Autor: admin

  • Consolando a la mamá de mi alumno

    Consolando a la mamá de mi alumno

    A mi grupo de alumnos de tercer grado llegó un niño nuevo por cambio de escuela, el alumno vivía del otro lado de la Ciudad de México y llegó a vivir en un departamento con su madre cerca de la casa de sus abuelos.

    A lo largo de la semana observé que Pablito que había ganado varios amigos y se había integrado muy rápido al grupo, sin embargo al finalizar el día el alumno había tenido una conflicto físico con otro alumno por querer ganar un juego.

    De inmediato la mandé un citatorio a su madre para tratar asuntos relacionados con la educación de su hijo, sin recibir respuesta por ningún medio, pasó otra semana y noté que Pablito se había vuelto muy agresivo con sus compañeros y esta situación debía de parar. Pedí a dirección que localizará a su madre y al día siguiente, mientras mis alumnos estaban en la clase de Inglés, noté que llegó a mi aula una señora joven guapísima.

    Calculaba que Sofía tenía como unos 34 años, era alta, de piel Blanca, ojos cafés con una mirada muy profunda y sexy, un culo no tan grande pero muy paradito y firme a causa del ejercicio, unas tetas grandes y una cara tan bonita que no podías romperle el corazón, ella llevaba un vestido medio corto de ejecutiva y una blusa ligeramente escotada.

    Pedí que sentara delante de mi para platicar acerca de la situación de su hijo, ella me decía que hace 6 meses se había divorciado y decidió rentar un departamento cerca de la casa de sus padres, que el proceso era difícil para ella y para su hijo. Le dije que implementaríamos estrategias para conducta y que siguiéramos en comunicación. Nunca noté alguna provocación de ella hacia mi, fue un diálogo meramente profesional.

    A la semana siguiente Pablito comporta mal nuevamente ya que le había cortado el cabello a una niña, por lo que mandé un citatorio de nuevo, era la excusa perfecta para ver a Sofía. Esta ocasión Sofía fue con una falda corta de ejecutiva, un saco y un perfume delicioso, en esta ocasión ella me saludó de beso en la mejilla y esto me puso un poco nervioso, platicamos acerca de la situación de su hijo y ella se soltó a llorar, me dijo que no sabía cómo educar a su hijo y que también necesitaba alguien que la apoyara, yo me ofrecí en implementar estrategias nuevas con su hijo y me atreví a darle mi número para resolverle sus dudas en cuanto educación, traté de ser lo más profesional posible a pesar de la provocación sexual que ella me daba.

    Pasó una semana y Sofía me llamó para decirme que Pablito ha mejorado su comportamiento y que ella estaba agradecida conmigo por lo que me quería invitar a cenar a su casa, yo acepté imaginando lo que iba a pasar.

    Llegué a su casa y noté que vivía en un departamento pequeño pero con un excelente toque de hogar, también noté que ella llevaba un vestido blanco que le hacían resaltar sus hermosas nalgas, era medianamente escotado y muy sexy. Me recibió de beso en la mejilla y abrazo y me invitó a pasar, ella me dijo que Pablito se había ido a la clase de natación vespertina y que regresaba en una hora y media.

    Nos sentamos a comer un poco de pasta y vino, platicábamos de Pablito y yo necesitaba un poco más de acción, por lo que le sugerí ir por más vino al súper, ella accedió y subió a mi auto. Mientras subía no podía dejar de notar sus hermosas piernas blanquitas, además de un cachetero beige que se dejaba notar, ella se dio cuenta que la estaba viendo y para provocarme se levantó un poco más su vestido.

    Llegamos al súper, y una vez que vimos el vino se agachó frente a mi dejando ver su hermoso culo, yo ya sabía que era entrada a que me la cogiera. Quise jugar un poco más. Mientras pagamos, la tomé de la cintura para taparla de la lluvia, ella se subió al auto y noté que se le transparentaba ligeramente sus pezoncitos color rosita.

    Llegamos a su departamento y nos dedicamos a tomar dos copas más de vino, de repente sonó una canción (que por cierto sonaba súper sexy) y me dijo que la bailáramos, nos pusimos a bailar y ella repegó su cuerpo al mío demás, rozando sus piernas con mi verga, mientras que yo la tomaba de la cintura subiéndole poco a poco el vestido. Una vez ya calientes. Me empujó al sofá y ella se sentó también, nos quedamos en un silencio de 2 minutos y después me dijo ‘ya no aguanto más, necesito que me hagas tuya, necesito una verga desde hace más de 6 meses, además que mi fantasía siempre ha sido hacerlo con un maestro desde adolescente’.

    ¿Quién era yo para negarle si fantasía?

    Una vez dicho esto, se subió a mis piernas y nos comenzamos a besar, ella se movía muy rico en mi verga, yo notaba que su ropa interior estaba súper húmeda por lo que la volteé para seguirla besando, ella debajo y yo encima de ella, le devoraba la boca para después besarla en sus labios. Le besé su cuello, bajé por su pecho, besé y lamí sus hermosos pezoncitos rosas, bajé por su vientre y finalmente llegué a sus labios, le quité su ropa interior y comencé a devorarle su vagina recién rasuradita, sus fluidos sabían a gloria, mi lengua jugó intensamente con su clítoris hasta que ella soltaba gemiditos.

    Le metí mis dedos en su vagina combinando mi lengua en su clítoris hasta que la hice venir. Una vez comenzado el juego, le introduje mi verga poco a poco en su vagina, estaba súper estrecha, tenía tiempo sin coger y eso me excitaba mucho, la cargué y la llevé en brazos hasta su habitación mientras ella tenía mi verga adentro.

    Ella se puso arriba de mi y comenzó a mover sus nalgas como una diosa, aún recuerdo ese culo blanquito rebotando en mi verga mientras sus pezones apuntaban a mi boca, ella se vino por segunda vez y le dije que estaba por llegar, ella me suplicó que me viniera adentro, por lo que le llené su vagina con mi leche, posteriormente ella me limpió la verga con su lengua y nos quedamos acostados.

    Ya cuando quería el segundo round, vimos el reloj y nos vestimos súper rápido, la dejé a una calle de las clases de Pablito y yo me fui a mi casa. Ella me mandó un mensaje diciendo que le había encantado y que quería que se repitiera.

    Este es mi primer relato/confesión. Como profesor vives muchas cosas que no te imaginas y tengo varias experiencias como esta. Si te gustó hazme lo saber ya sea por aquí o a mi correo [email protected].

    Hasta la próxima.

  • Tuve sexo con la amiga de mi hijo

    Tuve sexo con la amiga de mi hijo

    No es una larga historia esta, pero fue muy divertido lo que duró.

    Yo llevé a un evento de cómic y animé a mi hijo de 18 años y a su amiga de 19 años. Ellos fueron disfrazados de sus personajes favoritos, él de una especie de ninja y ella de una colegiala sexy con medias largas hasta las rodillas que luchaba contra demonios o algo por estilo. La cuestión era que la amiga estaba re buena y yo pensé que si se vestía así de esa forma para ir a un evento grande y masivo es que debe ser media trola y tan errado no estaba porque al final me la garché.

    La cosa es que cuando entramos al lugar estaba lleno de gente y yo me separé de mi hijo y me fui con la amiga a todos lados y siempre atrás de ella viéndole el orto. Pasamos por unos stands y le compré un par de boludeces que me agradeció con un beso y con un gracias y yo lo hacía para entrar en confianza con ella.

    Después de un rato ya la tenía agarrada de la cintura y la llevaba para todos lados, además le empecé a decir cosas lindas al oído para que quede maravillada conmigo y que después quiera garchar. Luego de andar caminando nos detuvimos en una parte en donde había un recital de no sé qué música rara que a ella le gustaba y yo aproveché ese rato que pasamos allí para agarrarla de la cintura y apoyar todo mi bulto sobre su culo, además le daba besos en la mejilla y le decía que me encantaba que le guste la música. Después de eso ya la tenía en mi manos así que le dije que le quería mostrar algo y me la llevé a detrás de unas cortinas negras que se utilizaban para darle fondo negro a un cartel que estaba en el medio.

    Ese rato que pasamos allí fue maravilloso, apenas me bajé el pantalón y me vio la pija hinchada por culpa de ella, se arrodilló en el suelo y empezó a chuparla como si no hubiera un mañana, terrible chupapijas era la amiga de mi hijo, un poco más y me devora los huevos la hija de puta. La agarré de la cabeza y le hice tragar toda mi pija hasta que se atragantó y la tuve que soltar. Luego la levanté y me la estaba garchando de parado con mis manos en sus tetas cuando justo entra uno de los de seguridad y nos dice que no podemos estar allí haciendo eso y yo le digo «déjame que acabe y nos vamos» y él me responde «bueno, está bien».

    El tipo se puso en un costado y se empezó a hacer tremenda paja viéndonos y yo aceleré mi embestidas y acabé teniendo terrible acabada dentro del preservativo ya que la muy turra me pidió que me ponga uno y yo siempre tengo un par en mi billetera. Eso no es todo, después de venirme dentro de ella le hablé al oído y le dije «te gusta la pija que tiene el señor?». Y ella me respondió que sí entonces yo le digo «anda a chupársela entonces» y ella muy educada se fue con el señor seguridad y le empezó a mamar la verga como lo hizo conmigo un rato atrás.

    Como ellos no terminaban yo me fui al baño y cuando volví a buscarla ya se había montado una orgia con otro de seguridad, ella estaba cabalgando al primer seguridad mientras le chupaba la pija al otro. Yo me fui a seguir recorriendo el lugar y luego de un rato ella apareció con cara de trola y de felicidad.

  • Aceptando mi nuevo gusto culposo

    Aceptando mi nuevo gusto culposo

    Han pasado unas semanas desde que terminé seducido y desquintado, la sensación de confusión en mi mente no se va, así como también cierta sensación de arrepentimiento, no he querido contestar sus llamadas, realmente no sabía que pensar, la idea de haber sido penetrado y haberlo disfrutado era algo que estaba entrando de una forma en mi mente que iba en contra de mi idea anterior de lo que debía ser el sexo, pero mi curiosidad jugaba en contra de mi razón, empecé a estar buscando en el internet, a través de diversos sitios, imágenes y videos, así como estar platicando en algunos chats, percatándome, que incluso me excitaba más en mi imaginación el tener sexo con un hombre o travesti que con una mujer y con la idea de volver a ser penetrado.

    Habiéndome armado de valor, luego de varias masturbaciones con fantasías alimentadas por esos videos, fotos, relatos y platicas hot en los chats, me decido a marcarle a esa persona que me termino metiendo dudas en mi vida, contestando al teléfono prácticamente de inmediato, preguntándome en ese momento, que me había pasado, porque no le contestaba, a lo que le dije yo, había estado pensando muchas cosas, la verdad desde ese día, no estaba completamente en calma mi pensamiento y que si era posible que nos viésemos para poder platicar de lo que paso y ver finalmente si estoy bien o mal, a lo que responde que sí, que si hoy mismo estoy disponible, le respondo afirmativamente, quedándonos de ver a cierta hora en el mismo lugar donde nos vimos la última vez.

    Una vez colgando el celular, me preparo para salir, me muevo a donde debo de ir, tratando de llegar antes de la hora acordada, yo mismo estoy sorprendido de mi súbita ansiedad por llegar a tiempo y verle nuevamente, no creo haber pasado una sensación así en mi corta vida hasta ese momento, he llegado por fin, me siento en un lugar donde pueda observar bien desde donde llego la vez que nos vimos ahí y a esperar su arribo con bastantes ansias, en esta ocasión llega vestido/a de pantalón color blanco, playera color negro, sus tenis blancos y de gorra, al percatarse de mí, prácticamente acelero su paso a donde estaba yo, me paro para saludarle, llega a darme un beso en la mejilla y me abrazo, a lo que respondo de la misma manera y le pide que tome asiento junto a mí.

    Comenzamos a platicar, primeramente de como habíamos estado y cosas normales, llegando finalmente al tema del porque estaba ahí, a lo que le digo, que desde ese día, me dejo pensando demasiado, realmente tenia bastantes dudas en mi cabeza y estaba de cierta manera confundido, ya que a mi forma de ver, había perdido algo que consideraba importante, a lo que me toma mi mano y simplemente me dijo, ¿estás seguro que perdiste algo?, le respondo que no lo sé, me pregunta, ¿no fue algo que disfrutaste?, le contesto que si, a lo que me dice, entonces has ganado más bien, ya que has probado una nueva forma de disfrutar para ti, porque no vamos a mi cuarto y vemos que pasa ahí.

    Un poco temeroso me pongo de pie y me lleva prácticamente de la mano a donde vive, dejándome llevar, llegamos a la puerta, la cual abre y me deja pasar a mi primero, entrando después y cerrando la puerta tras de sí, tomándome de la mano, jalándome hacia el/lla, abrazándome por la cintura y de frente, plantándome un beso que correspondo, al momento de separarnos de ese beso, me dice, deja tus miedos y vamos, este nuevo mundo te va a encantar, le respondo que sí, llevándome al interior de la habitación, me abraza por la espalda y empieza a recorrer con sus manos por todo mi cuerpo por sobre mi ropa, me besa el cuello y me quita la playera, siento cuando pega su pubis contra mis nalgas, como ya se empieza a sentir su verga por encima del pantalón, paso mi mano para atrás y toco esa parte, notando que se está poniendo duro, a lo que se baja el pantalón, dejándome tocarla por encima de su trusa y que se va poniendo más dura al tacto de mi mano, esa sensación me está prendiendo, me desabrocha el cinturón y el pantalón y los deja caer al suelo, dejando únicamente mi bóxer puesto, me inclino para quitarme los zapatos, donde aprovecha para pegarse a mí y restregarme por encima del bóxer su verga, quitándome zapatos y lo demás que faltaba, a lo que le dejo hacer un poco más así, me está gustando esto.

    Hace que me levante de nuevo y me pone de frente a él, y comenzamos a besarnos nuevamente, donde empieza a tocarme con su manos por todo mi cuerpo, rosando cada parte de mí, es increíble esa sensación de gusto cada que me acaricia, se detiene de besarme y coloca sobre la cama inclinado, dándole la espalda, acto seguido, comienza a besar mi espalda y a ir bajando de poco en poco por ella, pasando sus manos por mi cuerpo y poniendo mucho énfasis en mis nalgas, bajando finalmente mi bóxer y quitándolo del camino, me estoy dejando hacer, estoy gimiendo de placer, baja finalmente a donde comienza a besar mis nalgas y darle algunos mordiscos, lo cual me hace sentir algo extraño pero rico, siento que con sus manos separa mis nalgas y empieza a pasar su lengua entre ellas y por encima de mi ano, que deliciosa sensación, lamia mi anito, de una forma tan deliciosa, empezaba a sentir más y más placer, empezó a meter uno de sus dedos, mi anito ponía algo de resistencia e intentaba con su dedo vencer esa resistencia, hasta que por fin entro, un poco doloroso sí, pero de poco a poco que iba metiéndolo y sacándolo, iba cambiando ese dolor por placer, siento como ahora intenta con dos dedos, a lo cual ya no ofrece tanta resistencia mi culito, logrando meterlos en pocos intentos, vuelve al insistente mete y saca y de vez en cuando los saca para echar otro poco de saliva, está preparando el camino.

    Después de haber metido sus dedos por unos momentos deliciosos, me levanta y me pone de pie nuevamente frente a frente y nuevamente me besa con grande pasión, yo me dejo hacer, con su mano, toma mi mano y la pone en su verga, a lo que yo empiezo a masajearla por encima de su calzón y lo hago a un lado para tocarla ya directamente, me empieza a llevar a la cama paso a paso y me sienta en ella, acercando su verga a mi cara, sentía un aroma que lejos de repugnarme, me estaba excitando, la agarra con su mano y apunta con su glande hacia mi cara, hago lo que tal vez nunca me hubiera imaginado hacer, la meto en mi boca y empiezo a chuparla, a lo cual empieza a gemir de placer cada que la meto y saco de mi boca, después de esos instantes me detiene, levantándome ligeramente y poniéndome de pie dándole la espalda, pone su verga entre mis nalgas, como aquella primera vez, haciendo que me estremezca de placer, y empieza a subir y bajar por entre ellas, lanza un poco de saliva por entre mis nalgas y me va agachando y restregando su verga nuevamente entre mis nalgas, pone la punta de su verga, en la entrada de mi culo, ya estoy deseando sentirla dentro, empieza a empujar un poco, de poco en poco va metiendo presión, se retira, echa un poco de saliva en mi culo y me imagino que también en su verga, mete sus dedos, y otra vez, vuelve a arremeter, hasta que finalmente, es vencida la resistencia y se abre paso la punta hacia mi interior, provocando que deje escapar un gemido de placer puro al sentirme perforado, esta ocasión se fue hasta dentro, me la metió toda de golpe, se quedó así unos momentos, como esperando a que mi culo lo sintiera por completo, se inclina hacia mí y se acerca a mi oído y es donde me dice, ¿qué se siente el estar en este mundo de placer para ti, dime si no lo estas disfrutando?, me da un beso y empieza a sacarla poco a poco hasta que sale por completo, se levanta de mí y se acomoda nuevamente en mi entrada, dejándomela ir otra vez hasta el fondo y empieza a sacarla y a meterla, empezando a tomar ritmo, está gimiendo también de placer y a decir, ¡que rico culito!, ¡que apretado estas!, estoy gimiendo también de placer, me gusta cómo me está haciendo y esas palabras que me dice, me hacen sentir más excitado.

    Me la saca un instante, y me hace acostarme en esta ocasión de lado, se acuesta a un lado mío y empieza a acomodar su verga en la entrada de mi culo, metiéndola de lleno provocando un ligero quejido mío y comenzando nuevamente a entrar y salir de forma rítmica y rápida, gimiendo nuevamente de placer ante esto, se está sintiendo tan rico que termino eyaculando sin más, tirando todo sobre la cama, ella sigue bombeándome y diciendo todas esas palabras, anexando también, ¡ya viste como si lo disfrutas!, ¡tu culo es mío!, sigo gimiendo de placer, me sigue bombeando, me sigue dando verga bien rico, mi culo está disfrutando las embestidas que me está dando, está aumentando su ritmo, de pronto me la saca y me pone arriba y empieza a masturbarse enfrente de mí y apunta con su glande a mi pecho, en ese momento dejando salir varios chorros de su caliente semen, dejando ir varios gemidos de satisfacción ante eso y dejándome a mi viendo todo lo que soltó hacia mí, que rico se vino.

    El/lla se levanta y va por papel de baño, me ayuda a limpiarme los restos de su venida, y se recuesta conmigo y me empieza a besar y a acariciar mi cuerpo, me dice, ¡a partir de ahora, ya no debes de tener duda, solo disfruta de esto, te va a encantar así como hoy y la vez pasada!, metiendo en ese momento sus dedos en mi culo todavía abierto, le contesto que si, así será a partir de ahora y le beso nuevamente, quedamos así un rato recostados, después de un tiempo, me levanto ya para empezar a vestirme y se para detrás de mí, me besa el cuello y me susurra al oído, ¡te veré pronto!, le contesto que sí, termino de vestirme, salgo de ahí y me dirijo finalmente a mi casa, en mi mente se quedan grabadas las escenas y sensaciones, siento que mi culito está palpitando en el camino, y si, nos veríamos pronto nuevamente, ya sin dudas ni temores, empezando a un mundo delicioso.

    Micifusarm

    [email protected].

  • Una mamada express en plena calle

    Una mamada express en plena calle

    Mi vecina, de la cual ya había hablado previamente, ya era amiga y cómplice en este tema del sexo. A pesar de que ambos teníamos compromisos, nos regalábamos pequeñas escapadas para darnos esa cierta atención particular, que solo podíamos tener entre ella y yo.

    Hace un par de semanas, la invité a pasar por ella a su universidad (ella estudia y yo trabajo) puesto que yo tenía la mañana libre y sobre todo, unas grandes ganas de cogérmela. Habíamos estado platicando por msn sobre la idea de hacer algunas travesuras, platicábamos sobre nuestras fantasías sexuales, así que yo estaba muy inquieto por cumplirle una que otra y así mismo, ella para conmigo.

    Así que llegó el día, pasé por ella al centro universitario y se subió a mi coche, yo ese día iba en ropa cómoda, un pants y playera de resaque. Cabe mencionar que obviamente, no llevaba ropa interior, puesto que ya sabía a lo que íbamos. Nos saludamos con un beso, cuando se acercó a darme ese beso, rápido puso su mano en mi verga, como tanteando mi reacción al verla jajaja… pues yo no iba tan excitado, pero la verdad si traía algo de sangre allá abajo, así que ella se encontró con que mi amigo estaba preparándose para lo que viniera.

    Avanzamos y le propuse algunos hoteles de la ciudad, yo ese día tenía ganas de entrar a un jacuzzi, así que comencé a platicarle los que tenía en mente, ella se sonrojó y me dijo que no podía, ya que tenía que regresar a clases y pues no podía regresar toda mojada, no al menos del agua del jacuzzi jaja… Yo le platicaba mis intenciones, lo que tenía ganas de hacerle, pero mientras charlábamos de eso, comencé a calentarme, así que mi pene se empezó a notar más y más. Con la misma platica, mi amiga empezó a sentir lo mismo y se tocaba su cuerpo imaginando dicho escenario.

    Me pidió que me detuviera en una sombra y así lo hice, me comenzó a besar eufóricamente, se notaba que ella ya no podía esperar más. Nos besábamos y claro, nos tocábamos bastante, pero al ser en plena calle, procurábamos que no se fuera a salir de control. Entonces ella se alejó de mi, dijo mi nombre y sonriendo me dijo ‘ya no aguanto, pero no puedo tardarme más, te propongo algo, te la mamo hasta que te vengas en mi boca, eso es lo que más me gustaría hacer ahorita’.

    No sé cuál sería mi cara que ella se río abruptamente, pero apenado le dije que sí, pero que me esperara a llegar a un motel. Ella me dijo que conocía un sitio donde podíamos estacionarnos un rato sin problema, así que ya estando prendido y con mi pene al tope, pues no dudé en decirle que sí.

    Comencé a conducir hacia la dirección que me pasó, pero a los 3 minutos de arrancar el coche, ella se quitó el cinturón y se abalanzó hacia mí, me agarró por abajo y me bajó el pants, comenzó a darme unas deliciosas lamidas de locura. Hizo la piel de mi pene hasta abajo, para dejar el glande totalmente expuesto y comenzó a chupar solo esa parte, lo más sensible de mi miembro. Yo como podía seguía conduciendo y metiendo los cambios, iba muy concentrado en conducir, pero también me dejaba soltar un poco por lo que ella hacía conmigo.

    De pronto, pasamos por un centro deportivo, que está abierto para entrar ya sea a pie o en tu coche y dejarlo estacionado en alguno de los espacios para coches, así que entré por ahí, me fui hasta el fondo, en una zona de muchos árboles, y me detuve. Dejé el coche encendido y me recargué para disfrutar lo que mi vecinita hacía conmigo. Se escuchaban fuertemente las lamidas que hacía, su boca jugando con su saliva y seguro con algunos de mis jugos preseminales, que tenía ya saliendo de mi pene.

    Entonces ella se levantó la falda y me dejó tocarle sus piernas, mientras seguía mamándome la verga con delicadeza. Cabe mencionar que ella es una experta en esto del sexo oral, es bien lanzada, me chupa los testículos, incluso abajo del escroto, ella sabe exactamente donde presionar con su lengua para hacerme sentir bien atendido. En fin, ella me seguía lamiendo y jalándome la verga, estaba decidida a hacerme terminar lo antes posible. Pero por la posición en que se encontraba, me pidió bajarnos del coche, yo no estaba seguro de hacerlo, pero ya en la calentura, me valió madres. Ella se bajó del coche y se pasó al lado del piloto, abrió la puerta y yo con el pants a las rodillas solo me volteé hacia ella, ella se hincó y con la puerta abierta y el coche encendido, siguió mamándomela.

    La escena era deliciosa, yo sentado en el coche, y ella sentada a mis pies, haciendo un gran trabajo. Con una mano tomaba mi verga y con su boca chupaba y lamía, era excelente. Yo la agarraba en ocasiones de la cabeza y le sumergí toda la verga hasta tocar su garganta, estaba totalmente excitado y la verdad, perdiendo un poco de empatía, control de la situación y del contexto jaja… Pasando unos minutos, ella me pidió apresurar el paso, ya que estábamos expuestos y ella tenía que regresar a clases, así que la alejé un poco y comencé a masturbarme, ella mientras me chupaba mis huevos con un gran afán, me los acariciaba mientras yo me masturbaba a una gran velocidad.

    Comencé a sentirme caliente y le dije que se preparara, ella abrió la boca y me dijo con una deliciosa voz «échamelos en la cara, quiero probar a que sabe tu semen»… cosa que me hizo dispararle un gran chorro de espera en la cara, le rocié el pelo, los ojos, la boca, era una gran explosión. Ella con su boca abierta recibía mis mecos calientes, al terminar el gran disparo, con su boca empezó a limpiarme los restos de espera de mi cuerpo, lo que tenía en las piernas, en mi pubis, incluso en mi mano.

    Después comenzó a chupar nuevamente mi glande de manera suave, con la idea de quitarme todo rastro de esa gran mamada. Se limpiaba la cara con sus manos y como si fuera miel, empezaba a lamerse los dedos, tomaba más suavemente mi verga y con pequeñas «exprimidas» lograba sacar hasta la última gota, mismas que ella quitaba con la punta de su lengua, era una cosa de locos. El semen que se dispersó por todos lados, ella lo desapareció con su boca. Al finalizar se levantó y subió nuevamente al coche.

    Al retirarnos de ahí, mantuvo su mano en mi pene, ya que mi erección no desistía, y cuando salían pequeñas gotas de semen, ella bajaba y lo chupaba, así que nos regresamos a la universidad haciéndome ella un sexo oral más suave, ya con más cariño jaja…

    Mi erección no bajó hasta que ella se despidió de mí, aunque al bajarse, me dijo otra frase que impediría que me quisiera ir «la próxima, quiero que te vengas en mis pompis, quiero hacer sexo anal»… así que esa invitación quedó abierta… y por supuesto que tengo historia!!!

  • Fantasía en la calle

    Fantasía en la calle

    Bien, les contaré una anécdota que me acaba de suceder hace poco.

    Salía del trabajo con rumbo a mi casa, me detuve en un semáforo con la luz roja, en eso se acerca a mi auto una mujer entre los 30 y 35 años más o menos, de complexión media, altura 1.65 aproximadamente, delgada poco busto y pocas nalgas, tez aperlada, la mujer se veía un poco sucia honestamente, en su mano traía un plato con dulces y una botella con agua para limpiar vidrios, cuando estaba junto a mi venta baje el vidrio y me ofreció de los dulces que tenía en venta, le compre varios dulces y se ofreció a limpiar mi parabrisas justo antes de que terminara de limpiarlo el semáforo cambio, no quería irme sin darle una ayuda por limpiar el vidrio, así que pronto le dije:

    – Señora me parare aquí adelante pasando el semáforo camine hacia haya para darle una ayuda.

    La mujer me dio las gracias y se acercó a la orilla de la calle para cruzar hacia mí.

    Mientras yo avanzaba hacia donde me estacionaria para darle la ayuda a la mujer, recordé un video porno que había visto donde un hombre le ofrecía dinero a una desconocida en la calle, así que me empecé a imaginar que me diría la mujer si yo le ofrecía dinero por sexo. Ella se acercó del lado del copiloto esta vez, baje el vidrio del auto, en eso metí mi mano a mi bolsa trasera del pantalón para sacar mi cartera, saque un billete de 50 pesos (mexicanos) ella los recibió y mientras me daba las gracias por la ayuda, en mi mente pensaba hacerla la propuesta de ofrecerle el dinero a cambio de sexo, tenía miedo de la respuesta que obtendría y no pude hacerlo.

    Así pasaron varios días y yo tomaba la misma ruta para ver si la volvía a encontrar y esta vez sí hacerle la propuesta… pero en el lugar donde la había encontrado la primera vez ya no estaba, un día la volví a encontrar en el mismo cruce ya había olvidado la idea que tenia de ofrecerle dinero a cambio de sexo, estaba un poco larga la fila así que quede unos carros atrás en la fila cuando vi que estaba cerca de mi auto baje el vidrio rápidamente y saque mi mano haciendo seña que se acercara, la mujer vio y se acercó, traía el mismo plato con dulces y su botella con agua.

    Le dije a la mujer, que cuanto quería por todos los dulces que traía en el plato, esto con el fin de que notara que traía dinero y así poder hacer mi propuesta (en su plato no traía más de 15 dulces diferentes así que no sería mucho dinero el que gastaría)

    Ella no sabía cuánto pedir por los dulces, así que abrí mi cartera y saque 100 pesos y le dije.

    -¿Con esto estará bien? -Ella se sorprendió y dijo que estaba bien.

    En eso el semáforo cambio y le dije lo mismo de la primera vez que me estacionaria más adelante y si podía ir, y así ocurrió esta vez me di valor para proponerle sexo a cambio de dinero, cuando llego a mi auto, le pregunte un poco sobre ella primero, si era casada a lo cual respondió que no, no tenía hijos ni familia, no era de la ciudad, y no tenía a nadie me dijo que estaba viviendo en un refugio para personas en situación de calle, por fin se dio el momento y lance mi propuesta.

    -¿Oiga disculpe mi atrevimiento, pero quiero proponerle algo, que le parece? -Ella me pregunto qué, que era esa propuesta.

    -Bien -le digo quiero ofrecerle dinero- si usted hace algo por mí -ella de nuevo pregunto a qué me refería, la invité a subir al auto, y accedió pensé esto ya es un punto a favor.

    En eso tome mi cartera y saque un billete de 200 pesos y le dije que, si por este dinero me daría sexo oral, la mujer se quedó en silencio un momento, pensé que me diría que no, que era un enfermo y cosas así, pero ella contesto: tomo el dinero de mi mano y con su cabeza acentuó un sí.

    Yo no lo podía creer, ella guardo el dinero en una mochila que traía con un montón de cosas, pregunto a donde iríamos para que ella lo hiciera, le dije que podía comenzar de una vez y que yo manejaría solamente, así que ella se a cerco a mí y coloco su mano sobre mi verga y empezó a sobarla por encima del pantalón cuando ella sintió que ya se me estaba parando me desbrocho el botón y bajo el cierre del pantalón, bajo un poco mi bóxer y la saco, coloco su lengua en la base de mi verga y fue subiendo lentamente, cuando llego a la punta puso sus labios y comenzó a bajar de poco en poco rosando sus labios en mi verga solamente después de un rato comenzó a usar su lengua mientras se metía toda mi verga en su boca, yo seguía conduciendo como ya era noche me dirigí a un lago que hay en mi ciudad y tiene varias calles oscuras me pare en una de ellas recline el asiento lo más que pude para que ella se acomodara mejor y siguiera mamándomela ya habían pasado unos 25 min y ya no aguantaba más así que sin avisarle me vine en su boca, ella solo cerro los ojos dio un trago y siguió chupando sin dejar nada, yo estaba ya satisfecho después de tan buena mamada, ella se sentó en el asiento y me dijo: si me das 300 pesos más podemos coger, yo no esperaba eso pero era la fantasía completa de estar con una desconocida así que acepte, dejamos pasar unos 10 min y ella volvió a comenzar a mamármela por otros 15 min después la subí a mi levante su falda larga que traía e hice su calzón a un lado y le acerque mi verga a la entrada de su vagina y comencé a metérsela lentamente ella solo hacía gestos, estaba un poco seca aun pero conforme se la metía y sacaba empezó a mojarse, hicimos varias posiciones, después de unos 35 min ya sentía que me vendría ella estaba de perrito, justo antes de venirme dijo que se la metiera por el culo, me detuve un momento y trate de tranquilizarme para evitar venirme, seguía de perrito así que lleve mi verga a su culo y empecé a empujar poco a poco, ella gritaba un poco decía que le dolía así que le di un poco más lento, ya cuando la tenía toda adentro comencé a darle ya un poco más rápido, se sentía genial estaba bien apretada así estuvimos un rato más hasta que ya no pude aguantar más así que me vine en su culo, cuando saque mi verga se escurrió un poco de semen de su culo.

    Nos vestimos y la deje cerca del refugio donde se quedaba, espero encontrarla de nuevo para repetir esa experiencia.

  • Mario (14 de 22): Normalidad relativa

    Mario (14 de 22): Normalidad relativa

    Esa mañana tendría otra sorpresa para el momento de vestirnos. Nos habíamos levantado temprano para prepararnos y después ir a la gasolinera a buscar el todo terreno con sus motos, como el primer sábado.

    Salía de la ducha y Guille me dio una pequeña y cariñosa nalgada que más era una caricia.

    -En el armario tienes la ropa que debes ponerte. -me señalaba una de las puertas en el vestidor, fui allí y lo abrí, sospechaba lo que era y acerté.

    Un traje en cuero parecido al suyo para motocross, guantes y botas. A pesar de adivinar lo que era, me llevé las manos a la boca y evitar soltar un grito, así de pronto, me pareció muy bonito.

    -¿Es para mi? -Guillermo me miraba y sonreía divertido ante mi infantil sorpresa.

    -¿Para quién si no? Solo espero haber acertado en la talla. -en aquel mismo departamento del armario tenía la ropa interior que compre días atrás.

    Me volví y salté rápidamente abrazando su cuello, enrosqué las piernas en su cintura y comencé a besarle gustoso la cara, lo mismo que hubiera hecho si se tratara de mi padre.

    -¡Gracias papi!

    -¿O sea que te gusta? -solo le asentía moviendo la cabeza y sin dejar de llenarle la cara de besos.

    -Pero Guille, no se montar en moto.

    -¿Sabes hacerlo en bicicleta?

    -Eso sí.

    -Pues es lo mismo y yo te enseñaré a domar la máquina si hace falta. -me golpeaba jugando el culete con pequeños azotitos, y también me comía la cara a besos.

    -Venga, comienza a vestirte que nos vamos a desayunar. -cogí un slip y luego él me ayudó a ponerme, por primera vez, aquel traje. Había acertado plenamente y me sentaba como un guante.

    Me miré en el enorme espejo que devolvía la imagen de alguien que era yo pero costaba reconocerme, hice algunas poses y me eché a reír.

    -¡Waau! Estoy irreconocible. -mi cabello brillaba deslumbrante sobre el rojo del cuero de los hombros.

    -Deberás recogerte el pelo, puede ser peligroso llevarlo suelto. -le miré risueño.

    -Crees que debería cortármelo.

    -Me gustas así, pero puedes hacer lo que desees.

    -Entonces seguirá largo hasta que tu digas.

    Las sorpresas no habían terminado, después de desayunar recogimos el todo terreno con el remolque y las motos, en este caso solo había dos, una de ellas más pequeña. El mastodonte de la otra vez le entregó un casco y unas gafas y Guille a su vez me lo pasó todo a mi.

    -Creo que el tamaño de la moto te ira bien para tu tamaño, no la hay más pequeña si no es para niños. -con aquel hombre delante no me atreví a volver a saltar sobre él para volver a besarle una y mil veces, y lo hubiera hecho de estar solos.

    Ese día tuve mi primera clase de motociclismo, el uso y control de la máquina y comenzar a correr en ella, desde luego que no subí a la montaña como él, pero pude hacer el recorrido de los caminos rurales cercanos.

    -¿Has pasado el día bien? Espero haber acertado.

    -No creía que esto era así y no me extraña que a ti y a Robert os guste tanto.

    Estábamos en la ducha y Guillermo me acariciaba con sus enormes manos mientras el agua caía sobre nosotros. Me aceleraba la respiración apreciar que una persona tan grande pudiera ser a la vez tan suave y delicada. Me di la vuelta y el vapor no me permitía verle muy bien.

    -¡Gracias Guillermo! No esperaba este regalo, ni pensaba que me gustaría tanto.

    -Ya te dije que aprenderías a montar y acabarás enamorado, como nos pasa a todos. -le abracé rodeándole con mis brazos, sus genitales quedaban por encima de mi ombligo, pegados a mi abdomen, su enorme polla, ahora floja, le colgaba junto a sus huevos, que por el calor, el escroto se estiraba hasta descender más que el prepucio de la verga.

    Elevé la mano y la pasé por su pecho, los pectorales estaban duros, rellenos.

    -Papi, cierra la ducha para verte. -el vapor se fue aclarando y puede apreciar mejor al hombre que tenía al lado.

    Sentí un escalofrío comparando su cuerpo con el mío, podría perfectamente estrangularme con cualquiera de sus manos sin permitir que me moviera para defenderme.

    -¿Qué te sucede bebé?

    -Eres tan grande y fuerte.

    -¿No estarás asustado, verdad?

    -No Guillermo, no lo estoy, solo admirado. -me cogió en sus brazos y me puse de puntillas para poderle besar.

    -También creo que me gustas, a pesar de ser tan mayor en algo eres como un joven.

    -¡Ja, ja, ja! Dime en que puedo ser joven si te triplico la edad.

    -Tienes ilusiones, te oigo hablar de tus negocios y los vives, no se, también en otras cosas.

    -Dime cuales más, vas a conseguir que me lo crea.

    -Eres fuerte, estás en forma, eres atractivo, y me encanta como me haces el amor y me follas con esta polla divinamente.

    -¿Ya no te hago daño?

    -Realmente daño no, alguna molestia pasajera.

    -¿En definitiva?…

    -Ya te lo he dicho, me gustas.

    -Dijiste “creo que me gustas”

    -Ahora puedo asegurártelo. -en ese momento corrió el panel de cristal y cogió dos enormes toallas.

    -Vamos a secarnos para comer. -le noté que deseaba cortar la conversación.

    -¿No quieres qué continuemos hablando?

    -De estas cosas no.

    -No he dicho nada malo.

    -No quiero hacerme ilusiones pequeño, soy muy mayor para ti, es cierto que tu me gustas, en algunos aspectos estoy mejor contigo que con mi hijo, pero no habrá más.

    -Tampoco te he pedido que nos casemos o que formalicemos algo, solo que me gustas.

    Recordaba perfectamente como me había dicho que yo debería vivir mi vida y él la suya, y realmente no pretendía otra cosa que ser amable y decir la verdad.

    -No lo digo porque tu lo puedas creer o no, ya te he dicho que no quiero hacerme ilusiones de nada.

    -Entonces me callaré, me conformo con el sexo y eso también me gusta como me lo haces. -me fui para la cocina dando por concluida la charla, otra lección aprendida, Guillermo era muy susceptible, y podía llegar a pensar que tenía algún interés por él diferente a nuestro acuerdo.

    Preparamos la comida para los dos en la cocina, sin hablar demasiado, comentando algunas de las cosas que habían pasado en el monte.

    Recogimos los platos y estando ante el mostrador me abrazó por detrás, giré la cabeza y me besó con dulzura.

    -No quiero que te molestes, ni te enfades, ¿vale?

    -Llévame a la camita papi, tengo ganas de ti, y no me enfado, si además, tengo que darte la gracias por tantas cosas. -se separó y me dio la vuelta.

    También yo tengo ganas de ti pequeño, no tengas reparos en decírmelo.

    -Ahora que voy conociéndote mejor te deseo papi y eso me asusta un poco, antes me retenía pero ahora tengo ganas y me caliento muy fácil.

    -¡Ja, ja, ja! No tengas miedo por sentir, a tu edad yo estaba empalmado medio día y necesitaba follar como un mono, me hacía pajas continuamente, creo que por eso he desarrollado tanto el pene.

    Entre bromas y verdades Guillermo me explicaba su vida de joven camino de su habitación. Nos quitamos el pantalón y la camiseta que llevábamos y ya desnudos me elevó del suelo. Se abalanzó sobre mi boca y comenzó a comerla.

    Me gustaban sus besos, me gustaba su fuerza, me gustaban sus pelos cubriéndole el cuerpo, me gustaba todo él y sobre todo su rica polla y los duros huevos de toro que tenía.

    Caimos sobre la cama y me enrosque atrapándolo con las piernas y brazos.

    -¿Hoy no vas a grabar lo que hacemos? -me dio un beso sonoro en los labios y se estiró para manipular los mandos del sistema de grabación sin hablar.

    Mordí su mentón y pasé la lengua por los pelos del bigote a la vez que le manoseaba la nuca y el pelo. Notaba como su polla se hacía cada vez más grande y me presionaba el abdomen, la mía estaba ya en tensión. Solté las piernas que tenía enroscadas en él y bajé las mano por su espalda hasta llegar a su culo.

    Su culo era grande y duro, en algunas partes también peludo y algo áspera la piel, nada parecido al mío delicado y fino.

    -¡Qué culito rico tienes papi!, quiero morderlo. -deslicé los dedos hasta llegar a tocarle el ano y le sentí un ligero temblor.

    -¿Alguna vez han…? ¿Te han dado por aquí?

    -Si bebé, se lo que es eso.

    -¿Tuviste algún amiguito íntimo de joven?

    -No me creerías si te lo dijera, y me gustó tanto que decidí dejarlo pasar, comenzaron a gustarme las nenas.

    -Yo no soy nena, tengo pene, testículos, pero me gustan los hombres.

    Me bajé un poco para que nuestras pollas entraran en contacto y comencé a mover las caderas, para que se frotaran entre ellas, sentía delicioso pasar mi polla y los huevos por la suya mojada y húmeda de líquidos.

    -Esta rico papi, nuestras vergas se están follando una a la otra.

    -Te mueves muy bien bebé, pareces una culebra.

    -¿Te gusta papi, te gusta como te rozo?

    -¡Ohhhhhh! mi bebé, eres tan suave.

    -Voy a chuparte la verga papi, a olerla, la tienes muy mojada.

    Me fui bajando hasta que mi cara estuvo pegada a su polla.

    -Huele a macho papi. -comencé a olisquear y pasarle la lengua por el glande, el pre semen sabía delicioso y sentía el calor de su verga en la cara.

    Guillermo me sujetó de la cintura y me dio la vuelta, para tener mi polla cerca de su mano y empezó a tocarla, pasando los dedos por la raja entre mis nalgas y a tocarme el ano, y a meter los dedos muy despacio.

    -Tu anito está caliente pequeño. -me llevó más cerca y se metió mi polla en la boca, alternaba mis huevos chupándolos hasta hacerme algo de dolor y dándome placer a la vez.

    Yo continuaba chupando y lamiendo aquella barra de carne dura y babeante de mi saliva y el líquido que expulsaba por la uretra.

    -Déjame papi, déjame hacer a mi. -me soltó ya que me tenía sujeto con las dos manos por las caderas comiéndose mi polla.

    Me monté sobre su vientre, pasando una pierna a cada lado de sus costados y jugué pasando mi ano a lo largo de su verga.

    -¿Me dejas que te cabalgue?

    -Haz lo que desees, bebe, me tienes para correrme de un momento a otro.

    -No quiero que te corras aún, tienes que aguantar papi. -besaba su cara y su pecho, muy mimoso mientras le hablaba, y pasé la mano hacia atrás para agarrarle la polla, subí el culo y la coloqué en la entrada, lentamente me fui sentando sobre ella hasta que desapareció sintiendo los pelos del pubis del macho en mis nalgas.

    -¡Ya entró papi!

    -Es enorme, me llenas toda la tripa.

    -¡Hayyy! Bebe, se esta tan rico dentro de ti.

    Lentamente empecé a moverme, sacando un trocito de la polla y volviendo a sentarme en ella, adentro, afuera, adentro, afuera; con las manos apoyadas en sus poderosos pectorales y le arañaba sujetándome de los pelos del pecho.

    -Papi, ¡qué rico papi!

    -Un poco más rápido bebe.

    -Pero tu no te muevas, déjame a mi, gózame papi. -fui haciéndolo más rápido, ahora con el cuerpo vertical, flexionando las rodilla, elevándome hasta sacar media verga y volver a dejarme caer para empalármela entera.

    -Me gusta mucho montarte así papi, que rico siento toda tu polla en mi culo.

    -Me voy a correr Marito.

    -Lo noto papi, hazlo y lléname el culito de leche.

    -¡Ya Marito, ya!

    -Si papi, córrete ya papito, espero tu lechita en mi culito. -hasta entonces Guillermo había aguantado mis juegos disfrutando y sin moverse, pero ahora dio una furiosa subida de pelvis, clavándome en el aire mientras bajaba para que tragara todo el sable de carne.

    Subía el culo de la cama una y otra vez, buscando meterse hasta el fondo de mi vientre, y cada vez que lo hacía soltaba un chorretazo de semen caliente hasta llenarme el culo.

    Mi macho había terminado y yo no me había corrido aun. Se desenchufó de mi culo tirando de mis sobacos hasta que llegó con la boca a mi pene, y me lo comió como si tuviera hambre de mi.

    Me lo chupaba con ganas locas aspirando y moviendo la lengua alrededor del glande.

    Cuando sentía, unos segundos después, que la leche me venía tiré el cuerpo para sacar la polla de su boca, pero él me sujetaba sin dejarme mover y que la sacara, me corrí sin poderlo evitar llenándole la boca de semen. Una y otra vez sentía como me vaciaba tiritando de placer.

    ************

    Nos habíamos vuelto a duchar y ya me despedía de él. Estuvo todo el tiempo muy cariñoso, aunque me apuró el que le llenara la boca de semen, él no le dio importancia, en realidad se lo tragó todo después de vaciarme y tener un par de minutos mi verga en la boca después, mamándola despacio hasta que se desinfló.

    -Dile a tu abuelo que quiero hablar con él, tengo que hacerle unos encargos.

    -Vale, se lo diré. -en esta ocasión me abrazó besándome antes de dejarme salir de la casa.

    ************

    Mi abuelo no estaba en casa cuando llegué, esperaba que no viniera tan bebido como la pasada vez, como pensé que posiblemente llegaría acompañado de Aldo preparé algo más de cena e invitarle a que se quedara a cenar.

    Estaba terminando cuando llegó y, como había supuesto, Aldo venía a su lado. Se le veía algo achispado pero no tan mal como el otro día.

    -Don Guillermo quiere que estés con él. -se lo dije sin saludarnos, esperaba que la noticia le pusiera contento.

    -Ya era hora de que se acordara de mi. -se marchó en su habitación para volver unos segundos después.

    -Hay comida de sobra Aldo, ¿quieres quedarte a cenar? -el robusto muchacho no hacía llegado a hablar y solo me miraba.

    -¿Quieres que me quede a cenar?, ¿aquí?

    -Te estoy invitando, si tu quieres. -sonreía un poco bobalicón y sin afirmar o negar se sentó a la mesa.

    Se estaba haciendo un asiduo de la casa, ya no tenía que prepararle la lista de lo que necesitábamos, él mismo se encargaba de vigilar lo que hacía falta y tenernos surtidos de todo lo habitual, yo solamente pagaba pasando por la caja de la tienda una vez al mes.

    Por lo demás era un chico silencioso conmigo y hablador con el abuelo, aunque en alguna ocasión nos gastábamos bromas y reíamos como si hubiéramos sido amigos siempre.

    Salvando la diferencia era un niño grande, como un gran perro guardián al que podías reñir, te miraba con tristeza, y pronto lo olvidaba para seguir con su labor imperturbable, impávido para flaquear por una minucia.

    -Don Román, cuente a Marito como entrena a los chavales. -miré sorprendido a Aldo, el chico comía con ganas y hablaba con la boca llena, observé lleno de curiosidad al abuelo.

    -Mario no lo entendería, ¿qué sabe éste de cosas de hombres? -me sentí ofendido, no por lo que dijo, fue por el tono despreciativo que empleó.

    -Don Guillermo me esta enseñando a montar en moto de montaña, esta mañana me ha llevado para la primera lección. -ahora fue él quien levantó la cabeza del plato para mirarme.

    -Te romperás la cabeza. -después nos quedamos en silencio.

    -Tu abuelo sabe boxear muy bien y enseña a algunos pequeños. -el abuelo solo gruñó y ya no se habló más.

    ************

    Tres meses habían transcurrido y no sucedieron muchas más cosas aparte de las normales.

    Lorenzo inauguró una nueva tienda animado por los buenos resultados que había conseguido ayudado por Miguel, tampoco era muy grande, según él convenía diversificar y repartirse por distintos barrios de la ciudad. Me invitó a la inauguración y en alguna ocasión pasé por la tienda para tomar un café con él, continuaba esperando, según él a que estrecháramos los lazos. Su afabilidad me confundía, quizá por mi falta de experiencia con los hombres.

    Aprobé los exámenes de Diciembre y esperaba que los de Abril no me dieran problemas.

    Las fiestas de Navidad resultaron un poco tristes, las comidas las hicimos en la casa de mi primo al estar Marquitos con gripe. La tristeza se palpaba en el ambiente, yo pensaba en Guillermo solo en su casa, sin mamá que no se molestó en mandar una postal, y Migue pensaría en su padre, a pesar de todo y viviendo fuera de su casa, los sentimientos familiares no se pierden de la noche a la mañana. También recordaba a Robert.

    Uno de aquellos días, cuando la Navidad se anunciaba por las calles, habíamos salido de la escuela de idiomas un grupo de compañeros con nuestro profesor de inglés y entramos en un bar para tomar algo como despedida.

    Mamá participaba en otra reunión con un grupo de personas en el fondo del local, imagino que por las mismas razones que mi grupo, la cogía de la mano un caballero de aproximadamente su edad.

    Nos encontramos la mirada y cuchicheó en el oido de su acompañante antes de venir donde yo estaba. Nos saludamos con frialdad.

    -¿Estas bien?, veo que tienes amigos y te diviertes.

    -Estoy bien mamá y son compañeros de estudio. -no sabíamos que decirnos, tantos años ignorándonos habían podrido los lazos que pudieron unirnos en el pasado.

    -El abuelo te echa de menos…-no me dejó terminar.

    -No me interesan esas noticias. -nos miramos un instante para sabernos irrecuperables el uno para el otro.

    -Me alegro de que estés bien…, me están esperando Mario, ya nos volveremos a ver. -ese fue el encuentro, corto como todos los que tuvimos en casa durante muchos años.

    Mis relaciones con Guillermo se limitaban a pasar por su casa los viernes a la noche, y ahora los sábados casi todas las semanas, tenía que continuar con mis clases de motorismo. Me gustaba y era una manera de hacer ejercicio, ya hacía mis pinitos rodando sobre caminos difíciles.

    Y si que hubo una noticia importante, Robert se casaba con la japonesa, al parecer estaba gestando desde hacía varios meses. Robert debía amarla mucho para que, al poco tiempo de marchar, la dejara embarazada.

    La boda se celebraría en Tokio según el deseo de la novia y Guillermo estaba invitado.

  • Male gangbang en el fin de semana

    Male gangbang en el fin de semana

    Joel estaba feliz mientras esperaba la hora de su turno en la parte trasera del hotel, saludaba a sus compañeros con una expresiva sonrisa mientras iban llegando, pensando que por fin había hecho algo que valía la pena por su madre. La vida había sido dura desde que su padre los había abandonado y se había ido lejos hacía ya muchos años. Su madre había luchado heroicamente para criar a Joel y a su hermana menor, Katia, en su diminuto apartamento; ahora, por fin, podía devolver un poco del esfuerzo que Eleonora, su madre, había puesto en ello para criar a los dos hijos.

    Desde los dieciséis años había estado planeando esto. Algunos pensaban que Joel aún tenía dieciséis años porque se veía bastante infantil con su melena de pelo negro, figura alargada y delgada, de 1,70 m. de altura. La gente decía de Joel que se llenaría con la figura de un buen hombre. Decían los que lo conocían que cuando fuera mayor lo tendría todo: buena apariencia y un genuino encanto. A los dieciocho años Joel era amable, y crecía lentamente en confianza, con una apariencia juvenil, le acompañaba la belleza femenina de su rostro infantil.

    Cumplidos los 18 años, tan pronto como pudo, Joel se inscribió en la agencia de empleo para conseguir trabajo sirviendo en cenas, banquetes y funciones, y había servido en muchos lugares diferentes, hoteles y carpas, terrazas, etc., trabajo que podía hacer mientras estudiaba durante el día. Por supuesto, había contribuido a la «olla familiar», pero también disponía de parte de sus ingresos para comprar música de su gusto y la ropa que necesitaba, ahorrando esfuerzos a su madre. De vez en cuando también ayudaba a algunos cuando los veía en extrema necesidad.

    Ahora su madre acababa de irse de vacaciones por primera vez en su vida, es lo que Joel podía recordar de toda su infancia y de lo que le comentaba su madre: «no sé qué son las vacaciones, sé lo que es criar a mis hijos, mis tesoros». Su mamá había viajado ya una semana con otras personas en un viaje organizado por agencia y luego, es decir, en el tiempo de esta historia, estaba veraneando diez días en una playa muy famosa para descansar. Es lo que Joel quería y había pagado las vacaciones de su madre, motivo por lo que se sentía orgulloso.

    Mucho le costó convencer a su madre para que se fuera. Convencerla, además, de que se ahorrara algún dinero para gastarlo en ella misma durante el tiempo de las vacaciones. Al final, conseguida la victoria en tal batalla, ese mismo día le había dado su billete de avión y las reservas en hoteles todo incluido. Por fin su madre viajó a pasar sus primeras vacaciones, dejando a Joel en la casa para que se ocupara de sí mismo, con la promesa de que no hubiera fiestas, y a Kelly, que no quería separarse de sus amigas, la dejó en casa de un primo hermano con los que se relacionaban muy bien. La mamá de Joel no viajó sola, porque, como ya dije, él mismo se ocupó de que tanto el primer viaje como la estancia en la playa lo había adquirido en agencia para varias personas a fin de que pudiera hacer nuevas amistades. Joel estaba contento de que su madre se hubiera ido, se merecía todo lo que recibió como resultado de lo que había hecho por Joel y Kelly. Este es nuestro chico, el más dulce de cuantos pueda haber, el más generoso de cuantos puedas conocer y el más servicial de cuantos te puedas encontrar, además de guapo y simpático.

    Joel pensó en hacer siempre turno de la noche para seguir estudiando. Estos entraban en el hotel restaurante a las 17:00 en la tarde y acababan hacia las 00:30 en la madrugada o si se retrasaban algunos comensales hacia la 01:00. Ya llevaba bastante tiempo con esto, porque se aseguró que por la mañana podía estudiar, quizá hacer una licenciatura en cuanto acabara los estudios de bachillerato.

    El día al que nos referimos en esta historia había unos señores de una empresa que tenían una cena, una reunión de esas en las que se entregan premios para algunos empleados de la Compañía de seguros. No tenía ninguna certeza de lo que se trataba ni le importaba especialmente, solo le interesaban algunos detalles que solían ocurrir, el tiempo que tardarían en acabar para programarse su cena y saber cuándo irse. Ese día no le preocupaba tanto porque era viernes y al día siguiente, como no tenía clases, dormía a la pata suelta hasta media mañana.

    Indagó lo que pudo sin llamar la atención y se trataba de asuntos habituales de empresa: premio al mejor vendedor de pólizas, premios especiales a la simpatía, al mejor recién empleado, al que más disfrutaba de su trabajo, al que mejor trataba al resto del personal, al que mejor llevaba su interacción con los clientes…, etc.

    Venía trabajando mucho tiempo allí y jamás se había interesado por los motivos de la reunión de ninguna organización, pero esta vez le picó la curiosidad y preguntaba si sabían algo al resto del equipo de camareros que iban a servir, todos de la misma edad que él, casi todos estudiantes, eran unos diez para un centenar de comensales en la gran cena que se había organizado. Todo iba perfectamente y fue bien. En el grupo de comensales se destacaban un jefe principal y 10 personas muy allegadas a él. Todos muy jóvenes. El resto hasta cien eran empleados seleccionados de la empresa, cuyo premio era la cena de la empresa de seguros. Hasta aquí pudo averiguar Joel y ya nada más le interesó, solo cumplir con su trabajo. El hotel utilizó tres personas más para servir en el bar. Joel, por ser de los fijos a diario, encabezaba el equipo del servicio de la cena

    Se sirvió la cena. Arranca todo el movimiento de camareros y Joel tenía que servir y mirar continuamente para saber qué se podía ofrecer y mandar a alguien o dirigirse el mismo a realizar el servicio. Sacaron cinco aperitivos que fueron distribuyendo junto con cervezas, refrescos y vino. Luego el plato principal. Postres variados de frutas ya preparadas, pastel y helados. Si se le hubiera preguntado más tarde a Joel qué se sirvió en la cena, no hubiera podido decir qué había en los platos, repartía, servía, miraba, atendía y recogía. Luego limpiar las mesas. Dejarlo todo perfecto para servir los licores con dulces y peladillas, para que prosigan los señores con sus discursos. Los camareros se fueron a cenar, atendían las mesas algún licor o copa, los del bar que habían cenado antes, mientras todos estaban sentado en sus mesas cenando.

    Hubo discursos, premios, y avisos múltiples, mientras los camareros que ya habían cenado ayudaban a lavar platos, secarlos y limpiar cubiertos, esperando que acabaran los discursos para recoger las mesas. Para Joel solo fue un trabajo ordinario. Después de casi dos años en este tipo de trabajo, ya estaba acostumbrado al chaleco y a la pajarita. Tenía montañas de cubiertos limpios. Había servido tanto pollo como cualquier granja puede haber criado en el mismo tiempo. Y este era sólo otro turno. Trabajaron duro. Esperó para volver a casa.

    Por fin se había acabado, la mayoría de los invitados se habían ido. Quedaban unos 10 hombres… gerentes de la compañía. A menudo era lo que sucedía: los organizadores-administradores se encargaban de organizar el evento y luego se quedaban a dormir en el hotel para beber algunos cócteles hasta muy tarde, se quedaban a dormir en las habitaciones del hotel a costa de la empresa, con precios y condiciones especiales ya que la cena había sido económicamente costosa. Joel y sus compañeros habían limpiado las mesas y las dejaron apiladas a un lado del salón. El equipo de camareros estaba siendo abordado por el grupo de gerentes, querían agradecer el servicio que había sido bueno, educado y rápido, la verdad es que habían trabajado duro.

    — Quiero daros las gracias por vuestro duro trabajo de esta noche —dijo el hombre que parecía estar a cargo—. Es la primera vez que cenamos así y nos ha ido muy bien. Me gustaría daros una botella de algo como agradecimiento.

    Le dio a cada uno de los miembros del equipo una botella de vino.

    — También quiero decir que vamos a tomar unas copas de modo particular, y deseo saber si alguno de vosotros querría venir a servirnos unas cuantas copas durante un par de horas. Puede ser que incluso nos haga otros favores, si lo desean.

    El equipo sabía lo que estas cosas podían significar. Un montón de tipos emborrachándose, estar limpiando borrachos que vomitan o se orinan encima, quedándose durante algunas horas hasta el final, y luego tener problemas para hacer valer ante el gerente del hotel las horas extras solicitadas por los clientes, que no suelen pagar por esto. El equipo se derritió rápidamente. Unos necesitaban estar en casa, otros que estaban al filo del último autobús, para otros la excusa era que los taxis que esperan a esas horas cobran tarifa más elevada, algunos ya habían llamado a su taxi. La verdad es que Joel sabía que todos se iban a un club. Cuando el equipo desapareció, Joel se trasladó al gerente de la compañía. Era un hombre alto y delgado, de unos 45 años, inteligente y emprendedor. En ese momento, aunque su corbata estaba un poco desordenada después de la larga noche, a Joel le cayó bien, porque también era guapo, con una genuina sonrisa. Joel habló con él. Parecían gente amistosa y pensó que tal vez le darían una buena propina.

    —Señor, sé cómo pueden ser estas cosas, pero no tengo nada mejor que hacer. Me quedaré para que estén felices.

    Joel sabía que no tenía que estar en casa, ya que era el único que se quedaba allí en ese momento. Tampoco estaba haciendo nada al día siguiente, y podía irse cuando quisiera.

    El hombre extendió su mano para estrechar la de Joel y se presentó:

    — Soy Santos, ¿cómo te llamas?

    — Joel, —contestó sencillamente.

    —Joel, sé lo que estás pensando, hice tu tipo de trabajo cuando era joven, pero no serán hombres borrachos y enfermos y asquerosos que juran e insultan de modo soez. Nosotros no somos así. Tenemos otros planes para seguir hasta muy tarde. ¿Estás seguro de obsequiarnos unas horas?

    Joel pensó antes de hablar:

    —Si no es asunto de beber y emborracharse hasta enfermar, ¿qué quieres que haga?

    Santos pensó antes de responder:

    — Absolutamente todo lo que deseemos, sin eximirte después con excusas. Ah, y no te pagaremos por este servicio. Además, como miembro del servicio debes llamarme señor. ¿Aún quieres hacerlo?

    Joel se debatía entre aceptar o marcharse, pero había quedado muy intrigado. Cuando Santos dijo que Joel debía llamarlo «señor», algo se agitó dentro de él.

    —Lo haré, señor. No hay nadie en casa esta noche, mi madre está de vacaciones, así que nadie me echará de menos.

    Santos charló otros diez minutos con Joel, preguntándole sobre las vacaciones de su madre, un poco sobre su vida, por qué Joel estaba trabajando como camarero para estos eventos. Santos estaba cada vez más impresionado con el joven tranquilo, y sabía que era el muchacho del que el gerente de la agencia de empleo le había hablado, cómo había ahorrado para su madre, y la vida dura que tenían en el apartamento, luchando para llegar a fin de mes. Por fin Santos le dijo a Joel que se presentara en la habitación 404 en 15 minutos. Santos sugirió que Joel podría necesitar refrescarse, ducharse, antes de presentarse.

    Con eso los diez hombres habían desaparecido, el personal del hotel se había derretido, y Joel estaba solo esperando en el comedor del hotel, mirando el reloj. Joel se duchó en el área de personal, había sido un turno caluroso y sudoroso. Un minuto antes de la hora prevista, Joel tomó el ascensor hasta el cuarto piso y llamó a la puerta de la suite 404. Casi inmediatamente Santos abrió la puerta e invitó a Joel a entrar.

    Durante los siguientes minutos Joel cumplió con su deber: sirvió bebidas, repartió bocaditos, lavó vasos vacíos en la pequeña cocina anexa a la suite. Le dio la oportunidad de conocer un poco más los interiores del hotel. Era una gran suite con muchas sillas, así como una cama de matrimonio, con una pequeña cocina y un cuarto de baño. Los diez hombres, que eran los gerentes de la organización, se sentaron en las sillones y sofás para conversar entre ellos. Para un grupo de hombres que ya habían bebido algunos tragos, parecían extraordinariamente tranquilos y amigables con Joel. Joel también notó que había otro hombre que era claramente muy amigable con Santos, tal vez incluso un socio, llamado Waldo. Waldo era un par de pulgadas más alto que Santos —su estatura era como 1,85 m.—, aunque la altura era engañosa para alguien tan delgado como él. Tenía unos 45 años, con el pelo rubio. Joel lo encontró particularmente amable con él.

    Fue después de unos veinte minutos cuando Santos llamó la atención de todos con unas palmadas muy sonoras y ahuecadas.

    — Caballeros, —llamó la atención de todos para comenzar un discurso breve.

    Silencio en el salón.

    — Caballeros, es obvio que hemos conseguido crear una buena compañía. No es frecuente que un grupo de amigos de un bar gay haya tenido tanto éxito! Crear nuestra propia compañía de seguros hace diez años fue lo mejor que hicimos… —Aplaudieron y Santos continuó— ¡Así que quizás deberíamos celebrarlo! —Se detuvo, se volvió hacia Joel que se había quedado discretamente a la puerta de la cocina— Joel, ven y quédate junto a mi silla.

    Después de presentarse con un saludo inclinando la cabeza, Joel se puso a un lado de la silla de Santos. Santos habló con Joel en voz baja

    —Pase lo que pase, no te muevas. A menos que yo te lo diga.

    Joel se quedó de pie preguntándose qué iba a pasar. Tal vez había un champán especial para servir, o un pastel para traer. Joel sólo escuchaba la mitad de lo que Santos iba diciendo.

    — Creo que la mejor manera de celebrar es que compartamos algo especial juntos. Siempre quise hacer esto: un gangbang.

    Hubo una pausa. Incluso entonces Joel sólo había oído a medias y no sabía exactamente de qué se trataba, aunque era obvio que a los otros hombres les gustaba la idea después de que ellos también habían aceptado la sugerencia de Santos. Más tarde Joel pensó que quizás era la bebida lo que los hacía tan desinhibidos. Santos seguía hablando:

    —Siempre quise acostarme con un joven de 18 años, y tenemos uno aquí.

    Joel sintió que Santos movía una mano desde atrás, entre sus piernas, y se levantó y le puso la polla sobre sus pantalones. Después de eso, Joel supo que debía haber huido, que hubiera sido mejor haber escapado por la puerta. Pero él no…, se quedó ahí parado y dejó que Santos se lo hiciera a él. Quizás fue porque dijo que obedecería y se le había dicho que no se moviera. Tal vez él lo quería. Incluso en su vergüenza aguda sintió que su polla se movía en la mano de Santos. También supo después que si no se hubiera quedado para este momento, podría haber sido mucho peor.

    Santos estaba hablando con sus amigos otra vez:

    — ¿Qué decís, muchachos? ¿Creéis que Joel es un sabroso chico de 18 años?

    Mientras lo hacía, empujó suavemente y soltó la polla de Joel, haciéndole un toque para que se le pusiera más dura y se notara el bulto.

    El clamor sugirió que pensaban que era una buena idea, y que Joel era un adolescente sabroso. Uno de ellos gritó:

    — ¡Veamos qué tiene!

    Santos soltó la polla de Joel y acercó su mano para poder desabrochar los pantalones de Joel. Cruzó la otra mano para ayudar, y rápidamente le quitó el cinturón a Joel, le quitó el botón y le bajó la cremallera. Ahora ya el pensamiento de correr ni siquiera estaba en la conciencia de Joel. Santos le tiró de los pantalones a Joel hasta las rodillas y luego con un pie los mandó a los tobillos. Hizo que Joel levantar sus pies de uno en uno, se quitó el zapato y el calcetín, y luego se quitó los pantalones de los tobillos. Santos los cogió y los tiró a cualquier rincón de la habitación. Volvió a apoyar su mano en la polla de Joel, que estaba abultada y apretada dentro de sus calzoncillos.

    Una voz dijo:

    — ¡Vamos, Santos, veámoslo todo!

    Santos bajó lentamente los calzoncillos de Joel por la espalda, y luego desenganchó la parte delantera de la polla de Joel, bajándolos hasta los tobillos. Los hombres vitorearon cuando la polla de Joel que saltó y se puso mirando hacia arriba, su polla tapaba su ombligo por dentro de la camisa. Santos se puso de pie y tan rápido como pudo quitó la camisa y corbatín de Joel, dejándolo desnudo frente a los hombres. Santos se sentó de nuevo. Los hombres estaban agradecidos. Todos exclamaron como un susurro de viento suave:

    — ¡Ooooh!

    Joel oyó a un hombre decir:

    — ¡Bien equipado!, sí, un buen equipo.

    Otra voz dijo:

    — ¡Pero qué chico más guapo!

    Otra voz añadió:

    — ¡Qué polla tan hermosa en un muchacho tan guapo!

    Joel se sentía extraño. Se sentía por una parte muy avergonzado y por otra halagado y complacido.

    Joel volvió a escuchar la voz de Santos, esta vez directamente a él:

    — No te muevas, cariño.

    Sintió la mano de Santos descansar sobre su culo, frotar suavemente alrededor de su culo. Se sintió bien, nada molesto. Sintió los dedos de Santos corriendo a lo largo de la rajadura de su trasero. Adivinó lo que iba a pasar y no se iba a mover. Sintió los dedos de Santos empujando entre las nalgas de su trasero, sondeando cada vez más profundo hasta que gimió. Santos había llegado al trasero de Joel y le hacía cosquillas allí, dándole mucho gusto. Joel sabía que su polla latía con fuerza y los hombres estaban mirando fijamente. Fue muy vergonzoso para él, pero aguantó. Empezó a sentir el calor. Joel no se daba cuenta de que algunos de los hombres se desnudaban mientras mantenía los ojos cerrados. Escuchó la voz de Santos hablar con él:

    — Vas a tener diez pollas metiéndose profundamente ahí…, y todo el mundo probablemente querrá tu boca también.

    Marcado como un idiota…, no había pensado en lo que planeaban hacer con él. Había leído sobre ello en sitios web. Con apretado que estaba, —pensó— cuánto le dolería y qué lleno lo dejarían; cómo sentaría si raro o agradable.

    La voz de Santos continuó:

    — Imagínate…, diez pollas metiéndote semen en el culo. Diez pollas bombeando semen en tu boca.

    Joel quería huir a la vez que quedarse. Había dos hombres en un cuerpo, Joel temeroso y Joel deseoso. En pocos segundos Joel decidió ser el deseoso, quería demostrar que podía darles a estos hombres lo que deseaban. En ese momento Joel ya era el deseado de todos ellos. Latía su polla y él la sentía. Joel recordó la palabra de un sitio web: «gangbang». A veces sus amigos de la universidad habían hablado de acostarse con una chica en particular, pero todo estaba en sus fantasías. Una vez había oído la frase «Male Gangbang», y entonces supo lo que le iba a pasar a él a continuación y pronto. Joel estaba avergonzado porque su polla se movió mientras pensaba en lo que le iba a pasar.

    De nuevo uno de los hombres habló.

    — ¡Vamos Santos, muéstranos su agujero!, ¡muéstranos su tesoro!

    Santos habló:

    — Bien, Joel…. ponte de rodillas y con el culo hacia ellos.

    Joel se movió como un autómata, pero se arrodilló frente a Santos, su trasero hacia los otros hombres. Nunca había soñado que mostraría su trasero a alguien. Pero cuando uno de los hombres silbó fuerte y expresivamente, se sintió internamente complacido.

    Santos recogió algo de su caja y se arrodilló al lado de Joel. Joel sintió el dedo de Santos jugando con su culo de nuevo, esta vez empujando suavemente a través del anillo. A Joel le jodía en el alma la humillación, pero al mismo tiempo disfrutaba la invasión. Joel estaba tratando de entender lo que Santos estaba haciendo, y luego recordó uno de los sitios web en los que había estado: se trataba de la conveniente lubricación. Le estaba frotando el culo con lubricante para que les resultara más fácil follárselo.

    Santos se alejó, y uno de los otros hombres estaba arrodillado detrás de Joel. El hombre estaba pasando sus manos por el culo de Joel, haciéndole cosquillas en el culo. De repente, Joel sintió que algo le empujaba en el culo, tratando de meterlo dentro de su trasero. Era tan grande, que le resultó difícil, aunque no imposible. De repente Joel gritó… había atravesado del anillo. Entonces el hombre la sostuvo allí quieto un momento y luego comenzó a empujar suavemente más adentro por el culo de Joel. Joel recordó la palabra tan manida: «me está jodiendo». Era extraño, su mente estaba casi separada, analizando lo que estaba pasando. El hombre empujó cada vez más adentro. Le dolió, hizo que Joel se sintiera lleno, pero aún podía soportarlo. El hombre se deslizó lentamente cada vez más y más profundo, Joel estaba siendo abierto, invadido, poseído, tomado por esa gorda polla. De repente, el hombre parecía estar lo más adentro posible. Joel pensó que tal vez 15 centímetros. Mantuvo su polla quieta dentro de Joel hasta que este comenzó a hacer movimientos dando a entender que se estaba acostumbrando a la polla dentro de sí.

    Otro hombre se le presentó por delante mostrándole otra buena polla y Joel se detuvo un momento preguntándose qué debía hacer y se decidió a acariciar la polla con sus labios y metérsela en su boca apretándola con su lengua contra su paladar, y el hombre gimió de placer. Apestaba suavemente. Probó el lubricante natural de su polla y le gustó, se pasó la polla por sus secos labios para humedecerlos y se la volvió a meter en la boca para chuparla y exprimirla. Era obvio que el hombre al que se la chupaba también lo estaba disfrutando. De repente sintió que la polla que tenía en el culo casi se salía y volvía entrar de nuevo. Sintió a la vez que el otro hombre empujaba hacia dentro en su boca. Y de pronto ambos lo hacían con ritmo. Pensó que le estaban jodiendo el culo y que le estaban jodiendo la boca al mismo tiempo, se sentía empalado, pero a la vez lo disfrutaba con placer.

    Joel sintió que las pollas lentamente se lo follaban más fuerte. Dejó que su lengua acariciara la verga que tenía en su boca, chupando como lo hizo. La polla del otro parecía entrar y salir de su culo con bastante facilidad, aunque tenía un culo muy apretado. Le dolió, por supuesto que sí, pero a Joel ya no le importaba ahora, incluso trató de apretar la polla contrayendo los músculos del culo, y escuchó al hombre gritar:

    — ¡¡Qué buen chico, qué perra más sexy!!.

    De repente Joel se dio cuenta de que ambas vergas se deslizaban cada vez más rápido dentro y fuera de su culo y boca, los hombres jadeaban fuerte. De repente sintió que el hombre se metió en la boca y gritó una voz sin significado, sosteniendo la cabeza de Joel contra él para descargar su semen. Probó Joel el semen chorreando en su boca. La verdad es que no tenía otra opción porque estaba amarrado por las manos del hombre sujetando la nariz de Joel contra su propio pubis. Tragó tan deprisa como pudo. El hombre pareció bombear una y otra vez, y Joel se tragó todo lo que pudo. De pronto notó que el otro hombre agarraba sus caderas con fuerza y clavaba su polla tan profundo como podía dentro de Joel, gritando:

    — ¡¡Puta perra, te voy a llenar!!

    Ya intuía Joel que el tipo se iba a correr dentro de su culo, gimiendo y chorreando con fuerza.

    Al acabar ambos hombres se desplomaron, soltando la cabeza y el culo de Joel. Oyó a uno de ellos decir:

    — ¡Es el polvo más caliente que he tenido.

    Joel intentó levantarse, pero se sintió sostenido por dos hombres más, uno en la cabeza y otro en el culo. En ese momento sintió la enormidad de lo que iba a suceder. Los diez iban a pasar por cada uno de sus más importantes hoyos.

    Después del segundo par Joel se sintió exhausto, su trasero dolorido, pero ahora mucho más abierto, su boca estaba llena de semen, sus papilas gustativas estaban dominadas por el sabor del semen.

    Y la verdad es que fue una tras otra. Cada uno cogiéndose el culo y la boca, recuperándose lo suficiente como para hacerlo dos veces. Después de unos pocos, todo estaba borroso para Joel. Los que se lo cogieron después de haberle llenado la boca se demoraron mucho más. Su culo se sentía lleno, estirado, abusado, desmantelado y totalmente abierto como un túnel. Su boca se sentía propiedad de todos estos hombres. Y lo apreciaron, diciéndole que era una puta muy sexy, o una perra hermosa, o un polvo fabuloso. Más tarde reflexionó: «¿qué tenían esos cumplidos obscenos que tanto me gustaron?»

    Había transcurrido mucho tiempo hasta que todos parecían satisfechos, y estaban sentados alrededor, con Joel acostado exhausto y abusado en el suelo en medio de ellos. Pensaba en la vez que le habían asaltado y apaleado y pensó: «he sido golpeado por una pandilla». Le dolía enormemente el culo. Le dolía fatalmente la boca. Había sido un trance terrible, pero a la vez maravilloso. Había sido abusado y usado, pero le estaba gustando que se lo hubieran follado todos y quedaran satisfechos y gozosos de tanta belleza expuesta. Había sido poseído y lo habían llenado del todo. Lo miraban tendido en el suelo y uno de los hombres se fijó y observó que la polla de Joel estaba dura mientras yacía de costado exhausto y que todavía no se había corrido. Lo dijo a todos:

    — Es fabuloso, en todo el tiempo y no se ha corrido.

    Santos se arrodilló al lado de Joel y lo hizo rodar sobre su espalda. Agarró la polla de Joel. Comenzó a deslizar su mano arriba y abajo de la polla de Joel. Joel se sentía sin fuerzas pero agradable, le pareció fantástico, se sintió masturbado. Estaba contento de que alguien lo estuviera haciendo, se sentía tan agotado que no quería hacerlo él mismo. Los hombres aplaudieron a ritmo, luego cantaban «córrete, córrete, córrete», al mismo tiempo que Santos deslizaba su mano masturbando la polla de Joel. Joel yacía allí, demasiado cansado para responder, aunque su polla sí reaccionó y respondió. Sintió la presión acumulada en sus pelotas, luego gritó mientras disparaba su semen al aire y a continuación eyaculó semen por toda la mano de Santos. Para Joel parecía no tener fin, aunque al final se relajó, los hombres aplaudieron una y otra vez. Luego escuchó comentarios como:

    — ¡Cuánto semen tiene un niño!

    — Parecía un lechero, —dijo otro.

    — ¡Ojalá me lo hubiera encontrado antes, me ha gustado tanto…, —dijo otro.

    Joel sintió que una mano se acercaba suavemente a sus labios, y Santos le dijo:

    — Lámeme la mano, nena.

    Joel lo hizo, sin que saber qué estaba haciendo y qué estaba degustando, hasta que pudo saber que lamía su propia leche de la mano de Santos.

    El resto de la noche fue borrosa para Joel. La mayoría de los hombres se retiraron a sus propias habitaciones. Santos y su compañero Waldo ayudaron a Joel a ponerse de pie, a ducharse, y lo dejaron sentarse en la ducha mientras le rociaban agua por todas partes. Lo secaron, lo dejaron sentarse en el inodoro por unos minutos y luego lo llevaron a la cama. Joel estaba dolorido, exhausto y dormido en segundos.

    Cuando Joel se despertó a la mañana siguiente, se encontró solo en la cama de la habitación 404. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que no había nadie en aquella habitación. Estaba todavía el equipaje, pero no había nadie. Apenas despertar se preguntó Joel si lo de la noche anterior había sido un sueño, pero el dolor en su culo le indicaba que de sueños nada, sino la puta realidad. También sintió que los músculos de su mandíbula le dolían por estar tan abiertos.

    Joel sintió la necesidad de defecar, se levantó de la cama y caminó lentamente hasta el baño. Sus piernas estaban débiles, pero hizo un esfuerzo para llegar al baño. Usó el baño, bebió un poco de agua y luego volvió a la cama. Estirar las piernas le hacía sentir un poco mejor. Al volver a la cama es cuando se dio cuenta de que estaba completamente desnudo. Se sentó en la cama recordando la noche anterior. Era una mezcla de pensamientos. Se lo habían llevado. Seguramente no se había rendido ante ellos. Me había dolido mucho. Lo habían desnudado completamente, no había nada que no se hubieran llevado. Odiaba esa situación que recordaba. Den ese momento no lo quería que hubiera ocurrido y se decía a sí mismo: «Nunca más, nunca he sido gay, y mis novias —incluso mi tía con quien follé dos veces— nunca se habían quejado…, y yo…, ahora…»

    Trató de convencerse a sí mismo de que se lo habían llevado. No había sido él quien había determinado hacerlo.

    Estando en estos pensamientos, se abrió la puerta del dormitorio. Santos y Waldo entraron.

    —Ah, ¿ya estamos despiertos?, —preguntó Waldo, sonriendo.

    Ante la mirada perpleja de Joel, volvió a hablar:

    — Acabamos de desayunar. Te dejamos aquí durmiendo.

    Santos continuó:

    —Tenemos que estar fuera de la habitación a las 10:00, así que decidimos que una hora era suficiente para el resto de nuestra celebración, luego te dejaremos en un café para tu desayuno y nos iremos a casa.

    Joel se sentó en la cama, debajo de las sábanas, tratando de esconderse, y dijo.

    — ¿Celebración…?

    — ¿Disfrutaste de nuestra celebración ayer por la noche?, —preguntó Santos, sin dejar a Joel que respondiera—. Lo hicimos, querido; todos pensamos que eres fantástico, un chico muy sexy y tan complaciente…

    Mientras decía esto, se sentó a un lado de la cama junto a Joel.

    Joel se quedó sin aliento, luego dijo:

    — ¿Todos ustedes me follaron ayer? ¿Quieres follarme ahora de nuevo…?

    Santos sonrió y dijo:

    — No, cariño, lo que pasa es que acabamos de aceptar lo que querías darnos. Por eso disponemos de una hora para mostrarte…

    Con eso Santos se inclinó lentamente hacia Joel, su boca acercándose a la de Joel, cada vez más cerca. Joel no se movió. No podía moverse; incluso cuando los labios de Santos tocaron los suyos, no se movió; ni siquiera cuando Santos lo empujó hacia atrás sobre la cama, tampoco se resistió; ni cuando Santos lo abrazó, se defendió: Incluso cuando Santos puso su lengua en la boca de Joel, no se resistió. tampoco cuando Santos comenzó a jugar con su lengua y la lengua de Joel, el cuerpo de Joel respondió involuntariamente, su lengua respondió involuntariamente. O al menos eso es lo que Joel se dijo a sí mismo.

    La lengua de Santos tocó tiernamente en la boca de Joel, su mano apartó la ropa de cama dejando a Joel desnudo al lado de Santos. Santos soltó suavemente su beso, y Joel supo que no estaba al lado de Santos. Estaba entre Santos y Waldo, queda estaba desnudo.

    La mente de Joel sólo tuvo un momento para resolverlo todo hasta que sintió que la boca de Waldo se agarraba a la suya, besándolo tiernamente. De nuevo Waldo tenía su lengua en la boca de Joel cuando Joel sintió que la cama se movía un poco mientras Santos se movía. La próxima vez que Waldo soltó el beso, Joel sintió la boca de Santos contra la suya, pero se dio cuenta de que Santos se había desvestido rápidamente y estaba desnudo con él.

    Joel sintió que Santos pasaba lentamente sus manos sobre su pecho, acariciando sus pezones, pellizcándolos suavemente, sintió que las manos de Santos recorrían su espalda, y fue entonces cuando se dio cuenta de que había puesto sus brazos alrededor del cuello de Santos para tenerlo más cerca, para evitar que el beso se interrumpiera; sintió las manos de Santos bajando por su espalda y acariciando suavemente su agujero apretando.

    Santos le susurró:

    — Recostémonos de costado, envuélveme con tus piernas.

    Joel se giró de lado mirando a Santos, dejó que Santos se recostara sobre una de sus piernas, envolvió su otra pierna sobre él, unió sus talones. Al hacerlo, sintió a Santos acercarse a él, besarlo con fuerza en los labios, y noto el momento eléctrico: su polla se abrazaba con la gran polla de Santos.

    Se sintió tan bien…, mejor que con cualquier otra cosa que hubiera experimentado. Santos frotó suavemente su polla con la del muchacho, mientras el otro hombre besaba apasionadamente el cuello y la espalda de Joel. Las dos pollas duras estaban como electrizadas y enchufadas una con la otra, el pre semen que las lubricaba se deslizándose de una a la otra.

    Joel no notó que la cama se movía, pero sabía supo que el otro hombre que la besaba el cuello era Waldo que estaba estaba detrás de él, sosteniéndolos a los dos, y descansaba su polla sobre la raja del culo de Joel, frotándola suavemente contra él. Era obvio que Waldo se había lubricado la polla con algo, de modo que, cuando arqueó la espalda como un experto y empujó la polla hacia arriba, se deslizó directamente dentro del adolorido culo de Joel. Pero eso es precisamente lo que Joel deseaba en ese momento.

    Los siguientes minutos fueron una asombrosa mezcla de sensaciones para Joel. Santos aceleraba el frotar de su polla contra la de Joel mientras lo besaba continuamente. Waldo estaba deslizando su polla dentro y fuera del culo de Joel lentamente, mientras susurraba suavemente en su oído:

    — Qué dulce chico eres, qué fabuloso eres, qué fabuloso eres, tu culo es tan bueno para mi polla…, —así le iba diciendo también todo el rato otras obscenidades, una tras otra.

    Joel se sintió tan bien, siendo besado apasionadamente, frotándose su polla con otra polla y siendo follado en el culo, mientras escuchaba tantos susurros obscenos en sus oídos que los tomó como verdaderos cumplidos. Le encantaban los cumplidos obscenos.

    Por mucho que Santos controlara el movimiento de la polla de Joel, éste tuvo que romper el beso para gemir por la excitación que tenía como nunca antes había tenido excitación igual. Santos siguió frotando su polla contra la de Joel, Waldo siguió moviéndose en su culo, hasta que Joel le rogó a Joel que se corriera, que lo derramara todo su semen: aquella súplica deseosa fue tan excitante, y él sabía que los otros dos hombres tampoco estaban muy lejos de correrse.

    De pronto hubo un solo instinto, los tres se entregaron al orgasmo a la vez. Joel sintió que le pateaban el trasero y lo quería. Sintió que su polla era de su propiedad, y lo quería. Transmitió su deseo apoderándose con su atractivo sexual de los dos hombres e inmediatamente escuchó un estentóreo grito de Waldo, que se puso rígido y apretó su culo amarrando la polla de Waldo y sintió que este estaba eyaculando su semen en su culo. Esto fue demasiado para Joel, ya sabía que dominaba él la situación y lanzó un grito de victoria y comenzó a bombear su semen por todo el estómago y la polla de Santos, obligando a Santos que eyaculara su propio semen, corriéndose casi simultáneamente los tres.

    Los tres parecían eyacular eternamente, aunque solo eran unos segundos, pero abundante, muy abundante. Tas esto los tres yacían relajados juntos. Sintió como la polla de Waldo se encogía dentro de su culo y sintió a Santos relajarse en sus propios brazos. Joel miró a Santos y le susurró:

    — ¿Puedo lamerte hasta limpiarte?

    Santos sonrió y rodó sobre su espalda. Joel comenzó a lamer el semen del estómago y de la polla de Cris. Ahora acabó de entender todo. No se lo habían llevado, lo había dado todo. Y no había nada que no quisiera dar, a pesar del dolor en su trasero.

    Fueron molestados por un golpe en la puerta de la habitación. Una voz gritando:

    — Por favor, volveremos en 15 minutos para limpiar la habitación.

    Los tres se rieron, saltaron de la cama, se ducharon muy rápido y ya estaban vestidos cuando la llave de la limpiadora giró en la cerradura, diciéndole a la limpiadora que estaban a punto de salir. Sucedió rápidamente, Joel fue dejado en un café cerca de su casa. Waldo dijo:

    — Volveremos en una semana más o menos, su agencia nos dijo dónde vives.

    Y antes de que Joel pudiera decir: ¿qué pasa con mamá…? habían desaparecido

    Dos semanas después, dos hombres estaban subiendo las escaleras del cuarto piso, habrían usado el ascensor, pero estaba roto. No fue una experiencia agradable a causa del olor de la orina y las botellas rotas en el hueco de la escalera. Caminaron por un pasillo y llamaron a la puerta del apartamento que estaban visitando. El mismo Joel abrió la puerta y, a petición de Santos, los llevó a la sala de estar donde su madre y su hermana estaban viendo la televisión. A Joel se le había mudado el rostro y le vino a la cabeza el fin de semana aquel en el hotel, pues tenía allí delante a Santos y a Waldo. Eso fue un verdadero shock para él.

    Joel los presentó como la gente para la que había trabajado el fin de semana, y su madre apagó apresuradamente la televisión y ofreció café. Joel rezaba mucho para que no dijeran nada sobre su turno de noche. Los dos hombres miraron alrededor de la sala de estar y vieron que la familia era pobre, pero estaban orgullosos de donde vivían.

    Fue Santos quien empezó a hablar, diciendo lo duro que había trabajado Joel y lo impresionados que estaban por lo que había hecho por ellos. Dijo cómo habían hablado con la agencia y habían escuchado su historia, confirmando y añadiendo lo que Joel les había dicho. Estaban particularmente impresionados por cómo Joel había ahorrado para ofrecerle a su madre unas vacaciones que de otro modo nunca habría tenido. Habían oído cómo vivían en un pequeño apartamento en el extremo más rudo de la ciudad.

    —Es así, —continuó Santos—. Nos ha impresionado inmensamente. Nosotros tenemos una compañía de seguros y recientemente hemos recuperado una casa, esta casa.

    Le entregó a la madre de Joel una fotografía de una pequeña casa con un jardín a su alrededor. Santos continuó:

    — Así que hemos decidido darte la casa a ti. No podemos daros dinero, pero esta casa sí. Sólo esperamos que permitas a Joel que trabaje con nosotros regularmente.

    Hubo un silencio total. La madre de Joel cayó de rodillas en agradecimiento. Joel contestó primero:

    —Sí, me encantaría trabajar contigo de nuevo.

    Al cabo de un mes toda la familia se pusieron a vivir a su nuevo hogar, donde disponían de tres habitaciones, dos más como estudio, salón, comedor y cocina y baño en cada habitación. Todo había sido remodelado y pintado a costas de la agencia de seguros. El jardín que rodeaba la casa quedó a discreción de Joel que con el tiempo se convirtió en un bello jardín que cuidaba Joel y las dos mujeres.

    Cuando la Agencia tenía una celebración, Joel era avisado y acudía con mejor disposición hasta que, pasado el tiempo, Joel encontró la persona que tenía que ser su pareja, Francis, un hermano de Waldo que el propio Waldo le presentó. Desde entonces los dos iban a las celebraciones de la Agencia de seguros. Al final, Joel siempre era la delicia para Santos y Waldo, mientras de Francis se hacían cargo otros dos que también se habían encaprichado con el chico.

  • La tetona de papi

    La tetona de papi

    Yo le dije a mi hija que cuando cumpla 18 años le iba hacer un regalo, cuando los cumplió me dijo que era lo que quería y lo que deseaba era que le pagué la operación de busto y yo le dije que piense en otra cosa porque no le iba a pagar una operación. Luego entre la madre y ella me lograron convencer a que le pague la operación y al final como estaba dentro de los gastos que yo podía pagar se lo regalé.

    Mi hija se fue de mi casa con unos pechos normales y volvió con unos melones dulces que con tan solo verlos se me ponía dura la poronga. Además es un poco ancha de cintura y con esos melones nuevos era un camión.

    Cuando regresó a mi casa yo me encontraba trabajando y ella me empezó a enviar fotos de cómo le habían quedado y yo me hice tremenda paja en el baño y eso que solo me mostro como se veían con la blusa que tenía puesta.

    Cuando llegué a casa me abrazo para decirme gracias y sentí como me apoyaba esos melones en mi pecho. Luego ella se fue a su habitación y yo al rato fui a buscarla para que me cuente como fue la operación. Entre a su habitación y nos pusimos hablar sobre la operación, si le dolió, de cómo se sienten y ella en un momento me pregunto si quería ver la cicatriz y yo le digo que sí, entonces ella se levantó un poco la blusa y me dejo ver por debajo de sus senos la cicatriz que le dejó la operación, yo con ver esa parte me excite pero quería ver más así que agarró y le digo me dejas ver lo grande que son y ella me responde diciendo «cerra la puerta que te muestro» y yo salte de la cama hacia la puerta como un loco.

    Cerré la puerta y ella se levantó toda la blusa y me dejo ver esos impresionante pechos con esos pezones en punta que se veían deliciosos. Le digo «puedo» queriendo tocarle los pechos y ella me dice «bueno» entonces uso la dos manos para tocarles las tetas y eran lo mejor que había tocado en este puto universo. Ella me dice «bueno ya está» y se baja la blusa tapándome esas delicias pero yo quería seguir tocándosela así que agarró y le digo «déjame tocártelas, yo te las pague» y ella se volvió a levantar blusa y yo volví a colocar mis manos en esas tetas y luego me puse a chuparle y a morderles los pezones sin pedirles permiso alguno ya que eran mías.

    Yo me descontrole porque mientras le chupaba las tetas me baje el cierre del pantalón y me empecé a hacer una paja hasta que le pedí que me la chupe, así que me recosté sobre la cama y deje que chupara por unos minutos y luego para terminar coloque mi pija sobre esos melones y me hice tremenda paja hasta que sentí que me venía y le llene los pechos de leche.

  • Mi prima Lupe (Parte II)

    Mi prima Lupe (Parte II)

    La música a todo volumen, todos estaban bailando y disfrutando de la celebración, pero ella seguía pegada dándome tremendo oral y es que ese día se veía buenísima a mas no poder y es que ya no podía verla como mi prima, el morbo, la excitación y el incesto me dominaban.

    Su minivestido negro, enseñando sus ricas piernas y marcando sus nalgas, me la pararon en instantes, ¡mi esposa no fue conmigo por lo cual fue más sencillo llevarla a la cocina de la casa de mi primo y desde ahí observar la fiesta mientras Lupe se tragaba mi verga!

    L: ¡Así prima, que rico, sigue así!

    Lu: ¡Esto es peligroso, nos pueden descubrir!

    L: Yo vigilo, ¡tu continua!

    Sus chupadas eran magnificas, tragaba por completo mi verga, yo la miraba como cerraba sus ojos al momento de devorarla, sus manos apretaban mis bolas y sus tetas masturbaban en forma de rusa mi verga erecta.

    Le subí el minivestido sacándole la tanga de encaje que traía puesta, me baje a mamarle su burrito afeitado, tenía un olor magnifico, ya deseaba tenerla dentro de ella, ¡pero primero me decidí comer un poco de su elixir!

    Mi lengua entraba con facilidad, estaba mojada, Lupe era mi puta personal y por eso abría sus piernas para que mi lengua y dedos entraran en ella, le apretaba el clítoris para que s endureciera, se retorcía y jadeaba rico, ¡yo la tenía durísima y lista para darle fuego!

    En lo que ella estaba sentada, le abrí las piernas y agachándome un poco la penetre fuerte, ¡le tome la cintura y acelere mis movimientos mientras nos besábamos con pasión!

    Lu: ¡Apúrate, nos descubrirá mi novio o peor aún mi papa!

    L: ¿Eso te da miedo o te excita más?

    Lu: Uf, no lo sé, ¡no quiero que pase!

    L: No quieres que vean cómo te cojo, como tu primo mayor te hace su puta, como jadeas y te quejas del placer de tenerme dentro, ¿eso no quieres?

    Mis palabras la pusieron muy caliente, se quitó el vestido totalmente mientras apoyándose en la silla me paraba las nalgas y me pedía la ensartara fuerte, yo la obedecí y tomándola de sus muslos la penetre con fuerza, ella jadeaba y se movía riquísimo, ¡yo disfrutaba ver a mi prima tragando mi verga como una experta amante!

    Se la empujaba tan fuerte como podía, le jalaba el cabello y le daba de nalgadas, no me importaba que su novio o mi tío nos descubrieran, ¡yo quería gozar a esa joven puta!

    Me senté en la silla y ella subió en mí, le besaba las tetas y su boca, tomándole la cintura la levantaba y la dejaba caer en mi verga dura, sus movimientos eran fuertes, mi verga chocaba con la parte de debajo de ella y el sonido a pesar de la música era muy fuerte, nos mordíamos el cuello mutuamente, mis manos apretaban sus ricas nalgas y la empujaba con todo.

    Lu: ¡Primo, que rico, que rico coges!

    L: Tú te has vuelto muy buena, te encanta ser mi perra, gózala, ¡gózala toda!

    Lu: ¡Si, soy tu perra, cógeme, cógeme rico!

    ¡Mis testículos empezaron a inflarse, ella se daba sentones muy ricos moviendo las nalgas, mi verga estaba siendo maltratada por una joven de 19 años, que poco a poco se volvía una puta! Le apretaba las tetas, le pellizcaba sus pezones le mordía el cuello, la joven se movía delicioso, ¡no pude aguantar más y terminé dentro de ella!

    Lu: ¡Que haces? Sácala, dios sácala!

    L: ¡Uf, no te gusta recibirla uf!

    Lu: ¡Dios mío, que placer, pero me embarazaras!

    L: ¡Te doy pastillas, uf, uf prima!

    Lu: ¡Luis, que rico!

    ¡El orgasmo fue maravilloso, yo quería más, pero escuchamos que abrían la puerta así que corrimos a la zote huela para escondernos, era su novio y mi primo José, fueron por cervezas, pero se quedaron charlando, Lupe estaba nerviosa, pero yo aún estaba durísimo pese a venirme dentro de ella!

    La besaba y ella peleaba porque la dejara ya que ahí estaba su novio y nuestro primo, no quería ser descubierta, la puse frente a un lavadero, ella se recargo, yo le abrí las nalgas y observe su culo, apretado y sin decirle nada mi cabeza empezó a penetrarla, ¡ella respiraba agitadamente y se mordía los labios!

    Lu: ¡Augh! ¡Que haces por ahí no, dio, no!

    L: ¡Uf, que apretado, eso te pasa por ser tan perra!

    Lu: Dios me duele, que duro, no, sácala, ¡sácala!

    La tomé de la cabeza con fuerza y de la cintura mientras mi verga entraba más y más, abriéndole su virgen ano, comencé a moverme tapándole la boca, ella sudaba frio y se piloerectaba por completo, ¡le mordía su cuello y de reojo observaba a ambos en la cocina charlando aun!

    L: ¿Quieres que te vea tu novio, como te violo?

    Lu: Ah, que rico, el dolor desapareció, uf, aunque arde, ¡uf!

    L: ¡Si prima, todo es placer, tómala, toma mi verga en tu culo!

    Lu: ¡Si dámela, uf, dámela rico!

    Me deleite penetrando su culo, lo apretaba riquísimo y cuando se acostumbró a atenerla dentro, sus movimientos eran maravillosos, nos olvidamos de los intrusos por un momento, nuestro acto de perversión e incesto estaba en su punto más alto

    ¡Ella se agacho tocando sus pies y se puso de frente hacia la ventana, su enrome trasero quedo listo para mí y mi verga entro fuerte en su culo!

    Lu: ¡Así primo, dámela rico, uf, que rico!

    L: ¡Que puta!, aprietas rico!

    Lu: ¡Dámela, dámela rey, uf, uf!

    Le arañaba la espalda, y le daba de nalgadas, ellos seguían charlando, Lupe se movía como lavadora de chaca y chaca, yo también gozaba demasiado, le tome los brazos y la penetre salvajemente, mis movimientos eran tan brutales que su cabeza choco con una saeta, por suerte no se descalabro ni nos escucharon, ¡yo seguí dándole por su culo hasta que sentí como me estaba preparando para expulsar leche!

    ¡Ella también comenzó a escurrirse, se movía fantástico y sus fluidos mostraban lo rico que me la estaba cogiendo!

    Lu: ¡Primo, me vengo, me vengo!

    L: ¡yo también prima, me vengo!

    Lu: ¡Dámelo en el culo, dame tu leche en mi culo!

    ¡Ambos nos venimos juntos, mi leche llenaba su culo dilatado, reposamos unos minutos y esperamos a que se fueran!

    Salimos y nos unimos a la fiesta, ¡ella se notaba adolorida pero lo bailado nadie se lo quitaba!

    El resto de la velada la pasmaos bailando y lanzándonos miradas provocadoras, ¡aunque ella se tomaba la cintura, demostrando que mi verga ¡le había dado una buena culeada!

  • Médico de cabecera

    Médico de cabecera

    A veces la profesión da una mano cuando menos te lo imaginás. Y ni hablar si la que te llama desesperada es la hermana de tu esposa, una hembra que siempre estuvo en mis fantasías sexuales porque cuando las conocí eran idénticas. Dos bellísimas mujeres de buen porte, tetas grandes y un culo con prohibido no mirar.

    Tuve la desgracia, de embarazar a mi mujer a los pocos meses de haberme casado. Eso contribuyó para que nuestros problemas de convivencia y de pareja, pasaran a un segundo plano. Teníamos que convertirnos en adultos responsables y sólo pensábamos en el “bien de nuestros hijos”. El plural está bien utilizado en este caso, porque tuvimos mellizos. María nunca se recuperó de ese doble parto tempranero, se dejó estar. Al cabo de un año ya estaba muy excedida de peso y asexuada como una hoja de calcar.

    Siempre estaba de mal humor, ansiosa, comiendo lo que tuviera a su alcance y le molestaba cualquier sugerencia que yo le hiciera. Como cardiólogo lo primero que le recomendé fue que se hiciera controles, pero siempre lo tomaba como una crítica. Lo concreto es que dejamos de calentarnos y, primero por el tema de la cuarentena, y luego por la atención que requerían nuestros hijos, también dejamos de tener relaciones sexuales.

    La probabilidad de que tuviéramos mellizos era alta, porque María era también melliza y puede repetirse. Decían salteaba generaciones, pero mi mujer dio a luz a dos mellizos que hoy tienen 14 años. María y Renata, así se llama su hermana, son prácticamente idénticas. Bueno, eran.

    Cuando las conocí en la facultad de medicina eran un calco: dos rubias de rasgos filosos, buena cintura y una reputación envidiable según los testimonios de los estudiantes que aseguraban que juntas eran dinamita. En el bar de la universidad, las habían catalogado como a dos hembras increíblemente sensuales cuando estaban solas y absolutamente infernales cuando estaban juntas. Salimos varias veces y nos pusimos de novios. Como estudiábamos juntos decidimos convivir y así fue que, con toda mi vida por delante, a los 30 años ya estaba casado y con mellizos. Nada de lo que había planificado.

    Según la leyenda universitaria, María y Renata engañaban a los chicos con los que salían y los intercambiaban. Y si ambas coincidían en los gustos, no tenían dramas en entregarse juntas. Se decía también que una mamada a dúo de las mellizas, equivalía a un 10 en neuropsiquiatría o que sus escenas lésbicas, podrían provocarles una erección hasta a los finados de la morgue judicial. María siempre me negó todas esas historias. “Se las imaginan ustedes, que son todos unos pajeros”, me contestó una tarde en la que le pregunté si era cierto si ella y Renata habían participado en varias “fiestitas” con futuros egresados.

    A pesar de que en un principio, María en la cama parecía afirmar las versiones estudiantiles, el escaso tiempo de convivencia hasta la llegada de los melli y una escasa variedad de recursos a la hora del sexo, me inclinaron a aceptar la versión de mi mujer. De los tres, el único que se recibió de médico fui yo. María dejó los estudios cuando nacieron los mellizos y Renata un año más tarde, cuando se casó con un empresario y se recluyó en el gimnasio y la vida familiar.

    A pesar de todo lo que se dice acerca de las mellizas, María y Renata no parecían tener esa necesidad mutua que caracteriza a los que compartieron el vientre. Alcanza con decirles que mis hijos ya tienen 14 años y hasta que cumplieron trece, sólo nos habíamos visto en escasas ocasiones con la hermana de mi mujer. Pero todo cambió imprevistamente el año pasado, gracias a una mano que me dio la medicina.

    Debo decir también que de los tres la que mejor se había conservado era Renata. Siempre delgada, elegante, con unas tetas y un culo bien parados que siempre me calentaron desde la época de la facultad. Mantenía todos sus encantos y siempre se la venía jovial y contenta, aunque no mucho con su millonario marido.

    Soy médico cirujano y por mis resultados me he convertido casi en una eminencia cuando en lo que refiere a universo cardiovascular. Ese prestigio profesional derivó en un importante crecimiento económico y pude comprarme un departamento cerca del consultorio, para atender mis asuntos particulares. Básicamente, allí llevo mi vida de soltero, me acuesto con ocasionales amantes y disfruto de los beneficios de hacer lo que se me daba la gana sin que nadie me lo recrimine. En una operación sólo se puede saber la hora de inicio, pero nunca la de finalización. En ese contexto y con esa libertad podía moverme por el mundo sin que nadie advirtiera mi doble vida.

    El mes pasado recibí una llamada en mi celular. Era Renata que me pedía que fuera urgente para su casa porque su marido podría estar sufriendo un infarto. Le aconsejé que llamara a la prepaga para que enviaran una ambulancia de alta complejidad. “Para evitar cualquier inconveniente”, le dije para tranquilizarla.

    Cuando llegué, el cuadro me sorprendió: ella estaba con un conjunto de encaje, medias negras y tacos altos. Tenía puesto un body de tul casi transparente que me permitió apreciar todos sus encantos. Tenía una diminuta tanguita metida entre las nalgas y su cola era redonda y dura, el opuesto cruel de la de María. Mientras me llevaba hasta el dormitorio, pensaba en cómo se había arruinado mi mujer y traté de concentrarme en mi trabajo para no cometer errores. Renata era la imagen de la hembra de la que yo me había enamorado y con la que me había echado los mejores polvos y eso me excitó mucho.

    Su marido estaba sentado en la cama, se tapaba sus genitales con una sábana, pero no llevaba nada puesto. Le pregunté los síntomas, le tomé la presión y noté una arritmia que me obligó a ordenarle la internación. Miré a Renata y le dije como para que notara que la había observado.

    – “Vestite así nos vamos para la clínica”. Llamé a María y le conté lo que había pasado. Le dije que ni se molestara cuando se ofreció a venir porque lo iba a derivar a una sala de terapia intensiva, donde no estaban permitidas las visitas. Renata estaba muy nerviosa y asustada, pero se calmó cuando le dije que esto era de rutina y que seguramente volvería a su casa luego de dos días de observación. Que en el peor de los casos habría que ponerle un stent, algo muy sencillo para nosotros los cardiocirujanos, pero algo muy terrible a la hora de comunicárselo a los pacientes o familiares.

    Después de hacer todos los papeles y permitirle que se despidiera de su marido, le pedí que aguardara en la sala de espera porque debía hacerle algunas preguntas. Por los años de profesión, puedo asegurar que los hospitales sensibilizan a la gente. Renata se presentó en mi consultorio para hablar a corazón abierto.

    Le pregunté si su marido había estado nervioso en estos días o si había pasado algo que pudiera haberlo presionado más de la cuenta. “Lo único que puedo decirte es que está tomando Viagra desde hace unos meses. Se la recomendaron en la empresa, algunos compañeros, pero nunca se hizo ver por un médico”, me contó sin tapujos.

    La excusa me animó para que hiciera un comentario malicioso, cargado de ironía. “Si fuera que está con María entiendo la del Viagra, pero con vos, que estás como cuando éramos estudiantes. Qué desperdicio, Renata, por favor jaja”. A ella la incomodó un poco, pero en el fondo le gustó. Porque desde allí su actitud cambió.

    Le ofrecí un café y le recomendé que se fuera a su casa a descansar, que volviera al otro día durante el horario de visita para que le diera el parte médico. Ella me dijo que prefería quedarse porque se sentía muy sola, que era una suerte tenerme dentro de la familia y que quedaba en deuda conmigo por lo de esa noche.

    La charla se prolongó varias horas, empezamos con los clásicos recuerdos de la universidad y fuimos llegando hasta nuestras inquietudes sexuales. Mientras me hablaba noté como sus pezones se habían puesto duros. Me contaba sus intimidades con tono cómplice y varias veces apoyó las manos en mis muslos como gesto de confianza. Tenía unas tetas hermosas. Yo no podía dejar de mirárselas.

    Quería cogérmela, pero no sabía cómo. Le comenté que “las mellizas” era el único tema de los estudiantes de medicina y se sonrío. “Lo único que te puedo decir es que alguna vez engañé a un novio de María”. “Una lástima no haber sido yo jaja”, le dije aprovechando que ya no tenía ese miedo espantoso de cuando la vi en body pero estaba mucho más caliente.

    Ella me piropeó diciendo que yo me había mantenido muy bien y que siempre había envidiado a María. Me confesó que su marido tenía problemas de erección y que desde hacía varios años su vida sexual era prácticamente nula. Por supuesto que yo le mentí, evité contar mi parte oscura, y le aseguré que no tenía sexo desde que los mellizos habían cumplido cuatro años. “La década perdida, jaja”, y encogí los hombros: “Es lo que hay”.

    Cuando me dijo que se iba me dio un fuerte abrazo. Nos quedamos así quietos unos segundos, pude sentir todo el calor de su cuerpo en mi delantal. Tenía las tetas duras, bien paradas y la pija se me puso tiesa. Le dije que para mí había sido una grata sorpresa el reencuentro a pesar de la situación y no dudé en apoyársela un poco para que sintiera que esa gratitud también había sido hormonal. Tenía el nuevo dato de que su marido era impotente lo que suponía que una pija bien parada siempre iba a ser objeto de atención.

    Afortunadamente, las anomalías cardíacas del marido de Renata desaparecieron en el mismo momento en el que sucumbieron los efectos del Viagra. Y fue dado de alta luego de la observación de rutina. Le aconsejaron que no tomara nada raro por el momento, hasta que tuvieran los resultados de todos los análisis a los que había sido sometido. Renata me despidió con un beso que rozó mis labios y prometió un llamado para que la familia se reuniera. “Te debo una, bebé”, me chuceó al oído. La pija otra vez se me puso dura, pero por suerte el delantal evitó que nadie se diera cuenta.

    Pero lo bueno llegó a la semana siguiente de lo de la internación. Estaba por salir de la clínica cuando recibí una llamada de Renata en mi celular. Pensé que su marido había tenido una recaída, pero la mano venía por otro lado. “Necesito verte. Tengo un dolor en el pecho y me gustaría que me revisaras”. Intentar algo en la clínica, con la melliza de mi hermana era una locura porque obviamente el único retrato que tenía de María era de cuando todavía estaba buena. Así que cité a Renata en mi departamento, donde obviamente tengo montado un consultorio como coartada en caso de inconvenientes con mi esposa.

    Renata llegó puntual y me saludo fríamente. Por momentos pensé que era cierto lo del dolor en el pecho y eso me decepcionó. Sin embargo, bastó que dijera sus primeras palabras para entender de qué se trataba el asunto. “No le dije nada a mi marido porque tenía miedo de preocuparlo. Acaba de salir de una, no lo iba a meter en otra”, me comentó mientras colgaba su sobretodo en el perchero.

    Estaba con un vestido floreado, ajustado en la zona de sus senos y suelto en la espalda. Atrás sólo se sujetaba con dos cintas de tela, por lo que pude advertir que no llevaba ropa interior. El solero casi le dejaba un culo redondo y durito al aire a pesar de sus años. Tenía unos zapatos altos que la hacían más esbelta y perecía ser mucho más alta de lo que en realidad era. Eso le resaltaba los muslos, bien marcados en unas piernas que de lejos parecían suaves.

    Cuando le pedí que se sentara en la camilla, noté que tenía las piernas recién depiladas por la irritación que denunciaban algunos de sus poros.

    “¿No me vas a pedir que me desvista?”, me alentó con un tono de golfa que casi que hace mandar al diablo la revisión. Pero el juego me estaba excitando.

    “Tranquila, primero quiero escuchar tu corazón”. Y traté de no salir de mi papel de médico. Me daba cierto poder sobre ella aunque yo sabía lo que Renata había venido a buscar a mi consultorio.

    Le pedí que inhalara y exhalara el aire y que tratara de prolongar la letra m para que yo pudiera escuchar con el estetoscopio. Cuando le apoyé el instrumento, su piel se erizó y lanzó un leve gemido cuando empezó a pronunciar la letra m. “Mmmmm, que bien se siente”, me apuró. Empecé a jugar con el estetoscopio primero debajo de sus senos, lo fui corriendo por las costillas siempre teniendo la certeza de que se estaba calentando, que lo que había venido a buscar no era esto. Le puse el esteto en uno de sus pezones que se le pusieron duros al instante mientras dejaba escapar algunos gemidos ya con mucha menos vergüenza.

    “Sacate el vestido por favor”, le pedí. “Necesito hacer una revisión más a fondo”.

    Cuando se lo quitó pude apreciar ese cuerpo hermoso. Tenía el abdomen chato y un pircing en el ombligo. Tenía un tatuaje en el hombro y una cintura que, a diferencia de la de María, se mantenía como cuando compartíamos universidad.

    Renata estaba sentada en la camilla con una ropa interior que era prácticamente trasparente y diminuto. Se podía ver cómo tenía hinchados los labios de su vagina y una humedad imposible de disimular. Le advertí que le iba a hacer un tacto en la zona de los pechos, para comprobar que no fuera algún problema mamario lo que le estaba provocando el dolor de pecho.

    Le pedí que se acostara y empecé a sobarle las tetas con las manos. Se los apretaba suavemente y recorría con mis dedos cada centímetro de sus hermosos pechos. No se los había operado y no había tenido hijos, así que estaban bamboleantes como hacía 15 años. Renata se retorcía en la camilla. Gemía y con una de sus manos se fue acercando hacia mi pene. Cuando le apretaba las tetas ella abría los brazos sabiendo que ahí estaba mi miembro erecto. No hice nada para que no lo notara. Al contrario. Me acerqué más.

    “Tengo algo raro, doctor, también siento un dolor por acá”. Y me agarró la mano para llevarla a la zona de su vientre. Le seguí el juego y cuando me acercó a su vagina estiré uno de mis dedos como para que sintiera el roce. Con la otra mano le sobaba las tetas y ella ya había empezado a acariciar mi pija a través del pantalón. La frotaba y la apretaba con fuerza. Yo seguí jugando con sus pechos. Por un momento tuve la sensación de que me estaba por coger a mi mujer, pero 14 años atrás. Renata sin embargo, era más guarra que María, se ponía más puta cuando con los dedos le rozaba el clítoris y abría las piernas instintivamente.

    “Vas a utilizar este instrumento” me dijo mientras se recostaba en la camilla con los senos bamboleantes y con las dos manos trababa de bajar el cierre y sacar mi pene del pantalón que a esa altura salió como un resorte. Estaba erecto a más no poder y se le marcaban todas las venas.

    “Es mucho más caliente que el estetoscopio”. Y le dio un besito en la cabeza. “Y mucho más rico, por lo que parece” y se lo metió hasta el fondo de la boca. Gemía como una loca y se retorcía en la camilla porque yo a esa altura ya le había metido más de tres dedos en su conchita depilada. Estaba empapada y se iba calentando más a medida que la chupaba. Era una experta. Otra gran diferencia con su hermana.

    “Si al pelotudo de mi marido se le parara así”, me dijo mientras se la volvía a meter hasta la garganta y la escupía para pasarle la lengua suavemente. Tuve que hacer un esfuerzo para no acabar ahí así que traté de ocuparme un poco más de ella.

    Me paré en la parte de atrás de la camilla y con las dos manos la agarré de las nalgas para acercarla a mí. Me senté en mi silla y le separé los labios con mis dedos. Empecé a chupársela, a enterrarle la lengua hasta donde pudiera. Con los dedos mantenía su clítoris activo y empecé a sentir como acababa porque su vagina se llenaba de un flujo más tibio y más dulce.

    “Tengo algún problema ahí”, me dijo mientras me señalaba el agujerito diminuto del culo. No parecía un orificio con demasiada actividad sexual. Se lo lubriqué bien con mi saliva y apenas le metí un dedo empezó a gemir como una loca.

    “Siga por ahí doctor, necesito saber que todo está en orden”, me suplicó con vos de puta y con una de sus manos me empujó la mía para que mi dedo se metiera hasta el fondo. Volvió a acabar como una loca y a mí la pija me iba a explotar en cualquier momento. Me corrí al costado de la camilla y ella se prendió de nuevo. Con mis dedos seguía jugando en sus dos agujeros y Renata seguía acabando y acabando.

    “No voy a poder aguantar”, le dije por temor a que no le gustara que le llenara la boca. “Me gusta así, te gustaría que me la trague toda”, me preguntó y no aguanté más. Mi pene explotó cuando se la había metido hasta la garganta. Empecé a tener un orgasmo increíble y ella seguía chupándola como al principio hasta que sintió que se llevaba mi última gota. “Exquisita doctor”.

    Renata se incorporó en la camilla y se puso en cuatro. Contrariamente a lo que yo pensaba la pija nunca perdió la erección.

    “La quiero toda adentro”, me pidió y me subí a la camilla.

    Me puse de rodillas atrás de ella y le separé bien las nalgas. El culo lo tenía mucho más dilatado y su vagina latía y estaba chorreante. Le apoyé la cabeza y con la otra mano acomodé un dedo. Y la penetré con pija y con el dedo a la vez. Empezó a golpearme los mulsos con las nalgas y cada cinco o seis vaivenes se aflojaba y acababa como una perra.

    “No la saque doctor, hacía tiempo que no me sentía con tan buena salud”, me dijo cuando empecé a cogérmela con más fuerza. Le apretaba los cachetes y se los abría para que sintiera más mi pene en su cueva caliente. Estaba empapada y caliente. Se parecía mucho a la de las leyendas universitarias. Sentía que podría seguir cogiendo así por horas, me había calentado tanto con mi cuñada que no quería que ese polvo terminara nunca..

    “El examen es completo”, me preguntó y apoyó uno de sus cachetes en la camilla. Con las dos manos se empezó a acariciar el culo y mientras iba y venía alguno de sus dedos se metían en el ano. Primero uno, después dos, después dos de cada mano para abrirlo un poco más. Renata estaba caliente y cuando le apoyé la cabeza en el orificio dilatado, dio un empujón hacia atrás para que mi pija se metiera de un solo envión en el culo.

    Renata gritaba se apretaba a mí para que mi pija entrara un poco más en cada embestida.

    “Cogeme fuerte, por favor, cogeme”, me suplicaba mientras yo la embestía con toda la violencia posible. “Enterrámela hasta los huevos”, me suplicaba mientras mis huevos golpeaban su conchita chorreante. Fueron unos minutos intensos hasta que acabamos los dos juntos. Una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo. Una nueva puerta, increíblemente morbosa y excitante se había abierto en mi vida para siempre.

    Renata me agradeció y me pidió que le llenara su historia clínica. Me pidió que le diera órdenes para exámenes de sangre y radiografías y algún electro cardiograma. Le dije que no hacía falta, pero me insistió.

    “Quiero que seas mi médico de cabecera”.