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  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (38)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (38)

    Era jueves, habían pasado unos días desde que conversé con Irina y algo me inducía a pensar que a Victoria y don Mateo ya les había llegado la noticia de que su hijo tenía el camino libre para hacer lo que deseara, sin embargo Álvaro no me había hecho ningún comentario y se comportaba como siempre.

    Victoria continuaba visitando a la abuela de Oriol, lo hacía solamente los días que en que yo impartía las clases, estaba claro, para mi, para Eliseo y Marcos que la señora sospechaba algo y vigilaba, asegurándose de que yo llegara a la hacienda como ella quería: sano y salvo.

    Ni Eliseo ni Marcos me habían hecho el menor comentario, los dos se reservaban evitando hablar de ese tema, hasta cuando hacíamos el trayecto del viaje solos, no se atrevían a tocarme o insinuarse, si no era con la mirada. Sus deseos eran palpables y notorios para mi que los observaba, deseando que tomaran la iniciativa y buscaran la manera de poder estar con ellos para volver a ser follado, lo prohibido y pecaminoso excitaba más mi libido.

    Esa tarde ya de vuelta, los dos solos en el coche, con el cristal que separaba el habitáculo del chófer del nuestro, cerrado para tener intimidad, cogí la mano de Victoria, se la acaricié y me la llevé a la boca.

    -No tengo donde ir y estoy obligado a seguir abusando de vuestra hospitalidad, lo siento Victoria, será mejor que dispongas una de las habitaciones de invitados para que la ocupe, la que no debí dejar cuando llegué a vuestra casa. -la buena mujer me sujetó de la cintura abrazándola y me miró con los ojos nublados.

    -Gracias Ángel, gracias por tu sacrificio, y no tienes que preocuparte, estás en tu casa y siempre serás como un hijo para nosotros. Intentaremos hacer las cosas lo mejor que podamos por el bien de todos. -luego me recostó sobre su pecho y pude sentir la sinceridad del cariño que me brindaba.

    Aún pasaron dos días para que notara que Álvaro también era conocedor de lo que hablé y acordé con Irina, y al instante de verle la mirada, cuando el sábado llegó más temprano que otras veces a casa, supe que a su pesar, en algún aspecto, había aceptado la situación y estaba conforme con lo que la chica quería.

    No hubo el beso acostumbrado a su madre, fue un saludo breve antes de sujetarme la mano y tirar de mi para que le siguiera escaleras arriba, cerró la habitación y se me quedó contemplando con la cara seria.

    -¿Qué es eso de que quieres dejar esta habitación? -me cogió las manos colocándolas en su pecho.

    -Ya sabes el motivo, ¿no has hablado con Irina? -se le pusieron las mejillas de un color rojo intenso.

    -¿Y qué tiene eso que ver?, vamos a hablarlo despacio, ella está dispuesta a que sigamos como estamos, sabe que te amo y que no voy a renunciar a ti aunque tenga que dormir alguna vez con ella. -para ese momento me hallaba entre sus brazos y me besaba la frente y el cabello.

    -Por favor Álvaro, se razonable, ¿qué vida marital vas a llevar si me tienes a mi en tu cama?, esto se convertiría en un hervidero de murmullos y chismorreos, más de los que ya hay ahora. Podremos seguir estando juntos pero no tan próximos, piénsalo bien.

    -Gatito mío, mi lindo nene, te causo daño y no quiero que sufras. -nos besábamos con frenesí, desesperados hasta que alguien tocó a la puerta sin identificarse.

    -Tenemos que bajar para la cena, tus padres nos esperan.

    Esa noche resultó una de las mejores en el sexo, Álvaro volvía a sentir la misma pasión que al principio, y al entrar en la habitación me arrancó la ropa para tenerme desnudo y luego penetrarme como si fuera la última vez que pudiera hacerlo, al principio sus besos eran mordiscos en mis hombros.

    -Suave mi amor, más despacio, quiero tenerte mucho tiempo. -empezó a lamerme las orejas, el cuello, y pasaba la lengua por mi espalda, él aún seguía vestido y empezó a quitarse la camisa.

    Sentía la piel y los vellos de su pecho pegado a mis espalda y me hacía sentir escalofríos.

    -No, no voy a perderte, serás siempre mi gatito, es a ti al que amo. -fue bajando con la lengua por el cuello y siguió hasta abrirme las nalgas pegando la cara en mi culo, yo temblaba.

    -¡Ahh! mi bebé, te gusta. -y seguía chupándome el ano y toda la hendidura entre las nalgas, su lengua era un prodigio y disfrutaba al arañarme el ano con la barba. No podía soportarlo y empecé a gemir, uno tras otro se me escapaban profundos suspiros de gozo.

    -Sí, sí te gusta gatito, ronroneas de gusto bebé, te quiero. -se subió y otra vez me comía las orejas, metía la lengua en mi oido matándome de placer.

    -Dime que te gusta, bebé, necesito oírtelo decir. -no dije nada pero mis gemidos eran suficientemente expresivos del gusto que me daba.

    Sentía que de mi polla manaban ríos de jugos y la tenía para reventar. Elevé el culito poniéndolo en pompa, él estaba encima de mi y de mala forma se quitaba el pantalón, le ayudé con la mano que tenía libre hasta que liberó la verga.

    Estaba caliente y dura, tiesa como una estaca y se la agarré estrangulándola.

    -Quiero chuparla, se la ve tan rica.

    -Chúpala rico como tu sabes. ¡Ahhhh! tu boquita mama delicioso. -me sentía muy excitado y el sabor de su pene era delicioso como siempre, quizá me sabía mejor por el deseo de verga que llevaba conmigo desde hacía días. Se la chupaba como un bebe goloso su caramelo y permitía que me la metiera hasta el fondo aunque me ahogaba, pero gemía de gusto.

    -Te gusta mi polla y a mi me gustas todo tu, no voy a dejar de follarte nunca. -se la mamaba sin cesar hasta que sentía como mi culito se abría pidiendo la ración de carne que tenía en la boca.

    -Ya Álvaro, métemela por el culo ya. -saqué la polla de la boca y me tendí boca arriba en la cama, sujetándome las piernas sobre el pecho con una mano, con la otra me abría el ano metiéndome un dedo.

    Se arrodillo preparándose, pero bajo la cabeza y retirándome la mano del culo empezó a meterme la lengua.

    -¡Me vas a matar mi vida! No quiero correrme sin tener tu verga dentro, estuvo lengüeteándome el ano unos segundos más.

    -Prepárate gatito, ahora si que te la meto. -tanteaba con su verga mi entrada a la vez que me besaba y tuve que agarrársela para llevarla directamente a la entrada del culo.

    -¡Empuja Álvaro! Fóllame mi vida, dame tu rica verga. -dejé escapar un grito cuando empujó y sentí media polla atravesarme el anillo del ano.

    -¡Ayyy! Rico, que bien sabe, dame más, hasta el fondo mi amor. Rómpeme el culo y párteme en dos. -sin detenerse continuaba empujando haciendo que todo su pene se deslizara en mi vientre.

    Comenzó a follarme entrando y salido acompasado, ayudado por mi que rotaba las caderas lo que podía, para sentirlo más y que el pudiera disfrutarme a su gusto.

    Cerré los ojos gozando el placer que mi macho amoroso me prodigaba, y para poder sentir el roce de la dura verga entrando y saliendo del culo, gimiendo más de la cuenta.

    -Mi vida, tu culito me encanta, esta calentito y mi verga resbala deliciosamente.

    -Dame duro Álvaro, llévame al cielo amor. -mi hombre se dejaba caer enterrándose en mi cuerpo una y otra vez, gozándome y disfrutando de mi hasta que.

    -Me voy a correr gatito, no aguanto más.

    -Córrete, hazlo mi vida yo también estoy a punto, va a ser los dos a la vez. -para acelerar mi venida me acaricié el glande envuelto en mis jugos y sentía llenarse mi mano de semen caliente que salía de mi polla, a la vez, Álvaro temblaba vaciando los testículos dentro de mi y llenándome de semen,

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    -No quiero volver a escucharte hablar de dejarme, seguirás en mi habitación. -le dije que estaba de acuerdo sabiendo que no sería por mucho tiempo, que al final debía dejarle mi lugar a la guapa muchacha, o por lo menos alejarme un poco para que ellos pudieran hacer su función de macho y hembra.

    La fecha de su cumpleaños se acercaba y teníamos nuestras ropas preparadas para la fiesta, ya se hablaba abiertamente, y yo participaba, de que ese día se formalizaría el compromiso de Álvaro e Irina, ya lo tenía asumido y me dolía menos.

    La celebración se retrasó al sábado siguiente del día de su cumpleaños, para que hubiera más asistencia de invitados. Sería en la casa que los padres de Irina tenían en la capital de la provincia, a la mayoría de los invitados les venía mejor para poder tener alojamiento en los numerosos hoteles.

    Estábamos a poco más de una hora en automóvil, Álvaro madrugó y partió antes, tenía que estar presente en una sesión fotográfica acompañando a Irina, nosotros tres saldríamos después para llegar al mediodía.

    Esperaba ilusionado que Pablo estuviera en la fiesta, pero cuando hablé con él me dijo que no podría, que estaba preocupado por la salud de Eduardo, debía hacerse unas pruebas en el hospital y tenía que estar presente para ayudar.

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    Sinceramente se sentía satisfecha del trabajo laborioso que había realizado con la imprescindible ayuda de su equipo. Cuando dos días antes, su jefe la llamó a su despacho para hacerle el encargo, con tan solo cuarenta y ocho horas de antelación, pensó que sería imposible reunir a todo su equipo disperso en otros trabajos, preparar los escenarios donde se harían las tomas de video y las fotografías, y que acabaría resultando un desastre.

    Ahora, Anabel Segura, una de las mejores fotógrafos del país, se sentía feliz y contenta del resultado de la labor de su equipo, sin importarle estar bañada en sudor que eliminaría con una placentera ducha después de entregar el trabajo.

    -Quiero lo mejor que puedas dar de ti Anabel, llévate el mejor equipo y usa los medios que necesites, irá en las noticias de las cadenas a nivel nacional y las fotos se las diputarán las revistas rosas, el trabajo lo tenemos en exclusiva para nosotros.

    Estudió detenidamente la reseña del trabajo que debería hacer: la celebración del cumpleaños de la única hija-mujer de una aristocrática familia reconocida en la ciudad, y además, la formalización del compromiso con el único hijo de los Bergara-Artázcoz, heredero de dos inmensas fortunas, la de sus padres y la de su multimillonario tío.

    Una pareja algo dispar en su edad, el hombre cumpliría en breve treinta años y la señorita en cuestión dieciocho. Una vez en su casa y presentada a la hermosa chica protagonista del evento, eligió cuidadosamente los vestidos que llevaría la muchacha, principal personaje del trabajo, también la ropa de sus hermanos varones que aparecerían en algunas fotos y sus padres, estos y el aspirante a novio no resultaban tan importantes para el propósito del reportaje.

    No le pasó desapercibido el hecho de que los padres del novio no estuvieran programados para grabarles, pero lo achacó a que probablemente sería muy reservados queriendo guardar su intimidad a ojos de los extraños.

    Los dos días anteriores los había dedicado a estudiar los lugares más idóneos para hacer las mejores tomas, paseado por los majestuosos salones del palacio del Arcipreste, residencia habitual de la familia Laurenti, y al final, una vez hecho el trabajo preliminar, se dijo que podría salir bien con algo de suerte.

    Las primeras tomas y fotos fueron plenamente satisfactorias, tanto Irina como sus hermanos parecían haber nacido para estar delante de las cámaras. A media mañana se tomaron un descanso y les sirvieron un aperitivo preparado en las mismas cocinas del palacio.

    Cuando el novio llegó estaban para finalizar la sesión, Anabel, mirando a través del objetivo se dijo para si misma que, a pesar de la diferencia de edad, formaban una bonita pareja y que el novio aparentaba ser más joven de lo que realmente era, se pasó de tiempo en la observación hasta que su ayudante, Alejandro, la tocó discretamente el brazo, en algunas otras fotos participaron los padres de la chica y se dispusieron a recoger dando por concluida su labor.

    La nieve había sido la causa de que los padres de Álvaro, acompañados de Ángel, llegaran con algún retraso, aunque consiguieron llegar antes de que comenzaran a hacerlo los demás invitados. Alejandro fue el primero que observó entrar a los tres nuevos personajes, y sin esperar la orden de su jefa comenzó a grabarlos, había quedado impresionado por la armónica belleza del chico que acompañaba a los señores mayores que intuyó eran los padres del novio.

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    Cuando revisaron el trabajo, estudiándolo en detalle para seleccionar los mejores planos, metrarlo y montarlo a los minutos que necesitaban para la televisión, Anabel se encontró la sorpresa de la escena captada por Alejandro, necesitaban treinta segundos más para que quedara completo el reportaje y no vio nada que se opusiera a que, como colofón y en los últimos segundos, apareciera la pareja de los señores y el hermoso muchacho acompañándoles.

    Cuando a las cinco de la tarde realizó la entrega, algo nerviosa, miraba la expresión de su jefe que observaba detenidamente las imágenes realmente interesado.

    -¡Magnifico, enhorabuena!, saldrán en las noticias de mañana a las 15 horas. Un buen trabajo Anabel, felicita a tu equipo, tendrás que regalarte un descanso, tu aspecto no es el mejor. -la chica pensó que indudablemente habían sido dos días y medio donde prácticamente no había podido dormir más de dos horas seguidas.

    Cuando bajó a la sala de recepción del estudio, le sonrió a su ayudante y este se puso rápidamente en pie para ir a su encuentro y pasarle el brazo por el talle.

    -Eres la mejor. -ella apoyo la cabeza en el pecho del hombre y musitó en voz queda.

    -Llévame a casa, necesito un tranquilo baño y dormir veinticuatro horas seguidas. -Alejandro la sujetó del brazo para dirigirse a la batiente puerta de cristal que rotó sobre si misma abriéndoles el paso.

    Cuando Alejandro fue admitido en la productora de audiovisuales, junto con otros aspirantes, Anabel en seguida se fijó en él, por la calidad de los trabajos presentados y también por la impresión personal que le causó.

    No era un adonis, ni estaba tan cachas, pero podía presumir de no serle indiferente a las mujeres, su estatura sobresaliente, su bien formado y atlético cuerpo, la sincera y alegre sonrisa que inspiraba confianza, y los enigmáticos ojos verdes, eran algunos de sus más relevantes rasgos y atributos físicos.

    Anabel le solicitó para algunos trabajos como prueba y terminó, unos meses más tarde, por ser su cámara en quien confiaba y el hombre que, esporádicamente, compartía su cama. Igual que congeniaron en el trabajo les sucedió en el lecho donde pasaban largas horas haciéndose el amor.

    Había dejado de caer la nieve, pero el frío mantenía las calles semi vacías a pesar de ser un sábado, también porque aún anochecía muy temprano. El hombre detuvo el automóvil enfrente de la vivienda e hizo intención de bajarse.

    -No, por favor, estoy deseando recuperar estos días pero me siento muy cansada.

    -Puedo ayudarte a bañarte y llevarte luego a la cama. -era una simple broma para distender el ambiente que se había enfriado y logró arrancar una sonrisa en el cansado rostro de la mujer que le ofreció los labios para que los besara.

    Se mantuvo en el coche con el motor apagado hasta que observó como se encendían las luces, primero en el salón de la vivienda y luego las del dormitorio, Anabel estaba segura en su casa, y entonces encendió el motor para llegarse a su apartamento, frío y despejado de muebles, y de los detalles femeninos que proliferaban en la casa de su jefa.

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    El viaje no había resultado tan tranquilo como esperábamos, nos salvaron los quitanieves trabajando intensamente en la autopista abriéndonos camino. Escuché el suspiro de alivio de Victoria al traspasar las puertas que daban al inmenso parque de la residencia donde vivía la familia de Irina, la fachada de la casa me recordaba a la de don Manuel, el tío de Álvaro, pero esta resultaba más coqueta y delicada, su estilo arquitectónico no mostraba la robustez y fuerza de aquella casona.

    En amplio hall de entrada nos recibieron dos sirvientes que nos recogieron los abrigos y nos guiaron a una puerta que daba a otro salón más grande. Un grupo de cinco o seis técnicos se afanaban en recoger los focos, trípodes y cámaras, aún pude ver el piloto rojo de la última que manejaba un tipo joven alto y apuesto.

    Irina, Álvaro, y otras personas que desconocía, saludaban despidiéndose de una bella mujer, aún joven, vestida de pantalón vaquero y chaqueta corta de la misma tela. Al vernos entrar se dirigieron hacia nosotros.

    Me presentó a sus padres y hermanos, los tres varones de distintas edades, desde el mayor de unos treinta años, un segundo que aparentaba veinticinco, y el tercero más joven que ella, todos apuestos, guapos y elegantemente vestidos, hasta el más joven resultaba más alto que ella. Con los padres de Álvaro se saludaron entre ellos y los chicos besaron a Victoria.

    Resultaba un conjunto de personas atractivas, agraciadas por la suerte de la fortuna, alegres celebrando el encuentro y la situación familiar que se daba. A la vez que los técnicos terminaban su trabajo y salían llevándose grandes maletas, otro ejercito de personas apareció portando mesas, manteles y vajillas, disponiendo el salón como si fuera un comedor.

    Pasamos al gran hall de recepción cuando empezaron a llegar los primeros invitados, pronto se convirtió en un torbellino de gente circulando a nuestro alrededor.

    -Robert, te encomiendo a Ángel, cuida que no se pierda. -Irina hablaba mientras era arrastrada por un grupo de alborotadas chicas jóvenes en compañía de Álvaro.

    -Descuida hermanita, seré su perro guardián. -Robert era su hermano pequeño, y entonces me fijé más en él, en ese momento me sonreía aviesamente, desmintiendo lo que prometía a su hermana.

    Era un chico delgado y fibroso, de pelo castaño cortado en capas que le caía sobre la frente y él apartaba con gesto rápido y descuidado. Se parecía a Irina como los demás hermanos, pero con rasgos alargados, varoniles del hombre que empezaba a formarse en él, tenía los labios de un rojo fuerte, y los ojos algo hundidos le brillaban como si los tuviera empañados en lágrimas.

    Desvié mi atención hacia las personas que entraban, don Ernesto y doña Martina los abuelos de Oriol, y me acerqué para saludarlos. Parecía que Robert cumplía con la orden que recibió y me acompaño hasta ellos. Poco después llegó Oriol acompañado de sus tíos y primos Erico y Rubén, también llegaba con ellos Alberto.

    Nos saludamos dándonos abrazos y besos.

    -¿David y tu mamá no han venido? -Oriol eclipsaba la belleza de Irina y el publico se fijaba en él, y quise suponer que en mi también.

    -Tenía que analizar los resultados de las pruebas que le han hecho a Eduardo. -sus palabras me inquietaron, resultaba sospechoso que Pablo y David no vinieran por el mismo motivo y que tampoco lo hiciera Ana María.

    -¿Qué es lo que le sucede a Eduardo? -debió ver reflejada cierta angustia en mi cara y me cogió la mano apretándola entre las suyas.

    -No te preocupes, si fuera algo importante nos lo dirían. -le veía confiado y eso me tranquilizaba, Oriol era una de las personas a las que Eduardo más quería y éste también le devolvía el mismo cariño por todo lo que había hecho por él y su madre, más incluso que sus abuelos.

    En un momento le tenía cogiéndome del brazo y apartándome hacia un costado del salón, una nube de camareros proliferaba portando bandejas de pequeños bocaditos y bebidas ofreciéndolas a los invitados, muchos había pasado al salón contiguo donde habían dispuesto una mesa alargada atendida por dos chicas, con bebidas que preparaban según les pedían.

    Robert nos dejó un momento para acercarse a la mesa y hacer un pedido.

    -Ese chico tan mono no te deja tranquilo sin perderte de vista en todo momento. -Oriol se reía observando la varonil figura del muchacho hablando con las camareras.

    -Cualquiera pensaría que él es tu enamorado en lugar de Álvaro. -me miró un poco asustado. ¡Ayy perdona! Soy tan torpe.

    -No te preocupes, Álvaro cumple con su obligación y Robert es hermano de Irina, le ha encargado mi custodia, quizá piense que pueda perderme en su inmenso palacio. Todos hacemos lo que las circunstancias nos demandan.

    -Si que es cierto, y tienes razón, pero algunos con más fortuna que otros. Tu y yo pertenecemos a este grupo y somos de los afortunados. -sentí su cálido abrazo en mi cintura cuando Robert llegaba con la bebida, me confortaba que Oriol me colocara a su nivel y compartiera su situación con la mía, aunque bien sabía que eran diferentes.

    A partir de aquel momento la alegría del ambiente se me contagió, saludé a mucha gente que Robert me iba presentando, muchachos y chicas jóvenes, desinhibidos por el efecto de las bebidas que generosamente se servían y por su juventud, hacían que me encontrara a gusto entre ellos.

    Pude hablar con Rubén, Alberto y Erico, y reír por las anécdotas que contaban de cuando vivían con Pablo a su lado. Para la comida teníamos nuestros lugar asignado, eran grandes mesas redondas para unos quince comensales, la familia se repartía teniendo un miembro en cada mesa, yo estaba a la derecha de Robert y a mi otro lado se encontraba Victoria.

    Antes de comenzar a servir la comida los padres de Irina se encaminaron hasta una tarima más alta, improvisada en un extremo del salón, y Victoria junto con don Mateo se pusieron en pie para llegarse donde ellos les esperaban con Irina y Álvaro.

    Sabía que ese sería el momento de anunciar lo más importante de la fiesta y se me contrajo el estómago, sentí la presión de la mano de Robert en mi brazo.

    -No vayas a echarte a llorar. -para enseguida añadir. -Disculpa, ha sido una mala broma. -le miré casi sin verle y con los ojos empañados.

    -Es el momento más de grato de nuestras vidas anunciaros el compromiso de Irina y Álvaro…

    De la boca de su padre iban saliendo las palabras que me herían, hubo un instante que el sonido se acopló, dejando oír un agudo grito por los altavoces que consiguió tapar el que se escapaba de mi boca.

    -Celebrar dos acontecimientos que nos alegran, y a la vez, no es fácil que se produzca, anunciaros la buena noticia el mismo día que celebramos su mayoría de edad… -se detuvo para abrazar a su hija.

    -Todos nos alegramos y esperamos que sean muy felices y que todos lo veamos… -los aplausos culminaron con el abrazo que les prodigaban sus progenitores y el romántico beso en la boca de los novios.

    Jugué con la comida que Robert iba pasando a mi plato sin probarla, escondido en el barullo de las ruidosas voces que nos rodeaban. Cuando terminó la comida, en una zona libre de mesas, inició el baile la pareja.

    -Por favor Robert, tengo que ir al baño, dime por donde lo encuentro.

    -No te preocupes, te acompaño. -nos levantamos sin que nos prestaran atención, los ojos de todo el mundo estaban puestos en las evoluciones de la feliz pareja bailando.

    Salimos del salón y al llegar al hall me sujeto del brazo.

    -Subamos al piso superior, allí tienes mi baño para lo que necesites. -le seguí sin resistencia pensando que era lo mejor para poder llorar a solas.

    No tuve tiempo de mirar la habitación donde entramos, solo le escuché hablar para decirme cual era la puerta del baño, abrirla y apoyarme en ella una vez cerrada para comenzar a llorar.

    Me sentía desgraciado, Álvaro me iba a dejar tarde o temprano y no podía contar con Pablo cuando más lo necesitaba a mi lado, después de muchos minutos me fui calmando, reconociendo además que no tenía motivos para ponerme así. Había sido consentidor de que esto sucediera.

    Me miré en el espejo para verme los ojos rojos contrastando con la blancura de la piel, me lavé la cara y salí al encuentro de Robert intentando sonreír. Estaba tumbado sobre la cama fumando un cigarrillo, su mirada me seguía a través de las volutas del humo.

    -Duele pero luego se pasa, o se amortigua, ven túmbate a mi lado y descansa. -se apartó hacía un costado dejándome sitio a su lado, se había quitado la chaqueta y lucía un chaleco de la misma tela abierto, me quedé de pie pasando la vista por el cuarto.

    Miré desconcertado la habitación, parecía la reproducción de un camarote de barco antiguo, salvo los detalles tecnológicos que no faltaban, como un enorme televisor sobre la pared y una portátil sobre su mesa de escritorio demás de una torre de sonido.

    En las paredes abundaban los adornos marineros y muchas fotografías, un gran banco de madera, como si fuera un arcón, corría a lo largo de la pared debajo de los ventanales y de extremo a extremo de la habitación.

    En las fotografías se le podía ver a él en el monte, en la nieve, en la playa, acompañado de sus hermanos y amigos, y casi en todas ellas, siempre presente Irina su hermana. Por el rabillo del ojo le había visto levantarse y se acercaba a mi lado hasta que le tuve a unos centímetros, cogió un porta retratos de la estantería, estaban él e Irina en un primer plano, ésta le besaba la mejilla. Pasó lentamente la yema de un dedo acariciando el óvalo de la cara de su hermana.

    -Creo que puedo saber lo que sientes, pero tienes que ser fuerte, por esto no terminan nuestras vidas ni nos vamos a morir. -dejó el marco donde estaba y me cogió las manos mirándome a la cara, estábamos muy próximos, casi pegando el cuerpo de uno al otro, me abrazó llevando cogidas mis manos a mi espalda, intenté soltarme, alejarme de él, pero resultaba imposible cogido como estaba, me desestabilicé y terminé apoyando la espalda en la pared de madera.

    Las manos me dolían al sentirlas presionadas y Robert metió una rodilla entre mis dos piernas apoyándola sobre la pared obligándome a abrirlas. Sentía su irritación en la forma forzada de la respiración, acercó la cara hasta hacer contacto con la mía y buscó mis labios, yo movía la cabeza de un lado a otro para evitar lo imposible hasta que sus labios hicieron contacto con los míos.

    Sus labios le abrasaban de calor y tenía la cara roja y sofocada. lentamente sucumbía a la presión que ejercía con la lengua y abrí los labios permitiéndole que me la introdujera, fue disminuyendo la fuerza que ejercía en mis muñecas hasta que me soltó para agarrarme de las caderas y hacer más intenso el beso.

    -Déjame Robert, esto no está bien, además eres muy joven. -me respiraba en la boca queriendo repetir el beso.

    -En todo caso soy mayor que Irina. Pregúntale a Irina que tal de joven soy, tu amante nos la ha quitado, y es justo que yo tome lo que es de él, una pequeña pero dulce venganza.

    Seguirá…

  • Encontré vídeos porno de mi hermana y sus novios

    Encontré vídeos porno de mi hermana y sus novios

    Mientras estaba en la universidad y mi hermana también, un día me cancelaron una clase, así que me quedé en casa solo. Mi hermana se había ido para la universidad, mi madre y mi padre a trabajar.

    Yo tenía unos 20 años, estudiante de ingeniería de software y apasionado por el mundo del hacking. Había pasado los últimos meses estudiando sobre hacking. Me levanté a eso de las 8 de la mañana, sabía que no había nadie en casa. Pase por el cuarto de mi hermana y me entro la curiosidad por entrar a su computador.

    Entre al cuarto de mi hermana, las manos me temblaban, sentía un frio por todo mi cuerpo. Me gustaba ese sentimiento de adrenalina. Encendí el computador, se empezó a actualizar, cada minuto eran horas para mí. Por fin el computador cargo el sistema operativo, revise en Descargas, Documentos, Fotos y Videos, no había nada interesante más que fotos de ella y su novio, las mismas que subía a las redes sociales. Pensé que todo había sido en vano, pero no sé porque decidí entrar a su correo Outlook, revise la bandeja principal y solo había correos de sus profesores avisándole de notas, seguí bajando hasta que vi una serie de correos que tenían como remitente a ella misma, estos correos no tenían asunto, sino que decía algo similar a VID0003, VID004 y así sucesivamente. Eran más o menos 20 correos.

    Me entro la curiosidad saber que podría ser, entonces entre al primer correo y era un video de un trabajo para la universidad, seguí y era otro trabajo… ya me iba a dar por vencido, como en el sexto correo descargue algo y había un video de un hombre con una verga de unos 16 cm masturbándose. El video duraba unos 12 segundos, al verlo supe que era mi cuñado por sus tatuajes. Me dio cierto asco ver a otro hombre masturbarse.

    El segundo video que abrí no lo olvidaré. Era mi hermana en 4, por esa edad tenía unos 18 años, su novio tenía 20 años. Ahí como toda una perra, con su delgado cuerpo, siendo penetrada por esa verga… Cada vez que la penetraba ella soltaba unos gemidos entre llantos… ahhhh… ahhhh… ahhhh… mientras se agarraba de las sábanas blancas de la cama… Tenía las medias puestas, al lado de la cama se podían ver sus zapatos y su ropa de gimnasio… El con una mano grababa la penetración y con otra le daba nalgadas… La verga le entraba toda a mi hermana, hubo un momento en que ella empezó a gemir más fuerte y mi cuñado se asustó y la sacó, le pregunto: ¿Qué pasa? ¿Te duele? y ella como toda una perra le dijo: Síguemela metiendo. Ahí terminaba el video.

    Era extraño como me sentía. Había visto porno, pero ver a mi hermana siendo penetrada era algo indescriptible. Mis manos frías, mi cuerpo temblaba, a la vez estaba excitado. Quería seguir.

    El segundo video ella estaba boca arriba, las piernas abiertas y dejando ver sus grandes tetas… le decía: Cuidado mi amor, no me graves la cara… El empezó a meterle la cabeza de su verga, la volvía a sacar y la volvía a meter suavemente… ella le decía: Me encanta que me hagas asiiii… y empezó a penetrarla, ella se retorcía de placer…

    El tercer video el esta montado encima de ella a la altura de sus senos, ella esta boca a arriba…

    – ¿La quieres en la boca?

    – Si, la quiero toda en la boca -decía mi hermana.

    No podía creerlo que mi hermanita menor estuviera diciendo eso. Volví a reproducir el video una y otra vez.

    Luego el empezaba a masturbarse y cuando se iba a venir le decía: saca la lengüita… mi hermana toda obediente sacaba la lengua y le lleno la cara de leche, el cabello y los senos…

    – Chupe, chupe -le decía el novio después de que la dejara llena de leche.

    Ese día me masturbé tres veces con esos videos. Confieso que fue algo extraño y excitante a la vez.

  • La humillación de Lucía (I)

    La humillación de Lucía (I)

    Todo había empezado hace una semana atrás, en Buenos Aires, Argentina los días están siendo bastantes lluviosos cosa que a Pablo, no le gustaba mucho y menos si su hija Lucía, salía a algún encuentro con su grupo de amigos. Era un martes donde el diluvio no cesaba y su hija, esperaba impaciente un taxi que la llevara a la casa de la amiga.

    Lucía tenía 18 años, contaba con un cuerpo voluptuoso, tenía unas curvas completamente tentadoras, unas tetas grandes, y un culo de encanto. Que todo lo acompañaba con 1,67 de altura que le iba muy bien. Hoy para su salida, vestía un jean negro que se adaptaba a cada parte de sus piernas y le resaltaba el trasero, una camisa semi transparente blanca que hacía notar su soutien rojo fuego y unos tacos combinando con aquel corpiño.

    Pablo se acercaba al living en el momento que vio a Lucía abriendo la puerta para irse.

    – ¿Dónde vas con el día así? – Exclamó el padre un tanto enojado.

    – Con unas amigas. -La chica cerró la puerta de golpe dejándolo a su padre con la palabra en la boca.

    A pesar de la edad de su hija, Pablo era muy conservado y estructurado. El lema de él era que quien viva bajo su techo, sigue sus reglas. Y Lucía no era de seguir muchas reglas. Pablo quedó con un enojo interno por no haberla podido frenar, no le gustaba que salga con tanta tormenta y encima sin saber dónde estaría. Más bien, los celos se apoderaban de él cada vez que su niña salía vaya a saber con qué pendejo.

    Para sus 50 años y su 1,90 de altura no estaba nada mal. Contaba con un cuerpo de un hombre qué pasó buena parte de su vida en el gimnasio, más después de haberse separado de la madre de su única hija. Tenía una barriga apenas marcada, tenía el pelo con un corte moderno y esos ojos marrones que tenía encantada a más de una amiga de su hija.

    Pablo fue directo al sofá, se sentó con su computadora a hacer cosas del trabajo, pero entre enojos y truenos no logró concentrarse por pensar donde andaba su niña así que tomó el teléfono para llamarla pero fue en vano, no atendía. Intentando controlar el enojo y sabiendo que así no iba a poder trabajar, tomó la pequeña botella de cerveza que había traído anteriormente y le dio dos sorbos para prender la pc y buscar algún video porno que le calme la calentura que traía. Buscó pero no lograba sacarse a Lucía de la cabeza, no sabía si era él el problema o el alcohol que estaba haciendo estragos. Encontró una del verano pasado en la playa, ella estaba en su bikini rosa favorito, de espaldas a la cámara y con la vista hacia el mar. Observaba cada parte de su cuerpo mientras llevaba su mano a su pija imaginando que cosas le haría. No tardó tanto, su hija lo calentaba a más no poder y en no más de tres minutos, descargó una cantidad de semen que fue a parar a la alfombra.

    Habían pasado unas tres horas, Pablo se había quedado dormido en el sofá y se sobresaltó al sentir la puerta que se abría despacio. Lucía en puntas de pie intentaba pasar, mojada por la tormenta que no cesaba. Se levantó del sillón de golpe atajando la puerta detrás de la chica y la cerró prácticamente de golpe.

    – Papá, me asusté. Creí que estabas dormido. -El aliento de Lucía se mezclaba con alcohol y cigarrillo cosa que a Pablo le molestaba demasiado.

    – ¿Cómo mierda pretendes que duerma si no me dices siquiera a dónde vas? ¿Cuántas veces dije que no sales con los días así? – Pablo sabía que las tres botellas de cerveza habían hecho estragos en él y de la única sensación que tenía hacia Lucia era de pura lujuria.

    La tomó del brazo así como estaba y la llevó al sillón sentándola de golpe. – Esta vez no te liberas del castigo, me tenés cansado con que lo único que hagas es desobedecer todo lo que digo. – Lucía vio de reojo la computadora de su papá y vio que había un video porno pausado, temió un poco porque nunca lo había visto tan desorientado.

    – ¡No fue para tanto, papá. Ya volví a casa y ni borracha estoy. – Atinó a decir Lucía al momento que su padre sin decir mucho más, se sentó a su lado y propinó un certero golpe en su rostro.

    Lucía se tomó el rostro y al querer levantarse para salir corriendo de allí su padre la tomó de aquella camisa y por la fuerza la rasgó dejando ver el corpiño que llevaba. – Encima vas de provocativa, ¿Con qué clase de amiga te juntas que tienes que ir vestida así? -Exclamó Pablo sacándole los restos de camisa que quedaban. Lucía mientras lloraba intentaba cubrirse con las manos. – Papá, déjame. ¿Qué te pasa que estás así? Quiero ir a mi cuarto, me estás dando pena.

    Esas últimas palabras fueron suficientes para que Pablo perdiera el control, propinándole otro manotazo en el rostro tomó a Lucía de las muñecas, al momento que se ponía encima de ella, comenzó a besar sus mejillas. Lucía sin saber qué hacer, movía su rostro para ambos lados queriendo no sentir nada. – ¡Dejáme papá, me quiero ir, soltame!

    Pablo apretó aún más su cuerpo contra el de su hija y haciendo presión, llevó su lengua a su cuello tomando este con una mano mientras dejaba hilos de saliva por donde pasaba. Mientras Lucía cargaba con una mezcla de ira y pena que no la dejaban moverse, su padre continuó con el deleite y llegando a los ansiados senos de las hija comenzó a besarlos por encima del brasier, su lengua desesperada subía y bajaba al momento que, sin más soltó la otra mano de la chica para llevarla al botón del pantalón.

    – Verás que aprenderás que acá se hace lo que yo digo, pendeja.

    Lucía lo miró con bronca, mientras él tomaba su pantalón junto con sus bragas y sin dudarlo lo bajó cuanto pudo. La hija al notar esto, intento pararlo pero la fuerza de sus brazos sobre el cuerpo de él, hacía que fuera imposible. Pablo tomo ahora su pantalón junto con el bóxer, su pija salió erecta y triunfante de allí. Lucía que no dejaba de forcejear empezó a sentir el calor de los dedos de su padre acariciando su monte de Venus en busca del clítoris. Largó un par de gritos ahogados cuando lo encontró. Pablo apretaba este y lo tocaba con la yema del dedo haciendo presión, sigió bajando y logró meter un dedo dentro de la depilada vagina. Lucía sintió la presión de aquél cuando notó el segundo dedo comenzando un rápido mete y saca, veía como su padre disfrutaba con fervor la arremetida que le hacía en su vagina mientras que ya sin fuerzas se dejaba hacer deseando que todo parara.

    Pablo tomó a Lucía y de un empujón la dejó boca abajo, tomó su cadera dejando su trasero parado lo más que pueda. Con su pija en la mano la acercó a la entrada de su hija, ella un poco aterrada por el tamaño atinó a tirarse para delante, su padre propinó dos fuertes nalgadas en su trasero y volviendo a acomodarla en medio de los gritos embistió de una sola estocada en la concha de Lucía, que a pesar de no querer saber nada, estaba pasando de la humedad a lo mojado ante tal trato. Pablo la cojía como si la vida se le fuera en ello, ya perdió la noción si era por el enojo, las cervezas o las ganas que le tenía hace rato a Lucía.

    Lucía sollozaba a causa del trato de su padre, que este mientras la follaba llevaba sus manos a sus tetas para tironear y pellizcar sus pezones. Volvió aquella mano pero ahora hasta el agujero trasero empezando a acariciar este de manera circular. Ella aterrorizada porque jamás nadie llegó ahí, convirtió su sollozo en gritos de desesperación. – ¡No papá, por favor! Déjame, si me dejas ahora juro no decir nada pero por allí no, por favor. – Exclamó aterrada Lucía. Pablo haciendo oídos sordos, introdujo un dedo dentro de su culo al momento que empezó un vaivén desesperado sintiendo como iba a acabar. Sacó su pija de aquella vagina y volvió a dar vuelta a Lucía, está quedando de rodillas sobre el sillón miró a su padre con lágrimas en los ojos, sin darle lástima sino más morbo, tomó su cabello en forma de cola de caballo y con la otra mano libre se pajeó unos segundos hasta acabar en las tetas de su hija en medio de un fuerte jadeo.

    Ella pensando que todo había acabado intentó moverse, Pablo le dio un nuevo certero golpe en su mejilla mientras que desde la cola de pelo la acomodó y forcejeando entre los dos, él llevó a la fuerza su pija semi flácida a la boca de ella. Lucía intentando correr la cara, se negaba cosa que no tuvo efecto. Abrió la boca y Pablo empezó el mete y saca. – Llegas a hacer algo más que chupar y no tendré piedad, compórtate como la putita que sos. -Dijo Pablo mirando a los ojos a Lucía mientras ella lamía con pocas ganas.

    La pija de aquel morboso padre volvía a encontrarse erecta, no saciado todavía por lo que le había hecho a Lucía, decidió seguir. Tomó el rostro de su hija y dándole una leve bofetada, sacó su miembro. – ¡Date vuelta! -Exclamó mientras ella todavía fregaba su rostro por el manotazo. – ¡Déjame en paz, no quiero maldito! -Dijo Lucía ante tal humillación. Pablo sin ninguna molestia ante los dichos de la niña la dio vuelta desde el brazo y la tiró contra el sillón. Lucía quedo dándole la espalda, el padre tomó las piernas de Lucía y las dobló de manera que su culo quedara nuevamente en pompa, ante la dedeada anterior, el ano de Lucía había quedado un poco dilatado, esta que no dejaba de llorar, respiró profundo sabiendo lo que se avecinaba. Su padre no hizo más que escupir el agujero del culo haciendo lo mismo con su pija y sin más vueltas la metió de una sola estocada en el orto de su adorada niña. Lucia dio un grito de dolor ante tal hecho mientras le suplicaba que parara. El mete y saca continuó, Lucía convirtió su desesperación en gemidos, mientras su padre entre fuertes jadeos acabo dentro del culo de la niña dejando allí su polla reposar un rato.

    Completamente adolorida, Lucía alejó el trasero de la polla de su padre y al hacer fuerza notó como salía un semen algo rojizo a causa del desgarro sufrido. Pablo al notar aquello pasó dos dedos por el culo de esta y tomando un poco de aquél liquido tomó el rostro de Lucía con una de sus manos y poso los dedos en su boca. – ¡Tómalo todo! -Exclamó, mientras su hija con asco abrió la boca y los metió hasta el fondo de su garganta. – Eres buena niña. -Dijo riéndose entre dientes mientras su hija no hizo más que agarrar lo que pudo de su ropa y se fue corriendo a su habitación.

    Pasó un tiempo, Lucía se fue a vivir con su amiga desde aquel suceso. Pablo quedó solo en aquella gran casa, hasta que un día alguien tocó el timbre; Lucía esperaba detrás de aquella puerta con sus maletas no pudiendo haber superado lo de su padre, pero no con tristeza, sino que deseando aún más…

    CONTINUARÁ…

    ***********************

    ¡Hola! Como verán, es mi primer relato. Espero lo disfruten mucho. Quiero agradecer a un buen escritor que no hizo más que ayudarme y aconsejarme al entrar en este camino, el me incentivó a escribir. Búsquenlo como «GABRIEL B» y disfruten de uno de los mejores escritores de CR.  ¡Gracias!

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (39)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (39)

    El beso se prolongó, y aunque al principio era salvaje lo fue cambiando a tiernas caricias de su lengua sobre la mía, buscándola por abajo y por arriba para lamerla lentamente.

    No deseaba entregarme a sus deseos pero notaba que cada momento que pasaba me gustaba más su beso, por otro lado no dejaba de pensar en sus palabras, donde insinuaba que él mismo y sus hermanos tenían sexo con Irina, con su misma hermana, la dulce, hermosa e inocente Irina.

    ¿Podría haber tenido ocasión de hacerlo también con Álvaro? ¿Le habría subyugado al punto de meterle en su cama? Ya dudaba de todo y no confiaba en nadie.

    -Pensaba que eras más joven que ella. -no sabía como distraerle y a cada minuto me iba venciendo el deseo.

    -En realidad solamente la gane por tres minutos, somos gemelos y muy unidos en todo.

    El muchacho me había soltado la sujeción de click de los tirantes que llevaba como adorno y su mano libre tiraba de mis pantalones para bajarlos.

    -Robert pórtate bien, déjame o empiezo a gritar. -dejó sueltos los pantalones que los llevaba ya por las rodillas y colocó la mano en mi boca tapándomela, sin hacer fuerza, era simplemente un aviso de que estaba dispuesto a hacerlo forzándome si era preciso, y su mensaje me llegó sin que utilizara palabras.

    -¡Por favor! Por lo menos deja que me quite la ropa, me la vas a romper. -de alguna forma sabía que había cedido a sus deseos, me soltó ayudándome a quitarme los zapatos y el pantalón, entonces me sujetó por el slip subiéndolo y enterrándolo entre mis nalgas, lo sentía apretado en el ano y me hacía daño en los huevos.

    Me mantenía de espaldas a él y tenía que sujetarme en la madera de la pared para mantener el equilibrio, de puntillas sobre los dedos de los pies. Me subió la camisa y puso los labios sobre la columna pasándolos de arriba a bajo besándome las vértebras.

    Apoyé la cabeza en la pared esperando lo inevitable, dejó de besarme manteniéndome cogido con un brazo por el vientre y con la otra mano se quitaba los pantalones, y cuando quedó desnudo de medio cuerpo se pegó a mi, su pene ya duro se me clavó entre las nalgas.

    Lo notaba que era grande, enorme como el de Pablo.

    -¡Abrete ya! -hacía presión con sus piernas queriendo colocarse entre las mías, a la vez empujaba mi espalda para que me inclinara y sacara el culo, no creía que un chico tan joven y delgado tuviera tanta fuerza, su cuerpo parecía hecho de acero y le sentía tensarse como un arco a mi espalda, inclinándose para buscar mi ano con la punta de la verga.

    Sabía que me haría daño al no estar preparado, y que mi culo se resistiría a que entrara sin tenerlo dilatado y sin lubricación, pero tampoco podía detenerle, rugía deseoso en mi espalda mordiéndola, nervioso al no localizar el hueco donde entrara su verga, como un perro rabioso al encontrar dificultades para montar a su perra.

    Para evitar males mayores saqué más el culo, buscando yo también el encuentro para acoplarnos y que mi ano quedara pegado a la cabeza de su pene, se calmó un poco al notar que colaboraba.

    Cuando sintió que su verga había localizado la entrada forzó la cadera haciéndome gemir al meter la cabeza de la polla en mi culo.

    -¡Ahhhyyyy! despacio…, me duele. -verdaderamente había sido un tenue dolor perfectamente soportable, pero solo había entrado el glande.

    -¡Ya, ya entra! -gemía en mi espalda mientras me sujetaba fuertemente de las caderas tirando de mi hacia él y haciendo que su polla fuera invadiéndome sin remedio.

    No le había visto ni tocado la verga, pero notaba en mi ano que era grande, entraba sin causarme el dolor que esperaba al tenerla muy lubricada, y debía ser muy larga, no terminaba de meterla, cuando pensaba que había acabado de entrar y que no habría más suspiré aliviado. Entonces me abrazó pasando los brazos por mi abdomen, me elevó en el aire y sin sacarme la verga caminó hasta la cama donde había estado tumbado.

    Me sentía tremendamente empalado aunque no había entrado totalmente, sin dejar de abrazarme por el abdomen, me coloco en el suelo e hizo que me inclinara hasta quedar con el pecho pegado en la cama, tiró de mis caderas y con dos tremendos golpes termino de meterme la polla y se tumbó sobre mi espalda con su respirar profundo.

    ¡Ahhh! Que rico culo, mi cuñadito tiene suerte y lo ha dejado bien abierto. -no sentía ningún dolor y me fui acostumbrando a sentir aquella larga culebra moviéndome en mi intestino.

    Se levantó poniéndose de pie y sacó unos centímetros la polla para volver a meterla con fuerza, me empezaba a gustar la forma violenta en que el chaval, varios años menor que yo, me daba por el culo, mejor que muchos hombres lo habían hecho. Ahora con el culo bien abierto y relajado todo que podía sentir era placer y empecé a gemir cada vez que me la metía ejerciendo la misma potente fuerza.

    -Te gusta puto, gimes como una zorra, no te habían cogido el culo de esta manera, siente mi verga maricón… -y se dejaba caer dándome con todas sus ganas, ya me tenía rendido y entregado a su bravura de macho.

    -¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma verga puto! -cada vez que hablaba era cuando sus testículos golpeaban sobre los míos.

    -¡Ohhh, Dios mío! que bien me follas. ¡Ummmmm! que rico… -se puso recto sacando la mitad del pene y con la mano me dio dos nalgadas que me hicieron encoger el culo apretándole la verga.

    -¡Ummmm! ¡Ayyy! -me quejaba por el repentino dolor y a la vez gemía por el placer en mi ano al apretarle la polla, era incomprensible que un chico tan joven supiera follar tan divino.

    -Ya se que te gusta, tu amante no te trata como el puto que eres, ahora prueba una verga de verdad. -y me daba duro, me estaba llevando al límite y tenía mucho aguante, llevaba más de diez minutos sin cesar de follarme y no aparentaba estar cansado, solo que algunas veces se detenía un momento para azotarme y posarse sobre mi marcándome como suyo.

    Cuando sentí que la verga se le ponía más rígida eché el culo hacia atrás empotrándomelo todo, y me estremecí al salir el semen de mi polla con fuerza sobre su cama.

    -¡Ayyyyy! ¡Dios!, ¡Dios!. Me corro. -llevé una mano a su nalga y la apreté contra mi para que se mantuviera dentro de mi culo y no se saliera. Robert se mantuvo un momento estático, pero nada más de aflojar el culo me bombeaba con fuerza y rapidez, hasta el momento en que se quedó tumbado sobre mi, con toda su verga en mi interior y se vino entre jadeos con la boca en mi oreja.

    ¡Ohhh! putito rico, te voy a llenar el culo, tómalo todo, toma, tómalo. -sentía como temblaba pegado a mi espalda y eso me llenaba de gozo, no podía dejar de disfrutar cuando un hombre se corría en mi interior y le notaba gozándome.

    Al cabo de unos minutos se fue saliendo, escurriéndose la larga verga de mi culo sin que él se moviera, cuando estuvo toda fuera se levantó y me cogió en sus brazos para depositarme tumbado sobre la cama y luego él lo hizo a mi lado.

    Nuestro respirar se fue calmando y giré la cabeza para mirarlo, Robert desvió la vista mirando hacía otra parte.

    -Me he comportado como un cerdo y un cabrón…, tu no tienes culpa de nada. -sujeté su mano y se la apreté para girarme hacía él y besarle la mejilla.

    -No ha estado tan mal, ¿no crees? -intentaba animarle y quitarle importancia, no dejaba de sorprenderme, ahora sentía remordimientos y al final era un chiquillo aunque para follar resultara un hombre.

    -Te he forzado y yo no soy así, lo siento.

    -No tiene importancia Robert, como tu has dicho soy un puto con ganas de verga. -se giró y ahora nos teníamos cara a cara, se apartó el pelo de la frente y se acercó para besarme ligeramente los labios.

    -También te he insultado, no se lo que me ha pasado, de verdad, si me conocieras sabrías que no soy de esta manera. -le abracé juntando nuestros cuerpos y le besé repetidamente la cara.

    -Ahora no hagas un mundo de esto, ¿sabes?: Me ha gustado, creo que podríamos llegar a ser amigos si estuviéramos cerca, ahora me dejarás que me duche y me vista, seguramente nos estarán echando de menos.

    Tenía muchas preguntas en mi mente para hacerle, pero tampoco eran de mi incumbencia aunque sentía una curiosidad malsana por saber como era lo de Irina y sus hermanos. Durante la ducha que nos dimos juntos se portó delicadamente conmigo, acariciándome y besándome la espalda y los hombros.

    -De verdad que Álvaro tiene mucha suerte, puede tenerte a ti y a Irina, lo mejor en chica y chico que he visto y probado. -notaba que todo se distendía cuando después de hablar se reía con ganas y picardía.

    Cuando al fin bajamos, había pasado más de una hora, la fiesta continuaba y un grupo musical interpretaba las piezas musicales que les solicitaban, en un grupo apartado estaba Oriol con Alberto, sus primos y otros chicos y chicas charlando. Le sonreí a Alberto que me miraba interrogante y nos acercamos a ellos.

    -Estás monopolizando a Ángel, nos permitirás que hablemos con nuestro amigo. -le hablaba a Robert con una media sonrisa a la vez que me hacia sitio a su lado.

    -¿Puedo hablar contigo un momento? -no esperó mi respuesta y me cogió del abrazo llevándome con él un poco alejados de grupo.

    -¿Cómo te encuentras Ángel?

    -Bien Alberto, no tienes que preocuparte.

    -¿Cómo no voy a hacerlo? Se suponía que Álvaro era tu novio o algo así y ahora está su compromiso casi inopinado.

    -Soy tu amigo aunque hayamos tratado poco, te admiro, pero pienso que en este momento no eres sincero conmigo. -quería cambiar de conversación y hablar de otros temas, no adelantaría nada contando mis problemas sentimentales a Alberto, no obstante me gustaba que alguien se preocupara por mi estado, en este caso, emocional, además él era un hombre que me gustaba aunque fuera imposible que hubiera algo serio entre nosotros y nunca lo había pensado.

    -No hay problema alguno, sabes que estoy acostumbrado a tratar con hombres. -Alberto me sujetó de una mano en un cálido apretón.

    -Ahora no te presentes como un malvado, yo también he estado con hombres, con David, Oriol, Rubén y otros que no conoces, pero nuestro corazón sufre a veces. -tuve que sonreírle por lo dulce y amable de su preocupación por mi estado y no deseaba seguir hablando de mis imaginarios problemas.

    -Y lo tuyo con Rubén, ¿como vais? -antes de me respondiera me contesté a mi mismo. -Imagino que todo estará bien. -seguía mirándome con la preocupación palpable en sus ojos.

    -Seguimos siendo amigos, nunca ha habido algo serio… -se detuvo un momento antes de continuar. -Y para que no preguntes de mis relaciones con David y Oriol, te diré que todos vamos cambiando. Se van convirtiendo en una pareja real y supe que tenía que apartarme y dejarles para que vivieran su vida, lo cual no quiere decir que a veces no estemos juntos, no durará mucho es obvio.

    Continuamos hablando un rato más, a veces me hacía reír, o ponerme rojo cuando se refería a lo a gusto que había estado a mi lado, en clara referencia a cuando me había follado.

    Seguíamos hablando cuando Álvaro se acercó a nuestro lado, llegaba envuelto en un aura de felicidad que pocas veces había visto en él. En esta ocasión me sujetó por la cintura mientras agarraba a Alberto de un brazo.

    -Los padres van a emprender el viaje de vuelta para no llegar muy tarde, les he dicho que te quedarás y que te llevaré yo, ¿te parece bien?

    -Lo que tu decidas será correcto, además que lo estoy pasando realmente bien. -miré a Alberto para que me aprobara y Álvaro nos dejó para irse a otro grupo.

    -Parece feliz, contento de su compromiso… -miré a Alberto apenado por lo que decía y que era la verdad.

    -¡Oh!, lo siento Ángel.

    -Es igual Alberto, no vamos a disimular más, soy consciente de que sobro. -no podíamos continuar hablando ya que el grupo de Oriol se acercaba caminando hacia nosotros.

    -¿Puedo llamarte alguna vez? Me gustaría que habláramos y nos contáramos nuestras cosas. -solamente le miré y asentí con la cabeza.

    El resto de la tarde intenté distraerme con el baile, siempre acompañado por Robert que había vuelto a sonreír cuando terminé mi charla con Alberto.

    Oriol y su grupo se quedarían a dormir en la ciudad y tenían su programa de fiestas para la noche, me hubiera gustado quedarme para no pensar y olvidarme de los problemas, pero Álvaro decidió que debíamos regresar a casa, eras las diez de la noche cuando me despedía entre abrazos y besos de mis amigos mirando a Álvaro que me apremiaba impaciente en la puerta.

    Teníamos la suerte de nuestra parte, a pesar del frío reinante había dejado de nevar y el asfalto estaba seco, sin peligro de encontrar hielo en la autopista. Durante la primera hora de viaje no hablamos ni una palabra, me iba haciendo el dormido, con los ojos cerrados escuchando música.

    Álvaro exteriorizaba su euforia llevando el compás de la música que sonaba en la radio con los dedos, tamborileándolos sobre el volante, por supuesto no era por haber bebido en exceso y supuse que sería por otro elocuente motivo, por lo bien que lo había pasado al lado de su prometida. Durante todo el día solamente me había hablado, y muy breve, en dos ocasiones.

    -¿Lo has pasado bien? -para reforzar su pregunta colocó la mano sobre mi pierna.

    -Ha sido divertido y lo mejor de todo el haber podido saludar a los amigos. -le respondí sin abrir los ojos.

    -Espero que Robert te haya atendido como le pidió Irina, le he visto constantemente a tu lado.

    -Es un buen chico y joven, le falta crecer un poco. -sentía una rabia inmensa y el deseo de ser cruel revelando lo que había averiguado, pero no era tan malo, no, yo no era de esa manera, no iba a destruir las ilusiones de él y de sus padres rebajándome hasta ese extremo.

    ***********************

    Llevaba seis horas trabajando, con solo un corto descanso para tomarse un café y se sentía cansada. Recogió otra vez los vasos y tazas usados que su compañera le dejaba sobre el mostrador y dejó salir de sus labios, pintados de un rojo muy fuerte y brillante, una altanera imprecación.

    -¡Joder! -Lucía se llevó el dedo a la boca y mordió la uña que terminaba de romperse.

    -¡Seré burra! -no podía andar con contemplaciones consigo misma, y momentáneamente se olvidó de la uña rota para seguir recogiendo los servicios que tenía pendientes, colocándolos en la máquina friegaplatos.

    Sin dejar de hacer su trabajo tampoco perdía detalle de lo que proyectaban, en ese momento, en la gran pantalla del televisor colgante de la pared que tenía enfrente de ella. Se abrió la puerta que daba a los cuartos interiores del bar y un corpulento hombre salió encaminándose a la barra donde ella estaba.

    -Ponme una henninger. -le pidió con tono autoritario.

    Lucía apartó un instante la vista de lo que sucedía en la pantalla, para mirar al sujeto que le dirigió una mueca queriendo ser una sonrisa enmarcada en los gruesos labios, bajo su nariz chata y rota de boxeador retirado.

    A la muchacha nunca le había gustado aquel hombre que, desde hacía unos meses, servía como uno más de los mensajeros de su jefe, dueño de ese bar y otros negocios aún más sórdidos e ilegales.

    Ella sabía que realizaba el trabajo en sustitución del que había sido herido gravemente en una reyerta, todavía recuperándose, y que ese trabajo consistía en recoger en los tugurios, casas de prostitución, y lugares de apuestas ilegales de la zona, el tributo por la supuesta protección que se les brindaba. También que era uno de los que distribuían la droga que ahora seguramente llevaría escondida en los falsos bolsillos de su traje.

    A la vez que le servía la consumición pedida, la mujer volvió a fijarse en las imágenes de la pantalla.

    -Unas tenemos que madrugar, y trabajar hasta deslomarnos por una mísera paga, y otras lucen en unos minutos los trajes que yo no podría pagarme con mi salario de toda la vida.

    -Te he pedido una cerveza, no que me cuentes tus problemas. -la mujer dejó el vaso delante del alterado sujeto.

    -Y además la suerte les entra por la ventana, mira a su apuesto novio. -la compañera de Lucía llegó en ese momento y miró lo que veía su amiga.

    -A ese lo quiero para mi. -las dos mujeres se rieron y el mal encarado sujeto levantó por fin la mirada para fijarse en lo que llamaba tanto la atención de las camareras.

    El vaso tembló en su mano, grande como la garra de un gorila, y parte del líquido cayó sobre el mostrador.

    -¿Ya estas borracho desde ahora Damián? -se apagaron la ruidosas risas cuando miraron la cara, con los ojos desorbitados, del retirado boxeador.

    Las imágenes pasaban rápidas por la pantalla, pero no lo suficiente para evitar que reconociera a las personas que había tenido que transportar, más de una vez, en el coche de su patrón.

    Aquel doctorcillo presumido, sobrino de don Manuel Artázcoz Villalba, amigo de su exjefe Eduardo Martínez de Arceniega; el muchacho, pareja del doctor Salvatierra hijo y…, sobre todo, aquel mariconcito, hijo puta y bastardo, que le había arruinado la vida.

    -¡Ya te tengo puto! Al fin apareciste y pronto te tendré en mis manos. -murmuró en voz baja con cara iracunda, terminó de beber la cerveza de un trago, dejó un billete de cinco euros sobre el mostrador, y sin despedirse, salió a pasó rápido del bar.

    —————————

    La vida de Damian, desde los acontecimientos del secuestro del putito, y el final inesperado que tuvo para él, se había vuelto ingrata y peligrosa, con un cúmulo de desgracias, a la deriva y sin rumbo fijo, su vida iba en pendiente para abajo sin freno y sin poderla controlar.

    Llego a la fonda donde se hospedaba, el lugar no era muy agradable, una casucha vieja de dos pisos abarrotada de minúsculas habitaciones y el baño colectivo en el pasillo, lleno de suciedad. En su mísera habitación había una simple cama con la mesita de noche, una desvencijada silla y el armario con una puerta suelta de los goznes y caída.

    Una orden judicial había bloqueado el acceso a las cuentas donde acumulaba sus ahorros, y se encontró en la calle con cien euros en el bolsillo como único recurso disponible.

    Había tenido que aceptar aquel trabajo miserable de recogedor del impuesto por seguridad, y pasar a hacer de “camello” visitando los lugares donde su jefe le mandaba a entregar la droga.

    Para su desgracia la había probado y ahora era un enganchado necesitado de su diaria dosis de “caballo”.

    El culpable de todos sus males era, para él, el putito que lo encandiló subyugándole, hasta no poder aguantar su deseo de llegar a ser el dueño de aquel cuerpo tan hermoso que le despertaba los deseos hasta volverle loco.

    Nunca se cuestionó el tener algo de culpa, y basó su creencia en la culpabilidad de aquel putito delicioso, en que habían pasado otros antes que él y no sucedió lo mismo.

    El cuerpo y la cara de aquel muñeco de carne dorada y tierna, le había soliviantado hasta resultarle imposible de soportar no tenerlo, sin pensar en el riesgo que corría y las consecuencias de sus actos.

    Se tendió en el desvencijado catre que rechinó al recibir su peso, su mente comenzó a perseguir el sueño de la venganza que deseaba aplicar a aquel muñequito delicioso, lo odiaba y a la vez no dejaba de pensar en el placer que le proporcionaba cuando lo follaba y la verga se le endureció con tales recuerdos.

    Tenía algún contacto en los niveles más bajos de la policía, los dos agentes a los que entregaba, por orden de su jefe, los sobres semanales del soborno para que lo repartieran entre los polis corruptos, dinero y mercancía para tenerles contentos, ellos le proporcionarían los datos que necesitaba, el lugar donde ocultaban al mariconcito.

    Metió la mano debajo de la almohada y acarició el frío metal del arma que guardaba. El puto merecía la muerte para pagar su sufrimiento, y su mente retorcida buscaba maneras de materializa su venganza.

    Sería mejor cogerle de nuevo y hacerle pagar con su culo, con su cuerpo, el deseo sexual desenfrenado que sentía, luego, quizá venderlo como esclavo en una refinada venganza peor que pegarle un tiro.

    El perro vivía ahora como un príncipe, recordó cuando lo recogieron de sus secuestradores, para llevarle a la vida de lujo y placer que llevaría desde aquel momento.

    Su evolución hasta que lo convirtieron en el objeto sexual del deseo de aquellos multimillonarios degenerados y sucios a pesar de su dinero. Su patrón podía tenerlo para él, también aquel joven acogido que lo protegía y asesoraba para meterse en su cama cada noche, y luego el desfile de hombres a los que satisfacía mientras él quedaba apartado sin poder tener y gozar lo que anhelaba con todas sus fuerzas.

    Su pensamiento le llevaba a imaginarlo, desnudo y entregado, en la cama de la habitación, hasta cierto punto lujosa que tenía para su uso en la ampulosa residencia donde, a pesar de ser un simple chófer, tenía un puesto alto en la escala del servicio.

    Se desabotonó la camisa y se agarró con fuerza un pezón retorciérdolo.

    -¡Ahhh! putito, volverás a ser mío hasta que me canse de ti, te gustaba como te follaba mi verga, sabía que la gozabas, que necesitabas un auténtico macho para domarte y no los amariconados y finos hombres que te follaban.

    Se había bajado el pantalón y por la pernera del slip se sacó la dura verga y los huevos empezando a estrujarlos.

    -Me chuparas la polla como tu sabes, con la boquita más linda que he visto en mi vida, y te comerás la leche que te de. -se masturbaba la dura polla elevada y dura, mirando con su único ojo de cíclope el techo desconchado de la habitación, y por él le salía el flujo de su placer como gotas de lágrimas resbalando por su mano grande y ennegrecida.

    Dejó de retorcerse el pezón y bajó la mano por la dureza de su abdomen hasta llegar a los huevos para apretarlos contra el duro madero de su rabo sin dejar de pajearse.

    Sus movimientos se volvieron convulsos, frenéticos, moviendo el cuerpo mientras la cama crujía, y su mano bajaba y subía la piel del grande y negro cipote hasta que abrió la boca para dejar escapar un grito que acalló con el dorso de la mano.

    -¡Ahhh! ¡Ohhhh! mariconcito hermoso, te deseo, sigo queriendo tenerte. -el orgasmo le sacudió largamente y el semen salía virulento de su pene encharcándole el pecho y el duro y marcado vientre.

    ——————————

    Cuando llegamos a la hacienda eran más de las cuatro de la madrugada, las únicas luces encendidas eran las de las calles empedradas, donde vivían los pocos empleados y sus familias que no había marchado al pueblo cercano. Las lámparas del porche delantero estaban encendidas, con una luz que me parecía mortecina y fantasmal alumbrando las sombras de los arboles y plantas del jardín. La luna estaba cubierta por negros nubarrones, anunciadores de una próxima tormenta que devolvería la nieve a los campos.

    Nos recibió el calor de la casa y pasamos por la cocina para tomar un vaso de leche antes de subir a descansar. No tardamos en quedarnos dormidos, después de lavarnos la boca yo me había puesto un pijama de pata larga y Álvaro, más perezoso, se había quedado en slip, me abrazó pegándose a mi espalda y me beso tiernamente en el cuello.

    -Buenas noches precioso…

    Seguirá…

  • Tenía ganas atrasadas

    Tenía ganas atrasadas

    El vocalista de la orquesta Panorama, cantaba: Despacito, la canción de Luis Fonsi. Ya cayera la noche. La ventana de la habitación de la casa rural estaba abierta. Las gaviotas gallegas con sus graznidos ponían notas discordantes a la canción mientras sobrevolaban el alumbrado de la fiesta.

    En la habitación se respiraba amor, amor y deseo. Tenía ganas atrasadas. Ganas de ella y ganas de complacerla, de darle más amor del que nadie le pudiera dar. De follarla hasta que se desmayase de placer. Tenía ganas de que desease que el mundo se parase y nos apeásemos de él. Tenía ganas dejar de ser sombra en su sombra para pasar a ser el sol que la iluminase.

    Diana, mi princesa de cuento, y yo, estábamos desnudos sobre la cama, una cama enorme, de color marrón y madera de roble como todos los muebles de la habitación, las mesitas de noche, el tocador, la mesa, las dos sillas, el tresillo… Hasta la cubitera, donde un par de botellas de champán y dos copas esperaban su turno, era de color marrón y madera de roble.

    Primer orgasmo.

    La punta de mi lengua cuan tímido caracol se deslizó de abajo a arriba por la raja del chochito de Diana, una, dos, tres, cuatro, cinco y seis veces, el chochito (¡qué mata negra más hermosa tenía!) se abrió un poco, luego, la lengua, se deslizó de abajo a arriba, por el labio izquierdo, una, dos tres, cuatro, cinco, seis veces, y luego por el derecho otras seis veces. El chochito se iba abriendo como se abre una flor con el calor de la primavera. La lengua penetró la vagina, y de la garganta de Diana salió un sensual gemido. La volvió a penetrar, una, dos…, hasta doce veces. Luego la lengua subió a la perla, lamí a ambos lados del capuchón y se apretó contra él hasta que el glande asomó la cabecita. Lo lamí y lo chupé. Diana ya componía una balada con sus gemidos. Acto seguido, metí dos dedos dentro de la vagina, y con la misma lentitud de antes acaricié su punto G. Mi lengua lamió el gordo pezón de su teta izquierda unas veinte veces, después aplasté y chupé la teta succionando sobre la areola… Pasé a la otra teta e hice lo mismo, lamer, aplastar y succionar. Sentí como mis dedos se iban encharcando de jugos y cómo el punto G se abultaba. Besé a Diana en el cuello, le mordí los lóbulos de las orejas, la besé en la frente, en los ojos, en la punta de la nariz, en la comisura de los labios, y en la boca, con dulzura. La respuesta de Diana fue devolverme los besos con un beso apasionado, y decir:

    -Me voy a correr, tío.

    Presioné hacia arriba los dedos y comencé un rápido mete y saca. Sentí la explosión dentro del chochito y cómo la vagina apretaba mis dedos. Seguí metiendo y sacando. El chochito echaba por fuera, y los dedos chapoteando entre flujos hacían: «¡Chaffff, chaffff, chaffff…! Arqueando su cuerpo, exclamó:

    -¡¡Me cooorro!!

    Segundo orgasmo.

    Al acabar de correrse, y sonando: La vida loca, de Ricky Martin, bajé besando, acariciando, lamiendo y chupando sus pezones sus tetas, su barriguita, su vientre y su ombligo. Lentamente quité los dedos del chochito. Mojados de jugo, los iba a chupar, Diana, me cogió la muñeca, se llevó los dedos a la boca y los chupó. Volví a meter la cabeza entre las piernas de mi sobrina, y con la lengua plana lamí su chochito de abajo arriba. Me detuve en el clítoris y lamí de abajo a arriba, de arriba a abajo, hacia los lados y alrededor. Diana, me cogió la cabeza y movió la pelvis de arriba a abajo a toda pastilla, y en segundos, me dijo:

    -¡¡Me corro, otra vez, tío, me corro otra vez!!

    Le metí la lengua en el chochito y sentí los gemidos de placer de Diana mientras aquella delicia se abría y se cerraba apretando mi lengua. Saboreé los jugos de la corrida, unos jugos con sabor agridulce.

    Al acabar de correrse la volví a besar y Diana volvió a probar el sabor de sus jugos, un sabor que le encantaba.

    Me eché a su lado, y le dije:

    -La cosa va bien.

    -Vas a perder la apuesta, tío, es imposible que me hagas correr seis veces en una hora.

    -Impossible is nothing.

    -Carry on then.

    Tercer orgasmo.

    Se escuchaba: Bulerías, de Bisbal, cuando con una cinta roja en las manos, le dije:

    -Date la vuelta, preciosa.

    Diana, se dio la vuelta, y mientras le ataba las muñecas, me dijo:

    -Ya no hay nada con lo que me puedas sorprender.

    Le até las manos, le di la vuelta. Me puse de rodillas entre sus piernas. La cogí por la cintura y la levanté, la atraje hacia mí y le metí la cabeza de la polla dentro de su chochito. Diana, me dijo:

    -Reconozco que en esta posición nunca lo hice.

    -Para todo hay una primera vez.

    Le hice cosquillas en las costillas. Diana, se retorcía con la risa y la polla entraba y salía de su chochito empapadita de jugos.

    -Caaabrón. ¡Jejeje! -cosquillas- ¡Jajaja! -cosquilas- ¡Jajaja! ¡Cabrón! -cosquillas ¡Jejejejaja…!

    Con el jejeje y el jajajaja, fue metiendo toda la polla dentro del chochito. Llegó un momento en que las cosquillas se fueron, y con ellas las risas, lo que dio paso a los gemidos. Le agarré las tetas, aquellas tetas grandes, con grandes areolas marrones y gordos pezones, aquellas tetas que me traían loco, y la follé al estilo martillo pilón, dando fuerte, hasta el fondo y sin condón «¡Plon, plon, plon…!» Al martillo pilón siguió la metralleta: «¡Ratatata…!» Diana, al ratito, arqueó su cuerpo, cerró los ojos, y exclamó:

    -¡¡Me vengo!

    ¡Y cómo se vino! Parecía que se estaba derritiendo cómo un azucarillo en un café. Mi polla se moría por descargar, pero aún no era la hora. Debía esperar.

    Cuarto orgasmo.

    Dejé que descansara un par de minutos. Se escuchaba la canción: La camisa negra, de Juanes, cuando le dije:

    -Ponte a cuatro patas.

    Sonrió, al decir:

    -No quieres perder tiempo.

    -No.

    Se puso en la posición del perrito, pero con la cabeza apoyada en la cama. Mi lengua cuan gatita cariñosa se fue frotando desde su chochito a su ojete. Le di una palmada en cada nalga. Hice círculos con la lengua en la entrada del ojete. Le lamí la columna, besé su nuca… Mi polla empalmada fue ahora la que hizo círculos alrededor del ojete. Sentí cómo latía. Le metí la mitad de la cabeza. Diana, empujó con su culo y metió la cabeza entera. Dejé una mano en las tetas, y de la otra metí dos dedos dentro de su chochito. Comencé una doble penetración, con mis dedos y con la polla. Tiempo después, Diana, ya estaba otra vez que echaba por fuera, y me dijo:

    -Quita la polla y mete la lengua. Quiero correrme sintiendo tu lengua dentro de mi culo.

    Sus palabras eran órdenes para mi. Saqué la polla del culo y se lo follé con mi lengua. La masturbé cada vez más rápido y un par de minutos más tarde, decía.

    -¡Qué rico, que riiiico, que riiiico, que riiiiico! ¡¡¡Qué riiiiico!!!

    Su ojete apretó mi lengua y su chochito mis dedos, y se volvió a correr, jadeando y entre espasmos.

    Quinto orgasmo.

    Ya llevaba más de tres cuartos de hora follando. Se oía la canción: Que la detengan, de David Civera. Tenía que espabilar o perdía la apuesta. Me levanté de la cama y eché una copa de champán para ponerme a tono… Diana, protestó.

    -¡¿Y yo qué?!

    -¿Quieres champán?

    -Sí.

    -Lo tendrás.

    Volví a la cama con la botella en la mano y derramé champán sobre su espalda. Mi lengua lamió el champán que bajaba hasta su culo, un culo espectacular. Luego, le abrí las nalgas y le lamí el ojete, el periné y la nalgueé… Volví a echar champán en la espalda y lo volví a lamer. Me dijo:

    -Desátame que deseo hacer una cosa.

    Le desaté las manos. Diana, se dio la vuelta, me cogió la botella y se echó un trago generoso, luego puso la botella al lado de la cama. Yo ya me había sentado. Diana, se sentó sobre mis muslos, cogió la polla y la puso en la entrada del ojete. Rodeó mi cuello con sus brazos y me dijo:

    -Veamos quien hace correr a quien.

    Fue metiendo la polla en el culo hasta que llego a fondo. Después me besó y me folló mirándome a los ojos y apretando sus tetas contra mi pecho. Sabía lo que estaba haciendo. Al rato, le devolvía con dulzura los besos apasionados que mi sobrina me daba. Vio cómo se me fueron cerrando los ojos, Antes de correrme, la miré, y le dije:

    -Te quiero.

    Diana, quitó la polla del culo y la metió en el chochito. Sintió cómo me derretía de placer y cómo se lo llenaba de leche. Lo folló a toda mecha… Cuando las últimas gotas de leche caían en su coño, me besó, y le dijo:

    -¡Me voy!

    Se corrió como una bendita mientras comía mi lengua.

    Sexto orgasmo.

    A punto de acabar, y sonando: Colgado en tus manos, de Baute, metí de nuevo la cabeza entre sus piernas y mi lengua en su chochito, chochito que trató de atrapar la lengua con sus últimas contracciones, pero se le escapó y le lamió el chochito de abajo a arriba, arrastrando con ella sus jugos y mi semen. Su clítoris erecto la recibió con gran delicia, ya que Diana cogió mi cabeza con las dos manos y comenzó a mover su pelvis de abajo a arriba, de arriba a abajo, hacia los lados y alrededor, en nada, un grito de placer salió de su garganta:

    -¡¡Arrrggg!!

    Se volvió a correr, y esta vez con una fuerza brutal, ya que su cuerpo sufría unas tremendas sacudidas.

    Al acabar se quedó con los ojos cerrados, cómo muerta, pero con una deliciosa sonrisa en los labios.

    Tumbados boca arriba en la cama, y sonando la canción: Solamente tú, de Pablo Alborán, me recordó la apuesta.

    -Pasaba de la hora cuando me corrí por sexta vez… Perdiste. ¿Cuándo vamos a Bora Bora?

    Le acaricié el cabello, la besé, la miré a los ojos, y le dije:

    -¿Te parece bien mañana?

    Se llevó una sorpresa.

    -¡¿Ya quitaste los billetes?!

    -Y el bungalow ya está pagado.

    – ¡¿De verdad?!

    -De verdad de la buena.

    -No me respondiste.

    Su voz denotaba tristeza, cuando me dijo:

    -No puedo dejar a quien tú sabes sin más. Ni él se lo merece, ni yo soy tan ruin.

    -Fui muy apurado.

    -Fuiste. ¿Dónde está ese bungalow?

    -En Bora Bora, ya te lo dije.

    -Ya, pero en que sitio.

    -Le llaman Sofitel. Está junto a la playa. ¿Quieres el billete de avión? Es de ida y vuelta y tiene validez por dos meses.

    -¿Y si no aparezco? Perderías el valor del billete.

    -Si decides no ir pide que te devuelvan el dinero.

    -Vale, luego me lo das… Ahora te voy a follar hasta que te deje los ojos en blanco.

    Al coger la cinta roja, la polla ya me empezó a latir. Me encantaba que fuese mala, y lo iba a ser. Me ató las manos por las muñecas. Quitó un cordón de uno de mis zapatos y me ató los pies por encima de los tobillos. Se sentó encima de mis piernas, y se rio al más puro estilo Joker de Batman.

    -¡Je, je, je! Así qué el cabrón quería que dejase a mi marido por él. -me pellizcó las tetas- ¡Cuánta prepotencia en un viejo, carajo, cuánta prepotencia!

    -Yo…

    No me dejó hablar, me dio dos bofetadas.

    -¡Zas, zas!

    Me dolieron, carallo si me dolieron. No iba en broma.

    -¡Calla la boca, guarro! Que hasta te gusta tragar tu propio semen.

    -No, que a ti no te gusta probar tus jugos.

    -Me volvió a dar dos bofetadas.

    -¡Zas, zas!

    -¡¿Qué parte de calla la boca no entendiste, sopla pollas?! ¿Sabes?

    -¿Qué?

    -¡Zas, zas!

    -¿Eres tonto o masoquista?

    Al no responderle levantó las dos manos.

    -¡Contesta!

    ¿Qué coño iba a hacer? Si le respondía malo, si no le respondía, peor… Pero mira, como al pegarme las tetas le iban de un lado al otro, y me gustaba verlas, le respondí:

    -¿Te crecieron las tetas, cariño?

    La había sorprendido.

    -¡¿Qué has dicho?!

    -Que te veo las tetas más grandes, más hermosas.

    Su cara de cabreo se hizo más notoria.

    -¡A qué cojo la zapatilla y te doy con ella en la boca!

    -Ninguno de los dos trajimos zapatillas.

    Diana, se volviera a dejar crecer los pelos del chochito, me lo puso en la boca, y me dijo:

    -¡¿Qué no?! ¡Toma zapatilla de felpa!

    No le hice ascuas. Enterré mi lengua en su vagina. Diana, cogió mi cabello y tirando de él, sacudió mi cabeza, hacia los lados.

    -¡¡Vicioso, que eres un vicioso!!

    Se dio la vuelta, volvió a poner su chochito en mi boca, agarró mi polla, y la masturbó y la mamó mientras hacíamos un delicioso 69. Cuando sintió que me iba a correr, me preguntó:

    -¿Dónde tienes los billetes de avión?

    -En el bolsillo interior de la chaqueta.

    -¡Qué vacaciones nos vamos a pasar mi chuli y yo!

    Se me quitaron las ganas de correrme.

    -¡¿No lo dirás en serio?!

    Me dio otros dos cates en la polla.

    -¡Zas, zas!

    -¿Pero tú te pensabas que iba a cambiar los ojos por el rabo?

    Me estaba poniendo nervioso.

    -Deja ya de joder con la pelota, Diana.

    Se enfadó.

    -¡Ay que me ha dicho el maricón!

    -¡¿Maricón yo?!

    -Sí, tú, lame culos.

    Jugó con un dedo en la entrada de mi ojete y sintió cómo mi polla volvía a latir.

    -¿Ves cómo eres maricón?

    Le comí el coño pensando que iba a seguir mamando y jugando con mi ojete, pero no, se dio la vuelta, metió mi polla en su chochito, luego me puso encima de ella, y me dijo:

    -Abrázame.

    -¿Cómo diablos iba a abrazarla si estaba atado? Empujé con la polla hacia abajo.

    -¡Te dije que me abrazaras, mamón!

    -¡Zas, zas!

    Me tenía la cara colorada.

    -Me vas a poner la cara del revés, cabrona.

    -¡Del revés te voy a poner los ojos, cabrón!

    Me folló con rapidez y me azotó el culo hasta ponerlo más rojo que la cara. Me iba sin remedio, y se lo hice saber.

    -¡Ostias, qué me corro, Diana!

    -¡Ni se te ocurra, gallego llorón, a mí no me llena el coño de leche un come mierda… De repente, le vino el gusto a ella.

    -¡Oy, oy, oy, que me corro, qué me, qué me, qué… ¡¡Me corro!!

    Apretándome contra ella clavó sus uñas en mis nalgas. Aguanté como un Jabato hasta que acabó de correrse. Cuando terminó de retorcerse de placer, ya se me había despistado la mía. Lo debió intuir, puesto que metió un dedo dentro de mi ano, se movió debajo de mi, y me dijo:

    -Bésame y dámela.

    -¡Corridón! Comiéndome ella a mi la boca más que yo a ella, eché tanta leche, que sentí como me mojaba las pelotas al no caber más en su chochito.

    Me volvió a follar, y la follé hasta que quedamos rendidos, Antes de echarse a dormir, me besó, y me dijo:

    -Fue bonito.

    -Fue.

    A la mañana siguiente, cuando desperté, Diana, ya se marchara.

    En fin, cómo ella dijo, fuera bonito. ¿Fuera bonito, para ella? ¿Fuera para mí el despertar del sueño más hermoso de mi vida? Era cuestión de esperar… Aunque albergaba una esperanza. Diana, nunca cogía lo que no era suyo, y si no le gustaba el dispendio, el billete de avión que se llevó con ella… Lo dicho, era cuestión de esperarla en Bora Bora.

    Comentar no es perjudicial para la salud.

    Quique.

  • El hermano famoso de mi novia (Parte I)

    El hermano famoso de mi novia (Parte I)

    Estamos a punto de casarnos con mi novia, ya tenemos fecha, iglesia, salón, fotógrafo, modista para el vestido y mi traje.

    En unos dos meses será el gran día. En uno de los almuerzos de familia, mi suegra se quiebra y entre lágrimas dice a la familia que el difunto padre de mi novia le había sido infiel muchas veces, y que tenía otros hijos extramatrimoniales por varios lados.

    La pobre suegra lo tenía como una carga, tenía que desahogarse porque todos hablaban de lo bueno que había sido el padre de la novia.

    Más calmados, comienza a decir que uno de los hijos se contactó con ella porque quería conocer a sus hermanos.

    Resulta que el nuevo hermano era un famoso, un carilindo agrandado que hasta hace de modelo. Nadie lo podía creer, mi novia lo odia, dice que es un creído insoportable.

    La noticia cae como balde de agua fría, todos diciéndonos que no era necesario invitarlo a nuestro casamiento, solo había que ir conociéndolo de a poco, es solo medio hermano, parte de sangre de la familia pero no por eso es parte.

    Llega el día que viene a conocer a la familia, este famosito llega en un auto último modelo muy llamativo.

    Lo saludamos, yo lo mire con cierto recelo, tampoco lo aguantaba como famoso, y ahora lo teníamos que tener en la familia.

    Sorprendentemente saluda con timidez, hasta con lágrimas en los ojos, compungido por conocer a parte de su familia que le negó el finado padre.

    Los prejuicios se caen y todos comienzan a abrazarlo, de repente les cae bien a todos, les cae simpático, le hacen chistes. Entre preguntas sobre la familia se mechan preguntas sobre la fama, la farándula y el jet set.

    Comienzan a pasarse los whatsapp, algunos hasta descaradamente manguean algún laburito en el medio.

    Ahora a mí me da vergüenza la familia cómo se comporta. Pero bueno es entendible, es un familiar ahora y encima famoso.

    Él era joven, rico, y además tenia facha. La ropa le quedaba calzada, y los accesorios parecían hechos para él, los lentes, el reloj, hasta el iPhone x

    Tenía algo así como 30 años, mi novia y yo rondábamos los 23.

    Llega la hora de hablar de nosotros, de nuestro casamiento, hablamos de cómo nos conocimos y como nos llevamos y mi novia salta y dice «obvio que estas más que invitado» me mira y sigue «verdad mi amor?».

    Que se puede responder ahí? No queda otra que decir que si, si ella la tomo la decisión.

    El medio hermano famoso dice que va pero solo si le permiten presentarle un diseñador que le hace la ropa a él.

    Interrumpo diciendo que no es necesario, que ya estábamos hablando con una modista, él dice que no nos preocupemos, que si nos cobra algo él lo cubre. Pero que era la primera vez que tenía una hermana y quería ayudarla.

    Cuando dice el nombre de su diseñador, los ojos de mi novia se transforman en platos, su sonrisa no le entra en la cara. Esta emocionada.

    Días siguientes yo hablo con la modista, me re putea, trato de que no nos cobre todo, me sigue puteando, hasta en un momento el esposo toma el teléfono y dice que me va a cagar a trompadas, que no se juega con el laburo de la gente, etc.

    Tras largos minutos de comerme puteadas, terminamos arreglando para dejarles el adelanto y nada más. Mi novia? Esta con el diseñador nuevo.

    Mi nuevo cuñado la llevo todo el día por sus lugares.

    Comienzo a seguirlo por las redes sociales, miles de chicas se le ofrecen, le comentan guarradas, le dan likes, etc. A él le gusta mostrar todo lo que hace en el día.

    En eso veo que hay un video en vivo, él en una sesión de fotos de ropa interior.

    Se lo ve aceitado, con luces, y un bóxer al cuerpo que se transparenta y toma la silueta del bulto. Quien filma recorre el cuerpo, de arriba hasta abajo y vuelve a subir, se detiene unos segundos en su bulto. Luego sigue hasta arriba, hace zoom en su cara de nene lindo.

    Filma su espalda, y hasta el culo, de repente se escucha una risita. Es la risa de mi novia.

    Inmediatamente la llamo, no me atiende. Me agarran unos celos, que me pongo a buscar donde está haciendo la sesión para cagar a trompadas al famoso hermano. Allí caigo y digo, que soy un exagerado y un perverso. Como voy a ponerme celoso del hermano de mi novia, por más que recién lo conozca, nadie tiene la mente tan podrida como para pensar eso.

    Sigo mirando la transmisión en vivo, veo que muchas comentan las ganas que le tienen al famoso nuevo cuñado. También hombres, se ve que a todos les gusta.

    Para mí que es gay, seguro que se hartó de las minas que tiene y se la come redoblada.

    De repente leo en un comentario «ah ese es el (lugar) muy lindo» inmediatamente con ese dato, salgo disparado en mi auto. Manejo desquiciadamente.

    Llego en 15 minutos, les digo a los de la entrada que mi novia esta ahí con el famoso, se ríen, no me creen. Y uno dice «dejaste a tu novia con él?» son patovas, no me da la nafta para hacerme el guapo.

    Doy la vuelta y en una entrada de emergencia veo mi oportunidad de entrar al edificio, metiéndome por pasillos oscuros y por escaleras de emergencia llego hasta el piso donde están supuestamente.

    Camino por un pasillo donde hay varias personas, finjo ser del lugar, llego hasta una puerta vidriada, allí junto a otros y otras me asomo para ver dentro.

    Las fotos parecen haber terminado justo, el sigue en ropa interior, habla con mi novia de cerca, ella esta con un vestido corto azul. Parece haberla convencido de que le hagan unas fotos. Se ríe, posa, y el fotógrafo profesional la va cacheando. El le dice que se suba un poco más el vestido, que se vea la redondez de su cola.

    Ella obedece a su famoso medio hermano. En un descuido se le ve la tanga celeste y se disparan los flases como ametralladora.

    El medio hermano famoso da un paso al frente, se mete delante de la cámara, posan juntos. Ella pone su mano en sus pectorales. El en su cintura. Él le saca una cabeza, ella lo mira desde abajo, mira su boca, El domina el ambiente, mira a un punto fijo en el suelo, con su mejor perfil, ella muerde sus labios, mientras baja su mano hasta tocar sus abdominales bien marcados.

    Luego de unas fotos, se despegan, mi novia baja su mirada hacia donde tocaba, y se queda embobada mirando el bulto del nuevo medio hermano.

    Se separan definitivamente, el camina en busca de su bata, ella lo mira desde atrás, mira su espalda y su culo, sigue mordiéndose el labio inferior. Tiene su vestido levantado aun, se le ve la tanga celeste, parece no darse cuenta.

    Ella camina delante de su famoso medio hermano, y le dice algo, sigue caminando dándole la espalda, su vestido levantado en esa perspectiva le da vista perfecta a la redondez inferior del culo de mi novia. Puedo notar como su medio hermano se lo mira descaradamente.

    Me da bronca porque tiene miles de culos de modelos para mirar y se lo mira a la puta de mi novia, que encima es su media hermana de sangre.

    Se abren las puertas, empiezan a salir maquilladoras, iluminadores, y un montón de cholulos, yo aprovecho para meterme y quedarme atrás de unos trastos en la oscuridad. Comienza a llegar la seguridad y abren paso porque llega el diseñador junto con 3 monos que le traen todos sus elementos.

    Con mucho histrionismo el diseñador se saluda con el nuevo familiar famoso y presenta a mi novia, hablan y se ríen, ella esta cholula, feliz de lo que está viviendo. El diseñador dice que esto solo lo hace por él, el famosito. Porque tiene la agenda ocupada. Así que no hay que perder tiempo. Improvisan un biombo, le dice que se saque el vestido que quede en ropa interior.

    El nuevo medio hermano le dice que si quiere se va, ella le dice que no.

    Esta con su conjuntito, una tanga celeste y un corpiño del mismo color, uno de sus conjuntitos más caros que tiene. Lógico, iba a hacer una prueba con el diseñador.

    El diseñador le hace probar como 5 vestidos, le pregunta cosas, le recomienda cosas, le habla de posturas, todo eso ante la mirada del famoso hermano, que seguía en bata.

    Eligen uno, y comienza a trabajar, hablan de lo que van a cortar de lo que van a agregar, hace marcas, pone alfileres, Ella esta hermosa.

    El diseñador le dice que ya tiene todo lo que necesita, que se lo saque y que se mantendrá en contacto para tenerlo lo antes posible.

    Se despide de ambos, evidentemente le estaba haciendo un favor. Sale con sus colaboradores rápido.

    Mientras queda mi novia con su vestido azul corto, su medio hermano famoso con su bata, y en teoría nadie más. Solo yo testigo sin permiso en la oscuridad.

    El famoso medio hermano se acerca a la puerta, habla con los de seguridad, ellos despejan todo el pasillo y se retiran.

    Yo no sabía qué hacer, me quedaría encerrado en el lugar, como diría que estaba ahí? Como justificaría al otro día cuando abrieran el espacio que yo pase una noche porque me metí sin permiso como un ladrón? Como reaccionaria mi novia, mi familia?

    Estaba a punto de dar la cara, salir de la oscuridad antes de que ellos se fueran y admitir el bochornoso comportamiento de novio celoso, cuando veo que se van hacia el centro del salón.

    El la llena de elogios, dice que yo tengo suerte por tenerla, le dice que le queda bien el color celeste, una mezcla de inocencia y de putita.

    Ella se ríe tapándose la boca, se pone colorada. Le dice a el que sabe bien que le quedaba bien cada bóxer que uso en las fotos, no importaba el color, pero para que le va a decir que le quedaban bien si tiene de cosecha cuanta modelo él quisiera.

    Él se saca la bata, agarra el pantalón para ponérselo, todo delante de mi novia, ella dice entre dientes un claro «que lastima que somos hermanos»

    Esas palabras se dijeron entre dientes, en voz baja, pero fue claro, la acústica del lugar y el silencio lo magnifico y retumbo por todas las paredes.

    El la escucho sin dudas, si yo lo escuche, el mucho más claro y fuerte.

    «Sabes? Necesito una foto para mis redes sociales» le dice el famoso medio hermano.

    Ella toma el celular y pregunta como será la foto, él le dice que gana mucho con sus abdominales, así que le pide que se arrodille y desde abajo le tome los abdominales, mientras el mira hacia el horizonte.

    Ella obedece, está temblando, le cuesta enfocar, le cuesta sacar fotos, respira agitada, el aún no se puso su pantalón, esta con el bóxer transparentoso a centímetros de la mano de mi novia.

    Salen borrosas las fotos, no le convence al famoso. Le propone otra cosa entonces, la foto la tomara él.

    La foto son las uñas de mi novia, con su anillo de compromiso en sus abdominales bajos, rozando el bóxer.

    Ella duda un instante, pero obedece como toda puta.

    Arrodillada, con la cara a centímetros del bulto de su medio hermano, con su mano derecha y su anillo de compromiso brillando, tocando los abdominales de su hermano.

    Sube y baja, sus yemas y sus uñas recorren la división de cada abdominal, salen las fotos, salen los flashes, ella toca con sus uñas el elástico del bóxer que trasluce.

    El bulto del bóxer comienza a inflarse, la tela de nylon comienza a mostrar las bondades de la expansión sin romperse. Se nota bien claro el tronco del miembro de su hermano como ha crecido, se nota lo ancho que es, se notan los huevos como se agrandan, suben y bajan acomodándose en el bóxer.

    El con su otra mano le acaricia la cara, su pulgar juega en sus labios, labios que se ponen rojos, y se separan dejando salir el aliento caliente propio de la situación. El dedo de su hermano juega de un lado al otro, del labio superior y el inferior, ella abre un poco su boca invitándolo a aventurarse en su boca.

    El pulgar de su hermano se mete dentro de la boca de su hermanita, ella arrodillada tiene su vestido subido solo hasta cubrir su tanga, no hay pose más sexy que esa, el vestido no sube más, no se ven las nalgas, no se ve la ropa interior tan solo por un par de centímetros, parece estratégicamente colocado de esa manera, un bretel por la fuerza de gravedad cede y cae hacia el costado de su hombro.

    Ella succiona el dedo, su lengua lo reconforta.

    Su mano en su bóxer sin bajarlo comienza a recorrerlo tímidamente, por arriba de la tela sus dedos prueban su forma, su calor, nota el grosor, nota todo el largo que tiene, cuando comienza a apretar un poco más, cuando está sintiendo y pesando los huevos de su hermano, la pija de su hermano explota en tamaño abriéndose paso hacia arriba, venciendo el elástico.

    Una cabeza enorme rosada se asoma, brillando con líquido preseminal.

    Es una imagen pornográfica, ella de rodillas, comienza a elevarse, su vestido hasta donde comienzan las nalgas, un bretel caído, el dedo pulgar de su hermano por completo dentro de la boca de su hermana, una mano de ella en su muslo musculoso, el otro en los huevos y en la base del tronco de la pija por la tela del bóxer como protección. La cabeza de la pija que se presenta y brilla iluminando toda la escena.

    Y cuando ella se toma todo el tiempo para subir por el tronco con sus dedos y uñas cuidadas, la transpiración comienza a iluminar ambos cuerpos. Segundos interminables faltan para que ella pueda tocar el glande de su hermano.

    Y en ese instante se prenden las luces del pasillo, yo me hago una bolita atrás de unos trastos, mi novia se pone de pie inmediatamente y se acomoda el vestido y trota buscando su cartera, el hermano famoso tranquilo camina buscando su pantalón.

    Ella tiembla, se tapa la cara, le dice que se tiene que ir, se lo dice tartamudeando, se pone los tacos y sale corriendo.

    El hermano famoso se termina de vestir, y habla con él seguridad que encendió las luces.

    Se despiden cierran el lugar, apagan las luces. Y me quede encerrado.

    (Continuara)

     

  • Frutera de día, mujer infiel de noche

    Frutera de día, mujer infiel de noche

    Todo comenzó un viernes por la tarde, yo salía de trabajar y de camino pasé por una frutería para llevarme algo de fruta a casa porque no tenía nada de postre que comer, cogí unas bolsas para servirme según fuera necesitando y así tener la nevera un poco llena de comida sana.

    Al entrar en dicha frutería pude ver que no había nadie en ese momento, también tenía que entender que era una hora no muy buena para que hubiera gente en ese momento, la señora frutera que estaba allí se ofreció a despacharme mientras que su marido estaba colocando fruta en la trastienda de la frutería, mientras la señora me iba atendiendo pude darme cuenta de reojo y sin que ella se diera cuenta que yo me fije que me estaba mirando el paquete que yo tenía entre las piernas.

    Ella ni corta ni perezosa hizo como que se le cayo una fruta al suelo, se agacho a por ella y justamente me tenía a mi delante cuando se levantó, yo que tampoco quitaba el ojo de su escote de su delantal pude ver sus grandes pechos que se escondían tras la camiseta que tenía debajo de su uniforme de trabajo, al ponerse de nuevo de pie con su mano toco mi abultado paquete que tenía yo, pasado un buen rato y yo con la cesta llena de fruta; fui directo a la caja para que la señora me cobrase lo que había comprado, ella comenzó a pesarme la fruta y al terminar de cobrarme me dio un papel escrito con su número de teléfono a bolígrafo, me dio el tiquet de compra con su número de teléfono por detrás de dicho papel donde decía escríbeme justo debajo de su número.

    Me despedí de ella hasta el otro día disimulando de su marido para que no se percatase de dicha acción de su mujer, llegue a casa y la escribí que a qué hora la vendría bien quedar?

    Ella no tardo ni 5 segundos en responderme con la respuesta: Quedamos a las nueve y media justo al lado de la frutería; su tienda, me puse a comer, seguidamente de una buena ducha y un ratito de siesta, me levante y me fui vistiendo para salir a dar un paseo y así hacer tiempo hasta dicha hora que me había dicho la señora frutera.

    Llegado el momento de quedar, fui donde ella me dijo y allí que estaba ella con el cierre de la tienda a medio cerrar, se asomó y me dijo que entrara, bajo el cierre para que nadie supiera que estábamos allí dentro y comenzó la señora a tocarme el culo mientras me besaba una y otra vez, se sentó sobre unas cajas vacías que por allí había y comenzó a bajarme la cremallera seguidamente desabrochando mi pantalón, bajo mi pantalón y bóxer hasta el suelo y empezó a pajearme la polla con una suavidad relajante, minutos después mi polla estaba durísima y la frutera con sus tetas al aire libre, comencé a tocárselas al mismo tiempo que ella me la estaba chupando a mí, yo no para de jadear de la forma que me la estaba mamando, se terminó de desnudar y me dijo que la follara el culo tan fuerte como pudiera porque así ella podría darla más placer aun.

    La tumbe sobre unas cajas en forma de mesa y patas arriba la introduje mi polla por su afeitado coño, aquello era demasiado, escucharla gritar de placer era increíble, yo con mis manos en sus tetazas y empujando para adentro y para afuera, no quería que ese momento terminara, a punto de correrme saque mi polla de su coñito y la puse a cuatro patas, la volví a follar el culo hasta correrme del todo para que así mi semen cayera dentro y fuera de su gran culazo, ella se sentó sobre las cajas y volvió a chupármela para escurrir mi polla en su boca y así terminar una jornada completa de trabajo.

    Yo me coloque el pantalón, me lo abroche y me fui de ahí para no levantar sospechas de que había estado esa noche con la dueña de la frutería, mientras su marido se había quedado en casa viendo el futbol en casa, yo había disfrutado de su mujer como nunca antes su marido había disfrutado con ella, así estuvimos días y días y su marido sin enterarse.

    FIN

     

  • La zorra que le encanta excitar a su padre

    La zorra que le encanta excitar a su padre

    Mi nombre es irrelevante, pero ustedes me pueden llamar No, si así lo prefieren. Estoy aquí para escribirles una pequeña historia.

    Les describiré mi aspecto, para que puedan imaginarme mejor: soy una mujer de 18, con el cabello café oscuro y largo, ojos cafés oscuros y piel blanca, con un cutis casi perfecto. Soy delgada, pero para mi suerte tengo un buen busto y un trasero grande. Mis labios son rellenos y rosas y por último, mi estatura es de 1.52 cm.

    Ahora, empecemos a hablar de mi experiencia sexual con mi papá.

    Era una tarde relativamente tranquila, mi mamá estaba de viaje por su trabajo y mi papá se quedó a cuidarme como siempre. Yo y mi papá siempre nos llevamos bien, tan bien que a pesar de tener 18 todavía me sentaba en su regazo para que él me consintiera. La verdad es que siempre estuve atraída físicamente por él, pero nunca pensé que algo así podría pasar.

    Como decía: era una tarde relativamente tranquila, yo estaba en la sala, acostada sobre la alfombra boca abajo viendo la tele. Estaba usando unos shorts deportivos, que hacían que mi trasero se viera bien y una camiseta blanca, que dejaba ver un poco mis pezones. Usaba ropa levemente provocativa para tratar de calentar a mi papá, aunque siempre pensé que era algo imposible, pero aun así era divertido pensar en que yo le excitaba. Mi papá salió de la cocina con un vaso de agua y se sentó en la silla en frente de mi, dándole una vista aún mejor de mi trasero. En cuanto lo vi sentarse sonreí de lado y me levanté.

    –Papi ¿Puedo sentarme en tus piernas para ver la tele? –pregunté, con la mejor voz de inocencia.

    –Ya sabes que si cariño, siéntate en el regazo de papi –por alguna razón, llamarlo papi siempre me excitaba, por lo cual trataba de decirlo cuántas veces podía.

    En cuanto mi papi me dio permiso de sentarme en sus piernas obedecí. Me senté en su regazo y pude sentir levemente su pene contra mi trasero, lo cual me mojo un poco. Con la excusa de acomodarme empecé a mover mi trasero sobre su pene hasta sentir como se ponía erecto. Pensé que papá se iba a enojar o apartar o algo, pero en cambio lo único que hizo fue poner sus manos en mi cadera y moverme un poco el mismo contra su pene, lo cual me excito aún más. Está vez, sin tratar de disimularlo, empecé a moverme más fuertemente y rápidamente sobre él, mientras sentía como cada vez me mojaba más. Papá se acercó a mí oreja y me susurró:

    –te gusta eso, ¿Verdad puta? Te gusta sentirme duro sólo por ti, solo por su hijita –me dijo mi padre, lo cual me hizo soltar un gemido– así es cariño, solo eres una zorra –dijo el, después subió una de sus manos hasta mis grandes pechos y los apretó, lo cual me saco otro gemido.

    –Si Papi, me encanta que me toques, me encanta ser tu zorrita –respondí yo con entusiasmo y mi papá soltó una pequeña risa.

    –entonces esto te va a gustar más, pequeña zorrita.

    Después de que dijo eso, me quito de su regazo y me puso en el suelo en cuatro patas, para después bajar mi short con todo y con mi ropa interior. Después de eso, me dio una nalgada la cual me hizo soltar un gritito seguido de un gemido.

    –Papi –rogué– por favor, hazme sentir bien, por favor.

    Mi papá solo rio de nuevo y bajo hasta que su cara estuvo a la altura de mi vagina y acto seguido empezó a lamer mi vagina, metiendo debes en cuando su lengua dentro de mi y otras veces jugando con mi clítoris. Mis gemidos y el sonido de mis fluidos era lo único que se escuchaba en la casa.

    –¡Si! ¡Papi! ¡Más, por favor! –Grite mientras trataba de moverme para darme más placer– follame con tu lengua ¡Hazme sentir bien con sólo tu lengua!

    Y eso hizo, siguió lamiendo mi vagina, hundiendo su lengua dentro de mi para sacarla y empezar a jugar con mi clítoris, haciendo círculos alrededor de él. Extendió una de sus manos y empezó a apretar mis pechos y jugar con mis pezones. Los jalaba y retorcía lo cual solo me saco aún más gemidos. De vez en cuando con su otra mano me daba fuertes nalgadas lo cual me hacía retorcerme de placer. Siguió con esta rutina hasta que no pude más

    –¡papi! ¡Me voy a correr! ¡Papi! ¡Si! ¡Más! ¡Dame más! –suplique mientras llegaba a mi clímax, corriéndome en la boca de mi progenitor. Mi papá simplemente siguiente lamiendo hasta que deje de correrme y se separó de mi. Acto seguido, abrió su cierre y sacó su pene de su pantalón, mientras se masturbaba sobre mi trasero. Un par de gruñidos salieron de él hasta que se corrió sobre él, soltando todo su semen sobre mis nalgas, decorándolas con su semilla.

    –mmm, si, pequeña puta, toma mi semen, todo esto es para ti, todo esto es solo para disfrutarte y hacerte sentir placer –mascullo mi papá y acto seguido se paró, me dio una última nalgada y se fue, dejándome sobre la alfombra, llena de su semilla, con mis propios fluido bajando por mis piernas y extremadamente cansada.

  • De cómo me follaron en la oscuridad de las catacumbas

    De cómo me follaron en la oscuridad de las catacumbas

    Quienes hayan leído mi relato sobre mi trío con mi ex novio Vicente y su amigo Rodrigo ya sabrán que dejamos pendiente una salida al monasterio del Desierto de los Leones.

    El lugar es una monada, un monasterio de la orden de los Carmelitas Descalzos construido en 1606. Se ubica en medio de un espeso bosque arriba de las montañas que bordean la ciudad de México y el clima allí es bastante frío (3700 metros sobre el nivel del mar) y húmedo.

    Los chicos decidieron invitarme allí un martes por la mañana por lo que habría muy poca gente. El lugar es bastante bien conocido y se llena los fines de semana, para los planes que nosotros teníamos eso no funcionaba y decidimos ir un martes faltando a nuestros cursos universitarios.

    Ese día la ciudad amaneció con fuertes lluvias y bastante frío, lo cual arruinó mis planes de llevar un short de jeans raído y una playerita de tirantes que al caminar y vista de perfil deja entrever gran parte de mis tetas hasta el inicio de los pezones. Decidí retar al destino y al final me puse ese short, que oculte con un pantalón de jeans normal y un suéter de lana con cuello de tortuga. Si el tiempo mejoraba podría deshacerme de mi ropa de frío y quedar expuesta para provocar a los chicos. Todos sabíamos a qué íbamos y en dónde lo haríamos pero nadie decía nada.

    Había cierta tensión en el carro mientras atravesábamos la carretera internándonos en el bosque. Llegamos como a las diez de la mañana y saliendo del coche nos dirigimos a uno de los restaurantes del rumbo a desayunar y saborear un exquisito café de olla con canela para hacer los cuerpos entrar en calor. La neblina era ya espesa cuando entramos al monasterio y nos dirigimos a donde los tres sabíamos que iríamos: a las catacumbas del monasterio. Antes de entrar nos fumamos un porro que hizo Vicente y yo me dirigí al tocador.

    Allí me bajé los jeans quedándome sólo con el short raído de jean y el pantalón me lo guardé en la mochila escolar que llevaba. El suéter me lo dejé pues el frío si bien no intenso sí calaba. Con los sentidos embotados y los ojos rojos salí del tocador y me encamine hacia los chicos. La cara que pusieron los chicos al verme se iluminó cuando me vieron.

    -Te ves buenísima pinche Amanda -dijo Vicente.

    -No te la vas a acabar, te vamos a dar hasta por las orejas allí adentro -dijo Rodrigo.

    Mi vagina ya estaba segregando y pulsando al tiempo que sentía maripositas revoloteando en mi estómago. El momento y el lugar parecían los de una película gótica. Me sentía casi como una sacerdotisa que se ofrecía en holocausto ante un par de pervertidos monjes. Era el cordero que sacrificarían mientras invocaban a Eros y con sus dagas afiladas penetrarían mis entrañas.

    Entramos a las catacumbas a tientas, la entrada era bastante resbalosa por el lodo de la lluvia y, tomados de las manos los tres, yo en medio, avanzamos hacia la penumbra de las catacumbas. Apenas dejamos atrás el último haz de luz del exterior comencé a sentir las manos de los chicos empezar a recorrer mis nalgas. Cruzamos las primeras tres galerías caminando a tientas e interrumpiendo el camino en ocasiones para ser basada primero por uno y luego por el otro.

    -Tengo frío -les dije en voz muy baja.

    A lo lejos se oía el eco de voces provenientes de otras galerías.

    -Ahorita te calentamos -dijeron los chicos rodeándome uno por delante y otro por detrás.

    Mi short cayó al suelo y yo les saqué el falo a los dos. En total oscuridad me hinque en el suelo lodoso de la galera y me tragué la verga uno y luego la del otro. Mientras se la mañana a uno se la jalaba al otro. Así estuve unos minutos hasta me pusieron de pie, me llevaron a un rincón y allí me rodearon entre los dos dejándome a mi en medio con el falo de Vicente (atrás de mi) entre mis piernas y el falo de Rogelio (ya húmedo) punteándome los labios vaginales deliciosamente.

    Dios, estar con dos chicos es la gloria, doblemente más intenso que con uno -recuerdo que pensé. Debería ser la regla en la vida, que cada hembra posea dos machos, podemos con eso y con más. Sabíamos que había gente, no mucha, en las galerías de los alrededores porque podíamos escuchar los ecos de las voces de estudiantes que bromeaban, pero no sabíamos que tan lejos o cerca, por lo que Vicente, Rogelio y yo hacíamos lo que podíamos para hacer lo que estábamos haciendo con el menor ruido posible, pero todo se complicó cuando Vicente me puso frente a la pared de espaldas a él y me la metió, allí ya no pude hacer mucho y ciertos gemidos se me salían involuntariamente.

    Fue cuando Rogelio se metió en medio de mis brazos con los que me sostenía en el muro y, estando yo encorvada recibiendo las estocadas de Vicente, se puso frente a mi y con sus manos guio mi cabeza para que le comiera el rabo. Gracias a tener la boca ocupada pude callar parcialmente mis gemidos y así continuamos un rato cuando casi al unísono sentí en mi vagina lo caliente de sus mecos y los lechazos en mi garganta.

    Jadeando los tres como perros recién eyaculados, me fundí en ellos en un tri beso de puro amor. En mi albergaba la leche de los dos mejores amigos.

    Fue una tarde maravillosa, yo con dos novios paseándome por todo el monasterio mientras uno u otro me iba metiendo mano en las tetas o la concha ante la mirada atónita y envidiosa de las demás chicas que andaban con el novio. Yo esa tarde tuve dos.

  • Tía, fue sin querer, queriendo

    Tía, fue sin querer, queriendo

    Cuando llegó el cumpleaños número 50 de mi madre ella no quería festejarlo por la vanidad femenina de que le digan vieja, pero ponía como excusa el costo de la fiesta, así que sólo quería algo discreto e íntimo en la casa, pero mi padre quería darle una sorpresa ese noche y sin que ella supiera le organizó su cumpleaños.

    Cuando mi madre menos lo esperaba llegaron los mariachis y le cantaron unas canciones y ahí mismo llegó mucha familia de ella, sus hermanas, primas, tías, etc., con regalos, la abrazaron y empezó la fiesta, había mucha gente, todo era baile alegría y tragos.

    Cuando eran las tres de la mañana yo ya estaba muy cansado me fui a dormir porque de seguro luego la casa quedaría todo un desorden y me dormí, pero luego unos gritos y ruidos me despertaron y fui a ver qué había pasado y mi tía Ana María se había peleado bien feo con su esposo porque este había estado bailando muy seguido y coqueteando con otra mujer y se puso a llorar así para evitar problemas se fue mi tío dejando a su esposa y cuando esté más calmada recogerla.

    Unas horas más continuó la fiesta y luego la gente se fue retirando mis padres estaban muy contentos y borrachos y se fueron a dormir el problema ahora fue mío porque mi tía quería seguir toman y bailando y no sabía qué hacer con ella ahora, la tía Ana María era la prima de mi madre tenía 43 años y siempre cuidó su imagen yendo al gimnasio para estar muy bonita para su esposo por consecuencia tenía un cuerpo espectacular de tetas grandes y muy buen culo. Cuando le dije a mi mamá ahora quién la iba a cuidar me respondió…»Hijo por favor encargarte tú, pero no la dejes sola. Gracias» y se fue a dormir, mi tía me jalaba para bailar y bailamos un poco, pero luego ella puso una balada de los 80’s y me jaló hacia ella.

    Bueno le tenía respeto por ser mi tía, pero uno tampoco deja de sentir y menos a los 19 años cuando su cuerpo se sentía tan cerca al mío, sus tetas en mi pecho y su respiración hicieron que rápido se me pusiera dura la verga, bueno, me dije, unas sobadas no estarían nada mal y harían daño, pero ella también sentía la dureza de mi sobando su bajo vientre y empezaba a moverse sugestivamente hasta ahí no había peligro pero luego mi tía cuando se volteó y me puso su enorme trasero a mi disposición y sus brazos rodeaban mi cuello

    Ella estaba muy caliente y en su borrachera no se daba cuenta a quién le bailaba tan hot, ella siempre me había gustado mucho y jamás me hubiera imaginado ni en mis mejores sueños tenerla así bien arrecha y borracha moviendo su culo en mi erección, había que aprovechar el momento que era más seguro no se volvería a repetir.

    Mis manos tocaba sus caderas y besaba su cuello y luego fueron subiendo y magreaban sus ricas tetas, apague algunas luces en la sala y bajé el volumen de la música y seguí bailando con ella, sus movimientos desde caderas eran muy buenos cada vez me sorprendía más mi tía, luego ella buscó mis labios y nos besamos apasionadamente era toda una hembra madura con mucho fuego en su interior.

    Su mano la fue bajando en busca del falo que tanto deseaba y no había necesidad de decirle algo, ella sabía muy bien que hacer se arrodilló a mis pies y aflojó la correa del pantalón y luego bajó el cierre y le dio la libertad a la verga dura que salió apuntando hacia arriba y comenzó a darle unos lenguazos al glande unos segundos para luego tragarlo.

    No había duda de su experiencia dando sexo oral sus boca se cerraba y apretaba ligeramente la verga dándome sensaciones nuevas a sus 43 años fácil podía ser la protagonista de una película porno, su lengua luego la pasaba por los huevos y volvía a la felación con una gran maestría, algunas arcadas tuvo pero eso para nada la detenía al contrario parecía darle más ánimo para continuar chupando hasta que al final logró lo que temía y llegó al clímax del placer y eyacule completamente en la boca de mi tía.

    -Aggg… siii. Ayyy ya vieneee ohhh…

    Que ella capturó casi todo el semen y se le escapó algunas gotas por la comisuras de la boca pero luego continuó chupando como si fuera un helado de su sabor preferido.

    (Continuará)