Autor: admin

  • El primer orgasmo de tía Verónica

    El primer orgasmo de tía Verónica

    Relato contado en primera persona.

    Mi tía era la lechera de la aldea. Se llamaba Verónica y la apodaban La Solterona. Tenía 38 años, era alta, morena, algo gordita, con buenas tetas, buen culo y muy malas pulgas.

    Yo tenía dieciocho años y por follar ya follara lo mío.

    Eran las nueve de la mañana de un sábado del mes de agosto que prometía ser muy caluroso. Mi tía ya repartiera la leche. Me estaba esperando en la puerta de casa sentada en uno de los escalones que había en la entrada con una sierra en la mano. Al llegar a su lado me preguntó:

    -¿Desayunaste?

    -Sí.

    -Pues vamos al lío.

    A rato estábamos cortando troncos sobre un caballete. Ella tiraba de un lado de la sierra y yo del otro.

    Hablamos de mil cosas y mil veces le miré para las tetas.

    A las once de la mañana paramos para el bocadillo.

    Sentado a la mesa de la cocina vi como rellenaba dos barras de pan con mantequilla, lonchas de queso y anchoas. Al acabar de hacer los bocadillos los puso encima de la mesa. Le dije:

    -Yo no voy a comer todo eso.

    -Come hasta que te hartes.

    Cogió un garrafón de vino tinto debajo de la mesa, le quitó el tapón y le echó un trago. Bebía como un cosaco. Se sentó y le metió un tremendo mordisco al bocadillo. Creo que el trago largo hizo que se le soltara la lengua.

    -Mientras cortábamos la leña no parabas de mirarme para las tetas. ¿Andas salido?

    -Pensé que no te dabas cuenta de que lo hacía. ¿Te molestó que lo hiciera?

    -No, pero tampoco me agrado.

    Entré a saco.

    -¿Aún eres virgen, Verónica?

    Se endemonió.

    -¡La virgen se te va a aparecer a ti después de la hostia que te voy a meter!

    Cogí el garrafón y eché un trago.

    Me jugué el físico.

    -¿Lo eres?

    Mi tía seguía con cara de mala hostia.

    -¡¿A ti qué coño te importa?!

    -Es que si eres virgen, con lo cachonda que estás…

    A mi tía se le escapó una sonrisa.

    -Con lo fea y gorda que soy querrás decir.

    Tiré para delante.

    -¿Quieres estrenarte?

    -¡No te meto ya la hostia porque te necesito para cortar la leña!

    -Apuesto a que tienes más ganas de echar un polvo que de cortar leña.

    Le metió otro tremendo mordisco al bocadillo, y con la boca llena, dijo:

    -¡Lo que hacen algunos por no trabajar!

    -¿Quieres que te deje mirando para Cuenca o no?

    -¡Qué lengua tienes, condenado!

    -Tengo, en tu coño haría estragos.

    Mi tía ya echaba humo por las orejas con el cabreo que tenía.

    -¡Me voy antes de que ocurra una desgracia. -se levantó- Te espero fuera.

    Me levanté. Me puse detrás de ella. Le cogí por las tetas. Arrimé cebolleta y la besé en el cuello. Su voz se quebró.

    -Deja, déjame ir.

    Froté mi polla morcillona contra sus nalgas y le dije:

    -Deja que te lleve al paraíso.

    -Suéltame, -dijo, sin ofrecer resistencia- suéltame, pirata.

    Le metí la lengua en una oreja.

    -Déjate tú.

    -No soy una puta.

    Le seguí magreando las tetas y besado la nuca, el cuello y frotando mi polla ya empalmada entre sus nalgas.

    -Lo sé.

    Mi tía, al excitarse, comenzó a sudar, su olor corporal era fuerte, olía como a mantequilla rancia. Le levanté el vestido y metí una mano dentro de sus bragas. Estaba empapada. Tapándose la cara con las manos, me dijo:

    -¡Qué vergüenza!

    -Es normal que te hayas mojado. Cierra los ojos y disfruta.

    Se separó de mí.

    -¡No! Soy tu tía.

    La volví a coger, esta vez por la cintura. Le giré la cabeza. Quise comerle la boca y me hizo la cobra. Le bajé la cremallera del vestido negro con flores rojas que le llegaba casi a los tobillos. El vestido cayó al piso de la cocina. Le quité el sujetador y lamí su espalda de arriba a abajo. Le quité las bragas blancas, que tenía una tremenda mancha de humedad. Agachado, le abrí las nalgas y pasé mi lengua por el ojete.

    -¡Uyuyuy, que maricón!

    Se lo follé con mi lengua.

    -¡Ceeerdo!

    -Apóyate con las manos en la mesa y abre las piernas.

    Hizo lo que le dije. Cogí la mantequilla, unté mi polla, luego le metí un dedo untado en mantequilla en el ano.

    -Uyyyy, que cochino.

    -¿Te gusta?

    -Más que el vino.

    Le froté en el ojete la polla mojada de aguadilla. Me dijo:

    -¡Oh, oh! No sabes, Quique, por ahí no es… ¿O eres maricón?

    La engañé.

    -Maricón perdido.

    Estaba tan cachonda que le dio igual.

    -Bueno, que se le va a hacer, sigue. Ya que estamos…

    Empujé y se la fui metiendo en el culo muy despacito. Al poco, su coño ya goteaba en el piso de la cocina. Sus pezones estaban tiesos y sus gemidos eran escandalosos. Apretándole las tetas y besándole la nuca, le pregunté:

    -¿Te gusta o te duele?

    -Me gusta y me molesta un poquito.

    -¿Te correrás así, Verónica?

    -Desde que me la metiste en el culo ya me estoy corriendo.

    En los años 70, en Galicia, las mujeres de la aldea no sabían lo que era hacerse un dedo, y muchas casadas llevaban años pensando que se corrían desde que sus maridos se la metían hasta que se la sacaban, (confundían los flujos que causaba su excitación con correrse) por no hablar de las que pensaban que solo se corrían los hombres.

    Cuando se la quité de dentro del culo no quedó muy contenta.

    -¿Y ahora qué?

    Le metí la lengua en la boca.

    -¡Qué asco!

    Le besé, lamí, chupé… Jugué con sus tetas un buen rato. Cuando me puse en cuclillas delante de aquel pequeño coño con una bella mata de vello negro, rizado, y la cogí por la cintura, vi que sus flujos vaginales le bajaban por las piernas y le llegaban a los tobillos. Abrí su coño con dos dedos. Estaba encharcado de mocos. Tan encharcado que no vi su vagina hasta que retiré los mocos con mi lengua. Mi tía, al sentir la lengua en su coño, comenzó a temblar cómo si tuviera frío. Le lamí el clítoris de abajo a arriba… De su garganta salió un gemido casi celestial. Supe que se iba a correr. Lamí rápido de abajo a arriba. Las piernas le comenzaron a temblar. De su coño salió cantidad de jugos. El placer era tan grande que se quedó sin voz. Quise sujetarla pero no pude. Cayó de lado sobre el piso de cemento, se encogió y quedó en posición fetal con las manos en el coño. De su boca no salía ni un gemido. Se sacudió como una epiléptica. Creí que se iba a quedar sin aire. Sus ojos estaban abiertos como platos, su boca abierta. Su ceño estaba fruncido y su cara al rojo vivo. Unos veinte segundos después, de su boca salió una especie de rugido:

    ´-¡¡¡Arrrrrg!!!

    Cuando recuperó el habla y las fuerzas, respirando con dificultad, me dijo:

    -El viiiino, dame el viiiiino.

    Le di el garrafón. Se echó un trago de casi un litro, aunque parte de él le cayó por las tetas. Luego me dijo:

    -¡Casi me muero de gusto! Ahora sé lo que es correrse.

    Le di una mano para que se levantase. Al estar en pie le di un beso sin lengua. Me metió su lengua en la boca… Aquel día no cortamos más leña.

    Quique.

  • Nuevas fantasías y fetiches

    Nuevas fantasías y fetiches

    Queridos lectores y autores:

    Desgraciadamente la vida no es muy larga y no puedo cumplir toda clase de experiencias eróticas y sexuales como desearía (ojalá fuera un trabajo de tiempo completo). Quisiera saber, ¿cuáles son los temas que a ustedes más les excitan? Esos que al pensar en ellos les hace sentir un escalofrío, que les provoquen miedo y a la vez sensación de placer, que no puedan aguantar a llegar a casa para descargarse. Esos que a los hombres les genera producir una enorme descarga de esencia masculina, y que a las mujeres les provoca ensuciar su ropa íntima y comportarse de forma nunca antes vista.

    Apreciaría mucho sus comentarios, mi único deseo es provocarles placer con mi trabajo, y qué mejor si puedo escribir especialmente pensando en ustedes y en su satisfacción.

    Estoy preparando dos relatos más, que me hacen temblar de recordarlos, espero pronto publicarlos y que ustedes los disfruten. Después de ellos, comenzaré a trabajar sobre las fantasías y fetiches que ustedes me compartan.

    Quiero dedicar un delicioso beso a todos y todas los que tomen un tiempo para compartir sus deseos… pongan el beso donde ustedes más lo deseen.

    Muy agradecida por todo su apoyo,

    Sofi

     

  • Memorias inolvidables (Capítulo 3): mi hermana Angustias

    Memorias inolvidables (Capítulo 3): mi hermana Angustias

    Angustias Sampedro Fernández es la chica de la casa, la única chica, la mejor. ¿Qué? La mejor de las chicas que tiene la casa. Ah, sí, claro, siendo única, si es la mejor, igual es la peor. Hombre, pero… Bueno, bueno, yo me inclino por lo segundo, allá vosotros. Eso es lo que discutían siempre mis hermanos. Pero ella creía que en realidad era lo mejor de lo mejor. Siempre se lo han dicho así desde pequeña y ella, además, se lo cree, se lo incorpora, lo publica y se lo presume. De mi hermana a mi madre va lo que un raíl a otro en la vía del tren. Son las dos iguales. Siempre tienen la razón, son lo mejor del mundo mundial y todo lo hacen bien. ¿Discutirlo? Qué inutilidad.

    Mi hermana Angustias es de una soberbia total. Si quiero adivinar su mente, podría asegurar que nadie le supera, ella lo es todo, es manipuladora, mentirosa, engañosa, presumida, beata, beata y beata. ¿Por qué es tres veces beata? Porque es beata en la Iglesia, no se estila mantilla, pero ella la usa. Rezar supongo que reza pero busca que la vean, porque cuando no la ven no reza ni «Santa María». Es beata laica, todo lo critica, en todos los fregados está y han de hacerse las cosas como ella quiere. Y es beata entre las supuestas amigas, porque las engaña y enreda a unas contra otras en base a mentiras, trampas, manipulaciones, difamaciones y calumnias que luego dice que se confiesa porque es buena. ¡Anda ya!

    Pero es mi hermana, mi pobre hermana Angustias, que nadie la comprende, que no le hacen caso, ella que todo lo hace por un buen fin. ¡Joder!, mira, nena, deja de mangonear en todo y quizá comenzamos a hacerte un poco de caso.

    Angustias es la buena, se alía con mi madre, si sale bien, lo ha hecho ella, si sale mal, ya se lo decía ella a su madre, pero como nunca le hacen caso… Ni a mi peor enemigo le deseo que tenga una hermana como mi hermana Angustias. Ningún chico de nuestro entorno la quiere, ellos dicen que es muy mandona, pero en el fondo están diciendo que no quieren una mujer de semejante calibre. Así que, como mis hermanos tampoco la quieren, se me quedaba hermana para mí, es decir, para aguantarla yo. Prefiero que me follen el culo tres tíos a lo bestia antes que volver a soportar a Angustias. Esa fue otra razón para irme de esa casa de locos.

    Mi hermanita Angustias tuvo cinco novios, al menos cuando yo vivía en la casa de mis padres. El primero fue Juanito López, un vecino, un chico de una familia humilde pero buena y muy querida, se le murió o lo mató a disgustos. Él se había enamorado de ella. Nunca pude comprender cómo alguien se podía enamorar de mi hermana Angustias, pues no tenía nada bonito que llamara la atención, pero es cierto que mi padre era rico y la hija de un hombre rico es una buena prenda de quien enamorarse. Nunca pude saber si era por ella o por el dinero de mi padre, pero Juanito López se enamoro locamente de ella y era un buen chico.

    Un día me encontré con Juanito, ya salía con su novia Angustias. Estábamos en las aceras opuestas él y yo. Me grita:

    — ¡Ismael, Ismael!

    Como no hay tantos Ismaeles en el mundo, me paré y miré a ver quién y de dónde me llamaban. Lo vi en la acera de enfrente, bueno yo estaba en la acera de enfrente, porque me toca a mí estar en la acera de enfrente, pero él me hacía señales con el brazo para indicarme que me esperara. Me esperé, cruzó la calle y se vino a la acera de enfrente, creí que era un punto favorable a mi posición, y me dijo:

    — Hola, cuñadito.

    — Hola, Juanito, ¿qué te trae?

    — Hacia casa voy y, al verte, me he dicho «Voy a saludar a mi cuñado», me salía de dentro este deseo.

    — ¿De qué parte de dentro?

    — De lo más profundo de mi corazón. Deseo saludarte, somos familia.

    — Ojo, Juanito, tú no eres mi cuñado, quieres serlo: no somos familia, quieres serlo. Tú y yo no somos más que conocidos y tú pretendes salir con mi hermana Angustias, ¿es cierto esto?

    — Eso, eso, sí, hombre, pero…

    — No, no hay un pero; no somos nada en familia. Si quieres yo respeto que quieras salir con mi hermana…

    — Oye, oye, yo tampoco he dicho tanto, que yo tengo chavas por ahí que ya quisieran que las mirara con buen ojo…

    — Ah, pues llévatelas toda, no seré yo quien te lo impida, pero con respecto a los posibles amores de mi hermana, nada tengo que ver yo.

    Nos despedimos. Alguno puede pensar que soy un grosero maleducado, pero a algunos gilipollas de este mundo hay que atarlos en corto como a los caballos cimarrones, que se las saben todas, pero Juanito es un buen chico, solo un buen chico.

    Cómo era Juanito López, el vecino, de familia humilde y muy buena, lo diré a continuación. No era nada guapo; ¿era feo?, bastante feo, sí, aunque no tanto como para dar terror, pero su cara estaba medio quemada por el sol, sobre todo los pómulos y la punta de la nariz. Un poco bizco de un ojo y tenía un hueco en la barbilla. Los dientes estaban deformados y no en muy buen estado. No estaba gordo, pero tenía gruesa la barriga y hundido el pecho, las piernas arqueadas y los pies patizambos. Por el pantalón he de decir que debía ser de poco culo porque le sobraba pantalón en la parte de las nalgas. Confieso no haber visto nunca la delantera, por lo que mejor me callo, cualquier cosa que dijera sería falsa.

    No era muy inteligente, pero tenía idea de que se trataba de una persona muy dispuesta al trabajo remunerado y cuando alguien lo necesitaba, allí estaba Juanito para hacer lo que fuere con tal de cobrar su soldada. Hombre trabajador, no agraciado por la naturaleza tanto en lo psíquico como en lo físico. Me consta que mi hermana lo encelaba, porque él pensaba ser el único, pero ella salía con otros sin decirle o con falsas excusas de no encontrarse bien. Lo llenó de disgustos. Un día se lo encontraron muerto, parece que se cayó barranco abajo a causa de una borrachera. La causa de la borrachera me la he imaginado yo, era mi hermana Angustias; lo digo así tan fríamente porque, cuando supo de su muerte, no manifestó con palabras su tristeza, ni soltó una lágrima, ni una expresión de pena. Se despeñó, se descalabró Juanito que era un buen chico.

    El segundo novio que tuvo era un tal Francisco Oltra. Este era de un pueblo vecino, pero venía al nuestro que era más grande para trabajar en una papelería donde se vendían cosas y útiles de escritorio. Este le duró lo que un caramelo en la boca de un niño, mi hermana acabó con él a los dos meses, porque vino del pueblo para ir al cine con ella y ella no quiso salir cuando llegó. Se fue y no regresó más. Nunca hablé con él, pero todos decían que era buena persona.

    El tercer novio fue un chico menor que ella, lo trataba a patadas. Nunca entendí por qué este muchacho esperó seis meses para dejársela, incluso vino a darme explicaciones a mí de que se dejaba a mi hermana, como disculpándose por hacerlo, como si yo necesitara tales explicaciones. Vino para decirme que se fiaba de mí y quería explicarme para que si en la familia se quejaban de él que yo pudiera dar las razones. Me dijo:

    — Angustias me trata mal. Sé que soy menor que ella, pero yo la trato siempre bien. He tenido paciencia porque ella me dijo que sus padres no le permitirían tener novio o casarse hasta que no estuviera embarazada. Yo esperaba la ocasión de que me dijera cuándo y cómo. Una vez tenía hotel alquilado, no vino, me quedé solo y tuve que desahogarme con unas cuantas masturbaciones. Me emplazó para otra ocasión y no reservé habitación, le dije que fuéramos al campo, y no quiso. Creo que todo han sido excusas de modo que me cansé. No sé qué te parecerá lo que he hecho dejándola.

    — Yo tampoco sé qué podría decirte, es tu libertad.

    Me dio la mano muy educadamente y cada vez que me ha visto me ha saludado como si fuera mi deudor y yo un perdona vidas. No sé qué podría decirle o hacerle, si me parecía bien que se la dejara, pero no podía dejar tampoco a mi hermana como totalmente culpable. Cada palo mantenga su vela.

    Y vamos al cuarto novio. El más simpático de todos. Es de color ébano. Guapo, buena pinta, pectorales tan marcados que se podían observar a través de la camisa. Las tetillas de los pezones estaban permanentemente remarcados en la tela de la camisa. Sus brazos son fuertes y su estatura es de la misma altura que Angustias. Hablaba francés, castellano mal hablado aunque inteligible y olía a sudor. Cuando se abría la camisa se podía observar mucho pelo. Mi imaginación se fue a sus sobacos y comenzó a gustarme más. Pero cuando iba a imaginarme su pubis y sus genitales, no tuve necesidad, porque tanto estaba yo fijamente mirándolo que se le puso una erección y noté como se le desplazó al lateral y se remarcaba la polla por la pernera del jean. Lo miré a la cara, viendo que en ese momento estábamos solos, le dije susurrando:

    — Qué pena que no seas gay, mi culo aguanta esa polla, pero no creo que la concha de mi hermana la soporte…

    — Si querer tú, no problema, yo ser bi.

    — Oh, la, la. Quelle chance!

    En eso que llegaba Angustias con mi padre para presentárselo. Miré el rostro de mi padre y enseguida adiviné que se le cayó el mundo a los pies. Saludó a René, que es como se llama, y le dijo a mi hermana en catalán, que es como hablaba cuando se enfadaba:

    — Digues-li que es renti, que fa pudor, i després ja veurem, aquí no vull veure-ho de moment.

    Angustias se puso a llorar, esperaba dar la gran sorpresa y le dije:

    — No te preocupes, Angustias, yo te lo entreno y entonces papá lo aceptará.

    Me lo llevé a mi habitación. Una vez allí me pregunta:

    — Ton père a dit quelque chose de pas très bon, qu’est-ce que c’était?

    Le hice desnudarse. No tuvo problemas. Yo quería ver la polla y me gustó, es algo así como de mi muñeca al codo de larga, gruesa como las cinco yemas de las manos juntas o algo más, nervuda y apetitosa. Le dije en mi pobre francés:

    — Mon père a dit de bien raser ton corps, d’essayer de me donner le feu vert, alors on verra …

    — Oh, mon dieu, c’est bon.

    Me desnudé. Le senté en una giratoria de mi baño y comencé a afeitarle el pecho. Eso fue coser y cantar, mientras él miraba mi polla totalmente rasurada y acariciaba la textura suave y sedosa de la piel de mi pene. Descubrí que era un adicto al sexo por cómo me acariciaba el escroto, distinguiendo y separando las bolas, no me hacía daño con tocarlos tan suavemente, pero electrizaba los testículos. Luego le hice ponerse en pie y me puse a afeitarle el pubis tras haberlo embadurnado de espuma de afeitar. Cuando estaban limpios con todo el cuidado le afeité las bolas, el entorno al pene y el mismo pene que tenía unos pelos ensortijados encima de su base. Le dije que se pusiera de espaldas y se agachara. Solo así pude dejarle un culo más fino que el culo del David de Miguel Ángel en Florencia. Y a continuación vino la mía. Pasé la cuchilla por sus piernas y por su espalda. Nos pusimos de pie y levantó los brazos, le afeité las axilas y los brazos, algo de la espalda y le besé el cuello. Tomé un Body Milk y fui esparciendo por todo su cuerpo. Toqué su cuerpo centímetro a centímetro. Y le masajeé con crema del body milk los huevos y le puse su polla a punto, me puse mucho lubricante dilatador, también en su pene, me di media vuelta y le dije:

    — Baise-moi, mets-moi ta bite dans le cul, putain.

    Me folló como una bestia. Me dolió mucho, muchísimo, pero lo probé antes que mi hermana. A pesar del dolor que me gustó, porque una vez atravesado, ya todo me venía cuesta abajo. Fue el primer negro que me folló en mi vida. Lo peor de todo es que él se fue pensando que era normal en mi casa que todos nos probáramos a los que pretendían a alguien de la familia o me lo hizo creer que pensaba eso. Pero me preguntaba cuando iban a follarlo mis hermanos y mi padre. Y me preguntó si tendría que follarse a mi madre. Le respondí:

    — Todo eso es asunto mío, déjame hacer a mí y como tú eres bi, si mi hermana te pone problemas, mi culo está disponible. Nos duchamos, le presté un jean y una camiseta de tirantes que le quedaba bien y lo perfumé. Salió a pasear con mi hermana.

    Cada vez que venía a casa, yo le pasaba revista y a veces lo retocaba, siempre acabábamos follándome con su tranca. Qué tranca me he metido en mi culo gracias a René. Pero una de esas veces que vino, me lo llevé a mi habitación como es habitual. Mi hermana parecía tener prisa y preguntó si había llegado René. El cabrón de mi hermano Santiago le dijo:

    — Ve a la habitación de Ismael, creo que lo entretiene hasta que te pongas a punto.

    Se acercó a la puerta y escuchaba voces ininteligibles y gemidos. No llamó a la puerta, entró y nos sorprendió en plena faena. René tenía su polla en mi culo estando boca arriba en la cama y yo balanceándome sobre la polla de René. René se sonreía al ver a mi hermana y yo no dejé de ejercitarme sobre la polla, estaba en lo mejor y sintiendo ya espasmos de René. Se quedó mirándonos hasta que René eyaculó dentro de mí y yo dejé escapar mis restos sobre el pecho y abdomen de René. Me tumbe de cara a René y lo besé hasta aliviarme y salí de la cama sacando su pollón.

    Angustias vio el pollón y creo que se asustó. Me echó la culpa a mí, diciendo que yo lo había tentado y todas esas cosas que dicen las mujeres y que yo suelo pasarme por el culo. La cuestión es que después de ducharnos, salió para ver a mi hermana y ella ya no quiso hablar con él. Seguía viniendo a casa para verme y follar, porque me decía que nadie quería follar al ver su nabo. Le dije que eso le había pasado a mi hermana y pasaría con muchos. Todo esto duró unas cuatro o cinco semanas. Mi hermana se lo dijo muy enfadada a mi padre. La cagó bien cagada. Desde entonces René desapareció de mi casa y Angustias a este paso se quedará para vestir santos. Ahora tenía una ocasión de compartir el marido conmigo, que algo es algo, al menos tendría marido; hasta yo mismo podría haber sido con mucho gusto el padrino de su boda. Ya no lo vi nunca más, pero fue un tiempo muy grato para mí. ¡Menuda polla!

    Angustias ya no busca novio. Se ha conformado con ser la eterna soltera de una familia, se ha convertido en una perfecta beata en todo, pues pertenece a no sé cuántas cofradías, hace no sé cuántos retiros, y es presidenta de la cámara de solidaridad que ha inventado el ayuntamiento. Perdió la gran oportunidad de su vida, quizá yo estaría en casa y no me hubiera ido. Angustias decidió no hablarse conmigo de por vida, como si a mí me hiciera falta que me hablara o hablar con ella. Pasé olímpicamente hasta hoy día. Mi padre, en una de las veces que vino a hablar conmigo, me dijo:

    — Angustias me manda decirte que ya te ha perdonado y quisiera verte.

    Le contesté:

    — Dile a esa puta beata que no necesito ni su perdón ni su visión; que se vaya a la mierda, pues no sirve para nada.

    Mi padre se sonrió, porque le gustan este tipo de respuestas mías. Es así, porque son clavadas a las suyas, él es un macho al que le van las putas, yo un maricón hambriento de hombres. En definitiva es lo mismo, es decir, nos gustan los pasteles, pero diferentes a cada uno, a mí me encantan los de cabello de ángel y a él la crema catalana, a él los de nata y a mí el Lemon Champ(1). Es que de gustos diferentes el mundo está lleno. En definitiva, mi padre se vuelve loco por un coño, y yo aprecio infinitamente más una polla. Pero estoy seguro que si yo tentara a mi padre con mi culo me follaría, soy irresistible; solo que no puedo calcular las consecuencias.

    De todas formas, fui a ver a Angustias y le dije:

    — Encontrarás un novio mejor, pero vas a necesitar mi visto bueno, porque tienes mal ojo para escogerlos. Sabes que te quiero y te ayudaré, a ver si dejas todos esos beaterías que llevas entre manos.

    Mi hermana encontrará un quinto novio y un sexto y no sé cuantos más, pero no se casará con ninguno porque se ha casado con ella misma. Creo que en la actualidad mi hermana Angustias y mi hermano Timoteo se entienden incluso amorosamente. Pero de momento solo es un murmullo familiar que no llega ni a rumor.

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    (1) Sorbete de limón y champaña.

  • Mi esposa y su amiga

    Mi esposa y su amiga

    Este es nuevamente de mi esposa, ella tiene una amiga que es mesera, se llama Berenice. Es una chica que tiene buen cuerpo, la neta si se antoja para darle.

    Pues bueno, una ocasión fuimos a su casa, después de una mini fiesta la noche nos cayó y tuvimos que quedarnos con ella en su casa, debo de decir que ellas se estaban cachondeando desde que bailaban así que noté que le traía ganas o se traían ganas.

    Eran como las 3 de la mañana, me desperté y no vi a Lety a mi lado, así que sin hacer ruido me levanté y salí del cuarto donde estábamos, me asomé al cuarto de Bere pero no estaba tampoco, al asomarme a la sala vaya sorpresa.

    Lety estaba desnuda sentada con las piernas abiertas y Bere le estaba dando sexo oral, Bere también estaba desnuda y mientras le daba tremendas chupadas ella se metía los dedos, Lety se acariciaba las tetas y le agarraba el cabello a Bere, me acomode sobre el pasillo que daba a los cuartos, aun así podía escucharlas y verlas a la perfección.

     (L) Que rico nena, chúpame más!

    (B) Lo que tú quieras mi amor, sabes que te quiero comer desde hace tiempo.

    No solo lamia la vagina de Lety, también le besaba desde los pies, las pantorrillas y las piernas, Lety gemía y se mordía la boca. Bere se puso de pie y sobre el sillón la puso en cuatro, comenzó a despacharse de su gran trasero, la acariciaba, las mordía, las lamia, estaba toda loca por ese trasero…

    (B) Que ricas nalgas tienes, siempre las quise probar.

    (L) Te gustan? son tuyas.

    Bere se perdió en medio de ese trasero delicioso de mi mujer, escuchaba los ruidos que hacia al lamerle la vagina y el ano, unos momentos después también comenzó a meterle los dedos, Lety gemía mientras gozaba lo que Bere le hacía.

    Bere se acostó sobre el sillón, Lety comenzó a besarla, le acariciaba todo el cuerpo y pasaba su lengua por todas partes de ella, desde ese rico y grande par de tetas que tiene Bere hasta llegar a la vagina.

    Lety comenzó a chuparle como solo ella sabe, al mismo tiempo le apretaba y acariciaba las tetas, Bere gemía, Lety es una experta con la boca y la lengua así que era obvio que Bere jadeara de placer

    (B) Ahhhh! que ricooo maaas chupame maaaas no te detengas!

    (L) Te gusta perra verdad? tienes una pepa muy rica!

    Lety siguió mamándole su paquete hasta que decidieron cambiar de acción. Lety se acostó y abrió sus piernas Bere se subió en ella y de forma extraña se entrelazo con ella.

    Bere comenzó a moverse de tal forma que sus vaginas se rosaban, el lugar donde estaba yo era privilegiado, podía ver como las dos vaginas se rozaban estaba yo excitadísimo pero seguí observando, cuando podían se acercaban para besarse Lety acariciaba todo el cuerpo de Bere mientras ella le apretaba las tetas.

    (L) Que rico te mueves… aahhh… nenaaa

    (B) Tú también te mueves sabrosooo mi amoooor

    Subieron su intensidad, los movimientos de ambas se aceleraron de pronto ambas se vinieron, liquido salía de las dos vaginas y sus gemidos subían de tono, enpiernadas se abrazaron, se besaron mientras sus cuerpos seguían vibrando…

    (B) Que rico coges Lety… Raúl tenía razón

    (L) Tu también haces buen trabajo y que chismoso ese Raúl, seguro ya les conto a todos que andamos

    (B) Que suertudo, él y Luis que te tienen cuando quieren

    (L) Tú también me quieres tener, pues aprovechemos…

    Se comenzaron a besar y acariciar, ambas seguían calientes y siguieron fornicando, yo observé un rato más, pero decidí dejarlas, un rato después entró Lety, con olor a vagina y comenzamos a hacerlo.

  • La prima de mi ex enamorada

    La prima de mi ex enamorada

    Ante todo un poco para que me conozcan: soy militar, de piel canela, cuerpo atlético ya que como militar en actividad pues tenemos que estar en buenas condiciones físicas y mido 1.75 cm.

    Este relato sucedió años atrás cuando conocí a la prima de una ex enamorada mía, sus nombres serán «Janne» como mi novia y «Ileana» como la prima. Este primer encuentro se dio en una reunión familiar por parte de mi ex novia en su casa, ya nuestra relación estaba en las últimas y bueno para no quedar mal con su familia acepte ir. Yo era aquel entonces cadete de 4to. Año de la escuela de oficiales del ejército, esto es aquí en Perú. Bueno Janne tenía 25 años y su prima apenas 21. Cuando la vi por primera vez ya en la casa en la reunión WOW si quede impactado ya que tenía un cuerpo muy bien trabajado producto del gym, unos pechos más grandes que Janne y unas caderas y nalgas unas tallas más grandes, pero ese momento no pude excederme mirándola y tenía que guardar el respeto así que me distraje tomando un poco más de cerveza y cambiando tema de conversación, aunque llegó la hora de bailar y pues ahí bailamos charlamos un poco más ya que como estaba toda su familia no podía hacer más preguntas personales.

    A la mañana siguiente como me quedé a dormir en casa de Janne ya que aún era el engreído, baje a la cocina por un poco de agua y me encuentro con ileana en la cocina ella ya alistándose para ir a su casa estaba con unas mayas que usan las mujeres en el gym y WOW parecía reventar en esas piernas y ese culo WOW no pude dejar de mirar y solo atine a decirle ‘tapate’ y ella me dijo también ‘abrígate’ yo estaba en shorts y un bibidi. Entonces nos despedimos así por un buen tiempo y luego pasaron unos meses y mi relación con Janne se acabó.

    Un día menos pensado cuando estaba haciendo mis compras en plaza vea un supermercado aquí en Perú vi a una chica de la otra caja haciendo señas como saludándome, pero como estaba con los audífonos no presté atención y me dirigí a pagar, luego ya acabando de pagar se me acerca la chica y me dice: ‘Hola ex primo cómo estás’, ‘Ah, hola cómo te va’ le digo.

    Conversamos un poco incluso me dijo que su prima ya estaba saliendo con otro tipo, bueno cambiamos números para llamar y el Whatsapp para charlar. Empezamos entonces ese mismo día que en la tarde saludo me habló en tono caliente y coqueto y yo tampoco me quede atrás y salieron a flote nuestros lados pervertidos y calientes, jugamos a la seducción entre palabras y fotografías XXX no aguantamos las ganas y salieron unas palabras fuertes ella me dijo: ‘enséñame tu verga la quiero conocer’. Quede sorprendido por tales palabras que me decía y bueno yo le mostré y yo también pedí algo a cambio y le dije ‘enséñame esas tetas ricas y ese culo sabroso que desde la primera vez me tienen muy caliente’.

    Decidimos vernos dentro de 20 minutos en el paradero del tren, nos encontramos y de una nos besamos como pareja con pasión y con calentura. Le agarré las nalgas sin compasión, se las apreté y la pegue a mí y ella me abrazo fuerte de la cintura. Cogimos un taxi y nos fuimos directo a un hotel, entramos, nos registramos y subiendo las escaleras nos manoseábamos, nos besamos, nos decidamos todas esas palabras arrechas y calientes. Le daba nalgadas en ese culo sabroso. Llegamos a la puerta, la puse contra la puerta, le jale del cabello y le dije ‘prima ahora sí te voy a meter toda la pinga!!!’.

    Ella suspiró y nos besamos con esas ganas de sexo y deseo, nos caímos a la cama se montó sobre mi empezó a moverse moviendo todo esa conchita sobre mi verga frotándola y mojándola yo apretaba esas tetas con mis manos se quitaba la blusa y la ponía solo en brasier WOW que lindas y que pedazo de tetas puse toda mi cara lamiéndolas y chupándolas me gustaba sus aureolas eran redondas y muy sexys de pronto nos pusimos de pie yo la cargue sobre mis brazos seguíamos besándonos la baje contra la cama le quite la blusa el brasier y tú empecé a succionar cada pezón lamía y reclamos cada teta mm ella con su mano frotaba mi pinga, que rico me abrió los jeans, me los dejé quitar por ella me dijo que estaba y que la tenía muy rica y muy cuidada. Mi pinga que le gustaba y en una se metió con toda esa boca a comerse mi verga uff que deliciosa era chupándome la pinga uff era espectacular sabía cómo y en donde chupar, me gustaba que me haga suyo en el sexo oral.

    Luego hicimos el 69 le quite los jeans y la dejé en tanguita jalo a un costado su tanguita y empezamos a chuparnos ambos para disfrutar un rico sexo oral tenía una vagina muy bonita unos labios hinchados y suavecita peladita y rosadita que rica mm la penetraba con la lengua y me comía sus labios vaginales tan rico chupándolos con ese jugo exquisito me gustaba lamerle también se le culo lo tenía delicioso le dije ‘vaya prima tienes un culo sabroso eh qué putita eres con esa cara de yo no fui y mira lo puta y ardiente que eres’. Uff eso pareció calentarla más no paraba de chupármelo mmm ya estábamos llegando a nuestros clímax. Me puse de pie y la cargue como a una esposa sobre mis brazos hasta llegar al mueble pornográfico de todas las posiciones, ustedes ya sabrán cual me refiero y la puse en posición de misionero y con los dientes le quite esa tanguita muy sexy mojada del sexo oral que habíamos hecho era muy coqueta y bonita de color blanco hasta dejarla lista para ser penetrada y empecé a frotar mi cabeza de pinga sobre su clítoris y sus labios metía y sacaba uff qué rico estaba caliente y metía y sacaba ufff me comía sus tetas mientras la penetraba más y más ella empezaba a gemir a hablar palabras calientes y arrechas uff que rico.

    Ella y yo gritábamos yo la trataba como puta y ella a mí como su puto WOW que sensación combinación de éxtasis de placer y pasión, luego cambiamos de posición de perrito y entre otros más pero mientras la penetraba boca abajo le dije ‘te puedo comer el culo tengo ese deseo y me gustaría comértelo’, ella me dijo ‘me va a doler tienes una pinga gruesa’ y yo le insistí ‘te lo dilataré’, bueno acepto y empecé a lamer ese culo sabroso tan rico chupa y chupa y los dedos empecé a meterle hasta dilatarlo entonces puse la cabeza de mi pinga sobre su culo y empecé a bombearlo uff que rico estrecho cerradito WOW la penetraba y le daba nalgadas ese culo, ya estaba color morado de tantas nalgadas y le jalaba los pezones para excitarla mas y ella se masturbaba la vagina uff para así llegar los dos al mismo tiempo a un orgasmo rico y sabroso.

    Sentíamos como chorreaban y mezclaban nuestros jugos que rica sensación y así repetimos toda la madrugada hasta quedar dormidos. Luego de esa noche, desayunamos juntos y en la ducha también repetimos un breve mañanero mientras su celular no paraba de sonar y era su novio, grande mi sorpresa al descubrir esa mentira pero bueno ese ya es otro relato…

    Espero haya sido de su agrado…

  • La señora Martha

    La señora Martha

    Martha era una señora más bien delgada, de tetas todavía bastante firmes. Caderas un tanto anchas para el resto de su físico y apenas algo de panza. Había enviudado del señor Manuel, un empleado bancario y realmente quedó desbastada, según comentarios que escuchaba de pasada por parte de otras señoras mayores. Tampoco tenía hijos. Mi abuela era su mejor amiga y la que la contuvo y acompañó en esa etapa tan dura. Pasaron meses o acaso un año hasta que la señora Martha comenzó nuevamente a salir, a hacer algo de vida social. Abuela Julia la seguía acompañando y solía pasar horas en su casa.

    Cierto día, la madre de mi madre me preguntó si estaría dispuesto a prestarle ayuda a Martha. Algo de la casa me dijo. Le respondí que sí y que solo me dijera cuando.

    -Ya te avisaré. Solo tenemos que ultimar algunas cositas…

    Días más tarde mi abuelita me llamó, me pidió que me diera una buena ducha y me pusiera ropa decente, que me acompañaría a casa de Martha. Así tal cual. Me extrañó pero le obedecí. Todavía no caía la noche cuando salimos.

    Llegamos, abuela Julia tocó a la puerta y se oyó la voz de la señora invitándonos a pasar y que la puerta estaba abierta. Apenas me asomé pude sentir unos aromas y fragancias muy agradables que emanaban por la casa toda. La señora Martha estaba realmente muy elegantemente vestida y la encontré llamativa. Nos saludamos con besos y capte que la señora también llevaba un perfume exquisito. Nos invitó a que nos sentáramos y yo trataba de entender que cosa de la casa habría de hacerle así bien bañado y bien vestido. Además con ella tan elegante. Entonces mi abuela tomó la palabra.

    -Gerónimo, sabrás disculpar que no te haya consultado, pero estoy hace mucho ayudando a Martha a recomponer un poco su vida. Tú sabes… El caso es que, más que nada, yo quise acompañarte a verla y voy a ser muy directa. Tras mucho insistirle, logré que mi amiga aceptara estar otra vez con un hombre. Por lo que formalmente te pido te quedes con ella y le hagas compañía. Somos muy íntimas y confidentes, por lo que ella sabe lo que hubo entre tú y yo. Así pues que confío en tu discreción de hombre y confío también en que no me harás quedar mal por cómo te enseñé, terminó risueñamente.

    Se levantó para despedirse y dejarnos solos con Martha. Yo trataba de asimilar lo que pasaba y acomodarme a lo que vendría. Ganas de coger no me faltaban. La señora realmente no estaba tan mal y se veía “comestible”.

    -Bueno Gerónimo… aquí estamos. Yo terminé aceptando las sugerencias de tu alocada abuela. Por mi no quiero que te sientas incómodo. Ella tomó la iniciativa y te trajo. Eres mayor y sabes lo que quieres. Más allá de todo, no has de sentirte obligado…

    -No diga más, Martha. Me sorprendió la idea de la abuela, pero estoy para acompañarla y lo haré. Usted me gusta…

    -Oh, eres muy gentil y déjame decirte que también buen mozo. Ven, te invito a mi habitación si lo deseas.

    -Claro.

    Entramos. La cama me pareció enorme. En la habitación estaba la fuente, el origen de los aromas en hierbas que se quemaban lentamente.

    -Puedo tomar la iniciativa? preguntó Martha

    -Si, por supuesto…

    -Bueno. Hace ya mucho que no estoy con un hombre y tras las sugerencias de Julia, comencé a imaginarme como sería, como habría de hacerlo… Quiero ser yo quien te quite la ropa, Quiero descubrirte de a poco.

    Se acercó y me acarició la cara. Juntó sus labios con los míos y me besó con extrema ternura. Me fue soltando los botones de la camisa para quitármela despacio, como con cautela y acariciándome. Desabrochó mis pantalones y los dejó caer. Ya en calzoncillos se me quedó mirando.

    -Qué lindo cuerpo… Ven a la cama.

    Hizo que me acostara en tanto ella se quitó el vestido para quedar en enagua. Una enagua negra que resaltaba la blancura de su piel. Se me acercó gateando por la cama. Acarició el bulto que mi verga iba haciendo en los calzoncillos. Me frotó con su nariz, su boca cerrada… se frotó la cara en el paquete. Lo disfrutaba. Enseguida me fue bajando el bóxer hasta que mi poronga asomó y saltó como un resorte.

    -Hermosa, dijo y se la quedó acariciando. Primero con el reverso y luego con la palma de su mano. La tomó y me besó con una delicadeza que yo no conocía. Su lengua resbaló por el frenillo, haciéndome estremecer. Se la puso en la boca y entró a chuparla muy despacio. Los labios acariciaban y la lengua jugaba como queriendo enroscarse.

    -Creo que si sigue así no podré aguantar mucho…

    -No importa. Tenemos tiempo si es que tú puedes…

    -Sí, claro… Si era por tiempo, disponía. Y de lefa también!

    Efectivamente su juego me llevó al orgasmo en unos minutos. Una acabada larga a la que Martha no hizo más que saborear. No desperdició nada y se bebió todo. Siguió chupando y lamiendo hasta dejar mi verga limpia.

    -Aunque tú no lo creas, es la primera vez que lo hago. Te confieso que con mi esposo el sexo era muy tradicional, muy limitado. Fue mi primer y único hombre. Nunca me pidió que se la mamara… nunca me chupó la concha. Ay! …es que me siento rara usando este lenguaje. No es que sea pacata pero tampoco acostumbro. Solo quiero ser categórica y que entiendas lo que me pasa!

    -No se haga problema, Martha… la entiendo. Por mi poca edad, tampoco soy experimentado. Pero haré lo posible para satisfacerla.

    -Te agradezco… tu abuela me cedió un tesoro. Dijo y se entretuvo otra vez en mi verga.

    -Me gustaría que se acueste y deje que me ocupe de su sexo. Quiero chupar su concha!

    -Claro… además me excita que lo digas y pidas de esa forma. Las palabritas “sucias” hacen efecto.

    Se acostó aún con la enagua. Se la levanté y encontré sus calzones, también negros, clásicos. Se los bajé lentamente y asomó un matorral de pendejos apenas recortados. Ella estaba expectante. Increíblemente, para su edad, sería la primera vez de sexo oral. Le acaricié los pendejos, deslicé un dedo por su raja y se estremeció. Pero más lo hizo cuando le di la primera lamida… otra y muchas más. Se retorció en la cama.

    -Mmmm, si, si… así. Me gusta, me gusta.

    Me sentí importante, me sentí hombre. Le bajé los breteles para ver sus tetas de pezones erizados. Estaban buenas todavía, mejores que las de mi abuela. Se las fui mamando y sobando hasta hacerla gemir fuerte. Mi verga, a todo esto, ya se recuperaba y tomaba erección. Volví a besar su sexo para trabajarlo con la lengua cual experto en esas lides. Hasta que acabó en un orgasmo increíblemente intenso.

    -Ay Señor mío… valió la pena! Qué locura, gracias Gero. Ahora me doy cuenta que nunca había tenido un orgasmo de verdad… Qué placer!!!

    No la dejé enfriar. Me le puse encima para enseguida buscar su hueco con mi estaca dura. No anduve con vueltas y en cuanto la orienté fue para penetrarla. Se quejó.

    -Despacito por favor. No ha sido usada en mucho tiempo y es como que tiene que ser desvirgada otra vez.

    Eso me puso como loco. La verdad es que sí se la sentía cerrada. Poco a poco la penetré toda. Suspiraba y me clavaba los dedos en la espalda. Se fue habituando. Tomé coraje y aumenté el meneo.

    -Aaah, si… cógeme, cógeme fuerte, asiiiii

    De pronto me detuve

    -Qué pasa? Hay algo mal?

    -No… la quiero coger de otra forma. Póngase de rodillas y apoye sus codos en la cama.

    Se levantó y lo hizo. No me demoré nada en volver a entrar. La agarré por las caderas para empujar y ensartarla de un solo envión.

    -Ay, ay… que adentro se siente!!!

    -Le gusta?

    -Mucho… me encanta. Eres un gran macho. Tantos años de coger poco y sin sentido! No me creas una puta… solo que disfruto lo que no tuve antes! Cógeme fuerte!

    Sin compasión, mi cogida fue feroz, ansiosa y furiosa. Tanto como furioso fue su nuevo orgasmo y el lechazo que tiré en su interior.

    -Ay, Dios mío. Que caliente tu lechita, me quema adentro. Me has hecho muy bien, muy feliz! He vuelto a vivir!

    Nos quedamos descansando hasta que mi verga revivió y sin preguntarle me le puse encima para propinarle una nueva y furibunda cogida. Quedó extenuada y yo también.

    -Te irás a casa?

    -Tal vez no. Llame a mi abuela y dígale que no se preocupe. Y que invente algo para tranquilizar a mi madre! Ja!

    Me invitó a comer algunas frutas, algo liviano ya que después seguiría una noche intensa. Dormimos por intervalos, despertábamos y cogíamos. Hasta que se volvió a hacer de día. Ya la cama era un revoltijo, con sábanas llenas de lefa y flujos. Nos levantamos. Ella cambió las sábanas y nos fuimos a duchar. Después desayunamos y dormimos hasta el mediodía. Entonces fue ella la que me buscó. Se me montó para orientar mi verga y penetrarse ella misma. Me cogió a buen ritmo mientras desde abajo le chupaba las tetas. Acabó en un ya más tranquilo orgasmo y después se dedicó a sacarme la leche que me quedaba a chupones y lengüetazos.

    Me invitó a almorzar para después acordar que me fuera a casa o aquello terminaba en escándalo!

  • Patricia una vecina casada (Capítulo 11)

    Patricia una vecina casada (Capítulo 11)

    Continuamos con la celebración de nuestra amiga Patricia seguíamos en Santa Marta después de una noche de sexo en grupo, de lujuria desbordante, al otro día la pasamos en la mañana echados alrededor de la piscina unos enguayabados, otros nadando, jugando cartas o domino. El almuerzo fue un asado en donde todos participaron tan solo en la tardecita salimos a la ciudad a caminar, comprar y tomar cervecita helada.

    Regresamos a eso de los 11 de la noche. La mayoría de desnudaron y a la piscina calentamos de lo que había quedado del asado.

    Yo pensé que no íbamos a tener acción pero eso no era posible, la chiquitina de la Pamela comenzó El desorden con Argemiro y su esposa la Ernestina entre ambos le acariciaban su cuerpo y ella embelesada se dejaba, mamándole la verga a Argemiro.

    Patricia siguió con El guajiro ya que no estuvo con él, la noche anterior parados en un costado de la piscina de besaban y ella le masturbaba la verga, Astrid ya estaba en conversaciones serias can Carlos quien la abraza por la espalda acariciándole la cuquita y las tetas, Alcira muy contenta con dos de los barranquilleros de dedican a bailar muy sexualmente tocándole todo su cuerpo,

    Laura, Elizabeth conversaban dentro de la piscina con Elmer y Raphael muy abrazaditos lo que rápidamente fueron penetradas y folladas.

    Cecilia era abordada por Gregorio y el Arturo, con quienes se besaban y sus manos acariciaban sus vergas.

    Cartagena, Natalia y Daniela bailaban con Alex, Ramiro y Antonio.

    La Isabel venia Del baño completica desnuda con sus zapatos de plataforma y tacón 12 cm. Se para en El borde de la piscina.

    – A que rico a culear a gozar Yo quiero verga en cantidad y calidad.

    Y se encamino a donde Patricia y Abelardo

    Juntándoseles se arrodilla y le mama la verga.

    – Ha esta Si es una verga deliciosa que cosota la que tienes papacito.

    Entre las dos recorrían su verga deliciosa con sus labios y lengua encontrándose varias veces en su glande compartiendo sus salivas besándose.

    Yo me uní al trio de Alcira con los dos barranquilleros Antonio y Alex abrazando por la espalda de Alex y agarrándole la verga, pegándole mis tetas a su espalda, mis labios besaban su cuello luego El esposo de la otra barranquillera Lucrecia me abraza por la espalda metiéndome sus dedos de la mano derecha en mi cuquita y la izquierda acariciaban mis tetas. Me abro de piernas sintiendo su verga rozar mi trasero. Con la Alcira nos acostamos y dejamos que nos chupen y lamban nuestras cuquitas y acaricien nuestros cuerpos.

    Los tres se deleitaban intercambiándose y el que quedaba solo a ese entre ambas le mamábamos la verga. La música ahogaba los gemidos y gritos de placer de todos.

    Continuando en esa pose nos penetran por nuestros traseros muy despacio como en cámara lenta, sintiendo sus vergas en nuestras paredes anales entrar y salir como dos pistones que van acelerando poco a poco, hasta desbocarse en rápidas y placenteras penetraciones, hasta hacernos venir en chorritos de líquidos, orgasmos excitantes que nos dicen que todo vale la pena.

    Que no hay que escatimar en gastos ni perjuicios, el todo está en disfrutar de estos momentos.

    Cambiamos de pos, acuesto boca arriba a Alex y me le monto encima de espaldas a él y me penetra nuevamente el trasero y se nos monta encima Anselmo y me penetra mi cuquita. Dando comienzo a uno de los mejores placeres sexuales que nosotras las mujeres podemos disfrutar, doble penetración doble placer, dos vergas dándome con todo sin remordimiento, con toda satisfacción.

    Me encantan esas sensaciones que electrizan tu cuerpo llevándolo a un éxtasis subliminal, desgonzándote por completo a merced del placer puro, hasta venirte en un orgasmo largo, continuo.

    Al lado, la Alcira follaba sentada sobre Antonio moviendo su trasero a toda su cara descompuesta por el placer, mordiéndose los labios, se agachaba y se besaban como desesperados por la emoción del momento.

    Anselmo descansa sacándomela y Alex continúa follándome por unos minutos más dándome más placer.

    Se levanta y va al baño a lavarse y yo me mando de cabeza a la piscina refrescándome estaba que sudaba a mares nadando suavemente flotando, descansando.

    Patricia y Astrid me acompañan. Conversamos de lo bueno que la hemos pasado, la locura.

    La Elizabeth y Laura se sientan en el borde también a descansar un poco para poder continuar follando con los pocos sobrevivientes que dicha batalla sexual iba dejando.

    Yo por lo menos ya estaba en stand bye y nos dedicamos fue a tomar roncito, fumar cigarrillitos y conversar de todo un poco, terminando un día placentero acostándonos como a las 3 de la mañana.

    Al otro día me levante como a la una de la tarde a preparar cafecito. Nadie quiso que saliéramos por lo que pedimos el almuerzo a domicilio.

    Los que venimos de Bogotá nos devolvimos ese día tarde en la noche, terminando un delicioso fin de semana. Y hasta aquí este relato.

    DIANA LUCIA SAAVEDRA

    [email protected]

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (52/59)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (52/59)

    Había resultado increíble el polvo que me había dado aquel joven aun, sin terminar de formar su cuerpo y de apariencia desgarbada. la pastilla que Eduardo le había hecho tomar le mantenía la barra de carne morena y gruesa continuamente dura y con las venas que estallaban.

    Me hacía gritar entre suspiros y sollozos, quejas que no era tales si no la expresión suprema de mi placer.

    -¡Ummmm! ¡Qué rico sabe! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Fóllame Yasin, dame verga amor. -repetía cada vez que la polla entraba con fuerza en mi vientre reventándome las paredes, causándome un ligero y soportable dolor al vencer la resistencia de mi recto, y lo abría para penetrar donde nunca nadie, solo él, había conseguido llegar.

    -¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! – gruñía Yasin cuando sacaba su verga reluciente y bañada en jugos de mi vientre.

    -¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! -cambiaba la canción según el ritmo de las entradas de la verga, empujando las caderas hasta chocar sus huevos henchidos de semen contra los míos.

    Terminamos en ese postura, suficiente para que en diez minutos gritara y moviera el culo apretándole la verga al llegarme la leche hasta la punta de la polla y saliendo en disparos cortos y abundantes.

    Me permitió que fuera el primero en correrme, y él aguantó hasta verme relajado, satisfecho al dejar de aprisionarle el pene con la presión de mi ano, continuó entrando y saliendo pero ahora a mucha velocidad y sacando una pequeña porción de verga para volver a meterla con enorme fuerza. A pesar de terminar de vaciarme los huevos gozaba al sentir la maza de carne ocupando todo mi ser y llenándome.

    Empezó a vaciarse los huevos en el fondo de mi culo, muy al fondo de mi tripa, y sentía el calor de la simiente cuando me la depositaba en mi interior golpeando las paredes.

    -¡Ohghhh! ¡Ohghhh! ¡Ohghhh! -Yasin se ahogaba, mientras sin moverse, me llenaba como todo un semental. -continuó con su verga en mi culo, moviéndose entre espasmos y poco a poco se calmaba cuando los disparos de semen se fueron espaciando, hasta dejarse caer en mi espalda con el pecho empapado en sudor.

    Cuando al fin se desenchufó de mi culo me sentía muy abierto, como un profundo pozo mirando el cielo en la tierra infértil y sedienta de agua, aunque ahora yo estaba lleno de leche. Tardé unos segundos en controlar mis esfínteres y hacer que se cerraran para que la preciosa carga no saliera perdiéndose en la blanca sábana.

    Miré a Eduardo sentado en el sillón, sin poder dar crédito a lo que terminaba de ver, su antes poderosa polla se había engordado un poco sin terminar de ponérsele dura, y de los pellejos que le tapaban el prepucio escurría un hilo de seminal.

    Me arrodillé prontamente entre sus piernas, y cogiéndole la verga en mis manos se la masturbé dos o tres veces, milagrosamente respondía a los estímulos que le daban mi mano, me la metí en la boca y aspiré mientras despellejaba su glande y lo acariciaba con la lengua.

    Sin llegar a ponérsele dura comencé a sentir las contracciones en la base de la polla, dispuesta quizá por última vez, a vaciar el contenido de sus huevos en mi boca.

    Miraba arrobado y amoroso, desde mi posición arrodillado, la cara asombrada de mi amado viejecito, gozando la mamada que su puto preferido le otorgaba. Me acariciaba el cabello a la vez que yo le pasaba la lengua por su blando pene para no perder una sola gota de la esencia de aquel macho ya caduco.

    Bebí su leche caliente y dulce disfrutando del sabor delicioso que tenía.

    -Gracias mi bebé querido. -le acompañé hasta la puerta cuando se levantó.

    Yasin se quedó conmigo, tumbado a mi lado.

    -¿Quieres ducharte para marchar? -se giró y se colocó sobre mi, como me pesaba abría las piernas para que apoyara las rodillas en el colchón.

    -Eduardo me ha pedido que pase la noche a tu lado y te de lo que tu quieras. -volvimos a unir nuestros labios, a besarnos tranquilamente gozando, ahora si de comerle la jugosa boca.

    Pude volver a chuparle su hermosa y delicada verga, a tenerla profundamente metida en la garganta, saborear los deliciosos jugos que sus huevos secretaban, acariciarle entero y volver a tener su verga en mi culo.

    Tuvo que tomar otra pastilla azul para aguantar las tres corridas de su precioso elixir, una para que la degustara compartiéndola con él pasándolo de boca a boca, otra con la que me regó la cara cubriéndomela de leche que luego lamió con su enorme lengua roja, también compartido, y la última volviendo a rellenarme las tripas, fue un preciado regalo el que me hizo.

    Me quedé dormido con su verga clavada en mi culo, y lo supe cuando al día siguiente lo sentía dolorido.

    ————————————-

    A mediados de Septiembre comencé las clases en la universidad y reanudé las de baile y guitarra, Ian iba por allí pero solo hacía ejercicios de piernas, le habían quitado la escayola pero tenía que ir a recuperación antes de utilizar ese brazo en la danza.

    En Marzo del año siguiente Álvaro tuvo la niña que le dio Irina, y a Alberto le habían terminados las obras de reforma uniendo los dos estudio. Me llevó un día para que viera como le había quedado.

    -¿Qué te parece? Aun falta algún mueble pero tampoco pienso llenarlo. -en la planta baja le había quedado un enorme espacio como sala, la cocina no era mucho más grande que antes, también dos habitaciones con sus cuartos de año y solamente tenía una amueblada. Los muebles eran escasos, los suficientes y mucho espacio libre para transitar.

    Me dirigí hacía la escalera para subir a planta superior, donde antes tenía el dormitorio.

    -Arriba no he hecho nada aún, no lo necesito de momento. -subimos y como me había advertido aún era solo un local vacío y sin separaciones.

    Cuando salíamos me di cuenta de que ahora todo el final de la galería era suya, tenía unos dos metros de anchura por ocho de longitud, parecía excesivamente grande y desangelada estando vacía.

    -Podías coloca unas macetas de adorno, las flores se darían bien con tanta luz. -se quedó observando un momento, imaginando lo que se podría hacer.

    -Tienes razón, además alegrarían la entrada, ¿se te ocurre que plantas quedarían mejor? -hacía algunos días que había visto en la televisión, con Eduardo a mi lado, un reportaje sobre la plantación de lirios en Holanda y me habían gustado mucho, sobre todo una variedad de amarillos y azules.

    -Planta lirios, quedaran preciosos y puedes pedir los bulbos a Holanda, son de los más bonitos y aquí tiene luz suficiente. -me habían gustado tanto las innumerables variedades que seguí el reportaje realmente interesado.

    -¿Te ha gustado como va quedando? -me miraba buscando mi aprobación y no le iba a mentir, porque no era necesario, era una bonita y espaciosa vivienda, quizá demasiado grande para él solo.

    -Es preciosa Alberto, creo que has acertado al decidir quedarte aquí.

    -Ya solo falta algún pequeño detalle y alguna lámpara, pienso que ha merecido la pena endeudarme para treinta años.

    ————————————-

    Me sentía muy nervioso esperando el resultado final de las dos asignaturas que faltaban, a pesar de que Oleguer me hubiera intentado tranquilizar diciendo que estaba seguro de que todo saldría bien. Los nervios me traicionaban cuando a la tarde llegué para ver las notas ya expuestas en los tableros, Alberto había pedido esa tarde libre para llevarme hasta el campus.

    Me temblaba el dedo siguiendo la lista de los DNI en sentido descendente, y allí estaba yo, (7,5), me salió un hondo suspiro y Alberto me dio un cariñoso empujón.

    -¿Has visto? Siempre piensas lo peor y que no vales, ya no volveré a creerte cuando te quejes.

    -¡Joder Alberto, éste soy yo! Un 7,5, mi mejor nota.

    -Aún te queda por ver la última.

    -Esa seguro que no la he aprobado, iba muy mal en ella, la que más trabajo me ha dado y me ha impedido dormir bien.

    -No hables antes de tiempo. -repuso sin creerme, pero era verdad, la estadística se me atragantaba. Nos desplazamos al siguiente tablero que correspondía e inicié el mismo arduo trabajo de seguir la larga lista hasta encontrar mi número.

    Me empezaron a correr las lágrimas cuando vi el resultado sin podérmelo creer, tanto esfuerzo había merecido la pena, tenía un seis que no esperaba ni en el más remoto pensamiento.

    Alberto me abrazó y me limpio él mismo las lágrimas.

    -Vaya con el chiquillo, tanto sufrir…, ahora lo celebraremos.

    -Lo he pasado todo, ¿no es increíble? -le abrazaba contra mi loco de alegría.

    -A ver Ángel, era lo que Oleguer esperaba y me fío más de él que de ti, pero me alegro porque se que lo has dado todo. -no pude evitarlo y me empiné para llegar a sus labios y besarle.

    -¿No tenemos que ver alguna más de tus notas? Quiero seguir recibiendo más besos. -soltamos los dos la risa y me cogí de su brazo para salir de la facultad e ir a recoger el coche.

    Habían pasado doce meses, un año lleno de acontecimientos, buenos y malos: El nuevo ser que había llegado para alegría de la familia Bergara, la noticia me la comunicó Victoria, su hijo no fue capaz de hacerme una llamada. Me alegré con ella y por don Mateo. Otra de las buenas cosas que habían pasado, fue la terminación las obras en el apartamento de Alberto.

    ¿Las malas? Porque en la vida hay de todo: Los informes de los médicos sobre la situación de Eduardo, estaba realmente mal, sin que su organismo pudiera aceptar el tratamiento con nuevos fármacos.

    Tuvo periodos de tiempo que estuvo decaído, otros en que se recuperaba y volvía a mantener su febril actividad, hasta que llegó a estar permanentemente postrado en la cama y sin salir de su habitación. Incluso dejó de someterse a los masajes que le aplicaba Nestor su masajista.

    Mi atención a los miembros de la sociedad se habían interrumpido hacía algunos meses, había tenido encuentros innumerables, creo que con todos los miembros de la organización, algunos repetidos, había vuelto a estar con Andrés y Millán, los primeros miembros que me follaron el culito, también con otros como el notario, todos personas sobresalientes de su grupo.

    La necesidad, o capricho de Eduardo, por disfrutar viendo como era follado por varios de los profesionales de la agencia, había terminado bastante antes. Me dio permiso para que llamara si yo quería que alguno viniera, y lo hice sin que él participara, sobre todo me pedía a Yasin con el que estaba más a gusto. También decidí dejarlo agobiado por los estudios.

    -Esto se acabó Angelito. -permanecía sentado al costado de su cama, a veces desviando la mirada al retrato sobre la chimenea de mármol, de aquella hermosa dama que había sido su mujer, aquellos días pasaba horas a su lado.

    -Tonterías Eduardo, volverás a levantarte. -intentaba animarle adoptando una posición de indiferencia.

    -Es posible que sea como dices, pero no me refería a mi estado. Quería decirte que a partir de ese momento no tienes ningún compromiso conmigo, no volveré a aceptar los encargos que me llegan, se acabaron todas tus obligaciones, si deseas seguir usando los servicio de la agencia puedes hacerlo, pero será porque tu quieras. -yo no pensaba que era una obligación lo que estaba haciendo, ese era mi trabajo, el que me habían enseñado, en el que Pablo me amaestró hasta el punto de que gozara cumpliéndolo.

    -Es lo único que se hacer. Tu no me has obligado nunca. No voy a saber que hacer si tu faltas. -en parte había mucha verdad en lo que decía, aquel hombre había conseguido, con su amabilidad, simpatía, cariño y preocupación por mi, que me volviera dependiente de él, más allá de la herencia que me dejaba había un sentimiento de sometimiento a su voluntad y su persona, yo era feliz si le veía contento por mi proceder. Quizá no sea la comparación correcta, pero nuestra relación se parecía a la que mantenía con Dulce, salvando las distancias de que Dulce era un animal y yo una persona.

    -Angelito, sabes hacer muchas cosas, eres un muchacho como todos los demás, estudias y según tus profesores no eres malo, y esta ese muchacho, Alberto, que te hace tanta compañía.

    -Sí, es un buen amigo, siempre que puede está aquí para ayudarme. -el enfermo me miró y no reía para no gastar sus fuerzas.

    -Me gusta ese chico para ti, él te cuidará, y estoy seguro de que a ti también te agrada, si dices que no es así, te engañas a ti mismo. -como casi siempre, sabía que decía la verdad y estaba en lo cierto.

    Las cosas no cambiaron después de esa conversación, y no volvió a levantarse, más que para ir al baño o para que le asearan, le mantenía con nosotros su inquebrantable amor a la vida y su tesón para la lucha.

    Como Eduardo había dicho, ya estaba muy seguro de que amaba a Alberto y podía jurar que a él le sucedía lo mismo, peo ninguno nos decidíamos a dar el primer paso y no pasábamos de ser los mejores amigos que alguien pudiera tener.

    -¿Me había olvidado de Álvaro, de Pablo? No, no y no. Nunca lograría arrancarlos de mi mente, pero había otra persona en la no dejaba de pensar en cada momento, diferente a mis dos antiguos amantes, muy distinto y mejor para mi.

    Dos días más tarde, después de haberme acompañado a la facultad para conocer mis notas, recibí su llamada, ya estaba hasta enojado con él, eso no era su costumbre e iba a llamarle yo.

    -Tenemos una celebración pendiente, ¿o ya no te cuerdas? -su voz sonaba con la misma alegría de siempre.

    -Lo único que tengo seguro es que llevas dos días sin llamarme.

    -Vale, ¡perdón, perdón! No te enfades, he estado preparando la fiesta y eso lleva su tiempo. -mi enfado se lo tomaba a risa y no le preocupaba.

    -No necesito una fiesta, te necesito a ti… -me detuve inmediatamente al darme cuenta de lo que terminaba de salir de mi boca.

    -Repítelo.

    -¿El qué?

    -Lo que acabas de decir, vuelve a repetirlo.

    -Es una forma de hablar.

    -Pues quiero escucharlo otra vez, o mejor, mil veces.

    -No digas tonterías Alberto.

    -De acuerdo no insisto, pero te recojo a la tarde.

    Corté la comunicación y me tiré sobre la cama con el corazón galopando como un caballo desbocado. Una conversación de dos minutos conseguía que temblara y que el temor al futuro me estremeciera.

    Amaba a Alberto, se había convertido en una necesidad para mi, su compañía, su presencia me eran tan necesarias como respirar, y todo eso se había ido produciendo, gestando lentamente a lo largo de casi dos años sin pretenderlo, sin forzarlo, había surgido de la nada.

    Ahora tenía miedo a enfrentar mi pasado, a lo que él pudiera pensar de todo lo que había sido mi vida anterior, había sido un puto de lujo hasta hacía escasos meses, innumerables importantes hombres de la ciudad me habían tomado, era cierto que Oriol había pasado por mi misma situación y David lo había aceptado, pero yo no era Oriol ni él era su amigo David.

    Cuando Alberto llegó a buscarme estaba en la habitación de Eduardo, sentado a su lado leyéndole un libro que no terminaba nunca, y desde hacía más de una hora vestido y preparado para su llegada.

    “Resulta humillante, por no decir más, tener que recitar las tablas de multiplicar con esa pandilla de niños del Medio Oeste. Cinco por doce, sesenta. Pero lo más duro es mantener mi voz lo más baja posible, la cabeza gacha, para que la maestra, una mujer de mi misma edad, no se fije en ese niño raro que garabatea la confesión de su vida.”

    (de Las confesiones de Max Tivoli, por Andrew Sean Greer)

    Eduardo había mantenido los ojos cerrados y en ese momento los abrió.

    -Es mejor que no sigas leyendo, pierdes la entonación y tu cabeza está en otro lugar muchacho, leer no es jugar a las canicas. -me arrancó una tierna sonrisa de ternura, parecía el mismísimo “Max Tívoli”, un niño en el cuerpo de un viejo que hace el camino al revés, razonando como niño siendo anciano.

    -Alberto ha preparado una fiesta para celebrar mi aprobado en la universidad y viene a buscarme. -adivinaba su mirada fija en mi a través de las rendijas de los párpados.

    -Coge lo que la vida te ofrece, lo que desees tómalo también si puedes pagarlo, que sea con respeto, pero no te niegues a tenerlo cuando puedes. -suspiró y se pasó la lengua por los labios resecos.

    -Háblame más claro para que te entienda. -le sujeté la trémula y huesuda mano.

    -Ese muchacho, ese Alberto, no dejes que se te escape, llévatelo a tu terreno, algunos necesitan que se les empuje para que hagan lo que deben. -volvió a cerrar los ojos y a respirar sin notársele.

    Sentí una mano sobre mi hombro y la agarré imaginando de quien era. Me sujeto con suavidad como un aviso para me levantará y salimos silenciosamente de la habitación, al instante se levantó un enfermero que pasó a ocupar mi lugar para vigilarle.

    -Podemos ir en mi coche y después te devuelvo si tu quieres. -había dejado su coche en las puertas de las cocheras sin meterlo y estuve de acuerdo con su idea.

    Pensaba que me llevaría al bar de costumbre, donde están nuestros amigos pero luego se desvió cogiendo la dirección de su casa.

    -Creo que mi chofer ha equivocado el camino, ¿es la costumbre? -Alberto se rió con suavidad y puso la mano derecha en mi muslo.

    -Tranquilo, no vamos a perdernos, la fiesta es en otro lugar. -sentía el peso de su mano sobre mi pierna y el suave calor que desprendía. ¿Tendría razón Eduardo? ¿Alberto necesitaría un empujón para decidirse? ¿Y si me equivocaba y Alberto no sentía lo que Oriol y Eduardo pensaban? Sería un un terrible error y la vergüenza no me dejaría volver a mirarle a los ojos. No resultaba nada fácil.

    Llegamos a su casa y en lugar de dejar el coche en la calle lo metió en el patio hacía su garaje. Las plantas en sus macetas estaba iluminadas y volvía a admirar aquella especie de patio andaluz con suelo de canto rodado.

    Cuando llegamos a la galería de su apartamento me llevé otra sorpresa, hermosos lirios amarillos y azules brillaban por los focos que había colocado en la parte superior de la fachada, encima de los ventanales que daban luz al interior y que ahora aparecían iluminados desde dentro.

    Alberto se me quedó mirando expectante, esperando mi reacción.

    -Es precioso, la entrada te ha quedado perfecta. -pasé un dedo por el pétalo de una flor que parecía una tela de terciopelo azul claro como el cielo. Sonrió orgulloso y me respondió con engreída petulancia.

    -No es nada comparado a cuando les da la luz del día, tuviste una estupenda idea. -nos quedamos un momento sin hablar y entonces escuché voces, mitigadas por las paredes y la puerta que venían de la casa.

    Pensaba en cuanta razón tenía para desear no cambiarse de vivienda, poder vivir en el centro de la ciudad, con aquella tranquilidad y aislado de los ruidos resultaba un privilegio.

    Cuando abrió la puerta entendí los ruidos de voces que escuchaba, estaban algunos de nuestros amigos sentados en el salón atendiendo a lo que sucedía en una enorme pantalla que colgaba de la pared. El salón estaba adornado con ramilletes de globos, de los mismos colores que los lirios, y de la barandilla del piso superior colgaban grandes serpentinas rizadas, plastificadas y de idénticas tonalidades de los globos, prendidas en la parte alta de la barandilla bajaban hasta el suelo.

    Me quedé con la boca abierta observando de un rápido vistazo todo aquello, entre los chicos estaban Ian y Erico. Se pusieron de pie y se acercaron a saludarme, imaginé que Alberto había dejado allí a alguno de ellos para recibir a los demás antes de ir a buscarme. Después de los abrazos y alguna broma que me gastaron observé a más gente que bajaba la escalera, Rubén acompañado de unos muchachos que no reconocía.

    En el mostrador de la cocina tenían preparadas bandejas de comida y botellas con bebidas.

    -¿Pretendes emborrachar a la gente? No te has privado para organizar la fiesta. -me sonrió sin dejar de preparar dos vasos con bebida y me entregó uno de ellos.

    -Celebrar dos acontecimientos se merece tirar la casa por la ventana, además de tus notas inauguramos la casa, ya está todo terminado, vamos arriba y ves lo que no conoces. -me sujetó de la mano y tiró de mi para llevarme escaleras arriba.

    En realidad no había cambiado mucho desde que lo vi vacío, lo habían dividido para colocar una pequeña barra de bar, parecía más un adorno para contener un pequeño frigorífico y una cocinita que no servía para otra cosa que no fuera preparar un te, pero la función principal era servir de ocultación a un aseo tras él.

    El resto permanecía como antes, había colocado una mesa de billar americano, y no entendía como pudieron meterla si no había sido desarmada y luego vuelto a montar. En otra parte tenía un gran escritorio pegado a una pared, algunos sofás estratégicamente colocados y mucho espacio libre.

    La casa le había quedado perfecta y como él quería.

    -Realmente acogedor, puedes estar contento del resultado, ya lo tienes todo completo. -se me acercó y me cogió la cintura.

    -Aún hay algo que falta para que resulte perfecto, pero creo que en breve pueda tenerlo y entonces estará completo. -sentía como sus manos se cruzaban en mi abdomen acercándome a él y posó la boca sobre mi pelo.

    -¿Adivinas lo que falta? -me sentía temblar y él tuvo que notarlo.

    -¡Alberto! -conseguí murmurar girando la cabeza lo que me permitía, y entonces me besó el cuello dejando sus labios sobre la piel unos segundos eternos.

    -¡Oh, Alberto! -estaba mareado y me mantenía de pie porque él me sostenía.

    -Sí Ángel, faltas tu para que todo esté bien.

    -¡Yo…, yo…!

    -Te amo Ángel, te amo como no puedes imaginar, solo necesito saber si tu sientes algo por mi y luego no me importará esperar lo que haga falta.

    -Creo que sí Alberto, creo que yo también te amo, pero… -me interrumpió sin dejarme continuar hablando y con lentitud me giró para ponerme de frente.

    -Te prometo que conseguiré que me ames, haré todo lo preciso para que sea una certeza. -no pude aguantar más y me sujeté a su cuello buscando unir nuestros labios. Nuestro beso no tenía un final y nos ahogábamos.

    -Si que te amo, estoy seguro de ello Alberto, pero tenemos que hablar.

    -Tenemos toda la vida para hablarnos y podrás decirme lo que desees, lo importante ya lo has dicho hace unos segundos.

    -¡Eduardo! No puedo dejarle ahora.

    -Tampoco te lo pido, ya te he dicho que esperaré hasta que estés dispuesto.

    -No es tan fácil, tenemos que conocernos mejor. -le acaricié la mejilla y después pasé los dedos por sus labios apretándolos para que no hablara, pero lo hizo de todos modos.

    -Te conozco muy bien, lo suficiente para saber que eres lo mejor que he encontrado en mi vida, que eres la persona que deseo tener a mi lado para siempre, ¿qué más cosas voy a querer saber? -nunca nadie me había hablado así, en ese tono y con ese sentimiento. Nunca Álvaro, ni Pablo, habían sido tan contundentes y sinceros manifestándome un amor tan profundamente sentido.

    Deseaba decirle a todo que si, someterme a sus deseos que eran iguales a los míos, pero el remordimiento me contenía, no deseaba empezar mi nueva vida envuelto en mentiras y engaños, él no se merecía eso.

    -Alberto…, mi vida pasada no ha sido para nada inocente, ni casta, he estado con hombres, con muchos hombres, no como tu supones con Álvaro y Pablo, ha habido muchos, ¡oh! tu no sabes. -me sujetó de los codos y me besó con fuerza.

    -Se más de lo que tu creer amor, también yo he estado con David, con Oriol, y lo tuyo era tu trabajo, además lo pasado no importa, tenemos que vivir el presente y el futuro. ¡Oh! mi amor, tu vida pasada no me preocupa. Te amo Ángel, te quiero tanto. -hablaba y se detenía para besarme y continuar explicándose.

    -Estos años próximo a ti he llegado a conocerte, y sabía cual era tu trabajo, lo externo que no tiene importancia, pero yo te veía por dentro y me desesperaba pensando que amabas a otros, y habrás podido estar enamorado, yo también creía estarlo y me equivocaba. -sus tiernas caricias me conmovían y escuchaba incrédulo todo lo que me decía, ¿cómo había estado tan ciego para no darme cuenta antes? Tuvieron que ser Oriol y Eduardo los que quisieron abrirme los ojos y tampoco llegue a creerlos

    -Alberto, mi amor. -me volvió a besar con la pasión contenida y yo le respondía ya totalmente entregado.

    -Vuele a decírmelo, dime que tu también me amas, dime que vivirás a mi lado, dime que te importo, ¡Ay! Mi Ángel querido.

    -Lo prometo, cuando por desgracia Eduardo ya no esté con nosotros, seré totalmente tuyo, viviré contigo y para ti mi amor. Ahora será mejor que bajemos, van a pensar mal de nosotros. -Alberto se echó a reír con una alegría diferente a como lo hacía antes

    -No creo que les preocupe mucho, tienen bebida y comida para entretenerse. Quiero pedirte un favor, un favor muy importante. -elevé la cabeza para mirarle y vi su rotunda y maravillosa sonrisa.

    -Lo que quieras, pídelo. -me dejó suelto y solo me sujetaba la mano cuando colocó una rodilla en el suelo y elevó la vista mirándome con brillos en la mirada.

    -¿Quieres ser mi novio? ¿Puedo anunciarlo cuando bajemos? -me había dejado perplejo al arrodillarse, y sus palabras hicieron que mis rodillas temblaran, caí arrodillado a su lado abrazándome a él.

    ¡Ohh! Alberto, mi amor. Si quiero, deseo ser tu novio y puedes pregonarlo donde quieras. Desde ahora soy solo tuyo y para ti, tu tienes que decirme lo mismo. -le cogía la cara y no dejaba de besarle emocionado. Me había pedido que fuera su novio, de verdad tenía a alguien que me amaba, caíamos al suelo perdiendo el equilibrio a la vez que lloraba y reía.

    Seguirá…

  • Exhibiéndome con mi vecino viejo

    Exhibiéndome con mi vecino viejo

    Cierta noche de lluvia regreso a casa y veo que mi vecino estaba solo en su casa, y como mis padres no estaban decidí golpear a su puerta y pedirle si podía esperarlos debajo de su techo de enfrente. Inmediatamente me dijo que pase y los espere dentro si quería. Acepté y pasé simulando que tenía frío.

    Hablando y tomando café, me ofreció cambiarme de ropa por otra seca de su nieto mientras se secaba la mía. Acepté y espere mientras él iba al cuarto de visitas, cuando volvió me dijo que lo disculpe que su nieto había llevado todo y solo había cosas de su nieta más chica.

    Un minuto después me preguntó si me animaba a usar un pantalón de la nieta… ya que notaba que teníamos la misma edad y cuerpo. Le dije que sí.

    Después de tender mi ropa muy amablemente, me invitó a pasar al cuarto y me dijo que vea que había y elija tranquilamente.

    Cuando abrí los cajones había 3 short cortos, una pollera y un vestido, más varias calzas y ropa interior.

    Al salir del cuarto con la toalla puesta me preguntó si nada me había andado y le contesté que sí y dejé caer la toalla y le dije: ‘esta falda de jean’.

    -Te queda bien -me dijo- aunque es muy cortita así que ten cuidado de no agacharte mucho. Tenés algo debajo?

    -Si, una calza.

    Levante la falda y se le mostré un poco. La calza era cortita y negra y se me metía bien en el culo para parte de atrás.

    El viejo se me quedó mirando y me dijo:

    -vaya! ¿Habías usado unas antes?

    – No nunca!

    – ¿Y qué te parece?

    – Me gusta, es muy cómodo. Ni la siento puesta

    – Pareces una nena de espalda.

    – En serio?

    – Si, con ese pantalón del 1 al 10 te doy un 8

    Entonces me di media vuelta y le dije:

    -¿Y la bombacha? ¿Qué tal me queda?

    Bajé la calza hasta la rodilla y quede con una tanga negra y diminuta…

    (Continuará en el siguiente relato)

  • Llenando de leche las bragas de mamá

    Llenando de leche las bragas de mamá

    Esta es una de las historias más excitantes que te tenido hasta el momento, me llamo Joel tengo 25 años, esta historia sucedió cuando tenía 18 años, ya tiene algo de tiempo pero vaya que fue buenísima, mi madre se llama Lorena ella en ese tiempo tenía 41 años de edad, es una mujer promedio, es de baja estatura tiene pechos no tan grandes, pero los suficiente para llenar sus brasieres, es de piel morena, no muy bonita, como decía es normal, lo que si destaca es su trasero, este es grande redondo y muy duro para su edad, un señor culo se podría decir.

    Hasta esa día, nunca tuve alguna obsesión con ella, de vez en cuando se ponía minifaldas y le veía el culo, como se le marcaba sus bragas, si paso un par de veces por la cabeza el cogerme ese culo, pues a los 18 estas que ardes con la hormonas.

    Bueno mis madre y mi papa están casados, tiene una buena relación y yo soy hijo único. La historia se remonta al 2012, en las vacaciones de verano recuerdo que en esas fechas los estudiantes tenemos por lo regular un mes de vacaciones, entonces mi familia casi siempre salía de vacaciones a algún lugar, en esa ocasión mi papa dijo que fuéramos a unas montañas, pues el clima frio y el aire limpio será bueno de vez en cuando, además que las playas están saturadas, entonces las montañas serian algo más tranquilo.

    Para eso mi papa invito a su mi tía (su hermana) para hacer el viaje más ameno, con ella iría su esposo y sus dos pequeñas hijas, en total 7 personas, el viaje estaba programada para salir un sábado temprano como a las 8 de la mañana, nos irías en la camioneta de mi papa que es algo espaciosas, pero debido a que nos iríamos como 2 semanas, y acamparíamos es claro que llevamos muchas cosas tal que se llenó la cajuela y tuvimos que poner maletas en las asientos de los pasajeros para poder irnos.

    Mi papa y el esposo de mi tía así como uno de sus pequeñas hijas iría en la parte de adelante, mi tía y su otra hija también pequeña irían del lado derecho, en medio pusimos varias maletas encimadas, tal que solo quedaba un lugar y faltaba mi mama y yo, un lugar y dos personas, el caso es que en tono de broma mi tía dijo, “cuñada vete en las piernas de Joel”, a lo que mi papa y mi mama la vieron como una buena e idea, mama me pregunto que si tenía un problema con ello, a lo que dije “pues no”, el caso era irnos ya.

    Como el viaje era de unas 3 horas de camino, y el verano arreciaba con calor tremendo, mi mama salió con un vestido blanco casi tras lucido, a contra luz se podía ver que llevaba unas bragas más o menos chicas, al ver eso me puse medio duro, pero se bajó rápidamente, por mi parte llevaba un short de playa de esos delgados para poder ventilarme bien en el camino, el caso es que nos subimos a la camioneta y paso como 1 hora de camino, mis papas y mis tíos iban platicando pero por el calor mi tía y sus hijas se quedaron dormidas, mi papa y mi tío platicaban de política y futbol.

    Entre mi aburrimiento, empecé a pensar “oye tiene el culo de mama sentado sobre tu pene”, y pues el culo de ella si era un buen culo, entonces para de ese momento no pude sacarme esa idea de la mente y me puse bien duro, creo que mama lo sintió por que se empezó a acomodar varias veces al parecer la incomode. Al llegar como a la mitad del camino mi papa dijo que empezaría un camino de terracería o sea de tierra y piedras así que la camioneta saltaría y que nos agarráramos bien.

    Con cada salto que daba la camioneta, el vestido de mama se subía cada vez más incluso le llegaba a un poco más arriba del muslo, en eso mi mama saco su teléfono pues quería tomar unas fotos del camino, al tomar su teléfono, la camioneta salto y el teléfono cayo debajo de nuestros pies, ella dijo “espera me voy a agachar para tratar de tomarlo”, como el lugar esa muy chico movió un poco las maletas para tener espacio, entonces ella se agacho y su falta se subió mucho, pero ella no se dio cuenta.

    En eso pude ver su gran culo cubierto por unas bragas negras de encaje, que están a menos de 30 centímetros de mi vista, en ese momento me puse como piedra, pues ella seguí buscando el teléfono y movió ese culo de un lado a otro, tenía unas ganas de hace un lado esas bragas para ver su coño y darle unas lamidas, lo más que pude hacer fue ponerme a escasos 10 centímetros o menos para oler. Para ese momento mi pene ya había secretado líquidos preseminales y me short está más que manchado por eso.

    Cuando ella tomo su celular, se sentó de golpe en mi otra vez, me doblo el pene de tan duro que estaba di un quejido, ella me pregunto si me dolió, lo que ella no sabía era que su falda seguía tan arriba que mi pene quedo gusto debajo de sus bragas, yo lo sabía por qué todo su vestido estaba sobre mi ombligo, el sentón me dolió pero no dije nada para que ella no se acomoda la falda, no podía creer que su pucha y mi pene estaban separados solo por sus bragas y mi delegado short.

    Los saltos de la camioneta se hacían más fuertes, entonces le dije a mama que la tomaría de la cintura para que no se fuera a ir de lado o a golpear, y en cada salto ella daba un pequeño brinco y yo la regresaba con un sentón contra mi pene como si me la estuviera cogiendo, cuando se movía de lado la camioneta tratada ve tallarle mi verga en sus bragas, el líquido seguía saliendo pues sentía calientito a cada rato.

    Fue como media ahora entre sentones y tallones a sus hermosas bragas que ya no aguante más, y me corrí como loco, la tome fuerte de la cintura y la restregué fuerte contra mi verga, sentía que le está viniendo dentro de ella, ella sintió la corrida estoy seguro puesto metió su mano entre su vestido pero me di cuenta y me moví rápido haciendo como que la camioneta salto para evitarlo, esto no podía terminar ahí anda más, tenía que ver una vez más esas bragas pues quizás sería la última vez, así que le pedí su teléfono diciéndole que quería tomar unas fotos del paisaje pues el mi celular estaba en mi bolsa y no podía sacarlo ella dijo que sí.

    Cuando me lo iba a dar torpemente lo solté con la intención que ella se agachara de nuevo, y así fue, le dije “que idiota se me cayó, oye ma me lo podrás pasar”, ella dijo que si, se agacho y cuál fue mi sorpresa mi leche había mojado sus bragas tenía una enorme mancha de semen en sus bragas junto donde iba su pucha, me acerque para oler y en efecto era olor a semen, me sentí soñado, en eso saque mi teléfono rápido del mi bolsillo y tome una foto de ella empinada con las bragas manchadas de leche. Al llegar a hotel de las montañas, nos bajamos como si nada y cada que podía me hacía unas pajas viendo esas fotos, deseando volviera a pasar.