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  • Patricia una vecina casada (Parte 7)

    Patricia una vecina casada (Parte 7)

    Después de un sábado de bastante acción y sexo llegó el domingo, Patricia llego en la mañana invitándonos a ver a Salomé jugar tenis y hacerle barra. Nos arreglamos todos y fuimos al juego había que ser solidarios Julián se fue en el carro con ellas tres, mi hija, hermana y el abuelo conmigo. Al llegar al club Patricia y Julián entraron abrazados las dos niñas a cada lado Salomé al de Julián, nosotros detrás nos acomodamos en las graderías y esperamos a que llamaran a Salomé, lo que aproveche para preguntarle a Patricia que había pasado con Salomé. Y efectivamente la chica había estado con sus amigas y su celular lo había dejado en la casa eso fue lo que le dijo.

    Fueron casi 90 minutos de juego en donde la Salomé gano, quién al venirse hacia nosotros a celebrar salto a los brazos del Julián abrazándolo con bastante entusiasmo y ya después con su mama quién la felicito y luego con nosotras Julián y Patricia también en medio de la emoción se abrazaron y ella le dio un beso en la boca muy apasionado, ahí delante de las niñas sin importarles ni cinco. Después de eso noté a Salomé muy cariñosa con el Julián, nos quedamos un rato más en las gradas viendo un partido de una de las compañeras de Salomé ya era medió día y decidimos ir a almorzar a Zipaquirá a comer fritanga al caminar a el carro Salomé seguía muy cariñosa con el Julián caminando de la mano y la Patricia abrazada a él. En el almuerzo también se le veía a Salomé súper contenta con su triunfo. Hasta se le sentó en sus piernas y Julián la abrazo felicitándola nuevamente por su triunfo y siguió sentada en sus piernas hasta cuando nos alistamos y Julián acariciándole él trasero la levanto y ella se sonrió dándole un beso en la mejilla.

    Regresamos A la casa, las niñas y Patricia se fueron y yo prepare un cafecito para todos.

    Nos sentamos a conversar mientras nos tomamos el café. Había empezado a llover duro y hacía frío.

    – Llegamos a tiempo. Menos mal no nos llovió en el partido. Tenía sueño y decidí ir a dormir un rato. Julián me acompaño. Ya en el cuarto le pregunté.

    – ¿Papi si te diste cuenta como Salomé estaba muy cariñosa contigo?

    – Claro que si me sorprendió y me alegra mucho que ese virgito se porte así.

    – Tan divina como te abrazaba y acariciaba fíjate que casi sin conocerte y como si fueras de la familia.

    Nos quedamos dormidos toda la tarde. Llegó el lunes y vinieron mi asociado y don Felipe a hablar con Patricia pero primero hablaron conmigo y don Felipe me mostró los documentos de propiedades del esposo de Patricia y la prueba reina. Unas fotos muy comprometedoras en donde se le veía con su amante, me quede de una pieza al verlas pues resulta que la chica de la foto era nada menos que mi Lucy Thait una indígena natagaimuna que me traje de su pueblo hace 10 años cuando viajé al municipio de Aipe a llevar unos documentos y cobrar una plata. Pare en Natagaima un municipio del Tolima a refrescar y comer algo, la niña andaba con su hermano menor quién al verme se me acercaron a pedirme plata. Costumbre de muchos lugares con los turistas. Conversamos un poco y les di diez mil pesos. Seguí mi caminó y vaya que me quede pensando en la niña. Hice lo que tenía que hacer en Aipe y me regreso esperando volverla a ver, entre al pueblo y ya cuando salía del pueblo la veo venir sola. Me detengo en el camino y espero a que se acerque la saludo y la invitó a entrar al carro Le pregunté por toda su familia, vive con la mama, la abuela, dos tías y varios primos, el papá trabaja en Ibagué, tiene cinco hermanos. No estudiaba por estar cuidando la Chinamenta

    Y le propuse llevármela a que viviera conmigo, ponerla a estudiar darle trabajo y así ella podría mandarle plata a su familia no fue difícil convencerla y la niña acepto y todo a que por culpa de ella uno de sus primos se lastimo una piernita al bajar mangos de una finca. Lo que le acarrearía a ella una pela y por eso ella andaba sola en el momento.

    Y no siendo más arrancamos para Bogotá ya una vez estando allá llamaría a su mamá a avisarle que se había ido.

    Pues bien todo empezaba a aclararse hay tenía la prueba reina de la infidelidad, Patricia llego le mostramos los papeles y las fotos.

    – Yo sabía que ese desgraciado me estaba poniendo los cuernos ha hijo de la gran puta, con esa vieja, mírala tiene una pinta de puta y ve, se ven todos los días por lo que veo son varias pintas la malparida.

    – Patricia ya con esto podemos empezar el proceso de divorcio voy hoy al juzgado y esperar a la citación.

    Nos quedamos con Patricia en el porche tomando café y fumando cigarrillo el día estaba un poco gris se fue llevándose las fotos de su marido con Cristina.

    Busque mi celular y llame a la Lucy

    – Hola preciosa ¿cómo vas?

    – Madrina muy buenas tarde, bien madrecita acá arreglándome hoy voy a ir a donde un arquitecto a quedarme esta noche con él.

    – A qué bueno mi niña, fantástico me parece. Preciosa necesito verte ¿cuándo vienes y almorzamos?

    – ¿Mañana podría ser madrina?

    – Si perfecto te espero entonces.

    – Listo madrina ¿cómo a qué hora?

    – A las doce y te espero en la embajada Argentina.

    – Ok madrina nos vemos mañana.

    Al otro día la Lucy llego puntual en flamante Peugeot nuevecito. Al entrar le hice señas para que me viera y se acercara. Nos saludamos de beso.

    – Hola hermosa pero mírate no más si estas divina, como me alegra verte así si hasta pareces una ejecutiva y no una gran puta.

    – Si madrina pero una puta de estrato 7.

    – Y cómo te fue anoche de pasión sexo lujuria estrato 7

    – Je jejejeje Ahí madrina súper bien me encanta el arquitecto es divino y bien dotado sino fuera porque está casado me lo cuadraría. Yo soy su puta preferida siempre me pide a mi.

    – Me imagino después de enseñarte todo lo que sabes los debes de volver loquitos, mamita recuerda que ese es tu encanto. Satisfacer a tus clientes hasta en sus mas bajos instintos depravados.

    – Te está yendo muy bien por lo que veo me encanta ese Peugeot y es último modelo.

    – Si señora vendí el que tenía ya era hora de cambiarlo pero lo bueno fue que este me lo regalo hace un mes un señor que conocí ya hace un año.

    – Guau en verdad y eso quién es.

    Saco su celular y me mostró una foto, era el esposo de la Patricia.

    – Ve que tan botado el hijo de puta

    – Ahí sí mucho guevon ahí lo he vendido explotando eso no es sino pegarle una buena manadita y me da lo que le pida, si hasta le saque para irme con mi novio para Cartagena cuatro días.

    – Jajaja eso me encanta mi niña disfruta de tu cuerpo sigue así y verás cómo te va a ir de bien. Y bueno cuando me vas a dar plática mamita que usted hace rato no se me reporta con nada.

    – Precisamente madrina iba a venir a traerle este paquete.

    Hay $20’000.000.oo

    – Espera dámelos por debajo de la mesa. Bueno mi niña necesito que me consigas más plata así es que te va tocar o conseguirse más clientes o mejor sacarle más plata a su amigo.

    – Si señor en esas estoy.

    – No te me pierdas Lucy mantente en contacto conmigo y vamos a sacarle lo que más puedas a ese tipo.

    Almorzamos, nos tomamos unas cervezas y me conto como lo conoció.

    Al llegar un día ella por paloquemao a almorzar noto que se le quedó mirando todo el tiempo. Eso dio pie para que ella regresa al otro día, él estaba acompañado de la Patricia y solo se cruzaron miraditas y sonrisas y con esa boca que tiene la Lucy de una hermosa dentadura sería difícil no corresponderle. Al otro día volvió ella ya estaba decidida a conocerlo y antes de entrar al restaurante él la estaba esperando para invitarla a otro restaurante, invitación que la Lucy acepto, tomaron un taxi y arrancaron y como tal, fueron almorzaron y después terminaron en un motel culeando toda la tarde no sé podía pedir menos ella es toda una profesional del sexo.

    Seguimos conversando un rato más pero la Aleida la llamo para que fuera a atender un cliente. Acción que aproveche para saludar a mí amiga del alma mientras Lucy cancelaba la cuenta, nos despedimos y cada una siguió su camino.

    Llegó el miércoles y me llama el primo de Fidel

    – Hola mí amada señora.

    – Hola mí negro hermoso papacito que rico escucharte cuando vas a venir ya tengo ganas de tenerte en mi cama todita para mí.

    – pues para eso te llamaba tengo mi verga en erección de pensar en ti además que te tengo una sorpresa.

    – Ahí no cuéntame que me tienes

    – Mamita haya te darás cuenta y seguro te va a encantar es sorpresa corazón.

    – Mi negro vente ya que te deseo con locura.

    – ya mamita ya vamos

    – Ya vamos con quién más vienes?

    – He… No con mi hermano preciosa.

    – A bueno, pero vénganse YA!

    Y de una, llame a la Patricia y la verraquita estaba que disque en un motel con un viejo amigo. Le conté que venían Emilio y su hermano, quedamos de vernos más tarde.

    A la hora Emilio llego y valla la sorpresita con quién llegaba. Dos morenos grandotes, fornidos uno calvo Danilo, el otro chutico a quien le dicen churrusco y Anselmo el otro hermano de Emilio.

    – Hola papacito hermoso, sigan, sigan ahí pero que gusto tenerlos en mí casa no que rico.

    A todos abrace y bese en la mejilla y volví a acercarme a los dos nuevos abrazándolos y caminando a la sala.

    Los acomode y les ofrecí roncito para acompañar el rato, mientras llegaba Patricia la que llega a la media hora.

    – Hola muy buenas tardes Emilio ¿cómo estás? Anselmo negro hermoso que rico tenerlos acá

    – Mi señora Patricia usted siempre tan hermosa.

    – Ahí se hace lo que se puede

    – Mira te presento a dos viejos amigos de la universidad.

    – Mucho gusto encantadísima de conocerlos.

    – ¿y donde andabas preciosa?

    – Ahí Dianita en una vuelta que no podía postergar con un amigo. Me levanté a la cocina a traer pasabocas y Patricia me acompañó.

    – Y que mamita cómo estuvo esa vuelta?

    – No Dianita deliciosa Javier es todo un semental te lo tengo que presentar estuvimos cuatro horas culeando de lo rico. No y después de saber las de mi esposo con más ganas está mañana lo llame y de una lo invité al motel y lo otro es que Salomé vio las fotos de su papá con la vieja esa. No las guarde y sin darme cuenta las vio.

    -No quería eso…

    – Y que dijo la niña?

    – No ahí estuvimos hablando y eso sí estaba furiosa con su papá ¿y al final sabes con qué me salió?

    – ¿Con que?

    – Nada más que le pagará con la misma moneda que me buscara un amante, ha como te parece? No me dejó sorprendida.

    Regresamos a la sala en medio de risas, los caballeros habían puesto música y se habían quitado sus sacos y chaquetas, nos habían servido roncito el que tomamos sentándonos a hablar de todo un poco yo por supuesto quería ya empezar a lo que los caballeros habían venido.

    Entonces con Patricia les hicimos un estriptis muy sensual terminando las dos en un 69 lambiendo y chupando nuestras cuquitas hasta hacernos venir, Emilio se aproxima agarra a Patricia de la cintura besa sus nalgas y lambe su trasero, me levanto y se me acercan Danilo y churrusco quienes se han sacado sus vergas por sus cremalleras, se las acaricio, envuelvo entre mis manos, sintiendo lo gruesas que son mí respiración se acelera,

    – Estas son las vergas que me encanta mamar.

    Los beso a ambos, me arrodillo, me acerco a las huevas de Danilo me los meto a la boca mi mano izquierda lo masturba, con mí lengua recorro su tronco venoso, llego a su glande, abro bien mi boca y me la meto hasta dónde me quepa suavemente como en cámara lenta vuelvo y me la saco y vuelvo a metérmela sintiéndola en todo su erección mis pechos se expandía mí estómago me llenaba de corrientasos que me hacían temblar, churrusco se había quitado el pantalón y arrimando su verga a mi cara las puse a nivel agarrando la verga de churrusco con la derecha y la de Danilo con la izquierda, recorro sus troncos con mis labios y lengua, le pegó varias manadas a churrusco y vuelvo a mamársela a Danilo le quitó el pantalón el se quita su camisa y sus medias, así pasamos 15 minutos en que disfrute mamándoles sus vergas.

    Danilo me levanta y me alza colocando mis piernas en su cadera, me coloca su verga en la entrada de mí cuquita me dejo rodar, la siento entrar en mi cuerpo, gimo de placer nos besamos apasionadamente.

    – Aaaaa que rico papacito me encanta que deliciosa verga ho espero tenerte en mi cama seguido ahí no me muero.

    Brinco sobre ella sintiéndola entrar y salir. Danilo se acerca por detrás, le picó el ojo.

    – Anda muñeco métemela por detrás.

    Danilo me la coloca en mí trasero y esperamos a que me penetre sintiéndola entrar suavemente poco a poco hasta tocar fondo luego empezó a entrar y salir aumentando su accionar un momento para disfrutar a rabiar tanta lujuria como se pueda, sin tabúes ni restricciones, solo sensaciones inmensas, exquisitas rompiéndome mi trasero y cuca, con dos hombres bien dotados. Pero que se repite, se repite.

    Fueron 15 minutos de doble penetración, doble placer, doble locura hasta hacerme venir en chorros de líquidos. Paramos me fui para la cocina a sacar cervezas para todos. Patricia estaba sentada de espaldas encima de Emilio penetrándola por su trasero y Anselmo encima de ella le hundía la verga en su cuca.

    Al regresar el timbre de la puerta sonó. Yo pensé que podrían ser las hijas de Patricia y me asome a la ventana y me sorprendí al ver a Magda.

    – ¿Ve que quera está gran puta?

    Abrí la puerta y entró de una, nos abrazamos nos saludamos de beso.

    – ahí hola Dianita cómo estás?

    – Bien muñeca acá en plena faena preciosa. Y tú qué haces.

    – No Dianita con ganas de acompañarlas.

    – Me parece perfecto hoy vinieron Emilio, Anselmo y dos amigos con tremenda verga mamita que te van a encantar.

    – Ahí sí yo los vi cuando entraron, salíamos con mis hijas para el supermercado y un corrientasos me sacudió todo mi cuerpo de imaginármelos. Me fui con la idea de hacer el mercado a toda prisa y regresarme, pero no, había varias cosas que comprar y hasta una ropa para Adriana mi hija mayor.

    – ¿Huy pero no te demoraste?

    – ¡No, no pude hacerlo! Las ganas que tengo de estar otra vez con Emilio no me dejaron y recordando a los cuatro me imaginaba a mí desnuda con los cuatro, me toco decirle a las niñas que se me había olvidado hacer una vuelta urgente, dejando medió carrito de víveres lleno y viniéndonos las dejé en la casa y me vine de una.

    Mientras ella me contaba todo yo la fui desvistiendo. Termino y yo la abracé y caminamos para la sala en dónde Patricia seguía disfrutando de una doble penetración, le presente a churrusco y a Danilo a quienes se la encargue mientras yo iba a la cocina y destapaba pasabocas y sacaba cervezas de la nevera, los aliste en una bandeja y salí para la sala. Encontrándome a la Magda acostada de medio lado la pierna izquierda levantada y a churrusco entre sus piernas lambiéndole la cuquita Y mamándole la verga a Danilo sobre sus piernas. Deje la bandeja sobre la mesa de centro y me les acerque y churrusco estando en cuatro le agarré la verga masturbándolo a él y acariciándole las tetas a Magda.

    Patricia empezó a gritar avisando que ya estaba por venirse haciéndola vibrar se abraza fuertemente a Anselmo y con la cara completamente descompuesta se ve su cuerpo timbrar en corrientasos alternos. Anselmo se levanta yo le agarro su verga lambiéndosela arrastro mi lengua pegada por todo su tronco venoso para luego metérmela a la boca y mamársela por un buen rato, mientras Patricia toma y come un poco y el Emilio se fue a el baño a orinar y limpiarse la verga, regresa con Patricia quien lo sienta y arrodillándose en frente de él le mama la verga nos ponemos de acuerdo y nos montamos encima de ellos y nos metemos sus vergas en el trasero y comenzamos a follar como locos. La Magda también se cambia de pose y se le monta a Danilo quien la penetra su trasero y todas disfrutamos gimiendo y gritando de placer retumbando por toda la casa y él churrusco dejándose mamar la verga de todas, cambiando de puesto en puesto. Luego de casi 20 minutos y de venirnos las chicas nos paramos cambiamos de parejo quedando el Emilio suelto lo mandamos a lavarse la verga para entre todas mamársela mientras los otros nos rompían nuestros traseros con sus vergas seguimos cambiando varias veces más hasta cuándo Magda quiso doble penetración volteándose para que Emilio quien estaba sentado la penetrara por su trasero y Danilo por su cuquita. Anselmo y churrusco se le pararon a cada lado colocándole su verga para que se las mamara, dándole rienda suelta y cumpliéndole lo que me había dicho que había pensado, el estar con los cuatro desnuda y culeando.

    Esa mujer no se imaginaba tanta excitación junta, no sabía que agarrar ni nada.

    Emilio suelta su esperma inundándole el trasero, Danilo la levanta acostándola al lado y continua penetrándola por la cuquita aumentando la velocidad ambos se vienen en un mar de gritos y líquidos terminando la Magda abrazando a Danilo y dándole un sonoro beso.

    – que rio estuvo eso papacito rico, ahí no esto si es vida.

    Pataleando acostada como niña chiquita.

    – Ahí no esto es la locura nunca me imaginé hacer algo como esto, una vez vimos con mi marido una película porno dónde habían varios hombres con una sola mujer.

    – Magda te gusta ver porno?

    – Nooo. Mi marido las coloca cuando estamos haciendo el amor.

    + Y entonces que te imaginabas haciéndolo también?

    Cuando vi la película lo pensé y me pareció una locura un despropósito y ya ven heme acá en semejante… Que como lo dijera en plena gozadera.

    He notado que últimamente se me ha abierto un apetito voraz y es que me encanta tener relaciones sexuales con otros hombres, todo hace parte del placer, la seducción, el desnudarse delante de un hombre sin compromisos ni mierdas que te aten, poniéndole los cuernos a mi marido que es lo que más me excita.

    – A mira la putica.

    – Ahí sí jejejeje es que ya hace rato que no tengo sexo con él y ya me he acostado con cuatro amigos y una de las cosas que me han excitado es que a dos de mis amigos fue en mi cama Alberto ha venido tres veces y Joaquín seis.

    – pues mamita creo que has llegado al lugar indicado tengo una muy buena cantidad de amigos que te van a suplir esa falta de sexo. Y estas invitada para éste fin de semana vamos a hacerle una fiesta a la esposa de Miguel. Vienes?

    – No me la perdería por nada del mundo.

    – ¿Y cuánto llevan de casados?

    – este año cumplimos 25 años que récor. Jejejeje.

    – ¿Y hasta ahora le eres infiel a tu marido?

    – No que va no, solo le he sido infiel con dos amigos de él, ocho compañeros de mí trabajo. Y con cinco hombres que he conocido en la calle a la hora de almorzar o en el bus también y hubo uno que un sábado fuimos con mi esposo a comprar una ropa y a mí me encanto el que nos atendió y mientras mi esposo se medía un pantalón le dejé una tarjeta escribiéndole. Llámame me gustaría conocerte y así fue, me llamo y le dije que nos viéramos en una de las residencias que quedan en Chapinero por la 63 nos vimos el viernes y terminamos culeando toda la tarde. Con el duramos casi dos años teniendo relaciones sexuales hasta que él se casó y se fue a vivir a Ibagué

    – ¿Y tu marido que, ni por enterado de tus infidelidades?

    – ¡¡¡No!!!! Ni se imagina que me he acostado con otros hombres he sabido hacerlo sin despertar sospecha, tengo relaciones sexuales hace casi diez años con uno de sus grandes amigos y todo en el anonimato.

    – A mírala doña Magda nos resultó golosita.

    – Ahí sí que culpa tengo yo pero es que cuando un hombre me gusta no dudo en buscarlo y acostarme con él por eso fue que vine el sábado buscando al Julián semejante papacito es divino en todo el sentido.

    Me levanto, Voy a la cocina por mas cerveza y les digo a churrusco y Anselmo que se encarguen de Magda porque lo que la Magda quería era verga y con Patricia nos compartimos al Emilio y Danilo.

    Y así estuvimos una hora más con nuestra nueva integrante quien se fue muy contenta y realizada, aunque con esa cuca y trasero adoloridos, ahí si a hacer el mercado de víveres.

    Esta historia continuará solo a aquellos que me escriban comentarios

    DIANA LUCÍA SAAVEDRA

    [email protected]

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  • Y así terminan todas tus citas (Parte 2)

    Y así terminan todas tus citas (Parte 2)

    —Te veo en el parque de la avenida Tulum. Estaré ahí, leyendo unos libros —mensaje.

    —Si mi niño —mensaje.

    —Sé puntual guapa —mensaje

    —Tu sé puntual porque yo, ya voy en camino guapo —mensaje.

    Ya no recibí mas mensajes, pero sabía que yo iba a llegar temprano, porque empecé a arreglarme una hora antes, aparte de que realmente quería llegar temprano para leer unos libros. Siempre he pensado que es mejor llegar media hora antes, a llegar 10 minutos tarde. Y ante una primera cita, eso era crucial para mi.

    Era la primera cita, así que tenía que ir, de una forma no tan exuberante pero tampoco tan sencillo. Que se vea que me sé vestir, demostrar a Carolina que sale con alguien maduro, que se ve bien, nunca hay una segunda impresión, siempre la primera impresión es la que más se recuerda.

    Una camisa blanca con pequeños corazones de forma de patrón, en toda la camisa, un pantalón negro y mis zapatos de color azul fuerte. El pantalón y los zapatos, parecían del mismo color, una buena combinación y regla que muchas mujeres me han dado, use un poco de cera, para que mi cabello quede entre manejable y no como cemento como cuando se usa gel, un poco de desodorante junto con la colonia que tengo, un cinturón color negro, siempre me han dicho que un hombre fajado, con la camisa dentro del pantalón, siempre se ve bien, aunque me resisto a ese cambio, hoy lo intente, salir de mi casa fajado lo sentí un poco extraño, sentí algunas miradas. Al final, la costumbre pudo más en mi.

    En el camino, maquinaba la forma en que la noche fuera de los más agradables para ella, no sabía sus gustos, no sabía si le gustaría alguna cerveza, o simplemente una caminata después de la cena, en algún lugar tranquilo, o ir a caminar por la playa en la noche.

    Llegue al lugar acordado, le mande un mensaje que ya había llegado, y me dedique a ver algunos libros y revistas de mi interés. Soy un fanático de los libros, así que puedo estar durante horas en una librería sin aburrirme, excelente lugar para la espera de la cita de esta noche.

    No tardó mucho en que me llego el mensaje de Carolina, diciéndome que ya había llegado, que iba en dirección a donde estaba. El corazón se me aceleró un poco, me puse ansioso por verla vestida para la ocasión. Todavía no perdía las esperanzas de que la noche fuera para largo. Aunque no esperaba mucho, porque mujeres como ella, o más bien niñas como ella, todavía no tienen la libertad como la que tienen personas de mi edad, no tienen algún trabajo y solo se preocupan por el “ahora”. Eso lo tenía muy en mente, sabía que no me tenía que dar ideas equivocadas con Carolina, sabía que estamos en niveles muy diferentes, si tuviera 5 años más, o que esté a media carrera universitaria, la historia sería mucho mejor, o más diferente, pero ahora, muy en el fondo sabía que no me convenía, hasta la forma de pensar éramos diferentes.

    “Solo me quiero divertir” —pensamiento.

    —¿Adivina quién soy?

    Sentí que me tapaban los ojos mientras estaba leyendo.

    No respondí nada, deje el libro en donde lo agarre, y lentamente lleve mis manos para atrás, y empecé a tocar su cintura, para hacerle cosquillas, y en un momento cuando quise agarrar disimuladamente su trasero, se retiró de mi.

    —Eres un mano larga —dijo con una sonrisa mientras se alejaba un poco de mi.

    La contemplé, sin duda, estaba hermosa. Fue completamente de negro, pero con mucho estilo. Una chaqueta de cuero negro, una blusa por debajo, sin mangas, pegada al cuerpo, con un diseño de rendija, lo cual, se podía ver ligeramente la piel de su cuerpo y con el cuello muy descubierto. Una pesquero, porque le llegaba entre el tobillo y la rodilla, de un diseño de oficina, porque usaba un gris formal, con pequeñas líneas negras, de arriba para abajo, algo pegado al cuerpo, pero un poco holgado en las pantorrillas.

    Unos zapatos negros que arbitrariamente hablando, se veían tanto en mujer, como en hombre. Diseño de piel pala vega. Con detalles en las orillas.

    —Estás muy guapa —dije una vez que salí de mis pensamientos que tuve al verla.

    —Gracias —respondió con una grata sonrisa— Tu igual te ves guapo.

    Nos abrazamos y caminos tomados de la mano en la plaza, la idea principal, era ir a cenar en un bar, una comida y unas cervezas y de ahí, ver lo que pasaba.

    —¿A dónde me quieres llevar? —comentó Carolina mientras cruzábamos la avenida detrás de la plaza tomados de la mano.

    —Vamos a ir a cenar —dije mientras veía los carros pasar, y esperar el momento de cruzar la calle.— ¿Tienes mucha hambre?

    —Algo, ya sabes que no he comido desde que salí del servicio.

    —Mejor, asi vas a disfrutar la comida. Yo igual no he comido desde que salí del trabajo.

    —Entonces los dos, vamos a disfrutar la comida —menciono mientras le levantaba un poco, para quedar frente a mi, y besarnos durante un rato.

    Estábamos muy pegado, así que el pene se me empezó a levantar rápidamente, la seguí besando y la apreté aún más hacia mi, para que sintiera más mi excitación, después del trabajo, de cómo me la agarro y se mordió su labio, me sentía mas en confianza, de restregarle el paquete en sus piernas, para que igual excitara.

    —Alguien ya se está calentando —mencionó Carolina mientras nuestros labios se separaban después del largo beso.

    —Me dejaste con las ganas en el trabajo —dije aun con mis manos en su cintura y volviendo a jalarla hacia mi, para volverla a besar.

    Nos volvimos a besar, ella puso sus manos en mi nuca y yo las mías en su cintura, para después abrazarla completamente, la escena en sí, ya era caliente, porque nos comíamos, sentía su saliva en mi boca, su lengua en la mía, sentía como me jalaba con sus manos, y yo, como le restregaba mi pene en su entrepierna.

    Llegó un momento en que me separo

    —Vamos a cenar, porque aquí no podemos cenar a gusto —mencionó mientras hacía una sonrisa con los ojos cerrados.

    —Tienes razón, vamos a cenar y luego vamos por el postre —note su malicia en su voz y eso me dio esperanza de que la noche terminaría muy bien.

    Fuimos a cenar a un bar, mucha gente, la música de reggaetón, comimos alitas, hamburguesa, papas, tacos, pedimos muchas cosas, ya que ambos, teníamos mucha hambre. Así estuvimos comiendo y platicando de cosas triviales durante el tiempo que duró la velada. Ya entrada la noche, sentía el efecto de las cervezas en mi cuerpo, me sentía más alegre y más desinhibido. Se terminó la comida, y estábamos llenos, ya era algo tarde, la 1 am. Así que le pedí la cuenta al mesero y pague la cuenta. Salimos hacia la avenida, y mientras esperamos el taxi, solo comente.

    —Entonces te voy a dejar a tu casa, y ya de ahí, en el mismo taxi, me voy a la mía —lo dije sin ninguna maldad, porque no quería que ella se fuera sola. Sentía que igual se le subió un poco más el alcohol a ella.

    —No —respondió inmediatamente.— Mejor vamos a un lugar más privado.

    —¿A dónde quieres ir? —Ya había captado el mensaje, pero la pregunta era muy abierta, y lo principal, no quería ir a un motel, a la 1 am, para luego salir a las 3 am. Era muy tarde, y no me quería arriesgar a que nos asalten o nos pase algo por la calle, por estar a altas horas de la noche.

    —¿Qué te parece a un hotel? —menciono mientras volvía a agarrarme del cuello y nos volvíamos a besar.

    —Carolina, yo no tengo dinero para ir a un hotel, mejor vamos a mi casa —le dije fijamente para que aceptara mi invitación. No quería pagar un motel, y mucho menos un hotel, iba a ser más caro, era mejor en mi casa, en mi cuarto.

    —Está bien, vámonos.

    No tardamos mucho en agarrar un taxi, la trayecto fue rápido, en 15 minutos estábamos en mi casa. Pasamos la reja de entrada con mucho cuidado, ya que al abrirla, rechinaba mucho y eso podía despertar a mis papás que estaban en el segundo piso, salude a mis dos perros que rápidamente salieron a verme, les hice una seña para que no ladraran a Carolina que rápidamente se sujetó más fuerte de mi brazo, cruzamos la sala con mucho silencio, ya que ahí dormía mi hermano, abrimos la puerta, y al fin, estábamos en mi cuarto. Sentía que la travesía fue larga, pero al fin, estábamos en mi casa, en mi cuarto, y sin ninguna interrupción, también tenemos que cuidar del ruido, ya que en el cuarto de alado, estaba mi otro hermano con su novia y sus dos hijas, así que el silencio, era algo primordial, pero después de un rato, eso ya no iba a importar.

    En cuanto entramos al cuarto, me impresionó mucho, que Carolina simplemente se subiera a la cama, así como así, sin ni siquiera quitarse los zapatos. Eso me sacó de onda, pero intuí que está algo tomada o que así lo hacía en su casa.

    —Puedes quitarte los zapatos —le dije mientras me situaba en la orilla de la cama, y le empezaba a desamarrar los cordones.

    —No —rápidamente me retiró su pie.— Déjame así.

    —¿Como que te deje así?, las sábanas son blancas, y las vas a manchar con tus zapatos —empezaba a molestarme. Si no hacía que si quitara los zapatos, ya me veía a mi mismo, lavando las sábanas por la mañana a primera hora, para que nadie se diera cuenta, que traje a una mujer a la casa en la madrugada, y que nadie lo sabía.

    —Así me voy a dormir —dije con cierta voz insistente.

    —Carolina, si no te quitas los zapatos, me vas a manchar las sabanas, y en la mañana, yo tendré que lavarlos —me puse serio con ella. No entendía porque no se quería quitar los zapatos.

    Acaso le apestaban los pies, tenía un dedo de más en sus pies, o un dedo menos, tenía calcetines rotos, o algo vergonzoso que no quería que viera. No tenía tiempo para bromas, no quería lavar las sábanas blancas en la mañana.

    Me quedé parado en la orilla de la cama, mirándola fijamente, ella estaba boca arriba, levanto un poco su cara, y me vio, nos miramos un momento, ya se empezaba a notar la incomodidad del cuarto, de parte mía. Siguió mirándome y finalmente dijo.

    —Está bien.

    —Gracias —dije con un ligero suspiro de alivio y cierto enojo.

    —No te enojes conmigo mi niño —dijo con cierta voz coqueta, mientras levantaba las manos para que la abrazara.

    Me retire la camisa, y me puse encima de ella, me abrazó, me acarició mi espalda con sus uñas postizas. Nos empezamos a besar lentamente, poco a poco, el ritmo subía entre besos, yo entre sus piernas y sus piernas abrazándome por mi cintura.

    Inicio de la historia.

    “Y así terminan todas tus citas.”

    Me lo decía Calorina mientras le subía la falda poco a poco, encima de sus piernas y empezaba a tocar su vagina encima de su calzón. Sentía su humedad.

    Tenía una cara de deseo, me beso pero sin perder el ritmo de la mete y saca, la sentía muy mojada y podía oler ese olor, que cada mujer impregna al momento del sexo.

    Está muy delgada, así que moverla no fue ningún problema para mi. La agarre del cuello, y la jale hacia mi, para poderla besar mejor. Ahí me di cuenta que tenía una costumbre, especial, de morderme el labio inferior, a la mañana siguiente iba a ver la marca en mi boca, pero en ese momento no me importo, ni lo sentí.

    Solo lo metía y sacaba, lo metía y sacaba, empezaba a escuchar sus gemidos, como me abrazaba en cada metida completa de pene en su vagina. Escuchaba ese sonido líquido de nuestro sexo, chocando a cada momento. Supe mi mano en su boca para que no escucharan en el cuarto.

    —Dame más, me encanta como la tienes —la oía decir entre agitación —La tienes muy grande.

    La chica de 18 años era muy caliente en la cama, escuchar esas palabras caliente en mi oído, mientras la agarraba en el cuello, para tenerla cerca de mi, era lo más placentero, aparte de la cogida que le estaba dando.

    —Así es como te quería tener —le decía mientras más fuerte le daba—Desde hace rato quería estar así contigo.

    —Ya me tienes así dame como a ti te guste —Suspiros— Dame mas. Aaaahhh

    Se la saque, note que te quedó un momento quieta, pero solo la agarre del brazo para voltearla boca abajo. Ver ese pequeño culo a mi disposición, fue un placer. Agarre mi verga y se le metí de un jalón, sentí como saco un gran suspiro, la agarre de la cintura con ambas manos, y la empecé a sacar mas rápido, la cama se movía totalmente, ya no me importo, ni me importaba el placer de ella, solo quería sentir mi placer solo quería terminar.

    —Voy a terminar.

    —Termina dentro de mí, no te salgas.

    —¿Que? —eso me saco mucho de onda, sé que estaba mal que desde el principio no me puse condón, y que el líquido preseminal tiene cierto semen, pero no quería terminar dentro de ella, capaz y eso terminaba aún peor.

    —No, no voy a terminar dentro de ti.

    —No pasa nada, quiero que termines dentro de mi.

    —¿Estás segura?

    —Si, quiero sentir tu leche, dámela toda.

    La escena de por sí, ya era de más, excitante, y no aguante más, termine dentro de ella. Fue una experiencia única, espere a que los espasmos en mi pene terminaran para que sacaran lo último de semen.

    Fue muy especial para mi, ya que con mi anterior novia, siempre habíamos usado condón, y aunque terminaba dentro de ella, no era lo mismo, definitivamente no era lo mismo usando condón, y mas aun, que ella sintiera mi semen dentro de ella.

    Nos acostamos, mirándonos sin decir una palabra. Nos quedamos dormidos.

    No recuerdo la hora, pero me desperté para ir al baño, encendí la luz del baño, al salir, por el reflejo de la luz, la cama se veía muy iluminada, y ahí estaba Carolina, desnuda de su cintura para abajo, boca abajo con las piernas entrecruzadas, era de madrugada, pero ver así, hizo que se me parara de nuevo.

    Se me subió la calentura.

    Apague la luz, me subí lentamente a la cama procurando que no se despierte, me coloque entre sus piernas, agarre mi pene y la puse en su vagina.

    Empecé a empujar lentamente, extrañamente seguía algo mojada, lo cual me facilito que entrara toda sin ningún problema.

    Empecé con el mete y saca, ella todavía seguía dormida, dormida boca a abajo, así que procuraba hacerlo muy despacio, la sensación era indescriptible, mas el morbo, por ella, que esté dormida y yo encima de ella, cogiéndomela.

    Sentía que se mojaba, no la veía despertarse, nunca supe si realmente estaba dormida o solo seguía el juego.

    Quería cogérmela las veces que sea necesario, quería volver a terminar dentro de ella, las consecuencias de mi decisión en ese momento no me importaba nada, no me importaba que fuera a pasar, solo me importaba cogerla, y volver a terminar dentro de ella.

    No me costó mucho, en aquella posición, ver su espalda, su trasero, sus piernas abierta, y yo, entrando y saliendo a cada rato.

    Sentí esa corriente eléctrica en mi cuerpo, y cuando sentí que el semen se me salía, se la metía lo mas profundo que pude, me quede quieto mientras sentía las palpitaciones y las últimas gotas de semen saliendo de mi.

    Se la saque lentamente, me fui al baño a lavarme un poco el pene, apague la luz y me acosté a lado de ella.

    No me costó nada volver a quedarme muy dormido.

    A la mañana siguiente, amanecí con sus brazos en mi pecho, me estaba abrazando.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (34)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (34)

    Después del orgasmo consecutivo que tuvimos los tres, sudorosos, aún convulsos, y cansados, nos quedaos tumbados en la cama, los tenía a cada uno a un costado y les agarré de la mano llevándomelas a los labios.

    -¡Gracias chicos, gracias! Ha estado genial. -ambos se giraron para mirarme con una hermosa sonrisa iluminándoles la cara.

    -A ti gatito, tu eres la causa de tanto placer. -Álvaro apretó mi mano, entonces Pablo se levantó sobre los codos para alcanzar a mirarle.

    -Tu has sido el que has organizado todo, has reunido a todos los amigos, pagado la fiesta, la habitación. -se apretaron las manos que tenía cogidas.

    -Bueno, no a todos. -volvieron a coger la postura que tenían mirando al techo pintado de gris cielo mientras yo me colocaba de costado mirando a Pablo.

    -¿Que vamos a hacer nosotros cuando te vayas? -coloqué los labios sobre su hombro temiendo no poderme contener y comenzar con mis lloros. Apretó con fuerza los labios sin mirarme.

    -Vendré siempre que pueda.

    -¿Y cuándo será eso? ¿Los fines de semana? ¿Cada quince días…, una vez al mes…, el trimestre entero? No quiero que nos dejes.

    -¡Por favor Ángel! No me lo pongas más difícil. Tu te quedarás con Álvaro y yo estaré solo, tendrás quien te cuide y se ocupe de ti. -Álvaro se me había acercado abrazándome por detrás y me acariciaba sutilmente la cintura.

    -Tranquilo gatito, estarás bien y Pablo tiene que terminar sus estudios, está en el momento más complicado. -colocó los labios sobre mi hombro intentando que me calmara.

    Pasaron unos minutos sin que habláramos hasta que noté como el cuerpo de Pablo se estremecía intentando contener la risa que por fin dejó que le saliera, se dio la vuelta y nos miraba con la boca abierta.

    -¿Has visto las maniobras de la pequeña Irina? Vas a tener que atenderla para que me deje tranquilo, pensaba que su estancia alejada de ti la habría calmado. -le salía un hilo de saliva por la comisura inferior de la boca, me recordaba la risa alegre de un niño recordando viejos juegos y diabluras y me contagio la alegría.

    -¿Qué pasa con esa chica, parecía que deseaba comerte? -le hice la pregunta mientras le limpiaba la boca pasándole un dedo por los labios. Pablo alargó la mano por encima de mi para llegar al hombro de su amigo y golpearle sin dejar de reír.

    -Eso te lo tendrá que contar nuestro amigo que sabe más que yo.

    -Es solamente una niña, quizá un poco caprichosa, deberías dejarla en paz. -Álvaro no cesaba de besarme el cuello hablando sin alterarse.

    -Ya, no tan niña, hacía meses que no la veía y ha cambiado…, para bien, se ha hecho una mujer en todo, una preciosa señorita que sigue persiguiendo a su príncipe, desesperada porque no le hace caso alguno.

    -Para mi es como un miembro de mi familia, como una hermanita pequeña…

    -Ella no te ve así, se ha vuelto más calculadora e interesada, diferente a cuando tenía catorce años, manipuladora con tus padres que la adoran y ella lo sabe, como conoce que les encantaría que fuera la mamá de sus nietos. Seríais la pareja ideal… -notaba que Álvaro se ponía tenso y apretaba los labios sobre mi cuello.

    -Por favor Pablo, déjalo ya, supones demasiado y la juzgas mal, estamos aquí para pasarlo bien y que te vayas con un buen recuerdo, no para hablar de mis hipotéticas enamoradas.

    -De acuerdo, pero no entiendo que seas tan ingenuo, no me importaría que todo fuera un invento de mi imaginación, pero está enamorada de ti, muchas chicas lo están y lo mereces por ti mismo, pero también eres tan obscenamente rico que tengo que suponer lo peor. -los escuchaba y no sabía lo que estaba sucediendo, desconocía todo sobre sus vidas pasadas.

    Pablo parecía molesto pero se dio cuenta de que estaba sorprendido e interrumpió la conversación que mantenían, se acercó y me besó con dulzura los labios.

    -No te preocupes, no estamos discutiendo. -estaba notando como resbalaba el semen que antes Pablo me había dejado en el culo y evitaba cualquier movimiento impidiendo que terminara encharcando las sábanas.

    -Voy un momento al baño, necesito lavarme un poco. -bajé de la cama y Álvaro se aproximó a Pablo, para pasarle el brazo por el abdomen acercándolo a él.

    Me senté en el inodoro para vaciarme, prestando atención a la conversación que seguían teniendo y que me llegaba como un murmullo, pero sin conseguir entender lo que decían.

    Una vez limpio salí del baño, los chicos ahora no hablaban, Álvaro se encontraba con la cara sobre el de su amigo lamiéndole las tetillas y con una pierna sobre su abdomen le aplastaba la verga. Pablo se dejaba hacer y solo le pasaba la mano por el hombro acariciando.

    Me detuve un momento observándoles, el cuerpo de Álvaro, bien formado y casi perfecto, resultaba más delicado que el de su amigo si los comparaba.

    Álvaro se subió un poco más para tener la cara sobre la de Pablo y descendió para besarle la boca. Me gustaba verles, tan escandalosamente bellos y eróticos, tan machos los dos y sin embargo acariciándose, deleitándose con el contacto de sus varoniles y contraídos músculos.

    Esa misma escena, ver a Pablo en los brazos de otra persona, me hubiera puesto rabioso, pero con Álvaro lo encontraba normal y me erotizaba a mi mismo, haciendo que la verga fuera respondiendo al estímulo del sensual cuadro que tenía enfrente.

    Mientras se comían la boca Álvaro había cogido la polla de su amante en la mano derecha y, a su vez, el otro introducía la mano entre sus nalgas llegándole a acariciar su ano.

    -¿No habéis podido esperarme? -dejaron de besarse para mirarme los dos sonrientes, y volvieron a lo suyo esperando que yo me incorporara al grupo.

    Me senté a su lado sin intervenir, solo gozando del espectáculo de los dos machos gozándose. Miraba a Álvaro retozando y deslizándose sobre la piel de su amante hasta que Pablo se impuso como macho dominante y lo colocó arrodillado, con la cabeza sobre mis piernas.

    Empezó a comerle el culo hasta lograr que gimiera, yo le acariciaba el cabello mirando las maniobras de Pablo en la parte trasera, metiendo la cara entre las redondas nalgas hasta que decidió meterle un dedo.

    Le follaba con el dedo a la vez que le seguía lamiendo y Álvaro bufaba con la boca sobre mi muslo mordiéndolo. A veces se contraía al sentir el dedo acariciándole el recto.

    -¡Qué rico! Sí, sí, me gusta. -la faceta del Álvaro pasivo se manifestaba rotundamente ante la fuerza del rudo macho y disfrutaba de las maniobras que Pablo le profesaba en el culo.

    Sentía como mi verga se ponía cada vez mas dura al notar el cabello de mi amigo frotándose contra ella, cuando movía la cabeza soportando el placer que su amante le daba.

    Después de unos minutos más, donde ya le metía hasta tres dedos, Pablo se decidió a iniciar el siguiente paso.

    -Te voy a follar papito, mi rabo no aguanta más. -al escucharle salté de la cama y me fui a su lado. Realmente tenía la verga dura y potente como un caballo en el momento de entrar en la yegua, el precum la humedecía y el grande, muy rojo, indicaba la tensión que estaba pasando.

    -Déjame que te la chupe antes. -Pablo se giró ofreciéndomela pero sin que los dedos abandonaran las profundidades del culo donde se metían.

    Su verga sabía muy rica, deliciosa, con sabor aún a mi culo, se la chupé hasta que me apartó sin violencia y con decisión.

    -Si continuas vas a hacer que me corra antes de follarle. -sacó los dedos del culo y dispuso la polla en la entrada del agitado ano de Álvaro, le azotó con la dureza rígida de la polla y la apoyó en el hoyo entre las nalgas.

    -Prepárate, voy a meterla.

    -Sí, ¡por favor! lléname de polla. -Alvaro movía el culo buscando el contacto que había perdido con la verga de su amigo. Pablo le sujetó con la mano izquierda la cadera y con la otra dirigió la polla hasta su ano.

    Estaba tan, pero tan abierto que la cabeza de la gorda polla le ingresó sin problemas. Álvaro emitió un hondo gruñido y dejó caer la cabeza sobre el colchón a la vez que encogía el cuerpo.

    Su follador no le dio tregua, y ahora con la verga iniciada la penetración. le sujeto de la cintura para ponerlo a cuatro patas, se sujetó de los hombros y tiró de él para que la larga y dura polla hiciera el camino completo, hasta desaparecer en el cuerpo de nuestro amigo.

    Estaba a cuatro patas sobre la cama y Pablo detrás de él le daba verga a un ritmo tranquilo pero contundente y sin prisas. Sentía que mi polla iba a reventar y me llegue para arrodillarme delante de Álvaro, lo mismo que el estaba cuando Pablo me la metía a mi.

    Los observé un minuto, admirado de la la voluptuosidad del acto, el cuerpo de Pablo ondulaba buscando el mejor ángulo de penetración para penetrarle hasta el fondo. Álvaro contraía los glúteos para apretar la verga que le partía en dos y se abría para favorecer que le clavara hasta el fondo y con los ojos cerrados no cesaba de gemir.

    Álvaro se dio cuenta de mi presencia y me sujeto la verga queriendo llevarla a su boca, pero lo que veía me fascinaba y quería verlo en primer plano. Deslicé el cuerpo bajo él, la cabeza debajo de su tripa y mi verga debajo de su cara, y sentí ganas de chuparle la dura polla que tiraba jugos sin cesar, pero también ver con detalle como Pablo se lo follaba.

    Si, deseaba ver la hermosa verga de mi amante, como entraba y salía del culito de Álvaro, totalmente dura y empapada de los jugos que ambos segregaban.

    Álvaro bajó la cabeza para empezar a lamerme los huevos, y sin poder aguantarme recogí con la lengua el presemen que le colgaba del glande, que me rozaba pasando por mis labios por las embestidas que Pablo le propinaba en su culo.

    El morbo era increíble mirando el conjunto del acople de los dos cuerpos, aquella inmensa barra de carne entrándole hasta las entrañas de nuestro amigo, tenía la impresión de verla recorrerle las tripas avanzando y retrocediendo en su vientre.

    Tenía la cabeza forzada para elevarme y poderle chupar los huevos, a veces lamiendo la verga que salía llena de jugos y sintiendo la boca de Álvaro envolviéndome mi verga.

    Continuamos unos minutos así, Álvaro y yo con nuestro sesenta nueve a la vez que Pablo le atacaba con fuerza por atrás. Vista desde mi posición, la polla de Pablo pararía más grande, larga y gorda, con las venas reventándole la suave piel aterciopelada, deliciosa.

    Su huevos rotundos, grandes y cubiertos de pelo que pasaban rozándome la nariz hasta estrellarse en el rojizo agujero que ahora era el ano de nuestro amante.

    Toda esa visión, el olor que percibía llenándome las fosas nasales, me tenía en un estado de excitación difícil de soportar. Y Álvaro tenía que sacarse mi verga de la boca para suspirar y sacar grititos de placer cuando sentía la verga de Pablo en lo profundo de su ser, y escuchábamos el rítmico golpear de los cojones de toro en sus nalgas.

    Pablo se debió de cansar, o no quería terminar y deseaba que la follada durara más que sacó la polla del culo dejándome ver el abierto hoyo y le metí dos dedos.

    -No, no me la saques, ahora no. -enseguida cerró el culo sujetando y aspirándome los dedos, pero Pablo le sujetó las caderas desplazándole de donde estaba y colocándolo a mi costado.

    Entonces Pablo le elevó las piernas colocándolas sobre sus hombros y empezó a comerle el culo. Álvaro se contraía por el placer que la lengua y la boca de nuestro amigo le daba, y yo me arrodillé a su lado admirando su largo fallo tirando líquidos.

    Luego Pablo subió la lengua por el perineo hasta llegar a los huevos y allí unimos nuestras bocas, nuestras salivas y le comíamos los huevos y la verga con auténtica dedicación, gozándole y haciendo que nuestro amante se estremeciera continuamente retorciendo el cuerpo.

    Uno y otro buscábamos darle placer y no dejábamos un lugar sin que nuestras lenguas pasaran lamiendo, mezclando nuestras salivas con los jugos que su verga desprendía.

    Poco después Álvaro se revolvía y era Pablo el que permanecía tumbado, y nuestro antiguo pasivo se volvía el actuante chupando la dura polla de Pablo, le acompañé en la comida y ya Álvaro se montó sobre el peludo abdomen dispuesto a cabalgar a Pablo.

    Se inclinó dejando que el largo cilindro de carne quedara incrustado entre sus nalgas, y lo disfrutó unos segundos pasándolo por la raya, dejándome ver como el ano se le abría y cerraba, deseoso de que la dura carne le entrara.

    Sujeté a barra pringosa de nuestra saliva y la apunté al precioso y rojizo hoyito, Álvaro la sintió empujando y fue dejándose caer lentamente, yo sujetaba la larga verga para que no se doblara hasta que se enterró completamente en el cuerpo de Álvaro.

    Se detuvo unos instantes para hacerse al voluminoso trozo que se había tragado por el culo, y luego comenzó a subir y bajar sobre el mástil de carne, apoyaba las manos sobre el fuerte pecho de Pablo para sacarse la verga y luego volvía a sentarse, suspirando complacido de sentirse tan lleno.

    Yo miraba lo que tenía delante, admirado de que su lindo y pequeño culito pudiera tragarse, al parecer sin problemas. El duro y enorme pene a veces a mi me causaba daño. También con la mano derecha acariciaba el encuentro de la carne que le taladraba, y la circunferencia exacta de su ano adaptada ahora a la verga que le penetraba. Con la mano izquierda me pajeaba la verga dura y tiesa como un hierro, y entonces le escuché pedirme que también se la metiera.

    -Dame tu polla Ángel, quiero tenerla junto a la de Pablo. -quedé un momento con la mano que le acariciaba el anillo del ano paralizada.

    Pablo también lo deseaba.

    -Sí métesela, vamos a estirarle el culo. -tiró ligeramente de él para que su verga saliera como un cuarto y le metió dos dedos, como indicándome que Álvaro estaba dispuesto y preparado para recibir dos vergas por el ano.

    Le aplastó sobre su pecho y abrió las piernas para dejarme lugar y que me metiera entre ellas. Me daba un poco de miedo por la posibilidad de hacerle daño o desgarrarle el culo, coloqué el capullo en la entrada y apreté con los dedos la verga de Pablo para hacerme sitio.

    -Métela Ángel, estoy preparado. -pero su voz sonaba como ahogada, y supe que él también tenía miedo, y ganas, muchas ganas, porque llevó la mano hacía atrás para agarrarme el muslo y empujarme hacia él.

    Me decidí y empujé con cierta fuerza hasta lograr que el glande desapareciera resbalando sobre la verga de Pablo. Álvaro retrajo el culo y me detuve, pero ya estaba dentro de él, lo difícil estaba hecho.

    Sentía la estrechez de su ano y fui entrando poco a poco, a polpecitos, pero también sentía que la polla de Pablo aumentaba por la excitación de sentir la mía queriendo ocupar su lugar en clara disputa.

    Pablo abrió sus piernas un poco más, para que yo lograra una penetración completa, o al menos satisfactoria para podernos mover y follarle el culito sin problemas.

    La tenía dentro de su culo todo lo que podía meter y me incliné sobre su espalda para besarle y calmarle los temblores y tiritones que padecía, a la vez Pablo le besaba con amor y cariño los labios.

    -¿Estas bien? -musitaba temeroso junto a su oreja. -parecía que sollozaba pero su respuesta fue contundente y rápida.

    -Sí, estoy bien, en el cielo. Resulta increíble sentiros a los dos dentro de mi, me gusta y no siento dolor. -le teníamos emparedado entre los dos y Álvaro se aplastaba sobre el cuerpo de Pablo invitándome a que yo hiciera lo mismo sobre el suyo.

    Le cubríamos de caricias y de besos y nuestro amigo solo suspiraba, hasta que su culito comenzó a trabajar apretando nuestras pollas, nos pedía guerra, y mientras yo me mantenía pasivo y quieto, Pablo empezó a salir y meterla, era suficiente para que yo sintiera un inmenso pacer al sentir su verga rozando la mía, apretándola contra las paredes del recto de nuestro amigo.

    -Que rico estás mi Álvarito, tu culito despide fuego. – todo resultaba maravilloso, lleno de hermosas sensaciones y sabía que nuestro amigo disfrutaba al tener nuestras dos duras pollas en su culo

    Poco después sentía que me iba a correr, el placer era demasiado y tenía dos opciones, o salir del culito, o dejarme ir y que mi semen se derramara sin demora.

    -Me voy a correr, me salgo. -el ¡No! de los dos sonó al mismo tiempo

    -No, correté dentro de mi, déjame tu leche dentro, quiero que lo hagáis los dos. -fue recibir su permiso y sentir como mi verga se endurecía, palpitaba disparando mi semen en las entrañas de Álvaro. Su culo me apretaba ordeñándome la polla y enseguida supe que el también eyaculaba al contraerse y apretarse más contra Pablo.

    Pablo continuó follándole unos segundos más, cuatro y o cinco estocadas metidas con brusquedad, y sentía su leche envolverse con la que yo le había depositado a la vez que su verga se endurecía y creía apretando la mía, y como salía el semen expulsado entre las dos vergas resbalando desde el culito a sus huevos.

    Permanecimos en la misma postura unos segundos, hasta que nuestras respiraciones se fueron calmando, mi verga fue la primera en salir de su culo acompañada de un chorrito de leche, y me dejé caer al costado de Pablo, cerré los ojos y escuché el ruido de la verga de mi amigo al abandonar el cuerpo de nuestro amado y su profundo suspiro de satisfacción.

    Pensaba que había sido increíble pero verdadero, Álvaro servía para todo y era un todo terreno, nunca lo hubiera pensado. Disfrutaba lo mismo dando que recibiendo, o más de lo segundo como me sucedía a mi. Ahora dudaba de que fuera bisexual.

    Era muy tarde y teníamos que dormir, el día siguiente Pablo debía hacer el viaje de vuelta. Y nos quedamos dormidos sin más, en esta ocasión con Álvaro entre nosotros dos.

    —————————————-

    Desperté al escuchar voces cercanas, al principio eran simples murmullos que después fui reconociendo y entendiendo las palabras.

    -Me tengo que marchar Álvaro, mi tío me espera en casa y tengo que finalizar de recoger mis cosas.

    -Espera Pablo, nos arreglamos y te acompañaremos, aun es temprano.

    -Es mejor que no, antes quiero pasar por el cementerio para visitar la tumba de mi tía, y además nuestro niño lo va a sentir y es mejor no decirle adiós. Cuida de el. -había abierto los ojos pero al escucharle los volvía a cerrar haciéndome el dormido.

    Quedé en tensión escuchando los pequeños ruidos que hacía, el beso de despedida que compartía con Álvaro y sus labios posándose en mi frente, luego el chasquido leve de la puerta al cerrarse.

    Álvaro me rodeó entre sus brazos, me besó silenciosamente la espalda y permanecimos en silencio, sin poder volver a conciliar el sueño hasta que la claridad inundó de opaca luz la habitación.

    Todo el tiempo que había pasado había sido entre los brazos de mi amante, sintiendo los dulces besos que me prodigaba en el cuelo y la espalda, seguro que él sabía que permanecía despierto. Me moví para girarme hacía él, sus ojos me miraban doloridos y amorosos.

    -¡Álvaro! -le rodeé el cuello con los brazos y escondí la cabeza en su cuello.

    -¡Mi amor, mi vida! -besaba con ternura mi cabello una y otra vez al tiempo que yo suspiraba son la boca sobre su pecho.

    Al estar así, abrazados, sentía más pronunciado el calor que teníamos en la habitación, levanté la cabeza y busque la boca de mi chico.

    -Tu no me dejes Álvaro, tu no…

    -No mi vida, voy a estar a tu lado cuando me necesites, te amo, y él también lo hace. -parecía que buscaba una disculpa, una excusa que justificara el que Pablo nos dejara.

    -Se que debe ser así, quiéreme Álvaro, necesito sentirte en mi, hazme el amor. -Álvaro colocó una pierna sobre mi cintura aprisionándome y sentí su virilidad apoyarse en mi abdomen. Su verga estaba algo dura y la sujeté para sentirla más cerca abrazándola contra mi tripa.

    -Te amo Álvaro y se que estaremos bien los dos juntos. -la suavidad de sus besos me envolvían y cada vez eran más frecuentes e intensos, rodeé su pecho con mi brazo y respondí a sus caricias, a sus amorosos besos llenos al principio de ternura, hasta irse convirtiendo en apasionados.

    Me tenía aprisionado, encerrado en las cadenas que formaban sus brazos y las piernas, con el culito sobre mi pene que lentamente se me iba endureciendo y le tocaba la entrada del culo cuando se movía.

    -Hazme tuyo mi amor. -logré gemir en sus labios cuando se apartó un instante para poder respirar. -sin separar nuestras bocas se dio la vuela colocándose sobre mi sin variar mucho la postura, pero ahora era yo quien enroscaba mis piernas en su cintura, buscábamos los dos el encuentro entre su dura verga y mi culo.

    La tenía muy dura y resbalaba sin poder penetrarme, entrar dentro de mi cuerpo no resultaba tan fácil y pasé una mano por debajo de mis piernas para encaminar la verga a su destino.

    Supo cuando tenía que empujar y respiré profundo cuando se abrió camino en mi culo.

    -¡Ahhh! Mi amor ya me entra, está muy dura y potente.

    -¡Qué rica, qué rica tu verga Pablo! -me di cuenta tarde de que nombraba a mi otro hombre, si Álvaro lo escuchó no me lo dijo en ese momento, continuó empujando y dándome pequeños golpes de cadera hasta que estuvo totalmente dentro de mi cuerpo.

    Descansó permaneciendo quieto, dejándome sentir el palpitar de la polla dentro de mi culito mientras me besaba apasionadamente, pero sin excesos.

    -Gatito, es un placer follarte y sentirte así de tierno. -Álvaro era muy diferente a mi Pablo haciéndome el amor, en él todo era cordura y sensatez.

    Chupaba mi lengua moviéndose con lentitud, sin prisas, en este momento parecía que el tiempo era infinito para él y se olvidaba de tu acuciante trabajo como si no existiera. Yo era lo más importante y a lo que se dedicaba con maestría amorosa.

    -¡Ohhh! Mi maravilloso amante, mi Álvaro, me follas tan rico, te siento muy dentro mi vida, y me vuelves loco. -mi ano se adaptaba a su verga como un guante de seda, y yo lo apretaba lo suficiente para que entrara y saliera sin dificultad, resbalando por el canal y rozando las paredes lo suficiente para que los dos lo gozáramos y gimiéramos de dicha en nuestras bocas.

    -Me voy a correr gatito, tu culito es una vaina deliciosa, eres increíble mi amor, me viene el orgasmo…

    -Lo se, siento como se te engorda la verga, dámelo todo, lléname de semen amor, ahora soy tu mujercita y quiero que me preñes la barriga. Vacíate, así tan rico, mi vida.

    La paz se había acabado y ahora Álvaro me clavaba con tremenda fuerza, me enterraba su maravilloso falo a velocidad vertiginosa logrando que también yo necesitara correrme. Se contrajeron mis testículos expulsando con fuerza la leche que contenían y mi culito aprisionó la dura polla de mi amante que se quedó clavado, respirando dificultosamente mientras los chorros de semen se depositaban en mi vientre.

    ——————

    Álvaro pidió bañadores para nadar un rato en la piscina climatizada del hotel, y volvimos a la habitación después de divertirnos nadando hasta terminar agotados.

    Nos duchamos y preparamos el escaso equipaje que había cogido.

    -¿Donde quieres que comamos?

    -En casa, con tus padres, llamaré a Victoria para advertirle.

    -Podemos comer fuera, hay muchos restaurantes.

    -En casa, es donde mejor estaremos.

    Los dos evitábamos nombrar a Pablo, aunque ambos le teníamos en nuestras cabezas.

    Seguirá…

     

  • Me dio por el culo en el portal del edificio

    Me dio por el culo en el portal del edificio

    Iba de camino para casa, a las 4 de la madrugada cuando nos encontramos. Yo venía bajando las escaleras que vienen desde la calle Falperra y acaban en el principio de la ronda de Nelle, justo enfrente a la iglesia de San Pedro de Mezónzo. Hacía poco que las habían hecho, al igual que los edificios que suben la ronda de Nelle, de hecho, todavía no estaban terminados de todo y aún no vivía gente en ellos, o al menos en la mayoría de ellos.

    Venía del centro de la ciudad (La Coruña), de tomar unas copas y buscar alguien con quien follar. Como solía ocurrirme muchas veces, no había encontrado nadie con quien hacerlo, así que me iba para casa caminando por lugares donde pudiera haber alguna persona con quien poder hacerlo. Por ese motivo había bajado por aquellas escaleras, ya que a mitad de estas había un pasillo que iba por detrás de los edificios que estaban prácticamente terminados. Ese pasillo era oscuro y solitario, y era un buen lugar donde poder follar sin ser visto.

    Cuando llegué a ese pasillo, iba a ir por él, pero en ese momento, venía por el hacia donde yo estaba un hombre maduro. Los 40 años ya no los cumplía, y los 50, por ahí andaría. Quedé parado al verlo, dudando en si seguir ese camino o no, volví atrás y subí unas cuantas escaleras, esperando a ver para donde iba él.

    Por supuesto que él también me había visto, pero no parecía tener intención de venir hacia donde yo estaba, así que, mirando para él, decidí bajar las escaleras, y cruzar hacia la iglesia de San Pedro de Mezónzo.

    Cuando iba bajando, me pude fijar bien la pinta que tenía, era alto, rondaría los 2 metros, y aunque tenía una figura delgada, si aquel mastodonte me da una hostia, cruzo la calle sin tocar el suelo. Me debía llevar unos 30 o 35 centímetros de altura, ya que yo mido 1,65, y pesaba en esas fechas 58 kilos. Vamos que, al lado de ese bicharraco, no tenía ni media hostia.

    Además, la cara que le vi, no me había gustado nada, tenía cara de loco, esa fue la primera impresión que me dio al verlo.

    Él tampoco me quitaba ojo de encima, se había percatado de que yo andaba rondando por allí, y a saber que estaba buscando. No se realmente lo que pensaba, pero lo que sí sé, es que me caló a la primera.

    Parado como estaba, me llamó, pchif pchif.

    Yo me paré mirando para él, a ver que era lo que quería.

    Me hizo señas con la mano para que fuera, pero yo dudaba, le veía la cara, y me parecía un loco recién salido de un manicomio.

    Ven, no tengas miedo, me dijo claramente.

    Yo seguía dudando, estaba parado sin saber que hacer.

    Volvió a repetirme que fuera, ven hombre, que no te voy a hacer nada.

    Yo seguía dudando, cuando veo que lleva la mano a su entrepierna, se agarra el paquete con la mano, haciéndome señas para que fuera, a la vez que me ofrecía su polla, girándose e indicándome aquel pasillo estrecho y oscuro.

    Joder, el tío aquel me estaba haciendo unas insinuaciones bien claras, se había agarrado el paquete, ofreciéndomelo.

    Comienza a dar unos pasos esperando que lo siguiera, y como vio que yo lo empezaba a seguir, caminando muy despacio y con algo de miedo, él sigue internándose más en la oscuridad de aquel estrecho pasillo.

    Iba caminando despacito, esperando que yo le diera alcance, pero yo desconfiado, aún no las tenía todas conmigo, y dejaba que el fuese delante mía.

    Ya bien internado en el pasillo aquel, se paró sacando la polla de fuera, la cual me mostraba sin disimulo alguno.

    Yo parado igual que él, miraba con precaución todo lo que iba haciendo.

    Me estaba mostrando su polla que acababa de sacarse junto a las pelotas, las cuales acariciaba mientras me la ofrecía.

    Paso a paso me fui acercando más a él, tenía algo de miedo, pero aquella visión, me había despertado la lujuria haciéndome perder la poca prudencia que solía tener.

    Cuando por fin estuve a su altura, me volvió a hablar, ven hombre, no tengas miedo que no te voy a hacer nada.

    Pegado ya a él, yo no le quitaba la vista a aquella polla, joder menuda verga que tenía el fulano aquel, tenía realmente una polla acorde a su altura, larga y de buen calibre. Pero lo que más me llamó la atención, eran las pelotas que le colgaban, joder casi le llegaban a las rodillas, era una cosa exagerada.

    Me sujetó por la mano, llevándola a su herramienta. ¿te gusta? Me preguntaba dejando que la cogiera con mi mano.

    Dios, aquella verga estaba caliente caliente, tenía una piel suave que daba gusto acariciarla. Después de acariciarle la polla, eché mano a aquellas pelotas tocándolas, y al igual que pasaba con la piel de su verga, daba gusto tocar aquellos huevos.

    Mientras yo le acariciaba sus genitales y polla, él fue metiendo su mano por dentro de mi camisa, iba desabrochándome desde el cuello los botones, hasta que metió su mano, acariciándome los pezones.

    Tenía unas manos fuertes y algo rasposas, pero las iba deslizando con mucha suavidad y ternura, haciéndome estremecer con su tacto.

    Sin decirnos nada, yo seguía acariciando sus genitales, admirando aquella herramienta que tenía aquel hombre.

    Mientras él seguía desabotonándome poco a poco los botones de la camisa, hasta que tiró de ella, sacando el trozo que tenía metido por dentro del pantalón. Una vez abierta por completo la camisa, posó sus manos sobre mis pechos, y acariciándolos muy suavemente, iba bajando las manos por mi barriga, hasta que llegó a la cintura. Allí con toda parsimonia, las llevó a mi cinturón, empezó a aflojarlo con toda la parsimonia del mundo, viendo como yo acariciaba sus genitales y babeaba mirando para ellos, sin decir nada y dejando que me fuera desvistiendo.

    Una vez hubo aflojado el cinturón, continuó con los botones de mi pantalón, hasta que estos cayeron por su peso al suelo.

    Ya casi me tenía desnudo, ahora sí que ya estaba en sus manos, ahora sabía que me iba hacer suyo, me iba a dar por el culo hasta hacerme chillar de placer.

    Ven, dijo tirando por mi mano, vamos para el portal que estaremos más abrigados.

    Me agaché para poder subir el pantalón, y me dejase caminar sin problemas, y una vez lo hube subido, aguantándolo con una mano, fui detrás del mientras él me llevaba de la otra mano medio desnudo.

    Entramos en el portal el cual tenía la puerta abierta, y allí siguió desvistiéndome con toda la parsimonia del mundo.

    Dejé caer el pantalón al suelo, llevando las manos a sus genitales, y mientras se los iba acariciando, el llevó sus manos a mi cintura, acarició mi barriga y vientre con toda suavidad, a la vez que iba bajando mi slip con toda la dulzura y parsimonia del mundo.

    Yo ya gemía por las suaves caricias que me iba dando, temblando de excitación, y ardiéndome el cuerpo. Cada vez estaba más y más caliente y excitado.

    Empecé a aflojarle el cinturón, luego hice lo mismo con el pantalón, bajándoselo junto a los calzoncillos que llevaba.

    Ahora ya tenía delante de mí aquella verga tiesa y dura, junto a sus enormes genitales, los cuales colgaban como si del badajo de una campana se tratasen. Los acariciaba sin que nada me molestase.

    Mientras él descapullaba mi polla, me acariciaba los huevos, pasó su dedo gordo por la punta de mi polla, haciéndome dar otro gemido al hacerlo.

    Prosiguió subiendo sus manos por mi vientre, me iba acariciando con ambas manos, hasta que llegó a mis pezones, los acarició, luego los apretó suavemente con sus dedos, siguió subiendo sus manos hasta mis hombros, sin dejar de acariciarme, y muy suavemente, fue sacándome la camisa y cazadora que llevaba, a la vez que deslizaba sus manos por mis brazos.

    Dejó que cayeran ambas prendas al suelo deslizándose por mi espalda, y mientras se inclinaba hacia mí, llevó su boca a la mía, empezando a pasar su lengua por mis labios, luego los mordisqueó, mientras me abrazaba a él.

    Quiero hacerte mío, me decía mordisqueándome los labios. Dame tu culito y déjame entrar en ti, me susurraba.

    Deja que te llene con mi lechita esta barriguita, anda, dame tu culito ya verás que bien se siente que te preñe con ella.

    Metió su lengua en mi boca, saboreó mi lengua, se empapó con mi saliva y yo con la suya, luego fue bajando por mi barbilla, dándome suaves mordiscos, hasta alcanzar mi cuello, donde me hizo temblar y gemir de placer, al notar sus placenteros y suaves mordiscos.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía abrazándome a él, sin dejar de temblar por el gusto que me estaba dando.

    Quiero que me des tu culito, susurraba al oído sin dejar de acariciarme con su boca y lengua.

    Quiero entrar en ti y que seas mío, seguía susurrándome al oído, quiero hacerte gozar y hacerte mío, me decía sin dejar de mordisquearme el cuello, mientras seguía descendiendo hasta llegar a mis pezones.

    Yo a esas alturas, estaba que me derretía, mi cuerpo estaba que ardía con la calentura y excitación que tenía.

    Claro que deseaba ser suyo, ardía en deseos porque me hiciera suyo, quería que aquella polla entrara en mí poseyéndome y haciendo que gritara de placer.

    Cuando llegó a mis pezones, con sus dientes empezó a morderlos, sacándome más gemidos y haciéndome retorcer de gusto.

    Anda dame tu culito, me decía llevando sus manos a mis glúteos y apretándolos suavemente con sus manos. Dame tu culito que quiero llenarte esta barriguita con mi semen, decía acariciando mi barriga, mientras me iba girando para que le diera el culo.

    Quítate el pantalón me dijo, así estaremos más cómodos y te puedo penetrar mejor.

    Hice lo que me pidió, y después de sacarme los zapatos, terminé por sacarme el pantalón y slip, quedándome desnudo por completo, esperando que me penetrara, haciéndome suyo.

    Abrazándome a él, me ordenó que subiera una pierna sobre el peldaño de la escalera. Cuando la hube puesto, quedando con una pierna sobre las escaleras, la otra en el rellano y las manos apoyadas sobre la pared, abrazándome con un brazo, llevó la otra mano a mi ojete, presionó con un dedo, luego lo llevó a mi boca para que lo chupara, lo volvió a llevar metiéndolo esta vez dentro de mi culito.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí al notar como su dedo entraba en mi culo, abriendo mi esfínter.

    ¡Ohhh siiií! Dame tu culito, así, así, dame tu culito, ¡ohhh que gusto! Decía metiendo y sacando su dedo de mi culo, haciendo que mi esfínter se fuese relajando, ¡oohhh que culito más rico! Decía metiéndome ahora 2 de sus dedos, preparándome el culito para su penetración.

    Después de un buen rato abriéndome el culo con sus 2 dedos, me dijo que ahora le chupara la polla un poquito, para que me entrara mejor.

    Anda, chupa un poquito la polla que así entrará mejor en el culito.

    Bajando la pierna del escalón donde la tenía, me agaché llevando con mis manos su polla a mi boca, empezando a chuparla.

    ¡Ohhh siiií! ¡ooohhh que gusto! ¡ohhh que bien la chupas! Decía agarrándome la cabeza.

    Después de un ratito chupándole la polla y acariciándole los huevos, que cada vez que metía la polla en la boca, me golpeaban la nuez de la garganta. Parecía que tenía un collar puesto cada vez que metía la polla en la boca. Me sacó la polla de la boca, me ordenó que volviera a colocar la pierna sobre el escalón de la escalera, de esta forma mi ojete quedaba mucho más accesible.

    Colocó la punta de su polla sobre mi esfínter, y mientras me sujetaba con una mano, y con la otra me levantaba un poco más la pierna, empezó a penetrarme poco a poco la polla en el culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía al notar como su polla iba penetrando dentro mía, abriéndome el culo deslizándose por su interior.

    ¡Ohhh siiiií! Gritaba él sujetándome con sus manos, ¡ooohhh que culito! ¡ooohhh que culito más rico!

    Así, dame tu culito, así, ¡aaahhh que rico! ¡ahhh que rico se siente! Gritaba sin dejar de ensartarme una y otra vez la polla en el culo.

    Dios que gusto me estaba dando, notaba como entraba una y otra vez su polla en mí, golpeándome sus pelotas mi culo cada vez que me metía la polla.

    ¡Ohhh que rico! ¡ohhh que rico! Gritaba él ensartándome cada vez más rápido su polla.

    Cada vez que me ensartaba la polla en el culo, notaba como los huevos me golpeaban y me hacía prácticamente subir un escalón la pierna que tenía sobre el rellano, dando gritos de placer al notar como me incrustaba la polla en lo más hondo de mi culo.

    Pero aquella posición que teníamos era algo incómoda, y la cosa parecía que iba para largo, por lo que decidió cambiarme de posición.

    Espera mi amor, espera que vamos a cambiar de posición.

    Se sacó por completo el pantalón y calzoncillo, dejándolos sobre las escaleras.

    Ahora que ya te abrimos bien el culito, vamos a ponernos más cómodos.

    Se sentó sobre aquellas 3 escaleras, ordenándome que abriera las piernas y me sentara a horcajadas sobre él.

    Ven mi amor, ven, siéntate así. Así mi amor así me decía sujetándome por la cintura, mientras me sentaba a horcajadas sobre él, ensartándome la polla en el culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemía notando como me iba entrando la polla por el culo a la vez que me sujetaba en sus hombros.

    Ya mi amor, ya, ¡ohhh que culito! ¡ohhh que culito más rico! ¡ooohhh que gusto! Así mi amor, así, me decía él sujetándome por la cintura, haciendo que fuese cabalgando sobre su polla, ensartándomela una y otra vez.

    ¿Te gusta mi amor, te gusta? Me preguntaba ensartándome su polla en lo más hondo de mi culo, mientras me sujetaba con sus manos por la cintura, llevando su boca a la mía besándome y mordisqueándome los labios.

    ¡Ahhh mi amor que gusto! ¡aaahhh que gusto! ¡aaahhh como me gusta tu culito mi amor! Gritaba una y otra vez manteniéndome empalado en su tranca.

    Yo abrazado a su cuello, subía y bajaba introduciéndome una y otra vez aquella polla que me estaba dando por el culo, haciéndome gritar de tanto gusto que estaba sintiendo.

    Sudaba y gritaba cada vez más, disfrutando como aquella verga me abría el culo, deslizándose por mi interior, cada vez con mayor facilidad.

    ¡Ohhh que gusto mi amor! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Me gusta tu culito, me gusta este culito tan rico y lindo que tienes, mi amor.

    Yo ya estaba que no podía más, sudaba por todas partes y no paraba de gritar abrazándome a él.

    Paré un momento de cabalgar sobre aquella polla que me tenía empalado, descansando unos segundos, pero él, sujetándome por el culo, se levantó llevándome a horcajadas y con la polla metida en mi culo, se dio la vuelta, me tumbó arriba de aquellos 3 escalones que había, me hizo levantar más las piernas, quedando yo como un pollito asado, y él tumbado sobre mí, con la polla clavada en mi culo, y yo gritando de placer.

    Empezó a culearme salvajemente, metiendo y sacando su verga en mi culo mientras me gritaba, así mi amor, así, dame tu lindo culito, así mi amor, así. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba echado sobre mí, metiéndome su verga en el culo.

    Se escuchaban nuestros jadeos y gemidos, el sonido de su polla entrando en mí, y el golpeteo de su pelvis y pelotas pegando sobre la entrada de mi ano, chof, chof chof chof, chof, chof chof chof. Cuando empecé a notar como su polla se hinchaba dentro de mi culito, me agarraba más fuerte y apuraba más las clavadas en mi culo, y empezaba a gemir, ¡ohhh mi amor! Ya, ya me vengo, ya mi amor, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Me corro mi amor, me corro. Gritaba eyaculando dentro de mí.

    Su polla seguía escupiendo semen en lo más hondo de mis entrañas, cuando el que empezaba a gritar que se corría, era yo.

    ¡Ohhh! Me corro, ¡ohhh! Me corro, ¡ooohhh! Gemía notando como su polla soltaba su esperma dentro mía, regándome las entrañas, y mi polla escupía mi leche sobre mi estómago, impregnándonos ambos con ella.

    ¡Ohhh mi amor! Gemía mordiéndome los labios y lamiéndome con su lengua, teniéndome clavada su polla en lo más profundo de mi culo. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que culito más rico tienes! Me decía.

    Ya te he llenado esta barriguita con mi lechita, mi amor. Ahora ya te he dejado preñadito, llevas mis hijos dentro de tu barriguita.

    Ay que culito más lindo, me decía acariciándome sin sacarme la polla del culo.

    Como si fuera un muñeco de juguete, me levantó abrazado a él, y sentándose sobre las escaleras, me besaba y mordía los labios, mientras su polla iba poco a poco escurriéndose de mi culo.

    Cuando ya nos repusimos y la respiración se fue normalizando, nos levantamos de aquellas escaleras, recogimos la ropa que estaba esparcida por el suelo del portal, y antes de que me empezara a vestir, me abrazó por la espalda, y agachado sobre mi hombro, empezó a morderme el cuello y nuca manteniéndome abrazado a él.

    Ay que bueno estás, mi amor. Como me gusta tu culito. Tienes un culito muy lindo y rico, me decía mordiéndome la nuca y el cuello, dándome escalofríos y haciéndome temblar del placer que me estaba haciendo sentir.

    No paraba de morderme la nuca y el cuello, mientras me mantenía abrazado a él y me iba acariciando con sus manos la barriga y genitales.

    No quiero que te vayas todavía, mi amor, déjame disfrutar un poquito más de este culito tan lindo que tienes.

    Déjame follarlo otro poquito, anda, no seas malo, deja que te folle otra vez.

    Notaba como su verga se rozaba en mi culo, y poco a poco esta iba creciendo de nuevo, hasta estar dura otra vez.

    Anda abre un poquito las piernas y dame el culito que voy a metértela otra vez.

    Dios no podía creerlo, me acababa de dar por el culo, y ya estaba listo otra vez. Incluso el cabrón me estaba calentando de tal manera, que mi culo deseaba que lo follaran de nuevo.

    Excitado como estaba, fui abriendo las piernas dándole de nuevo mi culito que ya volvía a estar ardiente porque lo preñaran.

    Así mi amor, así, dame el culito que voy a follarlo y dejarte bien preñadito.

    Con su pie me abrió un poco más las piernas, me inclinó un poco la espalda, y sujetándome por las caderas, me volvió a penetrar.

    Así mi amor, así, dame tu culito, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba ensartándome de nuevo la verga una y otra vez en el culo, mientras me acariciaba la barriga y genitales con su mano.

    Yo gemía y gritaba de gusto, arrimando todo lo que podía el culito a su pubis, notando como su polla me iba taladrando el culo una y otra vez, introduciéndose en mí.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemía disfrutando como aquella verga entraba una y otra vez en mi culo.

    Ay que culito, ay que culito más lindo, ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba él bombeándome una y otra vez ensartándome en su polla.

    Ya llevaba un buen rato follándome, y yo ya estaba que no podía más. Las piernas me temblaban, sudaba por todas partes y no paraba de gemir y gritar. Deseaba que se corriera de una vez, y terminara aquella tortura que tanto placer me estaba dando.

    Después de un buen rato follándome, y a punto de caer desparramado sobre el suelo de aquel portal, por culpa de aquella salvaje follada que me estaba dando. Empezó a gritar que se corría.

    Ya mi amor, ya, ya me corro, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Me corro.

    Soltó 4 largos trallazos de leche dentro de mi culito, y manteniéndome pegado a él, su verga fue soltando todo el esperma dentro de mí.

    Me abrazaba a él, y sin sacarme la polla del culo, llevó su mano a mis genitales, empezando a pajearme.

    Yo que ya no podía ni con mi cuerpo, gimiendo como una gatita en celo y con grandes temblores de piernas, me corrí sobre su mano, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh!

    No podía más, sudaba y temblaba sin poder parar.

    ¡Ohhh mi amor! Me decía frotándome la barriga con su mano mientras su polla se iba escurriendo de mi culito, ya te preñé esta linda barriguita, ya te dejé toda mi lechita en ella.

    Cuando por fin nos dimos recuperado, después de unos buenos morreos de boca y acariciarme con sus manos todo el cuerpo, nos separamos, y por fin pude empezar a vestirme.

    Una vez vestidos ambos, me acompañó hasta pasar la iglesia de San pedro de Mezónzo, allí nos despedimos, marchando cada uno en una dirección, yo iba recto para mi casa, y él cogió a la izquierda rumbo a 4 caminos.

    Yo iba que no podía más, llevaba el culo bien abierto, preñado y repletito de leche, despidiendo un olor a semen por todos los poros de mi cuerpo.

    Vaya follada inesperada que me habían dado.

     

  • La denuncia

    La denuncia

    Todo comenzó cuando acepté acompañar a mi tía Laura a un cóctel donde ella había sido contratada para la presentación de un evento o lanzamiento de una nueva marca que llegaba a la ciudad, pues ella era una cotizada presentadora de la televisión la cual se había apartado por dedicarse al nacimiento de su segundo hijo y este lanzamiento era su primer trabajo después de un par de meses de dar a luz.

    Yo entonces iba ser el conductor y escolta de mi tía Laura pues ella vivía a las afueras de la ciudad y era mejor que no estuviera sola o más bien que estuviera acompañada de alguien conocido. Al llegar al evento era en un gran local comercial en plena zona rosa, un sitio de clase alta de la capital entonces entramos e inmediatamente las miradas se centraron en mi tía Laura pues ella era considerada como una mujer muy hermosa de la farándula a sus 37 años, 1,71 cm, esbelta ella, de cabello castaño oscuro, piel blanca y unos ojos claros muy bonitos, también debo decir de ella que era muy cariñosa o amable, pero también de carácter fuerte cuando le sacaban el mal genio.

    Sin embargo las miradas se centralizaron en mi tía Laura porque estaba muy guapa debo decirlo, con un traje de cóctel rosa algo escotado o bastante escotado que robaba no solo las miradas de los hombres sino el aliento de muchos que hasta mí me desconcentraba, pero ella sabía mantener a raya todos esos gallinazos que se le acercaban para foto y el beso, pero no dejaba de incomodarme.

    A veces porque pienso que se pasaba de provocadora en algunas oportunidades como esa noche que estaba muy sugestiva, pero bueno todo era parte de su trabajo supongo, luego alrededor de las 11.00pm el Lanzamiento se acababa siendo tal vez los primeros en marchar y sin inconveniente tomamos carretera, pero de repente en una curva veo que se me atraviesa algo lo cual me hace frenar bruscamente apagándose el carro, escucho entonces a mi tía que me grita:

    Laura: Vamos Felipe arranca vamos, vamos!

    Y cinco horas después estábamos mi tía Laura y yo en una oficina del Sargento Benítez y dos auxiliares bachilleres el Auxiliar Gómez y el Auxiliar Torres, quienes nos recataron del asalto de esos delincuentes y ahora nos iban a tomar la denuncia:

    Sargento Benítez: Señora y joven cálmense ya están a salvo, pero necesitamos que nos cuente en detalle lo sucedido, comencemos por usted joven cuénteme desde el principio y quien es usted?:

    Felipe: Soy el sobrino de ella y estaba acompañándola en un lanzamiento de camino a casa se me atravesó como una persona pero luego vi que era un muñeco de trapo el cual por evadir frene bruscamente lo que me apago el carro pero yo no me afane lo suficiente y de repente me rompen el vidrio de la ventanilla mía, colocándome una pistola que me dice:

    Delincuente 1: Tranquilo pelao quite los seguros

    Lo cual yo asustado obedezco y en segundos nos obligan a pasar al puesto de atrás tanto a mi tía Laura como a mi sentándose dos hombres uno a cada lado de nosotros y otros tres que se acomodaron adelante uno de ellos tomando el timón. Luego…

    Sargento Benítez: Un momento, tengo que preguntarle señora Laura eso es así?

    Laura: Si

    Sargento Benítez: Ok pero puede describir a esos hombres que la atacaron señora Laura?

    Inmediatamente observe que los auxiliares murmuraron entre ellos pero se me hizo normal, y seguía la indagatoria:

    Laura: No quiero hablar por favor.

    Auxiliar Gómez: Señora Laura tiene que colaborar

    Sargento Benítez: Esta bien que el chico le ayude entonces por ahora.

    Felipe: Ok me acuerdo que el que estaba al lado de mi tía Laura, era un adolecente de piel morena y con mucho acné en el rostro y lo llamaban “El enano”, el que estaba al lado mío era un joven blanco de 22 años de gorra con tatuajes en los brazos y le decían “Gordeli”, el que estaba adelante en el medio era un hombre también joven de gafas y pocos dientes y le decían “El mueco”, el que estaba adelante al lado derecho era un hombre grande y gordo, le decían “El cerdo” y el que conducía era un negro también grande y musculoso. Eso es lo que recuerdo.

    Sargento Benítez: Ok muy bien

    Auxiliar Torres: Pero quien comenzó con Laura?

    Esa pregunta me dejo pasmado no sabía si contestar o molestarme, pero el sargento Benítez intervino:

    Sargento Benítez: No le haga caso prosigan.

    Para ese momento mi tía Laura estaba sentada ya no lloraba atacada supongo que ya no tenía lágrimas, pero se veía ausente solo preguntaba si podía irse a casa, pero el Sargento Benítez decía que aún no, y me obligaba a seguir con el relato de los hechos y me toco comenzar a contar la parte más cruda.

    Felipe: Luego el Gordo quien se veía que era como el líder nos pidió las tarjetas y sus claves para retirar el dinero que había en los cajeros automáticos, pero desafortunadamente mientras dábamos vueltas por la ciudad el Enano reconoció a mi tía Laura y dirigiéndose a todos grito entusiasmado:

    El Enano: Miren quien tenemos aquí a la ricura de Laura la presentadora.

    A lo que hizo que se detuviera el carro y prendieran la luz interna para confirmar efectivamente que era mi tía Laura y entonces Gordeli pidió que se quitara el abrigo que tenía mi tía Laura y eso hizo que empezaran acosarla.

    Auxiliar Gómez: Acosarla cómo? Cuente en detalle.

    Pregunta que no quería responder por inapropiada más aun con mi tía Laura escuchando, pro el Sargento Benítez me obligo a responder:

    Sargento Benítez: Por favor joven responda la pregunta es importante saber.

    Felipe: Bueno, el Enano comenzó a mirar su escote y decirle que tenía muy ricas tetas, luego comenzó a rozar con sus dedos los pechos de mi tía Laura, aunque ella se lo pidió de buena forma que por favor no lo hiciera por el contrario el empezó a presionar con sus dedos los pechos de mi tía Laura.

    Sargento Benítez: Señora Laura y usted que pensaba?

    Mi tía Laura comenzó a llorar otra vez pero insistieron en que contestara:

    Laura: No hice nada tenía miedo.

    Auxiliar torres: Miedo de que exactamente de que la violaran?

    Y me toco intervenir parándome de la silla creo que no están siendo profesionales con lo que están preguntando.

    Sargento Benítez: Siéntese y cálmese joven su tía tiene que corroborar la información que usted nos cuenta y sé que esto es difícil pero es importante aclarar los hechos por eso lo invito a que textualmente diga todo lo que paso acciones y palabras de esos delincuentes entonces más bien avancemos que más le hicieron señora?

    Mi tía Laura no podía hablar del llanto por lo que me tocó a mí proseguir:

    Felipe: Luego siguieron jugando con los pechos de mi tía Laura torturándola directamente con unas descargas eléctricas en sus senos, los cuales hacían brincar de dolor aturdiéndola después y rato después este tipo El Enano le metió la mano dentro el vestido de mi tía Laura manoseándole sus pechos.

    Auxiliar Gómez: Huy! El tipo jugaba con las tetas de su tía y usted que hacia?

    Felipe: Yo pedí que la dejara tranquila pero me pego el tipo que estaba al lado mío, el cual también aprovecho y le agarro un seno con fuerza que la hizo gritar a mi tía Laura, diciendo:

    Delincuente Gordeli: Maricon! Le molesta que nos divirtamos con este par de juguetes.

    Sargento Benítez: Y que más decían o hacían?

    Felipe: En ese momento Gordeli se dio cuenta que Laura estaba lactando lo cual los alboroto más a todos.

    Auxiliar Gómez: O sea que están llenas de leche esas tetotas?

    Auxiliar Torres: Con razón los excito Laura.

    Felipe: Pueden respetar!

    Sargento Benítez: Y que más le hicieron a su tía joven?

    Felipe: Luego El Mueco se lanzó sobre mi tía Laura chupándole sus pechos.

    Auxiliar torres: Y se amanto ese tipo de sus pechotes?

    Sargento Benítez: Por favor responda eso señora?

    Laura entre lágrimas respondió:

    Laura: Si

    Auxiliar torres: Alcanzo a beber de su leche Laura?

    Laura: Si ya les dije que sí.

    Auxiliar Gómez: Y solo el chupo sus tetas.

    Laura: No los tres

    Sargento Benítez: Tres la ordeñaron.

    En ese momento me di cuenta que los que nos interrogaban estaban disfrutando hacerlo pues morbosamente no solo preguntaban cosas impropias sino miraban morbosamente los pechos de mi tía Laura que para entonces ya tenía puesto un saco de colores que le quedaba algo ajustado pues se lo habían dado cuando nos rescataron porque del vestido rosa ya no le servía, pero ese saco que le consiguieron de lo mismo ajustado se le resaltaba de igual forma el tamaño de sus pechos todo eso no ayudaba para que la denuncia y situación fuera fácil. Por lo que decide contar más rápido a ver si nos dejaban ir a casa.

    Sargento Benítez: Y luego que ahi fue cuando la violaron masivamente?

    Felipe: Si. Luego de esto se desviaron por un camino destapado alterno a la carretera principal donde pararon el carro debajo de un foco de luz del camino y forzosamente nos obligaron a bajarnos y en ese momento me altere por defender a mi tía Laura pero me electrocutaron con una taser perdiendo el sentido por unos minutos y cuando me recuperé ya escuchaba los gritos intensos de mi tía Laura que al abrir los ojos confirme que estaban ya abusando de ella.

    Auxiliar Gómez: Estos tipos muy desgraciados ahora entiendo porque pararon en el foco de luz quería ver como violaban a Laura.

    Auxiliar Torres: Laura como la violaron? En qué orden la violaron?

    Felipe: Déjenla tranquila ya por favor.

    Sargento Benítez: Por favor señora Laura conteste

    Laura: Fueron todos el primero fue el líder de ellos, luego no sé quién siguió bien no quería ver, ni sentir.

    Auxiliar Gómez: Pero en que pose se la comieron?

    Laura: No se primero fue en el suelo luego me obligaron a ponerme en cuatro

    Auxiliar Torres: Y usted joven que vio?

    Felipe: Cuando me desperté tenían a mi tía Laura en cuatro

    Auxiliar Torres: Como una perra?

    Felipe: Si, El negro estaba montado detrás de ella y al frente estaba el Mueco

    Auxiliar Gómez: Como así dos al tiempo señora Laura?

    Laura: Si

    Auxiliar Torres: y cuantas veces fueron?

    Laura: Varias

    Sargento Benítez: Y sexo oral también por lo que veo

    Laura: Si

    Auxiliar Torres: En cual semen tragaste más, Laura?

    Y por primera vez se levantó de la silla airada mi tía Laura para pegarle al auxiliar, pero el sargento Benítez intervino nuevamente y nos dijo:

    Sargento Benítez: Sino no colaboran tendremos que soltar a los capturados.

    Auxiliar Torres: Laura entonces diga si se entregó a ellos?

    Laura: No, no…

    Sargento Benítez: Joven en algún momento vio que su tía Laura gimiera?

    Felipe: Si…

    Auxiliar Gómez: Laura entonces te sacaron orgasmos cierto?

    Y llorando con la cabeza asintió la pregunta mi tía Laura, pero le repitieron la pregunta para que contestara:

    Auxiliar Torres: Laura entonces cuantos orgasmos tuviste?

    Laura: Yo no quería solo que mi cuerpo…

    Auxiliar Torres: Si ya sabemos que no quería solo que es goloso tu cuerpo Laura pero cuantos fueron?

    Laura: No se varios

    Sargento Benítez: Ahora bien porque joven estaba desnudo también cuando llegamos. Lo violaron?

    Felipe: NO

    Auxiliar Torres: Por qué señora Laura?

    Y con una mirándome con rabia mi tía Laura se desahogó.

    Laura: A mi sobrino Felipe lo obligaron a que se masturbara con mis pechos.

    Auxiliar Torres: Y usted lo hizo joven, mucho desgraciado?

    Felipe: Si pero yo no quería.

    Auxiliar Torres: No quería? Tenía erguida la verga?

    Laura: Si

    Auxiliar Gómez: Y no quería joven? Y Laura su sobrino froto contra sus tetas su miembro?

    Laura: SI

    Felipe: Fue instintivamente

    Auxiliar Gómez: Le crees Laura?

    Laura: No

    Auxiliar Gómez: Por qué no?

    Laura: Lo hizo muy intensamente.

    Felipe: Pero tía Laura tú también te dejaste porque luego me lo chupaste varias veces yo sentí.

    Auxiliar Torres: Que sentiste?

    Felipe: Que me succionaba mi pene cómo si le gustara.

    Sargento Benítez: A es que se le mamaste la verga a tu sobrino Felipe, por qué?

    Laura: No se no quería ahogarme. No sé.

    Auxiliar Torres: Eso es instinto de ramera!

    Sargento Benítez: Que problema tenemos aquí, pero bueno no demora el fiscal en tomarle la denuncia.

    Felipe: Como así no estábamos en eso?

    Sargento Benítez: Si pero la jurisdicción le corresponde al fiscal nosotros solo queríamos escuchar bien la como se gozaron a la gran Laura.

    Laura: Malditos desgraciados! Los voy a denunciar

    Auxiliar Gómez: Primero denuncie a esos delincuentes que se la comieron, luego a su sobrino por gozar de sus tetas suculentas y realizarle la paja-rusa con chupada consentida suya, y luego podemos hablar.

    Auxiliar Torres: Laura deje de llorar y déjeme decirle usted no es una presentadora sino toda una animadora porque esta noche dejaste contentos a más de uno y gratis! Jajajaja…

  • Los secretos de mi esposa Jesica

    Los secretos de mi esposa Jesica

    Somos una pareja feliz con una vida sexual activa. Mi esposa es una mujer guapa de muy finos modales yo un hombre dedicado, aventurero y con muchas historias por contar. Siempre con ella hablaba de lo feliz que me siento con ella y muy contento de poder expresarle todos mis deseos.

    Mis primeros años de matrimonio fueron normales, de sexo activo entre ella y yo, de disfrutar cada momento y de tomar oportunidad para coger en cualquier lugar, en el carro, en el trabajo, en la iglesia, en la playa, en el elevador, en la disco, en cama de su madre, en el baño de las fiestas, en su oficina, en mi trabajo. En todas partes cogíamos, en todas partes le daba sus mamadas de coño hasta hacerla correr y de la misma manera ella, me sacaba la leche tres y cuatro veces al día.

    Pero al pasar el tiempo comprendí algo que iba a cambiar para bien en mi vida. Hablando con mi hermosa esposa de cómo comenzó su vida sexual ella me confesó que su apetito sexual siempre fue muy fuerte que con sus compañeros de colegio ella siempre tenía fricción en fiestas y que ella sin necesidad de penetración siempre se venía hasta ese momento era para ella algo normal.

    Luego convirtió ese deseo en algo frecuente ya que si no había encuentros de baile, en la disco o fricción casual con su cuerpo le pedía estimulación y fue allí donde ella comenzó su maravillosa etapa de masturbación. Este acto se repetía 4 y 5 veces todos los días. Ella me contaba que su almohada, su cobija, su peluche, sus manos eran sus grandes aliados, fue así como de alguna manera convirtió el sexo en lo más hermoso y placentero para ella.

    Se graduó del colegio y luego de la Universidad dejando atrás personas importantes que fueron sus parejas, todos en diferentes tiempos ya que siendo una mujer muy caliente tenía una particularidad, siempre fue fiel a sus parejas o a esa persona especial del momento. Siempre los hombres que tenían la halagan y le agradecía por ser tan ardiente y eso a ella la llenaba de gusto y placer.

    Retomando la historia, en mi matrimonio yo analice que ella lo que necesitaba era placer y comencé a hablarle si para ella era suficiente lo que yo le daba, y ella de manera sincera me dijo que en lo económico y en el trato ella estaba plena, pero que me iba a confesar algo, yo de momento me quedé pasmado pero me dispuse a escuchar, ella de manera dulce me dijo que me amaba y que no se imaginaba una vida si mi y nuevamente mi alma regreso a mi cuerpo ya que pensaba que su confesión tenía que ver con cuernos.

    Luego me dijo que si yo tenía claro las confesiones de masturbación y de fricción que ella me había confesado y le dije que si, a lo que replicó con voz entre cortada “Te quiero confesar que los polvos que me hechas a diarios no son suficientes ya que dos o tres cogidas diaria no son suficientes para mi“ Y me dijo “te quiero confesar que todos los días me pajeo dos o tres veces” y que era la única manera de conseguir estar tranquila. Le pedí que me lo contará todo y ella comenzó sus maravillosas historias de masturbación y auto satisfacción.

    Le dije que me contará todo que yo no sólo era su esposo que también era su amigo, ella bajó la cabeza y de manera particular sus ojos se llenaron de lágrimas, le dije que no se sintiera mal pues yo estaba para escucharla le repetí “cuéntamelo todo” y ella comenzó a hablarme de cómo después de tener orgasmos conmigo su cuerpo le pedía más y lo que más la confundía era que su mente la invitaba a pensar en otros hombres, le dije que continuara, dijo que no quería lastimarte y yo le repetí “Te quiero escuchar”, ella continuó con su historia y fue allí como comenzaron a aparecer personas y nombres inimaginables.

    Ella me confesó que se pajeaba por su compañero de oficina, por tres de mis empleados, por el joven de transporte escolar de nuestra hija, por su primo, por el hermano de su amiga, por compañero de grupo musical, por un hombre que siempre ella sorprendía mirándola en la iglesia, por uno de sus clientes, por el electricista que nos hacía reparaciones en casa.

    Yo le pedí que parara, ya que le quería preguntar algo, ella me miró sorprendida y me dijo “te escucho”, yo le pregunté que de todos ellos con cuál había cogido y ella me dijo que con ninguno pero que a todos les había dado la oportunidad que la miraran, le pedí que me explicara y ella me dijo que me iba a explicar con un par de ejemplos, me contó que cuando el electricista llegaba a casa ella siempre lo trataba de manera especial y hacia que el pensará que ella estaba ocupada en los quehaceres de la casa, mientras el hacia su trabajo ella se ocupaba de colocar cuadros y de organizar todas las cosas de la casa pero en realidad con sus pijama corta lo único que buscaba era que el electricista la mirara, luego ella subía al segundo piso y desde la ventana de cristal lo miraba y le encantaba ver como su pene se miraba duro, allí ella comenzaba su masturbación luego bajaba y con sus manos aún húmedas de sus líquidos le pagaba y por último le daba la mano a este personaje.

    Cuando el cerraba la puerta ella entraba al baño del primer piso a oler lo que el electricista había terminado de hacer, pues descubrió que este hombre también se pajeaba por ella lo que le generaba nuevamente ganas de pajearse. También me contó lo que hacía con el hombre de la Iglesia, me dijo que siempre él se sentaba diagonal a ella en el área opuesta de la iglesia y que ella siempre buscaba estar a la vista de aquel hombre, ella lo miraba y cuando conectaban las miradas abría sus piernas para que el pudiera ver sus pantis y que muchas veces ella no traía pantis solo planeando el que él la mirara y pudiera ver su vagina.

    Se calentaba mucho cuando la iglesia completa se colocaba de pie y ella miraba que él no lo podía hacer porque su pene lo pondría en evidencia con todo el que estuviera a su alrededor. Ella nuevamente me pidió perdón por lo que me estaba contando a lo que yo respondí poniéndome de pie y mostrándole como tenía mi verga con sus historias.

    Una a una me contó todos sus planes y la manera como se pajeaba cada uno de ellos y yo termine diciéndole porque nunca cogió con ellos a lo que ella me respondió, porque eres mi esposo y nunca te mentiría, le dije que yo la entendía lo que te pasa y lo que su cuerpo necesitaba.

    Ella me abrazó y yo le dije al oído que lo que le pedía era que nunca nuestro matrimonio se lastimara y que a partir de ese momento le ayudaría a que cada uno de ellos no fueran historias de masturbación solamente, ella me miró y me dijo no te entiendo y yo nuevamente le dije al oído a partir de hoy comenzaremos a planear como te coges cada uno de ellos y terminé diciendo sé que yo solo no sería capaz de saciar tus deseo y es por esto que hoy me coloco a tu disposición para planear y ser tu cómplice en tus nuevas cogidas. Nos abrazamos y luego le di una buena cogida.

    Esa noche ella no paró de hablar de cada uno de ellos y yo no paré de sentir arrechera por el nuevo descubrimiento. Esa noche me enteré que para ella no era suficiente un hombre y allí comenzó nuestra mejor etapa de matrimonio.

    Me encanta que mi mujer coja con otros.

  • Eusebio, su madre y sus perversiones

    Eusebio, su madre y sus perversiones

    Eusebio estaba en la casa de Fermina, sentado en una silla de la cocina. Fermina, su novia, que era una chica de dieciocho años, con cuerpo de modelo, sentada en otra silla, abrió una caja y de ella sacó unas zapatillas de felpa azules con el piso de goma negro y un cinturón de cuero. Fita, hermana de Fermina, de pie, mirado para las zapatillas, le dijo:

    -Vaya regalo de cumpleaños, unas zapatillas y un cinturón. ¡El romanticismo ha muerto!

    Fermina, reprendió a su hermana:

    -No seas metiche. Es un regalo. Por cierto, Eusebio. ¿Estas zapatillas no son como las de tu madre?

    -Son. ¿No te gustan?

    -Sí, pero me empiezas a preocupar. Tu madre me dijo que me parezco mucho a ella cuando tenía su edad…

    Fita era morena, con pecas, tetas medianas y culito respingón, y tenía unas ganas locas de follar con Eusebio, lanzó la red a ver que traía de vuelta.

    -A ver si va a estar enamorado de su madre y cómo no puede coger con ella…

    Fermina, se enfadó.

    -¡Te va a caer una bofetada que te va a quedar la boca del revés!

    Eusebio, le dijo a su novia:

    -Es una mocosa. No sabe lo que dice.

    Ahora la que se enfadó fue Fita.

    -¡¿Mocosa yo?! Sé cómo ponerle los ojos en blanco a mi pareja. ¿Se los pusiste tú a mi hermana?

    Eusebio, que era un muchacho de diecinueve años, delgadito, rubio de ojos azules, se levantó, y le dijo:

    -Me voy. No tengo porque aguantarte, mocosa.

    Fermina, se enfadó con su hermana.

    -¡Un día te crujo, bicho!

    Fita, que había hecho el daño aposta, se fue sonriendo a su habitación mientras Eusebio abandonaba la cocina.

    Eusebio llegó a su casa. Eva, su madre, que era una cuarentona, morena, de estatura mediana, cabello negro y corto, de ojos negros, culona y tetona, aún no había llegado. Eusebio fue a la habitación de sus padres, se desnudó, se puso una peluca de cabello negro, un sujetador de su madre y unas bragas, se sentó delante del espejo del tocador, en un cajón cogió lo necesario y se pintó los labios, se puso sombra de ojos, y se los pintó, se levantó, se puso unas medias, un vestido y unos zapatos de tacón alto. Se miraba al espejo cuando oyó la voz de su madre:

    -¡¿Estás en casa, Eusebio?!

    Le respondió con voz afeminada,

    -Estoy aquí, madre.

    Eva, que era enfermera y venía vestida con el uniforme, fue a su habitación y encontró al hijo vestido con su ropa.

    -¡Cuántas veces te tengo dicho que no quiero que te pongas ese vestido!

    Eusebio, le dijo a Eva:

    -Es que me gusta mucho, madre.

    -Sabes que te tengo que castigar.

    Eva, cogió debajo de la cama una zapatilla de felpa de color azul con el piso de goma de color negro, se sentó en el borde, y le dijo a su hijo:

    -Ven aquí.

    Eusebio, contoneando las caderas, fue junto a su madre. Su voz cambió de tono, ahora era brusca:

    -¡¿A quién coño le quieres dar tú con la zapatilla?!

    Empujó por su madre. La mujer quedó boca arriba sobre la cama.

    Le dio la vuelta. Eva, se quiso escapar.

    -¡Nooo!!

    -Sí, guarra, sí.

    La cogió por la cintura, agarró la zapatilla de felpa con piso de goma negra, y le largó en el culo por encima de la bata.

    -¡Zaaasca, zaaaasca, zaaasca!

    Eva, levantando la bata, le dijo:

    -Eres muy malo.

    Eusebio le quitó las bragas. Su lengua le lamió el culo. Eva, se puso a cuatro patas. Le lamió repetidas veces el coño, el periné y el ojete. A Eva le encantaba.

    -Sigue, cariño, sigue que me estoy mojando mucho.

    Mejor le hubiese ido si no dijera nada. Eusebio le dio en las nalgas, a romper:

    -¿Te duele, perra?

    -¡Sí!

    -Más te va a doler.

    Eusebio sacó la polla, una polla gorda y larga, agarró a su madre por la cintura, se la puso en el ojete, y empujó.

    -¡¡¡Ayyyy!!! ¡Me duele! ¡¡Para, para!!

    Eusebio, que era la primera vez que se la metía en el culo a su madre, al oír sus palabras, aún se puso más cachondo, y se la clavó hasta el fondo.

    -¡¡¡Ayyy, desgraciado!!!

    Estaba cómo loco, la siguió follando duro y cuanto más su madre chillaba, más duro se la clavaba. Tanto se excitó que acabó llenándole el culo de leche. Al estar el conducto lubricado, a Eva, que tenía el coño empapado, le empezó a gustar.

    -Ahora sigue.

    La sacó y le volvió a comer el coño y el culo.

    -Me vas a hacer correr, cariño.

    O lo hacía a propósito o le gustaba el dolor. Eusebio volvió a coger la zapatilla.

    -¿Te vas a correr así, madre?

    -No, pero…

    Se la sacó y se la metió en el coño. Comenzó a bombear. A Eva, desde el primer momento se le empezó a ir la vida.

    -Ay, que me voy a correr, hay que me voy a correr. ¡Ay qué me corro, ay qué me corro, ay qué me corro! ¡¡¡Me cooorro!!!

    Para entender el comportamiento de Eusebio hay que remontarse a cuando era un chaval travieso y su madre le calentaba el culo con una zapatilla con cada travesura que hacía. Entendía que le diera, lo que no entendió fue que después de una de las palizas con la zapatilla, encontraran a su padre en la habitación con la polla en la mano haciéndose una paja y que después su madre cerrara la puerta para follar cómo un animal con su padre… Desde ese día su madre esperaba siempre a que su padre llegase y mirara cómo le calentaba el culo. Por su cabeza pasó la idea de que su padre podría ser maricón, y más un día que espiándolos por el ojo de la cerradura de la puerta viera cómo su padre se la metía en el culo a su madre…

    Espiar ya se iba a convertir en una rutina. Ya buscaba ser castigado para poder espiar. Así se enteró cómo su padre le calentaba el culo a su madre con la zapatilla, cómo ella se lo calentaba a él, cómo a veces la ataba y le ponía el culo morado con el cinturón. Cómo se la chupaba su madre a su padre, cómo se la comía él a ella, cómo lo cabalgaba… Los vio follar en todas las posiciones, y siempre, siempre, después de calentarle a él el culo. Habían caído tropecientas pajas geniales poniéndose en el lugar de su padre.

    Ese día se había vengado de su madre, a la que adoraba, pero a la que al mismo tiempo odiaba por follar con su padre y no con él.

    Una semana más tarde, Fita, la hermana de su novia, llamó a la puerta de su casa. Eusebio estaba vestido de enfermera. Echó una ojeada por la mirilla y vio quien era. Abrió la puerta, y antes de que dijera nada, la cogió por una mano y la metió dentro de la casa. Se quedó con la espalda apoyada a la puerta. Fita miró para él, y le dijo:

    -¡Ay cuando se entere mi hermana que eres maricón!

    Eusebio, con voz de marica, le dijo:

    -¿Quieres jugar conmigo, Fita?

    -Sí, a las casitas… ¡No te jode el maricón!

    -No, a los médicos. Me gustaría examinar tu coño.

    Fita, estaba asustada. Se acordó de Norman Bates, el de Psicosis.

    -¡Déjame salir o comienzo a gritar!

    Eusebio, se acercó a la jovencita, le tapó la boca con una mano y ya con su voz, le dijo:

    -El ginecólogo te va a examinar el coño y si está sano te lo va a comer.

    Fita, le echó las uñas a la cara, Eusebio le quitó la mano de la boca y la besó con sus labios pintados de carmín.

    Fita, dejo caer los brazos. Eusebio metió la lengua en su boca. Chupó la de Fita, y le preguntó:

    -¿Quieres sentir mi lengua en tu coño?

    -No sé, bueno, sí sé, quiero, quiero pero tengo miedo. Así vestido…

    -Te gustará. ¿Nos desnudamos?

    Fita ya estaba demasiado caliente cómo para decir que no.

    -Vale.

    Eusebio iba a quitarse la peluca.

    -No te la quites. Me gustas así.

    Segundos después estaba desnuda ella y en bragas él. Fita tenía el cuerpo de una muñeca, las tetas pequeñas y casi triangulares, con pequeñas areolas y diminutos pezones. Su rajita tenía encima una pequeña mata de pelo negro. Al ver la polla de Eusebio haciendo un tremendo bulto dentro de las bragas, se lo señaló, y le dijo:

    -Me vas a hacer daño con esa cosa.

    -Puede, pero te acabará por gustar.

    La cogió en brazos y la llevó a la habitación de sus padres. La echó sobre la cama. Se quitó las bragas. La polla quedó mirando al frente. Fita, al verla, exclamó:

    -¡Qué barbaridad!

    Eusebio subió encima de la cama y le metió la polla en la boca. Fita no sabía chupar. Le dijo cómo le gustaba.

    -Chupa cómo si fuera un chupachups.

    La cogió y se la chupó y se la lamió. Cuando Eusebio estaba en lo mejor le metió un mordisco. El muchacho se la sacó de la boca al momento.

    -¡¿Qué haces, loca?!

    -Yo como así los chupachups.

    -¡Mi polla no es un caramelo!

    Fita lo había hecho aposta, pero disimuló.

    -Ya me parecía a mí que era muy raro que te gustase que te la mordiese.

    -¿Pero tú cuántas pollas has chupado?

    -La tuya es la primera.

    -¿Y lo de los ojos en blanco?

    -Se los puse a chicas.

    Eusebio, ya fue al grano, le preguntó:

    -¿Estás mojada?

    -Mucho.

    -Ponte a cuatro patas.

    El cabronazo, tan pronto cómo se puso a cuatro patas y vio su coño mojado, un coño del que cayeron media docena de gotas, acercó la polla a él, la cogió por la cintura, y… ¡Zaaas! Toda para dentro. Fita, chilló con el dolor.

    -¡¡¡Aaaay!!! Me acabas de romper el coño, cabrón!!

    -Da gracias que no te la metí en el culo. ¡Muerde pollas!

    El cabronazo era vengativo.

    -¡A la zorra de tu madre le voy a dar gracias! Saca la polla que me quiero ir a mi casa.

    No debió decirlo, o sí, no sé, según cómo se mire, pues la empezó a bombear con violencia. Fita bajó a todos los santos del cielo con el jefe a la cabeza, pero poco después, decía:

    -¡¡Me viene el gusto!!

    No se corrió una, dos, tres, ni cuatro veces-… Fita, era multiorgásmica y se corrió siete veces antes de que Eusebio se la quitara.

    Al acabar, se echó boca arriba, y le preguntó a Eusebio:

    -¿Vestirte de mujer y producir dolor te da placer?

    -Sí, sé que soy muy raro.

    -No creas. Yo soy muy fantasiosa. Y algún día acabaré por hacer todas mis fantasías realidad. Una ya la hice.

    -¿Cuál?

    -Follar con el novio de mi hermana.

    -¿Y cuáles son las otras?

    -¿De verdad quieres saberlo?

    -Sí.

    -¡¿Mejor que seguir follando?!

    -Tenemos horas para acabar lo que empezamos. Háblame de tus fantasías.

    -A ver… Follar en un sito público sabiendo que me están viendo. Un trío con dos hombres. Un trío con dos mujeres. Follar a un abuelo. Follar con un hombre casado. Follar con mi médico de cabecera. Follar en un probador con una chica… Con un chico. Follar en el lavabo de un avión con un piloto… Con una azafata. Follar con un bombero macizo. Dominar a un hombre con un látigo. Vestirme de enfermera para follar. Que me aten a la cama y me hagan de todo. Hacer un dedo mientras conduzco. Follar en un lavabo con un extraño mientras mi novio espera por mí en la barra. Follar con el profesor de gimnasia. Masturbarme viendo a dos hombres follando. Estar en mi casa comiendo con mi padre, mi madre y mi hermana, y que mi tío, el cachas, me meta mano por debajo de la mesa… Y ahora mismo no me vienen más a la cabeza.

    Eusebio quiso hacer realidad alguna de sus fantasías.

    -¿Quieres que te ate?

    Fita, ni se lo pensó.

    -Ata.

    Eusebio, cogió una cinta en un cajón, y le ató las manos, después con la misma cinta, y estando ella a cuatro patas, la ató a la cabecera de la cama. Le comió coño y culo, se los comió bien comidos y con la lengua se los folló bien follados. Cuando estaba a punto de correrse, dejó de trabajarla y se fue de la cama. Cogió del cajón un cinturón y lubricante. Fita, al ver el cinturón, se asustó, y, le dijo:

    -¡¿No me irás a dar con eso?!

    -Dijiste que querías que te hicieran de todo.

    -Coño, de todo, sí, pero eso un cinto de cuero.

    -Calla, calla o te breo.

    Eusebio le lubricó con los dedos el ojete, y con los dedos se lo folló. Fita estaba temblando. Al sentir cómo algo gordo tocaba su ojete, le dijo:

    -Por favor, no.

    -¡Zaaaasca! -¡Ayyy! -¡Zaaaasca! -¡Ayyyy! Zaaaasca. ¡Ayyy!- Zaaasca…!

    Le había dado con la zapatilla de su madre.

    -¿Prefieres que te meta mi polla en el culo?

    -¡No!

    Le dio con menos fuerza.

    -Zaasca. -cabrón- Zaasca -cabrón- Zaasca -cabrón- Zaaasca…

    Le volvió a preguntar:

    -¿Prefieres que te la meta en el culo?

    -No.

    Del coño de Fita ya iban cayendo gotas de flujo vaginal cómo si fuese un diminuto alambique. Le volvió a dar:

    -¿Te la meto o te doy con el cinturón? Escoge.

    -Métela, pero solo un poquito.

    Eusebio se lubricó la polla y le metió el glande.

    -¡Coooño! Que sensación más rara.

    -¿Quieres que te la meta un poquito más?

    Fita, cogió la zapatilla, que Eusebio dejara encima de la cama y le dio con ella en el culo. Eusebio, se la quitó. Fita, le dijo:

    -Métela hasta el fondo, pero despacito.

    -¡Zaaaaasca, zaaaasca, zaaaasca…!

    Fita, no se quejó. Al parar de darle, el cabrón, se la clavó de un golpe de riñón.

    -¡Zaaaaas!

    -¡¡¡Aaaaay!!! ¡Sácala, desgraciado, sácala!

    Eusebio parecía estar poseído por un diablo. Bombeó como si se la estuviese metiendo en el coño de una vieja.

    -¿Sufres, zorra?

    Fita, no podía ni hablar. Le estaba rompiendo el culo… Pero unos quince o veinte minutos más tarde, le pasó lo mismo que al romperle el coño, sin previo aviso, se corrió una, dos, tres… Tuvo hasta cinco orgasmos.

    Al acabar, el cabronazo, la soltó. Fita, boca arriba, se espatarró sobre la cama, después de coger aire, le preguntó a Eusebio:

    -¿Dejas que te ate yo a ti?

    Fue de chulo. ¿Qué le podía hacer aquella joven tan frágil?

    -Ata.

    Le ofreció las manos. Una de dos, o era tonto del culo o era tonto del culo, pues cualquiera sabría que Fita se iba a vengar. Al tenerlo en la misma posición que estuviera ella, se vistió de enfermera cogió el cinto, y escociéndole el ano, y mordiendo la lengua, le dio:

    -¡Plin, plas, plin!

    -¿Te llegó, maricón?

    -¿Lo qué?

    Fita, se encendió.

    -¡Me cago en tus mueeelas!

    Se mordió otra vez lengua, y le zurró. Pensó que ya lo castigara bastante.

    -¿Qué?

    Seguía en plan chulo.

    -¿Qué de qué, perra?

    Definitivamente, era tonto del culo.

    -¡¿Perra?!

    Aquella menudencia de mujer, tenía una mala hostia… ¡Qué mala hostia tenía! Mordió la lengua por tercera vez y le dio con ganas atrasadas.

    Eusebio se comenzó a correr. Fita, no daba crédito a lo que veía. Eusebio era rarísimo, y su madre, que acababa de entrar en la habitación, más puta que las gallinas. Le agarró la mano a Fita, le quitó el cinto de la mano. La echó boca arriba sobre la cama. Le levantó la bata, metió su cabeza entre sus piernas y comenzó a comerle el coño. Ni dos minutos tardó Fita en correrse una, dos, tres… Hasta seis veces le llenó la boca de jugos.

    Cuando Fita acabó de correrse y Eva sacó la cabeza de entre sus piernas, su cara estaba perdida de jugos. Fita, al verla, se puso otra vez cachonda… Se la comió hasta que Eva se corrió en su boca.

    Tumbadas las dos boca arriba y mirando al techo, les dijo Eusebio:

    -Soltarme.

    Fita, se incorporó y le volvió a dar con el cinto.

    -¡Calla, cabrón, que aún no me las pagaste todas!

    Eva, le dio un beso, y le dijo:

    -Así se habla, corazón. ¿A qué no te comió las tetas?

    Fita le devolvió el beso, y le dijo:

    -No.

    -Le tiene pánico a las tetas.

    -Pues habrá que quitárselo.

    Eusebio, tirando de la cinta para desatarse, dijo:

    -¡Noooo, tetas no, teeetas no!

    En la casa de Fita, Alfredo, el padre de Eusebio, en pelotas, estaba siendo azotado con un cinturón por Fermina, la novia de Eusebio, que también estaba desnuda, y le preguntaba:

    -¿Vas a hacer que me corra otra vez?

    -Las veces que quieras, cariño.

    Le dio con ganas.

    -¡¡Plin, plas, plin plas…!!

    Fue un día muy largo, en ambas casas.

    Quique.

  • Gracias a mi tío, por lo que ha hecho por mi transformación

    Gracias a mi tío, por lo que ha hecho por mi transformación

    La historia que les voy a relatar, necesariamente debería ser la primera que debería relatar, ya que se trata de cómo opté por mis preferencias sexuales.

    Cuando estaba por mi adolescencia llegó un tío del interior a trabajar en mi ciudad natal y como se trataba del hermano de mi madre, mi padre optó por alojarle en nuestra casa y le brindó el cuarto de huéspedes, realmente mi tío era una persona bastante simpática y muy dinámica, y era solterón. Ya que era una persona madura, en cierta oportunidad cuando fuimos a la piscina, pudo a observar mi cuerpo con bastante atención y luego me consulto, sobre mi cuerpo, ya que lo tenía con algunas curvas bastante pronunciadas y me dijo si no tomaba algunas pastillas o algo parecido.

    Yo con toda naturalidad le conteste que no, que a mí en cierta forma me daba vergüenza mi cuerpo por las curvas y especialmente por lo que era lampiño, es decir, que tenía poco, poquísimo vello en mi cuerpo, y no era como mis compañeros que por la edad que atravesábamos ellos ya llevaban bastante vellos en todo el cuerpo. Esta conversación se quedó ahí, por bastante tiempo, cuando empecé, a descubrir mi sexualidad, me fui dando cuenta que mi atracción no era por las mujeres sino por el contrario yo me quería sentir mujer y en cierta forma me atraían los hombres, eso era homosexualidad.

    Esta situación se la comente a mi tío, que seguía viviendo con nosotros, él me dijo, que volveríamos a hablar una vez que cumpla mi mayoría de edad, mientras tanto no todavía y que tendría que estar preparado para tomar decisiones para toda la vida, lo que me hizo pensar mucho sobre mi situación, y que debería tomar con calma y responsabilidad y lo más fundamental con la necesaria madurez psicológica.

    Cuando llegué a la mayoría de edad, volví a conversar con mi tío y le manifesté que estaba decidido a iniciar mi transformación, a lo que él me manifestó que el tratamiento sería un poco lento y largo pero que si era mi decisión él estaba dispuesto ayudarme con lo que yo quería, lo primero que me dijo era la parte psicológica y que desde ese momento que cuando estuviéramos solos, él me trataría como mujer y yo siempre trataría de comportarme como tal, que evitara movimientos bruscos sino por el contrario trataría de tener movimientos delicados y no agresivos; que a partir de ese momento trataría de alimentarme con más brócoli que sube la testosterona y baja las calorías, consumiera más soja que es bastante rica en fito estrógenos y especialmente nueces de todo tipo que aportan a la melatonina, bastante pollo que aumentan los senos y harto lácteo que sirve para aumentar el trasero y las caderas y engruesa las piernas y desarrolla las glándulas mamarias, permiten suavizar la piel y reducen el tamaño de los testículos, reducen el crecimiento de los bellos faciales y estimula una forma de cuerpo más femenino.

    Todo este proceso “natural”, tendría que ser acompañado con el consumo de estrógenos (HORMONAS FEMENINAS) tanto en pastillas como en inyectables y andrógenos que permiten formar las curvas del cuerpo, todo este proceso lo realice durante varios años durante mi travesía por la universidad, hasta llegar a ser profesional. En mi casa nadie se dio cuenta del proceso de transformación a la que me estaba sometiendo, pero en mi ser yo me sentía muy a gusto y feliz, luego yo también decidí utilizar algo de cortisol y oxitócica, mejorar mi apariencia de mujer.

    Mi tío, solamente se limitaba a seguirme con el tratamiento y me ayudaba bastante con el desarrollo psicológico que me permitía mi transformación.

    Una vez profesional, decidí salir de mi casa y no quise avisar a nadie sobre mi secreto, ya con el tiempo se enteraran y sabremos enfrentar la situación, conseguí trabajo y me independice totalmente, solamente era mi tío mi confidente, mi amigo, mi asesor, mi cómplice en todo lo que había hecho de mi persona.

    Una vez totalmente independiente me convertí en lo que ahora soy una travesti de closet, y con mi sueldo apoyo a mis padre, pero muy poco les veo, con el pretexto del trabajo y el estudio, también he empezado a comprar ropa íntima de mujer, tanguitas, sostenes, medias nylón, portaligas, ropa femenina de toda clase, faldas vestidos, zapatos con taco, deportivos ajustados al cuerpo, maquillajes, sombras, lápices labiales, pelucas, ropa de dormir femenina, bolidoys, y tantas otras cosas más, y empecé a probarme las diferentes ropas que compraba, realmente me sentía realizada, pero todo lo hacía en mi departamento y en mi soledad, por último empecé a amoblar mi departamento con cierta discreción, pero lo que no pude aguantarme es comprar en espejo bastante grande donde podía ver todo mi cuerpo entero.

    Estaba en eso, hasta que un día mi tío me llama a mi celular y me manifiesta que deseaba ver los resultados del tratamiento hormonal que había seguido y especialmente de desarrollo de mi nueva personalidad, al principio no le llegue a entender muy bien por lo que le solicité que sea más explícito a lo que él me contestó, que deseaba verme completamente vestida de dama, con todo lo que implicaba dicha situación, inicialmente sentí un poco de vergüenza, pero una vez que colgué el celular empecé a pensar que esta situación me ponía un desafío personal, no solamente debería vestirme de mujer sino que debería sentirme mujer y actuar como tal, desde el inicio hasta el final, desde recibirlo, estar con él el tiempo necesario hasta despedirlo, en ese momento no se me pasó por la cabeza nada de erotismo y mucho menos de sexualidad, lo que deseaba era ser mujer frente a un hombre, tal como me lo dijo mi tío, era para mí como un examen final, de todo el proceso biológico, fisiológico y psicológico que había seguido durante los últimos años, si bien en algunas oportunidades he deseado sentirme poseída por un hombre, no le había puesto tanta importancia al hecho, sino por el contrario me importaba más mi transformación, ya después se vería lo que pasaría conmigo como trans.

    No por lo señalado anteriormente iba a esperar como sea, lo que una mujer siempre desea es ser atractiva, desea impresionar a su invitado, y actuar como tal, para lo cual, lo primero que empecé a realizar era la preparación del banquete que le brindaría a mi tío, él que supo comprenderme y ayudarme en este mi secreto, prepare una comida bastante exótica y pensé que el mismo debería estar acompañado con algunas bebidas alcohólicas, exóticas también.

    Prepare mi comedorcito, un nuevo mantel, los cubiertos, dos copas champaneras y dos copas para las otras bebidas, al centro de la mesa dos velas con una fragancia exquisita, perfume en el comedor y las demás habitaciones de mi departamento, una vez concluida dicha faena, empecé a pensar en mí, cómo debería vestirme para el acontecimiento más importante de mi vida hasta ese momento?, dando vueltas la cabeza empecé a pensar que debería transformarme totalmente, por lo que fui a mi ropero de ropa femenina y escogí inicialmente la ropa íntima que llevaría encima, escogí una media nylón negras normales que cubrían mi pies, mis pantorrillas y llegaban hasta mis piernas, aunque las medias tenían silicona decidí usar un portaligas que hacía el espectáculo mucho más sensual, luego escogí una tanguita negra que cubría mi trasero la parte de la raya y dejaba mis glúteos al aire, para luego concluir con un sostén de seda, que recogían mis tetas, por cierto bastante creciditas.

    Una vez concluida con esta parte de mi transformación me miré en el espejo grande y sentí que algo no estaba bien, ya que en el mismo podía verme todo mi cuerpo pero mi rostro no hacia juego con lo que traía encima, por lo que seguidamente decidí iniciar mi transformación de mi rostro, empecé con un maquillaje completo, me pinte los ojos con un negro profundo, doble mis pestañas luego me pinte mi boca con un rojo carmín, me pinte mis uñas tanto de las manos, me coloque una peluca que llegaba hasta mis hombros de color negro oscuro y cuando me veo al espejo faltaba algo y recién me di cuenta que lo que faltaba era un bonito collar colgado a mi cuello, unos brazaletes en mis muñecas, algún anillo en mis dedos y con la lencería que llevaba puesta y unos tacos bastante altos de color rojo, ahora recién me sentí bien conmigo misma, la cosa estaba avanzando hacia el objetivo que me propuse, busque que debería llevar encima y encontré un vestido rojo largo, que lo había comprado y nunca lo había utilizado, lo planche y procedí a colocármelo, cuanta mi alegría que al terminar de ponérmelo, parecía que el vestido estaba hecho a mis medidas, ya que permitían por la parte de arriba formar una luna con mis pechos, los cuales se podían exhibir medianamente, la parte de atrás dejaba gran parte de mi espalda desnuda hasta caso llegar a mis caderas, por la parte inferior era bastante suelto la prenda y tenía una abertura en la pierna derecha que cuando caminaba permitía que se viera mis pierna derecha hasta casi llegar a la entrepierna, estaba un poco nerviosa y mi tío todavía no aparecía, por lo que decidí fumar un cigarrillo a manera de esperarlo.

    Al poco rato sonó el timbre de mi departamento, y con el corazón un poco agitado fui a abrir la puerta y encontré con mi tío bastante arreglado y con una botella de wisky en papel de regalo, me saludo y me brindo un beso en la mejilla y luego me entrego la botella como un presente suyo, yo me sentí al principio un poco nerviosa y desde el momento que llegó empezó a lanzarme piropos sobre mi belleza de mujer, yo me sentí bastante alagada y feliz al mismo tiempo, le deseaba hacer pasar a mi departamento por delante mío y cuál fue mi sorpresa cuando él me tomo de la cintura y juntos caminamos por mi departamento hasta llegar al pequeño living y tomamos asiento, yo un poco perturbada no había previsto el aperitivo por lo que le dije que inicialmente y para no decepcionarlo empezaríamos con el wisky que él trajo, por lo que él tomó la iniciativa y me solicitó dos copas con hielo y empezó a servirnos, ambos nos sentamos en el sofá y comenzamos a conversar sobre los logros que había alcanzado con mi transformación, él de una manera educada me dijo que posiblemente falta algunas cosas que perfeccionar pero el tiempo se dedicara a eso pero que los resultados hasta ahora alcanzados eras inmensamente grande y casi llegamos a la perfección, me sentí bastante alagada, a momentos en plena charla nos tomábamos de las manos, sin ninguna intención de mi parte, no sé qué se proponía él, aunque en sus ojos pude observar mucha seguridad y sinceridad de su parte.

    Luego de un rato le invite a pasar al comedor, nos servimos y bebimos lo que había preparado, todo este proceso él siempre recurría a tomarme de las manos y acariciarlas lo que a mí me gustaba bastante y me alagaba mucho, una vez concluida la cena, que por cierto fue bastante romántica, decidimos retornar al living y me pidió que pusiera música algo romántica a lo que le hice caso, luego de cierta conversación me pidió que modelara mi cuerpo frente a él, me gustó la idea, y empecé a caminar mostrando mi lado más femenino y coqueto que podía hacer en ese momento, en eso la verdad que empiezo a excitarme un poquito y siento un poco de lujuria al ver que mi cuerpo estaba siendo observado y valorado en su verdadera dimensión. Mi tío, un poco atrevido pero bastante diplomático, empezó a indicarme sobre como caminar cuando una modela, para lo cual se paró del sofá donde se encontraba sentado y me tomo por la cintura y empezó a indicarme a mover más mis caderas, a cruzar más mis piernas al caminar y especialmente a mover más mi trasero, para lo que no solamente me indicaba sino empezó a manejar mi cuerpo con sus robustas manos, agarraba mi cintura, subía a mi cadera y luego volvía a bajas hasta mis glúteos, situación que empezó a tomar cada vez más y más confianza, pero a mí me empezaba a excitar.

    Pasemos a descansar un poco de tan hermosa travesía y nos sentamos en el sofá juntos y él no soltaba mis manos, empecemos a entrecruzar los dedos de las manos haciendo riquísimas empanadas, luego me dijo que una velada tan bonita no podía concluir sin un baile juntos, yo pensaba cambiar de música un poco más bailable y él me lo impidió, por lo que nos pusimos a bailar piezas románticas y bastante lentas, apague las luces y solamente deje una lámpara a media luz, lo que hizo del ambiente mucho más romántico, yo coloque mis manos a sus hombros y el me tomo por la cintura a un principio con cierta distancia bastante discreta, pero en la medida que íbamos bailando automáticamente nuestros cuerpos se estrechaban más y más como el imán atrae al metal, y en eso me regala un beso en la mejilla a lo que yo respondo con otro beso en su mejilla, en ese momento éramos una pareja de dos tortolitos enamorados, empezó a besar mi cuello, a lo que yo no puse ninguna resistencia, en seguida siento sus manos bajar de mi cintura hacia mis caderas y luego llega hasta mis glúteos y los empieza a masajear, lo que me hace sentir en el cielo, cruzo mis manos en su cuello y en eso no más nos damos un pequeño beso en la boca, nuestras bocas se unen muy suavemente, para luego abrirlas y empezar a unir nuestra lenguas e intercambiar nuestra saliva, situación bastante excitante, estuvimos bailando por bastante tiempo, la situación me hizo olvidar del tiempo y el espacio, le acariciaba sus hombros, el recorría toda mi espalda desnuda y cogía mi culo y lo masajeaba con bastante erotismo y mucho sensualismo, al estar bastante apegados nuestros cuerpos empiezo a sentir en mi vientre su verga que poco a poco iba creciendo, en momentos me hacía dar una media vuelta y mi culo quedaba apretado a su verga, lo que me gustaba mucho y empezamos a excitarnos ambos, las palabras se fueron y empezó a funcionar nuestros instintos, cuando él se encontraba detrás mío, sus manos subían y acariciaba mis tetas, sobre el vestido que llevaba puesto yo descaradamente subía cada vez más y más mi culo sintiendo su hermosa verga en el mismo, y lo frotaba como deseando masturbarlo con mis nalgas, pero lo que más me hacía sentir feliz es cuando su verga se acomodaba en el centro de mis dos nalgas en la misma raya de mi culo, era una situación tan hermosa que deseaba que nunca terminara.

    Tomamos algo más de bebidas alcohólicas y continuamos bailando, besándonos y metiéndome mano por todo mi cuerpo. Al retornar a bailar luego de un pequeño descanso, nos tomamos nuestros cuerpos nuevamente y no sé por qué, creo que ha sido por instinto femenino bajo mi mano derecha a sus partes y las empiezo a acariciar al principio con mucha delicadeza y luego con más descaro, realmente se siente muy rico acaricias su verga y sus testículos a un hombre, él también baja su mano hacia mi pierna derecha y busca la apertura del vestido y toma mi pierna y siente mis medias lo que le excita mucho más va subiendo hasta mi entrepierna y las acaricia va hacia el centro y utiliza las parte laterales de mi miembro como si fuera una vagina sin sacar sus manos de mi cuerpo las lleva hacia atrás y siente mi hermoso culo, lo toma como algo de su propiedad y lo acaricia inicialmente sobre mi tanguita que llevaba puesta para luego hacerla a un lado y agarrar mis nalgas al rojo vivo, situación que le permite introducir sus dedos en mi raya y llevar su dedo mayor de una de sus manos hacia mi agujerito de mi culo, lo acaricia y con la calentura que llevo no necesita mojarlo sino que empieza a acariciármelo intentando introducirlo en mi culito, lo que lo logra y yo me limito a abrazarlo con más fuerza y besarlo con más desesperación y cada vez más y más le sobo su verga hasta que me animo a bajar el cierre de su pantalón e introducir mi mano haciendo a un lado su calzoncillo y tomando su verga ya lo suficientemente parada, dura, larga y gruesa, siento sus venas de la misma y me excita más y más, él poco a poquito va bajando mi tanguita hasta tener mi culo al aire libre, me los baja y me saca completamente, mientras yo masajeo su verga y empiezo a masturbarlo moviendo de arriba hacia abajo, acaricio sus testículo y nos brindamos besos inolvidables, poco a poco él me va arrinconando hacia la puerta que da del living al comedor mi espalda choca con la puerta y no hay más escapatoria, me manosea, me hace dar la vuelta y es primera vez que siento una verga en mi culo directamente, la coloca en mi raya, luego siento sus latigazos en mis nalgas, que hermosa y excitante situación la que estábamos viviendo, moja sus dedos con su saliva y las lleva hacia mi culo y empieza a lubricarlo para luego introducir uno de sus dedos hasta lo más profundo de mis entrañas, siento un pequeño dolor, lo que me hace gritar pero el mismo se va acostumbrando a su dedo y luego empiezo a gemir de placer que me producía tener un dedo en mi culo, lo sacaba y yo sentía un gran vacío para luego volverlo a meter, después de estar un buen rato en esa situación él jugando con su dedo en mi ano, vuelve a mojarlo con mucha más saliva e intenta introducir ya no sólo un dedo sino intenta introducírmelo dos dedos junto, lo que me hace gritar de dolor y al mismo tiempo de placer, con mucha paciencia pese a ser rechazado por varias veces al final lo logra, y le ruego que pare un poco a lo que no me hace caso y continua con su travesía, poco s poco me voy acostumbrando y realmente empieza a gustarme, siento su verga en mis nalgas y la tomo y realmente, él, piensa introducirme este garrote tan grande en mi pequeño hoyito? Y siento que me va a partir en dos, me va a romper el culo, pero yo he empezado y debo terminar, me da media vuelta y nuevamente nuestros rostros se vuelven a encontrar, nos besamos con mucha pasión y erotismo él empieza a levanta una pierna mía la apoya en el espaldar de una silla y sigue jugando con sus dedos en mi culo, lo lubrica bastante con su saliva y hasta a mí me hace chupar sus dedos cuando sacaba de mi culo, yo los chupaba y nuevamente se dirigían hacia mi ajete, ya bien mojadito mi hoyito y con una pierna hacia arriba y con mi vestido con el escote y el sostén hacia abajo él chupa y mama mis tetas y empieza a intentar llegar con su verga hasta mi culito, aunque es una posición un poco incómoda para dos personas como nosotros hacerlo en esa pose, en curvea sus caderas agachándose un poco yo subo lo que más puedo mi culo y llega su vergas hasta mi orificio, lo siento muy rico que choque su verga con mi agujerito, y empieza a realizar los intentos para introducirlo, tarda un poquito y siento la punta de su verga dentro de mi culo y descansando de a poco lo va introduciendo siempre con el movimiento de meter y sacar, hasta que siento que me desvirga mi culo, siento un profundo y fuerte dolor que se hace insoportable soportarlo en lo que me dice, por favor que no lo saque, que vamos a esperar a que se acostumbre, le hago caso con lágrimas en los ojos, las mismas que son absorbidas con sus besos, nos besamos él tiene las manos ocupadas sosteniendo mis nalgas a la altura que él deseaba, luego de un buen rato muy suavemente empieza con sus movimientos a lo que yo empiezo a sentir un placer inexplicable, mi tío me ha roto el culo, aquella persona que mi confidente por muchos años, aquella persona en la que había confiado mis sentimientos más íntimos, el que me había ayudado a hacer realidad mis fantasías se había comido mi virginidad, y me sentía la mujer más feliz y realizada del mundo, el seguía moviéndose y ahora era yo también que empezaba a moverme a su ritmo a objeto de que su verga ingrese a mi culo lo más posible, y sienta lo hermoso que es tener una verga en el culo y llegar al orgasmo, ese día con mi tío, creo que llegue al orgasmo varias veces, me sentía enloquecer y gemía a mi gusto, y él me besaba en la boca, en el cuello en mis tetas, las chupaba, las mordía con mucha sabiduría sin hacerme daño, fue un tiempo inexplicable en el que estábamos tirando de lo más rico, ya con mi culo abierto de par en par su verga salía del todo y con una puntería única la volvía a introducir, así estuvimos culeando por un buen rato hasta que él empezó a moverse cada vez más rápido y me empezó a apretar hacia su cuerpo hasta que sentí como se venía en mi culo, empezaba a tomar su rica leche por mi culo, luego la sacó y yo me arrodille y empecé a chupar su verga, probando su leche que por cierto había sido riquísima hasta dejarla limpiecita, luego nos volvimos a besar y nos sentamos nuevamente en el sofá, yo deseaba ir a arreglarme un poco, pero él me dijo que tenía que irse, que tenía un compromiso en la casa de mis padres y que estaba muy contento de haberme hecho mujer que era lo único que me faltaba en mi transformación, en otras palabras había completado lo que él mismo había comenzado conmigo. A partir de ahora llevaría la marca que él me dejó.

    Espero que les haya gustado, por favor sus comentarios a mi correo: [email protected].

  • Confesiones íntimas de intercambios

    Confesiones íntimas de intercambios

    En una visita de Berta a Carolina, después de conversar sobre cosas distintas y ponerse al día de los chismes del momento, sin muchos rodeos le preguntó sobre lo que sentía viviendo una vida sexual un tanto fuera de lo común. Carolina después de sonrojarse un poco, pues no esperaba esa pregunta, le respondió que es como la vida de cualquiera, con los gustos y fantasías de cada quien; que quizá con algo más de curiosidad, nerviosismo y tal vez un poco más de riesgo. Pero que no era una sensación de ser especial o extraterrestre, al contrario, la hacía sentir más humana.

    Pero Berta, en busca de más detalles, siguió indagando:

    Pero entonces, ¿qué hace que vivas y hagas cosas que yo quizá no vaya a vivir nunca?

    Carolina, que en algún momento le había contado apenas un par de detalles sobre el asunto, le contestó:

    Yo no te puedo decir que disfruto más que tú o que debas vivir como yo lo hago, solo te puedo contar algunas cosas que he vivido y he sentido. Pero la decisión es muy personal.

    Tomó un poco de té, del que estaban compartiendo, y viendo que Berta solo la miraba, esperando más detalles, continuó:

    Solo vivo mi vida sexual con Roberto. Si mi esposo no puede o no quiere, ni siquiera intento hacer nada. Pero cuando ambos estamos de acuerdo, todo se pone en marcha y el ambiente se transforma.

    Conversamos casi con detalle las cosas que queremos hacer y elaboramos un pequeño plan. Es esta fase siento muchos nervios, mariposas en el estómago, es como cuando niña o adolescente y me estaba preparando hacer una travesura.

    A veces, recuerdo cosas que hemos hecho y me aumentan las ganas. Incluso cuando pienso en las ocasiones que no han ido del todo bien, pues tienen sus detalles excitantes.

    Tomó nuevamente un trago de té, se acomodó mejor en la butaca en la que estaba sentada y prosiguió:

    Casi siempre pensamos en los intercambios. Aunque debo decirte que la gran mayoría de las veces las cosas se quedan en pura fantasía. Solo en unas pocas ocasiones hemos podido vivir algo de lo que tú llamas fuera de lo común.

    Pero aun cuando no salga nada, mientras hablamos y tengo los nervios al máximo, comienzo a pensar en las chupadas que he dado. Cuando me he metido y me han metido los miembros en la boca. Recuerdo cómo les he pasado la lengua por la cabeza, el tronco e incluso por las bolas. Si son venosos, me gusta pasarles la punta de la lengua por sus venas, y de manera intermitente los masturbo.

    Cuando no son venosos, como el de Roberto, me dedico a la cabeza. Me la meto de a poquito, le paso la lengua por el borde y luego me lo meto todo en la boca. Subo y bajo hasta que tiene bastante saliva, me lo saco y lo masturbo mientras le miro la cara de excitación. Y luego, nuevamente a chupar. Si siento que van a terminar, bajo el ritmo o me lo saco de la boca, nunca me ha gustado el sabor del semen y cuando terminan en la lengua. El sabor dura bastante tiempo sin quitarse. Solo en un par de ocasiones me he tragado el semen.

    Recuerdo la primera vez con César. No me quería sacar ese huevo de la boca, me tenía súper excitada. Pero el muy pendejo ya iba a terminar. Me lo tuve que sacar para que me cogiera, porque si no hubiera quedado también fría y con ganas.

    En ese momento, Berta, por curiosidad (y ya excitación por los detalles de lo que estaba escuchando), siguió preguntando:

    ¿Y qué tal con César? ¿Todavía lo hacen con él y Tamy?

    A lo que Carolina contestó:

    Durante un tiempo estuve emperrada con César. Ellos fueron nuestro primer intercambio, pero ya no lo hacemos con ellos. Mi fantasía más fuerte con César era que me cogiera por el culo. La primera vez no fue tan bueno, pero luego fue muy rico. Se lo sentía súper parado y duro cada vez que lo hacíamos así. Estaba tan mojada siempre que nunca necesité lubricante adicional.

    El primer día me lo metió de un empujón y dolió un poco, pero las demás veces metía primero la punta, luego la cabeza y después el resto de su miembro. Estaba tan emperrada con él, que con la excitación ya se me dilataba muy rápido y César podía bombearme como quisiera: Fuerte, lento, rápido. Incluso cuando estaba en excitación extrema, era yo quien movía el culo y me lo metía más profundo hasta que alcanzaba el orgasmo.

    Fue tanto lo anal con César, que le comenté a Roberto que pensaba que él nunca se había cogido otro culo, porque estaba enviciado con mis nalgas. Me las agarraba, sobaba y tocaba, incluso sin estar en acción. Hasta dormido después de las faenas sexuales. Un día con el solo roce de mis nalgas, tuvo una erección y por el cansancio, me lo metió sin condón. Muy rico sentirlo directo y lo hice porque ya lo había conversado con Roberto, pero no me atreví a pedirlo en el primer round. Otra experiencia que quería vivir con César, piel con piel. Me soltó todo su semen en la vagina. Demasiado excitante.

    Con la práctica de esos días, fue que un tiempito después, logré que me cogieran el animalote de Manuel y Arturo también por el culo. Fue una época muy anal para mí. Aunque siendo sincera, siempre me ha excitado hacerlo por el culo.

    Ambas amigas se rieron, tomaron un poco más de té, sirvieron unas galletas, y luego Berta continuó con su casi inquisidor interrogatorio:

    ¿Lo que más te ha excitado es hacerlo por el culo? ¿Qué tal hacerlo con un hombre tan grande como Manuel?

    A lo que Carolina, ya totalmente en confianza, libre y como quien habla de recetas de cocina, respondió:

    Si lo analizo un poco, lo más loco y excitante que hemos hecho es pasar la noche con Tamy y César en habitaciones distintas. Tamy y Roberto por un lado y César y yo por el otro. Lo hicimos dos veces. Muy loco y mucho riesgo por lo emocional, pero en mi caso, eso terminó de cerrar mi capítulo con ellos.

    Pero si lo veo por las posiciones, lo más fuerte ha sido la doble penetración, sobre todo la que hice con Roberto y Arturo. Me encantó estar empalada por el culo y la vagina al mismo tiempo. Bombeada por detrás y por delante. No fue fácil, porque los tres tuvimos que llevar el mismo ritmo. Pero sentir como esos dos palos se me metían una y otra vez por los dos huecos, fue espectacular, sobre todo porque era yo quien imponía el ritmo.

    Con Manuel fue muy excitante, por la diferencia de tamaño de los dos. Él tan grandote y yo pequeñita, parecía como si fuera su peluche. Pero aunque él es alto no tiene un miembro tan grande, y por eso lo pude chupar, lamer y metérmelo por donde quise. Mi boca es pequeña, si lo hubiera tenido muy grande, no lo hubiera podido mamar a gusto.

    Pero con él lo más excitante fue cuando lo hicimos en el campamento. En la carpa estábamos seis personas. En un rincón y en posición de cucharita, con el por detrás, me metió y me sacó ese miembro con muchas ganas. Y con sus manotas me agarraba las caderas para meterlo más profundo.

    En un momento que volteé la cara me clavó la lengua en la boca. Me besó mientras me lo metía tan fuerte que chillé con el orgasmo. Todavía me mojo mucho cuando lo recuerdo. Me bombeó hasta que me volteó, me abrió las piernas, las levantó en forma de V y con las manos me agarraba los tobillos. Mi culo quedó en el aire mientras me penetraba por la vagina. Pero ahí comencé a tomar las riendas, y el ritmo lo imponía yo, si no me desarma.

    Al final claro está, dejé que me cogiera el culo. Otro buen miembro en mi ano. Riquísimas todas esas experiencias.

    Volvieron a reírse un rato mientras comían una galleta. Tomaron un poco más de té y Berta volvió a su interrogación:

    ¿Y qué te ha excita de que Roberto esté contigo?… Todo lo podrías haber hecho sin él

    Con cara ya más seria y un tanto reflexiva, Carolina contestó:

    Sin Roberto me siento insegura. Me siento más libre cuando él está presente, pues me siento protegida. Él me permite gozar al máximo y en ocasiones hasta me pierdo, pero al final sé que está ahí y que me está cuidando. Además, me conoce tanto que cuando siento que me falta algo o que algo no ha estado del todo bien, con él termino de llegar al máximo placer.

    Y con él siempre lo hago sin condón, lo siento más natural. Y cuando se trata de cogerme por el culo, tiene el miembro del tamaño y la forma correcta para sacarme más de un orgasmo.

    Puedo durar tiempo sin hacer nada más que tener sexo o hacer el amor con él. Con Roberto puedo sentir que es uno y varios al mismo tiempo, por cómo me toca, me acaricia y las cosas que me dice.

    Lo hemos hecho en la sala de la casa, en todas las habitaciones, en hoteles, moteles, hasta en la oficina en la que trabajaba. En una piscina, en varios jacuzzis, en un jardín y a cualquier hora del día.

    Un día me montó en un columpio, me quitó las pantis, me subió las piernas, se las puso en el pecho y me penetró hasta el fondo. No sé cómo hizo para que el columpio no se meciera mucho, porque me bombeaba y me bombeaba, hasta que tuve dos orgasmos. Creo que nos oyeron, porque grité con todo lo que tenía mientras terminaba.

    Otro día nos fuimos a un Motel con Luna, una muchacha un tanto loca que conocimos por ahí. Estábamos muy nuevos en ese momento y ella dirigió toda la acción. Nos metimos los tres desnudos en la cama. Ella me besaba, mientras Roberto la acariciaba por detrás. Un tanto gordita y con unas tetas con muy poca gracia, pero muy creativa para los tríos.

    Me chupó la vagina con mucha dedicación. Pasaba su lengua por el clítoris y luego le dedicaba un tiempo al agujerito. De arriba a abajo, en movimientos circulares y luego nuevamente de arriba a abajo. Me agarraba el clítoris con los labios, lo que hizo que tuviera mi primer orgasmo. Mientras que terminaba, Roberto me besaba apasionadamente y me acariciaba las tetas.

    Luego me coloqué un arnés con vibrador que habíamos comprado algunos años atrás, y me la cogí en posición de perrito. El juguete es un tanto grueso, por eso noté que de vez en cuando sentía un tanto de dolor. Pero me sentí fuera de este mundo. Era la primera vez que me cogía a una mujer y me sentí súper excitada, los chorros de flujo mojaron todo el arnés. Tuve un orgasmo como si fuera a mí a quien estuvieran penetrando.

    En un rato, Roberto, que no quiso penetrarla, me cogió como un loco. Me bombeó muy rápido, me lo metía y me lo sacaba con velocidad, pero sin mucha fuerza. Se levantaba, me chupaba las tetas, besaba a Luna y seguía bombeándome. En el espacio en el que besaba a Luna, pero no paró de metérmelo, me excité muchísimo y me preparé para acabar. Cuando él notó que yo estaba terminando, me soltó todo el semen dentro del agujerito, al mismo tiempo que Luna le agarraba la cabeza para besarlo más fuerte. Fue espectacular. Luna siempre estará en nuestros recuerdos.

    Apenas estaban terminando esta última parte, cuando entró Roberto al departamento. El nerviosismo las delataba a las dos. Aquella cara de Carolina hacía evidente de lo que estaban hablando. Pero después de saludar a Berta muy cariñosamente, Roberto le dijo:

    Berta, creo que te vinieron a buscar. Hay alguien que está esperando abajo en un carro verde y me preguntó por una tal Berta. Y ahora que te veo, creo que eres tú.

    Efectivamente se trataba del novio de Berta. Ya era hora de irse. Fue al baño para cerciorarse de que no había ningún tono de humedad en su pantalón que la delatara. Salió nuevamente a la sala y se despidió de ambos.

    Aprovechando que se quedó nuevamente sola con Carolina, le dijo:

    Gracias Carolina por la conversación. La verdad es muy excitante lo que me has contado. ¿Puedo venir otro día para continuar hablando y hacerte otras preguntas?

    Carolina se rio y asintió, mientras le decía:

    Claro que sí. Incluso si te parece, la próxima vez cuadra un poco más de tiempo y podemos hablar de algunos detalles. Si gustas le digo a Roberto que nos acompañe y que él te comente sus propias sensaciones. No creo que se niegue, a él le gusta mucho hablar y también el sexo. Y no te preocupes, no va a pasar nada que no quieras que pase. Recuerda, nosotros lo hacemos porque queremos y no obligamos a nadie a probar, ni le recomendamos a nadie hacerlo. La sensación de complicidad debe ir acompañada de una gran libertad.

    Se despidieron con los besos respectivos y Berta se fue. No podía quitar de su cabeza todo lo que había escuchado, y mucho menos la invitación para una próxima ocasión.

    SIRENA Y TRITÓN

  • Las fotos de mamá (Partes 4, 5, 6 y 7)

    Las fotos de mamá (Partes 4, 5, 6 y 7)

    Parte 4.

    Aunque Iván había manifestado su intención de salir a buscar trabajo y un piso en su visita al centro, no tenía en mente ninguno de esos objetivos.

    En su lugar fue a casa de Yolanda.

    Yolanda era la razón por la cual había estado año y medio conociendo Europa. Era la mujer de sus sueños, aquella que había esperado toda su vida. Podía cometer incesto con su hermano o desear a su propia madre o a muchas otras mujeres, pero su corazón era sólo para Yolanda.

    Tocó al timbre del apartamento, al rato le recibió una mujer rubia vestida con una bata. Tenía cara de muñeca y ojos somnolientos. Bajo la bata se adivinaban unos pechos firmes y prominentes y una figura sinuosa, pero para Iván fue el olor de aquella hembra lo que le trajo recuerdos dolorosos.

    —Hola — dijo la mujer sin emoción — ya me imaginaba que aparecerías tarde o temprano…

    —¿Puedo pasar? ¿no te molesto?

    —Pasa, no entro a trabajar hasta dentro de tres cuartos de hora, pero eso ya lo sabes ¿verdad?

    Iván entró en el apartamento. Todo seguía igual que cuando vivía allí, los adornos de las estanterías, la pantalla de televisión, el equipo de música, la colección de porno en el mueble…

    —¿Qué tal te ha ido? — quiso saber Yolanda a la vez que tomaba asiento en el sofá. Al hacerlo por la abertura de la bata se podía ver su pierna y buena parte de su muslo.

    —No me ha ido mal… ¿estabas jugando cuando he llegado? — preguntó Iván al encontrar un par de vibradores de plástico encima de un cojín — ¿te he interrumpido?

    —No, no lo has hecho — contestó ella con naturalidad — esos juguetes son de la otra noche…

    —Veo que sigues estando siempre caliente, hay cosas que no cambian.

    Yolanda apartó la mirada y cruzó las piernas en el otro sentido. Esta vez dejó ver bastante más muslo que antes.

    —Nunca entendí muy bien por que te enfadaste tanto conmigo — escupió Yolanda.

    —Qué raro — dijo Iván con cierta jocosidad — en cualquier pareja la infidelidad se considera un motivo de enfado…

    —Tu y yo siempre nos hemos follado a todo lo que se nos ponía por delante — dijo Yolanda severa — fuera hombre o mujer, y nos contábamos nuestras aventuras el uno al otro para ponernos calientes…

    —Una cosa es follar y otra muy distinta es amar.

    —Yo siempre te he querido…

    —Y a él también ¿Lo sigues viendo?

    —Si.

    —Y nunca me dirás quien es ¿verdad?

    —No te hace falta saberlo.

    Iván le dio la espalda a su ex novia y estuvo mirando la casa, lleno de dolor.

    —¿Para qué has venido? — quiso saber Yolanda.

    —No lo se, quería verte, este tiempo viajando por Europa no he podido dejar de pensar en ti.

    Yolanda se levantó del sofá y fue al encuentro de Iván. Le sujetó por el brazo y se acurrucó mimosa.

    —¿Y en que pensabas? ¿en follarme a cuatro patas? ¿en metérmela por la boca? ¿en correrte en mi cara?

    Iván experimentó una erección súbita pese a llevar pantalones. La voz de Yolanda era melosa como un pastelito. Sentía el olor de la que fuera su novia y se excitaba aún más.

    —Pensaba en todas las cosas que me gustaría hacerte y que no podía por que no estabas conmigo…

    —Házmelas…

    Yolanda desanudó el cinturón de su bata, que se abrió de par en par. Bajo la bata se encontraba completamente desnuda. Sus pezones estaban duros como el granito y de su vagina rasurada manaba un hilillo de líquido transparente piernas abajo.

    Iván dejó que tres de sus dedos se acercaran a esa vulva y la penetraran como tres amigos que se refugian de la lluvia en un establo. Yolanda sonrió complacida mientras dejaba que la bata cayera al suelo.

    —Dame tu polla…

    Iván colaboró con Yolanda para bajarle los pantalones. Algo salió de entre sus piernas que enseguida acabó en la boca de la chica, casi en toda su longitud aunque Iván estaba bastante bien dotado.

    —Ahora que ya la tienes ensalivada — dijo entonces Yolanda — métemela por el culo…

    —No creo que vaya a hacer nada de eso — contestó Iván retirándose.

    —¿Pero qué haces? ¿estás loco? ¿No me quieres follar?

    Yolanda recuperó la bata perpleja mientras Iván hacía lo propio con sus pantalones.

    —Ha sido un error venir aquí — reconoció Iván.

    —¿Pero no has dicho que me deseabas? ¿Qué sólo pensabas en mí?

    —Precisamente, no puedo hacer esto contigo como si fueras cualquier otra, no puedo…

    Iván se dirigió hacia la puerta todo lo rápido que pudo.

    —Es mejor que me vaya.

    Iván cerró la puerta tras de si. Al momento alguien salió de una habitación para encontrarse con Yolanda. Era el padre de Iván, llevando tan solo un albornoz.

    —¿Crees que tu hijo sospecha algo? — le preguntó Yolanda.

    —En absoluto. Su actitud conmigo no ha cambiado nada, además mi familia cree que estoy en el trabajo. Ni mi mujer sabe que tenemos quince días de vacaciones pagadas por que están reformando la oficina, al contrario, cree que tengo mas trabajo que nunca.

    —Y tú estás aquí, follándome…

    —Desde que empezaste a salir con Iván que no pensaba en otra cosa que en metértela bien adentro…

    —Tu hijo me ha puesto bien caliente ¿mirabas?

    —Si — dijo el padre de Iván — que pena que no te lo hayas follado, me habría encantado verlo…

    —Y te habría encantado unirte a nosotros — añadió Yolanda a la vez que tanteaba por la abertura del albornoz buscando su pene.

    —Eso ya lo sabes.

    Yolanda se hizo con el pene erecto y de gran tamaño del padre de Iván. Enseguida puso en cuclillas para darle placer con la boca.

    —Siempre ha sido mi fantasía tener sexo con vosotros dos…

    —¿Y le meterías por el culo todo esto? — quiso saber Yolanda a la vez que sujetaba el gigantesco pene de aquel hombre.

    —Hasta que mis testículos chocaran con los suyos — sentenció sin dudarlo.

    —Vamos al ordenador — pidió Yolanda.

    Los dos se adentraron en el cuarto del que había salido el padre de Iván. Junto a la cama se situaba una mesilla con un ordenador encendido provisto de un amplio monitor de pantalla plana. El padre de Iván se hizo con el ratón para navegar por Internet hasta una página concreta. Era una página pornográfica para amateurs y en ella estaban colgadas las fotos de su esposa.

    —¡Qué caliente me pone tu mujer! — expresó Yolanda, desnuda de nuevo, acariciándose entre las piernas mientras contemplaba las fotos — ¡Como deseo comérmela!

    —Eso es lo que tenemos que conseguir — contestó el padre de Iván sujetándose el pene erecto con la mano — tu tienes que conseguirme un trío con mi hijo, quiero ver como te folla y quiero hacerle de todo a ese muchacho…

    —Y tu, a cambio — continuó Yolanda con lascivia — me conseguirás un trío con tu mujer, quiero que mire mientras me la metes y que se coma mi coño una vez tú te hayas corrido en él.

    *********************

    Parte 5.

    Sergio había decidido no ir a trabajar aquella tarde y acababa de llamar comunicando que estaba enfermo. Antes de ir a trabajar, tenía claro que prefería pasarse la mañana haciendo todo tipo de porquerías con su hermana pequeña. Por su lado, Marta tenía el ano y la entrepierna doloridos y un persistente sabor a semen en la boca. Se sentía muy satisfecha y no había vuelto a ponerse ropa en toda la mañana. Sus pechos se exhibían libres en toda su abundancia para deleite de su hermano que no perdía detalle.

    —Ven — dijo Marta llevando a su hermano de la mano hasta su cuarto— quiero enseñarte una cosa…

    —¿Qué me vas a enseñar que no haya visto ya? — declaró jocoso Sergio a la vez que manoseaba el trasero de su hermana.

    —Me gusta que me metas mano, Sergio, quiero que me metas mano a todas horas ¿Lo harás?

    —Se te ha subido el semen a la cabeza, hermanita…

    —¿Lo harás? — se paró en seco Marta muy seria.

    —Siempre que pueda, hermanita — contestó Sergio alargando la mano hasta la vagina de su hermana — no te puedo prometer que te manosearé cuando haya alguien delante.

    —Eso es verdad, que tonta soy, no se en que estoy pensando —Marta se acababa de ruborizar — pero es que nunca había estado tan contenta…

    —¿Qué me querías enseñar?

    —Esto.

    Marta buscó bajo su cama y sacó de allí una caja de madera de las que se usan para guardar botellas de vino. Quitó la tapa, parecía que sólo había apuntes y libretas, pero la caja tenía un doble fondo fácilmente accesible si sabias que estaba ahí, y en él se encontraba su colección de juguetes eróticos.

    —¡Caramba, hermanita! — exclamó Sergio — ¿todo eso es tuyo?

    —Sí… — dijo Marta orgullosa — son mis juguetitos…

    —¿Y tú te metes esto? — quiso saber Sergio esgrimiendo el mas grande de los consoladores allí reunidos.

    —Claro — dijo Marta ruborizándose — por mis dos agujeritos…

    —Ahora entiendo por que estás tan dilatada…

    —¿Me dejarás que te meta alguno por detrás, Sergio?

    —¡Caray, hermanita! — dijo Sergio con una gran sonrisa en la cara — no tenía ni idea de que fueras tan guarra…

    —Soy muy guarra — dijo Marta muy orgullosa — a veces llevo éstas todo el día metidas — dijo mostrando las bolas chinas a su hermano.

    —Me la estás volviendo a poner dura, Martita, voy a tener que volver a follarte…

    —Pues venga… — declaró Marta con una risita.

    —Pero antes quiero enseñarte yo también una cosa…

    Sergio le dio un beso en los labios a su hermana y la cogió de la mano para llevarla a su habitación. Se sentó frente al ordenador y buscó cierta carpeta.

    —Sergio, no quiero ver porno, prefiero follar…

    —Esto no es solo porno, Marta, ya verás…

    Ante Marta, de pronto, estaban las mismas fotos que Sergio le había mostrado a su hermano Iván el día anterior, aquellas en las que aparecía su madre desnuda y en poses eróticas.

    Marta se quedó boquiabierta y sin decir nada durante un largo instante.

    —Sergio… — empezó a decir — es Mamá…

    —Lo es ¿A que mola?

    —¿También te lo haces con Mamá?

    —¿Qué? ¡No! Que mas quisiera… son fotos que he encontrado en el ordenador de papá…

    —¿Y estaban ahí y ya está?

    —Pues sí… — Sergio empezaba a dudar de que hubiera sido una buena idea enseñarle aquellas fotos a su hermana — Oye, di algo ¿te gustan o no?

    —Es que es mamá…

    —Eso ya lo se — dijo molesto — ¿te gustan o no?

    —¿Y te haces pajas con las fotos de Mamá?

    —Pues… ¡Si! — Sergio estaba muy incomodo — igual que follo con Iván, igual que hemos estado follando tu y yo toda la mañana ¿Ahora te parece mal, el incesto?

    —Yo antes te he dicho que era muy guarra, pero comparada contigo…

    —¡Me estás cabreando cantidad!

    —Hazme un sitio…

    Marta se colocó sentada encima de su hermano de forma que el pene de éste le entrara entre las piernas y al mismo tiempo pudiera ver claramente la pantalla.

    —¿Te tapo? — le preguntó a su hermano.

    —No, que va, puedo mirar por aquí — dijo Sergio, confuso, echando la cabeza a un lado.

    —Tócame las tetas mientras me follas — le ordenó — y ve pasando las fotos…

    —Entonces ¿te gustan? — quiso saber Sergio.

    —Es lo mas maravilloso que he visto en mi vida — declaró Marta — ojala pudiéramos follar los cuatro, tu, yo, Iván y Mamá…

    —No puedo creer ni lo que veo ni lo que oigo.

    Marta y Sergio se giraron de golpe. Había hablado una tercera persona que acababa de aparecer en la puerta que se habían dejado abierta. Era Iván.

    Decepcionado por su aventura con Yolanda había deambulado por la ciudad intentando aclarar sus ideas hasta que había decidido volver.

    No había severidad en el rostro de Iván, más bien complicidad.

    Marta se moría de vergüenza y Sergio parecía horrorizado.

    —¿Desde cuando folláis vosotros dos? — preguntó.

    —Desde hoy — dijo Sergio.

    Marta se levantó de encima de su hermano con una gran urgencia de ponerse algo encima. Iván la interceptó sujetándole el brazo.

    —¿A dónde vas hermanita? Nunca me había fijado en que estuvieras tan buena…

    —¡Se que Sergio y tu folláis por las noches! — gritó Marta colorada al tiempo que intentaba zafarse de su hermano.

    —Es verdad — reconoció Iván con una sonrisa — ¿No te gustaría verlo?

    Marta se paró en seco y echó un vistazo a su alrededor. Estaba completamente desnuda, con su hermano Sergio al otro lado de la habitación también desnudo, con su hermano Iván delante suyo mirándola con deseo y la pantalla del ordenador mostrando fotos de su madre enseñando su desnudez y los más íntimos rincones de su anatomía.

    —Esto debe de ser un sueño, un sueño dulce y maravilloso — declaró Marta — no puede ser real, ayer formaba parte de una familia normal, y ahora mis hermanos me quieren follar y deseo a mi propia madre…

    —Nosotros también la deseamos — declaró Sergio — y hace ya muchos años…

    —Bienvenida a la familia — dijo Iván acariciándole el pecho a su hermana.

    Marta reaccionó abandonando la habitación. Volvió en pocos segundos, trayendo consigo uno de los vibradores mas manejables de su colección. Tan pronto llegó tomó asiento en la silla del ordenador y le dio la vuelta para encararla a la cama, entonces puso en marcha el juguete.

    —Quiero verlo — les anunció a sus hermanos — quiero ver como os lo hacéis entre los dos…

    —¿No quieres participar? — preguntó Sergio.

    —Luego — dijo Marta como hipnotizada — luego me folláis viva los dos, mis queridos hermanos, pero antes quiero ver como es esta familia realmente…

    Y diciendo esto escondió el vibrador entre sus piernas.

    ******************

    Parte 6.

    Aquella noche hubo también cena familiar con la presencia del padre a última hora.

    Se le veía muy cansado, de trabajar duro pensaban todos. Lo que ninguno de los presentes imaginaba es que su trabajo consistía en retozar hasta el agotamiento con la misma mujer infame que había provocado que Iván estuviera perdido vagabundeando por Europa un año y medio.

    Nadie pareció notarlo, pero los tres hijos de aquel matrimonio se encontraban más cordiales y amistosos entre ellos que nunca. En lo que respecta a Iván no era nada diferente de lo habitual, pero la relación entre Marta y Sergio había pasado de accidentada a empalagosa de la noche a la mañana.

    Mónica se sintió especialmente contenta por este hecho, la armonía familiar le sentaba bien. Lo que no sabía era que sus tres hijos tenían problemas para sentarse pues sus anos y vagina habían sido dilatados una y otra vez por juguetes y miembros viriles desde la mañana a la tarde sin tregua ninguna.

    Todos parecían cansados (aunque felices) y todos acabaron yéndose a dormir temprano

    —¿Qué tal en el trabajo? — preguntó Mónica a su marido una vez ambos estuvieron a solas en su habitación.

    —¡Ni lo menciones! — contestó éste — estoy agotado, no he parado ni un segundo en todo el día…

    —Espero que no estés demasiado cansado… — dijo ella — quiero follar…

    —Para eso nunca estoy demasiado cansado — dijo él metiendo su mano por debajo del pantalón del pijama.

    —¿Miramos la página? — preguntó Mónica con ilusión en los ojos.

    Su marido se incorporó y juntos fueron hasta el ordenador que había junto a la ventana. La maquina estaba encendida, trabajando en automático para descargar pornografía. Manipulando el ratón llegaron hasta un sitio pornográfico en Internet para aficionados. Allí estaban colgadas las fotos de Mónica.

    —¡Trescientas veinte visitas! — exclamó contenta — ¡Que vergüenza!

    —Trescientas veinte personas se han hecho una paja mirándote a ti… — le contestó él al tiempo que le acariciaba los pechos por encima de la ropa.

    —Mira que si alguien conocido entra y me ve…

    —¿Y eso no te da morbo?

    Mónica no contestó, se limitó a ruborizarse. Luego se colocó de pie y se bajó las bragas.

    —¿Por qué no me follas mientras veo las fotos?

    Mientras tanto, al otro lado de la casa, las mismas fotos habían estado siendo vistas por los tres hijos del matrimonio. Iván, Sergio y Marta se habían estado masturbando (incluso unos a otros) mientras contemplaban las fotos de su caliente madre. Ahora estaban muy excitados y juntos en la cama de Iván.

    Sergio frotaba su pene contra las nalgas de su hermana y le acariciaba los pechos desde atrás. Mientras tanto, Iván deslizaba unos dedos en su vagina y le besaba en la boca.

    Marta suspiraba feliz y absolutamente entregada al incesto. Anhelaba la vagina caliente, mojada y sucia de su madre en su boca para que todo terminara de ser perfecto, pero hasta entonces todo estaba bien.

    El miembro de Iván se introdujo en su completa longitud por la vagina de su hermana al mismo tiempo que el de Sergio lo hacía por el ano. Los penes de los dos hermanos se acariciaron en el interior de Marta que se sentía parte de la familia más que nunca en su vida. Iván la besaba en la boca para retirarse y después besar a su hermano de la misma forma. Las manos de Sergio recorrían los pechos de Marta y luego se perdían buscando el culo de Iván. Era la tercera vez en aquel día que sus hermanos la penetraban a la vez por sus dos orificios, y hasta ayer no había estado nunca antes con un chico.

    Para Mónica contemplarse a si misma en posturas obscenas constituía un placer inesperado. ¿Tan sucia era? Así se sentía y eso le gustaba. Muchas personas anónimas entrarían en esa página y la descubrirían. Se masturbarían viéndola y pensarían que era una cualquiera.

    —¿Por qué paras? — él acababa de sacar el miembro de su interior.

    —Quiero hablar contigo, Mónica…

    —¿Y no puedes esperar a que me corra?

    —Mónica, creo que deberíamos avanzar un paso mas…

    Mónica cambió de postura y tomó asiento en la silla del ordenador. Inevitablemente la manchó al hacerlo.

    —Cuando empezamos esto de la página Web ¿no fue muy bueno para nuestra sexualidad?

    Mónica cruzó las piernas, nerviosa, y asintió con la cabeza.

    —Explorar cosas nuevas nos ha hecho pasar momentos muy excitantes ¿verdad?

    —¿Puedes ir al grano para que podamos seguir follando…?

    —Podríamos hacer un trío…

    Mónica se levantó de la silla y se sentó en la cama recuperando sus bragas. Mientras se las volvía a poner hablaba sin mirar a su marido.

    —¿Un trío con quien? ¿te quieres follar a otra? ¿es eso?

    —¡Claro que no es eso!

    —Es el único motivo que se me ocurre para que me propongas algo así…

    —No es eso — mintió — sólo quiero abrazar nuevas experiencias…

    —Tirándote a otra…

    —A lo mejor — dijo levantando el tono de voz — lo que quiero es verte con otra mujer…

    —Habla mas bajo, que los chicos no se tiene por que enterar de nada de esto…

    —¿No te excita la idea de estar con otra mujer?

    —Ya he estado con mujeres antes de casarme contigo — reconoció Mónica — no tiene nada de particular.

    —Mónica, si las fotos te excitan por que otras personas pueden verte… esto es igual, sólo que la persona estará en la misma habitación que nosotros.

    —Y participando.

    —Y participando, exactamente.

    —¡Muy bien! — exclamó Mónica poniéndose de pie — de acuerdo, acepto.

    —¿De verdad?

    —Pero con una condición…

    Su marido empezó a sospechar que sus planes se iban al garete. Temiendo lo peor le preguntó acerca de la condición.

    —Que sea un trío con otro hombre.

    —¿Qué? Eso no puede ser…

    —¿Por qué no? ¿no quieres ver a tu mujer con otro hombre? ¿No te excita eso? Además, a ti también te gustan los hombres, en la universidad tenias un amante y tienes toneladas de porno gay…

    —¡Está bien! — se rindió por fin — lo haremos a tu manera. Consigue un hombre que quiera hacerlo con los dos, te prometo que le comeré la polla con entusiasmo, pero a cambio luego yo conseguiré una mujer y tú le devorarás el coño mientras yo miro ¿trato?

    —Trato. Pero ahora haz el favor de utilizar la lengua para otra cosa, que hace mucho que no me comes el coño…

    Los tres hermanos habían cambiado de postura. Marta seguía acostada sobre su espalda e Iván la penetraba violentamente separándole bien las piernas. Sergio mientras, sentado en sus pechos, le introducía el falo en la boca como lo había estado haciendo con su ano.

    —Me voy a correr, hermanita — dijo Sergio — y creo que lo voy a volver a hacer en tu boca…

    Marta se limitó a chupar con más fuerza, deseosa de tragarse la polución de su hermano.

    Y eso fue lo que ocurrió. Una gran cantidad de esperma salió disparado del miembro de Sergio inundando la boca de su hermana que en ningún momento dejó de chupar y saborear. Iván continuaba clavándole su duro falo entre sus muy separadas piernas, Marta estaba ya realmente dolorida, pero no se le hubiera ocurrido decirle a su hermano que parase por nada del mundo.

    Sergio terminó de eyacular en la boca de su hermana y se levantó de encima suyo. Necesitaba un rato para volver a empalmarse así que se fue hasta el ordenador a mirar como sus hermanos cometían incesto.

    —Qué guarra que es nuestra hermanita ¿he? — comentó Sergio desde su nueva posición.

    —¡Ya te digo! — contestó Iván — Hacía tiempo que no me follaba a una tía tan puta…

    —¡Fóllame Iván! — decía Marta intentando no gritar — ¡Dame bien fuerte!

    Mientras, al otro lado de la casa Mónica disfrutaba de la lengua de su marido directamente en su clítoris. Tenía los muslos bien abiertos y a su marido con la cabeza entre ellos, dando cuenta de su vagina como si se tratara del alimento más delicioso concebido jamás. Mientras chupaba se masturbaba, disfrutando casi tanto como ella.

    De repente la lamida se paró en seco. Los dos se sobresaltaron al escuchar un alarido que provenía del otro lado de la casa.

    —¿Qué ha sido eso? — quiso saber Mónica — ¿un grito?

    —No lo sé… — contestó su marido — quizá uno de nuestros hijos se ha caído y se ha hecho daño ¿quieres que vaya a ver?

    —No sonaba como si se hubiera hecho daño…

    —¿Entonces como sonaba?

    —No lo sé — dijo Mónica bajándose de la cama — pero voy a ir a ver que es lo que pasa.

    Mónica se colocó encima una bata y se encaminó hasta el extremo de la casa en el que se encontraban los dormitorios de sus hijos. Iván y Sergio dormían en la misma habitación, luego estaba el cuarto de baño y después la habitación de Marta.

    Mónica recorrió el largo pasillo hasta divisar luz que se escapaba por una rendija de la puerta entreabierta de la habitación de Sergio e Iván.

    Por algún motivo no quiso irrumpir escandalosamente, en su lugar se asomó a la puerta para intentar ver que es lo que ocurría en la habitación.

    Desde donde ella miraba no se vislumbraba la cama en la que se encontraban su hija y su hijo mayor. Ella acaba de tener un orgasmo y ahora le tocaba a él, para lo cual ésta le ayudaba con la lengua.

    Pero Mónica no vio nada de eso. Desde donde ella observaba sólo podía contemplar a su hijo Sergio completamente desnudo, con el pene ya erecto, y masturbándose furiosamente mientras miraba a sus hermanos.

    ********************

    Parte 7.

    Mónica se sentía especialmente trastornada por haber contemplado a su hijo en plena actividad. La virilidad de su hijo, con su miembro erecto incluido, le había despertado sentimientos contradictorios.

    Había sido discreta y en lugar de molestarse regresó a la cama como si tal cosa. ¿El alarido? Le contó a su esposo que Marta había tenido una pesadilla.

    Aquella noche durmió poco, no dejaba de pensar en Sergio. Por vez primera en su vida su hijo aparecía ante ella como un hombre y no como un niño. Reconocía las mismas formas que en su marido en el chiquillo, era un joven muy hermoso, pero a la vez encontraba esos pensamientos equivocados, al fin y al cabo era su propio hijo.

    Al día siguiente cada cual regresó a su rutina habitual, incluido Iván, que volvió al centro para continuar con su búsqueda de empleo (aunque el día anterior no había buscado en absoluto nada semejante).

    Pero a eso de medio día, cuando Mónica sabía que Sergio se habría marchado a trabajar y Marta al instituto se fingió enferma y se marchó a casa.

    Tan pronto llegó se fue directa al cuarto de Sergio, sin saber muy bien lo que iba a hacer.

    Se sentó en la silla del ordenador y pensó en su hijo, desnudo y con el miembro muy erecto y duro. Se remangó la falda y se bajó las bragas un poco. Puso su mano a trabajar, hurgando en su vulva y acariciando su clítoris.

    Olfateó, olía el aroma de su hijo, aunque a decir verdad olía a algo más.

    ¡Qué vergüenza si alguien se enteraba de estos sentimientos! ¿Que hacía allí, sentada masturbándose? No podía tener deseos semejantes acerca de su hijo, no estaba bien…

    De repente se le ocurrió que Sergio tendría pornografía en su ordenador ¿con que iba a estar masturbándose sino? Le entró la curiosidad ¿Cuáles serian los gustos de su hijo?

    Abrió el ordenador y buscó fotos. Sergio tenía algunas carpetas archivadas con el nombre de “putas” y otra con el nombre de “pollas”.

    Mónica abrió la segunda. Había muchas subcarpetas, todas ellas de fotos de hombres viriles desnudos, con miembros duros y descomunales.

    Mónica se empezó a excitar bastante. Ignoraba que a su hijo le gustaran otros hombres “igual que su padre” pensó para si, pero pronto se cansó y decidió averiguar cual era el gusto en chicas de su hijo.

    Mónica encontró todo tipo de fotos sobre chicas, ya fuera de simples desnudos o en plena acción. Parece que a su hijo le gustaban las mujeres con atributos generosos: pechos grandes, trasero imponente, caderas anchas…

    Entonces reparó en una carpeta que, simplemente se llamaba “M”. El resto de carpetas estaban etiquetadas con un nombre descriptivo “rubias” “por detrás” “rasuradas” “tragadoras de sables” pero esa carpeta llamada “M” despertaba su curiosidad.

    Obviamente la abrió, y se sorprendió mucho al hacerlo. Por que en esa carpeta llamada simplemente “M” lo que había era unas fotos que Mónica conocía bien, por que eran las fotos que ella misma había consentido que le hiciera su marido para ser enviadas a una página erótica para amateurs en Internet.

    Aquellas fotos pornográficas, en el ordenador de su hijo, junto a toneladas de fotos pornográficas. Su hijo desnudo, masturbándose ¿Con sus fotos? ¿Masturbándose viendo fotos de su propia madre?

    Mónica tuvo un extraño arrebato incontenible y completamente contradictorio. Por un lado las lágrimas empezaron a resbalarle mejilla abajo. Su corazón le latía con fuerza, le temblaba todo el cuerpo. Pero a la vez su mano no podía dejar de acariciarla entre las piernas. Y cuanto más pensaba en la situación, a su hijo masturbándose con sus fotos, desnudo y viril como su padre, y dando alaridos escandalosos al eyacular… Mónica no podía dejar de introducir bien adentro los dedos en su vagina, furiosamente, presa de una gran excitación.

    Lo abstracto se tornó entonces concreto y comenzó a imaginarse a su hijo desnudo, masturbándose, pero no con sus fotos, con sus fotos no. Masturbándose frente a ella, haciendo esas mismas posturas ante su hijo, caliente y excitado.

    Mónica tuvo un escandaloso orgasmo sobre la silla en el momento que se ponía a imaginar que se llevaba el pene de su hijo a la boca.

    ¿Y ahora que iba a hacer? ¿Cómo iba a mirar a su hijo a la cara? Cuando Sergio le miraba, cuando le daba un beso para despedirse ¿pensaba en las fotos? ¿Deseaba a su madre? Y sus propios sentimientos ¿Iba a poder mirar a su hijo de la misma forma? ¿Iba a poder mirarlo sin pensar en su vientre musculoso, en su pene duro y erecto?

    Por la tarde, cuando Sergio volvió de trabajar, se encerró en su habitación con su hermana Marta. Mónica no se dio cuenta de que eso era muy raro, normalmente sus dos hijos menores se llevaban como perro y gato, solamente les interrumpió, había tomado una determinación.

    —Marta — le dijo — vete a tu propio cuarto, tengo que hablar con tu hermano.

    Sergio estaba sorprendido ¿de que quería hablar su madre ahora? Era igual, mientras lo hacía él podía mirar a placer sus pechos marcándose en la camiseta y aquellos labios gruesos que tan bien podían quedar alrededor de su miembro erecto.

    —Sergio, quiero hablar muy seriamente contigo y quiero que seas completamente sincero en lo que me digas ¿está claro?

    —¿Ocurre algo, mamá?

    —Sí, sí que ocurre algo. Se que no debería haberlo hecho, se que está mal, pero esta mañana he estado curioseando en tu PC… ¿Hay algo que quieras contarme?

    Sergio quedó mudo ¿Qué había llegado a ver su madre? ¿Sus propias fotos? Tenía que haber protegido esas carpetas con una contraseña… pero cabía la posibilidad de que no hubiera llegado a verlas, había tanto material en su disco duro…

    —No sé… — balbuceó Sergio — ¿a que te refieres? ¿al Porno? Mamá, tengo ya 22 años…

    —Te he pedido que seas sincero, Sergio…

    —No sé de qué me hablas — concluyó sin titubear.

    —Muy bien, si es así como lo quieres…

    Mónica entró en el ordenador buscando las fotos que había visto por la mañana. A Sergio un sudor frío le empapaba la frente.

    Abrió la carpeta llamada “putas” y luego la carpeta llamada “M”. Enseguida apareció a pantalla completa una foto suya con las piernas abiertas, enseñando su vagina sin ningún tipo de artificio.

    —¿Qué hacen aquí estás fotos? — preguntó Mónica a un hijo que ya estaba libido — ¿Me has etiquetado como “puta”? ¿Qué haces con ellas? ¿te masturbas?

    —Yo…

    —¿Te masturbas con las fotos de tu madre desnuda? ¿es eso?

    —¿Y tu que? — dijo Sergio muy nervioso — ¿son esas las fotos que se tiene que hacer una madre? ¿te parece… decente?

    —O sea, que piensas que tu madre es una puta ¿no?

    —Déjame, no deberías haber entrado en mi ordenador…

    Sergio, muerto de vergüenza, se dirigió al otro lado de la habitación. Su madre abandonó la silla para seguirle.

    —¿Qué haces con esas fotos, Sergio? ¿te masturbas? ¿miras a tu propia madre con deseo?

    —¡Si! — dijo gritando — Dime que soy un cerdo, dime lo que quieras pero si, me masturbo y las miro con deseo, te miro a ti con deseo, a mi propia madre…

    —¿Y ahora? — quiso saber Mónica ya visiblemente excitada — ¿ahora me estás mirando con deseo?

    Sergio enmudeció. Acaba de notar como la voz de su madre se tornaba insinuante. Su pene empezó a aumentar de tamaño y su corazón a correr desbocado como una locomotora.

    —Sí, ahora también…

    Mónica agarró una de las manos de su hijo por la muñeca y la condujo hasta su pecho. Éste la estrujó aplacer como siempre había deseado. Luego acercó aquellos labios gruesos y apetitosos y los juntó con los de su hijo en un caliente beso

    —Yo también te deseo, hijo — dijo Mónica en un susurró lleno de lascivia — a lo mejor no es lo mas correcto, pero no lo puedo evitar…

    —Mamá… — Sergio temblaba de excitación — no sabes cuantas veces he deseado que esto sucediese, siempre he querido tenerte…

    —Tienes razón, hijo — dijo Mónica a la vez que palpaba por encima del pantalón entre las piernas de Sergio — tu madre es una puta ¿te avergüenzas de mi?

    —Mamá — contestó Sergio a la vez que manoseaba a placer los pechos de su madre — no podría estar mas orgulloso de ti…

    —Nos va a oír tu hermana…

    —Eso no es ningún problema — sonrió Sergio — ¡Marta!

    —¿Pero qué haces? — protestó Mónica llena de miedo — Si tu hermana nos ve…

    —Mamá, Marta no es la niña modosita que todos creemos, es por lo menos tan puta como tu…

    Marta entró en la habitación encontrando a su hermano abrazado a su madre. Ella con la camiseta arremangada, casi con los pechos fuera.

    —Marta — protestó Mónica dominada por el pánico — no es lo que te piensas…

    —Es exactamente lo que te piensas — dijo Sergio muy calmado — nuestra madre está muy caliente y tiene ganas de hacerlo con nosotros…

    —Mamá…

    Marta empapó las bragas instantáneamente. Todo su cuerpo temblaba de deseo. No pudo contenerse y se abalanzó a besar a su madre en la boca y a tocarla por todos los rincones que puedo tocarla.

    —Marta ¿Tu también? — quiso saber Mónica sorprendida.

    —Iván y yo llevamos dos días follándonos a Marta todo lo que podemos, Mamá…

    —Y ha sido maravilloso — contestó Marta con una mano ya bajo el pantalón de su madre — pero faltabas tu…

    —¿Iván también? No sabía que tenía unos hijos tan guarros…

    —Todo lo guarros que quieras, Mamá — dijo Marta introduciendo ya un dedo en la vagina de su madre.

    —Los tres te deseamos con todas nuestras fuerzas — dijo Iván disfrutando de tocar los pechos a su madre cuanto podía

    De repente Mónica cerró los ojos y perdió el conocimiento. Si Sergio no hubiera estado detrás suyo en ese momento se hubiera caído en el suelo todo lo larga que era.

    —¡Mamá! — gritó Sergio — ¿pero que te pasa?

    —¡Se ha desmayado! — gritó Marta ayudando a su hermano a colocarla sobre la cama.

    —Mamá, Mamá despierta — decía Sergio palmeándole las mejillas una vez estuvo estirada en la cama.

    —Podríamos aprovechar para desnudarla — dijo Marta de pronto.

    —¡Marta, joder! ¡Que Mamá acaba de desmayarse!

    —Lo siento — dijo apesadumbrada — no pienso lo que digo, es que me pone tan caliente verla así estirada, a nuestra merced…

    Sergio miró a su madre estirada en la cama, con todas y cada una de sus protuberancias anatómicas a escasos centímetros de sus manos. Entendía muy bien los sentimientos de su hermana.

    —Deja de decir tonterías y ve a traer un poco de agua… — dijo sin embargo Sergio.

    —Yo no digo tonterías — protestó Marta — tu también te la quieres follar…

    —¡Claro que quiero! Pero se acaba de desmayar, a lo mejor hay que llamar al médico…

    —¿No puedo chuparle un poco el coño antes?

    —¡Joder, Marta! Se supone que eres la más lista de la familia, pero ahora no haces más que pensar con el chocho…

    —¡Es que no lo puedo evitar! — estalló Marta — en todo el día no pienso en otra cosa que en ti, en Iván y en Mamá…vuestras pollas metiéndose dentro de mi por todos sitios, vuestro semen en mi boca, el coño de Mamá bien abierto…¿Es que soy una ninfómana?

    Marta se echó a llorar. Su hermano la consoló con un abrazo que no estaba completamente exento de lascivia. Dejó de llorar en cuanto las manos de su hermano se concentraron en sus pechos y le besó en los labios.

    —No llores, hermanita, no pasa nada, estoy muy orgulloso de ti…

    —¿De verdad?

    —Mucho, no quiero dejar de follar contigo nunca…

    De repente los dos escucharon un balbuceo a sus espaldas. Mónica acababa de despertarse entre brumas y llamaba a sus dos hijos.

    —Mamá ¿estás bien? — dijo acercándose a la cabecera —

    —¿Qué me ha pasado? — quiso saber Mónica que observaba a su alrededor confusa —

    —Te has desmayado — dijo Sergio — ¿No recuerdas nada?

    —Es verdad — contestó Mónica — he debido desmayarme… pero es que estaba tan excitada, tan feliz…

    —Mamá — se acercó Marta — ¿Qué quieres que hagamos? ¿Llamamos a un médico?

    —No, nada de médicos — dijo Mónica — lo que quiero es que os quitéis la ropa y me enseñéis lo guarros que sois…

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