Autor: admin

  • El trío de Sandra

    El trío de Sandra

    Sandra se había quedado sin trabajo, así que con las chicas, entre todas la ayudamos a buscar algún trabajo algo que pueda entrar dinero a su casa, pasaron algunas semanas hasta que Susana por intermedio de una amiga suya, encontró una familia adinerada que estaba buscando personal de limpieza; hablaron muy bien de Sandra dando muy buenas referencias, así que este matrimonio aceptó los servicios de ella, ya que estaban buscando alguien de confianza, y los comentarios fueron realmente positivos, fue tomada Sandra para trabajar como mucama en una casa de alto nivel.

    Sandra nos fue contando detalles de sus tareas diarias, nos pedía ayuda o algún comentario en alguna cosa que ella no sabía, así fueron pasando los días, el matrimonio independiente de ser gente de dinero y categoría, eran buenas personas de a poco fueron entrando en confianza y la convivencia era muy llevadera y cordial.

    Esto que les contaré, nos lo comentó Sandra, un día ella llegó como todos los días y fue hasta una habitación en la parte superior para cambiarse de ropa y ponerse el uniforme de trabajo. Sandra es una mujer de 35 años, pelo negro, tez blanca, buenos pechos, buena cola, estatura aproximada 1,69; la habitación donde se cambia esta al final del pasillo de la parte superior, y cuando iba llegando, le llamó la atención de un ruido, de repente la voz de la señora de la casa gimiendo y diciendo, “aaaahhh asiii asiiii mi amor aaahh ahhh que lindo me lo haces”, la puerta estaba entornada apenas cerrada, solo una pequeña rendija, ella trato de ver, y el matrimonio estaba cogiendo, la mujer boca abajo y el hombre arriba, cuando la mujer dio vuelta la cabeza, Sandra pasó ligero hasta su habitación, su entrepierna húmeda y con temor al mismo tiempo.

    Ese día ella se dedicó a limpiar, sin cruzar palabra alguna con el matrimonio, el hombre la saludo a Sandra con una sonrisa muy amablemente y se fue bien vestido, transcurrieron las horas, y en un momento la señora, dueña de la casa, comenzó a hablarle a Sandra de temas varios, hasta que le comento, “Nosotros somos un matrimonio abierto, sé que nos miraste hoy a la mañana mientras teníamos sexo, eso no importa, fue culpa nuestra tal vez en no cerrar la puerta y tener nuestra intimidad, pero realmente no hay problema, con Carlos mi marido te queremos hacer una propuesta, tenemos ganas de hacer un trío, y pensamos en ti, ya que eres una hermosa mujer y además nos caes muy agradable tienes buen cuerpo, tanto Carlos como hombre y a mí como mujer nos gustas”.

    Sandra quedo perpleja ante semejante confesión, y una idea que le atormentaba era si decía que no, ¿perdería su trabajo?, lo que decidió decirle a Vilma la dueña de la casa, “¿me lo dejaría pensar?”, a lo que Vilma le respondió “si por supuesto, sé que es algo que deberías tomar tu tiempo y evaluarlo, y agregó, no temas por el trabajo ya que esto es un gusto personal nuestro y nada tiene que ver el trabajo de la casa con eso, lo quiero aclarar ya que me imagino debe ser una duda que puedes llegar a tener, tomate tu tiempo y me respondes, no te preocupes”.

    Los días pasaron, Sandra nos comentó a todas la propuesta, como amigas no sabíamos que decirle, mucho es personal, y además habían diferentes puntos de vista, en lo personal le dije a Sandra, “con probar no se pierde nada, dale para adelante, piensa que una propuesta de este tipo no se lo dicen a cualquiera”; con mucho nervio Sandra me comento que le pensaba decir que si a Vilma sobre la propuesta y que nos contaría con lujo de detalles como es y cómo le fue al momento de concretarla.

    A los pocos días de comentarnos Sandra hablo con Vilma del tema y le respondió afirmativamente de la propuesta, con lo que Vilma se alegró profundamente, y le comenzó a indicarle detalles de cómo sería el encuentro, algo que le llamo la atención a Sandra fue del tamaño del miembro de Carlos, 23×6, Sandra nunca había experimentado del sexo con semejante tamaño de miembro. Al día siguiente sería el encuentro del trío, Sandra no durmió bien en la noche, la invadió los nervios, se arregló y trato de pensar en detalles personales, se ducho, se depilo, se preparó un conjunto de ropa interior sexy de color negro, se vistió con una falda corta y una blusa haciendo juego, y salió para la casa de Vilma y Carlos como todos los días pero ese día sería un día diferente.

    Sandra llego a la casa, abrió y cerró la puerta con llave como le habían indicado dejo su cartera en la planta baja, y subió a la habitación del matrimonio en la parte superior, la puerta estaba cerrada, y abrió, en cuanto abrió la recibió Vilma con un baby doll y una diminuta tanga, sus tetas se dejaban ver en la tela transparente, Vilma la tomo de la mano y la hizo pasar a su dormitorio, dándole un beso en la mejilla y un beso en la boca, que Sandra correspondió ambas lenguas se cruzaron, Vilma le fue desabrochando y quitando la blusa, y quitando le la pollera, que hermosas tetas tienes Sandra, me gustan, con lo que Sandra correspondió desabrochándose el brasier, y Vilma comenzó a acariciarlas y a besarlas, haciendo que la respiración de Sandra sea agitada, en eso se abre la puerta del baño interno, y sale Carlos totalmente desnudo, dejando al descubierto su semejante miembro a la vista de ambas, Sandra sintió que se humedecía su entrepierna más de lo que ya lo estaba, Vilma se deshizo de su baby doll, y ambas mujeres comenzaron a besarse más acaloradamente sus manos se tocaban y recorrían sus cuerpos, ambas casi al mismo tiempo, se quitaron la diminuta tanga que llevaban, en ese instante Carlos llego por detrás de Sandra apoyándole todo el miembro, y comenzó a besarle el cuello, Vilma se acostó de espaldas en la cama, abrió sus piernas y Sandra comenzó a besarle y chuparle su vagina levantando la cola, a la vista de Carlos, el comenzó a satisfacer la vagina de Sandra y tomando su miembro, le apoyo el glande y lo fue introduciendo, haciéndole dar un respingo a Sandra y dar un grito de dolor y placer, su movimiento fue suave y de a poco el miembro fue entrando por completo en el interior de Sandra, jadeando y gritando y al mismo tiempo chupando la concha de Vilma; así estuvieron largo rato hasta que Carlos dijo “estoy por venirme”, Sandra se apartó de Vilma, se arrodillo y comenzó a mamarle la pija a Carlos, ahogándose por el tamaño de su miembro, besando y chupando, pajeandolo hasta que Carlos se vino dentro de su boca y en parte de la cara.

    Ahora le tocaba gozar a Vilma, se colocó en cuatro patas en la cama, con sus manos separando los cachetes de su culo, y Carlos apoyando su miembro en el ano, este ya estaba acostumbrado a su tamaño, lo fue introduciendo, haciendo gritar a Vilma y pidiéndole “métemelo todo así como tú sabes aaaahhhh aaaahhhh”, Carlos se la metió toda adentro y comenzó a moverse salvajemente, a todo esto Sandra era mera espectadora que ya había tragado toda la leche del oral que había hecho, y se estaba calentando nuevamente del sexo salvaje que tenía el matrimonio, cuando ya no pudo más, se arrodillo del otro lado de la cama, beso en la boca a Vilma, le pellizco las tetas, y dijo “Carlos ven hazme la cola como a Vilma, no doy más, méteme toda la pija dentro quiero sentirla”, Carlos se separó de Vilma y fue detrás de Sandra, con más cuidado le fue rompiendo el culo, mientras ambas mujeres se besaban.

    El día del trío termino entre ambos de buena manera, al día siguiente todo volvió a ser normal como cuando habían pactado el trabajo de limpieza en la casa del matrimonio Vilma y Carlos, eso sí, cada tanto una vez al mes volvían a tener el encuentro de trío sexual.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • Descubriendo a la puta detrás de la cornuda

    Descubriendo a la puta detrás de la cornuda

    Mi nombre es Pablo, soy vigilador privado y trabajo en la zona de Parque Patricios en un terreno que cuido por las noches.

    Para describirme diré que soy morocho de 32 años, me gusta ir al gimnasio aunque no me gusta el cuerpo demasiado marcado, salgo a correr y por eso tengo un buen estado aunque no soy una escultura. Estoy casado hace siete años, mi mujer me complace realmente en la cama es una perra pero la verdad es que siempre uno quiere más…

    En fin dejando de lado las presentaciones vamos a lo que ocurrió una noche estando solo en mi puesto, que es un tráiler bastante grande con una mesa, sillón, televisor y pocas pero necesarias comodidades. Los vigiladores solemos rápidamente acondicionar para pasar lo mejor posible la noche.

    Esa noche mientras veía televisión, escucho llorar una mujer afuera, en la calle. Como de madrugada la zona es bastante peligrosa, supuse que habían robado, por lo que abrí el portón y le hablé. La vi llorar desorientada, de nuevo, creí que era por estar en shok por un asalto. La hice pasar, le ofrecí agua y que se sentara. Le pregunté su nombre y dirección para saber si estaba lejos y para dar aviso a la policía. Así me enteré que se llamaba Clara, y vivía a unas cuantas cuadras… me sorprendió que me pidiese que no llame a la policía, que estaba bien, decía que no podía creer lo que estaba haciendo esa noche. Poco a poco se fue calmando y empezó a hablar…

    Esa noche había seguido a su marido, y lo vio entrar en el Telo (motel) que estaba a dos cuadras con una mina que no tenía idea quien era. Me hablaba de lo traicionada que se sentía, su frustración sexual, que ni entendía porque le ocurría eso, que ella siempre busca incentivar a su marido en la cama, pero que él no le permitía ni siquiera petearlo.

    Mientras ella hablaba y hablaba yo me di cuenta que Clara era una mujer que seguramente fue hermosa, pero la rutina o las decepciones le habían robado el brillo y sobre todo mientras hablaba notaba esa necesidad de ser deseada, no ser vista como la respetable esposa y madre sino como una hembra caliente…

    Al darme cuenta de eso me paré enfrente de ella, de repente interrumpió lo que estaba diciendo y me miro extrañada…

    —Puta…

    La palabra me salió… me sorprendí al haberme animado, fue como escuchar a alguien hablar por mi… con mi voz y sin filtro alguno…

    Ella reaccionó, como para increparme ofendida pero…

    —Puta te estoy hablando… me tenés que contestar cuando te hablo escuchaste?

    Ella me miro boquiabierta y asintió con la cabeza y tímidamente…

    —Si…

    —Si qué?

    —Si escuche…

    —Todo te tengo que decir? SI QUE?

    —Si… papi… —esa mujer mayor que yo se había rendido y estaba confundida pero ansiosa con lo que estaba por ocurrir.

    —Así me gusta mi putita… te quiero bien obediente y trolita…

    Le pedí que se desnude y lo hizo, se sentó en la mesa como le ordené y comenzó a masturbarse como se lo iba indicando… sus pechos, su conchita peluda, su cuerpo descuidado empezó a vibrar de placer… le pedía que se chupe los dedos, que lama sus pezones rosas y que se nalguee a si misma con fuerza… La verdad quería cogerla ahí nomás, pero no quería darle un espectador, alguien que se calentaba con ella que deseaba ese cuerpo. Ella era en ese momento una puta, no era esposa, no era madre, ni era Clara, era una puta alzada que se masturbaba para que yo me caliente.

    Me acerqué, bajé el cierre y dejé salir mi verga que estaba como una piedra… sus ojos se clavaron ahí. Estiró su mano y se la quité con la mía…

    —¿qué haces? Quien te dijo que pares de pajearte?

    —Papi, perdón tu puta quiere esa pija dale…

    —Pajeate… metete los dedos trola…

    —Si papi… pero me vas a dejar probarla?

    Yo le acerqué mi verga dura a dos centímetros  de su concha, ella en la mesa yo de pie, se tocaba y me miraba a los ojos, pidiendo, deseando… esperando…

    Por primera vez la toqué, no podía aguantar más, amasé esas tetas caídas con fuerza, esos pezones estaban a punto de explotar y yo los chupé con locura… ella acabó con un grito y un espasmo…

    Se bajó de la mesa, se arrodilló, abrió su boca, sacó la lengua y se quedó así a milímetros de mi pija mirándome como una trola… yo me alejé y me senté, ella gateado se acercó y tomo la misma posición… me miraba, pero no decía ni hacia nada…

    —Que querés putita?

    —Quiero tu pija papi…

    Asentí y automáticamente se la tragó… chupaba con entusiasmo, pero demasiado bruscamente… la situación era muy excitante aunque el pete en si no lo era tanto… (Me han hecho MUUUCHO mejores). Así siguió hasta que no pude aguantar tomé su cabeza y le hundí la verga bien en la garganta y largué toda esa leche que ella merecía, mientras sentía sus arcadas. Se terminó de tragar todo y la limpió toda.

    Pero después de eso y mientras iba cayendo en lo que había pasado se iba arrepintiendo y sintiéndose culpable… se cambió y se fue.

    Dos semanas después volvió más decidida, mas entregada y más puta que nunca! Pero esa es otra historia…

    Espero haya sido de su agrado. Espero comentarios. ¡Gracias!

    Pablo Robles

  • Mi prima Lupe

    Mi prima Lupe

    Les conté sobre Violeta, una ex tía que me devoré hace algunos años, pues bueno hoy les hablaré de su hija Lupe, es mi prima y tiene 19 años, nunca la había visto con morbo hasta apenas hace unas semanas que ocurrió algo inesperado y rico.

    Lupe es guapa, tiene las nalgas firmes y buena pierna, me recuerda mucho a su mama, ya que al igual que ella, mi primita es muy fácil.

    Mi familia salió a un paseo, por alguna razón extraña ella me llevo comida a mi casa, la verdad por más que trato de pensar porque fue ella no encuentro la respuesta, pero bueno, yo al principio me dedique a comer en lo que ella lavaba unos trastes de mi fregadero, la voltee a ver y me di cuenta lo mucho que maduro, traía una licra que dejaba ver su tanga y sus ricas nalgas, ella volteaba y me sonreía, yo comía pero no podía dejar de mirarle sus nalgas y es que, ya había tenido experiencias incestuosas pero ella es una de mis primas menores y la verdad me daba pena y me sentía mal de los pensamientos que invadían mi cabeza!

    Terminé de comer y ella se sentó frente a mí, sonriendo coquetamente comenzamos a charlar, en ese momento me di cuenta que nunca había intercambiado muchas palabras con ella, hablamos un rato de cómo le iba en la prepa ya que aún estaba en el sexto semestre, ¡pero yo no podía de dejarle de ver las tetas!

    ¡Ya todo cachondo decidí llevar esto a algo más perverso y malévolo!

    L: ¡Oye prima quieres una cervecita!

    Lu: ¡Hay primo, no sé, me da pena contigo

    L: ¿Pena? ¿Y eso por qué?

    Lu: Es que tú eres el mayor y yo te respeto, ¡además mi papa se molestaría un poco!

    L: No creo que mi tío se enoje, más porque estás conmigo, además Lety y los demás no están, ¡no hay problema!

    Lu: Ok, ¡pero solo una eh!

    Ambos tomamos una corona, la manera en cómo se metía la botella en la boca y como me miraba me decía que era una tremenda zorra lo cual me puso cachondisimo, paso el tiempo y una cerveza se convirtió ya en casi un cartón entero, ella puso música se puso a bailar, bailaba sensualmente y provocadoramente, ¡yo la tenía piradísima al ver como movía sus nalgas y me miraba incitándome a lago más!

    Lu: Que rico ambiente primo, ¡ven vamos a bailar!

    L: Bailas bien prima, ¡te mueves muy bien!

    Lu: ¡Ven primo baila pegadito conmigo!

    Ella me arrimo sus nalgas en mi pene duro, no fue tonta sintió como mis 21 cm estaban durísimos, así que ella comenzó mover sus nalgas en círculos sobre mí, uf, que rico sentía, ¡yo le acariciaba la cadera y los brazos!

    L: ¡Que rico te mueves Lupe!

    Lu: Uf, que traes ahí primo, ¿en serio así son?

    L: ¿Que nunca has visto uno?

    Lu: Solo en películas, ¡pero que rico se siente!

    L: ¿Has tenido sexo?

    Lu: ¡Primo!, que pregunta es esa!

    L: Solo curiosidad, es que te mueves muy rico, ¡para tener 19 años!

    Lu: Solo eh tenido fajes, todo por encimita, mi novio lo intento hace unos días, ¡pero termino pronto y ya no pudo levantarlo!

    L: ¡No lo culpo, estás tremenda!

    Lu: Y estoy ansiosa desde ese día, ¡pensé que dejaría mi virginidad aun lado jajá!

    L: Si gustas te puedo ayudar hermosa, ¡todo por la familia!

    Me miro anonadada, le tome la cintura y le di un tremendo bes, sus labios suaves y jóvenes ensalivaron riquísimo los míos, seguí besándola y la lleve al sofá, ahí caímos juntos, le comencé a besar su cuello mientras mis manos tocaban sus piernas, ella cerraba los ojos y lanzaba gemidos suaves, le besaba su cuello y mi verga acariciaba su vagina por encima de su ropa, ella comenzó a humedecerse, yo como todo un cazador la empecé a moldear a mi forma, me baje el pantalón y mi bóxer dejando mis 21 cm frente a ella!

    L: ¡Ven nena, chúpalo!

    Lu: ¡Dios mío, que grande!

    L: ¡Ven, mamarla rico Lupe!

    Lu: ¿Como, así?

    Empezó lamiendo mi tronco, su pequeña lengua daba geniales lamidas, ¡me acariciaba con su manita y me miraba confundida!

    L: ¡Si, así está bien nena, lo hace bien!

    Comenzó hacer lo mismo con la cabecita de mi pene, la lamia riquísimo, mi verga ase ponía dura y dura, abrió su boca y la introdujo lentamente, mientras sentía como su boquita apenas si podía abrirse, que rica mamada, ¡la tome de la cabeza ay la ayude a que entrara mejor!

    Lu: ¡Que rica verga tienes primo, me encanta su sabor!

    L: ¡Eres una experta mamando nena, uf!

    ¡Me la mamo un buen rato, después de darle de comer verga, me decidí a comerme su coño virgen, la desnude totalmente, dios mío, que rico cuerpo tiene, todo firme y sin estrías, blanquito y su coñito dios, un poco velludo pero cerradísimo, eso me volvió loco!

    La acosté en el sofá y comencé a besarle sus pies subiendo por sus piernas, me entretuve con sus entrepiernas hasta que pro fi llegué al plato fuerte, su rico coño, ella tembló al sentir cómo mi lengua rosaba sus labios vaginales

    ¡Levante sus piernas para verlo mejor, notaba como aun tenia himen, eso me prendió, le ensalivaba todo, no quería meterle toda mi lengua así que solo jugaba su clítoris, ella gemía y gemía, yo comía su juventud hermosa!

    Le provoqué su primer orgasmo, ella temblaba como loca, gritaba y se humedecía más y más, ¡entonces supe que ya momento de quitarle su virginidad!

    Sin condón, empecé a ponerle la cabeza de mi pene en la entrada de su gloria, ella cerraba los ojos, entonces yo empecé a empujársela suavemente, sentía como si estuviera rompiendo algo, ella gritaba y se mordía su brazo, sus gritos de dolor me ponían a mil, entonces le metía más y más, ¡hasta casi por completo!

    L: Que apretada, ¡eres una virgen rica prima!

    ¡Fue entonces que comencé mis movimientos, eran suaves, ella ya no gritaba de dolor si no de placer, levantando sus piernas mi verga entraba y salía ya más fácil, su humedad ayudo mucho, le mordía sus dedos de los pies y le apretaba sus tetas, me subí encima de ella, en la posición tradicional, le besaba su cuello y sus tetas, los gemidos de ella se escuchaban en toda la casa!

    Lu: ¡Así Luis, que rico, ah, dios, ah!

    L: Uf, Lupe, que rico, ¡uf!

    Lu: ¡Dios mío, ah! ¡Esto es la gloria, así que por eso todos se vuelven loco por el sexo, es lo máximo!

    ¡La puse encima de mí, cabalgaba riquísimo, yo le acariciaba sus nalgas en lo que ella, se dejaba caer sobre mí, le apretaba el cabello y la levantaba con mis movimientos!

    Lu: ¡Que rico, Luis, así no pares, dios mío!

    L: ¡Coges rico bebe, uf, uf, ahora eres mi perra!

    Lu: ¡Si, soy la perra de mi primo mayor, uf!

    ¡La puse en cuatro en el sofá, la embestí fuerte, ya a esas alturas mi verga entraba con facilidad, su coño ya era mío, le daba de nalgadas y le jalaba el cabello, me acercaba para poder acariciarle sus tetas y sus pezones!

    L: ¡Lupe, que rico, dios mío!

    Lu: Ah, que rico, ¡ah empújamela más uf!

    Me senté en el sofá y la cargué viéndome de frente, nos besábamos mientras ella movía su cadera y dejaba caerse sobre mi verga, nuestras lenguas entraban en las bocas de ambos, sus pezones eran mordidos fuerte, ella me arañaba la espalda, uf, ¡que rico era coger con esa joven!

    Lu: ¡Primo, siento que me vengo, uf!

    L: ¡Si nena, termina, mójame la verga!

    Lu: ¿Dios mío, que es esto?

    L: ¡Es la gloria bebe!

    Lu: Uf, que rico, que rico se siente, ¡dios!

    ¡Se chorreo toda sobre mí, yo seguía besándola pasionalmente, pero aun no terminaba, la volví a acostar en el sofá, le abrí las piernas y las puse en mis hombros, mis embestidas eran fuertes, ella todavía vibraba del orgasmo que había tenido, yo le besaba las tetas y seguía moviéndome!

    L: Sácame la leche prima, muévete, ¡muévete rico!

    Lu: Sácala primo, uf, ¡saca tu leche!

    L: ¡Zorra, sabía que eras así!

    Lu: ¿Por?

    L: ¡Instinto, jajá!

    Seguí ensartándola hasta que mis huevos comenzaron a hincharse, en ese momento le saque la verga y termine llenándola de leche en todo su cuerpo, me había ordeñado riquísimo ya que no paraba de salir, ese polvo fue riquísimo y duradero, para ser virgen cogió delicioso, ¡ella embarrada de mi semen se lamia los dedos y se lo embarraba en todo su cuerpo!

    Repose a lado de ella, mientras se vestía y al parecer ella arrepentida me decía que ya se tenía que ir, que su papa la estaba buscando, yo la deje ir dándole una tremenda nalgada y un beso y diciéndole “ahora eres mía”, ella me sonrió y se fue, ¡yo me quede recordando su rico cuerpo que ahora ya era mío!

  • Dos chicas muy sexys provocan al encargado

    Dos chicas muy sexys provocan al encargado

    Micaela y Paula eran amigas y compañeras del cole desde la época de primaria. Ahora cursaban el último año del secundario, el año escolar ya se terminaba y esa tarde primaveral invitaba a todo menos a estar en el cole. La situación más deseada (que alguna profe faltara a clases) se dio afortunadamente y la profe de Historia aviso que no vendría por lo que las chicas y chicos sin poder ocultar su alegría se retiraron del cole, casi a las apuradas.

    Cuando Micaela paso cerca de la señora Mercedes, la conserje del cole, sintió que la mujer le decía «A ver si se ponen menos maquillaje, chicas, que estamos en un colegio» a lo que la chica no contesto, solo movió su cabeza afirmativamente. Fuera del cole no pudo contener su furia y le dijo a su amiga «Te das cuenta que la vieja amargada de la conserje me diga algo sobre maquillarme? Ya somos grandes, tenemos 18 y esta mujer nos trata como a nenas de primaria» «No le hagas caso Mica, ya sabes cómo es, siempre tira mala onda» le contesto Paula. Micaela pensó que era lo mejor, no darle importancia, y además solo tenía puesto un poco de brillo en sus labios, ya que no era necesario.

    Ni para ella ni para su amiga, realzar con maquillaje sus naturalmente hermosos rostros. Las dos chicas eran muy populares por su belleza, muchos chicos trataban de citarlas, pero para ellas los muchachos de su misma edad eran insípidos y bastante tontos. Las dos eran rubias y su cabellera les llegaba a los hombros, Micaela era un poco más alta y atlética, era jugadora titular del equipo de básquet del cole mientras Paula era algo más baja, pero de cuerpo armónico, las dos tenían muy esbeltas piernas que lucían casi siempre en sus cortas polleras colegiales.

    Decidieron ir al shopping cercano, casi era el lugar obligado al que iban cuando salían más temprano, como en esta oportunidad. Llegaron y luego de ver unas cuantas tiendas y escaparates pasaron por donde estaba ubicada la heladería. Hacia bastante calor y Paula dijo «Vamos a tomar un helado Mica, acá los hacen ricos». No había casi gente, pidieron dos cucuruchos con helado y se sentaron en un banco afuera de la heladería.

    Haciendo angulo con el lugar donde estaban las chicas se encontraba, trepado a una escalera, el encargado de mantenimiento, el Sr Humberto, un hombre grande de fuerte contextura, cambiando uno de los spots lumínicos de un local contiguo a la heladería.

    Las chicas disfrutaban de sus helados y lamian sus cucuruchos hasta que Paula, divertida, empezó a pasar su lengua haciendo caras y simulando tener sexo oral abriendo y cerrando su boca mientras pasaba su lengua en forma sensual sobre el helado. Micaela pronto la imito y en pocos minutos las dos fingían estar teniendo sexo con sus helados como si fuesen penes, riéndose a cada rato de su ocurrencia.

    El encargado de mantenimiento reparo en lo que estaban haciendo las chicas y le resulto muy estimulante, las dos con sus polleras colegiales subidas hasta medio muslo simulando y riéndose mientras chupaban el helado en una parodia de sexo oral. Sintió que se le ponía duro su propio pene, dejo por un momento lo que hacía y saco su celular del bolsillo, tomando unas fotos sin que las chicas lo notaran. Volvió a hacer lo que estaba haciendo, tratando de no distraerse mirando a las dos colegialas pero cada tanto sus ojos volvían a mirarlas.

    Micaela fue la que noto que alguien las observaba y le dijo a su amiga «Pauli hay un viejo que nos está mirando, está arreglando algo allá en la otra esquina» lo que su amiga pudo comprobar al girarse porque en ese momento el hombre coincidió en dirigir su mirada hacia ellas, para de inmediato concentrase de nuevo en lo que hacía.

    «Mica, a ese viejo seguramente ya ni se le para, mira lo que le hago» y empezó a chupar sensualmente su helado mirando directamente hacia donde estaba el hombre, que en un momento volvió a mirar a las chicas para darse cuenta que una de ellas lo miraba directamente mientras chupaba su helado como si fuese un pene, cerrando sus ojos y sacando exageradamente su lengua

    Humberto, el encargado de mantenimiento, sintió que tenía una brutal erección mientras no podía dejar de ver a esa deliciosa rubiecita chupando su helado golosamente como si fuera una verga. Haciendo un esfuerzo volvió a concentrarse en lo que estaba haciendo.

    Paula, divertida, le dijo a su amiga «Mica, vamos a hacer que ese viejo pervertido se vuelva loco, nos sentamos las dos mirando hacia donde esta y nos tocamos abajo de la pollera». A Micaela la idea le pareció muy loca y le dijo a su amiga «Pero Pau, estas sacada, mira si pasa alguien y nos ve, estás loca»

    «Nadie nos va a ver, si no hay nadie, solo ese viejo verde, dale Mica yo cuento hasta tres, cerramos los ojos y empezamos, dale, vamos a darle una lección a ese viejo degenerado» Y empezó «Dale, cerramos los ojos, yo cuento… UNO…»

    Micaela ya no puso decir nada y cerrando los ojos espero a que su amiga terminara con la cuenta y al sentir «TRES, dale Mica» empezó a acariciarse un muslo llevando su mano lentamente hacia su entrepierna, levantando y retirando su pollera hasta llegar a su entrepierna y empezó a frotarse con los dedos sintiendo la humedad que se iba formando. Paso sus dedos por debajo de la bombacha y acaricio sus labios vaginales deslizando su dedo medio entre ellos, continuo acariciándose hasta que algo le pareció que estaba mal. Abrió los ojos y vio a su amiga, con una expresión divertida mirándola, ella no se había estado tocando por lo visto y la había engañado y la había dejado expuesta a que cualquiera que pasara viera lo que estaba haciendo. Sintió una gran bronca y vergüenza por haberse dejado engañar así por su amiga, se levantó del asiento sin siquiera mirar a su amiga y se dirigió al baño. Paula le dijo «Mica, no te enojes» mientras se reía «Dale Mica pareces una bebe, no seas boba, fue un chiste» Sin contestarle nada Micaela busco la entrada al baño para mujeres.

    Humberto, el encargado de mantenimiento, había visto a una de las chicas, la rubia más alta, tocarse entre las piernas y había disfrutado al punto que tenía una brutal erección, había logrado grabar en su celular a la colegiala tocándose y no podía esperar a ver las imágenes. Termino de instalar el spot, se bajó de la escalera y llevo sus materiales hacia la sala de mantenimiento, ubicada en un pasillo pasando los baños.

    Cuando Micaela salió del baño, todavía furiosa con su amiga, casi se topa de frente con el hombre de mantenimiento. Por un segundo quedo congelada en el lugar, sin saber qué hacer, pero el hombre reacciono en forma muy rápida. Humberto, todavía excitado por el show de la colegiala, se sorprendió cuando se dirigía a la sala de mantenimiento y se encontró de frente con la chica. Reacciono rápido y con una mano le tapó la boca mientras con la otra mano la aferro por un brazo y la arrastro prácticamente por el pasillo que iba a la sala de mantenimiento.

    El hombre era muy fuerte y a pesar que Micaela quiso rechazarlo la fue arrastrando por el pasillo hasta que llegaron a una puerta, el hombre la abrió y empujo a Micaela siempre tapándole con una mano la boca, hacia el interior. Del lugar. Apoyo a la chica contra la pared y le dijo con voz amenazante: «Mejor que te portes bien» y la miro de arriba abajo. Micaela pudo ver en esa mirada, desde el brillo de los ojos a la mueca de la boca para contener la saliva, toda la lujuria y el deseo que ese viejo horrible mostraba, y ella había participado en excitarlo y ahora quien sabe que iba a pasarle. Micaela sabía que no ayudaba en nada, mas bien al revés, su atuendo con ese uniforme escolar y su corta pollera a cuadros, por experiencia propia, sabía que elevaba el morbo de los hombres que consideraban a una colegiala como ella una presa muy deseada, y más un viejo pervertido como ese que nunca tendría alguien como ella-

    Con voz baja, casi susurrando Micaela dijo «Por favor, no me haga nada, solo estábamos jugando»

    El hombre, mientras la chica hablaba, se sentía deslumbrado por la belleza y lo buena que estaba y antes que terminara de hablar se zambullo sobre ella y empezó a besarla con fuerza en los labios, metiéndole la lengua en la boca y llevo sus manos a los pechos de la chica apretándolos y acariciándolos por sobre la blusa. Sintió la calidez de la boca de la chica y el aroma a frutilla, se enloqueció metiéndole mas adentro la lengua mientras sus manos apretaban los pechos de Micaela. La chica quiso defenderse, el aliento fétido que sintió cuando ese viejo la empezó a besar le revolvía el estómago, las manos sobre sus pechos quería sacárselas pero no podía, lo peor de todo fue sentir cuando el hombre apretándola con su cuerpo empezó a frotarse contra ella y sintió claramente su duro bulto rozar sus piernas y sus caderas…

    Moviendo enérgicamente su cabeza, Micaela pudo separe del beso del hombre pero este siguió pasándole la lengua por las mejillas y el cuello, enloquecido por el perfume fresco de la chica.

    El hombre estaba cada vez más excitado con la chica, la tomo de un brazo y la llevo sobre una mesa, la hizo girar y poner de frente a la misma y con una mano el obligo a descender sobre ella, de manera que la mitad de su cuerpo quedara sobre la mesa y su otra mitad parada. Micaela sintió terror, más cuando el hombre le subió la falda hasta la cintura y comenzó a acariciarle las piernas y los muslos subiendo hasta sus nalgas. Tomo de los costados la blanca bombachita de Micaela y el rasgo de un golpe, tirando sus pedazos al suelo.

    Apoyo una de sus manos en la espalda de Micaela y con la otra llevo su duro miembro hacia las nalgas de la chica, rozándose contra ellas, buscando su orificio anal y apoyando la cabeza de su pene en su orificio. La chica se revolvió asustada y aterrada dándose cuenta que la iba a violar analmente. El hombre empujo con fuerza y logro meter solo un poco de su verga en tan apretado orificio, se quedó quieto un segundo y luego tomando una descomunal fuerza embistió con furia su miembro logrando penetrarla y enseguida comenzó un enérgico mete y saca, cogiéndose con energía sintiendo con placer el apretado y cálido lugar donde tenía alojado su miembro, Micaela soltó un grito de dolor cuando fue penetrada y continuaba dando señales de dolor mientras era embestida con fuerza, sentía como si un enorme pistón la estuviera taladrando, una ardiente sensación que deseaba que terminara de una vez.

    El violador se sentía en el paraíso, nunca había experimentado un placer como el que estaba experimentando cogiéndose analmente una deliciosa colegiala, su verga se sentía comprimida y apretada en cada envión y estaba por llegar a un orgasmo, retiro su pene unos centímetros mientras decía acercándose a la oreja de la sufrida chica «Te gusta jugar eh nena, te gusta sentir una verga en tu culo» y arremetió de nuevo con fuerza llevando su miembro lo más adentro posible mientras sin poder aguantarse más empezaba a eyacular dentro del culo de la chica, no parecía terminar más y bañaba las paredes del intestino de la chica con su interminable leche.

    Por unos momentos, mientras su pene seguía rígido, siguió embistiendo el culo de Micaela, luego su miembro perdió rigidez y se fue separando de las nalgas de la chica. Micaela estaba todavía inclinada sobre la mesa, dolorida y avergonzada por la humillación que había sufrido, de sus nalgas todavía salían gotas de semen.

    Al cabo de un tiempo el hombre tomo de un brazo a Micaela, la acerco a la puerta y le dijo, mientras la chica trataba de recomponerse, bajándose la pollera y arreglándose la blusa «Mira en este celular te tengo grabada mientras te tocabas y me provocabas, así que espero que no se te ocurra decir nada».

    Micaela se retiró de ese lugar, le costaba caminar bien, como pudo llego hasta el sillón donde habían tomado un helado con su amiga. Se sentó y de inmediato sintió la conocida voz de su amiga Paula «Mica, donde estabas, te estuve buscando, seguís enojada Mica?».

    Micaela no contesto, su amiga volvió a decir «Espérame mientras voy al baño, Mica en serio, te pido perdón si todavía estas enojada» y se dio vuelta dirigiéndose al sanitario. Micaela la miro hasta el momento en que una figura que ella bien conocía, se apareció por detrás de Paula y tomándola de un brazo y tapándole la boca con la otra mano la arrastro, como antes la había arrastrado a ella, por el pasillo de la sala de mantenimiento.

    Lo último que vio Micaela de su amiga fue como era llevada contra su voluntad, entonces, dirigiéndose hacia la salida Micaela dijo, casi en un susurro «Esta bien Pauli, te perdono, estas perdonada»

  • En el conventillo

    En el conventillo

    Es muy dura la caída, muy dura, ni hablar para una mujer como yo, sola con dos hijos, Damián de 5 años y Marisa de 3.

    Nuestra vida era tranquila, feliz, Mario, mi ex marido tenía un buen trabajo, yo tenía un trabajo que daba para pagar nuestros gastos, usando lo de el para darnos algunos lujos y salir todos los años de vacaciones.

    Nunca sospeché nuestro último año de matrimonio que él podría tener otra mujer, o fui muy inocente o lo ocultó bien, pero no importa, después de 13 años de casados, un día que volví de acompañar a nuestros hijos de una fiestita y Mario diciendo que vayamos solos pues no se sentía bien, entre a nuestro departamento con los chicos, con dos globos en la mano, riéndonos, y al rato me di cuenta que mi marido se había llevado todas sus cosas y algunas más. Pensé que había ido a comprar algo, y estaba sentada en el comedor, como dije, soy muy inocente, demasiado, tardé un rato en darme cuenta que el equipo de música no estaba en el rincón, me levanté, fui al dormitorio y el placard que él usaba estaba vacío.

    Ahí vi la realidad, se había ido, nos abandonó.

    No dormí esa noche, oculté la ausencia de él diciéndole a los chicos que papá salió, los acosté, y me quedé esperando, que estúpida, nunca volvería.

    Al otro día por impulso fui al banco, la cuenta estaba en cero, se llevó todo, no le importó de nuestros hijos, hasta el día de hoy nunca más lo vi.

    Y se vino la hecatombe, me atrasé dos meses en el alquiler, el dueño del departamento ya estaba llamando a ver qué pasaba. Me deprimí, no sabía qué hacer, por eso en el trabajo me citó mi jefe a una charla, me dijo que la orden de arriba era que a fin de mes me tenía que ir.

    No tenía parientes, estaba a punto de ser desalojada y sin trabajo, con mis dos hijos que todavía no entendían que pasaba a pesar que les conté la realidad.

    Me invitó una compañera de mi ex trabajo a tomar un café, yo había dejado a mis hijos en el Jardín de infantes, que por suerte era gratuito, y Estela me trataba de dar ánimo.

    Me preguntó dónde iría a vivir con los chicos, dado que en unos días tenía que dejar el departamento, cuando le contesté que no sabía, me dijo que debía buscar otro hombre, la miré sin darme cuenta si lo decía en serio o en broma, aunque no era momento para bromas, por lo que me quedó que era una sugerencia.

    Le contesté fastidiosa que no era esas mujeres que iban a saltar de cama en cama para que me mantengan, aparte, si hubiera tenido esa faceta en mi, no era una belleza codiciada.

    Con mis 31 años, mi cabello negro largo, ojos marrones, pechos medianos y rellenita, no gorda, pero sí con algunos kilos de más, era una más, o menos en comparación con otras mujeres de mi edad, y con dos hijos chicos, era más para que me escapen a que se atrapen.

    Estela me miró con lástima, y me dijo que iba a hablar con conocidos a ver que podían hacer por mis hijos y yo.

    Una semana antes de que tenga que irme del departamento, Estela me dijo que un conocido de ella tenía una pieza en una casa vieja, en un conventillo como se dice, y que me la daba gratis hasta que consiguiera trabajo, y ahí le pagara. Le agradecí, pero cuando se fue me puse a llorar, era la caída, era la realidad.

    Cuando llegamos con mis hijos y un ex compañero de trabajo que llevó nuestras cosas en una camioneta sin cobrarme, me deprimí, y las lágrimas volvieron a invadir mi rostro.

    La casa tenía 12 habitaciones grandes y dos baños, no estaba cuidada para nada, las paredes tenían humedad, un patio muy grande donde daban las habitaciones, y una cocina grande.

    Casi nadie prestó atención a nuestra llegada, solo un hombre.

    Fuimos a la pieza que nos tocaba, en una de las habitaciones de al lado estaba una mujer muy mayor, de unos 75 años que nos saludó cuando llegamos y en la habitación del otro lado un hombre con un chico. El tipo tendría 60 años, estaba sentado en una silla en el patio frente a su pieza junto al chico que tendría 18 años. El tipo era pelado, los ojos negros con una mirada horrible, falsa, burlona, el cuerpo era muy peludo, estaba con un short y una camisa toda abierta, era muy peludo su pecho, sus piernas, todo, hasta sus manos eran peludas. El chico tenía por el contrario el pelo negro muy largo atado con una colita atrás, era alto y muy flaco. El tipo me miró desde que entré hasta que me metí en la pieza.

    Acomodamos las cosas y vino la vieja de al lado, empezó a hablar y no paraba, pero entre todo lo que decía me quedó grabado que me contó que el tipo de la otra pieza era peligroso y que el chico robaba para él, de eso vivían. Más miedo al que ya tenía, más depresión.

    Conseguí trabajo como costurera en un taller de ropa, no ganaba mucho, pero alcanzaba para darle algo al dueño de la pieza y comer.

    Salía del trabajo y venía volando al conventillo, los nenes los dejaba con una mujer de una pieza la cual nos habíamos hechas amigas y ella los cuidaba. Ella me decía que el tipo vecino a nuestra pieza estaba atrás mío y que tuviera cuidado.

    Un día llegué muy cansada y entré rápido al baño, cuando salí estaba el tipo parado en la puerta, me saludó y empezó a hablarme, yo lo escuchaba, no quería tener problemas con nadie, me tuvo más de media hora hablando de cosas que no entendía sobre la vida de aquí. Me miraba de arriba abajo mientras hablaba y apoyó una mano en la pared al lado de mi cabeza, estaba muy cerca mío, yo me quedé quieta y escuchaba, pero una horrible sensación me invadió, ese tipo me daba asco, repugnancia, tenía aliento a vino y su figura era asqueante.

    Yo estaba vestida normal, nada provocativa, con un pantalón verde oscuro no muy apretado, sé que tengo cola bastante grande, pero no eran los pantalones como para provocar y una remera blanca que no trasparentaba nada, no entendía por qué se fijaba en mi.

    Le dije que iba a buscar los chicos y a descansar porque estaba muy agotada y me dijo que a la noche iba a pasar a tomar algo por mi pieza para comentarme algunos secretos para estar tranquila aquí.

    Le dije que bueno, el asunto era salir de esa posición que me mantenía tan cerca de él y así lo hice.

    Esa noche me olvidé que el tipo iba a pasar y estaba con un camisón largo blanco y sin corpiño esperando que los chicos se duerman, leyendo un libro.

    Había dividido la pieza con una cortina al medio, de un lado estaban las dos camitas de mis hijos, y del otro la cama mía, junto a una mesita con cuatro sillas.

    No sentí golpear la puerta, si es que golpeó, pero de repente lo vi entrar al tipo, sin tener tiempo de ponerme algo arriba del camisón.

    Clavó la vista en mis pezones que se marcaban a través del camisón, y con una sonrisa que daba miedo me saludó.

    No llegué casi a decir nada que se sentó en la mesa conmigo, muy cerca mío, y me preguntó si los chicos dormían, le dije que si, inocente y comenzó a decirme «Micaela, vos tenés que saber moverte acá y nadie te va a molestar, sino, la vas a pasar mal, y vos sos grande, pero tus hijos son muy chiquitos», me aterroricé, esa mención a mis hijos me sonó a amenaza.

    Me contó que se llamaba Pedro, y que él era el más respetado acá, que quien andaba bien con él, la pasaba bien.

    Terminó de darme a entender lo que pretendía y lo que me pasaría si yo no accedía.

    Como a la media hora que me hablaba mirándome fijo a los ojos y bajando la mirada a mis tetas, me dijo que lo acompañe a la cocina a tomar algo, yo estaba con mucho miedo por mis hijos y accedí.

    En la cocina, se tomó una botella de vino tinto, yo solo tomé unos sorbos del vaso que me sirvió y cuando me pidió que le alcanzara otra botella, se vino atrás mío y me tomó de la cintura.

    Me empezó a besar el cuello, lo empujé para atrás y le dije «Basta, déjame tranquila, no soy la mujer que te crees que soy o las que estarás acostumbrado a tratar», me miró fijo, con odio, me temblaron las piernas ante esa mirada fría y me dijo «No seas boluda, idiota, mañana podes tener una fea noticia cuando vengas de trabajar, piénsalo estúpida». Me temblaron más las piernas, no sé cómo me mantuve de pie, creí que me desmayaba. Se quedó mirándome unos minutos, riéndose, gozando el efecto que había tenido con sus palabras y volvió a tomarme de la cintura pero esta vez comenzó a besarme en la boca.

    Yo no reaccionaba, estaba dura del miedo, pensaba en mis hijos, en lo que estaban pasando y lo que podrían pasar, abrí mi boca y recibí su sucia lengua , cerré mis ojos, me besó más de quince minutos revolviendo su lengua dentro de mi boca y cruzándose con la mía, me abrazaba fuerte, me apretaba contra él. Me soltó y mirándome a los ojos, siempre con esa risa burlona, me empezó a bajar el escote para dejar mis tetas al aire, le agarré sus manos con las mías, bruscamente me las sacó y poniéndose muy serio me dijo «Micaela quieta, no me hagas enojar, no vuelvas a molestarme, no soporto eso, deja las manos quietas, no me jodas más».

    Dejé mis manos al costado de mi cuerpo y no pude contener las lágrimas que empezaron a caer sobre mi cara, volvió a agarrar el amplio escote de mi camisón y lentamente lo bajó dejándolo apoyado bajo mis tetas que estaban a su merced. Las miró, puso una mano en cada teta, las apretó, vio como cerré los ojos y me mordía los labios, y enseguida sentí que su boca empezó a chupar mi pezón derecho, succionando fuerte mientras gemía de placer él y yo comenzaba a respirar más fuerte. Estuvo un buen rato chupando, hasta que pasó a la otra teta y ahí por instinto le agarré la cabeza con mis manos y lancé el primer gemido. Me puso una mano en el culo por arriba del camisón y me apretó una nalga, le dije que basta por favor, se incorporó y me dijo «Vamos a tu pieza, en la mía está el pibe durmiendo y si se despierta va a querer meterse y hoy sos mía nada más». No dije nada, me tomó de una mano y fuimos a mi pieza.

    Entramos, fui a mirar que los chicos durmieran, los tapé, puse la radio cerca de ellos con música lenta para que tapara cualquier ruido que seguro se produciría y cuando fui a mi lugar, lo vi al tipo ya desnudo esperándome.

    Su cuerpo era algo horrible, como dije antes, todo peludo, era muy flaco, medio encorvado, alto, y su pene era largo, muy largo, de un grosor normal, pero con la cabeza muy pronunciada y me asustó lo largo.

    Vino hacia mi, me besó en la boca un rato, después en el cuello marcándomelo, me empezó a levantar el camisón, antes de sacarlo me empezó a tocar el culo por arriba de la bombacha, me apretaba la bombacha para adentro del agujero con un dedo, me sacó el camisón y me sacó la bombacha, me acostó, se paró al lado de donde estaba mi cabeza, se agarró la pija con una mano, la llevó a mi boca y me dijo «Chúpala bien».

    Le agarré la pija con una mano y con mucho esfuerzo pude meterme la cabeza en la boca, empujó para adentro y me produjo arcadas, sentía ganas de devolver, pero él me agarró la cabeza con sus manos y me empezó a coger la boca, sentía que me llegaba hasta la garganta y una sensación de asco terrible, me cogió tan fuerte que se dio cuenta que me estaba ahogando, la sacó y vomité flemas, era asqueroso, me agarré el cuello con las manos mientras él me corría a un costado y se acostaba a mi lado, me puso de costado mirándolo y con una mano me levantó una pierna para arriba y me dijo que la tuviera allí. Agarré mi pierna y la sostuve en alto mientras acomodó su pija en la entrada de mi vagina y empezó a presionar.

    Sentí dolor cuando la cabeza empezó a meterse, no estaba bien lubricada y aparte la cabeza era grande, lancé un grito ahogado por miedo a que escuchen los chicos, la cabeza se metió toda y empecé a sentir que el tronco estaba introduciéndose rápidamente en mi interior. Parecía que no terminaba nunca de entrar, el viejo me apretó contra él y clavó la pija bien adentro, sentí que me atravesaba es estómago, contenía los gritos mordiéndome los labios, era fuerte el dolor y sentía como puntadas con esa pija tan larga adentro mío. El tipo gemía en cada estocada con su cara apretada en mi pecho y se movía rápido ahora, sentía esa pija entrar y salir a gran velocidad, me estaba lastimando, traté de frenarlo con mis manos, pero las sacó con fuerza de allí y me dio más fuerte. Cuando sentí que estaba lubricada, me empecé a mover para que acabara más rápido, pero nada, seguía metiendo y sacando sin miras de acabar. No sé el tiempo que pasó pero una hora seguro, hasta que me llenó de leche, sentía que desbordaba, y él me gemía en el oído.

    Sacó su pija de mi inflamada vagina, fue muy duro. Se quedó como durmiendo, me levanté, me puse el camisón y fui al baño. Me lavé bien, me molestaba cuando me tocaba la vagina, sentía un dolor y ardor. Me quedé un rato con agua fría allí, me aliviaba, me puse el camisón y fui a la pieza.

    Me quedé congelada cuando entre y lo vi al viejo sentado en la mesa desnudo con el pibe que estaba con él. El viejo me dijo «Vení Micaela, que Ricardo no puede dormir, vamos a hablar». El chico me miraba con cara de lujuria total, el viejo se reía, yo me senté muda, sabía que si decía algo, podría pasarle algo a los chicos que estaban durmiendo. El viejo hablaba de boludeces mientras miraba mi reacción ante el chico. El pibe, Ricardo, no aguantó más, se levantó, se paró a mi lado mientras yo lo miraba y se inclinó sobre mi, me dio un beso en la boca y con una mano empezó a tocarme una teta.

    El viejo festejaba eso, también se paró y se puso del otro lado, me besó el cuello mientras Ricardo ya tenía su mano manoseando mi vagina. Le tomé la cabeza al pibe y con la otra mano lo agarré del brazo al viejo. Me sacaron el camisón y me llevaron a la cama.

    Mientras el pibe me chupaba violentamente el culo, el viejo estaba chupando mis tetas y yo sentía un calor que me subía y me hizo gemir.

    No vi cuando el pibe se desnudó, solo sentí que me llevaban la mano y me la apoyaron en una pija. Abrí los ojos y vi que la pija del pibe era más corta que la del viejo pero bastante más gruesa, muy gruesa, me llevaron la cara ahí, se la empecé a chupar, era gruesa en serio y estaba durísima.

    El viejo seguía ahora chupándome la vagina y se dijeron algo, me dieron vuelta poniéndome boca abajo, me abrieron las piernas, el viejo se puso de rodillas a mi lado y me agarró de los hombros y me besaba el cuello y sentí que el pibe se acomodaba arriba mío. Pasaron diez minutos que me daba cuenta que me estaban calentando, me besaban por todo el cuerpo, hasta que sentí presión en el agujero de mi culo, y sentí que éste se abría ante una cabeza que lo empezaba a invadir.

    Quise moverme pero el viejo me sostuvo fuerte, enterré mi cara en la almohada para no gritar por los chicos y empecé a llorar al sentir un terrible dolor atrás. Mi culo se resistía a dejar entrar eso, parecía mentira, pero nunca tuve una experiencia por atrás, a mi ex marido no le gustaba, y yo solo de oídas sabía que era doloroso, ahora lo estaba comprobando, era terrible, sentía como que explotaba, que estaba hinchada, que me estaba inflando.

    Después de un rato de ardua resistencia, el culo cedió y la cabeza empezó a perforar para que pase el resto. El viejo degenerado tenía su boca en mi oído y se la pasaba diciéndome «Te duele amor?, parece que descubrimos algo sin tocar ahí atrás, pero no te preocupes, esta noche te lo dejamos como una cacerola de abierto».

    El pibe siguió empujando y gimiendo al mismo tiempo y yo creí que me desmayaba del dolor. Me estaba rompiendo el culo y no era muy delicado para hacerlo. Sentí que paró de empujar, la pija estaba toda adentro, la retuvo allí mientras le hablaba en voz baja al viejo y empezó a bombearme el culo sin piedad. Creí morir, era una pesadilla, me daba sin parar, sin preguntarme como estaba, no le importaba, se movía a gran velocidad, sentía el ruido de la pija cuando entraba y salía, sentía puntadas en toda la zona de atrás, sentía ganas de ir al baño, sentía muchísimo dolor, sentía todo junto.

    Imposible tratar de moverme para que acabara más rápido, me sentía estaqueada, clavada, estaba quieta llorando con la cara en la almohada, cada golpe era como que la tenía en mi panza.

    No se calcular lo que estuvo, más de una hora seguro duró ese calvario, hasta que con un terrible empujón que me hizo pegar con los puños a la pobre almohada me acabo lo que parecía litros de leche adentro, era como una enema caliente, horrible.

    Se salió de arriba mío, y quedé tendida tal cual me había dejado, no podía moverme, sentía una puntada en la cintura que me tenía allí.

    Al rato lo sentí al viejo que se acomodaba, llegué a decir «No por favor, de nuevo no», pero era inútil, otro invasor estaba adentro, más fino pero más largo. De un saque lo metió todo y empezó el bombeo. Esta pija llegaba más adentro por lo tanto el dolor fue muy intenso. La velocidad con que me bombeaba el viejo parecía inaudita para su edad, me daba casi más rápido que el pibe.

    Tardo menos en acabar, pero muy poquito menos, y nuevamente mi culo se sintió desbordado de leche caliente.

    A las 6 de la mañana me dieron los dos juntos, el viejo se puso de espaldas, me subieron arriba clavándome la vagina me tiraron bien para adelante y el pibe me clavó el culo. Había visto películas de doble penetración, jamás soñé que sería una de las actrices principales y las envidié.

    Ellas se movían y gozaban, yo sufría con dolores punzantes de todo tipo, lloraba. Sentí que el viejo hablaba y en mi desastre miré y vi que mi hijo estaba mirando, lloré mucho más y le grite que se fuera a la cama y que no viera, así lo hizo, pero sabía que ver a la madre así como me vio sería un trauma muy difícil de sacar.

    Me tuvieron casi una hora y cuarto así clavada por los dos agujeros, hasta que sentí que me llenaban, no paré de llorar todo el tiempo que duró ese padecimiento.

    Al rato se fueron y me acosté con mis hijos, los abracé y lloré mucho con ellos.

    Fueron todos los días así, una noche mientras uno estaba en la pieza nuestra con mis hijos, el otro me cogía en la otra pieza, esa noche el pibe me dio tan fuerte por el culo que me salió mucha sangre, pero sin importarle, al rato apareció el viejo y me la enterró casi una hora dejándome tan dolorida que no me podía sentar bien.

    Pensé que estábamos condenados con mis hijos a eso, a esa vida, pero por suerte Dios mandó a alguien a que me rescate de allí, no importa quién es, pero se apiadó de mi cuando de casualidad lo conocí y le conté después de un tiempo mi vida en el conventillo. Nos sacó de allí, el viejo y el pibe intentaron seguir su historia conmigo, pero no eran tontos, ellos eran fuertes dentro del conventillo, afuera, la fuerza se medía de otra manera, y sabían que terminarían aplastados.

    Hoy soy feliz, mis hijos, terapias mediantes, están viviendo su vida en forma normal, yo no quiero recordar al conventillo, solo ahora que lo conté, pero ya no más.

    Este relato es 100% real, espero sus comentarios sin malas ondas a [email protected], cuídense, muchos besos.

  • Mi papá lo sabe todo: Reunión swinger con Israel

    Mi papá lo sabe todo: Reunión swinger con Israel

    Meses después de mi primera experiencia en el club privado donde fui descubierta por mi papá, mi macho Israel me dijo que íbamos a ir a una reunión swinger, estaba ya iniciando el mes 6 y mi embarazo era notable ya, la reunión era en uno de esos hoteles de moda de tema sensual por el sur de la ciudad, un sábado desde la tarde me dijo «quiero que llames la atención desde que entramos así que ponte algo muy cachondo», terminó diciéndome y quedamos en que me recogería en la casa.

    Mi esposo estaba cada día más celoso porque desde que supe que estaba embarazada salía casi cada fin de semana con Israel o Balam, no sabía de quién era mi bebé a la fecha y me divertía mucho verlo tratar de averiguarlo… No pensaba decirle por el momento.

    El sábado me arregle lo mejor que pude de acuerdo a los deseos de mi macho adorado, vestido rosa claro muy corto, mi vientre se notaba ya francamente abultado pero mis piernas seguían estando torneadas y tenía una abertura detrás justo hasta el inicio de mis nalgas -lo compré en una sex-shop-, me calcé unas zapatillas altas de tacón de alfiler que resaltaban mis pantorrillas y complete el atuendo con un lindo sweater rosa pálido también.

    Andar con zapatillas altas a éstas alturas empezaba a ser algo cansado pero no pensaba pasar mucho tiempo parada, jajaja…

    Llegamos al hotel mencionado por Tlalpan sur, muy lindo, subimos al master bedroom, donde era la reunión y tocamos la puerta, yo emocionada como siempre de que me vieran entrar con mi macho, apretando mi mano me dijo: “ya sabes cómo me gusta que te comportes!, muéstrales quién es mi perrita!”

    Volteando a verlo orgullosa de serlo le dije: si mi amor, seré la más puta de la noche! Abrieron la puerta y nos dieron la bienvenida fijándose de inmediato en mi estado…

    Al entrar todos voltearon a ver quién era esa morena piernuda que estando embarazada se atrevía a ir a esas reuniones…

    Poco a poco se fueron acercando las otras parejas y hombres Singles a saludarnos y presentarse llenándome de atenciones mientras mi hombre orgulloso veía como me iba convirtiendo en el centro de atención de ellos.

    Recordé brevemente la primera reunión swinger a la que asistí con mi marido (segundo relato publicado aquí mismo), esta vez era diferente, asistía con el verdadero padre de mi hijo y yo deseaba complacerlo totalmente ahí que cuando me pidieron pararme para poder admirarme mejor lo hice feliz de ser atractiva a pesar de mi embarazo.

    Un hombre con su pareja se acercó y me tomo de la mano para que girara y les mostrara la abertura de mi vestido que terminaba en mis nalgas, su mujer se acercó a mí y poniéndose frente a mí me abrazó y pasó sus brazos por mi cintura tomando el borde de mi vestido y diciéndome al oído v mientras me levantaba las puntas para descubrir mis nalgas desnudas preguntó: “vas a dejar a mi marido cogerte mientras te observamos?”.

    A manera de respuesta me separé un poco y le dije: “desnúdame!”

    Rápidamente se acercó de nuevo y me quitó el vestido dejándome completamente desnuda solo con las zapatillas y volteando a ver a Israel dije a los demás:

    -Quién me quiere coger? -bailando cachondamente al ritmo de una canción que sonaba, dos hombres se acercaron a mí y empezaron a acariciarme el cuerpo desnudo mientras Israel me daba una mirada de aprobación y una de las mujeres en la reunión empezaba a acariciarme la verga mientras me veían bailar con los hombres…

    Lentamente nos movimos hasta la cama y al estar al lado de ella uno de los hombres se desnudó completamente dejando ver su tremenda verga, estaba enorme!

    -la aguantas? -me dijo viendo mi vientre de embarazada mientras me recostaba en la cama y yo me acomodaba en el centro de ella, abriendo mis piernas en franca invitación le dije en voz alta:

    -aguanto todas las que me quieran meter hoy pero con condón…

    Entendiendo que por mi avanzado embarazo esto era lo recomendable, rápidamente se puso un preservativo y se subió a la cama acomodándose entre mis piernas, lo recibí con los brazos abiertos y le susurré al oído: pero si quieres venirte en mi cara está bien…

    El hombre puso su enorme tolete en la entrada de mi raja y empezó a penetrarme mientras nos besábamos con pasión dándonos la lengua mientras mis demás nos animaban a coger ya…

    El otro hombre que bailaba conmigo también se desnudó y se acomodó poniéndome su verga en la boca, empecé a mamarlo mientras le movía las caderas con lujuria al que me tenía ensartada.

    En eso estábamos cuando note que algunos de los asistentes volteaban a la entrada de la habitación y vi entrar a la modelo que conocí en la reunión después del desfile de modas que estaba con mi papá… y entró él siguiendo a su hembra…

    Volteé a ver a Israel y me guiñó un ojo al darse cuenta que acababa de ver a mi papá entrar a la reunión swinger… Lo saludó de lejos y empecé a sentir un orgasmo intenso producto de la combinación de la vergota que estaba cogiéndome y la excitación de saberme admirada por mi papá de nuevo en estas locuras.

    Quién diablos era este hombre que aparte de tenerme absolutamente bajo su dominio, había logrado organizar aquélla fantasía de estar con un negro dotado primero, luego había hecho que bailará desnuda frente a toda mi familia y cogiendo con un primo frente a todos y ahora llevando a mi papá a verme en una reunión swinger? (Estaba segura que él había invitado a mi papá).

    Cuando me acosté con él por primera vez al poco tiempo de casada y me pidió ser su pareja sexual, jamás imaginé que mi vida cambiaría tanto en el plano íntimo, varias veces había ya ponderado la posibilidad de divorciarme y casarme con él, era mi dueño absoluto pero pasada la calentura del momento, siempre pensaba mejor las cosas y llegaba a la conclusión de que era mejor tenerlo como amante y seguir casada con mi marido…

    El hecho de saber que llevaba su hijo en mi vientre me hacía tan orgullosa que sencillamente hacía lo que me pudiera para tenerlo contento, el hombre que me estaba cogiendo aumento la velocidad de sus embestidas y dando un gemido mientras me penetraba profundo se vino en tremendo orgasmo, seguí mamando a él otro sin despegar la mirada de mi papá, sabía que le excitaba verme así, ver a su hija entregarse a otros además de su marido al parecer lo excitaba como a mí y empecé a sentir el semen de mi macho en turno explotar en mi cara a chorros calientes…

    -Hola -le dije a la distancia enderezándome en la cama para quedar sentada y así pudiera verme la cara escurriendo de semen del hombre que acababa de venirse en mi rostro…

    Vi a su amiga desnudarse y sacarle la verga para mamársela mientras nosotros no dejábamos de vernos…

    Se paró y tomó de la mano a su amiga y la llevó a ofrecerla a Israel, él la tomó de la mano y la sentó con él mientras mi papá se acercaba a mi con la verga erecta…

    Sin dejar de mirarnos le sonreí excitada y levanté mis manos hacia su pene, llegando a mi lado le tomé su verga entre mis manos mientras le decía:

    -feliz de verme así?

    Siguió acercándose hasta poner su pene a centímetros de mi boca y recibiéndolo alegremente dentro lo tomé de las caderas mientras me tomaba de la cabeza y empujaba profundo dentro…

    Lo mame con lujuria sintiendo como se iba endureciendo y empecé a gemir caliente como estaba para que se viniera dentro de mi boca, jalándolo más empecé a sentir su semen derramarse en mi boca y ansiosa empecé a tragarlo…

    Terminé golosa de tragarme todo su semen y tomándome de la mano me ayudó a levantarme de la cama y nos fuimos a sentar a un sofá alejado de todos para poder estar a gusto…

    -sabes? desde que te casaste te he imaginado tantas veces haciendo el amor con tu esposo … Nunca imaginé que fueras tan caliente como para hacerlo con otros hombres tan pronto, varias veces te oí gemir cuando te masturbabas en casa por la noche cuando estabas en la universidad, desde ahí empecé a notar como fuiste cambiando… -Dijo mi papá.

    -Ahhhh… Pues desde que fue mi profesor a la casa estando en la universidad y le di mi virginidad en la sala mientras mi mamá estaba arriba en su recámara he cambiado… Mucho! -le dije acariciando mi vientre y tomando su pene…

    -Sí, tu mamá se dio cuenta perfectamente, desde ese día te vi convertirte en una mujer intensa, cuando entraste a trabajar temí que te volvieras una más de esas que pasan por todos pero al decirnos que te casabas pensé te dedicarías en cuerpo y alma a tu marido… Fue una sorpresa cuando vi como cambiaste tanto en tu forma de vestir!

    -Jajaja… Pues fue él quien me incitó a hacerlo! -Dije masturbándolo suavemente- sabía que con esas faldas que dejaban ver mis piernas me iba a volver muy popular y me ánimo a hacerlo! Al principio me daba pena llevar faldas tan cortas pero la respuesta fue abrumadora! -dije riendo.

    -Lo sé -dijo mi papá empezando a sentir los resultados de mi mano masturbándolo…- Te excitaba ir vestida así al trabajo? varios ejecutivos comentaban que se notaba que eras muy caliente por cómo te portabas en el trabajo, Israel me dijo personalmente que si podía iba a intentar cogerte!, ese muchacho es muy atrevido, sabía que eras mi hija pero no sé guardó nada, me contó que eras muy coqueta con él y no pensaba desaprovechar la oportunidad si se le presentaba! Y ya estabas casada! Ahí me di cuenta que muy probablemente acabarías en la cama con él si lo que me decía era verdad…

    Con los ojos abiertos como plato le dije:

    -así que desde antes de hacer nada con él ya lo conocías? diablos con ese hombre! es increíble!

    Agachándome hacia su verga para besarla escuché su respuesta:

    -lo conocí en el trabajo, en mi oficina, una vez fue a verme por un detalle de trabajo y vio una foto de familia, la tomó y después de mucho admirarla me dijo: Quién es ella? Señalándome tu imagen, le dije que eras mi hija y me preguntó si tenía otra foto tuya, le mostré unas que tengo en el teléfono de reuniones familiares, ahí todavía vestidas recatada, y me dijo que estabas muy guapa… Desde ahí me ha ido contando todo lo que ha pasado entre Uds. Desde cómo le coqueteabas en el trabajo hasta cuándo te llevo a un motel por primera vez… No podía creerlo! Mi hija inocente entregándose a un hombre que no era su marido! Me dio todos los detalles! Hasta cuándo le diste el ano esa primera vez!

    Escuchar a mi papá decir eso me puso más caliente aún y comencé a mamarle con la lujuria de que soy capaz; esto se estaba poniendo muy interesante, así que Israel le contaba todo a mi papá de nosotros!

    -pues sí -dije separándome un momento de su verga- la verdad me gustó mucho la atención que me dan todos al vestirme tan provocativa, mi marido pensaba que me vestía así para él, pero la verdad me visto así para Israel, me excita mucho pensar que me exhibo para él, y para mí, me calienta ver cómo los hombres me buscan en el trabajo para coger conmigo, si supieras todo lo que he hecho en mi oficina y otros lugares del trabajo! Y ya ves… -Dije acariciando mi vientre- el producto de tantas venidas de Israel dentro de mi raja está aquí… Estoy tan feliz de llevar su hijo dentro de mi! -Mi papá meneó su cabeza mientras llevaba la mía de nuevo a seguir mamando su verga y en un momento dado le dije:- métemela! -Acomodándose, le detuve diciendo:- por el ano!, tenemos eso pendiente -poniéndome en cuatro le ofrecí mis nalgas mientras le guiñaba un ojo a Israel quiere no perdía detalle, mi papá se acomodó detrás mío y apuntó su glande en la entrada de mi ano…- despacio papi, quiero sentirme llena de ti por un largo rato -me abrí las nalgas dejando al descubierto mi intimidad esperando su embestida, lo sentí empezar a penetrarme y gemir de placer al sentirlo resbalar hacia adentro, si mi marido me viera!

    Sentí sus embestidas profundas y largas y empecé a mover mis nalgas contra su verga, cada vez más intenso, al sentirlo venirse en mi ano emití un gemido que había tenido internamente desde que era una pequeña y hoy me sabía deseada y poseída por mi papá…

  • Mario (10 de 22): Y todo estalla

    Mario (10 de 22): Y todo estalla

    Estaba terriblemente nervioso, tanto que sentía ligeros mareos, la decisión estaba tomada y lentamente comencé a vestirme, me sentía a gusto dentro de aquella ropa, diferente en algún sentido.

    Había pasado mucho tiempo en el baño, lavándome el pelo que no me terminaba de decidir a cortarlo, me lave todo, por si Guillermo tuviera algún ocurrente deseo para satisfacerle. Tenía que ir preparado para lo que saliera, aunque tampoco era probable con Robert en la casa, cuidaba mucho las formas.

    Decidí que las seis era una hora prudente, todos los invitados estarían entretenidos, con juegos o ya algo bebidos descansando. Cogí el autobús y me bajé una parada antes para andar e intentar tranquilizarme.

    Desde la carretera se escuchaba el ruido de la música, sin estridencias, borrada a veces por voces de júbilo o protesta. La puerta del jardín estaba sin cerrar con llave, esperando hipotéticos invitados, no tuve que llamar y tampoco usar la llave que Guillermo me había entregado, hasta ahora pasaba desapercibido.

    Las voces me llevaban hacía la zona de piscina desde donde se escuchaba más ruido, rápidamente distinguí a Guillermo, vestido de verano y, entre risas, atendiendo a dos muchachos con los que hablaba entre grandes gestos explicándoles algo.

    Él también me miró, sin sorpresa, me esperaba. Otros jóvenes permanecían delante de una mesa repleta de refrescos y bebidas, con platos de comida para picar, con frutas exóticas y de aspecto delicioso.

    En la piscina, y fue lo último que miré, estaba Robert, jugaba con dos chiquillas que intentaban abrazarle para hacerle caer entre gritos de victoria cuando lo conseguían. Un equipo de música amenizaba el encuentro.

    En un primer momento me sentí desplazado y fuera de mi mundo, cada uno estaba a lo suyo y nadie me prestaba atención cumpliéndose precisamente lo que quería.

    Estuve así unos momentos, unos metros alejado de la piscina mirándoles, por el rabillo del ojo veía que Guillermo no apartaba la mirada de mi.

    Pensé en meterme en la casa y por lo menos hablar con Justa, buscar alguna pregunta que hacerle, algo para pasar el tiempo. Me di la vuelta y entonces escuché el grito.

    -¡Marin! ¿Llegas tarde y ya te marchas?, cámbiate y ven al agua.

    Me volví con el tiempo justo de ver a Robert saltar con agilidad saliendo de la piscina y corriendo hacia mi.

    -¡Joder, joder, joder! Qué ganas tenía de verte. -me abrazó elevándome del suelo, estaba totalmente mojado pero parecía no darse cuenta. Me dejó en el suelo otra vez y sin soltarme las manos se alejó para mirarme.

    -Estás guapísimo, más que nunca. -no me dejaba decir una palabra, hablaba como una máquina.

    -Vamos arriba, te he traído un regalo de la gran nación americana. -su voz sonaba burlona pero tiraba de mi mano, haciéndome que fuera tras de él, corriendo casi.

    Su habitación está en la planta superior, no le importaba dejar las huellas mojadas de los pies en el brillante parquet, reía sin cesar con la alegría que ha tenido siempre.

    -Te va a gustar, seguro, me costó decidirme, todo son tonterías para turistas. -entramos en su habitación y repitió la inspección que antes me hizo.

    -De verdad que has mejorado, y te veo diferente.

    -No ha pasado tanto tiempo, son tus ojos. -me abrazó estrechamente acercando la cara a la mía.

    -Te voy a besar Marin, no pudo aguantar más. -no me dejó responderle, ni apartar la cara si eso fuera lo que hubiese deseado, selló sus labios con los míos y con la lengua los acaricio.

    -¡Robert!

    -No hables, déjame que sea yo el que te diga que te quiero aunque eso ya lo sabes.

    -Durante todo el viaje lo he estado pensando, no puedo vivir sin ti Marin.

    -¡Oh! Robert. -me emociono tanto que rodeé su cuello y coloqué la cara sobre su pecho mojado.

    -Te pido que seas mi novio, no se si te pareceré cutre, o ridículo, pero eso es lo que quiero decirte antes que nada.

    -¿Por qué has esperado hasta ahora?

    -No estaba seguro, luchaba conmigo mismo, y con lo que quiere papá, y ahora se lo que yo deseo. Marín no me digas que no porque se que tu también lo quieres.

    -Vamos a buscar a papá y darle la noticia. -tomaba las decisiones sin contar conmigo y dando por supuesta mi conformidad con lo que él pensaba.

    -Espera, no se seas precipitado. -comencé a sentir angustia, daba por hecho que había aceptado su propuesta.

    -Ibas a darme un regalo, para eso hemos subido.

    -¡Ayy! perdona con lo nuestro lo había olvidado. -me dejó y comenzó a buscar en una maleta abierta que tenía aún sin vaciar. No sabía que camino tomar y necesitaba la ayuda de Guillermo para saber por donde escapar.

    Lo que fuera lo encontró con rapidez, una cajita de cartón sin envolver para regalo.

    -Abrelo, o puedes dejarlo para más tarde, quiero que papá lo sepa. -tuve que seguirle en una alocada carrera escaleras abajo.

    -Has visto donde se encuentra mi padre. -le preguntó a una de las chicas que entraba del jardín.

    -Hace un momento lo vi marchar a su despacho. -la puerta estaba abierta y Guillermo fumando miraba una pantalla de ordenador con datos.

    Nos plantamos en un minuto delante de él, Robert me cogía de la cintura haciendo notar su actitud de posesión.

    -Papá, Le he pedido a Marín que sea mi novio. -su padre se puso de pie en un movimiento rápido.

    -¡Qué, qué has dicho?

    -Lo llevo pensando mucho tiempo papá y he tomado una elección.

    -Pero si te vas a marchar en unas semanas y esto resulta precipitado a todas luces.

    -Le amo, tu lo sabes, y él me ama. ¿En qué más hay que pensar?

    -Tus estudios, no estas para comprometerte con un noviazgo ahora.

    -Voy a ir a Chicago como tu quieres, déjame que pueda elegir en esto.

    Guillermo le argumentaba y Robert destruía cualquier razonamiento que le presentaba. Algunas veces Guillermo me miraba interrogándome con los ojos, y yo solamente podía encogerme de hombros.

    -Vas a estar mucho tiempo fuera, sois jóvenes y podéis cambiar de opinión.

    -No papá, no voy a cambiar porque se lo que quiero tener, además tu podrás cuidar de Marin en mi ausencia, vendré un par de veces al año en vacaciones.

    -A Marin no renunciaré, debías alegrarte, a mamá le hubiera gustado esta noticia. -Guillermo parecía hundido y se quedaba sin argumentario.

    -También yo quiero a Marito y me alegro de esto, pero ha sido tan repentino, debes pensarlo y no comprometer a Mario.

    -¡Por favor papá! No te voy a pedir otra cosa, déjame ser feliz pensando que nos queremos y que Marin está ligado a mi. -Robert abrazó a Guillermo y este al fin consintió en lo que Robert quería.

    -Esta bien, si los dos lo deseáis y estáis de acuerdo no voy a objetar más. -Robert nos unió en un abrazo.

    -Sabía que no te opondrías, no más de lo necesario, te quiero pape, los dos te queremos y ahora tienes dos hijos que te van a quererte siempre. -Robert estalló a llorar, mansamente, mientras repartía sus besos entre su padre y su novio.

    Enseguida se escucharon gritos reclamando a Roberto, le buscaban para que saliera, se limpio los ojos, también yo que los tenía mojados.

    Abrí la cajita de cartón en un momento que Robert atendía a sus compañeros, habíamos vuelto a salir, las dos chicas vinieron para llevárselo a la piscina y nos presentó, a mi como su novio, ellas eran sabedoras de lo que Robert sentía, les había hablado de mi, y solamente me abrazaron besándome.

    El regalo era bonito, o me gustaba como Robert predijo, la estatua de la libertad embutida en un metacrilato, labrado en forma de brillante. En un momento que Guillermo pudo separarse del grupo me cogió del brazo.

    -Vamos dentro, tenemos que hablar. -volvimos a su despacho aprovechando que Robert estaba entretenido con algunos invitados, aunque de vez en cuando miraba hacia mi y me sonreía entusiasmado.

    -¿Que es lo que ha pasado Marito? -Guillermo me hablaba agitado cogiéndome de ambos brazos.

    -Se lo mismo que tu.

    -¿Por qué le has aceptado? -ahora me miraba con enfado.

    -Ya ves que él se lo dice todo, no me ha dejado decirle que si o no, parece haber pensado mucho lo que hace y no admite negativas, tu lo has visto. -me soltó y se dirigió hacia la ventana, miró hacia fuera.

    -Tenemos que hacer algo Marito, esto hay que pararlo.

    -Digámosle la verdad, será mejor pronto que tarde y le dolerá menos. -me miraba con los ojos muy abiertos, casi asustado.

    -Decirle ¿qué?…

    -La verdad Guillermo, que soy tu amante y nada más.

    -¡Estás loco!, ¿cómo crees que se lo tomaría y lo que pensaría de mi? Saber que follo contigo, un muchacho de su edad, además con su mejor amigo del que quiere ser novio, y cualquier otra locura más. Me despreciaría y no lo voy a consentir.

    -No veo otra forma de terminar con esto mas que siendo sinceros. -a mi me dolía más que a él, estaba seguro de eso, pero sería lo mejor y quizá nos perdonara con el tiempo.

    -Tenemos que pensar, tiene que haber una manera de arreglarlo. -daba pequeños golpes con el puño cerrado en el brazo del sillón y volvió a levantarse para mirar por la ventana. Llegó donde mi y volvió a cogerme de los brazos, me apretaba hasta hacerme daño.

    -Lo dejaremos como está hasta que encuentre una solución, o podemos esperar a que se marche, solo son unas semanas y ya lejos él mismo lo olvidará. -ni Guillermo , ni yo, podíamos imaginar las nefastas consecuencias que desencadenaría esta decisión.

    -¿Quieres que le siga la corriente, que sea su novio este tiempo?

    -No nos queda otra opción.

    -Será terrible cuando se entere. -Guillermo respiraba muy fuerte y su aliento me llegaba a la cara.

    -No tiene por qué saberlo, no le diremos nada. Tu solo tienes que simular que estás conforme con lo que él desee y nada más, no te será muy difícil y solo durará unas semanas. -Guillermo no pensaba más que en él y como resolver su problema, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás, ni siquiera se había detenido a pensar lo que yo pudiera sentir, ni en las implicaciones afectivas entre su hijo y yo que esto acarrearía..

    -Vamos a actuar así, vas a hacer el papel que te corresponde. Marito quiero a mi hijo como a nadie y nada me distanciará de él si puedo evitarlo. -nos interrumpió la voz de Robert que llegaba del jardín, ahora era yo el reclamado.

    -Voy a ponerme un bañador que he traído. -había dejado la bolsa que traje en su despacho.

    -Voy arriba a cambiarme, tu sal al jardín y justifícame dándome tiempo.

    El resto de la tarde no estuve solo, Robert me fue presentando a los chicos que serían sus compañeros los años siguientes, todos ellos parecían estar enterados de las preferencias sexuales de Robert, y entre risas le felicitaban por la elección que había hecho y su suerte por tener un novio, “guapo de verdad”, le dijo uno de ellos.

    A las diez de la noche intenté despedirme, los autobuses comenzaban a distanciar los horarios en sus recorridos y deseaba regresar a una hora prudente.

    -No te preocupes, yo te llevaré a tu casa.

    A las once y media detenía su coche delante de mi portal, tenía puesto el seguro de la puerta y solo él podía abrírmela.

    -¿Qué hablaste con papá? ¿No intentaría algo raro? -el corazón me dio un vuelco, temí por un momento que hubiera adivinado lo que existía entre su padre y yo.

    -¿Algo raro? ¿cómo qué? -mi voz se escuchaba preocupada, más aún, aterrada.

    -¡Ja, ja, ja! Pareces inquieto Marín. -me sujetó la barbilla y lentamente me besó en la boca, me separé y escondí la cara contra su camisa.

    -No quiero que estés nervioso, papá es capaz de intentar Influir en ti, le gusta confabular y es raro que haya accedido a lo nuestro tan rápido, dejándose convencer sin luchar.

    -¡Ohh! Robert, ¿creés que él no quiere lo nuestro?

    -Seguro que no, no por ti, sabes que siempre te ha querido, pero hubiera deseado que eligiera a una chica, y que esta le diera nietos, terminará por aceptarlo.

    -Robert, no estoy seguro de que estemos haciendo lo correcto.

    -¿De qué tienes miedo Marín? Estos días te demostraré que no es como crees, nos vamos de viaje tu y yo, solos para ganar el tiempo perdido.

    -¡Pero Robert!

    -No hay peros. Mañana, cuando mis amigos se despidan, y será a la mañana vendré a por ti, te quiero ver preparado para montar en el coche y salimos volando lejos.

    Poco más hablamos, Robert tenía que hacer mejores cosas con su boca y la mía.

    En la cama pensaba que tenía que dejar de preocuparme por lo que pasara después, aprovechar el momento y disfrutar de Robert todo lo que pudiera. Olvidar los problemas que, inevitables, después vendrían, y por fin con esa decisión tomada comencé a ser feliz.

    A la mañana siguiente tenía el tiempo medido para hacer lo que quería, llamar a Migue, y sin muchas explicaciones, decirle que marchaba de viaje con Robert, él quería hablar pero corté la comunicación sin más.

    Esperé en la puerta de la tienda de don Andrés, porque aún estaba cerrada, no eran las nueve de la mañana. El primero que apareció, y venía distraído por la acera fue Aldo, levantó la cabeza y al reconocerme aceleró el paso.

    -Marito, ¿sucede algo? -veía al pobre muchacho preocupado, todo había cambiado para bien.

    -Voy a salir de viaje y necesito que me hagáis un favor.

    -Lo que tu quieras, yo me ocuparé.

    -No puedo dejar dinero a mi abuelo, se lo gastaría en el juego, por eso necesito que una vez a la semana le subáis lo que necesite, puedo pagaros por adelantado.

    -No hace falta, te guardaremos la cuenta, ya sabes lo que dijo mi tía, y no tienes que preocuparte, yo me ocuparé de él y de vigilarle también.

    Ahora miraba a aquel brutote de chico como si fuera mi ángel y me puse de puntillas para besarle la mejilla.

    -¡Gracias, gracias Aldo! Me has quitado un enorme peso de encima. -el muchacho se pasó la mano por la mejilla donde había depositado el beso y se la llevo a los labios.

    -Ahora me voy tengo cosas que hacer antes de marcharme. -dí la vuelta y emprendí el camino de regreso. Escuché su voz algo elevada.

    -¡Marito, Marito! Hoy estás muy guapo. -era el primer hombre que había notado mi falda pantalón y camisa nueva, sonreí para mí y le agradecí mentalmente el piropo.

    Reuní en una bolsa las pocas cosas que podía llevarme y me dispuse a hablarle al abuelo. Permanecía sentado en la sala, últimamente pasaba mucho tiempo mirando la puerta abierta de la habitación de mamá.

    -Voy a salir de viaje abu. -le expliqué que le subirían de la tienda lo que necesitara, no me preguntaba nada, como si no me escuchara hasta que pareció reaccionar.

    -¿Quién te lleva de viaje?

    -Voy unos días con Robert, el hijo de don Guillermo.

    -¿Él lo sabe?

    -Mejor aún, lo ha ordenado? -no era exactamente así, pero se quedaría más tranquilo.

    -Así comenzó tu madre hasta marchar definitivamente.

    -Yo volveré abu, yo no soy mamá.

    **************

    Al mediodía llegábamos a Pamplona, el calor era agobiante y solo se soportaba por el aire acondicionado del coche. Nos detuvimos para comer y porque Robert quería comprarme algo de ropa y una maleta.

    Esperamos en las tiendas, allí se estaba mejor, hasta que el calor cedió ligeramente, compramos una maleta trolley pequeña, unas camisas de manga corta, camisetas de tirantes y bañadores para usarlos como pantalones y continuamos nuestro camino, no veía que Robert mirara un mapa y el navegador del coche lo llevaba desconectado.

    -¿Dónde vamos Robert? -llevaba puestos guantes de conducir que le dejaban libres los dedos y con la derecha acarició mi pierna.

    -A ninguna parte fija, donde nos lleve este. -golpeó ligeramente el volante del automóvil.

    -Sin hoteles reservados, nos detendremos donde queramos y dormiremos donde nos den habitación, o bajo el manto de las estrellas, sin tiempo para estar más o menos en un lugar, estaremos donde nos guste y comeremos cuando tengamos hambre. ¿Qué te parece amor?

    -Solo quiero estar contigo, no me importa el lugar Robert, pero llevas una dirección, viajamos hacia el este.

    -Lo seguro es que empezaremos donde arranca Cataluña y bajaremos hasta donde podamos llegar, sin lugares fijos. -sujeté su mano contra mi pierna y pensé que era un viaje bonito, a la aventura y sin preocuparnos de nada, solamente de gozarnos mutuamente y soñar que aquello se volviera eterno.

    Nos detuvimos en Javier para dormir.

    -Solamente nos queda una habitación y tendrán que compartirla. -una muchacha uniformada nos atendía amablemente, no necesitábamos más.

    La trucha estaba exquisita, salimos al jardín, en solamente una hora el bullicio se había calmado, nos sentamos en la terraza ocupando un balancín de dos plazas. Algunas farolas iluminaban la plaza y los niños aprovechaban los últimos momentos para jugar antes de ir a la cama.

    Me recosté en su hombro y él aprovechó el momento para besarme.

    -Ya aparecen las primeras estrella. -la última luz de la tarde perfilaba las murallas de piedra del castillo.

    -Te amo Robert.

    -Me alegra que lo digas, yo te adoro Marín mío.

    -¿Subimos a la habitación?

    -Deseo estar ya en ella. -aunque Robert quería iniciar un beso que no tendría fin me liberé de su abrazo.

    -Voy a prepararme

    -No importa, luego nos lavamos la boca.

    -Hablo de otra cosa amor.

    -¡Ohhh! Claro, claro que si.

    Estaba sobre la cama, con un bóxer ajustado como única ropa, volví a ver en él a su padre, eran iguales y distintos, como la diferencia de edad, Guillermo se la triplicaba, y había otros detalles más, la mirada lánguida y acariciadora de su madre, la sonrisa fácil y el que no llevara bigote.

    -Ven a la cama, ¿o quieres que vaya a buscarte? -me tendía los brazos para que fuera. Salté encima de la cama y me uní a él.

    -¡Oh Robert! Tu recuerdo sigue en mi y no has cambiado.

    -Yo también recuerdo. Me dijiste que no y aún espero. -hizo la intención de moverse y me adelanté a él abrazándole, con el brazo sobre su pecho para que no se moviera.

    -Robert, deseo que me hagas el amor.

    -Es lo que voy a hacer desde ahora. -me abrazó y me colocó tendido sobre el, dejé la cara en el centro de su pecho, a diferencia de Guillermo tenía menos pelos, dos anchas manchas rodeándole las tetillas y unidas en el centro, bajando en un delgado camino hasta el ombligo, más abundante en el abdomen y con profusión lo que desparecía en la tirilla de goma del bóxer.

    Besé lamiendo el pequeño pezoncito puntiagudo y me desplacé para mirarme en sus ojos.

    -Siempre lo quise hacer.

    -Pero se lo hiciste a tu primo en lugar de a mi, ¿le preferías a él?

    -Nunca mi amor, no se el por qué, pero necesitaba que sintieras celos.

    -Lo conseguías muy fácilmente.

    -Solo te amaba a ti. -baje de él dejando solamente la cabeza sobre su pecho, con la mano derecha llegue al bulto que mostraba en la entrepierna y lo acaricie sintiendo su calor y como temblaba.

    -¿Puedo verlo?

    -Es para ti, pero en igualdad de condiciones, desnúdate… -sin bajar de la cama me quité el slip, Robert mordía impaciente su labio inferior. Me senté sobre sus piernas y sujete el elástico con ambas manos, comenzando a deslizarlo.

    -No lo recordaba tan…, tan…

    -¿Grande?

    -Largo…

    Mi inconsciente volvía a jugarme una mala pasada y comparaba su verga con la de Guillermo. La sujeté para sentir el calor que desprendía y mancharme la mano con el líquido que le derramaba.

    Me tumbé a su lado y acerqué la cara a su verga, parecía ser tan o más temible que la de Guillermo, el glande gordo y muy rojo, brillante por los zumos que desprendía y goteaban en su abdomen, la tome con delicadeza y la besé en todo su largo hasta llegar a la gran ciruela que era la punta, más gorda que el fuste.

    -¡Ahh! no juegues mucho, estoy muy excitado. -Robert me acariciaba las nalgas y metía la mano entre ellas para llegar a mi ano sin dejar de subir la cabeza para contemplarlo.

    -Nunca he visto un culo tan bonito como el tuyo, y tu ano tan caliente. -abrí más las piernas y pudo meterme un dedo con facilidad.

    -Marín, ¿puedo follarte?

    -No tienes que pedirme permiso, soy tuyo amor.

    Se coloco de rodillas sobre mi, con las piernas rodeando los costados de mi cuerpo y descansó el duro pene sobre mis nalgas.

    -No quiero hacerte daño.

    -No te preocupes amor, estoy muy abierto ya. -me abrí más de piernas y la verga resbaló cayendo sobre mis huevos.

    Su polla parecía entrenada y pronto encontró la diana de mi culo.

    -Voy a entrar amor. -como respuesta llevé las manos a mis nalgas y me las separé más aún, solo fue un ligero dolor al pasar el gordo glande mi esfínter.

    -¡Ummmmmmmm! -gemí, pero más de gusto que de dolor. Robert respiró agitado.

    -¿Me detengo?

    -¡Qué ni se te ocurra mi vida.

    Siguió metiendo la verga con más confianza, muy despacio.

    Volví a gemir como antes.

    -Relájate mi vida, lo voy a tratar bien. -gozaba la profunda estocada que me estaba dando y lo sentía llegando al final, hasta que su pelvis hizo tope con mis nalgas.

    -Marín es increíble, estoy dentro de ti amor.

    -Lo se mi vida, te noto, siento tu polla tocándome el estómago, déjame elevarme un poco. -se apoyó en los codos y se elevo dejándome que subiera el culo, así me sentía mejor y le dejaba más libertad para que se moviera.

    Descubrí otra costumbre heredada de su padre, me sujetó el cabello y tiró para que volviera la cara y la separara de la cama. Le ofrecí la boca y la tomó como suya.

    -Bebito, voy a empezar a follarte.

    -Así, así, Robert. -gozaba toda la envergadura de la verga cuando la retiraba dejando dentro solo la gorda cabeza, y luego volvía a penetrarme, cada vez con mayor rapidez, con más fuerza. Mi polla se frotaba con fuerza con las sábanas cuando me embestía, resbalaba en los líquidos que mismo despedía, elevé el culo un poco mas y metí la mano para cogérmela.

    -Marín, ya me voy a vaciar mi amor, no voy a aguantar mucho más. -sentía ya las contracciones de la polla estirándose, y creciendo cuando el semen viajaba por ella.

    ¡Ohhh, sí mi vida! Así, lléname mi amor. -podía hacer tres cosas a la vez, gozar los chorros de leche que me inyectaba, hablarle, y mover mi polla buscando yo también vaciarme.

    Me contraje un instante con el primer trallazo de leche que me salió y caí como un peso muerto sobre la cama continuando temblando mientras el semen se derramaba de mi.

    Unos minutos de descanso, un doloroso placer. Me llevó a colocarme de cucharita sin retirar la verga que seguía dura en mi interior. Me abrazó con el brazo izquierdo y apreté su mano sobre mi corazón.

  • Soy tuya, papi

    Soy tuya, papi

    «Ven, papi» te diré para que te acuestes en mi cama, te quitaré la ropa para que pueda besar tu boca y tu cuerpo entero. Bajar por tu pecho esbelto y llegar a tu gran polla. Luego chupar la cabeza de tu verga, meterla despacito en mi boca, quiero que veas mis labios comiendo esa verga rica, grande y gruesa que tienes, que sientas mi lengua en tus huevos que caben perfectamente en mi boquita y la cara de perra que tengo mientras lo hago.

    Seguirás acostadito y yo me sentaré en tu verga, voy a cabalgar en ti como si fuera mi último día de sexo, gemir y gritar como una zorrita, «mmmm papi, como esa verga me encanta», estoy encima de ti, yo hago lo que quiero, pero eso no quiere decir que no me harás nada, «ven, dame unas ricas nalgadas».

    Me encanta como estamos haciendo y yo quiero más, quiero que me domines, que me des duro, como a mi me gusta. Me dices para ponerme en cuatro, yo lo hago. Me metes un dedo en la vagina y me lo mete en la boca, «que rico es mi sabor». Ahora yo meto mis dedos en mi vagina, y tú me miras, admiras como me toco, estoy en cuatro mis pechos bien pegados al colchón y te pido para que me penetre «oh papi, dame duro, que necesito». Uff tu pene entra y sale de mi en un ritmo tan rápido que no puedo reaccionar, solo gimo y te pido más.

    Yo quiero más, necesito de más, tú lo sabes, sigues con las palmadas, también me jalas el pelo «mmm me encanta», y lo que viene a seguir es algo mejor. Mi conchita está súper mojada, tu verga me calienta a cada mete saca más, «soy tuya papi, mete los deditos en mi culo». Eres mi hombre, lo sabes, y sabes que mi deseo contigo nunca se acaba. «Ay papi, no pares que me vengo», al escuchar eso es como si te diera la señal para que me excites más, me frotas el clítoris, que está pinche durito, y yo grito descontrolada con lo rico orgasmo que siento.

    Mi conchita está muy mojada, igual que tu verga, pero tú sabes que quiero más, por eso la metes en mi culo, se siente tan rico. Nunca nadie me había cogido así, quiero tu leche en mi, en donde quieres echarme? en la boca? en la cara? «mmm dame tu leche, papi. Échale en mi culito».

  • En el aniversario de la empresa

    En el aniversario de la empresa

    ¿Qué buena sensación tenerla en mi mano; su contextura sedosa, grande, palpitando suavemente y aún blanda, me pareció muy agradable. Me hacía sentir algo que yo deseaba tener. Fue él quien me pidió que se la tocara cuando hizo el primer ademán de irse de la fiesta. Se quedó parado, de pie, al fondo del pasillo, agarrándose de la barandilla en la subida, dejando la sala donde habíamos celebrado la cena de Aniversario de la Empresa. Habíamos comido abundante, habíamos conversado, habíamos bailado hasta sudar la camisa en este verano que no acaba… Todos estábamos cansados y deseosos de irnos a casa y meternos en la cama. En un momento ya casi todos los demás se habían ido, la mayoría en taxi porque habían previsto que se dejarían llevar por los tragos que se nos ofrecían abundantemente.

    Roberto fue el último que se iba antes que yo. Lo conocí en la oficina, trabajaba en facturación y a veces compartíamos algún rato de conversación, aunque no era tan frecuente. Pero, desde que le conocí me había llamado la atención, es hermoso, no excesivamente hasta llegar a ser inalcanzable, pero nada tenía feo, sus labios carnosos y sus ojos verdes, el cabellos siempre por la frente y abundante, incluso le llegaba a cubrir el cuello de la chaqueta por detrás. Era simpático verle cómo cada vez que se ponía su chaqueta, tenía que desplazar el cabello de dentro del cuello hacia afuera.

    Cuando me pidió que se la tocara, no pensé mal ni mucho menos, me pareció que era un asunto de la bebida que había ingerido, sonrió y me aconsejó que me fuera a casa aprovechando que él ya se iba.

    — ¿Has llamado un taxi?, —le pregunté para saber si se daba cuenta de lo que hacía y de si se sentía bien.

    Vi el bulto de su entrepierna que se levantaba moviéndose dentro de sus pantalones y tenía que acomodarse para no pasar apuros.

    — Nacho, ¿no te gustaría un poco de esto?, —me preguntó, dirigiendo fijamente sus ojos verdes hacia los míos y tomando mi mano para bajarla y que tocara su polla.

    Espontáneamente estaba sintiendo el tacto de su bulto tan sedoso, pero rápidamente saqué mi mano y educadamente le dije que debía irse, que estaba cansado y debía meterse en la cama.

    — Ya sé que estoy cansado, tú también, vamos a compartir juntos mi polla, Nacho; eso estaría bueno para los dos; además, tengo un regalo especial de para ti.

    — ¿Para mí?, ¿a qué viene eso?, —le pregunté siguiéndole la corriente y esperando que se fuera pronto.

    Miró hacia abajo susurrando:

    — Bájate la cremallera y verás, sería un bonito final para este día si compartiéramos nuestras fantasías.

    Estaba pensando en lo que me iba diciendo y que ya rondaba por mi cabeza: «¿Qué debo hacer para deshacerme de él? ¿Debo llamar un taxi a su nombre?» Pero Roberto volvió a tomar mi mano y su «regalo» estaba cada vez más crecido.

    — Nacho, solo apriétalo por mí que me será muy agradable.

    Yo me puse a pensar: «¿Por qué me estaba pasando esto? Era como si Roberto conociera mi mente, justo lo que había estado pensando durante mucho tiempo. Esto se había convertido en un propósito personal para una nueva etapa en mi vida. Todo era como si Roberto supiera que yo soy gay, pero ¿cómo puede saberlo? ¿acaso se lo he demostrado involuntariamente por algún inopinado gesto mío?» Me preguntaba estas y otras cosas similares para desear descubrir si es que sabía algo o era simplemente por los tragos de licor que quizá había tomado y le había afectado tanto a Roberto.

    Pero me sorprendí en ese momento que mientras pensaba todas esas cosas, no aparté mi mano de abrazar con mis dedos y la palma de mi mano la sedosa polla de Roberto, sino que le acariciaba incluso el escroto. Roberto me sonreía muy encantador y reaccionaba cuando yo apretaba y sentía que el sexo estimulaba mis hormonas.

    Algo estaba pasando y yo estaba disfrutando de ese contacto. Me sentí extrañamente a gusto y el suave sonido de sus gemidos finalmente me excitó. Resolví probar diferentes sensaciones moviendo mis dedos alrededor de su polla y debajo en su escroto. Aquello fue relajante y encantador, especialmente porque le estaba dando tanta alegría a Roberto como a mí un nuevo placer.

    — No pares, es precioso, ábreme la bragueta y saca mi paquete, ¿verdad, Nacho, que es precioso?

    Está al pie de las escaleras, de frente a mí todavía, pero con un pie colocado en el siguiente escalón, como quien se va, creando un verdadero espacio entre sus muslos que me atrajo mucho más porque pude variar mi forma de tocarlo.

    Lo disfruté por un tiempo, sintiéndolo y apretándolo así entre sus piernas y sobre sus pantalones. Estaba un poco inseguro acerca de aceptar su invitación para abrir sus pantalones y sacarlo afuera. Entonces subí dos escalones, lo que me permitía alargar la mano sin sacarla de dentro de su pantalón. Él subió dos más y así hasta que llegamos a la calle. Me dijo:

    — Mi casa está ahí mismo, al lado, a 3 minutos, no necesitamos taxi, no saques tu mano y sigue acariciando mis huevos que no transita nadie.

    Y seguimos así hasta su casa.

    Una nueva sensación: meter mano en el paquete de uno en plena calle. Pero me asaltaban por momentos la duda y sobre todo cuando estaba abriendo el portal para que entráramos los dos. Pensaba: «¿Qué pasaría si sólo fuera la bebida lo que le causara estar así, lo embarazoso que sería si todo fuera una especie de broma y yo cayera en la trampa? Sería una broma horrible para justificar después, porque algunos de nuestra oficina tienen un extraño sentido del humor.

    Antes de entrar decidí preguntarle sin rodeos si estaba al tanto de lo que estaba pasando y si sería mejor que me fuera ahora mismo, porque hacemos muchas cosas bajo la influencia del alcohol de las que nos avergonzaríamos cuando se nos pase el efecto de las copas de más.

    Me agarró del brazo y me llevó al ascensor, diciendo:

    — Nacho, no estoy tan mareado como para no saber lo que me excita y he tenido un sentimiento por ti que me dice que te gusta lo que estás haciendo y que te gustaría pasar la noche conmigo. Así que al diablo con marcharte, déjame mostrarte de qué se trata y desenrollar tu regalo ahora mismo!

    Me di cuenta de que Roberto tenía cierta eminencia imperativa sobre sí mismo y extrañamente me di cuenta de que le gustaba ser así. Lo hizo aún más atractivo para mí y me incliné hacia la idea de que sería bueno ir más lejos y complacerle.

    Si, en el peor de los casos, todo sería una gran broma, podría culpar al efecto del alcohol por la mañana y seguir con mi vida normal. Pero si no era broma y Roberto era genuinamente sincero en sus sentimientos, esto podría ser el comienzo de una nueva y maravillosa relación que, francamente, anhelo desde hace tanto tiempo, pero nunca tuve el valor de acercarme a otro hombre, excepto en páginas de chat en Internet y no me animaba porque todos ellos parecen querer una emoción rápida de cama y luego «si te he visto ni me acuerdo».

    Hemos llegado a su vivienda y estábamos completamente erguidos. Me pidió de nuevo que le abriera la bragueta para sacar su paquete que era especial para mí y si yo quería podía probarlo ahí mismo.

    Eso hizo que un escalofrío subiera por mi columna vertebral. La idea de un encuentro sexual de tipo profundo y penetrante ya era bastante tentadora. Había probado los vibradores anales y disfrutado de los sentimientos derivados de ellos. Pero francamente, había llegado al punto en que me parecían aburridos. Algo faltaba, como que no había alma. Vale, vale, esos japoneses sabían cómo crear los mejores sentimientos sensuales, pero no importa cómo lo intentaran, nunca podría ser algo real.

    Ahora se me dio la oportunidad de intentarlo y fue maravilloso, porque no tenía que preocuparme de reunir el valor para familiarizarme con alguien y esperar que estuviera inclinado.

    Así que me aventuré a sacar todo el paquete de Roberto y respiré su aroma. Reconocí el olor, igual que el mío, pero cuando profundicé más y me deslicé por sus calzoncillos para exponer el contenido de su paquete, inmediatamente olfateé el olor del sexo, un olor que había encontrado a menudo cuando me masturbaba con un vibrador anal dentro de mí, que era siempre más prominente cuando estiraba el prepucio hacia atrás para revelar esa hermosa y maravillosa cabeza sensible albergada con su propia capucha que yo desencapotaba, retirando el prepucio. Me puse de rodillas para desplegar todo bien y, para alegría de Roberto, yo estaba arrodillado conociendo el contenido y disfrutando mucho de él.

    — Es justo lo que quería, Roberto. ¡Me encanta!

    — Pensé que podrías, no pares lo que estás haciendo, me encanta lo que estás haciendo con mi regalo, sigue jugando.

    Era bastante bonito, también muy grande, muy rígido y flexible. Me encantaba su tacto y su olor. Me aventuré a masajear suavemente sus amplias bolas y él gimió instándome a que siguiera, abriendo más sus piernas para que yo pudiera acunarlas. Dijo

    — Me encanta que acunes mis bolas con tus suaves manos.

    Le di un generoso masaje durante un rato y lo entusiasmé. Su cabeza se extendía hacia adelante y hacia atrás mientras le daba una buena sacudida rígida, igual que yo hago con la mía.

    De nuevo otro tipo de dudas más atrevidas: ¿Debería o no debería? Estaba contemplando su color. Ya tenía la sensación, tenía el olor y ahora tal vez necesitaba el sabor. Me gustaría ir a por ello. Algo me dijo que era lo correcto y que a menudo había fantaseado sobre cómo se sentiría y cómo sabría en mi boca. Ahora era el momento de averiguarlo.

    Cerré los ojos y fui a por ello. Un sonido apreciativo salió de los labios de Roberto cuando empecé a descubrir de qué se trata el sexo oral. Lo apreté entre la lengua y el paladar y supo a algas, un poco como el eglefino que tanto me gustaba para desayunar con una pizca de mantequilla. Ahora tenía otro tipo de pomo y era delicioso sentir y saborear en mi boca mientras lo chupaba con fruición y generosamente.

    Al mismo tiempo, Roberto, aparentemente frenético por la forma en que estaba disfrutando del contenido de su paquete, me preguntó si podíamos ir a la cama porque le gustaría ir más lejos.

    No necesitaba contestar. me levante y medio abrazados adelantamos unos pasos hasta su dormitorio. Ahora ya sabíamos los dos qué queríamos; su polla erecta y muy grande iba por delante de nosotros indicando el lugar. Apenas llegamos al dormitorio, se desnudó completamente y luego me desnudó a mí totalmente, inequívocamente suya fue la acción de desnudarme y me dio mucho placer.

    Insinuó el deseo que sentía y paseó su polla por mi culo, a la entrada de mi ano. Iba pasando su polla una y otra vez por el agujero deseando entrar y apuntado allí mismo a mi puerta. Me sentía ya violado como nunca me había sentido y todo me daba placer, hasta mi polla que nada tiene de pequeña lo agradecía con pulsaciones que la hacían ponerse más erecta por momentos. Jamás había sentido tantas sensaciones juntas que, ocurriendo en un lugar hasta ese momento desconocido, me ponían en vilo todo el cuerpo. La alegría de esta jornada estaba superando todas las situaciones vividas anteriormente, convirtiéndolas en insignificantes. Esto era insuperable; yo ya sabía ahora lo que venía, ya solo esperaba con ansias la entrada firme de su polla por mi culo. No solo la esperaba, también la ansiaba

    No se hizo esperar mucho más tiempo, pronto llegó. Ahora comencé a saber y experimentar la totalidad del sexo. Ya había probado el tacto de su lengua en mi grieta que me hizo gemir y suspirar como si estuviera en otra galaxia.

    Me dijo que para mi bien sería mejor a cuatro patas, me puse a cuatro patas, levanté el culo expuesto para él, algo que me nació de natural hacer. Se colocó en mejor posición y pronto sentí que el calor de su cipote empezaba a penetrarme. Tomó un poco de lubricante que tenia preparado en la mesita de noche, me embadurnó mi culo, se pasó por su polla y continuó con delicadeza.

    El comienzo de la penetración fue algo difícil, su polla no es la de un niño grande, incluso mi vibrador más grande no podría competir con los volúmenes y medidas que tenía el conjunto genital de Roberto, con una polla de 22 cm., y un grosor como la mitad de mi muñeca, hay que tener mucho cuidado.

    — Relájate, Nacho, —me dijo y yo apoyé la palma de mis manos bien extendidas sobre firme.

    Entonces sentí que ya estaba dentro de mí, en lo más profundo. Me dolió, mucho, grité, pero no desesperé, solo quería que supiera que había llegado, me había golpeado la pared de la próstata y después del dolor comencé a sentir un inmenso placer que iba subiendo por mis piernas, lo noté por el interior de mis muslos, y se centró en mis genitales, irradiando todo mi cuerpo hasta los intestinos. Ahora esperaba Roberto y yo me movía para sentir los golpes en mi próstata. Estaba trabajando en lo más profundo de mí.

    Esto era la realidad y descubrí la diferencia enorme que hay entre la realidad y mi vibrador. No podía mover mis músculos rectales para apretarlos hacia adentro. Era demasiado grande pero no necesitábamos ninguna gratificación sensual extra, el masaje de su polla penetrándome era suficiente y durante todo el tiempo nuestro follada estaba construyendo perfectamente sentimientos mutuos. Incluso hasta el punto en que se detuvo de vez en cuando para que ambos pudiéramos apreciar el sentimiento del otro, nos besábamos y el latido de su polla era muy fuerte y me daba una extraordinaria sensación cálida. Yo me sentía en paz con todo el mundo y mi Navidad estaba ya bien servida. Cuando llegamos al clímax de nuestro orgasmo, y yo tenía en mi poder algo que había sido de Roberto, comenzó una nueva relación entre los dos y no tuve que preocuparme de planear ningún proyecto o propósito que pudiese hacerse efectivo en adelante. Mi proyecto se llama Roberto hasta hoy.

    Roberto y yo estuvimos mucho tiempo haciendo muchas más apertura de paquetes durante el tiempo de la temeridad, ahora y para siempre para siempre jamás ya no hay paquetes que abrir, ni braguetas que despertar, ni pollas que animar, porque ahora hay vía libre con luz verde, en cualquier situación que lo deseemos en nuestra casa, es nuestro tiempo de felicidad y permanente fiesta de nuestra empresa, la que entre los dos hemos montado.

  • El Ayudante (Cap. 2): De entrada Seungyeon, de cena Yeeun

    El Ayudante (Cap. 2): De entrada Seungyeon, de cena Yeeun

    La boca de la morocha se abrió grande para recibir al misterioso bocadillo tal como el Ayudante le había ordenado, y al sentir la comida afirmarse contra sus carnosos labios, mordió suave y lento un trozo de aquel alimento que no podía ver, degustando el delicioso sabor con su lengua, empezando a masticar para luego tragárselo. Quien le había dado de comer pudo ver como unas cuantas gotas del jugoso fruto se escurrían, deslizándose por el mentón de Seungyeon. Sus brillantes labios habían quedados embadurnados por algo del chocolate que le había agregado a la fruta roja, los cuales la joven de bronceada piel animadamente limpió con su traviesa lengua, en un gesto bastante sugestivo aunque ella lo hubiera realizado de forma inconsciente.

    “Hmh, obviamente era una frambuesa. Frambuesa con chocolate.” Y una divertida sonrisa se dibujó en sus labios luego de responder, pues ya sabía que había acertado.

    “Correcto, Monkey. Lo haces muy bien.” El alto hombre terminó por comerse lo que quedaba de la fruta, notando la expresión divertida de la chica, a pesar de que sus ojos estuvieran cubiertos por una tela negra que tapaba su visión, todo parte de aquel juego suyo.

    “Ya hemos jugado a esto antes, y es muy fácil, Ayudante. Ya debería saber lo buena que soy adivinando estos postres suyos.” La Idol de larga y lacia melena negra se acomodó un poco mejor en el moderno sofá negro en el que se encontraba sentada, cruzando sus largas piernas, descansando sus manos en una rodilla y entrelazando los dedos. Aparte de la tela que cubría sus ojos, ella vestía unos shorts de jean que dejaban al descubierto sus sensuales piernas, con esos anchos muslos que la prenda parecía contener a duras penas. Una blusa de verano blanca, que dejaba a la vista sus hombros y brazos, y que contrastaba deliciosamente con su piel morena. Llevaba los primeros botones abiertos dejando ver la tentadora línea de su clavícula y el inicio de su escote, con sus pechos realzados por un sostén blanco que se notaba debido a la fina tela de su blusa. Unos botines negros, además de una fina capa de maquillaje, complementaban el simple pero atractivo vestuario de la joven.

    “¿Entonces debo entender que el juego te está aburriendo?” El hombre, que vestía de traje como siempre, Sacó otra fresca fruta del cuenco que estaba en una pequeña mesita a un lado de la Idol. Estaban en lo que podría llamarse su oficina, al menos la que le había proporcionado la empresa dueña del grupo de Seungyeon mientras se mantuviera bajo contrato por ellos. Y no podía quejarse, pues era amplio cuarto, con todos los lujos y artilugios que podrían esperarse de una oficina en la actualidad.

    “Yo no dije eso,” Sus labios se movieron haciendo una pequeña mueca, antes de volver a sonreír, con cierta dulzura. “Admito que es divertido jugar con usted, Ayudante.” Sus finos dedos se movieron inquietos como si estuviera luchando con cierto nerviosismo o pena para decir lo siguiente. “Y yo, agradezco lo que hace por mí. Por nosotras. Todo el grupo está más distendido y animado desde que usted llegó. Supongo que sólo hace su trabajo, pero gracias.”

    “No necesitas agradecerme,” Peló la cáscara de la banana que había tomado antes, cortando un trozo con sus manos antes de rociarle por encima un poco del exquisito chocolate fundido que había usado con la frambuesa, un poco del dulce líquido color café cayendo sobre sus dedos. “Aquí viene otro bocadillo, abre la boca.”

    “¿Aah?” Sus labios se separaron para abrir su boquita de nuevo, dejando que introdujera la nueva comida que tendría que adivinar.

    El Ayudante descansó el trozo de banana bañado en chocolate sobre la lengua de la Idol, permitiéndose acariciar con sus dedos con chocolate los labios de la inocente mujer. Dejó que la morocha comenzara a masticar suave y a degustar aquel bocadillo para luego chupar sus dedos buscando probar más del chocolate, paseando lengua por la piel del Ayudante sin darse cuenta. “Mhn, banana. Banana y más chocolate.”

    Frotando su pulgar sobre la húmeda lengua de la Idol, finalmente separó su mano y ella cerró su boquita terminando de degustar el sabor. “Sí que te has vuelto buena para esto, Seungyeon.”

    “Se lo dije,” El puente de su nariz se arrugó un poco. “Señor ayudante, ¿No cree que está mal que coma tanto dulce? El mánager me daría el infierno si se enterara.”

    “Por eso mismo no debes decírselo, nada de esto. Tal como lo hablamos. Y eres una mujer atlética, deportista, no vas a engordar por comer unos pocos dulces.” Y mientras le respondía tan tranquilamente, comenzó a desajustar la hebilla de su cinturón, desabrochando el mismo. “¿No es así?”

    “Sí, lo sé.” Sus labios volvieron a deformarse en una pequeña mueca. “Por cierto, señor Ayudante, ¿Usted tuvo una discusión con Yeeun?”

    “¿Yeeun?” Ah, sí, la Main Rapper, o rapera principal, de CLC. Compañera de grupo de la mujer frente él. Esa rubia era la única que hasta el momento se había resistido a sus maquinaciones y trucos. “¿Por qué lo preguntas?” Dejó caer su pantalón de vestir, acariciando el notorio bulto en sus boxers con una mano, su miembro semidormido comenzando a reaccionar al manoseo. Se acomodó un poco mejor frente a ella, Alzando un pie para dejarlo descansar sobre la mesita a un lado, bajándose los bóxers, su miembro saliendo como resorte para quedar colgando medio erecto frente a la cara de la Idol.

    “Creo que ella,” Mordió su labio inferior, la imagen ayudando, sin que ella se enterara, con la erección de su siguiente postre a comer. “No lo sé, ¿Creo que no confía en usted? No aún, al menos. He intentado hablar con ella, pero siempre corta el tema cuando se trata de usted.” Su nariz comenzó a moverse percibiendo y olfateando aquel fuerte olor que ya conocía. Inconscientemente relamió sus labios para humedecerlos.

    Meneando su verga frente a la boca semiabierta de la joven adulta, sin llegar a tocarla, el Ayudante decidió que era hora de comenzar con el verdadero juego. “Abre la boca, Seungyeon.” Un tono de voz dominante, que no admitiría una negativa o algo diferente a lo que pedía. Y la Idol así lo hizo, abriendo grande su boquita, esperando paciente el siguiente postre. Aunque sólo por su particular olor, la morocha ya sabía de qué postre se trataba. Era la golosina especial del Ayudante. Pero ella no se lo diría ahora, para no arruinar el juego y hacerlo sentir mal. “No te preocupes, Yeeun y yo hablaremos y arreglaremos cualquier malentendido que haya entre nosotros. Estoy seguro de que ella y yo nos llevaremos tan bien como contigo o las demás miembros del grupo, ¿Sí?” Vertió un poco del chocolate líquido sobre su caliente miembro, soltando un pequeño suspiro ante la sensación.

    La Idol sólo respondió con un leve asentir de su cabeza, sin animarse a hablar pues le habían ordenado que abriera la boquita, y eso haría hasta que el Ayudante terminara de darle de comer su golosina, como buena Idol que era. Pobre Ayudante, él ignoraba que ella ya sabía de su golosina. Ese hedor intenso que entraba por su nariz lo delataba.

    “Abre grande, eso,” Suspiró, paseando su glande por los carnosos labios de la morocha, dejando que la curiosa lengua ajena se robara un poco del chocolate mezclado con líquido preseminal que caía por la punta de su miembro. “Y no muerdas.” Sin más, la tomó de la nuca, acomodando su mano bajo el largo cabello azabache de la Idol, y la empujó contra él, haciendo que su sudorosa verga comenzara a meterse por la húmeda y caliente boca de la chica.

    “Amghh,” Sus carnosos labios le dieron la bienvenida, abrazando la caliente barra de carne que poco a poco iba engullendo con su boquita, casi desencajando su mandíbula con cada nuevo centímetro que entraba. Pero había mejorado, o eso pensó, mientras lamía con su lengua buscando más chocolate para pasar aquel sabor sudoroso tan fuerte que ahora inundaba sus sentidos.

    “Nhn, ¿Está rica con el chocolate, Seungyeon?” Aún quedaba una buena porción de su verga sin ser tragada, pero estaba bien. La sacó lentamente para dejarla responder, viendo como la Idol enseguida tomaba una buena bocanada de aire, hilillos de saliva cayendo por su mentón y colgando de su mentón hasta el enorme miembro frente a ella.

    “¿S-sí? Supongo,” Dio un sonoro trago mezcla de saliva, sudor del miembro y líquido preseminal, además de algo del chocolate. “Está aamgh-…” No pudo seguir hablando pues tuvo que volver a tragarse lo que podía del falo de carne de una vez. Luego se lo sacaron, y se lo volvieron a meter, su cabeza meneando a un buen ritmo, haciendo que suelte húmedos y obscenos sonidos con cada cabeceada, mientras tragaba y tragaba lo que podía de aquella enorme pieza de comida. Tragó tanto que soltó una ahogada arcada cuando la punta se abrió paso por su garganta y comenzó a bajar, pero ni así el Ayudante le permitió separarse. Se removió inquieta intentado respirar por la nariz, pero se le había pegado bastante saliva a las fosas nasales. Y si no fuera por la venda en sus ojos, las lágrimas por el esfuerzo que estaba haciendo estarían cayendo libres por su mejilla.

    “Así nena, trágate todo.” Resopló ahogando un gemido de placer por como la esforzada garganta de la chica se contraía contra su verga, invitándolo a que se corriera.

    Sin poder a hablar por el pedazo de verga que tenía atragantando su boca, la morocha empezó a darle golpecitos con las palmas de las manos en sus piernas que curiosamente se encontró desnudas, intentando hacerle entender que era mucha golosina de un sólo tirón y no podía comérsela toda.

    “Mhn, muy bien Seungyeon.” Sacó lentamente su miembro de la cavidad de la chica, viendo como su pecho se inflaba de aire al fin poder respirar de nuevo. Masajeó su húmeda verga que escurría de saliva y líquido preseminal, restregándola por la inocente cara de la Idol, dejando que sus fluidos aceitaran aquella bronceada piel, dejándola toda húmeda y brillosa.

    “Malo,” Una queja ahogada mientras recuperaba su aliento, respirando agitadamente. “¡Malo!” Gimoteó, amenazando con comenzar a llorar, las lágrimas humedeciendo la venda e irritando sus ojos al ser contenidas por la tela. Acarició su propio cuello con una de sus manos buscando aliviar el dolor de su exigida garganta.

    “Seungyeon,” Ella creyó que la regañarían ante su infantil rabieta, pero en su lugar comenzó a sentir como le repartía húmedos besos por toda su carita. “Perdón, nena, ¿Te di mucho de comer?” Le dio repetidos besos por su mejilla, nariz y mentón, y luego la sorprendió con un corto y suave beso en sus labios apretados en un puchero.

    “… E-está bien.” Bajó su rostro un tanto avergonzada. Tal vez por aquel inocente gesto de cariño, tal vez por no habérsela comido toda. La comida, claro. “Puedo comerme más.” Y volvió a alzar su cabeza decidida, abriendo un poco su boquita y dejando atrás su aparente enojo.

    “Por supuesto que vas a comer más, Monkey.” Irguió de nuevo su cuerpo luego de haberse inclinado por los besos, y acomodó el glande en la entrada de su húmeda boca. Sin esperar respuesta volvió a penetrar aquella sensual boquita sin descanso, embistiendo suave con su cadera, su gordo miembro entrando y saliendo de ella, generando más sonidos húmedos y suaves quejas de la morocha.

    “Mgh, ngh,” Tragaba totalmente sumisa, bañando la verga en su saliva y descansando sus manos en los muslos desnudos de su Ayudante, clavando sus bien cuidadas uñas en la piel de aquel hombre que le estaba dando de comer cada vez que su miembro se hundía por su garganta. La calentita barra de carne en su boca empezaba a latir, y aquellas extrañas deformaciones como venas en su suave textura se estaban marcando aún más. Aquí venía aquel líquido calentito, lo sabía, y como muestra de su arrepentimiento por la escena de antes, se iba a tomar todo sin rechistar. Como buena Idol que era.

    “Ah, Seungyeon, así.” Afirmó su agarre en la cabeza de la chica con ambas manos, haciéndola menear su cabeza contra su verga, viendo como ya podía tragarse más de la mitad sin problema. “Ahí viene tu golosina, tu lechita favorita.” Tomó su miembro por la base con una mano y lo movió dentro de la caliente cavidad de la Idol, sintiendo como estaba por correrse.

    La muchacha sólo arrugó el puente de su nariz, paseando y lamiendo con su lengua, haciendo fuerza con su garganta para comerse más y más de esa gorda barra de carne. Así que sí era leche como ella suponía. Salada y calentita leche. “Mgh,” Una ahogada queja, un ahogado gemido, cuando sintió verterse y bajar derecho por su garganta aquel espeso líquido blanco. Pero no pudo con todo, y su boquita rápidamente se inundó de leche que se escapó de entre sus separados labios, manchando su mentón. Y más leche se fugó por sus otros orificios, saliendo expulsado por sus fosas nasales, donde empezó a formar burbujas con el líquido al intentar respirar. Y más arcadas, producto del agrio y rancio sabor, la carnosa golosina todavía bombeando más y más de aquel espeso y pegajoso líquido.

    “Muy bien, mi hermosa Seungyeon.” Su voz más gruesa por el placer, habiendo tenido una corrida espectacular de nuevo, todo gracias a la morocha. Limpió el sudor de su frente, empezando a retirar su flácida verga de la boca de la chica, sintiendo como su camisa se había pegado a su cuerpo por la transpiración. Dejó caer el largo de su sensible miembro sobre la cara de la Idol, viendo como ella se limpiaba con un sus finos dedos lo que quedaba del semen en su rostro para llevárselo a la boca, degustarlo, y bajarlo de un amargo trago.

    Respiró con su nariz ya limpia aquel fuerte hedor de la verga que descansaba sobre su cara. “Ah, ah, que curiosa golosina,” Alzando una de sus pequeñas manos, la llevó a delinear con la punta de sus dedos el largo de aquel venoso falo. Todavía estaba húmedo y caliente, aunque parecía más blandito. “¿Cómo es tan grande? Nunca me la puedo terminar de comer, es enorme.”

    “Nh,” Sintió un escalofrío por las inocentes caricias que le estaban haciendo a su miembro aún sensible, soltando un suspiro. La suave mano de la fémina se cerró sobre su robusto tronco, su manita sin poder abarcar la totalidad del grueso de su gorda verga que ya comenzaba a ponerse dura de nuevo. Y la Idol pudo notarlo.

    “¿Oh?” Sus finas cejas se alzaron por la sorpresa, sintiendo como aquel monstruo de carne empezaba a levantarse y endurecerse contra su rostro. Alzó su otra mano y también la cerró alrededor de aquél enorme falo carnoso, pero notaba que aún le faltaba cubrir una buena porción más de carne. “¡Es como si tuviera vida! Se mueve,” Movió su cabeza y comenzó a recorrer el largo de su verga con la nariz, Aspirando más de ese fuerte olor. Ese aroma, Ese hedor tan sofocante, la hacían despertar su apetito de nuevo. Quería comer más de su carne, quería más leche y fluidos calientes. “¿Qué es esto, señor Ayudante? Qué es realmente s-…” Pero un fuerte llamado a la puerta la hizo dar un saltito del sofá por el susto, que la separó de aquel apetecible postre, interrumpiendo lo que sea que iba a decir.

    “¿¡Seungyeon!?” Y acompañando los incesantes golpes, un grito del pasillo, que hicieron separarse rápidamente al Ayudante de lo que posiblemente habría sido una rica segunda ronda con la morocha. Rápidamente se vistió con sus bóxers y pantalón y se ajustó el cinturón, mientras la morocha llevó las manos a su rostro para quitarse la venda de sus ojos. “¡Seungyeon! ¡Sé que estás ahí! Y ese tipo también, ¡Voy a entrar!”

    Y sin más, la puerta sin seguro se abrió con fuerza, y una rubia de lacio y corto cabello hasta arriba de sus hombros entró a la escena. La dueña de aquellos gritos ingresó a la oficina mirando a ambos con una ferocidad digna de la guerrera más violenta, aunque su pequeña estatura y su angelical rostro no ayudaran mucho en su intento de ser intimidante.

    “¿Yeeun?” La morocha la miró con sincera curiosidad, ignorando que minutos antes había estado tragando semen y verga a lo loco. “¿Qué ocurre? ¿Pasó algo malo?” Se levantó honestamente asustada por su amiga, que le devolvía la mirada con un gesto entre exasperado e indignado. Supuso que sería por su cara de aspecto brilloso y aceitado debido a tanto fluido que le había caído antes.

    “Seungyeon,” Su afilada y peligrosa mirada se movió de la morocha hacia él. Y aquel disgustado gesto en su rostro sólo se agravó más mientras lo miraba de arriba a abajo, su vista deteniéndose en el bulto apenas contenido bajo su pantalón. “Nos vamos.” Sin esperar más, caminó con firmeza hacia su líder, tomándola de la mano y encarando de inmediato a la puerta de salida de nuevo, dándole una última mirada llena de desprecio por sobre el hombro al Ayudante, antes de salir arrastrando con ella a la morocha de bronceada piel que no hacía más que preguntarle con sincera duda qué demonios le pasaba.

    “¡Adiós Seungyeon, Yeeun!” Se despidió animadamente, aunque la única respuesta que recibió fue un portazo de parte de la rubia. Pero se permitió sonreír de lado, tomando aquel prominente paquete que era su erección para acomodarlo mejor bajo sus bóxers. Al parecer iba a tener que hablar con Yeeun más pronto de lo que había planeado. Mejor para él.

    Luego de este notable suceso por la mañana, el Ayudante se dedicó a atender a otros asuntos de su labor durante el resto del día, interactuando también con las otras miembros del grupo, con todas menos Yeeun, la cual lo evitó manteniendo prudente distancia de él. Pero tan sólo tuvo que enviarle un mensaje privado a su móvil para hacerle saber de su necesidad de tener un encuentro privado con ella ya entrada la noche. De todas formas, ya les tocaba su sesión juntos, así que la rubia no podría negarse lo quisiera o no.

    “Yeeun, un placer verte, me alegra que pudieras venir.” La saludó con amabilidad, levantándose de la cómoda silla de oficina detrás de su escritorio para recibirla. La hostil Idol había entrado sin anunciarse, tal vez esperando encontrarlo haciendo algo indebido, aunque sin fruto alguno.

    La rubia no contestó de inmediato, apretando la mandíbula con aparente molestia mientras cerraba la puerta. Vestía simple, con un suéter ligero de color beige, y un pantalón jean que abrazaba deliciosamente su dura retaguardia y largas piernas. Físicamente, era tan sólo un centímetro más pequeña que Seungyeon, aunque de contextura más delgada. Con un rostro de rasgos finos y labios rojos, la rubia de nívea piel lo miró con fiereza. “Sabes que no estoy aquí por gusto. Si por mí fuera me encargaría de que te largaras al continente más jodidamente lejano.” Se cruzó de brazos, consciente de que no se dirigía con el mismo respeto hacia él que sí le profesaban las demás miembros. Pero estaba harta de él, y hoy terminaría con toda su patraña.

    “Yeeun, de verdad no lo entiendo. De verdad no sé que ha causado esta fricción entren nosotros, pero te prometo que no nos iremos de aquí hasta solucionar to…” Se detuvo cuando vio a la rubia marchar con claro enojo hasta él.

    “¡Déjate de estupideces!” Estampó sus pequeñas manos contra el escritorio para acompañar la fuerza de sus palabras. “Eres un cínico, un cínico y un cerdo, ¿Te crees que soy tan estúpida? ¡Haré que te despidan!”

    “¿De qué hablas?”

    “¡Sé lo que has estado haciendo con Seungyeon!” Su rostro se arrugó en un gesto de completa rabia. Si no fuera tan hermosa, hasta lo habría incomodado un poco. Pero lo único que estaba logrando era calentarlo como nunca. “Con Seungyeon y las demás miembros, aunque ellas no lo digan claramente, Sé lo que intentas con ellas, ¿Qué tanto las has manchado con tu… Tu, ¡Tu perversión!” Lo miró con indignación y desprecio.

    “Por favor, cálmate, Yeeun. No es bueno que discutamos las cosas así. Esta sesión es para arreglar nuestras diferencias, y…” Nuevamente fue detenido cuando la rubia soltó un gruñido de exasperación, llevándose las manos a su cabeza.

    “Deja. De. Jugar.” Acentuó cada palabra una vez logró calmarse lo suficiente como para volver a hablar. Su cuerpo temblando y su respiración agitada. Estaba al borde de estallar, de eso el Ayudante estaba seguro. “Voy a hacer que te despidan. No, haré más que eso. Voy a contarlo todo y tu asqueroso trasero estará en la cárcel para cuando todo esto termine, ¿Entiendes?”

    Finalmente, el Ayudante guardó silencio, mirándola con calma. Lo único que se escuchaba era el sonido de la respiración agitada de la sexy y enfurecida rubia frente a su escritorio, eso y un ahogado y distante sonido de música que venía del pasillo, seguramente de alguna de las salas de ensayo que estaba en su piso.

    “¿Y bien?” Las finas facciones del rostro de la joven Idol se relajaron lo suficiente como para permitirse sonreír. Sí, una cínica sonrisa llena de todo su odio sólo para él. “¿No querías hablar, Ayudante?” La ironía y desprecio con la que dejó salir esa última palabra era tajante, y el mencionado Ayudante se habría sentido algo ofendido de no ser porque encontraba sumamente sexy la forma en la que la rubia se estaba apoyando e inclinando sobre su escritorio para hablarle frente a frente.

    “… Yeeun,” Descansó una mano sobre el elegante y moderno escritorio, dando unos pasos para rodearlo y quedar a un lado del mismo, con la mirada de la atractiva rubia clavada en él, siguiendo cada uno de sus movimientos. “Primero que nada, quiero que entiendas algo.” Y volvió a dar par de pasos más para acercarse a ella. Y ella volvió a encararlo sin retroceder, aunque la obvia diferencia de estatura y musculatura entre ambos fuera evidente al estar tan cerca. Pero era la primera vez que lo notaba. “Todo lo que he hecho es para ayudar a Seungyeon. Quiero ayudarla a quitarse las tensiones, quitar algo del peso que carga como la líder del grupo. Quiero que conmigo pueda relajarse y sentirse bien.” Su mirada se había tornado fría y seria, cosa que hizo recorrer un ligero escalofrío por la espalda a la rubia. Su tono de voz también había cambiado, dejando atrás la amabilidad para hablarle con una firmeza que nunca jamás había escuchado de nadie más, ni siquiera de sus jefes o sus padres. “Ella y yo nos hemos vuelto muy cercanos, sí. Me he vuelto cercano con ella y con todas las demás miembros.”

    “¿Qué?”

    “Con todas, menos contigo, Yeeun. Tú sigues siendo demasiado obstinada, demasiado distante.” Se acercó un paso hasta ella, y esta vez la rubia estaba petrificada como para moverse. “No quieres que te ayude como a las demás, y eso, francamente, me lastima.”

    Y, de nuevo, el fuego volvió a encenderse en los ojos castaños de la rubia. “¿Qué mierdas dices?” Su angelical cara se arrugó en un gesto de completo disgusto. “Eres un cínico. Un maldito cerdo.” Casi escupió esas palabras, separándose de él para encarar a la puerta. “Me largo de aquí, será mejor que-… ¿Qué haces?” Pero se detuvo, cuando el Ayudante se movió más rápido que ella, más rápido de lo que esperaría de un hombre de ese tamaño, ubicándose frente a la puerta y trabando con seguro la misma. Fue entonces cuando el pequeño pero curvilíneo cuerpo de la Idol volvió a temblar, aunque esta vez no de rabia.

    “Yeeun, te lo dije. No nos iremos de aquí hasta solucionarlo todo, tú y yo.”

    “No digas… No hagas estupideces, idiota, y quítate del camino.” Arrugó el puente de su fina nariz, mirándolo con cierto miedo, pero intentando mantener esa fiereza.

    “¿Por qué? ¿A dónde piensas ir?” Volvió a caminar hasta ella, y esta vez ella retrocedió, apoyándose contra el escritorio. “Yeeun, no sé qué es lo que piensas ir a decir allá fuera, a tu jefe o a las autoridades. Pero te pido que lo pienses bien. Piensa en tus miembros, en tu grupo.”

    “¿Acaso estás, estás jugando conmigo?” Con incredulidad en sus ojos, la orgullosa rubia se movió hacia él, devolviendo la firmeza a sus movimientos. “¿Crees que voy a dejarte hacer con ellas lo que quieras? Estás enfermo. Más enfermo de lo que pensé.”

    “Yeeun, lo que sea que vayas a intentar decir, ¿No ves como algo así podría afectar a Seungyeon? La prensa estallaría. Todas las miembros se verían afectadas. No habría vuelta atrás.” Negó con la cabeza calmadamente, dando un par de pasos más para acortar la distancia entre ellos. “Por favor, Yeeun. Antes de hacer algo así, te ruego que primero intentes hablar con Seungyeon. No estoy mintiendo al decirte que ella y yo hemos disfrutado mucho nuestro tiempo juntos. Si hasta me agradeció lo que he hecho por ustedes esta misma mañana.” Su tono de voz tan calmado había logrado tranquilizar aquel miedo en la rubia, que simplemente arrugó el ceño al verlo acercarse más, pero no retrocedió. “Yeun, habla con ella. Habla con tus miembros, y verás que no miento. Sólo debes darme una oportunidad.”

    “Me crees estúpida.” Su afilada mirada lo siguió cuando él inclinó su cuerpo hacia ella con cautela. Su fino cuerpo se tensó cuando el ayudante la tomó de la mano con suavidad, como todo un caballero, mirándola atentamente antes de depositar un beso en el dorso, que sólo hizo que la rubia apartara su mano con brusquedad en claro rechazo. “Sé que sólo las manipulas. Como estás intentando hacer ahora mismo conmigo.”

    “Puedo ver que estás preocupada por ellas, y yo, más que nadie, puedo entender eso Yeeun.” La rodeó caminando lentamente, colocándose en el espacio que había entre ella y el escritorio a sus espaldas. “Yo no tengo malas intenciones para con ellas, sólo quiero ayudarlas. Como quiero ayudarte a ti.”

    Su mirada nunca se apartó de él, mirándolo con cautela y desdén, descartando sus palabras. “No pienses que te creo por un segundo. No vas a engañarme, ¿Qué, Qué haces?” Frunció el lindo ceño de su rostro cuando sintió las firmes y masculinas manos ajenas en sus hombros, haciendo que su cuerpo se tense una vez más por aquel simple contacto.

    “Te propongo algo, sólo escúchame.” Comenzó con un suave masaje, y la rubia sólo pudo sorprenderse cuando aquellas grandes manos se sintieron tan suaves y tersas contra los tensos músculos de sus hombros y espalda. “Me alejaré de Seungyeon. Porque puedo ver tu preocupación, me alejaré de ella tal como tú quieres que haga.”

    “Mhn, ¿Renunciarás?” Mordió su labio inferior evitando soltar un pequeño gemido cuando sus expertas manos comenzaron a tratar el molesto nudo en su delicado cuello.

    “No, sólo mantendré mi distancia con ella.” El Ayudante se inclinó a aspirar un poco del dulce aroma de la sexy Idol que se había atrevido a confrontarlo. “Pero a cambio,” Y se inclinó un poco más, depositando un pequeño y húmedo beso en la suave y blanca piel del cuello descubierto de la rubia. “Tú tomarás su lugar.”

    “¿Yo qué? Imbécil, ¿Qué, mmh, qué demonios estás diciendo?”

    “Estoy siendo muy claro, Yeeun.” Su voz recobró esa firmeza que no aceptaría un no como respuesta. “Tú tomarás el lugar de Seungyeon, y sólo así yo me mantendré alejado de ella como tú quieres. Es lo justo. Una sencilla solución a nuestro aparente problema.”

    “¿Y qué hay de las demás miembros?” Ladeó su cuello dejando que el más alto trabajara en su tensado cuerpo, dejándose hacer. Si el estúpido se hacía llamar el Ayudante entonces que sirviera para algo.

    “Al igual que con Seungyeon, me he vuelto muy unido a ellas.” Y volvió a depositar un húmedo beso justo bajo la oreja de la Idol, susurrando a su oído. “¿Estás dispuesta a cargar con el peso de tener que alejarme de ellas también?”

    Aquella insinuación pareció devolverla a la realidad. Abrió grande los ojos y se apartó abruptamente de él, empujándolo del pecho antes de ordenar el cuello de la blusa desacomodada por el manoseo. Su cara tenía un ligero tinte rojo, a pesar de que volvía a mirarlo con ese fuego en sus oscuros ojos. “Si lo hago las dejarás en paz.” Y él sólo asintió. La rubia desvió su mirada intentando pensar en sus alternativas. Sabía que, por más que lo odiara, lo que había dicho antes el tipo era verdad. Lo pensó y pensó por varios minutos, mirando por el enorme ventanal de la oficina hacia los altos edificios del exterior. El atardecer comenzaba a caer sobre la ciudad, adornando todo de una tonalidad naranja, casi roja. “Bien.” Arrugó el puente de su nariz, intentando fulminarlo con el odio de su mirada cuando al fin volvió a verlo. “Haré lo que quieras, y te mantendrás lejos de mis miembros, ¿Entendido, estúmghh!?” Su insulto fue interrumpido cuando el Ayudante se abalanzó sobre ella para rodearla con sus fuertes brazos y plantarle un beso en la boca.

    No se había podido resistir, su hostilidad y miradas de desprecio eran excitantes y ya se había cansado de que lo insultara gratuitamente. Abrió grande su boca devorando los seductores labios pintados de rojo de la fémina, presionando con su lengua para apartarlos y que le diera acceso a su boca. Lo logró, y de inmediato hundió su caliente lengua en la cavidad ajena, besándola lujuriosamente.

    “¡Mhn! Ngh,” La rubia intentaba hablar y apartarse con los ojos entrecerrados, pero la fuerza de su captor no se lo permitía. Le estaban comiendo la boca de una forma tan vulgar e indecente, era asqueroso. Dio golpecitos contra el pecho ajeno en un inútil intento de separarlo. Pero nada servía, y finalmente se rindió, cerrando los ojos y dejando que sus lenguas danzaran en un excitante baile dentro de sus bocas unidas, los húmedos y obscenos sonidos al mover sus labios contra el otro inundando el silencio del cuarto, con el ocasional gemido ahogado de la rubia.

    El Ayudante se separó para recuperar el aliento, viendo la expresión algo ida de la rubia, deleitándose de verla con la respiración agitada y su boca semiabierta derramando saliva. Le dio una lamida desde su mentón hasta la mejilla, antes de bajar con húmedos besos por su cuello, sin liberar aquella delgada y exquisita cintura de su abrazo.

    “Qu- qué mierda, hah, haces,” La orgullosa Idol tragó saliva intentando recuperarse luego de aquella violación a su boca, pero los besos y atenciones tan húmedas que estaba recibiendo a su cuello le estaban dificultando el poder concentrarse. Soltó un delicioso gemido cuando sintió los dientes del hombre que odiaba hundirse suavemente en su cuello. “¿¡A-Ayudante!?”

    Sonrió, al fin se había dignado a llamarlo con su título y no uno de sus inmaduros insultos. Le dio una lasciva lamida que recorrió todo el largo de aquel delgado y delicado cuello, antes de separarse un poco para poder verla a los ojos. “Tú aceptaste cargar con el peso de que deba alejarme de las demás miembros.” Llevó sus manos a recorrer la delgada cintura de la chica bajo su blusa, presionándola contra su cuerpo y el prominente bulto de su pantalón. “No iré sencillo contigo, Yeeun.”

    “Mgh, sabía que eras un cerdo,” Arrugó el puente de su fina nariz mirándolo con aparente asco, y en respuesta sólo recibió un nuevo beso de lengua. Al menos esta vez había alcanzado a tomar una buena bocanada de aire antes de que esa lengua volviera a invadir su cavidad bucal. En serio, podía sentir esa larga y lasciva lengua bajando por su garganta y ella sólo podía intentar detenerla con la suya propia, pero eso sólo resultaba en una húmeda lucha que el experto Ayudante ganaba con facilidad.

    La tomó de su corto cabello con una mano y la obligó a separarse de aquel lujurioso beso de lengua, dándole una nueva lamida a su mejilla mientras ella recuperaba su aliento. Seguidamente la cargó por la cintura con una mano y la dejó caer sentada sobre su escritorio. Con su otra mano tiró todos los papeles y dispositivos al suelo, la joven adulta mirándolo con una mezcla de curiosidad y enfado.

    “¿Qué haces? ¡Ah!” Gritó asustada cuando el hombre tomó con sus manos los bordes de su suéter y lo abrió a la fuerza, los botones saliendo disparados y regándose por el suelo. El Ayudante volvió a tomarla de su cabello para atraerla en un nuevo beso que esta vez la rubia respondió con igual fuerza, como intentando demostrarle que aún luchaba.

    Sí, si que estaba luchando bien con su lengua. Aprovechó para terminar por sacarle la prenda de color beige, dejándola descuidadamente sobre el escritorio.

    “Mghh, maldito cerdo.” Le dio una sonora bofetada en su ancha barbilla al momento que se separaron del beso, la cual apenas si le hizo cosquillas al Ayudante.

    “Tú y yo sí que nos la vamos a pasar bien.” Volvió a hundir su rostro en el cuello ajeno, comiéndosela con besos y lamidas hasta llegar a su hombro. “La vas a pasar muy rico conmigo.” Dio una lamida siguiendo la línea de su clavícula, llegando hasta el escote de su pecho, al cual repartió más besos sobre sus deliciosas curvas.

    “Cerdo, mh, asqueroso.” Arrugó más el puente de su nariz al verlo hacerse un festín con sus pechos, lamiendo y besando lo que se exponía de su blanca piel sobre el sostén que los cubría. Ni siquiera podía apartarse debido a las fuertes manos que la sostenían firme de su cintura, así que sólo intentaba separarlo empujándolo de sus anchos hombros, pero era inútil.

    “Estás deliciosa.” Con manos expertas desabrochó el sostén que cubría aquel tentador busto antes de comerse uno de los pezones endurecidos por la excitación que sentía Yeeun, atrapando el otro con su mano para apretarlo y masajear a gusto. Un grito mezcla de queja y gemido se escapó de los labios de la rubia, que apretaba sus dientes mirándolo con disgusto. “Has logrado volverme loco, Yeeun.”

    “Mmh, no niego eso. Estás ¡Ngh! loco y enfermo.” Mordió su labio inferior cuando sintió una mordida en su pezón, su respiración agitada por el momento de calentura. “Mhn, me estás dejando toda pegajosa.” Lo miró con desaprobación, sintiendo las húmedas lamidas con las que continuaba atendiendo a sus pequeños pechos.

    “Y eso que apenas empezamos.” Gruñó con deseo, bajando con besos por el vientre plano de la deliciosa Idol. “Eres perfecta, nena.” Tomó las rodillas de la rubia para hacerla abrir las piernas.

    “Cierra la boca, pervertido asqueroso.”

    “Ese no es el vocabulario apropiado para una señorita.” Sonrió divertido por la situación, lamiendo el abdomen de la muchacha, pasando la lengua por el contorno de su pequeño ombligo.

    “Es el vocabulario apropiado para, mhn, referirme a alguien como tú.” Hizo una mueca con su lindo rostro cuando el Ayudante desabrochó el único botón de sus jeans, bajando lentamente el pequeño cierre, revelando un poco de la tela de su ropa interior, de un impecable blanco. “Termina con esto de una buena vez.”

    “¿Ansiosa? Tranquila, tenemos tiempo.”

    “Mientras menos tiempo tenga que pasmmh,” Tuvo que detenerse cuando el hombre volvió a plantarle un beso en los labios para callarla, volviendo a meter su lengua sin permiso en la boca de la rubia, que sólo se dejó hacer.

    “Hablas mucho, Yeeun.” Bajó con más besos por el mentón de la Idol, que fue suspirando suave con cada nuevo beso.

    “¿Te molesta?” Al fin la chica volvió a sonreír con cierta burla. “No me causas nada, Ayudante,” Nuevamente, aquel tono irónico para referirse a su particular título. “Te molesta eso, ¿Verdad? Estúpido.”

    “¿En serio?” Le devolvió la sonrisa, jalándola de su sedoso y corto cabello con una mano para hacer que lo mire fijamente, antes de meter su mano libre en el interior del pantalón y las braguitas de la rubia, sin sorprenderse al sentir el delicioso calor y humedad que desprendía su sexo. “¿Y qué es esto? Ya estás mojadita para mí, preciosa.”

    La rubia, sin poder responder, ahogó un gemido al sentir el contacto con su intimidad, pero no pudo evitar que se le escapara otro cuando el grueso dedo medio de su Ayudante se hundió en su húmeda rajita. Cerró sus ojos gimiendo de placer y tirando su cabeza hacia atrás, momento que el Ayudante aprovechó para hundir su cara en el tentador cuello de la orgullosa Idol, abarcando con su boca todo lo que podía de la deliciosa piel de la rubia. Su dedo empezando a trabajar y moverse dentro de ella, jugando con el interior de su mojada vulva.

    “Dios, estás jodidamente apretadita.” Mordió suave el delgado cuello de la Idol, comenzando a estimular el clítoris usando su pulgar.

    “Jo- ¡Mmh! Jódete, ¡Imbécil, aahn!” La rubia ya no pudo evitar los gemidos que comenzaban resonar por la oficina, usando sus manos para sostenerse de los brazos del tipo que odiaba pero que la estaba haciendo sentir tanto placer con sólo sus manos y boca.

    “Voy a comerte enterita, Yeeun.” Apenas un murmuro contra el oído de la joven rapera, ante lo cual ella sólo pudo morder su carnoso labio inferior, mirando atenta como el odioso hombre volvía a bajar con besos por su cuerpo, deteniéndose a chupar uno de sus pezones antes de continuar bajando por su vientre, mientras sus manos sujetaban los bordes de sus braguitas y el pantalón de jean para bajar ambas prendas de un tirón, dejando al aire su desnudo y caliente sexo. La rubia soltó un suave quejido ante la fuerza con la que le quitó las prendas, que fueron a parar en la alfombra de la oficina junto a sus tennis.

    Sintió el aliento caliente del Ayudante sobre su vulva, que se acomodó entre sus piernas arrodillándose sobre la alfombra, sosteniendo con sus firmes manos los muslos de la chica. Tragó saliva respirando un tanto agitada, con su cara algo sonrojada tanto por el calor del momento como la vergüenza de estar en esa postura, sentada sobre el escritorio de aquel odioso hombre de piernas abiertas y con él arrodillado entre ellas. “Mhn,” Un suave y delicioso gemido cuando el dichoso Ayudante comenzó a besar suavemente sobre el interior de uno de sus muslos, humedeciendo su suave y nívea piel. “Ahh,” Y otro más, cuando los labios y boca se voltearon a atender le interior de su otro muslo, acercándose a milímetros pero sin llegar a tocar su mojado y caliente sexo.

    Ni siquiera estaba usando sus manos, que aún sostenían las largas piernas de la Idol para que no se moviera. Volvió a colocar su boca a milímetros de la húmeda rajita de la rubia, que lo miraba entre contrariada y expectante. Pero sólo dejó que su cálido aliento fuera lo único que acariciara la intimidad de la mujer desnuda frente a él. “¿Y bien, mi hermosa Yeeun?” Sonrió divertido, acariciando cariñoso con su pulgar el muslo de la chica. “¿Sigo sin causarte nada?” Se embriagó con el aroma a mujer que desprendía su caliente sexo.

    La rubia sólo hizo una mueca de molestia sin responder, aunque sus ojos bien le decían que estaba esperando y dejara de jugar con ella, tal vez demasiado orgullosa como para pedírselo directamente. Pero al parecer aquella mirada de molestia y deseo fue suficiente, pues el hombre finalmente dio una húmeda lamida sobre sus labios vaginales, que la hicieron poner sus ojos en blanco soltando un delicioso gemido.

    “Que rica estás, nena.” Relamió sus labios antes de volver a atenderla, comenzando a lamer y chupar sobre su caliente sexo. Lamió a lo largo de su vulva hasta llegar al clitoris, estimulándolo con suaves lamidas y luego atrapándolo entre sus labios, notando como se ponía duro por la atención. “Mhn, Yeeun,” Murmuró su nombre mientras trabajaba en su caliente sexo, llevando su mano a acariciar con los dedos medio y anular, empezando a penetrarla con los mismos lentamente y con suavidad mientras su lengua seguía estimulando su clítoris.

    “Ahhn, mmh, Ayudante,” La rubia gemía por lo alto y sin parar ya sin importarle nada. Los firmes dedos la penetraban con suavidad y el ayudante apretó con su pulgar el clítoris al mismo tiempo que presionaba en el interior de su rajita, lo que la hizo soltar un delicioso gemido más fuerte.

    El Ayudante, que estaba disfrutando de los ricos llamados y eróticos sonidos que la chica le ofrecía, hundió su lengua en el interior de su rica vulva buscando degustarla por completo, su boca comenzando a llenarse de sus deliciosos jugos vaginales. Se la estaba comiendo completita como había prometido, y la rubia sólo podía gemir de placer ante esto.

    Unos cuantos minutos así, y la joven se dejó caer sobre el escritorio sujetando con una de sus manos la cabeza del ayudante en su lugar, presionándolo contra su caliente sexo, mientras que su otra mano la usaba para morder y chupar sus dedos buscando acallar un poco sus orgásmicos gemidos. “Aah, Ayudante,” Casi como un ruego, sintiéndose cerca, gimiendo de placer antes de curvar su espalda y correrse con fuerza sobre la cara del hombre que se la comía tan rico. “¡Mmmhn!” Mordió firme su mano acallando lo más que podía el grito de su orgasmo.

    “Eso, eso hermosa.” Lamió y chupó cuanto pudo de su vulva, su cara manchada de los fluidos de la rubia. Repartió suaves besos sobre su clítoris antes de empezar a levantarse, recorriendo el vientre y pechos de la joven con su lasciva boca, subiendo por su cuello y llegando hasta sus labios. La besó y le correspondieron con ganas, sus lenguas removiéndose salvajemente en el interior de sus bocas, el sabor a Yeeun siendo degustado ahora por la propia rubia que tan sólo arrugó un poco el ceño pero jamás se separó de la boca de su Ayudante. Sus expertos dedos continuaron acariciando suavemente el sensible y relajado clítoris de la joven Idol, que se dejó hacer gustosa mientras se besaban apasionadamente.

    Sus labios finalmente se separaron y ella sólo podía respirar agitadamente, con hilillos de saliva conectando sus húmedas bocas, abrazándose a los anchos hombros del Ayudante que ni la camisa se había quitado. Él aún estaba vestido por completo y ella ya había llegado al orgasmo. “Ayudante…” Lo miró con una mueca de reprensión, inclinando hacia abajo sus finas cejas y arrugando un poco el puente de su nariz.

    “Hermosa,” Volvió a hundir un par de dedos en la rajita de la descuidada Idol, que gimió con suavidad cerrando por un momento sus ojos. Estaba completamente mojadita y lista para él. “Ven, vamos al sofá.” La cargó en sus brazos con facilidad y la rubia sólo soltó un gritito de sorpresa ante la acción. Como si de una novia se tratara, la llevó en brazos tranquilamente hasta el sofá negro junto a la mesita.

    La dejaron con suavidad sentada en el sofá, y se mordió el labio inferior al ver como comenzaba a desvestirse. “Mh, ¡Cerdo!” Lo miró todavía con regaño en sus ojos, mientras él se desabotonaba la camisa para luego sacársela y dejarla caer a un lado. Los ojos castaños de la Idol se posaron en el impresionante bulto en su pantalón, y volvió a hacer aquel puchero con su boca. “Pervertido, ¡Imbécil!” Observó atenta como se sacaba su calzado, desajustándose el cinturón antes de quitarse el pantalón y luego los calcetines. Lo único que le quedaba por quitar eran los bóxers manchados de su líquido preseminal, que guardaban aquel monstruo que estaba por atacarla y comérsela a ella. “¡Cerdo!” Un último grito antes de acomodarse al borde del sofá y con un rápido movimiento de sus manos arrebatarle aquella fastidiosa prenda, liberando a su descomunal miembro. El monstruo de carne salió como resorte chocando contra su inocente carita. Tenía un fuerte hedor a sudor y sexo, y algo del abundante líquido preseminal que había estado brotando sin parar fue caer sobre sus rojos labios y mentón. Sus ojos se abrieron impresionados ante tal pedazo de hombre que tenía frente a ella. No lo podía creer. Tragó saliva antes de relamerse los labios, llevándose aquel rico fluido a su boca para degustarlo.

    El Ayudante no dijo nada ante sus infantiles insultos, tomando su gorda verga con una mano y sujetándola a ella del cabello antes de pasear todo el largo de su miembro por su inocente carita.

    Y la rubia sólo se dejó hacer, rendida ante su masculinidad. “Mmhn,” Aspiró todo lo que pudo de aquel abundante hedor a verga que la estaba sofocando, dejando que aquel venoso tronco de carne se paseara por su cara, bañándola en más líquido preseminal. Volvió a hacer puchero con sus carnosos y rojos labios, haciendo una mueca de desagrado en su rostro.

    “La quieres, ¿Verdad?” Tomó su ya erecto y firme miembro y lo sacudió sobre el rostro de la rubia, dándole golpecitos con su gorda verga. “Te la voy a meter entera. Toda sólo para ti.” La miró con seriedad, jalando de su sedoso cabello para apartarle la cara y hacer que lo mire. “Ponte en cuatro en el sofá. Ahora.”

    No dejó lugar a reclamos, y el húmedo y caliente sexo de la Idol comenzó a escurrir más jugos en anticipación. “¿Qué vas a hacerme?” Fingió inocencia por un momento mientras se acomodaba como le habían ordenado, acomodando sus rodillas en el asiento del mueble, y sus brazos en el respaldo, mirándolo por sobre su hombro con afligida reprensión. “¿Así es como ayudas al grupo, Ayudante?” Se tocó su mojado sexo con los dedos, mordiendo su labio inferior mientras hundía un par de sus delgados dedos en su rajita.

    “No. Vas a ser la primera que ayude de esta forma.” Aquello pareció sorprenderla, pues abrió más los ojos y su pequeño y esbelto cuerpo tembló levemente. Acomodó el largo de su miembro entre los labios de su vulva, suspirando suave por lo mojada y caliente que estaba. Sus fluidos vaginales, sumados a su propio líquido preseminal eran más que suficiente lubricante. Comenzó a mover su cadera, frotando su miembro contra la caliente intimidad de la Idol, la acción haciendo que indecentes sonidos húmedos resonaran por el cuarto. Rodeando su delgada cintura con un firme brazo, la tomó del mentón con su mano libre para obligar a que lo viera a los ojos. “Vas a ser la primer miembro de CLC que me folle, así que agradece.” Le dio un beso húmedo que la rubia correspondió sin dudar, rendida ante sus palabras. Sus lenguas volvieron a encontrarse ansiosas. La aprisionó entre su enorme cuerpo y el sofá, demostrándole quién estaba a cargo, pegando sus sudorosos cuerpos, subiendo todavía más el calor del ambiente.

    Al separarse del lascivo beso, la rubia lo miró cierto miedo. “Con cuidado,” Le rogó con la mirada, por primera vez aceptando su lugar. “Por favor, ¡Mhn! Usted la tiene muy grande. Y- yo nunca lo hice con algo así,” Se mordió el labio mientras el aludido comenzaba a besarle el cuello, ladeando su cabeza para permitirle un mejor acceso a su piel. Pero repentinamente sus ojos se abrieron como platos y su cuerpo se tensó. “¿Y, y la protección?”

    “No te preocupes,” Dio repetidos besos por su hombro desnudo, antes de separarse y acomodar la punta de su glande en la pequeña entrada de la Idol. “Sólo enfocarte en disfrutar.” Presionó la espalda desnuda de la Idol con su mano para obligarla a apoyar su pecho contra el sofá, quedando sólo con su redonda y entrenada cola levantada a la espera de que se la follaran, como toda una perrita. Sin poder esperar más, hundió la gorda cabeza de su miembro en la intimidad de la inocente Idol.

    “¡Eso no es- Aaah!” Cualquier otro reclamo que hubiera tenido se perdió en un orgásmico grito que seguramente se había escuchado por todo el piso del edificio. Un glorioso primer gemido que fue acompañado de muchos más a medida que su gorda y enorme verga se iba abriendo paso por su estrecha rajita. “¡Mmgh!” Afirmó sus manos en el respaldo del sofá y apretó poniendo blancos sus nudillos, sintiendo como esa barra de carne se iba internando en ella centímetro a centímetro, moldeando su rajita a la forma de su verga.

    “Uff, que apretada estás, Dios.” Miró hacia abajo y notó como ya se había engullido más de la mitad de su miembro. Afirmó sus manos en las deliciosas nalgas de Yeeun sin detener su lenta penetración, concentrando su atención en su tentador y virginal ano. Las paredes de la rubia estaban abrazando con fuerza a su verga, y se preguntó si su culo se sentiría todavía más estrecho. Algún día debería averiguarlo.

    “Ah, ah…” Saliva se derramaba de su boca y lágrimas caían por sus mejillas, mientras sentía como aquel monstruo de carne se iba abriendo paso, literalmente, en lo más profundo de su sexo. Podía sentir cada contorno, cada latente vena, cada textura de ese interminable miembro que poco a poco la estaba llenando por completo. Intentaba decir algo pero sólo gemidos inentendibles salían de su boca. Se agarró con más fuerza del respaldo del sofá, soltó un gutural y ahogado grito y su vagina estranguló todavía más aquella enorme verga en el orgasmo más intenso que había tenido en su vida, al menos hasta ese momento.

    El Ayudante sólo gruñó al sentir como la vagina de la Idol se comprimía contra su falo de carne, sosteniéndola firme de la cintura mientras el delicado cuerpo de la rubia convulsionaba contra su cuerpo y el sofá. Más y más fluidos cayeron manchando al mueble y la alfombra, y aprovechó para terminar de hundir los últimos centímetros de su verga y empalarla hasta la base. Resopló y suspiró, aguantando las ganas de correrse con aquel fenomenal orgasmo que le había causado a Yeeun. Quería disfrutarlo lo más posible. “Mierda, zorrita.” Volvió a gruñir y se inclinó a repartir besos por toda su espalda, llevando sus manos a a masajear los pechos de la rubia, usando sus dedos para estimular los erectos pezones. “Eso hermosa, no te contengas. Que rico te corres.” Le susurró al oído, lamiendo su oreja y atrapando el lóbulo entre sus labios.

    “Dioos…” La primera palabra coherente que logró pronunciar la rubia, con ojos nublados por el placer y respiración entrecortada. Su cuerpo bañado en sudor y sus fluidos combinados, todavía temblando por la fuerza de su orgasmo. Su mirada perdida y ojos desenfocados, su carita perlada en sudor. Había tenido alguna experiencia olvidable antes con un novio del pasado, pero aquí no había comparación; este era el mejor sexo de su vida. Apartó el rebelde flequillo que se había pegado a su rostro por el sudor, peinándose con ayuda de sus dedos hacia atrás. “Mmhn,” Pero ese fue todo el tiempo que tuvo para recuperarse, pues volvió a gemir de placer cuando su Ayudante comenzó a moverse contra ella, penetrándola lento y rico, moviendo su cadera hábilmente para causarle el mayor gusto con cada embestida. Sus gemidos acompañaron cada experto movimiento, la cadera del Ayudante haciendo un obsceno sonido cada vez que chocaba contra sus nalgas. Y ella sólo pudo acompañar con torpes movimientos de su cadera, inexperta, dejando que aquel maestro del sexo le enseñara lo que era el verdadero placer.

    “Mh, ¿Te gusta?”

    “¡Sí!”

    “Dime que te gusta.” Le dio una sonora nalgada.

    “¡Mmgh! ¡Me gusta! ¡Me gusta mucho, mi, mhn, mi Ayudante!” Gemía como puta en celo con cada rica embestida. Esa rica verga penetrándola sin cuartel como se lo merecía, moldeando su vulva con la forma de su venosa carne.

    “Mejor cuida tu voz, vas a lastimar tu garganta, zorrita.” Y una nueva nalgada que la hizo delirar, mientras engullía gustosa su barra de carne, bañándola en sus jugos.

    “¡Ah, ahh! ¡N-no puedo, mhhn! ¡Bésame!”

    No esperó a que se lo pidiera dos veces, la tomó del mentón con una mano e invadió su cavidad bucal con la lengua, comiéndole la boquita. Intercambiaron más y más saliva, antes de que el Ayudante se separara dejando su mano en la boca de la Idol.

    “Mgh, mghh,” Ella, encantada, chupó y lamió sus gruesos dedos, sintiendo como aparte de estarla rellenando con aquel pedazo de verga, ahora la mano libre del Ayudante estimulaba con sus dedos su duro clítoris. Su mirada se nubló de nuevo, entrecerrando sus ojos llorosos sin parar de gemir ahogadamente por los dedos que se metían en su boca. Su cuerpito era embestido sin piedad por aquel enorme hombre y un nuevo orgasmo estaba llegando.

    “Nnh, ¿Vas a correrte de nuevo?” No hubo respuesta, ni siquiera pudo atinar a asentir con la cabeza. La rubia estaba en su propio mundo de placer, enviada allí por sus habilidosas manos y su enorme herramienta, su cuerpito siendo sacudido sin clemencia contra el sofá. “Joder, yo también me vengo.” Gruñó ferozmente, soltando la boca de la Idol para rodear su fino cuello con el brazo, sujetándola firme en su lugar, mientras su otra mano seguía jugueteando con el clítoris de la chica. Aumentó la fuerza y el ritmo de sus embestidas un poco más, estando a punto de explotar en su propio orgasmo, empalándola hasta la base de su barra de carne antes de correrse.

    Yeeun se sintió casi asfixiada, no tanto por el firme brazo que abrazaba su cuello, si no por las oleadas de placer que estaba experimentando. Seguía sin poder pronunciar palabra y hasta se estaba quedando sin voz de tanto grito y gemido. Pero ni siquiera eso se comparó cuando sintió la deliciosa verga que la estaba rellenando palpitar, liberando su pesada carga, empezando a llenarla hasta el tope con su fértil y espesa semilla. Su cuerpo aceptó con gusto el rico líquido, pegando su culo a la cadera del Ayudante, temblando de placer en un orgasmo propio mientras la llenaban de leche.

    El ayudante empezó a repartir suaves besos a lo largo de los hombros y espalda de la joven Idol, liberándola de su agarre. El cuerpo sudado de la rubia, que sólo había sido sostenido por su brazo, se desplomó sobre asiento y respaldo del sofá, sufriendo pequeños espasmos mientras seguían corriéndose. “Mmnh,” Empezó a retirar su ya flácida verga del interior la pequeña Idol, ladeando su cabeza para ver atentamente como al sacar finalmente la cabeza de su falo, un espeso líquido blanco mezcla de sus fluidos empezó a caer lentamente como un hilillo por la rajita de la rubia, manchando todavía más el arruinado sofá y la alfombra. “¿Yeeun?” Sólo su aliento agitada como respuesta, eso y los leves temblores de su pequeño cuerpo. “¿Verdad que nos divertimos?” Se arrodilló en el suelo y separó con sus manos las nalgas de la orgullosa Idol, llenando sus pulmones con una buena aspiración de aquel sofocante olor a sexo. “Me alegra que hayamos podido arreglar nuestras diferencias.”

    Repentinamente, un tímido toque a la puerta llamó su atención. Se separó rápido de la Idol, buscando con su mirada sus prendas. “¿Ayudante? ¿Yeeun?” Oh, pero se calmó de inmediato al reconocer la voz que venía del pasillo, del otro lado de su puerta.

    “Seungyeon, ya te dejo pasar.” Devolvió su mirada a la rubia que continuaba semiinconsciente en su sofá, y se inclinó a darle sonoro y húmedo beso en la cola. Luego se levantó y caminó, así desnudo como estaba, hasta la puerta, sacando el seguro y abriendo, asomando sólo su cabeza. “Monkey, pasa por favor.”

    La líder de CLC le sonrió algo apenada, mirándolo a los ojos, sin notar como el pequeño espacio de la puerta dejaba ver a un delgado y femenino cuerpo desnudo, perlado en sudor, desparramado sobre el sofá. “Lamento venir así de improvisto, pero Yeeun se estaba tardando y quería saber si todo estaba bien.” El Ayudante la dejó hablar mientras abría la puerta para darle paso a su oscura oficina, pues la noche ya había caído en la ciudad. “Luego al venir aquí escuché unos curiosos sonidos viniendo de su, ¿Huh?” Había entrado sin cuidado, y se encontró con que el aire estaba vicioso y sofocante, con un fuerte olor a algo que no reconocía. Bueno, sí que lo reconocía, cuando estaba jugando a adivinar el postre con su Ayudante. Caminó al interior, relamiendo sus labios que repentinamente sintió secos, olfateando gustosa más de ese vicioso hedor.

    Y Allí en el sofá se encontró finalmente con el desastre que era Yeeun, desnuda y aparente durmiendo en una incómoda postura boca abajo sobre el sofá. “¿Ayudante?” Pero no se alarmó como alguien normal hubiera hecho, si no que se volteó a ver a su siempre confiable Ayudante, pues él tendría una buena explicación para todo esto. Las luces de la oficina se encendieron y se lo encontró también desnudo y reluciente de sudor, con una gorda y enorme verga bañada en fluidos colgando entre sus piernas, que empezaba a levantarse y ponerse dura, como si se pusiera feliz al verla a ella. Su boca se hacía agua así que tragó saliva sin entender muy bien lo que pasaba, notando como su Ayudante cerraba la puerta tras de sí, poniéndole seguro, antes de encarar hacia ella.

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    Notas finales:

    Me olvidé de mencionar en el capítulo anterior, que Monkey es un sobrenombre cariñoso con el que se conoce a Seungyeon.

    He dejado una imagen de la Idol Yeeun que aparece en este capítulo, con la misma ropa y todo, en el Tumblr que está en mi perfil; recomiendo verla si quieres darte una imagen más clara de cómo es ella si todavía no la has visto. Igual puedes ver la imagen por mi Twitter, link también en mi perfil, si eso prefieres.

    Gracias por leer, y nos vemos en el siguiente Capítulo.