Autor: admin

  • El abuelo (Parte 7)

    El abuelo (Parte 7)

    Fueron cinco años en los que Anselmo fue viniendo regularmente cada quince días si no había nada que lo impidiera, en este caso venía a la semana siguiente. Todos los días conversábamos a la noche. Na variaba gran cosa. Me desnudaba y Anselmo también, llamaba Anselmo, algunas veces yo, y le contaba las cosas del día. De vez en cuando le mostraba partes de mi cuerpo, sobre todo las más procaces. Por el contrario, Anselmo me mostraba de su cuerpo las novedades, si un granito, si un golpe, la caída que tuvo que le obligó a guardar cama casi un mes por doble rotura de cadera. Me pilló en exámenes y no pude ir ni un día a verlo. Fueron mis padres con mi hermana.

    Durante los veranos todo era muy divertido, porque vivía con Anselmo en su casa y en un apartamento que se había agenciado. Siempre que estábamos allí me decía:

    — Esto es nuestro, no está a mi nombre sino al de los dos. Un día será todo y solo tuyo.

    No había manera de sacarle de la cabeza la idea de que había que compartir todo. Un día me pasó unos papeles del banco para que los firmara, eran autorizaciones bancarias. Me negué:

    — Ansel, yo te amo a ti, no a tu dinero; no me hagas esto que alguno va a pensar que estoy contigo por tu dinero.

    — Mira, cuando tuve rotura de cadera, pasé un mes sin poderme comprar nada porque no tenía a nadie de confianza para darle una tarjeta bancaria. Vinieron tus padres y tu hermana cuando se me habían acabado las monedas y les di la tarjeta con la clave para que sacaran dinero, no quisieron, y tu padre me dio todo lo que tenía en su cartera, 600 euros. Cuando salí del hospital y pude conducir me fui a casa de tus padres para devolverles el dinero, no me lo quisieron recibir. Sé que tienes de ellos todo lo que necesitas, pero eres mi chico, mi novio y cuando acabes tus estudios quiero que nos casemos. Si me ocurre algo, tienes que tener poder de actuación sobre lo mío. Firma estos papeles, no lo hagas por ti, hazlo por mí.

    — Lo de mis padres no me impresiona, solo me alegra porque te reconocen de la familia ya, ¿tú sabes cuánto dinero les has ahorrado a mis padres conmigo?

    — Eso no tiene caso, Juan Pablo, yo te amo y quiero que no te falte nada de cuanto necesitas.

    — Yo te amo, Ansel, y no quisiera ser o parecer un aprovechado. El próximo año ya seré ingeniero, voy a obtener el título universitario en Ingeniería Industrial, en cuanto acabe el máster. Tú que conoces a tantos empresarios, me vas a buscar un lugar donde pueda trabajar, aunque sea como becario, que ahí es donde se pueden abrir las puertas al mundo. No quiero irme al extranjero, quiero estar contigo, aunque tenga que dedicarme a barrer las calles.

    — Me dejas sorprendido, pero hay cosas que tenemos que hacer necesariamente con nuestros bienes, muchos o pocos y tú ya eres conocedor de todo lo mío y sabes que no va a ser para nadie. Vendrán algunos a mi funeral y los días posteriores inquirirán algunos sobre mis bienes, yo quiero que todo sea tuyo. Cuando acabes tu carrera, ya tienes un trabajo, encargarte de mis asuntos, ya no quiero a nadie más, bienes, alquileres, acciones y cuentas bancarias. Ha de ser así. ¿O acaso no vamos en serio?

    — Sí, claro que vamos en serio. Después de cinco años ya sé que tú vas en serio y yo también, y no me importa nada más que tú: más que tú, nada; y nada más que tú. Tú eres religioso y cuando no puedas te llevaré a tus asuntos religiosos, y haremos todo lo necesario para ser felices los dos juntos; cuando tú mueras —y que sea lo más tarde posible—, cumpliré con tus compromisos en tus fundaciones, hermandades y asociaciones civiles y religiosas. Sé que si me elegiste fue porque nada de todo esto me hace ascos, sino que es la presencia en este mundo de lo que queda después de nosotros, caso contrario, nuestra vida carecería de sentido.

    — Hoy más que nunca, Juan Pablo, sé que me has comprendido, por eso, porque estaba en lo cierto te amé, te amo y te amaré después de mi muerte.

    — Pues no hablemos de la muerte porque nuestra vida comienza ahora, es ahora, a partir de este momento cuando hemos de aprovecharla, ya no nos queda tiempo para prorrogar nuestro amor. Cuando lo desees, cuando estés en lo cierto, nos casamos. Yo te quiero, Ansel, con toda mi alma, te quiero a ti y ahora, y a partir de este momento, siempre que sea posible, presentémonos ante todos como familia, quiero ser tu esposo y quiero que seas mi esposo.

    — Si no te parece mal y lo ves factible, nos casamos en los días entre Navidad y Año nuevo.

    Me abalancé a su cuello y lo llené de besos.

    — Juan Pablo, pídeme lo que quieras, dime lo que deseas para estas vacaciones.

    — Quiero ir a un sitio lleno de gente y estar a solas contigo.

    — Eso…, ¿no es como una contradicción?, —repuso Anselmo.

    — No, Ansel, eso es un crucero por el Caribe, —concreté.

    — Y luego quince días a Grecia y sus islas, así cumplimos los dos deseos.

    — Me parece adecuado.

    De nuevo me abalancé a su cuello y comencé a abrir su camisa, sacando los botones por sus ojales, acaricié sus poderosos y duros pezones, acaricié su pecho, abrí del todo la camisa y me puse a besar su pecho, lamer su abdomen, volver a su pecho para chupar sus pezones. Anselmo se dejó hacer y comencé a abrirle su ancho cinturón. Saqué su pantalón para lo que levantó su trasero con un increíble esfuerzo que le noté su polla muy erecta, como la de un muchacho envuelto en pasión y deseo sexual, le saqué el bóxer y, en efecto, su erección era mayor que nunca o así me lo parecía.

    Metí su polla en mi boca, la chupé tantas veces, sobre todo excitando el anillo, para hacerlo más lento y en cuanto pasé mi lengua por la flecha del frenillo, inició su orgasmo y eyaculó su potente fuerza sexual en mi boca con abundante esperma. Tragué todo y limpié con la lengua su polla, hasta el recodo más escondido.

    — ¡Cómo me haces deleitar, Juan Pablo! Me devuelves la vida que perdí en mi juventud, —dijo Anselmo.

    — Ansel, no me debes nada, has llenado mi vida desde la adolescencia, —repuse.

    Me cogió con sus manos de ambas quijadas y me levantó suavemente para que mi polla quedara a la altura de su boca, se la puso en su boca y me hizo deleitar hasta que eyaculé. No apartó su boca ni me permitió sacarla de su boca apretando fuerte de mis nalgas contra sí para que mis espasmos no pudieran hacer que en mis movimientos le impidieran tragar mi semen. Sacó todo mi semen de mi polla y todavía yo me estaba deleitando con movimientos corporales, mi polla estaba dura y quise abrazarme a Anselmo para que sintiera mi pene muy cerca de su corazón. Fue entonces cuando me dijo:

    — Juan Pablo, quiero que ahora mismo me folles.

    — ¿Estás seguro?, —pregunté.

    — Ni lo dudes.

    No lo dudé, con Anselmo, con mi Ansel no caben dudas, sé cuánto me ama desde mi adolescencia cuando ambos entrábamos al chat, luego en mi juventud, cuando quiso verme y yo tenía mis 18 años, la primera vez que hicimos al amor muy tímidamente, aquellos veranos cuyos fines de semana iba a su casa y salíamos de paseo y hacíamos el amor sin tanta timidez, cuando lo presenté a mis padres y Anselmo fue de su agrado. Todos estos pensamientos me venían a la cabeza mientras él se inclinaba contra el sofá ofreciéndome su culo a merced de mi polla, lo embadurné bien con mi saliva para no ir a buscar el tubo de lubricante dilatador. Hice diversos masajes con mis dedos y del presumido que me salía de mi polla aumenté. Como sé que a Anselmo le gustan mis comidas de culo, le deleité largamente con mi polla hasta que suspirara de placer. Entonces dirigí mi polla húmeda de presemen y le tanteé su culo. Un movimiento de Anselmo hizo que mi polla penetrara el agujero y seguí metiendo mi polla con cuidado hasta penetrar totalmente ese antro.

    Anselmo gemía de placer, pero me entretuve con la polla dentro para se acostumbrará y me inclinaba para besarle el cuello y lamerle el lóbulo de su oreja mientras acariciaba con mis manos sus costados y se pecho dando pellizcos suaves a sus pezones. Lo estaba estimulando para que fuera moviendo el culo y se acomodará, lo hizo; ya nos entendíamos muy bien.

    Inicié unos suaves movimientos sin apretar al fondo para que se diera cuenta de que iba a comenzar a follar su culo. Suavemente saqué tres cuartos de mi polla y escupí sobre ella tres escupitajos que con mis dedos extendí sobre ella y comencé a meterla de nuevo lentamente y llegué al fondo sin quejas, solo suaves gemidos de placer de Anselmo y por mi parte sentí que se iniciaba mi sensación electrizante que puso en marcha mis entradas y salidas cada vez más rápidas hasta que sentí mis espasmos que llegaban y que se me llenaba todo el conducto de mi pene de semen para disparar y. Eyacularlo dentro de mi amado Ansel, notando yo mismo cómo salía con fuerza de por el orificio del meato produciéndome tanto placer como el que sentía mi Ansel. Acabé tumbado y electrizado de pasión, mezclando mi amor a Anselmo con mi placer.

    Ese día sentí vergüenza, me pareció haber abusado de Anselmo, le besaba la espalda y el cuello como quien pedía perdón, hasta que Anselmo, notando mi estado , se giró, sacando mi polla de su culo y me dijo con su habitual sonrisa:

    — Juan Pablo, no te deprimas, soy yo quien te necesita, ha sido maravilloso lo que has hecho y el placer que me has proporcionado no me ha producido más amor hacia ti porque eso ya no es posible, me has amado como yo hoy necesitaba ser amado.

    Me abalancé sobre él y le besé cada rincón de su cuerpo. Anselmo se dejaba hacer y solo dijo:

    — Juan Pablo, he sentido tu amor y tu deseo de amar.

    Ya no me quedaban palabras para decirle, solo juntarme a él, pegar nuestros cuerpos y provocar sus deseos hacia mí. Comenzamos de nuevo y gocé con su penetración, le sentía muy mío y mi fiel amante. El alba fue quien nos avisó que debíamos dormir muy juntos y nos besábamos hasta quedar dormidos. Como siempre, creo que fui yo el que me dormí abrazado por el ardoroso amor y los brazos de Anselmo.

  • Viernes, 26 de julio de 2019

    Viernes, 26 de julio de 2019

    Mi padre llamó para saber de mí y aprovechó para decirle a mi novio que se quedara ya conmigo a fin de que yo no me aburriera ni me desmandara. Mi padre es el jefe de la empresa, Miguel trabaja con él y yo me encargo de la delegación de Levante, como lo llamamos internamente.

    Mi novio tenía deseos de vivir una orgía con mucha gente. Nunca le digo que no a sus deseos, porque sus deseos son los mismos que los míos, aunque no los haya pensado. Miguel me decía:

    — Quiero relajarme y que me veas cómo me desenvuelvo; sé que a ti te divierte un huevo verme follar a la gente, también lo necesitas.

    Miguel es mi hombre y se comporta como tal, manda para que yo ejecute; así es en casa, así es en familia; nada que ver en la empresa donde yo soy superior a él. No estamos casados porque eso es una pasma social que no nos importa. No queremos más ataduras que las que nos hemos impuesto, «yo soy suyo, él es mío», lo leímos una vez en inglés y decía así: I’m his, he’s mine, recuerdo que lo llevaban dos chicos presumiéndolo en la camiseta. Pues no lo queremos ni presumir, pero así es nuestra vida. Si me pide una cosa, eso tendrá, y me gustará verlo cómo lo disfruta. El defecto que tiene Miguel —si es que defecto es la palabra adecuada—, es que lo confía todo en mí. Eso significa que yo he de ver dónde hay anunciada una orgía, donde nos pueden invitar, o buscar una casa amplia, alquilarla, invitar a los amigos y organizarla. Esto último es lo que me resulta más fácil, porque con las que anuncian hay demasiados requisitos. Lo único que busca Miguel es emborracharse, follar con la mitad de los asistente y que lo follen la otra mitad y requiere siempre mi presencia no solo para que me divierta viéndolo, que la verdad es siempre muy divertido, sino porque como yo no me emborracho nunca porque no mezclo bebidas, del whisky no salgo y siempre con moderación, sabe que tiene quien le custodie. Yo tengo muchos más defectos que Miguel no solo aguanta, sino que los sufre y los soporta, pero eso es harina de otro costal; pero, además, Miguel solo se emborracha en las orgías y cuando José lo pido, porque habitualmente no toma bebidas alcohólicas.

    Me puse en marcha a buscar un chalet a las afueras del pueblo. Encontré uno que estaba vacío aún y no estaba amueblado. Busqué al dueño y le hablé de que me alquilara el chalet para el fin de semana, de viernes a lunes en la mañana. Le dije que el lunes saldríamos de allí porque iría un equipo a limpiar la casa y el jardín y a reparar cualquier desperfecto que estuviera fuera de lugar. El dueño del chalet, Amadeo, resultó ser un amigo de mi padre a quien le debía muchos favores, y me dijo:

    — Tal como lo has planteado me has parecido a tu padre, muy ordenado. Como van a ir a reparar desperfectos y a limpiar, no te voy a cobrar alquiler, ¿sabes? «hoy por ti y mañana por mí».

    Me sorprendí gratamente y le respondí:

    — Entonces, Amadeo, si hay algo que quieres poner, aprovecha la ocasión, el jueves pienso ir con el equipo a revisar todo para hacer el contrato con la empresa reparadora y ahí les puedes indicar aquello que quisieras modificar o reparar, va de mi cuenta.

    — No, ahora te doy las llaves —se metió y al salir iba con las llaves unidas a una anilla—, lo puedes usar tantas veces cuantas quieras, pienso venderlo, si te animas…

    — Lo pensaré y ya hablamos, —concluí mientras recibía las llaves y con el pensamiento puesto en la compra.

    Un catering se encargó de poner comida y bebidas para viernes y sábado, para 18 personas, y el domingo para 3, es decir para nosotros. Una cisterna de agua y la puesta apunto de la depuradora, dejaron la piscina practicable. Era jueves en la tarde, estábamos Miguel, Justin y yo, besé a Miguel y le di un juego de llaves diciéndole:

    — Toma, este chalet es tuyo, encárgate de amueblarlo a partir del lunes.

    En ese momento llegaban dos camiones y acudimos a darles las instrucciones. Los del catering descargaron mesas, sillas y un congelador gigante para botellas, el dueño me dijo que lo pondría a la temperatura adecuada para que no exploten las latas de líquidos, de modo que nada se congelaría:

    — Pero que a nadie se le ocurra meter manos en los botones —me los señalaba mientras hablaba— porque lo echarían todo a perder.

    Desde que Miguel ya se iba a quedar todo el verano había pensado en la oferta de compra del chalet; fui a ver a Amadeo y llegamos a un acuerdo en el precio. Él dio orden a su notario y ya me avisarían, la casa iría a nombre de Miguel, adelantándome a su onomástica, pero cerca de su cumpleaños.

    — Estoy pensando —reflexionaba en voz alta Miguel— que llamo a un amigo para que amueble la casa y buscaré un equipo de albañiles para que levanten el muro externo; entorno a la piscina hay que poner un seto ya crecido de matorral alto, para que desde fuera no pueda verse adentro.

    Llamé a Justin que estaba todo el tiempo hablando por teléfono. Vino y me dio las explicaciones pertinentes. Estaba haciendo mi trabajo por teléfono con los clientes que deseaban venir, a los que les indicó que yo había salido y no sabía cuando volvería, les tomaba nota y los emplazaba para el martes; trabajaba en el campo como si estuviera en la ciudad, genial, un claro candidato a ser contratado por la empresa.

    — Justin, ¿te importaría quedarte aquí mientras estén los albañiles y los decoradores?, —le pregunté.

    — No, no me importa…, —respondió.

    — No creo que sea necesario, si acaso veremos, porque quiero estar presente no sea que luego me arrepienta, —dijo Miguel.

    — Bueno, Justin, pues vendremos en las tardes para bañarnos en la piscina, — le dije para consolarlo.

    — Y pernoctáis aquí, que yo he de sacarle el jugo a este joven, —dijo Miguel señalando a Justin.

    Entendimos y nos reímos de la ocurrencia, aunque Justin lo deseaba. Estaba feliz de que contáramos con él, aunque nunca exige nada. A un cliente que fue a la oficina a protestar por algo que indicaba que le habíamos hecho mal le dijo:

    — Disculpe, el error es cosa mía, como soy nuevo puede que me equivocara, pero el director se lo resuelve enseguida.

    Entraron, me explicó, vi los documentos y le faltaba uno muy específico. Lo busqué, se lo di y se fue sonriente. Una hora más tarde Justin entró en mi despacho y me preguntó:

    — ¿A que fue un error de mi hermana?

    — sí, pero nunca le digas nada de esto, ella trabaja muy bien y a gusto, y un error a las mil no es motivo de llamar la atención; además, siempre hacemos los dos, el positivo o el negativo y el cliente elige el que necesita, igual fue el cliente quien eligió equivocadamente, pero eso no se discute, se cambia y a otro asunto.

    — ¿No le dirás nada e mi hermana? Podríamos haber perdido el cliente…

    — Lo que necesitan mis empleados es que los estimule y no que los desanime, le dije sentenciosamente.

    Viernes, casa recién comprada y aún no pagada, mobiliario simplón de un catering, dieciocho butaquitas de aire junto a la piscina y colchonetas alquiladas de espuma por los suelos de las habitaciones. Todo disponible para comer y beber y un encargado de ir reponiendo lo necesario, que, de tan guapo y bien hecho que estaba, me lo follé el sábado. Pero no hace falta adelantar hechos.

    El viernes se fueron reuniendo los amigos y me encargué de irlos recibiendo y presentando, los primeros más fácil porque había menos gente, luego había que presentarlos a todos. La conversación fue amena, todos sabían a qué estaban allí y no había que preguntar nada.

    La cena, fastuosa, fue servida por los camareros. Una cena en toda regla para hacerla de modo formal, pero todo el mundo estábamos como habíamos llegado. Se acabó la cena. Los camareros se fueron y uno, muy guapo, me dijo que a las 8:30 del sábado estaría allí para prepararnos el desayuno, mientras tanto en la mesa de la cocina había muchas viandas de las que no se estropean. Bebidas alcohólicas en otra mesa y las cervezas, agua y refrescos en el congelador. Eso me recordó que tenía que dar el aviso, y lo hice:

    — En la cocina hay comida para toda la noche, también hay botellas y vasos para diversos licores. En en congelador hay agua, refrescos y cerveza. Se levanta la tapa con la manija, se toma lo que se desee y se deja caer la tapa acompañando con la manija. Nadie tocará los botones del congelador, es la única prohibición en esta fiesta, porque si lo apagan se estropea nuestra comida, si lo ponen más fuerte reventarán las latas y botellas. Si esto ocurre, perseguiremos al que lo haya hecho hasta el infierno mismo, y allí, ante los propios mocos y mecos de Satanás, le cortaremos la pichula, ni meará más en su vida, ni nunca más podrá follar a nadie. Todos advertidos, la fiesta en paz y da comienzo la locura de nuestra orgía.

    El camarero me dio dos besos diciendo:

    — Hasta mañana.

    — Después del desayuno me toca contigo.

    — Será un placer.

    Se fue, y todos comenzaron a quitarse poco a poco ropa, alguno más rápido que otros. A media noche estábamos todos desnudos y, sin saber nadie cómo, en diversos lugares de la casa había bandejas con preservativos. Lo cual invitaba, lo que más costó es decidirse y uno a uno fueron hacia la piscina. Los primeros en entrar fueron los más jóvenes y dentro de la piscina comenzaron a rozarse, tocarse, acariciar y besarse. A estas alturas ya había calado a los más jóvenes y a los menos jóvenes. Estos son los que habían venido en pareja, los más jóvenes eran novios, amigos o simplemente singles.

    Los dieciocho que estábamos allí eran:

    1. Antonio, casado con Luis Fernando. Este Antonio ya tenía los 40 cumplidos, lo que se le manifestaba por su tripita. No era gordo, pero se notaba ya su volumen, debido sin duda alguna a la cerveza y a otros licores. Pero es un tipo que no se enfada nunca con nadie, ni discute, escucha y dice su «humilde opinión». Si su trepida es abultada, sus genitales lo son proporcionalmente más, un pene, largo de unos 18 cm. sin erectar, no excesivamente grueso, invitador a dejarse penetrar, escroto enorme, peludo, como el pubis, el pecho, las piernas y las axilas. Antonio es el más peludo de todos mis amigos y no se ha afeitado otra cosa que la barba, porque hasta bigote tiene.

    2. Luis Fernando es el suertudo esposo de Antonio, 28 años, totalmente afeitado, es el contraste de su esposo, incluso la cabeza tiene afeitada. En cualquier reunión, si por casualidad se ve un pelo, grita, saca sus pinzas y lo extrae como si fuera una dolorosa muela. Aunque es flaco, guapo y con muy buenos modales, su polla es normal de unos 13 cm. al cálculo por encima, pero su culo es tentador, tiene unas nalgas que los ojos se las comen solo con verlas, muy pronunciadas, duras debido a las sentadillas y al ejercicio que hace, aunque no consigue formar bien la tableta de su abdomen. Por último indico que sus ojos son verdes y maleantes.

    3 y 4. Los Manolos. También esposos, Manuel y Manolo, así se llaman ellos entre sí, todos los llamamos Manolo o los manolos. Estos son un pastel, ambos tienen casi la misma edad, 28 años, solo que con 11 meses de diferencia. Son dulces amables, siempre cogidos de la mano como dos colegiales o dos pimpollos eternamente enamorados. Les da lo mismo estén en donde estén, de vez en cuando se besan piquitos a los labios. Es lo más inmoral que hacen en público, pero con los amigos siempre presumen de amarse y lo demuestran, se ponen a follar delante de nosotros. Ambos están debidamente dotados. En efecto, si coinciden con la edad, igual coincidencia sus 19 cms. medidos en otra ocasión por mí a petición de los interesados. Ambos también culos planos y poca gimnasia, aunque se mantienen en forma y no muestran barriga cervecera.

    5. Bustamante. Un amigo mío de los negocios. Soltero a sus 45 años. Le gustan todos y no sabe elegir o no puede, como suele decir él mismo. Ve un hombre y piensa que ya es suyo, pero nunca se le declara. Se declara a los que ya están ocupados, como le ocurrió conmigo. Por polla no será, larga y gorda. Con este he follado ya alguna vez y da gusto, el tío tira y tira, tira de todo y en cuanto a leche, tiene semen de reserva para todo un batallón. En esta orgía ha sido el primero en masturbarse para mostrarse a sí mismo y se metió con uno de los más jovencitos, Aurelio de 19 años y no lo dejó preñado por imposible, porque le dio leche para que crezca algo más.

    6. Aurelio por haberlo nombrado. Este además de gay es maricón, sarasa, sodomita, trolo, afeminado, desviado, homosexual presumido, marica hasta gustarle vestirse de mujer, mariquita en el hablar y en los gestos, ¡ah!, también es puto, es decir prostituto cuando le falta el dinero, además, fuma hierba, es decir, un auténtico bujarrón y vago para todo menos para follar. El sexo le apasiona y lo mismo le da que le den por el culo o por la boca y le encanta lo que le ha hecho Bustamante, que se derramó toda su eyaculación encima de Aurelio y en toda su boca.

    7. Fernando es otro sarasa afeminado a tope y perezoso. Es guapo a más no poder y lo mejor que tiene es su culo que pone

    A disposición de quien se le ofrezca a colmarlo, porque no le gusta nada dar y eso que tiene buena polla, larga y gorda, pero le encanta, gusta y desea eyacular mientras le joden su culo, luego va aconsejando a latente con quien se folla divinamente mejor.

    8. El más chulo de la reunión es Luis Fernando. Este es feo de cara, pero tiene un cuerpo atlético, muy cuidado en el gimnasio, pero es un chulo, se lo cree demasiado, hasta el extremo de ir presumiendo de gente famosa de la política y de la alta sociedad que dice él quede folla o se ha follado. Nadie lo cree y él lo jura y reniega y hasta blasfema por defender lo que dice. Es que están feo y creído de sí quede le invita a este tipo de fiestas por compasión, solo consigue echarse unas cuantas pajas y que algún despistado le da polla a su trasero también por conmiseración.

    9. Había un tipo que ni yo que lo había invitado conocía de nada. Lo tenía en la agenda marcado como inevitable para sesiones de sexo, pero nunca lo había visto. Conversando con él, averigüé que un amigo común me lo había recomendado. Era un tipo sencillo, discreto y muy afable, no intervenía si no era invitado a hablar y le parecían bien todas las propuestas. Se notaba que tenía la cabeza muy bien puesta y le indiqué que tenía que hacer gozar a Miguel. Se lo propuse diciéndoselo abiertamente. Conseguí lo que pretendía. Todavía Miguel habla de él como un tío fenomenal «un todo terreno», su nombre es Gustavo, guapo, un cuerpo de envidia y una polla en todos los sentidos magnífica. Miguel quiso que hiciera un trío con ellos dos. La verdad, hasta el presente ha sido el mejor trío que he tenido. Cuando Miguel y yo estábamos acabados, le indiqué que se buscara a Justin para que lo hiciera vibrar. Justin me lo agradece a cada rato. Si hubiera que dar un premio de la orgía, Gustavo se llevaría la palma. Ahora ya tiene las puertas de mi casa abiertas.

    10 y 11. Dos hermanos, muy jóvenes, no tendrían mas de 20 años, eran iguales. No sé si su madre los distingue, son tan iguales, mellizos, de la misma alta una, idéntica constitución física, que ellos dices: «Si quieres saber quien es cada uno recuerda esto: Felipe tiene la polla un poco más larga que la de Santiago y este un poco más gorda que Felipe; tan solo tienes que saludar tocando el paquete y ya sabes quien es cada uno». Son esas soluciones fáciles en las que nadie piensa más que los interesados. Follando son un fenómeno, me follaron los dos, los dos a la vez, primero metía uno y luego el otro, a la hora del orgasmo tenía ambas pollas en mi ano, una verdadera gozada.

    12. Un chaval gordito, no excesivamente, pero sí estaba fornido y ancho. Su polla era una miniatura. A él no parecía importarle, porque decía que lo que busca es que le den por el culo que por su pene ya se encarga él mismo. Lo follaron todos.

    13 y 14. Facundino y Henry son pareja forma, casados ya hace dos años. Facun dice que ellos acuden a todo porque lo necesitan para amarse más. Henry dice, tantos cuantos nos follan en una fiesta nos follamos nosotros después antes de otra fiesta. Hemos aprendido mucho en este tipo de fiestas, posturas, maneras y otros miles de detalles. El sexo se pone más ameno y agradable cuando lo variamos y para eso es necesario aprender. A mí me follaron los dos y fue maravilloso, los follé yo igualmente y fue maravilloso; la verdad es que los maravillosos son ellos. Ambos van al gimnasio, buenos pectorales, con pezones que daba gusto lamer o meterse a la boca, abdomen bien marcado con la perfecta tableta de chocolate y sus pollas buenas, grandes y gruesas. Todo quisieron pasar por su arco triunfal.

    15. He dejado para el final el tipo más fabuloso de la reunión. De raza negra, alegre, amable, cuerpo infinitamente mejor desarrollado de todos los presentes Y la polla, parecía una verdadera manguera. Bernes es su nombre. Nos hicimos amigos ese día. Nos lo sugirió un amigo común y no lo dudamos. Todos quisieron probar su polla o por la boca o por el culo. Nadie pudo metérsela del todo ni por el culo ni por la boca. Pero él eyaculó abundante todas las veces con todos, parecía una máquina de fabricar semen.

    16, 17 y 18. Nosotros tres, Miguel, Justin y yo mismo. Ya nos conocéis. Yo veía a Miguel disfrutar follando con todos y, mientras fabricaba su semen, se rebaja penetrar. Lo disfrutaba todo. No que decir de Justin. Se comportó como una máquina del sexo. Yo prefería las dobles penetraciones, era todo más lento y más agradable. Lo disfruté

    En la votación final quien se llevó la corona fue Bernes. Queda para siempre invitado a nuestras fiestas. Miguel lo pasó supremo. Mientras Bernes follaba a Miguel, yo estaba contemplando al lado la acción y metiéndoles dilatador en la polla de Bernes y el culo de Miguel. Cuando follaban, me comí la polla de Miguel hasta hacerle eyacular. Tragué toda su leche y con un beso le pasé a su boca sus propios sabores. Cuando acabaron me mamé y lamí bien la polla de Bernes, la dejé limpia porque yo alcanzo con mi boca bastante. Volvió a darme su leche, que era muy agradable.

    Tuvimos tiempo para todo, porque alargamos la fiesta hasta el domingo en la mañana. A las 11 de la mañana se habían marchado todos. No costó que fueran porque estaban verdaderamente saciados sus estómagos, sus culos y sus bocas. Nos quedamos los tres para disfrutar entre nosotros. Justin lo gozó mucho, era muy patente en sus expresiones de felicidad.

  • Descubierto por el zapatero de mi calle (Parte 2)

    Descubierto por el zapatero de mi calle (Parte 2)

    Mientras mi vecino el zapatero esperaba a mi lado, después de haberme descubierto siendo follado a la vez por el viejo y el maduro, allí debajo del viaducto estando totalmente en pelotas, con una polla dándome por el culo y otra follándome la boca, yo muerto de vergüenza, con la cara enrojecida, y un empalme de campeonato, al no haberme podido correr cuando me habían follado el viejo y el maduro, a la vez que me iba vistiendo, miraba de reojo a mi vecino el zapatero. Veía como no me quitaba la vista de encima, relamiéndose con la lengua, y viendo la cara de lujuria con la que me miraba mientras me vestía, y el bulto que se le notaba entre las piernas.

    No sabía que te gustaba… empezó a decirme el zapatero, llevando su mano a mi culo mientras trataba de subirme el slip. estás muy bueno, me decía pasando su mano por el cachete de mi culo. Te vi cuando ellos se acercaron a ti, luego te escuché el alarido que diste, iba a intervenir, pero… luego oí como gemías y disfrutabas, por lo que me quedé observándoos, y joder, además de descubrir que te gustan los hombres y ser follado, me pusisteis como un burro de empalmado.

    Mira cómo estoy, me decía llevando mi mano a su entrepierna. Muerto de vergüenza toqué el bulto que tenía en su entrepierna, notando lo duro y abultado que lo tenía. No voy a decir nada, pero si tú quieres y me dejas… podemos hacerlo.

    A mí también me gusta dar por el culo, y tu… tú, tú estás muy bueno, siempre me gustaste, y mira cómo te han dejado de empalmado esos 2, decía llevando su mano a mi entrepierna.

    Ahora ya se que te gustan las pollas, y si tu quieres… Pues podemos hacerlo, eh, ¿Qué te parece? No te preocupes que no voy a decir nada, esto quedará entre nosotros.

    Joder con mi vecino el zapatero, pensaba yo, el muy cabrón también es maricón, y el muy hijo de puta me está chantajeando para que me deje follar.

    Muerto de vergüenza, nervioso y enrojecido como un tomate por haber sido descubierto, me encogí de hombros diciéndole bueno, mientras terminaba de vestirme.

    El muy cabrón con una cara de satisfacción y lujuria sonreía manoseándome el culo. Vamos a otro sitio, me decía, aquí es peligroso y nos pueden sorprender como os descubrí yo.

    Salimos de allí, y empezamos a andar hacia nuestra calle, donde yo vivía, y él tenía el taller de zapatería. Vamos al taller, me decía, allí estaremos mucho mejor y no nos va a molestar nadie, me iba diciendo, mientras me iba tocando el culo con su mano.

    Joder como me habéis puesto, casi me pongo a pajear allí, al ver como te tenían en pelotas y te follaban los 2 a la vez. Y joder como gemías y que pedazo de cuerpo que tienes mi niño, me decía metiéndome mano por el culo. Tienes un culito de vicio, estoy deseando probarlo y hacerte mío, joder quien lo iba a saber, iba diciéndome mientras íbamos andando hacia su taller de zapatería.

    Nada más llegar al taller de zapatería, sacó las llaves abriendo la puerta, me hizo pasar, luego entró él, cerró la puerta pasando la llave y dejándolas allí colgadas en la cerradura. Encendió la luz ya que, al no tener ningún escaparate o ventanal a la calle, el taller estaba en total oscuridad.

    Nada más encender la luz, se acercó a mí, empezando a meterme mano. Quién lo diría me decía llevando su mano a mi entrepierna y empezando a sobarme la polla y genitales. Uff mi niño que bueno estás, que ganas tengo de hacerte mío, me decía acercando su boca a la mía y pasando su lengua por mis labios.

    Dios que ganas tengo de probar este culito y follártelo hasta reventarlo, te voy a dejar bien preñado, y hacer gemir como te estaban haciendo gemir aquellos 2 maricones.

    Yo, aunque muerto de vergüenza y algo tímido por la situación en que me encontraba, al ser descubierto por mi vecino el zapatero, estaba que me salía humo por las orejas de lo caliente y salido que estaba. Me acababan de dar por el culo y llenado el estómago de semen, follándome la boca con otra polla mientras me daban por el culo, y ahora estaba en el taller de zapatería de mi vecino, el cual me había descubierto en pelota picada siendo follado por 2 pollas debajo del viaducto.

    El cabrón mordía mis labios mientras me iba aflojando el cinturón, luego desabotonando el pantalón, hasta que este fue bajado junto al slip, quedando desnudo de cintura para abajo, delante del zapatero, mientras me mordía los labios y yo me sujetaba a sus hombros con mis manos.

    Llevó su mano a mi polla y genitales, agarrándolos con su mano y acariciándomelos. Te dejaron bien caliente y salido, ¿eh? Mira como estás de duro y empalmado, me decía sin dejar de morderme los labios. Pero no te preocupes mi niño, que yo te voy a calmar y aliviar esta calentura. Empezó a desabotonarme la camisa, mientras seguía mordiendo y lamiendo mis labios.

    Una vez hubo terminado de desabotonarme la camisa, tiró de ella para abajo deslizándola por los brazos, y mientras me la iba quitando, empezó a morderme el cuello, haciéndome soltar un gemido a la vez que me empezaban a temblar las piernas al sentir el goce que me daban sus mordiscos en el cuello, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía estremeciéndome y empezando a temblar al notar sus dientes morderme el cuello, quedándome desnudo delante de mi vecino el zapatero.

    ¡Ohhh mi niño! ¡ohhh como me gusta oírte gemir! Me gusta verte estremecer y hacerte temblar con mis caricias. Ya verás como vamos a gozar los 2. Te voy a hacer gozar hasta que llores y te corras de gusto, con mi polla dentro de este tierno culito.

    Te gusta la polla, ¿eh mi niño?

    Joder, a mi niño le gusta la polla, y yo sin saberlo, mmm, con lo bueno que estás. Menos mal que te he descubierto y puedo saborearte y hacerte mío, mmm. Susurraba mi vecino el zapatero, mordiéndome el cuello y acariciándome con sus manos a la vez que me torturaba con su boca mordisqueándome el cuello, mientras yo me abrazaba a él.

    Mi polla estaba que me dolía de dura y empalmada que la tenía. Ya empezaba a gotear semen, y la tenía toda pringada por las gotas de semen que brotaban sin parar. Si aquello seguía, no tardaría en correrme, y mi vecino el zapatero, no dejaba de torturarme haciéndome gemir estremeciéndome y temblando las piernas sin parar, a causa del gusto y al clímax al que me estaba haciendo llegar.

    Para para, le pedía abrazándome a él. Si sigues me voy a correr, le decía sin soltarlo del abrazo en que lo tenía.

    Eso es lo que quiero, mi niño. Quiero hacerte correr y que goces. Pero bueno, ya veo que estás deseando que te meta la polla en el culo, y que te folle para que sientas el orgasmo con mi polla dándote por el culo.

    Llevó su mano derecha a mi culo, e inclinándose un poco mientras me lamía con su lengua el pezón de mi tetilla, metió uno de sus dedos en mi ano, haciéndome estremecer a la vez que me abría de piernas.

    ¡Ufff! Sí que te dejaron bien abierto el culo. Mira como entran mis dedos, decía metiéndome un segundo dedo en el culo y haciéndome gemir mientras me abría de piernas.

    Estás chorreando, joder. Menuda corrida que te largaron, te dejaron bien abierto y preñado, decía mi vecino el zapatero, metiéndome 2 de sus dedos en el culo.

    Yo que estaba más salido y caliente que una perra en celo, después de la vergüenza que ya iba dejando atrás, al ver como el cabrón de mi vecino el zapatero me tenía, con lo caliente que yo estaba, empecé a aflojarle el cinturón del pantalón, desesperado por sacarle la polla y tenerla en mis manos. Una vez le hube aflojado el cinturón, empecé a desabotonar el pantalón, luego le bajé la cremallera, tirando luego de su calzoncillo y liberando la polla con la que mi vecino el zapatero, me iba a sodomizar aquella noche.

    ¡Dios que pedazo de polla! Quedé con la boca abierta al ver la tremenda verga que calzaba mi vecino el zapatero. No es que fuese muy gruesa, pero joder, tenía una polla de muy buenas dimensiones, y sobre todo lo que me llamó la atención, era que además de lo dura y empalmada que ya estaba, era la curvatura que esta tenía, joder, cuando me metiera aquella polla en el culo, me iba a llegar al ombligo, y aquella curvatura que tenía, iba ser como si me quedara enganchado en ella.

    Empecé a acariciársela, quedando embobado, mirando para ella mientras con mis manos le iba descapullando el glande, a la vez que le sobaba los huevos.

    Miraba para aquella polla mientras se la acariciaba y sobaba los huevos, viendo él, lo embobado que me había quedado mirando para su polla mientras se la acariciaba junto a sus pelotas.

    ¿Te gusta? Me decía viendo como me había quedado mirando para su rabo. Moví la cabeza en señal de afirmación. Pues anda, termina de quitarte el pantalón, que te la voy a meter. Va a ser toda para ti mi niño. Te la voy a meter hasta los cojones, ya verás como vas a gozar y gemir con ella, cuando te la meta por el culo.

    Empecé a quitarme los zapatos y sacar por completo el pantalón y slip, mientras mi vecino el zapatero, se despelotaba al igual que estaba yo, quitándose por completo toda la ropa.

    Una vez estuvimos los 2 desnudos por completo, volvió a abrazarme, diciéndome que me agachara y le chupara la polla. Anda, métela en la boca y chúpala un poco, me decía empujándome con sus manos puestas en mis hombros.

    Me agaché sujetándome a sus piernas, y llevando una de mis manos a aquel rabo que se mostraba totalmente erguido delante mía, empecé a meterme el rabo de mi vecino el zapatero en la boca, empezando a chupárselo.

    ¡Ohhh mi niño! Suspiraba él colocando sus manos en mi cabeza sujetándola mientras impulsaba su pelvis, introduciéndome su falo en la boca.

    Así, así, abre bien la boquita, ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto mi niño! Decía mi vecino el zapatero, sujetándome la cabeza e impulsando su pelvis introduciéndome su verga en la boca.

    Yo abriendo todo lo que podía la boca, tragaba su rabo sujetándome a sus piernas, dándome arcadas cada vez que la punta de su polla tocaba mi campanilla, haciéndome abrir en arcadas. La bilis me salía por la comisura de mis labios y los ojos me lloraban, cada vez que impulsaba su pelvis haciéndome tragar su falo.

    Dios, la baba saliendo por la comisura de mis labios, iba resbalando por mi cara, cayendo por el suelo y mojando sus pelotas, cada vez que estas golpeaban mi cara, con cada impulso que daba a su pelvis, introduciéndome aquel rabo largo y curvado en mi boca.

    Después de un buen rato en el que me tuvo haciéndole chupar la polla, levantándome por los brazos, me llevó hacia donde tenía la larga mesada donde reparaba los zapatos, y después de separar lo que había sobre ella, puso estirando sobre ella una especie de esterilla, haciéndome tumbar boca arriba.

    Así, así mi niño, ponte aquí. Así, túmbate así, me decía echándome de espaldas sobre aquella larga mesada.

    Una vez me hubo tumbado boca arriba, sujetándome las piernas con sus manos, las abrió a la vez que las levantaba colocándolas sobre sus hombros, dejándome totalmente abierto de piernas, quedando mi culo, polla y genitales, expuestos y exhibidos a su entera disposición, listo y preparado para ser sodomizado.

    Pegado al borde de la larga mesada, me arrimó más a él, y colocando la punta de su verga en la entrada a mi ano, empezó a introducirme su polla poco a poco haciendo que mi esfínter se fuese abriendo, mientras iba introduciendo toda su hombría dentro de mí.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemía yo notando como su virilidad, iba penetrando en mí, abriendo mi culo introduciéndose en él, hasta los mismísimos cojones.

    Cuando sus pelotas pegaron en la entrada de mi ano, colocándose mejor, y dejando su polla totalmente metida en mi culo, dijo:

    Ya mi niño, ya la tienes toda dentro, ¡ah que gusto! ¡ah que culito, dios! ¡ay que gusto, ay que gusto! Suspiraba con su polla dentro mía, a la vez que se inclinaba echándose sobre mí, llevando sus manos a mis pezones empezando a pellizcarlos y retorcerlos, mientras empezaba a bombear su pelvis, haciendo que su verga fuese deslizándose por mis entrañas.

    Yo mientras tanto, me sujetaba con mis manos a sus brazos, gimoteaba notando como mi vecino el zapatero me estaba dando por el culo en el taller de su zapatería, tumbado sobre su mesa de trabajo, ¡oh oh oh! ¡ooohhh! Gimoteaba suspirando mientras estaba siendo sodomizado.

    Te gusta ¿eh? ¿Te gusta eh mi niño?

    Te gusta la pollita, ¿verdad?

    ¡Eh mi niño! Te gusta la pollita, ¿eh?

    Mira como gimes y disfrutas, decía mi vecino el zapatero, ensartándome una y otra vez la polla en el culo sodomizándome.

    Toma mi niño, toma, decía taladrándome una y otra vez el culo con su polla.

    Su polla pegaba una y otra vez en mi punto dulce, cada vez que llegaba al fondo de mis entrañas, haciéndome gemir cada vez que su polla golpeaba mi próstata, haciéndome recorrer por toda mi espina dorsal una corriente de gusto y placer que me estaba llevando al clímax.

    Mi polla toda pringada, no paraba de soltar gotas de semen, cada vez que me introducía su verga hasta la mismísima base, haciendo que sus pelotas golpearan una y otra vez la entrada a mi ano, oyéndose nuestros gemidos y el golpeteo de su pelvis y pelotas, pegando en la entrada de mi culo, chof, chof, chof, se podía escuchar cada vez que su polla entraba en mi culo sodomizándome.

    Ambos estábamos sudando, jadeábamos y gemíamos sin parar, copulando allí sobre la mesada del taller de mi vecino el zapatero.

    Yo me aferraba fuertemente con mis manos a sus brazos, mientras su polla me envestía una y otra vez, sodomizándome. Ya no podía más, estaba totalmente extenuado, y a punto de correrme. Cerraba los ojos y tenía la boca abierta delirando de tanto placer que estaba soportando. El cabronazo de mi vecino el zapatero, me tenía en el clímax del placer dándome por el culo allí tumbado sobre su mesa del trabajo.

    De repente noté como su ritmo aumentaba y sus gritos se incrementaban, anunciándome su eminente eyaculación.

    ¡Ay que gusto! ¡ay que gusto! Gritaba mi vecino el Zapatero, empezando a eyacular dentro de mi culo.

    Me corro, me corro, gritaba notando yo como su polla empezaba a escupir varios chorros de semen, preñándome el culo con su leche.

    Había eyaculado dejándome todo su esperma dentro mía, bañando mis entrañas y dejándome bien preñado de leche.

    Justo cuando el soltaba sus últimos trallazos de semen en mi interior, gritaba yo que me corría.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gritaba yo empezando a eyacular sobre mi vientre y abdomen, bañando de semen mi cuerpo y parte del de mi vecino el zapatero.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto mi niño! Gritaba mi vecino el zapatero soltando sus últimas gotas de semen, viendo como yo me convulsionaba y tenía un orgasmo eyaculando mi semen sobre mi cuerpo y parte del de él.

    Dios que bueno, decía él acariciándome el culo y piernas, mientras su verga iba poco a poco saliendo de mi culo, dejándome preñado con su semen.

    ¡Ohhh que culo! Decía acariciándome. Que culo más maravilloso mi niño, tienes un culito maravilloso. Que gusto me ha dado follarte. Me has vaciado los cojones, me has dejado exprimido.

    Es una pena no haber descubierto antes que te iba esto. Si lo llego a saber que te gustaba, te hubiera dado por el culo en más ocasiones. Con lo bueno que estás, y el culito que tienes, te hubiera preñado mucho antes, no tendrías necesidad de andar buscando por ahí quien te follara. Te habría dado yo por el culo todas las veces que quisieras.

    Pero bueno mi niño, ya sabes que cuando quieras que te de por el culo y te deje bien preñado, solo tienes que venir por aquí y quedamos, decía mi vecino el zapatero, acariciándome mientras nos íbamos recuperando.

    Que pedazo de cabronazo que era mi vecino el zapatero, claro que, si yo supiera que él también era maricón, posiblemente me hubiese insinuado alguna que otra vez, sobre todo sabiendo lo bien que me había dado por el culo. Además de que me gustaba la polla que tenía, y que teníamos sitio donde poder follar con tranquilidad.

    El cabrón muy sutilmente me había chantajeado, diciendo que él no iba a decir nada, y por su parte no me iban a descubrir, pero claro, eso sí, él quería darme por el culo y dejarme preñado con su leche.

    Bueno eso a mí, también me gustaba, después de la primera impresión al ser descubierto y pasar esa vergüenza al ser descubierto, lo que me importaba era tener con quien follar. Me gustaba que me abrieran el culo y me enterraran la polla dejándome bien preñado de leche.

    Después de limpiarnos un poco, nos vestimos, y salimos del taller de zapatería, marchando cada uno para su casa. Me acompañó hasta el portal de mi edificio, y después de sobarme bien sobado y meterme mano todo lo que quiso, subí para mi casa. Iba con el culo bien abierto y sobre todo bien follado y preñado de leche, y el descubrimiento de un nuevo follador que me iba a dar por el culo en más ocasiones.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

     

  • Jormi, mi amigo de Facebook

    Jormi, mi amigo de Facebook

    Lo conocí en Facebook, apenas hace un mes y medio, su nombre es José, Ruiz Mejía, pero se hace llamar ‘Jormi’, al principio no el a hacia mucho caso, me manda mensajes de imágenes bonitas y cosas así, pero nunca le ponía atención. Una noche mientras estaba en mi celular atendí un mensaje de él, comenzamos a charlar y la charla fue tan amena, que lo hacíamos diario, el me comentaba mis fotos y me invitaba a cenar, yo lo dudaba al principio, pero un jueves de hecho el jueves pasado acepté salir con él.

    Cuando lo vi me gustó mucho, un joven de 26 años, de piel blanca ojos verdes, fornido y elegante, ¡guau!, fue mi primera expresión al verlo, el me atendió educadamente, yo llevaba un traje de vestir ajustado ya que salía del trabajo, conversamos un rato, la cena fue maravillosa, eran las 9:00 PM y me invito unos tragos por un bar de Insurgentes, fui gustosa, entre copa y copa salieron charlas desde tristes hasta calientes, nos empezamos a contar como fue su primera vez y la mía, lo que más nos gusta de nuestro cuerpo y esa charla nos llevó a lo que ¡inevitablemente pasaría!

    J: ¡Oye! ¡Qué guapa eres, que cuerpo tienes nena!

    Yo: Tu igual eres muy guapo

    J: ¿Lo has hecho con alguien menor que tú?

    Yo: ¿Jajá que pregunta?

    J: ¡Es que yo quiero ser el primero!

    Lo miré seriamente, pero mi cabeza comenzó a imaginar ese encuentro, de pronto él se acercó a mí y me miró fijamente, ¡sin dudarlo comencé a besarlo!, besaba muy rico, sus labios eran carnosos, su mano me acariciaba la cintura, el momento se volvió muy hot, yo con mi mano le acariciaba la pierna

    J: Vamos a mi departamento, ¡claro si quieres!

    Yo: ¡Déjame avisar que llegare tarde!

    J: ¿Guau tu marido no te dice nada?

    Yo: ¡No! ¡Él sabe que si llego tarde es porque me salió algo bueno jajá!

    J: Uf, ¡que marido!, yo no te compartiría con nadie!

    Yo: ¡Pues aprovechemos que el sí!

    Me llevo a su departamento típico de hombre soltero, pero muy elegante, me ofreció algo de tomar, pero yo sin decirle nada comencé a besarlo, el cedió fácilmente, ¡comenzamos a desnudarnos mutuamente! Nuestra ropa estaba regada por el pasillo hacia su habitación, una vez dentro el me tiro en su cama, el joven elegante y educado desapareció y se convirtió en una fiera, me besaba de los pies hasta mis ojos, me acariciaba como desesperado, sus manos eran grandes y fuertes, su pene era grueso no tan grande pero circuncidado, yo lo acariciaba suavemente mientras el besaba y jugaba mis pezones, su mirada fija y desafiante mientras sus dientes apretaban mis pezones.

    Sonreí mientras el lentamente bajaba a mi vagina, comenzó a olerla y pasar dos dedos por enzima, ¡la sobaba muy rico mientras su lengua yacía en mis ingles! “¡Que placer” poco a poco la llevo a mis labios vaginales, laos besaba tiernamente, pero al mismo tiempo bruscamente, esa sensación! Estaba yo maravilla con la su lengua me daba mucho placer, comenzó a meterme un dedo y lo movía jugueteando mi clítoris, el cual mordía y apretaba, ¡uf estaba gimiendo como loba en celo!

    Yo. ¡Así que rico lo haces papi!

    J: ¿Sabes a Gloria Monique o Leticia como te gusta que te digan?

    Yo: ¡Dime como quiera rey, soy tuya!

    J: Te diré Lety, ¿oye Lety quieres mi verga en tu boca?

    Yo: ¡Claro! Tráela aquí!

    Nos acomodamos en un 69, comencé a devorar esa verga “hermosa”, mientras el metía su lengua y la sacaba, abrió mis nalgas y desde mi ano la llevaba a mi clítoris, que placer, yo devoraba fieramente su verga, ¡la mordía suavemente y me atascaba con ella hasta ahogarme! Estuvimos devorándonos un buen rato, me sorprendió que no se venía, solo se ponía más y más duro.

    J: ¡Déjame ponerme el condón!

    Yo: No nene, dámela así, ¡ya no quedare embarazada!

    J: ¡Dios mío que zorra!

    Yo: Métemela papi, ¿o tienes miedo?

    Esas palabras bastaron para que “Jormi” se calentara, me acostó y me abrió las piernas como compas a 90 grados, me sonrió y me la empezó a meter suavemente, ¡uf! ¡Que rico resbalaba dentro de mí, él se movía rico, su movimiento de pelvis me hacía sentir su dura verga rozar todo por dentro!

    J: ¿Te gusta?

    Yo: Si, sigue así

    Me besaba las tetas y mi cuello, yo lo apretaba fuerte, me levanto las piernas y pegando mis pies en su frente comenzó a moverse más bruscamente, que rica pose, ¡su verga entraba por completo en mí, ¡así papi dámela! ¡Le decía yo mientras gemía del placer que me provocaba! Después me puso de lado en la orilla de la cama, se levantó y así me la dejo caer, me acariciaba los muslos y las nalgas, ¡me apretaba la frente y se movía fuertemente!

    J: ¿te gusta?

    Yo: Si, ¡me encanta!

    Me la daba fuertemente, yo gemía del placer que sentía, con fuerza me puso en cuatro y me ensarto fuertemente, ¡que ricas nalgas! Decía mientras me cogía riquísimo, yo también movía mis caderas como se dice en la actualidad “perreándolo” la sensación era magnifica, el me apretaba tan fuerte mi cadera yo me movía también con fuerza, de pronto comencé a venirme, ¡dios que rico orgasmo! ¡Él también estaba por correrse, pero la saco y me hecho todo en mis nalgas!

    J: ¡Uf, que rico Lety, que rico!

    Yo: ¡Papi que placer!

    Creí que todo había terminado, pero no fue así, el me tomo de la mano y me puso de rodillas a mamársela nuevamente, yo devoraba esa manguera que escurría leche caliente aun, él me tomaba de la cabeza y me miraba sonriendo, ¡qué suerte tengo! Dijo mientras me empujaba su pene hasta mi garganta, estuve comiendo su carne un rato hasta que nuevamente se endureció como roca, esta vez lo acosté en la cama y dándole la espalda comencé a cabalgarlo, él me tomaba de la cadera y me movía velozmente, ambos gemíamos, yo le besaba los pies mientras él me daba de nalgadas.

    J: ¡Así mami, muévete, que rico lo haces!

    Yo: ¿Te gusta?

    J: Me matas, ¡uf como destrozas mi verga!

    Sin sacármela me di vuelta para verlo de frente, me seguía moviendo como licuadora, sentía como me entraba hasta mis entrañas, ¡el gemía y me mordía las tetas!

    J: ¡Que rico mami, que rico!

    Debes en cuando me daba de sentones, el sonido provocado me ponía a mil, ambos gritábamos, el me movía más fuerte, sentí como comenzó a inflarse, y nuevamente nos corrimos juntos, ¡esta vez me lleno mi vagina de su semen caliente y espeso!

    Yo: ¡Así nene, así!

    J: ¡Eres la mejor!

    Terminamos exhaustos, nos quedamos abrazados un rato, platicando y besándonos, el me dejo ducharme al vestirse nuevamente regreso el joven caballero, me pidió un Uber y me mando a casa.

    Llegué y le conté a mi marido lo rico que me fue, él se excito tanto que me dio tremenda cogida, pero la historia con “Jormi”, aun no terminaba.

    Saludos su amiga Lety.

  • Pezones pellizcados

    Pezones pellizcados

    Era una tarde de viernes, el trabajo estaba un poco quieto, y sentado en mi oficina veía a mi nueva secretaria, hacienda sus quehaceres en el pasillo justo afuera de mi oficina. Melba era una chica joven, rubia y de un cuerpo bastante aceptable. Melba entro a mi oficina y se puso a recoger y ordenar mí desordenado escritorio, yo me hice el ocupado y solo la miraba de reojo, le tenía unas ganas locas, que mujer tan atractiva, las feromonas volaban por mi nariz y se me erizaban los vellos de solo pensar en estar a solas con ella, ella no decía nada y me avente y le dije si quería tomar algo al final de la tarde cuando ya todos estaría saliendo para sus hogares un fin de semana aburridor.

    Note se le abrieron los ojos, esos ojos que parecen adormilados pero sensuales, y me dijo que listo, que saliéramos al barcito a la vuelta del edificio a tomar alguito.

    Ya sentados en el bar, picamos lago y nos tomamos unas copas de dulce ron dorado, charlábamos amenamente y después un rato ya las risas y comentarios nos habían dado confianza para tutearnos.

    Ya habíamos hablado de nuestras familias, ella soltera, yo casado pero a la vez medio abandonado en mi relación de pareja. Seguimos charlando y una tocadita aquí y una palmadita allá, nos fue acercando y el licor a la vez nos soltaba más, de u momento a otro nos encontramos dándonos picos hasta que no dimos uno de esos besos épicos, un francés espectacular. Disfrutamos nuestros besos, pero ya era hora de regresar a la oficina. Al estar cerca solo caminamos lado a lado ya sin tocarnos, las calles ya solas nos permitían agarrarnos de manos sin los ojos de algún chismoso sobre nosotros. Mi verga estaba dura como una piedra y me imaginaba a Melba con su entre pierna húmeda y un probablemente un aroma dulcemente cautivadora.

    Subimos en el elevador magreándonos y besándonos, hasta el piso de nuestra ya abandonada oficina en el piso 28.

    Entramos tropezándonos, en la oscuridad del espacio, y tanteando llegamos a mi oficina, encendimos la luz, y baja la persianas de mis ventanas interiores por si a alguno de los empleados se le ocurría llegar de improviso a quien sabe hacer que cosa.

    Me acerque a ella y le ofrecí algo de tomar, me dirigí al bar que siempre mantengo surtido y le serví un whisky, un single malt, de 18 años. Observe a mi alrededor, encendí el televisor para poner algo de música, y nos acercamos a mi escritorio. La hice sentar en el borde del mismo de frente a mí, le abrí las piernas lo más que la pequeña faldita permitiera, tomando con aire y buena vista los ajustados interiores de una tanguita moradita, que deseaba quitar con mis dientes.

    Los labios hinchados de su vagina inflaban como un globo travieso, la ajustada tanga. Por las comisuras del encaje salían una que otro vello. La baje del escritorio y dándole la vuelta le levante la falda admirando su hermoso culito, esas nalgas duras, y de un tamaño ideal, lo suficiente para llenar mis manos. Le di una palmada, y la condenada, sensualmente me pregunto si la iba a castigar por ser perversa y meterse con un hombre que aunque casi abandonado, todavía casado.

    Le di un par de palmadas a esta chiquilla, mi secretaria, mi nuevo juguete, gimió y le di más duro, no se quejaba, pase mis dedos por entre su entre pierna sintiendo la delgada y esponjosa grieta de sus carnosos labios, húmedos , mentira inundados labios.

    Me senté al borde del escritorio, me afloje los botones de mi pantalón y ella siguió bajándolos, quitándome los calzoncillos, y así liberando mi duro miembro, cogiéndolo suavemente con sus mano lo jalo un par de veces para luego engullirlo con su boquita, esos labios pintados de rojo dejaron una línea rojiza a lo largo de mi pene. Lo mamo delicioso, lo lamio, lo azoto con su lengua y besaba el glande que morado ya estaba de lo duro que me apretaba el rabo.

    En la oficina tengo un sofá grande, que hace las veces de sofá cama a veces cuando me quedo, Melba soltó mi miembro y se sentó en la mitad del sofá, su faldita arremanga me dejaba ver todavía su morada tanguita. Me acerque y le empecé a bajar por sus largas piernas, ese pedacito de tela que nos hace suspirar a muchos sin importar el color y tamaño. Le quite la falda y luego libere sus pechos, esos montículos de carne joven, coronados por su par de negros pezones, duros como una fresa biche.

    Lamí sus senos, los apreté, baje mi mano e introduje mis dedos en su sexo, mojándomelos con su delicioso almíbar. Me baje un poco y corrí mi lengua por entre sus labios inferiores, sus gemidos alentándome a mordérselos, un pequeño mordico aquí otro allí y esta chica estaba como un tiro.

    Me levante y la puse de espaldas a mí y la penetre primero dulcemente y luego le di duro, que delicia, esa conchita estrecha estaba increíble, estaba siéndole infiel a mi esposa y me importaba un comino, que belleza de mujer la que me estaba comiendo. Ambos disfrutábamos, le di una nalgada lo que la éxito muchos más. Sus senos bailaban debajo de su torso, los cogí y pellizque, parece que le gusto, me pidió se los mordiera, la voltee y penetre nuevamente de frente ya acostados sobre el sofá, le mordí los pezones, al mismo tiempo que se los pellizca, se estaba volviendo loca, se movía como una culebrilla, salí por un momento y corriendo a mi escritorio saque un par de ganchos para unir papales, de esos negritos que con unas alitas metálicas se abren y aprietan los fajos de papel. Me acerque y le puse uno en un pezón al mismo tiempo que la volvía a penetrar, el otro le dije me lo pusiera ella a mí, Wow, que cosa tan fantástica, ambos sentíamos la presión en uno de nuestros pezones, y la arrechera nos tenía golpeándonos duro las caderas, así continuamos por varios minutos hasta que casi que mutuamente tuvimos nuestro primer orgasmo de esa noche. Al venirme, la saque de su apretada concha y cogiéndola por el gancho del pezón la jale a hacia bajo, metiéndosela en la boca donde me corrí como nunca.

    Esa noche la disfrutamos al máximo, no sabía cuándo mu mujer volvería y no podía dejar pasar esta oportunidad. Salimos tarde de la oficina, el deje cerca a su casa y quedamos en vernos hasta el lunes en el trabajo. Ya les contare de nuestra siguiente sesión de sexo desenfrenado.

  • Memorias inolvidables (Cap. 15): Infeliz accidente

    Memorias inolvidables (Cap. 15): Infeliz accidente

    Miguel besó a Sebastián, este se puso el casco y se fue. Miguel le miraba cuando iba a dar la curva. Sebastián levantó el brazo, Miguel también, desapareció en la curva Sebastián y Miguel se sentó en el portal de su casa, sin querer entrar. Hubiera esperado eternamente a Sebastián allí en el portal. Sebastián nunca llegó. Llegó el padre de Miguel y le mandó que entrara en casa. Miguel había llamado muchas veces al móvil de Sebastián y el móvil de Sebastián no contestó ya más. Sabía que no había nadie en la casa de Sebastián y no se atrevió a llamar a nadie más. No durmió en toda la noche. Le faltaba Sebastián.

    A la mañana temprano, puso la televisión de su cuarto mientras estaba en la cama y en la televisión se enteró. Sebastián había muerto en un tiroteo de carretera entre la policía y unos delincuentes. Al parecer los delincuentes le confundieron por un policía y le dispararon, acertando justo en el pecho. Las noticias decían que el coche de los delincuentes quería atropellarlo, pero el conductor de la moto los esquivó arrimándose mucho a la Bionda o barrera de seguridad del arcén, pero al adelantarle le dispararon. Una patrulla de la policía se paró para auxiliar al hombre caído de la moto y se encontraron a un joven de unos 18 años que ya era cadáver, había atravesado una bala su corazón y otra su cerebro. Murió instantáneamente. Miguel pareció morir. No se movió en todo el día ni para comer.

    Fueron localizados los padres y se organizó el sepelio para dos días después, dados los trámites exigidos por ley. Allí estaba Miguel todo desconsolado, acompañado por todos sus hermanos que comprendían su dolor. Sus padres también estaban a cierta distancia, más como observadores que como interesados. Los padres de Sebastián enviaron a Lizbeth para que llamara a Miguel y se uniera al dolor de la familia durante las exequias y en el entierro. Miguel se levantó y lo hicieron sentar entre la madre y la hermana de su amigo y novio Sebastián. Todo el mundo decía que «a este chico le va a costar un mal la muerte de su amigo», otros decían «pues es verdad que se amaban y por lo que se ve no poco». Había comentarios para todos los gustos. Sin embargo, por la cabeza de Miguel rondaba aquella sevillana de Manuel Garrido: «Algo se muere en el alma…» y la canturreaba en su interior:

    I

    Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va.

    Y va dejando una huella que no se puede borrar.

    Estribillo:

    No te vayas todavía, no te vayas por favor, no te vayas todavía;

    que hasta la guitarra mía llora cuando dice adiós.

    II

    Un pañuelo de silencio, a la hora de partir.

    Porque hay palabras que hieren, y no se deben decir.

    III

    El barco se hace pequeño, cuando se aleja en el mar.

    Y cuando se va perdiendo, que grande es la soledad.

    IV

    Ese vacío que deja, el amigo que se va.

    Es como un pozo sin fondo, que no se vuelve a llenar.

    Acabadas todas las ceremonias y los pésames para quedar bien la gente, nadie podía pensar que Miguel seguía cantando interiormente aquella otra canción de Alberto Cortez: «Cuando un amigo se va».

    Cuando un amigo se va

    queda un espacio vacío,

    que no lo puede llenar

    la llegada de otro amigo.

    Cuando un amigo se va,

    queda un tizón encendido

    que no se puede apagar

    ni con las aguas de un río.

    Cuando un amigo se va,

    una estrella se ha perdido,

    la que ilumina el lugar

    donde hay un niño dormido.

    Cuando un amigo se va

    se detienen los caminos

    y se empieza a rebelar,

    el duende manso del vino.

    Cuando un amigo se va

    galopando su destino,

    empieza el alma a vibrar

    porque se llena de frío.

    Cuando un amigo se va,

    queda un terreno baldío

    que quiere el tiempo llenar

    con las piedras del hastío.

    Cuando un amigo se va,

    se queda un árbol caído

    que ya no vuelve a brotar

    porque el viento lo ha vencido.

    Cuando un amigo se va,

    queda un espacio vacío,

    que no lo puede llenar

    la llegada de otro amigo.

    Solo las lágrimas testimoniales del dolor de amor le quedaban a Miguel que brotaban de sus ojos como las sonoras olas del mar en medio de un fuerte temporal. Tras el funeral, pasó una semana entera sin salir a la calle. Salió acompañado de su hermana Mercedes a dar una vuelta, llegaron a la Cafetería Versalles y se sentaron en la terraza. Pidieron un granizado de limón cada uno, pero Mercedes le dijo al camarero que en la de su hermano pusiera o whisky o ginebra. Así se hizo. Mercedes quería que Miguel hablase para que se desahogara. Miguel dijo a su hermana:

    — Entre todos lo mataron y él solo se murió.

    Su hermana no entendía y le preguntó. Miguel le explicó que Sebastián era muy odiado por muchos a causa de la envidia, y deseado pero no amado por otros a causa de sus excelentes atributos viriles. Pero en realidad todos lo mataron porque lo usaban como objeto de burla por envidia o de placer por deseo. Pero en realidad murió para mí. Yo lo he querido, lo quiero y lo voy a seguir queriendo por él mismo, porque era bueno, excelente y humilde. Ha muerto para mí pues nunca nadie lo quiso; ha muerto mi amor, el único que de verdad lo amaba. Por eso ha dejado en mi alma un vacío que no va a ser fácil de llenar.

    — Te comprendo totalmente, Miguel; cuando se ama las pérdidas son mayores porque muere algo propio, una parte de nuestro ser.

    Al rato pasó por allí Augusto Alanzón, un amigo de la época del colegio que desde entonces no había visto. Se acercó, se condolió con Miguel y le dijo que tenía que ir unos días a descansar fuera de este ambiente. Le invitó a irse a su casa que tenía a 170 Km de allí, frente al mar en una zona rocosa y solitaria.

    — No tienes que traer nada, solo tus cosas más personales. He escuchado todo lo que se habla en este barrio y estaba decidido a ir a buscarte para llevarte conmigo. Recuerda que te debo un gran favor y quizá esta sea la ocasión de que yo pueda hacer uno por ti.

    — No recuerdo qué favor te hice, disculpa, no tengo ahora ni idea.

    — Tuvimos mis padres y yo un accidente y se me rompieron cinco costillas y…

    — Ah, sí recuerdo aquello, pero no te hice ningún favor, era un deber de amigo y compañero de clase solamente.

    — Sí, cierto, pero me pasaste todos los apuntes y en una ocasión me trajiste al profesor Terrases al hospital para que me hiciera el examen oral, a ti te hacían caso los profesores y conseguiste que yo pasara de año. No perdí ni un día de clase y viniste varios días a estudiar conmigo en el hospital. Eso no se paga ni con dinero. Por eso quisiera sacarte ahora que tienes más dolor y más críticas injustas y llevarte a mi casa, me voy pasado mañana.

    — Y tus padres ¿qué dirán?

    — Ya lo he hablado con ellos y me han animado a invitarte, de no encontrarte aquí mañana pensaba apersonarme en tu casa.

    — No estaría mal, Miguel, esto es una oportunidad única…, —dijo Mercedes.

    — Ok, Augusto, así fortalecemos nuestra amistad.

    — Intercambiemos números de móvil y nos ponemos de acuerdo para partir pasado mañana. Justo he venido a dejar a mis abuelos. Llegué ayer en la tarde y me dio rabia las cosas que he escuchado, por eso es que ya sé donde vives y pensaba verte mañana, ha sido una suerte habernos encontrado.

    Se dieron un abrazo y Augusto se marchó. Miguel y Mercedes se quedaron conversando de la suerte y la casualidad hasta el momento de ir a casa.

    ***************

    Miguel llegó con Mercedes a casa y quiso ducharse. Tuvo que esperar que dejara libre su ducha quien quiera que estuviera dentro. Estuvo aguardando hasta que vio salir a Facundino, cosa extraña, porque Facundino y Eleuterio también tienen baño en su habitación. Como había notado que ya otras veces alguien usaba su baño para ducharse, no hizo mayor caso, pero ya sabía quien era. Ni preguntó, ni se quejó, ni pensaba protestar. Pensó que si iba allí es porque lo necesitaba y pasó página.

    Tras la cena, Miguel se disculpó con sus padres y decidió retirarse a descansar leyendo en su habitación en lugar de ver la televisión. Les pareció bien y les comunicó que al día siguiente tenía que decirles algo importante. Se metió en su habitación y se puso a leer, tumbado en la cama. Al rato, llamaron a la puerta y dijo:

    — Adelante.

    Se asomó su madre, entró, se sentó en la cama y le preguntó:

    — ¿Qué tienes que decirnos mañana?

    — ¿No puedes esperar a mañana?

    — No sé si podré dormir…, dijo su madre.

    — Entonces llama a papá y os lo digo a los dos.

    Eloísa salió llamó a su esposo Francisco de Asís y se fueron a ver qué le pasaba a su hijo. Entraron en la habitación y se lo encontraron sentado al borde de la cama.

    — Aquí estamos, hijo, ¿qué quieres decirnos?

    — Me he encontrado con un amigo del colegio, Augusto Alanzón y de parte de sus padres me invitan a ir a su casa hacia el sur para descansar allí unos días hasta que pase esta marea.

    — Si no vas a ser una molestia, me parece bien, —dijo su padre.

    — Pero…

    Su madre iba a decir algo y fue interrumpida por su esposo:

    — Ellos lo han decidido, no pongas más problemas.

    Se salieron discutiendo los esposos. Miguel sabía que iba a ocurrir esto por eso no lo quería decir de cara a la noche y pensó: «Tú lo quisiste, mamá, y, como siempre, te condenas en tus decisiones; esta noche no duermes y mañana estás insoportable».

    ************

    Miguel siempre se llevó bien con sus hermanos y hermanas, aunque su preferida y a quien le confesaba sus cuitas antes que a nadie era a Mercedes. Sus hermanos se distanciaron de él cuando se declaró gay ante todos. Las chicas lo llevaron bien, como algo tan natural e incluso pensaban cuán equivocados estaban los demás. Sin embargo, sus hermanos Eleuterio y Facundino se indispusieron, le contradijeron, lo insultaron y aparecieron como los más formales de todo el mundo. Tramaron el modo de que sus padres lo echaran fuera de casa, lo que hubieran hecho de no haber sido por las hermanas. Había comenzado la guerra de sus hermanos contra él.

    Pasó Augusto por la casa de Miguel y, tras saludar a su madre y a Mercedes, subieron al auto y se fueron a la casa veraniega que tenían cerca de la costa en Punta Negra, cerca de Denia, una zona rocosa junto al mar, con una estrechísima playa con marea baja y habitualmente invadida por el mar con rocas donde estar, buenas vistas y un mar con agua azul transparente. En lo alto están las casas con su jardín y piscinas como la de Augusto y abajo todo muy poco poblado para disfrutar de sol integral.

    En aquel entorno, Augusto tenía varios amigos con los que a veces salía ir al mar en una embarcación de su tío Augusto, hermano de su padre y de quien heredó el nombre. Esto hacía prever que se iban a relajar bien y Miguel podría soltar al aire todas sus preocupaciones y penas y ahogarlas en la salada agua del mar.

    Las presentaciones a su llegada fueron todo lo mejor posible. Los padres de Augusto lo recibieron como si fuera uno más de la casa y le dijeron que por lo menos debía quedarse como 15 días o más si lo deseaba:

    — Porque Augusto y nosotros te estamos muy agradecidos de lo que hiciste cuando nuestro accidente, te preocupaste por él más que nosotros que también estábamos hospitalizados.

    Detalles que Miguel conocía muy bien porque también había ido a visitarlos a ellos dos hasta que los pudieron poner a ambos en la misma habitación del hospital. Ya entonces solo visitaba a Augusto para ayudarle a estudiar y allí iban sus padres con muletas los dos para hacerle compañía y saludar a Miguel. Pero Miguel no quería que le pagaran favores:

    — No están en deuda conmigo, solo hice lo que me pareció que debía hacer por un compañero de clase…

    — Pero fuiste el único que vino y me ayudó, Miguel —decía Augusto—; es cierto, nadie tenía obligación de hacerlo, tampoco tú, pero tú hiciste que yo me encontrara a gusto, en paz y salvara mi curso escolar, ¿acaso traer a un profesor a la habitación del hospital no es extraordinariamente importante?

    — Pero… yo…

    — Miguel, lo tuyo fue una pasada…; mira, todavía saca lágrimas mi mamá por lo que hiciste; fuiste el único y te puedo decir que te debo la vida, porque cuando desperté me quería suicidar y en eso apareciste tú y me hiciste llano mi camino y hasta agradable mi mal.

    Esta conversación duró todo el tiempo de la tertulia de sobremesa después de comer. Habían ido a saludar a Miguel el tío Augusto, las hermanas de su madre y algunos primos y primas que querían saludar al héroe. Miguel estaba abrumado de tal manera que si Augusto no hubiera invitado a sus primos y a él a la piscina, ya se hubiera deprimido de tanto halago que le soltaban, cosa a la que no estaba acostumbrado, sino todo lo contrario. Salieron los chicos, tres primos: Juan, Macario y otro Augusto. Los tres y Augusto se desnudaron allí mismo y se metieron a la piscina en pelotas. Desde dentro animaron a Miguel, les siguió la corriente, se desnudó y se sorprendieron de ver cuán dotado estaba el amigo de su primo Augusto.

    Nadaron, hablaron fuera de la piscina un rato, tomando unos refrescos que alguien había dejado sobre la mesa que allí había y pasó la tarde hasta ha hora de la cena. Después se fueron a la televisión, pero Augusto se disculpó con sus padres y se llevó a Miguel a la habitación, donde había dos camas, con un estrecho pasillo de palmo y medio entre ellas. Augusto decidió juntarlas para que Miguel tuviera más espacio en su parte junto a la pared. Miguel respondió con una sonrisa de agradecimiento porque en verdad no había mucho espacio ni para sacarse las zapatillas. Ahora estaba más cómodo.

    Se acostaron, Miguel tenía costumbre de dormir desnudo, pero se hacía el remolón hasta que vio que Augusto se desnudó y se metió en la cama. Miguel hizo lo mismo, hasta la sábana molestaba y decidieron apagar la luz y seguir hablando para contarse las peripecias que habían vivido cada uno desde la salida del Colegio.

    Fue una larga noche para los dos.

    Cuando se habían ido todos los primos y tíos de la casa de Augusto, él y Miguel se quedaron solos y los dos habían bebido más cerveza de la que que estaban acostumbrados. Estuvieron en la terraza con el papá de Augusto hablando del cielo y de la tierra y engullían tanta cerveza como su padre les iba presentando, el cual también se pasó de cuentas.

    Ahora, acostados y hablando, Augusto recordó la botella de whisky que tenía guardada y dos vasos, encendió una lamparilla lateral que no molestaba y comenzaron a beber whisky. A partir de ahí las cosas se volvieron absolutamente locas.

    A pesar de ser amigos desde el accidente de Augusto, Miguel y Augusto eran como polos opuestos. Augusto era un chico de teatro, Miguel era un tímido y tranquilo friky. Augusto era extrovertido y popular. Miguel tenía miedo de hablar con las chicas y era muy recatado. Sí, aunque tenía un grupo numeroso de amigas, era frustraste para ellas que Miguel nunca las tentó ni se dejó seducir por ellas.

    Augusto era gay. No muy abiertamente, pero todos sus amigos lo sabían menos Miguel. Miguel le parecía a Augusto que al menos no era homófobo ni mucho menos, pero cuando descubrió que también era gay se enamoró del chico imposible y se le había puesto incómoda su amistad, este fue el motivo de que se distanciara, aunque siempre pensó en recuperarlo, porque estaba loco, loco por él, ya no solo agradecido, sino también enamorado al máximo.

    Y ahí estaban los dos amigos solos, cada uno en su cama, con la sábana por debajo del ombligo, bebiendo whisky juntos inmersos en aquella penumbra que daba la ultima lamparilla de cara a un mueble oscuro.

    Augusto hizo una broma tonta sobre un profesor de inglés, Mr. Keines. Miguel se rió tanto que se resbaló de la cama por estar casi al borde, lejos de Augusto, y cayó al suelo. Augusto se rió, cruzó de su cama a la otra, se asomó y resbaló tontamente cayéndose encima de Miguel y lo amarró con sus brazos.

    — Suéltame, —dijo riéndose Miguel.

    — Fuérzame, —contestó Augusto burlonamente.

    Miguel luchó un poco tratando de forzar a Augusto que era atléticamente superior. Miguel dejó de intentarlo y se redujo a un montón de risas.

    — Olvidé lo fuerte que eras, —se las arregló Miguel diciendo entre risas.

    — Olvidé lo débil que eras, —respondió Augusto.

    — No soy tan pequeño, ¿eh?…, sólo soy… cariñoso y entrañablemente pequeño, —dijo Miguel sincerándose.

    — No hay nada de entrañable en ser un debilucho.

    — Tienes que saber que las chicas lo encuentran lindo.

    — ¿Cómo lo sabes si eres virgen en chicas?, —dijo Augusto.

    — ¿Acaso lo sabes tú si también eres gay?

    — ¡Ajajá!… Hemos llegado a buen punto.

    Augusto buscó el whisky y se dio cuenta de que se habían terminado toda la botella.

    — Miguel —dijo Augusto—,¿alguna vez pensaste que podrías ser gay?

    — Por supuesto —respondió Miguel— toda mi vida desde que tengo uso de razón, pero descubrirlo, descubrirlo en serio, desde que antes de los doce años ya solía ver porno gay sin darme cuenta e intentaba ser gay, porque era algo que me gustaba y apasionaba y… no sé, quería probarme a mí mismo.

    — ¡Ja!

    — ¿Ja?, ¿qué?

    — ¿Miras porno gay?”

    — ¡Dije que solía hacerlo!

    — Bueno… ¿aún lo haces?, —preguntó con curiosidad Augusto.

    — No sé… a veces… cuando las cosas claras no funcionan.

    — ¡Dios mío!, ¿eres tan gay?

    A estas alturas, una ligera erección que había comenzado en Augusto era ya notoria y la iba notando Miguel en su muslo.

    — Yo nunca me he declarado como gay, no me hacía falta; eso solo lo necesitan los demás, yo soy como soy, soy gay, claro que sí y he tenido mi amor y tú lo sabes y me rescatas para hacerme olvidar… o ¿es que estás enamorándote de mí o me quieres enamorar de ti?, —contestó Miguel a la defensiva—, yo sólo… creo que es un poco raro y sucio y también lo que noto en mi muslo.

    La erección de Augusto aumentó y tocó el pene de Miguel, que todavía estaba debatiéndose para comenzar a erectarse. Pero demasiado whisky había bebido Miguel, que si no estaba borracho, ya no se daba cuenta de que de un momento a otro ya iba a estar en plenos deseos y allí no tenía otro que a Augusto. Miguel continuó:

    — Supongo que cada uno mira por descubrir su media naranja, solo que yo sé que ha de ser un hombre, no tengo dudas, aunque con lo que me ha pasado, pues no sé cómo continuará esto…

    Augusto sonrió y se inclinó hacia la cara de Miguel.

    — ¿Quieres saber cómo te besa tu otra mitad?, —dijo con una sonrisa.

    — Creo que voy a pasar, —murmuró Miguel torpemente.

    — Vive un poco, mojigata. ¿Qué tan inseguro en tus sentimientos tienes que ser para que un besito te amenace?

    Miguel parecía inseguro, pero Augusto se adelantó. Al poco tiempo, se besaba con su mejor amigo, el que hizo todo por él hasta hacerle recuperar la vida.

    Miguel estaba conmocionado. A través de su neblina de medio borracho, aquello apenas lo sentía como real, pero lo era. Estaba besándose con su amigo. Se puso nervioso, pero no se detuvo. Pronto la lengua de Augusto entró en la boca de Miguel. Esto siguió así durante un minuto más o menos antes de que Miguel volteara la cabeza.

    — Augusto, no puedo hacer esto, lo siento como una traición a Sebastián.

    —Oh, vamos, —suplicó Augusto.

    — No, no, lo siento…, no soy un gay traidor.

    — Quizá lo único que te falta saber es que estoy traicionando a mi novio porque para mí tú vales más que él, —dijo Augusto.

    — ¿Qué?

    Augusto agarra los brazos de Miguel y los clava en el suelo. Miguel luchó confundido cuando Augusto comenzó a refregar su polla con la suya.

    — Pero…, ¡¿qué mierda es esta?!, —exclamó Miguel en voz alta.

    — Cállate, Miguel.

    — Augusto, esto no es gracioso, suéltame, por favor.

    — Dije que te calles de una puta vez.

    La voz de Augusto no era un grito. Era un tono callado y autoritario… casi un susurro. Parecía más asertivo que enojado.

    Al poco tiempo, Augusto estaba completamente erecto, con la polla expuesta de 17 cm. Miguel notó que la polla de Augusto, rodeada de un matorral de pelo negro y rizado, parecía mucho más impresionante que la suya.

    Miguel podía sentir que su propia polla empezaba a ponerse dura, pero rápidamente volvió a la realidad.

    — Augusto, lo digo en serio. ¡Suéltame, puta mierda, joder! ¿No ves que me calientas y le debo luto a Sebastián?

    Augusto no dijo ni media palabra. Recogió los calzoncillos de la silla y se los metió en la boca a Miguel. Miguel comenzó a ahogarse con la ropa interior sudorosa y desgastada. Augusto siguió adelante, lamiendo el cuelo y la cara de Miguel, le besó en el cuello y le mordió suavemente, pero hasta que lo sintiera Miguel, luego le dio un chupetón en su pectoral izquierdo, junto a su pezón, dejando una marca que perduraría hasta el día siguiente.

    Las piernas de Miguel se habían entumecido, y se sintió cansado cuando Augusto comenzó a tocar sus pelotas. Después de unos momentos de estar acariciando las pelotas, la polla de Miguel estaba completamente erguida, de 18, 5 cm., se sintió avergonzado cuando Augusto le dijo:

    — Déjate hacer, nena, sé hoy para mí, te quiero puta, muy puta y solo mía.

    Pero Miguel no protestó más, al contrario, se dejó hacer. Augusto le dio la vuelta a Miguel sobre su espalda. Sólo ahora Miguel se dio cuenta de lo que estaba pasando. Antes de que Miguel pudiera terminar de gritar, Augusto estaba dentro de él. Con empuje tras empuje, Augusto forzó a su miembro hinchado a meterse en el culo de Miguel. La mordaza de los calzoncillos estaba haciendo poco para sofocar los tremendos gritos de Miguel. Estaba luchando tan duro como podía, pero Augusto lo mantuvo atrapado.

    — Cállate, maricón, —ordenó Augusto mientras golpeaba a su amigo en sus nalgas hasta ponerlas rojas.

    Una y otra vez, Augusto forzó su entrada y salida del ano apretado de Miguel. Miguel continuó con sus gritos cuando Augusto se acercó hacia adelante, agarró el cabello de Miguel y tiró hacia atrás como si de unas riendas se tratara.

    — Nadie te va a oír, maricón. Grita todo lo que quieras, puta barata.

    Más gritos apagados escaparon de la boca de Miguel. Las lágrimas comenzaron a correr por su cara mientras Augusto se reía.

    — Tú sabes que esto te encanta. Sé que querías follarme desde que salí del hospital. Eres cariñoso, ¿verdad, mariconcito de mi alma?

    Augusto le dio una fuerte bofetada a Miguel y este sintió todo el dolor del desprecio.

    — De ahora en adelante, esto es mío, ¿me oyes?; tu culo es para mí. Eres mi maricón particular, y vas a hacer todo lo que yo diga, ¿entendido?, ¿o es que pensabas que estos días de vacaciones iban a ser gratis?

    Miguel sólo respondió con más gritos apagados.

    Después de lo que parecía una eternidad de golpes anales, Augusto se retiró del trasero de Miguel y lo giró sobre su espalda.

    Miguel miró la sonrisa de Augusto cuando de pie frente a él estaba sintiendo su orgasmo y lo derramó. El semen de Augusto cayó en el pecho sin pelo de Miguel. El cálido semen en secreto le gustó increíblemente a Miguel, pero el castigo que había recibido antes le dolió demasiado como para que lo apreciara.

    Augusto se levantó, tiró de los calzoncillos de la boca de Miguel, con ellos se limpió la polla y se los devolvió echándoselos a su cara, y sonrió.

    — Me voy a divertir mucho contigo, maricón, —añadió Augusto antes de echarse en la cama. Miguel permaneció en el suelo.

    Cuando Augusto roncaba como un cerdo, recogió sus cosas en silencio y sigilosamente salió de la casa, se vistió y se alejó lo más que pudo. Como tenía dinero, llegó a su casa.

    Miguel necesitaba un tiempo para apaciguar sus ánimos y se encerró en sí mismo. Ya no confió nada de todo esto a su hermana Mercedes. El dolor de su corazón por esta ignominia le dolió más que la muerte de su querido Sebastián.

  • Jormi viene a casa

    Jormi viene a casa

    El domingo pasado, 11 de agosto de 2019 para ser exactos, mi esposo salió con nuestros hijos a una reunión de su familia, la verdad yo no quise ir, me sentía cansada por todo el trabajo que tuve en la semana, así que aun con mi sexi mini vestidito azul que usé para dormir, me despedí de ellos en la puerta, justo cuando cerré, tocaron el timbre, yo pregunte quien era, nadie me respondió, me dirigí a abrir y al hacerlo, inmediatamente se lanzó sobre mí!, era “Jormi” por alguna razón estaba fuera de mi casa y ahora me besaba salvajemente.

    ¡Como pude cerré la puerta! el me manoseaba las piernas y el trasero y su lengua entraba en mi boca de una forma tan juguetona que no pude resistirlo.

    Yo: ¿Qué haces aquí?

    J: ¡Vamos adentro!

    ¡Entramos y el me llevo al sofá de la sala! Me tiro de forma desesperada y me rompió la tanga que traía puesta, después comenzó inmediatamente a devorarme la vagina.

    J: ¡Que rica vagina, sabe a gloria!

    Yo: ¡Que brusco!

    Siguió chupándomela deliciosamente, yo gemía del placer que me hacía sentir, sus manos jugaban mis nalgas y mis piernas y su lengua endurecía mi clítoris, me la mamo un buen rato, tuve un rico orgasmo, ¡ese escuincle me estaba tratando como su puta!, pero me encantaba serlo.

    Dejo de chupármela para sacarse su verga, que ya estaba dura y venosa, con violencia me tomo del cabello y me metió la verga de un golpe a la boca, mientras con su otra mano grababa la escena.

    J: ¡así nena chúpala, chúpala!

    Graba mis nalgas y como devoraba la verga, yo estaba tan clavada que no me importo que me tomara video, solo quería devorarme esa tranca dura y hermosa, saque mis mejores trucos, ¡se la mame tan fuerte y rico como por 30 minutos hasta que saco su leche en mi boca!, me trague cada gota de su blanco semen, el me seguía grabando cómo me tragaba su leche.

    El joven aún muy excitado, me puso de pie y me desnudo totalmente, besándonos pasionalmente fuimos hasta mi recamara, su ropa quedo regada por toda la casa, al entrar en la habitación el me tiro en mi cama, me tomo de las piernas las puso en sus hombros y me la dejo ir violentamente, se movía fuerte, mientras, ¡mordía mi cuello y me apretaba las tetas!

    J: ¡Tómala puta, tómala!

    Yo: ¡Dios, que rico, que duro!

    J: ¿Te gusta perra, es tuya?

    Cruzo una de mis piernas poniéndome de ladito, que rico la sentía en esa pose, el me daba de nalgadas y de cachetadas, que salvaje estaba siendo, ¡pero me ponía más caliente esas acciones!

    Me puso boca abajo y me la metió enterita, la sentía toda adentro mientras él me comía la oreja, ¡así nene, así! Le decía mientras él me mordía la espalda.

    J: ¡Que rica estás, siempre te quise coger!

    Yo: ¿en serio?

    J: ¡Desde que vi tus fotos del Facebook! ¡Y el saber que eras casada, me desato más el deseo en ti!

    Yo: ¡No imagine que fueras una bestia sexual, cógeme bebe no hables!

    J: ¡Mi amor lo que digas!

    Me puso en cuatro y tomándome del cabello e metió su verga hasta el fondo, yo estaba babeando del placer, ¡el me daba de nalgadas y de arañadas!

    J: ¡Que nalgas, que piernas, esta buenísima nena!

    Yo: Si, disfrútame, ¡cógeme fuerte!

    J: Si amor, toma mi verga dura, ¡es tuya déjala seca!

    Yo: ¡Que rico es coger aquí en mi casa con otro!

    Sentí como inflaban sus testículos y como s endurecía más, le pedí se viniera dentro de mi vagina, yo comencé a moverme salvajemente como potra salvaje, ¡quería sentirla ya!

    Yo: Ya vente papi, ¡dámela ya la quiero!

    J: ¡Pídemela, suplícala!

    Yo: ¡Por favor lléname de tu semen!

    J: ¿Quién te coge más rico tu marido o yo?

    Yo: ¡Tu nene, tu eres un dios sexual!

    ¡Como manguera me lleno la vagina de leche! Mi orgasmo era maravilloso, él se movía para hacerlo más placentero, que rica sensación, yo mojaba todas mis sabanas, terminamos acostados riéndonos de lo bien que la pasamos.

    J: ¡Bueno ahora que ya me voy, tengo que decirte que no nos volveremos a ver!, me voy a Canadá por cuestiones de trabajo.

    Me beso pasionalmente y me mando los videos por correo y ahora los uso cuando quiero masturbarme.

    Saludos, su amiga Lety.

  • El hechizo de Bannete: Captura y hechizo

    El hechizo de Bannete: Captura y hechizo

    —Y la ganadora del Concurso Pokémon de Ciudad Goldenrod es… ¡May Balance de Ciudad Petalburgo! —anuncio la bella Lilian con júbilo mientras le entregaba a la coordinadora oriunda de Hoenn el listón del concurso, quien un poco sorprendida subía al escenario para recibir su tan codiciado último listón.

    Y mientras May recibía el listón y los aplausos del público, también recibía lujuriosas miradas de gran parte de la audiencia masculina, y no era para menos ya su atuendo de odalisca resaltaba su definida y juvenil figura de forma espectacular.

    Y el cual consistía de un ajustado top de color naranja con bordados dorados, el cual no solo dejaba su firme abdomen al descubierto sino que resaltaba aquel delicioso par de pechos talla 95, una elegante y larga falda de seda violeta, que a pesar de cubrir por completo sus torneadas piernas también las insinuaba de forma sensual, con una especie de cinturón, con el mismo color y diseño del top, justo debajo de su ombligo y para completar su imagen usaba un tocado con una gema verde y un velo del mismo color que su falda, el cual le daba un toque exótico.

    Y en medio de todos los espectadores que ovacionaban a la joven de cabello castaño y ojos azules por su triunfo, o que la devoraban con la mirada, se encontraba un coordinador de cabello morado que miraba fijamente a la chica.

    «Asi que participará en el Gran Festival. No se si sentirme amenazado o emocionado» pensó aquel coordinador mirando con atención a la chica antes de salir del estadio con una sonrisa en su rostro. Y dicha persona era nada más y nada menos que la última persona a la que cualquiera esperaría ver ahí: Harley, el eterno y el más aguerrido rival de May.

    Varios minutos después la hermosa coordinadora, quien de nueva cuenta estaba usando su atuendo habitual, se encontraba en la recepción del auditorio en donde se llevó a cabo el Concurso y estaba usando uno de los videófonos del lugar con la intención de llamar a sus padres e informarles de su triunfo.

    Sin embargo…

    «Usted habla a casa de la familia Balance. Lamentablemente no estamos en casa pero deje su mensaje y nos comunicaremos en breve con usted» respondió alegremente la grabación que su madre Caroline había puesto a modo de buzón.

    — ¡Otro mensaje grabado! ¡Pues discúlpenme por seguir viva, sólo quería que lo supieran! —reclamo la hermosa coordinadora bastante molesta antes de colgar el aparato con fuerza y una vez que vio que la pantalla se ponía en negro lanzó un suspiro de frustración.

    «Imagino que papá estará muy ocupado en el gimnasio, como siempre, y que Max estará tomando algún aburrido curso del cual me presumirá hasta el cansancio cuando vuelva a casa. ¿Pero adonde habrá ido mamá?» se preguntó la castaña con curiosidad antes de salir de lugar.

    Ya había pasado casi un mes desde la última vez que la coordinadora había podido hablar con sus padres, por lo cual los extrañaba un poco; Sin embargo la furia del momento hizo que una maliciosa e impulsiva idea cruzará por su mente y la hiciera sonreír.

    — Ya que todos en casa están tan ocupados… No creo que les importe mucho si desaparezco del radar por unos días, después de todo se acerca el Gran Festival y un buen descanso de todo y de todos me vendría muy bien —mencionó la chica con emoción mientras sacaba su Pokégear y miraba algunas opciones hasta que…

    — ¡Ciudad Olivine, prepárate para la increíble May Balance! —exclamo la hermosa joven con alegría y levantando su puño con fuerza, al imaginarse unos bien merecidos días de descanso en la playa, sin sospechar que muy cerca de ella había una figura que había escuchado todos sus planes y sonreía con malicia.

    “Eso suena muy interesante, cariño. Entonces con mucho gusto te ayudaré a desaparecer» pensó Harley con una sonrisa antes de comenzar a seguir a su rival.

    Y la primera parada del nuevo viaje de May fue la guardería, ubicada en las afueras de la ciudad, en donde había dejado a todos sus pokémon para disfrutar totalmente de sus vacaciones, y que ellos estuvieran bien cuidados durante su ausencia. Después de lo cual regreso a la ciudad para buscar la agencia de viajes, de la cual salió a los pocos minutos muy alegre y con varios folletos en sus manos.

    “¡Veamos, veamos! ¿A dónde podría ir?» pensaba la coordinadora mientras veía todas las opciones de destinos turísticos y planes de viaje que había en sus folletos, de hecho ella iba tan distraída que no se daba cuenta que acababa de entrar en un callejón y de que había alguien frente a ella hasta que chocó con él.

    —Por favor, discúlpeme no me fijé por donde iba —ella trató de disculparse antes de darse cuenta de que había chocado con un pokémon y no con una persona, aunque no tardó mucho en darse cuenta de que aquel no era cualquier pokémon sino uno que ella conocía muy bien, pero antes de poder hacer algo recibió un certero Puño Drenaje que la dejo inconsciente.

    Sin embargo May jamás tocó el suelo ya que el Disparo de Seda un Ariados detuvo su caída y la envolvió con fuerza, de forma que su cuerpo quedó envuelto en una especie de capullo que ambos pokémon tomaron antes de retirarse del lugar.

    Algunas horas más tarde…

    «¿Que pasá? ¿En donde estoy?» se preguntó May muy aturdida y abriendo poco a poco sus ojos, y a pesar todo parecía darle vueltas ella no tardó en notar que se encontraba colgada y amordazada en una habitación, y que por los pocos detalles que podía apreciar parecía ser la habitación de un hotel de lujo.

    — ¡Veo que por fin has despertado, cariño! —le dijo una voz maliciosa, una muy familiar para ella.

    «¡Harley! ¡Maldito hijo de Giratina!» trato de gritar la chica, pero al estar amordazada lo único que salía de su boca eran palabras incomprensibles

    —Por tu expresión no me parece que estés usando un lenguaje apropiado para una coordinadora de tu calibre, querida —se burló el orgulloso chico al ver como su presa trataba de soltarse.

    “¿Qué pretendes hacer ahora?» replicó la chica irritada y moviéndose de forma frenética en un intento de liberarse, pero todo era inútil.

    —Por más divertido que sea verte retorcerte creo que lo mejor es quitarte esto, de lo contrario no podremos conversar —respondió Harley como si aquella bizarra situación se tratara de una habitual charla de amigos mientras removia la mordaza que silenciaba a la chica

    — ¡AUXILIO, POR FAVOR! ¡UN LUNÁTICO ME TIENE SECUESTRADA! ¡ALGUIEN AYÚDEME! —clamó May a todo pulmón en el instante en que su boca fue libre, sin embargo la sonrisa que se formó en el rostro de su captor le decía que era inútil.

    —Querida, por favor no maltrates tu linda garganta, aquí no hay nadie más que tú y yo —respondió el coordinador, mientras se tallaba sus orejas, antes de continuar —¿En verdad creíste que te traería a un lugar en donde alguien pueda arruinar la diversión? Yo creía que eras lista, cariño.

    — ¡Maldito Harley! ¡Solo espera que te ponga las manos encima! —exclamo la chica de cabello castaño más furiosa que nunca, pero al coordinador no parecía que las amenazas de la chica le importaran en lo más mínimo, ya que el sólo se limitaba a mirarla fijamente con una sonrisa en el rostro.

    —Te has dado cuenta de que siempre es lo mismo entre nosotros, cariño. Viajamos, competimos, nos encontramos en el Gran Festival y de forma milagrosa siempre me derrotas. Como si fuera cosa del destino —relato el chico con una voz tranquila que May jamás había escuchado antes de dirigirse a un estante y sacar una muñeca de trapo.

    Al verla May no pudo evitar sentirse algo asustada, ya que dicha muñeca era idéntica a ella, y esa sensación sólo aumento al ver que Harley saco de su bolsillo una navaja de mariposa y de un rápido movimiento rasgó la espalda de la misma.

    — ¡No me asustas, lunático! —respondió May a lo que creía que era una amenaza, aunque en realidad si estaba asustada y no quería darle a su captor esa satisfacción.

    —No me malinterpretes linda. Si en verdad quisiera eliminarte mi Cacturne y mi Ariados ya te hubieran dejado sin fluidos corporales —respondió Harley con calma, mientras se acercaba a ella para quitarle el guante que usaba en su mano derecha y con extremo cuidado cortar las uñas de la misma.

    —Después de todo eres mi hermosa rival, May Balance, y por mas que te deteste el mundo es mucho más divertido si tu estas en él —dijo el mientras repetía el procedimiento con su mano izquierda y una vez que termino tomó la muñeca, colocando con cuidado cada una de las uñas cortadas en su interior, antes de coserla con un hilo de color rojo.

    — De hecho si soy honesto conmigo mismo debo decir que ya no te odio, sino todo lo contrario, mi querida May. Yo he empezado a desearte —dijo el coordinador, sacando una pokébola para liberar a su Banette, mientras le dedicaba a la chica una sonrisa que la dejo helada.

    — ¿¡De qué Giratinas estás hablando, Harley!? —preguntó May presa del pánico y la sorpresa.

    —Es muy simple, linda. ¡Yo me enamoré de tí! ¡Y te aseguró que vas a ser toda mía, en cuerpo y alma! —declaro el con calma, aunque sin contener el deseo que había en su voz.

    —Siempre creí que eras así porque necesitabas tener algún amigo, pero ahora… ¡Me doy cuenta de que eres un maldito enfermo! —respondió la chica con rabia, pero el sólo río.

    —No lo negare, cariño —respondió el chico con calma antes de continuar —¡Me enferma el desearte y no tenerte! ¡Me enferma el buscarte con la mirada en cada concurso en el que estoy! ¡Me enferma soñar contigo cada noche! ¡Y me enferma haberme convertido en uno de los fanáticos que te apoya en los concursos! ¡Pero eso pronto cambiará, muy pronto! —dijo Harley con un tono de locura antes de sacar una caja y abrirla, revelando que en su interior habia lo que parecía ser un pedazo de carbón con brillantina.

    —Dime algo preciosa ¿Tu crees en la Magia Pokémon? —preguntó Harley mientras que su Banette tomó el contenido de aquella caja, y sin esperar alguna orden de su entrenador lo devoró, de forma que unos momentos después una especie de denso y antinatural humo negro salió de su boca para envolver a la muñeca y después comenzar a hacer lo mismo con su cuerpo.

    — ¡¿Esto no tiene sentido!? ¿¡Que Giratinas me estás haciendo Harley? —clamó una histérica May en cuando el humo comenzó a entrar a través de su boca.

    «Este es mi fin» pensó May con desesperación al sentir una horrorosa sensación de asfixia, aquel humo la estaba ahogando y ella no podía hacer nada para detenerlo, sólo sentir como su cuerpo ardía de adentro hacia afuera a medida que el aliento le faltaba y cuando sintió que estaba a punto de desmayarse…

    El pokémon marioneta tomó la muñeca y de un bocado la devoró haciendo que sus maliciosos ojos rojos brillaran de un siniestro color rojo.

    — ¡Excelente Banette! ¡Por fin está hecho! —dijo Harley complacido antes de acercarse a su presa y usar la daga para liberarla de sus ataduras.

    Una vez libre a la coordinadora le costó un poco recuperar la movilidad de su cuerpo, pero mientras lo hacía se enfocó únicamente en eliminar al despreciable intento de hombre que estaba frente a ella sonriendo.

    — ¡Voy a matarte, Harley! ¡Maldito cretino…! —exclamó la furiosa coordinadora antes de arrojarse sobre él con todas sus fuerzas, dispuesta a molerlo a golpes, cuando…

    — ¡Quieta, cariño! —ordenó Harley y para la sorpresa y horror de May su cuerpo se detuvo de inmediato.

    — ¿Qué está pasando aquí, Harley? ¿Que me hiciste, maldito? —preguntó una aterrada May mientras intentaba moverse aunque fuera un centímetro más, aunque era inútil, ya que su cuerpo no obedecía ninguna de sus instrucciones.

    —Es muy simple, linda. ¡Ahora estás bajo mi hechizo! —respondió Harley con una sonrisa, una sonrisa que de inmediato helo el corazón de la joven al estar llena de malicia y lujuria.

    —¿De qué estás hablando ahora, maldito infeliz? —preguntó May, aún tratando sin éxito de moverse

    — ¿Recuerdas que hace unos momentos te pregunté si creías en la Magia Pokémon? —le cuestiono el coordinador con aquella sonrisa que tanto odiaba.

    — ¡¿Magia Pokémon?! ¿Acaso esto es acaso una mala broma? —inquirió ella con incredulidad.

    —Bueno, debo de decir que yo también estoy muy sorprendido por lo bien que esto funcionó, cariño. Todo esto fue bastante costoso, pero me da gusto ver que valió la pena.

    — ¿Y qué es lo que quieres, maldito enfermo? —preguntó May llena de ira e impotencia.

    —Ya te lo dije, cariño. Te amo y te deseo ¡Y serás mía por las buenas o las malas! —dijo él mientras se acercaba a tocar el rostro de May

    — ¡Nunca! ¡Hechizada o no, yo jamás seré tuya! —respondió la chica tratando de alejar su mano de su piel.

    —Eso ya lo veremos, preciosa. Pero no dudes que domarte será una verdadera delicia y lo voy a disfrutar como no puedes imaginar —contesto Harley acariciando la tersa piel de la castaña antes de tomarla de la mano.

    — ¡Ahora ven conmigo! —le ordenó mientras la conducía hasta el amplio sofá de la estancia, y por más que lo intentaba May no podía encontrar la forma de resistirse a sus indicaciones, en esos momentos la chica era prisionera de su propio cuerpo por lo que el coordinador tenía el control total de la situación.

    —¡Topless, linda! ¡Siempre he querido saber si esas bellezas son naturales! —dijo Harley con lujuria y sin quitarle la vista de encima a los desarrollados pechos de la chica de Hoenn, quien de nueva cuenta trataba de luchar contra el maléfico influjo que dominaba su cuerpo.

    Pero todo era inútil ya que totalmente en contra de su voluntad las manos de May tomaron el borde de su blusa y comenzaron a subirla por su terso abdomen hasta revelar sus impresionantes pechos cubiertos por un sencillo sujetador de algodón blanco, antes de removerla por completo y arrojarlas al suelo.

    Por su parte Harley tomó asiento en el sofá y con una gran sonrisa disfrutaba de cada segundo del erótico espectáculo y de la inútil lucha que May hacía para tratar de detener a su propio cuerpo.

    — ¡Quién lo diría! ¡En verdad son naturales! —exclamó Harley sorprendido en cuanto el sujetador de la chica cayó al suelo, por lo que sin perder el tiempo rápidamente se acercó y empezó a acariciar con descaro su suave piel.

    —¡Harley, detente por favor! —suplico la hermosa coordinadora mientras su rostro se teñía de un adorable color rojo de vergüenza, y tratando de negar lo mucho que la excitaba en el fondo.

    —¿No vas a decirme que no te gusta, cariño? —le preguntó Harley con una sonrisa lujuriosa mientras sus manos recorrían cada centímetro de los pechos de la chica antes de apretar suavemente su pezón derecho.

    — ¡Claro que no! ¡Eres un miserable cretino y pervertido! ¡Y te detesto! —le gritó May furiosa y con su rostro enrojecido de vergüenza.

    —Pero tus lindos pezones cuentan otra historia, cariño ¡Tu podrás mentirme, mi querida May, pero tu cuerpo sabe lo que quiere! ¡Y se que a tus lindos pechos les encanta esto! —exclamó Harley mientras tomaba los pezones de la joven entre sus dedos y los apretaba con firmeza.

    — ¡Harley maldito! ¡Espera! —grito la chica con voz entrecortada, tratando de controlar su creciente excitación, pero su captor no detenía su labor.

    —Vas a amar esto, cielo —soltó el chico de cabello morado y sin más procedió a llevar el erecto pezón de May a su boca

    — ¡No te atrevas, maldito! —exclamó May en cuando se dio las intenciones del coordinador, pero el no prestó atención a sus súplicas y empezó a lamer y succionar los pezones de esta.

    Sin embargo por más que lo deseará May no podía ser indiferente a las acciones de su captor, ya que su cuerpo comenzaba a temblar de placer y trataba de disimular sus suaves gemidos de placer con múltiples maldiciones.

    —Ahh… Maldito… Ahhh… deja de lamerme… Ahhh —gritó la coordinadora con voz entrecortada mientras cerraba sus ojos y apretaba sus puños con fuerza.

    — ¡Te dije que te iba a gustar, cariño! —le contesto Harley, recalcando cada una de sus palabras con una nueva caricia o una lamida, las cuales cada vez eran más intensas y lujuriosas.

    —No… Ahhh… es… verdad… Ahhh —gimió May, dándose cuenta de que sus gemidos eran mucho más fuertes de lo que ella hubiera querido expresar, pero a Harley no le importaba que ella lo negara ya que continuó saboreando los generosos senos de May, acariciando lentamente su suave contorno y succionando con delicadeza sus rosados pezones.

    —Eso fue muy divertido, cariño. Pero pasemos a algo mucho más interesante —mencionó Harley antes de ponerse de pie y caminar hacia la cómoda, en donde tomó su navaja, y volvió hacia donde estaba la chica.

    —Muy bien, querida. Espero que estés lista, aunque no es como que importe —dijo el perverso coordinador al inclinarse y quedar justo a la altura de las bien formadas piernas de May, quien rápidamente supuso lo que su captor deseaba hacer.

    — ¡No, por favor! ¡Eso no, Harley! —suplico May a punto de romper en llanto, recibiendo una risa cruel del coordinador como respuesta.

    —Descuida, cariño. Lo deseo más que nada, pero eso será hasta que te haya domado por completo —respondió Harley con una gran excitación en su voz —Pero por el momento has una pose sexy para mí.

    Una vez más May trato de luchar en contra de las órdenes de Harley, pero todo fue en vano, ya que sus piernas se levantaron para formar una V perfecta y ofrecerle a su captor una vista espléndida su parte más íntima.

    Y con muchísimo cuidado y gran suavidad Harley uso la afilada punta de su navaja para desgarrar el ajustado short de May y revelar una atractiva panty rosa pastel, adornada con un adorable moño rosado, y decorada con una leve mancha de humedad.

    — ¡Que sexy! —exclamó el coordinador al acercar su rostro para aspirar la suave esencia que se desprendía de la prenda íntima.

    — ¡Muérete, maldito! ¡Muérete! —gritó la coordinadora en respuesta y cerrando los ojos con fuerza, la furia y la impotencia que sentía amenazaban con abrumarla, cuando sintió que la única prenda que protegía su intimidad fue cortada.

    —He soñado con esto desde hace tiempo, linda —dijo Harley mientras retiraba la destrozada prenda para tener un mejor acceso a la intimidad de May y observar con atención el rosado coño de la chica cubierto con una pequeña mata de suaves vellos de color café.

    —Tu coñito se ve tan delicioso, cariño… ¿Me preguntó si…? —dijo el coordinador de forma maléfica antes de sacar su lengua y sin ningún aviso comenzar a lamer la parte intima de la castaña, causando que los ojos azules de May se abrieran por la sorpresa y que un adorable rubor se formará en su rostro.

    —En verdad estás deliciosa, cariño —menciono el antes de continuar su placentera labor sin ninguna prisa, tomándose todo el tiempo que fuera necesario para disfrutar del momento que tanto había deseado, mientras que su víctima se esforzaba para evitar gemir.

    A la pobre May le resultaba extremadamente complicado resistirse a todas las nuevas y placenteras sensaciones que estaba experimentado y que amenazaban con abrumarla, por lo que apretaba sus puños y cerraba sus ojos con todas sus fuerzas.

    — ¿Cuanto más vas a resistirte, cariño? ¿No seria mejor admitir lo mucho que te gusta lo que te estoy haciendo? —preguntó Harley al ver el sonrojado rostro de la chica, debido a la vergüenza y excitación que sentía, sin embargo ella no le respondió y apretó sus manos con mayor fuerza.

    —Si es así como lo quieres, así lo haremos, cariño —dijo el coordinador antes de encoger sus hombros y continuar con su labor, con mayor pasión y dedicación que antes.

    “No… No puedo… No puedo dejar que el gane” pensó May con desesperación mientras trataba de contener su ya inminente orgasmo, pero todo era inútil ya que una placentera ola de calor recorría su cuerpo de pies a cabeza, y por más que lo intentará ya le era imposible evitar lo que pasaría.

    —¡¡¡MALDITO!!! —exclamó la excitada May mientras que su cuerpo finalmente liberaba la tensión que sentía y alcanzando un indeseado orgasmo, el primero de su vida, de forma que una gran cantidad de fluidos empapo el rostro de Harley.

    —Apuesto a que lo disfrutaste ¿No, linda? Porque yo si lo hice —dijo el coordinador mientras lamía con lujuria los líquidos íntimos de la chica.

    —¡Maldito… Ahhh… Eres… un maldito… Ahhh —respondió May entre gemidos y tratando de controlar su respiración.

    — Creo que es suficiente por ahora, después de todo tengo mucho tiempo antes del Gran Festival para disfrutar de esto y de todo lo que tu cuerpo pueda ofrecerme —respondió el chico con una gran sonrisa.

    — ¿Asi que porque no tomamos un baño y vamos a la cama, cariño? —preguntó Harley con una dulzura nada propia de el, sin duda tratando de sonar amoroso, aunque no obtuvo ninguna respuesta.

    — Eso fue lo que pensé —dijo Harley tomando a May en sus brazos para dirigirse hacia el cuarto de baño.

    Continuará…

  • La calienta huevos de mi hijastra

    La calienta huevos de mi hijastra

    Transcurría mi cuarto año de casado con mi esposa Andrea junto con su hija Caroline quien ya era mayor edad solo que por el traslado de ciudad repetía su último año de bachillerato, y las cosas marchaban entre la cotidianidad de la armonía, sin embargo había algo que estaba perturbando cada mañana al despertarme, sentir la fragancia del perfume de Caroline mi hijastra que dejaba una estala de olor por toda la casa antes de ir a su colegio.

    Por lo general no alcanza a verla pero el olor de su perfume hacia que viera mentalmente más aun cuando unos días atrás encontré a Caroline recostada en nuestra cama, se había quedado dormida mirando la televisión a lado de mi esposa quien me pidió que la acostara como cuando era niña pero ahora era diferente especialmente por su tamaño pues era una señorita más alta y grande que mi esposa lo que me implicaba mayor esfuerzo alzarla meno mal yo también era grande 1,80 cm y robusto, para llevarla a su cuarto como cuando era niña, sin embargo pude con delicadeza levantarla para no despertarla, pero al tomarla entre mis brazos agarre con una de mis manos sus muslos carnosos y suaves gracias a su piyama un camisón claro que dejaba descubierto la mayor parte de sus piernas, provocando en mi un estremecimiento que trate de ignorar hasta llegar al cuarto.

    Al recostarla en la cama fue inevitable no detallar a Caroline su rostro bonito de ojos grandes de color marrón, su boca fresca con labios rojos naturales, una cabellera frondosa de rizos de cabello castaño claro, seguía entonces recorriendo su esbelta figura joven de tés blanca y me encontraba con unos pechos suntuosos los cuales se podían observar a través del escote del camisón que estaban recogidos entre sí por la pose de medio lado fetal de Caroline haciéndolos ver sus pechos lo suficientemente nutridos, abundantes y a su vez tiernos. Luego seguí meticulosamente mirando su cuerpo y sus caderas eran exuberantes haciéndola ver tan curvilínea con una guitarra que solo daban ganas de tocarla al igual que sus muslos voluminosos que ya me había trastornado despertando en mí una serie de sentimientos lujuriosos que creía olvidados en mi adolescencia. Caroline era ya toda un mujeronon!

    Volviendo a una de esas mañanas en mi recorrido a la cocina vi el cuarto Caroline por unos segundos desee entrar pero me arrepentí, luego fui a desayunar, me tome un jugo de naranja buscando refrescar mis pensamientos pero cada día se me ponía más difícil, tanto que debo confesar que me tocaba tomar viagra para cumplir con mis responsabilidades conyugales con mi esposa Andrea lo cual no me hacía sentir bien, entonces tome la decisión de ir a psicoterapeuta el cual trato de ayudar pero fue mostrarle una foto de Caroline para darme cuenta que tenía un problema pues su expresión lo dijo todo “Uff!! Que Guapura!” refiriéndose a mi hijastra lo cual empeoro la cosas y como dicen por ahí el remedio salió peor que la enfermedad porque por primera vez despertó celos en mí, pero igual nada que no pudiera controlar por lo que fui a casa al llegar me encontré con mi tormento Caroline recién había llegado del colegio se estaba preparando algo de comer y muy dulce ella como siempre me pregunto: ‘Andrés quieres una tajaditas?’ a lo que le respondí afirmativamente y mientras me daba la espalda para preparar las tajaditas.

    Nuevamente no pude evitar mirar su cadera que se con su falda colegiala escocesa blanca con azul que llegaba hasta un poco arriba de sus rodillas que hacía ver su cola grande y parada que le combinaba muy bien con sus piernas largas que en realidad podría decir que eran patotas, entonces decide acercarme no solo para ver más cerca sino morbosamente para tomarle la medida y por primera vez fantasear como sería un aproximamiento por detrás de Caroline, pero me dio un remordimiento y le dije: ‘Caroline estoy como cansado voy a ir a ver televisión’ al rato mientras observaba un partido de futbol, Caroline llego al cuarto con la tajaditas que me había preparado y se acostó al lado mío para ver el partido con las piernas recogidas de tal forma que me hizo perder la concentración en el partido pues me dedique a ver sus piernas que realmente se veían más apetecibles que las tajaditas de plátano, y ni con el gol de mi equipo deje de admirar sus piernotas al contrario me imagine haciéndole un gol a Caroline por lo que me toco nuevamente disculparme e irme a duchar con agua fría para enfriar esa calentura que me estaba produciendo Caroline cada vez más frecuente.

    Hasta ese momento solo trataba de esquivar las situaciones con Caroline pero era difícil porque tampoco podía rechazarla ya que permanentemente mi esposa le gustaba que compartiéramos como padre e hija o buenos amigos, lo había tratado de hacer hasta ese momento que empecé a sentir esos pensamientos lujuriosos por mi hijastra por lo que tomaba distancia, pero en día a día había muchas situaciones que me colocaban en aprietos con mis principios fueron que no sabía con quién conversarlo o que hacer, lo cierto es que mi problema era que Caroline era una mujer que no pasaba desapercibida en ninguna parte era tan solo ver como la veía tal cual viejo verde vecino que me daba rabia, pero donde fue más evidente fue en una ocasión cuando invite unos amigos a la casa donde abusando de la confianza y con un par de cervezas en la cabeza mis amigos miraban morbosamente a Caroline y sin prudencia alguna me decían: ‘Esa yeguota que tiene de hijastra Andrés aguanta ensillarla no?’ ‘Ponga al galope a esa yegua’ ‘Y ya tiene jinete?’ Y respondí estérico: ‘Ya! Paren la burla, dejen quieta a mi hijastra’ y cínicamente me respondieron: ‘Por eso para dejarla quieta hay que montarla jajajaja…’ Y yo me llene de ira que en realidad eran celos y respondí groseramente: ‘Hijos de puta ya paren la huevonada o se largan’.

    Y así los pare a todos sin embargo las palabras hicieron mella en mi cabeza al día siguiente me fui a recogerla al colegio como hacía meses no lo hacía, allí la encontré asediada por unos compañeros que por cierto eran unos langarutos escuálidos pero que se les veía la gana por mi Caroline por lo que con rabia grite: ‘Caroline vamos! Vamos ya!’. Y en el camino no dije nada mas aunque Caroline extrañada trato de preguntarme: ‘Andrés pasa algo?’ ‘Porque viniste a recogerme?’ Y tratando de disimular mis celos le respondía: ‘Nada’. Al llegar a casa extrañada mi esposa también pregunto: ‘Porque vienen juntos?’ y nuevamente airado le respondí a Andrea: ‘Nada no puedo recoger a Caroline?’.

    Entonces Carolina ofuscada con mi grosería se subió a su cuarto y mi esposa entonces me puso en cintura: ‘Bueno Andrés dime ahora mismo que te pasa? Porque esa grosería con Carolina’ e intuitivamente ella respondió por mí: ‘Sera que estas celando a Caroline?’’. Si es eso tienes que ver que ella ya es una mujer hecha y derecha por lo que entiendo que quieras cuidarla pero ella tiene que vivir’ Entonces aprovechándome de su argumento le pedí disculpas y reconocí mis celos pero lo que no esperaba fue que mi esposa Andrea fuera a contarle a Caroline y al rato sorpresivamente visiblemente emocionada me dio un abrazo diciéndome: ‘Andrés eres muy lindo por preocuparte por mi’ y remato dándome un beso en la mejilla que me derritió pues no era normal en ella pues era dulce por su timidez pero por el mismo motivo no era cariñosa u afectuosa conmigo, pero desde ese día las cosas tomaron un giro más dramático.

    Más dramático porque fue evidente un acercamiento Caroline que repentinamente me pedía favores, consejos y jugábamos con frecuencia con la consola de Xbox, pasando más tiempo juntos que la verdad yo también estaba disfrutando a tal punto que ya no la miraba con ojos lujuriosos sino con mucho afecto, me nacía complacerla regalándole cosas de su gusto como también escuchar sus cosas pero eso cambio un 31 de Octubre que al llegar de mi trabajo vi que se había disfrazado para asistir a una fiesta de mucama sexy y verdaderamente estaba más que hermosa exquisita pero yo solo le dije a mi esposa y Carolina ‘Caroline estas muy bonita’ y entonces ser el fotógrafo para guardar el recuerdo lo cual hice pero mientras le tomaba la foto fue involuntario saborearme ver a Caroline vestida tan sexy que me hizo imaginar que sería una muy rica vagabunda, pero horas más tarde esos pensamientos lujuriosos volvieron a tal punto que me puse muy inquieto por los celos de imaginar que mi Caroline estaría sola en una casa asediada por lobos que seguro quería hacerle la vuelta de asecharla y comérsela, por lo que se me hizo difícil conciliar el sueño y la tranquilidad en cambio mi esposa estaba profundamente dormida.

    Ya solo me quedo la alternativa de esperar hasta que me llamo diciéndome: ‘Andrés me recoges es que creo que tome de más’ y en segundos le informe Andrea que somnolienta me decía: ‘Bueno amor cuídense’ y Salí a recoger a Caroline, al llegar entre a la casa porque no se encontraba a fuera y efectivamente un par de rufianes o compañeros la tenía asediada y ofreciéndole alguna bebida que ella trataba de rechazar por lo que ásperamente intervine diciendo con autoridad: ‘Jóvenes claramente Caroline dijo No!’. Y cogiéndola de la mano a Caroline la saque de la fiesta y sin darme cuenta no solté mientras caminábamos unas cuadras para comer algo sentía su mano fría que despertó en mi un sentimiento de protección que nunca había sentido por lo que le puse mi chaqueta para cubrirla del frio y del roció de la madrugada, luego mientras comíamos un par de pizzas charlamos un buen rato de los disfraces y de la noche, pero luego Caroline me propuso irnos caminado lo cual acepte pero lo que más me sorprendió fue que me tomo de la mano durante el trayecto que entre risas fuimos andando hasta llegar a casa, donde el cansancio era tal que ella solo fue al cuartó a recostarse pero me pidió que la abrigara como cuando era niña, lo cual hice solo que también admiraba su cuerpo al igual que lo deseaba.

    Luego me iba retirar sol que Caroline me dice: ‘Andrés me regalas un beso de buenas noches?’ Por lo que me acerque y suavemente le di un besito en la mejilla como niña consentida solo que mis labios al sentir su piel de durazno suave me hizo ver la realidad que Carolina era toda una hembra y que merecía que me la comiera a besos, pero solo lo pensé no hice nada solo la deje descansar porque yo no pude solo pensaba en ella.

    Al día siguiente después de una larga noche pensando en Caroline al lado de mi esposa que si durmió, me levante muy temprano a desayunar algo en ese momento de repente Carolina aparece y me trata de asustar diciéndome ‘Buu…’. Y con una risa me saluda diciéndome ‘Andrés ven y te ayudo con el desayuno que quieres?’ entonces con esa sonrisa que ilumino el recinto le contesté: ‘Caroline que te parece si hacemos unos huevos con cebolla y tomate con un par de tajadas de plátano?’. A lo que ella me sugirió: ‘Si rico Andrés! Pero tú haces los platanitos para Yo hacer unos sándwich de queso’. Y nos pusimos manos a la obra con el desayuno, sin embargo como la cocina era pequeña tener tan cerca a Caroline me gustaba pero me ponía nervioso pues su camisón blanco estampado con un flor, traslucía su figura y su ropa interior el cual también era blanco, que pude detallar cuando Caroline se agacho para sacar el queso de la nevera la luz de la misma me dejo ver más de la cuenta además, la pose donde prácticamente me evidenció la dimensión de su cola fecunda, lo que me hizo pensar en lo que decía mis amigos: ‘Severa cadera de yegua’.

    Y esta situación me provoco la primera erección involuntaria, lo cual me toco disimular inmediatamente sentándome en el comedor pero mi verga no se calmaba, es más se puso más prominente cuando Caroline se sentó también y no solo me ofreció un delicioso desayuno sino el hambre se me abrió cuando vi semejantes muslos carnosos y tiernos todo gracias a que su camisón se recogía al sentarse prácticamente sirviendo unos perniles, lo que hizo que verga se motivara aún más y fuera un desayuno muy nutrido para los ojos, pero en un instante Caroline se percató que yo estaba mirando sus piernas haciendo que ella se incomodara un poco acomodándose su camisón y cubriéndose un poco más, generando un silencio en la mesa pero también una risa tímida de Caroline lo que hizo que me corriera un fresco porque no quería que se molestara conmigo. Luego bajo mi esposa y como si nada salude mientras que Caroline le servía también el desayuno a su madre.

    Para la tarde estaba muy tranquilo mirando un partido cuando llego Caroline quien había salido con su madre solo que se adelantó porque Andrea iba a donde unas amigas por lo que Caroline me propuso jugar Xbox (Mortal Kombat Vs Universal) más precisamente nuestro juego favorito pero no contaba con que Caroline se pusiera cómoda y termino con un short que me dejaba ver su mayor atributos sus piernas y una blusa azulita bordada con un cuello U que permitía ver algo de su cadena montañosa “Sus tetas” que se apreciaban como dos bultos frescos.

    En ese momento los nervios de joven adolecente se apoderaron de mí no solo perdía con facilidad en el juego sino tartamudeaba cada vez que veía que Caroline en el frenesí del juego movía sus piernotas pero donde la situación se puso más dura literalmente hablando fue cuando gano él una batalla y ella se abalanzo encima mío para celebrar sentándose encima mío sobre la cama y en su arrebató involuntariamente casi por instinto al ver sus muslos apretándome la tome de sus caderas y luego de su cintura mientras su cabello largo caía sobre mi rostro, el cual retiro recogiéndose su cabello pero mientras lo hacía como en cámara lenta también me embobé mirando entre la abertura de su blusa sus voluminoso pechos, lo cual fue muy evidente y con una risa picara de Caroline, me miro a los ojos quitándose de encima de mí y nuevamente ella había provocado una tremenda erección que me puso a pesar: ‘No puede ser Caroline debió sentir mi verga’, pero ella como si nada me dice: ‘Vamos juéguenos otro Andrés’ y me termino salvando fue la llegada de mi esposa Andrea que al oír la puerta hizo que Caroline saliera del cuarto y bajara pronto a donde mi esposa lo que me dio tiempo de ir al baño para bajar mi erección antes de que subiera y se percatara de mi excitación lo cual sería muy bochornoso de explicar que hasta yo estaba impresionado por lo que había provocado Caroline.

    Y pensé: ‘Sera que Caroline fue a distraer a mi esposa’. Bueno la cosa se calmó y lo único difícil fue mirar a Caroline a los ojos de ahí en adelante porque no quería que pensara mal de mí, ni que me tuviera miedo pero eso estaba lejos de suceder increíblemente a la mañana siguiente salió en toalla a donde mi cuarto a decirme: ‘Andrés me pasa una toalla’ y tartamudo le respondía: ‘Oootra Cacacaroline’ y ella con una sonrisa me respondía poniéndome más nervioso: ‘Si Andrés para el pelo’ y no me salieron palabras, tampoco sabía cómo controlar mi mirada, que quería mirar su cuerpo pero no podía como tampoco podía sostenerle la mirada a Caroline solo le pase la toalla y al retirarse me descubrió mirándole su cola, riendo nuevamente solo se fue a su cuarto a cambiarse.

    Para ese momento me llene de temores era evidente que Caroline era consiente que la miraba con otros ojos por lo que no sabía cómo actuar con ella, pero decidí no hacer nada solo tratar de esquivarla un poco, pero no sabía si la suerte o Caroline no facilitaba las cosas, ya era cotidiano tener situaciones comprometedoras con ella, que no sabía si era cariño de amigo, de padre o de hombre lo cierto era que sudaba petróleo y tenía un problema moral con mi esposa y conmigo mismo pues no sabía si quería a mi esposa o estaba enamorado de Caroline ya no tenía claro nada.

    Hasta que un día después de mucho esquivar el contacto físico con Caroline vio que no quería comer una ensalada que había preparado mi esposa Andrea y yo me negaba por tener coliflor, Caroline que recién llegaba del Colegio en su uniforme de colegiala con toda confianza delante de mi esposa Andrea se sentó en mis piernas y me dice: ‘A ver Andrés una cucharada por mi mama’ yo sorprendido y nervioso solo le recibí luego nuevamente me dice: ‘Ahora una por mi Andrés’ y yo trate de negarme con la mano pero Caroline me agarro la mano y me la puso entre sus piernas lo que me hizo sentir sus muslos carnosos, de piel suave y con la frescura de la juventud, dejándome atónito accediendo a recibir una cucharada mas pero también provoco que mi verga se alborotara poniéndose muy tiesa que pensé que Caroline se iba a quitar inmediatamente pero por el contrario con una picardía se reacomodo en mi regazo para seguir dándome cucharadas mientras ella le decía a su madre: ‘Mama Andrés está comiendo juicioso’ y yo paralizado con la situación solo hacía caso.

    Al rato se levantó dándome un besito en la mejilla diciéndome ‘Muy bien Andrés’ y mi esposa se acercó diciéndome: ‘Me alegra que Carito tenga una figura paternal y que se quieran’. Esa palabras no solo me hicieron sentir mal sino también me confundieron más por lo que me hicieron ir nuevamente a psicoterapeuta solo que cambie por una mujer doctora pero me fue peor porque ella me dijo: ‘Ella le gusta sentirse deseada como casi todas las mujeres y debe también estar confundida, deberían hablar’.

    De camino a casa me puse a pesar como afrontar la situación y en cierta forma me sentía más confundido porque la doctora no supo definir si es que me estaba seduciendo o simplemente estaba jugando conmigo por ser un hombre maduro. Al llegar a casa mi esposa medio una noticia que termino por ponerme más difícil todo: ‘Amor tengo que viajar inmediatamente porque mi padre se enfermó y toca cuidarlo, tendrás que quedarte con Caroline encargado de todo’.

    Entonces así como no podía negarme, no podía creer que me estuviera pasado esto era como poner al ratón a cuidar el queso pero no había más remedio quedaríamos solos Caroline y yo en la casa por una semana, pero no esperaba la reacción de Caroline desde el primer día estuvo seria hasta indiferente haciendo que la convivencia fuera más tranquila para mí, pero al segundo día llego Caroline a casa con un joven llamado Camilo de unos 23 años al que presento como su novio lo cual hizo que me corriera un fresco por mi cuerpo pues pensaba que eso iba a calmar las aguas turbias en que andábamos pero luego al ver como coqueteaba con Camilo mi hijastra Caroline me dio unos celos que hizo que me fuera disgustado a mi cuarto, pero segundos después escuche la puerta habían despedido a su novio Caroline y casi corriendo subía a mi cuarto para hacer un reproche: ‘Muy celoso Andrés’ Y sorprendido por la pregunta le dije mintiéndole: ‘No porque? es tu novio, pero como tu amigo te recomiendo que vayas lento con ese joven’.

    Y muy contrariada me respondió: ‘Amigo Andrés?’. Y le reitere: ‘Si Amigos eso somos no?’ y muy disgustada tirando la puerta del cuarto se fue, por lo que me dejo también preocupado que fui a verla a su cuarto estaba llorando por lo que le pregunte que le pasaba que confiara en mí y después de insistirle por unos momentos me pregunto seria: ‘Tuviste sexo con mi mama la semana pasada?’ y solo reaccione preguntándole: ‘Por qué me preguntas eso?’ Y entonces desahogándose me conto: ‘Porque mi mama me dijo que quería tener un hijo contigo’. A lo que no supe que responder y crudamente le dije: ‘Caroline no puedo contestar eso, pero es mi esposa y tengo deberes con ella y tú tienes ahora novio’.

    Y muy irritada me contesto: ‘Andrés él no es mi novio solo quería vengarme de ti, pero ahora voy acostarme con el’. Y termino por encerrarse en el baño, acabando con la conversación lo me obligo ir a mi cuarto y dejar las cosas así sin embargo Caroline me dijo inquieto muy inquieto, porque no soportaba imaginar que otro se la comiera lo que me enloqueció y esa misma noche al no poder dormir fui a su cuarto al percatarme que estaba dormida prendí la luz, quiera ver su cuerpo por lo que le quite las cobijas su camisón estaba recogido dejándome ver sus patotas que con ojos lujuriosos morboseé sus muslos a tal punto que me anime acariciarlos delicadamente aunque quería apretarlos o morderlos pero no quería despertarla pero entre más comprobé la suavidad de la piel de los muslos de Carolina, se apodero de mi la lujuria que me hizo perder la razón y no aguante más agarre con firmeza sus muslos despertándola y mientras la manoseaba le dije: ‘Caroline te deseo’ y con algo de brusquedad seguí tocándola aunque ella trato de detenerme diciéndome: ‘Andrés para así no!’.

    Yo estaba decidido a degustarla toda, por lo que le arranque su camisón dejándola en interiores mientras que ella me repetía ‘Andrés por favor espera’ pero yo estaba muy ansioso y excitado por lo que termine por romperle con fuerza sus pantys blancos que me permitió acceder a Caroline penetrándola de un solo envión que la hizo gritara pero eso solo me impulso para castigarla con mucha energía que Caroline que le toco resistir mi arremetida, que mientras le quitaba el sostén para chuparle sus tetas le hundía aún más, con mayor fuerza mi verga que termino por someter a Caroline a mis caprichos a punta de verga estaba domando a mi yegua, y obediente la obligué a ponerse en cuatro donde me di el lujo de montarla como jinete de carreras, llevando a Caroline a un orgasmo que la hizo gemir intensamente “relinchaba como yegua” tras la eyaculaba donde expulsaba todo mi ganas y deseo por ella, Caroline terminaba por entregarse a mí y yo por apoderarme de ella dejándome más que satisfecho también muy agotado que hizo que quedara dormido al lado de ella.

    Al día siguiente Caroline se había marchado como de costumbre a estudiar al llegar a casa, con algo de alevosía me recriminaba la forma tan brusca como accedí a ella, pero la verdad no le preste mucha atención más bien vi una oportunidad de apropiarme nuevamente de su cuerpo solo que ahora en pinta de Colegiala y sin más palabras la tome a la fuerza otra vez a pesar que como yegua arisca se resistía pero luego terminaba cediendo y así fue de ahí en adelante cada vez que se ofrecía mientras que Caroline siempre terminaba por complacerme no sé, si porque le gustaba o porque simplemente estaba domada.

  • Cuando me di cuenta, me gustó

    Cuando me di cuenta, me gustó

    Laura es una mujer joven, con ojos grandes que cuando se pinta hacen que sus pestañas se alargan y si se las enchina más, eso es lo que a los hombres llama la atención. Y la chulean casi todos, yo ya me acostumbré no se me hace raro, pero, se me hace raro que todos los viernes vaya con las hermanas de Andrés. Según ella a convivir, yo no decía nada porque se llevaba a una de mis hijas. Hasta que un día me invitó, que porque nunca llevaba a su marido le decían.

    A mi no me agrada Andrés ya que a ojo de buen cubero, le avienta los perros a Laura mi mujer, pues en fin nos prepararnos para asistir.

    Laura se puso unos jeans de esos que se pegan como segunda piel, que por detrás se le notaba bien marcadas las nalgas y por el frente se le dividía la panocha, no pude resistir y le acaricié las nalgas y me di cuenta que no traía ropa interior.

    -Oye no traes calzones?

    -No! Qué quieres así se usan –fue lo que me contestó.

    -No te enojes no es para tanto –le contesté.

    -Pues si te vas a poner así no vayas -me repuntó.

    Así me dispuse a cambiarme, terminé y bajé a la sala para llamar un taxi ya que no tengo auto.

    Cuando llegó el taxi grité: ‘Ya es hora, vámonos!’. Ellas bajaron corriendo para meterse al asiento de atrás, que al empinarse para entrar solo pude ver a dos tremendos culos, que no supe cuál era de mi esposa y cuál de mi hija. Iban vestidas igual, parecían hermanas, solo que Laura 38 años pelirroja y mi hija 18 pelo negro, bajitas las dos, pero nalgonas y pechugonas.

    Cuando llegamos a la fiesta, Laura se desabrochó la chamarra y fue directamente con Andrés le dio un abrazo muy efusivo y un beso y tan rápido que yo creo que se lo dio en la boca, figuración mía, así que a tomar con sus amigos y amigas.

    Laura insistía que sacara a bailar a las hermanas de Andrés, al poco rato ya el patio estaba lleno de parejas, yo tomando y bailando vi que Laura se había quitado la chamarra y traía en blusa floja y escotada con un sostén de media copa que hacían que sus pechos se vieran más grandes, habían puesto luces de colores.

    Todo normal hasta que saqué a bailar a Laura una salsa, sentí que me agarraron una nalga, traté de ver quién fue pero todos daban vueltas, terminó la pieza y fui a tomar otro trago a la barra, ya Laura bailaba con un muchachito, sobrino de Andrés. Me quedé observando, cuando vi que un hombre tipo chófer, al bailar le tocó las nalgas de Laura.

    Me molesté con intención de reclamar, me levanté.

    Cuando llegó Edith, hermana de Andrés, me dice ‘vamos a bailar’ y me jaló a la pista.

    -Por qué no vienes los viernes nos faltan hombres para bailar, solo están mi cuñado, ese que parece chófer y mi sobrino -me dijo.

    Yo me dejé llevar pues ya estaba algo tomada y se me pega, yo le miraba a Rosana los pechos cuando daba las vueltas, por un momento volteé a ver a ver a Laura que bailaba con otro, pusieron una quebradita.

    Laura no sabe bailar las quebraditas pero el muchacho un poco más alto si era un experto, todos empezaron a aplaudir y a gritar Laura no quiso quedarse atrás y dejo que el muchacho la llevara.

    Ella se abría de piernas para que él metiera la suya, al brincar él la tomaba por la cintura, se la pegaba al pecho, todos gritaban, las luces de colores hacía que el baile fuera perfecto terminando con un montón de vueltas, Laura se abrazó del chico para no caer, él la tomó de la cintura y se la pegó al pecho. Ella levantó las piernas y lo enredó, él aprovechó para tomarla por las nalgas y así dieron vueltas hasta que terminó la música.

    Se prendieron la luces, alguien gritó ‘Queremos pastel!’, y todos se fueron a las mesas.

    Ya al terminar nos despedimos y apareció mi hija, yo estaba muy tomado y Andrés se ofreció llevarnos en una Vocho. Ella adelante con él y yo atrás con mi hija, ella también venía tomada se hizo la dormida, yo también.

    Laura y Andrés iban platicando yo entreabrí los ojos y vi como Andrés acariciaba sus muslo, entonces tosí para distraerlos.

    -ya llegamos?

    -Si -contesto nerviosa.

    Al bajar del auto di las gracias a Andrés, me preguntó porque no iba los viernes a convivir.

    Laura intervino:

    -Yo le digo, pero no quiere.

    Rápidamente se despidió de mi hija y se metió a la casa, Laura también se despidió de Andrés.

    Ella fue directamente al baño y me fui a la sala a servirme otro trago, cuando volteo a la sala ahí estaba mi hija de espalda sobre el sillón.

    Me quedé viendo sus nalgas y tremendo culo con ese pantalón que todo se le marcaba, de inmediato mi verga se paró y me acordé de Laura ya tenía rato en el baño así que fui a buscarla.

    Abrí la puerta y la encontré chateando, la levanté, la aferré de espaldas, como ya llevaba la verga bien parada sin decir nada que se la clavo de un empujón ella gritó:

    -Así, así que estoy bien caliente.

    -Así mamacita te gusta?

    -si así, así

    -Te gusta que te toquen.

    (Silencio) -si me gusta calentarlos a todos.

    -Te ha cogido Andrés?

    -¡No!

    -Te gustaría que te cogiera?

    -mmmm si si si así!

    En ese momento me acordé cómo la tocaban, como la abrazaban, cómo le apretaban las nalgas al bailar entonces la verga se me paró más y me vine como loco en su panocha que más y más me pedía que dejara que se la cogiera Andrés.

    Eso sí me calentó mucho y volví a cogerla sobre mi semen embarrándola toda, con una condición le dije:

    -Que me cuentes todo.

    -Pero yo no voy los viernes.