Autor: admin

  • Abusando de mi amiga en el baño

    Abusando de mi amiga en el baño

    Elizabeth Vargas, una amiga que conocí en el trabajo, morena de 1.60, ojos hermosos, nalgas paradas aunque poco busto, pero levantado y una forma de ser cautivadora.

    Desde que nos conocimos nos llevamos muy bien hablábamos de todo y nos contábamos algunas cosas, ella estaba juntada con su novio, así que siempre que salíamos a un bar lo llevaba, admito que siempre le traía unas ganas de cogérmela pero siempre estaba él.

    Una ocasión nuestra amiga en común Cindy organizo una fiesta para su novio, ambos fuimos invitados obvio ella llego con su novio pero aun así estábamos tomando como siempre divirtiéndonos bailando y riendo.

    Ella llevaba un rico mayón negro una blusa café con escote y sus zapatos de tacón abiertos.

    Yo estaba excitadísimo ya que ella me acariciaba la pierna con sus ricos pies, la noche se hizo larga nosotros seguíamos en el ambiente entonces su novio se paró y se salió de la casa a fumar.

    Ella lo siguió después cuando ella regreso la vi un poco molesta dirigiéndose al baño así que la seguí y sin que me notara la empuje al baño. Comencé a besarla, ella me trataba de alejar pero terminó cediendo, estábamos besándonos mientras la música sonaba a fuera yo a toda prisa le levanté la blusa y comencé a besarle su abdomen…

    Eli me acariciaba la cabeza, yo sin dudarlo le bajé el mayón dejando al descubierto una rica tanga color negro la cual fui bajando lentamente mientras mi lengua rosaba sus piernas.

    Ella se repegó a una pared, aceleradamente le quité el mayón y comencé a hacerle sexo oral. Le mamaba los labios, le besaba las ingles, ella se convulsionaba y seguía acariciando la cabeza, jugaba con su clítoris mientras ella gemía de placer.

    -Ahhh! Luiiis, que ricooo, ahh!

    -Sabes delicioso Eli, mmm!

    Después de no solo meterle mi lengua si no que también jugué con mis dedos en su conchita, me puse de pie y me bajé el pantalón y la trusa dejando mi verga erecta para ella.

    La tomó con su mano y mientras se hincaba me masturbaba con su suave mano, comenzó a chuparme mi verga, sin dudar la metió a su boca.

    Lamía mi torso y lengüeteaba la cabecita al mismo tiempo que me acariciaba mis testículos, era un rico oral. Yo la tomé de la cabeza y empecé a empujarle mi verga en su boca, sentía como rozaba su garganta, ella me agarraba de las nalgas mientras con sus dientes raspaba toda mi verga.

    -Eli que rico mamasss

    -Que verga tienes, me encantaa!

    Después de darme placer con su boca se puso de pie, le levante una pierna y comencé a penetrarla, su rica vagina apretaba delicioso mi verga, mientras se la metía nos besábamos ricamente, afuera nos tocaban la puerta pero eso solo nos excitaba mas…

    -Nos van a descubrir y si es mi novio ahh

    -Que importa ahorita solo quiero cogerteee

    -Siii cogemee metemela ricoo papi

    -Te eh querido coger desde que te conozco

    Seguí penetrándola parados unos minutos más, afuera escuché que preguntaban por mi, eso me excitó más, la puse viendo frente al espejo del lavamanos, la incliné un poco y apoyándome de sus nalgas comencé a darle así, sentía mas rico su vagina y mi verga entraba más.

    Tocaban la puerta y eso al parecer le excitaba más, yo le acariciaba sus nalgas y le jalaba su cabello, ella se movía un poco, gemía pero la música fuerte ocultaba nuestros ruidos.

    -Ahhh Luiiiis, ahhh

    -Eli ahh que rico te muevess

    Seguí dándosela, aumenté la velocidad, ella comenzó a mojarme sin control, sus líquidos mojaban el piso de pronto yo también me vine, ambos gritábamos y nos movíamos salvajemente, mientras la llenaba de mi leche.

    -Ahhh, Luis siiii que ricoo!

    Eliii, ufff, aaahhh…

    Ese orgasmo fue delicioso, reposamos unos minutos, incluso la borrachera se nos pasó por unos minutos. Yo salí primero, increíblemente su novio seguía afuera.

    Ella salió unos minutos después, aunque seguimos la fiesta al otro día me habló por teléfono un poco arrepentida pero ella y yo no sabíamos que era el comienzo de una serie de aventuras sexuales.

  • El pie oscuro de Sylvana

    El pie oscuro de Sylvana

    Una noche en un bar con mi esposa, ella se fue con alguien que conoció, yo a los pocos minutos conocí a Sylvana, era una mujer de piel oscura, tendría unos 29 años, bajita, delgada, pelo negro, rizado y alborotado con unos pechos medianos y un culo grande y redondo, ella era de trinidad y Tobago. Hablamos en la barra y después de unos tragos la invité a mi habitación, para ese momento tenía un erección potente, ya que solo imaginaba como sería mi semen en su cara y vagina de piel oscura. Al salir del bar, nos fundimos en un beso mientras estábamos en el ascensor, sin pensarlo metí mi mano por debajo de su vestido azul ceñido, sintiendo por encima de su tanga húmeda y su vagina caliente, empecé a meter mis dedos y acariciar por encima su sexo que ya cuando se abrió el ascensor le había quitado la tanga de color negro que tenía puesta.

    Al entrar al cuarto la sujete de las piernas y la levante abriendo su piernas mientras nos besábamos y asimismo fuimos a la habitación y nos tiramos a la cama, ella con su mano agarro mi pene se agacho y empezó a masturbarlo, mientras yo solo veía excitado como sus manos me masturbaban y me acariciaba bolas, en ese momento ella empiezo a lamerme mi pene como si fuera un paleta y solo sentía su lengua recorriendo este y con la punta me presionaba la cabeza de pene, mientras ella me masturba, escupía en mi pene para humedecerlo más y ella tenía ese fetiche ya que me escupía mucho tanto que algo caía al suelo.

    Luego de estar un rato haciendo eso le tome por el pelo y se lo metí en la boca hasta el fondo tanto así que empezó a dar arcadas y sentía como mi pene rozaba su campanilla, pero mi excitación fue tanta que no le di importancia y seguía y ella solo botaba más saliva mientras me empujaba para que no se lo metiera tanto, empecé a follarle la boca y solo pensaba que deseaba ver mi semen blanco en su piel oscura, luego de unos minutos sentí el espasmo de mi pene listo para correrse y no me detuve, saque mi pene de su boca al momento de venirme y todo mi semen cayó en su cara.

    Ver como su boca, su nariz, ojos, frente, tenían machas blancas por mi semen en su cara y eso me excito enormemente, a tal punto que la tome y la tire a la cama sin haberle quitado el vestido, abriéndole las piernas y colocando la punta de mi pene en la entrada de su vagina muy mojada, y sin previo aviso la penetre toda de una vez y solo se escuchó un grito de parte de ella al hacerlo, su vagina estaba suave y caliente, mi pene entro todo algo fácil pero al oírla mi mente ya se había enloquecido y comencé en bombearle fuertemente, y en el cuarto solo es escuchaban sus gemidos fuertes casi gritos mientras me enterraba sus uñas en la espalda.

    Yo solo deseaba más y más de esa situación, ella lo disfrutaba, nunca me dijo nada ni que parece ni que le diera más lento solo se limitaba a recibir y gemir y después de unos minutos no aguante más y cuando me iba a venir en ella le levante lo que pude el vestido y enseguida saque mi pene de ella y explote los chorros de semen en su cuerpo, dejándome con una imagen maravillosa de ella boca arriba con semen en su vestido, vientre y cara, ya que no le di oportunidad de limpiarse.

    Nos recompusimos y busque unos tragos para los dos para después desnudarnos y quedarnos un trato más haciendo más cosas hasta que no pudimos más, la mañana siguiente cuando me desperté no estaba ella solo mi esposa sirviéndome un café, y me dice con una risa perversa en la cara

    ‘’Te lo traje negro, pero le falta algo de leche tu qué crees?’’

    Como dije antes mi esposa y yo tenemos un matrimonio liberal, ella me conto que esa noche también estuvo ocupada.

    Una historia corta, pero intensa, espero que les guste, estas son experiencias reales de mi esposa y mías. Si desean más detalles escríbame o dejen como contactarlos.

    Que tengan un placentero día.

  • En el parque de los Venados CDMX

    En el parque de los Venados CDMX

    No soy gay y menos amanerado, me encanta el sexo y había tenido la fantasía de estar con un hombre, pero no imaginaba como podía hacerse realidad hasta que un viernes salí temprano de mi trabajo, pero no sentí deseos de salir con amigos a un bar, por el contrario, quise caminar solo y sin planearlo terminé por el parque de los venados en la Benito Juárez.

    Ya se había ocultado el sol así que al llegar a una de las esquinas del parque me adentre hasta la primera banca que vi y me senté, no sucedió nada fuera de lo normal hasta que enfrente de mi pasó un hombre con ropa deportiva, al pasar enfrente de mi, se me quedó viendo mi entrepierna lamiéndose los labios, fue demasiado descarado, inclusive, después de pasar no dejó de ver mi entrepierna y tampoco de sacar su lengua, la primera reacción que tuve fue de enojo, pero no hice nada, unos segundos después me levanté y me fui.

    Camine unos pasos hasta que, llegó la idea: ESTA ES LA OPORTUNIDAD; del solo pensarlo me excite, sentía mi pene crecer y mi respiración acelerarse, me detuve, di media vuelta, y empecé a caminar hacia la banca pero de manera lenta, pues así como me había excitado también pensaba que no debía hacerlo, era una locura, pero me venció la excitación así que regrese a la misma banca, me senté y espere, miraba alrededor en busca de él, y no lo veía pasar, me desespere demasiado porque no pasaba, fue tal mi desesperación que después de un buen rato dije, si en 5 minutos no pasa, me voy.

    Parece increíble pero al cumplirse los 5 minutos, justo cuando me iba a levantar, decidido a irme, volvió a pasar, el solo verlo venir me excitó demasiado sentía como mi pene quería salir de mi pantalón, cada vez con más fuerza, pero volvió hacer lo mismo, solo miró mi entrepierna de la misma forma lasciva, después de pasar enfrente de mi, lo seguí discretamente con la mirada y vi que solo le dio vuelta a la jardinera, algo grande por cierto, cuando estaba en camino a volver a pasar, se detuvo, no podía con la excitación, en mi mente le gritaba que ya viniera a mi, hizo como que amarró sus agujetas y después de eso volvió a caminar hacia mi, estaba demasiado excitado y justo cuando vi que iba hacer lo mismo, dije, es ahora o nunca, espere a que estuviera cerca y cuando vi claramente que miraba nuevamente mi entrepierna y se lamía los labios, me empecé a acariciar el pene con mi mano.

    Al ver lo que yo hacía pude notar como cambió su facción a una de asombro, dio unos pasos más pero de forma más lenta hasta que se detuvo y volteó a ver mi entrepierna, yo no dejé de acariciar mi pene, caminó hacia mí y se sentó a mi lado, ya tenía muy erecto mi pene, pero dejé de acariciarme, no sabía que decir hasta que me dijo, se ve que tú paquete está muy bueno, muy nervioso le respondí, eso crees, y me dijo, si, se ve muy bueno, sentía que el tiempo se hizo lento porque mientras teníamos esa escasa conversación mi mente pensaba muchas cosas, así que entre mi excitación y nerviosismo le dije, y como sabes si no lo has comprobado, levantó su vista y me miró a los ojos, porque aún sentado a mi lado no dejaba de ver mi entrepierna, y con asombro me preguntó, quieres que lo compruebe, y le dije si, parecía que no podía creer lo que le contestaba, y me dijo, vamos a mi departamento, ahora yo no podía creer lo que yo estaba haciendo pero estaba demasiado excitado y dije si, nos levantamos y me dijo, vivo muy cerca, nos iremos caminando, en el camino intentó hacerme la plática pero entre mi nerviosismo y lo excitado que estaba, no le podía seguir la plática solo le respondía lo que me preguntaba.

    Cuando llegamos a su departamento, me senté en su sillón y mientras me ofrecía algo de beber y música, que por cierto dije no a lo primero, y lo que quisiera a lo segundo, se sentó a mi lado, lo volteé a ver, y ya no podía más, me acerqué y nos empezamos a besar, fue uno de los besos más excitantes, nos metimos mutuamente la lengua hasta lo más profundo, nos chupamos nuestras lenguas y labios, tenía unos labios y una lengua muy gruesa, sentí la diferencia de besar a un hombre a una mujer, nos besamos por un largo tiempo, hasta que poco a poco empezó a besar y lamer mi cara, cuello y empezó a descender, corrió el cierre de mi pantalón, después desabrochó éste y me lo bajó junto con mi bóxer, mi pene estaba demasiado caliente y parado, y me dijo, lo sabía, está muy rico, sin aviso, se lo metió a su boca y empezó a chuparlo y pasar su lengua como si fuera una paleta desde mis testículos hasta la punta.

    Fue el mejor sexo oral que me habían hecho, me volvía loco la forma tan apasionada de comer y lamer mi pene, lo agarre de la cabeza e imitaba los movimientos como si me lo estuviera cogiendo, y justo cuando sentía que me iba a venir, lo tomé del cabello con la intensión de alzarlo y le dije, quiero probar tu verga, se levantó y empecé a quitarle el pantalón, cuando lo hice, me impacté al ver su pene, era muy muy grueso, no largo pero demasiado grueso, lo empecé a chupar y lamer como si fuera la cosa más deliciosa del mundo, fue un poco incómodo cuando empecé a sacar y meter su miembro en mi boca, porque cuando me lo metía, sentía que me ahogaba, lo excitante era que su pene y mi boca estaban empapados en fluidos espesos resultado de la combinación de saliva y líquido preseminal, me encantó ese sabor, podía ver las tiras de saliva que colgaban desde su pene hasta mi boca y viceversa, fue incómodo pero me volvía loco.

    Luego de eso nos desvestimos por completo, besó todo mi cuerpo, me volvió a chupar y lamer mi pene caliente, y me dijo, ven, vamos a la habitación, entramos, me acosté boca arriba y se puso encima mi, era algo pesado, pero no incómodo, nos besamos como si no existiera un mañana, sentía como nuestros miembros en plena erección se frotaban entre sí, me estaba volviendo loco, en eso, hicimos un 69, fue demasiado excitante, después me puso boca abajo y me empezó a besar y lamer desde mi nuca hasta llegar a mis pies, no podía con el placer, después volvió a subir y me dijo, me encanta tu cuerpo, y empezó a lamer y chupar mis nalgas, lo que me puso en éxtasis fue como al estar lamiendo mis nalgas empezó a lamer mis testículos y pasaba su lengua por mi ano, después jalo mi pene y lo empezó a chupar, recuerdo que yo gemía, estaba a nada de venirme cuando, me abrió las piernas y sentí su intención de empinarme, en ese momento le dije que no, y me dijo, no te preocupes, veo que es tu primera vez, así que me regresó a mi posición boca abajo, y se puso encima de mi, también boca abajo, y mientras me besaba el cuello, hacia movimientos como si me estuviera cogiendo, cada vez sus movimientos eran más intensos, podía sentir su pene entre mis nalgas tocando mi ano, mis testículos y mi miembro erecto hasta que me dijo, me quiero venir, y me preguntó, dónde los quería.

    Ahora me arrepiento porque hubiera querido que se viniera en mi boca y después hacer que me besara para que compartiéramos su semen, pero le dije que en el abdomen, se vino en mi, me limpio y me preguntó si quería venirme, tontamente le dije que no, no sé qué me pasó, nos vestimos, me dijo si quería salir con él en ese momento, le dije que no y me fui, con mucho respeto nos agradecimos.

    He pensado en esa experiencia y me he masturbado reviviendo lo que pasó, así también, dos veces fui al mismo lugar pero nunca lo encontré.

    Ahora buscó hacerlo otra vez pero con alguien con un pene pequeño y que viva en la Benito Juárez, [email protected]; solo busco sexo seguro.

  • Úsame, tío

    Úsame, tío

    Me llamo Manu, tengo 22 años y vivo en un pueblo pequeñito de Guipúzcoa. Vivo con mis padres en un piso que se encuentra en el centro, y mi tío también vive en este pueblo, en el caserío donde se criaron mi padre y sus hermanos, entre ellos, este tío.

    Actualmente estoy estudiando en la universidad y me cuesta concentrarme en mi casa, por lo que suelo ir a nuestro caserío, por el tamaño que tiene y porque es fácil encontrar un sitio tranquilo ahí.

    Mi tío es un hombre soltero, de 62 años, robusto y muy reservado sobre su vida privada. Cuando le comenté mi idea de empezar a estudiar en el caserío, que es su casa al fin y al cabo, me dijo que no había ningún tipo de problema, que me recibiría encantado, pero que le avisara cuando iba a ir para no llevarse un susto.

    Desde el momento que empecé a estudiar en el caserío, todo fluía muchísimo más y mi rendimiento académico mejoró. También empecé a trabajar por las tardes y organizar mi vida. Una tarde, media hora antes de mi hora de trabajo, me llamaron para cancelar el trabajo que tenía ese día y decidí ir al caserío a estudiar. Dejé el móvil en casa para poder concentrarme mejor, y fui hacia el caserío. Por el camino me di cuenta que no había avisado a mi tío pero no le di mayor valor.

    Cuando llegué al caserío, toqué el timbre para que, al entrar, mi tío no se llevara un susto. No recibí respuesta y pensando que estaría dormido o fuera, subí las escaleras y entré con mi llave. Al cruzar la puerta escuché unos sonidos raros que venían por el pasillo. Me fui acercando y me di cuenta que los sonidos venían de la habitación de mi tío. Cuando me acerqué lo suficiente me di cuenta de que la puerta estaba medio abierta y me puse a mirar. Lo que vi me dejo tan estupefacto como celoso.

    Mi tío estaba desnudo, de pie, con una chupa de cuero, con el miembro erecto. Delante, de rodillas, se encontraba una chica de 18 años, que luego descubrí que era acompañante de lujo, atada por los brazos y los pies, con pinzas en los pezones.

    En ese momento, por primera vez en mi vida, vi a mi tío como a un hombre sexuado. Para sus 62 años, mantiene un cuerpo bastante bonito, extremadamente velludo y con un miembro que, aunque de largura no es un caso aparte, es extremadamente grueso. Pensando todo esto, me di cuenta de que estaba celoso de la chica, quería ser yo la persona que estaba sometida por mi tío. Cuando me di cuenta de eso, decidí irme y pensar sobre lo que había recién presenciado.

    Pasé mucho tiempo pensando en ello, investigando, utilizando esa imagen como fantasía para masturbarme, y me di cuenta de que reprimir esas sensaciones no era nada más que engañarme a mí mismo. Por lo tanto, decidí empezar a ir a casa de mi tío más veces sin avisar, con la esperanza de encontrar algo parecido algún día.

    Pasaron muchas semanas, la estrategia de aparecer sin avisar se convirtió en rutina, pero nunca ocurrió nada raro. Empecé a mirar más de la cuenta al caserío, y veía que mi tío seguía contratando a señoritas de compañía y con bastante frecuencia. Sabía de conversaciones con mis padres que mi tío no estaba en una disposición económica muy grande, por lo que me costaba entender por qué gastaba sus ahorros en esto.

    Un día, alrededor de dos meses más tarde de mi primera visita sin avisar, aparecí al caserío con la mochila cargada de libros y entré con naturalidad. Me di cuenta de que la televisión estaba encendida, y desde el reflejo de la puerta de cristal del salón, observé una película porno sadomasoquista. Concluí que mi tío estaría delante, viéndolo.

    Me acerqué al salón, y cuando asomé la cabeza, no podía ver a mi tío por culpa de la posición del sofá. Por lo tanto, seguí adelante y me acerqué bastante a su lado. Ahí estaba, totalmente desnudo, dándose placer. Mi llegada no pasó desapercibida y al percatarse de que yo estaba allí, se quedó bloqueado por unos 10 segundos mirándome, y yo miraba todo su cuerpo y su cara de sorprendido. Después de ese tiempo, con movimientos bruscos, se tapó con un cojín. Decidí irme.

    Me costó despedirme de esa vista, pero me acerqué a la puerta del salón y sentí que mi tío apagaba la televisión. En ese momento sentí la necesidad de poner las cartas sobre la mesa, me di la vuelta y le dije a mi tío:

    – Conozco tu situación económica, al igual que conozco que recibes visitas de chicas de compañía repetidas veces durante cada semana. A mí me parece estupendo que cubras tus necesidades, pero no quiero que por ello entres en crisis. Déjate de eso, y úsame a mí para desahogarte, tío.

    Sin mirarme a la cara, se levantó, se vistió y se dispuso a marchar. Fue una sensación muy fría, me di cuenta de que esa oferta cambiaría negativamente nuestra relación para siempre. Cuando llegaba a la puerta, sin mirarme a los ojos, cogió mi mano, tiró de ella, y me llevó adelante en el pasillo del caserío hasta su habitación. Por primera vez en ese periodo de tiempo me miró a los ojos, y en un tono contundente, me formuló la siguiente pregunta:

    – Manu, esta pregunta te la haré una única vez. Intuyo que sabes lo que me gusta, por lo tanto, ¿estás preparado para ser usado por mí? Me van cosas bastante duras.

    – Sí tío, cuando te digo que me uses, te lo digo de verdad.

    – De acuerdo, Manu – me dijo con su tono contundente pero con una sonrisa esbozada en su cara. Me gustó ver por primera vez a mi tío salir de ese caparazón tímido y serio que venía mostrando hasta el momento.

    Para mi sorpresa, en vez de tirarme a la cama, mi tío empezó a empujar el gran armario de su habitación. Mientras el armario iba moviéndose a la izquierda, apareció una puerta detrás de ella. En mi vida había visto esa puerta y me creó una gran incertidumbre. Mi tío abrió la puerta con una llave y me invitó dentro.

    Cuando entré a la habitación, estaba totalmente a oscuras y esperé a mi tío para que me guiará. Me llevó unos metros adelante y me encontré con un tipo de estructura cuadrada de piedra que llegaba hasta mis tobillos, con un cojín encima. Yo seguía sin ver absolutamente nada. Mi tío me invitó a quitarme la ropa y, cuando lo hice, me hizo ponerme de rodillas en el cojín de la estructura de piedra. Se acercó a mis manos, las ató con unas esposas de metal y puso algo en las esposas, no sabía lo que era pero era de metal.

    Aún con la luz apagada, mi tío empezó a recitar un discurso un tanto turbio:

    – Yo, J. A. M., a ti, a mi sobrino Manu, te nombro único y exclusivo esclavo de esta sala, de manera que mientras tu sigas viniendo voluntariamente a ella, nadie más vendrá. Yo te bautizo. ¿Das tu consentimiento?

    – Lo… doy – respondí titubeante.

    Esperé a que algo ocurriera mientras me encontraba de rodillas en silencio, sin saber lo que iba a ocurrir. De repente, un líquido caliente empezó a chocar con mi frente, desplazándose continuamente por mi cara y todo mi cuerpo. No me podía creer que el bautizo de mi tío era algo tan literal como una ducha con su pis. Abrí la boca, dejé entrar todo el líquido, jugaba con ella para tirarla después. Mi tío se dio cuenta de ello y me obligó a tragar su pis repetidamente.

    Para entonces, me sentía una auténtica zorra, dispuesto a todo para complacer a mi tío. Cuando su orina dejó de brotar, lo sentí alejarse de mí, y comencé a escuchar un sonido de una cuerda que se estaba moviendo. Después de unos segundos, sentí que esa cuerda tiraba a mis esposas para arriba. Para cuando me di cuenta, me encontraba colgado del techo con los brazos en alto, totalmente desnudo, y fue entonces cuando realmente me sentí el esclavo de mi tío.

    Mi tío encendió la luz, y me quedé totalmente anonadado por todo lo que tenía alrededor. Me di cuenta que estaba colgado en el techo mediante una polea que mi tío había empleado para ponerme allí. La luz tenue fucsia alumbraba cada rincón de esa habitación, y me percaté de todos los instrumentos de tortura que tenía mi tío; fustas, látigos, cuerdas en forma de horca para practicar la hipoxifilia, colocados todos en vidrieras con luces. También había varios cajones, pero aún desconocía lo que había dentro de ellos.

    Mi tío abrió una de las vidrieras y sacó unas pinzas de metal. Se acercó a mí, y empezó a tocarme todo el cuerpo con esas pinzas. Sentía escalofríos, mi miembro estaba totalmente erecto, la incertidumbre de lo que sería de mí esa tarde me mantenía tremendamente caliente.

    Tras tocar cada rincón de mi cuerpo con esas pinzas frías, las abrió y las colocó en mis pezones. Sentí un dolor agudo, muy punzante, pero era a la vez tremendamente placentero. Mi tío empezó a agitar las pinzas, y el dolor se triplicó, exactamente de manera ecuánime como el placer. El sometimiento de mi tío y la sumisión que implicaba mi postura estaba haciéndome sentir tremendamente caliente. Mi tío percibió mi impaciencia y se acercó a otra vidriera. Sacó una fusta de varios flecos de cuero, se acercó y se colocó detrás de mí.

    Empecé a sentir cómo cada uno de los flecos cosquilleaba mi culo. En el momento que sentí el último fleco alejarse de mi culo, era totalmente consciente de lo que venía a continuación. Tras escuchar el sonido de la fusta romper el aire, sentí cómo azotaba mi nalga izquierda. No me esperaba semejante azote y todo mi cuerpo se movió, acompañado de un gemido que salió de mis entrañas. Me azotó cuatro veces más con una intensidad constante. Aunque mi culo me picaba y sentía dolor, el morbo de la situación hacía la experiencia tremendamente placentera.

    Mi tío, aún vestido, vino delante de mí y se plantó mirándome de manera penetrante.

    – Manu, valora del 1 al 10 el dolor que estás sintiendo.

    – 8 – susurré.

    Mi tío se alejó de mí, volvió atrás y lo siguiente fue una tremenda paliza que me dio con la fusta. Fueron 15 golpes, terriblemente duros. Sentía un dolor tremendo en mi culo, pero igualmente, me gustaba como mi tío se había apoderado del todo de mi cuerpo.

    Repitió su último comportamiento, vino frente a mí y me preguntó el grado de dolor que estaba sintiendo:

    – 9 – le respondí.

    – Mejor – susurró – pero quiero llegar al 10. Al llegar a 10, quiero que grites un código: «Pergo» – desconocía el significado de esa palabra pero no puse objeción.

    Se acercó a uno de sus cajones, y sacó una daga, dorada y con esmeraldas en la base. Se acercó a mí, y colocó la punta en mi cuello. De manera semejante a las pinzas, empezó a deslizar la parte puntiaguda de la daga por cada rincón de mi cuerpo. Sentía una adrenalina tremenda, mi miembro seguía totalmente erecto y unas ganas tremendas de seguir siendo sometido por mi tío.

    Tras recorrer cada pedazo de piel de mi cuerpo con esa punta metálica, la dejó y comenzó a bajarme al suelo. Me dirigió a tumbarme en una cama de masaje, me hizo tumbar boca arriba y bajó la altura de la cama hasta sus muslos. La cama llegaba hasta mi cuello, por lo que mi cabeza quedaba al revés, boca abajo, colgada. Por fin llegó el momento que tanto esperaba. Mi tío se quitó la ropa, y de una estocada metió su miembro grueso erecto hasta el fondo de mi boca, y la mantuvo ahí durante un rato. Empezó a follar mi boca con todas sus fuerzas, mis ojos lloraban, tenía repetidas arcadas, pero mi boca fue bombeada durante varios minutos. Sentía el salado sabor de su líquido preseminal.

    Después de un largo rato siendo violado por la boca, sacó su miembro e hizo levantarme. Me llevó a otra cama y me puso a cuatro patas. Se acercó a otro cajón y sacó un antifaz, se acercó a mí y me lo puso.

    Después de eso, escuché la puerta de otro cajón abrirse y cerrarse, y se acercó otra vez a mi. Su mano tocó mi cara, y me dijo:

    – Te voy a poner un bote en la nariz, es una droga llamada popper, lo único que tienes que hacer es esnifarlo, ¿De acuerdo?

    Nunca había escuchado del popper, pero asentí con la cabeza. Escuché el chirrido de un bote abriéndose y un olor terrible de compuesto químico se apoderó de mí. Siguiendo las órdenes de mi tío, esnifé del bote que estaba ubicado en mi nariz. Lo que sentí en ese momento fue inexplicable.

    Sentía muchísimo calor en la cara, y me sentía totalmente excitado. Quería ser violado por mi tío a pelo, lo único que me importaba en ese momento era el rabo de mi tío, necesitaba tocarme pero no podía. Era el nivel de excitación más grande que había sentido en toda mi vida. Me daba igual hacer cualquier cosa, con tal de hacer; necesitaba mamar, sentir un rabo en mi ojete, ser zurrado…

    Mi tío alejó el bote de mi cara, se agacho y me dijo:

    – Esto te lo hago porque eres mío, Manu. Nunca lo olvides, eres mi posesión.

    Se acercó sus labios a los míos, y cuando estaba a punto de besarme, se separó y escupió mi cara. Se levantó y lo escuché alejarse.

    De repente, sentí como mi ojete se desgarraba, se rompía, con la estacada que mi tío, sin lubricante ni condón, me había dado de golpe.

    – Pergo! – grité.

    Aunque yo le indiqué el grado de dolor que estaba sintiendo, el cual era insostenible, mi tío no paró de bombear ni ojete.

    – Pergo! Pergo! Pergo!

    Suplicaba que parara, pero mi tío no cedía, seguía petándome con fuerza. La experiencia estaba siendo totalmente dolorosa, pero tremendamente placentera. Me sentía un objeto sexual, creado para saciar las necesidades de mi tío. Aun así, yo insistía:

    – Pergo! Pergo!… Pergomm!… Permmm… Pmmm… mmmm

    El dolor se fue atenuando, y un placer increíble comenzó a producir escalofríos por todo mi cuerpo. Mi tío me acercó otra vez el bote de popper a la nariz y esnifé a tope. Comencé a sentir el placer de las estocadas de mi tío de manera triplicada. Sentí que estaba acercando al orgasmo, al clímax, pero como no estaba tocándome el pene, ese camino al orgasmo estaba siendo largo, pero terriblemente placentero.

    Mis gemidos aumentaban, y de la misma manera lo hacían los caderazos de mi tío. Cambió de movimiento, y en vez de follarme de manera continua, sacaba y metía su rabo entero repetidamente en mi culo. Me estaba muriendo de placer y por primera vez en mi vida, sin haber tocado mi pene ni una vez, me corrí mientras mi tío me penetraba.

    Aun así, mi tío siguió bombeando durante un buen rato hasta que sentí como su semen caliente llenaba mis entrañas. Cuando terminó, se mantuvo dentro de mí hasta que su rabo perdió la erección. Me sentía tremendamente dolorido, cansado, sudado y también raro al mirarle a mi tío a la cara tras esa experiencia.

    Nos quedamos mirándonos por unos segundos, y fue él quien se atrevió a dar el paso de hablarme:

    – ¿Te sientes bien?

    – Estoy cansado y muy dolorido – le respondí con mi tono de voz agotado.

    – ¿Pero te ha gustado? – noté preocupación en sus palabras.

    – Sí tío, me ha gustado, pero en un momento el dolor ha sido excesivo, y aunque haya gritado «Pergo» has seguido haciendo lo mismo – le respondí exhausto.

    – Has sido tú mismo quien me ha pedido que siga.

    – Pero, ¿Qué dices? – no entendía a qué se refería – Si me has dicho que grite eso cuando estaba en el punto de dolor máximo – le dije.

    – Manu, Pergo es una palabra en latín que significa continuar. Me estabas pidiendo a gritos que continuara, y yo he atendido tu petición.

    – Eres un cabrón – le respondí en tono jovial.

    Me vestí y cuando me dispuse a abandonar la sala, me agarró de la mano y me miró profundamente a los ojos.

    – Manu, ¿Quieres continuar a ser mi sumiso, mi esclavo? – me preguntó -.

    Tuve la respuesta muy clara en cuestión de milésimas:

    – Pergo.

  • Me trajeron un cuadro

    Me trajeron un cuadro

    Tengo 42 años y mi esposo es bastante mayor, tiene más de 61. Él tiene alto rango en el ejército. Tenemos un hijo de 21 años que vive en España hace 6 meses. Mi esposo, no sé si es por malestares físicos que tiene hace un par de años o efectos de la decadencia de su edad, pero no se interesa sexualmente por nada y mucho menos por mí.

    Una mañana, estando en casa preparándome para ir al gimnasio (voy 2 veces por semana), llamaron por el portero eléctrico.

    -¿Quien llama? -pregunte

    -¿La señora Patricia?

    -Si ¿Quién es? -inquirí.

    -Señora, me envía el Mayor -contestó una voz cristalina- traigo un cuadro. Me envió con su automóvil, vengo desde los cuarteles y me ordenó traerlo. Dijo que Ud. sabía dónde ubicarlo y me dio herramientas para poder colocarlo en su lugar.

    Me molestaba que no me consultara si tenía tiempo de atender la cuestión. Decidí que este día no tendría gimnasia y autoricé en recepción que lo dejaran subir.

    Cuando abrí la puerta del departamento, estaba con el cuadro que había elegido en la galería de arte a su lado, un muchacho alto y muy apuesto con una sonrisa cautivadora, me dijo:

    -No le avisé porque su esposo me dijo que no hacía falta.

    -Está bien -le contesté- lo colocaremos en reemplazo de un Cristo en la cabecera del dormitorio.

    -Me dijo el Mayor, que Ud. tenía el soporte que lleva en la parte trasera. -pidió- si me lo da, lo colocaré

    -Está bien, seguime y lo colocarás en la cocina.

    Estaba con la ropa de gimnasia, que era una remera ajustada y unos pantaloncitos que marcaban bastante una linda cola que tengo, coronando unas piernas firmes a costa del trabajo en aparatos y ejercicios para busto y piernas. Sin vanidades, debo admitir que tengo un cuerpo bien formado y apetecible según mis amigas.

    Mientras caminaba el pasillo hacia la cocina, sentí la mirada del muchacho del muchacho en mis partes. Realmente, me gustó. Sería la falta de atención de mi esposo y la carencia de un hombre, pero realmente me gustaba que un muchacho como ese se sintiera atraído por mí.

    El soporte para el cuadro estaba en la parte alta de la alacena, me estiré para tomarlo (y de paso para que el muchacho tuviera una gratificación visual de mi cuerpo). Como no llegaba, sentí que se acercó por detrás de mí.

    -Permítame que le ayude -dijo- y se acercó por mi espalda a tomar el soporte.

    Sentí sus brazos rozando los míos y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, excitándome. Me quedé quieta mientras sentía su cuerpo pegado a mi espalda, hasta me pareció notar cierta excitación en su entrepierna.

    -No aproveches mi soledad, para sentirte audaz en tus actitudes -le advertí- eres joven e impetuoso, pero no es conveniente. No dejo de ser una mujer, a pesar de ser mayor.

    -Ud. señora -dijo mirándome a los ojos- es una mujer muy atractiva y yo jamás osaría alterar su recato y no sería digno si no respetara su privacidad y respeto.

    -¿Te parezco tan atractiva? -dije también mirándolo a los ojos- tengo un hijo casi de tu edad. A veces una siente el paso del tiempo a otra velocidad que su pareja. Pero eso no es causa de andar coqueteando con los jóvenes. Debo resguardar mi intimidad y no trascender con mis actos.

    Me sentía excitada y sentía su mano en mi brazo y mi humedecida vagina daba cuenta de mi estado. Era mucho tiempo de necesidad y este ejemplar de macho, me hacía presa fácil de la pasión dormida largo tiempo.

    Acariciando mis brazos con ambas manos, me dijo al oído:

    -Será nuestro secreto lo que pase esta mañana entre nosotros -me dijo.

    -Podré contar con tu silencio. Te necesito, pero temo las consecuencias -murmuré en un suspiro apagado.

    -Déjeme actuar a mí -musitó- Ud. me excita muchísimo. Desde que la vi, tuve deseos intensos de tenerla.

    Pasó sus brazos tras mi cintura y apretando mi cuerpo al suyo, me besó con una pasión tan ansiada por mí, que me parecía desfallecer. Respondí sus besos con el desenfreno desesperado por la carencia demorada.

    Sus manos recorrían mi cuerpo. Metió sus manos bajo mi remera y la sacó por sobre mi cabeza. Desprendió mi sujetador dejando mis pechos expuestos a sus labios.

    -Hazme tuya bebé -rogué- quiero que me poseas y me dejes disfrutarte.

    -Yo también quiero sentir a una hembra hermosa como Ud. -dijo mientras me sacaba las pocas prendas que me quedaban y me tendía en el piso del living con alfombra.

    Besaba y succionaba mis pezones. Yo gemía descontrolada:

    -Así bebé, no te detengas -gemía mientras descendía por mi vientre- Asiiii, hazme tuya, por favor. Sigue, Sigue.

    Besaba mi monte de venus y su boca chupaba mi vagina casi con desesperación (mía y de él). Mis uñas se clavaban en su espalda recién desnudada. Me incliné y también besé y chupé su hermoso miembro rígido y de un tamaño que no suponía llegar a conocer nunca.

    -Quiero que me penetres, por favor, quiero sentirte dentro mío. Dame más, dame esa bella verga. Dámelaaaa…

    Se ubicó entre mis piernas y lentamente sin respetar mi desesperación y ansiedad, lentamente me fue penetrando.

    Sentía ese candente pene en mi interior y parecía un sueño despertar de esa abstinencia prolongada tanto tiempo.

    -Señora, estoy gozando como ninguna mujer me hizo gozar jamás. -murmuró a mi oído.

    Sus palabras me enloquecían y mis piernas se apretaban a su espalda.

    -Voy a venirme, bebé -gemí- acabooo. Dios mío estoy acabando. -gritaba en medio de mi orgasmo.

    -Yo también señora estoy llenando su vagina con mi semen -gritaba en mi oído.

    Quedamos agotados tendidos en el piso. Fue maravilloso volver a sentir el sexo de esa manera. Nos bañamos juntos, besándonos y acariciándonos como adolescentes.

    Colocó el cuadro cumpliendo su tarea y programamos de vernos en otras ocasiones. Volver a gozar como fue esta vez no creía que sucedería jamás. Soy feliz y no tengo culpas por mi adulterio.

    Danino

     

  • Poder en la oficina

    Poder en la oficina

    Ella corría, iba atrasada por tercera vez esta semana. ‘Una vez más y te descuento’. Había dicho su jefe, Rafael. Entró a la oficina, agitada, con la respiración acelerada, el pelo desordenado y el segundo botón de su blusa desabrochado. Llegó, no en las mejores condiciones, pero a tiempo. Rafael la miro y le dijo: ‘la reunión empieza en 5 minutos nos juntamos en la sala de reuniones’. Valeria corrió al baño, se arregló el pelo, se abrochó la blusa y salió.

    Camino a la sala de reuniones le avisan que no llegarán las personas invitadas a participar. Aliviada se dirige a comunicarle a Rafael. – Rafael la gente de andina no viene. Me avisó Teresa. – Bien… Aprovechemos de revisar entonces tu plan de trabajo con ellos. – ok. Ella se sienta al lado de el y comienza a mostrar y explicar lo solicitado. – Si obtenemos el presupuesto, podría quizás, incorporar otra localidad, te parece? Hubo un silencio. Ella lo mira y él estaba perdido observando el botón desabrochado de su blusa. Ella se ruboriza. – Disculpa, no sé qué le pasa, lo volví a abrochar recién. – Está bien, no te preocupes, solo que no oí nada de lo que me explicaste. La verdad es que me acabo de dar cuenta de que eres increíblemente hermosa. – Yo, eh… bueno… No, no sé qué decir – Nada, disculpa fue un comentario muy fuera de lugar. Continúa por favor. – Está bien… Te preguntaba qué opinas de abarcar una localidad más en el caso de obtener el presupuesto.

    El comienza a responder, sin embargo ahora es ella quien no presta atención. En su cabeza se repite la frase que acaba de mencionar Rafael y comienza a sentir un fuerte deseo de besarlo. Valeria siempre se ha sentido atraída por él, jamás lo ha demostrado y no tenía en sus planes tampoco hacerlo, pero el «increíblemente hermosa» movió hasta su última hormona. – Rafael… El la mira y ella toma su cabeza y lo besa. Se retira un centímetro y lo mira, esperando reacción. Él toma también su cabeza y la besa. Es un beso apasionado, de deseo contenido, un beso que manifiesta ansias de poseer de ambos, sus lenguas se entorpecen tratando de entrar una más que la otra. Ella está completamente excitada.

    Extiende su cuello esperando que el la bese, que pase su lengua. El con una mano en su hombro y otra en su cabeza lo hace. La besa, la lame, con desesperación, ella dice: siiii. El baja su mano que permanecía en el pelo de Valeria y le acaricia la espalda, lentamente hasta llegar a su cola, la acaricia y desliza su mano desde su trasero por su muslo hasta su rodilla. Ella, que mantenía sus piernas cruzadas, las abre, completamente, invitándolo a tocar… – Tócame… – Segura? – Solo tócame… El desliza su mano suavemente por el interior del muslo de Valeria. Llega a su pantaleta, la corre y toca sus labios, mojados. Mientras el la toca ella sigue besándolo… Lame su cuello y oreja, le susurra al oído su respiración agitada y le confiesa: – Te deseo tanto Rafael…

    Él se para, la toma de la cintura y la sienta al borde de la mesa… Comienza a desabrochar su pantalón y saca su pene. Estaba erecto, duro… – Te quiero follar, aquí, ahora, rápido. Valeria en cosa de segundos piensa en el condón… Pero estaba muy excitada y a esa altura no le importaba nada, sentía en su boca el sabor del perfume que ocupaba Rafael… Estaba pasando realmente, después de tanto tiempo, estaba ahí, frente a ella la había besado la había tocado e iban a tirar… La idea la estremeció, sus pezones le dolieron de los duros que estaban, su vagina estaba más húmeda que nunca…

    Solo pudo contestar una cosa: – Mételo por favor!!… Se sacó sus pantaletas se abrió de piernas, afirmó sus manos en la mesa hacia atrás, expuso su vagina completamente para que Rafael pudiera penetrarla. Él se acercó, tomo su pene con la mano derecha lo dirigió a la vagina de Valeria y bruscamente se lo metió. La tomo con ambas manos al rededor del trasero y comenzaron a follar, fue rápido, sudoroso, intenso… Los pechos de Valeria saltaban fuerte, el disfrutaba mirándolos… – Sácate una teta. Quiero verla. Le dijo mientras seguía follandosela, sin soltarla del trasero para no perder el ritmo. Valeria con dificultad saco un pecho corriendo su sostén… – Ufffff qué linda teta, qué rico pezón grande… Pellízcatelo!

    Valeria hizo caso tomó todo su pecho con una mano lo movió en círculos de manera firme y después se tomó el pezón con la punta de los dedo y lo estiró. – Eso putita! Te gusta?? Aaaah?? Te gusta te gusta…?? Mira como te lo meto? Te gusta?… El comenzaba a moverse más rápido, estaba a punto de acabar… Valeria un poco desconcertada por este Rafael que no era para nada como muchas veces lo imagino… Le dijo: – Si jefe, dale, sigue, me gusta, no pares!! – Eso mierda, te gusta así fuerte, te gusta mi pico grande y duro. Él comenzó a moverse muy rápido y a contraer sus nalgas, sudaba su frente y sus manos pellizcaban con fuerza el trasero de Valeria… Él estaba a punto de terminar…

    Ella no podía creer como en un minuto la experiencia más excitante de su vida se había arruinado y estaba a punto de convertirse en la más asquerosa… En ese momento sentía el olor del sudor de Rafael y se sintió asqueada… Solo quería que el terminará pronto. – Ahí va mi leche puta!… Mmmmm… Uffff Qué maravilla… Sacó su pene aún erecto de la vagina de Valeria… Se lo miró y dijo: – Eres el mejor. Lo guardo, y mientras se subía el boxer y el pantalón le preguntó a Valeria: – Te gustó?? Rico eh??… Cuando quieras de nuevo me buscas…

    Ella aún estaba sobre la mesa con sus piernas abiertas y comenzaba a sentir que el semen de Rafael podía caer. Bajo rápidamente de la mesa recogió sus pantaletas del suelo y las subió… Pensando que decir. – Si! Estuvo increíble! Con una sonrisa exageradamente falsa. Se fue corriendo al baño… se sentó en la taza buscando la posición correcta para sacar el repugnante semen que tenía adentro… Se limpió lo mejor que pudo… Se miró en el espejo, arregló su pelo y sonrió.

  • El abuelo (Parte 4)

    El abuelo (Parte 4)

    Todo el mundo se extraña de la actitud liberal de mi familia. Unos piensan que no tenemos principios, otros que somos muy ligeros y cada cual tiene su propio pensamiento. Nosotros no decimos nada porque para nosotros todo es libertad. Lo que cada quien haga consigo lo que desee, mientras no dañe a los demás, es libre de hacerlo. Lo nuestro nunca ha sido el gregario, ni el qué dirán.

    El verano acabó. Tuve que ingresar en la Universidad, para lo cual me trasladé a vivir a Madrid. Vivía con mis abuelos porque su vivienda estaba cerca de la Universidad. Ellos me preguntaban si estaba contento; era mi abuela la encargada de preguntarme, aunque siempre mi abuelo la instigaba. Mi respuesta siempre era la misma:

    — Abuela, no te preocupes, no me pasa nada y estoy bien.

    Ellos debieron de haber hablado con mis padres por mi modo de manifestarme, muy serio y entristecido. La idea que ellos tenían de mí de cuando vivían mis padres en Madrid es de ser un muchacho juguetón, divertido, sin problemas, buen estudiante, rodeado de cariño, alegre y con la sonrisa siempre en la cara. por el contrario, ahora, aunque era obediente, estudioso y cariñoso con limitaciones, no asomaba la sonrisa por mi cara, estaba siempre serio, hablaba poco y no hacía nada por tener amigos.

    Mis padres fueron a hablar con Anselmo. Fue gracioso cuando me lo contó Anselmo. Esa noche mismo, como tenía costumbre cada día, me llamó y me contó la idea que tenían mis abuelos y la preocupación de mi padre:

    — Parezco el abuelo consejero de todos. Pero si de verdad me quieres, ponte alegre, feliz y llena de alegría a tus abuelos.

    — Pero…, ¿cómo voy a poder hacer eso si me faltas tú que eres lo mejor de mi vida?

    — Yo no te falto, estoy aquí y cada día hablamos…

    — Sí, pero no follamos…

    — Pero te muestro mi cuerpo por FaceTime como ahora, te masturbas, nos reímos y eso a diario, no te me portes mal con tus abuelos, por favor.

    — Si yo me porto bien…

    — Sí, pero están preocupados…

    — Hace un mes que no te tengo a mi lado, no te acaricio, no siento tu aliento, me falta parte de mi vida.

    — Este fin de semana voy, habla con tus abuelos que tus padres me han dicho que no saben nada; diles todo, explícales y les hablas claro para que no se preocupen y viernes vas a esperarme al AVE y estamos juntos hasta el domingo por la tarde.

    — Ya, ya estoy contento.

    Al despertar, ya en el desayuno, les dije sonriendo a mis abuelos que cuando regresara de clases tenía que hablar con ellos de algo muy importante. Besé a mis abuelos y me fui silbando a la calle.

    Encontré las clases muy interesantes por primera vez desde que iba a la Universidad, incluso hice alguna pregunta a ciertos profesores. Uno de ellos me llamó al acabar la clase y me dijo:

    — Llevamos un mes de clase y nadie me ha hecho una pregunta o intervención que valga la pena, hoy has resucitado mi clase, les has dado nivel y categoría con tu intervención, pero hasta ahora no te conocía, ¿acabas de venir por primera vez?

    — No, señor; he venido a todas las clases, pero no me interesaba nada, hoy comienza a interesarme todo en mi vida.

    — ¿Qué ha pasado, pues?

    — No sé si debo decirlo…

    — Tú verás, pero estoy en deuda contigo…, si en algo te puedo ayudar…

    — Se lo digo, señor, y usted ni se entere, por favor…, el caso es que este fin de semana viaja a Madrid mi novio solo para verme y estar conmigo…

    — ¿Es guapo tu novio?

    — Muy guapo, al menos para mí es lo mejor de lo mejor.

    — Está visto que eres gay…

    — Sí, señor.

    — Yo también lo soy, ¿este fin de semana…? Bien, mi esposo estará en casa, os invito a ti y a tu novio a cenar en mi casa…

    — Pero…

    — No se hable más, es mi deuda por el valor que has dado a mi clase.

    — Pero, yo…

    — Otro día hablamos, ahora tengo que salir rápido, hasta el sábado, toma mi tarjeta.

    Recibí la tarjeta, me quedé sin habla, pensé si metía a Anselmo en un grave compromiso y decidí contárselo esa misma noche. Las clases transcurrieron con normalidad, pude intervenir en dos ocasiones más. Los compañeros que venían a mis mismas clases estaban extrañados por mis intervenciones. Yo también lo estaba. Desde este día me interesaba la Universidad, sus clases, sus profesores, mis compañeros, todo y comencé a indagar si había clubes deportivos en la universidad para integrarme.

    Llegué a casa a la hora justa de comer, porque tomé el bus y ese día tardó en llegar. Me senté a la mesa, mis abuelos estaban esperando. Comimos y pasamos al salón como cada día, mi abuelo tomaba su café y conversábamos como si nada hubiera pasado. Por fin, mi abuelo dijo:

    — Juan Pablo, hijo, dijiste esta mañana que tenías algo importante que decir, estabas muy alegre como ahora lo estás, si no es molestia, puedes hablar. Empecé así:

    — Abuelo, tengo novio.

    Se quedaron mirándome y mi abuelo dijo:

    — ¿Y?

    Eso es lo que dice cuando espera que siga la explicación o el razonamiento consiguiente. Poco a poco y con toda clase de pelos y señales les fui explicando mi relación con Anselmo. Les dije que viajaba a Madrid el viernes hasta domingo para estar conmigo y me pidieron que se lo presentara.

    — Me parece que todavía no, abuelo; quizá la siguiente vez, porque a Anselmo no le va mucho la improvisación, necesita prepararse.

    — Como desees, sabes que no juzgamos tus actuaciones, queremos tu bien, pero compete a tus padres más que a nosotros un asunto como este. Nosotros no tenemos que decirte otra cosa que esta: queremos que seas feliz y aproveches bien los estudios.

    — Soy feliz y os quiero mucho. Comprendería que no me entendierais, pero además me comprendéis y eso hace que os quiera más.

    — Pero a mí me tendrás qué explicar algún día cómo eliges un novio dos años mayor que tu abuelo, —dijo mi abuela.

    — Un día te lo explicaré, abuela.

    Y esto fue todo con mis abuelos, desde ese día mi sonrisa llegó a mi rostro y mis ganas de estudiar aumentaron. Además, me inscribí en el Club de natación, no era exactamente universitario, pero estaba cerca y acudían muchos compañeros de la Universidad.

    Viernes en la tarde, estaba en la estación de Chamartín, ya que el hotel se encontraba en las cercanías, ya había dejado mis cosas para los dos días en la habitación del hotel y fui a recibir a Anselmo. Verle salir y abalanzarme sobre él fue lo mismo, tenía enormes ganas de verle. Salimos en dirección al hotel para dejar la bolsa de Anselmo e irnos a pasear.

    Cuando llegamos al hotel, como ya todo estaba registrado, mostré mi llave de tarjeta y directamente subimos al ascensor. Dentro del ascensor besé a Anselmo y me besó. Apenas cerrar la puerta de la habitación, comencé a desnudarlo porque quería tomar una ducha para refrescarse del viaje. Nos desnudamos mutuamente y pasamos a la ducha. Anselmo había comprado un anillo para su pene, por congraciarse conmigo ya que se lo había sugerido para que retardara un poco más su eyaculación. Me di cuenta del anillo cuando le acaricié sus bolas, ya en la ducha, previamente a darle la mamada que yo necesitaba hacer y Anselmo recibir. Le quedaba bien, me gustó. Cuando ya le había hecho gozar lamiendo continuamente su frenillo y acariciando sus nalgas, me puse agachado en la posición del jabón, aunque con mis manos abriendo mis nalgas para que me ensartara su polla sin consideración. Ya sabía Anselmo que no necesitaba preparar mi culo, porque me gusta que él me produzca un poco de dolor, ya que el placer es mayor para los dos.

    Anselmo estaba de pie detrás de mí me recostó hacia adelante para que yo proyectara mi trasero y quedara totalmente expuesto mi ano para su polla. Me sostenía con las manos en el equipo de grifería para descansar la tensión en mi espalda. Luego, gracias a mi flexibilidad apoyé las manos en el piso. Anselmo me sujetaba por la cintura para no empujarme hacia adelante con el impulso de su vaivén. Pero yo controlaba el ritmo. Yo mantenía las piernas abiertas en el momento en que me iba a penetrar y las mantuve así, de vez en cuando las cerraba para sentir mayor nivel de fricción. Tenía la espalda bien curvada y eso permitía que mis nalgas no generaran mayor amortiguación del impulso y la penetración fuera más completa y profunda, facilitándole el ejercicio a Anselmo. Como yo tengo buena resistencia, no me cansé de mi posición hasta que Anselmo se vació en mí. Luego sacó su polla me abrazó por la espalda, me enderecé y giré mi cabeza hacia él y nos dimos un beso largo, mientras Anselmo me masturbaba y me hizo eyacular.

    Después de esto, me di la vuelta y nos abrazamos. Anselmo me dijo susurrando a mi oído:

    — Ay, mi niño, mi niño, tendré que venir cada quince días para que estudies más, no quiero que ni tus padres ni tus abuelos tengan quejas a causa de tu nostalgia por mí.

    — Me harías muy feliz, mis abuelos te quieren conocer y les he dicho que esta vez no, porque solo quiero que seas para mí, la próxima vendrás a conocerlos y te van a querer.

    — Como quieras, mi niño, mi alegría.

    Nos duchamos y mientras me secaba se fue a su bolso de viaje y extrajo un anillo similar al suyo, me lo colocó y besó mi polla cantidad de veces. Me la mamó y me produjo una erección obligándome a darle mi lefa a su boca. Después de correrme en su boca, lo levanté y nos besamos. De este modo saboreé mi lefa desde su boca. Nos lavamos la boca los dos, nos vestimos y salimos a la calle. Íbamos algo arropados porque, aunque de día hacía aún algo de calor, en la noche refrescaba. Paseamos por Madrid y nos fuimos a cenar pronto para ir luego al cine a ver «Sauvage». La noche en el hotel se presentaba maravillosa. Y así fue.

  • Infidelidad con la esposa de un amigo

    Infidelidad con la esposa de un amigo

    Esto sucedió sin programarlo. Soy una mujer atractiva (según todos los comentarios y miradas) una madura de 46, vivo en Argentina y somos swinger hace ya un tiempo, de mente abierta y sin celos ni tabúes.

    Tengo un amigo al que llamaré Tony por preserva su nombre real, y está casado con Jésica, el 45 ella 40

    Con Tony hemos tenido nuestros encuentros sexuales en trío con mi marido y en cuartetos (Tony y dos amigos de él y mi marido) antes de su casamiento con Jésica.

    Al casarse, seguimos frecuentándonos como buenos amigos, alguna mateada o alguna cena y como corresponde venía con su esposa Jésica.

    Para no dilatar el relato, resumo que con Jesi pegamos buena onda, empezamos a wasapear y hemos salido de shopping juntas en alguna oportunidad.

    Ella se pasó de gimnasio al mío y ahí empezó una relación más «cercana» vestuario, calzas, transpiración, duchas.

    La primera vez que nos duchamos ella salió envuelta en un toallón y yo nada seguía con lo mío, me doy vueltas para comentarle algo y Vi que dejó caer su toallón a propósito (las mujeres tenemos ese olfato) y guauuu que cuerpo, unas tetas impresionantes y una conchita que solo tenía un hilo de bello que comenzaba donde termina la tanga y se perdía en su clítoris mmmm, me excitó tanto que no pude disimular de verla con ganas.

    Yo por mi parte también me saque mi toallón y quedamos las dos desnudas una frente a la otra y seguimos charlando como si nada.

    En un momento me doy vuelta y puedo observar por un espejo que ella clava su mirada en mi culo y veo que se acerca más a mi, yo sigo así, hasta que siento una palmada y me doy vuelta (me hago la sorprendida) y ella que me dice, ah bueno que flor de culo tenés, con razón todos hablan de tu culo, es para alabar ninguna duda.

    Yo le pregunto y quién habla de mi culo?

    Todos hablan de tu culo nena, hasta mi marido dice que tenés un culo espectacular.

    Yo en ese momento no sabía si Tony le había contado de lo nuestro antes de ella y preferí no hablar. Solo dije bueno gracias por los halagos y seguimos en otra.

    Terminamos de cambiarnos y nos fuimos.

    Yo no dejaba de pensar en esa palmada y esa noche mi marido no venía a casa por cuestiones laborales había salido de viaje 3 días. No aguante más y comencé a masturbarme pensando en Jesi, re mojada con mis dedos profundos en mi chuchi pensaba solo en ella y sus tetas y su concha, cuando me llega un whatsapp, abro mi celular ya q podía ser mi marido y no, era Jesi, el mensaje decía

    No puedo dejar de pensar en tu hermoso culo y me estoy tocando pensando en vos

    Guauuu qué loco no? Y ahora que le respondo??

    Deje de lado todo y sin pensar en otra cosa que en ella le respondí con una foto de mi mano masturbando mi conchita, sin ninguna descripción.

    Seguido a eso le envío un vídeo de 20 segundos masturbándome.

    Y no tardó en llegar su mensaje

    Ayyyy noooo, no me digas que eso es por mí.

    Siiii le respondí es por ti, no dejo de pensar en tu palmada y en tus tetas y en tu concha toda rasurada. Esta paja es por vos

    Mira, Tony fue a jugar fútbol con sus amigos y llega muy tarde ya que se queda a cenar y hablar de sus cosas con los del equipo, quieres venirte a casa ya que tu marido está de viaje.

    Ya salgo para allá Jesi.

    Llegué me abrió la puerta del departamento que queda a una pocas cuadras del nuestro y me recibió con un beso de lengua impresionante al cual respondí sin oponer resistencia alguna.

    Nos tocamos nos besamos nos franeleamos y me dice vamos a mi dormitorio. Yo le digo estás segura que Tony no vuelve pronto? Nooo tenemos como 2 horas para nosotras.

    En si dormitorio nos quitamos la ropa una a otra, pude tocar su tanga de encaje negro totalmente mojada de excitación, metí mi mano en su concha y comencé a jugar con sus labios y ahí ella largó su primer gemido, nos besamos mucho, nuestras lenguas recorrían toda nuestra cavidad bucal hurgando bien profundo y se cruzaban frenéticamente, ella bajo y me comió las tetas si me las devoró, y bajo hasta mi clítoris que la esperaba ansiosa y ahí se desató un orgasmo tras otro sin parar.

    Yo le decía, dale perra cómeme la concha que quiero llenarte la boca, daleee perraaa.

    Ella mientras me comía espectacularmente mi concha, al tomar aire, me decía, putita te tenía unas ganas y acá te tengo sola para mí, vas a ser mi puta y vas a venir las veces que te llame para comerte esta hermosa concha.

    Siiii Jesi siiii quiero cómeme putaaaa

    Así alternamos un buen rato me metía dedos en la concha y me los daba en mi boca, me decía cosas guarras y me calentaba.

    Saco un arnés y me dice ahora te voy a garchar, me puso en cuatro y me cogió salvajemente como nadie y me trataba de puta, su puta.

    Así fue pasando en tiempo, nosotras metidas en nuestro mundo lésbico, y no nos percatamos de que la hora había pasado, cuando de repente, me doy vuelta para que Jesi me coja boca arriba y veo que parado en la puerta del dormitorio y con la pija en la mano estaba Tony y me hace una seña como que siga que me calle que no le diga a Jesi que lo vi, pero se ve que mi cara me delató, y Jesi se da vueltas y lo ve a Tony masturbándose ante el espectáculo que le estábamos dando

    Ella se paró de un salto y le dijo, amor yo te voy a explicar y el rápidamente le dice, nada que explicar tranquila sigan disfrutando, ella como que esas palabras la relajaron y dice, en serio mi amor no te molesta? Para nada, me encanta este espectáculo, sigan y ahí ella siguió como antes o mejor se daba vueltas y lo miraba mientras me cogia con su arnés, en un momento ella le dice te gusta cómo me la cojo a tu amiga?? Siiii me encanta, dale duro, me encanta, y seguía masturbándose.

    Te quiero en cuatro de vueltas putita me dice Jesi me pongo en cuatro mirando hacia la puerta que estaba Tony y me empezó a clavar la muy puta con mucha fuerza y en un momento le dice a Tony.

    Querés metérsela en la boca a esta putita? Métesela seguro que le gusta, ahora es mi puta y hace lo que le digo. Tony se acercó y metió su hermosa pija en mi boca, que placer por favor y ellos se besaban.

    Ahora vamos a cambiar, vení amor cógela, hacele bien la concha, como me coges a mi, mostrarle lo potro que sos (ahí me di cuenta que no sabía Jesi que ya me lo había cogido varias veces a Tony) y me la puso toda adentro, yo gritaba de placer, los insultaba les pedía que me cojan entre los dos y Jesi me dice, sos muy puta, más puta que yo, se abrió de piernas delante mío y mientras Tony me ensartaba me obligó a chuparle la concha, perdí la cuenta de mis orgasmos y los de ella hasta que Tony no aguanto más y nos dio su lechita calentita en nuestras bocas, la cual compartimos con mi nueva amante.

    Nos duchamos y me volví a casa bien cogida y habiéndome cogido a la mujer de mi amigo.

     

  • Mi juguete en Monterrey, Nuevo León, México

    Mi juguete en Monterrey, Nuevo León, México

    Relato erótico basado en experiencias personales, en mi estilo de vida y fantasías.

    Era viernes y estaba de copas, hablando de mujeres con los amigos. Fantaseando con actrices y compañeras de la universidad. Cerca de la una de la mañana me despedí de ellos y me retire de ahí.

    Conduje aproximadamente 30 minutos por vías rápidas y entre a una colonia donde la renta apenas era de 1,200 pesos al mes. Baje del carro y torpemente intente abrir aquella puerta blanca. Cuando por fin abrí la puerta me topé con aquella muchacha semidormida con cara de susto.

    -Estaba dormida, pensé que no vendrías -Se talló la cara con la mano izquierda su cara- ¿Quieres que te haga de cenar?

    Ella era morena, delgada, de pelo lacio color oscuro con rayos rubios, tetas pequeñas de copa a, cadera no muy amplia y medía 1.56. Iba vestida con un pantalón de pijama de patrón de osos y una playera holgada con cuello de “V”.

    Mientras yo cerraba la puerta ella se giró para dirigirse la cocina, pero apenas estaba girando la tome del cuello y apoye su cara en la puerta.

    -Gracias puta, pero solo vengo a coger.

    Le baje el pantalón junto con los calzones y le sobe la vagina. Era obvio que estaba seca, pero yo estaba caliente y me la pensaba coger de todas formas. Le mordí ligeramente el cuello, pase la mano que tenía en su cuello a sus senos y me escupí en la otra mano para humedecer su vagina. Empecé a oír como se quejaba levemente y sus excusas de que no mojaría, pero sin hacerle caso baje mi pantalón, apunte mi pene a su vagina y se lo hundí lentamente para gozar cada uno de los pliegos de su vagina.

    -Me duele… aun no estoy bien mojada. ¿Tienes prisa?

    -Cállate puta -empuje más su cara sobre la puerta de su casa y empecé a bombear primero lento y después cada vez más fuerte. Cuando dejó de resistirse pase ambas manos a sus pechos y la separe de la puerta. Apreté fuerte sus dos pezones mientras me venía.

    -Aaaahhh

    -¿te viniste bien?

    -Definitivamente -con los pantalones aun abajo me senté en un sillón cercano a la puerta, mientras ella se subía los calzones y el pantalón.

    -¿Ya quieres que te haga de cenar? ¿Te quedaras a dormir? -Me pregunto mientras nuevamente se dirigía a la cocina

    -Putita…

    -Dime -Estaba a unos 5 pasos de mi.

    -Desnúdate -Me miró desconcertada, sin saber qué decir.- Solo vine a usarte y me voy a mi casa. No vine a cenar, ni a dormir, vine a cogerme a la puta que tengo a mi servicio. Así que te vas a desnudar, vendrás de rodillas a mi y me la vas a mamar como te enseñe.

    Me acomode bien en el sillón mientras me quitaba el pantalón y los calzones. Ella me vio una vez más antes de quitarse la playera que dejó al descubierto sus pequeños senos con esas aureolas café oscuro y pezones de bolita que me gustaba morder. Se bajó los pantalones y los calzones donde pude apreciar que estaba recién afeitada, se arrodillo y se dirigió gateando hacia mí. Se colocó entre mis piernas, me regalo una sonrisa sarcástica y se tragó mi pene completo hasta que le llegó a su campanilla.

    -Aaaahhh, definitivamente solo sirves para mamármela.

    -Siempre me dices lo mismo y sabes que lo hago con gusto.

    -No te dije que te la sacaras.

    -Pergofafe.

    -No te preocupes. ¿Te gusta mamármela?

    -gfi señofff.

    Me encantaba ver su cara subiendo y bajando mientras apretaba fuerte mi pene con sus labios en forma de “O”. Sentí una corriente de placer y presione su cabeza para hundir le mi pene hasta el fondo de su garganta. Le dieron una, dos, y a la tercer arcada me vine mientras ella tocia restos de semen por toda su sala. Cuando se recompuso se recogió el semen de alrededor se su boca y lamió mi pubis pene y huevos para recoger cualquier resto de semen.

    -Hay semen en mi pie.

    A lo que ella aun de rodillas se inclinó a lamerlo.

    -Y en la sala -A lo que aun con la lengua lamió el sillón de vinil.

    -Listo.

    -En el piso aún queda -Me miró con ojos rebeldes, odiaba recoger el semen del piso, decía que la hacía sentir sin dignidad ni respeto a sí misma.- Eres mi puta, tu dignidad es nula y el respeto que te tengo es solo el que le tengo a mis juguetes. -Tome su nuca y presione hacia abajo por lo que puso sus dos manos en el piso ejerciendo un poco de contra fuerza a mi mano. A lo que respondí solo con mayor presión para llevar su cabeza al piso y embarrar el semen del piso en sus labios.- Saca la lengua y límpialo -Solo pude observar su lengua moviéndose contra el piso. Después de algunos segundos le retiré la mano, por lo cual se irguió aún de rodillas

    -Gracias amo.

    -De nada putita -Le dije mientras me vestía- Mañana vengo alrededor de las 11 -Tome mis llaves del auto y le di un beso en la mejilla con ella aun de rodillas.

    Salí de su casa, tome mi auto y me fui a dormir.

    *******************

    Soy de Monterrey, Nuevo León, en busca de mujeres sumisas que sepan su lugar.

    Que entiendan lo que es una relación entre dominante y sumisa y están deseosas de servirme. Me gustan las mujeres petite, mayores de 18 años, y tendría especial interés en contactar con alguna madurita y/o esposa trofeo.

    Tengo 29 años, dispuesto a hacer amistades.

    PD. Gracias por tomarse el tiempo de leer, espero que muchas mujeres se masturben y fantaseen con este relato.

  • Como mola que te acose un pibón

    Como mola que te acose un pibón

    No soy ningún dios. He ligado moderadamente a lo largo de mi vida y no soy el típico ligón con confianza en sí mismo que se las lleva a todas de calle. Pero a veces me pasan estas cosas.

    Había salido con un amigo por la zona de Huertas en Madrid. El plan era tomar un par de cervezas e ir a casa. De pronto en un bar noto una mirada. Se cruza con la mía y una sonrisa.

    Me pongo nervioso. Era una chica alta 1,85 con tacones. Rubia guapa, unos pechos descomunales, luego descubrí que naturales, y ancha de caderas.

    No lo podía creer. Hablé con mi amigo, soy bastante cortado, de reojo comprobé que seguía mirando. Más nervios. Me miraba descarado, sonreía y se partía con sus amigas. A mí me faltaba valor. No fumo pero mi amigo salió fuera y le acompañé para comentar la jugada. Apenas llevábamos un minuto fuera y apareció ella. Saco un cigarro, me miro saludo, e iniciamos conversación. Era enfermera, después de una charla nos fuimos a otro bar.

    Nos liamos. Besos largos notaba esas tetazas en mi pecho. Ella no tenía rubor, pegaba su cadera a mi erección y se restregaba. La tenía durísima. Nos pusimos malísimos.

    Fuimos tras una máquina de tabaco donde se nos veía menos, la acaricié sus tetas. Gemía. Metí mi mano en su pantalón. Estaba empapada. Ella me agarraba la polla por fuera del pantalón. Estábamos desatados. No nos importaba la gente que podía vernos. Comencé a acariciarla el clítoris. Más firme. Más. Gemía como loca su boca en mi oreja. Metí dos dedos y la folle con ellos. Gemía desatada. Seguí más y más hasta que estalló en mi mano grito. Un grito ahogado por la música del bar por suerte. Me miro a los ojos y me dijo… culminamos en mi casa no?

    Fuimos a mi coche. Me indicó a su casa a un ático precioso al sur de Madrid. Tomamos algo en su terraza charlando a la luz de la luna. Nos besamos y pásanos a su cuarto.

    La desnude la acaricié entera tenía unos pechos espectaculares. Los bese, me recree en ellos. Ella se dejaba hacer. Baje mi lengua por su vientre, mordí su cadera. Olía su sexo. Bese sus muslos ella comenzó a gemir al aproximar mis labios a su coño. Estaba mojado. El olor a sexo me volvía loco. Lo lamí suave.

    Ella se revolvía de placer. Lamo más firme y más. Metí mi lengua dentro y explote buscando los puntos de máximo placer ella comenzó gritar de placer. Me cogió de la cabeza y me apretó contra su coño yo lamía su clítoris. Ella cada vez estaba más cachonda.

    Noté que iba a estallar y la mordí suave el clítoris. Se corrió desesperada gritando. Y me abrazo mientras recuperaba el resuello.

    Me quite la ropa la tumbe boca arriba y la penetre. Tenía la polla a tope y ella estaba desatada.

    Me gritaba “follame por dios follame”. La obedecí. La penetre con violencia, dándola muy duro desde el principio. Cogí sus piernas arriba mientras la daba durísimo. Tengo mucho fondo para eso. Ella no paraba de gritar. “Me corro cabron” la di más duro aún. Reventó como una loca me arañó la espalda y los brazos hasta me hizo sangrar un poco en la zona del tríceps.

    Estaba destrozada pero mi polla necesitaba descargar. Después de 5 minutos de caricias y susurros para que se recuperara me monto. Se puso más manos en la nuca. Dios que visión rasa tetazas botando encima de mí mientras las acariciaba. Cuando me iba a correr se salió y llevo mi polla a sus tetas. Me corrí como un bendito empapándole las tetas y llegando a su cara. Fue una de las corridas de mi vida. Fue un polvazo.

    Fin