Autor: admin

  • El FTM en el parking

    El FTM en el parking

    Por fin iba a hacer realidad una de mis fantasías eróticas.

    Sin perder la calma, me duché bien duchado, me sequé y me vestí con una camiseta friki de Dragon Ball, unos tejanos y mis zapas favoritas. No sin antes ponerme mis calzoncillos de la suerte sexual. Sí, tengo calzoncillos de la suerte para el sexo, así de friki soy. Pillé también la cartera y más llaves y salí de casa poniendo la dirección en el GPS del móvil, sorprendiéndome de ver lo cerca que tenía mi cita. ¿Cómo era posible que tuviese un chico trans a solo seis minutos de mi casa y nunca lo hubiera sabido?

    Lo conocí en una de esas páginas web de citas sexuales. Su foto de perfil solo mostraba su vagina y eso me hacía la boca agua. Hemos estado un par de semanas charlando intentando quedar pero, hasta ahora, nada de nada. No recuerdo su nombre de usuario y, ni siquiera conozco su nombre real. Pero claro, él tampoco el mío. Mi nombre de perfil era Vegeta31 pero, en mi foto, si aparecía yo, descamisado, mostrando mi torso musculado y con algo de vello; donde hay pelo hay alegría. Y soyftm2002 pensaba igual. Eso sí, gracias al chat, sé cómo es.

    La verdad es que el rostro era totalmente masculino, no había indicios de feminidad por ningún lado; lo mismo que en el torso, algo fibrado y también con vello, ni siquiera se le notaban las cicatrices de la operación de extirpación de pecho. Tenía unos ojitos azules decorados con gafas y barba, y un cabello corto teñido de un rubio que parecía natural. Tampoco tenía caderas, aunque no sé si es por su tipo de cuerpo delgado, o porque se ha hecho algo para verse más masculino.

    Lo único que denotaba que antes era una chica, era la vagina, la cual seguía en su sitio sin cambios, con labios gruesos y abultados; una rajita de aspecto delicioso. Lástima que la cita tenía que ser visto y no visto, e íbamos a ir al grano que, si no, menudas lametadas metería a ese rico chochito.

    Salí con tiempo, le di al botón de iniciar en el GPS, no para no perderme, sino para ver mucho mejor por donde iba y, en seis minutos de verdad, estaba en el portal. El trans me dijo que la puerta siempre estaba abierta, así que entré sin más y seguí las instrucciones que me pasó para llegar a donde habíamos quedado; no sin antes avisarle de que ya estaba allí.

    -Vale, guapo, ahora bajo -me respondió.

    El edificio era de esos que tenían un patio interior. Lo pasé hasta el final donde estaba el ascensor que daba llevaba al parking y esperé hasta que se abrieron las puertas, me metí en el ascensor, piqué el botón de la segunda planta hacia abajo, y el ascensor comenzó a bajar chirriando. Mi polla me molestaba en los pantalones de la erección que ya llevaba. Cuando llegue a la zona de aparcamiento, me dirigí a la derecha, hasta el final. Eso era parte, también, de las instrucciones. La excitación era tan alta que, en lugar de tener miedo por estar en una zona tan poco iluminada, donde podría haber sido todo una trampa para asesinarme, que iba ilusionado. Hasta podría ponerme a saltar y todo por ello, aunque lo dejaré para cuando termine. Señal de que, realmente, he follado un chico trans con coño como muchas veces he pensado mientras me masturbaba. ¿Es cosa mía o parezco un crío?

    Cuando llegué al lugar, esperé observando hacía la puerta para comprobar que sí venía alguien. Mientras esperaba, con una de mis manos, me acariciaba la erección. Entonces tuve que dejar de hacerlo porque una figura apareció. Por suerte no creo que se diera cuenta de nada porque tiró hacia el otro costado.

    Volví a las caricias a mi polla. Me estaba impacientando, y eso que no habían pasado ni diez minutos. Entonces apareció otra figura, una algo más pequeña que la otra, y se me acercaba. No paré de tocarme, algo me decía que era él, soyftm2002. Y, en efecto, cuando el chico estuvo a mi altura, se lanzó y me besó metiendo su lengua y jugando con la mía. Me dio una palmada para quitar mi mano de mi entrepierna y fue él quien se dedicó a manosear mis partes.

    -Ven -susurró.

    Y nos dirigimos detrás de unas columnas.

    Se arrodilló y me desabrochó el cinturón y los pantalones, liberando mi erección, que no tardó en engullir con fruición.

    -Oh, sí -murmuré sin levantar la voz.

    El muchacho la chupaba de perlas. Pero, en pocos minutos se la sacó de la boca porque teníamos poco tiempo. Él se desnudó de cintura para abajo obsequiándome su coño delicioso que me moría por probar. Me bajé los pantalones y el calzoncillo, dejé que me pusiera un condón, se puso cara a la pared arqueando la espalda hacia mí, me acerqué y comencé la penetración. El trans gimió de placer y yo comencé a mover la pelvis. Si vagina se adhería muy bien a mí rabo. Era grandioso.

    -Va, que no tenemos tiempo -me instó.

    Así que, sin preámbulos, ataqué fuertemente esa vagina que tanto me estaba gustando, y cada vez más fuerte. El muchacho evitaba gemir muy fuerte, lo queríamos que nos pillasen, estábamos follando en un lugar público; aunque estaba teniendo su toque.

    Me hizo para y tumbarme en el suelo, se sentó en mi polla y me folló con fuerza. Su chocho estaba caliente y muy húmedo. De hecho, en esa posición podía ver cómo goteaba su líquido lubricante y me regalimaba por los costados de las caderas. Era buenísimo, y estaba buenísimo. Acercó su rostro hacia mí y yo hice otro tanto para besarnos. Entonces, soyftm2002 gimió un poco más fuerte que antes porque había llegado al clímax. Hizo que saliera de él, me quitó el preservativo y me masturbó rápida y fuertemente hasta que no pude más y me corrí. Hacía tiempo que no eyaculaba, así que salió bastante lefa y logré que soyftm2002 amorrase su boca allá donde había caído cada chorro y gota de mi semen para limpiarme.

    Sin despedirse, y no decirme si lo ha pasado bien o no, se puso los pantalones y se fue de la misma forma de la que había venido. Aún lo estaba recuperado del todo del sexo, pero tuve que encontrar las fuerzas necesarias para levantarme, ponerme bien la ropa y marchar del lugar rápidamente con cuidado de no ser visto por nadie.

    Al final había pasado, había hecho realidad una de mis fantasías sexuales con un FTM, del cual, me alegró recibir un mensaje suyo comentando que repetiríamos.

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  • Dos amigas atrevidas en el club

    Dos amigas atrevidas en el club

    A puro instinto. Era noche de chicas y parejas.

    Por primera vez iba a ese pub que daba opciones muy diferentes. Hacía dos años había ido con una pareja que limitaba toda espontaneidad.

    Ahora viene con Adriana, una amiga reciente que conocí en un baile y era atrevida como yo. Ambas ya sabíamos las reglas de los lugares swingers.

    Entramos y pedimos un trago coloreado como nuestros vestidos cortos. En las piernas botas de media caña con taco justo para mostrar clase y apaciguar la sensualidad de ambas.

    Bailamos sin exagerar, muchas parejas se acercaron pero nosotras solo seducíamos.

    En un instante inesperado veo que ella sube a los privados con tres chicas. Me asombro y agradecí no me hubiera invitado. Yo quedé en la barra con las tres parejas de esas mujeres. Ellos comenzaron a agasajarme sin sentir ninguna presión. El mas confianzudo me invito a ir a las cabinas con los círculos que podían traer sorpresas y esconder las identidades. En la cabina él me dijo que se llamaba Juan, clásico nombre dudoso, yo le dije que me llamaba Marina pero los nombres no importaban.

    Yo miraba el apartado a ver si Adriana me acompañaba pero ni se movía la puerta de las cuatro chicas.

    Con Juan empezamos con todo el picante a la vez. Besos fogosos, tactos directos que el tomo sin permiso porque yo ya gozaba de los otros que nos estaban espiando y dándonos tiempo. Me ayudo a sacar el vestido rojo, las botas fueron mi única vestimenta. Nos pasaron un trago, el mismo que observaron yo bebía. Se lo deje caer en el pecho desnudo de él y guardé un poco. Ahí baje a su miembro erecto para lucir mi destreza.

    Por los huecos aparecieron otros 3 penes desconocidos, se había agregado el del cantinero. Yo les vertí el resto del trago y lo bebí.

    Juan era quien sabiamente me hacía sentir segura.

    Me indicó el sofá anatómico para hacer lo que no precisaba palabras. A los demás no los bese, Juan actuaba de novio. Me lucí intercalando en los 4 orales que los llenaron de gemidos y elogios.

    Sos una reina me decían, sos hermosa y una experta. Creo que pensaron tenía experiencia. Ellos acariciaban mis senos sin desesperación, entendieron que no les regalaría besos en ellos.

    Yo terminé satisfecha sin pene, ellos también. Todo fue muy artístico y coordinado.

    Se fueron agradecidos tres de ellos. Juan y yo nos metimos en un pequeño privado a unos metros. Hicimos el amor sin amor, ellos no se acercaron.

    Al salir las chicas estaban bajando algo desalineadas.

    Nos invitaron tragos a todas. Les pregunté porque no invitaron arriba. Adriana dijo que sabía que yo no estaba hecha para ese lugar de mujeres pero que sabía que podía reinar en el piso de abajo.

    Nos despedimos todos amenamente, no nos pedimos teléfonos y yo no volví nunca a el lugar porque no quería recordar que ese día fui una reina del sexo con una naturalidad que avergonzaba mi recuerdo.

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  • Destinado a los cuernos (5)

    Destinado a los cuernos (5)

    Los meses siguientes fueron de recuperación como en cada rompimiento, primero me dedique a mi mismo, la soledad y el autoconocimiento, después recurrí a los amigos, recordar aquellos tiempos de soltería, mantuve mi trabajo y estreche lazos con personas, la vida comenzaba a tener color de nuevo y con ello, llego otra persona a mi vida, Laura.

    Compañera de trabajo, de tez blanca, cabello lacio a media altura, esbelta, con poca cadera, pero si un busto bien proporcionado, mayor que yo por 6 años, cuestión por la que al principio no se daba nada serio, pero tras conocernos, salir y platicar, nuestras formas de pensar y ver el mundo coincidieron. Tal vez motivada por su experiencia, la vida con ella iba a un ritmo más rápido, el sexo llego apenas unas salidas, se tomaba las cosas con calma, pero con gran pasión, a lo que tuve que seguir el ritmo.

    La primera vez que estuve con ella, aun sin compromiso de por medio, me dejé llevar, ella llevaba una camisa blanca y ropa interior del mismo color, me besaba desde el cuello, desabotonando mi camisa botón por botón y bajo por mi vientre hasta mi miembro, era una delicia sentir sus manos tocándome, y sus labios jugueteando entre hacer y no hacer, provocando el deseo aun más. Con su lengua recorrió mi miembro desde la punta y pasando por todo el tronco, hasta que por fin lo engullo con la maestría que todas sus noches le habían dado, a mí un joven de 24 años con semejante felación me parecía estar en la gloria.

    Tras unos momentos la separa, ella me beso apasionadamente con mi sabor aun en su boca, de la misma manera que ella la desabotone y la recorrí desde el cuello, le quite su sujetador y estruje sus pechos, eran maravillosos, blancos con algunos lunares que contrastaban con su piel, pero lo mas exquisito eran su pezones rosados y erguidos como nunca había visto antes, como si del chupón de un biberón se trataran, pues tal cual lo fuera me regocije en ellos con el fervor de un recién nacido.

    Por debajo mis dedos jugaban con su entrada, buscaba humedecerla y ella me motivaba con su respiración agitada y profunda, con mi boca ahora le devolví el favor, un sexo oral que supe disfruto debido al arqueo de su espalda, estando lista me acerqué e introduje mi miembro, estuvimos un rato hasta que llegamos juntos, había sido muy buena experiencia en comparación con la expectativa. Y por supuesto esto nos llevo a repetirlo, al principio era una amistad enriquecida con el sexo, me enseñaba sensaciones de mi cuerpo, me hablaba y ponía en mi cabeza imágenes.

    Tanto era mi interés por aprender que preguntaba por sus experiencias, ella sin tapujos me contaba sobre su pasado sexual, sus anteriores parejas y como la habían definido, el ego de los hombres y como a su vez eran tan frágiles. Había pasado de noviazgos importantes que le habían traído tanto felicidad como decepciones, a relaciones menos cordiales y cosas prohibidas.

    Me encantaba escuchar sus historias sobre su vida sexual, el novio que tuvo dese la preparatoria, los años que paso a su lado y como tenia sexo cobijado por el amor de adolescente, mismo novio que años después la engaño y la dejo por una mujer casada; las relaciones con personas del mismo entorno laboral, algunos les conocía y escuchaba atento como los describía, con respeto y picardía casi burlona con algunos, “los hombres se creen más de lo que realmente son”, lo que más me gusto fue una aventura que tenía fresca, al llegar casi a sus treintas.

    Don Pedro, un amigo de su padre que le conocía desde niña y siempre había estado de forma muy cercana, la veía como mujer desde sus 18, ella lo sabía pero no tenía interés, pues a esa edad veía mal que un señor de 42 tuviera malas intenciones con ella, tras el divorcio de don Pedro, el frecuento más al padre de Laura, por lo que se veían constantemente y alguna ocasión la llego a encontrar sola en casa, por lo que ella le invito a pasar mientras esperaban a su padre, de esta forma conversaron y don Pedro pudo ver que Laura no era más una niña, Laura por otro lado vio que don Pedro no era solo un viejo rabo verde y que había un hombre interesante debajo de esas canas.

    Eso le llevo aun día aceptarle una invitación a comer, un restaurante normal y tranquilo, donde tuvieron una conversación más íntima, se contaron su vida, desdichas, desamores y las frustraciones que los perseguían, la cena termino y como todo caballero la llevo hasta su casa. Pasaron por separado, si bien no habían hecho nada malo tampoco querían que su padre lo malinterpretara, ella llego como si de una fiesta con amigos hubiera regresado y don Pedro con el pretexto habitual de visitarlo para apaciguar su soledad.

    Don Pedro se quedo en la sala conversando con su padre, ella se encerró en su habitación, se recostó y comenzó a recordar su noche, lo interesante que se había vuelto don Pedro, además, el morbo que le daban las miradas de las demás personas del restaurante, viéndola con un hombre mayor. Envuelta en sus pensamientos no percibió que sus dedos habían bajado hasta su intimidad, se estimulaba por encima de su vestido negro, al percatarse no se detuvo, se subió el vestido a modo de que le permitiera a sus dedos entrar, ya en el interior, sus dedos entraban y salían de vez en cuando rosando su clítoris, el orgasmo estaba muy cerca, pero de pronto una voz la detuvo.

    Desde la sala su padre la llamo, la conversación con don Pedro se había puesto entretenida y ya eran horas muy altas, deseando encontrar alguna copa más de vino su padre noto que se le habían terminado, así que decidió salir por más, pero don Pedro ya no estaba en disposición de salir, casi dormido, las copas ya lo tenían mal, así que debía dejarlo ahí y solo le pidió a Laura que estuviera al pendiente hasta su vuelta.

    A la partida de su padre, Laura noto que don Pedro ya dormía, así que decidió no molestarlo y lo dejó ahí, de vuelta a su recamara continuo su estimulación, se sumió en sus pensamientos e intensifico sus movimientos, al punto del orgasmo se vio de nuevo interrumpida, pero ahora era don Pedro el que la llamaba, se acomodó de nuevo la ropa y bajo a la sala, el le dijo que ya eran altas horas y que lo mejor era retirarse, que lo disculpara con su padre y pronto se pondría a mano.

    Ella entendía el deseo de don Pedro por retirarse, pero algo en su mente la detuvo, estando tan cerca no había logrado llegar al climax en dos ocasiones, por lo que le pidió que no se retirara, su padre no tardaba en volver y de igual forma, el tampoco le permitirá marcharse en esas condiciones, había espacio en la casa y podría quedarse la noche y a la mañana siguiente retirarse.

    P: te lo agradezco Lau, pero ya he abusado de ustedes y su hospitalidad, lo mejor es retirarse

    L: no es ningún abuso, es bien recibido por mi padre y también por mi

    P: y lo agradezco, pero me siento mal con tu padre, me cuesta verlo a la cara

    L: ¿pero por qué?

    P: sabes por qué, hemos salido a sus espaldas

    L: solo ha sido una salida de amigos, los dos ya somos adultos

    P: si lo somos, pero eres hija de mi amigo, se ve mal por donde lo mires

    L: pero no hemos hecho nada malo

    P: igual me siento mal y me parece que es hora de irme

    L: dame un momento, voy por mi abrigo y te acompaño a la puerta

    P: te lo agradezco

    Laura volvió a su habitación, no había logrado retenerlo, estaba super caliente, pero pensó que de cualquier manera estaría mal si pasaba algo más con él, solo quedaba acompañarlo afuera donde había estacionado su auto. Laura bajo de nuevo con un abrigo negro y largo que la tapaba muy bien del frio.

    1. me retiro entonces

    L: espere, déjeme decirle que me encanto la cena de hoy, cambio mi perspectiva sobre usted, me parece un hombre muy interesante y educado, entiendo por qué mi padre conserva su amistad hasta ahora

    P: gracias a ti por permitirme pasar la noche contigo a pesar de lo difícil que debe ser salir con alguien mayor, eres inteligente, encantadora y una belleza, ya te has convertido en toda una mujer

    L: lo ve, es un encanto con tanto halago

    1. te lo mereces ha sido una gran noche, lástima que termino

    L: aun no, aun me falta agradecerle como es debido después de una cita entre un hombre y una mujer

    En ese momento Laura dejo caer su abrigo, no había vestido ya debajo, había aprovechado para retirárselo hace un momento, ahora solo había un conjunto de lencería cubriendo su blanca piel, don Pedro quedo atónito al ver a la hija de su amigo, aquella a la que había visto crecer, mostrándose como toda una mujer, dentro de si se negaba a lo que se ofrecía ante sus ojos, pero la imagen ante sus ojos pudo más, se abalanzo sobre ella, la tomo de sus caderas y la beso, tenia esos labios rojos, tan perfectos ahora besando los suyos, con sus manos reconocía la piel de Laura, la tomo de la mano y la quiso sentar en el sofá.

    L: no, aquí no, puede llegar mi padre

    P: ¿entonces, donde?

    L: vamos arriba, a mi habitación

    De la mano, subieron las escaleras recogiendo las prendas, encargándose de no dejar evidencia en la sala, por el pasillo don Pedro la tomo, la beso en la boca y la cargo con las piernas abiertas, se acerco a la primera puerta que vio.

    L: no, esa no es mi habitación, es el baño

    P: entonces, cual es la tuya

    L: la ultima puerta al final del pasillo

    P: y la de en medio

    L: esa tampoco, es la de mis padres

    Don Pedro manteniéndola así la llevo a la segunda puerta y la abrió.

    L: te dije que es la ultima

    P: si te escuche

    L: entonces por que abriste esta

    P: porque quiero hacértelo en la habitación que comparten tu padre y tu madre

    Laura sintió un cosquilleo al escuchar estas palabras, pero no lo detuvo, él la llevo hasta la cama y la arrojo con fuerza, antes que ella pudiera moverse le abrió las piernas y se puso encima de ella dejando caer todo su peso sobre su frágil cuerpo, la recorrió con sus manos toscas despojándola de la parte baja del conjunto, exponiendo su vagina hacia él, introdujo sus dedos y de inmediato noto la humedad que previamente se había proporcionado la misma Laura, con la mano derecha continuo el movimiento y con la izquierda buscaba desprender el brasier, ella lo ayudo un poco exponiendo sus pechos que de inmediato fueron estrujados.

    Don Pedro tenia una mano en cada extremo y en medio su boca recorría su vientre, se retiró de ella, Laura era todo un encanto, sonrojada y ardiendo, él la tomo de los hombros y la arrodillo, se bajó su pantalón y saco su miembro ya erecto, Laura vio el tamaño y grosor imponente de don Pedro adornado por bellos blancos y con ansias lo engullo, ella lo hacía de gran forma, recorriendo de arriba a abajo con velocidad y suavidad a la vez, pero don Pedro la clavo fuerte en su garganta, él quería aprovechar el momento y hacerlo duro, tomo el cabello de Laura y sostuvo su cabeza para hacer movimientos rápidos, literalmente se la estaba cogiendo por la boca.

    Tras unos instantes así, la retiro y la volvió a recostar, se agacho y con una lujuria indescriptible, busco con su boca el sexo de Laura, introducía su lengua, y jugaba con sus pliegues, Laura no lo soportaba más, estaba punto del orgasmo nuevamente y don Pedro lo sabía, así que se retiro dejándola una tercera vez sin clímax, se reintegró y la volvió a abrir de piernas, jugueteando con su glande en la entrada de Laura.

    P: lo siento Lau, no tengo condones

    L: yo tampoco

    P: tendremos que dejarlo aquí

    L: no, así está bien

    P: segura que así lo quieres

    L: si, segura

    En ese momento don Pedro se puso impertinente sabiendo bien que la tenia a su merced.

    P: no te escuche, ¿qué quieres?

    L: házmelo así

    1. ¿así como?

    L: sin condón

    P: dímelo bien o no habrá nada

    L: quiero que me metas tu verga sin condón

    Don Pedro orgulloso de haberla hecho suplicar introdujo su miembro en Laura, sus embestidas eran lentas pero fuertes, igual tampoco hacia mucha falta pues con Laura a punto, su orgasmo llego rápido, fue intenso y seguro uno de los mejores en su vida, don Pedro la puso en cuatro y así la volvió a penetrar.

    P: dime Laurita, ¿te gusta?

    L: si Pedro, ¡me gusta!

    P: ¿disfrutas mi verga?

    L: si me encanta

    P: nunca me imaginé que algún día te tendría así, pidiéndome verga en la cama de tus padres

    La forma en que don Pedro se jactaba de la situación solo ponía más cachonda a Laura, continuaron un rato de la misma forma, hasta que el sintió llegar su límite, ella perdida en su placer no supo retirarlo a tiempo, don Pedro se corrió dentro de ella mientras esto le proporcionaba a Laura otro increíble orgasmo.

    Tras un momento, ya descansados y despejados, se vistieron y volvieron a la sala, su padre aun no llegaba, de pronto vio que tenia varias llamadas perdidas de él, le devolvió la llamada y le dijo que había quedado en el camino por un neumático sin aire, junto a don Pedro se dispusieron a ir a ayudarlo, se subieron a su auto, y Laura se sentó en el asiento del copiloto, apenas se había medio arreglado por lo que iba con el vestido que era lo que tenía más a la mano, al subirse sintió un pinchazo.

    L: ¡auch! ¿Qué es lo que llevas aquí?

    P: no lo sé, algún tornillo

    Ella se alzo y retiro una bolsa de clavos, continuaron el viaje y encontraron a medio camino a su padre, don Pedro se bajó y le ayudo a reemplazarlo, “un simple clavo era el problema”, dijo el padre de Laura, se lo mostro y ella lo tomo. Regresaron a los autos, el padre de Laura por delante para irlo cuidando y don Pedro con Laura detrás.

    L: ¿cuál ha sido el problema?

    P: no lo sé, me parece que un vidrio

    L: ¡seguro!, ¿no fue un clavo?

    P: no lo sé, ya conoces a tu padre

    Laura no se quedo con la duda y reviso la bolsa, sin duda alguna eran de la misma medida y color, sería capaz don Pedro de haberlo puesto a propósito. Llagaron a su casa y volvieron a la sala. El padre de Laura siguió jugando con su amigo, “ya ves, todo lo que ocurrió solo por pedirme más bebida”. De nuevo otra pieza del rompecabezas, Laura miraba a don Pedro con molestia, la idea de salir era de don Pedro, su padre se retiro al baño y ahí lo confronto arrojándole el clavo a los pies.

    L: explícame esto

    P: ¿de que hablas?

    L: esto estaba en la llanta del auto de mi padre y es igual a los que llevabas en el auto

    P: me ofendes, ¿qué es lo que insinúas?

    L: sabes bien que insinuó, lo hiciste a propósito

    P: y para que lo haría

    L: para sacarlo de la casa y quedarte a solas conmigo

    Don Pedro no acepto su culpa, aunque las pruebas eran más que evidentes, se trago su orgullo y se quedó con la idea fija en su cabeza, para Laura, don Pedro había puesto el clavo en la llanta y le pidió a su padre que saliera por más bebida, después se había hecho el dormido para que se fuera solo y así pudiera quedarse a solas con ella, todo le había salido a pedir de boca y encima, se la había follado en la cama de sus padres, sin condón y se había corrido dentro de ella.

    Laura me conto que fue una experiencia muy fuerte, pero por respeto a su padre nunca se lo conto, pero por muy extraño y loco que parezca, esa noche había disfrutado mucho el sexo, tanto que después quedo de verse con él para discutir sobre lo ocurrido, pero solo era el pretexto para terminar acostándose con don Pedro.

    Aunque fuera un aprovechado y manipulador, le gustaba el descaro con el que había planeado todo, la forma en que la trataba como “la putita hija de su amigo” y el hecho de que don Pedro se burlara de su padre invadiendo su casa, su cama matrimonial y a su hija en una misma noche, ella acepta que en esa etapa de su vida tuvo una necesidad muy fuerte de tener sexo con don Pedro y aunque fuera un cabrón había disfrutado el mejor sexo de su vida con él.

    Muchas fueron las experiencias con Laura y se volvió muy placentero escuchar todas las experiencias que me conto, la química entre nosotros fue buena, pero lamentablemente los fantasmas son difíciles de borrar, tras casi un año de salir, decidimos formalizarnos como pareja, parecía raro para los demás, pero a nosotros nos parecía adecuado, hasta un día en que recibí un mensaje

    C: hola como estas, ¿crees que podríamos vernos para hablar?

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  • Él, ella o ambos (3)

    Él, ella o ambos (3)

    Me desperté, había algo de claridad que entraba por la ventana, Gaby dormía, la quedé mirando un rato, un brazo por detrás de su cabeza, una teta afuera, una pierna estirada y otra flexionada.

    Soy sincera, verla así me calentaba un poco, me acerqué despacio y comencé a lamerle la teta, suave, despacio, se la chupe, fuí por debajo de la sabana, le bese parte de la panza, la ingle, y le empecé a lamer la concha, ella acomodó las piernas, las abrió para facilitar el espacio, con sus manos me aferraba a la cabeza, me la empujaba para que no me separe, ella disfrutaba, la escuchaba jadear. Le toque el botoncito hinchado, y le introduje un dedo, arqueo la espalda y me tragué todos sus jugos.

    Por encima de ella, salí hasta por mi cara junto a la de ella, nos dimos un profundo beso.

    Yo: ¿Cómo dormiste?

    Gaby: Muy bien mi amor, que lindo despertar así

    Yo: una sonrisa de aceptación, perdona, me calienta verte dormir.

    Gaby: Me encantó.

    Yo: dándole besitos, voy (besito) a hacer (besito) café.

    Gaby: si (besito) lo (besito) necesito.

    Yo: Ponte mi bata, yo me pongo una remera.

    Me puse una remera que me queda por debajo del culo, apenas lo cubre. Fui a la cocina, y me puse a preparar café, Gaby paso por el baño, y luego vino a la cocina, no me di cuenta cuando entró, me tomó por la cintura y me besó el cuello.

    Yo: Quieres que prepare café ¿?, así es imposible.

    Gaby: Tienes ese culo hermoso Andre, que lo comería.

    Yo: Shhh, con voz baja le digo, es mi debilidad

    Gaby: A es bueno saber eso.

    Yo: Shhh, pero ahora no, el café es más importante.

    Gaby me tomó la cara, me la dio vuelta y me besó, mientras con la otra mano me tocaba el culo, y me dijo te amo.

    Tomamos el café mientras nos mirábamos, yo le pregunté, si tenía algo que hacer urgente, porque quiero que te quedes, su respuesta fué si te amo ¿como me voy a ir?, además es domingo, nada que hacer.

    Quedamos en que pediríamos algo, le prometí que la próxima tendría algo hecho, para no tener que pedir tanta comida.

    Estaba apoyada en la mesa, viendo donde pedir, Gaby se me acercó por detrás, me acariciaba el cuello, era difícil concentrarme, me subió la remera a la altura de la cintura, ý me beso los cachetes del culo, deje de buscar, cerré los ojos, saqué el culo para afuera, y me lo empezó a besar, separó las nalgas y con la lengua fue directo al anito, aaay, ayyy que rico hija de puta, chupa que me volves loca, ya estaba chorreando por la concha, Gaby se empezó a entretener por la vagina, mientras me metía un dedo en el culo, imposible el orgasmo que tuve. Cuando se incorporó, me dijo, como te gusta por el culo eh, mi respuesta shhh, ella rio y me beso mientras estaba agitada.

    Cada una luego nos duchamos por separado, me cambié solo para recibir la comida, antes de almorzar me volví a poner la remera. En ese rato después de almorzar y totalmente descansadas, hablamos mientras jugábamos con nuestros pies una a la otra.

    Yo: Si esta semana viene Guillermo, voy a preguntarle cuales son sus intenciones conmigo.

    Gaby: Okey, no lo acoses.

    Yo: no, pero tú me conoces, no ando con vueltas, además esto de andar a dos puntas, no estoy acostumbrada, nunca lo hice, tampoco es mi estilo. ¿Tú podrías jugar a dos puntas?

    Gaby: eeeh, no.

    Yo: okey; mañana nos veremos en el trabajo, recuerda, como buenas amigas, nada de levantar sospechas que andamos juntas.

    Gaby: descuida, eso nos sale bien a las dos.

    En la tarde de domingo, Gaby se empezó a preparar para irse, fue juntando su ropa, se quitó y me dio la bata, la mire desnuda, le dije que tenía hermoso cuerpo también, se cambió, la deje cambiarse, y antes que se fuera le dije que lo pasé muy lindo, no hicimos nada antes de irse, la idea era no matarnos, dejemos algo para más adelante; te amo Andre, me besó y se fue, yo caí recostada en el sillón, me quedé relajada mirando el techo, mientras la cabeza un auto de carrera.

    No esperaba lo que Gaby me dijo, y lo siente de verdad, mientras me cuestiono ¿sere lesbiana sin saberlo?, no tengo respuesta, Y si lo soy, ¿cuál es el problema?, tampoco tengo respuesta, no le veo ningún problema, lo que sé, no quiero ir a dos puntas o voy con Gaby o voy con Guille; con Gaby me brinde este fin de semana, si bien ya a esta altura es mucho más que amiga, sus sentimientos para mi los note muy sinceros, algo que hasta ahora no me paso, ni con todos los hombres con los que me acosté, de hecho por ahora, Gaby lleva ventaja.

    La semana transcurrió tranquila, sin sobresaltos, sin noticias, llegó el viernes, con Gaby trato normal, compañeras de oficina, yo loca de atar, con cara de culo, sacando trabajo para no pensar, en eso me vibra el celular, era Gabriela, en su escritorio no estaba no la ví irse, atiendo y era una video llamada.

    Gaby: Sacando la lengua y pasándola por el labio y mordiéndose el labio inferior. Me tenes calentita.

    Yo: Miro a todos lados y me tapo la boca sorprendida y le digo, ¿dónde estás loca?

    Gaby: riendo, en el baño tonta, y me dice, cambiame esa carita ya, ó querés que vaya gateando por debajo del escritorio y te la chupe.

    Yo: me empiezo a reír, mejor limpiate bien, que debe estar toda mojadita.

    Gaby: jajaja, te espero en el café.

    Voy a la máquina de café y Gabriela me encara, ¿qué carajos te pasa? relaja hoy es viernes.

    Yo: ¿qué pasa?, nada, eso pasa, toda la semana esperabdo un puto mensaje de tú sobrino y nada, ¿me queres decir como mierda hablo para saber como sigue de que la vá?

    Gaby: llamalo

    Yo: no, ni en pedo, la clásica boluda, poniendo cara de burla, “hola como estas, nos vemos, vienes a mi casa”. ¿Rogarle? Ni loca. Sabes cuanto pasó para darme las gracias por lo que le enseñé, tres semanas un mes.

    Gaby: no te puedo creer

    Yo: creelo, es un pendejo, debe pasar el tiempo en el gimnasio y la play. Ya veo porque la otra mina lo dejo, el agua se enfria, si no llegas a tiempo el tren se va.

    Gaby: si, te entiendo.

    Yo: dejá de lado que es tu sobrino, ¿vos que harías?

    Gaby: lo mato.

    Yo: okey gracias, no porque se que parezco una loca, pero me estas dando la razón. Oye, si lo ves vos no te metas, se que es tu sobrino, tienes debilidad por él, pero no digas nada, porfa.

    Gaby: tranquila y en voz baja mi amor.

    Me fui a mi casa, y llegó el sábado, fui al super a comprar algunas cosas, regresé, acomode todo, tenía pensado hacer una tarta de pollo, la cual hice y unos fideos con champiñones, para el domingo, la idea era decirle a Gaby, que venga a pasar un fin de semana, otro las dos juntas. Guillermo para mi, ya fue, que se vaya a cagar, y a comenzar esta etapa nueva que me toca con Gabriela, que a pesar de todo la pasamos muy bien; igual en algún momento tarde o temprano se va armar lío con Guille o conmigo o con Gaby, veremos que pasa.

    Ya era aproximadamente las 14 horas, voy al dormitorio, y me cambio de ropa, una lencería negra, una camisa blanca anudada, se me ve el ombligo y una pollera corta.

    Le hago videollamada a Gabriela.

    Yo: poniendo carita sensible, y el dedo índice en la boca, hola Gaby, vas a venir conmigo, te extraño amor.

    Primera vez que le digo “mi amor” a Gabriela.

    Continuará.

    Espero que les haya gustado.

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  • La prima tetona Alexa

    La prima tetona Alexa

    La vez pasada fui a casa de mis papás, cuando entré me extrañé al ver a dos personas que no conocía, saludé como de costumbre y mi mamá tomo la palabra.

    —Hijo, saluda a tu tía Chely y a tu prima Alexandra, ellas son del pueblo no las conocías porque no vas para allá pero son familia.

    —Mucho gusto, soy Angel.

    —¿Tú eres el mayor verdad?—. Dijo la tía dándome la mano.

    —Sí y el más guapo.

    Mi mamá y la tía rieron. Me quedé pensando un momento por qué Alexa tenía el labio abierto y la mejilla morada.

    —Hijo de hecho, qué bueno que viniste, me gustaría pedirte un favor, no sé si hay posibilidad de que Alexa viva contigo un tiempo—. Dijo mi mamá.

    —uhmm ¿por qué o cómo?

    —Ay hijo, es que su papá le pegó porque no quiso trabajar en la cantina del pueblo, tu tío quería la quería obligar a trabajar para que con ese dinero se embriague, ya no sé qué hacer hijo, siempre me la maltrata—. Dijo la tía Chely indignada.

    —Sólo por unas semanas, en lo que tu tía le busca un cuarto para ella sola—. Dijo mi mamá.

    —Claro, sí, sin problema, solo que nada más tengo una cama, por un tiempo se tendrá que dormir en mi sofá.

    —Ay hijo muchas gracias, no sabes cuánto te lo agradezco, cuando encuentre manera de mandar a la chingada a mi marido, mi hija podrá regresar—. Dijo la tía estrechando mi mano entre las suyas.

    —No se preocupe tía, cuenten conmigo—. Dije seguro, mi novia se iría tres semanas a Texas así que no tenía de qué preocuparme.

    —Bueno hijo vamos a comer para que te vayas con tu prima y le muestres el lugar.

    —Sí má.

    Cuando Alexa se levantó para comer me quedé frío, la vi bien de perfil; bajita de 1.60 aproximadamente, con unas tetas enormes que colgaban deliciosamente, unas nalgas prominentes debajo de unos jeans ajustados. Su cara es muy tierna para sus 23 años, hermosa a pesar de sus golpes, ella me sonrió. Quedé impresionado y empecé a fantasear con sus tetas.

    Terminamos de comer, ya era hora de irnos, le ayudé con sus cosas y nos fuimos. Ya en camino comenzamos a platicar.

    —Qué bonito departamento, todo limpio y ordenado—. Dijo Alexa asombrada.

    —Sí, me gusta tener todo limpio.

    —¿Y vives solo?

    —Sí, solo mi familia y amigos vienen aquí.

    —Disculpa las molestias primo, ya te vine a importunar.

    —No es ninguna molestia.

    Le mostré el departamento y le dije en donde podía dejar sus cosas.

    —Si quieres te puedo dar la clave del Wi-Fi, tengo Netflix y esas cosas.

    —Gracias, eres muy atento.

    En la noche la llevé a comer hamburguesas, todo transcurrió normal, ella se veía muy feliz y yo me sentí a gusto con ella.

    Regresamos, ya era tarde y yo me disponía a ducharme, me metí al baño, como vivo solo, nunca le pongo el seguro a la puerta, me empecé a desvestir y abrí la llave de la regadera, cuando escucho que se abre la puerta, era Alexa desnuda envuelta con una toalla.

    Me cubrí inmediatamente, del susto ella dejó caer la toalla, pude admirar sus pezones paraditos coronados por una areola grande y cafecita, su conchita estaba cubierta con vello fino, en ese momento mi verga se paró y ella cuando volteó a verme la vio asombrada

    —Lo siento, no le puse seguro a la puerta—. Dije “cubriéndome” la entrepierna.

    —Perdón no sabía que estabas aquí, no te vi y supuse que habías salido a comprar o algo—. Dijo Alexa tomando su toalla.

    —Si quieres ducharte tú primero adelante, yo esperaré afuera.

    —Si quieres nos duchamos juntos—. Lo dijo con un tono muy pícaro. Sentí calor y la verga se mantuvo dura

    —No prima como crees.

    —Ya nos vimos desnudos, no importa, ven, vamos.

    Me quedé sorprendido porque Alexa no era tan tímida como parecía, ella soltó nuevamente su toalla y nos metimos a la ducha.

    —Oye, no estés nervioso, te pedí que nos ducháramos juntos porque nunca he visto a un hombre desnudo y mi mamá no me deja tener novio, espero que no te enojes conmigo—. Dijo metiéndose bajo el agua.

    —¿De verdad? Me cuesta creer que con tu cuerpo y con esa carita tan preciosa no tengas novio—. Dije simulando asombro.

    —Yo no te veo como primo, apenas nos conocimos y me gustaste, y tenía curiosidad—. Dijo y me comenzó a enjabonar el pecho y la espalda.

    —Tú también me gustas nena—. Me pidió que la enjabonara.

    —Oye, puedo tocar tu verga, nunca he tocado una—. Dijo titubeando.

    —Adelante. Tócala.

    Me la agarró con su mano derecha, con la izquierda me tomó una mano y me guio a su conchita, pasé mis dedos por encima de sus labios, soltó un pequeño gemido.

    —Se siente durita y está grande—. Dijo con una cara de putita. Soltó una risita y terminó de ducharse, yo quería seguir el juego pero no en la ducha.

    Nos vestimos, le dije que ella podía dormir en mi cama y que yo me quedaría en el sofá, aceptó gustosa.

    No podía dormir, Alexa estaba a menos de tres metros y me había dejado con las ganas, en el momento en que me iba a parar e ir a la habitación escuché unos pasos hacía mí.

    —Primo, hace mucho frío, vente a acostar conmigo.

    —Esto no es nada, he dormido en mi auto, en el suelo—. Dije haciéndome el “difícil”.

    —Sí pero no quiero que te enfermes.

    Me incorporé, Alexa traía puesto un mini short y una playera holgada blanca, podía ver sus ricos pezones transparentarse.

    Nos acostamos y al cabo de un rato ella se volteó y me abrazó, la verga se me puso dura, de repente sentí su mano y empezó a jalármela, la miré y ella estaba sonriendo.

    —¿Quieres continuar verdad?

    —Sí—. Dijo en voz bajita.

    Yo ya estaba muy caliente y era obvio que ella era virgen así que la jalé hacia mí y la empecé a besar, eran unos besos profundos y apasionados, con mi mano derecha acariciaba sus tetas y apretaba sus pezones, le saqué la playera liberando sus enormes tetas, me las empecé a comer, mordiendo despacio sus pezones, soltó un suspiro y su respiración se aceleró. Fui bajando con mi mano, con las yemas de mis dedos acariciaba su vientre, metí la mano debajo de su short y empecé a dedear su conchita, soltó un gemido más fuerte y se entregó a mí, empezó a lubricar y con mis dedos le di una probada de sus jugos.

    Encendí la luz y le quité el short.

    —Quiero entregarme a ti pero nadie debe saberlo—. Dijo con un poco de miedo.

    —Confía en mí preciosa.

    Suavemente empecé a darle lengua en su conchita chorreante, jugando con su clítoris, metiéndole la lengua, Alexa se retorcía de placer, succioné sus labios carnosos, me tomó del cabello guiándome, mientras yo le sujetaba las piernas sin dejar de lamer.

    Me aparté, me saqué la verga y se la puse en la cara.

    —Chúpamela—. Le ordené.

    Al principio lo hizo torpemente pero cuando entendió cómo hacerlo me hizo una mamada espectacular tanto que estuve a punto de correrme en su boca.

    La acosté boca arriba y me subí en ella, puse mi verga entre ese par de jugosas tetas y empecé a hacerme una rusa, Alexa me miraba excitada, después ella se agarró ambas y me apretó la verga, saqué una botella de aceite y eché un chorro para que me pajeara más rico, metí mi pulgar en su boca y lo chupó como si fuera una paleta.

    —Pequeña zorra—. Le di una bofetada leve y se calentó más.

    Me eché otro chorro de aceite en la verga y la froté contra sus labios húmedos, fui entrando lentamente, cuando llegué a la mitad empujé con fuerza, se escuchó como se rompió su himen, su virginidad era mía, mi verga estaba llena de sangre.

    Alexa cerró los ojos y apretó los labios, se quejó un poco, me detuve un momento y poco a poco empecé a penetrarla, subí sus tobillos a mis hombros, sus quejidos se volvieron gemidos, de repente ella me pedía más.

    —Sí así que rico primo.

    —Muérdete los pezones.

    Me obedeció, sus tetas son tan grandes que no tuvo problema con succionar cada uno.

    Empecé a lamer los deditos de su pie, uno por uno, tomé su otro pie y puse ambos frente a mi boca, deslicé mi legua a lo largo de sus plantas lisas y blanquitas, di una pequeña mordida a sus talones y apreté el ritmo de mis embestidas.

    —Así nene, dame más duro, qué rico me encanta tu verga, así ah ah ah.

    Me calenté más, me incliné hacia ella, apreté ambas tetas, mordí sus pezones y Alexa dio un gemido largo.

    Cambiamos de posición, ella me montó, primero se movía en vaivén pero después comenzó a darse de sentones, ella gritaba, dejó caer su peso sobre mí y solo movía las nalgas de arriba hacia abajo y yo hundí la cara entre sus tetas, apreté sus nalgas para hacer más profunda la penetración.

    La recosté de lado y me puse detrás de ella y volví a darle, a ella le encantaba esa posición, yo la tenía sometida, mientras mi verga entraba y salía la besaba metiéndole la lengua a lo más profundo de su boca.

    Ella gemía más fuerte y yo ya no aguantaba, me incorporé, puse mi verga entre sus tetas, me dio 3 o 4 pajeadas con ellas y me corrí, eché una descarga de espesa leche caliente sobre sus dos nenas, un poco cayó en su cuello y su mejilla, me tiré a su lado exhausto.

    —Estuvo muy rico nene, me encantó—. Dijo satisfecha.

    —A mí también muñeca.

    Nos dimos un beso y me acarició la verga hasta que volvió a ponerse dura.

    —¿Nos bañamos otra vez?—. Dándome a entender que necesitaba limpiarse.

    —Sí bebé.

    Volvimos a la regadera y lo hicimos bajo el agua caliente.

    Nos quedamos dormidos abrazados y desnudos.

    Al día siguiente ella se levantó primero, me despertó con un beso en la boca y me dijo que había preparado el desayuno, yo estaba algo cansado pero a gusto por la faena de la noche anterior.

    Quedé impresionado con el delicioso desayuno que había preparado, charlamos un poco mientras comíamos.

    —¿Qué te pareció anoche nena?

    —Me encantó, ¿podemos hacerlo hoy también?

    —Sí bebé, pero ya sabes, esto queda entre nosotros.

    —Sí nene, no te apures.

    Esa tarde salimos a pasear, cuando caminamos buscando tacos nos topamos con una sex shop.

    —Nene, ¿qué venden ahí?

    Es una sex shop, venden cosas para el sexo.

    —¿Podemos entrar? No conozco esas tiendas.

    —Claro, vamos.

    Alexa vio muchas cosas y parecía niña en una juguetería, había conjuntos, vibradores y todo tipo de cosas, quise llevar las cosas a otro nivel y le dije:

    —Oye, ¿si te compro eso (señalando un traje de sirvienta) te lo pondrías?

    Ella dijo que sí y preguntó por un producto de ahí, el encargado de la tienda le explicó que era un dispositivo para lavarse el ano cuando se practica el sexo anal, a ella por alguna razón le encantó la idea y me pidió comprarlo, sin dudarlo acepté.

    Comimos y regresamos al departamento, me dijo que esperara en la sala mientras se preparaba en el baño.

    Pasaron unos 15 minutos y Alexa salió con ese conjunto de sirvienta, le quedaba muy bien, parecía que sus tetas iban a reventar la blusa y sus nalgas se veían deliciosas con esa falda súper corta.

    Alexa me sentó en el sofá, se arrodilló, me desabrochó el pantalón, liberó mi verga y empezó a mamármela de manera muy desenfrenada, yo divagaba, estaba muy caliente. Alexa se puso de pie y se subió en mí, me aprisionó entre sus rodillas y se sacó las tetas, tomó un bote de Nutella y se untó el chocolate en sus tetas gordas y duras, empecé a comérmelas pasando mi lengua por sus pezones, lamiendo ese chocolate tan rico, di pequeñas mordidas y ella gemía despacio.

    Se levantó, me agarró de la verga y me hizo seguirla a la habitación.

    —Quiero que solo tú me des por el culo nene. —Dijo decidida.

    Se puso en cuatro, levantando la cadera, tomé la botella de aceite y eché un poco sobre sus nalgas, las acaricié esparciendo el aceite en su orto, le clavé un dedo, luego otro estimulando su interior, Alexa gimió y se puso más dilatada.

    Me eché un chorro de aceite en la verga, la tomé firmemente de la cadera y froté la punta de mi verga contra su orto, empecé a empujar, ella se quejaba, poco a poco fui entrando hasta que mi verga desapareció en su culito, Alexa soltó un gritó y relajó la cadera. Me quedé inmóvil un momento y la besé mientras dedeaba su conchita, comencé a penetrarla lentamente, a ella le dolía, paré un momento.

    —¿Quieres que pare?

    —Me duele pero no pares.

    La nalgueé y volví a darle hasta que mis movimientos se hicieron más rápidos, Alexa ya no se quejaba, gemía y me decía que no parara.

    Cambiamos, la puse de misionero, me eché más lubricante en la verga y volví a penetrarla, la tomé firmemente de los tobillos y lamí sus plantas, aumenté el ritmo, ella soltaba gemidos que se volvieron gritos, Alexa apretaba tan rico y mi verga entraba deslizándose impactando su culito de manera brutal.

    Tensó las piernas, dio un grito largo y soltó un squirt, hundí la cara entre sus suelas mordiendo sus talones, yo no paré hasta que me vine llenándola con hasta la última gota de leche, cuando saqué mi verga me quitó un poco de semen con su mano y se lo comió.

    —De hoy en adelante soy tuya, puedes cogerme cuando quieras, pero como primos ehhh jeje—. Dijo temblándole las piernas.

    —Sí preciosa.

    Alexa estuvo conmigo casi un mes, hasta que su mamá le encontró un cuarto.

    Mientras estuvimos juntos me hacía de comer y limpiaba el departamento, cuando llegaba del trabajo ella me atendía como si fuera su esposo jajaja.

    Nos duchábamos juntos y cogíamos todas las noches probando nuevas posiciones, cuando no lo hacíamos ella me besaba tiernamente abrazados en la cama hasta que nos quedábamos dormidos. Si hacía calor dormíamos desnudos, y en las mañanas a veces me despertaba con una buena mamada o si yo despertaba antes le bajaba las bragas y frotaba mi verga en sus nalgas, ella se despertaba y me montaba dejando caer sus tetas sobre mi cara.

    Ya no regresó a su pueblo, hablé con un amigo que es gerente en una agencia de autos para que le diera trabajo a Alexa.

    —Sí we, mándamela pero a ver enséñamela —le mostré una foto cachondona—, ¿No mames a poco sí es tu prima?

    —Sí, y a la prima se le arrima jajaja.

    —¿A poco ya te la machinaste?

    —fffsshhh jajaja.

    —Pinche Angel eres cabrón, va, mándamela, sí se me antojan esas tetotas jajaja.

    Y sí entró a trabajar ahí. Siempre va de falda corta o pantalón de vestir y blusita ajustada, zapatillas abiertas o flats, se ve deliciosa y evidentemente los weyes de ahí se le dejaron caer como lobos.

    Lo de menos era convencer a su mamá para que Alexa se quedara conmigo pero decidí que lo mejor era no levantar sospechas, aparte de que mi novia regresaría en cualquier momento.

    De todas formas a veces voy por ella al trabajo y no puedo evitar calentarme viéndola con su outfit ejecutivo y no puedo esperar para llegar a su habitación y cogérmela por el culo, como más le gusta a ella.

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  • Julia, la farmacéutica (3)

    Julia, la farmacéutica (3)

    Julia me dijo que durante un mes no iba a estar en la farmacia porque haría vacaciones.

    -Nos iremos de viaje a Tailandia y estaremos en los mejores hoteles. Aunque había viajado a casi todos los países del mundo cuando era más joven, antes de casarme, desde que me casé que no hemos hecho ningún viaje así, lejos y de lujo. Ya sabe, hasta ahora habíamos ido algo cortos de dinero y mi familia, aunque es muy rica, no nos ayudó nada ni nos dio nada porque no aprobaron mi matrimonio con Ramón. Pero ahora, con lo que gana él y sobre todo lo que gano yo en la farmacia, ya podemos permitirnos vivir sin preocuparnos por el dinero. Y mi esposo tan contento, claro.

    Así que hasta este martes no he vuelto a la farmacia. Cuando ella me vio, pareció alegrarse. Me contó que el viaje había sido extraordinario. Que hacía tiempo que no veía tan feliz a su marido y a los niños. Y que me había echado algo en falta. Yo le dije que yo a ella también, mucho. Me preguntó si quería que me mirara la presión, guiñándome un ojo.

    -Me encantaría, Julia, pero me temo que no tengo suficiente dinero. A ver, la carpintería me va bien, pero debo pasar mucho dinero a mi mujer, por las dos hijas y eso.

    -Ya, entiendo. Me sabe mal, pero ya sabe que solo la primera vez es gratis.

    -Sí, ya. Pero quizá, podríamos pasar, ni que sea un momento, a la sala y… por lo menos nos damos un abrazo y unos besos. Y…

    -No, si no paga, no puede ser. Es que el señor Boscos se iba a enfadar ¿sabe?

    -Oiga, Julia, ¿y si nos viéramos en otro sitio? Cuando termine, después de la farmacia. Quizá podría usted venir a mi casa.

    -No, no. El señor Boscos me lo dejó muy claro. Solo en la farmacia.

    -Pero él no iba a saberlo. Usted vendría a mi casa como… amiga.

    -De ninguna manera. Es que me parecería que engañaba a mi marido, que le sería infiel. Me sentiría como una fulana.

    -Julia, si el señor no desea que… esto… que le controles la presión, atiende a los demás clientes, por favor.

    -Sí, don Boscos, perdone usted. Enseguida voy.

    -Espere, Julia, a ver, podría darle… quizá unos cincuenta euros.

    -Eso es muy poco. Y con lo que le tendría que dar al señor Boscos… es que no vale la pena. Bueno, va, entremos un momento. Dejaré que me abrace, que me de un besito rápido, y, por ser usted, que me toque el culo y las tetas por encima de la ropa.

    -¿Solo eso?

    -Si le parece poco, pues nada. Pero piense que yo solo me voy a quedar dos euros y medio por todo eso.

    -¡Oh, vaya! Bueno, en fin, sí, venga, vamos.

    En menos de tres minutos en qué dejó que la besara en los labios y que le tocara los pechos y las nalgas bajo la bata, Julia ya me dijo que debíamos salir. Ella estaba sonrojada y se veía que se excitaba, pero de nada sirvió que le dijera que yo ya estaba empalmado ni que le rogara que por favor al menos me hiciera una paja.

    -Es imposible, debemos salir. Si no, el dueño no se conformara con que solo le de los cuarenta y pico euros.

    -¡Por favor, Julia!

    -Es que no puede ser, don carpintero, lo siento. Si usted dispusiera de más dinero…

    -Pero…

    -¡Debemos salir enseguida!

    -Julia, es que…

    -Mire, no sé, a ver. Usted me cae bien. Incluso me gusta. Estoy pensando que… este sábado trabajo en la farmacia, por la tarde sola. Mire, si quiere, viene cuando ya vaya a cerrar y, por solo cien euros, no sé, quizá… me sentaré en su cara, con la bata puesta y sin bragas y… dejaré que usted me huela, me lama, me bese y me chupe… y me correré en su cara. Eso costaría doscientos euros, pero, si el señor Boscos no se entera y no le doy ningún porcentaje, usted solo me paga cien euros y ya está.

    -Julia, cien euros es mucho, es que voy muy justo.

    -Pues entonces nada, dejémoslo. Venga, salgamos.

    -No, no, Julia, espere. Qué le parece si, por ese dinero, por lo menos deja que, ya que estaremos solos, que usted y yo… -le hago un gesto que ella entiende enseguida.

    -¿Cómo? ¿Follar? ¿Por solo cien euros? ¡Imposible!

    -Pues si no… quizá podría… usted me explicó que no le disgusta que a usted… se la metan por…

    -¿Por el culo? ¡Por solo cien euros! ¡No! ¡No soy una puta barata! ¿Pero qué se ha creído? Va, vayamos fuera.

    -No, no, por favor, no se ofenda. Ya, entiendo. Pero como somos amigos…

    -Los amigos no follan, don carpintero. ¡Ni dan porculo a sus amigas!

    -¡Julia, ya está bien, hay una larga cola esperando que les atendamos!

    -¡Sí, sí, don Boscos, voy!

    -Espere, Julia.

    -Se va a enfadar mucho cuando vea que solo le cobro a usted tan poco dinero. Bueno ¿qué? ¿Vendrá usted el sábado o no? Es que, si es así, tendré que inventar una excusa para mi marido, no quiero que se enfade si llego muy tarde de la farmacia.

    -Sí, sí, vendré. Con los cien euros. Dejará que, por lo menos, ¿me corra en sus nalgas? ¿Que usted se ponga en pompa, se suba la batita y, sin bragas, bueno, o con las bragas puestas, yo eyacule en sus nalgas?

    -¡Pero qué morboso es usted, don carpintero! No sé, ya veremos. Si usted me trata muy bien y hace que antes yo me corra unas cuantas veces, quizá sí me ponga en pompa, me arremangue la bata hasta la cintura para que me llene las nalgas de su semen, con o sin bragas, como usted desee.

    -Sí, sí, Julia, vale, por cien euros, de acuerdo.

    -Tráigalos en metálico, que si pagara con tarjeta el señor Boscos lo sabría y se quedaría con casi todo el dinero.

    Salimos a la tienda y yo pago los cincuenta euros con la tarjeta. Don Boscos nos mira mal cuando ve que es tan poco el importe. Julia se acerca a su oído y le explica algo. Supongo que le dice que solo nos hemos abrazado y besado, sin quitarse la ropa ni hacer nada. El sigue enfadado y le dice, mirándome a mí:

    -Julia ¡que sea la última vez que tardas tanto por tan poco! Mira, aquí tienes al señor Pisós, que lleva esperando un buen rato a que… ya sabes.

    -No pasa nada, don Boscos. No riña usted a la chica.

    -Señor Pisós, no la defienda. Ella debe hacer bien su trabajo. Venga, Julia, entra con el señor, que quiere que les mires bien la presión.

    -Sí, en seguida, don Boscos ¿Qué tal, señor Pisós? ¿Cómo está usted? ¿Desea usted lo de todas las semanas? Pase, pase a la sala.

    Me dio rabia ver cómo mi Julia entra con ese hombre y me imagino todo lo que van a hacer. Se le ve un caballero al que le sobra el dinero. No hace falta decir que justo al llegar a casa me hago una paja pensando en la farmacéutica, en su olor, en sus besos, en su cuerpo, en sus labios…

    Pero, bueno, pasa la semana ¡Y hoy por fin es sábado!

    Estoy todo el día pensando en Julia. Tengo la esperanza de que allí solos, en la farmacia, ella se excite tanto que deje que le haga el amor. Incluso pienso que quizá ni me querrá cobrar. A ver, a ella le gusto. No sé. No hay manera de que pasen las horas. Miro el reloj continuamente, cada minuto. Solo pensar en ella ya se me empina.

    Por fin son las siete y media y salgo de casa para la farmacia. Espero fuera disimuladamente hasta que lleguen las ocho. Sale una clienta a la ocho menos cinco. Julia pronto va a cerrar. Y es entonces cuando yo podré entrar. Y estar con ella. ¡Solos!

    Puntualmente, la farmacéutica va bajando las puertas metálicas de la farmacia. Veo que me mira y me hace una señal. Deja la puerta metálica de la entrada solo hasta la mitad y vuelve a entrar en la farmacia.

    Me decido a entrar. Ella me espera dentro y me da un abrazo muy cariñoso. Se separa y me pregunta:

    -¿Don carpintero, lleva usted el dinero?

    -Sí, sí, los cien euros, Julia.

    Ella me mira algo decepcionada y exclama:

    -Ah, ya, vale. Es que pensaba que quizá usted podría a ver conseguido más dinero y que… bueno, que podríamos haber hecho algo más que…

    -Julia, podemos hacer lo que usted quiera. Yo, por mí… si usted desea… si deja que yo…

    -No, no, solo lo que usted pueda pagar. Aunque, como le dije, le voy a cobrar la mitad, porque no daré nada a mi jefe.

    -Bueno, sí, vale.

    -Sabe, don carpintero, en todo el día no he estado con ningún cliente en la sala. Así que usted será hoy el primero.

    Julia se desabrocha los tres primeros botones de la bata y puedo disfrutar de la visión de su bonito sostén y gran parte de su pecho. Me toma las manos y las acerca a sus nalgas por debajo de la bata. Aprieta su cuerpo al mío y nos besamos en la boca. Yo disfruto masajeando su culo. Ella frota sus tetas contra mi pecho. Empieza a gemir. Yo noto una buena erección. Le huelo el cuello y se lo beso. Ella suspira.

    -¡Estoy muy caliente, don carpintero!

    -¡Y yo, Julia!

    Aparto las braguitas a un lado y le acaricio su sexo. Ella separa las piernas y noto que mis dedos se empapan de su flujo. Juega con su lengua en mi boca y yo con la mía en la suya. Baja la cremallera de mi pantalón y me masajea la verga por encima de los calzoncillos.

    -Tiene usted muy húmedos los calzoncillos, don carpintero. ¡Me gusta!

    -¡Usted también está muy mojada, Julia!

    -Sí, es por usted. ¡Por favor, penétreme con sus dedos!

    -Claro, lo estaba deseando. ¿Quiere que se los meta por el coño o por el culo?

    -¡Por los dos agujeros, por favor, don carpintero! – casi suplica.

    No me hago de rogar. Le arremango la bata hasta la cintura, le separo bien las nalgas y le meto mi dedo medio en el ano. Ella gime.

    -Más adentro, por favor. ¡Y también uno en la vagina!

    -¡Sí, enseguida!

    Tiene los dos dedos dentro por entero y empieza un sinfín de suspiros, gemidos.

    -¡Muévalos, muévalos dentro de mi culo y de mi chocho!

    Ella se estremece y se corre varias veces. Me besa y me abraza con fuerza. Creo que enseguida va a pedir que me la folle. Yo estoy preparado para metérsela en cuanto me lo pida. Al cabo de unos cinco minutos, ella, agradecida, exclama:

    -Hum, qué bueno, don carpintero, no sé cuántos orgasmos he tenido. ¡Sus dedos hacen maravillas! A ver, espere un momento. Ahora vengo.

    Vuelve con una colchoneta estrecha y una sábana. Las pone en el suelo.

    -¿Seguro que solo trae usted cien euros?

    -Sí, Julia, es todo lo que puedo darle.

    -En fin… pues…

    -Pero mujer, yo veo que usted… quiero decir que conmigo…

    -Me lo paso bien, sí, ya lo ve.

    -Pues yo creo que podemos… podríamos… hacer…

    -¿Follar? No, no, por cien euros, no. Mire, le estoy haciendo un servicio que en circunstancias normales costaría trescientos, la verdad.

    -Y yo se lo agradezco, de verás.

    -He dejado que me tocara, que me penetrara con sus dedos, nos hemos besado…

    -Sí, sí, me ha encantado.

    -¡Y yo! Ya ve que me he corrido no sé cuántas veces. A ver, si le parece bien, deme ahora el dinero.

    -¿Ahora? Es que no se fía.

    -Sí, sí, pero no querría que nos olvidáramos.

    -Vale, vale. Tenga usted.

    -¿Dos de cincuenta? Me habría hecho más gracia un billete de cien.

    -Es lo que hay, Julia.

    -Vale, Venga, échese, don carpintero.

    Yo obedezco y me tumbo. Ella vuelve a arremangarse la bata, se aparta las braguitas y se sienta en mi cara.

    -Huélame, chúpeme, béseme y lámeme. Si usted consigue que me corra en su cara y que le duche con una eyaculación vaginal, dejaré que después se corra encima de la parte de mi cuerpo que desee. Ya le digo, todo eso le iba a costar más de tres cientos euros.

    Ella se espatarra en mi cara. Yo le tomo las nalgas y se las separo. Le lamo desde el clítoris al ano. Ella empieza su concierto de ayes y uyes. Su flujo empapa mis labios. Lo sorbo con gusto. Le beso el clítoris y se lo chupo. Ella casi grita de placer. Le meto varios dedos en la vagina y varios en el culo. Enseguida tiene no sé cuántos orgasmos. Por fin acerca su mano a mi bragueta y saca mi miembro del pantalón.

    Empieza a masturbarlo sin dejar de mojar mi cara con sus ambrosías. Yo muevo mis dedos dentro de su coño y de su ano y chupo su clítoris. Ella acelera sus movimientos en mi polla. Por fin, me inunda con un squirt que explota en mi cara, abundante, caliente y sabroso. Parece que no va a cesar. Yo casi no puedo aguantar, pero no me quiero correr en su mano.

    -Pare, pare, Julia, no, deje de hacerme la paja, por favor.

    -¿Es que no le gusta? – pregunta entre mimosa, pícara y triste.

    -Sí, sí, me encanta. Precisamente por eso se lo digo. Es que quiero eyacular en…

    -¿Dónde? ¿Dónde don carpintero?

    -Bueno, primero en su cara, con la boca abierta. Y luego, después…

    -Un momento, un momento. Solo una vez. Y eso y todo lo que le he dejado hacer, ya le costaría cuatrocientos euros.

    -Pero Julia, ¡usted ha tenido no sé cuántos orgasmos!

    -Sí, y me ha encantado. Pero eso no tiene nada que ver. Va, por ser usted, dejo que se corra en mi cara aunque por cien euros hace rato que teníamos que haber terminado.

    -Julia, se lo agradezco. ¡Mucho!

    Ella se arrodilla en la sabana empapada con su squirt, me agarra la verga y la apunta hacia su cara. Separa los labios. Me mira y se relame. Yo me masturbo y suspiro. Se desabrocha algunos botones más de la bata y muestra su pecho, aun con el sostén. Ella cierra los ojos. Se muerde los labios y los separa. Toma mi mano derecha y se la acerca a su sexo. Yo le acaricio el clítoris. Suspira. Saca la lengua esperando mi semen. Pero entonces:

    -¿Julia, qué está pasando aquí?

    -Oh, ¡don Boscos!

    -¡Vaya! – exclamo yo.

    -¡Creo que dejamos las cosas muy claras, Julia!

    -Sí, sí, don Boscos. No es lo que parece… -se levanta, se pone bien las bragas empapadas, se abrocha los botones de la bata. – A ver, es que el señor… mire… vino a última hora… y mire, ve, me dio cien euros.

    -¿Solo cien euros?

    -Es que solo… solo vino para que le hiciera una paja ¿sabe?

    -¿A sí? ¿Solo una paja?

    -Sí, es lo que cuesta cien euros.

    -Pero… ¿y esta sábana tan mojada?

    -Bueno, es que yo, antes, sin querer… usted sabe que yo… a veces…

    -Sí, ya sé, que eres una fuente. Pero si ya te has corrido con él, entonces ya está. Por cien euros, eso ya los cuesta.

    -Es cierto don Boscos.

    -A ver, deme ese dinero, Julia. Y usted, caballero, ¿va a pagar otros cien euros a Julia para que ella…?

    -Yo… no… no tengo más, la verdad.

    -Él solo tenía esos cien euros.

    -Vale, pues así, ya está. Ya puede irse.

    -Pero yo… aún no…

    -Si no hay dinero, ¡nada!

    -Yo ya se lo dije a él, don Boscos. Él ya se iba.

    -Pues no es lo que yo vi. Váyase, carpintero.

    -Yo… sí… vale, adiós, don Boscos, adiós Julia.

    -Adiós, don carpintero. Me sabe mal -me mira apenada cuando salgo.

    -Y tú y yo, Julia, vamos a aclarar las cosas.

    -¿Qué cosas, don Boscos? – pregunta nerviosa y asustada.

    Estoy fuera y me quedo cerca de la puerta de la farmacia escuchando.

    -Julia, quedamos en qué tú solo estarías con los clientes en la farmacia…

    -Ya estamos en la farmacia, señor.

    -… y en horas en qué estaría abierta al público. Y cuando yo estuviera.

    -Eso es cierto. Lo siento.

    -Creo que hoy me querías engañar.

    -¡No, don Boscos, de verdad que no! – solloza.

    -¿Y por qué te dio el dinero en metálico?

    -Es que él… bueno…

    -No, no, nada. Mira, el dinero, me lo quedo yo.

    -Pero don Boscos, yo…

    -Por lo que veo en la sábana empapada de tus squirts, tú ya has disfrutado. Como una puta, que es lo que eres.

    -¡No diga eso, don Boscos! – las lágrimas resbalan por sus mejillas.

    -Debo castigarte, Julia. Además, viendo cómo le hacías una paja con su polla apuntando a tu cara y a tu pecho, me ha puesto cachondo. Mira.

    -¡Oh, don Boscos!

    Aunque no puedo verlo, me imagino que el farmacéutico se saca el pene y se lo muestra erguido.

    -Hace tiempo que no disfrutaba de una erección como esta. Venga, ponte de cuatro, como la perra que eres y aremángate la bata.

    -No, por favor, don Boscos, es que es tarde, mi marido se va a preocupar y a enojar. Quizá vendrá a buscarme al ver que no llego.

    -Pues que venga y verá lo que tiene por esposa, una vulgar ramera.

    -No, no soy una ramera. Deje que por lo menos le llamé por teléfono.

    -Quizá sí, pero primero, cerda, ponte en pompa sobre la sábana mojada por tus guarradas, arremángate la bata y sube el culo, que te lo voy a romper.

    -Pero don Boscos…

    -¡O eso o te vas y no vuelvas! Tú misma.

    Él la acompaña a la colchoneta y la empuja levemente para que ella se ponga a cuatro patas. Le arremanga la bata y le rompe las bragas.

    -Tienes las bragas empapadas, ¡cerda! ¡Te voy a romper el culo!

    Oigo desde fuera que le da varios cachetes y ella gime. Aunque me duela, veo que escuchar la escena, me excita. Intento ver lo que pasa. Y sí. El farmacéutico da nalgadas a Julia.

    -Toma, toma y toma. Hace tiempo que no tenía una erección como esta. Sé que deseas que te la meta bien adentro, en tu culo de puerca.

    -No, no, por favor. Mi marido… yo…

    -No metas a tu marido en esto.

    -Es que hoy es sábado. Y Ramón y yo, los sábados, bueno… es que ahora le gusta mucho metérmela por el culo y follármelo bien.

    -No me extraña, tienes el culo muy sabroso.

    -Pero si usted me la mete y me da muy fuerte, yo luego… es que me va a doler y lo tendré delicado e irritado y… él se va a enfadar.

    -Eso no es cosa mía, anda, calla, puerca, mira que querer engañarme y quedarte con todo el dinero.

    -De verdad que no. ¡Ay, oh, por favor!

    Él le penetra el ojete sin ningún miramiento y en un momento la tiene hasta el fondo. Empieza un mete y saca tremendo.

    -Por favor, ay, don Boscos, ¡vaya con cuidado! ¡Ay, hum!

    -Toma, toma el móvil y llama a tu esposo mientras te doy porculo, marrana.

    -Sí, sí, deme el teléfono. ¡Ay, hum, oh, ah!

    -No, si es que te gusta que te encule, ¡cerda!

    -Me duele, pero siento gusto, hum. Ay, calle, un momento, por favor. Hola, querido, sí, sí, ya sé que… ah, que es muy tarde… no, no pasa nada… es que… oh… no, no vengas, no, enseguida vendré… quizá en una hora. Después te explico… ah… hum… sí, sí, yo también te quiero, oh, ¡ahhh! – Julia cuelga la llamada y, avergonzada y aun sin querer, no puede evitar correrse y eyacular abundantes chorros de squirt.

    -Puerca, córrete, ¡córrete mientras te doy porculo! Si es que te gusta engañar a tu marido.

    -No, ah, oh, ¡me corro, me corro!

    Él le agarra el pelo y hace como que la cabalga con su pene metido en su ano.

    -Vamos, yegua, cabalga, córrete. ¡Te gusta que te enculen!

    -Sí, sí, don Boscos, me gusta, ¡me encanta! ¡Por favor, métamela más adentro!

    -¡Serás puta! ¡Si la tienes hasta el fondo! ¡Venga, jamelga! ¡Mueve el culo! Toma, toma, ¡me corro dentro!

    -¡Sí, lléneme las entrañas con su leche caliente, por favor!

    -¡Ah, oh, cerda, guarra, Julia, toma, toma! – eyacula en su culo mientras la tiene agarrada por el pelo como si fueran las riendas de una yegua.

    -¡Me muero, don Boscos, qué bien que me da porculo, por favorrrr!

    Me avergüenza confesar que yo me corrí en los calzoncillos y el pantalón viendo y escuchando esa escena. De buena gana me la habría sacado y me habría hecho una buena paja, pero en la calle no podía ser ni tampoco entrar en la farmacia.

    Cuando oí que se acercaban a la puerta, yo me aparté para que no me vieran. Escuché que el farmacéutico le decía a Julia:

    -Y además de que me quedo con los cien euros, no te creas que te voy a dar nada por haberte follado bien tu culo de cerda.

    -Pero don Boscos…

    -Es un castigo, Julia. Y un aviso. Como vuelvas a querer engañarme, te voy a echar. Y además le contaré a tu marido lo que haces.

    -No, por favor, dos Boscos.

    -Pues ya sabes, a ser cariñosa conmigo y a hacer lo que te pidan los clientes.

    -Pero sí ya lo hago. Soy mimosa y amable con ellos, dejo que me hagan todo lo que deseen.

    -Sí, y te gusta, ¿a que sí?

    -No puedo negarlo, don Boscos, me gusta complacerles.

    -¡Y correrte como una guarra con todos!

    -Eso también, no puedo negarlo.

    -¡Y cobrar como una vulgar ramera!

    -Bueno, creo que es lo justo. Soy una mujer casada y no iba a dejar que, sin cobrar… No sé qué le voy a contar a Ramón cuando vea que no dejo que hoy me encule como todos los sábados.

    -Dile la verdad, que eres una guarra.

    -¡Don Boscos!

    Me fui a casa decepcionado, triste, apenado pensando que nunca más me acercaría a la farmacéutica. Era una cerda. Engañaba a su marido, realmente sentía que actuaba como una prostituta y que parecía encantarle. Pero ya por la noche, me masturbé pensando en ella y solo deseaba poder tenerla para mí. Tenía que pensar una manera de ganar más dinero y poder cumplir con ella todos mis deseos.

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  • Consulta con la doctora Miller

    Consulta con la doctora Miller

    -¡Número 12! -grito la doctora desde dentro del consultorio.

    La doctora Miller se cubría con una blanca túnica entallada que resaltaba su figura. Extrañamente tranco la puerta y al sentarme frente suyo, levanté la cabeza y vi su rostro poderoso como iluminado.

    Su belleza me cautivó aunque su voz profesional limitaba cualquier contacto.

    Me indicó con gestos que me despojase de mi remera. Sentí una extraña sensación de confusión y complicidad.

    Pero lamentablemente el electrocardiograma era el cometido de la consulta.

    Percibí, en su silencio que ella me observó como midiendo milimétricamente, mi ancho de espalda y pecho.

    Prestamente colocó los electrodos rozando mis tetillas.

    Mantuvo la presión con un movimiento en mis bellos un acto innecesario que fingió era un tacto médico. Los electrodos hacia 2 minutos que estaban colocados. Ella me miró a los ojos mientras mi mente se aturdía, en una condición que fue provocando una vergonzosa erección.

    Me hizo el electro rápido puesto que era control de rutina. Sacó todos los cables y me limpio el gel con las manos en mi pecho.

    Yo explotaba y mi pene ya no tenía escondite posible.

    Su mirada se puso desafiante ,entonces supe que sin palabras me estaba preparando.

    La ecografía no la hizo.

    Se subió a la camilla puesto que mis ojos ya habían perdido todo recato.

    Ahí me habló: ¡no te muevas número 12!

    Yo le respondí obediente mientras la vagina de ella se deslizaba sin ropa pues mi jean lo había sacado de un tirón salvaje.

    El número 12 casualmente era su último paciente. El número 11 fue un vejestorio de 80 años por lo que miró a la inmensidad buscando alguien que neutralizara tal aburrimiento.

    Los hombres son muchas veces más inocentes. Las reglas no encajan en una sexual doctora que al verlo de reojo tranco la puerta pues me di cuente después que ya tenía todo planeado. Su tanga negra, diminuta la había guardado en el bolsillo de la túnica.

    El tiempo de nuestro inesperado sexo fue breve e intenso.

    Me despidió con un saludo seco y propio de su rango.

    -Lo veré en una semana señor Cames, me dijo arreglándose su túnica y por favor no olvide sacar el número 12.

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  • Mi suegro emputece a su hija Corina

    Mi suegro emputece a su hija Corina

    Después de la penitencia que mi suegro me había impuesto al hacerme follar con todos mis cuñados a la vez, yo pensaba que sus planes habían culminado todas sus nueras nos habíamos convertido en sus putas ¿Qué más se podía pedir?

    La siguiente vez que me tuve que recibí la orden de conectarme al sistema me di cuanta de mi error, ante mi apareció mi suegro acompañado de su hija Corina, esta era la hija menor de mis suegros y por tanto mi cuñada, una de las consecuencias de que mis suegros hubieran tenido tantos hijos, y la distancia temporal era que Corina, su benjamina, era de una edad muy parecida, e incluso inferior, a parte de sus sobrinos, nuestros hijos. Había sido durante años el ojito derecho de papa, pero en las discusiones que tuvieron lugar tras la separación de mis suegros este sintió que ella se había puesto de parte de su madre.

    Corina hacia muy poco que había cumplido los 18 años, tenía el pelo corto y en esta ocasión llevaba una falda a medio muslo que dejaba al descubierto unas piernas preciosas.

    -¿Pero qué hacía con mi suegro y porque este había dado la orden de que nos conectáramos, la conversación entre ellos me sacó de las dudas:

    -¿Así que quieres que te pague los estudios universitarios?

    -Es lo lógico, dijo ella, soy tu hija, respondió ella.

    -No te creas que soy tonto, dijo él te pague tus estudios en ese internado tan caro y sé que muchas de las asignaturas las aprobaste follando con los profesores, respondió él

    Después de un momento de silencio mi suegro añadió:

    -Está bien pagare tus estudios, pero te lo tendrás que ganar, haciendo para la empresa, lo que mejor sabes hacer follar, y vas a empezar ahora mismo haciéndolo conmigo.

    -¿Estás loco? Dijo ella, eres mi padre.

    -Lo tomas o lo dejas, dijo él.

    Ella lo pensó un momento, y respondió:

    -Está bien, pero que sepas que lo hago por dinero, no porque sienta ninguna atracción hacia ti.

    Mi suegro no dijo nada solo le hizo una señal para que se acercara u se sentara encima de él, sin duda como padre e hija lo habían hecho muchas veces, pero en esta ocasión iba a ser diferente, Corina se sentó en las rodillas de su padre y el muy cabron alzándole la falda llegó hasta su culo y comenzó a acariciárselo, ella acercó su boca a la de él, y los dos se dieron un beso con lengua nada filial.

    Ella llevó una de sus manos hasta la polla de su padre y se puso a acariciárselo por encima del pantalón su polla se puso dura y ella dijo:

    -Eres un cerdo, poniéndote, cachondo con tu hija.

    Es que eres una zorra le respondió él, y luego le ordenó, venga quítame los pantalones y chúpame la polla, cree que es lo que mejor has aprendido en el internado.

    Ella hizo caso de su padre y se los bajó la polla de él quedó al aire y ella dijo:

    -Papito no es que la tengas gigante, pero no está mal de tamaño, las he chupado más pequeñas.

    Abrió su boca y se tragó la polla de su padre y comenzó a manejarla, este comenzó a gemir mientras le decía:

    -Eres una zorra, la chupas mejor que alguna de las putas con las que he ido, se ve que en el internado en vez de estudiar te has dedicado a hacer otras cosas.

    -Se ve que sabes mucho de que te la chupen, so cabrón, respondió su hija.

    Y siguió chupándosela hasta que me suegro quiso pasar a la fase siguiente y le dijo:

    -Zorra ya es hora de que follemos

    Ella se levantó del sillón donde se la estaba chupando a su padre, se alzó la falda, se bajó las bragas y acariciándose el coño dijo:

    -Si cerdo, me has puesto cachonda, tengo el coño mojado.

    Mientras su padre la miraba tocándose la polla, hasta que ella con la falda levantada, fue hasta donde estaba su padre, se puso de pie encima de él y poco a poco fue descendiendo, hasta que su coño entró en contacto con la polla de su progenitor y comenzó a subir y bajar, mi suegro al sentirlo dijo:

    -So guarra follas mejor que la puta de tu madre, y que muchas de las otras putas con las que he follado.

    Ella siguió moviéndose arriba y abajo, y su padre estaba gozando a tope como demostraba, no solo la cantidad de palabras guarras que decía, sino la forma de gemir. En ese momento ella le estaba cabalgando de espaldas a él y no paraba de decirla lo puta que era, pero de repente ella decidió girarse y puso una de sus piernas sobre el hombro de su padre que dijo:

    -Me encanta tu coño, además de lo caliente que lo tienes es lindo de ver.

    -Gracias, papaíto, dijo ella.

    Continúo girándose mientras mi suegro seguía gimiendo, se le notaba que lo estaba pasando maravillosamente, dio otro giro y se coloco de cara a su padre, después pego sus tetas a la cara de su progenitor y siguió cabalgándole, él llevó sus manos hacia su culo y se lo agarró, mientras le decía:

    -So zorra tu culo es mucho mejor que el de la puta de tu madre.

    Y siguieron follando, se les notaba que los dos lo estaban pasando divinamente, pro mi suegro comenzó a dar algunas muestras de cansancio y dijo a su hija:

    -Puta tengo ganas de que lo hagamos en el suelo, ¿Crees que podrías?

    -Papito, respondió ella, la zorra de tu hija es capaz de hacerlo en cualquier sitio.

    Ella se levantó de encima de él, y se tumbó en el suelo de lado, mi suegro se levantó también del sofá y se colocó detrás de su hija, y desde esta postura se la volvió a follar en esos momentos se notaba que pese a las palabras groseras que pudieran decirse los dos estaban encantados de estar follando el uno con el otro, pero en ese momento mi suegro dijo:

    -Estamos follando vestidos, y yo tengo ganas de verte desnuda, desnudémonos.

    -¿A ti te parece que eso es propio de un padre y una hija? Dijo Corina con ironía

    -Es propio de una zorra como tú, le respondió su padre.

    Los dos se desnudaron por completo y siguieron follando, hasta que mi suegro dijo

    -Puta, me voy a correr.

    Corina se sacó la polla de su padre de su coño, le pidió que se tumbara en el suelo y cuando lo hizo llevó su boca hasta la polla de su progenitor y se puso a chupársela, en la cara de mi suegro se notaba lo feliz que le estaba haciendo su hija, esta le agarró su polla con una de sus manos, y con su lengua se puso a lamérsela, hasta que él se corrió, entonces su hija se puso a limpiarle la polla con su lengua, hasta dejársela bien limpia, pero ante los efectos de la lengua de su hija la polla de mi suegro se recuperó, ella con una poco de mala intención dijo:

    -Pero papa, se te ha puesto dura de nuevo, nunca lo hubiera imaginado.

    -So zorra, respondió el padre, que te has creído, no soy ningún viejo decrepito, puedo aguantar varios asaltos, y ahora so puta lo que me apetece es metértela por el culo, que, seguro que de virgen no tiene nada, puta.

    -Si ese es tu deseo papito, yo soy una niña buena.

    Y se puso a cuatro patas, su padre se puso detrás de ella, y al verla de culo dijo:

    -Puta estas mejor que tu madre cuando tenía tu edad, espero que también folles mejor que ella por el culo.

    Se puso detrás de su hija y la introdujo su polla por el culo, y le dijo:

    -Menudo culo tienes, se nota que no es la primera polla que recibe, y además parece hecho especialmente para ello.

    -Oyes papi no lo haces del todo mal.

    Él se puso a moverse dentro del culo de su hija, lo hacía con rabia, igual pensar que su hija era así de puta le encantaba, y mientras le rompía el culo le decía:

    -Toma zorra, eres una verdadera puta

    El culo de su hija aguantaba los envites de su padre con toda naturalidad, se la notaba que tenía una cierta experiencia, hasta que mi suegro no pudo más, y se corrió llenando con su semen el culo de su hija.

    -So zorra no sabes el momento tan increíble que me has hecho pasar, con tu madre en todos los años de matrimonio nunca había gozado tanto

    En ese momento la conexión se cortó. Dejándome muy excitada y a la vez bastante intrigada, mi suegro nos había convertido a todas sus nueras en sus putas, pero ¿Haría lo mismo con sus hijas? Y de ser así ¿Nos tocaría a sus nueras ayudarle, o llevaría a sus propias hijas a tener sexo unas con otras? De momento eran preguntas que se agolpaban en mi mente y para las que en ese momento no tenía ninguna respuesta.

    Unos días después recibí indicaciones de volver a conectarme y vi que Corina ya había empezado a trabajar para su padre, estaba sentada en el sofá, llevaba un vestido banco, muy corto que apenas tapaba sus piernas, poco después entro en el cuarto Ricardo, este era otro de los socios comerciales de mi suegro, cuando vio a mi cuñada sentada en el sofá se quedó sorprendido, y se le notaba baboseando, ante la visión de una chica de dieciocho años bellísima.

    -Buenos días, Ricardo, dijo ella, con voz insinuante, mi padre se disculpa por no poder recibirte en persona y me ha pedido que te enseñe todos los detalles que quieras del proyecto.

    Se le notaba en que proyecto estaba pensando, jajaja, se sentó al lado de la chica, y esta, manteniendo su ton insinuante le dijo:

    -Si aceptas el proyecto lo celebraremos juntos.

    Él estaba muy excitado y no se podía contener, llevó sus labios hasta los de la chica y se besaron apasionadamente.

    -Está bien, dijo él, acepto el proyecto

    Y llevó una de sus manos hasta las piernas de Corina y se puso a acariciarlas, ella e respondió llevando una de las suyas hacia la polla de Ricardo y comenzó a acariciárselo, mientras sus lenguas jugaban la una con la otra.

    -Pararon un momento, él se quitó el polo rojo que llevaba, mientras ella se quitó el vestido quedándose únicamente con unas bragas blancas, él reconociendo a la diosa joven que tenía a su lado dijo:

    -Eres una de las mujeres más hermosas que he visto en toda mi vida.

    Llevó su boca hasta uno de los pezones de Corina y se puso a besarlo, mientras con una de sus manos fue hasta a las bragas de mi cuñada y metiendo su mano por debajo se puso a acariciarla, ella al sentirla se puso a gemir. Él le pidió que doblara sus piernas y cuando ella lo hizo, Ricardo le fue bajando las bragas, poco a poco, hasta quitárselas y en ese momento exclamó:

    -Qué coño tan delicioso tienes.

    Llevó su cabeza hasta esta zona del cuerpo de la chica, y rozando su bigote contra el coño de Corina, se puso a comérselo. Ella al sentir su lengua y el bigote del madurito se puso a gozar y dijo:

    -Que bien lo comes, mi amor.

    Ricardo estuvo comiéndole el coño un rato, hasta que Corina dijo:

    -Mi amor, me lo estás haciendo muy bien, pero ahora me toca a mí devolvértelo.

    Le hizo sentarse en el sofá, relajado y lanzándose sobre su polla, se la metió en la boca y dio comiendo a una mamada muy intensa, el comenzó a gozar y le dijo:

    -Princesa la chupas mejor que muchas de las profesionales de lujo.

    Yo al verlos no pude evitar, lo que se había hecho una costumbre viendo lo que mi suegro hacia que nos retransmitiesen, llevarme una de mis manos hasta mi coño e introducir uno de mis dedos en su interior.

    Pero por supuesto ellos estaban ajenos a mis deseos. Ella siguió chupándosela, y el disfrutándola, hasta que no pudo aguantar más y le pidió:

    -Princesa, me muero de ganas por probar tu coño.

    -Si es lo que deseas mi amor, le contestó ella, tus deseos son mis deseos.

    Corina dejó de chupársela, se puso a su lado llevó su boca hasta la de él y se enzarzaron en un beso apasionado, ella agarró la polla de Ricardo y se la meneó un poco para que estuviera completamente dura, y cuando la vio en plena forma le puso un condón, después se sentó encima de él, de espaldas hizo que la polla de Ricardo encajara con su coño y comenzó a cabalgarle.

    Ricardo no parecía creer lo que estaba viviendo, una preciosa jovencita estaba cabalgando su polla, se sentía en la gloria, llevó sus manos hasta las tetas de la chuca y se puso a acariciárselas, pero Corina o estaba gozando también a tope, o había aprendido a fingir muy bien, sus gemidos eran también muy intensos, hasta que él le pidió a ella:

    -Me gustaría hacértelo desde atrás.

    -Mi amor, me tienes aquí para hacer lo que tú quieras, respondió ella.

    Ella se quitó de encima de él y se puso a cuatro patas, él se colocó detrás de ella, se notaba que la visión del trasero de Corina le resultaba muy agradable, y desde esta postura le introdujo su polla en el coño de la chica, y comenzó a moverse de una manera impetuosa propia de un chico joven.

    Los gemidos de Corina se intensificaron, y le dijo:

    -Mi amor me estas llevando a la gloria.

    Los dos parecían estar gozando a tope, pero él le pidió a ella:

    -Mi princesa, me gustaría verte mientras lo hacemos.

    Él se salió un momento, ella cambio de postura, se tumbó en la cama bocarriba, el se puso en una postura en que su cuerpo estaba a noventa grados con la chica, ella alzó una de sus piernas, y Ricardo la penetró en esta posición, nuevamente los dos, siguieron disfrutando a tope, hasta que Ricardo no pudo más y dijo:

    -Mi Princesa me voy a correr.

    -Hazlo sobre mi vientre amor, le pidió ella.

    Él se apresuró a complacerla, le sacó la polla del coño, se quitó el condón y dejo que su semen cayera sobre el vientre de Corina, ella se lo restregó como su fuera una crema hidratante, él dijo:

    -Ha sido fantástico mi princesa, espero que lo repitamos

    -Yo también lo deseo mi amor, dijo ella, follar contigo el socio de mi padre, mientras hacemos negocios es delicioso.

    -Por supuesto le dices a tu padre, que aceptó el negocio en las condiciones que hemos hablado, dijo él, pero será mejor que no le digas como me has convencido, jajaja.

    Yo en ese momento pensé en que seguramente mi suegro había sido quien había planeado todo. Después él se vistió y dando un beso muy dulce en la boca a la chica se fue y Corina se quedó sola en el salón completamente desnuda, y no parecía para nada descontenta con lo que acababa de vivir y el señor del bigote llevaba razón mi cuñada era bellísima. En ese momento se cortó la conexión.

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  • Hijo se reencuentra con su madre culona

    Hijo se reencuentra con su madre culona

    Pocas cosas existen más tristes que un hijo que es separado de su madre y, al mismo tiempo, no existe nada más emotivo que un el reencuentro de los mismos tras mucho tiempo, y de eso trata está historia.

    Todo comenzó en una casa, en la que un niño llamado Randy vivía junto con sus padres, y todo iba bien hasta que, un día, por razones que el infante desconocía, sus progenitores se terminaron divorciando.

    Cómo el padre de Randy era un abogado muy cualificado y experimentado, este no solo logro separarse de su esposa sin perder gran parte de sus vienes sino que, además, se quedó con la custodia total de su hijo, al cual no le permitió volver a ver a su madre.

    Durante los siguientes años, Randy no supo absolutamente nada de su madre, y uno de sus mayores anhelos era volver a estar con ella, a la cual quería mucho.

    Finalmente, tras cumplir los 18 años, Randy, al ser mayor de edad, ya no tenía que pedirle permiso a su padre para nada al ser legalmente un adulto y decidió, por cuenta propia, buscar a su madre.

    Luego de una breve investigación, Randy pudo ponerse en contacto con su madre, y los dos se pusieron de acuerdo para reunirse en un café.

    Cuando llego el tan anciano día del reencuentro, Randy fue hasta el café, y se emociono al ver a su madre sentada en una mesa, y a esta le pasó lo mismo al ver a su hijo.

    Emma, la madre de Randy, era una mujer blanca, rubia, muy alta, y se ojos celestes. Poseia un cuerpo con músculos marcados que no le quitaban su silueta femenina, unos muslos grandes y gruesos, un par inmenso de tetas, y un culo enorme que siempre atraída todas la miradas.

    “¡Mama!” exclamó Randy, emocionado, mientras corría a abrazar a su madre.

    “¡Mi querido hijo!” exclamó Emma, con lágrimas en los ojos, y quien estaba tan emocionada que, al abrazar a su hijo, lo levanto como si fuera un muñeco de trapo “¡No sabes cuánto he soñado con este momento!”

    “¡Mama… me asfixias!” exclamó el joven.

    “¡Perdón, hijo! Es por la emoción del momento” dijo la milf, mientras bajaba a su hijo.

    “¡Haz cambiado mucho! La última vez que te vi, no eras tan musculosa”

    “Es que, tras divorciarme de tu padre, me puse a entrenar como loca para sobrellevar el dolor de ser separada de mi único hijo”

    Durante el resto de la tarde, madre e hijo estuvieron conversando, y se pusieron al día luego de haber estado casi ocho años separados.

    Tras mucho hablar con Emma, Randy le hizo una pregunta que estuvo guardada por años:

    “¿Cual fue el motivo por el que tú y papa se divorciaron?”

    “Prefería hablar contigo de ese tema en privado ¿Te gustaría venir a mi departamento para seguir conversando?”

    “¡Pero por supuesto! ¡Vamos nomás!”

    “Por cierto ¿Tienes novia?”

    “No, no tengo ¿Por qué?”

    “¡Solo por curiosidad!” exclamó Emma, quien, en cuanto su hijo le dio la espalda, hizo una lujuriosa sonrisas.

    Al llegar al departamento de Emma, Randy y su madre se sentaron en el sofá de la sala.

    “Bien, mamá, ya basta de suspenso” dijo Randy “¡Realmente quiero saber que fue lo que ocurrió aquel día para que papá se molestase tanto contigo!”

    “¡Está bien, supongo que tienes derecho a saberlo!” respondío la milf “Verás, hijo: resulta ser que tienes una madre muy cachonda, que le gusta mucho el sexo, y que no hace distinción entre hombres y mujeres ¡A mí me dicen “La Rencorosa”, porque no perdona a nadie, ¡y toda aquella persona que se me haga medianamente atractiva acaba en mi cama!”

    “¿Entonces le fuiste infiel a papá?”

    “¡No, para nada, yo jamás le puse los cuernos a tu padre, porque podré ser puta, pero jamás traidora! Lo que pasó es que a tu padre le pedía tener sexo constantemente, pero este no fue capaz de soportar mi ritmo, y eso comenzó a dañar nuestra realización. Una tarde, le propuse a tu padre tener un matrimonio abierto, en dónde ambos pudiéramos coger con quién quisiéramos, pero este se molestó conmigo, me dijo que era una golfa asquerosa, y tomo la decision de no solo divorciarse de mi, sino también de separarme de ti. Tu ya sabes cómo es tu padre, él es un hombre muy religioso, y no quería que su hijo fuera criado por una ninfómana como yo. Ahora ¿Cómo te sientes al saber la verdad? ¿Te disgusta saber que tienes una madre tan puta como yo?”

    “Bueno… no voy a negar que es un poco raro saber que a mí madre… le gusta mucho el sexo” dijo Randy, con cierta incomodidad.

    “¡Solo llámeme puta, a mí no me molesta!” exclamó Emma, mientras se acercaba a su hijo, y apoyaba sus inmensas tetas contra el brazo de este “¡Es más, adoro que me llamen así!”

    “¡Solo digo que a mí me da igual como seas o lo que hagas, porque yo te amo igual, y añoraba volver a verte porque te extrañaba mucho!”

    “¡Me alegra que pienses así, porque llegó la hora de celebrar nuestra reencuentro de la única forma en la que una mujer como yo puede hacerlo!” exclamó Emma, y beso apasionadamente a su hijo.

    Randy quedó en shock al sentir como la lengua de su madre se metía dentro de su garganta para luego enredarse con fuerza alrededor de su propia lengua.

    Al momento de separar sus bocas, las mismas siguieron unidas por un hilo de baba, y Randy se quedó sonrojado, al tiempo que su madre lo veía con una sonrisa pervertida y lujuriosa. luego, la milf cargo a su hijo en brazo, y se lo llevó a su cuarto.

    “¡Llegó la hora de recuperar el tiempo perdido!” exclamó Emma, mientras dejaba a su hijo sobre la cama “¡Mamita te va a dar en una noche todo el amor materno que te hizo falta durante estos últimos ocho años!”

    “¡Pero mamá… esto no está bien…!” exclamó Randy, cuyo cuerpo temblaba de tan excitado que estaba “¡Somos madre e hijo!”

    “¿Y eso que carajo importa? Si yo tengo ganas y tú también, pues entonces cojamos y ya está ¿O eres igual de religioso que tu padre?

    “No, pero…”

    “¡Pero nada!” exclamó la mujer, mientras se desnudaba “Yo sé que tú tambien quieres degustar mi voluptuoso cuerpo. Solo haz como yo que, en cuanto te vi, una vez que se me pasó la emoción del reencuentro, me dije a mi misma: “¡Me importa un carajo que este jovencito tan guapo sea mi hijo, me lo voy a coger hasta que suplique piedad!””

    Una vez desnuda, la milf comenzó a besar a su hijo en el cuello y en la boca, al tiempo que le sacaba la ropa. Luego, Emma se quedó sorprendida al ver el tamaño de la verga de Randy.

    “¡Esto sí es una pija!” exclamó la milf, contenta, y luego le dió una lamida “¡Veo que heredaste lo único bueno que tiene tu padre!”

    Emma comenzó a mamar, con gran fuerza y pasión, la verga de su hijo, al tiempo que este se retorcía y gemia de placer.

    Tras mucho sexo oral, Randy terminó por eyacular dentro de la boca de su madre, y está se trago todo el semen.

    “¡Espeso y calentito, justo como me gusta!” exclamó la milf, mientras se pasaba la lengua alrededor de la boca.

    “¡Supongo que ya no tiene sentido preocuparse!” exclamó Randy, mientras abrazaba a su madre “¡Te extrañaba tanto que me da igual cometer incesto contigo!”

    “¡Así se habla, querido!” exclamó Emma, mientras su hijo le chupaba las tetas “¡Cómo se nota que eres mi hijo!”

    El joven, poseído por una gran lujuria y por la alegría que le daba reencontrarse con su madre, comenzó a lamer y a chupar todos y cada uno de los músculos de Emma, cosa que está disfruto mucho.

    Luego, Randy se arrodilló frente a su madre, y comenzó a chuparle el coño, al tiempo que está le agarraba con fuerza la cabeza a su hijo para que esté no despegará su boca de su entrepierna.

    Tras varios minutos de sentir la lengua de su hijo dentro de su coño, Emma tuvo un orgasmo, lleno la boca de su hijo con sus jugos vaginales, y le tapó la boca.

    “¡Si yo me trague tu orgasmo, tu te tragas el mío!” dijo Emma, y Randy acato la orden “¡Eso es, buen chico! Ahora, prepárate para revivir tu premió”

    La milf empujó a su hijo sobre la cama, se paró sobre este y, de un sentón, aplastó la cara de Randy debajo de sus inmensas nalgas.

    “¿Te gusta tu premio?” pregunto Emma, mientras restregaba sus nalgas contra la cara de su hijo.

    “¡El mejor premio de toda la puta historia!” exclamó Randy, y comenzó a lamerle el culo a su madre.

    “¡Tu si que sabes cómo complacer a una mujer, querido!” exclamó la milf, entre gemidos, mientras sentía la lengua de Randy entrar y salir dentro de su ano.

    Tras recibir muchos besos negros, Emma se paró, se puso encima de su hijo, y comenzó a tener sexo anal con él en posición Amazónica.

    “¡Dile adiós a tu puta virginidad, porque ahora es mía!” gritó Emma, mientras le daba fuertes sentones a su hijo.

    “¡Dios, no puedo tener suficiente de tu cuerpo!” exclamó Randy, mientras agarraba las tetas de su madre.

    “¡Y yo tampoco del tuyo!” exclamó la milf, y beso apasionadamente al joven.

    Luego de una muy intensa sesión de sexo anal, Randy le pidió a su madre que se pusiera en cuatro, y fue él quien tomó la iniciativa en la cama y comenzó a penetrar el culo de la milf.

    “¡Dios, para ser un virgen, coges muy bien!” exclamó Emma, entre gemidos.

    “¡Esta es mi forma de expresar el amor que siento por ti y la gran alegría que me da que volvamos a estar juntos!” exclamó Randy, mientras penetraba a su madre con todas sus fuerzas “¡Te amo mamá!”

    “¡Y yo a tí, mi amor!” grito la milf, entre gritos de placer “¡Eso! ¡Cogeme por el culo hasta rompermelo! ¡Dame todo tu amor y todo tu semen!”

    Finalmente, y tras mucho sexo salvaje, madre e hijo tuvieron un orgasmo al unisono, y el culo de Emma quedó cubierto del semen de Randy.

    Luego, madre e hijo se acostaron en la cama uno al lado del otro, y Randy apoyo su cabeza en las tetas de Emma.

    “¡Este reencuentro fue mejor de lo que esperaba!” exclamó Randy, quien estaba agotado pero contentó.

    “¡Lo mismo digo, querido!” exclamó Emma, quien se sentía igual que su hijo “¡Por favor, ven a vivir conmigo! Quiero que recuperemos todo el tiempo perdido, y eso solo se puede hacer cogiendo como animales en celo todas las putas noches”

    “¡Y yo no quisiera que fuera de otra forma!” exclamó Randy, y beso a su madre.

    Luego, madre e hijo se quedaron dormidos, contentos de que, finalmente, estaban juntos otra vez.

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  • Destinado a los cuernos (4)

    Destinado a los cuernos (4)

    Tras lo sucedido con el señor Israel, Cami continúo entablando una relación de amistad con él, cada que yo iba por ella tenía la oportunidad de verlos salir, a veces cruzaba palabra conmigo y otras no, aunque tampoco es que tuviera algo en mi contra, simplemente para él lo importante era su amistad con Cami no conmigo. Como fantasía cada vez escalaba más, debo decir que para introducirse en el mundo de los cuernos consentidos la fantasía es muy importante y hay que saberla llevar, pero algo ocurrió en un corto lapso de tiempo, mientras Cami parecía estar convencida de querer llegar a algo con el señor Israel, otra persona entro en el juego.

    Ana era una señora de 40, no muy descuidada, pero en comparación de Cami los años se le notaban, ella había comenzado a coquetear con el señor Israel, a lo que él había comenzado a corresponder. Talvez fuera porque con Cami sentía que no llegaba a nada y con Ana resultaría más fácil, así que los días siguientes fueron complicados, Cami llegaba conmigo algo cabizbaja, el señor Israel ya no salía a comer con ella y apenas cruzaban palabras al interior de la empresa, ciertamente solo había una relación de amistad, pero Cami parecía afectada.

    No solo lo notaba yo, sus compañeros también notaron el cambio de humor, igualmente ellos solo veían una amistad entre ellos, lo demás era solo un chisme de pasillo y nada más. Algunos intentaron darle ánimos, las chicas le decían que era mejor así, pues se malinterpretaba su amistad, los chicos la invitaban a salir de noche, en grupo claro, solo como amigos, entre ellos estaba “él”.

    Javier, con 42 años, soltero, era analista de costos, pese a ser más joven que Israel las canas eran evidentes frutos del estrés laboral, de cabello algo largo, robusto, de presencia y buena educación. Él en primera instancia se decidió a apoyar a Cami como una compañera, con cierto amor fraternal, le contaba de las desventuras de su vida y de las cosas que debía cuidarse, si, como de hombres como Israel, los cuales no le traerían cosas buenas a su vida.

    La amistad de Javier le sentó bien, su humor había mejorado y ahora dedicaba su tiempo libre en el trabajo con él, situación que no pasó desapercibida por Israel, el cual la busco para pedirle explicaciones del por que ahora salía con Javier, ella no le debía ninguna, cada cual para su lado, que eran amigos solamente y que ella había respetado su relación con Ana, por lo que lo mejor era darles su espacio.

    La presión de Israel se hizo constante, la esperaba afuera y las conversaciones comenzaban a subir de tono, cuando me lo platico opte por aparecerme y encararlo, pero no fue necesario. Javier se me adelanto y el mismo lo confronto, le pidió que no era adecuado su comportamiento y le pidió que no la molestara más o se las vería con él.

    Esto dio alivio a Cami, pero también causo una gran molestia en Ana, como en cualquier empresa los rumores corren rápido, se decía que su pareja había sido puesta en su lugar por Javier y todo porque Israel aun buscaba la atención de una joven, lo que la dejaba muy mal parada. Los celos de mujer actuaron, ella quería desquitarse y para ello fue en busca de Javier, le coqueteo de la misma manera, pero él era más cabal, un hueso duro de roer, si bien no le daba pie a nada, le aceptaba el salir a comer, como una invitación entre compañeros solamente.

    Todo esto era una montaña rusa de emociones para Cami, ser el foco de atención de dos hombres, tener a una mujer iracunda buscando desquitarse, encontrarse en medio de los rumores de pasillo dejándola como la manzana de la discordia, sus hormonas estaban a mil y eso lo disfrutaba yo, no era necesario estimularla con la fantasía. Sin embargo, la espinita aun me picaba y de nuevo mencione el nombre de Israel en la cama, pero su reacción no fue la misma, supuse que todo lo ocurrido había reducido la atracción que Cami sentía por él, así que volví a apostar y ahora mencione el nombre de Javier, el orgasmo que presencie en Cami me dijo que había dado en el clavo.

    El tiempo que ahora pasaba con él había hecho migas, se llevaban bien y estaba a gusto, no solo por las atenciones que le tenía, sino que su comportamiento era de acuerdo a su edad, pese a todo Ana aun continuaba buscándolo, pero Javier no daba pie a más, esto por supuesto llego a Israel, dando pie a otro encuentro entre ellos, Javier dejo en claro todo nuevamente, con Ana solo eran salidas entre compañeros y con Cami una amistad, no era culpa suya si ellas preferían estar con él y no con Israel. Argumento firme que solo pudo ser contestado con violencia, Israel intento agredirlo, pero igual que con las palabras, Javier lo puso rápido en su lugar, todo en presencia de Cami.

    Esa noche ella llego desatada conmigo, como si solo tratara de desquitar su deseo sexual, me arrebato de la ropa, me beso con una pasión incontenible, me beso el cuerpo y me llevo hacia ella, le correspondí con la misma calentura, la recorrí y estimule con la dulzura habitual, pero ella quería más, cambie el ritmo a sus deseos y terminamos teniendo un sexo salvaje guiado prácticamente por ella. A la mañana siguiente solo volvió a su trabajo sin mencionar los motivos de su arranque anterior, tampoco es que necesitara mucha explicación para entenderlo y no habría sido un gran problema si no fuera por los hechos ocurridos posteriormente.

    Ella comenzó a distanciarse de mí, me platicaba poco sobre su trabajo y menos aun sobre Javier o Israel, me buscaba pelea por pequeñas cosas, que si yo veía a alguien, que si no la consentía, que faltaba algo en la relación, etc. Ustedes como yo en ese momento saben hacia donde se dirigía y por supuesto, como todo un cliché, llego el día en que me pidió tiempo en la relación.

    No le discute, más si le hice ver que los motivos por los que lo hacia no eran por lo que ella decía, si tenia ganas de experimentar sabia que conmigo no había problema, era libre de cumplir sus fantasías y más aún, de ser así yo la apoyaría. Como pareja le había respondido bien, siempre preocupándome por ella y que cambiar una relación estable por algo fugaz pudiera solo traerle arrepentimiento, por mi mismo, aun así, le deje marchar.

    No me equivoque, una semana después ella estaba esperándome fuera de mi trabajo, se le veía preocupada por lo que tenia que hablar, pero feliz, segura de que obtendría lo que venia a buscar, pero no fue así. Me explico que ya lo pensaba mejor y que era verdad que no valía la pena dejar así una relación de tantos años, me dijo que estaba equivocado sobre lo que pensaba, pero que era verdad que todo este juego con terceros la tenia confundida, me pidió que la entendiera y que continuáramos la relación como si nada hubiera ocurrido.

    K: para que todo sea como antes, necesito que me respondas algo con sinceridad

    C: claro, ¿qué cosa?

    1. esta semana ¿tuviste sexo con Javier?

    Incapaz de mentirme en ese momento, no contesto, pero su cara lo decía todo, yo no tenia nada más que pensar.

    K: si lo hiciste, no te odio por eso, talvez yo mismo tenga la culpa por presionarte con la fantasía de compartirte, pero tampoco quiero que vengas como si nada pasara, hazte un favor, tomate el tiempo que quieras, ve y vive lo que tengas que vivir, si al final aún hay algo entre nosotros hablaremos y si no, te deseo lo mejor

    Ella aun protesto, pero lo ignoré, no quería escuchar nada más y es que, aunque pareciera que mi respuesta fue firme, por dentro estaba desecho, tanta dedicación, tanto tiempo en esa relación que yo creí iba a buen puerto, se había estancado por un capricho mutuo.

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