Autor: admin

  • Abriendo mi regalo

    Abriendo mi regalo

    Se acercaba mi cumpleaños donde cumpliría mi mayoría de edad, lo que para muchos significaba la apertura de la puerta al mundo, que para ese momento se podía reducir a la libertad, libertad para ir a bares, libertad para comprar trago, libertad para tener sexo, libertad para donde las putas, libertad para hacer lo que quisiera sin pensar en las responsabilidades pues en palabras de mis amigos usted ya es grande!

    Y además de una familia acomodada donde nunca me había faltado nada al contrario sobraba lo cual me hacía presumido y algo caprichoso. Lo cual no era raro porque toda mi familia tenía las mismas características por eso no fue raro que mi padrino Fernando quien era un reconocido ejecutivo de un canal de televisión me hizo el mejor de mis regalos, pero todo comenzó con una pregunta; “Que quieres de cumpleaños Ricardo Andrés?”. Para ese momento no tenía la respuesta clara estaba entre un viaje o una moto y no cualquier viaje, ni cualquier moto. Pues el viaje que me llamaba la atención era un tour a Las Vegas o Hong-Kong ciudades que invitaban al derroche y la farra, mientras que la Moto podría ser una Ducatti o una BMW de turismo para montarla por la carreteras de Latinoamérica pero al final le dije a mi padrino Fernando ‘sorpréndeme!’.

    Y sí que lo hizo porque también me organizo una fiesta sorpresa en un reconocido hotel de la ciudad donde estaban todos mis amigos y los amigos de los amigos por lo que había una multitud de asistentes, sin embargo debo confesar que para esa noche tenía otros planes con mis amigos, lo cuales era ir a un reconocido burdel donde estaban las putas más caras de la ciudad, pues decía que eran muy ricas y por dinero se prestaban hacer de todo, lo que nuestras novias o amiguitas no podían ofrecer, además todo hombre joven sabe que un mujer mayor ofrece no solo experiencia sino también más cuerpo de hembra!

    Por eso estábamos tan ansiosos de ir a estrenar nuestra mayoría de edad, para lo cual ya nos habíamos preparado con anticipación pues no solo compramos los preservativos lo cual generalmente exigían esas rameras sino no tomamos la tarea de investigar poses sexuales para ir con conocimientos y dar la talla, sin embargo la ansiedad me paso cuando llego el Show de la fiesta pues mi padrino gracias a su poder había contratado el conjunto vallenato de una de sus novelas donde la cantante era la hermosa María Elisa, la actriz protagónica y a su vez cantante de la novela que en persona era todavía más bonita que fue imposible no quedar deslumbrado con sus atributos que resaltaba con su atuendo el cual era un traje corto enterizo ceñido a cuerpo de color purpura, donde se podía detallar gracias a sus tacones y su short unas largas piernas tonificadas acompañados de unos hermosos muslos carnosos que se desprendían de su exuberantes caderas que a su vez inevitablemente hacer un alto para detallar su pelvis que claramente era una entrada en V cubierta por el short y seguramente también por un panty, pero aún mejor era ver su escote sugestivo que alucinaba con unos pechos cuantiosos blancos que decoraba con un dije dorado que le colgaba del cuello casi de cisne donde se amarraba su traje con dos tiras que ayudaban a sostener sus exuberantes senos, pero también estaba su rostro de facciones finas y armoniosas, ojos grandes de color caramelo y una boca seductora con labial rojo que combinaba con sus manos de uñas largas y rojas también, propias para la ocasión que caracterizaba el personaje por lo que tenía una peluca rubia de rizos lo que no le quedaba mal porque la hacía ver como una leona, qué igual la hacía tan bella como con su cabello natural castaño.

    Para ese momento María Elisa nos tenía boca abiertos a más de uno, era realmente arrolladora y seductora en el escenario y no solo por su buen cantar sino realmente era todo un plato fuerte aunque para otros seria el postre de la noche, lo cierto era que nos había despertado el apetito. Luego se me acercó mi padrino Fernando y me dice; “Que tal el regalo sorpresa Ricardo Andrés?” A lo que le respondí muy entusiasmado; “Fascinante!” y con una risa sarcástica me responde; “Talentosa no ahijado?” e igual forma le respondí; “Si padrino lo que tiene son suculentos talentos” y termino diciéndome mi padrino; “Ahora te la presento para que recrees el ojo de cerca”.

    Al terminar de cantar una tanta María Elisa mi padrino cumplió su palabra y la trajo a la mesa para presentárnosla, ella muy dulce me dice; “Tu eres Ricardo el cumpleañero?, que lindo felicitaciones” y tartamudo le respondí; “Si si hola gracias…” Y es que fue difícil no ponerme nervioso cuando la vi parada al lado mío semejante hombrón que por los tacones la hacía ver solo poco más alta que yo, que me confirmaba que era un enorme regalo que desafortunadamente no podía ni tocar por ganas que tuviera solo debía conformarme con ver, pero de todas formas solo ver era verdaderamente un recreo, estaba lo suficientemente cerca para admirar sus pechos y como se inflaban al ritmo de su respiración que saboreaba en silencio hasta que fui tan evidente que logre incomodar a María Elisa que solo rio cuando vio que estaba observando sus pechos aunque en realidad estaba era morboseandolos.

    Luego solo se levantó para seguir cantando y nuevamente se robó toda nuestra atención solo que ahora teníamos cara de hambrientos que nos tenía al borde de la locura que tratamos de mitigar con un par de tragos de licor pero que solo nos envalentonaron al pasar un rato, a tal punto que poseído por la lujuria sin darme cuenta estábamos forzando la puerta de su camerino lo cual no fue tan difícil gracias a la bulla de la fiesta sin embargo María Elisa voluntariamente termino por abrir la puerta al escuchar los golpes lo que facilito que bandada literalmente sin darle preaviso arrolláramos a María Elisa empujando hacia adentro del camerino donde sin darle tiempo entre cuatro la apresamos, a pesar que como Leona trato ferozmente María Elisa de resistir el ataque coordinado, pero la fuerza bruta ejercida del grupo termino por dominar la fiera que en segundos como llenas hambrientas empezamos a saborear a María Elisa despojándola rápidamente de su traje purpura incrementando nuestra apetencia en especial cuando vi sus enormes tetas que no me aguante las ganas de apretarlas y chuparlas.

    Perdiendo por completo la cordura entramos en una contienda con mis amigos que ahora rivales buscábamos ser el primero en penetrar a María Elisa, que alterada no pudo evitar nuestra lucha salvaje por ella, a tal punto que hubo golpes fuertes entre nosotros, también cuatro vergas rígidas y erguidas buscando la entrada de María Elisa que por un momento nuestra obstinación llego a tener mi verga y la verga de mi amigo Fredy forcejeando en la vulva de María Elisa que estaba patiabierta y Fredy y yo metidos entre sus piernas donde por fin gane la pugna y mi verga termino por hundirse en la vagina de María Elisa que muy abatida solo gritaba mientras lidiaba con mi verga que en su apogeo pujaba y pujaba repetidamente hasta que alcance el ritmo adecuado que hizo que María Elisa tuviera múltiplex espasmos que era evidente que tenía un orgasmo y evidencia que se entregaba a mi dominio y poseyéndola libere no solo toda mi energía en ella sino también una buena dosis de esperma qué remato a María Elisa, dejándola doblegada para que mis otros tres amigos comenzando por Fredy la montaran también donde María Elisa muy obediente se prestó a las órdenes de estos.

    Para ese momento podíamos concluir varias cosas que monte algo más grande que una moto, que me ahorre el viaje, la ida al burdel, el gasto de los condones y aun mejor que abrí el mejor regalo de cumpleaños, y me lo comí todo!

  • Me entregué a un ex alumno

    Me entregué a un ex alumno

    Luego de mi divorcio mi vida y mi actividad fueron cambiando poco a poco, debía modificar algunas cosas, tenía muy en claro que mi prioridad era mi hijo. Había vuelto al trabajo, en la misma escuela era profesora de historia y educación cívica por la mañana y preceptora por la tarde. En el colegio las chicas que trabajaban conmigo eran más chicas y solteras, así que con ellas se hacía más fácil reunirnos. Con algunas decidimos concurrir a un gimnasio para hacer ejercicios y aparatología, íbamos a uno que quedaba a pocas cuadras del colegio y a veces después nos del gimnasio nos juntábamos en el bufet a charlar y tomar algo para reponer energía.

    Yo realmente estaba disfrutando mi “nueva vida” y hacia unos 4 meses que estaba “solterita” pero no sentía la necesidad de cubrir ese espacio de mi vida, me sentía muy bien como estaba, había organizado mi vida de otra manera, la relación con mi familia era óptima y más cercana a igual que con mi hijo, siempre fui y soy muy compinche de él por lo que nuestra relación era de amiga y madre de un chico que entraba en su adolescencia y yo disfrutaba de ello acompañando su crecimiento, y feliz por verlo tan hombrecito.

    En ese tiempo me sentía distinta, anímicamente mejor y físicamente pletórica, tenía más tiempo para mí y el gimnasio había mejorado mi cuerpo que había vuelto a tonificarse y con ello a potenciar mi autoestima, el cambio en mi fisonomía se hacía evidente ya que en la calle me volvían a piropear muy seguido.

    Cuando esto sucedió era a mediados del mes de marzo, las clases se habían reiniciado hacia una semana luego del verano. A la salida del cole fuimos al gimnasio y luego tomamos un café charlamos en la puerta, nos separamos y acompañe a Andrea hasta la parada del colectivo. Luego decidí ir caminando a buscar a mi hijo que salía de su clase de inglés.

    Caminé dos cuadras y me encontré a Sonia ella era una vecina del barrio de mi madre a quien no veía desde hacía unos 7 u 8 años ya que se había mudado. Charlamos un poco y dijo:

    S- No te acordás de Javier?

    Javier era el hijo de Sonia a quien yo había ayudado en sus clases de apoyo ya que iba muy mal en sus estudios cuando tenía 11 años, jamás lo hubiese reconocido había cambiado muchísimo, ese chico menudo y desgarbado se había convertido en un chico de casi 19 años atlético, alto (1,80 m) y muy bonito. Nuestra charla duró poco porque a mí se me hacía tarde para llegar a buscar a mi hijo, pero lo suficiente para darme cuenta que Javier no sacaba sus ojos de mí.

    Unos días después Sonia vino a casa, ella tenía nueva pareja y un hijo de 10 años, me pidió si yo le podía dar algunas clases, en realidad no quería hacerlo pero terminó por convencerme, le daba clases 2 días en la semana los miércoles (no tenía clase por la mañana)y los sábados.

    Hacía ya 3 semanas que lo estaba haciendo ese día vino Javier a buscar a su hermano, ese miércoles yo llevaba puesto un conjunto de gimnasia que me había comprado y que estrenaría por la tarde, sonó el timbre de casa y no era Sonia la que venía a buscar a Nicolás sino Javier lo hice pasar y le comenté los avances escolares. Mientras lo hacía, noté que Javier le prestaba más atención a mi cuerpo que a mis palabras: Ese día yo llevaba mi cabello mi cabello negro largo y suelto, mis ojos apenas maquillados y mis labios con un suave rouge rosado, que marcaban aún más mi cara aniñada, llevaba una camperita gris ajustada con el cierre abierto por debajo de mis senos y una remera negra ajustada por debajo de la campera y unos pantalones muy ajustados de color rosa, que marcaban la musculatura de mis piernas, pero sobre todo hacían que mi cola se notase muy redonda y paradita.

    Estuvo charlando conmigo unos dos o tres minutos pero los suficientes para darme cuenta que no pasaba desapercibida para él, sus ojos se clavaron en mis senos y en mi cola, no intentó en ningún momento disimularlo, y a fuerza de ser sincera mis ojos también se deleitaban… estaba divino por donde se lo mire, cabello castaño tirando a rubio, suelto y lacio, muy lindo de cara ojitos celeste, 1,80 metros de altura remera blanca que marca sus pectorales y jean negro. Cuando se fue me saludo con un baso en la mejilla que me hizo estremecer, cerré la puerta me apoyé en ella y dije en la soledad de mi casa

    C- “ay, como cambiaste bebé estas para comerte todito, lástima que no tengas unos añitos más…”

    Para decir verdad ese día fue sumamente excitante para mí, no dejaba de pensar en Javi, en cómo me miraba, en cómo había cambiado, en lo bonito que estaba… estuve pensando en él toda la tarde, no me lo podía sacar de la cabeza. Luego del gimnasio, llegué a casa y me dedique a mi hijo, cenamos, luego de limpiar la casa, mi hijo se quedó jugando videos en su compu y yo encendí la mía, entré en Facebook y una solicitud de amistad…era de Javi mi corazón se aceleró y pensé que iba a hacer… no pude pensar mucho acepté su solicitud, pero él no estaba conectado, así que me fui a dormir…

    Al día siguiente y por la noche, entré en Facebook y encontré un mensaje de él que decía: “gracias por aceptarme”.

    Diez minutos después vi que él se había conectado, estuvimos chateando alrededor de 1 hora, poco a poco y disimuladamente él comenzó a adularme, para ser sincera nunca le puse reparos es más me gustaba que lo hiciese, estaba algo bajoneada y sus piropos me levantaron el ánimo. Luego le dije que abandonaba la conversación porque debía prepara la cena y él escribió:

    J- Te molestó las cosas que te dije… los piropos… u otra cosa

    C- No… en absoluto, estoy un poco sorprendida de que te guste alguien que por edad podría ser tu madre.

    J- No creo, me hubiese tenido de bebé

    C- Para nada te hubiese tenido a los 16, hay madres a esa edad

    J- Prefiero que no lo seas, si fuese así sería muy cuida y celoso

    C- Payaso…

    Ese día la charla no prosiguió, después de la cena, preparé un examen que tomaría al día siguiente, me acosté y me costó conciliar el sueño pensaba en Javi… era muy apetecible como hombre, seductor, dulce, tierno y me sentía provocada por él sentía ese cosquilleo típico en mi de cuando me iba enamorando de alguien…

    Pensé que al estar en clase me olvidaría un poco de Javier… eso no fue posible, no me lo podía sacar de la mente, llegué a casa encendí la compu, y varias fotos mías algo sexy no estaban comentadas pero si todas llevaban “me encanta”. Al rato sonó mi celular era Javi que empezó a tirarse lances conmigo, me decía que era hermosa, que estaba más linda ahora que cuando era su profesora y a pesar de la diferencia de edad yo no hacía nada para detenerlo, porque a mi él también me gustaba él y todo lo que me decía.

    El jueves cuando llamó a mi celular, obtuvo lo que tanto buscó en esos 10 días que aceptase su invitación a salir el sábado, era un fin de semana largo, ya que el lunes también era feriado, el viernes lleve a mi hijo con sus primos, me quedé a cenar en la casa de mi hermana y dormí en su casa, el sábado a la mañana partieron a la costa.

    En casa me dedique a ver que ropa me ponía para ver a Javi, y estaba dispuesta a usar algo que me hiciese parecer joven, estaba en duda si llevar pollera o pantalones, preferí llevar pantalones.

    Si alguien una semana atrás me hubiese dicho que me iba a vestir sexy, sensual y provocativa, para seducir a un chico al que le llevaba 16 años no se lo hubiese creído pero ahí estaba yo frente al espejo, esperando que Javier pasase a buscarme y sorprendida por ese look vampiresco, que insinuaba senos, caderas y piernas llevaba mi cabello negro suelto natural, ojos y labios con poco maquillaje, una gargantilla en mi cuello, un suéter-remera de hilo color verde militar de mangas largas con un profundo y generoso escote que mostraban mi redondos y firmes senos, y un pantalón de jean color celeste chupín, elastizado de tiro alto y zapatos blancos abierto y tacones altos y delgados y hebilla sujetando mis tobillos, estaba dando mis últimos retoques cuando sentí la bocina del auto de Javi y salí enseguida, no me gustaba que esperasen por mí y además quería ver la carita de Javi al verme así.

    Subí al auto y me dijo que estaba preciosa al mismo tiempo que me daba un beso en la mejilla, salimos a caminar y a cenar, Javi si bien me piropeó varias veces no intento nada impropio, caminamos tomados de la mano. Cerca de las 3 de la mañana fuimos a tomar un helado, charlamos, y en un momento dijo:

    J- Espero que la hayas pasado bien y que volvamos a salir

    C- La pasé estupendo, me sentí muy cómoda con vos y si cuando vos quieras volvemos a salir.

    J- Esta tarde?

    C- Si, me encanta la idea

    Nos dimos un beso en la mejilla a modo de despedía, y sin querer me rozó un seno por sobre el suéter, yo sentí mí cuerpo estremecerse y dije:

    C- Entras?… te invito un café.

    Por supuesto entramos tomamos el café, me levanté a lavar las tazas y él se acercó a donde yo estaba sin imaginarme que estaba a punto de vivir una madrugada maravillosa de intenso place, porque ese día sentí un placer intenso en brazos de ese chico que me poseyó intensamente.

    Yo estaba frente a la pileta, se acercó a mí rodeó con sus manos mi cintura, acercó su cara a mi cuello y dijo:

    J- Sos hermosa Claudia, estoy enamorado de vos, desde que te volví a ver no hago otra cosa que pensar en vos

    Me recliné en él y dije:

    C- Ya soy vieja para que te enamores de mí

    J- Estoy enamorado de vos desde que te vi por primera vez.

    Me sujetó por la cintura más fuerte y besó mi cuello, y viendo que no dije nada me dio otro más prolongado y húmedo, su boca siguió besando mi cuello, me besó la oreja, mi cuerpo se estremeció, sus manos sujetaron mis senos, y comenzó a masajearlos por sobre mi suéter mientras su boca no dejaba de besar mi cuello, mis pezones endurecieron y mi cuerpo empezó a excitarse

    Me gustaba lo que sus manos hacían con mis senos, mi respiración se agitaba, sus manos bajaron por mi vientre, al llegar a mi jean, desprendió el botón del jean y su mano se introdujo mi boca emitió un profundo grito de placer cuando su mano por sobre mi tanga empezó a acariciar mi vagina.

    Entonces dijo:

    J- Te gusta mi amor…

    C- Me encanta cielo

    Giró mi cuerpo quedando frente a él, me tomo por la cintura y me acercó a su cuerpo haciéndome sentir su miembro erguido, su boca se apoderó de la mía y sus manos me sujetaron por las nalgas, para luego empezar a masajearlas, mis manos rodearon su cuello y nuestras bocas se entregaron a un prologado y apasionado beso de lengua.

    Después de varios minutos así lo llevé a mi habitación, me acosté en la cama con Javier encima mío, el comenzó a besar mis senos que mi suéter dejaba al descubierto, mis pezones estaban muy erguidos, casi a punto de estallar y su mano bajó el cierre de mi pantalón y su mano recorría nuevamente por sobre la tanga mi vagina, la humedad de ella se hacía más que evidente, ese chico me estaba llevando al éxtasis total. A esa altura de los acontecimiento estaba totalmente entregada, mi boca, gemía, mi cuerpo lo deseaba, sus manos retiraron de mi cuerpo mi jean y su boca se metió entre mis piernas besando mi vagina por sobre mi tanguita, mi cuerpo se estremeció y mi boca entre suspiros dijo su nombre.

    Luego sus mano empezaron a subir mi suéter, descubriendo poco a poco mi vientre y sus manos y boca se apoderaban de ellos, lo hacía lentamente chuponeaba y saboreaba mi cuerpo dirigiéndose en busca de mis senos hasta quitarlo totalmente de mi cuerpo y su boca se hundió en mis senos y los lamió, los acarició, los besos apoderándose su boca de mis erguidos pezones mientras mi boca no paraba de emitir gemidos de placer y lo alentaba a seguir sumergidos en ellos mientras mi cuerpo se revolcaba en la cama y ya no aguante más mi cuerpo se sacudió teniendo mi primer orgasmo y nuestras bocas se unieron en un beso apasionado mientras nuestra lenguas jugaban dentro de nuestras bocas.

    Mientras esto sucedía mis manos quitaban su remera, mis pechos sintieron la piel del suyo mientras mis manos excitadas disfrutaban recorriendo la piel de su espalda aumentando mi excitación. Al rato él se incorporó de la cama, se quitó el pantalón, su bóxer y pude ver su pene largo, duro y grueso y muy excitado. Se acostó a mi lado y tomé su pene entre mis manos y comencé a masturbarlo y dije:

    C- Así te gusta mi amor?

    J- Si cielo me encanta.

    C- ahora llegó el momento que mi boca sea su dueño

    Mi boca se apodero de él, lo bese, lo lamí, lo succioné, su respiración se agitaba más y más, el placer nos invadía, mi vagina estaba cada vez más mojada, luego de un par de minutos y con vos entrecortada dijo:

    J- Me vas a hacer acabar cielo…

    C- Hacelo… por dios… deseo tener el sabor de tu semen en mi boca

    Segundos después su pene estalló y mi boca saboreo su semen cálido y espeso, mi boca lo saboreo por completo hasta dejar su pene completamente limpio. Era hermoso estar en la cama con él, ese chico me estaba volviendo loca de placer, era sublime estaba entregada en cuerpo y alma, cada segundo a su lado era maravilloso, luego me levanté me fui a lavar la boca y volví deseosa a sus brazos para seguir saboreando ese manjar llamado Javier.

    Cuando volví, él estaba recostado en la cama y con una sonrisa y mientras me acomodaba a su lado dije:

    C- Me extrañaste?

    J- Te extrañe mucho, ya no podría vivir sin vos

    Mientras nos besábamos acaricié su pene semi rígido, el que al contacto con mi mano volvió a endurecerse, y tanto yo como mi vagina queríamos tenerlo dentro. Javier se recostó sobre mí, acarició y besó mis senos suaves y delicadamente, siguió con mi vientre, mis piernas y luego deslizó su erecto pene por toda la raja de mi vagina eso me excitó demasiado y le pedí que me cogiese a lo que respondió

    J- Ya va a llegar ese momento ahora quiero saborear cada rincón de tu cuerpo, quiero que seas mía en cuerpo y alma.

    Lo dejé hacer. Siguió acariciando mi cuerpo, mi respiración era agitada y mi excitación era total, volvió a adueñarse de mis senos, lamia y succionaba mis pezones volviéndome loca, lo abrace y me sentía en otro mundo dejándome llevar a un placer extremo.

    Luego de varios minutos así, él volvió a bajar por mi cuerpo, ya acercándose a mi vagina abrí un poco mis piernas, me gustaba por demás sentir lo que Javier me estaba provocando, besó mi vagina y sus dedos la frotaron masturbándome, mi gemido fue interminable y mi excitación infinita, bajó a mis rodillas y besó y chuponeó cada una de mis piernas, yo gemía, gritaba y me revolcaba en la cama, ese chiquillo sabía muy bien lo que hacía, sentía mi vagina húmedo como pocas veces, él demoraba el hacerme sentir su boca en mi vagina y en ese momento moría de deseos por ello.

    Momentos después su lengua se depositó en la puerta de mi vagina yo grite de placer y mis piernas se abrieron para recibirlo dentro de mi ser, su boca besó mi pubis depilado y su lengua adueñándose de los húmedos labios de mi vagina, mi boca gritó de placer cuando su lengüita entro en mi vagina, ya no podía contenerme más mi cuerpo estalló en un orgasmo interminable y su lengua saboreo mis efluvios vaginales, su lengua siguió hurgueteando dentro de mi vagina y no se detuvo hasta obtener de mi un segundo orgasmo.

    A esa altura de los acontecimientos sentí que lo que estaba viviendo era maravilloso, y el momento de que me hiciese su mujer estaba llegando, to estaba muy caliente y deseaba en demasía ese momento, se colocó frente a mí y fue acercando su pene hacia mi sentir su pene en la puerta de mi vagina me hizo estremecer. Su pene ingresó en mi vagina en forma lenta, mi excitación era plena y mi gozo era total.

    J- Quiero verte así con esa carita de gozo, verte y tenerte es lo mejor que me pasó en la vida… te amo… me pajee por vos infinidad de veces pero nunca te imaginé tan hermosa.

    C- Es hermoso tenerte así nunca lo imaginé… yo también te amo y me encanta ser tuya

    Abrace su cuerpo y dije “dámelo todo” y su respuesta fue inmediata su pene vigorosamente recorría mi vagina deliciosamente, ambos gemíamos de placer crucé mis piernas y tome con ellas sus caderas, el momento que estaba viviendo era maravilloso solo él y yo para disfrutarlo sin importar nada más.

    Después de algunos minutos sentí que un nuevo orgasmo estaba llegando, hice esfuerzos por contenerme… no pude… se lo hice saber, sus movimientos se aceleraron como buscando su orgasmo mis manos acariciaban su cuerpo musculoso y dije:

    C- No puedo más cielo… voy a acabar… por dios esto es hermoso

    Mi cuerpo se agitaba y convulsionaba y escuché su voz diciendo… ”yo también te voy a acabar”, justo cuando su pene comenzó a lanzar torrentes de cálido semen, el hacerlo prácticamente juntos fue hermoso, permanecimos unidos, abrazados y besándonos durante prolongados minutos.

    Aun abrazados y con nuestros cuerpos calmos dije:

    C- Fue hermoso hacerlo con vos

    J- Para mí también lo fue, desde que volví a verte no puedo dejar de pensar en vos, ver tus fotos en Face, me excitaban ver tu hermoso cuerpo en bikini, tus tetas, tus piernas, tu cola me volvían loco y volví a pajearme por vos

    C- En serio hiciste eso?

    J- Si te deseo mucho

    C- Yo también te deseo cielo… tanto como para que me cojas de nuevo, pero ahora deseo yo estar arriba tuyo…

    Me acosté sobre él nos besamos, acaricie su pene, el que rápidamente volvió a ponerse duro.

    Abrí mis piernas y las puse a los costados de su cuerpo lo miré y con mucha dulzura dije “te amo”, me fui bajando en busca de su pene, cuando sentí su glande en la puerta de mi vagina sentí mi cuerpo estremecer, tomé su pene y lo deslice por mi vagina, emitiendo gemidos de intenso placer, varias veces hice esto el placer que me daba era tremendo, y él dijo

    J-es hermoso tenerte así y sentir tu vagina deseosa

    C- Vos me pones así

    Me puse en posición, él tomo mis caderas y mis nalgas, su pene entro en mí, me gustaba tenerlo así, nos besamos intensamente, sentía un inmenso placer, volví a besarlo, hacía mucho que no disfrutaba tanto una relación, gozaba de su pene invadiendo mi sexo, el placer era inmenso, cuando todo su pene estuvo dentro mío, él me sujeto fuerte por las caderas y yo empecé a subir y bajar haciendo que su pene recorriese mi vagina, mi excitación aumentaba y mis gemidos se hacían cada vez más intensos, cuando tuve todo su pene dentro mío, empecé a moverme lentamente y boca gemía constantemente, en ese momento él dijo:

    J- Claudia, me vas a hacer acabar

    C- Aguanta un cachito y lo hacemos juntos.

    Pasaron un par de segundos y yo dije:

    C- Ahora bebé

    Mi cuerpo se agito en un nuevo y violento orgasmo al mismo tiempo que su pene, invadió mi vagina de semen, me dejé caer sobre, lo abracé, lo besé, mientras nuestros cuerpos seguían agitándose. Cuando su pene salió de dentro mío nos abrazamos y besamos, y así nos dormimos cuando empezaba a amanecer.

    Ese fue el comienzo de una breve relación, apenas 2 semanas, fue entonces que tomé la decisión de terminar, tome conciencia de que lo nuestro era hermoso pero sin futuro las diferencia de edades eran un gran obstáculo.

  • La chica del seguro (Parte 3)

    La chica del seguro (Parte 3)

    Continuando mis aventuras con PS. Nos seguíamos enviando mensajes por Whatsapp, era evidente que ella quería algo, ya que era la que más mensajes mandaba. ‘Hola, como estas, que tal tu día, que haces, estas ocupado?’. Yo le respondía lo mínimo y era solo para que hiciera más preguntas. Aparte como su número lo tenía para que no enviara notificaciones de mensajes no me daba cuenta hasta que revisaba el celular. Claro, no había olvidado mi objetivo.

    Unos días más tarde comencé mi tortura con ella.

    Yo: Hola señorita Ps, como esta su día, espero que bien y este trabajando con las mías ganas que me atendió la última vez que la vi y aparte este súper guapa. Como siempre.

    No tardó mucho en responder…

    PS: Hola señorito, estoy trabajando pero no como lo atendí a usted y estoy arreglada normal.

    Seguido de ese mensaje me envió una foto que describo a continuación:

    De arriba hacia abajo se veía su cara, blanca y con poco maquillaje, unos labios pintados de rojo, ojos claros con poco rímel y poco delineador, en seguida se alcanzaba a ver su cuello adornado por un collar dorado. Bajando un poco más podía ver una blusa blanca, y un saco a modo de juego. Era todo.

    Yo: Y donde está la parte que más me gusta??? No alcanzo a ver.

    PS: perdón pero acaba de llegar mi jefe, te la envío en un rato.

    Yo: no se te olvide. La esperare y te voy a dedicar una…

    PS: que me vas a dedicar???

    Yo: jajajaja espero mi foto.

    Más tarde revise el celular y ya tenía su foto, se veía aproximadamente de su cintura para abajo una falda con un color claro arriba de la rodilla y hasta abajo unos pies blancos con uñas pintadas y unos zapatos de tacón abiertos. Había algo escrito

    PS: espero te guste!! Es tu foto. O prefieres que me quite los zapatos?

    Yo: estas estupenda y con esos tacones estas divina. Solo me intriga una cosa…

    PS: que!! (emoji de carita de asombro)

    Yo: Que hay debajo de todo eso??? Creo que esta más bonito de lo que me enseñaste.

    PS: Ayyyy!!! Eso te lo dejo a la imaginación. No te puedo enviar eso. Atrevido.

    Yo: atrevido??? Jajaja mejor muéstrame un poco para que pueda darme una idea.

    PS: luego…

    Así se quedó la cosa no le mande mensaje y ella tampoco, supongo que estaba ocupada.

    El día transcurrió normal. Haciendo mis cosas, hablando por teléfono, revisando el correo hasta que llego la noche.

    Estaba ya recostado, por lo regular mi novia se duerme antes que yo siempre, por eso puedo estar en el celular hasta tarde mensajeando o viendo cosas en Facebook o YouTube. Recibía mensajes de amigos y amigas. Cuando me llego la notificación de un mensaje lo abrí y vi que ya tenía uno de ella en el que decía:

    Ps: se me olvido enviártela, pero si me tomé la foto. Te gusta?

    Supongo que eran los baños porque se notaba un espacio reducido. Alcanzaba a ver la parte trasera de su culo, de él sobresalían unos hilos negros por su cintura, tenía la cola un poco parada. Un señor culo.

    Yo: si me gusta, solo que dejas demasiado a la imaginación, no crees?

    PS: luego ves más si quieres, hasta puedes tocar.

    Yo: ok me parece buena idea, solo que cuando será, cuando me entregas la copia de mis documentos (el seguro)??

    PS: solo falta que los firme el jefe y te aviso.

    Yo: pues que sea pronto no crees?

    PS: espero que si.

    La foto que me envió me puso caliente y no tenía otra forma más que coger a mi novia. Ella como ya estaba dormida la empecé a tocar, a besar a lamer y claro después de un rato se fue despertando y entre dormida y despierta daba pequeños gemidos.

    N: mmmm… mmm… que haces amor… porque me lames tan rico.

    Yo: porque me gusta y quiero cogerte en este momento.

    N: ayyy si que rico, solo no me des tan duro porque mi hermana está en el otro cuarto bebé.

    Yo: que nos escuche, no me importa.

    N: está bien. Dame duro por favor.

    Mientras la lamia y tocaba para calentarla más puse mi celular para que grabará audio solamente. Así estuve dándole a mi novia en todas las posiciones que a ella le gustan y que a mi también. Se la metía y se la sacaba, rápido y lento. Por momentos la dejaba hincada para que me la chupara y enseguida se pusiera de perro para que se la volviera a meter. La cogida era acelerada, Le metía los dedos en la boca y en ocasiones en el culo, también la nalgueaba. Llevamos como 15 minutos dándole que el colchón terminó haciendo mucho ruido.

    Yo: párate que ese colchón no me deja darte duro.

    N: si dame más. Quiero más. Dame leche salpicame la cara.

    Ella no se había dado cuenta que la estaba grabando, así que seguí dándole duro y duro. Cuando me di cuenta vi que la puerta de nuestro cuarto no estaba del todo cerrado y alcance a ver una sombra asomándose en la oscuridad me pareció ver a mi cuñada que estaba viendo como le daba a su hermana… Esa es otra historia.

    N: dame verga papi, dame duro… ay…!!! ay!!! si, si si, así… me quiero mear. me me quierooo meee-aaarrr…

    Yo: pues hazlo que te detiene, ábrete bien las nalgas para que te dé más.

    N: si… así te gusta??? córrele… ya dame leche, dame, daa-me tu leee-cheee!!! Me meo me meo ahhh!!! siiii!!! Que rico

    Ella tenía un orgasmo fuerte que estaba temblando todo su cuerpo, cuando sentí que me iba a venir se la saque la puse de perro sobre el piso y con los dedos le empecé a dar masaje en su clítoris y con mi otra mano me la jalaba para dispararle la leche en la cara, o donde le diera.

    Se recostó como pudo en la cama y yo pare el audio.

    N: que haces amor…

    Yo: pongo la alarma para mañana, no vaya a ser que no nos levantemos para ir a trabajar…

    Este audio tenía un fin. Lo había grabado para enviárselo a PS y viera su reacción. Si no se enojaba sabía que podía hacer otras cosas, pero si se enojaba no podría cogerla.

    Entre al Whatsapp y en la conversación de PS lo envié, con la incertidumbre de lo que pudiera pasar… No recibí mensaje de respuesta.

    Continuará.

  • Mi primo Enrique (Parte III)

    Mi primo Enrique (Parte III)

    El fin de semana siguiente Enrique y yo fuimos a visitar a sus padres, mis tíos. El viaje es en autobús de línea regular, y el viernes por la tarde nos plantamos en la estación, diez minutos antes de la salida. Había muy pocos pasajeros y la temperatura era ligeramente calurosa. Menos mal que los autobuses llevan aire acondicionado. Entre los que esperábamos había un chico de mi edad, rubio y vestido muy formalmente con traje, corbata y un maletín. Debía ir con algún encargo para el juzgado o una inmobiliaria, qué sé yo. No lo había visto nunca y no le presté ninguna atención. Al contrario que Enrique. Nunca ha demostrado un gran interés por un tío en concreto, por lo que me sorprendió al decirme en voz baja:

    – ¿Qué te parece?

    – ¿Éste? A mí nada. ¿Te gusta?

    – Bastante

    – ¿Quieres ligártelo?

    – ¿Puedo?

    – Inténtalo. Aún nos quedan unos minutos.

    Vi que el desconocido se metía en los lavabos y di un empujón a Enrique:

    – Venga, pero no llegues tarde.

    Cinco minutos después salieron ambos por separado. Cuando Enrique volvió a mi lado:

    -¿Qué?

    – Bueno, nos hemos mirado y nos hemos sonreído.

    – Para empezar ya es algo. ¿Le has visto la polla?

    – Sí, es maja, pero aún no la tenía dura.

    Los viajeros iban montando.

    – ¿Seguimos?

    – Vale.

    El tipo subió antes que nosotros y se sentó en la penúltima fila. Nosotros… pues también, al otro lado del pasillo. Era un poco descarado, porque el autobús iba prácticamente vacío. Pero de eso se trataba. Yo me puse en el asiento de ventanilla y Enrique en el otro. Teníamos una hora y media de trayecto por delante. Improvisé un plan.

    Llevábamos unos diez minutos de viaje. Enrique dirigía su mirada insistente hacia su vecino. Éste, desconcertado, no sabía dónde fijar la vista y simulaba consultar unos papeles de su maletín. Me incliné hacia Enrique y le besé abiertamente en la boca. Bueno, más bien lo morreé intensivamente, mientras le acariciaba el pecho con una mano por debajo de su polo verde. El tipo del otro lado del pasillo no pudo evitar mirarnos. Claro, para eso lo estaba haciendo yo. Al cabo de unos minutos le eché más cara al asunto y, dejando la boca de mi primo, me abrí la bragueta de los bermudas y me saqué la polla, que ya estaba bastante dura. Sí, lo reconozco, mi tendencia al exhibicionismo es muy fuerte y a veces me impulsa a acciones disparatadas. Me la fui meneando ante el joven ejecutivo y me fijé que su pantalón abultaba sensiblemente. Estaba algo acalorado y se aflojó la corbata, mientras me dirigía una sonrisa disimulada. Incliné la cabeza de Enrique y lo puse a mamármela. En esta posición, su culito quedaba enfrente de nuestro objetivo y el chaval tuvo el detalle de bajarse el pantalón ligeramente hasta mostrarle el principio de su raja, como ofreciéndosela.

    Con la mejor de mis sonrisas le alargué una mano mientras nos presentaba:

    – Hola, soy Miguel y él es mi primo Enrique

    – Encantado, me llamo Raúl.

    Mientras me alargaba la suya. Encajamos con un poco de esfuerzo: en medio estaban Enrique y el pasillo. Raúl distendió un poco su precedente nerviosismo. Lo que mantuvo fue la erección de su polla, escandalosamente visible. Enrique seguía mamando. Le sugerí a Raúl:

    – ¿Te la sacas?

    Miró a derecha e izquierda como preocupado por si alguien le veía. Nada. Además había atardecido y las luces del autobús no eran muy espléndidas. A pesar del retrovisor, el conductor no podía distinguir nada.

    Raúl se soltó el cinturón, se desabrochó los pantalones y separó su slip blanco para liberar su verga. Aunque no era mi tipo, su polla me gustó. Le dije a Enrique que dejara de mamar y se incorporara. Cuando lo hizo, se giró hacia Raúl e hizo un gesto de relamerse los labios. Se estaba volviendo bastante atrevido.

    Cuando Raúl se desplazó al asiento de la ventanilla, Enrique cruzó sigilosamente el pasillo para sentarse a su lado y se inclinó para cogerle la verga en la boca. Mientras tanto se bajó más el pantalón y el slip, y Raúl empezó a toquetearle el culo, buscando el ano adolescente. Enrique mamaba con auténtica pasión, y Raúl se estremecía y suspiraba cada vez más profundamente. Yo, sin dejar de observar la escena, me la iba meneando mientras sonreía a Raúl y le hacía comentarios obscenos:

    – Chupa bien, el chaval, ¿no? Y si supieras la edad que tiene…

    Y luego:

    – ¿Qué te parece su culo? Métele el dedo bien adentro, verás cómo le gusta

    Raúl no lo hizo. Se le veía cohibido para ciertas cosas.

    Y a Enrique:

    – Venga, dile a Raúl lo que más te gustaría

    Enrique, abandonando por un momento la polla que estaba mamando, se soltó:

    – Quisiera que me dieras por el culo

    Pues vaya idea la nuestra. La petición de Enrique excitó tanto a Raúl que no pudo contenerse y empezó a soltar fortísimos chorros de semen en la cara de Enrique pero también sobre su camisa y su corbata. El muchacho los lamió de inmediato, aunque la corbata no quedó demasiado presentable.

    Raúl quiso disculparse:

    – Lo siento, Enrique, no quería correrme tan pronto… y te he puesto perdido

    – Qué va, me gusta la leche. Respondió Enrique lamiendo toda la que pudo alcanzar y recogiendo el resto con un Kleenex.

    – También siento que ahora no podré hacer nada más contigo.

    – ¿Te hubiera gustado?

    – No sé, quizá. Me gustaría probarlo, vamos.

    – Bueno, ya lo harás en otro momento. No va a ser ésta la última ocasión.

    Intervine:

    – Yo voy a hacerlo ahora. Enrique, vuelve aquí y pon el culo.

    Enrique volvió a trasladarse de lado de pasillo. Si el conductor miraba por el retrovisor, debía estar un poco mosca. Pero quizá no se había dado cuenta de nada. Afuera ya era bastante oscuro.

    Mi verga ya estaba bien lubricada y cuando ordené a Enrique que se sentara encima, le entró inmediatamente. Raúl se sorprendió:

    – ¿Te lo vas a tirar aquí?

    – Claro, quiero que lo veas. Y así aprendes.

    Y empecé a joderle el culo con ritmo y fuerza. Estaba muy caliente y sabía que no aguantaría mucho. Enrique se pajeaba mientras su polla rozaba el respaldo del asiento delantero. Le advertí:

    – Vigila de no poner el asiento perdido

    Raúl alargó el brazo para pellizcar los pezones a Enrique. Éste, sin poder esperar más, se corrió soltando la leche… en el respaldo del asiento, como había previsto. Las contracciones de su ano sobre mi verga me llevaron inmediatamente al orgasmo y regué de semen todo el interior de mi primo. Por lo menos, no manché el autocar.

    Nos quedamos en la misma posición unos minutos, jadeando. Raúl se había recompuesto la ropa y nos observaba boquiabierto.

    – ¡Qué morbo, tíos!

    – Bueno, parece que te lo has pasado bien. Como nosotros

    – Pues la verdad es que nunca me lío con chicos… yo tengo mi novia… vamos… pero eso…

    – No te avergüences si te ha dado gusto. Es normal.

    – No sé…

    – ¿Nunca te has follado a un tío?

    – ¿Por el culo? No nunca… pero ahora pienso que debe ser la hostia. ¡No quiero dejar pasar la oportunidad!

    – Pues ya sabes, Enrique estará encantado

    Ya estábamos llegando.

    – Enrique y yo vamos a casa de sus padres. ¿Y tú?

    – Me alojaré en el hotel que hay junto a la estación de autobuses, esta noche y la próxima.

    – Déjanos tu número de móvil. Ya veré qué podemos hacer.

    Bajamos. Mis tíos nos estaban esperando. Abrazos, besos, etc. A Raúl no le esperaba nadie pero le dedicamos una amplísima sonrisa de despedida.

    Tuvimos suerte. Los padres de Enrique y el hermano de éste, Javier, estaban invitados a cenar en casa de unos primos que yo apenas conocía. Aunque insistieron para que los acompañáramos, por lo menos Enrique, éste pretextó que se hallaba cansadísimo del viaje y un poco indispuesto, y que ya iría a saludar a los primos al día siguiente. Sus padres mandaron a Enrique a la cama inmediatamente. Yo fui a acompañarle a la habitación que compartía con su hermano. La mía era distinta, como es de suponer.

    Cuando cerré atraje a Enrique hacia mí y metí la lengua en su boca mientras le tocaba el culo.

    – Aún te sabe al semen de Raúl. ¿Qué habrán pensado tu familia con los besos de bienvenida?

    – Espero que no se hayan dado cuenta

    – Por cierto, ¿qué tal era?

    – Buenísimo, espeso y muy dulce, pero me ha quedado poco. Casi todo lo ha echado en el asiento y la ropa

    – A ver si luego lo disfrutas más. Anda, enséñame el culo.

    Enrique se bajó el pantalón y el slip y se puso a cuatro patas en el borde de la cama. Le separé las nalgas e introduje un dedo que se deslizó suavemente hacia adentro.

    – Aún tienes el mío dentro. Me gusta que lo hayas conservado

    – A mí también me encanta aguantar tu leche dentro

    – Pero ahora hay que sacarlo. Has de estar a punto por si Raúl te quiere dar la suya.

    Le abrí más el ano con un par de dedos y todo el semen de mi follada le salió en un par de borbotones. Lo recogí con una esponja y fui a enjuagarla al lavabo. Volví con la esponja húmeda y la pasé por el ano rosado. Metí el dedo nuevamente y comprobé la elasticidad del esfínter. Perfecta.

    Enrique tomó la iniciativa.

    – ¿Y si llamamos a Raúl?

    – Estará cenando. Por cierto, que deberíamos hacer lo mismo.

    – Es sólo un momento, ya lo haremos luego

    – Te recuerdo que estás oficialmente indispuesto y acostado

    – Anda, va

    – ¿Te ha gustado, verdad?

    – ¿Raúl? Sí, claro

    – Bueno, pues llamo

    Le pillé en un momento en que había bajado a la recepción.

    – Hola, soy Miguel. ¿Estás bien? Aquí tengo alguien que se muere por verte.

    – Y yo. ¿Cómo lo hacemos?

    – Así discretamente, pregúntale el nombre al chico de recepción y me lo dices.

    Lo oí a la perfección. Era Ignacio, un buen compañero. No nos pondría ningún problema.

    – Pásamelo

    – Nacho, soy Miguel. ¿Puedo pasar a ver a este amigo mío que tienes ahí? Gracias, majo, estoy aquí en cinco minutos

    Fuimos par allá. Al entrar me di un abrazo con Nacho. Raúl había subido a la habitación.

    – Ya le aviso

    – No te molestes, subimos nosotros. Dime el número.

    Creo que no sospechó nada, sobre todo porque yo llevaba a Enrique conmigo. Cuando llamamos a la puerta, Raúl nos abrió enseguida. Iba sólo con un bóxer amarillo muy ceñido. Visto de cuerpo entero estaba bastante bueno. Habría tomado el sol en verano y lucía un levísimo vello dorado. Enrique entró y yo cerré la puerta por dentro. Raúl me alargó la mano pero yo me acerqué y le estampé un beso en los labios. Parece que no se lo esperaba.

    Abrazó a Enrique efusivamente

    – ¡Cómo me alegro de verte!

    La habitación de hotel, impersonal como todas, tenía la luz muy fuerte y la persiana abierta. Me ocupé de ponerlas a tono mientras Raúl y Enrique se besaban.

    – Venimos sólo un ratito. Mis padres están fuera pero regresarán pronto.

    Raúl parecía un poco nervioso. No tenía práctica en estas situaciones. Pero en su bóxer se marcaba un buen bulto y una manchita de humedad. Tuve que intervenir

    – Enrique, acaba de desnudar a Raúl

    – Es que… Yo… Aquí mismo…

    – Oye, si lo prefieres me voy y os dejo solos

    – Quédate

    Enrique se arrodilló y bajó el bóxer de Raúl. Inmediatamente lamió el líquido del glande. Raúl se estremeció y acarició el pelo del muchacho. Yo preferí acomodarme en un sillón en la zona de penumbra para gozar del espectáculo.

    Mientras la tenía en la boca, Enrique se soltó los pantalones y se quedó con un slip naranja. Ya tenía una buena erección. Se le notaba feliz. Raúl lo levantó después de unos minutos. Y le susurró:

    – Desnúdate

    Se abrazaron estrechamente y mientras sus pollas chocaban, al máximo de su tensión. Las manos de Raúl acariciaron largo rato las nalgas del adolescente. Me fijé en que uno de sus dedos intentaba abrirse paso hacia el ano del chico. Yo también me había sacado los bermudas y tenía la verga superdura y goteante. Pero creo que ambos se habían olvidado de mi presencia.

    Raúl deshizo el abrazo y tomó de la mano a Enrique, llevándolo hasta la cama. Enrique se tumbó y levantó las piernas, abriéndolas y ofreciendo su entrada al joven rubio.

    – Ven, es todo para ti.

    De rodillas sobre la cama, Raúl apoyó la punta de su verga en el botón rosado. Apretó. Pareció sorprenderse de la facilidad con que entraba y su rostro pasó a tener una expresión de felicidad que lo transfiguraba. Sí, estaba bien, su culo era atractivo y le hubiera hundido la lengua en el centro. Sin embargo, hoy era el día de ellos. La emoción era muy fuerte y no duraron demasiado. Jadeando, Raúl eyaculó su esperma dentro de Enrique y se derrumbó sobre él sin sacarla. Se quedaron, unos instantes, juntando sus bocas. Yo me saqué un Kleenex que llevaba preparado y también solté un buen chorro de semen en él. No había que ensuciar la habitación. Cuando me recompuse, llamé la atención a los dos amantes.

    – Vamos, chicos, no os vais a quedar así. Enrique y yo tenemos que irnos, ya es tarde.

    Raúl saltó como impulsado por un resorte. Enrique, más lentamente. Se metieron a la ducha y salieron enseguida. Se vistieron.

    – Os acompaño a la puerta

    En el pasillo Raúl hizo algo inesperado. Se acercó a mí y me besó. Dijo

    – Gracias

    Y a la salida.

    – Tenéis mi teléfono. Volveremos a vernos

    La noche ya era oscura y algo fresca. Las calles estaban poco iluminadas

    Continuará (espero no tardar dos años como ahora).

  • Desenfreno en el teatro

    Desenfreno en el teatro

    El teatro abría sus puertas y nos preparábamos para el gran debut.

    Éramos una pequeña compañía de actores y cantantes, que íbamos a interpretar una adaptación del cuento de La Bella Durmiente.

    La historia era muy básica, pero era un buen comienzo. La mayoría éramos nuevos en el teatro.

    La Bella Durmiente no era nueva, Laura era una actriz con trayectoria y la figura de la obra.

    El segundo experimentado y Príncipe de la obra era Julián. Marido de Laura en la vida real.

    Sus papeles eran solo por actuación. La pareja no se llevaba bien hacía tiempo y era algo que se podía respirar.

    Laura era muy liberal y por demás de cariñosa con todo el mundo. Julián era el extremo opuesto, vivía celoso y amargado.

    La tragedia de la pareja fue un regalo para mí, Gael.

    Era el más nuevo y el más joven del elenco, así que desperté el interés de Laura y la ayudé a vengarse de su celoso marido.

    Ella no soportaba sentirse presa de Julián y necesitaba sentir que transgredía los límites impuestos.

    Entonces, unas semanas atrás, empezó a insinuarse, a acariciarme durante los ensayos cuando Julián no la veía.

    Si quedábamos solos atrás de las cortinas, aprovechaba para abalanzarse y besarme, o restregarme sus enormes senos en la cara.

    Me dejaba con la verga dura en cada encuentro y no veía la hora de penetrarla.

    Eran todos juegos, pero muy arriesgados. La adrenalina que nos provocaba ser descubiertos por Julián lo hacía muy excitante.

    A minutos del debut, ella no estaba para nada nerviosa. Llevaba años en eso y se cambiaba con tranquilidad.

    Yo tenía papeles muy secundarios e iba a comenzar haciendo casi el ridículo, disfrazándome de pájaro. Así que estaba mucho más intranquilo.

    Renegaba preocupado con mi atuendo, hasta que escuché su llamada.

    «¡Gael! ¿Puedes ayudarme?», decía mirando a los costados y abriendo su vestido para mostrarme sus hermosas tetas.

    ¡Dios! Trataba de contener mi erección, mientras ella me miraba y se pasaba la lengua por los labios. ¡Cómo me calentaba!

    Me había puesto nervioso. Ella lo sabía y sonreía mientras me veía acercarme tratando de disimular el bulto en la ridícula calza amarilla.

    «¿Me ayudas a cerrar mi vestido atrás?», preguntó con tono inocente.

    Me coloqué a sus espaldas, todavía nervioso y comencé a cerrar su vestido.

    «¿Te puse nervioso, pajarito?» Me dijo en voz baja, burlándose de mi atuendo.

    Me desafiaba, así que respondí.

    Miré a los costados y nadie estaba prestando atención. Llevé mis manos a sus enormes senos y los sujeté con fuerza. «El pajarito no está nervioso», le dije al oído y me apoyé en su trasero, haciéndole sentir mi erección. «El pajarito está bien preparado», añadí.

    Ella suspiró y me miró de reojo.

    Le devolví una pícara mirada y volví a ponerme el resto del disfraz.

    Las escenas de la obra eran tan básicas como el guion: La Bella cantaba con los pájaros, las brujas hablaban del hechizo para dormirla, La Bella se pinchaba con un alfiler y caía dormida, el príncipe cantaba y se presentaba, un carruaje transportaba a La Bella dormida, el príncipe discutía con las brujas, el príncipe besaba a La Bella, ella se despertaba y cantaba.

    Ingresé con otros cuatro tipos que hacíamos de pájaros. Iban a ser dos pájaros cantando a cada lado de La Bella y yo en el medio, más atrás, apareciendo cuando La bella se inclinaba para los costados.

    Ingresó Laura cantando y el público aplaudió.

    Se puso delante de mí, con los otros cuatro pájaros a sus costados, pero hizo un pasito de baile fuera del guion y retrocedió, apoyando sus carnosas nalgas en mi entrepierna y llevándonos un metro atrás de los otros cuatro actores.

    Los muchachos se extrañaron de aquel paso, pero cantaban mirando al frente como habíamos ensayado.

    A mí se me puso la verga como una piedra, me alejé un poco porque me estaba desconcentrando, y puse mis manos en la cintura de Laura, tal como lo habíamos practicado.

    Laura debía posar sus manos sobre las mías, pero se volvió a salir del guion.

    Llevó ambas manos atrás y se aferró de mi duro bulto.

    Ella seguía cantando como si nada, mientras comenzaba a sobarme.

    A mí se me hacía muy difícil, pero tenía que concentrarme.

    Cuando ella se inclinaba para un lado, yo aparecía por el otro. El público me veía aparecer y desaparecer detrás de Laura y parecía resultarle gracioso.

    Yo transpiraba.

    Trataba de concentrarme y Laura volvía a hacerlo difícil.

    Corrió el elástico de mi calza con una mano y metió la otra, para sujetar mi caliente verga desnuda.

    ¡No lo podía creer! ¡Hasta dónde había llevado el juego! ¡No sólo podíamos ser vistos por Julián, sino por el público entero!

    La adrenalina brotaba, el corazón casi se me salía del cuerpo, pero la excitación que tenía era incomparable.

    Me empezó a pajear, sin salirse de la obra. Cantaba como si nada.

    Yo trataba de seguir, pero su mano me estaba volviendo loco y un par de veces confundí mi movimiento.

    El público reía y aplaudía, entendiendo que el equívoco era una parte graciosa de la obra.

    Estaba a punto de estallar, cuando terminó la escena y se apagaron las luces.

    Corrí tras las cortinas y me envolví en ellas para ocultar mi erección.

    Laura pasó a mi lado y me susurró «¡Eso sí fue excitante, pájaro loco!»

    ¡Dios! ¡Esa mujer estaba demente, pero cuánto me calentaba la desquiciada!

    Era la escena de las brujas que cantaban, así que me fui a cambiar para la escena del carruaje.

    La siguiente, era la parte en que Laura se pinchaba y caía dormida. El príncipe cantaba con ella durmiendo en el fondo y luego la cargaban al carruaje los otros cuatro actores, mientras yo los lideraba.

    Me cambié y volví a mi lugar entre las cortinas. Las brujas terminaban su canto y a metros de mí Laura ya estaba lista en la oscuridad. Frente a una mesa de largo mantel y adornada con flores, que era donde caería dormida.

    Me vio espiando detrás de ella y movió su trasero, provocándome con una sonrisa.

    La luz la enfocó, así que tuve que esconderme rápidamente.

    Cantó unos minutos, fingió pincharse con una gran aguja de utilería y se dejó caer sobre la mesa.

    Su trasero hermoso quedó en lo alto cubierto del largo vestido. Yo no hice más que fantasear con esas firmes nalgas.

    El Príncipe entró en escena. La luz se dirigió a Julián, que empezaba a cantar, mientras La Bella quedaba dormida en la mesa, iluminada con una tenue luz, al fondo del escenario.

    Se me ocurrió una idea descabellada, pero a tono con los juegos de Laura. Lo dudé, pero la excitación me ganó.

    Sabía que Laura debía permanecer tendida en la mesa y no podría moverse sin estropear la función, así que fui a gatas hasta donde estaba ella.

    El largo mantel me ocultaba del público y la luz tenue que iluminaba a Laura no le daba chances de escapar.

    Julián seguía cantando, mientras yo levantaba de a poco el vestido de Laura, para meterme dentro.

    Las piernas de Laura se movieron instintivamente tratando de alejarme, hasta que me aferré a los cachetes de su gordo culo con fuerzas y comprendió de quién se trataba.

    Se relajó y empecé a separar sus cachetes. Abrió las piernas lentamente, para que nadie lo note.

    Corrí su fina tanga hacia un costado, para ver de cerca su apretado agujero, mientras llevaba mi mano libre a su clítoris.

    Comencé a masajear su frente en pequeños círculos y saqué mi lengua para lamer su dulce ano.

    Le dieron unos pequeños espasmos que trató de contener cuando mi lengua hizo contacto con su culo apretado.

    Se relajó y volvió a separar aún más sus piernas, lentamente.

    No tenía mucho tiempo y la calentura era demasiada, así que empecé a lamerla desenfrenadamente.

    Hacía el movimiento de mi dedo en su clítoris más intenso y sentía cómo su sexo se mojaba poco a poco.

    Mi lengua entraba y salía de su exquisito ano, jugaba un poco y volvía a entrar.

    Las piernas de Laura temblaban y me motivaban a más.

    Julián estaba por terminar de cantar y no quedaba nada de tiempo, así que saqué mi lengua y metí un dedo en su culo mojado.

    Los músculos de su trasero lo estrangularon por un momento y lo volvieron a soltar, para que se empiece a mover en su recto.

    Yo iba tratando de salir del interior del vestido de Laura, pero sin dejar de tocarla.

    Uno de mis dedos entraba y salía de su ano a gran velocidad, mientras otro manoseaba su empapado clítoris.

    La quería hacer acabar.

    Las piernas de Laura volvieron a temblar, cuando Julián cantaba su última estrofa.

    Aumenté el ritmo y la intensidad al extremo. Mis dedos la hacían retorcer y no me detuve.

    Convulsionó y liberó su caliente jugo en mis manos. Esperó al platillo final de la canción y dejó escapar un gemido, tapado por la música y los aplausos.

    Alcancé a salir y a sacar mis manos a tiempo.

    Los otros cuatro actores ingresaban y yo me incorporaba detrás de Laura, mientras las luces nos enfocaban.

    Los demás no entendían cómo llegué tan rápido, pero le dieron poca importancia y siguieron el guion.

    Alzaron a Laura y la dirigieron a la carroza mientras yo los acompañaba. Era mi turno de cantar.

    Sentaron a Laura dentro de la carroza, me dieron paso para sentarme en el otro asiento y cerraron la puerta.

    El público nos veía asomar desde dos ventanas, que comenzaban a la altura de nuestros pechos.

    Comencé a cantar, sacando una mano por la ventana, para acompañar el compás de la música.

    Mis cuatro compañeros ahora movían el carruaje escondidos, para simular su marcha.

    Yo todavía mantenía la erección que me había provocado el culo de Laura, pero me concentré lo suficiente como para no errar la letra.

    Cantaba algo así como «Duerme Bella, Duerme Bella y cae rendida», cuando noto que Laura aprovecha la canción para simular que se desplomaba dentro del carruaje.

    El público lo tomó como otro detalle gracioso de la obra, rió y aplaudió la ocurrencia de la gran actriz.

    Pero Bella tenía otra de sus picardías en mente.

    Seguía cantando, cuando sentí sus manos aferrarse a mi bulto.

    La miré de reojo, sin dejar de cantar y me lanzaba una mirada desafiante.

    Abrió la cremallera de mi pantalón y lo corrió lo más que pudo, haciendo saltar mi miembro duro y caliente.

    Dejó sus manos aferradas a la base y se metió toda mi carne en la boca.

    Por suerte era un pequeño momento musical, así que pude tragar saliva mientras cerraba los ojos y trataba de disimular.

    Yo había tomado ventaja cuando ella hacía de dormida, ¡pero ella me mamaba mientras cantaba! ¡Estaba completamente loca!

    No sé cómo hice para seguir, pero continué cantando.

    La intensidad de su mamada no se hizo esperar, quería devolverme lo que le había provocado.

    Sus manos empezaban a masajear mis huevos, mientras sentía que mi verga se metía en su garganta. Era increíble.

    Comencé a sudar a mares, pero manteniendo mi canto.

    Una mano fue descendiendo, mientras la otra seguía en mis huevos y su boca no paraba de comerse mi miembro.

    ¡Un dedo empezó a masajearme el culo! ¡Dios!

    Era demasiado. No podía mantener el canto. Me salteé un verso de la canción recuperando el aire y canté la última parte haciendo el más grande de mis esfuerzos.

    Laura se atragantaba con mi dura verga que convulsionaba y me metía el dedo en el culo, sabiendo que terminaba la canción.

    Hice todas mis fuerzas para no eyacular. Me contuve, me contuve y lo logré.

    Las luces se apagaron, y se cerró el telón delante de nosotros. El público aplaudió.

    Laura debía salir del carruaje para la última escena.

    «¡Maldito!», me dijo al oído mientras quedábamos a oscuras. «Esto no queda así. Ya voy a tomarme todo lo que tenga esa sabrosa verga», completó, mientras acariciaba mi tembloroso miembro y salía del carruaje.

    Me había vuelto loco. ¡Qué mujer! ¡Qué mujer!

    La parte del príncipe discutiendo con las brujas estaba en escena.

    Tras el telón, el carruaje había sido removido y yo quedé parado a un costado, con las manos en la entrepierna, para tapar mi erección interminable.

    Casi contra la última pared del escenario, preparaban la cama donde el príncipe encontraría a La Bella Durmiente.

    La cama era la misma mesa que había usado Laura en la escena donde se dormía. Habían agregado unas tablas, que simulaban los lados de la cama y traían un alto colchón, para que La Bella Durmiente pueda recostarse y ser vista por el público a la distancia.

    La cama estaba lista y todo el elenco ya había dejado el lugar, para acomodarse en la parte delantera del escenario, donde harían su entrada final.

    Yo también tenía que marcharme, pero mi erección no cesaba y tenía la mente nublada por la lujuria.

    Laura ya debía estar por llegar para acomodarse en la cama y no resistí la tentación.

    Con la verga aún erecta y saliendo de mi pantalón, me moví con velocidad para sacar el alto colchón de la cama.

    Tomé la sábana que lo cubría, unos almohadones y me subí a la mesa.

    Me recosté entre las tablas y me puse a acomodar los almohadones a mi alrededor, cuando entró Laura.

    Se subió a la mesa, para recostarse en la cama y me vio.

    «¡Jaja! ¡¿Qué haces, sabandija?!», me dijo.

    En lugar de estar alarmada por mi presencia, parecía contenta viéndome tan loco como ella. ¡Qué mujer!

    «No quería dejarte con las ganas de vaciar todo esto», le dije señalando mi verga desnuda.

    «Parece que hice un buen trabajo», dijo en forma sensual y serena, mientras me la sujetaba con fuerza, «Esto es un tronco. Un tronco de exquisita carne caliente que no puedo dejar de probar»

    «Hagamos esto, mi sabandija», dijo mientras cubría mis piernas con su pollera, tapaba mi rostro con almohadones y se recostaba sobre mí, dirigiendo mi verga a su culo aún mojado.

    No sé si se había sacado la tanga mojada o seguía al costado, pero tenía pleno contacto con su agujero mojado.

    Laura se acomodaba y movía su trasero de un lado a otro, para que mi verga comience a entrar.

    Su culo inquieto era muy apretado y la cabeza de mi aparato estaba haciendo fuerzas para entrar.

    La escena de las brujas estaba terminando, y la cabeza de mi dura verga terminaba de entrar al hambriento culo de Laura, mientras ella dejaba escapar un gemido y se aferraba a mis muñecas.

    El telón comenzaba a abrirse y era el último segundo para movernos con libertad.

    Tomé a Laura de la cintura e hice presión con mi miembro erecto, Laura se sentó con fuerza para ayudarme, y mi verga se hundió en lo más profundo de su apretada cueva.

    El telón terminó de abrirse y el público aplaudió al ver a Laura.

    Las tablas que nos cubrían eran muy altas y, sin el colchón, sólo podía verse el pecho y la cabeza de La Bella Durmiente asomando.

    Julián se acercaba para la escena final.

    Temía que mi escondite fuera muy evidente, y creo que lo mismo temía Laura, porque empezó a contraer sus músculos y su trasero me estaba ahorcando la verga.

    Pero era tanto el ego de Julián y la poca atención que le prestaba a Laura, que pasó hasta el fondo del escenario con los ojos fijos en el público y una gran sonrisa.

    Puso una mano sobre el abdomen de Laura y siguió cantando sobre su amor por la Bella Durmiente.

    Fue ahí, donde Laura vio una oportunidad que yo jamás me hubiera imaginado.

    Estiró el brazo que escondía tras la cama, el que daba a Julián, y empezó a sobarle la verga a través de sus pantalones.

    ¡¿Qué carajos estaba haciendo?! Me pregunté, ¡¿Quiere que nos descubra?! ¿Le calienta su marido justo ahora? ¡¿Está loca de remate?!

    Julián se puso nervioso. Trataba de sacar la mano de Laura. La miraba de reojo, pero el público no podía notarlo.

    Primer punto para Laura. Había hecho que Julián, por voluntad propia, se esfuerce por mirar al público y no a Laura. Eso restaba chances a que nos descubra.

    Pero Laura no se quedó ahí, por supuesto.

    Tomó la mano de Julián que posaba en su abdomen y la fue llevando poco a poco a su entrepierna.

    ¡Era una genia de la estrategia! Completamente desquiciada, ¡Pero una genia!

    Julián solo podía entender que estaba caliente con él. Su ego no le permitió dudar mucho.

    No podía arriesgar el espectáculo y le siguió la corriente. De todas formas, la mano que tenía Julián dentro de la supuesta cama no se veía desde donde estaba el público.

    Laura empezó a mover su cintura de arriba hacia abajo, lo suficiente para que mi verga se pueda mover en su interior.

    Para el público, el movimiento era imperceptible.

    Julián pensaba que su mujer se estaba pajeando con su mano y Laura estaba disfrutando del entrar y salir de mi carne dentro de su culo, bien en frente de su marido.

    ¿Acaso no era una genia? ¿Una genia con el culo más perfecto que puede haber?

    Su trasero me volvía loco. Sus redondos cachetes aplastándose una y otra vez en mi cuerpo, su jugoso ano abriendo la boca para tragar mi gorda verga y su estrecho recto aferrándose a cada centímetro de mi miembro en llamas…

    Mi cuerpo se extasiaba y mi mente estaba drogada con la situación.

    La adrenalina recorría mi cuerpo con pequeñas descargas eléctricas que terminaban en mi glande enterrado en lo más profundo de Laura.

    Con una mano tomaba los dedos de Julián y no sé hasta qué punto se los pasaba por su sexo, mientras la otra mano se sujetaba de mi brazo escondido, que arañaba cada vez que mi verga daba espasmos de placer.

    Mientras su culo hambriento se atragantaba con mi gorda carne, su vagina se empapaba y mojaba con su jugo caliente mis huevos que estaban a punto de estallar.

    Julián seguía cantando y movía su mano libre en el aire, para desviar la atención del público.

    Notaba que el ritmo de Laura se iba acelerando y no sabía qué hacer.

    Trataba de presionar con su mano, para detener su movimiento, pero hacía que mi dura verga se entierre más en Laura y ella se vuelva más loca.

    Laura conocía la letra de la canción y sabía que quedaban apenas unos versos.

    Quería sacar toda mi leche caliente de una vez y quería volver a mojarse como lo hizo minutos atrás.

    Aumentó aún más el ritmo. La mesa se empezaba a mover y Julián lo trataba de disimular con movimientos fuera de libreto.

    Laura apretaba los dedos de Julián en su sexo para justificarse, mientras atragantaba su recto con mi dura verga.

    Julián cantaba su último verso, mi miembro se hinchaba y empezaba a temblar en lo profundo de Laura.

    Julián terminaba su canto y yo explotaba dentro de Laura.

    Julián besaba a La Bella para que despierte de su hechizo, mientras Laura sentía cómo mis chorros de semen invadían su estrecho agujero.

    La música le daba pie al despertar de Laura y ella dejó escapar una mezcla de grito y gemido, mientras su vagina descargaba chorros de jugo caliente. Inmediatamente unió ese grito a su canto, se incorporó y completó su estrofa final.

    La gente aplaudía de pie, mientras Laura aún seguía acabando. Mi verga extasiada temblaba en su interior y mis huevos se empapaban de su dulce flujo.

    Julián y su ego se hicieron cargo del aplauso.

    Mi presencia era casi evidente cuando Laura se sentó erguida, pero el tipo ni se dio cuenta. Rodeó la mesa y se fue al frente del escenario a recibir el aplauso del público, mientras la cortina se cerraba detrás de él.

    Laura destapó mi rostro antes de levantarse y me dijo «Llevo veinte años de carrera y, honestamente, este fue el mejor espectáculo de mi vida, sabandija», frotó mi cabeza como a un niño, se levantó, me guiño el ojo y se fue a recibir el aplauso.

    Creí entender algo de lo que dijo. Cerré mi cremallera, recuperé un poco el aire y me fui del teatro sin que nadie me viera.

    Te voy a extrañar, Laura. Y tu recuerdo siempre va a ser el mejor espectáculo de mi vida.

  • Memorias inolvidables (cap. 17): El Dr. Jaime Iniesta

    Memorias inolvidables (cap. 17): El Dr. Jaime Iniesta

    Jaime Iniesta y Martínez de la Cuba es hijo de la Marquesa María de los Dolores Eugenia Luisa Fernanda Inés Martínez de la Cuba y Fernández-Romeral y de su esposo don Leandro Iniesta Pozo de Trigales. Doña María Dolores Eugenia es hija de los marqueses, don Aurelio Martínez de la Cuba y Santibáñez y doña Juana Luisa María Fuencisla Fernández-Romeral y López de Haro, que son los abuelos del doctor Jaime Iniesta Martínez de la Cuba.

    Doña María Dolores Eugenia era una muchacha muy bonita y deseada por muchos, pero el rigor de su madre, la señora marquesa doña Juana Luisa, que había dominado a su propio esposo, el señor marqués don Leandro Iniesta Pozo, hasta anularlo, también quiso dominar a sus hijos. Lo consiguió con los primeros, pero Doña María Dolores le había salido respondona y fue la desgracia de la familia, según cuentan los antiguos. Tenía encima una maldición, porque se había quedado en estado de no se sabe quién y la tuvieron que casar con el que fue toda su vida su paciente marido don Leandro, el cual sin ser padre del niño de su esposa, tuvo que darle el apellido. El resultado es que el niño Jaime, que es nieto de marqueses con un buen pellizco de títulos, no pudo pertenecer a la nobleza nunca porque su madre había sido despojada de todos los derechos sobre cualquier título.

    ¿Qué era Jaime?

    Miguel me lo contó así:

    «Jaime tuvo que labrarse su futuro porque sus abuelos lo ignoraron hasta el desprecio. Jaime reflexionó, «dejaron a mi madre sin honor, sin título y prácticamente sin herencia, solo aquello que le pagaron a mi padre para que se casara con ella. Esto no puede quedar así». Y no quedó así. Jaime pensó, entonces, con qué mancha les marcaría más a toda su familia de abuelos, tíos y primos y se hizo públicamente maricón, es decir, salió escandalosamente del armario, adquirió una forma artificial de hablar y expresarse con gestos excesivamente amanerados y se hizo acompañar continuamente de chicos, a los que se abrazaba en público, los besaba o se agarraba de su brazo para pasear. Dicen que tenía una amante escondida que nadie conoció nunca, pero chicos amantes corrían por su casa a destajo. A estos no los escondía, sino que los presumía para manchar el título de sus abuelos y de toda la familia. En cierta manera en ese tiempo consiguió su objetivo. Su abuelo se comprometió con él a pagarle los estudios y todo lo que necesitara si dejaba de lado la panoplia y manifestación gay. Jaime ya los había manchado según el modo tradicional de pensar y ahora iba a sacar provecho. Estudió simultáneamente medicina y psicología. Se sacó su doctorado en psicología y obligó a su abuelo a comprarle una vivienda y un estudio para recibir a la gente. Ahora, vive de su trabajo, tiene secretaria y se puede permitir tener a su novio en casa. No sé que tenga su mujer escondida y pienso que no por lo que me dijo una vez: «¿Mujer contigo? No lo intentes ni por comodidad, a la larga o a la corta hay que darles de todo, te piden un hijo y te abandonan». Si este es su modo de pensar, creo que se equivocan, pienso que no tiene ninguna mujer escondida, que no la tuvo nunca. Además, busca chicos para follar, dice que no es tan comprometido como una mujer. Su abuelo ya es difunto y no puede sacarle ya nada, ahora disfruta como quiere, no tiene que ocultar nada. Ahora Jaime es Jaime de verdad. En un terreno que Jaime recibió de su padre cuando concluyó su carrera, se ha construido una casa que más parece una mansión. Es una casa ancha, para más que una familia y allí me ha invitado muchas veces, para muchas fiestas suyas para hacerme olvidar mis problemas. No es gratis, estas cosas se pagan con el cuerpo cuando Jaime lo exige, pero en definitiva lo disfrutamos los dos o los tres. 

    »No hace mucho murió su abuelo, se presentó al funeral, justo lo que no quería el consejo familiar, pero allí estaba Jaime con uno de sus novios, el que mejor planta tenía. Iban perfectamente vestidos y llamaron la atención porque vestían traje pulquérrimamente blanco, tenían su razón para presentarse así porque en ese tiempo el mejor novio que tenía Jaime era un hindú, originario del Punjab, llamado Harinder Nayan Shergill, todo el mundo conocido lo llamaba Nayan, que es su segundo nombre. El tal Nayan era y seguro que sigue siendo, un chico moreno de chocolate claro, con ojos grandes y hermosos, guapo, bien dotado y follaba muy bien. Nayan se fue a su tierra, acabados sus estudios en España. Ahí lo perdió Jaime; no le dolió, porque tenía más  chicos a su disposición.

    »Lo que pretendía en el funeral, lo consiguió. Se lució con su novio ante aquella multitud de hipócritas moralistas, siendo así que todos sabemos que bastantes de ellos tenían sus queridas, incluso el propio difunto las tuvo. ¡Cuántas veces he tenido que explicar yo a algunos amigos que un novio gay cuesta un culo o un pene, en algunos casos, culo y pene, siempre boca; mientras una mujer cuesta un apartamento bien situado y amueblado, una pensión mensual, unos gastos domésticos y un montón de regalos de plata, oro o prendas de las marcas de moda. Nadie de nosotros aguanta un puto en nuestra casa a los precios de una segunda mujer. Alguna vez he escuchado frases como esta: «Este tipo se ha arruinado detrás de las mujeres»; todavía no he escuchado a nadie decir que se ha arruinado por formar una pareja, tener un novio, vivir en compañía íntima con un chico gay, más bien se trata de una unión de esfuerzos económicos y de otra índole.

    »Hay que reconocer que Jaime Iniesta está bueno de verdad. Cuando se desnuda parece un atleta griego o un efebo romano. Es joven todavía, es guapo, tiene unas tabletas en el abdomen que son de espectáculo. Su polla está buena, no es lo mejor que tiene, pero su escroto y sus bolas colgando con tal limpieza y sin pelos, son de envidia, lo que le falta en pene lo tiene en bolas, así que mirarle ya es agradable y dejarse follar por él es como subir a las nubes. Además es versátil, le gusta follar, y también recibir una polla buena. Es limpio, pulcro y su culo huele a perfume siempre».

     

    ***********

    Jaime había invitado a Miguel un par de veces o tres a sus fiestas que organiza en su mansión. Son verdaderas orgías: alcohol, sexo, hierba, pastillas, y coca para inspirar. El sexo y el alcohol en whisky le van a Miguel, pero pasa de la maría y demás historias, haciendo como si las tomara pero no lo hace. Todavía Miguel luce en la actualidad este arte de disimular que bebe, se coloca y otras pringas y cuando los demás duermen él vive. En este tipo de fiestas pronto están colocados y no necesita sino estar listo para disimular al comienzo, son como unas cuatro horas de entretenerse mucho con algunos chicos y después se olvidan, porque lo que les interesa es la droga para colocarse y, consiguientemente, que alguien les meta una polla por su culo, cosa que nadie pide pero que todos consienten. Miguel, como yo y quizá tú mismo, amado lector, también, porque para algunos de nosotros una buena polla en el culo nos hace más felices que un gato con una sardina.

    Dejó escrita su historia de alguna de estas fiestas en su diario. Miguel escribía de vez en cuando su diario, fue algo que debía a Sebastián, porque este escribía diario y Miguel le gustó la idea. Una de esas veces deja escrita la historia que narra en los siguientes términos literales:

    «Me parece que me estoy curando de todos mis males. Lo importante era fijarme en mí. Demasiado tiempo he estado esperando que Sebastián vuelva a mi lado y me lo metí dentro. Me costó sacarlo. Me había empeñado en que mi corazón palpitaba de tres en tres hasta que mi sicólogo, que es a la vez médico y pianista, auscultaba mi corazón y hacía sonar el piano para que yo escuchara. Ahí me di cuenta que todo estaba en mi cabeza y los que estaban conmigo se contagiaron. No me hicieron un gran favor, porque no me curaron mi mal, sino muy al contrario, lo agudizaban. Mi sicólogo me ha curado, estoy seguro de ello. El recuerdo que tengo de Sebastián es el de un buen amigo, que nos amábamos mucho, pero no un espíritu que se apoderase de mí. Con paciencia y sin discutirme nada de lo que le contaba, Jaime, mi sicólogo, «sacó» a Sebastián de mi interior.

    Fue muy peculiar mi sicólogo Jaime. Me invitaba a sus fiestas con el fin de hacerme ver que el importante para mí era yo mismo. Jaime me advirtió de las drogas, hierba, coca y otras para que ni por curiosidad las probara, me dejó claro que jamas me curaría con ello, que yo no debía desinhibirme,  ni perder el sentido de mi estar en el mundo; decía: «tú has de estar despierto y hacer como yo, los observo y los uso consciente mientras ellos se van convirtiendo en muñecos de trapo; ellos dirán mañana que se lo han pasado muy bien, pero es falso, porque casi no se acuerdan de nada. Cuando te hayas cansado de follar, les metes por el culo un dildo o cualquier cosa que no les dañe. No se enteran.  Cuando me piden follar les meto uno de esos juguetes y los meto a dormir. Mañana al despertar se lo quitarán, no les preguntes que lo niegan y dicen que han follado con todos. Además, algunos no se lavan nunca el culo, huelen mal y van aviados con el juguete.

    Hoy he follado hasta bien entrada la noche. Después de follarme a dos tíos me fui con Jaime y follamos los dos hasta que vino su esposo Antonio. Lo mandamos a la ducha y Jaime y yo le hicimos una doble penetración. Gritaba como un cochino en su matanza. Todo fue divertido. Tuvimos compasión de Antonio y tanto Jaime como yo yo nos pusimos juntos en cuatro ofreciéndole nuestros culos en alto para que nos follara a ambos. Antonio estuvogenial, entraba en uno, follaba, salía, entraba en el otro follaba, salía y así sin parar y haciéndolo agradable. Al final se corrió, pero como yo estaba muy atento y lo sentí gemir de orgasmo, me volví, me puse su polla en la boca y dejé que se corriera dentro de mi boca. Jaime se acercó para que le hiciera partícipe y en un beso a tres compartimos el esperma de Antonio.

    Me he cansado de escribir y tengo mucho sueño. No hemos dormido y desde ayer por la mañana que no he pegado ojo. Toda la noche follándonos los tres a tope es mucho para el cuerpo y sin dormir, peor aún. A media noche no se escuchaba a nadie en toda la casa, solo de vez en cuando un ronquido y algún pedo, fuimos mirando y algunos estaban dormidos con la polla de uno en el culo del otro, otros abrazados, otros bien arrimados. Nos fuimos los tres a la cocina a recuperar fuerzas. Comimos como cerdos e incluso hicimos alguna cochinada como comernos algunas salchichas entre dos o entre los tres pasando materia de boca a boca. La verdad es que después de comer tanta polla y tomar tanto esperma las salchichas de boca de un amigo están más sabrosas.

    Como hemos estado jugando con el sexo hasta las 8 de la mañana con algún intervalo de descanso, tomando whisky y agua, ahora estoy que me muero de sueño. Por eso, querido diario, te dejo estas cosas para ti, no sé si alguna vez las leerá alguien, pero me ayudas a dejarte todas estar mierdas en tus páginas. Es un consejo de mi sicólogo y yo mismo noto que me va gustando más la vida y quiero vivir y ser feliz. Gracias, amigo diario.

    Miguel y 7 de agosto».

     

    «Ayer me pasé casi todo el día en la cama. Te tuve olvidado y no vine a escribir nada. No te me enojes por eso. Gracias, porque sé que me haces caso y aguantas toda mi mierda sin protestar. Si pudieras venir conmigo lo pasarías de puta madre, diario. Tú y yo somos amigos, pero tú no puedes follar, lo único que puedes hacer es foliar, perdona que lo haya dicho así. Yo siempre estoy en deuda contigo, porque aguantas todas mis pesadillas, eres mejor amigo tú de mí que yo de ti.

    Sabes que anoche salí a la calle. Como había dormido todo el día en la noche ya no tenía sueño y me fui a dar una vuelta. Me pasé por el sauna buscando a alguien con quien pasarla noche. No fue para tanto. Encontre a Eleuterio, es un chico alto, flaco, feo, pero muy amigable. Lo de feo es tan cierto que por eso cuando lo busco lo encuentro, porque nadie quiere salir con él. Pero justo ayer estaba con otro que yo no conocía y al verme me presentó a Anastás, supongo que debe ser Anastasio, pero él todo el tiempo se llamaba Anastás y Eleuterio lo confirmaba al dirigirse a él. El tal Anastas no es tan feo pero es poca cosa, de cara mejor que Eleuterio, pero todo su cuerpo era una mierda. ¡Joder! En el momento en que nos desnudamos los tres, no me dio un ataque de risa de puro milagro, porque el tal Anastás tenía una pollita tan diminuta que no se escapaba de junto a los huevos incluso en plena erección. No alcanzaba ni el tamaño de una falange de mi dedo meñique. El tipo no folla, lo follan, es decir, lo follamos tanto que ya le dolía el culo. Aproveché para tocarle la pollita y la bolsa de testículos, eso, el escroto que no era tan grande, pero cuando busqué las nueces, eso dieran testículos ni qué mierda, diminutos. Los soltéenseguida no sé si por temor a que fueran una maldición o una humillación para Anastás. Entonces entendí que el tío solo desea poner su culo y dice pasárselo de puta madre. ¡La puta que lo parió ya pudo haber hecho algo más decente!

    Como verás, querido diario, ayer sí lo disfruté pero fíjate de qué manera. Yo tengo una polla como esa y me suicido. Pero hay quien se acostumbra a lo que tiene. El Eleuterio no es que la tenga grande, pero se erecta y le cuelgan los huevos por detrás y por debajo de su pene. Se notan las dos bolas y dan mejor visión.

    Me dijeron que era una suerte haberme encontrado porque en la sauna ninguno se les acercó. Y es que además son demasiado maricones, afeminados y amanerados. No entiendo como hay gays que desprecian a otros gays porque no estén tan dotados como ellos. Pues estuvimos en la casa de Anastás y me los follé a los dos hasta estas horas. Acabo de llegar son las nueve de la mañana y me voy a dormir porque he pasado la noche follándome a los dos y dejando que se mamaran mi polla.

    Este Anastás chupa rico, sonoro, apasionado. No puedes ver pero que dejo escrito que tengo los dos pezones como si estuvieran inflamados, los tengo duros, erectos y bien chupados. Pues mi polla está como para guardarla una semana sin follar, cosa que dudo, pero fíjate que los encontré hacia las once de la noche, entre unas cosas y otras llegábamos a casa de Anastás como a las doce y apasionados, deseosos y fuera de sí. No hemos parado hasta hace cosa de una hora y lo que llevo escribiendo, como hora y media.

    Esos maman bien, chupan, succionan y me sacan el jugo. Suerte que no me cuesta tanto regenerarme, quizá porque suelo practicar sexo y cuando no puedo me masturbo con frecuencia, Vamos, que me gusta estar en forma, por eso no necesito las previas. Los culos para mí en una noche entera, desde medianoche hasta que ya no había nada más que dar. 

    Bueno, amigo diario, te cuento esto, no para darte envidia, sino para que veas la clase de amigo que tienes. No es que quiera presumir ante ti, pero estoy bien, siempre con ganas y feliz para irme ahora a la cama. Buenos días, porque ya no es buenas noches.

    Miguel y 9 de agosto.

  • Sergio el amigo de mi esposo (III): Observados

    Sergio el amigo de mi esposo (III): Observados

    La cita ya estaba dada, fue un viernes, Sergio no sabía nada, en nuestra habitación tenemos un espejo falso, de esos que sirven para espiar a las parejas en los moteles.

    Sergio llego puntual a la cita, él no tenía idea de que estaba pasando y llego con un poco de nervios.

    S: ¿Y si llega Luis?

    Yo: ¡No te preocupes, está en otro asunto, tenemos tarde libre!

    Le serví un vinito que me regalo un amante que tengo, disfrutábamos charlando, ¡aunque el aún estaba dudoso!

    S: ¿En serio no vendrá aun?

    Yo: ¡Ya te dije que no! ¿Porque, le tienes miedo?

    S: ¡Claro que no, pero no es lo mismo coger en otros lados que en tu casa!

    Yo: Ya nene, ¡mejor disfruta de esta hermosa lencería que me puse para ti!

    Me acariciaba las piernas, nos besábamos, y nos decíamos que nos gustaba del otro, pasando unos minutos, decidí relajarlo un poco.

    Yo: ¡Déjame comerte nene, déjame ir allá abajo!

    S: ¡Si hermosa, es tuyo!

    ¡Comencé chupar el tronco de su animal!, el me miraba y acariciaba mi cabeza, jugaba con mi cabello, lo que no sabía es que Luis nos observaba desde la cámara que tenemos ahí, ¡yo mamaba todo lo que podía esa gran verga!

    S: ¡Lety que rico lo mamas, uf!

    Yo: ¡Me encanta tu verga nene!

    Lo lleve a mi cuarto, él se desnudó mientras yo lo esperaba en la cama, se acercó a mí y comenzó a besarme los pies, mientras sus manos apretaban mis piernas, luego subió su lengua por mis muslos y llego a mis ingles las besaba tan rico, mientras sus manos jugaban mis pezones, volteaba hacia el espejo ya que Luis nos miraba, el comenzó a hacerme un rico oral, yo gemía sin dejar de ver el espejo, nos acomodamos en un rico 69, yo devoraba su tranca y el succionaba mis fluidos.

    Yo: ¡Así papi, así!

    S: ¡Sabes riquísimo nena!

    Estuvimos en eso un buen rato, hasta que me levanto las piernas y las puso en sus hombros, me la metió suave, yo gemía sin dejar de ver al espejo, sabía que Luis estaba disfrutando el show.

    S: ¿Te gusta hermosa? ¡Que rica vagina!

    Yo: ¡Que dureza, métemela papi!

    ¡Siguió cogiéndome en esa pose un rato más después me cruzo la pierna y me la metió de ladito, que rico, sus manos apretaban mis nalgas y me arañaba la espalda, yo me movía también para hacerlo gozar! Le pedí que me subiera en él, él se sentó en la cama y yo comencé a darme de sentones con violencia, todo esto sin dejar de mirar el espejo.

    S: ¡Que rico te ensartas!

    Yo: ¡Me entra toda!

    S: ¡Gózala mamita, gózala!

    Yo: ¡Y si nos ve mi marido!

    S: ¡Que vea como se debe de coger a una diosa como tú!

    ¡Me puso en cuatro y me la dio fuertemente, me jalaba el cabello y me daba de nalgadas, que rico!, sus embestían me sacaban el aire, pero me encantaba estar ensartada en su macana, ¡la excitación de estar en esa pose fue tan rica que no toleramos más y terminamos juntos!

    S: ¡Tómala nena, tómala!

    Yo: ¡Que rica leche, dios mío!

    Repose unos minutos mientras lo masturbaba, le pedí que me lamiera el ano, que la quería por ahí, el emocionado accedió, ¡lamia mi ano tan rico que se me dilato muy rápido y solo con sus lamidas!

    S: ¿La quieres ahí amor?

    Yo: ¡Si nene métemela por ahí!

    S: ¿Jajá que diría tu esposo?

    Yo: No lo sé, pero cógeme frente a ese espejo,

    S: ¡Uf! Te gusta mírate, ¡ok nena vamos allá!

    Me recargue en el espejo, y el comenzó a abrirme las nalgas dejando su cabeza en medio, apoyándose en mis hombros, me la metió lentamente, ¡yo miraba el espejo mientras él se introducía suavemente!

    S: ¿Te gusta nena?

    Yo: ¡Métemela!

    S: ¿Que diría tu marido?

    Yo: ¡No sé, solo métela!

    Comenzó a entrar más, me dolía mucho, sentía como me destrozaba por dentro, no dejaba de gritar, el riéndose alardeaba de su gran verga, ¡mientras yo meneaba mi cadera para sentir más placer!

    Yo: ¡Me duele, me matas!

    S: Apuesto que con tu marido no ladras así, ¡perra!

    L: ¡Si no ladra así!

    ¡Era Luis quien había hablado Sergio quedo paralizado y mudo, yo seguía moviendo mi cadera y empalándome solita!

    L: ¡Vamos amigo destrózala!

    S: ¡Luis no es lo que crees!

    L: ¡Ya no digas nada, solo cógetela cabron!

    Yo: ¡Si cógeme, dámela toda!

    Sergio acelerado me la metió mas rápido, me tomaba de la cadera mientras Luis se acariciaba su verga, ¡que rico te cogen amor! Decía mientras Sergio seguía destrozándome el ¡ano!

    L: ¡Pídele verga nena!

    Yo: ¡Dame verga Sergio, cógeme frente a mi marido!

    S: ¡Luis mira como goza! ¡Mira como la hago mía!

    L: ¡Si cógetela fuerte, hazla gritar!, ¡amor muévete, despéchalo para que se le quite!

    ¡Me movía mas y más, Luis me tomo de la mano, mientras Sergio tomándome del cabello seguía ensartándome sus 20 cm de verga!

    S: ¡Me voy a venir!

    L: ¡Llénale el culo amigo!

    Yo: ¡Si dámela, dámela toda!

    ¡Como manguera Sergio me lleno todo el culo de su semen, Luis me beso como loco mientras mis líquidos también escurrían, que experiencia!

    Yo: ¡Luis que rico me cogió!

    S: ¡Gracias por dejarme cogerme a tu esposa amigo!

    L: ¡Tarde o temprano esto pasaría!

    ¡Reposamos un rato, después hicimos un trio, nos la pasamos cogiendo toda la noche, en la mañana despedí a Sergio sin saber que esa sería una de las últimas veces que lo vería!

    Saludos su amiga Lety

  • Relato de una sumisa: El Ron

    Relato de una sumisa: El Ron

    —No te levantes, hoy no.

    Y ella tiembla al oír esas palabras, ¿qué pasó, por qué no?

    —Quiero que sigas igual de obediente y te quedes aquí acostada.

    Intenta mirarle directamente a la cara, a los ojos, quiere adivinar si su semblante acompaña el tono de voz demandante. No lo consigue, él muestra su rostro bajo control y su tono de voz no deja en una simple vista adivinar qué sucederá.

    Se queda sola en la cama, desnuda y temblorosa; temiendo lo peor… y su mente se va a las ultimas horas que ha pasado… intenta revisar cada segundo acontecido, cada movimiento, cada palabra, busca errores, busca fallos, y comienza a temblar…

    Recuerda cómo llegaron al club, él le abre la puerta le hace un ademán para que entre primero. Se gira ante la guardarropas se quita su chaqueta la entrega, y coge su cintura obligándole a dar la espalda para así poder retirar la chaqueta de ella, y la entrega a la guardarropas. Se inclina y mientras la chica busca un ticket que entregar le dice:

    —¿Te gusta?

    Le mira tratando de adivinar a que se refiere y le ve mirando descaradamente el cuerpo de la chica. Entonces entiende la pregunta y le mira asentando con solo su mirada.

    —Dilo, quiero oírlo.

    —Sí, si me gusta mi Señor.

    La chica se acerca con el ticket en la mano y se lo ofrece a él. Lo toma y acto seguido le sonríe. La mira, mira a la chica… como si faltara algo por decir. La chica se queda a la expectativa sin poder evitar preguntar.

    —¿Falta algo más?

    El clava la mirada en ella.

    —Dile lo que me acabas de decir, dice lo a ella seguro querrá oírlo.

    Siente como su cara se enrojece, su temperatura corporal sube, pero desde adentro algo le dice que tiene que hacerlo, que debe hacerlo, él se lo pide.

    —Eres muy sexy y me gustas.

    La chica la mira, mira al caballero y sin saber que decir; se sonríe musitando un “gracias” casi imperceptible.

    Él la toma del brazo y se adentra al club satisfecho. O eso cree ella.

    Sigue escudriñando en sus recuerdos de la velada si ha hecho algo mal, si se le escapo algún detalle, no tiene clemencia con sus recuerdos sigue escudriñando.

    Le viene a la mente entonces cuando ya sentados en un apartado privado del club el vuelve a acercarse a su oído.

    —Dime de esta sala cuál de los hombres te gusta.

    Ella le mira.

    —Usted mi Señor, sin duda.

    El suelta sus risas sin controlar.

    —Jajajaja, no no, aparte de mí; mira tomate tu tiempo y escoge.

    Tomándola por los hombros y girándola obligando la a mirar hacia la sala al completo.

    Ella mira al vació sin fijar ce en nada en concreto, piensa solo piensa que debe hacer. Es entonces cuando comienza a mirar caras, busca a los hombres, El así lo ha ordenado. Busca entre las más de 50 personas en la sala hasta conseguir a uno. Un hombre alto moreno bien vestido con porte elegante. Se gira entonces hacia él.

    —Ya he escogido, hombre moreno, alto, pelo corto en la barra frente a nosotros, está con amigos.

    Él le toma la cara con una mano obligando la a mirarle a los ojos.

    —Y dime perra, ¿Cómo va vestido?

    Cierra sus ojos para tratar de recordar, ya que no puede volver a echarle un vistazo.

    —Traje chaqueta, oscuro; es negro o gris plomo, la camisa del mismo tono sin corbata.

    Duda un poco.

    —Abre tus ojos. Te dije que te tomaras tu tiempo y que te fijaras bien, ¿Que está tomando?

    Obedece le mira y su sonrisa desaparece al verlo serio.

    —Vaso largo tubo, liquido oscuro puede ser Ron, no tomo nada mi Señor lo siento no sabría decirle con certeza.

    Admite abatida rindiéndose.

    —Vas a ir a donde está él, le preguntaras que toma y si es Ron, le besaras en la boca comiéndosela. Si no es Ron, le rozaras solo los labios. Desde aquí quiero saber que está tomando. ¿Te ha quedado claro?

    Perpleja, temblorosa y casi tartamuda intenta mediar palabra…

    —shhhh haz lo que se te dice, te he pedido algo simple.

    Se levanta sintiendo como su sexo se humedece mientras camina hacia el moreno que está acompañado intenta mirar si hay también mujeres acompañándolo, se tranquiliza un poco al darse cuenta de que no, no hay. Cuando está a escasos segundos del grupo, ellos notan su presencia acercan doce y se quedan mirándola pendientes de a quien saludara creyendo que es eso a lo que viene…

    Se dirige al moreno con una sonrisa en sus labios seductora sacando de su interior todas sus armas de mujer.

    —¡Perdona! ¿Serias tan amable de decirme que estás tomando?

    —¿Cómo? ¿Te conozco? Mira a sus amigos, perplejo.

    —No, no tenemos el placer, pero no creo que me niegues el saber que tomas. Se acerca de forma provocativa a él.

    Los amigos sonríen y sin mediar palabra se quedan atónitos mirando a la rubia despampanante y sexy que no conocen.

    —Tomo un cubata. ¿Te apetece uno?

    —¿Cubata? ¿Eso es Ron? Ignora todo tema acerca de las bebidas.

    —Sí, lo es. ¿Deseas probarlo? Le acerca el vaso a sus labios.

    —Ohhhh si muy amable si lo deseo. Se acerca peligrosamente a su boca y muy cerca de ella le susurra.

    —Pero prefiero probarlo desde aquí. Le besa abriendo su boca intentando meterle la lengua para comerle la boca. Y el acepta de buena gana arropado de las miradas incrédulas de sus amigos.

    Cuando se retira del beso, bajando su mirada algo avergonzada mira hacia la dirección del reservado y ya no está El. Tiembla de miedo y sin escuchar lo que el moreno o los amigos comienzan a decir, busca con la mirada aterrada a su Amo. Y le ve, justo frente a la chica del guardarropa con su chaqueta ya puesta y con la de ella en el brazo. Él la está mirando y ella nerviosa se pregunta a si misma ¿cuánto duro el beso, cuánto tiempo beso al moreno? No aparta la mirada de su Amo y este le hace un gesto con la mano apenas leve haciéndole regresar a donde estaba el. El moreno intenta impedir que se vaya cuando la ve moverse y ella se gira.

    —Perdona, no me gusta mucho el Ron. Le sonríe.

    Los amigos del moreno se carcajean y entre ellos comienzas las bromas que ella apenas oye, está nerviosa y solo piensa en obedecer, en llegar hasta donde está El.

    —Buena chica, ¿estaba bueno el Ron?

    —No, mi Señor, no me gusta tomar.

    —Veras como si… El Ron y todo lo que te dé a probar. Te gustara.

    Sigue recordando, sigue inmersa en sus pensamientos, ¿Hice mal? ¿Que hice mal? No nota cuando El ya entra en la habitación. Trae una bandeja con una botella de Ron, una lata de coca cola y unas rodajas de limón. Serio la coloca en la mesa y es cuando ella se incorpora mirándole asustada.

    —Acércate.

    —Si mi Señor. Obedece temblorosa.

    —Te enseñare a preparar y degustar el mejor Ron de tu vida, mi sumisa debe saber hacerlo. Le sonríe entonces.

    Sus miedos desaparecen entonces al escucharle por primera vez referirse a ella como suya. Sonríe complacida y desde ese día es adicta a que su Amo y Señor le pida probar Ron allá donde van…

  • Me encanta exhibir a mi esposa y que otros disfruten

    Me encanta exhibir a mi esposa y que otros disfruten

    Les presento a mi esposa Maricruz, 1.63, rellenita de pechos abundantes 38d y sus caderas proporcionadas a su cuerpo y yo, Arturo 1.70 también con kilos extra y todo normal, salvo la mente extremadamente abierta.

    Les platico, desde antes que nos casáramos mientras teníamos relaciones, siempre fantaseábamos con la idea de verla con alguien más, o inclusive llegue a darle permiso de ponerme los cuernos, obviamente con la condición de que me platicara como fue su encuentro, hasta con lujo de detalles. Tanta fue mi insistencia y mi calentura que un día que iba a ir por ella para salir como todos los domingos, recibo una llamada de ella y me dice que venga preparado para platicar un asunto delicado, yo muerto de susto me imagine todo menos lo que me contaría.

    Llego puntual y ansioso a su casa para recibir la noticia que tenía que darme, al salir de su casa, me quedo helado de verla hermosa sonriente y con un brillo especial en sus ojos, además de llevar puesto unos leggings negros con una blusa semi transparente y zapatos altos de tacón. al subir a mi camioneta y con los saludos correspondientes le hago saber lo hermosa que se ve, e inmediatamente después le pregunto de que quería platicar, me dice arranca y vamos a un lugar tranquilo donde podamos platicar sin que nos molesten, ella eligió andar por carretera y eligió un despoblado, cerca de una arboleda, en el trayecto me fue platicando que el día anterior (sábado) después de vernos, recibió una llamada de unas amigas para invitarla a tomar café y platicar de sus cosas, según me platico que estaba con dos de sus amigas en un café conocido de la ciudad, y que estuvieron ahí hasta las 11 de la noche, y que al salir de su cita se topa con un ex novio (Fernando, persona que en nuestras fantasías invitamos), y le pareció bien aceptar su invitación a que lo acompañara mientras él tomaba su taza de café, la plática fluyo amena recordando viejos tiempos y anécdotas hasta que el empezó a elevar la plática un tanto más íntima, me platica mi esposa que empezó recordándole sus aventuras intimas y lo bien que la pasaban, hasta que empezó a preguntarle que si lo extrañaba, sus caricias, sus besos y la forma de hacer el amor; y que mientras decía esto se acercaba a ella y le comenzó a acariciar la cara muy dulcemente.

    Mi esposa me dice que para ese punto ella se sintió nerviosa pero con curiosidad por seguir adelante, así que permitió su acercamiento y sus toqueteos, primero caricias en la cara, manos hasta apoyar la mano en su pierna y moverla sin llegar a propasarse, cuanto el vio el momento adecuado la invito a salir y subirse a su coche para ella llevarla a su casa, pero en cuanto se subió mi hoy esposa lo primero que recibió fueron sus labios, cosa que en un principio fue de sorpresa y paso a placer, devolviendo ella el beso, dice que duro cosa de 20 segundos el beso que se dieron para después de eso los dos pedir perdón, por lo efusivo y placentero del beso.

    Al arrancar el auto él toma su mano y la pone sobre su pierna mientras el la sostiene con rumbo para ella incierto hasta que él le propone revivir momentos, ella acepta y me platico que la llevo a un motel, donde al entrar y cerrar la puerta, él se acercó por detrás abrazándola y besando su cuello y labios, tras unos instantes así el empieza a desabrochar su blusa, y a tocar esos pechos que tanto me gustan, para este punto yo tenía mi pene a reventar pidiendo a gritos ser liberado de los pantalones, aunque yo ocultaba mi erección para no mostrarme tan interesado en su plática.

    Lo siguiente en desaparecer de su cuerpo fue su pantalón, así que quedando ella en ropa interior la recuesta sobre la cama para empezar a besar sus pies, e ir subiendo hasta llegar a su sexo, ella lo detenía sin reprimir el sexo oral que estaba recibiendo, después de un rico oral le permite subir a sus pechos, para después fundirse ambos en un beso lleno de caricias y tocamientos, después ella empieza a desnudarlo completamente y de rodillas ella sobre la cama le devuelve el oral que minutos antes ella recibió. El sexo oral es algo que nos fascina a ambos inclusive en algunas ocasiones mientras la masturbo con un vibrador le chupo y succiono su clítoris, cosa que le encanta y me pide repetir hasta su venida. Después de un rato de placer el, aprovechando que esta de rodillas en la cama, baja de un tirón su calzoncito y de una sola embestida la mete hasta el fondo, mientras me platicaba esto, se notaron sus cachetes rojos como manzana, estaba dubitativa, nerviosa y al yo tocarle sus manos las tenía sudorosas, y siempre a la expectativa de mis reacciones.

    Me platica que estuvieron cogiendo cerca de 40 minutos, cambiando de posiciones y lugares, cama-sillón-frente a la ventana, y se vino dentro de ella. después de descansar un rato se metieron a bañar donde aprovecharon de nuevo para tocarse con el pretexto de bañar uno al otro, y donde volvieron a tener relaciones, y esta vez ella le permitió venirse en su boca, cosa que a ella le ocasiona asco, pero se lo permitió, en el trayecto a llevarla a su casa, se comportaron como novios, y dentro de su plática él le pedía volver a verse, pensativa y dudosa le platico que era fantasía nuestra y en particular el, sostener relaciones siempre y cuando yo estuviera presente o bien, tener el consentimiento mío para poder salir ellos solos.

    Hubo unos instantes de silencio cuando termino de platicarme todo lo ocurrido después de la salida con sus amigas, y tras no recibir respuesta mía, se le comienzan a rodar las lágrimas, yo saliendo de mi estado de completa excitación y shock, comienzo diciéndole que le agradezco su sinceridad y que la amaba, seguido de un beso tierno, le agarro su mano y la pongo sobre mi pene que sigue preso en su lugar, ella abre sus ojos asombrada y me pregunta si me ha gustado que se halla comportado como una cualquiera, y la convencí de que era un comportamiento normal que por nuestras platicas y fantasías se volviera real. Inmediatamente suelta mi cinturón para poder acercarse a mí y liberar mi pene de su encierro para devorarlo con gusto y maestría, y me sugirió irnos a el motel donde la noche anterior había disfrutado de su primera infidelidad.

    Espero les guste mi relato, esto ocurrió hace cerca de 10 años y donde hasta hoy hemos disfrutado de nuestra sexualidad al límite. Espero sus comentarios y les enviamos un cordial saludo desde Chihuahua, México. Pronto relataremos otras historias que hemos gozado, saludos.

  • Cuando me di cuenta, me gustó (Parte 2)

    Cuando me di cuenta, me gustó (Parte 2)

    ‘Yo no voy el viernes’, resonaba esa frase en mi cabeza, abrí los ojos y todo me dio vueltas en medio de la sala, solo recordaba ese momento en que penetraba ese culito bien parado de Laura mi mujer, y volvían a mi mente esas imágenes de la noche anterior.

    Cuando oí que bajaban las escaleras, Laura y mi hija venía platicando, yo hice como si dormía para escuchar que decían.

    —ay mamá te pasaste ayer, todos vieron cómo te agasajo el bailarín ese.

    —ay hija se me pasaron los tragos y ni modo que no le siguiera el paso, además así se baila, por eso es quebradita. Y a ver tú donde te metiste.

    —pues yo estaba en la mesa con mis dos amigas, tomando y platicando de cosas picosas y cuando nos dimos cuenta ya nos habíamos acabado un cartón. Ya estaba bien tomada. Fue cuando me llamaste para despedirnos.

    —a ver, haber hija que cosas picantes.

    —pues de sexo. Mamá. Y fíjate que hasta soñé.

    —que soñaste hija cuéntame tenme confianza.

    —pues te voy a contar, a ver si no escucha mi papá que está aquí durmiendo.

    —no creo hija ya vez que llegó hasta las manitas, lo bueno que esté Andrés es muy acometido y nos trajo.

    —oye mamá, te gusta Andrés, lo digo porque los dos se miran mucho, especialmente el que te desnuda con la mirada y no deja de verte el culo cuando tú te volteas, y tú te le pagas mucho cuando se despiden.

    —ya hija no me hables de cosas picosas porque tal vez sueñe cosas, mejor cuéntame.

    —te voy a contar mamá, no sé cómo empezó pero igual estaba en un antro, y como siempre mis dos amigas, a lo lejos vi a un hombre que llegó con dos mujeres, una más joven que él y la otra como de su edad unos 40.

    Cuando bailaban en las abrazaba, les tocaba las nalgas, los pechos, las besaba es como un baile erótico donde ellas se dejaban acariciar, mientras todos los veíamos, yo me levanté y fui al baño estaba bien mojada de mi panocha, no sé si por la bebida o porque estaba caliente.

    Cuando llegue al baño, me bajé los pantalones y me cuenta que no traía calzones, me quedé pensando, con el pantalón a la rodilla. Cuando en eso entra aquél señor, yo hice como que no lo vi, se paró detrás de mí, yo cerré mis ojos con si apagaran la luz, el empezó a acariciar mi cadera siguió con mis nalgas las apretó, las acarició, me dio una pequeña nalgada.

    Con una mano acarició mi vientre, bajo hasta donde se dividen mis labios vaginales los acarició suavemente.

    Mientras con la otra me sujetaba, de repente ¡saz! me metió toda su verga, yo no podía gritar de lo caliente que estaba, solo apretaba los dientes, y le decía así, así dame más.

    No sé porqué pero me gusto que me la metiera así, yo me volvía loca y más me movía y más, solo oía que me decía te gustaría que te cogieran así? Yo respondía que sí, si así.

    Ya toda batida me salí sin voltear, las piernas me temblaban fue cuando desperté y estaba toda torcida. Ay mamá qué pena yo creo que me orine en la cama.

    —ja,ja,ja, hay hija eso te pasa por tomar mucho y andar platicando cosas picosas. Yo por eso cuando llegamos me metí rápido al baño y luego me fui a mi recámara ahí deje a tu padre que quería seguir tomando. Y míralo todavía no se despierta.

    —Vamos por el desayuno mamá?

    Cuando salieron me levanté como resorte, a quien me cogí anoche? me preguntaba.

    Lo cierto es que olía muy bonito tenía una piel suavecita sus labios rasurados, una nalgas duras bien paradita, y su panocha bien apretadita.

    Yo también estoy adolorido, y me ha calentado haberla escuchado, en ningún momento pensé en cogerme a mi hija.

    Ahora me acuerdo yo creía que me estaba cogiendo a Laura ya que se movía mucho, y si me cogí a mi hija fue porque se cambiaron de lugar y no me di cuenta hasta que vi su pelo negro y se fue sin voltear.

    Yo me quedé aquí pensando que había pasado pero ahora que lo sé debo pensar muy bien cómo hacer para cogerme a las dos.

    Alguna sugerencia? Comenten.