Autor: admin

  • Mi ex, su cuñado y yo

    Mi ex, su cuñado y yo

    Hace varios años me engañaron de las peores maneras inimaginables pero por cosas de la vida, después de muchos años el tema con mi ex es superado, lo que aún no supera la actual mujer (y ahora esposa) es mi existencia en esta vida y cómo ha llegado a obsesionarse conmigo.

    Mi ex y yo llevamos una buena relación de amistad, a veces cuando requiero apaga mis ganas porque siendo honesta, con esa verga me formé en el mundo del placer y con él aprendí a ser la puta que soy.

    Un día cualquiera, conversando por llamada me empiezo a contar que el cuñado de la mujer le había comentado a otro amigo que quería conocerme, tomarnos par de cervezas y que muy honestamente, entrarme a verga.

    Fernando mi ex me decía, que el cuñado moría por darme ver y comerme mi culito porque soy todo eso que busca en una mujer, que le encanta mis nalgas cómo se ven y las piernotas que tengo y ni decir de mis tetas.

    Estuvimos conversando de largo sobre el tema pero por obvias razones, se me hacía extraño la situación porque quién diría que me convertiría en el dolor de cabeza de las dos mujeres que se burlaban de mí por mi ex haberse quedado con ella.

    Una tarde, empecé a leer varios relatos eróticos que para ser honesta, me calientan demasiado. Ya llevaba 2 horas viendo relatos e imaginando cada palabra hasta que no pude más y le comenté a mi ex que tenía muchas ganas, entonces él me dijo que hay alguien que se muere de ganas de meterme la verga y lo volvió a mencionar, yo dudaba porque no sabía qué tan confiable y discreto podría ser pero yo no aguantaba las ganas de sentir una verga venosa y dura dentro de mí, llegando al punto de tomar una almohada de mi cama ponerla al borde esquinero y empezarme a mover como si estuviese montando una rica verga teniendo dos orgasmos potentes pero seguía con ganas, necesitaba un hombre de verdad.

    Tenía par de opciones pero ninguna disponible, después de mucho pensar y dudar, me decidí darle la oportunidad al cuñado de mi socia (hermana de leche) pero él dio la condición de que no sepa que era él y debía usar una venda en mis ojos, siendo el puente de comunicación mi ex.

    Llegaron por mí, me vendé los ojos y llegamos al motel, me empezaron a desvestir los dos mientras me manoseaban y mi ex aprovechó la situación para convertirlo en un delicioso trío.

    José, así es como voy a llamar al cuñado, me hizo poner en 4 para empezar a hacerme sexo oral y lo hacía muy bien aunque notaba que estaba nervioso porque no creía que su fantasía se estaba haciendo realidad. Pegaba sus lengüetazos entre mi chepa y culo pero lo sentía más delicioso cuando al chuparme me estiraba los labios de mi vagina y empezó a usar sus dedos para explorarme mientras que mi ex me chupaba las tetas y me besaba.

    Sentía las manos cálidas y temblorosas de José, y decidí que me empezara a rozar la chepa con la cabeza de su verga y sentirla tan deliciosamente explorar los pliegues de mis partes lo alternaba con masturbación hasta que mi ex me dijo que yo misma vaya jugando con esa verga y me meta la cabecita tan solo pero Fernando sabía que al hacer eso yo iba a empezar a meterla toda y querer que me reviente a verga.

    Empecé con movimientos lentos, eso me están calentando más e iba empujando despacito hacia la entrada hasta que sentí que su cabecita la tenía dentro mío. Me invadió la necesidad de sentirla en su máximo esplendor y empecé a introducir me cada vez más hasta tenerla hasta el fondo y ahí fue que le pedí que me dé duro y sentir sus bolas chocar en mi vagina mientras él me agarraba de las nalgas con sumo cuidado y Fernando aprovechaba a besarme y pedirme hacer sexo oral y debía ser una escena tan deliciosa pero yo no podía ver absolutamente nada porque la condición era de todo a la faena estar vendado mis ojos.

    Se empezaron a turnar para enterarme a verga y la diferencia era que Fernando la tenía gorda y José era ligeramente más delgada pero estaba gorda por así decirlo.

    Estaba tan necesitada de una rica verga que pedí a Fernando que lo haga acostarse a José para yo montarlo, mi idea era de torturarlo al punto de que empiece a gemir y decirme cosas puercas que me encantan y encienden más solo que no pasó pero Fernando si empezó a hacerlo, cosa que facilitó que me calentara más. Lo monté tan rico que pasó poco tiempo para tener mi primer orgasmo con José, tuve 5 orgasmos más y llegué al punto de no poder más así que Fernando terminó dándome tanta verga como quiso. Mi idea era de repetir tener 2 vergas en mi concha al mismo tiempo pero eran gruesas ambas que me podían partir y lastimar pero la idea se mantenía.

    Ellos terminaron turnándose para seguirme dando de perrito y se terminaron fuera, ambos en mis nalgas. Bañaron mis nalgas de su rica y caliente lechita.

    Finalmente, me cogí al cuñado con la que me cornearon y al mismo tiempo me sigo cogiendo a mi ex. Las dos hermanitas tienen los cachos adornados por mí con sus maridos.

    Ya quiero repetir y comerme esa verga sin usar ninguna venda, quiero poder verlo a los ojos cuando esté trepada encima de esa verga gruesa y me escuche gemir como perra en celo.

    Disclaimer: Los nombres usados han sido cambiados para proteger la privacidad de los protagonistas.

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  • Borracha con tres hombres después de la posada

    Borracha con tres hombres después de la posada

    Este relato lo acabamos de vivir en una posada que fuimos invitados, somo Fernando, tengo 25 años y mi esposa Priscilla, que tiene 24 años.

    Trabajamos en una oficina que da soporte a empresas, así que, en una de las empresas que damos soporte, nos invitaron a la posada, yo tengo buenos amigos ahí, aunque la mayoría señores casados que no se cansan de querer invitarme a table y cosas así, pues piensan que somos muy chicos, lo que no saben es todo lo que hacemos mi esposa y yo, si no creen, lean nuestros otros relatos.

    La posada fue buena, hubo rifa y todo lo normal. En nuestra mesa, estaban sentados varios matrimonios, entre ellos un amigo, Raúl y su esposa Mónica, ellos tienen alrededor de 40 años; también estaban Marco y su novia Nallely, ellos de unos 36 años aproximadamente.

    La noche paso muy bien, todos bailamos y bebimos bastante, yo notaba que cada que bailaba con mi mujer, Raúl y Marco no dejaban de verla, ella que es bajita, delgada, con pechos y nalgas pequeñas, pero bien paraditas por el ejercicio, era la sensación. Priscilla vestía un vestido color plata brillante de noche, pero era corto y sin tirantes, por lo que lucía muy sexy.

    Al terminar la posada eran apenas la 1 de la mañana, así que las tres parejas decidimos ir a bailar a un antro, ahí seguimos bebiendo y platicando de todo; Priscilla con las copas que había bebido se había puesto caliente y comenzaba a besarme y bailarme arrimándome su colita.

    A las 3:30 de la madrugada Raúl no dejaba de decirme que mi esposa era muy hermosa y tenía un cuerpo delicioso, yo noté como en sus ojos no dejaban de ver a mi esposa, intencionalmente abracé a Pri y levanté un poco su vestido, sus nalguitas se asomaron y Raúl abrió sus ojos, él ya estaba muy borracho, pero no se le notaba pues tenía callo para tomar, por otro lado, Marco estaba muy prendido que sin pensarlo tomó con su mano a su novia y con la otra a Pri y comenzaron a bailar.

    Marco les daba vueltas y ambas mujeres se reían, Pri olvidaba lo pequeño del vestido y dejaba ver de vez en cuando sus nalguitas que parecían ir sin nada por la diminuta tanga negra.

    Cuando las mujeres empezaron a decir que era hora de irse, Raúl me dijo que le siguiéramos, pero su mujer ya le hacía caras para irse, así que les dije que mi casa estaba disponible. Los 6 nos fuimos a nuestras respectivas casas con la promesa de seguirla el día siguiente.

    Al llegar a casa Pri se quitó sus tacones y se me lanzó, yo la lleve a la cama, pero me pidió una cerveza, yo sabía que con todo el alcohol que había bebido, Pri quedaría tumbada con la cerveza, sin embargo, la acompañé.

    Mientras ambos bebíamos, fajábamos hasta quedar Pri en tanga y yo en bóxer; yo chupé sus pequeños pezones y después bajé hasta su conchita, estaba tumbada en la cama así que solo hice a un lado el triangulito negro de la tanga y comencé a lamer sus labios, su rajita pequeña estaba muy mojada, tenía un aroma a sudor y a algo dulce por la ducha y perfume que usaba, metía mi lengua y mi dedo índice en la conchita y ella gemía de placer.

    Cuando estaba por quitarme el bóxer sonó mi teléfono, era Raúl, me decía que estaba afuera de mi casa, cabe aclarar que la casa es más un departamento dentro de un “fraccionamiento” pequeño de otras casas, así que le abrí el portón con mi celular y entró en su coche, dejé tumbada a Pri en la cama y me puse algo de ropa para abrir.

    Salí en short y noté que Raúl venía con Marco, seguían bebiendo y venían algo ebrios, al verme en vestido en pijama se disculparon por la molestia, pero les dije que no era problema, que podían pasar.

    Dentro me invitaron de sus cervezas, y platicábamos. Raúl me decía que disfrutara de mi mujer porque éramos muy jóvenes y que es la mejor etapa, además de que estaba muy buena, yo solo reía, pero quise subir el tono así que comenté “y tiene un coñito pequeño, depilado y apretadito que sabe cómo caramelo”, ambos hombres pusieron cara de lujuria y a la vez de sorpresa, así que reímos.

    Raúl me pidió el baño así que le indiqué donde estaba, pero frente al baño estaba la puerta abierta del cuarto, donde estaba tumbada semi desnuda Priscilla.

    Unos minutos, noté que ya se había oído la puerta del baño, pero Raúl no venía, así que fui a ver qué pasaba y noté que Raúl miraba desde la puerta del cuarto a Priscilla, ella estaba dormida sobre la cama, sus piernas abiertas solo con su tanguita negra, el triangulito cubría su rajita, pero sus pechos pequeños mostraban lo duro de sus diminutos pezones.

    Raúl se tocaba el bulto que al parecer estaba algo a erecto, lo observé y le dije “es preciosa verdad”, Raúl giró rápido, pero sus ojos de borracho no me enfocaban, solo me respondió “está buenísima, mira su cuerpecito”, y acto seguido caminó hacia mí, lo detuve y le dije que esperara.

    Entre al cuarto y le hice seña de que hiciera silencio, yo me arrodillé y jalé un poco de las piernas a Pri, comencé a lamer su estómago, subí a los pezones y después comencé a sobar su conchita sobre el triángulo negro de la tanga, Raúl nos miraba y no parpadeaba, aunque algo tambaleante por el alcohol, se recargo en el marco de la puerta.

    Tras unos segundos, Pri comenzó a hacer sonidos, pero no despertaba, estaba derrotada por el alcohol. Metí la mano en la tanga y comencé a meter mis dedos despacio, dejándome empapados y viscosos los dedos, me levanté y me acerqué a Raúl, le puse los dedos cerca de la cara y le dije que oliera, él así lo hizo y solo me dijo que olía muy rico.

    Raúl, que era un hombre de 40 años, cuerpo fuerte, un poco alto, de tez moreno claro, me dijo que se había puesto muy caliente, le pregunte “¿te la cogerías?”, él me miró y sonrió, pero no sabía exactamente qué decir, hasta que me respondió si lo dejaría hacer algo así, le dije que sí, el caminó hacia la cama e inclinándose hacia Pri le levantó las piernas, sus pequeños pies quedaron en su cara y Raúl comenzó a lamer sus pies, a chupar sus dedos, frotaba los chamorros de mi mujer y ella ni en cuenta.

    Tras un rato, Raúl giró buscándome, yo estaba sentado masturbándome en una esquina de la cama, el volvió a preguntar si de verdad podía hacerlo, yo le dije “si no te regaña tu mujer, adelante”, él solo se rio, después se quitó la camisa y el pantalón, llevaba unas trusas blancas que dejaban ver su pene, era grueso y algo largo, lo primero que pensé es que Priscilla disfrutaría mucho.

    Raúl se colocó sobre Priscilla, comenzó besando su boca, luego su cuello, tocaba con fuerza y decisión sus pechos pequeños y con sus dedos apretaba sus pezones, luego los chupo y con unos movimientos torpes se quitó su trusa, dejando salir su pene, él se escupió en una mano y colocó su saliva estirando hacia atrás el prepucio y dejando libre la cabeza que brillaba por el preseminal y la saliva.

    Se masturbo y frotó su pene en el cuerpo dormido y tibio de Pri, después bajo hasta su parte y estiró la tanga hasta las rodillas de Pri, ahí el comenzó a masajear la rajita y con sus dedos la abrió, se inclinó y comenzó a lamer y meter su lengua en la conchita, su mano derecha frotaba el pequeño clítoris rosado de mi mujer, ella se mojaba, pero solo gemía.

    Olvidé que Marco seguía en la sala, me levanté de la cama y asomándome le dije en voz algo baja “Marco”, el volteó y le hice la seña de que se acercara, así lo hizo y al dirigirse al cuarto, él también ya estaba borracho, se acercó y cuando miró puso cara de susto y sorpresa, me miró incrédulo de ver al señor ahí comiendo a mi mujer, y no emitió sonido, yo solo le dije “¿gustas?”, él no sabía que hacer, estaba como asustado, pero preguntó si habría problema, yo solo reí y negué con la cabeza; me pasó su cerveza y se acercó a la cama, se subió comenzó a besar a Priscilla mientras tocaba sus pechos y Raúl comía la conchita.

    Priscilla comenzaba a retorcerse en la cama y, yo me bajé el short y el bóxer, comencé a masturbarme viendo aquella escena, dos hombres probando a mi mujer. Cuando noté que Raúl se estaba preparando para coger a Pri, me acerqué y saqué los condones, se los coloqué en la cama, él tomó uno y se lo puso batallando por lo borracho, estiró con una mano la tanga y se la quitó. Marco aprovechó y se inclinó sobre Pri hasta su conchita, la sobo y luego le pasó su lengua rápido.

    Raúl levantó las piernas de Pri, se puso de rodillas y despacio empezó a meter su pene, “está muy apretada y bien caliente” exclamó, yo estaba muy excitado que no respondí, solo miraba. Marco se desnudó y le puso su pene largo y moreno en la boca, lo metía a su antojo pues Priscilla solo se quejaba un poco, Marco era un hombre de 1.70 metros aproximadamente, aperlado, algo robusto, su pene era delgado moreno.

    Mientras Raúl estaba apoyado en la cama con las piernas de mi mujer en sus hombros, aprovechaba para chupar sus pequeños pies, Marco sobaba el cuerpo de Pri, y yo disfrutaba de aquel acto, luego de un rato, Raúl salió de Pri y se quitó el condón, pensé que se deslecharía, pero solo lo hizo para cambiar de lugar y darle a mamar su pene a mi mujer, ahí estaba Pri, con dos penes en su boca, pero ella solo podía abrir la boca y sacar la lengua.

    Marco se levantó y se puso un condón, se acercó a Priscilla e imitó a Raúl, puso las piernas de mi mujer en sus hombros y procedió a clavarla, ambos estaban disfrutando de ella a placer, Marco me habló y me pidió mirar, ella estaba escurriendo de su conchita, estaba empapada, yo solo me seguía masturbando.

    En la habitación que estaba algo oscura solo con poca luz de las lámparas de noche, se escuchaban los gemidos de mi mujer y los ruidos de animal que emitían por su esfuerzo ambos hombres. Raúl le pidió quitarse a Marco, este le hizo caso y Raúl giró a Priscilla, se recostó y se colocó otro condón, la puso de lado y comenzó a metérsela, me preguntó si se la podía meter por la cola, yo le dije que a ella no le gustaba, él me dijo que ni cuenta se daría, así que despacio, bajó, escupió en el hoyo de mi mujer y con lengua frotó la saliva y después le metió la verga.

    Marco se colocó de frente y empujó a Priscilla sobre Raúl, ella sintió el dolor de tener una verga de golpe y se retorció, pero Raúl la apretó con fuerza, después Marco le metió su verga en la conchita, “le entra rico por lo mojada que está”, me dijo, yo le dije que así era ella.

    Estuvieron un rato, pero noté que Raúl apretaba a Priscilla pues esta se quería zafar, pero seguía adormilada, Marco se salió dijo que le faltaba poco para correrse. Raúl tomó a Priscilla y se volvió a colocar de misionero, y le empezó a clavar con más fuerza, hasta que se salió, aventó el condón y chorreó un buen de leche sobre la pelvis de mi mujer, todo ese semen escurrió hasta la vagina, el cabrón antes de quitarse y después del orgasmo de haberse venido, comenzó a frotar su cabeza en los labios de mi mujer embarrando su leche.

    Se quitó y se limpió con su trusa, después Marco se acercó y masturbándose abrió las piernas de Pri que estaban levantando las rodillas y también aventó su chorro de leche. Su conchita estaba muy cubierta de leche, después se quitó y se inclinó para besar a Pri en la boca, y después pasarle el pene por la boca de mi mujer, dejando un poco de semen en ella.

    Al ver eso me prendí, me acerqué a mi mujer, le levanté su pierna derecha y mientras chupaba su talón y luego sus dedos, aventé un chorro de leche sobre la vagina, combinando nuestro semen, y luego comencé a metérsela, metiendo todo lo que se había juntado, ellos dos hombres estaban sorprendidos.

    Tras terminar todos contentos, Raúl y Marco se fueron a sus casas, yo limpié a Pri con una toalla y luego la abracé para quedarme dormido junto a ella.

    Al día siguiente amanecimos bien calientes pues me puse a platicarle todo lo que había pasado y ella me comentó que le gustaría hacerlo consiente la siguiente vez.

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  • En casa es mejor (4)

    En casa es mejor (4)

    Los cazadores, han sido cazados.

    Acordamos que mi novia Cristina y yo nos casaríamos, cuanto antes, al igual que lo hicieron Felipe y mi hermana Luisa en una ceremonia sencilla por lo Civil, que no hubo problema en llevarla a cabo, en tanto Blanca, seguiría siendo la novia de nosotros cuatro, ya habría tiempo de pensar cuando embarazarnos y tener nuestros hijos sin ningún tipo de riesgo, ni reclamo de la sociedad. Ya estábamos casados. Una ceremonia a la cual también asistieron nuestros tíos.

    Una semana después de disfrutar juntos nuestra compartida Luna de Miel con intercambio de parejas, -alternando hermano con hermana y esposo con esposa- regresamos a casa, donde luego de terminar de bañarse nuestros tíos y Luisa y yo que aún continuábamos durmiendo juntos y de desayunar algo, salimos junto con el tío a nuestros trabajos, aún no nos poníamos de acuerdo de cambiarnos de casa con nuestras respectivas parejas.

    Blanca cree que su plan ha funcionado a la perfección, lo que no sabe es que tanto Eugenia como Ernesto han resultado ser más listos de lo que pensaban.

    –No entiendo por qué me estás hablando de esos secretos tan íntimos, preciosa. –decía mientras sus bocas se unían en un suave beso de tantos más que se darían a partir de ese momento.

    –Me imaginé que querrías saber porque mi hermano Ernesto y yo gozábamos teniendo incesto con nuestra hermana Andrea, la madre de mis sobrinos que se divorció de su marido y está casada con Clara una novia que tuvo desde la secundaria y por qué ella se ha negado a saborear la mieles del incesto con sus propios hijos, Luisa y Javier.

    Para Blanca aquella confesión se había salido del control que pensaba que tendría. Ni siquiera se sorprendió cuando Eugenia le estaba acariciando sus pechos y comenzaba a jugar con ellos, cuyos pezones colgaban y ella iba atrapándolos con su boca, encendiendo el fuego que también llevaba dentro incrementándose al escuchar esa palabra que significaba el placer que solo les podía proporcionar el tabú del incesto y de la unión familiar, apoderándose de una gran lascivia en aquel mágico momento entre dos mujeres.

    –Necesito que me expliques ¿cómo? –uniendo su boca con la de ella al tiempo que sus lenguas se absorbían simultáneamente.

    –¿Cómo supe a lo que venías, Blanca? –las caricias de ella se dirigían a los pechos de Eugenia, rodeando con las yemas de sus dedos los endurecidos pezones.

    –Mi hermano Ernesto y yo veíamos todo lo que ocurría en la recámara donde mis sobrinos siempre se la pasaban cogiendo, al igual que vimos cuando Javier instalaba esas cámaras para sorprendernos con la intención de vernos mientras mi hermano y yo cogíamos. Lo que no sabían es que Ernesto también había instalado cámaras ocultas para observarlos, por eso vimos cuando veían esa revista que les prestó tu hermana Cristina y grabamos cada palabra de lo que decían.

    –Me has dejado, perpleja, pero no dejo de admirarte y desearte al mismo tiempo.

    –Eva, nuestra madre, nos enseño a mis hermanos y a mí a coger desde que nos descubrió un día manoseándonos. Actualmente Aurora es su esposa, una novia que fue su alumna y que fue motivo del divorcio con nuestro padre, y la historia se repitió pues al igual que con nuestra madre, nuestra hermana Andrea la madre de Luisa y Javier se divorció de su marido y está casada con Clara una novia que tuvo en la secundaria.

    –Me sorprendió saber que la madre de ustedes les enseñara a coger –Eugenia le señalo una foto donde estaban ella y su hermano al lado de una mujer muy guapa, abrazada de otra más joven y bella, seguramente Aurora.

    –Yo no he querido embarazarme de mi hermano por el riesgo que implica tener hijos con alguien de tu propia sangre, me gustaría más bien tener una hija con tu hermano Felipe sí se prestara, ya que no somos de la misma sangre, él me gustó desde que lo conocí y volví a verlo en la revista dónde estabas cogiendo con él y con tu hermana Cristina. Eres como la hija que hubiéramos deseado tener mi hermano y yo.

    –Me halaga que me desees como a tu propia hija y que podamos hacer incesto los tres. Eres como la madre con la que me hubiera gustado coger.

    –¡Ven hermosa!, gocemos como solo una madre podría hacer gozar a su propia hija.

    Las caricias suplieron a las palabras, la vulva de Eugenia estaba prácticamente encharcada, todo lo que ellos habían pensado, se estaba desarrollando aunque no conforme a sus planes. Ernesto hizo una llamada de video al celular de Eugenia, ella contestó mostrándose desnuda tal y como estaba al lado de Blanca.

    –¡Hola hermanita!, veo que la estás pasando muy bien.

    –¡Hola Ernesto! –contestó Blanca sorprendida al verlo, pero riendo a un lado de Eugenia- tienes una hermana muy rica, ya hasta me siento como la hija de ustedes, hasta me gustaría decirte papi. ¿Querrás venir para ayudarnos? ¿Podrás mostrarme lo que tienes?

    Ernesto se había escondido en la recámara de sus sobrinos, en espera del momento oportuno, ya se había despojado del pantalón y los calzoncillos, para mostrarle a Blanca el tamaño de su verga, la cual colgaba como si se tratara de un chorizo del mismo color de su tez blanca, larga y gruesa con un glande brilloso y mojado de la excitación, ante la complaciente mirada de ella.

    –Tiene buena verga mi hermano, ¿no te parece, hijita?

    –Se ve tan rica como la que tiene mi hermano Felipe

    –¿Te gustaría que la probáramos juntas?

    –Como si tú fueras mi mami y él mi papi.

    –No sigas, porque me calientas más, chiquilla. No sabes cómo desee ser la madre de ustedes desde que los vi en esa revista.

    –¿También te hubiera gustado ser la madre de Cristina y de Felipe, mis hermanos?

    –Claro porque formaríamos una gran familia, juntos, Papá, mamá, hijas, hijo y sobrinos.

    –Y tu hermana, la mamá de tus sobrinos ¿se integraría?

    –¿Andrea la madre de ellos, junto con Eva nuestra madre?

    –Ajá, la misma que les enseño a coger entre ustedes.

    –Todo cuanto decimos es parte de una deliciosa fantasía, hija.

    –Ni lo digas, mamita.

    Tanto Blanca como Eugenia estaban disfrutando ese juego de roles donde ella era la madre de sus sobrinos junto con su propia hermana Andrea, su hermano Ernesto el padre y Blanca su caliente y apetecible hijita.

    Ernesto se acercó a ellas blandiendo su reluciente verga para ponerla a disposición de sus bocas.

    –Te esperábamos con ansías querido hermano, te presento a tu hija Blanca

    –¡Hola hijita! –estás muy buena y tienes muy bonitas nalgas igual que tu madre Eugenia.

    –Les voy a leer el cuento que me escribió mi sobrina Luisa, mientras te acomodas en medio de nosotras, y nos disfrutas a tu hija y a mí, hermanito.

    Ernesto acomodó su verga en medio de las nalgas de Blanca, mientras escuchaba a su hermana leerles el cuento preparado por su excitante sobrina Luisa.

    El cuento de la Bella.

    Hubo una vez un rey muy querido y apreciado por su Pueblo. El rey Ernesto tenía dos hermanas de las cuales eligió a Andrea para desposarla como su reina mientras que Eugenia seguiría siendo la amante de ambos. Tenía el poder de permitir por derecho divino, el disfrute de mantener relaciones de incesto entre los miembros de las familias de su corte. Se trataba de algo bien visto y normal. Mientras para el resto del reino se trataba de algo que solamente se permitía disfrutar dentro del Castillo, para ellos el rey Ernesto, “El Incestuoso” como se hacía nombrar, todo cuanto hiciera se trataba de algo divino.

    Tenían por costumbre el rey Ernesto y la reina Andrea, copular desnudos ante la vista de todos en la corte o dentro de los aposentos reales a los que se tenía acceso para sesionar ahí, con las coronas reales a un lado, ya que les gustaba exhibirse, en tanto los sacerdotes junto con sus esposas que eran también familiares entre sí, oraban por la unión incestuosa de las familias.

    Eugenia la hermana menor de ambos quien a su vez era cuñada del Rey y la reina, gustaba de copular con ellos, realizando la tijera con su hermana la reina Andrea con la vagina llena del semen de su hermano el rey, el cual una vez que vaciaba su abundante carga dentro de su hermana Andrea era compartida entre ellas cuando practicaban la tijera. Ver los cuerpos entrelazados de ambas era toda una delicia para la corte quien movida por el morbo que esto causaba participaban cogiendo con sus familias sobre los cojines que se extendían por el piso de los aposentos reales.

    De la unión de ambos hermanos el rey Ernesto y la reina Andrea nacieron cinco hijos, los príncipes Felipe y Javier y con diferencia de un año las hermanas de Felipe, las princesas Cristina, Blanca y Luisa, las tres de cabellos rubios al igual que sus hermanos. Tanto la princesa Luisa como el príncipe Javier se casaron con el consentimiento del rey e hicieron un largo recorrido por todo el reino.

    Al igual que sucedió con la Bella Durmiente, la princesa Blanca fue condenada por una mala hechicera, la que por un malentendido no fue invitada a su bautizo, cuyo encantamiento consistía que al cumplir la edad del cuento de La Bella durmiente, “Bella” a quien luego llamarían así las jóvenes doncellas encargadas de cuidarla, y que luego de tener sexo lésbico con Bella, a ella le daba mucho sueño.

    A fin de que no pudieran encontrar a la princesa Blanca, las jóvenes doncellas la esconderían en una choza en medio del bosque. El encantamiento surtiría sus efectos al morder la manzana del sueño eterno y podría romperse al cumplir ella la misma edad de la Bella durmiente del cuento, no antes ni después, luego de yacer dormida su propio hermano debería darle un beso de amor en sus labios, para luego introducir el glande de su verga dentro de su boca y llenarla con su blanco semen.

    Después de eso Bella –su hermana Blanca- despertaría de su largo sueño seductor, para posteriormente copular juntos rompiendo así el encantamiento malo y dejando un exacerbado deseo incestuoso entre ambos. –algo que para romper el encantamiento no sabían- Por otra parte, luego de haberse dado el primer beso de amor lascivo entre ellos los siguientes besos culminarían en la unión perfecta de sus genitales para experimentar lo que para ambos significaría gozar del incesto que finalmente rompería el encanto.

    Sucedió que un día, su madre la reina Andrea quien gustaba de los paseos matutinos a caballo, acompañada de sus hijos el príncipe Felipe y la princesa Cristina, cabalgaban con sus corceles por el bosque, encontrándose a Bella, la que luego de despojarse de sus ropas se disponía a nadar desnuda en un río de aguas cristalinas.

    Al ver la belleza de esa mujercita, viendo sus hermosas nalgas y sus hermosos pechos, la reina turbada, sintió como algo empezaba a escurrir por dentro de su vagina, mojando su tanga real, ante la hermosa visión, optó por bajar de su caballo y desnudarse dejando sus prendas sobre el camino para luego de ello, zambullirse en ese río maravilloso y encontrarse con la jovencita que la había dejado sin aliento, sin saber que se trataba de su propia hija.

    –¡Hola!, espero que no te turbes como yo, pero veo que tienes muy bonito cuerpo y se me antojó nadar contigo entre otras cosas.

    –¡Gracias!, ¿Cómo te llamas? –tuteó a la reina sin saber de quién se trataba y que además se estaba dirigiendo a su propia madre.

    –Me llamo Andrea y me gustaría ser tu amiga, espero que no te moleste que admire tu cuerpo tan bien formado.

    –De ninguna manera, ¿cómo crees?, también las doncellas que me acompañan, me dicen lo mismo y hacen que me apene.

    Así Bella, sin saber que era hija de la reina y que la princesa Cristina y su hermano el príncipe Felipe mantenían relaciones incestuosas tanto con su madre como entre ellos, quedaron embelesados al ver como su madre besaba a aquella desconocida, sin saber que a quien estaba deseando era a su propia hija, quien al verlos parados observándola, desnuda como se encontraba no sabían que faltaban apenas un par de meses para cumplir la edad requerida para que se cumpliera el hechizo.

    –Ellos son mis hijos- nosotros tres, nos bañaremos junto a ti. –los hermanos se desnudaron mostrando el príncipe un pene hermoso y erecto a la vez que la princesa Cristina mostraba sus hermosos pechos y nalgas además de contar con bonitas piernas y una vulva repleta de una bonita alfombra de vello ensortijado –Bella quien al ver la herramienta de tan apuesto joven sin sospechar que era su propio hermano.

    –Me llamo Felipe, soy un príncipe y ellas son la reina Andrea, nuestra madre y mi hermana la princesa, Cristina, mi prometida y a quienes nos has dejado atónitos ante tu belleza.

    –También puedes probar mi verga con tu boca, mi madre hace eso junto con mi tía, Eugenia hermana de nuestra madre quien también pertenece a la corte Real.

    –¿A ellas también les gusta probar tu verga con su boca?

    –Sí, a ellas también les gusta.

    –Son muy bonitas tu madre y tu hermana.

    –No tienes de que apenarte, tanto mi madre como mi hermana y tú tienen muy bonitos pechos y debes saber que nos gusta mucho coger entre nosotros.

    –¿Puedo tocar los pechos de tu madre la reina y los de tu hermana la princesa Cristina con quien estás comprometido en matrimonio?

    –Claro que puedes acariciarlos y besarlos, si se te antojan. –contestó la reina, a su hija Blanca, hermana de la princesa Cristina y del príncipe Felipe y sus otros dos hijos Luisa y Javier concebidos por incesto real con su hermano el rey Ernesto.

    –Siento algo raro debajo de mí, como si me estuviera saliendo agua o algo así. –dijo Bella mientras sostenía entre sus manos los pechos de Cristina y de la reina Andrea María palpando sus pezones tan parecidos a los de ella, los lamió metiéndoselos a la boca instintivamente, sin saber por qué lo hacía.

    Sin esperar más, la reina Andrea y su hija la princesa Cristina y aquella extraña y bella desconocida fueron acercando sus bocas para obsequiarse sus primeros besos, aunque el príncipe Felipe ya estaba acostumbrado a coger con su hermana Cristina y su madre la reina junto con la hermana de Andrea, su tía Eugenia, por lo que besarse entre mujeres era algo muy común como parte de la tradición real.

    –¡Puedes sacar tu lengua para que también la besemos y la entrelacemos con las nuestras, eso hace que los besos sean más ricos! –respondió la reina.

    –Me siento rara estar desnuda al lado de ustedes y que tú también los estés junto con tu madre la reina y tu hermana y prometida la princesa Cristina.

    –No te fijes y deja que te besemos ahora junto con mi hermano y nuestra madre, ellos también besan muy rico, en nuestro palacio siempre hacemos el amor, lo nuestro se llama Incesto real. –manifestó la princesa Cristina.

    –¿Tú también besas siempre igual de rico que tu hermana y tu madre la reina?

    Bella se acercó e instintivamente la verga de él pegada a los labios de su vagina, empezó lentamente a abriéndose paso, siendo ayudada por la princesa Cristina que la tomaba de las nalgas para abrirlas y meter uno de sus dedos dentro de su esfínter de su culo que fue abriéndose al mismo tiempo que su vagina empezaba a dar paso al miembro de Felipe, que se topó de pronto con la virginidad de la hermosa Bella.

    Ante tal sorpresa, la recostaron sobre el pasto acomodando la Reina su cabeza entre las piernas de Bella que aunque no sabía que era su hija, de cualquier forma lo hubiera hecho, la princesa Cristina fue a su caballo y quitó unas mantas para ponerlas por debajo de las caderas de Bella.

    –¿Qué haces mi reina?

    –Estoy lengüeteando tu clítoris, que lo tienes bastante grande, ¿sientes mis labios como lo están estirando?

    –¡Ufff! Me gusta como lo están estirando, creo que hasta me estás haciendo llegar.

    –Me gusta que lo hagas porque siento tu miel sobre mis labios, es muy dulce para mí, ¡Ven mi preciosa hija Cristina!, prueba la miel de esta doncella llamada Bella de mis propios labios.

    –¡Qué vulva y vello púbico tan hermoso es el que tiene Bella! –dijo Cristina acercando su boca a la de su madre a la vez que ambas sin dejar de lamer sus lenguas, pegaban sus bocas lamiendo los labios vaginales de Bella.

    –Mi hermano y prometido te va a desflorar porque eres virgen, hermosa mientras yo termino de coger con mi madre.

    –¿Te gusta coger con tu madre, la reina?

    –Y con su hermana también nuestra tía, no nada más con mi madre, pero tú siente por lo pronto lo que es que te haga mujer mi hermano.

    –¿Cómo va a hacer eso tu hermano?

    –Te va a meter toda su verga dentro de tu hermosa vagina

    –¿Puedo besarte princesa Cristina mientras eso me hace tu hermano?

    –Desde luego, mi hermana y mi prometida, -contestó el príncipe Felipe- con quien me casaré, también disfrutara de tu cuerpo, al igual que nuestra madre, además me gusta ver cuando se están besando tres mujeres incluyendo a nuestra madre. Siempre me excito mucho cuando veo a mi madre y a Eugenia, su hermana besándose cuando hacen tijera.

    –Debes ser muy excitante verlas en vivo como lo haces tú, príncipe. ¿Pero qué es eso de hacer tijera?

    –Tu misma puedes ver a mi hermana y a mi madre e incluso unirte a ellas. Hacer tijera es unir sus vaginas y restregarlas hasta venirse.

    –Me encantaría poder hacerlo. –dijo, deseaba experimentar eso que decía el príncipe Felipe.

    Cristina acomodó bien las nalgas de Bella sobre la frazada que había traído para levantarlas mientras su hermano el príncipe Felipe, lamía los cuerpos de Bella y de Cristina porque se excitaba aún más al estar participando con su propia hermana en el desflore de Bella, así que fue colocando el glande de su verga ya a tope debido a que Cristina la había estado lamiendo para prepararla –pensaba ella sin saber que se trataba de su propia hermana- El príncipe Felipe sin dejar de besar la boca de su hermana y la de Bella, empujó para ir abriendo esos labios que parecían anhelantes de ser amados fue penetrándola hasta que empezó a sentir cierto dolor, en un momento la introdujo provocando que Bella gritara de dolor, luego él se quedo quieto pero con la verga aún metida dentro de su vagina, la cual palpitaba deseosa de vaciar sus espermas.

    Pasó un buen rato mientras su prometida Cristina y su madre la reina Andrea se engolosinaban con los pechos de Bella mordisqueando sus alargados pezones estirándolos y chupándolos hasta dejarlos llenos de sus sabrosas salivas mientras Bella, sentía como disminuía el ardor con toda la verga de su hermano metida dentro de su intimidad.

    Luego de ello empezó a disfrutar el mete y saca constante haciéndola gritar ya no del dolor sino del placer que la estaba haciendo sentir la verga de su enamorado, empezó a venirse tal como lo hacía con las doncellas que la cuidaban, pero con un sentimiento de sentirse más mujer, en tanto el príncipe vaciaba toda la preciosa carga acumulada de semen, ella se mostró complacida luego de que el dolor se convirtiera en ardor y de ahí a algo ligero y soportable, en tanto su vagina se iba acoplando al tamaño de la verga del príncipe, sin sospechar que fuera la verga de su propio hermano la que estuviera alojada dentro de su encharcada vagina.

    Bella se había enamorado perdidamente no tan solo de Felipe sino también de la hermana de él y por más increíble que pueda parecer también de la reina, que continuaba besándola en la boca mientras su hijo, el príncipe estaba cogiendo también con su madre, aún sabiendo que la princesa Cristina y él ya estaban comprometidos en matrimonio. Así sin saber que eran sus hermanos, Bella pensó que tal vez ella también pudiera sumarse a ambos, lo cual sería algo grandioso el poder comprometerse los tres en matrimonio.

    Cuando llegó el tiempo en que Bella cumpliera la edad en la que el hechizo hiciera efecto luego de comer una manzana envenenada, cayó en un sueño profundo, las doncellas trataron de revivirla poniendo sus propias vaginas al alcance de su boca, pero su boca permanecía inerte, no como otras veces que chupaba sus clítoris y lamía sus vaginas hasta hacerlas venirse al igual que ella misma se chorreaba sus piernas con su propia miel tan dulce para las bocas de las doncellas que la cuidaban.

    El príncipe Felipe al ver que no llegaba a la cita que tenían para volver a coger los tres junto con su hermana Cristina que también se había enamorado de Bella, apresurándose a llegar hasta la choza donde sabían que vivía. La encontraron tendida sobre una cama de madera mientras las doncellas desnudas pretendían hacerla despertar inútilmente lamiendo su vagina como siempre lo hacían para despertarla.

    La princesa Cristina también se desnudo al verla y unió sus labios a los de Bella sin lograr que despertara, fue entonces cuando el príncipe Felipe, blandió su verga, colocando el glande en los labios de Bella, los abrió con ayuda de Cristina para dejar que penetrara dentro de su boca, pero sin otra reacción, al sentir la lengua de Bella rodeando su glande, excitado por la presencia de su hermana Cristina que no dejaba de besar la boca de Bella, empezó a masturbarse dejando que su esperma entrara en la boca de su amada, salpicando en parte los labios de Cristina que al ver reaccionar a Bella, devolvió parte del semen que había salpicado sus labios, lamiendo la boca de Bella.

    Bella abrió los ojos y sonreía, más no se movía, fue entonces que Felipe se subió a la cama y empezó a penetrarla hasta que inundo su vagina llenándola con su esperma, el incesto había sido consumado en el tiempo correcto rompiéndose así el hechizo y Bella recuperó el habla y el movimiento, al verla Cristina se abalanzo sobre ella besándola en la boca al tiempo que las demás doncellas besaban todo su cuerpo haciéndola venirse con un gran chorro que salió de su vagina, salpicando los deliciosos cuerpos de todas ellas.

    Hubo una gran algarabía en el reino. Finalmente se realizó una gran boda, cuando se supo que Bella era nada menos que la princesa Blanca, la cual al saberlo le agradeció a su madre por todo el incesto que había experimentado al haber cogido con ella. Al igual que a su hermana Cristina y a su hermano Felipe con quienes ahora compartiría inolvidables momentos de incesto al casarse con los dos como había sido su deseo.

    La boda se realizó con Felipe, Cristina y Blanca totalmente desnudos pero con sus medias coronas de príncipe y princesas puestas sobre sus cabezas, en tanto su comitiva de doncellas también desnudas los acompañaban hasta la alcoba Real para participar junto con ellos en los incestuosos orgasmos que se llevarían a cabo a partir de esos momentos, acompañados de sus hermanos la princesa Luisa y el príncipe Javier quienes acababan de regresar.

    –Un bonito cuento, pero a lo que nos truje chencha.

    –Me gusta esa voz, papito –contesto Blanca

    Fin

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  • La dominada

    La dominada

    Iba al baño, apurada, no porque tuviera ganas, sino porque alguien le había pedido que se filmara tocándose para él. Y eso le encendía todo el cuerpo, el baño al que iba era de su trabajo, no le importaba, esa sensación de sexo, peligro y dominación la hacían mojarse toda antes si quiera, de llegar a sacarse una prenda. Le encantaba ese momento donde él de la nada le pedía que hiciera algo sexual, como la vez que delante de su marido se tuvo que quedar quieta porque bajo el agua él le metía dedos, simulando zambullirse, la orilla quedaba un poco lejos, pero igual su marido le reprochó algo, porque quizás, su cara fue muy obvia.

    Pero no le importó en ese momento, y en el fondo, tampoco le importó cuando su marido vio los videos y las fotos que él le había sacado mientras la cogía o ella le chupaba la pija. El video mostraba claramente que él la había dominado, porque le hacía decir cosas que nunca había dicho, porque se escuchaban los cintazos que él le daba mientras ella le pedía por favor que siguiera cogiéndole el culo porque estaba llegando a su primer orgasmo vía anal. El temblor de ella en la cámara en ese momento y el pedido a su hombre que la abrace.

    Todo eso y mucho más aguantó su marido, porque después de hacer alguna escena de celos, no se fue de la casa porque le dijo que la amaba y que no iba a poder vivir sin ella. Es cierto que ella dejó de ver a su hombre por un tiempo, tiempo en el que su marido confirmó que ella aunque no anduviera con otro, ya era de otro. Porque cuando le quería meter un dedo al menos en el culo, en ese culo que el otro le había hecho mierda mientras ella se acababa, ella le sacaba el dedo. El mensaje era claro, el culo no es tuyo, aunque no lo vea más, el culo es de él. Y el marido seguía porque en el fondo le gustaba eso, los deseos sexuales a veces asustan a sus propios dueños.

    Como a ella, que nunca se hubiera imaginado encontrarse con quien la tratara, como ella soñó siempre que la trataran. Nunca se imaginó cuando empezó a buscar contactos con él, porque le gustaba un poco, que se iba a transformar en el dueño de su cuerpo y que además, eso la excitara tanto. Ella al principio, sólo quería esa otra relación de charla que no supiera su marido, como para descargar un poco esa sensación de no estar con la persona correcta para su verdadera Eli.

    Pero nunca se imaginó, aunque lo quería hacer, que ya el primer encuentro físico iba a terminar sudada, acabada y gozando más que nunca y lo que era mejor, sin culpa alguna, lo que le permitió en ese momento, volver a su casa como si nada y empezar a coger con su marido, como su hombre le pedía. Porque hasta en eso cogió con él, hasta en la cama con su marido, hasta en esos momentos él estaba en su cabeza cogiéndola y no su marido. Y ella también disfrutaba de eso, de usar a su marido y someterlo, ahora, a los verdaderos gustos de ella y de su amante.

    Así que esperó un tiempo, y volvió, no podía pasar más tiempo sin acabarse con ganas, sin sentir que la sometía aquél que era dueño de su cuerpo, y en el que ella confiaba entera, no sabía porqué, pero sólo se entregaba a lo que ella sentía sin analizar tanto, y eso le gustaba también, porque eso superaba todo, la hacía vivir una vida nueva, su vida más real.

    Por eso cuando llegó al baño, pensaba sólo en si a él le gustaría ese video, si lo haría bien, apenas se empezó a tocar, siguió disfrutando porque no eran sus dedos los que la tocaban, sino la pija de su hombre y mientras cerraba los ojos, parecía sentir el olor de su cuerpo, el olor de la leche en su cuerpo, llevar su acabada por toda su casa, tener el gusto de su pija en la boca, todo lo que él la hacía hacer le gustaba, incluso las cosas que quedaron pendientes despertaban en ella ese deseo tan fuerte de volver.

    Ella con él podía ser la puta que siempre sintió ser, y se sintió también desde el primer momento muy cuidada y sin ser cuestionada. Querida y deseada sin dudas, sobre esa putez que la hacía ser la esclava sexual de su hombre. Golpearon la puerta, volvió al trabajo, toda acabada envió rápido el video, la compañera que iba a entrar al baño ni se imaginaba lo que había pasado ella en ese momento.

    O quizás ella también tenía su video que mandar, después de todo, sobre el sexo, ella aprendió que todos tienen algo para esconder, incluso su marido y ella esta vez, estaba dispuesto a tratarlo de otra manera, porque ya que ella se había sometido a otro, parece que no era la única a la que le gustaba eso, y su marido también se sometió pero a ella. Era el momento de hacerse mujer y cumplir como ama del cornudo, parece que eso le había gustado mucho.

    La respuesta llegó enseguida, el dueño de su sexo le contestó que estaba muy bueno el video y que de noche se haría una buena paja viéndolo. Ella sonrió, los dos sabían que el sexo era una parte, que también habían congeniado muy bien en otros aspectos, por eso él era su dueño, porque cuando la cogía, lograba cogerla en todo su ser.

    Sonrió, dejó el celular en su bolsillo, y volvió al trabajo no sin antes sentir, su entrepierna húmeda y deseosa de más, como siempre.

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  • Noche de año nuevo enfundado

    Noche de año nuevo enfundado

    La habitación se encontraba envuelta en una penumbra seductora, iluminada solo por el resplandor intermitente de las luces de la ciudad que se filtraban a través de las cortinas pesadas. El aire olía a cuero pulido y a un sutil aroma de vainilla de las velas que ardían en las mesitas de noche, la cama, amplia y cubierta con sábanas de látex negro que brillaban bajo la tenue luz, era el centro de aquel santuario privado.

    Sobre la litera, una mujer se arrodillaba con gracia felina, su cuerpo se encontraba enfundado en un traje de látex negro que se adhería a cada curva como una segunda piel. El material reluciente capturaba los reflejos de la habitación, sus guantes integrales se extendían hasta los hombros, y los pies cubiertos con largos y gruesos calcetines de látex que moldeaban sus piernas en líneas perfectas, terminando en pies enfundados que rozaban las sábanas. Su cabeza toda cubierta por una capucha de látex que dejaba adivinar un espacio para los ojos, nariz y boca, que contrastaban con el negro absoluto del traje.

    En su mano izquierda, sostenía una bola de cuero negro, un gag que pendía como una promesa, mientras su postura —de rodillas, con la espalda arqueada y el trasero elevado— invitaba a la devoción.

    Frente a ella, en el borde de la cama, estaba un hombre, igualmente enfundado, su compañero en esta danza de sensaciones prohibidas. Él también estaba encapsulado en un traje similar, un catsuit de látex que cubría cada centímetro de su piel, desde el cuello alto hasta los dedos de los pies, su cabeza tambien toda cubierta por una capucha, con espacio para la visión y respiración. El material crujía suavemente con cada movimiento, un sonido que enviaba ondas de placer a través de sus nervios. Su traje tenía un diseño masculino, con costuras reforzadas y un cierre en la entrepierna que permanecía tentadoramente abierto, revelando solo lo necesario para la noche que se avecinaba. Sus guantes brillaban al acariciar el látex de la mujer y su máscara parcial dejaba visibles sus ojos, ardientes de deseo.

    Era la víspera de Año Nuevo, y el reloj en la pared marcaba las 11:45 PM. Afuera, la ciudad bullía con fuegos artificiales lejanos y el eco de las celebraciones, pero aquí, en su mundo encapsulado, el tiempo se medía en latidos acelerados y respiraciones entrecortadas. La mujer sintió el roce de las manos del hombre en su espalda, él se aseguraba el traje estuviera bien cerrado y se encontraran debidamente enfundados, la sensación del látex era abrigador y para ambos era puro éxtasis. “Siente cómo te envuelve”, murmuró él, su voz amortiguada por el material que cubría su cuello. “Como si el año viejo te apretara una última vez antes de liberarte”.

    Ella gimió suavemente, el sonido reverberando en la habitación. Los trajes eran implacables, eran impermeables al sudor que ya perlaba su piel debajo, convirtiendo cada movimiento en una fricción deliciosa, el hombre se posicionó detrás de ella, su propio traje crujiendo al alinearse con su postura. Sus manos enguantadas exploraron las curvas de la mujer, trazando las costuras que descendían por su trasero, donde el látex se tensaba al máximo, delineando cada contorno con precisión erótica. A las 11:50, el juego se intensificó.

    La hembra tomó la bola de cuero y la colocó entre sus labios, mordiéndola con fuerza mientras el macho la ataba en su lugar. El gag amortiguaba sus gemidos, pero no su excitación. Él, a su vez, se ajustó una correa similar alrededor de la cabeza, sincronizando sus restricciones. Sus cuerpos, enfundados en látex negro reluciente, se movían en un ritmo hipnótico, la tomó apasionadamente presionando contra ella, el material deslizándose y adhiriéndose con cada embestida.

    El látex de la cama se arrugaba bajo sus rodillas, y el aire se cargaba con el olor a goma calentada por el calor corporal. Cada fricción enviaba ondas de placer, el látex apretando sus pezones endurecidos, el corsé limitando su respiración, convirtiendo cada inhalación en un acto de sumisión voluntaria.

    A las 11:55, el clímax se acercaba como el conteo regresivo en la plaza lejana. El hombre aceleró, sus manos aferradas a las caderas de la mujer, el látex de sus guantes fusionándose con el de su traje en un abrazo inquebrantable. Ella se arqueaba más, empujando contra él, sintiendo cómo el material amplificaba cada sensación. Amaba el roce interno, el calor atrapado, la tensión que crecía como una burbuja a punto de estallar. “Juntos”, jadeó a través de la capucha, “al llegar el nuevo año”.

    El reloj tic-tacaba implacable, y afuera se lograba sentir el rumor de gente que empezaba a celebrar el fin de año. A las 11:59, sus movimientos se volvieron frenéticos. El látex crujía como un himno, sus cuerpos sincronizados en una unión perfecta. La mujer sentía el pulso del hombre dentro de ella, amplificado por el encierro del material, mientras su propio placer se acumulaba en oleadas. El mundo exterior se desvanecía; solo existían ellos, encapsulados en su fetiche, el traje como una barrera que intensificaba todo lo que tocaba.

    Y entonces, a medianoche exacta, el reloj dio las doce campanadas. Los fuegos artificiales estallaron en un crescendo, y con ellos, los amantes gomosos alcanzaron el orgasmo simultáneo. Un gemido ahogado escapó de sus capuchas, sus cuerpos temblando en éxtasis unificado. El látex vibraba con sus convulsiones, apretando y liberando en ondas perfectas. Oleadas de placer los recorrieron, sincronizadas con los estruendos del nuevo año, por medio de un espacio de la ventana, se podía adivinar, fuegos artificiales que iluminaban el cielo en destellos, tiñendo sus trajes de azules y rojos efímeros.

    Los amantes colapsaron sobre la cama, aún enfundados, el material reluciente ahora marcado por el sudor invisible debajo, un testimonio de su liberación compartida. Mientras la ciudad celebraba, ellos yacían en silencio, envueltos en su mundo de látex y deseo, listos para lo que el nuevo año trajera.

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  • Relatos en la casa rural (2 de 2)

    Relatos en la casa rural (2 de 2)

    Fuera de la casa rural, la lluvia continuaba cayendo. Y el día, de por si oscuro, estaba tornando en noche.

    Alba se levantó y todos la miraron.

    -No me escapo, solo voy a encender la luz. -sonrió.

    De vuelta en su asiento, ahora sí, comenzó a leer su relato.

    El relato de Alba

    “Juan lanzó un insulto al aire mientras su magullada rodilla enviaba señales de dolor.

    -La herida tiene mala pinta. -comentó su compañera de universidad.

    Juan era de por sí una persona hipocondríaca y aunque los centros médicos le gustaban entre poco y nada, decidió acudir a que le viesen la maltrecha articulación.

    -No hace falta que vengas. Ya me apaño yo -dijo despidiéndose abruptamente de la chica.

    El día era festivo y no había casi gente. Muy pronto fue atendido por una doctora joven que se limitó a revisar la herida y llamar a una enfermera.

    Una mujer de treinta y algo, bata blanca, pelo corto, cara de profesional y ciertamente no carente de atractivo hizo acto de presencia.

    -Me llamo Sandra. Ven conmigo -dijo al universitario.

    Juan obedeció.

    Llegaron a una sala donde estaban varias camas. La mayoría vacías, unas pocas con gente. A él le colocaron junto a una donde una joven rubia recibía

    “Paracetamol” por vía intravenosa.

    -Buenas tardes. -dijo Juan con educación.

    -Hola -respondió la enferma.

    -Cólico renal. -añadió sin que la preguntaran.

    La chica era mona y bastante guapa. Juan se la imaginó desnuda. La piel pálida, los pechos firmes y un culito pequeño y cerrado.

    Sandra corrió la cortina y tras poner un ungüento en la rodilla del chico, la vendó.

    -Estate aquí tumbado unos minutos que ahora vuelvo. -dijo descorriendo la cortina.

    No pasarían ni cinco minutos cuando la enfermera volvió. Venía empujando un carrito. Sobre el carrito, algodón, un bote de alcohol, una jeringa, una aguja y un frasquito con la medicina líquida.

    -¿Ya?… -dijo Juan algo asustado.

    -Esta no es para ti. -comentó la enfermera corriendo la cortina de la cama de la rubia.

    Juan se quedó muy quieto. Escuchando. Al parecer la chica del cólico seguía con dolor y la iban a pinchar… en el trasero.

    Oyó el ruido de sábanas, movimiento y pasado el tiempo una frase que le hizo, paradójicamente, contraer las nalgas.

    -Relaja ese culete.

    Unos minutos después se abrió la cortina. La rubia estaba acostada de lado, dándole la espalda y en un cubo de plástico se podían ver envoltorios rasgados, una jeringa vacía y un trozo de algodón.

    La enfermera volvió unos minutos después y dijo al chico.

    -Nos vamos a una habitación.

    -¿Por qué, pasa algo?

    -No, no, esta bien. Solo que te voy a auscultar.

    Juan llegó a la habitación y se sentó en la cama. La enfermera le siguió y, para su sorpresa, cerró la puerta.

    -Así no nos molestarán.

    Luego sacó de un cajón una jeringa grande y una aguja que daba miedo.

    -¿Eso para qué es? -preguntó Juan tragando saliva.

    -Para ti. Túmbate boca abajo y descubre el culete. -dijo Sandra.

    Juan no se movió. Tragó saliva y dijo.

    -No.

    -No, ¿qué?

    -No quiero que me pinchen… yo, creo que…

    La enfermera le miró con severidad y dijo.

    -Aquí se obedece, ¿está claro?

    -Vale yo… vale. -dijo Juan comenzando a desabrocharse el cinturón sin mucho entusiasmo.

    -Ya es tarde para eso. -aseveró la enfermera sentándose sobre la cama.

    -Ven aquí, deja que me encargue. Las manos quietas.

    Juan se acercó a donde estaba la enfermera y esta le desabrochó el cinturón y se lo quitó dejándolo sobre la cama. Luego le desabrochó el botón del pantalón, bajó la cremallera y deslizando las manos agarró pantalones y calzoncillos y de un tirón le dejó con el culo y el pene al aire. Seguidamente le colocó sobre sus rodillas y comenzó a darle nalgadas. Primero con la mano y luego, doblando el cinturón, le azotó con el cuero dejando marcas rojas que picaban.

    El chico se incorporó un par de minutos después con la cara roja de vergüenza y el culo calentito tras la azotaina. Su pene, erecto, crecido, palpitando.

    La enfermera cogió el miembro con las manos y poniéndose de cuclillas comenzó a lamerlo. Luego lo introdujo en su boca llena de saliva y lo chupó con avidez.

    -No te corras todavía. -le informó Sandra levantándose y preparando la medicina.

    -Inclínate, apoya la palma de tus manos sobre la cama y relaja el culete.

    El contacto del algodón empapado en alcohol fue inmediatamente seguido por el aguijonazo. Pero lo peor vino después, cuando el líquido penetró el glúteo agujereado. Por fortuna duró poco.

    La enfermera sacó la aguja. Presionó con suavidad con el algodón y poniéndose detrás, casi pegada a él, agarró de nuevo el mástil y lo estrujó con suavidad en su mano cerrada, iniciando el movimiento típico para poner a un tío a cien.

    Juan no tardó mucho en explotar y expulsar el semen mientras una ola de placer intensa se apoderaba de todo su cuerpo.

    -Límpiate y túmbate en la cama boca abajo. -dijo la enfermera entregándole un paquete de pañuelos de papel.

    Juan fue a decir algo pero la mujer se adelantó.

    -Tengo que tomarte la temperatura. Túmbate y separa bien las nalgas.

    Juan estuvo a punto de protestar, pero rectificó a tiempo, su culo ardía y no quería recibir más azotes.

    Se tumbó y separó las “mejillas” con sus manos dejando el orificio anal expuesto.

    Mientras tanto, Sandra se ponía guantes y metía la punta de un termómetro en vaselina.

    Fin. “

    -Ufff, que vergüenza tuvo que pasar Juan. -dijo Rocío.

    -Pues yo le comprendo. Las agujas dan miedito. -repuso Raquel.

    -¿Os han pinchado alguna vez? -preguntó Marcos.

    Y un debate sobre inyecciones, supositorios y revisiones de lo más humillantes, mezclado con alusiones a las azotainas, se inició y prolongó durante varios minutos.

    -Bueno Marcos… te toca a ti.

    -Voy. -dijo el aludido tomando sus notas.

    Relato de Marcos.

    “Lucía era una mujer inteligente, de eso no cabía la menor duda. A sus casi cuarenta primaveras, se conservaba bien. Es cierto que su trasero había perdido un poco de firmeza y sus pechos no eran lo que fueron. Pero en conjunto se podía decir que era una mujer atractiva, que sabía vestir bien y sacar lo mejor de sí misma.

    En la oficina era discreta y no solía hablar mucho con casi nadie a excepción de Juan.

    Juan era varios años más joven que ella, pero con un punto de madurez que le hacía más que interesante.

    Un día, hablando de lo divino y lo humano. Lucía le propuso tener una cita.

    Sería cenar en un restaurante muy exclusivo que acaba de abrir.

    Juan dijo que sí.

    Le atraía Lucía físicamente.

    Y además, sentía curiosidad. Un restaurante que llamaba la atención a su compañera de trabajo tendría que ser excepcional.

    Lucía notó enseguida el entusiasmo de su compañero y añadió enigmática.

    -No estoy segura de que te guste… pero su sensualidad te sorprenderá y… y quizás tu opinión sobre mí cambie…

    Sí Luis hubiese albergado dudas sobre si ir o no, aquel comentario multiplicó su deseo y sus expectativas por diez.

    A las siete de la tarde llamó al timbre del piso de su compañera.

    -Juan, que elegante. Pasa que enseguida estoy.

    El hombre entró y echó una mirada alrededor.

    Lucía entró en el baño y un minuto después tiró de la cadena y reapareció en el salón, elegante, guapa.

    -¿Dame dos besos no? -dijo mientras besaba a su compañero en la mejilla.

    -¿Qué te parece el piso? Bueno luego de cenar si quieres nos tomamos algo.

    Al restaurante se entraba por un portal discreto, un pasillo decorado en granate y oro, largo y estrecho, al final el acceso a un salón con cuatro mesas más grandes de lo habitual.

    Un viejo tocadiscos emitía música clásica a bajo volumen.

    -Dama, caballero, bienvenidos. En la mesa tienen servilletas de papel. Hay dos lavabos amplios para señoras y caballeros. Si no les importa, pueden ir y lavarse las manos. La higiene es muy importante en el local.

    Juan se sorprendió por los precios, la comida, además, no era nada del otro mundo.

    -Es la presentación -dijo Lucía leyéndole el pensamiento.

    Una camarera de rasgos orientales entró con los entrantes. Parecía sacada de otro siglo, más bien de un burdel de otro siglo. El sostén ricamente bordado, apenas alcanzaba a tapar los pezones y en cuanto a la falda, digamos que era más una falda mandil. Eso sí, la chica usaba guantes negros infinitos.

    -Caballero, aquí tiene sus alcachofas. Señora, sus guisantes.

    -¿Y los cubiertos? -susurró Juan mientras seguía hipnotizado el vaivén de las expuestas nalgas temblonas de la muchacha alejándose.

    -Ahora los traerán, ya verás.

    Una rubia, desnuda de cintura para arriba volvió en compañía de la chica oriental y cogiendo una silla, se sentó al lado de Juan.

    -Nervioso el caballero según veo. No se preocupe, estoy para servirle.

    Y pinchando una alcachofa con el tenedor, se la ofreció.

    A continuación la chica de rasgos orientales se inclinó sobre la mesa. La rubia le bajó el tanga que llevaba y colocó el mango del tenedor en la ranura de sus nalgas. La chica inclinada apretó el trasero sujetando el cubierto.

    -Aquí tiene su tenedor. -dijo la rubia invitando a que Juan lo cogiese.

    Lucía, por su parte, consumía los guisantes sin perder detalle de aquella atmósfera.

    El segundo plato era huevo cocido.

    Una nueva camarera se quitó las braguitas de encaje y se tumbó boca arriba en la mesa mientras que la asiática ponía el huevo cocido sobre la expuesta vagina, los pelos negros, gruesos y largos hacían que el conjunto pareciese un nido.

    La chica rubia apareció, puso crema de queso en sus pezones y animó a Lucía a probar.

    Esta, ante la mirada de Juan. Lamió los pezones de la camarera.

    -El queso está muy bueno. -comentó después.

    Juan, empalmado, se disculpó.

    -Voy al baño.

    De vuelta en su sitio miró expectante.

    -Ahora traen el postre. Mi parte favorita. -anunció Lucía sonriendo.

    Fresas con nata para compartir.

    Sin cubiertos.

    La chica asiática puso una fresa en la boca de Lucía.

    Caballero, es su turno.

    Juan comprendió el juego y juntando su boca a la de Lucía, se las ingenió para morder la fresa y besar o algo entre medias.

    También bebieron un poco de vino con burbujas.

    De vuelta, el frescor de la noche despejó un poco a nuestros dos protagonistas.

    -Tomamos algo o qué. -invitó la mujer

    Juan la siguió dentro del piso.

    Se besaron.

    Las manos de uno en las nalgas del otro.

    Luego todo fue muy deprisa.

    Lucía, sin bragas, su culo apoyado contra la pared, su sexo a la vista, un boleto con destino al paraíso.

    Juan, desnudo de cintura para bajo. Su miembro erecto, tenso, listo.

    Empujó metiendo su mástil hasta el fondo.

    Lucía gimió abrazando con fuerza a su compañero.

    Juan embistió de nuevo contrayendo sus nalgas.

    Las manos de ella en su culo, acariciando las nalgas del varón.

    Su voz femenina, sensual, poética… rogando, pidiendo, suplicando más de aquello.

    Juan ahogó un nuevo gemido besándola con deseo. Su lengua como loca en aquella boca con sabor a pura adicción.

    No necesitaron cama para venirse.

    Fin”

    -Vaya con Juanito…

    -Sí, sí.

    Los comentarios sobre el relato se sucedieron. Luego cenaron algo rápido.

    -¿Vamos a la cama? -dijo Rocío.

    Todos asintieron y se levantaron con intención de ir a sus dormitorios y allí, tal vez, revivir los relatos con más realismo carnal, en privado.

    El sonido de un trueno rompió el silencio y se convirtió en la excusa perfecta para cambiarlo todo.

    Instintivamente Rocío se pegó a Marcos buscando protección.

    -Tienes miedo.

    La aludida no respondió de palabra.

    -Puedo ir a tu habitación… hasta que pase la tormenta. -dijo Alba dirigiéndose a Marcos.

    -Y yo.

    -Yo también

    De alguna manera todos acabaron en el cuarto de Marcos, sentados o tumbados sobre la amplia cama de matrimonio.

    Y bajo la luz de una lamparita de noche. Entre sombras. Las manos de las chicas y del chico buscaron contacto humano.

    -Hace frío. -comentó alguien.

    -Creo que si nos ponemos de lado entramos todos bajo la mantita.

    -Y hacemos la cuchara.

    Se quitaron la ropa quedándose en ropa interior y se metieron en cama.

    Un nuevo trueno hizo que sus cuerpos se pegasen.

    -Noto un pene contra mi trasero. -dijo una de las chicas en voz alta.

    -Y yo una mano en mi teta.

    -Y yo una dentro de las bragas

    -Oye, quien… quien me está tocando los huevos.

    Un nuevo trueno, más lejano, acalló las risitas contenidas.

    Las nubes, quizás obligadas por la luna, se separaban dejando paso a la reina blanca de la noche que, como una cotilla, intentaba colarse en cada habitación dónde dos o más amantes jugaban al juego del sexo, la caricia y el fetiche.

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  • Acepté ser la invitada y me encantó. Pau, Adrián y yo

    Acepté ser la invitada y me encantó. Pau, Adrián y yo

    Holi, espero les hayan gustado mis aventuras lesbis, porque hoy les quiero contar como interactúe con una pareja por primera vez. Aclaro que ya había hecho tríos pero con mi pareja y nunca había sido la tercera persona jajaja.

    Llevo un tiempo llegando a correr a un parque famoso de mi ciudad en donde me hice amiga de Paulina, una chica de 25 años, juntada pero no casada, cabello castaño claro abajo de los hombros, bronceada, piernas muy linda ni tan grandes ni pequeñas, pechos pequeños pero un abdomen precioso que lo enseñaba siempre llegando en top.

    Pau y yo nos hicimos súper amigas al grado de correr casi diario juntas. Se volvió de esas amistades que sientes la química rica pero te encanta ser amigas. Un día después de nuestra rutina mañanera de 5 km decidimos desayunar, una plática rica y amena en donde yo ya le había dado a entender experiencias anteriores con mi novio, yo noté que ella tenía mucha curiosidad sobre las experiencias que había tenido y eso me gustó por qué empezó la idea en mi cabeza de que podría existir algo.

    Seguimos en la plática y ella decidió invitarme al cumpleaños de su casi esposo, una cena intimada solo de amigos en donde me dijo que le encantaría tenerte presente. Y yo obvio que accedí sin mayor duda y obvio intentando meter mis ideas le pregunté “¿y que le regalaras? ¿Le darás anal?” Ella se rio a carcajadas como cuando le atinas a ideas que tienen en mente y me dijo “No eso ya me lo pidió, ahora el hombrecito quiere un trío”, a lo cual en mi cabeza solo la frase “Mi momento” jajaja.

    Con una sonrisa respondí “Pues yo podría ayudarte digo no hay cosa alguna que no haría por una amiga” intentando decirlo de juego por si me había excedido. Para mi sorpresa después de un trago largo al jugo escuché “¿De verdad me ayudarías con eso?” A la par siento su mano tomar mi pierna muy suave intentado darme confianza, a lo cual respondí con un poquito de beso y digo ”Claro” y eso soltó su mente y surgieron mil preguntas de parte de ella: “¿Pero cómo? ¿Ya lo has hecho? ¿Cuando? Cómo se hace” a lo cual solo dije “ Pues tú dime ustedes son la pareja yo encantada de ayudarte y probarte” mientras le sonreí algo pícara.

    El desayuno pasó sin más sobre el tema para tampoco presionar de más pero al caminar rumbo a nuestros coches Paulina dijo lo que estaba esperando “Mira vamos a la cena ahí platicamos, drinks y vemos pero vamos con la idea va” solo reí y le dije “Va, ¿gustas lencería? Jajaja” yo intentando meterle nervios para ver su imaginación y para mi sorpresa no me decepcionó y solo me dijo que ella lo checaria para ir combinadas. Nos despedimos y esperé con prisa la tan anunciada cena.

    El día de la cena llegó y yo estaba lista, salí de casa sexy sabiendo que iba para llamar su atención, me puse un short mini de cuero súper pegado y marcaba y levantaba mis nalgas, una blusa transparente manga larga negra que dejaba ver debajo mi bralette de encaje negro, tacones algo altos lisos y mi cabello suelto. Al llegar al restaurante me recibe Paulina afuera nerviosa pero emocionada, la veo caminar hacia mí con un vestido naranja opaco a medio muslo, súper pegado definiendo su figura, un hombro descubierto y sus pechos bien levantados, al vernos nos chuleamos los conjuntos y solo me dijo “ya está listo todo para que disfrutemos amiga” le sonreí y tomé la mano para decirle “Nos la pasaremos riquísimo”.

    Al entrar veo una mesa pequeña y vi que yo sería la única invitada y a un lado su esposo Adrián, él era mucho más grande que ella como de unos 35 años, blanco, cabello negro, cuerpo lindo la verdad muy bien trabajado por el ejercicio, estaba fascinada de la rica pareja que formaban.

    Lo saludo de beso y me toma de la cintura y me dice al oído “Gracias por el regalo” solo sonrío y me siento frente a él con Paulina a un lado, al principio la cena fue muy normal conocernos, soltarnos y sentir la química que desde un principio fue riquísima, me gustó ver a Paulina con él e imaginarme las cositas ricas que tenía en mente, terminando de cenar Pau dijo “Un postre en lo que ya hablamos de lo importante” yo solo reí y le dije “Yo pensé que nosotros seríamos el postre para Adrian” tomándole la mano a Paulina y riendo viéndola.

    Ambos sonrieron mientras Adrian pedía la cuenta para irnos, él se paró a pagar y quedaos un momento las dos para ver el plan, ella se acercó para decirme que ya estaba todo listo en un hotel cerca, en el carro ya tenía la lencería para ambas y que nos iríamos en su carro para entrar juntos. Yo solo le sonreí y le dije de está perfecto que traje un vino para tomar en el hotel. Ella me sonrió y tomó de la mano para salir caminando juntas al estacionamiento.

    Adrian fascinado de vernos llegar nos abrió la puerta para sentarnos juntas en la parte trasera mientras no llevaban, ella nerviosa empezó a sobarme la pierna aunque no duró mucho ya que el hotel estaba a minutos. Bajamos del carro yo con la botella en mano, Paulina con la lencería y una maleta bonita y Adrián deleitándose con la vista de nosotras.

    Al entrar era una habitación linda no muy sexual perfecta para una pareja nueva, Adrián abrió la botella mientras nos sentamos en la sala de estar ya un poquito mas calientes, Adrián me preguntó sobre mis experiencias y le dije que tenía ideas pero que me dejaría llevar por lo que ellos desearan, pasó la primer copa y con la segunda en mano Pau me dijo que la acompañara al baño para envolver los regalos de Adrián. Sonreía y me levanté junto a ella llevando mi copa al baño.

    Al entrar al baño veo como Paulina me espera y suelta una risa ya algo tomada. Ambas nos damos un beso algo corto pero lindo como cómplices. Ella abre la maleta y saca dos conjuntos hermosos en color rosa, todo de encaje súper lindo, con medias y liguero. Empezamos a quitarnos la ropa una frente a la otra y para mi sorpresa Pau tenía la conchita bien linda y con un triángulo con bellos súper cortitos hermosos solo sonreí y le dije “Que rico amiga” ella me vio depilada total y solo me sonrió.

    Nos vimos frente al espejo ambas con un bralette de encaje rosado, nuestros abdominales al descubierto marcados y lindos, por debajo de nuestro ombligo empezaba el liguero de encaje súper delgado, medias de red pequeño a medio muslo y una tanga diminuta, nos colocamos nuestros tacones y sonreímos y sabíamos que estábamos lindas.

    Abrimos la puerta y Adrián sentado quedó impresionado al vernos salir “Wow no esperaba esto Pau” ella solo sonrío apenada y le dijo “Somos para ti”. El se levantó despacio para podernos apreciar bien, nos comió con la mirada de arriba abajo con una mezcla de deseo y asombro.

    Paulina y yo extendimos la mano para que se acercara y yo solo agregué un “Relájate esta noche es solo para disfrutar”. Adrián se acercó a Pau, la tomó de la cintura mientras comenzaba un beso intenso y largo, mientras sentía como su mano tomaba mi cintura. Pau detuvo el beso y lo giró hacia mi, sus labios se pegaron a los míos y después de una pequeña pausa comenzó nuestro beso largo e intenso, mientras ella veía el show.

    Paulina se alejó y nos dejó conocernos a besos, mientras ella colocaba sus manos sobre mi trasero. Lo empuje a la cama y me subí sobre él para continuar con los besos.

    Después de una rica sesión de besos sentí como Pau se acostaba junto a él y comenzaba a masturbarse mientras veía como su verga estaba a reventar, logré escuchar un susurro al oído de Adrián que decía “Que pruebe tu verga”. Yo sin pensarlo ayudé con el pantalón y volví sobre él para tenerla dentro, moví la tanga y dejé que la excitación hiciera lo necesario metiéndola poco a poco, mi cuerpo se levantó y dejé ir mi peso para que entrara todo su rico miembro dentro de mi. A la vez Paulina se levantó y se puso junto a mí para besarme mientras la verga de su novio me mojaba toda “Que rico te coge amiga” escuche mientras mis ojos cerrados solo sentían la gran verga.

    Paulina me giró después de unas buenas envestidas para quedar debajo de ella mientras ella se colocaba en cuatro para que yo le diera oral mientras disfrutaba de la verga de Adrián, empecé a lames como si fuera una paleta y a escuchar los gemidos de ella, la verga de Adrián se dirigió primero a mi boca para probar su rica verga lista para entrar, llena de saliva empezó a meter poco a poco su verga mientras yo no paraba de lamer su conchita. Paulina gemía mucho y eso me mojaba, me gire para besarla mientras ella disfrutaba.

    De la nada ella comenzó a masturbarme mientras Adrián le daba verga y nos besábamos. Logro que tuviera un orgasmo delicioso mientras sus dedos se hundían en mi vagina.

    Adrián a punto de correrse para y nos dice que nos coloquemos para la leche, sin pensarlo nos ponemos a gatas y esperamos la leche salir mientras Pau y yo nos besamos.

    Sin pasar mucho tiempo sentimos un chorro invadir nuestras lenguas mientras escuchamos gemidos de Adrián intensificamos el beso y sentimos como nos pasamos la leche y la tragamos. Terminamos dándonos un pico mientras nos incorporamos.

    Adrián quedó rendido mientras Pau y yo nos duchamos y nos divertimos un poco más juntas, ambas decidimos experimentar más juntas y contarnos todo.

    Espero les haya gustado mi historia, prometo subir más seguido, me muero por leer sus comentarios.

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  • En el parque

    En el parque

    El sol de las cuatro se colaba con mucha dificultad por entre las ramas de los árboles. Casi junto al tronco de uno, Renata se había sentado sobre el pasto mullido y le hablaba a Tristán con una voz entrecortada y grave. Tristán escuchaba y asentía; sólo de tanto en tanto hacía preguntas breves.

    El parque en el que estaban fue levantado sobre una pendiente. Quien se sentaba allí, veía hacia abajo, y quien se recostaba sobre el pasto, se recostaba en diagonal. A su lado, pero varios metros debajo de ellos, dos jóvenes, hombre y mujer, cambiaban miradas melosas. Renata no quería decir nada, pero la cercanía con esa pareja empezaba a incomodarle.

    Dos semanas después de que Renata se separó de su novio, empezó a llamar a sus amigos, uno por uno. El último fue Tristán. Se veían, tomaban café y terminaban en largos paseos, por parques abiertos y solitarios, en los que ella les contaba la historia de su ruptura. La mayoría de estos amigos eran hombres y casi todos (unos más, otros menos) estaban enamorados de Renata. Ella estaba más o menos consciente de eso y, aunque no quería utilizarlos, se decía a sí misma que, en el inmenso dolor de su ruptura, necesitaba la mayor cantidad de atención posible. Se podía dar ese permiso.

    —Mi tristeza los mantendrá a raya —pensaba.

    Pero ahora, la cosa se había complicado. La pareja la distraía de lo que quería contarle a Tristán, y la hacía pensar en Miguel, su exnovio. La chica de la pareja llevaba una faldita negra y unos mallones; era alta y su pecho turgente le recordaba mucho a Indira, la amiga por la que Renata sentía que Miguel la había dejado. El chico era blanco, barbudo y sonriente, de piernas estrechas y torso ancho. Ahora se acercaban uno a otro, se juntaban las frentes, se veían a los ojos como cíclopes y se daban besos esquimales. Estas rutinas de amor (que son las de cualquier pareja) a Renata le recordaban exactamente lo que hacía con Miguel, y le parecían una pedrada del destino, irónica y exacta.

    Cuando salió de su ensimismamiento, Renata volteó a ver a Tristán, que le sonreía con comprensión:

    —Me estabas contando que, desde que terminaste con él, has pensado en tomar dos trabajos —le comentó Tristán, viendo que Renata había perdido el hilo.

    —Perdona, es que… —dijo ella, apuntando con la cabeza a los novios.

    Tristán dejó escapar una pequeña risa, que no hizo sentir a Renata juzgada, sino acompañada.

    —Bueno, compañera, todo el mundo tiene derecho a ser feliz, ¿no?

    —Yo sé, yo sé. Es que… me trae recuerdos.

    —Si quieres, mejor vámonos.

    Tristán se levantó y le ofreció una mano a Renata. Ella sonrió y lo vio de cuerpo completo. Largo, con una barba incipiente y el cabello desordenado. Vestía una chamarra de color olivo en la que, hasta hace un momento, tenía muy ocultas sus dos manos. Hacía frío.

    En el trato, Tristán era muy diferente a Miguel. Tristán escuchaba a la gente hablar durante mucho tiempo y sólo hablaba si podía contradecir a alguien, si podía hacer que repensara algo. Renata sabía que si Tristán le decía “todo el mundo tiene derecho a ser feliz”, significaba que él no creía que Renata debiera ver al mundo como un enorme recuerdo de Miguel. Y si le decía “mejor vámonos”, significaba que él consideraba que le estaba dando importancia a una tontería.

    —No. Quedémonos. No debo ser así —dijo Renata, que en su mente había vencido a Tristán… y a Miguel.

    Él volvió a sentarse y ella le siguió hablando de su ruptura, de sus sentimientos y de sus planes. Los novios, abajo, sentados uno al lado del otro, comenzaron a besarse. Primero pequeños piquitos; luego, abrazos largos (visiblemente incómodos), con besos profundos que les quitaban el aliento.

    Luego, él se acostó a ver el cielo. Las nubes dibujaban sábanas largas, vaporosas y dispersas. «Cirros», las llamaba Miguel. Renata interrumpió su relato y le susurró a Tristán:

    —¿Cómo crees que se llaman?

    —¿Quiénes? ¿La feliz pareja? —contestó él, a lo que Renata asintió. —No sé, ¿“Enrique” y “Margo”?

    —Me convence —confirmó ella.

    Margo se acostó de costado, apoyando su codo junto a la cabeza de Enrique. Bromeaban, y ella ponía pasto arrancado y seco sobre el pecho de él. Luego empezó a acariciarle la brava y las orejas, y a pasar una brizna de hierba por sus labios. Él sonreía y se dejaba hacer. Ella le iba acercando los labios, tentándolo, y él no se levantaba a besarlos.

    —Ese parece ser su juego —le susurró Tristán a Renata.

    Tristán y Renata se quedaron viéndose. Ella notó que él desviaba la vista a sus labios.

    En algún momento, Enrique no pudo más y le robó un beso a Margo, que lo rechazó entre risas. Después de un pequeño forcejeo, ella cayó sobre el cuerpo de él; Renata se fijó sobre todo en la manera en la que los pechos de ella se estamparon contra él.

    Enrique abrió las piernas. Margo subió una de sus piernas, ligeramente. Entre besos y jaloneos juguetones, la pierna de Margo terminó entre las de Enrique. Entonces ella comenzó a restregarse.

    —Supongo que aquí terminó el juego —dijo Tristán, con voz sencilla y resuelta. —Vámonos, si te parece.

    —No. Quedémonos —contestó Renata, con una sonrisa un poco triste. —De verdad no me afecta.

    Muy buen rato se estuvieron besando y restregando los novios, hasta que Margo se bajó de Enrique. Se acostaron los dos de costado, viéndose profundamente el uno al otro. Entonces él llevó la mano al pecho de ella, y comenzó a acariciarlo por arriba del suéter. Se juntaron mucho para que no se viera lo que estaban haciendo, pero Renata alcanzó a distinguir como la mano de Enrique se coló debajo de la ropa de Margo.

    Tristán se dio cuenta de que Renata miraba embelesada, ya sin disimulo, lo que hacían Margo y Enrique. Decidió que lo mejor que podía hacer era acompañarla y también comenzó a mirarlos. Pasado un momento, Renata le pregunta:

    —Dime, ¿tú crees que Miguel y yo… hayamos…?

    —Estuvieron juntos mucho tiempo. No me sorprendería para nada que hubieran llegado más lejos de Margo y Enrique ahora —dijo Tristán y se rio.

    Renata se puso triste.

    —En realidad… no mucho más lejos. Yo no quería. O sí quería, pero… no es fácil ser quien no debe querer, ¿me entiendes? Un día lo dejé. O “me dejé”… más bien “me dejé”.

    —¿A qué te refieres con “dejar”?

    —Pues…

    Lo que ocurrió entonces hizo que Tristán abriera los ojos con sorpresa. Como a Renata le faltaban las palabras y lo único que tenía a mano era su propio cuerpo, casi de forma automática trató de expresarse con él. Cuando dijo “pues…”, llevó su mano derecha a su pecho izquierdo y lo estrujó un par de veces, apenas durante brevísimos segundos, pero con fuerza, como si quisiera decir «él también me acariciaba los pechos».

    —Ah, ya entiendo… —dijo Tristán.

    —Y bueno, también…

    Ahora Renata se llevó las manos a la cara interna de los muslos, poniendo los pulgares casi en la ingle y apretándolos un poco, como si quiera decir «él llegó a masturbarme». O quizá se refería que le había hecho sexo oral (Tristán lo estaba seguro).

    —Bueno… eso sí parece un poquito más que Margo… —empezó Tristán.

    —Y… ¿me permites?

    Renata acercó su mano a la entrepierna de Tristán, pero se detuvo justo antes de tocarlo. Tristán asintió con la cabeza y la chica impuso su mano en la entrepierna, hasta sentir la presión de algo. Entonces cerró la mano y lo tomó. Ella esperaba tocar el miembro de Tristán, quizá un testículo, algo que le dijera «bueno, yo también lo masturbé». Pero no se esperaba que Tristán tuviera ya una erección completa. Notarlo le hizo pensar en lo que estaba haciendo. ¿Quería seguir? No quería acostarse con Tristán, pero la embriagaba sentirse deseaba. ¿Qué debía hacer? Finalmente, solamente le dijo:

    —Siempre he querido preguntárselo a alguien: ¿tú dirías que soy todavía virgen?

    —¿Eso te importa mucho? —preguntó Tristán, estupefacto de que alguna chica tuviera aún una ideología tan conservadora. —Creo que eres virgen si todavía te sientes virgen.

    —Aún me siento virgen.

    Tristán puso su sonrisa de comprensión, y Renata volvió a sentirse acompañada. En su pecho se juntaron la excitación y la amistad y decidió que podía dar un paso más.

    —¿Alguna vez… has “estado”… con una virgen?

    —Sí, una vez —respondió Tristán, con calma.

    —¿Cómo fue? ¿Te gustó?

    Ahora, abajo de ellos,

    —Eso no fue todo lo que hicimos —confesó Renata.

    —¿Te penetró? —preguntó Tristán.

    —Le dije que solo me podía meter la punta. Y eso hizo. Me respetó Fui yo la que quiso más… y mi cuerpo no quiso. Me dolía. No pudimos terminar esa vez… ni nunca. Tú, entonces… ¿todavía dirías que soy virgen?

    —¿Todavía te sientes virgen?

    —Sí —contestó ella.

    En el tono de Renata no había más que excitación: el gozo de saber que estaba tentando a Tristán. En sus ojos, por otro lado, había tristeza. Tristán entendía que, para Renata, no haber podido concluir la penetración era una de las razones por las que su relación había fracasado.

    —Sabes que no le debías nada a Miguel, ¿verdad? Tú decidías cuándo y cuánto querías hacer con él.

    Renata sintió que Tristán intentaba ser más racional de lo que ninguna persona es realmente en una relación. Se rio muy bajito, como susurrando su risa, y le dijo:

    —Esos ideales no son para la vida real. Si tú fueras mi novio, ¿no esperarías… tener… sexo conmigo?

    —Esperaría solamente lo que pueda esperar —contestó Tristán.

    Renata, cada vez más incrédula por la inocencia de Tristán, volvió a reírse, y agregó:

    —No te creo nada. Es más, ponte en la situación de Miguel. Si estuvieras… pues…

    —¿Penetrándote? —se rio Tristán.

    —Sí… ¿de verdad podrías contenerte cuando yo te lo diga?

    —No es una cuestión de “poder” o “no poder”. Es lo que en principio debería exigirse a cualquier persona.

    —¡Pero es irreal, Tristán! Mira el juego que jugaban Margo y Enrique… Enrique no pudo contenerse.

    —Eso es un juego, no cuenta.

    Entonces Renata se le acercó a Tristán. Poco a poco. Tristán sonrió, porque entendía lo que quería probar Renata. No se movió, ni siquiera cuando ella puso su frente sobre la de él. Se juntaron sus narices. Renata sonreía de oreja a oreja, segura de que Tristán cedería a la tentación en algún momento. Cuando vio que no lo hacía, entrecerró los ojos, como hacemos cuando vemos a un rival, y le acercó los labios. El labio inferior de Renata hizo contacto con el labio inferior de Tristán. Renata comenzó a moverlo de un lado a otro, restregándolo, y recordó cómo Margo se restregaba sobre el pantalón de Enrique. Volteó a ver el lugar donde estaban: ya no había nadie.

    Después de girar la cabeza, sentía raro volver a tentar a Tristán. Entonces solamente agregó:

    —Esto no significa nada. Si estuvieras teniendo sexo conmigo no podrías controlarte.

    —Quizá tengas razón —le concedió Tristán, para verla feliz.

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  • Convertido en sissy en una isla del Caribe (3)

    Convertido en sissy en una isla del Caribe (3)

    El fin de semana llegó esos 3 días con Sean fueron una tortura para mí.

    Debo añadir que además de ser un toro en la cama era un hombre fuerte que además era muy dominante.

    Me obligó a tallar el piso con las manos mientras usaba un baby doll pasaba pisaba para volver a ensuciar mientras decía

    “Te falta ahí perra” y pateaba mis huevos debajo de mi verga en castidad.

    Después me hacía ser su sillón para pies en lo que el veía TV satelital.

    Además cuando el salió al 3er día a recoger personas y provisiones me dejó amarrado en una silla con un vibrador pegado a mi pene que pronto seria solo un clítoris.

    Dejo en la TV porno interracial con mujeres rubias y hermosas y me dijo “¿no extrañas sentir una mujer puta? Te tengo preparado algo zorra asquerosa quédate ahí ya no tardo”

    Estuve ahí por horas me corrí un par de veces luego volvía a pensar a veces sobre si podría irme de ahí pronto otras aceptando que me estaba gustando demasiado.

    Pero en algo tenía razón mi esposa no había sabido de mi en esos 3 días era necesario comunicarme con ella, sin embargo como podría explicarle que estaba esclavizado por un hombre en una isla.

    Al regresar entro con una mujer Deyla

    Era una mujer grande no gorda ya que tenía pechotes y nalgotas aunque el rostro no le favorecía usaba lentes pelo negro recogido atrás, llegaron y como si yo no estuviera ahí solo dijo “con que ese es el espécimen que chiquito está” dijo al ver mi pene en la jaula encerrado.

    Entre los dos me desataron y sean me mostró un celular satelital con una instrucción “vas a seguirme el juego… Quiero que tu esposa venga aqui, ahora será mi perra como tú les daré leche al mismo tiempo par de zorras”

    Yo proteste pero fui rápidamente bajado por Deyla que tomo y apretó mis bolas “Shi Shi ntpp no te va a extrañar la vamos a dejar bien atendida tu por ahora más vale que comience tu entrenamiento” yo me arrodille de dolor frente a Sean.

    Este soltó una carcajada y me trono los dedos que era la señal para tomar de nuevo posición en la silla.

    “Perra idiota más te valía aceptar por las buenas darnos a tu esposa vas a saber lo que es dolor” y saco un collar de entrenamiento canino con lo que parecía un control remoto.

    Deyla lo apretó en mis bolas diciendo “listo”

    Después trajo una laptop y la conecto “déjame explicarte cornudo esto se llama terapia de conversion por shock”

    Dijo de una manera sádica casi disfrutando “te pondremos diferentes imágenes en la TV pero cada vez que salga una mujer te daremos un shock, tiene 15 niveles aumentara el nivel de dolor, también las imágenes premio que son las que no recibirás choque y la sensualidad de la imagen de mujeres bajará la idea es que te duela solo ver a una mujer”.

    Dijo y aplico una descarga con el nivel uno haciéndome brincar y gritar por lo que sean procedió a ponerme una mordaza sin que yo antes suplicara piedad.

    “Amo por favor no haré lo que sea por favor ” y este solo me puso la mordaza y se sentó a verme sufrir.

    Al principio mostraba imágenes de hombres negros con ropa muy fuertes, pero en cuanto salió una imagen a los 30 segundos de lindsay Lohan desnuda Deyla aplicó una descarga.

    El dolor fue bastante aunque aguantable yo solo aguante y asi pasaron las imágenes salía otra desnuda y mismo tratamiento mientras que las imágenes de descanso mostraban a hombres en el gym, bañándose.

    “Listo para darnos a tu esposa y suplicar por verga” como pude dije que no solo vi como el nivel subió al 5.

    Las imágenes eran ahora gifs de penes negros desnudos poniéndose erectos.

    En cuanto una mujer en traje de baño o microkini aparecía Deyla me descargaba, después de la 5 o 6ta descarga mis bolas de sentían hinchadas y pesadas se detuvo a preguntar “ahora sí tu esposa va a ser propiedad de Sean ¿verdad?” Yo como pude segui negando pero toda la situación podía más que mi el solo pensar en que no tenía más control sobre mi.

    Y mi vida para ahora ser un esclavo me prendía pero mi esposa si bien habíamos tenido roles de pareja donde ella era hotwife esto era algo muy diferente.

    Nivel 10 de dolor me dio uno para que me asegurará de estar asustado está vez me hizo retorcerme en mi silla.

    El carrusel de imágenes ahora eran negros follando juguetes o masturbándose sin más y a los segundos aparecio la imagen de una mujer muy muy voluptuosas pero en vestido escotado.

    El dolor me hizo brincar de nuevo, y ellos solo podían continuar riendose.

    Asi varias descargas yo sentía dolor hasta el alma pero por más que les dije que aceptaba como podía me dijeron “para asegurarnos iremos al máximo nivel puta”.

    Lo pusieron en 15 y está vez dolía como si me los quemaran.

    El carrusel de imágenes ahora mostraba femboys siendo follados por grandes miembros y duro así por minutos mi cuerpo después de tanto dolor sentía placer en esa tranquilidad y comenzó a excitarse.

    De repente lo que aparece es una foto de una mujer vestida completamente normal linda si pero nada que pueda ser especialmente excitante.

    El dolor me sobrepasó al sentir la descarga.

    Gritaba que ya no pero ellos solo reían.

    “Debemos asegurarnos perra”.

    La tercera fue suficiente para suplicar por piedad.

    “¿Quieres verga ahora verdad?”

    Y por más que decía que si me volvió a dar otro toque hasta que sean acerco su miembro y dijo “muéstranos que tan bien educado estás”.

    Estaba listo para entregarles a mi esposa y mi voluntad.

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  • Previa de Navidad

    Previa de Navidad

    Se acercan las fiestas, ya tenemos definido dónde y con quien pasar, la hermana de Gabriela se alegró de sobremanera, que la pasaremos con ellos. De hecho Verónica me envió un whatsapp, agradeciendo lo bien que está Gabriela, que la ve feliz, mientras ella hablaba se me hacía un nudo en la garganta, cuando otros desde afuera, notan algo bueno y lo hacen saber, es muy bueno.

    Gaby fué varias veces a la casa de su hermana, sin que yo le pregunte nada me comentó novedades de Guillermo, (para quienes no saben, Guillermo es el sobrino de Gabriela, mi pareja y mi amor, antes que ella apareciera, tuve dos encuentros con Guillermo, lo podrán leer en los relatos “Él, ella o ambos”).

    Gaby: Sabes Andre, que las veces que fui a lo de Vero, Guillermo me saluda con distancia y se va.

    Yo: No se que tengo que ver con eso. Posiblemente no superó el hecho que yo esté contigo. ¿Me estás insinuando que hable con él?

    Gaby: No amor, solo te hago el comentario, creíamos que lo problemático sería con mi hermana, pero por lo visto, será con Guillermo con quien tendremos problemas.

    Yo: Abrazando por el cuello a Gaby y dándole un beso tierno, le hablé en voz suave y delicada, “no te preocupes amor, prometo hablar con él, y arreglar cualquier problema.

    Gaby: No tienes porque hacerlo amor, es un inmaduro, no sabe tratar a las mujeres, si él hubiese querido tener una relación contigo, hubiese hablado, tú me dijiste qué pasó un buen tiempo del encuentro entre ustedes y en ese ínterin aparecí yo, declarando mi amor, hacia ti sin que tú lo supieras. Entiendo que es algo loco, pero el tren pasa una vez, si no te subes te quedas en el andén.

    Yo: Es así mi amor, cuando hablas así, parece que estoy hablando yo.

    Gaby: Estos meses juntas, aprendí mucho de ti.

    Yo: me vas hacer llorar

    Gaby: y tú a mí

    Yo: estupida. Y terminamos besándonos. Voy a hablar con él, si entiende bien, y si no que se yo.

    Gaby: Tranquila

    Yo: Otra cosa, pensemos en los regalos amor

    Gaby: Yo ya tengo pensado algunos.

    Yo: ¿Nos vamos a regalar algo nosotras?

    Gaby: Estaría bien.

    Yo: pensé uno para nosotras, si no lo digo exploto jaja. Una depiladora, ¿qué dices?.

    Gaby: Siii amor, las maquinitas me tienen harta.

    Yo: A mi también, okey listo.

    Ya teníamos todo encaminado, yo compré la depiladora, es re completita, sirve para cavado habrá que probarla. Además me compré un disfraz de papá noel sexy para mujer, la quiero sorprender a Gaby jaja. De comida adelanté un matambre, para comer frío, Gaby se sorprendió.

    Gaby: Hija de puta, yo tenía idea de comprarlo hecho, y vos lo hiciste, eres increible. Contigo me saqué la lotería amor.

    Yo: Gracias, me haces poner colorada, otro día te enseño. Voy al baño ya vengo

    Fuí al dormitorio, busqué el disfraz de Santa, la quiero sorprender a Gaby. Entré al baño y me cambié, es un corpiño rojo, una pollerita roja con detalles blancos, una colaless roja y medias rojas, unas sandalias negras que yo tenía. Me puse un poquito de perfume y salí, fuí directo a la cocina. Ella de espaldas y le digo “ oh, oh, oh Feliz Navidad”, se quedó dura cuando me vio y me dijo.

    Gaby: Loca, para Navidad falta es 23 hoy, y con ese disfraz me vas a matar.

    Yo: no para de reirme, a ver mañana vamos a venir tarde, el 25 vamos a estar destruidas y quizás vamos a lo de tu hermana también, ¿cuándo vamos a coger mi amor?

    Gaby: Si tienes razón, quédate acá no te muevas.

    Gabriela se fue y volvió con un regalo, me lo entregó, lo abrí y no podía creer, era un dildo con sopapa, de un tamaño considerable.

    Yo: Joder amor, me encanta, fuí a buscar la depiladora, también envuelta, y Gaby quedó maravillada. Y digo, onda que vamos a compartir.

    Gaby: Obvio amor.

    Yo: ¿tú te aguantas esto?

    Gaby: claro que la aguanto

    Yo: ¿por el culito?

    Gaby: Si, ¿para que te tengo a tí para que me enseñes?

    Yo: Joder.

    Gaby: ¿lo usamos ahora?, verte con el disfraz me calienta.

    Yo: mmm como estas amor. Okey, comienzo yo.

    Tomé el dildo, le pase la lengua por la sopapa y la pegué, a una altura normal como la tienen los hombres. Me acerqué, lo acaricie, la mire a Gaby mordiéndome el labio inferior, me incliné, y lo besé, por detrás siento las manos de Gaby, me levanta la pollera del disfraz y me baja la tanga, me inclino mas, sacando la cola para atrás, y Gaby me empieza a chuparme la colita, y a tocarme la vagina, muy húmeda, me introduce la lengua lo más hondo de mí anito, me hace sacar jadeos profundos. Me incorporo y me doy vuelta, nos besamos con Gaby, y mi cola rozando el dildo.

    Ella entendió la indirecta, y me acerca, coloca el glande en la puerta de mi ano, y de apoco me lo voy introduciendo, ah, aaah que rico, escucho que Gaby dice, “¡hija de puta, como te la metes, te la metes toda…!”, ella me acerca una silla, apoyé mis manos y voy haciendo la meta y saca, una palmada en la cola me hace dar un grito, Gaby ya está desnuda, y se coloca delante de mí, y le chupo bien la concha que era una laguna. Ambas jadeamos de un placer enorme, y ambas terminamos juntas.

    Yo: Bueno yo ya debute jaja, te toca a vos mi amor. ¿Por dónde lo vas a usar?

    Gaby: Por la cola como vos.

    Yo: Espera, te recomiendo que te pongas crema mi amor, yo te ayudo, recuerda que probaste una sola vez, no quiero que te duela o te lleves mal experiencia. Lo puedes hacer por la conchita amor.

    Gaby: me bebotea y me dice “no, lo quiero por la colita”

    Yo: cuando pones trompita te como toda, le acaricio las tetas y nos besamos. Esperá voy a buscar crema. Llego y le digo, inclínate amor, ella queda frente al dildo, y se lo devora, me doy cuenta que hace garganta profunda, me calienta, y le unto bien el ano con crema, le hundo el índice, la tome del pelo y la beso, sus ojos con algunas lagrimas, la acomodo a la altura del dildo, le separé las nalgas y le introduzco el glande en el ano.

    Listo amor, hacé un poquito de presión y andá introduciendo, despacio hasta donde aguantes.

    Gaby: aaah ya lo metí, aaah me gusta, fijate amor como vá.

    Yo: Va bien, falta un poco para que entre todo, bien así, le doy una nalgada y le digo relaja e introducirlo. La beso, y le digo, movete amor, ya lo tienes todo adentro cariño. Movete despacio, así, así, y le aprieto las tetas.

    Gaby: h que rico, me encanta aaah

    Yo: me pongo delante de ella, y le pongo la concha frente a ella, me la chupa y me acaricio las tetas, le tomé la cabeza para que me la chupe toda, y acabamos juntas.

    Ambas nos miramos agitadas, y juntas decimos lo mismo, “hija de puta”, y nos reímos. Le pregunto a ella, si está bien y me dice que si. Y me dice que es hermoso Andre, un viaje de ida, gracias mi amor, con vos me siento segura, y nos besamos.

    Lavo el dildo, y le pido, mostrame el culo a ver como lo tienes, está muy rico, lavalo y cuando venis le pongo crema, si te molesta me dices, ella me responde “si mamá” y se ríe, boba le grite.

    Ella se agachó y le pongo apenas un poco de crema, y le digo, va tomando forma la puertita mi amor, ella se ríe, tome el envoltorio del dildo y veo el tamaño, 21 cm y se lo muestro, obviamente sorprendida.

    Yo: oye, a todo esto le envié whatsapp a Guillermo, lo vio y no me respondió.

    Gaby: No te preocupes amor, es un idiota, que se vaya a cagar. Que no se le ocurra hacer escándalo en la fiesta, lo muelo a palos.

    Yo: ey, tranquila amor, tranquila.

    Gaby: Estoy tranquila mi vida, no creo que haga nada, pero si se le ocurre, se arma.

    Yo: Me acerco a ella y la abrazo, le veo los labios y la beso. No va a pasar nada amor, estamos juntas, felices nos amamos, terminamos de coger rico, y estamos en pelotas jajaja.

    Gaby: jajaja

    Terminamos el 23 de diciembre comiendo algo liviano, seguimos desnudas las dos, y nos fuimos a la cama, nos abrazamos y nos dormimos, felices las dos. Al día siguiente es 24 y será un día movido y espectacular.

    Espero que les haya gustado.

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