Autor: admin

  • Una señora muy sensual

    Una señora muy sensual

    Todo comenzó un fin de semana, me invitaron a un bautizo.

    Asistí por invitación de un familiar directo de la pareja que llevaba a su hijo a bautizar, todo transcurrió sin mayor contratiempo, la mamá del bebé lucía un vestido entalladito, resaltaba mucho su hermosa figura, es una mujer madura, sensual, su nombre Maribel. Ya entrada la noche empezó el baile, todo esto fue en casa, no hubo muchos invitados así que realmente no pensé en quedarme mucho tiempo, cuando me disponía partir, me lo impidieron diciendo que me quedara, que querían seguir con el convivio, lo que me llamó más la atención fue que la misma señora Maribel me lo pedía. Azorado acepte la invitación, de hecho me pidió bailar una pieza con ella, al estar cerca de ella no podía contener mi cuerpo, su aroma, la calidez que podía sentir en sus manos, suaves y delicadas, hicieron que mi cuerpo reaccionara.

    Así que trate de disimular mi erección de la única manera que podía y eso era acercándome más a ella, Sé que hubo momentos en que ella pudo sentirme, y yo tenía la impresión de que se me acercaba más a mí. Pasó el tiempo, terminó la fiesta y la familia arreglo una habitación para que yo pudiera pasar la noche, fue Maribel quien arreglaba la cama, pude percatarme de que ya todos estaban en sus recamaras con puertas cerradas por los ruidos que hacían, en fin Maribel seguía en su labor, en un momento de arranque, no sé si causado por el alcohol, o por la necesidad de estar con Maribel, cuando me estaba deseando las buenas noches se acercó, la tomé de la mano, la acerque a mí, aprisionándola con mis brazos la levante dejándola vulnerable, entonces aproveche para besarla fuerte pero con la intención de que pudiera ella disfrutarlo así como yo lo hacía.

    No hubo mucho esfuerzo por rechazarme, sentía como sus cuerpo se tensaba en posición de rechazo pero se iba doblegando poco a poco, cuando me separe de ella, me decía lo mal que estaba toda esa situación, solo atine decirle, que me disculpara pero que necesitaba decirle y expresarle lo que yo estaba sintiendo en ese momento por ella. Maribel estaba un poco consternada y con temor de que nos pudieran escuchar se alejó sin decir nada. Me quede de pie y un poco frustrado, por un momento pensé en salir de la casa sin avisar, tenía remordimiento por lo que hice, sabía que estaba mal pero realmente me apasioné mucho por ella.

    Cuando disponía en salir de la casa, Maribel regresaba a la habitación, me dijo que su marido estaba profundamente dormido debido al exceso de alcohol que había ingerido, el portaba una bata semitransparente, podía apreciar su ropa interior, se había soltado el cabello, en ese momento sabía que ella estaba dispuesta a ser mía esa noche.

    La tomé nuevamente, pero esta vez un poco más suave y mientras no besábamos nos acomodamos en la cama, pude acariciar su rostro, su cuerpo, pude sentir el estremecimiento de su cuerpo con cada caricia y beso en su ser, no hubo lugar sin caricia o sin besar, besé , mordí, chupé sus deliciosos pechos, mis dedos pudieron masajear su pelvis, ella se encontraba y húmeda y con ansia de ser penetrada, baje mi cabeza hasta llegar al punto donde se encuentra el mayor fruto y dulce que la vida nos ha dado, introduje mi lengua en su vagina y es extraordinario cuando una mujer nos dice con su cuerpo lo bien que lo está disfrutando, seguí así por unos instantes, ella giro para que pudiéramos hacer un rico 69, Ella me la estaba chupando y mamando con mucha fuerza, esto ocasionaba que yo igual siguiera con mi lengua recorriendo todo su interior mientras con un dedo lo metía en su ano.

     Llego el momento en que no separamos para poder está en la posición del misionero, podía ver su rostro y con un beso me pidió empezar con la campaña, ella trataba de contener sus gemidos, tuvo que agarrar una almohada para poder cubrir y ahogar sus gemidos, sabía que no teníamos mucho así a que solo estuve un breve momento así, después la giré para acomodarla ahora en la posición de perrito, así ella podría clavar su cara en la almohada y ahogar sus gritos, era muy excitante ver sus nalgas en todo lo alto, seguimos así por unos instantes cuando ella me dijo que quería sentir ya mi leche, así que apresure el paso agregando fuerza hasta que no pude aguantar más y le da todo lo que tenía, ella se acomodó y yo con ella abrazándola, momentos después se giró hacia mí, me dijo que no quería que terminara esto, pero que tampoco aseguraba que pudiéramos estar juntos otra vez, pero como obsequio me regaló una pulsera con la figura de una flor, en seguida bajo su cabeza y empezó a limpiarme los restos de semen en mi pene con su lengua, lo que ocasionó que tuviera nuevamente una erección pero ella hacía presión con sus manos en mi para no levantarme, entendí que quería hacerme venir en su boca, la deje hacerlo, ella bebió cada gota y limpio mi pene, salió de la habitación.

    Al día siguiente todo en calma, Maribel me preparo un rico desayuno y en el momento preciso me dio un pequeño recado disimuladamente… pero eso es otra historia.

  • El trío anhelado, el fin de una amistad

    El trío anhelado, el fin de una amistad

    Les envío un saludo junto con mi agradecimiento por leerme, espero seguir agradándoles con mis relatos y poder seguir por mucho tiempo por aquí, hoy les contaré lo que pasó después de aquella noche tan inolvidable con el jardinero, espero que les guste, ojalá me dejen un comentario o sugerencia aunque como ya dije antes todo lo que escribo es real y me ayuda como terapia compartirlo con ustedes.

    El día siguiente estuve con mucho dolor pero sorprendentemente el sangrado era muy leve comparado con lo que esperaba, ya tenía experiencia en este tema por lo que siempre tenía guardadas una crema junto a unas pastillas para esos casos, me metí a la tina ya que sabía que eso ayuda mucho, el dolor era fuerte pero todo había valido la pena, como era mi día de descanso eso hice descansar sin que nadie me molestara.

    Los días siguientes fueron normales, sin más que contar ya que desde hacia tiempo Lola no me visitaba mientras que yo ya había cumplido mi cometido con el jardinero, me pasaba todos los días en esa página de chat que ya antes mencioné, no había nada interesante más que con el taxista que aun no me perdonaba por no haber ido a la cita, una noche de esas apenas tres días después de aquella noche recibí una sorpresa.

    Apenas me había quedado dormida con la lap encendida a mi lado cuando unas manos recorrían mi pierna izquierda, yo di un salto pero esa misma mano evitó que diera un grito cubriendo mi boca, soy yo se escuchó en repetidas ocasiones dejándome saber que era el jardinero, escuchar su voz me tranquilizó pero al mismo tiempo me llenó de miedo porque el señor estaba en la recamara de al lado, váyase nos pueden descubrir.

    Fueron mis palabras pero el me respondió que solo quería que se la chupara, le dije que ahí no que en otro momento lo buscaría pero el se negó diciendo que iba a ser rápido, sin decir más se bajó el pantalón dejando libre su hermoso pero aterrador miembro, sin saber que hacer salí de prisa a ponerle seguro a la puerta para luego regresar frente a el, sin tener la seguridad de lo que iba hacer lo miré a los ojos.

    Su mirada se notaba perdida como no mirando a nada, me arrodillé lentamente hasta quedar frente a ese bello monstruo, como la vez anterior apenas pude meter la punta a mi boca, lo único que hice fue lamerlo recorriéndolo con mi lengua hasta sus testículos metiéndolos en mi boca succionándolos despacio, con mi mano comencé a masturbarlo intercambiando las acciones por un largo rato hasta notar que se mordía los labios.

    Intensifiqué mis acciones hasta que de su boca salían gemidos reprimidos, sin previo aviso salieron chorros de su semen caliente directo a mi cara, el comenzó a temblar hasta caerse sobre mi cama haciendo que me levantara de prisa para ver si estaba bien, se notaba muy agitado casi sin voz me dijo que todo estaba bien que solo eran efectos de lo bien que la mamo, unos minutos después recuperó el aliento por completo.

    Para irse tuve que cerciorarme de que no hubiera nadie así que salí primero pero olvidé limpiarme la cara, al asomarme vi a la enfermera que subía por las escaleras pero pareció no darse cuenta de nada, esperé un rato para darle la señal al jardinero para que bajara, salió lo más rápido que pudo hasta desaparecer en la oscuridad de la noche, regresé a mi habitación y al mirarme al espejo me di cuenta que tenia restos de semen.

    Me fui a lavar la cara para luego dormir ya era muy tarde por lo que dormí hasta que unos golpes en la puerta me despertaron, al abrir los ojos y ver el reloj me di cuenta que ya casi era medio día, lo único que atiné hacer fue preguntar quién tocaba a la puerta, la voz que respondió me sorprendió, era Lola que después de un tiempo sin vernos volvía a visitarme, corrí a abrir la puerta de prisa pero en lugar de saludarme dijo.

    ¿Aun no te levantas? Le contesté que me había dormido muy tarde mientras la saludaba con un abrazo, sin más me dijo que solo pasaba rápido a invitarme a su fiesta de cumpleaños el próximo sábado, le dije que no sabía si me darían permiso pero me respondió que ella ya había hablado con el señor y había aceptado dejarme ir sin que tuviera que preocuparme por volver esa noche, sin dejarme decir más se despidió dándome una bolsa con ropa que quería que usara.

    La revisé para ver que tanto me había llevado notando que solo eran tres cosas, lo primero un vestido plateado que solo se detenía en el pecho, lo segundo una tanga literal de hilo dental por su tamaño y por ultimo unos zapatos descubiertos sin broches con un tacón excesivamente alto, me reí un poco mientras guardaba todo para luego irme a duchar, los días siguientes fueron aburridos en mi habitación rogando porque llegara el día de la fiesta.

    El tiempo se me hizo eterno pero por fin llegó el día tan esperado por mí, ese día me levanté muy temprano ya que me hacía falta depilarme entre otras cosas, cuando terminé bajé a hablar con el señor para ver si era cierto que Lola habló con él, por poco no lo alcanzo ya que iba de salida, el me confirmó la información diciéndome que iba a estar fuera todo el día por lo que podía hacer lo que quisiera antes de irme, le agradecí y se fue.

    Ya no tenía mucho que hacer así que me acosté quedándome dormida, el sonido de mi celular me despertó al recibir un mensaje de Lola que me decía que a las siete pasaba su novio por mí, al ver la hora pasaba de las cuatro de la tarde por lo que decidí empezar a arreglarme, me di una ducha no muy larga para luego salir y ponerme esa diminuta tanga, después el vestido que apenas y me entró ya que estaba muy entallado.

    Al sentir ese vestido no pude evitar recordar la falda aquella que tantos problemas me dio, pero incluso este vestido se sentía más apretado en las piernas y apenas me llegaba por debajo de las nalgas, la verdad era muy incomodo por lo que decidí llamarle a Lola para decirle que me había quedado chico que mejor usaría otro, pero ella me dijo que así era el vestido que por favor no me lo quitara porque me lo compró con mucha ilusión.

    Sin más me tuve que aguantar, colgué para luego empezarme a maquillar, decidí ponerme unos colores un poco oscuros sin exagerar, por ultimo un peinado sencillo pero el verdadero problema estaba por venir y es que yo nunca había usado ese tipo de calzado sin broches pero lo peor tan altos, al ponérmelos traté de ponerme de pie pero mis pies parecían de gelatina, con mucha dificultad di unos pasos hasta la cama.

    Pensaba que Lola se había propuesto hacerme rodar por las escaleras mientras me reía, al ver de nuevo la hora me di cuenta que ya casi era la hora, no podía creer lo rápido que pasó el tiempo pero la verdad me esmeré tanto en quedar como me imaginé, me puse un abrigo ya que no quería que vieran el vestido que llevaba puesto, como pude me fui hasta las escaleras donde fue un reto bajar pero lo hice contra todo pronóstico.

    Con cada paso que daba me sentía más cómoda hasta llegar a la calle, al cerrar la puerta me di cuenta que el chofer y el jardinero me miraban con asombro, no pude evitar reírme un poco pero ya afuera hacia mucho frio, tanto que casi no sentía las piernas, por fortuna no tardó tanto en llegar el novio de Lola que al verme me dijo sube guapa, pensé que llegaría con ella pero no fue así, me iba a subir atrás pero el pidió irme a su lado.

    La verdad se lo agradecí en silencio ya que con ese vestido apenas me podía mover, arrancó con dirección desconocida para mí ya que no sabía donde seria la fiesta, después de más de media hora llegamos a una casa de un solo piso en una colonia muy fea donde apenas había una lámpara publica, la música estaba un poco alta y casi no se escuchaba por lo que al verme Lola bajó el volumen para saludarme con efusividad.

    Después me presentó con unos hombres que estaban ahí, eran tres el mayor tendría cincuenta años, casi calvo, un poco gordo de mirada lasciva, el segundo tendría treinta años, alto, de cabello rizado, muy guapo en verdad, el tercero tendría veintidós años, delgado, no muy guapo y parecía tonto, los tres me saludaron amablemente mientras el novio de Lola me traía una bebida la cual no quería aceptar debido a mis historias pasadas con el alcohol.

    Con la insistencia de todos no me pude negar pero intentaba no beber mucho, justo en ese momento llegaron más chicas como Lola y yo con gritos de emoción para la festejada, sin darme cuenta de pronto la casa ya estaba llena de gente bailando mientras bebían, yo apenas me había terminado la bebida que me había dado el novio de Lola pero extrañamente sentía que el piso se movía, el hombre mayor se acerco a mí.

    ¿Bailamos preciosa? Me preguntó a lo cual me negué primero por los zapatos que apenas me dejaban mover, segundo porque no me hacía gracia bailar con ese hombre pero Lola y sus amigas casi me llevaron a la fuerza, apenas me movía mientras el hombre se creía todo un bailarín, de pronto se me acercó Lola para decirme que quería ver cómo me quedaba el vestido y es que aun llevaba puesto al abrigo ocultando el vestido.

    Casi a la fuerza me quitó el abrigo haciéndome sentir desnuda ante la mirada de ese hombre, pero no era el único Lola junto con su novio también me miraban como si no llevara nada encima, te quedó muy bien amiga, te ves hermosa dijo Lola para luego seguir bailando, en pocos minutos me cansé y me fui a sentar pero ese hombre fue tras de mí, el novio de Lola me llevó otra bebida la cual pensaba beber como la primera.

    Pero esta vez Lola se acercó para decirme que le tomara bien mientras todos empezaron a decir, fondo!! Fondo!! Fondo!!… por lo que no pude engañarlos, sin perder tiempo me sirvieron de nuevo mientras les decía que ya no pero me dijeron que era la última, de nuevo hicieron lo mismo para asegurarse que me la terminara, para volver a servirme otra vez asegurándome ser la última esta vez de verdad.

    Al ver que me la terminaba se alejaron a seguir bailando dejándome con ese hombre mientras me empezaba a sentir muy mal, sentía que todo me daba vueltas mientras que sentía que algo caliente me recorría el cuerpo, el hombre se dio cuenta de mi estado aprovechando para acariciar mi pierna sin disimulo, yo intentaba quitar su mano pero no lo conseguía, Lola pareció darse cuenta por lo cual me apartó de ahí llevándome a su habitación.

    Me acostó en su cama pero su novio entró también tras de nosotras, encendió la luz para luego quedarse los dos observándome para luego mirase ellos como dudando de algo, poco a poco Lola se subió a la cama y diciéndome perdón amiga me dio un beso en la boca bruscamente, yo intenté alejarla pero me tomó ambas manos mientras su novio me sujetaba los pies, como pude aparté mis labios de los suyos para pedirle que no lo hiciera.

    Perdóname amiga pero yo te lo pedí por las buenas y no quisiste, eso me dijo mientras se acostaba sobre mi para evitar que me moviera, me empezó a besar el cuello con agresividad, mis fuerzas se fueron por completo, sentía todo mi cuerpo pesado y no era porque ella estuviera sobre mi, trataba de hacer algo pero todo intento fue inútil, Lola me soltó mientras que su novio hizo lo mismo pero no pude mover un solo dedo.

    Con mis ojos llenos de lagrimas solo sentía los labios de Lola sobre mi cuello, después volvió a mi boca sin que yo lo pudiera evitar, sus manos recorrían mi cuerpo sin control alguno, se detuvo para levantarse y quitarse el vestido dejando al aire libre sus enormes senos, después los puso en mi cara frotándolos con fuerza sin parar por largos minutos, sentí como que quitaban los zapatos para luego poner algo caliente entre mis pies.

    Era el pene del novio de mi amiga que se empezó a masturbar con mis pies como loco, Lola se detuvo para bajarse de mi arrodillarse a mi lado para luego subirme el vestido hasta dejar mis insipientes senos comparados con los de ella descubiertos, se abalanzó sobre ellos lambiéndolos y succionándolos con desesperación, de pronto se detuvo para ponerse de pie, quitarse la tanga dejando libre un pene de tamaño considerable.

    Se paró poniendo sus pies a mis costados dándome la espalda mientras su novio separó mis piernas para arrodillarse en medio de ellas y empezar a hacerle un oral, yo solo veía sus nalgas y su espalda estando así por un largo rato hasta que ella lo empujó casi tirándolo al piso, ella se dio vuelta para ponerse en el lugar que en ese momento ya había dejado libre el, me quitó la tanga para luego tomar mis piernas para levantarlas.

    Acercó se boca a mi ano para empezar a recorrerlo con su lengua moviéndose de arriba abajo, estuvo así por unos minutos en los cuales para mi sorpresa empecé a sentir muy extraño, cuando se detuvo su novio le dio un tubo de lubricante el cual se puso en gran cantidad sobre su pene, se puso en posición para acomodar su pene en mi ano para empujar con fuerza penetrando mi ser sin resistencia alguna.

    Poco a poco comenzó a sacarlo casi por completo para luego meterlo por completo de igual manera, así hasta que fue incrementando su velocidad hasta un punto que sus senos se movían casi en mi cara, era la primera vez que estaba en una situación así, siendo forzada por la que creía mi mejor amiga pero la noche aun era larga, sus gemidos aumentaban con sus movimientos hasta que por fin se vino en mi interior.

    Sin recuperar el aliento se incorporó para acomodarse la ropa casi cayéndose no sé si por el alcohol o por la fatiga de lo que hizo, salió de igual manera con sus zapatos en mano dejándome con su novio, el se acercó al lado derecho de la cama, me tomó de los pies para girarme para quedar entre mis piernas, comenzó a besarme la boca el cuello y los senos con desesperación, para ese momento mis fuerzas ya volvían pero no lo suficiente.

    Así como comenzó se detuvo para incorporarse tomando el lubricante que aun estaba sobre la cama, se aplicó bastante en la mano para luego masturbarse por un buen rato, cuando por fin estuvo listo me tomó de la cintura para girarme dándole la espalda tocando mis pies el piso, de inmediato acomodó su pene sobre mi entrada para empujar suave pero firme, el no tuvo tanta calma así que de inmediato comenzó con velocidad.

    No tardó nada en venirse dejando una gran cantidad de semen en mi interior, sacó su pene para luego tomarme por las piernas para subirme a la cama, pensé que había terminado todo pero estaba muy equivocada, después de un largo rato de que el salió mientras yo intentaba incorporarme se abrió la puerta dándole paso a aquel hombre tan desagradable, se acercó poco a poco evidentemente ebrio hasta llegar a mí.

    Me tomó de los pies para acercarme a la orilla, se bajó el pantalón para dejar libre su pene que si bien no vi si pude notar que al intentar meterlo se sentía más grueso, casi puso mis rodillas en mi pecho poniendo mis pies en sus hombros para luego acomodar su pene y empujar con algo de torpeza hasta que unos intentos después entró, estando de pie comenzó a moverse mi ano ya estaba con dolor por tanto invasor.

    Este ultimo parecía ser el más hábil dentro de su torpeza, empujaba suave para sacarlo de igual manera, después fue aumentando su ritmo poco a poco para luego disminuir mientras de mi boca salían gemidos que eran de desagrado más que de placer, para ese momento ya me podía mover un poco pero ya no sabía si tratar de detenerlo o no, mientras él seguía ya se notaba cansado y sorpresivamente se detuvo para sacar su pene.

    Me dio la vuelta quedando de espaldas a él, me separó las piernas para volver a acomodar su pene comenzando a moverse de nuevo, parecía no terminar nunca entrando y saliendo sin detenerse por un largo rato en el cual para mi sorpresa mi cuerpo empezó a reaccionar sin poder evitarlo, mis gemidos ahora si eran de placer mientras sentía su aliento en mi nuca hasta que no pude mas con mi pesar me vine.

    Fuertes calambres se apoderaron de mis piernas mientras me faltaba el aliento mi corazón latía muy fuerte, mientras el parecía no terminar nunca, mientras mi ano estaba sufriendo con un dolor intenso, en un momento aumentó su velocidad junto con sus gemidos, al sentir su semen caliente inundar mi interior supe que ya había terminado todo aunque no podía cantar victoria, pero por suerte nadie más entró.

    Me quedé dormida hasta tarde, cuando me levanté me limpié lo mas que pude para irme, al salir vi que lola y su novio iban llegando con comida, siéntate a desayunar me dijo Lola como si nada hubiera pasado pero lo único que le dije fue que eso nunca se lo iba a perdonar, salí sin saber donde estaba para donde pasaban muchos coches con mucha dificultad por los tacones, cuando por fin llegué le hice la parada a un taxi.

    Después de darle la dirección todo el camino fue silencio, la verdad ya no sabía si llorar gritar o maldecir, al llegar a la casa entré y el señor estaba casi en la puerta como esperándome, lo saludé mientras el me preguntaba si me divertí en la fiesta, le dije que si y el me dijo que me esperaba el día siguiente en su despacho a las diez de la mañana, le dije que si sin saber que ese día cambiaria mi vida una vez más.

    Para el próximo les contaré eso gracias por leerme y hasta pronto.

  • Memorias inolvidables (Cp. 11): Si algo puede salir mal

    Memorias inolvidables (Cp. 11): Si algo puede salir mal

    Si algo puede salir mal, saldrá mal. No hay duda.

    Lo nuestro fueron dos años y medio de convivencia alternativa entre Eduardo y la Universidad. Los tres veranos hacíamos vida en común en la casa de sus papás a los que llegué a llamar papá y mamá. Todavía hoy lo hago. No suelo ir a mi casa porque solo me interesa mi padre, pero cuando mi padre va a ver a su amigo Onésimo, todavía hoy lo acompaño, si me es posible, y me paso el día con mamá, por supuesto mamá Emerenciana. Solo cuando le hablo a mi padre de ella digo mamá Emerenciana, para que no se confunda. Ella se portó conmigo como una madre cuando me llegaron las desgracias que rompieron de cuajo mi felicidad, me quitaron mi amor y me dejaron más vacío que una caña, solo me quedaban los nudos del dolor y las telarañas del desconsuelo.

    Hasta que vino el mal, fui muy feliz. Los tres veranos, decía, los pasábamos juntos, trabajaba con papá Onésimo, me dejaba abrazar por mamá. Los niños pequeños crecían y yo ante ella bajaba mi edad. Ella sabía cuánto amor materno y fraterno necesitaba yo y me lo daba y hacía que me lo dieran los niños. Los niños me veían en el sofá casi acunado por mamá y venían a hacerme los jueguitos que yo les hacía tres años atrás. Me hacían reír y me sentía mimado por mamá y por mis cuatro hermanitos. Hasta Eduardo me mimaba. Habíamos llegado a un estado de felicidad todos que nos cuidábamos cariñosamente. Mi papá veía eso cuando venía y, además de alegrarse, también decía a mamá:

    — Emerenciana, no le consientas tanto que él se toma más de la cuenta.

    Luego lo repetían todos los niños con el mismo tono:

    — Emerenciana, no le consientas tanto que él se toma más de la cuenta.

    Luego Eduardo añadía:

    — Ya se lo ha tomado y me ha desplazado a mí del regazo de mamá.

    Mamá, sonreía y callaba. Así fue nuestro noviazgo, lleno de felicidad y alegría. Era una vida de niños en familia y unas expresiones de amor que unas veces eran puro cariño, sonrisas, juegos, besos inocentes, otras veces se encendía el fuego de la pasión y actuábamos como salía de nuestro animal, ese animal que llevamos cada uno dentro. Es el gran peligro del amor, que no tiene consideración, todo es desbordante. Del amor al egoísmo hay un pequeño paso, de hacer las cosas para la felicidad del amado a hacerlas porque nos hace felices a nosotros mismos. Por eso en el amor es conveniente cuidar detalles de cariño, de juegos, de delicadeza, dulzura, de finura incluso; no es afeminar el amor, es hacerlo cada día nuevo. Eso procurábamos hacer Eduardo y yo. Nunca noté en Eduardo una mínima preocupación que le hiciera sufrir más de la cuenta. Lo que nos ocurría nos lo contábamos todo y vivíamos envueltos en paños de felicidad. ¡Cómo se siente cuando esto se pierde!

     

    Yo me encontraba haciendo el MIR en el hospital de la ciudad. Las cosas iban bien y ya me veía muy próximo el final de mis estudios y con el título y la licencia en la pared, Eduardo como enfermero o secretario profesional y viviendo ambos una vida feliz. Ese tenía que ser el resultado final de nuestra relación de casi tres años, de los cuales dos formalmente novios y reconocidos por el pueblo, casi en su totalidad, incluso por el cura que le pedía servicios constantemente a Eduardo porque era un manitas y le resolvía todo sin cobrarle un céntimo. Yo hacía pocas migas con el cura porque siempre que nos juntábamos por algo acabábamos discutiendo sobre la existencia de Dios. Los argumentos del cura eran buenos, pero yo empecinado en ponerle difícil mi conversión. Llegó un día que me dijo:

    — Si te conviertes de corazón, yo os caso por la Iglesia.

    — No te comprometas, Adolfo —así se llamaba—, a lo que no puedes cumplir, porque arruinarás tu vida; en este pueblo te quiere todo el mundo, hasta yo comienzo a quererte, que si no fuera por este —señalaba a Eduardo— te llevaría a mi cama; pero no arruines tu vida haciendo promesas vanas.

    — Llevas razón, Ismael, no podría hacer eso, tampoco irme a dormir contigo, ¿eh?

    — Vamos, Adolfo, ¿cuántos tíos te has tirado?

    — Oye, tú, ¿qué te crees?, —reaccionó Adolfo.

    — Que todos los varones del mundo tienen huevos y necesitan descargarlos, o ¿tú eres híbrido?, —le dije.

    Eduardo se partía de risa cuando nos veía discutir al cura y a mí. Él quería conquistarme a su religión y yo a mi cama, estábamos a la par, o íbamos a las dos cosas o no íbamos a ninguna.

    — Nadie en el pueblo me discute, hablan de mí, bien o mal, pero no me discuten ni me hacen pensar, pero tú, Ismael, con ser un maricón por donde quiera que lo mire, me haces pensar argumentos y gracias a ti estoy estudiando más que en el seminario, —decía Adolfo.

    — Bueno, bueno, eso me alegra, para algo sirve ser maricón, al menos para hacer estudiar al cura del pueblo, —contesté.

    — Tampoco es eso, Ismael, tú no tienes la receta para todo…

    — En efecto, señor cura, no hay receta para todo, pero todo cabe en una receta, digo que yo no te considero malo por ser cura, ni siquiera malo, pero vosotros nos consideráis malos por ser homosexuales.

    — Todos no; yo, al menos, no; tengo buena amistad con Onésimo y Emerenciana, me critican algunos del pueblo por las veces que voy a vuestra casa, pero sois mis amigos. Eduardo me ayuda mucho, tú eres el que menos me ayuda…

    — ¿Por qué crees que los cuatro niños son monaguillos?, —le pregunté.

    — Les gusta, son niños religiosos…, —fue su respuesta.

    — Frío, frío, frío, congelado…, —dije.

    — No, señor cura —hablaba Eduardo—, es porque Ismael se lo aconseja para que tengan una completa formación, para que mi madre sea feliz, ya que ella es muy religiosa y porque, créalo, padre…, porque Ismael en el fondo es muy religioso, pero no sabe transmitir su pensamiento religioso y los niños le hacen muchas preguntas y quiere que tengan respuestas; Ismael piensa que si los niños tienen confianza con el sacerdote le harán las preguntas de lo que les preocupa…

    — Muchas de las preguntas que yo te hago, querido Adolfo, es porque me las han hecho los niños a mí y no quiero engañarlos con respuestas falsas, —dije.

    — Cada vez que pienso en vosotros, Ismael y Eduardo, me digo, qué pena que seáis como sois, con lo buenos que sois, luego me arrepiento de pensarlo y me digo: ¿qué querrá Dios de ellos?

    — Yo creo que ese Eterno y Creador, que no sé cómo es ni dónde está, porque no lo conozco, desea que cada uno cumplamos nuestro designio para el cual nos diseñó; no nos hagamos la guerra, que tú, Adolfo, eres lo que eres porque Él quiere y nosotros somos lo que somos porque Él tiene un papel diseñado sobre nosotros. Busquemos y encontraremos, llamemos y se nos abrirá, pidamos y se nos dará, creo que lo dijo Jesucristo ¿no?, de eso no entiendo tanto, pero es verdad, no podemos saberlo todo y hemos de estar abiertos a escuchar a quien sí lo sabe todo.

    — Ismael tienes más fe que yo, —dijo Adolfo.

    — Pero me temo que no es la misma fe, esto es otra paradoja.

    — Padre, ¿tiene algún sitio donde comer? Véngase con nosotros a casa, mi madre se pondrá feliz, le gusta que seamos sus amigos, —dijo Eduardo.

    — Voy con vosotros, no hay problema y con mucho gusto, pero me vais a prometer que follaréis menos, ¿eh?

    — Eso sí que es difícil de prometer, pero, no estaría de más, —dije para tenerlo contento, sin comprometerme a nada, lo que el cura ya preveía que no íbamos a poder cumplir.

    Este hombre era amistoso, amigable, alegre y comprensivo. Decía lo que tenía que decir, según él pensaba, pero sin ofender. Tenía un estilo muy diferente a lo que se dice comúnmente, llegué a pensar que una cosa es lo que se dice de ellos y otra lo que ellos intentan hacer. No parece que en los tiempos que corren lo tienen fácil ni se les entiende tan fácilmente; desde que conocí a Adolfo, pienso que les pasa algo como a nosotros los homosexuales, unos nos soportan y otros nos desprecian, pero pocos nos entienden.

    *********

    Eduardo y yo lo pasábamos bien. Este último año en que yo había acabado el MIR, y me conocía a casi todo el pueblo, buscando los médicos cómo organizar sus vacaciones hicieron que me dieran trabajo. Todo comenzó cuando el forense se fue un mes entero y necesitaba sustitución urgente. Cosme, así se llamaba, lo habló con su jefe y le dijo que yo estaba por allí y me dijeron de sustituirlo. Acepté, pero tuve que estar una semana con él, porque debía improvisar una especie de especialidad, aunque me dijo que para los casos que se presentan, puedo tirar para adelante y en caso de necesidad que acudiera a Cirilo, otro médico forense que estaba en otra población cercana.

    Cuando Cosme regresó estuve sustituyendo a otro médico, Fabián y luego al Dr. Roscosanz, así pasé casi tres meses. En el tiempo libre me gustaba ayudar a papá Onésimo y a mi padre cuando venía. Casi todo el mundo me decía que era un médico agricultor por las faenas de campo que hacía, pero había que vivir y no me hacía ascos del trabajo agrícola, creo que fue mi preparación para una posible futura granja, de lo que algo he contado y hablaré extensamente más adelante. Pero así logré tener prestigio en aquella comunidad mayoritariamente agrícola.

    No obstante, mi mayor ocupación fue ayudar a Onésimo y mi mayor placer tener contento a Eduardo. Hicimos un par de excursiones porque mi padre me había hablado de hacerme con parte de la herencia, es decir, de todas tierras de naranjos ya que Eduardo estaba aquí. Lo cual me pareció muy oportuno. Así y todo todavía quedaban mis hermanos en que tenían que darme parte de dos casas ya que dos de ellos las tenían como propias y una parcela de olivos que me correspondía pero la llevaban ellos. Cuando cobré de los dos hermanos, a quienes les ofrecí lo mío a un precio muy de familia, Tanto el olivar como las casas, el olivar me lo compró Andrés, mi hermano mayor. Casi se lo regalo, pero le tenía que obligar a ponerlo a nombre de sus hijos, porque su mujer le podría reclamar o él lo acabaría con sus continuas borracheras y con el juego. Decidí vendérselo a un precio razonable, menos de lo que pretendían darme otros. Lo puse en manos de mi padre para que administrara mi dinero hasta que yo lo pudiera necesitar. Tengo que añadir que mi padre consiguió multiplicarlo como todas las cosas que tocaba: multiplicaba el dinero, multiplicaba las ganancias, multiplicaba las cosechas, multiplicaba incluso las mujeres con las que se acostaba.

    En cierta ocasión, salimos de viaje Eduardo y yo para visitar las montañas de nuestro alrededor. En uno de esos parajes me señaló el valle y me dijo:

    — Me gustaría vivir ahí, comprar eso e instalar una granja con muchos animales.

    Tomé nota, hice fotos y, cuando llegamos a la población donde correspondía el terreno del valle, me fui a un notario que conocía y le hablé del lugar. Me dijo que probablemente podrían vender algunos y que me pondría en contacto. Entonces le dije a Eduardo:

    — Todo arreglado, en aquel valle tendremos nuestra granja para vivir los dos, yo me dedicaré a los animales y tú a la agricultura; nos ayudaremos uno al otro en lo necesario, pero como nuestra vida nunca se sabe cada uno tendremos nuestros ahorros y ganancias.

    Sé que esto último no le gustó porque parecía una desconfianza, pero era necesario que entendiera que la vida da muchas vueltas y lo que ocurriera después no podría ser motivo de peleas, porque cada uno tenía lo suyo. Solo así entendió. Hoy sé que nunca nos hubiéramos separado, pero lo hacen fuerzas superiores que no están bajo nuestro dominio.

    Ese día, tras hablar con el notario amigo que se iba a interesar, nos fuimos a la ciudad y estando paseando me dijo Eduardo:

    — Ismael, verdaderamente estoy cansado, no puedo caminar más, ¿por qué no preguntamos por un sauna o algún lugar donde tomar una copa, escuchar música tranquilos y relajarnos en una bañera?

    — También estoy cansado, pero no osaba decirte nada, pensando que preferirías meterte en la cama del hotelito.

    — Está bien, pero prefiero unos baños, una música y una copa, es que nuestras duchas del hotel no tienen bañera son de plato…

    Miré en el móvil y encontré un sex bar swinger y nos encaminamos hacia allí para encontrar descanso y compañía con quien conversar. 

    Sería la primera vez que visitábamos un club swinger. Sabíamos que asistían parejas, mujeres salas y hombres solos, quizá esto último nos interesaba más, pero no se veían parejas de chicos, y me pareció que en toda la noche éramos los únicos.

    Nos tomaron como esposos gay y de pronto se acercaron algunas mujeres bastante jóvenes; parecía que la fruta prohibida era lo que más les gustaba. Antes que hacer caso a todas las que se acercaron, con las que intercambiamos besos y buenas voluntades para más tarde, sentía la curiosidad de ver y conocer un club swingler y saber qué se cocinaba allí adentro en rincones recónditos y puertas semi abiertas o semi cerradas.

    Un muchacho algo mayor que nosotros, muy amable y amistoso, nos mostró una pista de baile, una piscina, habitaciones vacías, el vestuario unisex y una sala donde sólo vimos hombres con una toalla amarrada a la cintura. Aquello parecía una sauna común y corriente. Queríamos ver parejas o grupos haciendo el amor, ver un espectáculo erótico en vivo que se anunciaba o encontrarnos con algo desconocido donde Eduardo y yo disfrutáramos.

    Regresamos ya solos al vestuario. Nos desnudamos, había dos chicas que estaban indecisas y nos miraban. Una se me acercó a preguntar si habíamos venido con nuestras novias y dónde estaban:

    —Pues no —le dije—, nosotros somos gays y vamos a pasar el rato.

    — Nosotros somos les y llevábamos la misma idea, ¿podemos acompañaros?

    — Por supuesto que sí.

    Acabamos de desnudarnos y ellas se pusieron la toalla alrededor de sus genitales, Eduardo hizo lo mismo y yo, descarado que soy, me la eché al hombro.

    Una, llamada Celia, se emparejó con Eduardo y la otra, Flora se emparejó conmigo porque, según decía, le gustaba estar al lado de los desnudos y se quitó su toalla y se la puso como yo al hombro. Era la primera vez en mi vida que una mujer desnudo me agarraba del brazo y le pasé el mío por su cintura. Lo primero que pensé fue en la naturalidad. De vez en cuando Flora me masajeaba las nalgas, sobre todo bajando unas escaleras, y me dijo:

    — ¿Sabes?, tienes buena polla —la cogió con una mano para acariciarla— pero he estado con otros hombres y se les levanta enseguida, pensé que…

    — Ojo, yo soy un gay muy gay, una mujer no me la pone, pero si veo un tío, vas a ver que trancazo se levanta…

    — ¿Entonces no follarás conmigo?

    — No voy a jurarlo, pero ni es mi intención ni se me ocurre.

    — ¿Me dejarás que te la mame?

    — Yo dejo que hagan con mi polla lo que me dé gusto, pero no te voy a follar, al menos no lo haré por el coño.

    — ¿Por el culo sí?

    — Inténtalo a ver si lo consigues, no tengo experiencia en culos de mujer.

    — ¿Sabes que eres un hijoputa por la claridad con que te expresas?

    — Yo no miento, pero no puedo con la suegra.

    — ¿Es que estás casado?

    — No, yo llamo suegra a tu coño, a la concha; no sé cómo podéis vivir con eso, pero supongo que cada uno tenemos nuestros gustos, deseos y placeres.

    Caminamos conversando por el club, nos pusimos la toalla para tomar unas copas en el bar. Fue entonces cuando, sentados frente a la barra, vimos que varias parejas salían de la sala donde estaban reunidos los hombres. Con la intención de saber qué ocurría allí adentro ingresamos a la sala. En el centro, junto a la pared había un televisor 8K, de unas 86’’, proyectando una película porno donde dos hombres uno blanco y otro negro se cogían por doquier a una delicada muchacha oriental, una preciosura de ojos rasgados. Alrededor de la sala había unos cómodos sillones que ocuparían unos siete u ocho hombres mirando la película. Unos se estaban pajeando de cara al televisor, otros se mantenían cubiertos a la expectativa de quiénes ingresaban a la sala.

    A penas entrar llamamos la atención de los presentes, ya sea por mi estatura o por el bulto que hacía mi polla por debajo de la toalla y supongo que también por lo guapa que es Flora, que llevaba las tetas descubiertas, preciosas, bien puestas y firmes y su culo nada despreciable. Detrás de nosotros venían Eduardo y Celia un poco más recatados que nosotros dos. Parecía que tanto Flora como yo hubiéramos ido a impresionar y lo conseguimos sin intentarlo. Quedaron algo sorprendidos a la vez que ansiosos, Flora me dijo que quería ver un poco de película y nos sentamos. Los tíos de la pantalla me ponían, a la pobre chica la veía indefensa. Cuando ellos dos comenzaron a besarse mientras ella se comía las pollas de los dos tíos a la vez, Flora, metió mano por debajo de mi ombligo en mis genitales y comenzó a masturbarme. Miro a mi lado y vi que Celia se la estaba mamando a Eduardo. Los hombres comenzaron a desfilar alrededor nuestro, mirándonos, y algunos optaron por hacerlo sin la toalla, así que de un momento a otro tuvimos un desfile de todas las vergas posibles: cortas, largas, gruesas, erectas, flácidas, blancas y negras sujetadas por las manos de sus dueños en perfecto desafío. Flora observaba la película mientras suave y lentamente me manoseaba la polla y los huevos con un tacto agradable, yo me quedé mirando las pollas que tenía a mi alrededor.

    En un momento en que aparecía una escena en la televisión donde los dos tíos le hacían una doble penetración a la chica, el blanco por el culo y y el negro por su coño mientras los dos tíos se besaban, todos los hombres presentes se comenzaron a pajear delante de nosotros y nos miraban; entre los cuatro los habíamos calentado. Mi verga se puso dura, y Flora se metió delante de mi en cuclillas, me destapó y dejó ver mi trancazo para metérselo en la boca ella sola. Frente a mí, al lado de Flora, había un hombre de pie que mostraba una verga de unos 30 centímetros y al otro lado también frente a mí un negro ostentaba una verga corta pero muy gruesa, ambos se pajeaban y nos miraban.

    Le pedí al tipo de la verga larga que se acercara para mamársela y se acercaron los dos, me puse la polla blanca en la boca y con la derecha masturbaba la verga del negro con intención de alternar mamándolas. Flora seguía mamando mi polla que hacía poca mella, me parecía que había mamado pocas. Al ver que yo me estaba mamando las dos pollas y que los tíos se pusieron a cien, observó cómo hacía y como alternaba entre tener el glande en la boca, lamer el agujero del meato de ambas pollas y chuparlas  enteras. Pareció captarlo porque comenzó a hacer mejor su mamada de mi polla. Eduardo y Celia iban a lo suyo, y de vez en cuando me pellizcaba Eduardo mis pezones. Cansado, dije a los tres que mejor nos fuéramos a la zona de habitaciones. Nos levantamos y al ir a las habitaciones, cuatro tíos nos siguieron, los dos a los que les mamaba su polla y otros dos que me parecían interesados en Eduardo y Celia. Me di cuenta que nos seguían porque querían saber si nosotros aceptábamos tener una sesión de sexo con ellos. Llegamos a una habitación vacía donde había una cama grande y luz muy tenue. A la puerta los miré a todos y dije:

    — Todos queremos lo mismo, adentro, pues.

    Celia se sentó para probar el colchón y notó que era de agua. Me quedé de pie al lado de Eduardo frente a ella y Flora se puso al lado de Eduardo. Yo no sabía qué hacer en ese momento, teniendo a los cuatro tíos detrás de mí esperando una señal por mi parte que llevaba la voz cantante. Entonces Celia me tomó por sorpresa, me quitó la toalla de los hombros y la tiró a los pies de la cama. Luego me comenzó a chupar la verga delante de los hombres. A los pocos segundos me la puso dura y se agachó para lamerme los huevos. Pareciera que sus movimientos estaban estudiados porque al agacharse se quitó la toalla, la tiró junto a la mía y orientó su culo hacia donde estaban nuestros visitantes observadores. Aún recuerdo la cara de ellos al observar la concha carnosa y depilada de Celia y el ojete oscuro de su culo, casi siempre un poco abierto.

    Mientras Celia me chupaba como si fuese el último día de su vida, instintivamente, le hice señas a dos de los hombres que nos miraban, justamente, el hombre de la larga verga y el negro de la verga gruesa que estaban cerca nuestro en la sala. Entraron lentamente y el de la verga larga se acomodó a mi lado. El negro se agachó, le abrió las nalgas a Celia y le comenzó a chupar el ojete. Cuando ella sintió la lengua detrás de sí soltó un suspiro y agarró la verga del que estaba a mi lado y la comenzó a pajear sin sacar la boca de mi verga. Yo no podía creer lo que veía, parecía una película porno en vivo. Al cabo de unos minutos Celia se levantó y se subió a la cama poniéndose en cuatro. Ahora nuestros invitados cambiaron su posición. El negro se acercó a mi lado y Celia empezó a chuparnos las vergas, a uno y otro, sin interrupción. Y el que estaba detrás de ella, se colocó un condón y comenzó a bombearle la concha. A duras penas, por el tamaño que tenía, la mitad de la verga entraba y desaparecía en la mojada concha de Celia. Estuvimos varios minutos en esa posición disfrutando cada quien a su manera. mientras tanto, Flora se retorcía como una víbora a cada embestida que le daban los otros dos a quienes invitó Eduardo para que se la follaran.

    Luego, Flora invitó a Eduardo a acostarme en la cama, se trepó encima de él y con su mano acomodó su verga para mí, me llamó para que me sentara encima de la polla de Eduardo. Desde esa postura miraba cómo el negro caminó hacia atrás, le lamió de nuevo el ojete a Celia y colocándose un condón comenzó a meterle la gruesa verga en el culo, mientras el tipo blanco se derramaba en su espalda y luego se puso delante de Celia para que se la mamara. Celia sintió un poco de dolor porque apartó al negro con su mano, entonces el negro otra vez le chupó el ojete y luego intentó con éxito meterle la cabeza de su miembro. Paralelamente, Flora comenzó a chupar el largo pene de de uno de los amigos, y así, en un momento determinado, poco a poco fueron pasando todos los cuatro por las mamadas de ambas chicas las folladas a nuestros culos. Allí estábamos los dos maricones y las dos lesbianas sirviendo a cuatro tíos con la boca ellas y con el culo nosotros. Conté que los cuatro habían pasado dos veces, una de ellas se corrieron los cuatro y en otra solo se corrió uno, pero Eduardo me dijo que en su culo se corrieron los cuatro. Decidí poner una urna para el condón en casa, que esa noche nos libró de no sé cuántos posibles peligros.

    Yo transpiraba como nunca, a todos los vi sudar, pero yo conseguí hacer charco, es decir, humedecía todo aquello en donde me ponía. Al acabar los cuatro quisieron masturbarse y llenarnos a los cuatro  nuestras caras de lefa. Lo hicieron, lo que tuvo su recompensa a la salida. Las dos chicas, tanto Flora como Celia, tuvieron un tremendo orgasmo. 

    Entonces, salimos de aquella habitación y nos despedimos con besos y palmadas culo de los cuatro amigos. Se fueron y nos metimos a observar la chupada de verga y paja a dos manos que le estaba haciendo un tío a otro. Al minuto, el hombre al que se la mamaba se tensó y comenzó a eyacular muchísima leche. Las dos chicas se metieron para beberse aquella gran cantidad, pero como llegaron casi tarde, se aprestaron para mamar y masturbar a los dos tíos. De nuevo les hicieron eyacular y se bebieron todo su esperma a la vez que les esparcieron para de su lefa por las tetas.

    Luego se echaron jadeantes en la cama con las piernas abiertas y un hilo de semen comenzó a caer cerca del muslo de Celia. Había vuelto el negro se había acercado, le levantó las piernas y le chupó su concha y su culo, logrando que Celia tuviera otro orgasmo intenso y prolongado. Los otros dos tíos estaban con Flora uno follando su boca y el otro su culo mientras le metía sus dedos en la concha. Las dos acabaron bien tocadas.

    Nos fuimos a la sauna y nos bañamos. Luego de ducharnos los cuatro, intentamos salir a la calle y nos avisaron en puerta que pasáramos por la cafetería. Fuimos los cuatro y allí estaban nuestro cuatro amigos, que habían pedido cena para los ocgo. Decían que esta había sido la mejor vez que lo habían pasado con dos matrimonios jóvenes a la vez. Nos callamos para dejarlos en la ignorancia. Al acabar la cena nos salimos y nos despedimos de ellos cuatro conde forma muy cariñosa. Fue el modo cómo quisieron agradecernos nuestros cuatro amigos. Salimos a la calle, paseamos un rato mientras hablábamos y le pregunté a Celia:

    — ¿Có es que siendo vosotras lesbianas os habéis dejado follar por esos tíos?

    — Porque somos las dos bisex; en casa nos tenemos entre nosotras, pero cuando salimos buscamos hombres.

    ************

    No me encontraba en casa, había tenido que ir a realizar unos cursos de especialidad. El tío Onésimo no quería avisarme de la desgracia ocurrida, para que yo terminara mi curso. Pero mi padre, me llamó diciéndome que acudiera de modo urgente. Sabía que tenía no menos de cinco horas en coche y me puse de inmediato de camino. Mi padre me había dicho,:

    — No te detengas en casa, ven a casa de Onésimo.

    Fui directamente allí. Mi padre se había pasado todo el tiempo sentado a la puerta de la casa, llorando. Cuando lo vi en tal estado le pregunté y solo pudo decirme:

    — ¡Eduardo ha muerto!

    Y se puso a llorar desconsoladamente. Yo me quedé furioso contra todo el mundo. Luego lloré primero de rabia y luego de dolor. Hice por reponerme y miré fijamente a mi padre que solo lloraba. Agité a mi padre, pero el pobre no podía hablar.

    Entré en la casa, mi padre me seguía. Vi al tío Onésimo y le pregunté qué había pasado. Me abrazó, me besó y me explicó que lo habían acuchillado en una reyerta de gays en la que se vio envuelto «sin culpa propia» porque fue a poner las paces. No hacía falta investigar más. Si me lo hubiera llevado a su tiempo a mi casa, hoy estaría conmigo. Mi padre estaba de acuerdo, la puta de mi madre se negó absolutamente a que yo viviera con un hombre en casa. Ahí comenzó mi historia para irme de casa. Uno de los mártires en mi camino fue Eduardo, hijo del tío Onésimo, trabajador y amigo de mi padre, y de mamá Emerenciana, aunque no era mi progenitora, es mi buena madre. Lloramos los cuatro y los cuatro muchachos como desesperados. Pareció que ya no tenía sentido nuestra vida. ¿Quién podría dormir esa noche? La policía buscaba al asesino que había escapado, los demás estaban encarcelados. Pero mi amor estaba muerto en la morgue y me quedé muy vacío por dentro.

  • Virginidad anal, entre mi esposa y su amiga (Parte 1)

    Virginidad anal, entre mi esposa y su amiga (Parte 1)

    Mi esposa, a la que quiero mucho y yo, tenemos una relación muy buena además de abierta ciertas cosas, que otros verían mal.

    Mi esposa esta re buena, un cuerpo de espectáculo, de cabello negro ondulado, una carita angelical, unos senos pequeños y paraditos. Su amiga Rosana, también es divina, rubia de caderas amplia si una boquita que merece ser besada y que invita a una felación permanente.

    Una tarde mientras me bañaba, Rosana sin avisar entro al baño y mi esposa Erika, no se molestó en lo más mínimo y solo se carcajeo con mi sorpresa. Las dos se desnudaron y se metieron a la ducha conmigo, aunque ya otras veces habíamos disfrutado los tres, era la primera vez que era a plena luz del día, sin tragos y en la ducha.

    Nos tocamos, nos acariciamos bajo el agua de la ducha, cubrimos nuestros cuerpos con espumante y perfumado jabón, quedamos tan limpios como regalo recién desempacado. Nos besábamos los tres sin tabúes y sin miedos de celos.

    Dentro de la ducha que era algo amplia, Rosana se colocó contra la pared, con el trasero respingado y hacía afuera, Erika mientras con una mano me pajeaba mi pene y con la otra metía los dedos entre los dos globos que eran las nalgas de Rosana, Ambos sabíamos que Rosana nunca había sentido un túrgido miembro en su hermoso culo, Erika me acerco al trasero de su amiga y le dijo, “prepárate que mi marido te va a meter su duro palo por el culo”.

    Acerque mi duro y excitado pene a la boca de ese ojete y rozándolo levemente presione un poco, la cabeza de esta ya que explotaba verga. Rosana volteo su cabeza y me dijo “Apúrate, es el primero, méteme duro ese tiesto por el culo”.

    Fui empujando con cuidado hasta que la cabeza, traspaso el anillo inicial de su apretado ano, y espere unos segundos, y fuerte la metí hasta adentro mientras ella se frotaba la pepita de su coño, le empezó a dar duro, bombeando rápidamente jadeábamos en el esfuerzo y el placer. Le pellizque su senos mientras ella se movía contra mi cadera dándose más duro que nunca. Su esfínter hacia presión sobre el tronco de mi miembro y no dejaba de moverse. Que ricura de mujer, mientras Erika miraba y se masturbaba a mi lado.

    Rosana, estaba que se corría, gritaba que le diera, se volteó a mírame con lujuria y se corrió aparatosamente mientras le llenaba ya yo el culo con varias expulsiones de burbujeante semen.

    Nos terminamos de bañar y nos acostamos a dormir un rato, lo que vino después se los cuento otro día.

     

  • La ejecutiva madura

    La ejecutiva madura

    Ericka M.G., una chica que conocí por mi amiga Elizabeth, ella en ese entonces ya era una mujer madura yo tenía poco de haberme casado con Lety, y en ese 2013 la conocí.

    Una morena de 1.70 cm, unas tetas grandes, un trasero firme de unos 100 cm y par de piernas bien torneadas, cuando la conocí me gustó pero al ver que solo salía con hombres mayores y de mas dinero…

    Por mi amiga ya había convivido con ella y me di cuenta que con unas copas de mas perdía rápido, con el paso de unas semanas nos empezamos a llevar mejor, nos escribíamos por whatsapp y todo.

    Una ocasión estaba yo solo ya que Lety se fue a Cancún y me estaba escribiendo con ella, quedamos de vernos en un bar.

    Ella llevaba un mayón blanco que resaltaba sus torneadas piernas y sus nalgas grandes y firmes, empezamos a tomarnos unas chelas mientras platicábamos para conocernos mas. Pasaron las horas y ya estabamos un poco subidos de tono, bailabamos repegando nuestros cuerpos, yo sin pena la abrazaba le besaba el cuello y acariciaba las piernas.

    -Eli dice que eres muy tierno y yo creo que eres un cabrón.

    -Jajaja y porque dices eso???

    -Eres joven y sabes como llegar, me gustas, espero tu esposa te disfrute bien.

    -Tu me quieres disfrutar?

    -Jejeje eres un loquillo.

    Nos miramos fijamente y comenzamos a besarnos muy pasionalmente, ella mordia mis labios, yo la tomaba de la cintura y bajaba mis manos acariciandole las nalgas duras y firmes, ella me repegaba su conchita a mi verga.

    -Vamonos a mi depa, ahi seguimos como ves.

    -Yo voy contigo a donde sea reyna.

    Pagamos la cuenta y fuimos a su depa, al entrar apenas se cerró la puerta y comenzamos a besarnos como locos.

    Asi nos fuimos hasta su cuarto, yo la acosté en la cama y comencé a quitarle su blusa mientras besaba su cuello, le quité su bra para ver un par de pechos grandes y pezones erectos los cuales llevé a mi boca, lengueteaba y mordia sus pezones.

    Ella gemia mientras me quitaba la camiseta, poco a poco le quité su mayón, pasaba mi lengua por sus ricas piernas, mientras ella murmuraba, me acariciaba la cabeza, le quité su tanguita y comencé a lamerle sus ingles.

    Poco a poco llevé mi lengua hasta su clítoris, comencé a chuparlo y darle pequeñas mordiditas, ella se convulsionaba y gemia de placer, metia mi dedo en su vaginita y la masturbaba mientras ella seguia gimiendo.

    -Que rico Luis, cómeme.

    -Te tenía ganas desde que te vi nena

    Después de darle tremenda mamada me puse de pie, me quité la truza y dejé que jugara con mi verga. Ella me daba pequeñas chupadas mientras acariciaba mis bolas con sus manos.

    Yo le acariciaba la cabeza, ella poco a poco metia totalmete mi verga en su boca, raspaba mi tronco con sus dientes y con su lengua lamia la cabecita.

    -Que vergota tienes, nunca me habia chupado una tan grande.

    -Pues gozala, es para ti.

    -Ya métemela Luis, la quiero dentro.

    La puse en cuatro y comencé a penetrarla suavemente, primero la cabecita y luego lo mas que se pudiera, la tomaba de la cintura y me movia rapido, ella acompañaba con ricos movimientos, apretaba delicioso mi verga, yo acariciaba sus piernas y le jalaba despacio el cabello.

    -Que rico Ericka, eres un manjar, que rico aprietas mi verga

    -Uff papito, cogeme cogemee!

    Ella se acostó y yo le levanté las piernas y bruscamente la penetraba apoyándome en sus piernas, su vagina comenzó a escurrir. Ella gemia igual que yo, ella me abrazaba con sus piernotas, mientras yo le lamia las tetas, nos besabamos pasionalmente nos mordiamos, yo la penetraba fuerte, en eso ella ya no aguantó y se vino…

    -Ahhhh que ricooo! Luissss!

    -Gózala perrita, mójame todo, te gusta mi verga putaa!

    -Ahhh, sii me encanta.

    Despues que ella se corrió, me acosté en la cama y la puse a cabalgar, ella licuaba mi verga muy rico, mientras yo la acariciaba las piernas y las tetas…

    -Estás gozando papasito…

    -Si mi amor, coges delicioso…

    Ella se movia rapidamente, como no traía condón su clitoris rozaba exquisito con mi verga, que en esa pose le entraba toda.

    Después, la puse a cabalgarme al reves, ella movia rico su cuerpo, se convulsionaba con mi verga y eso me hacia gemir, yo le arañaba la espalda y le daba tremendas nalgadas.

    -Ay nena que ricas nalgas, me vas a hacer venir…

    -Sii, quiero tu leche, tu leche caliente

    -Ufff! pues has que me venga, te voy a llenar toda

    -Siiii

    Sus movimientos aumentaron ella se daba sentones fuertes y yo ya no pude contenerme mas, la tomé de la cadera y me vine dentro de ella, ambos nos convulsionábamos ya que ella volvio a venirse.

    -Luisitooo! que rico coges, hace mucho no cogia asi

    -Tu estas riquisima y tambien chambeas bien

    Reposamos un poco y continuamos cogiendo toda la noche, al llegar a mi casa Lety ya estaba y recordando la noche anterior me cogi a mi esposa.

  • La mujer policía

    La mujer policía

    Siempre he logrado zafarme de la infracciones vehiculares, generalmente algo de labia y buena disposición combinada con, no sabía o estaba distraído resultaba en el policía dejándome tranquilo o poniéndome una multa por algo menor.

    Ese fin de semana del cual voy a contar, estaba en un camino rural de una sola calzada y tráfico en ambas direcciones, era temprano y no había muchos vehículos en la vía, mi pesado pie llevaba el auto a una velocidad de 30 kits por encima del límite.

    Tranquilo manejaba hacia el siguiente pueblo, el calor del medio día pegaba sobre el color negro de mi auto sintiéndose más caliente aun. El aire no daba abasto.

    En una recta iba a 136 Kits por hora cuando vi primero las luces de la patrulla detrás mío y algo lejos, baje la velocidad esperando no se hubiesen percatado, ya más cerca logre escuchar la sirena y me hice a un lado hacia la cuneta de la carretera.

    El auto de policía se parqueo detrás mío, y se apeó un policía, lo vi por el retrovisor, me quede mirando hacia el frente y espera que llegara a mi ventana, me toco el vidrio el cual baje y lo mire, detrás de sus ocurras gafas, abrió su boca y escuche una voz angelical pidiéndome los papeles, y diciéndome al mismo tiempo que estaba andando con exceso de velocidad. ¡No era un policía era UNA policía! Que suerte la mía, la mujeres policías son más complicadas que los hombres.

    Esta policía estaba re linda, cuando se quitó los anteojos y se bajó el quepís, salió un cabello corto al hombro negro como el azabache y sus ojos de un azul profundo que perforaban los míos, se me levanto mi tranca y se me subió la libido.

    Como me Salía de esta? Y se me ocurrió algo más haya de mis locuras, le dije

    -Srta. Agente, que pena pero estoy apurado para ir al médico en el siguiente pueblo,

    -Como así, porque tanto apuro, acaso está usted enfermo o tiene un paro cardiaco?

    Si supiera que el paro me lo estaba dando ella…

    -No para nada, Srta., lo que pasa es que me tome por error un par de viagras hace media hora pensando que eran unas aspirinas y ahora ando con un dolor , usted sabe , entiende, y no se me baja y quiero ir a la clínica a que me ayuden.

    – Déjese de decir tonterías le voy aponer una multa por exceso de velocidad.

    Me arriesgue, y me baje la bragueta de donde Gracias a la oficial tenía la verga tan dura como un palo de escoba la cabeza a reventar y morada de la excitación.

    -Mire no más, le dije rápidamente y se la mostré atrevidamente esperando no se encabronara.

    -Señor no sea atrevido, me dijo.

    -como se atreve a mostrarme eso tan grande.

    La tenia enganchada, pro que dijo tan grande, ummm.

    -será que me escolta hasta la clínica, que no sé dónde está.

    -Claro cómo no, sígame.

    Ella se montó en su auto y con las luces encendidas la seguí por unos dos kits, cuando el carro de policía viro hacia una vía destapada y siguió hasta una casa abandonada.

    Llegamos y ella se bajó y me dijo

    -Bájese del carro que voy primero a verificar si es cierto lo que usted dice.

    Me baje del auto y la seguí a la casa, entramos y aunque la casa se veía abandonada, alguien le hacía limpieza por dentro a menudo, una alcoba tenía una cama en buen estado, sin sabanas pero bien. Y afuera en el estar unos sofás estaban con algo de polvo pero bien.

    La oficial me ordeno bajarme los pantalones, que pasaba? Pero bueno esto valdría la pena por lo que fuera ..

    Me baje los pantalones y ella me indico me sacara mi túrgido miembro, y dijo que lo iba a revisar.

    Lo tomo con una de sus manos y lo acerico fuertemente, -Huy cierto que está muy duro, tal vez yo le pueda ayudar. Siéntese por favor.

    Me senté y ella se arrodillo frente a mí y se engullo la cabeza de mi verga, el lamio y chupo, con una mano se tocaba sus senos debajo del uniforme y con la otra sostenía mi verga y mis hinchadas bolas.

    Le sugerí si estaría más cómoda y con menos chance de ensuciar su uniforme si se lo quitaba, y rápidamente se levantó y se quitó su uniforme, debajo de él había una hermosa mujer de tez blanca como la leche y pecas en sus senos, que hermosura de oficial de policía.

    Nuevamente se agacho y siguió mamando mis bolas y verga. Yo estaba que me venía, le tocaba sus senos, y pellizcaba sus pezones.

    Mientras me comía, me baje los pantalones y me quite la camisa, quede tan desnudo como ella. La levante antes de que me corriera y se sentó sobre mis piernas corriéndose hasta que la penetre suavemente, su coño estrecho me apretó al mismo tiempo que empezaba a subir y bajar, que delicia de oficial, se mecía, y movía en círculos, sus senos frente a mi boca, me los comía a mordiscos mientras ella gemía y ambos sudábamos en esa abandonada casa.

    Le sugerí nos fuéramos al colchón y así fue, me la lleve ensartada hasta el colchón donde ya encima de ella le di tan duro como podía, que ricura de oficial, la bese y toque por todas partes, si me iban a multar que fuera por justa causa, estaba tan excitado que no podía venirme, pensaba, ojala y fuese cierto que me había tonado las dos viagras, pero parece no era necesario, esta me tenía a mil. La puse en cuatro y seguí bombeando deliciosamente su coñito, ya no veía a la oficial, ahora era una mujer hermosa con unas ganas locas de coger. La oficial empezó a moverse como loca, gemía y decía le diera más duro, y duro le di hasta que ella se corrió fuertemente y luego yo. Caímos sobre el colchón, levantado una gran nube de polvo, pero no importaba estamos saciados y mi miembro ya se desinflaba.

    La oficial se levantó sea cerco al baño donde un pequeño chorrito de agua todavía salía de sus grifos, se lavó, se sitio, se acercó al borde de la cama y me dijo,

    – lo voy a dejar ir, le creo lo de sus pastillas, afortunadamente creo que logre bajarle su problema y ya no tendrá que ir a la clínica, tenga más cuidado la próxima vez.

    Enseguida se agacho me dio un beso y en mi oído me su susurro –Si va a correr hágalo por este camino. Adiós.

    Dio media vuelta y se fue.

    Yo quede solo entre el polvo y bastante satisfecho de una corrida espectacular con la oficial de policía.

  • Mi destino: La esclavitud (Parte 1)

    Mi destino: La esclavitud (Parte 1)

    Mi nombre es Paulina. Ese es mi nombre: Paulina. Ahora tengo 20 años. Y yo voy a contaros a ustedes mi historia. Mi erótica, sexual y aterradora historia acerca de cómo fui a caer en la esclavitud. La esclavitud sexual lésbica por medio de un chantaje. Un chantaje del cual no pude escapar; era mi reputación o mi cuerpo y libertad. Pero antes, tengo que describirme.

    Como ya he contado, mi nombre es Paulina. Soy una mujer más o menos alta: 1.76 de estatura. Algo que yo siempre he disfrutado bastante es mi belleza física: soy de piel blanca, rostro que yo siempre me he esmerado en lucir y cuidar; cabello negro y más o menos ondulado, el cual he dejado de largo hasta los hombros. Siempre he sido de busto y caderas amplias; cosas que yo siempre utilicé a mi favor. Mi medidas son 94- 59- 91. Mis piernas siempre han sido largas y muy bien torneadas. En fin, no puedo quejarme; pero debo decir que mi belleza interior no es igual a la exterior; siempre fui mala con mucha gente, y ahora lo debo pagar con esclavitud sexual.

    Desde niña he vivido con mi única pariente viva que tengo; pariente cercana, claro. Mi tía Catalina; una mujer algo alta y de buen porte; eso sí, a diferencia de mí, ella siempre fue buena persona. De carácter tradicional y muy apegada a la religión, era de carácter fuerte pero a diferencia de mí, ella nunca le gustó humillar o hacer actos de maldad que yo ahora debo pagar con mi esclavitud sexual. Debo decir que nosotras somos de buena condición económica, con una casona que si no es una mansión, es más o menos respetable; con un patio y fuente en medio y algunas habitaciones; con dos sirvientas y de estilo tradicional. Sé que en el pasado nuestra familia era aristocrática; pero hechos posteriores en la historia de mi país arruinaron en algo la condición de mi familia. De cualquier forma, nos quedaba una situación pudiente y una fortuna numerosa; por ser yo la única pariente viva y además su ahijada, yo sabía que era la única heredera de lo que ella tenía; y la verdad, yo ya quería que ella muriera para disfrutar yo de su fortuna. Así de mala era; solo me importaba el dinero y no ella; pero vivía con ella porque no quería trabajar y se que ella, a pesar de desaprobar muchas de mis actitudes altaneras y groseras hacia la servidumbre, y a pesar de llamarme la atención por eso mismo, me quería y creía que yo podía ser mejor persona.

    Mi madre, la cual me han platicado que ella era tan religiosa como mi tía (solo que de carácter apacible y muy dulce, según me la ha descrito mi tía y algunas de sus amigas) murió cuando yo era muy menor, y quedé a cargo de mi tía; mi padre fue un hombre que solo embarazó a mi madre y se deshizo del compromiso. Cosa que a mí me gustaba; no quería que nadie limitara mis acciones cuando yo fuera la dueña de la fortuna familiar. Solo que nunca esperé que mi destino me iba a dejar en manos de la esclavitud sexual.

    Yo, desde que salí de la adolescencia, me gustó mucho conquistar a hombres casados; era una especie de placer y vanidad; saber que los hombres morían por mí. Y desde luego, a veces sus esposas se enteraban y a mí me gustaba verlas sufrir por mi culpa; que vieran que me preferían a mí a ellas. Por supuesto, lo hacía a escondidas de mi tía y mis amigas; yo era una zorra y una descarada hipócrita a la que nunca le hubiera gustado que mi tía o mis amigas se enteraran de mi doble vida. En púbico fingía ser una buena persona; desde luego mis amigas no eran religiosas y nosotras éramos muy de andar en fiestas, lo cual es un placer que yo disfruto: andar de fiesta y divirtiéndome. Cuando conquistaba a hombres casados, lo hacía con desconocidos y además, cuidándome de que nadie supiera donde vivo o quién era; mi información completa. O eso pensé yo; jamás pensé que alguien podría grabarme y tomar fotos que después, las usaron para introducirme a un mundo de placer sexual y esclavitud. Sin embargo, mis amigas se que ellas eran lo que la sociedad considera «mujeres decentes»; sabría que si me descubrían me considerarían repugnante pero no me importaba; de hecho, yo solo las quería para ir a divertirme; no sentía ningún sentimiento de estima hacia ellas; no obstante, como ya he dicho, yo soy una hipócrita que si se enteraran de lo que hacía, me sonrojaría de vergüenza y sería para mí la peor humillación recibida; sobre todo el pensar que mi reputación quedaría dañada para siempre. Claro está que nunca pensé que alguien utilizaría eso como chantaje perverso y sexual; poniéndome entre la espada y la pared; entre escoger mi reputación o prestarme para la esclavitud sexual. Y lo que más me aterra es que si las imágenes que se utilizaron llegaran a manos de mi tía, esta no me correría de su casa; pero se que ella dejaría de quererme y quizá no me herede su fortuna; o se la herede a alguien con el compromiso de usarlo para mis necesidades; esto último claro que solo lo haría por mi madre a la que ella guardaba cariño y un grato recuerdo.

    Pues bien; yo a los 19 años (hace un año) estudiaba contabilidad y trabajaba; mi tía no quería que yo solo me dedicara a estudiar y al placer; lo cual yo odiaba, pero obedecía y fingía que me gustaba para ganarme su aprecio y que la vieja esa me siguiera manteniendo en su testamento. Eso sí, me busqué un trabajo cómodo; una boutique y tienda de ropa femenina en general. Trabajaba medio tiempo entre semana y medio día en sábado. Pues bien, una mañana de cuando y acababa de cumplir mis 19 años, me dispuse a ir al trabajo como siempre; entraba de 9:00 a.m. a 2:00 p.m. Eran como las 8:15 cuando llegué al área de estacionamiento de la empresa; yo no tenía auto pero vivía cerca. A veces iba a ese lugar para, antes de entrar, enviar mensajes a mis amigas y conocidas; entretenerme un poco. Iba pasando esa mañana medio nublada y algo lluviosa por ese lugar, cuando escuché una voz de mujer que me hablaba.

    – Paulina Rivera….

    Yo, advertida de que me hablaban, volteé hacia atrás y vi a una mujer de más o menos 40 años de edad; rubia y eso sí, guapa; pero no con el cuerpo que yo disfrutaba mucho tener. Esa mujer se acercó a mí:

    – Hola Paulina, al fin te dirijo la palabra. Sabes, te he visto e investigado mucho para ofrecerte un trabajo que estoy segura, vos no váis a rechazar; te terminará gustando.

    Yo estaba anonadada y sorprendida. Desde luego, si alguien me ofrecía un trabajo más cómodo, de menos horas pero mejor pagado y con casi nada de esfuerzo, yo aceptaría encantada con tal de no trabajar tanto; yo quería una vida de reina y dedicarme a fiestas, reuniones sociales de música y baile y otras cosas por el estilo. Pero estaba sorprendida: ¿porqué precisamente a mí era a la que elegía esta señora? No lo sabía entonces, pero como ella me invitara a sentarme en unas bancas de un parque cercano, yo accedí para ver que clase de trabajo me ofrecía esta señora. Pero lo que esta señora me ofrecía me dejó helada e indignada; no por una cuestión de decencia que y no tenía; sino por una especie de orgullo; a mí, que me gustaba ser obedecida y humillar a otros. Yo la malvada y altiva Paulina no quería lo que ella me ofrecía.

    Ella me platicó que se llamaba Alicia. Me dijo que ella vivía en una buena casona con sus dos hijas, una amiga de ella a a la que estimaba mucho y con la cual tenía una relación de amistad desde su niñez; y una sobrina de esa amiga. Además de la mamá de la tal Alicia; mi ofrecedora de «empleo». Me dijo que a ellas les gustaba mucho todo lo relacionado con el mundo del BDSM: del sadomasoquismo, la sumisión y la dominación lésbica. Me dijo que ellas disfrutaban eso pero a todas les gustaba ser dominadoras; asumir un papel de dominación y no se sumisión. Pero además, como todas ellas se apreciaban mucho, ninguna quería someter a ninguna de ellas; de hecho, ella me dijo que el sueño de la familia era tener una esclava desconocida y por la cual no sintieran ningún aprecio o como ella decía, «empatía» y «estimación». Por supuesto, me aclaró que por mis servicios de esclava se me pagaría; eso sí, me aclaró un punto: a todas ellas les daba placer que la esclava fuera única y que sufriera la humillación de ser el único objeto sexual; la única esclava de la casa. Nada de traer a otras esclavas; solo ella era la única que debía pasar por la humillación de ser la única con el rol de esclava en la casa. Según ella, eso hacía la situación más humillante y por lo tanto, más excitante. Además, querían que la esclava fuera una mujer joven y que tuviera una «belleza de ensueño y seducción» (esas fueron sus palabras).

    – Y después de ver todos los detalles importantes Paulina, queremos que tu seas nuestra esclava. Te hemos elegido a tí.

    En cuanto esta mujer dijo eso, yo sentí una especie de indignación e irritación. ¿Como? ¿Yo, esclava? Pero, ¿que se creía esta vieja? Como dije, yo era de carácter altivo, y además, malvada; me gustaba humillar (no sexualmente) pero en cambio, yo ser un objeto y además, que solo obedeciera y que tuviese que soportar la humillación; eso jamás. Por esos motivos, vosotros sabrán el coraje que sentí que alguien me viera como una esclava y me propusiera eso. Ante lo cual, me levanté muy indignada y le dije que estaba loca, que se alejara de mí. Que no aceptaba su propuesta.

    Solo que entonces pasó algo que me puso peor de indignada. Ella me dijo, en tono altanero, que no me estaba proponiendo nada; que lo que ella me estaba ofreciendo era algo que yo debía aceptar obligatoriamente hablando.

    – Mira zorra, no te estoy pidiendo su consentimiento. De hecho, te estoy ordenando que vos aceptes mi «propuesta»… así pues, siéntate y vamos a ultimar los detalles. Váis a renunciar a tu trabajo; vos trabajarás con vosotras de esclava…

    Todavía eso me enfadó más. Que la muy estúpida se pusiera a hacer planes de cómo debía proceder para renunciar a mi trabajo e irme con ella de esclava. De objeto sexual sin voluntad y obligada al silencio, la humillación y la sumisión. Así pues procedí a irme (o procedía a retirarme de manera rápida) cuando ella me detuvo del brazo, me hizo voltear y entonces, ella me amenazó.

    – Con que… vos no queréis aceptar. Entonces vóis vas a mirar estas fotos que traigo para ti. Quizá te refresquen en algo la memoria, zorra…

    Cuando dijo eso, yo sentí un estremecimiento de pavor. Una sensación de ansiedad. Yo sabía que ocultaba muchas cosas. ¿Tenía ella pruebas? Tomé el sobre y saqué las imágenes; no lo podía creer, era yo misma acostándome y revolcándome con hombres. Además, me mostró un video bastante explícito en donde yo me acostaba con dos tipos; lo cual recordaba muy bien.

    – Ya te recordaste en tu papel de puta??? Pues bien, zorra, si vos no aceptas mi ofrecimiento, e veré obligada a ir a donde vives y mostrarle a la ultra católica de tu tía la clase de basura que tiene de sobrina. Además, se donde estudias y quizá puedo ir a ofrecer en venta estas imágenes perra. Imagínate la vergüenza, humillación y desprecio que vas a ganar. Ahora bien, soy negociadora: mantendremos en secreto su doble vida y vos aceptas ser vuestra esclava. ¿Que os parece descarada?

    Yo estaba temblando de miedo y no pude articular una respuesta inmediata. Antes de balbucear algo, ella me dijo:

    – No os preocupéis, te daremos un plazo de tres meses para elegir entre la reputación y la esclavitud. Como os he dicho, sabemos que esto va a ser placentero para vos. Adiós querida; te dejo las imágenes, que al fin y al cabo, tenemos bastantes copias de ellas. En horabuena puta¡¡¡¡

    Ella me dejó allí. Yo estaba helada de pavor. Nomás de pensar que todos verían mi doble vida; que vergüenza. Y luego mi tía, la vieja esa que nomás no se moría, podría quitarme el control de la herencia. Eso por un lado; por el otro, pensar que yo iba a ser un objeto, una esclava del placer. «Ay no por favor» pensé desesperada.

    Al fin pude reaccionar. Rompí las imágenes y las tiré a la basura; me dispuse a ir al trabajo. Pero en el trabajo, no podía concentrarme bien. Pensar que no podía hacer nada¡¡¡ Pero entonces, conforme pasó el día y se llegó las 2 de la tarde, una sensación extraña comenzó a recorrer mi mente. Una sensación aterradora; no quería que así fuera y me daba vergüenza nomás de pensar que así es; pero comencé a excitarme por mi situación. Desde luego, ese placer me causaba vergüenza y era humillante que mi situación me causara eso; yo no quería dejar de ser la altiva hermosa mujer que yo era. Pero me estaba causando mucho placer esa situación. Lo que pasaba por mi mente era una mezcla ambivalente de placer y furia por mi situación. Él pensar que mi condición para no ser esclava era exponer mi doble vida y muchas de mis bajezas. Me fui a mi hogar son esa sensación: terminé de cenar rápido y me fui a mi habitación. No podía dormir nomás de pensar en que quizá iba a caer en la esclavitud.

    Durante los siguientes eternos tres meses, mi pretendida ama y señora Alicia me llamaba varias veces para recordarme la amenaza y para marcarme el tiempo que quedaba. A veces, me ordenaba asomarme al balcón de mi habitación y veía un coche negro; y una mujer de cabellos oscuro (supongo la amiga) solo me enviaba un beso cordial de burla. Entraba aterrada a mi habitación; pero el miedo y la rabia me hacían sentir placer. Me dejaban mojada de placer. No podía más; quería que pasara el tiempo volando pero me aterraba tener que elegir. Por un lado, quería que no hubiera ningún remedio (y no lo había) para salir de esta situación y caer en la esclavitud; pero por el otro lado, caer en lo más bajo del mundo sexual y erótico me aterraba; y el pensar que iba a tener que obedecer me llenaba de rabia e impotencia.

    Al fin llegó el día. Yo estaba derrotada y humillada. No podía hacer nada para salir de esa situación. Como a eso de las 8:30 a.m., la señora Alicia me llamó.

    – Muy bien zorra, ha llegado el día. Hoy serás nuestra esclava. Me he enterado que tu tía salió de viaje a ver a una pariente lejana y que tus sirvientas hoy están fuera; llegan hasta la tarde. Pues bien, tu ya sabes la casona en donde vivimos; la dirección. En cuanto se abra la puerta eléctrica para entrar al patio, te despojarás de tu ropa y te pondrás unas prendas que te dejaremos allí cerca. Tienes una hora para entrar al portón; pasando esa hora, si no estás en nuestro hogar, enviaremos a tu tía y a todos tus conocidos las fotos y el video comprometedor. Así pues, andando descarada…

    Colgó. Hice lo que ella me ordenó. Salí de mi hogar. Tomé un taxi, y llegué a la dirección mencionada. Toqué el timbre y la puerta se abrió. Entré al lugar. Se cerró la puerta ante mi, sintiendo yo un escalofrío y una ola de placer. No podía creer lo que estaba haciendo. Me despojé de la ropa, encontrándome en un pequeño patio con techo de lámina; una ventana enfrente de mí y la puerta al exterior atrás de mí. Junto a la ventana había una silla y mis prendas; no lo podía creer. Eran unos tacones de plataforma alta y tacón de aguja delgada; super delgada; muy altos y de color cristalino. También había una tanga negra; la tanga más diminuta que yo había visto. Y un sostén negro de mucho escote. Me pude las prendas; era la primera vez que me ponía algo así, a pesar de mi doble vida. No porque no hubiese querido tenerlas y ponérmelas; sino porque no había forma de ocultarlas en mi hogar y sabía que mi tía me reprendería. Y ahora, al fin podía ponerme algo así: me vi en el reflejo de la ventana, y me dio placer ver mi cuerpo y rostro en ese vestuario. Me sentía excitada de estar así; y una sensación de placer de ver mis piernas estiradas y que tanto el sujetador como la tanga me hicieran cierta fricción. Recordé lo que mi ama y señora me había ordenado: ponerme en posición de firmes antes la puerta para esperar su llamada e instrucciones. Al fin, después de aproximadamente dos minutos, mi celular sonó.

    – Hola descarada, por el video veo que ya estás adentro de mi propiedad, y con tu ropita de puta.

    – Sí mi señora…

    Y en eso, me dio las primeras órdenes que yo debía obedecer. Mis primeras acciones de esclava sexual. Estaba muerta del placer; pero también del coraje y de impotencia de estar así y no tener forma de librarme de esto. Bien, como os he dicho, comenzaron mis primeras órdenes.

  • Una mujer conoce poco a poco una sexualidad muy diferente

    Una mujer conoce poco a poco una sexualidad muy diferente

    Sonia era guapísima. También imbécil. Aunque a decir verdad cualquier chica que saliera con mi hermano mayor me parecía una imbécil, porque solo una imbécil podría aguantar a semejante hombre.

    Mi hermano las camelaba, se las follaba, las sacaba todo lo que podía y las terminaba tirando por el retrete.

    Sonia le estaba durando más porque es muy difícil secar completamente a una niña rica, pero mi hermano lo estaba intentando a conciencia.

    Cuando empezaron mis aventuras con ella me la encontré llorando a moco tendido sentada en mitad del pasillo. Ya había visto a muchas así. Mi hermano la había pedido algo más, un último esfuerzo, un último ejemplo de cuanto lo quería a alguien que ya no podía dar más.

    También me fije que seguía siendo guapísima.

    -Deberías dejarle. Acabar con todo esto.

    Ella se secó como pudó las lágrimas que corrían por sus mejillas.

    -Mi hermano es un mierda. No terminó de entender que ven las mujeres en él.

    Ella ni contestó ni abrió la boca.

    -Vamos – le dije tendiendola la mano. – Haré que te sientas bien.

    Ella tardó un momento en entender lo que estaba pasando, pero aceptó mi mano. Sabía, porque me lo había contado mi hermano, que las perras que él desechaba se acostaban con el primero que pasase por ahí.

    Y esa vez el primero que pasaba por ahí fui yo.

    Sonia supó que la cosa iba en serio cuando se fijó en mi polla. Erecta, dura y de un tamaño colosal.

    Me la follé en mi cuarto, como si fuera un puto animal salvaje.

    Solo recuerdó un par de cosas de esa primera vez: Que lo disfrute y que ella se entregó completamente a mi.

    Mi hermano había regresado de curro cuando salí del cuarto, estaba en la cocina, comiendo. Ella salió un poco más tarde. Ni si quiera se saludaron cuando cruzó la puerta de la calle. Pero eso sí, a mi si que me miró.

    -Tres días.

    -¿Qué?

    -Que te va a llamar en tres días para repetir, como muy tarde.

    -Tú alucinas. ¿Sabes lo que acabó de hacerla?

    -Hacerla disfrutar como una perra. Estoy orgulloso de ti, hermanito.

    -Estás loco. – Me senté a la mesa con él – Como una puta cabra. Aunque la haya echado el polvo de su vida, algo que dudo, ella es una mujer adulta, y yo apenas soy un joven.

    -Eso solo lo hace más excitante.

    -Y además soy tu hermano. Seguro que me odia. Debe estar arrepintiendose ahora mismo.

    -¿De echar un polvazo? ¿De sentir esa cosa tuya dentro de ella? Sí, claro.

    Mi hermano terminó su plato.

    -Tres días – volvió a repetirme. – Como mucho. En cuanto rompa su orgullo. Y un consejo, si por un casual te llama esta noche, pídela tres cosas: Una fota suya en ropa interior, otra desnuda, y un vídeo masturbándose. De esa manera la convertiras en tu perra para siempre. Si intentas ligártela, la cagarás.

    -Estás loco. Ni si quiera tiene mi número de teléfono.

    -Sí, si que lo tiene. Se lo di yo

    -¿Qué? ¿Por qué?

    Mi hermano solo me dedicó una amplía sonrisa mientras se metía en su cuarto…

    -¿Tú las tienes? ¿Fotos de desnuda, o masturbándose? ¿Las tienes?

    Negó con la cabeza

    ****

    Había escuchado toda la conversación. Los dos hermanos no habían hablado precisamente en voz baja mientras me encontraba sentada en la puerta preguntándome que demonios acababa de pasar.

    Le había dejado algo más follarme. Me había entregado por completo a él, había dejado que usará mi cuerpo para saciar sus apetitos. Me sentía sucia, usada, vulgar.

    Me sentía una puta por haberle dejado meterme esa cosa dentro de mi mientras me corría de gusto.

    No pensaba volver a tener ninguna realación más con ninguno de los dos, se había terminado para mi.

    Fue en la habitación de mi apartamento tras ducharme y tumbarme en la cama, cuando volvieron a mi mente los recuerdos del polvo.

    Y me toqué.

    Al principio fue suave y delicadamente, para pasar a algo más bruto y salvaje, como si me estuviera follando de nuevo. Y bien sabía yo que no era así.

    Tras correrme me prometí a mi misma que ni una vez más.

    Que equivocada estaba.

    Mi orgullo no aguantó más. Esa misma noche ardía en deseos de llamarlo o de que me llamará. Sabía lo que me iba a pedir y eso me tenía a cien…

    *****

    Recibí un mensaje suyo esa misma noche. Un mensaje con foto suya para saber que era ella. No me lo podía creer. Recordé el consejo consejo de mi hermano. Todavía creía que se burlaba de mi y desde luego no iba a responder que deseaba verla en pelotas… Por mucho que de verdad quisiera una foto suya desnuda.

    Ella volvió a escribir. Deseaba saber que tal estaba…

    -Bien. Pensando en ti, en lo ocurrido esta mañana.

    -Fue intenso.

    -Intensó, sí. Terminaste reventada.

    -Nunca me habían cogido de esa forma… – tardó un buen rato en responder esta vez.

    -¿Hice algo mal? – Me arrepentí en cuando pulse el botón de enviar.

    -No, no… – pero que dulce era. – Lo hiciste muy bien.

    -¿Y te gustaría repetir…?

    Bueno, si algo tenía claro, es que me había contactado para follar. ¿No? ¿O sea, para qué otra cosa podía llamarme una mujer en plena madrugada?

    -Eres un guarro.

    ¿Qué? ¿Cómo?

    -Solo piensas con la polla.

    ¿Pero qué cojones…?

    -Es lo malo de tenerla tan grande. Que piensa por si sola.

    -¿Y está pensando en mi? ¿En volver a mi interior?

    Joder, joder, joder…

    -Ya sabes que sí. Ahora mismo es el único sitio donde desea estar.

    -Me halagas – respondió ella.

    -No, en serio. Eres la cosa más bonita que he visto en mi vida.

    Ella tardó una eternidad en responder.

    -Gracias.

    Mierda, mierda, mierda… Esto iba mal. ¿Qué me había dicho mi hermano? Que si intentaba ligármela, la cagaría. Y sentía que la estaba cagando.

    -Deseo una foto tuya en ropa – su manos temblaban – inte…

    Bah, a la mierda.

    -Quiero una foto tuya desnuda.

    Y mandó el mensaje.

    -Creí que primero era en ropa interior.

    -¿Nos escuchaste?

    -Estaba tras la puerta.

    -Menudo bajón.

    -¿Entonces ya no la tienes dura?

    -Ella sigue dura. Soy yo el que está avergonzado.

    Tardó un rato en responder… Y lo hizo con una foto suya, desnuda. Se la notaba roja de la vergüenza. Supose que sería la primera vez que hacía algo como esto.

    -¿Te gusta?

    -Es una preciosidad.

    Tardó otra vez un buen rato en escribir…

    -No me trates como si fuera tu novia. Ni amante. No quiero serlo.

    -¿Entonces qué?

    -Deseo ser la perra de esa gran polla tuya…

    Me pregunté cuando valor hizo falta para escribir algo como eso.

    -¿Quieres el vídeo?

    -Sí, deseo ver el vídeo.

    Salía ella, desnuda, con la piernas algo abiertas. Bajaba la mano y se tocaba. Luego comenzaba a frotar. Delicadamente al principio, luego más fuerte, hasta que se corría entre jadeos.

    No era la gran cosa, pero era ella, era para mi, y bastó para que me corriera.

    -No se lo enseñaras a nadie, ¿Verdad?

    -Se lo enseñare a quien quiera. Mis amigos van a alucinar cuando vean esto. Las perras no tienen ni voz ni voto.

    Estaba seguro de que me había pasado tres pueblos… Y que no me volvería a hablar. Pero tenía a mi presa y no pensaba dejarla escapar.

    -Entiendo – respondió al fin.

    -¿Qué entiendes?

    -Vas a usarlo para chantajearme.

    ¿Con algo como eso? Y yo pensando que el crío era yo.

    -¿Eres mujer adulta y ni si quiera sabes eso? Ahora haré contigo lo que me de la gana.

    Espere respuesta un tiempo como un imbécil…

    -Mañana, cuando vuelvas del trabajo, vistete únicamente con tacones y medias mientras estés en tu apartamento. ¿Lo has entendido?

    La respuesta tardó en llegar…

    -Sí amo

    ****

    Estaba asustada. Asustada y extrañamente excitada. Lo que se había comenzado como un juego había logrado tocar resortes dentro de mi que ni si quiera sabía que estuvieran ahí. Me aterraba la idea de que ese mocoso le mostrará el vídeo masturbándome a sus amigos y al mismo tiempo la simple idea de que esos mismos chicos dijeran todo tipo de obscenidades o se corrieran viéndolo me calentaba.

    El hecho de darle cierto poder sobre mi o de haberle llamado Amo, también.

    Esa mañana intenté aparentar normalidad en la empresa. Era, bueno, soy una alta ejecutiva que debó demostrar cada día que no estoy ahí porque mi papi me pusó ahí. Los hombres, como mi propio hermano, lo tienen mucho más fácil.

    Estaba ansiosa por llegar a casa y hacer lo que me había pedido.

    Únicamente tacones y medias hasta que él viniera, que ni idea de cuando sería.

    Me vi en el espejo y vi a una extraña siguiendo algún tipo de extraño fetichismo.

    Llegó tarde, tranquilo y con calma, como si tuviera mucha más edad de la que en realidad tenía, como si pudiera controlarse mucho mejor que yo. Me observó largo y tendido…

    -A cuatro patas, perra.

    Obedecí. Sí, obedecí. Me coloqué en esa posición tan humillante, como nunca antes había estado con hombre alguno, y dejé que me penetrará una y otra vez, una y otra vez…

    Por cierto, los comentarios y críticas, tanto buenos como malos, los prefiero al correo. Muchas gracias.

  • De corrida en corrida a la hija se le iba la vida

    De corrida en corrida a la hija se le iba la vida

    La noche que su mujer se fugó con Juan, un veinteañero, Agustín, agarró una borrachera de coñac de las que hacen época.

    Estaba en la cocina de su casa, una casa de aldea de una sola planta, que tenía tres habitaciones, una cocina de piedra (lareira) y un hueco que era cocina y comedor en el que había una mesa con cuatro sillas. Al fondo tenían la masera… La casa estaba hecha con piedras, mucho barro y poco cemento. Las paredes estaban sin revestir y las telas de araña formaban parte del decorado, y es que las limpiaban por el día y las arañas volvían a hacer sus telas por la noche.

    Agustín estaba sentada a la mesa con la botella de coñac y una copa encima de ella. Tina, su hija, viendo el estado de su padre, le quitó la botella de delante.

    -Ya está bien, padre.

    Agustín no se quitaba de la cabeza a su mujer.

    -¡La puta que la parió! Tanta miseria lleve cómo cabreo deja.

    Tina, que calzaba unas sandalias y llevaba puesto un vertido azul que le llegaba a los tobillos, a pesar de ser verano, le dio la razón.

    -Sí, ese chico las va a pasar canutas con una mujer cómo mamá. No sé que vería en ella.

    -¿Y ella que vio en él? -se levantó, bajó a cremallera de la bragueta y sacó la tranca- ¿Tiene ese mocoso una tralla cómo esta?

    Tina, vio colgando el cipote de su padre y se piso colorada.

    -Guarde esa cosa, padré.

    Lejos de taparse, Agustín, que tenía 50 años, fue junto a su hija, que con 20 años aún no había visto una polla delante, y le dijo:

    -Toca, toca, ya verás que textura.

    A Tina le dio la risa.

    -¡Quité, quite, padre!

    -Toca, mujer, toca.

    -No me gusta…

    -¿Ya tocaste alguna?

    -¡Noooo!

    Volvió a insistir.

    -Toca, toca que no muerde.

    -No quiero, me da vergüenza.

    Agustín cogió con su mano la pequeña mano de su hija y se la llevó a la verga. Tina, temblando, la cogió. Agustín, le dijo:

    -¿A qué llena a cualquier mujer?

    -Es muy grande y muy gorda. ¡A mí me reventaría!

    Soltó la verga.

    -¿Tienes el coño estrechito?

    -Sí.

    -¿Muy estrechito?

    -Sí, muy, muy estrechito.

    -Se me hace la boca agua. Deja que te lo coma.

    Tina volvió a echarse a reír.

    -¡Noooo! ¡Qué soy su hija, padre!

    – ¿Y qué? Menéamela.

    Tina, que no paraba de temblar y de humedecerse, le respondió:

    -No sé hacerlo.

    -Yo te digo cómo se hace y cómo se mama si quieres mamarla.

    -Es que no sé hacer esas cosas, pero tampoco quiero saber cómo se hacen.

    Le volvió a coger la mano.

    -Esté quieto.

    Le decía que estuviese quieto pero no se alejaba de él. Le gustaba aquella situación.

    -¿Deja luego que te coma el culo?

    Tina se extrañó de la proposición.

    -¡¿El qué?!

    -El culo.

    -No sabe lo que dice, padre.

    -Sé, sé. ¿Y las tetas? ¿Me dejas comerte las tetas?

    Agustín le quitó la botella y a morro echó un trago de coñac. Tina, le volvió a quitar la botella.

    -Deje de beber, padre, deje de beber que le puede dar algo, y guarde esa cosa.

    -¿Guardarla? Voy a pasearme así por la aldea para que todo el mundo sepa lo que dejó la desgraciada de tu madre.

    Se iba hacia la puerta. Tina lo sujetó por la cintura, y le dijo:

    -No haga tonterías, padre. ¡Lo llevarán preso!

    Agustín, sintiendo las tetas de su hija apretadas a su espalda, le dijo:

    -¡Suéltame, pequeña, suéltame que te la estás jugando!

    -Guarde la polla y lo suelto.

    La guardó y lo soltó.

    -Dame la botella.

    -No.

    Agustín estaba fuera de sí.

    -¡Dame la botella o te meto un bocado en una teta!

    Tentada estuvo a no dársela, para ver que hacía su padre, pero se la dio. Se sentó en una silla junto a la cocina de piedra, sobre la que se quemaban unos troncos. Agustín, sentado otra vez a la mesa, le dijo:

    -Así me gusta. Una hija debe obedecer a su padre.

    -No me quedaba otra.

    Agustín le iba a contestar pero devolvió todo lo que había comido y bebido ese día. Tina fue junto a él, y le dijo:

    -Se veía venir.

    Agustín seguía teniendo arcadas y no era capaz de hablar.

    Cuando acabó de vomitar, Tina, fue a por unos trapos y limpió el vómito del piso de cemento… Después puso sobre un tres pies una olla de agua a calentar para que se bañase y sobre la piedra una cafetera con agua para que su padre se despejase. La casa olía que apestaba. Tina echó unas ramas de eucalipto al fuego para que se fuese la peste, y se fue. Agustín, casi despejado, tenía el cuerpo fatal, le dijo a Tina:

    -Gracias, hija, no sé que haría sin ti.

    -Lo que va a hacer por mí es bañarse y tomar una taza de café bien cargado.

    -Sí, pequeña, sí, lo haré.

    -Tal y cómo está, si no lo hace…

    -Deja de mirarme. ¡Estoy asqueroso!

    -¿Se las apañará solo?

    -Si, bonita, sí, vete a dormir.

    Minutos más tarde, el agua caliente seguía en la olla. Agustín se había tomado una copa de coñac, suficiente para volver a agarrarla. Tina, lo oyó echar maldiciones de nuevo.

    Cristina. Tina, era una chica alta, entrada en carnes sin llegar a estar gorda, morena, de ojos color avellana, guapa. Su cabello negro le llegaba a la cintura. Tenía buenas tetas y buen culo.

    En bragas y camiseta blanca ajustada al cuerpo, llegó junto a su padre, y le dijo:

    -La remató. Le voy a preparar el baño.

    Agustín, que era más alto que su hija, moreno y de complexión fuerte, la miró y vio que por los lados de las bragas le salían pelos negros. Su hija debía tener un coño deliciosamente peludo. Después se fijó en los pezones marcados en la camiseta, y le preguntó:

    -¿Me vas a bañar vestida así?

    -¿Lo provoco? Si lo provoco voy a poner el vestido.

    Agiustín, le mintió.

    -No, no hace falta qe te pongas el vestido.

    Poco después… Agustín, desnudo, con una pastilla de jabón en la mano, y balanceándose de un lado al otro, se metió dentro de la tina, y le dijo a su hija:

    -Se mueve todo.

    -Es usted el que se mueve, padre.

    -¡Pues sujétame, coño! -se enjabonó el torso, peludo cómo el de un mono- Echo de menos a la hija de puta.

    Tina sujetó a su padre por la cintura, y le dijo:

    -No debía, le metió los cuernos.

    -Ya, pero cuando follaba, follaba bien.

    -¡Padre!

    Enjabonando la tranca, le soltó:

    -Es la verdad, aunque ya hacía un mes que no me follaba.

    -¡¡Padre!!

    -Échame agua con la regadera y deja de escandalizarte que tú bien oías sus gritos al correrse. Por cierto. ¿Qué hacías al oírlos?

    -Desear estar en su sitio, no.

    -¿No te hiciste algún dedito?

    Tina miró a su padre con cara seria, y le respondió:

    -Cómo siga por ese camino lo dejó solo.

    Agustín, no podía bañarse sin ayuda.

    -Me callo, me callo.

    Tina duchó a su padre, que se frotó el cuerpo y la tranca sin que se le pusiera dura aunque de vez en cuando le mirase para los pelos que sobresalían de las bragas blancas, para los pezones y para su culazo. Le dijo:

    -Eres muy guapa, Cristina.

    Tina lo vio venir de nuevo.

    -Salga de ahí y séquese.

    Agustín se puso mimoso.

    -¿Duermes hoy conmigo?

    -Está borracho, padre, si no lo estuviera no me diría eso.

    Su voz sonó melosa.

    -Quiero hacerte cositas.

    Tina, sabía que no era el día para dejarle hacer cositas.

    -¡Ahí se queda!

    Tina volvió a su habitación. Agustín, mal y cómo pudo, se fue a la suya, donde durmió desnudo y por encima de la colcha.

    Al otro día, Agustín, se levantó con un dolor de cabeza espantoso. Se vistió y fue a desayunar. Tina estaba tomando una taza de café en la cocina. Seguía vestida con las bragas y la camiseta, le dijo:

    -Tengo la cabeza cómo un bombo.

    -Es la resaca, padre. Hoy era mejor que no fuera a trabajar al aserradero.

    -No puedo quedar en casa. Hay mucho trabajo atrasado.

    Tina se levantó para hacerle un café y Agustín volvió a ver los pelos que sobresalían por los lados de sus bragas blancas. Le preguntó:

    -¿Hice alguna estupidez anoche, hija?

    -¿Por qué lo dice?

    -Coño, de llevar la ropa hasta los pies a andar desnuda por la casa hay un buena diferencia.

    Tina, sonrió.

    -Tanto cómo desnuda…

    Agustín sabía bien lo que hiciera, pero quería saber el grado de cabreo que tenía su hija con él.

    -¡Para lo qué te falta! ¿Hice alguna estupidez?

    -Si, padre, una.

    -¿Te metí mano?

    A Tina se le escapó una carcajada, acto seguido le dijo:

    -¡Nooooooo! Anoche no pasó nada entre usted y yo.

    -¿Entonces cuál fue la estupidez que hice?

    -Beber de más, padre, beber de más.

    -Dime una cosa, hija. ¿Ayer noche estabas vestida con esa misma ropa?

    -Sí.

    -¡¿Y de borracho no quise hacer nada contigo?!

    -Quiso, padre, quiso.

    -No me extraña.

    En la boca de Tina se dibujó una sonrisa.

    -¿Por qué lo dice?

    -Por nada, hija por nada -se bebió el café-. Me voy a trabajar. ¡Y vístete!

    El tiempo en las aldeas era pesado cómo el plomo. La rutina era odiosa… Del trabajo a casa y de casa al trabajo. Diversiones, pocas, la taberna, polvo para la gente casada, pajas para la gente soltera, el día de la fiesta y poco más, bueno, alguna puta que se follaba todo lo que se movía siempre había, pero incestos, los incestos eran motivo casi de lapidación.

    Agustín, pasados un mes del abandono, ya lo había asumido, lo que no asumía era pasar sin coño. Andaba caliente todos los días. El trasero de su hija lo traía de culo y el recuerdo de los pelos saliendo de sus bragas y los pezones marcados en la camiseta lo traían loco.

    Una noche, Agustín, llegó a casa con una docena de espárragos, media docena de zanahorias y cuatro pepinos, que iban de mayor a menor grosor y largura, Tina, llevando el vestido azul que le llegaba a los tobillos, estaba sentada a la mesa con un vaso de vino tinto delante, le preguntó:

    -¿Quien le dio eso?

    -Toño, son de su huerta. ¿Qué haces tú bebiendo vino?

    Tina recordó el momento en que se corriera con el dedo que se hiciera pensando en su padre, y le respondió:

    -Recuperando líquidos.

    -Éso se hace con agua. Después de un día de calor se bebe agua.

    -O leche.

    -La leche engorda.

    -Sí que engorda, sí. El mes pasado me quiso engordar, padre.

    Agustín hizo que se ponía nervioso.

    -¿Qué te hice, hija?

    Tina se había cansado de esperar para follar con su padre y comenzó a montarse una película.

    -No se preocupe, fue culpa mía. No me pude resistir a chuparle su enorme verga cuando lo bañe.

    Agustín, le siguió la corriente.

    -¡Qué cabrón! Te lo pedí yo. ¿A qué sí?

    -Sí.

    Agustín, sobre actuando, se echó las manos a la cabeza.

    -¡No tengo perdón de Dios! ¿Me puse guarro al no levantarse mi polla?

    -Bueno…

    Agustín se tiró en plancha a la piscina. Sabía que estaba llena de agua.

    -¿Te dije que te quería comer el coño?

    -Sí.

    -¿Y el culo?

    -También, y me quedé con ganas de que me comiera el coño y el culo.

    -¡¿Querías que jugara contigo estado borraho?!

    -Sí, padre.

    La voz de Agustín sonó autoritaria.

    -¡Tira para tu habitación! ¡¡No te quiero ver delante!!

    Tina, por primera vez, no le izo caso a su padre.

    -El cuerpo me pide fiesta.

    Agustín, sacó el cinto, arriesgándose a que se jodiera el invento. Con el brazo en alto y el cinto en la mano derecha, le dijo:

    -¡Tira para tu habitación o de dejo el culo a rayas!

    Tina se puso en pie, levantó el vestido, se bajó las bragas, Agustín, con el brazo en alto vio el tremendo bosque negro que rodeaba el coño de su hija, y luego su blanco culo, al darse la vuelta. Se apoyó en la mesa con una mano, y mostrándole las nalgas, le dijo:

    -Si no es a usted se la voy a dar a otro, padre. Ando muy caliete, y todo fue culpa suya. Ahora pegue si quiere pegar.

    Agustín ya la tenía morcillona. Volvió a sobre actuar.

    -¡Tú lo has querido!

    Le dio cuatro veces con el cinto.

    -¡Chasss, chassss, chassss, chasssss!

    -¡Ahora tira para tu habitación!

    Cristina, que aún sobre actuaba más que su padre, se levantó, y llorando lágrimas de cocodrilo se fue corriendo para su habitación.

    A la media hora salio con las misma bragas y la misma camiseta del día en que se fugara su madre. Agustín, sentado en una silla al lado de la lareira, babeando, volvió a ver los pelos negros saliendo por los lados de las bragas, los pezones marcados en la camiseta y se puso palote… Y más que se iba a poner al sentarse Tina sobre sus rodillas, rodear su cuello con los brazos, y decirle:

    -No se debe pegar a una mujer para calentarla -ya lo tuteó-. O juegas conmigo o salgo vestida así a la calle.

    Agustín, dejó de actuar. Le comió la boca a su hija, después se levantó, la cogió en brazos y la sentó sobre la mesa, le pasó la llave a la puerta de la casa, y volvió a su lado. Tina se echó hacia atrás y dejó las piernas colgando. Le quitó las bragas y cogió en la encimera, (donde estaban el tarro de la sal, el del azúcar y el tarro de la manteca) un espárrago de los que había traído. De dos mordiscos dejó solo el tronco, le levantó las piernas hasta sus hombros, y con el espárrago fue acariciando su clítoris y sus labios, labios que se fueron abriendo poquito a poco. Su vagina era estrecha. Metió en ella la mitad del espárrago e hizo círculos dentro. Tina, dijo:

    -¡Uuuuuuuy que gustito, padre!

    Lo quitó húmedo de jugos, mordió un trocito, lo masticó y lo tragó, después le dio otro trocito humedecido a ella, Tina lo mordió lo masticó y lo tragó. Su coño mientras esto hacían se empapó. Después se lo metió todo dentro de la vagina y la siguió follando con él. El coño se adaptó al espárrago y lo apretaba cómo si fuera una polla delgadita. Cuando lo quitó estaba empapado de jugos mucosos, mordió, la mitad y le dio la otra mitad a Tina. Lo comieron mirándose a los ojos. Luego. Agustín, sacó la verga, cogió una zanahoria, la metió dentro del tarro de manteca y luego le metió la puntita en el culo… La sacó, mordió la puntita y se la comió. Tina ya no paraba de gemir. Agustín frotó su glande mojado contra el clítoris al tiempo que metió y sacó la zanahoria en su culo se su hija… Al rato, Tina, exclamó:

    -¡Me voy a correr, padre!

    Agustín le quitó la zanahoria del culo y le dio un mordisco.

    Fue ver como se comía la zanahoria y salir de su coño un espectacular chorro de meo que dejó empapado la camisa y el pantalón de Agustín. Detrás del meo salieron jugos. Se corrió cómo una perra.

    Al acabar de correrse, le dijo:

    -¡¡Pedazo de corrida!! En mi vida me había corrido así.

    -La primera corrida es la más floja.

    Tina, se sorprendió.

    -¡Joder! ¡¿Cómo serán las otras?!

    La cogió al hombro, cómo si fuera un troglodita, la llevó a la habitación y la tiró sobre la cama. La verga se le había bajado un poco. Salió de la habitación y cuando volvió a ella traía en la mano un pepino delgado.

    A Tina también la ponían las guarradas. Saliera bien puta, le dijo:

    -Quiero que me comas el culo, padre.

    -Antes quítate la camiseta, ven y ordéñame.

    Tina se quedó en cueros. Sus tetas eran cómo melones, y tenía dos bosques de vello negro, uno pequeño en las axilas y otro rodeando el coño. Se puso en cuclillas delante de su padre y metió la cabeza de la polla en la boca. No sabía mamar, pero ella mamó, mamó, y mamó hasta que Agustín cogió la polla, se masturbó, y cuando sintió que se iba a correr, le dijo:

    -Abre la boca y cierra los ojos.

    Tina abrió la boca y cerró los ojos. Agustín, la había engañado, en vez de correrse en su boca se corrió en su frente, en sus ojos, en su cara… Su corrida fue cómo la de un caballo, le dejó la cara perdida de leche.

    Al acabar de correrse su padre, Tina, se levantó. Agustín la cogió por los pelos, tiró su cabeza hacia atrás y lamió la leche de la cara de su hija, para después besarla con lengua y hacer que también se la tragase. Cuando dejó de besarla, y mientras se desvestía, le dijo Tina:

    -¡Que asqueroso eres, padre!

    -¿Te gusta que lo sea?

    -¡Me encanta que lo seas!

    Tina, se echó boca abajo sobre la cama. Quería que le comiera el culo y se puso en posición. Agustín, en pelotas, con la polla colgando, fue a la cocina y volvió con el tarro de azúcar y la manteca. Subió a la cama y le dio un masaje con la manteca, desde el cuello al culo, ojete incluido. Mientras sus fuertes y grandes manos masajeaban el cuello, los hombros, las costillas, la espalda y el ojete, en la que entraron hasta tres dedos, Tina, se deshizo en gemidos. Luego, Agustín, espolvoreó el azúcar sobre su cuerpo y empezó a lamerle el cuello. Tina llevó una mano al coño y se comenzó a tocar. La lengua de Agustín recorrió su columna vertebral desde el coxis a la primera vértebra, luego lamió cuello, hombros, espalda… Y llegó al culo, lamió el azúcar y la manteca de las nalgas, luego las abrió con las dos manos, Tina elevó el culo, Agustín lamió su periné y metió su lengua dentro del ano. Tina, le dijo:

    -¡¡Sigue, padre, sigue que me corro!!

    No siguió, metió el pepino en la manteca y se lo fue metiendo en el culo, cuando iba por la mitad, Tina, exclamó:

    -¡¡¡Me corro, padre!!!

    Se comenzó a sacudir y a retorcer. Sus gemidos eran cómo alaridos de placer… Tuvo un orgasmo anal espectacular.

    Al acabar quedo cómo muerta. Agustín le quitó el pepino del culo, le dio un mordisco, y le dio la vuelta. Tina seguía con la mano sobre el coño. Se la cogió, la miró y vio que estaba empapada de jugos mucosos, los lamió y después la beso. Tina, le dijo:

    -Estar contigo es algo guarro, pero mágico.

    Agustín la volvió a besar. Y de nuevo comenzó a masajear su cuerpo con manteca. Esta vez masajeó su cuello y luego las tetas, más de cinco minutos estuvo masajeando sus grandes tetas con pequeñas areolas marrones y bellos pezones, que al acabar de masajearlos estaban duros y erectos. Luego masajeó su vientre y del vientre bajó al coño, que estaba encharcado de jugos… Volvió a espolvorear azúcar y a lamer. En las tetas estuvo lamiendo y mamando y magreando largo rato, luego se metió entre las piernas de su hija y le lamió el coño, que más que coño parecía una piscina de lo mojado que estaba. Con la primera lamida, le dijo:

    -Me voy a correr otra vez, padre.

    Agustín no quiso que se corriera tan pronto. Con la puntita de la lengua lamió con sutileza el glande del clítoris, con tanta sutileza que lo rozaba muy, muy, lentamente. A cada diminuto rocé sentía los dulces gemidos de su hija. Su verga se fue poniendo dura. Así estuvo largo rato, viendo cómo su hija gemía y apretaba las sábanas con las dos manos. Llegó un momento en que los gemidos y la respiración de Tina le avisaron de que se iba a correr. Apretó la lengua contra el clítoris y lamió de abajo a arriba con rapidez. Tina levantó la pelvis hasta las nubes y volvió a soltar un chorro de meo que le llenó la boca a su padre. Lo estaba echando fuera cuando sintió caer en su boca otro líquido calentito y más espeso. Agustín se tragó toda la corrida de su hija mientras ella se retorcía. Tina quiso romper las sábanas con sus manos y mordió con rabia la almohada. El orgasmo había sido brutal.

    Otra vez se quedó cómo muerta. No daba ni tenía, quien tenía, pero un empalme bestial, era Agustín… O metía o reventaba.

    Cando Agustín se arrodilló entre sus piernas, la cogió por la cintura y la levantó, (aun con el coño abriéndose y cerrándose) y puso su verga en la entrada de su coño, Tina, le dijo:

    -Esto me va a doler, padre.

    Agustín, frotó la verga en el coño mojado, luego bajó al ojete y empujó, sin llegar a meterla, Tina le dijo:

    -¡Por ahí no, padre!

    Siguió frotando la verga contra el coño. La paró enfrente de la vagina, y luego empujó. No entraba. El coño era demasiado estrecho y si se la metía la iba a romper.

    Volviéndosela a frotar, le dijo Agustín a su hija:

    -Va a ser mejor que me la vuelvas a chupar.

    Tina, se puso brava.

    -¡Mete, coño!

    -Te voy a romper, cariño.

    -Rompe .

    -¿Estás segura?

    -¡Qué rompas, hostias!

    Le clavó la punta. Tina volvió a agarrar las sábanas con las dos manos. Apretó los dientes y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no se quejó. Agustín le preguntó:

    -¿La quitó?

    -No, métela un poquito más… Más… Más…

    Agustín se la metió hasta el fondo, y le preguntó:

    -¿Te duele mucho, hija?

    Vio que estaba llorando, pero su respuesta lo dejo abobado.

    -Métela más, padre.

    ¡Qué diablos iba a meter si ya la tenía toda dentro del coño! Cómo no le metiera los huevos…

    Comenzó a meter y sacar muy, muy despacito, y a Tina, al rato, le empezó a gustar… Metiendo y sacando, y cogiéndola por la cintura, (ahora con un solo brazo) le acarició el clítoris con el dedo pulgar. No tardó en decirle:

    -¡¡¡Me cooooorro!!!

    Media hora después, ya se corriera tres veces más… Con el coño engrasado, la polla entraba y salía muy apretada, pero les producía un placer inmenso.

    Agustín, llegó un momento en que no aguantó más, Tina se lo notó en la cara, y le dijo:

    -Lléname el coño de semen, padre. Quiero ser tuya para siempre.

    Dicho y hecho, Agustín le llenó el coño de leche a su hija con una de sus corridas de caballo, Tina sintiendo la leche calentita se corrió con su padre.

    Quique.

  • Aquí cuento a modo de resumen algunas de las cosas que hice

    Aquí cuento a modo de resumen algunas de las cosas que hice

    Mis confesiones.

    1. Perdí la virginidad (vaginal y anal) con un amigo de la familia, al menos 20 años mayor que yo, esa fue la única vez que tuve sexo de esa forma.

    2. Di sexo oral a varios hombres (aunque solo a uno más de una vez), en la mayoría trague el semen y no me disgusto hacerlo.

    3. También probé los jugos de una chica (varias veces a la misma).

    4. He tocado y me he dejado tocar íntimamente por una chica varias veces (la misma del punto anterior) con otra solo una vez.

    5. Me masturbo desde muy joven, he llegado a hacerlo 4 veces en un mismo día, me gusta hacerlo en general uso mis propios dedos pero he usado objetos en alguna ocasión, a veces me he metido dedos en la cola y en la vagina a la vez.

    6. He jugado varios tipos de juegos strip (en los cuales si perdés te tenés que sacar la ropa y después realizar algún tipo de prenda) en general solo entre mujeres pero en un par de veces también con chicos.

    7. Me gusta ver gente desnuda siempre que puedo y me da morbo exhibirme, una vez mostré mi vagina y cola al chófer del micro en el que iba (me vio por el espejo), me encanta cuando puedo hacer que gente a la que conozco se saque la ropa sea a través de los juegos o simplemente convenciéndolas.

    8. He dado sexo oral en un boliche y he hecho cosas similares en otros lugares con riesgo de ser vista.

    9. He tenido amigos con beneficios en más de una ocasión (aunque lo único sexual que hice fue hacérselos con la mano).

    10. Recientemente participe de un trio lésbico con madre e hija, los detalles los contaré en un relato próximo.