Autor: admin

  • La primera vez que me la chupa una chica TV

    La primera vez que me la chupa una chica TV

    Soy taxista, normalmente trabajo por la zona centro y alrededores de México.

    Tengo 11 años de casado, 3 hijos y aparte de un trabajo con salario mínimo; trabajo en mi taxi los días de descanso y jamás había pensado en estar con alguien que no fuera mujer.

    Esto sucedió cuando circulaba por los alrededores de la capital.

    Un muchacho joven, vestido de mujer me hizo la parada. Por lo regular no discrimino a la clientela; total. Dinero es dinero.

    Él o ella iba vestido con minifalda rosa, un tipo abrigo blanco, botas blancas.

    Debo de confesar que a simple vista era toda una mujer.

    Solo lo delataban dos cosas.

    Parte de la cara y su típica voz fingida.

    Me pidió llevarla al otro extremo de la ciudad.

    Al dejarlo en su destino me pidió que no le hiciera daño, porque no traía para pagar y que me ofrecía como pago un pequeño servicio.

    Me moleste bastante, la verdad casi le rompo su madre.

    Pero me siguió insistiendo que me iba a gustar y que no me arrepentiría.

    La verdad me entro curiosidad; pues como dije, a simple vista era toda una mujer.

    La verdad guapa hasta eso.

    Para no hacer largo esto. Le advertí que si no me gustaba lo bajaba a patadas del taxi.

    Solo me dijo «Déjate llevar, te gustara»

    Recline el asiento en modo de que quedara acostado.

    El comenzó a acariciarme el miembro, haciendo círculos sobre mi pantalón, haciendo que mi asunto se pusiera duro.

    Al tener el máximo de mi erección, me bajo el cierre, sacando mi verga llena de venas.

    Casi pegue un grito, cuando siento su lengua lamer toda mi verga.

    Lo hacía con mucho cuidado, pero a la vez jugaba con mis huevos, dando pequeñas mamadas.

    No podía creer lo que me deje hacer por un travesti; aunque la verdad me estaba calentando al por mayor.

    Poco a poco fue metiéndose mi verga en la boca, dándole caricias con su lengua.

    Ahora se la metió hasta el fondo y así una y otra vez.

    De lo caliente que me puso le agarre las nalgas, acariciaba sus piernas como si realmente fuera una mujer.

    Obviamente este chico vestido de mujer era un prostituto o prostituta, porque esa mamadas que me daba, la neta y de cabrones ni mi vieja, ni mi segundo frente (amante) me las daban así.

    Así estuvo más de 20 minutos, comiéndome la verga a chupadas, besos y lamidas.

    Pronto la tome de los cabellos para meterle todo el armaño hasta la garganta.

    Él se zafó un poco diciendo «Ya te vas a venir»

    Le dije que sí.

    Sus mamadas eran más rápidas; tanto que empecé a gemir de placer llenándole la boca de mi leche.

    Aun así siguió chupándome, hasta que mi asunto perdió la erección.

    «Ese servicio lo cobro en 150 pesos. Pero por haberme traído no te cobrare el resto»

    Le agradecí, tratando de pensar en lo que me acaban de hacer.

    Me dijo que se llamaba Felicia y que si podía ser mi clienta.

    La verdad me gustaron tanto esas mamadas de verga que me dio, que acepte y seguido pasaba por ella.

    Nunca lo penetre, pero desde ahí me gusto que un travesti me la mame.

  • De vacaciones con mi profe

    De vacaciones con mi profe

    ¿Cómo que ya me olvidaron? Yo creo que no, es más me recuerdan tanto que me mandan mensajes por Twitter para que escriba más. Les recuerdo como soy, pero solo un poquito, soy mexicana, de 25 añitos y actualmente estudio ya mi maestría en contabilidad aquí en Playa del Carmen, Quintana Roo. Soy morenita clara, cabello largo negro, tengo unos senos no muy grandes, pero si duritos coquetos en su lugar, acinturada y lo que más me gusta y me chulean son las nalgas y las piernas; modestia aparte, si tengo unas nalgas muy lindas la verdad.

    No me siento tan tan tan bonita, pero sí muy atractiva, ya que mi 1.75 de altura más unos lindos tacones pues de verdad sobresalgo a donde me paro, además de que hago ejercicio (Voleibol) y si ejercitada, marcadita y me encanta coquetear, bueno tengo un par de kilitos de más, pero dicen que me veo más sabrosita.

    Bueno ya llevábamos calentándonos por meses con llamadas y mensajes mi ex-profe y yo, y eso porque mi jefe no decidía darme vacaciones cuando no había descansado, así que un buen día le dije «el lunes sale mi vuelo y no tengo fecha de regreso quizás en 15 o 20 días, no he parado y creo son justas y necesarias» no le di oportunidad de responder solo atendió y bueno así que empecé a prepararme para mi viaje dejar todo en orden en la oficina, dejar instrucciones, llevarme todas mis pertenencias por si regreso y ya no tengo empleo etc.

    Esa última semana aunque deje todo en orden fue de mucho trabajo para mi y para mi ex profe, ambos queríamos que terminara, yo incluso trabaje el domingo para que no me estuvieran jodiendo, mi amante en turno me despedí de el con una comidita después una cogida de rutina y me fui a mi casa para prepararme para el vuelo mientras mi ex profe me seguí clavando curiosidad anticipando que me tenía una sorpresa preparada y aunque le hice video llamada y le baile desnuda para sacarle una pista una palabra no logre sacarle nada, bueno no podía quejarme ya que yo muchas veces se la había aplicado.

    Yo desperté impaciente carajo todo el día estaría pensando de qué diablos se trataba esa sorpresa y para mi suerte ese día lunes él tuvo mucho trabajo y no me pudo contestar el celular.

    Así que procedí a darme un rico baño, la depilación total era obligada quería sorprenderlo también, salí húmeda de la regadera solo me quite el exceso del agua, me puse crema rica humectante en todo mi cuerpecito, seleccione para su gusto una tanga negra casi transparente pequeñita como me gustan de esas que casi no se notan y se me meten bien en el culo, me puse un bra de eso de media copa para levantar mi chichis un poco más hacerlas ver más atractivas, yo solo rímel un poco de rubor mi boquita roja y me cepille normal el cabello.

    La maleta esta lista pero quería vestirme de forma que me viera y se fuera de espaldas así que decidí por un pantalón caqui pescador que me quedaba embarrado y se me veía un culito rico con una blusa sin mangas rosa semi transparente y mis zapatillas la cual me veía extremadamente alta y complete con un cinturón coqueto y como la blusa traía algo de escote me puse una cadenita dorada con mis aretes de medio tamaño coquetones y peinado de cola de caballo me veía linda.

    Llego por mí mi amante en turno para llevarme al aeropuerto me hizo berrinche que porque si iba a una fiesta que si iba a la CDMX que llamaría a mi casa para saber si estaba ahí y lo que único que se gano fue una respuesta de esta forma «eres temporal, ya te use, hubiera durado más pero la estas cagando, adiós…» y esa fue su triste despedida, debió quedarse callado.

    Después de un tranquilo vuelo me recibe una fría noche en la CDMX y yo bien primaveral pero no me importaba ya que vería a mi ex profe Héctor y más que nada quería saber que sorpresa me tenía, manejo por 30 minutos en el caótico tráfico de la CDMX y por fin llegamos a su casa, mi casa por los próximos días…

    Finalmente llegamos a la puerta de su departamento y me pidió que le dejara taparme los ojos con una venda con el pretexto de que formaba parte del juego, de la dichosa sorpresa…

    Le dejé hacer no muy convencida, pues a mí no soy muy fanática de la oscuridad y mucho menos el no poder ver nada… pero no quedaba más remedio que pagar ese “peaje” si quería descubrir su sorpresita.

    El me llevo hasta su recamara y ahí me dijo que me sentara en la cama apoyando la espalda en la cabecera… no veía nada y estaba impaciente porque me quitara la venda, pero aun tuve que esperar un poco más…

    Me tomo una mano y  me puso una esposa aterciopelada, en ese momento pasaron mil ideas por mi cabeza y mi cuerpo reacciono al sentir lo que estaba haciendo, luego hizo lo mismo con mi otra mano dejándome amarrada a la cabecera.

    Soy algo rarita y muy desconfiada lo reconozco, y más al no poder ver nada y no poder usar mis manos… no es el tipo de juegos que más me gustan… pero tampoco quería amargarle la fiesta y deje que siguiera con el juego…

    Afortunadamente podía oír y oler… debo de confesar que en eso si soy buena… en la recamara sonaba una música sensual y flotaba una fragancia suave y aromática que me invitaba a dejarme llevar por un dulce y sensual juego.

    Me dijo que me iba a quitar las zapatillas y el pescador que llevaba para estar más cómoda y me dejó lo demás, mi tanga negra transparente pequeñita, mi bra negro de media copa que me hacía ver muy chichona y la blusita rosa…

    Finalmente me quitó la venda de los ojos y entendí a que venían tantos preparativos tanto misterio… La recámara estaba iluminada únicamente por decenas de velas de todos los tamaños que estaban repartidas por todos lados, le daba un ambiente cálido y muy apropiado con la fragancia y la música de fondo…

    Sobre la cama donde yo estaba sentada, una sábana de color salmón satinado y una infinidad de pétalos de rosa que cubrían el pie de la cama…

    Mi Héctor llevaba una especie de bata blanca a medio muslo, amarrada por la cintura como la que llevaban los romanos y por sus movimientos adivinaba que no llevaba nada debajo. Se encontraba a los pies de la cama donde había preparado una cámara donde quería inmortalizar mis reacciones al ver todo lo que había preparado… No soy muy fanática de tomarme fotos así a menos que yo las pida pero me producía mucho morbo el verme así disfrutando a plenitud y como algunas personas me veían cuando yo disfruto de esa forma.

    Me pregunto -foquito rojo???- y yo solo asentí… se acercó al borde de la cama para sentarse a mi lado… en sus manos llevaba unas tijeras y su sonrisa traviesa le delataba que iba ser un niño muy muy malo…

    Colocó las tijeras sobre mi muslo y me pidió que me abriera de piernas… yo lo miraba con cara de estar preguntándole que se proponía hacer, pero él me aseguraba de que me iba a gustar… así que seguí con sus indicaciones algo nerviosa por sentirme amarrada a su antojo…

    Sentada y con las piernas abiertas el volvió a coger las tijeras y las paseo como una caricia sobre mi tanguita… antes de que hiciera un ligero corte sobre ella… de nada sirvieron mis protestas (era una de mis tangas favoritas), pues estaba claro que no tenía intención de que el juego terminara en ese punto…

    Muy despacito fue recortando mi de por si reducida y pequeña tanga hasta dibujar un triángulo que dejaba todo mi sexo expuesto a la camarita continuo recortando poco a poco toda mi ropa que finalmente quedo hecha trizas y yo casi desnuda…

    Entonces me pidió que lo dejara ponerme de nuevo la venda en los ojos… yo accedí impaciente por saber lo que me tenía preparado yo ya quería más y más, algo dentro de mi pedía más a gritos…

    Sentí un roce muy suave en los pies que ascendía por mis piernas, un roce de una pluma con la que fue acariciando cada centímetro de mi cuerpo, mis piernas, mis muslos… siguió subiendo hasta acariciar mis tetas y entreteniéndose en juguetear con mis pezones, que sentía como iban reaccionando ante la delicadeza de sus movimientos y la suavidad de la pluma…

    Yo me dejaba llevar por la música, por los olores y por supuesto por esas maravillosas caricias… no hubiera hecho falta taparme los ojos nuevamente, pues hubiera cerrado los ojos como si se tratara de un sueño que me llevara a sentir esa suave pluma entre mis piernas provocándome un rico cosquilleo entre mis labios…

    Mis manos amarradas y eso me molestaba pues hubiera deseado comprobar si él también se encontraba excitado, saber si bajo esa bata ya está su animal deseando por probar mis mieles, que me dejara agarrar con mis manos su pitote para sentírsela dura y caliente entre mis dedos…

    La pluma dejo de acariciarme por unos instantes para ser sustituida por un pañuelo de seda que fue recorriendo el mismo camino y provocando que mi cuerpo se estremeciera de deseo…

    Sus labios besaron los míos y fueron descendiendo por el cuello con un dulce hormigueo para seguir su camino y deleitarse con mis tetas antes de saborear lenta y dulcemente cada uno de mis pezones…

    Siguió descendiendo suavemente hasta colarse entre mis piernas y besarme la parte interna de mis muslos. Con la punta de la lengua recorrió el breve espacio que restaba hasta lograr rozar mi panochita y besarla con sus labios.

    A estas alturas yo ya era una gatita en celo, movía ligeramente mis caderas en una clara señal de lo que estaba deseando…

    El siguió besándome un poco más fuerte antes de usar su lengua para separar los labios de mi panochita y pasarle la lengua de arriba a abajo…

    Suavemente separó un poco mis piernas con sus manos sin dejar de pasear su lengua por mi rajita antes de colarla nuevamente como si me estuviera penetrando con ella…

    Mi cuerpo se estremeció y mis gemidos se repetían en una clara señal de lo mucho que estaba disfrutando… su lengua se movía cada vez con mayor rapidez y mis caderas seguían su ritmo como si estuviera haciendo el amor… hasta que sentí como crecía un profundo orgasmo en mi interior dejándome llevar por una ola de placer que recorrió y estremeció todo mi cuerpo… aaahhh mi primer orgasmo eléctrico profundo rico delicioso yo chorreaba y estaba toda lubricada mojada pero quería más y más y él sabía que era momento de hacerlo, tenía todo en sus manos; su hembra amarrada, toda lubricada, el denudo y erecto y mi panochita y culito a placer…

    Esta es la imagen: yo amarrada, no mi lencería en trozos, desnuda, orgasmeada, superlubricada, caliente y deseosa como gatita en celo, que más podía faltar… Escucho como se desliza la cinta de su bata, levanto una pierna y con mi pie siento su torso desnudo, bajo con mi pie imaginándome lo que haría con mi mano y llego a su animal, ahí estaba con una inmensa erección y alcanzo a sentir la gotita en la punta de su pene de que ya me quería, así que levante ambas piernas las estire hacia arriba y las abrí de par en par, levante mi cadera y empecé a realizar círculos esperando su primer penetración de cualquier forma incluso una salvaje y profunda… de pronto siento esa gotita en mis labios, tenía ese animal frente a mi así que como pude se lo empecé a mamar, movimientos tontos o desarticulados ya que yo estaba amarrada, pero el solo quería que se la chupara para terminar de tener una erección completa, ahí tenía yo ese pedazo de carne grande venudo en mi boca, sentía como entraba y salía lentamente y yo chupaba cada centímetro que podía, me lo quita de la boca se inca frente a mí me sujeta de las piernas y me jala hacia él, con sus dedos recorre mi panochita para seguir mojándome aunque yo ya estaba inundada pero el seguía con esos movimiento pasando por toda mi panocha desde mi clítoris y cada vez bajando más y más hasta llegar a mi culito, mi anito estaba empapado y ligeramente dilatado a lo que el sintió con sus dedos y mi excitación era más que obvia, así que me sujeta por la cadera, pone su pitote en la entra de mi vagina y la pasa de arriba a abajo yo para eso seguía temblando más y más de la excitación y era una fuente de lubricante y con su mismo animal que me recorría de arriba abajo se queda en mi culo…

    Amarrada, excitada y culo dilatado pues ni tardo ni perezoso me movió mas la cadera y planto la punta de su palo en mi colita, primero lo tomo con su mano y empezó a empujar, yo estaba abierta de piernas con la cadera dándole Angulo para tener esa penetración, mi culito empezó a ceder a ese animal que me estaba entrando poco a poco, yo gemía cual putita en celo, el placer era inmenso yo solo le decía le pedía que ya me la metiera toda y así fue, cada penetración era un centímetro a dentro cada vez más y más y con su dedo gordo de su mano jugaba con mi clítoris yo era una bomba de orgasmos en esos momentos era un placer catastrófico lo que yo sentía en ese momento, me toma por la cadera mientras con la otra mano me toma de mis piernas levantándome ligeramente dándose mas acceso a mi culo y seguía bombeando como si quisiera rompérmelo.

    Solo escuchaba como rebotaban sus huevos en mi culo cuando con un movimiento me libera de una mano luego la otra y termina quitándome la venda, ahí está el abrazando mis piernas y sujetando mi cadera mientras me penetraba el culo, mi ano era una bomba de placer, le dije termina en mi porque ya quiero terminar y creo ya es justo que te salgas de ahí, así que ni tardo ni perezoso me todo con más fuerza y me empezó a penetrar más y más fuerte y me empezó a recorrer esa onda eléctrica provocando espasmos en mí y creo eso lo excito a él ya que empezó a convulsionarse dentro de mi hasta que casi al mismo momento empecé a orgasmearme y sentí sus primeros chorros dentro de mi culo en ese momento me abrí de piernas lo sujete con más mismas pidiéndole no se saliera hasta que perdiera su erección… ahhhh mientras eso pasaba mi cuerpo se seguía retorciendo de placer de lujuria de satisfacción, cuando por fin se sale de mí y se recuesta yo me quedo ahí recostada con las piernas ligeramente flexionadas y dobladas, sentía como me escurría toda su leche saliéndome del culo…

    Minutos después reímos cuando le dije que no era necesario destruir mis calzones y bra jajajaja bueno ya tiene una deuda conmigo que sé que pagare con cuerpo estos días que estaré con el…

    Esperare sus comentarios y estas vacaciones entre Héctor y Armandito a ver si no me dejaron preñada jejeje.

  • Bere, la mesera

    Bere, la mesera

    Bueno todo empezó un sábado que acudí al bar a ver un juego de futbol, como el lugar estaba casi vacío las meseras se sentaron en nuestra mesa y había una que siempre me ha gustado todos le dicen ‘Bere’, pues está súper chechona y la verdad me gusta su forma tan aventada de ser.

    Yo ya tenía tiempo tratándola, pero no se me había dado la oportunidad de tener algo más, a lo máximo que había llegado fue a un fajé, la relación era muy buena, ¡yo ya con el permiso de mi esposa de coger con quien quisiera decidí ya llevarla a mi cama!

    ¡Entre ella y yo apostamos que si su equipo ganaba me la iba a llevar un fin de semana a Cuernavaca y si el mío ganaba ella me regalaría su rico cuerpo al fin!

    El partido fue emocionante su equipo ganaba 3-0 y yo estaba resignado en que me la llevaría a Cuernavaca sin probarle nada, pero en el segundo tiempo paso el maravilloso milagro, mi equipo dio la vuelta y gano 4-3, yo estaba feliz, aunque pensaba que ella no cumpliría, ya que un poco molesta se fue a su vestidor, resignado a seguir deseándola solamente, seguí tomando unas copas.

    Ella más relajada se sentó conmigo y empezamos a beber y platicar, ya que su turno había y como ya teníamos bebidas de más, ella se lanzó a mí, comenzó a besarme de una manera tan rica que de verdad me excito, me miro y me dijo

    B: Deja hablo a casa y nos vamos.

    L: ¡Ok nena te espero!

    Después de unos 5 minutos salió de la oficina ya sin su uniforme me dio la mano y nos salimos, nos metimos en el motel que estaba ahí cerca.

    Ella comenzó con un rico baile striptease, mientras yo la grababa con mi cel., me quite la ropa mientras ella se deslizaba por la cama rumbo a mi verga, la cual comenzó a chupar y jalar de una manera sabrosísima, era una experta en mamar, lamia, ¡chupaba y mordía tan rico que mi verga cada vez se ponía más dura!

    L: ¡Uf, Bere, que rico lo haces!

    B: Que rica sorpresa, grande u dura, ¡como me gustan!

    ¡Con sus grandes tetas, me dio una rusa maravillosa, sus enormes y duros pechos masturbaban tan suave que después de varios minutos me vine en su cara, ella sonrió y se comió mis mecos!

    B: uf papi, te viniste mucho, ¿ya estabas excitadísimo vedad?

    L: ¡Es que no sabes cómo me encantas!

    B: ¡Jajá, ahora te quiero sentir en mí, deja te ayudo más!

    Después siguió chupando mientras yo también le hacía un oral, nos metimos en un buen 69, su rica concha depilada sabia a gloria, mi lengua entraba y salía con desesperación, también le daba lamidas a su ano, ¡ella seguía devorando mi verga tan rica que la puso dura nuevamente!

    L: ¡Nena, sabes deliciosa!

    B: ¡Tú también guapo, me encanta tu verga!

    L: Y pensar que gracias al futbol estas ahora conmigo!

    B: ¡Eso era solo un pretexto, yo ya quería estar contigo!

    Ya con mi verga erecta de nuevo, la subí de misionero y comenzó a cabalgar, la nena se movía como licuadora, yo mordía sus tetas, me atragantaba con sus pezones y me deleitaba acariciando sus piernas, ¡mientras tanto ella se daba sentones y movía sus caderas más y más fuerte y rico!

    B: Ah papi, dios mío, ¡que rico!

    L: Si, ¡muévete más rápido bebe!

    Cambiamos de posición y pasamos a patitas al hombro, me encanta ponerlas en esa posición, me encanta ver su cara de satisfacción al penetrarlas y Bere lo estaba pasando magnifico, ¡mi verga entraba por completo mientras le mordía las tetas y sus pies!

    B: ¡Ah, dios, ah, así, que rico coges!

    L: ¡Tú también eres maravillosas, que rico coges!

    B: ¡Uf, que verga, me matas, me matas!

    La puse de perrito, ella se empino majestuosamente mostrando como escurrían fluidos de su rica vagina, yo puse mi verga en su clítoris y tomándola de la nalga, le daba masajes con mi cabecita.

    B: ¡Ay, así papi, que rico!

    L: ¿La quieres dentro?

    B: ¡Si bebe, dámela toda, todita la quiero!

    La penetre despacio, quería sentir a esa hembra vibrar, le apretaba sus tetas y se la iba empujando poco a poco, ella también se movía, sus 1.55 de estatura me daban ser dominante ya que yo mido 1.80 y eso me ayudaba a domarla.

    Me movía fuerte, empecé a grabar como le daba en cuatro, sus gemidos y lo que me decía me ponía a mil, ¡le daba de nalgadas y le grababa la cara para que en el video saliera como gozaba la muy zorra!

    L: ¿Te gusta mi verga?

    B: ¡No me grabes, dios!

    L: ¡Te hice una pregunta!

    B: Me gusta mucho, ¡esta riquísima!

    L: ¡Dilo otra vez!

    B: ¡Me gusta mucho tu rica verga, dámela, la quiero sentir toda!

    La seguí penetrando fuerte que se desplomo en la cama quedando en boca abajo, yo me encime en ella y movía mi pelvis mientras su oreja y cuello, eran mi comida, apoyándome de la luna, la metía con todo, sus gemidos eran fuertes, ¡decía que la lastimaba y eso solo me hacía cogerla más y más fuerte!

    L: ¡Que ricas nalgas, uf, toma, toma!

    B: ¡Ah, me lastimas, uf, agh!

    L: Aguántala nena, ¡sé que lo puedes hacer!

    B: ¡Me tienes loca, cógeme, cógeme, no pares!

    Ella comenzó a venirse muy rico, su venida mojaba toda la cama y sus gritos seguramente se escuchaban hasta afuera de la habitación, yo seguí con el mete y saca, la nalgueaba y acariciaba sus tetas, la nena se movía como lombriz, su orgasmo la hacía moverse demasiado rico, ¡eso poco a poco fue haciendo efecto en mi verga y de pronto hizo que me viniera adentro de ella!

    L: ¡Ah, nena, dios, que rico!

    B: Dámelos todos, ¡dámelos!

    L: Te gusta mi leche!

    B: ¡Esta muy caliente, me encanta!

    ¡Terminamos exhaustos y abrazándonos en la cama, obviamente si me la lleve a Cuernavaca donde todo el fin de semana no la pasamos cogiendo!

    Lo que no sabía es que ella me iba a empezar a platicar de sus amigas y enseñándome fotos de su grupo de amigas, ahí estaba Lety con ella, abrazándose como las mejores amigas, yo le pregunte que, si eran amigas, ¡ella me dijo que desde hace ya unos 4 años! Puta, me sentí raro, no me atrevía a decirle que ella era mi esposa, pero si no le decía, igual me generaba un problema.

    Al llegar a la ciudad le confesé que Lety era mi esposa, ella anonadada y molesta me dejo ahí y maldiciéndome se fue a su casa, aunque la historia entre nosotros aun no terminaba.

  • La puta de los narcos

    La puta de los narcos

    Siempre me ha gustado el sexo, pero nunca me habían obligado de esta forma. Por ese entonces tenía 18 años y estaba saliendo con Alexis, aunque todo le decíamos Ale, porque nunca le gusto su nombre. Él vivía en una población súper peligrosa, de esas que las balaceras son a plena luz del día. Por eso que en general nos veíamos en mi casa. Estaba lleno de flaites, y si bien el Ale los conocía no eran sus amigos. Él era distinto, trabajador, estudioso, honesta como toda su familia.

    Ese día yo iba a ir a almorzar y en la noche iríamos a un cumpleaños de un amigo, y nos quedaríamos en mi casa, que era algo común, porque no nos gustaba llegar de noche a su casa. Como siempre el Ale me fue a buscar al paradero. Cuando llegamos a su casa, enfrente estaban parados 3 flaites, y uno nos comienza a gritar.

    Michael (M): pero que linda putita te conseguiste. Cómo te llamas?

    Yo por reacción le respondí

    Yo: Cami

    Enojado el Ale le responde

    A: váyanse a webiar a otro lado

    Y lo único que hicieron fue levantarse la polera y mostrar la pistola que llevaba. El Ale agacho la cabeza.

    M: Si quieres estar con un hombre de verdad, aquí estoy –grito.

    Yo mire para otro lado.

    Ya adentro de su casa, Ale me dice quién era el flaite que nos gritó, era hijo de uno de los narcos del lugar, y había sido compañero de colegio de él. Pero Michael no había terminado el colegio. Los otros 2 no sabía quiénes eran. Debo confesar que quede con miedo era la primera vez que me amenazaban con armas, aunque fuera de lejos. La mamá de Ale, que vio que quede asustada me dio un vasito con agua y azúcar. Y Ale le reprochaba. Estaba enojado y frustrado por no poder hacer nada con ellos. Paso el rato, y todos no calmamos, almorzamos y descansamos. En cierto momento pensamos en quedarnos hay, pero el Ale no quería que durmiera en su casa.

    Como a las 19 h. El Ale me dice que nos fuéramos a mi casa, y ahí hacíamos un rato más de hora, todavía era de día y no quería salir de noche, nos preparamos y nos fuimos. Michael y sus amigos no estaban, así que salimos tranquilos. Habíamos caminado un par de cuadras, cuando siento que ale se detiene, miro ara ver lo que le pasa, y tenía una pistola en la cabeza, era uno de los amigos de Michael. De repente, siento algo frio en mi cuello. Era un cuchillo. En ese momento escuchamos a Michael.

    M: vo´h me debí una disculpa. Nadie me saca de aquí, yo soy el dueño de todo esto.

    Poniendo otra pistola en la cabeza del Ale.

    A: perdón. (Con rabia)

    M: no te creo nada -y le pega con la culata de la pistola, y Ale cae inconsciente.

    Y: nooo!!!… No le hagan nada

    M: verdad que esta la putita -y me agarra la boca, y me pone la pistola en la cabeza

    Y: por favor no nos hagan nada. Llévate todo no me importa.

    M: y vo´h creí que me interesa tu plata -y saca una fajo de billete del bolillo. A este parcito hay que enseñarle quien soy, llévenlos a la fábrica.

    La fábrica era una empresa que había quebrado, y estaba desocupada. Yo trate de resistir. Pero ellos me amenazaron con matarnos a ambos si continuaba. Hay nos amarraron, y esperaron que despertara el Ale.

    Yo le hablaba a Ale para que despertara, y ellos revisaban nuestras cosas. De pronto, Ale comienza a despertar y uno de ellos se da cuenta, y le avisa al Michael.

    M: así que ya despertaste

    A: déjanos ir por favor

    M: jajaja… Escucharon eso. Quiere que lo suelte -los demás se rieron- Vo´h estay aquí para que sepai quien soy.

    Con la pistola en la mano.

    M: primero. Pensé en sacarte la chucha hasta dejarte medio muerto, después pensé en darte un par de balazos, Pero el Byron vio unas fotos de ustedes en la cámara de ella, y se me ocurrió una idea que iba a ser la putita de tu polola la que pague -y me sacude la cabeza.

    A: no, por favor.

    M: viste, hay está de nuevo. Vo´h!!! Creí que teni opción. Aquí se hace lo que yo quiero.

    Y: no, por favor. Te juro que no te molestamos nunca más. Ya aprendimos.

    M: mira maraca culia. Vay a saber lo que se siente estar con un hombre de verdad. No como este weon penca. Vengan para acá, este es el Byron y este otro es el Christopher. Estos weones son como mis hermanos. Byron suelta a esta maraca.

    El Byron me suelta, y yo intento escapar, pero Christopher me alcanza.

    M: mira maraca culia. Si no nos entretenemos contigo, nos vamos a entretener con el Ale, y después con su familia. Entendiste?

    Yo asentí con la cabeza.

    M: Ahora arrodíllate. Arrodíllate mierda!!!

    Yo me arrodille enfrente de él y del ale.

    Y: perdón

    A: no por favor

    M: ya sabes que hacer -él se saca la polera, y yo se desabrocha su shorts y saque su verga, comencé chupársela, el ale lloraba.

    M: con más ganas maraquita, mira que si me aburro le mando 3 balazos a tu pololo.

    Y empecé a hacerlo con ganas, le agarre la verga, y comencé a mamarle los testículos, luego fui subiendo por su pene con mi lengua, hasta llegar a la cabeza y me la trague entera.

    M: oooh… que rico. Tu maraca sabe. Con razón la cuidas tanto. Byron, Christopher vengan. Ellos me rodean y yo les saco sus penes y comencé a mamárselas y masturbarlos.

    M: esta maraca comienza a aprender

    B: jajajaja… lo hace bien

    M: Estos son machos de verdad

    Estuve así unos minutos, el Ale entre llanto le pedían que pararan.

    M: este weon me tiene chato. Christopher va y le pega otra vez.

    C: ya escuchaste .si no te quedas callado. Te callamos a la fuerza

    Y: no!!!… No no le hagan nada -Michael me agarra el pelo.

    M: cállate y sigue.

    Yo seguí por uso minutos más. Hasta que el Michael me agarra el peo y me levanta.

    M: lo hiciste muy bien -mete su mano en mi falda hasta llegar a mi vagina. Yo solté un pequeño gemido -ahora vas a sentir una verga de verdad -me toma con fuerza y me arrastra a otra habitación. Antes de irse le a Christopher que trajera a Ale. Que no quería que se perdiera nada. En la otra habitación, que era una oficina de la empresa, tenían un colchón viejo, botellas vacías, basura, etc. Me tiran el colchón, y sientan al Ale en una silla vieja.

    M: vas a ver cómo hacemos cagar a tu polola. Y vo´h sácate la ropa.

    Y: no por favor… (Yo sabía lo que iba a pasar)

    M: eso es justo lo que quería. -me golpea en la cara, y rompe mi polera, me levanta el sostén y comienza a apretar mis senos -que ricas tetas. Ya quiero probar ese culito -y baja una de sus manos a mi falda y tira mi tanga hasta cortarla -conchita depila dice. Él se saca los shorts, y empieza pasar su pene por mi vagina. Hasta penetrarla. Yo solté un gemido de dolor y entendí que no importaba lo que hiciera ellos eran más fuertes, decidí aceptarlo y dejar que pase.

    M: que rico gime

    El me embestida y apretaba mis senos, yo gemía.

    M: escucha como hago gemir a la maraca de tu novia, Ale.

    Y la verdad que con el pasar del tiempo me empecé a acostumbrar, ya no sentía dolor. Y no quería aceptarlo pero comenzaba a disfrutarlo. Michael era mucho mejor amante que Ale, no solo porque tenía un pene bastante más grande, sino que también su técnica y duración.

    En eso el Byron dice:

    B: ya poh! Déjanos algo.

    Michael me saca su pene y me pene en cuatro, me termina por sacar la falda, y vuelve a penetrarme, me tira del pelo y yo levanto la cabeza.

    M: ya Bro… hay tení.

    Los dos se ponen enfrente, y se desnudan, comencé a mamárselos a ambos. Michael me nalgueaba, eso me hacía excitarme aún más. Me terminaron de desnudar, iba estar así el resto de la noche. Con el pasar del tiempo la excitación se fue acumulando y no pude contenerla más. No pude evitar tener un orgasmo

    M: la maraca lo disfruta… jajaja.

    Eso lo motivo más, y empezó hacerlo más duro. Gustaba aún más. Termino adentro unos minutos después, pero yo no tuve tiempo para descansar, Byron tomo rápidamente su lugar. Él tenía un pene más pequeño que el Michael, pero era más grueso, y seguía siendo más grande que el de Ale. Yo volvía gemir.

    Michael se puso a tomar cerveza y a insultar al Ale.

    M: escucha como gime la zorra de tu novia, mira como lo disfruta -y agarra la cabeza de Ale.

    Y: mmm… aah

    B: te gusta?

    Y: mmm…

    M: responde

    Y: si, me gusta… aaah… siiii!!!

    No quería aceptarlo, pero en verdad lo gozaba. Byron duro menos, y se corrió en mi espalda, Christopher me hace señas para que lo monte. Yo obedecí. La verga de Christopher era similar al de Ale, solo que era más cabezón. Yo tome su verga, la puse en la entrada de mi vagina y me deje caer.

    Y: aaaaah!!!

    El agarro mi trasero y besaba mis senos, a veces mordía mis pezones, mientras yo danzaba sobre su pene,

    M: pero que bien se mueve esta zorrita, que suerte tienes Ale.

    B: nos va a dejar secos.

    Continuamos haciéndolo, y empecé a sentir como la excitación se volvía a acumular adentro hasta ya mas no poder.

    Y: aaaah!!!… Siii… sí. Si… si… siiiii!!! Christopherrrr!!! -pero no deje de estar extremadamente excitada

    M: me calenté otra vez -Se pone atrás mío. Como esta esté culito. Vimos en las fotos que tiene un culo aguantador.

    Y: siiii…

    Christopher se acuesta, yo me pongo en 4 sobre él. Ya sabía lo que venía. Michael abre mi trasero y me penetra.

    Y: oooohu!!! -hizo vibrar todo mi cuerpo.

    Michael comienza a embestirme duro.

    B: Mira weon como le parten el culo a tu novia -Ale no dice nada solo mira lo que pasa.

    Y: ooooh!!!…siiii que rico.

    M: uuuh… como disfruta tu perra Ale. La haces gemir así -Ale negaba con la cabeza. Mira la cara de caliente, te pone esa cara -Ale seguía negando

    Yo no pude evitar un tercer orgasmo, tan intenso que me desplome sobre Christopher.

    C: y yo creí que era señorita

    M: te gusta?… Te gusta que te partamos entre 2.

    Y: siii!!!… Mme encanta.

    C: no puedo más

    Y: nooo!!!… No pares.

    Christopher saca su pene y me lo pone en la cara, y yo me lo como entero, se corre casi inmediato

    C: trágatelo… y que no se pierda nada -yo me trague sin problema.

    B: jajaja… tenía hambre la puta -todos se burlaron. Yo seguí recibiendo las embestidas de Michael.

    M: voy a llenarte el culo

    Y: siii… dámelo todo. Llénamelo.

    Michel se corre adentro, y me deja toda su leche adentro. Y cae agotado al colchón. Christopher me toma del pelo y me lleva donde el Ale.

    C: dale un beso, para que sienta el sabor de mi semen.

    Yo lo bese, el Ale pone cara de asco. Después de eso me amarraron otra vez, y se fueron al otro lado.

    Solos con el Ale no sabíamos que decir.

    A: Perdón. No quería que pasara por esto.

    Y: no tienes la culpa de nada, ellos lo hicieron.

    A: te gusto de verdad?

    Yo: No… pero no quería que nos hicieran más daño. Mentí por el bien de ambos. Por su cara él sabía que yo mentía, pero lo acepto.

    Al pasar los minutos empecé a procesar la que había pasado, tenía semen saliendo de mi conchita, mis nalgas estaban rojas y mis senos adoloridos. Comencé a llorar y Ale me trataba de tranquilizar, me sentía culpable por haber actuado como lo hice. No lograba entender cómo era posible sentir tanto placer. Además, me sentía avergonzada, yo trataba de actuar como una señorita, pero ellos sacaron mi lado de zorra, y me gustaba.

    Abra pasado un poco más de una hora, y Byron entra y me suelta.

    B: levántate. Queremos entretenernos

    Yo asentí con la cabeza. Me levante y comencé a caminar hacia la puerta, me di media vuelta para ver a Ale, el solo agacho la cabeza Byron que iba detrás mío dice al ale.

    B: solo vamos a hacer lo que ella le gusta -y me nalguea

    Cuando llegue, Michael me tira y me sienta sobre él.

    M: toma aquí tienes putita -y me pasa una botella de cerveza y una pipa

    Y: me llamo Camila

    M: y tu creí que nos importa. Igual eri puta

    Yo me puse a tomar y fumar con ellos. Mientras Michael pasaba sus manos por todo mi cuerpo, yo acariciaba su espalda y cabello.

    M: porque no nos bailas.

    Yo comencé a bailarles lo mejor y sexy posible. Ellos me daban de tomar y de fumar, aprovechaban a tocarme.

    M: a esta la trasformamos en una de nuestras putas.

    C: esta ya era puta o no? -me pregunta mientras le bailaba.

    Y: puta no, fácil si

    Ellos se rieron. Michael se levanta y me toma, y comenzamos a bailar. Yo ya estaba excitada al sentir sus vergas mientras les bailaba. El me tocaba, nalgueaba y besaba mi cuello. De repente, siento alguien atrás, era Byron, que agarra mi cadera, yo gire la cabeza y lo bese, luego bese a Michael. Y el mete sus dedos en mi vagina, yo solté un gemido.

    C: la putita ya está lista

    M: toma la cámara del weon y grábanos para que tenga un recuerdo

    Christopher comienza a sacar fotos y a grabar videos. Yo trataba de ocultar mi cara de excitación con mi pelo, pero Michael n me dejaba

    M: no te tapes, quiero que se te vea la cara de caliente.

    Yo me agache, y bajo el shorts de Michael. Su verga golpea mi cara. Me doy vuelta y hago lo mismo con Byron. Y me pongo de pie y sigo bailando.

    B: te quedo gustando mi verga

    Yo lo beso a él y a Michael, soy suya les dije.

    Byron toma su verga y comienza a pasarla por mi trasero.

    B: ya quiero probarlo

    M: ya se está mojando. – y muestra sus dedos húmedos

    B: no la hagamos esperar más.

    Me levanta una pierna, y me penetran al mismo tiempo

    Y: aaah… si

    M: lo grabaste?

    C: siii mira a la cámara.

    M: dile lo que eres.

    Y: aaah… soy una puta sucia… mmmsiii

    B: que bueno que sepas lo que eres

    M: quien es tu dueño?

    Y: mmm… no

    M: dilo mierda -y golpea mis senos

    Y: tu!… Tu eres mi dueño y yo tu perra!!!

    M: eso es…ven -me saca el pene. Y me lleva a un sillón, él se sienta y yo lo monto inmediatamente. Eso es perra. Y me abro el culo para que Byron me penetre

    B: lo quieres dilo a la cámara.

    Y: sí, quiero que me metas tu gorda verga -yo realmente estaba rendida al placer, ya no me importaba nada, y solo quería seguir hasta el final

    B: weon, graba este momento. Toma su pene y me lo mete

    Y: aaah!!!… Siii… siii -me tuve que agarrar de Michael para soportar la embestida. Christopher grababa cada penetrada. Yo no aguantaba más era demasiado placer.

    B: Te gusta?

    Y: si… si… siiiii -tuve un orgasmo. Byron toma mi cabello y yo giro mi cabeza, y nos besamos y luego bese a Michael.

    C: el weon te hace sentir así -me pregunta

    Y: mmm… no, el… no… es… nada

    M: que bueno que lo disfrutes, porque eres una de nuestras perras

    Y: siii… gracias

    B: como le gusta. Pásame la cámara -Christopher le da la cámara. Te gusta que te dé por tu culo

    Y: siii

    B: pídemelo

    Y: por favor… no te detengas. Mi culo necesita tu verga -comienza a embestirme más fuerte.

    B: que culito más tragón, te gusta que te den por el culo

    Y: sii. Me encanta. Por favor golpéame -comienza a nalguearme

    M: esta sí que es puta

    Byron grababa como me penetraba mi culo, y Michael se burlaba de Ale, Christopher me pone su verga para que se lo chupara, yo me la trague inmediatamente. Ya sabía cuál era mi lugar. Continuamos por un tiempo. Yo no daba más, la verdad es que los tres lo hacían maravilloso, y aunque no quería aceptarlo lo estaba disfrutando a más no poder.

    B: Christopher te dejo el culito -y se corre adentro, inmediatamente me penetra sin piedad

    Byron siguió grabando.

    B: dile a cámara que tan puta eres

    Y: tengo mi culito lleno de tu leche y aun quiero más aaahh

    B: dile algo más

    Y: aaaaah!!!… Sí que rico.

    B: di algo mas.-comenzó a interrogarme, con cuantos había tenido sexo, desde que edad, y había estado con mujeres, etc. Yo respondía a todas sus preguntas, estaba demasiado excitada para mentir.

    M: Ya no puedo más

    Y: por favor, lléname de tu leche

    Y se corre adentro mío.

    C: ahora eres toda mía

    Y: si soy toda tuya.

    Christopher me saca su verga y me lleva a una mesa. Me abre las piernas y vuelve a penetrarme.

    C: como te gustan que te den

    Y: dame duro

    Agarra mi cabeza me presiona sobre la mesa.

    C: grítalo para que te escuche

    Y: dame duro!!!… Rómpeme mi culo.

    C: eso es. Toma mis brazos y me los tira

    Y: si… si… mas… más duro!!!

    C: te voy a llenar el culo.

    Y: siii… llénamelo

    Y se corrió adentro unos minutos después. Llenándome mi culo.

    C: te gusto? -Yo asentí con la cabeza

    M: Byron anda a buscar a su novio, para que la vea la dejamos, y tu quédate así.

    Byron trae a Ale.

    M: Mira weon. Así queda una mina culiada por hombres de verdad -lo acercan, me abre el trasero. Mira como le dejamos el culo de abierto, mira como le cae nuestra leche. La escuchaste gemir de placer.

    A: te voy a matar

    M: que dijiste mierda. Los íbamos a dejar ir, pero como tú no aprendes. Vamos a seguir culiandonos a tu novia toda la noche. Byron muéstrale el video mientras nos recuperamos.

    Y: me puedo sentar?

    M: si, sentémonos a ver como tu novio disfruta del video que hicimos. Me senté en sus piernas, me volvió a dar cerveza, nos besábamos y acariciábamos mientras Ale veía el video de más de una hora, le caían las lágrimas.

    B: mira Michael… al weon se le paro viéndonos culiar con su novia.

    M: jajajaja… es que nunca la había escuchado gemir de verdad. Anda puta y sácale la ropa. Yo me levante y voy con Ale

    A: perdón.

    Y: no te preocupes

    Le saque la camisa y luego el pantalón.

    M: y con esa wea de verga crees que puedes satisfacer a tu puta.

    A: si tú puedes con la tuya.

    Michael se levanta enojado se para enfrente del Ale, y se baja en shorts. Mira weon esta es una verga de verdad. La hice gemir como nunca. Me agarra el pelo y me dice. –agradécele a tu noviecito, porque vas a estar aquí toda la noche. Dile cuanto te gusta

    Y: me encanta tu verga. Soy tu puta

    M: eso es… -y golpea fuertemente al Ale. Vengan cabros, y comienza a golpearlo.

    Y: no!!!… por favor. No sigan.

    M: Él se la busco.

    Y: déjalo solo les tiene celos -me acerco por atrás -Él nunca va hacer como tú, un macho -lo abrazo y comienzo a pasar mis manos por su torso desnudo, él se detiene -tú y tus amigos son mucho mejor que este weon

    M: Si… díselo

    Y: solo pensar en tu verga me emociona -meto mi mano en su shorts y le saco su pene, me pongo enfrente del Ale le tomo la cabeza -esto es un hombre de verdad, tu verga no me ha ni cosquillas, das pena, y mira -saco las vergas de Byron y Christopher -aquí hay otros 2 hombres de verdad, he tenido más orgasmos hoy, que en los 3 meses que llevo contigo.

    Ale no dice nada

    Y: por favor muéstrenle como se hace, hagan gemir. Y comienzo a chupar y a masturbarlos.

    M: mmm… puta que lo hace rico. Tu mina te salvo.

    Y: por favor Michael, hazme sentir una mujer.

    M: muy bien perrita te voy a dar en el gusto. -Me toma del cabello, y me tira contra la pared, yo lo abrazo, él me toma me toma las piernas y yo las cruzo en su cintura. En ese momento me penetra.

    Y: aaaah… sii

    M: te gusto?

    Y: sii… sii

    M: más que la del weon?

    Y: oooh siii

    M: es más grande?

    Y: siii… mucho más grande.

    Estuvimos por unos minutos así. Y le digo.

    Y: quiero ver cómo me penetras (siempre me han gustado las posiciones en que puedo ver cómo me dan) -me bajo y me acuesta en la mesa, el levanta mis piernas, me penetra.

    M: te gusta así?

    Y: siii… que rico. No pares

    B: mira como le dan, como disfruta -agarra al Ale y lo pone al lado mío.

    M: mira en lo que convertimos a tu novia, en una puta adicta. Dile lo que te gusta

    Y: me gusta que llega más adentro, como te mueves… aaah… si… si… siiii. Tuve un gran orgasmo.

    M: la habías visto esa cara antes? -Ale negó con la cabeza -eso pasa cuando disfruta. Sabes lo que me gusta de ti

    Y: qué?

    M: lo puta que eres. Se corre adentro. –aaaah… Byron, Christopher muéstrenle lo aguantadora es

    Me toman y me penetran entre ambos. Y así continuamos toda la noche hasta el amanecer. Si se aburrían empezaban a golpear, y yo los distraía.

    M: bien Ale tu putita nos agotó por hoy. Te puedes ir con ella, y tu zorrita la próxima semana vas a tener que venir a pagar la seguridad. Yo asentí.

    Nos vestimos con lo que pudimos, y nos fuimos a la casa del Ale. Ahí nos atendió mi suegra, Ale lloraba, su mamá también.

    A: Perdón

    Y: tranquilo no es culpa tuya

    S: voy a llamar a la policía

    Y: no!!!… si lo hacen van a venir por ustedes

    A: tiene razón

    Y: dejemos que se les olvide.

    A la semana siguiente no pensaba ir. Nos íbamos a juntar directamente en mi casa, pero Ale me llama y me dice.

    A: Cami sé que no te puedo obligar, per Michael tiene a mi hermana y dice que si no vas le va a hacerlo mismo que a ti.

    Y: obvio que voy a ir -cuando llegue me dice.

    M: te estábamos esperando

    Y: dónde está?

    Me lleva a la oficina y la tenían desnuda y amarrada

    Y: que le hicieron?

    M: nada por ahora

    Y: dejen que se vaya. Soy de ustedes

    M: Byron suéltala

    Ahí me di cuenta que realmente era su puta. Me tuvieron por 3 horas esa tarde. Y por cerca de un año tuve que ir cuando ellos querían. A veces estaban los tres, a veces solo el Michael, a veces tenían a otras. Recuerdo a una joven no sé qué edad, pero el Byron la tenía en la oficina, y ella gritaba que era su primera vez. Otra vez era el cumpleaños de Byron y éramos 3 mujeres, pero tenía como a 10 amigos, nos tuvieron toda la noche en esa ocasión. En otra ocasión Michael me presento a su padre, un viejo gordo. Y así continua, incluso cuando ya había terminado con el Ale.

    Un día temprano Ale me llama y me dice.

    A: lo mataron… anoche lo balearon. Yo llore de felicidad, al fin era libre.

    Los años han pasado y con el Ale somos muy buenos amigos. Vive en una parcela fuera de la ciudad con su familia. Nos juntamos a veces, pero nunca hablamos de lo que sucedió. Aunque debo confesar que aunque odiaba a Michael y a sus amigos, no puedo de dejar de pensar en el placer que me hacían sentir.

  • La brujería de doña Ileana

    La brujería de doña Ileana

    Antes nos parecía fascinante acercarnos a su casa. Ahora las cosas han cambiado. Nosotros hemos cambiado y también ella. Hubo muchos rumores, algunos bastante crueles acerca de su persona, del comportamiento de Ileana. Pero yo siempre supuse que no era tan mala a pesar de que era considerada una bruja maléfica. Según Dolores, una de las mujeres más chismosas del barrio, Ileana se comía a los niños. Les preparaba una poción con una gran cantidad de yerbas, que invocaba a los dioses africanos, que mezclaba la poción con la mermelada y atraía a los muchachos. Después no se les veía salir de su choza.

    También decían que, de noche se convertía en un animal inverosímil y se escondía en una cueva donde se entrevistaba con Mandinga que es el diablo en la mitología yoruba. Pero muy pronto comprendí que esas no eran sino patrañas porque si Doña Ileana hubiese obrado de esa manera, ahora estaría pudriéndose en la cárcel. Lo cierto es que la dictadura castrista ha obligado a los ciudadanos en Cuba a convertirse en personas entrometidas, chismosas, desleales, calumniadoras. Por ese motivo inventaban infundios sobre la Ileana quien en verdad era una pobre mujer solitaria. Al menos eso pensaba hasta que un día se me ocurre hacerle la visita. No sabía que artimaña inventar para aparecerme de repente en su puerta y decirle aquí estoy yo, Fernando, su vecino de 23 años para saber en realidad quien es usted, para que no me sigan engañando como a un maldito chino.

    Entonces ella me miró de arriba abajo y hubo una sonrisa y luego una especie de mueca dolorosa. Me invitó a pasar, indicándome una silla y puso una taza con café frío. Era una mujer deteriorada por los años y avatares desconocidos por completo para mí. En mi temprana juventud, el mundo femenino aun constituía un enigma maravilloso y alucinante. Pero en el caso de Ileana, se trataba de una verdadera bruja con el pelo teñido de anaranjado, sus ojos eran profundamente violáceos y las manos tenían algo amenazador que no se explicar. Empezó a usar sus artimañas de bruja. Me dijo que no había ningún problema, que si había llegado a la puerta de su casa era por los espíritus. Ellos, añadió, te trajeron porque necesitas de mí… Tienes problemas para encontrar mujeres, para enamorarlas. Y no era mentira pero tampoco había que ser un profeta para descubrir tal cosa. No es que mi aspecto fuera desagradable pero, en aquel tiempo se me hacía muy difícil hablarle de amor a una mujer. Ni siquiera me atrevía a invitar a salir a una compañera de colegio.

    Me enfrasqué en una meditación aburrida y sin lógica. Pasaron varios minutos en que ella habló en vano pues yo no prestaba atención a sus palabras. Sólo cuando me dijo, ven acá. Y entramos a una especie de cuarto estrecho donde figuras de distinto tamaño me miraban adonde quiera que me moviese. De modo que una vez más yo estaba confundido con respecto a esta señora y solo atiné a sentarme en una especie de banco. Ella metió las manos en un caldero donde llegué a ver a un cadáver de rana flotando en un bodrio asqueroso. El tufo se propagó alrededor nuestro. Doña Ileana me dijo: A ver la pinga (Así le llaman en Cuba al miembro viril). Al ver que yo no reaccionaba, ella misma abrió la cremallera y extrajo mi verga, untó el menjurje y fue sobándola con lentitud. Aquello no me desagradó en lo absoluto a pesar de la hediondez del lugar. Empezó un rezo y a continuación me bajó el pantalón y el calzoncillo. Mi pene se había puesto tan rígido que los estrujones debían ser más fuertes. Cuando mis gemidos le anunciaron que eyacularía muy pronto, me hizo colocarme frente al caldero y arrojé mi semen en el caldo asqueroso. Después de aquella pajeada tan deliciosa, me hice adicto por un tiempo a las visitas en casa de la bruja.

    Hace ya varios años que no la veo y la casa ahora es una choza irreconocible. No puedo dejar de admitir que es una fantasía un poco extraña pero las pajeadas que me dio Doña Ileana no se me olvidarán jamás.

    Autor: Larsen

  • El préstamo

    El préstamo

    B: ¡Eres un maldito!

    L: Pero bien que te gusta, uf, ¡que rico culo!

    B: ¡Luis, dios mío!

    L: Que nalgas, ¡seguro que él no sabe usarlas!

    B: Ah, no, para, ¡dios mío!

    L: Uf, uf, que rica, ¡con esto estriamos a mano!

    Mi verga estaba en su ano, pero antes de que continúe, ¡tienen que saber cómo empezó todo!

    Les había contado de una nalgona de nombre Betty, pues mi amiguita, empezó una relación con un tipo del que llaman en mi país, “nini”, no trabajaba era un holgazán, pero seguramente se la cogía rico, bueno eso pensaba yo, pero, en fin, Betty se alejó de todos ya que él le tenía celos a todos, honestamente a mí no me importaba, me sobraban las mujeres, pero porque me la cogí nuevamente, pues como me pidió un préstamo y no me pudo pagar, me cobre con su rico cuerpo!

    ¡Y antes de que me llamen maldito o proxeneta, en mi defensa fue para hacerle también un favor a ella!

    Llego una tarde a mi oficina y me pidió 5000 pesos, para sacar a su galán de los separos, ya que lo habían cachado robando un celular y para que no lo procedieran, tenía que pagar una multa de 5000 pesos, ella no contaba con ese dinero y me los pidió prestados, yo como la vi muy apurada

    ¡Se los preste, con la promesa que me los pagaría en un mes!

    Pero obviamente eso no ocurrió, ya habían pasado 4 meses y no es que necesitara el dinero, lo que me dolía es que yo la tenía en un concepto y lo hecho a perder, así que, en una llamada urgente, la cite en mi casa, ella regañadientes fue, en ese momento ella tenía una actitud indeseable, pero yo quería arreglar las cosas para no molestarla más.

    Debo admitir que, aunque estaba molesto, no pasó desapercibida, ya que llevaba un minivestido con sus medias negras, lo cual me puso dura la verga, ¡pero el tema era arreglar algo!

    B: ¡Pues no tengo dinero y no creo tener!

    L: Mira, entiendo eso, pero tu actitud, ¡ese si me duele!

    B: ¡Ay, ya, no que tú eres súper hombre!

    L: Jajá, sabes que, si lo soy, ¡más que ese adefesio que tienes escondido en tu casa!

    B: ¿Celos?

    L. Nunca, molestia sí!

    B: ¡Todos lo atacan, el solo es una víctima!

    L: ¡Dios mío, escúchate!

    Como la plática no llego a nada, ella decidió irse, yo iba detrás de ella, pero algo me domino, ver como movía las nalgas y esos muslos, me hipnotizaron y antes de que abriera la puerta, ¡se lo impedí abrazándola por atrás!

    B: ¿Qué haces cabrón?

    L: ¡Lo que no te han hecho hace meses!

    B: No, suéltame, ¡no quiero!

    L: ¡No te estoy preguntando, es feo lo que diré, pero me cobrare contigo!

    B: ¡Que!!!?

    Seguí sometiéndola contrala puerta, baje mi mano a su concha, la cual empecé a acariciar por encima de su tanga, ella forcejeaba para que la soltara, pero más la apretaba contra la puerta.

    Bajé hasta su parte trasera y empecé a lamerle sus ricas nalgas, esas duras y enormes nalgas que tanto me gustan, las arañaba, ¡eso poco a poco la empezó a dejarse llevar!

    Me baje el pantalón, ella aún no estaba muy lubricada, utilizando un poco de saliva y sin condón, se la deje ir en su estrecha vagina, ella lanzo un grito de dolor que solo hizo excitarme más, tomándola de sus pechos y mordiendo su oreja mis embestidas eran dolorosas para ella.

    L: ¡Mira lo que me haces hacer!

    B: ¡Agh, me duele, ah!

    L: Eso te pasa por mensa, tómala, ¡toma tu castigo!

    Admito que a mí también me dolía, ¡pero solo quería lastimar a esa perra!, pero poco a poco mis penetraciones y estimulaciones fuertes la hicieron empezar a mojarse, entonces mis penetraciones se volvieron ricas para los dos.

    L: ¡Ves, bien que te gusta!

    B: ¡Ah, ah, es solo sexo, no siento nada, uf!

    L: ¡Tu cuerpo dice otra cosa, ven vamos para acá!

    La llevé a mi sofá, ahí recostándola y subiendo sus piernas, se la metí fuerte, me deleitaba besando y mordiendo sus piernas mientras mi verga entraba fuerte, el verla con sus zapatillas y vestida solo sin su tanga, me hacía sentirme un abusador, pero yo solo quería hacerle un favor, ¡además estoy seguro que no gozaba tanto desde hace tiempo!

    L: ¡Que rica te ves, me encanta como gimes!

    B: Había olvidado lo dura que era, ¡uf!

    L: Ves, eres una putita, ¡yo sería mejor proxeneta que el!

    B: ¡No soy prostituta, ah!

    L: ¿Entonces porque te la estoy metiendo?

    B: ¡Porque eres un maldito!

    La acosté en el sofá y la cogí ya más tranquilo y normal, le acariciaba sus piernas, le besaba el cuello y la boca, aunque mordiéndole sus labios, aun así, me movía fuerte, quería hacerla gozar, ya no me importaba que me pagara o no, ¡solo quería cogerme a Betty!

    L: ¡Coges riquísimo!

    B: ¡Tu igual, dios, que rica verga!

    L: ¿Él no la tiene como yo verdad?

    B: De hecho, ¡casi no puede conmigo!

    L: ¡Mami, eres una bestia!

    B: Ah, pero aprovecha, ¡no te perdonare tu trato!

    L: ¡Entonces hare que valga la pena!

    Le saque la verga y fui directo a su cara y tirándole del cabello y con una cachetada le orden que abriera la boca, ella confundida tardo en hacerlo hasta que le di otra bofetada, ella inmediatamente la abrió, entonces comencé a cogerme su boca, la tenía chiquita y a veces me jalaba el cuerito de más, pero yo tomándola del cabello, ¡le follaba fuerte la boca!

    L: ¡Uf, que rico, que puta!

    Ella no podía ni hablar, al mismo tiempo le jalaba el cabello tan fuerte que notaba lagrimas salir de sus ojos, transformado en una bestia, ¡solo seguí fallándome su boca!

    ¡Fue en ese momento que eyacule por primera vez, mi verga como si fuese una manguera, llenaba la boca de Betty, quien ya toda roja y llorando, se tragaba el semen caliente que salía de mí!

    ¡Una vez que la putita se tragó mi última gota, la avente fuerte tirándola en el sofá, ella lloraba y me maldecía, pero yo estaba fuera de mi!

    B: ¡Eres un infeliz, Luis porque me tratas así?

    L: ¡Te dije que valdría la pena!

    B: ¡Eres un animal!

    L: Pero lo gozas, ahora voltéate, ¡esto no termina!

    ¡Ella sollozando y muy domada, obedeció mi orden acomodándose en cuatro en el sofá, dejando su rica retaguardia para mi deleite!

    Le daba de nalgadas y esos en sus nalgas, mi lengua empezaba a lamer de su vagina a su culo, ¡con mis dedos abría sus ricas nalgas para que mi lengua estimulara su rico ano!

    ¡Entre gemidos y reclamos poco a poco se fue dilatando, su ano, estaba listo para verga y yo ya la tenía durísima nuevamente!

    L: ¡Ahora sí, para que nunca te olvides de mí!

    B: ¡Por ahí no, para, ya entendí!

    L: ¡Demasiado tarde, una ricura como tú, debe de ser complacida!

    B: ¡Pero me estas maltratando!

    L: ¡Es parte del camino al orgasmo legendario!

    Como un proyectil mi verga entro en su ano rasgándolo mucho, sus gritos invadían mi casa, le comencé a jalar el cabello y darle de nalgadas y puñetazo en su cuerpo, ¡así perra, ladra, ladra perra!, en verdad estaba hecho una bestia, su culo apretaba muy rico mi verga que estaba entrando por completo y Betty solo lloraba, ¡pero al mismo tiempo su cuerpo se movía para mi mayor placer!

    L: ¿Que rico culo, uf, de quién es?

    B: Cállate ya, ¡para!

    L: ¡Te hice una pregunta!

    B: ¡Ay, no me pegues tan fuerte, dios!

    L: ¡De quien eres perra!

    B: ¡Tuya, soy tuya Luis!

    L: No soy Luis, ¡dime amo!

    B: ¡Amo, soy tuya!

    L: ¡Pídemela, pídeme mi verga!

    B: ¡Amo, dame tu verga!

    L: ¿Quieres mi verga perra?

    B: ¡Si, me muero por ella, ah!

    L: ¡Entonces, tómala toda, es para ti, uf!

    Mi verga ya le había dejado su culo súper abierto y rojo, como si fuera un mandril, yo jamás había maltratado a una mujer, ¡pero Betty me dejo ser su Dorian Grey y yo aproveche!

    Ella mordiendo el sofá y arañándolo, solo movía sus nalgas para darme más placer, aunque me pedía que se lo sacara, al mismo tiempo me pedía más y más, su sufrimiento y placer al mismo tiempo, ¡me estaban regalando una gran experiencia en mi vida!

    L: ¡Betty, mi amor, que rica eres!

    B: ¡Me vengo!, me vengo!

    L: ¡Saca tu fluido bebe, mancha todo!

    ¡Comenzó a venirse en mi sofá, el ver como escurría de dolor y placer, empezó a inflarme la polla, pero esta vez la llenaría, pero del culo!

    L: ¡Toma mi leche, toma mi leche perra!

    B: ¡Si, dámela, lléname de ti amo!

    L: Si perra, tómala, uf, ¡dios!

    B: ¡Que rica y caliente!!!!

    La llene tanto que escurría por sus nalgas y vagina, ella quedo tirada en el sofá sollozando y gimiendo, tomaba aire y cerraba sus ojos, algunos moretones se veían en su cuerpo, ¡pero yo con su tanga limpie mi verga y luego hice algo que a veces me arrepiento!

    La pare fuerte de mi sofá y diciéndole cosas feas, la tome del brazo y la lleve afuera de mi casa, ella con lágrimas me miraba y yo solo le dije:

    L: Lo siento, pero es por tu bien, así como te trate hoy, así vives y así et trataran, ahora espero que, si algún día te vuelvo a ver, hayas aprendido tu lección, ¡ahora vete!

    ¡Le avente su tanga y cerré mi puerta, esa fue la última vez que la vi, a veces recuerdo ese momento de masoquismo y dominación, pero no creo volverlo hacer con nadie más!

     

  • Una apuesta para encontrar un amor (La Carta)

    Una apuesta para encontrar un amor (La Carta)

    Es muy difícil creer que uno se puede enamorar de dos personas a la vez, ni yo me lo creo hasta el momento, pero creo que es lo que me sucedió a mis 27 años. También recuerdo que cuando me casé con mi bella esposa a la edad de 21 años, recuerdo estar seguro de nunca serle infiel y para mis 25 tenía el primer desliz con una chica de paga, de la cual nunca podría ser una amenaza, pues fue una ocasión de una un momento de curiosidad, pues nunca en mi vida había pagado por sexo.

    Siempre dije que, si algún día le era infiel a mi esposa, ese riesgo tendría que haber valido la pena y estar con una sexo servidora no le miré el riesgo, más sacié mi curiosidad y la chica de nombre Roxana, pues aún recuerdo su nombre, realmente era una chica muy bella. Había esquivado muchas tentaciones, pues siempre he tenido suerte con las mujeres y creo que más de alguna habrá pensado que a lo mejor era homosexual, pues realmente literalmente le tuve que decir “NO” a algunas. Conocer a María, me llevó a ese riesgo y comencé a vivir esa experiencia que muchos dicen: Le hacía el amor a mi mujer, pensando en otra.

    Nos conocimos en una de esas clases de estadísticas en la universidad local, donde María a sus 21 años terminaba en aquel verano su licenciatura y yo a finales del año terminaría con mi segunda maestría. Desde que nos vimos congeniamos y ya en esa semana compartíamos la misma mesa. Ella parecía ser un tanto callada, creo que todavía tenía desconfianza en hablar inglés ante el público, aunque creo que tenía buen dominio si consideramos que solo tenía viviendo 3 años en este país y a mi me gustaba su acento, aunque conmigo desde que supo que hablaba español, no se despegaba de mi ni el receso.

    Había nacido en Cali, Colombia y realmente era un reflejo vivo de la belleza de mujeres que dicen se dan por esos lugares. A mis 27, era la primera chica colombiana que conocía y fue la única que me hizo tomar varios riesgos en el cual mi matrimonio quedaba en la cuerda floja. Medía un aproximado de un metro sesenta y cinco, quizá unas 120 a 130 libras muy bien proporcionadas. Quizá su mejor atributo: ¡Era toda! Toda su anatomía. Cabello castaño y alisado que le llegaban a su área lumbar, ojos almendrados de un color de miel… tez clara, una boca de labios carnosos y una nariz pequeña que le hacía simetría a su belleza facial. Su rostro era exquisito, atraía a cualquiera y era una delicia ver a María vistiendo sus pantalones vaqueros, con sus blusas de colores pasteles que destacaban los atributos más sensuales de su exquisito cuerpo: Sus nalgas y senos.

    En mi clase o en esa clase, nunca le dije a nadie que yo era casado o que mi esposa estaba encinta de mi primer hijo y María tampoco me lo preguntó, pero conforme pasaba el tiempo, creo que ella como mujer lo intuyó. No usaba anillos, incluso nunca obtuve un anillo de ninguna graduación; en realidad no me gustaba la joyería. Mi esposa así lo sabía y eso para ella no estaba ni en tercer o cuarto término. Teníamos una relación armoniosa y el sexo con ella era de lo más fenomenal, aunque por estos meses, debido a su embarazo no solíamos hacerlo tan seguido y entre ello y su nueva faceta de abogada, pues el estrés le hacía mella física y psicológica. Y aunque María era callada y se notaba un tanto cautelosa y moderada, era ella la que me invitaba a fiesta o lugares de bailes, que obviamente no podría atender dada mi condición.

    Creo que nos gustamos desde que nos vimos y todos los de la clase creían que éramos pareja, pues siempre nos veían juntos. Debo aclarar que esta experiencia me sucedió en los años noventa y para esas instancias no había teléfonos celulares, la internet estaba en su infancia y lo único avanzado de la época de las comunicaciones, era el “Beeper” o localizador. Es por esta razón que podía darme mi tiempo con María sin estar siendo controlado por mi esposa, aunque creo que ella nunca sospecho nada de mí. Algunas veces fuimos a comer juntos, pero creo que ella quería más tiempo de mí y yo no se lo podía dar y por eso creo que comenzó a sospechar, y sin preguntarlo, María se comenzó a distanciar poco a poco de mí.

    Creo que intentó darme celos con algunos compañeros y ver como yo reaccionaba, pero no era mucho lo que yo podía hacer, aunque sentía que en algo me dolía, pues ella era libre y yo no. Teníamos cierto grado de confianza, pero siempre bromeábamos con respeto y es por eso por lo que cuando le hice la propuesta de una apuesta, creo que en algo se escandalizó y de seguro se molestó.

    Lo que cambió todo el panorama fue el mundial de fútbol de 1994 que se dio aquí en Estados Unidos. El equipo colombiano no solo era el favorito para ganar su grupo, sino que también era uno de los favoritos de alzar la copa. Para María, la derrota ante Rumania en la apertura de este mundial fue algo que ella miró como factor de mala suerte, un mal día de su selección, pero estaba más que convencida que Estados Unidos, mi equipo, pagaría los platos rotos. Todos apostaban sus $20.00 dólares el uno contra el otro, incluso María era parte de estas apuestas y fue cuando se lo dije en español para que nadie lo entendiera: Te apuesto mi Mustang del 1965 por un par de horas en los que yo pueda hacer lo que quiera contigo. – Fue mi apuesta.

    – ¿Estas bromeando o estás loco? – fue su reacción.

    – ¡Loco por ti si lo estoy! Pero no estoy bromeando.

    – ¡Nunca me pude imaginar eso de ti!

    – ¡Ni yo María! Pero creo que si tu equipo es tan bueno como creo que lo es, no deberías pensar que es un grave riesgo… en cambio yo, tengo todos los pronósticos en contra.

    Los demás vieron quizá el ambiente un tanto frío o molesto de parte de María y entre risas nos preguntaban lo que pasaba. Les mentí a todos y les dije en inglés, que María no quería aceptar mi oferta: Mi Mustang a cambio de $500.00 dólares y hasta le di la ventaja del empate. Sabía que necesitaba un auto, pues recientemente ella había tenido problemas con el suyo y esa misma semana, yo le había prestado mi Mustang para que se desplazara sin dificultades. Tenía otro vehículo disponible, así que lo único que podría hacer, es inventarle a mi esposa que me lo habían robado o no sé qué excusa inventaría, pues la verdad que mis probabilidades estaban más que en contra. María con una sonrisa despectiva me hizo la contrapropuesta usando su idioma natal: Te acepto la apuesta con una condición… que los que están aquí no sepan nada de esto y que, en caso de perder la apuesta, sea yo quien escoja el lugar y la hora. -De acuerdo le contesté.

    Yo había ido a ver en vivo al estadio el tan esperado partido, con la doble tristeza de que sabía que no solo perdería la amistad con María por mi tonto atrevimiento, sino también el auto que era un regalo de mi madre. Quizá lo único que mitigaba la zozobra era el hecho que le daría algo mío a esta linda chica y que sabía necesitaba urgentemente. Todos conocemos la historia y un balde de agua fría le caía a todos los colombianos en el calor desértico de California. La verdad no pensaba que Estados Unidos estaba ya en la siguiente ronda, sino si es que María se pudiera retractar de lo convenido.

    El partido fue un 22 de junio del 94, era un martes, y para el jueves que teníamos clase, ese día María no se presentó. Por toda una semana me tuvo con la ansiedad, pues yo nunca le pedí su número de teléfono, aunque yo si le había dado el número de mi localizador (beeper). Cuando se presentó, pagó todas sus apuestas y solo se acercó hacia mi y me dijo: Contigo quedo pendiente… solo dame algo de tiempo, mientras asimilo esta tontería. -Aquellas fueron sus palabras precisas. Desde entonces ya no la vi tan sonriente, ya no fue tan amigable conmigo, definitivamente se alejó de mí y realmente todo aquello me dolía y cuando le quise hablar, ella totalmente me esquivaba haciéndose la ocupada, cuando realmente yo le quería decir que lo olvidara todo; que no era necesario a que se sometiera, pero nunca me permitió hablar. Las últimas tres semanas de aquella clases de verano fueron así, María por su lado y yo por el mío. Lo único que llegó a decirme cuando terminamos los exámenes finales fue algo muy breve: – ¿Recuerdas que acordamos que yo escogería el lugar y la hora? – No te preocupes. -le contesté. – Y se fue en compañía de otras amigas de la clase.

    Pensé que no la volvería a ver o escuchar de ella, pero dos meses después un lunes 4 de octubre del 94, me cae un número al localizador y llamo sin esperar escuchar la voz de ella. Me saludó como un tanto alejada, así lo podía sentir, al menos eso era lo que su voz proyectaba. Incluso, fue ese día que le dije que lo olvidara todo y que disculpara mi atrevimiento, pero ella lo hizo breve como diciendo: Tómalo o déjalo. Me dio una especie como quien dice: esta es tu oportunidad y estos son los días disponibles y prácticamente me dio los días restantes de la semana con las horas de entre 8:00 a.m. a 3: p.m.: -Escoge uno y yo te marco cuando tenga un domicilio que darte. Yo con cierta ansiedad y nerviosismo le dije: ¡Mañana!

    El siguiente día llegué mucho más temprano a mi oficina, con la ansiedad esperando la llamada. Inventé una excusa para estar ausente la mayor parte del tiempo, algo que solía ocurrir muy a menudo, pues el trabajo me brindaba esa flexibilidad. Exactamente a las 8:00 a.m. me cae el numero de un teléfono desconocido y es María, quien me dice que está a 40 minutos de ahí, en un hotel a la orilla de la playa. Verifico con mi mapa y salí en busca de ella. Quizá los minutos más largos y ansiosos de mi vida. El lugar es un pequeño motel de solo un piso a la orilla del océano Pacifico, pero que tiene bonita vista y donde cada habitación tiene una pequeña terraza privada. De lo lejos puedo observarla y esta es la primera vez que veo a esta linda mujer en vestido, siempre la había visto con sus pantalones vaqueros y blusas. Debo decir que se miraba preciosa y cuando me acerqué, también pude observar que llevaba maquillaje. Sus labios carnosos se magnificaron, sus ojos almendrados con ese delineador negro me envolvían en otra dimensión. Ella tuvo que ingresar a la habitación para abrir la puerta y definitivamente María se miraba espectacular. Yo quise encontrar la forma para que no se sintiera obligada, pero ella intuyó en el vibrar de mis palabras y solo me dijo de alguna manera fría:

    – Tony, a lo que venimos…

    – María, no sé ¿cómo empezar esto?

    – ¡Como lo ha empezado siempre! – me dijo.

    – ¡Lo siento María! No puedo…

    – ¿Y qué es lo que quería hacer usted por dos horas conmigo?

    Me dio esa seguridad que estaba dispuesta a todo con recordarme parte de lo que había sido mi propuesta, pues siempre fantaseé de todo, por si le ganaba la apuesta y, aquí estaba en la habitación de un motel con una de las chicas más lindas que he conocido, aunque me carcomía esas inseguridades al saber que con todo aquello, le podía crear la mayor decepción a mi esposa si algún día fuera de su conocimiento. Lo que me dijo María a continuación fue como un reto o como un ultimátum: -Bueno Tony, yo no estoy aquí para rogarle, pero que quedé bien claro, que yo cumplí la parte de lo acordado… si desea retirarse, hágalo. -Realmente eso había decidido y he volteado dirigiéndome a la puerta y ella me ha parado diciendo: Bueno Tony, si esto va hacer nuestra despedida, por lo menos deme un abrazo.

    Nos estremecimos en un abrazo y cuando nos miramos a los ojos, sostenidos el uno del otro, ya no pudimos y nos comenzamos a besar apasionadamente. Sentir su piel fue fascinante, oler su cabello me embriagaba, saborear su boca fue una delicia. Nos comimos a besos por largos minutos y aunque estaba desesperado por hacerla mía, quería gozar a esta linda mujer por cada segundo y hacerlo de la manera más tierna y delicada para que ella lo disfrutara también. María quedó en silencio absoluto permitiéndome que fuese yo quien dirigiera este maratón de sexo. Las cortinas corredizas de la habitación estaban abiertas de par en par, pues los cristales polarizados evitaban a que fuésemos observados desde afuera y María había dejado entreabierta una ventana, donde podíamos escuchar el oleaje de este mar soleado y cuyo tempo lento, sería el tono pacifico de María y yo haciendo el amor.

    La habitación era acogedora. Estilo cabaña de campo con una pequeña chimenea con muebles antiguos y una cama matrimonial. Le besé tiernamente el cuello y lo mismo hice con los lóbulos de sus orejas, de las cuales tuve que retirar unos aretes de oro que resaltaban aún mucho más su belleza. Bajé el cierre de su vestido y a la vez desabotoné su sostén. Dejé que mis yemas de los dedos acariciaran suavemente su espalda, mientras nuestras lenguas se enredaban en una exploración exquisita y delicada. Ella estaba de espaldas al espejo del tocador y podía verme a mi mismo como mis manos disfrutaban tocando su tersa piel de su espalda con la amenaza de llegar a apoderarse de sus bien formados y solidos glúteos. Me gustó aquella vista de tener así a María, con su vestido color verde olivo abierto de su espalda, pues a la vez era la cortina que me dejaba ver su ropa interior el cual era un diminuto bikini verde que le daban exquisita forma a esas curvas y hacían volar mi imaginación.

    El vestido cayó sobre una alfombra también de color verde, confundiéndose con ella y su sostén estaba todavía medio puesto colgando por sobre su pecho y con un beso más se lo he removido y ahora solamente queda ese bikini, sus medias o ligas que tonifican el color de su piel y que realmente resaltan una simetría perfecta de su cuerpo, y los zapatos negros de tacón alto y abiertos que me dejan ver las uñas de sus pies que también están pintadas de un verde olivo. Se ha sentado a la orilla de la cama, mientras me quito mi corbata y camisas… ella solo observa y creo intuir que tiene pena, pero pareciese que este teatro del accionar sexual no es una rutina en la que María se sienta confortable. Me desabrocho el cinto y veo sus ojos color de miel haciendo contacto con los míos, mientras mis pantalones se deslizan permitiendo a que María observe como mi pene está en su máximo potencial de erección sostenido por un calzoncillo de color blanco transluciente que prácticamente le permiten a esta linda chica comenzar a ver el grosor y lo largo de mi sexo. No dice nada y María solamente me observa.

    Me he quitado lo zapatos y al agacharme, también he aprovechado para soltarle sus zapatos a María y beso sus pies. Lentamente le tomo de su cintura y la invito a que se acueste sobre su espalda y con una lentitud para mi desesperante, le he removido cuidadosamente sus medias y en el proceso le he ido besando toda la parte frontal de sus preciosas piernas. Siente cosquillas cuando le lamo y le chupo los dedos de sus pies y no me lo dice con palabras, más su reacción me lo ha indicado y ahora soy yo quien le recuerdo la cláusula de la apuesta: -Dos horas para hacer contigo lo que yo quiera. Ella solamente sonríe y se aguanta con reacciones espontaneas el cosquilleo. Comienzo en dirección adversa besando sus piernas, hago una pausa en su pelvis con una desesperación interna de llegar hasta sus pechos; unos pechos tan sólidos y perfectos con una areola oscura y pezón diminuto, que estarán quizá en una medida entrando en una copa C. Ha gemido cuando mi boca los hace su presa y delicadamente alterno con ambos pezones, besando uno y acariciando el otro con mis manos.

    Nuestros sexos están uno frente al otro, solamente separados por la tela de nuestra ropa interior, pero que se siente como que si no tuviéramos nada, pues es tanto nuestro deseo, tanta las ganas de que esto ocurriera, que sé que María siente como mi pene de alguna manera le ha hecho un hueco entre su bikini y entre sus jugos vaginales y mi liquido pre seminal, se escuchan ya ese chasquido del friccionar nuestros sexos cuando nuestros cuerpos se estremecen. No la he penetrado, pero tantas son las ganas que le tengo, que, si continuaba así, con esa fricción, en cualquier momento acabaría, llegaría a la gloria e intuyéndolo, me alejo para removerle su espectacular bikini verde olivo, el cual esta evidentemente mojado y descubro su sexo, de vulva pequeña, de labios finos y rojizos. Su clítoris pequeño como sus pezones, brillaba pulsante e inflamado y creo que fue uno de los mayores gemidos que dio esta callada mujer cuando ha sentido mis labios besarlo. Sé que su excitación era grande, lo podía sentir en el vibrar de sus caderas, en sus sutiles y tenues gemidos. No quería que se viniera, quería que su orgasmo tomara potencia, así que se lo besaba por segundos y se lo dejaba libre por otros tantos para que ella se relajara. Así estaba en ese juego de tortura erótica, hasta que supe que en cualquier segundo se vendría.

    Me he levantado para despojarme de mi calzoncillo y me arrodillo frente a su sexo sobre la cama. María instintivamente abre sus lindas y alargadas piernas y comienzo a masajearle el clítoris con mi pene y se escucha ese leve chasquido de mi glande friccionando su clítoris y de vez en cuando le paseo mi glande recorriendo su rajadura. Era exquisito ver las expresiones faciales de María, sus leves y callados gemidos eran más que eróticos. Cerraba sus ojos y se mordía sus propios labios en una manera de soportar la excitación y yo solo le masajeaba su sexo sin penetrárselo. En un momento tomé mi pene con mis manos y con la punta le pegado como chaqueteando su clítoris intensamente y esto ya no lo pudo aguantar. Debió sentir los espasmos de su orgasmo llegar, pues a tomado la almohada llevándosela a la cara, quizá para evitar que la viera, quizá para camuflar sus gemidos o quizá simplemente para morderla. Mi reacción fue penetrarla y que sintiera mi pene invadir su vagina… no se pudo contener y sabía que era un orgasmo potente, pues al sentirme adentro de ella, su gemido lo escuché más directo, pues había arrojado la almohada mientras con su pelvis correspondía a mis embates al compás de las olas del mar del Pacifico. Me dijo algo que me sorprendió y que por mucho tiempo esas palabras se me vinieron en sueños y en momentos de nostalgia y meditación: Aquella mañana 5 de octubre del 94, viviendo el idilio de un orgasmo, entre palabras quebrantadas o quizá cohibidas, María me decía: ¡Te amo mi amor! – A la vez, escuchado sus gemidos, de sentir como le temblaban sus manos y todo su cuerpo, de sentir su vagina vibrar y mi pene deslizándose en ese entrar y salir de tal exquisita caldera, no pude más y me dejé llevar por esa luz brillante y exquisita que me hizo tocar el cielo por unos segundos y María recibió mi descarga apretándome con sus manos la espalda y con un susurro que todavía tenía los efecto de la excitación y su leve gemido: ¡te amo mi amor!

    Me pareció gracioso como con los minutos, cuando ya nos habíamos relajados, María se levanta tomando una sábana y se envuelve en ella, como evitando que la mirara desnuda y se encierra en el baño a ducharse y le echa llave a la puerta. Sale igual, envuelta en toallas y me levanto ante ella desnudo y hago lo mismo y me voy a duchar. No sé, acabamos de hacer el amor, de tener esta intimidad, de sentirnos desnudos uno ante el otro, de haberle sentido cada poro de su piel, de escuchar sus gemidos y ser testigo de grandioso orgasmo, María, aun con todo esto, sentía todavía esa pena ante mí. Salí y ella estaba silente, no hallaba que decir, realmente no me hubiera sorprendido no encontrarla al terminar yo mi ducha, pero ahí estaba, envuelta con las toallas viendo por la ventana las olas del mar. La he tomado por sobre la espalda y le he besado el cuello hasta verle como su piel se eriza de nuevo. Nos hemos vuelto a besar… ella no dice mucho y solo continuamos con más besos hasta volver a llegar a la cama. Ella se recuesta en mi pecho, mientras yo estoy sobre mis espaldas apoyando mi cabeza en la almohada. María masajea mi pecho y mi abdomen con sus uñas color verde, no dice mucho, pero cuando rompe el silencio con su voz clara y tímida me pregunta algo que en realidad debí intuir: ¿Tony puedo? -No sabía a qué se refería su pregunta, pero sus manos se habían acercado a mi pene que se mantenía aun pasivo después de haberle dejado ir una tremenda descarga a esta linda chica. Obviamente le dije que ella podía hacer lo que quisiera.

    Me tomó del pene con una de sus manos y comenzó a masajearlo hasta llevarlo a la erección, la cual no tardo mucho, pues creo que, a mis 27 años, era la época “prime” de mi sexualidad. Ya con cierta experiencia y con la potencia de conllevar un maratón de 7 u 8 corridas en un solo día si era necesario. Y créanme, que cuando uno le tiene tanta hambre o deseo a alguien, uno hasta con los testículos secos sigue follando, aunque realmente ya se siente hasta tortura cuando uno quiere eyacular. María se deslizó entre las sabanas y entre besos tímidos llegó hasta donde le esperaba mi pene completamente erecto, pues mientras ella lo masajeaba con su mano, este había levantado la sabana como cuando el mástil levanta la carpa de un circo. Ella lo comienza a besar delicadamente y tomó su tiempo para introducirlo entre sus labios. Se tomó todo el tiempo que quiso solo rozando su boca y pasando su lengua sobre mi glande, lo cual me hacía comer ansias, pues quería sentir como las paredes de su boca y sus labios atrapaban completamente mi verga hirviente. Quise destaparla, quitándole la sabana de encima para poder ver cómo me hacía tan delicado y fascinante oral y ver su lindo rostro haciéndolo. La verdad que María era muy linda a sus 21 años era una combinación del rostro de la actriz de novelas Sandra Echeverría y el cuerpo de la puertorriqueña Roselyn Sánchez; María realmente era una delicia. No me permitía que le quitara la sabana, me decía que sentía pena. La dejé que siguiera y poco a poco aquello fue tomando un ritmo de semi lento a un ritmo constante sin llegar a ser agresivo. No sé si se dio cuenta, pero la sabana se deslizó sola, y pude ver ese movimiento de su cabeza con todo su cabello suelto haciendo tan increíble felación.

    La interrumpo para decirle: María, estoy a punto de venirme. Ella solo hace una pausa para responder: ¡hazlo! – Cambia su posición sin hacer pausa en tan divina felación y ahora queda ante mi dónde puedo ver su bello rostro y veo todo el tronco de mi pene lleno de saliva y puedo sentir como se ha escurrido por el canal de mis nalgas. Puedo ver que en su boca solo le cabe la mitad de mi pene y la otra mitad me lo aprieta con una de sus manos. Se lo vuelvo anunciar y ella acelera ese succionar y masaje con su boca y siento el espasmo por mi espalda, mis piernas se aflojan y le dejo ir mi segunda descarga. La segunda, si no es tan fluida como la primera, todavía veo como mi esperma le inunda su linda boca. María continúa mamando mi pene, hasta que este toma de nuevo esa posición pasiva. Se levanta nuevamente envuelta en las toallas y se va al baño a asearse haciendo gárgaras y cepillándose los dientes. Esta vez no le ha echado llave y aprovecho para darme una breve ducha.

    Cuando regreso, nuevamente la veo a la par de la ventana, escuchado el oleaje y viendo un día tan despejado y brillante de este mes de octubre. Le he besado los labios y nos volvemos a comer a besos. Le he ofrecido un trago de whiskey, pues en la hielera he divisado estas pequeñas botellas y al principio María lo rehúsa, pero insisto y ella termina aceptándolo. Ya han pasado las dos horas acordadas, pero creo que ella no ha venido aquí por cumplir un compromiso, comenzaba a intuir que algo más pasaba, que realmente aquella chica sentía algo por mí. Lo podía sentir en sus besos, en cómo se había entregado esa mañana. No le quise recordar que ya habían pasado las horas acordadas y entre mi brazos la he cargado para llevarla de nuevo a la cama envuelta en sus toallas y con los efectos de un trago de whiskey, quizá en ayunas. La he puesto acostada por sobre su estómago y yo sentado a un lado de ella, comienzo a besarle el cuello por sobre su espalda, mientras mis manos intentan despojarle de las toallas.

    Mirar ese cuerpo tendido en la cama en esa posición era una delicia aparte. Sus muslos definidos, sus curvas balanceadas, el olor de su piel, esos vellos microscópicos amarillentos al besar su espalda y que se magnificaban al llegar a la curva exquisita de sus glúteos era un ensueño. Recorrí mi lengua de punta a punta, la cual me hacía recordar una canción cuyo título creo que es ese: de punta a punta. Ver como se le achinaba la piel, como era ese tímido respirar y un gemido tenue, el cual se interrumpió cuando mi lengua quiso invadir el canal de sus nalgas, pues María reaccionó diciendo: ¿Qué haces? -le recordé también de forma breve: -Comerte, hacer contigo lo que yo quiera. -le dije. Le invadí sus nalgas con mi lengua y fue cuando María dio un gemido para asimilar la potencia del placer, como una forma de aplacarlo porque no se sentía libre expresarlo, o que alguien más se diera cuenta que gozaba con todo aquello. Me he hundido por largos minutos masajeándole el ojete a esta chica colombiana, hasta ver como su conchita se derretía de la excitación. De vez en cuando olvidaba la pena y arqueaba su columna elevando sus glúteos, como en una invitación para confrontar mi lengua en su ano. Era una delicia ver como se le erizaban los poros y aquellos vellos microscópicos color de oro se electrizaban como los pelos de un gato emocionado.

    Mi verga estaba erecta en su máxima potencia con el deseo de penetrar este hermoso culo de ensueño. No sabía hasta el momento si iba a ser rechazado, pero me conformaba con haberlo saboreado, de haber hundido lo más que pude mi lengua en su ojete y saber cómo sabía y olía el culo de esta preciosa y escultural mujer. En esa zona, el cubrecama estaba empapado de los jugos vaginales de María y de mi saliva. Sus jugos eran gruesos, espesos como la miel y diáfanos como el rocío de las mañana en una flor. Su olor me atraía, me embriagaba, me excitaba. Me fui por sobre su espalda y le puse mi glande entre sus nalgas. María se quedó callada y yo con mi boca le mordiscaba alguno de sus lóbulos. Quería que mi liquido pre seminal le lubricara aún más su ojete, que sintiera mi miembro en toda su extensión entre y sobre sus nalgas, esperando en cualquier momento María protestara y le pusiera un alto. No ocurrió así, se ha quedado callada y gimiendo levemente al preámbulo del placer anal. Su objeción nunca llegó.

    En la misma posición, ella acostada plana sobre su estómago, solo abro sus piernas para tener acceso a su rico culo, le he apuntado a su ojete y sé que ella tiene miedo… me lo anuncia el temblor de su mano que toca una de mis piernas. Lo empujo con mucho cuidado para que abra camino y María asimila excitadamente esta invasión. Con mi mano ayudo a empujar y para que mi glande no tome otro rumbo… y poco a poco siento como su anillo me aprieta el glande como queriendo rechazarlo… sigo intentando porque sé que no puedo dejar escapar esta oportunidad, quiero estar, aunque sea unos segundo adentro, sentir que por lo menos mi cabeza del pene estuvo ahí. Lo he intentado por minutos sin ser agresivo y con toda la paciencia del mundo y es cuando le digo que se ponga de perrito o en cuatro. Pienso que no aceptara, pero me sorprende que se acomode en la orilla de la cama y me ofrece ese espectáculo de mirar ese rico culo así… la verdad que es una delicia ver las curvas de esta divina mujer. Nuevamente apunto he intento penetrarlo… parece que entra y la sostengo y mi glande ha desaparecido, puedo sentir el anillo de su ojete apretando mi glande. Ella solo jadea y solo dice: ¡Tony, por favor ya no te muevas!

    No recuerdo cuantos minutos pasaron, pero eventualmente lentamente y centímetro a centímetro toda mi verga desapareció en el culo de esta linda chica hasta sentir que mi pelvis chocaba con los músculos macizos de esta bella caleña. Hice que elevara su pierna derecha poniendo su pie sobre la cama y sin mucho movimiento le comencé a masturbar frenéticamente su conchita y golpeteando su pulsante e inflamado clítoris. Fue María la que surgió con sus movimientos pélvicos al sentir tal excitación. Comencé a pompearle con mis 24 centímetros su rico culo y cuando hacía pausas, lo hacía para poder volver a chaquetearle su conchita y clítoris… tres o cuatro rondas así y sucumbió al placer y un potente orgasmo que le electrifico toda la espalda y toda el alma. Nuevamente me sorprendía con sus palabras: ¡Tony, mi amor! – Eran tan agresivos sus movimientos pélvicos en ese vaivén de ella recibir y yo que recibiera, y le llené su rico ano con una corrida espectacular y creo que, para mí, la mejor corrida de aquella faena para el recuerdo. Pocas veces recuerdo una corrida así… solo la podría comparar como cuando uno se viene por primera vez… Una sensación desconocida, duradera que hasta sentí un choque eléctrico en mi frente. María dejó de gemir y una vez recuperada la compostura le he sacado mi verga de su ano y una mancha blanca cayó de su rojizo ano.

    Nos fuimos a bañar y esta vez lo hacíamos juntos bajo la regadera. Nos enjabonamos el uno al otro sin decir palabra, nos seguimos besando y para ese entonces, a mis 27 años, una ducha me hacía recuperar de nuevo la potencia y bajo el vapor de esa agua caliente, en posición de perrito María volvía a sentir otro orgasmo monumental. En aquella ocasión creo haber eyaculado unas siete veces y quizá María sintió el cosquilleo de una misma cantidad o quizá uno más que yo. La faena había comenzado a las 9 de la mañana y sin sentir el tiempo, me preparé en dejar el motel. Ayudé a María a vestirse y ya no lo hacía con aquel hermoso vestido verde olivo, pues ella llevaba otra vestimenta y le ayudé a ponerse un bikini negro, con un pantalón corto de color beige. Le ayudé con su sostén y blusa negra, espere que se hiciera una cola en su larga cabellera, se maquilló un poco, me miró y me dijo: -He cumplido mi palabra. Realmente nunca pensé pasar un momento así con esta chica… lo fantaseé, pero mi fantasía era aun reducida a como realmente pasó. Nunca imaginé que María se me entregara así y completamente toda. No hubo un poro de su piel que no haya besado, ni orificio donde cupiera mi verga que no haya inundado y realmente quedaba anonadado. Nos dimos uno de esos besos largos como si fueran de despedida final, nos mirábamos y nos dábamos otro… finalmente le pregunté: ¿Podríamos vernos otro día esta semana? – Yo te llamo. -me contestó. Me fui manejando hasta mi casa sin creer que es lo que había vivido, todo parecía un sueño, realmente tenía la magia de un sueño. Esperé por esos días su llamada, siempre estaba pendiente de mi localizador por ver si caía algún número y siempre me entusiasmaba cuando miraba algún número desconocido. Nunca me volvió a llamar.

    Un día mi asistente me pone un sobre en mi escritorio y puedo ver su nombre como remitente. Ya han pasado seis meses, es otro año y en los últimos días, he tenido sexo con mi esposa pensando que lo hago con María y créanme que mi esposa era una bella mujer, de eso tengo una certeza completa. Sorprendido y entusiasmado leo la carta, la cual la voy a abreviar porque en realidad eran alrededor de ocho páginas:

    Tony, he decidido escribir estas líneas, pues creo que, aunque tú nunca sientas nada por mí, no quiero que tengas esa impresión que tuve sexo contigo simplemente porque perdí una apuesta. La verdad que yo sé más de ti de lo que tú puedes imaginar y aunque intuía que eras casado, lo terminé de comprobar cuando me diste prestado tu automóvil. Quiero que sepas que desde que te vi me gustaste y siempre te comportaste conmigo como buen amigo y eres todo un caballero. Me sorprendió tu propuesta y por un momento me hizo sentir mal. Me ganó mis deseos de mujer y entendí que también tú me deseabas, que no podías ofrecerme otro espacio importante de tu vida, porque simplemente Nadia ocupaba ya ese lugar. Déjame felicitarte, tienes una bella mujer, pero además de bella, parece ser una linda persona y muy inteligente… aun embarazada se miraba preciosa. Si, conocí su oficina y he hablado con ella, pues me hice pasar como un cliente con necesidad de algunos papeles de migración… Tu esposa es una linda mujer.

    Es por eso por lo que me di cuenta de que tú eras un imposible y a pesar de que tú tienes los atributos para encantar a una mujer, no me diste ilusiones, nunca tomaste otro tipo de riesgo y tu apuesta, fue una propuesta que en los papeles parecía fácil ganártela. Créeme que nunca hubiera demandado mi premio… no podría haber aceptado tu Mustang clásico. Mas sin embargo me di cuenta de una manera infantil y quizá ilusa, de que esa era la excusa para poder robarle, aunque sea por un momento a esa mujer que creo no se lo merece y que creo siempre llevaré ese sentimiento de culpa. Créeme que mis connacionales me lincharían si supieran que he rezado para que mi Colombia perdiera ese partido… te me metiste en mi mente y comencé a soñar contigo. Nunca un hombre sin ofrecerme nada más que poseerme en una vulgar apuesta, se había metido en mi corazón. La verdad que me siento patética. Tony, no me entregué a ti simplemente por una apuesta, me entregué a ti porque te metiste en mi corazón y la verdad, por más que me cueste decirlo: ¡Te amo!

    Quiero que sepas que contigo hice el amor y no solo fue sexo. Quiero que sepas, que has sido el primer hombre en mi vida, que tú me hiciste sentir mujer y que contigo experimente mi primer orgasmo. Siempre dije que recordaría a mi primer novio por toda la vida y en cambio, tú me has dejado marcada porque eres el único que me ha conocido completamente. No sabes como he sufrido con esa ansiedad de quererte hablar, de decirte que te espero en el mismo hotel, pero si claudiqué porque en realidad lo deseaba, realmente no deseo ser la segunda o la amante en turno… eso no me lo perdonaría. Quiero que sepas que esas horas fueron muy especial para mí, y que de vez en cuando las revivo, como creo que lo seguiré haciendo para el resto de mi vida. Tony, que te puedo decir, si hasta me tiemblan las manos y se me engarrotan las piernas de solo recordarlo: me cogiste divino mi amor… no te lo voy a negar. No creo que te vuelva a escribir, tú sabes que eres una tentación y para poder soportarla me tuve que alejar lejos de ti, ahora vivo en el este del país. Te deseo buena suerte y cuida de tu linda mujer… no andes por ahí haciendo de la de las tuyas… que digo. Un hombre tan guapo como tú y yo hablándole de tentaciones cuando yo ya te soy pan comido… También quiero que sepas, que, si algún día llego a tener un hijo, le pondré tu nombre en tu recuerdo.

    La carta se extendía a más que eso, pues era más íntima y bien descriptiva, pues los dos saboreábamos los mismos besos y olíamos el olor de nuestro sexo. Y después de 24 años nos hemos vuelto a comunicar. María me encontró a través de estos medios cibernéticos. Es madre de una chica de 20 años de nombre Antonia y sí, le llama Toni, en su género femenino en el idioma inglés, se divorció hacía tres años y hoy cuenta con unos espectaculares 45 años. Se sorprendió cuando le conté que mi esposa había muerto en un accidente vehicular 3 años después de lo que habíamos vivido y es por esa razón que me di cuenta de que lo que había escrito en aquella carta me decía toda su verdad: La había dejado marcada. Al volver a conquistarla y volver a desnudarla para hacerla una vez más mía, al bajar ese pantalón vaquero que vestía, vi por sobre su tobillo un pequeño y único tatuaje que llevaba una fecha en letras de un inglés antiguo y que se miraba era un tatuaje opacado por años pasados: 5 de octubre 1994. -le pregunté qué es lo que significaba la fecha. Ella me respondió con una sonrisa: Esa es la fecha que un hombre casado e infiel, me hizo por primera vez mujer. Le seguí preguntando: ¿Al menos estuvo rica la faena? – ¡La mejor cogida de mi vida! – Ingenuo, su sonrisa me recordaba de ese día de octubre y le volví a decir: – Me haces sentir presión, no sé si voy a poder llenar tus expectativas. -y me dijo con su linda sonrisa: -Si ese muchacho hacía maravillas en la cama a sus 27, te imaginas a ese mismo muchacho por sobre sus cincuenta, con esa experiencia de sus años, ¿qué es lo me espera en la cama hoy?

  • Nerdy boy (2-3)

    Nerdy boy (2-3)

    Una nueva piel

    Ese fin de semana fue día de ocio, no salí de casa, mis amigas estarían ocupadas y ciertamente el día no era muy bueno para pasear. Desde temprano me dispuse a no hacer nada, me dediqué a ver películas, series y navegar por internet.

    En esas estaba cuando llegué a una página con ofertas de ropa, así que me perdí visitando los conjuntos, muy bonitos por cierto, y agregando unos cuantos al carrito virtual. Entonces sin planearlo llegué a la sección de ropa interior, pasaba uno por uno los conjuntos y fue en un momento en que el demonio me habló al oído.

    Observando los conjuntos, me imaginaba como se me verían, fantaseando con las miradas de aquel chico vistiendo esa lencería tan sensual. Deslizando la pantalla llegaba a una sección con conjuntos de una sola pieza, transparentes e increíblemente seductores. Tan solo de imaginarme vistiéndolos me puse un poco nerviosa, pero al imaginarme exhibiéndome a mi alumno simplemente fue demasiado, así que sin dudarlo un poco agregué un par a mi orden de compra. Estaba hecho, había confirmado la compra.

    Los primeros días de la siguiente semana fueron de total tensión, la ansiedad me estaba matando. No podía esperar a que me llegara paquetería. Mi alumno ya no me miraba con la misma inocencia, ahora me veía temeroso, ansioso, con deseo, como cervatillo esperando el momento para salir huyendo o atacar para defenderse.

    Por mi parte me la pasé distante, no le dirigía palabra alguna, ni la mirada siquiera. Debajo de aquel escritorio solo se encontraría con unos holgados y estrictamente serios pantalones de oficina. Quería desilusionarlo, deprimirlo, hacerlo perder toda esperanza para que pensara que había sido suerte de un solo día, pero dentro de mí no podía esperar para regresar a aquel juego de miradas, de voyerismo y sumisión en el que lo había envuelto y que me tenía adicta y ebria de poder.

    Por fin llegaba el día, fue el miércoles por la mañana, estaba a punto de ir a la escuela cuando el repartidor toca la puerta. Llena de alegría recibí el paquete cuando el tipo de la paquetería me extendía el registrador de firmas para que aceptara de recibido.

    De inmediato firmé y entré para abrir el paquete. Fue un vistazo rápido pues ya tenía el tiempo encima; pude ver los vestidos, las blusas, y por supuesto los tres conjuntos eróticos de lencería. Uno era de dos piezas, un sujetador totalmente transparente con listones encajes y de más adornos tipo corsé. Como complemento una braga tipo cachetero también transparente. Los otros dos eran de una sola pieza, uno de tipo en “V” con transparencias. Y mi favorito, que era un body con pantimedias incluidas, abierta de la parte de la entrepierna y de hermosos detalles. Con esta imagen en mente me fui al trabajo.

    Ese día estuve muy ansiosa, no me podía quitar de la mente la imagen de mis conjuntos que tantas ganas tenía de exhibir a aquel chico quien al paso de los días parecía resignarse cada vez más. Como pude me contuve y continúe con mi farsa fingiendo total desinterés.

    El siguiente día, jueves, ya era insoportable, me había probado ya todos mis atuendos y no podía soportar más las ganas de exhibirme debajo de aquel escritorio, pero quise esperar. Quise hacerlo hasta el viernes para así tener el fin de semana próximo y evitar sobrepasarme, quería tener el absoluto control. Era lo que me ponía muy caliente, esa sensación de superioridad, de excitar a alguien a esos niveles y poder hacer lo que quisiese, manteniéndolo a merced de mis gustos y caprichos era completamente adictivo para mí.

    Esperé hasta el viernes. Ese día desperté desde muy temprano, no podía esperar más, la ansiedad me consumía y no podía pensar en otra cosa más que en lo que sucedería en mi clase.

    Estaba incontrolable. Terminando de ducharme salí a mi recamara completamente desnuda. Normalmente siempre me pongo una toalla o mi bata, pero ese día no era yo, así que me pasé sin ropa desde el baño hasta mi guarda ropa, sin importar que tuviese que atravesar la sala con las ventanas y cortinas abiertas. No sé si alguien me estuviese espiando, no lo creo, aunque me hubiese gustado mucho. Esa sensación de generar decesos y pasiones a distancia sin que puedan consumarlos me ponía aún más excitada. Me había contenido toda la semana y ya me era insoportable resistirme más, estaba muy caliente

    Frente al espejo la sexualidad se desbordaba, me encantaba, todas esas horas en el gimnasio para forjar aquel cuerpo había valido la pena, sabía que ningún hombre se me podía resistir. Me puse el primer atuendo de lencería de una pieza y no lo soporté más. Aquel diseño en “V” me enfatizaba la cadera fenomenal, mis tetas encastraban perfectamente en la parte de arriba acentuando mi par de atributos bien parados y firmes. Me toqué un poco, pero me contuve, no quería tirar todo por la borda.

    Enseguida me puse una blusa abotonada morada y la complementé con una falda muy corta y holgada en color negro. Si, así era, regresarían las faldas por primera vez en la semana, y con ellas las miradas bajo el escritorio. Finalmente me puse un abrigo, el más grande y robusto que tenía y me fui al trabajo.

    Llegando a la escuela me consumían los nervios, sentía que todos sabían lo que estaba planeando, sufría de paranoia, imaginaba que todos podían verme a través de la ropa. Era muy tonto, lo sé, pero nunca había usado algo así y mi falda era demasiado corta, solo podía cubrirme con mi abrigo el cual no me quité en todo el día.

    Insoportable

    Todos me miraban raro, con lujuria y morbo, seguramente preguntándose si traería algo de ropa debajo, por ello me desabroche el abrigo para mostrar mi blusa y mi falda para evitar que me tacharan de exhibicionista. Lo sé, irónicamente lo era, pero no quería hacerlo público. Eso era solo para aquel alumno, de quien sabía, no saldría una sola palabra, aunque quisiera no tenía amigos con quien divulgarlo. Sí, soy terrible.

    Por fin, llegaba la hora y la clase con aquel muchacho iniciaría. Todo tenía que salir perfecto, no dejaría nada al aire. Lo primero que hice fue ir al baño, quería estar impecable.

    En el baño de profesores, el cual es muy pequeño ya solo tiene dos plazas para cada sexo, y el lavamanos con dos tarjas.

    Para mi fortuna no había nadie, así que me quité el abrigo, me acomodé la blusa en mi falda y me puse el abrigo de nuevo. Me arregle el peinado, me retoque el maquillaje y salí temblando de la ansiedad rumbo a mi clase.

    Una vez más, en aquella vieja bodega que ahora era mi aula de clases. Me senté en mi escritorio haciendo tiempo para que llagaran un poco más de alumnos. Para cuando tomé asiento frente a mi escritorio, aquel joven ya estaba en su sitio, fiel y persistente en el mismo lugar. Le acompañaban otros cuatro estudiantes, con algo de suerte y exagerando un poco, llegarían otras cuatro o cinco personas más. Era una materia horrible.

    Ahí estaba, de nuevo en posición, y más caliente que nunca. El chico miraba, espiaba entre la madera rota. Yo esperaba. Las piernas me temblaban y la respiración se me entre cortaba, pero tenía que ir lento, la clase aún no comenzaba.

    Pasados unos minutos que me parecieron horas, daba inicio a la clase, como bien lo sospechaba con nueve alumnos frente a mí. A mí solo me importaba uno a quien intentaba no darle pistas, pese a que no podía evitar mirarle de tanto en tanto su reacción, seguramente trataba de imaginar cómo vestía ese día debajo de mi abrigo.

    La materia seguía su curso, me apresuré a dejar un trabajo para poder regresar a mi asiento y despejar la pizarra. Terminando de exponer el tema y dejar la actividad que sabía les tomaría algo de tiempo regresaba a mi asiento.

    Por fin estaba a punto de iniciar el juego del voyerista y la maestra exhibicionista sexy y controladora. Me aproximé a mi silla, me quité el abrigo lentamente asegurándome que me viese hacerlo, lo coloqué en el respaldo de la silla y al inclinarme para posarme en el asiento, le di un veloz tirón a mi falda para hacerla subir hasta mi cintura y no sentarme sobre ella.

    Estaba hecho, aquel chico me estaría observando, lo sabía, pero no le ponía un ojo encima, me concentraba en mis apuntes aunque no estuviese leyendo nada. Con la cabeza baja y la vista en mi libreta, comenzaba a abrir y cerrar las piernas, despacio, sin mostrar todo de una sola vez.

    Jugueteaba con mis piernas, cruzándolas una y otra vez, casi no podía soportarlo, sentía como me comenzaba a mojar en cada movimiento. Quería tocarme, realmente lo deseaba.

    Mientras mis piernas jugaban temblorosas en la privacidad explicita de mi escritorio, yo comenzaba a sudar, poco a poco me calentaba cada vez más a medida de mis piernas debelaban más allá de mis rodillas, pero aquellos movimientos juguetones se hacían insuficientes, quería más. Así que bajé una de mis manos lentamente y comencé a tocarme, de inmediato sentí como mi vagina se dilataba y se humedecía por completo. Quería hacerme venir ahí mismo pero la clase aún no terminaba.

    Por fin sucedía, después de una larga semana de espera, ahí estaba aquel pobre adolecente muerto de la impresión de verme nuevamente tocándome bajo el escritorio, y yo, luchando por contenerme las ganas de hacerme correr con descaro mientras intentaba disimular lo que sucedía ahí debajo, al resto de la clase.

    Las sensaciones eran increíblemente placenteras, estaba totalmente perdida en el momento cuando me interrumpe un alumno mostrándome su cuaderno con la actividad realizada y con todas las ganas de poderse ir al fin de tan infame clase.

    Me estremecí un poco, no lo vi venir, no prestaba atención a la clase, estaba perdida. Cuando se acercó me sobresalté y rápidamente saqué mi mano de mi entrepierna para tomar su cuaderno. Lo revisé, lo califiqué y le dije que podía marcharse. Alegremente, así lo hizo.

    Uno a uno, los jóvenes alumnos terminaban su trabajo, me lo hacían firmar y se marchaban aliviados. Yo sabía que desde hace tiempo aquel chico ya había terminado, pero no había hecho intento alguno por finalizar. Seguramente quería prolongar el momento, no lo culpaba, no había otra cosa que más deseaba, pero debía ser yo. Debía controlar por completo el juego, era yo la que decidía y no le permitiría tomarse ninguna libertad. No podía pensar ni elegir ninguna decisión que yo no se lo ordenara. Le haría sufrir.

    Entonces esperé. Mi cuerpo temblaba como nunca, las piernas me titilaban implorándome que las masajeara, que decir de mi coño húmedo como nunca deseoso de mis manos y un buen pene dentro de ella.

    Pero la sed de poder y sumisión era lo único que importaba. Desde que había experimentado esas sensaciones no podía excitarme con otra cosa. Aquel muchacho debía aprender que era yo la que decidía y otorgaba, el solo podía obedecer y esperar. Si me apetecía hacerlo sucedería y si no, no tendría ningún derecho de suponerlo.

    Por supuesto que lo quería, lo deseaba y lo necesitaba, pero de alguna forma debía aprender, así que lo hice esperar.

    Eventualmente mi alumno no pudo fingir más que había terminado aquel trabajo impuesto y sin más remedio se puso de pie para formarse tras el último alumno y entregarme la actividad.

    Cuando llegó su turno me extendió su cuaderno mirándome a los ojos intentado desesperadamente arrebatarme la mirada. Sin embargo yo nunca le regresé la vista. Fríamente le tomé su cuaderno, se lo revisé y se lo regresé. El pobre se había desilusionado por completo, había terminado con sus esperanzas de llegar más lejos. Era justo como lo que quería, sumiso, cabizbajo y sin más suerte que la que a mí me placiera darle.

    Regresaba a su pupitre para alistar sus cosas en su morral y salir. Yo esperaba. El pobre tomaba sus cosas y se aventuraba hacía la puerta, lo hacía lo más lento posible, prolongando el momento aunque fuese unos segundos más. Sin duda alguna estaba esperando que lo detuviese, pero quería hundirlo por completo, que abandonara cualquier esperanza.

    Aguardé en silencio hasta el último momento, justo cuando estaba en la puerta a punto de atravesarla le grité que esperara y le ordené que regresara a su asiento.

    Un poco dudoso daba media vuelta y sin decir palabra, puso de nuevo su mochila en el suelo y tomó asiento.

    La dama de negro

    Pobre, temblaba como gelatina, sudaba y salivaba. Debía creer que la suerte le cambiaría ese día. Pero sufriría como nunca.

    Sin dirigirle la mirada un solo instante, regresé a mis apuntes repasando las calificaciones del día. No habiendo trabajos que revisar, no existía razón alguna para mantener al chico en el salón, pero eso no me importaba, si en verdad quería estar ahí, debía pagarlo.

    Su tiempo me pertenecía, ese tiempo que tantos años le había quitado su madre, ahora era totalmente mío. Me encantaba el hecho de separarlo de ella, de arrancarle sus más profundos deseos de hombre a costa de la protección de ella quien bien sabía le estaría esperando en aquel parque a pocas cuadras de ahí.

    Me levanté sin mirarlo en ningún momento y comencé a desabotonar mi blusa lentamente. Sin prisa separaba botón por botón hasta abrir por completo mi blusa, enseguida la hice deslizarse despacio sobre mis hombros para quitármela, la doblé con toda calma, la acomodé sobre el escritorio y regresé a mi asiento.

    Ahí aguarde un tiempo con el torso develando aquella hermosa lencería transparente que dejaría ver mi par de pezones tras la delgada tela. No había comunicación de ningún tipo; no le hablaba, no lo miraba, no hacía nada. Tampoco había prisa, sabía que aquel vejestorio de salón nadie se le acercaba, se encontraba fuera del radar, en lo más recóndito de la escuela.

    Lástima por él si me dirigía la palabra, no tenía derecho de voz ni de voto, pues con el dolor de mi alma me obligaría a terminar con todo. Si tanta prisa tenía, que se largara, pero si iba a estar ahí, sería por mí y para mí.

    Tras una larga espera sin hacer nada en absoluto más que fingir ocupaciones en mi libreta, mi alumno esperaba sentado pacientemente como niño bueno. Se portaba como todo un buen muchacho. Por fin había logrado alejarlo de su mami, estaba dejando en claro que en ese momento me prefería a mí y eso me hacía sentir increíblemente poderosa, superior y muy, muy caliente.

    Viendo que se comportaba como quería, decidí premiarlo. Me puse de pie nuevamente y sin cruzar miradas en ningún instante me senté frente a él sobre el escritorio. Ahí por primera vez en todo el día le miré directo a los ojos. Él temblaba, en su mirada se podía observar el miedo y temor pero sobre todo deseo.

    Sus ojos se calvaban en los míos, pero por supuesto que no podía evitar desviar su mirada a mis pechos, ahora más de cerca podía observar a través de la transparente tela mis pezones erectos color miel tostada.

    Aun sin decir nada, lentamente abrí mis piernas poco a poco hasta separarlas por completo. Esta vez sin quitarle la mirada ni un instante para observar cada sutil cambio en su reaccionar. Me subí la falda con movimientos lánguidos y pausados hasta develar el resto de mi lencería de una pieza.

    Mirando como su respiración se hacía tan acelerada y profunda que le hacía tragar grandes tragos de aire por la boca, por fin me toqué como quería hacerlo desde el primer día de la semana.

    Al fin estaba cumpliendo mi fantasía que tanto tiempo me había llevado fabricar. Estaba ahí, tocándome frente a mi alumno quien paralizado de la impresión, no podía hacer más que observar y esperar cual cachorro bien educado. Justo como lo quería.

    Entonces me desabroché el traje de los ganchillos que se sujetaban justo en mi entrepierna. El muchacho solo observaba mientras lentamente dejaba mi pálido, húmedo, depilado y brillante coño al descubierto, que ya había dejado mi lencería nueva empapada por completo.

    Sin poder resistir un solo segundo comencé a masturbarme, siempre con la vista fija, seria y sin expresión en los ojos de mi alumno, quien no me despegaba su mirada de mi vagina mientras la estimulaba a placer.

    Mis dedos se deslizaban entre mis labios vaginales completamente mojados, producido un chapoteo de lo más excitante, cuando al fin lograba gesticular palabra en mi boca para ordenarle a mi alumno que se pusiera de pie, con voz firme, seductora y completamente excitada al borde del colapso.

    Le ordené. Él obedeció temblando, mirándome con terror y desesperación. Enseguida le pedí fríamente que se bajara los pantalones. Dudó, pero al ver que no me obedecía, al instante le cerré mis piernas de tajo, las crucé y poniendo mis manos juntas sobre mis rodillas me le quedé mirando seriamente.

    Si no me quería obedecer, buen tiempo era para que se marchará de regreso con mami, aunque me estuviese muriendo de la excitación por las malditas ganas de hacerme correr de una desgraciada vez.

    Quizá al ver mi rostro habría deducido mi frustración y enfado, por lo que comenzó a desabrochar su cinturón, desabotonar su pantalón y finalmente bajárselo hasta los tobillos. De inmediato pude ver su pene completamente erecto levantándose como poste debajo de sus bóxers.

    Nunca me hubiera imaginado que lo tenía así de grande, casi rasgaba la tela de su ropa interior. Aquello me puso todavía más excitada. Enseguida le ordené que se quitara todo. Apenas bajaba su prenda, su largo palo rosado me apuntaba directo a mi coño como animal hambriento y babeante queriendo comérselo.

    En verdad me moría de ganas por metérmelo hasta adentro y cabalgarlo como zorra de un solo bocado sin importar cuánto me doliera. Pero debía controlarme, el que debía sufrir era él, no yo. Sabía que si yo estaba a esos niveles de excitación, seguramente para él debía ser una terrible y abominable tortura.

    Sin decir más, separé mis piernas nuevamente y las abrí cuanto mi flexibilidad me lo permitía. Entonces, al separarse mis muslos y labios vaginales, un pequeño flujo escurrió por mi coño derramándose hasta caer al suelo.

    Realmente nunca había estado tan caliente. De inmediato tomé el delgado hilo de mis fluidos y los restregué en mi clítoris. Estaba al borde del orgasmo, ya nada me importaba, por fin la hora había llegado y me dejaría correr como loca.

    Regresé mi vista que se había embelesado en mi sexo babeante a los ojos de mi alumno, quien a su vez, no podía separar la vista del increíble espectáculo que sucedía entre mis piernas. Entonces le ordené con voz engarzada completamente extasiada que se masturbara también.

    Sin dudar un segundo bajó su mano y comenzó a jalársela casi al mismo ritmo que yo me masajeaba mi clítoris. Mientras lo miraba frotando su gran pene con esmero y placer, sentía como mi vagina comenzaba a dilatarse por completo mientras dentro de mí se aglutinaba un enorme orgasmo inminente por explotar en mi vagina.

    Ya completamente perdida y fuera de cordura, me bajé del escritorio y me acerqué a él, le tomé la mano con la que se estrujaba su miembro y se la llevé hasta mis tetas embarrándome todos los pegajosos jugos de su pene en ellas. Mientras me tocaba, bajé mi mano libre hasta su larga tranca, la sujeté con firmeza y comencé a recorrer mi mano lentamente a lo largo de él.

    Estaba a punto de agacharme para darle la mejor chupada de mi vida y tragármelo completo, pero en ese momento sentí las espasmódicas contracciones en su miembro que me indicaban que había sido demasiado para el chico.

    Al bajar la mirada a su tierna extremidad erguida en mi mano, pude ver justo lo que me temía. Aquel pene desfallecía eyaculando con mi palma, mientras el pobre se apretujaba con las manos para recibir su propio semen en ellas, evitando chorrear por todo el piso.

    En parte había sido mi culpa, lo había llevado a niveles de excitación insoportables, de hecho lo era para mí misma. Había ido demasiado lejos y lo había echado todo a perder.

    Resignada, di media vuelta a mi silla, tomé mi blusa y comencé a ponérmela sin revelar expresión alguna. Aún abotonándome la prenda, miraba con pena a mi alumno limpiándose con las hojas de cuaderno tiradas en el piso. Después se vistió nuevamente y salió del salón con la mirada baja completamente desdichado.

    Incontinencia

    Todavía con la calentura a tope, me acomode mi blusa y mi falda, me puse mi abrigo, lo cerré, y salí de ahí con bolso en mano. Caminé por el oscuro pasillo que conectaba al recóndito almacén/aula con el resto de la civilización en la escuela. Pasé por los baños de maestros y sin pensarlo, entré.

    Ahí estaba una colega mía arreglándose en el espejo, seguramente restaurando su maquillaje para que sobreviviera la segunda parte del día. La saludé con una gran sonrisa y entré al cubículo del WC.

    Me senté con la tapa cerrada y la ropa puesta para intentar relajarme. Respiré profundamente y cerré los ojos esperando que me regresara el alma. Pero no pude. Con los ojos en penumbras las imágenes del recuerdo me llegaban vívidas y nítidas a la mente. Podía revivir con claridad el recuerdo del largo, blanco, limpio, rosado y húmedo pene de mi alumno apuntándome como rifle a su presa.

    Entonces, sin abrir los ojos comencé a tocarme por encima de la blusa metiendo mis manos bajo el abrigo. Estaban duras como nunca, mis pezones erguidos igual que la polla de aquel chico, y mi respiración incontrolable me hacía jadear con la boca abierta, como esperando aún meterse ese jugoso pene para darle una buena mamada.

    Mientras mis manos recorrían mis senos inmiscuyéndose cada vez más entre los botones de mi blusa tocando aquella lencería, sentía el palpitar fuerte y sonoro de mi corazón bombeando en mi pecho. Lentamente bajé hasta mi falda y sin detenerme metí mi mano debajo hasta mi coño intentando desesperadamente por desabrochar la pieza intima que minutos antes había modelado con descaro frente a mi alumno.

    Incapaz de hacerlo con una sola mano, me levanté por un momento, me subí la falda y me desenganché la prenda para poderme tocar libremente. De vuelta al inodoro cerrado, abrí mis piernas a su máxima flexibilidad y sin más me ensarté un par de dedos. Fantaseando con el recuerdo de la dura y larga tranca de mi alumno, imaginaba que mis dedos que me hacían el favor por fin, sería aquel pene entrando en mi cavidad mojada.

    Metía y sacaba los dedos más largos de mi mano, tan profundo como podía, y aunque no era suficiente, aquella sensación me hacía sentir al fin esos placeres que tanto necesitaba, produciendo esos característicos sonidos pegajosos de mis dedos en mi coño chorreante.

    Sabía que a fuera aún estaría mi compañera arreglándose su peinado, pero no me importó en absoluto, lo necesitaba, ya no lo podía soportar un segundo más, el orgasmo era inminente e insoportable.

    Entonces, en el recóndito y pequeño cubículo, aceleré los movimientos de mi mano, presionando fuertemente en mi punto de placer al tiempo que mi respiración y jadeos se hacían más evidentes. Poco a poco se me escapaban uno que otro gemido, mientras comenzaba a sentir las contracciones en mi vagina que bombeaban fuertemente desde mi corazón a mi parte más íntima, cuando de pronto sentí al fin, aquel gran orgasmo que se amotinaba en mi entrepierna, explotado fuertemente sin control, entre espasmos que expulsaban todo ese fluido orgásmico que escurría a través de mis dedos, cuando se me escapaba un profundo y agudo grito entre cortado que intentaba capturar con mi otra mano tapándome la boca.

    Terminando, tras un profundo suspiro con el que relajaba por completo todo mi cuerpo, agradecido por satisfacer las caricias que tanto necesitaba, salí del cubículo del baño. Ahí mi compañera aún se retocaba el maquillaje muy cerca del espejo. Completamente apenada, me acerqué a su lado en el lavamanos restante para enjuagarme mis manos aún impregnadas de mis jugos vaginales.

    Sin dirigirnos palaba alguna, y en cabida de lo posible la mirada, pude ver con mi visión periférica el reflejo de su rostro en el espejo expresando sofoco, vergüenza y sonrojo. Sabía que habría escuchado todo el espectáculo orgásmico, y que perfectamente tendría en conocimiento lo que acababa de hacer, pero ya no había vuelta atrás, estaba hecho y en verdad lo necesitaba. No me arrepentía, me sentía fresca y aliviada.

    Si te ha gustado el relato. No te pierdas la primera y última parte.

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    Que tengas lindas fantasías.

  • Tino, mi vecino me vuelve a chantajear

    Tino, mi vecino me vuelve a chantajear

    Ya hacía más de 15 días que mi perverso vecino, Tino, me había amenazado con descubrir lo que solíamos hacer mi vecino Luis y yo. Aquel día me hizo subir a los trasteros y allí me dio por el culo, me sodomizó con dos enormes consoladores, me habia sacado unas fotos con aquellas monstruosidades ensartadas en mi culo, y luego me dio por el culo preñándome con su leche.

    Aquel día después de hacerme suyo, me había dicho que para la semana siguiente quería que lo volviera a visitar, no me había dicho que día ni a que hora, por lo que me supuse que él me volvería a contactar como había hecho en aquella ocasión.

    Yo no las tenía todas conmigo y trataba de no coincidir con él. En dos ocasiones lo había visto entrar en el edificio, por lo que dejé que subiera el solo y no me viera. Así al menos no podría contactarme, que iluso era yo, claro que él me tenía bien vigilado y sabía que yo trataba de evitarlo.

    Lo que hizo el muy cabrón y perverso vecino, fue enviarme recado por mi vecino Luis. Este aquel día al verme entrar en mi casa, fue a la ventana y esperar a que yo lo viera. Tan pronto lo vi, empezó a hacerme señas para quedar. Me hacía señas preguntándome si estaba solo, y al decirle que sí, volvió a hacerme señas para que le abriera la puerta de mi casa sin que nadie nos viera.

    Yo pensé que lo que quería era que hiciéramos como en tantas ocasiones, mantener un encuentro sexual, algo rápido y furtivo como solíamos hacer. Ya estaba empalmándome, pensando en lo que íbamos hacer, por lo que rápidamente fui hacia la puerta y esperar que él saliera de su piso, abriendo yo sigilosamente la puerta de mi casa dejándolo pasar furtivamente sin necesidad de que tocara el timbre y así nadie pudiera sospechar nada.

    Cuando escuché cerrar la puerta de su casa, abrí sigilosamente la puerta de la mía, dejando que pasara rápidamente. Entró sigilosamente y después de cerrar la puerta sin hacer ruido alguno, nos fuimos para mi habitación.

    Nada más entrar en mi habitación, nos abalanzamos uno contra el otro empezando a meternos mano y comernos la boca con desesperación. Yo empecé a sobarle la polla y genitales, y mientras le mordía los labios, buscaba con mis manos su cinturón para aflojárselo y empezarle a bajar el pantalón.

    Espera espera, me decía él, tengo que darte un recado de Tino, me decía mientras yo seguía comiéndole la boca y aflojándole el cinturón. Nada más escuchar el nombre de Tino, me quedé paralizado mirándole a los ojos.

    ¿Por qué le hablaste de lo nuestro? Le solté de sopetón.

    Yo no le dije nada, fue él el que nos descubrió, me dijo que sabía lo que hacíamos y que él quería ayudarnos. Que, si le dejábamos participar, hasta podríamos ganar algún dinero con él.

    Tiene amigos y que nos pagarían si nosotros queríamos estar con ellos

    Ya me dijo que estuviste el otro día con él en los trasteros y que habías quedado para la semana siguiente. Lo tienes medio cabreado, dice que no fuiste y que lo andas evitando.

    Qué hijo de puta… ¿eso te dijo?

    Sí, me dijo que habías hecho lo mismo que yo, y que habías quedado otra vez, pero que no apareciste.

    El hijo de puta, lo que hizo fue chantajearme. Que, si no me dejaba dar por el culo, iba a descubrir lo nuestro. Dice que tiene fotos y videos de ti.

    A mí, también me sacó fotos, y ahora quiere que vuelva si no quiero que mis padres descubran esas fotos y sepan lo nuestro.

    Yo caliente y cabreado mientras le contaba lo que había pasado con el hijo de puta de Tino, iba bajándole el pantalón a Luis, metiendo mis manos por el elástico del slip, liberando su polla y genitales.

    Dios, como me gustaba la polla de mi vecino, el cabrón ya estaba empalmado como un burro. Olía a sexo y la polla se veía hinchada con el capullo enrojecido asomándose por la piel del prepucio.

    ¿Cuándo lo viste? Le pregunté.

    Hace cosa de 2 horas que estuve con él.

    ¿Estuviste en los trasteros con él?

    Sí, fue cuando me dio el recado para ti. Me dijo que el jueves a las 3 de la tarde fuéramos los 2 a su casa sin falta, que si no tú ya sabías lo que pasaría.

    ¡Joder! Exclamé, descapullándole la polla mientras le bajaba el pantalón y slip hasta los tobillos.

    Estos días no puedo ir, hasta el sábado no tengo libre. Tienes que decirle que no puedo hasta el sábado, dile que el sábado por la mañana a las 11 iré a los trasteros, que antes no puedo ir.

    Me agaché para llevar aquella polla a mi boca, empezando a chuparla mientras la descapullaba y acariciaba sus bolas.

    ¿Follaste con él? Le pregunté.

    Sí, me contesto. Me dio por el culo mientras me enseñaba tus fotos.

    Joder que maricón eres, y ya tienes ganas de follar otra vez, ¿eh?

    Ya sabes que yo siempre tengo ganas, me decía empujando mi cabeza con sus manos a la vez que impulsaba su pelvis, haciendo que tragara toda su polla. Además, después de la follada que me dio Tino, y ver tus fotos con aquellos consoladores abriéndote el culo, me han dejado con más ganas.

    Que cabrón mi vecino, si yo era un maricón empedernido, él todavía era más que yo. Le gustaba hacer de todo, que lo follaran, follarte él, y le encantaba hacer el 69, y que le dejaran correrse en la boca y le bebieran todo el semen. Le encantaba subirse a horcajadas, que abriera la boca, y mientras le acariciaba los cojones y le metía los dedos en el culo, él se pajeaba hasta correrse en mi boca y cara. Le gustaba ver como su semen salía cayendo sobre mi boca y cara, terminando por introducir su verga en mi boca y que terminara de succionarle todo el esperma que salía de su verga.

    Sin poder aguantar más, dejé de chuparle la polla, empezando a quitarme la ropa. Lo mismo que hizo él, terminando de desnudarse, quedando ambos desnudos por completo, como dios nos trajo al mundo.

    Una vez estuvimos desnudos, nos abrazamos uno al otro, empezando a magrearnos besándonos, recorriendo con nuestras manos todo el cuerpo, acariciándonos mutuamente.

    Quiero que me folles y te corras dentro de mi culo, le susurraba mientras le mordía los labios. Quiero sentir tu verga dentro de mí y que me dejes preñado con tu leche.

    Sin poder aguantar más, le cogí de la mano, lo llevé hacia mi cama, me subí a ella colocándome a 4 patas, le dije que me follara. Vamos métemela le dije, girando la cabeza mirándole cómo se quedaba mirándome.

    Mejor acuéstate boca abajo y déjame montarte tumbado sobre tu espalda, me dijo mientras se subía a la cama, poniendo sus manos sobre mi culito, empujándome para que me tumbara, así como estaba.

    Yo no protesté nada, solo me dejé caer, así como estaba, quedando boca abajo, en espera de que el me abriera de piernas y empezara a montarme, metiéndome su rica verga en mi ardiente y desesperado culo.

    Y eso hizo, me abrió de piernas colocándose en medio de ellas, buscó mi entrada con su mano, y después de mojar sus dedos con saliva, empezó a introducirme uno de ellos.

    ¡Ohhh ooohhh! Gemí al notar como mi esfínter se abría dejando que su dedo se introdujera en mí. Jugó con él y después de meter y sacarlo varias veces, metió un segundo dedo, haciendo que mi esfínter se expandiese más, y fuese abriendo y dilatando, en espera de su polla.

    Yo gemía y levantaba mi culo dejando que sus dedos me fueran abriendo el culo, ¡ooohhh ohhh! Gimoteaba notando sus dedos hurgar dentro de mi culo. ¡Ohhh Luis! Métela ya, gimoteaba pidiéndole que me ensartara la verga de una vez y empezara a cabalgarme.

    Sacó sus dedos de mi culo, se arrimó más a mí y pidiéndome que levantara un poco el culo, colocó la punta de su polla en la entrada a mi agujerito y dando un movimiento a su pelvis, metió todo su glande dentro de mi ardiente y caliente culito.

    ¡Ohhh! Gemí al notar como la cabeza de su verga entraba en mí, ¡ooohhh ohhh! Volví a gemir notando como Luis, se tumbaba sobre mi espalda e iba introduciéndome toda su hombría dentro de mí.

    Se acomodó sobre mi espalda, a la vez que impulsaba su pelvis ensartándome su polla en lo más profundo de mis entrañas, mientras yo no paraba de gimotear, dejando que me diera por el culo.

    Así montado como me tenía, empezó poco a poco a mover su pelvis, empezando a darme por el culo.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gemíamos ambos a la vez.

    Te gusta, me decía mientras me serruchaba el culo introduciendo su verga una y otra vez, haciendo que yo levantara mi culo en busca de su polla, notando como se introducía una y otra vez en mí, sin dejar de llorar gimoteando.

    Dios que gusto sentía, notaba su polla entrar y salir una y otra vez, golpeando su pelvis mi culito cada vez que me ensartaba toda la polla.

    Apoyando los codos sobre la cama, me ayudaba con ellos a impulsar mi culo, levantando un poco la cintura, elevando de esta manera un poco mi culo, buscando su verga, sin querer que su pelvis se despegara de mi cuerpo. Me gustaba notar su pubis pegado a mí, el roce de sus vellos púbicos rozarme el culo, y como sus bolas golpeaban una y otra vez la entrada a mi ano.

    Se escuchaban nuestros gemidos y el plof, plof plof, de su pelvis golpear mi culo una y otra vez mientras era culeado, tumbado boca abajo sobre mi cama, siendo montado por mi vecino Luis.

    Ya empezaba a culearme cada vez más rápido, sabiendo yo que en poco tiempo empezaría a correrse, dejándome preñado el culo con su leche.

    Y así fue, empezó a culearme salvajemente, empezando a gritar que se corría, ¡ohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba derramando todo su esperma dentro de mi culo, dejándome preñado con su semen.

    Los dos estábamos sudando, yo todavía tumbado boca abajo sobre mi cama, y él tumbado sobre mi espalda, dejando que su polla fuese soltando sus últimas gotas y fuese saliendo de mi culito mientras ambos recuperábamos la respiración.

    Después de recuperarnos, Luis echándose a un costado de mi cama, quedó boca arriba viendo mi cara de satisfacción y felicidad. Llevó su mano a mi cara a la vez que empezaba a besarme los labios. Me acariciaba con su mano mientras me besaba, para ir luego buscando con su mano mi polla y empezar a acariciármela. Vio que estaba toda pringada de semen, por lo que empezó a acariciar los genitales, mientras yo me daba la vuelta dejándole que me fuese acariciando los genitales y me empezase a menear la polla.

    Chúpamela, le pedí. Quiero correrme en tu boca le dije mientras él me besaba, y yo llevaba mi mano a sus genitales empezando a sobárselos acariciándolos.

    No hizo falta que le dijera nada más, colocándose a 4 patas, dejó mi cabeza en medio de sus piernas, llevó su boca a mi entrepierna, y mientras me acariciaba los genitales, metió mi polla en su boca, empezó a chuparla a la vez que me iba meneando la polla, esperando que soltara mi leche en su boca.

    Mientras yo me retorcía gimiendo de gusto, agarré su polla que colgaba medio morcillona delante de mis narices, metiéndomela en la boca, empezando a chuparla, limpiándole todos los restos de semen que le quedaban.

    No tardé ni un minuto en correrme, nada más empezar a chuparme el glande mientras meneaba mi polla, empecé a gemir agarrando su morcillona verga, a la vez que se la chupaba, limpiándola de todo resto de semen. Largué 4 trallazos de semen, que el muy maricón de Luis, se tragó, haciéndome retorcer de gusto mientras succionaba mi polla tragando toda mi corrida.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemía retorciéndome de gusto, mientras él sorbía toda mi esencia.

    Luego de reponernos de esta tremenda cogida que me dio mi vecino, nos vestimos y luego de enviarle el recado al perverso y chantajista de nuestro vecino Tino, por él, diciéndole que hasta el sábado por la mañana yo no podía quedar, Luis salió de mi casa, yendo junto a Tino para darle el recado.

    Al poco tiempo ya estaba de vuelta Luis. Desde la ventana me hizo señas para que lo llamara por teléfono, cosa que hice, poniéndose él a la primera señal de llamada. El sábado sin falta me dijo. Que te esperaba a las 11 en su casa, que no subas al trastero. También me dijo que fuera yo si podía, que quería estar con los dos.

    Colgué el teléfono, quedando pensando en que nos iba hacer el cabrón del vecino.

    Podéis escribirme a: [email protected].

     

  • Nos descubre su marido, termina mal

    Nos descubre su marido, termina mal

    Cris la recepcionista de la que ya les había hablado en algún relato anterior, nunca pensé que esta mujer tuviera un historial muy explícito, varias veces le había pintado los cuernos a su marido y el tipo siempre había reaccionado mal cada que la descubría o le daban el pitazo, ¡pero no me imagine que me tocaría a mí también!

    Me había ido con Cris a bailar y tomar, obviamente después de la muy buena velada, fuimos directo a su casa, ya que ella me dijo que su marido estaba fuera, así que acepte, admito que ya no quise gastar más y decidí que lo mejor sería ir a su casa, ¡nada como la comodidad del hogar!

    Llegamos y después de una copa más, mi querida recepcionista comenzó a hacerme un rico oral, mi verga era succionada muy rio, mis testículos eran mordidos fuerte y suave, ¡su lengua lamia la cabeza tan rica que me hacía gritar!

    L: ¡Bebe que bien lo haces!

    C: ¡Me fascina tu verga!

    L: Es tuya, cómetela, ¡cómetela toda!

    ¡Saco sus tetas y comenzó a masturbarme con ellas, mientras subía y bajaba sus pechos apretando mi palo, su boca tragaba mi verga!

    Saqué mi celular y comencé a filmar esa escena digan de cualquier película porno, ella mitraba la cámara desafiante y más me ponía dura la verga, con una mano la tome de la cabeza y la comencé a empujar fuerte a mi polla, se transformó inmediatamente en una garganta profunda, mi verga no salía ni para dejarla respirar, me constaba más trabajo grabarla y mis gemidos eran más fuertes!

    L: ¡Así, chiquita, así, dios mío!

    Mis testículos empezaron a ponerse rígidos, mi verga se puso más dura y sentí como comenzaba a cargarse de leche caliente, ella al sentir eso, comenzó a mamar más rápido, increíblemente mis 21 cm desaparecían en su boca, en ese momento no pude más y termine en su boca, ella miraba la cámara y mostraba como se comía mi leche, algunos residuos de ella caían sobre sus tetas, ¡haciendo el momento inolvidable!

    C: ¡Eres muy lechoso, eso me encanta de ti!

    L: ¡Guau! ¡Qué manera de hacerme llegar!

    C: Quisiera ser la única que te haga esto, ¡pero no se puede!

    L: ¡Jajá, sabes que somos casados, además tanto tu como yo, tenemos más detalles (amantes)!

    Charlamos y reposamos unos minutos, no imagine que ese hubiese sido un tiempo que nos hubiera evitado mucho al final, pero platicábamos de varias cosas.

    ¡Nos fuimos a su cama, ella se acostó y fui directo a su vagina, su depilada concha húmeda y lista para ser devorada, enrollaba mi lengua para penétrala y rozar su clítoris, le acariciaba sus muslos y sus tetas, ella se movía para que mi lengua estimulara su clítoris!

    C: ¡Ah, nene, así, uf!

    L: ¡Sabes riquísimo nena!

    Le hice sexo oral por unos 10 minutos, mi lengua ya estaba escalada, no tenía saliva y ella estaba empapada por mi saliva y sus fluidos, ¡fue entonces cuando se puso en cuatro y me pidió la penetrara!

    ¡La tomé de la cintura y con fiereza le metí mi verga, ella cerraba los ojos y se mordía la boca, sus movimientos acompañaban los miso para generar aún más placer, le apretaba las tetas y el daba de nalgadas!

    L: ¡Que rico aprietas mi verga!

    C: ¡Ah, papi, así, que rico!

    Me acosté y ella subió a cabalgarme, se movía maravilloso, me comía sus tetas y me deleitaba acariciando su trasero, que maravilloso era tenerla encima mío, ¡moviendo su cuerpo y tragando toda mi verga!

    L: ¡Me excitas mucho, coges deliciosos!

    C: ¡Que dura y grande!

    L: ¡Es tuya, devórala con tu concha!

    C: ¡Agh, así, te gusta, uf!

    L: ¡Sí, mucho!

    Me puse de pie y la acomode a la orilla de la cama, la tome de sus pies y subí sus piernas, ella se abrió para mostrarme el camino a su concha, ¡la metí despacio mientras le besaba las piernas y sus pies!

    Últimamente se me había hecho fetiche los pies de las mujeres y casi siempre me los comía, mientras mi verga les metía fuerte y con Cris no sería la excepción

    C: ¡Agh, papi, que rico!

    L: ¡Aprietas riquísimo, uf!

    Volví a subir a la cama y esta vez le hice un “patitas al hombro”, le besaba las tetas y su cuello, ¡ella me apretaba las nalgas para sentirla más y más!

    ¡Me excitaba mucho el saber que estaba en la cama que compartía con su marido y que la llenaría de mis fluidos!

    L: ¡Eres una malvada!

    C: ¡jajá, soy joven y quiero gozar!

    L: ¡Seria mi mujer perfecta, uf!

    C: ¡Si, y tu mi hombre, dios!

    Me senté en la cama y ella dándome la espalda empezó a darse sentones, yo le acariciaba el clítoris con mi mano, le besaba el cuello y ella se repujaba tan rico, que sentí como mi verga nuevamente se inflaba de semen, ella al notarlo se movía más y más, ¡se dejaba caer con fuerza y movía su cadera majestuosamente!

    C: ¿Te vas a venir Luis?

    L: ¡Creo que sí, uf!

    C: ¡Termina dentro, termina dentro!

    L: ¿En serio?

    C: ¡Dame tu lechita caliente, dámela toda!

    Empecé a venirme en su concha, ella se movía también y logro llegar al mismo tiempo, nuestros fluidos se mezclaban maravillosamente, gemíamos y gritábamos del placer, el momento era maravilloso, ¡su concha y mi verga se estremecían juntas!

    C: ¡Luis, que rico, Luis!

    L: ¡Bebe, eres fabulosa!

    Estábamos reposando cuando de pronto el entro, un tipo con un arma nos apuntaba a ambos y comenzó a insultarnos.

    -Hijos de puta, ¿así que con este me pones los cuernos?

    C: ¡Raúl, que haces aquí!

    R: ¡Estaba esperando el momento de cacharte en tu movida, maldita puta!

    L: Relájate amigo, ¡no es su culpa solamente!

    R: ¡Cállate imbécil!

    ¡El tipo disparo hacia el techo, Cristina empezó a llorar, yo estaba tenso, pero me mantenía firme, sin mostrar ninguna expresión, ¡el me miraba y apuntaba con su arma!

    R: ¡Lárgate perro!

    C: ¡No, no te vayas Luis!

    R: ¡Tu cállate perra!

    ¡Le dio una cachetada, yo trate de detenerlo, pero me volvió apuntar con el arma, me aventó mi ropa y apuntándome me saco de la casa!

    Me sentí un cobarde, por fuera escuchaba la golpiza que le daba a Cris, pero no podía hacer nada, cuando el dejo de gritar y ella de llorar, ¡prácticamente llorando salí del lugar!

    Cristina ya no regreso a trabajar el lunes, me bloqueo y se perdió todo el contacto con ella, pasó un mes y la vi en un Wall mart, quise acercarme a ella, pero inmediatamente huyo, el verla me dio un poco de alivio, pero a veces me pregunto…

    Sera correcto lo que hago?, ¿soy víctima o victimario? ¡No lo sé, solo sé que me detuve por un par de semanas antes de regresar a las andadas!

    Sé que este relato termina algo turbio, pero no soy al primero que le sucede esto, si quieres intercambiar relatos o charlar, escríbenos.