Autor: admin

  • Café pagado

    Café pagado

    Que esto empezara porque sonó el timbre, fuera yo a abrir la puerta, la abriera y viera a Sarai, tan morena, la cara tan redonda, sonriente, vestida con un top y una mini falda, frente a mí, pidiendo, su voz tímida: «Vecino, ¿me dejas café?», es algo extraordinario; más si cabe porque en estos momentos me la estoy follando:

    «Oh, oh, uff, uff, oohh, oohh».

    Sarai entró, porque le pedí que lo hiciera mientras buscaba el paquete de café en el mueble despensa que tengo en el salón, y se sentó en un sillón a mirarme. Yo tardaba. Dijo: «Vecino, te ayudo»; y se acercó; tanto que nuestros rostros se rozaron, y ella me plantó un beso en la mejilla. «Sarai», la reprendí, «te doblo en edad»; y me plantó otro beso, esta vez en los labios. Y no dudé: la tomé con una mano de la nuca y atraje su cabeza hacia la mía. Nos besamos largamente. Las manos de ella me palpaban la polla bajo mi pijama; las mías, le acariciaban las tetas bajo el top. «Sarai, qué ganas», le susurré; «¿Una folladita?», me propuso. Fuimos a mi dormitorio. Nos desnudamos. Ella se acostó bocarriba en mi cama; las piernas, finas como patas de gacela, abiertas; el coño, expuesto; y yo pues…

    («Aahh, vecino, aahh, me gusta-a-ahh»)

    pues eso, ¡que me la estoy follando!:

    «Mmpf, mmpf, oougghh».

    «Vecino-oh, no te corra-aahhs dentro-oh», me ha pedido entre jadeos. Ella ha notado que estoy a punto de explotar. He sacado la polla del coño. He escalado sobre su bello cuerpo, aplastándole las tetas con el culo, y le he puesto los cojones en la barbilla. Sarai ha sorbido la polla entre sus labios y avanza y retrocede sobre el tronco con tierna sensualidad y soltura. «Oougghh». El semen he derramado. Sarai, con los ojos cerrados y una sonrisa de satisfacción lame el glande y se relame. El moco blanco y espeso le ha salpicado en la cara.

    Sarai, cuando me he apartado, se ha limpiado con la sábana, ha saltado de la cama y se ha vestido, veloz. He hecho lo mismo, y se ha plantado delante de mí: «Dame veinte euros», ha dicho; «¡Cómo!»; «Que te cobro veinte euros»; «Pe-pero yo… no sabía que…»; «Oye, mira, yo soy pobre, ¿tú has disfrutado?, me pagas, que nada es gratis»; «Que-querías café…»; «Me gusta más la horchata, anda, paga, veinte euros». He sacado mi cartera de un cajón y le he dado cincuenta euros.

    Sarai se ha ido, dejándome el recuerdo de este día: dará para hacerme muchas pajas.

  • Vacaciones con mis amigos y mi novia (Parte 3)

    Vacaciones con mis amigos y mi novia (Parte 3)

    Alex y yo estábamos sentados en las tumbonas, viendo a Ori, Gina y Valeria nadar en la alberca. Estábamos hablando de qué íbamos a hacer ahora que habíamos acabado la universidad, pero ninguno de los dos sabía muy bien que hacer.

    —¿Entonces no tienes nada planeado? —me preguntó Alex.

    —La verdad es que no. Lo he estado discutiendo con Ori, pero ella tampoco sabe muy bien que hacer. Supongo que buscare empleo y ahorrar para irme a otro país.

    —Buen plan, quizá lo haga también.

    —Sí, pero… —me detuve, pues no quería decir lo que me incomodaba.

    —¿Qué pasa?

    Suspire y conteste.

    —Es Ori, ella quiere… que vivamos juntos.

    —Wow, eso es grande. Un gran paso, la verdad.

    —La cosa es…que no quiero hacerlo. No con ella al menos.

    —¿Por?

    —Pues veras, últimamente ha sido muy controladora conmigo. Y estoy casi seguro que lo va a ser más si vivimos juntos. ¿Te conté que estuve viviendo un tiempo en su casa?

    —No, ¿qué paso?

    En ese momento Jimena pasó frente a nosotros con un tapete de corcho. No pude evitar mirarla, llevaba puesto una blusa negra ajustada y un pantalón de licra azul con rayas verdes. Se dirigió hacia el otro lado del jardín y dejó el tapete en el suelo. Desde que habíamos llegado no faltaba un día en que hiciera un poco de ejercicio. No era tan complejo, sólo hacia unas cuantas planchas, abdominales, sentadillas y de vez en cuando ejercicios de resistencia. Quizá no era una rutina tan demandante, pero al menos le daba resultados, como ya había visto.

    —Sus papás estuvieron unos días fuera —continúe regresando la mirada con Alex—. Así que me invitó a quedarme toda esa semana ahí.

    —Oh, sexo todos los días entonces eh —dijo mi amigo con una sonrisa.

    —Sí, al principio pensé que igual sería increíble. Pero las cosas se pusieron raras con ella —respondí con una mueca—. Me hacía de comer, lo cual al principio estaba bien, pero empezó a insistir que comiera, que no haríamos nada hasta que terminara de comer y se enojó la única vez que me levante sin comerme el sándwich que me hizo, no tenía hambre ese día. Un día me levante temprano y me fui a la sala a leer un rato, ella despertó y pensó que me había ido o algo, me lanzó mi zapato cuando me encontró unos cinco minutos después, alegando que la había espantado porque no desperté a su lado.

    —Wow, sí que se oye mal.

    —Incluso una vez que estábamos haciendo juegos previos dejó de querer después de que hice un comentario de que no había podido hacer muchas cosas con otras novias que le hacía a ella.

    —¿Y eso la enojo?

    —Literalmente se levantó del sillón donde estábamos, se metió en el cuarto y me dejó fuera toda la noche. Tuve que dormir en el sillón y cuando me abrió la puerta me dijo que estuvo llorando toda la noche por mi culpa.

    —¿Un poco intensa no crees?

    —Y eso fue sólo una semana, imagínate vivir con ella en serio.

    —¿Has pensado en terminar con ella?

    Esa idea me había rondado la cabeza un par de ocasiones, quizá hasta más. En ese momento mire a Jimena, ella también me había comentado que debíamos terminar, pero realmente quería a Ori, no podía hacerle eso. Jimena comenzó a hacer ejercicios de estiramiento, tratando de alcanzar el piso con las manos mientras estaba de pie, al hacerlo su pantalón de licra marcó su hermoso trasero. Un pequeño cosquilleo apareció en mi entrepierna.

    —¡Oigan chicos! —gritó Gina desde la alberca.

    Ambos volteamos y vimos a Gina haciéndonos señas para entrar.

    —Vamos a jugar voleibol ¿no?

    —Ah, vale —dije mirando a mi amigo y él me sonrió.

    Fui por una pelota a la casa y ambos nos lanzamos al agua. Hombres contra mujeres, así íbamos a jugar. Al principio su ventaja numérica nos causó problemas, pero unos minutos después de empezar el partido, Gerardo se unió a nuestro equipo; para nuestra suerte Mishel decidió quedarse en una de las tumbonas a tomar el sol y leer un libro.

    En una ocasión, Valeria sacó la pelota fuera de la piscina y me tocó ir por ella. En cuanto salí de la alberca, lo primero que vi fue a Jimena en cuatro, estirando y regresando su pierna. Era una posición un poco sugestiva para mi gusto, para mi mala (o buena) suerte, la pelota había caído cerca de ella. Cuando me agache por ella, Jimena se había levantado para comenzar a hacer sentadillas. Dios, parecía que el pantalón se le iba a reventar de lo apretado que estaba.

    —¿No quieres jugar? —le pregunté con sincera amabilidad, aunque de nuevo el cosquilleo apareció.

    —No, gracias. Debo terminar mi rutina —me dijo con una sonrisa y sin dejar de hacer sentadillas—. Quizá después, si aún siguen jugando.

    —De acuerdo.

    Regresé al agua y el frío me quitó la poca excitación que había sentido, pero lo que me hizo sentir escalofrío fue la mirada de Ori. Conocía esa mirada, la misma que me había dado cuando me mando a dormir al sillón.

    Unos segundos después de que lanzara la pelota para seguir jugando, ella salió del agua y se metió a la casa, sin decir nada a nadie.

    Por un momento quería ir tras ella, pero Gerardo me lanzó agua en la cara y trague un poco debido a la sorpresa.

    —Despierta, que vamos perdiendo.

    Más por inercia que por decisión, continúe jugando. Un poco después, Mishel se metió al ver que sus amigas iban perdiendo contra nosotros, pero aun con su ayuda, perdieron.

    Algo cansados, salimos todos del agua, Jimena ya había ido a ducharse debido a que había terminado sudando del ejercicio. Valeria fue la primera en aprovechar para meterse también al baño para quitarse el cloro de la alberca. Mishel y Gerardo se fueron a bañar juntos, por lo que Gina, Alex y yo éramos los únicos que faltábamos. Nos quedamos los tres hablando un rato en la sala, pero yo estaba midiendo el tiempo. Suponía que Ori había ido a bañarse también y estaba midiendo cuanto se estaba tardando. Cuando considere que ya era suficiente, quise dejar a Gina y a Alex solos para que hablaran, esperando que mi amigo aprovechara para hacer algún movimiento con ella, pero Gina se me adelantó y se fue a su cuarto a preparar su ropa para cuando Valeria acabara. Sin más remedio, regresé al cuarto principal para también yo tomar una ducha, dejando a mi amigo solo.

    Para mi sorpresa, Ori estaba tirada en la cama, aun con el bikini puesto, el pelo mojado y una toalla húmeda en el suelo.

    —Amor, creí que habías ido a bañarte —dije bajando las escaleras.

    —¡Ah! ¡¿Ahora si te importo no?! —me dijo enojada levantando la cara, sus ojos estaban completamente rojos, pero no podía decir si era por el cloro o porque había estado llorando—. ¡Por eso te dije que no querían que vinieran!

    —¿De qué hablas?

    —Ya vi cómo las ves, a Jimena, Gina, a todas.

    —Espera, ¿de qué estás hablando?

    —Yo no soy suficiente para ti. Así que te pones a ver a otras chicas y enfrente a mí.

    Me quede de piedra con lo que estaba diciendo. Era un ataque de celos, era casi el mismo discurso que me había dado aquel día.

    —Si tanto las quieres vete con tus putas. Total, aquí yo puedo estar muriéndome en llanto y a ti ni te importa —me dijo casi gritando.

    —Amor, ellas son tus amigas, yo ni siquiera tengo nada que ver.

    —¿Y qué, eso las hace menos putas? Vi cómo le hacías ojitos a Mishel en la feria en las malditas tazas, y vaya que no pusiste objeción cuando jugamos poquer.

    —Pero tú no te puedes subir a las tazas porque te mareas, y además desde donde yo estaba parecía que también te estaba gustando —contesté ya un poco molesto también.

    —¿Y qué me dices de Valeria y de Gina? No les has quitado el ojo de encima desde que llegaron. Te la comes con los ojos.

    Abrí la boca y fruncí el ceño. Quizá era cierto que quien había visto en unas cuantas ocasiones había sido Jimena, pero ¿Valeria y Gina? Nunca lo había hecho, o bueno Valeria el primer día nada más, una vez; pero de eso a lo que me estaba diciendo Ori era muy diferente.

    —Yo no he hecho tal cosa, estoy contigo y…

    —Y es mi culpa ¿no? Por acceder a traer a mis amigas tan buenas para que el señorito se pudiera deleitar el ojo. Si hubiéramos venido solos como te dije…—no terminó la frase pues se puso a llorar.

    Pero en vez de sentir pena, sentía hartazgo y molestia. Lo estaba volviendo a hacer, intentaba manipularme, me quería hacer sentir culpable, quizá al principio de la relación había cedido, pero ahora…

    —Ori…

    —Olvídalo quieres —me dijo y se metió al cuarto de baño y comenzó a llorar.

    Una parte de mí sabía que sus lágrimas eran reales, que en cierta forma le lastimaba lo que estaba haciendo, pero otra parte de mí se dijo que no podía dejar que siguiera pasando esto en la relación, era demasiado dependiente de mí, y eso estaba mal en muchos sentidos.

    Irritado, decidí salir de la habitación. Necesitaba aclarar mi mente, quería hablar con alguien, así que me dirigí a la habitación de Alex.

    Cuando llegue a la puerta estuve a punto de tocar, pero note que mi amigo estaba en el pasillo, pegado a la pared.

    Me acerque extrañado, pues estaba cerca del cuarto de Gina y Valeria. No me oyó llegar así que dio un salto cuando le toque la espalda.

    —Oye, tienes un segundo…

    —Shhhh

    Casi de inmediato me tapo la boca para callarme.

    —Mira esto —me susurró señalando el cuarto de las chicas.

    Haciéndome un pequeño espacio para ver, me adelante. La puerta del cuarto estaba entreabierta, dejando ver en el interior. En la cama, estaba Gina acostada, aun usando su bikini de top azul con rayas blancas y con una gorra en la cabeza volteada hacia atrás, y con los ojos cerrados se estaba masturbando. Al verla me quede con la boca abierta, su mano izquierda había hecho a un lado la parte inferior del bikini, el cual era de un color crema, y con su otra mano sobaba su entrada con un ritmo pausado. Abría y cerraba las piernas en señal de que gozaba lo que estaba haciendo y unos ligeros gemidos salían de su garganta.

    —¿En serio la estás espiando? —le susurre a mi amigo volteándolo a ver.

    —Iba a hablar con ella para pedir que saliéramos a una fiesta esta noche como una cita, pero así estaba la puerta cuando llegue —me susurró de vuelta y luego clavando su vista en ella.

    —¿Cuánto tiempo llevas aquí?

    —Un bueeen rato —dijo sin despegar la mirada de Gina.

    Sin poder evitarlo, yo también la observe. Una parte de mí sabía que estaba mal mirar a escondidas a una chica mientras se masturba, pero una extraña sensación de excitación se apoderó de mí. Aun no estaba seguro si había imaginado a Jimena viéndome tener sexo con Ori, pero si realmente lo había hecho, entendía porque. La excitación se combinaba con la adrenalina de ser descubierto, era increíble.

    Los gemidos de Gina se intensificaron y su cuerpo se retorció por el gusto que estaba recibiendo. Decidió quitarse las bragas para poder utilizar su mano y apartar el bikini para poder apretar sus pezones. Mi amigo y yo estábamos hipnotizados, Gina metía su dedo dentro de su rajita y se lamía los labios con deseo.

    —Creo que deberíamos irnos antes de que nos descubra —le dije a mi amigo.

    Su mirada reflejó decepción, pero entendió lo peligroso que podía ser si se daba cuenta que la veíamos. Nos dispusimos a irnos, cuando Gina gimió algo que nos hizo detener.

    —¡Oh, Alex!

    Ambos nos miramos y casi podía jurar que teníamos la misma expresión en la cara. Regresamos a nuestra posición de vigías. Gina se mordía el dedo índice mientras su otra mano no dejaba de castigar su vagina.

    —Así, Alex, así —gemía.

    —¿Está… masturbándose pensando en mí? —susurró mi amigo con sorpresa.

    Asentí sin despegar la mirada.

    —¿No será otro Alex?

    —¿Conoce a otro? —pregunte mirándolo.

    Mi amigo sólo me vio, pero no dijo nada. Volvimos a mirar a Gina, me sentía excitado por vigilarla, pero no podía ni siquiera pensar como estaba mi amigo considerando que ella se gemía su nombre.

    —¿Qué hago?

    La sorpresa me tomó por sorpresa y lo volteé a ver.

    —¿Cómo voy a saber? No es conmigo con el que se está masturbando. Sigo opinando que deberíamos irnos, si te descubre que la estás espiando dudo que vuelva a pensar en ti cuando quiera volver a hacerlo.

    —Tienes razón, aunque…

    Hubo un momento de silencio, luego todo pasó tan rápido. Alex se adelantó y entró en la habitación. Tuve apenas un segundo para poder quitarme del marco y ocultarme antes de Gina abriera los ojos y soltara un ligero grito.

    —¡Alex!

    Mi amigo se detuvo en seco sin saber qué hacer.

    —Lo siento, quería venir a preguntarte algo, realmente lo siento —dijo algo nervioso.

    —¿C-c-cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó Gina, no podía verla, pero estaba seguro que estaba roja y sobre todo cubriéndose lo más posible.

    —Pues…un poco. No fue mucho, lo juro.

    Hubo un momento de silencio, por un momento creí que Gina le diría algo a mi amigo o que lo iba a golpear, pero fue Alex el primero en hablar.

    —M-me… halaga el hecho de que pienses en mí así. Yo… bueno, yo… también lo he hecho pensando en ti.

    Cerré los ojos, estaba seguro que iba a morir por ese comentario. No era muy halagador ni adecuado para la situación. Inesperadamente sucedió lo contrario.

    —¿En serio?

    Abrí los ojos, el tono con que había hablado de Gina sonaba pícaro, juguetón casi. Me atreví a mirar dentro, Alex había cerrado un poco la puerta cuando entró, pero quizá por las prisas no lo hizo bien, la abertura ahora era más grande que cuando él y yo espiábamos a Gina, dejándome ver mejor el interior del cuarto. Mi amigo estaba frente a la cama y Gina estaba encima, una almohada cubría su entrepierna, de seguro la había tomado cuando mi amigo entró.

    —Pues sí, un par de veces —respondió Alex.

    La cara de Gina me lo dijo todo, se mordió el labio de forma lujuriosa y movió la almohada a un lado para acariciarse un poco.

    —Vaya, que increíble coincidencia. Y por lo que veo estabas disfrutando el espectáculo.

    Mi amigo miró su entrepierna donde seguramente había una erección y contestó algo nervioso.

    —Bueno, es que estás muy buena Gina, la verdad si me estaba gustando.

    Estaba seguro que era la calentura que ya traía Gina, porque los comentarios de mi amigo serían pésimos en otra situación, pero en vez de que ella le dijera algo, se acostó bocabajo y reculo hacia Alex. Tomándolo del traje de baño, lo acercó y sin siquiera pedir permiso, se lo bajo, tomando su miembro con una mano y recorriendo todo su tronco.

    —Ya vi que sí.

    Alex sólo se dejó hacer. Gina comenzó a masturbarlo lento y una vez que hubo agarrado buen ritmo, se metió el miembro de mi amigo en la boca.

    No podía creer lo que veía, Gina le estaba haciendo un oral a Alex después de que la estuviera espiando. Era una situación que sólo veía en películas pornográficas, pero estaba pasando. Alex comenzó a mover la cadera para que su pene entrara al ritmo que él quisiera, Gina sólo abrió la boca y dejo que él hiciera el trabajo.

    Por un momento quise dejarlos solos, era un poco incómodo ver como se la comían a mi mejor amigo, pero por otro lado…me estaba excitando verlos. No lo veía tan diferente a ver porno, pensaba, pero el sonido de la boca de Gina se oía diez veces mejor en vivo.

    —¿Qué haces? —dijo una voz a mi espalda.

    Casi gritaba igual que Alex unos minutos atrás. Me di la vuelta y me encontré con Valeria recién salida de la ducha. Su cabello aún seguía mojado, dándole cierto brillo a sus puntas rosas, llevaba un sujetador sin tiras de color celeste y un pantalón negro ajustado. Al verla así el cosquilleo juguetón aumento. No era el atuendo, estaba seguro, era la situación en general.

    —¿A quién espías? —me preguntó con una sonrisa.

    —Ammmm —fue lo único que pude decir antes de que Valeria mirara por la puerta entreabierta.

    —¡Oh por dios! —susurró con una sonrisa y me miró con la boca completamente abierta—. ¿En serio?

    Sonreí apenas y asentí, luego Valeria volvió a mirar dentro de la habitación.

    —Vaya, creo que ya era hora, esos dos se traían ganas desde hace rato.

    Mientras ella veía me estaba dando la espalda y no pude evitar mirar su trasero en su pantalón tan ajustado. No pude evitarlo, la excitación me había ganado.

    —¿Y por qué estabas de espía? —me preguntó mirándome.

    —Bueno… es que… yo, digamos que no era mi plan.

    —Aja, claro —me dijo con una sonrisa y volvió a ver a Gina y a Alex—. Se ve que les está gustando.

    Valeria se recargo en el marco de la puerta y para mi sorpresa comenzó a restregarse ligeramente con ella. Me le quede mirando completamente sorprendido, ¿se estaba excitando? Dentro, los gemidos de Alex comenzaban a sonar y un chapoteo producido por la boca de Gina.

    —¿Ahora quien espía a quién? —le susurre al oído a Valeria.

    Mi comentario la tomó de sorpresa y se alejó de la puerta. Me miró un segundo y luego al cuarto.

    —¿Quieres entrar? —me preguntó mirándome.

    —¿Disculpa?

    —Entrar con ellos, si ambos los vamos a ver entonces mejor hacerlo adentro que aquí afuera como voyeristas ¿no crees?

    —Ni siquiera creo que sea una buena idea.

    —Como quieras.

    Antes de que dijera algo más Valeria abrió la puerta de par en par. Alex por instinto intentó cubrirse y Gina también lo hizo al verme parado en la puerta.

    —Tranquilos, sigan en lo suyo, sólo quería un mejor asiento —dijo Valeria sentándose en la cama a un lado de Gina.

    Gina miró a su amiga y ésta le sonrió y giñó el ojo. Gina no comentó nada, sonrió, se quitó el bikini para dejar sus pechos desnudos y miró a Alex.

    —¿Seguimos?

    Alex me miró con interrogación, yo sólo atine a alzar los hombros antes de que Gina lo jalara del brazo para continuar con la mamada que le estaba haciendo.

    —Sino vas a entrar cierra la puerta —dijo Valeria subiendo su pierna derecha a la cama y volteando la cabeza para ver como su amiga le hacia una felación a su amante mientras se tocaba sobre el pantalón.

    Realmente me saltaron muchas dudas y razones para no entrar, pero recordé la pelea que acababa de tener con Ori, el sentimiento de hartazgo hacia ella y la excitación que tenía en ese momento fue lo que me hizo entrar y cerrar la puerta detrás de mí.

    Me quede ahí parado sin saber qué hacer, me sentía como un extraño en una cena familiar. Valeria continuaba sobando su entrepierna mientras veía a su amiga saboreando a Alex. Mi amigo se quitó para tomar a Gina y colocarla sobre la cama para comenzar a comerla a ella. Gina no tardó mucho en empezar a gemir de placer.

    Valeria me volteó a ver con una sonrisa, tomó su sostén y se lo quitó por encima de su cabeza, dejando sus hermosos pechos al aire, con el dedo me pidió que me acercara. Una parte de mí quería irse, pensando que estaba mal que le hiciera esto a Ori, aun estábamos juntos, sólo había sido una pelea. ¿Qué hacía ahí? Pero no sólo era UNA pelea, habían sido varias, la forma en cómo se comportaba, tan controladora…

    Valeria tomó el borde de mi traje de baño y me jaló hacia ella. Me había acercado a ella sin siquiera pensarlo, mi cuerpo me dominaba a mí, no yo a él. Sacó mi miembro de su encierro, incluso yo me sorprendí de la enorme erección que tenía. Quise decir que se detuviera, quería detenerla, pero en cuanto sus labios tocaron mi tronco olvide todo. Me había gustado Valeria antes de Ori, y ahora su lengua recorría mi pene y no tardo mucho antes de que comenzara a chuparlo. Me miró a los ojos y ya no pude contenerme, la deseaba, su cuerpo, sus labios, sus pechos, todo de ella.

    Los gemidos de Gina aumentaron de decibeles, al parecer mi amigo le estaba haciendo un oral magistral, pero yo estaba concentrado en Valeria y la deliciosa felación que me estaba dando, tome su cabello con una mano y deje que continuara con lo suyo. Su saliva humedecía mi falo y en una ocasión intentó metérselo todo hasta la garganta, me sentí como en las nubes. Cuando se lo sacó, lo tomó con ambos manos y lo apretó ligeramente.

    —Mejor que espiar ¿no crees? —me dijo masturbándome lento.

    No contesté, la tome por la garganta e hice que subiera a mi rostro para besarla, sus labios tenían un sabor dulce, se había puesto un labial de fresa, hasta ahora había notado el rojo en sus labios. Continuamos besándonos con pasión mientras ella continuaba masturbándome. Ataque sus pezones rosados con mi lengua y mis dientes, ella sólo gimió de placer.

    —Así Alex, vas a hacer que me venga —dijo Gina entre gemidos. Podía oír a mi amigo meter sus dedos dentro de ella, Gina ya estaba muy mojada cuando la espiamos, de seguro ahora estaba inundada.

    Yo seguí en lo mío, bese el cuello de Valeria mientras metía mi mano dentro de su pantalón, trabajo difícil de lo ajustado que estaba. Cuando encontré su entrada no lo dude y metí mis dedos en ella. Como recompensa su mano apretó mi pene y su boca hizo una O perfecta. Esa expresión en su rostro, un escalofrío agradable recorrió todo mi cuerpo.

    Continuamos besándonos y masturbándonos mutuamente hasta que Gina soltó un fuerte grito, señal que había llegado al orgasmo. Valeria se detuvo un momento para ver a su amiga con una sonrisa, yo aproveche y bese su cachete y su cuello.

    —¿Todo bien? —preguntó ella sin dejar de apretar mi miembro.

    —No sabes cuánto —dijo Gina tratando de recuperar el aliento.

    Valeria sólo rio y aproveche el momento para ponerla espaldas a mí, haciendo que volviera a reír. Baje su pantalón y ella me ayudó a quitárselo levantando los pies, besaba sus piernas como dos columnas de marfil y subí hasta besar un poco su trasero antes de que se diera la vuelta y volviera a besarme. Sin aviso, me colocó contra la cama y me lanzó a ella, luego se colocó frente a mí, su boca buscando mi miembro.

    —Es que me gustó como sabe —me dijo con una sonrisa.

    Antes de que pudiera regresar a chupármelo, la tome del antebrazo y la alce a la cama conmigo, ella se dejó, intuyendo lo que quería. Colocó sus piernas cerca de mi cabeza, dejándome camino libre a su entrada, la cual no tarde en explorar con mi lengua, casi al mismo tiempo sus labios regresaron a estimular mi pene.

    Sabía bastante dulce, sus líquidos se combinaban con el olor a jabón que había usado para bañarse, lo cual me volvió loco e hizo que me esforzara más de la cuenta. Sentí algo cerca de las piernas, una mirada rápida a mi lado me dejo ver a Gina en cuatro justo a la derecha de nosotros, Alex colocándose detrás de ella y la expresión del rostro de Gina me decía que mi amigo la había penetrado.

    Al principio lo hicieron lento, pero poco a poco Alex tomó confianza y comenzó a darla bastante duro. Gina comenzó a gritar, llena de placer. La cama se movía con su ritmo y la pelvis de Alex sonaba cada vez que chocaba con el trasero de Gina.

    —Ah… así, así… dame bien duro… Ah… Alex… se siente mejor cuando lo haces tú —decía Gina, infundiéndole ánimos a mi amigo.

    Valeria y yo continuamos con lo nuestro unos momentos más, mis manos recorrieron su espalda y su cadera, su cuerpo se sentía tan suave. Levantándome ligeramente para poder liberarme, tome a Valeria de las piernas y la arrastre hacia el otro lado de la cama, colocándola boca arriba. Su rostro estaba justo enfrente del de Gina, pero su mirada sólo estaba fija en mí. Me baje de la cama y me puse de pie, tome mi miembro y jugué con el borde de su entrada.

    —Mmm… que rico —me dijo mordiéndose el labio inferior—. No puedo esperar… dámelo.

    Quise jugar con ella un poco más, así que metí la punta y luego la saque, ganando un fuerte gemido de su parte.

    —No seas así, dámelo. Lo quiero sentir —me suplico, luego hizo una expresión de una niña pidiendo un dulce—. ¿Me coges por favor?

    La pregunta me llevo a los cielos, era todo lo que necesitaba. La penetre con facilidad, pues estaba muy mojada, de nuevo su rostro cambió y su boca volvió a hacer la O perfecta. No pude más, la penetre lo más duro que podía, sus pechos subían y bajaban y ella gemía de placer.

    —Así… así… uy… que rico. No pares, no pares.

    Me atreví a mirar a mis compañeros, Gina tenía una pierna levantada sobre la cama y se pellizcaba un pezón mientras miraba a Alex, quien se esforzaba al máximo en complacerla. La cama debajo de nosotros se movía de un lado para otro, llevada por los empujones que ambas parejas hacían. Continuamos en esa posición por unos minutos, incluso Gina llegó a acercarse a darle un beso a Valeria antes de regresar su atención a Alex.

    Cambiamos de posición. Ahora yo me acosté en la cama, dejando que Valeria se empalara con mi miembro, bajo su cuerpo lo más que pudo y nos besamos mientras ella movía su cadera de arriba abajo, controlando la penetración, yo sólo tome su trasero y lo apretaba y daba nalgadas. Gina hizo algo parecido, sólo que le daba la espalda a Alex y cabalgaba su verga como toda una profesional. Los gemidos de ambas sonaron casi al unísono, de nuevo sentía que ambas chicas competían por quién gritaba más.

    Me senté sobre la cama y bese a Valeria mientras ella movía la cadera con ligereza, la flor de loto llamaban esta posición. Era una posición que me gustaba mucho, la sentía intima, ya que podía besar a Valeria sin dejar de sentir como su cuerpo se movía conmigo.

    —Dame más, quiero que te vengas en mi cuerpo —me susurró en el oído.

    De nuevo sentí un escalofrío agradable.

    Poniéndome de rodillas sobre la cama, le di la vuelta para que quedara espaldas a mí, ella por inercia se colocó en cuatro y dejándola ser, tome su cadera y la penetre de nuevo. Alex por otro lado imitó la primera posición que había hecho, poniendo a Gina bocarriba, con el añadido de ponerse sus piernas en los hombros y entrando con firmeza.

    Realmente podía decir que le estaba dando duro, la expresión de Gina lo decía todo. Valeria parecía gustarle lo que hacía, pues agarró con fuerza las sabanas de la cama y gemía con fiereza. Pero no quería verla así, sí, tenía una espalda hermosa y blanca, pero quería sentirme cerca de ella. La tome del vientre y la alce conmigo, su espalda tocando mi pecho. Ella por su parte hizo su brazo hacia atrás, alcanzando mi nuca, volteó su rostro y volvimos a besarnos mientras seguía mi movimiento de vaivén. Teníamos la estatura necesaria para que no nos fuera incómodo, así que aproveche, con una mano apretaba uno de sus pechos mientras que la otra estimulaba su clítoris. Sus gemidos fueron apagados con nuestros besos, pero aun así su garganta gruñía de placer. Creo que esa posición le estaba encantando tanto como a mí.

    —Gina… m-me… me… vengo —decía Alex entrecortado.

    —Dámelo todo, no te dejes ni una gota.

    Alex bajó las piernas de Gina y sacó su miembro. La corrida fue bastante sustancial, Gina apretaba sus pechos y sacaba la lengua para tomar todo lo que podía, con una enorme sonrisa en el rostro.

    —Valeria… —dije sintiendo también el orgasmo llegar.

    —Hazlo, lo quiero.

    Ella fue la que se salió y se acostó en la cama. No necesite estimulación para nada, la corrida vino sola, unos segundos más y quizá hubiera terminado dentro de ella. Valeria la recibió igual con una sonrisa, su cara de satisfacción hizo que mi orgasmo durara un poco más de lo habitual, además del hecho de que había más que placentero. Había cogido con Valeria, una chica que me había gustado desde hace mucho.

    Ella terminó de limpiar mi miembro con la mano y luego se miró la corrida en su abdomen y pechos.

    —Creo que voy a tener que volver a bañarme —comentó.

    Los cuatro reímos y yo me recosté en la cama.

    —Yo no sé ustedes —dijo Gina tomando un poco de la corrida de Alex y comiéndosela—, pero hoy voy a dormir como bebé —miró a Alex—. Estuvo increíble, gracias.

    Era cierto, había estado increíble.

    —Gracias a ti también, por cogerme tan rico —dijo Valeria alzando el rostro para ver—. Lo haces bastante bien.

    Sonreí por el halago, pero mi sonrisa se borró poco a poco. ¿Qué había hecho? Había engañado a Ori.

    —Creo que necesito irme —dije levantándome para tomar mi traje de baño del suelo.

    —¿Qué sucede? —me preguntó Alex preocupado, pero él también llego a la misma conclusión que yo.

    Me puse mi traje de baño y los mire. Los tres me miraban preocupados. Mis ojos se posaron en Valeria y sólo masculle.

    —Perdón

    Salí de la habitación con el corazón acelerado y cerré la puerta. La culpa me carcomía, realmente había cogido con Valeria aun estando con Ori. Una parte de mí le encantó, estuvo increíble, y haber estado con una chica como Valeria fue una experiencia incomparable, era todo lo que había imaginado en su tiempo, incluso hasta mejor. Pero había estado mal.

    —Parece que te vas a desmayar o algo —dijo una voz a mi lado.

    Volteé la mirada, completamente aterrado. Jimena estaba ahí, parada, con una enorme sonrisa y con su mano en la barbilla. Lo sabía, sabía lo que había hecho.

    —Realmente parece que tienes talento para hacerlo.

    —Jimena… yo…

    —Mejor ahórrate las excusas. Si Ori llega a enterarse creo que va a estar muuuy devastada.

    Sin borrar la sonrisa de su rostro se dio la vuelta y se fue caminando por el pasillo.

    Al parecer el paseo se había acabado.

  • La tranquila Lucia se vuelve una perra (Parte 2)

    La tranquila Lucia se vuelve una perra (Parte 2)

    Al otro día Lucia despertó con una sensación extraña, con mucha culpa, y también con mucha incertidumbre, no quería subirse nuevamente al metro, tampoco quería ver al supervisor, pero también amaneció relajada, el orgasmo de anoche la había liberado de muchos pensamientos. Decidió vestirse de manera que nadie la mirara, tenía una sudadera que le quedaba ancha y que seguro al supervisor no le iba a servir de excusa para nada, debajo una tanga negra, una camiseta y por supuesto brazier. Salió de su casa y llegando al metro recordó que no llevaba el carné de la empresa, devolverse le iba a costar tiempo así que decidió seguir así. Al llegar a la empresa que quedaba en un gran complejo de oficinas el celador no la dejó ingresar hasta que el supervisor diera la autorización.

    Ya puede seguir y que por favor vaya a su oficina.

    Lucia se puso roja de inmediato, todo el camino de la portería estuvo pensando que hacer, ayer la habían tratado muy mal en esa oficina y no pensaba volver a permitir eso. Su mente recordó todo y su cuerpo se erizo un poco, cuando llegó a la oficina la encontró abierta y desde la puerta dijo

    Buenos días, dígame…

    Sigue

    Lucia dudo un momento pero siguió a la oficina

    Qué pasó con tu carné?

    Se me quedó, lo siento

    Ayer el brasier, hoy el carné, qué dejas mañana, el culo?

    No, no, lo siento, seré más cuidadosa mañana.

    Y hoy si tienes toda tu ropa o vas a seguir de perra?

    Lucia estaba realmente sorprendida, creía que hoy no iba a tener problemas pero nuevamente estaba siendo interrogada.

    Hoy la tengo toda, lo juro

    Seca?

    En ese momento Lucia sintió un escalofrío en su cuerpo, el tono que usaba el supervisor la descolocaba y la lograba excitar, así que dudo para responder

    Umm, si… si

    Por qué dudas, acaso debo volver a comprobarlo?

    No… es que, no estoy muy mojada

    Lucia no podía creer que se le hubiera ido ese «muy». El supervisor tan pronto escuchó eso sabía que se podía aprovechar de la situación, sabía que la tranquila Lucia había cedido y ahora era suya, una perra a su disposición.

    Párate, le dijo con seriedad

    Lucia se puso de pie y sintió como el supervisor se le paraba atrás restregándole su verga que ya estaba dura, la tomó del cabello y le dijo al oído.

    Voy a comprobarlo y si estas seca te vas a trabajar, si estas mojada tendré que castigarte

    Cada contacto del supervisor era un escalofrío que recorría a Lucia que con el último pensamiento de cordura quiso escapar diciendo

    – ya le traigo la tanga, voy al baño

    – No, esta vez yo lo compruebo

    Dijo el supervisor que ya empezaba a meter su mano entre el pantalón de Lucia, primero por encima de la tanga propinándole 2 azotes pequeños que hicieron que ella soltara un leve gemido y luego debajo, pasando los dedos lentamente mientras con la otra mano la seguía teniendo del pelo. Cuando terminó de recorrer su vagina sacó la mano del pantalón. Ella la vio y tembló al verla brillante, empapada de sus fluidos. Él llevó su mano a la cara de ella y dejó caer una gota en la cara de Lucia

    Límpiamela, me la ensuciaste toda, le dijo el supervisor.

    En ese momento puso dos de sus dedos sobre los delgados labios de Lucia y empujo un momento hasta que ella abrió la boca y los dedos empezaron a entrar, ella los empezó a succionar con unas ansias que ni sabía que podía tener, el supervisor la soltó del pelo pues ahora la tenía manejada con sus dedos en la boca, mientras eso pasaba con la otra mano le quitó la chaqueta y le subió la camisa hasta el cuello, le desabrocho el brasier, para poder liberar sus senos, paso delante de ella sin sacarle los dedos de la boca y empezó a chuparle los senos con gran habilidad. Lucia perdió el control y empezó a gemir soltando un momento los dedos de su boca.

    Sígueme limpiando perra, le dijo antes de propinarle una pequeña bofetada

    Lucia tras recibir el golpe volvió a los dedos con más ansias de lo que lo había hecho antes, él siguió chupando sus tetas un rato y luego saco sus dedos de la boca de Lucia y los limpio en la cara de ella quien solo se dejó hacer

    Muy bien perra si con esas ganas chupas mis dedos ya quiero ver como chupas mi verga, ahora viene tu castigo

    Al escuchar esas palabras Lucia sintió miedo, no tanto por el castigo como por darse cuenta que nunca había hecho sexo oral y ahora debía hacerlo bien. El supervisor le bajó el pantalón y le ordenó que se quitara los tenis que llevaba, ella obedeció sin dudarlo quedando solo con su tanga negra.

    Tus tetas en el escritorio y cuenta cada azote, si pierdes la cuenta vuelvo a empezar

    Después de decirle eso él le dio 3 besos despachos en la espalda que estaba totalmente expuesta esperando que el castigo empezará. La primera nalgada cayó generándole una enorme excitación a Lucia que lo contó con una voz cerca al gemido. 2, 3, 4,5,6 azotes en la misma nalga, su vagina se estaba encharcando, el dolor era reemplazado por un enorme placer que no sabía que podía sentir , el supervisor se sacó la grande verga que tenía y empezó a frotarla contra la vagina de Lucia que abrió las piernas y empezó a gemir

    Quieres que te la meta

    Si

    Sí, qué?

    Si… por favor

    O sea que si eras una perra que venía a follar

    No… es que

    En ese momento el supervisor se aleja de ella y le propina más azotes que Lucia recibe sorprendida sin siquiera poderlos contar, la intensidad es más fuerte y estos si traen más dolor que placer.

    No sirves ni para contar y si no viniste a follar vete a trabajar, perra

    No, no perdón señor. No aguanto más, métemela

    Yo no me follo a quien no quiere ser mi perra

    Lo soy, soy tu perra por favor

    En ese momento el supervisor la coge del cabello y la zarandea un poco, le aprieta los senos y la escupe en su rostro, la saliva cae en parte del ojo y Lucia la recibe sin poder hacer nada. Ella manda su mano a la vagina y empieza a frotarse con rapidez.

    No has entendido perra, quita tu mano de ahí

    Le dice el supervisor mientras le quita la mano y la empieza a masturbar suavemente.

    Ahora eres mía, mañana llegas una hora antes, hoy no te puedes masturbar, vas a ir oliendo a perra hasta que te haga correr mañana, solo yo decido cuando te corres.

    Todo esto lo dijo mientras la masturbaba muy lentamente, generando en Lucia una ansiedad enorme y haciéndola gemir suavemente

    Estás de acuerdo? Le pregunto mientras le azotaba 3 veces la vagina con bastante fortaleza

    Si… si

    Mañana seré tu amo, vas a convencerme de que te folle

    Si (gimiendo)

    Bien, ahora tu colonia para el resto del día.

    Mientras dijo esto unto su mano con sus jugos y la empezó a pasar por su cuello humillándola más.

    Vete, mañana vas a confirmar que si eres una perra confiable.

    Lucia agarro su ropa y limpio su cara del escupitajo que le había propinado, estaba roja y empezó a vestirse sintiendo como su vagina seguía botando fluidos. Dudo en salir de la oficina pero unas palabras la despabilo

    A trabajar, perra

    Fue directamente al baño y no pudo creer lo que vio en el espejo, su pelo era una bola que había sido utilizado para manejar a su antojo, su cuello estaba brillante por los flujos que permanecían ahí, se bajó el pantalón y se dio la vuelta viendo como sus nalgas estaban coloradas por el castigo que recién había recibido, dudo si quitarse la tanga pues estaba entrapada, pero finalmente decidió dejársela. Iba a ser un largo día

  • Memorias inolvidables (Capítulo 13): Miguel y Sebastián

    Memorias inolvidables (Capítulo 13): Miguel y Sebastián

    Miguel y Sebastián estuvieron un tiempo viéndose, saliendo juntos, incluso pronto comenzaron a ir a sus respectivas casas, para conversar, esperarse y para otras cosas, como alguna celebración de cumpleaños en que acudían amigos, ellos se iban haciendo imprescindibles para ellos mismos. Hasta que llegó el momento en que se esperaban para todo. Miguel acudía a casa de Sebastián para ir a clases o para hacer cualquier cosa. Todo el día estaban pendientes uno del otro.

    Cierto día conversaron que, igual que habían hecho con los amigos, quizá había llegado la oportunidad de comentar su situación y estado de ánimo en sus propias casas a fin de que les dejaran la libertad de manifestarse como lo que ellos consideraban que ya eran, enamorados, novios, prometidos, comprometidos, como quiera que se diga en todos los continentes de nuestro mundo. Así se veían ellos, inseparables, imprescindibles, eternamente amantes… Esta libertad les permitiría entrar en sus respectivas habitaciones sin ser molestados, a fin de mantener la intimidad, incluso pernoctar aunque estuviera la familia, no emprender un viaje el uno sin el otro, con lo que contarían las dos familias a partir de la declaración, y otras cosas más. Lo que no contaban ellos es que quizá no les importaba que fueran amigos y muy amigos, pero tener pareja del mismo sexo no pensaron que la familia se extrañaría, porque a ellos les pareció cosa normal.

    Hizo el primer intento Sebastián. Estaba toda su familia en casa comentando cosas más o menos divertidas. Sebastián tenía dos hermanas y un hermano mayores que él, Nuria, Lizbeth y Rafael — para todos Rafa—, y tres hermanos menores, Julio era un año menor y dos y medio eran los mellizos Porfiria y Calixto, que eran chica y chico. En la reunión familiar, cada quien contaba cosas graciosas, uno lo del día que murió la abuela, otro del colegio y así uno tras otro iba contando cosas con las que todos se rieron. Sebastián guardaba silencio ante todo esto y no siempre le provocaba risa como la anécdota de la muerte de su abuela en la que salieron tres o cuatro ratones de la cama donde habían puesto a la abuela, esperando que llegara el ataúd. Todos reían cuando contaban la persecución de los ratones. A Sebastián no le hizo gracia y no se rió porque era el preferido de su abuela y tenía ese día del entierro mucha pena y pensó que era una broma de mal gusto que habían hecho sus hermanos y sus primos para asustar a las mujeres. Tampoco le estaba haciendo mucha gracia a su madre, la hija de la difunta, porque eso supuso un mal agüero familiar. Pero Sebastián entre tanta risa esperó el momento más adecuado, que no llegaba. Su padre tuvo el infortunio de decirle:

    — Sebas, Sebas, pareces estar absorto, ¿no cuentas nada?

    Sebastián no se reía y tampoco hablaba. No contestó a su padre, pero este insistió:

    — Cuéntanos algo, Sebastián, anímate, cuenta…

    Los hermanos comenzaron a decirle:

    — Cuenta algo, que tú sabes contar las cosas…; cuenta, cuenta, —decían uno y otro.

    Entonces Sebastián comenzó a sudar y dijo:

    — Sí, os contaré.

    Los hermanos le vitorearon con «bravo», «cuenta» y otros vítores.

    — Bueno…, yo quería deciros algo que no es para que os riáis, sino para que lo sepáis.

    — Venga ya, Sebas, comienza de una puta vez, —dijo Rafa, que era el más malhablado de todos los hermanos.

    — Bueno, tampoco es tan fácil —decía Sebastián— pero os diré; yo, pues yo, es que yo soy…, yo gay, sí, gay, eso, yo soy gay…

    Silencio. Hasta las moscas se quedaron paradas sobre las paredes de la casa al escuchar tal afirmación. Esperó un rato y continuó:

    — Igual no os gusta lo que acabo de decir, pero lo repito, soy gay, lo tengo claro, sois mi familia y os lo tenía que decir. Hala, ¡ya está!

    Su padre había agachado la cabeza y la escondía entre sus manos, a su madre se le escaparon unas lágrimas, las chicas estaban muy sorprendidas, aunque no extrañadas, los chicos menores, aunque sabía de qué se trataba pensaban que eso no iba con ellos ni con su familia, que eso pasa en otras casas, pero en la suya era la primera vez que ocurría y ahí debía de haber un error. No se lo acababan de creer.

    Calixto, que siempre hablaba por peteneras, no tenía el juicio de la conversación y solía meter la pata con más frecuencia de lo que era de desear, dijo:

    — El mundo está loco, unos nacemos con una mujer sin desearlo ni pedirlo y otros, que tienen amigas y mujeres a su alrededor, no las quieren ni para metérselas en la cama.

    Su padre levantó la cara y les mostró su rostro lloroso, congestionado y desesperado y dijo muy severamente y levantando la voz:

    — ¡No digas tonterías, Cali, que lo que ocurre es una mayor desgracia para la familia!

    — ¿Qué pensarán nuestros vecinos cuando lo sepan, ¡ay, Dios mío!, ¿qué pecado ha cometido una para que la trates así? ¿Y los amigos? ¡Qué vergüenza, Señor, qué vergüenza!, —decía llorosa su madre.

    Sebastián callaba para no provocar más, pero ya sabía que eso no iba a quedar ahí. Su hermana Nuria dijo:

    — Mamá, yo no creo que sea una vergüenza para nadie, cada uno es como es, y si Sebas ha descubierto que es homosexual, yo lo tengo por hermano sea como sea. Si los demás sienten vergüenza de nosotros porque nuestro hermano es homosexual, tenemos que arroparlo porque es hermano nuestro e hijo vuestro y los demás no son más que vecinos y conocidos, nuestra sangre corre por las venas de Sebas.

    — Ah, a ver si resulta que tú eres lesbiana, ¿será por eso que no tienes novio?, —dijo Rafa.

    — Eres un idiota, eso sí que es una vergüenza, no sabes decir otras cosas y te crees muy hombre y siempre persiguiendo a las chicas del Colegio y ahora de la Universidad y todas te dan calabaza porque no eres suficientemente hombre, sino un presumido, —replicó Nuria.

    — Sí; en eso tiene razón, Nuria; ¿sabes, Rafa?, tú las persigues y no te hacen caso, por el contrario a Sebas lo persiguen y él solo conversa con ellas, pero no las busca, —dijo Julio.

    — Cállate, mocoso, ¿tú que sabes de cosas de hombres?, —dijo Rafa

    — Más que tú, imbécil, que solo sirves para perseguir chicas y recibir sus calabazas, como aquella vez que…, «estaba diciendo Julio

    — ¡¡Cállate, te digo, joder!! —espetó Rafa.

    — Claro, cállate tú —iba señalando con la mano a cada uno—, cállate tú, cállate tú, y al final —dijo mirando a Rafa— el único que puedes hablar eres tú, Rafa, nadie más; puedes ser lo que quieras y como quieras, porque para ti los demás no tenemos ningún derecho, eso no es así, —decía hablando muy quedita Lizbeth que siempre hablaba para que le oyera quien estuviera a su lado— yo pediría a Julio que cuente, lo que ocurrió.

    Se levantó Rafa haciendo ademán de irse y Julio dijo:

    — Voy a contarlo igual, Rafa, aunque te vayas; si no fueras tan cobarde, te quedarías, escucharías y podríamos discutirlo, pero lo voy a contar tal como fue…

    — Quédate sentado, Rafa, escucha lo que dicen tus hermanos como ellos te han escuchado a ti —dijo su padre—, mientras la madre lloraba sin gemir, solo de dolor.

    Las hermanas le decían a Julio que contara y él se dispuso a contarlo:

    — Sí, lo cuento; nadie quería salir contigo, te lo habían dicho mil veces, pero tú presumías de muy hombre y llegaste donde estaban todas y dijiste: «la que no tenga miedo que se venga conmigo», abriste tu bragueta y sacaste tu pollita que no es más larga que el pico de un pajarito…, quizá exagero, pero eso te dijo Luciano, ¿no? «¿cómo va a irse contigo una chica de estas, si tienes una pollita como el pico de un pajarito?».

    — ¡¡No fue así!! —gritó Rafa enfurecido.

    — ¿No? ¿No fue así? ¿Cómo fue?, ¿dinos tú cómo fue? —silencio y luego prosiguió— ¿Has visto alguna vez la polla de Sebas? Es por lo menos siete veces u ocho más larga que la tuya y más gruesa…

    — Basta, por favor, basta; aquí no entran en juego nuestras pollas, ni quien tiene éxito con las mujeres, yo soy gay y ya está, ¿qué le voy a hacer si soy gay? ¿Me desespero y me suicido? ¿Eso tengo que hacer? ¿Es eso lo que queréis que haga para no sentir vergüenza? Soy así, soy gay, tengo la polla larga, los ojos verdes, dicen que soy guapo, que soy inteligente…, no presumo de nada, pero no me avergüenzo de nada, lo que soy y tengo me lo habéis dado vosotros, papá y mamá; por Dios y por favor, soy vuestro hijo, no os avergoncéis de lo que me habéis dado y transmitido. Por lo que más queráis, no me digáis que no soy vuestro; papá, por favor, soy tu hijo, fruto de una vez que amaste a mamá; yo no sé por qué las cosas son así, pero yo soy así, me gustan los chicos, me gustan los hombres… ¿Tendré que daros la culpa de eso? No; os agradezco mi vida como quiera que sea; ¿podéis hacer lo mismo vosotros, ya que me habéis dado lo que soy y tengo?

    Se levantó Lizbeth y se fue a abrazar a su hermano Sebastián, siguió Nuria y luego Porfiria. Se levantó Julio y abrazó a su hermano diciendo:

    — Sebastián, lo que seas me da lo mismo, quien seas es lo que me importa y quien eres es lo que amo, mi hermano. El que siente vergüenza soy yo porque en mi casa podamos tener esta discusión. Para mí serás siempre mi hermano.

    Los padres de Sebastián, al escuchar las palabras de Julio, se levantaron para abrazar también a su hijo. Sebastián no tuvo valor para decir a sus padres y hermanos quien era el amor de su vida y dejó que de momento transcurrieran los días hasta que se hiciera en el seno de su familia un clima más favorable para hablar de los proyectos de su corazón.

    ***** ***** *****

    No mucho más tarde, a los pocos días, Miguel tuvo un desagradable encuentro familiar. En su casa ya sabían de su homosexualidad y la «soportaban» —esta es la palabra que expresa con exactitud la posición familiar, cada uno en sus distintos grados—. No había problema notorio a resaltar. Pero cuando se enteraron que el amigo de Miguel, Sebastián, era también homosexual como Miguel, pensaron lo que era justo y legítimo pensar, que eran algo así como novios o queridos. Destapó lo que cada uno sabía en lo narrado de sus pensamientos, que Miguel es el novio o enamorado de ese chico Sebastian con el que va a todas partes en la moto.

    Es el caso que Sebastián había hecho unos trabajos para un vecino y este le pagó comprándole la moto y esperando los servicios de Sebastián como pago del resto del capital invertido en la moto. Esto es algo que sabía Miguel y que no había más remedio que soportarlo, porque el vecino que lo había contratado para que le pintara la casa al principio, acabó para requerirle favores sexuales. Cuando Sebastián se hizo ya íntimo de Miguel le contó que tenía tales y tales obligaciones que acabarían antes de un año y ya no renovaría. Como las obligaciones contratadas, aunque sean de palabra, hay que cumplirlas, Miguel se ofreció a ayudar en esto a Sebastian, lo que por amor no consintió el propio Sebastian con estas palabras:

    — De este asunto no hablamos más, yo me comprometí y yo lo he de sufrir, no es agradable el sujeto, te quiero a ti solo para mí y cuando me libere seré todo tuyo.

    Miguel sabía que cada vez que Sebastián iba a la casa del vecino era para ser follado a lo bruto y sádicamente, porque era golpeado si no satisfacía los deseos del hombre. Esas noches Miguel no podía dormir pensando en Sebastián y lo que sufría. Cuando Sebastián lo llamaba que ya había salido de la casa del vecino, Miguel que se había masturbado durante ese tiempo dos o tres veces, conciliaba el sueño. A la mañana siguiente lo que deseaba era encontrarse con Sebastián para saber in visu que su amor estaba indemne. Sebastián le enseñaba las marcas producidas por su vecino en el cuerpo. Miguel entonces besaba las heridas o las señales de la fusta y se convertía en el consuelo de Sebastián.

    Cuando su madre se puso a hablar del tal Sebastián, amigo de su hijo y que todo el mundo sabía que era un maricón y que se ofrecía a los vecinos y que era un vicioso y una retahíla de cosas falsas que las malas lenguas siempre añaden, destacó que lo peor era la vergüenza para la familia porque lo sabía todo el mundo.

    — Si se enteran que es tu amigo o novio o no sé qué, fíjate la vergüenza para nosotros, que todo el mundo sepa que tengo un hijo maricón, sería la vergüenza de mis amigas, que son tan castas y recatadas…, —dijo su madre delante de toda la familia.

    — Mamá, cállate, tus amigas lo saben precisamente porque tú, mi madre, se lo has contado a todas y a cada una…; además, para que se conduelan contigo, has inventado un montón de mentiras y me has puesta un montón de novios que «son un quebradero de cabeza para ti». Eso les dices y… ¿temes ahora una supuesta vergüenza porque has descubierto que Sebastian es mi novio? Antes has denigrado a tu hijo ante tus amigas y todo el mundo habla de mí y de mis hermanos por tu culpa, y ¿ahora temes la vergüenza que tú misma te pones? Denigrando a Sebastian, es a mí a quien denigras. Nadie tiene por qué saber dónde inclino mis amores, ¿acaso me dedico a hurgar en las demás familias para saber quiénes y cómo son sus novios o novias? Ya está bien, mamá, por respeto a mi padre y a mis hermanos vivo en esta casa, pero tú para mí, dime ¿qué vales ya?

    Miguel salió de su casa y fue a buscar a Sebastián. Subieron en la moto y se dieron un paseo a un lugar solitario donde había hierba y se tumbaron abrazados para pasar las respectivas situaciones por las que atravesaban en sus familias y los últimos rumores del barrio.

    Se miraron primero tristes, luego comenzaron a darse cuenta que se tenían ellos a sí mismos como el mayor de los consuelos y se sonrieron. Se besaron, un rato largo estuvieron besándose y revolcándose por la hierba con su ropa. Sebastián se dio cuenta que la camisa de color celeste de Miguel se había manchado del jugo de la hierba rota y aplastada y comenzó a quitarle despacio toda la ropa. Miguel secundó a Sebastian y al poco tiempo quedaron desnudos y besándose muy cariñosamente.

    La pasión invadió sus corazones y sus pollas crecieron, se pusieron duras y tenían una erección descomunal. ¡Lo que hace el sufrimiento! Sebastián tomó la iniciativa y quería sentarse encima de Miguel para meterse la polla de su amigo en su culo. Pero Miguel le dijo:

    — Tienes más necesidad de desahogarte y para eso también está el amor. Penétrame y ámame hasta que olvides tus penas y sufrimientos.

    Como cuando dos corazones se aman plenamente no cabe la discusión, así lo hicieron, se dieron la vuelta y Sebastián quedó tumbado en el suelo con su polla mirando al cielo y Miguel sesentó, lentamente pero sin pausas sobre el pubis y el pliegue inguinal. Se sintió la polla de Sebastián en todo su esplendor ocupando su cavidad anal y de pronto se sintió el hombre más feliz de su vida. Sebastián inició sus movimientos y Miguel lo propicio elevándose y volviendo a bajar. Se miraban con lujuria y la lascivia llenaba sus deseos pero el amor entre ellos supero los demás efectos y se sentían felices sabiéndose el uno del otro.

    Todo transcurrió en silencio, se podía escuchar el vuelo de las aves junto los esforzados silencios y suaves gemidos que no se podían suspender. Se querían para ellos, no para los demás. Solo los gestos de sus rostros, sus sonrisas, los silenciosos suspiros y el suave toque de sus manos con el cuerpo propio o del amigo eran un complemento del amor que sentían cada uno por su amante. Tanta intensidad en el amor, se olvidaron de todo lo demás y les sobrevino a la vez los dos el orgasmo con sus insostenibles movimientos, Miguel llenó el pecho y la cara de Sebastian con su esperma, algo cayó también en el abdomen de su amado, mientras su amad llenó sus entrañas con el dulce néctar que supero en todo al de los dioses.

    Se agachó Miguel a besar a Sebastian y teniendo el pene de su amante en su interior volvieron a reanudar sus esfuerzos amatorios y obtuvieron el suave candor de Cupido en sus propios corazones. No acabaron ahí porque Sebastian exigió ser penetrado por Miguel y lo hicieron tras recuperar sus fuerzas físicas y sexuales, pues no tenían ningún cansancio síquico sino una renovada fuerza de amarse sin cesar.

    Sebastián se puso de medio lado, flexionando la pierna que queda en la parte superior, aunque ambos desconocían lo que estaban haciendo, se sentían muy cómodos. Miguel inició lo penetración desde atrás introduciendo su erecta polla en la abertura anal de Sebastián de modo vertical, no horizontalmente, como en ocasiones anteriores. Les producía una sensación de roce distinta a la que habían utilizado al introducir el pene. Miguel dominaba el ritmo y la intensidad de la fricción, mientras Sebastián podía relajarse mejor por estar tumbado, que es lo que buscaba Miguel, que Sebastián se sintiera bien. Cuando se bastáis daba muertas de cansancio sosteniendo su pierna, Miguel colocó su pierna superior sobra de de Sebastián para mantener mejor su estabilidad.

    Como tardaba en venir la eyaculación, no tenía prisa para ellos mientras Miguel controlaba la acción ejecutándola muy suavemente, sacó la polla del culo de Sebastian y enderezando a este para situarlo de lado pero más cómodo sobre la hierba, Miguel, puesto de rodillas con sus piernas semiabiertas, sobre una pierna de del Sebastián mientras sujetaba la otra pierna colocada en su hombro. Otra vez había hecho Miguel lo que sin saber cómo se llamaba había leído en alguna parte; a todos los efectos le produjo una sentida e intensa estimulación del ano de Sebastián y permitía una profunda penetración. El placer que sentían es exquisito cuando Miguel alternaba sus embestidas cambiando el ángulo de penetración. Sebastián quedaba clavado a su amante, apoyado sobre la hierba, y Miguel dirigía todo el movimiento de su expresión amorosa hacia Sebastián. De vez en cuando Sebastián bajaba su pierna del hombro de Miguel, dejándola solamente doblada, estrechando así el ano para sentir mayor sensación.

    Por fin llegó la eyaculación que agradecieron primero con satisfacción correspondiendo con movimientos corporales a los espasmos y al concluirán una sonrisa como si jamás hubieran tenido el más mínimo problema, se besaron y se tendieron en el suelo con los brazos abiertos. Allí les pasaron las horas, diciéndose cosas que produce el lenguaje del amor, tanto en el cuerpo con en las palabras. Sabían amarse, querían amarse y pase lo que pase el corazón del uno y del otro, aunque sea la distancia de la eternidad estaría juntos deseándose y amándose a fin de ser uno para para el otro. Allí se prometieron mirándose la los ojos, amor perpetuo. Ambos se sentían muy lejos del resto del mundo y muy próximos el uno del otro, como si tuvieran un solo corazón pues se ponían sus manos en el pecho de su amante y sentían palpitar los corazones al mismo tiempo con el mismo ritmo, el ritmo de su felicidad.

  • Y todo empezó cuando regresaba a casa (Partes 3 y 4)

    Y todo empezó cuando regresaba a casa (Partes 3 y 4)

    Parte 3: versión de Paco ‘Conversación y vínculos de amistad’.

    Dos semanas habían pasado desde que despidieron a mi esposa de su trabajo, el dinerito que le habían dado por indemnización si bien era poco pero había servido bastante. Cecy estaba triste y otra vez la ausencia de sexo había vuelto. Su tristeza estaba justificada y de alguna manera también justificaba la falta de sexo por la depresión de estar sin trabajo, pero aun rondaba en mi cabeza ¿dónde estuvo la tarde de viernes? y porque estaba tan triste.

    Cuando yo estaba en mi trabajo, yo revisaba su última conexión y notaba que ella Pasaba las horas conectada en whatsapp y también revisaba la conexión de William y siempre estaban conectados a la misma hora. Ya no podía más los celos me carcomían las entrañas y una tarde le escribí a William.

    Paco: hola buenas tardes don William como esta?

    William: Hola buenas tardes, estoy bien pero no tengo registrado su número.

    Paco: Mi nombre es Paco, quisiera hacerle una consulta.

    William: Es usted propietario de alguna farmacia?

    Paco: no don William, no soy dueño de farmacia

    William: entonces no tengo idea que tipo de consulta pudiera hacerme.

    Paco: podrías mantener en confidencialidad esta conversación?

    William: no entiendo que sucede pero si mantendré en confidencialidad esta conversación

    Paco: le enviare una foto y dígame si conoce a la mujer que aparece ahí.

    William: ok.

    Paco: ella es mi esposa, el señor que aparece en la foto soy yo, y los 3 chicos son nuestros hijos.

    William: si conozco a la señora.

    Paco: se que la conoce y muy bien.

    William: porque me dice eso, la conocí en el bus

    Paco: eres un hombre joven y atractivo dime qué necesidad hay de destruir un hogar

    William: no entiendo lo que me está diciendo

    Paco: no me finjas hijo, me ves soy un hombre mayor, quizás seré de la edad de tu padre

    William: es verdad te pareces mucho a mi viejo

    Paco: dime te resulto muy fácil seducirla y acostarte con ella

    William: si fue fácil

    Paco: gracias por tu sinceridad hijo

    William: Paco no vayas a cometer algo de lo que te arrepientas.

    Paco: noo claro que no, solo me has confirmado lo que vengo sospechando desde hace unas semanas.

    William: no sabía que era casada

    Paco: si de seguro no lo sabias.

    William: en verdad no lo sabía

    Paco: me pregunto porque fue tan facil para ti convencerla.

    William: ella es una dama muy Hermosa y vive contigo

    Paco: lo se, es la madre de mis hijos

    William: perdónala a ella y perdóname a mi

    Paco: no hay nada que perdonar

    William: gracias

    Paco: te puedo hacer una pregunta

    William: dime

    Paco: como te la cogiste

    William: estas seguro que quieres saber eso

    Paco: si

    William: ok. Me aviso que no me vería en la noche en el bus porque se iría a casa y le propuse vernos a las 3 de la tarde, conseguí un auto y nos fuimos a un motel de la capital. Llegamos al lugar entramos a la habitación y empezamos a comernos a besos, nos quitamos la ropa, ate sus manos y derrame sobre su cuerpo miel, lamí cada parte de su cuerpo, sus piernas su abdomen sus pechos tan hermosos grandes y ricos. Lamí su vagina que explotaba de deseo y pasión.

    Le chupe desde el clítoris hasta la entrada de la vagina y le metí la lengua. Hasta que sentí que estaba teniendo un delicioso orgasmo. Hicimos un rico 69, y al parecer sin pensarlo se metió mi pene en la boca, después de un rato hizo que me viniera en su boca, mi lechita se derramaba en su boca, y se tragó todo ese rico néctar no dejo ni una sola gota.

    Tuve una nueva erección, me acosté sobre ella y subí sus piernas dejando sus rodillas a la altura de sus costillas y empecé a penetrarla. Disfrutamos haciendo todas las posiciones que conocíamos y a la ves inventando nuevas, Lo disfrutamos demasiado, tanto que recorrí con mi lengua su ano, y ella me pidió la penetrara por atrás, rompí su culo. Le enterré toda mi verga, note que el dolor era grande pero el placer era enorme, el culo de tu esposa me acaricio la verga como nadie. Ninguna boca ninguna vagina me había hecho sentir tanto placer como el culo de tu mujer.

    Horas después, salimos del motel y nos fuimos a la estación del colectivo, a las 8 de la noche estaba tomando el autobús, yo regrese a dejar el automóvil a la agencia y me quede a dormir en otro motel en san salvador.

    Paco: entonces así sucedió

    William: ni más ni menos y que conste tú lo pediste

    Paco: gracias

    William: estarás bien?

    Paco: supongo que si.

    William: ok.

    Desde aquella conversación nada volvió a ser igual, ya no veía a mi esposa como antes, sentía mucha cólera contra ella y a la vez me preguntaba porque nunca intente hacer todo lo que William le había hecho, en nuestra habitación la cama era un tempano de hielo y no habían temas de conversación. Pero a le vez recordaba las palabras de William y por alguna razón se me ponía dura la verga y en mi mente veía cada escena de aquella tarde en un motel de san salvador, pues la historia de William dejaba poco a la imaginación. Ya Había pasado un mes desde aquella tarde de viernes en la que mi esposa cogió como puta con William, un joven de 25 años, que había conocido en el colectivo. Y precisamente un viernes en la tarde recibí un mensaje de William.

    William: hola Paco, aun siento mucha pena contigo pero te prometo que no he vuelto a buscar a cecy, aunque ella si me ha buscado.

    Paco: supongo que son verdades tus palabras y porque no la has buscado.

    William: me siento apenado contigo

    Paco: basta que ya no la busques

    William: necesito preguntarte algo

    Paco: dime

    William: aun se te para la verga imaginando como me la cogi

    Paco: como sabes que se me para la verga

    William: no es necesario que lo confirmes, te acabo de mostrar una puerta, tú decides si quieres cruzarla. Pero después no hay marcha atrás.

    Paco: si quiero.

    William: seguro?

    Paco: si seguro.

    William: te mandare unas fotos imprímelas porfa

    Paco: eres un desgraciado son las fotos que tomastes cuando te cogiste a mi mujer

    William: imprímelas y avísame cuando las tengas

    Paco: vete a la mierda

    Por extraño que parezca William me había mandado alrededor de 20 fotos que había tomado cuando se cogió a cecy, en unas fotos estaba ella con la verga en la boca, en otras tenía la verga en la vagina en diferentes posiciones y en otras tenía la verga enterrada en el culo, todas las fotos se veía muy bien, no había donde perderse, era mi mujer con su amante. Quise asesinarlos a los dos a William y a Cecy, pero tenia mucha curiosidad de que habia tras la puerta que habia cruzado. Espere que Cecy saliera a la tienda y mis hijos estuvieran viendo la tv o en la calle para poder imprimir las fotografías que me mando William. Y una vez las tenia impresas le avise que ya tenía lo que me habia pedido.

    Paco: ya tengo las fotos

    William: excelente.

    Paco: que quieres que haga con ellas

    William: quiero que te hagas una paja y derrames tu semen en las fotos, ahora con tu celular tómale fotos a las páginas llenas de semen y mándamelas

    Paco: eres un maldito enfermo

    William: no te quejes, te va gustar lo que viene

    Paco: ahí esta lo que pediste

    William: excelente Paco, que sentiste al hacerte una paja viendo cómo se cogían a tu mujer.

    Paco: morbo mucho morbo.

    William: estás listo

    Paco: para qué?

    William: te espero a las 9 de la mañana en la parada del autobús donde se bajaba tu mujer cuando venía de trabajar.

    Paco: ahí estaré.

    Parte 4: versión de Paco “Que hay más allá de la puerta”.

    Pedí permiso en mi trabajo para poder Llegar a la parada de buses, donde habíamos quedado de reunirnos. Espere unos 5 minutos en la parada y un automóvil viejito se detuvo frente a mí y una chica bastante atractiva me pregunto “Tu eres Paco”. No sabía que hacer o que decir y solo moví la cabeza afirmando mi identidad. La chica sonrió y me dijo “sube”

    Subí al auto, pensé que esa guarolita se iba a detener en cualquier momento porque estaba ya bastante viejito pero menos mal no se detuvo y solo fuimos al pueblo siguiente en la carretera. La mujer solo me dijo en el camino que era amiga de William y que había venido a recogerme porque el había tenido un inconveniente. Nos bajamos y entramos a una casa en el centro del pueblo, aquella mujer con la que llegue a esa casa era una madurita bastante atractiva, quizás de unos 30 años, un poco gordita pero de buena estatura, usaba un jeans, botas y una camisa blanca tipo polo, una colita en su cabello y unos lentes oscuros. Entramos a la casa y me pidió que me acomodara. Muy cordialmente me dijo “soy Yeny, quieres algo de tomar? Una cerveza o un trago?” un trago le respondí y me quede sentado en el sofá. Me llevo un vaso con un trago muy delicioso, le pregunte si que llevaba ese trago y me respondió “lleva gaseosa spray, limón, hojitas machacadas de menta y un chorrito de vodka” le dije que estaba muy bueno y sonrió y me dijo “gracias”. Sonó el timbre, alguien estaba afuera y quería entrar a la casa, Yeny fue a abrir la puerta y entro un joven que reconocí inmediatamente “William” y una pareja de adultos. Un señor y una señora. William se dirigió hacia mí y me abrazo fuertemente y al oído me dijo “perdóname” le dije que no había nada que perdonar. Y se dirigió a los presentes de la siguiente manera: William: muy buenos días tengan todos, están aquí porque todos queremos conocer y explorar una parte más de nuestra sexualidad. Todos hemos venido aquí por diferentes razones pero coincidimos en algo y es la búsqueda del placer, la búsqueda de nuevos límites. Un abrazo muy fuerte para Paco un nuevo amigo que conocí bajo circunstancias un poco extrañas. Bienvenida mi amada Esposa Yeny y bienvenidos esposos Merino. Ana un gusto tenerte aquí y Pedro un placer que nos acompañes. Por favor tomen asiento y tomemos unos buenos tragos. Me quede un poco asombrado pues Yeny al parecer era la esposa de William y las otras dos personas también eran una pareja de esposos, Ana y Pedro. Empezamos a tomar y William se sentó a mi lado. Hablamos todos y nos presentamos vagamente pues no había mucho que decir, solamente coincidíamos en que queríamos nuevas experiencias. Note que Yeny estaba muy ansiosa y acariciaba y besaba a su esposo William y lo mismo note en Ana y Pedro pues los dos se acariciaban y se daban uno que otro beso. Ya nos habíamos tomado una botella completa de vodka y estábamos a punto de abrir la segunda botella, cuando yeny se colocó de rodillas frente a William y como una gata golosa le bajo el zíper y le saco la verga a William y empezó a chuparle la verga. Me quedé asombrado de ver a esa mujer atractiva chupando de buena manera la polla de su marido, se notaba que lo disfrutaba y la cara de placer de William reflejaba que también estaba disfrutando. Ana y Pedro se quedaron viendo las escena, sonrieron se terminaron su trago y empezaron a besarse de una manera más intensa y que hacia yo ahí? Yeny seguía chupando la polla de su marido, salivita se derramaba por las bolas de William y Cuando él estaba a punto de correrse en la boca de yeny la detuvo y le dijo a su esposa “espera aun no, falta atender a Paco” me quede más asombrado y yeny sonriendo se dirigió a mí y gateando se colocó entre mis piernas, me apretó las piernas y primorosamente bajo el zíper de mi pantalón, mi verga aún no estaba dura pero cuando yeny me la agarro y se la metió a la boca rápidamente se puso dura como roca. Yeny la esposa del hombre que se había cogido a mi esposa me estaba mamando la verga frente a su esposo y frente a otra pareja madurita de esposos. William se me quedo viendo y me dijo “cruzaste la puerta” nos reímos y con la voz entrecortada le respondí “casi estamos a mano” y me respondió “ya casi verdad, Yeny es hora” No sabía a qué se refería pero lo sospechaba, Yeny se puso de pie y me tomo de las manos, me halo hacia ella y me puse de pie, me miro a los ojos y puso sus dos manos en cada una de mis mejillas, se acercó más y me dio un largo beso en la boca, la tome por la cintura y correspondí a su beso, en ese momento pensé que se la acababa de estar mamando a su esposo y después a mí pero la verdad estaba muy excitado para poner reparos.

    Yeny me dijo al oído “te gusta” Muchísimo le respondí y Después de un momento me empezó a desnudar, quito los botones de mi camisa y quedo descubierta mi pansa, soltó mi cinturón y el botón de mi pantalón y bajo mi pantalón y mi bóxer hasta las rodillas y me dirigió nuevamente al sofá junto a William. Me quede sentado en el sofá con la verga bien templada y yeny frente a nosotros. Empieza yeny a quitarse la camisa tipo polo y se queda solo en brazier, suelta el botón de su jeans y empieza a bajarlo mientras mueve sus caderas y hace un sexi baile, movía sus caderas de un lado a otro, se gira y se contorsiona hasta que sus manos tocan el piso pero manteniendo rectas sus piernas, vemos su culo aun con jeans pero que lindas pompas, enormes firmes y bien formadas. Vuele hacia nosotros, William se acerca para quitarle sus botas y se termina de quitar su pantalón. Me recuesto en el sofá y Yeny se acerca, coloca una rodilla a un lado de mis costillas y la otra al lado de mi otra costilla y se sube en mí, deja posar su culo sobre mi verga pero aún no se ha quitado su tanguita, y me empieza a besar nuevamente. Mis manos acariciaban sus pompas y recorrían sus piernas su cintura y todo el resto de su cuerpo. Lo estaba disfrutando mucho el morbo el placer eran enormes. De repente se escuchó una voz “Ana ven acá, ayuda a mi esposa y a Paco para que empiecen a coger” Ana se dirigió hacia nosotros y me agarro la verga con sus manos, y con su otra mano sujeto y aparto la tanga de yeny dejando descubierta su deliciosa vagina, “nena levanta un poco” le dijo Ana y coloco mi verga en la entrada de la vagina de yeny y en un centón mi verga se hundió en la húmeda vagina de Yeny. Su vagina derramaba sus ricos jugos y mojaban mis bolas y el sofá. “mi amor acércate a Paco” le dijo Pedro a su esposa Ana, y aquella mujer madura se acercó un poco más a mí, “bésame” le dije.

    Ana se acercó a mí un poco tímida y mientras Yeny estaba sobre mí, empecé a besarme con Ana, Pero Yeny no perdió tiempo y al tener cerca a Ana empezó a desnudarla, me incorpore y entre los dos desnudamos por completo a Ana, su vientre era grande pero con unas enormes pompis, sus pechos un poco caídos y de buen tamaño, en sus ojos alegres y tiernos se notaba que estaba nerviosa y quizás un poco asustada, pero le dimos ánimos que se soltara y se dejara llevar. Mientras besaba a Ana empecé a tocar su vulva a frotar los dedos entre sus labios y a acariciar su clítoris. La humedad era increíble y a cada momento se escapaba de su boca un gemido de placer. William y Pedro sonreían viendo el espectáculo y acariciaban sus vergas. Después de un momento Yeny me dijo al oído “ahora cógete a Ana” y se levantó tomándome de las manos para que yo también me pusiera de pie. Yeny se dirigió a Ana y la guio a que se acostara en el sofá, Ana abrió muy grande sus piernas y las flexiono llevando sus rodillas hacia sus costillas y ahora era la oportunidad de cogerme a Ana, una linda señora gordita que estaba un poco asustada y nerviosa. Ella tenía una linda vulva grande y abultada, labios carnosos y su clítoris completamente cubierto por sus labios. Me coloque frente a ella apoyado en el sillón y empecé a meterle la verga, nos veíamos a los ojos con Ana mientras se la metía y a cada momento dejaba escapar un gemido pues se la estaba metiendo con muchas ganas, las manos de Ana se posaron en mi tronco y me halaba para que se la metiera más fuerte, en un momento me deje caer sobre el cuerpo de Ana pero nuestras barrigas no nos dejaban hacer mucho, solo logre chupar sus pezones y mientras lo hacia ella me dijo “muérdelos” y así lo hice, me quede apoyado en el cuerpo de Ana metiéndola y sacándola y mordiendo sus pezones hasta que un correntazo cubrió mi cuerpo.

    No pude o no quise detenerme y me deje venir dentro de la vagina de Ana, y al mismo momento Ana me pidió que no me detuviera porque también estaba teniendo un orgasmo, sentí sus uñas clavándose en mi espalda y como se tensan los músculos al momento de tener un orgasmo. Su piel se puso roja y su respiración agitada el corazón latía a mil por hora y al momento de estar vaciándome en ella nos dimos un largo beso, apasionado a boca abierta y jugando con nuestras lenguas. Fue tan grato ese beso que nos quedamos un rato mas solo besándonos hasta que mi verga se puso pequeña y ella sola se salió de la vagina. Cuando nos incorporamos nuevamente Pedro estaba masturbándose viendo a Ana coger conmigo y Yeny sentada en las piernas de William, nos reímos y recibimos un fuerte aplauso. “Pedro acuéstate en el Sofá” le dijo William. Y Pedro se dirigió hacia el sofá donde recién me había follado a su esposa y Yeny iba tras él, “Acuéstate Pedro” le dijo Yeny. “Como usted mande” respondió Pedro con una sonrisa. Ana, William y yo nos fuimos a sentar al otro sofá, y empezó otro espectáculo. Pedro un hombre maduro como de mi edad de piel morena y un poco delgado se acuesta aun con toda su ropa puesta en el sofá y yeny una hermosa mujer treintona se acuesta completamente desnuda sobre el cuerpo de pedro. Poniendo su culo en la cara de pedro y haciendo un espectacular 69. Inmediatamente yeny se comió toda la verga de pedro y el metía y sacaba su lengua en la panochita de yeny.

    Estábamos viendo un hermoso espectáculo pero algo faltaba. Ese algo era algo que no me imagine en ningún momento. William se puso de pie y se fue al sofá junto a pedro. Se colocó como de rodillas entre las piernas de pedro y saco su verga y la coloco junto a la de pedro. Las sujeto fuerte con sus manos y yeny siguió chupando las 2 vergas mientras pedro seguía comiéndole la conchita. Al cabo de un momento solo veía que mucho semen se derramaba por la verga de ellos dos y ella con una cara de satisfacción increíble, Pero no paraban de frotarse sus vergas dentro de la boca de yeny. Yo estaba sentado en el otro sofá y llego Ana a sentarse conmigo y se acostó en mis piernas para ver mejor el show. Era un trio increíble una pareja de esposos con un invitado madurito. En esos momentos Ana me pidió q saliéramos de la habitación y caminamos hacia el corredor. Pues salimos los dos desnudos al corredor y nos dirigimos al lavadero. Ana me comento que pedro nunca le chupaba su panochita y que se había sentido un poco celosa al ver como se lo estaba chupando a Yeny. Y que había aceptado esa invitación a ruegos de su esposo.

    La fantasía más grande de Pedro era verla coger con otro hombre y en ocasiones anteriores el había buscado la ocasión para meterle otros hombres a Ana pero nunca se había dado. En ese momento no supe que decir yo solo la escuchaba y me comento que mi verga era la segunda que había probado en toda su vida. Sentí mucha ternura por Ana en ese momento y sin pensarlo puse una mano en su cintura y la otra en su cuello y la ale hacia mí, nos empezamos a besar apasionadamente y por primera vez en mucho tiempo sentí deseo por otra mujer que no fuera mi esposa. La tope al lavadero y se me fue parando la verga otra vez, en eso se me ocurrió acostar a Ana en el lavadero y hacerle un rico oral. Y así lo hice le ayude a sentarse en el borde del lavadero y le pedí q se acostara y abriera las piernas y enterré mi lengua en aquella panocha abultada y de labios carnosos, recorrí con mi lengua toda su vulva desde su clítoris hasta la entrada de su vagina y un poco mas abajo. Pase la lengua por su culito y me quede un momento lengüeteando su ano. Que rico que sensación extrema y escuchaba los gemidos de Ana y me animaba a seguir haciéndolo. Seguí comiéndole su panochita chupando sus labios y acariciando su clítoris con mi lengua hasta que me dijo con vos temblorosa y entre cortada «ya no aguanto más, métemela por favor » la hale hacia el bordo del lavadero y empecé a metérsela. Una mujer hermosa con su pansa grande y sus pechos caídos pero tremendamente sensuales.

    La penetre rico y sin ningún miedo o remordimiento. Sus pechos se movían hacia delante y hacia atrás a cada envestida y aun que los sujetaba con sus manos. Sus piernas levantadas con sus rodillas tiradas a su costado me dejaban meter toda mi verga en esa panocha que no dejaba de humedecerse cada vez más. Hasta que dejo escapar un fuerte grito de desahogo y un fuerte chorro de líquidos salió de su vulva, mojando toda mi pansa y mezclándose en sus adentros con mi semen que se derramaba dentro de su vagina por segunda vez.

    Quedamos jadeando y sonriendo habíamos cogido rico por segunda vez y era momento de volver a la sala donde estaban los demás. Ayude a Ana a sentarse en el lavadero para q se pudiera bajar y caminar hacia la sala. Cuando entramos el trio continuaba, pedro estaba sentado y yeny estaba sentada encima de el con las piernas bien abiertas y la verga bien clavada en su vagina y William hincado frente a ellos con la cabeza entre las piernas de yeny y mamando la panocha de su esposa y en cada momento pasaba su lengua por las bolas de pedro. Ana y yo nos sentamos y seguimos viendo ese rico trio. Hasta q Pedro se vino dentro de la vagina de yeny y William seguía chupando la vulva de su esposa en la misma posición. Después de unos minutos se levantaron y todos nos reímos. Que hermosa experiencia les comente. Que se repita dijo William, claro que si dijo Ana y hablando y sonriendo volvimos a incorporarnos. Turnándonos para usar la ducha y vistiéndonos. Al cabo de unos minutos Ana y pedro se despidieron pero Ana me dejo su número de teléfono y se fueron. William se acercó y me dijo que este era solo el principio «entonces que así sea le respondí» y salí con yeny porque me iba ir a dejar en el carro a la parada donde me había recogido unas horas antes.

    En el camino apenas cruzamos algunas palabras de despedida y Así termino ese día. Esa noche Ana me escribió a Whatsapp, estuvimos platicando sobre lo sucedido en el día y cuanto habíamos disfrutado hacer el amor, pero había una propuesta de parte de Ana. Y era la de meter a mi esposa en este mundo de secretos y diversos placeres. Me pidió el número de celular de mi esposa para poder escribirle y empezar a inducirla y sin más que perder le di su número. Lo que paso después solo ellas dos lo saben.

  • Viciosas

    Viciosas

    Rosa vivía en un pazo gallego y su padre era el terrateniente del pueblo. Cuando la gente trabajaba de sol a sol en el campo para ganarse un par de pesetas que no le daba para comer ya ella tenía una paga de cien pesetas semanales. Fue uno de sus criados el que me contó la historia, pero voy a escribirla en primera persona.

    Rosa tenía 21 años. Era morena, tenía su cabello negro muy largo, y tenía de todo y todo muy bien puesto, hasta la lengua con la que mentía más que hablaba. Era una consentida y una mimada que hacía lo que le salía del coño.

    Llegó al jardín acompañada de una de sus criadas, Marta, un mujerón, morena, con el cabello marrón y largo, con grandes tetas y tremendo culo. Era mayor que ella y casada. Le dio diez pesetas, y le dijo:

    -Dale cinco a él, Marta. Vais a echar un polvo del modo que yo os diga.

    Marta, estaba buenísima. No hacía falta que me pagase para follar con ella, pero a mí no me compraba una mal criada cómo si yo fuera un animal. Al darme el duro, le dije a Rosa:

    -Si quiere ver follar, señorita Rosa, dese una vuelta por el pueblo que la perra de Celso anda en celo.

    Fue como si le pegara un tiro.

    -¡Si no hacéis lo que os diga que hagáis me encargo de que ninguno de los dos trabaje más en este pueblo!

    Teníamos que llevar el jornal a casa, estábamos recién casados y nuestros matrimonios iban a comenzar a naufragar.

    Marta se acercó a mí, y me dijo:

    -Mejor será que hagamos lo que nos diga.

    -¡No jodas, Marta! ¿Le vas a poner los cuernos a Antonio?

    Volvió a meter baza la mimosa consentida.

    -Sácale la polla, Marta. Quiero ver cómo la tiene.

    Estábamos en medio de un laberinto de setos. No había peligro de que nos vieran. Marta me bajó la cremallera y sacó mi polla. Estaba baja.

    -Mámasela.

    Marta, en cuclillas, metió la polla en la boca y con media docena de mamadas la puso gorda y mirando al frente. La mujer se estaba calentando ya que sin mandarle me masturbó y me chupó los huevos. Lo que hizo que al rato le llenara la boca de leche, que echó fuera mientras la viciosa miraba. La muy puta, después de conseguir lo que quería, nos dijo:

    -Mañana, más.

    Guardé la polla, que el duro ya lo había guardado antes. Volvieron al pazo. A los cinco minutos, más o menos, volvió Marta al laberinto, y me preguntó:

    -¿Aún puedes?

    -¿Lo qué?

    -Si se te levantará para echarme un polvo. Tengo muchas ganas. Me gustó tu polla… Es tan gordita y tan rica…

    Le di la vuelta. Apoyó sus manos en el seto. Le levanté el vestido negro con flores rojas. ¡Cómo tenía aquellas bragas de humedad! Se las bajé hasta los tobillos. Abrió las piernas. Vi su culito virgen. La tentación fue muy grande. Le comí el culo como si fuese una manzana y después le folle el ojete con la lengua y le magreé sus grandes tetas… Por el interior de sus muslos bajaban goterones de jugos… Acto seguido saqué a polla empalmada, se la metí en el culo y le metí dos dedos en el coño. Nada, no me duró nada. Al comenzar a correrse, sus manos y sus brazos desaparecieron dentro del seto, y a ellos le siguió su cabeza. Escuchaba sus gemidos de placer dentro del seto y sentía su ojete latiendo. Me corrí dentro de su culo cómo un pajarito, bueno, más bien cómo un pajarraco, pues fue una corrida inmensa.

    Al acabar de correrse sacó los brazos y la cabeza del seto, subió las bragas, y me dio:

    -Gracias, lo necesitaba.

    No supe que contestar, guardé la polla y me callé.

    Al llegar a casa no me cabía el pan en el cuerpo. Se lo tenía que decir a mi esposa, pasase lo que pasase. No la podía tener engañada. Esperé a estar en cama y antes de apagar la luz se lo conté. Mi esposa, que estaba buena que te cagas y a la que yo tenía por una santa, me escuchó atentamente. No salió un reproche de su boca, pero era por algo que me iba a contar ella.

    -Lo que me acabas de decir no es nada comparado con lo que me dijo a mí.

    -¿Cuándo?

    -Ayer.

    -¿Dónde?

    -Aquí.

    Aquello tampoco lo contaba. No me había dicho nada. ¿Qué pasara?

    -¡¿Aquí?! ¿Qué te dijo?

    -Que quiere follar conmigo mientras tu miras.

    -La puta tiene obsesión con nosotros. ¡La mato!

    A mi esposa parecía no importarle lo que pasara.

    -No vale la pena ir a la cárcel por una tontería… En el fondo la entiendo.

    -Quien no te entiende soy yo a ti.

    -Es fácil de entender. Rosa, está enamorada de ti, y cómo tú nunca la miraste, decidió joderte de otro modo.

    -¿Te lo dijo ella?

    -No, pero esas son cosas que notamos las mujeres.

    -¿Y qué vas a hacer?

    -Yo, si tú quieres, lo hago. Me ofreció una huerta y quinientas pesetas.

    -No quiero. Ni por todo el oro del mundo…

    -No seas tonto.

    -¿Y si te dice que se la comas tú a ella?

    -Al correrse no echa veneno.

    -¿Estas segura?

    No me contestó a la sarcástica pregunta.

    -Quiero hacerlo.

    -¿No lo harías ya?

    Le dio la risa.

    -Qué malo eres. ¿Echamos un polvo?

    -Estamos hablando de cosas muy serias.

    -Si no me echas un polvo me hago un dedo.

    No sabía de qué me estaba hablando.

    -¡¿Un qué?!

    -Un dedo, una paja, una pera… Me aprendió Rosa a hacerlo.

    Me habían cambiado la mujer.

    -¡¿Qué?!

    Lo que oíste.

    -¡¿Dónde te lo aprendió a hacer?!

    -Aquí, en esta cama.

    No me creía lo que estaba oyendo.

    -¡¿Qué?!

    Mi mujer se destapó, cerró los ojos, se tocó las tetas, luego metió una mano dentro de las bragas, y me dijo:

    -¿Qué de qué?

    -¡Eres una zorra!

    -¡¿Me acabas de meter los cuernos y me llamas zorra por tocarme?!

    -Yo lo hice por fuerza mayor.

    Mi mujer, sin parar de tocarse, me dijo.

    -¿Y las ganas qué son, fuerza menor?

    Aquello me sobrepasaba, mi santa se estaba pajeando, me salió del alma decirle:

    -¡¡Puta!!

    -Sigue llamándome puta. Me gusta que me llames puta. Me excita.

    Me tenía descontrolado y… Empalmado cómo un elefante.

    -¡Manda huevos!

    -Déjate de huevadas y haz algo.

    Tenía que hacerlo. Le quité las bragas y vi que metía un dedo dentro del coño peludo y al mismo tiempo acariciaba su clítoris (pepitilla le llamaba yo de aquella). Mirando cómo hacía para masturbarse, cogí la polla y me masturbé yo también. Al rato sacó el dedo del coño, quitó el camisón y después se siguió tocando. Me eché a su lado. Le mamé las tetas. Poco más tarde ya eran dos los dedos que metía y sacaba del coño… Se oía el chapoteó de los dedos al llegar al fondo.

    -Chof, chof, chof…

    A veces se llevaba los dedos cremosos a la boca y los chupaba. Pensando que eso era lo que haría cuando tuviese ganas y yo no estuviese en casa me excité cómo nunca me había excitado antes… Llevaba sus dedos mojados a la boca cuando le cogí la mano y se los chupé yo. Me supo salado al principio y agrio al final. Al volver a meter y sacar los dedos lo hizo con rapidez… Sentí el ruido que hacían al tocar fondo:

    -¡¡¡Clash, clash, clash!!!

    Al parar el ruido del chapoteo y de los gemidos… Mi mujer se puso tensa, sus ojos se fueron cerrando, me miro, su ceño se frunció, y me dijo:

    -Cómeme el coño, cómeme el coño, cómeme el coño…

    Lamí su coño por vez primera… Soltó un chorro de jugos blancos y espesos que impactaron en mi lengua, un chorro que mismo parecía el de una fuente de la que brotaba leche condensada. Exclamó:

    -¡¡¡Me cooorro!!!

    Se corrió cómo una cerda, y yo, que no me había dejado de tocar, cómo un cerdo. Dejamos la sabana y el colchón perdidos… ¡Pedazo de corridas echamos!

    Al acabar, yo ya tenía la mosca detrás de la oreja, le dije:

    -¿A ti no te comería el coño Rosa?

    Me miró, sonrió, y poniéndose las bragas, me dijo:

    -¿De verdad quieres saberlo, cariño?

    -Joder. Te lo comió, ya no me cabe duda alguna. Me casé con una guarra. Solo una pregunta más. ¿Se lo comiste tú a ella?

    Me volvió a decir:

    -¿De verdad quieres saberlo?

    -¡Bueeenooo!

    Dos días después, y antes de que mirar cómo mi mujer y Rosa follaban… La que me metiera los cuernos, me ofreció lo mismo que le había ofrecido a mi esposa por ser testigo falso, y lo iba a hacer por lo que me dijo, o sea, me confirmó lo que toda la aldea decía, que don Manuel, el terrateniente, había ahogado a su esposa para quedarse con todo lo que tenía, ya que él era un matado que se casara con ella por el interés. Me explicara el plan, y cómo no se iba a derramar sangre, pues eso, acepte.

    Sonaron seis campanadas en el reloj del salón del pazo cuando entró en él don Manuel. Lo que vio lo dejó caliente como un perro. Vio a Rosa, totalmente desnuda, echada hacia atrás en un tresillo, con las piernas abiertas y con una mano acariciando sus grandes tetas y con un dedo de la otra acariciando el glande del clítoris.

    Yo miraba desde otra habitación por un agujero que don Manuel hiciera en la pared para pajearse viendo a su hija hacer sus cosas, sola y con las criadas (eso me dijera Rosa). Pude ver cómo brillaban los jugos que bajaban por su ojete y me puse palote, pero palote, palote.

    Don Manuel, que era un cincuentón le dijo a su hija:

    -¡Otra vez haciendo cochinadas, gamberra!

    Rosa, para mi sorpresa, se siguió tocando. Don Manuel se quitó los tirantes, con ellos en su mano derecha, fue a su lado, y le dijo:

    -¡En pie, cerda!

    Nada estaba sucediendo cómo Rosa me había dicho.

    Entró en el salón, Laura, una treintañera, de estatura mediana, morena, con el pelo recogido en un moño, casada, y beata hasta la médula (eso aparentaba delante de la gente). Entró con uno de aquellos sujetadores antiguos de color blanco cortado para que le viesen las areolas marrones y los gordos pezones de sus tetas medianas, unas medias negras sujetas con ligas del mismo color, unas bragas blancas, que no debían ser suyas, ya que le salían los pelos del coño por todos los lados y una zapatilla marrón con rayas negras y piso de goma amarillo en la mano derecha. Le dijo a don Manuel:

    -¡¿Qué le ibas a hacer a mi niñita?!

    Don Manuel puso cara de niño asustado. Rosa se levantó y le ató las manos con los tirantes y tiró de él. Don Manuel se puso de rodillas, echó la lengua fuera y jadeó cómo un perro. Me pareció cómico, pero dejó de serlo cuando la criada le bajó los pantalones y los calzoncillos y le dio con la zapatilla, pero no de cualquier manera, le dio con ganas atrasadas.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    Don Manuel lloraba cómo un niño.

    -Voy a ser bueno, voy a ser bueno.

    Decía que iba a ser bueno y le lamía el coño a su hija. ¿Sería que era bueno lamiendo coños?

    -¡Más te vale que lo seas, cabrón!

    Le volvió a dar.

    Con las nalgas al rojo vivo y empalmado cómo un toro, se echó boca arriba, y suplicó:

    -¡No me des más, por favor!

    La criada, le dijo:

    -¿Vas a hacer lo que te diga?

    -Sí, manda que obedeceré.

    Le quitó los zapatos, el pantalón y los calzoncillos, y le dijo:

    -¡De rodillas y cómele el coño a la niña:

    Don Manuel se metió entre las piernas de su hija, y con las manos atadas le comió el coño. Laura se subió al tresillo, le puso el coño en la boca a Rosa y Rosa se lo comió… Me estaba mojando viendo aquello cuando la polla se me bajó hasta quedar en nada. ¿Por qué? Porque en el salón entró mi esposa llevando un vestido de novia, velo incluido. Mi esposa se acercó a los tres, se arrodilló detrás del viejo, levantó el velo y le comió el culo. ¡La madre que la parió a ella y a la puta que los inventó a todos! Me fui cara a la puerta, quise abrirla y estaba cerrada con llave. La golpeé con fuerza y les llame a ellas de puta para arriba y a él de maricón para abajo. No me hicieron caso. Cuando volví a mirar, Laura le estaba comiendo la boca a mi esposa, Rosa, las tetas y don Manuel le comía el coño. Sentí sus gemidos. Vi cómo se le cerraban los ojos y cómo se corría en la boca del terrateniente. Me estaba volviendo loco. Mi polla no obedecía a mi rabia. Se levantó y no paraba de echar aguadilla. Si me sueltan no sé que haría. Algo después sentí andar en la cerradura de la puerta. ¿Quién coño sería? Era Marta que se uniera a la fiesta. No me lo pensé dos veces. Al verme libre fui junto a los cuatro, el terrateniente, a cuatro patas, le estaba comiendo el coño a Laura y mi esposa se lo estaba comiendo a Rosa. Me fui a por el terrateniente. ¡La puta que lo parió! De mí no se iba a reír el desgraciado. ¡¡Se la clavé en el culo con idea de reventarlo!! Fue como si le hubiera metido un dedo! Entró cómo nada. Marta me agarró los huevos y me los acarició y… Coño, no quise desentonar. Acabé llenándole el culo de leche a mi esposa después de correrme en el culo del terrateniente y de hacer que se corrieran Marta, Laura y Rosa.

    Bueno, y aquí lo voy a dejar por que cómo resulta que el padre follaba con la hija a diario y con las criadas, y mi esposa y yo éramos sangre nueva, ya te contaré otro día más cosas… Y no, el viejo no matara a su mujer, fuera un cuento para enredarme.

    Quique.

  • La historia de Lucía

    La historia de Lucía

    Me llamo Lucia, me gustaría contarles algunas situaciones que ocurrieron hace unos años, ahora tengo 22. Siempre he sido una chica muy alegre, sociable, muy segura, mi padre se encargó de enseñarme a enfrentar la vida, a dar mi opinión con argumentos y respeto, a sentir felicidad por lo que uno es por dentro, y no por lo que uno posee o como luzca, a valorar las cosas simples de la vida, como también mi madre que me dio su amor, su cariño, autoestima, orientación y muchos consejitos como mujer.

    Para empezar mi padre era un tipo guero dordo chaparro y muy dócil pero él tiene buen puesto en el gobierno así que económicamente estamos bien, casi nunca lo veo ya que siempre está ocupado en su trabajo y casi nunca está en la casa mi madre sin embargo es ama de casa y se encarga de mi hermana y de mi, mi hermana Esther es muy tímida y es 2 años menor que yo y vamos juntas a la misma escuela.

    Yo soy algo pequeña de estatura, todas en la familia salimos de piel clara de ojos azules por herencia de mi madre, mis pechos diría que son grandes como de 95, pero mi mayor orgullo y lo que provoca la mirada de muchos hombres son mis nalgas, la última vez que las medí eran 120 cm de nalgas. Ya se imaginaran toda la clase de piropos que escucho día a día. Les voy a contar una historia que marco mi vida para siempre.

    Sucedió a mis 18 años en el último año del colegio con 18 años aún no había tenido alguna experiencia, uno que otro beso con amigos de mi villa, empezaba molestarme ya que mis compañeras comentaban sus experiencias con los chicos que agarraban, como se besaban, como se tocaban, que posiciones lo hacían, dando mucho detalle a cosas que yo no había experimentado y que solo imaginaba, aparte que hormonalmente me sentía alterada, sin razón aumentaba mi temperatura corporal, mis pechos se agitaban y endurecían, lo que me causaba un dolor punzante, andaba muy sensible físicamente y emocionalmente, me sentía quemar por dentro, solo escuchar a mis compañeras, me hacía imaginar en situaciones similares, produciéndome sensaciones extrañas y nuevas.

    Ante tales situaciones mi pupi se humedecía tímidamente ante la mínima provocación, me arqueaba de solo sentir esos escalofríos. Necesita desahogarme y liberar toda esa energía dentro de mí, pero no me gustaba tocarme, lo encontraba aburrido. Con el pasar de los días más aumentaba mi deseo, aunque intentará no pensar, mi cuerpo me traicionaba pidiendo alguna atención, era una bomba de tiempo, tenía que encontrar una solución.

    Cuando salíamos con papa la molestaban y le decían algunos comentarios subidos uff, como que estaba bien buena, o que pedazo de trasero señora, pagaría todo el dinero del mundo puta, donde papa solo se reía y se hacía el loquito para luego decirle cosas al oído, ella solo reía y caminaba con más ímpetu. Yo le increpaba porque no la defendía, el me respondió: una mujer con ese cuerpo y vestida así es difícil de no alabar no crees?, es imposible luchar contra lo inevitable, que la miren y le digan cosas, mientras no le falten el respeto tocándola… son solo palabras, uno les da el peso hija. Comprendí que tenía la razón, a mama le gustaba sentirse linda y admirada junto a su hombre vistiendo ropas provocativas, brillando como una estrella, le daba fuerza y energía, ella se sentía bien, aparte papa la entendía y parecía también disfrutar que admirasen a su mujer, muchas veces la tomaba fuerte de la cintura como diciendo es mía, o le daba unos buenos besos apasionados, era muy incómodo para mí, ver a tus padres así en pleno centro comercial, pero sabía que así era su forma de ser, sus gustos, era parte de su confidencialidad como pareja, yo mientras me hacía la loca.

    En una ocasión al regresar de mi la escuela, escuche unos ruidos en la cocina, entre despacio y el viejo tenia a mi madre con sus pantalones de gimnasia en los tobillos y sus pantis rotos completamente para poder meterle la verga, así empinada ella en la mesa de la cocina le daba fuertes palmazos en las nalgas y le decía:-Que bonitas nalgotas amor!!! bien blancas y grandotas.

    En una ocasión al regresar de mi la escuela Cuando entre a la casa, ansiosa por ducharme me asome por la ventana vi una la pelea de mi padre con el vecino le pregunte a mi madre con el objeto de distraer su atención Paso algo? -Le pregunte, simulando interés. Y me conto que estaba regando los arboles del jardín, ‘cuando tu padre sorprendió a ese viejo gordo con un par de hombres que recogen la basura mirándome y haciendo comentarios acerca de mi’ Respondió ella con un leve tono de repugnancia. Que pasa? Parece que también empezaste a odiar al vecino -Insinué mientras entraba al baño. -Sí, ese degenerado me tiene harta. Replico alejándose a la cocina.

    Cuando me secaba me puse a pensar en lo que había provocado la pelea de mi padre con el vecino; pelea que supongo terminada ya que escuchaba a mi padre hablar con mi madre en la cocina. Por lo que pude escuchar, la recriminaba por las prendas que usaba, muy pequeñas por cierto, que dejaban al descubierto sus hermosas piernas, su cintura y su extraordinaria piel tostada. Antes de continuar debo decir que si hay una mujer a la que envidie por su belleza esa es mi madre; su nombre es Susana y es simplemente perfecta. Yo herede de ella todo lo que tengo; mis piernas largas y bien formadas; mi cintura de Barby; mi hermosa y sensual carita y mis bien formadas tetas, aunque debo decir que las de ella son de mucho mayor tamaño, lo que provoca un desorden de hombres a su alrededor cuando sale de casa. Por esto no me extraño que el vecino y esos dos basureros, que yo supongo son los mismos que me miran con cara de perros en celo cuando me los topo en la calle, hayan estado mirando a mi mami.

    Al día siguiente, en la escuela, no me podía concentrar en nada y justo al principio del día me tocaba gimnasia. Me tocaba la clase con don esteban el profesor de física al final de los ejercicios pedí una ducha el me autorizo para ir a ducharme y cambiarme. Yo contenta le hice caso y me fui a los camarines. Luego de ducharme saliendo de las regaderas envuelta en mi toalla cuando me di cuenta que alguien estaba espiándome desde detrás de unos casilleros; lo note gracias a la figura que formaba su sombra en las rendijas de su escondite. Me puse nerviosa y me sentía sin saber que hacer, al cabo de unos minutos me calme y deduje que el voyerista debía ser el conserje de la escuela, al cual me había topado antes de entrar a los camarines.

    El conserje era un hombre no muy viejo de unos 50 años; muy moreno de 1.80 de estatura conocido en la escuela como el cojo Juan ya que al parecer tenía una pierna más corta, lo que le provocaba una leve cojera al caminar. De pronto empecé a sentir esa sensación entre mis piernas al saberme espiada por un degenerado que seguramente ansiaba verme desnuda. Esta sensación me descontrolaba y hacia que olvidara todos mis temores; ya era consciente que me gustaban los hombres asquerosos que quisieran aprovecharse de mi y gracias a ellos había experimentado las sensaciones más placenteras de mi vida, por lo que decidí dejarme llevar por mis deseos y darle algo para que disfrutara ese maldito fisgón (disculpen el vocabulario, pero me excita insultarlos, me hace sentir ultrajada).

    Con esta decisión me pare lenta y sensualmente mientras me quitaba la toalla. Luego me incline a buscar una crema en mi bolso parando mi trasero para que el fisgón lo observara a gusto mientras simulaba no encontrar lo que buscaba; al cabo de un rato deje de menear mi trasero y empecé a echarme crema en las tetas totalmente descubiertas; las apretaba y pellizcaba a gusto, lo que provoco que me excitara más todavía. Seguía aplicándome crema en el cuerpo, esta vez bajando por mi cintura, llegando a mis piernas y repasando de una manera muy coqueta mi trasero. Luego, producto del placer, olvide al desgraciado que me espiaba y me dedique exclusivamente a darme placer con mis caricias, haciéndome terminar con una mano en mi zorrita y la otra con un dedo metido en mi trasero. Volví a mirar los casilleros, pero la sombra ya no estaba.

    Luego de vestirme me dirigía al patio, donde la señorita Vivian daba la segunda con la clase, y me senté a observar. Al paso de un rato vi como desde la ventana de la oficina del director, estaban este y el cojo Juan mirando detenidamente a la profesora que destacaba todas sus partes por sus transpiradas y apretadas prendas de gimnasia; en un principio no me extraño ya que la profe tiene un lindo físico esculpido por el ejercicio, creando unas fabulosas curvas entre sus piernas, trasero, cintura y pechos. Pero después me acorde de los rumores, que corrían por la escuela, de lo deseoso que estaba el director con ponerle las manos encima a la profe Vivian. Esto no me extraño cuando lo oí ya que es conocida la fama de caliente del director, incluso se rumoreaba que, pese a su mala apariencia de gordo asqueroso y los años que lleva encima, este viejo se habría cogido a varias profesoras que han pasado por la escuela. La razón, se contaba, su enorme y siempre duro miembro. Según observando la clase y la manera como admiraban a la profe estos dos morbosos cuando me percate que el cojo Juan me miraba más que a la profe lo que reafirmo mis sospechas de que él era el fisgón de hacia un rato.

    Ese día por reunión de profesores nos dejaron salir más temprano de la escuela, olvide que lo habían anunciado la semana pasada así que fue toda una sorpresa para mi. Al bajarme del autobús me sentía muy excitada por haber estado pensando en mi experiencia del día anterior durante todo el viaje, solo querer llegar a mi casa a ducharme y acariciar mi cuerpo. Cuando abrí la puerta de mi casa me pareció que no había nadie y supuse que mi madre estaba en el supermercado o de compras. Me dirigí a mi pieza a dejar mi bolso cuando escuche que alguien estaba en la habitación de mis padres, más precisamente en la cama de mis padres, supondrán el sonido que me llamo la atención.

    Pensé en irme a dar una vuelta al parque para dejar a mis padres en paz, para que mi papa no perdiera el permiso que seguramente había conseguido en el trabajo para poder estar a esa hora en casa. Cuando salí al jardín me quede pasmada al darme cuenta que el auto de mi padre no estaba. Mire para dentro mientras miles de ideas me daban vueltas en la cabeza; obviamente la que mejor opción era la de pensar que mi papi había prestado el auto o que lo tenía en el taller, pero no negare que ni yo creía en eso, razón por la cual decidí asegurarme de que los que estuvieran en la pieza fueran mi padre y mi madre o por lo menos ninguno de los dos. Entre otra vez a la casa, esta vez sigilosamente y con el mayor de los cuidados, ya que si eran mis padres no los quería molestar.

    De esta manera llegue a la puerta de su habitación que, para mi suerte, solo estaba junta. Recordó que junto a la puerta había un ropero que por la parte interior de sus puertas tenia espejos, y por los agujeros que tenía estas siempre se abrían solas, por lo que pensé que sería muy fácil ver lo que pasaba en la cama sin que me vieran. Abrí de la manera más cauta que pude la puerta, dejando solo el espacio justo para poder ver la cama.

    Lo pensé unos segundos, entiéndanme, estaba asustada y no sabía con lo que me iba a encontrar. Me arme de valor y me asome; no sé cómo explicar lo que sentí en ese momento, cualquier cosa que les diga quedara corta, simplemente quede paralizada y horrorizada. Estaba mi madre tirada boca abajo sobre la cama con unas pantys rojas hasta el muslo, que yo nunca le había visto, las cuales eran sujetadas por un porta ligas del mismo color, tenía un cojín en el estómago lo que hacía que su trasero se parara de una manera descomunal hacia el techo, ella tenía agarradas las cobijas con las manos y pude notar como mordía el otro cojín de la cama mientras, pese a sus ojos cerrados, sus lágrimas recorrían sus mejillas. Sobre ella, la figura de un hombre obeso, arremetía con fuerza contra el cuerpo de mi pobre madre, se notaba el tamaño exagerado de ese miembro, que, yo suponga por la posición, entraba y salía del trasero de mama; reconocí que aquel maldito que empalaba a mi madre era el vecino que el día anterior estaba discutiendo con mi padre!!.

    -Eso maldita puta, quiero que te duela el culo!, Quiero abrirte como nadie lo ha hecho!

    El gordo le gritaba mientras ella empezaba a gemir con una mezcla de placer y dolor. De pronto mi madre empezó a gritar descontroladamente, lo que agitaba y excitaba aún más a ese maldito.

    -Aaaahhh!… aaayyy… deja mi culo, por favor me duele -Rogaba mi madre-

    -Te lo chupare pero déjame maldito, ya no aguanto más.

    -A quien crees que engañas?, Se muy bien que te está gustando, si me pides que te suelte es para calentarme y que te de más duro -Respondía el viejo mientras le pegaba fuertes palmadas en las nalgas, dejándolas rojas por tantos golpes.

    Me sentía indecisa y asustada no sabía que hacer; por una parte ella rogando que la dejaran, y por otra meneaba sus caderas respondiendo a los fuertes embistes de ese maldito. No sabía si intervenir o no, no sabía si mi madre era obligada o no.

    -Ya sabes cómo me gusta terminar -dijo el gordo saliendo del interior de mi madre y quedando de pie detrás de ella.

    Sorprendida por el tamaño de ese miembro y por la situación en la que estaba mi madre, siendo cogida por un hombre gordo, feo y más viejo que ella; me excite observando como ella tomo sus perfectas y grandes tetas, se arrodillo frente a su violador, y con ellas atrapo el enorme pico del maldito, dejando fuera solo la húmeda cabeza de ese miembro la cual no tardo en capturar con sus labios.

    Comenzó a hacerle una paja con sus tetas sin dejar de emitir gemidos de excitación, como esperando el merecido premio de la tarde. En un momento la gran excitación de mi madre fue evidente, estaba siendo víctima de un gran orgasmo; de lo que el maldito se percató diciéndole

    -comételo todo perra -mientras agarraba fuertemente la cabeza de mama, obligándola a tragar todo lo que salía de su miembro.

    Cuando todo acabo mi madre quedo tirada sobre la cama dejando que el viejo del vecino masajeara a gusto sus tetas. No aguante más, la excitación y rabia que sentía me impulsaron a salir huyendo de mi casa. Sentada en el parque no me podía explicar cómo una mujer tan hermosa como mi madre se dejara sodomizar por el asqueroso enemigo de su marido, sería un poco más entendible si ese hombre fuera atractivo pero era un monstruo.

    Quizás esa extraña preferencia por los hombres asquerosos que sueñan con poseerte a toda costa, sea algo heredado de mi madre, idea que pronto olvide al recordar a mi padre que era lo que se podría llamarse un hombre atractivo. Confundida aun por lo que había sucedido, decidí no decirle a mi mama lo que había visto y callarme no quería que mis padres se divorciaran y preferí quedarme callada.

    Ya era la hora en que yo llego normalmente del colegio así que me fui a casa. Cuando llegue, mi madre estaba haciendo aseo en su dormitorio seguramente para limpiar cualquier residuo de lo que podría haber dejado lo acontecido en aquella habitación.

     

  • Todo por un culo

    Todo por un culo

    En mi país el servicio militar es obligatorio para los jóvenes que han cumplido los dieciocho años.

    Yo, junto a otros trecientos hombres, marchamos debajo del sol por cada sábado del año. Lo único bueno del servicio, y el único motivo que nos alentaba ir, era nuestra seria y dura maestre, Emilia Zoto. Una militar de treinta años, morena con un rostro fino y un culo de infarto.

    Los demás maestres nos decían que la chigaban a diario entre varios, y es que ella siempre vestía con pantalones ajustados. Con una comandante así siempre queríamos marchar a cualquier lugar y a cualquier hora para ver esas nalgas moverse. Me prendía cuando nos hablaba duro durante las prácticas. Nos decía poco hombres cuando no cumplíamos con nuestros ejercicios.

    Un día ella nos cachó a mí y a otros dos compañeros hablando sobre su culo. Se enojó tanto que nos dio una tremenda regañiza y nos ordenó dar tres vuelta por toda la cancha.

    Apenas pudimos dar dos vueltas corriendo. Ella se apiado de nosotros y nos detuvo en un punto alejado de los demás. Emilia se sentó en una silla y nos ordenó hacer cincuenta lagartijas. Ella hablaba mientras las hacíamos.

    —Todo esto por mi culo.

    —Haría esto y más por tener su culo —susurró Ivan que estaba a mi derecha.

    —¿Qué dijiste?

    —¡Nada, mi maestre!

    —Yo soy demasiada mujer para ustedes, niñitos de mamá —comentó entre risas juguetonas.

    —He penetrado culos más grande que el de usted —dijo Ignacio que estaba a mi izquierda.

    —¿Qué fue lo que dijiste?

    —Usted me escucho perfectamente, maestre. —levantó la cabeza y le brindo una firme mirada a Emilia. Yo ya estaba pensando que nos daría la madriza de nuestras vidas pero lo que sucedió nunca me lo imagine en mis sueños más húmedos y oprimidos.

    —¡Firmes! ¡Ya! —ordenó mientras se levantaba y marchaba hacia nosotros.

    Nosotros nos levantamos y nos pusimos firmes. Ella se acercó, nos miró de cerca a cada uno y después sonrió.

    —Quítense los pantalones.

    —¿Qué? —la cuestione por la rareza de su orden.

    —Quítense los pantalones —repitió con más dureza—. Quiero ver como ladran muerden.

    Me puse muy nervioso y dude en hacerlo, pero Ignacio ya tenía los pantalones abajó. Ivan no tardo en seguirlo así que no tuve más remedio que tragarme mi vergüenza y hacer lo que me ordeno.

    Todos bajamos la mirada por instinto. Los penes de Ivan e Ignacio eran grandes, no estaban del todo erecto y ya median como 17 centímetros. Mi pene era un pobre chiste comparado con el de ellos.

    Emilia se echó a reír mientras me agarraba la verga sin tener ninguna gentileza.

    —Definitivamente soy mucha mujer para ti —dijo riendo—, pero tus amigos, —Estiró los brazos acariciando las vergas de mis compañeros que ya empezaron a endurecerse—, con estos tremendos rifles tal vez si sean capaces de rellenarme de plomo.

    —Se lo dije perra —hablo Ignacio con orgullo y se ganó una potente cachetada.

    —Que insolente eres —le dijo Emilia—, pero dotado. Les propongo un trato, chicos. Le daré mi culo a cada uno de ustedes para que lo disfruten pero antes tienes que hacer algo para mí.

    —¿Una mamada de coño? —le preguntó Ivan.

    —Casi. —me miró con malicia y mi pene se ruborizó—. Quiero que tú se la mames a ellos y ustedes se dejen mamar por el gordito.

    —¿Qué? No…no hare eso.

    —Es la única manera si quieren tener mi culo. —Dicho eso se dio la vuelta y regresó a su silla.

    —No lo hare.

    —Claro que sí. —Ignacio puso su mano en mi hombro, apretándome con fuerza. Ivan lo imitó. —Piensa en el premio. Nos chingaremos el culo de esa puta entre los tres. Este será nuestro secreto. Así que arrodíllate y chupamos la verga.

    —Esto es algo enfermo.

    —Lo sé —dijo Ivan—, pero como dijo Ignacio, piensa en el jodido premio. Nadie se enterara de esto.

    Veía en sus ojos que no saldría de esta. Para que sus vergas entren en el culo de la maestre primero deben de entrar en mi boca. Me resigné, trague saliva y me arrodillé en el césped de la cancha.

    —¡Vamos chicos, imagínense que es una puta barata! —exclamó Emilia desde su asiento—. ¡Y tú, gordito, agarra esas vergas, sacúdelas y después te las metes en tu boca! Lamelas como si fueran una paleta.

    —Ya oíste —me dijo Ignacio—, hazlo rápido, panzón.

    —Apresúrale, wey —me dijo Ivan.

    Ignacio e Ivan eran dos jóvenes delgados pero con mejor forma que yo. Extrañamente sus penes ya estaban casi erectos, el mío también lo estaba y desprendían un hedor entre orina y sudor. Sujete aquellos pedazos de carne que no cabían en mis manos y empecé a jalárselas.

    —¡Mas rápido! —exigió Emilia. Me fije que ella tenía su mano metida en su pantalón. Se estaba masturbando viendo como yo masturbaba a mis compañeros.

    Ellos acercaron sus penes a mi cara, restregando su viscoso glande por mis cachetes, mi frente, mis orejas, mis ojos y mis labios. Tenía una leve y caliente capa de pre-semen en mi rostro. Abrí un poco los labios y la verga de Ivan se deslizo hasta mi boca. Me acorde de lo que dijo Emilia y empecé a lamerlo como si fuera una paleta. No sé si lo hacía realmente bien pero Ivan estaba gimiendo de placer ante mi lengua. Ignacio empujaba su vergota en mis labios, tuve que abrir más la boca para que su verga también entrara.

    —No lo creo, tiene nuestras vergas en su boca —dijo Ivan. Yo tampoco lo creía, tenía dos vergas en mi boca y mi lengua las lamia al mismo tiempo. Su extraño sabor me resultaba delicioso. Mi madre estaría orgullosa de mí.

    —Acaríciale los huevos a tus amigos —me ordenó Emilia que continuaba dedeandose ante el show que le estamos montando.

    Estaba arrodillado con dos vergas en mi boca mientras que mis manos jugaban con los grandes y peludos huevos de Ignacio e Ivan.

    Ignacio empujo a Ivan para que se alejara y después sujeto mi cabeza. Ya sabía lo que venía a continuación. No sé cómo lo hice pero a la fuerza me tragué toda la verga de Ignacio mientras que sus huevos chocaban contra mi barbilla. Me estuvo follando la boca por casi tres minutos hasta que las arcadas y las náuseas me obligaron a sacarme esa vergota de mi boca para recuperar el aliento y escupir el semen que no me había tragado. Pero mi momento de recuperación no duro casi nada, Ivan metió sus huevos a mi boca y recargo su verga sobre mi cara.

    Sin que me dijeran nada empecé a chupar y lamer esos huevos peludos mientras restregaba su vergota por toda mi cara. Poco minutos después Ivan también me estaba follando la boca mientras que yo masturbaba a Ignacio que no paraba de escupirme a la cara. Me sentía como toda una puta de verdad, al tal punto que tome la iniciativa y empecé a hacerles garganta profunda a los dos. Un minuto chupaba una verga y al siguiente chupaba la otra. De nuevo me metieron ambas a la vez y me tapaban la nariz para asfixiarme con sus vergotas.

    Me dejaron libre para que pudiera respirar, toser y escupir, pero cuando alce la mirada vi como intensas gotas de semen caía sobre mi cara. Los cabrones se vinieron sobre mí, bañándome de leche. Y como si fuera una puta sedienta abrí la boca para tragarme su leche.

    Cuando vaciaron sus bolas en mi voltearon sonrientes hacia la maestre pero ella se había ido.

    Se enfadaron mucho, en especial Ignacio. Yo me quede callado mientras me limpiaba el semen de mi cara con mi propia playera. Ivan me ayudo a levantarme y mientras nos subíamos los pantalones nos prometimos que nunca contaríamos lo que paso. Pero por desgracia o tal vez suerte para mí se volvió a repetir, pero eso es otra historia.

    Regresamos con el grupo y nos fuimos a nuestras casas, algo decepcionados y algo felices. Por al menos ellos lograron vaciar sus huevos. Yo seguía con la verga dura y tuve que hacerme una extensa paja para bajarme la calentura, pero primero me lave bien la boca y me duche por una hora.

    Cuando volvimos el sábado siguiente nos enteramos que la comandante Emilia Zoto la habían transferido a otro estado y nunca la volvimos a ver.

  • Lucía (Cap. III): Un inesperado sacrificio

    Lucía (Cap. III): Un inesperado sacrificio

    Así fue como lo que pudo ser un fin de semana de puro sexo con la hermosa Lucía, terminó convirtiéndose en una de mis peores pesadillas. Recuerdo ir sentado en la parte posterior de una patrulla, con las manos esposadas y con un policía custodiándome a cada lado. Recuerdo haber llegado al ministerio público, donde me encerraron en “los separos”, esa especie de pecera deprimente a donde van a parar los infelices que son arrestados y que sirve de antesala a la prisión.

    Un rato después de que me revisara un médico legista, me hicieron pasar al escritorio de un sujeto con pinta de borracho trasnochado, un agente del ministerio público, quien sentado detrás de una vieja computadora, tomó mi declaración. Luego, me permitieron hacer una llamada telefónica. Pero habiéndome despojado de mi celular (de hecho, al meterme en los separos me obligaron a quitarme hasta las agujetas), no fui capaz de recordar otro número que no fuera el de Jennifer, mi ex esposa, quien contestó luego de unos segundos, a pesar de no reconocer el número que apareció en la pantalla de su teléfono.

    Escuchar la voz de Jennifer ayudó a que me calmara, sobre todo porque si alguien podía ayudarme era precisamente ella. Nos seguíamos llevando muy bien aun después de haber pasado un año desde nuestro divorcio, aunque en cuanto mi ex mujer supo mi situación, se volcó en airados reclamos contra mí. Logré explicarle más o menos lo que había pasado, que esa mañana, al llegar a la oficina, me había encontrado con que alguien había asesinado a Filemón, el guardia en turno del edificio de oficinas donde yo trabajaba. Que no entendía por qué la policía me había detenido, ni mucho menos por qué me consideraban sospechoso. En fin, le dije todo, pero omitiendo que había pasado las dos últimas noches disfrutando de cogerme a Lucía, la mujer más atractiva de la oficina y que por eso me había ausentado en la casa que Jennifer y yo todavía compartíamos tras nuestro divorcio. No sé bien porqué, pero por un momento sentí como si aún estuviésemos casados y el hecho de haber estado con mi hermosa compañera de trabajo, follando con ella como dos adolescentes en celo, fuese una traición hacia Jennifer.

    Mi ex mujer es abogada (aunque dejó de ejercer activamente para dedicarse a impartir clases de derecho hacía menos de un año). La conocí y nos hicimos novios en el tiempo en que íbamos en la universidad (yo estudiaba administración de empresas, ella leyes) Jenny hacía su servicio social, precisamente en la alcaldía a la que me habían llevado detenido, las mismas instalaciones en donde ella había trabajado durante varias administraciones.

    Bueno, pues ahí estaba yo, un matrimonio y un divorcio después, hablándole por teléfono a Jennifer, para pedirle que acudiera en mi ayuda –Te lo juro, Jenny ¡Soy inocente! Yo no lo maté… Tú me conoces. Jamás haría algo así- Recuerdo haberle dicho, al borde del llanto.

    Ella, con esa autosuficiencia de la que siempre hizo gala cuando de cuestiones profesionales se trataba, me dijo: -No te preocupes. Voy para allá- Colgó el teléfono y por alguna razón, en aquél momento presentí que todo estaría bien.

    Hacía poco más de 17 años que Jennifer y yo nos habíamos conocido. Nos casamos hacía 16 y nos divorciamos cuando nuestro único hijo recién terminaba la secundaria, con 15 años de edad.

    Recuerdo que aquella lejana noche de fiesta, al principio de mi segunda década de vida, vi llegar a Jennifer y me enamoré inmediatamente de ella, de su frondoso cuerpo de pechos bien dados y de su pose de mujer “de mundo”, siempre vistiendo formal, con su cabello castaño atado o trenzado de formas a veces caprichosas. Esa era mi chica, una joven muy linda, de 22 años, de carita redonda, nariz fina y una mirada traviesa en esos ojos verdes que uno no podía dejar de mirar. Jennifer es bajita (tiene 1.58 de estatura) y desde que recuerdo, estaba algo obsesionada con su peso, así que aunque se cuidaba mucho, no podía evitar tener unos kilos de más, lo que en realidad, más que ser un problema estético, realzaba el volumen de su delantera y el ancho de su cadera, de modo que uno jamás se fijaba en otra cosa que no fueran sus prominentes curvas –Si engordo, voy a parecer un enano- Solía decir ella cuando la invitaba a cenar y dejaba a medias lo que había ordenado. Lo cierto es que no hacía falta que Jennifer tomara tantas precauciones respecto a su dieta, porque era dueña de un cuerpecito que hacía fantasear a cualquiera.

    Por su cara bonita, el llamativo color de sus ojos y sobre todo, por la hipnótica voluptuosidad de sus pechos, había varios hombres interesados en Jennifer. Siempre los hubo, aun después de que se casara conmigo. Cuestión de la que invariablemente, me tenía bien enterado, pues durante nuestros pleitos de casados, Jennifer solía contarme de los tipos que “le echaban los perros”, (supongo que eso le alimentaba el ego de algún modo) aunque ya cuando las cosas se calmaban me juraba que jamás correspondió las pretensiones de alguno, incluyendo a su jefe, un hombre que incluso llegó a hacerme comentarios de cuán guapa le parecía Jennifer.

    El día de mi detención, mientras hablaba por teléfono con mi ex esposa, me pareció irónico encontrarme del lado de los acusados, esperando a que Jennifer me sacara de ahí. Había pasado infinidad de tardes en mi juventud, matando el tiempo mientras esperaba a que Jenny concluyera la jornada de su servicio para llevarla al cine, o a algún hotel cuando éramos novios. Solía pasearme por los pasillos del ministerio público, mirando con algo de morbo la angustia, el hartazgo y la furia de quienes terminaban, por un motivo u otro, viéndose en la necesidad de permanecer ahí, en donde ahora me hallaba en calidad de presunto homicida.

    Jennifer llegó al poco rato de nuestra llamada. Desde el interior de la caja de acrílico donde me encontraba, la vi pasar, saludando a los conocidos que le quedaban en el “MP”. Entre ellos, el fulano gordo y desaliñado que había tomado mi declaración. –“Con razón se me hacía conocido ese cabrón”- Pensé, cuando vi al tipo levantar sus abundantes carnes del asiento para saludar efusivamente a Jennifer, un momento antes de permitirle acercarse a donde yo estaba.

    -Esta vez te pasaste, Manuel- Me dijo mi ex esposa, cuando estuvimos de frente.

    -Te juro por nuestro hijo que no tengo nada qué ver en esto- Le aseguré. –Anoche Filemón estaba como sin nada. Vivito y coleando- Dije, pegándome lo más que pude a la división plástica que me separaba de Jennifer. –Hoy que pasé a la oficina, me encontré con que algún hijo de puta había matado al buen Fili- Le dije, repitiendo esa parte de mi relato que le había contado por teléfono minutos antes.

    -¿Y se puede saber qué chingados hacías en tu trabajo un sábado en la mañana?- Quiso saber ella, denotando que más que interés profesional por mi caso, había un dejo de celos en su pregunta.

    -Salí con alguien- Le confesé, provocando que Jennifer sonriera con ironía, llevándose una mano al pecho, como si la hubiese ofendido. –Dormí con alguien… Luego… en la mañana recordé que había dejado algo en la oficina… un… este… algo importante- Mi balbuceo se vio interrumpido por Jennifer, que usando el mismo desagradable tono de autoridad maternal con el que solía reprender a nuestro hijo, comenzó a hablar.

    -Esto te pasa por andarte cogiendo a cualquier ramera que te pasa por delante- Noté que Jennifer disfrutaba al ridiculizarme de tal modo y aunque quise decirle que Lucía no era cualquier puta y que desde hacía unas horas se había convertido oficialmente en mi nova, decidí que lo mejor para mí sería quédame callado, hasta que mi ex esposa concluyera su sermón, o sea unos fastidiosos 5 minutos, en los que aprovechó para reprocharme cuanto le vino a la mente.

    -Déjame ver qué puedo hacer por ti- Dijo finalmente y un momento antes de que por sobre su hombro, observara que el obeso agente del MP se acercaba, con la mirada clavada en el compacto y atractivo culo de mi linda ex mujer, quien había acudido en mi auxilio vistiendo, contrario a su habitual sobriedad, con un pantalón deportivo, que se adhería a sus piernas y nalgas de una forma muy sugestiva.

    El agente y Jennifer intercambiaron algunas palabras conmigo y un momento después, se alejaron, charlando como dos viejos amigos que no se encontraban en mucho tiempo. El agente acompañó a Jennifer a una pequeña oficina, al otro lado de donde yo me encontraba, padeciendo uno de los peores trances que he sorteado.

    Pasaban los minutos y mi desesperación iba en aumento. No podía sacarme de la cabeza que alguien hubiese matado a Filemón, ni mucho menos podía dejar de hacerme ideas de por qué estaba señalado como el responsable de tan deplorable acto. Por momentos llegué a pensar que los investigadores habían descubierto el chantaje que Filemón pretendía hacerme y les había parecido que aquello era suficiente como para motivarme a terminar con su vida. Temblaba de miedo solo de pensar que alguien hubiera encontrado el celular de Filemón, con ese video en donde Lucía y yo aparecíamos cogiendo en la oficina, a cambio del cual, el fallecido guardia de seguridad, me había pedido que convenciera a Lucía de acostarse con él.

    En mi mente, la voz de Filemón, ese viejo cabrón que yo creía mi amigo, repetía una y otra vez lo último que recuerdo haberle escuchado decir “–Yo también quisiera recibir unos sentoncitos de Lucía, de esos tan ricos que se dio anoche contigo”- A mi mente acudía el momento en que le había ofrecido una buena suma a cambio del video, creyendo que así desistiría de su amenaza de subirlo a internet o de mostrárselo a los directivos de la empresa, perjudicando irreversiblemente tanto a Lucía como a mí. Pero lo único que parecía interesarle a Filemón era pasar un rato con la mujer que ahora era mi novia, con la que yo había pasado dos noches seguidas, tan deliciosas, que hasta había logrado olvidarme por completo del asunto del video y el chantaje de Filemón, quien como ultimátum, me había dicho que fuera a verlo esa mañana, antes de que concluyera su turno, para decirle si Lucía estaba dispuesta a hacer lo que él pedía.

    Como un animal enjaulado, andaba yo por aquella celda de plástico, apestosa a orines rancios. Guardaba la esperanza de que Jennifer pudiera hacer algo para sacarme cuanto antes, pero hacía ya más de una hora que se había perdido de vista con su amigo, el agente gordo. Empecé a creer que a pesar de lo bien que habíamos llevado el divorcio hasta entonces, Jennifer tuviera ganas de tomar venganza porque yo hubiera comenzado a ver a otra mujer y para ese momento estuviera coludiéndose con el agente para asegurarse de que no me dejaran libre. Pero lo peor de aquél encierro era la angustia de no poder hablar con Lucía, para explicarle que me hubiera desaparecido de su casa, justo después de haber pasado con ella una noche increíble.

    Pasaría al menos una hora más para que por fin reapareciera Jennifer, quien sin embargo, pasó de largo y lo suficientemente lejos de mí como para fingir no escucharme cuando la llamé desesperadamente. Quise convencerme de que volvería a verla dentro de poco. –“¿Y el agente marranón?”- Me pregunté, al ver que Jennifer se dirigía a la salida del MP sin la compañía de su “amigo”.

    Luego, vino el cambio de turno en el ministerio público. A mis compañeros de cautiverio los sustituyeron otros y supuse que el hecho de que no me llevaran al reclusorio todavía, era una buena señal. ¡Cómo me moría de ganas por regresar con Lucía y abrazarla!

    Me acomodé sentado en la dura superficie de la banca de concreto que había en aquél triste lugar. Tenía hambre y sueño. El reloj de pared que colgaba al otro lado del recinto, marcaba ya las 4 de la tarde y yo no lograba comprender la extraña actitud de Jennifer al retirarse tan abruptamente y sin darme noticias.

    No sería sino hasta unos días más tarde, que mi ex esposa me hablaría de lo que ocurrió en la oficina donde la vi encerarse con el agente:

    -¿Entonces ese cabrón es tu marido?- Le había preguntado el hombre a Jennifer en cuanto ambos tomaron asiento, ocupando una silla a cada lado del escritorio que había en el pequeño despacho en el que yo los viera entrar aquél día. –¡Claro!- Exclamó el tipo, al recordarme -¡Pero si es Manolito, tu esposo!- Concluyó el despreciable sujeto, mientras sus gordas manos buscaban en vano dentro de sus bolsillos algo con qué encender un cigarro.

    -ERA mi marido- Subrayó Jennifer, tirándole un encendedor al agente. –Pero eso no quita que le tenga aprecio y que quiera ayudarlo.

    -Bueno, veo difícil que puedas ayudarlo- Dijo el hombre, antes de calar profundamente su cigarrillo y de echarse, estirando las piernas y reclinando el respaldo de la silla que le pertenecía a su superior, ausente por ser sábado. –Nadie puede ayudarlo. Están por poner el monto de su fianza y déjame decirte que tendrá 7 cifras.

    Jennifer soltó una carcajada, con esa risa melodiosa tan suya. –No tienen ninguna prueba contra él ¿Verdad? ¡Vamos! acepta que lo detuvieron solo porque necesitan un chivo expiatorio. Como siempre, no han de tener ni la más puñetera idea de lo que pasó en realidad- Respondió ella, con audacia -¿A quién quieres engañar, Jorge?

    -Mira Jenni, no sé qué te haya contado tu maridito- Jennifer lo interrumpió para corregirlo nuevamente. –Bueno, tu EX marido. No sé lo que te dijo, pero las cámaras de seguridad muestran que discutió con el guardia justo antes de salir del edificio.

    -¿Y…?- Preguntó, Jennifer, rechazando el cigarro que le ofrecía su antiguo compañero de trabajo.

    -Que lo siguiente que se observa es que el vigilante sale a la calle detrás de tu galán y un minuto después, el pobre viejo regresa a su puesto con un tajo en la barriga, agarrándose las tripas como puede. Tu ex marido lo cortó como a una puta res.

    Jennifer dio un respingo ante tal descripción, e intentando reponerse pronto, alegó que aquello no me implicaba en lo más mínimo y además me conocía lo suficiente como para saber que yo no acostumbraba portar ningún tipo de arma y mucho menos, sería capaz de tasajear a un hombre de aquél modo.

    -En las cámaras se ve cómo el vigilante trató de llamar al 911. Pero quedó muerto antes de lograrlo. Luego en la mañana, tu ex marido aparece de nuevo, fingiendo demencia-

    -¿Y en todo ese tiempo no hubo nadie que ayudara al pobre hombre?- Quiso saber mi ex mujer.

    -No. Tu esposo y una mujer, que salió unos minutos antes que él fueron los últimos en dejar el edificio.

    -¿Qué hay de la mujer?- Cuestionó Jenni, imaginándose que seguramente aquella era mi compañera de trabajo, esa con la que le dije que estaba viéndome.

    El agente sonrió antes de responder –Está buenísima, la cabrona- Y percibiendo los celos de mi ex esposa, añadió con malicia: -¡No me digas que es la querida de tu esposo! Porque si es así, déjame decirte que es un cabrón con muy buen gusto. Y con más suerte aún.

    -¡No es mi esposo! Y no seas pendejo. No estoy celosa- Reclamó Jennifer, sin poder evitar desviar la mirada. –Mejor dime con quién debo hablar para que dejes salir a Manuel.

    El agente aplastó el filtro de su cigarro en el cenicero. –¿Hace cuánto que te separaste de él?

    -Va para un año.

    -Qué pena por él. Mira que dejarte ir… Con lo guapa que eres- dijo el agente. –Tal vez ahora que estás soltera, por fin quieras aceptar ir conmigo por un trago.

    -Gracias, Jorge. Pero no vine a que me invites a ningún lado- Jennifer estaba desesperándose -¿Es que debo llamarle a Arturo para pedirle que me ayude?- Dijo luego, haciendo referencia al alcalde.

    -Sabes que siempre te tuve ganas ¿Verdad, Jenni?- Expresó el hombre, como si no hubiese escuchado la pregunta que le hizo ella y mirándole el escote, que sin ser revelador, dejaba adivinar el buen tamaño de sus pechos. –Desde que estabas aquí haciendo tu servicio social me gustas. ¿Hace cuánto? ¿Quince años?

    -Sí. Hace quince años, más o menos- Jennifer comenzó sentirse incómoda al intuir a dónde quería llegar su viejo conocido con toda aquella charla. Tragó saliva y queriendo salir de ahí cuanto antes, repitió que llamaría al alcalde de inmediato. –Sabes que Arturo y yo fuimos buenos amigos- Dijo ella, pasándose discretamente la lengua por sus pequeños labios -Seguro que él me va a ayudar con esto.

    El gordo no estaba seguro de hasta dónde había llegado la “amistad” entre Jennifer y el alcalde, pues con toda seguridad Arturo había conseguido cogérsela aun siendo una mujer casada. El alcalde era adicto a las mujeres y Jennifer una lindura. Seguro que la ayudaría si ella se bajaba las bragas.

    –Mira, como están las cosas, dudo mucho que el alcalde pueda ayudarte. Como está en campaña, ya sabrás que está metido en pedos mucho más importantes que sacar a tu ex de la cárcel- Comenzó a decir el agente, mientras se ponía de pie, pesadamente, intentando persuadir a Jennifer de no llamar a su superior.

    -No me importa. Voy a llamarle- Dijo, Jennifer, intentando levantarse sin conseguirlo, pues para cuando tomó su bolso del escritorio, Jorge, el agente, ya se había colocado a sus espaldas y colocándole una mano en el hombro la devolvió a la silla.

    -Sabes que aunque hables con Arturo, él no puede hacer nada. Lo sabes muy bien- Dijo el agente, quede pie tras mi ex mujer podía percibir muy bien la línea que se dibujaba entre sus abultados pechos y que se perdía en las profundidades de la ceñida blusa que llevaba.

    Jennifer cerró los ojos para reprimir la desagradable sensación que le recorrió el cuerpo cuando sintió los regordetes dedos de su viejo compañero de trabajo acariciándole el cuello –Mira, Jenny, lo único que puedo hacer es retrasar el traslado de Manuel al reclusorio. Tal vez así te de tiempo de hacer algo. Conseguir dinero para la fianza, investigar tú misma el caso… Siempre fuiste tan inteligente- Jennifer supo entonces que si quería al menos posponer mi traslado, tendría que darle algo a cambio al agente. Lo supo cuando el hombre colocó su otra mano en el hombro de ella, se acercó a su oído y le susurró cuánto le gustaban sus tetas.

    No sé si lo que hizo Jennifer a continuación fue motivado por el hecho de que hasta hacía poco, había estado pensando en recuperar nuestro matrimonio (los dos lo deseábamos en realidad, aunque ninguno decía nada por puro orgullo) o si mi ex esposa fue impulsada por la culpa que sentía porque, a pesar de su intención de permanecer a mi lado, había seguido revolcándose con uno de sus alumnos, sin poder contenerse cada vez que tenía delante de ella a ese muchacho, que era pocos años mayor que nuestro hijo. Pero sin duda lo que debió pesar definitivamente en la toma de esa difícil decisión, fue que hacía dos días que la prueba de embarazo que se había hecho, había dado positivo.

    Jennifer separó los labios cuando el agente dirigió su pulgar a la boquita de ella y comenzó a chupar cuando él se lo ordenó. Luego, la otra mano del hombre exploró por debajo de la blusa de mi ex esposa. –Jenni… Qué tetotas tan ricas tienes, mamacita. Pensé que me iba a morir sin haberlas probado- Decía Jorge, apretando alternativamente los pechos de Jennifer, que seguía chupando y lamiendo el dedo que él le ofrecía.

    -Prométeme que no se van a llevar a Manuel al reclusorio- Pidió ella, mirando de forma suplicante al agente.

    -Quítate la blusa- Respondió él y Jennifer se puso de pie, bajando una manga de su blusa, luego la otra. Deshaciéndose de su sostén después.

    -Prométemelo- Insistió Jennifer, deteniendo al obeso hombre en su intento por acercar su boca a los erguidos pezones de ella.

    -Está bien. Está bien. No se lo van a llevar hasta que tú digas, preciosa- Dijo él, sediento ante la visión de las oscuras aureolas de los pezones de Jennifer, que se le ofrecían en total desnudez.

    El agente se dio gusto entonces, succionando las enormes tetas de Jennifer, al tiempo que la manoseaba por todas partes. Ella solo guardaba silencio y esquivaba cada intento que hacía ese hombre ruin por besarla en la boca, hasta que se vio sometida cuando él la tomó del cabello y forzándola a besarlo, le metió la lengua en la boca todo lo que quiso.

    Jennifer gemía de frustración y dolor al ser sometida. Se encontró de repente siendo empinada, con sus deliciosas tetas apretándose contra el escritorio, su pantalón deportivo enrollado en sus tobillos y las bragas, tensas, rodeándole los carnosos muslos. Jorge estaba por penetrarla y en un desesperado intento por buscar clemencia, Jennifer le confesó que estaba embarazada.

    Jorge largó una carcajada -¡Sabía que eras una perra! El hijo no es de Manuel ¿Verdad?- Dijo, complacido –Tú misma me dijiste que hace un año que no duermen juntos.

    -Adivinaste ¡Eres un puto genio!- Dijo Jennifer, con su tono insolente, sin estar muy segura de haber conseguido el efecto que quería al confesar su estado.

    -Pues mejor para mí si estás preñada. Así te puedo coger sin preocuparme porque te embaraces.

    Jorge forzó la ropa interior de Jennifer, que dejó de sujetar sus pantis cuando el agente le dijo que si no se dejaba coger, me trasladarían ya mismo al reclusorio.

    Gruesas lágrimas surcaban las tersas mejillas de Jennifer mientras desde atrás, Jorge acribillaba su vagina. El hombre no dejaba de tocarle los pechos mientras le daba una furiosa cogida, repitiéndole una y otra vez cuánto había deseado tenerla así –Siempre quise que fueras mi puta- Decía el gordo agente, entre los jadeos que le provocaba la actividad –Jenni… Jenni… Qué rico aprietas, chiquita. Se vé que te encanta que te cojan duro- bramaba el hombre, ensartando su verga en el estrecho coñito de Jennifer -Se ve que te encanta la verga.

    Jennifer no respondía, tan solo sollozaba, soportando las ganas cada vez más fuertes que tenía de gritar, pues lo que Jorge le hacía, le estaba doliendo muchísimo, peo no quería darle el gusto a ese cabrón de saber que la estaba partiendo por la mitad.

    Jorge no aguanto mucho más. El coñito de Jennifer era demasiado apretado y la excitación que le producía tener en sus manos las jugosas tetas de aquella chica que había deseado durante años, teniéndola por fin ahí, con el culito al aire y las manos contra el escritorio, como siempre la soñó, fue suficiente para hacerlo eyacular, profiriendo innumerables blasfemias y dándole de nalgadas a su “perra”, como llamó a Jennifer hasta quedarse sin voz, ante la abundante salida de leche que brotó de su verga dentro de mi ex mujer, siendo tan copiosa la cantidad, que el semen acabó por escurrir por los robustos muslos de ella.

    El sacrificio de Jennifer sirvió para postergar mi salida rumbo al reclusorio, el tiempo suficiente como para que además, la propia Jennifer convenciera a Jorge de mover sus contactos en la policía y propiciar una exhaustiva búsqueda del verdadero responsable del homicidio de Filemón.

    Un fuerte cerco policiaco se desplegó en la zona donde se ubican las oficinas de mi trabajo. La noche de ese mismo sábado, un mocoso de 18 años intentó robar a un hombre que salía de un cajero automático. Fue a ese ladrón a quien le encontraron en su morral, la cartera del fallecido Filemón. En su confesión, el recurrente asaltante con un largo historial, dijo que durante su intento de robo al guardia de seguridad, Filemón se había defendido con una “pistola de toques” y que él tuvo que apuñalarlo, alegando defensa propia. Cuando me mostraron la transcripción de la declaración del muchacho, quedé perplejo al no encontrar palabra alguna respecto al celular de Filemón.

    Tan pronto salí del ministerio público, me dirigí a la casa de Lucía. Debían ser las 7 de la mañana cuando llegué y había luz suficiente como para ver la bella cara de mi novia cuando me encontró delante de su puerta, hecho un rastrojo pestilente.

  • Con el primo de una amiga

    Con el primo de una amiga

    En el trabajo de mi mujer, la mayoría son mujeres y siempre se andan invitando a todos lados, que si la boda, el bautizo, el baby shower, el cumpleaños, así se la llevan y también les gusta ir a los antros o bares, en una de esas salidas a un bar, fueron de invitados unos primos de una compañera de mi mujer, yo estaba trabajando y llegaría por la noche a acompañarla, aproximadamente a las siete de la noche salieron de trabajar y se fueron a un lugar cercano, es un bar con muy buen ambiente, hay chicas que por una copa dan acompañamiento a los clientes, se puede entrar en grupo o en pareja, total que antes de entrar al lugar ella me dijo

    -Vamos a meternos al «Despacho» papi, más tarde salgo a hablar contigo

    -Si mi amor no te preocupes, yo le caigo

    -Va

    Entraron la llamada solo se mantuvo un rato, escuche mucho ruido y música, típico de esos lugares.

    Nosotros teníamos unos meses que habíamos iniciado en el ambiente ya con dos tríos y ella estaba saliendo con su jefe, se estaba convirtiendo en una toda hotwife, me había costado muchísimo lograr que hiciéramos algo así y cuando por fin lo hicimos le encantó este cotorreo que habíamos iniciado, saque a la zorrita que llevaba adentro, le gustaba mucho, siempre le ha gustado bailar, tomar la copa y estaba feliz con la etapa de desmadre que estaba viviendo, podía hacer lo que se le pegara la gana sin ningún remordimiento, era su cómplice, su complemento, además de que se sentía muy segura porque iba yo por ella a dónde estuviera.

    Pasaron dos horas aproximadamente y por fin entró mi llamada

    -Hola papi, ando aquí afuera

    -Hola chiquita como estas

    -Aun bien, estoy tomando muy poco, estoy baile y baile, con los primos de Elizabeth rancheras y salsa con otro chavo que invitaron

    -Que bien, me late que estés bien, te encanta bailar canija

    -Siii

    -Y de cachondeo que tal?

    -Nada nadie ha dicho nada, aunque ando bailando con los tres, tal vez alguno se aviente

    -Y te gusta alguno de ellos

    -Los primos están requetebién, con cualquiera de los dos estaría bien

    -Órale, pues a ver si te pones facilita

    -Sabes que si, me pediste una calentadita y sabes que te la doy, solo falta que quieran los chavos, tampoco me les voy a ofrecer

    -Me parece muy bien, ya voy para allá

    -Va, deja regreso con ellos

    Yo ya iba en camino hacia Tlalnepantla Centro, al llegar estacione el carro y entre al bar, traté de ubicar donde estaba, al hacerlo busque una mesa cercana, quede exactamente a un lado de ellos, pedí una copa y me dispuse a ver lo que estaban haciendo, solo bailaban y se reían, ella me vio y me saludo con la mirada, uno de los primos ya estaba con una chica de las que trabajan ahí, vi que pedían la cuenta, iba llegando y ya se iban, me sentí decepcionado, no sabía que había pasado, ella fue al baño, la seguí

    -Que paso mi vida

    -Pues nada, que ya nos vamos, quieren ir al departamento de Carmen

    -Uuuu y ora, pensé que iban a estar aquí

    -Pues si, pero ya ves

    En esa estábamos, cuando llego la amiga que me conoce, algo platicaron y me dijo

    -Dice que vayas, que no hay problema, traes el carro verdad

    -Claro que si

    -Pues vámonos, iban a pedir taxi

    A salir ya estaban haciendo trato con un taxista, ella les dijo

    -Vámonos que nos lleve mi amigocho y lo invitamos al cotorreo

    Subimos al carro, tengo un Malibú, muy amplio, así que sin problema subieron ocho personas y yo, ella aparto el asiento de adelante y uno de los primos se arrimó a ella, partimos y seguí las indicaciones para llegar, estaba algo retirado, iban echando desmadre, en un momento se pusieron a platicar con sus acompañantes, eran cuatro hombres, cuatro mujeres y yo, el chavo llevaba a mi mujer casi en sus piernas, se estaba poniendo caliente el interior del coche, ella le dijo al primo

    -Vaya, vaya ya están de cachondos estos, que le pongan ellos que pueden

    -Y tú no puedes??

    -Claro que si, porque no

    Se le quedó viendo, la abrazo y empezaron a besarse, no se imaginan el morbo y la adrenalina que corría por mis venas, primero se besaron suavecito, probándose, saboreando mutuamente sus bocas, después siguieron platicando, una de sus manos estaba en la rodilla de ella volvieron a besarse, esta vez el beso fue más intenso, se veían sus lenguas entrar y salir, la mano de el ya subía por sus piernas hasta sus caderas sobándola, se las apretaba bien rico, se la estaba fajando bien rico, escuche que le decía

    -Besas bien rico

    -Mmmm en serio, tú también

    -Tienes unas piernas bien gruesas y torneadas, estás muy bien

    -Qué bueno que te guste

    -Me imagino que tu cosita esta aún más rica

    -No sé, eso dicen pero yo no lo se

    -Me dejas tocarla

    -Siii hazlo, te estas tardando

    Claramente vi cómo le empezaba a sobar la panocha, ella abrió sus piernas para facilitar la maniobra, empezó a gemir al sentir la mano

    -Ahhh, mmm, mmmm que bien

    Siguieron cachondeando hasta que la chava que me dirigía nos anunció que ya habíamos llegado, se bajaron estacione el auto y descendí, ella me dijo

    -Ven Jorge vamos allá adentro a cotorrear un rato

    Pensé que ahí me iba a quedar como pendejo, mientras se la cogía, sin embargo no fue así, entramos a una pequeña sala, cuando la vi me di cuenta que era el escenario ideal para nosotros, un sillón largo y un sofá uno frente al otro, uno para que la se la cogiera y el otro para que yo los contemplará, ahora solo faltaba que pudiera hacerlo, la verdad la situación en la que estaba era muy incómoda, no sabían que hacer conmigo, no había lugar para mi, todos tenían pareja menos yo, estuve pensando seriamente en salirme, para no estar como salero, pregunte por donde estaba el baño y ahí me quedé varios minutos, cuando salí en la sala únicamente estaba mi mujer, pensé que se había molestado su acompañante y se había ido, me acerque a ella

    -Que paso?

    -Nada, tardaste mucho y este wey ya se estaba orinando y fue allá afuera

    -Ohhh, pensé que se había sacado de onda

    -Un poco, se siente incómodo, pregunto que quien eras, la neta le dije que eres un gran amigo y que no hay ningún problema en que estés aquí, así que pórtate bien y no hagas nada para que se saque de onda

    -Me sentaré en el sillón y me tomaré una cerveza, mientras observo y disfruto de la cogida que te van a dar, está bien

    -Sabes que si, me encanta que me veas

    El chavo entro

    -Ya me orinaba, perdón

    -Ando medio mal de mi estómago, por eso tarde

    -Bueno ya quedo y ahora que hacemos

    -Ustedes lo suyo, yo tomaré una cerveza

    -Va me late

    Tome unas cervezas para invitarles y estuvimos platicando un rato, sin decir nada fui nuevamente hacia el baño, sabía que al no estar ahí ellos iban a empezar a darse placer, regrese y ya se estaban besando, al sentir que llegaba se pusieron a platicar, yo les dije

    -Sigan, yo aquí sigo con la cerveza

    Y vaya que siguieron, empezaron a acariciarse bien rico, ella tocaba su pene por encima del pantalón, el la levanto, la puso frente a él y le quito el mallon, le besaba sus piernas, su panocha, empezó a gemir mi hembra

    -Mmm, mmmm, ahhh, ahhhh

    La puso de espaldas, le besaba sus nalgotas, le quito la tanga y la empino para mamarle, la cara de placer de ella, nunca he podido olvidarla, estaba bien caliente, la acostó, ella abrió sus piernas, comenzó a mamarle la panocha, verla ahí empinadita y con un wey mamándola me tenía hirviendo

    -No manches que rico, mmm, Ahh, ahhh, ahhh

    Largo rato estuvo metido entre sus piernas, disfrutando el sabor de mi Cachorrita, yo estaba más caliente que ellos, lo estaba disfrutando como loco, solo faltaba sacar mi verga para masturbarme y así lo hice, a mi Cachorrita le encanta que le mamen su cosita, se viene muy rico y este amigo estaba devorándola, sus gemidos me lo decían, cuando vi que lo tomo de la cabeza, supe que estaba a punto de terminar, así lo hace conmigo, vi que cerró los ojos y apretó más al chavo a su sexo, se estaba viniendo

    -Ahh, ahh, ahhhh, riquísimo, riquísimo

    Después de disfrutar su venida, se levantó e inmediatamente fue en busca de verga, se la sacó y que se la lleva a su boca, mame y mame, era deliciosa la forma de hacerlo, chupaba la cabezota, todo el trozo, lo metía y sacaba, el chavo la tomaba de los cabellos y se la empujaba, estaba disfrutando mucho, ella es una estupenda mamadora, le encanta chupar una buena verga, dejo de hacerlo, se recostó y me cerró el ojo, ya la iban a atravesar se veía divina, con sus piernotas bien abiertas y su sexo listo bien mojado, listo para recibir la verga del chaval, termino de ponerse el preservativo y se acomodó entre las piernas de mi mujer, apunto su verga y se la dejo ir enterita, ella gimió al sentirlo, no era muy larga pero si sumamente grueso y cabezón, empezó a cabalgar sobre ella, le daba unas metidas bien ricas, una y otra vez, duró bastante tiempo en esa posición, se la sacó y ella se acomodó en la posición que más disfruta ella y sus amantes de perrito, de por sí tiene un culazo, cuando está empinada se le ve impresionante, se la mando nuevamente, la tomó de las caderas y empezó a bombearla, vaya que aguantaba, mi mujer era un solo gemido, hasta que le anunció que se venía

    -Me vengo, me vengo mami, me vengo

    -Siii, sii, dámela ahhh, ahhh dámelos todos

    -Ya, yaaa, ufff, ahhh, ahhhh, pa su madre, que rica estas

    Se vino, más bien nos venimos, yo también había soltado mi leche y estaba en la luna, observando lo puta que se veía mi mujer, empinada y con su macho atrás vaciándole los mocos!

    Me guarde la verga, ellos se sentaron y empezaron a vestirse, terminando me dijo

    -Espero que no hayamos incomodado con el ajetreo

    -Para nada, estuvo genial el show de sexo en vivo que me discutieron

    Platicamos un rato mientras se vestían, después nos despedimos, salimos y otra de las amigas de mi mujer que vive por nuestra casa, nos pidió un aventón, pasamos a dejarla a su casa y hasta entonces nos pudimos dar un beso de los nuestros, un beso que sellaba nuestro pacto de sexo… Ella coge, mientras yo la veo o la escucho!