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  • Juan y Gabriel (6)

    Juan y Gabriel (6)

    Vino a recogerme en su coche, cuando yo había salido a caminar. Esperaba en un recodo del camino, escondido tras los árboles. Así evitábamos comentarios (esperaba yo, por lo menos), y podíamos ir rápidamente a lo nuestro.

    Nos dimos un beso nada más entré al coche, y enseguida fui a ponerle la mano en el muslo, pero me dije quieto, que así no salimos del coche.

    Como buenas personas nos contuvimos y salimos a la carretera. El motel está equidistante de nuestras casas. Yo nunca lo había visitado, y tenía curiosidad.

    Llegamos. Juan ya había hecho la reserva y entramos directamente del garaje a la habitación, que era amplia y luminosa. Nos daba igual la luz, la verdad, pero estaba bien saber que había un mundo afuera de nosotros.

    Sin decir nada me fui desvistiendo, o desnudando, que era como siempre quería estar con Juan. Una vez desnudo me fui a duchar; el agua y el jabón me hicieron sentir como nuevo; mientras me iba secando entró Juan a la ducha, y me quedé mirándole; el agua resbalaba por su pecho, su espalda, se me quedaba esperando cerca de los pezones, se acumulaba en su vello, se deslizaba por el pene. No pude acabar de secarme del todo, porque entré y bebí de él, según iba cayendo el agua, mamé de sus pezones, lamí su espalda, me llené la boca con su pene, saciando así la sed de aquel tiempo sin él. Pero no seguí adelante, sólo quería probarlo, comprobar que todo estaba como debía, y volví a salir y me terminé de secar.

    Había aprovechado también para besarle, y me estaba relamiendo de sus sabores, cuando salió del baño. Yo estaba ya esperándole en la cama, que había abierto. Estaban bajadas las persianas, no había ruidos por fuera, y dentro estábamos en silencio.

    No teníamos tiempo tampoco, pero justamente en el sentido contrario al habitual. No teníamos horario, por varias coincidencias podíamos disfrutar del día, de la noche y hasta el mediodía siguiente. Estábamos viajando sin saber a dónde, y sin saber a cuándo, y eso nos hacía felices.

    Nos sonreímos, se echó en la cama y empezamos a besarnos sin impaciencia, probando labios y gestos, a veces mucho tiempo, a veces sólo rozándonos como el aire a las ramas. A veces entrábamos con las lenguas a combatir la otra lengua, a usurpar la boca del otro, a batallar sin decir palabras que eran innecesarias. Como no puedo contar el tiempo, hablo de suposiciones, de lo que creo, no de lo que sé.

    Nos besamos mucho tiempo, y en uno de esos besos me di la vuelta, le moví para abajo, y en el espacio de la cabecera que quedaba me puse como pude y empecé a besarle al revés, labio inferior contra superior, para ir aprendiendo qué se podía hacer y cómo se podía mejorar.

    En otro de los besos sólo permití que sacara la lengua y le paraba y me dedicaba a lamerle la punta de la lengua; él se dejaba hacer, y yo me inventaba estos juegos para continuar luego cambiando de idea.

    Me puse a su lado otra vez, tocándonos. Le acaricié la cabeza, que me había impresionado desde el primer día. Besándole todavía, le pasé las manos por las orejas, por las sienes, sostuve su cabeza toda para besar mejor, me fui a recorrer todo su cráneo a besos, volví a donde había empezado, retorné al beso que había dejado en su boca.

    Le tocaba ahora a sus hombros, que acariciaba, besaba y lamía, y luego sus pezones, que iba mamando como en la ducha, que fui pellizcando y untando de aceite para chupar fuerte, hasta que se quejara; pero no se quejó, me dejó hacer mientras me sujetaba y apretaba.

    Estábamos lado a lado, y empezamos a acariciarnos, a llevar las manos a todos lados, a tocar cuanto veíamos y a descubrir lo que no veíamos. Me llevé las manos a la nariz, por ver si llevaba su olor, y me lamí las yemas de los dedos, untadas de él. Con los pulgares le apretaba desde el pecho al vientre, por reconocer su forma, y con los otros dedos le acariciaba y volvía a reconocer el terreno de los otros encuentros.

    Llegué a sus muslos, y me puse sobre él, y a su lado, y debajo, buscándole y buscándome en los dos cuerpos. Íbamos entrelazándonos como sin los miembros no fueran nuestros del todo. Compartíamos la cama, los besos, los brazos y piernas, nos frotábamos. Entrecruzamos los dedos, besé el puño común, la mano nuestra que era de él y mía.

    Repetimos los besos y nos juntamos, frotándonos y todavía en silencio. No había nada que decirse, porque ya sabíamos que teníamos permiso para seguir adelante. Nos tocábamos los penes, se buscaban. Los sujetamos y pusimos lado a lado, comparando, besándose ellos también. Probé algo que había oído una vez: me eché atrás la piel y, tomando su pene, usé la piel suya para cubrirme mi pene, menor que el suyo, formando así un solo miembro que compartimos, que yo sujetaba y por el que nos pasábamos una corriente que parecía eterna.

    Nos separamos un poco y nos juntamos otra vez, frotando los penes, juntando los testículos, pasándonos el calor y las ganas. Me sujetó las nalgas y me acariciaba con su pene, mojándome con su presemen y su saliva, que me iba dejando donde me lamía. Yo me movía a su compás, tocando donde podía, besando lo que estaba a mi alcance, y lo que no, acercándolo.

    Estábamos erectos los dos, las venas de su pene me atraían; me puse a su altura, y miré con atención, las venas hinchadas, la columna de su pene que no pude dejar sin besar en la punta. Junté otra vez mi pene con el suyo, y, sujetándolos con las manos, empecé a masturbarnos, acariciaba, apretaba, mojaba, uno contra el otro y los dos ayudándose. Fui aumentando la fuerza y la velocidad, yo subido sobre Juan, dueño de los dos penes. Sujeté sus huevos y combiné un movimiento y otro, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, mientras nuestras respiraciones se acompasaban y aceleraban, porque se acercaba la corrida. Que llegó para los dos, y yo prolongué para los dos lo que pude.

    Cuando paramos de echar leche sobre nosotros, mezclando nuestras corridas, le fui limpiando lentamente la polla con la lengua, dejándosela lista para el próximo asalto.

  • Pillé a mi madre follando con su suegro y cuñado (2)

    Pillé a mi madre follando con su suegro y cuñado (2)

    Voy a continuar donde lo dejé, contando el resto de ese verano.

    Entramos en la carnicería de Juan y Raquel, padres de mi amiga Yolanda, Juan fue al primer casado, que le costó cara la broma, de no darme la paga del mes de mayo. Le dejé a su mujer Raquel, mis braguitas con mis flujos y el semen de su marido. Mi madre besó a Raquel su amiga. Juan salió a saludarnos, cuando me dio los dos besos, mi mano cogió su paquete por encima del pantalón. Se puso nervioso y muy rojo. Mi madre que sabe más que los ratones colorados, se llevó a Raquel con la excusa de darle un regalo. La comida de coño y boca, que le dio. Yo cuando entre dentro de la sala de preparación. Me estaba quitando las braguitas, cuando el entro.

    Juan: Eres una hija de puta.

    Yo: Tu un marido putero, y un moroso. Que no paga sus deudas.

    Juan: no te preocupes puta -saco un fajo de billetes. Me dio 20.000 pesetas.

    Yo: aquí faltan 30.000 pesetas, si no me pagas los dos meses. Tu mujer verá como su maridito, folla con chica y ella le folla el culo con un consolador.

    Fui a salir de la sala, el me paró. Sacó del bolsillo 30.000 pesetas y me las dio. Yo le sobe la bragueta, cuando quieras vienes o mejor si quieres follamos en tu cama otra vez.

    Salí de la sala, a la carnicería y le pedí la compra de mí madre. El me dio 2 bolsas, cuando aparecieron mi madre y Raquel. Nos despedimos de ellos y nos fuimos a la panadería. Propiedad de Antonio y Marga, otro putero y otra cornuda. Los padres de Soralla mí otra amiga de la infancia. Y otro casado que, me follaba. Antonio estaba muy tranquilo, como sabía lo que había hecho en casa de Juan, él siempre me pagaba de más.

    Regresamos a casa, por el camino le conté como había empezado a follar con hombres casados. Los chicos de mi edad no me satisfacían sexualmente. Y encontré una mina de oro con ellos.

    Pero tú sabes que para ellos eres una puta. Y ellos saben que son unos maricones, que les han follando el culo, mientras ellos me follaban a mí. Pero que puta eres hija. Igual o más que tú. Aparte follar con un sólo hombre, me deja insatisfecha y con más ganas que antes de empezar.

    Llegamos a casa, mi abuelo estaba esperando nos. Me abracé a él dándole un montón de besos, y acariciando su calva. Que me pone muy cachonda. Restregué mi coño por su bragueta y mis tetas por su boca. Mi mano derecha le cogía por la nuca y lo atraía a mis tetas. Le besé un par de veces la boca y el me cogió por mis nalgas, y me pegó a su bragueta.

    Yo: abuelo todo el bulto es polla.

    Abuelo: todo es polla hija, quieres probarla.

    Yo: me la quiero comer entera.

    Abuelo: no te preocupes nieta, que toda es para tu madre y para ti.

    Mi madre le desabrocho el pantalón, le bajo los calzoncillos y apareció delante de mí, la polla de un burro. Me puse de rodillas delante de la polla más grande que había tenido entre mis piernas, manos, boca y por el culo nunca conseguí meterla.

    Después de comer, mi abuelo se sentó en su sillón. Parecía el patriarca de los gitanos. Mi madre se quitó el babi y las bragas, se subió en los brazos del sillón. Fue bajando a la vez que entraba, la barra de carne en su coño, mi abuelo le cogía una teta con cada mano, yo me dediqué a poner mi coño en la boca del abuelo. Él me comía y lamía con su lengua dentro de mi chochete. Mi madre no tardo en correrse. Entonces yo ocupé su lugar. Fui bajando mientras mi madre ponía el capullo en la entrada de mi coño. Costo un poco meterla entera pero entro. Me puse a cabalgar sobre mi caballo. Mi madre le comía la boca y pellizcaba sus pezones.

    El abuelo no tardó nada en venirse dentro de mi coño. Yo al recibir el semen caliente me corrí como un zorra gritando. Al sacar toda la carne de mi coño, me sentí vacía. El viernes por la tarde llego mi padre, venía con la polla en la mano. Mi madre lo recibió con un picardías negro y zapatos de tacón. La cogió por las nalgas y subiendo la a la altura de su polla la penetró, a Polonia espalda fe mi madre en la pared. La follo sin parar hasta que se corrió llenando el coño de semen. Mi madre le dijo que mirara al sofá. Yo estaba con mis piernas abiertas y masturbándome.

    Mi padre me miró, yo me levanté y le chupé la polla, el cogió mi cabeza y empezó a follarme la boca. Tampoco duró mucho, me llenó la boca y sacándola también los ojos y el pelo. Esa noche yo fui la mujer de mi padre y mi madre la del abuelo y cuñado. Mi padre me puso a 4 patas y comiendo mi culo, descubrió que tampoco era virgen, puso su capullo en mi ano y de un golpe la metió entera, me follo el ojete de mi culo, dejando lo muy abierto. Mi abuelo intentó meterme la suya por el culo. Pero no hubo manera. Me la metió por el coño, mi madre se puso delante de mí boca. Yo le comía el coño mientras el abuelo me follaba.

    El domingo por la mañana, mi madre me dijo que me vistiera, para ir a misa. Yo no me lo podía creer. ‘Mamá por favor’. ‘Tu hazme caso no te arrepentirás’. Me vestí muy recatada, mi madre me miró, ‘hija, pero como vas’, me levanto la falda y me quito las braguitas. ‘Así está mejor’. Cuando salieron los tres curas para celebra la misa. Entendí por qué estaban todas las mujeres el pueblo en la iglesia.

    Dos de los curas eran negros de 2 metros y muy fornidos, el tercero era Óscar, el que más pollas se ha comido de todo el pueblo. Pero también se follaba a las feligresas. Mirando a todas las mujeres como habían entrado a la iglesia, y como estaban cuándo salieron los tres curas. Pensé que mi madre y yo éramos unas mojigatas. Todas se habían desabrochado tres y hasta cuatro botones de la blusa enseñando las tetas por que se habían quitado el sujetador. Y como yo ninguna llevaba las bragas puestas las llevaban en el bolso.

    Yo me salí y detrás vino mi madre.

    Madre: dónde vas hija.

    Yo: todos los hombres del pueblo están en sus casas. Me voy a follar con Juan.

  • Adicta a mi cuerpo

    Adicta a mi cuerpo

    En esta ocasión me he decidido confesar mis experiencias sexuales más calientes. No sé, quizá por terapia, por desahogo, o por mera calentura.

    Mi historia cuenta desde muy niña sufriendo de sobrepeso, debido a esto siempre había tenido muy baja autoestima hasta pasada la adolescencia, donde pasé los peores días de mi vida, sola y sin que ningún chico se fijara en mí.

    Pero todo cambió desde que decidí dedicarme a mi cuerpo haciendo ejercicio. Me llevaría largos años lograrlo, pero finalmente conseguí el cuerpo que tanto quería.

    Muchas cosas pasaron y cambiaron en mí, por ejemplo mi autoestima, mi seguridad y mis gustos. Sin duda ya no era la misma chica gorda e insegura de antes. Me volví adicta al ejercicio, adicta a mi cuerpo, salía todos los días a correr por las mañanas, y por la tarde al gimnasio. Entre el trabajo y mis estudios, no descuido un solo momento mi hermoso y bien torneado cuerpo.

    Me había vuelto adicta a mí misma, a las miradas en la calle, en el gimnasio o en el parque, llegó el momento en el que no había cosa que me excitara más que volver locos a los hombres, que antes me ignoraban y trataban como basura, perdiéndose ahora en mi trasero, mis tetas y mi delgada cintura, siendo enseguida botados ahora por mí.

    En el gimnasio:

    Mi lugar favorito para lucirme, sin duda es el gimnasio. Lo que más me gusta es vestir mis pantalones de licra más ajustados para que se me pegue en mi coño depilado dejando ver mi culo bien parado y firme, con un top diminuto que realce mis grandes tetas poniendo al descubierto mi abdomen plano y cintura esbelta.

    En alguna ocasión me sentía tan caliente que me fui con unas licras casi transparentes y un pequeño top deportivo sin nada debajo. Me fascinaba como todos me miraban, con lujuria, con morbo y depravación. Eso siempre me pone muy caliente. Recuerdo exhibirme con lujo de descaro mientras hacía mis rutinas y me tomaba una que otra fotografía. Esa sensación de ser el centro de atención y sentir la textura del nylon en mi mojada vagina al estirar mis piernas, mientras todos me miran mis pezones reventando el elástico de mi top. Simplemente es lo mejor.

    Haciendo la caminata:

    Otro día me desperté increíblemente excitada, así que me vestí con mis deportivos favoritos, aquellos blancos con rayas grises y azules, acompañados con un top blanco, y salí a correr un poco. Sin ponerme nada debajo.

    Me sentía increíble, como toda una diosa. Mientras caminaba en el parque no podía dejar de espiar las miradas de los hombres, a su vez, viéndome a mí. Yo misma no podía dejar de verme, quizá era demasiado, no lo sé, aquellos leggings estaban muy ajustados, y eran demasiado transparentes, con buenos ojos se podía ver mi partecita depilada marcando todos mis labios entre mis piernas, de hecho era tan ajustado que si tuvieses una buena visión se podía ver hasta mi clítoris levantándose un poco entre mis labios.

    Estaba tan caliente que me detuve en una banca del parque a hacer un poco de estiramientos. No me interesaba nada, solo quería exhibirme como una zorra. Saber que cualquiera que pasara por ahí, hombre, anciano, mujer o adolecente, podría verme en mi conjunto deportivo que poco dejaba a la imaginación, es una de las cosas que más me excita.

    En el trabajo:

    Por supuesto el trabajo no queda exento de mis locuras. Trabajo en una oficina, en el piso catorce de un edificio muy popular en el centro de la ciudad. Es un trabajo que poco tiempo deja para uno mismo, pero desde luego que me he dado mis aventuras para lucir mi cuerpo.

    Por ejemplo, nunca pierdo la oportunidad de usar mis vestidos más ajustados y cortos, sobre unos coquetos tacones altos acompañado del conjunto de la lencería más sensual. No hay nada como una minifalda tableada con una blusa transparente para lucir aquella lencería con la más pequeña excusa, al quitarme el saco, o cruzar las piernas.

    En una ocasión me encontraba aburrida en mi cubículo frente a mi ordenador, cuando se me ocurrió hacer una de mis locuras. Ese día vestía una blusa blanca transparente, sobre un sujetador del mismo color, con un traje color gris de saco y falda.

    Bueno, lo que sucedió fue que al estar en el baño mientras me arreglaba el cabello, me llegó la idea de quitarme mi sujetador y quedarme solo con mi camisa transparente. No lo pensé mucho y lo hice. Doblé mi sostén lo más apretado que pude y me lo escondí en el bolsillo de mi saco. Así salí despreocupada y bien caliente cuál perra soy.

    Una vez en mi escritorio de nuevo, me quité mi saco sin más y continué con el poco trabajo que tenía. Aquella sensación de mostrar mis pezones a quien fuese que pasare frente a mi cubículo me ponía muy mojada. Me toqué un poco ese día bien recuerdo.

    Siempre he querido intentar algo parecido en una de las tantas conferencia que tenemos, pero nunca me he atrevido.

    En los puestos ambulantes:

    Por mi casa se pone un mercadillo que atraviesa las calles a lo largo de un par de cuadras, bastante grande por cierto, dónde se alinean mercaderes de todos lugares para comerciar sus artículos, como ropa, fruta, tecnología, cosas nuevas, usadas, películas y un sinfín de cosas más.

    A mí me encanta visitar esos lugares, no solo porque encuentras excelentes ofertas, sino porque también puedo ir a lucir mis mejores conjuntos y vestidos.

    Uno de esos días, estaba tan caliente, que me puse un vestido amarillo con estampado de rosas, holgado, debía ser fresco pues era uno día de verano en el que bien podríamos estar a más de treinta grados centígrados. Me sentía tan bien, pero tan zorra que me decidí por no ponerme nada debajo. La sensación de estar desnuda debajo del delgado vestido, era muy fresca, pero sobre todo excitante.

    Sin medir consecuencias me fui a aquel mercadillo, a pocos minutos de mi casa. Por esos días, ya había terminado con mi novio, por lo que me sentía un poco deprimida y enojada, lo que también quería decir que no había tenido sexo en un buen rato.

    Al llegar me parecía ser modelo en pasarela, sabía que todos me mirarían, aquel vestido ligero por su natural tela delgada, dejaría ver a contraluz perfectamente mi desnuda silueta forjada a base de sudor y esfuerzo. Mis tetas levantarían los delgados pliegues de la tela con mis firmes y erectos pezones, mientras el viento se encargaría de exhibir mis moldeadas piernas, y quizá con algo de suerte, un poco más allá.

    En esas estaba, con aires de reina de belleza, cuando se me ocurre comprarme una cerveza preparada. Por mi estilo de vida, no soy mucho de tomar bebidas alcohólicas, sin embargo, por el calor insoportable, simplemente se me antojó, fui débil. Lo ameritaba.

    En fin, por mi complexión delgada y que como dije, no acostumbro a beber, rápidamente aquella inocente bebida me puso un poco desequilibrada, por decirlo así. No lo sabía, pero aquella decisión sería mi perdición ese día.

    Tambaleando, bueno, caminando entre los puestos ambulantes, me dedicaba a curiosear deteniéndome en uno que otro puesto que me llámese la atención. Todo parecía normal, pero entonces el alcohol comenzó a hacer estragos, paso a paso me sentía cada vez más agitada, mi respirar se aceleraba, mi pulso aumentaba y bajo mi vestido ya se erguían mis pezones en mis tetas duras.

    Al caminar sentía mi vagina tan mojada que en un momento juro que sentí como me escurría una delgada gota a lo largo de mi pierna. Estaba realmente excitada, y el roce con la gente me ponía cada vez peor. Uno que otro se intentaba sobre pasar, metiendo mano en mi trasero, pero siendo sincera no me importaba, me gustaba.

    Solteros o casados:

    Ya caminaba como venado recién nacido, en parte por la cerveza, en parte por la tremenda calentura que me cargaba. Intentaba disimular deteniéndome en los puestos de tanto en tanto, haciendo ofertas, mirando ropa, artículos y todo eso.

    Estando en esas, me encontré con un puesto de ropa deportiva, mi perdición. Ya había pasado por algunos otros, pero éste me pareció diferente. No lo sé, me había parecido ver un par de conjuntos muy lindos. Pero era otra cosa, era el lugar, era una tienda como las demás, pero tenía tanta ropa colgada alrededor que le cubría por completo. No lo sé, eso me daba la sensación de que una vez dentro, bajo todas esas prendas estaría en completa privacidad. Eso me puso todavía más caliente.

    Ya con mi lívido a tope, me apresuré a aquella tienda antes que llegara más gente, pues en ese momento estaba casi vacía, solo con una chica preguntando precios.

    Al llegar de inmediato comencé a mirar los conjuntos que me habían llamado la atención, inmiscuyéndome lentamente entre toda esa ropa. No tarde mucho, cuando ya me encontraba en lo más profundo de la tienda. La sensación era exactamente como me la imaginaba no se podía ver más que ropa y más ropa, escapando del murmullo en el exterior.

    Entonces se me acercó el vendedor, era un hombre de unos cuarenta, no estaba tan mal, se veía que hacía un poco de ejercicio, quizá involuntario. Tenía los brazos grandes y marcados, con algo dedicación y una buena dieta tendría un buen cuerpo. Muy diferente a su esposa, quien no se levantaba de su silla de plástico ni por peligro de muerte. Se veía mal, demacrada, descuidada, sin arreglarse y quizá hasta sin bañarse. Era obesa y de mal aspecto, más bien fea diría yo.

    El hombre muy amable se ponía con toda la disposición de ayudarme con mi compra. A penas llegaba me di cuenta que me miraba con deseo, con perversión, seguramente habría notado mi estado y mi forma de vestir, casi seguro estoy que no había visto una mujer así como yo de tan cerca en mucho tiempo.

    Desde luego eso me encantaba. Disimulaba, pero no podía evitar insinuarme e incluso coquetear con el desconocido. En esas estaba cuando encontré un modelo que me gustó mucho, sin titubeos pregunte por él. Amablemente el tendero me lo acerco para que lo pudiese ver mejor.

    Se trataba de un top naranja de licra que tanto me gustaban usar. Lo miré por todos lados segura de que me lo compraría, pero entonces se me descarrilo la mente.

    Quizá era por la cerveza, quizá por la tremenda calentura que me cargaba, o quizá por el lugar tan privado en el que apenas se lograba ver a las personas desfilar fuera del puesto ambulante, entre los montones de ropa colgados por doquier, pero en ese instante se me ocurrió preguntarle a aquel hombre si me podía probar la prenda.

    Aunque un poco asustado y asombrado el tendero me aseguró acertando mi propuesta. Estaba como loca, sabía que debajo de aquel vestido no llevaría nada más, pero era justamente esa idea de desnudarme frente a aquel hombre casado, quien no paraba de voltear a ver a su esposa a pocos pasos de nosotros en aquel lugar público, lo que me tenía tan excitada.

    Entonces me di media vuelta para darle la espalda al vendedor y sin más me bajé los tirantes de mi vestido, dejándolo caer hasta el suelo. A continuación me puse el top y me subí el vestido hasta mi cintura para darme vuelta de regreso frente al afortunado buen hombre.

    Su expresión era de total asombro, quizá no había visto más que mi trasero desnudo, pero había sido suficiente para ponerlo a temblar como perro faldero. Era justo de lo que estaba hablando, esa expresión, ese semblante, la mirada, la sensación de tenerlo a mis pies y poder botarlo como si nada. Eso me embriagaba más que cualquier bebida. Me declaro adicta a esa sensación de poder, control y sumisión.

    Saber que el pobre no podía siquiera intentar nada con su esposa a unos pasos, se le veía como perro hambriento atado a una cadena mientras le enseñan una jugosa chuleta y un par de pechugas firmes y sabrosas frente a él. Eso me excita más que cualquier cosa en la vida.

    Entonces le pregunté qué tal se me veía. El pobre apenas podía hablar para decirme que me veía hermosa, completamente excitado al ver mis grandes tetas en el pequeño y apretado corpiño deportivo, sin dejar de revisar a su vieja y descuidada esposa quien se perdía en su teléfono móvil, ignorando lo que sucedía con su esposo.

    Estúpida, con ese cuerpo y esas fachas, era cuestión de tiempo para que su marido la dejara por alguien mejor, quizá no alguien como yo, pues estaba fuera de su alcance, pero si una mujer más atractiva.

    En fin, ya convencida y complacida del impacto que le había causado al afortunado caballero, le indiqué que me llevaría la prenda. El tipo acertó entre tartamudos pensando que me la llevaría puesta. Cuál fue su tremenda sorpresa al ver que dejaba caer de nuevo el vestido que sujetaba con ambas manos a la altura de mi cintura, esta vez frente a él, sin ningún pudor, para quitarme el top, quedando así completamente desnuda, frente a su mirada atónica, desquiciante e impotente.

    Estaba encantada, me sentía en el éxtasis total mientras le entregaba la ropa pidiendo me regalara una bolsa para llevarla. Enseguida me subí el vestido y le pagué la compra para irme como si nada hubiese pasado en aquel rincón de aquella tiendilla callejera.

    Esa habría sido la mejor de mis experiencias. Me había puesto tan caliente como perra en celo. Saliendo del mercado ambulante, me tentaba a regresar a aquella tienda y follarme duro y sucio al tipo que me había visto desnuda. Recuerdo que apenas regresé a casa me masturbe como loca, imaginando que me cogía a aquel hombre frente a su esposa en ese mismo lugar.

    Tienda departamental:

    Finalmente, la más reciente y descarada experiencia que he tenido, fue en una tienda departamental. Ese día igual tenía un vestido corto color azul marino precioso sin estampado, debajo tenía un conjunto de lencería rosa y me posaba sobre unos tacones altos color piel.

    Caminaba sola en un día de compras cualquiera en una tienda departamental muy grande y elegante. En esas estaba cuando pasaba por una tienda de ropa de la que me llamó la atención un maniquí en el aparador luciendo un conjunto de lo más maravilloso.

    Lo primero que pensé al igual que cualquier otra chica, fue en un par de combinados con los que me quedaría genial. Entonces me decidí y entré a la tienda a preguntar por él.

    En aquella tienda había muchas prendas de moda, por lo que enseguida me perdí viendo los modelos en exhibición. Sin pasar mucho tiempo, amablemente se me acercó un empleado para asistirme con mi compra, de inmediato me apresure a preguntar por el conjunto que tanto me había gustado. Amablemente el vendedor, quien se notaba debía ser un estudiante de preparatoria en su primer empleo, me ayudó con los preparativos de la compra.

    Todo marchaba genial, ya preparaba aquel conjunto que había comprado mientras miraba el resto de ofertas que había en la tienda, cargando un montón de prendas en el brazo, dispuesta a vestirlas en los probadores.

    Sin embargo había una cosa que me tenía muy ansiosa. Mirando las cámaras de seguridad, me tentaba la idea de desnudarme en los probadores a sabiendas de que alguien, fuese hombre o mujer, me estaría observando tras alguna pantalla en algún lugar no muy distante.

    Ya con la ansiedad a tope y no pensando mucho en las consecuencias me dirigí al área de probadores. En esas estaba cuando me detiene un encargado diciéndome que no estaba permitido probarse ropa intima, refiriéndose al par de conjuntos que cargaba en mano junto con algunos otros vestuarios. Se trataba ni más ni menos que del mismo adolecente que me había atendido en mi reciente compra. Me pareció gracioso, pues sabía que me había estado espiando todo este tiempo, aunque no me imaginé que con esas intenciones.

    Lo deduje, aquel adolecente sería fácilmente sobornado con un poco de seducción femenina. Entonces puse manos a la obra, o el cuerpo completo en este caso. Le convencía explicando que de igual forma me compraría todo ese conjunto de ropa, el tipo se resistía insistiendo en que eran políticas de la tienda, pero en ese momento le propuse que si me dejaba probármelos le dejaría vérmelos puestos.

    El joven enmudeció, en un principio debió pensar que bromeaba, pero yo me puse firme y aproveché su momento de duda para entrar al vestidor con mis prendas en mano, entre risas coquetas y movimientos sensuales.

    Una vez en la privacidad del cubículo me comenzaba a sentir muy excitada, demasiado. Me había calentado mucho en poco tiempo y es que después de tanto tiempo de haber terminado con mi novio, y con lo poquito zorrilla que soy, ya me ponía muy receptiva con cualquier cosa.

    No solo por todo lo que sentía, sino por cómo lo había hecho, casi eludiendo la seguridad, por así decirlo. Lo primero que hice al entrar fue buscar alguna cámara de seguridad, de inmediato noté una en la parte superior apuntando directamente al espejo frente a ésta.

    Estaba tan estimulada por todas aquellas atrevidas acciones que no podía pensar claramente. Me sentía realmente excitada y deseosa. Enseguida coloqué los conjuntos en un rincón del probador y los apilé para vestirlos uno a uno. Primero me probé las blusas, más tarde continué con los vestidos, y en ese momento estallé, no podía más con mi farsa, moría de ganas por volverme una zorra. Sabía que alguien me estaría vigilando a través de aquella cámara de seguridad tras de mí. Entonces, justo después de haberme quitado el último vestido y quedar en ropa interior, me desabotoné mi sostén y los dejé caer, liberando mi par de tetas duras y calientes al aire frio. Enseguida me bajé las bragas y las puse sobre la banca dispuesta a un lado de mí.

    Fue en ese momento, mirando mi reflejo desnudo en la privacidad del pequeño lugar público, cuando me di cuenta de lo caliente que ya estaba. No pude contenerme más, me llevé mis manos a mis tiesas y erizadas tetas estrujándolas con pasión. Sabía que aquel momento era mío y no lo desperdiciaría.

    Me senté en aquella banca frente al espejo y separé mis piernas cuanto mi elasticidad me lo permitía. Sin pensármelo, baje mis manos y comencé a tocarme alrededor de mi coño caliente como caldera, restregando mi palma en mi clítoris que ya se asomaba ansioso por comenzar la acción. Estaba tan excitada que de inmediato me metí un par de dedos en mi húmeda vagina cuales se deslizaban sin problemas.

    No me importaba nada, estaba como cachorrita deseosa y ansiosa. Sin más continúe estimulándome como mejor podía, metiéndome el par de dedos hasta alcanzar aquel punto de placer erógeno en el interior de mi mojado coño, produciendo así un sonido pegajoso sonando mis fluidos entre mis dedos medios, mientras me estimulaba mi clítoris con mi pulgar y mis tetas con la mano restante.

    Sabía que me haría correr como nunca, no me importaba, lo necesitaba. Entonces aumentaba mis ritmos cada vez más y más, haciéndome la más maravillosa y placentera de todas las pajas que me había dado jamás, provocando que un par de gemidos se me escaparan de mi garganta entre sofocantes jadeos de éxtasis total.

    Ahí no pude más, me coloqué al borde de aquella banca para dejar mi coño fuera del precipicio y poder meterme mis dedos más adentro y masturbarme con más velocidad. Entonces, metiendo y sacando mis dedos a gran velocidad en mi vagina mientras de paso rozaba ferozmente mi clítoris con los dedos de mi otra mano, poco a poco comenzaba a sentir como aquellas tortuosas carisias lograban su cometido, haciéndome jadear y arrancándome uno que otro gemido casi grito desgarrador desde lo más profundo de mi ser hasta conseguir hacer estallar mi coño en un tremendo orgasmo, que expulsaba todos mis fluidos entre mis dedos produciendo un chapuceo al restregarse en todo mi sexo y mis manos para después llegar a parar en el piso de aquel probador.

    Seguro no había olvidado aquella cámara sobre mí, a un costado de toda la acción, ni a aquel vendedor quien seguramente me estaría vigilando y escuchando a pocos pasos del probador. Eso me habría ayudado a conseguir tan tremendo orgasmo.

    Enseguida, ya un poco más tranquila, me levanté de la reposadera que había dejado toda mojada, mientras regresaba mi mente de vuelta a mi cuerpo. Ahí me disponía a continuar probándome el resto de ropa que aún me falta. Así que me acomodé el cabello, me di media vuelta y tomé el vestido que aún me esperaba.

    En esas estaba, cuando noté que la cortina del probador estaba un poco abierta. Creí que el tipo que me vigilaba me estaría espiando, pero no era así. Que tonto, me habría encantado que lo hubiese hecho. No obstante no podía dejar de pensar en esa idea, de hecho habría sido todo un compromiso.

    Entonces me acerqué a la cortina, y tras asomarme un poco, pude verlo. Estaba ahí completamente embebecido al verme asomar. Sonreí. Me encantaba. Regresé dentro de mi cabina no sin antes dejar adrede un tanto más abierto, como insinuando lo obvio.

    Sin más entré y me desnudé de nueva cuenta dejando el resto al adolecente que me esperaba afuera. Retomando mi rutina, doblaba la ropa que ya había modelado y me disponía a tomar la que me faltaba.

    Momento perfecto sería, pues justamente se trataba de aquel conjunto de lencería roja de dos piezas. Atinado el tiempo para saldar mi deuda con el buen hombre.

    Así, me calcé aquel conjunto de ropa interior con la cortina del probador casi completamente abierta. Una vez en mi traje seductor me asomé por la puertecilla para mirar a aquel joven, y al confirmar que aún seguía ahí, le hice señas para que se acercara a mí.

    El afortunado, se aproximaba lentamente disimulando y asegurándose que nadie le viese. Entonces, al tenerlo en frente de inmediato le tomé de la mano y lo arrastré dentro del vestidor. Ahí le pregunté qué tal se me veía el conjunto que vestía. “hermosa” me respondía temblando de pies a cabeza. Le sonreí coquetamente y le pregunté si le gustaba, “Si” balbuceaba como idiota.

    En ese momento comencé a quitarme la parte superior para mostrarle mi par de grandes tetas. El mocoso se paralizó sin saber qué hacer. Entonces le tomé su mano y le restregué su palma en mis senos. Ya tomando confianza, aquel joven vendedor continuó pellizcándome los pezones como me encantaba que lo hicieran.

    A manera de agradecimiento me arrodillé frente a él, le saqué su pene completamente erecto a punto de reventar la cremallera de su pantalón y sin más me lo tragué cual paleta de hielo. Como toda una zorra profesional le comencé a propinar una tremenda felación con desesperación y pasión, engulléndomelo hasta el fondo de mi garganta obligándome a aglutinarme con tremendo paquete. Valla que aquel tipo estaba bien dotado, casi no me cabía toda su tranca en la boca pero aún así la desaparecí en ella.

    Una vez asegurándome de haberle humedecido por completo su pene tieso como roca, me puse de pie y tras bajarme las bragas de un veloz movimiento hasta los tobillos, le di la espalda y me agaché parando la cola al cielo, recargándome sobre la banca del vestidor.

    Esperé, estaba tan caliente que nada me importaba, entonces por fin, sentí aquel magnifico pene caliente entrando en mi húmeda cavidad vaginal deslizándose como guante aceitado con toda mi lubricación escurriendo de mi coño recién estimulado hasta el éxtasis.

    Una vez dentro el joven comenzaba con las memorables embestidas que yo aletargaba moviéndome a rimo contrario, alejando mi cola cuando el retrocedía y estrechándome cuando me la metía, apretujándonos para que su tranca entrara hasta lo más fondo de mi ser.

    Poco a poco aquellos van y viene, en esos felices deslices de su falo entrando y saliendo de mi caliente y chorreante coño, comenzaban a acercarme de nuevo a otro orgasmo más, el cual recibiría con placer y goce.

    Así, bajé mi mano derecha hasta mi clítoris y comencé a pellizcarlo firmemente como más me gustaba, mientras sentía el feroz pene del vendedor embistiendo duro y profundo detrás de mí. Ahí, finalmente sentía que me venía de nuevo, así que paré la cola lo más que pude para permitir que su tranca entrase aún más profundo, y mientras apretaba fuertemente mis muslos y me estrujaba con placer mi clítoris, fue cuando un poderoso orgasmo estallaba en mi coño, escurriendo un par de chorros desde lo más íntimo de mi ser, empapando todo su pene hasta acabar en el mismo lugar que mi anterior filón de líquido vaginal.

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  • Mi novia no, pero mamá si

    Mi novia no, pero mamá si

    Isabel Torres sintió la familiar presión en la vejiga cuando se despertó. Giró su cabeza y vio que el reloj del buró marcaba las 12:47 am, se deslizó de la cama muy lentamente para no despertar a su esposo. Descalza y en completo silencio inició su recorrido hacia el baño.

    Hizo sus necesidades a media luz, saliendo del baño algo captó su atención, por el resplandor en las paredes de la sala de tv supo que ésta estaba encendida y por las ocasionales risitas supo que su hijo no estaba solo.

    Isabel consideró las opciones en su mente. Por un lado, confiaba en su hijo, sabía que Rafa no sobrepasaría los limites, estaba segura de que Karla, su novia, se daría a respetar en casa de los padres de su novio; aparte imaginaba lo embarazoso que sería si era sorprendida espiándolos. Por otro lado, se puso a pensar, si realmente quería ver hasta donde llegarían allí en la sala. La curiosidad la estaba matando, casi salivaba por enterarse de los hechos. Lenta y cuidadosamente bajó escalón por escalón hacia donde se encontraba la tv.

    Cuando Isabel finalmente pudo ver la silueta de la pareja, estaba claro que ninguno la había escuchado. A Karla y a Rafa los bañaba el brillo de la televisión, y desde donde estaba parada Isabel podía ver la parte superior de ambos, contemplo a Rafa algo estirado y con las piernas separadas.

    Isabel captó cada detalle, la blusa de Karla estaba corrida hacia un costado y desabotonada hasta la mitad, quedando así uno de sus senos a la vista y siendo acariciado por Rafa; Karla estaba girada en dirección a su novio, ligeramente inclinada, también movía el brazo repetidamente, se dio cuenta que indudablemente a su hijo se la estaban jalando. Karla se mordía el labio y se le veía bastante concentrada en su labor, tenía algo de sudor en la frente mientras tanto Rafa mantenía su cabeza hacia atrás en el sillón soltando pequeños gemidos por su boca.

    El corazón de Isabel latía rápidamente, sentía como si lo tuviera atascado en la garganta y quisiera salirle por la boca, sus pezones se endurecieron y chocaban contra la delgada tela de su bata; era incapaz de irse del lugar, sus dedos estaban aferrados a la esquina en la pared, desde donde se estaba asomando. Nunca había visto a su hijo en una situación como esta. Se comparó con Karla y vio que no eran tan diferentes; Isabel con el cabello negro y de huesos anchos, la novia con cabello castaño claro y con un cuerpo más delicado, pero en los demás aspectos eran casi iguales, estaban generosamente proporcionadas en caderas y pechos, un culo amplio y de nalgas grandes, ambas tenían labios carnosos que invitan a ser comidos, y tenían el mismo tipo de mirada.

    La mamá de Rafa vio como la mano de su hijo pasaba de su pecho a la parte trasera del cuello de Karla, frotándolo después moviéndola hacia abajo, acariciando su espalda y posteriormente bajó aún más, perdiéndola de vista su madre.

    Karla le sonrió apenada, el movimiento de su brazo siguió, “Hey, ¿qué haces?”

    Rafa la miró a los ojos, “Mmm, amo estos pantalones de licra cielo, son de fácil acceso… para cogerrr.”

    Karla movió sus caderas tratando de escapar del manoseo “Oye, sabes como me siento al respecto.”

    “Si, es solo que…” Rafa sonó molesto, “Digo, ¡coño! Tienes un culo buenísimo, y sabes, solo quería sentirlo y…”

    “Mira, ya te lo he dicho Rafael!” Karla apartó la mano de el con la que tenía libre y continuó calmada, “A ver, ¿cuál es el problema?, ya hemos tenido relaciones antes, ¿no? Solo deja que te masturbe hoy, y, en la primera oportunidad que tengamos, podremos tenerlas otra vez. Solo, amm, saca de tu mente lo del sexo anal, ¿ok? ¿a poco no estoy haciendo un buen trabajo con mi mano?” su brazo seguía moviéndose.

    La pareja en el sillón se quedó en silencio una vez más, excepto por los gemidos que hacia Rafa. Karla se detuvo un momento, escupió sobre su palma, y prosiguió con su trabajo.

    Después de algunos minutos Rafa dijo, “Entonces, cuándo cojamos otra vez, ¿no habrá nada de anal?, anda, que sea mi regalo de cumpleaños, solo faltan un par de semanas”

    Ella lo miró fijamente a los ojos y negando con la cabeza, salió de su boca un “No.”

    Rafael se hundió en el sillón un momento, y repentinamente se levantó en un rápido movimiento. “Sabes algo, a la mierda con esto. Jódete, yo puedo jalármela mejor viendo porno.” Se paró, en un punto Isabel quedó atorada en la penumbra, esperando quedar oculta ante la vista de su hijo que se abrochaba el pantalón,

    Isabel escucho las últimas palabras, “Te llevaré a tu casa Karla, siempre me dejas caliente, esto no me basta, yo creo que esto se terminó.”

    Escondida en las sombras, Isabel escucho pequeños quejidos, convirtiéndose en llanto y después la puerta de la entrada cerrarse con fuerza, la mamá de Rafa optó por regresar a su habitación rápido, no fuera a ser que su hijo regresara por algo y la descubriera.

    Un par de días después:

    Rafa estaba fumando un cigarro afuera de su escuela cuando su celular sonó. Se disculpó con sus amigos y sacó su teléfono. Vio que era su madre quien le hablaba.

    “hola, ¿qué pasó mamá? ¿Estás bien? Dijo Rafa.

    “hola hijo, nada es solo que, mira platiqué con mi amiga Carmen, la mamá de Karla y me dijo que está destrozada, que Uds. Habían terminado y que ella lo está pasando muy mal, Carmita está muy preocupada porque su hija no quiere comer ni salir de su cuarto, ni le dice el motivo del rompimiento, y pues yo quería pedirte que si no había manera de que consideraras regresar con ella, que tan malo pudo haber pasado para que terminaran, aparte ella es una chica encantadora, es muy educada, respetuosa y decente y chicas así ya casi no hay, ahora la mayoría de las mujeres son unas fáciles y trepadoras, y tu sabes también cuanto cariño le tengo a ella, es mi ahijada y, su familia, nos conocemos de años, creo esto podría afectar nuestra relación de amistad.” Dijo Isabel, aunque claro está ella ya sabía el motivo de la ruptura.

    “mira mamá, Karla es una chava joven, se repondrá, y lo de nosotros no tiene por qué afectarlos a ustedes, aparte mamá, nada de lo que hagas o digas, podrá hacer que vuelva con ella.” Rafa colgó la llamada molesto, sin darle tiempo de responder a su madre.

    Pasaron algunos minutos y sonó el teléfono de Rafa nuevamente, solo que esta vez era un mensaje de texto y era de su madre.

    “Yo creo saber que quieres Rafa y, se por qué rompiste con Karla.”

    Rafa se quedó viendo el mensaje y enseguida contestó, “según tú ya sabes que es lo que quiero, que vas a hacer al respecto?”

    Isabel leyó y respondió el mensaje “Se de algo que querías que Karla te diera para tu cumple, yo puedo dártelo cielo.”

    Rafa se quedó pensando, dudando si su madre sabía realmente cual era el regalo que deseaba que Karla le diera. “mamá no se trata de un obsequio común, no es un iPod o algún videojuego, no creo que puedas darme este regalo.“ Contestó con un poco de ansiedad.

    Su madre vio el mensaje y se quedó pensando un instante, sabía que lo que contestara a partir de ahora cambiaría la relación de ambos por siempre, pasaron un par de minutos y contestó. “Sé que es algo poco usual cariño, pero estoy dispuesta a darte ese obsequio.”

    Rafa creyó que ya no le contestaría, y al escuchar su teléfono abrió el mensaje rápidamente, se le puso la boca seca, no sabía si de verdad su madre sabía lo que decía, ni si se imaginaba que era lo que tanto deseaba.

    “Bueno, a ver ¿qué es lo que quiero? ¿Y seguro tú me lo vas a dar? jajaja” escribió nervioso. Pasó un minuto y llego la respuesta y a los cinco segundos llego otro mensaje.

    A Rafa le empezaron a temblar las manos cuando leyó el mensaje.

    “Si cariño, yo estoy dispuesta a dártelo, con la única condición de que regreses con Karla y la trates bien, como se merece.”

    “y se, que lo que tanto deseas es…” “SEXO ANAL”

    A Rafa le empezó a temblar el cuerpo, le sudaban las manos y sintió un latigazo en su pene, no se imaginaba que tanto cariño le tuviera su madre a Karla, tanto como para estar dispuesta a darle eso, y más aun siendo su propia sangre, se cuestionaba como se había enterado, y apuradamente contesto.

    “¿cómo sabes eso?, ¿quién te dijo?”

    Pasó un momento, le llegó la respuesta y leyó.

    “olvida eso bebé, ¿no entiendes lo que te estoy ofreciendo? ¿Vas a dejar ir está oportunidad de tener lo que finalmente has deseado?

    Rafa se quedó pasmando por un momento, nunca había pensado en su madre de ese modo, es cierto que tiene muy buen cuerpo de hecho se parece al de Karla solo que el culo de su mamá es mucho mejor y un poco más grande, después de pensarlo unos minutos contesto.

    “ok ok, si quiero mamá, solo que no se, es irreal que seas tú la que me quiera dar eso, y de todas formas cuando sería o como estoy seguro de que no es una broma.”

    Isabel se sentía rara, excitada y no supo cómo se atrevió a decirle eso a su hijo, no sabía en qué momento había decidido todo aquello, pero también pensó en el bienestar de todos, de su relación con su amiga, en la salud de su ahijada, en el futuro de Rafa y que lo mejor sería que se relacionaría con una buena chica, por lo menos por ahora, y que si tenía que hacer un sacrificio por que todo estuviera bien, lo iba a hacer.

    Sonó el celular de Rafa una vez más, “mañana es sábado y tu papá y tu hermana van a ir a Villa al mediodía y no volverán hasta el domingo en la tarde, así que mañana después de mediodía, nos ocuparemos de tu regalo, mientras tanto, no se diga nada más sobre esto.”

    Rafa estaba sin palabras, por su cabeza ya no pasaba nada, se limitó a contestar una breve respuesta confirmando y se dispuso a perderse en su mundo.

    ************************

    Eran las 12:15 del sábado y Rafa regresaba a casa después de ir a realizar unos pendientes, entre ellos hizo una compra especial para la ocasión y la traía en su mochila, entró por la puerta al recibidor. “hola hola” grito al entrar, su madre le contestó desde la sala de tv, “acá estoy hijo, no hay nadie en casa, tu papá y tu hermana se fueron hace media hora.”

    Rafa avanzó por el pasillo, estaba ansioso, nervioso y excitado a la vez, entró a la sala de tv y se encontró con su madre, vio que estaba vestida con unos zapatos bajitos, unos jeans holgados y un blusón negro. Su cabello negro y ondulado, le caía por los hombros, aunque el fleco le quedaba a la altura de los ojos.

    Ella se incorporó y con los brazos cruzados miro fijamente a su hijo.

    “¿Eso es lo que piensas usar?” dijo Rafa.

    “Mmm, si.” Contestó algo confusa. “digo, no vamos a salir a ninguna parte, o si hijo?”

    “No, pero esto no va a funcionar así. Empecemos por los zapatos, enséñame los tacones más altos que tengas, vamos a ver que escogemos.”

    “Oh. Ok, supongo que tu eres el jefe hoy, ¿verdad?” Ella sonrió ligeramente.

    Isabel giró y empezó a subir por las escaleras, a la mitad del camino volteo su cabeza y vio sobre sus hombros que su hijo la seguía. La mirada de él se perdía en el trasero de su madre. Las grandes y redondas nalgas se bamboleaban mientras ascendía por los escalones.

    Ella lo introdujo en la habitación. Las paredes eran color crema, los muebles y decoración eran sencilla pero de muy buen gusto. Isabel se dirigió hacia el closet, lo abrió y le mostro el estante lleno de zapatos.

    Rafa los examino detenidamente. Sacó un par de zapatos negros, abiertos, con tacón y se abrochaban alrededor de los tobillos, eran de 13 cm de alto. “¿estos son los más altos que tienes mamá?”

    Isabel aclaro su garganta y dijo. “Ss-si.”

    “Está bien, servirán perfectamente.”

    Después se dirigieron a los cajones de ropa. Rafa sacó un par de shorts amarillos. “No he usado esos en años,” dijo ella, “Creo que ni si quiera me van a entrar.” Rafa los lanzo a lado de los zapatos, y continuaron con el cajón de la ropa interior, en donde escogió una tanga tipo hilo dental con un triángulo pequeñísimo al frente y dos hilos a los costados que se unían en la parte trasera con otro, era de color negra, era la pieza más sexy y atrevida que tenía Isabel, y que solo se la había puesto para probársela, más nunca había usado en realidad.

    “Ahora, recoge todo mami” dijo el, “Vamos al cuarto de mi hermana”

    Isabel recogió la ropa mientras miraba a su hijo sin comprender.

    “Necesitamos un top para ti,” dijo Rafa.

    En el cuarto de su hermana, Rafa buscó algo, como si supiera que buscar. Finalmente encontró una pequeña camiseta con el logo de Led Zeppelin al frente. Se le escapó una leve sonrisa a Isabel, “oh, tu hermana no se ha puesto eso en años, desde que estaba en su faceta de rock. Le quedaría apretada incluso a ella ¿no crees?”

    Rafa colocó la camiseta sobre las cosas que su madre cargaba, “Eso es bueno, así no le importara que tus grandes tetas estiren la tela mami jejeje. Ponte todo esto y NADA más por favor. Sabes a lo que me refiero mami, sin bra.” Pasó a un lado de ella dirigiéndose a la salida y dijo, “estaré en el patio ma, cuando estés lista baja,”

    La casa está construida a desnivel así que una parte de la sala de tv da hacia el patio trasero. Rafa se paró afuera, recargado sobre la pared a un lado de las ventanas corredizas de la sala de televisión, varios minutos después escuchó el característico taconeo y la voz vacilante de su mamá. “Estoy lista hijo.”

    Isabel asomo su cabeza fuera hacia el patio y busco a Rafa, él la miró y se asomó por la ventana, la escaneó de arriba abajo. Ella sintió los ojos de el recorriendo su cuerpo, retrocediendo unos pasos hacia adentro, su hijo la siguió.

    Ahí estaba ella, su bien proporcionada madre, con un cuerpo voluptuoso, de piel un poco pálida pero suave e invitadora. Sus pies enfundados en unos tacones estilo suecos con abertura al frente, que se amarraban sensualmente por los tobillos, y muy altos, más de lo que acostumbraba a usar normalmente, después sus piernas desnudas con unas fuertes pantorrillas y muslos que llevan un poco más arriba hasta topar con su apretado short, que deja expuesto todos sus muslos, están tan apretados sobre su trasero, y le quedan tan cortos que ni siquiera cubren la parte baja de sus nalgas; incluso las tiras de la tanga sobresalen por la parte superior del short, incrustándose ligeramente en las caderas de Isabel, aún más arriba se encuentra su vientre descubierto, tiene un poquito de panza pero eso le da un toque más natural. Antes de llegar la apretada y negra camiseta de rock que parecía se había puesto a presión, el diseño del logo al frente se distorsionaba de una manera obscena debido a la forma de los sustanciosos senos, el material se adelgazo de lo estirado que estaba en algunas partes que su piel pálida y sus oscuros pezones eran claramente visibles. Su rostro tenía una mirada impaciente, y Rafa notó que ella se había retocado el maquillaje, y sus labios brillaban con un rojo intenso mientras la sombra de sus ojos era algo más cargada.

    “Eres una mujer realmente hermosa y estás buenísima mamá.”

    “Gracias hijo, pero creo que por hoy puedes llamarme Isabel.”

    Él la miró un segundo, “Creo que me gusta más decirte mamá, me parece más excitante.” Isabel asintió con la cabeza y sonrió.

    Rafa puso una mano en el vientre desnudo probando la suavidad de su piel, la deslizó lentamente hasta llegar a la altura de su vagina y la acaricio suavemente sobre el short, después la recorrió hacia arriba hasta llegar a posarla sobre un pecho, dándole un suave apretón mientras la miraba a los ojos. “oh sí, me gusta cómo se siente,” dijo él.

    El situó ambas manos en los pechos de su madre, recorriéndolos, apretándolos, jalándolos con algo de rudeza. Isabel solo emitía pequeños gemidos, sus parpados se agitaron de sorpresa al sentir que sus rodillas se debilitaban.

    Rafa posó sus manos sobre las caderas de Isabel y la empujo hacia un pequeño sillón que se encontraba en la sala de tv, “mami, súbete sobre el mueble.”

    Isabel se subió y se sentó, quedando de frente a su hijo, sus muslos separados hacia fuera, sus pechos danzando al ritmo de su agitada respiración, mientras sus brillosos ojos lo miraban.

    “no no no mamá,” dijo el, y la giro 180 grados de una manera gentil pero firme, Isabel quedó con las rodillas apoyadas en el cojín, esto la obligaba a tener el culo en pompa, y con las manos sujetó el respaldo para no irse de boca. “Quiero mirar esas nalgas colgando y de cerca.” Él puso sus manos en la espalda de su madre, “Arquéala y saca esas nalgotas, ahora reclínate en el respaldo, yeahhh.”

    Isabel descansó sus antebrazos sobre el respaldo, se inclinó hacia delante, arqueo su espalda tanto como su maduro cuerpo le permitió, sintiendo su culo colgando en la orilla del sillón. Ella sintió las manos de Rafa recorrer su trasero, dándole unas pequeñas nalgadas. “De puta madre, este es un culo increíble.” Su voz se escuchó un poco grave. Isabel miró hacia atrás sobre su hombro y vio una nueva mirada en ellos, su vista estaba fija en su grande culo que se empinaba hacia fuera. Rafa dijo, “voy a disfrutar esto” y entonces bajo su cara al nivel de su trasero.

    Isabel gimió y empezó a jadear al sentir la cara de su hijo haciendo presión en su culo a través de la delgada tela de su short. Su caliente hijo enterraba su rostro entre sus nalgotas, dentro de ese culo que muchas veces se había apenado ella de tener por su gran tamaño. Sintió su aliento cálido de su hijo en la raja, algo de saliva caía de la boca de Rafa hacia sus nalgas y muslos, y escuchó los sonidos guturales que estaba haciendo. Ella se sintió la reina del mundo, empujó su culo con fuerza hacia la cara de su hijo y lo sacudió rítmicamente.

    Rafa finalmente sacó su rostro de ahí abajo, y miro hacia arriba, la sexy vista de su madre en el sillón con sus grandes nalgas sobresaliendo de este y colgando sobre su cara. Rápidamente se desabrocho los pantalones y se sacó la verga, empezando a estimularse mientras besaba la espalda de su madre, su mano libre la rodeo hasta llegar a una de sus tetas, tirando la camiseta hacia arriba y sintiendo completamente esos pechos.

    “Eres tan sexy, lo sabías mami. Con un cuerpo maduro tan macizo, un grande y sabroso culo, unos fuertes muslos, y unas tetas por las cuales mataría.”

    Ella solo gimió en respuesta, “Mmmmm.”

    “Me vas a dejar entrar en tu hermoso culo, verdad mami? Déjame metértelo hasta el fondo, bombearte el ojete, tu anillo de carne, déjame reventarte el ano, abrirte el esfínter,” él estaba exhalando, cada vez más caliente, “… penetrarte analmente, déjame enculartee!!!”

    Ella volteó a verlo, tomó su barbilla con la mano, beso sus labios, “encúlame mi niño, quiero sentir el pene de mi niño ahora.”

    Rafa se levantó y la ayudo a pararse del mueble. Isabel vio el tamaño y el grosor del pito de su hijo y se sorprendió alegremente, “dios mío, tienes un pene hermoso mi amor.” Fue la primera vez que el joven se sintió intimidado por las palabras de su madre, se agachó rápidamente detrás de ella, desabotono el short de su madre y lo deslizó hacia el suelo, la tanga se quedó en su lugar, bien metida en la raja del culo.

    Rápidamente se despojó de sus pantalones y su bóxer, estaba arrodillado detrás de ella otra vez, con la verga bien parada, dura y palpitante, mientras separaba las nalgotas de su madre con las manos, y con la lengua recorrió la raja trasera cubierta solo por la fina tira de tela unas cuantas veces, antes de jalar el delgado hilo hacia un lado y sumir su lengua en la hendidura maternal.

    “Ahhh,” dijo ella y se inclinó una vez más, volteando hacia atrás para ver a su hijo, sus ojos bajaron hasta la juvenil verga. “déjame chuparte un poco el pito amor, déjame probarlo, dejarlo listo y húmedo para que me la metas.”

    Isabel tenía a su hijo completamente desnudo y recostado sobre su espalda en el suelo. Rafa había planeado hacer todo esto en el sofá de la sala, o tal vez en el comedor, o incluso en la cama de sus padres, pero todo estaba sucediendo tan rápido que no querida detenerse ni un momento. La madura ama de casa se corrió la tanga hacia un lado, asegurándose que quedara bien sujeta por una de sus carnosas nalgas, la camiseta seguía levantada arriba de sus macizas tetas y después bajó y posó su sustancioso culo sobre la cara de su hijo, para después inclinarse y acariciar la dura verga.

    “ohhhh mi amor, asíííí bebé!!!” gritó mientras sentía la cara de Rafa adentrarse entre sus nalgas, la lengua de su hijo se centraba en su agujero y comenzaba a penetrarlo con la lengua. “así mi cielo, vas a poder seguir bombeando mi culo siempre y cuando sigas saliendo con Karlita, no seas un patán con ella, trátala bien y seguirás disfrutando de mi apretado agujero.” Una parte de su ser estaba sorprendida por las palabrotas que había soltado, y después pensó que lo mejor sería hacerse para delante y colocar su boca sobre la joven verga.

    Rafa gimió dentro del culo de su madre al sentir esos carnosos labios apretando su pito y empezar la mamada, ella continuó agrandando y humedeciéndola mientras sus manos bajaban a las bolas de su nene, sus cálidos y suaves tetas presionaban su torso. El alcanzó con su mano la mochila que había quedado cerca, y revoloteo dentro de ella hasta que encontró una botella pequeña.

    “MMM,” aulló Isabel y comenzó a mamar con más fuerza al sentir como su hijo esparcía lubricante sobre su culo, metiéndolo dentro del esfínter con un dedo y después con dos. Aplicó más sobre las nalgas, dándole brillo a esos grandes y maduros globos. La madre se irguió y volteo hacia atrás tomando el lubricante para después ponerle un poco a la verga de Rafa. “no puedo aguantar más,” dijo la maciza madre, “te necesito dentro.”

    Isabel se levantó y caminó contoneándose sensualmente, a cada paso firme que daba las inmensas posaderas maternas vibraban en un erótico compas, llegó a la parte más inmaculada de toda la casa… el bar, se acercó uno de los altos bancos de la barra y comenzó a subirse en él. Mientras Rafa había tomado de nuevo el lubricante y se colocó un poco más sobre su herramienta, al mirar hacia donde se encontraba su madre solo pudo decir, “dios mío, pero que buena estás mamasota!”

    Y no era para menos, su madre se había sentado sobre el banco, una pierna a cada lado, descansando los tacones sobre los pedestales, sus muslos se posaban en el asiento, haciendo que el culo le quedara colgando, sus hermosas tetas quedaban sobre la barra del bar, tenía la espalda arqueada y los brazos hacía atrás, ya que con sus dedos incrustados en la piel se abría y cerraba las rollizas y vibrantes nalgas, poniendo al límite de la excitación a su hijo.

    “Mira mi amor lo que va a ser tuyo” decía Isabel mientras separaba sus montañas traseras, Rafael se apresuró a acercarse y colocó una de sus manos en el coño de su madre, frotándolo lentamente, sintiendo la humedad y calidez, y con su otra mano se acariciaba la verga. “mamá tu sabes que este bar, es el orgullo de papá.”

    Isabel soltó una risilla picara y dijo, “si, lo sé” y volvió a reír.

    Rafa nalgueo a su madre con el pito un par de veces y dijo, “¿no te gustaría que te cogiera el coño primero?”

    “puedes cogerte el coño de Karlita cuando quieras hijo, así que ponla en mi pinche culo ya… o no será que te estas retractando cielo?”

    “Cállate zorra!,” Rafa gruñó al comenzar a empujar su gordo glande contra el lubricado ano de su madre. La cabeza entró, después tomó a su mamá por las caderas y empezó a penetrar el fibroso túnel rectal.

    Ninguno de los dos dijo nada por un rato, solo se limitaban a gemir y jadear mientras la gruesa cabeza se desplazaba dentro y fuera, abriendo y estirando el esfínter más y más, su mamá empujaba hacia atrás su grande culo al igual que el empujaba dentro de ella.

    Rafael hizo su cabeza hacia delante, descansando su frente en la espalda de su madre, tenía los ojos cerrados y gemía, mientras su verga seguía bombeando el apretado agujero materno, “ohhh dios mío, estas buenísima mami.”

    La cabeza de Isabel estaba algo inclinada, ella bufaba y su cabello caía hacia el frente cubriendo su rostro, solo se concentraba en las sensaciones, de vez en cuando se pellizcaba sus pezones. “Siii, mi vida, sigue enculandomee, sigue ensartándome el culo, por favor quiero que seas sucio conmigo, por favor mi amor.”

    Siguieron culeando, Rafa algunas veces se estiraba para agarrar sus tetas, después se hacía para atrás y le azotaba el culo. Ella seguía pidiéndole que se la cogiera más duro y más profundo, Isabel agarraba la barra con sus manos, mientras el lugar estaba lleno del sonido del trance sexual, plas! plas! plas! Se escuchaba al chocar las nalgas de la madre con el vientre de su hijo.

    “ohhh mami, tu culo es demasiado bueno, vas a hacerme derramar toda mi leche.”

    Se quitó el cabello de la cara y mirándolo sobre su hombro le preguntó su mami, “ohh ¿yo haré eso? Y seguido de esto empezó a mover el culo contra su verga con más intensidad, las sudadas y ricas nalgas seguían sonando con cada embestida. “ohh, ¿voy a hacer que mi niño se venga?”

    Rafa se tensó, estaba tratando de aguantar lo máximo pero no pudo más, hundió su verga hasta el fondo y explotó, sintió el orificio apretar su pito mientras bombeaba chorro tras chorro en ella. Isabel lo observó hacia atrás y tomo su mano mientras se vaciaba en su culo. Ella notó gotas de sudor en su rostro que comenzaban a resbalar hacia abajo.

    Se quedaron quietos por un rato, en lo que el pito de Rafa se ponía flojo dentro del recto materno. Después de algunos minutos la juvenil verga se endureció otra vez y el hijo comenzó a realizar movimientos copulatorios.

    Su madre lo miró con una sonrisa, y dijo, “mi espalda me está doliendo un poco cariño.”

    “ohhh perdón ma!” respondió el, y sacó su verga del culo de su madre. Rafa miro su esfínter abrirse y cerrarse un poco, la abertura estaba llena se semen. El la ayudo a bajarse del banco. “perdón mamá, tal vez debimos haber ido a la cama, solo que no podía aguantar tanto.”

    Ella se paró a un lado de él, lo tomó de la barbilla y lo besó, “no te preocupes corazón, estuviste maravilloso.” Se besaron una vez más, su húmeda verga presionaba contra el costado de su nalga, mientras sus manos sobaban las tetas a conciencia. “Tal vez debamos ir al piso de arriba, como dijiste antes.” Isabel tomó un trapo de la barra y se limpió los restos de los fluidos. Después comenzó a andar hacia las escaleras, su hijo la seguía por detrás, dejando sus ropas pero tomando su mochila.

    La mamá de rafa aun vestía sus altos tacones, el top y la tanga. El aprovechaba para mirar su fabulosas nalgazas mientras caminaba, ella hacia los movimientos más exagerados, su cuerpo se sentía lleno de erotismo.

    Cuando su madre empezó a subir por las escaleras, con ese caliente y recién cogido culo frente a su rostro, tuvo un ataque de lujuria. A medio camino en las escaleras, posó sus manos en las caderas maternas. “Mierda, detente ahí mamá, y empínate.”

    Ella empezó a gemir al sentir la cara de su hijo incrustada entre sus húmedas y sudadas nalgas otra vez, sentía la lengua hurgar en su estirado esfínter. Isabel empujaba el culo hacia atrás mientras con una mano tomaba a su hijo por el cabello jalándolo hacia delante. “Así mi amor, dame lengua duro, si papi. Niño sucio y cachondo. Me encanta.” Sacudió las húmedas posaderas sobre el rostro de su hijo mientras Rafa penetraba su culo con la lengua.

    Él estuvo haciendo esto unos cuantos minutos y después se deshizo de esa posición. Su cara sudada miraba a su madre. “Ya mamá, podemos continuar, disculpa, pero tenía que hacerlo. Espero no pienses que soy demasiado raro. O ¿sí?”

    Isabel se le quedó mirando por un momento y después soltó un sonoro “jajaja! Tienes mucho que aprender amor.” Ella caminó el resto de las escaleras para después entrar en la sala de estar. “¿quieres ver algo de tv? Se subió a uno de los grandes sofás, recostada sobre su costado con su enrojecido culo colgando de lado, justo en donde Rafa se terminó de sentar. Ella alzó una ceja y preguntó. ¿Qué tienes en esa mochila amor? No la sueltas casi, para nada.”

    “Ahh, tengo unas pelis porno, con mis escenas favoritas, obviamente todas anales. Pensé que podríamos ver unas mientras ANALizamos jejeje.”

    “Pon la película.” Dijo Isabel apuntando hacia la pantalla que estaba empotrada en la pared.

    Rafa colocó el DVD y se volvió a ubicar en el sofá, acto seguido le puso play con el control remoto. En unos instantes la pantalla estaba llena de imágenes de hermosas jóvenes siendo culeadas analmente, de una manera dura y salvaje, por grandes y gruesas vergas, tanto blancas como negras. Miraron silenciosamente mientras los grandes miembros las enculaban fuertemente, sacando las vergas únicamente para que fueran chupadas un momento, estirando y desbordando los esfínteres de las actrices lo suficientemente hermosas como para ser modelos, hasta que expandían sus culos para la cámara. Algunas veces introduciendo dos de esos masivos penes en un hoyo al mismo tiempo.

    Isabel se sentó cerca de su hijo y se inclinó hasta acariciarle los testículos. “Así que, fue suficiente nuestra sesión anal para que salgas algunas veces con Karlita? O ¿deberíamos hacerlo nuevamente? Solo para estar seguros.” Su mano se movía a lo largo de la verga de su hijo, apretándola suavemente.

    “Ummm…” Rafa sintió como miembro se endurecía más y más. “Me parece una fantástica idea mamá.”

    Ella puso su mano libre en la nuca de Rafa y jaló su cabeza hasta que estuvo sobre una de sus tetas, mientras seguía masturbándolo con la otra mano. Isabel gimió al sentir la húmeda y cálida boca succionando. “Ohh, si. Hijo, te encantan estas grandes y calientes tetas verdad?” el gimió afirmando. “Sabes, la mamá de Karla también tiene unas tetas grandes como las mías.”

    Rafa siguió chupando y de repente despego sus labios del pezón, y miró a su madre hacia arriba un momento. Isabel sintió como la verga de su hijo se endurecía más en su mano. “oh mamá!, eres tan cerda y caliente!”

    Isabel lo empujo contra el respaldo del sillón, después se situó en el suelo entre sus rodillas. Ella le sonrió, “Wow, estoy sorprendida cielo,” la madre soltó una carcajada, para después abrazar con los pechos la verga de su hijo, y empezar un movimiento de arriba hacia abajo. Al asomarse el gordo glande por arriba, la mamá aprovechaba para pasarle la húmeda y ardiente lengua, llenándolo de saliva. “Alguna vez te has fijado en la mamá de Karla amor? Preguntó ella mientras seguía el movimiento de pechos.

    “¿Qué? Ah, mmm…” Rafa miro a su madre hacia abajo viendo lo que le estaba haciendo.

    Ella apretó los suaves y cálidos pechos más duro sobre su verga. “Dime cielo, di la verdad.”

    “Siii… maaaa… lo he hecho. Por favor no pares!”

    Ella le sonrió con mucha malicia, “Quizá, un día, podamos juntarnos, tu, Carmen y yo. Veamos una de tus películas porno y… practiquemos algunas escenas A… NA… LES…” Lo último lo dijo con la mayor lujuria posible.

    Isabel se rio escandalosamente al ver la expresión de su hijo y se paró, apretando el miembro de Rafa con su mano, “ok, creo que estás listo, un poco más y te hubieras venido. También necesito algo de placer.”

    La madre giró dándole la espalda a su hijo y de cara a la tv, quedó bien situada entre las piernas de Rafa, sostuvo la verga mientras flexionaba sus rodillas, descendía los muslos y sentaba las tremendas nalgas sobre él.

    Rafa solo miraba hacia el frente y gemía tratando de no venirse mientras veía como, el grande, redondo, maduro y maternal culo bajaba sobre su erecta verga. Esas sudadas y carnosas nalgas se partían por el medio mientras la gruesa verga se mantenía firme y comenzaba a introducirse en el esfínter de su madre una vez más. Gracias al trabajo con la lengua que había hecho Isabel, el enorme glande se abrió paso con facilidad y resbaló dentro el apretado y húmedo agujero.

    Isabel se concentraba en simplemente bajar y subir el culo sobre la vergota de su niño, usando sus muslos y pantorrillas para esto. Se podía escuchar hasta la entrada el escandaloso ruido que producían las tremendas nalgas al rebotar. Cada vez que descendía con fuerza sobre el duro pito de su hijo, y a la vez novio de su ahijada. –plas! plas! plas!- Rafa solo contemplaba como las nalgas vibraban después de cada rebote y sentía como el anillo de carne le ordeñaba la verga cada vez más. Ella puso una mano sobre su coño y empezó a frotarlo salvajemente mientras observaba en la tv como un negro le perforaba el culo a una latina, mientras una rubia agachada sobre sus rodillas le comía el coño a la morena. “mmm deliciosamente obsceno!” Isabel gruñó y frotó aún más duro los labios vaginales, mientras ella misma se empalaba rápida y salvajemente por el culo, cuando la verga tocaba fondo, Isabel contraía rápidamente el ano.

    Rafa estaba extasiado, recostado con la espalda en el respaldo del sillón, con los ojos entreabiertos, jalándose el cabello y haciendo cuanta cosa para no venirse tan rápido, a la vez que las húmedas, sudadas y brillosas nalgotas de su madre temblaban. Era toda una sensación prohibida que el estrecho y caliente culo de su mamá le apretara la verga. Rafa miro los costados de los grandes pechos de su madre bamboleando de un lado a otro mientras ella subía y bajaba. También se percató de que su madura madre iba a hacerlo venirse más rápido que cualquier chica anteriormente, de verdad estaba teniendo problemas para manejar tal cantidad de culo y tetas en una mujer. El comenzó teniendo el control de la situación, pero en algún punto fue ella la que se convirtió en la agresora. De repente se le vino un pensamiento a Rafa, al ver la pasión y el salvajismo con que su madre se empalaba, se imaginó que ella sería del tipo, que estarían tocando en su habitación a media noche demandando una sesión brutal de sexo.

    “Oh mierdaaa!!” Isabel se estrujó el coño como queriendo arrancárselo y azotó el culo hacia abajo furiosamente sobre la gruesa verga de su hijo, manteniéndolo allí, con las nalgas aplastadas sobre los muslos de Rafa, y haciendo pequeños círculos con las caderas mientras un increíble orgasmo la invadía, para después comprimir y relajar el recto, luego siguió con un movimiento frenético hacia delante y atrás. Rafa sintió las paredes de la cavidad anal contraerse alrededor de su verga y ya no pudo aguantar más. Comenzó a expulsar chorro tras chorro de caliente semen dentro de ella.

    Mientras el orgasmo de Isabel se desvanecía, recargo su espalda sobre su hijo, aun sentía su verga escupiendo esperma en su recto, las manos de rafa la rodearon, apretando sus pechos mientras los transpirados cuerpos se frotaban uno contra otro, se buscaron con la boca, y la tv aun reproducía una escena anal tras otra.

    Pasaron unos minutos en esa posición, la verga de Rafa estaba endureciéndose otra vez y su mamá comenzaba a hacer ligeros movimientos con la cadera. Estaban comenzando una nueva sesión de duro sexo anal y el celular de Rafa sonó de repente.

    Rafa lo tomó y se quedó sorprendido. “Mamá, es Carmen.”

    Continuará?…

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  • Mario (11 de 22): Vacaciones de verdad

    Mario (11 de 22): Vacaciones de verdad

    Me sentía mareado, cansado, pero también deseaba continuar así. Con Robert dentro de mi, sintiendo su pecho amplio pegado a mi espalda, la respiración que se le iba calmando, las caricias que su mano izquierda me hacía en el pecho bajando hasta el abdomen, y su verga abriéndome el culo por poco que se moviera.

    -Quiero estar siempre así. -giré la cabeza para mirarle y aprovechó para besarme la boca. Al moverme parte del semen salió de mi culo.

    -Ha sido muy bonito Robert, muy tierno como lo has hecho.

    -¿No te he hecho daño?

    -Nada mi amor, todo ha sido perfecto. -para mi estaba claro que Robert ya había estado con otros chicos o chicas, sabía lo que era follar y no era un principiante, él tuvo que notar que yo tampoco lo era, que mi culo no era virgen y me habían metido más vergas, pero él no preguntó nada ni yo tampoco, y quizá no nos importara saberlo…

    A la vez que me besaba el hombro y el cuello, su mano izquierda no dejaba de acariciarme, hasta que sentí renacer mi deseo sexual y la polla volvió ponérseme erecta, a él no se le había bajado del todo y seguía metido en mi culo.

    -¿Quieres más? -me preguntaba cogiendo mi verga y pasando después a los testículos.

    -¿Estás cansado?

    -Seguiría toda la noche haciendo el amor contigo.

    -¿Quieres que cambiemos de postura? -la verga se le volvía a poner dura y potente.

    -¿Para qué? Me gusta tenerte así, totalmente controlado. -empezó con un movimiento lento resbalando la cadera sobre la cama y buscando un ángulo que permitiera una penetración profunda.

    -Lo siento rico Robert. -cogió mi polla y la masturbaba a la vez y sincronizada con las metidas de la suya en mi culo.

    -Amor, tu polla también ha crecido, tienes una buena herramienta. -me masturbaba con dulzura y suavidad y a veces me oprimía el glande

    -¡Ayyy! Que rico mi vida, tu verga me entra profundo también así. -en esa posición podía cerrar un poco las piernas y hacer que su verga me rozara más y a él le diera más placer. Llevábamos minutos gimiendo los dos, él se cansaba a veces y paraba, entonces me movía yo, él solo me sujetaba moviendo mi pierna elevada, cambiándome según sus deseos.

    -Marín, te arde el culito amor. -entonces me acariciaba el ano estirado al máximo por su polla.

    Esta vez eyaculamos más tranquilos, o con más suavidad aunque también resultó intenso, no cesó de masturbarme hasta sacarme la leche y cayó directa en su mano, entonces apretó mi polla estremeciéndose, volviendo a llenarme el culo de semen.

    En un momento indeterminado, después de muchos besos, y seguía con la verga en mi interior, me quedé dormido.

    Cuando desperté la luz de la mañana iluminaba la habitación, había abierto la ventana y el viento se colaba meciendo las cortinas, estaba solo en la cama y escuchaba el ruido del agua al caer en el baño, me senté en la cama, la sábana tenía grandes manchas del semen que me salió por la polla y por el ano.

    Apareció con una toalla anudada a la cintura, varonil, sonriente y dispuesto a comenzar el día, vino a mi de frente, me acarició el cabello.

    -¿Has descansado bien? -vi el bulto que lucía en la toalla y tiré de ella, su verga apareció dura y tiesa.

    -¿Nunca va a descansar?

    -Cuando se canse y pienso que eso será muy tarde.

    La tenía muy cerca de mi, coloqué la mano bajo sus testículos y los sujeté tirando de ellos, solamente tenía que abrir la boca y aceptar el gordo glande que ya lucía una gota cristalina en la punta.

    -¡Ohh, bebito que rico! ¿Qué me haces amor?- la saqué un momento para mirarle malicioso.

    -Tomar mi desayuno. -chupaba su verga son esmero, sobre todo el gordo y rico ciruelo que era la punta y no dejaba de palpar sus gordos huevos, se le debían de haber vuelto a rellenar en esas horas inactivos.

    -La mamas rico mi vida. -se dio cuenta de mi capacidad para tragar y empezó a follarme la boca, su larga polla me atragantaba a veces, pero yo le miraba y era mi total satisfacción ver la alegría y el placer reflejados en sus ojos.

    Los gemidos le salieron pronto de la boca, y cuando más sabrosa encontraba su verga y yo más la gozaba, me llenó la boca de semen y tragué cuanto pude, tenía un novio lechero como su papá.

    Llevaba tiempo sintiendo el olor del mar y la impaciencia me consumía. Abandonamos la nacional 260 para entrar en Colera, inicio de nuestra ruta hacia el sur bordeando el mar, en la oficina de turismo nos informaron de las posibilidades que teníamos para dormir, localizamos los apartamentos que nos indicaron y después de dejar nuestro equipaje nos dirigimos a la playa.

    Teníamos el típico día de Agosto, caluroso y sin nubes y el agua del mar resultaba caliente.

    -Se siente bien estar tumbado después tantas horas conduciendo. -se había tendido cuan largo era y sin preocuparse del protector para la piel. En las piernas no lo necesitaría, cubiertas de vello como estaban, no era probable que se quemara.

    Le extendía la crema por el pecho y por la cara, Robert se dejaba hacer con los ojos cerrados, y para mi era una forma de poder acariciarle.

    -Ahora te toca a ti darme la crema. -se levantó rápidamente acomodándose arrodillado sobre mi y empezó su sesión de caricias.

    Esa noche la pasamos en nuestra habitación donde nos metimos inmediatamente, después de picar un plato de queso con cerveza en una terraza cercana. Nos habíamos duchado antes de salir para cenar.

    Robert había intentado seducirme y me negué a complacerle, mis planes eran para realizarlos cuando fuéramos a la cama.

    -¡Por favor Marín! -me sujetó de la cintura por atrás y colocó la polla semi dura entre mis piernas.

    -He estado toda la tarde conteniéndome, tumbándome boca abajo para que los otros bañistas no vieran lo que me provocas.

    -¿Ja , ja, ja! Suéltame o nos caeremos.

    -No seas malo, solo serán unos minutos.

    -Eso es lo que no quiero precisamente, minutos, además yo también me aguanto y tengo las mismas ganas que tu.

    -¿No le vas a dar gusto a tu hombre? -puso cara de pena y después de morderme el cuello me soltó.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Y tu no vas a atender lo que tu mujercita desea?

    -Tu no eres mi mujer, también eres mi hombre.

    -Como quieras, pero date prisa y así volveremos antes.

    -Eres un mandón, ¿lo sabías?

    -Contigo puedo serlo amor, tu me lo consientes todo. -le abracé y me sujetó por las nalgas para tenerme elevado y que pudiera besarle cómodamente.

    Regresamos y rápidamente se desnudó completamente, esperó pacientemente sobre la cama jugando con su móvil hasta que regresé del baño dispuesto para todo. Dejó el teléfono y se me quedó mirando, ya no sentía vergüenza de que me viera en cualquier situación.

    Me tendí a su lado y él solamente me miraba.

    -Antes querías hacerme algo, y ahora solo me contemplas. -colocó la mano sobre mi cabeza y hundió los dados en el pelo.

    -Da miedo tocarte Marin.

    -Estoy para eso mi vida, para que tu me toques como quieras. -se colocó de costado y acercó la cara para besarme la nariz.

    -Por mi te abriría para meterme en ti, pero no va a poder ser, no quiero acabar en prisión. -a mi vez le besé los labios.

    -Hay maneras agradables de meterte sin que me hagas daño.

    -Te amo Marín, te quiero tanto y he estado tan ciego.

    -Calla y hazme el amor. -me posesioné de su boca y le mordí los labios antes de meterle la lengua para jugar con la suya.

    Le subí un brazo y le lamí el sobaco, olía ligeramente a sudor y eso me gustaba. Robert gemía excitándome más.

    -Te voy a comer Robert mío. -veía como se acariciaba la polla y se iba poniendo dura en su mano, con los ojos cerrados, disfrutando de mis lamidas ahora en su pecho.

    Llegué con mi boca hasta su oreja lamiéndole todo el cuello.

    -¿Te gusta como atiendo a mi hombre, como le doy placer a mi macho?

    -¡Ummmmmm! Marin, eres una ventosa amor.

    -Si mi rey, una ventosa para chuparte y lamerte. -fui bajando por su pecho hasta llegar a su vientre, lo tenía muy marcado y en tensión, la sombra de sus bellos lo acaban de perfilar marcándolo rotundamente.

    Le retiré la mano que tenía agarrando su polla, estaba húmeda de sus jugos y fui metiendo uno a uno sus dedos en mi boca y chupándolos, el abdomen se le contraía y cada vez le salía mas líquido de la verga.

    Le lamí el glande, me encantaba tan grande y redondo, y jugué con él besándolo, enroscando la lengua bajo el breve sombrerito de la cabeza.

    Robert buscaba a ciegas mi polla y se la acerqué para que la tocara. lo que antes se hacía a él, ahora me lo hacía a mi, envolver el capullo en su mano y lubricarlo con el presemen que también salía de mi. Me daba un gran placer y tenía que morder mi labio para no gritar.

    Sujeté sus huevos con una mano y con la otra le acariciaba el pecho, mi boca buscaba tragar su verga succionando con fuerza.

    -¡No Marin, no! No quiero correrme aún. -con la mano libre me sujetó del pelo y me quitó su rica polla.

    -Entonces métemela ya y fóllame. -se quedó un instante indeciso y cuando reaccionó me sujetó colocándome mis rodillas sobre el pecho, me elevó el culo y metió la cabeza entre mis piernas. Su aliento me llegó antes de que aplastara la lengua en mi ano.

    -¡Ohhhh! Robert. -me agarré los tobillos y tiré las piernas a mis costados abriéndome todo lo posible.

    Me comía el culo con unas ganas terribles, chupaba y luego lamía, besaba con profundas aspiraciones que sonaban a chapoteos de agua.

    No pensaba que Robert me iba a chupar el culo de esa manera tan profesional y loca a la vez, conseguía que gimiera y gritara, y me retorciera del gusto que me daba.

    Me chupó durante largos minutos el culo, y también se metía mis testículos en la boca, solamente se retenía de estimularme la verga para evitar que me corriera.

    Cuando se detuvo se colocó sobre mi aplastándome las piernas con su peso, tenía toda la cara mojada de saliva. Me miró pidiendo permiso con los ojos y enfiló su verga a mi ano.

    La sentía empujar y luego entrar en mi cuerpo como bisturí en la carne, me había dilatado al punto de no sentir el más ligero dolor. No se detuvo hasta que sus testículos impactaron en mis nalga, permitió que retirara mis piernas del pecho y se posó sobre mi.

    -Marín, amor mío. -besaba y murmuraba en mi oreja.

    Le abracé pasando las manos por su espalda y le rodeé las caderas con las piernas.

    -Me encanta tu polla Robert, te quiero amor. -se movió un poco haciendo que me retorciera y gimiera de placer.

    Levantó la cabeza y me sujetó la cara dándome un fuerte beso.

    -Quiero que algún día me la claves tu. -me quedé momentáneamente en suspenso.

    -No se si podré hacerlo amor mío.

    -No importa, yo te guiaré, ahora voy a gozar de tu hoyito.

    Volvía a gemir y retorcerme, sentía calambres en los pies y tenía que agarrotarlos encogiéndolos.

    -Dame más fuerte mi amor, fóllame rico mi vida. -contraía el culo para que su verga se sintiera aprisionada y notar mejor el gordo glande desplazándose por mi tripa.

    -Sigue. sigue, me gusta sentirte dentro. ¡Ummmm! cariño mío, ¡qué rico amor! No te detengas.

    -Sí mi vida, tu culito me aprieta la polla, que rico culo mi vida. -no cesaba de besarme mientras me follaba, hacía las dos cosas simultáneas y a veces respiraba estremecido en mi boca.

    Sus testículos golpeaban en la entrada de mi culo, cada vez más fuerte, a cada segundo más duro hasta que sentí que no podía aguantar más y apreté fuerte mis piernas abrazando su cintura.

    -Ya no puedo más mi amor, me va a salir la leche. -efectivamente, sin tocarme comencé a eyacular derramado el semen entre nuestros vientres.

    -Yo estoy a punto mi amor, ¡Ya me viene! ¡Ahhhggg!. -separé su cara para mirarle, estaba descompuesto y rojo, sudoroso.

    -Si, sí Robert, lléname el culo de tu leche, dámela amor mío. -convulsionábamos los dos y la cama rechinaba al movernos. Sentía que innumerables chorros de semen me entraban y los sentía en el corazón, en el alma.

    Le apretaba uniendo nuestras pieles como si fuera una sola y Robert respiraba sin control con la cara oculta en mi cuello.

    Nuestro coito había resultado impresionante, pasaron minutos hasta que nos tranquilizamos y Robert pudo dejarse caer a mi lado, nunca me habían jodido el culo de esa manera, quizá no fuera un polvo magistral, pero yo lo magnificaba por el amor que sentía hacía el, por el amor que desde niño había tenido en mi corazón por mi hombre.

    *************

    Al día siguiente continuamos nuestra ruta, sin estar señalada y sin saber el destino, y así los días siguientes, visitando las preciosas calas de ese trozo de costa, deambulando de playa en playa y siempre bajando hacia el sur.

    Puerto de la Selva, Ampuriabrava, Calella, Lloret, sitios para recordar toda mi vida, lugares que Robert convertía en mágicos.

    Sitges ya en tierras de Barcelona y otros más, Torredenbarra, Tarragona. Siempre acompañados del ardiente sol y lo que más nos calentaba, nuestro amor.

    Podíamos dormir, en hotel de cinco estrellas, en fondas pequeñas, habitaciones prestadas, o bajo el manto del cielo y el colchón de las arenas cálidas y acogedoras al finalizar las tardes.

    Habían transcurrido diez días que no sabían a nada. Temía que en cualquier momento Robert dijera que teníamos que volver, que todo había terminado, pero no, seguimos hasta Vinaroz y Peñíscola.

    En este último lugar encontró un hotel en la misma línea de plaza, no quería repetir la experiencia pasada en la parada anterior.

    Era una playa pequeña, preciosa y bastante concurrida. Unas horas antes, a pesar de buscar por todas partes no conseguimos una cama para pasar la noche, inclusive pensamos en continuar el viaje a última hora de la tarde.

    -Hace un día tan bonito que da pena subirse al coche.

    -No lo hagamos, durmamos sobre la arena. -ya lo habíamos hecho otro día, sobre la arena y una manta de viaje que sacó del maletero del coche. Me miró con una sonrisa tierna, y a la vez muy pervertida.

    -Y haremos el amor a luz de las estrellas. -soltamos la risa y la decisión había sido tomada. Ya habíamos hecho el amor en esa situación y muchas otras diferentes. Robert no se cansaba nunca de follar, y siendo justos, tampoco yo.

    Acercamos el coche al lugar donde pensábamos pasar la noche, compramos unos bocadillos, cervezas, y pilas para la linterna, ya estábamos preparados para cualquier contingencia.

    Lentamente la playa se fue despoblando hasta quedar, no absolutamente solos, luego veríamos que otros habían decidido hacer lo mismo y contemplaríamos el resplandor de sus linternas en la noche.

    El aire olía fuertemente al salitre marino, comenzaba a caer la noche y comimos nuestro bocadillo.

    -Robert, solo escucho el ruido del agua.

    -Yo también, y tu voz porque hablas.

    -Estamos solos en el mundo, tu y yo solos, la humanidad ha desaparecido. -agarré su mano y se la apretaba

    -Igual otros seres distintos, o parecidos, nos miran desde el espacio, desde aquella estrella brillante. -aproxime mi cara a la suya para buscar el punto en el negro cielo.

    -¿Nos estarán mirando, vigilándonos para ver lo que hacemos?

    -Seguro que si, y van a pasar mucha envidia, ellos no tienen un chico a su lado tan guapo. -hizo un apretón con la mano que teníamos unidas.

    -¿Robert?

    -Dime amor, pero ten en cuenta que esos seres pueden escucharte también. -iba a hacerle una pregunta para la que no tenía respuesta y no seguí.

    Se colocó boca abajo y pasó el brazos por mi abdomen. Suavemente sus caricias comenzaron, llevó la mano a mi cara y pasó los dedos por mis labios, ya le conocía muy bien y sabía lo que pretendía.

    -Mira al cielo, a las estrellas, desde las ciudades no se puede ver este espectáculo.

    -Yo tengo el cielo a mi lado y puedo verlo cuando lo deseo, y tocarlo como ahora.

    -No Robert, aquí no.

    -No pasa nada, y es mentira que esos seres nos estén mirando, estamos solos los dos.

    -Tu sabes porque no quiero, no te hagas el tonto.

    -Tenemos la mantita lo mismo que Linus, el amigo de Snoopy, ella te protegerá.

    -Eso ya sucedió, te mueves mucho y la arena me entra en el culito, y eso araña, molesta.

    -Yo no me quejaba, para mi todo estaba bien, perfecto.

    -Tu eres muy valiente y sufrido.

    -Está bien, si no quieres no lo haremos, ¡total por un poco de arena! -volvió a ponerse para mirar las estrellas, no podía verle muy bien y encendí la linterna, le iluminé la cara y me puso cara de molesto.

    -No te enfades Robert, casi nunca me niego a lo que quieres.

    -¿Crees que puedo enfadarme por eso? Ven que te abrace y duerme. -me recogió entre sus brazos y, con el calor que no disminuía, el arrullo del mar, y el sonido tranquilo de su respiración me fui quedando dormido.

    Me despertó el intenso frío y la humedad que sentía, continuaba abrazado por Robert que no se había movido. Empecé a tiritar, sentía, sin verla, la intensa y fría niebla que nos cubría, busque la linterna para nada, era peor el resultado y el brillo blanco de la niebla reflejaba la luz.

    -¡Robert! -le sacudí para despertarle.

    -¿Qué sucede?, su voz sonaba somnolienta.

    -Tengo frío, hay una niebla muy intensa. -enseguida controló la situación.

    -No podemos quedarnos aquí, nos vamos al coche. -recogimos nuestras cosas y Robert se oriento milagrosamente para llegar hasta él, yo me hubiera perdido y acabado en el mar.

    Dentro del coche se estaba bien y nos metimos en la parte trasera.

    -Abrázame Robert, sigo teniendo frío. -el sueño se nos había evaporado y tumbados en el asiento, de mala manera y apretados, el calor volvía a renovar mi cuerpo.

    -¿Robert?

    -¡Dime amor! ¿Qué te pasa ahora?

    -Tu verga se aprieta en mi culo. -excitado por la cercanía , o por las ganas contenidas y no satisfechas, notaba su polla crecida en mis nalgas.

    -¿Y que quieres que haga, salir fuera y que la niebla me la congele?

    -Ja, ja, ja. -no pude contener la risa.

    -Aquí no hay arena amor. -empezó a tirar de mi bañador para quitármelo.

    -Está bien pero déjame a mi o lo romperás. -era un galimatías moverse hasta que los bañadores salieron por nuestros pies.

    Se colocó detrás de mi, pero no podía moverme y además estaba encima de una de mis piernas.

    -Así no, me haces daño.

    -Baja esa pierna al suelo y ocupa el lugar en el centro del asiento. -Roberto se sujetaba en el respaldo de los asientos delanteros para dejar que yo pudiera moverme hasta conseguir situarme como deseaba.

    -Así está bien. -estaba paralelo a mi, sujeto con las manos en los respaldos anterior y posterior, los pies contra la puerta, y fue dejándose caer hasta montarme. Su peso me ahogaba, me aplastaba literalmente sobre el asiento.

    -Perdona Marin, cuando la meta me sostendré mejor. -la polla resbalaba entre mis nalgas hasta que acertó con un movimiento mio, empezó la penetración, con la mitad de la verga dentro pudimos colocarnos mejor.

    -Así estás a gusto.

    -¡Ummmm! Sí, no se como terminaran nuestras espaldas al final, pero así estoy bien, continuó hasta meter todo lo que le daba y hacer tope con la pelvis sobre mis nalgas, parte de la verga no podía meterla por mi postura forzada.

    -¡Qué rico culito! ¡Gracias Neptuno por enviarnos la niebla!

    Empezó a follarme el culo, era divino a pesar de las malas posturas.

    -¡Ay, ay, ay, ah, ah, ah, ah! -tardó poco en conseguir arrancarme exclamaciones de placer y me bombeaba con ganas.

    -¡Mas, mas, mas Robert! Dame más verga amor. Está rico mi vida, fóllame fuerte. -los cristales del coche se había cubierto de vaho, Robert se movía violentamente montándome, cabalgando sobre mi y perforándome el culo.

    -¡Ahhhh! Marin, tienes apretadito el culito, me estas ordeñando amor. -todo llega a su fin y la leche nos desbordó saliendo de nuestros huevos, la suya para llenarme el culito, la mía para manchar el asiento.

    Cuando recobró el aliento y sin que hubiera salido de mi, volví la cara y entonces fue el primer beso, me enajena que me bese mientras me esta follando, teniéndolo a él dentro y tenerle por arriba y por abajo.

    Antes le amaba y ahora le idolatraba, continuaba no queriendo pensar en el mañana, el futuro no existía, ni siquiera el pasado ya vivido, solo quería mi presente, el de este momento, apretado contra la tapicería de su coche de lujo, manchada con mi semen.

    -Vete sacando la polla con cuidado. -la extrajo en un movimiento rápido, lo contrario de lo que le había pedido, me arrodillé encendiendo la luz interior. Pude respirar aliviado, su verga estaba limpia, muy brillante por la leche que había arrastrado al salir.

    -A mi no me importa si alguna vez sale sucia Marin.

    A ti no, pero a mi sí.

  • Me terminé follando a la calentona chica del Minimarket

    Me terminé follando a la calentona chica del Minimarket

    Este es mi primer relato y es 100% real obviamente los nombres serán cambiados.

    Esto ocurrió aproximadamente hace casi 10 años, cuando yo trabajaba en construcción, resulta que a mi amigo y en ese tiempo mi jefe le sale una pega de remodelación en plena Plaza Italia.

    A la hora de colación yo iba a comprar a un minimarket que estaba muy cerca de donde trabajamos, y trabajaba una colombiana muy rica que con solo su acento me calentaba, y una chilena con unas muy ricas tetas que muchas veces me sorprendió mirándoselas, y me respondía la mirada con una cara de caliente, con el tiempo y las idas a comprar siempre conversamos de todo, pero más con la chilena, que se llamaba Carolina, ya con más confianza nos saludamos con besos en la cara pero cada vez más cunetiados, resulta que averiguando cosas la Caro, hacia horas extras en el minimarket, pero encerrada con el jefe… Era muy calentona.

    Un día a la hora de colación nos fumamos un pucho y conversando me dice donde vivía y como el mundo es tan chico vivía a casi 4 cuadras de mi casa y jamás la había visto, quedamos de acuerdo en algún día irnos juntos para seguir la charla, y me dice ‘quién sabe podríamos tomar un desvío’ mordiéndose los labios y mirándome el paquete, se despide y me da un beso cortito pero mordiéndome el labio diciendo ‘nos vemos’ y me pasa un papel con su numero

    Me fui súper caliente a la pega y dije esta es la mía… Pasan días y llega el viernes de fin de mes y le mando un mensaje si salíamos a bailar ese día y me dice que no puede porque tenía una despedida de soltera, y dije cague voy a tener que salir de casería si es que salta la libre, decidí llamar a unos amigos para que fuéramos a un after-officce que queda en pleno Santiago centro, el conocido Manhattan, me junte con mis amigos llegamos al lugar tipo 18:30 h, buen ambiente, buena música, hartas minitas, me dice cómo no va saltar la libre, todo pasando en el pub, los show correspondientes (los que conocen Manhattan saben a lo que me refiero), todo el ambiente prendido con un compañero rescatamos unas minas, y dijimos aquí coronamos, las weas las minas se fueron y quedamos tirados, en eso voy al baño y mis amigos fueron a comprar caspa del diablo, y no volvían, yo en la fome solo atine a llamar a una amiga que vivía en provincia, le dije que tenía un ron y una bebida que si quería tomar conmigo (cuanto si me decía que si lo compraba si no para que) en eso me dice si ven al departamento, pero piola porque están mis hijos durmiendo no se fueron con el papá me responde, mi amiga se llama Maite, tiene unas tetas paraditas y pezones muy grandes pues siempre se le marcan en sus poleras.

    Bueno llego a su departamento y entro súper piola por que las bendiciones dormían, en eso nos pusimos a tomar el ron y hablar de la vida, en eso nos fuimos al sillón y empezamos con los besos y manoseos, ella estaba con un pijama de esos con short como de seda, se le veía muy rico el culo y una camiseta de tirantes que hacían que sus tetas se veían muy ricas con eso ricos pezones ya que esta sin sostenes, se monta arriba mío y yo empiezo a chuparle los ricos pezones mordiendo suavecito, y jugando con mi lengua, mis manos agarrando su culo, abriendo las nalgas y se sentía muy rico la humedad y calorcito que emanaba su chorito mi amiga, empieza a gemir y me dice espera

    Amiga: para quiero chuparte el pico me tienes muy caliente

    Yo: haga lo que quiera cosita me tiene con el pico muy duro y es todo para usted

    Se coloca al lado de sillón y libera la miseria del pantalón y empieza con la chupada de antología, mientras mis manos le agarraban el culo y mis dedos entraban en su chorito que a esa altura era un rio

    Amiga: que rico lo tienes quiero mi ración de leche calentita, mirándome a los ojos con cara de perversa

    Yo: cómaselo todo hay mucha leche para ti perrita en celo

    Con esas palabras se calentó tanto que se lo trago todo de una… Y fue ahí donde despierta la cabra chica llamando a la mamá, que quería ir al baño, y tuvimos que parar la faena porque la llevaría al baño, pero para más cagarla la bendición después no se quería dormir y yo más caliente que tetera de campo.

    Amiga: lo siento pero vamos a tener que seguir otro día porque la bendición no se quería quedar dormida

    Yo: será por pero me llevo el ron para el camino

    Amiga: llévatelo, pero te juro que te compensare con algo rico

    Bueno me fui del departamento más derrotado y caliente que la xuxa, y dije la cague para casa, así que devuelta al centro para tomar el colectivo, en eso me bajo de la micro que me deja en San Antonio con la alameda y miro a un teléfono público, y había un culo muy rico y paradito, me acerco a el y ya casi a un metro la mina de da la vuelta y era nada más ni menos que Carolina, con una polera con un escote que hizo que se me pusiera más dura.

    Yo: y tú que haces por aquí sola y a esta hora? No deberías estar en la despedida de tu amiga

    Caro: es que pelee con una amiga que estaba curada y me vine, y tú que haces por aquí a esta hora

    Yo: estaba en un carrete pero funo ahora me voy a la casa, como tú vives para allá vámonos juntos.

    Caro: bueno vámonos, pero tengo un problema

    Yo: cual

    Caro: no puedo llegar a mi casa me puedo quedar contigo…

    Yo: (esta es la mía) claro cómo no, pero en ese caso vámonos en taxi

    Tomamos el taxi y ambos nos subimos atrás y me pregunta

    Caro: te gusta mi nueva polera, es muy linda

    Yo: me gusta más el relleno de la polera, me tiene loco

    En eso me queda mirando me da un beso exquisito y me agarra una mano, se me la coloca en sus tetas… Y su mano agarrándome el pico que desde que la vi lo tenía bien duro.

    Caro: ojala lleguemos luego tengo ganas de comerme esto que tengo en mis manos

    Yo: le digo al taxista, doble aquí en la esquina, cambio de planes vamos a un motel

    Llegamos a un motel que esta por vicuña y entramos en la pieza pido las cortesías pura bebidas y saco el ron que andaba trayendo, cada uno un ron cola casi al seco, y continuamos la faena.

    Empezamos con los besos y ella no me soltaba el pico sobajeando sobre mi pantalón y yo agarrándole el culo a dos manos, ella saca una de sus tetas por su escote.

    Caro: chúpamela las tetas papito que me tienes muy caliente mi amor

    Eso me calentó al mil y con mis dos manos amasando las tetas y alternando cada una de ellas con mi lengua y mis dientes.

    Caro: hace rato que te quería tener así cabro chico, me calientas cuando vas a comprar desde el primer día que quiero que me culees rico

    Yo: ahora te voy a culear hasta que no puedas más, calentona de mierda

    Caro: si te voy a chupar el pico hasta déjate seco los coquitos

    En eso nos desnudamos y se sienta en la cama y me empieza a chupar el pico primero bien lento pasando la lengua desde mis cocos hasta la punta de pico, para luego tragársela toda, mientras me mira a los ojos me hacía llegar a las estrellas, en eso estuvimos como 10 minutos y luego la coloco patas al hombro y empiezo a pasar la lengua desde su ano hasta su clítoris chupándoselo bien rico, me agarraba la cabeza empujando hacia su vagina bien depiladita, mientras seguía chupándosela, meto un dedo en su vagina haciéndola gemir, pero en eso meto dos dedos y sus gemidos eran aún más fuertes ricos.

    Caro: no pares que me voy a ir no pares porfa que corro

    Meto los dos dedos y empiezo a sentir las contracciones en su vagina se estaba corriendo bien rico.

    Yo: ahora me toca a mi, te o voy a meter y te llenare de leche

    La tengo patas la hombro, empiezo con el mete y saca, chupando, mordiendo sus pezones, con cada penetración más profunda ahogando sus gemidos con un par de besos bien húmedos, luego la pongo en 4 como una perrita y se doy un par de nalgadas y se lo meto de una sin previo aviso

    Caro: que rico tienes el pico párteme que me tienes muy caliente, quiero pico, quiero tu pico bien adentro no lo saques, lléname de leche

    Eso me calentó más y en vez de tomarla de las caderas con una manos le tiro el pelo y con la otra se la pongo en el cuello para dominarla.

    Caro: eso dame durito que lo tienes rico, sigue que me voy a ir no pares

    En eso siento su squirt llenando la cama de su calentura, y yo no paraba en eso siento que me voy a ir y se lo meto bien profundo acabando los dos al mismo tiempo caigo sobre ella encima de la cama.

    Me recuesto al lado y ella se había desmayado con su orgasmo… Yo me asuste un poco y revise sus respiración y a los 20 segundos despierta.

    Caro: que orgasmo más rico hace mucho que no se corría así, se me olvido decirte que cuando tengo esos tipos de orgasmos, siendo que me desvanezco

    Yo: me tenías preocupado pensé que te había pasado algo

    Caro: pobrecito, es que hace mucho que no culeaba así de rico, pero te voy a compensar el susto y lo rico que me diste

    En eso baja y me empieza a chupar el pico muy pero muy rico, colocan-dolo muy duro de nuevo, para hacerme una paja con sus tetas mientras chupaba la cabeza del pico, me tenía en las nubes, lo chupo como por 10 minutos hasta correrme en sus tetas y boca, se come la leche de su boca y la ducha limpiarse… Luego yo fui a la ducha y cuando vuelvo ya estaba durmiendo… Y me dormí junto con ella haciendo cucharitas y agarrándole una teta… Al otro día despertamos, pero eso es para otro relato…

    Espero que les haya gustado, disculpen la redacción pero es mi primer relato, y espero que no sea el último.

  • Abusando de mi hermana Isabel

    Abusando de mi hermana Isabel

    Eran las diez de la noche de un viernes cuando me dirigí a la vecindad donde me vendían la droga, y ahí me encontré a uno de los malosos del barrio. Nos saludamos y entré al domicilio para comprar unos papeles de cocaína en polvo, y al salir me volví a topar con el sapo, que así le decían al tipo que me encontré en la entrada de la vecindad.

    – ¿Tienes dónde meterte lo que compraste? – me preguntó cuando me alejaba.

    – Sí, voy a mi casa ¿tú tienes perico?

    – También compré, pero no tengo donde jalarme, por eso te pregunté si tú tienes un lugar donde podamos darnos unos jalones, yo te invito.

    Yo dudé un rato antes de invitarlo a mi casa, lo conocía igual que conocía a todos los del barrio, pero nunca había cotorreado con él. Pero pensé que podríamos pasar un buen rato drogándonos juntos y además sabía que él siempre tenía bastante coca.

    – Pues vamos a mi casa, ahí no hay bronca, solo está mi hermana, pero ella está en la parte de abajo y yo tengo un cuarto en la azotea.

    – ¡Pues vamos entonces, por la droga no te preocupes que yo traigo bastante! ¿Pasamos por unas chelas?

    – Va, para que resbale la coca ja ja ja

    Y entonces fuimos a la tienda y compramos varias latas de cerveza y cigarros, de ahí nos fuimos para mi casa que estaba a unas cuantas cuadras.

    Al llegar a mi domicilio le di instrucciones para no hacer mucho ruido y subimos las escaleras que conducían a mi cuarto. Al estar abriendo la puerta noté que el sapo miraba la ropa que estaba colgada del tendedero, poniendo atención a una pantaleta negra que se mecía al compás del viento.

    – Es la ropa de mi hermana, siempre la tiende ahí. – le dije eso con toda la intención de ponerlo caliente, porque me di cuenta que los calzones le llamaron la atención y pensé que seguramente era un fetichista como yo. Pero no me dijo nada, seguramente pensando que yo podría sacarme de onda si hacia un comentario de la pantaleta.

    Y es aquí donde tengo que decirles que la cocaína me alteraba tremendamente la lujuria, y al tener compañía pensé que podría pasármela muy bien hablando de mi hermana Isabel, pues ella es la mujer que más deseo en la vida, mi fantasía más perversa y prohibida.

    Cuando entramos a mi cuarto pusimos los papeles de cocaína sobre la mesa junto a las cervezas y el paquete de cigarros.

    – ¿Entonces no hay bronca con tu hermana? ¿No se molesta si estamos aquí?

    – No hay ningún problema, aquí estamos seguros y nadie nos molesta, mi hermana está allá abajo en sus cosas y nosotros en lo nuestro.

    Destapé un par de cervezas y le di una. Después me puse a formar sobre un pequeño espejo varias líneas de cocaína y con un billete de cien pesos improvisé un popote e inhalé una de las líneas, le pasé el billete y él hizo lo mismo.

    – ¡Ahhh! ¡Qué bueno está el material! – me dijo después de darse el jalón.

    – ¡De lo mejor! – respondí al sentir el efecto de la droga que como siempre llegaba acompañado de una bestial lujuria.

    Ya animado con la droga y la cerveza el sapo tocó el tema de la ropa que estaba en el tendedero.

    – ¿Entonces es de tu hermana la ropa que está colgada? ¿Viven solos?

    – Vivimos con la familia, pero en el pueblo de mi madre hay fiesta y todos se fueron a divertir el fin de semana, mi hermana se quedó pues no le gusta el relajo. Y siempre que lava sube a tender su ropa aquí en la azotea ¿viste una pantaleta negra? Esa también es suya, yo creo que le gusta que vea sus calzones y por eso los deja a la vista ja ja ja.

    Así fue como inicié el tema que quería tratar, porque el hablar cosas calientes de mi hermana Isabel prometía ser una experiencia morbosa como ninguna.

    – La neta sí vi el calzón y no sé por qué me imaginé que era de tu hermana ¿cuántos años tiene?

    – Me di cuenta que la pantaleta te llamó la atención por la forma en que te quedaste viéndola, y te voy a confesar algo pero no vayas a contárselo a nadie, que quede entre nosotros.

    – Conmigo no hay bronca, te portaste a toda madre invitándome a tu casa y por eso ya te considero mi valedor, además no soy chivatón, cuéntame lo que quieras y te doy mi palabra que no diré nada, estamos en confianza.

    – Mi hermana tiene 38 años, es divorciada ¡y la neta es que me gusta un chingo y quisiera cogérmela!

    El sapo se quedó mirándome por unos instantes, pensativo, y poco a poco en su rostro se dibujó una maliciosa sonrisa. Era claro que mi confesión le despertó una curiosa morbosidad y su voz al hablarme adquirió un tono diferente. Se había excitado con mis palabras tal y como yo lo pensé.

    – ¿En serio te quieres coger a tu hermana? Eso suena muy caliente. Me imagino que es muy bonita. Si dices que vive aquí a lo mejor la conozco ¿Cómo es? ¿Cómo se llama?

    – Pues a lo mejor sí la conoces, se llama Isabel, es delgada, de piel blanca, tiene el cabello corto y ondulado, de color negro. Mide como 1,70 de estatura, y tiene unas tetas deliciosas, y una nalgas riquísimas, paradas y redondas.

    – ¡Ufff! Por lo que me cuentas tu hermana es un bizcocho. Me gustaría verla para ver si la conozco.

    Entonces saqué de un cajón algunas fotografías que le había tomado clandestinamente a mi hermana y se las mostré. En una mi hermana estaba de espaldas, inclinada sobre la mesa, con un pantalón tipo sastre gris y sus nalgas se apreciaban en todo su esplendor. En otra foto Isabel estaba recostada en el sillón de la sala, descansando sobre su lado izquierdo, traía puesta una pijama blanca y se le marcaban claramente los contornos de su pantaleta. Otra fotografía la mostraba de perfil, con un vestido negro y entallado, donde sus tetas y sus nalgas invitaban a la lujuria. La mejor y última foto era una donde estaba acostada de espaldas en su cama, con una falda blanca subida hasta la cintura y enseñando toda la parte frontal de una pantaleta negra, del mismo color que la que estaba en esos momentos colgada en el tendedero.

    ¡No manches, que guapa y sabrosa está tu hermana! No creo haberla visto por la colonia porque no me hubiera olvidado de ella. Esa foto donde está dormida y enseñando los calzones no tiene madre ¿cómo se la sacaste?

    – Esa se la tomé una noche que entre a su cuarto para verle los calzones y manosearla, muchas veces lo he hecho, aprovechando cuando está bien dormida. Pero por pura suerte esa noche la encontré tal y como sale en la foto, como si me estuviera esperando ja ja ja.

    – ¿Entonces la manoseas cuando la encuentras dormida? ¿Esa noche le metiste mano? – Me preguntó el sapo cada vez más interesado y excitado.

    – ¡Claro que la toqué! Le agarré la panocha por encima de la pantaleta y hasta se la olí. También le sobé un poco las tetas, claro que por arriba de la blusa, pero las sentí bien firmes. Y antes de salir de su cuarto le tomé la foto. Estuve a punto de hacerme una chaqueta ahí mismo mientras la miraba, pero por precaución no lo hice, no fuera que se despertara y me sorprendiera con la verga en las manos ¡me hubiera metido un pedote!

    – No pues sí, me imagino que no fue fácil controlar las ganas de meterle la verga teniéndola así como estaba ¡Ya tengo el pito bien duro de todo lo que me platicas de tu hermana!

    – La verdad esa noche me puse tan caliente al verla enseñando los calzones que no me faltaron ganas de violarla.

    – ¡Cualquiera hubiera pensado lo mismo, tu carnala está para imaginar toda clase de perversiones!

    – Y que lo digas, por eso siempre ando buscando la oportunidad de verla encuerada. Algunas veces la he espiado cuando se baña y han sido los mejores espectáculos de mi vida. Se me ha caído la baba con esas tetotas que tiene, con unos deliciosos biberones de color marrón. Y deberías ver sus nalgas desnudas ¡que ricas nalgas tiene mi hermana! Y el canal oscuro que las separa invita a pasar la lengua por todo lo largo y ancho. Cosa aparte es su bizcocho, lleno de pelos negros, está bien peluda la cabrona.

    – ¡Ya se me hizo agua la boca de imaginármela! Que suerte tienes de haberle visto todo eso a tu hermana ¡Y está peluda como me gustan! Déjame preparar otras líneas de coca para seguir hablando de tu carnala y ponernos más cachondos.

    – Va, en lo que las pones voy a salir para traer su pantaleta que está en el tendedero. Para que las veas mejor y te enamores de mi hermana.

    – ¡A toda madre! ¡Y ya siento que amo a tu hermana y también quiero cogérmela como tú ja ja ja!

    Entonces salí de mi cuarto, sintiéndome muy emocionado de haber llevado al sapo a mi cuarto, porque me excitaba brutalmente que mi hermana Isabel fuera deseada por mi invitado. Y yo estaba haciendo todo lo posible por alimentar la mente del sapo con toda clase de perversiones, donde mi hermana Isabel era el objeto del deseo. Pensando en esto descolgué la pantaleta, imaginando el morboso momento cuando la pusiera en manos del sapo. Quería que la viera, que la sintiera, que la oliera, quería que él experimentara la misma sensación de lujuria que los calzones de mi hermana Isabel me hacían sentir a mí.

    Con el preciado tesoro negro en mis manos volví a mi cuarto. Ya el sapo se estaba dando un jalón de coca y yo no tardé en hacer lo mismo ¡La cocaína como les dije me proporcionaba una lujuria sin límites!

    ¡Ya quiero ver ese calzoncito!

    – ¡Aquí está! – le dije en el momento que extendía la pantaleta frente a su cara y agregué: – ¿Ya viste que calzoncito tan bonito y cachondo? Piensa que en sus horas de uso ha estado pegado en las nalgas, en el bizcocho y en el culo de mi hermana. Diciendo esto lo puse en las manos del sapo, y en sus ojos se dibujó un brillo de perverso placer.

    Ni tardo ni perezoso lo contempló con mucho detenimiento y luego se lo llevó a las narices para aspirar su, aroma, seguramente imaginándose el peludo coño de mi hermana.

    ¡Ahhh! ¡Que rico, huele a suavitel, pero me estoy imaginado el olor de su panocha! ¡Le debe oler exquisito! Se ha de ver bien rica tu carnala con su esta pantaleta puesta.

    ¡Deliciosa! Si miras bien el resorte verás que está un poco flojo, eso es porque tiene unos muslos bien carnosos.

    – Sí, ya lo veo. No puedo creer que tenga en las manos los calzones de una mujer tan sabrosa como lo es tu hermana.

    – Que gusto que te hayan gustado los calzones de mi hermana. Ella siempre los usa muy conservadores, nada de tangas ni lencería provocativa, pero el solo hecho de saber que son de ella me pone bien caliente. Estos calzones son los más cachondos le conozco, solo una delgada línea de elástico los une por los lados, los otros que ella tiene son más grandes.

    – ¡Pues me encantaron! No hace falta que sea una tanga para ponerte bien dura la verga como ya la tengo. Como dices tú, con solo pensar que tu hermana los suda es suficiente razón para ponerse cachondo.

    Y así de rato en rato nos pasábamos el calzón de mi hermana, haciendo toda clase de comentarios morbosos.

    – ¿Y te la jalas con sus pantaletas? Me imagino que las conoces todas.

    – Así es, y con todas me he pelado la verga. Tiene como quince más o menos, de diferentes colores. Blancas, amarillas, rosas, azul claro y azul marino, rojas, turquesa, color carne y negras como esta. Todas son de señora decente.

    ¡Que rico que conozcas todos los calzones de tu hermana! ¿Y no tendrás unos sucios para conocer su olor?

    – Al rato bajamos a la casa y nos metemos al baño para si ver si encontramos uno en su la ropa sucia. Chance y hasta la podemos ver para que te presente a tu novia ja ja ja.

    ¡Eso estaría de poca madre! – Y volvió a oler la pantaleta con enajenación mientras yo destapa otro par de cervezas y preparaba otras líneas de coca.

    – ¿Te quieres llevar la pantaleta para que te la jales a gusto en tu cantón? Pero me la tendrías que devolver limpia para que ella no se dé cuenta de nada.

    – ¿En serio me la prestas? Que chido, y te prometo que te la devuelvo limpia después de llenarla de mocos. Será un placer hacerme unas chaquetotas con este calzón a salud de tu hermana, pero no lo voy a guardar todavía, lo voy a poner en la mesa para estarlo viendo mientras nos seguimos metiendo perico.

    Y entonces puso la pantaleta extendida sobre la mesa, junto a las cervezas, la droga y las fotos de mi hermana. Y ni él ni yo dejábamos de observarla y agarrarla cada que se nos ocurría. Y lo mismo hacíamos con las fotos.

    Me excité pensando en que mi hermana Isabel ni por enterada de donde estaban sus calzones en ese momento, ni tampoco de toda la pasión que nos Inspiraba ella misma y su prenda interior.

    – Se me ocurrió que es hora de bajar al baño de la casa y buscar una pantaleta sucia de mi hermana para ponerle unas líneas de coca encima y darnos unos jalones con el olor de su panocha y de su culo.

    ¡No manches, eso de meterse unas líneas con un calzón sucio de tu hermana estaría de poquísima madre! Vamos de una vez por esa prenda ¿Pero no crees que haya bronca con tu carnala? Me refiero a que se puede sacar de onda si nos ve así de dopados.

    – Igual y ya está dormida, bajamos despacio y entramos al baño sin hacer ruido. Hay un bote donde pone su ropa sucia y seguro encontramos un calzón sucio y bien sudado.

    ¡Pues yo estoy puesto! Espero que sí encontremos una sucia porque ya quiero tenerla en las manos para darme las tres con los olores de tu hermana chabela.

    – Pues no se hable más y vamos por ese tesoro. Baja con cuidado y no hay que hacer ruido para que mi hermana no nos vea, pero si nos llega a ver en la casa tú actúa como si nada y yo le digo que eres un amigo y que estamos tomando tranquilos en mi cuarto.

    – Va. Y no te preocupes que voy a bajar despacito. Te juro que si vemos a tu hermana por ahí voy hacer todo lo posible para que no vea como traigo de parada la verga por su culpa ja ja ja.

    – ja ja ja a lo mejor hasta se le antoja, pero ya deja de cotorrear y vamos a salir.

    Tratando de hacer el menor ruido posible caminos hasta las escaleras que daban a la parte inferior de la casa. El sapo se detuvo un momento para hurgar entre la ropa del tendedero para ver si había otra pantaleta, pero al no encontrar ninguna regresó por la pantaleta que dejamos en la mesa y se la metió en los huevos.

    – Es que si se da la oportunidad de conocer y saludar a tu hermana quisiera estar sintiendo en ese momento sus calzones en mi verga. – me dijo en voz baja y yo sonreí por la ocurrencia.

    Bajamos las escaleras y antes de abrir la puerta de la casa noté que la luz del baño estaba encendida. Esto me hizo sentir una descarga de adrenalina ¿Qué estaría haciendo mi hermana en el baño?

    Le indiqué al sapo con una señal que no hiciera el menor ruido y lo llevé a la pared del baño, la que daba al patio de la casa. Ahí había un pequeño orificio que yo mismo hice para espiar a mi hermana cuando se presentaba la oportunidad ¡Y aquella oportunidad era especial por estar acompañado! Siempre había fantaseado con la idea de que alguien espiara a mi hermana como yo lo hacía y que le vieran todo.

    El sapo no tardó en darse cuenta de cuáles eran mis intenciones y no pudo evitar mostrar en su cara la emoción que sentía. Estaba a punto de conocer a mi hermana de una manera muy singular. Me acerqué al orificio de la pared, que desde adentro del baño no se notaba. Y miré. Mi hermana estaba sentada en el retrete, con el pantalón de la pijama en los tobillos y su pantaleta azul claro enrollada en la mitad de sus piernas. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, y no tardé en invitar al sapo a mirar. No fuera a ser que Isabel terminará pronto de hacer sus necesidades y mi compañero de parranda se quedara sin ver el espectáculo.

    El hoyito estaba justo enfrente del retrete, y como ya les dije, desde adentro no se podía notar la pequeña abertura porque en el patio de la casa no había ninguna luz encendida, y además por ahí pasaba un tubo que alimentaba de agua el baño. Era un excelente lugar para mirar sin poder ser descubierto.

    El sapo pegó los ojos en el hoyo y se quedó quieto, deleitándose las pupilas. Yo tenía la verga bien dura de la emoción que me daba que el sapo estuviera quebrantando la intimidad de mi hermana. Viendo lo mismo que yo había visto. Por lo tanto lo dejé que observará a sus anchas, después de todo era mi invitado, y yo quería ser el mejor anfitrión.

    Pasaron como dos minutos y pensé que mi hermana ya se había tardado de más si solo estaba meando. Entonces le hice una seña al sapo para que me dejara ver y ocupé su lugar. Mi hermana seguía sentada tranquilamente, con los codos en las rodillas y las manos ocupadas en su celular. Sus piernas ligeramente separadas dejaban ver el frondoso matorral de pelos negros de su vagina. La vista no podía ser más emocionante. Impactante sería la palabra más acertada. Pensé que su demora se debía por estar entretenida en el celular, pero en ese momento la escuché pujar y en su rostro se dibujó una mueca de esfuerzo. Supe entonces que no estaba orinando.

    – ¡Está cagando, mira como puja! – le dije al sapo con una voz apenas audible pero cargada de emoción. Inmediatamente el maloso del barrio volvió a mirar, después de dirigirnos una rápida mirada de complicidad y perversa alegría.

    Hasta donde estábamos se escuchó un aire liberado y el sonido inconfundible que hace la caca cuando cae al agua del excusado. Me es difícil describir con palabras el placer que sentí de estar con alguien presenciando juntos uno de los momentos más íntimos de mi hermana.

    Se escuchó nuevamente algo que cayó al agua y no pude evitar imaginarme un churro de caca saliendo del ano de mi hermana Isabel. Seguramente el sapo se imaginó lo mismo.

    Así estuvimos intercambiando el espacio para ver alternativamente lo que acontecía en el interior del baño, hasta que Isabel terminó de hacer lo que estaba haciendo. A mí me tocó ver el momento cuando se puso de aguilita y se limpió el culo con un pedazo de papel higiénico. Después le cedí el lugar al sapo para que también viera como se limpiaba las nalgas mi hermana. Y cuando ella se subió los calzones nos retiramos y volvimos a subir las escaleras sigilosamente.

    Ya de nuevo en mi cuarto nos pusimos a compartir impresiones de lo que vimos. Y nos seguimos metiendo coca para alimentar la lujuria, que para esos momentos ambos la teníamos por encima de todo.

    – ¡Que suerte que la encontramos cagando! Parece que el ángel de la lujuria está de nuestro lado esta noche. – le dije al sapo después de darle un buen trago a la cerveza.

    – ¡Cuando escuché su caca cayendo a la taza parecía que el corazón se me salía del pecho de la emoción! Que rica está tu hermana, bien guapa, y tiene el bizcocho bien peludo como me dijiste ¡Que bárbara, me cae de madre que yo le limpiaba el culo con la lengua! – y diciendo esto el sapo sacó la lengua como si le estuviera chupando el culo a mi hermana.

    – ¡Nunca la había visto cargando! ¡Que rico estuvo todo! La neta yo también le limpiaba el culo con la lengua, y su caquita me la comería en una galleta salada ja ja ja ¿te imaginas los churros de caca que hizo? Se escucharon bien rico cuando cayeron al agua.

    – No manches, dirás que estoy loco pero me hubiera gustado ver esa caquita de tu hermana. Y la pondría en una tortilla para hacerme un taco con ella ja ja ja ¡Y es que te digo que tu carnala está bien bonita y bien sabrosa! Ya siento que la amo ¿te puedo decir cuñado?

    – Ja ja ja, claro, desde hoy somos cuñados, pero con la condición de que la compartas conmigo ja ja ja. Verga no le faltaría ¿Viste su calzoncito?

    – ¡por supuesto que lo vi, tenía un ojo en el gato y otro en el garabato! Eran azulitos, y cuando se los puso se veía bien rica. Le quedaban bien apretaditos. ¿Te imaginas oler esa pantaleta después de que cagó?

    – ¡uf! ¡Sería exquisito! Ahorita debe estar oliendo a gloria su pantaleta ¿y viste el chango que se carga?

    – ¡Lo tiene bien peludote, delicioso! Me hubiera gustado entrar al baño y darle una buena mamada en su panocha, después la hubiera ayudado a limpiarse el culo hasta con los dedos.

    – ¿Y viste las tetotas que tiene?

    – Te digo que no me perdí ningún detalle, grabé todo en mi memoria. Esas tetas de tu hermana están para chuparlas y morderlas, y para dejárselas llenas de chupetones.

    – ¿Ahora entiendes por qué quiero cogerme a mi hermana?

    – Claro que te entiendo, si fuera mi hermana yo ya le hubiera metido la verga por las buenas o por las malas.

    ¡La neta no me faltan ganas de violarla! Y más ahora con lo que acabamos de ver. También me gustaría ver como se la cogen. Por ejemplo que tú la encueres y yo mirando como te la parchas. Eso estaría de poca madre. Que la pusieras de a perrito y le bajaras la pantaleta y que le comieras el culo y el bizcocho. Después que se la metas por el ano y que la pusieras a mamarte la verga.

    – ¡uf! ¡De pensarlo ya me están dando ganas de bajar y meterle la verga por todos lados a la cagona de tu hermana! Tu imaginación me está poniendo la verga como piedra. Vamos a darnos otro perico para seguir pensando en tu hermana chabela.

    Tanta droga y el alcohol nos tenían a los dos en la cima de la lujuria. Ya no nos importaba lo que pudiera pasar esa noche. Y seguimos hablando de mi hermana Isabel.

    – ¿Sabes que nos faltó traer? La pantaleta sucia por la que bajamos. En un rato volvemos y buscamos en su ropa sucia. Me gustaría ir de una vez para oler el olor a su caca que seguramente dejó en el baño. Pero lo más seguro es que ande por ahí y nos pueda ver.

    – Sí ha de haber perfumado bien rico el baño, nunca había visto a una mujer cagando y tu hermana me ha regalado un recuerdo inolvidable. Estoy ansioso por ver unos calzones sucios de ella para oler su bizcocho y su culo, pero como dices, hay que ser precavidos, cuando tú me digas bajamos a buscarlos.

    Para hacer tiempo saqué una revista de pornografía mexicana donde una mujer muy parecida a mi hermana estaba en diferentes y calientes posiciones.

    – Mira que rica vieja ¿A poco no se parece a tu novia? O sea a mi hermana. Así me la imagino de a perrito – y le mostré una foto de la modelo donde estaba en cuatro patas y mostrando su panocha bien peluda.

    – Puta madre, sí, así se ha de ver mi vieja Isabel. Si la tuviera de perrito ya verías como le metía la verga por el culo.

    Que el sapo me dijera cuñado o se refiriera a mi hermana Isabel como su vieja me excitaba mucho. Lo sentía como un perverso vínculo y seguí con aquel morboso juego.

    – A tu vieja Isabel le debe de estar haciendo falta macho. Desde que se divorció hace años no le conozco ni una pareja.

    – ¿En serio no ha tenido novios? Pues que desperdicio con esas nalgas que se carga. Me imagino que se ha de masturbar para calmar las ganas de una buena verga ¡Deberíamos hacerle el favor!

    – ¿Te atreverías a violarla? – Solté la pregunta con seriedad, porque mi mente ya no razonaba con cordura, la lujuria me obligaba a cumplir mis depravados deseos.

    El sapo se quedó pensando, analizando lo que le dije. Comprendió que yo ya no estaba hablando tan en broma.

    – Pues la neta así como estoy de caliente si me atrevo a violar a tu hermana. Está bien rica la cabrona y con tal de meterle la verga me arriesgaría a todo ¿Estás hablando en serio?

    – Pues es que yo también estoy bien caliente y pensé que ahorita que está sola sería la oportunidad perfecta para que te la cojas. Podrías entrar a la casa y gozar de todo ese cuerpo como se te antoje.

    En la mirada del sapo percibí un brillo de deseo y de locura. Sacó la pantaleta que se había metido en los calzones y mirándola me dijo:

    Desde que me vi está pantaleta de tu hermana y lo que me contaste de ella comencé a imaginar cosas muy calientes, pero cuando la vimos cagando en el baño y ver sus pelos y el calzoncito azul que traía no hago más que pensar en lo rico que sería clavarle la verga por el culo. Yo también había pensado en aprovechar que está sola, pero no sabía cómo lo ibas a tomar si te lo decía. Pero ya que tú tienes ganas de ver y yo de cogerme a tu hermana, pues vamos a hacerlo realidad ¿cómo le hacemos?

    Espérame aquí en lo que bajo a ver si encuentro la pantaleta sucia de tu vieja, mientras sigue pensando en la dueña de ese calzón que tienes en las manos para que no te vayas a arrepentir.

    – Que pasó, yo nunca me rajo, y estaría de poca madre si encuentras una prenda usada con el olor de tu hermana para inspirarme más.

    – ¡Ya está! Voy a bajar al baño y sirve que veo donde está mi hermana para saber dónde puedes pasar tu noche de bodas con ella.

    – Eso de la noche de bodas sonó muy interesante, después de esta noche vamos a ser cuñados de verdad.

    Entré con cautela al baño y busqué en la ropa sucia. Por. Fortuna encontré dos pantaletas sucias, una rosa pálido y otra color carne con los elásticos blancos. Luego caminé por fuera de la casa hasta llegar a la ventana del cuarto de mi hermana y me asomé discretamente. Isabel estaba sentada frente a su computadora. Ajena a lo que le esperaba.

    Mi mente no hacía más que imaginar el momento de ver al sapo cogiéndosela, y no daría marcha atrás hasta ver semejante espectáculo. Pensando en esto volví a mi cuarto con las pataletas sucias de mi hermana.

    ¡La suerte está de nuestro lado! – le dije mostrándole el tesoro que tenía en las manos.

    El sapo no ocultó su emoción y agarró los calzones para aspirar su aroma.

    – ¡ufff! ¡No mames, que rico le huele el bizcocho a tu hermana! ¡Aaahhh! Me siento en la gloria ¡uf, que olor tan cabrón!

    – ¡préstame uno para darme las tres también! ¡Aaaahhh! ¡Huele a mujer con ganas de verga!

    – Vamos a ver a que huele por detrás ¡ummm! ¡puta madre! ¡Que exquisito huele el sudor de su culo! ¡Ya quiero ir a violarla y meterle toda la verga! ¿Dónde está ahorita?

    – En su cuarto, yo te abro la puerta y me voy a mirar por la ventana. Amenázala para que no grite y haz con ella todo lo que se te ocurra, pero que sea antes de que amanezca para que no haya bronca.

    – OK, pues vamos entonces por ese bizcocho de tu hermana. Vas a ver el mejor show de tu vida. Me la voy a coger bien rico por todos sus agujeros. Pero antes vamos a poner unos buenos jalones de coca en los calzones usados de tu hermana para agarrar valor.

    Y entonces pusimos sobre la mesa las dos pantaletas sucias y formamos unas líneas de coca encima de ellas, justo en el puente de algodón, donde quedaba el bizcocho de mi hermana cuando usaba sus calzones. El sapo se jaló en la de color carne y yo en la rosa. Después de inhalar la droga nos pusimos a chupar las pantaletas sucias de mi hermana Isabel ¡Que cosa más rica!

    – Es hora de entrar en acción – le dije al sapo después de darnos los jalones con sabor a mi hermana. Y me metí en la bolsa del pantalón su calzoncito rosa. El sapo sacó una navaja que traía escondida en su chamarra y se cubrió la cara con unas medias que tenía en mi cuarto. Las medias las había hurtado hacía tiempo de la ropa sucia de mi hermana.

    Bajamos y abrí sin hacer ruido la puerta para que el sapo entrará por su presa. Yo fui a la ventana emocionado por lo que estaba a punto de suceder. Mi hermana Isabel estaba de espaldas, acomodando unos papeles en su mesa de trabajo. Centré mi mirada en sus apetecibles nalgas, pensando que estaban a punto de ser usadas. Apenas podía creer que había puesto a mi hermana Isabel en bandeja de plata para ser violada por un delincuente del barrio, pero en esos momentos no pensaba en otra cosa que hacer realidad mis fantasías sin pensar en las consecuencias.

    El sapo hizo su aparición cuando mi hermana se disponía a preparar su cama. Al verlo se sobresaltó y quiso gritar, pero el sapo se lo impidió al llegar rápidamente hasta ella y taparle la boca con una mano. En la otra mano sostenía la navaja que puso entre las tetas de mi hermana. La tenía sujeta por atrás y le habló al oído.

    – No te quiero lastimar, pero lo haré si gritas. Lo único que quiero es que te portes bien conmigo. Si lo haces te juro que te dejaré ir sana y salva.

    – Está bien, no voy a gritar pero no me hagas daño, por favor… haré lo que me pidas.

    Continuará…

  • Fernanda, la hija de mi amiga

    Fernanda, la hija de mi amiga

    Fernanda es la hija mayor de una amiga de Lety, ella tiene 18 años, es modelo, ya que tiene un buen cuerpo, admito que desde hace tiempo me llamaba mucho la atención, siempre usaba sus escotes minifaldas y ropa entalladísima, su mama no le decía nada y así iba a las fiestas de la casa, en una de ellas ocurrió lo que menos me esperaba!

    Ellas se quedaron a dormir, yo me levante por un vaso de agua, o tal vez para buscar lo que tanto deseaba y la suerte me sonrió, estaba Fernanda sentada en la mesa tomando algo, me miro me sonrió mientras yo me servía agua.

    L: ¿No puedes dormir hija?

    F: No, ¡la verdad no tengo sueño!

    L: ¡Has crecido mucho, recuerdo cuando eras una peque

    F: Jajá, gracias, ¡usted sigue igual de guapo!

    L: Guapa tu nena, mírate nada más, ¡hecha un cuerazo!

    F: ¡Me sonroja, gracias por su cumplido y por dejarnos estar aquí!

    L: ¡Sabes que son familia, no hay que agradecer nada!

    Me quede charlando con ella en la cocina de mi casa, la charla era muy amena, ella me contaba de su vida de modelo y de sus expectativas en ella, yo por mi parte no podía dejar de verle las tetas y acariciarle las piernas torneadas que tiene.

    L: ¡Fernandita como has cambiado, que cuerpo tienes!

    F: Gracias, ¡mi profesión lo aboga jajá!

    L: Que rica profesión tienes, ¿oye y ya has tenido sexo?

    F: ¡Pero que pregunta es esa!

    L: Es que si tienes novio, ¡inevitablemente se morirá por llevarte a la cama!

    F: Si tengo novios, pero no he tenido sexo con ninguno, siento que no sabrían que hacerme, ¡todos son jóvenes como yo!

    L: Entonces, con todo el respeto que te tengo, ¡déjame mostrarte lo rico que es tener sexo!

    F: Pero señor, porque me dices eso, no es correcto, si está muy bien y siempre me ha llamado la atención, pero mi mama es su amiga y de su esposa, que pena, ¡mejor me voy!

    L: ¡No! Espera, tranquila, no quise ser tan brusco, ¡pero nena de verdad si me dejaras mostrarte como me tienes!

    Me acerque a ella y sin pena me baje el pantalón de pijama, mi verga estaba muy dura, ella la miro sorprendida, yo me le acerque y se la puse lo más cerca posible, no lo dejaba de mirar, yo un poco gañan le tome de la mano y le dije ¿habías visto uno así?, ella no contesto solo lo miraba y movía sus piernas, entonces lleve su mano a mi verga dura, ¡ella la tomo con miedo mientras volteaba para ver si no la observaban!

    L: ¿Te gusta nena?

    F: ¡No lo sé! Esta dura y huele extraño, ¡además es grande!

    L: Llévala a tu boca, ¡te gustara tenerla ahí!

    F: Pero no está bien, ¡además no creo que me guste hacer eso!

    L: ¡Tranquila nena, si quieres nos vamos al cuarto del sótano, ahí nadie nos vera!

    Antes de que me dijera algo, la lleve al cuarto del sótano, un cuarto que teníamos para la persona encargada del aseo de la casa, me desnude completamente frente a ella, no soy de un cuerpazo, pero me mantengo en forma y además la tengo grande, ¡con eso es suficiente!

    L: ¿Te gusta lo que ves?

    F: ¡Guau! ¡Que cuerpo!

    L: Tócalo bebe, ¡toca a un hombre!

    F: No sé, ¡me da pena!

    L: ¡Hazlo bebe, no te arrepentirás!

    Ella comenzó a tocarme todo el cuerpo, la espalda, mis brazos, mis piernas, hasta que finalmente llego a mi verga que estaba durísima por ella, lo acaricio inocentemente, sus dos manos apretaban un poco brusco, yo observaba como curioseaba mi verga dura, comenzó a jalarla suavemente, me miro a los ojos y me dio un tremendo beso, sus tiernos labios daban un rico masaje a los míos, ¡esta nena estaba urgida de macho y ya tenía uno frente a ella!

    La comencé a desnudar despacio, deleitándome con cada parte de su torneado cuerpo, mis manos acariciaban su cuello pasando por sus firmes tetas, tocando las muy torneadas piernas y llegando a sus pies.

    ¡La acosté en la cama y comencé a besarle su cuerpo, sus gemidos suaves me prendían más y más, mi lengua ya estaba en su entrepierna, lista para devorarme su conchita virgen! Empecé con suaves lamidas a sus labios vaginales, mi lengua los rosaba fuerte y los dejaba llenos de saliva, con mis dedos empecé a jugar su clítoris, le abría la vagina y veía su virginidad y como una rica capa de humedad la cubría.

    L: ¡Creo que ya estas listas hermosas, te llevare al cielo!

    F: ¿Te vas a poner condón?

    L: ¡No te preocupes te cuidare, con condón no valdría la pena tu estreno!

    Le abrí sus piernitas y empecé poniéndole la cabecita y empujarla suave, le besaba sus pezones y su cuello, me comencé a mover dándole solo con la puntita, aun no entraba toda, ella seguía siendo virgen, solo quería que se mojara más y más, fue entonces que tomándola de sus pies, comencé a penetrarla lentamente, mi verga comenzó a perforar su himen, mordía mi verga delicioso, su estrecho coño apretaba maravillosamente mi verga, comencé a moverme mientras la besaba con pasión, sus gemidos eran lo suficientemente fuertes para despertar a cualquiera en la casa, pero eso no me preocupo.

    L: ¡Que rico nena, estas deliciosa!

    F: ¡Ah, ah, que rico, se siente rico!

    L: ¡Me la has llenado de sangre, pero ahora resbala mejor!

    F: ¡No imagine que fuera tan rico!

    Puse sus piernas en mis hombros y la cargué un poco para dejársela ir de tipo ¡campana! ¡Parecía un péndulo rebotando en mi verga, me daba gusto con la chamaca, no me importaba que Lety me descubriera, no sería la primera vez que le quitaba la virginidad a una chica!

    ¡Ahora la puse de pie y levantándole una pierna mirándome de frente la penetré ya más fuerte, ella me abrazaba mientras le sostenía una pierna y mi verga entraba duro, nos besábamos, nos mordíamos, poco a poco e fue soltando la nena, movía su pelvis y eso generaba un apretón tremendo a mi verga!

    F: Señor, que rico, dios, ¡que rico!

    L: ¡Dime Luis, no me digas señor!

    F: ¡Luis, que rico, me lo metes muy rico!

    L: ¡Te dije que no te ibas a arrepentir hermosa!

    Me acosté en la cama y ella subió solita dejándose caer en mi verga y moviendo su cadera majestuosamente, le apretaba las tetas mientras sus movimientos me la ponían más dura, nos besábamos, ella ya cabalgaba delicioso, parecía una maestra en hacerlo y con lo apretado que estaba su coño, ¡la sensación era infinita!

    La voltee para que me diera la espalda mientras se dejaba caer en mi palo, acariciaba sus nalgas firmes y blancas, duras por el ejercicio que hace, ¡sus muslos eran dinamita y al tocarlos más y más dura se ponía y me movía dejándose ir toda!

    F: ¡Luis, que rico, que rico!

    L: Nena hermosa, ¡eres fantástica!

    F: Envidio a Lety, que rico te la coges y diario, ¡qué envidia!

    L: ¡Ahora solo piensa en tu placer nena, dejemos afuera a los demás!

    La puse en cuatro, mi verga entra completita y sus gemidos invaden prácticamente toda la casa, tomándola de su cadera la embisto fuerte, sentía como chocaba con sus entrañas, sus fluidos salían sin parar, ella se empino y por la misma fuerza la tumbe en la cama, yo estaba encima de ella besándole la espalda y mordiéndole su cuello, mientras la inyectaba deliciosamente, la nena gemía fuerte y fuerte, mi verga seguía entrando y saliendo y fue en ese momento que ella se corrió, sus líquidos y movimientos me excitaban demasiado, le apretaba la cabeza en la almohada para ahogar sus gritos y le daba tremendas nalgadas hasta dejárselas rojas como cereza!

    F: ¡Papito, que rico, que rico!

    L: ¡Eso nena, sigue, muévete, siente el orgasmo, el orgasmo de tu primera vez!

    F: ¡Dios mío, eres el mejor amante que haya tenido!

    ¡Yo aún estaba durísimo, aproveche que la nena estaba calientísima y dispuesta a todo para llevarla a mi verga, ella abrió la boca y comenzó a besarla y darle lengüeteadas, su mano acariciaba mis bolas y yo le acariciaba sus nalgas, la metió un poco más y sus chupadas eran magistrales, por dentro de su boca su lengua le daba un rico trabajo a mi cabeza y sus labios llenos de saliva subían y bajaban dándome un muy rico oral!

    L: ¡Si, así nena, cómetela, cómetela toda!

    Ella ya más amaestrada la metió enterita en su boca, note como casi se ahogaba, 21 cm en su rica boca, la tome del cabello y la empecé a coger su boca, eran suaves mis movimientos, el roce de sus dientes con mi tronco, me aceleraban y daban tremendo placer, ella se dejaba fornicar la boca, comencé a hacerlo más y más fuerte, ella me acariciaba las nalgas y me sobaba el culo, eso me puso más loco, así que en un acto desenfrenado me comencé e amover tan brusco que le genere una segunda corrida, mis manos también jugaban su concha dándole su segundo orgasmo, yo estaba a punto de terminar y decidí que sería en su boca!

    L: ¡Nena, que rico, me vas hacer venir, me vas hacer venir!

    F: Que dura, uf, que rico, córrete como yo, vente, ¡vente Luis!

    L: ¡Fernanda! ¡Dios mío!

    F: ¡En mi boca no…!

    Como manguera le comencé a llenar su boquita, ella los recibía y los escupía, pero no dejaba de mamármela, expulse demasiada leche que le embarre la cara, el cabello y las tetas, ¡ella acompaño mi orgasmo con ricas mamadas hasta que caímos juntos!

    Me apresure a vestirme mientras ella dijo que se esperaría un rato más a pensar lo sucedido, al salir mi esposa estaba esperándome, me miro me sonrió y me pregunto ¿qué tal coge a nena? La miré y le dije, ¡para ser su primera vez, no estuvo tan mal!, ¡Lety me comenzó a besar desenfrenadamente diciendo que observo todo y que le había gustado verme con una nena virgen, ambos tuvimos sexo fuerte!

    Mientras la tenía en cuatro no podía olvidar el rico y virgen cuerpo de Fernanda, con la cual vendrían más historias que les contare después.

  • Yo le conté que me encanta chupar pija

    Yo le conté que me encanta chupar pija

    Hace un tiempo conocí a Nel un hombre madurado de 45 años lo conocí por Facebook por medio de una venta, chateamos un tiempo y las conversaciones cada vez subían más de tono, él me contaba de sus aventuras sexuales y yo de las mías, hasta que un día decidimos vernos.

    Él un hombre alto de ojos azules muy buen mozo, yo de estatura media, morocha, tengo algunos kilos de más, pero me mantengo bastante bien, tengo 36 años. Nos vimos en una plaza y fuimos a un bar a tomar algo entre charlas y risas nos besamos y ahí comenzó la calentura.

    Luego de un rato decidimos ir a un hotel, cuando entramos él me tomo de los hombros y me tiro a la cama de forma brusca me encantó y gemí, sonrió y me dijo ‘te gusta fuerte?’. Él sabía porque yo le conté que me encanta chupar pija y me encanta el sexo duro, le dije ‘si papi quiero sexo duro’. Me tomó del pelo y me arrodilló, sacó si miembro no era muy grande, pero si muy grueso, lo besé y con los labios apreté su glande y chupé, él gimió.

    Lo hice varias veces, luego me la tragué hasta mi garganta hice arcadas y él con sus ojos cerrados gimió, me paré y empujé a la cama a ese hombre que me ponía a mil, él se dejó caer.

    Me saqué la ropa y él me miraba, le saqué toda su ropa y de nuevo comencé a chupar esa pija tan rica pasé mi lengua de arriba abajo, chupe todo su tronco, me la tragué toda hasta la garganta, chupé sus huevos los lambí, los saboreé. Seguí chupando primero suave luego fuerte, mordí su pija, chupé, tragué hasta que se acabó en mi boca. Me tomó del pelo y compartimos boca a boca la lechita rica hasta que yo me la tragué.

    Él se recuperó rápido y fue mi turno solo que él me tomo del cabello y me puso en cuatro, me dio unos nalgasos muy fuertes, me dejó su mano marcada y me encantó, me sentía empapada. Él se puso detrás de mi y sin más me penetró en mi culo, de una grité de placer, él me tomó las caderas y me dio más y más fuerte, yo gritaba y comencé a moverme. Él me decía ‘no te muevas que me acabo’, pero como niña desobediente me moví, mis caderas subían y bajaban y el acabo. Sentí su leche dentro de mi, él gimió y me dijo ‘que puta desobediente sos’ y me dio dos nalgadas muy fuertes, eso me llevó a acabar.

    Él me ordenó que me tocara la concha y lo hice hasta acabar como una perra, él fue y me chupó la conchita toda mojada, yo gemía. Luego de unos minutos él me ordenó ponerme de rodillas y me ató las manos con un pañuelo, me levantó de los pelos y me dijo ‘vamos a hacer un rico 69 pero tu estarás atada y solo podrás mover los pies’. Me tiró sobre la cama y me metió la pija en la boca mientras él chupaba mi conchita, yo chupaba su pija hasta que logré chupar su culo, sentí su gemir y dejó de chupar mi concha. Yo metí mi lengua bien adentro de su culo y él gemía pidiendo más.

    Seguí hasta que sentí que me rogaba por más, le pedí que me soltara las manos y lo hizo entonces. Ahora él estaba en cuatro con su culo lubricado y muy abierto, le metí un dedo y luego dos y tres, él gritaba de placer, seguí así hasta que le pedí que me diera su pija en mi boca y sin dejar de meter mis dedos en su culo le chupé la pija hasta que acabó. Lo besé y dejé descansar porque lo que venía después era mucho mejor, pero eso lo cuento en la próxima…

  • La amorosa y cariñosa tía Laura me perturbó

    La amorosa y cariñosa tía Laura me perturbó

    Crecí mimado por muchos en la familia, pero en especial por mi tía Laura que siempre supo manifestarme su inmenso cariño con besos, abrazos, y regalos, siempre me llamo: “Mi amor hermoso” lo que me hacía sentir muy especial, pero al pasar los años por alguna razón esa cantidad de afecto comenzaba abochornarme, no tenía claro porque al principio, pero poco a poco fui descubriendo que mi tía Laura me atraía y no era para menos porque era una mujer de 38 años, alta de 1.74 cm, figura delgada armoniosa, de ojos verdes, cabello largo castaño, pero lo que más me atraída eran sus pechos suntuosos, y sumamente llamativos por su gran volumen, y forma esférica que no pasaban desapercibidos fácilmente, a no ser que ella usara un abrigo o algo así.

    Mis confusiones me llevaron a desahogarme con mi amigo Francisco, pero este lejos de aconsejarme bien me empujo a caminar por el filo de la lujuria, pues palabras más palabras menos decía irónicamente: “Déjese consentir de su tía Laura y disfrute!” Entonces mi paso a mi adultez fue despertada por la musa de mi tía Laura, cada beso me derretía, y cada abrazo donde podía sentir sus pechos llenos me excitaba, esto me llevo a tener una que otra fantasía sexual con ella que en más de una oportunidad me hizo sentir tan culpable que me deprimí, por lo que me llevo a comer más de la cuenta, llegando a mis 22 años y 1,85 cm, a tener un peso de 130 kilos, lo que no demoro a tener el señalamiento de gordo, manteca, cerdo, y otros muchos apodos siendo el único decente de Germán Monster el de la seria de Tv “Los Locos Adams” Y aunque ningún apodo me hacía fácil mi vida, por lo menos este último apodo me hizo popular.

    Los días pasaron y junto con mi familia tome la opción de recluirme en un centro de adicciones no solo por mi adicción a la comida, sino a la pornografía pasaba horas pegado en el computador en sitios web donde pagaba por servicios de Sex-show, por supuesto desde que puse un pie en el Centro de rehabilitación “El Renacer” las cosas no solo cambiaron, sino fueron difíciles. El tratamiento fue de asilamiento y de abstinencia total, lo que entre en una etapa de mucha ansiedad y en algunos casos perdía el control alterándome por el desespero de querer comer o ver porno. Y lo único que tenía permitido para desfogar mi energía, en este encierro era hacer deporte en el gimnasio o en el parque, tampoco tenía contacto con casi nadie. Solo escasamente con Psicoterapeutas y uno que otro paciente, que también tenía su problemita. Por lo que casi no nos dejaban compartir, solo en las terapias de grupo y tal cual juego de integración.

    Así transcurrieron dos meses para cuando recibí la primera visita de mi familia, sin embargo esta visita fue restringida solo podíamos caminar en grupo 20 minutos, pero esta visita no me callo nada bien, no solo por la tristeza de verlos partir, sino que al ver a mi tía Laura despedirse me decía: “Mi amor hermoso te vas a poner bien. Pronto!” Y mientras me lo decía dulcemente me abrazaba cariñosamente, mi cuerpo se estremecía al sentir sus exuberantes pechos contra mi cuerpo y medaba un besote en la mejilla.

    Esa noche tuve una crisis que no indique a mi psicoterapeuta. En realidad ese tema de que me gustaba mi tía Laura, no lo había tocado, no lo había afrontado y solo se lo había confesado a mi amigo Francisco, que curiosamente me decía para entonces que mis problemas de adicción acabarían si me daba la oportunidad de cogerme una mujer, y que para eso estaban las putas de la calle, si tenía mucha necesidad de dejar de ser virgen. Y si! A mis 22 años estaba quedado. No había tenido la oportunidad de saber que era comerse una mujer y es que imagen de Germán Monster no me había ayudado para conseguir una noviecita, por eso es que Francisco me insistía que fuera donde las putas, que no había mejor Psicoterapeuta para mí que ellas. Pero yo nunca lo tome en serio, aunque ya lo estaba contemplando. Porque me estaba echando para atrás en el tratamiento desde que vi a mi ti a Laura, solo pensaba en masturbarme en su nombre, ni las duchas frías o extenuante ejercicio me quitaba de la idea de cogerme a mi tía Laura cada día me sentía más necesitado, por lo que decidí confesarle mi situación a mi terapeuta:

    Yo (Julio): Charly Tengo que confesarle algo que no le había contado

    Charly (Terapeuta): Si cuénteme

    Yo (Julio): Tengo el permanente deseo de cogerme a mi tía Laura

    Charly (Terapeuta): Entiendo y este deseo como te hace sentir?

    Yo (Julio): Mal! Por eso se lo cuento para que me ayude a controlarlo

    Charly (Terapeuta): Entiendo Julio pero tu respuesta me indica que no has perdido el control y que eres consciente de que no es correcto, como no es correcto muchas otras cosas como lo es ingerir descontroladamente alimentos o ver pornografía permanentemente y por eso estas aquí.

    Al finalizar la sección con Charly, sentí que no era importante lo que sentía por mi tía Laura casi que el resultado fue el mismo que al hablar con mi amigo Francisco, estaba por creer que yo era el que estaba exagerando todo, y por consiguiente me preguntaba: “Que hago aquí?” “Sera que voy más bien donde las putas?” Entonces pedí mi salida del centro y así como había entrado voluntariamente, también tenía la opción de salir voluntariamente, por lo que para el Viernes mi familia vino por mi todo estaba normal, hasta que vi a mi tía Laura que estaba más que hermosa, Provocativa! Sería la forma correcta de describirla, tenía puesto una falda negra de pliegues hasta arriba de la rodilla y una blusa blanca que sombreaba su brasier, lo que me permitía deducir que tenía una brasier blanco, también traslucía claramente el tamaño de sus tetas, lo cual me abrió el apetito literalmente por auscultarla, por lo que aprovechando delas circunstancias le pedía mi tía Laura que me ayudará ir a mi habitación por mis cosas, lo cual ella acepto, al llegar mis manos templaban tanto que me costaba trabajo tomar mis cosas, por lo que mi tía Laura se dio cuenta de mis nervios que estaban totalmente alterados:

    Laura: Estas bien mi amor?

    Yo (Julio): Si Tía

    Y mientras le contestaba solo le miraba sus pechos, por lo que ella se sintió aludida y me dice:

    Laura: Que te pasa mi amor porque me miras así? Porque miras mis pechos?

    Yo (Julio): Tía es que….

    Ya no solo temblor en mis manos, no me dejaba contestar claramente, sino también respiraba agitadamente, y comenzaba a tener sudoración

    Laura: Que pasa Amor?

    Y me abrazo mi tía Laura, tratándome de tranquilizar pero provoco lo contrario, mi corazón comenzó a latir desbocadamente y mi respiración se intensifico. Sentir su cuerpo me puso así de perturbado.

    Laura: Amor que pasa estas muy ansioso!

    Para ese entonces no dejaba de mirar los pechos de mi tía Laura, teniendo el impulso de tocarlos, suavemente hice una leve presión con mis yemas de mis dedos, ella inmediatamente se percató de mi interés y aunque dejo de abrazarme, no se retiró del todo de mi lado solo me dijo:

    Laura: Julio que pasa?

    Y aunque escuchaba perfectamente su pregunta, mi mente como mi mirada estaba clavada en los pechos de mi tía Laura, por lo que balbuciendo solo respondí:

    Yo (Julio): Pu… edoo…?

    Y con mi mano izquierda aun temblorosa, me animaba a meter uno de mis dedos entre la blusa abotonada ella solo pregunto:

    Laura: Quieres tocarme Julio? Es eso lo que te pasa?

    Yo (Julio): Quiqui… erooo..!

    Y no sé qué pasó si fue un acto de compasión o lastima pero me respondió:

    Laura: Si te dejo tocar mi pecho Amor, te calmas?

    Y moviendo mi cabeza afirmativamente. Sólo comencé a tratar de desabotonar la blusa de mi tía Laura, pero mi mano temblaba aun como gelatina, por lo que ella misma desabotonó un botón por donde ingrese mi mano temblorosa, con tal premura que abusivamente parte de mis dedos se metieron dentro de su brasier, tal vez había ido más lejos de lo que ella misma pensaba, porque al ver mi entusiasmo, quiso detenerme diciéndome:

    Laura: Amor ya eso no!

    Se incomodó al ver que mi mano, prácticamente se había metido entre su brasier recubriendo su teta derecha, por lo que me dio la oportunidad de no solo espichar su teta, sino con mis dedos jugar con su pezón. Lo que provoco que ella tomara mi muñeca deteniendo mi mano diciéndome:

    Laura: Julio ya basta!

    Pero esto fue tan delirante para mí que fue como haber probado la droga. Ahora solo quería mas! Creándome una necesidad imperiosa por consumir las tetas de mi tía Laura, por lo que como un adicto loco me arroje sobre ella encima de mi cama, de inmediato a la fuerza hice que totearan todos los botones de su blusa, quedando al descubierto sus poderosos atributos solo aun cubiertos por su brasier mientras ella decía:

    Laura: Julio CÁLMATE! Para soy tu tía!

    Pero yo poseído por el deseo de usufrutuar las tetas de mi tíaLaura como una fiera puse mis garras en sus tetas, arranque su brasier trato de cubrirse, pero yo estaba sentado encima de ella por lo que se me hizo fácil tomarla de los brazos firmemente sobre la cama, para así contemplar plenamente sus tetas voluptuosas, solo basto unos segundos de acariciarlos para darme cuenta de su suavidad y abundancia abriéndome el apetito, por lo que no aguante más y de inmediato me sumergí en sus tetas chupándolas y besándolas encarnizado mamando sus pezones grandes. Verdaderamente sus tetas eran más que generosas, estaba siendo muy glotón al consumir sus tetas en mi boca.

    Para ese momento mi tía Laura entre su consternación solo me decía:

    Laura: Julio ya está bien, Suéltame! Suéltame ya!

    Pero NO! No estaba en capacidad de razonar, solo le estaba dando rienda suelta al deseo, por lo que en contra de sus reproches fui sacando mi verga, lo que provocó una fuerte reacción de mi tía Laura que me decía:

    Laura: No te atrevas a violarme! Suéltame! Para ya con esto!!

    Pero en realidad solo quería una paja-rusa por lo que le explique:

    Yo (Julio): Solo quiero una rusa!

    Laura: Que?

    Yo (Julio): Una Paja-rusa o una cubana, tu sabes! Y te suelto.

    Laura: Estas Loco Julio. Porque me tomas?

    Para ese momento estaba tan agitado, tan desencajado de mí mismo que transpiraba exageradamente, por lo que dijo mi tía Laura:

    Laura: Relájate Amor! Cálmate hablemos!!

    Yo (Julio): No! Quiero mi paja rusa! Dame mi rusa!!!

    Laura: Estas muy ansioso…

    En ese momento al verme tan alterado y fuera de control, mi tía Laura cambio de opinión:

    Laura: Bueno acabemos con esto ya! Y me sueltas?

    Y sin responderle. Vorazmente acomode mi verga erguida en medio de su pecho, y comencé a friccionar mi verga con sus abundantes tetas, que se podía decir que abrigaban plenamente mi verga, poniéndola muy rígida casi como sacándole filo, logrando un trabajo tan espléndido de satisfacción llevándome al clímax. Lo que me hizo perder la cordura.

    Yo (Julio): Que buenas tetas tiene esta mujerzuela!

    Laura: Que me dijiste?

    Cállate! Le dije. Y muy bruscamente decidí ultrajarla por lo que cambie mi postura y a las malas forcejeando con mi tía Laura me metí entre sus piernas, y medio de su lucha había arrancado su panty, solo era cuestión la embestir, pero mi tía Laura seguía poniendo resistencia y comenzó a gritar desesperadamente:

    Laura: Auxilio! Ayúdenme!!! Para Julio por favor no sigas!!!

    Y logro zafarme de encima de ella, alcanzando a llegar a la puerta donde la tome de su cabello gracias a su peinado (Una cola de caballo) Que literalmente al agarrar tire como si fuera un lazo, lo que me facilito retomar nuevamente el control, empujándola boca abajo sobre la mesa del cuarto, en donde rápidamente solo fue cuestión de levantar su falda para arremeter contra mi tía Laura con todo los bríos, pues sabía que lo rudo era entrar la punta. Y así fue con presión entro pero luego se hundió suavemente en mi tía Laura mi verga, de ahí en adelante solo fue cuestión de pujar y pujar, siendo tan intenso que no la dejaba ni hablar, Laura solo resistía el castigo no pronunciaba palabra, pero en ese momento entro el Psicoterapeuta junto con otros funcionarios no sé cómo se imaginaron el hecho y cuando trataron de quitarme Laura solo dijo:

    Laura: Déjenlo acabar! Déjenlo!!

    Su beneplácito solo facilito las cosas para que terminara eyaculándola, dejándome sumamente agotado y aferrado al cuerpo de Laura que recibía todo mi sudor. No sé por qué quiso que terminara si fue por consideración conmigo, o porque le había gustado. Pero al final fue mía! Me pareció sentir por un instante que hubo conexión, no solo porque tomo mis manos con fuerza, sino por un leve quejido que escuche casi podía decir que fue su gemido. No lo sé! Porque al final me recluyeron unos días más, solo que no hubo más visitas! Pero yo me sentía más tranquilo, menos ansioso, creo que tenía razón mi amigo Francisco solo que no hubo necesidad de ir a donde las putas.