Autor: admin

  • Mi comienzo en el incesto

    Mi comienzo en el incesto

    Me llamo Cristina y tengo 19 años. Soy rubia y mido 1.65. Mis medidas son 98-100-110, debido a esto me suelen mirar bastante de forma lasciva y eso siempre me excita. Mi hermano se llama Juan, tiene 21 y mide 1.78, es bastante musculoso y en la universidad siempre hay alguna chica que se le insinúa, eso siempre me ha puesto algo celosa, pero siempre de modo fraternal ya que somos muy unidos y él también ha tenido ataques de celos.

    Las clases se pasaron rápido, estaba esperando a mi hermano y él cuando llega me pasa el brazo por los hombros y vamos a su coche para ir a casa. Notaba que él me veía, pero no le tomaba mucha importancia. Una vez ya en el coche estuvimos hablando un poco aunque lo notaba algo enojado y no sabía porque. Cuando llegamos él se iba a ir sin decir nada, pero le pude coger la mano antes a lo que él me miro.

    – ¿Qué te pasa? Se nota que estás enojado y no se la razón, que yo sepa no he hecho nada malo. –Dije algo frustrada por no saber que le pasaba. Él se dio cuenta de eso y se relajó un poco.

    – Vamos a mi habitación y te digo que es lo que pasó. –Le hice caso y fuimos a su habitación aun sin soltarnos las manos. Al llegar él cerró la puerta y nos sentamos en su cama. – Lo que me pasa es que uno de mis amigos empezó a hablar sobre ti y me estaba diciendo lo buena que estabas y que quería estar un rato contigo, eso me enojó mucho, así que le golpeé y le dije que como se te acercara le iría peor. – Me pareció muy linda su forma de protegerme y me senté en sus piernas para poder abrazarlo mejor a lo que él me correspondió.

    – Muchas gracias hermano por cuidarme.

    – No es nada, tú eres mi hermanita y no pienso dejar que anden diciendo cosas así de ti y menos delante de mí. – Después de eso estuvimos hablando y yo seguía abrazada a él hasta que llegó a casa papa y fuimos a saludarlo.

    Papa es un poco mas alto que mi hermano 1.83 y él es castaño como mi hermano. Se llama Carlos y es muy cariñoson con nosotros, trabaja bastante para poder mantenernos, pero siempre que puede pasar tiempo con nosotros y me mima mucho. Yo tengo el pelo rubio de mi madre Sara, ella también es de cadera más grande que pechos. Mis padres están separados y en el verano mi hermano y yo vamos un tiempo con ella, es bastante cariñosa y mide 1.60, ella se volvió a casar después de dos años del divorcio y mi hermano y yo no nos llevamos mal con él, pero si con su hijo Luis, tiene 18 y es muy egocéntrico y muy pesado, se cree el mejor cuando no lo es. A la noche estábamos cenando y mi hermano estaba algo extraño, pero me imagine que sería debido a lo de esta mañana asi que no le tomé importancia. Luego le di las buenas noches a los dos y me fui a duchar para después ir a dormir.

    Al día siguiente me sentía algo rara ya que había soñado como si alguien me estuviese tocando y me había excitado. Bajé abajo e hice el desayuno para los tres. Desayunamos tranquilos y luego nos fuimos al sofa a ver una película, me senté apoyada en mi hermano y él me estuvo acariciando la pierna toda la película. Noté que a veces rozaba cerca de mi vagina pero no le tomé mucha importancia ya que me gustaba. Luego papa se fue a su despacho a trabajar un poco y nosotros seguimos viendo la tele. Después de un rato siento a mi hermano rozar mi vagina y le miré y no dijo nada, seguía mirando la televisión así que pensé que había sido un accidente y lo deje pasar. No volvió a hacerlo, pero si sentía su mano cerca de mi vagina. Pasada una semana sentí que cada vez que podía me abrazaba y rozaba mis nalgas o mis tetas así que decidí hablar con el hoy.

    – Hermano puedes venir a mi cuarto un momento ¿porfi?

    – Ahora voy hermanita. – Cuando llegó nos sentamos en la cama y me separé un poco y él lo notó, pero no dijo nada.

    – Quiero saber qué te pasa, esta semana has estado actuando algo raro conmigo y quiero saber la razón. – Cuando dije eso él se puso algo tenso, pero sé que me lo iba a decir.

    – ¿Te acuerdas que te dije que mi amigo había dicho que estabas buena? – Yo asentí. – Pues desde hay ese comentario no dejó de sonar en mi cabeza y al salir estuve fijándome un poco en tu cuerpo, pero intente dejar de pensar en eso y lo conseguí hasta que me abrazaste y sentí como se aplastaban tus pechos en mi pecho, desde ahí deje de verte solo como a mi hermana y te empecé a ver como a una mujer. No lo pude evitar y empecé a tener sueños húmedos contigo, también el lunes después de que te duchaste yo fui a hacerlo y vi tu tanga y no pude evitar olerla y me empecé a masturbar con ella. He estado toda esta semana corriéndome en tus braguitas y tangas. Lo siento no lo puedo evitar y aunque puede que ahora me odies o sientas asco de mí, no puedo evitar hacer esto.

    No me dio tiempo a reaccionar cuando me empezó a besar y a tocar las tetas a lo que no pude evitar gemir, ya que tengo mis tetas algo sensibles y no sé porque pero le seguí el beso. Eso debió entusiasmarlo porque siguió apretando una de mis tetas con algo de fuerza y me empezó a tocar el culo y apretar las nalgas provocando que me excitara más.

    – Dios hermanita que buena estás, mi amigo tenía razón, pero el que va a disfrutar de ti voy a ser yo. – Me quito la camiseta y el sujetador y empezó a besarme el cuello y fue bajando hasta mis pechos que empezó a besar y chupar, luego me chupo el pezón y a morderlo un poco provocando que yo gimiese y le apretase más a mi pecho. – Me encanta como gimes y que ricas tetas y culo tienes, ahora veamos qué tan húmeda está tu vagina. – Eso me excitó más y cuando me puso a un lado el tanga y empezó a meter un dedo no pude evitar gemir más alto. – Hermanita que húmeda y todo por tocarte aun no has visto mi pene ese si que te va a enloquecer y no querrás que te deje nunca, pero baja la voz o papa te oirá y vendrá a ver que pasa. Le hice caso y seguí gimiendo bajo, luego lleve mi mano a su pantalón y empecé a tocárselo por encima de él haciendo que gruñera, eso me encantó y le apreté un poco su pene.

    Esto debió enloquecerlo porque se quitó rápido los pantalones y la ropa interior, dejándome ver su gran pedazo de pene, debía medir 27 cm, me puso más cachonda y le quite su camisa y me levante para quitarme la falda y el tanga. Me puse delante de él y me di la vuelta para que viese como lentamente me quitaba la falda y luego el tanga, esto le debió gustar porque vi que se apretó un poco el pene y cuando me quité todo y quedé desnuda le hice tumbarse y me monté encima de él poniendo mi vagina delante de su cara y yo empecé a chupar su pene, que rico estaba. El me apretó el culo y empezó a chupar mi vagina haciendo que gimiera mientras seguía chupando su pene. Me quedaba un poco de su pene fuera de mi boca y yo intentaba que me entrara todo, después de un rato llegué al orgasmo gimiendo con su pene en mi boca y conseguí meterme su pene entero en la boca, ya que me di un poco para delante por el orgasmo.

    – Que rico mamas hermanita y que rica vagina tienes, te la podría estar comiendo todo el día, pero ahora vamos a cambiar de posición y te la pienso meter, te voy a hacer delirar. Yo sonreí y me solté de su pene y cambiamos de posiciones, él encima y yo debajo. Me la metió de una y eso produjo que gimiera bastante alto, pero él me beso consiguiendo que no se oyera tan alto, se quedó un momento quieto para que mi vagina se acostumbrara a su tamaño.

    – Hermano que rico se siente tu pene dentro mío, cógeme duro. – Él acepto y se empezó a mover rápido y duro, yo gemía y él gruñía un poco, puse mis piernas alrededor de su cadera para que la cogida fuese más profunda.

    Seguimos cogiendo hasta que papa nos llamó para cenar, a ese punto yo me había corrido varias veces y él dos, además de que hicimos varias posiciones. Me volvió loca. Al final nos besamos y vestimos, al bajar hicimos como si no hubiese pasado nada, pero sabíamos que iba a ver muchas más veces.

    Continuará…

  • Las elecciones

    Las elecciones

    El día de las elecciones me levanté de mi cama a las diez y media de la mañana. La claridad del día entraba filtrada por los estores. Me saqué el camisón por la cabeza, me calcé las pantuflas y abrí la puerta de mi habitación. Como suelo dormir sin ropa interior, vi reflejada mi desnudez en el espejo rectangular que tengo en el pasillo. En fin, a mis treinta y seis años aún continuaba siendo una mujer bella, aunque ya se me acentuaban un poco los michelines en mi cintura. Mi cara fina, como de muñeca Barbie, mi media melena rubia natural… Las areolas que coronaban mis tetas, de color café, eran muy redondas. Mis tetas, ¡ay mis tetas!, los años las habían vuelto más blandas y moldeables; grávidas, formaban un gracioso pliegue que caía sobre mis costillas superiores. Tomé una con mis manos, la alcé y besé su pezón; luego, continué de zapatear hasta llegar a la cocina, preparé la cafetera italiana y la puse a calentar sobre la vitro.

    Antes de que subiera el café con su familiar ronquido, fui al saloncito a buscar algo con lo que cubrirme: lo que llevara anoche: un top de color negro y un calzón de deportes blanco. Después, me serví el humeante café, con poca leche y mucho azúcar, y me senté en el sofá, frente al televisor; lo encendí. La mayoría de las cadenas informaban sobre el transcurso de las votaciones en distintos puntos geográficos, hasta que di con una que daba una película muy vintage; ahí la dejé.

    Mmmm, que bueno el café. Para estar más cómoda, subí una de mis piernas sobre la otra, cruzando mis muslos… Mis muslos, tan blanquecinos antes de los baños de sol veraniegos; mis muslos, tan suaves al tacto y a la vez tan cálidos. Me los acaricié, luego incliné mi torso y besé el que tuve más cerca.

    De pronto, sonó una notificación en mi móvil. Lo tenía sobre la mesa de centro acristalada, junto al sofá. Lo así con una mano y hurgué en su pantalla con mi dedo pulgar:

    «Vas a votar?». Eusebio.

    Mi jefe.

    «No. Ya sabes que no me interesa la política. Me parecen todos lo mismo. Y tú?». Yo.

    «Quiero votar». Él.

    «Pues ve. Qué te lo impide?». Yo.

    «Quiero votar en tu urna». Él.

    Ay, mi jefe…

    «Mi urna… Qué dices?». Yo.

    «Sí. Meter mi papeleta en tu urna». Él

    «Eusebio. Votar no es obligatorio aquí». Yo.

    «Ruth. Votaré voluntariamente, pero en tu urna. Debe estar bien calentita, como mi voto». Foto. Él.

    La foto era de su polla, por supuesto.

    «Vale. Ven. Y tu mujer?». Yo.

    «Se lo he dicho. Le he dicho que voy a ir a votar». Emoticonos. Él.

    Emoticonos. Yo.

    «Tu marido?». Él.

    «Lo sabes. Presidente de mesa. Le tocó». Yo.

    «Estaré en tu casa en media hora». El.

    Eusebio llegó. Entró. Fuimos al dormitorio. Cerramos la puerta. Él se desnudó. Yo me desnudé. Eusebio, ya cincuentón, tenía un cuerpo extraordinario, era muy atlético: se notaba que se cuidaba. Nos quedamos de pie uno frente al otro, mirándonos las caras, oliéndonos diría yo. Él avanzó sus fornidos brazos y los pasó por mi espalda, acariciándome con sus dedos mientras iba bajando, bajando… Llegó a mis nalgas y me las palmeó, haciendo que me temblasen, luego las acarició; luego me atrajo hacia su cuerpo, y me besó. Me besó como besan los adolescentes, sacando la lengua para llevar su puntita hasta mi paladar, para recorrer enteras mis encías; me daba suaves mordisquitos en mi labio superior y lamía las comisuras. Después, inclinó la cabeza y chupó mis tetas en todas direcciones, deteniéndose en lamer mis pezones de vez en cuando. De mi cuello hizo su especial festín, besando, mordiendo y lamiendo a la vez. «Vamos a la cama», le pedí entre suspiros.

    Me acosté. Se acostó junto a mi. Se puso de costado y extendió una mano hasta mi coño, mientras me daba sonoros besos en el mentón, en los ojos. Introdujo unos dedos en mi rajita. Sus masajes me produjeron oleadas de calor que me iban subiendo más y más, electrizando mis brazos, nublando mi cerebro. «Fóllame, Eusebio, fóllame», supliqué. Él, inmediatamente, subió encima de mí y me penetró con su dura polla. «Mmmm, Eusebio,», gemí. El torso de Eusebio era peludo; eso me gustaba, y, entretanto él estaba arriba arremetiendo, metiendo y sacando, yo me entretenía en jugar con sus vellos entre mis labios, dándoles besitos. «Ahh, ahh, Eusebio, más, más», pedía yo; «Ruth, ohg, ¡Ruth! «, rugía él. «Eusebio, ah-amor, córrete, córrete, va-ah-mos, l-ohs dos». Sentí su explosión de gozo en mi entrepierna: su abundante eyaculación la vertió en el interior de mis muslos, ya que ninguno tomamos precauciones durante el fragor amoroso. «¡Oh, Eusebio, qué bien me he quedado!»; «Y, yo, Ruth, en fin, esto de ejercer tu derecho al voto tiene su lado bueno». Los dos reímos.

    «Ruth, vente, te invito a tomar algo, total, tu marido no volverá hasta después del escrutinio, y mi mujer, como cree que he ido a votar, aprovechará para ir al bingo, asco de ludopatía…»; «Vale, Eusebio, me visto»; él ya se había vestido. Me puse un vestido corto estampado de tiras, una rebeca por encima y unas zapatillas de lona sin calcetines. Me retoqué un poco el peinado, no fuese a parecer que acababa de estar follando…

    Entramos a un bar y nos aproximamos a la barra. El sitio era lujoso, con mesas muy pulidas y acristaladas, paredes espejadas, camareros con pajarita y mandil francés. Nos acomodamos en unos taburetes altos con respaldos. Pedimos dos Martinis. «Ruth, ¿cómo le va a Carlos?», me preguntó Eusebio, Carlos es mi marido ; «Bien, se apaña con la venta de antigüedades por Internet», respondí; «Nunca debió abandonarnos, le iba bien en nuestra empresa…»; «Sabes que sospechaba de lo nuestro»; «¿Y qué?, una cosa es el dinero y otra los sentimientos»; «Le prometí que no te vería nunca más y ahora…»; «Hoy es día de elecciones, te elegí». Nos reímos. «Bendita urna», dijo, y me besó en el cuello; «Hola, hola, hola, ¿a quién tenemos aquí?, buenos días, Eusebio… y compañía», nos saludó un tipo trajeado, muy afeitado y bajito; «Hombre, hola, os presento, Ruth, este es Ramón, un buen cliente»; «Hola, Ruth», soltó el tipo alargando su mano, que yo sacudí; «Hola, Ramón», dije; «Veo que no pierdes el tiempo, ¡eh, Eusebio!», dijo el tal Ramón; «No es lo que parece»; «Claro, claro, bueno, ¿habéis ido a votar?», preguntó; «Sí es lo que parece», dije yo, «y él sí ha votado, en mi urna»; «Vaya, vaya»; «Ruth, por favor»; «Eusebio».

    Eusebio se levantó y llevó a su cliente del brazo hacia la calle. Allí los vi gesticular a los dos, dándose explicaciones al parecer; a los pocos minutos, Eusebio volvió, solo.

    «¿Qué pasa?»; «Nada, Ruth, pero le he tenido que decir que eras mi señorita de compañía, una puta vamos, para que no pensase en que soy infiel a mi esposa ni nada por el estilo, ya sabes que ella es la capitalista, le he tenido que dar tu teléfono, le has gustado en cantidad»; «Vale, Eusebio, has hecho bien».

    Volví a mi casa. Llamé a Carlos. Estaba alegre y me contó anécdotas de la jornada de votaciones en su colegio. «Cariño, luego nos vemos, tengo ganas de comerte el coño», me dijo en voz baja, «espérame despierta, y no te duches, ya sabes que me gusta tu olor a hembra». Este Carlos…

    Comí algo ligero y me acosté en la cama. Aún olía a Eusebio; cambié las sábanas: me volví a acostar. Cerré los ojos. Me acordé de la polla de Eusebio, tan recta y dura; la de Carlos es más combada, como en forma de plátano… El glande de Eusebio es rojizo; el de Carlos está más amoratado, y tiene un lunar. Me desnudé. Me empecé a tocar: las tetas, después el coño. Tenía ganas de masturbarme. Oh, las pollas… Pero para polla aquella que me comí en La Habana, con toda su leche. Eso fue una mañana:

    Estábamos de vacaciones. Carlos quería visitar museos, pero a mi no me apetecía: prefería quedarme en el hotel, acostada, prefería descansar. Así que me quedé sola. A mediodía, alguien abrió la puerta de la habitación. Me sobresalté y me incorporé. En el umbral de la puerta vi a un joven mulato vestido de librea. «¿Qué quieres?», pregunté; «Señora, servicio de habitaciones, vengo a retirar las bandejas del desayuno»; «Entra», ordené. A causa de la precipitación del momento, y de su imprevisión, yo me hallaba en bragas y sin sujetador, y el mulato, que no pudo evitar mirarme, se empalmó. Yo me di cuenta: el tamaño de su paquete aumentaba por segundos, más, y más y más. «Ven», pedí al mulato. Él se acercó a la cama. Yo, de rodillas sobre el colchón, le puse mis brazos en sus hombros, y le besé. Su polla era descomunal, amenazaba con romper la abotonadura de su portañuela. «Ven», le dije. Le quité el cinturón, le bajé los pantalones. «Ven», repetí; «Señora, es usted tan blanca, tan rubia que…»; «Ven», imploré. Hice que se tumbara en la cama, y me metí su enorme y negra polla en mi boca. Mmmm. Casi no me cabía. Mmmm. Abajo. Arriba. Ayudándome con las manos para que no se me fuera. Mmmm. Qué gusto. Chupar esa polla. Mmmm. Y me voy masturbando. Y mis recuerdos acuden a mi cabeza con brillos renovados. Y la ola de calor viene en mi ayuda. Y la polla negra que se hincha, se hincha, que va a explotar. «Ahh, uhh, ahh, mmm». Y su semen expelido sobre mi lengua, tibio, viscoso. Y yo, ¡que me corro!

    Después, le di veinte euros.

    No sé cuánto tiempo dormí después del orgasmo. Supongo que tres o cuatro horas, porque quien me despertó fue Carlos, que volvía del colegio electoral después del escrutinio de votos, y lo que me despertó fue una leve presión en mi pubis. Claro, Carlos me había avisado: tenía ganas de comerme el coño; y eso hacía. Carlos, hallándome dormida, me había abierto las piernas con suavidad, había metido su rostro barbudo entre mis muslos y me estaba metiendo la lengua en el coño, mientras con uno de sus dedos masajeaba mi clítoris. «Hola, Carlos», murmuré; «Calla, Ruth, que me desconcentras», susurró él levantando su cabeza para mirarme, y continuó su chupeteo. «Mmmm, oy, Carlos, ahh, qué gusto», gemí. El silencio de la habitación sólo era interrumpido por mis continuos jadeos, su respiración forzada y el sonido de sus babas y mis jugos entrechocando. De pronto, mi móvil: una notificación. Perezosamente, levanté con una mano el aparato de la mesita de noche y miré: un mensaje:

    «Está abierta tu urna, querida, puedo votar?». Ramón.

    «Lo siento. En estos momentos están contando los votos depositados en su interior». Yo.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (44)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (44)

    Si para Álvaro había sido un duro y traicionero golpe saber lo que pretendía, no lo fue menos para Victoria y su marido aunque en el fondo lo entendieron mejor que él.

    En el desayuno de ese viernes todos se dieron por enterados.

    -Angel ha decidido marchar, tiene que adelantar en sus estudios y le resultará más fácil en la ciudad que aquí. -así de escueto resulto su comentario, Victoria se levantó pretendiendo hacerse a mi lado y él se lo impidió, primero con un gesto y luego…

    -Mamá no le pongas en un aprieto, Ángel lo ha pensado bien, solamente le queda saber que aquí tendrá siempre su casa.

    Álvaro tenía que realizar alguna visita al estar de guardia esos días y después del desayuno se marchó, Pablo se acercó a la hacienda de don Ernesto para cambiar su coche por la ranchera, quería sacarme a pasear y enseñarme sobre el terreno los planes que tenía para la hacienda.

    Y aquí estaba yo, sentado sobre una piedra, mirando el bello y primaveral paisaje ahora sin nieve, Pablo de pié pateaba unas pequeñas piedras, dejó de dar patadas y se puso delante de mi.

    -¿Realmente te marchas por lo que dijiste?

    -Son algunas de las razones, del resto no me preguntes por favor.

    -De acuerdo, yo me alegro de que regreses, estaré mejor contigo allí.

    -¿Tu crees que Eduardo me querrá tener? -le miré y le vi asombrado.

    -No lo dudes, en realidad lo está deseando, tu le serás muy útil y además Eduardo te aprecia.

    -Tendré que volver a mi antiguo trabajo. -Pablo me cogió la cabeza y la colocó pegada a su estómago.

    -Tu ya sabes cual es la máxima de Eduardo, “Nada es gratis en esta vida”, pero también es generoso. Tampoco estarás tan mal, tendrás que atender a algunos privilegiados miembros de la sociedad, a él no porque ya no puede, pero le gusta mirar, disfruta viendo como otros tienen sexo y tocar un poco.

    No me descubría nada nuevo, ya había podido constatar cual era el vicio de Eduardo ahora que no podía practicarlo él. Pablo continuó.

    -Lo demás todo serán ventajas, tus clases, la universidad, la escuela de danza, poder salir con amigos de fiesta, coches y todo el lujo que acompaña vivir con Eduardo.

    -¿Te importaría pedírselo tu? -me acarició la cabeza y me la separó para besarme la frente.

    -Eso esta hecho, me voy a poder colgar una medalla sin méritos. Sería mejor que fueras tu, no tienes nada que perder. -me debió de ver la mirada asustada.

    -Lo haré, no te preocupes, el lunes viajaras a mi lado de vuelta. -me abracé a sus piernas y así estuvimos unos minutos mirando al infinito en aquel abrupto paisaje. Luego me ayudó a levantarme y unimos nuestros labios en un dulce beso.

    -Estas noches dormiré en la casa de mi tío, creo que debo apartarme para dejar que Álvaro esté contigo y podáis despediros, ambos se lo debemos. -me quedé sorprendido y me aparte para mirarle.

    -Se que Álvaro es tu amigo y que te ayuda, ¡pero le amas? -volvió a apretarme entre sus brazos y a besarme la cabeza.

    -Por raro que te parezca así es, tu nos has enseñado, antes nunca hubo nada entre nosotros y tu has sido la chispa que nos ha encendido, quizá lo hubiera pero se mantuvo oculto y sin prenderse hasta que apareciste uniéndonos. -estuvimos unos minutos abrazados, envueltos en el frío aire de la primavera.

    Después todo consistió en mostrarme los valles circundantes propiedad de don Ernesto, algunos vecinos a los de Álvaro.

    -Si estas tierras fueran mías estarían ya dando dinero. -le escuchaba y descubría la ambición contenida en sus palabras. Adivinaba que Pablo no se conformaría con preparar aquellas tierras y hacerlas productivas, él necesitaba que algo fuera suyo para descargar toda su pasión en moldearlo como deseaba.

    ———————————

    Me llevó a comer al pueblo después de llamar a Victoria, disculpándose por no avisarla con tiempo, era un pequeño bar con comida simple aunque deliciosa, y luego paseamos por el pueblo hasta la tarde, ese día no había tanto movimiento salvo en los bares y de gente que se acercaba hasta la iglesia como si fuera una peregrinación penitente.

    Cuando llegamos a la hacienda Álvaro estaba de regreso, por la forma en que se hablaron me di cuenta de que a Pablo le daba pena su amigo aunque ninguno se opusiera a que me marchara. No quiso quedarse a cenar y lo hicimos los cuatro, comentando algún suceso del pueblo y sobre el trabajo de Álvaro.

    Subimos para acostarnos y Álvaro no me pedía que durmiera con él, o no se atrevía o estaba enfado aunque no daba muestras de lo último.

    Después de tomar una ducha en mi baño, salí silenciosamente y entré en su habitación, tenía la luz apagada y solamente las luces del jardín proyectaban algunos reflejos encendiendo el techo blanco.

    Me acerqué y sin hablar dejé caer el batín que llevaba puesto quedándome desnudo al contraluz que entraba por la ventana, sin palabras corrió la ropa ofreciéndome que entrara en la cama a su lado. Él se aproximó abrazándome y colocó los labios en mi cuello.

    -Te quiero Ángel, y pase lo que sea, esto no va a cambiar, aunque estés lejos seguiré amándote. -nos abrazamos mirándonos de frente, adivinando nuestros gestos en la oscuridad que nos cubría.

    -¡Álvaro, te quiero tanto! -nos besamos, primero lentamente y con amor, hasta que la pasión nos invadió abrasadora e imparable.

    Metía la verga en mi en largos movimientos, gozando de todo el recorrido por mi vientre, musitando palabras de amor, y también las sacudidas eran algo fuertes por la excitación.

    -¡Ahhh!, así me gusta, que seas suave amor. -parecía que era mi primera vez y me estuviera enseñando a sentir las delicias del placer anal.

    Apoyé la cara sobre mis brazos y sonreí embelesado, sintiendo el goce profundo de la polla de mi hombre horadando mi vientre.

    -¿Te gusta?

    -Me vuelve loco.

    -Sabía que te gustaría así…, ¿notas mi verga?

    -La siento muy dentro acariciándome la tripita, sigue así, no te detengas.

    -Me encanta tu culito Ángel, el más bonito que he visto y te lo comería todo.

    -Dame mi amor, dame por el culo mi rey, así, así, que bien te siento, sabe tan rico…

    Me tenía en el cielo y se esmeraba en que lo pasara delicioso.

    -Mira que culo, que sabroso Dios mío. -dejó de hablar y solo le escuchaba la respiración agitada y mis propios grititos y sollozos, al cabo de unos minutos empezó a bombearme con más fuerza hasta que cayó colapsado en mi espalda bufando fuerte.

    No sentía la leche que vertía en mi vientre, pero si sus contracciones y como me abría más el culo al hinchársele la verga, eso me gustaba mucho.

    Repentinamente me la sacó dejándome vació el culo, saliendo de él un choro del semen que me terminaba de meter, sin dejar que me levantara se colocó al frente de mi y se cogió la polla envuelta en el semen y los juegos de mi culo.

    -¡Chúpamela!

    La metí en la boca hasta el fondo y la lamí hasta dejarla limpia y brillante, Álvaro me miraba hacer y se estremecía cuando le chupaba con fuerza el glande queriendo que volviera a correrse en mi boca y me la llenara de leche.

    La verga no se le bajaba, mejor aún, creo que se le agrandaba y se le endurecía más.

    -Túmbate otra vez. -me ordenó y le temblaba la voz.

    Él se colocó sobre mi, con su cuerpo cubriendo el mío y empezó a morderme el cuello y la nuca.

    -Estas buenísimo, voy a volver a meterla en tu culito. -sentía la tremenda dureza en mis nalgas y abrí las piernas para que metiera el cuerpo entre ellas.

    Busco con la polla dirigida con la mano mi entrada y empujó, entraba con facilidad, resbalaba dentro de mi cuerpo como su lugar natural, y además apretada entre mis nalgas, algo cerradas al estar pegado con todo el cuerpo en la cama, se apretaba con fuerza para perforarme profundamente.

    Estaba totalmente pegado a mi, la follada no resultaba profunda pero si deliciosa, además, tumbados de esa manera sentía su aliento con olor de fresa en la nuca, en mis orejas mordidas por los dientes y tirando de ellas.

    -Ángel, precioso, me gusta follarte, me encanta que tu también me la metas.

    Todo se desarrollaba muy lento y yo gozaba como una zorra follada por su semental, sin prisas, sin pausas, animándole a veces moviendo el culo y las caderas para el que él también me gozara.

    Debajo de mi verga la humedad de la sábana iba en aumento, estaba soltando cantidad de líquido seminal que era absorbido por la ropa, la verga nadaba en esa humedad resbalando en ella.

    Llevaba muchos minutos con la verga dentro de mi culo, sin cambiar de posición y follándome sin detenerse, hasta que no lo pude soportar más.

    -Me voy a correr amor, tu verga me vuelve loco… No puedo aguantar más mi vida. -giré la cabeza y el alargó el cuello para comerme los labios.

    -Córrete, quiero sentir como me la aprietas y te comes mi verga. -y lo hice sintiendo como el semen salía manchando más la sábana y mi bajo vientre. Salté moviendo el culo para arriba y aprisionándole la polla hasta que él se corrió otra vez con fuerza, la leche no dejaba de manar de su verga y al menos fueron cuatro fuertes disparos los que me llenaron la tripa, ahora si podía sentir el gusto de notarme lleno de su simiente caliente y espesa.

    ——————————————

    A la mañana siguiente estaba a mi lado, despierto y sin prisas para levantarse, comenzó a besarme al verme abrir los ojos.

    -Buenos días amor. -me quedé un momento indeciso recordando lo de la noche pasada.

    -Estuviste increíble Álvaro. -adivino a lo que me refería y se puso rojo.

    -Nunca es tarde para aprender gatito, pero a tu lado y contigo es un placer. -le sujeté por el cuello y le obligue a bajar la cabeza para besarle los labios.

    Bajamos a desayunar agarrados de la mano, como si acabara de llegar a su casa y no hubiera pasado nada en todo ese tiempo, Victoria nos sonrió satisfecha al venos felices y que las nubes de tormenta había desaparecido, o al menos se habían convertido algodones blancos salpicando el azul del cielo.

    Desayunamos esperando a Pablo que había llamado avisando su llegada.

    -Mamá, tendrás que encargarte de que vayan empaquetando las cosas de Ángel, marchará el lunes con Pablo y no queda mucho tiempo. -volví a agradecerle con la mirada que fuera tan amable y complaciente y me lo pusiera tan fácil tomando él la iniciativa, que estaba seguro, le estaba rompiendo el corazón, ¿pero qué se podía esperar de Álvaro salvo que hiciera lo correcto?

    Ese día lo pasamos fuera de casa los tres, comimos donde el día anterior me llevó Pablo y que me gustó, recorrimos las carreteras de montaña, reímos, también nos abrazamos y nos mostramos el cariño y amor que sentíamos entre nosotros. A la tarde en el pueblo encontramos a Germán y Carlos en el bar que acostumbraban a estar, tomamos una ronda con ellos y luego fuimos al bar donde podías pedir algo para comer, yo no tenía hambre y ellos sí.

    Lamentaba no haber tenido oportunidad de conocer mejor a aquellos dos agradables chicos, desde el principio resultaron ser encantadores y me agradaba hablar con ellos.

    La vuelta a casa la hicimos en silencio, Pablo se despidió sin entrar, con un baso que nos dio a cada uno, y cogió su coche para ir a la otra hacienda, quería que siguiéramos solos y que Álvaro me tuviera a su gusto, sin saber que los dos hubiéramos preferido que se quedara.

    Intentamos subir las escaleras sin hacer ruido, era imposible con Álvaro, estaba muy juguetón y me subía los escalones casi en volandas empujándome del culo. Estuve a punto de perder el equilibrio y me sostuvo abrazado dándome un profundo beso.

    -Espera, no seas impaciente, puede levantarse cualquiera y vernos. -resultaba imposible contenerle y me cerro la boca con la suya.

    Conseguimos llegar a la habitación y me iba desnudando por el pasillo, dejando mis chaqueta y camisa tiradas sin pensar que al día siguiente las chicas lo encontrarías esparcido. Me gustaba su cambio, ¡ojalá! hubiera sido siempre igual.

    -Tengo que limpiarme, lo necesito amor.

    -Yo también…

    No duchamos entre risas y toqueteos, teníamos nuestras vergas henchidas de sangre y duras y procuré darme prisa para no terminar follando debajo del chorro de agua, prefería que fuera en la cama y que durara toda la noche.

    Me sequé y pasé a la habitación sin esperarle, me comportaba como un chico pequeño y juguetón y me escondí debajo de la sábana y el edredón tapándome hasta los ojos. Sus ojos me miraban malévolos y entre risas se metió entre las sábanas conmigo, estaba húmedo y no se había terminado de secar del todo.

    Nos abrazamos y nos miramos a los ojos antes de que nuestras bocas se encontraran en un beso y mientras me introducía su golosa lengua en la boca busqué con la mano su verga, él hizo lo mismo y nos las acariciamos masturbándolas y también nos cogíamos de los huevos.

    Su impaciencia le llevó a buscar mi culo y comenzó a pasar la mano por las redondez de mis nalgas hasta llegar con la punta de los dedos a mi ano.

    -Hagamos un sesenta y nueve. -no se si lo dijo o lo insinuó, pero fue suficiente para que retirara la ropa que nos cubría y me tendiera boca arriba, él se colocó sobre mi apoyado en sus rodillas y dejando sus partes viriles sobre mi cara.

    Bajó el cuerpo hasta que le sujeté la dura polla y me la llevé a los labios para besarle la punta, él hizo lo mismo imitándome, luego me la introduje y pensé que continuaba creciendo. El sabor era muy rico, y yo, un come pollas goloso y deseoso de verga, lo disfrutaba saboreando el líquido que le extraía aspirando con fuerza.

    Primero le contenía sujetándole las caderas para que no entrara toda, para envolverla en mi lengua rodeándola, lamiéndola, y poco después era yo el empujaba de sus nalgas para que me la metiera entera, hasta el fondo sin sentir molestias, sin embargo notaba sus arcadas intentando imitarme en la mamada.

    Me encantaba mamar polla y sentir la boca llena, de carne caliente y rica, jugosa y tierna, la bolsa de sus cojones parecía un balón cubierto de pelos sobre mis ojos hasta que caía y los aplastaba sobre mi frente.

    Estuvimos un buen rato chupando, mamando nuestras vergas y tocando los ojetes hasta que sentí que me correría si seguía sintiendo su boca que ahora chupaba de polla queriéndomela arrancar. No obstante fue él quien impuso la parada, tenía que estar en las mismas condiciones.

    -Déjame o me corro. -me habla con la boca aún llena de mi verga y se la sacó, yo hice lo mismo pero su polla y sus peludos huevos quedaron pegados a mi cara. Se estiraba queriendo llegar con su mirada al ojete que ahora abría con sus dedos y me introdujo la punta de la lengua.

    -¡Ayyy! Eso es muy rico, continua amor. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! -gemía como todo un puto cada vez que me metía la puntita.

    -¡Ay! Álvaro, dámela ya amor, métela en mi culo. -me coloqué tumbado de espaldas y él me puso las piernas en sus hombros, con la punta de la polla en la entrada de mi agujero y no la metía solo me miraba con una intensidad que me mataba. Empujé mi cuerpo hacia él para ser yo quien me la ensartara.

    -¡Por favor! ¡Por favor! Necesito polla que me llenes. -gozaba sintiéndome necesitado y que le suplicara la verga.

    Su sonrisa me hechizaba pero le sujeté la verga y volví a empujar hasta que el glande me penetro.

    -¡Ahhhh! Empuja, empuja, métela toda amor. -se colocó sobre mi y solo tuvo que dejarse caer para sentir como la verga me rompía entero entrando de golpe hasta que su pubis golpeo en mis huevos.

    Hoy me follaba de otra manera diferente a la de ayer, con mucha y contenida fuerza, hasta que dio un grito y estremeciéndose se clavó con ímpetu en mi barriga enviándome la verga hasta el estómago.

    -Me hacía sentir su mujer mientras se vaciaba en mi vientre y empecé a mover la cadera, a frotarme su dura verga en el culo hasta que yo también estallé.

    -¡Ahhh! Álvaro, mi amor, mi vida. -no sabía los chorros de semen que tiraba, solo sabía que mis contracciones eran muchas y repetidas mientras él me ayudaba, ahora moviéndose para que mi dicha no terminara nunca.

    Sus besos me sabían dulces, sus caricias delicadas pasando la mano por mi rostro retirándome el sudor.

    -Mi rico gatito, que gusto estar dentro de ti amor, te amo mi vida. -sacó la polla dura como un hierro me di la vuelta, más que nada para que la ropa empapara la leche que tenía en el pecho y el abdomen y descansar un momento.

    Álvaro se montó sobre mi, creí que deseaba volver a meterla en mi culo, pero no era así, solo me besaba el cuello, la nuca, las orejas me las lamía y mordía, y fue bajando por la espalda dándome besos, pasando la lengua hasta llegar a mis glúteos, me besaba los hoyitos de las nalgas logrando que los pronunciara más al encoger el culo. Me los abrió con las manos y pasó la lengua para lamerme el ano y comerse el semen que me escurría.

    Me la dio a probar subiéndose hasta mi boca, me gustaba la combinación de sabores de su semen junto con los flujos de mi culo.

    -Te irás pero siempre serás mío, no quiero que me olvides, recuerda lo mejor de mi y continúa amándome.

    -Nunca te voy a olvidar Álvaro, eres muy importante para mi y te amo aunque las circunstancias nos obliguen a alejarnos. -me besaba con ternura la boca, metía la lengua y lentamente me la iba dejando seca

    -Es tu turno mi amor.

    -¿Qué?

    -Quiero que ahora me la metas tu y me hagas tuyo. -para confirmar lo que deseaba me cogió la verga, sus besos habían vuelto a ponerla empinada.

    -Yo también la quiero, márcame como última vez, o por lo menos por un tiempo. -sus palabras, sus manoseos y caricias me tenían por la polla durísima, la suya estaba para explotar.

    Se colocó de espaldas como yo estaba y presentía que deseaba que el coito se alargara, se abrió las nalgas tirando con las dos manos y su oscuro ojetito se me ofrecía palpitante, deseoso de recibirme la verga. Me incliné para lamérselo y que se aflojara.

    -No escúpele y luego métela fuerte, con ganas, se un puro y duro macho, destrózame el culo Ángel, quiero tener tu recuerdo para siempre.

    Sabía que le iba a doler, mi polla no era tan grande como la de Pablo pero tampoco estaba manco, y le escupí un chorro de saliva que quedó pendiendo de mis labios, uniendo su culo y mi boca por aquel hilo de saliva, le pase los dedos e intenté meterle uno, se resistía.

    -No, quiero la verga, deseo sentir dolor cuando me penetres. -entonces me incliné, y sin más contemplaciones, se la metí de una estocada hasta los huevos, le entro muy fácil o yo la tenía muy potente, llegó hasta el centro de su vientre, un culito que solo había tenido la verga de Pablo y la mía dentro de él, era ahora atacado con fuerza, con toda la rabia que en el fondo me hacía sentir. -soltó un grito que ahogó mordiendo la sábana.

    -Así Angel, así me gusta no esperes y muévete. -me sentía diferente, increíblemente realizado y completo follándome aquel culo prodigioso de mi hombre. Sentía la fuerza de mi pene abriéndole en canal, ocupando el lugar que era el mío, dominándole a mi placer y haciendo su culo, cuerpo mío.

    Le di la verga que me pedía, la que su culito ansioso necesitaba, hasta que reventé derramando el semen entre contracciones violentas en su interior, tendido sobre su espalda y gustando como aprisionaba mi verga para ordeñarla.

    -¡Álvaro, mi amor! -le susurraba conmovido por su entrega a vez que le besaba.

    Descansamos tendidos y mirándonos, a veces acercábamos las bocas para darnos un beso suave otras veces era abrupto y violento, el sueño se nos había ido, mi hombre se recuperaba entre beso y beso.

    Esa noche la puedo denominar de prodigiosa, mi macho volvió a follarme otras dos veces, como si no hubiera un final para todo o éste lo sintiera próximo, y no se conformaba con follarme el culo o la boca, también me comía literalmente, comenzando por los pies me chupaba cada dedo, las piernas, el ano cada vez que lo llenaba, recogiendo con los sorbidos de su boca trémula el semen que ante me regalara.

    Una noche inolvidable, para recordar siempre, me poseyó hasta que no pudo más y yo tampoco, me dolían los labios del chupeteo y los besos, mi ano me ardía por el frotamiento ininterrumpido de su verga, lo sentía abierto, encorchado por la saliva que me metía para luego recogerla cual néctar delicioso.

    Mi Álvaro, que ahora me mostraba la profundidad de su deseo, convertido en el macho que siempre quise, consentidor para dejar que yo fuera igual a él en los últimos momentos.

    ——————————-

    Oprimí los labios para evitar llorar. A través del espejo retrovisor de mi costado veía desfilar los grandes árboles del hermoso y ahora naciente jardín, en el fondo a don mateo y Victoria agitando la mano al pie de la escalinata de su casa, las casas humildes de los empleados con los niños jugando envueltos en el polvo de la calle, las naves agrícolas donde guardaban los aperos y maquinarias, las cuadras de los caballos semi vacías ahora.

    Mis ojos no dejaban de mirar el desfile de lo que había sido mi refugio, mi casa durante estos largos meses, hasta que se hizo un punto en la distancia donde no cabían distinciones y todo era una unidad.

    La suave loma que conducía a la carretera comarcal ocultó aquel lugar, como si no existiera y hubiera sido una ilusión de mi mente febril.

    Los recuerdos de las últimas horas se agolpaban en mi cabeza matilleándome implacable y obsesivos. La despedida de los abuelos de Oriol y el agradecido comentario hacia mi labor de don Ernesto por lo que había hecho por sus empleados. El abrazo de la abuela Martina pidiéndome que cultivara la compañía de sus nietos.

    No resulto menor la despedida de don Mateo que me abrazó y tuvo el atrevimiento, la osadía, de plantarme un par de besos en cada mejilla. pudiera ser que lo hubiera deseado hacer mucho antes, él no se atrevió a traspasar ciertas barreras y yo me sentía demasiado cohibido para mostrarle ese grado de cariño.

    Lo de Victoria fue distinto, se comportaba como una madre pendiente de que un paquete, la menor cosa que hubiera tenido en las manos, no se me quedara olvidada, era su forma de comportarse para ocultar sus sentimientos.

    Por lo demás no había muchas otras personas que merecieran un especial reconocimiento salvando a German y Carlos, no me despedí de Eliseo, ni de Marcos.

    Y Álvaro no quiso estar presente en ese momento, se escabullo con la excusa de sus importantes pacientes.

    Al final no pude conseguir que las lágrimas no se escaparan furtivas de mis ojos, pero ya estábamos en camino de iniciar una nueva vida, una etapa nueva en mi camino y esperaba que fuera benigna, al principio seguiría teniendo la compañía de Pablo a mi lado y me sentía confiado. Cerré los ojos hasta sentir en mis oídos el cambio de altura al superar el puerto de montaña.

    Seguira…

  • Le tenía muchas ganas a mi cuñada y lo hicimos

    Le tenía muchas ganas a mi cuñada y lo hicimos

    Le tenía muchas ganas a mi cuñada la hermana de mi esposa, ella de nombre Leslie tiene 18 años, flaca, morena, unas hermosas nalgas y pequeños pechos. Cada que la veía me excitaba, en ocasiones le tomaba fotos descuidada y eso me excitaba más.

    Un día se encontraba dormida en su cama, con un short muy pequeño boca arriba, yo entré al cuarto por unas cosas y la vi, no había nadie más y al instante sentí un bulto en mi pantalón, ya se me había parado nada mas de verla, aproveche que no había nadie y empecé a acariciar sus piernas con una mano mientras con la otra me la jalaba, llegue a su vagina y la acaricie por encima del short, en eso despertó y se asustó, yo estaba muy excitado y le pedí que se callara y le dije: «perdón pero no pude contenerme», ella miraba mi bulto y me pregunto por los demás y le dije que estaban afuera, la seguí tocando y se dejó, entonces me di cuenta que si quería seguir el juego, le tallaba su parte y gemía despacio, en eso me toca ella mi pene por encima del pantalón, le comencé a tocar sus pequeños pechos y me dijo que seguíamos después porque alguien podía entrar, le dije «Ok» y busque lo que ocupaba y me salí, con una excitación muy grande.

    Después ya noche en mi casa decidí mandarle msj diciéndole que si estaría dispuesta hacer algo más conmigo, a lo que respondió con un «SI», que nada más ver la forma de poder hacerlo realidad.

    Paso una semana después y fuimos a casa de mis suegros, ahí estaba ella con una minifalda, blusa al hombro, muy sexy que se veía, decidí no hacer mucho rodeo ya oscureciendo le mande whatsapp diciéndole que me la quería coger, ella dijo que la cogiera, que sus papas se irían por cena y se quedaría sola, mi esposa aprovecho para ir también y yo saque escusa que andaba cansado y aprovechamos y se dio.

    Entre al cuarto y estaba sola en un sillón, como ya sabía a lo que entraba me saque enseguida mi verga, se la metí a su boca y empezó a mamarla sin parar, era una niñita de 18 años con muchas ganas, le quite la blusa y no traía bra, pude tocar sus pezones, la paré y se los bese aceleradamente, le subí la falda y traía puesta una bella tanga blanca, acaricie sus nalgas firmes, empujaba mi verga hacia su vagina y ya la sentía muy mojada, la senté y le hice la tanga para un lado, metí mi lengua en su vagina empapada y la mamaba sin parar, gemía y gemía, «méteme la verga ya por favor, ya, ya, métemela”, y le hice caso, la empine de perrito y se la metí toda, poco a poco iba entrando y gemía muy fuerte, aprovechando que estábamos solos no se callaba, le daba duro al momento que la nalgueaba. «Te voy a dar unos sentones papi» me gritaba.

    Me acomode y se subió arriba de mí, le gritaba que se montara en mi verga y era lo que hacía, salte y salte arriba de mí, era como un sueño para mí.

    Le dije que me iba a venir y los quería adentro pero alcancé a sacar mi pene de su pepa y le dije que se los comiera, ella se acostó boca arriba por que los quería en sus nalgas hermosas, me mamo la verga un poco más hasta que al fin descargue toda la leche en sus nalgas, fue algo inolvidable.

    Alcanzamos a ponernos la ropa y a limpiarnos hasta que minutos después llegaron con la cena, y después tranquilamente cenamos todos sin que nadie se diera cuenta.

    Al día siguiente le mande msj diciéndole: «Vamos a repetir esto pero en otro lado y con más tiempo, que dices?»

    Me contesto con un: «Claro, con más tiempo será mucho mejor».

    Así que pronto les escribo otro de los encuentros con mi cuñada.

  • Cristian y Nicole

    Cristian y Nicole

    Toda historia tiene un principio y está también lo tiene. Me mude de mi pueblo a la ciudad debido al inicio de mi universidad. A mis 18 años era una chica bastante tímida, jamás había tenido novio ni nada por el estilo, pero mi piel morena clara, mi cabello castaño y ojos de color gris resaltaban en mi sumándole mis curvas siempre atraía muchas miradas. Dividía mi tiempo entre el trabajo y los estudios. Conseguí un trabajo de medio tiempo en una cafetería, de un ambiente bastante relajado.

    Todas las tardes después de salir de la universidad me dirigía al trabajo, y sin faltar todas las tardes se presentaba un caballero, de una cabellera negra con algunos vestigios de canas, piel blanca, ojos grises como los míos, una mirada que entorpecía los sentidos. Mis compañeros me comentaban que siempre venía a la misma hora, cosa que luego comprobaría, acompañaba su lectura con la diversidad de café que servíamos, cada día uno diferente, sentado en uno de los sofás individuales y con un libro para pasar el tiempo, duraba alrededor de una hora o dos, a veces comía uno que otro postre y luego se retiraba, siempre con un trato muy cordial.

    Ese hombre poseía un aura misteriosa que me atraía, pero como era muy tímida me limitaba a saludarlo y a traerle su café, por coincidencias de la vida casi en todas las ocasiones era yo quien lo atendía. Y así fue transcurriendo el tiempo, mi intriga y ganas de conocerlo se hacían más grandes pero no sabía cómo llegar a él. La vida da mucha vueltas y a veces confabula a nuestro favor, en mi caso fue un día de mucha lluvia en el cual salía de mi universidad, me estaba empapando por completo mientras caminaba a la parada para coger el bus e ir al trabajo.

    La lluvia arreciaba a cada paso, un carro negro se detuvo a mi lado, la puerta se abrió y lo vi con una mirada fija y una sonrisa que demostraba ternura. Me hizo señas para que subiera, dude en hacerlo pero con su mirada insistía que lo hiciera. Al final me decidí a subirme al automóvil. Me dio algo de pena pues moje todo el asiento, el caballero no decía ni una sola palabra mientras seguía conduciendo, observe mis alrededores varios libros en la parte trasera, documentos y un maletín.

    -Disculpe el desorden, no acostumbro a llevar tener invitados.

    -Discúlpeme… he mojado todo el asiento…

    -No se preocupe señorita –su tono cortes embriagaba mis sentidos- ¿Hacia dónde se dirige?

    -A mi piso… -respondí tímidamente mientras unas gotas de agua bajaban por mi rostro-

    -Dígame con gusto la llevare

    -No señor como cree perdone la molestia, con que me acerque a la próxima parada del bus

    -Ni lo piense déjeme tener ese detalle, siempre es muy puntual al atenderme

    Sonreí con mis mejillas algo coloradas, me di cuenta de que lo empapada que estaba y mis senos resaltaban sobre mi camisa, mis pezones duros también se marcaban. Me acomode lo mejor que pude, el viaje a mi piso fue silencioso alguna que otra mirada, estaba con ese caballero que me entorpecía por completo, algo en su esencia me envolvía, observe los alrededores, el interior del coche era pulcro con un caos ordenado de documentos, carpetas y varios libros.

    El trayecto solo duraría un cuarto de hora cuando llegamos al edificio, nos detuvimos y le ofrecí una taza de café, al ya tener unos cuantos meses en mi trabajo dominaba alguno que otro, una variedad de té en mi despensa fue otro ofrecimiento. Luego de insistir un rato acepto mi invitación, el piso no era gran cosa reducido en tamaño, barato eso sí y práctico lo más importante. La cocina, una mesa para comer, una estantería con algunos libros que había ido coleccionando con el tiempo, una pequeña habitación y el baño. “Nada lujoso pero práctico” me repetía constantemente.

    Su mirada posaba sobre mi cuerpo y una sonrisa se dibujó en sus labios, entramos rápido mientras la lluvia volvía a arreciar me moví con gracia en cuanto sentí el calor de mi hogar, un cambio de vestimenta bastante oportuno en cuanto llegue, al regresar su mirada se paseaba por mis libros, una recopilación de libros de la universidad, calculo, matemáticas, algebra y física. Por otro lado mis gustos personales, historias de fantasía, ciencia ficción, alguno que otro de romance, magia, lenguas, tomos de animes dividía mis ingresos reducidos para lo indispensable y con ayuda de mi madre pagaba todas las cuentas y algo de dinero me quedaba para esos lujos.

    -Buena colección –acertó a decir mientras yo ponía en marcha el café-

    -Gracias ha sido de tiempo, espero tener muchos más, pero no adquiero uno nuevo hasta terminar de leer otro

    -Todo lo contrario a mí, siempre compro y me cuesta terminar uno… Disculpe no se su nombre

    -Oh perdóneme –me dirigí a su lado y le tendí la mano- Mucho gusto Nicole, pero me dicen Niki y por favor tutéame no me van los formalismos

    -Mucho gusto Niki –apretó mi mano sutilmente- Cristian

    La conversación se limitó a libros, gustos en común mientras nos conocíamos más, una que otra mirada fugaz donde nuestros ojos brillaban y se unían por segundos interminables, el ruido de la lluvia tornaba el ambiente agradable, mítico o quizás… Todo eran ensoñaciones de mi joven mente. Transcurrió casi una hora en esa situación

    -Lo lamento me tengo que retirar ya es tarde… -miraba su reloj mientras me decía esas palabras-

    -Oh discúlpame te he entretenido de más… Tu familia debe de estar esperándote…

    -Jajaja, no que va, soy soltero –me dedico una sonrisa-

    Unas cuantas palabras más y nos despedimos, no existió algún contacto físico pero todo mi cuerpo se estremecía con su presencia, antes de darme cuenta me encontraba jadeante en mi habitación con mis dedos recorriendo mi intimidad, sudorosa, mojada, anhelante. Luego de un potente orgasmo me avergoncé de mi misma, de haberme excitado, de haberme masturbado solo por la presencia de ese hombre que con solo su presencia me desestabilizaba.

    Los días siguientes transcurrieron como si nada, la misma rutina, atender a Cristian como si nada, uno que otro saludo, una que otra mirada. Pero nada más… Todo lo vivido, aquella mágica hora parecía un lejano sueño, me llegue a cuestionar la veracidad del acontecimiento ¿Habría sido producto de mi imaginación? No, claro que no todo había sucedido, pero no era nada… Solo un favor, de un caballero que se compadeció de su mesera y le dio un aventón.

    Noche del viernes, pleno verano, hacia unos meses de aquel suceso. Estaba en el periodo vacacional, pero eso solo significaba una cosa, trabajar de tiempo completo. Esa semana no había venido… Eso me desanimaba pero no había nada que yo pudiera hacer, cubrí a una compañera y me quede hasta tarde, ya la noche era dueña y señora, una noche clara y brillante de luna llena. Cerramos y me despedí de la otra chica, calle solitaria algo de temor recorrió mi cuerpo al dirigirme a la parada esperando el último bus del día.

    Palpitaciones. Miedo. Fueron las sensaciones que me embargaron cuando sentí las luces de un carro acercarse lentamente y detenerse a mi lado, suspire ese coche ya lo conocía el reluciente negro y la puerta abriéndose una invitación que yo sin duda no podía rechazar, ni un hola solo recorrimos el camino. Hacía meses que no estaba en ese asiento y seguimos el camino, el silencio… Lo miraba de reojo apuesto como siempre vestido de manera elegante, sus ojos resaltaban gris intenso. Mi intimidad depilada palpitaba, gritaba, no podía contener el deseo que por el sentía, un llamado que hacía mi sangre vibrar. Nos detuvimos en un restaurant, me mire de arriba a abajo no vestía para la ocasión

    -No te preocupes no es un lugar nada formal, debes tener hambre

    Su sonrisa cálida, me hizo olvidar todo. Una cena encantadora, restaurante italiano, una de las mejores pastas que he probado acompañadas por un delicioso vino tinto. Luego de esa cena silenciosa y deliciosa nos dirigimos a mi piso, mi corazón latía mientras me seguía al subir las escaleras. No sabía que sucedería ¿Mantendría esa cortesía, ese silencio? Mi piel se erizo, entramos y se sentó en el sofá me tendió la mano y se la sujete, atrayéndome hacia él y sentándome en sus piernas.

    Me sonroje en grande y sacudí un poco mi cabello que cubría mi rostro, su mano retiro esos mechones y acaricio mi rostro perdiéndome en su aroma. Acerco sus labios a los míos y nos fundimos en un intenso beso, mi inexperiencia se hizo notar, luego de separarnos me levante de manera abrupta, cubrí mi rostro con mis manos, sentí miedo en mi cuerpo, excitación por la situación e impotencia.

    -No temas –digo mientras sus manos rodeaban mi cuerpo-

    -Sería mi primera vez… -susurré-

    -Yo te cuidaré, no dejo de pensar en ti, no temas… Te quiero niña, no te puedo sacar de mi mente un instante, llevo meses luchando con esto, trate de separarme de ti pero se me es imposible, me has embrujado…

    -Apenas se su nombre

    -Déjate llevar Nicole

    Fue lo único que necesito decir para que cayera rendida a sus pies. Sus manos me atrajeron hacia su cuerpo, temblaba, me entregaba a un hombre que solo conocía de vista, con el cual no había tenido más que conversaciones triviales. Mordió mi cuello y me desvanecí en el placer, sus experimentadas manos no perdían el tiempo se paseaban por todo mi cuerpo arrancándome uno que otro gemido leve. Me sonroje aún más cuando me llevo a la cama en voladas.

    -Serás mi princesa

    Sus palabras hacían que los escalofríos recorrieran mi piel, dejándome extasiada mis ojos se clavaron en sus manos cuando desabotonaba mi pantalón y desaparecía del camino. Mi instinto natural fue cerrar mis piernas pero con una suave firmeza las abrió, se coló entre ellas su boca buscando desesperada la mía y sus manos aprisionando las mías contra el colchón. A la perfección podía sentir su miembro rozando descaradamente con mi cuevita empapada, sus manos se perdieron debajo de mi blusa y sostén algo más brusco los quito del camino.

    Ahí estaba yo, prácticamente desnuda salvo la fina tela de mi braguita blanca. Cerré los ojos apenada cuando se deshacía de mis medias solo la braga quedo, sobre mí nuevamente me beso apasionadamente forzándome a no cerrar las piernas debido a su ocupación entre ellas. Me susurraba palabras inentendibles al oído, las cuales me hacían vibrar, estremecer y mojarme aún más. Su boca incansable se dirigió a mis pezones y un gritito de sorpresa fue mi reacción cuando su lengua se deleitaba con ellos, jadeante, expectante, completamente fuera de mí.

    Su lengua recorría mis aureolas, mordiendo suavemente mis pezones arrancándome cada vez sonidos más fuertes, más intensos y desinhibidos. Su mirada conecto con la mía, esa intensidad cargada de deseo solo lograba descolocarme más. La manera tan excitante en como devoraba mis senos mi cuerpo doblegándose ante los placeres desconocidos. Se separó de mis pezones, los hilillos de saliva conectaban su boca con mis pezoncitos que se encontraban duros como diamantes.

    Sus manos sujetaron mis pezones presionándolos y su boca fue bajando hacia mi intimidad, se detuvo en mi ombligo con unas lamidas que me hicieron perder los sentidos por un instante. Se hundió entre mis piernas su nariz aspiraba mi aroma y su lengua se posó sobre la tela empapándolas más, una mezcla de su saliva y de mis flujos. Cerré de nuevo mis para perderme en el placer, para sentir su lengua luchando contra aquella tela para adentrarse en lo más profundo, donde nadie antes había llegado.

    De un jalón arraso con la tela que nos dividía, ahora si me encontraba completamente expuesta, completamente entregada a sus deseos. Un choque eléctrico ataco todo mi cuerpo al sentir por primera vez su lengua en mi empapada rajita. Y sus dedos dirigiéndose a mi botoncito. Lamidas, chupadas, mordisquitos. Imparable, sin dejar un espacio sin profanar adentrándose más y más. Mi mirada perdida atinaba a ver sus maniobras experimentadas, esos dedos maduros acariciando mi más preciado tesoro, atentando con robarlo y poseer ese derecho, un paso que había evitado hacia mi madurez se concretaba en ese instante.

    No tardaría mucho en sentir uno de los orgasmos más intensos de toda mi vida. Espasmos incontrolables al igual que una marea de jugos expulsados a gran velocidad de mi virginal rajita. Mi corazón acelerado y los temblores en mis piernas testigos de aquella intensidad. Ver ese rostro serio, intenso, bañado por mis flujos me hizo desviar la mirada. Se separó un momento, aprecie su porte varonil, adulto, deseable. Y su ropa fue cayendo lentamente al piso, era visto que no llevaba ninguna prisa y que disfrutaría ese momento. Solo quedo en bóxer el cual marcaba un prominente paquete con una parte humedecida gracias al preseminal.

    Sus dedos volvieron a atacar sin piedad mi rajita, apretando mi botoncito y acariciando por el exterior. Su cara pegada a la mía robándome un beso con sabor a mí. En medio de ese beso un dedo invasor se adentró en mi cuevita tomándome por sorpresa, mi cuerpo se tensó, mi rostro se arrugo un poco y me queje pero su lengua luchaba con la mía y no dio para más. Muchas sensaciones me invadían y no podía evitar quejarme ante esa presencia que se abría paso por mi estrecho conducto.

    -Auu… D-Duele…

    -Ya mi niña, ya… Que estrecha –asintió a decir con una voz ronca por el placer-

    Su mano libre se paseaba entre mi rostro y una de mis tetitas, al igual que su boca seguía ese mismo recorrido. Mi cuerpo se relajó de nueva cuenta, el movimiento era suave, nada demasiado profundo no quería romper mi himen eso sería trabajo de su miembro. Una sensación de excitación a un nuevo nivel me invadió cuando se separó de mí y se deshizo de esa última prenda de vestir. Ante mis ojos erguida como mástil un miembro de considerable tamaño y grosor, bastante grande diría yo, lo suficiente para preguntarme como me entraría todo eso en mí.

    Me acerque como quien tantea el terreno y con cuidado toque su miembro con mis manos, una polla palpitante, completamente rasurada. Para ese entonces si bien era virgen no era una ilusa en las artes del sexo, mi boca me pedía a gritos saborear ese manjar. Ni lenta ni perezosa mi lengua comenzó un torpe recorrido por toda esa envergadura. Me desate por completo si bien no era conocedora de cómo hacerlo solo lo había visto en videos me deje llevar por mis instintos y fui deleitándome con ese nuevo sabor.

    Mi boca se sentía completamente invadida por el miembro, me costaba un poco respirar y me atragante con unas cuantas arcadas, Cristian acaricio mi cabello una señal de aprobación, me relaje más y continúe disfrutando de ese momento. Poco a poco más de la mitad de su polla se encontraba dentro de mi boca con cuidado de no usar mis dientes lo miraba fijamente y veía como esa seria expresión se iba transformando en esa expresión de placer acompañada de uno que otro gruñido sonoro, no sería la mejor mamada que le fuesen dado pero el morbo de la situación incrementaba todas las sensaciones.

    Alejo su verga de mis labios y me acomodó en la cama y su miembro se aproximó sin prisas hacia mi rajita. Mi cuerpo temblaba pero sus manos me tranquilizaban transmitían hacia mí una calma, una protección que nunca antes había sentido. Rozaba la punta de miembro en mi entrada, lo hizo durante largo rato intentando hacerse paso pero debido a lo estrecho de mi conducto le costó abrirse camino. Un gritito acompañado de una punzada de dolor cuando por fin logro entrar la cabeza. Sus manos apresaron a las mías y dejo caer parte de su peso sobre mí para que no me moviera, se adentraba hasta que se topó con la tela de mi inocencia y tras un fuerte impulso me clavo todo su miembro. Un sentido grito recorrió las paredes de mi piso y el dolor se hizo dueño de la situación

    Tras varios quejidos mi cuerpo que estaba completamente tenso se fue relajando un poco dejándose sentir, las lágrimas que recorrían mis mejillas eran bebidas por sus dulces besos y cuando ya me sentía calmada sus movimientos lentos se desarrollaron, me quejaba cada tanto pero la maestría con la cual llevaba la situación arrancaron mis primeros gemidos provocados por una verga. Mientras más me abandonaba el dolor y me invadía el placer su miembro se iba apoderando de cada milímetro que pudiese conquistar.

    Coloco mis piernas sobre sus hombros y el movimiento insaciable dejo caer las gotas de sudor de su frente sobre mi plano abdomen. Una sucesión de orgasmos acompañaron mi cuerpo, que estaba disfrutando al máximo aquella experiencia. Podía sentir a la perfección el roce por mi estrechura y mis oídos se embebecían con mis gemidos y sus gruñidos.

    Llevo uno su pulgar a mi labio y se adentró en mi boca. Solo lo lamí, eso acallaba algo a mis gemidos. Nuestros ojos grises brillaban con la intensidad de la plata, luego nos fundimos en un beso y nuestros dedos se entrelazaron cuando sus embestidas crecían en potencia y de un instante a otro fue inundada mi cuevita con unos potentes chorros calientes. Unos segundos recuperándonos hasta que fue perdiendo potencia. Cuando retiro su miembro lo pude ver una mezcla de sangre, flujos y su semen. Tomo mi braguita y se limpió con ella para luego limpiarme a mí.

    -Estas son mías –sonrió triunfante- Tu eres mía.

    Se tumbó a mi lado, no sabía que actuar o decir, nos miramos y me busco, me cubrí con sus brazos y me lleno de besos, estaba agotada y al poco tiempo perdí el conocimiento fundiéndome en el mundo de los sueños. Cuando me desperté ya era de mañana, me encontraba sola y desnuda, me incorpore y palpe mi almejita más abierta y sobretodo sensible. Por un segundo me odie ¡se había ido! Pensé. Solo me había usado, me encogí en la cama cuando un ruido procedente de la cocina y el olor a desayuno me regreso a la realidad. Me quede observándolo, hasta que se acercó a mí y tapo mi desnudez con su camisa

    -Vamos no andes así que puedes coger un resfriado…

    -Y-Yo pensé que te habías ido…

    -Niki esto apenas acaba de empezar, eres mía, ahora siéntate que el desayuno se enfría

    Mire el reloj de reojo ¡Las clases! Devore todo porque de verdad tenía mucha hambre, y me metí a la ducha como águila a toda velocidad, como siempre Cristian se movía con gracia y sobretodo con calma. Me dio una acercada a la universidad, ese día mí cabeza estaba sumergida en pensamientos, no esperaba que eso fuese a trascender pero mi vida dio un vuelco desde aquella primera vez…

    Desde ese día siempre me esperaba a la salida del trabajo, empezamos a alternar entre su piso y el mío, yo disfrutaba de su colección de libros, nuestro tiempo libre se fue haciendo mutuo. Descubrí que era ingeniero civil y de joven había viajado a muchos lugares, para alguien como yo que paso casi toda su vida en su pueblo me fascinaban su aventuras, me comento de sus amores, un par que significaron algo para él.

    Una pasión que se convirtió en amor, los meses fueron transcurriendo y la cotidianidad de ser pareja, dejar mi trabajo para centrarme en los estudios gracias a su ayuda, decidir vivir juntos. Todo iba de maravilla… Hasta que un día mi madre vino de visita para conocer a ese caballero que me había conquistado. La recibí sola con un café, cuando Cristian llego del trabajo, la taza cayó al piso rompiéndose y ella armo un escándalo diciendo que no podíamos ser pareja, lo que yo no sabía es que él había trabajado por unos meses en unas obras del pueblo… Lo que yo no sabía es que ese hombre al cual yo le había entregado mi virginidad, del cual estaba perdidamente enamorada era mi padre…

  • Mis vacaciones en el campo de mi tío (2)

    Mis vacaciones en el campo de mi tío (2)

    Continuando mi relato anterior con la esposa de mi tío Aníbal, sigo con los detalles.

    Habiendo entrado a su dormitorio, me acerqué al lecho con ella en brazos y me dijo:

    -Espero que seas bastante adulto, como para comprenderme.

    -Tía -le contesté- deseo esto desde hace mucho tiempo y no lo echaré a perder ahora.

    La tendí sobre las sábanas y nos besamos con desesperación ambos.

    Desprendí mis pantalones mientras ella desabotonaba su vestido. Quedé desnudo admirando sus pechos firmes con morados y firmes pezones. No llevaba corpiño. Besé su cuello y mientras mordía sus pechos, ella gemía junto a mi oído.

    -¡Cuanto te necesito -rogaba- hazme tuya brutalmente. Quiero que me poseas, pendejo. Que me uses como quieras. Voy a ser tuya!

    -La deseo y quiero hacerla feliz -le prometí- Trataré de ser el mejor amante, tía.

    Nuestras bocas se buscaban desesperadas y nuestras lenguas hurgaban ansiosas en las bocas. Sus brazos apretaban mi espalda, empujando mi cuerpo contra ella. No cesaba de gemir y removerse en la cama.

    Con sus piernas abiertas, sentía mi erección en su vientre. Besando su cuerpo, fui bajando hacia su monte de Venus. Besaba y lamía sus pliegues excitándome con sus palabras entrecortadas. Besaba sus labios vaginales y ella, tomaba mi cabeza apretándola a su vagina y tirando de mis cabellos.

    Con mi lengua, busqué los rincones de su vagina. Sus jugos empapaban mi boca con el néctar de su pasión brutal.

    -¡Cuanto hace que necesito esto! -gritaba- Por favor sigue así. Mi esposo nunca me hace algo así. Así. Asiiii. Aaahhh. Sigue. Sigue.

    -Tía, esto es maravilloso -dije obnubilado- La deseo. Es hermosa.

    Mi miembro estaba con una enorme erección. Ella dobló su cuerpo y comenzó a lamerme el pene y los testículos.

    Su saliva chorreaba por mi miembro y sus uñas se clavaban en mis nalgas.

    -Tienes una pija hermosa -decía mi tía-grande y dura. Tienes toda la fuerza de la juventud. Quiero que me penetres ahora, por favor hazlo ya.

    Con sus cabellos revueltos y la ansiedad alocada de su pasión, tenía una visión enloquecedora.

    -Por Dios -rogaba- Penétrame bien penetrada. Quiero sentir ese miembro dentro de mí.

    Se tendía de espaldas y me apretaba contra su cuerpo. Puse a la puerta de su vagina mi glande y lo frotaba por su rajita.

    -No seas hijo de puta y métemela bien al fondo antes de que tenga un orgasmo -advirtió en un quejido, implorando.

    Lentamente fui introduciendo mi pene. Ella gemía alocada. Yo en pleno éxtasis, sentía que el paraíso me embargaba.

    -Acabemos juntos, tía -pedí- Yo también estoy por acabar.

    -Si. Siii. Maldito pendejo. Estoy acabando. -Casi lloraba de pasión- Dios mío. Que orgasmo más genial. Asiii, me muero de placer.

    -Tía, es el polvo más fuerte de mi vida. -dije- la amo.

    Exhaustos y sudorosos quedamos tendidos uno junto al otro. Desnudos y felices.

    Su vagina dejaba caer gotas de semen placentero que yo dejé inundando su vagina. Fue la eyaculación más intensa. Ella tendida y satisfecha paso su brazo sobre mi pecho y me besó suavemente.

    -Tía Patricia -murmuré- Fue tan intenso el eyacular que no lo pude controlar.

    -No corro riesgos de embarazo -y agregó- Me has hecho muy feliz. Repetiremos cuando tengamos oportunidad. Ahora cambiare las sábanas antes de que tengas que ir a buscar a tu tío.

    Se levantó cubriendo su desnudez, abrochando su vestido. Me besó nuevamente.

    -Gracias por esta satisfacción -dijo, sonriendo pícaramente.

    Danino

  • Cristian y Nicole (II)

    Cristian y Nicole (II)

    Ira, dolor, emociones encontradas y sobre todo reproches. Una acalorada discusión entre Cristian y mi madre, sentí que todo lo que había sucedido era una broma de mal gusto, pero mientras más lo analizaba me sentía asqueada, había tenido sexo con el que al parecer era mi padre, pero lo más grave no era eso… No, el sexo es algo trivial dependiendo del punto de vista que lo tomes, estaba enamorada de mi propio padre. Con lágrimas en mis ojos escuchaba el relato de mi madre, por primera vez vi a Cristian perder los papeles

    Ahora en parte comprendía el por qué me sentía tan segura entre sus brazos, ese impacto inicial que causo en mí. El llamado de la sangre… Pasaron horas y horas mientras se discutía la situación, la mirada de dolor hacía que sus ojos se tornaran de un gris bastante opaco. Ninguno podía mirar a la cara al otro, ninguno tenía el valor para dirigir una oración que no fuese cortante. La proposición de mi madre, que nos alejáramos cosa con la que Cristian no estuvo muy de acuerdo, pero la carne es débil y si permanecíamos bajo el mismo techo pronto cederíamos a los instintos carnales, al deseo mutuo que sentíamos.

    Se acordó de que todo sería olvidado, Cristian estaba dispuesto a asumir su papel de “padre” conmigo, me alquilaría un piso y me ayudaría con mis gastos en la universidad, simplemente lloré no podía creer que mi mundo se estuviese derrumbando de esa manera. Lo que más me dolía era que no podría sentir el calor de su cuerpo junto al mío en la madrugada, o que ya no podía buscar esos labios para robarle uno y mil besos.

    Los días siguientes lo pase con mi madre en el hotel, no tocó nunca el tema, no quiso hacerlo, yo tampoco pretendí hacerle alguna pregunta, a los días volví a verlo, estaba como yo descompuesto algo le faltaba y ese algo era yo. Recogí todas mis cosas de ese que se había convertido nuestro hogar para mudarme a otro sitio, era mucho más espacioso que mi antiguo lugar, más cerca de la universidad en medio de la ciudad.

    Días y semanas pasaron, todo regresaba a una relativa calma. Continúe la universidad la ausencia de Cristian era notoria, mi padre trataba de mantener toda la distancia posible entre nosotros, una que otra llamada rápida para saber si necesitaba algo más pero hasta allí, era consciente de lo tajante y cortante que podía ser, no era un hombre de muchas palabras eso ya lo sabía pero al parecer a mí me estaba afectando más ese distanciamiento. Pues lo necesitaba, necesitaba todo lo que él me daba y me costaba concebir que todo era una jugarreta del destino, que precisamente ese hombre que conocí en la cafetería al cual le me entregue en cuerpo y alma era también el responsable de haberme dado la vida.

    Si bien un dolor en mi pecho me acompañaba diariamente el tiempo como todo fue ayudando a sanar esa herida, no es que ya lo fuese superado sino que lo había aceptado como un hecho en mi vida y estaba aprendiendo a convivir con ello. Empecé a relacionarme más en la universidad, ampliando mi grupo de amigos, comencé esa etapa que nunca había vivido la de salir, disfrutar, pasar el tiempo esos momentos que se viven una sola vez en la vida, en esa etapa tan bonita donde se madura hacia la adultez.

    Tendría un mes sin tener noticias de mi padre, cuando me llamaron las chicas para salir a bailar, celebrar que ya habíamos terminado el período de exámenes y los resultados eran prometedores para todas nosotras. Fuimos a una discoteca a la cual íbamos regularmente cuando el tiempo nos los permitía no era un lugar demasiado alocado pero se podía bailar y disfrutar de un buen momento. Éramos felices en ese instante y por primera vez en mucho tiempo el dolor que me acompañaba se había alejado.

    Al cabo de un rato unos chicos nos invitaron a bailar y aunque yo no quería mucho nos emparejamos con ellos. La verdad no me sentía para nada cómoda pero accedí para complacer a mis amigas. Uno de ellos no me dejaba ni respirar, tome una pausa y me dirigí hacia los baños, el chico me siguió me detuve en la zona cercana a los baños cuando lo note, estaba algo tomado y quería llegar más lejos conmigo, se acercó a mí y comenzó a tocarme yo trate de alejarlo y forcejamos un rato pensé de verdad me lastimaría.

    Sus manos comenzaron a forcejear con las mías, me aprisiono con su fuerza siempre fui una chica menuda y en ese momento maldecía por haberme dejado convencer por la chicas. Apretaba con una de ellas mi seno y la otra se fue colando a mi intimidad. Temor, miedo, incertidumbre. Su mano rasgo uno de los tirantes de mi vestido y las lágrimas acudieron a mi rostro, cerré los ojos esperando lo peor cuando me llevaba a la fuerza a una zona más apartada, más solitaria aun ya daba todo por perdido un beso forzado y su miembro recostándose a mí. Fue algo rápido, un puño en su cara, cayó al piso. Un salvador… Pero no cualquiera… Era mi padre. Me sentía indefensa y acudí al lugar más seguro para mí entre sus brazos.

    -Tranquila mi niña, nadie te lastimara mientras yo viva

    -¿P-Pero como sabías?

    -Nunca te pierdo el rastro niña y menos cuando vienes a sitios como este. Vámonos

    -Mis amigas…

    -Luego

    Su tono tajante solo me dio a entender lo que yo ya conocía lo mejor era ir a su lado sin decir nada, se quitó el saco y lo coloco sobre mí para tapar el roto vestido, salimos rápidamente del lugar. Silencio, los meses juntos aprendí cuando era el momento adecuado para hablar y cuando era mejor callar. La noche era dueña y señora de la situación. A los minutos me di cuenta nos dirigíamos a su piso, mi corazón empezó a latir fuertemente.

    Sin decir una palabra bajamos del coche y nos dirigimos a su casa, podía sentir lo imponente de su mirada cuando subíamos las escaleras. Regresar a ese lugar, tan cálido para mí, muchos recuerdos buenos y uno muy doloroso. El aroma de los libros, las tenues luces, la decoración que tanto me gustaba, ese cuadro que había escogido a las pocas semanas de llegar, todo seguía igual solo con la diferencia de que la biblioteca se había ampliado.

    -Sigues comprando… Eres un caso

    -Sabes que no lo puedo evitar

    -Gracias… -dije cuando voltee a verlo separándome de la estantería-

    -No soy un acosador, pero no puedo evitar buscarte, tu no lo notas –su mirada reflejaba la misma tristeza que la mía, se acercó buscándome pero me aleje-

    -No podemos papá… -Era la primera vez que lo llamaba así esas palabras parecieron retumbar por todos sitios, sobretodo retumbaron en mi corazón-

    -Esto me está matando Niki… No puedo resistirlo más… Me iré lejos… Vivir acá, tus recuerdos, es algo que me duele demasiado

    -¿Te vas?

    -Si no pienso seguir soportando esto

    -No te vayas… -un hilillo de voz, una conexión en nuestras miradas-

    Dos cuerpos, frente a frente, luchando contra los valores, contra la sociedad y la moral. Lo habíamos evitado muchos meses, pero siempre sabía que estaría allí pero si se iba no lo volvería a ver por mucho tiempo, años o quizás toda la vida. Ese debate interno, ese dolor, ese amor.

    -Si me quedo… No resistiré la tentación-su mirada se paseaba por mi cuerpo acercándose cada vez más-

    -Soy tuya

    Unas palabras sinceras, unas palabras que hacían peso más que cualquier parentesco estaba ese deseo y ese amor puro ¿Enfrascarnos en una relación incestuosa? Si ya lo habíamos hecho ¿Qué más daba? Sus manos me recorrieron y esa electricidad que sentía cada vez que me tocaba regreso. Retrocedió, culpa pero en mi mirada le decía que podía continuar.

    -Si lo hago nunca te dejaré ir ¿Quieres ser mi mujer, mi amante… mi hija? –la sinceridad de sus palabras me impactaron-

    -Quiero que seas mi hombre, mi amante y si… mi padre también

    Al fin después de tantos meses nuestros labios se buscaron, se unieron en un beso profundamente intenso, un beso cargado de emociones, un beso incestuoso. Me lanzo hacia el sofá donde los instintos se despertaron, sus manos me sujetaban firmemente como queriendo evitar que yo me arrepintiera, su boca no daba paso a la mía con un beso cargado de hambre, de abstinencia. Buscando mi cuello para dejarme un chupetón. Me sonroje un poco, si bien nuestros cuerpos se conocían a la perfección hacía ya un tiempo que no me encontraba en esa situación, mi amor era muy fuerte para permitirme tener algún desliz con un chico de mi universidad. Ni siquiera un beso a otros labios y claro que él sabía el poder de su mirada, lo que causaba en mí. Se detuvo un instante para contemplarme

    -¿Me dejarás hacerlo? Sabes que ambos lo deseamos ¿te animas?

    -me sonroje- ¿crees que es el momento? –Salió a relucir mi tono coqueto-

    -¿Qué mejor que este momento?

    -Sabes que no puedo resistirme a esa sonrisa. Te extrañe

    -No más que yo a ti princesa

    -Está bien ganas esta

    -Viva yo –su mirada triunfante y sus gestos de haber ganado una competencia y claro que había ganado… desvirgar mi culito ese día-

    Los besos retomaron su curso, tomo el vestido de la parte donde se encontraba desgarrado y lo termino de abrir, una pena me gustaba ese vestido. Pero en fin ya estaba arruinado, una sonrisa lobuna delato todas sus intenciones mis senitos rebotaron alegres de tener libertad y mis braguitas delataban una gran excitación. Me dio la vuelta y quede apoyada en el respaldo del sofá, no sería el primer encuentro apasionado que habríamos experimentado en ese lugar. Me acomode mejor dejando mi culito en pompa.

    -Esto hay que hacerlo bien –se decía a sí mismo-

    Me pidió me incorporará y me atrajo hacia él, me tomo en sus brazos y me llevo a la habitación, estaba tal cual la había dejado. Me pidió colocarme en cuatro sobre la cama y eso hice, de pie al borde de la cama sus manos recorrían mi espalda marcando sus dedos con fuerza, con un movimiento rápido se deshizo de mis braguitas dejando a relucir mi depilada almejita brillante de flujos. Un choque de electricidad intenso recorrió mi cuerpo nuevamente cuando sus dedos se pasearon por mi botoncito apretándolo y arrancándome un suave gemido. Volvió a repetir la acción y mis piernas temblaron cuando su dedo se infiltro en mi intimidad.

    Ninguna masturbación podía compararse a las sensaciones que me provocaban sus dedos, que fácilmente me descontrolaba, inicio un movimiento acelerado con su dedo, al que luego le sumo un acompañante y su pulgar presionaba mi botoncito, el placer indescriptible me arropaba por completo, en un momento giro sus dedos dentro de mi haciendo que mis piernas flaquearan por completo. La sucesión de temblores dio como resultado un intenso orgasmo, el más potente en todos los meses que habíamos estado separados.

    Me volteo con suavidad y me abrió un poco más las piernas para lanzarse a degustarme por completo, no me dio un momento de respiro con mi corazón todavía a mil, era de esperarse que el deseo estuviese a la orden del día. Mis manos se dirigieron a su cabeza presionando más para sentir su lengua que recorría desde mi botoncito hasta mi ano cada vez con más intensidad. Cuando introdujo un dedo acompañando a su lengua explote en un nuevo orgasmo que se bebió por completo dejándome sin un rastro de energía pero eso no lo detuvo.

    Se incorporó y me atrajo más al borde de la cama, sujetando mis piernas con sus brazos y de un movimiento lento pero constante dejo ir a mi interior todo su miembro, mi rajita lo succiono con ganas, con ese deseo de haber recuperado una sensación de pertenencia. Un par de gemidos, uno mío y un gruñido más bien de su parte cuando se apropió de mi intimidad. Dedicándole un movimiento constante, lento y delirante pero no por ello carente de potencia. Cuando sus huevos chocaban contra mí iniciaba la lenta retirada para repetir la acción, que solo lograba ponerme más caliente.

    Se acercó a mí para besarme con fiereza, acallando mis gemidos. Mis piernas se enroscaron a su pelvis, aprovechándose de su fuerza me levanto y me pego contra la pared. En ese instante nuestras miradas se encontraron, nuestros ojos de un gris brillante por el deseo. Una sucesión de besos, unas embestidas que bajaron un poco la intensidad. Me coloco de nuevo en la cama sobre mi dedicándome una penetración más suave, entre besos y caricias, dos seres que no debieron ser separados reencontrándose en el éxtasis del momento. En su mirada pidiéndome continuar y una sonrisa afirmativa de mi parte.

    Mi cuerpo quedo bocabajo, se agacho para lamer mi ano de una manera deliciosa que arranco suaves ronroneos de mi boca. Sus dedos fueron entrando de uno en uno dilatando la zona, un suave quejido acompaño la entrada del tercer dedo. Una sensación extraña me invadió al principio algo de dolor pero una mezcla con un placer diferente, más sensorial. Mi cuerpo se tensó un poco cuando sintió la cabeza de su miembro punteando mi estrecho agujerito, pero sus palabras me tranquilizaban a la vez.

    Un gritito de dolor salió de mi boca cuando por fin comenzó a profanar mi anito, una punzada de dolor se apodero de mi mientras me acostumbraba, se detuvo cuando lo tuvo todo dentro. Mi respiración acelerada fue dando paso del dolor al placer, con los suaves movimientos, las paredes de mi esfínter sensitivas y receptivas estaba disfrutando de ese momento. Su cuerpo sobre el mío sintiendo su respiración en mi cuello. Sus gruñidos que eran muestra de lo mucho que estaba disfrutando, se iban mezclando con mis gemiditos cada vez más audibles, abandonándome al más puro placer.

    Eleve un poco más mis caderas con mi cabeza pegada a la cama y mi culito más elevado, sus dedos buscaron entonces mi botoncito llevándome de nuevo al éxtasis. Lo cual no duro mucho en suceder, el movimiento de sus dedos no daba descanso a mi botoncito que se encontraba ya bastante sensible. Me incorpore un poco más con mi espalda pegada a su pecho, su miembro arremetiendo en mi agujerito y sus dedos atacando mi rajita.

    Sentir su aliento sobre mi cuello me estremecía por completo, esas palabras inentendibles que me susurraba mientras aumentaba el ritmo de manera considerada. Las paredes de mi anito aparte de la suave presión ya no oponían ninguna resistencia solo nos dejamos llevar por el placer que esa nueva sensación nos provocaba a los dos.

    Empujo mi cuerpo contra la cama y comenzó un ritmo frenético en el cual me soltó una que otra nalgada, el sonido retumbaba en la habitación, sus manos se aferraron a mis caderas y aumento el ritmo un poco más hasta que dio un par de estocadas en las cuales el choque de sus huevos contra mi cuerpo si hicieron sentir e inundo mi agujerito recién desvirgado por completo con su leche tibia y espesa.

    Había sido una jornada muy intensa, el recuentro lo ameritaba de esa manera. No paso mucho para que los dos cayéramos rendidos en el más profundo sueño. El día siguiente trajo consigo el afrontar la realidad, sin culpas ni remordimientos. Pronto volveríamos a nuestra rutina normal, nuestro pequeño secreto decidimos ocultar nuestro parentesco y retomar la relación justo donde la habíamos dejado antes de aquel desagradable suceso.

  • Ama de casa puta reprimida (Cap. 1): Inicio de todo

    Ama de casa puta reprimida (Cap. 1): Inicio de todo

    Esta historia cuenta la vida de una ama de casa que sale de la rutina cuando descubre lo es el verdadero placer del sexo que nunca había experimentado con su marido y decide ahogarse en este placer con un desconocido sacando así la puta sumisa reprimida que se encontraba dentro de ella, experimentando diferentes sensaciones que la llevaran a la condena del placer y el pecado siéndole infiel a su marido y poco a poco dejándole de importar su propia familia y teniendo como algo primordial el placer de su amante.

    Diana es una mujer de 39 años de edad con una estatura de 1,60 morena cabello castaño ojos café oscuros sus medidas son de 32DDD-23-34 un cuerpo de infarto, y de envidia para varias mujeres y que calentaría a cualquier hombre, la historia comienza un día cuando decide pasar más tiempo con su hijo y convivir con el pero por la edad él siempre la despreciaba que lo tratara como un niño siendo que ya estaba cerca de cumplir su mayoría de edad le avergonzaba Daniela se sentía rechazada hacia eso pero pensaba en otras cosas y se dedicaba a su casa, en una acocacion mientras acompañaba a su hijo a la escuela y regresaba la vi cerca a punto de entrar a su casa y me presente

    Ángel: Hola vecina gusto conocerla aunque llevamos tiempo viviendo uno junto a otro no he tenido la oportunidad de hablar con usted

    Diana: Un placer vecino casi no salgo y nunca le había visto

    Ángel: Si vecina llámeme Ángel ya que me la paso todo el día en la escuela no la había visto pero ahora no asiste ya que me sentía algo mal pero veo que usted acompaña a su hijo a la escuela

    Al ser cerca de la misma edad y ya que no había muchas universidades cerca vamos en la misma escuela

    Diana: si aunque le incomoda que su mama lo acompañe todavía a la escuela (dice riendo) te dejo ángel tengo muchas cosas que hacer en la casa y si no me apuro llegara mi hijo y mi marido

    Al verla marcharse me quede mirando su culo como lo movía y do dejaba de verlo así que ese día después de ver la rutina que tiene y el horario en que no está su marido y su hijo decidí hacerla mía

    Diana al abrir la puerta se da cuenta de algo raro

    Diana: Que raro pensé que había cerrado la puerta con llave incluso deje prendida la tele

    Diana entro a su casa pensando que solo fue un descuido de ella pero después recordó que por las prisas de dejar a su hijo a la escuela ni si quiera había prendido la televisión, que dando Daniel pensando en que pudo haber pasado ángel estaba detrás de ella y la electrocuta dejándola sin poder mover su cuerpo y aturdida

    Diana: Angel?? Qué que haces por qué me haces esto (pregunto asustada)

    Ángel: Solo estoy aquí para corresponderle

    Diana: Corresponderme? Como es eso, ya detente por favor

    Alzo su blusa de diana y ve sus grandes pechos sostenidos por un sostén soso después alza el sostén dejando ver sus pechos libres

    Ángel: Tienes grandes tetas Diana de seguro muchos hombres jugaron con ellas (dice con una sonrisa)

    Diana: No, te equivocas (porque no puedo mover mi cuerpo)

    Ángel: En ese caso su esposo juega con ellos? (le repunto mientras juego con uno de sus pezones)

    Diana: ¡Aaaahh! Detente (tengo que hacer algo para detenerlo) Gritare sino te detienes, esto está mal

    Ángel: no hay nadie que la escucha la mayoría de los vecinos entran trabajando y las que se quedan en casa son amas de casa como usted pero a estar horas están de compras así que nadie la escuchara, así que está bien gemir tan fuerte como quiera (le digo mientras presiono su clítoris)

    Diana ¡Aaaaahh!

    Empiezo a jugar con sus tetas morderlas estirarlas de los pezones y unir mi cara en ellas mientras grita de placer

    Ángel: Vaya eso fue bastante fuerte, no tienes vergüenza alguna Diana?

    Diana: no, por favor no más te lo suplico (dice entre jadeos y con algo de miedo)

    Ángel: Vaya, vaya mire que tan mojada esta su coño (le dijo mientras meto un dedo en su coño y noto todos sus jugos dándole un azote en él y vuelve a gemir) Es una masoquista, no?

    Diana: No, de que estas hablando? (me contesta entre jadeos y llantos)

    Ángel: Deje de negarlo (hundo dos de mis dedos en su coño sin piedad mientras escucho como grita) Escucha ese sucio sonido que sus jugos de amor está haciendo?

    Diana: Detente, aaaahhh, estas mmmm estas equivocado

    Ángel: su vagina y ano está completamente empapados, se está calentando o no? (presiono sus pezones) Lo digo por lo duro que están sus pezones

    Diana: Aaaahhh detente por favor… Detente… no… M… Me voy a correr…! N-nooo! No veas! (escucho como grita de placer y como se arquea

    Ángel: mira que fuerte se está corriendo, eres una mujer sucia (digo sonriendo)

    Diana empieza a correr sin detenerse manchando el suelo de sus jugos mientras tiene un multiorgasmo que jamás haba sentido

    Diana: Aaaaahhh n-no veas… por favor n-no veas… (Dice mientras se está corriendo casi perdiendo la razón)

    Sigo metiendo mis dedos en su coño y jugando con su clítoris sin darle descanso

    Diana: Aaaah… aaaahhh. Aaaaahhh. Por… favor… no más.

    Lo sigo haciendo por el placer que siente termina de correrme más fuerte incluso se orina del placer

    Ángel Eh incluso se mojó usted misma, no tiene vergüenza al orinarse frente a su vecino?… incluso ensució mi mano (le muestro mi mano llena de sus jugos y orina)

    Diana: Por favor detente, porque, porque haces esto?

    Ángel: Porque estoy haciendo esto? Me pregunta? Es porque debido a que fui tentado por su atrevido olor y su cuerpo

    Voy al lado de la puerta donde deje una mochila con varias cosas y de ahí saco una cuerda me acerco a ella para que la vea la mire con una sonrisa y ella al ver la cuerda se espantó diciendo

    Diana: N… no y-yo no por favor

    Ángel: (Acercándome y empezarla a amarar sus manos) déjeme comprobar algo (termino de atarla pasando la cuerda por sus manos su cuello llegando a sus tetas y amarrando los pies junto con las manos para tener una mejor vista de su coño y no pueda hacer nada) Como esta esto? disfruta el estar atada, no?

    Diana: No! desátame déjame ir!

    Ángel: Encuentro eso muy difícil de creer cuando incluso sus pezones esta erectos (estiro sus pezones un poco mientras veo como grita) Querías que alguien te hiciera esto?, o vas a responder no a esta pregunta también? (la recorte bien en el suelo exponiendo su coño a mi vista y abrirlo)

    Diana: N-no! No la abras…! por favor no mires (dime llorando y suplicando)

    Ángel: Recuerdo este olor, es el olor de una puta, el mismo que he estado percibiendo los días pasados es tan sucio como sus gemidos, esa es, la clase de persona que es (fui por un vibrador lo encendí y lo pase por su cono mojado

    Diana: D… detente por favor no hagas esto! (Me decía suplicando y llorando acelere más el vibrador) Aaaahhh me corroooo! (al terminar de correrse quite el vibrador de su coño) Se detuvo? Al no puedo sentir nada…

    Deje el vibrador en el suelo después me dispuse a quitarme el pantalón y mi bóxer

    Ángel: No debería tener toda la diversión para sí misma Diana, no sabe la situación en la que se encuentra?, ve que tan larga se ha puesto mi polla?.. Voy a meterla dentro de su coño (empecé a frotar mi polla en su coño)

    Diana: Aaaaahh… N… no no loa hagas.. No la frotes en mi…

    Angel: Lo pongo dentro?

    Diana: D… Detente

    Ángel: O es que todavía se me va a resistir? ahora mismo su coño esta tan mojado y perdido, usted sabe que se está muriendo por mi pene

    Diana: Por favor… hare lo que tú quieras

    Ángel: Eeehh parece que no tiene idea alguna que lo que está hablando

    Diana: Así que por favor lo que sea menos eso mi vagina no

    Ángel: (Me pego a ella tomando mi polla y dirigiéndola a su coño y le digo) La haré sentirse bien (se la meto de golpe escuchando sus gritos de placer)

    Diana: Noooo… No sacalo aaaahhh aaagggaag no… Aaaahhhh… no, estas cogiendo mi vagina muy fuerte aaaahhh… aaahhhgaaga

    Ángel: (Acelero el ritmo) Admítelo se siente bien, no?, ve que tan mojado esta mi polla con sus jugos de amor

    Diana: No… No la muevas…! M-mi vagina esta…

    Ángel: Vagina esto vagina aquello no tienes vergüenza diana? voy a humillarla aún más (con mi mano paso mi dedo por su ano e intento meterlo veo su cara se asombró y susto) Nunca antes le habían tocado el ano verdad?

    Diana: Aaaaahh ahi no!! No… Está muy sucio

    Ángel: Voy a jugar más con el debido a que parece que le gusta mucho

    Diana: Deja de frotarlo aaaahh d… detente!!

    Ángel: Vamos dígalo, diga que se siente muy bien (mientras la sigo follando más fuerte y juego con tu ano)

    Diana: N… no no me gusta esto en absoluto… No me siento bien en lo absoluto!, deja de frotar mi ano m… me voy a volver loca

    Ángel: Bien una razón más para continuar haciéndolo. De hecho me voy a correr en su coño

    Diana: N-no! No dentro de mi… (dice asustada pero al mismo tiempo editada)

    Ángel: Tome esto voy a llenar su coño de semen (empiezo a correrme dentro de ella.

    Diana: Nooo! E… esta vertientes dentro de mi!! Al aaahhgg no… está entrando en mi útero.

    Ángel: Si así es Diana su coño está apretando fuertemente, es como si su cuerpo quisiera que quedara embarazada (le digo sonriendo)

    Diana: N… No no quiero quedar embarazada (dice mientras se nota fuera de si)

    Ángel: No debería desmayarse después de un round de sexo, todavía tenemos un largo día por delante (empecé a follar una y otra vez hasta darme cuenta que eran las 3 de la tarde justo cuerdo es la salida de la escuela y ver que no tardara su hijo de regresar

    Diana: Aaahhh nooo! Me corro otra vez aaaaahhh

    Ángel: Tome esto aquí viene la 13va. Corrida en su coño

    Diana: Uaaaahahh aah n… no más… detente estas partiendo mi vagina realmente voy a quedar embarazada

    Ángel: Esto es asombroso Diana su coño está lleno hasta el borde de mi semen! (escucho como intentan abrir la puerta de la casa y le digo) esto es una pena diana parece que alguien acaba de regresar vaya al parecer dio la vuelta (empiezo a desatarla al terminar le digo) pero no se preocupe volver pronto.

    Continuará…

     

  • El fantasma

    El fantasma

    Año 1937. Galicia.

    Setenta años tenía Manuel, un feriante, bajito, gordo, con boina (parecía un champiñón) y con muy mala ostia, y cuarenta y dos tenía su esposa Carmela, una mujer morena, de estatura mediana, con tetas grandes, culo gordo… Era una mujer que aún estaba apetecible. Tenían un hijo de diecinueve años de la primera esposa del Champiñón que se llamaba Luis, el joven tenía la altura de su padre y era pecoso, de ojos negros, cabello marrón y bastante agraciado… Cuando el Champiñón se ponía a discutir con su madre, Luis cogía camino y los dejaba solos. Esto era debido, aparentemente, a que cuando tenía quince años le dijera al Champiñón que no le tocara a su madre y el Champiñón le diera con la tralla del caballo en la espalda hasta que le hizo sangre. Lo que vino a continuación transformó a Carmela de mujer ejemplar en una zorra de mucho cuidado. ¿Qué pasó? Pasó que cuando Carmela le fue a curar las heridas de la espalda a su hijo, sin poder evitarlo, comenzó a lamerle la sangre de la espalda. Era cómo si fuese descendiente de un vampiro y lo hubiese descubierto al ver la sangre, ya que se excitó tanto que su coño se mojó al instante. A Luis, que aún era virgen, le pasaron todos los males y le comenzó el mal de san Victor en la polla.

    El Champiñón, que estaba borracho, en la cocina, le dijo a Carmela:

    -¡Vinagre es lo que le debías echar a ese cabrón!

    Lo que le estaba echando Carmela a su hijo era la mano a la polla… Se la cogió y se la meneó media docena de veces, Luis, ya se corrió. Carmela dejó de lamerle la espalda y se tragó aquella leche calentita. Ese día no follaron, mas no tardarían en hacerlo.

    Pero volvamos a donde estábamos. ¿Dónde estábamos? ¡Ah, sí! El Champiñón le decía a Carmela:

    -¡Esta comida no tiene sal!

    Carmela no le iba a llevar la contraria.

    -¿Quieres que le eche unas arenitas de sal por encima?

    La comida tenía sal, Luis, viéndolas venir, se levantó de la mesa y se fue para su habitación mientras su padre le decía a su madre:

    -¡Lo que quiero es que aprendas a cocinar, puta!

    Le arrojó a la cara las lentejas con chorizo, se levantó y se fue para la taberna.

    Al marcharse el viejo, Luis, salió de su habitación. Al llegar a la cocina encontró a su madre sentada a la mesa, llorando y perdida de lentejas. Llegó a su lado, y cómo si fuera un perro, le lamió a cara.

    -No sigas que puede regresar tu padre.

    Luis, no le hizo caso, siguió lamiendo la cara de su madre, después le metió la lengua en la boca, le echó las manos a las tetas, y le dijo:

    -Hace una semana que no follamos.

    -¡Para, loco! ¿Quieres que nos descubra y nos mate?

    -Antes le meto unas hostias y lo mato yo a él.

    Carmela, sonrió.

    -¿De verdad harías es por mí, cariño?

    -Lo haría por los dos.

    Carmela, se levantó y se quitó el vestido y el sujetador. Echó las dos manos a su plato de lentejas y después pringó las tetas, el estómago y el vientre con la salsa, las lentejas y el chorizo, y le dijo:

    -¡Cómeme!

    Luis, con su lengua, dejó limpias las tetas, el estómago y el vientre. Carmela bajó las bragas. Volvió a meter la mano en el plato y untó el ojete y las cachas de su culo con la comida. Luís, le dijo:

    -Hoy estás muy cerda, mamá.

    -¿Te molesta?

    -No. ¡Me encanta!

    Luis le comió el culo… Cada vez que le follaba el ojete con la lengua, Carmela, se derretía. La puso tan, tan cachonda, que con la voz entrecortada, le dijo:

    -Necesito mamar tu polla.

    Luis, se levantó, y sacó la polla, Carmela volvió a meter la mano en el plato de las lentejas y después le embadurnó la polla con la salsa, el chorizo… Luego se puso en cuclillas y le mamó la polla bien mamada… Ahora ya estaban ardiendo los dos, Luis, cuando su madre se levantó, le dio la vuelta, y cómo era más bajo que ella, cogiéndola por las tetas, se la acercó al ojete y… ¡Zaaaaas! Se la clavó hasta el fondo. Sin necesidad de follarla más, ya se corrió dentro del culo.

    Al acabar de correrse Luis, Carmela, con el culo lleno de leche, le dijo:

    -¡Vaya descarga tenías guardada, cielo!

    Luis, sacó la polla del culo, Carmela, una vez más metió la mano en el plato de las lentejas y pringó su coño peludo con la mezcla, y le dijo:

    -Cómeme el conejo.

    Luis, en cuclillas, le comió el coño, donde se mezclaban las babas y la salsa de las lentejas… Cuando se levantó, Carmela le metió un morreó bestial. Luego, Luis, con la polla dura de nuevo, la levantó y la sentó sobre la mesa, Carmela, caliente cómo una perra, tiró los platos al piso de la cocina. Los platos se hicieron añicos. Se echó hacia atrás y abrió las piernas.

    -Mete, hijo, mete cuerno.

    Luis, la empitonó y agarrando con las dos manos las grandes y esponjosas tetas la folló a lo bestia, o sea, hasta el fondo y a toda hostia.

    Carmela, al rato, ya iba a correrse. Sintió que su hijo también se corría, le cogió el culo, lo apretó contra ella, y con la polla metida hasta el fondo, le dijo:

    -¡Córrete dentro, hijo!

    -¿Y si quedas preñada?

    -Lléname y no hagas preguntas.

    Carmela, sintió la leche calentita dentro de su coño y comenzó a correrse ella, exclamó:

    -¡¡Qué guuuusto!!

    Fueron dos corridas inmensas las que se mezclaron dentro del coño. Quedaron exhaustos.

    En un rincón de la taberna del pueblo, entre vino y vino, Manuel, hablaba con Germán, un veinteañero, roba gallinas, más vago que la chaqueta de un guardia al que le apodaban el Mago porque sabía hacer unos cuantos trucos. Le decía:

    -… Le haces dos agujeros a una sábana blanca y le das un susto de muerte.

    -Eso de matar son palabras mayores.

    -Se hace en un segundo.

    -Ya, pero matar a alguien es una cosa muy seria. Puedo acabar en el garrote vil.

    -Podemos, pero no nos van a pillar.

    -¿Y por qué quieres deshacerte de ella?

    -Fui a echar las cartas a la bruja y me dijo que Carmela me estaba metiendo los cuernos. ¿Vas a hacer lo que te dije?

    -¿Y si no se muere al darle el susto?

    El viejo echó un trago de vino, antes de decir:

    -Tú verás lo que haces, pero la quiero ver tiesa.

    -Y dices que me das 100 duros.

    -Sí, quinientas pesetas.

    En 1937 ese dinero era una pequeña fortuna.

    -Trato hecho, pero no te prometo nada.

    -¡Qué coño de trato es ese!

    -El que hay. Lo tomas o lo dejas.

    -Lo tomo.

    Una noche que Luis dormía en casa de su abuela, (estaba enferma) el fantasma entró por una ventana trasera que el feriante había dejado abierta antes de irse de casa. Era verano y la ventana de la habitación donde dormía Carmela estaba abierta. Con la luz de la luna llena la habitación estaba semi iluminada. Germán, que en su vida había visto un coño delante, se encontró desnuda a Carmela. Vio cómo en el coño rodeado de una impresionante mata de pelo negro entraban y salían dos dedos de la mano derecha, la otra mano de Carmela apretaba su teta derecha. El fantasma cogió tal empalme que la verga echó la sábana para delante. Carmela estaba con los ojos cerrados y gimiendo. Germán no sabía que hacer. No le iba a decir: «¡Buuuu!» Lo que se le ocurrió decir, con voz tenebrosa, fue:

    -¡Qué bueeeena estááás, Carmeeeela!

    Carmela, de un salto salió de la cama. No se tapó. Había reconocido la voz del fantasma.

    -¡¿Qué coño haces disfrazado de fantasma empalmado, Germán?!

    Germán, siguió poniendo voz ¿tenebrosa?

    -Soooy el fantaaaasma de Germááán.

    -Lo que eres es un payaso. ¿Te mandó mi marido asustarme?

    -Mataaarte, me mandóóó mataaaarte de un suuuusto.

    -¡Hijo puta! ¿Por qué te mandó matarme?

    -Hija puuuta tú.

    -¡Hijo puta mi marido!

    -¡Poooos vaaaale!

    Pos vale… El tipo era tonto perdido. Caermela, le dijo:

    -¡Joder con el fantasma. No asustas ni a un niño de cinco años.

    Germán, el fantasma, en vez de venir hacia ella, estaba quieto, levantaba las manos y gesticulaba cómo un mal actor, y su polla iba de abajo a arriba y de arriba a abajo debajo de la sábana. A Carmela a punto estuvo de darle la risa, y más cuando dijo:

    -Te vooooy mataaaar a poooolvos.

    -Sueña. ¿Por qué te mandó matarme?

    -Por poneeeerle los cueeeeernos.

    Carmela ya perdiera el poco miedo que le tenía. Se acercó a él y le cogió la polla.

    -Pues habrááá que poneeerle alguuuno mááás.

    -Me estáááás acojonaaaaando.

    Lo dicho, a Germán no había por donde cogerlo.

    Carmela le quitó la sábana y vio que estaba en pelotas. Sí que había por donde cogerlo, sí. Tenía unos huevos y una tranca cómo los de un caballo, Carmela, que estaba acostumbrada a recibir una polla mediana y otra pequeña y a media asta, al ver aquella monstruosidad, lejos de asustarse, se puso en cuclillas. Comenzó a lamerle la polla, ya que en la boca no le cabía. Se la masturbó a dos manos. Lamió la cabeza y el cuerpo de la verga y le lamió los huevos.

    Germán, que era un joven fuerte, de casi un metro ochenta de estatura, la cogió en alto en peso, la arrimó a la pared y le dijo:

    -¡Te voy a romper el coño!

    A Carmela se la sudaba.

    -A ver si es verdad.

    ¡Rompió mierda! La cabeza entró apretada pero al entrar la cabeza entró el resto sin hacerle daño. La folló a lo bestia, pero ni con esas. El coño se fue dilatando y a Carmela cada vez le gustaba más… Pasado un tiempo, con sus brazos y sus piernas rodeando el cuerpo de Germán y comiéndolo a besos, sintió un orgasmo tan bruta que le hizo perder el sentido. Recobró el conocimiento al sentir que iba a tener un nuevo orgasmo. Abrió los ojos y vio a Germán encima de ella. Estaban en la cama. Esta vez sí, esta vez al sentir que le venía el gusto, le dijo:

    -¡¡Me cooorro!!

    Germán, después de que Carmela dejara de gemir y de convulsionarse con el placer que sentía, sacó la polla y se corrió en su boca. ¿Sabéis la cantidad de leche que echa un caballo al correrse? Pues la misma salió de su verga. Carmela, se tragó la que pudo, la otra le bajó por la cara y cayó sobre la cama.

    Al acabar de correrse Germán, Carmela, limpiándose la leche de la cara con una sábana, le pregunto:

    -¿De verdad que me ibas a matar?

    -Un poquito.

    -¡¿Desde cuándo se mata un poquito?!

    -Solo te iba a dar un susto, si no te morías, pensaba salir por patas

    -¿Cuánto te iba a pagar?

    -Quinientas pesetas.

    La cabeza de Carmela empezó a urdir un plan.

    -¿Tú no sabías hacer magia?

    -Sabía y sé.

    Después de hablar unos minutos. Le dijo Germán:

    -¿Echamos otro polvo?

    -¿Comiste algún coño?

    -No.

    -¿Quieres comerlo?

    -Comería, pero no sé cómo se come.

    -Tranquilo que yo te enseño.

    -Tranquilo murió cagando.

    -¡Que brutiño eres, carallo, qué brutiño eres!

    -Tú muy fina tampoco eres.

    -¡¿Me lo comes o no me lo comes?!

    -¿Sabe bien?

    -Sabe a coño, pero le podemos echar mermelada.

    -Me gusta la mermelada

    -Voy a la cocina. Ahora vuelvo.

    Carmela volvió con las tetas untadas con mermelada y el bote en la mano.

    Genaro, lamió, chupó y mamó, donde, cómo y cuando ella le dijo que comiera y acabó con la boca llena de los jugos de una inmensa corrida.

    Eran casi las cinco de la mañana cuando sintieron los cascos del caballo en el que se desplazaba Manuel. Después de dejar el caballo en el establo el feriante entró en la habitación. Carmela, desnuda sobre la cama, se hacía la muerta. El fantasma estaba al lado de la cama, Germán, le dijo:

    -Quita ya esa sábana de encima, Germán.

    El fantasma se quitó la sábana. Debajo de la sábana no había nadie. Manuel, con el susto, sufrió un infarto y cayó muerto en el piso de la habitación.

    Germán no era tan tonto cómo yo pensaba, de hecho creo que era un mago cojonudo.

    De los comentarios ya ni hablamos.

    Quique.

  • Una visita inesperada pero satisfactoria

    Una visita inesperada pero satisfactoria

    Todo comenzó un fin de semana, eran las siete menos diez de la tarde del viernes, cuando de pronto sentado en mi sofá del salón pude escuchar el timbre de la puerta, me levante y mire por la mirilla y al otro lado pude ver que era una chica, su rostro me llamo mucho la atención, abrí la puerta y vi que era ella; la chica del supermercado a la que yo había echado el ojo unos días antes.

    Yo que aún no la conocía por su nombre me presente ante ella, la dejé entrar a mi casa, la ofrecí algo de beber y un aperitivo para que así pudiésemos romper el hielo de alguna manera.

    Amanda que así se llamaba ella comenzó preguntándome a que me dedicaba; soy almacenero en una gran empresa de cuberterías y menage del hogar, después la pregunte yo a ella con la misma pregunta que me había hecho ella a mí, Amanda me respondió; soy auxiliar de enfermería en el hospital.

    Una hora más tarde podía ver la belleza de esta chica y con mucho disimulo la blusa que tenía no la tapaba mucho que digamos, esas curvas, esos pezones marcados en ese sujetador color blanco, no podía apartar la mirada de Amanda, una exuberante señorita rellenita y con unas curvas que quitaban el sentido.

    En su rostro pude ver que la chica estaba pasando mucho calor y decidí poner el aire acondicionado para que pudiese refrescarse un poco, en ella pude notar algo que despertó mi apetito sexual, cuando de pronto se levantó del sofá y puso su mano derecha en mi paquete, el cual podía notarse que estaba un poco duro y abultado y excitado.

    Me levante yo también del sofá y la dije que me acompañara a mi habitación para que se pusiera cómoda, Amanda comenzó a desnudarse y yo que no la quitaba la vista de encima de ese cuerpazo que se iba descubriendo según se iba quitando la ropa, la chica ya desnuda comenzó a bajarme la cremallera del pantalón dejando al aire libre mi bóxer, seguidamente también bajo mi única ropa interior dejando al descubierto mi erecto pene.

    La chica se puso de rodillas en el suelo y comenzó a masturbarme hasta poner más dura aun mi polla, la agarro y se la introdujo en su boca, comenzó a chupar y chupar como si mi pene fuera un chupa-chups de fresa, yo con mi pene dentro de la boca de Amanda y mi mano agarrando su cabeza para que no dejase de mamármela.

    La levante del suelo y la tumbe encima de mi cama para que estuviera mas cómoda, me coloque entre su piernas y con mis manos agarrando sus piernas a la altura de mis hombros se la estaba penetrando por su frondoso y peludita almeja, yo no paraba de meter y sacar y la chica gritaba como una loca del gusto que la estaba dando.

    Amanda no paraba de gritar y gritar, como si la estuvieran matando; eso sí, matándola a polvazo tras polvazo, saque mi polla de su coño y la puse a cuatro patas, agarre mi polla y se la fui introduciendo por el orificio de su culo para que así no la doliera tanto, yo con tantas ganas de penetrarla en culo y ella no paraba de gritar, un buen rato después saque mi pene de su concha y comencé a correrme encima de sus pechos y derramando mi semen por su cara además de encima de su culo.

    Terminamos de follar y nos fuimos al baño para darnos una buena ducha, la chica aún no se había quedado satisfecha de tanto follar y follar que en la ducha las ganas de Amanda seguían recorriendo su cuerpo, agarro mi pene y se lo coloco entre sus pechos para hacerme una paja cubana, ella sujetaba mi polla entre sus grandes atributos y yo me balanceaba arriba y abajo así estuvimos un buen rato, volvió a chuparme la polla con tantas ganas que parecía que se iba ahogar.

    Yo que casi no me tenía en pie y ella con mi pene agarrado en su mano exprimió al máximo toda mi verga y saco toda mi leche dentro de su boca, pasado un buen rato salimos de la ducha y la chica comenzó a vestirse porque ya era demasiado tarde, me dijo de quedar para la siguiente noche y yo no pude decir que no a semejante belleza con curvas y con un apetito sexual que ni yo mismo imagine.

    Amanda se despidió de mi con un beso en la boca y agarrando mi polla para que así no volviese a bajarse, yo me fui a la cama una vez que la chica ya se había ido me quede dormido y sin haber cenado.

    Aquí acaba una larga tarde de placentero sexo con una mujer que ni esperaba que fuese a pasar lo que paso.

    ((FIN))