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  • La mujer de mi amigo

    La mujer de mi amigo

    Esta historia comienza cuando voy a visitar un amigo del pueblo, que en su juventud se fue a buscar futuro en otro lugar. Hacía mucho que no lo veía y de casualidad nos encontramos después de muchos años, me invitó a pasar un fin de semana en su casa de quinta que tenía en las afueras de la ciudad.

    Cuando llegó al lugar, me bajo del auto toco el timbre y se abre la puerta. Una mujer muy linda y con un cuerpo espectacular de aproximadamente 26 años. Yo y mi amigo teníamos más o menos 37 años, me dice «soy Endrina la esposa de Jhonny», le respondo «mucho gusto, soy Javier». Me hace pasar una casa muy linda y un patio con una piscina bárbara, ella tenía puesta una malla con un pareo por encima y nos dirigimos al quincho, donde Jhonny estaba haciendo el asado.

    Bueno les resumo, pasamos una tarde bárbara en la piscina y no podía dejarla de mirar sin despertar sospecha de mi amigo, cenamos y como a las doce me dio un sueño bárbaro cansado por el viaje así que me despedí y me fui a dormir, como a las 3 de la mañana me despierto bastante caliente, había estado soñando con Endrina. Entonces me entro a tocar, tenía el huevo durísimo, me dolía del estado que estaba, había que consolarlo un poco. Entonces la entro a acariciar, en eso siento un ruido en la cocina, me levantó voy a la puerta y veo que esta Endrina buscando un vaso de agua con un camisón cortito donde se la veían las hermosas piernas que tiene. Apaga la luz de la cocina y se dirige a su cuarto, en eso veo que pega media vuelta y se dirige hacia mi cuarto entonces rápido me acuesto y me hago el dormido, en el apuro había dejado la puerta entreabierta como era una noche calurosa dormía destapado, veo que se asoma muy despacio para observarme y se queda mirando gracias a la luz de la luna que entraba por la ventana yo la tenía que me explotaba del slip, entonces me la comienzo a acariciar nuevamente y ella se queda petrificada observando lo que yo hacía, en eso abro los ojos y me paro rápidamente le digo por el amor de Dios justo estaba soñando contigo y te encuentro aquí, entonces se puso nerviosa y se excusó que venía a ver sí me hacía falta algo.

    Si me hace falta, un poco de ti, estoy loco desde esta mañana no puedo sacarte de mi cabeza.

    Endrina: NO -me dice admirada, allí está mi esposo soy una mujer felizmente casada.

    Javier: bueno, yo no quiero hacer nada malo solamente déjame calmar un poco la calentura que tengo.

    Endrina: ¡NO, ME VOY!

    Javier: por favor, solamente déjame sentir tu cuerpo nada más, ella se queda parada en la puerta y me acerco por detrás la agarro de la cintura y le apoyo mi huevo que explotaba en ese culo espectacular y como tenía un camisón cortito con una bikini diminuto le pude sentir el calor de sus nalgas.

    Endrina: nada más me la apoyas y después continúa con la paja que te estabas haciendo.

    Javier: si muchas gracias, que alivio tengo ahora.

    En eso comienzo a pasar mis manos por su cintura y las dirijo a sus tetas que eran grandes y apetecibles, ella comienza a respirar más profundo y le comienzo a besar el cuello en ese momento para su culito y puedo sentir como mi guevo se posiciona en su rajita en ese momento disparo un chorro de leche que le mancho todo el camisón

    Endrina: bueno te saliste con la tuya, por favor que no se entere Jhonny de esto.

    Javier: no muchas gracias acá no pasó nada.

    Me fui a dormir y no pude pegar un ojo en toda la noche pensando en lo que había pasado, me despierto tarde al otro día y me levanto voy a la cocina estaba Jhonny y me dice bueno por fin seguramente pasaste una noche de lujuria me puse colorado y le dije no me podía dormir debe ser el estrés del viaje.

    Disfrutamos de la piscina y cuando quedaba solo con ella la acosaba le decía que no aguanto más que me volvió loco y ella se reía, después Jhonny se va a comprar algo para picar y quedamos solos. Ella se tira a la piscina y me voy detrás de ella la empiezo a perseguirla nadando y no desaprovechaba para tocarles las tetas, el culo. Tenía una calentura terrible se me notaba el bulto en el bañador en eso la agarro por detrás la comienzo a besar por el cuello con las dos manos en las tetas.

    Endrina: basta va a venir Claudio y nos va a ver, no te conformaste con lo de anoche.

    Javier: no, quiero más porque sé que vos quieres, hasta no poseerte no paro.

    Endrina: no seas loco, me salgo.

    En eso la manoteo para que no se vaya y con la mala suerte para ella le bajo el sostén quedándole las tetas al aire libre y me lanzo como un hambriento y se las empiezo a chupar y con la mano le tocaba el clítoris por abajo del agua. Ya la tenía cuando sentimos que frena un auto y nos desesperamos, ella se pone el sostén y yo me alejo viene Jhonny nos dice que pasa están calientes que se metieron a la pileta, si hace mucho calor.

    Nos volvemos a encontrar en la cena y cuando podía que iba a la cocina le rozaba mi paquete por ese hermoso culo y lo podía sentir bien porque tenía un vestido con una tela muy liviana y se ve que tenía un culo fenómeno porque le pude palpar su hermoso culo, y le decía te espero esta noche no falles.

    Terminó la cena, nos quedamos haciendo un rato sobremesa, ansioso no veía la hora de que se hiciera la madrugada me fui a dormir se hicieron las dos, tres y no pasaba nada. En eso como a las cuatro, siento ruido en la cocina me levanto me asomo y era ella con un camisón que casi era baby doll, se le veía todo y me quedo en la oscuridad observando que hacía y se notaba que no se animaba a pasar por mi cuarto. Entonces me comienzo acercar en silencio y la abrazo por detrás, desesperadamente la empiezo a besar por todas partes y ella se apoyó en la mesa y me dice por favor, metemela no aguanto más.

    Se la puse rápidamente y bombeaba con una velocidad que no se si disfrutamos, pero era el peligro y la calentura que no podía parar en eso me descargo tres chorros inmensos de leche, me dice bueno tú ya estás listo pero yo voy a comenzar, nos vamos al patio buscamos un lugar reservado nos comenzamos a besar y por primera vez siento como su mano busca mi guevo y la comienza a tocar como una maestra que me lo hace poner a tono. Nuevamente cuando estaba bien dura, se agacha lo saca del calzoncillo y comienza a pasarle la lengua y a jugar con el las primeras gotas salen del capullo y se escuchaba como saboreaba por cada gota que salía me la chupó hasta que me dejó a punto y me dijo, «ahora te toca a ti», así que comencé a jugar con su clítoris y pasarle la lengua por todos lados hasta que me dijo «ven a sentarte en el banco», y ella se sentó dándome la cola y se la introduje y comenzó a subir y bajar enterrándose el guevo hasta el fondo.

    Después se arrodilló frente al banco y apoyó las manos en él y me arrodillé detrás de ella y me dijo «hasta el fondo, no pares». Y comenzamos con un ritmo los dos hasta que empezó a gemir y le tuve que tapar la boca, si no iba a venir Jhonny, terminó, quedo recostada en el banco exhausta seguí besándole por todos lados y tenía el culo paradito y se lo empecé a tocar y a meterle el dedo en su rajita. Después con la lengua le humedecía todo, entonces puse la puntita en la entrada de su culo, me dice no por ahí no, no lo hice nunca, me va doler. Le digo vas a ver que no, soy un maestro por el culo, «no no no no», me decía.

    Mientras yo seguía con lo mío, con un empuje corto pero efectivo entró la cabecita, «me duele sácala», entonces se la movía como cuando sueltas gotas de leche y estas le lubricaban la entrada se relajó un poco empuje otro poco, la tenía a la mitad dentro de su culo se la movía suavemente se ve que surtió efecto porque se empezó a mover y me dijo por favor clávamela hasta el fondo esta bárbaro y con mis movimientos fueron creciendo hasta sentir como golpeaba contra su cola no me aguante más y tuve la descarga más deliciosa que haya tenido en mi vida.

    A todo esto nos habíamos olvidado de Jhonny se ve que no sintió nada porque regresamos a la casa y cada uno se fue totalmente satisfecho a su cuarto y le mande a su mujer bien llena de leche tanto que mientras subía las escaleras pude ver que iba goteando.

  • Mario (21 de 22): Educadores novatos

    Mario (21 de 22): Educadores novatos

    Cuando esperaba en el aeropuerto, expectante, su llegada me sentía muy nervioso, sabía que se trataba de dos niños solamente, pero eran los hijos de Robert, personitas de carne y hueso que tenían sentimientos, y eso me traía recuerdos que me emocionaban.

    Los conocía sobradamente por las muchas fotos de ellos que Guillermo me mostraba, pero no era lo mismo, habían transcurrido seis años desde que se marchó y ahora iba a tener frente a mi pedacitos de mi amor perdido, del único hombre verdaderamente amado.

    Cuando aparecieron por la puerta de vuelos internacionales sentía que el corazón me latía demasiado rápido, Swan venía sujeto a la mano de su abuelo, y Jesse, algo más alto, caminaba unos pasos detrás de ellos.

    Guillermo me abrazó y me besó las mejillas, le encontraba desmejorado, con ojeras, más pálido y delgado, el moreno que adquiría en el monte se le había evaporado.

    Se inclinó para pasar las manos por los hombros de los niños envolviéndolos.

    -Él es el tío Mario. -entendí que había hablado a los niños de mi y que deseaba que me vieran como alguien familiar y cercano. Había comprado dos muñequitos en una tienda del aeropuerto para tener algo que darles al recibirles.

    Los niños me miraban cohibidos y el pequeño se escondía entre las piernas de su abuelo, pero sonreía como si fuera un juego.

    -Esto es para ti Swan, un osito precioso que quiere ser amigo tuyo. -el peque lo sujetó y empezó a quitarle el papel transparente que lo cubría.

    -¿Cómo sabes que quiere ser mi amigo? -hablaba un aceptable español, Robert se había preocupado de que sus hijos supieran su lengua materna.

    Me había inclinado, agachado para quedar a su altura y pasé la mano por su cabello moreno y liso, se parecía mucho a Robert y casi no presentaba rasgos asiáticos salvo los ojos ligeramente oblicuos.

    -Lo hablamos los dos y me lo contó como un secreto.

    -Los osos no hablan, ¿tu no lo sabes? -el chico me miraba inquisitivo, intentando saber que había de verdad en lo que le decía.

    -Claro que lo se, pero hablamos por gestos, él es un oso muy listo. -su hermano se había acercado a nosotros y miraba el otro paquete que tenía en mi mano.

    -¡Hola Jesse! ¿Sabes que estas ya muy grande? -me miró un instante y volvió a fijar la mirada en el paquete.

    -Para ti me encontré algo diferente. -le alargué el envoltorio y lo abrazó sin abrirlo.

    -¿No vas a mirar lo que te ha traído el tío Mario? -el muchacho miró a su abuelo, y como si le forzaran fue quitando el papel que lo envolvía.

    -¡Es una foquita! -me miraba desencantado, esperaba algo diferente y se la quedó observando.

    -Es una foquita bebé muy especial Jesse, necesita quien la cuide y seguro que tu la vas a querer mucho. -no esperaba su reacción, Jesse se me echó en los brazos y me dió un beso en la mejilla.

    -¡Gracias tío! Yo la voy a cuidar. -hacía que afloraran en mi sentimientos que no creía sentir, una inmensa ternura me atenazaba el corazón y apreté su cuerpecito contra el mío.

    Si antes de conocerles personalmente ya sentía cariño hacia ellos ahora me sentía desbordado de inmenso afecto, porque eran niños, porque eran los hijos de Robert y por su ingrata y lamentable situación de huérfanos.

    Guillermo me había pedido que se dispusieran dos habitaciones adyacentes a la de Robert y a la que yo usaba cuando estaba en su casa, pensé por mi cuenta que dos niños tan pequeños estarían mejor en una que compartieran y así la habían preparado, con muebles adecuados a su edad, la otra habitación sería para sus juegos y estudio.

    Imaginaba que tendrían que acudir a algún colegio aunque Guillermo no me había dicho nada sobre ello, en esos momentos no podía imaginar que pasarían cinco años viviendo en aquella casa.

    Tanto los niños como Guillermo venían muy cansados de tan largo viaje y después de tomarse un vaso de leche con galletas los llevamos a la cama, no querían quedarse solos, extrañaban la habitación pero se dejaron convencer abrazados al osito y la foquita además de dejarles la luz encendida.

    -¿Quieres que me quede? -era el primer momento de estar solos y le abracé acariciándole la cara.

    -Siento lo que ha pasado Guille. ¿Robert estará destrozado?

    -Tardará en recuperarse, por eso me he traído a los niños, él no tiene fuerzas para atenderles y bastante hace para soportarlo con todos los problemas que le surgen. -habíamos llegado a su habitación y comencé a quitarle la camisa.

    -Sería mejor que tu descansaras también. -se sentó sobre la cama abatido como nunca había estado. Le comencé a acariciar mientras le iba desnudando.

    -Es una suerte tenerte Marito, que estuvieras en el aeropuerto esperando fue un hermoso detalle que tuviste.

    -Calla papi, no digas tonterías, era lo que debía hacer. -me abrazó y me acariciaba la cara.

    -Voy a desnudarte y descansarás unas horas.

    -He pensado tanto en ti mi niño hermoso, en tus caricias y cuidados.

    -Ya estamos juntos de nuevo y todo se pasará. -solamente faltaba que le quitara el calzoncillo y cuando iba a hacerlo me di cuenta de que estaba algo excitado. Se los saqué y en efecto su pene, estaba algo crecido.

    Se lo sujete suavemente con la mano y le miré a los ojos.

    -¿Quieres?

    -No se si podré Marito.

    -No tienes que hacer nada, déjame a mi. -me había emocionado volver a mirar, y reconocer, aquel instrumento divino de placer que tenía entre las piernas. Me acerqué a su boca y uní nuestros labios pidiéndole que la abriera con mi lengua.

    -Papi hermoso, tu nene te va a atender y darte mucho cariño.

    -¡Marito!

    -Tú descansa, tenía ganas de hacer esto. -le besaba sin cesar y Guille reaccionaba acariciándome el cabello mientras le lamía el pecho, los sobacos y descendía al encuentro del trofeo que me esperaba allí abajo.

    Su verga estaba jugosa, endurecida aunque no del todo y metí el glande en mi boca.

    -¡Qué rico bebito mío! -sabía hacer bien mi trabajo, rápidamente se lo puse duro, completamente empalmado su enorme miembro, le repasaba el glande con la lengua y con los dientes le daba un suave masaje al tronco.

    -¡Qué goloso eres bebé!, sigue, no pares ahora. -su verga respondía maravillosamente a las caricias de mi lengua y mis labios, le salían torrentes de líquidos que yo bebía encantado. Lo más seguro era que papi no hubiera eyaculado en estos tres largos meses y sus grandes huevos estaban duros, rellenos de rica leche.

    Temblaba de excitación pensando en el placer que sentiría cuando aquella gran polla volviera a llenarme el culo. Guillermo se dio cuenta de mi intención y me empujó para tenerme cerca de él y poder llegar con sus dedos a mi ano.

    Me lo dilataba sabiamente acariciándome la entrada con los delos mojados en saliva, y lentamente fue metiéndolos, le abría las piernas para poderle comer los testículos y lamerle el perineo hasta llegar a su ano.

    -¡Ahhhhhhhh! bebe, que bien lo haces. -entonces tiró de mis caderas y pasé la pierna por encima de su cabeza para dejarle que él me lamiera el culo.

    Después de unos minutos de estar así, él comiéndome el culo y relajándolo, yo ocupado en su polla y sus testículos, pensé que era el momento de comenzar el trabajo mayor. Me senté a horcajadas cabalgándole y le sujeté la larga y dura lanza.

    -Me la voy a comer papi, no aguanto más. -él como respuesta me agarró mi polla y tiró de ella para que me bajara a besarle.

    -Eres un amor bebé.

    -Ahora vas a ver como te relajas para descansar como un niño. -en tres sentadas le tenía entera dentro de mi, le miraba desde arriba como se mordía los labios y se pasaba la lengua por ellos.

    -¡Hauuuuuu! Estas muy calentito, no hay lugar mejor para tener mi verga bebito. -comencé a cabalgar sobre él, haciendo todos los movimientos posibles, retorciéndome como una serpiente para que notara todo el placer que mi cuerpo le daba.

    Le besaba el pecho y a veces le mordía con fuerza los duros pectorales arrancándole algún vello, pero como imaginaba papi tenía necesidad de vaciarse los huevos.

    -Me voy bebé, me corro amor. -su polla era el caño de una fuente, notaba impresionado los fuertes disparos que tiraba en mi tripa, una cantidad ingente que comenzó a salir de mi culo sin que él terminara de vaciarse del todo.

    -¡OHHHHH! bebé!, ¡ho, oh, oh! -le temblaba el cuerpo a la vez que el abdomen se le ponía rígido e hinchado haciendo fuerza para terminar de hacer salir todo la carga de semen que tenía almacenado.

    Me tumbé pegado a él y solamente tuve que rozar mi polla con el pelo de su abdomen varias veces para empezar a correrme bañándole el pecho de semen.

    No le permití que se moviera, fui al baño y con una toalla húmeda le limpie la verga, los huevos y el semen que yo le había tirado encima, le cubrí con la sábana y me tendí a su lado.

    -Voy a marchar a mi casa, nos veremos mañana en la oficina, tengo muchos temas que consultarte. -me pasó el brazo por los hombros sujetándome pegado a él.

    -Gracias Marito, no creo que pueda ir mañana a la oficina, lo que tu hagas seguro que estará bien, me gustaría que salieras del trabajo y vinieras a comer, me siento inoperante y torpe con los niños. La verdad…, no se que hacer ahora que los tengo en casa.

    Le di un beso y me marché, antes subí al piso superior y miré como dormían los niños, abrazados a sus amiguitos de tela.

    Durante la mañana Guille me llamó para que no olvidara que me esperaban a la hora de la comida. Trabajé intensamente con Manuel y Marcos resolviendo los problemas pendientes y los dejé encaminados al comedor de la empresa, cogí mi coche para llegar a la casa de Guillermo.

    Los pequeños estaban en el jardín y se veían juguetes de piscina tirados sobre el césped, al notar mi presencia dejaron de jugar y se acercaron, se abrazaron a mis piernas y tuve que cogerlos para darles el beso que me exigían.

    -¡Ja, ja, ja! Has conseguido de ellos en pocas horas más que su abuelo en años. -comimos y los pequeños fueron a dormir la siesta. Guille y yo salimos al jardín.

    -Imagino que tu invitación para comer tiene también otras intenciones. -Guille me miró dubitativo.

    -Se que voy a pedirte demasiado Marito, pero no quiero que te lo tomes como una obligación. -tenía en la mano un vaso con bourbon y los hielos tintineaban rozando el cristal, le temblaba el pulso.

    -No tienes que poderte nervioso, sabes que si puedo haré lo que necesites.

    -No se lo que tengo que hacer, la situación puede conmigo y quería pedirte que me ayudes, se que te estoy pidiendo demasiado y te complico la vida, pero ahora te necesito a mi lado Mario, los niños confían en ti, ya te quieren y te has ganado su confianza. Ayúdame con ellos.

    Le miré impresionado, sus últimas palabras eran más un grito de socorro que un ruego.

    -Pero estoy en la misma situación que tu Guille, tampoco yo tengo experiencia con niños, no he sido padre para saber atenderles y educarles. -además sabía lo celoso que Guillermo podía llegar a ser con sus asuntos familiares, lo que me pedía acabaría en roces personales y malos entendidos.

    -Te has ocupado del hijo de tu primo Marcos, me consta, y sabes más que yo sobre eso, tienes mano izquierda y sabes como llevar a los pequeños.

    Quedé pensativo y él esperando expectante una respuesta.

    -Según tu, ¿en qué consistiría esa ayuda? -le vi su sonrisa de victoria, como si esto fuera un negocio, sabía que iba ganando.

    -Creo que tienes encarrilado tu trabajo y es el momento en que delegues en tu ayudante y te dediques a supervisar, a estar a mi lado ayudándome a dirigir el conjunto.

    -Eso no es nada nuevo Guillermo, tu y yo sabemos que ese sería el resultado final de la formación que me has dado, te andas por las ramas, sabes cual es el problema real que nos coge peor preparados para resolverlo. Los niños…

    -A eso iba Marito, con lo que propongo tendrías más tiempo libre y podrías dedicárselo a ellos, tienes aquí tu habitación y solo te falta decidirte y venir a vivir con nosotros, podrías ocuparte mejor de ellos teniéndolos cerca.

    -¿Por eso les hablaste de mi como si fuera su tío? ¿Lo tenías todo pensado de antemano? -Guillermo parecía azorado y violentado.

    -La verdad es que si, pero eres tu quien tiene que decidir, no quiero que lo veas como una imposición. -era una delicada decisión que me complicaría la vida y debía asumir una responsabilidad que no sabía si sería capaz de afrontar.

    Por otro lado perdería toda la privacidad de que ahora gozaba, vivía muy bien en la casa de mi abuelo que había mandado remodelar, aunque era un barrio humilde donde se ubicaba, era mi barrio y mi gente donde me sentía a gusto.

    Migue había vendido la de su padre cuando falleció y seguía viviendo con mi primo y Marquitos, aunque sospechaba que no sería por mucho tiempo. La casa de mi abuelo, cuando falleciera, sería de mi primo y de mamá a partes iguales, ellos eran sus herederos legítimos. Mamá llevaba años desaparecida y mi primo no me la reclamaría, asi que decidí remodelarla y seguir en ella.

    Tenía libertad para hacer lo que quisiera en mi tiempo libre, no me gustaba que mi primo o Peru vinieran a ella, prefería ser yo quien fuera a las suyas cuando los necesitaba, para hablar, o para que me consolaran el culito.

    Además de tener a Guillermo, ellos eran mis hombres a los que recurría cuando los necesitaba, siempre estaban dispuestos a pasar un agradable rato follándome. Aunque podría tener más no los necesitaba y cuidaba mi vida íntima teniendo relaciones con las personas en las que podía confiar.

    Todo eso podría verse limitado con lo que Guillermo me proponía, y si a él le daba miedo, a mi me causaba un tremendo respeto no estar a la altura de lo que los niños necesitaban.

    Se me aparecían sus lindas y tiernas caritas demandando cariño y amor y tenía que tomar una decisión.

    -De acuerdo Guille, lo haré, pero quiero que sepas que será solamente por ellos, y tengo una condición que ponerte. -sonreía como un viejo zorro sabedor de que cazaría su gallina para el desayuno.

    -Siempre serás el eterno negociador, dime lo que quieres. -bebió un largo trago degustándolo satisfecho.

    -Quiero, si voy a ocupar temporalmente el puesto de Robert, que nunca cuestiones lo que decida hacer con tus nietos, tendré sobre ellos la misma autoridad como si fuera su padre.

    -Lo harás bien Marito, estoy de acuerdo contigo siempre que me dejes ser abuelo, es lo único que me queda. -de esa forma se firmó nuestro nuevo acuerdo. Sería pura coincidencia, pero si el primero fue para cinco años y aún continuaba existiendo, a este no le pusimos un plazo.

    ************

    De esta manera me convertí en todo lo imaginable para los chicos: En el padre y la madre que vigilaba sus sueños y estaba a su lado cuando se sentían enfermos y con fiebre. En el enfermero que curaba sus heridas cuando se caían y arañaban. En el amigo que les acompañaba en sus juegos. En el hermano que los recibía en su cama cuando asustados acudían temerosos de los truenos.

    Los llegué a querer como si fueran mis hijos. Normalmente era Rodolfo quien se encargaba de llevar y recogerles del colegio, pero a veces los sorprendía presentándome a por ellos.

    Eran unos chicos que llegaron tristes y pronto se volvieron alegres, curiosos y revoltosos, el que más esfuerzo me exigía era Swan que revolvía la casa sin dejar un rincón que investigar. Jesse era el más cariñoso, él era mi chico como Swan lo era de Guillermo.

    El tiempo no me sobraba, tenía mi trabajo en la empresa aunque Manuel y Marcos me ayudaban y mucho, atendía las necesidades sexuales de Guillermo, que también eran las mías, aprovechando las noches que podía bajar a su habitación, con miedo siempre a ser sorprendidos por los niños.

    Atenderles a ellos que eran la prioridad y, a pesar de ello, podía sacar un rato a la semana para visitar a mi abuelo en la residencia, no me reconocía y si daba alguna muestra de lucimiento era para confundirme con mamá. Mis encuentros con Peru o Marcos se convirtieron en anecdóticos aunque los disfrutaba más.

    Sabía que Peru acudía a las fiestas que organizaba el grupo de Loren, y que allí follaban en grupo, pero eso no me preocupaba, cuando yo lo necesitaba estaba para mi. Lo mismo podría decir de mi primo, ahora que Migue se había comprado una casa vivía solo con su hijo, Marquitos solía pasar los fines de semana con Migue y en las vacaciones se lo llevaba a viajar, a pesar de todo se continuaba ocupando de él.

    El tiempo pasaba rápido mirándolo desde el presente una vez transcurrido. Dejábamos las señales de ese acontecer sembrando nuestro camino, e inexorablemente se sucedían acontecimientos agradables o dolorosos.

    El abuelo falleció dos años después, mi corazón estaba sano y pude rezar una oración por él reconciliándonos.

    Las heridas que la muerte de Shizu dejaron en Robert sanaron relativamente pronto, habían transcurridos tres años y volvía a rehacer su vida al lado de una muchacha americana, por sus negocios vivía alternando el domicilio entre Tokyo y New York, ella era de allí. Una chica de la alta sociedad neoyorkina que, para el gusto de Guillermo, era demasiado joven.

    -Es una niña, no está madura para asumir sus obligaciones. -estalló una noche, a la vuelta del viaje que había hecho para conocerla, a ella y su familia.

    -También Robert es joven, te recuerdo que tiene veintiséis años. -me miraba disgustado, pero sin dejar de acariciarme el cuerpo, aunque llegaba deseando hablar y desahogarse, sus deseos sexuales eran más urgentes.

    -Luego seguiremos hablando, ahora quiero lo que necesito. -se dispuso a poner en funcionamiento el sistema de grabación.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Cuándo vas a dejar de grabar lo que hacemos papi? ¿No te cansas de ver siempre lo mismo? -se pegó a mi esbozando una sonrisa.

    -Siempre encuentro algo nuevo de ti que me sorprende. -con una mano me sujetaba por la espalda tirados sobre la suave seda de las sábanas, con la otra me tomó por la nuca para llevarme la boca a la suya y recibir su beso.

    -Ves que lo que digo el verdad, como cuando beso tu boca y saboreo tus labios, son los mismos y a mi me saben más jugosos y los veo más rosados y deliciosos, cada vez me gusta más tu suave y cálido aliento, tu cuerpo tembloroso y tu piel fina y tersa, cada vez me vuelves más loco amor. -ciertamente el contraste era abismal, él con el cuerpo de hombre musculoso y fuerte, velludo, grande, comparado con el mío de chico que no aparentaba mis veintiséis años, delgado, atlético y casi sin vello.

    La piel curtida y dura por la cantidad de pelos de Guille, con la mía de blancura inmaculada en invierno y dorada en verano, toda una delicia para los amantes que podían tenerme y amarme. Sus palabras me emocionaban.

    -Nunca me dices palabras tan bonitas papi, gracias amorcito. -como respuesta volvió a taparme la boca con la suya en un beso que se convertía en lujurioso.

    -Deseo volver a probar tu cuerpito delicioso de mariconcito tierno y enseñarte lo que a ti te gusta, que sientas lo que es un hombre de verdad, darle a tu culito lo que le gusta, una buena verga que lo llene y te haga gritar. -le mordí el labio superior a la vez que buscaba su vergajo con la mano

    -Ahora te estas pasando papito, pero me gusta. -me seguía besando y con una furia más salvaje cada segundo que pasaba, me deseaba devorar y a la vez que sus labios me comían iba metiendo las manos entre mis nalgas buscando mi tesoro escondido y me las amasaba entre gemidos.

    -Son tan suaves y tersas, tan deseables. -le cogí los huevos y los tenía duros y pesados, pegada la bolsa en la base de la polla. Guille estaba muy excitado y con la respiración acelerada sin cesar de pasar las fuertes manos por mi delicado cuerpo recorriéndolo por todas partes.

    Me cogió del pelo con una mano y la otra la usaba para tocarme el ano y luego se la llevó a la nariz.

    -Es delicioso tu olor a culito limpio, a putito deseoso de macho que se lo llene. -tiró de mi cabello y me enterró la cara en su sexo que ya lo tenía bien duro. Continuaba con su potente polla bien caliente y gorda, larga, dura como un resorte de ballesta, la besé y lamí degustando su sabor fuerte a macho semental en toda su sazón.

    Me la metía hasta la mitad comiéndola con glotonería, volvía a sentirla muy ancha, me pasaba siempre que estaba un tiempo sin comerla y me tensaba las comisuras de los labios.

    -Chúpala, prepárala bien para meterla en tu culito bebé. -puso la mano en mi nuca y apretaba para que la tragara más y tuve que hacerlo.

    -¡Ohhhh! Amor, que linda y caliente boquita. -la saqué un momento para lamerle las babas que discurrían por el tronco hasta sus testículos.

    Su resistencia cedía y notaba que deseaba correrse. Me coloqué de cara al techo y Guille enseguida comprendió situándose sobre mi y buscando con desesperación mi entrada con su dura verga preparada.

    Me chupaba el cuello haciéndome gritar desesperado por la tensión acumulada.

    -¡Ya, Ya papi! Fóllame el culo amor. -pero antes me chupó los pequeños pezones, metió los dedos en mi boquita para que se los mojara y me los enchufó en el ano.

    -¡Ahhhhhh! Papi, que rico papi, necesito tu gran polla ya.

    -Sí amor, te voy a follar muy rico, vas a saber lo que un macho te puede dar.

    -¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! Guille, saca los dedos y dame verga.

    —¡Sí nene! Vas a gritar mi nombre cuando te la meta hasta el fondo, pero quiero follarte de perrita, date la vuelta. -hice lo que me pedía muerto de ganas porque me diera de una vez lo que necesitaba.

    -Me gusta tenerte así, a cuatro patitas esperando a tu macho, así se te ve tu rico culito y como abres el agujero de las ganas que tiene tu culito redondo y blanquito, con tu anillo rosado que pronto lo voy a abrir. -usó la mano izquierda para apretarme en la espalda, para que mi pecho y cara quedaran pegados al colchón y el culito elevado.

    De esta manera enterró la cara entre mis nalgas y pasó el duro bigote por ellas, besándolas y mordiéndolas y después chupando y besándome el ojete.

    -Te la voy a meter nenito, no aguanto más las ganas.

    -¡Sííiíii papi! Dámela ya amor.

    -¡Ohhhhhhhhh! qué belleza de culo, ahí voy hasta el fondo bebé. -me restregó el glande por la entrada y usándolo como un látigo me azotó el ano y las nalgas con la verga, le sentía como apretaba en la entrada y empezó a perforarme el ano.

    -¡Si papi, si! Más, más, más verga para mi, dámela toda papi.

    -¡Ummmmm! ¡Ummm! ¡Ummmmmmm! Qué rica verga amor. -sentía como entraba centímetro a centímetro abriendo mi culo.

    -Me rompes amor, que rico lo haces. ¡Oh, sí, sí, sí. -me retorcía de placer gimiendo y gritando al sentir mi tripa llena por su tremenda tranca que me partía de gusto.

    Cuando estuvo dentro me levantó para apoyarse en mi espalda.

    -¿La sientes bebé? La tienes toda dentro de ti.

    -¡Oh sí papi, siento que me perfora hasta el estómago. -se quedó un momento quiero mientras yo no cesaba de temblar, se recostó totalmente sobre mi y me cogió las manos por encima de la cabeza y con sus piernas separó mas las mías, su aliento quemaba mi oreja.

    -Ahora viene lo bueno bebé.

    -Sí papi, soy todo tuyo haz lo que quieras. -separó su pecho de mi espalda sujetándose sobre sus rodillas y comenzó a mover la cadera, su polla se había convertido de pronto en un pistón y solo se escuchaba el ruido de sus pelotas golpeando las mías y el chocar de la enorme cama contra la pared, me hacía que jadeara y bufara entre gritos y sollozos, su follada era totalmente animal y mi placer no tenía parangón con otro.

    -¿Me sientes nenito? ¿Lo disfrutas?

    -¡Ahhh! Si, si. -aceleró la follada a un ritmo infernal hasta que pensé que me iba a romper el culo, desarrollaba toda su tremenda virilidad y hasta era violento y en ese momento cumbre sentí que me desmayaba a la vez que temblaba, él me sujetaba de la cintura para que no colapsara.

    Estaba corriéndome como un poseso, y gritando como una puta, cuando mi macho se abrazó a mi cintura y con toda su verga metida empezó a llenarme de leche.

    -¡Ohhh! Bebé, toma, toma semen, recibe toda mi leche amor. -la leche comenzó a salir entre mi ano y su rabo, no podía contener más en mi vientre y lo que sobraba salía disparado.

    Después de un rato nos levantamos para lavarnos.

    -Me has roto el culo papi, me duele y ha estado muy bueno. -me señaló la luz roja que indicaba donde estaba la cámara grabando.

    -¿Entiendes ahora porque me gusta grabarte? Otra follada como está no es fácil que se de.

    -Bueno, haz lo que gustes, no tengo nada que oponer si a ti te gusta.

    Estuvimos hablando un rato más, en realidad el que hablaba era Guillermo, Robert deseaba llevarse a los muchachos con él, su padre le había convencido para que esperase hasta que se hubieran casado y convivido un tiempo antes de hacerlo, por el bien de los chicos y del nuevo matrimonio. Era mejor que continuaran estando en España y que Guillermo los llevara con él a América en vacaciones.

    -Me voy arriba. -me despedí dándole un beso.

    -Puedes quedarte aquí y dormir a mi lado, por una vez no creo que pase nada.

    -Puede despertarse alguno de ellos y enseguida van a mi habitación si eso sucede.

    -Los mimas más que yo Marito y yo soy el abuelo.

    -Eso no es cierto, van porque sienten miedo o me necesitan, eres tu quien les compra esos coches de carreras, no te es suficiente con que les aficiones a las motos.

    -Ahora bien que te gustan a ti, recuerda que antes no las querías. -me callé y después de volver a besarle subí a mi habitación, ya era una costumbre mirarles mientras dormían, les acomodé la ropa y los dejé que continuaran soñando.

    ************

    Estaba preparándome para salir de la oficina cuando llegó Marcos ya cambiado y dispuesto para dejar el trabajo.

    -¿Cómo se ha resuelto el incidente? -un cliente nos había presentado una demanda judicial por una derrame de gasoil que había tenido en la instalación que le habíamos montado.

    Además de la cuantiosa idemnización que nos impusieran, debíamos resolverle el problema que Marcos me aseguraba lo había producido el mismo cliente por manipular la instalación.

    -Siéntate y sujétate al sillón para no desplomarte. -a la vez que hablaba me empujaba para que volviera a ocupar mi asiento.

    -¿No me irás a decir que no has podido resolverlo?

    -¡He visto a la tía Carmen!, ¡a tu madre! -de verdad que estaba muy bien sentado, de otro manera me hubiera caído al suelo, la noticia había sido como un fulgurante rayo que me dejó paralizado.

    -¿Qué dices? ¿Es eso cierto?

    -Como que tu y yo estamos ahora en esta habitación, la he tenido a cincuenta metros, en un chalet al lado de donde hemos estado.

    Marcos no había hablado con mamá y ella no le vio o no le reconoció. Sentía mucha curiosidad por saber algo de ella, pero mi primo solamente la tuvo unos escasos dos minutos al lado, mientras salía de su coche y entraba tras la puerta de la casa.

    Necesitaba saber si estaba bien, hacía once años que no la veía ni tenía noticias suyas, para el funeral del abuelo no pudimos localizarla y no sabía que había fallecido.

    Estuve pensándolo dos meses antes de decidirme, también me carcomía tener la certeza absoluta de saber quién era mi padre, lo sabía ya pero precisaba que me lo confirmara.

    Un sábado me decidí y llegué a la dirección que me dio Marcos, se trababa de una urbanización en un pueblo cercano, una linea de chalets de dos plantas ocupaban toda la acera de una calle recientemente asfaltada, el otro lado era terreno de labranza, en este caso viñedos recién plantados.

    Las casas estaban algo elevadas sobre el nivel de la calle y podían verse los porches y parte del cuerpo de los árboles plantados en los jardines.

    Se escuchaban risas de niños y una voz de hombre que les hablaba, me fui acercando hasta poder visualizarlos, dos pequeños de unos cuatro a seis años, jugaban con herramientas de juguete, imitando el trabajo de un hombre de pelo plateado que inclinaba el cuerpo en el césped rastrillándolo.

    -Mira papá, yo lo hago mejor que María. -los niños eran rubios, con el pelo largo.

    Pensé que no tenía derecho a intervenir en sus vidas, quise darme la vuelta, marchar y dejarles que vivieran su alegría como les veía en este momento, pero algo me clavaba en la acera, delante de aquella verja de hierro que cerraba el paso, observando a aquellos pequeños y al hombre que reía mientras cogía a la nena en sus brazos para elevarla en el aire.

    Me iba a marchar cuando una figura salió de la casa al porche, una mujer alta y delgada, vestida con pantalón ajustado, blusa floreada y larga melena rubia como los niños que jugaban, como la mía antes de que la cortaran.

    Sus ojos se me quedaron clavados y caminó hacia la verja, sin atender los gritos de los niños, ni la mirada curiosa del hombre que la observaba con un pequeño en cada brazo como sacos de patatas.

    Se quedó detrás de la verja, a medio metro de ella, continuaba siendo tan bella como la recordaba, algunas pequeñas arrugas se le notaban en los ojos azules como el cielo de ese día.

    -¡Hola Mario! -en lugar de responderle miré a las tres personas que nos vigilaban.

    -¿Ellos son…?

    -Sí.

    -El abuelo murió…

    -Lo supe cuando ocurrió, lo visité un par de veces en la residencia.

    -¿Quién es mi padre mamá?

    -Si me preguntas es que ya lo has adivinado. -volví la mirada a los niños.

    -Son muy guapos…

    -Aunque no supe demostrarlo, siempre te quise Mario.

    -Lo se mamá, tu fuiste otra víctima más. -di dos pasos para atrás y luego me volví para avanzar hasta mi coche.

  • Venganza sabatina

    Venganza sabatina

    Para aquellos que leyeron ‘Comenzó en el subte’ (al final de este relato dejo el link) saben de mis encuentros con Raúl, después de acostarme con él dos veces más, comprendí que mi relación con él nunca sería más que circunstancial. Comprendí que él nunca se separaría de su esposa porque a partir de ese momento, él dejaría de ser una persona con dinero, ya que ella era la dueña de la fortuna y él amaba la plata por sobre todas las cosas.

    Era sábado, me levante aún más enojada de cómo me había acostado, habíamos discutido con Raúl por una salida que compartiríamos y abruptamente se había frustrado. Íbamos a tener una salida juntos disfrutaríamos el momento, estaríamos juntos todo el día y no un par de horas en un hotel teniendo solamente sexo, deseaba ser más que su amante, él decía que estaba dispuesto a dejar a su esposa por mí, pero eso ya no se lo creía, él amaba más el dinero de ella que a mi.

    Ese viernes él me llamó para decirme que no podíamos vernos como lo habíamos planeado y que nos veríamos un rato el sábado por la mañana, esto me alteró, discutimos, le dije de todo y colgué. A partir de ahí, el teléfono de casa y mi celular no paraba de sonar, y Raúl no dejaba de mandarme mensajes “atendeme”, “perdóname”, “te amo” “no puedo vivir sin vos” etc., etc., apague el celular y opté por ir a la casa de Karina, una amiga de la infancia, me vestí y me fui, y mientras viajaba ya había decido el final de la relación con Raúl, pero estaba muy enojada, me sentía usada y despreciada.

    Salí llevando puesta una pollera tubo negra con falda corta, unos diez centímetros por sobre las rodillas y un top gris oscuro con escote circular, por el escote asomaban levemente las nacientes de mis senos y lo ajustado del top las marcaba insinuantes, la falda por demás ajustada marcaba mis caderas y mi cola, llevaba además unos zapatos de taco aguja muy altos cerrados y negros y una pequeña carterita negra colgada del hombro.

    Camino a la casa de Karina pasé por una obra en construcción y una serie de piropos algo atrevidos nacieron de la boca de esos albañiles, en otros momentos me hubiesen molestado pero esos piropos me ayudaron a levantar mi estado de ánimo bastante decaído, disfruté cada uno de esos piropos, los cuales arreciaron aún más en la medida que notaron que me gustaban, como cuando me dijeron “quisiera ser jubilado para hacer esa colita”, o “dichosos los ojos que te ven y la mano que te toque” ; seguí caminando lento para disfrutar esos piropos.

    Llegue a casa de mi amiga con mi libido mucho más alto, nos quedamos charlando y tomando mate, ella estaba con su nueva pareja y me quedé a almorzar con ellos para luego irme, no quería seguir estorbando, ellos debían hacer su vida.

    Por lo tanto a eso de las 16:00 h me fui y decidí volver a pasar por la obra en construcción, iba caminando, pero daba la impresión que ya no quedaban obreros en ella, pero una puerta se abrió y un muchacho que se asomaba, al verme pasar dijo: “si la belleza fuese pecado vos no tendrías perdón de Dios”, y él pudo ver mi sonrisa de aprobación.

    A escasos metros y detrás mío sentí pasos de hombre, no giré pero estaba segura que el que venía detrás era mi piropeador y me alcanzó antes de llegar a la esquina. Ahí comenzó a intentar levantarme.

    Mientras él intentaba el levante yo permanecía impávida, él me decía cosas y yo continuaba como si nada, lo había observado cuando pasé delante suyo, no era una belleza infernal, pero era interesante, era alto, cabello negro, rasgos delicados, morocho, piel curtida por el sol, jean azul gastado y remera celeste.

    Me detuve en la parada del colectivo, él continuaba intentando el levante y yo le pedía que se fuese y me dejase sola, vi que venía el colectivo y giré mi vista para no ver su llegada mientras le pedía que me deje sola, el colectivo pasó y dije:

    C-Me hiciste perder el colectivo, no sabes lo que tarda en venir otro

    J-Agradezco el que lo hayas perdido así estoy con vos más tiempo

    Yo salí caminando con un gesto de fastidio, quería vengarme de Raúl a como dé lugar estaba muy dolida, cuando Joaquín reaccionó volvió a la carga detrás de mí y dijo:

    J- Déjame que te acompañe

    y yo respondí

    C- Voy a mirar vidrieras no creo que te guste

    J- Con tal de estar con vos iría feliz hasta al cadalso

    Su respuesta me hizo reír y dijo

    J- Sos tan bonita… tanto cuando te reís como cuando estas seria.

    Me detuve en una vidriera de una galería y ahí surgieron nuestros nombres, el suyo era Joaquín. El siguió intentando levantarme y yo por momentos me mostraba accesible y en otros, distante.

    Charlamos, caminamos y me invitó a tomar algo, entramos a un bar, estábamos charlando cuando sonó mi celular, era mi hijo que llamaba desde la casa de mi hermana, al atender dije “hola mi amor”, (al principio él supuso que era mi novio o mi marido el que llamaba), como la charla fue delante de Joaquín, enseguida se dio cuenta que se trataba de mi hijo, escucho que él estaba con los abuelos.

    Colgué y dije “era mi hijo”, mientras charlábamos miraba a Joaquín no era desagradable, pero era para mi gusto un tipo para pasar el rato únicamente, para ser él el artífice de mi venganza, solo un encuentro… salvo que sexualmente me diese algo “impensado”.

    Y la charla se concentró en mí, me hizo alguna pregunta sobre mi hijo y luego me pregunto:

    J- Tenés un solo hijo

    C- Si

    J- Sos separada

    C- No (mentí, supuse que eso excitaría más a Joaquín)

    J- Me sorprende

    C- ¿Qué cosa?

    J- Que tu marido no te acompañe si fueses mi esposa iría con vos a todas partes

    C- Eso es falta de confianza

    J- No lo que pasa es que sos muy hermosa para andar sola en la calle y no pasas desapercibida para ningún mortal.

    C- No sé si para todos, pero no pase desapercibida para vos, pero la mayoría de las veces mi marido me acompaña.

    J- Por suerte hoy no te acompañó.

    C- No hoy no, está trabajando en Salta. Trabaja para una empresa que hace obras en el interior y a veces viaja para supervisarlas, así que está afuera, a veces un par de meses.

    J. Así que ahora estas solita.

    C- Nooo… ahora estoy acá charlando con vos

    J- Hace mucho que estas sola, digo sin marido?

    C- Dos meses y 3 días

    Note que eso lo puso más excitado

    J- Eso quiere decir que no tenés excusas para irte, tu hijo esta con los abuelos y tu marido lejos… podemos seguir caminando.

    C- No eso quiere decir que ahora nos vamos, veo las tres o cuatro vidrieras que faltan, y vuelvo a mi casa.

    J- ¿Pero qué vas a hacer en tu casa?

    C- Mira yo te agradezco los piropos, la compañía que fue muy agradable, pero soy casada, y amo a mi hijo.

    Puso su mano sobre la mía y dijo:

    J- No dijiste que amas a tu esposo…

    No respondí… salimos del boliche, caminamos hasta el final y volvimos por la galería, Joaquín estaba un tanto confundido, no sabía que actitud tomar conmigo, la galería tenía varias salidas tomamos una y salimos a la calle, caminamos y entré a un negocio que estaba cerrado que vendía ropa interior.

    Vi ropa, había un conjunto de corpiño, bombacha y baby doll color rosa muy transparente, él dijo que me quedaría muy bien, pero que para dar la última palabra necesitaría vérmelo puesto

    Yo me reí. Él tomó mi mano. Yo le pedí que la soltará, pero para nada muy convincentemente, él quiso tomarme de la cintura, yo intente impedírselo un poquito pero excitándolo un tanto, me arrinconó, me tomó por la cintura y me beso, mientras yo hacía como si intentase oponerme, hasta que sus labios rozaron los míos, en ese momento me quedé impávida lo que él aprovecho para sellar sus labios con los míos, y yo no opuse ninguna resistencia, rodee su cintura con mis manos y uní mis labios entregándolos a un beso que se hizo cada vez más profundo, cuando nuestros labios se separaron, lo miré a los ojos y le dije:

    C- No quería llegar a esto… me gustaste apenas te vi… no puedo hacer esto

    J- Pero pasó bebe, y besarte fue lo más hermoso que me pasó en la vida

    Él volvió a tomarme en sus brazos, nos besamos y me tomó por la cola, yo me opuse diciendo:

    C- No acá no…

    J- Bueno ¿vamos a un hotel?

    Me tomó fuertemente por la cintura y caminamos así, besándonos esas 3 cuadras que nos separaban del hotel.

    Entramos en la habitación, él se sentó en la cama, yo lo bese mientras él acariciaba mi cola, entonces me separé un tanto, alce mi pollera dejando casi la totalidad de mis piernas al descubierto, me senté sobre las suyas, quedando frente a él y pudiendo sentir su pene muy erecto, rodee con mis brazos su cuello, besé sus labios al mismo tiempo que movía mi cuerpo excitando su pene hasta ponerlo súper excitado. Yo también lo estaba.

    Él me beso y sus caricias eran cada vez más profundas, nada le impedía tomar contacto con mi concha por sobre la bombacha, yo me quité la remera y mi torso quedo solo cubierto por mi corpiño de tul bordado de color azul que dejaba buena parte de mis senos al descubierto, y que hacia juego con una bombacha pequeña del mismo tono, el enloqueció aún más al verme así y dijo:

    J- Tensé unas tetas estupendas amor, y yo dije:

    C- me encanta que te gusten porque pronto vas a poder saborearlas por completo

    Él dijo que estaba muy excitado y que estaba haciendo esfuerzos para no acabar, yo lo miré y dije:

    C- eso lo voy a solucionar bebé.

    Baje de entre sus piernas me arrodillé en el piso delante suyo, baje la cremallera de su pantalón, baje su slip, tenía un pene de dimensiones normales, lo acaricié con mi mano a lo largo de su tronco, vi su cabeza rosada, besé su pene subiendo por el tronco hasta llegar a su glande y lo bese, su boca emitió gemidos de placer, luego con mis labios lo mordisquee suavemente y gocé su punta con mi lengua, Joaquín no paraba de gemir, luego baje por su tronco con mis besos, para volver a su cabeza rosada y volverla a saborear con mis besos, con mi lengua, sentía placer extremo al tenerlo en mi boca.

    Luego tome su pene con mi mano y comencé a introducirlo muy despacio en mi boca, chupándolo y saboreando cada centímetro poseído, lo sentía en mi boca, él no paraba de gemir, yo me sentía súper excitada, hasta apoderarme por completo de su pene, y lo chupaba y la rigidez de su pene entraba y salía de mi boca, saboreaba ese momento por completo, y comencé a hacerlo a un ritmo cada vez más acelerado, su mano acariciaba mi cabello con más ímpetu, el final se sentía próximo, su pene entraba y salía de mi boca cada vez más aceleradamente, sus gemidos eran más continuos y profundos, sus manos tomaron mi cabeza con fuerza y su pene estalló lanzando su cálido semen y sentí su calidez en mi garganta, su pene no paraba de estallar y mi boca se inundaba de semen, luego de esos instantes, su pene se calmó, mi boca se dirigió a su glande que seguía lanzado pequeños chorros de semen, mis labios seguían saboreándolo y su boca seguía gimiendo y mis labios seguían saboreando su pene un poco más allá de la quietud de este, el quedó recostado en la cama yo fui en busca de sus labios y nos besamos.

    Luego me incorporé y fui al baño a higienizarme.

    Volví a la habitación, él estaba con un bóxer negro recostado en la cama, yo en medio de la habitación me saque la ropa hasta quedarme con mi pequeña bombacha azul, me recosté a su lado y nos besamos.

    Luego él quedo sobre mí, se sacó el bóxer, lentamente al tiempo que besaba mi vientre fue bajando mi bombacha hasta dejar al descubierto mi conchita, bajó mi bombacha hasta las rodillas, yo completé la operación hasta retirarla de mi cuerpo.

    El besó mi concha arrancándole a mi boca una mezcla de gemido y grito cubierto de placer, luego tomó entre sus labios, mis labios vaginales, y los besó, los lamió con su lengua, yo sentía un estremecimiento total, me los besaba y los lamía y mi cuerpo se contorsionaba de placer, aferrando las sábanas de la cama hasta que estallé en un interminable orgasmo.

    Luego de besarnos, su boca se apoderó de mis senos, sus manos los acariciaban placenteramente, mis pezones estaban erguidos, y los sentía casi a punto de estallar, luego los besó, los lamió se apodero totalmente de ellos y no paró de besarlos y lamerlos hasta que mi cuerpo pletórico de placer volvió a estallar en un nuevo orgasmo.

    Nuestros labios se unieron en un beso apasionado, luego de algunos segundos, se acomodó sobre mi dispuesto a penetrarme, sentí la punta de su pene en la puerta de mi concha, sentí su pene juguetear en ella hasta que abrí mis piernas dispuesto a recibirlo.

    Empujó su pene dentro mío y sentí como mi cuerpo se invadía de un placer abrasador, yo tomé su cintura y él siguió lentamente penetrando mi vagina, hasta sentir que lo tenía por completo dentro mío, yo gritaba de placer, detuvo un poco su recorrida en mi vagina y fue en busca de mis labios para besarme y decirme lo hermoso que era tenerme así, y yo lo alenté a continuar así diciéndole que me encantaba que lo hiciese así, que me daba mucho placer y gozo ser poseída por él. Volvió a deslizar su pene por mi vagina, me sentía excitada, estaba muy mojadita mis jugos vaginales me invadían.

    Poco a poco fue acelerando el ritmo, ya hacia esfuerzos para detener un nuevo orgasmo, sentí que pronto acabaría, su ritmo se aceleraba constantemente mi vagina totalmente lubricada hacia que su pene me recorriese libremente, hasta que sentí su pene contraerse y lanzar dentro de mi vagina su cálido semen, apenas unos segundos después mi cuerpo estalló en miles de convulsiones en un enloquecedor orgasmo, mi cuerpo vibraba y se agitaba y su pene no paraba de inundar mi vagina de semen, nos envolvimos en un abrazo nuestros cuerpos seguían convulsionándose y nuestras bocas se unieron en un largo y profundo beso que se prolongó varios minutos más allá de habernos calmado.

    Una vez estabilizados emocionalmente el me tomo entre sus brazos y nos besamos y acariciamos durante varios minutos. Luego dijo:

    J- Sos una potra en la cama, nunca me hicieron disfrutar tanto como lo hiciste vos

    C- Vos también sos bueno en la cama

    J- Mejor que tu marido

    C- No hablemos de él… pero si querés saberlo sos mucho mejor… me hiciste gozar a pleno.

    J- Tenés una cola espectacular.

    C- No empieces, no doy mi cola la primera vez, pero tal vez en la próxima pueda ser tuya…

    Sonó el teléfono indicando el final el turno, el preguntó si seguíamos y yo le dije que no que se me hacía tarde que era el cumple de mi suegra y que debía ir.

    Nos fuimos a duchar juntos, nos cambiamos y salimos abrazados, caminamos hasta llegar a la parada del colectivo donde empezó lo nuestro, me dijo cuándo podíamos volver a vernos, le dije que cuando él quisiera, dijo: “mañana?”, conteste que sí que me llamase al celular.

    Subí al colectivo, lo vi por última vez… me había vengado de Raúl, y se lo hice saber, con un envío de voz donde escucho algo de lo que había pasado… y tampoco volví a ver a Joaquín… sin saberlo el solo me ayudó a realizar mi venganza. Todo había llegado a su fin.

    *****************

    “Comenzó en el subte”

  • Mi ascenso a supervisor

    Mi ascenso a supervisor

    Llevaba ya justamente año y medio trabajando como agente en un call center cuando fue ese último mes pésimo respecto a mi producción significaba, pues se suponía que debía hacer 176 horas mensuales de trabajo al mes y ya era el 28 de noviembre y solo había hecho 53. Mi supervisor inmediato me escribió por correo electrónico y me dijo que necesitaba urgentemente hablar conmigo, yo ya me esperaba lo peor.

    Había estado con problemas económicos (en parte debido a la baja producción en mis horas trabajadas) y tenía ciertas complicaciones en mi vida personal, el día después de recibir el correo llegué temprano al trabajo, ponche con mi dedo la entrada y mi supervisor desde su oficina me hizo ademán con la mano de que pasara, en mis pensamientos estaba “ahora a donde me tocara ir a pedir trabajo”…

    Al entrar me pidió que me sentara y comenzó a explicarme diciendo, “es para hablarte de tu producción” yo sin dejarlo terminar le dije, sé que he estado mal pero voy a compensar eso, a lo que él me comenzó a explicar y mostrar que mis horas trabajadas no eran ni la mitad de lo requerido pero que el trabajo que hacía si era muy bueno, y que él había hablado con los dueños del Call Center y les había propuesto que yo, como casi no cumplía con las horas pero las que hacía era muy bien hechas (respecto al trabajo requerido) fuera promovido de agente a supervisor y entrenador, así yo podría enseñarles a los nuevos agentes como hacer el trabajo y ya no tendría que preocuparme por las 44 horas semanales que se me exigían hacer… yo con muchísima sorpresa le dije que por supuesto que quería.

    En fin, me promovieron, se hizo una reunión y me presentaron ante todos los agentes como su nuevo jefe inmediato y supervisor, todos se alegraron y una compañera de trabajo con la que ya había ocurrido más de un coqueteo me abrazó y me felicitó con más cariño de lo usual. Yo la mire algo extrañado y ella solo me sonrió y me guiño un ojo.

    Después de esto fui a mi computadora donde trabajaba a sacar las cosas personales que tenía en ella, una que otra fotografía y algunas películas que había descargado allí… cuando siento que alguien me abraza desde mi espalda y me dice “mi nuevo jefe, quien lo diría? Ya tendré que ganarme su confianza para tener algún trato exclusivo tal vez” era esa compañera de los coqueteos. Yo solo sonreí y le dije que para hablar conmigo ahora tendría que ir a mi oficina, ella me respondió que contara pronto con esa visita.

    A los dos días de estar en el nuevo cargo ya me habían enseñado mis nuevas responsabilidades y deberes, el trabajo venía con sus beneficios económicos, pero cargado de mucha más responsabilidad. Una tarde tranquila yo estaba muy a gusto en mi nueva oficina y la chica en cuestión tocó mi puerta, le dije que pasara y ella muy risueña pasó y dejo cerrar la puerta, me dijo que estaba sorprendida y contenta por mi nueva posición y que esperaba que hiciera un buen trabajo… le dije que intentaría hacer lo mejor que pudiera, ella me dijo que quería darme las felicitaciones con un regalo a lo que yo respondí que no era necesario que siguiera siendo la misma conmigo, ella me dijo que el regalo era muy especial y que como estaba en su brake para la comida se le había ocurrido que yo podía ir al baño de mujeres y esperarla en el sanitario del medio…

    Yo no sabía que responder, me tomo muy por sorpresa su serenidad y naturalidad con la que me propuso encontrarnos en el baño, yo le pregunté que si hablaba en serio, que cual era su intención y que pretendía hacer… ella se burló de mi cara de sorpresa y me dijo que lo había pensado y creía que la mejor forma de felicitarme por mi ascenso era darme una muy buena mamada como solo ella sabe hacerlas en el baño de chicas… yo algo incrédulo de la situación le pregunte que si hablaba en serio? Y ella mirando su reloj me dijo, “si jefe, solo me quedan 20 y pico de minutos de brake, y creo que me daría tiempo a darle una buena mamada antes de volver a trabajar” yo quedé boquiabierto y ella me dijo, “esperare en el área de comida mirando el pasillo, usted solo entre al baño de chicas y yo entraré tras usted, ok”? Y dicho esto salió de mi oficina.

    Yo me sentía medio idiota por no saber cómo reaccionar, pero a través del cristal de mi puerta vi que si se fue en dirección al área de la cocina, así que me arme de valor y camine hacia los baños, al llegar a la puerta del baño de chicas mire hacia el área de comida y ella estaba ahí mirándome fijamente así que toque a ver si alguien respondía al baño y nadie lo hizo, entre en silencio y me metí al sanitario del medio, en menos de un minuto escuché la puerta abrirse y tenía el corazón muy acelerado, pensaba muchas cosas, estaba acabado de ser ascendido y si esto se llegaba a saber sabría que iba a tener muchos problemas, ella abrió la puerta del sanitario, entró me empujo para hacerse paso y sentarse en el inodoro, me miraba a la cara con una cara fría, como si ya había calculado todo mientras me desabrochaba el cinturón y sacaba mi pene, sus manos estaban frías y solté un pequeño gemido cuando me agarró y sin dejar de mirarme a los ojos comenzó a lamer mi miembro…

    Yo estaba súper excitado y asustado al mismo tiempo, no sabía que hacer y ella lo notaba, me dijo “puedes grabar si quieres, pero que no se vea mi cara completa” yo pensé “pero que perra es” y rápidamente saque mi móvil y comencé a grabar, ella ni se inmuto y ya si comenzó a hacerme una mamada de película porno, se metía todo mi pene en la boca, lo lamia, volvía a entrarlo todo hasta la garganta y volvía a lamerlo, escuche que alguien tocaba a la puerta del baño y escuche como ella sonrío un poco al notarlo, pero siguió haciendo esa excelente mamada, ella volvía a mirarme y con su mirada era como si me retara a hacer algo, pero yo no me atrevía apenas me atrevía a grabar, ella tomo mi mano libre y la puso en su nuca para que yo le guiara la mamada, entonces si comencé a tomar algo de control en la situación… era agresiva le gustaba meterlo todo hasta el fondo y yo estaba en la gloria mientras escuchaba el sonar del gagueo de mi pene introduciéndose rápido en su boca, entonces me atreví y aprovechando un momento que sacó mi pene para lamerlo le solté una cachetada, ella me miró y sonrío y yo no aguanté mucho más y cuando volvió a introducirlo completo estalle en su boca, ella dejo caer un poco al suelo y siguió con la mamada, yo sentía que me iba a caer, la sensación era tremenda, una mamada de mi ahora empleada en el baño del lugar de trabajo donde ahora era jefe.

    Ella terminó de limpiarme todo los restos de semen en mi pene, se levantó y me dijo, “felicidades jefe” y salió del sanitario… yo me arreglé los pantalones y salí en silencio del baño, me dirijo a mi oficina y como 3 minutos después ella pasó y me guiño un ojo otra vez.

    Más o menos al mes de pasar eso ella renuncio porque se iba a mudar de ciudad y hasta el día de hoy no he vuelto a hablar con ella.

  • Momentos inolvidables (Cp. 24): Definitivamente ¡me voy! (1)

    Momentos inolvidables (Cp. 24): Definitivamente ¡me voy! (1)

    A. Intento de suicidio.

    Lausanne se fue a Francia. Me quedé triste de que se fuera. Estaba muy a gusto con ella. Sabía hacerme la vida agradable: una gran chica. Entendí que tuviera que irse, pero en mi mente no lo acepté. Entré en depresión. Mi abuelo se preocupó mucho por mí, lo mismo mi abuela. Ellos hablaron con mi padre, pero mi madre no dejó que me introdujera en casa.

    Mercedes se vino a casa de los abuelos a cuidarme y a ayudar a mi abuela. El médico dijo que esta depresión finalizaría cuando mi madre me dejara entrar en casa o cuando yo me olvidara de ella, olvidara todas las cosas que me pasan y comenzara una vida sin presiones familiares. Dentro de mi depresión, que yo reconocía que no era tan grave, entendí lo que decía el médico, pero en mí había dos personas, una que aceptaba mi situación y otra que se rebelaba. Esta última pensaba dónde estaba el mundo en que nací, a la otra le asqueaba el mundo. Pero entendía a mis hermanos que estaban sufriendo por mi causa. Ellos se veían igualmente amenazados. Por eso esa mañana en que me dividía entre dos personas, me dispuse a acompañar a Mercedes y a la abuela a la Iglesia. Rosario que hace mucho tiempo que no va a la Iglesia para nada, ha querido acompañarla hoy también. Mercedes es la hermana que más arrastra en casa. Nunca me ha pedido ir con ella a la Iglesia, pero siempre hace como hizo ese día:

    — Miguel, me voy a la Iglesia con la abuela, rezaré por ti, ¿le digo a la abuela que rece por ti? ¿A qué santo te gustaría que pidiera por ti?

    — Mejor voy contigo y acompaño yo también a la abuela.

    No soy tan soberbio, creo yo, ¿quién se negaría a acompañar a la abuela que me acoge? ¿quién se negaría a sentirse llamado con tanta delicadeza como la que tiene Mercedes que viene a ayudar a la abuela por mí? También se ha enterado Eleuterio y ha avisado a Facundino en el sentido de que tenían que venir con nosotros porque igual yo me iría para no volver a verlos más. Y teníamos que estar como una piña contra la tirana. Facundino le dice:

    — ¿Por qué te preocupas tú que eres un mujeriego? A ti no te va a expulsar de esta casa.

    — Pero tampoco me va a dejar que me case con la mujer que yo quiera, ella va a querer gobernarme, porque es una tirana total—, responde Eleuterio.

    Nos vimos todos los hermanos en la Iglesia. Pasó una señora a nuestro lado y dijo mirándonos:

    — Los hijos harán lo que sus padres no saben hacer.

    Y se fue a los primeros bancos.

    Al salir de la Iglesia fuimos a una terraza y Rosario nos invitó a un aperitivo. Me puso un bocadillo delante porque no había desayunado. No tengo nunca apetito. Ella me preguntó qué iba a hacer hoy y le respondí que aún no lo sabía. Entonces me dijo:

    — Vete a casa de la tía Luisa, ella sabe todo y te está esperando.

    Tomé nota mental.

    He pasado una semana fatal viendo a todos que se volcaban conmigo; entre la vergüenza que sentía de necesitar de todos ellos y mi incapacidad de reaccionar al menos para agradecer, me sentía desesperado.

    Parece que tiene razón el médico. Mi madre va pasando a un sexto, séptimo, octavo…, último lugar… y me siento mejor. He comenzado a comer, mi abuela se alegra de verme sonreír, pero mi abuelo se preocupa cuando salgo a la calle y miro lejos a ningún sitio. Él viene donde estoy, se calla, me mira, mira hacia donde miro yo, llora —sé que es por mí—, me resisto a llorar, últimamente se me han secado las lágrimas, soy algo más tosco, pero me siento mejor. Sigo teniendo doble personalidad o eso me parece a mí, por una parte la tosquedad es con mi madre a quien no veo, pero la pagan los demás que me aman y ayudan, por la otra, me estoy conformando a mi suerte y desearía tener a Lausanne a mi lado, con ella todo cambiaría…, pero no sé, ¿quién puede ya cargar conmigo? Mi vida ya no vale nada. He fracasado. No puedo hacer comprender mi situación a las dos personas de quienes esperaba mayor comprensión, mi padre y mi madre me han defraudado. En definitiva ellos me han dicho con su actitud que no me quieren por ser como soy y no sé, no puedo ser de otra manera, con lo cual concluyo que no tengo sitio en el mundo. Mis abuelos me aguantan porque son muy buenos, pero de verme así sufren y tienen derecho a ser felices. Yo les he estropeado su vida en su ancianidad. Mis hermanos, mira que he tenido con ellos diferencias, a veces burlas, pero se han unido en el sufrimiento y en la pena. ¿por qué tengo que arruinarles su vida? ¿Quizá no sería mejor que arruinara la mía con el suicidio? Si muero sufrirán una temporada, luego se acostumbrarán, porque como dice la gente: «la vida sigue». Odiarán a mis padres, eso me apena. A mí me han defraudado, pero no los odio. Por eso incluso por mis padres y por mí tengo dos deseos, morir y esperar que todo se resuelva. Pero cada vez veo peor salida.

    He venido caminando a esta altura para echarme de aquí abajo. Me asusta caer, me asusta morir, no sé si moriré o seré un lisiado con una onerosa carga para todos. Estoy viendo la población abajo. Tengo el corazón encogido, como exprimido, me veo blanco, blanca la piel, incluso mi pene está encogido. Me corroe el estómago, como si tuviera alacranes en mi interior. Por un momento cerré los ojos y me dispuse a echarme, despeñándome hasta casi las primeras casas del pueblo. Adelanto mis pies a poquitos. Noto que estoy al borde. Solo me falta la última decisión, llevo dos horas pensándolo y ya me he orinado sobre mi ropa. Todo mi cuerpo suda. No veo nada, mantengo los ojos cerrados. Escucho ruidos, aves, sonidos lejanos, susurros en mis oídos. Me dijo a mi mismo en mi corazón:

    — Sé valiente: ¡¡Salta ya!!.

    Adelanto un pie y ya está en el aire. Algo o alguien me prende del cuello con fuerza como si me ahogara. Caigo encima de alguien y ruedo al suelo. Mi mano está sujeta a otra mano. Abro los ojos. Veo conmigo a mi abuelo, los dos tumbados en el suelo, mis pies en el aire al extremo del ribazo. Mercedes de pie, llorando intentando levantar a mi abuelo. Se incorpora mi abuelo y ambos vienen a recogerme, me ayudan a levantarme. Mi pensamiento me pide quejarme por no dejarme concluir mi decisión, mi corazón se siente agradecido. Dos personas en mi interior luchan:

    — Abuelo, Mercedes, gracias, ayudadme a que venza la parte buena de mí y se vaya la mala.

    Llegamos a casa. No entiendo por qué me han encontrado. Mercedes me dice:

    — Lo tenías en el subconsciente.

    — ¿Por qué?, ¿cómo lo sabes?

    — Porque el abuelo me ha contado que una vez pasaste por allí y le dijste que si uno se cae por ahí se mata seguro. Y el Abuelo te contestó que lo han hecho algunos y nadie a sobrevivido. Abracé fuerte a Mercedes. Ella me dijo:

    — Facundino viene esta tarde y te va a llevar al sauna para buscar a tu amigo.

    — No es mi amigo, solo me he encontrado allí y ya hace mucho tiempo, pero sí, esta bien, acompañaré a Facundino.

    Llegó la hora de enfrentarme ante mis abuelos. Sentía una desesperada vergüenza. La verdad es que estaba ya desesperado de la vida, del mundo, pero a la vez agradecido a los dos. Mi abuelo me dijo:

    — Mira, hijo, aunque parezca que nuestra vida no vale nada y te parezca que eres una carga para tus hermanos y tus abuelos, nosotros te queremos y te queremos ver contento. Necesitamos tu vida. Tienes que ir a ver a tu tía Luisa, te necesita para un trabajo, ya ha hablado conmigo. Pero, por lo que te queremos, hijo mío, no lo vuelvas a intentar. Mira a la abuela, está que no vive, ahora piensa que no estás a gusto aquí con nosotros…

    — Noooo…, no, por favor…

    — …ella piensa que no te gusta su trato, su comida y que…

    — Basta, abuelo, por favor…, yo os estoy agradecido, muy agradecido, pero no quiero ser una molestia…

    —No molestas, Miguel…

    — Por favor, abuelo, no me interrumpas, estoy avergonzado, he pensado demasiado en mí y en mi madre, necesito pensar en vosotros, y te juro por Dios y por cuantos dioses haya en el cielo que nunca más lo intentaré, os quiero felices. Pero a veces me aparece en mí alguien que soy yo mismo y me empuja a la desesperación.

    — Eso lo comprendemos y de esto no volveremos a hablar nunca más, todos tenemos que poner de nuestra parte para olvidarlo.

    — ¿Lo sabe mi padre?

    — ¿Merece saberlo?

    Me quedo mirando a mi abuelo y vi su rostro muy grave y enfadado:

    — ¡No!, no lo merece.

    — No se hable más del asunto.

    — Gracias, abuelo, gracias, abuela.

    Llegó Facundino. Nos preparamos para irnos al sauna. Conversamos y sabía que a él le puedo sacar más:

    — Sabes lo que pasó, ¿cierto?

    — Sí, lo sé.

    — ¿Qué piensas?

    — Que eres un animal.

    Sonreí por su franqueza y continué:

    — ¿Lo saben los papás?

    — ¿Acaso merecen saberlo?

    — No.

    — Mira yo he venido para llevarte al sauna y a follar los dos como burros.

    — No cambiarás nunca…

    — No quiero cambiar, lo que quiero es follar con el puto que se me ponga por delante y esta noche me quedo contigo y te voy a dar la noche…

    — Eso está bien.

    Rosario nos vio salir, nos abrazó y nos besó. Oí que le decía susurrando a Facundino:

    — Cuídalo y ámalo como tú solo sabes.

    — Lo haré, pequeña.

    Emprendimos el camino y le pregunté:

    — ¿Por qué le has dicho «pequeña»?

    — Porque desde que no estás en casa ella viene a mis brazos a consolarse y le gusta que se lo diga.

    — Eres único, Facundino, de verdad, eres único.

    Llegamos al sauna.

    Nos desnudamos con deseos de vernos. La verdad es que algunas o bastantes veces he visto a mi hermano desnudo, pero nunca había calibrado su cuerpo. Me percaté en ese momento; de repente observé que se había desarrollado mucho en estos últimos meses. Mi hermano Facundino ha dado una fuerte estirada y mide 1,85 mts. de altura, lleva el pelo muy corto al uno y los costados totalmente pelados y lisos, vino vestido con una camiseta blanca sin mangas no de tirantes, sino de compresión, muy ajustada a su cuerpo y con pantalones de camuflaje acortados hasta por encima de la pantorrilla y muy ceñidos. No hacía frío pero no era tiempo de vestir así. La camiseta presionaba firmemente su robusto físico marcando bien su triángulo invertido, los dos pezones del pecho se marcaban voluminosamente en su camiseta. El color de su piel es de un marrón bronceado. Se me impuso verle y me quedé admirado. Habíamos caminado juntos y solo pensaba en mis problemas, pero allí, lo vi tal cual, primero vestido y luego desnudo. Facundino ya no era el niñato de siempre.

    — ¿Puedo tocar tu cuerpo?, —pregunté.

    — Hermano, soy todo para ti,—respondió.

    Le acaricié los pectorales, le pellizqué los pezones. Miró hacia el techo y gimió. Le di un beso. Al fondo vi dos tíos que nos miraban. Para dar envidia le volví a acariciar, ahora a sus nalgas.

    — ¡Buenas están! Me imagino cómo estará por delante, —dije susurrando a su oído.

    — No imagines nada, hermano, mira.

    Desabrochándose el pantalón, lo dejó caer a sus pies y apareció una mini tanga cuerda de color rosado y cordón de colores. Lo miré cómo marcaba y mientras le acariciaba las nalgas él mismo se sacó la tanga hasta los pies.

    — Ahora quiero verte a ti, hermano, —me dijo como invitación a desnudarme.

    Mientras los dos tíos del fondo nos miraban, comenzaron también a besarse y a magrearse. Pensé que esos dos serían nuestros esta noche, pero mientras tanto yo estaba con mi precioso hermano. Me iba desvistiendo y le dije:

    — Facundino, ¿cómo has conseguido esa cintura tan estrecha?

    — No sé, hago mucho ejercicio y se me ha puesto así…

    — Tu abdomen es una auténtica joya con ocho diamantes duros, —le decía mientas lo tocaba.

    Me quedé desnudo y Facundino contemplaba primero mi delgadez, luego mi polla y acariciaba mi escroto y mis nalgas.

    — Hermano, te quiero, pero estás muy flaco; tu cara y tu polla, tus nalgas y el agujero que he tocado están preciosos, pero estás flaco. Te quiero y creo que debes comer algo más.

    — Yo lo pienso igual, pero el apetito parece que no.

    — Hermano, yo te quiero.

    — Yo también, Facundino, también te quiero.

    — Pero yo te amo, quiero ser tuyo, vamos abajo, quiero que me folles y me hagas tuyo.

    — ¿Sí?

    — Miguel, quiero que me folles tú antes de que nos enrollemos con otros. Quiero comenzar y acabar contigo nuestra diversión de esta noche.

    — Tu deseo lo hago voluntad mía.

    Bajamos las escaleras de caracol más rápido de lo habitual, ya estábamos empalmados con lo que nos habíamos dicho. La toalla estaba en nuestras manos, habíamos bajado desnudos, pero no tropezamos con nadie. Nos metimos en un cuarto oscuro de los pequeños y abracé a mi hermano. Nos besamos hasta cansarnos, pero como ambos estábamos empalmados no quisimos perder el tiempo con más mariconadas que dejamos para después. Lo empujé contra la pared, lo cargué cogiéndole de las nalgas y lo levanté pared arriba hasta mi cintura. Enrolló sus piernas por mis caderas con toda su fuerza y su culo quedó abierto para irlo bajando. Estaba amarrado a mi cuello y llenándome de besos. Hice presión contra la pared para soltar una mano y enderecé mi polla para que entrara al bajar Facundino su culo. Así fue. Una vez mi glande dentro suspiramos los dos, lo amarré de nuevo con ambas manos de sus caderas y lo fui empujando hacia abajo. Suspiraba Facundino, gemía, y lanzaba gritos de dolor y amor, porque acababa diciendo:

    — Más, Miguel, más, no pares, que llegue profundo, te amo, Miguel, te amo total.

    Lo iba besando y empujando y por fin gritamos los dos:

    — ¡¡Aaaaaagh, ya!!

    — ¡¡Awwwwwwgh, aw, aw, aw, bufffffrr…, —sonaba la garganta de Facundino.

    Esperamos un momento besándonos todo, labios, cara, nariz, lenguas, ojos. Por fin me habló normal:

    — Bombea, Miguel, ayúdame.

    Lo levantaba por las caderas y me mantenía firme, se dejaba caer. Me cansé y poco a poco me tumbé para que él tomara la iniciativa y así fue. Me folló el pene, me lo masturbó con su culo, me lo hizo trizas y mi pene soltó todo lo que mis huevos tenían reservado para Facundino. Al punto se corrió él también. Ninguno de los dos nos advertimos las corridas que venían, nos importaba una puta mierda. Necesitábamos follarnos para sentirnos a gusto como amigos, hermanos y amantes a la vez. Se tumbó sobre mí, hasta que mi polla se salió de su culo por nuestros movimientos y su culo dejó salir mi esperma sobre el suelo por encima de mi polla.

    Decidimos que era hora de ducharnos y meternos en la sauna de vapor para relajarnos. Nos metimos en medio de aquella bruma y nos sentamos juntos acariciándonos nuestros penes para darles las gracias por lo bien que se habían portado. Se reanimaron como respuesta de nuestras caricias.

    Sentí una mano sobre mi hombro que venía del escalón superior. Me volví, eran los dos tíos del vestuario. Solo dije:

    — Uno con cada uno y con condón.

    — Subid aquí.

    Lo hicimos y nos pusimos uno cada lado de ellos, con lo cual ya estábamos emparejados. El tío junto al que me senté me dijo que se llamaba Edgardo, yo a mi vez le dije que mi nombre es Miguel.

    — Puedo besarte?, —pregunté.

    — Me gustará tu boca, —respondió.

    Yo estaba muy dado y con ganas. Mi hermano me había transmitido su energía y este tío cómo besaba, era un auténtico placer muy húmedo. Nos morreamos largo y gustosamente. ¡Qué buen sabor de saliva, lengua y paladar! Pero de pronto me dice:

    — ¿Te gustan mucho estas mariconadas? ¿No prefieres que gustemos otras cosas? —y me tocaba la polla mientras lo decía.

    — Eso es lo que deseo, quiero vaciarte esto, —le dije mientras manipulaba sus huevos duros y grandes.

    — Vámonos, dejemos a estos maricones que hagan amores tibios, tú y yo estamos más calientes, —me dijo esto y nos levantamos para salir de allí.

    Facundino y su compañero ni se enteraron, estaban a lo suyo, muy pegados y haciendo un 69 con toda solemnidad. Nos fuimos a un salón donde había una cama pequeña, un patíbulo y diversos instrumentos.

    — Quiero atarte ahí y disfrutar contigo, ¿lo has hecho alguna vez?, —preguntó.

    — No, no tengo ni idea, pero… ¿es peligroso?, —dije.

    — Algunos lo hacen con peligro, yo lo hago para disfrutar los dos, —me contestó.

    Me dejé atar por las muñecas y los tobillos con una correa que tenía una cadena y un gancho. Al frente y en medio de la habitación había un marco en madera noble algo mas alto y ancho que una persona estirada y en cruz. Estaba unido a dos soportes. Hizo descender el marco como si fuera una cama y me metí dentro sentado en el piso. Había cuatro anillas una en cada extremo del gran marco. Me ató las manos y los pies con los garfios en lascas cuatro anillas. Elevó el marco y, al levantar mi culo del piso y quedarme en el aire, sentí dolor en las muñecas. Mi cuerpo quedaba tirante pero su peso afectaba a mis extremidades. Luego poco a poco fue poniendo el marco en vertical. Entonces me dolían solo las muñecas que sujetaban todo mi cuerpo. Los pies podían apoyarse en una pequeña plataforma. Mi cuerpo quedaba ajustado y me quedé como un aspa. Como me molestaba un poco la tensión en las muñecas por el peso que sostenían, aunque por suerte yo estaba muy flaco, no se me produjo ninguna erección y tenía mi polla totalmente caída. Demasiado nervioso y preocupado estaba yo por lo que podría ocurrir.

    Como Edgardo era fortachón pero no excesivamente alto puso una banqueta delante de mí, se subió en ella y comenzó a mamarme la polla. Quería levantarme la polla y yo mentalmente me resistía para obtener mayor placer. Entonces noté en mi culo un objeto frío y húmedo, lo fue moviendo por mi agujero y ya me di cuenta cuenta que estaba colocando algo para dilatarme el ano. Entró bien, no parecía ser más grueso que un dedo, pero yo no sabía que se trataba de un especulo anal. Miré cómo iba a una mesa y se puso un delantal que no alcanzaba a cubrir toda su polla, porque era tan pequeño como la bolsa de un tanga. Sabía que la sicología de esta gente es muy rara y que en cualquier momento podría propasarse y dañarme, pero como había visto como cuatro cámaras de vigilancia, pensé sin duda que alguien vigilaba para socorrer en caso de necesidad. Fue en este momento cuando mi polla comenzó a erectarse. Edgardo tomó de la mesa una especie de plumero más pequeño que los de quitar polvo y comenzó a hacerme cosquillas en mi escroto y en mi perineo. Se sentía bien, era suave y yo me revolcaba conmigo mismo por los placeres que me provocaba. Se me puso tiesa y a Edgardo también se le puso muy dura. Se fue detrás de mí y no sé cómo manipulaba lo que me había puesto en culo, sentí un frescor de líquido en mi culo, pero a la vez noté mayor presión en mi ano y algo más profundo. Ya no era como un dedo, notaba mi ano abierto a la fuerza.

    Se sentó en una silla a contemplarme. Intenté hablar y me mandó callarme. Me callé. Se levantó, agarró unas cosas con cadenitas y se subió a la banqueta. Me puso una pinza en el pezón derecho. Miró mi cara dolorida, se sonrió y al otro extremo de la cadenita había otra pinza y la pinzó en el pezón izquierdo. Sentí dolor y exclamé:

    — ¡Aaaahg! ¡Joder esta ha dolido!.

    Me miró severo y me impuso de nuevo el silencio. Entendí que había que aguantar el dolor en silencio. Mi polla con estos dolores, aunque estaba sumada por el presemen, se bajó. Volvió a hacer cosquillas. Volvió a hacer funcionar lo que tenía en mi culo y me produjo gran dolor que aguanté. Pero al empujar hacia dentro, el dolor era más agudo y grité:

    — ¡Aaaahg! ¡Owhg! ¡Aaaahg!

    No me pidió silencio y entendí que podía quejarme sin hablar ni decir por qué. Solo podría, pues, dar quejidos, gemir y poco más, pero sentí alivio.

    Cogió de la mesa una especie de pala y supe qué iba a hacer, me iba a dar una paliza en las nalgas, pero me equivoqué. La paliza me la dio en mi abdomen. Dolía, dolía y pensando en el dolor, mi polla se bajó del todo pero la notaba húmeda.

    Se sonreía de satisfacción. Cogió una pinza grande y levantando mi polla, la clavó en mi escroto, separando los dos testículos. Lo miró y remiró y al parecer le gustaba lo que veía. Ahora me dolían las muñecas, me dolía el culo, me picaba el abdomen, me dolía la pinza de mi escroto y no veía final con lo pasmoso que Edgardo era haciendo todo. Se notaba que disfrutaba este hombre mirando mi sufrimiento. Pero lo que más me dolía era mi alma, por las cosas que ocurrían en mi vida. Podía soportar este dolor porque había soportado el otro para mí más grande. De nuevo forcejeó en mi trasero y me sentí aquello dentro mí totalmente al fondo, y un dolor que comenzó a convertirse en un placer.

    Me sorprendí cuando se abrió la puerta y vi la silueta de dos personas casi de la misma estatura. No los podía reconocer porque tenía los ojos llenos de sudor y me picaban. Pero caminaron hacia en interior y por el andar uno de ellos era Facundino, así que el otro era su compañero.

    Se pusieron los tres delante de mí y comenzaron a tocarse el culo unos a otros, cada uno se comía el culo del otro o metía dedos. Aquello era una orgía de tres mientras yo pendía de aquel marco de sufrimiento. Edgardo y su amigo, que luego supe que se llamaba Gonzalo, se pusieron en el suelo en 69. Edgardo quedaba arriba y Facundino le follaba el culo. Sacó la polla y los otros dos se dieron la vuelta y Facundino se puso a follar a Gonzalo. Viendo aquellas escenas se me olvidaron los dolores y comencé a sentir mucho placer. Pocas posibilidades de movimiento tenía, pero me podía retorcer un poco sobre mí mismo y mi polla se me puso totalmente erecta en dirección mirando al techo. Miré que sobrepasaba el ombligo. Ellos me miraron y deshicieron lo que estaban haciendo. Edgardo puso el marco en horizontal hacia delante, de modo que me quedé mirando al piso.

    Gonzalo se puso en el suelo de rodillas mirando hacia mí al nivel de mi polla. Fueron bajando el marco hasta que mi polla, ayudada por Gonzalo, entró en su boca y me la comenzó a mamar. Eso fue delicioso y me hizo retorcerme, lo cual aliviaba el dolor de muñecas y tobillos.

    Entraron en mi marco cerca de mi culo Edgardo y Facundino. Sacaron de mi culo el especulo anal. De inmediato, sin dejar que se cerrara mi culo, ambos, Edgardo y Facundino metieron a la vez sus pollas dentro de mí. Edgardo estaba de pie entre mis piernas y Faculdino con las manos en el suelo y los pies rodeando la cabeza de Edgardo. Pero las pollas juntas entraron y sin descanso comenzaron a follar con movimientos alternativos, cuando uno salía el otro empujaba. Gonzalo, mientras, estaba comiéndome la polla de modo delicioso, no pude hacer otra cosa que correrme y me corrí tan abundante que Gonzalo no pudo contener todo en la boca.

    Mientras me estaban follando. Gonzalo agarró de los hombros a Facundino, mientras Edgardo lo sujetaba con sus manos por los muslos. Gonzalo lo condujo a mi polla. Facundino me daba un doble placer, compartía mi culo con Edgardo y mi polla con su compañero Gonzalo. Volví a correrme al tiempo que me inundaban los dos casi a la vez mi trasero. Se corrieron todos. Yo retenía con placer el semen de ambos en mi culo. Levantaron mi potro de suplicio y comenzaron a darme vueltas primero despacio y a la tercera vuelta dieron varias rápidas hasta que me obligaron a soltar la lefa de mi culo. Como se habían puesto delante de mí a la correspondiente distancia, recibieron en sus cuerpos todo lo que salió de mi culo, semen y luego semen con mierda.

    Me bajaron, me sacaron las pinzas de los pezones y del escroto; los cuatro estábamos llenos de semen y mierda. Así y todo los tres me besaban y lamían mi cuerpo. Edgardo lamía mis muñecas que tenían las marcas rojas del roce pero sin sangre.

    Salimos por una puerta que nos indicó Edgardo y llegamos a unas duchas. Nos duchamos y nos abrazábamos. Me felicitaban por aguantar. Edgardo dijo:

    — Has aguantado como si estuvieras acostumbrado.

    — Me estoy acostumbrando a un dolor más profundo que tengo, —respondí

    Fuimos a relajarnos un rato al jacuzzi y después de otra ducha, nos vestimos los cuatro para ir al bar a tomar una copa a la que nos invitó Edgardo. Se fueron los dos juntos cogidos del brazo y besándose. Facundino me dijo:

    — Son pareja.

    Facundino y yo seguimos nuestro camino a casa.

  • Vicky, su primer motel

    Vicky, su primer motel

    Un sábado como cualquier otro me encontraba caminando por una de las calles más concurridas de esta ciudad. Iba distraída entre la gente casi todos con cara seria como si estuvieran de mal humor, iba distraída pensando en las tareas que aún tenía que hacer de pronto en la distancia lo vi, un rostro conocido se distinguía entre tantos otros rostros, entre esa multitud de gente.

    Eras tú… tanto tiempo sin vernos, tantos años desde la última vez y terminamos encontrándonos en medio de una calle abarrotada de desconocidos, en una calle donde comúnmente camino absorta en mis pensamientos. Vas como la mayoría sin mirar a ningún lado con la vista puesta en tu móvil, por alguna extraña razón levantas la vista a unos pocos metros de mí, te sorprendes de verme ahí, veo como tu cara se ilumina, dejas a un lado el móvil y con tu típica sonrisa te diriges hacia donde estoy parada mirándote.

    Nos fundimos en un abrazo, y, por un momento los años sin verte desaparecen – temo que lo hagas entre tanta gente, no más bien casi deseo que me des ese agarrón de nalga que siempre me dabas al saludar-me siento en casa aun en medio de la calle, tu olor, me recuerda los momentos en tus brazos. Me invitas un café en cuanto nos soltamos, hay varios cerca, caminamos hasta uno que tú escoges, es un lugar bonito en el medio del caos de la ciudad.

    Yo estaba tan emocionada, y parecía que tú también lo estabas, no somos buenos para disimular…

    El tiempo pasa deprisa cuando estamos con quien nos alegra el día, rápido los minutos se convierten en algunas horas, platicamos y reímos mientras recordábamos viejas aventuras juntos. Me cuentas emocionado el nuevo proyecto que tienes entre manos. Te miro a través de las palabras, no te detienes, no paras de hablar, yo te escucho, observo el movimiento de tus labios, esos labios que tan buenos recuerdo me traen, el ir y venir de tu mirada de tus manos a mi rostro, no me fijas la mirada como si tuvieras miedo de algo, es raro nunca has sido cobarde, pero parece que hoy tienes miedo delatarte, supongo que es eso. Tus pupilas se dilatan cuando te das cuenta como te miro, la forma en que mis ojos te ven, la forma en que mis dedos juegan involuntariamente con mi pelo, siento como el corazón me palpita mas rápido, y espero que el tuyo este igual al mío, estoy impaciente y emocionada por ver que sigue, a donde nos llevará este café, los cafés pueden ser muy entretenidos si estas con la persona correcta. De pronto dejo de escucharte, mi mente vuela, viaja rápido pensando en que podríamos estar en otro lugar, haciendo otras cosas…

    Parece que lees mi mente, siempre me ha parecido eso, te das cuenta y sonriendo pides la cuenta, me lo propones, por fin lo haces, por un momento creí que no lo harías. Pasas una mano por mis hombros y es inevitable sentir una descarga eléctrica recorrer mi columna…siempre has provocado eso en mí mi cuerpo se emociona empiezo a humedecer.

    Nos dirigimos al motel más cercano, entre risas cómplices entramos al lugar, apenas cruzar la puerta las ganas contenidas de ambos salen a flote, siento como me empujas contra la pared, estoy atrapada entre tú y la barda, por detrás siento lo frío de la pintura y por enfrente tu calidez, tus caricias empiezan por mi cara, la tomas entre tus manos y siento como me van reconociendo, acaricias mi cabello, te acercas para besarme, están ya tan cerca que siento tu respiración en mi rostro, provocando que mis entrañas se humedezcan con ese simple movimiento, siempre has sabido cómo hacer que me moje. Cierro los ojos al tiempo que besas mi boca, le siguen los ojos, la nariz, las mejillas, bajas por mi cuello y ahí en ese lugar que siempre ha sido mi debilidad siento que las piernas me fallan, aun no me has tocado mi intimidad y yo ya estoy a punto de explotar, me sigues besando más apasionadamente esa zona, yo me remuevo intranquila contra la pared… tus manos empiezan a desabotonar mi blusa, y, yo como puedo dirijo mis manos a los botones de tu camisa, con todas mis fuerzas jalo y abro tu camisa a la fuerza… eso parece que te excita más y siento tu dureza pegada a mi vientre, me entran unas ganas locas de liberar tu erección, pero tus besos en mis pechos los disfruto tanto que espero un poco más, siento como tus manos van hacia mi falda y la enroscas hasta mi cintura, la deja ahí de adorno, tus manos van a mi trasero, las metes por debajo de las bragas, lo aprietas contra ti, lo nalgueas como antes lo hacías, y gozo, gozo al sentir tus manos sobre mi piel, eres dueño de la situación, dueño de mis deseos, dueño de mis ganas, dueño de mis perversiones desconocidas antes de ti, dueño de mí…

    Intento abrir tu pantalón, sonríes mientras me miras, tus manos siguen en mi trasero cuando abro y bajo tus pantalones jalo al mismo tiempo tus bóxer y ahí está tu erección por fin frente a mí, brincando por el movimiento del bóxer, lo tomo con mis manos, lo jalo y mi mano sube y bajo por el mientras tu cierras los ojos y te dejas llevar, veo como una gota de un líquido transparente, que tantas veces antes he disfrutado sale de tu pene, mis labios van en su encuentro, ansío tener tu sabor en mi boca, estoy sedienta de ti, con la punta de la lengua lo tomo, es salado, es tuyo, es único, lo saboreo antes de subir a la altura de tus labios y te como a besos, cuando el aire nos falta nos separamos aprovecho ese respiro y logró quitar el resto de tu ropa, siento como tus brazos me levantan y me montas sobre tu cintura, estoy tan mojada que fácilmente entras hasta el fondo de mi en un solo movimiento, no puedo contener un suspiro, ese leve gemido que provocas cada que entras en mí, siento como ese pedazo duro de carne se abre paso en mi interior, como ese trozo de carne caliente saca la puta que llevo dentro, nadie me hace sentir como tú, nadie a logrado que me sienta así como cuando estoy contigo, soy tuya a pesar del tiempo y las distancias sigo siendo tuya, tu puta…

    —ahh que rico, de verdad que te extrañaba –te digo al oído mientras comienzas a mover mis caderas a tu ritmo.

    Mmmmm delicioso.

    Tengo el deseo a flor de piel, estoy tan sensible, y ese vaivén que tienes es delicioso pronto alcanzó mi primer orgasmo, tu dorso desnudo roza mis pezones.

    —¿me sientes? ¿Sientes mi calor?

    —si, siento toda tu humedad, siento tu aroma, el aroma del deseo, hoy vuelves a ser mi puta!

    Sus palabras resuenan en mi cabeza, desatando con ellas solas un nuevo orgasmo, mientras me sigue penetrando, mientras mis uñas se clavan en su espalda. Eso lo prende y aumenta el ritmo.

    —te gusta? –pregunte.

    —si, la verdad lo deseaba desde hace tiempo.

    Su rostro tiene el deseo impreso, su cara siempre se transforma mientras me toma, cada que me hace suya sus facciones cambian, cada que me dice puta sus ojos brillan, eso provoca que se me acelere el pulso, el ritmo cardíaco y me moja, me moja saberme deseada, sentir que le pertenezco.

    Escuchó su voz vibrar y le tomó del cabello, acarició su cabeza y jalo de su pelo al llegar otro gran orgasmo…

    Siento como sales de mi, me bajas al suelo de forma delicada, me volteas y comienzas a trenzar mi pelo como en anteriores ocasiones, ya se que sigue lo quiero, me calienta al pensarlo.

    —ahhh que vas a hacer?

    No contestas, simplemente me embistes, y me llevas a la cama con una fuerza… contigo dentro…

    La mitad de mi cuerpo cae en la cama, mis pies están en el piso, acaricias mi espalda, la lames, con la intensidad de la penetración caigo en una cascada de orgasmos, es una delicia, nunca has perdido ese toque, no has olvidado, jalas mi trenza, siento como mi espalda se arquea ante el fuerte jalón, me levantas tocas mi humedad, dices al oído

    —me gusta como disfrutas perra.

    Su voz, la forma en que me habla, provocan reacciones en mi cuerpo que ni yo conocía, me miras y vuelves a penetrarme. Me haces gemir… gritar de placer, mi voz sale sin apenas pensarlo

    —Nalguéame –te grito casi en una suplica

    Puedo verte sonreír –eso me excita– tomas mis nalgas y las aprietas, tu mano cae con fuerza sobre mi culo, lo escose, siento ese ardor, ese hormigueo que provocan tus golpes –siempre te a gustado ese color en mi piel- cuando el castigo acaba cierras mis piernas, me pones de lado, luego tomas una de mis piernas la besas y después la levantas, te metes en medio, así, con mi vagina en esa posición llegas profundo, muy profundo, me corro de nuevo.

    —que delicia!!!

    Te gusta ver mi rostro, la manera como mis mejillas se sonrojan y la manera en que mis músculos faciales cambian al llegar los orgasmos, estas extasiado, lo veo en tu mirada, satisfecho de hacer gozar de esa manera a tu mujer.

    Siento como te pones más duro, como tus manos se aferran fuerte a mis tobillos, como esos chorros de leche caliente salen de ti e inundan mi interior, siento como esas convulsiones me provocan placer…

    Sales de mi y te recuestas a mi lado, tomas mi cabeza y firmemente la diriges hacia tu pene, lo lamo, chupo cada gota, cada resto que hay en él, tu miembro vuelve a endurecerse debido a mi lengua, juego con él, lo lamo despacio constante, mis manos van hasta tus bolas, chupo sigo jugando con mi lengua, rodeo el miembro con ella, lo lamo, lo meto en mi boca y succiono, casi puedo sentir como te vas a correr, pero me detengo, me volteo para que tu lengua también juegue en mi, para que hagas lo mismo que yo hago, y asi los dos empezamos el juego de lamer, pata ver quien hace que el otro se corra primero, me ganas fácilmente logras que tu lengua me arranque un nuevo orgasmo, sabes lo que haces, me conoces bien…

    Sigo chupando hasta que vuelves a estar a punto.

    —Dame tu leche

    Abro mi boca y siento como diriges tu miembro a mi rostro, lo pegas en mi mentón y te masturbas en mi cara…

    Siento como tu semen caliente me cae en mi boca toda tu esencia la dejas ahí, me chorrea un poco y la saboreo, lamo todo.

    Me tomas y recuestas en tu regazo, acaricias mi espalda con una mano y con la otra, acaricias mi rostro, tu mirada es la de alguien satisfecho, mis piernas me tiemblan, estoy dolorida de tanto placer.

    Valió la pena la espera.

     

  • La porrista durmiente

    La porrista durmiente

    A pocos días de cumplir 60 años mi hija Camila me ayudaba con el trasteo de mis cosas a mi nuevo apartamento, pues me había separado de su madre Mónica. Afortunadamente en buenos términos. Y palabras más, palabras menos la razón: “El amor se había acabado” Ambos permitimos que la monotonía entrara a nuestro hogar, por lo que mi esposa no tan conformista tomo la iniciativa y decidió irse a vivir a su tierra natal, mientras que yo me quedaba laborando en la capital con la compañía de mi hija Camila mientras que culminaba sus estudios de la Universidad.

    Para ese momento pensé que mi nueva situación me iba afectar, pero la verdad era que no, había vuelto a sentir los aires de libertad, libertad de llegar a casa a la hora que quisiera, libertad de tomar unas cervezas sin preocuparme por mis excesos, libertad de acostarme a la hora que quisiera mirando tele, libertad de comer lo que quisiera, libertad de hacer lo que quisiera sin consultar a nadie. Creo que ahora entendí mejor a mi esposa Mónica, ex-esposa Mónica cuando me dijo: “Que ya no éramos pareja, sino solo éramos custodios de nuestras vidas” Y mi ex esposa Mónica creo también le daba rienda suelta a su libertad, pues un día estaba en Italia y otro día aparecía en Grecia estaba feliz viajando por el mundo. Por lo que todo estaba marchando mejor de lo que esperaba, pero mi vida tomo otro giro inesperado, cuando en la empresa donde trabaja me negociaron para terminar mi contrato, algo que tampoco esperaba pero no lo tome a mal. Y menos cuando la indemnización fue una gran suma de dinero que me permitió comprar una finca en clima cálido, tal como lo había soñado desde tiempo atrás con piscina, árboles frutales, algunos animales y un kiosco donde una parrilla artesanal me permitir a hacer los asados soñados.

    Y entonces realice una pequeña inauguración de la finca que llame: “El Corralito” con mis amigos Pipe (Felipe) y Lucho (Luis Eduardo) todos unos compadres seniles y barrigones lejos de esos años juveniles que no trepábamos a los árboles, ahora el mayor ejercicio era levantar la botella de cerveza. Entonces comenzó el asado entre risas y cervezas que solo fue interrumpido por un Splash! Eran mi hija Camila y su amiga Kika entrando a la piscina pero fue Kika quien se robó la atención de mis amigos tanto que al rato Lucho me dijo:

    Lucho: Oiga Richi y esa ternerita que esta con su hija esta buena! Buena!

    Hasta ese día y hasta ese comentario nunca me había fijado en Kika la mejor amiga de mi hija quien para entonces tenía 26 años y había visto crecer a lado de mi hija, pero al verla hoy en vestido de baño podía describirla en detalle una chica de más o menos 1,70 cm de cabello largo teñido de rubio, de tés blanca y un cuerpo notablemente armonioso, tonificado tal vez por eso el comentario de Lucho y la mirada morbosa de Pipe. Sin embargo yo solo me limite a decir:

    Yo (Ricardo o Richi): Si es bonita es la mejor amiga de mi hija y es Youtuber.

    Pipe: Habrá que ver su canal en profundidad porque está muy rica!

    Yo: Ya dejen de mirarla viejos verdes!

    Lucho: Richi y esa ternerita viene con la finca?J ajajaja

    Yo: Pónganse serios! Señores puede ser su hija

    Lucho: Si pero no lo es! Además díganme si ustedes no han deseado comer nuevamente, una carne tierna y fresca?

    Pipe: Uhy! Si comer una sardina así. Deliciosa!!

    Yo: Señores por favor compórtense

    Lucho: Si! Será calmarnos porque de pronto no podemos responder con ese voltaje. Jajajaja

    Pipe: Eso será usted porque yo si respondo.

    Lucho: Sera con solo viagra que atiende a una peladita. Jajajajaja

    Luego seguimos con el asado pero era evidente que mis amigos seguía mirando de reojo a Kika para el final de la tarde mis amigos se fueron, pero sus comentarios quedaron en mi cabeza por lo que sin desearlo solo instintivamente empecé a mirar más de la cuenta a Kika quien se había quedado a pasar el fin de semana en la finca, por lo que tuve más tiempo para admirar su belleza y aunque mi conciencia me decía que No! Y me contenía. Mis ojos terminaban mirando y alimentaban mis pensamientos lujuriosos, pero no era solo su cuerpo también estaba disfrutando su dulzura. Al día siguiente mientras estaba desayunado en la sala, bajo Kika en vestido baño y muy dulce me dice:

    Kika: Don Ricardo no va ir a la piscina?

    Yo: Eeeee ahora más tarde cuando termine de desayunar.

    Kika: Ok! Don Ricardo entonces voy a poner música que con Camila queremos ambientar la mañana

    Entonces Kika fue a poner música y mientras lo hacía, se agacho de tal forma que me dejo admirar su linda y contornada cola, siendo todo un especta-CULO, lo que de inmediato me provoco una erección involuntaria, algo que hacía años no me pasaba, por lo que me puse más nervioso pero no podía dejar de mirar a Kika, es más me acerque cubriéndome con un periódico mi erección pero quería ver más y de más cerca entonces le dije:

    Yo: Kika te ayudo?

    Kika: No tranquilo Don Ricardo

    Y mientras me respondía no solo miraba su cola sino también su busto, estaba bien dotada y piel se veía que era fresca, suave por lo que se me hizo agua la boca como el lobo con caperucita, sin embargo ella termino de colocar la música y se fue a la piscina sin percatarse de la morboseada, pero seguí mirándola desde el ventanal del comedor quedaba precisamente al frente de la piscina y como tenia vidrios polarizados me permitió hacer algo que no pensé a hacer, solo fue mi instinto una masturbada a nombre de Kika, eso calmo mi calentura.

    Más tarde me acerque a la piscina, tanto mi hija como Kika nadaban y disfrutaban del sol de mediodía por lo que les ofrecí una limonadas y mi paga era solo ver a Kika en traje de baño de dos piezas que al salir de la piscina mojada, disimuladamente por primera vez me invito a ver su pelvis e imaginar su Flor “Vagina” que por cierto sabía que aún no había sido polinizada, por sus creencias que la obligaban a esperar hasta el matrimonio, que por cierto era entre poco porque estaba comprometida para casarse. Lo que quería decir que era virgen Kika, lo cual se volvía un trofeo deseable, pero lejos de alcanzar.

    El entretenido fin de semana llego a su fin, pero me había dejado seriamente perturbado no dejaba de pensar en Kika y lo peor es que cada vez que veía a Kika alimentaba más mis ganas de probar esa fruta fresca, que al ver sus labios rojos me hacía pensar que debería saber a fresas, creo que estaba perdiendo el control entonces decidí pedir ayuda profesional un Psicólogo, que lo único que me indico fue que era normal sentirse atraído por mujeres jóvenes, que era la típica crisis de los hombres en su madurez que en mi caso estaba acentuada por mi soledad por lo que recomendaba salir con otras personas o buscara una actividades lúdicas que dispersaran mi mente.

    Al salir del consultorio del Psicólogo por lo menos me sentía menos mal, de cómo había entrado, pero fue tan solo llegar a casa para recaer en el deseo, porque encontré a mi hija Camila y a Kika disfrazadas de porristas preparándose para ir a una fiesta de Halloween. Kika estaba simplemente deliciosa no pude evitar mirarle sus piernas disimuladamente, en más de una oportunidad mientras estaban en la sala esperando a sus parejas para recogerlas para asistir a la fiesta, pero creo que fui tan intenso que no fui prudente porque por un momento note que Kika se puso incomoda con mi miradera por lo que decidí quitarme la tentación y subir a mi cuarto.

    Pero de mi mente no borraba esa bella porrista y el destino jugo conmigo y me tentó! Sonó el teléfono reiteradamente hacia las 3:00 am era mi hija Camila para indicarme que sus parejas estaban muy tomados y si podía recogerlas por su puesto acepte, pero para ser sinceros me ganaba el instinto lujurioso por ver a Kika, que el paternalismo de ver a mi hija Camila al llegar efectivamente note que ellas no estaban tan lucidas en especial Kika estaba muy tomada lo cual se me hizo raro porque yo sabía que no tomaba y que en general era una chica juiciosa, por lo que pensé que seguramente le dieron algo ,que la embriago o la drogaron en el peor de los casos “cosas de jóvenes”

    Trate de pedirle explicación a Camila pero esta por el sereno también estaba mal, se había quedado dormida, por lo que al llegar a casa me toco llevar primero a Camila a su cuarto y luego a Kika quien al tomarla alzada pude sentir sus muslos una piel tan suave, tan fresca que literalmente se me abrió el apetito de repente no sabía qué hacer si dejarla en el sofá de la sala o llevarla a mi cuarto, gano el cuarto la recosté en la cama el reloj marcaba las 4:10 am y no me aguante las ganas de acariciar los muslos de Kika, no recordaba algo tan suave y provocativo por lo que seguí subiendo mi mano entre su falda azul de porrista, solo un leve movimiento de Kika me detuvo por unos instantes pensé que se despertaba pero No!

    Pero mi mano quedaba aprisionada en medio de sus piernas, en ese momento estaba aturdido no quería quitar la mano, pero también sabía que si la movía podía despertarla, y la moví lentamente pero no para sacarla del medio de sus piernas, No! por el contrario me anime y quise tocar su parte intima, un pequeño roce basto para mover a Kika otra vez era evidente que sentía mis caricias pero seguía dormida borracha o dopada no sé, pero lo cierto es que tenía una erección de esas que uno no debería darse el lujo de desperdiciar y poseído por la pasión, excitación deje la cobardía, el pudor y comencé a desvestirla.

    Yo: Kika Vamos voy a ponerte la piyama

    Ella no podía ni hablar solo quería dormir por lo que se prestó para que me tomara el tiempo de desvestirla lentamente, primero su camisa blanca, luego fue su falda azul de flecos quedaba su sostén blanco y unos cacheteros blancos, por lo que seguí con sus cacheteros para entonces la manoseaba a mi antojo y decidí entonces tomarle unas fotos para el recuerdo, solo le quedaba puesto su ropa interior, aproveche a desvestirme rápidamente pero la apetencia me gano tenía mi verga como un aguijón y como un loco arranque los pantis blancos de Kika y sin darle tiempo de reaccionar brutalmente le enterré mi aguijón a la flor de Kika rompiendo así su virginidad, ella solo pudo gritar en mi profanación, pero firmemente comencé a devorarme a Kika no solo con una buena dosis de verga, sino le chupaba sus tetas que realmente satisfacían a cualquiera por su buen tamaño y suculencia, mientras mis manos apretaban y agarraba todo su cuerpo como si fuera de mi propiedad, mientras tanto Kika solo balbuceaba “No nooo” pero sus fuerzas no le daban para más, por lo que fácilmente pude manipularla como si fuera un juguete sexual, y la voltee boca bajo para rematarla en esa pose, agarrándome de sus cabello, le hacía saber a Kika que estaba teniendo posesión sobre ella,

    Luego con el pleno dominio sobre Kika no resistí más empecé a esparcir mi esperma dentro de ella, lo que originó la entrega total de Kika, que mientras gemía apretaban firmemente mis manos, lo que era indudablemente un orgasmo, es decir estaba contemplando el primer orgasmo de Kika por lo que con vigor entregue mis restos lográndole sacar quejidos profundos mientras pujaba intensamente mientras de re-ojo, miraba el reloj de la mesa de noche eran 5:30 am hora donde polinicé la flor de Kika. Luego solo me recosté encima de ella hasta que mi verga se salía lentamente y yo le decía para calmarla: “Kika relájate, tranquila todo acabo!, Ya acabe eres muy sabrosa!”

    Entonces Kika quedo desgonzada encima de la cama aun boca bajo, y nuevamente quedo como dormida por lo que baje de encima de ella olí su ropa interior lo cual estaba rota y pensé “Que hecho? QUE HECHO??” Entonces llame a Lucho que era un abogado penalista retirado, al contestarme le dije:

    Yo: Lucho estoy en problemas

    Lucho: Cálmate! Dime que pasa en que te ayudo?

    Yo: Lucho perdí el control, me comí a Kika

    Lucho: Como?

    Yo: Me comí a Kika

    Lucho: O que hiciste? Dónde estás?

    Yo: En mi casa ven rápido

    Lucho: Voy para Allá…

    Al rato llego Lucho pero también llego Pipe de inmediato me hicieron contarles lo sucedido y entonces ellos me dijeron la solución de llevarla algún potrero y dejarla ahí esperando que al despertar estuviera tan confundida que no recordara quien había sido, lo cual no era tan buena idea pero estaba tan temeroso que despertara ella o Camila, que no hubo más remedio que hacerlo. Entonces Lucho y Pipe me ayudaron no solo a vestirla sino a llevarla nos fuimos casi a los extremos de la capital, había amanecido por lo que nos tocó ingresar a un bosque bien en lo profundo, allí la bajamos pero Lucho y Pipe al ver a Kika aun adormilada se les abrió el apetito y lucho me dice:

    Lucho: Richi me perdonaras pero esta ternerita hay que darle muela

    Y dicho eso. Vorazmente se lazo a embestir a Kika, mientras que Pipe se preparaba para seguir tomándose un par de pastillas de viagra. No hice nada por detenerlos, entendía mejor que ninguno esa ansiedad por comer sardina, por lo que Kika le toco prestarse para los dos solo que estos no se demoraron solo tomo unos 15 minutos más, luego la dejamos ahí tirada a Kika y nos devolvimos hacia la ciudad con los amigos y mientras reían y comentaban yo solo escuchaba:

    Lucho: Que rico cuerpo que tenía esa ternerita

    Pipe: Si creo que hacía tiempo no llenaba una hembrita con tanta ganas

    Lucha: Creo que esta fue la mejor cosecha de fruta fresca!

    Pipe: Lastima Richi no nos llamó antes para disfrutar más de la ternerita. Y ver el orgasmo que nos contó.

    En ese momento no sé qué me paso pero me sentí tan mal, tal vez pensé que podría ser mi hija y entonces frene bruscamente y me devolví a buscar a Kika en contra de la voluntad de Pipe y Lucho que sorprendidos me decían:

    Lucho: Se enloqueció Richi

    Pipe: Ahora si vamos a tener problemas. Deténgase!

    Pero yo no hacía caso estaba decidido y angustiado a la vez, al llegar cerca del potrero a unos 200 metros me detuve unos gritos que se escuchaban a la distancia, nos bajamos y mis ojos no podían creer lo que veía habían cuatro hombres de apariencia de indigentes que no solo habían logrado despertar a Kika sino la tenía sometida en cuatro penetrándola simultáneamente. Y Lucho intervino y dijo:

    Lucho: Vamos Richi es muy tarde para arrepentimientos. Ya es de ellos!

    Pipe: Si ya se la están gozando. Y son cuatro hombres!. Y nosotros somos solo tres viejos. Vamos!!

    Y nos fuimos…

  • La apuesta de mi novio

    La apuesta de mi novio

    Yo estaba saliendo con Rodrigo, él estudiaba en mi misma Universidad, pero otra carrera. Debo confesar que la única razón para estar con él era lo bueno que era en la cama. El resto no valía la pena. Peleábamos todo el tiempo, pero siempre terminábamos culeando para que se nos quitara el enojo.

    Una noche en su casa invitó a un grupo de amigos, se pusieron a tomar y a apostar. Yo estuve con él hasta como las 1 am. Rodrigo cuando se ponía a tomar se volvía pesado, empezaba a contar historias nuestras. Y eso me enojaba al punto que no aguante más y me fui a acostar

    Y: deja de hablar estupideces

    R: pero si es verdad, o es mentira que culeamos en el cine

    Y: sí. Pero no tienes que contarlo

    R: aaah… Si son de confianza

    Y: me voy a acostar.

    R: ya, después subo para compensarte.

    No dije nada y me fui

    Con tanta risa me costó mucho dormirme. Yo podía escuchar como seguía contando cosas. Hasta que al fin pude dormir. Cerca de las 3 am Rodrigo abre la puerta. Y acostarse al lado mío

    R: ¿estas despierta?

    Y: ¿qué quieres?

    R: tú sabes. Comienza mi cuello y acariciarme

    Y: estoy enojada

    R: perdón pero te lo voy a compensar

    Y: mmm… sii? Y cómo?

    R: te voy a dar una noche que vas a olvidar

    Y: ¿sí? y comienza a desnudarme, y yo comenzaba a excitarme.

    Cuando me tenía completamente desnuda me amarra al respaldo de la cama. Se sube encima de mí y me dice

    R tengo una mala noticia perdí en las cartas

    Y: cuánto perdiste?

    R: Tranquila, ya llegué a un acuerdo. Ya cabros pasen. Entran los amigos de Rodrigo (Benja, Pancho, Carlos y Jaime).

    Y: suéltame!!!

    R: te dije que te iba a dar una noche que no olvidarías.

    Y: suéltame te dije!!!

    R: quien va ir primero? esta es gratis.

    Ellos se miran

    C: yo empiezo. Y se desnuda.

    Y: no, por favor.

    R: no te quejes tanto. Todos saben que eres bien puta.

    Carlos se acuesta encima de mí, yo cerré las piernas.

    R: ya poh. Muestra lo maraca que eres.

    Benja y Jaime sujetan mis piernas.

    R: ya Carlitos toda tuya.

    Carlos toma su pico

    Y: no lo hagas

    C: Sorry, pero el Rodri nos ha contado maravillas.

    Y me penetra.

    Y: aaaah…

    Y comienza a embestirme.

    R: que te parece?

    C: tiene un chorrito rico.

    R: vamos no me hagas quedar mal

    Y: aaaah… Mmm

    Carlos me embestía cada vez más fuerte. Agarra mis senos

    R: relájate, si ya tienes la cara de caliente

    Y: no

    C: tú dirás no, pero tu chorito me está diciendo si

    Y: mmmm… Aaah

    C: gime tranquila. Si sé que lo estas disfrutando

    Y la verdad que si lo estaba disfrutando.

    Y: mmm… siii.oh

    R: vieron, yo les dije que le gustaría. Suéltenla. Benja y Jaime me sueltan las piernas. Yo las crucé en la cintura de Carlos.

    R: ya se despertó mi zorrita. Y pasa su mano por mi pelo. Y los amigos se ríen.

    C: suéltale las manos

    R: te vas a portar bien?.

    Y: si… si… sí. Rodrigo me suelta las manos. Y yo me abracé a Carlos

    R: bien Carlitos.

    C: mmm… Esta rica

    Carlos me toma y me levanta.

    R: por 20 vendo este culito. Les aseguro que es aguantador. Y me nalguea

    P: yo

    R: uuu… Tienes suerte de tener un culito aguantador, porque al pancho le decimos el trípode.

    Miro al pancho que se estaba sacando la ropa. Y veo que tiene un pico muy grande, pero sobre toda muy gorda.

    Y: nooo

    R: oooh… Vamos yo sé que tu culo es capaz. Además, yo se tu aventura con el negro, y no tuviste problema de pasarle el culo más de una vez.

    Yo no quise responder, porque era verdad.

    R: ven pancho

    P: estoy esperando que termine Carlitos

    R: tranquilo. Aguanta a los 2. O no?

    C: no será mucho?

    R: conociéndola seguramente ya se ha comido más de uno a la vez. O no?

    Y: siii… no puedo evitar decir la verdad cuando estoy excitada.

    R: vieron les dije eran bien puta.

    Pancho se pone atrás.

    R: dale no más. Y escupe mi culito. Ya está lista.

    Pancho comienza a meter poco a poco su pico

    Y: aaah… Me abrace fuertemente a Carlos y pancho se detiene.

    R: sigue. Le gusta que le partan el culo.

    Y: siii… sigue… Sigue. Pancho continuó. Siii… que rico.

    R: Vieron ya se aflojo. Benja, Jaime quieren compartir la boca

    J: por cuánto?

    R: 10 por los 2

    B: ya poh

    R: te vas a tener que esforzar. Por qué perdí mucha plata.

    Y: sí… Voy a estar toda la noche. Por suerte los picos de Benja y Jaime eran normales.

    Yo empecé una a una.

    R: vamos a esfuérzate más métansela al mismo tiempo.

    Benja y Jaime. Obedecieron. Comenzaron a penetrarme la boca al mismo tiempo. Pancho ya había metido todo su pico.

    R: no tan delicado, pancho. Le gusta que le den duro. Cierto?

    Yo asentí como pude. Y pancho empezó a embestirme duro.

    R: eso es, así le gusta

    Yo gemía a más no poder. Llevaba un tiempo sin estar en un grupo. Y mi cuerpo ya me lo estaba pidiendo

    R: les dije que podría con los 4. Rodrigo se sienta y comienza a masturbarse y a sacar fotos.

    C: oooh… Weon me voy a ir.

    R: son 15 si quieres irte adentro.

    C: hecho. Y deja toda su leche adentro. Yo casi simultáneamente tuve un gran orgasmo.

    R: sigan

    Pancho me levanta.

    R: alguno quiere cambiarse a su chorito. Ya está usado. Así que por 15

    Y la verdad es que si estaba usado. Me caía la leche de Carlos.

    C: se los recomiendo cabros.

    B: yo.- me vuelven a penetrar el chorito.

    J: me voy a correr. Cuanto porque se la trague.

    R: mmm… Le encanta tragar leche. Así dame 5

    J: dale.

    R: escuchaste. Te lo vas a tener que tragar como te gusta.

    Yo asentí, Jaime se corrió adentro, yo me lo trague todo.

    R: eso.

    P: cuanto por llenar este culito

    R: dame 15

    Pancho me lleno el culo unos minutos después.

    P: aaaah… Que rico!!!

    R: tiene un buen culo. Cierto?

    P: exquisito

    Tuve otro orgasmo en ese momento.

    B: te doy 10 por llenarle el chorito.

    R: dale nomas

    Se corrió casi inmediato

    Yo me que acostada recuperando el aliento. Rodrigo se acerca y me dice.

    R: lo hiciste bien, pero no alcanzamos a juntar ni la mitad de lo que debo. Así que te vas a tener que esforzar más.

    Yo la verdad no había terminado de disfrutar. Y quería más.

    Y: aaa… ya… quiero… más

    R: esa es la zorrita que conozco.

    Yo le sonreí

    Y así fue estuvimos toda la noche, cada vez que alguno se calentaba me buscaban, y Rodrigo me vendía. Pagué toda la deuda, Aunque no sé si alguna vez existió. Y aunque no quería al principio, lo empecé a disfrutar rápidamente, y llegue a tener un squirt. Cuando pancho me estaba dando por mi chorito. Obviamente después de eso termine con Rodrigo, pero la verdad él no estaba triste. Nunca sintió algo por mí excepto calentura.

  • Mario (22 de 22): Vuelve Robert. Fin

    Mario (22 de 22): Vuelve Robert. Fin

    Me alejé del lugar unos kilómetros y detuve el coche en el arcén, las lágrimas que inundaban mis ojos no me dejaban conducir, hipaba entre sollozos a pesar de que verla con sus hijos me había hecho feliz.

    Guillermo había decidido llevar unos días de vacaciones a los muchachos, habían regresado de U.S.A. después de pasar allí un mes, volvían tristes y aburridos, la esposa de Robert y ellos no terminaban de encajar, además de que estaba embarazada y toda su preocupación residía en lo que germinaba en su cuerpo.

    Partimos una mañana y la idea era llegar hasta Jaca para visitar el Pirineo aragonés y catalán, y si había oportunidad pasar a Francia. Íbamos los cuatro solos, Guillermo conducía y a su lado de copiloto, entusiasmado como el mejor de los regalos, llevaba a Swan.

    Jesse me acompañaba en el asiento de atrás, el chico iba adormilado y se tumbaba usando de almohada mis piernas, sonriendo mientras le acariciaba el cabello.

    Ambos chicos habían vuelto con falta de cariño y sobre todo el mayor, no perdía la oportunidad para estar a mi lado y reclamar lo que no había tenido en un mes. Paramos a comer en el camino y mientras Swan no dejaba de jugar, su hermano aparecía apático.

    -Creo que Jesse tiene algo de fiebre. -le puse la mano en la frente y la tenía caliente, pero no pasaba de ser un ligero síntoma, estaba ya tan acostumbrado a notar lo que sentían que no me cogía de sorpresa.

    -Cuándo lleguemos al hotel pediremos que le mire un médico. -Guille parecía preocupado, no estaba acostumbrado a ver a los chicos en momentos así.

    -No te preocupes, no creo que sea para tanto. -durante el resto del viaje Jesse continuó tumbado junto a mi pero no empeoraba, en algún momento se le notaba más animado y levantarse parar mirar por la ventanilla.

    Nos acomodamos en el hotel, Guillermo había reservado dos habitaciones, una para nosotros y la de los chicos. A veces no se preocupaba de disimular lo nuestro y llegaba a actuar como si fuéramos una pareja formal.

    Salimos a la parte vieja para cenar alguna cosa, y lo hicimos en una terraza de la avenida central cerca de hotel, para no andar más y que los niños no se cansaran demasiado.

    -Quiero dormir con el tío. -cuando les dejábamos en su habitación, después de que se lavaran la boca, Jesse se abrazo a mi cintura, eran unos niños altos y fuertes para su edad.

    -No puedes dormir con él, Mario es el novio del abuelo y dormirán juntos. -la respuesta de Swan hizo que Guille soltara una carcajada, pero a mi no me gusto nada lo que dijo.

    -Eso no es cierto Swan, y para demostrártelo hoy dormiré con Jesse. -el chico me miraba risueño, creo que fue lo peor que pude hacer, él tomaba como confirmación lo que yo le negaba.

    -Entonces yo dormiré con vosotros. -se tiró en la cama y Guillermo fue hasta él.

    —¡Ja, ja, ja! Buena la has organizado Marito. -Guille continuaba riendo y miró mi cara de enfado.

    -¡Ja, ja, ja! Esta bien… Swan tu vienes con el abuelo y a estos dos los dejaremos que hagan lo que quieran. -lo cogió a sus espaldas y marcharon a la otra habitación.

    Jesse había logrado lo que deseaba y sonreía satisfecho saltando sobre la cama.

    -Venga Mario, ven a la cama.

    -Tengo el cepillo de dientes en la otra habitación, tendré que ir a buscarlo. -salto rápidamente de la cama y me llevó al baño sujetando mi mano.

    -Usa el mío o el de Swan, no quiero que me dejes solo.

    Apagué la luz y Jesse se me abrazó, como había hecho otro millar de veces, pensaba que ya estaba dormido y yo tardaría muy poco en hacerlo.

    -¿Mario?

    -Dime amor, pensaba que dormías.

    -Te quiero mucho Mario.

    -Yo también te quiero cariño.

    -Te quiero más que a papá y que al abuelo.

    -Calla bonito, no digas eso.

    -¿Tu cuánto me quieres?

    -Muchísimo mi vida, eres lo que más quiero. -el chico se acercó más a mi, y sin darme cuenta, me besó ligeramente los labios. Nada que no hubiera hecho otras veces, pero este beso que me entregó era diferente.

    El resto de las vacaciones lo pasamos estupendamente, haciendo excursiones de un día, subiendo a los montes para ver la nieve que aún quedaba a pesar de ser verano en lugares resguardados del sol, visitando museos o lugares de la naturaleza, a los niños y a nosotros nos entusiasmaban, volvíamos al hotel al anochecer, cansados o con el cuerpo dolorido por el esfuerzo hecho, pero nunca vi a los chicos más felices.

    Robert se volvió a casar, para el evento que fue en verano, Guillermo se llevó a los chicos y pasaron en América quince días, pero volvieron con él a España.

    **************

    Ese domingo se suponía que mi primo estaba solo, Migue se había llevado con él a Marquitos y me llamó para ver si le acompañaba a tomar unas cervezas. En realidad lo que quería era enseñarme el impresionante BMW que se había comprado hacía unos días.

    Lo tenía aparcado a la puerta de su casa y lo reconocí al instante, le lancé una mirada breve, por si me preguntaba sobre algún detalle, que viera que lo había mirado, cuando le toqué el timbre me pidió que subiera, no se encontraba solo, su amigo Diego estaba con él, antes habían trabajado juntos unos años, pero su amistad venía de niños, hacía mucho tiempo que no lo veía.

    Marcos, por su nuevo trabajo conmigo, había ascendido en la escala social pero no así su amigo, vestía un jean viejo y sucio, una camiseta negra ceñida y unos mocasines que parecían de lona muy gastados.

    Me quedé sorprendido al verle, primero porque no pensé encontrarlo allí y segundo por su aspecto desastroso, a pesar de todo tenía un rostro atractivo, con el pelo negro algo largo, desde el principio su mirada sensual, de ojos verde claro, se quedó fija en mi figura.

    -¿Recuerdas a Diego? -mi primo me lo presentaba así a la vez que me abrazaba y me daba un beso en la mejilla.

    -¡Hola Diego! -le saludé afectuoso alargándole la mano.

    -No has cambiado Marito, han pasado años y continuas tan lindo como cuando eras pequeño. -no pude evitar sonrojarme, no por sus palabras, por la sonrisa encantadora que enseñaba sus dientes blanquísimos.

    -Eres muy amable Diego, tu tampoco has cambiado tanto. -el hombre se dió una vuelta mostrándose divertido para que viera su vestimenta, a la vez me mostraba sus indudables y viriles encantos.

    -No es que esté en el mejor momento de mi vida. -Diego tenía la edad de mi primo, o sea, unos treinta y dos, y desde luego había sido un conquistador como Marcos, ahora era todo un macho en plena sazón al que faltaba el atractivo de ir mejor vestido.

    -Tu primo me ha prometido ayudarme a pasar esta mala racha, espero poder superarla como he vencido a otras peores. -tenía un botellín de cerveza en la mano y aparentaba haber llegado unos minutos antes que yo.

    Marcos me entregó una cerveza recién salida de la nevera. y nos sentamos en su sala, Diego permanecía de pie.

    -Igual es mucho pedirte Marcos, puedo usar tu aseo para lavarme y estar decente, Marito se mareará si me acerco a él y quiero causarle buena impresión.

    -Por favor Diego, no necesitas pedirme permiso, sabes que mi casa es tuya como todo lo que tengo. -sabía que fueron grandes amigos y compañeros de juergas y correrías, pero no pensaba que ahora se llevaran tan bien.

    -¡Ja, ja, ja! Dudo que ese “todo” sea correcto, no lo crees así Marito. -este hombre conseguía que me acalorara por cualquier tontería que dijera.

    Pensé en lo que pudiera saber de mis relaciones con mi primo y las indiscreciones que pudiera haber cometido cuando no se controlaba al beber. También recordaba cuando siendo un adolescente me acosaba intentando conquistarme. De eso ya habían pasado muchos años, pero sin duda Diego continuaba intentando seducirme.

    Se había marchado al baño y miré a Marcos interrogándole.

    -Yo no lo he invitado primito, él se ha presentado de improviso, y bueno no le voy a echar de casa. -no tenía nada que decir, era su casa y su amigo, por otra parte me servía para recordar tiempos pasados.

    Cuando salió del baño se presentó en la sala con una única toalla rodeándole la breve cintura, con el cabello mojado, las robustas piernas cubiertas de negro vello y algunas sombras del mismo en su delgado y fibroso pecho y abdomen. Lo miré y me quedé helado, continuaba siendo tan deseable como siempre lo había visto, cuando los dos conquistaban a todas las muchachas del barrio y se peleaban con sus novios.

    -¿Tienes algo para ponerme? He pasado por la cocina y he metido la ropa en la maquina para lavarla, seguramente tendrás que alojarme esta noche hasta que mi ropa se seque y pueda usarla. -seguramente debían continuar viéndose, renovando su amistad, ya que de otra manera el chico tenía una cara impresionando.

    -En mi habitación encontraras algo para ponerte, hace calor y no necesitas un traje. -regreso enseguida con una pantalón corto que le estaba grande al ser ligeramente de menos envergadura corporal que Marcos.

    Comenzaron a hablar entre ellos y de vez en cuando, tanto uno como otro, me hablaban. Diego relataba su vida y aventuras, como había estado en Portugal trabajando de camarero o en Francia siempre en trabajos de poco éxito.

    Parecía que en todos los lugares lo había pasado bien y que le gustaba su existencia de solitario vagabundeo.

    -Tuve que trabajar una temporada como acompañante de mujeres solitarias, y hasta de chapero en ocasiones de crisis.

    -¡Ja, ja, ja! No me jodas, ¿o sea que has llegado a vender tu puto culo?

    -¡Ja, ja, ja, ja! Mi culo no pero mi verga muchas veces destrozando culitos necesitados de polla. -de vez en cuando al hablar se acariciaba con fuerza el bulto que se le apreciaba bajo la tela del pantalón.

    -¡No me extraña que lo pases bien cabronazo! Te tiras la vida follando.

    -Menos de lo que quisiera, no te creas, pero no puedo quejarme ni tampoco los que tienen la suerte de probarme. -volvió a rascarse los huevos y se me quedó mirando con fijeza.

    -¿Y tu Marito qué tal andas de mujeres?

    -No seas ridículo Diego, sabes de sobra que a mi no me van las mujeres.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Mujeres, hombres, qué más da? Lo importante es pasarlo bien. ¿En esto estaremos de acuerdo los tres? -los dos hombres comenzaron a reírse, iban ya por el cuarto botellín, yo por mi segundo, y la bebida empezaba a afectarles.

    Mi primo había olvidado por completo el motivo de que yo estuviera allí, presumir de su flamante BMW que quedaba para mejor ocasión, ahora lo importe era atender a su amigo renacido.

    -Ya ves Marito, Marcos y yo hemos sido uña y carne, siempre unidos y compartiéndolo todo como hermanos, ¿no es cierto Marcos? Cuéntale a tu primo lo que pasamos con aquellas dos hermanas que no les importaba follar con uno o con el otro, o los cuatro a la vez.

    -¡Ja, ja, ja! Hasta que dejaste preñada a una de ellas, buen recuerdo te quedó de aquello. -continuaban bebiendo y cada poco tiempo uno viajaba a la cocina para buscar más bebida.

    -Vamos a preparar algo para comer, tengo en la nevera la compra de la semana y hay comida de sobra. -Marcos desapareció un momento y se le escuchaba trastear en la cocina, Diego bebía de vez en cuando sin dejar de mirar la televisión que había encendido, algunas veces me dirigía calientes miradas relamiéndose los labios, ya no se tocaba la entrepierna por encima de la tela, descaradamente, se metía la mano por la cintura engomada y la mantenía dentro acariciándose la polla.

    Yo no podía evitar a mi vez mirarle y él notaba mi interés volviendo a insistir provocador y se acariciaba sonriendo ladino.

    -Mira que eres guapo Marito, siempre me has gustado mucho, tu primo no me dejaba acercarme a ti, te quería para él en exclusiva, cabrón de primo que tienes.

    -Estas emborrachándote muy rápido Diego, es mejor que dejes de beber hasta que comas un poco.

    -No quieres escuchar lo que te hablo, si te digo que estas rico, es que lo estas coño, de eso no me va a enseñar nadie.

    -Esta bien, no vamos a discutir por eso. -me había alejado disimuladamente de él que a cada momento se me acercaba más cuando Marcos apareció.

    -Comida hay de sobra pero nos hemos bebido hasta la última, -enseñó una botella de cerveza vacía en la mano-, bajaré a buscar unas cuantas mientras vosotros preparáis la comida. -no esperó la respuestas y ya se había colocado los zapatos, unos segundos después escuchaba como la puerta de la escalera se cerraba.

    -Voy a preparar para comer lo que Marcos ha dicho. -me levanté para ir a la cocina y por el rabillo del ojo veía a Diego levantarse.

    -Te ayudaré. -si la intención era ayudarme no la cumplió, en su lugar se me abrazó por atrás y sujetándome del pelo tiró de mi cabeza girándola.

    -Estas muy tierno Marito. -me forzó a que girara más la cabeza, hasta que me echó el aliento con olor a cerveza en la boca.

    -Déjame Diego, vamos a trabajar antes de que vuelva Marcos.

    -¿Trabajar? ¡Ja, ja, ja! ¿Crees que con esto puedo ponerme a trabajar? -se junto pegándose en mi culo para que notara la caliente dureza que ya portaba bajo la tela.

    -Vamos Diego déjame, por favor.

    -No te hagas el estrecho nene, bien que mirabas mi paquete hace poco. -me mordió el cuello con los labios y me lamió con lascivia la oreja

    -Conforme, reconozco que estás muy bueno y por eso te miraba.

    Me llevó hasta la cocina sujetándome un brazo a la espalda, seguía dándome modisquitos en le cuello y no podía rebelarme a menos que me hiciera daño.

    Al lado del fregadero se detuvo sin soltarme con una mano, con la otra se bajó los pantalones, ahora sujetándome del cabello me obligó a arrodillarme delante de él, tiró de mi pelo para que levantara la cabeza y le mirara a la cara.

    Tenía una polla grande y robusta, totalmente erguida pegándole a la barriga, los huevos redondos y colgando independientes de la verga, con la piel fina y tirante, tanto que se le veían los testículos redonditos, como dos bolas de billar colgando, reposando en la base del saco testicular.

    Aunque ya me sentía excitado por sus maniobras en la sala, al ver su pene tan duro y húmedo, se me llenó la boca de saliva y abrazándome a sus nalgas coloqué la mejilla pegada a su duro miembro dándole un beso de costado.

    -Lo sabía putito, sentía lo que deseabas hacer, ahora con tu boquita te vas a comer este manjar que espera desde hace años este momento. -sin responder sujeté su durísima polla, difícil de doblegar para bajarla hasta mi boca.

    Me fascinaba pasar la lengua a lo largo de aquel hermoso cipote de cabeza grande y roja, meterme en la boca sus jugosas pelotas y acariciar su recio y duro cuerpo.

    -¡Ohhhh! ¡qué puto eres maricón!, ¡come huevos! -con una mano le acariciaba el duro vientre y la otra la usaba para sujetarle del culo y que no me dejara sin aquella delicia que mi boca comía deleitándome.

    Hacía días que deseaba llevarme algo a la boca y ahora tenía mi momento, no razonaba y solo pensaba en aquella maravilla de macho que me gustaba acariciar con la lengua y chupar para exprimirla y sacarle el jugo.

    -Vamos a la cama de tu primito putita, te voy a romper el culo con mi polla.

    -Pero Marcos va a regresar de un momento a otro.

    -¡Ja, ja, ja! ¿De eso te preocupas? A Marcos no le va a importar compartir a su putita con el mejor amigo que tiene. -se terminó de sacar los pantalones dejándolos tirados en la cocina y me sujetó del brazo llevándome a la habitación de Marcos.

    -Quítate la ropa, quiero verte en pelotas. -obedecí como un autómata al que han puesto el piloto automático y en unos segundos estaba desnudo ante aquel macho.

    -Sigues igual de rico, igual de puto gustoso. -me abrazó y comenzó a morderme la carne con fiereza, iba a dejarme marcado durante días.

    -No sabes las ganas que te tenía, pero tu siempre me eras frío e indiferente. -Diego palpitaba de excitación pretendiendo tocarme entero y de una vez.

    Me gustaban los hombres, me encantaban las vergas, sobre todo si eran tan potentes y duras como aquella, y después de días sin tener una a mi alcance me desbocaba deseando que me la metiera.

    -Ven mariconcito, ven que quiero chuparte el culo mientras me mamas la polla. -aquel macho sabía como mandar, me colocó tumbado de costado en la cama y enseguida se enredó entre mis piernas separándolas para tener libre mi culo.

    Estaba entretenido, disfrutando de su chupada de ano cuando escuché que la puerta de la calle se abría y dejé de mamar un momento.

    -Sigue putito, es tu primo no un ladrón. -miré a la puerta de la habitación, Marcos estaba en ella mirando lo que tenía sobre su cama, a su primito del alma comiéndole la polla y los huevos a su mejor amigo, y a éste masticándome el culo entre gruñidos de lujuria.

    Marcos se acariciaba el gran bulto que ya tenía bien duro y sin mediar palabras empezó a quitarse la ropa, una vez desnudo se acercó y colocó su verga al lado de la de su amigo.

    -No me habéis esperado cabrones. -saqué la verga de Diego de mi boca para meterme la de mi primo que era más larga, aunque menos gruesa que la de Diego sin cesar de masturbarle.

    -¡Ohhh! Primito, tienes la boca caliente de chupar tanta polla. -alternaba entre la una y la otra, solamente dejaba que aparecieran las primeras gotas del sabroso licor y entonces mamaba la que me ofrecía aquel delicioso elixir. Dos sabores diferentes para degustar y de exquisito sabor ambos.

    Disfrutaba mamando sus impresionantes vergas y gozaba las lamidas que Diego me daba, hasta que empezó a meterme sus dedos y follarme con ellos, entonces dejé de mamar las pollas para gemir satisfecho.

    Marcos me acariciaba el pecho esperando su turno para que le chupara la polla, se pajeaba y me retorcía delicadamente los pezones.

    -¿Cómo vas Diego? ¿Ya le tienes bien abierto?

    -Le entran tres dedos al puto, pero no quiero dejar de comerme su culito, sabe delicioso. -gruñía con la cara enterrada entre mis nalgas, lamiendo sin parar y mordiéndolas.

    -¡Sí, chúpame más Diego, lo haces divino. -me retorcía los huevos haciéndome daño pero no quería protestar, solo que continuara lamiendo.

    De repente se separó y se bajó de la cama, lo mismo hizo Marcos, los miraba como se masturbaban sus duras vergas, igual que los monos del zoo.

    -Quiero follarme ya a tu primito. -no dejaban de mover la mano a lo largo de sus falos para que no se les bajaran.

    -Mejor que lo monte yo antes. -Marcos le apartó de mi lado.

    -Como tu digas compadre, empieza tu que la tienes más delgada y luego voy yo. -se repartían los tiempos de como utilizar mi culo.

    -¡Ya os vale! Os racionáis mi culo como si fuera vuestro, algo tendré que decir yo si se trata de mi culo. -los dos se quedaron mirándome sorprendidos, pero sin dejar un momento de mover la mano por sus grandes trancas.

    Me coloqué arrodillado en el borde de la cama, con el pecho y la cara pegados al colchón mirándoles a los ojos.

    -Venga Marcos, ¿a qué esperas? Empieza tu primero. -la sorpresa se tornó en una sonrisa de dicha en las dos caras, mi primo se acercó con la polla en la mano, me abrí bien las nalgas tirando de ellas y dejándoles que vieran mi culo palpitante por recibir.

    -Fóllale ya Marcos, el maricón tiene ganas de polla. -su amigo le animaba y no era necesario, Marcos situó la cabeza del pene y sin darme cuartel empezó a taladrarme el culo.

    -¡Ahhh! Mas suave primo que la tienes larguísima. -pero en unos segundos la tenía toda en mi interior, y a Marcos sujetándome las caderas para embestirme con furia.

    -Toma, toma polla primito.

    -¡Buaay! qué rico sigue, dame más.

    -Sí, dale hasta que le salga por la boca. -Diego se situó arrodillado y me elevo la cabeza ofreciéndome su verga para que se la mamara.

    El momento era sublime, potentísimo en valor erótico, tener un macho que me follaba el culo como una máquina, y a la vez que otro me atoraba la garganta con su gorda y rica polla llena de jugos.

    -Deja que lo use yo un rato, necesito meterle mi rabo. -se intercambiaron los dos sementales y Diego me la encajó sin contemplaciones arrancándome un gemido.

    -Ves putito, ésta es más gorda que la de tu primo, ¿la sientes como te rompe?.

    -¡Sí, sí, esta muy rica, me frota todo el culo Diego, hazlo mas duro, dame como un puro macho, demuéstrame lo que eres. -comenzaron a alternarse para compartirme, mientras uno me follaba, el otro se la meneaba para no perder la erección, o me la daba en la boca para que la chupara, el que me la metía por el culo quería continuar y el otro le apremiaba a que le dejara su turno-

    -Será mejor que se le metamos los dos a la vez y le follamos juntos. -propuso mi primo.

    -¡Joder! esa si es una buena idea. -Diego estaba encantado, y a mi no me apetecía la idea.

    -Ni hablar, me folláis de uno en uno, no quiero que me rompáis el culo.

    -¿Por qué no? Seguro que te entran las dos, podemos probar y si no estas bien lo dejamos. -estaban decididos a hacerme tragar sus dos pollas por el culo y a la vez.

    -Esta bien, pero solo probar. -al ver que cedía los dos machos se apartaron de mi y Diego se tumbó de espaldas para que yo le cabalgara.

    Me tendí sobre él abrazando su cuerpo con las piernas y Marcos apunto la verga de su amigo en mi culo.

    -Siéntate ya puto, traga mi verga de una vez. -me fui sentando y la polla de Diego me entró entera, entonces mi primo me cubrió montándose sobre mi, queriendo entrar con su polla en mi culo.

    A pesar de tener el pene más largo que el de Diego, no resultaba fácil de meterla y la saliva que me escupía hacía que la polla resbalara sin entrar.

    -No entra Marcos, es mejor que lo dejemos, me follais de uno en uno hasta que os corráis. -Marcos no me hacía caso y le sujeté la polla para apartarla de mi ano.

    -Estas tan prieto, voy a intentarlo otra vez. -pensaba que era por nervios y no querer hacerme daño, pero mi primo no conseguía entrar, lentamente me introdujo la cabeza pero no avanzaba más y me descabalgó, había sudado en abundancia y mi espalda la sentía húmeda.

    Me sentía mas libre y así me resultaba fácil montarme sobre la polla de Diego, rotar sobre ella, deslizarla por mi culo, o apretándola con el esfínter dándole placer.

    -Follas bien so puto, vas a conseguir que me corra enseguida. -Diego jadeaba a pesar de que era yo quien me movía trabajándole la polla y besando su cara de vicioso.

    -¡Ya va mi leche para ti! Recibe mi semen maricón. -temblaba su cuerpo y se elevaba queriendo penetrarme mejor.

    Cuando Marcos vio que su amigo ya no daba más, me cogió por los sobacos y me levantó, salía la verga aún dura y un gran chorro de leche sobre el vientre de Diego.

    Me colocó otra vez a cuatro patas en la cama y me la metió sin esperar un segundo. Me gustaba mucho la situación tan morbosa, ahora mirando el vientre de Diego cubierto de su propia leche, y sintiendo a mi primo bombearme con fuerza el culo, dándome un gusto tremendo que me hacía temblar, y que de mi polla salieran ríos de líquidos.

    -¡Toma primito, recibe mi verga! -me tiraba del cabello hasta que me dejó caer y metió la mano para agarrarme la polla y comenzar a pajearme.

    -¡Quiero que te corras a la vez conmigo primito! Sentir como me aprietas el pito cuando te corres.

    Y no tardamos demasiado, llevaba un buen rato recibiendo sus maravillosas pollas y mi culo no daba para más gusto.

    -Me corro Marcos, me corro amor. ¡Ahhh! ¡Ayyyy! No pares ahora, noooo! -caía sobre la cama y no pudo sostenerme, me siguió en la caída y allí temblábamos los dos en una eyaculación épica.

    Estuvimos tumbados un rato hasta que los dos machos empezaron a recuperarse, me acariciaban pasando las manos por mi estómago y por las piernas y yo les cogía sus pollas, todas escurriendo semen.

    Volvieron a follarme de nuevo, ahora no discutían el turno y estaban más tranquilos, en esta ocasión les pedí que me echaran la leche en la cara y la boca, deseaba sentirme muy sucio y probar el semen mezclado de mis dos machos, de verdad me sabía riquísimo. Marcos me lamía la cara y a Diego parecía que eso le daba asco, solamente recogía el semen con los dedos para llevarlo a mi boca y que lo comiera limpiándole los dedos.

    Les dejé rendidos sobre la cama a los dos y fui al baño para limpiarme y vestirme, preparé la cena mientras los sementales descansaban de su faena y luego fui a buscarles. Continuaban cansados.

    -¿No queréis comer? Yo tengo hambre, estáis más flojos que yo a pesar de haber tenido menos trabajo. -mi primo intentó agarrarme pero escapé entre risas. Se fueron juntos al baño y me senté en una silla de la cocina a esperarles con una cerveza en la mano.

    Cuando volvieron, sin ducharse, al menos se había puesto un pantalón corto, nos sentamos alrededor de la mesa, y mientras comíamos hablábamos de tonterías.

    Salían los recuerdos de los tiempos de niños, cuando ellos ya eran hombres y yo un adolescente perseguido por los mayores intentando llevarme a un rincón para darme por el culo, o queriendo que les chupara la polla.

    -¡Ja, ja, ja! Tu siempre le protegías y cuidabas para que no nos lo folláramos. -había buena camaradería en esos momentos, ellos estaban servidos en sus necesidades de machos y yo era un igual entre ellos.

    -¿Como andas de novios Marito? ¿Tendrás un ciento como entonces detrás de ti?

    -No es para tanto Diego, el único que ahora me quiere de todos aquellos es Marcos, estoy sin pareja y él no quiere serlo. -miré a mi primo sonriéndole como una broma para provocarle y él me miraba con asombro.

    -Como no estaría bien visto que fueras el novio de tu primo, me ofrezco a ocupar su lugar, estaría encantado de que tu culito me perteneciera, además tienes un buen trabajo para mantenernos a los dos. -se pusieron a reír como si fuera el mejor chiste lo que terminábamos de oír.

    -¡Ja, ja ja! No conseguirás enamorar a mi primo, él no puede amar a nadie, solo se ocupa de su trabajo. -miré a Marcos y un poco de cerveza que aún quedaba en la botella se la tiré a la cara.

    -¡Cállate!, ¿tú que sabes de amores?, tengo tres hombrecitos de los que estoy enamorado, a los que quiero y amo.

    -¡Ja, ja, ja! Esos no cuentan, no pueden atenderte y darte lo que tu mereces. -aquellos dos machitos me causaban ahora risa, se creían superdotados y no dejaban de ser como otros muchos, aunque supieran hacer maravillas en la cama.

    -Pero has de saber, querido primo, que cualquiera de ellos vale, él solo, más que vosotros dos juntos. -no paraban de reírse animados por las cervezas ingeridas, y yo les acompañaba, divertido también por la charla intrascendente y las bromas.

    -Tengo que marcharme para mi casa. -quería despedirme ya y los dos hombres se pusieron en pie sin poder guardar muy bien el equilibrio.

    -Te acompañaré, siempre estaré mejor en tu cama que con tu primo. -Diego me sujetó de la cintura y pensé que era para sostenerse. Abrí la puerta de la calle y le retiré la mano de mi cintura.

    -¿Has quedado satisfecho puto? ¿Te hemos dado lo que deseabas? -le miré y sentí deseos de vengarme humillándole.

    -Simplemente diré que lo he pasado bien. -no parecía entender mi despectiva respuesta.

    -Estaré un par de días por aquí, en la casa de tu primo si me aloja, por si te apetece volver a recibir la polla de un buen macho en tu culito. -Diego se portaba con excesiva chulería ahora que ya había pasado el momento de la cópula y tenía que rebajarle la soberbia.

    -¿Sabes una cosa Diego, lo que pienso y quiero sinceramente?

    -Dime putito, no me hagas pensar.

    -¡Pues que te den por el culo Diego!, seguro que lo disfrutarías.

    Se quedó con la boca abierta y aproveché para darle un beso en la mejilla y salir rápidamente de la casa.

    -¡Chao, machotes!

    *******************

    Un año más tarde Robert se llevó a sus hijos definitivamente, quería tenerlos a su lado y que compartieran su nueva vida, seguramente animado por la nena que habían tenido. Guillermo se los llevó y la casa aparecía vacía de ruidos, carreras y risas. Me sentía solo y me centré en mi trabajo deseando la vuelta de Guillermo.

    El sentido de mi estancia en aquella casa había dejado de tener motivo, si los chicos no estaban todo cambiaba y deseaba la vuelta de Guille para regresar a mi casa y a mi vida de antes, si ello era posible.

    A Guillermo no le gustó la idea aunque entendió mis razonamientos, después de todo estaríamos muchas horas juntos en nuestro trabajo, los viernes y sábados haríamos motorismo, y había conseguido la promesa de Robert de que los chicos vinieran los veranos y algunas otras vacaciones.

    Por mi parte necesitaba desligarme de esas obligaciones. No fue fácil dejar a Guillermo que ya se había acostumbrado a que fuera yo quien se ocupara de los problema domésticos y del servicio.

    Los veranos se sucedían unos tras otros y los muchachos llegaban, pero no con fechas estipuladas y fijas, había años que pasaban con nosotros los tres meses, otros años era para solo un mes y perdí mucho contacto con ellos, no era lo mismo tener que ocuparme de sus personas a recibirlos de visita y las relaciones por internet.

    Esos veranos cortos que pasaban traían algún amigo, seguían siendo cariñosos y amables, el que más Jesse. Prefería mi compañía a la de sus amigos y hermano.

    El cambio que experimentaban de un año a otro también me aturdía y descolocaba, el verles como crecían y se hacían fuertes, varoniles, en una palabra: hombres.

    Mis niños pasaban de la niñez a la pubertad y a ser hombrecitos de repente, en un visto y no visto como si fuera un truco de magia o un milagro, con sus diecisiete y quince años eran tan altos como recordaba que era Robert a los dieciocho, yo parecía pequeño a su lado.

    Durante esos días volvíamos a vivir las risas, los ruidos alegrando y dando vida a la vieja casa, hasta que regresaba la atonía con su marcha.

    -Deberás tener cuidado con el cachorro o terminará enamorado de ti. -seguí la mirada de Guillermo, Jesse saltaba del pequeño trampolín que habíamos mandado instalar recientemente en la piscina.

    -Es más cariñoso que Swan, solamente eso.

    -No seas ciego Marito, no te quita la mirada, quiere estar a tu lado en todo momento, tocarte si tiene ocasión, el joven macho espera la ocasión que le brindara la vida.

    -Eres un cínico Guille, no se como se te ocurre hablar así de tu nieto, me quieren lo mismo que a ti y yo los adoro. -hablaba para tranquilizarme a mi mismo, lo que Guillermo me decía lo sabía mejor que él.

    Sabía, desde hacía tiempo la atracción que ejercía sobre Jesse, y que su cariño no era como el de Swan que también era mucho, no tenía miedo a lo que el muchacho sintiera, estaba horrorizado por mis propios sentimientos.

    Amaba a aquel muchacho de rasgos ligeramente orientales, sin quererlo, sin desearlo mis sentimientos habían dado un cambio que no era de hacía poco tiempo.

    Ahora, esperar su llegada era la mayor alegría que me pudieran dar, también el mayor tormento que gozaba y padecía, que no rechazaba a pesar de saber que estaba mal. Guille era un viejo zorro y no podía extrañarme que supiera ver lo que pasaba, observando los simples gestos de su nieto. Y sabía lo que a mi me sucedía por dentro y mi lucha por evitarlo.

    Lo peor estaba aún por llegar, ese sábado estaba de viaje con Manuel, en Lisboa, habíamos acudido a una exposición de equipamiento para le construcción, nos disponíamos a retirarnos para comer y me extrañó ver la llamada entrante en mi móvil de Rodolfo.

    Como era sábado, y seguramente según su costumbre, Guillermo hubiera ido a correr en moto al monte, enseguida pensé en un accidente.

    Su voz sonaba calmada y eso me tranquilizó en un principio.

    -Tiene que volver cuando pueda, el señor esta en el hospital. -volvió mi angustia y retorné a mi inicial temor.

    -¿Qué ha pasado, un accidente con la moto?

    -No, no hemos tenido un accidente. -despacio me fue explicando el problema, habían tenido que hospitalizar a Guillermo y el motivo no había sido un accidente en el monte con la moto, aunque estuvieron a punto de tenerlo en la carretera.

    Se había puesto malo a la vuelta, una vez haber pasado por el bar como era su hábito, conducía el todo terreno Guillermo, pudo retirarse al arcén sin causar mayores problemas, los médicos necesitaban hablar con alguien responsable y al no estar Robert ni yo, habían tomado ellos mismos la decisión que no podía postergarse un minuto.

    Había padecido un derrame cerebral, tuvieron que abrirlo para bajar la presión al cerebro sin esperar la autorización de los familiares, un retraso por mínimo que fuera, suponía daños cerebrales que serían irreversibles.

    Cuando llegué no había recobrado el conocimiento y las noticias no eran, para nada, esperanzadoras. Esperé un mes antes de llamar a Robert, quería darle buenas noticias, pero cuando sacaron a Guillermo del coma inducido en que le tenían mis esperanzas se desvanecieron, aunque los médicos me iban preparando para lo peor no me esperaba aquel parte médico.

    Había quedo en total estado vegetativo y no volvería a recobrar el conocimiento. Era la primera vez que hablaría con Robert en diecinueve años y temblaba con el aparato telefónico en la mano, tuve que dejarlo un momento sobre la mesa y a mirarle largamente antes de volver a cogerle.

    -¿Robert? Soy Mario.

    -Te veo en la pantalla Marin. -volví a temblar al escuchar su voz y escuchar como solamente él me llamaba por ese nombre.

    -Tienes que venir Robert.

    Los acontecimientos se desarrollaron velozmente, quizá por no poder parar un segundo de hacer cosas. La llegada de Robert fue inmediata, lo que tardó su avión particular en hacer el trayecto desde New York, llegaba con toda su familia menos la pequeña niña, los dos muchachos se hospedaron en la casa de Guillermo, Robert tenía reservado un hotel para él y su mujer.

    Le miré avanzar en la sala del aeropuerto con aire decidido y resuelto, seguido por Jesse, Swan con su joven mujer venían tras ellos. Podría decir que era idéntico a su padre excepto que no tenía bigote. Me tendió los brazos y me refugié en ellos.

    Esperaba revivir sentimientos extraños, pero en realidad lo que en su día sintiera se había marchitado. Robert era el amigo de mi niñez y parecía como si nunca hubiéramos sentido aquella pasión. El único detalle que permitía pensar que Robert no había olvidado era que no quisiera hospedarse en su propia casa.

    Después llegarían las gestiones hospitalarias, los permisos a los médicos para que detuvieran las máquinas que mantenían con vida a Guillermo, el funeral, la despedida, las lágrimas, porque aunque nunca amé a Guillermo lo respeté y quise, más que como simple amante.

    Después del funeral nos reunimos Robert y yo en las oficinas de Guillermo, estaban con nosotros todos los directivos y gerentes de las empresas que había estado acompañándole en la ceremonia. Al entrar en la sala de Juntas me sujetó del brazo.

    -Antes de la reunión quiero que hablemos. -pasamos al despacho de Guillermo.

    -Y bien Marín, ¿qué vamos a hacer?

    -Presentarte a tus empleados para que te conozcan lo primero, ahora te harás cargo de los asuntos de tu padre y deberás tomar las decisiones que te competen. -se sentó sobre la mesa dejando colgada una pierna.

    -Para eso estás tu Marin, eres el que mejor conoce todo este embrollo, el que defenderás de la mejor manera los intereses de mis hijos, en el testamento mi padre se lo deja todo a ellos y pide que seas tu el que dirija las empresas. No tuvo oportunidad de decírtelo de palabra pero para todos está claro. Solo falta que tu estes de acuerdo si no has pensado en otra cosa.

    -Mi vida pasó como un relámpago por mi cabeza, los diecinueve años dedicados a la tarea de engrandecer la empresas de Guillermo, aunque supo como siempre, ser generoso en el pago de mis servicios. Podía permitirme vivir muchos años con lo que había conseguido, pero mi vida había sido y era ese trabajo.

    -Lo haré Robert, sí es su última voluntad y tu y los chicos estáis conformes seguiré ocupando mis funciones, por lo menos hasta que ellos quieran hacerse cargo.

    -Gracias Marín marcharemos tranquilos sabiendo que todo queda en tus manos, lo cierto es que administrar los bienes de los chicos en el resto del mundo no me dejaría hacer bien lo de mi padre.

    De alguna forma había olvidado la inmensa fortuna que Jesse y Swan habían heredado de sus abuelos y su madre.

    Tuvimos una pequeña reunión donde Robert explicó el papel que yo jugaría a partir de aquel momento, algo que al personal directivo de las empresas no le causaba sorpresa alguna.

    Cenamos los tres tranquilos, con cierta tristeza por su inminente marcha, sería por unos días para recoger sus notas y diplomas y comenzar el verano, aún no sabía si, ahora que había fallecido su abuelo, seguirían viniendo o cambiarían sus costumbres.

    Me metí debajo de la ducha y estuve un buen rato recibiendo la lluvia de agua cálida cayendo sobre mi piel, luego me apliqué una crema por todo el cuerpo y me vestí para dormir, con un pantalón corto de hilo y una camiseta.

    En la habitación reinaba el calor y me acerqué a la puerta que daba a la terraza, miré hacia mi derecha y vislumbre la luz encendida en la habitación de los muchachos, continuaban despiertos, posiblemente sin poder dormir a causa del calor.

    La intensa luz plateada de la luna llena se reflejaba en la lámina de agua de la piscina y mitigaba el brillo de las estrellas. La noche estaba en silencio, el mundo se había parado, recordé la tranquilidad que Guillermo me inspiraba y ahora todo resultaba complicado.

    Sentí el sonido de los suaves golpes en la puerta de mi habitación y mi corazón empezó a galopar descontrolado, al abrir le encontré sonriente intentando darme ánimos. Traía una chaqueta de dormir blanca y a juego unos pantalones elásticos, cortos y ajustados.

    -Pasa Jesse. -miré hacia el pasillo esperando ver, corriendo hacia nosotros a Swan, como hacían cuando eran niños. Entró y con el pie cerró la puerta a la vez que me tomaba en sus brazos.

    -Necesito que hablemos Mario.

    -Si mi niño, creo que es necesario. -me fue empujando hasta la cama y me sostuvo para que me tumbara, él lo hizo a mi lado mirándome de costado y colocó un dedo sobre mis labios repasándolos, le besé con dulzura la yema.

    -Quiero quedarme contigo, a tu lado.

    -Tienes que volver y recoger tu diploma, tus notas, seguro que alguien te espera deseando que regreses.

    -Quiero estudiar aquí, en España.

    -Deberás hablarlo con tu padre y que él te autorice. -Jesse me cogió una mano y se la llevó a los labios.

    -Soy mayor de edad, ahora no necesito su permiso.

    -Lo se Jesse, pero deseo que lo hagas, es lo mínimo que debes hacer, Robert tiene que estar conforme, es tu padre.

    -A veces hemos pensado que nuestro padre eras tu.

    -¡Ohh! Bebé querido. -le acaricié la oreja y pasé la mano por su crespo pelo negro de la nuca.

    -Te queremos Mario, yo te adoro. -se acercó hasta que nuestros alientos se unieron sin llegar a besarme, hablábamos en susurros, mirándonos a los ojos, los suyos negros y profundos como un pozo, que reflejaban las luces de la habitación.

    -No se si está bien lo que sentimos, bueno, lo que yo siento.

    -¿Por qué Mario? Amar no es malo, es lo más hermoso de este mundo.

    -Soy mayor que tu, te doblo la edad, y siempre habéis sido como unos hijos para mi, además está la relación con tu abuelo.

    -Todo eso lo sabemos Mario, hace mucho tiempo que Swan encontró las grabaciones que os hacíais.

    -¡Dios mío, qué vergüenza! -oculté la cara en su cuello a la vez que dejaba salir un quejido de dolor.

    -A nosotros nos parecía muy lindo ver como el abuelo te hacia el amor.

    -No me digas eso Jesse. ¿Swan qué dice? Esto es tan bochornoso, no voy a poderle mirar a la cara.

    -No es nada malo, nos sirvió para descubrirnos a nosotros mismos, también para aprender y experimentar con nuestros amigos y amigas, aunque no lo creas resultó un inmenso favor el que nos hacíais.

    -¿Habéis estado con hombres?

    -Eso no es necesario que lo preguntes, pero sí, hemos estado con hombres, con mujeres, quizá no mucho pero hemos experimentado.

    -Nunca me ocupé en ese sentido de orientaros.

    -Era responsabilidad de papá, tuvimos que aprender por nuestros medios, y con la ayuda tuya y del abuelo.

    Miré su mano moviéndose en el aire mientras hablaba, intentaba no aparecer nervioso y se que estaba temblando, sujeté su mano y pareció tranquilizarse.

    -Gracias por ser sincero y contármelo. -ahora su mirada se centra en mis ojos y una sonrisa se dibuja en su cara de ángel oriental. No puedo soportar la tentación y acerco mis labios a los suyos, sentimos que una corriente eléctrica recorre nuestros cuerpos y nos hace que temblemos.

    Sus miedos se han esfumado, o eso parece, sus labios arden sobre los míos, acaricia con sus manos mi cabello alborotándolo, yo me abrazó a él y repaso su ancha espalda, deslizando la manos por las vértebras de su marcada columna.

    -¡Cuánto deseaba que este momento se diera Mario! Nadie podrá separarme de ti, le pediré permiso a papá como tu quieres, pero no me importa si no me lo da, solo necesito saber que tu me quieres a tu lado.

    -¡Ohh! Mi bebé hermoso, sabes que quiero a mis adorados niños, que vivo por vosotros.

    -Cuando Swan tenga capacidad legal también quiere vivir aquí y papá no podrá detenernos, es cierto que es nuestros padre pero nosotros sabemos quién nos ha querido y a quién queremos.

    Se acercó más a mi y colocó una pierna sobre mi cadera empezando a acariciarme la espalda, mis besos se desviaron de su boca y pasaron a su cuello, al lóbulo de su oreja para volver golosos a lamer sus labios.

    -¡Ahhh! Jesse, esto es una locura, yo estoy loco. -sus manos se metieron debajo de mi camiseta y las yemas de sus dedos rozaban con suavidad mi piel, siento que me estremezco y busco con avidez sus labios, se los beso apasionadamente y él me abre la boca para recorrer con la punta de la lengua mis dientes.

    Me quiere quitar la camiseta, y yo a mi vez despojarle de su liviana chaqueta, sin dejar de besarnos, de mirarnos a los ojos cuando podemos separar nuestras bocas.

    Consigue quitarme la camiseta y me recuesta sobre la cama para empezar a besarme el cuello y va bajando y besando mi pecho, cierro los ojos y suspiro de placer, mi corazón galopa loco y late desbocado, su lengua lame sin descanso mi pecho y baja al abdomen, lo acaricia con la punta de los dedos siguiendo las sinuidades de los abdominales y luego los besa pasando la lengua por ellos.

    -Eres mío Mario, eres precioso, te quiero tío. -era una de las pocas veces que Jesse me llamaba tío, desde que era un niño solo me llamaba Mario.

    Se detiene y cambia de postura para seguir con la juguetona lengua a recorrer mi abdomen de arriba a bajo haciéndome que quiera morir y volver a la vida para seguir gozando de sus caricias.

    Me da la vuelta y va besando mi espalda, me doy cuenta de mi pasividad, deseo acariciarle pero parece que le gusta mi entrega a lo que él quiera hacerme y me limito a gemir, a suspirar ahogado en el gusto de su boca que no cesa de comerme donde toca.

    Son miles de besos los que recibo, en cada vértebra, costilla y milímetro de piel, al fin llega a mis caderas y vuelve a subir, pero ahora cambia los besos por la lengua, me arqueo cuando la pasa por la columna lamiendo todas las oquedades de mi cuerpo.

    -¡Jesse, amor! me vuelves loco mi vida. ¡Aahh! mi amor, sigue mi vidita. ¡uiiii! que placer, no, cosquillas no amor.

    Me gira de nuevo y puedo mirar sus ojos, le pido con la mirada que me permita tocarle y lleva mis manos a su pantalóncito ajustado, se le marca una fuerte erección.

    -Sácamelo. -me elevo para alcanzarle con la mano y tiró de la ajustada tela, suspira, se arquea y tropiezo con la dureza de lo que oculta la tela, le paso la mano y vuelve a suspirar agitado y se inclina para hacer lo que yo hago, me acaricia el pene sobre la tela y disfrutamos los dos de nuestras manos

    Entonces se recuesta sobre mi, sin terminar de quitarnos las últimas ropas que tenemos sobre nosotros, acaricio su espalda bajando hasta meter la mano entre la tela y la piel hasta llegar a sus nalgas, él mismo se va quitando el pantalón hasta liberar lo que antes mantenía preso.

    Me sonrio recordando las palabras que su abuelo me dijo cuando fue a verlo por primera vez recién nacido. No se habían cumplido sus pronósticos, la verga de Jesse era grande, proporcionalmente gorda, preciosa y estaba cubierta de humedad que le daba brillo, pero no tenía nada que ver con el monstruo que era su pene, se había quedado en más pequeño pero no dejaba de ser una respetable verga de macho, y muy dura y potente.

    Me acerqué para besarla, para darle la bienvenido por vez primera, la tenía muy caliente y el caldillo de la boquita que le salía casi hervía. Y me supo delicioso, pero no me dejó degustarla mucho tiempo ya que terminó de desnudarme y me subió las piernas para poderme lamer el culo.

    Según actuaba me daba cuenta de que lo que había dicho era cierto, Jesse tenía experiencia, para chuparme la polla, comerme los huevos y el culo como un auténtico maestro, hasta hacerme enloquecer y que le pidiera a gritos que me metiera la verga.

    -¡Dame por el culo Jesse, dame ya verga amor! Se mi hombre, mi vida, hazme tu hembra, tu mujer cariño mío.

    Igual a como me comía el cuerpo sabía follar como todo un hombre, me penetró con fuerza haciéndome sentir quien mandaba, mirándome a los ojos con profundas penetradas. Se quedó un momento parando el fuerte bombeo de su verga en mi culo y me besó la boca.

    -¡Ya eres mío!

    -Sí mi amor, soy tuyo.

    -Mío para siempre.

    -Hasta que tu quieras mi vida. -reinició el bombeo hasta que, sin necesidad de tocarme, excitado como me tenía, me contraje y mi abdomen empezó a temblar anunciando la llegada del semen que me salía.

    -¡Me corro mi vida, ya me viene amor!!!

    Jesse, en ese momento pareció perder la cordura, me bombeaba poseído de una pasión enloquecedora, hasta que se metió en mi hasta el fondo y empezó a palpitar haciéndome sentir los chorros de semen que me metía.

    Nos habíamos duchado los dos en mi baño, le mamé la polla arrodillado y bajo el agua que nos caía, su leche era una delicia, la degusté y trague toda ella, no se cansaba y volvió a follarme en el mismo lugar, casi seguido después de haberse corrido en mi boca. Era un magnífico y joven semental con muchas ganas de follarme, de poseerme, de hacerme el amor sin parar.

    -Hablaré con papá como te he prometido y no volveré con ellos, Swan puede recogerme lo que necesito, no quiero y no voy a separarme de ti, ahora que te he probado se que eres adictivo y cuando Swan lo pruebe le pasará lo mismo. -me giré para mirarle asombrado.

    -¿Swan? ¿Qué pasa con él? ¿Lo tenéis todo previsto?

    -¡Ja, ja, ja! Tenemos tiempo para hablar antes de que él regrese de América.

    Estábamos en el aeropuerto, despidiéndonos ya en la sala vip para vuelos particulares y Roberto me separó del grupo unos pasos.

    -Jesse quiere quedarse en España y terminar sus estudios aquí, espero que no te importe ocuparte de él, estaré más tranquilo sabiendo que tu lo cuidarás.

    -Por supuesto Robert, aunque Jesse no necesita que cuiden de él, ya es todo un hombre.

    El aeroplano surcaba el aire buscando el azul del cielo, Jesse me abrazó los hombros y yo pasé el brazo por su cintura, mirábamos los dos la figura que se iba perdiendo en la lejanía e incliné la cabeza dejándola reposar sobre su brazo.

    Fin

     

  • Otro morboso viaje de trabajo de mi mujer

    Otro morboso viaje de trabajo de mi mujer

    Esta vez se había ido a Barcelona, a otro curso. Otros tres días separados, con ella de viaje mientras él se quedaba en casa cuidando de la niña. Otro curso del trabajo al que no podía decir que no, aunque no le apeteciese. Él se lo tomo con normalidad, sabiendo que a ella tampoco le gustaba que estuviesen separados. Se quedaría en casa y aprovecharía el tiempo para estar con la pequeña, ordenar sus cosas, etc.

    Se despidieron en la estación como otras veces, antes de que ella, junto a su compañera de trabajo, subiese al tren. Un viaje largo en tren les volvía a separar por unos días. Al menos ella tenía el consuelo de visitar Barcelona, una ciudad agradable, con buen tiempo, que le permitía alargar un poco el verano. La acompañaba una compañera de trabajo con la que nunca había viajado, pero con la que sintonizaba por lo que los días serían más llevaderos. Eran cuatro días en total, teniendo que asistir durante dos días al curso. El horario no les dejaba mucho margen para el turismo, así que no organizaron ninguna actividad especial, simplemente darían alguna vuelta, visitarían algún monumento, etc.

    Ella esperaba que como otras veces él le hubiese preparado un relato erótico, picante, incluso algo pornográfico. Había repasado el equipaje al salir y no encontró ningún relato por lo que pensó, que como otras veces, que él se lo enviaría al hotel. De hecho, días atrás le había preguntado cual iba a ser el hotel donde se iban a alojar. Ella le dio el nombre del hotel, lo único que conocía.

    El viaje fue ameno, siempre es agradable viajar con compañía cuando se pasan varias horas en el tren. El hotel, tal y como habían pedido a la empresa, se encontraba fuera del centro de Barcelona, pero próximo al lugar en el que se iba a impartir el curso. Afortunadamente habían reservado una habitación para cada una, lo que también resulta cómodo cuando se pasan 24 horas junto a los compañeros de trabajo. Al menos, al retirarse cada uno a su habitación se dispone de mayor tranquilidad e intimidad.

    El curso fue intensivo, aunque no acababa a una hora muy tardía. Dieron una vuelta por la ciudad, mientras ella pensaba que al volver encontraría en su equipaje o en la recepción del hotel alguna sorpresa en forma de relato. Subió a su habitación tras acabar de cenar, aunque antes de subir preguntó en recepción a la chica, una simpática rusa rubia y de ojos azules si había algún recado para ella. La negativa de esta la decepcionó un poco, por lo que pensó que entre su equipaje habría algo que ella no había visto. Una vez en la habitación, pudo comprobar una vez más su equipaje. Nada. Pensó que aquella vez no le habría dado tiempo a preparar nada. Se resignó y le llamó para contarle que tal les había ido el día, con total normalidad, sin sacar el tema. Él tampoco lo mencionó, por lo que pensó que efectivamente, esta vez no habría sorpresa.

    El segundo y último día del curso comenzó de forma muy diferente. Al despertar vio un mensaje en el móvil: “dile a tu compañera que a la tarde has quedado con una amiga, tienes que hacerme un recado”. El mensaje la dejó desconcertada, pero al mismo tiempo dentro de ella se encendió la mezcla de sorpresa y curiosidad. Después de todo, parecía que iba a haber sorpresa.

    El curso se le hizo un poco más largo esta vez, esperando a que acabase, miraba constantemente el móvil. Avisó a su compañera que había quedado con una amiga y que no podía ir con ella esa tarde. Casi al final del curso recibió otro mensaje. “tienes un paquete esperándote a tu nombre en la tienda Vermiculita, calle Anglosfera 25. Date prisa, cierran a las 7:30”.

    En cuanto acabó el curso cogió un taxi y le dio la dirección al taxista. Al llegar pudo comprobar que se trataba de un sex-shop, pero lejos de ser un sórdido local, parecía más un pub a la moda. Echó un vistazo al entrar pero directamente se dirigió al mostrador.

    ―Hola, creo que tenéis un paquete para mí.

    ―Su carnet, por favor.

    ―Ah sí, claro.

    La chica del mostrador sacó una caja y una bolsa que puso sobre el mostrador.

    ―Esto es.

    ―Gracias, ¿cuánto es?

    ―Nada, ya lo pagó el señor.

    Asintió al tiempo que la chica le lanzaba una sonrisa y le daba las gracias.

    Volvió a llamar a un taxi, y cargada con el paquete y la bolsa volvió al hotel. Mientras circulaban por la ciudad estuvo tentado de llamarle, pero pensó que si había un guion establecido que ella desconocía, sería mejor seguir el juego. Al fin y al cabo, a ella siempre le gustaban las sorpresas.

    Al llegar al hotel sonrió a la recepcionista y esta la detuvo.

    ―Señorita, tengo un mensaje para usted- le dijo, mientras le alargaba una nota con la misma sonrisa del día anterior.

    “Cuando lo recojas, me mandas un mensaje. No lo habrás hasta que te lo diga yo por teléfono”. Subió a la habitación pensando en que su impaciencia no la iba a dejar aguantar sin abrirlo hasta entonces. Cuando iba a abrirlo, sonó el móvil, era su compañera preguntando si iba a cenar en el hotel o con la amiga con la que había quedado. Le dijo que bajaría enseguida. Le envió un mensaje a él confirmándole que había recogido el paquete, “Después de cenar subes a la habitación y lo abres. Mándame un mensaje cuando abras todo” fue la respuesta que le envió.

    Durante la cena no pudo dejar de pensar en el paquete. Era evidente que no era un relato, una caja y una bolsa dan para guardar algo más que unos papeles. Supuso que sería algo picante, viniendo de donde provenía … En cuanto acabó el postre le comentó a su amiga que iba a subir a la habitación, debido al cansancio y que aprovecharía para llamar a casa.

    En cuanto entró en la habitación, se dirigió a donde tenía guardados el paquete y la bolsa. Los puso encima de la cama y comenzó por el paquete. Al abrirlo pudo comprobar que contenía una caja de zapatos y otro paquete más pequeño. Los zapatos, negros, tenían un tacón afilado, bastante mayor de los que solía utilizar ella habitualmente. Eran incluso más altos que los zapatos que usaba en bodas y otros festejos. Mientras se preguntaba si serían los mayores que había tenido nunca, se los probó. Aquellos zapatos, pese a la apariencia que tenían le parecieron muy cómodos, se ajustaban perfectamente a su pie.

    Una vez probados, dirigió sus manos y mirada al paquete que acompañaba a la caja. De él sacó un vestido, también negro, de un tejido suave, muy liviano y elástico. Se puso de pie y sin quitarse los zapatos, encaminó sus pasos hacia un espejo grande que tenía en la habitación, poniendo el vestido delante, para hacerse una idea de cómo le quedaría. Por lo que pudo ver, éste era un vestido de una pieza, corto, que llegaría por encima de la mitad de su muslo. Dudó si le cubriría su culo por completo por detrás y sus pechos por delante, ya que la parte superior tenía unos tirantes anchos, dejando el escote en forma de U recta.

    Después de mirar durante un rato aquel vestido, se acordó de la bolsa, por lo que volvió a la cama. Lo abrió y de él extrajo lo que parecían ser unas medias, un tanga y un liguero, cada uno envuelto en su paquetito. Todo, al igual que el vestido y los zapatos de color negro. El tanga y el liguero no tenían nada en especial en apariencia, y según comprobó en la etiqueta, eran de su talla. Las medias eran de nylon negro, rematados con una banda negra, ancha y lisa, sin adornos.

    Colocó todas las cosas sobre la cama y echó un último vistazo mientras escribía un mensaje. “Ummm, que regalitos más bonitos”.

    La respuesta, no tardó en llegar… “pruébatelo todo y sácate unas fotos con cada prenda que te vaya diciendo…”. Seguidamente llegó otro mensaje. “El liguero”. Ella sonrió y se desnudó, poniéndose el liguero se sacó una foto de forma que se pudiesen ver los tirantes del mismo en su muslo.

    “Muy bien, buena chica. Ahora las medias”. Se sentó y sacó cada una de las medias, poniéndoselas sin esfuerzo, suavemente, repasando cada una para evitar pliegues y carreras. La foto esta vez era de un tirante ya atado a la medias…

    “Eso es, ahora las bragas”. Se volvió a poner de pie y se puso las bragas, que de esta manera quedaban por encima del conjunto de las medias y el liguero. Para sacar la tercera foto eligió una visión de su culo, que sabía que a él le encantaría, donde se veía que las bragas estaban por encima de los tirantes.

    “Correcto, ahora, el vestido, y por último, los zapatos”. Aunque le costó un poco, se puso el vestido, comprobando que era extremadamente ajustado. Pensó que era de aquellos en los que se verían todas las líneas y curvas de la figura de una mujer, por lo que se esmeró en sacarle el mayor partido. El resultado la dejó satisfecha, aunque le siguió sorprendiendo la poca longitud de su pierna que quedaba cubierta, ya que el vestido llegaba unos pocos centímetros más abajo que sus nalgas. Para finalizar, se puso los zapatos. Se recreó durante un tiempo frente al espejo, adivinando cual sería la mejor forma de captar la foto. Eligió hacerlo de costado, asegurándose que en la imagen del espejo en la que se veía reflejada saliese todo su cuerpo. Probó varias instantáneas hasta que eligió la que más le convencía. Una vez se hubo decidido, la envió.

    Esta vez la respuesta tardaba en llegar. Pensó que tal vez había hecho algo mal, por lo que volvió a mirarse en el espejo. De repente, sonó el tono de llamada, era él.

    ―Hola, pensaba que me ibas a escribir.

    ―Bueno, después de ver la foto, que menos que llamarte, ¿no?

    ―Jejeje, ¿te ha gustado? ¿Queda como te lo habías imaginado?

    ―Sí, bueno, te queda incluso mejor de todo lo que me había imaginado. Me ha gustado mucho. ¿Y a ti?

    ―Claro, sí… menuda sorpresa… Me había hecho a la idea que igual me habías metido algún relato, pero esta sorpresa me ha encantado.

    ―Ya me lo imaginaba, me ha encantado a mí comprarlo y ver cómo te ha quedado. De todas maneras, quiero ver otro ángulo para recrearme, ¿puedes tumbarte en la cama, boca arriba y con las piernas en alto, y sacas una foto desde tu punto de vista hacia los zapatos?

    ―Claro querido, ahora mismo. Ciao

    ―Gracias, ciao…

    Colgó y se fue hasta la cama. Con cuidado de no estropear el vestido se tumbó boca arriba, como él le había dicho, tratando de estirar las piernas hasta que sus tobillos se cruzasen en lo alto. Aunque era una postura algo forzada, consiguió sacar un par de fotos. Eligió la última y la envió.

    Al instante, sonó el timbre de su habitación. Del susto, se incorporó y se puso de pie. De pronto se veía a sí misma como fuera de lugar, teniendo que abrir la puerta vestida de ese modo. Seguro que era su compañera, con alguna historia… Menuda rabia, en ese preciso momento tenía que venir… “Bueno, calma” se repitió a si misma mientras avanzaba hacia la puerta. Volvió a sonar el timbre, a lo que ella respondió con un “ya voy”. Puso el pie cerca de la puerta y lo abrió lentamente, dejando sólo la puerta abierta un palmo, lo justo para asomar la cabeza y no dejarse ver demasiado.

    Lo que vio en la puerta le dio un vuelco al corazón. Frente a su puerta, de pie, con las manos en los bolsillos del pantalón, vestido de traje, estaba él. No se lo podía creer. Él. El mismo que imaginaba al otro lado del teléfono a 500 kilómetros de distancia estaba allí, a dos palmos de ella. Del susto se le quedó la cara desencajada. Eso sí que no se lo esperaba.

    ―Pero… cómo… qué… o sea… – no podía articular palabra.

    ―Esta vez no hay relato, espero que no estás defraudada-le dijo. Mientras empujaba la puerta abriéndola al tiempo que entraba en la habitación.

    Antes de que ella pudiese articular palabra, él posó sus manos en sus mejillas, mientras que sus labios buscaban los de ella, con la intención de desdibujar su estupefacta sonrisa con un largo beso, intenso y cálido.

    Ella dio dos pasos atrás para evitar caerse y antes de que se separasen sus labios, devolvió el beso con renovado impulso. Ahora sus manos eran las que buscaban las mejillas de él. Se volvieron a mirar a los ojos, a corta distancia, durante breves segundos, antes de reanudar el diálogo mudo de sus labios, unos junto a los otros.

    Ahora además de sus labios él buscaba el contacto con su lengua, al tiempo que sus manos bajaban a los hombros y de ahí, mientras se separaba un poco para seguir mirándola a los ojos, ir bajándolos a lo largo del vestido. Al llegar a su cintura rodeó su culo con sus manos, agarrándolo con fuerza. Ella respondió con su boca, sus labios, apretándolos con más fuerza a los de él.

    Con un movimiento brusco, él la llevo a la pared, apoyando la espalda de ella y tomando sus brazos por los antebrazos agarró sus muñecas. Con ambas manos levanto sus brazos y pasó a agarrar sus muñecas con su mano izquierda, las apretó contra la pared. Ahora, su mano derecha, libre, recorrió sus pechos, pellizcando y acariciando los duros pezones. Estos se endurecieron aún más mientras ella comenzó a gemir. Siguió bajando su mano hasta que pasó por debajo del vestido, llegando a meter su mano por debajo de este. Notó sus bragas, su caliente entrepierna, por lo que trató con sus dedos acariciar suave pero firmemente su vulva. Los gemidos se hicieron mayores, y la sensación de humedad se apoderó de sus dedos. Volvió a atacar su boca, sus labios y con la mano derecha recorrió sus otros labios. Durante un par de minutos no se movieron de esta postura, hasta que el sus cuerpos les pidieron cambiar de ubicación.

    Él se separó y con la mirada invitó a ella a ir hacia la cama, lo que ella hizo paso a paso, lentamente, quedando ambos junto a la cama. Ella aprovechó para quitarle la chaqueta y comenzó a desabrochar su camisa, mientras él seguía recorriendo su cuerpo con sus manos, modelado por el vestido, parando en sus pezones, en su culo y en cada uno de los rincones de su cuerpo.

    Ella se sentía muy excitada y quería proporcionarle a él la misma sensación con lo que se puso de rodillas frente a él. Él la tomó de su barbilla, dirigiendo su mirada a la de él. Con las manos comenzó a desabrochar los pantalones, llegando al bulto que sobresalía de sus calzoncillos. Introdujo sus dedos por debajo de la goma de su cintura y se los bajó. La polla se irguió en cuanto se vio libre de ataduras y ella no tardó en tomarlo con sus finos dedos. Tras echarle otra mirada abrió la boca, y dio un lametazo a lo largo de la dura y caliente polla. Al llegar al capullo abrió la boca todo lo que pudo y bajando la mirada la engulló por completo, lentamente. El calor de su boca hizo aumentar aún más la erección, llegando al máximo estado de excitación. Recorrió su polla en suaves y continuos movimientos, no dejándole tocar su cabeza, con lo que él pudo terminar de quitarse la camisa. Después de un par de minutos ella seguía mamándola la polla con lo que decidió invitarla a parar, temiendo llegar demasiado pronto al orgasmo.

    Ella lo entendió y dejó su polla, mientras se ponía de pie, quedando el uno frente al otro, Se fundieron en otro efusivo beso, donde él puedo notar el sabor de la reciente mamada en su boca. Con un pequeño gesto, le hizo tendiese en la cama, boca arriba. Él se puso frente a ella, y agarró con cada mano sus tobillos, alzando y estirando sus piernas. La visión de ella, enfundad en su vestido, tumbada, con las piernas abiertas era toda un invitación. Se inclinó sobre ella y subió el vestido hasta la cintura, dejando a la vista las bragas que con dos dedos de cada mano retiró lentamente. Después hizo lo propio con los zapatos, tras lo que dejó las piernas apoyando los tobillos sobre sus hombros. Con sus manos recorrió sus piernas acariciándolas a lo largo de las medias, recreándose con la situación.

    Se volvió a inclinar sobre ella, pero esta vez sus rodillas eran las que quedaron apoyadas en sus hombros. La vulva quedó frente a sus ojos, con lo que tras una fugaz mirada a los ojos de ella, hundió su cara entre aquellos muslos. Besó suavemente su vulva, bajando después más su cabeza y ahora con la lengua recorrió sus labios de abajo arriba, despacio, una y otra vez, notando sus fluidos, cada vez más abundantes. Llegó a su clítoris, duro y húmedo, acariciándolo con toda la delicadeza que pudo. Mientras jugaba con él, introdujo un dedo en su vagina, con toda la facilidad y lubricación. Repitió los movimientos una y otra vez. Cuando los gemidos de ella arreciaron, introdujo otro dedo en su vagina. Con ambos dedos buscó los recovecos de su interior, palpando cada centímetro, tratando de adivinar dónde estaba el punto mágico que la volvía loca. Lo encontró, ya que los gemidos de ella eran cada vez más fuertes y los fluidos más abundantes. Aumentó la frecuencia de sus lametones en el clítoris, manteniendo la suavidad. En poco tiempo ella comenzó a contornearse, a arquear su cuerpo, abriendo la boca. Mantuvo estos movimientos, acelerándolos, mientras ella comenzaba a dar pequeños temblores. De reojo observaba como ella misma se estaba pellizcando los pezones, por encima del vestido… En breves instantes, todo su cuerpo comenzó a temblar, haciéndose los gemidos un pequeño grito, entrando en un fuerte y profundo orgasmo.

    Se apartó de sus muslos, que ella rápidamente recogió, alargando e intensificando el orgasmo. Aprovechó esos instantes para buscar un condón en la chaqueta que se puso con facilidad debido a que mantenía aún una notable erección. Volvió a tomar sus tobillos y los apoyó en los hombros nuevamente, inclinándose sobre ella. Al tiempo que ella abría los ojos, hundió su polla en la temblorosa vagina. Lentamente, siguió penetrándola con suavidad, hasta quedar totalmente dentro de ella. En ese momento, acercó sus labios a los de ella. En esa postura repitió suavemente la operación, sacando casi totalmente su polla de su interior y volviéndolo a meter. Pudo notar como aún ella sentía temblores de su orgasmo y el punto de lubricación ideal para que entrase y saliese sin dificultad. Se irguió hacia atrás, tomando con sus manos los tobillos nuevamente y mirándola a los ojos aumentó la fuerza y frecuencia de sus embestidas. Repitió el proceso en incontables ocasiones, aumentando la velocidad conforme crecía su disfrute. Cerca del orgasmo juntó los tobillos de ella y rodeó con sus brazos sus piernas, abrazándose a ellas mientras que mediante unas fuertes embestidas terminó en un orgasmo que le hizo gemir y gritar a él también.