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  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (59/59): Epílogo

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (59/59): Epílogo

    Mi grito de alegría sonó en exceso desgarrado, me lancé a su cuello en el momento en que Tomás abrió la puerta para permitirle la entrada.

    -¡Pablo! ¡Has venido!. -y no esperé la respuesta, me elevé sobre las puntas de mis pies descalzos para besarle la boca y abrazarme a su cuerpo desesperado.

    Él me abrazaba entre risas intentando contenerme, pero respondiendo a mi ansioso beso, primero con dulzura y después con pasión no contenida. No solamente yo estaba nervioso, Dulce ladraba exigiendo que Pablo le prestara atención intentando trepar por nuestras piernas.

    -¡Que dos locos Dios mío! -me depositó en el suelo para inclinarse y sujetar entre sus brazos a Dulce que le lamía la cara.

    Tomás cogió la pequeña bolsa que había traído Pablo, y esperaba imperturbable a que iniciáramos el camino o a recibir alguna orden.

    -¿Quizá el señor desea que le prepare algo para cenar?

    -¡Hola Tomás! No tienes que preocuparte, solamente estoy algo cansado. -Tomás caminó delante de nosotros atravesando los salones, para tomar el pasillo que conducía al ala donde estaban nuestras habitaciones.

    Pablo me llevaba sujeto del hombro apretándome, podía sentir el calor de su mano atravesar la suave tela de seda de mi chaqueta, en el otro brazo portaba a Dulce que continuaba demostrándole el cariño que le tenía queriendo comerle la cara.

    Me sujeté a su cintura y elevé la cabeza para mirarle.

    -Pensaba que igual no venías, me cortaste la llamada.

    -Calla tontito, esperaba tanto que te decidieras y me llamaras para correr a tu lado. -su brazo me llevó hacia él oprimiéndome, todos mis momentos de duda se habían al fin esfumado, como la niebla del amanecer al despuntar el sol, y Pablo era la luz que me atraía hasta quemarme.

    Habíamos llegado a la mitad del pasillo, entre las puertas de mi habitación y la de Pablo, y el buen sirviente se quedó dudoso esperando.

    -En mi habitación Tomas, Pablo se quedará conmigo, tenemos que hablar de muchas cosas.

    Entramos en la habitación y Tomás abrió la bolsa para colocar la poca ropa que Pablo había traído en el armario del vestidor.

    -No es necesario Tomás, podemos hacerlo mañana, ahora me gustaría tomar un baño.

    Pablo comenzó a desnudarse, sin prisa, y antes besó a Dulce en la cabeza, luego lo dejó en el suelo y el bichito protestando. Tomás recogía la ropa que Pablo se quitaba.

    -Lo limpiaré para mañana, veo que no ha traído mucha ropa. -esperó a que Pablo quedara totalmente desnudo para llevarse lo que se quitaba.

    Curiosamente, cuando Pablo estaba en esta casa, ocupaba la atención completa de Tomas, lo mismo que antes pasaba con Eduardo, y yo pasaba a un segundo lugar en la jerarquía de su preferencias.

    No me molestaba en absoluto, era lo normal ya que a Pablo le conocía de antes y además, merecía esa deferencia que Pablo aceptaba como lo mas natural, y quedaba desnudo ante el criado como antes hacía Eduardo, cuando le acompañaba hasta mi habitación si deseaba pasar la noche conmigo.

    La noche última que pasé con Pablo no había podido fijarme mucho en él, ahora que le miraba con detalle, podía apreciar lo robusto y fuerte que estaba, como el vello de su cuerpo era más abundante, ya le cubría las tetillas y casi todo el pecho, también el perfecto y marcado abdomen, los muslos gruesos y duros y las largas piernas. Mención aparte seria su aparato sexual, los gordos huevos se adivinaban, envueltos en el ensortijado pelo, y solamente eran visible los quince o diecisiete centímetros de verga que colgaba delante de sus testículos.

    Me estremecí, como si tuviera frío, ante el soberbio espectáculo de su cuerpo, y a la vez sentía que mi polla comenzaba a cobrar vida empujando la fina tela de seda del pantaloncito que portaba.

    Sí, aquel era mi hombre, mi macho, mi amante, el preferido y mas deseado de todos los que había tenido, el hombre al que amaba sobre todas las cosas, mi dueño y amo, al que obedecería en todo lo que quisiera.

    Lo mismo que Tomás, también yo sentía respeto hacia él, y cada vez se parecía más a su padre, terminaría siendo igual que Eliseo cuando tuviera su edad, y eso no me molestaba para nada.

    Hablaron unas palabras más, y a la vez que Pablo se encaminaba al baño el sirviente salía de la habitación. Le seguí para sentarme en un taburete mientras abría el paso del agua dejándola caer y que resbalara por su fuerte cuerpo.

    Pablo resultaba guapo, más que guapo era atractivo, masculino y de personalidad viril que le salía, sin él proponérselo, por los poros de la piel. Se pasaba las manos por el cuerpo antes de derramar el gel sobre la esponja y luego aplicárselo en el cuerpo. Veía hipnotizado el balanceo de la verga colgando y escurriendo el agua que se deslizaba sobre ella. Volví a sentir una erección y decidí retirarme a la habitación, o terminaría masturbándome con el espectáculo que me brindaba.

    Dulce se había acurrucado entre las sábanas y me dirigía su lánguida mirada. Me tumbé a su lado y le abracé.

    -Ya le tenemos con nosotros y nunca permitiremos que se aparte. -como si me hubiera entendido giró la cabeza para pasar su rosada lengua por mis labios

    Me levanté cuando apareció envuelto en una enorme toalla y le ayudé a secarse.

    -¿Te has asustado de mi para ausentarte del baño?

    -Iba a terminar haciéndome una paja admirándote, y eso no es lo que necesito y quiero. -me tomó en sus brazos y abracé su cintura con mis piernas colgándome de su cuello con los brazos.

    -No vuelvas a dejarme otra vez Pablo, no lo hagas, castígame si crees que sea necesario y lo merezco, pero no vuelvas a alejarte de mí.

    -No quiero volver a hacerlo gatito, vamos a intentar entendernos los dos y creo que lo conseguiremos. -buscó mi boca y me besó con fiereza, con afán posesivo metiendo la lengua con fuerza. Le respondía acariciándola con la mía y ahogándome en el placer de su jugosa saliva.

    Me mantenía elevado sujetándome por las nalgas, pegado a él y sin dejar un momento de buscar la saliva que contenía mi boca, hasta que sentía la punta de su verga empujar entre mis nalgas.

    -Déjame en la cama cariño y hazme el amor. -me sentía invadido de una lujuriosa pasión y necesita que me hiciera suyo, ser penetrado por la dura polla que empujaba invasiva entre mis nalgas con riesgo de romper la tela y atravesarla.

    Me depositó con suavidad sobre el colchón y se tumbó a mi lado, mirando hacia el techo y con las manos bajo la nuca enseñando los poblados sobacos de duros y largos pelos ensortijados. Me giré hacia él y metí la mano entre los pelos de su pecho, crucé la pierna sobre su abdomen rozándole apenas la verga.

    -Te estas volviendo muy peludo, tanto como un oso. -giró la cabeza para mirarme divertido.

    -Si te molestan me depilaré o me raparé todo el cuerpo para estar a tu gusto. -y dejó escapar una alegre risa.

    -No tienes que hacerlo, así como estás me encantas. -no dejaba de jugar con sus vellos, tirando con suavidad de ellos y acariciándole la tetilla.

    -Te quiero mucho Pablo…

    -Igual que yo a ti gatito dulce. -me subí sobre él a horcajadas y me abrazó sobre su pecho.

    -Se sienten tan suaves tus pelos, y me hacen cosquillas en la piel, quiero que sigas así. Me gusta todo lo tuyo. -coloqué la cabeza sobre su pecho y escuchaba los latidos de su corazón. Me excitaba sobremanera estar tendido sobre su cuerpo, acariciado por sus pelos y apretado por sus brazos.

    Entonces me sujetó de los sobacos y tiro de mi pera que nuestras caras estuvieran al mismo nivel.

    -Bésame gatito, dame tu lengua. -no me hice de rogar y atendí su petición, pero rodeó mi cabeza con las manos y fue él quien me penetró metiendo la lengua y reclamando la mía para chuparla con avidez.

    Lentamente sentía como el culito se me iba dilatando por el deseo, y el pantalón se me humedecía por mis jugos y los que salían de su verga enterrada entre mis nalgas.

    -Estoy muy caliente Pablo. -me senté sobre su estómago y me quité la chaqueta por la cabeza, le descabalgué y me terminé de desnudar.

    -Te deseo Ángel.

    -Pues tómame, ¿a qué esperas? -y se termino la paz. Se abalanzó sobre mi y con brusquedad me tumbo poniéndose encima. Sus fuertes piernas abrieron las mías sin dificultad y su verga se friccionó con la mía.

    -Está muy dura, ¡qué rica Pablo! -se movía rozando entre ellas nuestros pollas y se posó sobre mi cuerpo para besarme.

    -Perdóname gatito pero no puedo aguantar más sin penetrarte, igual te hago daño.

    -No importa, soy tuyo para lo que quieras. -y abrí más las piernas dejándole lugar para que actuara, su dura polla picaba alrededor de mi ano sin acertar y se la sujeté para colocarla en la entrada.

    Una primera sacudida de cadera y el glande perforó mi culito.

    -¡Ahhh! -no pude evitar un fuerte gemido.

    -Lo siento bebé.

    -Sigue, no te detengas ahora, métela toda. -y ahora sin parar empujaba con fuerza, hasta que sentí sus peludos huevos en la puerta de mi culo.

    Una vez que tuvo toda su verga dentro se dejó caer sobre mi sin moverse.

    -Que calentito lo tienes, no pensaba mas que en este momento. -le abracé la espalda pasando mis pies por su cintura y cruzándolos, para abrazarme y sentir más dentro la verga.

    -También yo esperaba este momento mi rey. Amo tu verga como ninguna otra. -me besó la boca sin dejarme hablar y correspondí a su beso acariciándole la lengua.

    -No he estado con nadie desde la última noche que estuve con mi gatito y no creo que aguante mucho sin correrme amor.

    -No importa mi vida, quiero que me goces y no pienses en mi. -lentamente empezó a moverse sacando un trozo de verga y volviendo a meterle con fuerza.

    -Lo siento rico no pares Pablo. ¡Dios mío! qué rica polla te gastas, me llena todo. -Pablo no se detenía ahora, solamente me miraba fijamente mordiéndose el labio inferior y empujando con mucha fuerza para que sintiera la punta de su polla clavada en mis entrañas.

    Hasta que se puso rígido, con los ojos cerrados y con la piel húmeda de sudor, comenzó a agitarse con fuerza, su polla crecía y se agrandaba en mi culo llenándolo.

    -Me corro mi amor, me llega ya la leche mi vida.

    -Dámela toda, lléname con tu leche amor. -me la clavó hasta el fondo y empezó a llenarme de semen, no cesaba de temblar y derramarse en mi vientre.

    Yo le agarré la cabeza para besarle la cara mientras sentía como el macho me llenaba de dulce y caliente simiente.

    -¡Sí Pablo! Lo siento como sale de ti mi vida, me estás llenando de leche, dame más. -notaba con exactitud como su verga se hinchaba y endurecía, contrayéndose para disparar el semen que salía en abundancia.

    Así estuvo unos segundos apretando como si pudiera meterse más de lo que estaba y dejarme bien preñado. Respiraba agitado mientras le acariciaba la espalda, los glúteos, y metí las manos para llegar a mi culo y sentir como la leche escapaba de mi recto.

    Se había salido un trozo de su verga y me moví para que volviera adentro.

    -No la saques Pablo, déjamela dentro. -me besó los labios sonriendo.

    -No temas gatito, aún no hemos terminado, tengo mucho más para meterte y dejarte lleno, solo quiero descansar un momento. -sentía que mi culito se cerraba por el placer de sus palabras, tenía la intención de continuar follándome.

    ¡Oh Pablo! Ha estado muy bien y lo lo disfrutado, me siento lleno amor. -continuábamos besándonos y sintiendo nuestras bocas, también como poco a poco la verga pendía consistencia y tamaño, pero aun suficientemente dura como estar dentro de mi culo.

    Se elevó sobre los codos liberándome de su peso.

    -Gatito estás precioso, rojito y con sudor, y eso que te he dejado sin que llegaras al orgasmo.

    -Ya te he dicho que no importa, necesitabas descargarte y para eso estoy yo. -me miraba intensamente y con una enorme sonrisa.

    -En la hacienda te compensaré, tendremos todos los momentos que necesitemos y queramos… -dudó un momento. -Y no tienes que preocuparte por donde vivirás, si Eliseo te asusta ahora no estarás solo. Nosotros estamos también en la casa grande, viviendo con don Ernesto y doña Martina.

    Me di cuenta de que seguía hablando de sus abuelos con el mismo tratamiento, a pesar de que Ana María le habría contado que yo lo sabía todo, Pablo continuaba como si nada hubiera cambiado.

    -¿Y cómo ha sido eso?

    -Marcos se ha casado y Eliseo le ha dejado su casa, ya no la necesita, en unos meses habrán terminado de construirnos la nuestra y vivirá con nosotros, salvo que sigas teniendo miedo de él. -dudé sobre si seguir con el tema.

    -Yo no tengo miedo de Eliseo.

    -¿Entonces, por que no quieres vivir con él, que esté con nosotros?

    -Te lo volveré a repetir. No tengo temor de Eliseo, pero sí de ti Pablo, de que reacciones mal ante los atrevimiento de Eliseo. -me miraba mientras se reía besándome repetidamente la cara.

    -No soy celoso gatito, tú lo sabes, ademas si Eliseo se mete contigo es por pura broma, o porque tú tienes la culpa por ser irresistible. No debes sentir temor de que yo me moleste, además sabes que puedes hacer lo que desees en ese sentido, solo pido que a quien ames sea a mí. -no me dejaba responderle avasallándome con sus besos mientras reía gozoso.

    Claramente Pablo no era como yo, y no se dejaba dominar por los celos, quizá acostumbrado por haberme visto con tantos hombres poseyéndome, o sabiendo que eso sucedía a menudo.

    -¿Y tu gatito? ¿Cómo lo has pasado? ¿No habrás estado encerrado en la casa con Ana María como única compañía?

    -Sabes que no ha sido así mi vida, tú me has hecho para que no pueda vivir sin un hombre a mi lado.

    -¿Alguien que te de verga?

    -Eso, llámalo como quieras. He tenido alguna aventura, una cosa es mi corazón y otra mi culito necesitado de polla. ¿Quieres que te lo cuente?

    -Si tú lo deseas hazlo. -me di cuenta de que Pablo realmente quería que le contara mis aventuras amorosas, y no tenía problema en contárselo todo, aunque me avergonzaba que supiera que también había estado con sus hermanos.

    -He estado con Ian. -tuve que explicarle quien era Ian ya que él no lo recordaba.

    -¿Te hizo feliz? ¿Lo pasaste bien con él?

    -No como contigo, pero sabe utilizar su herramienta y se ha vuelta amable y delicado. -entonces le relaté como me había follado en la escuela de artes la primera vez.

    -También he estado con Erico y Ruben. -no podía mirarle a los ojos por la vergüenza que sentía.

    -Me acompañaron una noche para traerme a casa y se quedaron a dormir.

    -¿Y a follar contigo?

    -Sí, lo hicimos.

    -Erico es un macho de cuidado, ¿te follaría sabroso? -hacía algunos minutos que notaba como nuestra conversación le calentaba, empezó a endurecérsele la polla hablando de Ian, pero ahora con lo que le contaba de Erico le crecía más y más, y se lo notaba la excitación que le dominaba.

    -Me lo hizo rico, se parece a ti aunque no te llegue, su verga es deliciosa y sabe follar un culo y darle placer. -para ese momento Pablo estaba en plena faena moviendo lentamente la verga por el conducto de mi recto.

    No había duda de que a Pablo le excitaba saber que otros hombres me follaban, y si eran familiares ya le añadía un plus de voluptuosidad.

    -¡Qué suerte tenían!, y yo estaba solo a base de pajas pensando en ti. -sin sacar la polla de mi culo me abrazó para colocarme de perrito y así comenzó a follarme sin prisa, a ratos me embestía con fuerza haciendo que gimiera y sollozara por el placer que me daba.

    De mi polla salía un reguero continuo de líquidos seminales y Dulce metía la cabeza queriendo lamer la miel que salía de mi verga.

    -Así mi vida, así quiero que me folles. ¡Haaa! ¡Haaa! ¡Haaa! ¡Haaa! Dame mi amor, dame tu verga cariño. -llegó un momento en que sus golpes eran tan potentes que caía tendido sobre la cama, entonces me sujetaba de las caderas elevándome para seguir con su ritmo sin descanso.

    Cuando se sintió fatigado se tumbó teniéndome empitonado en su polla sin sacarla y me giró para vernos las caras.

    -Ahora cabálgame tu, fóllate el culito tu mismo. – comencé a moverme con gusto, a rotar mi culo en círculos y de mi polla seguía manando como un manantial, mis líquidos se perdían en el frondoso vello de su abdomen, y el goloso Dulce lamía los pelos buscando el preciado manjar que le encantaba degustar.

    Pablo sonreía cuando no rugía de gusto al sentir su verga engullida por mi culo.

    -Tendremos que hacer un trío con tu perrito, también quiere participar. -me incliné para besarle los labios aplastando la cabeza de Dulce entre nuestros vientres.

    -Pablo, estoy muy bien pero necesito correrme amor, ayúdame. -empezó a elevar la cadera pare encularme mientras me elevaba.

    -¡Me corro mi amor, me viene! -arreció las entradas y continuó follándome estando tumbado sobre su pecho, hasta que sentí un mareo y el semen empezó a salir de mi polla sin tocarme, sintiendo las caricias del vello de su abdomen en el glande.

    También él se clavó en mi culo y empezó a eyacular rellenándome de leche, dos veces me había vaciado sin sacarme la verga. Resultó una cópula perfecta, había durado mucho tiempo disfrutando de su polla y ahora estaba rendido tumbado sobre su cuerpo.

    Nos fuimos recuperando y ahora me dejó a su lado, pero sin sacar la verga de mi culo, me tenía enchufado de cucharita, de espaldas a él y me acariciaba y besaba la espalda y la nuca.

    -Hoy me voy a vaciar, quiero llenarte de leche.

    -Estoy lleno amor, me escurre por todas partes.

    -¿Te molesta que esté así?

    -Quiero sentirme así, taponado por tu polla en mi culo. -me adormilé un poco hasta que le sentí moverse, me estaba volviendo a follar pero yo no me movía.

    Eran movimientos muy lentos, la verga se deslizaba por mi culo sin resistencia alguna y me sentía encantado sintiéndola moverse, disfrutando de la lenta cogida que me daba hasta que volvió a correrse, gimiendo de placer a mi espalda.

    -¡Ohhh! que placer, que gusto follarte gatito. -llevé la mano a mi culo, su verga rezumaba leche y tenía los huevos anegados de pegajosa humedad.

    Me lamí la mano y sin darme cuenta me quede dormido, con su verga enchufada en mi culo y sonriendo como tonto.

    *********************

    Desperté al sentir un ruido, abrí los ojos deslumbrado por la luz que penetraba por las enormes ventanas, lentamente fui tomando consciencia de nuestro estado. Seguíamos en la misma posición que recordaba cuando me dormí, con la mitad de la polla dentro de mi culo y Pablo abrazado a mi.

    Tomás continuaba su trabajo abriendo las ventanas, y Pablo cubrió nuestros cuerpos con la sábana pero sin retirar la verga de mi culo.

    -La señora desea saber si comerán en casa antes de partir. -se dirigía a Pablo al hablar.

    -Dígale que comeremos con ella, tengo una entrevista con don Manuel pero no me llevará mucho tiempo. -nada más que el mayordomo cerró la puerta tras él, Pablo se me subió encima, la verga seguía consistente y dura en mi interior.

    -Ayer no pudimos terminar el trabajo, te dormiste gatito y me quedé con ganas, tengo la polla que me estalla.

    -Estamos muy cochinos Pablo vamos al baño y te la chupo.

    -Tú siempre estas bueno y eso lo dejamos para después, ahora relájate y disfruta. -colocó mis piernas en sus hombros y empezó lo que según él quedaba pendiente, y me hizo gozar de nuevo, logró que volviera a gemir y le pidiera la verga en el fondo de mi cuerpo. Luego se la chupé en la ducha, parecía un contenedor de semen que nunca tenía un final.

    Después de desayunar se ausentó para verse con don Manuel, supongo que para hablar de negocios, no pensé que fuera para otra cosa después de la sesión de sexo que tuvo conmigo, aunque aún llevara reserva de leche en sus huevos.

    Tuve tiempo de descansar y darme un baño en la piscina después de decirle a Carmen y Alicia la ropa que deseaba llevarme, y las dejé preparando mi equipaje.

    Pablo volvió para la hora de la comida y Ana y yo le esperábamos. Quedó acordado que cuando volviera a la ciudad, por mis exámenes u otras causas, tendría su casa para vivir, que debíamos considerarla como nuestra aunque Eduardo se la dejara a ella.

    En el viaje nos acompañaba Dulce, quizá en la hacienda encontrara alguna perrita que le gustara aunque no sabía si se acostumbraría a una vida diferente a la que estaba acostumbrado.

    -Rosa te gustará, es una chica joven y alegre, aunque trabaja algunas horas te hará compañía.

    -¿De quién me hablas?

    -Rosa es la mujer de Marcos, ayuda en la casa grande y unas horas en la residencia de ancianos, Álvaro la metió allí para rescatarla del mundo en que vivía.

    Después de pasar el pueblo tomó un desvió antes de llegar al que llevaba a las haciendas de los padres de Álvaro y de don Ernesto su abuelo. Detuvo el coche en un alto y me hizo bajar de él.

    Me sujetó de los hombros y me giró para que mirara hacía abajo, el brillo del agua que llevaba el río me deslumbraba, un poco más arriba, subiendo una suave ladera, se observaban las diminutas figuras de operarios trabajando en una gran construcción, y en otras más pequeñas siguiendo el cauce del río.

    -Esa será tu casa dentro de poco y está cercana al pueblo. ¿Te gusta?

    -El paisaje es precioso Pablo, ¿pero cómo se llega allí? -soltó una enorme carcajada apretándome contra el.

    -Todo está previsto, no seas impaciente. El terrero pertenecía a don Mateo, se lo quise comprar y me lo regaló a cambio de mi trabajo. Las tierras que voy comprando están más lejos pero quería que tu estuvieras más cerca del pueblo.

    En la hacienda nos esperaba el matrimonio con Eliseo. Don Ernesto y doña Martina me recibieron encantados y con abrazos, Eliseo también me abrazó y me guiñó un ojo, adiviné que no había renunciado a tenerme y que lo intentaría las veces necesarias hasta conseguirlo, pero ahora que sabía que Pablo era consciente de lo que pasaba, y no parecía importarle demasiado, tampoco yo me comportaría como un reprimido si se daba la ocasión, y sabía que Eliseo la preparaba y que no dudaba que yo sucumbiría a sus exigencias de macho.

    Pero todo eso, y muchas más cosas estaban por llegar, ahora comenzaba una nueva vida al lado de Pablo mi hombre, o mi hombre principal ya que él no me tendría encadenado.

    Las enseñanzas de Pablo habían calado muy hondo en mi y me habían marcado para siempre, pero yo me sentía feliz sabiendo que Pablo me prefería a cualquiera y deseaba compartir su vida a mi lado a pesar de lo que sucediera.

    Y ahora sí que doy por finalizado el relato, ya que lo demás que siguió resultaron mil historias, mías y también de Rosa, con la que labraría una interesante y profunda amistad, con su vida y su forma de ser abierta y complaciente con los que nos rodeaban.

    Fin

     

  • El abuelo (Parte 3)

    El abuelo (Parte 3)

    No falló ni un solo día. Todo el verano venía cada tarde y nos íbamos a pasear. Adiviné que no le gustaba ir a la playa para follar y no se lo pedí más. Solo íbamos a alguna playa para que yo me bañara, pero tomé la decisión de no ir más a la playa por la tarde. Yo iba en bici al Torn, me bañaba desnudo como me gusta, entonces y ahora, y llegaba a casa a las tres para zamparme mi bocata, una ducha, vestirme con colores vivos, sobre todo rojo, amarillo y rosado para alegrar la vida de mi Anselmo y short para sentir más cerca su mano cuando la ponía sobre mi muslo, ¡cómo me gustaba eso!, y a la hora ajustada hacia las 6 de la tarde esperaba a Anselmo en el lugar de costumbre. Nos íbamos a pasear en el coche a los alrededores, cuando nos apetecía nos besábamos con discreción y lo más que le hacía yo a Anselmo era una buena mamada en algún baño, fuera de la mirada de la gente, lo que Anselmo agradecía enormemente, porque a mi importaba lo que tres coños.

    Así, un día tras otro y llenos de felicidad hasta que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Mi hermana venía hacia casa y me vio esperando sentado en el suelo justo en la rotonda. Se dirigió hacia mí y no tuvimos tiempo de hablar ni reaccionar, llegaba Anselmo en el coche. Cuando quise decirle a mi hermana que se fuera, Anselmo ya había dado la vuelta y aparcó junto a nosotros. No salió del coche, pero era bien visible. Pudo tanto mi amor por Alfonso, que le dije a mi hermana:

    —Ha llegado mi novio, te lo voy a presentar.

    Ella se sonrió de contenta y se vino junto a mí hacia la puerta de Anselmo. Abrí la puerta y le dije que saliera y le presentaría a mi hermana.

    — Anselmo, ella es Laura, mi hermana; Laura, él es Anselmo, mi novio.

    En ese momento se quedó lívida, como si le hubieran serruchado el piso. Parecía que se desplomaba y se fuera a caer. Anselmo sonrió de ver mi decisión, abrazó a Laura, la besó en la frente y le dijo:

    — Laura, ¿quieres venir con nosotros a dar un paseo?

    Como Laura no contestaba, le dije:

    — Laura, yo lo quiero, lo quiero mucho, entra al coche, llama a mamá y dile que estás conmigo y con mi novio, así se queda tranquila y a ti que se te pase este golpe de nervios.

    Laura obedeció, entró al coche, respiró hondo, marcó número y…

    — Mamá, estoy con Jotapé y su novio. Tardaremos en llegar.

    … … …

    — ¿Cenar?…, —preguntó mirándome y asentí con la cabeza— sí, mamá, sí, iremos a cenar.

    … … …

    — Vale, mamá, se lo digo…

    … … …

    — Ya veré cómo se lo digo para que no se moleste…

    … … …

    — Sí, mamá, sí, no te preocupes, no los molestaré…

    … … …

    — Sí, mamá, sí, de Jotapé no me extraña nada, aunque siempre me sorprende…

    … … …

    — ¿Guapo?…, mmmm…., guapo sí, y está buenísimo, mamá, vale, mamá, cuelgo.

    Y como hace siempre, cuando piensa que es suficiente, colgó y me miró sonriendo.

    — Mi mamá te quiere conocer, Anselmo, ¿lo he dicho bien?, —dijo volviendo la cara hacia mí y siguió mirando a Anselmo que conducía—, y le he dicho que eres muy guapo.

    — También le has dicho que estoy buenísimo, ya no sé qué pensarán vuestros padres de mí…

    — Por norma general no suelen pensar nada de nadie que no les haya hecho daño, pueden descubrir alguna rareza, pero también nosotros somos raros para otros, —dije sin más.

    — Entonces un día tendré que ir a conocerlos y a que me conozcan; de momento solo he hecho una fechoría…, —así se expresó Anselmo

    — ¿Qué has hecho?, —preguntó escamada Laura.

    — Robarles a su hijo, —contestó sonriendo Anselmo.

    — Y a mí un hermano y no me queda otro, —dijo Laura con la testuz levantada de cara a Anselmo.

    Ese día fuimos muy amables con Laura y al final se agarraba del brazo de Anselmo. Cuando nos despedíamos Anselmo me avisó, o mejor, me recordó que el sábado siguiente cumplía años, los 73 de su vida y esperaba que obtuviera permiso de mis padres para irme con él el jueves:

    — Diles que cumplo años, puedes decirles la verdad, que son 73, y que el lunes saldremos de viaje a Sevilla. Si lo hablas hoy y les parece bien, me dices mañana y confirmaré las reservas para los dos, —me dijo Anselmo.

    Hablé con Laura para que no fuera ella quien diera las noticias sobre Anselmo y yo, porque esta noche yo mismo se lo iba a decir. Laura se comportó todo el tiempo de la cena y posterior con mucha naturalidad y sin impertinencias. Hablé con mis padres, les dije todo con todos los detalles, excepto nuestra intimidad. Mi padre me preguntó serenísimo:

    — ¿Dormís juntos?

    — Sí, papá.

    — ¿Habéis tenido relaciones sexuales entre vosotros dos?

    — Sí, papá.

    — Entonces, sois novios…

    — Sí, papá.

    — Eres mayor de edad, no tengo que imponerte nada, solo te digo que a esa edad, a los 73 años, no te va a durar 50 años y tú puedes sobrepasarlo, me dices que no tiene compromisos familiares, no vas a cargar con nada que no hayas elegido tú. Solo te pido que pases por la universidad, te saques tu carrera por dos cosas, no vivas a costa de nadie, y luego, cuando él no esté que no te quedes con un futuro incierto.

    — Él me ha dicho lo mismo, que no me quiere por el sexo y yo tampoco, papá; también me ha dicho que he de seguir los estudios; si vosotros os sentís en el deber de dármelos, no va a poner dificultades, pero está dispuesto a colaborar, —respondí.

    — Pero tiene Anselmo una pena —decía Laura a quien mis padres escuchaban con más atención de lo habitual— y es que le parece que te está robando a tu hijo.

    — Eso es verdad, también tú papá les robó a tus abuelos el corazón de tu madre y no se me quejaron. Una de las cosas más extrañas e incomprensibles que hay en el corazón del ser humano es el amor. El amor es loco, pero es tan real como la vida misma. Tienes todos los permisos para actuar bajo tu responsabilidad, lo cual no quiere decir que el corazón de tu madre no lo sienta; habíamos soñado muchas veces en tu boda, con una chica guapa y de buena familia, vestida de tul y blanco. Pronto descubrimos que no sería así y comenzamos a soñar con un príncipe para nuestro princeso. Nos ilusionaba tener dos hijos varones. Ahora volveremos a cambiar nuestros esquemas porque solo queremos tu felicidad. No serías feliz si te impusiéramos nuestros sueños, tú has de vivir los tuyos y nosotros seremos felices si es que te vemos feliz con tus sueños. Ánimo, hijo, y cuidaos mucho para vivir algunos años llenos de felicidad; van a ser pocos, pues vividlos intensamente.

    El jueves con mi mochila salí de casa tras despedirme de mi madre, que me dijo:

    — Si eres feliz yo estaré contenta. Cuando vengáis de Sevilla, invita a Anselmo un sábado a comer con nosotros y nos conoceremos. A quien tú ames, ya lo amo yo.

    Ese día nos fuimos directamente a casa a petición mía. Yo tenía ganas de estar a solas con Anselmo. Adiviné que a él le pasaba otro tanto. Guardamos el coche, habíamos pasado por el hipermercado y habíamos comprado todo lo que necesitábamos. Sacamos las cosas del coche para subirlas a casa, vaciamos las bolsas y pusimos al frigorífico todo lo que había que mantener fresco. Luego fuimos a darnos una ducha. Hicimos la ducha juntos, nos besamos muy cariñosa y largamente. ¡Me encanta ese sabor de lengua y me pone siempre! Anselmo es genial, juega como un chiquillo y habla muy sensatamente.

    Yo respeto que Anselmo se ponga pantaloneta para andar por casa, y él respeta, además le gusta, que yo vaya desnudo por la casa, haciendo tareas o simplemente para estar. Lo que hago es tener una toalla ajustada a los asientos para no ensuciar.

    Anselmo llama a electricistas, carpinteros y otros servicios para hacer arreglos, ahora los hago yo. Él me dice que soy un manitas, pero yo hago lo que aprendí de mi padre. Ahora utilizo manuales bajados de internet para hacer estas tareas lo mejor que puedo.

    Cenamos y vimos un par de episodios de una serie y nos fuimos a la cama. Aunque nos habíamos duchado al llegar, ahora quisimos estrenar la ducha anal que había hecho comprar a Anselmo. Mientras él preparaba la cena yo instalé la ducha que funcionaba perfectamente. La probamos, limpiamos nuestro recto y tras secarnos, perfumé a Anselmo y me perfumé mi culo. Anselmo deseaba realizar un beso negro después de la limpieza y lo hizo. Se hubiese quedado siempre comiendo, soplando y aspirando mi culo, pero tuve que decirle que solo es una técnica.

    — Sí, pero muy agradable, hasta huele bien.

    Siguió dándole a mi ano con su boca como si fuera el mejor de los manjares, hasta le dije:

    — Anselmo —se interrumpió—, ahora toca follar, follar y follar hasta que me preñes mi culo.

    — Ah, ya; es tan agradable tu culito…

    — Ya, pero quiero sentir tu polla y la tienes a tope que te vendrás sin provecho…

    Como yo estaba en la parte de arriba en el 69, me di la vuelta, me puse de espaldas a la cama, levanté las piernas dobladas, puse la almohada debajo de mis lumbares y le ofrecí mi culo. Agarró mis piernas por los tobillos, se las cargó a los hombros, ajustó la punta de su polla en mi hueco anal y mientras él lo pensaba para no hacerme daño, avancé con un impulso mi culo contra su polla y lo clavé en mí. Me hice daño, pero eso se pasa y en cuanto antes mejor. Anselmo comenzó a bombear con fuerza, porque tenía mucha fuerza y resistencia. Por eso yo expulsé mi semen sin tocarme, lo cual me dolió porque el placer es abrupto. Le llené su pecho de mi semen porque él estaba inclinado sobre mí. Yo recogía mi lefa de su pecho y me lamía el dedo, le ofrecí a Anselmo lamió mi dedo y explotó su orgasmo en el interior de mi recto. Tras los espasmos orgásmicos se me echó encima y me llenó de besos, decía a intervalos:

    — Ay, ay, …, mi niño, …, mi amado, …, cuán feliz … me haces. Eres … la misma alegría … que ha … invadido … mi corazón …

    Yo lo besaba centímetro a centímetro toda su cara. Anselmo cumplía con creces mi alegría y me daba mucho placer. A estas alturas, ya sabéis que mis padres me quieren muchísimo, mi hermana también. Día tras día, Anselmo superaba todas mis expectativas sobre el amor. Por mi parte, yo buscaba las maneras de complacerle. No discutimos nunca, queremos estar uno junto al otro, nos posibilitamos el cumplimiento de nuestros deseos. Por eso, cada noche se hacía eterna de sexo hasta la madrugada. Pero esa noche me dijo que teníamos que dormir temprano, porque se tenía que levantar temprano.

    — Pero es domingo, ¿dónde vas a ir?

    — Al Rosario de la Aurora…

    — ¿Quéeee…? ¿Qué es eso…?

    — Una procesión que se hace rezando, pero hoy pasa por esta calle y giran la imagen de la Virgen hacia esta casa en honor a mi difunta madre.

    — ¿Puedo ir yo?

    — Puedes verla desde detrás de la ventana y sin cansarte…

    — Pero…, yo quiero ir, no conozco eso; quiero todas las cosas que tú quieres…

    Me miró con los ojos serios y me dijo:

    — Te despierto para que puedas lavarte algo, nos vamos, nos quedamos a todo…

    — ¿Qué es ese todo?

    — Misa y luego chocolate con churros.

    — Joder, Anselmo, y te lo tenías tan callado, con lo que me gusta el chocolate con buñuelos…

    — Sí lo deseas también buñuelos que son de calabaza y están para chuparse los dedos.

    — Pues eso, chocolate, buñuelos y churros.

    — Pero antes la misa

    — Pues, eso, misa, y lo que sea; donde vas tú puedo ir yo, y las tradiciones me gustan todas, cohetes, toros, carnaval, fallas, tooodo.

    — Ahora me gustas más, mi niño, eres un sol, mi sol, y me besó.

    Bien juntos y pegados uno al otro dormimos hasta que me despertó. Él ya se había arreglado y me fui a mastubar para bajar mi erección. Luego de la ducha nos fuimos a eso del Rosario de la Aurora. El chocolate estaba bueno, igual que los churros y buñuelos. Me llené la barriga y como el chocolate es afrodisiaco, pues me entró la calentura y miré a Anselmo con muy mala intención. Lo notó y me dijo:

    — Hoy nos vamos a ir a la playa para que disfrutes desnudo del agua y del sol.

    Me puse feliz, me llevó al Torn, fuimos al bosque, donde la otra vez, y follamos entre matorrales y pinos. Pasaron por allí algunos y, aunque ellos iban a follar también, unos decían «conchudo el viejo, jodiendo al pobre muchacho», otros «pobre viejo, ese chico le va deshacer el culo», dependiendo de nuestra situación. Si pensaran en el cuidado que tenemos para no dañarnos.

    Para comer fuimos al quiosco de la playa, tuve que vestirme con mi pantalón corto porque no había traído ningún tipo de bañador.

  • Paseo a Zacatenco como loquilla

    Paseo a Zacatenco como loquilla

    Esta fue mi última experiencia, ocurrió el miércoles 29 de mayo del 2019, necesitaba hacer trámites hasta Zacatenco así que no tenía que asistir a mi escuela y tenía toda la mañana libre.

    Salí de mi casa a las 6:30 AM con un pans ligero, tenis azules, una camisa a cuadros de algodón y sudadera de capucha, en una mochila pequeña una playera negra extra, mi maquillaje y un paquete de condones play boy.

    Quería maquillarme en el trayecto de la micro hacia el tren ligero pero me fue imposible, ya era demasiado tarde pues había muchos niños que entraban a su escuela a esa hora, llegue a la estación Xochimilco y rápidamente fui a una calle donde no pasara mucha gente, tome asiento en la acera, me quite la sudadera y empecé a maquillarme, no tenía mucha destreza en hacerlo así que demore más de lo planeado pero al final me gusto como me veía, me acomode el cabello que me llegaba a mi cuello con un flequillo en el frente, me puse un collar negro de encaje con un dije de los que venden a 15 pesos en las chucherías del metro, me acomode unas bubis de las que se pegan solamente, me baje el pants y acomode la minifalda negra entablilladla que traía debajo, me veía preciosa con mis calcetas negras arriba de la rodilla, estaba dispuesta a ser una loquilla esa mañana.

    Caminé hacia el tren ligero y cada taxi que pasaba a mi lado me pitaba para ver si me subía, algunos pitaban aunque ya llevaban pasaje, entre a la estación y como no sabía bien como se abordaba me dirigí a la plataforma de en medio donde en el mar de hombres solo habían unas 3 mujeres obviamente acompañadas. Salieron primero los vagones de los costados y posteriormente donde me encontraba, entramos y solo sentí un leve empujón en mi pompi derecha, un señor se acomodó a un lado y acercaba de vez en cuando su mano a mis pompis, como no había tanta gente me dispuse a ver patochadas en el face, llegamos a Taxqueña y al trasbordar hacia la línea azul del metro caminé aprisa al hacerlo noté que me encantaba como las tabillas de la falda me iban dando nalgaditas, cuando subí las escaleras para cruzar hacia el lado donde sale el metro era obvio que se me iban a ver mis pompis en ese instante se colocaron varios hombres para apreciar el paisaje, subí al metro e hice transbordo en la línea 12 hacia Mixcoac otras escaleras, aunque hacia frio yo tenía la sangre caliente y me encantaba que al agitarse la minifalda me echaba aire que me refrescaba mis pompis, como de costumbre la “12” estaba llena a esa hora, al abordar nuevamente sentía como me trataban de agarrar mis pompis y me empujaron a mitad del vagón entre las dos puertas, un joven quedo de mi lado izquierdo e insistía en meter su mano bajo la minifalda lo cual le resultaba demasiado fácil pues yo mido 1.74 cm pero no se lo iba a dejar fácil, volteaba hacia él y le susurraba que no lo hiciera pero en mi mente rogaba porque me estrujara mis pompis, hacía temblar mi pierna derecha apropósito como para hacerle creer que estaba nerviosísima, él se excito más y tomo confianza, era tanto su descaro que un señor de mi lado derecho noto lo que ocurría y también empezó a acariciarme mi pompi derecha, yo volteaba hacia los lados para ver que nadie más nos notara, las personas detrás de mi estaban de espaldas así que no se darían cuenta, empecé a sudar ahora si eran nervios con una excitación feroz, disimulaba como que me quería bajar la falda y quitar sus manos pero quitaba a uno y el otro se aprovechaba, el joven me susurro al oído «no estés nerviosa, déjame gozarte», mi corazón latió a mil, ya era la puta de aquellos dos, ambas piernas me temblaban de tanta excitación, cada uno tomo su pompi correspondiente, me las estrujaban, pellizcaban, y jugaban a las afueras de mi ano, creo que el joven se sacó su pene y me lo pegaba a mi pierna, como no podía ver bien solo sentía un poco mojado, me deje llevar y que hicieran de mi lo que querían, al llegar a zapata bajó la mayoría de las personas me pase a la intercepción de los vagones, en el «gusanito», me acomode la minifalda la cual no note cuando me la subieron unos centímetros dejando mis pompis al aire, busque con la mirada a mis amantes pero no los pude encontrar para agradecerles, como había bajado la mayoría de la gente el aire recorría con fuerza los pasillos bajándome un poco la calentura.

    Llegando a Mixcoac más escaleras… al subirlas me contoneaba de un lado a otro para sentir más frescas mis pompis sin voltear para que los hombres que me seguían notaran el rebotar de mis redondas pompis, llegando al siguiente transborde entro poco menos gente que en la 12, quede en él tuvo frente al asiento de discapacitados, un joven de unos 28 años se colocó detrás mío y empezó a acariciarme por encima de la falda, yo ya súper excitada en ese momento quería que me hiciera lo mismo que mis dos amantes pero no se animaba del todo, al paso de las siguientes estaciones y en lo que iban bajando las personas me agarraba del brazo para bajarlo y que tocara su entrepierna, la siguiente estación era Tacuba donde bajaban casi todos tuve que tomar lugar en las puertas que no iban a abrir, el tren se detuvo y se volvió a acercar el joven diciéndome «hace mucho calor» yo solo le sonreí, continuo preguntándome «vas al trabajo?» no, a la escuela respondí, como no avanzaba el metro mire a los lados y la gente sentada iba dormida o enfocados en su celular, y las personas frente a nosotros esperaban a que cerraran las puertas para bajar en la siguiente estación, mi excitación pudo más, andaba en celo así que incline mi peso sobre mi lado derecho, doblando un poco mi rodilla y parando mi pompa izquierda que quedo justo en su mano, a lo que aprovecho para tomar mi pompi, por fin me volverían a masajear!!!, al notar que podía agarrarlas sin esfuerzo me inclino solo un poco hacia el frente para admirar mi retaguardia y darme una nalgada, empezó a acariciarlas suavemente, acercándose cada vez más al centro, quería meter sus dedos en medio de mis pompis tratando de bajar lo que él pensaba él que era una tanga de hilo pero traía un baby doll completo de la parte de enfrente con encaje y la parte posterior eran solo hilos, los de arriba abrazados a mi cuello, otros con un nudo sobre mi espalda y la parte inferior de hilo por lo que no se podía bajar, al notarlo se conformó en acariciarme el ano al notar que quería meterme sus dedos saque de mi mochila un lubricante, se lo pase disimuladamente vio lo que era, roció un poco en sus dedos me lo devolvió y me introdujo sin problema un dedo, se me escapo un suspiro al empezar a moverlo en círculos dentro de mí, yo parecía un títere, cada vuelta hacia que me pusiera de puntitas aferrada al tubo, el metro retomo su marcha volví a incorporarme me dijo si bajaba pero tenía que llegar a mi cita. Me hubiese encantado darle un condón y que me metiera más que su dedo…

    Al llegar a la estación descendió, fui a una esquina del vagón a tomar asiento, estaba exhausta, y sudada a chorros, mi parte inferior también estaba llena de mis fluidos y mi ano con bastante lubricante, una chica se sentó frente a mí, deje mis piernas sin querer entre abiertas ella me miro y solo sonrió al verme toda excitada con la entrepierna mojada, tome la última línea para llegar al metro Lindavista para llegar a Zacatenco, me fui sentada por lo cansada no recordaba que en esa línea hay un tubo justo en medio entre las puertas de ambos lados para agarrarte, que gusto me daría que me alzaran la falda y me manosearan entre varios yo estando sujetada a ese tubo.

    El regreso fue mejor…

    Espero subir más de mis locuras seguido, mi Face es Kira D Zoo.

  • Aarón

    Aarón

    —¿Te podrías mover?

    Mi cuerpo no respondía, estaba inmóvil frente a él mirando sus verdes ojos, sin pensar en nada, embobado.

    —Qué diablos te sucede, muévete.

    Mi cuerpo se tambaleó al sentir su cuerpo embestirme para hacerme a un lado, mientras cargaba bolsas llenas de basura a su camioneta.

    —Lo. Lo. Siento —murmuré, miró arrugando su frente y movió su cabeza disgustado.

    Aarón era un hosco, malhumorado, tozudo, irritable y muchos otros adjetivos que reiterarían la idea. Aunque para todas las personas era un ángel. Veterinario de profesión, altruista por pasión, siempre ha ayudado a la gente en todo lo que puede, amante de los animales y el medio ambiente, dueño de una casa de acogida de perros, atiende animales de manera gratuita los fines de semana en diferentes partes y hace juntas para limpiar playas cercanas de donde vive. Eso lo hacía una persona buena, aunque nunca le creí por completo su personaje. Conmigo era borde y desagradable.

    Ese día acompañé a Aarón y a otras personas a limpiar una de las tantas playas que hay por acá por donde vivimos, lo hacíamos a menudo y siempre era un panorama entretenido y útil. Terminamos alrededor de las 8 de la tarde y un grupo decidimos que nos juntaramos luego de ir a ducharnos para salir a beber algo. La noche transcurrió tranquila, un par de amigos, un par de amigas, algunos desconocidos y muchos tragos. La velada había terminado a eso de las 2 de la madrugada y era tiempo de marchar.

    Embriagado y valiente me despedí y partí decidido a caminar las 13 cuadras que separaban el pub de mi casa. Por el camino salieron 4 hombres, me quitaron mi mochila, mi celular, mi chaqueta y mis zapatillas. Me dejaron solo con pantalones y camiseta. Eran ya las 2 y media de la madrugada y sin saber que hacer decidí ir donde la persona más cercana, Aarón, quien vivía a solo 3 cuadras del lugar del asalto. En algún momento del trayecto pensé en que podría haber salido, pero no me importaba, tenía miedo y por lo menos podría quedarme a esperarlo en la portería, pedir un teléfono, llamar a la policía o algo.

    Entré al edificio y sin saber en qué apartamento vivía pregunté por él al recepcionista.

    —Sí, Aarón el veterinario. Lo llamo —levantó el citófono y comenzó a llamar—. ¿Se encuentra bien? —preguntó el señor de pelo nevado.

    —Sí. No, en realidad me acaban de asaltar un par de cuadras atrás, por eso vine donde Aarón.

    —Oh lo siento. La gente está tan mala. Está tonta y mala —Sonreí—. Aló, Don Aarón tengo acá a…—Alzó la mirada para pedir mi nombre.

    Aarón vivía en el piso 25, estar en el ascensor fue eterno, estaba nervioso y no sabía con qué me encontraría. Toqué el timbre, se escuchaban voces y música. Se abrió la puerta y apareció.

    —¿Qué haces aquí? —apareció Aarón, se veía algo molesto e incómodo por llegar a tal hora a su departamento, me miró de pies a cabeza y su cara se suavizó.

    —Yo. Yo. No sabía dónde ir —comencé a llorar.

    —Mierda —me abrazó con sus enormes brazos—. Todo está bien, estás conmigo ahora, tranqui —.Su voz era suave, acogedora y su cuerpo estaba tibio y lo sentía arder a mi tacto frío.

    Aarón estaba con amigos tomando cerveza, vino y otros licores, me guio hasta su habitación sin llamar la atención, me prestó unas zapatillas y un jersey marrón que me quedaban enormes, pero necesitaba calentar mi cuerpo. Me llevó donde sus amigos y me presentó a todos, me dio un shot de tequila; «Para calentar el cuerpo», fueron sus palabras, luego destapó y me acercó una cerveza.

    Horas más tardes sus amigos comenzaron a despedirse, solo quedamos unos pocos.

    —Creo que será mejor que me marche, luego traigo tu ropa —sonreí.

    —No, no, quédate —podemos desayunar y luego te acompaño a casa.

    —¿Estás seguro?

    —Sí, si quieres puedes ir a dormir, ya sabes dónde está mi habitación.

    —¿Y tú dónde dormirás?

    —Contigo. Vete a dormir, yo iré pronto.

    —Puedo dormir en el sillón, no tengo problemas —Aarón actuaba tan tierno y amable, como nunca lo había sido conmigo.

    —No podrás, Augusto se quedará a dormir acá hoy —Augusto sonrió y volvió a sorber su vaso de licor.

    La luz del sol se escurría por las cortinas mal juntadas cuando abrí mis ojos, sentí un ruido y giré mi cabeza.

    —Lo siento, te desperté —mientras sacaba su pantalón para quedarse en ropa interior.

    —No te preocupes, solo desperté por el sol.

    Aarón cruzó la habitación y acomodó sus cortinas formando sombra hacia la cama. Pude ver su cuerpo bronceado lleno de tatuajes en negro de estilo tribal combinados con tradicionales. Sus dreads desatados cubriendo su fuerte y marcada espalda, sus piernas gruesas y velludas, su bóxer a rayas marcando su culo esculpido.

    —Ahora sí, vuelve a dormirte —Solo sonreí y me acomodé.

    Se acostó a mi lado, su cama era de plaza y media, por lo que su cuerpo estaba completamente pegado al mío. Acomodó su mandíbula sobre mi cabeza que quedaba apoyada en su brazo y con su otro brazo me atrajo de forma suave y firme hacia él. Sentía su piel arder sobre mi piel, sus vellos rozando mi cuerpo, su brazo apretándome contra su pecho, su paquete quedando justo a la altura de mi culo y su respirar cada vez con más lentitud. Al cabo de unos minutos estaba dormido, mientras yo había perdido el sueño por completo.

    Creo que aún seguía algo ebrio por lo bebido o bien estaba alterado por el asalto, no sé, pero lo que hice es algo que nunca imaginé que haría. Me giré, miré su cara perfectamente delineada, sus rasgos fuertes y viriles, sus labios gruesos y me lancé. Besé sus labios, solo los junté por unos segundos, pasé mi mano por su brazo derecho, llegué a su cuello y volví a besarlo, esta vez abriendo levemente los labios, de pronto su brazo se apretó a mí, su boca se abrió y comenzó a comer mis labios, estaba perplejo y encantado con el sabor de sus besos, la suavidad de sus labios. Aarón abrió los ojos, me miró suavemente y sonrió.

    —¿Qué te sucede?, extrañado.

    —No sé, solo quería besarte —respondí aun sin procesar.

    —Será mejor que me marche a otro lado, siento que estás confundido.

    —No, no, no te vayas, por favor, es mi culpa, yo debería partir —Aarón no estaba interesado en mí y notaba su incomodidad.

    —No seas tonto, no puedes irte así, quiero que te quedes, quiero cuidarte, pero no quiero que hagas algo de lo que puedas arrepentirte.

    —Lo siento, no debí hacerlo, solo que hace mucho tiempo tenía ganas.

    Me sorprendí a mi mismo, siempre me gustó Aarón, aunque fuera un imbécil tratándome, siempre estuve embobado por él y decirlo en voz alta era algo que nunca me atreví a hacer. Aarón abrió sus ojos por completo, se quedó sin respirar por unos segundos y me besó, me besó fuerte y apasionadamente, su lengua entraba en mi boca masajeando la mía, su barba raspaba mi cara y me abrazaba con ambos brazos. Mis manos en su pecho descubierto jugueteaban con sus vellos que sobresalen de sus tatuajes.

    De pronto de manera bruta me arrebató la camiseta, me mordía mis pezones y tocaba mi culo con sus grandes manos, comencé a gemir. Subió a mi boca, se resbaló hacia mi cuello y sin darme cuenta me había sacado el bóxer. Sus grandes manos tocaban mi culo, sus dedos rozaban mi agujero y sus besos no paraban. Me giró, me puso de abdomen sobre la cama y bajó con su boca a mi culo, mordía mis nalgas, lamía mi ojete, su barba raspaba en mi perineo. Me dio media vuelta nuevamente y quedé mirando hacia él, pude ver que su bóxer a rayas blanco y azul había desaparecido y en su lugar se veía su pene circuncidado, enorme, venoso, largo y grueso con un piercing cuervo en su glande, escurriendo un fluido muy viscoso. Lo miré a los ojos, tomé con mi mano izquierda su pene y lo llevé a mi boca, dejando sus grandes bolas en mi barbilla. Lamía aquel líquido que salía desde su abertura justo por donde entraba su piercing, comenzó a gemir, mi lengua jugaba con sus bolas y sentía aquel sabor a sudor mientras con mi mano lo masturbaba. Nunca había visto un pene tan mojado, no dejaba de salir aquel líquido. Corrió su trasero hacia atrás y alejó su pene de mi boca, me besó de manera bruta, raspando con su barba mis labios generando escozor. Tomó mis piernas y las llevó por sobre sus hombros, puso su pene en mi ojete y sentí como su abundante líquido me mojaba y dilataba cada vez más. De pronto sus labios se curvaron y abrieron mostrando su perfecta sonrisa y su pene entró en mí, sin aviso ni protesto, sentí su pene enorme atravesarme, la sensación era intensa, sentía una presión enorme en el abdomen, mis ojos estaban desorbitados o por lo menos así me sentía, empujaba una y otra vez con fuerza, gruñía entre dientes mientras yo gemía casi sin voz por la excitación. Cada músculo que podría apreciar se le expandía mientras yo me sentía cada vez más pequeño, frágil y sumiso, en ese momento estaba a su disposición.

    Se detuvo un momento, bajó mis piernas a sus brazos para acercarse y besarme nuevamente, aquel beso lo sentí arder en mi boca, deseaba que no acabara nunca, pero me dejó con ganas, volvió mis piernas a su posición, comenzaron las embestidas nuevamente y con una mano comenzó a masturbarme. No intenté negarme aunque sabía que acabaría pronto ya que en ese momento era de él, era de Aarón, ya no tenía voluntad propia. Comencé a gemir más sonoramente, lo que parece le excitaba porque entre más gemía, más fuerte embestía y gruñía, lo que aumentaba la fuerza de mi gemido comenzando un círculo vicioso de gemidos y embestidas incontrolable. De pronto mi pene se endureció y comenzó a disparar semen en todas direcciones como nunca me había pasado, mi culo se sensibilizó y el placer se mezclaba con un poco de dolor, sentía cada vena de su pene bombeando sangre mientras él no paraba de embestirme con su pene una y otra vez. De pronto sentí que engrosó aún más su pene, se endureció y comenzó a palpitar a medida que expulsaba su semen llenando mis entrañas y sus gruñidos eran cada vez más potentes. El semen escurría por mi culo y Aarón insistía en embestirme sin parar de eyacular, sentí un gruñido suave, pasó una de mis piernas por su cabeza, las juntó y las bajó sin sacar su pene de mi culo, se acomodó a mi lado, besó mi cuello y me dormí.

    No podría decir con exactitud cuánto tiempo pasó desde que me dormí, pero al despertar Aarón estaba en la ducha, me intenté acomodar pero sentí húmedo mi culo, lo toqué, gran cantidad de su semen seguía en mi y mi ojete aún estaba dilatado, recordé lo ocurrido y seguí tocando mi abertura por unos minutos hasta que escuché que salía de la ducha.

    Aarón venía desnudo, con su pene flácido pero de buen tamaño, sus bolas eran grandes y por lo que mi culo notaba llenas de vigor, su cuerpo marcado y aún brillante por el agua, con una toalla secaba su cabello mientras caminaba hacia mí, se inclina aún mojado, me besa los labios, sonríe y mirando a mis ojos dice.

    —Así que desde hacía mucho tiempo tenías ganas.

  • Hacer el amor y follar todo es empezar

    Hacer el amor y follar todo es empezar

    11.21 de la mañana. Mensaje de whatsapp.

    -Hola.

    -Buenos días, preciosa. ¿Cómo lo llevas?

    -Bien. ¿Tú cómo estás?

    -Haciendo café.

    -¿Recién te levantas?

    -Sí, me acosté a las dos de la madrugada.

    -Nosotros a las dos y media.

    -¿Hubo fiesta?

    -No, no, nos costó dormirnos, no sé por qué.

    -Coño… En cama… Despiertos… Si no hay fiesta, malo.

    -Jejeje. Pues no, no hubo.

    -A mí se me escaparía una mano y a ver que pasaba.

    -La verdad es que tenía ganas. Ayer le comenté que quería que volviera la costumbre del sexo. Le dije de forma cordial que ir al bar o ir a tomar algo de beber debe ser algo ocasional.

    -Y no te dio caña. ¿Estaba bebido? ¿Tiene un punto de retraso?

    -No seas malo.

    -Malo es él, coño. Si tienes un pibón al lado y no le das caña o eres retrasado o gilipollas.

    -¿Soy un pibón según tú?

    -Tienes un polvazo. Joder, comerte esa boca tuya… Esas tetazas tuyas… Ese conejito tuyo… Follarte y ver cómo te corres…

    -Cuando dices esas cosas me pones nerviosa.

    -Es que no me cansaría de follarte…. Ver cómo se te cierran los ojos cuando te corres es más hermoso que ver el arco iris. Ver tu cara después de correrte es cómo ver a un ángel en éxtasis. Follar contigo es otro nivel. No eres una más.

    -Si fuera una más no estaría con él.

    -Pues que demuestre que te quiere, coño.

    -Eso le dije, que ya no podía decir las cosas, que tenía que demostrarlas.

    -¿Cuándo fue la última vez que te hizo correr tres veces?

    -Nunca, lo máximo fueron dos.

    -A una mujer, si ella se presta, se la hace correr tres veces comiéndole el coñito.

    -¿Qué es eso de presta?

    -Quiere, si ella quiere. Acabo de verte desnuda en una foto y me gustó lo que vi. ¿No me mandaste la foto con ese vestido que te compraste?

    Me mandó la foto, y en el pie, ponía:

    -Este es el vestido, solo que no me gusta la foto.

    -¡Dios mío, qué bellezón! ¡Qué delicia de mujer! Ese vestido lo hicieron para ti.

    -Yo no me veo tan bien cómo dices.

    -¡Presumida!

    -Para nada, presumida cero.

    -Eres una preciosidad morena. Solo tienes un defecto, vivir lejos de mí.

    -Jejeje. Me tienes totalmente idealizada. Me ves con buenos ojos.

    -Te veo tal y cómo eres, una mujer de bandera. De momento no chocheo, bueno, por tu chocho chocheo, pero sé distinguir entre lo bello y lo normal.

    -Soy normal y lo sabes cariño.

    – ¿Normal? ¡Tía buena! ¡¡Monumento!! Hoy me metía entre tus piernas y me bañaba en tus jugos.

    -¡¿Tanto te pongo?!

    -Tanto es poco, pero lo sabes de sobras. A veces cierro los ojos, veo tu bello rostro sonriendo, y me empalmo. Te quiero un montón.

    -Yo creo que lo único que quieres es que sigamos siendo folla amigos, tío.

    -Lo que yo quisiera es pasar el resto de mis días contigo. Lo que puedo hacer ya es otra cosa. Amarte en la vida real y follarte en mis sueños. Y sabes que no miento. A estas alturas de partido me conoces bien. Sabes que eres mi princesita bella.

    -Sí, lo sé, pero quería oírte decirlo.

    – Mala. ¡Hoy te follaría hasta dejarte espatarrada y media ciega!

    -Me pone nerviosa lo que me dices, desde lo dulce hasta lo sexual.

    -En fin, es la una y cuarto, ya es hora de dejarlo, tu marido esta a caer. ¡A ver si se cae!

    -Jejeje. Malo. No, no está llegando, hoy no llega hasta las tres.

    -Yo ya tengo la tortilla de patatas hecha, pero lo dicho, te comía mejor a ti.

    -Jejeje. No estoy tan buena cómo una tortilla de patatas.

    -Estás mejor, eres más jugosa, más rica.

    -Cada vez que dices esas cosas… Uffff. No sé que me pasa, será que ando cachonda.

    -Si andas cachonda no te cortes. Hace tiempo que no nos corremos juntos.

    -¿Quieres que me toque? ¿Quieres que me corra?

    -Quiero, preciosa, quiero.

    -Dime cosas. Anda, provócame.

    -Ya estoy medio empalmado. Ahora es cuando comenzaría a comértela.

    -Mmmmm. Estoy muy excitada.

    -Te como el coño y te follo el ojete con la lengua.

    -¿Estás solo?

    Le contesté por el buzón de voz.

    -Claro que estoy solo, princesa.

    Del buzón de voz salió su sensual voz.

    -Mmmmm. Aaaay. Estoy muy cachonda. La verdad, no se si tengo algo roto. Aaaaay. Quiero oír decirte que quieres que me toque.

    -Tócate, linda, tócate, tócate, preciosa, tócate. Joder. Yo estoy arrimado al armario y me estoy tocando, ya empieza mi polla a echar aguadilla… Cuando me venga voy a echar una corrida cómo un mundo.

    -Aaaaja, aaaja, aaaaja. Estoy súper mojada. Me toco el clítoris con mis deditos. Hago circulitos. Uyyyyyy. Aaaaay, aaaaaay.

    -Estoy como una mooooto. Si supieras cómo me pica el cabezón y el placer que siento al masturbarlo, Ooooy, oooooy que gusto, oooooy. Mis huevos, están repletos de leche.

    -Aaaaay, sí, pero no quiero que te corras, por favor, todavía no. Aaaah, aaaah. ¿Estás malo? ¿Estás malo? ¿Quieres tocar mi coñito? ¿Me quieres follar? Anda, dime que sí.

    -Sí. ¡Oooy! Estoy apretando la polla con la mano. Es tu coñito que se abre y se cierra. Oooooh. Te la clavo hasta el fondo. Empiezo a romperte el coñito. ¡Ooooh!

    -Ay, sí, fóllame, dame, dame, dame más. Aaaay, dame, dame, dame, dame, dame más. ¡Aaaaay, aaaay, ay que rico, ay que rico se siente! ¡Me encanta! Quiero que seas malo conmigo. Quiero que me trates cómo a una puta. Quiero que me nalguees. Ahorita quiero que me digas lo mucho que te pongo. Quiero que me des chupaditas en el clítoris. ¡Aaaaay, ay que rico! Aaaaay, así, así, así. ¡Ay qué me voy!

    -Puta, que, que… ¡Oh, oh, Oooooh! ¡Oooooh!

    -¡Ay que rico, ay, que rico, ay que rico! ¡¡Aaaaah, aaaaaaah, aaah, aaaah ¡¡¡Aaaaah!!!

    -¡Vaya corrida eché!

    -Y yo, fue muy rica. No sabes lo cachonda que estaba.

    -A mí me entraron las ganas de comer.

    -Pues hablamos mañana.

    Ya no le pude decir que lo que me entraran ganas de comer era su coñito mojado.

    -Hablamos. Te quiero.

    -Jejejeje. Lo sé, beso.

    Ya lo habíamos hecho así más veces, aunque a mí me encantaba cuando lo hacíamos por video conferencia. Verla tocarse era estar en otra dimensión.

    11 de la noche, tres días después.

    Estaba en el bar jugando una partida al tute. Me sonó el whatsapp. Mi compañero de partida, Braulio, me dijo:

    -Eso se apaga antes de empezar a jugar.

    Lo cogí y leí el mensaje: Estoy en Pontevedra en… Tengo dos horas, después vuelvo a casa.

    Me levanté y les dije:

    -Una emergencia, tengo que irme. ¿Me prestas el coche, Braulio?

    -Si es una emergencia… -echó la mano al bolsillo y me dio las llaves de su Audi-. Vete despacio a donde quieras que vayas.

    Pagué las consumiciones de los tres y la mía y me fui. En media hora estaba en la pensión que me había dicho. Llamé a la puerta, me abrió, y me dejó pasar. Diana llevaba puesto un vestido blanco que le daba por encima de las rodillas y unas sandalias del mismo color. Cerró la puerta, me empujó contra la pared y me echó la mano a los huevos.

    -¿Los traes llenos de leche?

    -A rebosar.

    Apretó sus tetas contra mi espalda, me bajó la cremallera del pantalón y sacó la polla. Besando mi cuello, comenzó a masturbarme. Me preguntó:

    -¿Me echaste de menos?

    -Mucho.

    Estaba en plan manda más. Me gustaba que me dominara.

    Dejó que me diera la vuelta. Me volvió a arrinconar contra la pared y me comió la boca. Su lengua estaba tan deseosa de la mía cómo la mía de la suya, pero era Diana, y de ella podía esperar cualquier cosa, y esa cosa fue que me acabó mordiendo la lengua y el labio inferior. Se agachó. Metió la polla en la boca, y al rato, meneándola, la mordió. Le dije:

    -Vienes con ganas de guerra, cabrona.

    Me metió otro pequeño mordisco, y agarrándome las pelotas, me miró, y dijo con sarcasmo:

    -¿Oí que me llamabas cielito lindo?

    Estaba casi seguro que no me iba a estrujar las pelotas ni a meterme un bocado en la polla, pero ante la duda, le dije:

    -No juegues con las cosas de comer, cielito lindo, no juegues con las cosas de comer.

    -Eso ya está mejor, cabrón.

    No fueran mordiscos fuertes, excitaban más que acojonaban, pero tenía que tomar medidas. La levanté cogiéndola por los sobacos. Una vez en pie, la levanté en alto en peso. Creyó que la iba a follar y rodeó mi cuello con sus brazos. Lo que hice fue llevarla hasta a cama y posarla en ella. Le quité el vestido, le quite el sujetador y después las bragas. Metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a comerle el coñito. Lo tenía mojado. Hacía unos días que no lo afeitara y rascaba si se salía del interior de la vulva. Suave, despacito, mi lengua lamió los labios y después penetró en su vagina, despacito subió hasta su abultado clítoris. Lo lamí, muy, muy lentamente, y de repente. ¡Clash! Le metí un mordisco en el capuchón. Diana, exclamó:

    -¡Cabrón!

    -La que a mordisco mata a mordisco muere, pequeña!

    Puso cara de cabreo.

    -¿Esas tenemos, maricón?

    Me cogió la cabeza, me tiró de los pelos, me puso el coñito en la boca, y después, moviendo la pelvis de abajo a arriba y alrededor, me dijo:

    -¿Quieres coño? ¡Toma coño, cabrón!

    A mi no me iba a torear. Le hice cosquillas en las costillas. Se comenzó a reír y a retorcer… Lamí a toda mecha desde el periné hasta el clítoris, clítoris que ya había salido totalmente del capuchón y le eché las manos a las tetas. Me cogió la cabeza, ahora con suavidad, y me apretó la lengua contra su coñito. Paré de lamer, y dejé una parte de la lengua sobre su clítoris y el resto se la enterré en el coñito. Diana moviendo la pelvis de abajo a arriba y alrededor, dijo:

    -¡Ay qué rico, ay, que rico! ¡¡Come, come, come, come!! ¡¡Ay que riiiiico!! ¡¡¡Aaaaah!!!

    Se corrió cómo una loba. Al acabar de correrse, acariciando mi cabello, me dijo:

    -Me presto.

    Quería que le siguiese comiendo el coñito para correrse otra vez. Mis labios se posaron es sus labios entreabiertos. Me volvía loco su boca, por la frescura de sus labios y por la pasión de sus besos. Luego disfruté de sus tetas. Tetas que tenían la textura del algodón y la dureza del diamante en sus pezones. Al bajar a su coñito lo encontré cómo a mí me gusta, empapado, empapado de los jugos de la corrida y de la excitación posterior. Lamí y fui recogiendo las babitas hasta que mi lengua se cubrió de ellas, entonces las tragué y acto seguido le lamí y le di besos y chupadas en el clítoris. Luego la cogí por las nalgas, la levanté y lamí en círculos su ojete, que comenzó a latir. Se lo penetré con mi lengua varias veces, luego turné las penetraciones en la vagina y en el ano. Comenzó a gemir de nuevo.

    -¡Qué rico se siente! Dame, dame, dame, dame, dame, dame más.

    Ya la tenía a punto de nuevo. Lamiendo sus labios vaginales, la llevé tres veces al límite, más antes de que llegase, paraba y la dejaba jadeando. A la cuarta, me dijo:

    -Por favor, por favor, por favor, cariño, deja que me corra.

    Esta vez, chupé y lamí su clítoris hasta que llegó… El placer que sentía parecía ser el doble del que sintiera con el primer orgasmo. Tan solo pudo gemir y retorcerse de placer.

    Al acabar, le volvió el habla, y fue para decir:

    -Me presto.

    Se prestaba y le prestaba. ¡Vaya si le prestaba! Mas el tiempo se me estaba yendo y veía que no iba a meter. No podía ser, tenía un empalme de burro salido. Le metí dos dedos en la vagina, le busqué el abultamiento del punto G y se lo masturbé con el «ven aquí», mientras le lamía el clítoris, clítoris que se negaba a meter dentro del capuchón. Había acertado, a los pocos minutos sus gemidos ya eran de pre-orgasmo. No paré, al contrario, aceleré los movimientos de lengua y de dedos. Sentí cómo una corriente de flujo mojaba mis dedos. Cómo su coñito los apretaba, y a Diana, exclamar.

    -¡¡¡Aaaaah!!!

    Menos mal que había puesto nuestras ropas en una silla, si no con aquella brutal corrida iban a quedar perdidas.

    Después de correrse llevó más de un minuto buscando aire. Pero a Diana, era mucha Diana.

    Me metió la polla entre las tetas y me hizo una cubana. Estaba haciendo tiempo para recuperarse del todo. Pero yo ya estaba cómo las hojas de los árboles en el otoño. Le dije;

    -Me voy a correr, cariño.

    Me apretó los huevos, y me dijo:

    -¡Te vas a correr cuando yo te mande, violador de gallinas!

    Se me cortó.

    -¡¿De dónde sacaste esa barbaridad?!

    -Del gallinero.

    -Estás muy loca.

    -Aún no sabes cuánto.

    Subió encima de mí. Diana era una caja de sorpresas. Metió la polla dentro de su coñito y me folló lentamente, me dio las tetas a mamar, me besó, y me dijo:

    -Te quiero. Te quiero tanto que te va a doler que tanto te quiera.

    Me encantaba que fuese tan mimosa.

    -¿Qué me va a doler, cariño?

    Me metió dos bofetadas, una en cada lado de la cara.

    -¡Plas, plas!

    -¡Hasta los huevos cuando te los muerda si te corres ates que yo, cabrón!

    Sacó la polla del coño engrasada y jugó con ella en la entrada del ojete. Le dije:

    -Me voy a correr. No puedo aguantar.

    Volvió a meter la polla en el coñito y me corrí cómo un pajarito dentro de ella. No me volvió a abofetear mientras se lo llenaba, y no lo hizo porque comenzó a correrse ella cuando yo ya estaba acabando.

    -Aaay ¡Aaay! ¡¡Me vengo, me vengo, cariño, me vengo!! ¡¡¡Aaaaah!!!

    Corriéndose, me besó con tan dulzura que me pareció que me amaba de verdad.

    Al acabar, se quiso sacar de encima. La agarré por la cintura, y le dije:

    -¿A dónde vas, cielo?

    -Ahora ya…

    -Ahora, te voy a volver a llenar el coño de leche y tú vas a bañar mi polla con los jugos de tus corridas.

    Se le dibujó una sonrisa en los labios.

    -¡¿Tomaste viagra?!

    -No, una aspirina, no te jode la…

    -La puta, trátame mal, nalguéame.

    Saqué la polla del coñito y se la metí en el culo.

    -¡Tenías el coño cómo un bebedero de patos, guarra!

    Sacó la polla del culo. Me restregó el coño en la cara, y me dijo:

    -¡Come, maricón!

    Cuando se hartó de abusar, la apartó y dijo:

    -¡Caaaarajo! A ver si aprendes de una puñetera vez quien es la puta ama. Mi coñito no es un bebedero de patos es un bebedero de maricones cómo tú.

    La nalgueé.

    Me cayeron de lado a lado.

    -¡Tú no aprendes, cabrón!

    -Si me dijiste que…

    Estaba por joder, y me gustaba que me jodiera.

    -Calla, y soba mis tetas.

    Le agarré las tetas y se las magreé al tiempo que le apretaba los pezones. De repente se puso cariñosa.

    -Dime que me quieres.

    -Te adoro

    -Lo dices para que no te arree.

    -Sabes que no, princesa, lo digo porque así lo siento.

    Me besó con dulzura, y me dijo:

    -Te voy a hacer el amor, pero, que conste que no se volverá a repetir.

    Diana, metió la polla en su chochito y me cabalgo a su aire. A veces echaba la cabeza hacia atrás y apoyando sus manos sobre mi pecho me follaba turnando la lentitud con fuertes arremetidas. Veía sus deliciosas tetas subir y bajar. Me besaba con dulzura, me besaba con pasión. Me daba las tetas a mamar… Me estaba echando un viaje inolvidable… Al final, cuando ya los jugos de su coñito encharcaran mis huevos y mi ojete, se quedó quieta, me miró, y después me dijo:

    -¡Córrete conmigo! -se le cerraron los ojos- ¡Córrete conmigo, cariño!

    Su cuerpo comenzó a temblar. Su coño baño mi polla, la apretó y, corriéndose, se derrumbó encima de mí. Yo, besándola, le volví a llenar el coñito de leche, leche que se mezcló con los jugos de su corrida.

    En verdad que me había hecho el amor, y podría añadir que me lo hizo cómo nunca antes me lo habían hecho.

    No había tiempo para más. La venían a buscar. No sabía quién… Ni le pregunté para saberlo. Esperaría a que me volviese a sorprender.

    Quique.

  • En casa de mis suegros (Parte 2)

    En casa de mis suegros (Parte 2)

    Continuando con la historia, mi novia subió a su cuarto, se demoró unos minutos allí arriba, mientras yo aproveché para platicar con mis suegros de cosas como películas, deporte, música. Mientras platicábamos tomé mi celular y le mandé un mensaje a mi novia.

    J: apúrate putita que ya muero de ganas por atravesarte…

    No tuve respuesta ya que ella estaba arreglándose para ser cogida mientras sus papas veían la televisión.

    Al momento de bajar la vi, se había puesto un vestido ligero, holgado en la parte de abajo y strapless en la parte arriba se fue directo a la cocina y gritó.

    B: papás quieren comer algo??? Se los preparo.

    Sus papas le dijeron que si, lo que fuera.

    B: puedes venir a ayudarme? Amor?

    J: si!! Voy…

    Cuando llegue no puede esperar más, le pregunté qué íbamos a preparar, lo sacamos del refri, prendimos la estufa y mientras hacíamos todo en flama baja yo por la espalda le empecé a sobar sus tetas (que para estar chaparrita tiene buen tamaño) me agachaba un poco y le besaba el cuello, empecé a sentir sus pezones paraditos y fue cuando le baje la parte de arriba del vestido.

    J:( al oído) amor dame teta!!

    B: si, toma…!! Papi!!! (susurrando)

    Mientras ella con una mano me ofrecía su teta, con el pezón rosadito y erecto y con la otra le movía a la comida de mis suegros.

    B: si mi vida chúpale con ganas… Mámame la teta… Se siente bien rico… Métetela toda a la boca… Ahhh!!! Siii!!! Así!!

    Después de un rato de estar intercambiando de teta en teta le empecé a meter la mano por debajo del vestido, fue cuando me puse más caliente al sentir solo una tanguita muy pequeña.

    J: Amor que sorpresa!! Esta te la tenías bien guardada. Me dejas ver?

    B: Claro! Sabes que soy toda tuya y que este culo es todo tuyo, puedes hacer lo que quieras.

    Me agache, levante el vestido y metí mi cara, comencé a lamerle las nalgas (que son igual de buen tamaño y bien formadas)

    Sobando sus piernas que igual me encantan, poco a poco empecé a meter la lengua entre el hilo que las separaba. La metía y la metía hasta que con ambas manos se las separe por completo, fue ahí cuando pude poner mi lengua en su ano, le di unas lamidas rápidas y otras lentas quería que me rogara que se la metiera. Sus piernas tambaleaban y cada vez restregaba su culo contra mi cara.

    B: ya casi esta la comida, me vas a meter tu pene o no. O aunque sea méteme los dedos o algo, lo necesito ya!

    Salí de entres sus nalgas, ella con la tanga de lado y bien lubricada

    J: pídemelo como se debe, tu sabes cómo y si no lo haces bien antes de que este la comida así te vas a quedar.

    Ella en una desesperación por ser penetrada se separó de la comida que ya estaba por ser terminada, se separó hacia la puerta que separa la cocina del comedor y me dijo en voz muy suave y sensual.

    B: quiero que mi hombre me coja, quiero que mi hombre me haga suya en mi casa con mis papás.

    Caminando muy lento comenzó a bajarse la parte de arriba del vestido (que minutos antes se había acomodado por si surgía alguna emergencia) me dejó ver sus tetas rosaditas y un poco rojas por la mamada que le di.

    Después de hacer eso se dio la vuelta se levantó la otra parte del vestido y haciendo a un lado su tanga que era de color negro con encajes, se abrió los labios de mi dulce favorito y me dijo:

    B: Métemela ya, quiero verga, quiero pito, quiero que me atraviese quiero que me des tu leche.

    Mientras hacía todo eso ya me estaba sobando la verga y desabrochando el pantalón. Cuando logre sacarla de esa eterna prisión le dije

    J: Dale unas chupadas a tu verga, prepararla para que te la meta.

    B: Claro, lo que sea con tal de que me cojas.

    Mientras ella me hacia la mamada, seguía de pie la acerqué hacia la estufa para apagarle al fuego de la comida y vi que en el vidrio que tiene el horno de esa estufa se podía ver perfectamente cómo se tragaba completamente toda como si fuera una desesperada.

    A mi me encanta ver los culos de las mujeres y claro, con tanga, si tiene buen culo espero que tengan buenas piernas. Ahí se me ocurrió poner su culo apuntando hacia ese vidrio volví a subir su vestido y a hacer a un lado su tanga, la agarre de los cabellos la separe de mi verga la acerque a mi cara diciéndole

    J: chúpame los dedos o si es posible toda la mano.

    Así lo hizo y sin delicadeza la regrese al trabajo que hacía, restregándole toda mi verga llena de saliva en su cara.

    Acerque mis dedos a su raja que estaba más que mojada, estaba como cascada, le escurría fluidos entre las piernas y alcance a ver que ya le llegaba hasta los tenis que tenía puestos. Empecé a estrujar su clítoris, y de vez en cuando su ano. Ella gozaba con esa dedeada que le estaba dando y yo disfrutando la imagen que tenía enfrente, ella casi en posición de perra y yo viendo como mis dedos se perdían entre su raja y su ano, intercambiándolos una y otra vez.

    J: ya basta de mamada

    La levante,

    J: sírveles la comida a tus papás, no vaya a ser que quieran venir a interrumpir.

    Se apuró, sirvió la comida, refresco y uno extra para mi.

    Me acerque le baje la tanga por completo me la guarde en la bolsa sin antes olerla profunda y largamente.

    J: esta tanga es mía no te puedo volver a coger con esta, necesitas otra.

    Dicho esto con el pito aun parado le di a que mordiera el olan para que no me interrumpiera al momento de darle las metidas que quería. Fue un mete saca algo apresurado pero profundo. De esos que con cada metida se ponen de puntitas. Era vigoroso y rítmico. Cada entrada hacia que se agitara y gimiera reprimidamente y cada salida era una tortuta para su raja ya que no quería que saliera nunca.

    Así estuvimos unos minutos y en silencio ya que sus papás al estar sentados viendo la televisión se podrían percatar de lo que le estaba pasando a su ‘inocente’ hija.

    A lo lejos escuchamos un ruido en la sala, que fue ahí cuando pensé que debía sacar su premio donde fuera. Escuché como su papá se iba levantando del sillón mientras decía

    P: hija voy y te ayudo.

    B: no papá ya voy estamos sirviendo los platos (entre gemidos y falta de aliento)

    P: está bien no tardes

    J: (le dije al oído a mi novia) no señor su hija está a punto de que le sirvan su plato favorito.

    Dicho esto me agache, le di unas últimas lamidas a su ano, ya se me salía la leche entonces le di una descarga por todas las nalgas incluyendo su ano y parte de la raja que tenía aún residuos de sus fluidos.

    J: toma tu plato mi perrita favorita por favor distribuye todo en ese culote que me encanta y después me limpias la verga con esa boquita de perrita en celo que tienes.

    Con una de sus manos se masajeaba una teta y con la otra comenzó a untar todo el semen en sus dos nalgas, todo quedó bien distribuido, se alcanzaba a ver como ese culote brillaba y ese ano rosadito se abría y se cerraba en un orgasmo reprimido.

    B: así te gusta papi???

    J: me encanta perrita, ha sido una gran exprimida la que me acabas de dar, y en tan poco tiempo.

    Mi novia llevo los platos después de haberse acomodado su vestido y lavado las manos, mientras yo me acomodaba los pantalones y el bóxer.

    J: ahorita te llevo los refrescos -le grite.

    B: si, por favor.

    J: claro con gusto -caminando hacia la sala- suegro que bonita cocina tiene, la mando a hacer?

    S: sí… bla bla bla…

    J: que bien suegro ya después con más tiempo ojalá y B me dé un tour por toda la casa.

    B: si con gusto.

    Esa plática se quedó así, sentado viendo televisión (que me aburre bastante).

    De vez en cuando metía mi mano a la bolsa para sentir la tanga que le había quitado a mi novia y saque el celular

    Por mensaje de texto:

    J: después me muestras toda la casa porque no sabes las metidas de verga que te voy a dar en cada rincón de ella, hasta en el cuarto de tus papás y el de tu hermana. Pero lo dejamos para otro día que tenga más tiempo.

    CONTINUARÁ…

    Me gustaría leer sus comentarios, si les gustó o no. Mujeres cuéntenme si les gustó. Como les digo esto es real somos una pareja común y corriente de la ciudad de México. Manden mail al correo que aparece acá. De igual forma poco a poco iré modificando mi perfil. Saludos a todos los lectores.

     

  • Mi mujer aceptó realizar mi fantasía y se vistió de puta

    Mi mujer aceptó realizar mi fantasía y se vistió de puta

    Mi nombre es Carlos y mi mujer se llama Andrea, tenemos 6 años de casados y vivimos en Apopa en San Salvador.

    Andrea es blanca, alta, con tetas grandes y un culo ancho muy rico.

    Hace unos 2 meses durante el sexo comenzamos a hablar de nuestras fantasías sexuales y jugando a decir una fantasía cada uno durante el sexo llegamos a la conclusión que ella haría primero una de mis fantasías, y justamente hace una semana, Andrea me dijo que ya estaba lista para complacerme y decidimos hacerlo.

    El sábado 1 de junio de 2019 a las 8 de la noche aproximadamente, nos alistamos y salimos a un bar llamado el establo en San Salvador, ahí nos tomamos unas cuantas cervezas y como a las 9:30 de la noche ella me tomó de la mano me dijo, vamos para la calle y nos fuimos a una calle cerca de metro centro y nos quedamos en un lugar un poco sólo y obscuro, cuando Andrea se bajó de mi carro con un jeans color blanco y una blusa color azul escotada y me dijo no llevo calzón mi amor.

    En unos segundos se puso en una esquina para hacerse pasar por una puta de la calle porque esa era mi fantasía, después de unos 5 minutos paro un vehículo blanco y ella estaba hablando por teléfono conmigo usando manos libres y me dijo se acerca un carro despacio y le dije no vayas a cortar la llamada que quiero escuchar y cuándo ella se acercó al carro y blanco un tipo le dijo cuánto cobras amor y Andrea con vos temblorosa le dijo veinticinco dólares y el tipo le pidió que se diera una vuelta y que le enseñará una teta y ella lo hizo, después de una pequeña plática ella me dijo callada, me subo y en ese momento me puse nervioso y le dije dale con todo y se subió, cuando el carro se dio marcha me puse todo tembloroso y los seguí hasta el motel la Pradera donde esperé subieran y entraran y luego subí y entre a la habitación de la par dónde ellos entraron y me quedé sentado esperando, me pasaron mil cosas por mi mente y por momentos no supe que hacer pero Andrea había dejado encendido el celular y justo escuché que el tipo le dijo te voy a sacar todo mi amor y ella sólo sonrió y el tipo de fue al baño, cuando Andrea me dijo por teléfono, mi amor no sé qué hacer u me dieron ganas de decirle que se saliera de ahí y que yo estaba en el cuarto de la par pero respiré profundo y le dije coge si querés y ella contesto, bueno amor disfrutarlo usted también que eso quería, después que el tipo salió ella entró al baño y al parecer encendió el televisor y cuando ella salió le tipo le dijo te voy a dar 50 dólares y te amarro a la cama porque esa fantasía quiero ella aceptó.

    Hubo silencio durante unos 5 minutos y de repente escuché a Andrea pujar mucho y cada vez pujaba más, en mi mente pasaron muchas cosas y entre pujos y el rechinar de la cama escuché unos golpes como nalgadas y después de unos 15 minutos escuché que todo se quedó en silencio y abrieron la puerta del cuarto donde están ellos y salí yo también con la paja de fumarme un cigarro y el tipo me vio y con la mano me dijo vení y al llegar donde él estaba abrió un poco más la puerta y me dijo con vos baja mira ese culo que me estoy dando y vi a Andrea estaba amarrada a las patas de la cama boca abajo y con una pañoleta en los ojos y el tipo estaba hablando por teléfono con alguien y luego vi cuando le tomo unas fotos a ella amarrada y desnuda, en ese momento se me paró tanto la verga que casi me venía y el tipo entró entro me dijo la voy a dejar así para que vea cómo se coge a una puta, en ese momento le metió la verga sin piedad y por un momento no supe que hacer y en eso pasó una pareja y vio hacia adentro del cuarto y la mujer dijo a esa puta le están dando hasta por el culo, después el tipo cerró el cuarto y me quedé escuchando por el celular que Andrea le decía ya termina que ya pasó la media hora y el tipo le dijo ya casi me voy, de repente todo se quedó tranquilo y sólo escuché el sonido de la regadera.

    Después sólo el tipo salió y Andrea me dijo vení a traerme al motel y me dio la dirección, yo lo le dije que estaba a la par y tarde unos 10 minutos para tocarle la puerta del cuarto y la encontré masturbándose con sus dedos y me dijo, me han dado una cogida que me duelen hasta las piernas y después de eso no hablamos hasta llegar a casa.

    Luego les contaré que me dijo ella sobre el encuentro.

  • Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 2)

    Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 2)

    Pero lamentablemente Lucía comenzó a tener problemas con su esposo por algunas cosas, hasta por la forma de cómo iba vestida, les escuchaba que discutían en el dormitorio y le decía que deje de trabajar a lo que ella se oponía completamente, luego de un tiempo dejó de ponerse las lycras y Lucía se iba a trabajar normalmente. Pero después mi hermana llegaba muy tarde y algunas veces se le notaba que estaba tomada, por lo que comenzaron a pelearse constantemente y yo deje de ir seguido a la casa de Lucía, solo llegaba muy pocas veces y más cuando tenía muchas ganas de pajearme mirando a Lucía, pero la relación de Lucía con su esposo cada vez era más tensa, por lo que dejé de ir a la casa de Lucía.

    No pasó mucho tiempo cuando mi hermana llegó a la casa de nuestros padres diciendo que se había peleado con el esposo, ellos nunca más se reconciliaron, más bien terminaron divorciándose. En la casa de nuestros padres pasamos prácticamente solos debido a que ellos viven en otra región por sus trabajos y no vienen muy seguido para acá.

    Lo bueno para mí era que a Lucía ya le podía ver otra vez todos los días y mi obsesión ahora era mirarla desnuda y poder disfrutar de su rico culazo desnudo.

    Lo bueno también fue que nuevamente Lucía comenzó a ponerse las lycras ajustadas para irse al trabajo, se le veía espectacular, perecía que no se ponía ropa interior, yo lo notaba porque estaba muy pendiente de mirar su sexo y ella no se daba cuenta que se le veía su culazo y su raja dibujada en la lycra y tampoco yo le iba a decir eso. Ese espectáculo que daba Lucía en la mañana era la causa de mis primeros pajazos del día. Igual siempre estaba pendiente en la tarde o en la noche que ella llegaba para apreciar su culo y su chucha.

    Cada que podía la miraba a Lucía cuando caminaba, era un hermoso espectáculo ver ese culazo subiendo y bajando rítmicamente sus tremendas nalgas. Ahora ya no me conformaba solo con mirarla con ropa, quería mirarla desnuda, siempre pensaba la manera de hacerlo paso un tiempo sin poder conseguir mi objetivo, hasta que se me vino una muy buena idea, como el dormitorio de ella y el mío están separados por una estructura de madera, un día que estaba solo en la casa realice un agujero en la madera y resultó muy bueno que se podía ver claramente una gran parte de su dormitorio, pero para disimular el agujero tengo puesto un tornillo en ese agujero en el que hasta ahora cuelgo un cuadro.

    El día que hice el agujero fue un día viernes, un día inolvidable, estaba tan emocionado y nervioso a la vez, esperando a que llegue Lucía, la espera me pareció muy larga y para empeorar ya se hizo de noche y Lucía no llegaba, hasta que pasadas las 20 h Lucía llegó a la casa, yo estaba en la sala y ella tenía el aliento a licor, se le veía un poco mareada, por lo que se puso a preparar algo de comer y me preguntó si yo quería también a lo que le dije que no se preocupe y mientras ella estaba en la cocina sin que se dé cuenta yo admiraba su culo dibujado en el pantalón de lycra que como siempre se ponía para irse a trabajar, el tiempo se hacía eterno, hasta que comió y dijo que ya se iba a darse un baño y ya se iba a dormir, por lo que yo también me fui a mi dormitorio para poder espiarla, tenía mucha ansiedad y esperaba que fuera el momento de mirarla desnuda a Lucía, cuando quité el tornillo del agujero de la pared me di cuenta que ya tenía mi verga parada, esperaba que se desnudara para meterse al baño, pero Lucía solo tomó una toalla y se metió al baño aun sin desvestirse, mientras esperaba que Lucía saliera del baño yo me pajeaba lentamente, cuando de pronto Lucía salió del baño completamente desnuda caminaba lentamente secándose el cabello con la toalla, era un momento inolvidable, ante mis ojos estaba Lucía completamente desnuda, era impresionante tenía la raja cubierta por un triángulo perfecto de vellos púbicos, unas buenas tetas, pero como yo estaba tan excitado que me pajee con fuerza y disparaba mi leche, seguía mirando a mi hermana luego tomó la secadora eléctrica de pelo y se dio la vuelta para mirarse al espejo y secarse más aun el cabello y pude mirar que Lucía tenía un insoportablemente hermoso culaaazo, era grande redondito y bien parado, simplemente Lucía tenía un culo perfecto. Ante el hermoso espectáculo mi verga aún seguía dura por lo que me seguía frotándome la verga y como si fuera poco Lucía se sentó mirándose en el espejo de su peinadora y sentada se le veía el culazo aún más grande y pasado un momento ella se puso de pie y se puso una pijama apagó la luz y se acostó mientras yo me pajeaba con fuerza y salió mi leche disparada nuevamente.

    Luego de esa primera noche todo el tiempo que podía le espiaba a Lucía por el agujero de la pared, veía como se desvestía y como se vestía, unas veces se ponía ropa interior pero la mayor parte de veces ella se iba sin ropa interior, por lo que todo el tiempo me mataba a pajas mirando a Lucía.

    Un día en la mañana le veía a Lucía mientras se vestía, como casi siempre se puso una lycra y sin ropa interior y se fue a trabajar y en la tarde cuando regresó yo la espiaba por el agujero, mientras Lucía se alistaba para desvestirse yo ya me estaba pajeando lentamente, se sentó al filo de la cama, se sacó la blusa y el sostén y quedaron al descubierto sus tetotas y en esa misma posición se sacó el pantalón lycra y ella como que se tocaba y se veía su chucha, de pronto se puso de pie frente al espejo de su peinadora y yo ya me pajeaba con más fuerza mirando su rico culazo, cuando se dio la vuelta vi que no tenía ni un solo vello púbico en su raja, se había rasurado completamente supongo que en su trabajo porque en la mañana cuando se fue tenía su raja como siempre cubierta de vellos, así se le notaba la raja semiabierta, por lo que me pajee con más fuerza y me salió la leche disparada. Con el tiempo Lucía se dejaba crecer los vellos en su raja y eventualmente se rasuraba. Me mataba a pajas por culpa de mi hermana.

    Era una hermosa rutina de espiar a Lucía y pajearme, yo consideraba algo normal que muchos podrían pajearse mirando a sus hermanas desnudas y mi interés solo era disfrutar mirándola y nada más. Hasta que un día sábado llegue en la noche, vi la luz del dormitorio de Lucía estaba encendida y en silencio me fui a mi dormitorio para espiar a mi hermana y que hermosa sorpresa Lucía estaba completamente desnuda en 4 al filo de la cama siendo penetrada por un hombre, para mí fue otro momento inolvidable, ver como a Lucía le metía la verga, no se desde que hora estarían culeando, era un hermoso espectáculo que yo cuando me di cuenta ya tenía mi verga en la mano pajeándome, se veía claramente como le bombeaba a Lucía, luego de un rato él le sacó la verga de su raja y le colocó la cabeza de la verga en la entrada de su culo, era sensacional, según yo inmediatamente pensé que iba a presenciar la rotura del culo de Lucía, pero él amigo de Lucía le metió de una sola toda la verga en el culo y ella solo movía en círculos su gran trasero y él le bombeaba con una gran facilidad, por lo que entendí que mi hermana ya había tenido bien roto el culo, en poco tiempo a mí ya me salía disparada la leche de la verga, mientras tanto su amigo le daba verga por el culo, luego él se acostó en la cama y Lucía se subió y cabalgaba con la verga en su raja, le culeaba de diferentes maneras y yo ya me pajeaba nuevamente, hasta que finalmente él estaba sobre Lucía le daba verga entendí que terminaron porque él se quedó sobre ella un buen rato, igual yo también me saque la leche por segunda vez, finalmente apagaron la luz y yo también me fui a dormir y siempre con la idea de espiarles nuevamente cuando amanezca, de hecho, con esa sensación me desperté temprano para espiarlos nuevamente, pero cuando vi, su amigo ya se había ido.

    Así por algún tiempo la pude ver que tenía sexo en su dormitorio, llegue a verla con tres hombres diferentes, para entonces yo consideraba algo normal que tenga relaciones considerando que estaba divorciada y yo simplemente disfrutaba de eso y me pajeaba constantemente, pero un gran día la descubrí que tenía sexo con dos hombres al mismo tiempo.

    (Tengo fotos de Lucía, si quieres te puedo enviar mi correo es [email protected])

  • Desconocido

    Desconocido

    El frío de aquella noche calaba mis huesos, más que nada porque con los escasos grados de temperatura en el ambiente salí pasada la medianoche vestido solo con un short verde ajustado, zapatillas y sudadera Rip Curl negra. No salí para ejercitarme, aunque me encontraba trotando, quería «más bien debía» llegar a casa de mi novio con quien media hora antes había tenido una fuerte discusión «pelea, literal». Necesitaba arreglar las cosas, o eso creía.

    Mi novio me había golpeado un par de veces antes, palmadas en la cara, empujones e incluso apretado, pero nunca me había dado un puñetazo tan fuerte como aquel, sentí que mi nariz se quebraba con el golpe, incluso tuve la sensación de sangre correr por ella. La nariz no se quebró, ni brotó gota alguna de sangre, pero la furia se apoderó de mí y por primera vez en nuestro año y medio de relación le respondí el golpe, con varios puñetazos en su cara, cabeza y cuerpo, lo saqué a la calle a patadas, cerré la puerta y me tiré en la cama a llorar. Minutos más tarde salí en su búsqueda, lo amaba, tenía que recuperarlo, disculparnos mutuamente, esto no debía volver a suceder, así que solo con las llaves de mi casa salí a buscarlo.

    Nunca había llegado tan rápido, para ahorrar tiempo tomé un atajo el cual suelen esquivar las personas por su peligrosidad, pero en ese momento no me importaba y en realidad, no tenía nada que pudieran quitarme. Al llegar a su casa miré por la ventana buscando luz, estaba todo a oscuras, así que decidí tocar la puerta, esperé y golpeé más fuerte, estuve así 20 minutos. Supuse que podría no haber llegado aún, haber partido donde una amiga o a lo mejor llegué muy rápido así que me senté en la acera a unos 20 metros de su casa para esperarlo.

    Al pasar los minutos los espasmos en mi cuerpo eran cada vez más fuerte, el frío era ya incontrolable así que me preparé para levantarme y volver a casa, de seguro habría partido donde algún amigo, ya no me importaba, el frío me había hecho enojar nuevamente.

    —Socio, qué anda matándose de frío —un hombre me habló mientras caminaba hacia mi.

    —Amigo, tiene un cigarrito que nos regale —otro hombre a dos pasos más atrás.

    «Mierda, me van a asaltar» pensé mientras se tensaba mi cuerpo.

    —O alguna moneda pa’ comprar alguna cosa —retomó el primero.

    —No “hermano”, no tengo na’ —hablando lo más callejero posible para no levantar sospechas de mi miedo, mirando hacia el piso.

    —Bueno, cuídese amigote, se va a resfriar así como anda.

    —Sí, ya me voy, gracias— pasaron.

    Siempre he sentido que soy muy arriesgado, iluso o simplemente estúpido, pero ese sentido autodestructivo me hizo pararme y caminar tras los dos hombres que me había hablado. Escuché su forma de hablar y los reconocí, el primer hombre era más alto, tenía una gran espalda, vestía una sudadera como la mía pero color blanco y jeans azules, el otro era un poco más bajo, pero aun así más alto que yo, su cuerpo era más robusto, usaba una gorra de béisbol, un suéter rojo y jeans negros.

    —¡Ey! puedo caminar con ustedes, es que no soy de acá y me está dando miedo.

    —Oh hermano nosotros nos vamos yendo pa la casa, pero camina con nosotros un rato, yo me entro en unas tres cuadras más —el hombre de blanco.

    Caminamos tres cuadras en silencio, yo atrás de ellos y al llegar a una esquina se detuvieron.

    —Ya hermanito, yo me voy, acá vivo. Váyase con cuidado.

    —Si, gracias por la compañía.

    —Chao, que llegue bien a casa —estirando la mano y entrecerrando sus ojos verdes, estiré la mano por cortesía, él se rascó la cabeza por sobre la capucha y pude notar su cabeza rapada.

    —Si quieres te acompaño un rato, yo voy más adelante, quiero ir a comprar un cigarrillo suelto.

    Asentí con la cabeza, el hombre de blanco se despidió y quedé a solas con mi nuevo acompañante desconocido, comenzamos a caminar en busca de un lugar para comprar el cigarro y volvió a insistir.

    —Tienes alguna moneda o algo, podríamos comprar algo para el frío, un vino o algo.

    —No sé, es que salí apurado —revisé mis bolsillos, encontré un billete en mi sudadera.

    —Si se nota, ¿por qué tan poca ropa amigo?

    —Larga historia, mira acá tengo algo, no sé si alcance.

    —Pero yo pongo el resto, compremos en la esquina y podemos tomarlo un poco más allá, hay una plaza de juegos donde nunca va nadie.

    Llegamos a la plaza y comenzamos a beber de una caja de vino, me habló que vivía con su novia y sus suegros, que en casa siempre peleaban así que por eso salía mucho, que “Andrés” su mejor amigo tenía que trabajar al día siguiente y por eso no lo había acompañado a tomar. La cara redonda del desconocido comenzó a sonrojarse con el calor del vino, cada vez sonreía más, sus ojos achinados y brillantes se veían afectados por el vino.

    —Entonces, ¿peleaste con tu novio?

    —¿Qué? —quedé aún más frío.

    —Ah, pensé que tenías novio.

    —No, no, no soy así —No sabía qué decir.

    —Igual yo tengo hartos amigos que son gay, son buena onda —tomó otro sorbo de la caja de vino.

    —Que bien —apreté los labios y asentí con la cabeza—. Hace mucho frío, igual mejor ya me voy —con tono apenado.

    —Pero tomémonos el vino y te acerco a casa, no te preocupes, me caíste bien.

    Luego de varios tragos de vino el desconocido sabía la historia de los golpes de mi novio, me había hablado de sus amigos los cuales más que ser hombres gais por lo visto eran transformistas o travestis. Su mano izquierda sujetaba la caja y su brazo derecho estaba apoyado en mi espalda mientras seguíamos hablando.

    —Ya que estás enojado con tu novio, ¿tienes ganas de despicarte o algo?

    —¿Cómo? —reí y agité negando con la cabeza.

    —Hacer algo para sacarte el enojo.

    —¿Y qué puedo hacer? apedrear su casa —con tono sarcástico.

    —No, algo más rico.

    Me quedé en silencio mirándolo, no sabía a qué se refería y ya no estaba pensando bien.

    —Podrías chuparme el pene, si es que quieres.

    Hasta entonces no había sentido nada por el desconocido, salvo miedo a momentos, pero sus palabras me calentaron de inmediato y en un abrir y cerrar de ojos lo examiné de pies a cabeza. Masculino, un poco ebrio, lo acabo de conocer en la calle y siento que me va a asaltar o golpear en cualquier momento. Toda una fantasía que hasta entonces no tenía y se me acababa de antojar.

    —¿Acá? —lo miré a los ojos y mordí el borde izquierdo de mi labio inferior.

    —Un poco más allá está oscuro —moviendo la cabeza para señalar el lugar.

    —Me da vergüenza, si alguien nos ve, además no te conozco —el morbo me subía, pero quería asegurarme que él igual quería y no era una excusa para golpearme— y tengo novio.

    —No hables de él, es un imbécil y tranquilo, no se verá nada.

    —Ya, vamos —Decidido, tomé la caja de vino y la vacié en mi boca.

    Llegamos a un espacio oscuro detrás de una casa, me puse en cuclillas y se desabrochó el cierre del pantalón, sacó su pene lacio junto con sus bolas y lo dejó frente a mi cara. Su pene lacio era de como de 14 centímetros, y unas bolas peludas que colgaban bastante. Tomé su pene con mi mano derecha la cual no alcanzó a cerrar por su grosor, sentí su piel suave y acerqué mi cara, olía a orina y sudor. «Todo un macho me salió el delincuente» pensé. Abrí mi boca y probé suavemente con mi lengua la punta de su pene.

    —Vamos, cómetelo todo.

    No me hice el rogar, comencé a pasar mi lengua por todo su glande saboreando un sabor amargo y salado, sentía su olor de sudor en mi nariz mientras lamía su glande y su pene comenzaba a crecer y endurecer.

    —Trágatelo.

    Posó sus manos sobre mi cabeza y comenzó a follarme la boca lentamente, su pene cada vez más grande llegaba más adentro y las lágrimas comenzaban a brotar por mis ojos con las suaves arcadas que me provocan sus embestidas.

    —¿Quieres que te lo meta?

    —¿Andas con condón? —sacando su pene de mi boca y mirándolo hacia arriba.

    —No, no tengo.

    —Entonces no, otro día podríamos juntarnos —con su glande afirmado en mis labios.

    —Chúpame las bolas.

    Tragué su pene una vez más y en seguida comencé a lamer sus bolas sudadas y mojadas con la saliva que caía de mi boca mientras lo masturbaba, escuchaba su respiración y acallados quejidos de hombre, lamía desde las bolas sin despegar mi lengua hasta llegar a su glande, tragaba todo su pene y volvía a repetir.

    —Lo chupas rico, maricón —suspirando.

    Eso me calentó aún más, quería comerle bien el pene, quería que siguiera quejándose.

    —Avísame cuando vayas a acabar —para que no eyaculara en mi boca.

    —Sí, sí, yo te aviso, sigue no más.

    Volvió a poner sus manos en mi cabeza y embestía contra mi boca todo su pene, llegaba al fondo de mi garganta y por alguna extraña razón no me causaba tantas arcadas, aunque sí me hacía lagrimear a montones. De pronto su pene comenzó a palpitar más y antes que pudiera retroceder mi boca se llenó de semen, intenté escupirlo pero con sus manos presionaba más mi cabeza contra su pene haciéndome tragar a la fuerza. El sabor era fuerte, amargo y muy viscoso.

    —Oh que rico, maricón.

    Cuando soltó mi cabeza ya me había tragado la mayoría del semen, y el resto corría por las comisuras de mis labios, así que no me importó y con mi lengua empecé a limpiarle el pene hasta no dejar rastro de mi mamada.

    —Me habría gustado follarte el culo, se ve que lo tienes bueno —mientras seguía chupando su verga.

    —Igual me hubiese gustado —a medida que me ponía de pie.

    —Ya hermano, me tengo que ir.

    —Yo igual, muero de frío.

    —Cuídate —me dio una palmada suave en el hombro y se fue.

    Sonreí a su toque y marchó, mientras yo comencé el camino en la otra dirección para llegar a casa, olvidando todo lo malo ocurrido durante el día y pensando solo en el desconocido a quien nunca volvería a ver.

  • Como lo hice con Paola

    Como lo hice con Paola

    Paola estaba casada, sus hijos vivían en casa todavía y su marido trabajaba en la misma ciudad, él era un hombre que se pensaba rudo, pero a la vez eran solo apariencias. Hacía rato que tenía problemas con su mujer. Paola era una mujer muy atractiva de un sex appeal espectacular.

    Yo casado también con dos hijos, un varón y una niña, felizmente casado y con la mente soñadora de una canita al aire pero nunca me atrevía. Paola y yo nos mirábamos mucho pero de ahí no pasábamos.

    Una noche pase por su casa camino a la ciudad y la vi en el balcón de su casa, me detuve a saludar y nos quedamos charlando un rato, su marido no estaba y sus hijos dormían, charlamos un poco más y nos acercábamos el uno al otro hasta que de un memento a otro nos besamos y calentamos.

    ¿Qué hacíamos ahora? pues nos fuimos a la parte de atrás de la casa y parados contra la pared, Paola se agacho me saco la verga de su escondite y me dio una soberana mamada, yo estaba asustado, me imagino que ella también, en cualquier momento podría llegar su marido, se lamio se paró y se puso de espaldas a mí, ya con su pantalón y bragas abajo, cogió mi verga y la puso a la puerta de su espectacular cuca, metí la cabeza y nos culeamos delicioso.

    Con todo y el miedo por unos minutos, el temor venció la calentura y nos separamos, nos vestimos, nos besamos y sin decir mucho ella se fue a su alcoba y yo seguí mi camino al centro.