Autor: admin

  • La señora de la cooperativa

    La señora de la cooperativa

    Soy un joven estudiante de 18 años, esta es la primera vez que escribo y les voy a contar algo que ocurrió apenas la semana pasada.

    En mi escuela, la cooperativa se encuentra en una planta más abajo de los salones de clase, y es un poco complicado bajar. Es por eso que casi siempre hay pocas personas, y menos por la mañana.

    Un día por la mañana decidí bajar solo por curiosidad. Me asome por la puerta entre cerrada de la cooperativa y me encontré con la encargada durmiendo. Ella era quien solía atender por las mañanas y por eso siempre se le veía ahí.

    La señora encargada de la cooperativa es mujer de aproximadamente 40 años, morenita, con el pelo teñido de rubio, delgada, de aproximadamente 1.60 y con un busto bastante resaltante.

    Ella estaba con el escote descubierto, podía disfrutar de ver esas grandes tetas que ya antes había observado. Eso hizo que tuviera una fuerte erección que apenas se contenía por los pantalones.

    Después de un rato se me ocurrió algo. Baje un poco mis pantalones y me saque el pene por la excitación. Me acerqué sigilosamente para no despertarla y comencé a masturbarme frente a su cara. No me atreví a tocarla por miedo a que abriera los ojos pero con solo ver de cerca esos deliciosos pechos, apenas cubiertos por una blusa blanca, fue suficiente para mí.

    Después de estar jalando de arriba a abajo, sentí que me venía. Acerque mi pene a su maravilloso escote y eyacule sobre sus tetas. Fue la excitación más grande que había tenido, tanto así que se me dificultaba respirar y me costaba guardar silencio.

    Me limpie y salí rápido a tomar mis clases. He estado evitando pasar por ahí y no sé qué haya pensado la señora al despertar con un chorro de semen sobre su ropa. No sé si llegará a pasar algo más pero por ahora eso es todo.

    Agradezco a quien haya leído esto y me disculpo por los errores que pudo y seguro que tiene este escrito.

  • Los nuevos vecinos

    Los nuevos vecinos

    Hace ya algunos años vivo en un edificio de apartamentos son cubículos de uno o dos dormitorios en su mayoría ocupados por parejas jóvenes sin hijos o con uno solo. Hace unos días se mudó una pareja joven al apartamento de enfrente al mío, los he cruzado y saludado varias veces pero no son muy sociables. Anoche llegue tarde y decidí subir por las escaleras los tres pisos para no hacer ruido con el ascensor, cuando subo los dos primeros escucho un ruido que venia del descanso del tercer piso, me detengo y escucho la voz, no me era familiar, pero me parecía conocerla escuche cuando le dijo ‘quiero que seas Laura’ ese es mi nombre, me paralizó eso, no sabía que pasaba. Después de unos segundos dije voy a terminar de subir.

    Subí el tramo final de las escaleras y ahí estaban mis nuevos vecinos desnudos teniendo sexo ella contra la baranda y el penetrándola duro por su culito cuando me vieron lejos de parar siguieron mientras me sonreían. Pedí permiso y pase muy rápido a mi apartamento cuando entré tenía mucha vergüenza pero mi tanga estaba muy mojada, me quedé pegada por unos minutos a la puerta hasta que de pronto alguien golpeó.

    Miré por la mirilla y era mi vecina con una bata azul corta, abrí la puerta y ella me sonrió me dijo que la disculpara por lo sucedido. Yo no podía dejar de mirarla estaba tan hermosa con sus piernas largas y morenas, sus cabellos oscuros que caían como cascada por su espalda su boca con una sonrisa perfecta. Ella sonrió y me dijo ‘habla por favor’, le dije que no importaba que no había visto nada. Ella me miró de forma pícara y dijo ‘no? Qué lástima’, mi tanga se mojaba más y más.

    Ella me dijo ‘puedo pasar?’. Si, respondí dejándola entrar a mi casa fue derecho al sillón donde se sentó con sus piernas cruzadas dejando ver sus muslos ‘querés agua?’ le dije, ‘no -me dijo- te quiero a ti’. Se paró y me besó, soy más baja que ella y tuve que casi ponerme en puntas de pie para besarla, ella me tomó de la cintura y me apretó junto a su cuerpo, sentí sus tetas contra las mías. Siguió besándome hasta que de golpe me tiro al sillón, me quitó mi pollera y mi tanga y comenzó a lamer mi conchita, yo gemía como loca, le tomé la cabeza y la apreté contra mi. Era tan rica la sensación de esa mujer chupando mi conchita, lamiendo, mordiendo mi clítoris hasta que me acabé en su boca. Ella siguió chupando más y más. Cuando terminó subió y me besó, quedé sin habla.

    Ella se paró frente a mi, me miró, se desprendió su bata y la vi desnuda hermosa con sus pechos pequeños, su conchita depilada, su vientre plano, su piel canela. Estiré mi mano para tocarla y me dijo ‘no! Si quieres más seremos tres, vení a mi departamento y mi esposo y yo te enseñaremos como jugamos’. Se cerró la bata y se fue dejándome muy caliente con la concha chorreando, los pezones duros, el esfínter completamente dilatado y la duda de ir a su departamento o no!

  • Mi amigo dejó de ser fastidioso para mi esposa en una noche

    Mi amigo dejó de ser fastidioso para mi esposa en una noche

    Comenzaré diciendo que durante la redacción de esta historia tuve que parar 3 veces ya que redactar esa noche me hizo masturbarme recordando estos momentos que aun provocan en mí una excitación increíble de una de las vivencias más fuertes que he tenido en mi vida.

    Dicho lo anterior, pasaré a presentarles a los involucrados en este relato, el primero, mi amigo Gerardo, un tipo común y corriente, este último adjetivo más recalcado que el primero. Mi esposa siempre me decía por que seguía conservando esta amistad, ya que para ella (o en ese momento) le parecía un tipo menos interesante y de perfil bajo, físicamente nada peculiar, moreno y un físico cuidado debido a su gusto al deporte que en eso puedo decir no es algo que compartimos mucho.

    Nos conocimos en la universidad, ambos típicos estudiantes fiesteros que les encantaba salir de rumba antes que los estudios, sin embargo esto nos llevó a vivir incontables experiencias que años después serian el tema de todas las pláticas acompañadas de un par de cervezas al momento de recordarlas. Al egresar de la universidad el destino me favoreció con un buen trabajo dentro de una de las empresas más grandes de mi ciudad, para ser específicos en el área de tecnología, en cambio a mi amigo Gerardo la vida le jugo un par de situaciones complicadas que lo hacían tener trabajos informales y lejos de lo que ambos habíamos estudiado.

    Así pasaron los años y aun cuando yo crecí laboralmente él siguió siendo el hombre en busca de trabajos sin futuro que solo lo estancaron y lo volvieron en un ser sin muchas ambiciones, aun con todo esto yo siempre le tuve afecto y podía encontrar en él un amigo que me escuchara y pudiera desahogar las penas.

    Laura es mi esposa, nos conocimos tiempo después de yo ingresar al trabajo antes mencionado, ella es una mujer de familia tradicional, educada con valores y todo lo contrario a mí, una excelente estudiante graduada con honores de su carrera, físicamente es una chica de estatura promedio, piel clara, pelo castaño hasta los hombros y unas lindas caderas acompañadas de un par de nalgas bien redondas y paradas, unos senos promedio pero adornados de unos pezones que te invitan a succionarlos o pellizcarlos cuando están en mis manos. Sus nalgas nunca pasaron desapercibidas a la mirada de mi amigo Gerardo, que en más de una ocasión pude cacharlo tratando de escapar una mirada de reojo a esas suculentas carnes, lo cual hasta ese momento me causaba cierta excitación culposa de sentir que era el deseo de otro hombre.

    Nuestra vida sexual fue como la de cualquier matrimonio, momentos de mucha actividad y otras de temporadas bajas, reviviendo el fuego gracias a alguna noche de copas y lencería sexy que despertaba la virilidad que me caracteriza, pero que cada oportunidad yo aprovechaba para cuestionarla sobre su pasado sexual con sus antiguas parejas, ya que eso me excitaba mucho y sobre todo una historia de un chico que conoció muchos años atrás antes que a mí y que la poseía en el momento donde a él le pareciera y en el lugar donde estuvieran, esto me causaba unas erecciones que le arrancaban un par de orgasmos y que cada que vez que terminabas exhaustos me decía que porque esa historia en particular me causaba tanto morbo, a lo cual le respondía que era una fantasía que me gustaría cumplir, pero que rápidamente era interrumpido con un “loco, solo lo dices porque estas caliente” dejándome con las ganas de decirle que estaba hablando en serio y que se estaba volviendo en una fantasía verla coger con alguien más.

    Mi mujer conoció a Gerardo mientras fuimos novios y siempre entendió que no estaba a mi altura y en varias ocasiones no pudo dejar escapar la pregunta ¿Por qué Gerardo es una persona sin ambiciones y solo se acostumbra a trabajos de guardias nocturnos o de monitoreo? Ella siempre me dijo que yo tratara de incentivarlo a crecer profesionalmente, sin embargo respetaba mi amistad, la forma de ser de él y tenían una relación no de amistad pero si de cordialidad con el cuándo lo traía a casa, así fue durante varios años hasta que una noche todo cambio.

    Dicho todo lo anterior, una noche invite a Gerardo a casa a tomar un par de cervezas ya que llevaba un par de meses sin saber de él, me contó que había terminado con su novia y sus aspiraciones de encontrar una mujer con la cual formar su vida se desvanecían. Así que decidí escucharlo y darle algunas palabras de apoyo para reanimarlo, esa noche sin saberlo, le daría algo más que palabras.

    Esa ocasión mientras degustábamos de los tragos, mi esposa llego a casa después de una jornada de trabajo, al entrar vio a Gerardo y rápidamente se acercó a saludarlo con un beso en la mejilla, esa tarde ella vestía un falda negra arriba de los muslos ajustada a sus torneadas piernas y cintura, una blusa de seda blanca semitransparente y debajo una blusa de tirantes que cubrían sus lindos pechos. Esta vez pude notar que el alcohol empezaba a causar efecto en Gerardo y no pudo disimular clavar su mirada directamente en el contoneo de las nalgas de mi esposa la cual se retiraba diciendo “no se pongan muy borrachos, ya no tienen 20 años”, este comentario fue acompañado por una carcajada de ambos y la vimos desaparecer en las escaleras.

    Así transcurría la noche y Gerardo me contaba sus penas acompañadas de una cerveza tras otra, mi esposa bajaba para tomar algún refrigerio y retirarse a nuestra habitación a ver alguna serie en Netflix, sin embargo pude notar que Gerardo no despegaba su vista de mi esposa y trataba de convencerla de que se sentara a tomar un trago con la justificación de que le diera un consejo para encontrar una novia que lo quisiera con su estilo de vida, esta acción era acompañada de un comentario de Laura que estoy seguro nunca puso atención mi amigo por estar viendo sus nalgas en cada oportunidad. Al cabo de unas horas Gerardo estaba prácticamente ebrio, a lo cual le dije que no podía permitir que se fuera así y que le prepararía la alcoba de invitados para que pasara la noche y al otro día pudiera irse sin correr peligro, el solo acertó con la cabeza. Pero al intentar levantarse de la mesa pude darme cuenta realmente de su grado de embriagues, ya que casi cae al suelo y si no es por una rápida acción de mi esposa la cual estaba a un lado de él, este hubiera caído como un bebe que apenas aprende a dar sus primeros pasos.

    Esta oportunidad no pudo ser desperdiciada por él ya que rápidamente al estar sujetado por mi esposa, este se afianzo fuerte de su cadera y con la otra mano aun sostenía la botella la cual sirvió a darse un trago profundo acompañado de las siguientes palabras… “perdón Laura, sino fuera por ti estaría en el suelo y tal vez muerto” sus palabras balbuceaban cual borracho en cantina.

    Al seguir sujetado de mi esposa con la justificación de no caerse, este le dijo que lo ayudara a llegar hasta la habitación, lo cual mi esposa en su inocencia lo ayudo a subir la escalera y cada que subía un escalón pude notar como apretaba fuerte la cadera de mi esposa y en un movimiento rápido, pudo escabullir un dedo ligeramente debajo de su blusa para sentir su piel, esta acción rápidamente tuvo efecto en mí, ya que pude notar como una sensación de excitación invadía mi entrepierna y mi estómago revoloteaba de nerviosismo. Fue ahí cuando mi di cuenta de la oportunidad que podría no volverse a presentar. Deje que mi esposa se alejara con él a la habitación mientras destapaba una nueva cerveza, a lo cual Laura rápidamente me reclamo diciendo “aparte de cuidar a tus amigos borrachos, te quedas de espectador, ayúdame a cargarlo huevon” esto me saco una carcajada y fui detrás de ellos con mi morbosidad en mente.

    Al llegar al cuarto él se sentó sobre el borde de la cama y le dijo “gracias Laurita, que pena que me veas en este estado y más en tu casa” a lo cual ella respondió “no te preocupes, el que te va a batallar es Ricardo, finalmente él fue el que te puso así” acompañado de una mueca de burla dirigida a mí. Le dije que se quitara los zapatos pero entendí que esto provocaría que pudiera caer al suelo, así que me di a la tarea de ayudarlo con esta tarea, pero al momento de inclinarme hacia el pude notar que un bulto fuera de lo común se escondía en sus pantalones, rápidamente le dije en tono de burla “epa, apunta esa cosa para otro lado, no me vayas a sacar un ojo”, el solo se quedó atónito al verse descubierto pero que en el estado etílico que se encontraba le dio el valor de decir la siguientes palabras “la culpa es de Laurita”, esto genero un golpe de adrenalina en mí que no supe cómo reaccionar y para no parecer un tonto solo pude contestar “será mejor que no te vea así o nos echa a los dos de la casa” acompañado de una risa nerviosa. Gerardo solo reacciono diciendo “nada que una buena puñeta no pueda solucionar”, nuevamente una risa nerviosa salió de mi boca y respondí “ya duérmete puñeton que mañana tendrás una cruda moral y física”, dicho esto me retire de la habitación y cerré la puerta.

    Aun con sus palabras en mi mente entre a mi cuarto para ser rematado con un nuevo golpe de adrenalina, mi esposa estaba cambiándose en el vestidor y estaba bajando el cierre de su falda lo cual dejaba asomar una linda tanga negra de encaja la cual se perdía entre sus frondosas nalgas y que una vez la prenda estuvo por los suelos esta tomo los tirantes de la prenda y la reajusto hacia arriba, incrustando más el ligero pedazo de tela que se perdía en ese par de glúteos. Esta hermosa vista solo fue interrumpida por sus palabras, “te diste cuenta como tu amigo aprovecho el momento y me toco ligeramente una de mis nalgas” a lo cual respondí “¿de qué me estás hablando? El sería incapaz de algo así” seguido una risa burlona de ella y diciendo “pues sentí su mano debajo de mi cintura, pero entiendo que sea su estado etílico” diciendo esto camino hacia nuestra lecho matrimonial y yo solo pude concentrarme ver sus nalgas alejándose con ese bonito vaivén arriba abajo y solo su tanga puesta lista para dormir.

    Ya acostados empezamos a hablar acerca de nuestro invitado esa noche y como la vida ha sido difícil con él, en lo particular en lo laboral y sentimental, ella solo resumió diciendo “la gente obtiene lo que cosecha, debería aprender a ti que tienes un trabajo profesional y un negocio que has sacado adelante”, yo solo le pedí no ser tan duro con él y fuera más empática a su situación. Sin embargo en mi cabeza aun escuchaba las palabras de él diciendo que su erección había sido causada por mi esposa, esto provoco en mí una erección la cual mi esposa noto con facilidad y con una mano me dice “¿qué es esto? Ahora resulta que te excita hablar de tu amigo o acaso que me tocó el cabron una nalga” mi respuesta fue “me excita pensar que eso ha sido su acercamiento a una mujer en mucho tiempo”, seguido por un beso de ella diciéndome “buenas noches pervertido”, pensé que la noche terminaría ahí. Sin embargo no fue así. Fin de la primera parte.

    El sueño hizo de las suyas y caí rendido después de darle vueltas en la cabeza a las palabras de Gerardo, pero al paso de una hora mi sueño fue interrumpido por el brinco de mi esposa de la cama al piso, seguido de sus palabras “¿que no has escuchado el golpe? El borracho de tu amigo se ha caído en el baño al parecer”. Rápidamente me levante y corrí hacia el baño de visitas, que se encuentra fuera de nuestra habitación y al momento de entrar a este, pude ver a mi amigo en el suelo con los pantalones abajo intentando ponerse de pie, rápidamente intente ayudarle mientras le preguntaba si se encontraba bien, este me respondió que sí pero su peso corporal me vencía por lo que mi reacción inmediata fue llamar a mi esposa para ayudarme a incorporarlo, nunca recordé que esta vestía solo una tanga para dormir y antes de poder decirle “vístete”, llego al baño rápidamente con la misma prenda. Sin mediar palabra intento ayudarme y tomándolo de un brazo pudimos ponerlo de pie, Gerardo no se había percatado de la desnudes de mi esposa, ya que estaba a espaldas de ella y este balbuceaba cosas que no pude entender en mi primera instancia debido a su embriagues. Una vez que pudimos ponerlo de pie, lo gire para recargarlo sobre mi espalda lo cual con los pantalones abajo su miembro giro a la par de su cuerpo y fue donde pudimos ver por primera vez esa enorme verga venuda y cabezona, al mismo tiempo el abrió los ojos y pudo ver a mi esposa y como si intentara reaccionar y comprender si lo que veía era real o un sueño, solo alcance a escuchar “por Dios Laurita, estas super buena”. Dicho esto, yo intente hacerlo caminar pero los pantalones abajo hacían difícil esta tarea, porque yo agacharme a subírselos haría que este cayera estrepitosamente nuevamente al suelo, por lo que le pedi a mi mujer hiciera esta tarea.

    Ella se quedó viendo un segundo tratando de saber qué hacer, definitivamente estaba muerta de pena, pero sabía que la situación ameritaba su ayuda, por lo que sin pensarlo se agacho entre mi amigo y yo y empezó con la tarea de desenrollar ese nudo de ropa y calzones de mi amigo. Mi curiosidad hizo voltear hacia abajo mientras mi amigo no despegaba su mirada del cuerpo de mi mujer y más para su suerte cuando esta se empino para tratar de ayudarlo a subir los pantalones, sus nalgas estaban expuestas y podía ver su ano asomándose a un costado de ese pedazo de tela metido. Cuál fue mi sorpresa al ver que la verga de mi amigo, rozo un par de veces la cara de mi mujer y esta solo podía intentar alejar su cara mientras luchaba con el enredo de los pantalones y el cinturón, finalmente pudo librarlos y de un jalón subió estos hasta sus muslos pero esto hizo que su mirada ahora tuviera que ver aquella herramienta prácticamente frente a sus narices, a lo cual notaba yo ya su cara roja no sé si por el esfuerzo de liberar el enredo de esas prendas o por la cabeza carnosa que tenía a unos centímetros de sus ojos. Un último jalón subió las prendas de mi amigo, sin embargo esa verga aun asomaba su cabeza por el borde del pantalón por lo que una vez arreglado esta, pude notar que admiro el tamaño de aquella herramienta que hasta ese momento no tenía el gusto de conocer.

    Una vez de pie ella, Gerardo aun en su estado no dejo escapar una nueva oportunidad y traicionado a sus pensamientos dijo “que me ayude Laurita otra vez a ir a la cama”, seguido por un “estás loco, dale gracias que te ayude a subirte los pantalones borracho sinvergüenza”, mi amigo solo soltó una carcajada y le dijo “perdóneme Laurita, no fue mi intención”. Yo solo estaba ahí sosteniendo a mi amigo y viendo como el degustaba de la desnudes de mi mujer, así como pude notar sobre mi espalda como aquel miembro empezaba a cobrar vida y aun cuando se encontraba debajo de esos pantalones, pude sentir la dureza empujando mi espalda baja”, fue esa sensación que me hizo despertar y decirle “ey! Estas algo emocionado amigo, tranquiliza ese animal o tendré que aventarte a la regadera al agua fría”, este solo dijo “ya te dije que no es mi culpa y seguido por unas palabra que no pude comprender”.

    Una vez más lo llevamos a la cama, pero esta vez fue mi esposa la que me dejo atónito con sus palabras al decir, “deberíamos quitarle la ropa a este, no vaya a ser que se vuelva a caer, o peor aún se orine sobre ella”. Mi amigo ni tarde ni perezoso, le saco una sonrisa de oreja a oreja y rápidamente se despojó de su camisa, dejando al aire un estomago plano sin vellos a comparación del mío, rápidamente puso sus manos sobre sus pantalones para despojarlos pero siendo interrumpido para mi sorpresa por mi esposa, “otra vez tendré que ver tu miembro Gerardo?, espera por lo menos a que me vaya” el respondió “ya lo viste una vez que más da” sin pena ni gloria, este se bajó el pantalón de un solo jalón el cual cayó estrepitosamente hacia el piso junto con los calzones, seguido por dos movimiento con sus piernas que terminaron aventando esas prendas debajo de la cama, una gran erección surgió y ambos nos quedamos atónitos, al ver semejante tamaño, una verga larga y gorda, que dejaba asomar una cabeza rosada en forma de capullo envuelta de un pellejo menos rosado, supuse que era porque no tenía circuncisión.

    Aun no asimilaba el tamaño de esa cosa cuando mi amigo tomo con su mano ese enorme pedazo de carne y empezó a frotarlo arriba abajo, mi esposa estaba hipnotizada a lo que veía, mientras mi amigo solo tenía clavada su mirada en la parte baja del vientre de mi esposa. Fue un minuto de silencio mientras veía esa situación, intente tragar saliva para decir algo pero no pude, mi boca estaba seca y en mi mente solo tenía asombro por lo que estaba viendo. Fue cuando Gerardo por fin nos sacó de esa hipnosis al decir con firmeza “Laurita ya vio como me puso?, estoy así por su culpa”, mi esposa no respondía nada y solo admiraba como empezaba a brotar un líquido transparente en la punta de aquella herramienta. Mi estómago estaba a punto de estallar de una sensación hasta ese momento desconocida para mí, finalmente acerté a decir “tapate esa madre, o tendré que meterte al agua” pero mi amigo solo me sonrió y me dijo “creo que a Laurita le gustaría seguir contemplando mi verga un rato mas ¿o no Laurita?”, ella seguía muda viendo como retiraba aquella carne que envolvía esa cabeza roja y a punto de estallar.

    Sin mediar palabra, el dio un paso adelante hacia ella, tratando de medir la respuesta de mi mujer, sin embargo esta se quedó inmóvil viendo como ese pedazo de carne se acercaba a ella, finalmente pude entender que ella estaba interesada en verlo nuevamente de cerca. Un paso más dio Gerardo y le basto otros dos para que con la punta de esa verga tocara el estómago de mi mujer, ella solo veía atónita como aquel líquido seminal se embarraba en su vientre y dejaba un rastro brillante entre su ombligo y donde comenzaba la tela de su diminuta prenda, yo seguía parado viendo aquel espectáculo, fue cuando el por fin tomo la mano de ella y le dijo “tócala, mi verga se muere por saludarte” el me volteo a ver con cara de malicia, sabía que tenía la situación y mi mujer estaba a su merced, mi esposa no tardo en sentir esa carne que ardía, que palpitaba y poco a poco empezó a mover su verga arriba abajo, pudo ver como al retirar esa carne hacia atrás ese capuchón rosa se asomaba y le pedía que lo besara. Fue entonces que mi mujer finalmente pudo retirar la mirada de aquel miembro que la tenía atontada y viendo a mis ojos se agacho frente a mi amigo, así pues nacía la puta que por muchos años negó darle oportunidad de emerger en nuestra vida sexual pero que esa noche se estrenaría con esa verga monstruosa.

    Sin decirme nada, volteo su mirada hacia arriba donde se encontraba la cara de mi amigo el cual sonría jubiloso y una gota de saliva caía sobre la frente de mi mujer, esa fue la señal para que ella abriera su boca y probara por fin aquel líquido seminal que nuevamente brotaba de esa grieta carnosa. Su lengua rodeo cada centímetro de ese capuchón, no desperdiciando nada a su alrededor, mi amigo no podía creer lo que veía y sentía, por lo que rodeo con su mano la cabeza de mi mujer y la empujaba hacia adentro sin embargo ni la mitad de ese miembro pudo entrar por la boca de mi mujer, yo estaba ahí parado, viendo como mi mujer arrodillada por quien en muchas ocasiones llamo perdedor, hombre sin ambiciones y sin futuro se comía su enorme verga y la disfrutaba como nunca lo había hecho conmigo, cuando pude recuperar la movilidad de mi cuerpo, me senté sobre una silla alrededor del cuarto para admirar esa escena que me tenía en shock, pero inconscientemente una de mis manos libero mi verga la cual ya se encontraba en su máximo punto, fue así que sentado sobre una silla con mi pene afuera que está de más decir que hasta ese momento pude saberlo más pequeño que el de mi amigo Gerardo. Mis manos seguían sobre mis muslos y finalmente pude tragar saliva para aligerar la resequedad que había provocado esa escena en mi ser. Así estuvieron cerca de 15 minutos, la cara de amigo estaba viendo hacia el techo de aquel cuarto que era testigo de aquel momento, mi amigo empezaba a decir cosas como “Laurita te gusto mi verga?, siempre había soñado con esto” a lo cual mi mujer no respondía pero este la castigaba empujando su enorme miembro al interior de la garganta de Laura la cual se separaba estrepitosamente para evitar sentirse asfixiada, sin embargo volvió a introducirse aquel pastel de carne mientras cerraba sus ojos.

    Mi amigo después de 15 minutos, sin decir nada retiro aquella verga dejando a mi esposa en el piso desorientada sin saber que por que le habían quitado ese delicioso dulce de su boca, pero al ver que Gerardo se acostaba sobre la cama con una mano detrás de su cabeza y la otra reanudando los masajes a aquel miembro, comprendió lo que tenía que hacer, poniéndose de pie se acercó hasta el borde de la cama y aun sin subir ambas rodillas comenzó nuevamente a alimentarse de esa verga descomunal, esa posición dejo a mi mujer en cuatro y pude ver como la humedad de su vagina empezaba a derramar una gota sobre sus muslos, finalmente me di cuenta que mi mujer estaba preparada para ser poseída por esa descomunal verga.

    Sin separar su boca de aquel mástil, mi mujer empezó a retirar su tanga por debajo de sus rodillas, esto acelero mi pulso, cuando finalmente pudo liberarla la arrojo hacia donde estaba yo sentado y sin pensarla la tome para darme cuenta que estaba empapada en sus propios jugos, mi instinto me hizo llevarla a mi boca y absorber ese néctar que fluía de los interiores de la cavidad ardiente de mi mujer.

    En un rápido movimiento mi mujer se incorporó y dejando una pierna sobre un costado de su nuevo amante, paso la otra pierna al otro costado, posicionando de cuclillas a la altura de aquella verga que brillaba gracias a la saliva de mi mujer, tomo con sus manos aquel hongo a punto de estallar sobre la entrada de su vagina y sin decir nada lo introdujo lentamente mientras su cara se descomponía de placer al sentir cada centímetro de esa piel ardiendo que poco a poco invadía su interior. Mi amigo en ese punto parecía haber recuperado un poco más la consciencia, ya que sin dificultad pudo invadir con sus palabras el ambiente diciendo “que apretada estas Laurita, pero ahorita voy a llenarte toda de verga”, un último empujón seguido por un gemido de placer que nunca había visto en mi mujer. Mi esposa se quedó inmóvil para tratar de acostumbrar su interior a ese miembro que llenaba cada espacio y con la punta de esa descomunal verga tocaba el interior de su cuello uterino, mi mujer gemía con cada ligero movimiento y con sus manos posados sobre el pecho de aquel nuevo macho que victorioso ante la situación, aplicaba unas nalgadas que arrancaban un gemido a mi mujer, esta solo pudo decir en su transe:

    “nunca había sentido una verga como la tuya”

    Para luego dirigirse hacia mí y decir…

    “lo siento mi amor pero tenía que decirlo” mi amigo cruzo su mirada con la mía y sin decir una palabra entendí como por acto de telequinesis que sus palabras serian “tu mujer ahora es mía”. La cara de Laura estaba descompuesta de placer y pude ver como mordía su labio inferior con los dientes, yo seguía sin poder responder nada.

    Cuando por fin pude ver que los huevos de Gerardo hacían contacto con las nalgas de mi mujer, supe que ese descomunal miembro había invadido por completo aquella zona que hasta esa noche me pertenecía, mi mujer entonces inicio una serie de movimientos arriba abajo ligeros que fueron subiendo de intensidad y que en cada rebote solo conectaba decir…

    “que rica verga cabrón, métemela toda por favor”.

    Lo cual obediente y jubiloso, comenzó una arremetida de embestidas que solo hacían rebotar a mi mujer y entrecortar sus gemidos que invadían mi cabeza con cada estocada, yo estaba ahí viendo los senos de mi mujer rebotar sin control, su cabello invadía su cara y las manos de aquel conquistador encajaban sus uñas en las protuberantes posaderas de mi mujer pero combinadas con una serie de nalgadas que empezaban a dejar sus dedos marcados en cada una de sus hermosas nalgas. Así estuvieron por cerca de 10 minutos, mi mujer gritaba como poseída, mi amigo brumaba como toro en celo, en un momento el detuvo aquel brutal ataque hacia mi mujer y ella pudo finalmente desplomarse sobre él, dejando inevitablemente su rostro frente al suyo, él podía sentir la respiración agitada de mi mujer la cual no podía recuperar el aliento y sin esmero tomo su cabeza por detrás y le planto un beso apasionado cubriendo por completo su boca con la suya, mi mujer respondió a esa acción y pude ver como esas bocas se fundían buscando volverse una sola.

    Mientras con una mano sujetaba fuertemente su cabeza hacia la de él, la otra la tomo de la espalda presionando su pecho contra el suyo, para comenzar nuevamente con esa estocada descomunal, yo solo podía escuchar los gemidos ahogados de mi mujer mientras recibía esa tranca de carne en sus interiores.

    Mi morbo estaba al tope y sabía que no podía perderme esa escena, como gato curioso me escabullí de la silla donde estaba sentado y me posicione justamente al final de la cama para ver en primera plana la penetración a la cual estaba siendo víctima mi esposa. Mi amigo entendió mi movimiento y abrió sus piernas por completo para que yo pudiera ver en todo su esplendor aquel ataque mortífero. La escena me dejo atónito, había visto muchas veces en videos porno los acercamiento que hacen con la cámara a las penetraciones de los actores, pero esto era diferente, tal vez el hecho de ver a mi esposa siendo quien recibía en su pequeña vagina aquel descomunal miembro, el cual tenía un tallo tupido de ligeros bellos recién afeitados, unos testículos rojos y arrugados los cuales solo rebotaban con el ritmo de las embestidas, pero sobre todo una vena sobresalía de las demás y era la que brotaba de la diferencia del resto la cual desaparecía en cada penetración en aquel agujero que hacia lo máximo que podía para estirarse y recibir aquel invasor, el ano de mi mujer estaba tan dilatado que me invito a tocarlo con la yema de mi dedo, fue en ese momento que pude sentir el calor de ese cuerpo que se encontraba en punto de ebullición.

    Un ligero liquido blanco se había formado en el borde de la vagina de Laura, era la mezcla de sus jugos y el frote de aquel mástil con sus hermosos labios vaginales, el cual desaparecía cuando aquel miembro salía de la maltrecha cavidad para formarse nuevamente al ingresar toda en el cuerpo de mi esposa. Mi esposa pudo despegar finalmente su boca, la cual había sido invadida indudablemente por la lengua de su amante, la respiración continuó agitada y solamente era interrumpida por sus gritos de placer los cuales como ya lo dije, nunca los había escuchado hasta ese momento.

    Fue entonces que mi mujer empezó a gemir con más fuerza al sentirse aprisionada en esos brazos, esto me despertó de mi transe en aquella escena y regrese a la silla nuevamente como quien espera ansioso saber cuál será el siguiente movimiento. Este no fue en vano, mi mujer pudo finalmente incorporarse y tomando sus pechos en sus manos comenzó a decir sensualmente…

    “que rico me coges, por favor cógeme más, ayyy que rico cabrón!!! No necesitas una novia, yo seré tu novia a partir de ahora, ayyyy ayyyy cabrón que vergota tienes, me cogerás cuando tú quieras ¿verdad mi amor?”

    Volteo su cabeza hasta donde yo estaba y pude sentir la mirada de ambos esperando mi respuesta sin detener aquel vaivén, por fin pude mediar una palabra y con un voz entre cortada dije “sss, sii, sii “ esto arranco una nueva mueca de malicia en mi amigo el cual pronuncio…

    “entonces a partir de ahora eres mi puta y te voy a coger todas las veces que quiera y cuando quiera”

    Seguido de estas palabras posiciono fuertemente sus manos en la cadera de mi mujer, la cual echo su cabeza atrás mientras apretaba sus pechos y decía “sígueme cogiendo por favor, sígueme cogiendo!” entonces supe que el clímax estaba cerca. Aquella cama parecía tener una posesión demoniaca, la base y la cabecera de estas empezaron a brincar al ritmo de sus embestidas, mi mujer arqueo su espalda para sentir aquella penetración lo más hondo de su ser y esto provoque que la verga de mi amigo tocara su punto G, mi mujer empezó a gritar entonces “dale cabrón, más duro que me voy a venir, cógeme fuerte hijo de puta”, estas palabras dieron en el ego de mi amigo el cual provoco que iniciará con el bombeo más duro que hasta ese momento había visto, finalmente mi excitación llego a su límite y comencé a masturbarme ante esa escena, yo tenía empapado mi miembro de líquido seminal que se escapó durante toda mi experiencia como espectador, mi verga estaba hinchada y sentía las palpitaciones de mi corazón en su máximo punto. Estas fueron interrumpidas por las palabras de amigo cuando gritó:

    “aghhh me vengo, me voy a venir en tu vientre Laurita!!”

    Ella en su transe solo dijo:

    “lléname toda cabrón, aviéntame tu leche adentro de mí, quiero sentir tu semen”

    Al escuchar yo esto, pude sentir mi verga estallar y un chorro de mi líquido seminal invadió en un brinco aquella vista maravillosa para luego caer regado sobre mi estómago, pero que no pudo evitar quitar mi mirada en ese par que estaban a punto de alcanzar el clímax.

    Fue ella la primera en vivir el orgasmo, grito como loca y pude ver como encajaba sus uñas en el pecho de mi amigo acompañado de aullidos de una gata en celo, esta fue la pauta para que el con un grito exclamara.

    “me veeengooo, me veeengooo, muévete puta, aghhhh”

    Laura pudo sentir como era elevada por el movimiento de la espalda arqueada de Gerardo y ella sujetándose con sus uñas encajadas en el pecho del repetía alentándolo y encajando su pelvis hasta el fondo de la humanidad de mi amigo.

    “lléname cabrón lléname, lléname hasta que ya no te quede nada en los huevos”.

    Mi mujer recibía aquella leche hirviendo en su interior, los espermas de quien por muchos años fue un hombre que le causo sentimientos de menos precio hoy la hacían sentir tocar el cielo. Ambos gemían y se ofrecían movimientos pélvicos profundos para disfrutar de los últimos espasmos de sus orgasmos.

    Después de recibir los últimos lechazos en su interior solo podía decir “que rico cabrón, me llenaste hasta las trompas hijo de la chingada” mientras posaba sus manos sobre su vientre bajo y sentía como su nuevo macho seguía soltando borbotones de esperma en su interior. El solo concreto a decir una vez que volvió en si “ha sido el mejor palo de mi vida” a lo que ella respondió “el mío también” ambos soltaron una carcajada dirigida a mí y mi esposa remato diciendo “y para mi viejo también ¿verdad mi vida?”, yo seguía con el miembro al aire ya flácido, recuperándome de la excitación y el esperma en mi estómago poco a poco empezaba a enfriarse.

    Mi mujer poco a poco recuperaba su respiración, la vi levantar su pierna para salirse de aquella verga aun dura y palpitante de su interior, poco a poco empezaba a dibujarse el cuello de esa monstruosa anguila y finalmente pude ver esa cabeza roja como lanza de flecha, que al momento de desprenderse de la vagina de mi mujer soltó la última gota de semen, lo cual no fue desapercibido por mi mujer y rápidamente pasando su lengua recogió ese último trago de néctar. Esto provoco en Gerardo una sensación de cosquilleo y un reflejo inmediato de su verga lo cual provoco un latigazo en la cara sudada de mi mujer y con aroma de saliva seca de aquellos besos de lujuria de su nuevo dueño.

    Así fue como comenzó mi vida de cornudo, esa noche no terminaría ahí, después de un rato recostados sobre esa cama individual testigo de la nueva faceta de mi esposa, ambos se entregaron en un nuevo beso apasionado mientras podía ver yo como la cavidad más privada de mi mujer como empezaba a llorar gotas de semen de quien ahora sería el dueño de sus deseos más primitivos.

    Entendí que debía darles un momento para recuperarnos de tan excitante experiencia en nuestras vidas, por lo que me dirigí al baño lo cual fue desapercibido para ellos que seguían en una ardiente sesión de besos los cuales firmaban un nuevo pacto de convivencia entre ambos. Ya yo en el baño, solo pude verme al espejo y una sonrisa maliciosa apareció finalmente en mi cara, mi papel como cornudo me hacía llenarme de placer y morbo, este pensamiento fue acompañado de abrir la llave del lavabo para tomar un poco de agua entre mis manos y rociarla en mi rostro para refrescarla así como mis pensamientos.

    Salí del baño para dirigirme nuevamente hacia la habitación de los nuevos amantes, pero rápidamente pude percibir el olor de la habitación lo cual hasta antes me había sido imperceptible, el olor se resumía a sudor y sexo proveniente de esa cama. Cuando pude asomar mi cabeza al interior, esperaba ver a esos cómplices descansando o aun en ese beso que los había dejado, pero la sorpresa fue aún mayor al ver a mi esposa nuevamente con sus manos sosteniendo el tallo de aquella verga mientras lo besaba apasionadamente centímetro a centímetro hasta llegar a la punta y desaparecerlo al interior de su boca.

    Supe entonces que esa noche no había terminado, por lo menos para ellos, ya que mi ausencia no había sido impedimento para comenzar nuevamente a encender las llamas de la lujuria por lo que decidí darles esa privacidad a la nueva pareja y yo disfrutar con mi morbosidad aparte, acto seguido cerré la puerta y solo podía ver como la imagen de mi esposa intentando devorar hasta el fondo a esa suculenta verga que se iba desvaneciendo al compás del cierre de la puerta de esa habitación. Esa noche después de varios minutos escuchando la faena que ocurría a unos pocos metros de mi mientras yo descansaba sobre mi lecho matrimonial hasta ese momento aun mío, me quede dormido reviviendo en mi cabeza las imágenes que esa noche habían dado un giro de 360° a nuestras vidas pero sin saber para bien o para mal, sin embargo esa será otra historia.

    ************************

    Agradezco hayan leído este relato el cual es 100% verídico el cual moría por compartirlo, vivencia que desencadenó una nueva vida para todos, la cual me gustaría platicarles la continuación y como mi mujer pasó a ser de la propiedad de mi amigo. Si desean escribirme pueden hacerlo al correo [email protected] y así ponernos en contacto.

  • Vínculo entre padre e hijo

    Vínculo entre padre e hijo

    Era una tarde cálida y húmeda. Acababa de terminar de cargar combustible en mi auto, y después de entrar a la casa, fui al fregadero de la cocina para tomar un refrescante vaso de agua. Al ser un día cálido, me había vestido cómodamente con una camisa blanca y pantalones cortos, y tenía ganas de relajarme frente al televisor para ver el mercado de acciones.

    Me había ido bastante bien, teniendo en cuenta que tenía un hijo de dieciocho años que tuve que criar solo después de que la puta de mi ex esposa se escapó con un joven pasante de su oficina hace cuatro años. Miré mi reflejo en la ventana de la cocina y sonreí. A los 52 años, tenía cabello rubio algo canoso y había perdido el buen aspecto cincelado que atraía a la mayoría de las mujeres solo me quedaba un rostro agradable a la vista sumado a una gorda y gran barriga que quizá sea la razón por la que mi esposa se marchó con el joven, no había encontrado a nadie desde que mi ex se fue de mi vida, era una persona muy exigente me han dicho, las potenciales parejas que pude haber tenido solo deseaban mi dinero y status. No me enorgullecía de mi cuerpo y ya que trabajaba en un buen puesto en una empresa encargada de gestionar fondos de inversión pasaba mucho tiempo sentado en una PC, lo que no me ayudaba a ponerme en forma. La paga era muy buena permitiendo que mi hijo y yo vivamos cómodamente.

    Después de beber un vaso lleno de agua, miré por la ventana y vi a mi encantador hijo Tomas (Tomy) llegar a casa después de conducir su auto con sus amigos. Se había bajado de su brillante auto nuevo, uno que compré para su decimoctavo cumpleaños.

    No es la primera vez que me encontré mirando a mi hijo. Se había desarrollado muy bien a lo largo de los años, la camisa que llevaba realmente ayudó a acentuar su muy delgado cuerpo en desarrollo, tenía cabello rubio largo hasta los hombros lo que lo hacía ver muy femenino además de tener una voz muy aguda comparable con la de una chica.

    Tenía un chaleco que le cubría los delgados brazos. También lucía un pantalón corto el cual dejaba ver sus sedosas piernas depiladas que brillaban bajo el brillante sol de la tarde.

    Tomy saltó por la puerta, lleno de energía, como siempre.

    «¡Hola papá!» el me sonrió como siempre. Su sonrisa iluminó su rostro en forma de corazón, haciendo que mi corazón se derritiera.

    «Hola cariño, ¿cómo está mi campeón?» Respondí mientras dejaba mi vaso vacío y me acercaba a mi encantador hijo.

    «Genial papá, estuve muy ocupado hoy perdona» sonrió dulcemente mientras se deslizaba hacia donde estaba.

    Se acercó a mí y sentí su cálido abrazo. Alzando su rostro, poso sus labios sobre los míos mientras compartíamos un beso. Solo que este beso no era lo que llamarías un beso padre / hijo. Fue un beso de amante, lleno de pasión y lujuria. Sí, amaba a mi hijo y él había hecho un trabajo maravilloso reemplazando a su madre en mi cama, y también había sido idea suya. Fue gracias a él que pude seguir con mi vida después de que mi ex esposa nos abandonó a los dos.

    «Papi, ¿me extrañaste esta mañana?» él sonrió cuando nos detuvimos para recuperar el aliento.

    «Sí, cariño, pero estás aquí ahora, así que todo está bien». Respondí mientras miraba sus cálidos ojos azules.

    Lo toque alrededor de su espalda y lo ayudé a quitarse el chaleco para poder ver sus delgados brazos, que colgó de mi cuello mientras reanudamos nuestros besos calientes.

    Sin romper nuestro beso lleno de pasión y arrojó sus zapatillas detrás de él. Acaricie su melena rubia que había heredado de mi familia. Lo siguiente que supe fue que saltó a mis brazos y me rodeó la cintura con sus largas piernas.

    El rompió nuestro beso y me miró a los ojos, «Quiero follar papi».

    Sostuve a mi hijo cerca de mí, acaricié sus piernas blancas como marfil debajo de su pantalón corto y acaricié su trasero cubierto por un bóxer mientras continuaba sosteniéndolo en mis brazos.

    «Mmm, tu trasero se siente maravillosa». Gemí en su boca caliente.

    «Mmm, te quiero mucho papi». Gimió en respuesta entre besos.

    «Te amo… Tu cuerpo es tan jodidamente hermoso».

    Nos quedamos boquiabiertos, mirándonos mientras lo llevaba a la sala de estar hasta que finalmente tropecé y caí de espaldas sobre el sofá. El se sentó cómodamente en mi regazo con sus delgados brazos sobre mis hombros mientras acariciaba su trasero continuamos besándonos.

    Acariciando su firme trasero, le quite el bóxer y lo tiré al piso, luego le dije que buscase la falda de su madre que tanto me gustaba verle vestir. Quedando el con la falda puesta. Siempre amé a las chicas con faldas y el joven cuerpo de mi hijo era muy femenino, más femenino que la mayoría de las mujeres.

    «Me encanta follarte en tu faldita». Le dije mientras besaba el cuello de mi hijo.

    «Ohhh, ¿soy mejor que mami, papi?» Me pregunto en broma.

    «Joder, sí, eres lo mejor que me ha pasado. Eres mi pequeño, precioso y mimado».

    «Nunca te dejaré como esa perra hizo papá, no cuando me amas tanto». Jadeó cuando corrí mis manos hacia arriba, acariciando sus brazos y su blanca espalda.

    «Fóllame papi», Rogó mi hijo.

    Manoseé sus pezones a través del suave material de su apretada camisa, su cuerpo se sentía tan atractivo, provocando un gemido de pasión por parte de mi ardiente hijo/amante.

    Rompiendo nuestro beso en breve, Tomy me miró a los ojos. Sus ojos azules con los míos formaron una conexión apasionada entre nuestras almas.

    «Quiero verte sin ropa papi…»

    Levanté los brazos para que el pudiera desabrochar y quitarme la camisa, dejándose ver mi cuerpo fuera de forma.

    Sus manos se arrastraron gentilmente por mi gran barriga y desabrocharon hábilmente mis pantalones cortos, mostrando mi polla dura a la intemperie.

    Mi hijo arrulló malvadamente mientras pasaba los dedos por la longitud de mi vara endurecida. «Una polla tan hermosa y grande, papi, ¿me vas a follar con esto?»

    «Sí cariño, te voy a follar con ella» jadeé ante su toque, sus dedos se sintieron increíbles en mi pene en erección. Sus pequeñas manos acariciaban mi pene hinchado y mis bolas apretadas.

    Tomy sonrió con picardía y frotó su cuerpo caliente sobre mi polla hinchada y luego metió mi pene en su ano lentamente. Su cabello rubio caía sobre sus hombros, enmarcando su brillante rostro sudoroso por el amor.

    «¡Oh, DIOS! ¡JODER! ¡Te sientes tan bien en mi, papá, quiero que me la metas más adentro!» Me encantó el sonido de mi zorrita siendo follada. Nuestras partes privadas encajan perfectamente en la pasión de un amante. Lo único que lo mejoró fue que fui yo, su padre, quien le estaba dando tanto placer y no un idiota de su edad.

    «Joder, tu interior se siente tan bien en mi polla». Le dije mientras sostenía sus caderas femeninas y el subía y bajaba por mi polla.

    «¡Sí, sí! ¡Mételo papi!» gritó en voz alta y aguda mientras continuaba embistiendo mi polla rígida en su cálido ano adolescente.

    «Eres tan jodidamente sexy», jadeé y bese a mi hermoso hijo, todavía sosteniendo sus caderas mientras lo follaba con mi polla.

    «Es hora de quitarte eso», dije en su oído, mientras pensaba en sus pezones que todavía estaban ocultas por esa apretada camisa.

    «Solo sigue follándome», le suplicó su hijo mientras se balanceaba de un lado a otro en su regazo. Tomy levantó los brazos y con

    Las manos recogieron su sedoso cabello rubio.

    Mientras sus brazos estaban en el aire, le quité la camisa para tener un mejor acceso a sus pezones. Froté sus pezones mientras el rebotaba sobre mi polla.

    «Oh, cariño, tus ‘tetas’ están muy duras», murmuré de alabanza.

    «Mmmm, me encanta esto ¡Chúpalos papi!»

    «Dios, si siente tan bien que te amo, cariño». Exclamé sosteniendo su pene con mi mano izquierda masturbándolo mientras mi mano derecha acariciaba su culo apretado y el continuaba montando mi polla.

    «¡Mierda!… ¡PAPÁ!… ¡OH DIOS, PAPÁ!… ¡mierda, voy a venirme!» gritó mi niño en voz alta cuando se acercaba su corrida.

    «Sí, cariño, salta sobre mi polla. Vamos, la putita de papá». Yo rogué.

    «¡PAPI, ME VENGO! OH MIERDA», gritó mi hijo cachondo con su voz más aguda con descarada pasión mientras masturbaba su polla, empapando mi barriga y el sofá con su cálido semen.

    «Sí, eso es, cariño, vamos muévete sobre la polla de papá. Lo siento pero… Oh, Dios, voy a correrme en ti». Le advertí cuando sentí mi propia corrida cerca de liberarse.

    «¡Sí papá! ¡Vente en mi, sigue follándome!» jadeé a mi hijo mientras bombeaba mi polla por última vez en su ano apretado.

    «¡Aquí viene… Joder! ¡Eres mi pequeño y hermoso hijo, tómalo todo! ¡Justo en tu culo!» Grité alegremente mientras descargaba mi esperma caliente en el culo de mi hijo de dieciocho años.

    Bajando de nuestros orgasmos mutuos, Tomy y yo nos abrazamos en el sofá y él se inclinó y me dio un beso como muestra de satisfacción. Estábamos obviamente enamorados y lujuriosos con los cuerpos del otro.

    «Te amo mucho cariño», le aseguré mientras acunaba su rostro brillante.

    «Yo también te amo papi, quisiera ser chica», río mientras descansaba su cabeza sobre mi hombro.

    «Me gustas por quien eres cariño» Dije abrazando su cuerpo.

  • Me gustaba él y lo sorprendí con mi mujer (2)

    Me gustaba él y lo sorprendí con mi mujer (2)

    Entre Fabricio y yo, que ya estábamos completamente desnudos, desnudamos muy lenta y sensualmente a mi mujer. Hicimos que se sintiera el centro de los dos y de pronto sentí que agarró con su mano mi polla y la apretaba, miré abajo y hacía lo mismo con Fabri. Luego se agachó Mariluz y comenzó a mamar acompasadamente nuestras pollas y a lamer nuestro escroto por turno. Cuando mamaba a uno masturbaba al otro, así podía lamer y tragar el abundante presemen que le podíamos ofrecer. Fabri y yo nos miramos y decidimos darnos besos entre nosotros salvajemente hasta morir. ¡Qué bueno es besar al amigo cuando tu fémina se está comiendo nuestras pollas a la vez!, porque cuando vio que nos besábamos como si nadie más tuviera lengua, juntó ambas pollas en su boca y las mamaba con más fruición que antes. Acaricié las nalgas de Fabri y lo iba tanteando al meterle un dedo en su culo, luego le metí el otro, pero no los hundía a la vez sino uno a uno, quería meter los cinco dedos, lo hice, el pulgar fue el último. Luego le di mi mano y comenzamos los dos a chupar los dedos que estaban pegajosos de la humedad de su culo. Pero lo bueno aún tenía que llegar, porque Fabri me susurraba al oído:

    — Rafa, yo me como su culo y tú su coño y antes de corrernos, la empalamos.

    ¡Joder!, creo que escuchando eso me creció un poco más la erección y eso que la tenía ya a tope en la boca de Mariluz y restregándose junto a la de Fabri, porque nos las comía a la vez. Pero así lo decidimos. Dimos un tirón a mi mujer y la pusimos de pie mientras nosotros nos colocábamos de rodillas. Fabri comenzó a dar palmadas a los glúteos de Mariluz mientras yo le acariciaba de rodillas sus pechos levantando mis brazos, estaba como una diosa del Olimpo. Esto ocurrió hasta que Fabri casi la obligó a que se inclinara por encima de mí y entonteces me agaché y me tumbé de espaldas en la alfombra para que cuando Fabri le chupara el culo yo pudiera comerme su coño. Su culo estaba húmedo y sabroso gracias a la costumbre que tiene mi mujer de ponerse jugo de mermeladas, después de lavarse, en todos sus genitales, concha y culo.

    — Mejor será que os tumbéis los dos encima de mí, —dije yo suplicando.

    Lo hicieron. Todo el peso de Mariluz estaba sobre mí y la presión de Fabri sobre el culo de mi mujer mientras se lo estaba comiendo caía sobre mis narices, que a veces no podía ni respirar. Pero mi mujer no dejó de mamarme la polla. Con la de veces que yo estuve follando con chicos gays antes de casarme, aprendí cómo se mama una polla de ellos y eso mismo le enseñé a mi mujer y lo hace igual de placentero. Pero ella los disfruta mucho porque sabe que soy tardo en eyacular, así la tenga a tope. Pero yo había descubierto con Fabri que si me tocaba los huevos aceleraba mi orgasmo. Llegó el momento de follar en serio y Fabri le dio la vuelta a mi mujer, momento que escapé de debajo de ella para hacerme a un lado. En principio quería ver de nuevo cómo la follaba Fabri, pero él se puso de rodillas agarró a Mariluz por sus tobillos se los cargó a los hombros hasta que su polla y el culo de Mariluz estuvieron a nivel.

    Mi mujer me miraba pidiéndome polla y decidí darle lo que necesitaba en lugar de convertirme en un voyeur. Ella se estaba acariciando sus pechos. Me puse como un perrito de rodillas a su lado bajando suficientemente mi trasero para que mi polla le llegara a la boca y mis manos apoyadas en el suelo al otro lado. Mi polla quedaba a la altura de su boca. Al rato de estar follándola, Fabri comenzó en velocidad y mi mujer no podía sostener mi polla en su boda, entonces le dije:

    — Mary, tócame las pelotas, venga, tocamos sin parar, acaricia mis huevos.

    Lo hacía mientras yo con una mano me apoyaba en el suelo y con la otra acariciaba sus tetas, pensando lamer sus pezones para darle a mi mujer el débito. Ella tocaba mi escroto y separaba y juntaba los testículos que estaban muy duros, tanto que ya comenzaban a dolerme de placer:

    — Sigue, Mary, sigue, toca mis huevos, tócalos, ¡Aaaaaah! ¡Qué rico, Mary! ¡Qué bien lo haces! Sigue, sigue, ¡Aaaaaah! Ahora toca por detrás de mi escroto, el caminito de gloria, eso, así —ella iba haciendo lo que podía por los empellones que le daba Fabri, pero acertaba—, ¡aaah, qué rico! No pares, Mary, sigue pasando dedos por ahí y llega más atrás, mete ese, mételo, Mary, mételo —había introducido un dedo en mi culo—. ¡Aaaah, ya, sí, así, así.

    No le importó que Fabri le estuviera dando gusto, ella seguía con su tarea para conmigo: con una mano se agarraba de mi polla y el dedo de la otra mano los iba metiendo a tope y lo sacaba, adentro y afuera, adentro y afuera. Mis huevos estaban a tope, pero aguantaba. Fabri gritó:

    — Me corro, me corro, me corro… ¡Aaaaaah!

    — Córrete, maricón, no saques tu polla, —dijo Mariluz como si tuviera la boca llena y por debajo de mi cuerpo la miré y tenía la boca llena de mi polla y decidí que era mi momento.

    — Me corro, Mary, me corro, —y solté mi lefa.

    No se le entendió nada de lo que dijo más que algo así como «maricón» dentro de una frase. Estaba gozando con dos maricones cuando eyaculé. Tenía su boca, su cara, y su cuello lleno de lefa; a la vez Fabri había sacado su polla para descargar los últimos chisguetazos sobre el culo de Mariluz. Me puse a comerle el coño de nuevo y ahora me saltó su squirting en toda mi cara. Tantas veces lo he probado ya que hasta me gusta. Cuanto más largo es el orgasmo, más squirt saca mi mujer, es una de las razones por las que no me quiere cambiar por otro, porque soy lento a eyacular y follamos durante mucho tiempo. Ahora con Fabri, las cosas se van a poner a mil, porque el nos folla a los dos, yo a él y mi mujer, ¿qué hace mi mujer?

    Nos levantamos de la alfombra y nos tendimos sobre la cama para relajarnos un poco. A los dos minutos mi mujer nos invitó a pasar a la sala de estar para comer unos bocados que tenía preparados. Yo saqué la botella de whisky y Fabri entró a la cocina para sacar unos vasos y la cubitera llena de hielo. En un instante, sin necesidad de vestirnos, teníamos dispuesta una mesa de centro con todas las cosas. Nos sentamos juntos mi mujer y yo, como teníamos costumbre antes de los acontecimientos que nos ocupen, y me dice:

    — Rafa, ¿podemos hacer ya nuestras propias cochinadas como antes?

    — Claro que si, cariño, —le respondí sonriendo y con ganas.

    Le di un beso y le quité parte de la comida de su boca. Luego cogí de la bandeja otro bocadito, lo medio mastiqué y me besó sacándome la mitad de mi boca. Puse whisky en mi vaso bebí un buen trago y con un beso lo compartimos entre Mariluz y yo.

    Al frente nuestro estaba Fabri sorprendido, mirando cómo comíamos uno de la boca del otro. Es algo que como un juego habíamos comenzado cuando éramos novios, hacía ya como unos ocho años, y nos gustaba comer de nuestras bocas. Se nos acercó Fabri y quiso probar de mi boca, le di, no le repugnó y luego probó de la boca de Mariluz. Se sentó al lado de mi mujer y entre los tres compartíamos. Solo mi vaso tenía whisky y de allí bebía uno y compartíamos los otros dos de su boca. En un momento de la conversación, dice Fabri:

    — Esto es divertido y extraño a la vez, ¿por qué lo hacéis?

    — Porque nos une, todo es de los dos, —contestó mi mujer.

    — Sí, Fabricio, todo es de los dos, por eso no nos resistíamos a no perdonarnos, comer juntos, dormir juntos y follar juntos nos une y hace que nos queramos…

    — Qué gusto da vivir como vosotros, me dais envidia.

    — Tú has venido, follaste con mi mujer y sin saberlo te hiciste nuestro…, —le dije—. Ven a vivir con nosotros —dijimos a la vez mi mujer y yo tras mirarnos—, todo será de los tres, los dos te amamos.

    — Voy a salir ganando yo que tendré dos hombres…

    — Pero más nosotros con tenerte a ti y a nosotros…, todos ganamos.

    La cháchara ya no daba para más y los bocaditos se habían acabado, con el último trago de whisky, dijo mi mujer,

    — Quiero veros follar a vosotros dos, jamas he visto en vivo dos hombres dándose uno al otro, solo en cortos de porno, pero eso es falso o medio falso.

    No nos costó nada ponernos de pie, como ya estábamos desnudos, solo teníamos que besarnos apasionadamente y los dos lo hicimos muy apasionados. Me hinqué de rodillas y comencé a mamarle su polla, acariciando sus escroto primero y luego sus nalgas. Le pasé mis dedos por su culo, pero esta vez iba aumentando en número los que penetraron su culo, cuando metí tres, gimió, pero tras meter los cuatro en cuña, los fui poco a poco enderezando y conseguí meter mi mano hasta la mitad de la palma. Costó lo suyo, y Fabri rabió de dolor y gimió de placer como nunca lo había disfrutado. La cara de mi mujer estaba sorprendida de ver como le había metido la mano dentro del culo y la sacaba y la metía.

    Me puse encorvado para que me trabajara Fabri el culo antes de clavar su polla en él. No es que me importaba mucho pero Fabri lo prefería. El muy cabrón aprende rápido y no tardo en tener su mano metida dentro de mi culo, siempre con el pulgar fuera.

    Le dije:

    — No seas cabrón y méteme tu polla.

    Lo hizo y de un solo empellón y con solo saliva la metió hasta el fondo. Me hizo daño, pero no duró mucho tiempo el dolor, pues me acostumbré pronto y comencé a mover mi cadera para que el culo diera vueltas sobre la polla de Fabri como su eje.

    Desapareció mi mujer y me extrañó. Volvió a aparecer cuando Fabri ya me bombeaba el culo, metiendo y sacando su polla. Fabri daba más gritos por cada metida que yo, pero yo gemía como una loca y suspiraba por cada vez que sentía el golpe a la altura de mi próstata. Mi mujer se me presentó delante con su consolador eléctrico apagado, el más grande, muy grueso de los que tiene, un poco más grueso que las dos pollas juntas de los que estábamos allí, me pidió que lo chupara y le dio al botón, me folló la boca con el consolador. Se pasó detrás de Fabri y de una embestida llegó a la mitad y con otro golpe, la metió hasta lo profundo. Las dos veces noté la reacción de Fabri en mi culo, cuando empujó su polla hasta el fondo de mi culo y cuando me conectó como un golpe de electricidad que subía por mis muslos y se metía en mis huevos. Mi mujer comenzó a follar duro el culo de Fabri con su consolador y Fabri se puso a cien follándome sin parar. De repente Fabri dio un fuerte grito ininteligible y descargó todo su semen en mi interior. Me sentía invadido y lleno y no tardé ya en eyacular. Ambos nos descolgamos hacia el piso, totalmente agotados, mojados de sudor y dejando escapar yo mi orina. Lo vio mi mujer y se puso mi polla en su boca para hacerse con la última parte de mi meada. Nos besamos y pude probar mi orina que no había cambiado de sabor respecto a otras ocasiones. Fabricio sacó de mi culo su polla. Mi mujer le lamió la polla y comenzó a dejar salir su propia orina, que nos íbamos bebiendo Mariluz y yo.

    Ella se nos quedó mirando y entendimos que deseaba una mamada a su coño. Los dos nos dirigimos ávidos hacia su coño y por turnos íbamos lamiendo, mordía yo su coño y ambos recogimos al fin su enriquecido squirt.

    ***** ***** *****

    A los tres días, Fabri se vino a vivir con nosotros dejando la habitación alquilada. Volvió a nuestro campo de golf gracias a mi petición y al curso de Trepa, poda y tratamiento de palmeras. Los dos salíamos juntos al trabajo, los dos regresábamos juntos a casa desde el trabajo. A todas partes íbamos los tres, solo guardábamos las formas para no escandalizar, pero en casa éramos tres esposos, los tres de los tres. Mariluz disfrutaba de los dos y le gustaba también vernos follar. Ella con los consoladores y otros juegos que le regalé hacía de las suyas en nuestros culos cuando follábamos los dos. Era genial como dirigente de la sección sexo en casa. El sexo entre nosotros se enriqueció y es desde entonces más placentero.

  • Mario (17 de 22): Pasando el verano y más (2)

    Mario (17 de 22): Pasando el verano y más (2)

    -Si necesitas a Rodolfo puedes hacerle trabajar, ya que yo no voy a estar tendrá que hacer algo para ganarse el sueldo, sería bueno que algún día subieras al monte, aún estas bastante flojo.

    -No es cierto cariño, es que tu te estas haciendo mayor y te crees superior. -estábamos en la cama después de una buenísima follada que me había dado.

    -¿Me estas llamando viejo? -se arrastró con agilidad y se montó encima mío.

    -Yo no digo nada, pero creo que vas a conocer a tu nieto y por algo será. -se me tumbó encima, pegando su peludo pecho al mío y empezó a besarme la cara terminando como siempre, siendo sus labios un apéndice de mi boca.

    -Ahora te demostraré lo que puede hacer un viejo. -entre risas hizo que abriera mis piernas y las puso sobre sus hombros, notaba que su verga no se había recuperado de la batalla anterior y se la masturbó hasta tenerla totalmente erecta, magnífica, la colocó en la entrada de mi culo y me la fue metiendo.

    -¿Ahora qué me dices? -se movía con fuerza jodiéndome con ganas el culo.

    -¡Que tu verga está riquísima! Una polla de abuelito que me vuelve loco. -se apoyaba sobre los codos, con su cara muy cerca de la mía, su respiración y aliento me golpeaba la cara, la potencia de su pene me arrancaba gemiditos.

    -Fóllame amor, mi culito desea que el viejito le de gusto. -me folló unos minutos que resultaban deliciosos, bufando sobre mi cara, besándome muchas veces hasta que volvió a rellenarme con su preciosa leche y me rebosaba el culo de ella. Yo me corrí sin tocarme, ya me pasaba a menudo, mi goloso culito conseguía que me corriera con su simple uso.

    Había contratado un jardín de infancia, la verdad era que Marquitos ya era algo mayor, pero él se encontraba bien allí y su padre o Migue podía dejarlo a las mañanas cuando salían a su trabajo, yo lo recogía más tarde.

    Guillermo no me ponía objeciones a que gastara su dinero lo que necesitaba o quisiera, tampoco sabía si se enteraba muy bien de mis gastos, él confiaba en mi y con eso era suficiente.

    Había contratado con una academia las clases de conducir cargándolo en mi cuenta para que el señor del banco me lo abonara, eso no me preocupaba pero si el tiempo que tenía que emplear, una hora cinco días de la semana, después de las primeras clases todo se iba haciendo más fácil y me empezaba a gustar, me pasaba como con las motos.

    Esa tarde había dejado a mi primito en su casa con su padre, no quise subir a pesar de la insistencia de mi primo en que lo hiciera, para según él, hablar un rato, esperaba que Aldo me llevara un recado de comida que le encargué.

    Había sido un día caluroso en demasía y el simple viaje en bus nos había hecho sudar. Aproveché que estaba solo para darme una ducha rápida sin mojarme el cabello y luego me vestí un simple slip y una camisa de mi abuelo que me estaba grandísima, podía pasar por ser un vestido corto de mujer.

    Estaba recogiendo el baño cuando Aldo llegó, el abuelo le había dejado las llaves de la casa y entrada como si fuera suya, sin llamar. Llegaba sudoroso y con una gran caja de cartón que dejó sobre la mesa de la cocina y se sentó en una silla.

    -Hace un calor de mil diablos. -había estirado las piernas y dejado los brazos colgando a los costados. Los meses que llevaba acudiendo al gimnasio le estaban cambiando para bien, a diferencia de mi primo al que estaba creciéndole una pequeña barriga, no demasiada por su trabajo donde ejercitaba el cuerpo a diario. En el caso de Aldo era al revés, se le notaba a simple vista que perdía peso y se le reafirmaba la carne convertida en músculo, empezaba a tener una figura atractiva, dentro de lo enorme que era.

    Me estaba mirando intrigado, aproximó la silla a la mesa y colocó los brazos en ella.

    -¿No tienes ropa para ponerte?

    -Me termino de duchar y es lo más cómodo que encontré.

    -Siéntate Marito, tenemos que hablar. -se había puesto muy serio y me hizo gracia, la confianza que teníamos ya, me autorizaba a reírme y bromear con él.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Vas a empezar a controlar cómo me visto?

    -No es por eso, se te ve tan, tan…, enseñando así las piernas.

    -¿Sexi? ¿Quieres decir que me ves sexi?

    -Algo así, pero quiero que hablemos. -me senté a su lado y coloqué una mano en su hombro, se le notaba el sudor que transpiraba y la dureza de los músculos, él se mordió la mano fuerte y dura del trabajo.

    -Es que no se como empezar.

    -Dime sobre de qué trata, será lo mejor.

    -Tu abuelo, le veo raro, y no solo yo, he hablado con el dueño del gym.

    -Mi abuelo es un anciano Aldo, nada más que eso, los viejos se vuelven raros.

    -Mira Marito, es algo más serio, a veces se desubica y no sabe donde está, se pierde cuando va de casa al Gym, alguna vez no reconoce a los chicos. -se me quedó mirando, implorando que creyera en él.

    -No creo que debamos preocuparnos, eso son cosas de mayores, el abuelo está fuerte y sano, no conozco a otro como él.

    -Tu verás Marito, pero pensamos que debías consultarlo con el doctor. Después iré al gimnasio y cuando termine mis ejercicios lo traeré. -le miré agradecido, me estaba ayudando mucho y al final conocía a mi abuelo mejor que yo.

    Se levantó y empezó a sacar lo que contenía la caja, a seleccionarlo y meterlo en los armarios, había dos paquetes de servilletas de papel y, sin pensarlo, cogí uno de ellos y se lo tiré con la intención de usar su cabeza como cesta de basquet acertando con precisión, él quiso hacerlo mismo y falló.

    -¡Ja, ja, ja! Soy mejor encestador que tu. -entonces agarró el otro paquete y me lo lanzó con fuerza golpeándome en la cara. Por el gesto que debí poner se asustó y rápidamente se acercó a mi cogiéndome la cara con las manos.

    -¡Perdona Marito! No mido mi fuerza. -me frotaba la cara con sus grandes manos buscando huellas del golpe.

    -No ha sido nada Aldo, tranquilo. -le empujé y vacilando cayó sentado en la silla, me tenía sujeto y, a mi vez, caí sobre sus piernas. Hubo una pequeña confusión donde él intentaba levantarme y yo volvía a caer una y otra vez.

    De pronto sentí como se le estaba endureciendo la entrepierna, él se dio cuenta de que lo había notado, se puso intensamente rojo mirándome avergonzado sin moverse.

    -No es lo piensas Marito, ha sido sin querer. -sentí una pena enorme por aquel bendito chico que, a pesar de lo que me hizo, se mostraba tan vulnerable e inocente.

    Dejé de moverme y le cogí la cara con las dos manos.

    -Yo no pienso nada Aldo, te has excitado y nada más.

    -Sí pero te vas a enojar conmigo. -le miré directamente a los ojos, tenía un velo en ellos para arrancar a llorar, le pasé la mano por el rostro acariciándole.

    -No me voy a enfadar, eso es natural. -le miré los labios que le temblaban y sentí el remordimiento de ser la causa de que aquel buen chico sufriera, acerqué mis labios y los uní a los suyos, intenté entrar con mi lengua en su boca pero no la abría o nunca había besado.

    -Te quiero besar Aldo, tienes que abrir la boca y cuando meta mi lengua tienes que acariciarla con la tuya. -me miraba horrorizado sin terminar de creerse lo que le estaba pasando.

    Volví a besarle de nuevo y tuve que empujar con fuerza con la lengua para que reaccionara, abrió su boca y con timidez empezó a frotar su lengua con la mía.

    A medida que el beso se prolongaba sentía como su bulto crecía y se endurecía debajo de mi culo. Nos separamos un momento.

    -¿Te gusta Aldo?

    -Nunca había besado así a nadie Marito.

    -Lo sé, ahora bésame tu, mete tu lengua y juega con ella en mi boca. -se volvía más atrevido y osado, y aprendía a la velocidad del rayo.

    En estos momentos y ya como estábamos, tenía que seguir adelante, yo mismo había empezado a sentir una suave excitación que hacía que mi ano palpitara.

    -¿Quieres follarme Aldo? -me miraba totalmente ruborizado, abriendo la boca sin que las palabras salieran de su garganta.

    -¿Sí o no Aldo?

    -Sí, pero no te enfades como aquella vez.

    -En aquella ocasión me forzaste Aldo, ahora lo quiero, es totalmente diferente. ¿Has vuelo a estar con un chico?

    -No me gustan los chicos Marito.

    -¿Cómo que no te gustan, me violaste y ahora quieres follarme y no te gustan?

    -No, no me gustan, no soy como mi tío, me gustan las chicas y ellas se burlan de mi.

    -No debían hacerlo Aldo, tienes unos ojos negros preciosos y cuando sonríes estás guapo, tienes que sonreír más y tener confianza en ti, además estás cogiendo un cuerpazo de envidia.

    Me reía regocijado besándole la cara que ardía, la tenía tan roja que pasaba a violeta en algunas partes, su verga seguía muy dura a pesar de su confesión sobre los chicos.

    -¿Conmigo que te pasa? Yo también soy un chico, tengo un pene.

    -Tu eres diferente, eres más guapo que todas las chicas del barrio, muchos hombres lo dicen. -me conmovía su inocencia y sencillez al hablar, su temor a decir algo inapropiado y que ofendiera. Me cambié de posición y cabalgué sobre sus piernas duras y grandes volviendo a abrazar su cuello y besarle apasionado.

    -Bésame tu Aldo, tu eres el macho ahora y debes tomar la iniciativa, me vas a follar porque yo lo quiero y lo vas a hacer muy bien.

    Me bajé de sus piernas y aparté los paquetes que aún quedaban sobre la mesa, me subí la camisa mostrándole mi cuerpo y me quité el slip quedando desnudo de cintura para bajo.

    Me coloqué con el pecho sobre la mesa y giré la cabeza para sonreírle. No se había movido de la posición que le dejé, me miraba con asombro infantil al recibir los regalos de Reyes.

    -Fóllame Aldo, no hagas que te lo suplique. -entonces se levantó, se bajó los pantalones y el bóxer hasta media pierna, dejó a mi vista su pene, lo recordaba bien, aparentaba ser un poco más largo al haber perdido peso, pero no pasaba de los dieciséis centímetros, con forma de cuerno, la punta fina, le iba engordando hasta la base donde era muy, muy grueso, curvado hacía el ombligo parecía más pequeño.

    De la punta le colgaba un hilo de precum con una gota al final que no terminaba de caer, lo tenía tan rígido que el cuerpo del pene parecía tener nervios donde se enroscaban las venas que lo regaban.

    No esperaba su reacción, pero en lugar de enchufarme el pene con forma de cuerno, me sujetó las piernas, pasando las manos debajo de ellas y rodeando con sus grandes manos mis nalgas, me elevó hasta que mi culo encontró su cara y la hundió entre mis redondas nalgas.

    Me hizo exclamar asombrado cuando a la primera ya tenía su lengua horadándome el ano.

    -¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! Ummmmm, que rico amor métela más. -para no caer y dejarle trabajar a su lengua, me apoyaba con las manos en la mesa sosteniéndome, así no soportar en el todo mi peso.

    A cada suspiro o gemido mío Aldo hacía más fuerza, o ponía puntiaguda la lengua para que entrara más, el chicarrón grande no sabía besar pero hacía milagros comiéndome el culito.

    Era una auténtica comida donde a veces lamía mis nalga para volver de inmediato al ojete y lamerlo, besarlo y darle todas las muestras de amor que se le pasaban por la cabeza.

    A veces le miraba su polla, goteaba incesantemente un chorro de jugos que le caía en el pantalón y en el suelo.

    Al final, y creo que con pena, me fue bajando, hasta quedar con el pecho pegado al tablero de la mesa y las piernas muy abiertas. No se sujetó la polla, solamente mis caderas dirigiendo mi cuerpo hasta situarlo en la postura correcta, con el ángulo preciso dirigido a la punta de la verga.

    Comenzó a entrar con facilidad, sin encontrar obstáculos o resistencia, salvo la que ella misma se encontró al final por el gran grosor que tenía, apretaba pero no había manera de que meter los dos últimos centímetros.

    La follada era genial, me movía sobre la mesa como si fuera una muñeca de goma clavada en su verga, lo más placentero cuando llegaba a la parte gruesa y allí me abría el culo quisiera o no, los huevos se le bamboleaban golpeándome en los míos hasta causarme dolor.

    -Así, así Aldo mío, fóllame rico mi vida, dame por el culo con tu rica polla.

    -Sí, si Marito, toma, toma verga. -tenía la cabellera esparcida por el tablero de la mesa, cubriéndome la cara y no podía ver mucho, me la recogí con una mano y entonces me la agarro y tiro hasta torcerme el tronco subiéndolo sobre la mesa, le miré y él se inclino para besarme la boca.

    -¡Qué rico estás Marito! ¡Qué rico estas!

    -Cógeme duro amor, no tengas piedad, mete tu gorda picha en mi culo.

    Arreció en las acometidas y poco después se contraía apretándose contra mi, incrustándome en el canto de la mesa y comenzó a eyacular, sentía que era poca cantidad, lo mismo que la vez anterior, no por ello me daba menos gusto sentirle retorcerse pegado a mi y gozando como todo macho de su hembra.

    Cuando se calmó me la sacó, me dio la vuelta y me sentó sobre la mesa, me miraba curioso mi polla, de pronto la sujetó con una mano y se la llevó a la boca, hacía lo que podía y no sabía mamarla bien, pero era suficiente para hacerme gozar y que al poco tiempo le empujara la cabeza incapaz de detener la corría que me llegaba.

    Aldo no dejó que la sacara y recibió en su boca cada uno de los latigazos de leche que tiraba, ahora le sujetaba la cabeza y sin querer que sacara mi verga de su boca hasta que me vacié y él se comió el semen.

    Me incliné para coger uno de los paquetes con los que empezamos a jugar y le di una servilleta.

    -Límpiate aunque lo más sucio que tienes son los pantalones. -a mi vez me limpie el poco semen que me salía del culo, la polla me la había limpiado él.

    Nos quedamos unos segundos mirándonos sin hablar hasta que estallamos en risas.

    -¿Lo he hecho bien esta vez?

    -Como un profesional, las chicas no saben lo que se están perdiendo. De verdad Aldo tienes que sonreír más, relacionarte y no ser tan adusto.

    -Creo que terminarás teniendo éxito con las mujeres. -como continuaba sentado en la mesa y desnudo, me señalo mi pene.

    -No se Marito, hasta tu pene es más grande que el mío.

    -Y yo lo he disfrutado, no soy especial, seguro que a muchas les encantará tenerlo, y también el cuerpo que estas cogiendo.

    Aldo se fue al aseo para terminar de limpiarse y luego marchó al gimnasio, iba retrasado y salió corriendo.

    Comencé a sonreírme recordando lo que Aldo dijo de que no le gustaban los hombres, y terminé riendo como un bobo.

    Mas tarde pensaba en lo que me dijo de mi abuelo, tenía que tomármelo en serio y consultar al médico como ellos me sugerían.

    No había querido comentarlo con él, pero ya me había dado cuenta de ciertos detalles extraños en su comportamiento. Había desplazado la mesita de la tele y girado su sillón, ahora podía mirar la puerta de la habitación de mamá y ver la tele a la vez.

    Continuaba esperando su vuelta y no terminaba de entender que no regresaría nunca más. Otras veces se levantaba y se acercaba a la puerta mirando dentro del cuarto como si hubiera alguien dentro.

    Eran detalles nimios a los que tampoco les había dado importancia, ahora con lo que Aldo me comentaba tenían más sentido para sospechar que algo le pasaba.

    Unos días más tarde lo llevé al médico de cabecera, no resultó fácil y tuve que recurrir a la mentira, le dije que era el médico quien deseaba verle para cumplir un programa de vacunas. Después de observarle le pidió que saliera de la consulta.

    -¿Que le sucede doctor?

    -Es difícil asegurarlo antes de que le hagan más pruebas, pero debes entender que tu abuelo es mayor aunque de cuerpo esté bien y su estado es saludable. Puede ser muy bien algo relacionado con la demencia senil, o también alzheimer, muy parecidas, si no iguales las dos opciones. -vio mi preocupación e hizo un ademán quitando importancia a lo que había hablado.

    -Hay medicación para retrasar la enfermedad, y según veo tu abuelo no da muestras de violencia, puede vivir muchos años o que la enfermedad progrese demasiado rápido. Lo siento Marito, es la realidad.

    No podía decirle al doctor que, en verdad, mi abuelo si era violento, pero conmigo solamente, que me hacía pagar con castigos corporales, a veces duros, cualquier fracaso o problema que surgiera, fuera real o imaginario.

    Ese mismo día tenía mi examen para obtener la licencia de conducir, había dejado a Marquitos, avisando previamente, que llegaría tarde a recogerle.

    Cuando terminé el examen lo veía todo negativo, pensaba que no lo iba a aprobar, no veía más que fallos y errores cometidos en las pruebas pensando en mis problemas, lo que le sucedía al abuelo con esa rara enfermedad, también estaba nervioso esperando el resultado para ir en busca de Marquitos.

    Me puse a llorar cuando me dieron el resultado y vi la palabra “Aprobado” impresa en el papel, al menos no era yo solo, otra muchacha sollozaba con más fuerza que yo, pero era por lo contrario.

    Después invité a un helado a mi primito, las angustias se me habían ido, paseamos por el parque a la vez que pensaba lo que hacer con el abuelo.

    Volvimos a la casa de mi primo cuando pensé que él estaría de vuelta del trabajo, no toque el timbre como hacía otras veces que esperaba hasta que el niño estuviera en casa, seguro con su papá, para marcharme tranquilo. En esta ocasión subí con él.

    Cuando entramos Marcos estaba semidesnudo, tenía puesto solamente un bóxer y le noté que se terminaba de duchar. El niño corrió a los brazos de su padre y comenzó a contarle cosas del día.

    -Vaya, tu primo te da todos los caprichos, un helado, pasear, cuando vuelva a sus estudios le echarás de menos. -el peque muy pronto encendió la tele y buscó su programa de dibujos.

    -¿Te has atrevido a subir? Parece que me rehuyes. -mi primo se acercó a mi con la idea de abrazarme y di dos pasos atrás.

    -Tenemos que hablar en privado, vamos a la cocina.

    -¿No le vas a dar un beso a tu primo preferido?

    -Es muy serio Marcos, déjate de juegos. -sin replicar se encaminó a la cocina, me permitía que le observa al caminar delante de mi, con su culito varonil encerrado en la tela contoneándose, su cuerpo hermoso, los pelos que le cubrían los lugares adecuados, los músculos marcados por su duro trabajo, y la pancita que no podía verle pero que le hacía parecer muy sexi.

    Se sentó sobre la mesa abriendo las piernas, me daba todo un hermoso espectáculo de un joven macho fuerte y sumamente atractivo.

    -Tu dirás que tienes tan urgente e importante. -me coloqué un poco apartado apoyando la cadera en la mesa.

    -Se traba del abuelo. -enarcó las cejas para que siguiera y le referí lo que me había contado Aldo y el resultado de la visita al doctor. Cuando acabé solo esbozó una ligera sonrisa.

    -¿Y qué quieres que haga yo? ¿O qué hagamos, en algo habrás pensado? -la verdad era que había pensado muchas cosas pero no me había quedado con alguna que viera buena o viable.

    -No lo se, no se me ocurre que hacer. -alargó la mano, me cogió del hombro y me llevó hasta pegarme a su pierna.

    -Nada primito, ya te lo ha dicho el médico, le recetará las medicina que necesite y a esperar, no hay otra.

    -Pero puede llegar a ser violento.

    -¡Ja, ja, ja! -su risa llenaba la cocina.

    -Ya estas acostumbrado a su violencia y no te cogerá de sorpresa, deja actuar al tiempo, siempre estas impaciente. -me seguía teniendo sujeto del hombro y lentamente me acercaba a su pecho, tenía la piel fresca aún por la ducha reciente, sentía la necesidad de abrazar su poderoso pecho y besarle pero me contuve.

    -Hay cosas más interesantes que hacer y no hablar tanto del abuelo.

    -Tu no vives a su lado, nunca has sufrido sus golpes, hasta ahora solamente han sido palizas…, en serio que puede llegar a ser peligroso.

    -¿Crees que no me dolía cuando te pegaba?, ¿crees que si hubiera podido no lo hubiera evitado?, estás muy equivocado primito, no sufría el dolor de los golpes, pero lo sentía como si estuviera en tu lugar.

    -¿Recuerdas el día que nos sorprendió jugando? Tu me mamabas a gusto la polla, te gustaba tocármela desde aquella vez en el jardín de Roberto. ¿Recuerdas cómo me tuvo tres días encerrado y sin comer porque no debía tocarte? También a mi me ha tratado mal… ¿Y ahora tu me pides que resuelva su vida, que me preocupe por él?

    -Creo que no debi decírtelo y buscar yo solo una solución. -me sujetó de los dos hombros y me encerró en sus piernas. Me besaba la frente a la vez que me pasaba la mano por el pelo.

    -¡Oh! mi nene, déjalo estar ya, sabremos lo que tengamos que hacer cuando avance el mal. -me levantó la cabeza para busca ansioso mi boca besándome desesperado, me abracé a su cuello y respondía a su beso, las lenguas buscaban en la boca del otro acariciándose frenéticas.

    Después de un largo beso, escuchando el sonido de la tv, me percaté que Marquitos estaba cerca y podría escucharnos. Le empujé del pecho para separarnos.

    -No Marcos, está el nene.

    -¿Te preocupa que el chico nos vea?

    -¡Marquitos! -gritaba a la vez que saltaba de la mesa al suelo.

    -¿No quieres ir a jugar con tu amiguito de arriba?

    -Si papi, ¿me dejas?

    -Puedes subir, pero no quiero que su mamá me diga que te portas mal. -todo se sucedía en cuestión de segundos, el peque en zapatillas abrió la puerta y su padre le siguió, me causó gracia que con una mano se apretaba la verga que se le salía por arriba del bóxer.

    Esperó semi escondido hasta escuchar que la puerta de arriba se cerraba y volvió saltando a la cocina. No dijimos nada, me levantó con fuerza y en un segundo su boca comía la mía.

    Me sentó sobre la mesa sin dejar de besarnos, como dos animales entre gruñidos y gemidos, enseguida comenzó a quitarme la ropa hasta dejarme desnudo totalmente, su verga salió del bóxer dura y completamente erecta, la miraba arrobado sin terminar de creer que me iba a comer aquella magnífica y potente polla.

    Baje de la mesa y me arrodille delante de él, su polla quedaba enfrente de mi boca, la olía y besaba a la vez que acariciaba sus testículos y me la metí en la boca, sabía deliciosa y disfruté su sabor, se la chupaba como un loco, hacía muchos días que no tenía una verga para mamar.

    Le saqué el bóxer de los pies sintiendo el peso de sus cojones en mi cabeza, aquel tremendo macho duro y curtido, mi primo, era totalmente mío. Le senté en una silla empujándole y él comenzó a manejarme como quería, a dominarme dirigiéndome con la presión de sus grandes y fuertes manos, me guiaba para situarme como deseaba hasta que sentí sus enormes dedos hurgando mi trasero, queriendo entrar en mi culo.

    -Abrete primito, déjame que te meta los dedos y te abra el culo.

    Se escuchaba el televisor que Marquitos había dejado encendido, me dio los dedos para que se los chupara y luego encontraron mi culo, me los metió uno a uno, dos eran suficientes por el grosor que tenían.

    -Ahora te vas a sentar en ella putito mío, te vas a empalar y sentir mi verga dentro de ti.

    -¡Ummmmmm! -sus palabras me ponían a cien, besaba sus duras piernas y mamaba sin cesar su polla sintiendo como me invadía el trasero, como metía y sacaba los dedos abriéndolos para estirarme el ano.

    Su polla me parecía enorme en esos momentos, más grande que otras y no era cierto. Me senté sobre él cabalgando sus piernas y él dirigió la polla a mi huequito, al fin fui sentándome hasta hacer contacto, comenzó a penetrarme y era yo el que me iba dejando caer para empalarme, cuando toda ella estaba metida nos volvimos a besar.

    -Me gusta, ¡qué rica polla Marcos! la tienes muy dura, ¡Oh! Marcos que bien estoy así con tu vergota dentro.

    -Puedes tenerla cuando quieras primito, a ella le gusta tu culo y tu boquita de princesa, le encanta perforarte este culito prieto. -estábamos los dos muy calientes y los besos eran tremendos, intentando movernos poco para hacerlo durar, me mordía la oreja a la vez que me decía palabrotas groseras que me erizaban el vello.

    -Putito hermoso, primito puto, princesita viciosa, te estoy cogiendo el coñito, eres mi mujercita, mi puta hermosa. -y así otras más lindezas que, en esta situación, me gustaba escucharle decir con su voz sonora y potente de macho.

    También yo le decía lo que él deseaba escuchar.

    -Fóllame duro primo, jode a tu primito, eres mi hombre mi macho, dame el semen de tus huevos, eres el que mejor me folla. -éramos muy cerdos en ese momento y no me importaba serlo.

    Nuestras palabras, los encendidos besos y los mínimos roces de su verga en mi culo apretado, fueron demasiado para Marcos, me mordía el cuello a la vez que su verga disparaba el precioso líquido en mi culo, se había corrido antes de lo esperado.

    Estuvo unos minutos respirando con dificultad en mi cuello mientras yo le acariciaba sin cesar y le besaba, me había dejado a medias y aún gozaba sintiendo la dureza granítica de su verga dentro de mi.

    Se repuso y con la respiración más tranquila volvió a besarme.

    -Has visto lo que me haces putito lindo, me pones tan caliente que no aguanto nada.

    -Estoy muy bien tonto. -sentía muy rico como rozaba su polla en mi interior, y a pesar de no haber tenido mi orgasmo, mi polla no dejaba de soltar los jugos que manifestaba el placer que me daba sentir su polla de mi culo

    Poco después se levantó conmigo en sus brazos, sin desenchufar su polla de mi culo y me colocó sentado encima de la mesa, me sujetó pasando las manos debajo de las nalgas y me transportó al dormitorio, allí reanudó los embates follándome a placer, hacía que la cama se moviera y golpeara contra la pared y mi primo rugía avasallador y potente haciéndome sentir su hembra.

    -¡Me corro Marcos! -estaba eyaculando y vaciando mis huevos entre gritos y gemidos que le excitaban más, ahora él se controlaba mejor y hacía durar la follada.

    -Toma, toma mariconcito, recibe la leche de tu macho. -temblaba mientras volvía a disparar los potentes chorros de semen en su hembra.

  • La primera vez que un hombre mayor me hizo suya analmente

    La primera vez que un hombre mayor me hizo suya analmente

    Nuevamente gracias a los que me han escrito a mi correo. Para los que me han preguntado cómo y quién fue la primera vez que me hizo suya analmente y porque me gustan también los hombres mayores que yo.

    Tenía 18 años cursaba la preparatoria y me gustaba salir a bailar con mi amiga Gloria que era mi compañera en mi salón de clases, ella también tenía novio y nos acompañábamos para ir a bailar en los convivios de la preparatoria o en los cumpleaños de alguna compañera.

    Íbamos en el turno vespertino, tomábamos el mismo trasporte cuando salíamos de clases porque mi amiga que vivía en la misma dirección de mi casa, por lo que normalmente nos acompañábamos en ocasiones su tío Raúl iba por ella y me daban un ray para pasarme a dejar a mi casa.

    Su tío Raúl era un poco serio pero nos cantaba algunas experiencias de su vida que en ocasiones nos hacía sonreír durante el trayecto y a veces le comentábamos lo que nos había pasado en el día en la preparatoria y nos daba algún consejo o nos decía su opinión.

    Cuando salíamos a bailar o algún festejo y su papá de mi amiga o mi padre no podían ir por nosotras iba su tío Raúl por nosotras para llevarnos a nuestras casas, por lo que nuestras familias no tenían de que preocuparse.

    A mediados del mes de diciembre, la hermana de una de nuestras compañeras cumplía 15 años y se los iban a festejar en un salón por lo que nos invitó y le comente a mi novio Javier para que me acompañara ya que no quería ir sola y quería divertirme con mi novio ya que mi amiga Gloria iría con su novio.

    Le pedí a mi amiga que me acompañara para comprar un vestido para el festejo y fuimos a varias lugares hasta que vi un vestido rojo ajustado a mi cadera y amplio en mis muslos que me gustó mucho cuando me lo probé, a mi amiga le gusto tanto que se compró uno negro.

    La fecha llego y ese sábado de diciembre para estrenar el vestido, me puse mi vestido y lo combine con una medias negras sujetadas con ligueros ya que me habían gustado usarlas desde que había cumplido 15 años y me ha gustado como se me ven mis piernas con medias y mis ligueros, me deje el cabello suelto y sombre mis ojos, mis labios quería verme presentable.

    A mi novio le prestaron sus padres su auto y paso por mí. Salí contenta de mi casa mis padres me dijeron que me divirtiera pero cuando mi esposo me vio me dijo que el vestido me quedaba muy ajustado que me veía muy atrevida y me sentí un poco mal esperaba que le gustara. Y lo sentí un poco serio.

    Pasamos por mi amiga Gloria a su casa y ya nos esperaba su novio se había adelantado y nos esperaría en el salón. Entramos al salón y mi novio seguía un poco serio le pedí que me sacara a bailar y no quiso.

    Había unos compañeros de la preparatoria y uno de ellos fue hasta nuestra mesa y me saco a bailar no quería yo para no se molestara mi novio más de lo que estaba pero mi amiga me insistió y me para a bailar.

    Bailaba sin poner atención a las personas solo pensaba en que no debía haberme vestido así pero ya no podía hacer nada. Trate de hablar con mi novio pero no se prestó me dijo que no le gustaba mi vestido porque estaba muy atrevido que si no me había dado cuanta que se me quedaban mirando.

    Sinceramente no me había dado cuenta que me veían, le dije que me había vestido y arreglado para el pero no entendió razón alguna por lo que me sentí mal en ese momento que quería regresar a mi casa le pedí que me llevar y me dijo que no podía.

    Mi amiga Gloria se dio cuenta y me pregunto qué pasaba y le conté que mi novio estaba celoso por cómo me había arreglado y que quería irme a mi casa que iba a pedir un taxi. Mi amiga me dijo que no me preocupara que le llamo a su tío Raúl para que no tuviera algún problema.

    En lo que llegaba su tío le conté a mi amiga lo que me había dicho mi novio y lo que me hacía sentir mal en ese momento porque quería divertirme que no pensé se llegara a molestar.

    Mi amiga y su novio me acompañaron y decían que se irían también lo que le dije que sería una falta de atención para nuestra compañera que se quedaran, cuando me subí a la camioneta de su tío no pude más y comencé a llorar, mi amiga y su novio regresaron a la fiesta estaba en el estacionamiento del salón.

    Raúl me pregunto qué era lo que me pasaba antes de comenzar a manejar, entre sollozos le comento lo que había pasado con mi novio, me escucho atento y me dijo que no tenía por qué estar así pero que si era bueno que me desahogara que no le guardara ningún rencor.

    Que a esa edad era normal en los chicos de su edad, por sentir celos y que lo comprendiera ya que me veía muy guapa, que estaba seguro que a mi novio le había gustado pero que el que se me quedaran mirando era normal y que tenía que acostumbrarse que le diera tiempo.

    Que lo entendiera porque me veía muy guapa y que no me ofendiera pero que si él fuera mi novio estaría muy orgulloso de que la gente se me quedara mirando, que tenía buen gusto y que ojala su esposa vistiera como yo que le encantaría. Que le gustaba la forma en que vestía con los vestidos y faldas ajustadas y la combinación de mis medias mis zapatillas de aguja que si no me había dado cuenta como me miraban.

    Sus comentarios hicieron que calmara lo que sentía y no sabía que Raúl se fijara en los detalles de mi forma de vestir de arreglarme y sinceramente me hizo sentirme alagada que un hombre de su edad (48) años se fijara en una chica como yo de 18, y menos que hiciera la comparación de su esposa que le gustaría que se arreglara como yo.

    Le dije que solo me decía esos comentarios para hacerme sentir bien, se me quedo mirando a los ojos y me dijo compréndelo y dale tiempo tu novio lo entenderá y que fuera con él si quería y que no me molestara que el esperaría.

    Estaba por bajarme de su camioneta lo abrace le di las gracias le susurre en su oído ‘ojala mi novio pensara como usted’, y en un suave susurro a mi oído que nunca he podido olvidar me dijo… ‘ojala mi esposa se arreglara como tú’, sus comentario me hizo sentir maripositas en mi estómago. Me separe de él.

    No me había dado cuenta que mi vestido se me había subido más de medio muslo se notaba el encaje de mis medias negras sujetadas por mis ligueros trate de bajarla mi vestido le oí decir… que buen gusto tienes para vestir y arreglarte.

    Me sonroje no supe que decirle que él se fijara en mí y lo volví abrazar para que no notara mi nerviosismo lo sonrojada le dije apenada… gracias, me respondió en mi oído… tus piernas se ven muy lindas con estas medias tu novio debe estar muy orgulloso de ti. No supe que hacer me quede callada. Me ha gustado tu manera de vestirte de caminar estaba paralizada nuca pensé que un hombre de su edad se fijara en mí.

    Sentí que su lengua acariciaba mi oído, como una descarga eléctrica en todo mi cuerpo puso su mano en mi pierna donde terminaba mi media sujetada por mi liguero, su lengua entro en mi oído me dijo… tienes unas lindas piernas un cuerpo rico para acariciarte besarte toda, subió por mi muslo por el encaje de mis medias el broche de mi liguero deslizaba sus dedos me hacía suspirar mordía mis labios su forma de acariciarme.

    Que rico que uses medias y estos ligueros me encantan su mano acariciaba mis piernas jugaba con mi liguero.

    Me acariciara con su lengua en mi oído me susurrara tienes un buen gusto en tu lencería sus palabras hicieron me excitara. Metió su lengua en mi oído sentir su lengua en mi oído acariciarlo nunca había vivido algo así ninguno de mis novios me lo había hecho que hizo abrir mi boca con un gemido, sentí sus labios besarme le abrí mi boca su lengua entro en mi boca caliente.

    Lo abrace le acaricie su lengua con la mía su beso sus caricias con su lengua en la mía hizo que meneara mi cadera que le abriera mis piernas su mano me acariciaba su mano subió por en medio de mis piernas tocara mi tanga de hilo que casi nada cubría mi panochita.

    Que húmeda estas mi niña la tienes depilada que rica… sentir sus dedos acariciar mi panochita sus palabras que le gustara que me depilara hizo que gimiera sentí sus labios besar mi cuello gemía yo más sentir sus dedos como embarraban mis jugos en mi tanga.

    Tomo su mano embarrada de mis jugos con mi mano y me dijo siente como me tienes mi niña, llevo su mano con la mía sobre su pantalón tímidamente se la sentí dura le mire a los ojos me dijo sácala le dije no no debemos tengo novio.

    Me volvió a besar le abrí de nuevo mis labios su lengua era caliente que hacía que gimiera su mano acaricio de nuevo mi panochita me encanta como esta de húmeda vas hacer el deleite de todo hombre que te tenga no entendía sus palabras que me dijera eso.

    No podía evitar menear mi cadera abrir mis piernas cuando su dedo entro en mi panochita gemí más mi mano empezó acariciar su verga sobre su pantalón besaba mi cuello bajo mi vestido y besaba mis senos me recostó en el asiento su dedo hacia movimientos dentro de mi panochita que me hacían gemir no podía evitar menear mi cadera.

    Saco su dedo húmedo empezó acariciar mi culo, embarraba mis jugos en mis nalgas era una sensación nueva para mí no había vivido algo así, me dijo me encantan tus nalgas como caminas tu culito esta apretadito sentí como metía su dedo en mi culo.

    Mordí mis labio cuando tenía su dedo en mi culo me beso entraba salía su dedo en mi culo abría mi boca gemía le acariciaba más su verga no podía más me dijo al oído que rica estas mi niña tienes un rico culo apretadito esas palabras que nunca me habían dicho hizo que me excitara más no pude evitar bajar su cierre de su pantalón sacarle su verga.

    Me quede impresionada se la mire la forma de su cabeza caliente en mis manos lo dura que la tenía sus jugos que salían de ella mojaba mis dedos se la acariciaba brotaban sus líquidos calientes se la embarraba en su cabeza mi miro me dijo te gusta, le solté su verga lo abrace lo bese le dije si me gusta, ya no siga por favor ya no.

    Movía más su dedo que tenía en mi culo su verga pasaba sobre mi tanga con sus jugos me embarraba mi tanga movía mis caderas al paso de su verga me dijo quieres que te coja mi niña no le dije nada solo suspiraba me movía tenía mis ojos cerrados suspiraba.

    Saco su dedo de mi culo que hizo que abriera mis ojos, me dijo no te preocupes me beso ponte en cuatro tenía mi vestido en mi cintura besaba mis nalgas acariciaba mi panochita subía por mi espalda besándome no podía evitar mover mis nalgas cuando sentí su verga caliente sus jugos que embarraban mis nalgas.

    Besaba mi cuello apretaba su verga con mis nalgas me susurro te han cogido por el culo le dije que no cuando me dijo eso me excito tanto que me lo dijera que abría cerraba mis nalgas. Me beso me dijo te va a gustar me empine en el asiento separe con mis manos mis nalgas le ofrecí mi culo.

    Puso su verga en la entrada de mi culo me tomo de mi cadera empujo me hizo gemir me dijo más le dije siii su verga abría mi culo sentía dolor mordía mis labios empujaba más me hacía hacia atrás para me la metiera sentí como entraba su cabeza no pude evitar gritar puso su mano en mi boca para que no me oyeran se detuvo tomaba yo aire sudaba yo me beso el cuello ya entro mi niña me sentí feliz empecé a moverme era la primera verga que me penetraba en mi culo.

    En suaves movimientos empezó a moverse entraba salía un poco rotaba mis caderas para que me cogiera más empecé a gemir que rico te mueves me dijo la meto toda le dije siii siii sentí como me la metió toda me hizo de nuevo gritar chocaba sus pelvis sus testículos en mi panochita.

    Con mis uñas acariciaba sus testículos como me penetraba toda, gemía me movía levante mi cara vi en la entrada del salón a mi novio que estaba hablando con mi amiga Gloria, empecé a moverme más entraba salía la verga de Raúl sin que sacara su cabeza.

    Ver a mi novio en la entrada del salón, el tío de mi amiga Gloria culeándome hizo que me excitara que me moviera más, empezó a sonar mi celular vi que era mi novio Raúl me dijo contesta le dije que no me volvió a insistir contesta voy a venirme me salgo le dije no no sentí como se puso rígido me apretó más, su leche caliente entraba en mi me sentía muy feliz sentir las descargas de su leche en mi primera vez que daba mi culo.

    Sentía las descargas de su leche me besaba mi cuello me decía toma mi leche mi niña, veía a mi novio en la entrada del salón con su celular y yo recibiendo la leche de Raúl que rico aprietas como te mueves serás el placer de muchos hombres solo gemía yo estaba toda sudada me susurro te gusto lo bese le dije me encanto.

    Cuando saco su verga se hoyo plog, nos reímos empezó a salir su leche me dio unas toallas para limpiarme no manchar mi vestido, me acomode mi vestido me dijo le hubieras contestado a tu novio te está buscando le dije que hablaría con el después que no quería perderme este momento lo bese, me empezó acariciar me bajo mi tanga y me la quito e dijo que la quería de recuerdo.

    Le dije que me llevara a mi casa que estaba muy cansada muy feliz.

    Iba abrazándolo mientras manejaba le acariciaba su verga sobre su pantalón.

    Nos detuvo el semáforo me dijo te encanta la verga le dije con un beso sí, me volvió a decir vas hacer el placer de muchos hombres le dije no como cree. Puso su mano en medios de mis piernas nos fuimos.

    Esa noche fue la primera vez que Raúl me hizo suya. Que un hombre de su edad me entregara a él, fue la primera vez que llegaba a la casa de mis padres sin tanga y con leche, que a partir de esa noche me gustaran los hombres mayores también, que lejos estaba yo de entender sus palabras cuando me dijo que sería el placer de muchos hombres.

    Nuevamente gracias a los que me han escrito a mi correo, por sus comentarios sus preguntas.

    Espero le haya gustado como fui mi primera vez que me lo hicieron analmente.

    P.D. Pueden escribirme a mi correo [email protected], con doble n, como lo he dicho una nunca sabe lo que pueda pasar cuando y donde.

  • El Ayudante (Cap. 3): Comiendo a Seungyeon

    El Ayudante (Cap. 3): Comiendo a Seungyeon

    «Seungyeon, de verdad me alegra que vinieras.» La voz del hombre salió con tono natural y calmado, como si no estuviera completamente desnudo enfrentando a la Main Dancer y líder de CLC. De forma aún más descarada tomó su semidormido miembro entre sus dedos y comenzó a masturbarse con calma y lentitud, delineando el curvilíneo cuerpo de la fémina con mirada deseosa y hambrienta. La joven adulta vestía ahora con una camiseta de tirantes blanca con cuello tipo halter y una calza deportiva negra que se abrazaba deliciosamente a sus piernas y retaguardia. De resto, tenía su larga cabellera azabache atada en una simple coleta, y calzado deportivo, además de una fina capa de maquillaje. Como acostumbraba, la morena prefería vestir cómodamente, y eso le encantaba al Ayudante.

    «Ah,» La morocha tragó saliva sin poder despegar sus ojos de la entrepierna de su Ayudante, al menos durante unos cuántos segundos, viendo como la mano de ese hombre trabajaba en su miembro, poniéndolo firme. Ahora que la luz estaba encendida, podía verlo todo con bastante claridad. «Hm,» No fue sino hasta que el hombre comenzó a caminar, que la Idol al fin pudo reaccionar y voltear su cabeza, apartando sus oscuros ojos de tan tremendo pedazo de anatomía humana. «¿¡Qu-.. Qué hace desnudo!?» Arrugó el puente de su nariz cuando su mirada fue a dar de nuevo con su rubia amiga y compañera de grupo aún desparramada en el sofá. «¿Podría explicarme qué demonios pasó aquí?» Sus ojos entonces repasaron el desastre en el que se había convertido su oficina, con ropa tirada por todos lados, manchas de fluidos en el sofá y la alfombra, y las cosas que deberían estar sobre su escritorio regadas por el suelo. Eso sin contar el sofocante olor en el que estaba viciado el aire.

    «Yeeun y yo acabamos de terminar con nuestra sesión de hoy. Me alegra decir que hemos avanzado mucho y ya nos comprendemos mejor el uno al otro.» El hombre movió su bien trabajado y desnudo cuerpo hasta el dispensador de agua de su oficina con un andar tranquilo y despreocupado. Llenó un vaso descartable del fresco líquido y se lo bebió todo de un trago. Necesitaba hidratarse luego de haber perdido tanto fluido con la rubia.

    «¿Qué?» Seungyeon aún se negaba a verlo, tapando sus ojos con una de sus finas manos para que no se le escapara una furtiva mirada hacia el increíble físico de su Ayudante. «¿Có-cómo diablos explicaría eso que ambos-…»

    «Seungyeon.» Con voz firme, exprimió el vaso desechable en su mano y lo lanzó al bote de basura. Aprovechando que la Idol de bronceada piel aún no se atrevía a mirarle, caminó hacia ella. «Yeeun necesita descansar un poco luego de nuestra sesión, no te preocupes por ella, podrán hablar cuando despierte. Lo que necesito de ti ahora es que te pongas de rodillas.»

    «¿Eh? ¿Está hablando en serio? No sé si lo ha entendido, señor Ayudante, pero como la líder de CLC exijo que-…»

    «De rodillas, Monkey.»

    «Ayudante, no creo que todo esto sea correcto… E-es decir, ni siquiera entiendo por qué-…» Pero detuvo su balbuceo cuando sintió la presencia del enorme hombre desnudo a unos pasos de ella, finalmente atreviéndose a apartar su pequeña mano para verlo. Lo primero que se encontraron sus ojos fueron sus trabajados pectorales, alzando su mirada lentamente siguiendo las tentadores líneas de su clavícula y cuello, llegando luego hasta la atractiva barbilla de su Ayudante y terminando por levantar más su cabeza para poder verlo a los ojos con mirada entre nerviosa y ansiosa.

    El hombre desnudo simplemente llevó su mano a la mejilla de la morocha, tomándola con suavidad, dedicándole una caricia a su suave piel con el pulgar. «Arrodíllate, Seungyeon, no volveré a repetirlo.»

    Tragando saliva y arrugando un poco el entrecejo, la joven de bronceada piel finalmente hizo caso a la orden recibida, bajando lentamente su cuerpo sin dejar de mirar a los ojos al dominante hombre frente a ella, tal vez para que su propia mirada no volviera a deambular por aquel desnudo cuerpo frente a ella, o quizás por no poder cortar con aquella tensión y conexión que traía el excitante momento de estar siendo controlada de esa forma. Sus rodillas tocaron el suelo, y allí quedó la pequeña pero curvilínea fémina, con su rostro nuevamente a pocos centímetros de aquel miembro que tantas veces había probado antes sin saberlo.

    «Has aprendido bien.» Con la mano que antes había acariciado la mejilla de la morocha, tomó a su semi-erecto miembro de la base y lo levantó en dirección a los labios de la Idol. «Aquí tienes tu postre favorito, a comer.»

    «Yo no, hmh,» Volvió a tragar saliva y relamer sus labios, sus ojos finalmente cayendo sobre aquel robusto falo de carne frente a ella. «N-no entiendo.» Sus ojos notaron atentos como un hilillo de líquido preseminal colgaba de la punta, y se vio tentada a aspirar con un poco de aquel conocido hedor que ahora invadía sus fosas nasales. En respuesta, sólo la tomaron de la base de su coleta y empujaron su cabeza contra aquel enorme pedazo de carne que la esperaba. Y ella sólo pudo abrir grande su boca en un acto reflejo, como ya había hecho veces anteriores, tragándose lentamente una buena porción de ese miembro tan apetecible, sus papilas gustativas saboreando la carne y fluidos que ya conocía como la palma de su mano. «Amghh.» Sólo un ahogado gemido, entrecerrando sus ojos y sin resistirse de ninguna forma.

    «Eso,» Suspiró de goce sintiendo como la traviesa lengua de la Idol se movía envolviendo y repasando con detalle su miembro, disfrutando como su glande y luego su gordo cuerpo de carne se abría paso poco a poco a través de la garganta de la inocente morocha arrodillada frente a él. «Eso, todo lo que puedas.» Más de la mitad desapareció entre los carnosos labios de la talentosa Idol, hasta que volvió a salir lentamente, y luego volvió a penetrarla empujando de nuevo la cabeza de la chica con su mano.

    Los lascivos y húmedos sonidos de una viciosa mamada comenzaron a resonar por su oficina, acompañados por ahogados gemidos y gruñidos de parte de la morocha a sus pies. Pasaron varios minutos en los que la mujer de bronceada piel trabajó en su miembro sin descanso, empezando a mover su cabeza por cuenta propia, ya sin tener que ser guiada por la mano de su Ayudante. No fue sino hasta que la volvieron a tomar de la base de su coleta y la obligaron a separarse que se detuvo y apartó, respirando agitadamente con la boca abierta, hilillos de saliva colgando y haciendo puente desde sus labios y mentón hasta el monstruo de carne frente a ella.

    «Sigues sin comértela toda, Seungyeon.»

    «Ah, no creo que, ah, pueda hacerlo nunca.» Refregó su nariz con la mano, arrugando un poco el ceño mientras miraba aquel miembro bañado en su saliva.

    «Tendremos que trabajar más en eso.» Tomando su falo de carne de la base, lo dejó caer sobre la cara de Seungyeon, restregándolo contra su naricita, labios y frente, sus pesados huevos afirmándose contra el mentón de la Idol que sólo se dejaba hacer. «Lámela. Quiero toda mi verga bien lubricada.»

    Volvió a aspirar con fuerza con su nariz, llenándose con ese intoxicarte hedor a sexo y sudor que la volvía loca. Sus muslos se removieron inquietos, empezando a sentir como se mojaba su ropa interior, incomodándola. Arrugando más el puente de su nariz, sacó su lengua y dio una tentadora lamida recorriendo todo el largo de su miembro, de la base hasta el glande, pasando su lengua por la punta para llevarse a la boca el líquido preseminal que no paraba de brotar, tragándolo con una pequeña mueca.

    «Que viciosa me saliste, Monkey.» Su voz ronca, viendo como la Idol comenzaba a pasear con la lengua a lo largo de todo su miembro, buscando bañarlo al completo con su saliva. «Te encanta mi verga, ¿Verdad?»

    Su afilada y sexy mirada se posó en él, parte de su carita escondida bajo su gordo y venoso miembro, y lo único que el Ayudante recibió en respuesta fue una nueva y más lasciva lamida hasta la punta de su falo, antes de que fuera engullido por su boca nuevamente, envolviendo centímetros y más centímetros de su carne con sus carnosos labios, llevándolo hasta el estrecho de su garganta. «Mmgh.»

    «Así, mi Monkey.» Gimió y la tomó de la cabeza de nuevo, haciéndola menear su cabeza contra su grueso falo de carne sin darle descanso. Esta vez, los ojos de la chica no se habían apartado de los de él, mirándolo fijamente mientras se comía su miembro. «Esto es mucho mejor que cuando te vendas los ojos, zorrita.» Sonrió de lado, arrugando el puente de su nariz antes de jalarla de la base de su coleta para separarla de nuevo. Si seguía así iba a correrse en la boca de la morocha, y aunque eso sonaba tentador, esta noche quería disfrutarla por completo antes de llegar al clímax.

    «¡Ah!» Apenas un gritito de sorpresa, antes de que le comieran a ella la boquita. Una gruesa lengua se metió en su boca y comenzó a moverse con clara experiencia, recorriendo cada centímetro su cavidad. Correspondió como pudo hasta que se separaron de ella, dejándola sin aliento y con mirada desenfocada. Luego aquella misma boca comenzó a comerse su delgado y descubierto cuello a besos y lamidas. Después siguió su hombro, dejándola poco a poco toda pegajosa con su saliva. «¡Mmhn!» Cerró los ojos y se agarró de los musculosos y firmes brazos de su Ayudante cuando sintió una suave mordida contra su cuello. «¡S-salvaje! ¡Me dejará marcas!» Unas calientes manos se metieron bajo su camiseta, acariciando cintura y espalda, desacomodando su ropa. «Ahmn,» Y volvieron a besarla, y ella correspondió ya rendida ante la pasión y el deseo, sus braguitas completamente mojadas bajo su pantalón, manchando incluso la calza deportiva. Sus lenguas juguetearon una contra la otra y al separarse le dieron una lasciva lamida que recorrió desde su mentón hasta su mejilla, mientras hábiles manos la desprendían de su camiseta y le desabrochaban su blanco sostén.

    Bajó con húmedos besos por su cuello y hombros hasta llegar a aquel par de pechos de considerable tamaño, a los cuales juntó uno con otro usando sus manos. Sí que se guardaba un considerable busto bajo ese sostén. La miró a los ojos y ella le devolvió la mirada con ojos nublados en deseo, respirando agitadamente, sus labios hinchados por tanto beso, su boca semiabierta y jadeante. «Seungyeon,» Susurró su nombre antes de comerle uno de sus pechos, abarcando con su boca todo lo que podía de su piel, usando su lengua para juguetear con el endurecido pezón.

    «Ahh, Ayudante, mmhn,» Gimió alzando su cabeza y cerrando los ojos mientras le chupaban y lamían los pechos de una forma tan hambrienta y lasciva que le parecía hasta irreal. Con un torpe movimiento de sus manos deshizo la coleta para liberar su melena azabache, sintiéndose mas libre de esa forma. «Mgh, ¡Ayudante!» Intentó regañarle cuando sintió una mordida en uno de sus erectos pezones, pero no pasó más allá de eso, soltando un nuevo gemido cuando recibió una lamida en respuesta. Luego esa caliente lengua recorrió su plano abdomen, acompañada por húmedos besos. Suspiró y gimió más, devolviendo sus ojos entrecerrados a su Ayudante, que parecía querer bañar su cuerpo entero con saliva. Y allí le vio, abrazado a su delgada cintura, inclinado con piernas flexionadas para poder repartir con su experta boca más lamidas y besos contra su plano vientre. Con una delicada mano le dedicó una caricia a su despeinado cabello, suspirando suave, con aliento entrecortado por el calor de la situación.

    «Seungyeon,» Le devolvió la mirada, dando un par de húmedos y suaves besos bajo su ombligo, tomando los bordes de su pantalón deportivo para empezar a bajarlo lentamente. Un delicioso olor a mujer invadió sus sentidos cuando las mojadas braguitas de la joven quedaron al descubierto, y no pude resistirse a darle una lasciva lamida sobre la fina y humedecida tela que cubría su intimidad. Un delicioso gemido le indicó que la acción era bienvenida, así que, usando sus dedos para apartar la fina tela, volvió a lamer los labios de su intimidad y la morocha volvió a gemir de gusto. Pudo notar como su tierno vello púbico estaba cuidado y cortado en la forma de un pequeño triángulo, pelinegra natural claramente, y aquello le excitó aún más. «Deliciosa, Seungyeon. Sabes muy rico.» Llevó su boca abierta al mojado sexo de la Idol y comenzó a comérsela tal como había hecho antes con el resto de su cuerpo. Recorrió con sus labios y lengua de arriba a abajo, antes de invadir su intimidad con su experta lengua, degustando sus paredes interiores y sus abundantes fluidos, mientras su pulgar se quedaba estimulando el ya erecto clítoris de la joven.

    En respuesta, Seungyeon sólo podía gemir descontroladamente, deleitada por aquella atención, sujetando a su Ayudante firme de su cabello, intentando mantenerse de pie con temblorosas piernas. «¡Aah! Mmhn, ¡Ayudante-mhhmn!» Palabras entremezcladas con deliciosos gemidos eran lo único que salía de la boca de la morocha mientras le comían como nunca antes su intimidad.

    El mencionado Ayudante se separó para mirarla con una ladina sonrisa, dedicándole una última lamida a su clítoris antes de levantarse sin decir nada. La joven Idol lo miró contrariada al ver como se separaba de su mojada entrepierna dejándola al borde de experimentar lo increíble. Pero él simplemente terminó por desvestirle lo que quedaba de su ropa, incluyendo las braguitas mojadas.

    Respiró un tanto agitada y estuvo a punto de decir algo al verlo elevarse sobre ella con toda su altura, cuando repentinamente sintió un grueso dedo en su húmeda y caliente vulva, haciéndola gemir nuevamente. Mordió su labio inferior mirándolo a los ojos, sintiendo como otro dedo la invadía y acompañaba esos expertos movimientos, devolviéndola a aquel increíble mundo de placer. «¡Mmnh!» Ahogados gemidos se escapaban de entre sus labios, y mordió con un poco más de fuerza, afirmando sus manos a los anchos hombros de su Ayudante para sostenerse mejor. Clavó sus bien cuidadas uñas en la piel del hombre que la estaba llevando al primer orgasmo real de su vida, tensando los músculos de sus largas y torneadas piernas, sintiendo como todo su cuerpo comenzaba a temblar.

    «Eso, eso hermosa, córrete para mí.» Se inclinó un poco para susurrar contra su oído, repitiendo lo mismo con seductor tono de voz, lamiendo y besando su oreja entre palabras, sosteniéndola con su mano libre de la cintura para que no fuera a caerse. La abrazó contra su cuerpo mientras continuaba estimulando sin parar su estrecha intimidad con los dedos.

    Y como si de una orden se hubiera tratado, así lo hizo ella, gimiendo con delirio y abrazándose al cuello de su Ayudante, casi colgándose de él antes de abrirse un poco más de piernas y correrse gracias sus expertos dedos, su cuerpo ya perlado por completo en sudor sufriendo espasmos involuntarios. Su cadera se removió en erráticos movimientos mientras sus fluidos salían chorreando sobre la mano de su Ayudante, sus piernas, y el alfombrado suelo bajo sus pies, todo acompañado de sus orgásmicos y deliciosos gemidos.

    Bajó con besos desde la oreja hasta los carnosos labios de la Idol, besándola suavemente mientras la abrazaba por la cintura y la cargaba en sus brazos, su erecto miembro siendo apretado entre sus dos cuerpos. La dejó acostada boca arriba sobre su escritorio con las piernas colgando del borde. La tomó de sus pantorrillas y la hizo abrirse de piernas con facilidad gracias a la natural flexibilidad de la morocha. «¿Seungyeon?»

    Ninguna respuesta más que un suave ronroneo de gusto. La joven de bronceada piel perlada en sudor y demás fluidos simplemente estaba con ojos cerrados y una sonrisa idiota adornando su lindo rostro, su cuerpo todavía temblando ligeramente.

    Descansó el largo de su robusto miembro sobre la vulva mojada en fluidos de la morena, frotando suavemente hasta que dejó la punta del glande enfrentando la entrada de su intimidad. «Voy a follarte, Monkey, ¿Está bien?»

    La morocha sólo se dejó hacer todavía perdida en el éxtasis total luego del clímax, sólo entreabriendo sus ojos para ver sin comprender muy bien lo que hacía el contrario, con mirada perdida.

    El Ayudante inclinó su cuerpo sobre ella y comenzó a besarle el cuello y hombro, recorriendo su piel con húmedas caricias de sus labios, llegando a uno de sus pechos el cual llevó a degustar en su boca. «Mhh, tomaré tu silencio como un sí.» Primero introdujo su cabeza, abriéndose paso entre los labios de su mojada vagina, ante lo cual la boca de la morocha se abrió grande para dejar escapar un nuevo gemido de placer. Luego le siguió el resto de su enorme miembro, invadiéndola lentamente, centímetro a centímetro, llegando hasta la mitad de su extensión, la parte más gruesa de su tronco, y terminando de llenarla con lo que quedaba, hasta la base, de una sola y firme embestida.

    «¡Aaah!» Un fuerte grito de placer echando su cabeza hacia atrás, abrazándose al sudoroso cuerpo de su Ayudante, clavándole las uñas en su ancha espalda mientras sentía como la invadian y llenaban por completo con ese monstruo de carne. «Qu-… Ayudante, ¡Mmhn!» Todos los músculos de su cuerpo se tensaron durante varios segundos en esa postura, apretando su mandíbula mientras dejaba escapar un gruñido de puro placer, gotas de sudor deslizándose por su rostro.

    Yeeun estaba escuchando unos sonidos distantes, como el eco de la voz de una mujer que gritaba a la distancia. Entreabrió lento sus ojos, acomodándose en el sofá para quedar sentada con una mano sujetando su cabeza. Dios, ¿Había perdido la consciencia? Arrugó un poco el ceño dejando que sus ojos se acostumbraran a las luces encendidas de la oficina, pero aquello fue todo el tiempo que tuvo para sentirse perdida cuando un grito, un gemido, la hizo abrir por completo sus ojos y enfocar al fin su mirada en lo que estaba pasando. Y lo que se encontró la dejó sin palabras.

  • Recordando viejos tiempos

    Recordando viejos tiempos

    Hace dos años me mudé de casa, fuera de la ciudad, porque era necesario estar más cerca de mi suegra para poder cuidarla, nunca esperé encontrarme a un compañero de la primaria, por aquellos lugares, resulta que éramos vecinos, nos dio mucho gusto reconocernos y las ocasiones en las que nos veíamos recordábamos esos viejos tiempos.

    Recuerdo que en la escuela, si nos hablábamos era solo para hacernos alguna pregunta sin sentido, nunca jugamos, él se la pasaba con sus amigos y yo con mis amigas; pero ya fuera de la escuela, si jugábamos juntos, el salía con sus hermanos y yo salía con mi hermana y entre todos jugábamos, recuerdo alguna vez que el insistía en que él y yo hiciéramos pareja y mi hermana y su hermana hicieran otra para jugar no sé qué cosa, a ellas les pareció muy graciosa su insistencia, yo lo note pero no entendí, lo vi muy normal, nos conocemos, somos compañeros de clase, podemos ser pareja en el juego, en fin, jugamos y fin del asunto.

    Ahora recordando aquella infancia nos dimos cuenta de que de alguna manera nos queríamos, el me buscaba siempre fuera de la escuela, cositas simples, pero la verdad es que yo no las notaba, donde si note un poco de tristeza fue cuando me di cuenta de que ya no seguiríamos en la misma clase por que el pidió un cambio, no lo aceptaron pero ya no pudo regresar con mi grupo, si note que no me gusto para nada la idea, y finalmente él se cambió de escuela, y ya no lo vi muchos años hasta que una amiga mía cumplió sus 15 años y él estaba ahí con toda su familia, pero ni nos hablamos ni nos saludamos, hasta ahora.

    Platicamos de todas estas cosas y nos dio demasiada ternura supongo, nos reíamos, hacíamos de todo para poder vernos y seguir platicando de nuestra infancia.

    Un día lo invite a una comida en casa, pero las cosas salieron muy mal, uno de mis sobrinos se estaba ahogando por que se le fue la comida y dejo muy alterados y preocupados a todos los demás así que todos decidieron ir juntos al hospital para que el niño estuviera bien, me quede en casa con toda la comida y la reunión preparada, pero mi querido amigo se quedó conmigo, la verdad que bueno, seguimos platicando de cosas de nuestras vidas, bebimos un poco, y estaba todo muy bien, me sentía muy a gusto con él, de repente le dije, sabes el día que pediste tu cambio y vi que te ibas del salón, me dio mucha tristeza pensar que ya no íbamos a estar juntos, se sonrió, volteo a dejar su copa, me tomo del cuello y me beso, tengo que decir que de las cosas que más me calientan en esta vida es un muy buen beso, y él me lo estaba dando, no le permití que dejara de besarme, de verdad es que lo estaba haciendo demasiado bien, además de que siempre ando con mis escotes y sin sostén, yo ya no aguantaba mas quería subirme en él, quería quitarle la ropa y comérmelo por todos lados, seguimos besándonos por largo rato y pasando a meter manos por todo nuestro cuerpo, estaba excitadísima y note que él también tenía una enorme erección, moría por metérmelo a la boca, a mi vagina, quería quitarme la ropa y hacerle todo lo posible, dejarlo que me hiciera lo que se le diera la gana, pero escuchamos los carros, así que nos arreglamos, y nos fuimos al comedor para seguir según nosotros con nuestra platica.

    Ya era mucho más tarde, así que solo fueron a disculparse por el susto, y a despedirse, claro por sus cosas, total , todos se despidieron, y mi amigo igualmente comenzó a despedirse de todo mundo, solo de verlo se me ponían duros los pezones, quería colgarme de su cuello para que me llevara a mi cama y desnudarnos ahí, pero compostura, siempre hemos dicho que no frente a la familia, así que lo acompañe a su auto y me dijo que si nos llamábamos para poder vernos y terminar lo que habíamos empezado, le dije que con mucho gusto, yo estaba más que dispuesta a irme en ese momento con él para seguir con la fiesta.

    Al otro día me mando muchos mensajes durante el día, cosa que yo contestaba, por fin le pude llamar y nos pusimos de acuerdo de vernos en un hotel que está en la ciudad, ya no podemos hacerlo por donde vivimos ahora hay que ir lejos, así que quedamos en día y hora en tal lugar, así que tenía una enorme tarea ahora, tenía que explicarle a mi esposo lo que había pasado y lo que iba a pasar, me dijo que se dio cuenta de todo, se imaginó que en cuanto yo me quedara sola con el buscaría la manera de tener sexo, así que ya se lo esperaba, pero en fin ya sé que así eres tú y eso es lo que me gusta de ti, que seas una puta declarada. Cuídate y pásatela bien.

    Llego el tan esperado día, me súper esmere en arreglarme, quería verme como una autentica puta entrando al hotel, por mucho que lo asuste, pero lo único que quería era que con solo soplarme yo ya estuviera desnuda frente a él, así que me lleve un vestido diminuto, con un gran escote y algo transparente, mis zapatillas de tacón, me depile totalmente mi vagina y no me puse ropa interior solo mi perfume y maquillaje, quise llegar ligeramente tarde porque yo no quería ser la que esperara y además quería que él me viera llegar así, de verdad es que cuando entre al hotel y baje del auto, me sentí prostituta que va a ver a su cliente, pase por la recepción me preguntaron que a donde iba, les dije que la habitación no. Tal, y me fui al elevador, me vi en los espejos, sí, me veía como puta, me dio mucho orgullo, espero que le guste, salí del elevador y toque a la puerta.

    Se sorprendió, lo note en sus ojos pero me dijo que me veía muy bien, me tomo de la cintura y de un beso me llevo para adentro, creo que estaba igual o más excitado que yo porque solo me levanto el vestido, me tiro a la cama de rodillas frente a mí se quitó la ropa que le ayude un poco, se puso un preservativo y me penetro, como locos, de verdad que nos habíamos dejado muy calientes la última vez que nos vimos, porque ya no pudimos aguantar ni un previo manoseo ni nada.

    Después de esa linda tarde, nos vimos muchas más veces, de hecho ahora hacemos trio con él, ya les seguiré contando.

  • Por capricho (Parte II)

    Por capricho (Parte II)

    Me estaba quedando dormido pero al sentir que me tocaban, distinguí a una mujer rozándome la entrepierna desnuda, aún tenía sujeta mi verga con la mano, así que sentí unos dedos que me tocaron la pierna y luego fueron por mis bolas, eran unos dedos delicados, que se deslizaron arriba y abajo haciéndome un cosquilleo que me había despertado. Topé la mirada con quien me tocaba, sus ojos algo entrecerrados que al cruzar mirada conmigo se abrieron más, sus labios se volvieron una sonrisa cómplice, pues puso un dedo sobre ellos indicándome silencio, me acercó una copa, me hizo seña de que me lo tomase, lo acerque a mi boca y lo apure sin mucho, sentí como quemo por mi garganta y me termine de despertar y vi claramente quien era la que me ofrecía vino: Alejandra.

    Su vestido desabrochado hasta la cintura, me dejaba ver su pecho, que se asomaba en cada respiración, miró hacia mi entrepierna desnuda, tenía la verga flácida, pero aún estaba gruesa, paso su mano por ella, me apretó la punta y luego hizo algo que me la fue poniendo dura nuevamente, se pasó la mano por la cara y se metió el dedo en la boca, no procesaba aun que quería, solo no perdía vista sobre ella, se acomodó sobre el brazo del sofá con la pierna cruzada, miró a Karla que estaba profundamente dormida, con el maquillaje lavado y embadurnada de semen y saliva, se sonrió al tiempo que poso un dedo sobre sus labios haciéndome ademan de silencio, yo seguí frotándome la verga, la verdad es que la situación hacia que se me siguiera poniendo dura. Se acercó a la cara de Karla, le dio un beso y luego le lamio la cara, pensé que la iba a despertar pero nada, luego le apretó un pezón y lo besó, sentí que se me ponía dura nuevamente, y Karla… ni se dio cuenta.

    Ella comenzó a jugar con los botones que aun tenia abrochados, la blusa se deslizó por sus hombros y quedo a mi vista su pecho solo cubierto por su sostén, yo seguía jalándome la verga descaradamente, ella se llevaba el dedo a la boca y sacaba la lengua de forma muy erótica, se transparentaban sus pezones por el sostén, le hice seña para que se acercara y ella movía la cara en señal negativa, pero sin dejar de pasar la lengua por su boca, volvió a ponérseme bien parada, los ojos de ella centellaban y su blusa se fue resbalando por sus hombros, se levantó y vino hacia mí, yo estaba reclinado y ella fue acomodándose sobre mis piernas, puso a mi alcance su cuerpo, acerco una botella a mi boca, no sé en qué momento la trajo, creo que no la vi, por estar embelesado viendo su cuerpo venir hacia mí, con ese contoneo hipnotizaste, el líquido me calentó las entrañas, me despertó…

    Ella bebió otro poco, empino la botella y un poco de líquido fue resbalando por su cuello, yo fui quitándole el sostén, fui bajando los tirantes por los hombros, sus pechos fueron apareciendo, dos hermosas curvas que poco a poco se fueron descubriendo a mis ojos, dos preciosas lunas coronadas por unos círculos de color rosado oscuro, un pezón como cereza sobre una copa de helado, el vino deslizo por su cuello y entre sus pechos, mi boca fue siguiendo ese camino hasta posarme sobre un pezón jugoso, ella gimió a la primera mordida y a los juegos de mi lengua; agarre con fuerza sus caderas, ella arqueo su cuerpo y poso sus brazos sobre mis hombros; su boca se miraba aún más roja, sus ojos más encendidos, sus pezones invitándome, puse mi cara entre ellos, comencé a besar y chupar, buscaba a ciegas sus pezones, mi lengua recorrió sus pechos y alcance uno, lo fui mordiendo y lamiendo alternadamente, mis manos agarraban sus piernas, recorrían sus muslos, sentí el calor intenso de su cuerpo al pasar las manos bajo sus nalgas…

    Jaló mi cara hacia su boca, sentí como me mordió el labio al besarme, sus manos bajaron por mi cuello y se deslizaron por mi espalda, me fue quitando la camisa, me la desbrocho con brusquedad, se abalanzó sobre mi pecho y cerro sus labios sobre un pezón, apreté más sus nalgas, metí las manos más profundo y un calor húmedo me recorrió la palma, se puso de pie y termino de caerse la falda, me dejo a la vista el resto de su ropa interior, me atraía lo húmedo que se formaba en su entrepierna, lo miraba casi palpitar, se lo baje de un solo y un pubis bellamente depilado, con una línea fina de vello bajando hacia lo más profundo apareció ante mí, pegue mi cara a su vientre y seguí besando y mordiendo, mis manos explorando sus nalgas y su calor, ella me araño la espalda, iba bajando por ella hasta casi alcanzar mi cintura, sus nalgas eran suaves, firmes, se la palmeaba, pero ella me detuvo, me recordó que la otra dormía ahí cerca, me gire a verla y estaba totalmente dormida, con los pechos al aire y el semen seco sobre su cuerpo, sentí su mano en mi cara nuevamente, me giro el rostro y volví a posar mi boca en su cintura, mis manos a deslizarse por su espalda, agarrar un pezón, sopesar sus pechos, mi boca bordeo su cintura, me encontré en las curvas de su cadera, explorando con mi boca sus nalgas, fui pasando una mano por su entrepierna…

    Me palmeo la cara, la mire a los ojos, hizo que me levantara y me fue llevando detrás de ella, sus nalgas se contoneaban rítmicamente, yo quería agarrarla y hacerla mía, llegamos a la puerta del dormitorio y lo abrió, ante mi quedo la imagen de la cama grande y llena de almohadas, cuando menos esperé, un movimiento rápido de sus manos me envolvió la verga, comenzó a frotármela con fuerza, con furia, me dolió un poco, pero era más el placer de verla a ella excitada masturbándome, me tiró en la cama y ella sin pensarlo dos veces salto sobre mí, comenzó a mover la cadera sobre mi vientre, sentí como me calentaba con su sexo, sus nalgas rozando mi verga, sus piernas abriéndose más, se fue acomodando para que le metiera la verga, sentí como presionaba por meterse, como sus labios calientes se frotaba, escocia al entrar, pero al mismo tiempo sentía tan delicioso que se la fuera encajando de a poco, gimió y comenzó a moverse rítmicamente…

    Sus pechos se balanceaban frente a mi cara, agarraba sus caderas con fuerza, sus manos me jalaban el pelo del pecho, jadeaba y echaba su cara hacia atrás, se fue de espaldas arqueándose mucho, su vientre se tensó y se sentó sobre sus caderas, estiro las piernas y las poso sobre mi pecho, me excitaba aún más como se movía, aunque me dolió la verga cuando lo hizo, no importaba, acariciaba sus piernas y su vientre, se apoyó en sus codos y me hipnotizaba como se agitaban sus pezones y como exhalaba agitada, su cara empapada y el pelo revuelto, se recostó exhausta, mi verga se deslizaba de lo húmeda que estaba. Yo estaba en la gloria disfrutando, me fui hacia ella, besando y lamiendo su piel, sus piernas, sus caderas, su vientre, fui por sus pezones, comencé a chuparlos, haciendo círculos, baje la mano por su cintura hasta encontrar su pubis y metí dos dedos, sentí lo caliente y húmedo que estaba, los metí profundo y comencé a moverlos al mismo tiempo que chupaba sus pechos, ella cerraba los ojos y agarraba mi cuello con las manos, volví a metérsela y ella me atenazo con las piernas, empezamos un mete y saca cada vez más rápido cuando sentí que ya explotaba le dije que me corría, pero ella no me soltó dijo que quería mi leche dentro, el éxtasis no me dejo ni pensar que no usaba condón en ese momento, así que sin más me corrí, ella soltó un gemido largo cuando empezó a llenarse con mi leche, a mí me vino una sensación increíble, ella seguía moviéndose, bombeándome más, yo trataba de aguantar más, hasta que ella misma se separó…

    Se acostó a mi lado jadeante, frotándose el cuerpo y tocándose la entrepierna húmeda y chorreante; yo recuperando el aliento y rápidamente comenzó a chuparme la verga, el semen corría por su boca, ella estaba disfrutándolo, me dio unos lengüetazos rápidos y enérgicos, con lo que nuevamente se me puso dura, ella se dio la vuelta recostándose en la cama, poniéndome su trasero en alto, diciéndome solo con la mirada, que no deseaba parar, comencé a morderle las nalgas y pasarle unos dedos por el ano, humedeciéndoselo, a pesar de que sentía cierto ardor, comencé a metérselo de a poco, su hermoso trasero estaba a mi disposición, ella gemía, se contoneaba con fuerza, mi verga entraba en su ano, pero no quería que parara, seguimos moviéndonos al mismo ritmo, sentía escozor así que se la saque y me recosté al lado, ella tomo aire, seguía con el culo levantado, sudaba, su cabello estaba empapado, sus labios más rojos que nunca y ese brillo en sus ojos verdes, me recosté y ella se lanzó sobre mí, se sentó sobre mi cintura y comenzó a contonearse, ella tenía muchos deseos aun, se reclino hacia atrás y en sus contoneos su cuerpo húmedo me calentaba, estire las manos para alcanzar sus pechos, se sentían tan calientes, duros…

    Sus caderas me tenían atenazado, de arriba abajo, de lado a lado, se contoneaba con destreza, hizo un giro sobre mi cuerpo digno de una gimnasta, dejo frente a mi cara su trasero hermoso, redondo y sonrosado, sentía como escurrían sobre mí el calor de su coño caliente, comenzó un 69, a lamerme la verga, a frotar mis piernas, a chupar mis bolas; por mi parte agarre con fuerza sus nalgas, fui bordeando su ano con mi mano alcance a morder uno de sus labios vaginales, ella dio un pequeño grito, y me apretó con más fuerza los testículos, sentí un corrientazo desde mis bajos, pero el frenesí sexual que esta mujer provocaba me hizo resistir. Me ahogaba en sus flujos, sentía el calor de su interior deslizándose sobre mi cara, mientras ella mantenía cálida mi verga con su boca. Que mujer, me estaba chupando la energía…

    Me despertó la luz que entraba por la ventana, mire al techo sin recordar nada y me llego la sensación cálida entre mis piernas y era ella tocándome los huevos y lamiéndome el miembro; estaba desnuda, pero se notaba que venía de tomar un baño, el cabello suelto, su piel más reluciente, aun con su cara lavada y sin maquillaje era preciosa, sus pechos hermosos ya no tenían ni semen ni sudor cubriéndolos, la toalla sobre sus piernas cubría su pubis. Sus curvas ya no eran de colegiala, pero no valdría niña alguna lo que valia esa mujer en cuestiones de sexo, me había dejado agotado, ni pude recordar en que momento me dormí… ella me sonrió muy serena:

    Alejandra: Que sueño tan pesado el de la bella durmiente, igualito a la otra princesa en la sala…

    Yo: Vaya, sí que dormí, supongo que por mucho ejercicio… le sonreí y puse una mano en su pierna, tratando de alcanzar su pubis, pero ella se levantó, aunque dejó caer la toalla y me dio una vista espectacular de su cuerpo, la recogió pero no se cubrió…

    Alejandra: jejeje, ya no amigo… ya jugamos mucho, ya viene mi esposo, es hora de irse…

    Me quede sorprendido, porque olvide que ella era casada, que haría ahora, y ella tan fresca diciendo que ya venía.

    Yo: qué? Y entonces que hacemos? No podemos aparecer así!

    Alejandra: tranquilo… hagamos algo, trae a Karla a la cama y te acuestas con ella…

    Yo: cómo? Como que me acueste con ella???

    Alejandra: ayyy que niño tan desgraciado… dijo sarcásticamente

    Alejandra: si viene mi esposo y me ve a mi aquí con vos, no saldrá nada bien para nadie… mejor que te encuentre con Karla, además por lo menos le debes una chupadita…

    Alejandra: Ve por ella, que sigue indespertable, la chupadita que te dio la dejo bien satisfecha, pero no pudo disfrutar lo que yo disfrute… me hizo un guiño y me lanzo un beso, pero sin acercárseme más.

    Yo: Esta bien, iré por ella, no discuto que no quiero conocer a tu esposo…

    Le hice caso a o que me decía, mas por temor que por otra cosa, porque ya encontrarme aquí como el amante… ya muchas historias de esas salen en la nota criminal de los periódicos, “esposo mata a amante”, y eso en mente me movió.

    Ella se fue a terminar de arreglarse y yo salí por Karla que había quedado tendida en el sofá, recordaba que ella había quedado medivestida, pero la encontré desnuda, solo con una manta encima, eso no lo comprendí, pero igual no me pare a analizarlo más, estaba recostada hacia un lado, con la cara escondida entre unos cojines, pensé que se había despertado, pero se notaba que aun tenia semen seco pegado en parte del cachete y en el cabello, las nalgas relajadas. La sala era un solo desorden de ropa tirada y botellas vacías, podía ver la marca dejada en el sofá cuando me tiro el vino encima… me puse al lado y fui volteándola lo más suave que pude, pero ella estaba insensible, cuando me di cuenta que no se despertaría, pase el brazo por debajo de sus piernas y la tome de la espalda, sus pechos se batieron cuando la alce y la lleve hacia al cuarto, la acosté sobre las sabanas revueltas de lo que estuvimos haciendo con Alejandra, podían verse las marcas de las nalgas húmedas sobre el colchón. La recosté cruzada sobre la cama, me quede viendo sus nalgas redondas, cuando apareció nuevamente Alejandra ya vestida de jeans y solo con una camiseta tapándole los pechos.

    Alejandra: Ahora metete en la cama!

    Yo: Como?

    Alejandra: Si! No seas pendejo, si te ve aquí conmigo se vuelve loco el cabrón! Le gusta coger con otra, pero no espera que yo haga igual… así que deja de pendejadas! Chúpale las tetas que ya te hizo ella un favorcito también!

    Ya pronto estará tocando la puerta! Le dije que dormí en la sala y ustedes estaban tan ebrios que se empezaron a desvestir en la sala y los corrí al cuarto.

    Me acosté al lado de Karla, mientras tanto Alejandra se puso a su lado de la cama y se inclinó a darle un beso en la boca y luego le apretó los pezones y le metió mano en la entrepierna aquella empezaba a reaccionar y se apartó, luego se acercó a darme un gran beso, me agarro nuevamente la verga y se la metió a la boca de un solo, se me paro casi al instante y me dio una rápida lengüeteada y chupada.

    Alejandra: Gracias amor! Goce mucho contigo, pero no creo que repitamos… el beso que le dé, será con sabor a tu pene… jejeje.

    Se rio divertida y me guiño un ojo, se levantó la blusa y apretó sus pechos una última vez para mí, antes de salir disparada hacia la sala, en cuanto escuche que habrían la puerta y voces, me acosté a la par de Karla y me le pegue al cuerpo…

    Sin ropa, el pelo revuelto, señas de semen en la boca, apenas dando señales de vida, me pegue a sus nalgas, y le agarre una teta, comencé a masajeársela, le fui pasando la mano por la entrepierna, la fui masajeando y lamí su cuello, ahí ella se comenzó a mover, su cuerpo se despertaba, su coño se humedecía, se despertó y me agarró la mano, como que se acordó de algo y no la quitó, más bien la agarró con fuerza… se volteó, aun desorientada y con los ojos entrecerrados

    Karla: sos un hijueputa, me violaste…

    No entendí si se daba cuenta de algo, pero estábamos desnudos y no hizo ademan de que eso le molestara.

    Yo: Como? Ayer me chupaste la verga… aquí amanecimos!

    Karla: Perro… acaso te metí la lengua en el culo? No me acuerdo de eso!

    En eso sonó con fuerza la puerta del dormitorio, voltee a ver y frente a la puerta estaban Alejandra y el esposo, mi cara fue tan de susto como la de el, en eso Karla salvo la situación…

    Karla: Que putas les pasa!!! Cierren pendejos!

    Les tiro una almohada y rápido salieron, se levantó a cerrar la puerta y a gritarles, se volteó y se cubrió con la almohada, nos quedamos viendo un rato, yo seguía desnudo y la tenía dura todavía. Se volteó y como era su carácter explosivo:

    Karla: Tapate esa mierda! Puta, aquí en mi casa me vienen a joder la vida! Que hijueputa!

    Yo: que te pasa?

    Karla: Sos un pendejo violador!

    Yo: ok, me voy entonces, busco mi ropa y…

    Karla: No, quédate ahí!

    No dijo más, pero su cara se puso más roja que con la cólera, se acercó nuevamente a la cama, y dejo de taparse con la almohada. Se sentó sobre las piernas, sus pechos redonditos frente a mí. Le dije que la mamada que me dio me dejo seco, que nunca me habían sacado tanta leche, que nos quitamos la ropa y la amiga se había quedado dormida en la sala, que cuando se cansó de chupármela se había dormido y que al llegar al cuarto le devolví la atención y la termine de desnudar, ella me miraba incrédula porque no se acordaba, le dije que no hicimos mucho porque se durmió… En eso escuchamos que había acción en la sala…

    Karla: Gran hijueputa, viene a coger a mi casa… pedazo de mierda, esa mujer es mucho para ese cabrón!-

    Después se relajó un poco y me puso una mano en la pierna, fue rozándome la pierna hasta que tomo mi verga nuevamente y volvió a chupármela, le devolví el favor y le masajee el clítoris con la lengua y toque sus pechos, eran algo más pequeños que los de Alejandra, pero sus pezones eran más grandes y puntiagudos, el que se los pellizcara y retorciera ligeramente la excitaba mucho, pues se mojó rápidamente…

    En ese juego nos quedamos un rato más cogiendo, después nos vestimos y salimos del cuarto, ya se habían ido, solo quedaban unas cuantas prendas regadas, yo tome mis cosas y oculto en mi camisa encontré la pantaletas de Alejandra, la guarde en mi pantalón y me la lleve al salir del apartamento de Karla. Seguimos cogiendo con Karla unos meses más, ella no me quería de novio ni yo le pregunte, fue más un desquite para con su hermana, que fue con quien no hice casi nada y sin mencionar a Alejandra, que se desquitaba las que el marido le hacía… pero bueno, no lo puedo creer aun que aunque solo fui objeto de “retribución simbólica” pase una noche increíble.