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  • De princesa de papá a pequeña puta de su amigo (Parte 2)

    De princesa de papá a pequeña puta de su amigo (Parte 2)

    Al día siguiente, entre 7 y 8 am desperté desnuda entre sábanas con un profundo cansancio y toda adolorida de las piernas, al levantarme de la cama sentí como mis piernas temblaban de la actividad que había tenido por la noche, era un dolor y un cansancio rico, aunque en mi cabeza tenía una tremenda cruda moral, cómo era posible que mi primera vez hubiese sido de esa manera, cuando uno como mujer siempre piensa que su primera vez será con un chico de tu edad y algo romántico, pero para ser sincera no me arrepentía, en realidad era algo fuera de lo común, algo realmente morboso, pero en mi familia no deberían de enterarse.

    Pasadas las 8 de la mañana mi hermano fue a buscarme a la habitación así que rápido me vestí, y me dijo que me había estado marcando al celular, y no contesté, me dijo que él tenía que irse a la competencia, que más tarde iría por mí al hotel y que hiciera uso hasta las 12 del día.

    Entonces yo me quedé y pedí el almuerzo a mi habitación, más tarde tomé una ducha, y me quedé mucho tiempo en el jacuzzi descansando y relajando mi cuerpo, pensando en lo que había sucedido una noche antes así que comencé a tocarme muy lentamente, y estaba tan excitada que comenzaba a gemir, de pronto, se escuchó que tocaban mi puerta, no hice caso, así que continúe, pero en la puerta estaban muy insistentes, así que salí del jacuzzi, me enredé una toalla y fui a abrir la puerta pensando que era mi hermano, gran error, no pregunté quién era y al abrir la puerta era Alonso, yo salté del susto y caminé hacia atrás tomando con fuerza mi toalla, en ese momento sentí mucho miedo, él me miraba con mucha lujuria y deseo.

    Entró a la habitación, cerró la puerta y caminó hacia mi, me dijo que le gustaban bañaditas y limpiecitas, y de momento me arrebato la toalla que tenía enredada en mi cuerpo dejándome totalmente expuesta hacia él.

    Debo reconocer que sentí mucho, mucho miedo, pensando que abusaría de mi, pero a la vez estaba muy cachonda por lo que había estado haciendo en la ducha, pero estando consciente que en la noche anterior, por mi calentura yo había dado pie a que él se sintiera con derecho a volverme a tocar, porque me había comportado como una puta y había hecho todo lo que me había pedido, recordé que la noche anterior me dijo que sería su pequeña putita y yo solo sonreí.

    Al dejarme desnuda completamente expuesta hacia él, se acercó poco a poco, y yo en un momento que quede como estatua, excitada y temerosa, me dijo que no había podido dormir por estar pensando en mi, que era hermosa, joven excitante y que estaba súper buena, que quería volver a cogerme, así que me cargó y me aventó a la cama, yo quedando con las piernas totalmente abiertas, él se quitó la camisa y vi que estaba muy bien, de pronto se quitó la bermuda que traía puesta y volví a ver su gran verga, la verdad se veía tan rica ahí colgando que anciana por ir a metérmela a la boca, solo que se subió sobre mi, abrió mis piernas y comenzó a penetrarme muy fuerte, yo solo apretaba los dientes y gemía como perra, oh dios, me cogía tan rico que hasta volteaba mis ojos de lo bien que lo hacía, colocaba mis piernas sobre sus hombros y sentía como su pene tocaba hasta lo más profundo de mi vagina.

    Estuvimos un buen tiempo así, de momento me volteó poniendo mi cara cobre la cama y levantando mi culo, (que a esa edad la verdad estaba muy rico), dejando toda propensa mi cola y mi vagina hacia él, me dio mucho miedo pensando que lo metería en mi cola, aunque jugueteaba colocando su glande en mi cola dándole masaje en forma circular, y la verdad se sentía tan rico que no quería que lo dejara de hacer, pero finalmente lo volvió a meter en mi vagina dándome unas tremendas embestidas y a la vez nalgueándome de forma brusca yo gritaba como loca, y la verdad me gustaba mucho que me sometiera y me tratara cómo puta.

    Finalmente me dijo que hiciéramos un 69, yo no sabía bien como era la posición, el me colocó, era tan excitante, rica, estimulante, provocadora esa posición que lo único que quería era meter toda su verga a mi boca, la metía hasta mi garganta, hasta sentir ahogarme, de pronto ambos no pudimos más y vacío toda su leche en mi boca, yo no sabía qué hacer, así que escupí, me dijo que me la volviera a meter a la boca, así lo hice estuvimos mucho tiempo así, pensé que se le bajaría la erección, me cargó con las piernas abiertas y fuimos a la ducha, nos metimos en el jacuzzi y volvió a cogerme hasta correrse de nueva cuenta dentro de mi, la verdad me dejó toda exhausta aquella mañana, estuvimos en el jacuzzi mucho tiempo, le dije que dos veces se había corrido en mi, una noche anterior y esa mañana, me dijo que ya no podía tener hijos y que podíamos hacerlo a placer.

    Dadas ya casi las 12 del día tenía que desocupar la habitación así que me disponía a vestirme, un vestido entallado y tenis deportivos, me dijo que no me pusiera ropa interior que solo fuera el vestido que quería verme muy muy sexi, no sé porque razón pero obedecía a todo lo que me pedía.

    Llegamos al lugar de la competencia de los autos, llegué con él, al fin nadie sospecharía de los integrantes del club que entre él y yo pasaría algo, muchas personas me observaban por mi atuendo pero yo no decía nada, me agradaba que me vieran.

    Al finalizar el evento mi hermano estaba algo tomado, por lo cual Alonso le dijo que yo me regresaría con él, porque ya estaba algo mal, que según no me iba a exponer, así que regresé en el coche con él, en el camino me dijo que quería que fuéramos pareja, le dije que lo que había pasado, había pasado por qué mi papá no había viajado con nosotros y que no podíamos debido a que la diferencia de edad, muchos pondrían el grito en el cielo, me dijo que quería que fuéramos pareja con derechos y que él se las arreglaría para verme.

    Ya cayendo la noche sobre la carretera, comenzó a tocarme las piernas y a meterme la mano, tocando mis labios vaginales, me pidió que se la mamara y la verdad solo sonreí, recogí mi cabello, bajé mi vestido y me dispuse a mamarle su pene, rico y sabroso, de arriba hacia abajo, me dijo que quería que lo hiciera terminar en mi boca, estuve 20 minutos comiéndome su verga tratando que se corriera en mi boca, la verdad me sentía humillada estando haciendo una felación en el auto, pero la verdad me encantaba sentirme humillada, hasta que por fin lo logré, vacío todo su semen en mi boca y mi garganta que lo único que hice fue tragarme toda su leche y limpiarle con mis labios y mi lengua, fue tan rico que también me moje de la excitación, me tomó del cabello muy fuerte hacia atrás, y me dijo ‘mira escuintla, de hoy en delante serás mi putita, serás mi perrita y te voy a coger como yo desee, así que tendrás que decir algunas mentirillas para vernos de vez en cuando’, me dijo que desde ese momento le dijera papi y solo sonreí, la verdad no quería negarme a nada.

    Llegamos a la ciudad dadas las 12 de la noche en todos las autos, llegando a la sede del club de ahí yo manejé el auto porque mi hermano había ido todo el camino tomando, llegamos a casa y ahí terminó mi primer fin de semana lleno de sexo, más adelante Alonso comenzó a hacerme su sumisa…

  • El inesperado reencuentro con mi tía

    El inesperado reencuentro con mi tía

    Esto fue hace mucho tiempo, pero no me lo voy a olvidar nunca, lo tengo grabado en mi cuerpo, como si hubiese pasado ayer. Y ahora, estando casado, con dos hijos, no pasa un solo día, sin que, al menos durante unos segundos, recuerde las tardes de pasión que viví con tía Mariela, en aquella habitación pequeña y penumbrosa. Y cuando aquellos recuerdos me acosan por las noches, mi esposa se ve asombrada al encontrarme más tieso y salvaje que en otros encuentros amorosos.

    Hoy, quizá por miedo a que el tiempo disfrace los hechos, decidí plasmar fielmente toda esta historia, confiando en que mi imaginación todavía no se haya corrompido por el paso del tiempo.

    Yo tenía diecinueve años — Ahora tengo treinta — y había salido de mi trabajo en el call center. Acababa de cobrar mi sueldo, y tenía todos los billetes en un fajo, adentro de la mochila. No ganaba mucho, pero todavía vivía con mis padres, así que todo mi sueldo lo gastaba en ropa, y me permitía algunos que otros gustos. Por supuesto que, cada tanto, colaboraba con los gastos en casa, para no sentirme un parásito, pero eso no viene al caso.

    Uno de los lujos que me permitía, era irme de putas, de vez en cuando. No es algo que me enorgullezca, pero tampoco me avergüenza. Siempre me costó relacionarme con el sexo opuesto, así que las prostitutas me ayudaron a ganar experiencia para que, cuando por fin conquistara a una chica que me gustara, no me comportara torpemente. La verdad que dio resultado, si no, habría que preguntarle a mi mujer. En fin, aquella tarde, con el montón de billetes en mi poder, y unas cuantas horas de sobra, me quedé paseando por el microcentro. Si bien hasta el momento solo había conocido dos o tres prostíbulos, me constaba que era el mejor lugar para encontrar mujeres. Eso sí, era bastante caro, y no me podía permitir esas salidas todos los meses. Pero hace un tiempo venía ahorrando, y en casa me esperaba otro fajo de billetes, por lo que, por esa vez, me podía permitir saborear una buena escort. Solo bastó con caminar un poco y ya encontré un teléfono público con un montón de pequeños volantes, en los cuales estaba impresa la imagen de una hembra desnuda, y debajo, un número de teléfono.

    Agarré varios de esos volantes, mirando a todos lados, con temor a encontrarme a algún conocido que descubra mi debilidad por las putas. En esos momentos el corazón me latía fuerte, y eso me encantaba, porque era como la fase inicial de un ritual que culminaría en una agradable eyaculación. Luego me fui a la plaza a sentarme tranquilo. Leí con deleite los papelitos, luego los ordené uno detrás de otro, dejando al final el que me parecía más prometedor. Comencé a llamar a esos lugares, usando mi celular, que, según recuerdo, era de esos que parecían un pequeño ladrillo gris —¡ay cuántos recuerdos! — a medida que colgaba, anotaba detrás del volante las tarifas, y alguna característica que me gustaba o me desagradaba del lugar. Por lo general, descartaba aquellos puteríos que eran “tipo bar”, y me decantaba por los “privados” por considerarlos más discretos. Esa tarde también descarté los que eran sospechosamente baratos, ya que sabía que en esos sitios las chicas no eran las más jóvenes y bellas que había en el rubro. Mi lema era que, si había que pagar por sexo, había que elegir lo mejor. Para estar con una chica común, siempre podría levantarme alguna en un boliche. Otra cosa importante era el servicio. Había sitios que solo ofrecían el prebucal vaginal, otros prebucal sin globito — sin preservativo — y vaginal. Estos últimos eran mis preferidos, porque no había comparación entre una mamada sin preservativo, que una teniendo uno puesto. De todas formas, lo que más me gustaba era que me la chupen hasta el final, pero muy pocas putas hacían eso, y además, había que pagar extra. En fin, una vez que analicé todas estas variables, sólo me quedó un volante en la mano, el cual de hecho era el que había dejado detrás de todos — Vaya intuición la mía. — Llamé de nuevo y pregunté cuantas chicas había disponible. Me contestaron que cinco, y ahí me terminé de decidir. La segunda etapa del ritual — los llamados — había terminado, y ahora iba a comenzar la tercera: Elegir a la chica.

    El lugar en cuestión estaba a tres cuadras de la plaza. Caminé, ya sin nervios, pero con mucha ansiedad. El sólo hecho de poder elegir a una chica, como quien elige de un menú, me hacía agua la boca. Llegué al edificio. Como todos los del centro, era inmenso, y por ende podía estar tranquilo de que nadie sospeche que me iba de putas, habiendo tantos otros departamentos — Qué paranoia la mía —. Subí por el ascensor y cuando llegué al piso, una puerta se abrió y alguien me hizo señas indicándome que esa era la entrada.

    No me sorprendió encontrarme en un departamento cubierto en semipenumbra. Con las persianas bajas, con más cortinas de las que se encuentran en un hogar, y con luces mortecinas que convertían todo en un misterio. La chica que me había abierto la puerta era joven, y bastante linda, pero yo sabía que no era una de las putas, pues iba ataviada con demasiada ropa. Me invitó a sentarme en un sofá, y yo me alegré al notar que no había ningún otro tipo en las mimas andadas que yo. Discreción absoluta.

    — Te explico, el servicio es prebucal sin globito y vaginal. — Comenzó a explicar la chica —Si querés algo más completo arreglás directamente con las chicas. La tarifa es doscientos pesos la media hora y trescientos la hora.

    — Sí, no te preocupes, yo llamé recién, así que ya lo sabía. — le dije.

    Cabe aclarar que, en esos tiempos, si mal no recuerdo, yo ganaba aproximadamente cuatrocientos pesos semanales, por lo que la tarifa era muy alta. Por otra parte, la poca diferencia entre pasar media hora o una hora, era normal.

    — cuando quieras presentame a las chicas. — agregué.

    La recepcionista atravesó una cortina y al rato escuché los taconazos sobre la cerámica. Se me aceleró el corazón de nuevo, como siempre sucedía en esos momentos. Me sentía con un poder que no experimentaba en otras circunstancias de la vida. La primera puta cruzó la cortina y fue a mi encuentro. Me paré para saludarla y me dio un tímido beso en la mejilla.

    — Lorelei. — me dijo.

    Era encantadora. Pequeña, de piel blanca, y ojos marrones grandes. Era tan joven como yo, o quizá más. Y también estaba igual de nerviosa. Se notaba que hace muy poco empezó a trabajar en este rubro.

    — Qué linda sos. — le dije. La agarré de la cintura. Vestía un top banco y una minifalda de leopardo, muy ceñida, que la convertía en un demonio. Me volvió loco su carita inocente y su cuerpo de vedette. Tenía el pelo hasta el hombro, y un flequillo que le daba cierto aire infantil. En ese momento me di cuenta de que la tarifa, si bien representaba mucho dinero, no era cara en absoluto, sino todo lo contrario. Acaricié su cuerpo, sabiendo que estaba haciendo algo incorrecto, pues no tenía derecho a tocarla hasta que pague, pero solo después de que me deleité un rato con sus nalgas se zafó de mí, y se perdió en la oscuridad.

    Luego cayeron las otras chicas. En ese momento pensé que era una pérdida de tiempo, ya que prácticamente me había enamorado de Lorelei. Pero quienes tuvieron la suerte de frecuentar estos lugares vips, sabrán que la elección no suele ser tan simple, pues todas las chicas son dolorosamente bellas.

    La segunda chica era una hembra más madura. Tenía un cuerpo de infarto, y una mirada penetrante de ojos verdes. Vestía una minifalda y corpiño negro, con transparencias, y una hermosa media negra que le llegaba hasta las rodillas resaltaba la piel que estaba desnuda. La tira del portaligas y los bordes de la pollerita y el corpiño eran rosados. Una combinación de colores exquisita, sin dudas.

    — Brenda. — me dijo la zorrita, y me estampó un beso en los labios.

    ¡Qué difícil se estaba poniendo la cosa! La actitud de esta era totalmente opuesta a la anterior, tímida, y aparentemente sumisa. Sin embargo, ambas eran igual de apetecibles.

    Luego vino una negrita ecuatoriana. Con unos kilitos de más, pero con un cuerpo despampanante. Era la única que iba vestida, y su pantalón de jean parecía apenas poder contener semejante orto. Tenía una risa de dientes blancos, perfectos, que resaltaban maravillosamente en medio de su piel oscura. Y su actitud relajada y su simpatía natural me inclinaban a pensar que iba a ser fácil convencerla de hacer servicios extras. Además, nunca había estado con una negra. Otro punto a favor para la ecuatoriana.

    Si faltaba algo para enloquecerme por la indecisión, era una muñequita rubia, vestida en un babydoll blanco, transparente. Tenía cuerpo de modelo. Es decir, no era tan voluptuosa como sus compañeras, pero no dejaba de ser sumamente sensual. Su piel blanca estaba bronceada, y sus ojos celestes brillaban en medio de un rostro de belleza singular. Parecía sueca, pero cuando me saludó y me dijo que se llamaba Camila, su acento de Palermo salió a la luz. No era común encontrar chicas con rostros tan inusitadamente bellos en los prostíbulos. Era un rostro más para la televisión que para cualquier otro lugar. Además, me intrigaba saber cómo una chica que parecía pertenecer a una familia acomodada estaba trabajando ahí. El morbo me carcomía por dentro.

    Tenía motivos de sobra para elegir a cualquiera de las cuatro. Me resultó tan compleja aquella decisión que incluso pensé en pasar con dos chicas, media hora cada una. Me costaría más caro, y si a eso le sumaba alguna propina por un servicio especial, podría llegar a gastar casi la mitad de mi sueldo en una hora. Pero bien lo valdría. Ahora bien, elegir a dos no era mucho más fácil que elegir a una. Se me ocurrió elegir a Lorelei, la más joven y tímida. Sería interesante ser partícipe de sus primeros pasos en la prostitución. Incluso hasta podría enseñarle algunas cosas a esa pequeña putita. Pero ¿con qué combinaría ese manjar? ¿Quién sería mi segundo plato? La última chica era muy tentadora. Parecía la típica mujer que miraba a los de mi clase por encima del hombro. Sería espectacular tenerla a mi servicio por media hora. Una especie de revancha de la clase proletaria. Pero luego pensé ¿No sería mejor combinar a Lorelei con alguien muy diferente a ella? Por ejemplo, la negrita, o la puta de ojos verdes, más madura y descarada. Comencé a sentirme realmente incómodo por no poder definirme. Ahora, viéndolo a la distancia me doy cuenta de lo fácil que era la vida en esos tiempos, ya que mi mayor estrés consistía en elegir a qué puta hermosa me iba a coger.

    Pero todas esas cavilaciones fueron en vano, porque todavía faltaba la quinta mujer.

    Esta chica apareció como un fantasma. Sus pasos fueron imperceptibles y me agarró distraído meditando sobre sus compañeras. Escuché su voz, cuando me saludó, y levanté la mirada, sobresaltado, y un poco avergonzado. Me paré a saludarla, y quedé totalmente petrificado por la visión que tenía frente a mí. Ella rio, divertida, al notar mi aturdimiento. Era una mujer un poco más baja que yo. Morocha. Llevaba un vestido negro, muy ceñido, con escote pronunciado. Su rostro era casi tan bello como el de la rubia. Pero muy diferente. Sos ojos marrones eran rasgados, casi achinados, y risueños. Su sonrisa transmitía un carisma sobrenatural. Su pelo castaño estaba recogido en un rodete prolijo, cosa bastante inusual en las putas, ya que era obvio que pronto podría despeinarse. Pero ese detalle, junto con el collar plateado que rodeaba su cuello, le daban un toque delicioso a ese, ya de por sí, llamativo rostro de piel tersa y pómulos prominentes. Su considerable parecido con la modelo argentina Carolina Pampita Ardohín era otro detalle que la hacía irresistible.

    — Pampita. — se presentó, sin dejar de mostrarme esa sonrisa franca. — Pero no soy la verdadera eh. — agregó, pensando quizá, que mi embobamiento se debía a que la confundí con la verdadera Pampita.

    Se dio vuelta, y se alejó de mi. Mientras se acercaba a la puerta disfruté de sus piernas perfectamente torneadas y su culito parado. Ahora sí, me estaba volviendo loco.

    Pero mi locura no era debido a su belleza, ni a su parecido con la famosa modelo. Aquí es oportuno recordar el motivo que me impulsó a escribir este relato, el cual enuncié al principio del mismo.

    Me senté y me di cuenta de que estaba temblando. Y entonces rememoré algo que había sucedido hacía cinco años: Era una cena familiar en el barrio de Palermo. Yo tenía trece años y me resultaba muy aburrido reunirme con un montón de vejestorios. Había mucha gente. La música y el alcohol fueron las estrellas de la noche. O por lo menos lo fueron hasta que llegó ella. Mariela. Una prima hermana de mamá. Una morochita que contagió de jovialidad a aquel grupo de veteranos. Yo la admiré a la distancia. Era perfecta. Bailaba como ángel con cualquiera que se animaba a invitarla — yo, por supuesto, no lo hice — y no faltaron las bromas por su parecido con la famosa modelo. Me di cuenta, a pesar de mi corta edad, y de mi personalidad despistada, de que yo no era el único que obviaba el vínculo parental, y me permitía mirarla simplemente como la mujer hermosa que era. Más de un tío le acarició las caderas mientras bailaban, mucho más de lo necesario. Y cuando llegó la hora de despedirse, muchos le dieron abrazos, y besos exageradamente efusivos.

    Ella no había reparado casi en mi presencia, y nuestro contacto fue un beso dulce que me dio en la mejilla, y que me hizo ruborizar debido a las fantasías que despertó en mí. La recordé por siempre. Pasaron los años. Yo crecía, y maduraba lentamente, y no dejaba de dedicarle pajas a aquella tía joven y preciosa.

    Varias veces, traté de indagar sutilmente sobre el paradero de Mariela. No entendía por qué, a pesar de ser prima hermana de mamá, no teníamos una relación fluida con esa parte de la familia. Pero nunca pude enterarme de la verdad. Sólo me quedé con mis fantasías, y ni siquiera cuando, varios años después, se popularizaron las redes sociales, pude dar con ella.

    La recepcionista del prostíbulo me sacó de mi ensimismamiento.

    — Con quién querés pasar. — me dijo.

    — Con pampita. Una hora. — dije sin dudarlo. Dejando de lado a las otras mujeres, que hasta hace unos minutos me habían embrujado. Para ser justos, debo aclarar que, si bien pampita era hermosa, las otras chicas estaban a su altura. Pero las fantasías de la pubertad me inclinaron a elegirla inmediatamente. Y, por qué no decirlo, el morbo de estar con mi propia tía, elevaban mi excitación a niveles que nunca imaginé. Porque no tenía dudas de que esa chica era mi tía. Jamás olvidaría su cara y su figura.

    La recepcionista me acompañó al cuarto.

    — Ponete cómodo, enseguida viene Pampita.

    Me senté en la cama. Mi cabeza era un hervidero de preguntas y fantasías. Me pregunté si acaso me reconocería, pero descarté enseguida esa duda. Ella apenas me había notado aquella vez, y además, yo había cambiado mucho, ya no era un niño desgarbado. Estaba muy corpulento, y sólo me reconocería si hubiese prestado mucha atención en mis facciones, y además debería tener una memoria prodigiosa. Cosa improbable, por no decir imposible.

    Pampita — Tía Mariela — abrió la puerta.

    — Todavía no te desvestiste. Qué raro. — dijo.

    — Me gusta ir despacio. — contesté.

    Se acercó a la cama. Abrió el cajón de la mesita de luz, y guardó su celular. Se había inclinado un poco al hacerlo, y su culito parado me tentó mortalmente, por lo que metí la mano por debajo del vestido, y comencé a acariciar el glúteo, firme y terso.

    — Bueno, parece que no vas tan despacio después de todo. — dijo ella riendo.

    — Quedate ahí un rato. — dije, probando qué tan sumisa era.

    Ella no dijo nada. Se inclinó más, apoyando las manos en la mesa.

    — Cuantos años tenés. — inquirí, deslizando las yemas de los dedos con suavidad, en toda la redondez de su trasero.

    — Veinticinco.

    — ¿Te gusta mucho la pija? — pregunté, no sin cierto temor a que no tenga ganas de seguirme el juego. A muchas putas no les gusta el juego previo, ni tampoco que les digan frases humillantes. Sólo quieren hacer su trabajo y listo.

    — Mucho. — me contestó. — pero acá estoy sólo por trabajo.

    — Mi pija te va a gustar. — afirmé. Me paré detrás de ella, la agarré de la cintura y la atraje hacía mí. Sentí su perfume en el cuello.

    — ¿ah sí? — ronroneó la gatita. Pegó su nalga a mi bulto erecto, y se frotó con fuerza en él. — ya veo que la tenés grande.

    — ¿Te gustan grandes, muñequita?

    — Me encantan. — dijo ella, frotándose de nuevo en mi verga.

    Yo la abracé. Ella giró y me preguntó.

    — ¿Qué querés hacer?

    Inesperadamente, tanto para ella como para mí, le comí la boca de un beso.

    — Las putas no hacemos eso. — me recriminó, aunque no se la notaba realmente molesta.

    — Perdón, no sabía. — Mentí. Luego me agaché, le levanté el vestido y le di un chupón en el culo. — ¿Y ahí te puedo besar?

    — Pendejo atrevido. — dijo. — vemos a la cama.

    — Quiero que me hagas un pete completo. — dije, después de sacarme las zapatillas y ponerme boca arriba.

    — Pero cuantas exigencias tiene el nene. — dijo pampita, mientras me desabrochaba el cinto. — Acá solo es prebucal. Te hago unos mimos y te pongo el preservativo. — Me desabotonó el pantalón, y me lo bajó, junto con el bóxer. — ¡Pero que chanchada es esta! — dijo, fingiendo asco, al ver que mi verga ya chorreaba un montón de presemen— ¿No sabés que te la tenés que lavar antes de estar con una mujer?

    Yo agarré mi tronco semierecto y le di un pijazo en la cara, dejando una mancha brillante de semen en su mejilla.

    — No me vengas con boludeces putita. — le dije, en tono cariñoso, mientas apoyaba mi mano en su cabeza, con delicadeza, para no desarmar su rodete. —yo vine impecable y ustedes me calentaron la verga. Si no chorreaba leche ahora, no iba a tardar mucho en hacerlo. Mejor decime cuánto cobrás por chupármela hasta el final, y por dejar que acabe donde quiera.

    — No hago esos servicios. — replicó, esta vez más seria.

    Agarré mi mochila, y saqué doscientos pesos, los cuales, dejé sobre la mesa de luz. Apoyé de nuevo la mano en su cabeza, y la insté a mamar.

    — Sos un dominador. — me dijo, como reprochándomelo, e inmediatamente después le dio una lamida a mi verga, haciendo que casi todo el fluido que había largado se impregne en su lengua.

    — Y vos sos muy cara Pampita, así que espero que me complazcas. — dije.

    Pampita rio.

    — Pero mirá cómo está esto. — dijo, con su rostro a milímetros de mi verga, la cual estaba totalmente inyectada en sangre, con las venas marcadas, dándole un aspecto de potencia inusitada. — es enorme. — dijo, y se mordió el labio inferior mientras me miraba a los ojos.

    Envolvió el tronco con sus pequeños dedos, sin dejar de mirarme. Se lamió el dedo índice de la otra mano, y la llevó, despacito, hasta el prepucio. Luego lo masajeó, mientras comenzaba a frotarme el tronco.

    — Mirá toda la lechita que sale. — dijo, mostrándome sus deditos, los cuales se habían impregnado de presemen, que otra vez salía con considerable abundancia.

    Le acaricié su carita preciosa. Sus ojitos me hipnotizaban. Rememoré de nuevo la vez que la conocí, y las pajas que le dediqué. Pensé en la suerte que tenía de haberla encontrado. Pensé que todo era una locura, y ahora me doy cuenta de que, a pesar de estar disfrutando como nunca, no terminaba de asimilar lo que sucedía.

    Hice un movimiento pélvico y Mariela se metió la verga en la boca. Le cabía casi entera. Sus labios estaban a punto de hacer contacto con mi vello pubiano. Me acarició las bolas peludas con ternura. Un hilo de baba salió de su boca y cayó en mi pierna. Liberó lentamente mi miembro, y mientras lo hacía, la lengua se frotaba con cada milímetro de mi tronco.

    — Es muy gruesa. — dijo, mientras tosía y largaba saliva. Luego chupó el glande. Una y otra vez, mientras seguía masajeando las bolas. Pero cuando yo se lo ordené se metió de nuevo la verga entera. La agarré de la nuca, con fuerza, haciendo que se quede con la pija hasta el fondo el mayor tiempo posible. Luego la dejé alejar su rostro, y vi sus ojos lagrimeando, y ella tosiendo con más intensidad, y escupiendo más saliva que antes. — es muy gruesa. — repitió.

    — Vos no pares de chuparla que para eso te pagué. — le exigí.

    Se comportó sumisamente y siguió mamando. Durante varios minutos lo único que vi fue su nuca, que bajaba y subía, una y otra vez, y su culito levantado que sobresalía un poco más atrás. Erguí mi torso y estiré la mano. Sentí la tela suave del vestido, y magreé su trasero a través de esta. Sentir la textura aterciopelada y resbaladiza de su prenda, mientras percibía debajo de ella sus nalgas prietas y firmes, fue una experiencia táctil de otro mundo.

    Pampita balbuceó algo que no entendí. Dejé su trasero por un momento y le pregunté qué me había dicho.

    — Donde me querés acabar.

    — En la boca. Adentro.

    — Está bien. Pero ni sueñes que voy a tragar.

    Luego de esas palabras no pude aguantar más. No fue necesario instarla a hacerlo. Cuando notó que mis músculos se tensaban por el inminente estallido, dejó de chuparla y me masturbó frenéticamente, mientras, su lengüita, se movía, arriba abajo, ya sin tocar mi sexo, como si me pidiera que descargue el semen en ella. Pampita me miraba a los ojos mientras mi verga descargó le viscosidad blanca sobre ella. Casi todo quedó adentro, y unas gotas mancharon su piel alrededor de los labios.

    Se fue al baño, sin decir palabra. Yo escuché el ruido del agua correr, y luego oí los buches que se hacía.

    — Andá a lavarte, así seguimos. — me dijo. — estás lleno de saliva y de semen.

    La obedecí. Cuando pasé a su lado le pellizqué el culo con violencia.

    — Pendejo atrevido. — gritó, dándome un débil golpe en el brazo.

    En efecto, mi verga estaba totalmente mojada, y pegoteada por la saliva de Mariela, y la leche que había largado. Me lavé con abundante jabón, y me enjuagué bien. Cuando volví, ella estaba totalmente desnuda sobre la cama.

    — ¿Querés que nos hagamos mimitos mientras esperamos para la segunda?

    Yo estaba todavía vestido, y me quité la ropa en un instante. Me acosté a su lado. Ella me abrazó, y apoyó su cabeza en mi hombro.

    — Sos muy chico como para ser tan mandón. — me dijo.

    — Y vos sos muy chica para ser tan putita. — se había soltado el pelo. Lo acaricié.

    — Eso me relaja. — dijo. Y con sus uñas frotó dulcemente mis pectorales, lo que también me relajó. — No me digas que todavía vas a la escuela. — susurró.

    — No, ya terminé el año pasado, así que quedate tranquila, no abusaste de un menor.

    —Si lo fueras, igual tendría que cogerte.

    — ¿Por qué trabajás acá? — le pregunté, mientras deslizaba lentamente mi mano por su espalda.

    — No me hagas esas preguntas. — me dijo, y luego me dio un mordisco en el pezón, lo cual me encantó.

    — Nunca me hicieron eso. — dije, y mi mano llegó a su nalga. La pellizqué. Ella me mordió de nuevo.

    — Viste que buena que soy. Y eso que no me pagaste para eso.

    Luego deslizó la mano hacía abajo, hasta llegar a mi tronco.

    — Ya se está endureciendo. — susurró.

    — Pajeame despacito. — ordené. — Me encanta estar acá con vos. Mucho más de lo que imaginás. — dije, mientras sentía como mi verga se hinchaba a medida que me masajeaba.

    — A mi también me gusta. No siempre me la paso bien con los clientes.

    Su semblante se tornó sombrío. La agarré del mentón y levanté la cara, para que me mire a los ojos.

    — Me encantan tus ojitos. Sos muy hermosa.

    — Gracias. — dijo, sin dejar de masturbarme. — Y vos tenés una hermosa pija. ¿Cómo me querés coger? — preguntó, y sus palabras me parecieron mas dulces que la miel.

    — Subite arriba mío.

    Pampita agarró un preservativo, y en cuestión de instantes me lo colocó en la verga que ya estaba totalmente erecta. Apoyó sus manos en mi pectoral y me montó. Yo apunté a su cráter.

    — Despacito. — pidió.

    La verga hurgó con paciencia. Primero la cabeza. Vi el rostro de mi tía, que parecía algo asustada por el tamaño, pero no hizo gestos de dolor, así que hice un movimiento y se la enterré un poco más.

    — Es muy gorda. — dijo ella, con cierta aprensión, pero con mucha curiosidad. — dejame a mi, vos quedate recostado, no me la metas que me vas a lastimar. Yo manejo el ritmo.

    Se acomodó, y comenzó a hamacarse. Sus ojos se cerraron, y sus labios sonrieron. La agarré de las caderas, mientras sentía como mi tronco se frotaba con las paredes vaginales. Sus tetas estaban hinchadas y sus pezones increíblemente puntiagudos. Se los chupé, y mordí uno con mucho cuidado. Ella se estremeció y abrió los ojos.

    — Aprendiste algo nuevo hoy. — me susurró.

    Me agarró de los hombros. Yo me erguí, y nos abrazamos. Su sexo ya se estaba acostumbrando al mío, así que me permití penetrarla con movimientos cortos y fuertes. Nuestros cuerpos, cálidos y jadeantes parecían uno solo. Ella no paraba de acariciarme la espalda mientras gemía en mis oídos. Yo aproveché la proximidad para manosearle el culo como si la vida se me fuera en ello, mientras sentía en mi propio cuerpo sus tetas, pequeñas pero firmes, y hermosas. Me mordió la oreja y me largó su aliento cálido y húmedo. Le apreté mas fuerte las nalgas, como si las estuviese amasando. Me besó el cuello, haciéndome sentir el cosquilleo mas excitante que experimenté hasta el momento.

    Cogimos, como dos animalitos silenciosos durante un buen rato. Mi verga estaba firme como mástil adentro suyo. Se animó a regalarme un beso en los labios, y fue entonces cuando me di cuente de que nuestra historia no iba a terminar ahí.

    Eyaculé, con mi sexo adentro suyo, y ahí se quedó, aun cuando ya estaba fláccido. Quedamos abrazados, ella encima de mí, con su rostro hundido en mi cuello, en silencio, acariciando nuestros cuerpos desnudos, mientras disfrutábamos de los últimos minutos que nos quedaba. Luego la recepcionista tocó la puerta. El tiempo se había acabado. La magia había terminado. Al menos por ese día.

     

  • Mi sobrino Vlady

    Mi sobrino Vlady

    Lo más seguro es que me juzgaran después de leer mi historia. Pero quiero que entiendan que la carne es débil y las tentaciones son poderosas y más cuando el ambiente es tan propicio para que se den este tipo de situaciones. Tengo 45 años y no soy hermosa. Solo soy una mujer madura gordita de piel morena, me separe de mi esposo hace años por infidelidades de su parte. Mis hijos ya soy mayores y viven aparte con sus respectivas familias. Después de mi separación con mi esposo yo regrese a vivir a casa de mi madre con mi hermana y su hijo y su hija. Que vendrían a ser mi sobrino y sobrina. Y aquí empieza esta historia.

    Todo empezó por las cosas de la vida la situación económica el deseo de superarse y la búsqueda de una vida mejor. Cuando ya transcurrían varios meses de estar viviendo en casa de mi madre, mi hermana tomo la importante decisión de irse a los estados unidos y dejo bajo mi cuidado a sus dos hijos. Yessi Una nena de 16 años y Vlady un chico de 15. Al principio solo teníamos dos camas mi sobrina Yessi de 16 años dormía en la misma cama que yo y mi mama dormía en la otra cama. Vlady dormía en una colchoneta en el suelo, como verán la situación económica era muy difícil. Y todos dormíamos en una misma habitación.

    Un año y meses después que mi hermana se fue para estados unidos y gracias a sus remesas habíamos logrado reunir suficiente dinero para mandar a construir una habitación más. Y asi fue a un costado de la habitación donde dormíamos todos construimos una habitación y compramos una cama nueva. Yessi se pasó a dormir a la nueva habitación y uso la nueva cama y Vlady se pasó a dormir conmigo a mi cama. Para ese tiempo mi sobrino Vlady estaba próximo a cumplir los 17 años. Era un chico bastante callado de piel morena y buena estatura su cuerpo delgado y su bonito rostro, pues su padre era un caballero muy atractivo que fue asesinado por robarle los pocos billetes que cargaba en su billetera.

    Los días pasaban sin mayor realce mis sobrinos estudiaban yo cuidaba la casa y mi madre cada día envejecida más. Cada madrugada al despertar sentía el cuerpo de mi sobrino muy cerca de mi y me parecía normal. Las madrugadas son frías y la cama es pequeña no había nada de que preocuparse no había nada fuera de lo normal. Así pasaron muchas noches mas de las que pueda recordar y se hizo tan frecuente que ya lo extraño era que no sucediera. Una madrugada al despertar no se que se me cruzo por la mente y me moví quedando mi espalda junto al pecho de mi sobrino y lo curioso de esto fue que me sentí bien. Su calor me conforto y me quede ahí sin moverme más en unos minutos el brazo de Vlady se pozo sobre mi cintura bueno donde tenía mi cintura, ahora solo son rollitos. Y pude sentir todo su cuerpo junto al mío. Estábamos en la postura de cucharita como se supone que duermen los enamorados y la verdad es que me gusto. Sentir su calor y su cuerpo y mas aun en la intimidad de la casa.

    Ya habían pasado varios años desde mi separación con mi esposo y esas sensaciones que me brindaba el cuerpo de un jovencito eran muy gratificantes. Con el tiempo dormir en esta posición se fue haciendo costumbre y como siempre nada parecía extraño. Todo transcurría normal. Hasta esa madrugada de diciembre. Estaba haciendo mucho frio y como siempre al despertar en la madrugada el brazo de Vlady aprisionaba mi cintura pero esta vez su cuerpo estaba junto al mío. Tan cerca que específicamente mis pompis estaban pegadas a su cuerpo y mi sorpresa lo que encendió todas las alarmas fue que sentí su miembro su trozo de carne dura y maciza frotándose en mis nalgas. Me asuste pero no les negare que también me gusto hacía mucho tiempo que no sentía algo así. Y en la oscuridad de la habitación sonreí y me sentí alegre por aun poder provocarle una erección a un hombre aun qué este fuera mi sobrino y la verdad es que disfrute el momento.

    La mañana llego y no hablamos del tema pues en mi mente aun estaba la idea que eso era normal y que no era yo la que había provocado una erección sino la reacción normal de los varones de tener erecciones en las madrugadas. El día paso rápido pero yo no podía esperar para meterme a la cama y comprobar que lo que había pasado era algo sin importancia un evento esporádico sin trascendencia. Nos acostamos en la misma cama y sin decir muchas palabras nos quedamos dormidos. En la madrugada al despertar me encontré con la misma situación de la noche anterior el cuerpo de mi sobrino pegado al mío y su miembro duro como una roca frotándose en mis nalgas, pero es necesario mencionar que yo siempre usaba ropa interior para dormir y aparte de eso un camisón así que me sentía cerca pero a la ves lejos de mi sobrino y de alguna forma eso me consolaba. La situación era una mezcla de sentimientos por un lado sentía rico el pene de Vlady en mis nalgas y por otro la culpa de saber que no era un hombre cualquiera sino mi propio sobrino que estaba dormido a mi lado y yo fantaseando con su cuerpo. Después de eso Pasaron muchas noches en esta situación y con el tiempo se volvió normal. Despertar cada madrugada y sentir en mis nalgas un gran trozo de carne y Vlady dormido como tronco. Se llegó el fin de año las celebraciones y Los días que hacían frio pasaron y después de ellos viene la época de calor, las noches en las que no se soportan las sabanas por el inmenso calor y tienes que dejarte la ropa puesta por el pudor de no dormir desnuda.

    Era el mes de abril y Vlady estaba próximo a cumplir sus 18 años. En todo el tiempo que llevábamos compartiendo la cama y cierta complicidad nunca mencionamos nada nunca hablamos de lo que sucedía en las madrugadas, todo era normal hasta el momento. Cierta madrugada de una cálida noche de abril al despertar mi camisón estaba arriba de mi cintura es decir que mis nalgas solo estaban cubiertas por la tanga que llevaba puesta mi espalda y en general todo mi cuerpo estaba cubierto de sudor por el calor que emanaba el cuerpo de Vlady que estaba junto a mí. Me sentí sofocada por el calor y en la oscuridad gire un poco mi cuerpo para apartarme un poco pero sin querer puse mis manos en las piernas de Vlady, él no se movió creo que no sintió porque dormía como tronco pero después de haber puesto la mano en sus piernas por error ya no la quise quitar y lejos de apartarme acaricie su cuerpo por un breve momento. Pero tuve miedo y me volví a girar pero no me aparte de él, es más busque acomodar mis nalgas a su paquetote y sin cubrirme las nalgas con el camisón solo con la tanga.

    Me volví a dormir y llego la mañana, en esos días celebramos el cumpleaños de Vlady, mi pequeño sobrino ya no era un niño ya cumplía los 18 años ya era todo un hombre y que hombre era. De piel morena cuerpo delgado y bastante alto, una pequeña barba cubría su mentón y unos lindos hoyuelos aparecían en sus mejillas cada vez que sonreía, sus ojos cafés y cejas gruesas. Un excelente ejemplar con mucho parecido a su difunto padre. Como recordaran mi hermana esta en estados unidos y cada mes mandaba una remesa para la alimentación y los gastos de los estudios de mis sobrinos, Yessi y Vlady. Pero de todo lo que mandaba yo iba guardando una pequeña cantidad de dinero hasta que reuní lo suficiente para mandar a hacer una habitación y comprar una cama nueva para mi sobrino, la verdad no quería hacer eso pero si era necesario hacerlo.

    En una madrugada al despertar note que mi camisón estaba por arriba de la cintura y el pene muy duro de mi sobrino rozaba contra mis nalgas, pese a querer seguir disfrutando el momento me aparte y volví a cubrir mis nalgas con el camisón y sin darle importancia me volví a dormir. A la madrugada siguiente la escena de la noche anterior se había repetido mi camisón arriba de la cintura y el paquetón de mi sobrino junto a mis nalgas. A la siguiente noche me dormí bastante tarde casi era la media noche cuando fui a acostarme, mi sobrino ya estaba en la cama y sin hacer ruido me metí en la cama me acomode y cerré los ojos pero no podía dormir, paso la media noche y como saben a la una de la madrugada cantan los gallos y efectivamente estaba despierta a esa hora, solo acomodada en la cama sin cubrirme con la sabana y dándole la espalda a mi sobrino, de repente en la oscuridad sentí un pequeño movimiento, me quede muy tranquila sin moverme solo sintiendo y averiguando lo que pasaba mientras dormía. Vlady iba subiendo mi camisón hasta la cintura descubriendo mis nalgas y de paso sacaba su pene de su bóxer y lo acomodaba en mis nalgas para frotarlo entre la abertura de mis pompis, sentí muy bien lo que él hacía pero no estábamos piel con piel pues aún me cubría mi tanga, sentí un alivio saber que andaba mi ropa interior pero a la ves quise no tenerla y sentir la cabecita de ese pene grandote que ya tenía bastante de venirlo sintiendo y ya me tenía muy acostumbrada a sentirlo cada noche. La misma situación se repetía cada noche mi sobrino levantaba mi camisón y rozaba su pene sobre mis nalgas aun cubiertas por mi tanga y las obras para la construcción de la nueva habitación ya casi terminaban, hasta que una noche me decidí a hacer algo que mi sobrino no esperaría.

    Cada noche no más me acostaba y en la oscuridad me quitaba mi tanga para hacerle saber a Vlady que estaba prácticamente desnuda y después de quitarme la tanga no bajaba mi camisón, todo fue más descarado desde esa noche ya que quedaban pocas noches más antes de que Vlady se pasara a dormir a su propia habitación. Cada madrugada me acomodaba más descaradamente para que mi sobrino apoyara su pene en mis nalgas y esta vez sí podía sentir la cabecita de su pene entre mis nalgas y más aun rozando directamente mi ano pero aún no se decidía a meterla ni en mi ano ni en mi vagina ya me yo estaba acostada de lado apoyada en mi costado y dándole la espalda a mi sobrino Vlady, y aunque la humedad era increíble tanto fue la humedad y los roces que descaradamente movía mi cuerpo y buscaba que su pene se deslizara a mi vagina pero no lo conseguí, lo único que logre alcanzar es que Vlady se viniera en mis nalgas y que por primera vez me abrazara descaradamente mientras tenía un orgasmo y llenaba mis nalgas y el colchón de su semen tan caliente espeso y abundante que a la mañana siguiente tuve que lavar las sabanas, estaban cubiertas de semen y mi flujo vaginal.

    Durante todo el día Vlady no estuvo en la casa y no cruzamos palabra alguna. Se llegó la noche y por fin apareció en casa sin decir ni una palabra sin cruzar ni una mirada y se llegó la hora de dormir. Estaba deseosa de repetir lo ocurrido la noche anterior y más aun sabiendo que solo quedaban 3 noches más de compartir la cama y esa experiencia que me tenía traumatizada, pero cual fue la sorpresa que durante toda la noche Vlady no hizo más que esquivarme, estaba a la orilla de la cama y cada vez que me acercaba él se alejaba más, y se hacía más a la orilla de la cama. La verdad me sentí frustrada por lo sucedido o mejor dicho lo no sucedido. Llego la mañana y al igual que el día anterior no cruzamos ni una palabra ni una mirada y se llegaba la penúltima noche juntos, nos acostamos y otra vez de forma descarada me quite la tanga y me subí el camisón dejando prácticamente todo mi cuerpo desnudo al lado de Vlady y me dormí, en la madrugada me desperté al sentir la mano de Vlady acariciándome pero me cubrí con la sabana y de manera violenta aparte su mano de mi cuerpo, paso un largo silencio en la oscuridad de la habitación, lo único que escuchaba era la respiración de Vlady y los ronquidos de mi mama en la cama de al lado.

    Después de una hora más o menos Vlady volvió a acercarse a mí y por segunda vez lo rechace violentamente. Fue el último intento en esa noche caímos dormidos o al menos yo me dormí y se llegó la mañana. Durante el día estuvimos limpiando y ordenando la nueva habitación, movimos algunos muebles para la nueva habitación que habíamos mandado a construir, no era nada elegante solo eran 4 paredes una ventana, una puerta que conectaba a la habitación principal y techo de lámina, pero la cama nueva la llevarían hasta el siguiente día. Se pasó el día y solo cruzamos unas cuantas palabras con mi sobrino y se llegó la hora de cenar y otro rato más y se llegó la hora de dormir la última noche juntos en mi cama. Apagamos la luz y de inmediato me quite la tanga y subí mi camisón y me quede tendida en la cama y por primera vez de frente a mi sobrino, mis pechos estaban junto a tu costado ya que él estaba acostado viendo directamente hacia el techo. Los dos tratando de disimular la respiración y los deseos, en ese momento no pude más y dirigí mi mano directamente al abdomen de Vlady lo acaricie un momento y lo bese en el cuello y sus mejillas, y mi mano se dirigió hacia su pene para sacarlo de su bóxer, baje tanto su bóxer lo suficiente para dejar su pene y bolas libres fuera de su bóxer, mi niño mi sobrino mi Vlady no reacciono y se quedó quieto sin moverse casi sin respirar y en un instante deslice mi pierna izquierda sobre su cuerpo y con una mano sujetando su pene busque la entrada de mi vagina, la oscuridad era mi cómplice el silencio mi aliado y la respiración agitada me delataba pero la logramos controlar, deslice la cabecita de ese pene hermoso en mi vulva y mis labios vaginales la recibieron como quien recibe a un viejo amigo la humedad estaba presente entre mis labios y entre mis bellos y sin más lo monte, lo hice sin más pudor sin más vergüenza ni remordimiento, un ligero dolor recorrió mi cuerpo desde hace años mis paredes vaginales no habían sido dilatadas por la presencia de un trozo de carne fálico y un ligero quejido o lamento cruzo la habitación, tenía el pene de mi sobrino en mi vagina esa conchita estaba que se quemaba y recibía un alivio al tener dentro ese pene largo y grueso el pene de mi Joven sobrino el pene de un adolescente, una vez me moví sacando su trozo de mi vagina y al regresar a introducirlo otra vez sentí como se inflamo y como las manos de Vlady me sujetaban de las caderas y mi interior se llenaba de semen caliente y espeso, me quede sin moverme y después de unos diez segundos volví a moverme de arriba hacia abajo escurriendo las ultimas gotas de néctar del falo de mi sobrino.

    Todo lo que había estado esperando por años solo había durado alrededor de treinta segundos. Estaba sobre su cuerpo y lentamente me aparte de el no sin antes besarlo en la boca, baje mi camisón y en la oscuridad busque mi tanga me la puse y me envolví en las sabanas para dormirme. En el transcurso del día llevaron la nueva cama y la instalamos en la habitación de Vlady. El día paso sin nada interesante que comentar y se llegó la noche, a la hora de dormir estaba sola en mi cama, la sentía vacía y fría, una fea sensación recorría mi cuerpo horas después de haber apagado la luz, y yo sin poder dormir y de presto una brisa helada y las primeras gotas de lluvia caían, sin terminar de enterarme de lo que sucedía una fuerte lluvia caía sobre nuestra pequeña y sencilla casa, durante todo el día ni una nube cubría el cielo era un lindo día de finales de abril y en el patio al aire libre había dejado muchas cosas, tuve que salir fuera de la casa para entrar las cosas que había dejado afuera, era casi media noche y me moje tratando de guardar tantas cosas que tenía en el patio y se estaban mojando con la fuerte lluvia. Regrese a mi habitación solo cubierta por el camisón y de paso muy mojada, entre el fuerte ruido de la lluvia que casi y la oscuridad de la noche pase junto a la cama de Vlady y de repente me sujetaron de la mano y sin darme tiempo de reaccionar sentí un suave beso en mis labios no pude ni apartarme o tratar de rechazar ese beso pues los fuertes brazos de mi sobrino me aprisionaban y sus manos ya acariciaban mis nalgas.

    Vlady me estaba esperando para atraparme ya estaba desnudo ya estaba listo y entre sus brazos me llevo a su cama, caímos en ella, yo primero y el sobre mí y sin más abrí las piernas y entre mis bellos y mis labios sentí como el pene de mi sobrino se deslizaba hacia el interior el más profundo interior de mi vagina, la humedad se hizo presente casi de inmediato y abundante flujo se deslizaba en mis nalgas y humedecía mi ano, su pene entraba y salía de mi vagina fuerte y rápido, por momentos más despacio pero siempre hasta topar su vientre con mis labios vaginales, no pude evitarlo y empecé a gemir fuerte sedienta de más placer y el ruido de la lluvia cubría mis gemidos, mis piernas envolvieron su tronco y no lo dejaba escapar, lo tenía dentro de mí la segunda vez dentro de mí y ni sentí cuando se me escapo de entre mis piernas y con sus fuertes brazos me dio la vuelta dejándome como una perrita en 4 patas y me enterró todo su pene en mi vagina, apreté los dientes y cerré los ojos y de inmediato una sensación como de electricidad recorrió mi cuerpo, es extraño describir este momento es extraño describir cómo es posible sentir que algo se mueve atrás del ombligo pero quien lo haya experimentado lo va entender. Sus manos sujetaban mi cabello y me tiraba de él y tras un largo rato de estar en esa posición yo mordía las sabanas y solo sentí como me atrapo con sus brazos y me daba vuelta para cambiar de posición, él se quedó acostado sobre la orilla de la cama y yo con todo su pene enterrado en mi interior, me empecé a mover de adelante hacia atrás y de lado a lado haciendo círculos con mi cadera hasta que no pude más y una deliciosa sensación de escalofríos recorría mi cuerpo y me quede sin moverme pero la cosa no termino ahí porque al quedarme sin mover Vlady empezó a moverse de arriba hacia abajo sacando y metiendo su pene en mi vagina hasta que un grito escapo de mi boca y muchos líquidos salieron de mi vagina, al fin nos quedamos quietos sin moverme por su pene bajaba su semen y de sus testículos caían mis flujos todo lo que me había dejado un delicioso orgasmo.

    Nos quedamos sin movernos un momento y nos acostamos en su cama, dulcemente nos besamos por un largo rato hasta que dejo de llover y el ruido de los besos podía despertar alguna sospecha. Era más de la media noche casi madrugada pero los deseos no se apagaban, ya la lluvia se había acabado y mi madre aun dormía profundamente, me acerque a la habitación de Yessi y también dormía profundamente. Pero a pesar de que ya lo habíamos hecho más de una hora quería seguir disfrutando y en medio de la oscuridad regrese a la cama de Vlady, me acosté sobre él y empecé a besarlo en la boca su cuello y su pecho, seguí bajando un poco más hasta llegar a su abdomen y más debajo de su vientre hasta alcanzar su pene que aún estaba dormidito después de la jornada de sexo, lo empecé a besar y lamer hasta que metí la cabecita entera en mi boca.

    En unos segundos ya estaba dura y firme pero no lo podíamos hacer dentro de la casa porque entonces si nos iban a escuchar, así que de madrugada nos salimos de la casita y nos fuimos al monte, afuera estaba haciendo frio y había mucha neblina, nos partamos de la casa y nos fuimos a una pequeña ramada donde guardábamos leña y herramientas. Al llegar Nos acostamos en el suelo y seguimos besándonos y me coloque sobre el cuerpo de Vlady.

    Busque su pene con mis manos y la coloque en mi vulva y nuevamente deslizo su pene entre mis bellos y mis labios y otra vez lo tenía adentro, en lo oscuro el frio y la neblina disfrutaba de ese rico pene y mis rodillas sufrían pues se raspaban en el pavimento frio y áspero pero no me importaba, seguía disfrutando y cada vez mi excitación era mayor. Tuve un segundo orgasmo mientas Vlady me mordía mis pezones y mucho flujo se derramo en las piernas y el vientre de mi sobrino. Estaba haciendo mucho frio y mucha humedad en aquella madrugada y a pesar de que Vlady aún estaba con muchas ganas y su pene seguía duro como roca yo ya no podía seguir más en esa posición pues mis rodillas estaban muy lastimadas, nos pusimos de pie y con las manos en las rodillas y sacando a mas no poder las pompis recibí las envestidas de mi sobrino que también estaba de pie y me sujetaba por las caderas y acariciaba mis nalgas, pasamos así un buen rato pues era cómodo y no estábamos tendidos en el suelo.

    En la oscuridad encontramos una mesa y me acosté sobre la mesa abriendo las piernas y colocándolas en los hombros de mi Vlady para recibir otra vez su rico pene, pasamos otro largo rato haciendo el amor de esa manera, besándonos y apretando mis pechos hasta que vimos en el horizonte los primeros rayos del sol que indicaban que iniciaba el amanecer y unos espasmos se apoderaban de mi cuerpo para tener otro delicioso orgasmo acompañado de otro baño de semen en el interior de mi vagina. Terminamos jadeantes y cansados, prácticamente la noche se había pasado y nosotros habíamos hecho el amor durante la mayor parte de esta.

    Regresamos a la casita y mi sobrino se quedó acostado en su cama y lo despedí con un rico beso en los labios. Entre a mi habitación y sin querer hice ruido y despertó mi mama y me pregunto si de donde venía a lo que respondí “vengo del baño” y me acosté en mi cama, no podía creer todo lo que había pasado pero aun así quería que se volviera a repetir. Creo que no pase despierta mucho tiempo y rápidamente me dormí estaba muy agotada por todo lo ocurrido durante la noche. Y aun quedo con más ganas de seguir disfrutando a mi Vlady.

  • Rica plática de sexo con mis hijas

    Rica plática de sexo con mis hijas

    Cómo están queridos lectores, tenía mucho sin relatarles algo, pero aquí estoy nuevamente con otra vivencia excitante. Esto que les voy a relatar sucedió de una manera muy espontánea y súper excitante.

    Fuimos a realizar unas compras al centro de la Ciudad de México, íbamos mis hijas, mi marido y yo, quien conoce esa parte de la ciudad sabe lo complicado entrar en auto hasta ahí, así que mi marido decidió dejarlo en un estacionamiento público cercano y de ahí irnos caminando, al terminar de hacer las compras regresamos por el auto, mi marido nos dijo a mis hijas y a mi que lo esperáramos mientras él iba por el auto, así que nos quedamos justo en la esquina de la calle a esperarlo.

    Mientras regresaba estábamos platicando y de repente se paró un auto a un costado de nosotras, por la ventanilla se asomó una persona y nos dijo ‘somos 5 cuánto cobran putas?’, nos volteamos a ver las tres y nos reíamos una de mis hijas le dijo ‘perdón estás equivocado, no somos putas, así que retírate por favor’, se asomó otro que venía en la parte de atrás y dijo ‘ándeles putas vamos a coger les vamos a pagar bien, la verdad es que están muy buenas y se ve que son bien putas las tres’, mi hija les volvió a decir que no y nos retiramos un poco de ahí, arrancaron el auto y se fueron.

    Nos quedamos viendo unas a otras y nos reímos, unos minutos después paso caminando un señor se nos quedó viendo y se acercó a nosotras pero se dirigió a mi hija la más chica y le dijo ‘que buena estás putita, cuanto cobras’ mi hija nos volteó a ver a su hermana y a mi y tome de la mano a mi hija y la jale hacia a mi, el señor siguió caminando y se fue, pasados unos minutos otra vez se volvió a parar un auto frente a nosotras y el conductor bajó su ventanilla y se acercó a ella y nos hizo señas de acercarnos, me acerque un poco y me dijo ‘hola’, le conteste igual con un hola, y dijo ‘oye diles a tus amigas si nos vamos los cuatro al hotel tengo ganas de que me deslechen unas buenas putas como ustedes’, le dije ‘no gracias’ y me alejé del auto, él dijo ‘entonces que putas no vamos a coger?’ No le hicimos caso y se fue.

    Esta situación sinceramente me estaba poniendo muy caliente y sentía que mi panocha estaba ya mojada, veía a mis hijas y las sentía nerviosas o a lo mejor estaban igual que yo calientes jejeje.

    Adelante de donde estábamos había una tienda y un señor estaba ahí, y había visto todo lo que nos había pasado y se acercó que nosotras diciéndonos ‘señoritas si no quieren que las sigan molestando aléjense de esa esquina ya que es ahí donde se paran las que cobran por sexo y posiblemente las estén confundiendo con ellas, y para serles sincero vestidas como están hasta yo pensaría que los son’ y se fue a su tienda, nos volteamos a ver y una de mis hijas dijo ‘mamá creo que si nos vemos muy mmmm, como decirlo’ y le otra le dijo ‘hay hermana dilo así es como nos vemos muy putas’, mi hija la más chica se llama Karla y vestía una playera tipo ombliguera y una minifalda de mezclilla, mi hija la más grande se llama Silvia y vestía una blusa sin mangas y unos leggings blancos y tanga la cual se le transparentaba, yo traía un vestido cortito y escotado y sinceramente si nos veíamos muy putas las tres.

    En ese momento llegó mi marido con el auto y ya no pudimos seguir platicando de lo sucedido, todo esto que nos sucedió ese día dio paso a muchas de cosas que comenzamos a vivir las tres en el aspecto sexual, siempre hemos sido muy unidas mis hijas y yo y nos tenemos muchísima confianza de platicar y hablar sobre todos los temas, ellas me han platicado de sus novios, amigos y claro también de que ya son vírgenes y de cómo fue que perdieron su virginidad y con quien han tenido sexo, por lo que me han contado yo considero que mis hijas son igual de calientes y putas que yo y también les encanta la verga jejeje.

    Al otro día estando solas la tres platicamos de lo sucedido Karla comentó, ‘no sé ustedes, pero con todo los que nos dijeron los tipos de ayer la verdad si me puse caliente y llegó el momento que tenía ganas de que me cogieran, no me digan que no sintieron lo mismo?’. Silvia le dijo ‘ay Karla que puta eres, pero la verdad si yo también me calenté muchísimo jajaja’, y las dos me voltearon a ver y Silvia dijo ‘y tú mamá que sentiste?’. ‘Ay niñas como me preguntan eso’ y reí, ‘anda ma dinos qué pensaste o sentiste en esos momentos’, les dije la verdad ‘me puse muy caliente y si también tenía ganas de que me cogieran en esos momentos’ y Karla dijo ‘ay que putas somos eh’ y las tres reímos.

    Después de eso seguimos platicando de con quién nos gustaría coger y Silvia dijo ‘a mi gustaría volver a coger con tu ahijado y su hermano, los hijos de tus compadres ma, la verdad es que tienen una verga deliciosa los dos’, a poco no Karla y le contesta ‘si eh cogen muy rico, pero sabes mami también me gustaría probar la verga de tu compadre la ha de tener bien rica también o no mamá?’ Y antes de contestarle me dijo Silvia’ no nos digas que no la has probado porque no te creeríamos eh ma’, las volteo a ver a ambas y les dije ‘pues sí sí la he probado y tienen razón la tiene muy deliciosa’.

    ‘Pues a ver qué día podemos hacer algo con él, sería súper deli que saliéramos a algún lugar nosotras tres y ellos tres no creen?’. ‘Si sería rico’ dijo Silvia.

    Y ahí quedó toda la plática sobre ellos, ya les contaré en otro relato como fue que se dio esa deliciosa oportunidad de coger con los tres.

    Besos.

  • Yegua mal parqueada

    Yegua mal parqueada

    Estaba ayudando a mi tío Estaban a trabajar en las caballerizas alistando los caballos para la feria que se desarrollaría en la capital, cuando fui interrumpido por el joven Ricardo quien era el hijo menor del patrón quien me llamaba algo ansioso.

    Ricardo: Adolfo, Adolfo venga rápido llego mi tía Carolina!

    Por lo que fui rápido atender su insistente llamado, que era justificado por que Ricardo tenía por tía a Carolina una reconocida presentadora que despertaba el deseo de más de un hombre, y no era para menos al verla personalmente admire una monumental mujer de 1,80 cm, tez blanca, un cuerpo voluminoso y aparentemente tonificado que obviamente llamo la atención de Ricardo y por eso me invitaba para admirar tan esbelta mujer, a pesar que evidentemente era mayor a nosotros, era inevitable no querer recrear el ojo con Carolina mientras que saludaba a su llegada a todos hasta mí que estaba de metido me saludo muy dulce lo cual fue música enamoradora para mí al oír en sus labios mi nombre pero lo que me dejo perplejo fue que me dio un beso en la mejilla.

    Carolina; Hola Adolfo como estas?

    Y mi timidez me gano por lo que no le respondí nada por lo que ella solo se rio y siguió saludando mientras que Ricardo y yo solo fuimos a jugar un rato con el playstation tal vez para disipar la mente un poco de tan hermosa tentación, pero fuimos interrumpidos por la silueta de dos hombres que estaban a lado de la ventana de la habitación que daba hacia la piscina que sin percatarse que estábamos ahí por ser la ventana polarizada comenzaron hablar sin prevención lo cual escuchamos sin querer, eran los tíos de Ricardo Don Gregorio y Don Fernando que aparentemente hablaban de Caballos porque entre tragos decían:

    Don Gregorio: Esa potra sí que esta buena!

    Don Fernando: Si tiene buen paso la Yegua

    Don Gregorio: Con esas patotas cómo no! Jajajaja

    Don Fernando: Si Carolina fuera a la feria ganaríamos

    Don Gregorio: Jajaja Mucho ejemplar Carolina.

    Por lo que nos acercarnos al ventanal para seguir escuchándolos atentamente para darnos cuenta que los cuchos estaban no solo refiriéndose a Carolina sino morboseandola porque estaba en la piscina con un traje de baño de dos piezas por lo que era entendible porque se robaban los malos deseos de más de uno, incluyéndonos que rápidamente nos pusimos el vestido de baño para ir a la piscina y juntarnos a ese clan de admiradores que tenía Carolina que no le perdía movimiento para moborsear su armonioso cuerpo que colota, que muslotes, que brazotes, que patotas y unas tetazas todo tamaño familiar “Grande” por lo que realmente nos puso a pasar saliva. Pero por el momento teníamos que verla todos a la distancia porque no demoro el esposo el marcar territorio con su presencia pero menos mal se inventaron las gafas oscuras que más de uno supo usarlas y sacarles provecho.

    Para la noche aun trastornados con ese mujerenon de Carolina no era fácil conciliar el sueño por lo que me llego un mensaje de Ricardo a mi teléfono que decía.

    Ricardo: Vamos a espiar a Carolina?

    Y aunque eran cerca de la medianoche la sola idea de verla me hizo entusiasmarme y escabullirme sigilosamente para encontrarme en uno de los jardines con Ricardo quien sabia en que habitación estaban no solo Carolina sino su esposo, al llegar a la ventana de ellos no se vía nada, ni se escuchaba nada por lo que la decepción fue grande, aparentemente estábamos perdiendo el tiempo por lo que nos retiramos pero al pasar por la ventanita del baño de la habitación de ellos no solo estaba encendida sino se escuchaban las voces de Carolina y su esposo, lo cual nos miramos entre inquietos y optimistas exclamando Ricardo.

    Ricardo: Esta en la tina!

    Y sin perder más tiempo Ricardo me indico que lo subiera en brazos para que él se pudiera asomar por la ventanita del baño que se encontraba un poco alta para poder ver los dos lo que ocurría adentro y como Ricardo era el hijo del patrón pues él fue primero en ver que con señas confirmo la buena suerte que teníamos sin embargo en voz baja pregunte reiteradamente.

    Adolfo: Se la están comiendo? Se la están comiendo?

    Y Ricardo me contesto.

    Ricardo: Siiii

    Adolfo: Déjeme ver, déjeme ver…

    Pero Ricardo concentrado no me prestaba atención por lo que me toco insistir y hasta pellizcarlo para que me dejara ver hasta que por fin accedió un momento, y al subirme a los hombros del joven Ricardo vi por primera vez en vivo una escena sexo aunque lejos de sexo salvaje de los videos porno de la web pues Carolina se lo estaban haciendo en la tina por lo que se vía poco pero por los gestos y movimientos en especial del esposo selo estaba metiendo a Carolina quien hacía gestos de satisfacción, luego escuchamos ruidos en el jardín lo que nos hizo retirarnos por precaución de vernos descubiertos.

    Pero la verdad nos pareció muy pobre la relación sexual de Carolina con su esposo, muchos besitos, muy romántico, creíamos que con un mujerenon como Carolina uno le metería más ganas y menos besitos. Sin embargo me ayudo para darme una idea y alimentar mis fantasías sexuales esa noche con Carolina por lo que fue una noche muy húmeda.

    Para el resto del fin de semana me toco conformarme con ver a Carolina de vez en cuando porque me toco ayudar a mi tío Estaban con la preparación de los caballos para la feria (bañarlos, cepillarlos, etc…) todo listo para que el lunes transpórtalos hacia la feria en la capital.

    Al llegar el lunes antes de salir para la capital en uno de los camiones me encontré con Ricardo quien iba en uno de carros con su Padre don Gregorio y su socio don Fernando uno de los promotores equinos de la región y la feria, pero también estaban acompañados por su tía Carolina y su esposo que se devolvían a diferentes compromisos, sin embargo quién se robó mi atención fue Carolina que aunque estaba más tapadita con simple jeen, una camiseta blanca y su cabello castaño largo recogido, igual se observaba muy sexy. Por lo que me di el gusto de desnudarla con la mirada lo que me hizo sentir celos de que Ricardo tuviera el placer de irse en el carro con Carolina, el cual seguro también lo tenía inquieto.

    Luego en la carretera mi tío Esteban quien conducía uno de los camiones me indico:

    Tío Esteban: Ahora entiendo porque estabas tan inquieto rodando la casa grande con el joven Ricardo

    Adolfo: Nooo. Normal

    Tío Esteban: Tranquilo sobrino esa tal Carolina pone inquieto a cualquiera.

    Adolfo: Jajajaja

    En ese momento me llego un mensaje de Ricardo quien iba en el carro delante de nosotros que decía:

    Ricardo: Adolfo que presa quieres que te deje? Que me voy a comer todo. Jajaja una broma!

    Adolfo: Mastique bien porque se indigesta! Jajajaja una broma!

    Y de repente mientras pasábamos por uno de los túneles de la carretera un ruido muy fuerte, con una fuerte bruma de tierra que no dejaba ver por lo que frenamos abruptamente para no chocar pero al dispersarse la bruma de tierra era evidente habíamos quedado atrapados en medio de dos derrumbes dentro del túnel los cinco camiones nuestros y el carro donde estaba Ricardo con su familia pero también habían quedado atrapados otros vehículos un campero y tres tracto camiones por lo que consternados nos reunimos todos para verificar la salud de todos y realizar un pequeño censo donde había 15 hombres mayores de 50 años, 4 hombres de mayores de 25 años y tres jóvenes incluyéndome siendo la única mujer Carolina entre la mayoría camioneros o coteros lo que fue un problema al pasar de las horas porque el calor que se sentía era muy sofocante y desesperante lo que no hacia consumir mucho líquido pero además no había mucho que comer lo que algunas personas estaban malhumoradas y además sin saber nada del exterior del túnel porque no era posible la comunicación entonces unos dormían otras se pusieron a jugar cartas para matar el tiempo, pero pronto se empezó a ver las miradas morbosas hacia Carolina y no demoro los comentarios burlones o atrevidos acerca de Carolina que poco a poco fueron incrementando hasta el punto de incomodarla provocando que ella con su esposo tomaran distancia del resto del grupo que por el contrario se unían perversamente.

    Lo cual no demoro en dar fruto y cuando menos lo espere mientras dormía un poco me despertó los gritos de Carolina que la traían arrastras un hombre de aspecto robusto que lo llamaban “El Gordo” mientras golpean y amarraban a su esposo otros cuatro hombres, sin embargo no todos estaban de acuerdo pero El Gordo que la traía arrastras a Carolina dio un parte de calma indicando:

    El Gordo: Tranquilos! solo nos va deleitar con un baile esta potra!

    Y así fue obligaron a Carolina a bailar con una sola advertencia que el Gordo le dijo a Carolina.

    El Gordo: A ver Potra! queremos ver tu paso fino, o prefieres que te monten?

    Carolina: OK si yo bailo. Pero no me toquen y dejen a mi esposo.

    Y presionada Carolina comenzó a bailar delante de todos con un reggaetón que pusieron de uno de los vehículos sin embargo Carolina guardaba la compostura a pesar de las arengas que le comenzaban a gritar cualquier cantidad de comentarios no solo morbosos sino burlones que alentaron la euforia del grupo para entonces la mayoría se había desinhibido y era evidente que Carolina había despertado los bajos instintos de todos lo que fue claro cuando Ricardo que estaba al lado me dice:

    Ricardo: ¿Se la van a comer?

    Adolfo: ¿Sera que la violan?

    Ricardo: Pues me gustaría ver

    Adolfo: ¿En serio?

    Ricardo: ¿Usted no?

    Adolfo: Pues… seria todo un espectáculo!

    Ricardo: Que la violen! Para ver…

    Y las palabras promisorias de Ricardo hicieron eco la lujuria se sentía en el habiente, de pronto al ver que Carolina paraba de bailarnos El Gordo saco un cayado arreador de Ganado y le pega a Carolina en la cola diciéndole:

    El Gordo: Empelótese yegua

    Pero Carolina comenzó a suplicar que por favor no la obligaran a desvestirse pero el gordo que actuaba ya como líder del grupo pregunto a todos:

    El Gordo: Ustedes quieren más. Cierto?

    Y el grupo en coro y en mayoría respondía; “EMPELÓTESE, EMPELÓTESE,” Y Carolina muy digna aun trato de negociar diciendo:

    Carolina: Por favor no si quieren les bailo más!

    El Gordo: No empelótese!

    Carolina: Por favor no me hagan esto delante de mi esposo y mi familia

    EL Gordo: Ok negociemos potra. Háganos un striptease y si lo haces bien te dejamos tranquila.

    Carolina: Pero solo hasta quedar en ropa interior

    El Gordo: Bueno pero has muy sexy potra para que te vaya bien!

    Carolina no alcanzo ni asentar con la cabeza cuando El Gordo dio la orden de poner la música y lentamente comenzó a quitarse las prendas mientras sonaba la música, ya se percibía algo contrariada Carolina sin embargo trataba de seguir guardando un compostura digna y firme a pesar que solo le quedaba su brasier blanco y panty blanco para quedar desnuda seguía bailando con sin sostener la mirada en ninguno, a su vez mas de uno se estaba tocando o masturbando al verla incluyendo Don Fernando y Don Gregorio que también se había acercado a ver de cerca el espectáculo de mujeronon que también inconscientemente me tenía excitado al igual que Ricardo, era todo un éxito el striptease de Carolina, tanto que comenzaron a votarle dinero diciéndole: “Empelótese, empelótese” y cuando ya se iba vestir Carolina más de uno tomo su jeen y camiseta para no dejarla vestir, lo que contrario a Carolina diciéndonos:

    Carolina: Ya basta! Entreguen mi ropa

    El Gordo: Pero potra está haciendo calor, para que ropa más bien EMPELÓTESE YA!

    Mientras que Carolina rogaba por que la dejaran tranquila era inevitable no escuchar algunos comentarios que decían: “Yo nunca me he comido una hermbrota así de grande, debe ser rico”, “Pero domarla debe ser aún mejor!”, “Esa yegua no debe gemir sino relinchar”, “A que la pongo a relinchar a lo loco”. Esos comentarios solo fueron el preámbulo del despertar de un gran apetito por Carolina llegando al clímax máximo del grupo que comenzó gritar: “Montémosla, Montémosla” que inquieto a Carolina aún más algo alterada pero rodeada por solo tipos que ya comenzaban a manosearla y a tocarla reiteradamente gritaba:

    Carolina: No me toquen, no me toquen. Déjenme tranquila!

    Y El Gordo intervino y con un arma en la mano paro la situación diciendo:

    El Gordo: ¡Paren alto! No me alebresten la yegua. Vamos a ver para darle orden el que quiere montar la yegua tiene que pagar y que más tenga la monta primero.

    Y quién dijo miedo rápidamente unos sacaron el dinero de sus billeteras, otros corrieron a sus vehículos por más dinero y se empezó a escuchar eufóricamente mientras corría “Vamos a violar a ese mujeronon” lo cual Carolina no vio más remedio que arrodillarse y comenzar a suplicarle por su integridad al El Gordo y detuviera a todos. Pero este ni le prestaba atención al parecer solo se divertía, en ese momento me codeo Ricardo que me decía:

    Ricardo: ¡No le dije ya le figuro!

    Adolfo: Si la van a violar.

    Ricardo: Mire esa pose tan sugestiva de Carolina

    ¡Y Si! A pesar de la tensa situación era difícil no desear el cuerpo de Carolina que arrodilla se podía ver sus curvas y grandes atributos siendo mucha carne para uno solo por lo que me deje tentar y fui a donde mi tío Esteban para decirle que me diera algo de dinero para poder acceder a Carolina pero él me dijo:

    Tío Esteban: No tengo sino $300 dólares para los dos

    Adolfo: Pero tío no quiero ser el último. Habla con El Gordo

    Y afortunadamente mi tío Esteban me secundo y secretamente hizo un trato con El Gordo mientras ya se observa un fila por 16 hombres ansiosos por montar a Carolina solo faltaban el esposo de la misma que estaba aún amarrado algo retirado y Don Fernando junto con Don Gregorio como su hijo Ricardo que estaban presentes pero no decían nada ni participaban de la fila, en cambio nosotros tomamos los puestos que nos indicó El Gordo en la fila. A mí me toco de segundas y a mi tío Esteban le toco de quinto.

    Carolina no paraba de suplicar y de llorar muy alterada pero este por el contrario la tomo del cabello haciéndola andar en cuatro patas hacia el primero en la fila que era un camionero más bien viejo de unos 60 años, muy sudoroso, maloliente de pocos dientes, manos gruesas y bajito que al ver a Carolina literalmente se saboreo iba ser el primero en gozarla, mientras yo no paraba de morbosear a Carolina que definitivamente era mucho lomazo tenerla en cuatro patas tan cerca que poseído por la lujuria en segundos saque mi verga y me abalance encima de Carolina montándome encima arrancándole su brasier aferrándome a sus tetas enormes mientras El Gordo decía:

    El Gordo: No es tu turno pelao quítate

    Pero yo no atendía razón, solo escuchaba los gritos de Carolina que decía airada “Quítenmelo, quítenmelo” pero yo me sujetaba con fuerza a Carolina como chicle pero yo sabía que me faltaba quitarle el Paty para penetrarla, pero entre varios me arrancaron a Carolina quedándome solo con su brasier blanco, que provoco la excitación de todos al ver sus jugosas tetas que ella infructuosamente trataba de cubrirse con las manos, hasta que el viejo camionero hizo respetar su turno y le arranco sus pantys los cuales se feriaron en el grupo y ya completamente desnuda era evidente que Carolina ingenuamente aún seguía tratando de cubrirse y de escapar de su montada pero ya era un hecho se lanzó el viejo encima de Carolina que forcejeando con ella ya la manoseaba y la besaba por no decir que la babeaba pero por el tamaño de Carolina el cual era más grande que el viejo se le estaba dificultando penetrarla rápidamente por lo que El gordo dijo:

    El Gordo: ¡Ayuden a este cucho para que monte a la yegua que está muy arisca aun!

    Y lo que sobraron fue voluntarios cada yo la tome de una de sus inmensas patas mientras que otros le agarraban otras extremidades para contenerla, facilitando abrirla de piernas que permitió que el Viejo camionero la penetrara por fin después de unos minutos de lucha, obviamente los gritos de Carolina se agudizaron pero también el viejo agudizo las embestidas a Carolina que frenéticamente la penetraba sin parar de manosear con sus enormes manos, yo mientras tanto sumergido en la situación aprovechaba para apretar sus piernas más precisamente sus mulos jamunudos y luego de unos instantes el viejo grito: “Ya toma tu chorrooo!” y descansó encima de Carolina el viejo por lo que varios dijeron; “Ya acabo! Acabo el viejo” por lo que soltamos a Carolina y frenéticamente se levantó insultándonos y pegándonos en especial al viejo que la acaba de violar, en ese momento se acercó El Gordo y me dice:

    El Gordo: ¡Ahora si vaquero a montar esa potranca! ¿Quiere que le ayudemos?

    Adolfo: ¡Listo! Pero solo para metérselo, de ahí en adelante va ver como la doblego a punta de verga domándola y montándola en cuatro.

    El Gordo: ¡Muy bien chino así se habla, que quede mansita esa yegua para el resto!

    Y dio la orden en voz alta El Gordo: Señores aquí tenemos un semental de macho que disque nos va dejar masita esta yegua, agárrenla para que la enganche el pelao inicialmente.

    Por lo que se puso más indomable pero con decisión me fui con todo hacia Carolina tumbándola al suelo y aunque sentí sus golpes mi ímpetu era mayor que pude sentir el momento exacto cuando mi punta de mi miembro ubico su vagina para perforarla salvajemente profundizando toda mi verga en Carolina que le saco un grito, quejido que hizo eco en el túnel al cual añadí: “Entre ,entre” pero yo sabía que era el comienzo que tenía que hacer la tarea de penetrarla con intensidad para que dejara de resistirse, por lo que tomando aire con un ritmo acentuado empujaba mi verga una y otra vez en Carolina apoyado por grupo que vociferaban; “Eso castígala, castígala” “Que sepa que el jinete manda” y efecto mi salvaje embestida estaba teniendo éxito porque Carolina aparentemente ya no está ejerciendo resistencia por lo que dije:

    Adolfo: Suéltenla que ya la domino solo

    Y efectivamente soltaron a Carolina que trato de reaccionar inmediatamente pero yo supe avasallar a Carolina con un par de estocadas con mi verga que le confirmaron que yo tenía el control sobre ella, y que ahora me permitía saborear sus grandes tetas a placer no solo chuparlos sino espicharlos como plastilina para ese momento ya había aguantado mucho y estaba punto de estallar por lo que me anime a rematarla y le dije a carolina:

    Adolfo: ¡Yegua! Ponte en cuatro que tu jinete te va cabalgar

    Carolina: ¡No basta! ¡Por favor!

    Pero se sometió a mis caprichos obedientemente y en cuatro patas se colocó Carolina y con ferocidad nuevamente la enganche agarrándome de su cabello como riendas y sacudiéndola con mi arremetida hizo que nuevamente gritara, solo que esta vez fui tan vigoroso en mi empuje que logre que su cuerpo se entregara a mi cambiando sus gritos agudos por gemidos profundos a todo pulmón que me hicieron pensar que había logrado que la potra relinchara a mis órdenes. Lo que me hizo soltarle todo el esperma que había producido mis bolas hasta el momento generando en Carolina unos espasmos que la ponía muy rígida, tenía un orgasmo Carolina entonces me aferre a su lomo y sujetándome de sus tetas con muchos bríos hasta que exhausto me quede encima de ella hasta que por sí solo mi verga fue retirándose de adentro de ella.

    Lo que género una gran ovación de todos que me felicitaban por el orgasmo de Carolina que fue todo un espectáculo y me decían; “Pelao que galope bárbaro” y El Gordo me dijo:

    El Gordo: ¿La llenaste?

    Adolfo: Si

    El Gordo; ¡Muy bien pelao la dejaste sumisa! ¡Pero mereces el domador merece un extra!

    Fue entonces cuando El Gordo agarro a Carolina del cabello y le dijo:

    El Gordo: ¡Se atenta con tu jinete y chúpale su verga, que si logras excitarlo aquí acaba todo y quede limpia vamos potra ya!

    Y subyugada Carolina no tuvo más remedio que mamar mi verga lo cual era una experiencia nueva y sub real para mi ver un mujeronon como Carolina arrodillada enfrente a mi chupando mi verga sin desprecio alguno es más con las manos hacia lo posible por recuperar mi verga y ponerla erguida y eso tomo su tiempo pero sí que lo estaba disfrutando por lo que comencé ayudarle a meterle mi pene más adentro de su boca lo que fue evidente que mi verga estaba creciendo dentro la boca de Carolina hasta que ella quiso parar pero yo ya tenía una erección que no iba desperdiciar por lo que la tome de la cabeza firmemente y le gritaba:

    Adolfo: ¡No! ¡Chupa más! Chupa… termina lo que comenzaste yegua

    Y Carolina acato mi orden y siguió chupando permitiéndome que mi verga recorriera toda su boca lo cual animo al grupo porque ellos podían deslumbrar como mi pene se movía de cachete a cachete originado comentarios burlones que le decían a Carolina: “Umm rico potra” “Se mueve mucho esa anaconda Caro”. Luego me pidieron ir a su garganta, lo que no me hice de rogar y como explorador con mi verga profundice en su garganta que hizo que le soltara mi última producción de esperma obviamente no era tan poderosa como la primera pero igual le toco tragar mi semen dejándome satisfecho nuevamente.

    Y más me demore en sacar mi verga de su boca que el siguiente en el turno agarrar a Carolina que resignada a su suerte permitió que de ahí en adelante uno a uno guardando el orden de los turnos abusaran de Carolina sin reparo y a gusto del consumidor de turno solo de vez en cuando escuchaba los quejidos propios de Carolina que retumbaban por el eco del túnel para ese momento yo tenía no solo el record de duración con 19 minutos sino del orgasmo de Carolina por lo que todos había tratado de superar pero las ganas y el bocado grande de Carolina terminaba por eyacularla más pronto de lo pensado.

    Sorprendentemente cuando ya el último de los 18 estaba por terminar con Carolina Don Gregorio y Don Fernando al igual que Ricardo se hicieron en la fila y pagando como todos eso si una tarifa ya devaluada para esos turnos alrededor de $50 dólares terminaron pagando por el servicio de Carolina que agobiada le toco prestarse también a los caprichos de sus familiares que se había antojado lo cual Ricardo cuando acabo con Carolina sínicamente me dice:

    Ricardo: ¡Uff suculenta! No podía perder la oportunidad

    Adolfo: Si ni el marido la habrá disfrutado tanto jajajaja…

     

  • Mi hijastra Joselyn (Parte 2 – Final)

    Mi hijastra Joselyn (Parte 2 – Final)

    ‘Como se te ocurre -le dije- acaso estás loca?’. ‘Pero daddy si tú me puedes enjabonar, yo lo quiero hacer contigo también’. ‘Está bien Joselyn nada más date prisa’. No daba crédito lo que estaba viendo, mi hijastra estaba enjabonadme el pene y yo no podía evitarlo.

    -Daddy será que lo puedo chupar como si fuera un helado de chocolate?

    -Mmmm no se Joselyn tu boca es muy pequeña para mi pene tal vez no te quepa. Pero está bien para que veas que tu daddy te quiere mucho… puedes intentarlo, pero como si fuera un caramelo despacio por favor recuerda que es tu primera vez.

    Joselyn empezó a chupar aquella semejante polla. Sus ojos lo decían todo estaba disfrutando cada momento, cuando ya llevaba un buen rato chupándome el pene, le dije que ahora me tocaba a mi mamarle las tetas.

    -ok daddy pero suave please! Nunca me las han mamado antes.

    Cuando tomé aquellas enormes tetas en mis manos sentí una gran excitación… nunca había estado con una mujer tan tetona pues mi mujer era más bien delgada, le chupé las tetas hasta quedar satisfecho, después me dirigí a su enorme culo para también mamarlo. Le di unas nalgadas y vi que eso la excitaba después introduje un dedo en su vagina y sentí como gemía.

    -Ay daddy se siente muy rico -me dijo.

    Terminamos con el baño y Joselyn quería más.

    -Daddy quiero que me hagas mujer -me dijo.

    Pasamos a mi habitación y la puse en cuatro. Esa posición me enloquecía, sus nalgas eran hermosas, su cara, su cuerpo todo era perfecto. Cuando ya estaba lubricada, le pregunté que si estaba segura de lo que quería hacer.

    -Si -me dijo- méteme tu enorme pene, quiero saber si puedo con ella.

    Empecé a empujar poco a poco pero no entraba. Su coño era muy pequeño a pesar del tamaño de su cuerpo.

    -Ahhh daddy la quiero dentro de mi please!

    -Ok aquí vamos de nuevo -le dije.

    Esta vez fue más fácil, cuando mi pene entro sentí un pequeño dolor pues su coño estaba muy apretado y eso me excitaba aún más. Después de un rato así, me pidió que me acostara boca arriba quería montar a este caballo. Se subió encima de mi y pude ver por el espejo, como su culo se movía. Aquello era algo maravilloso! Hasta que los dos nos venimos al mismo tiempo.

    -Eso estuvo muy rico daddy, fue mi primera vez y me gustó mucho. Thank you so much daddy -me dijo.

    Así fue como mi hijastra Joselyn y yo empezamos una ardiente relación. Ahora que va a ser mamá no sé si sentirme orgulloso porque voy a ser abuelo o papá.

    Fin!

  • La ocasión hace al ladrón

    La ocasión hace al ladrón

    Para aquellos días de agosto del año pasado me encontraba trabajando, ayudando a mi padre en un negocio ambulante de venta de comida en un desfile por las calles de capital donde había carrozas decoradas para la ocasión, acompañadas de artistas de todo tipo, pero lo más esperado eran las celebridades de la farándula criolla o televisión porque tal vez era la única oportunidad para muchos de conocerlos en persona y de pronto tomarse un foto si la suerte les sonreía.

    Yo en cambio debo confesar que estaba trabajando a regañadientes, todo porque no solo está perdiendo mi día de descanso por madrugar un domingo sino que por este evento mi padre no me dejo salir con mis amigos la noche anterior pero las más desalentador fue que perdí la ida a un burdel por primera vez, y por supuesto no demoraron en llegarme los mensajes de amigos donde me contaban que habían estado con una que otra mujerzuela en cambio yo no solo me quede con los testículos llenos sino me quede con los preservativos comprados.

    Pero bueno al mal tiempo buena cara y me puse a trabajar sin prestar mucha atención al desfile sin embargo todo cambio rápido, cuando enfrente a nuestro negocio escuche a unos tipos hablar entre ellos sin prudencia que decían: “Mira ese culote” “Severo” generándome la curiosidad y al vetear a ver observe en el carro de bomberos un inmenso trasero forrado en un blue jean que se robó también mi atención y al detallar me di cuenta que era una hermosa presentadora de televisión y amor platónico más de uno de nombre Linda que la describía perfectamente pero no está de más decirles quera una mujer esbelta de 1,74 cm de piel blanca y cabello negro con una camiseta rosa pero igual la atención estaba en su trasero como dice el poeta de Wille Colon en su canción “No tiene talento” Un trasero que causa sensación embrujándonos a más de uno en el desfile por lo que al comenzar andar el carro de bomberos no se me hizo raro que más de un hombre siguiera su paso para no perder la vista de Linda, y de igual forma me entro los mismos deseos, por lo que escurridizo me escape del negocio de mi padre y comencé el trote al lado de carro de bomberos sin perder de vista la culona de Linda, que francamente en la medida que avanzaba el carro de bomberos iba capturando más admiradores parecíamos jauría de perros asechando la perra, pero Linda ni se daba por enterada es más toda dulce saludaba a lado y lado del carro de bomberos durante todo el trayecto, el cual estaba largo pero no sé por qué no estaba cansado ni sediento seguíamos de tras de ese carro de bomberos varios como bobos perros en época de apareamiento y lo más increíble es que había viejos, jóvenes y pelaos de diferentes clases sociales siguiendo el rastro de Linda que desafortunadamente termino 23 cuadras adelante cuando en la calle 63 se detuvo el carro de bomberos para bajarse las celebridades entre las que estaba Linda que al bajarse de carro de bomberos por las escalerillas nos regaló sin querer una vista de sus grandes caderas que nos dejó con la boca abierta y a muchos con mucho apetito sexual, generando más de un comentario burlón y morboso; “Linda si quieres te enciendo a manguera” “Necesitas manguera linda?” Jajaja… “Que especta-CULO”.

    Lo que puso caliente el ambiente y aunque Linda trato de eludir a la personas dirigiéndose rápidamente hacia unas carpas alguien entre la multitud fue audaz y le pego su apretón de nalga que no le dio tiempo ni de reaccionar a Linda, lo cual todos vimos pero no nadie hizo nada por lo el sujeto pudo esfumarse entre la misma multitud, generando una envidia generalizada y un trago amargo para Linda que se refugió en una de las carpas del evento.

    Y esto fue el tema entre los asistentes estábamos perplejos con lo sucedido y aburridos por haber espantado a Linda pues uno que otro quería una foto o un autógrafo los cuales se quedaron con las ganas u otros como yo nos conformábamos con morbosear severo trasero en la distancia. Sin embargo el evento no había acabado como habíamos pesando todos pues de repente se escuchó un ruido estruendoso como de pólvora o algo así, generando una conmoción entre la multitud donde la personas salieron a correr y estando en esa agitación se escuchó decir; “Allá va Linda” y por inercia salí a correr también, luego vi a un tipo que decía; “Por allá va cójala, cójala” y termine en una turba de correteando a Linda pero aún no está a mi vista.

    Luego se escuchó; “A ya, allá! la acorralaron” y termine entrando junto con otros a un parqueadero y me encontré con un enjambre de un hombres que tenían arrinconada a Linda la cual estaba totalmente trastornada y descompuesta llorando y suplicando por su integridad pero su suerte estaba echada, pues todos había perdido la razón y en sus miradas se veía el depravación por violar a Linda que infructuosamente trato de luchar pero al verse atacada en gavilla fácilmente fue doblegada arrancándole su camisa rosa luego la batalla fue por quitarle jean donde hábilmente poseído por la situación también me metí en la pelea por acceder a Linda y nadie sabe para quién trabaja porque tan rápido como algunos le lograron quitar el jean fue volteada sobre un capo de un vehículo Linda y a la brava me logre poner detrás de Linda, sin pensarlo le arranque su panty blanco rápidamente y en segundos estaba apretando sus caderas, ejerciendo fuerza con mi verga para entrar en Linda, pero tan solo en el tercer envión logre mi cometido de penetrar a Linda lo que me permitió aferrarme mejor para darle el empuje con brutalidad porque si no me la rapaban por lo que cerdamente hundía mi verga en Linda propinado que sus gritos fueran muy agudos que animaron al grupo, dejándome trabajar en Linda de tal forma que fui tomando en control sobre ella y el grupo que me animaba diciendo; “Eso enciéndela a verga” “Castiga a esa nalgona” “Llénala…” era de locos por instantes estaba tan extasiado que no escuchaba nada solo miraba sus enormes caderas que estaban literalmente ligadas por mi verga, segundos después me pidieron bajarla del capo del coche para ponerla en cuatro, lo cual no me costó esfuerzo porque apunta de verga agarrándome de su cabello negro la obligue a ponerse en cuatro, estallando en euforia todos y yo desenfrenado comencé a llenarla, eyaculando todo lo que tenía que hizo que Linda se entregara y comenzará a gemir abriendo aún más el apetito del grupo y dejándome exhausto por lo que me deje caer abrazando espalda de Linda, signo de que había terminado por lo que de inmediato me la arrancaron de mis brazos, y nuevamente la lucha inicial por ser el segundo en comérsela lo cual como en la selva la ley del más fuerte mando la parada de ahí en adelante, pues Linda tenía mucho turno pendiente, por lo que me fui más que satisfecho y a la distancia se veía una muchedumbre en pleno fogueó que no dejaba ver a Linda solo se escuchaba algo de sus gritos y gemidos pero lo mejor fue que no me costó ni un condón!

  • Nos cogen a mis hijas y a mi

    Nos cogen a mis hijas y a mi

    Esto que les voy a platicar fue la primera vez que nos cogieron juntas a mis hijas y a mí, después de lo que habíamos platicado la oportunidad se dio muy rápido con mi compadre y sus hijos.

    Bueno aquí lea dejo los detalles de esa súper deliciosa cogida.

    Mis compadres Ana y David, ellos tienes dos hijos: Julio de 22 años y Lalo de 20 años, nos invitaron a una fiesta por lo cual ese día yo me vestí con un vestido color negro corto, escotado sin mangas, bra de media copa, tanga y zapatillas, mi hija Karla se puso un vestido corto escotado, sin mangas en color coral, bra, tanga y zapatillas, mi hija Silvia opto por una blusa escotada en color blanco, minifalda rosa pastel su bra, tanga y sandalias con corras que se sujetan desde la pantorrilla.

    Mis compadres quedaron de pasar por nosotras y al vernos casi se le salen los ojos a mi compadre y sus hijos. Llegamos a la fiesta que era en un salón amplio y con jardín nos asignaron una mesa y nos sentamos, después de la cena empezó el baile, Julio y Lalo no de dejaban de bailar con mis hijas y al hacerlo notaba que se iban al fondo del lugar en el cual había poca gente y poca luz, me pare para ir a tocador y al pasar por ahí vi que Julio besaba y metía las manos por debajo de la minifalda de Silvia y le acariciaba las piernas y subía las manos hasta las nalgas, mientras que Lalo de igual manera besaba en la boca y cuello a Karla y también le acariciaba las piernas y nalgas mientras que ellas les agarraban la verga por encima del pantalón, esto me puso cachonda y me quede observándolos un rato.

    Después me fui a la mesa y mi compadre me saco a bailar, al estar bailando sentía su mano recorrer desde mi espalda hasta mis nalgas, mientras me repegaba a su cuerpo y sentía su verga riquísimo así estuvimos un buen rato bailando, acariciándome discretamente y diciendo cosas al oído, nos fuimos a sentar y al poco rato otra vez Julio y Lalo sacaron a bailar a mis hijas y se fueron otra vez al fondo del lugar, en eso se acercó el hermano de mi comadre y me pidió bailar con él, bailamos pero yo no quitaba los ojos de mis hijas y los chicos, los cuales ya estaban cachondeando nuevamente, se besaban y les metían las manos por todo el cuerpo y les susurraban no sé qué cosas al oído y las dos se repegaban mas a ellos y les agarraban la verga de una manera deliciosa.

    Termino la canción y al empezar otra me saca a bailar mi compadre pero esta vez me fue llevando también al fondo del lugar, y me empieza a acariciar otra vez desde la espalda hasta las nalgas y me besa el cuello y el lóbulo de la oreja cosa que me prende muchísimo, y noto como Lalo le acariciaba las tetas a Karla por encima del vestido mientras ella continuaba agarrándole la verga y Julio tenia a Silvia con las manos en las nalgas por debajo de su minifalda, me acero al oído de mi compadre y le digo ‘oye que bien educaditos tienes a tus hijos eh’, y me dice ‘por qué?’ y voltea a verlos y me dice ‘ah, si ellos ya saben cómo deben tratar a las putitas y más si estas son como la puta de su mama’, este comentario termino de ponerme súper cachonda.

    Y me dice ‘oye puta por qué no nos invitas a tu casa esta noche y nos las cogemos como se debe’, ‘mmmm, me agrada la idea pero como le hacemos’. En eso estábamos cuando llega mi comadre y nos dice ‘perdón comadre pero surgió algo mi mama se puso mal y me voy con ella a su casa pero no te preocupes que tu compadre y mis hijos las lleven a su casa’, le dije ‘si no te preocupes comadre’ y al poco rato les dije a mi hijas que ya nos íbamos.

    Al salir del lugar y caminar hacia el coche ellos otra vez iban cachondeándose y besándose muy rico, al llegar al coche ellos se subieron atrás mientras que yo adelante con mi compadre, apenas subimos Silvia ya tenía la minifalda casi en la cintura y Julio ya le acariciaba la panochita por encima de la tanga mientras la besaba y ella le agarraba la verga, Lalo por su parte ya tenía sin bra a Karla y le besaba y chupaba las tetas mientras que ella también le acariciaba la verga, mi compadre ya tenía su mano en mis piernas y trataba de meter un dedo en mi panocha.

    En eso me dice al oído ‘entonces que puta si nos invitas a tu casa’ y le digo ‘si claro que sí’ y le doy un beso y un apretón de verga, voltea y dice ‘oigan hijos estas putas nos invitan a su casa a que nos las cojamos como ven’, ellos inmediatamente dicen si va monos y nos fuimos. Al llegar se bajan rápidamente y se meten a la casa mientras que yo abro el garaje para que mi compadre meta el coche al estar cerrando se acerca mi compadre y me abraza por la espalda pegando su verga en mis nalgas y me besa el cuello y me dice ‘ahora si zorra te voy a coger y te vas a tragar mis mocos’, volteo le doy un beso y nos metemos a la sala.

    Al entrar veo que Silvia ya está sin ropa solamente en zapatillas hincada chupándole la verga a Julio que estaba sentado en el sillón, Lalo estaba parado igual sin ropa mientras que Karla al igual sin ropa e hincada chupándole la verga, mi compadre me empieza a desvestir y yo a él y me pongo a chuparle la verga también, ahí estábamos las 3 chupándoles la verga a estos machos.

    Así estuvimos un rato hasta que Lalo acuesta a Karla y se pone a chuparle la panochita, mientras que Silvia le dice a Julio ‘ya por favor méteme la verga ya te quiero sentir dentro’, y hace que lo monte ahí en uno de los sillones y se la empieza a coger, mientras que mi compadre me dice ‘a ver puta ponte de perrita para meterte la verga’ y me acomodo y me empieza a coger riquísimo. Lalo después de chuparle la panochita a Karla se acuesta en el piso y ella se monta y se la empieza coger.

    Así estábamos los seis cogiendo riquísimo, y mi compadre me dice ‘puta móntame quiero cogerte así’ y se acuesta y lo monto mientras me masajea las tetas y me las chupa. Lalo le dice a Karla ‘a ver putita ponte de perrita que quiero ver cómo te comes mi verga en esa posición’ y se la empieza a coger de perrita, a su vez Julio se sigue cogiendo a Silvia como están y de repente le dice ‘puta me voy a venir quiero que te comas mis mecos’ y se la saca y ella se la chupa hasta que se viene y se come su leche.

    Lalo también está a punto de venirse y le pregunta a Karla ‘donde quieres que te de mis mecos putita’ y ella le dice ‘donde tú quieras’ y se los echa en la cara y tetas, mientras mi compadre me avisa que también está por venirse pero quiere que me coma sus mecos y se la chupo hasta que me los da y me los trago, les chupamos la verga hasta dejárselas limpias y Karla se limpia las tetas con los dedos y se come la leche de Lalo.

    Descansamos un poco y Lalo dice ‘oye papá que buena idea la tuya de venir a cogernos a estas putas a su casa’ y le da una nalgada a Karla, y mi compadre dice ‘si pero esto aún no acaba eh’, me voltea a ver y me besa muy rico y me dice al oído ‘oye crees que tus putitas quieran cambiar de pareja tengo ganas de cogerme a las dos’ y le digo ‘por qué no les preguntas’, y les dice ‘a ver putitas quieren que hagamos un cambio de parejas o prefieren continuar cogiendo con el mismo’ y se voltean a ver y contestan ‘si un cambio’ y mi compadre le dice a Silvia ‘vente para acá zorra, ahora te vas a comer mi verga’, mientras que Lalo me agarra de la mano y me dice ‘vente perra que te voy a coger a ti’, y Julio le dice a Karla ‘mira nada más que buena putita me voy a coger ahorita’.

    Mi compadre empieza mamándole la panochita a Silvia y le dice ‘que rica estas perrita me encantas’, mientras que Julio empieza a besar y acariciar a Karla y después de eso le dice ‘chúpame la verga putita a ver como lo haces’ y le contesta Lalo, ‘la chupa riquísimo te va a gustar mucho’, mientras que ya Lalo me tenía de perrita metiéndome su verga, mi compadre acomodo a Silvia en el sillón y puso sus piernas en sus hombros y se la empezó a coger, mientras que Julio después de la chupada que le dio Karla la puso recargada en el respaldo del sillón y se la empezó a coger.

    Así estuvimos un buen rato cogiendo y cogiendo y solo se escuchaban nuestros gemidos y a ellos diciéndonos ‘así que ricas están estas zorras’, y cuando el primero en venirse fue Julio quien le dijo a Karla que donde quería sus mecos y ella le dijo que en la boca y se vino en la boca y se los trago, después fue Lalo quien me dijo que si podía echarme sus mecos en mi panocha y le dije que sí y se vino dentro de mí, mi compadre por su parte fue el último en venirse y le dijo a Silvia que también quería que se tragara sus mecos y se la saco para que se la chupara y se vino en su boca.

    Volvimos a tomar un descanso para después volver a coger esta vez quien empezó primero fue Julio quien me dijo ‘ahorita no eres mi madrina eh, así que ven acá puta’ y nos empezamos a cachondear, me besaba y chupaba mis tetas mientras que yo le acariciaba la verga riquísimo, mientras que Silvia se acercó a Lalo y le empezó a chupar la verga, mi compadre le dijo a Karla ‘a ver esta putita es la más chica pero tiene carita de ser la más putita de las tres’ y se empezaron a besar y acariciar muy cachondamente, y Julio me dice ‘te quiero coger montada en mi para ver cómo te comes mi verga y ver como saltan tus tetas cuando subes y bajas’ y me monte en él y empezamos a coger, mientras me decía ‘si que rico brincas perra’ y me daba ricas nalgadas.

    Por su parte Lalo puso a Silvia en la posición del misionero y así se la empezó a coger, y le decía ‘así que rico te comes mi verga putita’ y la besaba y chupaba las tetas, mi compadre le chupo la panochita a Karla y le decía que la tenía riquísima que le encantaba y luego le chupo las tetas mientras la dedeaba riquísimo, y ella gemía y pedía que por favor ya se la cogiera que ya le metiera la verga y mi compadre solo decía ‘miren como pide verga esta putita ya ven se los dije tiene carita de no rompo un plato pero es muy puta’, y él le dijo ‘ponte de perrita’ se acomodó y se la dejo ir de un solo empujón mientras que le decía que aún estaba bien apretadita, y así nos estuvieron cogiendo muy rico hasta que se empezaron a venir y otra vez nos tragamos su rica leche, les chupamos las vergas y se las dejamos muy limpias.

    Nos quedamos un rato descansando en la sala y de repente mi compadre dijo ‘bueno creo que desde hoy tenemos tres putas para coger sin ningún problema aquí en su casa’ y me da un beso y me dice ‘o no comadre’ y volteo a ver a mis hijas y ellas dicen ‘si no tenemos ningún problema en ser sus putas verdad mamá’.

    Y nos empezamos a reír los seis y mi compadre me toma de la mano y dice ‘bueno no se ustedes pero yo me llevo a mi puta a su recamara para dormir’ y Julio le dice a Silvia ‘bueno zorra llévame a tu recamara para descansar un rato y me sigas chupando la verga’ y Lalo le dice a Karla ‘pues vámonos putita que ya quiero estar en tu camita y que me des otra mamada de verga como solo tú sabes’ y nos fuimos a dormir cada una con su macho Karla con Lalo, Silvia con Julio y yo con mi compadre.

    Espero les haya gustado y como siempre gracias por leerlo y agradezco cualquier comentario ya saben mi correo es [email protected]

    Adiós. besos.

  • La recatada, la chismosa y los pajilleros

    La recatada, la chismosa y los pajilleros

    Aura era una moza de edad legal para ser follada, pero tan recatada que no había manera de entrarle. Toño y yo también teníamos 18 años y éramos amigos suyos.

    Esa tarde de verano, Toño, Aura y yo estábamos a la sombra de un roble jugando al chinchón. Mi burra, el caballo de Toño y las ovejas y el carnero de Aura apastaban juntos. Aura llevaba puesto un vestido de flores que le daba por debajo de las rodillas y calzaba sandalias. Toño le vio los pelitos de las pantorrillas, y le preguntó:

    -¿Por qué no afeitas los pelos de las piernas?

    -Si, hombre para cortarme y dejar las piernas cómo un mapa. Además, ¿para qué? Soy tan fea que ningún chico mira para mí.

    Aura no era muy guapa, pero tampoco era una chica del montón. Tenía el cabello pelirrojo rizado y muy largo y lo llevaba recogido en dos coletas y ese día tapado con una pañoleta azul con lunares blancos. Sus ojos eran claros, era de estatura baja y tenía pecas hasta en el culo. Le dije:

    -Yo te veo bonita. Y si quieres afeitar las piernas sin cortarte haz cómo yo.

    Sonrió. Le gustara lo de bonita.

    -¿Qué haces tú?

    -Corto con mi navaja una caña de bambú en varios trozos, corto los trozos por la mitad y con los bordes me afeito las piernas y el pecho para que me salgan los pelos con más fuerza.

    -Aquí no hay cañas de bambú.

    -Ni creo que nos enseñases las piernas para afeitarlas.

    -Pues sí, mira, te dejaría que me las afeitaras

    -Tramposa, si parece que vas para monja.

    -Sí, y tu para cura, no te fastidia. Yo no miento, si digo que te dejaría afeitar mis piernas es porque te dejaría.

    Toño se ofreció voluntario.

    -¿Quieres que vaya a buscar una caña de bambú, Aura?

    -Vete.

    Dejamos la partida, y poco después, Aura, con la falda arremangada por encima de las rodillas miraba cómo Toño y yo le afeitábamos las piernas. Allí no había agua, así que le escupíamos en las piernas para ir quitando el vello. En las pantorrillas tenía pelusilla. Cuando llegamos arriba pensamos que no nos iba a dejar seguir, pero se levantó el vestido hasta las bragas, se echó hacia atrás y se dejó afeitar. Fuimos escupiendo y afeitando hasta llegar al lado de las bragas, de las que salían pelos pelirrojos y a las que vimos mojarse más y más y más, hasta encharcarse, pero literal, estaban más mojadas que secas.

    No podía dejar pasar aquella oportunidad, le aparté las bragas para un lado para ver cómo reaccionaba y no se movió. Le escupí en el coño abierto. Ya estábamos empalmados, pero el gemido que se escapó de la garganta de Aura al sentir la saliva en su vulva hizo que nuestras pollas latiesen cómo el corazón de un caballo desbocado. Toño, al que yo creía sin experiencia, acarició con su mano, le lamió y le besó el interior de su muslo derecho hasta llegar a las bragas, al no decirle nada, hice lo mismo con el muslo izquierdo. Aura, gemía, mordía una mano y tenía los ojos cerrados. La recatada se puso tan perra que le cogió la cabeza por la nuca a Toño, se la llevó a su coño, y le dijo:

    -Haz que me corra, Toñito.

    Toño le metió la lengua dentro, ella movió la pelvis y en segundos se retorció cómo una culebra. Aura, al acabar de correrse, le soltó la cabeza… En ese momento sentimos una voz de mujer:

    -¿Os lo estáis pasando bien?

    Era Remedios, la tía de Toño, llevaba puesto un vestido marrón sin mangas y calzaba sandalias. Remedios era una mujer viuda de treinta y pocos años, morena, bajita, (no llegaba al metro cincuenta) guapota y tenía cuerpo de adolescente… Pocas tetas, poco culo, poco de todo, con un gran defecto, le gustaba darle a la sin hueso, y chisme del que se enteraba donde no llegaba ella mandaba recado.

    Nos incorporamos los tres. Aura estaba colorada cómo una grana. Toño con un lamparón en el pantalón y yo empalmado cómo un burro. Le pregunté:

    -¿Vas a contar lo que viste?

    -¿Tú que crees?

    Intenté que tomara conciencia de sus actos.

    -¡¿Le vas a joder la vida a Aura?!

    Estaba en plan mandona.

    -Que no fuera tan puta. No le llegaba con uno, no, tenía que joder con dos.

    Me levanté y me acerqué a ella. Se asustó:

    -¡¿Qué vas a hacer, Quique?!

    Se quiso escapar. La agarré con una mano por la cintura y le tapé la boca con la otra. Echó el culo para atrás y se encontró con la dureza de mi polla. Le dije a Toño y a Aura.

    -Atarle las manos y ponerle una mordaza en la boca.

    Aura le puso la pañoleta de mordaza y Toño le ató las manos a la espalda con una cuerda con la que hacíamos columpios entre dos pinos o dos eucaliptos. La mujer pataleaba, e intentaba gritar, pero nadie la iba a oír, solo su perro la miró desde lejos, pero él tenía su cometido, cuidar que no se escaparan las cabras de su ama.

    Al tenerla indefensa sobre la hierba, me preguntó Aura:

    -¿Y ahora qué?

    -Ahora vamos a follarla los tres. Así no se irá de la lengua.

    Aura no quería problemas.

    -¡Yo, no! A mí no me gustan las mujeres.

    Toño, quiso salvar a su tía.

    -¿Y si le afeitamos los pelos de las piernas para que no se vaya de la lengua? Si la pelamos se lo va a pensar antes de largar. Nosotros también podíamos decir que nos dejó hacer mucho más que eso.

    Aura estaba de acuerdo con él. Le dijo a Remedios:

    -Te salvaste, cotorra.

    A mí también me agradaba la idea, pero por otro motivo, por ver si se ponía cachonda cómo se pusiera Aura.

    -Es una buena idea. Te vamos a afeitar. No te muevas que podríamos cortarte.

    La tumbé sobre la hierba y le subí el vestido. Vimos sus piernas… Aquellos si que eran pelos, parecían pies de maíz.

    Con tres cañas y escupiendo los tres en sus piernas, se las afeitamos. Las bragas, al igual que Aura, se le fueran mojando hasta encharcarse con sus jugos. Luego besamos acariciamos y lamimos el interior de sus muslos para ponerla más cachonda. Lo que menos esperábamos, ocurrió, Aura, la recatada, nos separó de Remedios, le apartó las bragas para un lado y le escupió en el coño cómo yo le había escupido a ella. Remedios, que si no fuera por lo mojada que estaba parecía que no sentía ni padecía, cerró los ojos, gimió y giró la cabeza. Aura le quitó las bragas, (Remedios le ayudó levantando un poquito el culo) Vimos su coño. Aquello era un bosque de vegetación negra. Luego, Toño, metió la cabeza entre sus piernas y le comió el coño hasta que Remedios se corrió en su boca.

    Al acabar de correrse Remedios, estando ya Aura arrodillada, saqué la polla y se la puse en los labios. Con media docena de mamadas me corrí en su boca. Le debió dar reparo porque echó la leche fuera. Acabé de correrme yo y Toño le puso su polla en los labios… Al ver que Aura abría la boca, sin mamársela, ya se corrió en su cara.

    Era hora de soltar a Remedios y ver cómo reaccionaba. Al quitarle Aura la mordaza, Remedios le dijo:

    -¡Te voy a crujir, cabrona!

    Se la volvió a poner.

    -Tenéis que follarla. ¡Quitarle el bravío a la puta!

    Aura le dio la vuelta, le bajó la cremallera del vestido, le quitó el vestido y abrió el corchete del sostén… Su culito quedó a tiro. Se lo levanté, y cómo siempre fui un guarro, se lo lamí y se lo follé con la punta de la lengua. Aura le magreó las tetas, tetas que parecían estar comiendo hierba…. Cuando dejé de comerle el culo, Toño, medio maricón él, ya no tuvo reparo en follar a su tía. Le clavó a polla en el culo, una polla delgadita y larga… Por no variar se corrió en un plis plas. El cabrón era eyaculador precoz. Ya estaba el agujero hecho, así que yo, que no soy nada sospechoso de maricón, por no desentonar, se la metí en el culo primero y cuando empezó a gemir se la metí en el coño, donde entró apretadita. Remedios era de orgasmo fácil. En menos de cinco minutos su coño apretó mi polla y la bañó de jugos calentitos. Corriéndose se la quité del coño, se la metí en el culo y me corrí dentro.

    Ya estaba follada y re follada. Toño le soltó las manos a su tía y Aura le quitó la mordaza. Remedios estaba mansa cómo un corderita. Pero la mansa era vengativa, nos dijo:

    -Acabar la faena si no queréis que vaya a la guardia civil y diga que fui violada.

    Extrañado, le pregunté:

    -¿Cómo?

    Mirando para Aura, nos dijo:

    -Romperle el culo y el coño a la perra.

    Aura no estaba por la labor.

    -¡Ni se os ocurra!

    -Agarrarla.

    Agarré a Aura por la cintura. Remedios la besó. Aura le escupió en la boca.

    -¡¿Esas tenemos, puta?!

    Le devolvió el escupitajo.

    -¡Cuando me suelte te voy a morder a ti en el coño y a él los huevos!

    Aura parecía una gata. Si la suelto fijo que saca las uñas. Remedios le cogió los mofletes con una mano, se los apretó y al abrir la boca le volvió a escupir dentro.

    -Te voy a poner tan cachonda que les vas a pedir por favor que te rompan el culo y el coño.

    La volvió a besar. Aura, la desafió.

    -¡Méteme la lengua en la boca si tienes coño, cerda!

    -Me la acabarás por meter tú a mí, putilla.

    -¡Sueña, zorra!

    Le desabotonó la blusa, le abrió el sujetador y después le comió las tetas, pero no de cualquier manera…. Las apretaba, le lamía las areolas, luego chupaba, y acto seguido le daba mordisquitos a los pezones… Toño le bajó las bragas y le lamió el coño. Lo encontró mojado.

    -Sigue tía, sigue que vas bien. Tiene el coño lleno de babas.

    Aura se enfureció.

    -¡Y a ti, Toño, te voy a meter un bocado en la cabeza, cabrón!

    Algo después, tan bien le comieran las tetas y el coño que cuando Remedios volvió a besarla ya fue Aura la que le comió la boca y le metió la lengua dentro… Tiempo después, le dijo:

    -¡Lo conseguiste, puta! -se le cerraron los ojos de golpe-. ¡Me cooorro!

    Al acabar de correrse la solté pensando que ya se hicieran amigas. Me había equivocado, si una era vengativa la otra aún lo era más. Aura cogió a Remedios por los pelos y Remedios a ella. Se tiraron de los pelos y se insultaron… Acabaron sobre la hierba, de lado, una con la boca en la coño del otro, lamiéndolos. Toño, que era rápido cómo Billy el Niño, desenfundó la polla y con dos toques se corrió. La leche cayó junto al coño de Aura. Remedios la lamió con gusto y después le dijo a su sobrino:

    -Marca tu territorio, Toñito.

    Toño apuntó a la cara de su tía con la polla y después meó por ella.

    No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que Remedios era una guarra, ni de que no era la primera vez que su sobrino meaba por ella. Me dijo:

    -Mea tu también por mí, Quique.

    ¡Que carallo iba a mear! Estaba a punto de correrme y fue lo que hice, correrme y dejar que mi leche cayera en la cara de Aura. La chavala, sintiendo mi leche caer en su rostro, comenzó a correrse, y al hacerlo chupó con fuerza el coño de Remedios, que también desbordó, y digo desbordó, porque las dos acabaron con la cara chorreando jugos.

    Remedios ya había tenido bastante, o no quiso arriesgarse a ser descubierta por alguien. El caso fue que se vistió y nos dijo:

    -Pasarlo bien. Yo voy a llevar las cabras para otros pastos.

    Cuando se fue su tía, Toño, acosado por nuestras preguntas, nos contó cómo fuera su primera vez con ella, pero eso ya es otra historia… ¡Qué coño! os la voy a contar, nos dijo:

    -… Fue el invierno pasado. Mi tía y yo, cómo había mucho frio, dormimos en la misma cama para darnos calor. Yo estaba acurrucadito a su espalda. Después de entrar en calor la polla se me levantó. Ella la notó en su culo. Me dijo: «Date la vuelta o sepárate de mí, Toñito». Me separé pero seguía empalmado. Al rato mojé un dedo en la boca, metí mi mano dentro de sus bragas y le acaricié el ojete con él, es que a mí me gustan mucho los culitos…

    Lo interrumpí, y le dije:

    -Se nota. ¿Qué te dijo ella?

    -Me dijo: «Estate quieto», pero cómo no se movía seguí jugando. Haciendo círculos en el ojete con la yema de mi dedo y le metiendo la puntita dentro me corrí… Después del tercer: «Estate quieto», se calló. Al rato comenzó a gemir. Acabé por meterle todo el dedo dentro del culo. Sentí cómo algo se movía, eché la mano y me encontré con la suya moviéndose sobre el coño. Le pregunté qué hacía y me respondió: «Una paja. Me pusiste tan cachonda que necesito correrme». Quité el dedo y metí mi polla en su culo. Sentí un chapoteó que venía de su coño y me volví a correr. Mi tía, muy poco después, se encogió y gimiendo se corrió cómo una loba, pero la cosa no quedó ahí, después de correrse me enseñó a comerle las tetas… Después me mandó meter mi cabeza entre sus piernas y me dijo como comerle el coño para que se corriera.

    Aura, le preguntó:

    -¿Se corrió muchas veces?

    -Seis veces y yo perdí la cuenta de las veces que me corrí… Hay muchas maneras de comer un coño. ¿Sabías que las mujeres se corren si se le come bien la pepitilla, Quique?

    -Sí, lo sé.

    Ya estaba empalmado. Había que tentar a la suerte.

    -¿Quieres ahora la doble penetración, Aura?

    -¿Queréis darme los dos a la vez, uno por cada agujero?

    Respondí por los dos.

    -Sí.

    ¿Crees qué le rompimos el culo y el coño a Aura?

    Te lo pregunto a ti, cachonda, a ti que estás leyendo esto… Creas lo que creas y seas cómo seas, joven, de mediana edad o madura, si en este momento tienes el coñito húmedo, a ti sí que te rompería yo el culo y el coño, eso y lo que me pidieras, cielito.

    Quique.

  • Un amigo de mi marido

    Un amigo de mi marido

    Soy una mujer casada de 35 años, y me mantengo en forma. Me veo como una mujer de 26 -27 años, atractiva y agradable a la vista. Soy flaca y alta, poseo unas tetas divinas si lo puedo decir yo misma. Junto con mi esposo tengo 3 hijos el mayor de 13 años. Vivimos en familia y podría decir felices y contentos.

    Tenemos casados 16 años, y estamos teniendo sexo 2 o 3 veces al mes. Aunque no estaba súper insatisfecha, a veces pensaba en buscar a alguien con quien tener algo más de sexo. Algo pasajero en mis pensamientos.

    En el mismo vecindario donde vivimos vive un viejo amigo de mi marido, Alberto, siempre nos llevamos bien. Salimos juntos, nuestros hijos juegan juntos y así. La señora de Alberto, Sonia, es amiga mía y nos llevamos bien, desde que la conocí nos agradamos la una con la otra. Alberto es un tipo atractivo, buena nota, siempre preocupado por las cosas de todos. Los cuatro éramos como una sola familia.

    Una vez que era mediodía y mi esposo estaba fuera de la estación mientras los niños dormían y no tenía nada que hacer, fui a la casa de Alberto para encontrarme con su esposa, como de costumbre, nos reunimos una o dos veces en una semana. Cuando entré en la casa, la esposa de Alberto, Sonia, no estaba en casa ni los niños estaban allí. Llamé tantas veces a Sonia pero no hubo ninguna respuesta. Seguí preguntándome cuál era el problema y por qué nadie me responde. Me quedé allí un rato y, después de unos segundos, Alberto gritó desde el baño que salía. «Mariana por favor espérame un minuto. Y después de unos minutos salió del baño. Su cabello estaba mojado cuando él recientemente tomó el baño. Se alegró mucho de verme y me pidió que me sentara. Le pregunté a Alberto que dónde está Sonia y los pelaos. Me dijo que se habían ido solo una hora para su ciudad natal ya que su madre estaba enferma y que la había llamado de prisa para que no pudiera conocerte.

    Me pidió alguna bebida y té. Me reí y dije que ahora me harías el té? Luego me dijo que si no quieres hacerlo por mí, deberías hacerlo, ya que lo necesito. Así que fui a la cocina y ese no era lugar desconocido para mí. No lo sé, pero hoy estaba demasiado nerviosa para sentirme sola con él, ya que no era la primera vez que estaba sola con él. Cuando estuve en la cocina, estaba pensando en una excusa para irme, pero no pude. Así que preparé el té tanto para nosotros. Estaba en el salón cuando lleve el té y me senté con él en un sofá y puse la bandeja en la mesa cerca del sofá.

    Empezamos a hablar y le pregunté por qué está en casa en este momento, dijo que no se sentía bien. Le pregunté sobre su enfermedad, pero él no dijo nada. Le ofrecí llevarlo al médico, pero él se negó y dijo que ya había tomado medicamentos. Estábamos hablando sobre todos los temas. Hoy me estaba mirando muy extraño. Sentí algo diferente en él y podía sentir lujuria en sus ojos.

    Me dijo que mi marido tenía suerte de haber encontrado una esposa tan hermosa, y tan sexy. Después de conversar inocuamente de la nada me comento que llevaba una vida marital un poco mala, que su esposa no llenaba sus deseos. Continuó su conversación y me dijo que quería hablar conmigo sobre este tema por mucho tiempo, pero que no había tenido oportunidad de hacerlo. Ahora estaba confundida y quería irme. Me pare para irme a mi casa, que estaba aquí al lado, me insistió que le acompañara un rato. Al momento se acercó se me sentó al lado y cogiendo me la cabeza me beso en los labios, que me temblaban. Esto no está bien, mis sentimientos encontrados m me estaban traicionando. Mis labios algo apretados, se fueron abriendo permitiendo la entrada de su lengua, sus manos apretaban mis senos y yo sentía como mi vagina se iba calentando. No que iba a hacer, esta no soy yo pensé.

    Quería pararlo, retirarme, pero mis deseos me acercaban y sentí sus labios en mi cuello, sus manos por todo mis cubierto cuerpo, solo la piel de nuestras bocas se estaba tocando.

    Perdí el control de mis piernas y me deje caer sobre el sofá, Alberto aprovecho y rápidamente no sé cómo, me abrió mi blusa y me quito el sujetador, que solo mis tetas, para que el las pudiera acariciar con sus grandes manos, agarro una y dirigió su boca a uno de mis pezones, el cual se comió como si estuviese hambriento hacía mucho tiempo. Mi cosita estaba calentándose más, y mi cabeza me decía párate y vete, pero mis caderas me decían que era una mentirosa, Alberto bajo sobre mi estómago y desabrocho mi falda dándole acceso mis más privadas partes, lamio por encima de mi ropa interior, unos calzones de Sra. decente y recatada, metió los dedos por un lado y su lengua partió los labios que hasta hacia un momento solo mi marido había tocado.

    No podía creer que estaba dejando que Alberto me chupara el coño. Mi débil actitud estaba remal, pero se sentía delicioso. Apreté su cabeza contra mi ingle, ya me estaba dejando llevar por las emociones y placeres del momento, mi marido y mis hijos estaban ya muy lejos en mi mente, y la lengua y labios de Alberto era lo que eme tenía excitada y mojada como nunca…

    Se levantó se quitó sus pantalones y su erecto miembro, parecía un bate, que cosa tan grande, la acerco a mi boca, la cual ni siquiera había tocado el de mi marido, y me la metió en la boca, empecé a chupar burdamente, mientras él me decía que hacer, me tenía agarrada del cabello y solo dejaba su verga en mi boca, pero como estoy pensando ahora, verga que palabra tan sucia y caliente, lamí y saboree su verga, la chupe, la agarre con una mano y la tuve tiesa dentro de mi boca.

    Me acosté sobre el sofá, Alberto saco su gran verga, era el doble que la de mi marido y más gruesa, la puso en la entrada de mi coño y solo la frotaba, no me penetraba, yo estaba muy caliente, nunca mi marido me había hecho sentir así, quería decirle me la metiera pero me daba pena, Al fin metió la cabeza la cual me produjo lago de dolor, era muy grande, suavemente la fue metiendo y empezó a darme despacito, y fue subiendo la fuerza y la velocidad, ya estaba yo como un cohete. Caliente y rápida, me siguió dando, que rico como se sentía, podía entrar mi marido que yo no iba a parar.

    Estaba muy confundida pero muy arrecha y feliz, que rico lo hacía Alberto, ya estaba que me venía, e corrí a mil, y él me lleno con su leche espesa, no tenía fin, me la saque y siguió botando leche sobre mi estómago. Me quemaba. Me entro un sentido de culpa, y le dije que podía volver a pasar, me vestí y me fui.

    Las cosas con mi marido me volvieron a la rutina, pero yo pensaba en Alberto así, que tome la decisión de hablar con él y darnos mutuamente el placer que nuestros conyugues no nos damos, nos volvimos amantes deportivos.