nos quedamos solos… ¡machoooo!, menuda orgía organizamos entre los cinco. Los tres eran maduros, pero tenían buen aguante.

    — ¿Te acuerdas del que llevaba bigote blanco? —intervino Lucas—, menudo pollón tenía el tío. ¡¡Y cómo mamaba!!

    — Sí, y el moreno que era un pasivo a rabiar; ¡joder! nos lo follamos los cuatro y el tío aún quería más.

    — El del bigote se lo folló dos veces. Y yo creo que se lo hubiera podido follar una tercera. Seguía con la polla tiesa cuando se marchó.

    — Es verdad, —rió Lucas.

    — Y tú le habías hecho una mamada nada más empezar, mientras él te la mamaba a ti, ¡cabrón!

    Con aquella conversación yo me estaba poniendo a tono otra vez y mi polla había empezado a temblar.

    — Me parece que nuestro amigo Doro se está aburriendo con nuestras historias, —dijo Nacho riendo.

    — Pues yo creo que al contrario, se está animando, como yo, — respondió Lucas echándose para atrás y mostrando su verga que comenzaba a hincharse palpitante.

    — Hmmmmm, qué rica polla tienes, —dije yo relamiéndome.

    — ¿La quieres? Es toda tuya.

    No me lo tuvo que pedir dos veces. Me incliné y empecé a mamarle el rabo. Lo sentía crecer dentro de mi boca, hincharse y estirarse hasta llenarme por completo. Lo metí más hondo y entonces comprobé que era más larga de lo que parecía, pero el vello largo y espeso ocultaba parte de su longitud. Aprecié su sabor salado de agua de mar. La polla crecía y se endurecía cada vez más, acompañada de los gemidos de aprobación de Lucas. El glande estaba al descubierto por completo, rosado, grueso y brillante. Me encanta mamar una buena polla, y la de aquel hombre era de las mejores que había tenido ocasión de probar. Además, su cuerpo, completamente cubierto de pelo, me ponía a tope. Agarré sus huevos, grandes y pesados, y los masajeé con mis manos.

    — Espera, espera, —dijo él— no me hagas acabar todavía. Túmbate.

    Yo obedecí y me tumbé boca arriba. Lucas se colocó entre mis piernas y empezó a comerme la polla mientras Nacho me hundía su lengua hasta la garganta. Mis dedos se enredaban en el pelo de la espalda de Nacho. Él me pellizcaba los pezones mientras Lucas me comía el rabo. Me acarició los muslos y bajó hacia mis nalgas sin dejar de mamarme. Levanté las rodillas para permitirle que me tocara el culo. Empezó a masajearme las nalgas y noté su dedo pulgar introducirse entre ellas. Levanté más las piernas y las apoyé sobre sus hombros para facilitarle el acceso. Su dedo presionó sobre mi agujero intentando entrar. Me estaba acercando al límite. Lucas abandonó mi verga y me levantó las piernas para hundir su cara entre mis nalgas. Su lengua exploró mi raja hasta introducirse ligeramente. Me estaba lubricando y dilatando para lo que vendría después. Nacho se incorporó y me ofreció su polla para que la mamara. Se retiró la piel con los dedos para descubrir el glande, que me apresuré a lamer y chupar. Me agarró la polla con la mano y la exprimió.

    — Joder, tío, cuánto mojas, la tienes chorreado.

    — Sí, echo mucho líquido, —contesté— espero que no te dé reparo.

    — Al contrario, me encanta, —y se llevó la mano a la boca para lamer mi líquido preseminal.

    Lucas seguía comiéndome el culo y mojándomelo con su saliva. Entonces introdujo un dedo, y luego otro, y empezó a moverlos para dilatarme bien. Nacho me estaba follando fuerte la boca, pero se detuvo antes de correrse. Sacó su polla de mi boca y pasó a chuparme la mía. Lucas dejó mi culo y se puso delante de mí para que volviera a chupársela. Su glande estaba muy hinchado, la piel brillante y tersa. La introduje en mi boca y fui ampliando los movimientos hasta que conseguí tragarla entera. El glande golpeaba en el fondo del paladar con cada embestida. Cuando notó que se acercaba al final, se retiró y se tumbó a mi lado para lamerme los pezones. Eso me vuelve loco, y con la mamada que me estaba haciendo Nacho, noté que estaba a punto. Empujé la cabeza de Nacho para indicárselo y él dejó de mamarme para volver a comerme el culo. Me lo lubricaba con su saliva y me lo abría con los dedos.

    — Ven, siéntate aquí, —dijo Nacho al tiempo que se tumbaba boca arriba y mantenía su polla tiesa apuntando al cielo.

    Me senté a horcajadas sobre su miembro, lo dirigí con la mano hacia mi agujero y fui bajando lentamente para introducirlo. Cuando estuvo dentro, me mantuve inmóvil durante unos instantes, sólo contrayendo los músculos del culo para masajearle la polla.

    — ¡Ohhhhh, tío, que buenoooo! ¡Qué culo más tragón tienes!, —exclamó.

    — ¡Hmmm, sí, qué buena polla! ¡Quiero que me folles duro!, —repliqué con gusto.

    Empecé a cabalgar sobre su miembro, casi sacándolo de mi culo para luego bajar y clavármelo hasta el fondo. Lucas se puso de pie delante de mí y me ofreció su verga, dura como una barra de acero. Se la mamé de manera casi salvaje siguiendo el ritmo de mi cabalgada. Lucas se pellizcaba los pezones mientras me follaba la boca. Tras unos minutos, lanzó un grito, se tensó y el semen empezó a brotar, caliente y espeso. Aún así, no redujo el ritmo de su bombeo ni su polla perdió rigidez. A los pocos minutos, una nueva descarga bajaba por mi garganta. En ese momento, Nacho lanzó un gemido y noté su leche brotando con fuerza de su polla y llenándome las entrañas.

    Me tumbé agotado sobre la arena con la polla de Nacho dentro de mí. Mi polla se erguía palpitante y necesitaba descargar. Nacho se salió de mí, se acercó y se ocupó de mis pezones. Lucas empezó a chuparme la verga hasta que noté el semen subiendo desde mis huevos y varios chorros se estrellaron contra el fondo de su garganta. Todo mi cuerpo temblaba por la intensidad del orgasmo. Lucas mantenía mi polla en su boca sin dejar escapar ni una gota. Nacho y yo nos besamos con fuerza. Nuestras lenguas se exploraban mutuamente. Yo acariciaba su espalda peluda y él dejaba volar sus manos por mi pecho suave, limpio y depilado. Lucas mantenía mi verga, aún erecta y extremadamente sensible por la corrida, en su boca, pero él no se movía, solamente la dejaba dentro, palpitante, a la espera de que perdiera su rigidez. Mientras, me acariciaba el vientre y los muslos. Los besos de Nacho, la calidez de la boca de Lucas y las caricias con que regalaban mi cuerpo conseguían mantenerme excitado, de forma que estaba alargando la erección.

    La lengua de Lucas empezó a moverse lentamente masajeando mi polla. Sin mover la cabeza inició unos movimientos de succión que me llevaron a la gloria. A los pocos minutos le di una nueva ración de leche, que volvió a tragar entera. Quedé agotado y jadeante. Nacho se tendió a mi lado, y Lucas trepó por mi cuerpo hasta quedar tendido sobre mí. Nos dimos un beso prolongado. Su boca sabía a mar y semen. Pude sentir el calor de su cuerpo apretándose contra el mío y su erección palpitante entre mis piernas. Le abracé con fuerza y bajé las manos hasta su culo redondo y peludo. Apreté sus nalgas y flexioné las piernas dejando mi entrada al descubierto. Sin dejar de besarnos, dirigió su enorme miembro a mi agujero y presionó suave pero firmemente. Su polla era gruesa, pero mi agujero estaba lubricado por el semen de Nacho, que resbalaba lentamente desde el interior. Relajé los músculos para permitirle la entrada y, poco a poco, centímetro a centímetro, noté cómo me iba dilatando y se deslizaba cada vez más hondo.

    A veces paraba su avance y retrocedía un poco, para luego introducirse algo más profundo. Tras unos minutos, Lucas inició su bombeo, al principio muy lentamente, dejándome sentir cómo su gruesa polla se retiraba creando una sensación de vacío para luego volver a entrar más y más profundamente. Fue acelerando el ritmo de sus embestidas. Sus huevos, gordos y rotundos, golpeaban contra mis nalgas. Entonces se puso tenso, me la clavó hasta dentro, y con un gruñido se vació dentro de mí. Luego, de nuevo un bombeo más lento, hasta quedar completamente exhausto y sudoroso contra mi pecho.

    — ¡Joder, macho! ¡Qué gusto da follar contigo!, —dijo jadeante.

    — Gracias, el placer ha sido mutuo, —respondí riendo y abrazándole le remarqué:— hacía tiempo que no me corría así. Me habéis vaciado los huevos y me habéis llenado bien con vuestra leche.

    Quedamos los tres tendidos sobre la arena hasta que recuperamos el aliento. Notaba el semen de los dos hombres resbalar entre mis nalgas.

    — Vamos al agua, por favor, necesito refrescarme, —propuse.

    Fuimos los tres a bañarnos y jugar un rato en el agua antes de comer.

    — Te quedarás a comer con nosotros, ¿verdad?, — invitó Lucas.

    — Tenemos tortilla de patatas y filete empanado, como debe ser, —rió irónicamente.

    — Pues acepto encantado; he traído algunas latas, así que ya tenemos también el aperitivo.

    — ¿Dónde estás alojado?, —preguntó Nacho.

    — Tengo mi casa en la otra esquina de la playa, justo en el Km 26, una cuya pared de cara a la carretera es de color ocre.

    — ¡Hombre, nosotros hemos alquilado para todo el verano cerca de donde estás tú, pues! Podemos quedar a cenar cualquier día.

    — Si lo deseáis esta misma noche os invito a mi casa; mi novio hoy ha ido a visitar a sus padres, pero no va a tardar y le va a encantar conoceros, a no ser que tengáis otros planes, —dije.

    — No, no tenemos planes, y estando tu novio…, aún me parece más estupendo. ¿Conoces algún buen sitio para cenar?

    — Sí, claro, mi propia casa y os quedáis allí la noche, es muy grande, y no necesitamos cama, nos vamos al tatami los cuatro. La casa está separada y con jardín, nadie nos escuchará.

    Aceptaron la propuesta y me quedé imaginando una cena con mis nuevos amigos en mi casa, y lo que podría dar de sí la velada. Abelardo se pondría feliz.

    Mientras comíamos y charlábamos animadamente, no podía dejar de admirar sus cuerpos, fuertes y peludos. Lucas tenía el pecho salpicado por algunas canas, pero el vello de Nacho era completamente negro. También notaba sus miradas sobre mí. Y, a juzgar por cómo vibraba a veces la verga de Nacho, le gustaba lo que veía.

    — Te gusta ir depilado, por lo que veo, —dice Nacho.

    — Sí, —dije— voy más fresco, sudo menos y huelo mejor.

    — No te gusta oler a macho…, —interpeló Lucas.

    — No, no es eso, es un gusto que se ha convertido en costumbre, —respondí.

    — ¿Has ido a una depiladora a que te saquen todo?, —preguntó Lucas.

    — No, antes me depilaba yo, ahora nos depilamos mi novio y yo uno al otro y sirve también para darnos placer…, —respondí con una pícara sonrisa.

    — Claro que sí, tal como estás depilado todo el cuerpo ha de haberte tocado bien tocado…, —dijo con mucho humor Nacho.

    — Claro que sí, y yo lo toco igualmente a él pulgada por pulgada…, si queréis un día os depilamos a los dos, —respondí.

    — Pero luego sale el pelo y pica…, dijeron casi a la vez los dos.

    — No, lo que pasa es que se nota todo el cuerpo, cuando te depilas se nota y cuando va creciendo se nota y te da gusto al andar como si te estuvieran tocando, —respondí con intriga.

    — Mira, mira, qué caprichos más rebuscados y el placer que les da —decía Nacho—, hasta por probar me depilaría si no hace daño y no hace sangre.

    — Nada, ningún daño, si queréis la semana próxima, el día que nos toca a nosotros, primero lo veis y luego si queréis os depilamos, estaríais más guapos, menos machos, más afinados, pero más guapos.

    — ¡Joder! Me están entrando ganas, —dijo Lucas.

    Cuando acabamos de comer, nos echamos una siesta sobre la arena. Sólo se oía el rumor de las olas y los graznidos de las gaviotas. Al despertar, nos dimos otro baño antes de volver al pueblo. Nos despedimos en el aparcamiento, y quedamos en vernos en mi casa a la hora de la cena, es decir a las 8 de la tarde.

    Habíamos quedado en que yo prepararía el postre. Ellos querían cocinar en mi casa y traerían todo lo necesario. Al llegar a casa me di una ducha rápida para quitarme el salitre. Luego me puse un short jean muy cortito para esperar a Abelardo que no tardaría y le hablaría de mis nuevos amigos antes de que llegaran. Se me ocurrió acercarme a una pastelería de la urbanización y compré una tarta de chocolate.

    No tardó en llegar Abelardo con la cara sonriente. Apenas entrar y besarme, me cuenta que sus hermanos estaban felices con una caja de chocolates que les había dado su padre, que eso ya era un progreso. Yo me sonreía de contento, porque la mamá ni el papá le habían dicho nada. También Abelardo necesita que estos detalles le sorprendan para que su cariño a sus padres sea más intenso. Le conté que iban a venir unos amigos a preparar la cena y a cenar. Le conté también los detalles del día y me miró ni contento ni disgustado ni alegre ni triste, solo dijo:

    — Se trata de que lo pasemos bien, ¿no? Pues vale.

    Tardaron apenas quince minutos en llegar. Llamaron a la puerta y salí a abrir. Allí estaba Nacho cargado con dos cestas y una olla especial. Miré a diestro y siniestro y Nacho dice:

    — Ahora viene Lucas con las demás cosas.

    — Anda pues pasa, que yo espero.

    Avisé a Abelardo y se vino a saludar, pero no había manos, así que besó a Nacho y se lo llevó a la cocina para poner las cosas.

    Al momento llegó Lucas feliz con otras dos canastas y una mochila. Lo acompañé a la cocina.

    — Vamos a preparar la comida, saca unas cervezas para vosotros y nosotros. El secreto es nuestro. Vosotros a la televisión.

    — ¿Es eso un baño? —preguntó mirando una puerta.

    — En efecto, —le dije.

    — Vamos a cambiarnos para no ensuciar nuestra ropa.

    Salimos a la sala y decidimos poner un mantel en la mesa baja del salón y comer allí para no estar tan formales. Abelardo me recordó que en el congelador del sótano había unas cervezas y que debíamos sacarlas para que no reventaran. Fuimos, las sacamos todas y entramos en la cocina para darles algo más fresco y ponerlas en la nevera de la cocina.

    Entré en la cocina y me encontré a Nacho, que llevaba puesto un delantal. Por la parte superior del delantal sobresalía el vello negro de su pecho. Me quedé parado, porque le veía las piernas.

    — Pasa— me dijo sonriente— ya estoy preparando la cena.

    — He subido estas cervezas y este postre, —dije yo.

    — Será mejor meter esa tarta en la nevera.

    Nacho cogió la tarta y se dió la vuelta para ir a la cocina. Entonces me fijé en que no llevaba nada puesto debajo del delantal, y los ojos se me fueron a sus nalgas peludas. En ese momento apareció Lucas, completamente desnudo también.

    — ¡Hola, Doro! —saludó con un beso en los labios.

    — ¿No os ponéis cómodos? Esto es una cena informal. Y además nos gusta estar en pelotas siempre que podemos, y en casa es casi obligatorio.

    Miré a Abelardo para ver su parecer y dijo:

    — Esto ya comienza a gustarme. Pensaba que íbamos a tener unos tíos aburridos.

    Decidimos dejar nuestro short y camiseta en el baño de la cocina. Nos acompañó Lucas al baño para recoger un poco su ropa que había extendido en toda la banqueta. Me quité la camiseta y la dejé en la banqueta y lo mismo hice con el short.

    — Ah, pero no llevas interiores.

    — Casi nunca.

    — Bien peladito y aireadito, qué guapos sois los dos.

    Me abrazó o comenzó a morrearme. Le seguí la corriente. Luego me mandó afuera con estas palabras:

    — Ponte un delantal y ayuda a Nacho.

    Se quedó con Abelardo y desde fuera yo escuchaba los morreos entre los dos:

    — Venga, Nacho nos espera, —escuché que le dijo y se salieron.

    Yo ya me había empalmado, y vi que Abelardo y Lucas también. Nacho estaba preparando unas gambas a la plancha y Lucas se puso a preparar una ensalada.

    — ¿Qué queréis que haga? —pregunté.

    — Puedes ir abriendo unas cervezas —respondió Nacho.

    Abrí la nevera y cogí cuatro botellines. Le di uno a Lucas y le ofrecí otro a Nacho.

    Y me dijo:

    — Espera, que tengo las manos ocupadas con las gambas. Déjamela ahí encima. ¿A ver? Sí, tú también estás empalmado, como Lucas. Y ahora yo también. Pero tendréis que esperar a después de la cena —me guiñó un ojo—, venga, esto ya está, vamos a la mesa.

    Fuimos todos al salón, le di su cerveza a Abelardo y nos sentamos a la mesa. Dimos buena cuenta de las gambas y demás viandas, hasta acabar con la tarta de chocolate. Habían caído unas cuantas cervezas.

    — ¿Os apetece tomar una copa?, —dijo Abelardo.

    — Claro, —respondí.

    —Quedaos en el sofá mientras Lucas y yo recogemos esto, —dijo Abelardo.

    —¿Qué quieres tomar, Nacho? Yo tomaré un ron, —dijo Lucas.

    — Sí, un ron estará bien.

    — ¿Lo tomáis solo?, —pregunté.

    — Sí, es un ron especial y sería un crimen mezclarlo con nada, —dijo Nacho.

    — De acuerdo, pues un ron solo.

    Nacho y yo nos sentamos en el sofá, mientras Lucas con Abelardo fueron a la cocina con los platos de la cena y a preparar la bebida. Regresó con cuatro vasos con hielo y la botella de ron. Lo dispusieron todo en la mesita y se sentaron con nosotros antes de empezar a servir la bebida.

    — Vamos a brindar, —propuso Abelardo mientras nos repartía los vasos.

    — Por las nuevas amistades.

    Chocamos nuestros vasos y bebimos un sorbo. El ron era excelente. Lucas, que se había sentado junto a Abelardo y frente a nosotros, dejó su vaso sobre la mesa y posó su mano derecha sobre una rodilla de Abelardo. Luego se tocó sus genitales con su otra mano. Nacho y yo empezamos a besarnos. Yo acaricié la espalda peluda de Nacho, enredando mis dedos en el espeso vello que la cubría. Acaricié los hombros y bajé por la cintura, hasta llegar a sus nalgas. Lucas entonces se volvió y le dio un beso húmedo y prolongado a Abelardo.

    La mano de Lucas recorría la pierna de Abelardo desde la rodilla subiendo por el muslo, pero sin llegar a tocar la entrepierna, que ya veíamos completamente erguida. Lucas le estuvo besando alternativamente mientras le cubría el cuerpo de caricias.

    Nacho, entonces, separó la mesita para arrodillarse delante de mí. Empezó a besarme en la polla antes de metérsela por completo en su boca. Yo gemí y Lucas gimió porque Abelardo le estaba mamando su polla tras haberlo recostado en el sofá.

    Yo me dediqué a mordisquear los pezones de mi amante, que se endurecían bajo mis labios, y a lamer el vello de su pecho. Levantó los brazos y hundí mi cara en su axila izquierda. Sus gemidos aumentaban en intensidad según Nacho aceleraba su mamada. Pronto le tocó el turno también a mi polla. Nacho se apresuró a lamer el abundante líquido transparente que brotaba de la punta.

    Lucas, mientras tanto, le dio un beso a Abelardo hundiendo su lengua hasta la garganta. Luego fue bajando por el cuello, hasta llegar a los pezones. Cuando le empezó a lamer el pezón derecho, un escalofrío le recorrió entero a mi novio, lanzando olas de placer por todo su cuerpo. Yo disfrutaba por partida doble, por lo que me hacía Nacho y por lo que Lucas le hacía a Abelardo.

    Entonces Nacho se levantó, se dio la vuelta, y se sentó sobre mis piernas. Dirigió mi verga, bien lubricada, hacia su agujero y bajó lentamente hasta que la tuvo toda dentro. Empezó a cabalgarme lentamente. Yo podía sentir cómo mi miembro se deslizaba centímetro a centímetro dentro de su culo.

    Lucas y Abelardo se aproximaron sobre la Alfombra y se colocaron de pie delante de Nacho y le ofrecieron sus gruesas polla, que Nacho empezó a mamar rápidamente, primero de modo alternativo y luego las dos juntas en su boca, mientras Lucas y Abelardo se besaban, metiendo y enroscando sus lenguas en sus bocas alternativamente.

    Abracé a Nacho desde atrás y le agarré su verga con la mano. Se la frotaba al ritmo de sus cabalgadas. Con mi polla en su culo, las de Lucas y Abelardo en su boca, y mi mano masturbándole, no pasó mucho tiempo antes de que varios chorros de semen se estrellaran contra su pecho. El resto fue resbalando por mi mano hasta su vientre y sus huevos. Nacho siguió cabalgándome unos minutos más. Su polla había dejado de manar leche, pero seguía rígida y palpitante.

    — Vamos a cambiar, —dijo Lucas. Se separó de Nacho y Abelardo para que se levantase Nacho, y me indicó que me tumbara en el sofá. Lo hice y él se colocó entre mis piernas. Me agarró la pierna izquierda y se la echó sobre el hombro, dejando la otra colgada fuera del sofá. Mi culo quedaba totalmente abierto. Me exprimió la polla con su mano para extraer un grueso goterón de líquido lubricante que extendió por su propio miembro, lo apuntó sobre mi agujero y presionó. Esta vez no lo hizo lentamente como en la playa, sino de un solo empujón. Su gruesa verga se abrió paso dentro de mí provocándome un dolor agudo y ardiente. Mi cabeza parecía que iba a estallar mientras aquel ariete me partía en dos por dentro. Lancé un grito de dolor e intenté levantarme para expulsarlo, pero desistí por amor propio. Lucas, entonces, empezó a bombear con fuerza. Mis músculos fueron acostumbrándose a la invasión de su miembro y el dolor fue sustituido por un placer cada vez más intenso. En cada empujón, la polla de Lucas rozaba mi próstata, provocando que gruesos goterones de líquido preseminal se vertieran sobre mi vientre.

    Nacho, mientras tanto, se había colocado a mi lado encima de Abelardo que estaba tumbado en la alfombra boca abajo con la cabeza de lado y el culo ofrecido a Nacho, que comenzó a perforar, agarrándose de mi polla, aún tremendamente rígida, para masturbármela.

    Las embestidas de Lucas eran cada vez más profundas. A sus jadeos se unía el ruido de sus pelotas golpeando contra mis nalgas en cada empujón. Nacho también comenzó a mover sus caderas, follando el culo de Abelardo hasta lo más profundo. De nuevo no tardó mucho en correrse. Su semen, caliente y espeso, inundó el interior de Abelardo cuya boca babeaba lleno de placer.

    El bombeo de Lucas aumentó en intensidad, enviándome a la órbita del placer. Aún con la masturbación suave que me hacía Nacho mientras follaba a Abelardo, mi polla empezó a disparar chorros de leche que aterrizaron sobre mi pecho y vientre. Con cada empujón de Lucas, un nuevo chorro de semen mojaba mi barriga.

    Nacho ya se había arrodillado tras verter su voluminoso néctar en Abelardo; se puso de rodillas a mi lado y recogía con su lengua toda la leche de mi pecho. Con un gruñido de placer, Lucas echó la cabeza hacia atrás, clavó su polla hasta el fondo en mi culo, y se desparramó en mis entrañas. Notaba su líquido llenarme por dentro, caliente y abundante. Luego el empujón más lento, más calmo, mientras recuperaba el aliento, jadeante, hasta que se derrumbó sobre mi pecho. Lo abracé mientras sentía su polla retirarse poco a poco después del salvaje asalto al que me había sometido.

    — ¡Joder, macho!, —dijo— ¡Qué buena follada! Siento haberte hecho daño, pero te la tenía que meter, no aguantaba más sin follarte ese culo tan rico que tienes.

    — Ha sido increíble —respondí—, me has hecho correrme con solo el suave toque de mi polla que me daba Nacho; ya veo que eres un perfecto cabrón.

    — Ya lo he visto, y eso me ha puesto a mil. Además tu culo se ajusta como un guante, y cada vez que eyaculas se aprieta haciendo que el placer sea inmenso.

    — Y a mí me has hecho correrme dos veces y Abelardo una, son tres en un instante, —intervino Nacho— y eso que hoy en la playa ya me había corrido un par de veces también.

    — Se te nota la juventud,— bromeé.

    — Jaja, gracias, pero no soy tan joven, —se rió.

    — Lo que pasa es que Doro pone cachondo a cualquiera sea uno, o tres pero cuatro machos follando da para emplazarse continuamente, —dijo Abelardo.

    — ¿Podemos ducharnos?, —dijo Lucas.

    — Si queréis podemos ir a la piscina, nos duchamos allí y nos metemos al agua para relajarnos, —les dije.

    — ¿Tienes piscina, maricón?, y no lo dijiste, —reprendió Nacho.

    — Esa es nuestra sorpresa, —añadió Abelardo.

    — Mañana pensábamos ir de nuevo a la playa, —dijo Lucas.

    — Muy bien, —dijimos Abelardo y yo a la vez.

    — Creo que volveré muchas veces a esa playa a partir de ahora, —dije.

    — Claro que sí. Después de los polvos que acabamos de echar ya hay confianza suficiente, ¿no?, ya no vas a ir a pie, mañana vamos directamente desde aquí y las demás veces pasamos por aquí y os recogemos en el coche.

    — Perfecto, —dije.

    — Pues venga, no se hable más. Vamos a la ducha, que estamos todos llenos de leche.

    Era cierto. Mi pecho mostraba todavía algunos restos de semen, aunque Nacho se había encargado de recoger la mayor parte. Pero los restos de su primera corrida todavía mojaban el vello de su pecho y vientre. Tuvimos que ducharnos de uno en uno, aunque estábamos al lado los cuatro y nos salpicamos de agua. De la ducha pasamos a la piscina, no tanto a nadar cuanto a relajarnos. Era de noche y habíamos encendido las luces de fondo de la piscina.

    Aunque estábamos tan agotados del día que tampoco hubiéramos tenido muchas ganas de más juegos. Cuando salí de la piscina nos fuimos al tatami donde habíamos preparado más colchonetas y almohadones, Lucas y Nacho se acostaron, por supuesto desnudos y separados para que Abelardo y yo eligiéramos pareja. Abelardo fue con Nacho y yo con Lucas. Primero nos abrazamos y como ya teníamos una buena erección, dejé que Lucas me la metiera, porque me apetecía y sabía que a él también. Al lado estaba Nacho recibiendo la polla de Abelardo en su culo. No tardamos mucho en eyacular, quizá por el deseo de dormir y, abrazados, bien pronto nos quedamos profundamente dormidos.

  • Aventuras en el call center (Parte 4)

    Aventuras en el call center (Parte 4)

    Mi pareja no había mostrado interés sexual en mi desde aquella vez en que no me había logrado correr, su comportamiento ya de por si lejano, se había vuelto formal, distante, indiferente. Y ya no hablábamos de separación, lo cual empeoraba la situación a mi parecer ya que se sentía como si era algo obvio.

    Se concentró en sus estudios y en su trabajo, salía con sus amigas y ni siquiera me avisaba si no llegaba a casa. Para este entonces yo asumí que ella ya tenía a otro, así que continúe con mi vida alejándome también de ella.

    De vuelta a mi trabajo mi relación con Barbie había aumentado mucho, tanta camarería y comodidad que la sentía más cercana a mí que cualquier otra persona, no me mal interpreten, habíamos tenido sexo, es verdad, lo había disfrutado como hace mucho tiempo que no, es correcto, me sentí libre no lo negaré, pero lo nuestro solo era amistad, no había espacio para el amor y aunque lo hubiera habido, ella era como el viento, mientras más intentaran poseerla más inútil seria, se escaparía por los dedos al intentar tomarla, además nuestros encuentros sexuales se debían mas a la casualidad que a algo planificado.

    Una tarde en que estábamos en la zona de casilleros, ella sin previo aviso desabotono mi pantalón y empezó a chupármela sin preocuparse por nada, esto se había vuelto una costumbre que cada vez escalaba en exposición más nunca espere que lo fuera a hacer ahí. La sujete del cabello y la mire mientras ella mordía la separación del glande con el tronco y me miraba desafiante, yo empecé a mover mis caderas y solo introduje una y otra vez mi pene en su boca hasta correrme dentro y ella chupo hasta la última gota y se levantó a hablarme, con esa voz liviana como el viento y su aliento caliente chocando contra mi mejilla.

    ¿Quién habrá disfrutado mas el espectáculo, tu o ella?

    Y volteándome a ver a mis espaldas estaba mi compañera gordita que al notar que la habíamos descubierto se alejó pidiendo disculpas. Barbie la detuvo de la mano y ella intento soltarse, alejándose de ella pero no la dejo y le dijo.

    —¿Tú también quieres, verdad?

    Yo estaba anonadado con esta actitud de ella, no sabía que el viento fuera a ser tan salvaje y dominante cuando se lo proponía, pero más me sorprendió la respuesta de la gordita, o mejor dicho, la ausencia de respuesta.

    Barbie empezó a besar su rostro delicadamente y bajar hacia su cuello a la vez que desabotonaba su camisa, yo no entendía que pasaba pero mi pene ya estaba duro y pidiendo que me uniera, me acerque a ella y le mordí el cuello que quedaba libre y ella balbuceo un «No» me aleje inmediatamente pensando que a lo mejor ella no lo estaba disfrutando pero sus ojos dijeron otra cosa, estaba tan sonrojada que su piel blanca era roja y sus tetas ya al aire revelaban su figura descomunal, hermosa por naturaleza, deseable a mas no poder, Barbie la beso y sus lenguas se frotaron con un deseo incontrolable, mientras que su mano buscaba tomar mi pene, me acerque y deje que me masturbara mientras Barbie la masturbaba a ella con sus dedos. Se corrió profundamente tanto que su pantalón se manchó un poco y ella solo de vistió y se fue.

    Barbie aún tenía la mano llena de sus jugos y la coloco entre nuestras bocas y procedimos a besarnos mientras saboreábamos los jugos de ella.

    —Volverá —dijo ella

    —Lo sé —le respondí.

  • Me masturbaba en el auto mientras ella de su casa me veía

    Me masturbaba en el auto mientras ella de su casa me veía

    Esto fue real, tengo 29 años, 1.70, cuerpo semi atlético. Trabajo en la ciudad, un día como cualquier otro, siempre trato de buscar atajos para llegar rápido a casa.

    Una vez en esos charcoteos como decimos en buen panameño paso frente a una casa y veo una chica de unos 18 años, de 1.50 de estatura más o menos, escuchaba regue, tenía un pantalón licra, movía ese trasero redondito suavemente que hizo que detuviera el auto y me quedé observándola. Fue tanto que di la vuelta y me estacioné. subí el vidrio oscuro por supuesto mientras ella bailaba me excito que mi pene empezó a ponerse duro dentro del auto me hice una paja que me salió mucha leche que manché los asientos del auto.

    Pasaban los días y siempre me estacionaba frente a su casa para verla qué uno de esos tantos decidí abrir la puerta un poco del auto y masturbarme frente a ella.

    Su cara de asombro se notaba y sus ojos no los quitaba de mi pene duro y cabezón de lo excitado estuve así por unos minutos hasta que no aguante más y me vine note que le encanto, cerré la puerta me limpie y me fui.

    Dos días después pase nuevamente por su casa y al ver el auto se acomodó para verme en unas de esas miro de un lado para el otro se puso de espalda y movía sus pompis se sentó y pasó sus dedos por encima de su vagina ohh qué rico ya sentía como venía saliendo mi leche y nuevamente se la di ella se mordía los labios.

    Otro día decidí estacionar aún más cerca ella al ver el auto salió y disimulando se sentó a revisar el celular pero con su mirada a la puerta del auto ,ya nos sentíamos más en confianza me masturbaba hasta que decidí llamarla que entrara al auto; ella ni tan decidida pero entro la salud y le dije podemos movernos de aquí ella me dijo si claro, nos fuimos un poco más lejos estacione el auto le dije te puedes pasar atrás por lo que ella lo hizo, luego yo también pase atrás nos miramos acercamos nuestros labios y nos dimos un beso con tantas ganas le apreté sus pompis duras luego bese su cuello hasta bajar a sus pezones que estaban paraditos y duros se los chupe por unos minutos luego metí mi mano en su pantalón estaba bien mojada no dude en quitárselo besar su abdomen y luego bajé hasta su clítoris le di está chuoafa que tomaba mi cabeza y la presionaba con su vagina.

    Luego tomé un condón lo puse en mi pene que estaba a punto de estallar lo puse en la entrada y ella misma se lo metió comenzamos nuestros movimientos solo escuchaba como sonaba mis testículos con su vagina así estuvimos hasta venirme fue algo inolvidable.

    Nos limpiamos y la dejé cerca de su casa, así pasaron muchas veces hasta que sus padres vendieron la casa y se fueron para Colón.

    Para cualquier pregunta escribir al correo.

    [email protected].

  • La venganza de los Godinez

    La venganza de los Godinez

    Desde que entró a trabajar Mishelle se hizo gran amiga de Ángel, a quien conocía de su colonia, pero con quien nunca había cruzado palabra, y Mateo, él era al parecer el más viejo en la oficina, estaba ahí desde los 18.

    Mateo siempre trataba de coquetear con Mishelle, aunque sabía que se topaba con pared. Simplemente no eran su tipo, de mediana estatura y peinado engomado. Siempre con sus camisas perfectas y lentes.

    Así que bromeaban con ella.

    —¿Ahora si me das una mamadita? —le decía Mateo cada que la veía llegar a su cubículo.

    —¿Vas a querer o se los echo al perro? —decía sonriendo Ángel.

    —Ni perro tienes pendejo, y tu síguetela jalando, mañana te doy mis calzones para que te masturbes.

    Para todos era extraño ver esa amistad tan dispar, Mishelle era amante del rock, incluso los obligó a dejar su música pop y grupera y sustituirla por Guns and rose y los Rolling Stones. Delgada pero de rostro hermoso, usaba lentes y eso le daba un toque de inocencia. Desde el primer día ambos amigos estaban hipnotizados con el meneo de su pequeño pero hermoso culo y siempre se acercaban a su cubículo para mirar por su escote, no era muy alta, pero lo suficiente para no pasar desapercibida en ningún lugar. Y sentía un poco de lástima por ellos dos. Ambos en diferente época le declararon su amor. Y habían sufrido el rechazo, además de conocer a todos y cada uno de sus novios.

    —Te gusta puro pendejo —le recriminaban cada que alguno le rompía el corazón y tenían que salir al paso para levantar su autoestima.

    —ya mejor anda con nosotros.

    —No porque se va a enojar la secretaria ¿ya le hablaste Ángel?

    —Eso no tiene nada que ver.

    —Vamos al cine —siempre Mateo mitigaba los momentos incómodos. Incluso cuando los tres estaban muy ebrios, él se encargaba de cuidarlos y llevarlos a su casa. O de llevarlos a su departamento, era el único que ya no vivía en casa de sus padres.

    —Pinche película fea!

    —Es que tú ves puras pendejadas en internet, por eso ya no te espantan las de terror —le reclamos Mishelle a Mateo.

    —Me gusto más que las de autos, todos pendejos sin hacer gestos —replicó Ángel.

    —Cálmate, esos gueyes son mis novios, están bien sabrosos —cuando hablaba así, ella se mordía los labios.

    —Ya te estás imaginando, así que se las chupas no cabrona.

    —Hasta dejarlos secos cabron, han de tener unos pitones.

    —Como el mío!

    —O el mío, éntrale.

    —Hasta me cortan la inspiración con sus miserias. ¿Vamos por una cheves o les pegan?

    —Vamos

    —Vamos a mi no me pega nadie.

    —Ni quien los quiera par de losers! —ella aprovechaba cada ocasión para insultarlos, aunque era de cariño y así era su relación.

    Aunque intentaron varias veces ir a bailar, ellos tenían dos pies izquierdos. Y preferían los lugares a donde los llevaba ella. Rock y cerveza, alguna vez fueron a un table dance y ella fue quien consiguió el número de varias bailarinas. Así que preferían cantar las pocas canciones que conocían y bebían cerveza como locos.

    —¿esa si es de los Guns no?

    —Es Metallica baboso!

    —Ese guey conoce puras de puto —rieron y Ángel se defendió.

    —¿Pero si tú? Pura de sombrerudos.

    —Si pero no mames que Katy perra!

    —Bueno ya! Esta de Queen me gusta un chingo!

    —Es Zeppelin chinga!

    Cuando dieron las 3:00 a.m. cerraron el lugar y fueron a comerse unos hot dogs, como siempre. Aunque ahora estaban muy borrachos. Mateo ya había pedido un taxi para ir a su departamento mientras hablaban como idiotas.

    —¡ho mamá mía mamá mai!

    —mamamesta por favor ja ja ja —siempre la cagas.

    —Ya llegó el taxi, vámonos!

    En cuanto llegaron, cada quien agarro un sillón. Y Mateo fue por más cervezas a la cocina.

    —¡Ya danos una mamada!

    —Cállate!

    —Imagina que es una obra de caridad!

    —Están bien pendejos!

    Ángel fue el primero en quedarse dormido, Mateo le puso una cobija encima y se sentó junto a Mishelle.

    —Por fin solos!

    —Vete a la mierda, tráeme otra de estas que están bien buenas.

    Mateo fue a la cocina por otro par de cervezas de importación y cuando regresó, ella estaba roncando. Mateo se acercó y rozó sus labios, ya en alguna ocasión había besado a su amiga mientras dormía. Aunque el corazón le latía como una locomotora.

    —¿qué haces pendejo? —Ángel estaba sentado con la boca abierta y agarrando su cabeza incrédulo.

    —Nada… yo… solo…

    —¡me toca! —salió disparado de un brinco se colocó a su lado frotándose las manos.

    Mientras Ángel ponía su boca sobre los ronquidos de Mishelle, Mateo frotaba una d sus tetas, podía sentir el pezón a través de su blusa, esos que en época de frío parecía que les apuntaban. Ángel lo miro y puso su mano sobre el otro pecho. Ella respingo y los dos se quedaron en silencio, aguantando la respiración. Solo se acomodó y volvió a roncar. Entonces Ángel bajo un poco su blusa, podían ver su brazier negro sosteniendo sus pechos.

    —Nooo nooo —hablaban en secreto y a señas.

    —Un poquitooo!

    Un poquito fue bajar los tirantes de la blusa y hacer que sus pechos escaparan del brazier, hacían señas de oración. Y se mordían los dedos de las manos. Mateo fue el primero en pasar su legua sobre uno de los pezones. Ángel lo imitó, sus cabezas chocaban y sentían sus respiraciones agitadas, sin mencionar que el corazón se les salía de tan fuerte y rápido que les latía. Ambos mamaban ya sin importar nada y Mateo levantó su falda. Sentía el calor entre sus piernas, su mano avanzaba más y más. Pudo sentir el encaje de su tenga rozando con sus dedos cuando ella despertó.

    —¡que chingados están haciendo pendejos!

    Ambos brincaron como si hubiera visto un fantasma, cayeron de nalgas cobre la alfombra.

    —¡perdoon!

    —¡no es lo que…!

    —¡¿no me estaban chupándolas chichis y bajando los calzones?! —dijo Mishelle aún con sus tetas ensalivadas fuera de su blusa.

    —¡son unos pendejos, los odio pinches putos!

    —Perdónanos… perdón fue…

    —Lo sentimos… somos unos pendejos…

    Mishelle salió corriendo al baño al borde del llanto, eran sus únicos amigos, ¿cómo podían hacerle eso? Ellos se miraban sin poder pronunciar una palabra. Cuando ella salió, ambos agacharon la cabeza, como niños esperando el regaño de una madre.

    —Ok, son unos pendejos, ¿pero eso ya lo saben? —ambos asintieron sin poderla mirar a los ojos.— Es solo que no podría hacerlo con ustedes y verlos al día siguiente en la oficina. Aparte, están todos pendejos y se enamoran hasta de la señora del aseo.

    —Tápate los ojos!

    —¿qué? —estaba furiosa.

    —Así no nos ves y no sientes feo, igual a nosotros nos va de la verga siempre.

    —tómalo como caridad chinga!

    —¡Va! —les dijo y ambos voltearon sorprendidos, y dijeron al mismo tiempo.

    ¡EN SERIO!

    —¿Tú tienes un antifaz para dormir no Mateo?

    —Si voy por el —salió corriendo y regreso con un antifaz negro que fácilmente le cubriría los ojos.

    —Bueno —dijo mientras se lo colocaba— sólo se las voy a chupar, no se emocionen.

    Se arrodilló y se colocó una liga en el pelo para que se sujetara.

    —¡ya estamos listos!

    —ya!

    Aunque no podía ver el olor a verga era evidente, buscó a tientas ambos penes, no eran enormes como los de los actores porno, pero tampoco eran tan pequeños como ella pensaba. Y lo corroboro cuando metió el primero en su boca, era grueso. Y tenía una bola en la punta como champiñón.

    —Gracias Dios mío, ahora creo en ti —el pendejo de Mateo siempre tenía comentarios idiotas, listos para escupir. Sacó esa verga de su boca y metió la otra, un poco flaca pero más larga.

    —Por fin puta madre!

    Sabía que estaban disfrutando como nunca, así que decidió poner en práctica algo con lo que se había masturbado un día antes. Tomó ambas vergas y las metió al mismo tiempo en su boca.

    —Hay no mames!

    —Te rifas pinche mishellin!

    Ella seguí chupando y sacaba a ratos para pasarle la lengua sobre sus vergas y por las bolas, estaba de Isidra a imaginarse que eran dos tipos mamados de las películas de acción y no sus amigos perdedores de la oficina. Una mano sobaba sus tetas y la verdad ya no le importaba, le encantaba el sabor a verga en su boca, y si, era una obra de beneficencia para ellos. Luego otro par de manos le levantaron la falda y le sobaba las nalgas. Ella estaba encorvada para que sus nalgadas se levantaran más, su tanga roja de encaje era el adorno perfecto para ese culo delicioso.

    Ambos le metían mano sin reparo y ella movía sus nalgas, estaba disfrutando. Cuando las manos de sus amigos llegaron a su clítoris, ella por fin soltó un gemido excitante.

    —haaaa! ¡Que rico! Sigan! No paren!

    Mateo aprovechó que ella se entretuvo con Ángel para colocarse tras de ella, hizo de lado la tanga y metió su verga hasta el fondo.

    —¡Quedamos que solo una mamada!

    —¿la sacó?

    —Noooo! Pero muévete cabron!

    Mateo se agarró de sus nalgas y comenzó a meterla como loco, ella pujaba y mamaba con más fuerza la verga de Ángel que estaba con los ojos cerrados evitando venirse, también quería meter su verga en ella. Por suerte ella comenzó a gemir y dejó de mamarle la verga, pudo tomar un respiro y enojado le dijo a Mateo.

    —Me toca!

    —Vas, pero te apuras yo quiero seguir cogiendo…

    —O sea! ¿Se van a poner a platicar?

    Ángel se puso de rodillas y metió su verga, mientras Mateo se acomodaba frente a ella, el aliento le daba Justo en su verga y él le jalo la cabeza para que ella metiera su miembro en la boca.

    —Haaaghaagaag!

    —La vas a ahogar pendejo!

    —No no, síguele me gusta que me traten así! —dijo Mishelle mientras se quitaba el antifaz.

    —Ya viste pendejo!

    Ángel le pegaba en las nalgas y la jalaba de la ropa, parecía una muñeca de trapo usada entre sus dos amigos. Estaban por explotar cuando ella, retorciéndose se logró librar de ambos.

    —Están cabrones, pinches rugidos —la miraron extrañados mientras se sobaban la verga a su lado.

    —Ven, siéntate aquí… órale —Mateo se acomodó en el sofá de una plaza y ella se subió sobre él, en cuanto se metió la verga en su sexo, el comenzó a moverse desesperado.

    —Espérate, ven tú. No te quedes mirando. Acomódate y métemela!

    —¿En el culo?

    —Ni modo que en las orejas! Órale que se les acaba sus veinte cabrones.

    Ángel se tuvo que torcer un poco, para poder atinar a su agujero, cuando sintió el borde levantó el vestido de Mishelle para poder ver cómo su verga entraba en el culo de su mejor amiga.

    Sintieron como sus bolas chocaban sus bolas, pero igual sentían como compartían el interior de Mishelle, con los ojos cerrados ambos casi al mismo tiempo se vinieron dentro de ella.

    —¡que ricoooo!

    —Haaaa haaaa!

    —Huuuuy que rico no mames haaaa!

    Los tres llegaron al mismo tiempo al orgasmo, aunque seguían retorciéndose ya no había más, y sus escalofríos eran de un placer absoluto. Los beso aún con el sabor a sus vergas. Luego ella se fue al baño a lavarse, ellos chocaron sus puños en señal de triunfo.

    —Me toca cama, ustedes se duermen en los sillones y no… no lo soñaron putos!

    —La próxima nos dejas echártelos en la cara —Dijo Ángel.

    —Siiii! Como en las porno —Agregó Mateo con una sonrisa de oreja a oreja.

    —¡¿cuál próxima?! ¡Pendejos!

    @MmamaceandoO

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (32)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (32)

    Esa noche, como una rara excepción, Álvaro estuvo en casa para la hora de la cena, estábamos en el salón y sus padres me escuchaban las explicaciones que yo les daba, informándoles de lo que había hecho ese día y sobre todo lo que más interesa a Victoria, la comida que habíamos tenido con los abuelos de Oriol.

    Nos dio un beso a su madre y a mi y se dejó caer en el sofá al lado de don Mateo su padre, se le notaba muy cansado y cerró los ojos apoyando la cabeza en el mullido respaldo. Victorio le miraba con expresión preocupada sin hablar.

    -¿Ha sido dura la jornada? -don Mateo apartó las hojas del diario que aun mantenía en las manos.

    -Como todos los días, necesitaríamos que las horas se multiplicaran, o tener más personal, pero hoy no puedo quejarme. -permanecimos en silencio, Victoria y yo observando los cansados rasgos de la cara de Álvaro, sus bellos ojos rodeados de sombras y la sonrisa adornándole la boca, y dirigida a nosotros para tranquilizarnos.

    -Pediré que nos sirvan la cena aunque aún es temprano. -Victoria se levanto encaminándose a las cocinas.

    -Yo subiré a lavarme las manos y la cara para despejarme. -me levanté para seguirle, a pesar de su cansancio subía las escaleras muy rápido. Después de hacer lo que quería le ayudé a colocarse una ropa más ligera, y bajamos para la cena cuando el crepúsculo terminaba de sumir en sombras el valle.

    La cena había transcurrido dentro de los parámetros normales y Álvaro respondía a las consultas y preguntas que le formulaba Victoria más animado que antes. No era propio de él que apartara algunas de las verduras que acompañaban la carne, y aunque parecía que comía con ganas, no dejaban de ser signos de que no tenía hambre.

    -Cuéntame como te ha ido el día mientras me ducho para no tenerlo que hacer al levantarme. -le seguí al baño y me desnudé mientras él lo hacía, para meterme a la ducha con él, y dejé que el agua le corriera por el cuerpo antes de comenzar a pasarle la esponja enjabonada.

    -Gracias ayudante de cámara. -sonó su risita y me dio la espalda para que se la enjabonara. A pesar de estar delgado su espalda era poderosa y de hombros anchos.

    -Es un placer ayudarte y una excusa para acariciarte, y aprovechar los escasos momentos que puedo tenerte a mi lado.

    Mientras le pasaba la esponja, luego las manos, por todo su cuerpo le fui desgranando los acontecimientos del día, también el maravilloso tiempo que pasé disfrutando con Pablo. No tenía por qué ocultarle algo que él ya podía imaginar que sucedía. Veía que se calentaba a medida que le explicaba, sin entrar en detalles, el tiempo que pasamos juntos en la cama.

    -Me alegro que lo pases bien y que estés atendido por Pablo, lo malo es que tiene que marchar pronto y te sentirás más solo.

    -¡Ohh! Álvaro, estarás tu, Pablo ha venido a pasar las vacaciones, nos dejará pero nos tendremos el uno al otro.

    -Pero no será lo mismo para ti, Pablo representa mucho, ahora también para mi. -sabía que era una referencia a que le gustaba como Pablo le hacía el amor.

    -Nos arreglaremos y somos autosuficientes, ¿no crees? Podemos estar sin él aunque no sea lo que deseamos.

    -No lo se Ángel, te lo pasas muy bien con él, tenemos que reconocer que es un hombre increíble y que te hace gozar como yo no puedo conseguir. -sentí que sus palabras encerraban sentimientos encontrados, y que larvados pensamientos de celos le ofuscaban.

    -¡Santo cielo! ¿Tienes celos de Pablo? ¡No me lo puedo creer! -le miré con incredulidad no pudiendo asimilar lo que manifestaba. Terminamos la ducha y nos secamos en silencio. Se recostó en la cama y se dejó caer de espaldas dejando que saliera de él un largo suspiro.

    -No, no son celos, pero algo parecido, tengo envidia por no poder ser como él y darte lo que necesitas. -miré su perfecto cuerpo tendido a mi lado. Álvaro a sus veintinueve años, que no aparentaba y se le veía más joven, resultaba increíblemente guapo, atractivo y varonil, y aunque de alguna manera y en ciertos aspectos se parecía a Pablo, sin duda en otras cosas eran muy diferentes.

    -Me das todo lo que necesito, me has acogido en tu casa y dado una familia, la libertad, y el orgullo de hacerme sentir importante y un ser humano como tu, útil como los demás. -abracé su pecho y le besé la mejilla.

    -Me refiero a otros aspectos, todo los que has enumerado no tiene importancia por que tu te lo has ganado, me gustaría ser más activo, exigente, ardiente sexualmente. Te amo Ángel pero no puedo ser tan activo en el sexo como Pablo y otros más, tu necesitas un hombre pendiente de ti y que satisfaga tus necesidades, por eso le tengo algo de envidia. -enredé mis piernas entre las suyas y cubrí nuestros cuerpos desnudos con el suave edredón de plumas, a pesar de la calefacción estaba comenzando a tener frío.

    -No importa, nada de todo eso es insuperable, y no voy a discutirte tus razones e ideas. Te amo Álvaro, igual que a Pablo y sois diferentes, sí, pero os quiero a los dos muchísimo. -le acariciaba el vello del pecho y le besé las tetillas logrando que suspirara, descendí por el duro abdomen hasta enredar los dedos en el vello de su pubis.

    -Se que estas cansado, déjame hacer a mi. -sujeté el blando pene en mi mano y Álvaro abrió las piernas permitiendo que comenzara a jugar, acariciándole la verga y los huevos.

    -El domingo marchará Pablo y he pensado que podemos pasar un rato juntos los tres, buscaré que alguien me sustituya el sábado. -le callé cerrándole la boca con mis labios.

    -No hables ahora mi vida, solo siente. -le iba besando la cara, sintiendo como en su cuerpo subía la temperatura, y me centré en sus tetitas ahora duras, lamí los pezoncitos envueltos en el vello tenue, y Álvaro abrió más las piernas invitándome a que mi mano llegaba más abajo y le pasé los dedos por el perineo hasta llegar a su ano.

    -¡Ohh! Ángel, mi gatito dulce, mi amor. -cerró los ojos y a veces se tensaba cuando con los dientes tiraba de sus pezoncitos morenos, su pene había empezado a cobrar vida pero aun no quería tocarlo y lamí con devoción la dureza de los abdominales marcados por el vellos que los cubrían.

    Lentamente mi boca descendía lamiéndole la piel y sintiendo el sabor del gel de baño hasta sentir como su verga rozaba mi mejilla, jugué con el glande lamiéndole la piel que le cubría y disfrutando al sentir como se le ponía dura y potente.

    -Métela en la boca, por favor Ángel. -e hice lo que me pedía mientras continuaba con mis dedos acariciándole el ano.

    Primero la pasé por mi cara como acariciándome con ella, y la acerqué a la nariz para olerla y gustar la esencia dulzona que desprendía, la tenia muy mojada y los líquidos que desprendía se quedaron sobre mi piel.

    -¡Uhmmmmm! ¡Qué rica verga! Me gusta tu olor a macho. -y sin más me la tragué entera, hasta que mis labios quedaron pegados a los pelos de la base, con la lengua fuera, por debajo de su polla lamiéndole los huevos con la punta, se la sacaba y metía aspirando con fuerza, rodeándole el glande con la lengua.

    No tenía duda alguna de que resultaba un experto mamando la verga, y Álvaro me lo hacía saber al dejar salir sus deliciosos lamentos por el placer que le daba.

    -Así amor, mámala rico, ¿te gusta mi verga? Me la vas a arrancar gatito, pero chúpala, no pares. -sus palabras me excitaban y lograba que pusiera más interés y energía en la mamada que le estaba dando.

    Sentía como con una mano intentaba controlarme el ritmo de la mamada y con la obra me acariciaba entre las piernas buscando cogerme la polla. En estos instantes mi amante se volvía apasionado dejándose llevar por el placer.

    Seguí chupándole el pene y para hacerlo durar pasé a lamerle los huevos, luego el pene otra vez hasta sentirle que le llegaba el orgasmo y lo dejé para abrazarle y rodearle el cuello con mis brazos.

    -Tu verga me vuelve loco, es tan rica, tan divina. La amo Álvaro. se la apretaba estrujándola en mi mano mientras le mordía los labios en pura lujuria de deseo.

    -Quiero que me la metas muy rico, siento mi culito abierto y deseoso Álvaro, queriendo que le visites con tu carne dura. ¡Oh!, cómo te quiero amor

    -Pues va a ser que no gatito, vas a ser tu quien me folle, tus dedos me han prendido de deseo y me has dejado listo para para ti, ¿te importa que así sea?

    -¡Ayy! Álvaro, ¿cómo me va a importar? tu culito también es rico mi vida. -de alguna manera había conseguido cogerle el gustillo a hacerle a veces, mi hembra, y a él le encantaba que su macho se la metiera, y su macho era yo aparte de Pablo que lo era de los dos.

    Sin perder tiempo descendí besándole todo el cuerpo y él levantó las piernas sujetándoselas por los tobillos, dejándome apreciar y maravillarme con el esplendor de su culo, despejado de obstáculos para que lo abriera con mi polla.

    En esa parte de su anatomía Álvaro resultaba tan varonil como en el resto de su cuerpo, su verga dura y recta apuntando al techo, los gordos testículos colgando sobre el perineo y el anito, delicioso, de color rosa brillante, palpitante rodeado de vellos, todo ello sombreado por la densa espesura del abundante pelo medio rizado.

    Ante ese bellísimo espectáculo me relamí los labios deseoso de llegar con mi boca al objeto de mis deseos. Con mis manos acaricié sus fuertes muslos separándolos más, después empecé a darle lengüetazos en los huevos y el poblado perineo, con mordidas en los muslos y las nalgas, hasta terminar con la boca sobre el dulce y excitado ano.

    Escuchaba los gemidos de mi amante, y luego soltó uno de sus tobillos para morderse la muñeca evitando gritar.

    -Méteme la lengua Ángelito, dame lengua por el culo. -hundí la lengua en su culo todo lo que pude.

    -Sí, así. ¡Bufff! Más, más, ¡ayyy! que rico. Como me lo haces de bien. -me suplicaba a la vez que se retorcía.

    Me aparté un momento para mirarle su bonito ano, boqueaba y se abría exigiéndome la lengua, pero antes, y para hacerle sufrir, le lamí los costados y luego volví a su ano.

    Metí la lengua en su agujero y empezó a gemir más fuerte apretándome de la nuca. Álvaro estaba gozando mi comida de culo y yo sabía el placer que una buena comida anal proporciona, para ello se lo comía con ganas locas, gozando de sus deliciosos gritos y el sabor de los juegos que exudaba por el ano.

    -Sigue, sigue Ángel. No voy a poder soportarlo. -sabía que era verdad y de su verga salían goterones gruesos de líquidos que le escurrían por el tronco hasta los pelos del pubis, no se lo quería tocar presintiendo que eso sería el final y se correría.

    Dejé su culo después de darle unas fuertes lamidas.

    -Te voy a meter la verga, ¿quieres?

    -Sí, sí, métemela ya, hasta el fondo. -su voz sonó como una alarido incontenible. -coloqué una almohada debajo de sus caderas para que estuviera más alto y él se la acomodó, luego se sujetó las piernas abriéndose completamente y me miró con deseo, primero a la cara y luego descendió la mirada hasta mi durísima polla.

    Me moría por metérsela, pero a pesar de estar muy dilatado Álvaro no había recibido mucha verga, salvo la mía y la de Pablo y su anito enseguida se cerraba.

    -Empuja fuerte, se valiente. -debía notar el miedo en mi cara por causarle daño, atendí su orden y mi verga resbaló entrando en su cuerpo.

    -¡Ahhh! Sí. -dejó salir un grito que me sorprendió, y ya con la polla en su culo me bajé para besarle y taparle la boca con mis besos.

    Su cuerpo se estremecía apretándome el pene con el culo y respiraba muy agitado.

    -Mi amor, te va a dar algo. -abrió los ojos y me miró asombrado.

    -Es maravilloso Ángel, fóllame gatito, dame duro. -sin esperar mucho tiempo, y después de besarle toda la cara comencé a meter y sacar la polla fuerte y duro como me había pedido, haciendo que se escuchara el sonido de mis huevos cuando golpeaban en la entrada de su culo.

    A pesar de mi preferencia por ser el pasivo y al que le llenaran el culo, indudablemente gozaba la situación de verme poderoso follando a mi bello y varonil doctor.

    -Álvaro gemía sin cesar sintiendo mi pene al entrar y salir de él, había soltado sus piernas que bailaban en el aire y me sujetaba las nalgas, impulsándome hacía él con fuerza, quizá para conseguir que la verga le llegara más al fondo. Incrementé el ritmo aunque no permitía sacarla del todo para volver a enfundarla en su cuerpo, y ya estábamos sudando, yo más por el esfuerzo, teniendo que bajar la rapidez de mis movimientos.

    -No te pares, quiero correrme y estoy llegando, siento muy rico cuando te mueves con velocidad. -me sentía algo cansado y me apoyé sobre su pecho respirando con dificultad dejando salir mi aliento en su cara.

    Álvaro realmente se sentía dichoso y con el culito hambriento, se movía debajo de mi para no perder la sensación de ser follado. Cuando descansé volví a retomar mi tarea y le cambié de posición, para montarlo por atrás.

    Le daba fuerte por el culo y a veces sentía como su mano me cogía los huevos apretándolos, entre varios descansos y cambio de posiciones le follé gozando como loco su culito casi virgen y apretado hasta que el placer me llevaba inexorablemente a alcanzar el clímax.

    En ese momento en que Álvaro se contraía, apresándome la verga con fuerza y comenzaba a vaciarse sobre su pecho, sentía que no podía aguantar más.

    -Yo también Álvaro, me voy a correr. -estaba dispuesto a vaciarme en su interior, sin esperar más, y di mi último empujón para hacerlo lo más profundo que pudiera.

    -En mi cara, córrete en mi cara. -me gritaba cuando aún le salía el semen de la verga, y me retiré rápido apuntando la polla a su cara, sin poderme contener empecé a vaciarme lanzando chorros de semen sujetándome la verga para apuntar a su boca.

    Cerré los ojos muerto de placer, dejando que me saliera el semen que iba a estrellarse en su cara, cuando los abrí el espectáculo resultaba de lo más morboso… y grotesco, Álvaro no podía abrir los ojos cegado por el semen que le había caído y con la lengua recogía lo que le dejé en los labios.

    Sin demora abrazó mis nalgas y, a tientas, busco golosamente la verga con la boca, y se la empezó a comer con ganas sacándome los restos de semen que aún me quedaba.

    Todavía no nos habíamos repuesto a pesar de que nos besamos largos minutos, hasta comernos nuestros semen lamiéndonos y compartiéndolo.

    -Gracias gatito, vales para todo y eres el mejor. -me reí en su oido pasando mi lengua por él.

    -Tu no tienes tanta experiencia para poder comparar, solo nos has probado a nosotros. -se volvió hacia mi abrazándome.

    -Suficiente si valoro lo que me haces disfrutar, tu verga es deliciosa, nunca pensé que gozaría con una polla en el culo y todo te lo debo a ti…

    -Y a Pablo, no lo olvides.

    -Es cierto, y le quiero mucho, pero contigo es diferente gatito. -nos quedamos abrazados y en silencio, disfrutando ese momento de paz después de haberlos gozado mutuamente.

    -Te decía antes que Pablo tiene que marchar el domingo, al día siguiente comienza las clases y tengo la idea de que el sábado lo pasemos juntos como despedida.

    ———————————-

    Tuvimos que volver al baño para darnos una ducha rápida y que Álvaro quedara preparado para cuando se levantara. No supe cuando se marchó a la mañana, porque me dormí muy tarde, pensando y sin poder conciliar el sueño.

    Habían quedado muchas cosas en el aire y no le había hablado sobre lo que Pablo me dijo de mi vuelta a la ciudad, o mejor sería decir a la casa de Eduardo, y estuve pensando mucho en ello.

    No quería ser desagradecido, pero muy en mi interior querría haber podido hacer el viaje con Pablo y volver a la ciudad con él, y a la vez seguir a su lado, en esta casa que era un refugio seguro y cálido.

    ———————————-

    Los dos días que siguieron se pasaron como si fueran segundos en mi vida. Pablo me recogía para llevarme a la hacienda donde ya finalizaban los trabajos en la sala que haría de aula para las clases.

    No teníamos muchas cosas que hacer y los dos días comimos con los abuelos de Oriol, me estuvo enseñando a montar a caballo, aprovechando cierta calma en las precipitaciones de nieve que se redujeron como si el invierno llegara a su fin, pero solamente sería una pausa del duro y frío tiempo que no había terminado.

    Tuvimos tiempo para hacer el amor, Pablo era incansable y siempre estaba con ganas, también yo. Su casa se convirtió en nuestro nido de amor hasta resultarme familiar y llegar conocer todos sus rincones, sobre todo su dormitorio y el baño.

    Las sesiones de sexo nos encantaban a los dos y nos dejaban satisfechos momentáneamente, no nos cansábamos de follar, deseábamos aprovechar su estancia en la hacienda y no dejábamos pasar el momento en que estábamos solos.

    Aquellos dos días me confirmaron lo que no dejaba de pensar, que resultaría muy difícil soportar la ausencia de Pablo. Mi otro hombre no me pedía sexo, ¿por saber que Pablo me daría todo lo que mi cuerpo demandaba?, es posible que se sintiera liberado para dedicarse a su trabajo.

    Hubo de todo, risas y bromas, ratos agradables en compañía del personal de la hacienda, dentro de ese grupo en el que, antes de comenzar las clases, me sentía integrado. Los había de todas las edades, desde uno de más de sesenta años, hasta el más joven, que por cierto resultaba ser Marcos.

    Todos ellos se comportaban amigablemente y me trataban con deferencia a pesar de ser muy joven y ellos poder ser, algunos, mis padres o abuelos. Todos ellos casi analfabetos, les representaba un gran esfuerzo leer y no llegaban a entender lo que leían. Se salvaban de esa deplorable situación Eliseo y Marcos.

    Al parecer Marcos había llegado a la hacienda de otros trabajos anteriores, siendo niño había asistido a la escuela aunque poco tiempo, y hablando con ellos fui descubriendo algo de sus vidas, todas miserables.

    Marcos tenía familia en el pueblo, su madre separada y varios hermanos más jóvenes que él, el padre los había abandonado dejando toda la carga de la familia sobre los hombros de su esposa cuando el chico tenía catorce años. Desde muy pronto tuvo que ayudar para sacar a sus hermanos adelante, hasta terminar en la hacienda de don Ernesto, aquí Eliseo lo acogió como su protegido, acabando siendo amigos de correrías cuando algún día salían para divertirse.

    Pablo no era muy explícito y dejaba muchos huecos de la historia sin rellenar, para mi era suficiente y ese rudimentario conocimiento de la historia de Marcos logró que sintiera cierta simpatía hacia él, además había abandonado su aire de chulito, y seguía usando esos pantalones vaqueros muy ceñidos marcando su cuerpo fuerte y trabajado por las labores del campo.

    Sin duda resultaba de lo más atractivo que había, lo mismo que Eliseo, Pablo los superaba a los dos, aunque resultaba refinado entre aquellos hombres que le respetaban sin dudarlo, sabiendo que en un futuro no muy lejano, sería el que llevara la hacienda.

    Todos sabían el interés y esperanzas que tenían, don Ernesto y don Mateo depositadas en él, que vivía al lado de sus nietos y era el amigo íntimo del joven doctor. Se daba por supuesto que todas aquellas tierras estarían dirigidas por aquel brillante joven que estudiaba en la ciudad, que aunque no fueran suyas las sabría llevar para beneficio de sus propietarios y también del personal que vivía de ellas.

    Pablo resultaba muy activo y eficaz en atender todos los frentes a los que debía dedicar su tiempo y aún le sobraba para estar a mi lado cuando lo necesitaba.

    El viernes Álvaro nos acompañó en la cena e informó a sus padres que al día siguiente estaríamos los dos fuera, utilizó la excusa de la marcha de Pablo y que le haríamos una despedida.

    Ya en nuestra habitación me pidió que metiera en una mochila los efectos del baño y alguna ropa para pasar la noche del sábado fuera de casa.

    Había acordado con Pablo que el sábado recogeríamos a nuestro querido doctor, no podía dejar de acudir al hospital para visitar a sus pacientes, Pablo pasó a por mi y antes de llegar al pueblo recibimos su llamada, avisándonos de que se retrasaría por problemas que le surgieron con pacientes a los que debía visitar en sus casas.

    Cuando llegamos al hospital entendimos sus razones, la gripe estaba atacando muy durante este año y el hospital estaba lleno, tenían pacientes en los pasillos y aquello parecía un caos.

    Entonces nos dimos cuenta del sacrificio que representaba para Álvaro abandonar su trabajo en esas circunstancias. Quisimos anular la fiesta pero él no estuvo de acuerdo.

    Mientras él realizaba sus visitas nosotros paseamos por el pueblo, pasando el tiempo hasta que se nos reuniera, y no sería antes de la hora de la comida.

    Seguirá…