Autor: admin

  • Mi prima me enseña a bailar

    Mi prima me enseña a bailar

    En una fiesta familiar vi bailar a una prima reggaetón, no pensaba que podía moverse tan sexy cómo la vi, y más con ese trasero qué hace que varios la miremos. La describo, ella es güera, tiene ojos claros, tiene un cuerpo muy lindo, sus senos son firmes, redondos, se nota que se cuida, una cintura qué varias chicas envidiarían, y un trasero que parece que no le caben es sus pantalones.

    Unos días después de la fiesta decidí hablarle por Whatsapp y pedirle de favor si podría enseñarme a moverme, no que no supiera si no que me enseñara a moverme más.

    Y así fue, era un sábado mis papás trabajan tenía toda la casa para nosotros dos. Cuando llego ya tenía todo preparado, el estéreo y el cable auxiliar por si acaso, le ofrecí agua, vi que venía con calor por su forma de vestir, una blusa de tirantes con un buen escote y un short arriba de las rodillas, y lo lindo es que se veía ese gran trasero en todo su esplendor.

    -¿Por qué quieres aprender a bailar primo?

    -Bueno es que, quiero no quedarme sentado en las fiestas, estoy medio torpe para moverme y quiero darle una sorpresa a mi novia.

    -¿Quieres hacerle un baile erótico o algo así?

    -Si la verdad sí.

    -Qué pícaro me saliste, ¿Y qué quieres bailar primero?

    -Lo que tú quieras.

    Así fue, empezamos a hacer unos pasos simples de merengue, salsa, cumbia, (a verdad si sabía un poco, pero me faltaba moverme aún más), cómo a la hora de estar practicando nos dimos un descanso para comer algo y tomar aire.

    -¿Y cómo es esa sorpresa que le quieres dar a tu novia?

    -Pues ya sabes, algo sensual, con una música sexy para llegar a donde tú sabes, a lo mejor tú ya lo has hecho o te lo han hecho.

    -La verdad no, pero más o menos me doy una idea. Ya se hagamos de cuenta que soy tu novia y me enseñas como lo harías ¿va?

    Al principio me saque de onda pero ella tenía una mirada muy coqueta a lo cual accedí.

    Ok, está bien me dices qué tal y como puedo mejorarlo.

    Tomé una silla frente al estéreo (qué está en la sala).

    -Siéntate.

    Comenzó una música lenta, me acerqué a ella con algo de pena, la cual desapareció porque me concentré para tratar de sacar un buen baile.

    Me acerqué hasta su cara, suavemente le pasaba mis labios por su cara mientras abría mis piernas para sentarme sobre las suyas, mientras le respiraba el cuello, noté que ella empezaba a dejarse llevar por el momento y decidí hacer lo mismo. Me volví a levantar para quitarme la camisa qué llevaba puesta botón por botón, la cara de ella cambió a una mirada de deseo a lo cual me sentí muy bien con eso, me volví a sentar en sus piernas pero dándole la espalda, tomé sus manos para que acariciara mi torso, mi cuello y lo que ella quisiera. Su respiración aumentaba parecía que se estaba excitando.

    Seguí haciendo un tipo de baile tratando de tocarla aunque no lo hice, duré casi 8 minutos haciendo movimientos lentos, acercándome a sus labios, pechos, hombros hasta que terminó la canción.

    -No lo haces mal primo, aunque si te faltan pulir unos detalles, me dijo. Ahora siéntate tú.

    Claro que accedí de inmediato, tomé asiento y me puse a disfrutar lo que venía.

    Puso de nuevo la canción, se paró dos metros frente a mi, se puso a gatas y comenzó a acercarse, me miraba con mucho morbo, con deseo, parecía que era otra persona. Cuando llegó a mi, me tomo las rodillas y abrió mis piernas metió su cabeza entre ellas y comenzó a subir por mi torso, sus manos las deslizó hacia mi entrepierna y antes de que se juntaran las separó. Con su cabeza me beso las mejillas, y me embargaba su pecho sobre el mío, tomo mis manos y las puso sobre su espalda, las bajo muy lentamente hacia su trasero. Estaba tocando ese gran trasero, era divino. Mientras ella respiraba cerca de mi oído, todo eso era tan excitante. Junto mis piernas se dio media vuelta y en un movimiento muy sexy se quitó la blusa que traía, después de soltar la blusa, se agachó y con una mano desabrochó su brasier volvió a tomar mis manos y me las llevo a tocar sus senos, eso me puso a mil a lo cual ella se dio cuenta y me dijo que aún no terminaba.

    Se levantó y se puso frente a mi, dejándome ver esos pechos firmes y lindos, me dijo:

    -Levántate un segundo.

    Lo hice sin dudar, ella se agachó y comenzó a quitarme el pantalón, cuando ya estaba hasta las rodillas, me dijo que saliera por completo y así lo hice me empujó de nuevo a la silla y así ella empezó a bajarse ese lindo short, cuando hice eso no me lo creía, traía un calzón tipo cachetero con un encaje negro que se le hacía tanga a la muy buena. Ya sentado en la silla se abrió de piernas y se sentó en las mías comenzó a moverse cómo si estuviéramos haciéndolo, yo no podía dejar pasar esa oportunidad, la tomé de la cintura y comencé a moverme con ella, las respiraciones eran cada vez más fuertes y ella se meneaba con mucha fluidez.

    Hubo un momento en el que nos miramos aún ella encima de mi, (no sé qué habrá pensado, pero apuesto que ya era algo tarde para echarlo para atrás).

    Comenzamos a besarnos, y dejamos que nuestras manos tocaran lo que quisieran, ella empezó a cabalgar cómo si en realidad si lo estuviéramos haciendo, se separó de mí y en un movimiento se agachó, me quitó el bóxer y empezó a chupar el pene, parecía que se lo quería tragar de un solo trago, ella sola se ahogaba con mi pene, podía sentir como se lo metía hasta la garganta y el sonido que hacía era muy excitante.

    Yo la tomé de la cabeza y la empujaba deje que ella fuese quién marcará el ritmo, me puse de pie y ella seguía mamando, lo hacía muy rico, mi prima me estaba comiendo la verga cómo una profesional.

    Mientras seguía mamando se quitó el cachetero que traía, se separó de mí y me dijo:

    -Primo métemela.

    Yo sin pensarlo dos veces me agache ante su vagina y metí mi cabeza, era tan excitante y escuchaba sus gemidos qué a veces se tapaba con la boca, pero no le importaba y los dejaba salir. Seguí lamiendo esa depilada y hermosa vagina hasta que vi que sus jugos ya estaban por todos lados, entonces tomé mi pene y comencé a introducirlo lento, ella me miraba y me pedía más.

    Cada vez los movimientos eran más fuertes, abrí un poco más sus piernas y seguía dándole, ella no paraba de gemir tan delicioso, le tocaba los pechos, el clítoris con una mano, chupaba mis dedos, eso era una locura. Me detuve la gire en un movimiento e hice qué se pusiera de a cuatro, ese era mi momento, tremendas nalgas, ante mí. No pude evitar darles una mordida a la cual ella se quejó pero le gustó, tomé mi verga que ya estaba lista y la introduje de nuevo en su vagina, aunque está vez lo hice con más fuerza, ella lanzó un grito qué se pudo escuchar, aunque lo tapo con su mano. Las arremetidas eran tan fuertes que sus nalgas parecían masa, y era una excitación tan grandiosa qué una de esas tuve que salir para poder respirar un poco. A los pocos segundos de respirar, volví a metérsela pero ahora fue suave, la tomé del cabello jalándola hacia atrás y eran movimientos lentos, calmos y dentro de un rato otra vez empecé a hacerlos más rápido, sentí que me venía, y me separé de ella, y al parecer entendió el mensaje se arrodilló frente a mí y empezó a mamarla de nuevo, me vengo le dije, ella no se separó. Sentí como me salía todo lo que tenía que salir y ella se lo dejo en la boca y luego se los trago. Nos sentamos en el sillón y así nos quedamos viéndonos.

    -Si le haces esto a tu novia, no le va a importar que no sepas bailar primo, me dijo.

    -Aun así gracias por ayudarme.

    -Pero si las clases aún no terminan, esos movimientos aún faltan perfeccionarse.

    Nos vestimos y ahí nos quedamos en mi casa, hasta que llegaron mis papás y ellos fueron a dejarla a su casa.

    Y aún estamos viendo cuando podemos seguir practicando.

     

  • Una nueva vida

    Una nueva vida

    Nunca imaginé que la persona que más me lastimó en el mundo fuese a regalarme, indirectamente, mis mejores momentos.

    Me llamo Mayra, tengo 29 años y soy argentina viviendo en Barcelona, una hermosa ciudad de España. Mi papá falleció hace cinco años cuando tenía 24, dejándome por herencia un hermoso departamento en el centro. No lo podía creer. Hacía mucho que no nos hablábamos. Siempre creí que a mi padre yo no le importaba y me encontré con una cuantiosa herencia, ya que no solo me dejó el departamento sino que también me dejó un seguro de vida y un puesto de trabajo en la firma de la que él era dueño, BcnProject, dedicada a la promoción inmobiliaria.

    Cuando todo esto comenzó mi pareja no quiso venir conmigo a España, y aunque no fue fácil decidirme, lo dejé, junté fuerzas para venirme sola y empezar a trabajar en un país desconocido para mí. Quien quedó como presidente de la compañía fue Héctor. Y precisamente él fue quien se encargó directamente de recibirme. Imponía respeto cuando me recibió en su lujoso despacho y enfundado con aquel traje azul marino. Sus ojos marrones desprendían autoridad y al mismo tiempo una sensación de atracción. Resultó ser una persona muy cordial, me trató con una amabilidad exquisita. Y pude apreciar que a pesar de ser más mayor que yo se mantenía en forma. Eso me llamó la atención. Se notaba que debajo de aquel traje, debajo de aquella camisa blanca, había un buen cuerpo…

    Me mudé con solo una maleta, con poca ropa, así que el primer día de trabajo fui muy sencilla, con un pantalón de jean negro achupinado, un par de botas altas marrones y una remera rosa de breteles no muy escotada pero que dejaba ver mi buen busto. Cuando llegué a mi trabajo fue Héctor quien me dio una cordial bienvenida. En la conversación, aunque lo hacía con disimulo noté como me miraba las tetas. Eso me hizo enojar, pero sabía que no podía hacer nada por ponerlo en su lugar. Tras las presentaciones nos fuimos directamente a mi oficina, donde me explicó mis futuras funciones.

    Fue un día realmente agotador, solo era mi primer día y ya quería volver a Argentina. Extrañaba a mis amigas, mi perrito y todo lo que implicara mi antigua vida. Tenía un profundo sentimiento de añoranza. Así que esa noche no quise comer, me senté en la cama y lloré hasta que me quedé dormida.

    ¡Joder! No me ha sonado la alarma, maldito cambio horario.

    Mi segundo día, ya llego tarde y mi cara está fatal. Me baño, me pongo un vestido a la altura de las rodillas y salgo rápido. Cuando llego mi jefe me mira y sólo me sigue hasta la oficina. No entiendo por que hoy también me explica cuál es mi trabajo, pero al final logra relajarme. Tengo ganas de hablar con alguien, lo necesito y Héctor lo sabe, pero no sabe que hacer para levantarme el ánimo.

    -Vale, te dejare sola si lo deseas, almorzamos juntos trabajando, sabes que puedes hablar conmigo siempre.

    -Lo sé, gracias.

    Joder que lindo es Héctor, me está volviendo loca su sonrisa y su cuerpo, sus ojos marrón claro y su piel morena, su colonia cuando lo tengo cerca, su altura, no sé, se me mezclan muchas sensaciones. ¿Él será así por el recuerdo de mi padre?

    Debo trabajar más rápido, he hecho pocos clientes hoy, pero ya es el almuerzo y aparece Héctor con la comida, le digo que estoy ocupada, que no voy a almorzar hoy. Se acerca corriendo mi lista de clientes y poniendo la bandeja en la mesa.

    -Eres muy insistente. ¿Lo sabias?

    -Claro, por tu cara intuyo que no estás bien y además quiero conocerte.

    -¿Tu mujer que dirá?

    -Si la tuviese te lo respondería. Además no creo que se enojase si supiese como eres, mira nada más esas tetas apenas las puedes contener en ese vestido.

    -Que diría si supiese que tiene un bulto debajo del pantalón que no es por ella.

    Héctor se miró y contrariado cuando se dio cuenta que era mentira siguió hablando como si nada, charlamos de mi padre y mi familia, cosas sin importancia, aunque alguna insinuación sí que hubo, luego seguimos trabajando ya cada uno en su despacho hasta que me tuve que ir.

    Son las 22, me encuentro acostada en el sillón relajada y me suena el timbre. Ya me había puesto cómoda con una camiseta y un pantalón corto. Mi sorpresa es mayúscula al descubrir que es Héctor, así que le abro por dentro y mientras sube a mi piso intento ordenar mi pelo en el espejo, ya no me da tiempo a cambiarme de ropa.

    -Nunca te cansas.

    -Vaya que hermoso escote -dice mirándome lascivamente- quisiera poder ver debajo.

    -Oye no te pases –le digo sonrojándome.

    -Vale no te enojes, he traído tu comida.

    Estuvimos cenando de forma improvisada, charlando y conociéndonos. Las miradas se cruzaban con cierto aire de seducción. Notaba como intentaba mirarme con disimulo mi escote. Esta vez eso me hacía sentir bien en ese momento de bajón. La conversación fue más fluida de lo esperado. Le conté como fue que me quedé soltera y sonrió.

    Ya sentados en el sofá, no recuerdo que hora era cuando me preguntó si me gustaba más besar o que me besen y le respondí que besar.

    -¿Y si me lo demuestras? –me pregunta clavando sus ojos marrones en los míos. En ese instante no sé cómo reaccionar ante su demanda. No me esperaba su atrevida propuesta. Solo sé que veo cómo se va acercando a mí y cuando lo tengo a unos centímetros de mi cara sintiendo el olor penetrante de su colonia, me resulta irresistible pegar mis labios a los suyos. Es ahí cuando noto como abre su boca y siento el contacto de su lengua, lo que provoca que me sume a su pasión abriendo la mía y enredando nuestras lenguas.

    El beso no es muy largo, pero si es intenso y húmedo y me hace sentir una sensación agradable en mi cuerpo. Un cosquilleo interno que hacía tiempo que no sentía. Sus labios entonces se deslizan por mi cuello haciendo que se me erice la piel. Y siento sus manos recorrer mi espalda hasta llegar a mi culo. Yo también lo abrazo acariciando su nuca para volverlo a besar. Ahora es más lascivo el beso. Mete su lengua en mi boca y luego yo en la suya cuando siento que amasa mis tetas. Las acaricia, las aprieta y busca mis pezones ya duros. Los coge entre sus dedos y eso hace que me recorra un corrientazo de electricidad por todo mi cuerpo. Eso disparó mi lívido. Empecé a desabrocharle los botones de su camisa mientras el intentaba sacarme la camiseta como podía.

    Nada más verme sin ella se echó sobre mis tetas para besarlas a la vez que las acariciaba. Beso mis pezones a través del encaje negro haciéndolos endurecer más y más con su lengua. Sentí como sus manos luchaban con el cierre trasero de mi sujetador liberando mi pecho enseguida. Me lo quito con ansiedad volviendo a besarlas. Se metía los pezones en la boca. Amasaba mis tetas por todos lados. Pellizco mis pezones haciéndome estremecer y tiró de ellos con sus dientes consiguiendo su dureza total.

    -Joder como me está poniendo el cabrón -pensaba- Me está excitando como nunca.

    -Mmmmm -mi gemido fue inevitable.

    -Vamos a la pieza. -me dice.

    Vamos sin dejar de besarnos. Me encanta lo que siento y noto que a él su grueso pene se le va poniendo duro. Me encanta, lo palpo sobre su pantalón, nunca había estado con uno tan grande. Él se sienta en el borde de la cama. Lo ayudo a desabrocharse el pantalón y sacarse el bóxer liberando su hermosa pija. Empiezo lento a metérmela en la boca y muy lento empiezo a succionársela. Por Dios que rico se siente, de a poco ya la tengo toda dentro, miro a sus ojos y los tiene cerrados. Sus manos sujetan mi cabeza y de a poco el empieza a dominarla. Vaya placer rico. Mi boca lentamente deja de hacer arcadas y con el mayor de los placeres sigo chupando. Lo siento cada vez más duro.

    -Quiero que me acabes en la boca y tragarme tu leche. -le digo.

    -De eso nada, ahora vas tú. Me acosté en la cama y sentí como su boca experta me chupaba mi conchita que cada vez estaba más húmeda, note el roce de su barba cuando me pasaba su lengua por todos mis labios vaginales. No pude evitar el gemido cuando su lengua empezó a recorrerme y penetrarme. Empecé a sentir algo que jamás había sentido y comencé a gritar su nombre empapándome y acabándole toda en su boca temblando de placer.

    -Quiero que te pongas en cuatro en el borde de la cama. – Me pidió solo dejándome descansar unos instantes, casi autoritariamente. Y así le hice caso.

    Rápidamente sentí como ese pene que había lamido y chupado se adentraba en mi mojado coño. Empezó a penetrarme con ternura al inicio, para luego hacérmelo rápido, de forma que no podía parar de gemir.

    -Me gusta tu cuerpo, tus curvas, y te voy a coger así, fuerte, intenso, mmm… -Dijo mientras me manoseaba las tetas y me nalgueaba el culo. Parecía haberse transformado. Me agarraba con fuerza las caderas y me la metía hasta el fondo una y otra vez. Me estaba gustando su transformación.

    -Tu eres el que mejor coge en el mundo, amo tu verga.

    Empezó a embestirme profundo haciendo que sus huevos chocaran con mi coño. Lo que siento en ese instante hace que no pueda parar de gemir y gritar. Me siento desfallecer y Héctor lo sabe y en cuanto menos me lo esperaba tuve otro orgasmo más intenso que el primero. Solo que esta vez no me dejó ni recuperarme. Siguió. Luego empezó a meter sus dedos en mi culo, que hasta ese momento era virgen. Me lo llenó de saliva. Me dilató y preparó. Jugaba con sus dedos entrando y saliendo de mi culito. Era una sensación nueva que me estaba gustando.

    -Quiero que lo disfrutes. -Y cuando lo adecuó a su gusto puso su glande sobre mi ano y lo fue introduciendo poco a poco. Lo hizo lento. Fui notando su invasión. Note una mezcla de dolor, excitación y mucho morbo. El dolor fue cada vez a menos. Me hizo un buen trabajo lubricándome. Y lo fui disfrutando. Cada vez la metía más y más. Hasta que me empaló con toda su polla. Sentía el contacto de sus huevos contra mi concha con sus embestidas. Por fin me rompió mi culo.

    -¡Joder! me duele pero a la vez me da demasiado placer.

    Fue moviéndose dentro y fuera de mi no sé cuántas veces. Aumentando su ritmo cada vez más. Note como sus dedos se clavaban en la piel de mis caderas. Hasta que empezó a jadear, a gemir en voz alta y chillo mi nombre clavándose profundamente en mi culo. En ese momento lo sentí acabar, me ensarto un par de veces más vaciándose dentro de mi. Dándome toda su leche dentro de mi culo. Fue una sensación tremenda. Se retiró de mi interior y note como su semen salía de mi culo y brotaba por todos lados.

    Esa noche se quedó a dormir conmigo. Sentir su olor junto a mi fue reconfortante. El aroma de su piel, sus caricias, aunque esporádicas, fueron agradables. Se marchó más temprano de lo que me habría gustado, pero tenía sus obligaciones.

    Nuestros encuentros fueron poco a poco más seguidos. Héctor se convirtió al final en mi mejor amigo, en mi confidente, me enseñó que a veces la vida no es justa pero que hay que vivirla a pleno.

    Luego de los años somos una pareja muy feliz viviendo juntos, yo soy su amante fiel y él es mi todo, no se vivir sin él. Me cuida como a un diamante y cada día lo amo más, los fantasmas desaparecieron y con él no necesito nada más. Tengo una nueva vida.

  • El café con mi prima y un susto de mi tío

    El café con mi prima y un susto de mi tío

    Ella se llama Patricia aunque siempre le ha gustado que yo la llame por su segundo nombre, Susy y eso es exclusivo, dice que nadie tiene ese tono de llamarla, que en mi es algo único.

    Esa tarde habíamos quedado de salir a un café solo distracción, queríamos platicar un poco ya que habíamos estado un poco distantes por cosas laborales. Nos teníamos confianza y algunas veces bromeábamos por Whatsapp hablando en doble sentido y jugando a la seducción pero nunca llegando más haya.

    Ese día quede de pasar por Susy tipo 7:00 pm ya que ambos estuviéramos libres. Así que pase a su casa en el carro y le llame para que saliera pero aún no estaba lista, me dijo que solo se terminaba de maquillar que pasara para esperarla. Me estacione el coche frente a su casa y timbre; me recibió mi tía y me hizo pasar, la saludé y como era costumbre me ofreció postre, siempre muy linda pero en eso suena su teléfono y se retiró a su recamara al momento que me decía que pasara a servirme a la cocina y para no hacer desaire fui.

    Mientras degustaba le texteaba a Susy que a qué hora? Y solo grito «no te desesperes ahí voy» pero yo no me quise quedar ahí así que fui a su habitación, estaba de espaldas con un mini short negro y una blusa azul ajustada frente al tocador peinándose pero rápido se percató al verme por su espejo. Me dijo en tono burlesco -me comes.

    Y claro, yo no dejaba de ver sus piernas y su culo perfecto, sus caderas sexys y su cintura que me hacía fantasear, entonces yo contesté «pues primita no estaría mal» «a dónde vas a ir» y riendo solo me contesto -baboso. Me dijo que me acercara y que acomodara su bra para que no se viera, lo hice sin sobrepasarme aunque lo pensé y por poco no me aguanto pero sabía cómo comenzaría ese juego.

    Me senté en la cama y seguí con mi postre y en eso entra mi tía (por suerte yo estaba en lo mío) y le dice a Susy que cerrará bien antes de salir, ella saldría a acompañar a su hermana no recuerdo a donde. Nos quedamos solos y las opciones fueron infinitas, ya estaba excitándome solo de imaginar que mi primita me la mamara.

    Y se notaba que a ella también quería pues me pregunto que como se veía, conteste que horrible que así no provocaría a nadie (claro, en forma de broma) y me dice -primito, pero si no dejas de verme, y yo «mira Susy quítate tu bra, para que te veas más sexy» aunque carcajeando me dijo rotundamente NO.

    Me acerqué, y le dije que si quería yo le ayudaba, pero me empujó a la cama y otra vez me dijo que no. Pero se acercó y ahora yo la tumbe jugando nos reíamos, me quite mi playera y le dije «y ahora quien mira a quien». Ya les había contado que hacía pesas y aparte practico mma por lo que tengo un físico atractivo. En ese momento note como ya no había resistencias y empecé a pasar sus manos por mi abdomen hasta bajar a mi pene ya un poco erecto. Yo quite su blusa, y deje al descubierto sus hermosas tetas medianas que ya se notaba con sus pezones excitados.

    Los mordí ligeramente y no paraba de decir que quería tener sexo como en sus sueños. Con prisa los dos nos quitamos la ropa y comenzó a chupando mi verga, una delicia de mamada que estaba disfrutando. Nos acomodamos en posición 69, me excita a cada vez más, sobre todo tus gemidos así duramos unos 5 min y soltó su primer gran orgasmo que gimió fuerte a fin de cuentas estábamos solo ella y yo. Cambiamos para penetrarla de misionero y fue tan delicioso cuando se la metí, tan mojada y caliente, y ver su cara y sus ojos que ya no podía controlar.

    Pero de pronto se escucha la puerta principal por lo que rápidamente nos separamos. Era mi tío que con un grito aviso que había llegado. Parecía que había ido directo al baño y aprovechamos para vestirnos quedándonos a medias y frustrados. Yo me volví a la cocina y tratando de limpiarme un poco el sudor. Salió mío tío y así de lejos me saludo y me pregunto por mi familia para luego ir al cuarto de Susy. Le dijo que iríamos a un café y le pidió dinero pues Susy no trabajaba, apenas había entrado a la Uni. Salí y le dije que la esperaba en el carro que no tardará.

    Al llegar al café ambos nos reíamos de cómo casi nos cachan. Seguíamos excitados, tal vez más que al principio. Así que la invite a tomar unos tragos mejor y así nos dirigimos a un bar…

    Continuará la mejor parte en otro relato…

  • Un verano caluroso con mi sobrino (Parte 2)

    Un verano caluroso con mi sobrino (Parte 2)

    Su gran bulto, frondoso y bien proporcionado, me había revelado que mi sobrino ya había crecido bastante. Mi familia siempre ha tenido muy buena fama con respecto al tamaño del miembro masculino, y mi sobrino no era la excepción. Al tomarlo firmemente con mi mano pude sentir como se hacía más duro y grueso. El mordió suavemente mi pezón izquierdo con sus dientes y eso comenzó a encender mi pasión. Tenía tiempo que un hombre distinto a mi hijo chupaba mis pezones, era un sentimiento reconfortante. Saber que mis glándulas mamarias eran apetecibles a otro hombre joven me hacía muy feliz.

    -¿Te gusta como la teta de tía mi amor?

    -Muchísimo tía, no quiero dejar de chupar nunca, ojala tuvieran lechita para que supieran más rico.

    -¿Por qué no me embarazas entonces y así averiguas el sabor de mi leche?

    -¿Lo dices en serio tía, dejarías que yo me viniera dentro de ti?

    -Tú puedes hacer conmigo lo que tú quieras mi cielo, y más con este pepino que te cargas.

    Apreté entre mis manos aquel gran pedazo de carne y lo saque de su prisión de mezclilla. Era muy gordo. Tenía venas a punto de reventar por todos lados y el glande estaba cubierto por un prepucio grueso. El orificio de su prepucio chorreaba un líquido transparente que lucía delicioso. El solo verlo despertó en mí una angustia tremenda por querer descubrir su sabor. La mayoría de los líquidos pre seminales que he probado han sido muy dulces, pero me moría por conocer el suyo. Era muy incómodo por donde nos encontrábamos pero no me importo.

    Pase mi dedo por la suave piel de su pene y lo dirigí lentamente hasta la punta. Metí mi dedo índice en el pequeño orificio y el abrió la boca sorprendido, pero al mismo tiempo lleno de placer. Lo moví un poco circularmente y después cuando tuve lo suficiente lo lleve a mi boca. El sabor era muy dulce y estaba algo pegajoso. Lo unte en mis labios sensualmente y le dije a mi sobrino: -Si me deseas bésame-.Él no lo pensó, no le importo que estuvieran llenos de su líquido pre seminal y me beso apasionadamente, como si fuera la primera mujer que besaba en su vida. Terminamos de besarnos y yo ya no podía aguantar mis ganas, y a juzgar por su terrible erección el tampoco.

    -Vamos adentro amor, voy a comerte ese gran pepino de carne como nadie lo ha hecho jamás.

    -Me muero por llenarte esos melones de mi leche tía.

    -Yo no quiero que la desperdicies en mis tetas amor, quiero que me llenes por dentro por todos mis agujeros.

    -Se ve que te encanta sentir el calor de la leche ¿verdad?

    -No tienes ni idea amor.

    Lo tome de la mano y entramos a la casa. Apenas cerré la puerta comenzamos a besarnos. Mi sobrino me empujo fuertemente contra la pared y me besaba con intensidad. Su mano se deslizo hacia mi vagina. Él pudo sentir mi humedad y mordió mis labios. Yo frotaba su paquete de arriba abajo hasta que me canse de esperar. Mis labios se separaron de los suyos. Nuestra saliva hizo un gran hilo que conectaba nuestras bocas, un puente erótico. Me puse de rodillas frente a él y desabroche su bragueta. Pude ver con admiración su gran miembro. Era más grande que el de mi hijo, y eso ya era decir. Estaba semi erecto. Su cabeza aún se escondía tímidamente en aquella capa de piel. El olor de aquella anaconda era intoxicante. Residuos de orina, semen y sudor, que en conjunto hacían que mi cabeza diera vueltas y mi vagina se humedeciera por completo. Acerque mi mejilla y la roce suavemente contra su pene. Olfatee a fondo ese olor tan hipnotizante y me mordí los labios viéndolo. Baje por completo su ropa y comencé tratando de meter mi lengua por aquel orificio. Se deslizo fácilmente por el líquido pre seminal por debajo. El sabor de aquel glande era indescriptible.

    El me tomo con sus manos la cabeza e hizo su cabeza hacia atrás diciendo: -que bien se siente-. Mi lengua exploraba aquel prepucio con curiosidad. Recorría tanto la parte superior como la inferior de su glande. Pero no podía llegar hasta el fondo. Me detuve por un momento y escupí en mi mano. Froté un poco su piel y poco a poco hice su prepucio hacia atrás. El gimió un poco y se estremeció. Su pene quedo expuesto por completo. Su glande estaba repleto de esmegma, ese queso tan oloroso y pegajoso, una consistencia espesa lo cubría entero.

    -Vaya que guardaste quesito amor, ¿vas a hacer quesadillas para cenar o qué?

    -Perdón tía, es que estos últimos días me había bañado a la carrera y no me dio tiempo de limpiarme ahí, o tal vez lo olvide.

    -No te preocupes amor, tengo un fetiche por el queso de verga, tienes suerte, me encanta comérmelo me excita su sabor tan repugnante, es difícil de explicar.

    -Vaya eso es muy caliente.

    -Si eso crees, entonces aliméntame con él.

    El unto en su dedo una gran cantidad de su queso y lo metió a mi boca. Yo lo succionaba sensualmente como si fuera un pene en miniatura. Yo no dejaba de mirarlo. Nuestras miradas estaban conectadas por una complicidad llena de salvajismo y deseo primitivo. Su pene se había vuelto duro cono roca. Lo metí a mi boca desesperadamente. EL resto de su queso se mezclaba con mi saliva. Su consistencia era tan pegajosa que me resultaba difícil pasármela. Mi saliva se desbordaba de mis labios sin control. Su gran miembro violaba mi garganta con fuerza. Hacía que mi garganta tratara de lubricar la entrada de su miembro tan viril. Sostenía mi cabeza mientras follaba mi garganta como la más suave de las vaginas.

    Yo apretaba sus glúteos con poco vello y bien torneados. Mamas la verga como todo una perra en celo –dijo mi sobrino mientras se arqueaba del placer-. La manera en la que ese gran miembro me penetraba me hacía pensar que tenía vida propia. MI pulgar se deslizo hacia su ano. Tenía vello y estaba muy apretado. Él se sorprendió, parecía que nunca se lo habían hecho. No te preocupes mi bebe, esto te va a encantar –dije mientras mi pulgar desaparecía en su ano. Seguí succionando y mordiendo su pene mientras lo penetraba con mi pulgar. Mi escote ya estaba empapado de mi saliva y sus fluidos. El gruñía de pasión, era como una bestia enjaulada, ansiosa por salir y devorarme. Después de unos minutos y mi pulgar haciendo de las suyas el soltó un gran gemido. Parecía el gemido de una niña, su semen espeso como yogurt se desbordo en mi garganta. Metió más de la mitad de su pene que era demasiado obeso y lo retuvo al fondo de mi garganta hasta terminar de vaciar el éxtasis de sus testículos llenos. Se tiró sobre el sillón agitado y muy cansado.

    -Nunca había sentido algo tan intenso tía, eres toda una experta.

    -Bebe, esto apenas va comenzando –dije mientras comenzaba a quitarme toda la ropa.

    -Tienes un cuerpo bomba, como es posible que mi tío se fuera con otra.

    -Yo lo deje amor, tenía una polla que daba lastima, no era un verdadero hombre como tú.

    Me acerque a él y tome su pene aun lleno de semen. Lo frote un poco con mi clítoris y se puso duro de nuevo rápidamente. Parece que ya estás listo para el segundo round –dije mientras me sentaba poco a poco en él. De golpe me deje caer sobre toda la humanidad de su miembro. Grite mientras pellizcaba con fuera sus duros pectorales. Él puso los ojos en blanco mordió mis tetas abrazándome a él. Nos esperaba todo un día de sexo salvaje.

    Continuará…

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    Mi correo es [email protected], en mi perfil vienen más redes. Saludos.

  • Su fantasía, hacerlo por colectora

    Su fantasía, hacerlo por colectora

    Abrí sus piernas, sobre mis hombros, se la dejé ir toda dentro, aunque dolorida por la intrusión expresa el goce de sentirla. —Eres mi putita? —Sí, soy tu putita, cógeme como a una puta, dame duro, tu puta quiere sentir esta verga divina.

    Nos conocimos por una causalidad, por el Face, nos contactábamos muy espaciadamente, de pronto por esas causalidades el contacto se hizo más seguido, más fluido y sin darnos cuenta comentando cuestiones reservadas, algunas bien intimistas. Nos presentamos vivimos en la misma ciudad y bastante próximos, presentamos formalmente, Luis, quien relata la historia, ella Daniela.

    Del Face pasamos al Gmail, en la ventana del Hangouts, del comentario intrascendente hasta cosas bien subidas de tono, por la forma de pensar y algún detalle más, dudaba que fuera una mujer de 50, entonces envió una foto en calzas, como seguía dudando, ella envió otras más sugestivas hasta convencerme.

    Realmente tenía un cuerpazo que no parecía tener la edad que decía, ella culpa a tantos años de gym, yo elogiaba su figura sin pudor alguno y sobre todo haciendo adulación sobe su cola magnífica. Agradeció los elogios a su trasero, pero todo se quedó ahí.

    Hasta ese momento solo sabíamos del otro el nombre que nos habíamos dado, pero el juego siguió escalando en erotismo y el tema sexual se reiteraba más de lo prudente, como sin querer “queriendo” conocerse fue la consecuencia lógica.

    Ella era una mujer madura, sin estridencias pero seductora, tenía ese no sé qué, que atrapa a los jóvenes. Quedé abstraído en su seducción a primera vista, todo cuanto hablaba era como en otra galaxia, había quedado prendado, enredado en la seducción que emana, sobre todo en esa cola, bien levantada y durita. Había entendido y comprendido el efecto causado, el rebote, produce en ella respuesta de empatía, allana el camino que simplifica todo.

    Comentó que ella sale a correr, yo eventualmente, obviamente gestamos un encuentro “casual”, saltamos del chat a la realidad, hablando de lo mismo pero vis a vis. Casada, con hijos ausentes y marido poco interesado en el sexo, se dejaba llevar en la fantasía de estar en un encuentro a solas con un joven, que puede ser su hijo, atrevido para ser parte de su fantasía más imprudente: ser infiel por primera vez.

    Conocernos y reconocernos, apretón de manos y beso en la mejilla, pude sentir el aroma de la mujer, potenciado por el dulzor de su perfume, despertó la ansiedad por tenerla en mis brazos.

    Aunque el tema del sexo siempre sobrevuela entre una mujer madura y un joven, no se había mencionado, las fotos solo fueron parte de un juego de inocente seducción.

    Casi todo estaba dicho, -Tengo mi auto estacionado a pocos metros, vamos? Es un hotel, no te sientas obligada a aceptar, solo para evitar que puedan verte conversando con tu mejor admirador…

    Confió y aceptó, sin preguntar, consentir sin cuestionar me hacía ilusionar con que se podía “un algo más”, la mujer sabía qué estaba pensando. El trato respetuoso y cuidado establecía distancia irreal, ambos sabíamos que estábamos caminando al filo de la cornisa.

    En esos lugares la tv con películas porno suele estar encendida, también en esta ocasión, pedimos un par de tragos, los gemidos de la peli son la música de fondo. La penumbra dificulta encontrar el control remoto. — Qué buscas? —El control remoto para apagar la tv, está molestando… —No, para nada, ilustra en muchas cosas que ni conocía. Déjala.

    Descalzos, recostados contra la cabecera de la cama y el chin chin de las copas relaja, da la pausa exacta para pensar el siguiente paso. Me moría de ganas porque me insinuara algo, se demora, el trato demasiado respetuoso era una barrera difícil de cruzar.

    Sin pensarlo, calculando su indecisión, derribé la barrera del respeto y la besé, ella correspondía y se atrevía a jugar con su lengua, abriendo mis labios. En un instante saltamos de trato respetuoso a los besos más obscenos, la pasión encendió motores, el torbellino nos hizo girar en su remolino, atropellarnos por encontrar un instante de calma.

    Sabíamos que la intimidad del beso excede todos los límites, sentirse conectado en un beso tan pasional, habilita para todo y más. Sin dejar de besarnos, el abrazo contiene y recorre su anatomía, mis manos en su culo, apretando las nalgas, sin reparo ni objeciones.

    —Desde que te vi muero de ganas por tocarlo. —sonríe.

    Bajar el pantalón, observar la tanga, me calentó, seguí besándola mientras acaricio el culito. Se sentó para deshacerse del pantalón, mira lo abultado del mío. —Mira como me has puesto.

    Me frotaba por encima, me desnuda, acaricia y aprecia el grosor del miembro, no hizo falta pedirlo, ella se inclinó a probar el sabor de la verga. Mamaba con la torpeza de la inexperta. —Es mi primera vez, nunca me animé, ahora… ni sé cómo, esta “cosa” me atrae, no sé qué me está pasando.

    Interrumpí la mamada para comerle la boca sin dejarla respirar. —Quiero mamártela, comerla toda…

    Me pone loquito, jadea por la intensidad y el gusto. —Para, para! Aún no quiero venirme.

    La tumbé en la cama, metí mano en la vagina, caricias profundas la hacen atragantar los gemidos, caliente al extremo de pedir que se la meta, es tiempo de que experimente el sabor de lo prohibido. —La quieres? Entonces pídela con más ganas, pídela puta!! —Sí amor, dámela, méteme la verga, no aguanto más. —entre gemidos y súplicas.

    Los dedos hacen su tarea de masturbarla, se vino dos veces, los labios vaginales expresan la intensidad. Intensifiqué la masturbación, con energía. Cada vez que se queja de que le duele, voy más intenso con mis dedos dentro de la cueva.

    Abrí sus piernas, sobre mis hombros, se la dejé ir toda dentrooo, aunque dolorida por la intrusión expresa el goce de sentirla. —Eres mi putita? —Sí, soy tu putita, cógeme como a una puta, dame duro, tu puta quiere sentir esta verga divina.

    En un momento estaba enajenada, aturdida, no deja de vociferar y gritar, solo quiere sentirme dentro. Le arrebaté el delirio del garche, me coloqué entre sus piernas para mamarla. Las delicias de lamérsela inventan gemidos y jadeos, viaja al cielo sin escalas, siento que está reteniendo el orgasmo tan temido. —Vamos putita, dame tus jugos, quiero comerte toda, vamos putita, esperooo

    Se vino en mi boca, temblando, vibrando, jadeando para poder respirar. No era tiempo para darle calma, la saqué del mar de las delicias, la rescaté en medio del orgasmo, me salí de la cama, arrastré hasta la orilla, separé las cachas. —Ahora vas a sentirme en el culo —Que no, lo tengo virgen, me asustaron que duele mucho y la tienes tan gorda… —Calla, eres mi puta, tengo derecho y mando, calla pendeja!

    Su culo estrecho y virgen me excita, ser el primero mucho más… Se la metí, una sonora y efectiva nalgada controla sus gritos, amaga llorar, pero en ese momento soy otro, cada quejido me incita y excita, de un golpe terminé de enterrarme en su ano. —Animal, eres un animal!! Ay, me duele!!

    Comenzó a llorar, yo a empujar, nunca actué de este modo, pero esta mujer, esta cola había trastornado mis sentidos, realmente era otro quien está sometiéndola. Ella no para de quejarse, dice sentir que se había roto algo dentro, que no aguanta el dolor, pareciera estar en otra galaxia, que nada me importa más que penetrarla, con más fuerza y más veloz. Los improperios y groserías más obscenos brotaban con naturalidad de la boca de Daniela, intentó darse vuelta, zafar, con esa furia desconocida la tomé de los cabellos, la penetré más fuerte, más profundo. —Toma perra puta, mover y ofrecer ese culo no es gratis, ahora aguanta guacha, viniste a mí porque te alabé el orto, ahora aguanta perra puta. Mejor aguántate este polvo si no quieres que te rompa el orto, estamos?

    Sigue la letanía de que por favor pare, que la deje salir, que le duele… Sigo sin ser yo mismo, no puedo entender que nada ni nadie pueda sacarme de su culo hasta que eyacule dentro. Sigue moviéndose, una sonora cachetada detiene su intento de fuga, la pongo boca abajo, monto sobre ella, entrando con violencia por el culo, llorando toda la penetración, el doloroso lamento hace crecer la desmesura de mi deseo.

    Daniela no cesa en sus llantos, tal vez un destello de piedad o cordura, comencé a hacerle el sexo más despacio y hasta con suavidad. La suavidad hizo el milagro, hasta comenzó a moverse gustosa, los gritos fueron gemidos y suspiros. —Dame, dame más mi macho, dame pija!!!

    —Guacha puta, no era que no te gustaba por atrás. Querías sacarme el culo, y ahora vienes a pedir verga!!!

    El dolor dejó espacio al placer, decía que le encantaba sentir la verga, pedía más fuerte, estaba súper excitada, exigía más fuerte, más rápido. — Mete esa poronga gorda divina, métela por donde quieras, hasta por la oreja, estoy recaliente, quiero sentir que me rompes el orto, no te salgas aunque me llore todo, mueve rápido… —Toma, toma perra puta, tomate toda mi lecheee.

    Sentía una eyaculación tormentosa, alucinada, no paraba de largar leche. Los gemidos y jadeos de Daniela se enredaron en la eyaculación llevándose su orgasmo, acabando al unísono, ella sentía el calor de semen dentro, yo los latidos de su vagina tan intensos que extienden hasta el ano.

    La intensidad de este polvo nos dejó exhaustos, sobre todo a ella. Permaneció tendida de costado, su cola había quedado pegada al miembro, las sábana recibió el rebase de parte de la eyaculación.

    Volteó, enfrentados, me besó, pidió que la volviera a meter en su ano, que sintió dolor atroz, luego gustó mucho de cómo se hacía, que nuevamente quería sentirme dentro. El estropicio de semen amerita que nos ducháramos, ella se arrodilla y me lava, devuelvo atenciones, toda limpita besando su conchita, mordía sus nalgas, el beso negro y los dedos en la vagina la llevaron a otra galaxia, sacude su cuerpo, vibra exige sentirla dentro del culo. —Basta, basta, no sigas, no me tortures más, métela, quiero sentirte en mi culo

    Desesperada, grita, exige que se la meta por el ano, que es mi puta, que se lo rompa. Se colocó sobre la cama atravesada, en el borde, arrodillada, almohada bajo el vientre. Le hice una culeada riquísima, disfrutaba el dolor de la penetración, quería ser exigida, rudeza y violencia era su forma de sentir el sexo anal. La “agarré” de las tetas, apretando, tironeando para sostenerla para entrarle más hondo.

    La volteo, me tendí en la camba, la almohada bajo la cadera, ella tenía el rol activo, subir encima, se la colocó en el centro del hoyo y se fue dejando caer, la almohada permitía subirse bien alto y dejarse empalar, siente el dolor y lo disfruta, ella es artífice de su propio placer, disfruta sentir la poronga abriendo el culo. Los dedos jugando en su vagina completan el placer.

    Pedí que desmonte, quiero venirme en su boca. Limpió la verga con la toalla húmeda, se la metió en la boca, mamada, feroz y urgente. —Me falta poco sigue mamando y pajeando que me vengo en tu boca. El primero?

    Asiente, con la cabeza, se le antojó probar el semen de su macho, incrementa el deseo, muevo dentro, se la metió bien dentro hasta sentir arcadas, sigo metiéndola hasta venirme, siente que la tomé con fuerza de los cabellos y agito su cabeza, sabe que estoy por venirme. Le acabé todo, recibió y tragó toda la leche, siguió chupándola hasta dejarla bien limpita.

    Quedó rendida, nos vestimos, la acerqué a su casa, bajó una cuadra antes, volteó para regalarme una última sonrisa, se esfuerza por caminar normal, ambos sabemos que está dolorida pero satisfecha.

    El whatsapp dice: Me sigue doliendo por culpa de mi macho, soy tu putita guacho divino, cuándo me lo volvés a meter?

    Una historia breve, tal vez más común de lo que creemos, un juego, un ensayo de amor y sombras, salto del dolor al placer sin escalas. Te lo digo a ti, esa mujer madura que leyó mi testimonio, tal vez a escondidas, dímelo a [email protected].

    Lobo Feroz

  • A merced de un desconocido

    A merced de un desconocido

    El camino estaba oscuro, y el auto se desplazaba suave por la carretera sinuosa. Ella estaba al volante, y él la miraba de reojo, cada vez que las luces de la carretera iluminaban el interior del vehículo. Recorría, con sus ojos de búho, sus piernas desnudas (llevaba un short muy corto), los pechos pequeños, y el rostro ovalado de ojos celestes. Ella percibió la tensión sexual de su acompañante, la cual parecía no poder ser contenida en el pequeño interior del automóvil, y trató de distender el momento poniendo música, y lanzando alguna que otra pregunta intrascendente.

    Se habían conocido esa misma noche, en una fiesta que había organizado un conocido en común. Él la persiguió toda la noche, sólo consiguiendo un rechazo cortés de su parte. Pero el hombre, ya sea por optimismo, o por estar acostumbrado al amor unilateral, no desistió de su intento, y de alguna manera, se las había arreglado (ante la estupefacción de la chica) para que ella aceptase acercarlo a su casa.

    Ella estaba preparada para repeler amablemente cualquier tipo de avance. Era algo que le había enseñado su madre hace mucho tiempo: cuando se encontraba completamente sola con un galán que no deseaba, era preciso dejarlo sin esperanzas, pero sin humillarlo. Los hombres humillados se convertían en bestias.

    Él, por su parte, había aprendido de sus hermanos mayores que cuando una minita decía que no, en realidad quería decir que si.

    La luna se había escondido detrás de una nube, dejándolos solos en la densa madrugada primaveral. Ante la sorpresa de la chica, el hombre no sacó ningún As guardado bajo la manga. Ningún discurso berreta, ningún intento torpe, ni una sola palabra para endulzarle el oído. Resultó ser más un hombre de acción, y por eso, sin mediar palabras, comenzó a recorrer, con las yemas de los dedos, la piel tersa de la chica. La sintió exquisita, y cada instante que ella se demoraba en frenarlo, él lo entendía como una invitación a meterse por debajo del short.

    Finalmente lo apartó con una mano, sin decir nada, concentrada en su camino. Su corazón le latía a toda velocidad, pero cometió el error de no mostrarse ofendida, por lo que el tipo conservaba las esperanzas.

    Ella le preguntó si faltaba mucho para llegar a su casa, y él le aseguró que en cinco minutos la libraría de su presencia.

    Fueron cinco minutos eternos, donde el tipo, largando el aliento etílico en el rostro de la chica, saboreaba con su lengua el cuello de cisne, y hasta le estampó algún que otro beso en los labios. “si seguís besuqueándome, vamos a chocar”, sentenció ella, para sacárselo de encima. Pero el hombre, con su sexo ya erecto, interpretó que en otras circunstancias la chica cedería.

    Llegaron a su destino. Era cuestión de frenar el auto, esperar que aquel animal baje, y ya nunca tendría que lidiar con él. Pero el lugar donde el tipo vivía era desolado, con casas tristes y chatas; con aullidos de perros lejanos, y una oscuridad desesperante, que se intensificaba por la ausencia de personas a la vista. El hombre se acercó a ella, aparentemente para despedirse, pero cuando le puso la mejilla, él desvió los labios hacía su boca. Enseguida su lengua se frotó con ella, y se abrió camino hasta meterse adentro y sentir el dulce sabor de la lengua femenina, la cual masajeaba con vehemencia. “Me tengo que ir” balbuceó ella, pero el hombre ya se había convertido en bestia. Masajeaba sus tetas con descaro, y acariciaba sus nalgas con desesperación. La chica dijo que no, que no quería. Lo dijo una vez, dos veces, tres veces, y lo repitió hasta que perdió la cuenta, mientras el hombre, entre tironeos, la despojaba de su short, y la obligaba a sentir su erección.

    Entonces se dio cuenta que era hora de aplicar su filosofía de vida, aquella que su madre nunca le había enseñado, sino que había aprendido, por las malas, en el difícil camino de la adultez: “Solo los fuertes sobreviven” se dijo mentalmente, y se repitió ese mantra, una y otra vez, mientras el tipo le bajaba la tanga, y enterraba un dedo en su sexo. “Sólo los fuertes sobreviven”, se decía, cuando el tipo la instó a practicarle sexo oral. Tenía olor fuerte, y era muy asimétrica y pequeña. Le pareció repugnante, pero aferrada a su filosofía, se la llevó a la boca, y la chupó como habrían de hacerlo las mejores putas.

    El hombre estaba extasiado por la predisposición de la chica. No le molestaba en absoluto que en su bello rostro ovalado no se reflejara ni un ápice de excitación, sólo le importaba su entrega. Saboreó su clítoris, mientras esperaba a que su falo se endurezca de nuevo, y cuando este por fin despertó, la hizo sentarse encima de él, y la penetró, mientras ella se hamacaba, tratando de convencerse de que no estaba siendo violada.

    De repente, un ruido la exaltó, y mirando hacia el exterior se dio cuenta de que tenían espectadores. Pensó que eran ladrones, y le dio miedo. Pero luego pensó que era el momento ideal para deshacerse el tipo. ¿Quién iba a querer seguir cogiendo con unos mirones encima? Lo despediría, le prometería que volverían a verse, y aceleraría su auto sin mirar atrás.

    Pero los mirones (eran dos) saludaron al tipo que todavía estaba con el sexo adentro de ella. Intercambiaron palabras que no entendió (estaba aturdida de tanta realidad) y se subieron al auto. Entonces entendió: estaba totalmente desnuda, siendo poseída por ese desconocido, y había dejado que dos desconocidos más suban al auto a mirar el espectáculo, sin que pronunciase una sola queja (las quejas solo estaban en su cabeza). No le cabía duda de qué sucedería una vez que el tipo eyacule por segunda vez. Miró el espejo retrovisor. Los dos mirones se tocaban y lamian los labios mientras observaban la escena. Pronto querrían su turno, “Solo los fuertes sobreviven” se dijo nuevamente, y cerró los ojos. Quizá cuando los abra, todo resultaría ser un sueño.

  • Sexo en su oficina

    Sexo en su oficina

    Mi nombre es Miranda Miller, pero siempre me han dicho Miller. Recién había cumplido 21 años, soy una chica de baja estatura pero muy caderona ese siempre ha sido mi mejor atributo junto con mis grandes nalgas, tetas pequeñas pero bien definidas y cintura pequeña.

    Empecé a tener contacto con Roberto un chico alto musculoso y guapo con el que salí un tiempo cuando yo tenía 18 años, en ese tiempo él siempre fue un caballero jamás se pasó conmigo y eso me gustaba pero me parecía un poco aburrido ya que a pesar de mi edad y había follado con 3 personas.

    Yo esperaba que esta vez fuera diferente y el chico religioso fuera un poco más atrevido considerando que yo ya no era tan chica y siempre he sido una perrita cachonda, el me llevaba por 7 años así que espere que con más experiencia que yo tuviéramos un encuentro agradable.

    Era sábado por la noche me invitó a su oficina de trabajo con la proposición de ver películas y comer sushi, accedí porque para ser sincera tenía muchas ganas de estar solos y ver si el chico tímido había cambiado un poco.

    Entramos y el lugar era una casa que usaban como despacho estaba completamente solo y al entrar el apago las alarmas, nos dirigimos al salón de juntas, me dijo:

    -¿Quieres ver una comedia o algo de terror?

    A lo que respondí

    -¿Realmente importa? No tengo muchas ganas de ponerle atención.

    Entre risitas coquetas

    El solo asintió y puso la primera película que salió en internet.

    No habían pasado ni dos minutos que empezó la película cuando se abalanzó sobre mi y empezó a besarme tan rudo y jalarme del cabello que empecé a excitarme y a mojarme todita, me sentó sobre sus piernas y empezó a acariciarme, me quito la blusa y él se quitó la camisa, yo cada vez estaba más excitada al ver si cuerpo musculoso, y sus manos grandes tocándome cada centímetro de mi cuerpo, cada vez era más intenso y me quitaba la ropa con más fuerza.

    Para ser sincera a mi me encanta que me maltraten en el sexo así que al tener sus brazos alrededor mío jalándome con tanta fuerza solo hacía que me fuera mojando cada vez más, en cuanto me tuvo desnuda frente a él me acostó en un sillón boca arriba y con las piernas ligeramente abiertas, comenzó a besarme todo el cuerpo con mordidas fuertes en mis tetas y bajando hasta llegar a mi vagina ahí se detuvo y me dio el mejor sexo oral que me habían hecho, metía su lengua y chupaba mi clítoris yo sentía cómo palpitaba, empecé a soltar gemidos de placer y eso lo excitaba mas no podía dejar de ver su cara de deseo al verme retorcerme de placer, fueron pocas las palabras que cruzamos.

    Cuando termino de beber mis jugos se levantó relamiendo sus labios y me empezó a besar apasionadamente, le ayude a quitarse el pantalón y el bóxer y salió lo que tanto había querido ver era un pene que para ser honesta no me sorprendió para ese entonces había visto unos más grandes y gordos pero estaba dentro de lo promedio y se veía con ansias de penetrarme, me baje a darle unas mamadas de agradecimiento mientras él me jalaba del cabello, lamí todo su pene y me concentraba en su glande succionándolo como si quisiera sacarle la leche, con lo que me encanta hacer eso, la metía entera en mi boca hasta que sentía como bajaba por mi garganta él estaba muy contento con su verga en mi boca, me levanto de un jalón fuerte, él era mucho más grande que yo así que no batallo mucho en levantarme, me aventó sobre el sillón y me puso en cuatro patas, sin pensarla mucho empezó a penetrarme fuerte y profundo, yo gritaba como una loca pero me encantaba la cogida que me estaba dando, me cambiaba de posición como si fuera una muñeca me cargaba en el aire y me penetraba parado luego me volteaba teniendo mi culo frente sus ojos y relamía todo mi nudito, la verdad yo no hacía mucho ya que él estaba encargándose de todo, el ritmo, la posición, se notaba que le gustaba tener el control y a mi me gustaba que me sometiera como su puta.

    Cogimos tanto que mi vagina ya estaba irritada de tanta fricción, era un ardor delicioso que me hacía gritar de placer y un poco de dolor, seguimos cogiendo y con cada embestida caían gotas de sudor al piso, en todo momento me penetraba y me decía que tenía años saboreándose mi culito mientras se chorreaba adentro de mi a mi me encantaba sentir su semen llenándome completita estábamos tan calientes que no nos habíamos dado cuenta que ya habían pasado casi 4 horas, cuando me di cuenta tampoco podría creerlo jamás había cogido con alguien que durara tanto tiempo y con la misma intensidad, me dejo totalmente satisfecha.

    Me llevo a casa de mis padres y prometimos vernos al día siguiente porque lo de ese día no había sido suficiente para las ganas que nos traíamos.

    Al parecer el chico tímido cambió o me demostró su verdadera personalidad.

  • Una masturbación muy morbosa

    Una masturbación muy morbosa

    Su lado de la cama está vacío. Debe haberse ido temprano. El aroma de nuestro amor aún persiste en la ropa de cama, y me estiro para recordar lánguidamente lo que pasó anoche. Dejé que mis dedos se arrastraran hasta mi cuello, trazando la línea donde mordisqueaba suavemente, justo detrás de mi oreja, a lo largo de mi mandíbula y luego hasta mis labios.

    Sonrío mientras saboreo las puntas de mis dedos y me viene un pensamiento a la mente.

    Mi cuerpo se eleva a medida que el deseo comienza a picar a través de mis zonas erógenas. Las fundas y almohadas calentadas por mi cuerpo desprenden el delicioso aroma de la lavanda mezclada con nuestra actividad sexual. Levanto las sábanas sobre mi pecho, disfrutando de la forma en que se deslizan suavemente sobre mis pezones y me tomo el pelo cerrando los brazos a los lados y tocando sólo el cuello y el escote. Me imagino que es su tacto que recorre mi piel sensible, jugando con los pequeños pelos detrás de mi oreja, enviando hormigueos de placer a un lado de mi cuello.

    Empujo lentamente el edredón hacia abajo para revelar mis pechos que se tensan. Le encantan mis pechos. Es un maestro del juego de pezones, y pienso en cuando me tenía casi convulsionando en el orgasmo acariciando mis pezones. Se había detenido justo en el punto en el que pensé que caería en la dicha, guardándola para otro momento, dijo. Yo había estado momentáneamente enojado por haber sido bordeado de esa manera, pero él lo había compensado varias veces de otras maneras. Sin embargo, me gustaría experimentar un pezón-gasmo.

    Conozco a mujeres que pueden venir de que les hagan un ajuste entre el pulgar y el índice. Ahora que sería útil cuando se siente caliente en lugares inapropiados, ¿no es así? Imagínese poder deslizar la mano por la blusa y pasar un buen rato discretamente en el supermercado o en la oficina. Estaría en ello todo el día. Suspiro y suavizo mis manos sobre mi carne desnuda, tomando tiempo para saborear el viaje a través de mi pecho. Acojo cada pecho, amando cómo la carne se envuelve y se eleva en mis manos, respondiendo a mi tacto.

    No puedo evitar darle un revolcón a mis pezones para ver si funciona y estoy encantado cuando chispas de electricidad pasan por mi cuerpo. Me pregunto si es una habilidad adquirida. Estoy listo para ser un estudiante dedicado. Un pellizco más y la sensación vuelve a subir hasta ese punto divino en la línea del cabello y baja hasta el hombro. Me encanta lo conectadas que están las zonas erógenas de nuestros cuerpos. Lo sabe todo muy bien.

    Oh, ese punto en mi hombro, me encanta haber mordido, y él lo sabe. Mojé mi dedo y lo arrastré, fingiendo ser la punta de su lengua, lamiendo y probando mis lugares favoritos. Las sensaciones me están arrastrando en todas las direcciones que apenas puedo mantener hasta donde viajan a continuación. Mi atención se dirige de nuevo a mis senos, mi pecho se eleva para alcanzar mi tacto.

    He dado permiso para complacer a cada parte de mí mismo, y casi tengo que ir más despacio, pero tengo hambre de mí. En realidad, estoy hambriento de mí. Suavizo mis palmas y saboreo mis curvas al bajar por mi cuerpo, más allá del suave chapuzón e hinchazón de mi barriga hasta mi montículo. Me encanta el cambio entre suave y duro debajo de la piel. El hueso de mi pudenda mostrando resistencia y dando un ancla a mi toque codicioso. Mis caderas se tuercen, y me sumerjo con ambas manos entre mis muslos bajo las fundas, saboreando el sonido que hace el exuberante edredón mientras se derrumba en mi cuerpo. Ese sonido que hace que se me haga agua la boca – la misma reacción que tengo al caminar sobre nieve blanca fresca.

    El crujido y la presión a medida que mi pie se hunde en el suelo que cede. Hay algo tan sensual y terrenal en estos sonidos. Se entremezclan y aumentan la experiencia. Siempre he invertido en la mejor ropa de cama que puedo: edredones de plumón de ganso con sábanas y fundas de algodón egipcio. Es casi un fetiche, envolviéndose tanto en el sonido como en las portadas. Lo arrugo de nuevo, dejando que los ruidos caigan en cascada en sentimientos a mi alrededor y a través de mí.

    Tengo calor, de repente atrapado por las sábanas, me las quito. El aire fresco me refresca instantáneamente, y arrastro mi pierna hacia arriba y por encima de la tela envuelta disfrutando de la pose.

    Me encanta explorar mi cuerpo, tocar, arquear, disfrutar de mi tiempo privado y adorar a través de esta auto-seducción. Es extraño, pero en cierto modo, no me siento solo, su esencia está a mi alrededor, dentro de mí…. Admiro las líneas de mi costado y cadera de la manera en que él lo hace, dejando que mi mirada viaje hasta la punta de mi dedo del pie… y luego regresa a la extensión de mi coño cuando abro mis muslos de par en par.

    Es tan crudo estar expuesto de esta manera y me atrevo a echar un vistazo a las ventanas descubiertas, pero realmente no me importa si alguien está mirando. Estoy tan atrapada en mi propia sensualidad que estoy perdida para el mundo. Mi coño anhela más. Estoy mojado y resbaladizo de deseo, pero quiero darme un regalo extra sedoso y alcanzar el lubricante de la mesita de noche.

    No puedo evitar sonreír mientras abro la tapa, el ruido del crujido que me hace estremecer de emoción al inclinar el tubo y apretar un poco de líquido en las yemas de los dedos. Hay algo tan travieso en exprimir el lubricante, el chirrido y el chirrido al salir de la botella, sólo hay una cosa que puede significar.

    La anticipación por el primer contacto es demasiado, y no puedo esperar más. Deslizo mis dedos enfriados por el líquido hasta mi coño, abriendo los labios mientras agarro mi pezón y amasando mi pecho. Me meto dos dedos dentro con fuerza, es tan bueno y me hace jadear de los dedos fríos que entran en la caldera de mi coño. Mi pelvis se empuja hacia arriba para encontrar mi tacto, y yo monto mis manos moviéndose y agitándose mientras mis propios jugos se mezclan y calientan el lubricante.

    Mi emoción se acumula tan rápido que ya podría venir. Voy más despacio y me lo tomo con más calma, tocándome el cuello y suspirando. Tratando de hacer que dure todo lo que pueda. Recuerdo lo de anoche y cómo me llevaba al borde del orgasmo y luego a esperar. Lo disfruté bastante. Ciertamente hizo que mi clímax fuera bastante alucinante cuando finalmente llegó. Para cuando vacié mis jugos sobre su polla, manos y cara, podríamos haber llenado esa botella de lubricante varias veces. Sonrío a la memoria y siento un aumento de rubor en mis mejillas, y empiezo a frotar más fuerte, redondo y redondo, acariciando toda mi vulva y luego empujando hacia adentro de nuevo.

    Mi propio gemido me asusta y me excita. Ah, los dulces ruidos del sexo. Normalmente me masturbo en silencio, pero estoy empezando a escuchar las respuestas de mi cuerpo. El lubricante hace ruidos chirriantes, y pienso en su polla deslizándose con fuerza y cogiéndome. Cierro los ojos y escucho atentamente, sosteniendo mi coño con las dos manos y me cojo con fuerza. Los sonidos son tan sucios y groseros, que saber que soy yo el que los hace por mi cuenta es insoportablemente caliente. Estoy metiendo los dedos de cada mano en mi agujero de anhelo de bienvenida. Hace tanto calor oír los ruidos húmedos que hace mi coño. La primera ola de mi orgasmo se acumula, y me froto más rápido, más fuerte, sosteniendo mi coño como los jugos se derraman de mí, de un lado a otro follo más rápido, suena a lujurioso y crudo. Estoy llegando al borde del abismo y con toda la fuerza de voluntad que tengo, me detengo.

    Ese destello de frustración que tuve con él anoche se enciende y por un instante estoy furioso. Pero es una furia gloriosa. Mi mente y mi cuerpo se han separado momentáneamente, y le pido que confíe en mí, que valdrá la pena esperar. Mis ojos se cierran, y una bocanada de calor atrae la transpiración a mi frente y a través de mis pechos. Es otro estímulo para mí para saborear. Estoy completa y completamente envuelta en mis respuestas sexuales. Es una cosa de asombro y fascinación. Nunca me he tomado un tiempo a solas de esta manera – tomando nota de cada reacción, separándolas para causar y hacer efecto.

    Soy mi propio experimento de ciencias sexuales. Me pregunto con qué frecuencia se complace de esta manera. Con ese pensamiento vuelvo al momento, y los resbaladizos y húmedos sonidos de follar me hacen montar y levantarme de nuevo. Oh, joder sí, sí, sí, no sé si lo estoy pensando o diciendo en voz alta, pero se mezcla maravillosamente con mi deseo, y yo gimoteo. Me froto el clítoris y me lanzo el coño con dos dedos duros. Realmente me estoy follando a mí mismo tan duro como me folló anoche, tengo una buena compra en mi montículo, y aunque nunca lo he llamado así, realmente siento que me estoy masturbando o masturbando como él podría hacerlo. Es duro y crudo, y no me canso de mí.

    Mis manos se zambullen una y otra vez, silenciando y anhelando, sacándome de lo físico y llevándome al reino del clímax inminente. Pienso en su polla en mi coño, mi puño, mi boca, mi culo y mi cuerpo está enrollado y listo para ser liberado. Me imagino a siete de él metiéndose dentro de cualquier manera que puedan. Estirándome y usándome para su placer mientras cuelgo cojo y empapado entre ellos, todos golpearon alrededor de ola tras ola de orgasmo. ¿Cuántos podría tomar? Su polla es bastante grande, pero en este frenesí de follar, creo que podría con todos. Se abren a todo lo que pueden dar. Vigilando sus espaldas a paredes espejadas para ver sus traseros apretarse mientras me empujan. Sí, puedo sentirlo. Llenando mi boca de pollas y dedos. Yo rociaba mi veneno sobre ellos, superándolos en fuerza y volumen.

    Mi corazón está acelerado y estoy más drogado que nunca. Mi mente me está llevando a lugares que me emocionan e indignan. Me siento tentado a volver a filo, pero colgando del borde silencioso, suspendido en la cresta, mi furia animal se apodera de mí, y aprieto con fuerza alrededor de mis manos. Mi coño se los traga con avidez, y yo empujo cinco veces más frenéticamente fuerte y rápido. Los ruidos de mi coño y mi boca se combinan y mi cuerpo se arquea de nuevo en la felicidad. Casi podría partir en dos cuando el crescendo se libere y estrelle mi cuerpo de nuevo contra la tierra y mientras yo salgo en espiral hacia ese espacio orgásmico.

    ¿Qué carajo acaba de pasar?

    Me quedo quieto, con los ojos cerrados, dejando que mi cuerpo se calme y se calme por sí solo, tratando de no dejar que mi mente deambule en el territorio de la culpa. Tratando de dejar que las olas de oxitocina me abracen y me sostengan en este momento. La duda que se arrastra en los bordes es desterrada, y yo me estiro, soltando el agarre de mi montículo, dándole a mi vulva un pequeño masaje. Entonces una bella euforia comienza a surgir a través de mí. Oh, cómo me encanta este brillo. Estoy montando la ola de la felicidad y acaricio mi cuerpo con mis dedos mojados dejando senderos plateados de placer sobre mi piel sensible. No puedo dejar de tocarme y bajar las manos una última vez antes de estirarme y disfrutar de la hermosa conexión que acabo de tener.

    Si pudiéramos embotellar estas sensaciones, pensemos en el mundo en el que viviríamos. Tan hermosa, tan tranquila, tan libre. No quiero bajar todavía, quiero estar encerrado en este capullo de éxtasis para siempre.

    Me acurruco de nuevo en las almohadas de plumas de gran tamaño y encuentro su bufanda marrón. Me lo puse en la cara, inhalando su aroma y arrastré el pesado edredón de vuelta sobre mí. Qué decadente y delicioso. Esa suave arruga del edredón deslizándose y agrietándose en su funda de algodón me hace rebosar de satisfacción. Mi boca se vuelve a regar, pero esta vez no es sexual, es una alegría real y profunda. Contento es la palabra. Si hay un sonido que desearía poder hacer ahora mismo, es ronronear. Parece que sería el final perfecto para mi aventura en solitario. Como si estuviera en el momento justo, un rayo de sol atraviesa la ventana y llega hasta la cama. Me enrosco en él, absorbiendo aún más poder y lo encierro en mi alma.

    Pienso en lo maravilloso que es el cuerpo humano y la mente. Tal vez no nos prestamos suficiente atención a nosotros mismos de una manera de energía sexual. Es casi como magia sexual. Estoy seguro de que todos podríamos disfrutar un poco más de la vida si nos tomáramos el tiempo para conectarnos con nosotros mismos de esta manera. Desvergonzados y orgullosos de lo que podemos lograr.

    Una perfecta unidad de mente, cuerpo y alma. Todo dentro de nosotros.

    Empiezo a adormecerme bajo el sol, mis reflexiones me llevan a profundizar en mis teorías orgásmicas.

    Mis manos se deslizan suavemente hacia abajo entre mis piernas, y me doblo sobre mí mismo, preguntándome si tengo la energía para otro clímax perezoso, pero mi cuerpo está cansado y me siento bastante débil. Lástima, los lugares a los que mi mente me ha estado llevando, fractales de pollas y coños y tetas y culos, mientras estoy entrando y saliendo de un sueño. Estoy excitado y cachondo, pero demasiado cansado para hacer algo al respecto.

    Oigo un clic en la manija de la puerta y me asusto al tomar conciencia de repente. Agarro el edredón para cubrir mi desnudez y aguanto la respiración mientras una llave gira en la cerradura.

    Aunque mi corazón está golpeando contra mi pecho, sé que es él, y me recuesto, tratando de asentarme mientras estoy hiperconsciente de cada sonido que hace mientras camina por la casa hacia el dormitorio.

    Por fin, llega a la puerta y la abre.

    «Hola, hola», dice, una sonrisa bailando sobre toda su cara, iluminando sus ojos, «¿qué ha estado pasando aquí entonces?» Está tirando de su corbata y desabrochándose la camisa mientras camina hacia la cama. Puedo ver su erección floreciente ya a través de sus pantalones, y le devuelvo el edredón justo cuando se zambulle sobre mí.

    «¿Por qué has vuelto tan pronto?» Le susurro en el pelo mientras me devora el cuello con sus dientes y labios, haciéndome retorcerme y retorcerme en un placer renovado.

    «Decidí que necesitaba disfrutar un poco más de la vida, así que me escapé temprano.» Levanta la vista y me muestra de nuevo su hermosa sonrisa. «Parece que no fui el único…»

    Se ríe suavemente y se quita el resto de la ropa antes de unirse a mí bajo el edredón, con un tubo de lubricante en la mano.

  • Mi prima la más buena de todas

    Mi prima la más buena de todas

    Comenzaré contándoles que esta es una historia 100% real. Les describo un poco, todo sucedió cuando yo tenía 18, soy un chico normal por llamarlo así, delgado, no muy alto, en fin, la que importa es mi prima, ella es una mujer espectacular como en toda familia no puede faltar la prima buenísima pues es ella. Ella tenía 22 cuando esto sucedió, les platico un poco de ella es pelo negro, ojos cafés, unos senos no muy grandes, pero muy firmes, y lo mejor su trasero bien levantadito sin una sola marca de estrías, espectacular, cabe mencionar que es edecán.

    Todo sucedió una ocasión que por azares del destino ella se mudó a vivir a la casa con nosotros, mi familia no vio inconveniente en que se quedara el mi cuarto a fin de cuenta somos familia y no veían el lado morboso que esto pudiera ocasionar, yo con toda la calentura que representa esa edad veía más que un beneficio una tortura el hecho de poder tener semejante monumento y no poder hacer nada al respecto (hasta ese entonces), las cosas transcurrieron con normalidad la primera semana, el cuarto contaba con dos camas individuales una a lado de otra solo nos separaban a lo mucho 1 metro de distancia.

    Cuando la vida dio un giro inesperado fue cuando un día ella opto por salir de rumba con una amiga suya que vivía en la ciudad, ella se arregló y dispuso a salirse ya entrada la madrugada, alrededor de 2 o 3 am escuche ruidos en el cuarto, era mi prima que había llegado un poco pasada de copas, según ella trataba de no hacer ruido pero era inevitable, yo simulando seguir dormido solo observaba, cuando lo menos pensado sucedió empezó a cambiarse dentro del cuarto (nuestro cuarto no contaba con baño) imagine que le dio flojera salir al baño, me dio la espalda a unos 3 metros de distancia y empezó a quitarse la ropa hasta quedar solo es una diminuta tanga no pude observar sus pechos ya que nunca giro hacia mi lugar, termino de cambiarse y se acostó, creo que la situación de verse desnuda dentro de mi cuarto y las copas de más la tenían un poco cachonda.

    Yo seguía despierto observándola en pijama que por cierto no les había comentado pero siempre acostumbra a dormir un short diminuto tipo cachetero con una blusa de tirantes sin bra, observe que se tocaba y estaba muy excitada por lo que lo que sucedió después me quedo asombrado, dejo de tocarse y voltio hacia mí y tocándome el hombro intento despertarme (cuando yo ya estaba más despierto que nada jajaja) me dijo:

    Prima: Primooo, primoo, despierta

    Yo: simulando estar recién despierto, ¿Que paso prima todo bien?

    Prima: Si primo no te preocupes, oye creo que se me pasaron las copas

    Yo: jaja no te preocupes prima ya mañana te sentirás mejor, quieres que te traiga algo

    Prima: no primo estoy bien, lo que quisiera es que me presentaras a un amigo

    Yo: y eso porque quieres que te presente a un amigo (yo ya estaba excitado debido al ambiente que se sentía)

    Prima: es que a veces me dan ganas de hacer cositas y aquí no tengo con quien.

    Yo: Dije es ahora o nunca, y le respondí pues para eso estoy yo, yo te puedo ayudar con eso.

    Prima: Ay no como crees somos primos y si mis tíos se enteran.

    Yo: Pues al menos yo no les diré se enteraran solo si tú les dices.

    No le dije dos veces y de lo excitada que estaba no dijo otra palabra y se pasó a mi cama nos empezamos a tocar y yo a besar sus pechos, cuando me agarro la polla y me dijo Ay primito ya eres todo un hombre mira como la tienes.

    No me van a creer pero llego un pinche rayito de conciencia a mí y pensé, no puedo estar haciendo esto mi prima esta borracha y seria como abusar de ella, y opte por separarnos con la excusa de que alguien podría escucharnos.

    Al día siguiente yo me fui a la escuela y ella seguía durmiendo, cuando llego la hora de regresar a la casa no quería que esto sucediera, moría de vergüenza el pensar de que le pudo haber dicho a mis padres lo sucedido o como iba a reaccionar ya que anteriormente no había sucedido algo similar con ella ningún coqueteo o algo fuera de lugar, como explicarlo me parecía inalcanzable llegar a suceder lo que la noche anterior había sucedido, sin embargo cuando llegue todo parecía normal, salude a todos incluyendo a mi prima y como si nada hubiera pasado (llegue a pensar que no recordaba lo que había sucedido) por lo que ya más tranquilo nos dispusimos a comer, ya finalizada la comida entre mi prima y yo lavábamos los platos cuando de la nada se me acerco y me dijo discúlpame por lo de anoche no sé qué me paso, y yo sin saber que decir, solo le dije que no pasaba nada que no se preocupara que sería nuestro secreto, creo que fue la mejor respuesta que pude haber dado ya que me devolvió una sonrisa coqueta.

    Ese mismo día y ya con lo ocurrido nos buscamos más, por la tarde noche hubo una fiesta familiar a la que acudimos y todo el tiempo nos la pasamos juntos la abrazaba, ella acariciaba mi mano como dando por hecho que tarde o temprano llegaría lo mejor.

    Y así fue esa misma noche al llegar nosotros en el cuarto nos quedamos hasta tarde viendo la tv, cuando escuche que ya todos dormían le dije que si ya apagamos la tv o si quería seguir viéndola que yo ya me dormiría porque me sentía un poco cansado, y me dijo si quieres te puedo dar un masaje yo soy buena para hacerlos, y yo tarde ni perezoso lo acepte con gusto me volteé boca abajo esperando que ella se montara en mi espalda, apago la luz y se dispuso a darme mi masaje, una vez encima de mí me dijo pero quítate la playera que así no puedo, yo lo hice con gusto y me deje consentir, se sentía tensa la situación, cuando termino yo quería recompensarla dándole uno por igual y me lo acepto, para ese entonces yo ya traía la verga bien parada pero no se notaba tanto por el tipo de short que traía por lo que ya me espera mi prima y antes de montarme sobre su espalda con toda la mala intención y sabiendo que no usa bra para dormir le dije oye también quítate la blusa para poder dártelo mejor y obedeció simulando un poco de pudor tapándose los pechos con la mano hasta recostarse.

    Ya con ese escenario sentía que la verga me reventaba, por lo que al montarme sobre su espalda pudo sentir mi verga a todo lo que da restregarse sobre sus nalgas, no duro ni 5 minutos cuando yo ya pasaba mis manos sobre la orilla de sus pechos y los gemido de mi prima era más que evidentes por lo que opte por bajarle la pijama junto con el calzón cachetero que traía puesto para empezar con la acción.

    La volteé para devorar esos hermosos pechos, para ir bajando lentamente hasta llegar a su panochita bien depilada, y darle una chupada deliciosa ella ya quería sentir mi verga dentro de ella pero no sin antes darme la mejor mamada que he recibido hasta hoy en día, de verdad que nadie me la ha mamado como ella, sin mencionar que ella una de las cosas que más le excita mamar la verga, yo me sentía en el cielo pero no quería venirme todavía por lo que la separe mí, y la recosté en la cama

    Ya puesta de misionero empecé a meterla y cada centímetro yo me sentía en la gloria no podía creer lo que estaba sucediendo ni en el mejor de los casos llegue a imaginarme poder cogerme a mi prima ella gozaba ya que al parecer tenía casi el mes sin sentir ninguna verga, tan excitados que estábamos que no me acorde ni de ponerme condón.

    Cambiábamos de posición, ella se montó y cabalgaba desesperada sobre mí, después la puse de perrito, y volvió a mamármela, les digo que le encanta chuparla porque es raro la mujer que quiera mamártela después de habérsela metido toda llego de sus jugos vaginales, así estuvimos por casi 40 minutos cuando estaba sentada arriba de mi le advertí que estaba por venirme y como les comente no estábamos usando condón, era tan su excitación y también estaba por llegar al orgasmo que no le importe y me cabalgo hasta que eche dentro de ella hasta la última gota de semen que tenía.

    Fue tan glorioso que nos quedamos dormidos abrazados juntos

    Esta historia continuara…

  • Primera vez infiel. Se entrega sin reservas

    Primera vez infiel. Se entrega sin reservas

    Esta es un historia de la cotidianeidad, ama de casa, que ronda los cuarenta, atrapada en la rutina marital, que vive emociones y sensaciones que lee en los relatos eróticos, conformándose con algunos toqueteos culposos.

    Estaba haciendo fila para pago de un servicio, también ella, ambos rumiando el desagrado y bronca por la pérdida de tiempo, coincidimos en malestar por esta forma de robarnos un tiempo que bien podríamos estar aprovechando en hacer algo útil.

    La coincidencia de conceptos produjo una risa espontánea, la buena onda tradujo en empatía que nos vincula como viejos conocidos. Nos atienden en ventanillas distintas, coincidimos en el momento de la salida, también en el breve trayecto, ella yendo por el bus, yo por el auto estacionado en las inmediaciones.

    – La causalidad vuelve a ponernos en el mismo camino… como escrito en el destino, mi horóscopo consignaba que tendría un encuentro agradable…

    Sabía que mis palabras eran tan solo buscan un tema de conversación, gratificada, acepta el reto, hace que me cree y se deja llevar por mi atrevimiento para ver cómo termina.

    – Se bien que no me crees, pero te juro por… bueno por algo, que soy totalmente sincero.

    – No le creo nada, pero me resultó gracioso, por eso le seguí la corriente.

    – Bueno, como la mañana está bien calurosa, te propongo tomarnos algo fresco y termino de contarte lo que decía mi horóscopo…

    Estábamos pasando justo delante de un bar, titubeó por aceptar, ese fue el estímulo para detenerme en la puerta del local y llamarla.

    – No me vas a dejar aquí haciendo el tonto, tomamos algo fresco y luego cada quien su ruta…

    – Solo un refresco y me voy.

    Tuvimos una charla con la gracia del encuentro fortuito y atrevido, ella haciendo algo insólito, aceptar la invitación de un desconocido. Jugando con el tema de horóscopo y el destino dije que podía leer las manos, aprendido de una vieja gitana, recurso viejo pero efectivo, como suele decirse: la curiosidad mató al gato. Ella cayó en la trampera, sabía que se dejó atrapar, ganas reprimidas de la transgresión, esto era solo una travesura del ama de casa que quería vivir.

    Mansa tendía la mano para dejarme jugar con adivinar el futuro. Sonríe, tranquila y confiada, humedad y temblor indican que la seguridad solo es apariencia, le gusta, para su estándar de transgresión.

    Fácil deducir, por su aspecto formal, que lleva una vida anodina, sin sobresaltos, estructurada y rutinaria, los hijos en la facu, finde con los suegros, vacaciones en familia, nada que altere la abulia de la repetición. Mis palabras dibujan el perfil de la rutina conyugal, sin atreverse a realizar esas fantasías que rondan en su cabeza.

    – Cómo te imaginas esas cosas, que puedes saber de mis fantasías, no estás en mi cabeza para saberlo.

    – No es necesario, lo siento en tu mano, tiembla y está húmeda, sabes que acerté, siento a esta paloma que intenta volar, pero se deja atrapar en mi mano.

    – Puede volar, suéltame…

    – Voy a soltarte, con todo el dolor del alma quiero que no vueles.

    Amaga sacarla, deslizó un… nada, la duda vibra en su decisión. No voló…

    Percibe el suspiro aliviado por dejarse estar, cerré la mano, la tengo, se deja estar, disfruta este juego de seducción, quiere sentir ese cosquilleo en la boca del estómago, que tanto leyó en las novelas y jamás sintió, sé que la idea de la infidelidad está latiendo en sus entrañas.

    – Sé lo que te está pasando, sonríe, no lo niega, me deja seguir minando su pobre resistencia.

    – No se… me estás apurando…

    – Te propongo, seguir esta charla y seguir adivinando tu futuro… no quiero forzar una respuesta, ni obligarte a nada. te paso mi número, agéndalo con el nombre de una mujer por si… Si sigues en la misma sintonía, me llamas para encontrarnos…

    – Rapidito el señor… me parece bien, no sé si te llame

    – Soy Luis, tu admirador

    – Soy Betty, tu… bueno no sé, algo soy o seré…(juega al misterio).

    El encuentro termina con la promesa de su llamado, despedida, hace el ademán de estrechar mi mando, se la tomo, beso en la mejilla, el detalle seductor y promesa de intimidad. Recién al tercer día decide llamar, insinúa una explicación, no es necesario explicar nada, solo me diga cuándo puede tener un tiempo para mí. Acordamos que en el mismo bar del primer encuentro, el “nuestro” la escuché emocionada.

    Llegó puntual, miraba hacia todos lados, temor a ser descubierta en falta, le propuse salirnos, por separado, el estacionamiento sería el lugar de encuentro. – El café te lo invito en un lugar discreto.

    La distancia al hotel eran pocas cuadras, se me hace interminable, silenciosa e inquieta, posé mi mano sobre su pierna. – Tranqui, todo estará bien

    Se nota que es su primera vez en todo, estoy dispuesto a no apurar los tiempos. Respeto sus tiempos, tenemos dos turnos para ser su aventura prohibida.

    Pedí dos cervezas, dijo que no bebe, cuanto mejor para entonar el momento, el chin chin marca el inicio de la intimidad y la obligada confidencia.

    – Habías acertado en cuanto a que tenía un oculta fantasía, estaba dispuesta a aceptar tu invitación en ese primer encuentro. No fue por falta de valor, las ganas me surgieron cuando tomaste mi mano, además no estaba vestida para la ocasión, tenía una bombacha, común de algodón, usada, no quería que me vieras así. Luego en la soledad de mi casa sentí dudas, miedo, temor a ser descubierta, entendía que al no llamarme me dabas la oportunidad de pensarlo en libertad, ayer te llamé porque decidí “revolear la chancleta” compré un juego de lencería sexy, tan osado que temía que me vieras como a una puta. Vencí todos los temores, me das confianza, estoy en tus manos, dejarme seducir era esa fantasía que has develado, quiero que seas mi aventura.

    Tomarla de la mano y besarla en la boca fue el broche final, el beso la hizo sentirse otra mujer. El beso de “tornillo” hizo soñar a la inexperta, mover la lengua, jugar dentro de ella, aprende y devuelve el mismo trato, se siente deseada, amada. Le comía la boca mientras le enseño a besar, el contacto abrió el camino a la excitación, cede al avance de mis manos sobre su cuerpo, deshojarla de la ropas, ella termina por hacer la tarea que había comenzado, exhibiéndose. El conjunto de encaje negro, el sostén no es suficiente para cubrir totalmente los pechos, mitad de la areola y el pezón quedan al aire, mirarlos me hacía perder en el insondable abismo de la lujuria. Solté el broche del sostén, las teta al natural, voluptuosas y turgentes, lucen como de una muchacha de 20 años, no pude resistir las ganas de tenerlas en mis manos. – Wowww, qué bonitas, se nota que han sido bien tratadas.

    – Como que casi no las tocan, mi mari… bueno él no es un tipo efusivo, fue mi único hombre, misionamos en la iglesia, casamos virgen, los dos, lo poco y mal que aprendí fue solo con él, tuvimos tres hijos, sexo por obligación, ahora ni eso por la medicación de hipertenso. Ufff, de un plumazo conté la historia de la esposa y madre. Ahora por tu culpa (ríe) estoy dispuesta a que seas mi hombre, yo para ti… lo que quieras que sea…

    Historia breve y reveladora de una vida sexual anodina, “su aventura” la convertirá en la mejor de las putas, enseñando a disfrutar las mieles de sexo.

    El primer paso fue descubrir el pecho, amasarlo, acariciarlo, lamerlo y mamar cada uno de los pezones, a no reprimir los gemidos, expresar las sensaciones, jadeos, gemidos y aún gritos la liberan del corsé de esposa honorable -Te quiero bien puta.

    Entiende y comprende el concepto, le saqué el culote, comienza a perder pudor, acaricio la mata renegrida de vellos enrulados que oculta el papo. La caricia, desbrozó los rulos negros, la vulva abre los labios, embriago con el aroma y la textura de la vagina.

    La caricia la estremece, beso y lamida la hacen vibrar, agitar, tiembla, ahoga los primeros gemidos, mirando a los ojos ordeno que no se reprima, que sea ella misma. Debo sostenerla de las nalgas para evitar que pierda el equilibrio, lamidas en el vestíbulo vaginal, se desgrana en gemidos por el acoso lingual. Sus manos se aferran a mi cabeza para conseguir estabilidad y poder soportar los latidos que le producen un espontáneo orgasmo, incapaz de manejar la angustia de tamaña sensación, llora y grita.

    – Ah, ahhhhh, no sé… perdona, no pude contenerlo, me vine cuando metiste tu boca en la mía, es algo… maraaavilloooosoooo. Nunca me sucedió, vino por asalto.

    Se rindió al goce, vencida por las emociones de ese orgasmo prematuro e intempestivo, en brazos la deposité en la cama, desnuda y latiendo los remezones del primer orgasmo.

    Los ojos cerrados, sonríe, se pierde en su disfrute, aprieta mi mano, la emoción domina sus sentidos. Abrió los ojos, puesta de costado, su rostro cerca del mío, respiro su aliento, atrapo su boca, aprende a besar, el primero, suave, el siguiente húmedo, se coloca encima de mí, me come la boca. Vive su fantasía en tiempo real.

    Toma dimensión, siente que la vida le da una oportunidad de ser vivida, no necesita decirlo sus gestos hablan de su emoción. La retengo encima, su sexo quedó sobre el mío, frotándose, tomada de las nalgas, moviéndose, disfruta, se excita, la elevo para darme lugar a ponérsela justo en la entrada de la vagina.

    El grosor del miembro se hace sentir en esa vagina que solo conoció una verga, más larga pero más delgada, se cierra, sostengo sus nalgas, elevo la pelvis, estrecho y forzado, retenida de la cintura, se la mando toda dentro.

    Se dejó caer, vencida, incrustado en ella, le duele pero goza, aprende el ritual de ser artífice de su propio placer, de tímida a decidida en solo paso.

    Es su momento, sensación inédita, gemidos y jadeos la transportan nuevamente en las alas de la fantasía, dejó de ser solo el sueño de una casta esposa, siente el escozor de una mujer presa en su propio morbo, los gemidos francos y sinceros, los jadeos angustiosos elevan la excitación a niveles desconocidos.

    Toda ella es un compendio de emociones, las primeras contracciones de la vagina, mueve los labios aprisionando el pene, sube y se deja en caída libre. Verla moverse es un poema erótico, sentirla evolucionar ensartada en el miembro la locura misma.

    Angustia del primer orgasmo vuelve a sorprenderla, la fiebre recorre sus entrañas, no puede manejar tanta excitación, endereza el torso, ensartada a tope, mueve despacio, estruja sus pechos para sobrevivir al momento, los latidos internos se agigantan, el vientre agitado. Se detiene, necesita ese momento de calma, fuerzo el movimiento de la verga dentro, agitación el remezón del orgasmo la detiene, repito la rutina, replica el efecto, los pequeños orgasmos se extienden, agotan su inexperiencia física para digerir tanto placer.

    – Basta!, por favor, basta, me estás matando, no puedo soportar tanto.

    – Te gusta?

    – Síiiii, pero no puedo más, cuántos fueron? ni sé cuántos, no sabía que podía tanto, mucho menos yo, de tener solo uno y no todas las veces a esta locura. Y vos?

    – Yo te disfruto, tu orgasmo es mío. Necesitas una pausa?

    – Vos la necesitas?, no me parece, la siento bien dura y más gorda…

    La respuesta, el movimiento, impulsarme dentro, frotando el clítoris, el combo perfecto, penetrada y frotada, toma ritmo, exprime sus pechos, frota los pezones, el rostro crispado por el goce, el orgasmo se presenta, tomé sus nalgas, con fuerza apretado contra ella, tormentosa eyaculación, el semen brota con intensidad dentro del estuche, vaciar mi vida en ella.

    – Uffff, qué caliente la leche de mi hombre. Cuánto calorcito me vino dentro.

    Le pido que se detenga un instante, necesito ese instante de calma para dejarme ir todo, siente mi vida láctea fluir en ella, su orgasmo coronó el momento, casi en simultáneo.

    Quedó empalada, el mundo se ha detenido, estamos peleando nuestros propios demonios. Desmontó de su cabalgadura. La pausa hizo que buena parte del semen escurra sobre el tronco. Puso su mano sobre el miembro enlechado, untó la mano. – Frota en su teta!, quiero ver los pezones con mi semen.

    Es momento de intimidad, algo más que contacto físico, los besos renuevan el compromiso de ir por más, está dispuesta a experimentar todo lo que ve en la película porno del tv. Las imágenes van más allá de su limitada fantasía. – Esto que ves en la tv era tu fantasía?

    – No, es mucho más, cosas que no imaginaba

    – Y ahora ves cómo lo disfrutan, no sientes un poco de curiosidad por probarlo?

    – No sé… pero si me llevas y enseñas cómo hacerlo… me animo.

    – Eres toda mía?

    – Hoy, ahora, sí

    – Para todo?

    – Sí… para… todo, sí.

    Volvimos al cuarto enfundados en la salida de baño, antes de llegar a la cama le había deshecho el lazo que me obstaculiza ver su cuerpo desnudo.

    – Esos kilos que dices tener de más no hacen mella en mi gusto, tu inexperiencia te hace casi virgen, me seduces.

    Volvimos al juego de seducción, mi boca se une a la suya vertical, las sensaciones eróticas renacen, abrazado a sus nalgas, entre sus piernas giramos hasta un perfecto 69 está. .

    Desde abajo, separé los labios, introduje la lengua y comencé a paletear su interior, su boca cerca del miembro, duda, no sabe cómo hacer, solo tiene la demostración de la película del tv.

    No exijo, solo puse la mano en la nuca y empujé levemente para acercarla más, el resto intuición y atrevimiento. El primer contacto, tímido y breve, mis gemidos alientan, se atreve más que al beso.

    – Ahhhh, qué bueno, qué delicioso sentir tu boca caliente

    El elogio la anima, le pone ganas, comienza una tímida mamada, los dientes rozan más de lo usual. – Vas bien, muy bien, cubre los dientes con los labios, hazla jugar en tu boca, mover la lengua, trata de entrar entre el prepucio y la cabeza.

    Aprende rápido y bien, sus ganas pueden más que la técnica. Pasa las manos debajo de mis nalgas, comienza a entusiasmarse en la mamada. Mi trabajo en su sexo la excita y desconcentra. – No puedo chupar y gozar tu lengua al mismo tiempo, dame un respiro, cuál va primero.

    – Tu primero, mientras te como la conchita.

    – Ah qué ricooooo, así me puedo mover

    – Si, mueve que te como todita. Sientes los dedos jugando en la colita.

    – Síiiiiiii, me gusta, me voy a venir si sigues así…

    Era tiempo de hacerla desear, detuve el paleteo, el dedo juguetón probando el “marrón”. Generosa de caderas, y el culito blanquito, lampiño total, estrecho y tímido, tentador, muero por ponerla dentro. Tan solo falta un detalle, se le frunce cuando meto el pulgar, teme al dolor, sus gestos elocuentes.

    Bajé el ritmo de la chupada, regulé el nivel de excitación, alargué el disfrute, la incomodidad del cosquilleo y tensión, justifican y compensan con la intensidad y lujurioso placer del orgasmo que estalla en sus entrañas.

    – Papi, rebueno, me estás matando, no puedo aguantar más. No estoy preparada para este ritmo de calentura, me hiciste venirme, ni sé cuántas veces.

    Con la boca colmada de sus jugos, siento el aleteo de sus labios, disfruto el húmedo fragor de los remezones del orgasmo. Vibra, estremecida por el tsunami de sensaciones, crispación, manos apretando la ropa de cama, cada orgasmo es una nueva experiencia, recorriendo el mismo camino por senderos nuevos.

    La vagina era un compendio de latidos, el vuelo de la mariposa, las contracciones se repiten, más atenuadas y breves, el vientre agitado, las manos como garras apretadas.

    – No te reprimas suéltate, libera la loba interior. Nadie escucha y si escucha tampoco les importa, este es un lugar donde todos vienen por el garche.

    Entendió, el gemido profundo, fuerte, intenso, liberó la presión interior, comenzaba a sentirse libre de expresar sus emociones, quitarse el corsé de esposa fiel, rebelarse, ser dueña de sus propias sensaciones, disfrutar sus orgasmos sin reprimir pudores, permitirse gozar, el placer de ser tomada como alguna vez fantaseo en sus anodinas noches de insomnio, que la masturbación no podía calmar.

    Se dejó librada a mi antojo, la vagina húmeda y aromática, embriaga mis sentidos, descansa sobre mi cara, las nalgas entre mis manos, los dedos vuelven a juguetear en sus agujeros. Entiende que ahora es mi turno.

    Pajeando, besando y lamiendo cabeza y tronco, devuelve la dureza inicial, acomoda sus labios, mama, elevé la pelvis para llegarle más adentro, está decidida a hacerme gozar.

    – Sigue, sigue, vas muy bien, tu boca, tan caliente como tu cuquita, me gusta, sigue…

    – Te falta mucho, se me acalambra la mandíbula, puedo seguir pajeándote con las manos?

    – Sí, no sueltes, mueve más rápido, estoy cerca de venirme. No te… animas a ponerla en la boca cuando…Cuando te vengas? Hmm… no sé, no sé si podré…

    – Lo intentamos?… pruebo…

    – No la saques, estoy bien cerca, siento que me vengo…

    La venida late en mis riñones, estremezco, hacérselo en la boca virgen incentiva, nos agitamos.

    – Chupa, chupa fuerte, ya me vengo…

    No pude decir más, la leche fluye del miembro, con la fuerza del geiser interior, eyaculé dentro de su boca, sentía la lengua recibiendo el fluido vital de mi ser, todito dentro de la mamadora virgen.

    El espejo de pared devolvía su expresión, la boca conteniendo el semen, salí de ella, nos miramos a través del espejo, intentó tragársela, arcada espontánea, tosió, expulsa todo el semen sobre la cama. Los ojos llorosos por toser, la dejan sin saber qué decir.

    – Perdón, perdón, me sorprendí, intenté tragar como vi en la porno, pero… no pude, no sé qué me pasó, una arcada y la tos me arrebató tu lechita. Me… perdonas… no pude, tal vez la próxima…

    – Todo bien, suele pasar, tampoco te lo exigía, es que seguías con tanto entusiasmo y la calentura no me permitía hablar, eyaculé sin poder dominarme y avisar. Nada que perdonar, volvemos a intentarlo.

    Nos quedamos viendo la porno, un negrote fornido tenía dos mujeres para su servicio, miembro enorme, ellas le hacían toda la fiesta, él chupo tetas y conchita, luego de una pasada por la vagina de cada una, fue por la rubia, colocó en cuatro y se la enterró en el ano. Betty no puede dar crédito a lo que ve, sobre todo cuando ella gira y se lo monta, ensartándola por el culito, de frente al espectador como el negro entierra su vergón, primer plano de sexo anal con acercamiento, esa escena robó su atención, me tomó fuerte la mano, sentía temblar su cuerpo, se refugió en el abrazo contenedor.

    Los gemidos de la mujer, embellecen la escena erótica, sube y baja mostrando como se lo abre. Luego de unos minutos el negro eyacula dentro, sale despacio, retira de la vergota bien cabezona, el primer vestigio del semen espumoso, luego ella hurga con su dedo dentro del ano, escurre un hilo semen.

    – Todo eso es real? la tiene gigante y cabezona, su cul…ito, devoró semejante miembro. No sé si será un artificio.

    – Todo lo que viste es real, claro el negro responde al mito popular, pero no te creas que todos son así, para estas películas se eligen a los vergudos, lo mismo que ellas siempre pulposas y tetonas.

    – Bueno por vergudo, la tuya bien cabezona y gordota no veo gran diferencia.

    – Se la tragó tu conchita y nada malo te pasó

    – Ja! por ahí, pero la colita…, y con este aparato, lo pensaría mucho. Tanto te gusta por el ano?

    – Sí, mucho, es la entrega total, el macho domina a su hembra. D despacio y con cuidado no pasa nada, solo un dolorcito la primera vez, pero si te relajas lo disfrutas.

    – Me lo estás proponiendo?

    – Sí, me gustaría mucho, el tuyo es algo que puede con mi deseo.

    – Hmmm, no sé… Senti que me abrías toda cuando me la diste por la concha.

    – No sientes… curiosidad, deseo, o…. por probar lo que disfrutaba la mujer de la porno?

    – Bue… un poco, pero un poco es… solo eso

    – Ah, entiendo, no toda, solo un poco…

    – Ja! convencerme?

    – Solo decía…es que tienes una colita tan apetitosa, que te la comería.

    – A ver si entendí? comería o cojería’

    – Por qué la opción y no ambas. Comería y cojería

    – Entendí lo de cojer, pero no lo de comer (morbo y curiosidad)

    – Comer es besar, lamer, todo con la boca.

    – Lo segundo está entendido, el beso negro era en el ano?, pero… no es un lugar sucio?

    – Veamos… te lo has lavado recién, no está sucio, te lo podría besar, con lo que me gusta. No te imaginas las sensaciones.

    – Me pones caliente, cuando me hablas así, sentirlo… me intriga, casi tendría ganas de… que me lo hagas, pero que luego metas esa cosita gordota, como de burro, eso me da miedito…

    – Con probar no perdemos nada, si no te va… bueno… paramos…

    – No sé…

    – Déjame probar sí?

    La curiosidad mató al gato, ella cae en la trampera, el morbo de la porno se hizo carne, las preguntas delatan que la mueve a probar nuevas sensaciones. La coloqué al borde de la cama, a cuatro patas, arrodillado tras de ella abrí los cantos, vagina jugosa, ano lampiño, metí la nariz en su pecera dibujando burbujas de deseo, sube la excitación. Estrategia estudiada, la había colocado de tal modo que podía verse reflejada en los espejos laterales, verse aporta el plus del morbo, es la zona erógena del pensamiento.

    Con la lengua pruebo el sabor salado de su deseo, los dedos hurgando en la cueva húmeda, buscan el tesoro escondido, el punto G, del que todos hablan y pocos encuentran. Dos almohadas cumplen la tarea de mantener elevada la colita para cuando la venza con el peso de mí cuerpo, las rodillas temblando perdieron la sustentación por la calentura incipiente que altera sus sentidos, la angustia, conmueve, agita el ánimo, tomándose los pechos, estruja y aprieta, cómo a salvavidas en un naufragio.

    En medio de toda esta mezcla de sensaciones, la veo mirarse en el espejo, la expresión babeante de una mujer atravesada por el deseo, transida por la angustia sin encontrar remedio para soportarlo. Se debate entre el erotismo de la caricia bucal y angustia de no encontrar respuesta a su excitación.

    Me vuelvo loquito viéndola moverse, una “mujer con poco uso” escasas atenciones sexuales, ahora en un curso acelerado de goce sexual, ser maestro y guía, descubrirse como amante.

    Las golosinas de las caricias y las promesas de que no será forzada, terminan por derribar los mitos de que ahí no entra nada. El índice untado en la cuca abre el camino a lo desconocido, la sorpresa inicial trocó en suspiro de aprobación, la penetración distrae su atención, el pulgar hace la diferencia, repta hacia la cabecera de la cama. Activo el movimiento digital, hasta entrar todo, deviene calma y acostumbramiento.

    La penetración doble, verga y dedo le hacen sentir las mieles del contacto anal, adiestro de qué modo poner en acción el esfínter apretando en el ingreso, aflojando en el retroceso. Suspira y disfruta, el placer se ve reflejado en la imagen devuelta por el espejo.

    En la distracción aproveché para reemplazar el pulgar por la verga, la cabeza en el centro del hoyo, reacciona, intenta escapar, reptando en la cama, sostengo de los hombros, empujando más. – Ahhh, bruto, me la metiste!, duele..

    – Solo fue la cabeza, tranquila, me quedo quietito

    – Más te vale, entró la cabezota, siento todo abierto, no te muevas más, porfa…

    – Me quedaré quieto

    Mentía descaradamente, prometemos hasta bajarle la luna. Agarrado de sus caderas entré otro poco más de pija. – Otra vez!!, me la estás metiendo! Era solo la cabezota!!.

    – Bueno solo mentí un poco, me quedo quietecito, tranquila, ya te entró toda…

    – Que no está toda dentro -verifica. – Mientes, no está toda y esto? -siente solo está la mitad dentro

    Nuevo intento, hasta el fondo. Una sorpresiva nalgada, la distrae, una segunda atemoriza, la aceptación forzada es parte del menú de dominación, se somete a la fuerza del macho dominante.

    Dominada, monté sobre sus caderas, mis piernas sobre las de ella la inmovilizan, agarrado de sus hombros concretan la sumisión, volcado sobre su espalda, entré la verga hasta el mango, el chasquido de los testículos sobre la jugosa vagina en cada envión.

    Sin prisa, el goce a pleno, comienza a pedir que termine pronto, siente el ano súper dilatado, la cojida salvaje adquiere ribetes épicos, la dominación excita, potencia la calentura, se me “soltó la cadena”, aflora el deseo primario de animal en celo.

    Ha dejado de luchar, el dolor se va diluyendo en placer, acepta la indicación de su hombre: – Cierra el culito cuando te la entro, abre cuando te la saco.

    En el fragor del garche, sonó el teléfono, sin sacarla tomé el auricular. – “Señor su turno finaliza en quince minutos”.

    – Ya lo escuché, qué bueno, tienes que acabar de romperme el culo.

    – Pero te tengo bien enchufada. Toma!, toma pija!!…..

    Salgo hasta el límite mismo que la cabeza asoma fuera del esfínter, penetrar a tope. Sus gemidos se enredan con mis jadeos, el momento de la verdad atronó el cuarto, bramido de toro enfurecido salió disparado de mi garganta, la calentura contenida impulsa la eyaculación, bien en el fondo largué todo, todo hasta el último aliento de vida.

    – Wowww, papi cuanta leche, cómo puedes acabar tanto. Se siente caliente, qué bueno. Me lo rompiste de verdad, quedó latiendo mucho.

    – Lo siento, latir y me aprieta la pija, se siente divino.

    – Si, aprovecha, por que no me vas cojer otra vez, me dejaste dolorida. No te salgas aún, quédate encima de mí, te toca consolarme.

    Se terminan los dos turnos de una sesión épica, disfrutar de una mujer con poco uso y el culo virgen.

    En el regreso, con algo de pudor, confesó que le gustó y disfrutó mucho del grosor del miembro, claro que duró hasta que la coloqué en la puertita del ano, ahí todo cambió, el temor al desgarró la invadió, la promesa de solo meter la puntita no la tranquilizó. La penetración fue algo doloroso, el intento por zafar motivó que me pusiera muy loquito, agresivo y dominante. La primera nalgada la asustó, la segunda un poco más, inmovilizar sus piernas y apretar fuertemente sus hombros, hacen el cambio, de pronto el temor troca por el placer de sentirse dominada, sometida.

    Matrimonio con poco sexo y muchas atenciones, siempre consentida, primera infidelidad con un hombre que conoció unas horas antes, le hacía sentir la autoridad de macho dominante, sodomizada, tratada como una puta vulgar, exacerbó su sentido erótico más obsceno, descubrirse a sí misma, disfrutar del poder masculino del vicio y la lujuria.

    – Sí, me gustó sentirte, me abriste tanto que me sigue latiendo, tu semen está comenzando a bajar. Te odié y amé, me encantó como me lo rompiste, pero… esto terminó acá, no más en mi cola.

    Sus palabras fueron mimos al ego masculino, nos despedimos un par de cuadras antes, el beso fue intensamente húmedo, descendió pero antes dejó la última recomendación: – No me llames, yo lo haré o no… no me llames.

    Había tomado el control, conocía mi flanco débil, el sexo anal, dejó el germen de la duda, creciendo en mi libidinoso pensamiento.

    En la mañana siguiente recibí su llamado: – Te odio, al movilizar el intestino sentía el dolor de tu presencia, la poronga me abrió toda, también me sangró un poco.

    – El sangrado es por la primera vez suele ser algo común, no pasa nada, dura poco tiempo.

    – Sigo dolorida, te odio por romperme el culo, por más de dos días estuviste presente en mí, sentía tu presencia de macho rompedor. Ahora necesito renovar tu presencia.

    – Sabes cuánto me gustas y cuánto esa divina cola, no te vas a salvar de que te la vuelva a hacer.

    – Es lo que más me importa, me has hecho adicta a sentirte dentro del culo, mi orto le pertenece señor.

    Mañana es el día indicado para nuestro segundo encuentro, la promesa de una mañana feliz me pone bien cachondo, dar a conocer esta historia es algo más que ganas de contar. Este sitio nos permite el anonimato, en la universalidad de historias eróticas, será una más, para nosotros única e irrepetible.

    Deliciosa madura, mujer, lectora, quizás a escondidas, alguna vez has sentido el llamado a tener una aventura que marque la diferencia entre lo conocido y el disfrute del peligro? compartamos experiencias, te espero en [email protected], prometo responder y compartir.

    Lobo Feroz