Autor: admin

  • Mi comienzo en el incesto (Parte III)

    Mi comienzo en el incesto (Parte III)

    Hoy por fin nos vamos a ir, ya estamos en el aeropuerto, nos quedan unas horas antes de embarcar el avión, me fui a por algo de tomar y cuando estaba pagando el chico de la cafetería me estaba coqueteando cosa que se me hizo divertida, aun vez que ya pague me fui donde estaba papá y mi hermano, al llegar solo vi a mi padre, me senté a su lado y le pregunté.

    — ¿Dónde está Juan?

    — Esta ahí con unas chicas hablando, parece que se están divirtiendo. — Al mirar donde decía papá vi a mi hermano riéndose con unas tipas, me estaban dando celos y cuando mi hermano miró para donde estábamos yo estaba molesta así que miré para otro lado. — ¿Cuánto queda para embarcar?

    — Pues aún quedan dos horas cariño.

    — Pues sí que llegamos pronto, me voy al baño papá — Le doy un beso en la mejilla y me fui al baño. Al llegar me lave la cara y al sacármela vi que detrás mío estaba mi hermano lo que en un principio me sorprendió, pero luego me voy para la puerta molesta. No conseguí irme porque me cogió la mano y me llevo a uno de los cubículos y cerro, ahí conseguí que me suelte y le mire enfadada. — ¿Qué haces? ¿Por qué nos encerraste aquí? Déjame irme.

    — ¿Por qué estás así? Cuando miré para donde estabais papá y tú, desviaste la mirada.

    — ¿Acaso te interesa? Parecías estar muy bien con esas tipas. — Él se rio y yo lo miré más molesta. — ¿Qué te parece tan gracioso?

    — Estás celosa, por eso estás tan celosa. Que mona, mi hermanita celosa. — Me cogió del mentón y quité su mano de mi mentón.

    — No estoy celosa así que no te rías tanto y déjame salir de aquí.— Él no me hizo caso y de repente me besa aunque yo intentaba separarme de él.

    — Tranquila que ninguna de ellas disfrutará de mí. Solo tú hermanita, sentirás mi pene dentro de ti así que no te pongas celosa. — Dijo cuando dejó de besarme, además de que me puso de espalda y noté su pene erecto por encima de la ropa rozarse en mis nalgas mientras subía sus manos a mis tetas.

    — ¿Tanto te excita que yo me ponga celosa? Si seguimos aquí, papá se va a extrañar, deberíamos volver. — Él siguió tocándome las tetas haciendo que me excite.

    — Me gustas celosa ya que te ves muy caliente, así que sí, me excita que te pongas celosa y papa puede esperar, ya pensaremos alguna escusa. Así que ¿seguimos? — Dijo mientras me besaba el cuello y una de sus manos bajo a mi vagina mientras la otra me apretaba el pezón haciéndome gemir.

    — Sí, sigamos, no quiero esperar, me has excitado bastante. — Me quito los pantalones y braguitas y mi hermano saca su pene sin quitarse todo. Luego me mete el pene de una y empieza a moverse rápido, así que después de unos minutos me corro y me quito su pene de mi vagina para metérmelo en la boca y hacerle un oral hasta que se corra. Cuando acabamos nos vestimos y nos besamos apasionadamente y luego él me da una nalgada. Yo antes de salir me tomo un caramelo para que no se note tanto, volvimos a donde estaba papá.

    — ¿Cómo es que estáis juntos? ¿Y por qué tardaste tanto Cristina? — Dijo algo preocupado.

    — Pues es que estaba bastante ocupado y cuando salí me encontré con mi hermano y vinimos juntos. — La excusa parecía bastante convincente ya que se relajó yo me senté junto a él y le di un beso en la mejilla y le abracé. Al mirar a mi hermano vi que estaba algo pensativo. Me quedé apoyada en papá hasta que ya quedaba poco para la hora.

    Luego nos pusimos a la cola y al poco pudimos subir. En el avión yo estaba en el medio, mi hermano estaba al lado de la ventana y papá en el otro lado. Me apoye en el hombro de mi hermano para dormir en el viaje, al llegar mi hermano me despertó, cuando estábamos levantados esperando a salir noto que me pellizca el culo a lo que le doy en el brazo para que pare. Cuando salimos recogemos nuestras maletas y cogemos un taxi para que nos lleve a donde papá tenía el bungalow. Era bastante bonito y hay estaba él señor que nos la rentaba, estuvieron hablando papá y él, además notaba que me miraba de reojo a veces, luego de darle el dinero nos dio la llave y se despidió. El bungalow tenía una cocina, salón, baño y dos habitaciones. Una habitación tiene cama matrimonial y la otra tenía dos camas individuales. Papá se fue a la matrimonial y nosotros en la que tenía las dos camas individuales. Después de dejar las cosas me puse una camiseta de tirantes y me quité el sujetador, un pantalón de chándal que me llegaba justo debajo de mis nalgas y luego salí a donde estaba papa y mi hermano. Estaban viendo una película y me uní, me puse en el medio y me abracé al brazo de mi hermano poniéndolo en medio de mis tetas y con la cabeza en su hombro. Él sonrió y me susurró al oído.

    — ¿Quieres excitarnos a papá y a mi hermanita? — Yo me sorprendí por eso.

    — ¿De verdad crees eso? ¿Por qué lo haría? — Dije también susurrándoselo.

    — Esa ropita que te has puesto no te tapa casi nada, seguro que si sigues así papá se pondrá duro.

    — No creo que sea para tanto, soy la niña de sus ojos, no creo que me vea como una mujer.

    — ¿Hacemos una apuesta?

    — Vale.

    — Tienes que intentar excitarlo en toda la película, si se le pone dura serás mi esclava sexual por un día.

    — Y si yo gano tu harás todo lo que quiera por un día.

    — Acepto, voy a disfrutar mucho de ti siendo mi esclava sexual, ya me imagino lo que te haré hacer, pufff.

    — Ya veremos, seguro que vas a tener que hacer todo lo que yo quiera. — Él se fue al baño y yo aproveché para ponerme como antes me había puesto con mi hermano, aunque el brazo de papá era un poco más grande así que tenía que hacer un poco más de presión para que estuviese entre mis tetas.

    — ¿Te molesta que esté así papi?

    — Para nada cariño. — Dijo mientras miraba fijamente la película. Mi hermano volvió y al sentarse disimuladamente me empezó a tocar el culo, yo no le tome importancia ya que estaba cómoda apoyada en papá. Mientras veíamos la peli noto que mi hermano intenta meter su dedo dentro de mi pantalón, con una pierna le doy para que deje de intentarlo, pero él insistió más. Papá se dio cuenta de que algo pasaba e intentó ver, pero yo puse su cara mirándome.

    — ¿Pasa algo cariño?

    — No, no tranquilo. ¿Me das un abrazo? Me he puesto algo mimosa.

    — Claro cariño. — Me senté encima de él y le abracé apoyando mi cabeza en su pecho, él me correspondió y estuvimos así un rato cuando noto algo rozarme la vagina. Me sorprendo mucho ya que no me imaginé que papa se excitaría conmigo, yo hice como si no lo noté y me rocé un poco con él por encima de la ropa. Él se estaba poniendo más duro y también más nervioso. Me fijo en como me mira mi hermano y creo que se dio cuenta de que papi si se puso duro así que estaba sonriendo de una forma que me daba a entender que ya se imaginaba lo que me haría ese día.

    — Bueno cariño levántate que me voy a dormir me encuentro cansado. — Le hice caso y se fue a su cuarto no sin antes dar las buenas noches y me dio un beso en la mejilla aunque fue más cerca de los labios de lo habitual.

    — Así que no se le iba a poner dura porque eres la niña de sus ojos ¿no?

    — Bueno yo pensaba que papá no se excitaría conmigo. — Dije poniendo mis brazos cruzados por debajo de mis pechos haciendo que él mire para ellos.

    — Pues te has equivocado, como voy a disfrutar el día que seas mi esclava sexual. Además ¿quién se resistiría a este cuerpo tan rico? — Dijo mientras me aprieta una nalga sorprendiéndome.

    — Quédate quieto que papá puede salir en cualquier momento.

    — No lo va a hacer, así que disfrutemos un rato. ¿Sí? — Dijo mientras jugaba una de mis tetas y me quitaba el pantalón, a lo que no me resistí y metí mi mano dentro del pantalón de mi hermano y empecé a jugar con su pene. Una vez que ya nos quitamos toda la ropa, me bajo a chuparle su pene y primero solo lamo la punta y luego empiezo a chuparlo poco a poco hasta tenerlo todo en mi boca y juego también con sus huevos. Después de un rato me dice que me ponga a cuatro y cuando estoy en cuatro en el sofá, él me penetra sin avisar por lo que tengo que morder el respaldo del sofá para que no se me oiga gemir, él sigue penetrándome duro y yo me movía también, ya controlándome más con los gemidos, me puso dos dedos en la boca y yo los empecé a lamer y llenar de saliva, cuando él creyó que estaban con bastante saliva los saco y me los metió en el ano provocándome mas placer y en poco me hizo llegar al orgasmo y él me penetró más duro, luego de un rato nos venimos los dos juntos y nos besamos. Recogemos nuestra ropa y nos vamos a nuestra habitación cuan algún beso y azote de su parte y nos ponemos él un calzoncillo y yo un pijama bastante cortito y nos dormimos.

    A la mañana siguiente cuando despierto mi hermano sigue dormido y yo me levanto y voy a desayunar, en la cocina se encontraba papá haciendo el desayuno.

    — Buenos días papi.

    — Buenos días cariño. — Dijo aun sin mirarme, cuando acabo de hacer el desayuno se giró a verme y se quedó unos segundos parado mirándome con sorpresa.

    — Papi ¿estás bien?

    — Sí, sí, solo que me sorprende que estés vestida así. ¿Siempre duermes con ropa tan… corta? — Dijo ya saliendo del shock, pero sin dejar de mirarme o mejor dicho mirar a mis tetas, que seguramente se me marcaban los pezones ya que no tenía sujetador puesto.

    — Sí, cuando es verano suelo ponerme pijamas así. ¿Te molesta? — Dije acercándome un poco más a él.

    — No, no. Deberías ir a despertar a tu hermano.

    — Voy papi. — Digo y le doy un beso en la mejilla para luego irme exagerando un poco mis movimientos de cadera para que se fijase en mi culito, lo que me parecía divertido. Al llegar a nuestra habitación abrí y me puse encima de mi hermano y lo bese, para luego bajar a su cuello e ir besándolo y lamiendo. Se despierta y me toca el culo mientras mete una de sus manos dentro de mis braguitas y juega con mi vagina. — Buenos días hermano, papi quiso que te viniese a despertar.

    — Pues si que me has despertado y creo que a alguien más se despertó. — Dijo mientras ponía una de mis manos en su pene.

    — Pues no creo que haya tiempo de arreglarlo porque papi espera y puede sospechar. — Digo levantándome de él y yendo a la puerta.

    — Me debes una malvada.

    — Ya se verá. — Y me fui para la cocina, al entrar ya estaba todo puesto y solo me senté, Juan llegó después ocultando su erección y empezamos a comer. — ¿Podemos ir a la playa por fiiii?

    — Sí, cariño, iremos después de preparar todo.

    — Genial. — Una vez que acabamos de desayunar Juan se quedó lavando los platos y papá y yo fuimos preparando nuestras cosas para la playa, después de 15 minutos todos estábamos ya preparados para irnos. Como me voy a divertir en la playa.

    Continuará…

    ************************

    Lamento mucho haberme tardado tanto, voy a intentar que en la siguiente no pase. De verdad lo siento.

  • A ver / haber

    A ver / haber

    A ver / haber

    Aunque a ver y haber se pronuncian de la misma forma, deben distinguirse adecuadamente en la escritura.

    a)a ver

    Se trata de la secuencia constituida por la preposición a y el infinitivo verbal ver:

    Vete a ver qué nota te han puesto.

    Los llevaron a ver los monumentos de la ciudad.

    Como expresión fija, presenta distintos valores y usos:     

    En tono interrogativo, se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver o comprobar algo:

    —Mira lo que he comprado. —¿A ver?

    Expresa, en general, expectación o interés por saber algo, y va normalmente seguida de una interrogativa indirecta:

    A ver cuándo nos dan los resultados.

    Se utiliza para llamar la atención del interlocutor antes de preguntarle, pedirle u ordenarle algo:

    A ver, ¿has hecho lo que te dije?

    A ver, trae el cuaderno.

    Equivale a claro o naturalmente, como aceptación de algo que se considera inevitable:

    —Pero ¿al final os vais? —¡A ver! Si no lo hacemos, perdemos el dinero de la reserva.

    Delante de una oración introducida por la conjunción si, expresa, bien expectación, curiosidad o interés, a veces en forma de reto; bien temor o sospecha; bien deseo o mandato:

    ¡A ver si adivinas lo que estoy pensando!

    A ver si te caes.

    A ver si eres más organizado de ahora en adelante.

    En muchos de estos casos la secuencia a ver puede reemplazarse por veamos, lo que pone de manifiesto su relación con el verbo ver y no con el verbo haber:

    A ver con quién aparece mañana en la fiesta [= Veamos con quién aparece mañana en la fiesta].

    A ver si te atreves a decírselo a la cara [= Veamos si te atreves a decírselo a la cara].

    b)haber

    Puede ser un verbo o un sustantivo:

    Como verbo, haber se usa como auxiliar, seguido de un participio, para formar los infinitivos compuestos de la conjugación:

    Haber venido antes.

    Tiene que haber sucedido algo.

    Sigo sin haber entendido lo que ha pasado.

    También se emplea como infinitivo del verbo impersonal que denota la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña:

    Parece haber un chico esperándote en la puerta.

    Tiene que haber muchas cosas en el frigorífico.

    Como sustantivo, haber es masculino y significa, en general, ‘conjunto de bienes o caudales de una persona’:

    Su haber era más bien escaso.

    Real Academia Española

  • La tía Loulu

    La tía Loulu

    Todo comenzó como un juego y terminó siendo una de las experiencias más excitantes de mi vida y es que tener sexo con una mujer madura siempre es de lo mejor.

    Loulu así le decimos de cariño a una tía lejana de mi esposa, en ese tiempo apenas era el novio de Leticia, ella en ese momento tenía 47 años yo apenas tenía 21, siempre era muy fiestera y le gustaba estar con los jóvenes, era dueña de un buen cuerpo, piernas torneadas grandes nalgas tetas grandísimas, era una tentación para cualquiera.

    Una ocasión me tocó ir a esperar a Leticia a casa de ella, ya que según tenían una fiesta, al entrar noté que solo estaba su prima y Loulu, ella me miró muy coqueta, y casi me besa la boca, su hija salió con sus amigas dejándonos solos en espera de mi esposa.

    L: ¿Y cómo va todo en su relación?

    Lu: Pues ahí vamos paso a paso

    L: ¿Mi sobrina está muy buena verdad?, lo heredó de nosotras jajá!

    Lu: jajá supongo que si

    L: ¿O tu qué crees?

    Lu: ¡La verdad no quiero responder jajá!

    Ella me sonrió y me dijo que se iba a su recámara yo me quedé nervioso sentado en el sofá esperando a que llegara mi novia, ¡pero no mas no! De pronto escuche su voz…

    L: ¡Luisito puedes ayudarme por favor!

    Lu: Este… ¡Ok ahora subo!

    Al llegar a su cuarto, ¡puta madre! Estaba ella solo cubierta de una bata que transparentaba sus tetas, enseñándome sus ricas piernas de una mujer madura, ¡al verla sentí una adrenalina recorrerme y muchos pensamientos invadieron mi cabeza!

    ¡Me quedé pasmado observando cómo se acariciaba las piernas y como con sonrisas sarcástica me invitaba a hacerla mía de una vez por todas!

    Lu: ¿Pero qué haces tía?

    L: ¿Te gusto papito? ¡Ven acércate amorcito!

    Lu: ¿Pero tía? ¡Su sobrina es mi novia!

    L: ¿Y qué? Solo te voy a usar

    Lu: ¡Dios mío no puedo más que rica estas!

    Me lancé sobre ella, mi boca comenzó a besar sus torneadas piernas, desde sus talones hasta sus ingles, ¡parecía una fiera muerta de hambre que comía como si nunca hubiese comido!

    Quité su tanguita blanca para encontrarme una pepa bien depilada y bonita parecía ser de una chica de 20 años, pero era de una de casi 50, la comencé a besar con pasión, ¡ella gemía y apretaba mi cabeza!

    L: ¡Oh! Luis amor que rico!

    Lu: ¡Que rica esta tía! ¡Tu coño es una delicia!

    L: Comételo papi, ¡que rico!

    Lu: ¡Sabes rico y que apretada esta!

    Después de comer su rica pepa, subí le quité su bata para comenzar a devorarme sus grandes tetas, ¡y es que dios! ¡Era una súper tetona mis dos manos apenas si podían apretar una sola! Con mi lengua lamia con fiereza sus tetas y mordía sus pezones grandes como monedas, ¡esto me ponía más y más dura la verga!

    Lu: ¡Eres una puta tía! Que tetas más ricas tienes, ¡ven mastúrbame con ellas!

    Me senté en la orilla de la cama, ella se hincó y comenzó a masturbarme con su ricas y grandes tetas, ¡mi pene comenzó a ponerse durísimo! ¡Mientras ella con su lengua jugaba con la cabecita de mi pene!

    Lu: ¡Tía que rico! dios eres la mejor!

    L: ¡Te gusta papi! Que verga más grande y rica tienes, ¡con razón se va a casar contigo!

    Lu: ¡Chúpala toda! Chúpamela!

    Ella devoraba mi verga por completo, al verla como la sacaba escurriendo de saliva me ponía a mil, yo apretaba sus tetas y comencé a follar su boca, sentía como mi verga tocaba su garganta y el verla casi ahogada me excitaba más. ¡Ya en el éxtasis la acosté en la cama tomé sus grandes piernas las levanté y comencé a penetrarla fuertemente!, la embestía con violencia y es que sabía que en cualquier momento ella llegaría y me podría descubrir cogiéndome a su tía, seguía penetrándola con fuerza, ella gemía demasiado, ¡su vagina aun apretaba muy bien lo cual me ponía más!

    Lu: ¡Oh! ¡Tía que rica! Aprietas rico!

    L.: tu verga! ¡Que verga más rica!

    Lu: ¡gime! ¡Como la puta que eres tía!

    L.: Si hazme tu puta hijo!

    Me levanté y subí su pie a la cama tipo “patita de ángel” y comencé a penetrarla, ¡mientras mis manos apretaban sus grandes y durísimas nalgas! Nos besamos pasionalmente, sus carnosos labios apretaban los míos lo cual me la ponía más dura, mis dientes mordían sus tetas ella gemía como loca y me arañaba la espalda.

    L: ¡Que rico!  qué suerte tiene Lety!

    Lu: Mas suerte tengo yo, ¡estas buenísima!

    L: ¡Cógeme mi amor! ¡Ahora serás mío!

    Lu: ¡Si tía! ¡Soy tu macho, tu camote tu pistola!

    La puse en cuatro, ¡le di un par de nalgadas con toda mi fuerza casi dejándola moreteada! ¡La ensarte con violencia y con mis dos manos le jalaba el cabello cual si estuviera domando una potra salvaje! ¡Ella gemía de placer y movía sus caderas al ritmo de mis movimientos!

    L: ¡Ah! ¡Que rico!  más dame más!

    Lu: ¡Si puta tómala toda!

    L: Si, ¡dámela toda amor dámela soy tu puta soy tu puta!

    Lu: ¡Muévete! ¡Mueve esas ricas nalgas puta! ¿De quién son tus ricas nalgas?

    L: ¡Son tuyas! Tómalas cuando quieras amor!

    Lu: Gracias puta, ¡eso hare!

    ¡Le abrí su par de nalgas y comencé a meter mis dedos en su ano, ella mordía las cobijas y gritaba de placer, sabía que me podían encontrar con ella en cualquier momento, pero eso no me importaba! Mis dedos entraban en su ano estrecho, mi verga seguía dentro de su vagina y ella gimiendo rico.

    L: ¡Mi culo ahh!

    Lu: ¿La quieres en tu culo tía?

    L: ¡Si dámela! ¡La quiero ya!

    Con violencia la penetré por su ano, ahora mis dedos jugaban su clítoris, ella babeaba la cama del placer, ¡yo también gozaba de lo lindo con su rico culo! ¡Con fuerza la embestía, le jalaba el cabello, le apretaba las tetas le arañaba las piernas y le seguía lastimando el culo!

    Lu: ¡Que rica tía! ¡Me vengo me vengo tía!

    L: ¡Dámelo en mi culo! ¡Dios! ¡Yo también me vengo amor!

    Lu: ¡corrámonos juntos tía!

    Ambos nos venimos juntos, el orgasmo fue de lo más rico posible, le llené su culo de leche! Mientras ella escurría y mojaba sus sábanas, ¡nos quedamos pegados como perros! Hasta que pudimos movernos, yo me vestí de prisa y me bajé a la sala, justo en ese momento llegó mi novia, ¡Loulu bajó, la saludo y bajita la mano me acarició mi pene!

    ¡Ese día comencé un juego el cual no terminó bien!

  • Rapidín con Gaby

    Rapidín con Gaby

    Después de que tuve sexo con Gaby en mi departamento la acompañé a tomar el taxi, antes de que abordara me dijo que en 15 días me devolvía el dinero que le había prestado. Pasaron los días y hablaba con Gaby por whatsapp o por llamadas; la cual siempre le preguntaba de cómo le va en su trabajo, ella me respondía que le iba bien y que no se quejaba, además platicábamos de cualquier tema que no tenía nada que ver con sexo, ella se sentía feliz platicando conmigo.

    Un día jueves Gaby me contó que iba a checar un local para abrir un negocio, el viernes que fue a checar dicho local me dijo que iba a pasar a verme a dejarme el dinero que le presenté a las 21 horas después de ver su futuro local, ese día llevo su coche e iba acompañada con una de sus hijas. Ya la estaba esperando en mi departamento y estaba pendiente de mi celular por si manda un mensaje o por si me marca, pero mi cuarto estaba un poco desordenado no me tome la molestia de limpiar y recoger por qué tenía la idea de que no íbamos a coger por qué venía una de sus hijas y sólo pasaría rápido a devolverme el dinero.

    Entonces ella me marca y me dice que ya está afuera; voy enseguida a abrirles, abro la puerta nos saludamos como de costumbre con una sonrisa muy notable y me presenta a su hija, con mucha pena me saluda. Después las invito a pasar y primero a su hija le ofrecí una botellita de Yakul la cual me acepto y me agradece, a Gaby le ofrecí algo para beber; y me pidió un vaso con agua. Pero antes de todo eso; en el momento de que fui a abrirles su hija tenía el celular de Gaby viendo videos en YouTube de Pepa Ping, estaba muy entretenida en sus videos.

    Entonces después de darle el vaso con agua le dije a Gaby que sentara a su hija en la cama para que esté más cómoda viendo sus videos, muy a gusto sus hija estaba pegadísima al celular; clavada literalmente. En eso tomo la mano de Gaby y la llevo al otro cuarto pero dejando la puerta abierta de mi cuarto para que oyéramos a su hija, ya sea por si se bajara de la cama y busque a su madre. Ya estando al otro cuarto nos empezamos a besar muy salvajemente, le apretaba sus ricas nalgas besando su cuello las orejas, después levanto su blusa junto con su sostén; no se la quitó pero dejó al descubierto sus senos para pegarme como niño y amamantarme, le pasaba mi lengua sobre sus pezones y el otro pezón se lo apretaba con mis dedos, ella quería soltar fuertes gemidos pero no podía por qué temía a que su hija nos escuchara, era tanta la adrenalina que lo estábamos disfrutando.

    Ya no aguantaba le desabrocho su pantalón y se lo bajo hasta las rodillas, en eso la volteo hacia la pared; la agacho apoyándose de la pared, le bajo su calzón le rozo mis dedos en su vagina la siento muy caliente y demasiada mojada, mi pene estaba que revienta de duro. Me bajo los pantalones junto con el bóxer sale mi pene, lo sostengo con mis dedos para apuntar a la vagina de Gaby y de un empujo entra, uf que rico sentí, mi pene gozaba lo caliente de sus entrañas. Cuando penetraba a Gaby gemía pero le cubría la boca con mis manos para que no nos oyera su hija lo que estábamos haciendo, era algo muy arriesgado. No paraba; seguía penetrando medio rápido para que no hiciéramos ruidos de sexo, llego el momento en que le metía mi pene lentamente para oír los sonidos de los videos que veía su hija y si, su hija estaba muy entretenida. Nosotros continuamos cogiendo, ella soltaba gemidos muy agudos, y yo controlaba mis respiraciones.

    Era increíble ver mi pene bañado de sus fluidos la cual facilitaba que le siquiera bombeando. Ella me dice que ya me venga dentro yo no quería pero por la situación en la que estábamos era lo correcto terminar, en algún momento su hija querrá buscar a su mamá, así que lo que hice fue penetrarla rápido sin hacer mucho ruido, penetraba y penetraba hasta sentir la sensación de eyacular, segundos después me vine en chorros, sintiéndome débil y con mis respiraciones aceleradas. Saque mi pene me subí el bóxer y el pantalón, mientras ella tocaba su rica vagina escurriendo de mi semen.

    En ese momento escuchamos ruidos del colchón; era su hija bajándose, Gaby se sube rápido el calzón y su pantalón, mientras yo me siento en la silla que estaba a lado fingiendo ver el celular enseñándole algo a Gaby, la cual su hija va entrando nos observa y cómo sin nada ella continúa entretenida en el celular, así que Gaby me dice que se retiran, me dio las gracias por el favor que le hice, nos despedimos normal, le dije lo más discreto que me encanto lo que hicimos me sonríe y me guiña el ojo. Al poco rato me manda unos mensajes diciendo que llegaron a su casa y que pronto volveremos a vernos.

    Así que por si llegamos a vernos otra vez es seguro que habrá sexo.

  • Puse un anuncio en una página de contactos y ellas cayeron

    Puse un anuncio en una página de contactos y ellas cayeron

    Os voy a contar como me he tenido que follar hasta a las mujeres con las que nunca se me habría ocurrido ni siquiera intentarlo.

    Un viernes llegué a casa de fiesta un poco colocado como siempre y en casa seguí al lío, no tenía pareja estable, siempre he sido un golfo y no digo que tenga una vida modélica, pues no he sido padre ni me he casado nunca, pero eso sí, por suerte y porque dentro de lo normal, soy bastante atractivo aunque este mal que yo lo diga. No me ha solido faltar una mujer para follar. Desde que me fui a vivir solo, he tenido mis tres o cuatro zorras fijas para follar, eso sí siempre las mismas y todas maduras y casadas.

    Como decía, llegué el viernes a casa de fiesta y entre tragos y demás me quería hacer una paja o echar un polvo y después de intentarlo con mis zorras y no me contestaran, decidí mirar una página de contactos para llamar a una zorra y que viniera a casa a follar pagando, cosa que nunca había hecho y no hice pues se me ocurrió venderme en vez de comprar. Sí, he dicho bien, puse un anuncio ofreciendo sexo gratis a mujeres necesitadas de ello, puse fotos de mi cuerpo y de mi polla y aunque alguna miraba el teléfono, no me llegaba ningún mensaje.

    Ya más tarde y aburrido de no recibir nada, decidí poner otro anuncio que decía algo así. Para mujeres cerca, necesitadas de sexo, me ofrezco por 5€ el polvo o gratis si eres conocida. Tú me conocerás por las fotos pero yo no sabré quien eres. No importa ni físico, ni edad y por supuesto tampoco me importa quién seas ni con quien estés. Jugamos a este juego? Animaros señoras, madres esposas o hijas, delgadas o con algún kilito de más. La más cercana por amistad familiar o directa disfrutará de dos noches enteras de sexo del bueno conmigo. Animaros putones!

    Entre risas y el pedo que llevaba me dormí y al día siguiente me levanté que entre el pedo y la resaca ni me acordaba del anuncio. Cuando me acordé cogí el teléfono para borrarlo y para mi sorpresa tenía 5 mujeres que me habían escrito y más de 10 que habían visto mi teléfono y me tenían como favorito.

    Joder la que he liado! Jajaja! Seguramente a alguna al apuntar el número le habría salido el nombre. Jajajaja!

    Dejé pasar el rato sin contestar aunque alguna tenía horario reducido por su pareja según me había escrito, todas estaban a menos de 2 km de mi casa…

    Que hago ahora pensé? Pues mira voy a comer, me tomaré un chupito y demás y me lo pienso.

    Antes de acabar el chupito ya estaba pensando cual sería la primera, Entonces decidí por una y escribí a su número, a ver si le apetecía quedar le puse.

    Estaba esperando cómo agua de mayo mi contestación, enseguida me saludo y lo hizo por mi nombre cosa que yo no había puesto en el anuncio pero con la foto de mi cara. Que gilipollas había sido anoche. A ver quien es? Le di mi número y mi dirección para que viniera y me dijo:

    Ahora voy cariño.

    Quien será? Es igual la que venga me la follo y punto.

    Para mí sorpresa por la puerta apareció Susana, una amiga de la infancia que siempre me había gustado pero yo creía que era feliz con su marido y familia y después de reírnos los dos me lo confirmó per ya sabes me dijo. Quiero mucho a mi marido pero la monotonía nos ha podido y ya no follamos y como tú me has gustado siempre y ahora he visto la oportunidad. Si no nos liamos de chavales porque tú eras muy cortado y siempre se nos iba la oportunidad, me tenías loquita por ti.

    Joder Susana, me he pajeado contigo desde el colegio y hace poco también viendo tus fotos de Facebook. Jajajaja

    Ya no me corto tanto Susanita…

    Y ese anuncio? Que eres gigolo?

    Noo. Jajajaja! Anoche llegué pedete pero viendo lo visto ni tan mal. Y tú que buscabas en esas páginas?

    Sexo escrito con algún desconocido para tocarme pero cuando vi tu anuncio me puse loca, No sé las veces que me corrido con tus fotos.

    Le saqué un café y un chupito y estuvimos hablando hasta qué ella tomó la iniciativa y sacó 5€ de la cartera y me los dio diciéndome. Venga vamos al lío no tengo mucho tiempo.

    Entonces empezó a bajar mis pantalones con ganas de polla, me puse de pies para y me los quité, ella sentada en el sofá acariciaba mi polla por encima del bóxer y yo me quitaba la camiseta. Bajó los boxers y se metió mi polla en la boca mientras la agarraba con una mano me empezó a hacer una chupada brutal. Así estuvo un rato hasta que la agarré del brazo y levantándola del sofá la llevé a la cama. Tengo una cama gigante con un espejo en el techo, cosa que le gustó.

    Le saqué el vestido por arriba y en ropa interior la tiré a la cama boca arriba. A pesar de sus maternidades sigue estando buenísima. Morena de pelo corto, muy guapa de cara, unas tetas que miran al cielo con un culete, todavía a nuestros 44 años, redondo y levantado y un chochete casi entero depilado como a mí me gusta, cosa que a ella también le gustaba como me cuidaba y recortaba yo tanto el pelo del pecho y axilas como el púbico que casualidad me había afeitado hasta los huevos el día anterior.

    Un cañón de mujer mi amiga Susana.

    Tumbada en la cama se soltó el sujetador y dejó en libertad esas tetas con las que tantas veces había soñado, eran más imponentes de lo que yo imaginaba, me lancé a comerle primero la boca con deseo y luego bajé a sus tetas deleitándome un ratazo para luego quitarle las bragas y comerme ese chochete que ya os he descrito.

    Ella apretaba con fuerza mi calva cabeza contra su coño para echarme una corrida brutal en mi boca qué me comí con gusto y seguí lamiendo ese coñito. Ella ya pedía polla y le dije:

    Susanita!! Como se nota que estás acostumbrada al sexo tradicional, hasta que no me coma tres o cuatro corridas como esta no tendrás polla.

    Dios que cabronazo!! Sabía que eras así…

    Entonces le di la vuelta y me puse yo debajo con su coño en la boca y le dije:

    Fóllame la boca Susana!!

    Empezó a cabalgar mi boca entre gemidos y después gritos de placer, me inundó dos veces la boca con sus corridas y extasiada se tumbó en la cama y me dijo:

    Venga trae que te la coma a ver si sube esa polla.

    Que dices Susana? Le dije mientras metía mi cuerpo entre sus piernas y apoyaba la punta del capullo en su coñazo y se la metía de un golpe, dura como una piedra.

    Que mal acostumbrada estás, a mí me pone muy cachondo que te corras en mi boca y mi polla no baja.

    Perdona que estoy acostumbrada a otra cosa.

    Esto es sexo Susana.

    Entonces empecé a follármela, empecé a embestir ese coñito chorreante y ella gritaba de placer, entonces me tumbé a su lado y se la metí en cucharita mientras agarraba sus tetas que botaban alegres, follé ese coñito hasta que me corrí dentro sin decirle nada.

    Buuff!! Joder que cabrón!! Te gano 5 corridas a una cabronazo!!

    Yo encantado Susana, y las que quieras cuando quieras mi niña. Ese cuerpo que no pase hambre.

    Entre risas y un cigarrillo me dijo que tenía que irse, que no podía quedarse más y nos despedimos quedando para otro día devolviéndole yo 2’50€ y diciéndole:

    Todavía te sobra esto jajaja!!

    Jijiji! Que bobo eres y que a gusto me has dejado capullo.

    Salió por la puerta, con esa sonrisa que desde que éramos niños me había enamorado, pero esta vez no era el caso, ahora tenía que seguir cumpliendo el servicio sexual con otra. Jajajaja!

    Después de un primer contacto más que satisfactorio decidí ir a por otra digamos clienta… Jajajaja!

    Contesté otro anuncio, uno que como el de Susana tenía tiempo limitado y tenía que ser hoy también.

    Contesté, me vaciló lo que quiso y aguantando como un jabato la invité a venir a mi casa sin saber quién era.

    Sonó el timbre de abajo y pregunté como siempre:

    Quién es?

    Soy yo, tu puta corazón. Jijiji!

    Entonces conocí su voz y me di cuenta que era una de mis zorras fijas que no me habían contestado anoche y hoy me quería vacilar. No le abrí y volvió a llamar diciéndome:

    Abre que soy yo.

    Ya, por eso no abro puta zorra! Vete a tu casa

    Ah sí? Eso quieres? Pues tú eliges, la última vez que tengo.

    Mejor, le dije yo. No vuelvas

    Hijo… d… grrr

    Se fue, era una zorra, madre de un amigo que me follaba hace años pero que hoy día se emborracha y se va de la lengua y paso de ella.

    Contesté otro anuncio y ella me decía que solo podía quedar a partir de las 22:00 que su marido no estaba y los críos dormían.

    Ok le dije, luego hablamos.

    Entonces me entró otro mensaje diciéndome:

    Hola Zeta. Me encantaría verte ahora, tú no sabes quién soy pero créeme si te digo que lo vamos a pasar bien. El capullo de mi marido se acaba de ir a ver el fútbol, tenemos tres horas. Quedamos?

    Vale pues. Como quedamos?

    Estoy en casa de mis padres, soy Lele, ahora paso por tu casa si quieres.

    Holaaa!! Siii!! Claro, encantado lele. 8°B.

    Al momento sonó el timbre y abrí, le deje la puerta de arriba abierta y la esperé en la cama desnudo.

    Entró, cerró la puerta y vino hasta la habitación, antes de llegar ya se había quitado la blusa y venía soltándose los botones del pantalón entrando en la habitación en ropa interior, la cual se fue quitando muy poco a poco mientras miraba al espejo del techo y me dijo.

    No pierdes detalle eh cabrón?

    Nooo lele, no. Grabaré tu cuerpo en mi mente…

    No tendrás cámaras no?

    No mujer, aunque a gusto le mandaba un vídeo a tu marido. Que mal me cae el gilipollas.

    Ya lo sé, cornudo gilipollas querrás decir

    Si Lele. Mañana si al menos. Ven aquí zorrita!

    Ayer también me dijo, me estoy tirando a su mejor amigo

    No jodas! Al marido de Susana?

    Si, me lo he tirado pero no me ha gustado. Menudo soso!!

    Pero ella es tu mejor amiga no?

    Si, pero tanto tiempo juntos al final ya sabes…

    Serás zorra!

    Sii! Por eso estoy aquí o que te crees?

    Que me creo? Que os creéis vosotros dos?

    Venga puto! Me dijo sacando 10€ y tirándomelos a la cara.

    Ok so puta, soy tuyo.

    Eso ya lo sé capullo!

    Cogí sus 10€ y los enrollé, me hice un homenaje y le invité a ella que enseguida alterada me pedía polla.

    Claro que si Lele, darme un minuto. Fui a poner la cámara en marcha para grabar a la muy puta que por cierto es empresaria y tiene pasta al igual que Susana pero a esta le iba a dar lo suyo a mala hostia.

    Después de poner la grabación aparecí empalmado mientras ella se metía otra de lo mío, entonces le dije:

    Ahora me debes dinero tú a mí pero me voy a cobrar en carne mejor.

    Si cabronazo!! Dame duro!

    Abrí sus piernas y empecé a lamerle el chocho a lo bestia para humedecerla, lo conseguí y metí mi polla en el fuerte, en cuatro embestidas se corrió dos veces, normal con el maricón que tiene en casa, entonces la puse a cuatro patas y le acerqué mi polla humedecida a su culo, el cual penetre poco a poco y hasta dentro. La follé el culo a lo bestia y ella gritaba de dolor y placer mientras decía que no me había pagado para eso. Cuando vi que me corría se la saqué y la agarré de los pelos acercando su boca a mi polla dura y a la fuerza se la metí hasta la garganta y en dos embestidas brutales me corrí en su garganta profunda. De su boca solo salían arcadas y yo me reía diciéndole:

    Esto es lo que te toca por 10€. Mala amiga, mal follada, mañana tendrás cara de felicidad por haberme contratado. Si quieres vuelves so puta!

    Se vistió y salió por la puerta y mirándome a los ojos me dijo: Volveré, me ha gustado ser tu puta.

    Y van dos pensé cuando se fue, a ver que toca luego.

    Volví al trabajo de gigolo, no me iba mal había ganado 15€ y dos zorras que volverán. Jajaja!

    Continuaré en otro relato, hasta pronto.

  • Terapia de pareja

    Terapia de pareja

    Lucía y Hernán llegaron a la dirección que les había pasado su amigo Pablo.

    — Es un edificio muy grande. — dijo Hernán, con recelo. — mirá si nos cruzamos con algún conocido. Mejor nos vamos ¿no?

    — ¡pero si vos insististe en que vengamos! — dijo Lucía, enojada, pero al ver la cara de perrito asustado que tenía su novio, cambió el tono — Bueno mi amor, hagamos como quieras, al fin y al cabo, yo sólo vine por vos. —Dijo, sin saber si su novio le había creído. Después de todo, la idea de visitar al Dr. Ferrari, si bien fue de él, a ella le entusiasmaba.

    Hernán estaba cabizbajo, tratando de decidir qué hacer.

    — Bueno, entremos, total ya estamos acá. — decidió al fin.

    — Dale, y si el doctor no nos gusta, nos vamos, y listo.

    Tocaron el timbre, y una voz masculina, gruesa y contundente, los atendió por el portero eléctrico.

    — Hola, somos Lucía y Hernán, tenemos turno a las cuatro. — Dijo la chica, tomando la iniciativa, como de costumbre.

    Unos segundos después, la voz del otro lado le indicó que ingresen. Ellos empujaron la puerta y subieron al ascensor, hasta el piso doce, donde estaba la oficina del Dr. Ferrari.

    Hernán miró a su novia. Tenía los labios gruesos y la mirada inteligente. Era delgada, con un cuerpo esbelto, nada voluptuoso, pero muy bien proporcionado, con curvas sutiles pero sensuales. Parte de su nariz y su rostro estaba lleno de pecas que a veces eran más notables que otras. Vestía un pantalón de lino ancho, color negro, que sin embargo en la parte de la cintura y cadera era muy ceñido. Arriba, una blusa blanca, de estilo musculosa.

    — Estás muy linda. — le dijo, con cierta melancolía.

    — Vos también. —le dijo ella. y esta vez fue sincera. Hernán llevaba un pantalón de jean, zapatillas negras, sin medias, y una remera negra. Un estilo muy simple que le quedaba bien con su cuerpo esbelto y su pelo corto, que resaltaba aún más sus mandíbulas fuertes. Si no se lo viera tan inseguro y miedoso, sería un hombre irresistible, pensaba ella. — Todavía estamos a tiempo de volver. — le dijo, cuando llegaron al piso doce, sintiendo que ella misma sentía temor de entrar en aquella oficina.

    — No, ya estamos acá, vamos. — dijo Hernán, le dio un beso en la boca y salieron del ascensor.

    Entraron en lo que sería la recepción. El doctor Ferrari estaba en la puerta de su oficina.

    — Pasen por favor. — le dijo. La pareja entró.

    La oficina era pequeña y acogedora, pero a la vez lujosa. Del techo colgaba un hermoso candelabro que habría costado más de lo que Hernán ganaba en un mes. Una elegante alfombra de estilo persa cubría el suelo. En el centro, una mesa ratona de mármol. De un lado de la mesa estaba un cómodo sillón de cuero, y del otro, un sillón individual, donde el doctor se disponía a sentarse.

    — Siéntense, por favor.

    Ambos se sentaron, nerviosos. El doctor tenía una frondosa barba del mismo color que su abultado cabello, castaño claro. Detrás de sus lentes estaban sus ojos celestes, con una mirada tan inteligente como la de Lucía. Inmediatamente Hernán se sintió intimidado. El hombre sólo tenía dos o tres años más que él, pero con solo verlo se notaba que era mucho más seguro, e infinitamente más masculino que él.

    El doctor hizo silencio, esperando que sean ellos los que comenzaran a hablar.

    — Nuestro amigo pablo nos sugirió que vengamos a verlo. — Dijo Lucía.

    — Ajam. — asintió el doctor.

    — ya le habrá comentado algo. — siguió diciendo la chica, mientras Hernán seguía sin animarse a articular palabra. — Lo que a nosotros no nos queda claro es qué tipo de terapia realiza.

    — Con respecto a lo primero, así es. — dijo el Dr. Ferrari con vos estertórea. — Su amigo me contó algo sobre ustedes, pero muy superficialmente. Además, prefiero que me lo digan ustedes mismos, así decidimos si realmente soy capaz de ayudarlos. Y con respecto a mis métodos, prefiero que vayamos descubriéndolos a lo largo de la terapia.

    — Bueno. —dijo Lucía, no sin sentir cierta reticencia. — nosotros estamos saliendo hace dos años. Nos llevamos bien, y nos amamos. Pero desde hace seis meses que estamos teniendo problemas en la cama.

    — ¿Qué tipo de problemas?

    — Tengo eyaculación precoz, e impotencia— Dijo, Hernán, no porque quisiera decirlo, sino porque no hubiese soportado escucharlo de los labios de lucía.

    — Muy bien. — Dijo el doctor, impasible. — Imagino que ya vieron a un urólogo.

    — A tres — dijo ella, al ver que su novio había agachado la cabeza después de su confesión. — Y a dos psicólogos. Ninguno nos dio una solución, por eso acudimos a usted.

    — Una decisión radical. — dijo el doctor, observando cómo la pareja intercambiaba miradas de intriga. — Imagino que lo habrán charlado mucho, antes de venir acá.

    — Así es. Pablo nos dijo que utiliza métodos pocos convencionales, pero muy efectivos.

    El doctor miró a la pareja, ignorando el último comentario. En realidad, ya había leído sus personalidades desde que entraron a la oficina. El muchacho se sentía muy poco hombre al lado de ella. De eso no cabía duda. Con solo mirar sus ropas se daba cuenta de que ella estaba acostumbrada a un estilo de vida que él no podía darle. Y luego estaba el problema de la belleza de ambos. Era muy despareja. A simple vista podían parecer una pareja compatible, pero mientras él, sin ser poco atractivo, era muy corriente, ella era sumamente sensual. En una primera ojeada podría parecer una chica común, igual que su novio, y probablemente por eso él se había animado a conquistarla. Pero Lucía era de esas mujeres que tenían el tipo de belleza más peligrosa que había, esto es, la belleza sutil. Una belleza enmascarada en ropas sueltas y actitud cordial. Una belleza para nada despampanante, sino más bien, humilde. Lucía era de esas chicas que, con ponerse un par de prendas sugerentes, y maquillarse un poco, cambiaba de apariencia de manera radical. Y lo que hacía más difícil conservar a mujeres como ella, era que, a diferencia de las que tienen una belleza obvia, que intimidan a la mayoría de los hombres, con Lucía, el sexo opuesto se habría de sentir lo suficientemente seguro como para abordarla. Al doctor no le cabían dudas de que Lucía tenía montones de pretendientes.

    — Me dijeron que los problemas empezaron hace seis meses. ¿Qué sucedió en ese momento?

    — Nada en particular. — Dijo él, por fin.

    — Hagan memoria. Habrá sucedido algún acontecimiento fuera de lo común. Algo significativo en la vida de ambos.

    — Bueno, yo me recibí. — Dijo ella. — Y empecé a trabajar en una empresa de construcción.

    — Ya veo. — dijo el doctor. — ¿Y aproximadamente en esa fecha fue cuando comenzó a tener eyaculación precoz, e impotencia, Hernán?

    — Sí, puede ser.

    — Y decime ¿Encontraste la forma de satisfacer a Lucía?

    — Sí, me hace buen sexo oral. — dijo ella, defendiéndolo.

    — Pero no es lo mismo. — Acotó Hernán.

    — No, no es lo mismo. — asintió el Dr. Ferrari. — Sobre todo para usted ¿Verdad Hernán?

    — ¿Qué quiere decir?

    — Tranquilo, acá no venimos a culpar a nadie. — lo tranquilizó el doctor. — yo lo único que quiero es que se vayan de acá mejor a que como entraron. Dígame Hernán, ahora que lucía trabaja como una profesional, y comienza a conocer gente con intereses en común ¿Cómo se siente?

    — ¿Me está preguntando si me siento celoso?

    — Le estoy preguntando si se siente amenazado.

    — Puede ser.

    — ¿siente que los hombres que rodean a Lucía son mejores que usted?

    — Tal vez. — Dijo Hernán, con vergüenza.

    — Debe ser muy duro sentirse tan disminuido. Sin embargo, acá están, en mi consultorio. En lugar de intentar con otro psicólogo ortodoxo, acudieron a mí.

    — Así es. — Dijo Lucía y aprovechando el comentario del doctor, agregó — Quizá sea el momento de que nos explique un poco más de sus métodos.

    — Ya llegaremos a eso — Dijo el doctor, y luego, dirigiéndose a él preguntó — ¿Cuál es su fantasía más recurrente Hernán? Y recuerde que las fantasías no tienen por qué ser buenas.

    — No sé, tendría que pensarlo.

    — Decile la verdad Hernán.

    — Tranquila señorita. No se apresure. Dejemos que su novio decida cuándo contestar. Ya es hora de que empiece a tomar decisiones. — Dijo el doctor, y luego, dirigiéndose a Hernán, agregó. — Hernán, usted está acá por su propia decisión. Eso ya de por sí es algo positivo. Si decide no contestar, también está tomando una decisión, cosa que, de alguna manera, según creo, reafirma su hombría. Pero si se queda, le pido que por favor responda la pregunta. ¿Cuál es su fantasía más recurrente?

    Tras tensos momentos de silencio, Hernán contestó.

    — Mi mayor fantasía… digo, no fue siempre así, pero últimamente es… —Tragó saliva — es ver a Lucy teniendo sexo con otro hombre.

    — Ya veo. ¿Y eso, como lo hace sentir?

    — Me hace sentir mal. Me la imagino cada vez que no está conmigo, que está con alguien más. Que se la están cogiendo mientras yo estoy en el trabajo, como un boludo, que se está encamando con alguno de sus compañeros, en esos días que llega tarde del trabajo, y yo, en casa, cocinando como un boludo. Eso… además, desde hace meses que no me la cojo bien ¿Para qué querría estar conmigo?

    — Pero mi amor, si yo te amo. — le dijo lucía, apretándole la mano con ternura.

    — Así que se siente como un boludo. Sin embargo, creo que siente algo más ¿o no? — Preguntó el doctor.

    Hubo otros segundos de tenso silencio. Lucía miró a Hernán, como instándolo a que responda. Era evidente que ella ya sabía la respuesta.

    — Sí, me siento excitado. — respondió por fin él.

    — Ya veo — Dijo el doctor. — Ustedes me dijeron que Hernán tiene problemas tanto de eyaculación precoz, como de impotencia. Lo que es un tanto extraño, ya que, si fuera impotente, no podría lograr la erección, por lo que sería imposible llegar a una eyaculación, sea precoz o no. Entonces debo asumir que su problema de impotencia no es siempre ¿Estoy en lo correcto?

    — Es cierto doctor. — Dijo Lucía, con una expresión de esperanza.

    — Y en los momentos en que logra una erección ¿sucede algo en particular?

    — ¿Qué importancia tiene? — Contestó Hernán, abatido — Si de todas formas no duro ni cinco minutos.

    — No seas así mi amor.

    — Claro que importa Hernán. Si podemos resolver el problema de su dificultad para tener erecciones, luego podemos abordar el otro problema.

    — Hay posiciones que le resultan más cómodas. — Dijo Lucía.

    — Cuando se pone arriba mío se me baja en segundos. — Agregó Hernán, mostrándose más participativo.

    — Ya veo. — musitó el doctor Ferrari.

    — Además… — Agregó Hernán.

    — Además… ¿qué? — inquirió el doctor.

    Hernán miró a su novia, como autorizándola a que hable por él.

    — Como le dijo mi novio, cuando me imagina con otros, además de sentirse triste, se excita mucho.

    — Ya veo. Continúe por favor.

    — Una noche discutimos. Él estaba convencido de que yo lo había engañado. Después le demostré que estaba totalmente equivocado, pero en ese momento no podía hacerlo entrar en razón. En un momento me cansé y le dije, sólo para molestarlo “¿Sabés qué? Sí, me cogí a mi jefe” — le apretó la mano a su novio, como conteniéndolo ante ese recuerdo tortuoso.

    — Continúe. — la instó el doctor.

    — Él me agarró de la muñeca. Estaba sacado. Y me preguntaba que como me había cogido mi jefe, que si me puse en cuatro como me gusta, que si se la chupé, que si me acabó en la cara, que con cuántos otros lo había cagado… — Lucía hizo silencio. Tragó saliva, y agachó la cabeza, algo inusitado en ella. Esta vez el doctor Ferrari no la instó a que continúe, sino que esperó a que ella decida seguir con su relato. — En el forcejeo como que nos abrazamos. — Dijo ella — y me di cuenta de que tenía una erección. “¿Esto te calienta?, ¿sentirte un cornudo?” le dije, y él me tiró al piso y me cogió como no me había cogido hace mucho — terminó de decir la chica, y miró con orgullo a su novio.

    — Ya veo. — Dijo el doctor.

    — Igual acabé rápido. — Acotó Hernán.

    — Pero me gustó — dijo ella, mirándolo a los ojos. Y luego agregó — desde ese día usamos esa técnica para que se le pare. Yo le invento historias, le digo que conocí a un tipo…

    — En realidad son hombres que conoce de verdad — interrumpió Hernán.

    — ¿Ah si? — dijo el doctor. Y viendo que el muchacho por fin se soltaba, le indicó que continúe.

    — Me cuenta historias de tipos que conoce. Después me muestra sus perfiles. Me dice que estuvo con ellos hace unas horas, que estuvo con ellos mientras yo la llamaba por teléfono, mientras yo estaba en la casa de mis viejos. Me muestra sus fotos y me dice lo que le gusta de esos tipos.

    — Porque vos me lo pedís, sólo por eso. — se defendió ella.

    — Si, yo te lo pido, porque así se me para.

    — Pero últimamente se está poniendo pesado con eso. — Dijo la chica. — yo creo que de verdad piensa que lo engaño.

    — ¿Y no es así? — Preguntó el doctor.

    — Claro que no.

    — Muy bien. Entonces a usted le excita imaginarse a su novia con otros tipos. Y díganme ¿nunca pensaron en concretar esa fantasía?

    — Él me lo sugirió varias veces, pero no creo que se anime. — dijo Lucía.

    — Entonces ¿Usted se animaría? — Preguntó el doctor, y Hernán, a su vez, le clavó los ojos.

    — Yo no dije eso.

    — Pero si usted no estuviese de acuerdo con la propuesta, lo primero que pensaría sería que no quiere hacerlo. Sin embargo, su respuesta instantánea fue que su novio no se animaría.

    — Entiendo lo que dice, pero no sé, creo que por él lo haría, pero no estoy segura.

    — Ya veo. Y usted Hernán ¿Cómo cree que ayudaría a su pareja el hecho de ver como su novia copula con otros frente a usted?

    — No estoy seguro — susurró Hernán — Pero sentiría que estoy sacando algo bueno de una situación de mierda. O sea, si me traiciona, que al menos lo haga adelante mío, y quizá yo pueda excitarme y disfrutar con ellos. Quizá pueda durar más de cinco minutos con la pija dura.

    — Pero mi amor ¡si yo no te traiciono!

    — Si no lo hiciste ya lo vas a hacer. No creo que una mujer aguante mucho tiempo sin ser bien atendida.

    — Ya veo — dijo el doctor. — el hecho de saber que su mujer lo engaña, y no sólo saberlo, sino mirarlo, lo libera de sentirse traicionado, lo libera se sentir que se burlan de usted a sus espaldas, piensa que, si lo hace frente a usted, y además, con su autorización, la traición sería mitigada, o incluso no sería siquiera una traición. Además, ella lo engañaría de todas formas ¿cierto? Y por si fuera poco, esa escena podría resolver sus problemas sexuales. Créame que lo entiendo Hernán. Quizá incluso pensó en elegir al hombre con quien su novia se acostaría. O elegirlo entre los dos, claro. Sí, sin lugar a dudas lo entiendo. Esta hipotética situación le daría un poder que ahora no posee. El poder de satisfacer a su mujer, aunque sea con la ayuda de terceros, el poder de asegurarse no ser traicionado, ya que al aceptar que Lucía se acueste con otro hombre, ya no sería considerada una traición, y finalmente el poder de volver a tener una potente erección, porque si con solo imaginarlo, su miembro se pone tieso, al verlo en vivo y en directo, probablemente pueda tener una erección óptima. — la pareja se quedó en silencio, escuchando atentamente al doctor. No había nada que decir, el hombre había dado en el clavo. — Pero supongo que habrá una gran duda colgando en el aire — siguió diciendo — y esta es ¿Nos animaríamos a hacerlo?

    — Pero no sólo es esa duda doctor — Dijo Lucía, despegando sus labios con dificultad. — Yo, al menos, también me pregunto, si en caso de animarnos, la pareja podría soportar esa situación.

    — Y usted ¿qué cree Hernán? — Preguntó el doctor.

    — Tengo el mismo temor. Digo, sé que hay parejas swingeres, y que son muy felices. Pero no sé si yo lo toleraría.

    — Ya veo — dijo el doctor. — Lucía, póngase de pie, por favor.

    Lucía, con cierta extrañeza, se puso de pie. El doctor, a su vez, se levantó, rodeó la mesa, y se colocó frente a ella. Hernán quedó sentado a un costado.

    — Vamos a hacer un experimento. — Dijo — Y ahora van a entender la diferencia que hay entre otros terapeutas y yo. Quizá esté siendo demasiado apresurado, pero confío en ustedes, creo que están mucho más resueltos de lo que ustedes mismos piensan.

    — ¿Qué experimento? — Inquirió Lucía.

    — Eso, doctor ¿Qué clase de experimento?

    — A ver, en lugar de explicárselo, pongámonos manos a la obra. — Dijo el doctor Ferrari, y acto seguido, rodeó la cintura de Lucía con sus brazos, y la atrajo hacía él, en un abrazo fuerte.

    — Pero qué… — dijo indignado Hernán.

    — Tranquilo Hernán, confíe en mí. Sé lo que hago.

    Hernán reculó, y volvió sentarse.

    — Usted míreme a mí Lucía. Anteriormente dijo que sería capaz de acostarse con otros hombres si su novio se lo pedía. Ahora sólo tiene que abrazarme. Hernán ¿Le pediría a su novia que me abrace?

    Lucía estaba petrificada, la situación la superaba. Su amigo Pablo les había dicho que se trataba de un médico poco convencional, pero esto era muy raro.

    — Lucía, abrazá al doctor por favor.

    Miró incrédula a su novio. Trató de razonar. Después de todo, estaban ahí para resolver sus problemas. Ya habían consultado a otros especialistas sin el menor éxito, ya era hora de usar métodos menos ortodoxos. De todas formas, su extrañeza no se desvanecía. Miró a su novio. Se mostraba extrañamente decidido, hace mucho que no lo veía así. Finalmente abrazó al doctor. Sintió el perfume importado, delicioso, y la barba abultada tocaba su piel.

    — Muy bien — dijo el doctor — Dígame Hernán ¿cómo se siente al ver a su novia abrazada a mi?

    — Es raro, pero sé que esto sólo es un ejercicio, así que no creo que funcione.

    — Ya veo — dijo el doctor — Este abrazo fraternal no debe darle el suficiente morbo. Entonces, me tomaré la libertad de dar el siguiente paso, sin consultárselo como lo hice antes. Sin embargo, cualquiera de los dos siéntanse en libertad de informarme apenas quieran finalizar con el experimento.

    El doctor desarmó el abrazo. Ahora sus manos se apoyaban en la cintura delgada de Lucía. Ella lo miró, expectante, y el doctor le dio un beso en la boca. Ella se apartó enseguida. Miró a su novio. Tenía los ojos desorbitados por lo que acababa de ver. Su piel estaba roja y parecía molesto y fascinado a la vez.

    — Recuerden que cuando quieran abandonar el experimento no tienen más que decírmelo — les recordó el doctor, y cuando terminó de decirlo le comió nuevamente la boca a Lucía. La lengua se metía, hábil entre los labios gruesos de la chica. Lucía apoyó sus manos en los pectorales del doctor, e hizo fuerza en dirección contraria a él, como para zafarse. Sin embargo, su resistencia se hacía cada vez más débil, ya que no escuchaba a su pareja pedir que se termine el experimento.

    — Y bien Hernán, me imagino que eso no se lo esperaba. ¿Cómo se encuentra? Dígame la primera palabra que se le ocurra.

    — Superado — dijo Hernán al instante.

    — Entiendo, ha de ser una situación sumamente inusual para ambos. Sin embargo, acá estamos. Usted Lucía, a medida que pasaba el tiempo no sólo dejó de resistirse, sino que también me masajeó la lengua. Y usted Hernán, veo que aunque se sienta “superado” su sexo no describiría este momento de una forma tan dramática — dijo el doctor, señalando con la mirada la evidente erección del muchacho — Probablemente piensan que ninguno se los dos actuó porque esperaba a que el otro lo haga. Pero no se engañen, y no se culpen entre ustedes. La decisión es de ambos, en todo momento. Ahora, que les parece si continuamos con el experimento. Vamos a seguir avanzando, lentamente, a ver hasta qué punto llegamos.

    El doctor agarró de la muñeca a Lucía y la atrajo de nuevo hacía él. Ella se dejó llevar, sin dejar de mirar a su novio, quien se mantenía en silencio, sin perderse detalle de lo que acontecía.

    El Doctor acarició a la chica en las caderas, y sus manos subían lentamente, hasta llegar a su blusa, para meterse por debajo de ella y comenzar a masajear las tetas de Lucía.

    — Su novia es muy hermosa, Hernán, debería estar sumamente orgulloso de ella.

    — Sí. — Alcanzó a susurrar el muchacho mientras veía como profanaban el cuerpo de su pareja, mientras que ella sólo guardaba en silencio y se entregaba por completo al experimento.

    Luego el doctor le quitó la blusa, y la hizo girar, de manera que lucía quedó de espaldas a su novio.

    — Veo que está mirando todo con detalle. Muy bien Hernán. Continúe así por favor. Ahora quiero que mire cómo despojo de su lindo pantalón a Lucía. — desabotonó la prenda y lo bajó lentamente. — Lucía, tiene un cuerpo encantador, la felicito. — dijo. Y luego, mirando a Hernán, agregó. — Ahora Hernán, usted va a presenciar como poseo a su novia ¿Está de acuerdo con eso? — Hernán no podía articular palabra. Lucía había quedado sólo con su ropa interior negra, y el doctor tenía las manos en sus caderas, y su sexo, que se notaba erecto dentro del pantalón, estaba muy cerca de las nalgas de ella. Lucía, a su vez, parecía totalmente sometida a las órdenes del doctor, a tal punto, que este ya ni siquiera consultaba con ella, dando por hecho que estaba dispuesta a obedecer a todo. — Tomaré su silencio como un sí. — Dijo el Dr. Ferrari.

    Desabrochó el corpiño de la chica. La abrazó por detrás, le dio un beso, mientras masajeaba sus tetas con una mano, y con la otra tomó la tira de la tanguita y la bajó, muy despacito.

    Hernán sintió un fuerte dolor en la entrepierna, y se dio cuenta que su miembro estaba tan tieso, que se sentía muy presionado por el pantalón. Sin moverse de su asiento, se desabrochó el cinturón, y se bajó el cierre. Liberó su verga y se encontró con que estaba como a punto de explotar. Se acomodó, y dejando sus prejuicios de lado, se dispuso a ver el espectáculo.

    Lucía sentía la potente erección del doctor en sus nalgas desnudas, al tiempo que sentía cómo sus pechos se hinchaban por el constante masajeo del hombre. Luego, unos dedos hábiles se concentraron en sus muslos, y su sexo no pudo evitar mojarse.

    — Venga. — dijo el doctor, interrumpiéndose. Se sentó al lado de Hernán, justo donde antes estaba su novia. Agarró un almohadón del sofá, y lo puso en el piso, frente a él. — Arrodíllese acá, por favor. — Le indicó a Lucía.

    Ella lo hizo. Se arrodilló frente al doctor. Su novio tenía la pija afuera, y era muy tentador metérsela en la boca. Pero eso no era lo que el Dr. Ferrari quería.

    — Ahora Hernán, observe muy bien, y trate de recordarlo para la próxima vez que esté con su novia. Eso, seguramente, ayudará a que su sexo se mantenga firme, así como está ahora, pero por mucho tiempo. — el doctor liberó su verga morcilloza. Era petisa pero gruesa, y su vello pubiano era abundante, como su barba. — Lucía, ya sabe lo que tiene que hacer.

    Lucía agarró el tronco y miró a su novio. Se permitió sonreír por primera vez desde que comenzaron con el experimento. Él le devolvió la sonrisa, aunque parecía algo forzada. Masajeó el sexo del doctor, luego lamió apenas la punta. El terapeuta por primera vez evidenció su placer al estremecerse cuando sintió cómo su glande fue estimulado. Luego Lucía comenzó con la verdadera mamada.

    Hernán observaba atónito cómo la boca de la mujer que amaba era violada por esa verga gorda. El doctor acariciaba la cabeza de Lucía y tenía el torso inclinado hacia atrás, y los ojos cerrados. Los labios gruesos de la chica saboreaban la piel gruesa del tronco, mientras con su lengua succionaba la cabeza de la pija, y ya comenzaba a percibir cierta viscosidad en su paladar. Sus ojos se desviaron hacía su amado, sin dejar de petear, y esa imagen, para Hernán, fue demasiado morbosa como para poder aguantarlo.

    Se levantó de un salto, y se desvistió en un santiamén. El doctor pareció sorprendido, pero no dijo nada. Lucía no dejaba de mamar. Hernán se arrodilló detrás de ella.

    — Muy bien Hernán. Tome las riendas de su relación, cójasela a su gusto, sin preocuparse por satisfacerla. De eso ya me encargaré yo.

    Hernán la agarró de las caderas, y sin más preámbulos le metió la verga húmeda en el sexo igualmente húmedo. Ella dio un respingo al recibir la primera embestida, la cual fue inusualmente salvaje. Después la agarró de las nalgas, y sus dedos la apretaron con violencia mientras la poseía. Si tuviese uñas largas, le hubiese herido la piel. El profesor la agarraba de la nuca, porque su cuerpo temblaba al ritmo de las penetraciones, y varias veces tuvo que dejar de chuparla debido a eso. Sin embargo, ella se las arreglaba para lamerla cuando su novio retrocedía y tomaba impulso para dar otra violenta arremetida.

    Lucía estaba orgullosa de su chico. Habían pasado varios minutos y la verga, todavía tiesa, no paraba de enterrarse en ella. Sin embargo, la eyaculación llegó, y Hernán pareció apesadumbrado, como quien solo obtuvo una victoria a medias.

    — Me encantó mi amor. — le dijo Lucía, interrumpiendo unos segundos la peteada. Pero a Hernán no se le pasaba por alto que la verga del doctor seguía erecta, y eso que había recibido los masajes linguales desde mucho antes a que él comenzara a penetrar a su novia.

    — Tranquilo Hernán. — dijo el doctor, quien había leído sus pensamientos. — lo que acaba de suceder fue un gran progreso. — agregó, sin dejar de acariciar la cabeza de Lucía que volvía a meterse la verga en la boca. — Además, en estos momentos somos un equipo. El placer de su novia no es su exclusiva responsabilidad. Usted solo ocúpese de disfrutarlo, ahora yo terminare el trabajo. — Y luego dirigiéndose a la chica dijo. — Lucía, póngase sobre el sofá, en cuatro. Llegó la hora de cogérmela.

    Lucía, quien a cada minuto que pasaba en ese lugar se tornaba mas sumisa, hizo lo que le acababan de pedir. Extendió su cuerpo en el sofá, el cual era muy chico, pero al ponerse como perrita entró perfectamente. El doctor se puso detrás de ella. Le dio una nalgada que la sorprendió, y luego le metió la pija en la concha.

    — Observe Hernán. — dijo, mientras la agarraba de las caderas y hacía movimientos pélvicos menos intensos que los que había hecho el muchacho, ya que su miembro era más grande. — Ahora se va a dar cuenta de que estuvo muy cerca de hacer acabar a su hermosa novia.

    Lucía gemía, y sentía el calor de su entrepierna, cada vez mas sofocante, al tiempo que percibía cómo sus músculos se contraían. Sintió un dedo enterrarse en su ano. Solo una falange que el doctor había metido, mientras seguía enterrando su verga en su sexo. Hizo movimientos circulares con ese dedo, y eso fue la gota que rebalsó el vaso, el detalle para que ella alcanzara su clímax y estallara en un grito orgásmico que maravilló a ambos hombres.

    Hernán vio cómo la chica había quedado agitada y transpirada. Su pecho se inflaba y ella largaba un montón de aire, y cada tanto se producía un estremecimiento en todo su cuerpo, que se traducía luego en un temblor parecido a una convulsión, que la recorría desde la punta de los pies hasta la cabeza.

    — Muy bien. — dijo el doctor con la mano apoyada en la nalga de la chica. — No recuerdo una primera sesión más exitosa que esta. Pero no se tiene que dejar estar Hernán. Debemos seguir con la terapia hasta que recupere el completo control sobre su sexo. Déjenme buscar la agenda para asignarles el próximo turno.

    Fin.

  • Viernes, 19 de julio de 2019

    Viernes, 19 de julio de 2019

    A modo de disculpa:

    Mis lectores me van a disculpar por no haber continuado con mis historias, llegaron las vacaciones de los demás y mi trabajo fue en aumento. He tenido mucho tiempo para hacer muchas cosas, pero sentarme a escribir es lo que menos he podido hacer, ya que mi trabajo es de mucho escritorio y necesitaba mover el culo. No es que lo haya resuelto todo, pero ahora en agosto voy a comenzar mis vacaciones y usaré menos el escritorio, pero no me olvidaré del iPad y alguna cosilla dejaré caer.

    **********

    No parecía que iba a ocurrir nada este día, porque no disponía de todo el viernes para liberarme. Justo una de las personas que se fueron de vacaciones es mi secretaria. Se iba con una sonrisa de lado a lado que daba envidia, pero ella lo hacía en plan burla, para demostrarme que sin ella yo no puedo con todo.

    Lo que no podía imaginar ella es que una mañana de los últimos días de junio se pasó por la oficina su hermanito, que está estudiando en la Universidad no sé qué, que no es lo que importa, y lo saludé diciéndole:

    — No te vayas sin pasar por mi despacho. Está ahí, ¿lo ves?

    — Pensaba ir a saludarlo, señor.

    — Qué señor y que mierdas, si solo nos llevamos un quinquenio o poco más; a mí me tuteas, que tu hermana ya me dice muchos «usted».

    — Vale, vale, gracias.

    — Allí te espero yo, mientras me entretengo trabajando.

    El tal hermano de mi secretaria Jovita, se llama Justin, incluso sé que familiarmente lo llaman Justin con pronunciación inglesa. Cosas de las modas que uno no sabe cómo se van colando e imponiendo. En este caso lo que averigüé es que lleva este nombre por el tal Justin Bieber El muchacho hermano de mi secretaria Jovita incluso se llama Justin Drew para mayor pecado y luego le sigue un Martínez que lo caga todo, por lo que firma Justin Drew M. El chaval nació cuando el tal Bieber era un muchachito graciosillo.

    Pasadas las doce del mediodía se presentó llamando previamente la puerta y le invité a sentarse frente a mí. Conversamos sobre lo que pensaba hacer en verano y me dejó caer que buscaría un trabajo para ganarse unas cucas que no le irían mal. Fue entonces cuando le ofrecí sustituir a su hermana en la secretaría de mi despacho. Aceptó y le dije:

    — A tu hermana no le importa nada. Sé que se va a Alemania de vacaciones, no le estropees su descanso, que no esté pendiente de ti y de tu trabajo. El primero de julio, no viene ya, presente y veremos los papeles y todo lo que hermana me dejará sobre la mesa.

    — Gracias, no me esperaba yo…

    — Yo tampoco, si no te veo, pero no te arrepentirás.

    Ese día se fue muy contento y a los tres días su hermana viajó temprano. Justina con sus padres la acompañaron al aeropuerto donde se juntó con el grupo, según me contó Justin. Cuando se regresaban les contó que a las 8:30 tenía que comenzar. Les informó de todo y a las 8:30 llegábamos los dos a la vez.

    El trabajo no estuvo demasiado cargado, pero nos tenía a los dos sobrecargados la primera quincena de julio, pero yo pude disfrutar de mi día libre los viernes gracias a Justin. La segunda quincena de julio ya habíamos coordinado nuestro trabajo y me iba con Justin mejor que con su hermana. Pude tener igualmente mi día libre porque Justin se iba a quedar como lo había hecho en los viernes anteriores. Pasé a mirar si había algo urgente como es mi costumbre y, como no tenía plan, me senté frente a Justin. Me miró, sonrió, sonreí y le dije:

    — Hoy ya no trabajas más; te invito a comer y antes a un baño en la playa.

    — ¿Podremos pasar por mi casa?

    — No hay problema, pero si señor avisar, levanta el teléfono.

    — No, es porque cogería un bañador.

    — Hay varias alternativas: una, pasamos por tu casa y recoges un bañador; dos, compramos uno en alguna tienda cerca de la playa; y tres, vamos a una playa nudista y no nos hace falta.

    — Ah, la tercera, así no nos entretenemos.

    — Perfecto; en esta mochila que he recogido tengo todo lo necesario, agua, protector solar, bronceador y pareos para tumbarnos sobre la arena.

    Salimos, paramos en un bar de carretera, comimos un rico desayuno para comer más tarde y continuamos, no sin comprar dos gorras.

    Llegamos a la playa y en el estacionamiento nos desasimos de la ropa y nos envolvimos con sendos pareos. Las gorras nos quedaban bien. Justin me sacó del hombro la mochila y se la cargó él. Aunque no pesaba nada no dejaba de ser un detalle. En la playa extendimos los dos pareos sobre la arena y nos embadurnamos de cremas de todo tipo, nos ayudamos uno al otro.

    — Janpaul, ¡qué buena tranca usas!

    — La tuya no está mal, Justin.

    — ¿Puedo…, puedo poner protector a tu polla?

    — Por supuesto que sí, te lo agradezco.

    — Mi hermana me dice que eres gay…

    — La gente dice de todo lo que nada les importa.

    — ¿No es verdad?

    — Ese no es el asunto, Justin; el asunto es que no debieran hablar de los demás sin necesidad de hacerlo.

    — Eso es verdad, pero yo quiero decirte que me parece bueno que nos hayamos juntado dos…

    — ¿Dos qué, Justin?

    — Dos gays.

    — No, Justin, no; no nos hemos juntado dos personas que entre otras cosas somos gays, ¿somos iguales porque somos gays? Seriamos todos iguales porque todos tenemos dos ojos, dos orejas, una boca y tantas otras cosas más. No, Justin, no, ¿has oído alguna vez que se digan «nos hemos juntado dos heterosexuales»? No, ¿verdad? Pues del mismo modo no nos hemos juntado dos gays. Tu jefe de verano y tú os habéis juntado para pasar un día diferente, solo que ambos amos gays, hemos comido un rico desayuno como los heteros, comeremos como los heteros, nos echamos al mar como los heteros, porque aquí hay mucha gente que es nudista y no es gay, lo demás que pudiera ocurrir si ocurre y nos place ya es harina de otro costal, pero nadie nos obliga, a no ser que llegue la pasión, la curiosidad y el deseo.

    — Vaya qué lección me has dado.

    — ¡Joder, Justin!, si estas cosas pertenecen al abecedario, no hace falta un master para saberlas…

    — Pero hay gente que no entiende esto.

    — Será por algo que no entiendan: cerrazón, no saben ver más allá de su ignorancia; culpabilidad, son sexualmente un desastre; parquedad o poquedad de ánimo, se desahogan con una mujer en menos de cinco minutos; malintencionados; todo lo que hacen los demás es malo, ellos son perfectos…, la lista es larga.

    Y le fui dando razones, la envidia, la inadecuada educación, la entidad moral cerrada, el desánimo ante la vida, etc.

    Le encontraba gusto escuchando y le dije:

    — Vamos al mar, que no hemos venido a filosofar.

    Nadamos hasta la boya amarilla, el mar estaba estupendo. Me dijo:

    — Janpaul, me gustas.

    — Ya, tú también me gustas, pero yo tengo pareja.

    — ¿Un hombre?

    — Sí.

    — Me hubiera gustado probar una polla como la tuya en mi culo, pero…

    — Nada tiene que ver con nada; mi hombre, que se llama Miguel, sabe que hoy estoy contigo, y sabe que si tú lo deseas vamos a follar; mañana viene Miguel y te lo presento, comes con nosotros en mi casa.

    — Acepto complacido.

    — Hoy vamos a ser nuestros, después de comer iremos a pasear, luego al cine, cenamos y a la discoteca y luego te quedas en mi casa para conocer a Miguel que llega en mañana. Igual le gustas.

    — ¡Joder, qué planazo me arregla mi jefe!

    Disfrutamos la mañana en la playa y a las dos aproximadamente, cubiertos con los pareos, salíamos de allí en dirección al aparcamiento. No sé qué pudo haber pasado, pero el coche estaba muy sucio, quizá la brisa o el viento que empezaba a soplar, pero estaba con arenilla apegada encima del coche y los cristales llenos de una especie de manchas de agua pastosa y como seca sobre ellos. Nunca había visto mi coche así, y eso que continuamente estoy yendo a la playa, a esa misma playa. Estaba verdaderamente impresentable. Justin miraba sorprendido y dijo:

    — Parece que está lleno de una gelatina con arena.

    — Vamos ir a comer y de ahí llevamos el coche a lavar para que mañana esté presentable.

    — He visto —decía Justin— un lugar cuando veníamos había lavadero, gasolinera, supermercado, lavadero…

    — Ah, claro, —recordé—. Abre el maletero y ahí veras shorts, te pones el que mejor te vaya.

    Abrí el coche, le di a la palanca. Justin levantó la portezuela y sacó dos shots, me vino a dar uno en rojo él se puso otro en verde intenso. Se le miraba bien. Como había visto que yo no me ponía nada más, tampoco él rebuscó su calzoncillo. Fuimos directamente allí. Aparcamos y nos dispusimos a comer mientras se iba despejando la cola de coches para entrar en la plataforma de lavado. Como no teníamos prisa, miré la hora de cierre y disponíamos de toda la tarde. Fuimos a la tienda y compré dos camisetas sin tirantes que Justin eligió a su gusto y nos fuimos al restaurante.

    Pagamos la limpieza del coche. Nos metimos en el coche con las ventanas cerradas hasta llegar a la plataforma. Cerré el motor y en cuanto llegamos a los primeros cepillos, Justin abrió mi short y me lo bajó. Le ayudé levantando mi culo y se agachó hasta alcanzar mi polla con su boca. ¡Qué mamada! Con fuerza, con rabia, con ganas… Primero pensé que me ha iba a comer de verdad al primer descuido mío, luego me dediqué a sentir todo el frenético placer que me producía, tanto así que extraordinariamente me corrí y se tragó toda mi leche. Llegábamos al final y rápidamente me dio un delicioso beso pasándome algo de mi esperma. Sorprendido le dije:

    — Te debo una.

    — ¿Te ha gustado?

    —Te estoy diciendo que te debo una.

    — Déjala para la noche.

    La película no era tan gran cosa. Tampoco lo sé cierto, porque nos pasamos toda la película con la bragueta abierta y acariciándonos nuestras pollas. El la misma fila, algunos asientos más allá había otra pareja de chicos y por lo que veía unas cuatro filas más adelante había un chico y una chica que al parecer se estaban magreando. No había mucha gente y podían escucharse algunos críticos de la muchacha. De hecho, al acabar la película, todos los que estábamos en el cine nos acomodamos los pantalones al levantarnos.

    La comida ya la teníamos en los pies, así que nos fuimos a cenar al frente de kinépolis, nos dirigimos a Tommy Roma’s donde, además de chicos guapos para alegrar la vista, están las mejores costillas del mundo capaces de estimular la pasión.

    En el coche, mientras regresábamos, Justin no paraba de darme besos rápidos de ponerme la mano en el paquete. Yo le toqué también, pero quería conducir seguro y eran breves y suaves toques. Ambos viajamos todo el trayecto con la polla bien crecida y con ganas. Mi jean dejaba pasar ya la humedad hacia la parte exterior. Llegamos a casa y de inmediato nos quitamos la ropa uno al otro hasta quedarnos desnudos. Nos habíamos visto así en la playa por la mañana, pero solos en casa los dos, se nos encendió total la pasión y fuimos revolcándonos por las paredes hasta la sala para caer encima de uno de los sofás.

    Apenas ambos dimos dos revolcadas sobre el sofá y empezamos a chuparnos la polla el uno al otro. Yo me sentía muy bien y pienso que Justin también. Justin me había abierto sus piernas y se puse a chuparme mi escroto, jugando con las dos pelotas y llegando hasta a lamer mi culo. Lo vio tan limpio, como es mi costumbre, que metió su lengua empujando hacia dentro. Hizo que yo gimiera con un increíble placer. Jamás había experimentado un sexo tan placentero antes. Siempre disfruto del sexo con mi hombre, pero es muy formal y debido, por lo que uno se acostumbra a una especie de ritos sexuales, que esperas lo que va a venir, sin sorpresas. Yo tenía que devolverle el favor de cuando lavamos el coche, una buena mamada y superarle. Tampoco Justin había experimentado unas mamadas como las mías, que produce un asombroso placer por como juego con el frenillo y el anillo.

    Los dos mamábamos con más placer y deleite que nunca. Tanto así que ni me di cuenta de que mi hombre Miguel nos estaba observando desde la puerta corrediza de cristal. Miguel estaba perplejo por la visión. Acababa de llegar poco antes que nosotros y estaba tumbado en la cama esperándome que llegara. Había adelantado su viaje con el último vuelo desde Madrid. Se sorprendió de ver que yo estaba en plena forma y muy atractivo, y se maravilló de ver a Justin, del que ya tenía alguna noticia, aunque no hasta este extremo. Desde que yo le había hablado de Justin. Miguel había deseado conocerlo. La verdad es que Justin tenía un cuerpo maravilloso, delgado, pero fuerte y largo, sus piernas, estando desnudo, le hacían más alto. Además, Justin se mostraba ya muy exhibicionista, porque se había dado cuenta de la presencia de Miguel y sin embargo seguía mamando como si nada hubiera visto, solo que procuró que yo no viera al para él «intruso» que desconocía.

    Viéndome cómo me metía su polla hasta lo más profundo posible de mi garganta, se a que Miguel se volviera loco de caliente deseo. El deseo había hecho presa en los tres, todo era cuestión de entrar en acción. Se alegró de ver lo bien que actuábamos Justin y yo. Miguel es un tío despampanante, muy guapo y apuesto, tenía un pecho muy fornido y los muslos muy gruesos y atractivos. Miguel estaba acariciándose su polla a través de la parte superior de sus pantalones y se estaba acercando peligrosamente a disparar un enorme chorro de lefa. Pero decidió que aún no, pensó en su interior que mejor quitarse los pantalones cortos y la camisa y salir al combate. Como la cara de Justin estaba ahora enterrada en mi polla y yo chupándole el culo, ninguno de los dos pudimos ver que se acercaba.

    Por segunda vez el pene de Miguel estaba completamente erecto, duro y a punto de explotar, pero no, volvió a reflexionar para decidirse con quién empezar, y de repente sacó a Justin de de en medio y enterró su cara en mi regazo.

    — Oh, qué bien sabe esto, sobre todo por la sorpresa; te esperábamos los dos mañana.

    Yo sentía un placer aún más intenso que antes. Miguel estaba lamiendo mi culo y frotando su musculoso pecho. Justin empezó a acariciarle el culo a Miguel muy suavemente, y luego empezó a follarle el culo. Se había frotado un poco de loción bronceadora en la polla y empezó a metérsela por el culo a Miguel.

    Miguel estaba en éxtasis y Justin le bombeó. Yo levanté las piernas para poder meterme la verga de Miguel por el culo. Viví en ese momento el increíble orgullo esponsalicio al sentir la enorme polla de Miguel en mi trasero. Fue tan intenso y tan placentero.

    —¡Ay, joder, Miguel, amor mío! ¡Fóllame como un hombre de verdad sabe hacerlo! ¡Necesito sentir esa polla tuya grande y gorda! ¡Empuja más fuerte! ¡Fóllame, fóllame, fóllame!

    Miguel estaba tan excitado por mis palabras que de repente eyaculó su caliente carga. Estaba yo tan excitado por la explosión en mi culo que empecé a apretar furiosamente su enorme polla aprisionándola en mi culo. A Miguel le gustaba esto siempre, yo lo sabía bien. Miguel podía ver mis pelotas que se contarían estiradas por mi polla que se dirigía muy alto. Le gustaba ver cómo se apretaban contra el escroto que casi desaparecían. Empezó Miguel a lamer mis pelotas aplastadas con su lengua. Justin había cambiado de opinión y se había dirigido también hacia mí. Ya no podía soportarlo más. Sentía que las dos pollas estaban dentro de mí, y que a la vez mi polla era lamida y mamada a dos bocas.

    Exclamé con desesperación:

    — Miguel, ya no pudo aguantar más, —y empecé a disparar mi lechen la boca de Miguel—. ¡¡¡Oooooh!!! ¡¡¡Estoy explotando con todo mi semen!!! ¡Trágatelo todo y cómeme!, le grité a Miguel. Justin no pudo soportarlo más, viendo a ese semental peludo descargar su carga sobre Miguel. Justo cuando yo acababa de disparar en la boca de Miguel, otro chorro lo dirigí a la boca de Justin que estaba ansioso de mi leche.

    Los tres nos desplomamos en la sala de descanso. En lugar de ducharse de inmediato, todos fuimos a la cocina para tomar algo. Allí mientras saboreábamos nuestro bombón hice las pertinentes presentaciones. Decidimos ducharnos y para recuperar el tiempo, cuando entramos a la ducha los tres juntos, nos enjabonamos uno al otro y varias veces nos metimos nuestras pollas en la boca y en el culo de los otros. Fue muy bueno para los tres.

    Al final de sesión higiénica y placentera de la ducha, fuimos al dormitorio a meternos los tres en la cama. Miguel dijo:

    — Pienso que este va a ser un gran verano para los tres, Janpaul!»

    — «Tú lo has dicho, Miguel y así será», mientras lo abrazaba. Mientras nos abrazábamos Miguel y yo, Justin reptando desde abajo se colocó en medio de ellos, notando que ambos penes volvieron a endurecerse. Yo estaba muy sorprendido de haberme puesto duro de nuevo tan rápido, pero Justin dijo:

    — Ahora quisiera teneros a ambos dentro de mí.

    — Eso está hecho, —dijo Miguel.

    Una gran noche y se preveía un agosto espectacularmente vivido por los tres. Justin lo propiciaba, a mi me gustaba y Miguel se lo merecía.

  • Descubierto por el zapatero de mi calle, mientras me daban

    Descubierto por el zapatero de mi calle, mientras me daban

    Cuando uno es joven, lo que más le aterra, es ser descubierto por algún vecino, familiar o conocido, que descubra tu gran secreto, que te gustan los hombres y disfrutas dándoles el culo y ser follado, al menos ese era mi mayor terror. Y claro que en alguna ocasión eso ocurre, y seguirá ocurriendo.

    Ya me habían descubierto alguna que otra persona hacía tiempo, pero siempre habían sido jóvenes de mi edad, que, al descubrirnos mutuamente, y saber de nuestros gustos, pues la cosa quedó en anécdota. Pero cuando esta vez fui descubierto por una persona mucho mayor que yo, casi 30 años, y que podía ser mi padre, al cual él conocía muy bien, al igual que al resto de mi familia, la cosa me atormentó un poco. Además, el descubrimiento no tenía ninguna duda, me estaban dando por el culo un hombre maduro, y un viejo me estaba metiendo la polla en la boca, y todo estaba ocurriendo en plena calle.

    Todo ocurrió un día que yendo para casa alrededor de las 12 de la noche, al llegar a la altura de la iglesia de San Pedro de Mezónzo, al pasar por debajo del viaducto que hay y por donde solía ir buscando alguien que me follara, vi a los 2 hombres, uno era más mayor que el otro, al menos unos 20 años mayor, además de ser el más viejo, ya lo conocía de ver por los aseos públicos de la estación y de la calle Fernández Latorre, al igual que en los aseos que había en el parque que estaba junto al viaducto. Iban los 2 juntos hablando y como si buscasen algo, o esperasen encontrar alguien. Y claro que encontraron, me encontraron a mí.

    Yo como solía hacer siempre que iba buscando alguien que me diera por el culo, al llegar a la altura del viaducto, buscaba los recodos más oscuros y apartados, procurando dejarme ver cuando veía alguna persona pasar. Me solía poner a mear o hacer que meaba y si estos buscaban algún joven de última hora, como ya me había sucedido en otras ocasiones, pues esperaba que se acercaran esperando que ellos llevaran la iniciativa. Cosa que solía suceder, al ver estos la posible presa que tenían en ciernes.

    Y esto fue lo que sucedió esta vez. El viejo al verme y ver que yo volvía hacia atrás al verlos a ellos, y que iba hacia la esquina más oscura y oculta, y que me ponía a hacer que meaba, sujetó al otro hombre por el brazo, señalándole hacia donde yo estaba. Me había reconocido y no iba dejar pasar aquella ocasión.

    Se pararon a hablar, y luego de unos segundos, el viejo fue el que empezó a venir a donde yo estaba haciendo que meaba, mientras el otro más joven, se alejaba un poco, en espera de ver lo que sucedía y claramente esperando su oportunidad.

    El viejo nada más acercarse a mí, ya tenía claro lo que quería, tanto él como yo. Sin inmutarse, ni cortarse un pelo, se colocó a mi costado, me saludó con un hola, y empezando a sacarse la polla me sujetó por la muñeca, llevando mi mano a su polla. Sin decir nada más, dejó que le agarrase la polla con mi mano, y tan pronto tuve su polla en mi mano, el viejo llevó su mano a mi culo, diciéndome ¿tienes ganas, eh maricón? Andas salido y caliente, ¿eh?

    Como vio que yo no decía nada y me dejaba hacer, el viejo no perdió más tiempo, se arrimó a mí, llevó su otra mano a mi polla viendo como estaba de empalmado, empezando a menearme la polla y sobarme los genitales. Llevó su boca a mi oreja y mientras me metía mano y mordisqueaba la oreja, me dijo si no tenía algún sitio donde poder ir para hacerlo.

    No, le contesté, mirando hacia la zona más oscura y apartada que había allí debajo del viaducto, dándole a entender que podíamos hacerlo allí.

    Es una pena, porque lo íbamos a pasar muy bien, pero si no hay otro sitio, pues tendrá que ser aquí, dijo el viejo, sin dejar de meterme mano. Agáchate y chúpame la polla, me dijo llevando ahora su mano a mi hombro izquierdo, empezando a empujarme para que me agachara a chupar su polla. Cosa que empecé a hacer, luego de mirar hacia donde había ido el otro compañero del viejo.

    Este al darse de cuenta de que yo estaba algo intranquilo por su otro compañero, me empezó a tratar de tranquilizar diciendo que era un amigo, que también le gustaba lo mismo, pero si yo no quería, él solo esperaría a que termináramos. Pero que, si yo quería, podía dejarlo participar, ya verás cómo te vamos a hacer gozar. Te vamos a quitar la calentura y hacer disfrutar de 2 pollas a la vez.

    Mientras me agachaba para meterme la polla del viejo en la boca, me encogí de hombros, dándole a entender que me daba lo mismo. Mientras me agachaba sujetándome a las piernas del viejo y llevaba con mi mano la verga del viejo a mi boca, el viejo haciéndole una señal con la mano al amigo, le decía que se acercara.

    Metí la polla del viejo en la boca, empezando a chupársela, mientras buscaba con mis manos sus pelotas para acariciárselas.

    ¡Ohhh! Suspiró el viejo al notar mi húmeda boca chupando su glande mientras con mis labios llevaba la piel del prepucio hacia atrás, dejando descapullado el glande que empezaba a succionar, ¡ohhh maricón que boquita! ¡ooohhh que gusto! suspiraba el viejo llevando sus manos a mi cabeza a la vez que impulsaba su pelvis tratando de introducirme toda su polla en la boca.

    Cuando llegó su amigo a donde le estaba chupando la polla, casi gritando le dijo el viejo: Mira que zorrita tenemos. Anda salido y caliente como una perra en celo, y quiere que le demos polla, una no le llega, así que vamos a darle lo que está deseando.

    El amigo viendo como le chupaba la polla al viejo, empezó a desabrochar el pantalón y sacarse la polla mientras se acercaba a mí.

    El viejo que veía como su amigo esperaba a que le diésemos cuartelillo, me hizo levantar y mientras me mordía los labios con su boca, empezó a desabotonarme la camisa, mientras el amigo empezaba a meterme mano en el culo y palparme la polla.

    Ay maricón, que salido y caliente me andas, pero no te preocupes, que te vamos a dar lo que tanto estás deseando. Te vamos a dejar bien preñado de leche, te vamos a dar polla por esta boquita y por ese culo tan caliente que tienes, me decía desabrochándome la camisa.

    Mientras el viejo terminaba de desabrocharme la camisa, el amigo no perdía el tiempo, con su polla de fuera y el pantalón y calzoncillo a media pierna, se pegaba a mí, por detrás, y empezaba a morderme la nuca mientras con sus manos acariciaba mi polla y genitales.

    El viejo ya me había desabrochado la camisa, y mientras deslizaba sus manos por mi pecho y me iba acariciando el torso, llegó hasta mi cinturón, lo aflojó, empezando a desabotonarme el pantalón tejano que llevaba, hasta que, tirando de él hacia abajo, junto al slip que tenía, quedé medio desnudo y listo para ser follado por ambos.

    El amigo del viejo al verme en aquella situación terminó por sacarme la camisa de todo, y después de tirarla al suelo, llevó su boca a mi hombro y cuello, y mientras me mordía el cuello y hombro, me hacía inclinar un poco e introducía un dedo en mi ano.

    Joder maricón, ya tienes el culo lubricado, decía metiéndome un dedo en el culo. Sacó el dedo, llevando ahora 2 de sus dedos, volviéndolos a introducir en mi culo, haciéndome dar un gemido mientras me abría de piernas todo lo que podía.

    Así maricón, así, gime que ya verás lo que vas a gozar esta noche, decía el viejo retorciéndome los pezones con sus dedos mientras le daba lengüetazos a mi polla que estaba que reventaba de dura que la tenía.

    Dios que gusto me estaban dando aquellos 2 cabrones, ya me tenían gimiendo como una perra en celo y aquello no había hecho más que empezar. Miraba hacia el techo del viaducto, notando como el maduro me metía 2 dedos en el culo mientras me mordía el cuello y nuca, y el viejo retorcía mis pezones y daba lengüetazos a mi polla, insultándome y llamando zorrita y puta.

    Yo me abría de piernas todo lo que el pantalón me dejaba, y medio inclinado con la cabeza erguida mirando al techo del viaducto, con las manos apoyadas sobre la cabeza del viejo, abría la boca gimiendo, ¡ooohhh ohhh! ¡ooohhh!

    Cuando el maduro me tuvo bien abierto el culo, con sus 2 dedos, se agachó, me quitó el pantalón y slip de una pierna, luego de la otra dejándome desnudo por completo.

    Así es mejor, dijo el maduro, ahora ya te puedes abrir bien de piernas y será más cómodo. Me sujetó por la cintura, y ordenándome que me inclinara sobre el viejo, y que me abriera bien de piernas, llevó su duro y largo mástil a mi ojete, y colocando el glande en la entrada de mi ano, dio una envestida a la vez que tiraba de mis caderas hacia él, enterrándome de una estocada toda su hombría dentro mía.

    ¡Ohhh ooohhh ohhh! Grité al notar como me abría en canal aquella verga.

    Dios, me había ensartado de una estocada toda la polla en el culo el hijo de la gran puta. Cualquiera que hubiese pasado por allí, habría escuchado perfectamente el alarido que pegué al entrarme la polla del maduro en mi culo.

    No es que tuviese una polla enorme, pero la polla del maduro era bastante gruesa, me abría el culo dejándome paralizado por lo que aquella verga me abría el culo. Dios, me sujetaba a la cabeza del viejo y me abría de piernas todo lo que podía gimoteando y pidiéndole que parara.

    Para, para, le pedía gimoteando.

    Ya maricón, ya la tienes dentro, calla y no chilles tanto, es lo que querías, ¿no?

    Espera, espera un poco, le pedía al maduro que me tenía ensartado en su polla. Ve despacio que me duele, la tienes muy gorda, le decía gimoteando y abriéndome de piernas todo lo que podía.

    Joder, aquella verga me había abierto en canal, y aunque andaba bien caliente y salido, el hijo de la gran puta me la había ensartado de un empellón. No me había dado tiempo a ir acostumbrando a aquel calibre que me había metido en el culo, abriéndome de piernas, dejándome paralizado.

    Con mis manos aferrándome a la cabeza del viejo, abriéndome de piernas todo lo que podía, sudando y aguantando el dolor por aquella penetración, me iba relajando mientras notaba como mi esfínter se iba adatando y acostumbrando a aquella polla que me tenía empalado.

    El viejo que veía como me sujetaba a su cabeza y me abría de piernas quedándome totalmente paralizado, con la cara de sufrimiento y los ojos y boca abiertos como platos, me acariciaba la polla y genitales, animándome mientras me acariciaba. Ya maricón, ya, aguanta que ya está. Relájate ya verás cómo pasa pronto, me decía mientras me iba acariciando la polla y genitales.

    Poco a poco el dolor fue pasando, y la tensión en la que me encontraba iba desapareciendo, mientras el maduro que me mantenía ensartado en su polla, pegándome más a su pelvis, me abría más de piernas, colocándose para estar más cómodo y empezar a darme por el culo poco a poco.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! Gemía notando como la polla que tenía ensartada en el culo, se empezaba a mover dentro de mí.

    Así, así, decía el maduro que me estaba follando, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba empezando a follarme.

    ¡Ohhh que culito! ¡ohhh que culito! Decía sujetándome fuertemente por las caderas, mientras impulsaba su pelvis clavándome una y otra vez su gorda polla en mi culo.

    El viejo que hasta ahora no había dejado de acariciarme la polla genitales y piernas, al ver que ya estaba relajado y su amigo me empezaba a follar, poniéndose de pie, llevó sus manos a mi cara y empujándome por la nuca me decía que me inclinara un poco para que le chupara la polla mientras su amigo me daba por el culo.

    Ves maricón, ves como ya no te duele, anda vete agachando para que te entre mejor y chúpame la polla, que vamos a follarte por delante y detrás, me susurraba empujándome con su mano apoyada en mi nuca.

    Abrí los ojos mirando para el viejo, y mientras me iba inclinando para chuparle la polla, mientras su amigo me daba por el culo, pude apreciar a una persona que se encontraba entre los coches que allí había aparcados mirando como me estaban follando allí debajo del viaducto.

    Joder, seguro que aquel había escuchado el alarido que había pegado cuando me ensartó la polla el que me estaba follando, y curioso por saber lo que pasaba, se había acercado a ver que sucedía. Y lo que sucedía era que un viejo y su amigo se estaban follando a un joven, al que tenían en pelotas allí debajo del viaducto, clavándole una polla por el culo y otra por la boca.

    Mira maricón, hasta tienes espectadores para ver cómo te follamos, decía el maduro que me estaba dando por el culo.

    El cabrón que me estaba dando por el culo, había visto también al que nos estaba observando, pero no se había inmutado, seguía dándome por el culo sin importarle nada.

    Yo, aunque estaba disfrutando de aquella follada que me estaban dando, no las tenía todas conmigo, estaba algo nervioso y un poco intranquilo. No sabía quién era el que nos estaba observando, y eso me ponía algo nervioso, tenía miedo de que fuese alguien conocido.

    Y claro que era alguien que me conocía perfectamente, no solo me conocía a mí, sino que también conocía a toda mi familia, pero eso no lo supe hasta más tarde.

    Lo que sí supo quién era al que se estaban follando aquellos 2 hombres, era el que nos observaba. Me había reconocido nada más verme, y había decidido esperar a que aquellos 2 terminaran de follarme para presentarse luego delante de mí.

    Ya llevaban un buen rato follándome el viejo y el maduro, cuando el que me estaba dando por el culo, empezando a gritar que se corría, empezó a meterme la polla más rápido y a fondo, pudiéndose escuchar el sonido de su pelvis y genitales, golpeando mi culo, plof, plof plof, y gritar, me corro, me corro, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Había largado varios trallazos, llenándome el culo de leche, mientras el viejo seguía metiéndome la polla en la boca, a la vez que yo me sujetaba a sus piernas y era observado por otro, mientras me follaban, dejándome en aquellos momentos el culo preñado de leche.

    Después de descargar todo su semen dentro de mi culo dejándome preñado, mientras su polla iba escurriendo las últimas gotas de semen dentro de mí el maduro que terminaba de correrse dentro de mí, me acariciaba con sus manos la espalda, viendo como yo seguía inclinado chupando la polla del viejo. Así maricón, así, ¡ohhh que culito tienes! Decía deslizando sus manos por mi espalda y culo mientras su polla se iba escurriendo de mi culo.

    Justo en ese momento que el maduro me acariciaba la espalda y culo, el viejo que me follaba la boca con su polla, empezaba a apretar mi cabeza contra su pelvis, enterrándome toda su verga en la boca, notando yo como su polla empezaba a hincharse, y empezaba a soltar su esperma dentro de mi boca, haciéndome tragar toda su corrida.

    Me corro, me corro, gritaba el viejo apretando mi cabeza a su pelvis para que no sacara la polla de mi boca, y me tragara toda su corrida. Así así, trágalo todo, gritaba el viejo derramando su leche dentro de mi boca.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Decía el viejo acariciándome la cabeza mientras yo chupaba su verga y acariciaba sus huevos, terminando de tragarme todo su semen.

    Cuando terminé de chuparle la polla al viejo dejándosela limpia y flácida, el que me había dado por el culo, ya se había guardado su polla y había terminado de vestirse, y esperaba a que el viejo hiciese lo mismo, dejándome a mí, allí en pelotas, con el culo lleno de semen y la leche del viejo en mi estómago, siendo observado por aquel hombre, que en aquellos momentos descubría quien era, mientras trataba de vestirme, y los que terminaban de follarme, se iban sin decirme nada ni esperar a que me vistiera.

    Dios, que vergüenza sentí en esos momentos, había sido descubierto por mi vecino el zapatero, el cual conocía a toda mi familia. No sabía dónde meterme de lo nervioso que me había puesto, buscaba mi ropa para vestirme, y no daba pie con bola. Allí estaba delante de mí el zapatero, que había visto como había sido follado por aquellos dos hombres, y como había gemido mientras ambos me estaban follando.

    Toma, me dijo el zapatero dándome la camisa que había recogido del suelo al ver lo nervioso que me había puesto al ver yo quien era. Mientras cogía la camisa que me entregaba, mirándome a la cara y sujetándome la mano, me dijo: Tranquilo, puedes estar tranquilo, que no voy a decir nada.

    Mientras me vestía, el zapatero allí a mi lado esperaba a que terminara de vestirme, para luego acompañarme mientras me hablaba esperando que yo le contara sobre mis gustos sexuales.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].

     

  • Betty, la prima de mi vecina (Parte II)

    Betty, la prima de mi vecina (Parte II)

    Como todo tiene su final, el viaje no fue la excepción. Durante una semana nos escribíamos por mensajes de texto y de whatsapp, donde nos expresábamos lo mucho que nos hacía falta el otro, donde Betty hacía hincapié en que no pensara mal de ella, muy amablemente a esta inquietud suya que me sentía halagado por haberme permitido llegar hasta donde llegamos, cada quién estaba consciente de que no podíamos aspirar a más por la diferencia de edad, pero lo que sí estábamos dispuestos y seguros era de que queríamos exprimir al máximo esta situación, en especial yo.

    Era domingo por la tarde estaba visitando una sobrina adoptiva, cuando recibo un mensaje de Betty, preguntando qué haría al día siguiente, le respondí que nada en especial, recibiendo como respuesta que quería verme y le respondí que por mi parte estaba ansioso, quedamos en que me pasaría buscando cerca de la casa.

    Al día siguiente a las 7:30 am estaba puntual en la parada, y como reloj suizo llega Betty en su carro, me subo, me coloco el cinturón de seguridad y emprendemos el viaje, me pregunta sí quiere que conozca su apartamento, la tomo suavemente de su mano derecha, respondiéndole que si, en menos de 10 0 15 minutos estábamos entrando en un conjunto residencial muy bonito, estacionamos su vehículo, subimos al 1er piso, abrió nerviosa su apartamento, se le notaba a kilómetros de distancia su ansiedad y nerviosismo. Su inmueble es sencillo pero muy bonito, al cerrar la puerta no nos contuvimos, nos abrazamos y comenzamos a devorarnos…

    Betty: «me haces falta papi…

    Yo: «igualmente mami! Mira como me tienes!

    Betty dirige su mano derecha a mi pantalón notando mi pene erecto por encima de la tela, le susurro al oído que me desabroche el pantalón y lo tome con sus manos, mientras yo estoy ocupado acariciando con mis manos sus pechos que ya estaban poniéndose duros, con su respiración entrecortada, Betty me levanta la franela y yo instintivamente levanto mis brazos para que me libere de dicha prenda de vestir, quedando mi pecho desnudo, empezando Betty a besarme por todo el tronco, especialmente mi abdomen, la levanto para desabotonarle su blusa, quitarle su brassier, empezando a devorarle sus pechos mientras le besaba un pecho le acariciaba con mis manos el otro, al mismo tiempo Betty me guiaba a su recamara, al visualizar y ubicar la cama la tumbé en el colchón, le desabotoné el botón de su jean quitándoselo, empecé a besarle sus deditos de los pies e ir subiendo por su pantorrilla, muslo hasta llegar a su vagina, le levanto la liga de su blumer, para pasarle mi lengua por uno de sus cachetes de la vagina, su calor se sentía, al igual que los latidos de su corazón, el cual palpitaba como queriendo salir de su pecho, me levanto y procedo a despojarla de su pantaleta, Betty me facilita la tarea un poco levantando las caderas, al ver su cuquita rasurada me lancé como un avión en picada, abrí cuidadosamente sus cachetes introduciendo la punta de mi lengua, y comenzando un corto recorrido con esta, sintiendo como se retuerce Betty del placer:

    Betty: «Dios mío que rico papi, que me tocas»

    Betty me toma por las orejas y el cabello como haciendo el intento por introducirme dentro de ella, notando su explosiva acabada en chorros de líquidos con un olor y sabor que para mi sabían a Gloria, ni salado ni tan dulce, cristalino, le sigo devorando su vagina aspirando y degustando su acabada, bordeándome Betty con sus piernas…

    Betty: «Si papi que me tocas, que rico, si si ah ah ah grrr dios mío, ah ah ah…

    Soltando otro grito de placer cayendo desmayada, vencida, sudorosa, agitada… Betty se encontraba en shock por haber alcanzado 2 orgasmos en menos de 10 minutos que tenía de estar torturando y acariciando su vagina y clítoris.

    Me coloco a un lado de ella para acariciar sus pechos, por su parte Betty me acaricia el cabello, le tomo su mano izquierda y la coloco sobre mi pene, le guío para que me lo acaricie, empieza torpemente a masturbarme, me coloco boca arriba y con mi mano derecha la coloco por detrás de su cabeza y la guío hacia mi miembro, al principio pone un poco de resistencia, pero le miro y con mirada suplicante le hago señas, mientras con voz suave le pido que me lo bese, dudosa e inexperta aún comienza por tomarlo con su mano y me da un beso en la cabeza del pene, luego empieza a lamerlo cuando veo que va a abrir la boca para introducírselo la empujo suave y tomándola por el cabello le marco el ritmo, suave, la verdad Betty ya no era esa mojigata que me lo había mamado muy inexpertamente hace 8 días, le decía lo bien que lo hacía, que me gustaba, veía que quería ser una puta pero algo la frenaba, le decía que se dejara llevar, que me gustaba, no quería ir rápido diciéndole cosas sucias para no estropear las cosas, pero Betty resultó ser una mujer muy caliente, la acomodé para seguir en un riquísimo 69, al tener nuevamente su vagina y clítoris en mi boca comencé nuevamente a succionar, morder muy sutilmente ese botoncito que era su clítoris, retorciéndose y hasta llegando a morderme el pene, ya que volvió a acabar a cántaros.

    Aproveché para embarrarme el dedo medio e irle penetrando su ano, suavemente, al principio cerro su orificio anal por instinto, pero cuando sintió nuevamente la lengua en su vagina y en su ano, perdió nuevamente las fuerzas, adentrándole el dedo, hasta la mitad y estimulándole su orto, Betty disfrutaba con los ojos cerrados, ya no me lo mamaba, pero no me importaba, ya que el placer que me proporcionaba con sus manitas frotándome el miembro y besándole su cuca y culo dominándola era lo máximo, ya cuando le terminé de enterrar el dedo medio y que le salía y entraba con facilidad la coloco en posición de perrito, le digo que me aplique un poco de su saliva en mi pene, obedientemente, lo ensalivo aún de forma inexperta, la abracé así en posición de perrito y voy despacio introduciendo mi pene erecto, abriéndole sus nalgas, voy entrado con resistencia, ya que Betty apretaba su culo, simultáneamente le beso sus orejitas y cuello a fin de estimularla y masajeo su clítoris para que vaya chorreando y seguir lubricando con sus líquidos su ano, milímetro a milímetro voy apoderándome de su culo, al mismo tiempo que le susurraba al oído:

    – Yo: «Si mami que rico culo tienes, que rico aprietas ese culo, amor, eres lo máximo…!

    Al mismo tiempo que ya le bombeaba con facilidad le dedeaba en su cuca, ya en el fragor del gozo, Betty bufaba y decía lo rico que la estaba pasando…

    – Betty: «Si papi ahí ahí que rico sigue, dame más, que rico ufff, ah ah ah si papi no pares por favorrr…

    Ya no aguantaba más saqué mi pene erecto le besé nuevamente ese culo y su clítoris para enterrárselo esta vez sin piedad hasta el fondo cuando llegué al tope de mis testículos con sus nalgas le solté el chorro de leche, palpitando mi pene dentro de su culo, experimentando Betty de 3 a 4 orgasmos simultáneos, caí rendido sobre mi Betty, ambos jadeando, mi mano derecha dentro de su vagina, mi pene semi erecto aún en su ano, sentí cuando fue expulsado de su cavidad anal, me dirigí a mi pantalón para tomar mi celular y tomarle 1 foto al culito de Betty, luego me acomodé y nos acurrucamos, para darnos una tierna sesión de besos.

    Betty me expresó que aunque sentía un poco de dolor lo había disfrutado, al rato nos fuimos a bañar, preparamos almuerzo comimos, para en la tarde tener otra tanda de sexo, besos y caricias esa semana Betty me hizo la dieta de San Lucas, morir falta de pan, pero bien lleno de Cuca, ya que me pasaba buscando desde las 8 am aproximadamente hasta las 19 h., y el viernes hasta el lunes siguiente, ésta etapa la aprovecho ya que ella quiere recuperar el tiempo que perdió con su esposo, el cambio se ha hecho evidente, siempre fue alegre, pero ahora tiene ese brillo en sus ojos, la piel más hidratada, se ha vuelto más jovial, es más su silueta se ha mejorado, tanto así que quiere complacerme con un trío ya que mi vecina quién es prima de ella ha estado preguntándome cosas y ya la estamos preparando para ese festín…

    Espero les guste, cuando se dé el trío con mi vecina y Betty les aviso…

  • Reencontrándome con Daniela

    Reencontrándome con Daniela

    Con Daniela viví una relación amorosa-sexual por espacio de año y medio, (Ver relato ‘Daniela, mi primera mujer y primera madura’) ella tenía 36 años y yo 20, en junio del 98 nos separamos, a pesar de haber química habían factores que a Daniela no le cuadraban o no quería enrollarse, pero bueno, nos separamos en contra de mi voluntad. A pesar de no haberse ido ni de la provincia o el estado donde vivíamos, no la vi por espacio de casi 15 años, pero siempre la recordaba, bueno me había casado (no felizmente, jejeje).

    El 16 de enero del año 2014 andaba, con la mamá de mis hijos finiquitando los detalles ya que al día siguiente saldríamos hacia la Isla de Margarita, en Venezuela para pasar el fin de semana y celebrar mi cumpleaños, no sé porqué entré a una ferretería y estaba ella, atendiendo, al verla sentí una inmensa alegría, disimulando para evitar problemas con mi esposa de entonces y con una excusa ante la mamá de mis hijos me quedé para preguntarle algo y entablar conversación con Daniela, quién muy disimuladamente preguntó por mi madre. Presente a Daniela con la madre de mis hijos, muy cortés, y sin que la mamá de mis hijos se diera cuenta intercambiamos números.

    Salí ese viernes 17 de enero a Margarita a celebrar de mi regalo de cumpleaños que es el 14 de enero, la pasé bien a pesar de unos inconvenientes con el hotel donde nos hospedaríamos, apenas regresé el martes le envié un mensaje, empezamos chatear, me había comentado que desde hace años había intentado en vano contactarme, que le dio su número a un familiar mío (un cuñado) estuvimos chateando por espacio de 3 meses, hasta que concordamos en visitarla a su apartamento para comernos una pizza, pollo y unas cervezas.

    Como trabajo por turnos rotativos, ese viernes 09 de mayo, tendría el tercero, o sea entraría a las 22 h de la noche. Ese viernes salí de la casa como si fuera a entrar a las 18 h, compré las pizzas el pollo y las cervezas, llegué a su apartamento casi a las 6 pm, ella se bañó, se vistió con un Short (bermuda) una franela de algodón, ya que hacía calor a pesar de que había llovido, unas sandalias deportivas, comimos, brindamos, luego me expresó que iba a vestirse más fresca, ya que a pesar de tener su aire acondicionado encendido tenía calor y aún estaba calurosa la noche, le dije que por mí no había problemas, ya que estaba en su casa, cuando regresó vestía una bata como de seda estampada y nos pusimos a hablar en el sofá de la sala, tomándonos las cervezas, cuando eran las 20:50 recibo el mensaje del amigo mío del taxi, recordándome que me venía a buscar a las 21:10.

    Cuando me levanto para despedirme de Daniela, vi ese brillo en sus ojos, procedo a despedirme besándole la mejilla, Daniela velozmente dirige su mano a mi cara para que nuestros labios se toquen en un beso tierno, donde tuve que contenerme, y hacerme el inocente, ya que no quería que pensase que era una falta de respeto. Mientras nos besábamos exclamó que aún me extrañaba, poco a poco empecé por acariciarle sus nalgas por encima de la bata, ella dirigió una mano hacia mi miembro el cual ya estaba tieso, la senté en el sofá y saqué mi miembro, ella se lo llevo a la boca, dándome una señora mamada, luego, la acosté en el sofá y le levanté la bata, tenía su coño depiladito, me detuve un momento a contemplarlo y procedí a devorarlo, mientras con una mano masajeaba sus pechos pequeños que ya estaban tiesos.

    Daniela empezó a respirar agitada y su coño a desbordar abundante líquidos, con una voz solicita, me expresa que le succione los pechos, «anda papi, bésame la teta, como tú sabes que me gusta» y acariciando mi cabello en señal de que fuera subiendo, lo fui haciendo, pasando mi lengua poco a poco, por su ombligo, ella se retorcía, suspiraba, me halaba el cabello, a medida que me dirigía a sus pequeños pechos el placer era mayor para ella, cuando llegué a su pecho izquierdo, sentí arquearse su cuerpo, señal de un orgasmo, suspiró, y yo empecé mi faena de lamer besar y succionar ese pequeño pecho, como si fuera la última vez, ya a esa altura ella me susurra al oído, «métemelo papi… por favor métemelo!».

    Yo en medio de la calentura llamé a mi amigo el taxista para que me pasara buscando a las 21:40, ya una vez cuadrado todo, me quité el pantalón y el bóxer, y procedo a metérselo suavemente hasta el tope, sintiendo su vagina apretada como siempre, ella gime, respira agitada, comienzo el mete saca, pausado, ella me besa el cuello, la oreja, comienza susurrarme palabras al oído tales como: «así papi, te extrañé!, yo buscaba con dificultad sus pechos, y también le exclamaba lo rica que era, Daniela como pudo me puso sus piernas a la altura de mi cintura abriéndolas lo más que pudo, yo alternaba entre besarle sus pechos y besar sus gruesos labios.

    Daniela parecía disfrutar ya que estaba como en éxtasis con los ojos cerrados, como pidiendo que el tiempo no pasase, como si fuera la última vez que fuera a tener sexo y quería disfrutarlo en toda la plenitud, recuerdo que en una de esas empecé a hacer círculos con mi cintura es decir cuando se lo enterraba hasta el fondo le apretaba las nalgas atrayéndola hacia mí y hacía círculos, besaba su cuello pechos y labios hasta que no pude contenerme y le expresé mi intención de correrme, ella me dijo: «vente papi, vente! así lo hice, y a pesar de lo incomodo de la posición, por el sofá y toda la cuestión de la emoción, seguía erecto, Daniela comentó; «ooohhh, que rico amor»! me levanté con mi pene aún erecto.

    Daniela se sentó quedando con mi miembro a la altura de su cara, con restos de semen y sus fluidos vaginales, procedió a llevárselo a la boca y darme una rica mamada mientras desde abajo me miraba con cara de agradecimiento, yo por mi parte me producía morbo, le tomé por el cabello y simulaba cogerla por la boca le pasaba mi miembro por el cachete, se lo restregaba por la boca, era maravilloso, pero como las cosas buenas no duran demasiado, mi amigo el taxista llegó y me llamó, le pedí que me esperara un poquito más que ya bajaba del apartamento, ya que estábamos en el 7mo piso, y por la inseguridad en Venezuela, no es recomendable, estar a las 21 horas en ningún sitio alumbrando o estando solo, me coloqué rápidamente la ropa, bajé, despidiéndome de Daniela rápidamente para no perder más tiempo, al llegar a mi trabajo que en verdad estaba a 5 minutos del apartamento de Daniela, en lo que llegué a la fábrica donde laboro, llamé a Daniela, me comentó que me estaba haciendo el difícil, yo en verdad captaba las señas que me hacía, pero no quería parecer un falta de respeto o mejor dicho temía que se echara para atrás y arruinar lo que había avanzado, en fin le dije que me había gustado y que había quedado «picado» (es decir quería más de ella) habiendo quedado de acuerdo para dentro de 3 semanas cuando tuviera el turno de la noche para otra cita más, pero ésta vez disfrutaría mucho más, cena con postre… Jajaja.

    Esas tres semanas Daniela y yo estuvimos chateando, me contaba sus cosas que estaba pasando un mal momento a nivel financiero, le brindé un poco de ayuda pero quería volver a cogérmela, ella sabía que quería desquitarme el tiempo que estuve sin disfrutar de su cuerpo y ahora que estaba esterelizada y con casi 53 años sería mucho más placentero coger con Daniela sin el stress de no acabar adentro, de cuidarse sí está ovulando.

    Llegó el día ansiado, viernes 30 de mayo, nuevamente tenía esa semana el turno de la noche, salí como de costumbre a las 17:15 aproximadamente, mi amigo el taxista me abordó unas cuadras de la casa, compré unas pizzas, parrilla y cervezas, le escribí a Daniela, quién me respondió que estaba llegando a su apto que le diera unos minutos mientras se bañaba rápidamente, me tomé 2 cervezas mientras hacía el pedido de las bebidas para llevar, dando tiempo a recibir el mensaje de Daniela, efectivamente a los 15 minutos me informó por mensaje de texto que subiera, llegué a su edificio, le repico y baja a abrirme la puerta.

    Andaba vestida con un short de tela, ceñido a su cuerpo, mostrando sus piernas parejas, a pesar de sus 53 años en ese entonces su culo estaba intacto, duro, una franela pegada a su abdomen plano, mi amigo no disimuló, corriéndole la baba por la boca, riéndose sabiendo que había sido capturado in fraganti me dijo que le avisara la hora para venirme a buscar, subimos al 7o. piso a su apartamento, preparamos la mesa, metimos las cervezas a la nevera, empezamos a comer, indicándome que tenía tiempo que no degustaba una suculenta parrilla, o degustaba el pollo a la brasa con la pizza y la cerveza.

    Habiendo terminado de cenar fregamos los platos, tomándola con el corazón a mil por la cintura, haciéndola notar mi pene semi erecto, se voltea y me corresponde con un beso, le empiezo a acariciar sus pequeños senos, los cuales ya se estaban empezando a poner duros, puntiagudos, me pide nos vayamos a su habitación, para no seguir forzando el aire acondicionado, ya que el calor era implacable, al entrar en su recamara, se dirige a su PC y procede a colocar su canción favorita «Cóncavo y Convexo» pero interpretada por José Feliciano, me dice al oído que con este interprete le fascina, empezamos nuevamente a besarnos, le beso el cuello, bajando lentamente a sus pechos, quitándole su franela, brassiere, empiezo a devorar esas pequeñas masas de carne, ella comienza a desabotonar la cremallera de mi pantalón, me quito mis zapatos y franela, quedando temporalmente en jeans y bóxer, le quito su short y blumer, quedando a mi vista una vagina rasurada, su olor singular, sin perder tiempo me sumerjo en la delicia de su cuca degustando su sabor agridulce, Daniela comienza a gemir:

    Daniela: «si papi ahi ah ah que rico…»

    Yo seguía lamiéndole su vagina, suavemente capture su clítoris con mis dientes y muy sutilmente lo templé, sintiendo Daniela un corrientazo por toda su espalda, me halo fuertemente por mis orejas, dejando escapar un gemido fuerte…

    Daniela: «aaahhh ummm que rico coño e tu madre así me gusta…»

    Y largando un potente chorro cristalino signo de un soberbio orgasmo dejando relajar su cuerpo quedando con la respiración agitada…

    Posteriormente a esto me terminé de desvestir, nos ubicamos para un sensacional 69, intenté penetrarle con mi dedo medio en su ano pero me dijo rotundamente que no! le acariciaba sus nalgas que al igual que sus piernas no tenían ninguna señal de celulitis, logrado haberle premiado con el tercer orgasmo de la noche Daniela me pide que la penetre, de rodillas, con ella frente a mí, con las piernas abiertas, tomo mi pene y se lo restregó como 3-4 veces en la entrada de su vagina, procedo a introducirlo lentamente, sintiendo su cuca caliente, lubricada, estrecha, una verdadera delicia, empiezo con el mete saca, Daniela a mover su cadera en círculos, le besaba sus pechos, su vagina era un río desbordado de líquidos, me tenía cubierto con sus piernas a la altura de mi cintura, su vagina era un volcán ardiendo cuando ya no aguantaba más le participé que me venía logrando venirme junto con ella, sudorosos con respiración agitada, buscamos otra cerveza, platicamos de cosas triviales, su día a día, su mamá, mis problemas, me notó tenso en el cuello, procediendo a recostarme boca abajo, untándome crema y comenzando un rico masaje que no tardó en ponerme en guardia nuevamente, me voltea quedando boca arriba y la posiciono sentada sobre mí, lentamente se introduce con ayuda de su mano izquierda mi pene erecto comenzando un frenético movimiento de caderas, le amaso sus nalgas, ella me muerde la oreja diciéndome cosas como lo rico que se siente, la coloqué de perrito le mordí esas nalgas, metiéndole mi lengua en su ano, posteriormente le introduje mi pene para llegar nuevamente ambos al orgasmo.

    Nos metimos a bañar dándonos una tanda de besos y caricias, no quería ir a trabajar, pero si faltaba esa noche me descontarían casi la mitad de la semana de trabajo, Daniela me estaba pidiendo algo de dinero, el cual me comprometí a ayudarle la semana entrante.

    Daniela tenía muy mal carácter, en nuestro primer encuentro en su apartamento ese 9 de mayo le había expresado que ya no era ese muchacho inmaduro que ella había abandonado hace 15 años atrás, ella pensaba que aún la amaba al punto de desvivirme por ella, cosa que no era mentira, aún estaba latente ese amor, mi matrimonio estaba en un punto de no retorno, pero no iba a dejar que me pisotearan nuevamente ni Daniela ni ninguna otra mujer.

    Nos seguimos viendo como 3 meses más pero ella volvió con sus aires de niña malcriada y en una de sus arranques ella confirmó lo de no tolerar desplantes y la relación con la misma rapidez con que surgió así murió, aparte que conocí a Yoly, con quién pasé momentos inolvidables…