Autor: admin

  • La mamá de Max

    La mamá de Max

    La señora Marlene, siempre fue muy linda y atenta con todos nosotros, los amigos de Max, desde que la conocí cuando era un niño me gustaba como me trataba y al crecer, hablo de cuando iba yo en preparatoria, miré como era dueña de un tremendo cuerpo, piernas torneadas, tetas grandes, nalgas grandes y firmes, se la pasaba en el gym o el fitness, admito que solo iba a su casa para verla a ella y no a Max.

    Pasó un tiempo, yo ya siendo más adulto me reencontré con Max, él muy amable me invitó a comer a su casa, yo acepté, honestamente no recordaba lo buena que estaba su mama y no pensaba en eso, el me llevo a la casa de siempre, vi a su papa ya envejecido con canas y un poco cansado, de pronto la vi a ella, un pantalón ajustadísimo en color blanco, ¡una blusa entalladísima que marcaba sus perfectas tetas y sus tacones abiertos enseñando sus hermosos pies!

    M: ¡Hola, Luis que milagro, como has crecido!

    L: ¡Hola, como le va!

    M: Max me hubieras dicho que traerías a Luisito, ¡les hubiera cocinado algo especial!

    L: ¡No se preocupe señora, muchas gracias!

    M: ¡Bueno, los dejo, voy a ir con unas amigas, me dio gusto verte Luis!

    Ella muy coqueta tomo su bolsa y se fue, todo el rato no pude dejar de pensar en ella, mi cuerpo estaba con Max, pero mi mente divagaba en su mama, en mi cabeza solo estaba ella con su ajustado pantalón y sus ricas tetas.

    Por alguna razón comencé a salir más seguido con Max y nuevamente como en la adolescencia, solo iba a su casa para admirar a doña Marlene, verla en sus pantalones entallados, con sus minivestidos enseñando sus ricas piernas, o con sus licras Marcano su chocho y sus nalgotas, ¡todo el tiempo la tenía parada de solo verla!

    Poco a poco le comencé a hacer la plática, había veces que Max estaba en otra onda y yo ligándome a su mama, la señora de 47 años parecía pasarla bien conmigo, así que como pude le saqué el Facebook y el watt, era imposible no mirar sus perfiles y sus fotos y dedicarle unas cuantas pajas, y eso que yo tenía 24 años y una vida sexual muy activa.

    Cierta noche fui a buscar Max, creo que esa vez fue la única que, si lo necesitaba a él, al tocar no estaba la muchacha del aseo, la misma señora Marlene me abrió la puerta, cuando la vi, ¡puta madre! casi me voy para atrás, traía un short de licra que se le transparentaba todo, un escote blanco dejándome ver la mitad de sus tetas!

    M: Hola Luis, ¿como estas?

    L: ¿Hola señora, bien y usted?

    M: yo muy bien, jajá, ¡pásale anda no te quedes ahí!

    L: Gracias, ¡pero vengo por Max!

    M: ¡Ay mi hijo no está, tampoco sus hermanos y su papa, todos están fuera, estoy solo yo!

    L: ¡Bueno, creo que vendré otro día!

    M: ¡No, espera, hazme compañía un ratito, tenemos mucho que platicar!

    L: ¿Segura? ¿No se le hace incomodo platicar con el amigo de su hijo?

    M: Para nada, eres de confianza, ¡ven para acá y tomemos algo que tengo mucha sed!

    Pasamos a su sala y nos empezamos a tomar unos vodkas, la plática era muy entretenida, hablamos de mi vida, de mi futura esposa, de la familia de ella y de Max, poco a poco fue subiendo el ánimo de la charla, hasta que me pregunto cuando fue mi primera vez, yo un poco colorado le dije cuándo y con quien, ella se sonrió ya que conocía a la señora Olga.

    M: ¡Jajá, en serio con la mama de Sandra, esa Olga resulto toda una asalta cunas jajá!

    L: ¡Pero si me sentí mal, jajá Roberto era mi amigo y yo teniendo sexo con su mama!

    M: ¡Que tiene! ¡Si ella quiso y tú te dejaste o al revés, que tiene!

    L: ¡No te molesta eso!

    M: ¡Para nada, el sexo no tiene que ver con lo que es tu familia y amistades!

    L: Ósea, si quiero tener sexo contigo, ¿no habrá problemas?

    M: ¡Jajá, hay Luisito que bárbaro, mejor dame otro vodka!

    ¡Sus palabras retumbaban mi cabeza, no podía dejar de imaginármela desnuda, creo que fui tan obvio que incluso me lo hizo notar!

    M: ¡Luis jajá parece que nunca has visto unas piernas!

    L: ¡Como las suyas, no!

    M: ¡Ya, si son comunes!

    L: ¡Para nada, con todo respeto, está usted muy buena!

    M: Jajá Luis, favor que me haces, yo ya estoy vieja, no estoy como antes

    L: Con todo respeto, pero usted es capaz de derretir a cualquiera, cuénteme como uno!

    ¡Nos miramos fijamente y de pronto comenzamos a besarnos, sus ricos labios daban unos besos tiernos y sus manos acariciaban muy rico, yo puse mi mano en su pierna, acariciándosela hasta casi llegar a su entrepierna!

    M: ¡Espera, esto no está bien!

    L: ¡Pero señora, no que el sexo no tenía que ver con la familia!

    M: ¡Pero es que a ti te conozco desde niño, me cohíbes!

    L: ¡Déjame tranquilizarte!

    Seguí besándola, la besaba y acariciaba tan pasionalmente que poco a poco cedió, ahí mismo en la sala nos recostamos en el sofá, y mis manos acariciaban sus piernas, abdomen y tetas, uf, ¡se me puso durísima al sentir su cuerpo!

    ¡Me quite la camiseta y el pantalón, dejándome los calzoncillos, ella me miro un poco desconcertada, pero se lanzó a acariciarme y besarme, le quite su blusa y sus licras dejándola en tanga y brasear muy sexi!

    L: ¡Pero que rica estas señoras!

    M: Dime Marlene, ¡gracias por el cumplido!

    L: ¡Dios mío, siempre fuiste mi fantasía Marlene!

    M: ¡Lo supuse, siempre eh visto como me miras, solo que no pensé que esto pudiera ser verdad!

    Le bese todo su rico cuerpo, desde sus hermosos pies, subiendo por sus piernas y muslos, su abdomen, sus entrepiernas, sus tetas, me detuve a lamer sus pezones hasta llegar a su boca, le baje la tanga y fui directo a su vagina húmeda, ¡la tenía depilada y lista para ser comida!

    ¡Le comencé a besar los labios vaginales, mis dedos acariciaban su pelvis, ella gemía despacito y me acariciaba la cabeza, mi lengua empezó a entrar y salir de su húmeda vagina, mis manos apretaban con fuerza sus firmes y grandes nalgas, deteniéndose en sus muslos y piernas!

    Le comencé a hacer un tremendo oral, mi lengua la follaba delicioso, su clítoris se inflo como paloma, ¡mis dedos entraban y salían de su vagina mientras mi lengua lamia su clítoris!

    L: ¿Te gusta bebe?

    M: ¡Me encanta, uf, sigue!

    Sus palabras me motivaron para darle tremendas lamidas, mi lengua entraba en forma de taco, mis dedos que ya eran tres, entraban duro para hacerla gozar, sentía como se ponía más y más excitada, ¡yo estaba emocionado ya que aún no podía creer que me estuviera cogiendo a la mama de mi amigo!

    Después de darle placer con mi lengua y dedos, me quite el calzón y le enseñe mis 21 cm durísimos, ella los miro con ojos súper abierto y comenzó a acariciarlo como si fuera su mascota, le hablaba tierna y le daba besos suaves, ¡eso me súper prendió!

    M: ¡Que rica verga, grande y gruesa, uf, Luisito que escondido lo tenías, con razón Olga te violo jajá!

    L: ¡Te gusta corazón, es tuyo, devóralo!

    En cuanto le dije eso, uf, comenzó a chuparlo como toda una profesional, sus años de experiencia mamando me estaban haciendo jadear y gozar, su lengua lamia rico su boca se abría para que mi verga entrara por completo, sentía su garganta, ella se comía toda mi verga, yo apretaba el cuerpo, ¡sus dientes me rasgaban rico y sus manos apretaban mis testículos!

    M: ¿Te gusta hermoso?

    L: ¡Me encanta linda, continua, uf!

    M: Que verga más rica, ¡nunca me había comido una tan grande!

    L: ¿Le eres infiel a tu marido?

    M: ¡Yo soy un muejron para una sola pija jajá!

    Lo que me dijo me puso a mil, la tomé de la cabeza y empecé a follarle la boca, mis movimientos eran ricos, sentía como sus dientes y su lengua le daban un rico trabajo a mi verga, yo jadeaba del placer, le empecé a meter los dedos, ella escurría gracias a lo que yo le hacía.

    ¡Me acosté en el sofá que ella, convirtió en sofá cama, y subió lentamente para cabalgarme, sus movimientos eran ricos, yo le acariciaba las piernas y las nalgas, ella brincaba dejándose caer, su vagina mordía riquísimo mi verga, que sensación! Sus movimientos eran de profesional sexual, nos besábamos, yo me deleitaba con sus tetas grandes y firmes, le mordía los pezones le besaba el cuello, ella seguía haciéndolo, pero ahora invertidamente, observaba como mi verga le entraba y le salía, le acariciaba las nalgas y le daba pequeños tirones de cabello.

    L: ¡Uf, mami, que rico, que rico te mueves!

    M: ¿Que dura, te gusta bebe?

    L: ¡Me encanta, sigue así, síguele!

    La acosté y me la empecé a coger “normal” mientras le besaba su cuello, mi espalda era arañada por sus uñas largas, le apretaba sus piernas y le mamaba las tetas, ¡nos besábamos apasionadamente!

    M: ¡Me encantas nene, que rico hombre eres!

    L: ¡Usted es la más rica del mundo!

    M: ¡Quedamos en que me hablarías de tu!

    L: ¡Los siento, la costumbre jajá!

    La puse en cuatro y casi me desmayo al ver tremendo culazo, grande y hermoso, ella se empino lo más que pudo, comencé con la cabecita, mientras me deleitaba con sus nalgas mi cabecita le daba placer, la tomé de los muslos y se la metí ya más fuerte, mi verga entraba duro, ¡yo apretaba sus ricas nalgas y le acariciaba la cabeza!

    L: ¡Ah, mi amor, que rica estas!

    M: Dámela así, que rico, ¡que rico!

    L: ¡Eres una bomba!

    M: ¡Me matas, uf, que verga tienes!

    Mis movimientos eran más rápidos, al estar ella súper nalgona tuve que ponerme de pie y ella empinarse en la orilla del sofá cama, ahí se la deje ir hasta el fondo, le daba pequeñas nalgadas, sus gemidos me excitaba mas y más, sentí como empezó a escurrirse, le apretaba fuerte las tetas y ella me lamia los dedos.

    M: ¡Goza papi goza!

    L: Bebe, ¡me vas a hacer venir!

    M: Lléname de ti, ¡quiero tu leche!

    L: ¿Que quieres?

    M: ¡Quiero tu leche!

    ¡La tome del cabello y empecé a penetrarla salvajemente, le daba nalgadas, la abrace para metérsela más fuerte y hasta el fondo, ella gemía y también se movía riquísimo!

    M: ¡Papi! ¡Así así, que duro, dios!

    L: ¡Toma, tómala nena, que rico!

    M: ¡Coges maravilloso, dios mío!

    L: ¡Bebe, me vengo, me vengo!

    M: ¡Yo también dios!

    ¡Ambos nos corrimos juntos, nuestros fluidos se esparcían por todo el sofá cama, los gritos eran muy fuertes, el orgasmo fue maravilloso, nunca había sentido un rico orgasmo como ese!

    Me recosté un poco y ella se acostó boca abajo para dejarme acariciarle las nalgas mientras me limpiaba la verga con su boca, su lengua limpiaba todo el semen mientras me miraba retadora y coqueta.

    L: ¿Te gusto hermosa?

    M: ¡Eres el mejor!

    L: ¿Quieres más?

    M: Claro, ¡será un placer!

    ¡De pronto recibió una llamada, era Max!, me dijo que me vistiera que estaban a punto de entrar, yo corrí al baño mientras ella acomodaba lo demás.

    Tuvimos suerte, los demás llegaron y nadie sospecho nada, Max se fue conmigo para la casa de otro amigo, me despedí de Marlene normal, pero en la noche o madrugada, nos escribimos por mensajes, nos mandamos fotos y videos.

    ¡Esa fue la primera de varias veces que me cogí a la buenísima mama de mi amigo Max!

  • La seducción de mi madre (Tercera parte)

    La seducción de mi madre (Tercera parte)

    Después de mucho pensarlo, decidí hablar con ella, me excitaba mucho no solo el verla coger, sino también imaginarlo, pero no podía hacerle eso a mi padre, sabía que cada domingo después de su reunión dominical de la iglesia iban a casa de Sandra y Victor con el pretexto de hacer sus estudios religiosos, y era sabido que terminaban culeándosela. Ella se veía feliz ya permanentemente, como nunca la había visto, era muy amable en casa y siempre con la sonrisa en el rostro.

    Un domingo que volvió de su respectiva cogida, aprovechando su buen humor decidí encararla, en un momento que mi padre estaba en la sala (se había dormido viendo televisión) me acerque a ella en su habitación y le dije que sabía todo lo que pasaba, lo que hacían con Sandra y su marido, que era infiel, ella al inicio se hizo la ofendida pero cuando le dije que sabía que hasta le habían desvirgado el culo no soporto más y se echó a llorar, me pidió perdón y pregunto si le diría a mi padre, le dije que si continuaba con eso se lo diría, ella lo pensó y me dijo que ya no seguiría con esos encuentros.

    Llego el fin de semana, ella fue a su iglesia y por primera vez en mucho tiempo, volvió después de la misa antes del mediodía, me alegre porque al parecer estaría cumpliendo su palabra.

    Lo mismo fue a la siguiente semana, pero a la tercera semana algo paso, ella recibió un mensaje a su celular cuando estaba en casa, la note muy nerviosa, y salió de casa, la seguí y sorpresa, se fue a casa de Sandra, al comprobar eso, no pude evitar que se me parara la pinga, decidí no tocar la puerta, volví enfadado pero también excitado a casa y me hice una paja pensando en lo que estaban haciendo.

    Al volver ya eso de las 8 pm, ella me miro y no dijo nada, yo la mire y solo me acerque y le dije que esta semana se lo contaba a mi padre, ella solo bajo la mirada y paso, el día viernes pensaba decírselo, solo que buscaba la forma más adecuada de hacerlo, cuando paso algo, mi padre tuvo un problema de salud el día miércoles, lo llevamos al doctor y le diagnosticaron problemas del corazón, por lo que le prohibieron emociones fuertes y esas cosa que le prohíben a las personas mayores.

    Cuando ya estábamos en casa pensaba en que ahora si estaba muy difícil la situación, el día domingo antes de salir a misa, ella se me acerco y me pregunto si aún estaba dispuesto a contárselo todo a mi padre? Solo la mire, ella me miro de forma desafiante y una sonrisa salió de su rostro, se despidió y me dijo que volvería en la noche.

    Ese día hable con mi padre de otras cosas y se me ocurrió decirle que se vaya de vacaciones con mi madre para que se relajen, a él le pareció muy buena idea, él se lo comento a ella en la noche, a lo que no estuvo de acuerdo pero yo los anime y a regañadientes ella acepto, puso una condición, ella escogería el lugar, así que al día siguiente en la noche ella escogió, se trataba de las playas de tumbes y que el fin de semana partirían por dos semanas.

    El viernes los lleve al aeropuerto y los despedí esperando que puedan relajarse y que ella se olvide de sus encuentros extramaritales. El sábado en la mañana me llamo Sandra para decirme que me tenía una sorpresa, resulto que el primo de ella era el dueño del hotel en la playa que mis padres reservaron para su viaje y además que ellos también estaban partiendo para allá de improviso y que si no quería que pase algo malo allá, que también pida vacaciones y les ayude a cumplir sus deseos, que eso me pasaba por intentar frenar los deseos sexuales que tenían.

    Esa misma tarde también viaje, ellos se hospedaron en el otro extremo del hotel, yo no quería que mi padre sepa que estaba ahí, así que también me fui a esa zona.

    Ubique a mi madre y le pregunte que pretendía, me contesto que no me haga y que ya sabía bien lo que iban a hacer esa misma noche empezarían y que dependía de mi si mi padre se enteraría o no, no podía permitir eso por su salud, llame a mi padre y le dije que decidí ir de sorpresa al hotel a acompañarlos en sus vacaciones, él se alegró, llegue donde estaban ellos, los salude, de pronto recibí un mensaje de Sandra diciéndome que en una hora iban a ir al mismo cuarto donde estaban alojados mis padres y que Víctor poseería a mi madre ahí mismo, así que me encargue de sacar a mi padre de ahí hasta que ellos me avisaran.

    Le dije a mi padre que fuéramos a recorrer toda la ciudad, el acepto pero mi madre me dijo que ella se quedaría porque se siente algo cansada, mi padre le insistió pero yo le dije que mejor vayamos solo los dos. Se alisto y salimos, al rato me manda Sandra un video a mi celular donde mi madre estaba desnuda en su cama, en 4 patas, él la bombeaba por el culo una y otra vez, de pronto ella se echó boca abajo, el seguía embistiéndola, las manos de ella desgarraban las sabanas fuertemente y trataba de avanzar adelante jalándose con sus brazos, se notaba el dolor en su rostro, el seguía dándole por el culo sin piedad, ella seguía arrastrándose boca abajo lentamente hasta que quedaron en una posición, ella con medio cuerpo fuera de la cama, una mano en el piso, la otra agarrando la tarima y la cabeza casi metida debajo de la cama, el encima seguía dándole más y más hasta que finalmente el estallo en un orgasmo, ella respiraba muy agitada, él se calmó, y decidió sacarle el pene del culo, restos de sangre salían, la había desgarrado ligeramente, se levantó, ella le dijo que era una bestia, desde que él le desvirgo el culo no lo habían vuelto a hacer por ahí hasta esta ocasión, él le dijo que eso era para que jamás se olvide de él, que siempre tenga presente quien le rompió ese rico culito y que recién estaba empezando, Sandra me escribió y me dijo que me avisaría cuando y pudiéramos volver.

    Tenía pensamientos nuevamente de rabia y excitación a la vez, pensar que serían dos semanas y solo era el primer día.

    Si quieren contactarme, mi correo es [email protected].

  • Seguimos jugando

    Seguimos jugando

    Luego de la visita de mi vecina a su departamento y del sexo oral que me dio traté de no cruzarme con ella ni su esposo y lo había logrado hasta esta mañana que salí a trabajar y como estaban limpiando las escaleras tuve que usar el ascensor. Cuando salgo de mi apartamento veo que ellos suben al ascensor y lo detienen para que yo suba, los saludo con un simple ‘Hola’ y miro mi celular. El ascensor llegó rápido a la planta baja y bajé rápidamente, ellos iban tras de mi cuando salimos a la calle. Ella me agarró el brazo y me dijo ‘hoy a la noche te esperamos’ sonrió y se fue.

    Todo el día pensé en eso. A la noche me duché, me puse mi juego de ropa interior favorito y mi vestido rojo muy ajustado con un escote grande y largo que marca muy bien mi figura. Agarré una botella de vino y crucé el pasillo al departamento de mis vecinos, toqué timbre y él me abrió la puerta, me miró boca abierta y dijo ‘sos hermosa’. No supe que responder, me invitó a pasar, le di el vino y pregunté por su esposa, él sonrió y dijo ‘está en el cuarto, pasa’.

    Entré y ella estaba completamente desnuda en la cama sobre sábanas blancas, su piel brillante era hermosa, me miró, sonrió y dijo ‘que elegante estás, pasa’. Entré y ella se levantó y me besó, su esposo llegó por detrás completamente desnudo. Su pene era pequeño, grueso, pero pequeño, me besó el cuello mientras su esposa me besaba la boca, me desprendió el vestido y sacó los zapatos, quedé solo con mi ropa interior, él sacó una cámara y me dijo ‘te importa si grabó?’.

    Eso me excita mucho, a lo que le dije ‘no importa graba’. Puso la cámara para grabar mientras su esposa ponía música alta para que nadie escuche según me dijo, nuestro juego. Sentí a su esposo sacar algo de un placar, era una valija con juguetes sexuales. Yo solo quería coger con ella, me encanta el sexo con hombres, pero ella me dejo muy caliente.

    Ella me besó las tetas y yo las de ella, su esposo tomó un consolador fino y largo y me dijo si quería jugar. Dije ‘si quiero’, él me besó y puso su pene en mi boca, me dijo ‘es pequeño pero lo uso muy bien’. Lo chupé hasta tragarlo todo, también sus huevos entraron en mi boca mientras su esposa me chupaba la concha. Yo moría de placer, él se acabó en mi boca y tomé su semen todo, todito, rico, caliente. Ella dejó de chupar mi concha, se paró al lado de la cama y me golpeó muy fuerte en la cara, me sorprendí y ella me dijo ‘no querías jugar?’.

    Él me tomó con mucha fuerza y me dio la vuelta, me puso la mano en la nuca y ella me metió un consolador por el culo, grité de placer y dolor, era uno de esos dobles, ella se lo metía por la concha y a mi por el culo. Fue tal el placer que terminé orinando. Él sonrió y me dijo ‘que cerda’. Ella me cogía de una forma brutal, yo gritaba pidiendo más, cuando ambas acabamos, ella me chupó el culo metiendo su lengua, yo morí de placer. Él solo miraba.

    Cuando ella se cansó me pidió ‘ahora pegame’, quedé sin saber cómo y ella me dijo ‘dame un golpe en la cara’, lo hice y ella gritaba pidiendo más, lo hice y él me tomó fuerte del cuello y me dijo ‘ahora vas a ser mi puta’. Yo moría de caliente, nunca una situación de esas, me había puesto tan caliente, él me llevó en brazos a una silla y me ató las manos por detrás, me vendó los ojos y me ató las piernas a las patas de la silla. Ella me decía ‘te gusta puta?’. Sí que me gustaba, sí que quería más, sí que estaba caliente.

    Él se arrodilló y levantó mi cadera para chupar mi conchita, ella puso sus tetas a mi alcance y se las chupé. De pronto sentí que alguien entró al cuarto y me puse en alerta, pregunté quien era y solo obtuve un golpe de respuesta y un dedo en mi culo, gemí y sentí como un hombre distinto me penetró, era un pene enorme, grité de placer y sentí la voz de ella que me decía ‘te voy a destapar los ojos puta y vas a ver quién es, solo que vas a dejar que él te coja y disfruta’. Me sacó la venda y vi que era mi casero, un hombre de unos 60 años, grande, muy cuidado, que me cogía como loco, me encantó ya que yo tenía ganas de eso hacía mucho tiempo. Él me dio por la conchita mientras yo no podía moverme, estaba por acabar cuando él ordenó que paráramos, yo pedí ‘no por favor’, él me golpeó.

    Mi casero me dijo ‘quiero que tú decidas a quien me cojo’ y me soltó las manos y los pies, me paré y lo besé. Él me dijo ‘no, dime a quien, a él o ella’. Cuando me di vuelta los vi a él y a ella en cuatro en la cama esperando. Me acerqué y le metí un dedo a él y uno a ella y dije ’a él’. Mi casero fue y de una lo penetró, él gritó y dijo ‘gracias, esto quería’. Ella me miró aún en cuatro y yo entendí, hundí mi cara en su culo, la penetré con mi lengua y chupé también su concha. Mi casero y él acababan a chorros, los dos se tiraron en la cama agotados. Nosotras comenzamos a chuparnos las conchitas en un rico 69 hasta acabar y quedar rendidas.

    Nos acostamos junto a ellos, pero no termina ahí la historia, luego la sigo, en este momento tengo a mi casero esperando que se la chupe…

  • Mi vecino (Parte 2)

    Mi vecino (Parte 2)

    Soy Alexa ¿aún me recuerdan? Ya saben, altota de 1.75, espigada, acinturada con culito grande duro (ya regresé a hacer ejercicio) tetitas ricas en su lugar, duritas que últimamente me ha encantado andar sin bra, cabello largo negro lacio y dicen que soy guapa ‘dicen eh, dicen’. Pues ya tengo rato la verdad sin coger y es que mis amantes de ocasión no están, ni mi Armandito hermoso, ni mi regio, ni mi ex profe, ni el de Guadalajara, y mi amiguito que tengo aquí en Playa del Carmen pues se esfumó nuevamente, a ver cuando aparece, pero eso no quita que yo me arregle y esté linda y me depile toda para cuando se ofrezca la necesidad la tentación, verdad…

    Hoy por la mañana tomé un rico y delicioso baño, me puse cremita en todo mi cuerpecito y ya bien humectada encontré una de mis tangas preferidas de esas que no se notan por ser tan pequeñas y sin costuras, me puse un vestido holgado sin bra y con unas pinzas en mi talle para que se viera pegado y coqueto, era el más fresquito que vi en mi closet, unas sandalias tipo romanas, un poco de rímel, algo de gloss y salí a trabajar.

    Llegue a la oficina como si nada, las chicas te ven X y los hombres si me escanearon de arriba a abajo, mi jefe no me llamo para ver lo de unos pendientes aunque luego se perdía en mi vestido o como yo no puedo estar mucho tiempo sentada y me muevo por papeles aquí allá por todos lados pues digamos que como siempre soy un imán a las miradas, me veía linda y coqueta la verdad jejeje.

    Regrese a la oficina a trabajar con mis pendientes y entré a Twitter (alexadva) como siempre a mi cuenta donde veo porno, veo parejas swinger que me buscan, y uno que otro amiguito con los cuales platico seguido y en eso apareció un mensajito en mi celular:

    -Hola vecina, espero estés bien, sabes quién soy…

    -Hola chicuelo veo que le robaste el número a tu mamá y si se quién eres aparece tu foto en tu perfil jajaja

    -ahhh me espías jejejeje

    -eh nop para nada, pero dime que paso como estas todo bien?

    -si todo bien, solo que ando aquí por el centro por donde me dices que trabajas y la verdad no quiero comer solo que te parece si te invito a comer…

    – ok ok ok ok ahhh tengo unos pendientes, nos vemos a las 3 ahí en el frutiyogurth?

    -perfecto!!! no tardes, espero vengas más linda que la última vez que te vi…

    O sea la última vez que me vio fue desnuda jejeje, pero bueno que se puede hacer, así que corrí a terminar mis pendientes para no tener que regresar pronto, pase al baño ya sabes perfume aquí nada más poquito, gloss y toda la actitud, además tiene 18, entonces oficialmente puedo hacer y deshacer de él donde quiera!!!

    Perfecto, salí de la oficina, no estaba muy lejos del punto de encuentro, no sé cómo explicarles pero yo ya llevaba mi entrepierna húmeda sin saber si pasaría algo o no y menos con un niño con un baby!!! Llegué al restaurante, chiquito y me dispuse a esperarlo, cheque mi celular y sentí una mirada de forma obscena, descarada y extremadamente directa a mi persona, lo que me hizo humedecerme todavía mas, yo sabía que era él así como solo me levante nos saludamos de besito así cerquita de la boca y un abrazo donde obvio le hice sentir mi gusto por verlo nuevamente y que no traía bra jejeje.

    Luego de intercambiar miradas y sonrisas, ordenamos nuestra comida y si ambos moríamos de hambre, seguimos platicando de su mama de su papa de cómo le iba en la escuela de mi trabajo y de lo linda que me veía, me lleno de piropos de todos los sabores y colores. Yo solo le sonreía y claro estaba colorada por todo lo que me decía ese escuincle, terminamos de comer y quizás por la costumbre de que yo pago todas mis cosas y el quizás de que siempre pagan sus papas nos reímos al salir, se disculpó y bueno nos reímos aún mas, me quiso pagar pero le dije que no que la casa invitaba y que para la otra nos fuéramos a otro mejor lugar. Camine hacia mi coche, el me siguió y seguimos platicando, soy muy curiosa y le pregunte que como le hacía para estar con una chica a su edad y que todavía vivía en casa con sus papas como le hacía, claro yo sabía pues yo lo hice yo cogia en mi cama y hasta en la de mis papas pero quería saber su respuesta.

    Me contesto que llevaba meses sin saber lo que significa esa palabra…»coger» y ni hablar de hacer el amor.

    Se dio cuenta de mi excitación, por mis pezones y muy campante me dijo que platicáramos en un lugar más íntimo…

    El muy cabrón puso su mano en mi pierna, no lo quite, tampoco lo invite pero tampoco me moví, comenzó a pasarme su mano por mi pierna debajo de mi vestido su dedito largo llego a mi pubis… uuummm.

    No sé qué me pasó realmente pues en vez de cerrar mis piernas mientras me estremecía lo que hice fue todo lo contrario, las abrí más, sentía como ese dedo se paseaba por mi recién depilado pubis haciendo mi tanguita ligeramente de lado abriéndose camino a mis labios vaginales… mmmm.

    Ok arranque mi coche y lo lleve a mi departamento, recuerdo que mientras manejaba, se me hacia larguísimo el camino caray yo lo que quería era ya llegar y comérmelo mientras él me decía que no había estado con nadie más desde la última vez que lo vi… y yo había sido su primera vez!!!

    Al entrar al departamento aun sin cerrar la puerta, deslizo su mano por mi espalda soltando el nudo de mi vestido, dejando caer mi vestido. Ahí estaba yo en la entrada de mi departamento parada de espaldas hacia el en una diminuta tanga, terminamos de entrar, cerré la puerta y lo desnude para mi, lo único que quedaban era mi tanga y mis sandalias.

    Recuerdo como al ver ese miembro a mi disposición grande cabezón jugoso y joven solo para mi no me pude contener, pues tras agacharme me zambullí ese animal en mi boca, lo saboreaba como un dulce, recorría con mi lengua toda la extensión de su miembro jugoso tal y como me gustan como me encantan!!!

    Tras volverme a concentrar en su cabezota rojiza, en ese momento tomo mi cabeza con sus manos y empujo hasta meterme casi todo su pene, sentía su cabeza palpitar en mi garganta, pensé que ese niño estuvo practicando con alguien más, yo seguí mamando con maestría porque me encantaba lo que tenía en manos o más bien en boca, me gustó muchísimo lo que hizo, podía sentir su temporal dominio sobre mi, eso es algo que me encanta, saber que soy la puta dominada de los hombres que pasan por mi cuerpo, aunque hoy solo me deje dominar.

    Tras finalizar de saborear su pitote, se tumbó sobre la cama mientras con su brazo estirado me llamaba.

    Con su animal en mano me invitaba a sentarme sobre este. Abrí mi cajón sacando un condón con textura, se lo coloque y después de hacerme la tanga de lado, tras colocarme sobre su miembro fui dejándome caer sintiendo primero su cabeza restregarse por mis labios empapados y hacerse camino entre mi panochita húmeda, bajar poco a poco por todo su tronco hasta llegar a la base y sentarme en el… ooohhh. Dios que gusto, tenía mi coñito dilatado!!! Sentía como golpeteaba mi útero, este escuincle está muy sabroso y lo enseñare a coger como los mismísimos dioses!!!

    Ya que la tenía toda dentro de mí, comencé a moverme yo misma sobre el muy despacio, llegando a arquear mi cuerpo hacia atrás hasta apoyar mis manos sobre sus rodillas, pues de este modo siento con toda plenitud su animal, su miembro vivo dentro de mi. Subía y bajaba lentamente y el placer era inmenso y aquí llego mi primer orgasmo sin más ni menos placer puro y total, me levante como pude y me tire a la cama, tome su mano invitándolo a que se subiera en mi, así que ni tonto ni perezoso me abrió de piernas hizo mi tanguita blanca de lado y empezó a taladrarme la panochita linda.

    Pensé que se montaría a lo menso y terminaría luego pero caray, estaba hincado, me tomo por la cintura me levanto un poco, mi espalda arqueada, lo abrace con mis piernas y el tenía toda la libertad de masajearme las tetas!!! Esto ya no es de un novato, este niño me estaba dando una rica cogida.

    Tomó mis piernas sin detenerse y tras apoyarlas sobre sus hombros, arqueo su cuerpo de modo de sentir aún más placentera sus penetraciones… aaahhh eran indicios de que terminaría pronto ya que empecé a sentir como crecía dentro de mi como palpitaba más dentro de mi, no supe que hacer si quitarle el condón que terminara en mi boca o en mis tetas o dejarlo terminar así dentro de mi.

    Pero de pronto puummm se salió, se me quedo viendo y me dice:

    -Quiero tu cola, me dijo con su rostro juvenil, me causó tanta ternura que no podía negárselo.

    -pero espera ahhh ok necesitamos lubricante

    me dijo- estás empapada, anda ya casi termino será rápido.

    Yo estaba excitadísima por lo que estaba pasando por el momento por el lugar y por qué un escuincle me estaba partiendo en 2 de una forma deliciosa!!!

    Así que sentí la dureza de ese animal rozar mis nalgas… sintiendo su grande mojado animal restregarse en mi culo, me hizo estremecer ya estaba ahí ya no me podía negar y además yo estaba súper excitada…

    Así que me coloque en 4 dándole mi anito para que me lo atravesara a placer, el solo atino a poner la puntita de su animal en mi entradita, yo estaba empapada entonces eso facilito la entrada, ahí estaba yo dándole culito a un niño que quizás era su segunda vez con una chica, mmmm así que lo sujeto para que no se saliera y lo fue introduciendo lentamente… hasta que escuche revotar sus huevos en mi culo como chanclean en cada embestida, muero de placer y va mi segundo orgasmo ahhhh…

    Recuerdo que mientras me partía en dos se disculpa por la manera en la cual me la había metido, que si quería me la sacaba… pero ya casi terminaría además yo estaba loca de placer…

    Le dije… Que ni con una orden del Juez me la iba a sacar, con el placer que me estaba dando.

    Me sujeto por la cadera sentí su palpitar como me tomaba con más fuerza yo sabía lo que vendría le dije que se viniera adentro que no me la sacara, sentía como se hacía cada vez más duro hasta que ahhhh sentí como se convulsionaba dentro de mi ahhhh que rico sentí como lleno mis intestinos de semen ¿? y tras unos segundos me la saco y nos quedamos recostados en mi cama…

    Y si me relleno cual pavo, mientras me taladraba la cola el condón se rompió, por eso me inundo toda de su leche, ahhh que rica sensación esa de que te escurra todo entre las piernas…

    Lo bueno de ser un chavito es que tienen energía de sobra, se quedó un par de horas, le saque 3 veces más la leche, ya no regrese a trabajar y después de más de un mes sin coger hoy perdí mi virginidad otra vez jejeje.

    La pregunta es, lo sumare a mi lista de amantes permanentes o lo dejo para la historia…

  • Despechada

    Despechada

    No podía ordenar mis pensamientos, el hijpotua de mi marido me dijo que teníamos que dejarlo, era lo mejor, como si él fuera un puto psicólogo de pago. Veinticinco años con él, dos hijos de por medio. Veinticinco putos años. Claro, yo no poseía carrera universitaria, siempre me lo achacaba, no de forma directa, sino con pequeños reproches. Me sentía como un animal agonizante. Me lo dijo a la una de la madrugada de un lunes, Sara y Marcos estaban en otra ciudad estudiando en la universidad. Se marchó como si tal cosa.

    A mis 45 años lo tenía decidido, me mire en el espejo, aunque mis generoso pechos están algo caídos soy lo que dice mi hija una mujer corpórea, con unas nalgas bien ajustadas, sin celulitis, levantadas y redondas, soy de complexión alta — 171 cm — me viene de familia. Soy morena y me dejo media melena por mi cara angulosa y porque me complementa más con las gafas. Aunque esa noche me puse las lentillas y me pinte los labios. Me puse un vestido negro ajustado por encima de las rodillas. Decidí mostrarme descarada y decidí salir desbragada. Iba a por todas.

    Cruce media ciudad con el coche, ya eran las 2 de la madrugada de un Lunes. Vi un pequeño garito que aún tenía luz, aparqué enfrente. Me bajé, con taconeo sonoro entré en el establecimiento. El camarero estaba barriendo al mismo tiempo que hablaba con un joven ataviado con un chándal rojo, zapatillas deportivas con suelas grandes, usaba gorra con colores fosforescentes, en su cuello dos collares, dos anillos en ambas manos con sus pulseras correspondientes en la muñeca. El camero cuarentón llevaba delantal, era calvo, con los ojos estrábicos, sin afeitar. Me senté en un taburete de la barra. ¡Ejem!, oí a mis espaldas. Me gire, al mismo tiempo que mi falda había subido.

    — Sé que es tarde, pero solo quería una copa, un vodka doble.

    — Claro, señora, veo que le va lo fuerte, enseguida se lo sirvo.

    Pasó tras la barra mirando al chico que estaba sentado, me sirvió el vodka, se fue a hablar con el chico. En ese momento me ladee de manera que quede perfectamente a la vista de ellos, su posición baja en cuanto a la mía encima del taburete. Cuchichearon entre ellos, pude oír como el chico le decía “la puta no lleva bragas”. Sus miradas hacía mi fueron terribles. Me volví con la mirada clavada en las botellas tras la barra que tenía enfrente. Tras mía note unos pasos ligeros y que la persiana del local se bajaba. Al girarme el chico estaba delante de mi, no era alto, más bien bajito, pero su porte era gallardo y achulado. Se levantó la visera de la gorra y me subió el vestido, quedé sentada en el taburete, notaba mi culo pegado al cojín.

    — Mira que eres cerdaca — dijo el chico.

    — Voy como me parece — contesté.

    Sin más dilación me cogió los tirantes del vestido hasta bajarlos debajo del sostén, después sin desabrochar el sostén me saco los pechos por arriba. El camarero solo miraba. Dio una violenta patada al taburete y quede en el suelo, con los tacones no podía levantarme, al intentarlo ya tuve la polla a la altura de mi cara. Intenté decir algo pero la polla ya estaba en mi garganta. Me tenía atenazada la nuca, literalmente me follaba la boca. No podía ni respirar, oía el tintineo de sus collares y pulseras. Paro un momento y por fin pude tener una bocanada de aire, pero no dio tregua, otra vez me la metió en la boca.

    — Intenta tragártela toda, puta.

    Mis ojos estaban llorosos, me venían arcadas, babeaba. Por fin me soltó. Me levantó y me llevo sobre una mesa, me abrió las piernas en tijeras y me bombeo hasta correrse. Lo hizo dentro de mi vagina, después vino el camarero y se pajeo encima de mi cara hasta venirse y dejarme la cara embadurnada.

    — La hijaputa se ha corrido también — dijo el chico.

    — Venía a por rabo y lo ha tenido — contesto el camarero.

    Me arregle un poco el vestido, el camarero ya me había levantado la persiana y me fui a escape.

    A la mañana siguiente no me reconocía, había sido un impulso alocado. Y la verdad es que en cierta medida lo disfruté, y sí, me había corrido en esa escena de ópera bufa, parecía irreal. Pasaron unas semanas y me sentía sola, aún no habíamos informado de nuestra situación a los chicos. Decidí salir una vez más, sentía ansias de novedades, por una parte me atemorizaba y por otra me sentía atraída, como una adicción. Aproveche para darme una vuelta por la costa, aun no siendo verano ya empezaba a hacer calor. Me aloje en un pequeño hotel, salí por la noche, esta vez con un vestido de estampados florales, también por encima de la rodilla y un generoso escote, y esta vez no solo desbragada, sino que también sin sujetador. Recale en un local fiestero con motivos florales y baile para turistas donde corría la sangría a precio asequible. No estaba el ambiente muy concurrido, empecé a beber sangría. Me sentí observada por alguna gente. En especial por un macarrónico individuo, era alto de movimientos desgarbados, mulato de piel; usaba pendientes en ambas orejas, pantalón vaquero estrecho que le marcaba paquete, deportivas rojas estridentes y camiseta blanca sin mangas de gimnasio. Era fuertote de cara poco agraciada, rapado, de nariz aguileña y ojos pequeños muy juntos. Me miraba de forma escrutadora. Hice que se me cayera el bolso y me agache de forma que se pudieran ver mis muslos. En ese mismo momento su mirada se hizo más radioactiva a través de esos pequeños ojos, vino hacía mi a paso largo patoso. Se presentó como Salimbo, llegado no hacía mucho, fiel defensor de los derechos humanos – de hecho era un sin papeles — del futbol y el culto al cuerpo mediante sesiones de pesas rematadas con flexiones. Rodeo mi cintura con su brazo y me invitó a beber sangría como quien no quiere la cosa. Me pidió dar un pequeño paseo por la playa al mismo tiempo que se agarraba su abultado paquete. Bajamos hasta el malecón. No tardo en tocarme el culo mientras me morreaba; saco mis pechos. Se desabrocho la bragueta y sus pantalones quedaron en sus tobillos. Me ofreció su polla. Era grande, nervuda con unos testículos colgantes. Se tumbó en una hamaca con el cipote enrabado. Empecé a mamarle, lamí el tronco, el glande, succione sus testículos. En un movimiento atlético cambiamos de posición, me comió el coño-culo me levantó las piernas. Yo estaba que chorreaba. Se puso en posición de ataque, empujo, dio bombeos en mi coño. Sin avisar me la clavó en mi zona anal, eche un alarido, la saco y volvió a mi vagina empezando un galope, yo gozaba esa polla. Estreché mis piernas en su cintura.

    — ¿La notas?

    — ¡Si, si, si! ¡No pares! — dije.

    Empezó unas embestidas profundas, de su garganta salían sonidos guturales.

    — ¡Toma, toma y toma!

    Me corrí como una regadera, él se levantó y me puso su polla en mi boca atenazándome la nuca, note una viscosidad en mi garganta, la mantuve en la boca, respiraba por la nariz; entonces él me hizo la pinza a la nariz, no podía respirar y tuve que tragar. Quedé exhausta, al recuperarme vi que ya se iba. En el malecón hablo con otro, el otro vino hacía mi; tenía las mismas características corporales que Salimbo.

    A la mañana siguiente de vuelta a casa pensé en la noche anterior, me habían follado encima de la playa y este compinchado con otro, el cual me había sodomizado. Había sido puesta en posición perruna y tras unos escupitajos fui enculada. Chillé y berreé como una posesa, el culo me ardía, pero no tuvo compasión, me bombeó hasta que se vino dentro de mi culo.

    Había pasado un mes de nuestra separación y ya había follado con tres. No sé qué me deparará el futuro, quizá voy para ninfómana.

  • Memorias inolvidables (Cap. 23): ¡Mamá, estás loca!

    Memorias inolvidables (Cap. 23): ¡Mamá, estás loca!

    Tanto le insistieron, tíos, hermano y primos a mi padre para que se pusiera los pantalones y se amarrara bien los huevos, que mi padre se armó de valor y tomó una resolución, hablar con mi madre y hacerme entrar de nuevo en mi casa. Eran los días próximos a la Navidad. Mi padre, según Mercedes me contó, se plantó ante mi madre y le dijo:

    — No eres la dueña de todo, al menos la mitad de esta casa es también mía. O mi hijo regresa a esta casa o te quedas sola con la mitad de ella. No quiero decírtelo otra vez. Hablaré con mi hijo y le convenceré para que venga; te disculparás con él por cómo se lo haces pasar de mal. Espero que el día de Navidad esté aquí en casa para la cena de Nochebuena y para quedarse.

    Mi madre le gritó, pero mi padre no le hizo caso y salió de casa. Mercedes estaba en la sala. Mi madre salió y al verla le dijo:

    — Has escuchado, ¿no? Ya ves cómo me amenaza y me desautoriza, ese es vuestro padre. ¿Qué me dices?

    — Solo puedo decirte una cosa: ¡mamá, estás loca!

    Y salió de casa a llorar en otra parte.

    Rosario había escuchado los gritos de todos y salió de su habitación para poner paz, pero Mercedes ya se había ido.

    — ¿Qué pasa, mamá?, ¿por qué gritas tanto?

    — ¿También tú me quieres desautorizar?

    — No sé de qué hablas, mamá, pero los gritos son propios de gente salvaje; los humanos hablamos con razones, es el modo de dialogar, pero estos días estás gritando demasiado, ¿qué te pasa?

    Elevando más la voz dijo mi madre:

    — ¿Lo ves, lo ves? También tú estás contra mí.

    — No, mamá, no estoy contra ti, tú misma estás contra ti, porque Miguel es carne tuya, es tu sangre, fue parte de tu vida y, al ponerte contra él, te has puesto contra ti.

    — ¡¡ESTOY HARTA DE TODOS VOSOTROS!!, —dijo mi madre de modo estentóreo.

    — No tienes remedio, mamá, ¡estás loca!

    Y se metió a su habitación, cerró con llave y mi madre golpeaba la puerta sin parar, como para echarla abajo. Sabiendo que estaba sola y que no levantaría la mano contra su madre, se vio en peligro y llamó a la policía de modo urgente, llamó a mi padre que no contestó y llamó a Eleuterio que le indicó que iba enseguida. Mientras tanto mi madre golpeaba la puerta amenazadoramente y gritando sin sentidos. Llegó la policía a la vez que Eleuterio. Se presentó y entraron. Escucharon los gritos y los golpes. Al ver a Eleuterio gritó contra él y la policía no tuvo más remedio que reducirla y hacer que se sentara. Media hora más tarde llegó mi padre y al ver a mi madre algo más serena habló con la policía para que se retiraran, que él se haría cargo. Rosario estaba abrazada a Eleuterio con un susto que le había dejado sin habla. Eleuterio la fue aliviando y sus lágrimas hicieron el resto hasta serenarse. Mi madre estaba avergonzada ante mi padre y pedía disculpas. Mi padre concertó una entrevista con el siquiatra para ella. Por todo eso se retrasó el deseo de mis hermanos y pasé la Navidad en casa de mis abuelos para su alegría. Mi padre y mis hermanos vinieron en la tarde de Navidad para que estuviéramos juntos. Dejamos todo el asunto de mi posible regreso para Reyes cuando ya estuviera todo algo más olvidado.

    En año nuevo llegó una prima lejana mía que vivía en Francia. La verdad es que no pude saber qué tipo de parentesco, aunque mis abuelos intentaron explicarme, pero a mí me daba lo mismo me decían que era una pariente lejana y que podría ayudarle a conocer el pueblo y la ciudad. Mi abuelo puso dinero en mis manos para disposición nuestra. Claro, si íbamos a Granada, que es lo que la muchacha quería por no sé qué trabajo que estaba haciendo, tendría que buscar por internet un hotel y pensé en ahorrar, me costaba una habitación doble más económico que dos singles. Así que confirmé una habitación doble para tres noches con desayuno incluido.

    La llegada de Lausanne, así se llamaba mi pariente, tuvo que retrasar de nuevo mi regreso a mi casa, porque tenía que hacerles este favor a mis abuelos. Además me dijeron que ya que iba a Granada que continuáramos a Sevilla y le mostrara luego la Ciudad de la Torre del Oro, como dice mi abuelo. Pensé que desde el hotel en Granada me podrían facilitar habitación en un hotel de su misma cadena en Sevilla. Me resultó más económico —aunque solo unos tres euros menos por noche— que por agencia de internet. Lo hice por comodidad.

    Me extrañaba mucho que, no pudiendo mi abuelo mostrarme el parentesco de Lausanne conmigo me dijera que es de la familia y yo la tenía los dos primeros días que estábamos en casa como pariente. La chica hablaba poco español y se expresaba en francés chapurreando el español, y se manifestaba muy suelta y alegre. Al segundo día mi abuela salió de compras, mi abuelo había salido a sus asuntos y Lausanne dormía o, al menos, estaba en su habitación, decidí a acompañar a mi abuela a las compras y cogí el carro, le ofrecí mi brazo a mi abuela y nos fuimos en dirección al super. Entonces le pregunté:

    — Abuela, ¿qué es Lausanne de mí?

    — Nada, solo una amiga, si tú quieres.

    — ¿Qué es del abuelo?

    — Nada.

    — ¿Por qué le llama abuelo a él y abuela a ti?

    — Por su padre que es mi hijo de leche, yo lo amamanté, porque su madre no tenía leche y no gustaba las leches de farmacia. Es hermano de leche de tu padre, yo amamanté a los dos.

    — !Aaah! Entonces solo es prima de leche de mí…, es decir, nada.

    — Ya te he dicho: nada.

    — ¿Por qué el abuelo me ha puesto tanto misterio con que es mi pariente y todo eso.

    — Lausanne es muy atrevida, como su madre que hizo un viaje a Francia y se enamoró del primer francés que encontró que resultó ser mi hijo de leche, Pablo.

    — ¿Lausanne se ha enamorado de mí?

    — Así es, le ha dicho al abuelo que le gustas. El abuelo que conoce el paño le ha dicho que no se haga ilusiones, porque tú ya te has comprometido.

    — El abuelo ha mentido, abuela.

    — No, el abuelo no ha dicho que te has comprometido con alguien, sino que estas comprometido, por no decirle que tú eres como eres.

    — Ah, ya, entonces puedo divertirme con ella. Esta tarde quiero llevármela a tomar algo a una cafetería y presumir de chica, porque, abuela, Lausanne es muy guapa…

    — Como su madre y más aún como su padre.

    — Nunca me había hablado mi padre de esto…

    — No lo sabe, es un secreto del abuelo y mío, en ese tiempo vivíamos en el campo, en aquella casucha que tú viste, todavía no estaba la granja de mi cuñado, la de tu tío Marcelino, nadie supo nada. Les amamanté durante 20 meses y de mis manos comían los dos la papilla. Pero antes de los dos años, los padres de Pablo, el hermano de leche de tu padre, se la llevaron a Francia para que aprendiera en familia a hablar francés y no encontrar dificultades en el Colegio a causa de la lengua. Los padres de Pablo han venido varias veces de visita, han estado aquí en casa un día y se han ido. Ellos veraneaban todos los años en Málaga hasta la muerte. Pablo vino a vender la casa de Marbella, porque a su mujer no le gustaba venir a España. Lausanne ha venido a conocer a sus abuelos de España, porque es la primera vez que viene, no la conocíamos. De todas formas su padre me ha dicho por teléfono que tenga paciencia con ella, que es un poco…, no sé cómo me ha dicho, pero entendí como rara. Ya estás enterado de todo, a partir de ahora lo guardas en ti y a nadie dices nada. Pero yo la veo muy simpática.

    — Gracias, abuela.

    Cuando llegamos a casa, todavía Lausanne estaba en su habitación. Entré sin llamar para ver qué pasaba, no le preocupó nada, me sonrió, se levantó de la cama y me besó, tapándose los genitales y pechos con la sábana. Entonces supe que dormía como yo, desnuda, porque pude verle medio culo y muy bonito, por cierto. Empecé a interrogarme lo del hotel, pero ya estaba hecho. Se puso una camisa o blusa, sin sujetador y unos pantalones muy estrechos y ajustadísimos sin bragas. Pensé que ella era yo, hacíamos lo mismo, no me pongo ropa interior si no es estrictamente necesario, según las circunstancias, pero quise ser modesto con ella y no la miraba mientras se vestía.

    Las sandalias de tacón alto y grueso que se puso tenían correa y me puse de rodillas a sus pies para abrocharle las correas con su hebilla. Se lavó la cara y los dientes y se peinó, me miró y me preguntó:

    — Comment ça va, comment tu me vois?

    — Je te vois très jolie, parce que tu es superbe, tu es belle comme un gâteau avant de le manger, —dije yo.

    — Oh, tu es brave, Miguel, sais-tu que je tombe amoureux de te voir si beau et serviable? Tu es vraiment un paradis, —dijo Lausanne muy cariñosa.

    — Le ciel c’est toi, mais à partir de maintenant nous parlerons en espagnol pour que tu l’apprennes avant de partir, tu comprends, Lausanne? —Esto le hice entender.

    Me besó en los labios y correspondí. Abrió los labios y pasé mi lengua y seguimos besándonos. No pensaba que tenía una mujer delante, sino que habíamos entrado en otra esfera de nuestra común curiosidad. Nos mantuvimos a raya, yo solo le acaricié los glúteos por fuera del pantalón, los apreté hacia mí y ella hizo lo mismo. Mi polla se mantenía en su sitio. Aquello parecía un juego de niños más que un encuentro de adultos. Comenzamos a querernos, yo la quería como mi prima, ella me quería, pero nunca declaró de qué modo, ni en los momentos más graves.

    Lo más grave y sorprendente ocurrió la primera noche en Granada. Tuve mucha suerte, el hotel tenía plazas gratuitas para estacionar el coche. Pero no entramos esa tarde por el ascensor, quise dar la vuelta y ver la calle primero. Cargamos los dos nuestras mochilas. Lausanne llevaba una bolsa rosada en bandolera que le hacía juego con su mini pantalón roto, por detrás mostraba el comienzo de sus nalgas, llevaba una camiseta muy ceñida sin mangas y los pechitos marcados. Nos registramos mediante el voucher que llevaba en el iPhone y nos dieron la 312, tercer piso mirando a la calle. En el hotel nos miraban con cierta envidia hacia mí, porque yo soy guapo común, pero Lausanne lo es de modo extraordinario.

    Llegamos a la habitación y le dije:

    — Yo tengo necesidad de ducharme, estoy algo cansado de conducir, pero si quieres ducharte antes, yo me tumbo en la cama para relajarme.

    — Nosotros podemos bañarnos juntos y gastamos menos tiempo, si quieres claro, pero quisiera que me pasaras la manopla por la espalda.

    En ese momento me acordé de mis amigos franceses que se enjabonan con manopla. Yo siempre he preferido esponja, pero de viaje no llevo nunca. Tampoco me afeito, salgo ya bien depilado desde casa para no sudar con pelos. Me quedé unos momentos pensando. Entonces se tumbó en la cama a mi lado y me miró de modo fijo y llevó mi mano a sus genitales. Me extrañé que lo hiciera y tuve que decirle en francés para que me entendiera:

    — Lausanne, je peux t’aider à te laver, mais je suis un garçon, un garçon gay et tu ne pourras pas me faire tomber amoureux. Je t’aime parce que tu es ma cousine, mais moi avec les filles, je te dis la vérité, je ne peux pas …

    Se incorporó y se quitó su pantaloncito y su tanga delante de mis ojos y ¡oh, sorpresa! La niña tenía pene y escroto. Y me suelta:

    — Tú n’as pas à t’inquiéter, car tu verras que je suis un travesti, je suis en fait gay, je ne changerai pas de sexe, mon pénis ne me gêne pas, il est assez petit pour le cacher, mais j’aime bien m’habiller et me fixer le visage, les mains et les pieds Très féminin et me flattant de me parler en tant que femme, avez-vous compris, mon cousin bien-aimé de mon cœur?.

    — Eso quiere decir que mi viaje va a ser mejor de lo que imaginaba…

    — Bien sûr, je souhaite que nos bañemos ensamble y me hacer l’amour sous la douche.

    Esto chapurreó ente español y francés me provocó la risa y decidí dale gusto. Me levanté de la cama, me dirigí a ella, la besé, conste que ella besa muy bien, le quité la camiseta amarilla sin mangas y le desabroché con cuidado el sujetador, se lo separó de su cuerpo y cogidos de la mano fuimos al baño, nos volvimos a besar, comenzó a desnudarme, ya estaba yo descalzo, y me quitó mi camiseta de tirantes, me desabrochó el pantalón y lo dejó caer. Lo vio y quedó absorta de ver mi polla guapa y esplendorosa.

    — Oh, c’est le plus gros pénis que j’ai jamais vu!… C’est plus gros que celui de mon père.

    Yo también pensé que mi polla era más grande que la de mi padre. Levanté mis pies y saqué mi jean. Entramos a la ducha, nos sentamos sobre el plato juntos y le examiné su pene, se lo toqué, igual que su pequeño escroto que contenía dos testículos de gran tamaño natural. Su escroto no cuelga como el mío, se mantiene muy unido a la base del pene, este es aproximadamente de poco más de 9 cms. Lo masturbé primero y me agaché para ponerlo en mi boca, le di placer, gimió de gusto, sobretodo cuando retiraba el prepucio con mis dientes y lamía en torno al anillo. No llegaba a mi garganta, pero la descarga de semen fue abundante. Quiso mamar mi polla y lo disfrutó, yo si llegaba hasta su garganta y tuve que retirar su cabeza para que no se atragantara. Le pedí que acariciara mis huevos para estimularme más y eyaculé en su boca. Aunque algo se le escapó, retuvo casi todo el semen que compartimos agradablemente con un largo beso.

    La veía feliz y con más deseo, pero le indiqué que fuéramos a pasear y a la noche dormiríamos en una sola cama …

    — …et nous ferions l’amour, dijo ella.

    Nos duchamos, pasé la manopla con gel por su espada y culo, le acaricié mucho el culo y ella me acariciaba la polla. La sequé con una toalla y con la misma me sequé yo para sentirla en mí, nos vestimos muy ligeros y salimos a pasear. No hacía frío, parecía primavera. Primero entramos en unos grandes almacenes y compramos alguna camiseta, aunque en el coche teníamos una caja con ropa. Ella me preguntó en mal español si yo prefería que se vistiera de chico y le contesté que no, que la prefería como ella deseaba y le hablaba en femenino con facilidad porque así la conocí. Le ayudé a escoger su ropa y me daba gusto verla entrar con mucha naturalidad en el cambiador de mujeres. Vi unas tangas femeninas muy atrevidas y le dije que yo le regalaba las que le gustaran, compró tres muy transparentes para congraciarse conmigo y un par de mallas.

    Fuimos a cenar. Teníamos hambre. En el viaje solo comimos un bocata cada uno. Cenamos bien, paseamos un rato más y regresamos al hotel desde Domino’s Pizza a pie y siempre que podía le metía la mano en el culo por dentro de su diminuto pantalón, que ella hacía lo mismo. Pero desde que salimos del hotel casi todo el camino lo hicimos agarrados por la cintura y de vez en cuando en las esquinas nos daba por besarnos. Ni un alma nos molestó. Hasta en los grandes almacenes comprando las tangas nos besamos delante de la señorita que nos atendió para provocar la envidia. Ya sabía yo que este viaje iba a ser excepcional. Le pregunté en una esquina tras un beso:

    — Qué has hecho con tu vello?

    — Epilation totale au laser.

    Me callé, debí de haberlo imaginado, estaba muy suave. Ya se habían acabado los secretos entre nosotros. Lausanne y yo íbamos a por todas. Cuando, tras desnudarnos, nos metimos en la cama, comenzamos a tocarnos y besarnos. Lausanne me parecía bella, la verdad es que era una niña bonita, linda, encantadora, por su pene podría haber sido un niño bonito, lindo, encantador, pero me daba ya lo mismo, había que darle gusto y estaba con una chica que me enamoraba, celestial carita muy femenina, simpática mirada firme y muy agradable sonrisa, una boca tirando a grande que daba gusto besar… Allí, juntos los dos, desnudos ambos, nos habíamos acostado para hacer el amor, pero teníamos ganas de contarnos cosas y de saber cada uno de otro. Entre beso y beso, le pregunté:

    — ¿Porque naciste con pene y te llamas Lausanne, que parece femenino?

    — Cuando nací me llamaron Laurent, en español es Lorenzo. En el tiempo de Colegio comencé a ser mujer, me vestía muy femenino, a mis padres les gustó porque ellos hubieran deseado que yo fuera niña desde el comienzo. Yo salía con mis amigos y amigas y siempre vestía de chica, porque lo soy, y cuando acabé del Colegio, me hice cambiar el nombre en el registro de la Mairie, y desde ese día mi nombre oficial es Lausanne, —me relató Lausanne medio en francés medio en castellano.

    — Qué bonito, y tus papás te apoyan, claro.

    — Sí, desde le premier jour. Jamais me han quitado mi pensamiento, et somos felices, —dijo.

    Mezclando las dos lenguas me contaba todo, mientras suavemente le iba dilatando el culo, precioso culito que tiene mi prima, sin arrugas, por eso tenía que dilatarlo, no estaba dispuesto a estropear semejante belleza. Ella me iba acariciando mi pene, le encantaba y deseaba tenerlo dentro:

    — Date prisa, Miguel,… et il baise vite mon cul, je le sens déjà en moi … et je le veux tellement, Miguel …

    — Tú culito es precioso, pero débil, yo lo amansaré y será más placentero, ya lo verás, —le dije sin dejar de besarle y sin dejar de dilatar su culo. Y todo llega. Me puse en 69 para amasar con mi lengua sobre sus esfínteres que ya había atravesado y le di mi polla para que la disfrutara en su boca, cuando consideré que estaba a punto. Me senté sobre la cama, le di media vuelta, levanté una pierna en alto, formando entre los dos un ángulo obtuso, me levanté, la tiré una poco hacia mí, levanté su culo al nivel de mi polla, su cabeza y hombros se apoyaban en la cama y comencé a entrar en su culo mi polla de modo que Lausanne lo pudiera ver y mejor lo disfrutara. Lausanne es muy elástica de cuerpo, parece tener huesos de goma. Metí sin prisa mi polla en su culo, escupía de vez en cuando, hasta que entró toda. No se quejó, no lloró, sonreía feliz y disfrutaba. Tras un momento en esta posición, comencé a sacar y meter mi polla primero suavemente. Lausanne alargaba una mano para tocar mis testículos. Finalmente comencé a bombear cada vez más rápido.

    Frené un momento para ponerla más cómoda y la tumbé poco a poco en la cama. También me tumbé al revés, pero con mis nalgas muy pegadas a las suyas, su pierna derecha sobre mi pierna izquierda y mi pierna derecha sobre la izquierda suya. Me agarré a la sábana y la iba follando en esta postura. Ella adivinó que podía intervenir y hacíamos acompasadamente lo mismo con enorme penetración, se corrió sobre su pubis y abdomen y no tardé en correrme dentro de su culo.

    Tras unos pocos minutos, ya estábamos juntos abrazados y ya ella me había lamido mi polla. Yo le chupé sin parar la suya hasta hacerla vibrar y eyacular de nuevo abundante semen que me tragué sin contemplaciones.

    Nos fuimos a la ducha cansados y con sueño. Tras la ducha la sequé con la toalla y ella me secó a mí. Dormimos abrazados para un día pesado durante el cual íbamos a visitar el Generalife y la Alhambra.

    Tanto en Granada como en Sevilla, pasamos una semana, muy pendientes uno de otro. Yo la amé, de día éramos novios como heterosexuales, en la noche hacíamos entre los dos el amor, no una ni dos veces, sino al alza. En Sevilla le compré un pene de silicona grande con correa ajustable para que me follara y se diera cuenta que también puede dar placer a su amante, sea varón o mujer. Ese día que me folló en Sevilla hasta hacer que me corriera se enamoró de mí, aun no sabía mi situación que pensaba contarle al regreso.

  • Mario (18 de 22): La vuelta de Peru

    Mario (18 de 22): La vuelta de Peru

    Guillermo regresó de su viaje a primeros de Septiembre, había comenzado ya mis clases y el veranos había pasado. Había atendido sus recomendaciones y Rodolfo me acompañaba, más que nada por si me pasaba algo o tuviera un accidente en el monte. Solamente eran los sábados que no tenía que cuidar de Marquitos y se lo quedaba su padre.

    El reencuentro con mis compañeros de clase estuvo lleno de alegría y jolgorio, no me había dado cuenta pero me llevaba muy bien con algunos de mis compañeros, con dos muchachas y tres chicos, el grupo que sobresalía por propios méritos.

    Como la vez pasada, Guillermo llegaba muerto de ganas de tenerme, e hizo lo mismo, hacerme que perdiera clases para ir hasta su oficina. También yo tenía ganas de que llegara. Mis relaciones sexuales durante el tiempo que estuvo ausente fueron escasas, la vez que mi primo me folló y lo que pasó con Aldo, pero con esté hubo dos veces más.

    Ahora no me daba pena, Aldo estaba cogiendo confianza en si mismo, respondía a lo que yo pensaba que debía ser un macho y así se comportaba. Aprendía a usar su escasa dotación de verga y se aplicaba en conseguir que yo gozara, sobre todo con su boca prodigiosa y tampoco estaba mal su polla ahora que la manejaba con destreza.

    Al final mi macho era Guillermo, el alfa de los hombres que me daban placer, el que más me llenaba y más veces me la metía, no las que yo quería y necesitaba, pero me conformaba y rechazaba otros ofrecimientos.

    Rodolfo me esperaba en el puesto de vigilancia, pero solamente para que no tuviera problemas con la guardia, ya conocía el camino y después de un gesto de saludo me dirigí al edificio. Con las horas pasadas a solas en el monte habíamos conseguido relacionarnos mejor, pero sin confianza, el hombre era muy reservado.

    Cuando entré en su despacho me lancé en sus brazos, él me recibió eufórico y besándome, seguramente satisfecho de mi recibimiento.

    -¡Guille, papi! ¡Ya llegaste!

    -¡Oh! Mi bebé, cada día estas más lindo, ¿me extrañabas amor?

    -Mucho. mucho, papi. -me sentó sobre la mesa del despacho y no sabía por donde comenzar a tocarme.

    -Tengo que contarte muchas cosas. -a mi vez le besaba y acariciaba su cara mirándole y adorándole, podría amar a este hombre si fueran otras las circunstancias. A pesar de sus muchos años no menguaba su atractivo y poder de seducción.

    -Luego hablamos bebe, ahora ya sabes lo que necesito de ti.

    -Yo también papi, deseaba que volvieras y ya te tengo en mis brazos.

    -Mi bebe precioso. – me metió la lengua hasta fondo de la boca, se la mordí amenazándole y la retiró.

    -Déjame que te desnude amor. -bajé de la mesa dándole la espalda y me abrazó por detrás, hasta que pude notar su polla endurecida, se apartó y me bajó el pantalón dejando mis nalgas al aire con la tanguita rosa que llevaba solamente. Había decidido, por consejo de Migue, cambiar mi ropa interior.

    Guille se sorprendió y me cogió las nalgas totalmente expuestas para él.

    -¡Oh! mi vida, que culito más bonito, estas hermoso, me gustas así, vestido como un bomboncito de fresa. -se inclinó un poco y me acarició el culito besándolo, me daba pequeños besitos y me habría las nalgas para mirar lo que tapaba el diminuto hilo que pasaba por mi ano.

    Me tenía acalorado al notar su bigote pasando por mis nalga y el aliento caliente en mi ano.

    -Me voy a lavar papi, necesito ir al aseo, acompáñame. -le hice un gesto de mimo con la boca y sujetándole la mano tiré de él.

    Rápidamente se quitó la chaqueta y me siguió sujeto por mi. Al entrar al baño me volví para robarle un beso y poner la mano en su bulto.

    -Está tremenda papi, ¿hoy tu rica verga me hará daño? -mis mimos le volvían loco y me abrazó para morderme los labios.

    -Te la voy a enseñar ahora mismo y lo sabrás. -me empujó con suavidad llevándome para que me sentara en el wáter y se quedó de pie frente a mi.

    -Sácala bebe, mira como la pones. -deseaba verla y retrasaba el momento de abrirle la bragueta y sacársela. Se la volvía a acariciar por encima de la tela mirándole a los ojos y tiré del cierre, aún la contenía el bóxer que llevaba, pero la punta morada aparecía por la parte superior.

    -A qué esperas, termina de sacarla y mámala.

    -No papi, nos desnudamos y lo hacemos en la ducha, necesito verla entera y también tus huevos. -empezamos a quitarnos la poca ropa que llevábamos hasta quedar desnudos.

    Siempre me asombraba ver aquel prodigio, era una verdadera verga digna de un negro mandingo, negra como la de ellos, tan grande y gruesa como los famosos negros pudieran tenerla, caí arrodillado ante ella adorándola.

    La cogí con las dos manos y necesitaba otras dos para encerrarla entera. Su inconfundible olor a sudor, a macho y restos del semen que le manchaba el bóxer me mareaba con su dulzor.

    La puse la punta de la lengua en el glande y elevé la mirada.

    -Chúpame tranquilo, no voy a durar mucho, estoy que reviento de ganas de correrme, fui metiendo la cabecita resbalando por mis labios y cuando tenía el glande entero sobre mi lengua volví a mirarle. Había cerrado los ojos y una mano la apoyaba en la pared, con la otra se acariciaba un pezón.

    -¡Oh! Sí, bebe que rico chupas. -sujeté sus gordos huevos con una mano y empecé a tragar aquel palo de regaliz negro que me volvía loco.

    Conseguí el prodigio de meterla entera, me ahogaba pero aguantaba a que él diera pequeños empujones y sintiera la rugosidad de mi garganta apresándole la verga.

    -Chúpala bebé, es toda para ti, no tengas prisa que tu papi te dará la lechita que quieres. -la sacaba y la metía mientras mi semental parecía roncar cuando tragaba aire, la saqué un momento entera, envuelta en mi gruesas babas que colgaban de la polla, para descansar la garganta y poder degustar su rugosidad con mis labios pasándolos a lo largo de ella.

    Estaba exquisita, caliente y dura, tirando líquidos que bebía.

    -¡Que rica papi, que rica, como me gusta. -no dejaba de sobarle los cojones y tiraba de ellos para separarlos de la base.

    -Nadie la mama como tu vidita, nadie le da tanto gusto. ¡Ohhhh!, las ganas que tenía de que la mamaras.

    El aviso me llegó cuando su escroto se contrajo y los huevos subieron apretados contra la base de la polla, luego su voz avisando.

    ¡Aggg! Ya me viene bebé. -la sujeté con las dos manos para que no me la metiera hasta el fondo, deseaba recibir la leche en la boca para paladearla y sentir su sabor.

    La leche le salía a borbotones, primero con mucha fuerza y después como un pacífico río con abundante caudal de semen.

    Terminó de vaciarse, de temblar sujetando mi cabeza, apartando mi pelo de la cara para mirarme a los ojos, entonces la saqué para pasarle la lengua y comer los jugos que tenía entre los pelos.

    Nos duchamos y me dejó solo para que me prepara el culito para lo que viniera después, en el armario había una boquilla, aún en la cajita sin estrenar, para que usara en mi limpieza, El aviso sin escribir lo entendí al instante “como esta habrá más”. Me envolví en el enorme albornoz y salí a su despacho.

    Me esperaba sentado en la butaca al lado de la ventana, también se había tapado con su albornoz. Llegué donde él y me senté a su lado mirándolo.

    -¿Cómo está el bebé y la mamá? -sonrió de una manera graciosa.

    -Cuando lo veas no te lo vas a creer, es igual que su abuelo, o sea, como yo.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Como tu? ¿Así de feo? -me abracé a él y le besé la comisura de la boca.

    -Igualito, te lo juro.

    -Has hecho fotos.

    -A miles. -se levantó y fue a buscar su móvil.

    -Míralo. -era una cosa minúscula, con los brazos y las piernas estiradas, los puños cerrados y apretados, y boca abierta todo lo que daba, llorando. A pesar de estar tan pequeño yo le veía rasgos asiáticos, o a mi me lo parecieron.

    -Creo que no se parece en nada, mentiroso, ya empiezas a presumir de nieto.

    -No te has fijado en lo importante, fíjate en su verga. -me hizo soltar una enorme carcajada con lo que decía.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Pero qué dices?

    -Hazme caso, creemé, se lo que digo, este niño tendrá una polla como la mía o más grande. -no podía parar de reír y me abracé a él ocultando la cara en su pecho.

    Su mamá aún se reponía, al parecer no llevaba muy bien los embarazos, el parto la había dejado muy débil y sin fuerzas, pasarían unos meses en Japón antes de regresa a U.S.A.

    -Estoy satisfecho de tu amigo, está haciendo un buen trabajo y no descansa…, quiero que mis empleados trabajen y se ganen el salario, pero no los quiero enfermos.

    -¿Te refieres a Pedro?

    -Claro que sí, ¿quién si no él? Tu me lo recomendaste, ¿no te acuerdas? -me acordaba, y mucho, no se el motivo que me guío a aparentar no recordarle.

    -Lo recuerdo perfectamente, no se en qué estaba pensando en este momento. ¿Le quedará aún mucho trabajo que hacer?

    -Mucho, como Robert va a quedarse allí un tiempo, lo acompañará en sus viajes. -llegaba el momento de dejar el tema de su familia, continuaba apoyado en su pecho y metí la mano bajo la felpa de la tela y acariciarle el pecho, aparté el albornoz y puse los labios sobre la tetita izquierda, comencé a pasarle la punta de la lengua.

    -Se lo que quieres bebé, lo que necesitas, te he dejado sin terminar.

    -¡Ummmmm! Estoy muy bien así, estaría toda la tarde papi, chupando tu tetita, es una lástima que no le salga leche.

    -¿No has tenido suficiente con la que acabas de beber?

    -Estoy sediento papi, hambriento de ti y de tu verga. Fóllame papi, dámela por el culito. -me quité la bata y la dejé sobre la butaca arrodillándome sobre ella, escondí la cabeza en su regalo y elevé el culo abriendo las piernas.

    Se abrió su bata dejando que mi cabeza se apoyara en su polla morcillona y gorda, se chupó dos dedos y empezó a jugar en mi ano, y yo a besarle la verga y el abdomen deseando que le creciera.

    -Me follaba el culo lentamente con un dedo y la otra mano la empleaba para acariciarme la espalda y retirar mi pelo para ver mi cara hundida entre su vello.

    Cuando tuvo la suficiente dureza como para penetrarme la dejé descansar para que no volviera a correrse.

    -Necesito que me la metas papi, dame ya tu polla. -me situé arrodillado en la butaca, apoyando el pecho en el respaldo y colocando el culo en el asiendo, preparado para su verga. Se lamió los dedos colocando una buena cantidad de saliva en ellos y la extendió en mi ano.

    Con lentitud y sin prisas me la fue metiendo. Quisiera o no, un periodo tan largo de tiempo sin tener su pollota en mi culo, hacía que se cerrara y olvidara su tamaño y grosor, pero entraba sin que me doliera. Además estaba muy deseoso y caliente, él sabía como hacer para montarme de la mejor manera.

    Con todo el pene dentro me follaba acompasado, me hacía gemir, y era inevitable que se me escapara algún grito, me estaba volviendo muy ruidoso manifestando el placer que mi macho me daba, y a él le encantaba, a cada gemidito mío daba una exclamación mientras empujaba la verga para bombearme.

    Después de estar largos minutos dándome por el culo con distintas variaciones, detenciones y vuelta a repetir, posándose sobre mi para besarme, me agarró bien de las caderas, me enculaba despacio y profundo.

    -¿Te gusta? -me preguntaba, y me daba cariñosas nalgadas y besos.

    -Me encanta Guille, mi amor, me haces gozar papi, eres genial vida mía, me follas muy rico, dame fuerte amor, necesito correrme. -resultaba endiabladamente delicioso, un pecado.

    Empezó a salir y entrar con más ritmo y la presión de sus manos en las caderas aumentó, me sentía tan lleno de polla que deliraba de gozo, y volvió a suceder lo que no esperaba, Guillermo no debía haber follado en todo aquel tiempo, y al aumentar la follada y el roce su la verga en mi culo empezó a temblar, se precipitó sobre mi espalda escupiendo su leche en mi ano.

    Le sentía palpitar mientras fuertes latigazos de semen pegaban en las paredes de mi recto. Estuvo quieto un minuto y fue saliendo de mi culo, pensé que había terminado todo, yo necesita correrme, sentía mis huevos hinchados y me agarré la polla para masturbarme. Me quitó la mano y él mismo, sin cambiar de postura, empezó a pajearme.

    Actuaba como un buen macho que quiere que su hembra goce, a la vez que me pajeaba puso la boca en mi ano y comenzó a lamerlo con el semen que me salía de él, me metía los dedos y cambiaba sin dejar de masturbarme hasta que grité bien alto empezando a vaciar mi doloridos huevos. Después de todo había sido una bestial y agradable follada para los dos.

    Cuando nos despedimos me pidió que le diera un recado al abuelo, quería que fuera a verlo. Aproveché para comentarle como se encontraba y lo que había pasado con el médico.

    -¡Vaya, vaya! Tendré que ocuparme de mi fiel amigo, esperemos que nos dure mucho aún. -la relación de Guillermo con mi abuelo seguía siendo un misterio, aparte de lo que ya conocía, en el trato que hicieron sobre mi, no sabía nada de su pasada relación, aparte de que se tenían un gran aprecio que todos podíamos ver cuando de pequeños nos llevan a los tres chiquitos con ellos a pescar.

    ——————————

    Llegó mi cumpleaños y como siempre no terminaba de asombrarme, mi regalo consistía en la autorización para poder usar los coches de Robert, la verdad es que no iba a utilizarlos de momento, ¿qué hacía yo conduciendo aquellos coches deportivos de lujo?

    Pasó la Navidad y en Febrero Peru regresó del Japón. Me llamó en repetidas ocasiones queriendo que nos viéramos, yo lo estaba deseando pero retrasaba el momento lo más que podía.

    Guillermo me hablaba de él en algunas ocasiones, trabajaban los dos en un esfuerzo conjunto para que su proyecto avanzara con la rapidez que él quería. Intuía que Guillermo comenzaba a valorar la capacidad de Peru en su justo término.

    Pensaba que a Guillermo no le importaría que continuara manteniendo mi amistad con Pedro, y no obstante tenía miedo, no por mi, por él, de hacer algo que no debiera y que molestara a Guille perjudicando la relación de ellos dos.

    No pude retrasar más el encuentro cuando me llamó para decirme que, por fin, había encontrado una casa de alquiler y que se independizaba de su familia. Deseaba que yo la viera y le diera mi opinión. Claramente era una disculpa para vernos, ¿quería saber mi opinión y ya la había contratado?

    Quedamos en vernos en un bar, no deseaba enfrentarlo directamente estando solos, sabía que en ese caso me lanzaría a su cuello para rogarle que me amara, que me hiciera el amor una y mil veces.

    Destacaba entre el numeroso púbico que llenaba el local, sentado en una esquina del mostrador miraba distraídamente a la camarera que andaba detrás de la barra. No se había dado cuenta de mi llegada y pude aproximarme hasta quedar a su lado.

    -¡Verdaderamente es una chica guapa! -giró sorprendido la cabeza y durante unos segundos se quedó con la boca abierta.

    -¡Marito! -bajo del taburete y tendió los brazos hacía mi, me cobije en ellos abrazando su cintura.

    -¡Hola Peru! -me abrazó y me besaba las mejillas, luego me acarició la frente apartándome el pelo.

    -Con tu cabellera te hubiera reconocido entre un millón de personas.

    -Pero estabas atento a otras cosas…

    -Estas increíble, igual y distinto, más guapo.

    -Tu más delgado, ¿no te daban bien de comer? -después de mirarnos unos segundos el uno al otro, buscando algo distinto, o que hubiera cambiado estos meses, volvió a abrazarme contra él.

    -Pensaba que ya no querías verme.

    -Deseaba hacerlo Peru.

    -¿Entonces?

    -No hablemos de lo que pudo ser, ahora estamos juntos. -miraba por encima de mi cabeza buscando alguna mesa que estuviera libre.

    -Está abarrotado, no tenemos sitio para sentarnos y hablar a gusto.

    -¿Está lejos tu casa?

    -Está relativamente cerca, a cinco minutos andando más o menos. -me sujetó una mano y se la llevó a los labios, seguía con la misma barba de siempre y el pelo alborotado.

    -Es Primavera y tenemos una bonita tarde, podemos pasear esos cinco minutos. ¿te parece bien? -en lugar de contestarme, hizo una señal a la chica de la barra.

    -¿Qué vas a tomar?

    -Nada, contigo es suficiente. -pagó su consumición y sujetándome de la mano salimos a la calle.

    -Esta en está misma calle, espero que te guste, es pequeño pero lo encontré amueblado y para entrar a vivir.

    Como había dicho fueron cinco o siete minutos los que tardamos en llegar a un edificio antiguo y con la fachada muy adornada, lo mismo el portal que el ascensor eran de la misma época pero todo relucía de puro limpio.

    Me enseñó su nuevo hogar, aún tenía cajas de cartón con libros y sus pertenencias personales en el suelo, no era muy grande, salvo un enorme salón, tenía dos habitaciones, dos baños y una minúscula cocina, todo ello amueblado con lo imprescindible pero de forma elegante y sobria, ideal para un muchacho como él.

    -¿Y bien?

    -Me gusta y parece suficiente para vivir. -¿qué le iba a decir, si mi casa, o la de mi abuelo, era elocuentemente peor?

    -Ven, ahora podremos hablar sin que nos interrumpan con sus voces. -en un rincón del salón tenía un conjunto de sofás que cerraban un círculo y me dirigió allí.

    -Ponte cómodo, voy a buscar para beber. -me miró enarcando las cejas para que le sugiriera lo que quería.

    -Una cerveza, un refresco, lo que tengas. -volvió con dos botellines de cerveza.

    -Aun no tengo vasos, ¿te importa?

    -Siéntate Peru, me vas a contagiar tus nervios. -de verdad que su estado de nervios no decía nada bueno.

    -¡Oh! Marito, lo tenía todo planeado y ahora no me controlo. -se sentó a mi lado, seguía con su chaqueta veraniega de hilo aún puesta.

    -Quítate la chaqueta, la vas a arrugar.

    -¡Oh, perdona! -se puso en pie y se retiró la prenda dejándola sobre una silla de al lado. -volví a admirar sus anchas espaldas, sus duras y torneadas piernas embutidas en el pantalón ajustado, su culito breve y respingón. Volvio a su lugar y me cogió una mano con las dos suyas.

    -Tengo tantas cosas que contarte.

    -Luego Peru, ahora bésame. -abrió asombrado los ojos y no tuve que insistir. Volví a sentir su jugosa boca pegada a la mía, su lengua buscando desesperada mi saliva.

    -¡Joder! Han sido muchos meses sin ti Marito, te tengo unas ganas locas.

    -También yo deseaba verte. -intentaba arrancarle la camisa para besar y lamer sus marcados pectorales y él quería quitarme la ropa que traía puesta. Nos enredábamos los dos pero no dejábamos de besarnos cada parte de piel que íbamos dejando al descubierto.

    Cuando conseguimos quedar desnudos, nos miramos con deseo, su barra preciosa de carne me atraía sobremanera y no tenía manos suficientes para acariciar aquel precioso cuerpo de viril macho.

    -Vamos a la cama, estaremos mejor.

    -¿Tienes cama? -le hablaba en tono de burla.

    -Y preparada con sábanas limpias.

    -¿No te importa que las ensuciemos?

    -Están para eso amorcito, deseando que tu las manches y no van a quejarse. -me arrastraba cogiendo mi mano mientras yo reía e intentaba taparme simulando un pudor que no sentía.

    Sus interminables besos me consumían y le sujetaba la polla tirando de ella, haciendo que le salieran goterones de presemen humedeciendo mi mano.

    -Quiero chuparte Marito.

    -Yo estoy loco por mamarte.

    ¡Dios mío! Como estaba su verga, dura y jugosa, el suave glande me golpeaba el paladar, chupábamos descontrolados y Peru a veces dejaba de mamarla para besarme el ano, comenzó a meterme los dedos, su boca era incansable y su barba me proporcionaba caricias extraordinarias cuando metía la lengua y empujaba para empotrarla en mi ano.

    Yo le mordía las nalgas duras, le besaba y lamía el ano, pero sobre todo, chupaba con gula aquella hermosísima verga que lucía majestuosa y soberbia.

    En un momento me había cambiado de posición colocándome sobre él, pasando mis piernas a sus costados y mi culito recibiendo las caricias de los pelos de su ombligo.

    -Cabálgame Marito, enchufa mi polla en tu culito sin fondo. Metela en tu cuevita amor. -me incliné hasta tener las caras juntas, los labios pegados, sintiendo su larga polla en la raja de mis nalgas, apretándose en mi ano.

    -Yo hago lo que me pida mi macho, mi culito está hambriento y deseoso de comer tu polla. -le chupé el labio y y mordía los pelos de la barba tirando de ellos.

    -¿Quieres que tu mujercita se empale tu verga? ¿Qué te cabalgue hasta que te corras?

    -¡Métela ya Marito! Cómete mi polla amor. -sin prisa para hacerle sufrir, llevé la mano a mi trasero y me metía dos dedos para sentir que estaba listo, le cogí la larga lanza de carne y la posicioné apuntando en mi diana, pegada la punta en mi ano.

    Sin soltarla me fui dejando caer y cerré los ojos para sentir hasta el más ligero relieve de su polla al penetrar mi culo, lo tenía bien abierto para recibirle y apreté la argolla del esfinter para sentirle mejor.

    -Esta muy caliente Marito, tienes fuego en tu cuerpo. -le cabalgué un buen rato, gozando al escucharle gemir cada vez que me sentaba haciéndole que notara toda su verga metida en mi culo.

    -¡Buuuuaa! que rico culo amor, como me sabes follar, tu culito es un volcán. -y yo también lo pasaba delicioso, escuchando sus palabras y buscando nuevas posiciones para que su largo pene me llegara más profundo y me tocara puntos, lugares que me encantaba que tocara.

    Peru cambió de idea y con enorme fuerza me cogió sin retirar la polla, me dio la vuelta y me puso de perrito, así, a cuatro patas y bien sujeto a mis caderas me iba dando polla sin parar metiéndola toda ella.

    -Así te gusta, te sientes bien hembrita mía. -me hablaba sin dejar de follarme y darme alguna palmada en las nalgas para que cerrara el ano, o besándome la espalda pasando su cara por ella como si su barba fuera un cepillo.

    -Dame más fuerte Peru, necesito correrme, rómpeme el culo como un buen macho. -aumentó el bombeo, su verga se le doblaba alunas veces y repetía la entrada cada vez más deprisa, cada vez más potente.

    Con el sudor se le escurrían mis caderas y entonces me sujetaba de la cintura, o de los hombros consiguiendo que mi culito se empinara y la verga me llegara más profundo. A veces se separaba para observar como la polla me taladraba.

    -Esto es muy bueno, me encanta ver como te entra, y como tu ano se estira para dejarla que penetro tu cuerpo, ver el contraste de mi oscura polla y tu piel blanca.

    -¡Qué rico estás Marito! Mi hembrita deliciosa. -me gustaban sus palabras, el poder de su rica y larga pija.

    Empujó con sus rodillas haciendo que mis nalgas se abrieran más, puso un pie sobre la cama y así me la metía hasta el fondo de mi ser y la sacaba, parecía enloquecido y yo lo gozaba más y más.

    -¡Qué hermoso culo y qué abierto lo tienes! -de repente sacó la polla y me introdujo cuatro dedos en el ano.

    -¡Ahhh! Peru, me vas a romper el culo, la mano no por favor, no me metas la mano. -al menos me hizo caso y sacó los cuatro dedos para colocarme en el filo de la cama despatarrado y bien abierto, me escupió y sentí la saliva entrando en mi culo, metió de un golpe la verga hasta el fondo, ahora me bombeaba como un caballo galopando.

    Sentía tan rico que no me daba cuenta de que me iba a correr en un segundo y le apresé la polla encogiendo el culo y empezando a soltar toda la leche que se acumulaba en mis huevos. Peru se dejó caer con toda su verga dentro y colapsó quedando quieto y eyaculando ingentes cantidades de semen.

    En algún momento pensé que me iba a romper todo, pero me había encantado, y Peru demostró que de verdad tenía unas ganas enormes de tenerme y usarme. Había sido una follada espectacular y soberbia de un macho deseoso de su hembra.

    Una vez duchados y algo tranquilos volvimos a la sala y comenzó a hablar de trabajo, de su trabajo. Había viajado por todo l Japón visitando la red de concesionarios, también por otros países vecinos, durante su estancia allí Guillermo le había acompañado, también Robert al que conoció.

    -¿Entonces, estás contento con tu trabajo? -se le iluminaban los ojos.

    -Me tiene loco Marito, menos mal que mi jefe no se enfada y solo me anima a seguir, su hijo Roberto es un muchacho increíble, y sencillo a pesar de que la familia de su mujer no sabe el dinero que tiene. Debe de ser de tu edad. -entonces debió de pensar algo y se quedó reflexinando.

    -He pensado algunas veces de que puedes conocer tu a mi jefe, perdona, se que no es de mi incumbencia, pero sentía, siento curiosidad, tu no pareces ser…, bueno, ser como él.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Quieres decir ser rico como don Guillermo? No, no lo soy. Mi abuelo fue un empleado suyo, conozco a Roberto, siendo niños, a veces, iba a su casa y jugábamos. Y si que tiene la misma edad que yo.

    Le miré sonriéndole, sentía que no estaba satisfecho y que hubiera deseado saber más, pero fue prudente y se dio por satisfecho.

    ******************

    Ese año Guillermo realizó dos viajes más; a U.S.A donde había vuelto Robert con su familia, y en Octubre otra vez a Japón, en esta ocasión acompañado de Peru, se trataba de un viaje de trabajo y desgraciadamente también por asuntos familiares.

    Robert había vuelto a dejar embarazada a Shizu con gran alegría de todos, y pienso que el más dichoso era el abuelo del niño aún no nacido, pero el parto no se desarrollaba como esperaban. Shizu debía guardar reposo, casi absoluto, durante el proceso de gestación si querían mantener el ser que germinaba ya en ella.

    Permanecerían en Japón con su familia, al menos hasta que el nuevo bebé naciera. Guillermo se preparaba para recibir a su segundo nieto.

    A mi vez, yo había terminado mi segundo años de estudios universitarios y estaba próximo a cumplir veinte años.

  • Aventuras en el call center: No te irás, nunca

    Aventuras en el call center: No te irás, nunca

    Mi compañera de trabajo me había dicho que ya no quería continuar con nuestra aventura, eso me había descolocado completamente, colocándome en un estado taciturno, ¿debía hablarle? Hasta donde tenía entendido solo éramos amantes y que ella ya no quisiera continuar con nuestra aventura estaba normal, pero su perfume aun me había sentir en las nubes, su piel aun reaccionaba a la mía y por sobre todo, aun se notaba que quería besarme.

    -¿Puedes acompañarme a la sala del archivo? -Le pregunté mientras llevaba una pesada carga de libros de contabilidad obsoletos de hace una década, que nunca fueron utilizados y que solo estorbaban, ella inmediatamente entendió que solo era un escusa y suspiro.

    -Claro, no hay problema. -Dijo con una mueca de poco ánimo, pero decidida a continuar con lo que fuera que me proponía.

    Una vez dentro dejé los libros a un lado y le pregunté porqué había terminado lo nuestro, que entendía que ambos teníamos pareja, pero que aun así, porqué había tenido que terminarlo tan de golpe.

    -Ya lo has dicho, estoy casada y tengo una hija que ya tiene la edad legal para ser tu novia. -Dijo ella mientras se cruzaba de brazos, o tal vez, se consolaba.

    -¿Y eso que tiene que ver? Quiero estar contigo, no con tu hija. -Dije con una voz muy calmada.

    -Tiene que ver todo Cesar ¡Todo! Es verdad tú también me gustas, pero lo que hacemos está mal y es hora de terminarlo -dijo mientras se dirigía a la puerta.

    La tome del brazo y la atraje hacia mi.

    -Aún no hemos terminado -y busqué su boca y ella correspondió, sus manos me alejaban pero su lengua se aferraba a la mía.

    -No te dejaré ir -dije mientras le desabotonaba el pantalón e introducía mi mano en su ropa interior que ya estaba húmeda.

    Su lengua buscaba la mía, sus manos mi espalda. Tire los libros a un lado y la subí a la mesa, le quite el pantalón y fui directamente a lamer su intimidad, ella solo se mordió la boca para no gemir alto y su mano apretando mi cabello me empujaba contra su vagina. Jugaba con su botón, chupaba, lamia, rozaba, ella se controlaba y pedía más en susurro a la vez que se apretaba los senos bajo su blusa.

    La tomé del cabello y la besé, en este punto ya no le importaba si tenía sus jugos en mi boca, me sacó la polla a tirones y después de darle una rápida lamida la coloco en la entrada de su vagina.

    -Mierda, no traje condones -ella me miró con odio y antes de decir algo movió su cadera y se metió mi pene lentamente, era una sensación tan… agradable, se notaba que tenía tiempo sin tener sexo, ya que estaba muy apretada.

    -Esto está mal -volvió a decir y recobro el sentido por un segundo, yo me le quede viendo con mi pene latiendo dentro de ella, son moverme, sin decir nada. Quería que ella escogiera esto, quería que me escogiera a mi.

    Me abrazó y movió sus caderas lentamente, esa fue la señal que esperaba, empecé a mover mi cintura, lenta y progresivamente hasta que ya la podía meter toda dentro mordió mi hombro, ya no me importaba si mi pareja me descubría o como disimularía la mordida, en mi mente solo estaba ella, empecé a moverme más rápido, la tomé de las piernas y se las junte, para torturarla un poco, tenía todo mi pene empapado, por sus jugos.

    -Más rápido, más rápido, quiero correrme en ti -me empecé a mover rápido, muy rápido y ella se corrió con un gemido poco disimulado e intenso.

    -Maldita sea Cesar, Maldito, maldito niño que arruina mi vida con sus juegos -dijo entre lágrimas y me besó.

    Fue un beso largo e intenso, mi pene latió dentro de ella y noté como su energía cambió a una calentura al 100% de nuevo.

    -Me ensuciaste, no podré colocarme las bragas así.

    Se colocó en cuclillas y me pidió que le limpiará todo el desastre que había quedado, lamí esas nalgas con pasión y posterior a eso, ella me fue empujando con su trasero hasta el piso y comenzó a chupármela mientras yo la lamia a ella, hasta que me corrí, empujó todas sus nalgas en mi cara y sentí como sorbía hasta la última gota de semen.

    -Maldito niño -me abrazó- Maldito hombre -suspiró.

    ****************

    Me gustaría realizar un doble relato con alguna autora o con intención de serlo, crear una base y que cada uno lo describa desde su perspectiva.

    Si alguna está interesada por favor escribir a mi mail: [email protected].

  • Mi primera infidelidad con Joaquín

    Mi primera infidelidad con Joaquín

    En ese entonces yo tenía 26 años, era muy ingenua y sumisa, tenía apenas dos años de casada con Luis y todo iba relativamente bien, hasta que empezó a ir relativamente mal y es que Luis siempre fue bien ojo alegre, conquistador y show man, yo creo que por eso me gusto y me case con él.

    Una noche que se suponía iría al gimnasio y de ahí con mis tías a tomar un té, pero lo del se te cancelo a la mera hora y tuve que regresar a casa y al llegar vi en ese entonces lo más feo que pudiera ver, mi marido se estaba cogiendo a Cindy en mi cama.

    Solo salí corriendo y empecé con el tema del divorcio, yo tenía la convicción de separarme ya que no aceptaría tal cosa.

    En esa época conocí a Joaquín, un compañero de la universidad, estudiábamos nutrición ambos, el me agradaba por su forma de ser, muy aventado, además me gustaban sus brazos y su estatura, él siempre me tiro la onda, me invitaba a comer y me mandaba mensajes lindos, nunca rebaso el límite que yo le puse, pero en esos momentos le permití que me cortejara un poco.

    Celebre mi cumpleaños número 27, así que invite a muchos amigos, Luis estaba, pero en ese momento no teníamos buena química, él estaba, pero tomando comiendo o metido en su celular, yo en cambio con mi minivestido azul entallado, bailaba y bailaba con hombres y mujeres, enseñando de más y tomando sin medida.

    La noche se hizo larga, poco a poco todos se empezaron a ir, solo quedo Joaquín con quien yo estaba baile y baile, mi marido seguía tomando y apunto de dormirse de lo briago que estaba, Joaquín me acariciaba y miraba a Luis, pero él no estaba en sí, entonces empezamos a bailar muy pegaditos, yo le repujaba mi cuerpo el me repujaba su macana, uf, ¡que rico baile solo de recordar me excito nuevamente!

    J: ¡Luces hermosa Lety!

    L: ¡Gracias guapo, tu igual!

    J: ¡Lástima que tu marido no aproveche tenerte!

    L: ¡Es un imbécil, olvídate de él!

    J: Nena, ¡si yo te tuviera para mí!

    L: Cállate, ¡todos son unos infieles!

    En eso el me beso, yo al principio lo rechace, pero el me tomo de la cintura y me beso nuevamente, esta vez acepte el beso, ¡me acariciaba la espalda mientras yo le acariciaba cara!

    J: ¡Te deseo mucho, vámonos a otro lado!

    L: ¿Para qué

    J: ¡Te quiero hacer el amor!

    L: ¡Me quieres coger, no hacerme el amor!

    J: ¡Bueno si tú lo dices así, entonces sí!

    L: ¡Mejor ven, sígueme!

    Dejamos a Luis dormido en el sofá de la sala y me lo lleve para mi cuarto, ahí le pedí a Joaquín que se sentara en la cama, como loca me dirigí a bajarle el pantalón, por alguna razón la imagen de Luis cogiéndose a Cindy en mi cama, me invadía mucho, solo quería hacerle lo mismo, ¡así que le baje el pantalón a mi amigo y vi que tenía una buena verga!

    Comencé a lamerle el tronco y luego lo metí en mi boca, baja y subía, le daba lengüetazos a su cabecita, ¡me comencé a acariciar mi conchita que poco a poco empezó a humedecerse!

    J: ¡Uf, nena, puede venir tu marido!

    L: ¡Que venga, no me importa!

    J: ¡Que rico lo chupas, uf!

    L: Disfrútalo, ahora que puedes, ¡la verdad la tienes muy bien!

    Me puse de pie y me quité el vestido y el brasear, dejando solo mi tanga me acosté encima de él y lo comencé a besar, sus manos apretaban con desesperación mis nalgas mientras me decía ¡no sabes como deseaba esto! Me apretaba y besaba los pechos, yo acariciaba su verga con mi mano, el faje estaba riquísimo y Luis en la sala dormido.

    Me subí a cabalgarlo, su verga estaba dura y se sentía riquísimo, yo gemía de lo rico que me entraba y salía, me mordía las tetas y los pezones, con sus manos acompañaba los movimientos de mi cadera y cada movimiento lo estremecía mas y más.

    J: Nena, que rico, ¡que rico coges!

    L: ¿Te gusta?

    J: ¡Mucho bebe, uf, no pares, no pares!

    Sabíamos que no teníamos mucho tiempo, mi marido podía despertar en cualquier momento y aunque quería que me encontrara con él, la verdad prefería no tener un momento incomoda y más porque Joaquín me estaba cogiendo bien rico.

    Me acostó levantando mis piernas en sus hombros, sus metidas eran fuertes y muy ricas, me mordía los pezones mientras me la metía duro, yo gemía fuerte y me olvide de todo, solo quería recibir esa verga dura de Joaquín.

    L: Ah, así que rico, ¡ah!

    J: ¡Uhm, nena, dios que rico aprietas!

    L: ¡Se siente bien, tener una verga rica dentro!

    J: ¡La tendrás cuando gustes nena!

    Me puse en cuatro, el al verme se emocionó mucho ¡puta madre, que nalgas, que culo! ¡Lety eres un forro de vieja! ¡Me decía eso en lo que me acariciaba y besaba mis nalgas, las apretaba fuerte y les daba mordidas muy ricas, me abrió las nalgas y puso su verga en medio de ambas, yo las movía y eso lo volvió loco!

    J: ¡Dios mío, que rico, que rico!

    L: ¡Te gusta papi?

    J: Si, que rica estas Lety, que idiota tu marido, ¡teniendo tremendo culazo en casa y prefiere otros!

    L: ¡Pues aprovéchalo tú, tómalo!

    Me empezó a penetrar muy rico, su verga estaba muy dura y firme, me encantaba sentir como me empujaba por dentro, yo gemía y me movía también, sus manos apretaban mis tetas y jugaban mi clítoris, uf, que rico era tenerlo en esa pose.

    J: ¡Lety, dios me voy a venir!

    L: ¡Termina papi, yo también terminare!

    J: ¿Donde los quieres?

    L: ¡Termina dentro, los quiero dentro!

    J: ¡Como digas, dios mío!

    Ambos nos corrimos juntos, el orgasmo fue riquísimo, la mezcla de nuestras venidas generaba un olor excitante, terminamos y en cuanto el lívido se me bajo lo corrí de mi casa, Luis increíblemente aún estaba dormido, me sentí mal

    Al principio ya que nunca pensé en serle infiel, de hecho, después de esa noche empecé a ser muy tajante con Joaquín, pero ahí comenzó el inicio de lo que ahora soy, una liberal del sexo.

    Otra cosa es que, eso fortaleció mi matrimonio, unas semanas después Luis me confeso que miro todo el acto y que eso en lugar de dolerle lo excito tanto, verme con otros lo ponía a mil y me propuso tener sexo con otros y dejarlo mirar, eso me prendió a mí también y desde ahí comenzamos a ser swinger.

    ¡Saludos su amiga Lety!

  • Héctor, el chico del bar

    Héctor, el chico del bar

    Hace 5 días estaba en mi casa, solita, por la noche. Mi novio había salido de viaje por 2 días, cosas de la universidad. Estaba sola, pero mi cuerpo necesitaba de algo que me hiciera quemar el fuego que sentía.

    Me bañé y me toqué mientras el agua recorría mi cuerpo, pero no fue suficiente, necesitaba sexo. Así que me puse un vestido corto, una tanguita, tacones y me fui a un bar. Había unas cuantas personas, pero algo me llamó la atención… un chico alto, moreno, con una boca linda, que estaba sentando en la barra del bar.

    Empecé a mirarlo coqueteando, se acercó y me ofreció cerveza, luego dijo que se llamaba Héctor y que tenía 18 años, 3 años menos que yo. Era un nene que yo necesitaba tener en mi cama. Nos quedamos hablando un buen rato y yo siempre disimulando interés, estaba loca para sentir su cuerpo contra el mío. Mientras tomábamos le dije al oído «estoy calentita, papi». Pasé mi mano encima de su pantalón, me miró de una manera muy pícara y me dijo «hoy te convertiré en mi puta».

    Con mi concha mojada y necesitando verga, nos fuimos del bar a mi casa. No logré pasar de la sala, me quitó la ropa mientras me besaba en el sofá, fue bajando por mi cuello, mis pezones, mi barriga y mientras eso metía sus dedos en mi concha, hasta que bajó y empezó a chuparla… Mmm, lo hacía muy rico, su lengua masajeaba mi clítoris y los dedos jugaban con mi vagina mientras yo gemía, gritaba y pedía más, lo bueno es que seguía haciéndolo cada vez más rico, era cada vez más intenso, más caliente, que no me pude contener y me acabé en su boca.

    «Papi, quiero darte una mamada» le dije para que él se sentara. Tenía una cara bien pícara y una verga deliciosa, que me deja mojada solo con volverla a imaginar. Me arrodillé en su frente, metí su verga bien dura suavecito en mi boca, hacía unas succiones con mis labios en la glande y después la comía toda, mojándola con mi saliva. Bajé a sus huevos y los chupé mientras le hacía una paja. Me encantó escucharlo del placer que sentía, así que cada vez lo hacía más profundo, sin prisa, mojadito, sintiendo todo lo rico que era mirarlo a los ojos mientras su verga me tocaba la garganta.

    Yo deseaba más, quería sentir toda su calentura, su grosor dentro de mí, hacerlo saber que era mi dueño. Lo llevé a mi cuarto, cuando entró vio a una foto de mi novio en el mueble que tengo en mi dormitorio «ah quien es ese puta? tu novio?» me preguntó, le dije que sí y me puso en cuatro apoyada al mueble mirando la foto. Volvió a lamer mi concha y luego metió su verga de una sola vez, me agarraba por la cintura, me cogía duro, me nalgueaba con mucha fuerza, me hacía gritar de dolor y placer. «Así te gusta, puta?», «sí papi, así me encantaa», metía su verga sin piedad «dime quién te da duro», «tu papi y nadie más». Me empezó a jalar del cabello y a meter la verga en mi culo, con la otra mano me penetraba en la vagina y frotaba mi clítoris, lo hacía como si fuera un animal, con eso me vine otra vez, mi coñito chorreaba y yo gemía como una zorrita.

    Después me acostó en la cama y con mis patitas al hombro volvió a darme verga, a mi me encantaba y necesitaba sentir más de lo que me podría hacer. Me agarraba el cuello, me decía puta, perra y unas cuantas cosas ricas. Yo estaba en éxtasis, «ay papi, me vengo», él me dijo que también se iba a acabar, le gritaba para que me llenara de leche la concha, hasta que sentí como me habías dado y con las contracciones de mi vagina sentí como me chorreaba su lechita caliente.

    Se acostó a mi lado y le ayudé limpiando la verga con mi boca, en esa noche nos volvimos a coger unas cuantas veces más, me ha hecho tener unos deliciosos orgasmos, además de llenar mi conchita y mi culito de leche. Mantenemos contacto, aunque sea en secreto. Por las noches cuando estoy con mi novio siempre recordó como me comió, obviamente espero volver a tenerlo en mi cama otra vez.