Autor: admin

  • Feliz cumpleaños papá

    Feliz cumpleaños papá

    Cuando sus padres se divorciaron, Denisse tuvo que acostumbrarse a estar unos días con su padre. Roberto sabía que un helado ya no era suficiente, menos ahora que ella estaba convertida en una mujer. A los veintidós años, una salida al parque ya no es suficiente. Así que para su cumpleaños cuarenta y dos decidió que harían algo diferente.

    —Compré boletos de autobús para Querétaro.

    —¿Entonces no te voy a ver?

    —No no, tú vas conmigo.

    —Perfecto, ¿cuantos días nos vamos pa’?

    —El fin de semana, allá festejamos mi cumpleaños. Estoy harto de festejarlo en el área de comida de algún centro comercial.

    —Yo también, me encanta la idea. ¿Ya avisaste a mamá?

    —Ella te tiene a diario, quiero pasar tiempo contigo.

    Así que el viernes por la tarde salieron de la ciudad, se hospedaron y descansaron. Al día siguiente Denisse lo despertó cantándole las mañanitas y con un pequeño pastel que compró en la terminal el día anterior.

    —Hoy vamos a comer lo que tú quieras.

    —¿Lo que sea?

    —Lo que sea.

    Salieron a recorrer el centro de la ciudad y Denisse aprovechaba cada momento para colgarse de sus brazos y tomarse fotos con él. Luego ella decidió que quería comer mariscos. Y también decidió que se tomaría unas cervezas con su papá. Porque era su cumpleaños y quería que fuera especial.

    —¿Te gusto?

    —Claro, no sabía que tomabas.

    —Tengo veintidós. Y es la primera vez que me tomó una cerveza contigo.

    —Tenía mucho que no tomaba, necesito descansar.

    —Nooo pa’ es tu cumple. Vamos a bailar.

    —Ya es tarde y además…

    —No no no, vamos a salir, vamos si?

    De nuevo Denisse colgaba de los brazos de su padre y no podía decirle que no. Así que acepto y salieron a un lugar plagado de jóvenes.

    —¿Pedimos cerveza?

    —No, compra una botella.

    —¿Una botella?

    —Si, de whiskey.

    —¿De cuál?

    —El que quieras tú.

    Una botella de Buchana’s llegó a su mesa y aunque muchos chicos se acercaban a quererla sacar a bailar, Denisse no se despegó de su papá. Bailaron y tomaron hasta que la botella y la música se acabaron. Como ya estaba entrado en copas, detuvo el taxi en un Oxxo para comprar una botella más. Ya no importaba la marca.

    —Estoy muy mareada.

    —Yo también, pero me tomó una o dos y ya je je!

    —Voy a llenar la tina y me voy a relajar, espero que se me baje un poco ja ja ja!

    Después de un rato dentro del agua, el frío hizo que Denisse saliera de la tina, estaba tan borracha que salió totalmente desnuda del baño, Roberto llevaba media botella, pero eso no impidió un se le salieran los ojos al ver a su hija completamente desnuda. Denisse se acercó y lo abrazó. El cuerpo húmedo de su hija humedeció su ropa y su mente. Cuando ella levantó la cara para decirle un “te quiero mucho” sus labios se encontraron. Se besaban como novios, y pronto las manos de Roberto rodearon la cintura de su hija, la erección en su pantalón rosaba el vientre de su hija y ella comprobó de que se trataba ese bulto con sus manos. Roberto cayó de espaldas en la cama y con Denisse sobre él, sus labios se paseaban por su cuello y ella respondía con pequeños gemidos.

    —Te amo papi.

    —Hermosa.

    Giro hasta estar encima de ella y poder recorrer su cuerpo con los labios, beso cada rincón de su hija, ella le revolvía el cabello mientras gemía ante la sensación placentera de sentir a su padre. El vello de su pecho en su vientre, la barba de dos días raspando su piel, sus manos gruesas y callosas tocando su cuerpo la excitaba.

    —¡Mierda! ¡Que pinches chichotas!

    —¿Te gustan?

    La lengua de su padre en sus pezones fue una respuesta clara, y sus manos las tenían aprisionadas. Nunca pensó sentir tanto placer al estar con su padre. Al principio solo sentía el roce de su pene en el vientre, y se moría de ganas por tenerlo dentro, pero seguí disfrutando de las caricias y los besos. Cuando por fin estuvo listo, no lo dudo, tal vez por el nivel de alcohol que corría por su organismo. Coloco la punta en el borde de su panocha, ella se quedó quieta. La cabeza le daba mil vueltas. Pero en cuanto comenzó a entrar su verga, ella lo abrazo y se fundieron en un beso, su padre movía las caderas suavemente y ella besaba su cuello y mordía sus orejas sin darle oportunidad de zafarse.

    —¡Que rico papito!

    —¡estás bien rica!

    —¡me está metiendo la verga mi papi!

    —¡te está metiendo toditita la verga Mija!

    Su padre se dio vuelta y Denisse quedó encima, mientras ella rebotaba sus caderas sobre él, Roberto buscaba sus tetas y seguía mamando como un loco. Los gemidos de ella inundaban la habitación, y a su padre estaba extasiado. Luego, volvieron a girar y esta vez la puso boca abajo. Mientras el buscaba penetrarla, los puños de ella se aferraban a las sábanas. Y poco a poco resbalaba dentro de ella. Ahora su padre llenaba de besos el cuello de Denisse y la hacía gemir aún más.

    —¿qué riiiico?

    —Sabes bien rico mijita y estas bien apretadita!

    —¿Te gustan mis nalguitas?

    —¡tas’ bien sabrosas mi amor!

    La tomó de las caderas y la puso de perrito sin deja de meterle la verga mientas ella se empinaba para que su culo se viera más hermoso. Su padre no resistió y la nalgueo mientras ella iba y venía contra él, entonces sintió que se venía y no dudó en lo que quería hacer. La giro y coloco su verga entre sus tetotas, una deliciosa rusa con su hija fue la mejor manera de acabar y su semen recorrió el cuello de Denisse, en cuanto salió la última gota tomó las piernas de su hija y las llevó a sus hombros, volvió a penetrarla. Ahora suave, quería disfrutar del cuerpo joven a su disposición.

    —¡Que rico sabe tú lechita papi!

    —…

    Se dio cuenta de que Denisse se llevaba los restos de semen a la boca y los disfrutaba con su legua para luego tragarlos. Roberto sabía muy en el fondo que de no haber sido por la borrachera, jamás habría pasado nada. Pero ya tendría tiempo de arrepentirse. Siguió hasta que sintió que más leche saldría y solo sacó su verga para que unos cuantos chorros callaran el estómago de su hija.

    —¿Te gusto cogerte a tu hija?

    —Me encanto… muchísimo… mucho!

    Ricardo despertó primero y un dolor de cabeza lo mataba, pero no tenía la agallas de mirar a la cara a su hija, seguían desnudos y en la misma cama. Luego sintió que Denisse resbalaba por la cama y buscaba con ansiedad su verga. El seguía fingiendo estar dormido, pero al sentir la lengua de su hija en sus guevos reacciono, la verga se le ponía dura y sentía como crecía dentro de la boca de su niña. Cuando estuvo bien dura, se montó sobre su padre y quedaron cara a cara.

    —Pensé que lo había soñado…

    —¡Hay hija…!

    —Me encanta sentirte dentro de mi… mi papito!

    Los besos de su hija no le permitieron oponer resistencia y solo pudo aferrarse a sus nalgas que ya rebotaban sobre él. No soporto y se vino dentro de su nena, luego volvieron a dormir y solo el ruido de la chica de la limpieza los saco de su letargo. Sin el temor de que alguien los conociera, pasearon por el centro de la ciudad tomados de la mano y llenándose de besos y caricias. Por la noche cuando por fin terminaba su fin de semana y mientras Denisse ordenaba las maletas, su padre le levantó el vestido y le hizo a un lado su tanga para cogérsela ahí parados a media habitación. Sin pudor alguno. Viajaron de regreso y cuando se despidieron fue doloroso pero muy esperanzador. Denisse durmió aún con el semen de padre escurriendo por sus piernas y ahora reseco, pero quería retener esa sensación que la hacía feliz. Por su parte Ricardo llegó al día siguiente a su trabajo, donde lo esperaba un pastel. Pero su sonrisa de alegría estaba muy alejada de aquel edificio. Y ya pensaba en visitar alguna otra ciudad, claro con su hija.

    @MmamaceandoO

  • Todo el mundo tiene una historia: Bárbara (Parte 1)

    Todo el mundo tiene una historia: Bárbara (Parte 1)

    Tenía 23 años cuando por casualidad conocí a Bárbara, el destino nos reunió por una razón muy estúpida realmente, por mi parte acompañaba a un amigo que había pactado una pelea con algún imbécil en una sala de chat. Ella simplemente tenía gusto por la violencia y se encontraba en el mismo chat durante la pelea verbal, así que decidió que no se perdería tan singular evento.

    Como era obvio de esperar, el contrincante de mi amigo nunca apareció, pero ella sí. Si estás esperando que describa a una mujer hermosa, alta, de muy buen cuerpo y totalmente inmoral, lamento tener que decepcionarte en dos cosas, Bárbara era/es gorda, de descendencia alemana, su cabello es rubio, ojos verdes, bastante alta (1.75 m), un par de tetas verdaderamente enormes y un culo colosal que solo de verlo te daban ansias de azotarlo tan fuerte como pudieras.

    En mi caso, aunque quisiera no puedo exagerar, 1.87 de alto, delgado y atlético, cabello largo hasta los hombros (en ese entonces) y barba de candado.

    La gente suele hablar de cosas que no conoce, pero ha leído de ellas, en mi caso puedo decir que lo viví de primera mano, cuando Bárbara y yo nos vimos surgió un chispazo entre nosotros.

    Quienes han experimentado algo así sabrán a lo que me refiero, inicia como si alguien guiara tus pasos y te dictara cada palabra que dices, puedes ver las miradas cómplices, sentir la excitación cuando ella se lamía los labios antes de contestar a cualquier pregunta y casi puedes oler el aroma de su coño totalmente empapado. En esos momentos sabes que esa zorita va a ser tuya porque lo está deseando.

    Obviamente algo sobraba y era mi amigo, así que intercambiando teléfonos y correo electrónico nos despedimos y quedamos en platicar con más calma por la noche.

    Con su correo pude contactarla mediante Messenger y pasamos la mayor parte de la noche platicando y conociéndonos. Ella era hija única, alemana por parte de su madre y mexicana por parte de su padre, había vivido en Alemania algún tiempo, pero había regresado después de una decepción amorosa. Ahora vivía con sus padres ya que ambos eran ancianos.

    Después de algunos días platicando y lanzándonos indirectas mutuamente surgió por fin la oportunidad.

    – Tengo que ir a Cuernavaca el fin de semana, mis papas tienen una casa ahí, no es la gran cosa y está casi abandonada. ¿Me acompañarías? No me gusta estar sola ahí, es básicamente un pueblo y no hay mucho que hacer.

    Obviamente acepte sabiendo que no iba a tener una mejor oportunidad para disfrutar de ese enorme culo y acordamos vernos en su casa el viernes por la noche.

    Ese viernes llegue a su casa algunos minutos antes de lo acordado y le mande mensaje avisándole que me encontraba ahí, ella salió después de algunos minutos, nos saludamos y me ofrecí a ayudarle con algunas bolsas que debía cargar en el carro, entre ellas latas de comida y una bolsa grande con ropa.

    Después de terminar con los preparativos subimos a su auto y tomó dirección hacia Cuernavaca. Durante el camino retomamos nuestras pláticas anteriores y terminamos hablando de nuestra situación sentimental.

    –No estoy preparada para volver a involucrarme emocionalmente con alguien –comenzó diciendo– en este momento lo único que extraño es el sexo sin compromiso.

    –Tiene tanto tiempo que no tengo sexo –me dijo mientras me dirigía una mirada lasciva– que, si fuera tú, tendría cuidado porque podría devorarte más tarde.

    –Lo dudo –le dije– mi suerte ha sido pésima últimamente.

    En ese momento soltó el volante con una mano y comenzó a acariciar mi verga sobre el pantalón mientras me decía –eso puedo cambiarlo, siempre y cuando no te importe coger con una gorda 15 años mayor que tú.

    Cualquier respuesta en ese momento había sido una estupidez, así que lo único que hice fue girarme un poco sobre el asiento y comencé a manosear sus enormes tetas con mis manos.

    De repente comenzó a bajar la velocidad, encendió las luces intermitentes, se detuvo en la carretera en medio de nada y me dijo –discúlpame tengo que hacer pipí, espero que no te importe, pero no aguanto a llegar a la gasolinera.

    Acto seguido, bajo del carro, lo rodeó colocándose de mi lado y comenzó a soltarse el pantalón, la situación me calentó tanto que abrí la puerta del carro y me bajé para poder verla bien.

    Al momento de cruzar miradas comenzó a sonreír mientras se bajaba las bragas, se sentó en cuclillas y comenzó a orinar. –¿te gusta lo que ves? –me pregunto.

    –Claro, pero me gustaría más verte en cuatro masturbándote.

    –¿Así? –pregunto mientras con su mano derecha frotaba su clítoris y después comenzó a meterse dos dedos.

    Me acerqué a ella liberando mi verga del pantalón y en cuanto estuve cerca abrió la boca y comenzó a lamerla. Los que vivan en México sabrán que las carreteras son un lugar peligroso y más durante la noche, por lo que ambos sabíamos que nos arriesgábamos demasiado, después de unos minutos, sacando mi verga de su boca me dijo –es hora de irnos, estamos cerca, llegando a la casa te prometo continuar.

    Regresamos al carro después de acomodarnos ambos el pantalón y una vez dentro tomé la mano con la que se había masturbado y comencé a lamerla, los jugos en sus dedos eran agridulces y olían deliciosos –acelera, tengo ganas de lamer directamente de tu coño –Pocos minutos después estábamos llegando a nuestro destino.

    El terreno era grande y como ocurre con frecuencia en los pueblos la arquitectura era del tipo colonial, completamente blanca, con techo de tejas y todos los muebles de madera, si bien no estaba totalmente habitada, Bárbara le pagaba a una amiga suya para que la vigilara y limpiara constantemente.

    Con excepción de la puerta del garaje, todo se encontraba en óptimas condiciones. Bárbara me dio las llaves y me pidió abrir el garaje para guardar el carro. Después de estacionar el carro abrió la cajuela y comenzó a sacar las cosas que traíamos mientras me dijo –¿me ayudas?

    Al voltear pude verla agachada, meneando un poco su enorme culo mientras ordenaba algunas cosas que se habían salido de las bolsas. Me acerqué a ella por atrás y tomándola por la cadera la jale hacia mí para que sintiera mi erección contra sus nalgas, –espera, hay que sacar las cosas –me dijo mientras se pegaba más a mí y movía su trasero lentamente haciendo círculos.

    –Eso puede esperar –le dije mientras la jalaba con más fuerza, ella se alzó y con una mano comenzó a apretar suavemente mi verga, mientras yo aprovechaba para meter las manos bajo su blusa para estrujar sus enormes tetas. Deslice mis manos bajo su brasier y las libere para jugar a placer con sus pezones, Bárbara se giró quedando frente a mí, sus pezones eran grandes, rosados, con aureolas pequeñas y sus tetas eran incluso más grandes de lo que había imaginado.

    –Vamos adentro, los vecinos pueden vernos –susurró, mientras tomaba mi mano y se dirigía a la única puerta cercana, una vez dentro, la arrinconé rápidamente contra la pared y empecé a morder suavemente sus pezones, mientras le quitaba la blusa y ella batallaba con mi cinturón, a su blusa le siguió el brasier, negro, de encaje, con vivos rojos y después fui por su pantalón

    Me hinqué frente a ella y una vez superado el botón comencé a bajar su pantalón, traía puesta una pequeña tanga a juego con su brasier, en la carretera no había podido observarla con detenimiento, pero aquí la luz me permitió ver su coño totalmente depilado, de labios gruesos y completamente mojado.

    Si al desnudar a una mujer descubres que su lencería hace juego o combina, es ella quien decidió cogerte. Una mujer grande siempre va a ser una delicia cuando usa una tanga, puedes ver como esta se pierde entre sus nalgas y entre más pequeña más es la tanga más sensual se ven.

    Haciendo a un lado el pequeño hilo, pase mi lengua despacio por su coño, primero superficialmente, después con mayor profundidad, intercambiando lengüetadas con pequeños besos en sus labios y a continuación lamer y enroscar mi lengua en su clítoris.

    Los gemidos de Bárbara no se hicieron esperar, puso sus manos sobre mi cabeza y comenzó a jalarme hacia su coño mientras yo seguía lamiendo, después de unos minutos me separé de la deliciosa fuente de sus jugos y la giré, al tocar sus pezones la pared fría dio un pequeño respingo que aproveché para separar sus enormes nalgas y poder admirar el agujero de su culo.

    –Espera, nunca… –alcanzó a decir mientras mi lengua empezó a recorrer lentamente su entrada posterior, después del primer lengüetazo empezó a mover lentamente el culo y a ronronear de placer, mi lengua se detenía en cada pliegue de su ano, haciendo círculos alrededor de su pequeño agujero. –sí!! Despacio –gemía cada vez más fuerte. Tener ese enorme culo en la cara era excitante, sus nalgas aplastando mi rostro y su mano tirando de mi cabello cada vez más fuerte, jalándome hacia ella.

    Con mi lengua penetré su pequeño y rosado culo, mientras gemía cada vez más fuerte –¡más adentro!, ¡más adentro! –exigía, con mi mano empecé a jugar con su clítoris, su coño estaba completamente empapado y unos minutos después empezó a correrse, sus flujos corrían por mi mano, mis dedos entraron en su vagina y pude sentir las contracciones de su coño mientras ella comenzó a gritar –sí, cógeme!!, más duro!!, hazme tuya!

    –¿De quién es este bonito y apretado culo? –le pregunté– es tuyo, nunca lo he hecho por ahí, pero es tuyo.

    Saqué mi verga del pantalón mientras me levantaba y apoyándola nuevamente contra la pared comencé a penetrarla desde atrás, su coño era un mar de jugos, con mis manos agarré sus enormes tetas y las apreté con firmeza, mi verga entraba y salía de su coño con facilidad y ella empujaba hacia atrás para facilitar la penetración. Sus gemidos comenzaron de nuevo, esta vez más fuerte -–¡sí!, ¡así!, ¡más rápido!!!

    Con su enorme culo empezó a empujar me hacia atrás mientras se agachaba sin doblar las rodillas, mis manos pasaron de sus tetas a su cadera, sus movimientos eran deliciosos y ver ese gran culo entre mis manos me excitaba cada vez más. Acelere mis embestidas, el chocar de nuestras caderas sonaba cada vez más fuerte.

    Sus piernas comenzaron a temblar, sus gemidos se hicieron más fuertes –¡…del cabello, ahhh!! ¡… del cabello! –fue todo lo que pude entender, pero sabía lo que quería, con la mano izquierda azote su dulce y enorme trasero y con la derecha la tomé del cabello y comencé a jalarlo.

    La escena era bastante erótica, ella de pie, con el culo levantado, apoyando las manos en la pared mientras yo la montaba jalando su cabello. –otra vez, azótame otra vez –me dijo meneando su culo, mi mano surco el aire y aterrizó en sus nalgas, el sonido fue estremecedor– más rápido! ¡me corro!, ¡me corro!, no te detengas!!

    Acelere las embestidas, su vagina apretaba delicioso mi verga y me tenía apunto de correrme, la tomé con ambas manos del cabello y bufando embestía su trasero con más fuerza. –adentro!! Termina adentro!!! No te salgas –grito mientras su vagina empezaba a chorrear, sus piernas temblaban, las contracciones de su coño me llevaban al cielo y también empecé a correrme.

    Mi leche salió disparada dentro de su coño, su orgasmo parecía exprimir mi verga, había dejado de gemir y ahora únicamente ronroneaba –¡si, papi sí!! lléname con tu verga –.Mis piernas temblaban también, mi orgasmo fue brutal y me sostenía únicamente de su cadera, después de recuperar el aliento me salí de su coño y me senté en un sillón. Ella por su parte se enderezó y pude ver como mi semen escurría por sus piernas, se terminó de quitar el pantalón, recostándose en el sillón tomo mi verga y comenzó a masturbarme– la que sigue la quiero en la boca –dijo, y comenzó a lamer mi verga extremadamente sensible.

    Mientras lamia mi verga, su mano bajo a su coño y comenzó a masturbarse, frotaba su clítoris haciendo círculos y metía sus dedos dentro de su coño solo para sacarlos, lamerlos y seguir chupando mi verga.

    Después de unos minutos estaba a punto de correrme, su lengua se movía con maestría, metía mi verga hasta su garganta y me miraba fijamente a los ojos –me corro– le hice saber y como única respuesta aumento la velocidad de su boca.

    Segundos después mi leche inundó su boca y ella comenzó a tragar, no puedo presumir de una descarga copiosa o de haberla ahogado con semen, era la segunda corrida del día y la mayor parte había ido a parar a su coño, aun así, en dos ocasiones tuvo que tomar aire y regresar el semen de la comisura de sus labios a su boca. Después de tragarlo siguió lamiendo un poco más hasta que se levantó y me dijo –tenía tiempo que no me sentía así, gracias

    –No tienes nada que agradecer, el placer fue mío, nunca había estado con una hembra como tú, tu coño es delicioso y tu culo está para partirlo en dos –le conteste mientras sacaba un cigarrillo y lo encendía.– nunca lo he hecho por ahí, pero si me prometes que no me dolerá es tuyo –me dijo mientras se acomodaba la tanga y se ponía de nuevo los pantalones.– saco las cosas del carro y te preparo de cenar, debes estar hambriento –me dijo mientras caminaba hacia el garaje meneando su enorme trasero.

    Continuará…

  • Vecinos y amigos con derechos

    Vecinos y amigos con derechos

    Admito que siempre he sido muy despierta en cuestión sexual. Aunque es algo de lo que no he hablado con nadie: la verdad que desperté mi sexualidad siendo muy joven. Mi tía, llevaba a casa revistas algo vulgares que guardaba en su equipaje, pero yo buscaba la manera de sacarlas y leerlas. Me excitaba ver las imágenes donde tenían sexo y ponía una almohada en mis piernas y me frotaba con ella mientras las leía.

    El caso es que crecí, y con 18 años me convertí en una chica con curvas, pompas grandes y senos también. Siempre le he llamado la atención a hombres casados o con pareja (algo que no comprendo) y a hombres maduros. Vivo en un edificio y tengo un vecino que también es mi amigo: es casado, sin embargo no es feo. Es amigo de mi familia. Desde que nos conocimos hicimos clic y al igual que yo, comparte la misma calentura.

    Las cosas se salieron de control una tarde que mi madre y hermana, tuvieron que salir y nos quedamos solos. Comenzamos a juguetear y cuando me di cuenta, él me tenía tirada en mi cama y besando mis pezones. Yo sentía culpa, pero estaba tan caliente que no lo detuve; besaba mi cuello y yo sentía en mis muslos su pene erecto a través de su pantalón, besó mis labios mientras desabrochaba mi pantalón y bajaba mi pantaleta, me abrió las piernas y metió su verga en mi vagina, yo la apretaba y él continuaba tratando de penetrar hasta que cedí. Estábamos cogiendo duro cuando me levantó y me volteó de espaldas sobre el borde de la pared de mi habitación: Sentí como abrió mis nalgas y metió su dedo (nunca había tenido sexo anal), cuando metió el dedo al fondo sólo lancé un quejidito como: «Mmm».

    Mi respiración seguía agitada, ahí estaba, parada contra la pared cuando entraron otros dos dedos, cerré los ojos y mordí mis labios, mientras él me estimulaba y me decía al oído: «Te la puedo meter por tu culote? Eh? Quieres?».

    Yo sólo dije sí moviendo mi cabeza, cuando de repente, sentí un dolor en la cola, apreté la pared y comencé a hacer ruiditos como; «ah». Lo sacaba y lo metía una y otra vez, el dolor era menos y cada vez más placentero, era algo delicioso, mis pezones parecían mini pelotas que él jugaba con sus dedos, y después me masturbaba mientras me penetraba por el culo.

    Me excitaba oírlo agitado y gimiendo, mientras me tenía contra la pared dándome en la cola. Desde ese momento buscamos cualquier oportunidad para tener sexo, con él aprendí a hacer cosas que ya contaré. Creo que yo lo tomo como una experiencia, que disfruto y que aprovechó mientras dure.

  • Seduciendo al jardinero

    Seduciendo al jardinero

    Les ofrezco una disculpa por este tiempo sin escribir nada, pero he tenido algunas complicaciones que me impidieron hacerlo. También les quiero agradecer por leer mis anteriores relatos, espero seguir escribiendo por mucho tiempo y que me sigan leyendo. Sin más les contaré lo que pasó después de ese día tan terrible en mi vida.

    Esa noche no pude dormir pensando en lo que había pasado, recordaba la situación en la que encontré a ese hombre que tantas cosas nuevas me hizo sentir sin saber el porqué, después venían a mi mente esos hombres tan desagradables y sentía un odio por ese hombre al cual culpaba de toda mi tragedia de ese horrible día, fue así que amaneció, sin más remedio me levanté para luego irme a duchar ya que aparte de todo no lo había hecho al regresar.

    Cuando me estaba arreglando llegó Lola que al verme de inmediato se dio cuenta de que algo estaba mal, sin poder contenerme me puse a llorar mientras le contaba todo lo que me había pasado, ella trató de consolarme pero al mismo tiempo me dijo algo que me negaba a aceptar, me dijo que yo me había enamorado de ese hombre y por eso estaba así porque me dolía haberlo visto con otra en esa situación tan desagradable.

    Yo entré en negación sin querer aceptar lo que ella decía pero al menos me desahogué con ella, después me ayudó a arreglarme para después irse, ese día fue tranquilo para mí pero en la noche sucedió algo increíble para mí, algunas noches me gustaba abrir la ventana para respirar aire fresco mientras veía las estrellas, pero esa noche fue diferente, algunas noches el jardinero se reunía con el chofer a platicar mientras bebían.

    Esa noche fue una de esas, parecía todo normal hablando como siempre mientras yo los escuchaba sin que ellos lo supieran, siempre hablaban de trabajo o mujeres, el chofer era esposo de la cocinera mientras que el jardinero era viudo hace ya varios años, todo iba normal hasta que después de un rato empezaron a hablar de mi lo cual se me hizo muy extraño, era la primera vez que me mencionaban en sus conversaciones.

    El jardinero le preguntó al chofer si me había visto llegar el día anterior a lo que respondió que no, se ve que se la cogieron bien venia caminando raro dijo el jardinero, el chofer solo se reía mientras el jardinero le preguntaba que se sentiría metérsela a una putita como yo, mientras el chofer le preguntaba entre risas si en serio se cogería a alguien como yo, de inmediato respondió pues claro si al patrón le gusta es por algo.

    Claro porque es puto le respondió el chofer para luego decirle ya mejor vámonos a dormir ya estas borracho, pero el jardinero le respondió que no estaba borracho que se lo podía decir en sus cinco sentidos si quería al tiempo que se alejaban, yo cerré la ventana para luego irme a acostar, se me hacían muy graciosas las palabras del jardinero mientras a mi mente llegaba la idea de comprobar si él se atrevía a lo que dijo.

    Una parte de mi me decía hazlo pero otra me decía no lo hagas puedes tener problemas, así estuve hasta que me dormí tan profundamente que cuando desperté ya eran más de las diez de la mañana, de inmediato me levanté me fui a duchar para luego arreglarme, mientras me arreglaba me decidí hacer lo que tanto me había hecho pensar la noche anterior, pensé en cómo hacerlo y pensé que debía empezar por la ropa.

    Me puse una minifalda negra que apenas me cubría poco menos de media pierna, una blusa de tirantes del mismo color, junto con una tanga que hacia juego y los zapatos de tacón con correas, lo primero que hice fue bajar al jardín pero para mi sorpresa no estaban ni el chofer ni el jardinero, al no verlos entré a la casa donde el ama de llaves me dijo que el señor me esperaba en su despacho que fuera de prisa a lo que obedecí.

    Entré dándole los buenos días al señor pero el solo me respondió pon el seguro en la puerta y acércate, así lo hice hasta quedar frente a él, mámame el pene, nunca lo había oído hablar así y era la segunda vez que me pedía algo para el así que tardé un poco en reaccionar, pero cuando lo hice me acerqué otro poco a el para luego arrodillarme frente a él, tomé su cinturón lo desabroché luego su pantalón para luego sacar su pene.

    No traía ropa interior así que de inmediato quedó frente a mi cara ese pene de un tamaño no muy grande totalmente flácido, acerqué poco a poco mi lengua para lamer despacio la punta de ese pene que parecía muerto, lo lamia como a un helado suave y despacio metiéndolo en mi boca poco a poco, sin notar cambio alguno lo metía por completo en mi boca para luego sacarlo repitiendo la operación hasta notar que reaccionaba.

    De pronto comenzó a soltar gemidos mientras me decía así mi perrita, así mi zorrita que para eso te pago, me tomó de la cabeza con ambas manos para controlar mis movimientos, parecía otra persona y no aquel hombre serio que yo conocía, cada vez mas rápido sentía como se ponía firme dentro de mi boca al mismo tiempo que se notaba que había crecido, de mis ojos salían lagrimas por las arcadas que me daban.

    Unos minutos después soltó en mi boca una gran cantidad de semen el cual tenía un sabor muy diferente a lo que había probado antes, no sé como describirlo pero era un poco desagradable, sin darme oportunidad de reaccionar me los tragué sin poder evitarlo, al mirarlo a la cara el tenia la mirada perdida como si estuviera en otro lugar, después de unos segundos empezó a reaccionar mirándome a los ojos en silencio.

    Se acomodó su pantalón con mucha torpeza al mismo tiempo que me ordenó irme, le pregunté si estaba bien a lo que me ordenó marcharme nuevamente, esta vez así lo hice sin decir nada, subí a mi habitación y al verme la cara el maquillaje de los ojos estaba totalmente corrido por lo que decidí darme una ducha para luego arreglarme otra vez, no me quise quebrar tanto la cabeza con la ropa así que me puse un vestido corto gris con tirantes.

    Apenas me llegaba arriba de la rodilla, la tanga era blanca y los zapatos eran de tacón descubiertos con broches, miré por la ventana para ver si el jardinero se encontraba trabajando y al verlo decidí bajar de inmediato, me daba mucha risa saber que yo le atraía pero no quería apresurarme por lo que todo lo hacía con precaución, me acerqué a él quedando de pie a su lado sin que el notara mi presencia.

    Estuve ahí observándolo sin que el lo notara por unos minutos hasta que me miró diciendo me asustó señorita no la había visto, discúlpeme le dije mientras el no podía ocultar su asombro mientras me recorría de arriba abajo con la mirada, no se preocupe me dijo mientras volvía a su trabajo, yo me quedé ahí sin moverme mientras le preguntaba cosas acerca de las flores pero todo era un pretexto para seguir ahí.

    A partir de ese día me pasaba gran parte del tiempo ahí con el platicando mientras el cada día tomaba más confianza, me miraba con descaro mientras el chofer y los demás se daban cuenta con cierto asombro de mi interés por estar ahí con el, no tenía nada que hacer así que nada me impedía pasar el tiempo ahí ya ni Lola me visitaba así que me pasaba los días completos con el y por las noches entraba a una sala de chat que encontré por casualidad.

    En el chat habían muchos chicos la temática era chico busca chico pero yo ponía mi nombre de chica, la mayoría solo buscaba ciber sexo así que solo los bloqueaba pero hubo un hombre que me llamó mucho la atención, ya que buscaba a un chico precisamente en la ciudad en la que vivía yo, le escribí y él respondió al instante para luego tener una charla muy agradable con él, les confieso que no me lo esperaba.

    Me contó que era casado pero que ya no le satisfacía su mujer y buscaba cumplir una fantasía que le quitaba el sueño, poco a poco le fui teniendo confianza hasta agregarlo a mi chat personal, era un hombre de 56 años, moreno, un poco gordo, cabello gris la verdad era muy feo pero muy agradable, era taxista su fantasía era tener sexo con otro hombre pero a mí no me hablaba de sexo solo me platicaba de su vida y cosas así.

    Mientras yo le contaba lo que quería de mi, había veces en las que me decía que era muy linda, que le gustaría cumplir su fantasía conmigo yo solo le enviaba emoticones de risa pero nunca le decía nada, pasaron dos semanas en las que yo no salía en mi día libre ni había vuelto a tener algo ni con el señor ni con nadie, todo mi tiempo lo usaba en esas dos actividades pero la verdad ya me estaba cansando, el jardinero parecía no atreverse a cumplir con lo que decía.

    Mientras que el taxista parecía decidido a cumplir su fantasía conmigo y cada día me convencía mas para ayudarlo, cada vez que hablaba con el se desahogaba conmigo diciéndome que ya no podía vivir mas así, que las cosas con su mujer cada día eran perores, que los únicos momentos felices eran cuando chateaba conmigo, yo me sentía con mucha presión cada que me decía que lo haría muy feliz si nos conociéramos en persona.

    Una noche yo sentía una gran frustración debido a que mis insinuaciones con el jardinero no habían tenido éxito, sentía que todo ese tiempo se había ido a la basura y solo quería platicar con alguien así que le escribí a la única persona con la que me sentía en confianza, le escribí al taxista pero esta vez su respuesta tardó mucho en llegar, cuando estaba por dormirme el taxista me contestó disculpándose por no haber respondido antes.

    Me dijo que había salido lejos de la ciudad, que apenas llegó se conectó para terminar el día de una linda manera, la verdad era muy halagador, me hacía sentir importante pero de nuevo me volvió a presionar con conocernos, esta vez lo pensé bien y para su sorpresa le dije que si, el no lo podía creer así que me preguntó si hablaba en serio lo cual le confirmé, le dije que el próximo domingo nos veríamos en un centro comercial.

    El se puso muy contento pero creo que no le gustó mucho cuando le dije que si nos veíamos no significaba que yo me fuera a acostar con él, tardó mucho en contestarme diciendo que entendía, que él solo quería conocerme y no me iba a obligar a nada que yo no quisiera, se despidió de mi diciendo que se iría a dormir que estaba cansado, yo hice lo mismo ya que era muy tarde la verdad sentía mucho cansancio pero era más la frustración.

    Al otro día me levanté para tomar una decisión mientras me arreglaba, decidí olvidar mi plan con el jardinero, pensaba que solo habían sido palabras de borrachos así que no me iba a ocupar mas en ese tema, los siguientes días fueron muy aburridos teniendo que pasármela en mi habitación solo pensando tonterías y es que aunque no lo había mencionado antes no podía dejar de pensar en aquel hombre por el que sufría.

    Pasaron los días llegando el sábado justo un día para ir a aquella cita tan ansiada para el taxista aunque no estaba segura de si yo sentía lo mismo, esa noche no podía dormir por los nervios, era muy extraño que yo sintiera nervios por cosas así pero los sentía por lo que me decidí a salir al jardín, ya era de madrugada por lo que hacía un poco de frio, llevaba un camisón que me llegaba arriba de las rodillas junto con una bata y unos zapatos de plataforma.

    Había luz en el jardín pero no alcanzaba para alumbrar por completo el área, todo era silencio mientras observaba las flores del jardín, sin esperarlo una mano me tomó por sorpresa cubriendo mi boca mientras que otra me tomaba por la cintura, intenté gritar pero un shhh acompañado de un tranquila soy yo que salía de una voz conocida me tranquilizó un poco, era el jardinero que claramente estaba ebrio soltándome al instante, de inmediato me di la vuela quedando frente a el, me asustó le dije con enfado pero el se disculpó diciendo que no fue su intención, le dije que no se preocupara mientras notaba su respiración muy agitada, poco a poco se acercó a mí.

    Me puse muy nerviosa mientras el casi rosaba su pecho con el mío, intenté irme pero el me abrazó con fuerza rodeándome con sus brazos, yo estaba temblando mientras el me decía yo se que tu quieres lo mismo que yo no te resistas, besando mi cuello con desesperación, nos pueden ver le decía yo y el pareció darme la razón diciendo vamos a un lugar donde nadie nos va a encontrar mientras me tomaba de la mano mientras yo lo seguía.

    Me llevó a donde guardaban las herramientas lo cual me sorprendió ya que había un colchón un poco sucio, me dijo que el se quedaba a dormir algunas veces ahí cuando no quería que lo molestaran, le dije que si el estaba consciente de lo que yo era pero su respuesta fue volver a besarme con desenfreno, al tiempo que me abrazaba con fuerza recorriendo desde mi espalda hasta mis nalgas una y otra vez sin parar.

    Estuvo así varios minutos en los que eh de reconocer me estaba excitando mucho para mi sorpresa, poco a poco fue deslizando mi bata hasta dejarla caer mientras yo quería que siguiera así, pero pasó lo contrario y se detuvo para quitarse la playera que traía puesta, a pesar de su edad se veía muy fuerte pero el momento más impactante no solo de esa noche sino de mi vida estaba por venir cuando empezó a bajarse el pantalón.

    Casi a tirones lo fue bajando junto con su ropa intima hasta dejar salir como resorte el pene más hermoso que yo haya visto en mi vida, tenía un tamaño normal pero lo impresionante era su grosor, estaba circuncidado por lo que tenia totalmente expuesta una cabeza como yo le llamo impresionante, estaba completamente erecto como preparado para lo que venía, me subí al colchón para luego sin que él se lo espera arrodillarme frente a el.

    Tomé su pene con mi mano derecha pero en verdad les digo que no lo podía abarcar, comencé a masturbarlo despacio haciendo que el se sorprendiera con cada uno de mis movimientos, poco a poco fui acercando mi lengua para probarlo como tratando de imaginar cómo iba a caber todo eso en mi boca, poco a poco traté de hacerlo pero mi boca no abría mas así que solo la punta entraba mientras que lo recorría con mi lengua.

    El me detuvo un instante para sacarme el camisón dejándome solo con la tanga aparte de los zapatos, empezó a tocar mi pecho mientras yo seguía con mi lengua en ese pene que casi quemaba de tan caliente que lo sentía, en un instante sin previo aviso se apartó de mi sin decir nada, yo sabía que el momento por el cual no había tenido tiempo de preocuparme había llegado haciéndome reaccionar y preocuparme.

    Voltéate dijo sin perder el tiempo lo cual dudé en hacer pero al ver su cara no pude resistirme, despacio me di la vuelta hasta dejar frente a el mis nalgas totalmente expuestas a su disposición, el seguía sin perder el tiempo tomando mi tanga de inmediato para bajarla un poco ya que estando en cuatro no la podía sacar por completo, no sé como trató de acomodarse pero como si se le fuera a terminar el tiempo trató de meterlo sin éxito.

    No pudo ni abrir mi ano un poco se veía que no tenía experiencia en eso por lo que pensé en cómo ayudarlo, notando que el principal impedimento era la tanga que me impedía separar las piernas así que me la quité, después pensé en que si me dejaba caer sobre el colchón con las piernas abiertas y las nalgas levantadas separadas con mis manos iba a ser más fácil, tomando esa posición dejé que el volviera a intentarlo.

    Volvió a acomodarse tras de mi para luego tratar de meterlo, esta vez consiguió entrar un poco pero el dolor era igual o más fuerte al de la primera vez, traté de aguantar ahogando mis gritos contra el colchón pero el dolor era insoportable así que me dejé caer haciendo que lo poco que ya había entrado saliera de inmediato, casi lloraba del dolor pero el parecía no rendirse, me quedé acostado de lado mirando su cara de incertidumbre.

    Arrodillado con esa bestia llena de venas que tenia por pene entre su mano me miraba mientras yo no sabía qué hacer, lo único que se me ocurrió fue acostarme boca arriba acomodándome con los pies a cada lado de sus caderas, el entendió lo que yo quería y tomó mis piernas para abrirlas levantándolas quedando expuesto de nuevo mi ano a su merced, volvió a acomodar su pene para meterlo empujando con fuerza como si tuviera prisa.

    Lo único que se me ocurrió fue tomar la bata que estaba a mi alcance para morderla para ahogar los gritos que estaban por salir de mi boca, poco a poco fue taladrando mi ano haciéndome sentir un enorme dolor que a la vez me hacía sentir como si me echaran un balde de agua helada, de mis ojos salían lagrimas sin que lo pudiera evitar y llegó el punto en el que empecé a sentir como mis fuerzas se iban de mi cuerpo.

    De pronto el se detuvo haciéndome creer que ya había entrado por completo para después sacarlo un poco, pero lo que en verdad el quería hacer era tomar impulso para meterlo por completo, bastó que repitiera un par de veces esa misma acción para que con un fuerte empujón entrara por completo, todo se volvió oscuro para mí y mis piernas dejaron de responderme, sentí como si me hubiera roto algo por dentro.

    Pero el no se preocupó por mi siguiendo en lo suyo empezó a sacarlo un poco para luego meterlo repitiendo esta acción una y otra vez, su velocidad iba en aumento mientras yo empezaba a recuperar mis cinco sentidos, el estaba sobre mi sosteniéndose con sus brazos sobre el colchón, sus embestidas cada vez eran más fuertes al grado de que se empezó a oír un clap clap como si aplaudieran, mi corazón latía cada vez más rápido al igual que aumentaba mi respiración, sentía como rosaba su abdomen contra mi pene y mis testículos al tiempo que algo nuevo se hacía sentir en mi interior.

    De pronto se detuvo para sorpresivamente empezar a lamer mis senos lo que era muy agradable para mí, de repente movía sus caderas como recordándome que aun lo tenía dentro, pero después entendí que el estaba por venirse y se detuvo para evitarlo, sentía su aliento caliente sobre mis senos lo que provocaba un placer hasta ese momento desconocido para mi, sorpresivamente fue sacando su pene hasta dejarlo fuera.

    Parecía que esta vez el quería tomar la iniciativa, me tomó del pie izquierdo para girarme boca abajo acto seguido me separó las piernas flexionando mis rodillas quedando en posición lo más parecida a una rana, se volvió a acomodar tras de mí para volver a penetrar mi ya maltratado ano, lo empezó a meter despacio pero con facilidad comparado a los intentos anteriores pero aun sentí un leve dolor.

    Esta vez se apoyó sobre mi espalda con sus manos para empezar a moverse de adentro afuera esta vez con gran velocidad desde el principio, el sonido como de aplausos volvió con intensidad mientras sus testículos chocaban con los míos, su respiración se alcanzaba a sentir sobre mi espalda haciéndome erizar la piel, mi corazón palpitaba sin control y mi pene parecía estallar estaba totalmente excitado casi en otro planeta.

    De pronto vinieron a mi mente todos esos días que pasé tratando de seducir al jardinero, luego el dolor que había sentido esa noche y supe que todo había valido la pena, con mucho placer pero a la vez con un gran dolor en mi pene me vine después de mucho tiempo de no hacerlo, esta vez sentía mi cuerpo hervir mientras mis músculos se tensaban provocándome calambres en las piernas ni siquiera recuerdo si ahogué mis gemidos.

    El seguía con sus movimientos a una gran velocidad lo que me indicaba que estaba por venirse, unas embestidas después llenó mi interior de una gran cantidad de su semen caliente, se detuvo después de unas embestidas mas mientras seguía gimiendo como loco sin control alguno, poco a poco sentía como iba saliendo de mi interior hasta quedar fuera, después el se acostó a mi lado mirando al techo totalmente en silencio.

    Yo estiré las piernas para descansar esperando pasaran los calambres mientras me acostaba de lado para verlo, fue cuando caí en cuenta de un par de cosas, una no usamos condón y dos su pene estaba literalmente cubierto de sangre, eso me aterró pero ya no había marcha atrás ahora me tenía que preocupar de que nadie supiera lo que sucedió rogando en verdad para que no me tocara tener sexo esos días.

    Cuando nos dimos cuenta estaba amaneciendo así que me vestí para irme antes de que me viera alguien, después de ese día volvimos a encontrarnos en varias ocasiones y en situaciones de mucho riesgo que tengan por seguro les contaré, ya en mi habitación me metí a la ducha y al salir recordé mi cita con el taxista pero obvio no podía ir así por lo que le llamé para disculparme diciéndole que se lo recompensaría después.

    Pero todo eso se los cuento la próxima, gracias por leerme hasta pronto.

  • Las fotos de mamá (Parte 2)

    Las fotos de mamá (Parte 2)

    —¡Joder! —exclamó Sergio— ¡es Mamá! ¿Qué coño vamos a hacer ahora?

    Sergio se levantó del regazo de su hermano e Iván extrajo la verga de su culo. Algunas gotas de semen se escurrieron desde la punta mientras Iván intentaba reprimir un orgasmo.

    —Rápido —susurró Sergio— métete en el baño, como si te estuvieras dando una ducha…

    —¿Y tú? —quiso saber apresurándose cuanto podía.

    —No te preocupes por mí, sabré arreglármelas.

    Iván abandonó la habitación de puntillas y se dirigió al cuarto de baño que, afortunadamente, se encontraba justo al lado de la habitación.

    —¿Sergio? —preguntó la mujer que acababa de llegar— ¿estás en casa?

    La mujer abrió de par en par la puerta del cuarto de su hijo. Sergio se había puesto una sudadera y colocado la almohada y algunos cojines por encima, tapándole de cintura para abajo. Estaba acuclillado en la cama, jugando con una consola portátil.

    —Estás aquí —dijo la mujer— ¿no me has oído llamarte?

    —La partida —dijo Sergio sin levantar la mirada de la pantalla— estoy a punto de batir un record…

    —¿Ha llegado ya tu hermano?

    —Sí, se está duchando, venía cansado del viaje.

    Sergio dijo esto levantando la cabeza de la pantalla por primera vez. Entonces pudo ver algo que le devolvió la erección. Ante si estaba su madre, la misma de las fotos. Llevaba un suéter ajustado que dibujaba sus nada pequeños pechos como dos enormes depósitos de combustible. El cabello suelto, rizado y castaño, desordenado sobre sus hombros y en forma de flequillo sobre su frente, y luego estaban los labios, unos labios carnosos que nacían en dos arrugas en sendas comisuras. Sergio tenía planes propios para esos labios y esa boca.

    —¿Qué estás mirando? —quiso saber su madre.

    —Nada —contestó Sergio, nervioso, volviendo a su partida— no estoy mirando nada.

    En ese momento Iván abandonó el cuarto de baño. Como no había tenido tiempo de llevarse la ropa consigo simplemente se tapó de cintura para abajo con una toalla. La erección producida por el coito con su querido hermano ya se había aplacado, pero al entrar en la habitación lo primero que vio fue el trasero de su madre enfundado en unos ajustados vaqueros negros, y su miembro volvió a endurecerse por momentos.

    —¡Iván, hijo mío! —exclamó ella abriendo los brazos de par en par.

    —Mamá…

    Madre e hijo se abrazaron cálidamente. Iván notó los pechos de su madre contra su cuerpo y se le puso completamente dura. Si su madre notó la verga tiesa por debajo de la toalla, sin embargo, no lo demostró.

    —Déjame que te mire —dijo su madre apartándose unos instantes de su hijo y de su pene erecto— estás muy guapo, te ha sentado bien viajar por Europa.

    —Pero os echaba de menos.

    Su madre se detuvo unos instantes, examinando a su hijo pródigo con amor en los ojos.

    —Vístete, tienes muchas cosas que contarnos.

    Sergio e Iván se quedaron solos en la habitación de nuevo y, esta vez, con la puerta cerrada. Iván se deshizo de la toalla y le mostró un espectáculo monolítico a su hermano.

    —¡Joder! Pero si la tienes tiesa como un poste…

    —¿Y qué esperabas? —replicó Iván— Me ha clavado los pezones en el pecho…

    —A mi me gustaría clavarle otra cosa…

    —Está más buena de lo que recuerdo…

    —Que me vas a contar —Sergio se quitó los cojines y la almohada de encima, bajo ella no sólo no llevaba pantalones, sino que su erección también era espectacular.

    —Me podrías vaciar los huevos con la boca —dijo entonces Iván sujetándose el miembro con lascivia.

    —¡Joder, tío! Que nos puede pillar…

    —Sólo un poco… ¿te imaginas que fuera como en las pelis porno? ¿Qué nos pillara y se uniera a nosotros?

    —Yo me pido el coño…

    —Pues yo me pido la boca y el culo —se adelantó Iván.

    —¡Joder! La boca me la quería pedir yo…

    —La boca la tienes que usar para comerme la polla ahora mismo…

    —¡Qué no, tío! —protestó Sergio— que nos puede pillar…

    —Pues esta noche no te libras…

    Los dos hermanos tardaron un poco en estar listos y, una vez vestidos, se reunieron con su madre en la cocina. Allí les esperaba una sorpresa, pues otro miembro de la familia había llegado a casa, su hermana pequeña Marta.

    Marta se parecía a su madre de la misma forma que la imagen de un espejo deformante se parece a la persona reflejada. Era igual de bonita, tenía el mismo cabello y los mismos ojos, pero el primero lo recogía en una cola de caballo y los segundos tras unas gafas anchas. Sus pechos y sus caderas eran tan suculentos o más que los de su madre, pero algunos kilos de más disfrazaban esta particularidad.

    Marta se echó a los brazos de su hermano mayor en cuanto lo vio.

    —Iván, ha sido un año muy largo, todos te hemos echado de menos.

    —Lo sé, hermanita, yo también a vosotros…

    —¿A ella también? —intervino Sergio malicioso— eso no puede ser…

    —Instrúyete de una vez, Sergio, en que no tienes la menor agudeza… —contestó Marta secamente.

    —Se cree más lista que los demás —dijo Sergio— por eso utiliza palabras tan raras…

    —Más lista que los demás no, sólo más lista que tu —sentenció Marta.

    —Hay cosas que no cambian por más que uno se ausente —concluyó Iván.

    Ante la noticia de que el padre de Iván, Sergio y Marta llegaría muy tarde todos ayudaron a hacer la cena y poner la mesa y comenzaron sin él. Tanto Sergio como Iván disfrutaron de la vista de su madre, de sus ajustados pantalones (Iván notó que se le marcaba el chocho bajo la tela) y su ajustado suéter. Cuando ella se agachó para sacar el pescado del horno pudieron disfrutar de un primer plano de aquel culo que les volvía locos y fantasear con bajarle los pantalones y penetrarla allí mismo sin ninguna consideración.

    A Marta no la miraba nadie, esa era su frustración. Nadie la consideraba una chica atractiva a pesar de ser hija de una mujer como aquella, nadie veía más allá de sus gafas, sus kilos y su cola de caballo.

    Trascurrida ya la cena el padre de familia se presentó por fin. Saludó a sus hijos, en especial a Iván con efusividad, pero se le notaba especialmente cansado.

    —Tenemos demasiado trabajo en la oficina —protestó— no contamos ni con un minuto de descanso…

    —Bueno, ahora ya estás en casa —le dijo su mujer sujetándole cariñosamente las manos— ahora relájate y come un poco…

    —He cenado ya, cariño, lo siento…

    Iván pensó que a él le habría gustado aceptar el ofrecimiento y “comer un poco” quizá entre las piernas de su madre o quizá darle algo a ella para que comiera.

    —Voy a hacer café —dijo la mujer levantándose de la mesa— acompáñame, querido.

    Marido y mujer se ausentaron a la cocina dejando a sus hijos en la mesa, lo que Sergio aprovechó para incordiar a su hermana retirándole el pan de delante.

    —Ya has comido bastante pan por hoy —le dijo con malicia— tu culo ya es lo bastante gordo…

    —¡Idiota!

    —Aunque claro, seguramente te levantarás por la noche a devorar las sobras de la cena…

    —¡Yo no hago eso! —protestó Marta fuera de sus casillas.

    En la cocina, el cansado padre alcanzó el bote del café del armario de arriba. Su mujer aprovechó la postura para sobarle la entrepierna por encima del pantalón.

    —¡Mónica, cariño! ¿No puedes esperar a que nos vayamos a la cama?

    —Querido, me tienes muy abandonada, me hace falta ahora…

    Su voz sonaba jadeante mientras le desabrochaba la cremallera a su marido. Tenía la boca entreabierta y las bragas completamente mojadas.

    —Mónica, para. Los niños nos van a descubrir.

    —Nuestros hijos están muy felices de que haya vuelto Iván, no nos molestaran en un momento.

    El pene de aquel hombre era una versión tamaño rey del de sus hijos y a su mujer no le costó nada ponerlo tieso como un poste. Lo sacó todo afuera y lo masajeó a la vez que rozaba el glande con la punta de la lengua. Después, se lo metió entero en la boca y lo ensalivó a conciencia, chupando como una niña perversa un polo de limón aunque apenas podía respirar al hacerlo.

    —Que bien la chupas —articuló su marido en voz baja— por eso me casé contigo, necesitaba una mujer con la boca lo suficientemente grande como para engullir mi polla.

    Mónica estuvo un buen rato dando cuenta de la verga de su marido. De pronto la dejó estar y se puso de pie, se bajó los pantalones y se inclinó.

    —Venga, ahora clávamela…

    El hombre le bajó las bragas y le acarició la vagina con la mano, estaba caliente y húmeda.

    —¿Seguro que quieres que te folle? Si gritas te oirán inevitablemente…

    —Si grito tápame la boca, pero no me dejes así…

    La tomó entonces apoyada contra el mármol de la cocina. El falo le entró entero de un golpe para salir enseguida y volver a entrar de nuevo, una y otra vez con un ritmo demencial. Ella movía el culo frenéticamente mientras estrujaba una rebanada de pan con la mano y trataba de no aullar. Las manos de su marido palparon por delante hasta meterse bajo el suéter y sujetar los dos enormes pechos que colgaban desafiando a la gravedad. En el comedor se escuchaba la charla cordial de sus hijos y sus risas. Mientras charlaran no había peligro de ser sorprendidos.

    —Fóllame, fóllame… —susurraba Mónica intentando no gritar.

    Mientras tanto, en el comedor, Iván había perdido interés en las puyas que se lanzaban sus hermanos el uno a la otra, así que se levantó de la silla.

    —Voy a ver si ese café viene o no viene.

    Para sugerencias, consejos, preguntas, o demás intereses, les dejo mi correo: [email protected].

    Nos estamos leyendo.

  • Ya soy el puto del equipo (XX)

    Ya soy el puto del equipo (XX)

    La vida sigue.

    Todo el verano estuvimos ocupados follándonos con los amigos de la playa a fin de alegrar su vida, alegrándonos la nuestra, a excepción de los días que venían los niños que follábamos solo Abelardo y yo en nuestra cama, por respeto.

    Los hermanos de Abelardo venían cada semana en julio y agosto. Estaban morenazos, muy negros por el sol, la arena y el salitre de la playa. Como quiera que la arena y la sal suelen tener cristales ayudan al sol a quemar la piel de manera suave y eso que siempre le dábamos protectores a Ifi para ella y para sus hermanos, pero el sol es más poderoso que los protectores. Además, como los niños no paraban de entrar y salir al agua el efecto protector no era tan efectivo, pero hacía que no les dañara con llagas. Abelardo siguió mi normativa que consiste en ponerse algo de protector al comienzo del verano e ir prescindiendo sin dejar que se llague la piel con quemaduras. Por la mañana nosotros salíamos temprano e íbamos a la nudista. Por la tarde acompañábamos a los niños cuando ya no picaba el sol y así salíamos con short y para bañarnos un rato usábamos el mini slip. Al salir usábamos la sombrilla como Ifi para no marcar línea solar en torno al pubis e ingle.

    Los niños vinieron el primer día con un short normal, pero nos pidieron un speedo como los nuestros y nos los llevamos a una tienda deportiva para que se eligieran bañador y equipo para juego. Estuvieron todo el verano felices, cambiándose de ropa, si playa, si deporte, si paseo y si salíamos a cenar. Yo era el que mejor me lo pasaba, por ver a unos muchachos felices que su hermano invitaba a cenar en una terraza de restaurante o les acompañaba a comprar algunos caprichos. A mí me hubiera gustado poder tener hermanos más pequeños y hacerlos felices y pude descubrir que los hermanos de Abelardo podían ser mis hermanos y, aunque nunca me faltó el cariño de mi taita, tener unos padres cerca que me querían y me lo demostraban, también me agradaba. Es verdad que mi vista se iba fácilmente detrás de otros hombres y sentía atracción por tipos que veía en la playa, pero nada comparable con Abelardo que ya no solo era él, sino su familia a la que me había unido.

    Incluso mi taita era más feliz de verme con amigos y por supuesto con Abelardo a mi lado que tranquilizó, apaciguó y dominó mi espíritu deseoso e insaciable, sino que ella se hizo una amiga en la madre de Abelardo a la que invitaba a casa. El día 23 de agosto fuimos todos a mi casa, toda la familia de Abelardo y toda la familia de don Fermín, era el onomástico de mi taita, la llenamos de regalos y le hicimos la vida agradable, pero todo el mundo se admiró de ver a una mujer humilde que se hizo cargo de mí y me quería con la misma locura que una madre quiere a sus hijos.

    Llegó septiembre y había que pasarse por la Universidad para ver cómo iban los asuntos. Recogí un par de cartas, una era del Rectorado que me citaba a una reunión para considerar la posibilidad de que yo encabezara un consejo para el deporte, es decir, para recabar fondos. Respondí de inmediato que sí y me personé al Rectorado para confirmarlo y asegurar que ayudaríamos con becas a los buenos deportistas que sacaran provecho en sus estudios.

    En esas visitas nos reencontramos con muchos amigos. Abelardo se dedicó a ver cómo estaban las zonas deportivas, qué habría que mejorar y cómo, pero también se interesó por contactar a sus colegas en la preparación de los tres equipos. Yo me interesé para que el equipo funcionara y busqué por todos los medios al que más me costó encontrar, a Mauricio. Había tenido problemas con Alicia, su novia, y estaba medio decaído. Entonces le dije de ir a hablar con ella, le gustó la idea y nos reunimos en la cafetería más cercana.

    Conversamos los tres lentamente; todo consistía en meros rumores y maledicencias, a ella le habían dicho que si Mauricio era maricón y todo eso que la gente habla sin saber. Lo más fácil de resolver con palabras sinceras de mi parte:

    — El maricón soy yo, tengo novio y por supuesto no es Mauricio, él es mi amigo y tú eres mi amiga, ¿tanto problema supone esto? Si yo soy el problema, no nos volvemos a hablar ni para saludarnos y todo resuelto.

    Alicia se levantó, me besó, besó a Mauricio y seguimos conversando, hablamos de casi todo y cuando la conversación estaba más animada, los dejé solos. Salí a hacer unas llamadas telefónicas, vino Abelardo, nos pusimos a hablar de cómo le había ido. Estaba muy animado. Al punto Mauricio y Alicia salieron muy cogidos del brazo, como verdaderos enamorados; entonces le presenté a Abelardo, que ya lo conocía. Se saludaron con un beso a la cara, y le dije:

    — Alicia, Abelardo es mi novio.

    — Muy guapo es tu novio, —dijo Alicia.

    — Eh, eh, y yo ¿qué?, —replicó Mauricio.

    — Tú no eres muy guapo, amorcito, eres el más guapo de toda la ciudad, —contestó ella y nos quedamos mirándonos Abelardo y yo. Mauricio sigue feliz porque Alicia está verdaderamente enamorada, las dos parejas nos hemos hecho muy amigos, salimos juntos para pasear o tomar algo, e incluso al cine. Los maledicentes han tenido que cerrar sus bocas, ahora hay dos parejas una de heteros y otra de gays que son amigos habituales casi para todo. El que quiera que desespere, pero eso no es raro que ocurra.

    No obstante, un día conversé atentamente con Frasquito, ya que es de lengua fácil por hacerse el gracioso. Después de una amena conversación, le dije:

    — Frasquito, te queremos como amigo, pero no debes ir contando por ahí las cosas que se nos ocurre hacer para divertirnos, menos aún dar a entender cosas que no son, porque al final resulta que quedas mal tú y corres el riesgo de perder amigos. Sabes que me refiero al comentario que has dicho a algunos respecto a Mauricio…

    — Sí, es verdad, pero todo era broma, —me interrumpió, replicando.

    — Pues no gastes esas bromas; de los demás no cuentes nunca nada, te puedes equivocar, te pueden entender mal y hacer un daño tremendo, como el que has hecho a Mauricio, —me quedé mirándolo a la cara fijamente.

    — Lo siento, lo siento, lo siento…, —se fue sin decir nada.

    Frasquito se fue también del equipo, se peleó con Santi, pero Santi, aún sabiendo que Frasquito había hablado más de la cuenta, no comprendía porque se dejó el equipo y rompió con él. Varias veces me preguntó Santi qué le pasaba a Frasquito, nunca le contestaba, pero como insistía, le dije:

    — Nosotros tenemos que ser discretos, cuando hablamos más de la cuenta y decimos cosas de terceros que son inciertas inciertas, falsas, difamatorias o calumnias, nos tratan a todos por igual. Nuestro comportamiento social y público ha de ser honesto, discreto y generoso. Ahora ya puedes entender, solo te digo que Frasquito ha tenido la oportunidad de ser ayudado y si quisiera seguiríamos ayudándole. La pelota está en su tejado. No te marees más.

    Se fue verdaderamente triste. Con estas palabras entendió todo el asunto, porque lo unió a lo que sabía, no le había dado importancia y al final resultó que el daño, aunque reparado, se hizo de modo muy grave.

    Pasó septiembre, hubo partidos amistosos, el equipo estaba en forma, incluso mejor que antes, el nuevo entrenador estaba maravillado por el potencial de los chicos y el esfuerzo que desarrollaban. El entrenador del equipo sub18 estaba muy animado, aunque casi todos los chicos venían totalmente nuevos y el trabajo para el míster era considerable. Abelardo intentó formar un equipo de juveniles, que provenían de los colegios, estaba contento porque había hecho como dos equipos, el A y el B. El primero sería el oficial y el segundo para ver los posibles fracasos o cansancios que ocurren con los muchachos que son más endebles y renuncian a jugar al poco tiempo. Pero la capacidad de Abelardo estaba fuera de discusión. Además, los domingos tenía un equipo de infantiles en donde estaban sus dos hermanos menores.

    El directorio deportivo lo formábamos bastantes personas, todos entusiastas del deporte universitario. De vez en cuando me paseaba por los vestuarios diciendo que con una asignatura suspendida o pendiente de examen no se podía pertenecer al equipo, aunque jugaran de maravilla, estimulaba a los jugadores y don Fermín iba ejecutando mis deseos respecto a las becas de estudio para estudiantes deportistas.

    De vez en cuando, al acabar los partidos, me gustaba ayudar al muchacho que recogía los materiales y la ropa olvidada, ya le dije que tenía que hacer con la ropa olvidada y que un día sería recompensado. Como el chico era nuevo y tenía conocimiento de mi situación en el directorio, me preguntó por qué le ayudaba a recoger las cosas. Le contesté:

    — Me recuerda el tiempo que estuve haciendo esta tarea; es una buena labor para poner orden en las cosas; y como hay desinteresados es bueno para gente necesitada.

    Mi taita seguía haciendo la labor de contacto con los centros de apoyo social para hacer las entregas, acompañando las prendas de ropa y calzado con un cheque. Era una labor personal suya en la que yola colaboraba, de modo que nunca me inmiscuyó en el asunto de cara a los demás.

    Habitualmente, aun estando en septiembre, aunque nuestros amigos Lucas y Nacho ya no tenían la casa en alquiler y trabajaban durante la semana, muchos fines de semana venían en viernes y se iban el domingo por la tarde, pernoctaban con nosotros y nos lo pasábamos bastante bien. Los días que venían se encargaban de cocinar, pero ya no fue necesario que trajeran nada, porque un día me fui con Nacho y compramos todas las cosas necesarias para preparar sus manducas.

    Nacho y Lucas son mayores que nosotros, pero son unos tíos con mucha vitalidad y cantidad de amistades, a veces nos han traído algunos amigos suyos muy divertidos y sexualmente insaciables, como cuando vino con ellos Celio. Este tipo es una auténtica fiesta. Si estás con él lo mejor es estar siempre desnudo, porque cada dos por tres te está pidiendo que saques la polla para mamártela o te pone el culo para que lo penetres y te descargues en él tu lefa. Es uno que ellos conocieron en la misma playa. Me hablaron de él, diciéndome que me gustaría conocerlo y les dije que no hay problema. Todo esto nos llevó a realizar una fiesta como final de septiembre en la playa. Ellos iban a traer algunos conocidos suyos y nosotros algunos nuestros. Acudieron a la fiesta los siguientes, por parte nuestra: Leoncio, Canales, Martín, Santi, Jaime, Marcelo, Calvero, Fernando, por supuesto Abelardo y yo; por parte de ellos invitaron a cuatro chicos muy jóvenes, a Celio, a su primo Mario, a un tal Beto y a Luciano, éste es hermano de menor de Lucas y Beto novio de Luciano, ambos de 18 años, iban a comenzar el último año del colegio; también a Toño y Hermes, este sobrino carnal de Nacho, hijo de una hermana, y Toño era pareja informal o amigo muy íntimo de Hermes, y por supuesto Lucas y Nacho. A todos se les informó que las parejas se formarían al azar. Se les indicó que habría comida abundante, bebidas más que suficientes, barra libre y condones en bandejas por toda la casa para usar a discreción. La verdad es que cuando les estaba recibiendo a todos, me parecían salidos de una casa de belleza.

    Los más divertidos al presentarse eran Toño y Hermes, parecían dos locas perdidas, porque venían totalmente maquillados, vestidos de chica, con reflejos de mil colores en su cabello bastante largo. También Beto y Luciano llevaban el pelo pixelado. En total éramos 18 dispuestos a pasarlo bien. Al entrar, cada uno recogía un sobre cerrado que contenía una tarjeta, para abrirlo en la sala. Las parejas se formaron entre los que tenían en el sobre un número coincidente, ya que había 9 números, duplicados en 18 sobres.

    Como nos reunimos en viernes, casi de noche, hacia las 9, pasamos de inmediato a la cena en el comedor. Allí Abelardo nos dio la oportunidad de intercambiar el sobre cerrado aún para ampliar las posibilidades de no saber ni con quien hacíamos pareja. Pasamos a la sala. Estando sentados en los sofás y sillones, cada uno abrió su sobre y se fue a buscar su pareja. Encontrados ambos, se sentaban juntos y ya se convertían entre ellos en dueños de su vida para esa noche, por lo menos. Las parejas se formaron del siguiente modo: Santi con Nacho, Martín con Mario, Leoncio con Doro, Canales con Celio, Jaime con Lucas, Marcelo con Beto, Calvero con Luciano, Fernando con Toño y Abelardo con Hermes. Abelardo pasó una canasta para colocar las ropas que se iban a quitar y Hermes llevaba otra para las zapatillas.

    De la sala de estar, como aún hacía calor y el día había salido caliente, nos fuimos en pelotas a la piscina. El agua estaba rica, ni fría ni caliente, y la piscina iluminada por dentro y en su entorno. Todo el mundo sabía que era noche libre para ir a donde quisieran y ya habían visto la mesa con bebidas alcohólicas y el frigorífico con cervezas, refrescos y agua. El dormitorio estaba en el tatami donde había colchones de tamaño Queen (estándar): esta medida brinda un poco más de espacio a la comodidad de dos personas para jugar por ser espacioso y largo, es decir 152 cm. de ancho x 200 cm. de largo, equipados con sábanas y colchas por si se dormían y sentían el fresco de la noche, nadie usó las colchas. En la cabecera de cada colchón estaban los números asignados a cada pareja.

    Esa noche del viernes, nadie se fue a la calle, había dos parejas follando en la piscina dentro del agua, Santi con Nacho y Fernando con Toño. Estos estaban casi juntos y se contagiaron, porque comenzó Nacho con Santi y se contagió primero Fernando que, según decía, no había follado desde que acabó el curso, luego Toño que también estaba con ganas. Leoncio y yo nos fuimos a secar con una toalla los dos y pasamos a la sala. Leoncio tenía ganas de follarme y estaba feliz por ser su primera pareja. Así que me puse en cuatro apoyando las manos sobre el sofá y saqué culo, elevándolo, como quien dice, «anda, tuyo es», me puse un condón y Leoncio me abrió las nalgas, me separó un poco más los pies, metió su cara entre mis nalgas y comenzó a darme de chupetones que yo estuve delirando y le grité:

    — ¡Pero folla ya, joder, folla de una puta vez!

    — No lo dudó, se metió un condón, echó en mi culo una par de escupitajos y comenzó a meter polla mientras yo movía mi culo desde las caderas para facilitar la penetración. Ya no entiendo de dolores, sino de placeres, me sentí tan bien cuando me estaba follando con su mete y saca, que ni pensaba ya en el dolor. A todos llega el momento y le llegó a Leoncio, se vino, como noté sus espasmos, me corrí dentro de mi condón. Sacó Leoncio su polla y nos sentamos ambos abrazados y besándonos, todavía con la leche en los condones y los condones en las pollas. Me lo quité, lo anudé, Leoncio hizo lo mismo, se lo quité y los eché a la papelera, diciendo:

    — Mira donde ha quedado nuestra virilidad.

    — Luego te toca a ti, —me dijo.

    Nos pasamos mucho rato contándonos cosas ocurridas a él sobre todo, pero yo también le conté algunas cosas desde la última vez que nos vimos. Luego nos fuimos a la piscina, donde seguimos hablando y besándonos, no nadamos nada, era por estar en algún lugar. Todavía había algunos allí. Pero otros se habían ido, pensaba yo que se habían ido al tatami. Leoncio quería que yo lo follara en la sala. Así que al rato salimos, de nuevo nos secamos y nos metimos en la sala, había tres parejas: Canales y Celio, haciendo un 69 muy ruidoso, Abelardo follando a Hermes y Calvero le comía el culo a Luciano al parecer para follarlo. Todos ruidosos y nos sentamos en un solo sillón Leoncio y yo para observarlos y calentarnos. Como si costara mucho calentarnos con ese panorama.

    Así que Leoncio se tumbó sobre la gruesa alfombra y me requirió, recogí sus pies, me puse de rodillas y me los cargué a los hombros ajustando el culo de Leoncio a mi polla ya que no quiso que se lo preparara porque no se había lavado. Nos ensartamos cada uno el condón y puse abundante lubricante K-Y en su culo, porque el condón tenía mucho lubricante ya. Entró como el dedo en un guante. Deliraba Leoncio y comencé a follarlo progresivamente más rápido hasta que me vino el orgasmo abundantemente. Cuando se corrió Leoncio y nos sentamos, vi que Abelardo había concluido con Hermes y estaban felices. Ambos se quitaron el condón, lo anudaron y Hermes se vino donde nosotros a pedirnos los nuestros, se los dimos anudados y Leoncio se levantó para ir donde Abelardo y se besaron sin parar. Hermes no lo dudó un instante y se vino conmigo. Le dije a Hermes que nos fuéramos a la cama y que allí me follara antes de dormirnos. Estaba de acuerdo y nos levantamos para irnos al tatami, busqué mi número y dejé a Leoncio con Abelardo. La verdad es que mi pensamiento era follarlos a todos y que todos me follaran, la primera etapa estaba cumplida y parece que mi pensamiento era común a todos.

    ***** ***** *****

    Hermes es un muchacho que en el tiempo de nuestra historia iba a cumplir 19 años justo el día de los difuntos. Razón por la cual decidí que ese día íbamos a hacer una fiesta especial para él, pero esto es harina de otro costal. Desde que cumplió 18 años acudía acudía al gimnasio con su tío Nacho, pues era hijo de la hermana mayor de Nacho, Aureliana (o «Aure» en familia y entre los amigos), a quien conocí poco antes del 2 de noviembre, reconociendo que a tal hermosura correspondió favorablemente su hijo Hermes. Hermes es guapo, todavía cuando venía a visitarme se me iba el corazón y se me ponía una erección de caballo. Viste siempre con jean super skinny y camisetas ajustadísimas. Es tan chulo como su tío, que es muy guapo, pero algo mayor ya. Hermes tiene unos preciosos pectorales que los presume aunque vaya con camiseta, presume igualmente los pezones y cuando le decimos «pero qué bueno estás» levanta con dos dedos su camiseta hasta la frente para que veamos sus abdominales, tersos, duros, marcadísimos, perfecta tableta de chocolate. De su paquete, ya ni hablar, con jeans ajustadísimos y de muy baja cintura, se le nota el pene y las bolas. Además tiene la costumbre de sentarse descalzándose y poniendo los pies sobre el sillón, entonces gracias a la elasticidad de sus jeans, se marcan incluso los testículos.

    Un día en casa de su madre —separada de su padre porque ella es muy liberal y él muy mojigato— después de los saludos de rigor, nos sentamos en el recibidor y se sentó sin descalzarse y de lado. Tanto me extrañó, que le pregunté:

    — ¿Qué te pasa?

    Su madre que estaba presente, le dijo:

    — Muéstrale a Doro lo que te han hecho en el culo.

    El muchacho, se puso de pie, se sacó el jean, iba en jocks amarillo y me mostró una mordedura que se estaba cicatrizando y su entorno estaba amoratado.

    — ¿Sabes que fue? Una loca puta amiga mía, que lo vio y tanto le gustó el culo que al parecer se lo quería comer.

    — ¡Jodeeeer!, ¡la puta tenía hambre!, —exclamé.

    — Claro, como no tiene los novios que tengo yo, se quiso agarrar a mi hijo, la muy cabrona.

    — Pero tu hijo es gay…, —dije.

    — ¡¡Claro!! Eso le dije yo: «puta, putona, agárrate a un hombre, no a una mierda de maricón».

    — Mujer…, no trates así a tu hijo…, —le recriminé.

    — Mi hijo es mi tesoro, pero tuve que decirlo así porque esa tiene hambre de hombre, fíjate que, con lo guapo que me salió mi precioso maricón, casi le come medio culo.

    Hermes estaba todo el rato riéndose como quien conoce a su madre, y yo añadí:

    — ¿Sabes, Aure, que primero me folló él a mí y que lo hace divinamente?

    — Si, sí, ya lo sé, que me lo contó y mi hermano está rabioso porque no quiere acostarse con él…

    — Cada uno… —dije, pero Aure me interrumpió.

    — Mira, Doro, tú me caes bien; pero a este hijo mío ya le he dicho que folle con quien quiera pero incestos no, ahí no lo permite mi moral y eso que soy muy liberal, seré puta pero… ¡lo de Dios para Dios y lo de mi coño para mí! El incesto no lo soporto…

    — Pero si folla con su tío no es incesto, — aclaré.

    — ¡Nooooo!, explícate.

    — El incesto solo se puede aplicar en realidad a las relaciones entre hombre y mujer que son familiares en primer y segundo grado. Las relaciones homosexuales no son incestuosas, porque el incesto y su prohibición moral se entienden en orden a la generación, es decir a no tener hijos con sangre familiar por ambas partes ya que pueden ser anormales, fenómenos e informes, como demuestra la historia. Pero en las relaciones entre dos hombres o dos mujeres no hay tal generación, por consiguiente no es incesto, —expliqué.

    — Me has convencido y tienes toda la razón… —volviéndose de cara a Hermes— tienes mi permiso para follarte a tu tío.

    — Me gusta más el tío Lucas, aunque prefiero a… —decía señalándome con el dedo— …Doro que no se queja de nada y le gustan todas las perradas que le hago.

    — Ja, ja, ja, …, —me reía a gusto.

    La verdad es que entre madre e hijo no hay desperdicio ni aburrimiento. El esposo de Aure es supuestamente padre de Hermes, aunque ha salido a su madre, pero su padre no da ninguna ayuda para el mantenimiento familiar, razón por la cual Hermes, que acabó su Bachillerato, no ha podido ir a la universidad, porque el dinero de su madre, obtenido de la prostitución, alcanza solo para mantenerse y poco más. Mi razón de estar allí era ofrecer estudios universitarios a Hermes. No hace falta hablar del asunto, pero quedamos en que se matriculaba y que iba a estudiar. No me metí en más asuntos familiares porque a la gente conviene dejar que miren por su futuro, pero que no les exijamos exceso de reconocimiento, aunque no se pida la gente se siente deudora, por eso Hermes tenía, además de los estudios, un trabajo que don Fermín le asignó bajo contrato para que con ello se pudiera pagar los estudios.

    ***** ***** *****

    Hermes es un chico bueno, alegre, siempre sonriente, guapo, sexy y con pasión por el sexo gay; alguno diría que se trata de pasión enfermiza, pero él me ha dicho que tiene polla y no es solo para mear, que tiene culo y no es solo para cagar, porque cuando mea y caga no siempre es placentero, pero cuando folla y lo follan siempre ha sido muy placentero y lo ha gozado mucho. Son razonamientos experimentales, que yo no juzgo, pero compruebo que son verdaderos.

    Notaba yo que me tenía una cierta veneración, tanto por ser amigo de su tío Nacho como por ser el propietario de la casa y el anfitrión de la fiesta junto con Abelardo. Todo eso lo había explicado su tío para que se comportara. Estaba feliz de estar conmigo y yo no lo estaba menos de encontrarme junto con la más hermosa fiera salvaje de nuestra selva particular.

    Cogidos por la cintura nos metimos en el tatami, nos sentamos sobre el colchón que tenía mi número, el 2222, y comenzamos a besarnos y a hablar. Me hablaba de sí mismo, de sus gustos y pasiones, de sus cosas e ilusiones, pero a la vez no perdía bocado, ni beso ni tocamiento, demostrando con gestos lo que decía con palabras. Al final prevaleció el cuidado de nuestro cuerpo sobre las palabras. Los besos que daba Hermes llegaban con la lengua hasta la garganta y de su boca salía un calor vaporoso embriagador que no me cansaba de besar y ser besado, de frente, de lado, pero el modo de Hermes que más me gustó besando era cuando me comía el labio inferior con sus dos labios y notaba por debajo solo el toque de los dientes, sin apretar, sin dañar, sin morder, pero estaban; y luego solo rozando por encima de mis dientes inferiores penetraba suavemente su lengua. Jamás nadie me había besado así y decidí que tenía que hacérselo repetir para aprender ese estilo de beso. Lo notó, sintió mi interés y me besó infinidad de veces, sin cansarse, hasta que nos pusimos en posición de 69.

    Llegamos a esa posición en base al discurrir de lamidas y besos por todo el cuerpo. La primera impresión gratísima fue el sabor de su piel; al lamerla, seca ya de los sudores, sabía a dulce, agradable (¡Hermes sabía a caramelo!); la segunda fue también muy agradable: sus mordiscos (¡!); cuando me mordía, sí, ahora sí, mordía las tetillas de mis pezones, chupaba todo el pezón hasta enrojecerlo y luego mordía la tetilla saliente, que ponía dura y erecta, provocando un placer que yo notaba en mi vientre y en mis huevos. Intentaba imitarle y sentía cómo le entraban espasmos corporales que lo hacían retorcerse, pero a mí me ocurría otro tanto. Luego pasamos al ombligo. Me di cuenta que sin esfuerzo nos lamíamos el ombligo con lo que adiviné que éramos iguales en estatura, lo que no me había dado cuenta por mirar constantemente sus hermosos ojos brillantes, mientras veníamos al tatami. Hermes estaba sobre mí pero, cuando comenzó a dirigirse hacia mi pubis, le di media vuelta conmigo para que le resultara más fácil hacer el trabajo que yo deseaba de él, preparar mi culo mientras yo le disponía su polla.

    Fue sorprendente, jamás me esperaba una conversación entre nosotros mientras yo le mamaba su polla y Hermes me comía mi culo.

    — ¡Pero que bien mamas, ¡cabrón!!, — decía mientras metía el dedo en el agujero del culo.

    — Tus chupadas están fenomenales, —decía yo mientras le acariciaba el perineo.

    — Me gusta cuando la metes hasta el fondo, debes tener unas amígdalas de caballo, —dijo hurgando con dos dedos el culo.

    — Dos dedos no son nada, para esta pringa que estoy acariciando, —tentaba yo mientras acariciaba los testículos.

    Yo notaba que tenía todo el culo ensalivado. Hermes tenía más saliva que un San Bernardo, ya lo noté en sus besos y también me sabía a dulce su saliva. Los escupitajos que echaba a mi ano y expandía con su lengua llegaban a cubrir casi las nalgas:

    — ¿Por qué me echas tanta saliva?, —le pregunté.

    — Para que, al follarte, no te haga fricción cuando choque mi pelvis con tu culo, —respondió.

    — Muy bien pensado, guapo, échame todo lo que quieras, me gustas.

    ¡Cómo me estaba comiendo el culo! Ya lo sentía como si me hubiera follado. Sentía como obtenido el placer de la operación y faltaba el orgasmo que por fuerza me estaba aguantando, apretando de vez en cuando la base de mi pene, para frenar la presión de los testículos.

    — ¿Por qué no me follas ya? Anda, échale ganas, por favor.

    — No quería follarte todavía…

    — Pero, ¿por qué?

    — Porque me estas dando mucho gusto con tu mamada, estaría así hasta mañana, me estás dando mucho placer, siento espasmos, pero mentalmente digo que no, porque me gusta más el placer que me produces, que acabar.

    — Pero no me seas cabrón, ¡joder! que si tardas más ya no sé si podré aguantar. Ya no sé que más hacerle a esta puta polla tuya.

    — Lo que haces, Boro, lo que haces es lo que me satisface.

    — ¡Joder, Hermes, que después podemos seguir! ¡¡No seas tan egoísta, quiero ya tu polla en mi culo!!

    — Pues, prepárate.

    Se dio media vuelta, metió sus piernas por debajo de las mías, se quedó tumbado y apuntando su polla a mi ano. La sentí en la puerta de mi culo y me agarró por encima de las rodillas con fuerza y tiró de mí para que me metiera yo mismo su polla dentro de mí. ¡Qué placer sentí! Empujé apoyando mis nalgas sobre el colchón sin levantarlas y fui metiendo.

    — ¡Aaaaaah! ¡Ya está! ¡Ah, ah, aaaah! ¡Waaauuuuu!, — exclamé victorioso de sentirme atravesado

    Mientras, escuchaba a Hermes:

    — ¡Ay!, ¡qué gusto da esto!, ¡aaaah!, ¡aaa!, ¡qué gusto!, —comenzando a menearse.

    Comenzó a follar con presiones y aflojamientos, casi no movía el pene de dentro de mi culo, pero sí presionaba y dentro de mí notaba que apretaba algo y me electrizaba, todo esto con expresiones de admiración, que yo mezclaba con insultos y palabras procaces:

    — ¡Ay!, ¡qué gusto da esto!, ¡aaa!, ¡qué gusto!, ¡aaa!, ¡qué gusto!, — decía sin parar.

    — ¡Puto maricón!, deja dormir a los demás, ¡¡cabrón!!, solo haces que molestar, me partiste, ¡¡¡maricón!!! ¡ahora sabrás mi venganza, que eres un jodido cagón!

    No sabía si se enteraba de lo que le decía, pero yo la estaba gozando, y cuando yo gozo a causa del placer que me da otro me va eso de encabronarle e insultarle. Ahora digo la verdad. Hermes es un podrido cabrón, jode más que la mierda que echa, pero sus movimientos son de matrícula de honor.

    Por fin llegó mi espasmo y eché mi leche, no sé cuanta, pero siempre son cinco o seis chorrones fuertes y el resto, en esa postura los primeros chorros subieron y bajaron sobre los dos y escuché:

    — ¡Joder, me diste de lleno al ojo!

    — No hables tan grosero, pendejo, cornudo, consentido y pérfido, barón canalla, no seas bujarrón.

    — Oye, marica, ¿qué dices? —dijo sin parar de follar

    — Qué estoy para servirte, guapo.

    Esta palabra necesitaba para soltarme su blanca alegría en mi barriga dentro del forro. A todo eso, comenzó a gritar como desesperado de su victoria. Salió de mí y nos pusimos a besarnos muy satisfechos.

    — Qué cabronazo eres jodiendo, —le dije entre besos.

    — Es que contigo me sale todo solo, eres una máquina y tus insultos me ponen, —respondió.

    — Discúlpamelos, no son de odio, sino de pasión.

    — ¿Siempre hablas así?, —preguntó.

    — Creo que sí, no me doy cuenta, pero todo el mundo me lo dice y les gusta que yo hable así, me sale, la verdad es que todo me sale según vivo y pienso, pero no sale odio de mi corazón porque no lo tengo, solo tengo amor, deseos de amar y ser amado, —expliqué

    No sé cómo les fue a los demás, todos estaban contentos y no podía ser menos porque allí se había ido a follar y nadie se manifestó en ningún momento cansado. Vi que Abelardo dejó a Leoncio, el cual como loco iba follando cada vez con uno, pienso que fue el único que pudo follar con todos, porque Leoncio es imparable y vicioso por gusto. Por su parte Abelardo se fue buscando a Lucas y tuvo que pagar aduana con Jaime para que se lo prestara y, a partir de ese momento, las parejas se desbarataron y cada uno hizo lo que pudo, pero ninguno se quedó mirando el escaparate. Por mi parte, dormí con Hermes y con Nacho que tenía ganas de jugar con su sobrino y no se atrevía si no era a través mío. Hermes me dijo al oído:

    — No le dejes marchar hasta que no me lo folle.

    Ya sabía yo que teníamos para rato. Se formaron algunos tríos y todo el mundo pasó la noche como le pareció y pudo. Hermes se durmió sin poder follar a Nacho, es lo primero que hizo cuando le desperté. Nacho estaba medio borracho y roncaba fuerte, desperté a Hermes y me puse a mamarle la polla para ponérsela a punto. Le obligué a ponerse detrás de Nacho y me dijo:

    —Por favor, incesto no, mi madre me mata.

    — Ya te explicaré, —le dije.

    Y mientras yo acariciaba al tío, el sobrino lo fue penetrando hasta descargar su leche dentro de Nacho. Noté espasmos en Nacho y me puse a mamarle la polla hasta que conseguí sacarle toda su fiesta y me la tragué entera hasta la última gota. Nacho animaba a Hermes sin saber que era él porque decía:

    — Bravo, Lucas, demuestra a estos niños lo que es un macho.

    Así hizo que Hermes, sin haber salido del culo de su tío, se empalmara de nuevo y siguió follándolo hasta duplicar la invasión. Cuando Nacho se dio cuenta de que se trataba de Hermes casi le da un telele. Me miró y dijo:

    — ¿Cómo le has consentido esto? Yo lo había respetado…

    — Tú tenías ganas, joder, lo que te sientes humillado porque tu sobrino te ha jodido antes y dos veces, —le dije.

    Un poco asustado había quedado Hermes con la reacción de su tío, y para que se reanimara, decidimos Nacho y yo follárnoslo, yo por la boca y Nacho por el culo, es lo que hicimos.

    La fiesta siguió y nos quedaba otra noche que fue similar. Lo que quedó de esta fiesta es una ampliación de amistades. A partir de entonces, cuando íbamos a la casa de la playa los fines de semana de octubre que aún hacía bueno, venían Toño y Hermes. Yo recomendé a Hermes que fuera al médico y le di una tarjeta para que se hicieran ver los dos. Cumplieron y estaban sanos, lo que era presumible. Entre nosotros seis ya no usábamos condones porque es un engorro. Siempre me he preocupado de que mis amigos pasen consulta médica y ya se sabe que cuando el médico se entera de que es recomendado mío, le hace ir cada 6 meses para una analítica completa. Sé que mucha gente ha esperado a ponerse enfermo y algunos lo siguen haciendo, semejante error se paga caro.

    En diciembre perdimos de vista a Toño. Hacía tiempo que no lo veíamos, preguntamos a Hermes y nos dijo que ellos dos no tenían nada formal, pero que desapareció sin decir nada y no sabía absolutamente nada de donde se podría encontrar. Me dio pena ver a Hermes muy solo con su buena puta madre que con frecuencia llegaba borracha a casa. Cierto día, hablando con Nacho, le manifesté mi preocupación por Hermes, lo veía muy solo, sin alegróa, ni esperanza de futuro. La situación de su casa y sin realizar estudios podría poner en peligro su vida. Se iba a arruinar y peligraba caer en manos de la droga. Decidimos hacer un planteamiento a Hermes: su tío le pagaba sus estudios universitarios y como su casa era estrecha y necesitaba tranquilidad para estudiar, Abelardo y yo lo acogíamos en casa y el futuro hablará por si mismo. Aceptó.

    Hermes habitualmente viste muy juvenil, a la moda del día, con jeans desgastados, ajustados y rotos, camisetas y sudaderas, y calzaba botas o tenis. Su pelo lo va cambiando de color cada semana, se lo arregla él mismo y le sale muy bien. Se ha propuesto teñirme mi cabello con reflejos y pixeladas, le he dicho que de ninguna manera hasta que no lleguen las vacaciones de verano. Cuando nos quiere divertir se pinta y acicala como una muchacha, con ropa muy femenina y con su peluca. Resulta agradable, incluso por sus gestos femeninos. Hasta mi taita, el primer día que lo vio, estaba convencida de que se trataba de una muchacha y comenzó a hablarle en femenino. Jamás he visto a Hermes tan feliz.

    A Hermes, que es un chico lleno de contrastes, le gusta mucho el fútbol y acompaña a Abelardo a los entrenamientos y ha aprendido a hacer masajes en una escuela de quiromasaje. Lo que le encanta —y lo dice con toda paz—, es tocar piernas, espaldas, nalgas, cuellos y lo que haga falta. Abelardo nunca se lo lleva los domingos cuando entrena con los niños. Ese día procuramos que vaya a ver a su madre y que le obsequie algo. Ya se ha hecho habitual que los domingos nos reunimos Nacho, Lucas, Abelardo, Hermes y yo a comer, generalmente en casa de Nacho y Lucas, allí cocinan ellos, así descansa mi taita que nos prepara la cena para los tres.

    El futbol universitario tiene vida por delante. Cuenta con entrenadores, masajistas, jugadores y comité directivo. Hay mucha ilusión en todos los estudiantes de la universidad y se han formado algunas peñas futbolísticas, las cuales organizan campeonatos entre ellas, pero tenemos asegurada la animación a nuestro equipo con las barras no tan bravas, pero a veces se enfurecen unos contra otros; hemos llegado a tener nuestros propios hooligans con caras pintadas y otros símbolos que los señala y distingue. Pienso hoy que valió la pena ser el puto del equipo y elevarlo al nivel en que hoy se encuentra.

  • Laura, una profesora doblegada por sus alumnos

    Laura, una profesora doblegada por sus alumnos

    Nota del autor: Soy muy repetitivo, lo reconozco. Aunque también reconozco que no pienso dejar de serlo. Hay escenas que me erotizan mucho. Por ejemplo, una mujer acorralada, a merced de varios hombres. Una mujer débil que por miedo termina cediendo a las necesidades ajenas. Otro de mis mayores morbos es una que comparto con muchos otros hombres: tener relaciones con alguna profesora de la escuela. Si unimos estas dos fantasías, da como resultado este relato retorcido donde dos alumnos someten sexualmente a su profesora, quien, por supuesto, es extremadamente sexy. No es un argumento original. De hecho, me dieron ganas de escribirlo cuando leí, hace unos días, una historia similar en otra web. De todas formas, yo mismo ya escribí tres o cuatro cuentos con esta temática. Es decir que en este relato no van a encontrar nada nuevo, ya que no lo hice pensando en el lector, sino que lo hice exclusivamente para disfrutarlo yo. En mi defensa puedo decir, que, si bien el relato es redundante, sí es mucho más completo que la mayoría de los que publiqué. En este cuento se refleja las distintas necesidades de los personajes: la necesidad de dominar de Mauro, la necesidad de experimentar de Carlos, y la necesidad de ser sometida de Laura, la profesora. Todo esto lo narro de la manera más prolija que me es posible hacerlo, centrándome no sólo en el acto sexual, sino en los motivos que impulsan a los protagonistas a actuar de determinada manera, describiendo sus personalidades, y también parte de su pasado.

    Es sumamente difícil ser verosímil en este tipo de relatos. El lector se preguntará ¿Por qué una adulta se deja acorralar por dos pibes de dieciocho años? Aquí es donde los autores debemos ser sumamente cuidadosos. En mi caso, si bien no lo especifico en esta primera parte del relato, justifico el sometimiento de la profesora, no solo con el poder extorsivo que tienen los muchachos, sino con ciertas características psicológicas de la mujer, cosas que le sucedieron en el pasado, y la hacen ceder fácilmente ante este tipo de situaciones. Algo muy similar a lo que le sucede a Ana, la protagonista de otros relatos míos.

    A los que les siga resultando increíble este tipo de historias, no tienen mas que googlear en internet y se encontrarán con muchas historias similares, que sucedieron en la vida real.

    Sin más que decir, espero no haberlos aburrido con esta introducción. Aquí comienza este relato que le dedico a todos aquellos que soñaron con convertir a sus profesoras en sus esclavas sexuales.

    *****************

    Carlos estaba desnudo, con su verga flácida, húmeda y pegajosa por el semen que había largado hace poco, a un costado. Estaba recostado boca arriba y todavía no podía creer lo que acababa de ocurrir. La profesora Laura se había ido al baño, y se escuchaba el agua de la ducha que caía contra la bañera, y seguramente contra su pequeño y voluptuoso cuerpo.

    –No puedo creer lo que acabamos de hacer. –Dijo, sin dirigirse a nadie en particular, pero como Mauro era el único que estaba en la misma habitación, se hizo cargo del comentario.

    –Creelo Carlitos, nos cogimos a la profe de matemáticas. –Dijo. También estaba desnudo, con su enorme culo apoyado en el borde de la cama.

    Era todo demasiado surreal como para considerarlo verdadero. Para empezar, Mauro ni siquiera era su amigo, de hecho siempre lo detestó. Era de esos pibes a los que les gustaba abusar de los más débiles, y Carlos siempre fue débil. Además usaba su cuerpo gordo y ancho para intimidar a todo el mundo. Sin embargo ahí estaban, en la misma habitación, y acababan de hacer un trío con la profesora más sexy del colegio.

    –¿Es tu primera vez, no? –Preguntó Mauro, y extrañamente no sonó burlón, sino que pareció la pregunta de un camarada a otro.– ¡Qué suerte tenés che! ¡Debutar con una hembra de treinta años! –Agregó luego, sin esperar a que Carlos responda.

    –Pero… –Dijo Carlos, con la voz temblorosa, mientras oía el agua todavía correr, y un sonido que supuso sería el del jabón, frotándose con vehemencia en alguna parte íntima de la profesora.– Pero la obligamos. –Terminó de decir, con dificultad.

    –La obligamos –Repitió Mauro, irónicamente, haciendo un gesto con la mano, como ahuyentando las palabras del otro.– Quedate tranquilo, ella se negaba, pero al final cedió ¿o no?

    Carlos no encontraba respuesta a la implacable lógica de aquel gordo que se acababa de convertir en su cómplice.

    ¿Cómo había ocurrido todo? se preguntaba Carlos a sí mismo. Era diciembre y había que cerrar las notas. A Carlos sólo le faltaba aprobar matemáticas para terminar el secundario. La profesora Laura, siempre tan dispuesta a colaborar con sus alumnos, le había ofrecido, para levantar la nota y no tener que ir a febrero, hacer un trabajo práctico de treinta ejercicios. Y para agilizar más las cosas le había indicado que le lleve el trabajo directamente a su departamento.

    Pero cuando llegó, se encontró también con Mauro. A ella se la notó muy incómoda desde el comienzo, y Carlos creyó que su presencia la relajaba, aunque sea un poco.

    La profesora lo invitó con un vaso de agua, y le pidió que espere en el living, junto a Mauro, mientras ella corregía en un pequeño escritorio que tenía en un rincón de esa misma habitación.

    Laura llevaba una pollera de jean que le llegaba unos centímetros por arriba de la rodilla. Probablemente pensó que no era tan corta, pero sus dos alumnos la devoraron con la mirada mientras se dirigía al escritorio, concentrándose en sus piernas torneadas, y sus glúteos generosos.

    –¿Y qué te parece la profe? –Le había preguntado Mauro, dándole un codazo.

    –¿En qué sentido? –repreguntó Carlos, haciéndose el tonto.

    –En qué sentido va a ser, salame.

    –Es linda. –confesó Carlos.

    —¿Linda? ¡Es una nave esa mina! —Dijo Mauro, levantando la voz. Parecía no saber que Laura podría escucharlos. O quizá no le importaba.— Mirá la boquita que tiene, mirá esa carita de nena atorranta, ¡y cómo se viste! Esa pollerita, esa remerita negra… Parece una puta.

    —Sí, está buena. —Aceptó Carlos, escrutando a la profesora. Ciertamente tenía una cara de belleza singular, que la hacía parecer cinco años menor. Sus pómulos eran grandes, igual que sus ojos marrones. Su piel blanca, parecía de porcelana. Y su nariz pequeña, con las ventanas un poco más grandes de lo normal, le daban un aire exótico. Su ropa, por su parte, era casual. Una pollera no muy corta y una remera negra. Pero en ese cuerpito de la profesora, cualquier prenda parecía ceñirse con sensualidad a ella.

    —Viste el orto que tiene —Siguió diciendo Mauro— no te hagas el boludo que te la pasabas mirándole el culo en clase, y esas tetitas, que lindas.

    La profesora escuchó el murmullo y sintió las miradas libidinosas de los alumnos. El gordo la comía con la mirada, y el otro, chiquito y tímido, no podía evitar escrutarla subrepticiamente.

    Tardó quince minutos en corregir los trabajos prácticos. A Carlos le pareció que lo hacía sin prestar mucha atención, iba escribiendo sobre la hoja de manera mecánica. Finalmente se levantó de la silla y se acercó a ellos, no sin notar que las miradas hambrientas de sus alumnos eran más que obvias, incluso cuando la tenían en frente.

    A Carlos se le hizo agua la boca. El pelo rubio y lacio de la mujer, estaba perfectamente teñido, peinado hacia atrás, atado, resaltando sus fascinantes facciones. Y su piel tersa le daba un aire de muñequita perfecta.

    –Muy bien, ambos están aprobados. Te felicito Carlos. –Dijo, con una sonrisa cálida que sin embargo parecía un poco forzada.

    –¿A mí no me felicitás? –Le recriminó Mauro, tuteándola con descaro.

    –Te felicitaría, pero sé que además de matemáticas, te llevaste tres materias más.

    –Ya los voy a convencer a los otros profes de que me aprueben. Puedo ser muy persuasivo. –Respondió Mauro, y un brillo malicioso apareció en sus ojos. La profesora pareció incomodarse.

    –Muy bien, eso es todo niños. –dijo ella, remarcando el “niños”, como si con ello los ofendiera, o al menos a Mauro.

    –Traeme un cafecito primero. –Ordenó Mauro, con descaro.– ¿Vos querés algo Carlitos?

    –No, gracias –Dijo Carlos, sintiendo que su incomodidad iba en aumento, pero su curiosidad también, más aún cuando la profesora, después de fruncir el ceño ante la orden de Mauro, se levantó y se dirigió a la cocina para preparar el dichoso café, sin emitir palabra.

    –¿Qué decís, nos la cogemos? –Preguntó Mauro, pero el otro, quien no se tomó la pregunta en serio, no contestó nada.– Creeme Carlitos, hoy puede ser tu día de suerte, cosas como estas pasan una vez en la vida, no la desaproveches.

    –Voy al baño. –fue la única respuesta de Carlos.

    Cuando liberó su verga para orinar, se dio cuenta de que la cabeza estaba llena de presemen. Cosa rara, ya que su sexo no se había endurecido, Carlos había reprimido la erección por temor a que la profesora lo notara. Se limpió con papel higiénico, luego se lavó las manos y la cara, ya que sentía mucho calor (o calentura).

    Se observó en el espejo mientras terminaba de secarse. Su cara era bella, pero ese era el problema, era tan lindo que parecía una nena. Y sus rizos rubios y ojos celestes no ayudaban a parecer más masculino. Además, si bien ya contaba con dieciocho años, parecía de quince. Algunas chicas se sentían atraídas por él, pero a Carlos le gustaban las mujeres de por lo menos su misma edad, y estas parecían inaccesibles, siempre lo trataban con ternura maternal. Cómo se le iba a ocurrir que podía perder la virginidad con una hembra como Laura.

    Salió del baño, y se encontró con que Mauro ya no estaba en el living. ¿Ya se habría ido? No podía ser, por algo le había pedido un café a la profesora, seguramente quería prolongar el mayor tiempo posible su estadía en el departamento.

    De repente Carlos escuchó murmullos provenientes de la cocina. No se entendía qué decían, pero era una voz femenina y una masculina, gruesa y autoritaria. La profesora y Mauro estaban hablando agitadamente en la cocina. ¿Qué se estarían diciendo? Carlos, con mucha curiosidad, se acercó, sigiloso, hasta ponerse detrás de la puerta que daba a la cocina.

    –¡Basta Mauro, no quiero! –escuchó claramente la voz de la profesora. Y también oyó el ruido de los pies que se arrastraban en el piso, frotándose con la cerámica con insistencia.

    ¿Qué decís, nos la cogemos? Había dicho Mauro. ¿Acaso estaba tan loco que de verdad pensaba hacerlo? ¿Tantas ganas le tenía a la profe que incluso pensaba avanzar sobre ella estando Carlos en el mismo departamento?

    La puerta de la cocina estaba apenas abierta, dejando un resquicio diminuto. Carlos se acercó, silencioso. Su corazón le latía frenéticamente. ¿Qué podría hacer en contra de Mauro? El otro se desharía de él con un solo golpe, y abusaría de la profesora a su antojo.

    Carlos vio el cuerpo grueso de Mauro, de espaldas. Sus brazos no se veían porque estaban rodeando a la profesora, quien Hacía vanos esfuerzos por liberarse de él, mientras Mauro le daba besos en el cuello. Y entonces la profesora dijo algo que la condenaría a los ojos de Carlos. Algo que propiciaría todo lo que sucedería luego. Quizá lo dijo con la simple intención de sacarse a mauro de encima, pero en ese momento Carlos fue incapaz de interpretarlo de esa manera.

    —No, ahora no. —susurró Laura, despacio, pero claro.

    Y entonces, desde la perspectiva de Carlos, la escena dio un vuelco significativo.

    Mauro no pareció escuchar las palabras de Laura. Ahora sólo la dominaba con un brazo, y con el otro le levantaba la pollera. En el forcejeo, cambiaron de posición, y ahora que estaban de costado, Carlos pudo ver las piernas de la profesora, que quedaban cada vez más al desnudo.

    Mauro se percató de la presencia de Carlos y le guiñó el ojo, y con un gesto con la cabeza lo invitó a unirse.

    Carlos dudaba, y su cabeza entró en un estado similar a la embriaguez. La situación lo superaba por completo, la realidad que tenía frente a sus ojos estaba mucho más allá de lo que su imaginación podría llegar. Sin embargo ahora notaba algo que al principio se le escapó. La mujer no gritaba. La profesora parecía negarse a complacer a Mauro, pero no se animaba a hacer un escándalo en su departamento. No estaba seguro de qué significaba eso, pero no podía sacárselo de la cabeza. Además, estaban aquellas palabras: No, ahora no.

    Carlos sintió dolor en la verga, y notó que su sexo estaba durísimo, y su pantalón lo apretaba despiadadamente. De repente se dio cuenta que había entrado a la cocina. Los primeros pasos los había dado como entre sueños, sin percatarse de que estaba develando su presencia.

    Mauro soltó a la profesora, y ella hizo silencio, mirando a Carlos con vergüenza y ansiedad. Parecía que un juego acababa de terminar.

    Sin embargo, el cuerpo de Mauro, que parecía un ropero, seguía, imponente, frente a la profesora, quien estaba pegada a la mesada de la cocina, sin poder moverse libremente debido a que el enorme adolescente estaba a centímetros de ella. Laura se encontraba como un animalito acorralado.

    La profesora vio acercarse a Carlos, y al notar que en su rostro había una expresión que estaba a años luz de la mirada inocente que ella conocía, se dio cuenta de que ya estaba perdida.

    Mauro rodeó su cintura con las manos. Carlos se puso al lado de ella.

    No dijeron nada. Ya no había nada que decir. No necesitaban persuadirla de nada. El sólo hecho de que ambos decidieran poseerla, determinaba lo que estaba a punto de pasar. No quería que la lastimen, ni tampoco podía hacer un escándalo. Eso le podía costar caro, y Mauro lo sabía, por eso ahora, deslizaba una de sus manos hasta los senos de la profesora, y lo estrujaba con vehemencia. Por su parte, Carlos, el único que la podía haber librado de eso, se acercó a ella, quedando pegado a su cuerpo, haciéndole sentir la potente erección en su cadera, mientras sus dedos inexpertos comenzaban a levantarle la pollera y a manosear la piel suave que estaba debajo de ella.

    Laura, estaba con las nalgas apoyadas en la dura mesada, mientras las manos recorrían las partes más íntimas de su cuerpo. Carlos había enterrado una mano entre sus piernas y le magreaba la vulva por encima de la bombacha, como intentando percibir su forma. Mientras, Mauro le lamió el rostro como perro, a la vez que seguía deleitándose con las tetas. Luego intentó comerle la boca, y cuando la profesora apartó la cara con desprecio, la agarró fuerte del mentón, y la obligó a girar, y acto seguido le metió la lengua en la boca.

    El enorme Mauro y el pequeño Carlos no daban abasto con sus manos para abarcar la voluptuosidad del cuerpo pequeño y compacto de la profesora. Cuando magreaban sus tetas, sentían el impulso de apoderarse de sus nalgas, y cuando manoseaban su culo, las curvas de su cuerpo los dirigían a su sexo. También usaban sus labios para recorrer la piel de la profesora. Mauro se ensañó con su boca, comiéndola a besos, obligándola a recibir su saliva, y mordiéndole el labio, mientras Carlos le chupaba el cuello, al tiempo que percibía el delicioso aroma de su piel.

    La profesora hacía silencio. No participaba en la escena, solo se limitaba a dejarse toquetear por esos nenes que hasta hace unos días se sentaban en un banco del aula, mientras ella impartía clases. Sentía con apatía los dedos que devoraban las partes más íntimas de su cuerpo. Su rostro solo reflejaba hastío. Pero se dejaba, y para los dos chicos, eso era más que suficiente. Y para Mauro en particular, el desinterés de la profesora era un aliciente. Le fascinaba dominarla, sabiendo que ella lo hacía a desgana.

    Después de saborear su cuerpo, tanto con sus labios, como con las yemas de los dedos, Mauro la instó a que se agache. Laura se arrodilló sobre el piso duro.

    —Vení Carlitos, vos primero. —Le dijo al rubito a quien solía fastidiar en clase.— Toda tuya.

    Carlos era virgen, pero había visto suficientes películas pornográficas, como para entender que cuando una mujer está arrodillada frente a un hombre, sólo había una cosa que este podía hacer.

    Se bajó el pantalón y el calzoncillo a la vez, dejando su trasero lampiño a la vista. La profesora miraba a un costado, pero sabía que tenía una pija ansiosa por ser succionada, frente a su rostro.

    Carlos apoyó la mano sobre su cabellera rubia, con una ternura que a la profesora le pareció incomprensible. Entonces ella giró y se encontró con el delgado pene, completamente tieso.

    —No pensé que fueras así. —Le recriminó, mirándolo a los ojos.

    Carlos agarró su propio tronco con una mano, y con la otra, que se apoyaba sobre la cabeza de la profesora, hizo presión para acercarla a su pija.

    —Yo tampoco pensé que fueses tan fácil, sino, te hubiese cogido antes. —dijo.

    Su voz, todavía inmadura, hizo que sus palabras sonaran aún más retorcidas e implacables. Cuando un niño estaba convencido de que era un hombre, no había nada en el mundo que lo hiciera cambiar de opinión.

    La profesora abrió la boca. Agarró la pija de su alumno y le devoró el glande. Ya tenía experiencia, y sabía que si se concentraba en esa zona, mientras le masajeaba el tronco, pronto acabaría.

    Al lamerle la verga, sintió un potente sabor a semen y a transpiración. El pendejo había largado fluidos, y ni siquiera se había molestado en lavarse antes de violarla. Aun así, siguió con su tarea. Carlos se sentía en el paraíso. Nunca creyó que una mamada podía ser tan sabrosa. Los masajes lingüísticos de su profesora le generaban un placer extremadamente intenso en la cabeza de su verga, un placer casi doloroso. Sintió la inminente eyaculación, pero no había nada que pudiese hacer para retrasarla. La profesora estaba aferrada a su verga y aunque él intentó decirle que se la chupe con menos vehemencia para poder contener el orgasmo, Laura siguió a su ritmo. Carlos estalló. Sintió que su pija eyectaba semen con mayor potencia y abundancia que cuando se masturbaba, y todo iba a parar a la boca de la profesora.

    —Bueno, me toca. —Dijo mauro, apartando de un empujón a Carlos.

    Quedó a un costado, con su verga flácida, chorreando las últimas gotas de semen. Se levantó el pantalón, arrastró una silla, hasta ponerla muy cerca de la profesora, y se sentó en ella, para ver de cerca la escena que se desencadenaba justo en ese momento.

    Sólo le faltaba el pochoclo para parecer un adolescente ansioso por comenzar a ver la nueva película de Avengers. Pero lo que Carlos presenciaba era un espectáculo mucho más emocionante: Su profesora, aquella quien le impartió clases de matemáticas durante todo el año, quien siempre se destacó por ser compinche de sus alumnos, y flexible a la hora de calificar, estaba arrodillada, todavía vestida, con la pollera desordenada. Mauro la agarraba con cierta violencia de su cabello, que estaba atado en una cola de caballo. La profesora abrió la boca, para recibir el falo duro. Carlos se dio cuenta de que la profesora no había tenido tiempo de tragar todo el semen que él había depositado en su boca, porque tres hilos de baba, mezclados con semen, unían a sus labios, mientras el desmesurado Mauro hacía un movimiento pélvico para finalmente ensartarle la verga.

    La profesora intentó dominar la situación, y repetir el ardid que había utilizado con Carlos. Pero Mauro se dio cuenta de sus intenciones, y cuando la profesora se aferró a su falo, e intentó arremeter contra el glande, Mauro clavó su lanza más profundamente, haciendo que se la trague casi por completo.

    Para Carlos, era una situación grotesca y sensual a la vez. Ahora la baba blanca de la profe, salía de su boca, se deslizaba por su barbilla, e iba a caer al piso, mientras el miembro regordete de Mauro, le violaba la boca.

    Mauro tenía la pelvis frondosa, y sus testículos hinchados también estaban repletos de vello. Mientras la agarraba del pelo, le ensartaba una y otra vez la verga. No era una mamada, era algo que Carlos nunca había visto, y ahora le daban ganas de hacerlo. Se la estaba cogiendo por la boca.

    La profesora le golpeaba la pierna al mastodóntico Mauro, cuando sentía la verga en la garganta. Mauro la retiraba, apenas, solo para metérsela hasta el fondo unos segundos después, haciendo que sus bolas peludas choquen con el exquisito rostro de Laura. Para colmo, la verga de Mauro soportaba la eyaculación mucho más que la de Carlos, y pasaron largos minutos, en donde se formó un pequeño charco en el piso por la saliva y las lágrimas de la profesora. Cuando Mauro acabó, tenía la mayor parte de su sexo todavía adentro de ella. La profesora se atragantó con el semen, y cundo pudo zafarse de la verga, tuvo un acceso de tos y largó toda la leche recibida en el piso.

    —Tranquila hermosa, ahora te traigo un vaso de agua. —dijo Mauro, con ternura, abriendo la canilla y llenando un vaso de vidrio con agua.

    La profesora hizo un gesto de negación, pero seguía tosiendo, y su rostro estaba rojo, todavía salían lágrimas de sus ojos, ya sea por la tos, o por la tremenda humillación que estaba sufriendo. Mauro arrimó el vaso a sus labios y la instó a beber, hasta que ella aceptó, y por fin dejó de toser.

    —Así me gusta, que seas una chica obediente. —dijo Mauro, a la profesora que todavía estaba de rodillas. Le encantaba dominar a una mujer que en circunstancias normales tenía poder sobre él.

    Laura se levantó con dificultad, y se limpió las lágrimas y la baba de su rostro con un repasador.

    —Bueno chicos, ya se tienen que ir. —dijo, tratando de mostrarse digna y segura.

    —Yo quiero más. —Dijo Carlos, levantándose de su silla, para acercarse a ella.

    —No, en serio, tu mamá te debe estar esperando, y se va a preocupar. Por favor andate, no quiero problemas.

    La alusión a su madre hirió la hombría del chico. En realidad, ya había avisado en casa que después de ir a lo de su profesora, visitaría a su amigo Ezequiel. Pero no le diría eso.

    —Puedo estar hasta la hora que quiera en la calle, y nadie me molesta. —mintió.

    —Así se habla, Carlitos. —lo festejó Mauro, que todavía estaba al lado de la profesora.

    —Vos también Mauro, ¡basta! Ya te aprobé como querías, y ahora me hiciste hacer esto, por favor, andate.

    —Yo te quiero ver en pelotas. —Dijo Carlos, que ya estaba encima de ella, y le estrujó una teta con total impunidad.

    —Está muy mal lo que me estás haciendo, vos no sos así. —Dijo la profesora, pero sus palabras fueron a parar a oídos sordos.

    Ahora los dos adolescentes frotaban con entusiasmo sus muslos, mientras le levantaban la pollera, y se veía su bombacha blanca con pintitas rosas.

    —Mirá lo que usa la profe entre casa. —se regodeó Mauro.

    —Es hermosa. —dijo Carlos, sin aclarar si hablaba de la encantadora ropa interior de la profe o de la nalga dura que frotaba con desesperación.

    Le quitaron la pollera, y la tiraron al piso.

    —Chicos, estoy esperando a alguien. —Dijo ella, mientras las manos invadían su cuerpo sin miramientos. Los dedos torpes de Carlos le magreaban las nalgas, mientras el gordo Mauro frotaba sus tetas. No se los iba a sacar de encima si no hacía algo al respecto, pero ¿qué podía hacer? Mauro la tenía en sus manos, ya que conocía un secreto suyo. Había esquivado la situación por varias semanas, y pensaba que, una vez que terminaran las clases, el adolescente se olvidaría de ella. Pero ahora se daba cuenta de que ese razonamiento era demasiado optimista, ya que notaba que Mauro estaba obsesionado con ella. Y para colmo, no solo lo obsesionaba poseerla, sino que le gustaba dominarla y humillarla. Entonces la profesora tomó una decisión. –A ver pendejos, vamos al cuarto. Me hacen lo que quieran, pero en media hora se tienen que ir, si no me hacen caso, les juro que nunca más me van a coger.

    Para todos era un buen negocio. Para los alumnos lo único que importaba era que la profesora daba a entender que repetirían el trío en otro momento. Para la profesora, la sugerencia de un futuro encamamiento implicaba poder sacárselos de encima muy pronto. Ya vería luego cómo evitaría a esos dos degenerados.

    Fueron a la habitación. Mauro se puso a su espalda, y apoyó su sexo, el cual ya estaba duro, sobre las nalgas de la profesora, mientras sus manos acariciaban sus caderas. Carlos la abrazó y apoyó su pelvis con la de ella. Primero la despojaron de su remera negra. A su vez, los chicos quedaron con el torso desnudo.

    —No seas turra, dale un beso al pibe. —Ordenó Mauro, dándole una nalgada.

    La profesora no hizo caso al principio, pero cuando el rubito acercó sus labios rosas, ella los chupó, y comenzó a masajear la lengua de su alumno con la suya. Mientras tanto, Mauro le desabrochaba el corpiño.

    La profesora se dejó llevar. Al fin y al cabo, ellos harían lo que quisiesen con su cuerpo. Lo único que podía hacer es hacerlos acabar lo más rápido posible, y que una vez saciados, la dejen en paz.

    Apretó el tronco grueso que estaba apoyado en su nalga, haciendo que Mauro se estremezca de placer. Luego se ocupó de Carlos, yo no dando besos en los labios, sino lamiéndole el cuello, haciendo que el chico sienta un cosquilleo delicioso, para luego bajar, dejando un sendero de baba sobre la piel de su alumno, hasta llegar a su pezón, el cual chupó y mordió, haciendo que Carlos largue un grito de dolor y placer. Estaba segura de que ese nene ni siquiera sabía que esa zona era una de las más erógenas. Siguió chupando, mientras Carlos la abrazaba y Mauro se animaba a darle un grosero beso en el culo. Mientras tanto, masajeaba el falo del rubio, por encima del pantalón.

    Su bombacha, la última prenda que cubría su sinuoso cuerpo, comenzaba a ser bajada, lentamente, por varios dedos ansiosos. Sintió un dedo áspero enterrarse en su culo. Dio un respingo, suspendiendo los maravillosos besos que le daba al rubio. Este último, a su vez, sintió la apremiante necesidad de conocer con mayor profundidad el sexo femenino, así que enterró dos dedos en el sexo de la profesora. Si no fuera tan inexperimentado, se sorprendería de encontrar esa cavidad tan húmeda.

    La profesora se separó de los cuerpos que la tenían apresada. Lo más difícil fue lograr que los dedos que la escarbaban dejen de hacerlo. Pero cuando los chicos vieron que se dirigía a la cama, la dejaron de penetrar.

    Laura se recostó sobre la cama, boca arriba. A pesar de ser pequeña, su cuerpo parecía inmenso, desparramado sobre el colchón. Sus tetas estaban inflamadas, y sus pezones, duros y puntiagudos. Detalle que no pasó desapercibido para Mauro. Sus curvas eran superlativas, su figura despampanante. Abrió las piernas. Tenía una pequeña mata de pelo en la pelvis.

    —Andá Carlitos, es tu turno. —Dijo Mauro, dándole una palmada en el hombro.

    Carlitos se quitó las zapatillas y el pantalón. Miró a la mujer que tenía desnuda frente a él. Todavía no podía asimilar del todo que se trataba de su profesora. Se quedó mirándola un rato, tanto por la desmesurada hermosura de aquel cuerpo, como por no saber por dónde empezar a comer semejante manjar.

    —Vos hacele lo que quieras nomás. —le dijo Mauro, como adivinando sus pensamientos.

    Carlos se subió a la cama. Le dio un beso a su querida profesora. Un beso apasionado, como si fuera su novia.

    —Gracias por aprobarme. —le susurró en la cara.— Y gracias por entregarte como una puta. –Agregó.

    Las palabras humillantes, ya no la herían. Sabía que para esos dos no era más que un juguete sexual. Pero ver el rostro aniñado, impúber, y de cejas depiladas, y los ojos celestes clavados en los suyos, le produjeron escalofríos. Si le daba un poder tan grande a ese nene (el poder de poseer a su antojo el cuerpo maduro de una adulta, y para más morbo, el de su profesora) ¿Cómo haría luego para despojarlo de ese poder? Sin embargo, ya era tarde para pensar en eso. Como diría su amiga Ester: si duermes con un crío, no te sorprendas si amaneces mojada.

    Sintió la lengua torpe en su cuello y luego el chico bajó hasta sus muslos. Le dio un par de besos, pero enseguida se encaminó hacia el centro, a devorarle la concha.

    El chico no tenía idea de lo que hacía. No sabía que el punto más estimulante era el clítoris. Se concentraba en los labios vaginales, y enterraba su lengua como si pretendiese cogerla con ella. Laura no disfrutaba en lo más mínimo de la situación, pero Carlos parecía embriagado con el sabor y olor a concha que emanaba esa hembra.

    La profesora había cerrado los ojos, esperando que el rubito lindo acabe lo antes posible, pero los abrió cuando sintió que le chupaban salvajemente una teta, mientras la otra era estrujada por una mano pesada.

    Mauro se deleitaba con las gomas de la profesora, y cuando esta abrió los ojos, le mordió el pezón, haciendo que su cuerpo se estremezca.

    –Cogela Carlitos. –le dijo a su compañero, que estaba todavía engolosinado con la vagina de Laura.

    Carlos interrumpió su expedición lingüística. Tomó a la profesora de la parte trasera de los muslos, e hizo que flexione sus piernas, sostuvo su delgada verga con una mano, y apuntó al enorme agujero que tenía delante.

    Laura advirtió que el chico estaba a punto de penetrarla sin usar preservativo, pero como quería que los pendejos acaben rápido, lo dejó pasar.

    —No me vayas a acabar adentro. —dijo, cuando la insignificante pija entró en ella.

    Carlos la embistió con vehemencia, desahogando toda la lujuria que había acumulado durante un año. Mauro le devoraba las tetas a la profesora, haciendo que esta no la pase tan mal mientras era violada por el rubito. Extrañamente, esperó en vano que Mauro le hiciese comer la verga de nuevo. No era lo que más le gustaba hacer, pero sintió una punzada de decepción, a medida que pasaba el tiempo y no sentía esa carne gruesa en su boca. No obstante la constante chupada de tetas la hicieron excitarse más de la cuenta, y Carlos salió ganando, ya que la profesora, por fin largaba abundante fluido vaginal.

    Carlos retiró la verga justo a tiempo, y su pija escupió semen sobre el abdomen de la profesora.

    Mauro dejó de mamarla por un rato y se puso en posición. Limpió el semen que había dejado Carlos con las sábanas. Se montó en su profesora, y sin más preámbulos, la agarró de las tetas y le enterró su verga gorda.

    Carlos había quedado sentado en el borde de la cama, viendo cómo cogía un hombre experimentado.

    —¿Cierto que te gusta, puta? Sos una puta, una profesora muy puta. —le gritaba Mauro.

    La profesora no parecía indignada por las palabras denigrantes del gordo. Carlos vio cómo la docente gemía antes las arremetidas de su compañero. Además, este le estrujaba las tetas sin misericordia mientras se enterraba en ella. Las masajeaba como si fuese una masa de harina.

    A Carlos se le ocurrió una idea perversa. No tenía idea de cómo Mauro había logrado doblegar a la profesora, pero ideó una manera de lograr que la próxima vez, la profesora se entregue a él, sin necesidad de estar acompañado del otro.

    Se bajó de la cama, agarró su pantalón, y de él sacó el celular. Los otros dos estaban muy distraídos copulando. Incluso la profesora ya no parecía en absoluto ser coaccionada, ya que gemía, y acariciaba la voluminosa espalda de Mauro, mientras este la poseía.

    Carlos les sacó varias fotos. En todas, la cara de la profesora aparece nítida. Aunque quizá no era del todo reconocible debido a su gesto de excitación. Aun así estaba seguro de que le serviría para doblegarla más adelante.

    Mauro estuvo quince minutos ininterrumpidos de puro mete y saca. Luego acercó la pija al rostro de la profesora, y la bañó de leche. Carlos nunca había visto una imagen más bella que esa.

    La profesora quedó exhausta, respirando agitadamente sobre la cama. Después se levantó.

    –Voy a ducharme. Ya se quitaron las ganas. Por favor agarren sus cosas y váyanse. –Dijo. Dirigiéndose al baño, meneando su hermoso culo desnudo a cada paso que daba.

    Continuará.

     

  • ¡Joder con mi tía Mary!

    ¡Joder con mi tía Mary!

    Mi vida han sido son las mujeres mayores que yo, desde que tengo uso de razón me han gustado las mujeres de cincuenta años para arriba y tengo 43 y mis gustos siguen igual. Me gustan de cincuenta para arriba, muy para arriba, pues mis conquistas de entonces me siguen gustando. Me sigo follando a varias de ellas muy de vez en cuando y siempre con mucho amor. Me encanta ver como siguen vivas a sus más de setenta años, sigo manteniendo esos coños húmedos y estoy encantado con ellas.

    Son cada día más recatadas con los hombres por su edad pero conmigo son muy zorras todavía, cada día más. Mañana mismo, mientras mi pareja trabaja como cada sábado, July la vecina de toda la vida pasará a recibir su ración de rabo y el domingo vendrá mi tía Mary a por lo suyo.

    Llevo desde mi adolescencia follándome a mi tía y es una relación perfecta, os lo recomiendo, totalmente satisfactoria para ambos. Este fin de año después de pasarlo en casa de mi madre y habiendo tenido algún que otro roce ella se quedó conmigo a recoger la casa de mi madre y al acabar mi madre nos dio las gracias y yo me ofrecí a llevarla a su casa, aunque vive cerca mi tía accedió encantada.

    Montamos en mi coche los dos y mi tía que estaba a mil me:

    —Vamos a follar Sergio!!

    —Por supuesto tía. Estoy deseando metértela

    —No sabes cómo estoy después de tus roces cabronazo.

    —Si tía lo sé, le dije mientras metía mi mano en su humedísimo coño.

    —Vamos a mi casa, arranca mi niño!!

    Dicho y hecho, arranqué y en cuanto mi tía vio el coche en movimiento bajó mi bragueta y sacó mi polla morcillona y empezó a chuparla como solo ella sabe.

    Dioooss!! Tuve que parar el coche en una esquina y dejarla hacer. Con mi polla durisima me dijo:

    —Vamos a casa Sergio!!

    —Si tía Mary siii

    La dejé en la puerta y me fui con el coche lo aparqué lejos de su casa y volví andando para entrar en su casa con mis llaves. Ella me esperaba con un camisón transparente y una botella de cava y me dijo:

    —Feliz año mi niño!!

    —Joder tía… Que cabrona eres!! Ven aquí con tu niño zorra!!

    Me encanta ver que mi tía a sus 73 años siga siendo una cachonda y más que lo sea conmigo.

    Fui a por ella como cuando tenía dieciocho años, pero ahora con 42 y paré un poco y frente a ella agarré la botella de cava y saqué dos copas, brindamos y tomamos un trago y le dije:

    Tía, llevamos más de 30 años haciéndolo y cada día me pones más. Me encantas y quiero que este nuevo año sea nuestro año. Ella me dijo:

    —Estas pedete Sergio, déjame hacer a mí.

    Me metió en su habitación, me lanzó a la cama y empezó a desnudarme, primero mi torso depilado y luego bajó mi pantalón y mi calzoncillo saliendo mi polla de golpe dura como siempre y también depilada cosa que le sorprendió.

    —Y esto Sergio?

    —Sabía que esto iba a pasar y quiero que recuerdes cuando era niño y me bañabas tía Mary.

    Agarró mi polla y mis huevos depilados con ansia, me empezó a comer la polla y lamer los huevos con desenfreno.

    —Joder tía paraaa!! Serás Zorra!! Como te ponía tu niño eehh??

    Ella no paraba de chupármela con gusto pero dejó de hacerlo para tumbarse boca arriba en la cama y me dijo:

    —Te toca Sergio!! Cómele el coño a tu tía y follatela!! Feliz año cabronazo!!

    Levanté ese camisón y agarré esas tetazas con mis manos diciéndole:

    Tía Mary!! Eres la mejor, me encanta nuestra complicidad, me encantas tú.

    Tu pensabas que me aburriría de ti y ya ves que no tía. Vamos a follar siempre que quieras tía.

    Bajé esas pedazo de bragas mientras mi tía me pedía a gritos que le diera placer. Sii Sergio!! Hazme tuya!!

    Eres mía tía y yo tuyo…

    Estaba yo demasiado cachondo y se la metí en la boca, la embestí a lo bruto y me corrí dentro, ella tragó todo y agarrándome la cabeza por la nuca la acercó a su coño y me dijo:

    —Ahora comételo cabronazo!!

    —Con mucho gusto tía, estaba deseando hacerlo

    La muy zorra agarró mi calva cabeza y levantando sus piernas metió mi cabeza en su ojete, yo encantado se lo lamí a la vez que su coño que todavía latía esperando mi polla. La puse a cuatro patas en la cama y empecé a chuparle desde el clítoris hasta el ojete poniéndola muy cachonda y le dije:

    —Tu sobrino preferido te va a follar tía Mary!!

    —Hazlo Sergio!! Follate a tu tía favorita

    Mi polla volvía a estar durísima como siempre con mi tía y a cuatro patas se la metí por el coño despacito y lubricándola para seguidamente metérsela por el culo despacito y hasta dentro. Mi tía gemía de placer y yo gozaba sintiéndola mía. Buuff!! Toma tía Mary!!

    —Jooo!! Sergio mi niño!! Me estoy corriendo!!

    Entonces le metí la polla en el coño y la follé a gusto, destrozando ese coño que se corría de placer.

    Me encanta follar con mi tía, cada día más. Os lo recomiendo a todos los que podáis hacerlo, es lo mejor.

    Complicidad absoluta con mi tía Mary, cada día con más ganas de sexo con ella.

    Mañana iré a visitarla y me la follaré otra vez.

    Si queréis fotos dejad vuestro correo electrónico.

  • Anna, su mejor orgasmo

    Anna, su mejor orgasmo

    Es una historia, un momento de una relación de la mujer madura de 50 con el joven de 20, cuando las diferencias no cuentan y el deseo manda. Ella fue la artífice de su propio placer, la gestión y realización fue obra suya, también el goce le pertenece. Sentía concretar su fantasía.

    Le había dado una llave del apartamento, te tuviera libertad de venir cuando pudiera escapar del secuestro marital.

    Esa mañana llegó, tanto sigilo para no despertarme, estaba en el sueño profundo, se acercó con sigilo, entre sueños sentía algo suave recorriendo mi espalda, me dio vuelta, seguía con los ojos cerrados, no quería abrirlos, dejarla jugar con su pendejo, las caricias en el pecho la suavidad de sus besos en la cara, cuello y pecho.

    Con una mano, comienza a bajar el calzón, pajeando suave mientras se deleita besando mis pezones. No puede con su genio, necesita bajar a succionar la verga, acaricia y mama suave, simulo estar dormido, Anna se esfuerza por seguir con la suavidad, inútil resistir, la pelvis acompaña como su boca liba la miel de su dios pagano, frota los primeros jugos del glande contra sus pezones.

    Los suspiros y la sofocación del frotamiento me impulsan para acariciar su cuello, haciendo más intenso el contacto con su pezón. La verga está a pleno, dura y cargada, la boca de la mujer activa, mama y masturba sin cesar, los profundos suspiros de su hombre alientan a darle más actividad bucal. Mamar, lamer y succionar sin pausa, su cabellera me cubre la visión de la espectacular succión, por momentos es una ventosa, intenta aspirar la leche que aún no se ha creado.

    La ternura de su mano frotando el miembro tiene el correlato de la angelical degustación de los primeros jugos brotados del glande. No hubo diálogo, solo suspiros y el sonido de la boca tragándome. La imagino succionando a ojos cerrados, concentrada en su placer, llevarme al cielo sublime de su placer.

    Imposible permanecer inerme, me desplacé al centro de la cama, atravesado, arrodillada retoma la mamada, mi mano repta entre sus piernas, levanto el vestido, acaricio sobre la bombacha. Sus manos ayudan a bajarla, acaricio las nalgas, entro en el canal, buscando la humedad de su sexo. Desplacé la melena, la sostiene con una mano para el deleite de verla chuparme la pija.

    Abandonó la mamada, se deshizo del vestido y la bombacha, bajó de la cama y volvió a ingresar, a cuatro patas sobre mi cuerpo, colocándose en un impecable y clásico 69. Se prendió al biberón con la misma fruición del inicio, sin distracción comencé a jugar entre sus nalgas, buceando hasta llegar al canal y sumergir los dedos en la vagina, coloqué la almohada bajo la cabeza para ganar altura y poder lengüetear la almeja, sorber los primeros jugos.

    Agitar los labios con los dedos, besos y lamidas en la cara interna de los muslos acentúan los suspiros, potencian los gemidos, cadencia y armonía en el balanceo de su cuerpo, acercando y alejando la deliciosa breva de su sexo, caricias en los testículos, subiendo y bajando la boca hasta llevarme hasta el fondo de su garganta, cerrar la boca y atrapar cuanto puede de la verga, nunca la dejó sin el cálido abrigo de su boca.

    Dejó el glorioso 69 para colocarse ahorcajada, colocarse el miembro en la vagina, dejarse caer a tope, inclinar el torso y comenzar a moverse. Las manos a los costados, las tetas bamboleando cerca de mi cara, silenciosa, concentrada en disfrutar su propio placer.

    Mis manos en sus muslos ayudan a balancearse, ver a esta mujer abstraída en su concentración, disfrutando en cada vaivén, vibrando en la fricción de los genitales, tomarla de las caderas incita para exagerar la penetración, salirse hasta el borde y lanzarse a tope.

    Sonríe y suspira, agradece en el silencio, el sudor comienza a brillar en su rosto, por momentos la mirada perdida, atravesada por la calentura. Hace una pausa para tomar parte de la sábana y limpiar el exceso de flujo vaginal. –Estoy muy mojadita, quiero sentirte piel a piel. Qué bien estoy…

    Desmontó, acomodó a cuatro patas, codos y rodillas para soportar el embate, cola bien empinada, esperando que la penetre. Sin la violencia de otras veces, suave, muy suave, me dejé ir hasta el fondo. Manos sobre las caderas, balanceo suave y profundo, gemidos sin estridencias. Necesitamos un poco más de acción, me elevo para poder penetrarla subido casi sobre sus caderas, moverme con la potencia que la postura exige, en cada envión su cuerpo se zarandea como una hoja.

    Para no hacer todo el gasto físico me dejé soportar por sus caderas en la cogida, el sexo pivotea dentro de la vagina, soporta en cada bombeo todo el peso de mi cuerpo, los jadeos hacen coro a los gemidos por aguantar el peso del macho. Prevalece el silencio de la concentración, desenvainé el miembro, pajeo mientras Anna de acomoda de espaldas, recoge el cabello se su cara, flexiona las piernas, las abre para hacerme lugar.

    Con la verga en mano, voy directo, de un solo envión dentro, ella se toma de mis brazos para acompañar el traqueteo del coito. Sigue seria, concentrada, labios apretados, mordiendo el labio inferior – Vas bien?

    Gesto afirmativo con la cabeza. –Te siento como que estás llegando? – Hmmmm

    Aprieta fuerte mis brazos, tensa sus piernas, vibran, la vagina se llena de jugos, arquea y eleva la cintura, la boca dibuja un mueca, babosea, asoman lágrimas en los ojos, toda ella es un estruendoso silencio, solo los suspiros entrecortados, el ahogo espontáneo y de pronto el estallido. –AHHH

    Ese grito o sonido gutural se lleva su alma. En medio del fragor de su orgasmo estremece el mío, un bufido surgido del fondo de mi ser, sirve para liberar la presión interna, desagotar la carga de semen, correrme dentro de su vagina, dejar fluir la energía vital de mi ser.

    Incliné mi cuerpo hacia adelante para poder derramarme todo, sus manos llegan a tomarme de los hombros, eleva las piernas, rodea mi cintura, junta los pies en mis nalgas, presiona para llevarme más adentro.

    Seguí lanzado sobre su cuerpo, jadeando y bombeando hasta el último aliento. Desde el primer instante de su orgasmo transitamos un continuado disfrute de orgasmos consustanciados con la emoción de hacerlos en simultáneo, hermanados en el goce extremo de llegar juntos.

    La sonrisa silenciosa y beso tierno coronó un polvo de esos que van ilustrar la antología personal de dos amantes que supieron disfrutarse, sin estridencias pero con una intensidad pocas veces alcanzada.

    Este fue un momento con Anna, la intensidad del momento amerita que este hecho merezca ser recordado de modo tan especial como el momento vivido.

    Se bien que te ha sucedido, también lo has vivido como lo disfruté con mi Anna, me gustaría conocer tu opinión, no seas tímida atrévete nadie se entera, será nuestro secreto [email protected]

    Nazareno Cruz

  • Por fin atada

    Por fin atada

    Paso a contarles que somos de Buenos Aires, una pareja de 50 y pico. Yo y 40 y pico, Ella (Judith), de contextura más bien delgada tan alta como yo con unas tetitas chicas muy sensuales y una cola de ensueño. Veníamos conversando diferentes ideas para incorporar a muestra vida sexual (que aprovecho a contarles es de mente abierta y siempre con ganas de mas).

    Entre una de las ideas que Judith tiraba siempre era la de probar que se sentiría siendo Sumisa, Esclava y como podría comportarme yo como Dominante y de qué forma podría excitarla más allá de lo experimentado y de todo esto una noche de mucha lujuria surgió; atarla. Fue así que rápidamente me puse las pilas para seducirla, excitarla y entusiasmarla pero con la incertidumbre de como podría resultar esto en medio de la excitación el aporte de sogas para atarla (el lugar elegido: la mesa).

    Llego el día, mejor dicho «La noche», salimos, Judith como es su costumbre esplendida, enfundada en unos pantalones engomados negros (sin tanga) y una blusa roja fuego sin corpiño que apenas permitía adivinar los pezones sensuales y eróticos marcando presencia con toda su actitud, fuimos de copas y ya empezamos a fantasear como disfrutaríamos.

    Las horas pasaron volando y cuando quisimos pensar ya estábamos entrando a su casa, preparé un champagne y comenzamos a besarnos y a recorrernos con las manos. Yo particularmente disfruto mucho por lo visual, mirarla y recorrerla, fue así que decidí comenzar a desvestirla para re encontrarme con sus tatuajes ocultos, solo conocidos por privilegiados que conquistaron su cuerpo. Judith se puso frente a mí y comenzó a besarme y bajar hasta encontrar mi pija que ya explotaba de placer por toda la seducción de su boca, me comía y me comía la pija que yo no podía resistirme a tomarla de los pelos y comentarle como un susurro más, que siga porque yo ya le acabaría en la boca…

    Ella me miro y consentí, se tragó todo mi ser y lo disfrutamos de una forma difícil de describir. Inmediatamente la tome de los pelos, la levante y la di vueltas quedando de frente a la mesa, tome las sogas mientras Ella sin pensarlos solo estiro sus brazos hacia adelante y yo tome sus manos por debajo de la mesa y até cada una de sus manos a las patas de forma tal que la obligaba a mantenerse con los zapatos rojos puestos dado a que de otra forma no podía hacer pie.

    Esa postura fue tremenda me retire para observarla desde atrás, totalmente reclinada sobre la mesa con su culo en punta, calzada casi a la fuerza sobre sus tacos súper altos color rojos, haciendo juego con la luz de las velas que daban ambiente, la excitación de ambos era tal que ella me pedía que la penetre y yo solo atine a servirme una copa más de vino espumante y sentarme en el sillón solo a beber, mientras la miraba y la admiraba, Judith al darse cuenta de mi decisión solo pedía que la penetre, que no la deje así.

    Yo solo disfrutaba de ella sin tocarla. Ella me pedía que la penetre y la coja porque no podía más de la excitación, en ese momento me di cuenta que con solo acercarme y susurrarle el oído que era mía los dos explotábamos de placer, ella entregada después de más de media hora de pedir que la re coja y le pegue. Solo atinó a quedarse quieta y pedirme que me acerque, fue en ese momento que me susurró al oído, ‘Disfruta «putito», soy toda tuya, porque me quemaste la cabeza, y créeme que cuando me liberes te voy a compensar comiéndote todo tu ser, te voy hacer gozar como nunca’.

    Y así fue!!! Terminé de tomar mis copas, sin tocarla hasta que llegó el momento de soltarla, fue ahí que me pidió que le sirva una copa a ella mientras volvía en un momento comentándome que me siente y me ponga cómodo, y unos minutos después se apareció gateando con medias red color rojo (haciendo juego con sus zapatos) y antifaz, se convirtió en una «Diablita», tomo casi sin detenerse su copa de champagne y comenzó a recorrerme con su boca mientras me ordenaba que no la toque ya que yo tampoco la había tocado. Fue en ese momento que compartí con ella esa excitación que había gozado mientras estaba atada y sin ser tocada solo disfrutaba. Yo cumplí a raja tabla su orden y la seducción que esto me provocó de forma tal que solo acababa en su cuerpo sin penetrarlo.

    La noche se fue alejando y nuestros cuerpos se daban cuenta de ello con la llegada de los primeros rayos de sol.

    Una vez más disfrutamos como locos, cómplices de descubrir una forma más de seducción, lujuria y erotismo en nuestras noches de amor!!!

    ICE69