Autor: admin

  • Mario (04 de 22): Marcos me prepara el culo

    Mario (04 de 22): Marcos me prepara el culo

    —No quiero que más tarde te arrepientas de lo que vamos a hacer.

    —Nunca Marcos, quiero hacerlo, ser tu mujer y que me poseas.

    —Mi vida, estoy temblando Marito, nunca me ha pasado.

    —Yo estoy igual, tu verga crece mucho ahora Marcos. —se la tenía apretada en una mano y con la otra acariciaba su ancho pecho.

    —Estoy muy excitado, tengo miedo de mi fuerza Marito, ¿Quieres que vayamos a la cama?

    —Allí será mejor, por algún lado podré escapar de tu cepo.

    —No vas a poder escapar Marito, esta vez no y vas a ser mi mujer.

    —Llévame a la cama y fóllame, dame tu hermosa verga, tu jugoso pene que tanta leche me ha dado, me sabía rica, ¿sabes?, ahora me la darás en el culo como un macho, mi hombre de toda la vida.

    —Me vuelven loco tus palabras Marito, me mareas amor. — se levantó y me quitó los pantalones sin desabotonar, junto con el slip antes de cogerme en brazos para llevarle a su cama.

    Así me gustan los hombres, machos fuertes pero suaves en el trato, poderosos y potentes pero que no hagan daño a los débiles.

    Ronroneaba como gatito en su cuello lamiéndolo dándole pequeños mordisquitos con los labios.

    Tenía ganas de estar así otra vez primo precioso, entre tus brazos y sintiéndote mi hombre, mi defensor, mi Robin Hood.

    Me dejo arrodillado sobre la cama, dispuesto como él quería para prepararme el culito, yo no hacía nada, solo agarrarme a la ropa temblando emocionado, era mi primo quien movía mi cuerpo disponiéndolo en la posición que deseaba.

    —Sí, si Marcos, sigue lamiendo mi culito. ¡Oh ese dedo me ha hecho daño, más suave amor, déjame que llegue hasta tu polla, necesito lamerla para ponerla tiesa total. ¡Uiii! que rica verga mi amor. Me llegará muy profundo? No vayas a correrte ahora, tienes que preñar a tu hembra mi rey.

    —No puedo aguantar más Marito, te la meto.

    —De perrito amor, dámela por atrás para que no entre toda.

    —Quiero verte la cara y sentir como gozas mi polla.

    —Luego amor, primero por atrás, quiero ver hasta donde puedo llegar.

    —Chúpame una vez más el hoyito y luego intenta meterla. —Marcos no me cogió con su brazo izquierdo por abajo, puso las manos en mi cintura y así me manejaba fácil, su verga, indudablemente más pequeña que la de mi papi también estaba más dura y más rígida, no necesitaba la ayuda de la mano para empujar por su misma en la entrada de mi culo.

    Tiró de mi cintura y después de la presión el glande consiguió colarse dentro, yo le detenía con mi mano en su muslo, indicándole que se detuviera o continuara, poco a poco aprendía, cuando dejaba de apretarle él sabía que debía empujar para ir metiendo la verga y detenerse cuando era al revés.

    Así, lentamente, el cilindro de carne caliente horadaba mis entrañas, algún pequeño dolor, la presión muy fuerte y el golpe de sus huevos contra los míos, señal de que la metida estaba consumada.

    Me fue soltado de la cintura dejando que me tumbara, él vino tras de mi sin dejar que se saliera la verga y quedo tumbado sobre mi espalda.

    —¡Qué gusto, que gusto! —decía entre suspiros con la boca en mi cuello.

    —Al fin tengo a mi primito como siempre quise, clavado en mi verga.

    —¡Ayyy! No te muevas Marcos.

    —¿Te duele, te hago daño? —lo cierto es que estaba sintiendo el latido de mi culo y el de su verga temblando al unísono y solo sentía un ligero escozor, nada igual a la metida de don Guillermo.

    Empezaba a sentir un gustillo exquisito en ese movimiento y me sentía maravillado de tener a un hombre que no permitía que me moviera con su peso sobre mi, totalmente sometido a él.

    —¡Ummm! Me gusta Marcos, siento como late tu polla…

    —¡Uyyyy! Sabe rico primo, pero no te muevas por favor.

    —¿De verdad te está gustando, más que con don Guillermo? —ronroneaba en mi oreja y me la mordía, luego metía la lengua haciéndome cosquillas.

    —Su polla es más grande, la tuya una maravilla para mi culo.

    —Entonces te hizo daño.

    —Solo un poquito, pero la tuya me da un gusto muy bueno, muévela un poco por favor. —en la nueva posición parte de su miembro se había salido, mi culo contenía solamente parte de la verga y la fue sacando lentamente y volviéndola a meter.

    —¿Te gusta así?

    —Lo haces muy bien, sigue sigue. —continuó haciendo como yo le indicaba, pequeñas salidas y entradas y el placer se volvía mayor.

    —Qué placer primo, me follas divino. —liberó una mano y me apartó el pelo para lamerme el cuello.

    —Cuando tu me digas te follo de verdad, creo que ya no te va a doler. —abrí las piernas y las suyas cayeron entre ellas, su verga podía ahora continuar la incursión más profunda en mi culo. La sentía avanzar, era terriblemente delicioso y gemí abriéndome más.

    —Parece que te va gustando primito, voy a darte un poco más.

    —Sí, dame tu verga, métela toda. ¡Oh! es delicioso. —comencé a gemir sin parar.

    —Pareces una gatita en celo, me vuelves loco precioso. —sentía que por segundos su verga se volvía más y más dura según le crecía la excitación.

    —¡Qué rico me coges Marcos!, nunca sentí algo igual.

    —Tu culito se te va ablandando, estas gozando la verga putito. —me excitó la rabia contenida en su expresión.

    —Sí, si que me gusta, dame más.

    —Parece que te gustan más las vergas que no sean grandes ¿eh?, que tu culito se adapte mejor. —inició un movimiento más rápido, con más brio, la bolsa de sus huevos sonaba al golpear en mi culo cuando metía la polla hasta el fondo.

    A veces sentía un pequeño dolor cuando terminaba la metida, pero el placer era mayor. Mi culo se estaba acomodando a la perfección a la verga de mi primo. Aplastada por mi vientre, mi polla latía desaforada, totalmente empalmado y la sentía dura como el acero.

    Me atreví a ir levantando poco a poco el culo, como una ofrenda a la polla que ahora entraba más, hasta sentirla resbalar por el interior de mi vientre

    Gemía de placer, sollozaba, los sentidos despertaron en todos los sentidos, Me llegaba su olor a macho a sexo, la humedad caliente del sudor de su pecho al chocar con mi espalda, los bufidos salvajes de su boca en mi oreja y los sonidos de su verga entrando y saliendo, ahora salvaje en mi vientre.

    El pelo de su pecho chorreaba sudor, me cabalgaba con las ganas locas que siente el primerizo en su primer coito, quería someterme hacerme suyo íntegramente, y a veces abría las piernas abrazando mi cuerpo como si se lo fueran a robar.

    La sensibilidad extrema de mi ano sentía cada vena y pliegue, cada protuberancia por mínima que fuera de su polla, y también la suavidad de su piel rozando las paredes de mi recto.

    Jadeaba sofocado en mi cuello, a veces besaba mi espalda.

    —Te gusta mi verga, sabía que la deseabas, tu culito y mi polla están hechas el uno para la otra, ahora siempre desearás mi verga que te folle y te posea como ahora.

    —Reventaré tu culito delicioso, sentirás al macho de verdad que te folla y hace mujer. —no dejaba de hablar ni de follarme entrando con fuerza en mi cuerpo, haciéndome gozar como nunca me lo habían hecho, esto era mejor que las mamadas de Migue, mejor que nada que hubiera sentido hasta ahora.

    Su fuerte cabalgada no cesaba haciéndome gemir, gritar a veces, y morderme los dedos, y aferrarme a las sábanas como si fueran mi salvavidas, su verga se ponía más dura si pudiera ser y pensaba que pronto me preñaría y terminaría todo, y se salió de mi de golpe poniéndose de pie dejándome el culo abierto.

    Levanté la cabeza y allí estaba, desafiante como un guerrero, erguido y poderoso, con la verga enorme, dura y brillante escurriendo líquidos, y mi culo vacío.

    —Ahora de frente, quiero ver tu cara cuando te llene de semen. —aunque sentía temor de que me follara en esa postura, pues la verga entraría mas profunda, pero deseoso de que me llenara el culo de nuevo, me di la vuelta y le abría las piernas como la mejor puta ramera.

    Soltó una risa sonora y se tumbó entre mis piernas, y su pecho sobre el mío.

    —¡Qué guapo estas cabrón! y ahora tan rojo parece que vas a explotar— aplasto con brusquedad sus labios sobre los míos y después me lamió la cara.

    —Te comería entero primito, pero serás tu quien se como mi polla, ¿la deseas?

    —Por favor, deja de jugar se me va a cerrar el culo.

    —Puto, mariconcito, ya nunca se te cerrara el culo, yo no dejaré que eso suceda. —se apoyó sobre un codo y apuntaló la verga en mi ano.

    —¡Toma, toma verga, es toda para ti. — dolió esa fuerte entrada y me hizo gemir.

    —¿Te ha gustado? —no podía hablar, solo le miré mordiéndome el labio.

    —¿Sigo? ¿Es lo que deseas? —solo le miré y musitaron mis labios.

    —¡Fóllame!, quiero que me folles, que me rompas. — alargué las manos para sujetarle del culo y tirarle hacia mi, las piernas me dolían por lo abiertas que las tenía.

    Marcos se levantó de mi pecho dejándome que respirara, me sujetó de la cintura y tiró de mi para enterrar la verga totalmente en mi cuerpo, tiraba y me empujaba, haciendo que fuera yo el me follaba con su verga, mi cuerpo era el que se metía la polla profundamente y luego la sacaba.

    Mi polla se balanceaba golpeando en mi vientre y el hilo de pre semen que me salía formaba una lámina que brillaba y parecía hielo. entonces agarró mi polla y empezó a acariciarla, envolvía el glande en su manaza envuelto en la humedad que yo mismo desprendía.

    —Así me corro Marcos.

    —Correte, quiero ver tu cara. —cerré los ojos, abrí la boca y un agudo grito se escapó de mi garganta, se me contrajo la verga y comencé a descargar leche como nunca me había corrido, entonces quitó su mano del glande y los trallazos de semen llegaban hasta mi cara.

    El placer de mi corrida aumentaba por la follada continua que no había dejado de hacerme, entrando con la verga y saliendo de mi sensibilizado ano.

    No había terminado aún de tirar leche cuando volvió a colocarse tumbado sobre mi, su pecho sobre el mío manchado de semen. Me miró socarronamente.

    —Ahora me toca a mi.— elevaba el culo y lo dejaba caer con fuerza, enterrando su polla cada vez más profundamente en mi cuerpo, hasta que se le puso dura, dura como nunca la había sentido en mis manos y me miró alucinando.

    —¿Dónde lo quieres? —como respuesta y sin poder hablar, pasé los pies por sus muslos para que no se apartara de mi.

    Empezó a temblar y sus espasmos eran increíbles, sentía en mi interior como me iba llenando y el golpeteo de los chorros de leche que me dejaba en el cuerpo. Al final quedó tendido y temblando sobre mi, sacando las útimas gotas de semen que le quedaban.

    Relajé las piernas y abracé a mi primo acariciándole la espalda, lentamente recobrábamos el resuello hasta que se separó elevando el pecho, lo tenía cubierto de semen igual a como estaba yo.

    Se quedó a unos centímetros de mi cara y no podía enfocarlo.

    —¿Te ha gustado?

    —Mucho, mucho, quiero sentir así siempre.

    —Entonces podríamos decir que soy tu primer hombre, al menos el primero que te ha dado placer.

    —Así es, pero don Guillermo no tiene culpa por ser tan vergudo.

    —¿Siempre le vas defender? —me le quedé mirando y le abracé del cuello para que bajara la cabeza y me besara.

    —Ofréceme una ducha, estoy envuelto en semen. —hizo un gesto para separase y su verga se deslizó saliendo de mi culo, detrás de ella salió un largo reguero del semen que me había dejado dentro. Miramos todo aquello y nos echamos a reií.

    —Sigues igual de lechero, pero me ha encanto sentirme lleno con tu leche. Ahora tengo que darme prisa, el abuelo y el peque ya habrán cenado y no tengo tiempo para recoger lo de Migue.

    —Vuelve mañana, a la misma hora, y te ayudo a recogerla. —estábamos bajo la ducha y me le quedé mirando adivinando el sentido de sus palabras.

    —Es posible que venga, con una vez no es suficiente para que demuestres lo que puedes hacer. —unos besos, unas caricias y me separé de él empujándolo porque no quería que me fuera.

    **************

    Pasé temeroso delante de la puerta de Migue, pensaba que adivinaría mi presencia y aparecería en ese momento. No me sentía culpable por lo de mi primo, total él mismo me lo había ofrecido antes y yo no había ido buscándolo, tampoco parecía que se quisieran como para vivir una vida de fidelidad juntos.

    Pero no dejaba de pensar que Migue estaba mejor con Marcos que con su padre y tenía que regresar, también por Marcos que, aunque no lo dijera, se sentía solo salvo cuando se reunía con sus amigotes los fines de semana a beber cerveza.

    Como sospechaba el abuelo y Marquitos habían cenado, el pequeño estaba ya en la cama y el abu había recogido los platos, esperaba paciente viendo la tele a que yo llegara.

    —¡Hola abu! Os dejé preparada la cena. —me acerqué para darle un beso, su cara no expresaba nada. Me sujetó de la muñeca tirando con fuerza y temí lo peor, me arrodillé temiendo que me pegara.

    —Siéntate a mi lado. —no apartaba la mirada de la pantalla brillante en la semioscuridad de la sala, me levanté sin que me dejara suelto y me senté como ordenaba. Su otra mano buscó mi cara y me abrió la boca, acerco la nariz y me olió el aliento.

    —Ya es muy tarde, ¿No estaba Marcos en casa?.

    —Si abu, nos entretuvimos hablando. — seguía prisionero de su garra y cada vez parecía que la apretaba más, me sentía prisionero entre grilletes y cadenas.

    —Escucha mocoso, no me importa con quien folles desde ahora, él se ha cobrado con tu virginidad como quería, pero ten cuidado, no jodas mi negocio con don Guillermo o tendrás mucho que perder, ¿entendido?.

    —Si abu, te prometo…

    —No prometas lo que no estas seguro de cumplir, pronto has empezado a revolcarte con cualquier macho que te de verga, pero tienes a quien parecerte. —comencé a llorar y él lentamente fue aflojando la mano.

    —Deja de llorar cono una niña, don Guillermo me ha llamado, quiere tenerte el viernes a la noche y que pases el sábado con él, espero que sigas dándote la crema que te entregué para curarte del todo, aunque igual no la necesitas ya si otros te la pueden meter sin que te duela.

    Por un lado sentía un profundo alivio al notar que está vez no habría un castigo, por otra preocupación por como resultaría ahora el nuevo encuentro, la herramienta de do Guillermo era muy grande y aunque el me trataba bien y con cuidado sería inevitable que me hiciera otra vez daño, aunque no fuera tanto como la vez primera.

    Decidí que me arriesgaría a volver al día siguiente donde mi primo, por un lado me había gustado mucho como me cogía el culo, pero sobre todo para conseguir que mi ano se amoldara a recibir vergas grandes y gruesas y estar preparado para don Guillermo.

    El abu no tenía mas que decirme y sin cenar me fui a mi cuarto, no encendí la luz para no despertar al niño, solo me desnudé y con el simple slip me deslicé a su lado procurando no tocarle para que siguiera durmiendo. Marquitos se arrimó a mi y se me abrazó.

    —Por qué llorabas Marito. —me pasaba la manita por la cara y notaba la humedad en mis mejillas.

    —Me he dado un golpe, ya sabes que soy muy torpe, ahora duerme corazón. —pronto sentí que se relajaba y volvía a su sueño.

    Tenia tanto miedo del abuelo, y sin embargo le quería, aunque últimamente me insultaba cuando había sido él quien me entregó en las manos de su ex jefe, es cierto que yo no me había opuesto y me dejé convencer muy fácilmente, o sea que no era toda su culpa.

    Quería trazar un plan en mi cabeza para cuando nos volviéramos a encontrar, pero estaba tan cansado que pronto me venció el sueño y me quedé dormido.

  • Control médico

    Control médico

    Todas las mujeres de tanto en tanto debemos hacernos un control médico, así que me tocó realizarlo, abrí mi agenda telefónica y busqué el número de mi ginecólogo, llamo por teléfono y un mensaje automático me indica que hasta dentro de un mes el doctor no estará atendiendo pues se encuentra en un congreso.

    Maldije bastante, pues con Esteban me atiendo desde hace tiempo y le tengo confianza, y tener que abrir mis hermosas piernas con otro médico me incomoda, antes de acudir con Esteban obtuve comentarios de otras pacientes y los comentarios fueron muy buenos, volver a empezar lo mismo me pone un tanto frenética; así que a regañadientes tomé la cartilla médica y me dispuse a buscar otro, así sin tener comentarios ni nada, encontré un tal Juan Carlos, (el nombre es ficticio para no generar problemas), me atendieron y pedí la lista de turnos disponibles, me dio para mañana por la tarde.

    De todas formas en esta primera cita, me tendría que hacer la ficha por ser la primera vez, responder preguntas y todas las inquietudes que tenga sobre mi cuerpo, y luego me dará las órdenes correspondientes, para realizar todos los estudios correspondientes.

    Al día siguiente llegué al consultorio con una pollera ajustada una blusa y una chaqueta haciendo juego, y unos zapatos de tacón, la pollera marcaba bien mi culo, me habían piropeado por la calle; en el consultorio había otras mujeres y yo era la última, cuando llegó mi turno completé una ficha respondí algunas preguntas que estaban en el cuestionario y entregué la hoja a Juan Carlos, aparentaba ser agradable, modos delicados, me queda la duda si es afeminado, su tez morena y cuando me extendió la mano en el saludo fue firme y seguro, con una sonrisa calculo que para que una se sienta cómoda, lo cual me agrado.

    Me dio todas las órdenes para realizarme los estudios, y cuando los tenga que se los lleve, todos controles de rutina, así que fui realizando todo y cuando obtuve los resultados solicité un turno para entregar los estudios, esto fue a las dos semanas; era un miércoles cuando llamé y me dieron fecha para el viernes próximo; hasta el viernes estuve alterada y nerviosa, sabía que iba a entregar los informes y me iba a revisar, Juan Carlos como hombre no estaba nada mal, pero eran una mezcla de sensaciones raras, que solo las mujeres conocemos y nos pasa; la noche del jueves me costó dormir, así que me comencé a tocarme para relajar, me toqué suavemente los labios, me introduje un dedo suavemente dentro de mi vagina, con la otra mano sobaba mis tetas y pellizcaba mis pezones, pronto arqueé la espalda y tuve un rico orgasmo, me relajé y me quedé dormida así como estaba, simplemente con una remerita y una tanga. A la mañana me di una ducha, me depilé y me preparé para ir a ver a Juan Carlos.

    Cuando llegué al consultorio era la última de todas, la secretaria no estaba ese día, así que dé a una fueron ingresando, después de un rato me tocó a mí, después no había nadie, así que Juan Carlos se dirigió a la puerta principal y cerro ya que conmigo terminaba su día, ingrese al consultorio y le entregue los sobres con los informes; llevaba puesto un vestido y zapatos con taco medio, con una cartera, luego de leer todos los resultados me alcanzo una bata y me dijo: “anda aquella puerta desvístete y colócate la bata así te reviso, dentro puedes dejar tu cartera y la ropa”; fui a lo que era una muy pequeña habitación me desnude por completo, y me coloque la bata, cuando estuve lista fui caminando descalza con algo de vergüenza, con mucha amabilidad Juan Carlos me extiende su mano y me dice “ven recuéstate en la camilla, no temas que va a estar todo muy bien, sé que es un tanto incomodo pero no te preocupes”, dicho esto entiendo que se dio cuenta de mi actitud, así que logro relajarme, simplemente le dije gracias, pues sabía que entendía.

    Me recosté en la camilla, y puse las piernas en los apoyaderos del borde con las piernas abiertas y levemente elevadas, lo que me hizo pensar, “soy toda tuya”, él se colocó un látex en su dedo, y acariciando mi pierna mientras me decía relájate, fue introduciendo suavemente su dedo en mi vagina, fue tocando todo el borde de mis labios y alrededor rozando el clítoris, que tuve que morder los labios para no jadear, mientras seguía con su dedo dentro me pregunta “sientes alguna molestia”, y casi en un suspiro le respondí “no”, (estoy en éxtasis) esto lo pensé, no pude evitar de mojarme y calculo que se dio cuenta; después que retiro el dedo y tiro el látex, volvió hacia mí y me abrió la parte superior de la bata, me fue palpando las tetas, hasta que cuando hubo terminado me dijo, “muy bien Andrea, puedes vestirte” mientras se dirigía a su escritorio; me quede y me dejo caliente, no había nadie más para atender, y mis miedos del principio se me fuero, ya que fue tan suave y delicado que no tuve la mejor idea, de bajarme de la camilla y dirigiéndome a su escritorio le dije con mi suave y dulce voz “crees que esto va a terminar así Juan Carlos”, mientras me desabrochaba y dejaba caer la bata a mis pies, pase del lado donde él estaba sentado di vuelta su sillón y le acaricie el pene por encima del pantalón, no estaba parado del todo pero tenía un buen tamaño, me dispuse a desabrocharle el pantalón y la camisa, Juan Carlos no sabía que decirme solo me miro y me dijo “espera”, y le devolví su cumplido, “relájate va a estar todo bien”, le baje el pantalón junto con el calzoncillo, y su miembro estaba erguido, con mi boca se lo termine de parar, pronto me acaricio la cabellera y a moverse, lo que me hacía tragar toda su pija, la que se la chupe con muchas ganas, pasándole la lengua por todo el glande y el tronco.

    Me levante y tomándolo de la mano lo lleve a la camilla, me recosté en ella bien al borde, y levantando las piernas le dije “hacerme tuya, pero no con el dedo”, y me introdujo su pene hasta el fondo, sus movimientos delicados de la misma forma que me había introducido su dedo, tuve dos hermosos orgasmos, me acaricio las tetas ya no como una paciente, sino como a su hembra, me tenía a su antojo.

    Con voz entrecortada me dijo me voy a venir, y le pedí espera todavía no, me baje de la camilla y arrodillada a sus pies le acaricie bien la pija y los testículos mirándolo a los ojos le dije ahora acaba cuando quieras, y chupándole bien su miembro, me dijo ahora voy, le apreté y acaricie los huevos, sentí que se hinchaba la bija y comenzó a descargar buena cantidad de leche caliente, la que jugué en la boca y la trague toda, luego le pase la lengua por la pija y se la limpie toda.

    Pase a un lavatorio me limpie y Juan Carlos fue a su escritorio a terminar el informe, cuando salí levanto la vista para verme desnuda y yo con una leve sonrisa le guiñé un ojo, y me dirigí al cuartito para vestirme. Los informes estaban todos bien sin ningún problema, así que me queda a mí ahora saber con cuál de los dos médicos me quedo, veremos, por ahora no se

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • La segunda vez por capricho

    La segunda vez por capricho

    Habían pasado casi un mes desde que me comí a mi jefa que se llama Hillary ‘Hila’ como yo le digo, bueno mi amiga está sabrosona, tiene unas piernonas y un grande y duro trasero que siempre me excita con sus licras.

    Yo no podía olvidar esa vez que la hice mia, a veces cuando nos quedábamos solos me daban ganas de agarrarla a la fuerza, pero cuando estaba dispuesto siempre alguien llegaba, pasaron los días y su pareja tenía que salir de viaje, se iba a ir desde el viernes y dios mi cabeza no dejaba de planear como cogérmela, pero como jamás volvimos a tocar el tema creía que solo se iban a quedar en mi mente.

    El sábado muy temprano recibí una llamada de “Hila”.

    H: ¡Hola!, ¿oye vamos a desayunar juntos?

    L: ¡Claro solo dame unos 20 minutos y paso por ti!

    H: Ok, ¡te espero en la esquina de mi casa!

    L: ¡Ok, paso por ti nena!

    Me pare como rayo y me arregle, me subí a mi carro y fui por ella. Fuimos a desayunar a un centro comercial y paseamos un rato, compramos algunas cosas y decidimos ir a comer a un bar, comimos y nos tomamos unas cheves, después ella me dijo…

    H: ¡Oye quiero más, pero vámonos a otro lado ya me aburrí aquí!

    J: Que te parece si vamos al departamento que tengo, ahí tengo películas y botana, ¡además estarás más cómoda!

    H: ¡Ok, vamos!

    La llevé a mi departamento sexual, ella inmediatamente se puso cómoda mientras yo le preparaba miche ladas y botana, platicábamos de algunos temas importantes, ella estaba descalza, sus pequeños y cuidados pies me excitaban, así sin decirle nada comencé a darle masaje en sus pies, a ella no le desagrado y solo se relajó, ¡mientras acariciaba sus hermosos pies, poco a poco fui subiendo mis manos hasta sus piernonas que tanto me encantan!

    L: ¡Oye, te daré un masaje con un aceite de coco que tengo aquí!

    H: ¡Ay si por favor! me acaricias bien rico!

    L: Pero tendrás que quitarte tu blusita, bueno si quieres, ¡si no está bien yo lo hago de todos modos!

    H: ¡Jajá eres bien listo, pero está bien, necesito una relajación, espérame en lo que me preparo para el masaje!

    Se metió a mi habitación y 5 minutos después me grito, cuando entre me lleve tremenda sorpresa ¡ella estaba totalmente desnuda!, solo con mi toalla cubriéndole el trasero!

    H: ¿Así está bien?

    L: ¡Esta súper bien!

    Me quité la playera y comencé a masajearla, desde sus hombros hasta la punta de los pies, apretaba sus piernonas y me deleitaba con su rica espalda, ¡ella gemía y sus gemidos poco a poco comenzaron a excitarme más de lo que estaba!

    L: ¿Te acuerdas de lo que paso la otra ocasión?

    H: Sí, fue una noche muy rica, ¡me tocaste donde me hacía falta!

    L: ¿Y qué te parece si tú y yo repetimos?

    H: ¡Ay no sé! me sentí mal por él, ya vez que llego en la mañana de esa vez.

    L: Sí, ¡pero tú mereces que te traten como reina en todo!

    Le quite la toalla y comencé a besarle todo su cuerpo desde sus pies, pase por sus piernas, me agasaje con su trasero, le bese la espalda hasta llegar a su cuello que hacía que ella se estremeciera, la puse boca arriba y comencé a besarle su boca sus tetas su abdomen hasta que me lance a hacerle sexo oral, me comía su conchita depilada y blanca que olía muy bien, mi lengua no solo lamia sino que entraba hasta tocar su clítoris, ella se movía y gemía de placer, con mi mano comencé a sobarle el clítoris mientras mi lengua hacia lo suyo!

    H: Luis, que rico, ¡esto no está bien pero que rico!

    L: Eres un manjar Hillary, ¡te tienen muy abandonada!

    Después de unos minutos pegado en su pepa, la puse sentada y me desnude, la tome de la nuca y lleve su boca a mi verga que ya estaba erecta, ella comenzó a chupar de una manera sublime, su lengua sobaba mi cabecita mientras me sobaba mis testículos con sus manos, chupaba y se la metía toda hasta casi ahogarse, ¡esto hacia que se me parara más!

    H: ¡Que rica verga tienes, sabe muy rico!

    L: ¡Te gusta hermosa?, cómetela toda!

    H: Si amor, te voy a sacar la lechita, ¡además tenemos todo el día y la noche y quiero pasarla así!

    Comenzó a chupármela de una manera que parecía aspiradora, ni siquiera Cindy, Lety o Eli lo hacían así, succionaba y mordía mi verga mientras se la metía toda completa, yo estaba extasiado y unos minutos después me vine, ella gustosa se tragó mi semen, ella no paraba, aunque me vine, seguía chupándome y acariciando mi verga, ¡chupaba mi verga y mis testículos con mordiditas leves pero muy ricas poco a poco logro generarme una nueva erección!

    H: ¡Ven papi, dame toda tu verga!

    L: Si babi, ¡te la voy a dar hasta por tu culo

    H: ¡Si papi cógeme como solo tú sabes!

    Levante sus pies comencé con un patitas al hombro, mis movimientos eran suave y rápidos al mismo tiempo mientras ella me miraba y se chupaba el dedo y se mordía sus labios, seguí metiéndosela en esa posición un buen rato, después me acosté y la subí para que cabalgara y vaya que lo hacía bien, sus movimientos de licuadora hacían que mi verga se pusiera más dura!, yo chupaba sus tetas y le besaba el cuello, ella decidió darse la vuelta y yo me di gusto con sus nalguitas, se las apretaba y arañaba como para marcar mi territorio!

    La acosté y le levante las piernas hasta doblarla a la mitad, y entonces yo inclinado comencé a metérsela, era una posición muy rica, se la metía totalmente mientras ella hasta sacaba los ojos, finalmente para terminar el primer round la puse de perrito, ella menaba sus caderas mientras yo se la metía rápido y le metía de nalgadas, le apretaba el trasero y se lo mordía, le jalaba el cabello hasta que ya acelerados ambos nos venimos, como no use condón toda mi leche la lleno de placer, ella también estaba orgasmeada y gritaba de placer!

    H: ¡Que rico! que caliente se siente!

    L: ¡Nena aprietas riquísimo!

    Comenzamos a besarnos ya que lo siguiente era sexo anal! comencé a besarle y estimularle su ano, ese ano clarito rico que no olía mal, mi lengua lo llenaba de saliva mientras mis dedos entraban poco a poco, con una mano le estimulaba su culo y con la otra su clítoris mientras ella me la estaba jalando, antes de empezar hicimos un rico 69, le chupaba su ano y su vagina mientras ella hacia lo mismo con mi verga y mis bolas, la puse en cuatro y le pedí que se abriera toda, entonces comencé a meterle la verga poco a poco hasta que se la metí completa en su culo, la tome de las caderas y comencé con el mete y saca, ella solo se quedó quieta pero sentí como su culo mordía mi verga, anteriormente ya se la había metido por ahí pero esta vez se sentía mejor, mis movimientos fueron subiendo de nivel mientras ella gritaba de placer!

    H: ¡Ay!, así más rápido papito, ¡más rápido!

    L: ¿De quién eres perra?

    H: ¡Soy tuya, no se la saques a esta perra! métemela toda, aunque grite no pares nene!

    Yo seguía embistiéndola con todo, con mi mano derecha comencé a dedearla, ella gritaba y en eso sentí como se vino sobre mi mano, un grito de placer se escuchó en la habitación, ella se estaba chorreando mientras yo seguía dándole su merecido por su culo, la acosté y la puse en posición fetal y seguí dándole por el ano, ella estaba casi sin aliento pero yo seguía con lo mío, ella se puso boca abajo y yo subí, comencé a montarla hasta que ya no pude más, su culo apretaba tan rico que logro que me viniera!

    Le llene de leche el culo que hasta le escurría. Pero ahí no termino todo, después de unas cervezas y una cena, seguimos cogiendo casi hasta el amanecer, oral, vaginal y anal, de todo le hice, ¡a la mañana siguiente nos metimos juntos a bañar y ahí también hubo acción!

    H: ¡Gracias por este delicioso fin de semana!

    L: Al contrario, ¡gracias a ti por dejarme hacerte mía!

    H: ¡Cuando gustes, además ya pienso en dejar a Javier, igual así tendremos más chances de coger!

    L: Ojalá hermosa, ¡quiero experimentar cosas contigo!

    Nos besamos y me dispuse a llevarla a su casa, la deje en su puerta ella me miro y sonrió y me dijo ¡esta es una de muchas veladas que quiero contigo!, sonrió y se metió a su departamento.

    Desde ese día comenzamos algo que nos llevó a mucho, ella sigue con Javier, pero no nos importa, nosotros seguimos con nuestros encuentros sexuales.

  • Mi hija y yo somos yo y mi hija (2)

    Mi hija y yo somos yo y mi hija (2)

    A la mañana siguiente, después de vestirme con cuidado, porque se le iba la mano a escoger braguitas sexis y a mi vulva, para seguir tocando aquello, fui al baño, y allí estaba, sentado en el váter, cuando llegó mi hija. Se repitió la escena de todos los días, sólo que ahora quien leía el periódico era una chica joven. Cómo cambia el cuento, geishita.

    Desayunamos y salimos juntos; como habíamos acordado, esperaríamos a que mi mujer y mi hijo hubieran salido para volver a casa. Llamó mi hija a la academia y a mi trabajo, informando de la «enfermedad», con las indicaciones que yo le di.

    Cuando vimos que la costa estaba libre, volvimos a casa. La verdad es que no podíamos hacer gran cosa, porque no teníamos ni idea de la causa del intercambio ni la manera de devolvernos a nuestros cuerpos del día anterior.

    Vi que Yuri se iba a su cuarto mustia, tristona, porque esta situación era una locura. Fui a hablar con ella, porque qué otra cosa podía hacer.

    —Veo que estás mal, Yuri, y es natural. ¿Te acompaño?

    —Sí, papi, no es para menos, ¿no? Estaba pensando en que de repente se me han echado años encima, soy un hombre, no tengo ni idea de qué me podía suceder en la vida, y aquí estoy, tirada en la cama de una chica que ya no existe.

    —Bueno, bueno, existe ahí dentro, y seguro que recupera su sitio, ya verás.

    Empezó a llorar. Era raro verme llorar, un hombre hecho y derecho. La abracé y comencé a hablarle bajito, al oído, a ver si se calmaba. Le expliqué que algo positivo tenía la transformación, porque yo me podía poner en su sitio (no le dije cómo me había puesto por la noche), y siempre se podía aprender de lo que nos ocurría. En fin, tampoco era nada novedoso, pero yo trabajo en la industria ligera, no se me pueden pedir psicologías.

    Ella parecía más calmada, o por lo menos había dejado de llorar. Estábamos en su cama, un hombre abrazado por una chica que lo consolaba. Me miró con una cierta preocupación; me contó de la noche, y su madre, y cómo había conseguido escurrir el bulto. Dijo eso y le aumentó la expresión de preocupada.

    —¿Qué es esto que noto? ¿Es normal esto? — y se tocó la entrepierna.

    Se ve que el contacto con una chica había hecho reverdecer el viejo tronco, la memoria corporal había actuado, despertándose desde los oscuros lugares de la estructura nerviosa… En realidad quiero decir que tenía una erección de cuidado, y, como es lógico, siendo la primera que tenía ella, era para estar mosqueada. Le expliqué que no había nada que temer, la normalidad del caso, que era señal de estar sano… Miré el bulto y, sí, sano estaba. Lo toqué, como si no fuera cosa mía.

    —¿Te gusta?

    Asintió con la cabeza, y bajó la mirada.

    —Ayer, con mamá, algo raro noté, pero pensé que sería el miedo, no estaba yo para nada, compréndelo.

    —Pues es algo muy natural, Yuri, —y froté un poco mi miembro, ahora con perspectiva.

    Como que a mi se me estaban levantando también las ganas de seguir así abrazados y hablando de este asunto. Me acerqué más a Yuri y, susurrando, susurrando, le fui explicando que tendríamos que llegar a un arreglo con su madre para que no notara nada, así que a lo mejor había que practicar un poco antes, por si se presentaba la ocasión, para que no nos fuera a pillar (iba a decir en bolas, pero me contuve) desprevenidos. Seguro que no, que no tendríamos que llegar a ese extremo, pero…

    Se me quedó mirando un momento, seria, o me quedé mirando serio. Yo me entiendo, y espero que el lector también.

    —¿Me ayudas? —no sé qué hacer.

    ***

    Le dije a papá, y la verdad es que sí lo sabía, pero tenía que fingir un poco. No podía ir proponiéndole a mi padre que nos echáramos un polvo sin más. Seguro que había estado manoseándome el cuerpo. Yo me había quedado con las ganas, lo confieso, de probar mi pene, pero me había dado no sé qué.

    Al decirle me ayudas me acurruqué más a él, y acerqué mi boca a la suya. Estábamos tan cerca que respirábamos el aire a medias, creo yo, porque nos faltaba el aire de repente. Se fue acercando con mi boca y me besó, suavemente, eso sí. Qué gustito me llenó en un momento. El pene, que se había quedado algo decaído subió otra vez y parecía dispuesto a hacer algo no muy preciso, pero sí reconocible, creo. Me metió mi lengua pequeña en su boca grandota, y empezó a pasearla por allí dentro. Esto me sorprendió, pero si había que ir por ahí… Le cogí el tranquillo a la actividad, que enseguida empecé a practicar con alegría.

    Después de los besos, comenzamos a acariciarnos. Qué extraño estar usando otras manos para darse gusto en el anterior cuerpo. Verme excitada en dos lugares me excitaba todavía más. El pene chocaba con el pantalón, así que poco a poco me fui despojando de la ropa, como hizo papá. Me había visto anoche, pero no tan preparado para el combate como ahora. Desnudos, empezó a besarme el cuerpo entero, y a guiarme por los lugares preferidos, a la vez que yo lo hacía por los míos. Notaba que el calor y la actividad iban en aumento. Papá se me subió encima y me iba tocando los pezones, acariciaba los muslos, giraba y me enseñaba mi culto o mi vulva, que se tocaba con toda libertad, sin pedirme permiso. Claro que yo movía el pene suyo con interés.

    De vez en cuando parábamos para volver a besarnos un rato, y luego volvíamos a donde estábamos antes. Algo que siempre me había parecido que debía estar bien era lamer los pies, así que ahora me atreví y parece que sí, que el resultado estaba bien. Sujetaba la pierna, que iba acariciando, y lamiendo, mientras con la otra mano me acercaba a la vulva, buscaba en la vagina, tocaba el clítoris. Papá se movía con temblores variados, pero sin señal de desagrado ni queja.

    Finalmente, nos paramos, nos miramos y me puso encima de él, mientras me explicaba con más detalles, así fue como me penetré. Entré en mi vagina con un pene bien erecto, y resultaba extraño tener que sostenerme con las manos, entrando y saliendo de mi vagina calentita y acogedora, mientras le iba cambiando la cara a papá, que parecía se olvidaba de los consejos y me decía, sigue, sigue, fuerte, fóllame fuerte, y gemía con una voz ronca. Sujeté sus nalgas para acomodarme mejor, y seguí presionando, porque me gustaba mucho a mi también, y noté cómo me iba surgiendo de no sé dónde un calor y una fuerza que me obligaban a ir más rápido, sin poder parar de entrar y salir, de buscar ir más adentro, hasta que me corrí. Empecé a echar semen, y me preocupé, era mi primera vez, papá puso una cara de felicidad y se frotó el clítoris con fuerza y se corrió también un poco después que yo, me pidió que siguiera dentro, se empezó a mover otra vez, y volvió a correrse al poco.

    Su cara me lo decía todo. Era muy feliz.

    ***

    Creo que mi cara lo decía todo. Era muy feliz. Llevaba menos de veinticuatro horas en que no paraba de tener orgasmos, y ahora había tenido mi primera penetración desde el lado contrario y había sido todavía mejor. El futuro no me preocupaba en aquel momento.

    Besé a mi hija fuertemente; se había portado muy bien, y habíamos pasado un rato hermosísimo; habíamos hecho el amor, y follado, además, qué más daba que fuera mi hija y que mi hija tuviera mi pene y yo fuera su padre y tuviera su vagina. Respiré profundamente, alejando de mi por el momento el problema de aquella relación, y descansé en mis brazos o en sus brazos.

  • Memorias inolvidables (Cap. 20): Amenaza sin apelación

    Memorias inolvidables (Cap. 20): Amenaza sin apelación

    22 de junio (viernes).

    He pasado una mañana simpática. He estado con mis hermanos. Hemos paseado todos juntos. Todos los vecinos ya saben que mi madre me quiere echar de casa. Unos lo aprueban, otros dicen que es una barbaridad. Los que nos conocen nos ven a todos los hermanos y me apena por ellos, porque los tratan mal a todos, al menos en su pensamiento, por mi culpa. Les digo que han de olvidarse de mí, que yo haré mi vida, si puedo vivir y puedo mantenerme me alegraré, pero si en este mundo se me hace imposible vivir, me suicidaré y se acabarán las penas para mí y para todos. Ha salido al frente Rosario protestando, diciendo que yo tengo que aguantar y «nosotros contigo, porque luego voy yo, me tocará a mí; luego será con Eleuterio, que no dejará que se case con quien él quiera, luego hará lo mismo con Mercedes. Y no digamos cuando se declare Facundino; aquí estamos metidos todos, o ella o nosotros».

    Yo comprendía a mis hermanos, porque es cierto, todos metidos en la misma guillotina, lo que pretende esta mujer es ahogar nuestra vida e imponerse. Sentía la amenaza como un mazazo sobre mi cuerpo y no me quedaba nadie más con quien apelar; la amenaza de mi madre no tenía apelación ni para mí ni para mis hermanos. Me preocupé más por ellos más que por mí.

    Pude hablar un rato a solas con Facundino y le dije que no saliera del armario, que haga su vida, pero sin manifestarse. Él me decía que eso es cobardía. Le argumenté que un día podrá hacer lo que quiera, pero que acabara sus estudios…, «graduate y luego ejerce tu profesión. Asegurado todo eso, lo dices en casa pero te vas al lugar que previamente te habrás preparado. Mientras tanto, con bici o con coche puedes ir donde quieras y te juntas con quien quieras. Vales mucho y mereces tener mejor vida. No quisiera que pasaras por lo que yo voy pasando. Si lo hicieras y te debilitaras podrías hacer algo grave que no me lo perdonaría nunca, si no te hubiera avisado. Siempre que me necesites, si vivo en este mundo, me tendrás». Así acabé mis palabras con él.

    Busqué la ocasión de hablar con Rosario y, aunque estaba Mercedes al lado, le di consejos similares, que no dijera nunca más nada de su orientación sexual: «Lo puedes disimular y Mercedes te ayudará», dije. «Pero es una injusticia que te trate de este modo…», dijo Rosario. «Déjalo, me arreglaré, descuida y no te preocupes por mí», le dije.

    Todos sabían que yo había hecho unos cursos de supervivencia y pensaban que podría sobrevivir, pero si esta noche no encontraba a aquel chico que vino a la sauna, que me gustó, cuyo nombre desconozco, igual podría ya desesperar; me deja la familia y me deja el mundo. Dios ya me había dejado hace tiempo o yo había dejado a Dios.

    Con lo religioso estaba hecho un lío y lleno de contradicciones. Los cristianos no aceptan la homosexualidad, les parece una enfermedad, una locura o una depravación. Sí, estoy seguro que todos no piensan igual, pero forma parte del proyecto ético o moral de ellos que la relación entre dos hombres no es correcta, aunque David tuviera su amante que se llamaba Absalón, porque en la Biblia se dice: «Cuando David acabó de hablar con Saúl, el ánimo de Jonatán quedó unido al de David y lo amó como a sí mismo… Jonatán hizo un pacto con David, a quien amaba como a sí mismo (1 Sam 18,1 y 3); «Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David» (1 Sam 19,1); «Jonatán volvió a obligar a David que le jurara por el amor que le tenía, porque le amaba como a sí mismo. … Jonatán y David se fundieron en un abrazo, llorando uno con otro, hasta que David cobró ánimo (1 Sam 20,17 y 41); finalmente, cuando murió su amado, David, como era poeta, canta:

    Cómo han caído los héroes

    en medio del combate.

    Jonatán, herido en tus alturas.

    Estoy apenado por ti, Jonatán, hermano mío.

    Me eras gratísimo,

    tu amistad me resultaba más dulce

    que el amor de mujeres.

    Cómo han caído los héroes. (2 Sam 1,25-27).

    Aunque el profeta Elías tenía a Eliseo a quien suele llamarse su discípulo, se puede leer lo siguiente:

    «Elías encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien se hallaba arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó su manto encima. Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo: «Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré». Le respondió: «Anda y vuélvete, pues ¿qué te he hecho?». Eliseo volvió atrás, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio» (1 Re 19,19-21).

    Aunque Juan pusiera su cabeza en el pecho de Jesús, estando hablando de la traición de Judas, se lee lo siguiente: «Uno de ellos, el que Jesús amaba (se refiere a Juan), estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» (Jn 13, 23-25).

    No juzgo los textos ni tengo la capacidad para interpretarlos, pero concluyo que amar siempre es bueno, sin excepción, sea como sea. Tampoco juzgo a las Iglesias, seguro que tienen “sus” razones, pero yo estoy hecho un lío, ¿Quién me ha hecho como soy y se ha alejado de mí? o ¿es que yo me he alejado de él porque me ha hecho así? Estas son preguntas que no me las ha resuelto nadie. Pero en cierta manera entiendo a mi madre, ella que me ha llevado en su vientre y me ha amamantado y me ha criado, me desprecia, ¿quién es el culpable ella o yo? Pienso que ni ella ni yo somos culpables, tal vez sea culpable mi padre que no supo ponerse en su sitio, dejar a mi madre en el suyo y situarme a mí en el mío.

    Respecto a mi familia, me propuse que tenía que salvar lo que podía ser salvado, mis hermanos. Con el fracaso de mi madre conmigo, no se atreverá a hacer lo mismo con mis hermanos, ellos podrán decidir, sabrán decidir, querrán decidir. Ahí teníamos a Facundino que ya quería separarse de la familia. Pero conseguiré que no lo haga. Ultimamente estoy pensando en él a cada instante, no me gustaría ver su desesperación.

    Cuando acabamos de comer, le pedí a Facundino que me ayudara a preparar mi mochila, que me guardara unas cosas en cajas en su habitación y que dispusiera de las demás cosas que yo dejaba. Nos fuimos a mi habitación y preparé mi mochila, mientras él metía en dos cajas las cosas que yo dejaba sobre mi cama. Se las llevó a su habitación y las selló. Cuando regresó, miró mi ropero y luego me miró como quien pregunta qué hacíamos con lo demás: «Lo que te guste te lo quedas y lo demás lo pones en esas bolsas negras y les diremos a las chicas que lo revisen y luego hagan lo que les parezca oportuno. Cuando lo mío estaba ya preparado, vinieron las chicas y revisaron las bolsas. Algún cosa se guardaron de recuerdo y todas las demás se encargaron de llevarlas en el coche de Eleuterio al contenedor de Donar Ropa. Habíamos acabado y yo tenía un par de mudas en la parte superior de mi mochila.

    Me tumbé en la cama y Facundino se echó junto a mí: «Hoy es viernes, ¿vas a ir a buscar a ese chico?, me preguntó. «Quisiera hacerlo, sí, ¿por qué?», le dije. «Quiero acompañarte», respondió. Le dije: «Si estás seguro que quieres venir, vamos los dos».

    No fuimos a cenar, las chicas nos habían traído unas gaseosas y un buen bocata a cada uno. Ellas se habían traído el suyo y comimos los cuatro juntos. Eleuterio se había ido pronto a cenar con amigos. A las chicas les dijimos la verdad, que nos íbamos a la sauna. Pero ellas nos rogaron que saliéramos con ellas un rato y que nos fuéramos después. Así lo hicimos.

    En el sauna, estábamos juntos Facundino y yo. Nadie se nos acercó, lo que agradecí en el fondo de mi alma, porque solo deseaba que apareciera aquel chico, pero no vino. Estábamos ambos calientes y le dije: «¿Quieres hacerme un jinete?». «¿Qué es eso». Dijo él y le contesto: «Haz lo que yo te vaya diciendo».

    Me acosté sobre el ancho escalón boca arriba y le indiqué que se sentara sobre mi pene y se dedicara a controlar la penetración de mi pene en su culo. Mientras se colocaba eché mucha saliva en mi mano para pasarla por su culo y él hizo lo mismo sobre mi polla. El tacto de la mano de Facundino sobre mi polla me puso a cien. Siempre ha sido Facundino muy delicado tocando las cosas y se notaba lo mismo acariciando mi polla. Luego sujetaba yo mi polla de modo vertical para que no se me doblara y se me escapara en cualquier dirección hasta que ¡zis zas!, había entrado la punta de mi pene. Ya notaba su esfínter presionando mi flecha y electrizando mi polla. Pero a él debió dolerle por el ¡huy, hum! que exclamó. Le dije que se parara y descansara un poco. Luego sin decirle nada continuó y así a poquitos entró toda y tuve que quitar mi mano, porque ya se sentaba en mi pubis. Se arqueó de tal modo que pude besarle en la cara, y dobló su cabeza para llegar su lengua a mi boca. Estaba lleno de placer y comenzó a hacer unos movimientos tal como lo sugería su placer, en circular o en línea recta, como en forma de cruz y gemía de placer porque estaba rozando mi pene sobre su próstata.

    Sé que le gustó y jugó mucho rato de esa manera y mi polla estaba a cien dando mucho disfrute que ya notaba incluso en mis piernas hasta el vientre. Le sugerí que se moviera verticalmente cuando quisiera, pero antes de que yo me corriera. Entendió y se puso de cara a mí. No entendí cómo se pudo mover para dar la vuelta, sujetándose en mi cabeza y hombros y levantando sus piernas de modo que no me atropelló con sus pies. Hay cosas que nacen y ahí nos besamos a gusto mientras él hacía que me pene entrara y saliera verticalmente de su culo. Notó el calor de mi pene, me lo dijo y volvió a darse la vuelta para ponerse de espaldas levantó sus piernas de nuevo y sentado sobre mi pubis con mi polla en su vientre me hizo penetrarlo al máximo de lo que daba mi instrumento y comenzó a bailar masturbando mi polla con su ano. Me puse a masturbar la suya con una mano y con la otra le acariciaba sus pezones. De nuevo se arqueó, y mientras nos volvíamos a besar descargó al aire todo su semen, y seguía moviéndose. Su polla seguía dura y no tardé en descargar dentro de él. Se quedó tumbado encima de mí y poco a poco fue sacando mi polla de su culo.

    Se dio la media vuelta tumbado y me dio las gracias en un profundo y largo beso que le correspondí. Estábamos perfectamente compenetrados.

    — Déjame que me vaya contigo, —me dijo.

    — Te necesito en casa y que acabes tus estudios, luego, si sigues pensando lo mismo, ya te busco y decidimos, —le contesté.

    Nos quedamos así mucho tiempo susurrándonos al oído las mil ocurrencias que nos venían a la cabeza. Entraba y salía gente, se nos acercaban a mirar y no les hacíamos caso. Así que fuimos a darnos una ducha de agua fría. Nos duchamos juntos, sin problemas, escrúpulos ni vergüenza. Estábamos felices en esa situación dándonos cuenta que nos entendíamos perfectamente. Le invité a ir a una cabina oscura. Lo senté en la banqueta, le abrí las piernas y me puse a mamarle su polla. Había una alegre penumbra que nos dejaba ver nuestros cuerpos y distinguíamos los gestos de la cara.

    Cuando vi que su polla estaba ya casi a su tope y mi culo me lo había amansado mientras le chupaba su polla hasta meter y sacar varias veces tres de mis dedos con facilidad, me senté de espaldas a él sobre su pubis, de modo que su polla estaba en horizontal a mi agujero. «¡Amárrate fuerte!», le dije y reaccionó positivamente. Él era mi silla caliente. Levanté mi cuerpo, puse mis pies sobre sus muslos muy cerca de sus rodillas y mi culo subió a la altura de su esternón. Amarró la polla suya con sus manos mientras yo bajaba y me sentaba otra vez sobre su pubis con su polla dentro. No tardé en sentarme del todo y acomodarme. Me abrazó fuerte por mi cintura y para que me pudiera mover me amarró las rodillas. Éramos como un solo cuerpo, sentía su corazón palpitar en mi espalda y todo su cuerpo envolviéndome. Una sensación verdaderamente espectacular.

    Al rato, y para darle mayor gusto, me incorporé e hice lo mismo de cara a él, colocando mis pies sobre la banqueta. Nuestras caras estaban juntas, necesitábamos nuestras manos para abrazarnos y no caernos, ambos estábamos como sentados. Mi pene rozaba con su abdomen y parecía que su vientre me lo estaba masturbando. Así estuvimos todo el tiempo, besándonos con lengua dentro y alternando con besos y suaves mordiscos al cuello, hasta que nos vinimos al mismo tiempo, porque me gritó: «Me corro, me corro» y le contesté, «suelta, que yo también me voy». Y así fue. Nuestros vientres quedaron llenos de mi semen y cuando ya se había amansado su polla, me puse de rodillas delante de él y le limpié la polla de los restos de semen con mi boca. Mientras él iba recogiendo mi semen de su vientre con el dedo para metérselo a la boca. No dejé de mamarle la polla hasta que volvió a ponérsela dura y aunque noté que su pene ya se había llenado de sangre y que iba a bombear, no lo saqué de la boca para comerme a mi propio hermano. Así, con ese pensamiento me tragué todo su semen caliente.

    Acabamos con un largo beso y le dije: «Creo que nos vamos al jacuzzi a relajarnos, luego nos damos una buena ducha y nos vamos a casa». Me contestó: «Esta noche dormimos juntos».

    Hicimos lo previsto. Llegamos a casa, entramos sigilosamente hasta mi habitación por esa noche. Nos acostamos juntos, desnudos los dos, con nuestros cuerpos abrazados. Facundino se durmió, estaba fatigado de cuerpo y relajado de alma. Dormía sonriendo. Estuve un rato sin poder dormir y me levanté para descargar estas sensaciones en tu interior, querido diario. Son las 6 de la mañana y me voy a acostar sigilosamente para despertar en un par de horas, a ver qué me depara el día.

  • La tía picarona

    La tía picarona

    Quiero contarles lo que pasó hace algunos años. Todo empezó con una breve reunión en casa de mi tía. Ella y mi prima son dos personas que gustan mucho de la bebida hasta perder el control, mi tía ya es una mujer mayor digamos que conservada para su edad, ella es gordita, cabello corto castaño, de poco busto, pero muy caderona y unas nalgas bien paraditas producto del gym. En resumen de esas señoras gordibuenas.

    En ocasiones anteriores al calor de la bebida ya había notado que se pegaba más a mí y buscaba la manera de poner la mano disimuladamente en mi entrepierna o tocarme las nalgas unas veces más descaradas que otras. Ya entrada la noche, mi prima se fue a dormir y yo alegando que tenía trabajo pendiente para el día siguiente optamos por ir a dormir. Mi prima ya encerrada en el cuarto y totalmente dormida gracias al alcohol roncaba como piedra. En eso salí del cuarto en dirección al baño quería darme una ducha antes de dormir pues había mucho calor y en la región donde vivimos es un clima muy caluroso.

    Al pasar frente al cuarto de mi tía me dijo que si le podía acompañar a dormir y le dije que sí, que volvía apenas terminara de ducharme en lo que saqué una colchoneta para poner en el piso y poder descansar, pero mi sorpresa fue cuando volví del baño mientras pasaba para acostarme y descansar, noté que la luz estaba apagada y la colchoneta no estaba en el piso a lo que pregunté donde iba a dormir.

    Ella recostada en la cama dándome la espalda y la cama estaba puesta de tal manera que chocaba con la esquina, me senté al borde de la cama y ella me daba la espalda y su mirada daba en dirección a la pared. A todo esto no me había percatado que no traía nada de la cintura para abajo pues al querer darle un beso de buenas noches sentí su piel tersa y sus nalgas duras sin la prisión de sus shorts o ropa interior alguna, me quedé mudo y en silencio admirando el manjar que tenía puesto que solamente se veía gracias a la luz de la luna se puso frente a mí y me agarró el pene por sobre la ropa y me susurro:

    -Qué, ya te vas a dormir? -Mientras tanto me empezaba a sobar mi miembro y mordía el labio.

    Sinceramente no sabía que hacer o decir solo alcance a cerrar los ojos y disfrutar. Ella, hábilmente me bajó el bóxer y me empezó a dar una mamada de campeonato como si fuera un caramelo, lamio mi falo y mordía mis testículos haciéndome sentir que no iba a durar mucho tiempo.

    Rápidamente tomó mis bolas y las apretó para interrumpir la eyaculación de pronto sentí los lengüetazos en mi ano mientras ella subía y bajaba haciéndome una rica puñeta ella empezó a estimular mi ano, yo empezaba a jadear ella se preparó gustosa a recibir mi leche, sacó la lengua y devoró la blanca esperma, inmediatamente me bajé a devolverle el favor.

    Pude divisar en coño gordito y peludo inundado en jugos con un sabor muy intenso ya que después me confesó que tenía años sin tener sexo ya que ella era divorciada y muchos la pretendían, pero no se animaba solamente al calor de las copas salía esa fiera que traía esa puta interna lista para disfrutar al máximo, se frotaba el clítoris a toda prisa mientras yo chupaba sus labios y metía dos dedos en su caliente pucha ella solita pidió ser cogida me pidió que le haga el amor como nunca antes le haiga hecho a una mujer yo sinceramente para esos momentos tendría unos 18 años, practicaba deporte y cuidaba mucho mi físico, rápidamente le puse los pies en mis hombros y apunté mi verga para empezar a disfrutar ella no paraba de decir que era una puta y que necesitaba que la follaran como una perra en celo.

    De un sopetón se la deje ir y gracias al pre ella estaba muy mojada y no tuve tanto problema en metérsela debo decir que a pesar de todo me apretaba muchísimo la verga pero era un dolor bastante rico, le sobaba las pequeñas tetas y daba mordiscos a los pezones la giré y la tenía de perrito empezó a tocarse mientras solo se oía el chancleteo ese clap clap clap que sueles oír en las películas porno después de un rato le ensalive la entrada del ano y le fui metiendo la verga de a poco si la pucha me apretaba este culo prácticamente me estaba mordiendo la tomé de ambas manos y así en posición de perrito le seguí embistiendo ella me pidió montarme se puso en posición y empezó un frenético bamboleo de caderas mientras que usaba ambas manos con una se apretaba un pecho y con la otra frotaba frenéticamente el clítoris los espasmos se avecinaba yo me vine dentro de ella y ella terminó lanzando chorros de jugos sobre mi cuando se recuperó se puso de pie sobre la cama a la altura de mi pecho empezó a pujar y dejó caer de su vagina, un chorro de semen mismos que hace segundos había dejado dentro de ella se agachó a beberlo de mi pecho se volteó y dijo ‘gracias por haberme hacer sentir gozo de nuevo’. Supongo que el dar gracias es educación sexual.

    Saludos.

  • Sorpresa en la madrugada

    Sorpresa en la madrugada

    El siguiente relato ocurrió en la madrugada del pasado 2 de julio. Como cada noche después de cenar mi marido, nos acostamos a ver una peli para luego follar, pero esa noche no fue así puesto que le puse de excusa que no me sentía del todo bien.

    Como es costumbre en verano dormimos desnudos ya que el calor es insoportable y con la brisa que entra por la ventana que dejamos abierta aminoramos un poco el malestar. Esa noche en específico el calor estaba peor que nunca y ni siquiera me tape con la fina sabana que tenemos para estos días así que mi cuerpo estaba totalmente desnudo y brillante debido al sudor que recorría mi figura y a la intensa luz de luna que entraba por la ventana.

    Como a medianoche siento un pequeño ruido que hace que me desvele miro a todos lados pero no alcanzo a ver nada, excepto por mi marido roncando como un gorrino, este si cuando queda dormido no se despierta ni con un ataque nuclear. Cierro mis ojos nuevamente pero con la presión de una mirada sobre mí. Intento dormirme de nuevo pero hay algo que no me deja, lentamente entreabro mis ojos y cuál fue mi sorpresa al ver la figura de un hombre encapuchado al lado mío. No pude decir nada, no sé si fue por el susto o esperando que cuando cogiese lo que vino buscando se marchara sin hacernos daño a mi marido y a mí.

    Quedó justo al lado mío durante unos minutos observando mi delicado cuerpo que mostraba hasta mi más preciada intimidad. Yo no decía nada solo esperaba que se fuese pero este lejos de esto lo que hizo fue acercarse más a mí y con dos de sus dedos comenzó a pellizcarme uno de mis pezones. Quede helada no sabía qué hacer, si gritaba o despertaba a mi marido a lo mejor fuese peor, así que decidí seguir haciéndome la dormida a ver hasta donde llegaría aquel intruso.

    Se entretuvo jugando con mis pezones un rato, y quiero confesarles que la verdad tengo esa parte de mi cuerpo muy sensible y al mínimo roce estos se ponen muy duros y esta no fue la excepción, pensaran que soy una enferma pero es algo que no puedo controlar. No le bastó con lo que me hacía con sus dedos que decidió también llevarse uno de estos a la boca, para relamerlo con su lengua áspera que tanto placer me daba.

    Ahora si no pude contenerme más y deje salir un pequeño suspiro pero sin abrir completamente los ojos, pude ver como el descarado sonrió. Sin dejar de rechupetear mis tetas llevo su mano al interior de mis muslos y fue pasando la yema de sus dedos muy delicadamente hasta llegar a mi vagina, ahora creo que el sorprendido fue el al sentir el vapor y la humedad que salía de esta. Introdujo dos de sus dedos muy fácilmente mientras que con su pulgar se dispuso a jugar con mi clítoris. Ya ahora no aguante más y después de dejar salir un pequeño gemido abrí los ojos y le dije suplicante que se detuviese.

    -Ummm al fin se despertó la princesa.

    -Por favor déjame en paz no me hagas daño.

    -No parece que te esté haciendo daño, al contrario parece que estas disfrutando…

    – Te equivocas no me gusta nada y si no te vas ahora despertaré a mi marido

    Parece que no le agradó mucho el comentario ya que sacó una navaja de su bolsillo y mirándome a los ojos me dijo:

    -Si haces alguna tontería te rajo a ti y a tu maridito, entiendes???

    Conteste temblorosa que si con la cabeza, mientras el sin perder tiempo continuo propiciándome esa estupenda paja, que aunque no lo quería reconocer estaba disfrutando mucho. Cuando ya tuvo suficiente de masturbarme frenéticamente, se separó de mi desabrochándose el pantalón para dejar al descubierto un descomunal miembro repleto de venas y brillante por los líquidos que de este brotaban.

    -Vamos que esperas – Me dijo desafiante pretendiendo a mi entender que me la introdujese en la boca.

    Sin hacerlo esperar comencé a pasarle la lengua poco a poco por su capullo hasta engullir completamente su cabeza.

    Este sonrió y me dijo -solo quería que me la pajearas pero ya veo que no te pudiste resistir a comérmela- y continuó sonriendo.

    Quede avergonzada ya que la verdad es que el no me había insinuado nada de mamársela pero aquella polla se veía increíblemente deliciosa. Seguí chupando creo que ya no por miedo a lo que me fuese hacer sino más bien por mis propios deseos, ese rabo estaba fantástico, no era tan largo, por lo que podía tragármelo completo y por lo grueso que era me llenaba bien la boca. 

    Mi opresor ya con un poco más de confianza y por el gusto de la magnífica mamada que le estaba regalando, decidió quitarse la capucha y para mi sorpresa era un joven de lo más apuesto. 

    Este retiro su rabo de mi boca al parecer lo estaba haciendo demasiado bien y no quería venirse todavía. Me dijo que me pusiera en cuatro con los pies en el piso y las manos apoyadas en la cama.

    -Ya es hora de ver que tal sabe este magnífico coño- dijo mientras metía su bello rostro entre mis piernas.

    Este ahora me devolvía el favor de antes ofreciéndome una prodigiosa mamada que iba desde mi ano hasta el clítoris. No pude resistir nada más y solté un gemido bastante más alto que el de antes producto al orgasmo que me estaba provocando con su lengua el atractivo invasor. Mire a mi marido asustada para ver si lo había despertado pero nada seguía como una piedra durmiendo bajo las sabanas.

    Unos minutos más tarde mi ocupante decidió retirar su boca de mi coño para avisarme de que ya era hora de que este probase su rabo. Soltó un escupitajo en su mano para luego restregarlo por toda la superficie de su pene. Sentí cuando acerco la cabeza de aquel miembro a mi cuevita y sin pensarlo dos veces me penetro hasta el fondo. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no soltar un grito allí mismo, lo saco lentamente y repitió el proceso varias veces. Aquello era grandioso, era el rabo más delicioso que nunca antes me había cogido.

    En ese momento mi marido se dio la vuelta y se puso boca arriba observando ambos la gran erección que tenía este bajo la sabana que parecía una carpa de circo. Se sonrió mi usurpador y me dijo:

    -A saber con qué estará soñando tu maridito.

    Yo también sonreí al oír este comentario.

    Continuó diciéndome: -Para que veas que no soy tan malo, quiero que destapes a tu marido mientras meneas tu culo en mi polla y le chupes la suya.

    La idea me encanto era lo más morboso que había hecho en mi vida. Obedecí como si se tratara de una orden judicial, al destapar a mi marido pude ver como efectivamente tenía una erección descomunal como pocas veces, la verdad si me sorprendió y quise saber con qué estaría soñando, pero no era momento para eso, así que comencé a ofrecerle una mamada increíble al punto que en pocos minutos se vino como un poseso llenando mi boca con su semen que trague con gran gusto.

    -Ahora ya puede dormir tranquilo dijo mi asaltante – a lo que le conteste con una sonrisa pícara. 

    No sé cómo mi marido no se despertaba con todo lo que estaba ocurriendo en esa habitación. A todas estas el ya no tan encapuchado continuaba fallándome como si no hubiese un mañana y yo disfrutaba como la mejor de las putas.

    Seguimos así un rato hasta que mi grandioso semental me dijo que me virase para recibir su leche en mi boca. Yo ni corta ni perezosa le hice caso, no era justo que me hubiese tragado la de mi marido y no la de él que tanto placer me había regalado esa noche. Comencé a darle una estupenda paja mientras pegaba mi boca a esa encantadora polla que tenía para mi, hasta que por fin empezó a soltar chorros de leche como si de un grifo abierto se tratase, tanto que deje caer alguno por mis senos hasta llegar a mi vagina. Cuando de repente ocurrió algo que me dejo de piedra:

    -Veo que ya conoces a mi nuevo compañero de trabajo- Dijo mi marido desde mi espalda…

    Continuará…

    Si les gusto déjenmelo saber en los comentarios para publicar la continuación gracias.

     

  • Mi primer interracial

    Mi primer interracial

    Hace días venía con esa idea en la cabeza, siempre hablan del pene de los negros que son grandes y deliciosos y siempre veía fotos y me gustaban, pero nunca me imaginé llegar a estar con uno, hasta que mi mejor amiga me contó que tenía unos amigos de raza que querían tener sexo con ella…

    Que ellos le insistían en tener relaciones y que le pagaban muy bien, pero la condición era que tenía que coger con 2 chicos y ella no se animaba ya que tenía novio, entonces yo le dije entre risas “jajajaja pásales mi número yo si me la rifo”.

    Lo dije en broma, creí que no lo iba a hacer, pero si lo hizo les dio mi número.

    Al día siguiente al ser las 2:00 pm me llegó un mensaje de número desconocido que decía.

    ‘Hola Eli, soy Mario…!

    Carolina me dio tu número y me hablo sobre ti…

    Me dijo que tú me podrías ayudar con una cuestión ya sabes, el dinero no es problema…!’

    Yo quedé perpleja no lo podía creer, están muy nerviosa no sabía que responder me sentía asustada, pero a la vez muy excitada me puse a pensar muchas cosas referente al tema yo había estado con hombres con buen tamaño de pene, pero nunca con un famoso pene negro mucho menos con dos, sin embrago estaba muy excitada y no era la primera vez que me pagaban por sexo (es otra historia luego se las contaré)

    Le respondí:

    ‘Hola Mario un gusto!!

    Claro todo depende de que sería y todo ya sabes…

    Tú dime qué hay qué hacer y todo y yo te doy un precio’.

    Inmediatamente me responde:

    ‘El gusto es mío o al menos eso me voy a dar!

    Claro entiendo Eli pero ya sabes tengo que ver el material primero, envíame unas fotos a ver qué tal…’.

    Le envíen fotos de mis tetas de lo culo y de mi empanada y le encantaron y me puso:

    ‘Estas muy rica esto es lo que quiero tu solo dame el precio y lo hacemos esta misma noche…

    Quiero hacerlo contigo y un amigo más, en un motel por supuesto yo lo pago y en uno muy fino para que no te preocupes.

    Vamos a hacer un trío queremos:

    Anal, vaginal, mamadas, que tragues leche, sexo duro, toda la noche te recogemos a las 8:00 pm y amaneces con nosotros que dices…??’

    Me quedé impactada al ver ese mensaje no sabía que hacer una parte de mi decía que sí y la otra que no…

    Al pasar una media hora le respondí:

    ‘Claro acepto, te cobro 3000 dólares’.

    Creí que iba a decir que es mucho dinero e iba a decir que no. Para mi sorpresa acepto, dijo que si y que me recogía a las 8:00 pm.

    5 horas después estaba muy nerviosa no sabía que ropa utiliza ni cómo maquillarme ni nada hasta que decidí utilizar un vestido negro y solo usé encrespador y un poco de base…

    Ellos llegaron por mí en un auto muy moderno y lujoso color gris con todos los vidrios negros, me monte atrás y saludé a los 2 hombres a Mario y el otro se llamaba Jorge y ellos fueron a un supermercado yo los espere en el auto, cuando llegaron llevaban unas cervezas y mucho licor y nos dirigimos a al motel ya no tenía vuelta atrás.

    Cuando entramos al motel nos bajamos del carro Jorge entro primero con las cervezas y el licor mientras yo entre detrás de él y Mario atrás mío, Mario me pego una nalgada y cuando nos acomodamos Mario me empezó a besar y a quitarme el vestido y la ropa interior cuando quedé completamente desnuda él se quitó el pantalón y yo se la empecé a manar era inmensa una verga negra con huevos gigantes muy gruesa no me cabía en la boca

    La de Jorge era igual, Jorge me puso en 4 y me metió la verga sin avisarme me dolió mucho y empecé a gemir y a llorar le intentaba decir que se detuviera pero Mario me empezó a follar la boca hasta que se detuvo y él también me empezó a follar uno por el culo y el otro por la vagina yo lloraba y les decía que pararan pero no me hacían caso me decían ‘ahora aguantas puta’ y me escupían eso me estaba excitando y el dolor disminuía poco a poco me follaron por un gran rato hasta que me pusieron de rodillas y me hicieron que se las chupara hasta que se regaron yo no lo podía creer estaba mamando 2 enormes vergas negras esa leche sabía muy rica me inundaron la boca me llenaron las tetas y toda la cara de semen…

    Me fui a bañar y al pasar si acaso 10 minutos ellos entraron a la bañera y me hicieron suya otra vez y cogieron tan delicioso en el baño yo solo gritaba y gemía como una loca de tanto placer hasta que ellos volvieron a terminar pero esta vez en mi culo y ya no aguantaba las piernas y me senté en el baño ellos tomaron una cerveza y yo me quedé ahí por un rato yo creí que ya había acabado ya eran las 2:00 am y pensaba que todo había acabado…

    Pero no fue así, me llevaron alzada hacia la cama y me dijeron ‘esto no acaba aquí putita recuerda que eres nuestra hasta las 8:00 am’.

    Y me siguieron follando ellos no se cansaban. Esta vez fue más duro y más intenso ellos no paraban de follarme y me daban nalgadas muy fuertes me escupían y me trataban mal y me agarraban del cuello eso me excita mucho fueron acabado a las 5:00 am yo estaba exhausta y ellos salieron me tiraron 3 fajos de billetes cada uno con 1000 dólares lo cumplido.

    Yo creí que todo había acabado, pero ellos regresaron a eso de las 6:00 am ya estaba claro yo estaba dormida con mi ropa interior y ellos me despertaron y me siguieron filmando yo estaba asustada creí que nunca me iban a dejar solo miraba el reloj deseando que fueran las 8:00 am y al ser las 7:55 am ellos se detuvieron llenando de leche mi rostro y tetas y me dijeron bien ello puta si aguantas y me tiraron 2000 dólares más y se fueron. Yo quedé exhausta, me dormí llenan de semen y desnuda, desperté a las 2 de la tarde con un dolor inmenso en la vagina y culo no aguantaba las piernas.

    Pedí un Uber y me fui hacia mi casa, el dolor duró un par de días y no salí de mi casa y ni cogí hasta unos días después de que desapareció el dolor.

    Espero que les guste, acepto críticas y comentaron, gracias.

  • Negruras existenciales

    Negruras existenciales

    Doña Pamela Sonsoles Espionsa era una señora que había venido a más, su marido había logrado una posición privilegiada en los negocios de basuras reciclables con camiones ecológicos de alto tonelaje, eran los Volvo FH16. Todo el negocio iba viento en popa, que se dice. Don Arturo, el marido, a sus 56 años era el ejemplo de empresario de recogidas selectivas de basura orgánica por excelencia. Personas que se habían hecho a si mismas, doña Pamela mismo empezó limpiando y barriendo retretes, desde luego era un historial que no quería en su curriculum.

    Hacía 10 años de su bonanza económica y empezó a frecuentar la sociedad más selecta, digamos. Doña Pamela era 10 años más joven que su marido, se conocieron en un vertedero municipal. De eso ya habían pasado 24 años, él era conductor de camión (el Pegaso 345-6 de resistencias manuales) que descargaba toda la basura orgánica habida y por haber. Doña Pamela ya le vio a Arturo ese aire inteligente y emprendedor. Congeniaron nada más verse. Al cabo de 24 años, ella no se había equivocado, era la señora de un empresario, con dos hijos que aún sin haber terminado sus estudios habían dejado el instituto para formar parte del negocio.

    Pamela, los primeros años de su economía en auge había aprendido a vestirse, se cuidaba, de hecho iba al gimnasio, se sentía una mujer moderna, incluso había leído dos novelas sin ilustraciones enteras; en una palabra se sentía inteligente. Era una mujer de estatura generosa, de hecho sus 172 cm le daban ese aire de seguridad cuando estaba con la otra gente; de cara afelinada angulosa, pómulos marcados y boca sensual; era una mujer de cuerpo voluptuoso pero proporcionado, su marcado trasero y grandes pechos con una pequeña cintura le daban ese físico de mujer con curvas; su carne era prieta sin signos de celulitis. Estaba orgullosa que a la edad madura y con dos partos conservar dentro de la medida su cuerpo.

    Pamela hacía cinco años que había cambiado su vida sexual, cuando contaba 40 conoció a Vanesa en el gimnasio, una mujer de su edad también esa conversación aún la tenía en mente.

    — Esta noche salgo, si quieres venirte, así no te aburres con tu marido de viaje y eso — dijo Vanesa.

    — Bueno, no sé… donde podríamos ir, por ahí, dos mujeres casadas… — contesto Pamela.

    — Qué moralista eres, mi marido tiene turno de noche en el hospital y quiero aprovechar — dijo Vanesa.

    — ¿Qué es lo que vas a aprovechar?

    — Ir a un local de stripers man, boys

    — Nunca hubiera creído que tú… — contesto Pamela

    — Pues si, de tanto en cuanto me hago algún homenaje, y tu deberías hacerlo, no creo que tu marido te tenga muy bien servida.

    — Bueno, él está ocupado, el negocio… — contesto Pamela.

    Esa noche salieron y acudieron a uno de esos locales, ante la estupefacción de pamela los striper bailaban con movimientos sensuales y provocativos, cuerpos esculturales, Pamela se sentía incomoda y al mismo tiempo atraída; Vanesa por su parte estaba en su salsa, aplaudía, miraba, les echaba vitores a los striper, Ante la estupefacción de Pamela el principal striper se desnudó por completo y jugo con su polla hasta que estuvo erecta, se acercaba a las mujeres, alguna la tocaba, otras un pequeño beso, pero al llegar a Vanesa la engulló con ganas. Al final Vanesa quiso acompañar el striper a su casa, allí él hizo hincapié que le esperaba su novia, y se lo agradecía de veras que pudieran acompañarlo.

    No tenía más de 25 años, era musculoso, vigoroso, rapado; en el local Pamela había podido ver su gran polla. Pamela conducía, Vanesa detrás con el stripper. Al poco rato Pamela pudo observar por el retrovisor que su amiga aplicaba una mamada al joven, lo hacía con ganas, hubo suspiros por parte del stripper, a ratos cogía la polla con la mano y daba golpes a la cara de Vanesa. Se tensó el miembro cogiéndolo por el glande enseñando los testículos, Vanesa entendió el significado de esa maniobra, que no era ni más ni menos que una succión testicular. Aplicada Vanesa engulló testículo por testículo de forma sonora.

    — Como se nota que tienes ganas de polla, las maduras sois muy putas. Aprovecha y flípala — dijo el stripper mientras miraba el retrovisor del coche sabiéndose observado por Pamela.

    La mano del joven ya dedeaba el coño de Vanesa, Pamela podía oír la sonoridad del chapoteo del coño de su amiga, se sentía excitada, con nuevas sensaciones. Iba dando rodeos por las calles, casi se salta un stop.

    — A la una tengo que estar en casa, apresúrate nena, te quedan 20 minutos. Aquí no tengo sitio para moverme, tendrás que matarte tu sola arriba como puedas — dijo el joven al mismo tiempo que sacaba un preservativo de su sus pantalones bajados.

    En un alarde de frivolidad que ni ella misma se conocía, Pamela dijo:

    — Veo que vas preparado.

    — Sí, suelo tirarme a mucha tía y no sabes nunca que guarra te va tocar — dijo al mismo tiempo que se ponía el condón a una mano, con estilo y soltura.

    Pamela quería guardar las apariencias y aparco en un aislado lugar de una calle solitaria. Vanesa se reincorporo, se subió el vestido y aparto el tanga. Apuntalo el glande a su coño y se dejó caer sobre él, se movió en círculos y empezó un boteo de arriba abajo. Pamela podía ver como la polla entraba y salía del coño de Vanesa, la viscosidad del tronco de la polla delataba que Vanesa mojaba de lo lindo. Lo disfrutaba. Empezaron los chof, chof, chof sonoros de la jodienda, el joven le cacheteaba las nalgotas grandes y fuertes a Vanesa, las estrujaba, cipoteaba para arriba, jadeaban.

    — ¡Flípala, so puta! ¡Eres una puta guarra! ¡oh, oh, oh! ¡Qué manera de cabalgar! ¡oh, oh, oh!

    — ¡Me voy…! ¡me voy a…! ¡Me Vengo! —dijo Vanesa.

    Bufidos, estertores, respiración jadeante. Pamela no pudo evitar dedearse su coño ante tal exhibición, no se conocía a si misma, nunca había visto tal exhibición de descaro, ella que solo había follado con su marido. Eran sensaciones potentes.

    Vanesa en los últimos boteos se la clavaba toda, los chof, chof, chof sonoros cogieron más fuerza. Bramaban los dos, jadeaban en el orgasmo. Quedaron quietos los dos, en un largo bufido. Pamela también saco su dedo mojado.

    — Faltan 10 minutos, llévame a casa ya — dijo él en tono apresurado.

    Pamela puso el coche en marcha y condujo mientras ellos dos se recomponían la ropa. El stripper pidió pañuelos y Pamela de su guantera saco los Kleenex. Pamela pudo observar cómo se quitaba el preservativo, en su punta había abundante semen, se limpió la polla con los pañuelos. Vanesa también cogió unos cuantos y se limpiaba el coño de forma vertical. Llegamos. El joven bajo del coche, Vanesa dijo:

    — He disfrutado mucho, no me das un beso de despedida.

    — ¡No! No quiero que mi novia note en mi aliento que he estado con una puta — dijo dando un portazo en las narices de Vanesa.

    Para Pamela fue una experiencia fuerte, a la mañana siguiente y con su marido y sus hijos de viaje de negocios (la muestra de camiones Volvo turbo alimentados para reciclaje) en otra ciudad hizo que fuera a hacer la compra. Miró la parte trasera del coche y vio el preservativo y los pañuelos usados sobre el asiento trasero, se le había olvidado, tampoco en ese momento pensó en ello. El preservativo no habiéndolo anudado dejo semen sobre el asiento. También eran evidentes las manchas de flujo de Vanesa.

    Vanesa no acudió al gimnasio en los días siguientes, le informaron que se mudaba a otra ciudad, tuvo la deferencia de venir a despedirse de la gente del gimnasio, vino acompañada de su marido, un hombre trajeado, con bigote canoso. Dijo que había sido un placer el “habernos conocido a todos los que nos gusta el Gym” remarco el gym en tono engolado. Pero habían ascendido a su marido y iba a ocupar un cargo relevante en otro hospital, recalcó que se lo merecía mirando a los ojos de perro asustado de su marido y él, por su parte en un alarde de sinceridad dijo la frase hecha manida y redundante “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”.

    Matambo Sarengo Sistoteles era negro como el carbón, de complexión atlética y una envergadura que rozaba los dos metros, llegó sin trabajo hacía tres años, venía de otro continente, su única baza es que hablaba el mismo idioma. Busco trabajo, hizo de barrendero, friegaplatos hasta que llego al local “Stripper mans” para cubrir la plaza de limpiador de sala y vasos sucios. Allí donde la gerencia se dio cuenta del potencial de Matambo, al poco tiempo de estar allí la dirección le pidió una prueba de físico y tonelaje de cipote. A primera vista se dieron cuenta de que a pesar de sus 30 años era un material aprovechable, oro a pulir.

    Sus 25 centímetros de pene impresionaron; era feo pero parecía guapo, esa faz salvaje podía tener pegada entre el público femenino. Fue adiestrado, y sí, ahora era el stripper por excelencia del local. En esos dos años había triunfado con sus maneras, gestos y provocaciones. Se había follado todo lo habido y por haber, demostrando un gran poderío y voracidad sexual sin límites. Según expertas folladoras era elegante cuando las follaba, dominaba con soltura la misma posición de bombeo; cuando hacía falta era sensual, pero — según una experta — no había que olvidar que era un cazador de hembras nato.

    Un mes después Pamela volvió a entrar en el local que nunca hubiera imaginado que volviera a entrar, esta vez iba sola, desubicada y algo desorientada llamo la atención a Matambo, el cual hizo una pequeña observación a uno de sus pupilos, el joven Cresta:

    — ¿Esa tía yo no la vi hace una temporada, justamente cuando era mi día libre y vine a supervisar la vestimenta del show?

    — Sí, de hecho me acompaño a mi casa junto con otra madura, una rubia de bote achaparrada.

    — ¿Y?

    — Me zumbé a la otra a escape en el coche que ella conducía. Tía con ganas, no decidida, pero bien que se hizo dedo en el coño mientras me agenciaba a su amiga — dijo en tono triunfante el Cresta.

    — Me mola, es maciza y parece insegura como dices, fijo que es yegua apareada que aprovecha para salir sin su mamífero conyugal.

    — Sí, se nota que eres experto, hoy podrás aprovechar, tampoco hay mucha concurrencia en el show.

    — Por cierto, qué tal tu novia.

    — Lo lleva bien, está de 8 meses, al caer, vamos — dijo en tono orgulloso.

    — La familia es lo más importante, te lo digo yo que no la he tenido — dijo en tono paterno Matambo.

    El show empezó, se trataba de Mazambo y el Cresta, bailaron, fueron despojándose de la ropa; Pamela era todo ojos hacía el Cresta, la que se había ligado su amiga. Pero al ver el paso largo, la pisada fuerte de Mutambo quedó impresionada. Mozambo quedo en tanga de piel de leopardo, su piel negra brillaba en la sala, hizo movimientos contorsionadores, la poca concurrencia de la sala aplaudió. El cresta fue el primero en quitarse el slip, menear su polla y ponerla delante de la concurrencia. Pamela lo miraba de lado, se puso delante de ella con su pene semiflacido. Pamela en tono dubitativo pregunto:

    — ¿Te acompaño también hoy?

    — No estoy operativo nena, pero sigo sin coche, se agradece, espera al final si es tu gusto— contesto en tono chulesco.

    Mozambo tenía el segundo turno de pasada delante de ellas, al estar delante de Pamela se quitó el tanga, quedo colgando semiflacida la descomunal polla y empezó a hacer el ventilador con su polla, incluso se podía notar el aire que desprendía de sus volteos en forma de aspa. Pasó a las otras, al llegar al final ya estaba en empalme generoso, volvió a ponerse delante de Pamela, el glande desafiante. No se lo pensó, Pamela lo engullo unos centímetros. La sala era un clamor aún con la poca concurrencia. Termino el espectáculo, el Cresta acompañado de Mozambo y ya vestidos en tono informal — pantalones vaqueros y camisetas veraniegas, la de Mozambo era de una marca de preservativos reconocida — y duchados se presentaron delante de ella.

    — Eres muy simpática al querer acompañarme, ¿me dejarías conducir tu Volvo V60 2018 D4 190CV Automático Momentum? y de paso dejamos a Mazambo, ya que vivimos en el mismo edificio?

    — Faltaría más — dijo Pamela en tono distraído y dubitante.

    El Cresta se puso al volante, Mazambo en el asiento trasero con Pamela, que ya le rodeo el cuello con su brazo, Pamela pudo oler esa transpiración del cuerpo de Mazambo. Pamela llevaba un vestido negro discreto el cual le fue subido hasta dejar a la vista su tanga negro, llevaba medias negras hasta las rodillas. Mozambo le aparto el tanga y asomo una raja depilada. Mozambo la miró a los ojos y dijo:

    — ¿Quieres probar un rabo de verdad?

    — No… no… no… no sé… — balbuceó Pamela

    Mozambo se bajó los vaqueros, una gran polla negra salió propulsada firme y tensada hacía arriba, Mozambo le agachó la cabeza y Pamela intento tragar el sable ofrecido, pero no podía acapararlo si no hasta la mitad, también era una polla de gran grosor, por lo que sus mandíbulas debían hacer un gran esfuerzo. Motambo le atenazo el cuello y lo presiono hasta que Pamela noto su faringe obstruida, le faltaba el aliento, empezó a respirar por la nariz de forma sonora hasta que le salió mucosidad. Mozambo la soltó, ella cogió aliento pesadamente. La tenía delante, ese glande negro, el tronco interminable hasta donde empezaban unos grandes testículos colgantes. Aún con la respiración jadeante Mozambo le comió la boca, su lengua era roja y salivaba. Mozambo no cabía apenas en la parte trasera.

    Llegaron al bloque de pisos, una mujer rubia con una barriga prominente estaba asomada al balcón. Motambo se subió los pantalones y dijo:

    — No hay nada como llegar a casa y que te esperen. ¿Supongo que vienes a tomarte algo arriba, o no, nena? ¿acaso tu marido te echara de menos…?

    — No… no… sé… es… qué… bueno… — dijo Pamela.

    Ya que Pamela en un arrebato de valentía había ido con ellos y nunca se hubiera imaginado ni ella misma ese arranque desinhibición se dijo a ella misma, por qué no.

    Entraron en el edificio, entraron en el ascensor, Pamela estaba sudorosa, los nervios a flor de piel, Mozambo la escrutaba con la mirada, lo más destacable era el blanco de sus ojos en contraste con toda la piel negra. Pamela apenas le llegaba a la barbilla, podía ver la camiseta azul desmangada con las letras de publicidad de preservativos “Durex Love Sex”.

    — Si los compras al por mayor vienen regalos — dijo Mozambo al verla con la mirada fija en la letras.

    — Es la mejor marca, yo he usado otras marcas, pero la que te sientes más seguro es esa — dijo en tono profesional el Cresta.

    El ascensor se paró en el tercer piso, allí ya esperaba la chica del balcón con un raído pijama, sus brazos descansaban sobre la barriga. Mozambo la saludo y el Cresta la beso efusivamente, mientras la puerta del ascensor se cerraba pudo oír a la chica:

    — Otra madurona desesperada, tu compañero nunca se cansa.

    Entraron en el apartamento, después de un pequeño recibidor había un gran salón con un sofá cama ya predispuesto, las luces eran tenues y de colores, el rojo, verde, amarillo y una pequeña bola en el techo, como en las discotecas que hacía girar la luz en todas las direcciones, como si se moviera. En las paredes destacaban los cuadros étnicos y esculturas de madera así como amuletos.

    Le dijo que se pusiera cómoda, que iba a ducharse. Pamela se sentó en un butacón de topos, pudo ver como al lado del sofá cama había una caja de condones, un bote de gel vaginal y otro de vaselina.

    Mozambo salió con poderío, se secaba con una toalla, iba completamente desnudo, imponía; su pene era una autentica exhibición de masculinidad, erecta, apuntando hacia arriba. Mozambo la miró a los ojos y volvió a hacer el ventilador con su polla delante de ella, la movía como las aspas de un helicóptero, sus testículos bamboleaban. Se acercó a la cara de Pamela y le dio pequeños toques como si de un pequeño látigo se tratara. Con soberbia dijo:

    — Desnúdate, siempre me gusta ver el género que voy a usar en toda su extensión.

    Pamela se desnudó, quedo frente a él sin saber qué hacer. Mozambo la escrutaba.

    — Eres fuerte y robusta, tus pechos aun algo caídos son circulares, mujer con curvas, si señor.

    Le paso la mano por el coño mientras la morreaba de pie, paso a dos dedos, ella empezó a gemir, la tiró encima del sofá cama y la abrió, empezó a lamerle el coño, culo, la levanto las piernas arriba del todo, iba combinando los agujeros. Cogió un condón se lo calzó a una mano y de una embestida le dejo media polla dentro. Pamela estertoreaba en esa primera envestida, fue una señal de autoridad ese ataque frontal.

    — Tu coño chorrea, se nota que estás deseosa de rabo.

    — ¡Sí! más, más, quiero másss!

    Empezó a bombearla, adentro, afuera, en circular, de tacada lenta, paso a tacada rápida. Pamela estaba en trance, su coño chapoteaba, tuvo un squirting y después se vino en un orgasmo epiléptico acompañado de una respiración sonora:

    — Ohhh

    Mozambo se desenfundó el preservativo y le puso la polla en la boca, deslefó dentro. Trago, los glup, glup, glup, la delataban; como remate final Mozambo aguanto la media corrida que le quedaba y se la echo en la cara, después con su glande se la restregó quedando una masa uniforme.

    Pamela pidió ducharse, no podía ni abrir los ojos, en su garganta notaba la espesura del esperma. Con deferencia Mozambo le dijo:

    — Después que yo me haya duchado puedes hacerlo tú.

    Así se hizo, Mozambo salió de la ducha con el pene semiflacido y entró ella, le dio la toalla que él se había secado diciendo:

    — No hay porque usar más toallas si esta está limpia.

    Se ducho, el baño olía a masculinidad, se quitó los restos de maquillaje con unas toallitas, al tirarlas al cubito pudo ver que estaba lleno de preservativos usados. Se sentía más mujer por lo que había hecho, regenerada, como si tuviera una dimensión más, incluso después de duchada con ese gel para piel y cabello con el 30% más en el envase. Entró Mozambo, levantó la tapa del inodoro y echo una meada generosa, salpico algo la contratapa y volvió a tapar y tirar de la cadena.

    Al salir del baño encontró a Mozambo mirando dibujos animados pornográficos, le dijo que se sentara a su lado dándole una lata de cerveza. Allí en el sofá quedo adormilada y cuando se dio cuenta había pasado una hora. Mozambo se la miro y dijo:

    — Te has quedado dormida… quería darte la despedida.

    — Si, he gozado como nunca, tendré que irme.

    — No quieres más tema, entonces…

    — Si, bueno…

    — Me he dado cuenta de que no tienes el culo hecho — dijo Mozambo mientras le metía un dedo en su zona anal y la morreaba.

    — Lo tuyo es demasiado grande para…

    — Con algo hay que empezar, y que mejor que calidad — dijo, mientras le metía otro dedo.

    Pamela estaba algo molesta, pero le gustaba, eran nuevas sensaciones.

    Mozambo volvía a mostrar un poderoso empalme, las venas del tronco se veían fibradas, ella capto el mensaje. Se puso en mamada. Mozambo al mismo tiempo adapto la posición para dedearle el culo, al mismo tiempo le metía vaselina en cantidades generosas, ella se quejaba algo pero era receptiva. Tras cinco minutos de mamada Mozambo dijo:

    — Es hora de profanarte, los dedos veo que ya no te molestan, pero quiero hacerlo bien y se sentó en el butacón con las piernas abiertas, mostrando el pene erecto y los huevos colgantes.

    — No entiendo — dijo Pamela.

    — Ve combinando polla, huevos, culo — dijo Mozambo agarrándose los testículos.

    — Polla, testículos, pe… pero…

    — ¿No has comido nunca culo? Pues ahora lo aras, comerás culo de negrata y después intentaré encularte — dijo tajante.

    Ruborizada, temerosa, pero al mismo tiempo excitada empezó a mamarle el glande, paso al tronco, chupo los huevos, eran tensionados, el le empujaba la cabeza, gozaba, todo era negrura a la vista de Pamela. Levantó más las caderas, era señal inequívoca que pedía que le comiera el culo, empezó lameteándolo por los lados, después de arriba a abajo. Mozambo le presiono la nuca y le metió toda su cara en su zona anal y dijo:

    — Mete lengua a tope, como si follaras con la lengua un culo.

    Así lo hizo, con ganas, podía oler el aroma de ese culo negro, parecía una cueva. Mozambo se reincorporo y en una maniobra de elegancia suprema felina la coloco a ella en posición de a cuatro, cogió vaselina, se untó su polla de ella y alineo su glande al agujero anal de ella, abriéndolo de par en par con sus manos.

    — ¿No usas condón? — Exclamo ella.

    — En profanaciones me gusta hacerlo a pelo.

    Sin más preámbulos entro el glande, empujo, entro unos centímetros, ella se sentía dolorida, se quejaba. La saco, volvió a intentarlo, glande y unos cinco centímetros.

    — ¡¡Uff, ufff!! ¡No! ¡¡Me duele!!

    — Déjate llevar, no estés tan tensa, estás muy cerrada.

    Volvió a envaselinar y otro intento, esta vez el glande unos diez centímetros de profundidad. Pamela hecho un alarido.

    — ¡No! ¡No! Duele…

    Se volvió a reincorporar, más vaselina, abrió con sus manazas las nalgas y hizo otro intento. Glande y esta vez entraron más centímetros. Otro gutural berrido.

    — ¡¡Uff!! ¡¡No!! no más…

    — Tendrás que apechugar con ello, ya me he cansado — dijo en tono encolerizado y ansioso.

    Volvió a reincorporarse, abrió nalgas con las manos, una vez dentro unos centímetros la cogió del pelo de manera que ella tuvo que arquear la espalda.

    — ¡Va a full! Apechuga con ello, aguanta como puedas hijaputa.

    Tras estás tajantes palabra la empotró a fondo de una tacada sonora, sus huevos rebotaron en el culo de ella. Gritos, sollozos… Mozambo cogió su tanga de topos que usaba en el local stripper y lo metió en la boca de Pamela. Bombeó a rabiar, su cara era pura furia, le pistoneó el culo estrecho como pudo y tras unos bramidos leoninos eyaculo en el culo de ella. Pamela quedo tumbada, era un ser sin peso, el culo le escocia, notaba el sabor del tanga de Mozambo. Le habían estrenado el culo de manera salvaje.

    Tardo media hora en reaccionar, estaba amaneciendo. Tenía que irse, había quedado con un operario por encargo de su marido esa misma mañana. Se vistió, Mozambo estaba recién duchado y la miraba sentado con su polla flácida. No encontraba su tanga, entonces Mozambo le tiro el suyo y le dijo:

    — Me gusta quedármelos de trofeo, te lo intercambio por el mío. Cuando salgas cierra la puerta y hazme el favor de tirar esa bolsa, no tendré que bajar yo — dijo Mozambo.

    Pamela salió con la bolsa, se dio cuenta que eran los preservativos usados del baño, se sentía sucia, pero una nueva mujer; apenas podía caminar, bajo por el ascensor. Abajo en el recibidor del edificio había un viejo portero y la novia embarazada del amigo de Mozambo. Algo avergonzada intento pasar desapercibida, no pudo evitar el oír “Otra puta más”.

    Habían pasado cinco años y Pamelita había cumplido 18 años, en un cajón encontró una pequeña tarjeta de visita “Stripermans local” le llamo la atención y no sabía de donde podía haber salido dicha tarjeta. Sin más preámbulos un sábado por la noche la mostró a su amiga y le pregunto si se pasaban a tomar una copa. Pamelita ejercía la contabilidad de la empresa de su padre y su hermano dos años mayor que ella ya era supervisor de camiones de recogida de basura ecológica. Y el fin de semana fueron a ver el show de stripers mans con otra amiga. Se repitió la historia, pero esta vez eran tumbadas y eran gozadas dos jóvenes de diferentes generaciones por los mismos personajes. Tras su visita al local fueron invitadas al apartamento de un tal Matambo Sarengo Sistoteles y su amigo el Cresta, las dos fueron tumbadas y gozadas a partes iguales como se ha dicho. Pamelita fue pistoneada a coño abierto y sin funda, a pelo; en cambio su amiga Elena fue gozada a condón. Resultado: Pamelita al cabo de un mes se dio cuenta de la falta de periodo, es decir, estaba preñada. Matambo Sarengo Sistoteles asumió su paternidad y fue presentado a sus suegros. El día de la presentación doña Pamela Sonsoles Espionsa caía desmayada. Tuvo que ser ingresada de urgencias. Al despertar fue visitada por su hija y su futuro yerno de raza negra. Su hija fue a buscarle una botella de agua ya que su padre y hermano estaban en una convención de empresas sobre la recogida de la basura orgánica de camiones adaptados. Matambo Sarengo Sistoteles al quedar a solas con ella le dijo:

    — Tu hija también come culo, aparte de haberla preñado, también le he estrenado el culo. Ya solo me falta marcaros a fuego mi nombre «Matambo Sarengo Sistoteles».

     

  • Mi hija y yo somos yo y mi hija (3)

    Mi hija y yo somos yo y mi hija (3)

    Esa mañana no pasó nada más, excepto que practicamos la felación, que me explicó con detalle, ya que se ve que conocía la técnica y los puntos que había que tocar, otra vez la penetración, lo que papá llamaba el perrito, que era ponerse a cuatro patas, en fin, que dimos otro repaso que nos dejó cansados.

    Disimulamos, saliendo y volviendo a llegar a casa a la tarde, y después de cenar papá se fue a bañar con mamá, como de costumbre, pero de la de antes, es decir, mamá pensaba que se estaba bañando conmigo, y no con papá. Yo me fui a descansar algo, que estaba agotada de tanto jaleo. La verdad es que seguíamos sin haber llegado a una solución o un comienzo de algún atisbo de principio de idea. El caso no aparecía en Internet más que en películas, o en webs, pero no eran nada serias.

    Me quedé dormida nada más poner la cabeza en la almohada.

    ***

    Fui al baño con mi querida esposa, que pensaba que yo era su hija. Bueno, nada parecía reseñable. Yo me quedaba pensando en la manera de solventar aquello, pero nada se me ocurría. Al ir echándome el jabón Yuko me quedé pensando en lo bien que estaba, lo guapa que me resultaba siempre, y que ahora no podía usar este cuerpo. Cuando me tocó el turno de echarle el jabón y la estaba frotando, con la excusa de quejarme de que yo no tenía pechos tan grandes como los suyos, empecé a tocarle los pezones, extendiendo el jabón, tan espumoso y resbaladizo, por sus tetas, y dejaba los dedos más tiempo del necesario para aclarar el agua. Así, un par de veces.

    Noté que me miraba rara, y luego se distendía, porque le agradaba. Volví a la carga, sujetando sus pechos desde abajo, y no se te bajan, mamá, qué bien, y qué pezones más grandes, y así. Luego bajé a la entrepierna, y me dediqué a limpiarle bien sus partes, como ella decía púdicamente, metiendo también los dedos, que sabía que le gustaba. Ella respiraba más enérgicamente con mis toques, mientras yo la exploraba. Disimulaba diciendo que la limpieza estaba muy bien y que después del día de trabajo necesitaba el relax del baño. Acabamos el baño en la bañera con el agua calentita, satisfecha ella y excitado yo por lo que suponía esperaba más tarde en el dormitorio.

    ***

    Suponía que mamá vendría relajada del baño, y que me dejaría dormir tranquilamente, pero no podía estar más equivocada. No sé qué había pasado en el baño, pero el jabón algo debía tener, ya que nada más llegar a la cama, fresquera, mamá me empezó a hacer arrumacos, se metió debajo de las sábanas, me hizo dar un respingo cuando me agarró el pene y empezó a chupar. Qué bien lo hacía, papá sabía dónde ir, y se esforzaba, pero mamá disfrutaba a la vez que me hacía gozar a mi. Empezó suavemente, sujetando el glande, y lamiendo y ensalivando todo, para luego irme chupando los testículos, que se metió en la boca (de uno en uno) y después meterse todo el pene en la boca, y chupar, acariciar, lamer…

    A pesar de mis esfuerzos, nada pude hacer, y estaba agradecida de aquella experiencia tan grata. Papá se asomó entonces por la puerta. Yo le hice gestos de que se fuera, pero entró silenciosamente y, vocalizando sin sonido, dijo: indicaciones. Pero cómo me iba a dar indicaciones con mamá allí. Como mamá estaba bajo las sábanas, llegó al lado de la cama y me dijo al oído: tápala con la almohada.

    Me quedé perpleja, pero cuando mamá salió y me empezaba a besar, a lo que tuve que responder, le dije que se pusiera abajo y se tapara con la almohada, que con el poco aire iba a tener una sensación extraordinaria. No sé de dónde sacó papá aquello, pero se lo creyó mamá.

    Mamá estaba acostada boca arriba, con sus pechos hermosos y pezones en punta, y dispuesta a no sé qué. Papá fue a su vulva y empezó a lamer, indicándome que siguiera. Yo así lo hice. Usé las lecciones de por la mañana, y parece que con buenos resultados. Mamá gemía, bajo la almohada, algo en sordina, y parece que le gustaba. Le toqué los senos y apreté, según las órdenes que recibía, y luego, como tenía la erección no sé qué número del día, papá me dijo que al ataque.

    Pero primero metió él mi mano (la suya) en la vagina de mamá, y estuvo con ella un rato adentro, cosa que a mamá le hizo gritar con una voz profunda, irreconocible, y que expresaba una pasión tremenda. Yo, a pesar de todo, estaba erecta, y me tocó el turno de entrar en mamá, que me sujetó fuertemente; yo le quité la almohada, no le fuera a pasar nada, y nos besamos mucho tiempo, mientras yo estaba dentro de ella. Empecé a moverme y mamá también, agarrándome fuertemente. Era muy agradable estar así dentro de ella, y ella me decía lo mismo, qué rico lo dentro que llegas, más, así, sigue más, muévete, me decía. Yo no paraba y le hacía caso en todo lo que me decía. Así nos corrimos y acabamos reposando.

    Descansábamos mucho por todo el esfuerzo que hacíamos. Yo me preguntaba cómo iba a ser esto luego: ¿todas las noches? ¿De vez en cuando? Por ahora esto estaba bien, y me había gustado mucho, pero no estaría mal volver a ser yo.

    Mamá se quedó dormida, y yo me levanté. Papá estaba fuera, y hablamos un rato, sin solución para el problema. Mañana habría que improvisar algo, pero aquello no podía ser eterno.

    En fin, que nos fuimos a acostar.

    ***

    A la mañana siguiente, muy temprano —estaba amaneciendo—, me desperté y miré a mi alrededor. Todo seguía igual. Me rasqué la entrepierna y al segundo pase me di cuenta de una cosa: allí me sobraba algo. No, más bien, había vuelto a recuperar lo que me faltaba antes. De un salto fui al espejo, y sí, allí estaba yo, con mi pijama azul, mi polla en el cuerpo, y yo en el cuerpo. Corriendo fui a ver a Yuri. La desperté, me miró asombrada, se miró y nos echamos a reír. Nos abrazamos de la alegría, y ya veíamos que el mundo había vuelto a la normalidad para nosotros. Me quedé mirando a Yuri, y le dije:

    —Y de esto nadie sabrá nada nunca.

    —Claro que no, papá —y me besó. No un beso en la mejilla, no en las manos, no. Un beso en la boca, de lengua repasada, mientras me guiñaba un ojo.

    —Es temprano todavía, ¿no?

    Me lanzó las manos al pantalón, y me sacó la polla, a la que se lanzó —para celebrarlo, dijo— y me empezó a chupar. Al estar inclinada levantaba el culo, que yo destapé de su pantaloncito y empecé a acariciar y saborear con la mirada. Un poco más tarde recordábamos el perrito, hasta que salí de ella chorreando jugos de los dos. Desde entonces seguimos recordando aquel día celebrando nuestros juegos secretos.