Autor: admin

  • Todo aquello que te haría si nos encontráramos en la calle

    Todo aquello que te haría si nos encontráramos en la calle

    Si caminaras hacia mi en la calle, te detendría. Si estuvieras de pie frente a mi en la calle, tomaría tu mano y caminaríamos juntos. Si caminaras conmigo de la mano, te llevaría a un motel. Si entraras conmigo a un motel, te sacaría la ropa hasta dejarte completamente desnudo. Si estuvieras desnudo conmigo en un motel, me sacaría la ropa hasta quedar completamente desnuda. Si estuviéramos desnudos en un motel, te recostaría en la cama…

    Te esposaría las muñecas por sobre tu cabeza y te prohibiría bajar los brazos, después te abordaría desde tus pies, tomaría tus piernas y flectaria tus caderas y rodillas, abriéndolas para dejar frente a mí tu pene y tus testículos. Ahí, desnuda, sentada en mis talones frente a ti, acariciaría tus piernas, y las lamería, de abajo hacia arriba, terminando en la parte interna de tus muslos, pasaría mi lengua por alrededor de tu miembro, más no lo tocaría hasta que estuviera erecto completamente, duro y grande.

    Pasaría por el lado de el con mi lengua y subiría por tu abdomen, quedando yo en cuatro, mis brazos cada uno apoyado a un lado de tu tronco y mis piernas entre las tuyas. Pasaría mis duros pezones sobre ti, de abajo a arriba y de arriba a abajo, lamiéndote. Rozaría mi vagina con tu pene ya erecto y gemiría de placer. Después volvería a la primera posición y tomaría tu pene con mi mano derecha, te masturbaría suavemente, mientras me agacho a lamer tus bolas, pasaría mi lengua por ellas, las chuparía mientras sigo masturbándote. Yo gimo de placer, me excitas demasiado, me calienta calentarte, me calienta tenerte así, me calienta devorarte.

    Después pasaría mi lengua por todo el cuerpo de tu pene, hasta la punta, con mi mano expondría su cabeza y pasaría mi lengua por su borde, la chuparía un poquito para tragarme el semen que has sacado hasta el momento y después me lo metería en la boca. Y empezaría a masturbarte con ella. Al mismo tiempo que sigo con mi mano más hacia su base… «Mmmm… Mmmm… Pero rico rico pene tienes, tan duro…» Te lo chuparía cada vez más adentro, abriría mi boca intentando atragantarme con el, trataría de comérmelo entero de una vez, que se pierda todo en mi… Y que tú al mirarme, pudieras ver, cómo eres devorado por mi, que sientas como llegas hasta mi garganta, puedas ver qué me desespero por comértelo, como si quisiera asfixiarme, podrías ver como lagrimean mis ojos, pero también podrías ver el placer que siento al hacerlo…

    Te darías cuenta que realmente necesitaba hacerlo, necesitaba engullir tu pene, que en ese momento eras todo tu, era todo cuerpo, todos tus pensamientos, todos tus sentimientos, toda tu persona, resumida en él… Lo necesitaba mío, cómo fuera.

    Después de chupártelo entero, lo pondría entre mis pechos, ahí, yo bajaría y subiría afirmando con mi mano derecha que se mantenga entre mis tetas, chupando la punta cuando se acerque a mi boca, pasando mi lengua cada vez que yo bajé y tú verga suba. Me encanta tu sabor, a intimidad, a fluidos secretados gracias a la excitación, de estar ahí, a mi merced, sin poder tocarme, sin poder moverte. Después seguiría con mis pechos pero ahora hacia tu cuerpo…

    Me pondría en 4 y te seguiría masturbando con mis tetas, con tu verga hacia adelante, rozando mis pezones en tu cuerpo , gimiendo de placer, sintiendo dolor en ellos, esos pezones oscuros, grandes y duros apretados… Con la areola cada vez más contraída dado el placer y calentura. Extiendo mi cuello y te miro, sonriendo con lujuria, sintiendo que eres tan mío… Me sigo moviendo, sigo masturbándote…

    Sigues dándome placer solo con mirarte, con rozar mis pezones duros con tu cuerpo… Me muerdo el labio… Gimo, te deseo… Te deseo adentro… Subo por tu cuerpo pasando mis tetas por ti, las arrastro… Te las pongo en la cara… Quiero que chupes un pezón… Lo paso por tu boca… Lo tomas lo chupas, lo lames… Te pongo el otro… Me haces gemir… Me tienes muy caliente… Paso mi vagina por tu pene… Lo rozo, me muevo, busco el roce con mi clítoris… Lo pongo en mi vagina… Me enderezo… me siento en el, entero… Me lo metes entero, siento como encaja… Me quedo ahí… muevo mi pelvis para adelante y atrás… con tu pene adentro… Sin sacarlo. Me gusta así… Estático… adentro…

    Ahora soy tuya… Frágil, entregada al deseo… Toda tuya… Gimo… Mmmmm… Siiii…

     

  • Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 3)

    Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 3)

    Todo el tiempo que podía apreciaba el culazo de mi hermana Lucía, especialmente cuando se ponía sus pantalones de lycra para ir a trabajar vendiendo electrodomésticos puerta a puerta y por supuesto todo el tiempo que podía la espiaba por el agujero de la pared, disfrutaba de su rico y enorme culo y todo su cuerpo desnudo mientras me pajeaba y disfrutaba mucho más las veces que la encontraba culeando, eso era impresionante.

    Luego de un tiempo dejo de trabajar como vendedora de electrodomésticos, porque había conseguido un trabajo como secretaria ya que ella estudió secretariado, lo malo de esto fue que dejó de vestirse con lycras ajustadas, ahora para irse a trabajar solo se vestía con falda blusa y chaqueta y debajo se ponía calzonarios, cacheteros o tangas, pero aun así siempre se le nota la silueta de su culazo.

    Continuamente me pajeaba espiándola a Lucía en el dormitorio cuando se vestía y desvestía y cuando yo estaba con suerte la encontraba teniendo sexo con alguien, era algo fantástico mirar cómo alguien le hacía mamar y luego le metía la verga por la raja y el culo, era lo máximo y me pajeaba hasta más no poder, en esos culeos lo que me di cuenta es que Lucía era muy caliente por la manera en que culeaba, se subía, se bajaba, se ponía en cualquier posición para que le metan la verga y cuando se le moría la verga al que le estaba dando verga ella les mamaba hasta que se les pare nuevamente y comenzaba nuevamente a meterse la verga.

    Una tarde regresé a casa y me fui a mi dormitorio, escuche algunas voces en el dormitorio de mi hermana y me fui a espiar por el agujero de la pared y vi a Lucía que estaba con dos hombres, no sé porque no me sorprendió eso, estaban sentados en la cama y Lucía estaba sentada en el medio de los dos, Lucía estaba vestida con un sostén y una faldita y de pronto Lucía se levantó y se paró frente a ellos comenzando a moverse e inclinándose frente a ellos, en esa posición se podía apreciar que estaba puesta un calzonario, ella movía su trasero en círculos y se acariciaba con sus dos manos las tapas del culo, confirmando que ella era muy caliente.

    Viendo tremendo espectáculo, me di cuenta que mi verga estaba totalmente parada, por lo que me saque del pantalón y me comencé a masturbar lentamente, sin quitar la mirada del trasero de Lucía

    De pronto Lucía comenzó a desvestirse, viendo esto los dos hombres que continuaban sentados se sacaron las vergas bien paradas, entonces Lucía se sentó nuevamente en medio de los dos, entonces ella les agarró las vergas y les comenzó a pajearles, entonces ellos se sacaron el pantalón, entonces Lucía se acostó de lado y se metió la verga de uno de ellos en la boca y comenzó a mamar, mientras que el otro comenzó a frotar la raja, ella alzó una pierna para facilitar el manipuleo de su raja, el uno le comenzó a mamar la raja a Lucía.

    Mientras yo me estaba pajeando con bastante fuerza, era inaguantable ver ese rico espectáculo por lo que salió disparada la leche de mi verga.

    Luego de una larga mamada de Lucía a uno de ellos y así como a la raja de ella, uno de sus amigos se acostó boca arriba en la cama, entonces Lucía se subió encima de él y se clavó la verga en su raja y comenzó a bombearse, mientras el otro le colocó la verga en la boca de mi hermana y ella comenzó también a mamar, era increíble, ella se podía meter completamente la verga del macho en su boca, Lucía era penetrada por su raja y por la boca por un buen rato. Luego se cambiaron de posiciones entre los dos amigos

    Como era muy caliente lo que estaba pasando, cuando me di cuenta yo me estaba pajeando nuevamente.

    Después de un buen rato, un macho se acostó en la cama y Lucía se subió encima y se metió la verga por su raja, mientras que el otro macho se acercó hacia Lucía por atrás y le metió la verga en su culo con una gran facilidad, de esta manera Lucía estaba clavada por atrás y por delante, le bombearon por un buen rato con mucha fuerza como que la querían atravesar, situación que parecía gustarle mucho a ella por la manera de gozar de esta doble penetración, Lucía gemía y sonreía. Era espectacular ver así a Lucía completamente desnuda con su rico y enorme culazo y su rajota bien clavada, el espectáculo que daba Lucía no podía ser mejor.

    Yo me pajeaba con más fuerza, estaba que se me salía la leche, pero me detenía para seguir mirándolos, luego se cambiaban de posición entre ellos ahora el otro le daba por el culo y el otro le daba por la raja, le bombearon constantemente por un buen rato.

    Después a mi hermana la colocaron boca arriba y uno de ellos le metió la verga en su raja y después de un buen bombeo el macho acababa dentro de la raja de Lucía, luego de unos segundos que se quedó quieto, el macho sacó la verga de la raja, entonces Lucía abrió bien su chucha haciendo fuerza ella expulsó de su raja la leche, la leche chorreaba de su chucha, mientras los dos amigos le miraban y ella sonreía

    Después el otro amigo le colocó a Lucía en cuatro y el otro macho le clavó la verga por el culo, luego de unos cuantos bombeos el macho comenzó a acabar por lo que le mantuvo clavada la verga hasta el fondo del culo, de igual manera se mantuvo el macho unos segundos inmóvil, luego de lo cual él le sacaba la verga del culo. De la misma manera ella se abrió las tapas del culo y expulsó la leche derramada dentro de su culo. Entonces Lucía entre risas ese mismo semen se frotaba por todo su culazo, la raja y las tetas.

    Viendo tremendo espectáculo me pajeaba con más fuerza y viendo como mi hermana gozaba, pude fácilmente sacar mi leche disparada de mi verga otra vez, la pared estaba empapada de mis pajazos que me había hecho en honor al culeo de mi hermana Lucía.

    Entonces ellos completamente desnudos se sentaron en la cama y yo muy satisfecho de haberla visto así a Lucía y conforme con mis pajazos me acosté en mi cama, me había quedado dormido y cuando me fui a ver nuevamente a Lucía, ya estaba sola y dormida, supongo que le dieron verga nuevamente antes de irse sus amigos, ya que había pasado como dos horas desde que me había quedado dormido.

    Todo el tiempo mi interés por mi hermana era simplemente poder mirarla y pajearme, para mí era normal que ella tenga sexo con una persona, pero desde ese momento que vi que tenía sexo con dos al mismo tiempo, cambio mi manera de pensar respecto a mi hermana, si ella tenía sexo con dos al mismo tiempo simplemente era una puta y me nació las ganas de meter mi verga en ese rico culazo.

    Posteriormente cuando la espiaba y me pajeaba tenía ganas de meter mi verga en su rica rajota y su culazo y cuando yo terminaba me imaginaba que lo estaba haciendo dentro de Lucía. Comencé a pensar cómo hacer para poder dar verga a Lucía, no encontraba la manera, hasta que se dieron las circunstancias y pude meterle la verga a mi hermana.

  • Laura, una pequeña historia (Parte 4)

    Laura, una pequeña historia (Parte 4)

    Se despertó en mitad de la noche desorientada, aterrada y muy dolorida. Por un momento no logró recordar donde estaba ni quien era el hombre con el que estaba durmiendo. Tuvo que levantarse para refrescarse la cara.

    Apenas logró identificar a la muchacha que reflejaba el espejo de todo lo que había cambiado en unos pocos días. Había envejecido de golpe y había perdido esa frescura que siempre la caracterizo.

    Volvió despacio a la cama, pues no deseaba despertar a su chulo.

    Este la estaba esperando.

    -No te tapes, deja que te vea, Blanquita.

    Una parte de ella misma aún no había perdido el recato que toda señorita debe tener. Laura obedeció tal y como la habían enseñado a hacer, y no sin cierta timidez, colocó sus brazos a la espalda.

    -Ven, ven conmigo.

    Avanzó a paso lento y se situó al pie de la cama. Su chulo alzó su pie y se lo situó en su coño. Comenzó a frotarlo. Laura no tardó mucho en venirse.

    -Lámelo.

    Los negros dedos del pie de su chulo empapados de sus propios jugos vaginales no era lo más raro que Laura se había llevado a la boca en los últimos días. Ni si quiera estaba segura de si le asqueaba o lo estaba disfrutando.

    Cuando acabó se tumbó junto a él. En su interior sabía que la sensación de seguridad y confort que sentía era falsa, que seguramente el día siguiente iba a ser tan brutal o más como el que acababa de pasar. Pero no la importaba, en ese instante se sentía muy bien.

    Apenas había amanecido cuando ya estaba vestida con su uniforme de trabajo y subida en la moto.

    Se dirigían a otra obra, a otro lugar polvoriento alejado de la mano de Dios donde unos 30 obreros la esperaban.

    Se desnudó para ellos y se subió encima de una con su cabeza colgando por el borde de la misma.

    No tardaron en penetrarla por el coño, la boca y el culo.

    De una forma extraña y perturbadora, ser usada por tantos hombres se había vuelto rutinario.

    A lo que aún no se acostumbraba era al cansancio físico que seguía a las sesiones. Terminaba agotada, destrozada, reventada…

    -¿Y qué tal come culos?

    -Ni idea. Aún no me ha comido el mío.

    -¿Y a qué estás esperando? Una perra como esa a tu entera disposición es para usarla, hombre.

    El chulo no dudo más. Se colocó delante de ella y la susurró al oído:

    -¿Sabes lo que pasará a tu familia si no lo haces, verdad?

    Sí, lo sabía. Vaya si lo sabía. Abrió ella misma los cachetes del culo y metió la lengua en un agujero que no estaba demasiado limpio y que sabía a acre delante de todos los presentes.

    Después la cogió en brazos y se la llevó a un lugar discreto, íntimo, lejos de todos ellos. La dejó en el suelo y comenzó a penetrarla.

    Y Laura disfrutó.

    A pesar de todo el sexo, de todo el uso y abuso de su cuerpo, sentir esa polla grande y negra dentro de ella, la estaba volviendo loca. Deseaba sentirlo al máximo, así que permitió que su chulo la tomara con toda la dureza que le diera la gana.

    Regresaron cogidos de la mano con todos los presentes conociendo exactamente lo que acababa de hacer. Ni si quiera podía mirarlo. Pero los hombres aún no habían terminado con ella. Querían verla mear.

    Así que Laura se quitó de encima el poco orgullo que la quedaba y se colocó en cuchillas. Si les apetecía verla mear, lo haría.

    Volvió a subirse en la moto, pero Michael pudo notar simplemente por como fue agarrado que la relación con ella se había estrechado, que la perra ansiaba el contacto físico con él.

    Que poco a poco se estaba enamorando.

    Siguiendo con la rutina de su día a día como puta callejera, volvieron al mismo bar en el que le marcaron los pechos con fuego.

    Esta vez nadie la tuvo que decir donde quedaba el cuarto de trabajo.

    Tuvo sexo con los que ya eran clientes habituales a pesar de que solo se los había tirado unas pocas veces.

    Como de costumbre su chulo la sobó mientras estaba comiendo. Ese par de manos recorriendo su cuerpo era otra de las cosas a las que se había ido acostumbrando poco a poco.

    -Esta tarde irás sola a recorrer la calle.

    Otra etapa de su vida como puta callejera. Hasta ahora su chulo la había acompañado en todo momento, y trabajaba bajo su atenta mirada. Pero ahora estaba sola, en la esquina que tan bien conocía ya.

    -Hola Blanquita, ¿Hoy estás sola? Bueno, no importa, ya sabes lo que tienes que hacer.

    Sí, sí que lo sabía. Se metió en el coche, le bajó la bragueta y se metió en la boca una polla sudada y maloliente.

    -Ten, por tu trabajo.

    Laura salió del coche confundida. Nadie la estaba viendo, ni observando. Podía mentir y decir que nadie requirió sus servicios, aunque fuera mentira. Podía aguantar el castigo.

    Pero no, se había subido al coche y se había prostituido, como si fuera una autómata.

    Un segundo coche no tardó mucho en parar y volvió a actuar de la misma forma…

    -Cada vez la chupas mejor, Blanquita.

    Y una tercera y una cuarta… El quinto quería follársela. Acepto. Estaba harta de chupar pollas.

    También conocía el Motel al que se dirigían. El hombre alquiló una habitación por una hora y la poseyó durante toda ella.

    -Cada vez follas mejor, Blanquita.

    Regresó de nuevo a su esquina…

    Su chulo vino a recogerla por la noche. Verlo de nuevo hizo que su corazón saltará de alegría. Se agarró fuertemente a él y se dejó llevar.

    Ya en el apartamento tras entregarle el dinero, puso su culo a su disposición.

    Se estaba corriendo del gusto y eso que su chulo estaba siendo especialmente agresivo esa noche.

    -Abre la boquita, Blanquita, que me voy a correr.

    Se corría en su cara, su boca, su pelo o donde cayera el semen.

    Michael pudo comprobar por su mirada que la perra estaba completamente enamorada de él…

  • El padre sabía de rectitud, la hija sabía latín

    El padre sabía de rectitud, la hija sabía latín

    Galicia, años 60, cuando ser maricón o lesbiana te llevaba a la cárcel.

    Aniceto era un guardia civil, recto, robusto, bigotudo, viudo, moreno, de ojos azules. Con su metro setenta y ocho era el hombre más alto del pueblo y el más honrado, pero era bruto, muy bruto, tan bruto era que de una hostia había dejado tuerto al Venancio, su vecino, por haberle llamado tres cuernos.

    Tenía una hija, Olga, gamberra cómo ella sola, que cuando se le murió la madre aún se hizo más rebelde.

    Aquella tarde -de uniforme y con el tricornio encima de la mesa-, Aniceto, sentado en una silla, tenía a su hija Olga sobre sus rodillas. Con su mano derecha, que era más grande que una nalga de su hija, le estaba azotando en el culo.

    -¡Me cago en todo lo que se menea! ¡Te voy a quitar las ganas de apedrear a la gente! ¡Fuera de mi vista que no te quiero ver delante!

    Olga, cuando su padre le calentaba el culo no le rechistaba. Se callaba, pero luego salía de casa y se las pagaba el primero o la primera que dijese algo que no le gustase, y ese día fue el cartero, al decirle un piropo más viejo que el hambre:

    -¡Tienes un culo y un cuerpo que le levanta la polla a un muerto!

    Olga agarró una piedra del camino y le dio una pedrada en la cabeza que casi lo deja en el sitio. El resultado fue que a sus quince años la internaron en un reformatorio, y su padre no movió una paja para que esto no ocurriera.

    Seis años más tarde, cuando salió del reformatorio, en vez de salir reformada salió hecha una cabrona de miedo, tan cabrona era que se dejaba querer para joder a la callada.

    Aniceto ni cuenta se diera que su hija ya no tenía edad para ponerla sobre sus rodillas, levantarle la falda y azotarle el culo, pero allí estaba, calentándola.

    -¡Me cago en todo lo que se menea! ¡Seis años en el reformatorio y en vez de enderezarte vuelves más torcida de lo que fuiste! ¡¿Por qué besaste a la hija del Pelado?! ¿No sabes que te pueden encerrar, y allí violar y hacer de ti un cristo?

    Olga, estaba en su salsa.

    -No la besé, me besaba. Nos vieron después de comerle el coño, y ya estuve en la cárcel. ¿O qué te crees que es un reformatorio? ¿Un hotel de lujo?

    Aniceto se quedó de piedra con la respuesta de su hija.

    -Eres una perdida.

    -No, soy una guarra.

    -¡Plas, plas, plas!

    Olga, en vez de quejarse, le dijo:

    -Bájame las bragas y sigue dándome, me excita que me calientes el culo.

    Aniceto, levantó la mano para volverle a dar, pero la bajó para ayudar a que su hija se pusiese en pie. Le preguntó:

    -¡¿Te calentaban el culo en el reformatorio?!

    Olga ya lo tenía donde quería.

    -En el reformatorio me hacían lo que le hacen a las mujeres en el infierno… Aprenderles a comer coños, a comer pollas… A ser guarras.

    Olga, tenía ahora 21 años y era preciosa. Tenía el cabello muy largo, tan largo que le llegaba a la cintura, los ojos azules y un cuerpazo, con buenas tetas, y culazo redondo… Era casi tan alta como él, Aniceto, le miró para las tetas y vio sus pezones de punta marcados en la camiseta blanca, lo que le decía que no llevaba sujetador. Se levantó de la silla. Olga, le preguntó:

    -¿A dónde vas, Aniceto?

    -A buscar la escopeta. ¡Tú a mí no me vuelves a avergonzar!

    Olga, salió de la casa cómo alma a la que persigue el diablo. Aniceto, le dijo:

    -¡Corre, corre que ya volverás!

    Al caer la noche, Olga, desde fuera de la casa, miró por la ventana y vio a su padre sentado en una silla delante de una jarra de cristal mediada de vino blanco que había encima de la mesa. Tenía la escopeta al lado. Coño, tuvo. Entró en casa, y al llegar a la cocina, le dijo a su padre:

    -Haz lo que tengas que hacer, Aniceto.

    Aniceto, levantó la cabeza, y le dijo:

    -Haría, haría, pero me quedé sin cartuchos. Mejor hablemos. ¿Desde cuándo te excitas al calentarte el culo?

    -Desde hace años.

    A Aniceto se le encendió la luz de alarma.

    -¡Hace años estabas en casa!

    -¿Y quién me calentaba el culo?

    -Debí darme cuenta… Los choques de tus tetas en mi espalda… Las miradas a mi entrepierna… Debí oler que ya te hicieras mujer -Olga, se puso el tricornio y, encarándolo, se sentó sobre las rodillas de su padre-. ¡¿Qué haces, Olga?!

    -Sentarme. ¿Tienes alguna pregunta guarra que hacer, Aniceto?

    Aniceto, se la quitó de encima. Tenía que mostrar su rectitud.

    -¡Te voy a meter una bofetada que vas a ver las estrellas!

    Olga, sabía latín.

    -Tócame y grito diciendo que me quieres violar.

    -¡Serás cabrona!

    Olga, se volvió a sentar sobre las rodillas de su padre y le rodeó el cuello con los brazos.

    -Vamos a llevarnos bien, vamos a llevarnos bien, Aniceto… Aniceto, desde luego, tienes un nombre feo de cojones. A ver. ¿No tienes alguna pregunta guarra que hacerme?

    -No, no tengo preguntas que hacerte.

    -¿Ni acerca del calzoncillo que te desapareció?

    Se estaban mirando a los ojos con sus bocas a pocos centímetros una de la otra.

    -No puede ser… Tan guarra no creo que seas.

    Olga le acarició el cabello.

    -Créeme, soy más guarra de lo que te puedas imaginar, Aniceto.

    Aniceto le hizo saber que no estaba el horno para bollos.

    -¡No me vuelvas a tocar!

    Olga se puso en plan coqueta.

    -Uy, uy que lo dejo calvo.

    -¡Calva te voy dejar yo a ti de un guantazo!

    Olga, sonriendo, le dijo:

    -¡No te puedes arriesgar!

    -Eres cómo una serpiente.

    Olga, lo miró con su mirada más traviesa, y le respondió:

    -¿Después de follar me vas a mandar de nuevo al reformatorio?

    -¡No vamos a follar! Y no digas eso, yo no te metí allí, tú te lo buscaste.

    Olga, se puso sería.

    -¿Hablaste con alguien para evitarlo?

    -¿Por eso me quieres seducir? ¿Para vengarte?

    -Te estoy seduciendo porque llevo casi quince días sin probar una polla y no quiero que me salgan telas de araña en el coño.

    -¡Qué cabrona!

    Allí quien tomara el mando era Olga.

    -¿No me ibas a hacer una pregunta?

    -Miedo me da preguntar.

    Olga, le pellizcó un moflete y le puso morritos.

    -Tan grandote y tan miedoso.

    -¿Qué haces con mi calzoncillo en la intimidad? ¿Te lo pones?

    Olga lo besó en la mejilla.

    -Lo huelo.

    Aniceto miró para su hija cómo si fuera un bicho raro.

    -¡¿Te excita oler calzoncillos?!

    -Y bragas.

    -¿Te excita el olor a meo?

    -El olor a meo, las raspitas… Todo eso me moja el coño.

    -¡Qué cerda!

    -Cómo también me moja el coño cambiar tu cama.

    -¿Y eso a qué se debe?

    Se sentó sobre su polla, que ya estaba dura. Se movió de atrás hacia adelante, y le dijo:

    -A que al pajearte te limpias la leche a las sábanas blancas y en ese lugar quedan de color amarillo. A veces lamiendo tu leche seca me toco y me corro.

    Aniceto, no se escandalizó. Dejó que su hija siguiera frotando el coño con su polla. En sus interrogatorios a sospechosos de delitos sexuales oyera de todo, mas nada tan excitante cómo lo que le había dicho su hija… Pero tenía que ejercer de padre.

    -¡La madre que te parió! ¡¡Estás enferma!! ¡¿Desde cuándo haces esas cosas?!

    Olga, tenía carita de ángel, pero llevaba una diablesa dentro.

    -Mejor que no sepas cuando empecé. Tienes la polla dura cómo una piedra.

    Lo besó en los labios. Aniceto se la quitó de encima.

    -¡Vaya guarra que estás hecha! ¡¡Chilla si te sale del coño pero a mí no me perviertes!!

    Olga, de pie, en frente de él, le preguntó:

    -¿Eres de piedra, Aniceto?

    -¡Ojalá lo fuera!

    -Entonces hablemos. ¿En quién piensas cuándo haces una paja, Aniceto?

    A Aniceto, ya le llegara, más que nada porque su hija tenía un polvazo, y el anterior roce de su coño con su polla lo había puesto malo, malo, malito.

    -¡Olvídame!

    -No te las des de santo que no lo eres.

    El cabreo de Aniceto había desaparecido, momentáneamente.

    -Nunca dije que lo fuera.

    Olga sintiera la polla de su padre en su coño y quería sentirla otra vez, pero dentro.

    -Yo siempre pienso en la misma persona.

    Aniceto la vio venir.

    -No quiero saberlo.

    -Pienso en ti.

    -¡Te dije que no quería saberlo!

    -Pues ya lo sabes.

    -¡Ayayay que al final te voy a tener que callar la boca!

    Olga, ya iba de sobrada.

    -¿Metiéndome la polla en ella? ¡Me encanta mamar pollas!

    A Aniceto le dio un arrebato de padre.

    -¡Tira para cama, Olga!

    Olga, seguía desafiando a Aniceto.

    -¿Vienes conmigo?

    -¡Tira para cama! O…

    La voz de Olga salió de su boca cargada de sensualidad.

    -¿O qué? ¿Me vas a dar en culo?

    A Aniceto lo traicionó el subconsciente.

    -No lo descartes. ¡Ya no sé ni lo que digo!

    Olga, se puso mimosita.

    -¿Me pongo otra vez sobre tus rodillas?

    Aniceto cogió la escopeta.

    -¡Tira para cama, hija de un demonio!

    -Está descargada.

    Cogió la escopeta por los cañones.

    -¡Pero tiene culata!

    Lo enredó de nuevo.

    -Aún no cené, Aniceto.

    Aniceto puso la escopeta donde estaba.

    -Pues cena. ¡Pero ni se te ocurra decir una palabra más subida de tono! ¡¡Y mucho menos acercarte a mí!!

    -¡A qué chillo!

    Aniceto se echó las manos a la cabeza.

    -¿Cómo llegamos hasta aquí, hija? ¡Qué vergüenza, Dios mío, qué vergüenza!

    -Vale, no te tiento más. Se ve que le tienes miedo al infierno.

    -¡No me jodas, Olga! El único infierno al que le tengo miedo es al de la enfermedad. A ver si te cabe en esa cabecita que un padre y una hija no pueden tener relaciones carnales.

    -¿Y masturbarnos juntos?

    Aniceto ya estaba desesperando.

    -¡¡Nooo, carallo, nooo!!

    Olga, sacó el pollo frío del horno, se sentó a la mesa delante de su padre y comenzó a comerlo con las manos. La boca y las manos se le comenzaron a llenar de grasa. Las moscas acudían a su cara cómo si estuviese comiendo miel. Las apartaba a manotazos. Para limpiar la mano derecha, antes de echarse un vaso de vino, se chupó el dedo gordo y después los otros cuatro de menor a mayor mientras miraba a su padre a los ojos. Se echó el vaso de vino y se lo bebió, Aniceto, al ver tanta provocación, no pudo evitar la pregunta.

    -¿Qué te hicieron en el reformatorio para acabar siendo… Siendo cómo eres?

    Olga, le llamaba al pan, pan, y al vino, vino.

    -¿Siendo tan puta?

    -Sí.

    -¿Seguro que quieres saberlo?

    -Sí, y quiero saber los nombres de quienes te pervirtieron. ¡Me los voy a cargar a todos!

    -Anota, Aniceto, anota: El juez que me metió dentro, tu teniente, el cura… ¿Sigo?

    Aniceto se negaba a creerla.

    -¡Mientes!

    -No miento, Aniceto. El juez tiene un antojo en la polla. El cabrón del cura es un pervertido que me llevó un hábito de monja para follar conmigo. Al juez le gustaba meterme el mango del mazo untado de mantequilla en el culo mientras me follaba…

    El rebote que pilló Aniceto con su hija fue total.

    -¡Mientes más que hablas!

    Olga, besó a su padre en la boca.

    -¡Se acabó! Me voy para cama y si te atreves a venir a mi habitación que sepas que cuando menos sales con una pierna rota.

    Olga ya le perdiera el miedo.

    -Voy a ir, Aniceto. Mi coño se muere por tener tu polla dentro.

    Aniceto, sacó su genio.

    -¡Pues vente si tienes coño!

    -Lo tengo, y en este momento está mojadito.

    Aniceto, levantó la manopla, y le dijo:

    -¡Que hostia te metía, coño, que hostia te metía!

    Aniceto se fue a su habitación a planchar la oreja, pero a la media hora seguía despierto.

    Olga, vestida de monja y con la pistola reglamentaria de su padre en la mano, se acercó a la cama. Aniceto encendió la luz y vio a su hija, armada y vestida con el hábito de monja. Se incorporó, y le dijo:

    -¡¡Era verdad!! ¡Qué hijo de puta!

    A Olga, le importaba una mierda lo que pensara o dijera su padre. Apuntó con la pistola a su entrepierna, y le dijo:

    -¡O jugamos o te vuelo las pelotas!

    -Bromeas.

    Olga, puso cara de pocos amigos.

    -¿Me ves cara de bromista?

    -Tranquila, hija, tranquila.

    -¡Tranquilo murió cagando!

    Le acababa de dar a entender que era ella la que tenía la sartén por el mango.

    -¿Qué quieres que haga?

    -Siéntate en el borde de la cama.

    Aniceto, acojonado, hizo lo que le dijo. Olga, se echó sobre su regazo.

    -Levántame el hábito, bájame las bragas y azótame.

    Aniceto estaba excitado y confuso. Al bajarle las bragas para azotarla vio sus gordas y blancas nalgas y la raja del coño con pelos negros a los lados. Se empalmó.

    -No sé…

    Olga, quería marcha.

    -¡Azótame, coño, azótame o te pego un tiro en un pie!

    Al acabar de azotarla, le dijo:

    -Mastúrbame, Aniceto.

    Aniceto tocó el coño de su hija y la palma de la mano le quedó pringada de un jugo mucoso. Olga, se la cogió y se la lamió. Después la masturbó con dos dedos. Olga se metió un dedo en el culo, lo sacó, lo olió y después se lo puso en las fosas nasales a su padre.

    -Huele.

    -Estás muy mal, hija.

    -¡Huele, coño!

    Aniceto olió el dedo y su polla reaccionó latiendo, Olga, le dijo:

    -Me gusta que te guste. ¡Azótame, Aniceto, azótame!

    -¡Aaaay, aaaay, aaaay, qué gusto!

    Olga, dejó el regazo de su padre, levantó el hábito y le puso el culo en la boca.

    -¡Cómele el culo a la hermana Olga!

    Aniceto ya estaba metido en harina. El hábito que llevaba su hija le ponía, y mucho… Le comió el culo y le magreó las tetas. Tiempo después, Olga, a punto de correrse, le dijo:

    -Ponme boca abajo y cómeme el coño. Quiero correrme haciendo el pino.

    Dicho y hecho, Aniceto, se puso en pie. Con un empalme brutal, la puso boca abajo y le comió el coño. Olga, con la polla de su padre en la boca, sus piernas rodeando su cuello, y el hábito cubriendo la cofia, se corrió como una bendita.

    Cuando la devolvió a la posición normal, estaba mareada, y casi se cae. Aniceto la sujetó, pero ya no era su padre… Estaba cómo loco, le comió la boca, le comió y le magreó las tetas por encima del hábito, y después le levantó el hábito y se agachó para comerle el coño peludo. Con la primera lamida a aquel coño empapado, sintió el contacto de la pistola en su cabeza.

    -¡Arriba, cabrón!

    Aniceto empezó a preocuparse.

    -¿Se te fue la olla, Olga?

    -Sor Olga.

    -Lo dicho, se te fue la olla.

    -Quita el calzoncillo y échate boca arriba sobre la cama.

    Se echó sobre la cama. La polla apuntaba al techo. Olga le largó dos cachetes en los huevos.

    -Plas, plas.

    -¡Me haces daño, Olga!

    -¡Sor Olga, capullo!

    -Me hace daño, sor Olga

    -Tú llevas haciéndome daño a mí muchos años, cabrón.

    -Yo…

    No lo dejó hablar.

    -¡Tú te callas!

    Aniceto hizo amago de levantarse.

    -¡Si te mueves te dejo tieso, cabrón! Empieza a menear la polla.

    Tenía que hacer lo que le decía.

    -Eres una enferma, hija, te voy a tener que llevar a un médico.

    Le dio dos hostias en la cara.

    -¡Sor Olga, lame culos!

    Aniceto, se rebotó.

    -Te estás jugando una hostia cómo un mundo.

    Olga, se puso hecha una fiera.

    -¡Y tú que te vuele los huevos, maricón!

    Le apuntó a las pelotas. Aniceto ya no las tenía todas con él. Parecía un angelito, cuando le dijo:

    -La violencia solo engendra violencia, hermana Olga.

    Olga, estaba gozando.

    -¡Así me gusta, cerdo! Métete un dedo en el culo, maricón!

    Aniceto no estaba por la labor.

    -Es que…

    -¡Sí, lo sé, te vas a correr, a todos los maricones le pasa lo mismo!

    Aniceto debía ser medio maricón, ya que poco después de follarse el culo con un dedo, de su meato comenzó a salir leche en cantidad que bajó por la polla abajo y le pringó los cojones y el culo. Olga, le lamió toda la leche, incluida la que cayera en la sábana. Le chupó la polla hasta ponerla otra vez dura, subió encima de su padre, y besándolo, levantó el hábito y metió la polla muy despacito en su coño.

    -¡Te voy a dejar los ojos en blanco, perro!

    Faustino ya estaba desatado.

    -De eso nada. ¡La voy a matar a polvos, hermana Olga!

    Olga, tiró la pistola al piso, y lo desafió.

    -¡A qué no tienes cojones, sopla pollas!

    Faustino, era un follador nato… En la casa de putas le llamaban Chichi El Amoroso. Le llamaban así porque era el único que las hacía correr, y para hacer correr a una puta hay que ser bueno follando, muy, muy bueno, jodidamente bueno.

    Apuntó al punto G y lo machacó de menos a más hasta que el coño se comenzó a inundar de jugos. Olga, exclamó:

    -¡Me voy a correr, cabrón!

    Aniceto, sin parar de follarla, le dijo:

    -Córrase, hermana, córrase.

    Olga al comenzar a correrse, se derrumbó sobre su padre, lo besó, y se abandonó al placer… No se corrió una vez, se corrió tres veces, y no se corrió más porque Aniceto dejó de follarla al ver que su hija perdiera el conocimiento.

    Aprovechó para metérsela en el culo… Quitó la polla del coño, se la acercó al ojete, y despacito, se la clavó toda.

    Poco después despertaba Olga y sentía cómo la polla entraba y salía de su culo. Sonriendo, le dijo:

    -Maricón.

    -¿Quiere que la quite, hermana Olga?

    A Olga le estaba encantando.

    -No, pero déjame hacer, cochino.

    Olga, frotó el clítoris con la pelvis de su padre, y lo folló a su aire… Unos cinco minutos más tarde, le decía:

    -¡Lléname el culo de leche, cabronazo!

    -Pídamelo por favor, sor Olga.

    -¡Por favor, sopla pollas!

    -¡Esa boca!

    -Esta boca es para besarte y para decirte… ¡¡¡Córrete conmigo!!!

    Olga, temblando y sacudiéndose, y sin dejar de besar a su padre, se volvió a correr, y Aniceto le llenó el culo de leche.

    Aniceto, no se cargó al teniente, ni al cura, ni al juez, ni a la secretaria del juez… No se cargó a nadie, si lo hacía acabaría en la cárcel, y en la cárcel no podría follar con su hija.

    Quique.

  • Me cogió una milf

    Me cogió una milf

    Nunca me llegué a sentir tan obsesionado por una mujer como me sucedió hace meses, con la particularidad de que era mayor que yo. Yo recién había cumplido 44 años y ella, nunca lo supe con exactitud, era cincuentona, pero cuidada, conservada y muy atractiva, de un nivel económico alto. Vivía arriba de mi departamento y cuando la conocí fue en el estacionamiento del departamento, un fin de semana, iba acompañada de su marido, muy conservadora en su forma de vestir y demasiado seria en su forma de ser, recatada, diría yo.

    Por mi horario de trabajo no la veía entre semana, salvo en una ocasión que tenía que salir de viaje y salí más tarde de lo normal. La encontré en el elevador, sola, vestida con unos leggings ajustados y una gorra. Iba al gimnasio. Apenas me saludó, pero no pude evitar mirarla. Estaba buenísima la señora, caderas anchas, acinturada, trasero parado y buenas piernas. Alta, blanca, con el cabello pintado de color zanahoria, distinguida. Supe que el marido trabajaba como alto ejecutivo en el sector financiero, pues yo sabía un poco por trabajar en un Banco.

    Me quedé con esa imagen, pues cuando la llegaba a ver el fin de semana con su marido, muy atractivo también él, generalmente iba vestida muy conservadora, con faldas largas o pantalones nada ajustados. No la vi más en leggings pero eso fue suficiente. Después supe que iba a un club cercano y coincidentemente yo conocía a uno de los instructores del gym. Le pregunté por ella. Y me dijo que si la ubicaba, que era muy reservada, que casi no entablaba conversación con nadie pero que al mismo tiempo era un poco coqueta y que en efecto, estaba muy bien la señora, que se le notaba con los leggings ajustados que iba.

    Me llegó a decir que en algunas ocasiones le ayudaba a hacer algunos ejercicios, como sentadillas, y que también, en el movimiento de ayuda, le arrimaba un poco su miembro y ella no decía nada. No solamente eso, sino que también la llegó a pillar mirándole su bulto. Nunca le dijo nada, pues podía ser su mamá, además que las reglas del club tienen prohibido salir o establecer una relación cercana o íntima con los clientes y más si son mujeres.

    Otra cosa que hizo que me llamara la atención es que todos los viernes o casi todos, escuchaba que tenía relaciones sexuales con su marido, pero con ciertos detalles que empecé a identificar con el tiempo. Por ejemplo, se oía la ducha y después escuchaba como caminaba con tacones hacia la recamara, que estaba exactamente arriba de la mía. Pero me llamaba la atención que escuchaba el rechinido de la cama no por mucho tiempo. Ya después no se escuchaba nada. Pensé que el marido tenía eyaculación precoz o esta señora le hacía buenos trabajos y no podía resistirse.

    Así transcurrió casi un año. Cuando coincidía con ella me sonreía. Se me empezó a volver una obsesión, pues un sábado nos encontramos en el estacionamiento, ella caminaba rumbo a su auto y yo iba llegando en el mío. Pero me llamó la atención su vestimenta. Iba con una falda corta, de color negra, con zapatos altos y una blusa amarilla pegada. Tenía unas piernas espectaculares, torneadas, blancas, nunca se las había visto, me puso hasta nervioso. Me baje de mi auto y nos saludamos. Abrió la puerta de su auto y vi todavía mejor sus piernas al subirse y ella sin inmutarse ante mi mirada las enseñó más, casi le veo los calzones. Me excitó verla. Solo le pregunté por su esposo y me dijo que había salido de viaje. Me ofreció una sonrisa coqueta. Así que supuse que cuando no estaba su esposo o cuando se iba a trabajar ella era otra, tanto en su vestimenta como en su forma de ser.

    Yo buscaba coincidir con ella, pero no era fácil. Ya fuera por mi trabajo o luego no se escuchaban ruidos en su departamento. Suponía que salía de viaje y que en realidad así era, al confirmarlo por ella misma y su esposo. O por mi conocido del gym. Pensaba en ella, en cómo sacarle una invitación o su teléfono. Una vez nos encontramos en el elevador, vestida muy recatada, se había adelantado a su esposo que había regresado por un olvido. Así que aproveché y le pedí su teléfono. Ella me respondió ¿para qué? Yo le dije “pues para ver si algún día nos vemos o algo”. Entonces me paró en seco diciéndome “Los intereses que usted tiene en mí yo no los tengo por usted”. No supe que responderle. Me fui, como quien dice, con la cola entre las patas… Me sentí un estúpido.

    No sabía qué pensar o si seguir otra estrategia, pues según yo, me había enviado algunas señales, como la de aquella vez con su falda negra y su sonrisa, o lo que me decía mi conocido del gym sobre su forma de ser. Traté de no pensar más en ella. Coincidí nuevamente con ella una vez en el elevador y me saludo cordialmente. Iba por su marido al aeropuerto, vestida como era habitual, discretamente, pero yo sabía lo que había debajo de esa ropa y me excitaba. Me preguntó si estaba casado o lo había estado, le dije que tres años y que ahora estaba soltero. Me preguntó si tenía hijos, le dije que no, yo le pregunté lo mismo y me respondió que tres: dos casados y una estudiando en E.U. Nos despedimos y me sonrió con un dejo de coquetería. También me preguntó si vivía solo, le contesté afirmativamente. Yo ya no sabía qué pensar.

    Poco tiempo después, estando yo de vacaciones, como a mediodía, la encontré en el estacionamiento bajando unas bolsas del maletín de su auto, me ofrecí a ayudarla y aceptó. Traía un vestido blanco completo, ajustado en la parte superior y suelto abajo, pero corto, con zapatos altos. No pude evitar mirarla sobre todo cuando se estiró para alcanzar una bolsa que estaba al fondo del maletín. Vi mejor sus piernas y me empezó a provocar una erección. Yo iba en short y playera, pues iba a andar en bicicleta al parque. En el elevador se puso enfrente de mí y no dejaba de mirar su trasero, simplemente espectacular. Ya caminando a su departamento miraba como se movían sus nalgas a cada paso.

    Llegamos a su departamento, me invitó a pasar y me dijo si apetecía algo, le dije que nada, me dijo que me sentará. Yo estaba nervioso sin saber qué hacer o decir. Me senté pero le dije que había dejado la bicicleta con el portero del edificio, así que me paré y sentí como mi miembro ya estaba erecto y no quería que se me notara. Al mismo tiempo me di cuenta como ella lo miraba de reojo. Como el short era suelto se notaba más. Después me dijo que se le había olvidado algo en el auto, que podíamos aprovechar y bajar juntos. El elevador iba lleno, con unos trabajadores que llevaban unas cajas. Como no nos conocían, aproveche para acercármele, no dijo nada, mi miembro lo sentía súper erecto, se lo acerqué a sus nalgas, y ella sin decir nada, más bien sentí como me las acercaba más. Finalmente llegamos al estacionamiento y la acompañé a su auto. Lo abrió y saco su bolso que había olvidado.

    Luego, mirándome a los ojos y después volteando a ver mi entrepierna, me dice “no creo que tengas las suficientes hormonas para satisfacer a una hembra como yo”, entonces le respondí que lo confirmara, que subiéramos a mi departamento. En el elevador intenté besarla y se rehusó, solo aceptó que la abrazara y la pegara a mi cuerpo. Llegamos a mi departamento y me dijo “con condón, sino, olvídalo”. Yo no recordaba si tenía, así que fui al baño y busqué en los cajones. Encontré una caja y me dio gusto al verlos y saber que los había comprado con xilocaína, para retrasar la eyaculación, pues hubo un tiempo que anduve con una cubana, mulata y me acababa al instante, ya con esos condones la satisfacía por completo.

    Así que fuimos a mi recamara, me pidió que me acostará y también me pidió el condón. Me bajó el short y la trusa. Empezó a masajear mi pene, y me dijo que estaba bien dotado. Le dije que si no quería llevárselo a la boca y me dijo que no, aunque se le antojaba mamara otra verga diferente a la de su esposo; esto me lo dijo mirándome a los ojos con una sonrisa pícara. Pretendí abrazarla pero no me dejaba. Ya después me dice que me ponga boca arriba, lo hago, toma mi miembro y me pone el condón. De repente se levanta el vestido y veo que ya está sin calzones; se pone en la posición de vaquerita invertida y empieza a cabalgar de tal manera que no puedo contener la excitación al ver esas caderas y esas nalgas blancas espectaculares y sobre todo la forma de moverse, en círculo y de arriba hacia abajo. Pasa por mi mente que con ese condón, por la xilocaína, aguantaré más tiempo. Pero los movimientos que hace esta señora son irresistibles y terminó por venirme.

    Se levanta y me dice “ya ves que no tienes las suficientes hormonas para satisfacer a una hembra como yo”. Se acomoda el vestido y me dice “por mí esto no se vuelve a repetir”.

    Se despide y le preguntó “y tus calzones”. Y ella me responde “acaso no puedo ir de compras sin ropa interior”. Me quedo estupefacto sin saber qué decir. Sólo sé que nunca me había cogido una mujer de esa manera y menos pensé que una mujer madura, cincuentona, tuviera el erotismo a flor de piel, más que muchas jóvenes.

     

  • Mi primera mamada

    Mi primera mamada

    Esto ocurrió hace como 4 años atrás.

    En la época cuando tus estas a punto de salir de los liceos de Chile y las niñas te miran y se hacen agua. Esto es mi caso, a principio de 4, conocí a una niña que la llamaremos Josefa. Ya con Josefa vivíamos cerca así que cada vez que salíamos del liceo y todo nos íbamos en el mismo micro y todos.

    Un día de esos que salimos temprano, me dice: «oye, vamos para mi casa. No me siento bien».

    A todo esto llevábamos andando como 2 semanas y a puro besos y agarrones piola.

    Yo la mire y le dije: «ya, po»

    Partimos para su casa y justo no había nadie, así que partimos para su pieza y nos empezamos a comer, justo cuando estaba subiendo de grado la cosa, llama su mama que se le quedaron las llaves y está afuera de la casa. Quede ahí con mi compañero, mas parado que palo de escoba. En ese instante atine a entrar al baño.

    Cuando la Josefa, le dice a la mama que se siente mal y todo el show. La mama la mira y como tenía la cara rojo de lo caliente que estaba, su vieja pensó que era de verdad que estaba enferma y partió a comprarle cosas para tomar al súper.

    Cuando se va su vieja, yo iba saliendo del baño y yo todavía tieso, en eso se da cuenta. Esta mina y sola se arrodilla y empieza a tocar por encima del buzo del liceo. En eso me bajo hasta la rodilla el buzo y se marca todo el pico en el bóxer y ya estaba botando líquido. En esto la mina empieza a pasar la lengua y alborozar por encima del bóxer con una cara de caliente y con sus mano me baja el bóxer y el chino tuerto justo le llega a la boca y esta ni tonta ni perezosa, empieza chupando el glande, chupando como si el mundo se acaba y yo con una cara de caliente y al mismo tiempo estando en el cielo y poco a poca la mina iba bajando por mi pene, cuando iba por la mitad, ya no le cabía en la boca y empezaba hacer arcadas para seguir metiéndose más y más el pene, ahí entro en mi estado de locura y la tomo del pelo y le empiezo a subir el ritmo a la cosa y la trataba de penetrar oralmente y la mina se dejaba, a los 10 minutos.

    Después me fui cortado en la boca y le obligué a que se tragara y me limpiara cada gota de semen de mi pico y ella tenía que obedecer a su hombre y así lo hizo, por eso le di todo su jarabe de pene para la enfermada que tenía.

    Que era calientitis aguda. De ahi me fui porque ya habian pasado como 30 min. Y podia llegar su vieja, asi que me fui caminando a mi casa, mas feliz que la cresta.

    Luego les contare cuando me hizo un mamon en la sala o cuando me hizo la paja en la micro y tambien cuando me la tire en la oficina del inspector general del liceo

     

  • Primero me desvirgó, luego fui su putita

    Primero me desvirgó, luego fui su putita

    Este relato es la historia que vivió Miguel García, un lector de mis relatos, el cual me escribió pidiendo si podía escribir sus recuerdos de cuando fue desvirgado, a sus recién cumplidos 20 años. Fue en Alicante donde estaba realizando el servicio militar, y fue su capitán quien lo desvirgó.

    Me encontraba realizando el servicio militar en Alicante, de aquellas contaba con 20 años, era bastante tímido. Cuando llegué al destino, me incorporé a una compañía de mantenimiento, en la cual estaba al mando un capitán. Allí me asignaron al servicio del capitán como chofer y almacén de ropa.

    Al principio siempre uno está nervioso, pero según van pasando los días, te acostumbras y ves que la cosa es bien sencilla y fácil de llevar. El capitán no parecía mala persona, era un hombre fuerte y robusto, ya algo mayor, pero se veía de buen carácter.

    Todo comenzó un día que, al entrar a recoger una ropa, entré al cuarto del capitán, justo en el momento que este salía de la ducha, totalmente en pelotas. ¡Dios! Mi vista fue directa a su entrepierna. Quedé paralizado, viendo aquella polla que le colgaba, era grande y sobre todo gorda, y que pelotas, joder aquello me dejó con la boca abierta y sin poder quitar la vista de aquello que le colgaba al capitán.

    ¿No has visto nunca a un hombre desnudo, o que? Me soltó de sopetón, viendo como yo estaba paralizado con la boca abierta sin quitarle la vista de encima.

    Sssí sssí, contesté tartamudeando, sin saber que hacer, medio paralizado, con la boca medio abierta, subiéndome los colores a la cara.

    Pues pareces una niñita asustada. Bueno la verdad es que tienes cuerpo de niñita, con ese culito redondito…

    Ese día la cosa quedó ahí, pero la verdad es que yo, cada día que pasaba, no podía sacar de la mente la visión de aquella polla grande y gorda, y las enormes pelotas que le colgaban. Yo hasta entonces lo único que había hecho eran mamadas y tocamientos, nunca me habían dado por el culo, todavía era virgen en ese aspecto. Pero aquella visión que no me salía de la cabeza, me excitaba y calentaba, hasta me había pajeado recordando aquella escena.

    A los pocos días de este incidente con el capitán, lo tuve que llevar en el vehículo oficial, iba hablando por teléfono, y le pude escuchar, más bien creo que hizo que yo le pudiera escuchar, que tenía a su cargo un chavalito jovencito, con un culito redondito y muy pero que muy apetecible, al que deseaba follárselo.

    Al escuchar la conversación que tenía con la otra persona, me vino al recuerdo el incidente de hacía unos días, y me imaginé que del chavalito que hablaba era de mí. De repente me subió una cosa por todo el cuerpo, que me hizo poner nervioso y excitado a la vez.

    A la tarde de ese mismo día, fui a recogerlo de un acto oficial. Me ordenó que lo llevara a la habitación de la compañía. Iba algo contentillo, se notaba que había bebido algo de más.

    Cuando llegamos se empezó a desnudar, pensando yo que se iba a echar a dormir, ya que se le notaba algo contentillo a causa de la bebida, pero al quedarse en calzoncillos, me dio una palmadita en el culo, diciéndome que si me gustaba su polla.

    ¿Te gusta mi polla eh pájaro? Ya me di cuenta el otro día como la mirabas y como te caía la baba por ella.

    Yo me quedé paralizado al oír aquello. No sabía que hacer o decir, se notaba lo nervioso que me estaba poniendo.

    Tranquilo, me dijo, no te asustes. Te gustan los tíos, ¿verdad?

    Yo sin poder mirarle a la cara, no sabía que decir, solamente me encogí de hombros, y moví la cabeza en señal de afirmación.

    Se acercó a mí tocándose la polla por encima del calzoncillo, y mirándome a los ojos, me dijo sí quería tocársela.

    Yo agachando la cabeza y temblándome las piernas, me encogí de hombros, en una clara sumisión.

    Cogió mi mano llevándola a su paquete, diciéndome que la tocara.

    No tengas miedo, ponte de rodillas y ve bajándome los calzoncillos.

    Me puse de rodillas, y fui tirando de los calzoncillos hacia abajo, dejando aquella verga al descubierto.

    Dios, si la primera vez que se la vi, me pareció enorme, ahora la veía todavía más grande y gorda. Llevé mi mano a aquellos genitales que le colgaban, empezando a palpárselos.

    Así, así, ahora métela en la boca y mámala, me decía el capitán, llevando sus manos a mi cabeza, empujándola hacia su pelvis.

    Sumiso y obediente, abrí la boca y empecé a chupar aquella verga. La polla del capitán no estaba más que a media asta, pero poco a poco al ir yo chupándosela, está empezó a crecer y ponerse cada vez más dura. Metía mi lengua por la piel del prepucio, luego de rodear el glande con mi lengua, chupaba aquella cabeza que cada vez era más gorda y colorada, ya apenas me cabía en la boca, pero yo seguía mamando aquel portento de verga, mientras con mi mano iba acariciándole los genitales.

    El capitán empujaba con sus manos mi cabeza, en un claro intento de meterme toda la polla en la boca, cosa que no me cabía ya que aquello era demasiado grande y sobre todo gorda.

    Así así, abre esa boquita y trágatela toda. Chúpala bien que luego me vas a dar ese culito tan redondito que tienes. Quiero follarte ese culito de tía que tienes, te lo voy a abrir con mi polla y te lo voy a dejar preñado con mi leche.

    Yo como buen sumiso y con lo tímido que era, no hacía otra cosa más que abrir la boca, y dejar que el capitán me la follase. En ocasiones me la metía tan a dentro, que me abría en vómitos y me hacía que mis ojos llorasen y las babas cayesen por la comisura de mis labios. Estaba algo nervioso por la situación, pero sabía que allí no iba a venir nadie, la compañía estaba vacía y la habitación del capitán estaba cerrada con llave, cosa que había hecho el capitán, antes de que empezara a chuparle la verga. El cabrón, ya había venido para el cuartel, pensando en lo que iba hacer, y que no era otra cosa que follarme.

    Después de estarle chupando la polla durante un buen rato, me ordenó que me levantara y que me quitara la ropa. Desnúdate que ahora vamos a follar ese culito de niñita que tienes, me decía pasando las manos por los cachetes de mi culito, que hasta ese día se mantenía virgen.

    Yo nervioso y excitado, empecé a quitarme la ropa sin decir nada. Estaba muy nervioso ya que sabía que nunca me habían metido nada por el culo, y ver aquella polla enorme y gorda, me hacía temblar y me daba escalofríos, con solo pensar en que aquello me la iban meter por el culo.

    Mientras yo me iba desvistiendo, el salido del capitán, situado a mi espalda, me iba magreando el culo. Me gusta el culito que tienes, me decía palpando con sus manos los cachetes de mi culo, parece el culito de una niñita, mmm, que ganas de follarlo tengo, pedazo de maricón.

    Una vez terminé de sacar las botas, comencé a sacarme el pantalón, luego la camisa, y cuando empecé a bajarme el slip, el capitán, pegándose a mi espalda, empezó a morderme la nuca, manteniéndose pegado a mi culo.

    Dios maricón que culito, así sin nada que lo tape, se ve más apetecible. Te lo voy a follar hasta reventarlo. Vas a ser mi puta particular, voy a hacer de ti, toda una zorrita.

    Metiéndome mano por todas partes, manteniéndome abrazado por la espalda, fue llevándome hacia la cama. Al llegar junto a esta, agarrando mis pezones con sus dedos, empezó a pellizcarlos y retorcerlos, mientras restregaba su verga y genitales por mi culo, sin dejar de morderme la nuca y susurrarme lo bueno que estaba y las ganas que me tenía.

    ¡Ufff que bueno estás! Me gusta el culito que tienes pájaro, tan pequeñito y redondito, ufff, me vuelve loco, que ganas tenía de follarte, soñaba con tenerte así, desde que vi la cara que pusiste al verme la verga, sabía que ibas a ser mío.

    Me tumbó boca abajo en la cama, echándose él encima de mí. No paraba de restregarse y morderme la nuca y hombros. Abre las piernas y dame tu culito, que vamos a follarlo hasta reventarlo y dejarte bien preñado. Anda ábrete de piernas y deja que te de por el culo, que se que lo estás deseando, me susurraba mordiéndome la nuca.

    Yo que cada vez estaba más excitado y caliente, me abrí de piernas, dejando mi culo totalmente expuesto y listo para ser sodomizado por el vergón del capitán.

    El capitán levantando su pelvis, llevó su mano a mi agujero. Palpó con sus dedos mi esfínter, viendo que este estaba cerrado y prieto. Joder maricón, relájate y deja que se abra tu culito. Llevó su mano a mi boca, ordenándome que le chupara los dedos, cosa que obedecí al momento. Luego llevó de nuevo su mano a mi culo, y palpando mi esfínter con sus dedos, presionó de nuevo, intentando introducirme el dedo en mi interior.

    Relájate joder, y deja que se abra tu culo. Joder que estás bien cerradito, decía empezando a introducirme uno de sus dedos en mi virgen ano. Sacó el dedo y noté como escupía en su mano, llevándola de nuevo a mi virgen hoyito, e introducía de nuevo el dedo en él.

    Yo allí tumbado, cada vez más excitado y caliente, notaba como aquel dedo se iba introduciendo en mí, abriendo una y otra vez mi culito. Estaba nervioso, pero aquello me excitaba y deseaba que me follara el salido del capitán, desvirgándome el culito. Deseaba entregarle mi virginidad y que me hiciera suyo, quería ser su putita y que me preñara.

    Ya había conseguido meterme un dedo y que mi esfínter se fuese relajando, pero todavía notaba muy apretado mi virgen hoyito, no conseguía meterme un segundo dedo. Joder maricón, pareces virgen, ¿te han follado alguna vez? Me preguntó.

    No, le contesté, nunca me la metieron, le dije todo avergonzado, empezando a enrojecerme la cara.

    Joder, ¿Por qué no me avisaste que eras virgen? Me dijo levantándose.

    Ponte a 4 patas, me ordenó. Pues hoy vamos a desvirgarte, dijo dándome una cachetada en el culo mientras yo me colocaba a 4 patas sobre la cama.

    Espera que vamos a buscar una crema para lubricar un poco este culito, y luego desvirgarlo bien desvirgado, volvió a decirme dándome otra cachetada, haciéndome enrojecer y avergonzar todavía más.

    Vi como entraba al baño, saliendo al momento con un tubo de crema en sus manos. Se colocó justo detrás de mí, abría el tubo de crema, echaba algo en su mano, llevándola luego a mi culo y empezaba a untarme con ella.

    Metió uno de sus dedos en mi hoyito haciendo que mi esfínter se abriera, notando cómo iba metiendo su dedo e iba esparciendo aquella crema por todo mi conducto anal. Ahora sí, ahora ya había conseguido meterme 2 de sus gruesos dedos en mi culo, y mi esfínter ya no ponía tanta resistencia.

    Después de un buen rato metiéndome 2 de sus dedos en mi culo, me dijo: Bueno putita, ahora ya estás preparado, ya te hemos lubricado bien este culito, dijo volviendo a darme 2 cachetadas en el culo, ya estás bien lubricado para ser desvirgado.

    Observé como llevaba su mano a aquella verga que me iba a sodomizar por primera vez en mi vida, y la embadurnaba con la misma crema con la que me había lubricado el culo.

    Se colocó de pie justo detrás mía, tiraba de mis caderas hacia él, notando como su polla y genitales se pegaban a mi culito. Su polla tiesa y dura, la arrimó a mi culo quedando, mirando para arriba justo en medio de mi canal, y como sus genitales se pegaban a la entrada de mi ano. Se colocó bien centrado y pegado a mí, llevó su mano derecha a mi polla y agarrándola empezó a acariciarla, viendo lo dura y empalmado que yo estaba. Estás caliente y bien salido, ¿eh? Decía acariciándome la polla y genitales.

    Volvió a darme unas palmadas a mi culito, diciéndome que me relajara. Colocó la punta de su polla en la entrada de mi ano, y mientras me sujetaba con sus manos por mis caderas, iba empujando su verga en el interior de mi cuerpo.

    Poco a poco aquella verga se iba introduciendo en mí, haciendo que mi esfínter se fuese abriendo y dejando paso a la enorme polla que me empezaba a desvirgar.

    Yo nervioso, notaba como mi virgen esfínter se iba abriendo, dejando paso a aquel intruso que poco a poco se iba colando dentro mía.

    ¡Ohhh! Grité al notar como el grueso y colorado glande, había traspasado mi esfínter, dándome un agudo pinchazo.

    Tranquila putita, tranquila, soltó el capitán dándome unas palmadas en el culo. Relájate que lo peor ya ha entrado. Y sin terminar de decir esto, tirando de mis caderas hacia él, terminó por meterme toda su verga en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Grité al notar como me ensartaba aquella verga en su totalidad, abriéndome el culo. Notaba sus pelotas pegadas a mi ano, y como un sudor frío recorría por todo mi cuerpo.

    Ya putita, ya está toda dentro, ya te he desvirgado. Ahora vamos a esperar a que tu culito se acostumbre a mi polla, y te deje de doler, ya verás cómo te pasa y luego como me vas a pedir más.

    Yo notaba como mi culo estaba totalmente abierto, me sentía empalado. Había sido invadido por aquella polla que me había abierto el culo, llevándose mi virginidad. Sentía las enormes bolas del capitán pegadas en la entrada de mi ano, y sus bellos púbicos rozándome los cachetes de mi culo.

    Después de unos segundos en los que me estuvo acariciando con sus manos, manteniéndome sujetado por las caderas ensartado en su polla, como si fuese un pincho moruno.

    Recostándose sobre mi espalda, igual que el caballo cuando monta a la yegua, apoyó su cabeza sobre ella, y a la vez que me lamía y mordisqueaba, llevó sus manos a mis pezones empezando a retorcerlos y pellizcarlos, susurrándome lo bueno que estaba y lo calentito que se sentía dentro de mi culito.

    Mientras me iba retorciendo los pezones, dio un impulso a su pelvis, clavándome más su polla en mis entrañas.

    ¡Ohhh! Grité al notar como su verga se movía clavándose más dentro de mí.

    Calla, no grites que ya verás como pronto te va a gustar. Ya veras como luego lloras por tenerla dentro. Ahora ya te he desvirgado, y vas a ser mi puta. Vas a ser toda una zorrita, vas a ser mi zorrita favorita.

    Volvió a dar otra envestida a su pelvis, a la vez que llevaba sus manos por mi pecho sujetándome por los hombros.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Volví a gritar, notando como el capitán empezaba a mover su pelvis, deslizando su polla por mi interior.

    Así, así, aguanta que ahora viene lo mejor, me decía empezando a taladrarme el culo.

    Yo me sujetaba apretando mis manos a las sábanas de la cama, sufriendo las envestidas que el capitán me estaba dando. Gemía y lloraba notando como me daban por el culo por primera vez en mi vida.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ohhh! Gimoteaba en un lamento constante, notando como aquella verga entraba y salía de mi culo, haciéndome suyo el capitán.

    Cada vez el capitán iba más rápido, y las envestidas eran más fuertes y profundas. Con sus manos me iba acariciando la espalda, mientras no paraba de hablarme, sin dejar de culearme.

    Así maricón, así, ves como ahora ya no te duele. Ahora lloras de gusto, ¿eh pájaro?

    ¡Ahhh que culito más rico! Dios que gusto da follarte. Me gusta el culito que tienes, pequeñito y redondito, y lo estrechito que se siente, ¡ahhh que gusto! ¡ahhh que gusto! Decía el capitán dándome por el culo en su cuarto, a 4 patas sobre su cama.

    Yo sudaba y me sujetaba a las sábanas, apretando fuertemente mis manos. Ya hacía un buen rato que estaba disfrutando de aquella follada donde me acababan de desvirgar, y cada vez que la polla del capitán introducía su polla en lo más hondo, un calambrazo recorría mi cuerpo, haciéndome retorcer de gusto, al notar como su polla tocaba ese punto de mis entrañas.

    Ya después de estar un buen rato siendo follado, el capitán empezó a moverse más rápido y mover mis caderas fuertemente con sus manos, haciendo que su pelvis golpeara los cachetes de mi culo, en un ritmo constante, pudiéndose escuchar el golpeteo que daba al chocar con mi culo, plof plof plof.

    Las piernas me temblaban, al igual que los brazos, teniendo que apoyar la cabeza y parte del pecho sobre la cama, mientras el capitán seguía desvirgando hasta ese día mi virgen culito. Mientras aguantaba la follada que me estaba dando el capitán, con la cabeza y parte del pecho apoyado sobre la cama, miraba como mi cuerpo temblando a causa del gusto que estaba sintiendo, se bamboleaba con cada envestida que el capitán me daba, cada vez que me ensartaba la polla en el culo. Veía como sus bolas chocaban una y otra vez en la entrada de mi ano, su gorda polla entraba y desaparecía, engullida por mi culo. Dios aquella visión de la polla del capitán entrando y una y otra vez en mi cuerpo, desvirgándome el culo, me excitaba y ponía aún más caliente de lo que ya estaba.

    Veía mi polla tiesa y dura como rezumaba gotas de semen por la punta, pringando toda ella, se bamboleaba al ritmo de la follada que me estaba dando el capitán. Necesitaba llevar mi mano a ella, y empezar a menearla hasta correrme, aliviando así aquella tortura que tanto placer me estaba haciendo sentir la follada que me estaba dando el capitán.

    De pronto noté como el capitán empezaba a gruñir, clavándome sus dedos en mis caderas, y gritaba que se venía.

    Me vengo, me vengo, ya me vengo, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba empezando a eyacular dentro de mi culo, descargando todo el esperma que sus pelotas contenían.

    Noté como la cabeza de su polla se hinchaba dentro de mi culo, empezando a escupir el semen con el que iba regando mis entrañas, dejando preñado mi virgen culito con su semilla.

    Cuando el capitán terminó de eyacular dentro de mí recostándose sobre mi espalda, llevó su mano a mis genitales, empezando a acariciarlos, mientras mantenía su polla dentro de mi recién desvirgado culo.

    ¡Oh que gusto! Decía el capitán, acariciando mis genitales con su mano. ¡Que culito, dios! Decía lamiendo y mordisqueando mi espalda, mientras iba acariciando mis genitales con su mano. Luego agarró mi polla con su mano, y nada más empezar a menearla, empecé a convulsionarme, empezando a soltar todo el semen que contenían mis genitales.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, gritaba derramando todo el semen sobre la cama donde terminaba de ser desvirgado por el capitán.

    Extasiado y sudando, caí tumbado sobre la cama, mientras la polla del capitán iba saliendo de mi desvirgado culito.

    Después de unos minutos en los que fuimos recuperando la respiración, allí tumbados sobre la cama, nos levantamos. Primero lo hizo el capitán, luego lo hice yo, ordenándome el capitán que ordenase y limpiara la cama un poco, mientras él se metía en el baño a limpiarse.

    Una vez salió el capitán del baño, me dijo que entrara y me limpiara un poco. Entré en el baño y después de limpiarme un poco, salí, recogí mi ropa, empezando a vestirme.

    Una vez vestido, sin saber que hacer o decir, miré para el capitán, a ver si me ordenaba algo, o me podía marchar.

    Miró para mí desde la cama donde estaba tumbado, diciéndome que me podía marchar.

    Antes de que me marchara, me dio las órdenes para el día siguiente, a que hora quería que lo llamara, y mientras me iba dando las órdenes para el día siguiente, se levantó de la cama, llevó su mano a mi culo dándole unas palmadas, me dijo: Y ya sabes este culito desde hoy lo quiero solo para mí, así que quiero que lo tengas siempre listo. Desde hoy además de mi chofer y asistente, vas a ser mi putita personal.

    Y eso fui, fui su putita durante todo el servicio militar. Prácticamente me follaba todos los días, cuando no lo hacía en el cuartel, me follaba en su casa, cuando yo salía de paseo por Alicante. Era su puta personal, además de follarme él, me follaron varios de sus amigos, en los que me llevó a realizar tríos con ellos.

    Siempre me folló a pelo, decía que él estaba sano y que quería dejar su leche en mi culito. Al principio lo pasaba algo mal, ya que era y soy bastante estrecho, y la polla del capitán era bastante gorda, además de tener un buen tamaño, hasta que de tanto darme por el culo, llegué a acostumbrarme a su polla.

    Hoy recuerdo con satisfacción aquellos días de mi servicio militar, donde me desvirgó el capitán a mis recién cumplidos 20 añitos.

    Este relato es la historia que vivió Miguel García, uno de los lectores de mis relatos, el cual me escribió diciendo que le gustaba como escribía los relatos, y pidiendo si podía escribir sus recuerdos de cuando fue desvirgado.

    Espero que les haya gustado, y además de excitarlos, los haya dejado bien calientes, como me ha dejado a mí, escribir esta bonita historia que vivió Miguel García a sus recién cumplidos 20 añitos.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].

  • Mi tía Marcela y yo tenemos una relación muy íntima (2)

    Mi tía Marcela y yo tenemos una relación muy íntima (2)

    El día de hoy estuvimos todos haciendo mercado, mi tía, el esposo, las dos niñas y yo, todos quedamos de encontrarnos en el supermercado, yo llegué primero del trabajo en mi carro, luego mi tía con las niñas, que estaban en la casa, en el carro de ellos y por último el esposo llegó en trasporte público del trabajo. Hicimos el mercado rápido, cenamos en el centro comercial que queda justo enfrente del supermercado, los acompañé al carro de ellos a subir el mercado y justo cuando ya iban a arrancar, mi tía Marce se acordó que había olvidado comprar unas cosas, así que me preguntó que si yo la podía acompañar a comprar lo que faltaba y la llevaba en mi carro, yo acepté sin problema, así que el esposo se adelantó con las niñas.

    Hacía ya varios días que no habíamos tenido sexo juntos, desde el ultimo relato que les conté, así que fuimos, compramos unas cosas pequeñas y nos fuimos para mi carro. Ella tenía puesta una chaqueta negra larga, con una blusa de tiras debajo y un jean que como todos resalta su delicioso trasero. Yo sabía que tenía que aprovechar esa oportunidad que tenía para poder comerme a mi tía por primera vez en mi carro, así que recordé que, por el camino, hay un gran parque donde existe un camino muy poco transitado, además ya era bastante tarde. Sin decirle nada me desvié hacia ese parque y detuve el carro justo en la parte más oscura.

    Ella entendió que hacíamos ahí, inmediatamente abrió mi pantalón y saco mi pene para empezar a mamarlo, en lo cual es toda una experta, yo cogía su cabeza y la empujaba fuerte contra mi pene, pronto ella se quitó la chaqueta y la blusa, quedando solo en un brasier negro con encajes muy sexy, el cual yo le quite rápidamente para empezar a chupar sus lindo y rosados pezones, ella gemía suavemente y los vidrios del carro ya se empezaban a empañar.

    Fue un poco incómodo y algo difícil pero nos desvestimos y nos pasamos para la parte de atrás del carro, donde Marce se puso encima mío mirándome de frente, mientras se metía mi pene y empezaba a saltar, diciendo -Si… ohhh… si como te extrañaba ummm… que rico sentirte dentro de mi, el volumen de mi tía empezó a subir rápidamente al igual que la velocidad de sus movimientos, el carro se movía de arriba abajo, porque mi tía estaba como poseída, subía y se dejaba caer sobre mi pene fuertemente y algunas veces paraba y empezaba a mover sus caderas en círculos.

    Por los innumerables gritos te placer de Marce supuse que ya estaba cerca de terminar, la igual que yo, así que la puse contra una de las puertas, levantando su enorme trasero, cogiéndola del cabello y metiéndole mi verga hasta el fondo de un solo golpe desde atrás, ella puso su cara contra el vidrio de la puerta y comenzó a gemir -Ohhhh!!… Siiii… Dame más por favor más, ahí si ahí dame duro dame duro…

    Al oír todas esas cosas que decía comencé a darle nalgadas, una tras otra hasta dejarle ese culito rojito, mientras le decía que era una zorra muy caliente a la que le encantaba comerse a su sobrino.

    Pocos minutos pasaron hasta que mi tía terminó con un grito que creo que escucharon hasta un par de cuadras a la redonda, a los pocos segundos yo le llene esa chochita de mi semen hasta que se salió por los lados. Nos vestimos rápidamente y arrancamos para la casa, ya que nos estábamos tardando muchísimo más de lo planeado. Por el camino Marce saco nuevamente mi pene del pantalón y comenzó a masturbarme, fue increíble, pero justo cuando me puso duro de nuevo llegamos a la casa.

    Al entrar nos dimos cuenta que el esposo ya estaba en el cuarto de las niñas durmiéndolas, así que Marce dijo que se iba a empijamar y se entró al cuarto de ella, específicamente al armario (que básicamente es un cuarto adjunto al de ella) yo le dije

    -Marce no me puedes dejar así, tú me pusiste duro en el carro de nuevo -ella me respondió

    -No como se te ocurre mi esposo está en el cuarto de las niñas -y continua hacia el armario.

    Yo no me iba a quedar con esas ganas, así que un par de minutos después entre al armario, donde Marce se encontraba únicamente en tanga buscando que pijama se iba a poner, inmediatamente la vi, me abalance sobre ella, la puse de espaldas, corrí la tanga, le metí mi pene hasta el fondo y empecé a follármela nuevamente, cabe resaltar que ella no puso mucha resistencia, aparte de un par de palabras

    – No, no no… podemos… hacer… esto… ummm!!

    Ella solo trataba de ahogar cada uno de sus gemidos, hasta se puso una camisa en la boca para no gritar, ya que yo se lo estaba metiendo a toda velocidad, mientras con una mano le cogía las tetas y con la otra la agarraba fuerte del cabello, jalándola ligeramente hacia atrás, no duramos más de 5 minutos, pero los dos terminamos casi sincronizados, además nuevamente me vine dentro de ella. Al terminar ella solo se sentó en el piso exhausta y me dijo:

    -Ya sobrino vete para tu cuarto antes de que mi esposo venga -y me beso.

    La imagen de mi tía tirada en el suelo, con cara de orgasmo, únicamente en tanga y todo mi semen dentro fue increíble. Una gran noche sin lugar a dudas.

     

  • Trío en el River

    Trío en el River

    Les vengo a contar la historia de otro encuentro con otra chava.

    A ella la conocí por Facebook, teníamos ya algunos años de estar chateando y fantaseando con hacer un encuentro, ella tiene 28 años, chelita, bajita y algo rellenita, tetona y nalgona, cabello negro y con lentes.

    Hablábamos de varias cosas, ella tiene un novio que no es morboso, mayor que ella y bien tradicional, ella tenía el deseo de probar hacer un trio, pero no se animaba porque le daba miedo y creía que sería doloroso o incomodo estar con dos hombres.

    Yo siempre le chateaba de mis experiencias y de lo que se podría llegar a hacer, ya que la realidad a la fantasía son totalmente distintos en los encuentros, puede ser mucho mejor o peor dependiendo las expectativas.

    Un día de finales de mayo, ella me dijo que si se animaba, siempre trato de hacer mis encuentros cerca de mi lugar de trabajo para no estar solicitando permiso, así que le mostré las fotos de mi amigo que estaría disponible y ella accedió; así nos vimos en la plaza San Jacinto a la hora del mediodía.

    Nos vimos frente al selectos y ella iba con una faldita negra suelta que le hacían ver bien ricas las piernas cheles bien rellenitas y un culito bien paradito, y una blusa blanca que le resaltaba los pechos, saludamos y nos metimos en el carro de mi amigo, aproveche a entrar atrás con ella y comenzar a calentarla, cuál fue mi sorpresa que al comenzar a meter mano, veía que ella no llevaba ropa interior, lo que me excito más y le dije a mi amigo mostrándole al levantarle la falda a ella, que estaba más que preparada.

    Aproveche para sacarme la verga y mostrársela, a lo que rápido se agacho a mamarla mientras íbamos de camino al motel. Fue quizás por el morbo, una de las mamadas más ricas que me dieron, y ya iba metiéndole mano en la conchita que la llevaba bien mojada, ya para cuando nos metimos a la cochera, ya la había acomodado para metérsela, pero me dijo mi chero que nos aguantáramos, porque quería tener el carro limpio… solo salimos del carro ella se adelantó corriendo para irnos a esperar.

    Mi amigo y yo fuimos subiendo por las gradas del cuarto, hasta que la vimos a la orilla de la cama con las piernas abiertas invitándonos a gozar.

    Deje que mi amigo fuese, porque ya había tenido mi adelanto en el carro, él se abalanzo sobre ella a besarla y chuparle los pechos, mientras ella solo se dejaba hacer, yo me fui quitando la ropa para ya estar de toque, ya cuando mi amigo se bajó a hacerle un oral a ella, dijo que no, porque no le gustaba que le hicieran orales, él se fue mejor a bañar a la ducha mientras yo procedí a quitarle la blusa y seguir mamándole los pechos y darle una gran amontonada con besos, la hice que bajara a que me la siguiera mamando mientras regreso mi amigo y se puso a la par mía, ella aprovecho ese ratito para mamársela a el mientras a mí me la meneaba…. y luego se fue turnando.

    Ya no quise esperar más y le dije que me pusiera el condón con la boca, y eso me dijo con pena que no sabía hacerlo, pues sin hacerla sentir mal, me pare y le dije que no se preocupara, que igual me lo iba a poner para hacerla gozar, deje a ella mamándosela a mi amigo y me puse a penetrarla suavecito, y estaba bien apretadita a pesar de estar mojando bastante, se la metía y sacaba cada vez más rápido y solo la escuchaba pujar y gemir rico, igual se la quise meter primero, porque mi amigo tiene el pene más corto, pero más grueso, así que la iba a abrir mucho si lo hacia el primero y el entendió eso.

    Pasamos un rato así, ella de perrito mientras se la mamaba a mi amigo, cuando mi amigo me dijo que le tocaba, rápido me puse dedearle el culito para ver si se animaba, pero me volteo a ver con cara de enojo, así que entendí que no quería nada anal.

    Cambiamos posición con mi amigo, el dejo que ella lo montara y yo de pie frente a ella que me la mamara.

    Pasamos un rato así hasta que mi amigo termino, pero yo quería terminar en los pechos de ella, así que deje que me la siguiera mamando hasta que le dije que iba a terminar, cosa que ella siguió mamando hasta sacarme todo, ufff… fue la primera chica que se tragó mi semen y se sintió riquísimo y se vio a un más morboso.

    Nos quedamos un rato reponiendo fuerzas, pero ella dijo que no quería tardarse mucho tiempo por el novio.

    Nos vestimos y quedamos de realizarlo en otra ocasión si se podía.

    Espero les haya gustado y escriban para saber más de ustedes si son chicas que quieren probar o si son cheros que quieren participar, podemos ver que logramos hacer.

    [email protected]

    Con José amigos.

  • Memorias inolvidables (Cap 9): Comprometidos hasta la muerte

    Memorias inolvidables (Cap 9): Comprometidos hasta la muerte

    Llegó el domingo. Llegó también mi padre. Le estábamos esperando Eduardo y yo. Eduardo se adelantó a saludarlo y mi padre le dio dos besos propios de un padre a un hijo. Me acerqué yo, le di un fuerte abrazo, me besó con dos besos igual de padre a hijo. Me puse feliz. Creo que fue la vez que mi padre me abrazó y me besó con total y absoluta aceptación. Repito que me puse muy feliz. No habíamos cruzado palabras entre nosotros, solo sonrisas y besos.

    Apareció el tío Onésimo y mamá Emerenciana, saludaron a mi padre como si fueran sus hermanos, besos y abrazos. Ese día supe de verdad lo que estimaban a mi padre y lo que mi padre los quería. Nos sentamos los seis para conversar, todos esperábamos las nuevas de mi padre. Tampoco se habían cruzado palabras entre ellos, solo mamá Emerenciana había dicho algo muy tímidamente, no sé quien lo podría haber escuchado, yo, al menos, no escuché nada, pero debió ser cosa buena. Lo primero que dijo mi padre fue:

    — No podía esperar noticia mejor de esta casa.

    — ¿Qué te parece lo que han decidido los chicos?, preguntó tío Onésimo.

    — Les ayudaremos en todo, en sus estudios, en su vida, en lo que necesiten y a iniciar una vida digna que ellos elijan, —dijo mi padre para mi mayor sorpresa.

    — ¿Qué pensará Angustias?, —preguntó con cierta timidez mamá Emerenciana.

    — Angustias que se las pase todas ellas solita, los chicos han de vivir su vida, uno, cinco, veinte o más años, qué se yo, pero es la vida de ellos, estoy seguro que se van a amar hasta la muerte…, ¿qué es mi vida ahora, Emerenciana?, ¿qué es, sino un infierno? Este hijo mío, mi Ismael y esta familia vuestra sois mi familia, los demás están echando a perder lo que con tantos años y sudor yo he construido. Yo sé que Ismael es el único de mi casa que me quiere, yo tenía que estar aquí y darle un aval de conformidad, lo necesita y lo merece.

    Eduardo me besó sin ningún recato. Y mi padre, mirándonos, añadió:

    — Haceos felices uno al otro…, si es lo único que importa…, ¿de qué sirve todo nuestro trabajo y preocupación por las cosas si no nos hacen felices?, quereos muchos, hijos míos, quereos…, quereos…, —y como si se le apagara la voz quedó mirándonos con una sonrisa recargada de inmenso cariño.

    Me levanté, abracé a mi padre, lo llené de besos y descubrí sus lágrimas. No eran de pena, sino de alegría. Salieron los niños, corrieron a abrazar a mi padre y a besarlo y para cada uno tenía alguna cosa en sus bolsillos. Los besaba como si fueran suyos, los amaba, lo amaban. Se puso de pie y se acercó a tío Onésimo, lo abrazó y se salieron a la calle a pasear unos minutos. No tardaron mucho. Mi padre vino transfigurado, con la cara llena de felicidad. llegó José, se lo presentamos a todos como buen amigo nuestro y acomodados en los tres coches nos fuimos todos al restaurante.

    Nos habíamos vestido todos muy elegantes. Quitados de los niños y mamá Emerenciana todos íbamos con traje. Eduardo y yo estrenábamos camisa y corbata michi, ambas iguales, las camisas blancas con pequeñas flores muy espaciadas y las corbatas floreadas, el traje de riguroso negro, zapatos negros y calcetines blancos. José vestía traje verde pálido, camisa blanca con lazo colgante de color verde y calcetines blancos. Los papás iban muy formales y la mamá muy guapa. Los niños vistieron de domingo.

    La comida en el restaurante fue excelente, extraordinaria y muy dada al caso. Había gente que nos miraba pero no pudieron distinguir de qué se trataba por nuestra discreción. Los niños no molestaron ni echaban gritos. Para ellos, Eduardo y yo no éramos novios, sino sus hermanos mayores, los niños no distinguían bien, quizá el mayor sí, pero es el más callado. Uno de los niños me preguntó:

    — ¿José también será nuestro hermano mayor?

    — Los hermanos no se sacan de una feria, si llegáis a quererlo él también os querrá y podréis ser amigos y luego igual os hacéis como hermanos, —le dije lo mejor que pude y se conformó.

    Llegó el momento del postre y sirvieron un rico helado con frutas. Y luego salió el pastel sin recato, sin secretos, una gran torta con dos muñecos vestidos de novio, casi como íbamos vestidos. Entonces todos los que estaban en el restaurante entendieron de qué se trataba. Nosotros solo éramos diez personas y de ese pastel de dos pisos podían comer más de sesenta. Resultó que el tío Onésimo no quiso una cosa pequeña y le dijo al dueño del restaurante que fuera «de dos pisos» y «con los dos novios». Luego invitas a pastel a todos los del restaurante. Vinieron muchos a felicitarnos y había mucha aceptación, más de la que se podría imaginar.

    Me levanté de la mesa y dirigí unas palabras a todos los presentes:

    — Voy a ser muy breve. Quiero agradecer a mi padre aquí presente y a los papás y hermanos de Eduardo la acogida tan cariñosa que han dado a nuestra decisión; ante todos vosotros, quiero pedir a Eduardo que forme parte de mi vida y me acepte en la suya.

    Me puse rodilla al suelo y le abrí la cajita con los dos anillos y se los mostré. Antes de sacarlos de la cajita, desplegué un papel con lo que había escrito en un momento el día anterior:

    Te encontré sin yo buscarte,

    buscaste y nos encontramos

    con los ojos nos miramos

    y en amor mutó el arte.

    Cada uno de estos aros

    de amor nos hablan y encierran

    venciendo murallas que yerran,

    que nos quieren separados.

    Solo la muerte podría

    llevarnos al mas allá,

    donde amor habremos siempre

    sin murallas que tumbar.

    Los tomó, los mostró en alto a todo el mundo, se puso también rodilla en el suelo y sacó los dos anillos, se guardó la cajita en el bolsillo, me dio el suyo y se quedó con el mío. Me ofreció su mano, le puse el anillo; le ofrecí la mía, me colocó el anillo. Nos pusimos de pie y nos dimos un beso de cuento de hadas, sin lengua, solo para expresar ante los demás nuestro compromiso. Aplaudieron, se acercaron nuestros familiares y uno a uno iban dándonos sus besos de felicitación que fueron correspondidos. Vinieron muchas de las personas presentes y nos felicitaron. No miré si se quedaba alguno sin venir, era demasiada mi felicidad.

    Nos sentamos para acabar con el postre y se levantó José. En ese momento me percaté que José no nos había felicitado y me pregunté qué estaría tramando. Se acercó José al frente de donde estábamos nosotros y nos soltó un discurso:

    «Jamás pensé que llegaría a tener unos amigos que se parecieran a unos hermanos que nunca he tenido. Vinieron por su voluntad a ser mis clientes, trabamos conversación que fue más allá de lo comercial y nos hicimos amigos. Ahora parecemos ser hermanos porque no puedo ser novio de ninguno de ellos dos, porque elegiría a los dos y eso no me lo va a consentir nadie. Sé que hemos juntado nuestros corazones más allá de lo que podría ser normal entre las personas, pero, amigos, hermanos o lo que queráis…, mirad, chicos, os quiero y os tengo envidia, quisiera ser uno de vosotros dos, por eso hoy os traiga un obsequio personal —sacó de su bolsillo una cajita, la abrió y continuó hablando:— son estos piercing para que los luzcáis en vuestro lóbulo, así todos los que estamos aquí recordaremos al veros que sois prisioneros de amor el uno del otro».

    Nos indicó que fuéramos a su tienda que allí tenía todos los instrumentos necesarios para poder hacer la perforación del lóbulo y si no nos gustaba que los guardáramos de recuerdo. Decidimos ir, es por eso que tengo mi oreja perforada y el piercing puesto que me sirve para recordar constantemente a Eduardo.

    Esa tarde quisimos quedarnos solos y nos fuimos al motel, a la salida del pueblo. Lo primero fue entrar en la habitación y desnudarse. Nada había cambiado en nuestro cuerpo y sentíamos el mismo deseo uno del otro. Nos besamos intensamente, sin prisa, con serenidad, no faltos de pasión. Me tumbé en la cama de espaldas y obligué a Eduardo a meterse encima de mí:

    — Cómeme el culo, mi amor, quiero que sea tu primera clavada en mi interior, te amo, prepárame mientras te como tu preciosa polla.

    Jamás he encontrado hasta ese momento tanto deseo y pasión en Eduardo, pero a la vez yo sentía que el mundo se me acababa y que tenía a Eduardo para mí. Mi corazón henchido hacía que me chupara su polla succionando como si quisiera sacarle los jugos seminales a fuerza de aspirar. Eduardo gemía en cada succión que le daba a su polla. Llevábamos ya mucho tiempo y no quería correrme, Eduardo había metido su lengua varias veces y ya había atravesado mi culo con tres dedos:

    — Eduardo, ámame y penétrame como nunca lo hemos hecho.

    Se dio la vuelta, se enderezó y se puso de rodillas frente a mi culo, cargó mis piernas en sus hombros ajustando mi culo a su polla y comenzó a meter la punta de su cipote y a empujar, respiré profundo para relajarme. Entró la cabeza de su polla. Eduardo esperó, sonreí, respiré profundo de nuevo y le guiñé el ojo. Empujó cuando yo me relajaba y toda su polla llegó a lo más profundo. Se agachó, me besó y le susurré:

    — Fóllame, párteme por la mitad y préñame con tu leche.

    Eduardo, obediente y lleno de amor, se lanzó con pasión extrema a follarme sacando su pene primero hasta la mitad, pero más tarde lo sacaba del todo y lo volvía a meter de una sola embestida. Yo notaba todo su roce dentro de mí, sentirme lleno, sentirme vacío y necesitado, pensé que estaba necesitado de tener a Eduardo siempre dentro de mí. Le amaba más, si cabía y eso podía ser posible. Golpeaba el fondo y sentía corrientes electrizadas en mi cuerpo cuando rozaba la pared de mi próstata y lo que tenía que ocurrir ocurrió. Nos corrimos los dos al mismo tiempo, Yo sobre mi abdomen y pecho, llegando algún chorro a la cara de Eduardo. Eduardo se corrió dentro de mí y me sentía lleno de mi amor, lleno de mi Eduardo, como si él fuera mi alma manifestándose. Se dejó caer sobre mi pecho y quedó mi semilla entre los dos, mientras me besaba yo intentaba lamer a espacios mi semen de su cara. Luego nos convidamos con un beso con todas las de la ley. Habíamos pasado mucho tiempo ambos desnudos, el uno para el otro y nuestros deseos de amar y ser amado se iban cumpliendo.

    Quisimos amarnos entre nosotros varias veces. Conseguí que Eduardo me follara tres veces que yo consideraba que era lo que me podía satisfacer, sin cerrar las puertas de mi deseo de Eduardo. Mi amor me suplicó que lo follara y me fue difícil pero no imposible, porque tuve que preparar ese culo tan rico, bonito, sin arrugas, totalmente fino, pasaba el tiempo y no le veía ni una arista o línea que diese inicio al fruncido, estaba rico de verdad, bonito, sin pelos, bien depilado. Me lo comía como el mejor de los alimentos, cuando metía lengua junto con los dedos. Y después de larga operación, se puso en cuatro, me levantó su culo y me mostró el agujero impaciente. Fui penetrando poco a poco sin intermisión. Eduardo no se quejaba y me parecía raro:

    — Amor, ¿te duele?

    — No; sigue, tu polla parece seda.

    Seguí hasta meter toda mi polla y luego inicié el mete y saca hasta que obtuve la oportunidad de premiar el amor de Eduardo con mi leche. Permanecimos un rato abrazados mirándonos sin decir nada, la cara de Eduardo era un espectáculo de satisfacción y alegría. Se lo dije y me comentó:

    — Si te vieras la tuya, sabrías que te siento igual.

    Cuando nos tranquilizamos y nos sentimos satisfechos, nos duchamos. En la ducha le di una mamada y quiso emularme. Ambos nos corrimos juntos bajo el agua. Nos vestimos y salimos en busca de José que nos esperaba para dar un paseo. Entendimos que quería ser el novio de los dos y estuvimos dispuestos a complacerle.

    — Os estaba esperando, —fue el recibimiento de José.

    — Eso ya lo sé, pero qué quieres decir, —replicó Eduardo.

    — Que estoy todo el día nervioso y quería invitaros a ir al sauna, os llevo en mi coche y luego venimos a mi casa, —propuso José.

    — Cenamos en casa, —dijo Eduardo.

    — No, que mi abuela ha preparado una cena fría para los tres para cuando regresemos.

    — Anda, pues, vámonos, —acepté de buen grado.

    Sacó el coche y nos encaminamos hacia La Punta. Entramos en el sauna y lo primero fue desvestirnos y tomar la toalla preparada. Había en varios lugares preservativos como en este tipo de saunas y nos fuimos directamente al jacuzzi que es enorme y el agua brota agradable y tibia por todas partes. Al lado está la de agua fría para quien necesite esos contrastes, para los que vamos a calentarnos, no hace falta el agua fría, de momento. Estaba todo tranquilo. Salimos del sauna y nos envolvimos nuestras toalla para irnos a la sauna húmeda.

    Nos mirábamos con ganas pero como que faltaba motivación y decisión. Yo me tocaba mi polla, pero muy superficialmente. Así que después de quedar totalmente sudado, necesitaba más calor. Me levanté, me envolví con la talla y les dije:

    — Voy a la sauna seca, allí os espero.

    — Ya vamos, dijo Eduardo.

    Eduardo quería ver si José se animaba a algo al quedar solo, pero tampoco. No hubo manera, según me contaron más tarde cuando nos recordábamos todos los momentos.

    Salí y me pasé a la sauna seca. Estaba vacía y me senté en la esquina, en el escalón alto. No me saqué la toalla por si venía algún desagradable que no se viera fácilmente invitado. Por encima de la toalla, me iba aliviando ese pequeño y agradable escozor de la punta del pene. No tardó en llegar Eduardo que se sentó en la otra esquina, a mi nivel y me miraba sonriendo, lo que yo entendí que tendríamos que follarnos entre nosotros, porque aquello parecía muy muerto ese día. Estando yo en estos pensamientos y mirando cómo Eduardo se manejaba su polla por encima de la toalla y pareciéndome tan tentado, que entró José. Se sentó entre los dos al centro del escalón pero en el de abajo. Sonreía como si fuera un extraño y reclamando acción por parte nuestra, doblaba todo su cuerpo para mirar atrás hacia Eduardo y alternaba para mirarme a mí, mientras se masajeaba su polla. Como que ninguno de los tres nos estábamos animando con las ganas que teníamos de que surgiera algo.

    Pasó un rato no muy largo y entró un tío envuelto con la toalla, pasó por delante de José y se subió el escalón, abrió su toalla, la tiró al escalón y se sentó. ¡Qué polla! ¡La puta madre que lo parió! Esa sí sabía hacer hijos con polla, además bonita, largo y gruesa, unos 27 cm seguro —y os diré más tarde por qué lo sé—. Se sentó de modo que su brazo tocaba el mío y su rodilla derecha tocaba mi muslo. Se masajeó su polla un par de veces y me abrió la toalla, como quien dice «aquí se viene a lo que se viene y lo demás son jilipolladas». Me tocó la polla, no me dijo nada, me la masajeó un momento, para ponérsela a su gusto al parecer y se agachó, acercó su boca y se puso a mamármela fenomenal y a darme incesante gustazo. No sufrí mucho la tentación y quise acariciar aquella polla enorme y se la masajeaba. Por encima de su espalda podía ver la reacción de Eduardo y José, se miraron un momento y Eduardo se bajó del escalaron superior y se puso a mamarle la polla a José. Este se puso a acariciarle su polla y sus huevos.

    A la vista de eso, me entraron deseos de comerme la polla que estaba acariciando, y le di un suave empujón para que se repantigara sobre el respaldo y me dejara la polla libre. Deliciosa, seda en la boca, suave, todo el pubis afeitadísimo. Me la ponía toda en la boca pero de vez en cuando tenía que sacarla para poder respirar. Se inclinó hacia mí y comenzó a besarme el cuello primero y el comienzo de la espalda después, levantó su pierna derecha y la puso sobre la mía y me iba besando la espalda hasta llegar a mi coxis. Por el rabillo de mis ojos veía cómo José también había apartado a Eduardo para comerle la polla.

    Mi compañero se enderezó y me dejó que me colocara más cómodo, igualmente José estaba muy inclinado sobre la polla de Eduardo y este comenzó, ajustándose por la espalda de José a comerle su polla. Me resultaba gracioso una especie de 69 en el que los dos estaban boca abajo, lo que mostraba que José era más bajito que Eduardo. Mi compañero me tomó de los hombros y me acercó a su boca para que nuestras lenguas jugaran en un beso en el que nuestras manos jugaban con nuestros cuerpos y mantenían nuestras pollas enhiestas. Volví a la polla de mi compañero porque buscaba que me atravesara. Se resistía a dármela porque quería mamarme la mía con la misma intención, pero no lo consentí. Esta lucha y mis dedos entrando saliendo de mi culo, hicieron que me inclinara sobre la pared lateral y le mostrara mi apetecible agujero. Entonces Eduardo comenzó a follar a José que se había puesto en cuatro ofreciéndole el culo a Eduardo gatunamente levantado.

    Yo, desde mi posición, miraba cómo Eduardo iniciaba la penetración y José tan bien dispuesto, mirando igualmente a Eduardo para que no se le escapara. Vi como la polla de Eduardo comenzó a penetrar y la cara de José daba una muecas de dolor. Mi compañero le echó a Eduardo un tubo para que se lubricaran y con lo que tenía en su mano me lubricó a mí que ya tenía mi culo preparado para él. José se lo comenzó a pasar bien en cuanto la polla de Eduardo entró. Ya no hacía falta que Eduardo se moviera porque lo hizo el mismo José metiendo y sacando la polla de su ano. Se les veía una cara de felicidad a ambos, mientras mi compañero aún estaba lubricándose porque al parecer no quería hacerme daño, aunque no habíamos cruzado ni media palabra. Los únicos sonidos que se escuchaban eran los que producían nuestros movimientos.

    Por fin comenzó a intentar follarme. Yo estaba con la cabeza un poco levantada pero toda mi espalda y mi coxis horizontal al escalón. Mi compañero pretendía penetrarme así, poniendo una pierna en el escalón de abajo, pero no alcanzaba, así que me cogió de la cintura y me cargó sobre su pubis y de inmediato entró su polla. Le di glorioso paso con el tiempo que había tenido para dilatarme con esa crema abundante que había depositado en mi mano y lo que habían trabajado mis dedos. Entró, no era necesario que se esperara porque yo ayudaba a la penetración, la metía hasta dentro del todo me levanto más la mitad de mí cogiendo mi muslo hacia su costado y entró del todo. Estaba inclinado sobre mí y su cara a dos palmos de la mía, le sonreía y él parecía sufrir más. Me empujé hacia arriba, doblé las piernas en sus hombros como una mordaze y al empujar él hacia adelante hacía que mi culo se levantara y la penetración se afirmara del todo. Así estuvimos un rato largo. Descansamos solo unos segundos para que mi compañero se acomodara más a su gusto y Eduardo se cambió por José, poniéndose este a follarlo con la misma presión que mi compañero me follaba a mí. Nos estábamos mirando José y yo y él entendía que yo me encontraba muy augusto como si en lugar de follar a Eduardo me lo hiciera así, por eso seguía el mismo ritmo de mi compañero.

    Mi compañero quiso imitar a mis amigos y me pidió que le comiera el culo, se salió de mí, me bajé al escalón inferior y a él lo puse apoyando su cuerpo sobre sus hombros para comerme su culo. Grato culo, reluciendo, olía a macho y sudor, un poco reblandecido por el lubricante que se había puesto y que yo me había encargado de extender con mi lengua. José se sentó sobre el escalón y Eduardo se sentó en su polla totalmente estirado. No lo podía ver del todo porque los tenía de espalda, pero por los movimientos que hacía Eduardo supe que lo estaba disfrutando.

    Mi compañero bajó al escalón y habiendo visto cómo disfrutaban mis amigos, quiso gozarla igual. Me senté y se penetró de un solo golpe sentándose sobre mi polla y estirándose, apoyándose sobre mí y yo colocando mi cabeza sobre su hombro. Comenzó a bailar su culo sobre mi polla a toda velocidad y vi desde arriba y escuchaba su polla golpear sobre su abdomen y sobe mi muslo alternativamente mientras subía y bajaba. Se cansó y yo hacía el ejercicio de empujarlo y veía como su polla iba de un costado al otro como un badajo de una campana al revés. José, para hacerme disfrutar de la visión, dio media vuelta cargando a Eduardo para que los viéramos. Ambas parejas nos veíamos mientras entraba un tío desnudo con la toalla en la mano y se puso al rincón a mirar mientras se sobaba su polla. Mientras descansábamos de nuestros movimientos porque mi compañero se cansaba pronto pero quería seguir, aproveché para volver a mamarle la polla y de vez en cuando animaba lamiendo sus pezones, llenos de sudor y hombría que me seguía poniendo. Por su parte Eduardo se dobló tanto que veía al sujeto que había detrás y abrió la boca. El tío sin más le puso la polla en la boca y Eduardo se la mamaba con fruición.

    A continuación entre mi compañero y el último que había entrado, me sentaron medio tumbado y ambos se repartieron mi polla para mamarla, lamerla, chuparla entre los dos y me juré no darles la leche que es lo que pretendían. Pero la gozaban y yo también porque accedieron a que me sostuviera agarrado de sus pollas una en cada mano. Se cansaron José y Eduardo y cesaron en su juego. Eduardo seguía masturbándose y José extendido ya en el suelo debajo del escalón. Eduardo se puse a masturbar sobre José y le echó todo su esperma en el pecho. Lo vio el último que había entrado que también se masturbaba y se acercó igualmente a derramarse encima de José. Luego acudimos mi compañero y yo, así es que estábamos los cuatro masturbándonos sobre José. Eduardo se corrió de nuevo y luego mi compañero, a continuación el otro y después yo, pero seguíamos masturbándonos para que no se bajaran nuestras pollas y poder eyacular de nuevo. Mientras, Eduardo se estaba mamando la polla de José que no tardó en reventar. Me agaché junto a Eduardo y nos comimos los jugos de nuestro amigo. Mi compañero y el otro intruso, metieron sus pollas en la boca de José y se volvieron a correr. José no pudo con las dos corridas casi a la vez y llenó su cara de lefa. Me levanté para darle un beso y compartir su banquete. Los dos intrusos se pusieron debajo de mí para hacerme correr y lo consiguieron repartiéndose la lefa.

    El cansancio y el calor seco de la sauna nos dejaron aplatanados con ganas de descanso sin dormirnos y nos levantamos los cinco. Comenzamos a besarnos y me dije; «si esto sigue así, volvemos a comenzar», por tanto me deshice de los besos, salí y me siguieron todos. Directamente me metí en el jacuzzi, dentro de una ducha, rápidamente me quité los restos de semen y entré en el jacuzzi de agua fría; los cuatro me imitaron y se metieron a la ducha rápida y dentro de la poza. Fue entonces cuando los cinco, yo en una de las esquinas curvadas y dos a cada lado, comenzamos una conversación muy agradable. Nos felicitamos por lo bien que lo habíamos pasado. Y los dos compañeros nos dijeron que ellos se quedaban un rato más a ver que caía. Nosotros dijimos que nos íbamos y Eduardo añadió:

    — Como somos los tres novios, lo nuestro no acaba nunca.

    Aquellos se quedaron extrañados y nosotros tres nos besamos a una dentro aún del agua. Salimos para ir a las duchas cogidos los tres por la cintura. Se nos quedaron mirando, mientras salíamos a las duchas de los vestuarios. Nos tumbamos un rato en las literas para que todo el sudor saliera de nosotros y volvimos a ducharnos y secarnos para irnos a cenar. Hambre había. Después de la cena ya habíamos hablado que teníamos que ir a acabar bien la jornada.