Autor: admin

  • Carolina la piernuda

    Carolina la piernuda

    No sé qué me ponía más, su voz aguardentosa o sus ricas piernas, su hermosa mirada o todita ella, Carolina Rocha siempre me enloqueció, trabajando en la televisora podía verla diario lucir esos minivestidos, mostrando sus ricas piernas, la tenía dura todo el tiempo, pero para mí siempre era un sueño imposible, una mujer a la cual le dedicaba algunas cuantas pajas.

    Pero como siempre he tenido una muy buena suerte, un día en el set, ella estaba buscando quien fuera su asistente por un día ya que el suyo no estaba se reportó enfermo me miro a los ojos y sin más sin más me dijo que me fuera con ella, que tenía que apoyarla, la mire de arriba abajo y ella con su encantadora sonrisa me convenció, no hacía falta que me lo ordenaran, sería su esclavo si ella lo pidiera.

    Llegue a su camerino y tenía un montón de vestidos colgados, ella cantaba y bailaba yo arreglaba algunas cosas, le servía agua, parecía su guarura la seguía a donde fuera como un perro fiel.

    C: ¡Luisito eres muy servicial, voy a pedir su cambio!

    L: ¡Sería un placer!

    Ella es amable y muy coqueta, empezó a practicar su postura, leía sus redes sociales y me pedía le tomara selfis, sus poses e ponían nervioso, ella comenzó a beber un poco, un vodka con jugo de arándano, estaba tensa, yo seguía apoyándola, pero sabía que algo tenia.

    Finalmente, después de que la maquillaron se vistió, su minivestido azul y tacones azules era la vestimenta elegida, me miro coqueta y me dijo; Como me veo… yo la mire boquiabierto y le dije que muy bien, ¡ella me miro sonrió y me dio un beso en la mejilla mientras se bebía un vodka más!

    C: ¡Uf, que estresada, este es el último programa debe salir bien!

    L: ¡Si señorita!

    C: ¡Dime Carolina o caro, pero no señora ni señorita!

    L: Ok, caro, estas muy tena, debes relajarte, ¡todo saldrá bien!

    C: ¡Lindas palabras hermoso, pero algo me pone nerviosa!

    L: ¡Si me lo permites te puedo dar un masaje relajante en tus hombros!

    Ella me miro seria, pero después con una sonrisa se sentó en su cómoda silla y me dijo que tenía 15 minutos ya que esa hora entraba a set.

    Tomé su crema de almendras y empecé a masajearle sus hombros, con la palma de mis manos apretaba sus nudos de su hermosa espalda, ella hacia gemidos de placer, se reía y me decía que sentía rico, con mis dedos comencé a sobar su cuello, le daba caricias suaves y al mismo tiempo en los lugares correctos, ella estaba disfrutando, sus ojos cerrados y muecas con su boca, sentí como se erizaba mis manos bajaban por su hombros y acariciaban su espalda, el escote de su vestido me dejaba disfrutar más su espalda.

    De pronto la excitación me doblego y mi boca bajo a su hermoso cuello, un tremendo y delicioso beso le di, ella suspiro y abrió sus ojos, pero cuando estaba a punto de decirme algo la llamaron a set, ella me miro y salió a su lugar, durante todo el show me miraba cada que podía yo no le quitaba la mirada de encima, de su ricas piernas y escote, ella me miraba desafiante, en cada corte me acercaba a darle e agua, o lo que me pidiera, ella actuaba normal cuando alguien más estaba, pero si solo estaba ella me miraba y no decía nada, solos e tocaba el cuello.

    El show llego a su fin, el protocolo de todos los días paso y ella salió directo a su camerino, yo la seguí como su pero fiel, al entrar me pidió cerrara la puerta con seguro, y tomó un vaso de vodka me miro desafiante y empezó a cuestionarme.

    C: ¡Luis, explícame que paso hace rato!

    L: ¡Lo siento señorita no quería hacerlo!

    C: ¡Me besaste el cuello! ¿Qué te crees?

    L: Disculpe, es instinto, cada que le doy un masaje a alguna chica termino haciéndole el amor y así empiezo, solo que esas chicas son mi pareja en ese momento, discúlpeme, me da pena, pero es que usted es guapísima, una diosa, no lo pude evitar!

    Ella me miro seria, yo sudando por lo que sucedería me daban ganas de correr, de pronto ella sonrió se acercó a mí y comenzó a besarme muy rico, me quede anonadado, ella sonrió y entonces la tome de su cintura y la bese con mucha pasión.

    C: Me gusta lo que hiciste, hace tiempo nadie me tocaba así, ¡vámonos a mi casa!

    L: ¡Como diga, aunque no respondo por mis acciones!

    C: ¡Adoro tu estilo nene!

    Llegamos a su lujosa casa, una casa grande pero solo estaban sus perros, subimos directamente a su cuarto, ella ya no traía su vestidito, traía una minifalda sus tacones abiertos y su blusa floreada escotada, la besaba con pasión, ella me quito mi playera y comenzó a besarme el cuello y los pezones, los mordía jugaba con ellos, eso me la puso durísima, le quite su blusa y bese sus pechos, baje por sus tetas a su plano abdomen el cual lamí como gato, ella me despojo del pantalón acariciando mi verga por encima de mi bóxer, yo hice lo mismo con su mini falda, le deje su tanga y sus zapatos, no podía creer que estaba con Carolina en su casa a punto de cogérmela!

    Le quité su brasear y empecé a devorar sus magníficas y duras tetas, su pezón color claro desaparecía en mi boca, lo mordía suave mientras mis manos acariciaban sus ricas y espectaculares piernas, bajaba y me lengua y besaba su ombligo, le acariciaba sus ricas piernas y sus duras nalgas, sus caderas eran la gloria, ella gemía rico, ¡parece que tenía tiempo sin sexo y yo lo iba a provechar!

    Baje quitándole su tanga y comencé a devorar su hermosa vagina, la succionaba y metí a mi lengua con fiereza, ella gemía se movía rico, me apretaba la cabeza para que no me despegara de su tesoro, apretaba su clítoris, quería hacerla gozar que nunca olvidara lo que le hacía.

    Después de mamarle su burrito un rato me despoje de mi trusa y saque mi dura verga, ella la miro con asombro, sonrió y gustosa se lanzó a chuparla, la lamia como paleta, luego la ponía en medio de sus tetas, la besaba y la succionaba, el oral que me hacía era riquísimo.

    C: ¡Que grande y dura!

    L: ¡Uf, lo haces magnifico!

    C: Me encanta tu sabor, ¡no dejare nada sin probar!

    L: ¡Como gustes nena!

    Carolina lo mamaba riquísimo, no cabía del placer que me daba, su boca era una trituradora, succionaba mi verga hasta su garganta, la tragaba con fuerza, me mordía los testículos y le encantaba jugar mi escroto, era una mamadora de lujo.

    L: Dios, que rico lo haces, ¡uf!

    C: Mmm, sabes riquísimo, me encanta tu dureza, además el tamaño, ¡dios!

    Me dejo de mamar la verga y se acomodó en la cama, la tome de sus piernas levantándolas un poco y la penetre con fuerza, mi verga entro rico en su húmeda vagina, sus gemidos eran música para mí, me movía fuerte, ella lo hacía también, sentía como apretaba mi verga con su vagina, le besaba las tetas, le mordía le pezón, ella me arañaba las nalgas y me mordía le cuello, ¡que rico era estar dándole así!

    Levante sus piernas hasta que sus pies estaban en mi cara, los besaba y lamia mientras la penetraba en esa pose, me deleitaba besando y mordiendo esas piernas que tantas pajas me habían hecho hacer, ¡no podía creer que esa periodista exhibicionista estuviera gozando mi verga!

    Me empujaba fuerte, le doblaba las piernas hasta que sus rodillas chocaban con su cara, la embestía con todo, le apretaba sus tetas y las nalgas, mi espalda ya estaba toda lacerada por sus uñas, mi verga entraba y salía de su rica vagina, sus gemidos llenaban la habitación, sus perros ladraban, ¡pero el único perro que me interesaba era el integrado de ella!

    L: ¡ah, mami, que rico coges!

    C: ¡Tu lo hace s muy rico, tenía tiempo sin gozar así, agh!

    L: Como una reina como tu esta sin sexo, es un pecado, ¡yo te cogería diario!

    C: ¡Pues aprovecha y sigue así hoy, agh!

    Me acosté y ella subió a cabalgarme, lo hacía maravillosamente rico, mi verga era molida por un descomunal movimiento de pelvis y cadera, se dejaba caer de sentón en ocasiones y sus ricos movimientos me tenían durísimo, yo aprovechaba para acariciar sus piernas y sus tetas, las cuales apretaba con violencia, sudábamos de placer, mi sueño se estaba haciendo realidad y de una manera majestuosa.

    C: ¡Agh, papito que dura, me tienes loca uf!

    L: ¡Agh, nena, muévete, que rico lo haces, agh!

    C: ¿Te gusta?

    L: Muchísimo, uhm, que piernotas, que nalgas, ¡dios!

    C: ¡Agh, papi!!!

    Quería que nos e olvidara de mí, así que mis mejores actos los saque, pose rara y extrañas como ella casi en el suelo con la cabeza rosando el piso y yo dándole fuerte en un tipo de tijera improvisada, la típica cucharita levantando un poco su pierna para penetrarla con fuerza mientras devoraba su oreja y su cuello, sus tetas eran apretadas a cada embestida también, me senté en la cama y los sentones que me brindaba eran maravillosos, ¡estábamos haciendo un verdadero y rico acto sexual!

    C: ¡Papi que rico, me vas hacer venir, dios!

    L: ¡Toma, toma, vente, lléname de tu corrida!

    C: ¡AGh, dios, hummm!

    ¡Carolina se corrió riquísimo, sus movimientos parecían que se desvanecería, sus piernas temblaban, choros escurrían por nuestras piernas, yo seguía dándole con todo, estábamos parados ella se retorcía riquísimo, su pierna la cual tenía sujetada y levantada se tambaleaba su orgasmo fue riquísimo!

    C: ¡Agh, que rico, eres lo máximo!

    L: ¡Mamita dios, que rico, uf!

    C: ¡Mas, agh, dios mío, Luis!!!

    L: ¡Carolina, ¡Carolina eres la numero uno, ufff!

    Ella se bajó nuevamente a hacerme un oral, me senté en la cama y me recline para ver como sus tetas me masturbaban y mi cabeza era llevada a su boca, yo disfrutaba de su show, sus mamadas me al ponían más y más dura, mis líquidos pre seminales eran tragados por ella, mi verga estaba llena de saliva, sentía que explotaría, ¡estaba en la gloria!

    L: ¡Mamacita me vas hacer explotar!

    C: ¡Eso quiero, que explotes!

    L: ¡Déjame darte por atrás, por favor!

    C: ¿Qué???

    L: ¡Quiero tu culo nena, quiero probar todo tu cuerpo!

    C: ¡Pero casi no hago anal!

    L: ¡Sé que te gustara!

    Se puso en cuatro en su cama empinándose toda y abriendo sus nalgas a lo que más pudiera, su culo dilatado por la excitación, esperaba mi trozo de carne hambriento por entra ahí, la tome de la cintura y empecé con la cabeza, me ayude con la mano para guiarlo en el estrecho ano de la famosa periodista, ella gritaba, se mordía los labios, poco a poco la penetraba más y más, comencé a moverme fuerte, salía y entraba con todo, sus gritos eran fuertes, arañaba la cama apretaba fuerte sus nalgas, le daba de nalgadas, estaba deleitándome con su ano, ahora ya estaba siendo mía por completo.

    C: ¡Mi ano, dios, agh, duele, agh!

    L: ¡Que rico culo, Carolina que apretada agh!!

    C: ¡Ah, papi, que grande, me lastimas, pero me gusta tenerte dentro, uff!

    L. Si, toma, agh, de quién eres? ¿De quién eres?

    C: ¡Agh, tuya, soy tuya!

    L: ¡Si, tu culo es mío, agh, toma, uf!

    C: Agh, uffff, mas, agh, así, ¡más!

    ¡La embestían con muchísima fuerza que quedo boca abajo en la cama, yo como buen toro seguía dándole mi dura verga, su ano se estaba abriendo más y más, le apretaba las tetas, le daba de nalgadas, la cosa se tornó más violenta, tomaba impulso y se la dejaba ir con todo, ella lanzaba quejidos de dolor combinado con placer, mi verga cada vez estaba ms cerca del éxtasis!

    Le di vuelta y levante sus piernas hasta ver su culo el cual nuevamente penetre con fuerza, nos besábamos nos mordíamos los labios, yo seguía disfrutando del placer de su ano, ella se movía también, su vagina nuevamente escurría, estaba gozando lo que le hacía, sabía que la llenaría de leche así que la tome de las manos y la impulsaba hacia mí, ¡penetrando más su culo hasta casi empalarla!

    C: ¡Agh, me duele, agh!!!

    L: ¿Te la saco?

    C: ¡No!!! ¡Mas, dame más, agh, mas, aunque grite, no la saques!

    L: ¡Toma, agh, me voy a venir, me voy a venir!

    C: Lléname, agh, dame tu leche papi, ¡dámela agh!!!

    L: ¡Dios, no aguanto más, agh, uff!

    C: Dios que caliente, agh, mi culo, ¡agh!

    ¡Comencé a llenarla de semen caliente, la potencia con la que salí era descomunal, ella también escurría conmigo, el orgasmo obtenido era fenomenal, nos besábamos como locos, gozábamos el rico momento, la cama quedo llena de líquidos, su culo lleno de semen caliente el cual escurría bajando a su coño y pasando por sus carnosos muslos!

    C: ¡Que rico, que rico!

    Reposamos unos minutos, ella se metió a bañar y yo me prepare para salir de su casa, al despedirnos me miro a los ojos me beso salvajemente, yo acaricie su cuerpo desnudo y recién bañado, me sonrió y me dio una nalgada en mi trasero, yo salí de su casa y al otro día al llegar a la televisora me dijeron que sería el nuevo asistente de Carolina Rocha, sabía que nuestros encuentros todavía no terminarían.

  • En el balcón

    En el balcón

    Hace un tiempo mi primo me pidió el favor de si le podía cuidar el apartamento ya que se iba para nuestra ciudad natal con su esposa pero no podían llevar los perros, yo acepte sin problemas el viajo y me dejo las llaves en portería él vivía por colina campestre en un edificio sobre la Boyacá, los dos primeros días llegaba sobre las 4 y me quedaba hasta las 11 y me iba para mi casa, ya para el tercer día me empecé a quedar toda la noche ya que tenía que hacer unas cosas de trabajo y los desplazamientos me quitan tiempo, al quinto día estaba aburrido a eso de las 5 me escribió una amiga con la cual nos hablamos cada vez que queremos coger; ese día tenía trabajo pero estaba aburrido y no quería hacer nada así que empecé a hablar con ella le comente que estaba en el apartamento de mi primo; pero que estaba aburrido, que si tenía algo que hacer que nos viéramos así fuera para tomarnos un café y de ahí veríamos que mas se podía hacer; ella acepto nos encontramos cerca a su casa por los lados de la estación de suba, yo iba de jean con una camisa y blazer; ella iba con un vestido escotado se notaba que no llevaba brasier, una falda algo ajustada a sus piernas pero no mucho medias veladas negras tacones de unos 5 u 8 centímetros, no lo puedo negar en ese momento no pensé sino llevarla al motel mas cercano y metérselo sin pensar, pero contuve mis instintos; nos saludamos de beso en la boca buscamos un café-bar, pedimos un café empezamos hablar el lugar era oscuro así que puse mi mano sobre sus piernas para deslizarla debajo de su falda podía sentir sus medias hasta llegar casi a su cadera sentí su piel fría, ella se acercó para decirme que no me detuviera que necesitaba sentir mi mano caliente que tenía mucho frio.

    Después de un rato de hablar, reír acariciar su pierna apenas rozando su vagina por encima de su ropa interior, decidimos irnos del sitio saliendo le propuse que si se quedaba esa noche con migo en el apartamento de mi primo, ella acepto, pero me dijo que tenía que hacer un par de llamadas primero, mientras ella llamaba aproveche yo también para llamar al portero de guardia del edificio para decirle que iba ir con alguien pero que no le fuera a decir nada a mi primo el man acepto eso si pidió su parte tuve que prometerle que apenas ella se fuera al otro día antes del cambio de turno cuadrábamos.

    Ella hizo sus llamadas y salimos para el apartamento de mi primo tomamos un taxi cuando llegamos se me acerco y me pregunto que si ahí vivía mi primo le dije que sí que vivía en el décimo piso en el apartamento que daba a la avenida, entramos salude al portero me hizo señas como diciéndome todo bien, así que seguimos y entramos al asesor se encontraba uno de los vecino que había conocido en días anteriores me pregunto por mi primo le dije que me había llamado que ya venía llegando que por eso estaba allí para vernos, él se bajó un piso antes que nosotros; salimos del asesor llegamos al apartamento de mi primo encendí luces la invite a tomar asiento en la sala le pregunte si quería algo me dijo que jugo o gaseosa lo que tuviera que tenía sed, le ofrecí una gaseosa nos sentamos en la sala hablar un rato mientras mi mano seguía acariciando ocasionalmente sus piernas, después de un rato nos acercamos cada vez mas y nos besábamos desenfrenadamente.

    Después de un rato me dijo que tenía calor así que se quitó la chaqueta pude observar su vestido por completo un vestido destapado desde su cuello hasta la parte baja de su espalda con un escote pronunciado, los tacones le hacían ver la cola mas estilizada eso me excitaba; estuvimos hablando y jugando con nuestras manos y bocas provocando por un par de horas, después de un rato ella se paró para ir al baño cuando regreso yo estaba en el balcón junto a la sala con la puerta cerrada fumándome un cigarrillo ella salió y me pidió uno lo saque y se lo di, mientras lo encendí pude observar mas a fondo su escote pronunciado con la luz del encendedor casi podía ver sus pezones duros por el frio.

    Se recostó sobre la baranda del balcón fumándose el cigarrillo mientras yo la abrazaba por atrás preguntándole si tenía frio, me respondió que sí; así que la abrace con fuerza, mi erección se hizo más evidente al rozar con su cola, le pregunte que si quería que la calentara solo asintió con la cabeza, empecé a deslizar mis manos desde su cintura en direcciones opuestas mi mano derecha buscaba su escote para entrar en el y acariciar sus senos desnudos cubiertos tan solo por la delgada tela de su vestido, mientras que mi mano izquierda bajaba hacia su pierna para después subir por debajo de su falda hasta llegar a su vagina estaba húmeda ya un poco pero no lo suficiente mientras mi pene erecto rozaba su cola por entre nuestra ropa, a medida que acariciaba su vagina y masajeaba su clítoris mi nano derecha apretaba con fuerza su seño para pellizcar su pezón; ante ello solo podía pegar su cola a mi pene mientras trataba de estirar su cuello un poco para poder gemir mientras lo besaba y lamia con mi lengua.

    Después de un tiempo ya sentía su tanga totalmente mojada, al tiempo que deslizaba su mano entre su cola y mi pene para introducirla en mi pantalón y acariciarlo, lo tomaba con fuerza y lo apretaba aún más; sin poder resistir más le pedí que se recostara un poco más sobre la baranda del balcón; no sé qué me excitaba mas si el hecho de que estuviera ella tan mojada o el morbo de que cualquier vecino pudiera salir y vernos o incluso de los edificios del frente se dieran cuenta, ya en ese punto no importaba; así que se recostó mientras yo me arrodillaba por detrás de ella levante su falda pude observar la tanga brasilera que lleva puesta y sus medias veladas sujetas por un liguero en su cola entraba un pequeño hilo de su tanga lo hice a un lado mientras metía uno de mis dedos entre su vagina para lubricarlo y llevarlo a su clítoris mientras acercaba mi lengua a su vagina solo la lamí un poco y esto basto para que gimiera con fuerza; no me importo solo quería disfrutar y que ella disfrutara así que no interesaba si los vecinos se daban cuenta.

    Mi lengua empezó a entrar cada vez mas en su vagina lamia con ella cada labio vaginal, bordeándolos muy despacio, mientras ella se tomaba con fuerza de la baranda tratando de evitar casi irse por la excitación, después de un buen rato me detuve para ponerme de pie saque mi pene y empecé a pasarlo por su cola y por encima de su brasilera, le abrí un poco las piernas hice el hilo de la tanga aun lado y empecé a pasar la punta de mi pene por toda su línea media de la cola desde su ano hasta sus labios vaginales sentía como estos abrazaban mi pene sin meterlo aún, lo volví a poner en su ano y lo deslice espacio, hasta la entrada de su vagina donde lo introduje despacio tampoco tuve que esforzarme mucho.

    Apenas entro mi pene en su vagina sentí el calor de su vagina, mi pene entraba despacio, mis manos se posaban sobre su cintura mientras mi pene entraba cada vez con más fuerza y velocidad poco a poco fui subiendo mis manos por encima de su vestido hasta llegar a su escote e introduje mis manos entre su vestido para apretar sus senos con fuerza sentía sus pezones totalmente duros, cada tanto los pellizcaba con fuerza esto provocaba que diera un grito ahogado de placer; me recosté sobre su espalda para besarla pasando la punta de mi lengua por ella, después de un rato de estar así paramos para que se diera la vuela y quedara frente a mi aproveche para quitarle el vestido del todo quedando solo con su brasilera puesta, ella me beso metiendo su lengua en i boca, después empezó a besarme el cuello y mientras bajaba desapuntaba mi camisa sentí el pasar de sus pezones sobre mi pecho y luego su lengua hasta que su boca se posó sobre mi pene empezó a lamerlo sin meterlo en su boca lo repasaba una y otra vez con su lengua, después lo introdujo todo en su boca sentí como mi pene casi tocaba su garganta y sus labios se posaban sobre la base de mi pene, estaba a punto de venirme, pero ella lo saco de su boca para tomarlo con su mano y apretarlo fuertemente mientras me masturbaba esto ayudo para evitar que me viniera.

    Se paró volví a sentir su lengua y sus senos recorrer mi abdomen y mi pecho, hasta que su lengua se volvió a posar en mi boca mientras con su mano tomaba mi pene y lo guiaba hasta su vagina, puso su pierna sobre una silla para que mi pene entrara con mayor facilidad, cuando este entro hasta el fondo gimió con tal fuerza que pensé que algún vecino saldría pero no fue así, después de este gemido siguieron unos cuantos mas aún mas fuertes su excitación era tal que hacia su cabeza hacia atrás esto me daba la vista y espacio suficiente para lamer y besar su cuello, para después bajar a sus senos y lamerlos y morder sus pezones con mis labios, en cada penetración sentía como su cuerpo se tensionaba, sus gemidos eran intensos esto me excitaba aún mas.

    Paramos por un momento yo me senté sobre la silla ella se dio la vuelta para bajarse la brasilera, me acerque a ella y la tome de la cintura mientras ella seguía tomando la baranda del balcón mientras mi lengua repasaba la orilla de su ano y se desplazaba hasta su vagina, luego me recosté en la silla mientras ella se daba la vuelta mientras sus dedos frutaban su vagina y uno de ellos entraba y salía despacio, se sentó sobre mis piernas y puso su vagina sobre mi pene y empezó a moverse adelante y atrás sin que mi pene la penetrara apenas rozando su vagina, luego lo tomo e introdujo solo la punta para después dejar caer su peso sobre mis piernas y que mi pene llegara hasta el fondo de su vagina húmeda se quedó así por un momento mientras me besaba para después incorporarse un poco, sus senos quedaron en mi rostro; mis labios solo buscaban lamerlos y morderlos, de repente empezó a moverse de arriba abajo cada vez con mas fuerza mis manos acariciaban su cola y ocasionalmente uno de mis dedos bordeaba su ano, cada vez que lo hacia ella subía con más fuerza, al tiempo que metía uno de sus dedos entre nuestros cuerpos para acariciar su clítoris mientras que con mi otra mano deslizaba uno de mis dedos hasta su vagina y lo media al tiempo con mi pene y acariciaba sus paredes vaginales cada gemido se asimilaba aún más a un grito, su pelo largo colgaba por el lado derecho de su rostro mientras su lengua lamia mis labios y buscaba entrar en mi boca mientras mis dientes mordían sus labios.

    De un momento a otro ella se detuvo, separo mis piernas y se paró sobre la silla acercando su vagina a mi boca para que le hiciera el oral mi lengua lamia sus labios vaginales los repasaba de abajo arriba, hasta meter la punta en su vagina así estuvimos un par de minutos hasta que se bajó se sentó nuevamente en mi dándome la espalda mientras con su mano acomodaba mi pene dentro de su vagina nuevamente, mientras su mano acariciaba su clítoris por unos momentos, luego se cogió con fuerza de la silla y empezó a moverse con fuerza y velocidad mis dedos se entraron en su vagina al tiempo que mi pene y con mi dedo dentro acariciaba las paredes de su vagina y con el otro acariciaba su clítoris húmedo, a cada embestida ella gemía con mas fuerza, así estuvimos un rato hasta que no pudimos mas y ambos nos vinimos sentía como mi semen recorría su vagina y escurría por ella, se para me beso pude ver como unas gotas caían de su vagina sus senos empapados de sudor, su pelo húmedo y alborotado, empezó a bajar con su lengua lamiendo mi pecho y abdomen hasta llegar a mi pene y lamerlo todo desde la base hasta la punta, mientras metía sus dedos en su vagina para luego lamerlos y volver a meter mi pene en su boca sin importar que este ya no estuviera duro, lo mas delicioso era sentir sus labios y su lengua repasar cada centímetro de la punta de mi pene.

    Continúa…

  • Así empecé con mi madura Carmen

    Así empecé con mi madura Carmen

    Follar con maduras, es lo mejor que te puede pasar y es lo que, por suerte, mejor se me ha dado.

    Tengo varias mujeres ya muy mayores que todavía me follo pero sin duda conmigo vive una de mis deseadas y ahora aunque ya después de tres años conviviendo no follamos tanto, cada vez me la follo con mas ganas y menos cariño.

    Ella se llama Carmen y siempre ha sido muy zorra, de las mas zorras a las que deseaba, pero en aquellos entonces pensaba que era imposible para mí. Hoy día ya me dijo que la podía haber tenido entonces también a lo que contesté que ella a mí también pero cómo se codeaba con hombres adinerados y yo era un hombre joven y pobre pues no le vi atención hacía mi.

    La vi en Facebook y después de ver sus fotazas y pajearme varias veces con ellas le pedí amistad y aceptó, cacheando mi perfil y dando me gusta a muchas de mis publicaciones lo que al día siguiente al levantarme me volvió a poner cachondo. Me había aceptado y además se había interesado en mí.

    Me hice un pajón matutino y pasé el día pensando en ella y como le iba a entrar por la noche pero no me hizo falta la verdad, la zorra de ella ya me entró sin yo decir nada, cómo pensaba que era el mismo joven cortado de hacía doce años. Se equivocó pues yo a mis ya 37 años era todo un experto en zorras maduras, la verdad Carmen solo me lleva 13 años y como he dicho vive en mi casa hoy día a sus ahora 57 años y aunque bastante más gorda que entonces me la sigo follando lo que la rutina me permite que es cada vez menos porque cada vez me la follo mas bruto, hoy día sin sentimiento alguno igual que la primera vez que solo quería follármela pues ahora se lo exijo cuando quiero. Que vueltas da la vida verdad?

    La verdad, cuando empezamos a tontear, bueno ella quiso empezar, estaba buenísima… buuff!! El doble de Samantha Fox… pequeña, rubia, muy guapa, con cara y cuerpo de zorra y unas tetas que yo pensaba que eran se silicona pero no.. Son grandes y hoy día mías.

    A la noche cuando paré de kurrar hice caso a sus mensajes, los había leído antes pero sin contestar.

    Ella me decía:

    Pocas fotos tienes con lo guapo que eres no?

    Estás casado?

    Que es de tu vida guapo?

    Tendrás hijos no?

    A la noche contesté:

    Tú tienes muchas fotos bellezón!! (Las tengo por si a alguien le interesan, y un vídeo de poca calidad follándomela hace unos días). Estas muy sexy le dije a las 2 de la madrugada o así, pensando que no contestaría y medio pedo que estaba yo.

    No estoy casado y no tengo hijos, vivo solo con mi hipoteca. Si quieres fotos mías pídemelas y te las mando. Qué tipo de fotos quieres bellezón? Cuerpo entero o por partes? Jajajaja! Perdóname pero ahora mismo no me llega la sangre a la cabeza de arriba… jajajaja!!

    Le escribí eso con un pedo ya elegante y me dormí, al día siguiente al despertarme en mi camión me acordé y enseguida entre en el chat para borrarlo pero era tarde, lo había leído a las 4 de la madrugada y había contestado.

    Uuff!! Jodeeer!! Que habrá puesto? Que gilipollas he sido… Pensé imaginando que me habría llamado cerdo y demás… Aunque nervioso y preocupado, estaba deseando leer sus respuestas

    Entonces abrí el chat y…

    Nooo… Jajaja!! Era la puta que yo pensaba… jajaja!

    Me contestó:

    Pero que bicho eres jijiji!!

    Te han gustado mis fotos? Ya sé que si porque a la mayoría le has dado a me gusta hace tiempo, incluso has comentado varias… Bitxito!! Jajaja!!!

    Por supuesto que quiero fotos tuyas, de cintura para abajo me contestó, que tu cara de guapo ya me sale en tu perfil… jijiji!!!

    Eran las 6:30 de la mañana cuando le contesté todo feliz y cachondo a la vez:

    Ok bitxita ahora te mando alguna más sugerente .jajaja!! Si me lo dices en serio, claro está.

    Entonces mientras buscaba en mi galería fotos mías semi desnudo, recibí su rápida respuesta:

    Buenos días bitxito!! Estaba deseando oír el sonido del móvil esperando ver las fotos que has prometido…

    Buuff! Hola Carmen, buenos días.

    Hola Sergio guapo… Enséñame ese cuerpazo cabronazo que me tienes locaa!!

    Entonces le mandé fotos de medio cuerpo para arriba desnudo que ya tenía de de antes y una foto de mi entrepierna con mi bóxer haciendo notar mi rabo empalmado. La última es en directo le escribí…

    Su respuesta que no tardó:

    Esa polla la quiero para mí cabronazo!! Contestó… Ufff!!

    Que haces mi niña?? Jodeeer!! Así sii. Contesté…

    Seguimos esa caliente conversación con más fotos y al final la llamé y tuvimos un final telefónico impresionante… Qué puta zorra pensé yo… es tal y como pensaba yo. La muy puta!! Seguimos hablando hasta la mañana y seguimos todo el día y a al llegar la noche otra vez subimos de tono hasta volver a pajearme por teléfono otra vez.

    Ya me había explicado qué estaba fuera, donde su madre y que la semana siguiente volvería por aquí. La muy puta me decía:

    A ver si en el cuerpo a cuerpo eres tan bueno jijiji!!

    Tranquila mujer… Ya me dirás tú jajaja!!

    Ese día llegó y Carmen vino a los pocos días, por supuesto habíamos seguido hablando normal de día y caliente de noche.

    Cuando la tuve delante me temblaban hasta las piernas y le dije:

    Qué razón tenías!! No articulada palabra con mis nervios y le pregunté como un tonto:

    A dónde quieres ir? A cenar? A un sitio tranquilo?

    Tranquilo? Me preguntó exclamada…

    Jijiji!! No vives sólo??

    Pues claro

    Entonces…

    No tuvo que decir más, la agarre de esa entonces cinturilla marcándose el culo le dije:

    No me vaciles bitxita!!! Vamos a follar a mi casa ahora mismo!!

    Si por favor contestó jijiji!!

    No veía el momento de llegar a mi casa, me siguió con su coche lleno de sus cosas hasta mi casa y subimos gran parte de ellas que hoy día siguen aquí todavía pero ese día fue uno de los mejores de mi vida sexualmente hablando.

    La muy puta sabía lo que quería y yo también. Yo quería follármela y ella quedarse y lo hemos conseguido los dos, muy a mi pesar.

    Ya en el ascensor empezamos a marcarnos como locos, yo tenía una erección brutal, como nunca había tenido. Era descomunal la dureza de mi polla!!

    La metí en mi piso en volandas y la desnudé mientras la comía entera con mi boca. La puse en mi cama a cuatro patas y la fallé con fuerza mientras ella gemía como una puta. Se corrió más de cuatro veces, puesto que es multiorgásmica, y además yo no acababa. Tenía la polla no me conseguía correr pero no paré de follármela durante dos horas hasta que ella decidió que me acabaría con su boca.

    Venga so puta!! Empieza a chupar!!

    Empezó una manada brutal… a lo que respondí follandome su boca pero sin correrme. Dios!! Qué follada le pegué por todo y no me corrí. De mutuo acuerdo decidimos dormir sin que yo me corriera pues la tenía tan dura qué ni sentía…

    Ella se durmió enseguida pero mi polla seguía durísima y entonces decidí pajearme pero con esa mujer tan cerca era difícil hacerlo sólo, entonces cogí su mano y la acerqué a mi polla para que la agarraderas, cosa que hizo sin dudar, entonces empecé a moverme para que su mano me pajeara y su mano respondió sin ayuda. Esa manita era lo que necesitaba, ahora si que iba a correrme como un animal.

    Esa manita tan pequeña en mi polla dura era lo que necesitaba pero Carmen al ver la reacción de mi polla y como buena madura experta se giró y sin dejar de pajearme me besó en la boca y fue bajando hasta mi polla que empezó a láser u tragar hasta recibir mi brutal corrida que engulló y saboreó la muy puta con gusto.

    Dormimos un rato, hasta que mi polla volvió a endurecerse al acercarse a su culazo mientras yo le besaba dándole los buenos días.

    Ufff!! Jodeeer Sergio como estás otra vez!! Uummm!!!

    Y tu? A ver, dije mientras acerqué mi mano a su coňete que para mi sorpresa estaba muy húmedo otra vez.

    Ya veo que tu también estás igual dije.

    Claro niňo!! Me pones locaa!!

    Serás zorra y puta!!

    Contigo siempre contestó… Jijiji!!

    Acerqué mi dura polla y se la metí de un golpe en el coňete. En cucharada al principio y luego la puse boca abajo con el culo un poco en pompa y la follé duro hasta correrme, después se la metí en el culo hasta que bajó mi erección. Para acostumbrarlo le dije…

    Jijiji!! Que cabronazo eres Sergio… Jijiji!!

    Hoy día no es tan puta, al menos conmigo, por eso cuando la follo, le doy duro y sin sentimiento…

    Porque para mi pesar después de tres años aquí sigue, en mi casa acoplada como una puta y por eso me la follo sin ningún respeto a esta puta, que ahora mismo, ronca a mi lado.

    Está más gorda pero igual de sexy. Rubia, tetas enormes, de buen culo y muy zorra, hoy día por su propio interés.

    Por todo este tiempo y lo puta que sé que es normalmente la follo como a una puta barata y ahora no va a ser menos. Mientras aguanto sus ronquidos me voy a follar su culo, quiera o no, es lo que hay. Ella va de mi novia pero yo siempre la he visto como a una zorra aprovechada y ahora se lo voy a demostrar follandome su culazo que luce a mi lado derecho de la cama. Le acabo de bajar su pijama rojo lo justo para dejar su culo al aire delante de mi dura polla, empiezo a acariciar su coño el cual como siempre responde enseguida mostrando su calentura con su humedad. Hay que decir que a sus 57 años se moja tanto o más que una mujer joven, las maduras son así de cachondas, por eso me encantan las muy putas.

  • Los sueños de María (Parte 1)

    Los sueños de María (Parte 1)

    Después de una noche más de sexo con su marido, en la que ella se ha quedado con ganas de más, ambos se han quedado dormidos, pero en la mente de María empiezan a surgir imágenes, empieza su aventura, su cuerpo quiere más placer,  y su mente trabaja para ello en su sueño.

    María aparece en un pub, por la noche, está sola, no sabe por qué, pero no conoce a nadie, se mira frente al espejo que hay al final de la sala, esta buena, realmente buena, 1.70 de estatura, con una talla 100 de pecho, se gira para ver su redondo trasero, siempre empinado, un problema cuando lleva falda, esa noche la falda es minúscula, y su trasero empinado hace que sea aún más corta por detrás, apenas le tapa, casi se empiezan a ver sus nalgas. Su top es muy entallado, marcando sus curvas y dejando su ombligo al aire, el escote en forma de V siempre le favorece, pues deja ver lo mejor de ella, su generoso y voluminoso escote, para terminar, unas botas altas que hacen que realce su figura.

    Al mirarse detenidamente en el espejo piensa que esta espectacular y que no quiere más que aprovechar bien la noche, quizás encuentre a dos o tres hombres que quieran darle el placer que necesita, porque ella es adicta, adicta al placer, a darlo y a recibirlo, y mientras se mira y lo piensa, ve a través del espejo como un hombre la mira con deseo. Ella le devuelve la mirada mientras se relame los gruesos labios, pensando en lamer así otras partes de su cuerpo. El no aguanta más y se acerca a ella, apretándola por detrás y dejándola pegada al espejo, mientras la mira a través de él y le susurra al oído.

    H – Llevas desde que has entrado provocando mirándote y contoneándote así en el espejo, mostrándote, ¿notas cómo me tienes?, la tengo durísima, seguro que te encanta notarla.

    María entonces pego aún más su trasero a la entrepierna del hombre y empezó a restregarse, su cara era de placer, notar como ese hombre se había excitado solo con mirarla hizo que ella se excitara aún más, y notara como su tanga se empapaba y sus pezones se ponían duros como piedras.

    M – Ya estabas tardando en venir, he visto como se te iba poniendo dura a través del espejo y he decidido que tenía que ser mía, tu polla, esta noche es mía, y mi coño será tuyo.

    Las manos del hombre pasaron del culo de María a la parte delantera, apretándole bien sus tetas.

    H – Joder que tetas, y encima vas sin sujetador, que puta, ya venias con ganas de follar y lo has puesto fácil.

    Bajo sus manos hasta la minifalda y metió una de ellas por debajo, María noto como con sus dedos buscaba su coño y abrió las piernas para facilitarle el trabajo.

    H – que minúsculo el tanguita, y que mojado lo tienes ya, te la metería aquí ahora mismo, seguro que te encantaría, pero viendo la cara de puta que estas poniendo primero quiero que me la comas, vamos al baño.

    María no se resistió, el hombre la agarro por las caderas y con ella delante sintiendo en su culo una polla durísima y caliente se dirigieron al baño de hombres, todos los que había allí se quedaron mirando como el hombre llevaba a María directa hacia uno de los baños con puerta, y sin cerrarla siquiera la sentó en la taza y se bajó los pantalones dejando ver una enorme polla durísima de al menos 18 centímetros.

    H – sácate las tetas del top y empieza a comer puta.

    María directamente se bajó los tirantes del top dejándolo arrugado en la cintura, con una mano cogió fuertemente la polla y la dirigió a su boca, abrió al máximo y la metió hasta el fondo sin dejar de mirar al hombre a los ojos.

    H – joder que boca tienes más deliciosa, sigue así.

    María metía y sacaba la polla de su boca, mientras con una mano la pajeaba, al sacarla pasaba su lengua por la hinchada cabeza y la volvía a meter hasta ahogarse.

    H – Mmmm, si si, sigue así, joder que bien la comes.

    De repente María al mirar al frente vio como dos hombres de los que estaban orinando cuando entraron estaban con la polla en la mano pajeándose mientras la veían, ella al ver eso se excito aún más y empezó a comer polla hasta el fondo aún más rápido mientras abría las piernas y dejaba al descubierto su coño solo tapado con un minúsculo tanga empapado.

    H – Para para, que vas a hacer que me corra, ¿te has puesto más puta cuando has visto que hay público?

    María asintió con la cabeza mientras aun pasaba la lengua por los huevos peludos del hombre, no podía parar de comer y lamer.

    H – Bien señores, yo soy Paco, esta puta no se ni como se llama, pero estaba pidiendo a gritos una polla, y se la estoy dando, miradla, le he dicho que pare y es incapaz de dejar de lamer y mamar.

    A – Hola Paco, yo soy Alfonso, veo que has tenido suerte, conforme he visto que entrabais se me ha empezado a poner dura y me he asomado y no he podido parar de pajearme viendo como traga polla esta putita.

    L – Hola yo soy Luis, a mí me ha pasado lo mismo, en cuanto le he visto las tetas me he empalmado y al ver que venía Alfonso he venido detrás, que espectáculo!!

    P – Bueno puta, no sé ni cómo te llamas, ni me interesa, te llamaras puta, o putita o zorra, como queramos llamarte, ¿está claro?

    María no dejaba de lamer la polla de Paco.

    P – Deja de comerme la polla y contesta puta!

    M – Si, está claro, soy puta, putita, zorra, o lo que queráis llamarme, ¿puedo seguir comiendo polla?, soy adicta, y me pone a cien.

    P – Ya lo veo puta, pero déjame descansar, se la puedes comer a estos dos, que lo están deseando desde que hemos entrado, pero aquí estamos muy estrechos, vamos a la zona de los urinarios, que estaremos más anchos y así quien entre podrá ver lo puta que eres.

    Paco se dirigió hacia la zona de urinarios y lavabos y María le siguió detrás, mientras Alfonso y Luis se terminaban de quitar los pantalones.

    A – Podrías ponerte aquí en medio de rodillas bien espatarradita sin tanga, que te veamos bien el coño, y las tetazas que tienes putita.

    L – sí, ven aquí, y no pares, que quiero llenarte esas tetas de leche guarra.

    María acepto las órdenes, se quitó el tanga más que empapado y se subió la mini falda, ahora tenía el top y la minifalda arrugados haciendo un cinturón. Se quedó de rodillas en el suelo bien espatarrada y mirándolos a los tres se pasó la mano por el abierto y empapado coño.

    P – Metete los dedos zorra y te los lames, seguro que te encanta saborear tu coño de puta cachonda.

    María metió de golpe dos dedos y los dejo dentro unos segundo meneándolos fuerte, cuando los saco estaban chorreando. Los llevo a su boca y empezó a mamarlos como si fuera una polla deliciosa.

    L – Joder, como me estas poniendo, deja de comer dedos y ven a comer una polla de verdad zorra.

    Luis y Alfonso se acercaron y María cogió las dos pollas tiesas con sus dos manos, la de Luis era larga, más que la de Paco, pero no muy gruesa, tendría casi 20 centímetros, la de Alfonso era tremendamente gorda, algo menos larga que la de Luis, María al intentar meterse las dos en la boca no pudo de lo gorda que era la polla de Alfonso, así que se dedicó a ir mamando una a una mientas la otra la pajeaba con la otra mano.

    Tras unos minutos así Paco se metió en medio y separo a María de las pollas de Alfonso y Luis.

    P – Vale ya puta, que vas a hacer que se corran antes de poder follarte, y seguro que quieres que te la metamos por todos lados. Ponte aquí, apóyate en los urinarios, seguro que te encanta el aroma a meada de hombre mientras te la metemos todos por ese coñito tan jugoso que tienes.

    María apoyo sus manos en un urinario quedando con el culo y el coño en pompa y expuestos, y Paco de un solo empujón metió su polla hasta el fondo.

    M – Ah, siii!!! Fóllame!!

    P – Joder que puta eres, tienes el coño chorreando, que gusto da follarte, ¿notas mis huevos?, los voy a vaciar en tu cara de puta.

    Mientras Paco le daba fuerte a María, y le metía la polla una y otra vez hasta los huevos Luis y Alfonso se pusieron cerca de la cara de María, cada uno a un lado del urinario, apuntando sus pollas a su boca.

    L – Venga zorra abre la boca y mama un poco, que seguro que quieres mas.

    A – Con la otra mano hazme una buena paja venga, no serás una buena puta si dejas una polla sin atender.

    Y así María estaba siendo bien follada mientras pajeaba una polla y comía otra, la gente que quería entrar al baño al principio se quedaba parada, pero después se acercaban a mirar, María no era consciente del espectáculo hasta que Paco le saco la polla del coño y le dijo:

    P- Mira puta, tenemos público, tenemos que dar un buen espectáculo, si lo haces bien a lo mejor quieren correrse en tu cara.

    A – Yo quiero follármela también, quiero probar ese coño.

    P – Su coño es vuestro amigos, mío es su culo, seguro que le encanta que se lo follen, ¿verdad puta?, ¿te gusta que te revienten el culo?

    M – Me encanta, estar llena de pollas y correrme sin parar del gusto.

    P – Mira que lo sabia.

    Luis se tumbó en el suelo con su polla bien dura esperando a que María se sentara encima, se la metió hasta el fondo y Alfonso empezó a colocarse detrás para metérsela por el culo, le costaba un poco de lo gruesa que era, pero entraba fácil, una vez tuvo las dos pollas metidas hasta el fondo se acercó Paco.

    P – Bien puta, yo te follare la boca, seguro que disfrutas como una perra, pero la leche… ¿señores, que opinan si le echamos toda la leche en la cara de puta que tiene?

    A – Dios que culo tan delicioso, me va a costar no llenárselo.

    L – Con lo cachonda que está seguro que se corre mil veces. Quiero ver cómo te tragas mi semen perra

    Los tres empezaron a follarse a María, los hombres que entraban se quedaban mirando, y algunos sacaban sus pollas y se pajeaban mirando a María ensartada por dos pollas y mamando otra.

    María veía como un corro de pollas la rodeaban mientras los tres que la estaban follando no paraban de decirle lo puta que era y como la iban a hacer gritar como puta.

    P – Así me gusta perra, ¿te gusta que te follen la boca?, mira como cae tu saliva en tus tetas de guarra.

    L – No aguanto más puta, vas a hacer que me corra.

    A – Yo paro ya, sino no podré echarte la leche en tu puta cara.

    P – Puta, ponte aquí, espatarrada, mostrándonos lo abiertos que tienes el culo y el coño. Y te vas a meter los dedos y follarte, queremos ver cómo te corres mientras te llenamos de leche.

    María hizo caso, se sentó en el suelo bien espatarrada y con su mano empezó a meterse los dedos fuerte y gemir mientras Paco, Alfonso y Luis se pajeaban delante de ella. El primero en terminar fue Luis, que le echo todo en la cara, María abría la boca intentando tragarse todo lo posible sin dejar de meterse los dedos.

    L – Toma puta, traga leche que te encanta. Ah

    Tras él, Alfonso se acercó aún más a María y disparo una cantidad enorme de semen en su cara, ella, igual que antes, intento abrir la boca al máximo para que entrara todo en su boca pero fue imposible, ella, guardaba en su boca todo el semen que había podido recoger. Mientras Alfonso le restregaba lo que quedaba de semen en la punta de su polla por la cara.

    A – Dios puta, has sido deliciosa, toma toda mi leche.

    P – solo quedo yo zorra, abre bien la boca que la vea bien llena, no tragues aun.

    En pocos movimientos paco acabo llenando la boca de María, una vez término le restregó la punta de su polla por las tetas.

    P – Ahora puedes correrte, pero todos ellos también, te dejo que tragues nuestra leche. Señores, es toda vuestra, podéis llenarla de semen. Y tu putón, puedes correrte las veces que quieras.

    Mientras María se corría en un orgasmo larguísimo y espectacular notaba las corridas de los hombres que tenía alrededor, perdió la cuenta de las pollas que se vaciaron en su cara, solo noto que se desmayaba del placer.

    De repente un ruido ensordecedor la despertó de aquel sueño. El despertador indicaba que empezaba un nuevo día y María se levantó cachondísima y al punto del orgasmo, en la ducha no pudo aguantar más y tuvo que coger un consolador y follarse fuerte mientras su marido aun dormía.

    Espero que les guste mi primer relato.

  • A la próxima ¡me la metes! (1)

    A la próxima ¡me la metes! (1)

    — ¡Nos vemos, Marcelo, ten cuidado, volveremos el miércoles en la noche!— fueron la recomendaciones de mi madre poco antes de partir a pasar unos días en una playa, para mi esa playa es aburrida porque todos los que van son gente mayor como mis padres, que contratan un hotel solo para ellos y a saber qué harán por allí.

    Me encontraba entre feliz y ansioso de estar solo en casa, no era la primera vez, de modo que sabía lo que tenía que hacer, prepararme la comida, porque la empleada también descansaba, y, llegados al extremo, siempre podía pedir algo por teléfono como pizza o alguna de esas mierda que se venden con reparto a domicilio.

    — ¡Se fueron mis viejos…, ¡bien!!, ahora me quedo de amo— pensaba desde que escuché arrancar el auto, el BMW 330d de 265 CV y salí a la puerta a despedirlos.

    Por lo que voy a contar, quizá alguno se extrañe de cómo mis padres soportan mi comportamiento. A ellos les da lo mismo, ellos van a su bola, solo quieren que yo cumpla con mis estudios; lo hago y soy bueno en ello. Lo otro que desean es que no escandalice a los de nuestra clase social. Hago mis escándalos lejos de nuestro ambiente social. Para ellos soy buena persona y responsable. Eso les basta.

    Toda la ciudad estaba de fiesta, estas fiestas propias de las comunidades autónomas se hacen largas porque se aprovecha para hacer un puente, pero también fastidiosas porque todo se pone patas arriba. Decidí que algo tenía que hacer, además de mis tareas. Me desnudé sacándome los pantalones de chándal y mi camiseta de tirantes, no me gusta para nada ese anglicanismo de «T shirt», me parece muy cursi.

    Tenía tareas de matemática, las hice en un periquete; para mí las mates están ‘chupao’; otra de dibujo que era algo más peliagudo, pero igual me lo saqué de encima. Vale…, ¡ya estaba listo! Me iba a duchar, pero pensé que antes me merecía un porro, subí a una silla, tomé el paquete en lo alto del anaquel donde estaba la hierba, armé mi canuto, y tras encenderlo lo aspiré profundamente. En cosa de minutos la realidad se me hizo extraña, lejana, pero deliciosa. Pasó un tiempo y por fin me duché.

    En el baño di el agua caliente. En la entrada de la primavera, hace calor en algún momento, y estos días estaban pronosticados como un adelanto del verano, pero las mañanas son frías y hay que abrigarse con algo si se sale de casa. Lo mismo pasa con la ducha, vale aún el agua caliente. Pero a mí me gusta pasarme por mis huevos y mi pene, incluso por el perineo, la lluvia fina de la ducha que esa parte por ser tan sensible me hace levantar la polla y lo disfruto enormemente, luego ya estaba preparado para darle al manubrio con la polla hasta eyacular y ver cómo el agua se lleva toda mi lechada por el desagüe. En cierta manera siempre me viene un sentimiento de culpa porque unos posibles hijos se fueran de esa forma, luego me perdono yo mismo porque no voy a tener hijos, soy demasiado gay para eso, ni en adopción podría.

    El agua tibia corrió por mi cuerpo, la sentía «sedosa«, no encuentro mejor calificativo para darle al agua después de masturbarme, la sentía diferente; luego disfruto de las sensaciones resbaladizas que me proporciona el champú en mis largos cabellos que me llegan algo más abajo de los hombros. Todavía hoy me vuelvo loco con el perfume del champú Bed Head que uso; me hace salir de mí mismo como si mi pelo tuviera personalidad propia. Hasta mi madre, a la que no le falta el dinero, siempre me decía —ahora ya no—, que acababa demasiado pronto el frasco. Lo que yo deseaba siempre era embadurnar de ese perfume mi cabellera y luego el gel para mi cuerpo, extendiéndolo de manera muy sensual como sabía hacerlo tocándome placenteramente cada rincón de mi cuerpo, y por fin nuevamente el agua y la suave irrigación fina en mis genitales para hacerme regresar a mi situación. Las sensaciones de irrealidad son magníficas, sentir mis manos en mi cuerpo que iban haciendo en mí una cadena de pura sensualidad que no siempre podía manejarla muy bien, sólo ocurría sin que pudiera controlarlo. Me resistí a correrme con otra paja.

    Salí de la tina y el vapor daba imágenes teñidas de alucinación en la «sala de los espejos« como llamábamos al baño cuyas cuatro paredes, incluidas las del cubículo de la ducha, son espejos de siete milímetros de grosor. Así, uno podía contemplarse a gusto, por todos sus lados, supongo que eso era especialmente dedicado a mi madre, pero lo heredé yo cuando mis padres se mandaron hacer un baño particular en su dormitorio. Es que a los arquitectos siempre se les olvida hacer cosas útiles. Me contemplé en los vidrios humedecidos, bailé, moví mi culo y mis caderas, me contorsioné mi cuerpo y me la pelé. Mis dieciocho años estaban reflejados en los vidrios, mi pelo mojado hasta más allá de los hombros, más oscuro por la humedad, mi torso delgado, pero no flaco, —en mi casa se podía ser flaco, pero jamás, ¡jamás de los jamases!, gordo—; mis caderas jóvenes solo necesitan un nº. 3 de speedos y, en el reflejo de los espejos astutamente dispuestos para poder apreciarse desde todas las perspectivas; podía ver además mi trasero, de esos que llaman «culo tonificado», es decir, cada nalga era casi perfectamente redonda, voluminosa, de esas que yo sabía que era atracción no sólo de las chicas, sino además de los muchachos de cualquier edad; mi hermana, mi madre y aún a veces mi papá me daban pequeños pellizcos y no dudaban en decir que mi culo había sido hecho por unos magos. En medio de mis piernas un pene que estando lacio medía unos diez centímetros y cuando se me levantaba llegaba a los dieciséis y algo más de centímetros, con un grosor de tres centímetros. Sí, me lo había medido varias veces. Circunciso, mi piel estaba estrecha desde que nací y mis viejos me operaron haciendo de mi pene un nabo sin piel. Mi pubis siempre lo tengo con los pelos recortados. Todavía no me he depilado por láser mi pubis; lo he hecho en mi pecho, piernas y brazos, incluidas axilas. De ombligo a huevos me falta y no estoy seguro de hacerlo, igual que la cara que me aconsejan los del equipo de depilación.

    Me empecé a secar con la toalla y me sentí el cuerpo, la verdad es que sin querer ser narcisista ni pretencioso, soy un chico bastante buen mozo, tenía éxito con las chicas y en las fiestas no era extraño que alguna se acercara con abiertas intenciones sexuales.

    Pero, ¡ay!…, algo no andaba bien en mí, es decir, las chicas me encantaban, sí, la lista no era muy larga pero satisfactoria, Alba, Estela, Diana, Leyre, Celia, Mireya, Sabrina…, a cada una las había tocado por todos lados, jugábamos a tener sexo, me habían tocado, incluso me lo habían chupado y yo había lamido coñitos suaves, casi sin pelos, otros algo más peludos, tetitas, etc. Cada pasada de toalla por mi cuerpo con estos personajes danzando en mi delirante imaginación hacía que mi respiración se hiciera más agitada. De entre todo, surgió Francisco Javier, lo llamo Javi, como le gusta a él. Javi es un nombre para ir por casa—, ¡él es precioso!, de dieciocho años como yo, borrachín y drogado en cualquier momento.

    ***** ***** *****

    Estuve en su casa anoche, es mi amigo —lo son nuestras familias aunque no para todo—. Hablando y jugando, Javi me tocó el culo en su casa, la electrizante sensación me sobrecogió y sin ser muy capaz de reaccionar debido al alcohol y la marihuana, lo dejé, primero con reticencia, y luego con un creciente y expectante placer. Me tomó entre sus brazos y, sin decir «agua va», me plantó su boca en la mía. Sus labios me resultaron muy sensuales y me impactaron, este beso fue a boca cerrada primero y luego abrió la suya, su lengua serpenteó entre mis labios para llegar a tocar la mía, yo tenía mis ojos muy abiertos, pero no hubo caso, le respondí positivamente y nos dimos un beso larguísimo, nos quedamos sin aliento, no me resistí y le retribuí su abrazo, estrechándolo contra mí. Mi erección se unió a la suya y empezamos a frotarnos.

    — Eres un maricón, Javi, —le dije entre reproches e impulsos a que siguiera con lo que hacía.

    — Es que tienes un culo tan rico, ¡joder!, —a lo justo nos manteníamos aún en pie.

    — Mmm…!— fue mi respuesta.

    De pronto, nos vimos en el suelo de la cocina de su casa e hicimos bastante ruido empujando unas sillas. Sus manos acariciaban por entero mi espalda y mi cintura por debajo de mi ropa para encontrarse con mi bóxer, quedando aprisionadas por mi cinturón. La aventura terminó de manera rápida y alarmante debido a que su padre tronó por las partes altas de la casa.

    — ¡Javier, ¿qué haces?, que ya son las tres de la mañana…¡joder!, —lo oímos bajar y nos arreglamos rápidamente, yo me acomodé mis pantalones y mi pene que estaba duro como un palo y baboseando ya su punta, y lo mismo el bueno de mi amigo Javi que de acalorado por su pasión pasó en segundos a un lívido rostro de transparente palidez.

    — ¡Vamos, coño!,— ¡que ya es tarde, además noto que ya estáis colocados los dos…!, —dijo su padre.

    — ¡Buenas noches, señor Francisco! —Fue mi respuesta cuando el enfadado padre de Javi me dejó en mi casa a las cuatro de la madrugada y no me respondió ni cuando arrancó el auto para irse.

    Como era de esperar en mi casa todos dormían porque al día siguiente mis padres viajaban y mi hermana se iba con amigas. Yo me dirigí a mi habitación, sin lavarme los dientes ni nada, me metí a la cama repleto de imágenes, sensaciones y deseos. No pasó más de un minuto y podía sentir la dureza entre mis piernas, saltaba mi pene a cada momento, el beso de Javi aún ardía en mi boca, sus manos que sólo tocaron un poco de piel cuando enrolló mi camisa hacia arriba y me acarició desde mis omoplatos, mi pecho, mi espalda, y finalmente sus manos adentrándose bajo mis pantalones, para llegar a tocarme las nalgas, aunque solo las que sintió con mi bóxer entre mi piel y sus manos. No resistí más, me agarré la polla entre manos, y me lo empecé a menear furiosamente sin piedad; las imágenes y las sensaciones invadían mi retina y mi piel a torrentes que no podía ni quería controlar; esta estaba resultando la más abrumadora y deliciosa paja que me había hecho nunca en mis ya casi siete años de pajero. El beso de Javi aún seguía vivo en mis labios, y los pocos segundos que su lengua estuvo en contacto con la mía los estaba reviviendo de una manera tan intensa como nunca había logrado ni en mis más febriles imaginaciones. ¡Sssschruuuuuuuummmmm!, —el orgasmo que me sacudió fue asombroso.

    Gemí exclamando como un animal, al extremo que mi cuerpo se encontró como electrificado y despegué mi culo de la cama para quedar suspendido en mis talones y hombros, arqueando mi cuerpo.

    — Aaaaaaggggg….!!!!

    El primer chorro fue a dar más allá de mi cara para ir a parar a mi pelo, el siguiente fue contra mi cara, al igual que el tercero que además me cayó en la boca, los demás mojaron mi pecho, mi vientre, para quedar goteando sobre los recortados vellos de mi pubis.

    Me fui relajando lentamente y caí sobre la cama exhausto; parte del esperma más espeso que había expulsado recién estaba en mis labios, la libido no me dejaba y simplemente abrí mi boca, el semen se escurrió lentamente entre mis labios y lo agarré con mi lengua, un extraño sabor, ni dulce, ni salado, ni amargo, me recordó le sensación de un membrillo aún verde. Me dormí, soñaba con chupar pollas enormes, descomunales y tragarme el semen.

    ***** ***** *****

    (Continuará. Son 5 sesiones, partes o capítulos)

  • Voy a ser tu desliz

    Voy a ser tu desliz

    A Malin la visité
    una mañana soleada,  
    pues yo la tenía marcada, 
    la fecha la señalé. 
    Cuando su timbre toqué, 
    ella la puerta me abrió:
    «Hola», dijo y bostezó;
    «Hola», dije, entré después. 
    Malin puso dos cafés, 
    y se sentó y me explicó:

    «Escúchame, hoy te he citado, 
    porque quiero confesarte, 
    y no quiero molestarte, 
    que de ti me he enamorado. 
    Sé que eres hombre casado, 
    y es con mi amiga Beatriz. 
    Sé que ella te hace feliz:
    sabe a un hombre mantener, 
    sabe a un hombre dar placer;
    pero, voy a ser tu desliz».

    Muy juntos los dos sentados, 
    en un sofá confortable, 
    en un ambiente amigable, 
    Malin, los ojos cerrados, 
    puso sus labios rosados
    tan tan cerca de los míos… 
    La besé con tercos bríos;
    mi lengua en su paladar. 
    Sin podernos separar, 
    nos dieron escalofríos.

    El pijama se quitó, 
    y me bajó el pantalón. 
    Mi polla como un cañón, 
    que Malin chupó y chupó:
    «Uy, qué dura», y se subió. 
    Entré en su coño caliente, 
    escuché su voz gimiente:
    «Oh, que me gusta-ah, oh, mi amor, 
    ahh, córrete, aahh, por favor». 
    Un chorro fue mi simiente.

    Después que hubimos follado, 
    sus gruesas tetas besé, 
    los pezones saboreé, 
    luego Malin se echó a un lado, 
    el corazón agitado. 
    Con la manta la tapé
    y cien veces la besé. 
    Quise de nuevo follarla, 
    no ver a Beatriz, dejarla; 
    «Mas pobre Beatriz», pensé.

  • Estrenando a mi novia Nancy

    Estrenando a mi novia Nancy

    Apenas cumplió sus 18 años y yo ya estaba listo para tenerla en mi cama, Nancy era mi novia desde que tenía 14 años y esperé hasta sus 18 para tener sexo con ella.

    Ese día la lleve a bailar, tomamos unas cuantas cervezas y nos dirigimos al hotel que estaba cerca de la zona de Zaragoza.

    L: ¡Nena, no sabes cuánto eh esperado este momento!

    N: ¡Yo también, pero estoy muy nerviosa!

    L: ¡Tranquila hermosa, déjame todo a mí!

    N: ¡Por favor, que nadie sepa esto, mama no lo aprobaría y me iría muy mal!

    L: Relájate, ¡nadie se enterará y será entre tú y yo!

    Nancy es alta, su piel es blanca, cabello y ojos oscuros, tetas medianas de pezón claro, unas piernas largas y torneadas y unas nalgas paradas y duras, acostumbraba a vestir mini shorts y blusas entalladas que a veces marcaban sus ricos pezones, ella era mi novia desde que tenía 14 años y espere paciente a tenerla lista para mí!

    Llegamos al hotel y comenzamos con una sesión de besos, mis manos recorrían sus piernas que se erizaban al sentirme mi lengua bajaba a su cuello, le despoje su blusa y me lance a besar su abdomen plano, mi lengua recorría sus costillas y llegaba nuevamente a su cuello, le quite lentamente su brasear y vi unos pezones duros y claros, los cuales succione suavemente, ella cerraba sus ojos y lanzaba pequeños gemidos, mis manos desabotonaron su short y lo baje lento para ver una rica tanga color negro de licra, ella dijo que la escogió para mí, eso me encanto y bese su vagina encima de su rica tanga.

    Besaba sus entre piernas, ella se retorcía por la sensación, me quite mi playera y ella me beso mi pecho, sus besos bajaban a mi estómago pasando su lengua por mis pezones, ¡nos perdimos en un tremendo beso francés en lo que me bajaba el pantalón!

    L: ¡Eres hermosísima!

    N: ¡Quería verte así!

    L: ¡Y yo a ti mi amor!

    N: ¡Se amable, por favor!

    Quité su sensual tanga y empecé a saborear su juvenil vagina, su aroma era exquisito, ya estaba húmeda y mi lengua empezó a probar sus jugos virginales, lamia sus labios vaginales suavemente, ella se retorcía, le apretaba sus pezones duros como piedra, mi lengua entro a su vagina para saborear sus fluidos, ella gemía fuerte como si tuviera un megáfono, mis dedos empezaron a acariciar su vagina, ¡mi lengua saboreaba hasta el último rincón de mi joven novia!

    Me despoje del bóxer y deje al aire mi verga que ya estaba dura por la acción, la empecé a pasar por sus piernas, ella reaccionaba con saltos al sentirla, ¡tome la cabeza de mi pene y le empecé a masajear sus labios vaginales!

    N: ¿Dios, eso es tuyo?

    L: ¡Así me pones nena!

    N: ¡Es muy grande, me vas a lastimar!

    L: ¡Para nada, te lo meteré suave!

    N: ¿Y si quedo embarazada?

    L: ¡Pues nos casamos!

    N: ¡Confió en ti!

    L: ¡Oye amor, chúpamelo!

    N: ¡Que!!

    L: ¡Anda ven, dale unas chupadas!

    N: ¡Qué asco, orinas por ahí!

    L: ¡Que injusta, yo si te chupe y tú no, seguro no te importo!

    N: ¡No digas eso, si me importas te amo, pero es que me da cosa!

    L: ¡Tu cierra tus ojos y lámelo como paleta!

    N: Bueno, ¡pero nomas poquito!

    Me acosté en la cama y ella se bajó a mi verga, la tomo con sus dos manos y empezó a lamerla, era divertido ver sus muecas, su lengua lamia mi tronco, lo recorría de arriba abajo, tome mi pene y metí mi cabeza en su boca, ella la rechazo pero tomándola un poco a la fuerza hice que metiera mi verga en su boca, la guie de arriba abajo, su cara mostraba nauseas, mis fluidos pre seminales le daban asco y entiendo apenas tenía 18 años y era virgen y de besos y arrimones nunca pasábamos, por eso tener mi verga en su boca le daba una sensación asquerosa!

    Con caricias en su espalda y cabeza la relaje, metía mi verga cada vez más a su boca, ya tres cuartos eran devorados, sus muecas de nausea desaparecían, su boca succionaba delicioso mi cabeza, sus manos acariciaban mis testículos, ¡yo gemía del rico oral de esa nena!

    Llego el momento de quitarle su virginidad, la acosté en la cama, besándole el cuello en pose de misionero acerqué mi verga como serpiente a su vagina, primero mi cabeza empezó abrirse paso en su húmeda vagina, empujaba suave hasta sentir su himen, ella gemía rico, le mordía sus tetas y su cuello, poco a poco mi verga iba atravesando esa barrera, ¡hasta que en un movimiento fuerte finalmente entro haciendo gritar a Nancy!

    N: ¡Agh, dios mío!

    L: ¡Uf, que apretada!

    N: ¡Me duele!!

    L: ¡Relájate cariño, relájate!

    ¡Empecé a moverme suave, le besaba su boca y le apretaba los muslos, Nancy gemía rico, su respiración en mi oído me hacía emocionarme más, lamia sus tetas, le empujaba suave hasta que se acostumbró al mete y saca de mi verga!

    Levante sus piernas para unas patitas al hombro riquísimo, ella se retorcía riquísimo, su apretada vagina me daba un gran placer, nos besábamos salvajemente, mordíamos nuestros labios, ¡mi verga ya entraba y salía con facilidad debido al líquido que ella sacaba de su vagina!

    N: ¡Que rico, Luis que rico!

    L: ¡Nena, uf, que rico!

    N: ¡Métemela, agh!; métemela!

    L: ¡Si, toma, uf, toma mi verga!

    La puse de lado, levante su pierna y la penetre suave mientras besaba su cuello, le acariciaba sus nalgas y sus tetas, me movía más rápido, ¡ella trataba de mover su cadera lo cual bruscamente hacia y me generaba una sensación muy agradable!

    Le acariciaba su cabello, con mi mano tocaba su clítoris lo cual al hizo gritar más, mis movimientos rápidos y las caricias de mis dedos la hicieron tener su primer orgasmo, liquido salía de su vagina y salpicaba mi verga y mis manos, ¡yo ayude a su orgasmo moviéndome más rápido!

    L: ¡Eso nena, goza, goza!

    N: ¡Luis!!! Agh!!!

    L: ¿Te gusta nena?

    N: ¡Me encanta, es lo mejor!

    Nos acomodamos sentados, Nancy se sentó sobre mí y se deslizo hacia atrás y empezó a empujarse sobre mí, yo besaba sus ricas tetas, ella se movía más fuerte, mi verga entraba hasta pasando la mitad, nos besábamos nos mordíamos, ¡era un rico momento!

    Me acosté y le pedí subiera en mí, ella lo hizo, pero al ser novata se daba sentones un poco bruscos pero sabrosos, yo la tome de su cintura y le enseñe el camino, poco a poco como un rico baile de bachata moviendo su cintura, mi dura verga la empalaba, ella tomo ritmo y se movía suave y fuerte, me apretaba el pecho para moverse mejor, la joven ya era una mujer, ¡paso de presa a cazadora y destrozaba mi verga con sus ricos movimientos!

    N: ¿Ah, te gusta papi?

    L: ¡Si nena, uf, muévete!

    N: ¡Tu verga es rica!

    L: ¡Tu vagina también es muy rica y apretada!

    N: ¡No sabía lo rico que era ser penetrada!

    L: ¡Pues goza cariño, muévete, muévete más!

    Nancy me dio una buena batida unos minutos más, lo hizo invertidamente, se agachaba a mis pies mientras dejaba caer su pelvis de forma deliciosa, le apretaba sus nalgas, la dejaba caer fuerte, mi verga ya estaba rojísima por la acción.

    Me senté en la cama y ella se puso a darse sentones, lo hacía muy rico, se levantaba y dejaba caer moviendo su cadera, le apretaba los pezones y jugaba su clítoris, ¡mi joven novia estaba empezando su vida sexual y de una forma fenomenal!

    Nancy estaba extasiada, la puse en cuatro en la cama, mire como escurría fluido de ambos por sus muslos, le di un par de nalgadas, al tome de la cintura y la penetre suave, mi verga entraba poco a poco hasta que mi pelvis choco con sus nalgas, prácticamente estaba todita dentro de ella, ella gemía fuerte, le pedí se moviera y lo hizo, de una forma muy poco ortodoxa pero sus movimientos me daban un gran placer!

    L: ¡Así mi amor, así, que rico!

    N: ¡Ah, papi, uf!

    La embestía rápido, el sonido de mi pelvis chocando con sus nalgas me ponía más loco, como toro enloquecido la penetraba ella gritaba, mi verga estaba hinchada sabía que pronto me vendría, pero estaba dudoso de donde si sacárselo o venirme dentro, ella era joven y obvio fértil a mas no poder, me encontraba en una encrucijada, ¡ambos llegaríamos al orgasmo así que necesitaba resolver esa situación pronto!

    L: Nancy, ¡me voy avenir!

    N: ¡Sácala, sácala!!!

    L: ¡No puedo nena, agh, dios!

    N: ¡Ah!!! Sácala!!

    L: ¡Uf, perdón, uf!!

    N: ¡Agh, que caliente dios!!

    La llene de semen, ambos quedamos tirados gozando el orgasmo conseguido, nos besábamos como locos y gemíamos como animales, finalmente después de reposar, ella inmediatamente se tomó una pastilla y me reclamo por venirme dentro, pero lo hecho estaba hecho, salimos y fuimos a casa, nuestra relación duro 2 años más hasta que conocí a mi esposa Lety y lo demás ya es historia.

  • Mi primera confesión

    Mi primera confesión

    Recuerdo mi primera confesión en una iglesia. Principalmente la recuerdo porque tenía las preguntas pensadas y las respuestas del sacerdote eran simples y fáciles de memorizar.

    Ahí estaba yo, de rodillas y transformada en un ser angelical.

    -Ave María purísima.

    -Sin pecado concebida. ¿Cuáles son tus pecados, hija?

    -Verá, padre, hace mucho que no me confieso y mis pecados son extensos. No sé por dónde empezar.

    -Dime los que más te atormentan y así te sentirás en paz con Dios.

    -Es que soy universitaria, estudio Medicina, y mi padre me cerró el grifo hace tiempo. Yo estaba especialmente salida y mi padre me dio un ultimátum. Pero la cabra siempre tira al monte y seguí entregándome a la pasión de la carne.

    -¿Y entonces cómo te costeas los estudios?

    -Haciendo videos porno. Hago 3 o 4 videos a la semana. Me llaman, me graban, me corro y cobro. De este modo llevo una vida sin necesidades en el campus. De hecho, no soy la única. Somos muchas y a veces grabamos juntas, haciendo las tijeras o lo que nos exija el director.

    -¿Y te satisface hacer esos videos?

    -Pues sí. Me produce dinero, mucho placer y, además, ser una porno star universitaria te abre muchas puertas y genera muchos admiradores. Voy por los pasillos y todos me saludan y me piropean como los albañiles de una obra.

    -¿Y te gusta esa situación?

    -La verdad es que sí. Soy la más popular de mi facultad y suelo salir cada mes en el periódico universitario, dando entrevistas y exclusivas. Todos me admiran. Estudiantes, profesorado, todo el rectorado, e incluso los cocineros del comedor.

    -Es un camino erróneo y supongo que eres consciente.

    -Lo sé, pero mis videos se ven en Hong Kong o Sri Lanka. Reciben millones de visitas y soy realmente famosa por lo que hago. Cuando estoy en una fiesta y deseo un ponche, ya hay 5 chicos dispuestos a traérmela. Soy siempre el centro de las miradas.

    -¿Y no has pensado dejar esos videos y reconciliarte con tu familia?

    -¿Y dejar de ganar 3000 euros al mes?

    -¿Tanto ganas?

    -Y puedo ganar más, pero no me hace falta. Me regalan Rolex de oro y bolsos de Loewe.

    -¿Quién?

    -Le he dicho que tengo muchos admiradores por todo el planeta. Una vez un hombre me regaló un coche Corvette. No pude decir que no. Es que son videos muy bien montados y con un ambiente muy estudiado. Antes era llegar, follar e irme, pero ahora pido más profesionalidad. Mis fans se lo merecen. Por eso no trabajo con cualquier director. En el campus hay 20 o 30 directores porno, pero yo prefiero ir sobre seguro y elijo a los mejores, ya le digo.

    -Pero si has venido a confesarte es porque estás arrepentida, ¿no?

    -Bueno, en verdad he venido para hacer tiempo. Tengo un trío en 20 minutos y no sabía cómo matar el tiempo.

    -¿Cómo dices?

    -Hablar de todo esto con usted me moja las bragas. Siempre me ha dado un morbazo hacerlo con un cura.

    -Esto es la casa de Dios. Un respeto, jovencita.

    -Padre, confieso que me he meado en un vaso y lo he vaciado en la pila bautismal, donde está el agua bendecida.

    -¿Cómo te llamas? ¿De qué sitio infernal has salido?

    -Del coño de mi madre, de ahí he salido. ¿Le gustaría hacer un video porno juntos? Le prometo ser una santa hasta que me baje las bragas y me abra de patas, ahí ya no le aseguro nada.

    -¡Fuera de aquí, hija del Diablo!

    -No le he mentido en nada. Todo lo confesado es verdad.

    -¡Hemos acabado la confesión!

    -¿Cuál es mi penitencia? ¿Follar más hasta que me salgan rozaduras y necesite pomada? -reí hasta la carcajada. El sacerdote enmudeció del todo y no se atrevió a hablar más. Di una patada brusca al confesionario haciéndolo menear…

    -¡Púdrase, cabrón!

    … y me fui cantando a grito pelado.

  • Historias del despacho

    Historias del despacho

    Terminaba mi licenciatura en derecho, cédula en trámite pero toda la actitud. Por esos días trabajaba como becaria en una agencia especializada en asesoría fiscal y matrimonial. Precisamente donde me desempeñaba como ayudante en apoyo a parejas divorciadas o en proceso de.

    El despacho constaba con la renta de los últimos dos pisos de un pequeño edificio de ocho plantas. Yo de desempeñaba en el séptimo piso con dos compañeros; cada uno ocupando un cubículo modesto de tamaño, y mi jefe, el que sería el segundo al mando en la empresa y con quien compartía una oficina un tanto más grande dividido a partes desiguales por un muro de tabla roca, que me relegaba a un cubículo en lo más recóndito en un estrecho recoveco, donde a duras penas cabía mi escritorio y un par de anaqueles repletos de documentación.

    Arriba, en el último piso, se encontrarían cuatro de los más veteranos trabajadores, entre ellos nuestro director general, quienes se encargaban de casos empresariales más importantes.

    Íntimo y privado

    El primer día que me instalé mi jefe me asignó mucho trabajo atrasado, por lo que estaría muy ocupada las primeras semanas, ahí en mi estrecho cubículo de cuatro por seis metros y sin ventanas. No era precisamente pequeño pero los anaqueles, el escritorio y la poca ventilación que tenía lo ponía muy claustrofóbico después de un tiempo.

    Pasado los primeros meses las cosas comenzaban a ponerse burdas y cotidianas, el trabajo llegaba por temporadas, siendo que a veces no nos dábamos abasto y otras me la pasaba haciendo absolutamente nada.

    Fue precisamente en uno de esos días de aburrimiento que terminaba de archivar algunos casos, cuando de pronto vaciaba mis pendientes sin más que hacer y aún con seis horas por delante. Entonces abrí el navegador de internet intentando perder el tiempo hasta que me delegaran otro trabajo o bien hasta la las nueve de la noche, que era mi hora de salida.

    Navegando en el popular portal de videos pronto también me aburrí. Estaba realmente estresada pero no podía salir, sabiendo que mi jefe era muy estricto por no decir palabras mayores. Además de que un cliente podría llegar en cualquier momento.

    Habiendo repasado ya todos los portales de mi interés, una idea me tenía sofocada. Y es que sola, abrumada, estresada y cansada, ahí en aquel recóndito, oscuro y caliente lugar ya comenzaba a sufrir un ataque de ansiedad. En verdad necesitaba relajarme y desestresarme un momento; sin poder salir a tomar aire fresco, solo quería tocarme un poco.

    El cálido ambiente veraniego confinado y aprisionado entre cuatro paredes a puerta cerrada, me habría embargado con su ardiente abrazo por todo mi cuerpo. Traspasando los telares en red cerrada de mi blusa negra que no permitían ocultar nada debajo, censurando mis senos tan solo con un sujetador del mismo color, oculta tímidamente por un saco azul oscuro, que servía de escudero ante miradas indiscretas al debelar mi ropa interior.

    Pero ahí, en la privacidad de mi recóndita oficina no había ninguna mirada de quien esconderme, así que, agobiada, me puse en pie para estirar un poco las piernas. Caminaba por el poco espacio que tenía sintiendo el sudor deslizarse entre mis senos, bajo mis brazos, pero sobre todo sobre todo en mi entrepierna.

    Mis tacones altos negros resonaban con rudeza al chocar contra el piso de madera natural, al tiempo que mis pantimedias rozaban mis piernas justo donde terminaban y dejaban desprotegidas mis desnudos muslos húmedos y acalorados.

    Mi jefe estaría ocupado, es decir, hablando por teléfono y haciendo negocios fuera de las regulaciones del despacho. Segura estaba que le había escuchado un par de veces citarse en las calles para realizar contratos por su cuenta.

    No me importaba, no era de mi competencia, no me metería con él, si no lo hacía conmigo. Especialmente en ese momento, ese instante especial y privado cuando comenzaba a quitarme el saco intentado refrescarme un poco. Me sentí mucho mejor, pero aún bastante abochornada, el viento errático me estrujaba arrebatándome el aliento.

    Solo quería aligerarme, lo juro, me sentía aprisionada en mi uniforme de oficina, así que me llevé las manos a mi espalda y comencé a desabotonarme mi sujetador. Aliviada al liberarme de la tención de mí íntima prenda y dejar que mis senos cayeran elegantemente descansados sobre mi pecho, por fin pude respirar mejor.

    El calor era insoportable, mi piel irradiaba fogosa mientras escondía mi sostén en mi bolso sentada sobre mi escritorio tan solo con mi blusa completamente trasparente que ahora permitía la vista clara a mis senos sudados debelando mis pezones duros, ardientes y erectos color avellana claro.

    Pero el verano era mi enemigo, solo a una estúpida se le ocurría vestir de negro en un día tan caluroso. Pensaba, haciendo aire con mis manos en abanico sobre mi cuello, cuando regresaba a mi silla detrás de mi escritorio, exhalando fuertemente intentando sacar el exceso de calor del interior de mi cuerpo.

    Estaba harta, pero no tenía otra opción que esperar. Sudaba como si acabase de hacer ejercicio intentando secarme con los pañuelos que siempre cargo en mi bolso. Recorría mis brazos, cuello, y hasta lo más profundo que el corto escote de mi camisa me permitiese, pero cuando llegué a mis piernas no pude más.

    Al sentir mis tibias manos secando y masajeando mis muslos, un profundo escalofrío me recorrió desde la planta de mis pies hasta la cabeza. Un turbio, oscuro y depravado sentimiento se apoderaba de mí.

    Recorría lentamente mis manos con aquel pañuelo de algodón entre mis piernas, desde la parte desnuda y vulnerable arriba de mis pantimedias hasta más y más dentro, en la sombra de mi falda, donde mi caliente vagina esperaba ansiosa mis caricias. Cuando rozaba un poco por encima de mi lencería de encajes ajustada. Húmeda.

    Quería parar, pero no podía. Mis manos continuaban jugueteando protegidas tras el escritorio, masajeando sensual y satisfactoriamente sobre la transparente tela de mi íntima prenda, mirando con terror la puerta de mi oficina esperando que nadie apareciera.

    Pero el día estaba muerto, afuera el silencio era desolador, desquebrajado tan solo por los deprimentes pasos de mis compañeros en el piso de madera, lo que me daba la confianza de continuar satisfaciendo mis necesidades más personales, pese al lugar tan formal.

    Bajo el oficial ambiente estricto del despacho, mi cuerpo gozaba cada caricia sobre mi piel, estropeadas por mi blusa negra trasparente en mis brazos, senos y cintura, a medida que deslizaba las palmas de mis manos por debajo de mi falda entre los elásticos tirantes de mis pantimedias, hasta mis bragas de encaje negras.

    Entonces no pude más, y me las quité. Las deslice como pude a lo largo de mis largas piernas, despegándolas de mis nalgas y mi coño al que se habían metido, adheridas por toda la humedad del sofocante clima, hasta hacerlas caer por mis pantorrillas a mis tobillos.

    Seguí tocándome, era extremadamente placentero y excitante el hacerlo en mi lugar de trabajo, con mi jefe justo afuera y justo en ese momento que tanto lo necesitaba; tan estresante, aprisionarte y caliente, caliente como yo, que me estremecía sentada a piernas abiertas tras mi escritorio mientras mis dedos se inmiscuían entre mis pliegues vaginales bañándose en mis juegos al instante, cuando de pronto tocan la puerta.

    Me estremecí, y de un espasmódico sobresalto me apresure a vestirme mi saco para ocultar mis tetas, las cuales de otra manera se me verían con descaro. Sin poder acomodarme la falda ni calzarme las bragas de nuevo, mirando a mi jefe entrar con imprudencia.

    El muy cabrón había tocado solo un par de veces antes de entrar con mi debido permiso. Todo para decirme que un cliente había llegado. Estaba enfadada, pero al menos creí que los haría esperar hasta que yo misma los atendiera, pero nada, él mismo se tomaba todas las libertades al hacerlos pasar al instante, dejándome literalmente con las bragas abajo.

    Como pude me puse de pie acomodándome la falda para saludar educadamente, sin atreverme a caminar un solo paso para evitar tropezar con mi ropa interior aún en mis tobillos.

    Se trataba de un matrimonio que deseaba divorciarse, al parecer de común acuerdo y por las vías de lo correcto. Sabía que sería un caso sencillo y comprendía porque mi jefe no lo había tomado el mismo. En parte se lo agradecía, pues así podía aprender mejor. Pero venga, que bien podría ser más sensible y respetoso con el espacio privado de una mujer; me había dejado a media paja y con la calentura que me cargaba apenas podía concentrarme en mi trabajo.

    Entre tanto y tanto me tocaba un poco en mi entrepierna sintiendo como mi vagina me suplicaba por ser atendida como se debía, mientras yo explicaba con tranquilidad a mis clientes de su situación.

    La esposa me miraba atentamente, ajena por completo a mi bochornoso y erótico encuentro con migo misma, que sucedía en ese mismo instante debajo de mi escritorio. Pero el esposo, él lo sabía; seguro podía imaginarse a donde iba mi mano izquierda en cada ocasión cuando se perdía de vista. Lo sé porque al mirarlo, sus ojos lo delataban, la lujuria lo consumía, sus pómulos se ruborizaban, su cuello se tensaba y su boca salivaba en exceso. Seguro era que de no ser por su mujer, me follaría ahí mismo.

    Sin embargo, aquello lejos de moléstame o incomodarme me gustó mucho. Allí supe dos cosas, la primera es que había averiguado, sin quererlo, quién había sido el culpable que los orillaría al divorcio, y la segunda en descubrir, era lo mucho que me excitaba tocarme explícitamente frente a él.

    Fingiendo que prestaba de toda su atención a mis palabras, sus ojos se desviaban con descaro a la apertura que dejaría ver un poco mis pechos al descubierto bajo la impúdica prenda totalmente trasparente, seguramente rezando por un descuido para poder ver aunque fuese un poco más.

    Lo miraba, sabía lo que deseaba. A mí. Mi mano me masajeaba firmemente mi ardiente vagina, entre mis labios y mi clítoris completamente erecto, cuando un inoportuno espasmo me hacía estremecer, sacándome un pequeño quejido que intentaba camuflar con un tosido, mientras sentía mi mojada vagina secretar un delgado hilo de mis fluidos que escurría hasta mi silla, consecuencia de ese pequeño e inesperado orgasmo.

    Estaba excitada como nunca, en verdad necesitaba hacerme correr en ese mismo instante, pero no podía, no debía. Y el esposo me mira con hambre y ferocidad, y me gustaba, y me tocaba, y más me excitaba.

    La cita del día terminaba, ambos agradecían pero la mujer salía presurosa y envuelta en furia, seguramente al darse cuenta del descaro de su aún esposo seducido por mis encantos y en su presencia. Pero él, el se aferraba al momento, claro que no quería irse, pero el tiempo había terminado y debíamos despedirnos.

    Entonces me saqué las bragas de mis tobillos y los acompañe a la puerta a tan solo un paso de ellos. Su mujer salió de inmediato, el se terminaba de despedir de mí cuando descaradamente me acomodaba mi saco permitiéndole darse gusto con un veloz vistazo a mis tetas completamente duras y levantadas cubiertas de la sensual tela de malla.

    Espía de profesión

    Por desgracia aquella pareja jamás regresó, por el precio, por el lugar, por mí. No lo sé, me sentí un poco mal, pero bueno, no siempre se consiguen todos los contratos.

    De cualquier modo, ese habría sido la última vez que me habría exhibido en el consultorio de esa forma. No habría estado tan excitada como para repetir aquella experiencia nunca más. O eso pensaba.

    No fue hasta bien entrado el otoño cuando me sucedió la experiencia más excitante de mi vida. Yo gozaba de un buen trabajo, me dedicaba a lo que más me gustaba y ya tenía un contrato fijo. Plenamente graduada de la universidad, mi vida no podría andar mejor, y aun así se pondría más caliente.

    Era una tarde como muchas otras, nada me alertaría de lo que estaría por acontecer y que cambiaría mi vida. Eran tiempos con mucha carga de trabajo, mis días como becaria habían quedado atrás y las responsabilidades me llovían a granel.

    La noche llegaba puntual oscureciendo los hasta los últimos pisos edificio, haciendo encender las luces autónomas del inmueble. En contraste, ahora, los fríos de fin de año se anticipaban haciéndose presentes en esporádicos días, cada vez más comunes.

    Mi hora de salida llegaba y el trabajo no terminaba. Aún terminaba de archivar algunos documentos cuando se acerca mi jefe a mi puerta con su fiel manía de tocar la puerta y abrirla enseguida sin esperar respuesta, encargándome que diera cierre al despacho pues él se marcharía ya mismo.

    En realidad no me molestaba nada, acostumbrada estaba a su falta de modales ante la privacidad de una dama, y aunque no lo hiciera con ese fin, tampoco me enfadaba quedarme hasta tarde, de hecho me gustaba; me daba tiempo de terminar con mis pendientes en solitario y sin presiones, lo que a su vez me otorgaba el lujo de llegar un poco más tarde el día siguiente.

    No era la primera vez que me encargaba cerrar el despacho, siendo que cada piso tenía su propia llave y cada jefe de piso era responsable de su área. Responsabilidad que esa noche me correspondía a mí. Sin más acepté guardándome la lleve en mi bolso al recibirla de manos de mi contratista, mirándole marcharse gustoso.

    En tanto regresaba a mi escritorio sin cerrar la puerta escuchando con toda claridad los pasos de mi jefe alejarse más y más. Pero entonces sus pisadas se desviaban, segura estaba de escucharle subir por las escaleras al último piso del despacho. Creí que iría a despedirse de su superior, aunque no le escuché bajar de regreso.

    Habrían pasado un par de minutos cuando encontré un documento sin la firma de mi jefe, sabiendo que aún estaría arriba, lo tomé rápidamente y me apresuré a subir.

    Con prisa salía de mi pequeña oficina cuando un pequeño grito se escuchaba a lo lejos. Asustada en medio del solitario edificio me detuve en seco, por mero instinto caminé despacio intentado hacer el menor ruido posible con mis botas altas negras esperando escuchar de nuevo aquel siniestro quejido.

    Caminaba expectante rumbo a las escaleras, todas de madera, cuando escuché de nuevo aquel lamento, aunque más que eso, ahora me era más parecido a un gemido erótico lo que me hizo exaltarme.

    Entre miedo y excitación subía lentamente las escaleras, peldaño a peldaño con la punta de mis botas, dejando el tacón alto fuera del borde para silenciar mis pasos por completo. Al llegar a los últimos escalones, justo cuando mi cabeza rebasaba el plano para poder mirar el último piso, pude ver los zapatos de mi jefe justo enfrente de mí, dentro de uno de los cubículos de la oficina central.

    Aliviada y ya pasado el susto, escalé un par de pasos más arriba cuando una escalofriante escena me detuvo de nuevo. Completamente asustada e impactada me quedé, al ver a mi jefe de espaldas con los pantalones y calzoncillos hasta los tobillos follando con una compañera de quien solo se le podían mirar las medias negras de sus pantorrillas, y sus tacones rojos sobresaliendo de las caderas de mi jefe quien la empuñaba fuertemente a piernas abiertas sobre el escritorio.

    No sé se alguno de ustedes habéis tenido la experiencia de mirar a alguien más follar, pero en mi caso aquella vez habría sido la primera. No lo sé, pero no era lo mismo, como mirar videos, películas o novelas. Era un momento sumamente excitante, sentía cada nervio de mi cuerpo erizarse, cada músculo se contraía como esperando el momento para salir huyendo despavorida. Pero no podía moverme, está paralizada y mi corazón explotaba en mi pecho en fuertes pulsaciones.

    No podía hacer nada más que mirar, mirar a mi compañera siendo penetrada por mi jefe quien la embestía fuertemente arrancándole un pequeño gemido en cada arremetida, haciéndola gozar con su pene dentro de ella.

    Pese a no poder ver con claridad la explicita escena en vivo por la infame perspectiva, las imágenes que se proyectaban en mis ojos de primera instancia eran muy excitantes. El estaros espiando, en nuestro lugar de trabajo, bajo el sepulcral silencio de la noche, en el solitario edificio y con uno de los días más fríos de otoño, era una experiencia increíble.

    Entonces no pude resistir más y bajé mi mano hasta mi entrepierna, apretando fuertemente mi falta entablada negra, intentado tocar mi vagina con desesperación sobre la robusta tela, sin conseguir tan solo rosar un poco mis labios bajo mis bragas de encaje.

    Pese a no conseguir tocarme como quisiera en ese momento, estaba tan excitada que aquellas sutiles caricias eran suficientes para llevarme al éxtasis sensorial, mirando a mis compañeros de trabajo follando como férreos amantes desesperadamente. Cuando me llevé mi mano que aún sujetaba el folder con documentos hasta mis senos para oprimirlos apasionadamente sobre mi blusa holgada morada de lunares blancos, restregándome mi lencería negra en mis apretadas tetas duras y calientes en mi pecho.

    Estaba bien caliente, y no me importaba ser descubierta, ni siquiera lo pensaba, pero en ese momento, aquellos amantes protagonistas de tan excepcional vista se detenían. Creí que habían terminado pero no podía apartarme, estaba atrapada en sus redes exhibicionistas y mi mirada se había quedado fundida en sus cuerpos.

    Alarmada, me oculté tras el vértice de la pared en las escaleras, inútilmente, pues aún ahí podían verme. Pero no lo hicieron, eran ajenos a mi presencia; estarían tan concentrados en sí mismos, en sus caricias, en su pasión desmedida, y en darse placer mutuamente que no tendrían noción de nada más. Igual que yo, que no podía dejar de mirar y tocarme, presionando con rudeza mi falda para conseguir llegar hasta mi vagina la cual sentía ya completamente mojada, escurriendo un poco en los muslos de mis piernas, incapaz de separarlas por la entallada prenda de oficina.

    Desde mi escondite miraba a mi compañera bajarse del escritorio para ponerse en cuatro recargando sus brazos sobre el escritorio y levantando la cola en espera del ferviente pene de mi jefe tras de ella.

    La vista era increíble, podía ver las largas piernas de mi compañera sobre sus tacones altos rojos, separándolas tanto como las elásticas medias atoradas en sus rodillas se lo permitían, mientras mi jefe enfilaba su tranca parada entre sus nalgas para penetrarla hasta las profundidades de su cuerpo una vez más.

    No podía ver claramente, pero aquellos tenues quejidos de placer me indicaban con todo detalle cómo se estaría deslizando su pene dentro de ella, quien seguramente estaría tan mojada como yo.

    Ya completamente loca por el momento tan excitante, y segura de mi invisibilidad, me subí mi falda hasta mi cintura para poderme tocar mejor. Y entonces mis carisias me llevaron al clímax, imaginándome como mujer, lo que debía estar sintiendo mi compañera al ser empalada por mi jefe haciéndola pujar de placer con su tranca como todo un profesional. Haciéndome hervir de envidia al recordar hace tanto tiempo que no tenía un encuentro como ese, con un hombre como él, maduro, grande, fuerte y apuesto. Y hacía cuanto tiempo no gozaba como ella, con un buen pene duro, largo y bien empotrado dentro de mi vagina que aclamaba por intercambiar papeles en ese momento.

    Entonces no pude más y me metí un par de dedos bajo mis apretadas bragas, obligándome a abrir mis piernas para conseguir meterme mi dedo índice apenas lo suficiente para darme placer en ese tan aclamado punto sexual, mientras con mi pulgar jugueteaba sensualmente con mi clítoris erecto y altamente sensitivo a mis caricias haciéndome gozar como nunca.

    Estaba tan excitada que me había llevado hasta borde, a punto de hacerme venir. Pero ellos también estaban por terminar; los gemidos de mi compelerá se hacían cada vez más y más evidentes, se escuchaban más fuertes y sonoros, jadeando de placer, cuando escuché a mi jefe preguntarle donde los quería.

    Sabiendo a qué se refería, mi compañera se sacó su pene y de un veloz salto se bajó del escritorio poniéndose de rodillas frente a mi superior. Asustada y aterrada de ser descubierta me saqué la mano de mi entrepierna y me alejé un par de pasos de regreso al piso de abajo, no sin antes mirar por fin la cara de mi compañera extasiada, alegre y sonriente ante el largo pene del jefe estrangulándolo hasta hacerlo eyacular sobre su boca, mirándola saborearse el dulce néctar fluyendo desde su rosado escroto convulsionando ante tremendo orgasmo.

    Mientras mi compañera terminaba de lamber las últimas gotas del fluido de mi jefe, masajeándose sus blancas y pequeñas tetas reconfortando su cuerpo del increíble follón que le acababan de meter, yo regresaba con extrema cautela de regreso sobre mis pasos, bajando de espaldas la escalera evitando el contacto de los tacones altos de mis largas botas, aún con la falda levantada debelando mi caliente y mojada vagina en mis bragas de encaje completamente empapadas.

    Con mi corazón bombeando a mil por hora, regresaba a paso veloz, sudando, jadeando y temblando, saltando sobre las puntas de mis botas directo a mi pequeña oficina, para cerrarla fuertemente tras de mí.

    Entonces me senté en mi propio escritorio con las imágenes de sexo explícito aún frescas en mi mente. En cada parpadeo los miraba, una y otra vez. Al cerrar los ojos los veía; follando, gozando y gimiendo. Miraba el pene de mi jefe babeando y chorreado sobre la cara de mi compañera loca de éxtasis gozando con sus jugos, lambiendo y saboreando su pene eyaculando en sus labios.

    Y mientras recordaba la experiencia más intensa de mi vida, me tocaba con todo descaro sobre mis bragas, a piernas abiertas sentada en la esquina de mi escritorio sintiendo unas breves pulsaciones en mi vagina que me estarían anunciando de un inminente y profundo orgasmo.

    Cuando se escucharon pisadas de nuevo. Tacones altos resonando bajando las escaleras, escoltados por unos pasos más fuertes y secos que me indicarían con toda certeza que mis colegas de oficio se estrían marchando del despacho.

    Ahí, bajo el silencioso cobijo de la noche y con los tres pisos del despacho completamente desérticos, escuchando los últimos y débiles pasos de mi jefe y su amante alejándose, un profundo suspiro emanaba desde las profundidades de mi ser, haciéndome estremecer ante el recuerdo voyerista vivido.

    A razón de mi reclusión en la intimidad de mi oficina, me puse de pie y caminé un poco, temblando como nunca de excitación, tambaleándome con mis piernas titilando sobre mis largas botas de tacón alto, con la falda enrolladla en mi cintura y entonces me deslice mis bragas firmemente hasta dejarlas botadas en el suelo. Enseguida me bajé la falda, y no me detuve hasta hacerla desliarse por mis desnudas piernas hasta mis tobillos.

    Con habléis movimientos me deshacía de mi falda para olvidarla sobre la madera bajo mis botas. Lentamente continuaba, desabotonando mi blusa sin prisa, sabiendo que la noche y el despacho jurídico eran míos.

    Finalmente mi blusa caía y tras ella, mi sostén negro que le haría juego a mis bragas húmedas se posaba sobre el resto de mi ropa mientras mis bellas botas altas caminaban a su alrededor sosteniendo mis largas y tersas piernas rumbo a mi escritorio. Ahí me senté de nuevo, ahora, completamente desnuda, separé mis piernas y tras un veloz lengüetazo a mis dedos medios para humedecerlos, me los introduje lánguidamente en mi coño.

    Estaba caliente como nunca, mi cuerpo se estremecía a cada paso, ante cada caricia, cada suave sensación de mis delgados dedos recorriendo mi escurridiza cavidad, masajeando placenteramente en lo más íntimo y privado de mí ser.

    Bajo el lúgubre silencio del edificio abandonado, tan solo resquebrajado por los sonidos acuosos de mi vagina salpicando en mis dedos al ritmo de mis eróticas caricias de placer, y mis gemidos sensuales y lujuriosos que se hacían cada vez más intensos a medida que aumentaba la intensidad de mis dedos; entrando, saliendo y presionando con pasión, desgarrando en lo más profundo un fuerte e intenso orgasmo que me hacía gozar como nunca, exhalando un agudo alarido rasgando mi garganta seca por el frio, cuando en mis manos eyaculaba un pequeño chorro que salpicaba y escurría desde mis dedos hasta mi escritorio, entre intensas contracciones, seguido de otro más corto, dejando su cubierta plastificada manchada con mis deliciosos jugos de éxtasis, entre mis piernas, descansadas y aliviadas, al fin.

    Mi jefe y mi dueño

    Desde aquel día jamás pude ver los ojos cafés claros de mi jefe de la misma manera. Al saludarlo por las mañanas, o al conversar profesionalmente, no podía dejar de recordar aquella escena de sexo con mi compañera y sentirme llena de envidia. Ella era muy guapa y atractiva, pero no más que yo, quien por ese entonces era más joven, delgada, y gozaba de un rostro colegial encantadoramente inocente, por no mencionar mis largas y torneadas piernas, mi busto erguido y mis redonditas y coquetas nalgas que dibujaban un dulce y sabroso durazno bajo mi esbelta espalda.

    Me llenaba de rabia saber que la otra se había cenado a mi jefe y yo no. Y es que he de confesar que desde que le había conocido me sentí atraída por él, tanto por su físico como por su forma de ser. Un tanto patán, pero al final sincero, directo y estricto. De cuerpo fornido, brazos musculosos y redondas nalgas, pero al mismo tiempo, una cintura estrecha y tersas manos, y su fino rostro, y sus hermosos ojos brillantes.

    Me sentía menos, menos atractiva, menos hermosa, menos mujer. Menos que ella. Pero todo cambiaría si lograba arrancárselo de sus manos, y tenía las armas para hacerlo. No me detendría hasta conseguirlo.

    Sucedía en un día decembrina, eran tiempos caticos en la oficina, debíamos entregar informes para poner todo a punto y tener la contabilidad en orden. Hacía días que había trabajado a mi jefe, le coqueteaba ocasionalmente y él me respondía acertadamente, con malicia y lujuria.

    Aquel día vestía con una camisa blanca delgada y trasparente, una falda color camello, pantimedias color natural, un saco y zapatos de tacón tipo aguja altos color azul marino, y debajo de todo eso, una lencería erótica de lo más sensual; contando de un sujetador y bragas con trasparencias de color rosa mexicano intenso.

    Ya daban las seis de la tarde en el reloj y ahí me tienen sumergida en altas pilas de archivos que habríamos trabajado todo el año. Como es natural, mi jefe habría dejado todo para el último y ya no se daba abasto.

    En medio del caos y bajo una permanente nube de polvo que emanaba de los archiveros comenzaba a agitarme de cansancio. Todo aquel ajetreo me había provocado un aumento en mi temperatura corporal que aunado al punzante y rasposo polvorín de suciedad, me habría obligado a quitarme el saco que vestía.

    No lo pensé, pero de esta manera me quedaría con aquella blusa trasparente dejaría a la vista mi sensual sujetador que a su vez también tendría partes que permitirían la vista curiosa de mi jefe a mis pechos.

    Pese a que no se encontraba en mis planes, ahí estaba, exhibiéndome ante mi jefe quien entre las prisas y el estresante momento disimulaba su mirada para admirar mis elegantes atributos forrados en tan encantadora lencería rosa.

    Por mi parte, intentaba no pensar en ello, pero me era imposible. Saber que al fin, era del agrado de mi reclutador, que por fin me estaría viendo con otros ojos, lujuriosos, y que le gustaba, me estaba embriagando de estima y atracción hacia él.

    Mirar sus ojos en llamas de deseo, su rostro sonrojado y su palo levantándose erecto bajo su pantalón me estaba poniendo muy caliente. Recordaba aquel día que le había espiado y las imágenes de su falo penetrando a mi compañera me aparecían en la menta a cada parpadeo, haciéndome sentir de nuevo esos jadeos, aquellas carisias eróticas, y esos placeres pasionales del sexo explícito en la oficina.

    El tiempo pasó y sin saberlo el reloj marcaba la hora de mi salida. Nueve en punto y el trabajo aún no se le veía el fin. Pero era suficiente por ese día, estaba completamente exhausta, no podía más. Guardé mis cosas en mi bolso, me vestí mi saco de otra vez y me senté en mi silla tratando de recuperar aliento para emprender camino a casa.

    La noche se hacía presente puntalmente tras otro arduo día de trabajo, yo estaba cansada como pocas veces; cerré un solo por un instante los parpados para agarrar fuerzas que me permitieran terminar las últimas horas del día, cuando mi jefe aparece en mis recuerdos. Su dulce pero lujuriosa mirada, su tierno pero varonil rostro con la barba perfectamente recortada, su fornido y escultural cuerpo macizo. Macizo como su tranca parada enfilada a penetrarme cuán tanto lo deseaba, y las ganas que tenía por servírmelo ahí mismo y que me follara como aquella zorra del segundo piso, con firmeza, con pasión, con deseo y desenfreno en mi oficina.

    Entonces me quite mis lentes de aumento, los coloque con delicadeza sobre mi escritorio y me dejé llevar. Lentamente comencé a recorrer mis manos sobre mi blusa desabotonando uno que otro botón a su paso, masajeando mis senos ardientes escondidos bajo toda esa estorbosa lencería rosa. Continué hasta mis piernas, completamente fatigadas de sostenerme en aquellos tacones altos todo el día, enseguida sentí como mi cuerpo se relajaba a medida que mis manos se aproximaban a su destino predilecto.

    Cobijada bajo el silencio de la noche estaba a punto de masturbarme una vez más en mi oficina, pero en ese momento entra mi jefe, con su característica falta a la privacidad femenina tomándome por sorpresa con las manos en mi cuerpo. Pero no me detuve. Por un momento nuestras miradas se cruzaron, sabíamos perfectamente lo que sucedía, y no me importó.

    Sin prestarle interés a la presencia de mi jefe, quien seguramente habría entrado a despedirse, continué satisfaciendo mis más íntimas necesidades regresando a la privacidad que me ofrecían mis parpados cerrados.

    Así de él dependería todo. Si le placía irse, bien podía despedirse cuando quisiera, o si en verdad me deseaba tanto como yo a él, era completamente bienvenido a quedarse, mirarme y participar.

    No me importaba en realidad; estaba muy cansada, fatigada y fastidiada del estrés acumulado a lo largo de todo el día. Solo quería continuar relajadme, reconfortándome a mi misma por soportar un día más de intenso trabajo.

    Él seguía ahí, lo sabía. No Hacía falta abrir los ojos, le escuchaba respirar agitadamente, lo sentía. Olía su perfume cada vez más cerca mientras le escuchaba caminar hacia dentro de mi estrecho cubículo.

    Me había puesto muy contenta, intrínsecamente me aceptaba, había confirmado que me deseaba. Me alegré tanto que sonreí. Entonces abrí los ojos, me puse de pie y caminé a él lentamente a medida que me quitaba el saco a cada paso. Nos miramos fijamente, no hacía falta decir nada, lo que queríamos estaba frente a nosotros. Él a mí, y yo a él.

    Tiré mi saco al piso, me senté en mi escritorio subiéndome un poco la falda y le abrí las piernas de par en par justo de frente. Ahí me toque seductoramente mi blusa desabotonada, metiendo mi mano por debajo de mi sujetador para estrujarme el seno izquierdo lanzándole así la invitación de que la cena estaba servida.

    A continuación bajé mi mano para meterla por debajo de mi falda, de paso, subiéndomela hasta la cintura. Ahí me masajee un poco por encima de mis bragas rosas que contrastaban con la oscuridad de mis muslos. Él observaba atentamente, conteniendo sus impulsos animales, mirando como mis dedos jugueteaban entre los encajes trasparentes de mi ropa interior, haciéndola a un lado para debelarle mi depilada vagina rosada y completamente mojada.

    Fue en ese momento cuando no resistió más. Entonces se me acercó, se arrodillo frente a mí, entre mis piernas, y sin más se metió entre ellas hasta mi coño. Ahí enseguida sentí una tibia lengua sorbiendo de mis juegos deslizándose entre mis labios vaginales internos.

    Siempre imprudente. Siempre irrespetuoso, entrando sin permiso, esta vez hasta lo más privado de la intimidad de mi cuerpo. Pero se sentía tan placentero, era tan excitante, que lentamente me estaba arrancando mi primer orgasmo de la noche.

    Poco a poco sentía mis piernas relajarse, mi cuerpo se tensaba y mi corazón latía intensamente, mientras mi vagina se dilataba abriendo paso al placentero sentimiento de goce entero, cuando mi garganta se me engarzaba haciéndome gemir a gimoteos aullando de éxtasis, al tiempo que le rogaba incesantemente a mi jefe que continuase y no parara hasta sentir como mi coño se habría ante él, eyaculando en su boca que bebía de mis secreciones sexuales entre los espasmos de mi vagina en sus labios.

    Pero no era suficiente, estaba tan caliente que me lo tenía que coger. Aquello apenas comenzaba. Después de mi primer orgasmo de la noche, él se irguió frente a mí, me quitó las bragas y sin más me empalo duro y profundo con su hermosa y férrea polla rozada, cual se deslizaba armónicamente en mi lubricada cavidad sin fricción alguna.

    Ahí, me desnudé el torso con desesperación y me entregué en cuerpo y alma ante mi superior, ante sus órdenes de dirigente, su poder y sodomía. Sometida a la merced de su falo penetrándome incesantemente haciéndome estremecer ante él como tanto lo ansiaba. Haciendo gala de mis dotes de mujer para complacerlo y ofrecerle el mejor follón de su vida, seduciéndolo al morder mis labios con extrema sensualidad, acariciar mis tetas en sus ojos, como ofreciéndole el dulce par ahora suyas para que hiciese con ellas lo que le placiera. Gimiéndole como la servidora personal que era, en señal de agradecimiento por el tremendo placer que me estaba regalando.

    Entonces estiré mis piernas y las levanté hasta recargar mis pies forrados en aquellos coquetos tacones de aguja negros sobre sus hombros para que me penetrara más profundo aún. Ahí sentí como me desgarraba mi segundo orgasmo desde lo más profundo de mi coño, haciéndome gritar agudamente sin importarme nada, al tiempo que mi vagina convulsionaba ahorcando su pene dentro de mi cuerpo, contorsionando mis caderas incapaces de resistir tan poderoso orgasmo que tanto aclamaba, por fin al ser follada por mi jefe.

    En ese momento aquel magistrado de hombre, sacó su pene inflamado al máximo, para finalmente dejarlo desahogarse en mi pubis, exprimiéndole aquella blanca secreción sobre mis bellos perfectamente depilados en una línea elegante, mientras le miraba enamorada, gozar de su propio orgasmo, por mí y para mí, haciendo seductores ruidillos con la lengua mostrándole mi gratitud de haberme dejado tan satisfecha.

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  • El arquitecto

    El arquitecto

    Esta es una narración que trató de ser real, pero, sin duda, está mezclada con algunas fantasías ya que durante más de tres décadas de lo ocurrido nunca anoté algo al respecto y sólo recordaba para masturbarme, pero como a veces era muy reiterativa, al concluir mis ratos de lujuria dedicados al autoplacer, me preguntaba seriamente si así había ocurrido o yo los había ido modificando, no pudiendo definir qué fue lo imaginado y qué fue real. Respecto a cómo ha sido mi vida en los asuntos del sexo, pueden verlo en la saga “Ninfomanía e infidelidad”.

    Como ya expliqué en el relato “Mi única vez en un sitio swinger” esto ocurrió cuando tenía 29 años. Repito aquí lo esencial al respecto de lo que sucedió ese día por atención a quienes no lo leyeron. En él, mencioné que mi esposo se había ido a Tapachula por un par de semanas y mi hermana cuidaría algunas tardes a los críos, los aproveché para estar con mi amante Eduardo (yo les digo parejas) y fuimos a una reunión en la cual Joel, de quien trata este relato, me pidió que fornicáramos después de haber visto cómo lo hacía una pareja que atrajo la atención de todos. “¿Qué tal si tú y yo intentamos hacer algo mejor?”, me preguntó mostrándome un condón nuevo en su mano. Yo quedé impresionada por su porte y juventud, un verdadero adonis, ¡el miembro más largo que yo había visto antes!, pero con unas bolitas normales, aunque pequeñas para el resto de su herramienta. Eduardo, notoriamente celoso, contestó de inmediato por mí: “No, gracias, sólo vinimos a ver” y Joel se retiró haciéndole una caravana de agradecimiento por la respuesta. Sin embargo, al salir volví a toparme con él los sanitarios de los vestidores, y debido a un comentario de su acompañante con Eduardo, supe que se llamaba Joel y, antes de que Eduardo se diera cuenta, me dirigí al adonis sin más preámbulos: “Hola, Joel, te juro que yo sí quiero. ¿Me das tu teléfono?” Él captó de inmediato mi situación y me extendió rápidamente, y de manera muy discreta, una tarjeta, me acarició el pecho y me dio un beso en la mejilla. Yo le acaricié el bulto que creció instantáneamente bajo la ropa y me susurró a mi oído “Yo también. Por favor, háblame”, retirándose enseguida. Leí la tarjeta que ostentaba el título de arquitecto y una dirección de un prestigioso despacho con el mismo apellido de Joel, seguido de la frase “e hijos”. Metí la tarjeta en mi bolso como si guardara un tesoro. Es decir, se dio “un flechazo”.

    Cuando Saúl, mi esposo, regresó, todo volvió a la normalidad, sentía lejano el ataque de celos de Eduardo, pero no podía olvidar el bigote recortado, la cabellera corta, lacia y negra de Joel, su mirada alegre de niño y marqué su teléfono, pedí su extensión y la operadora me preguntó con quien quería yo hablar, al parecer no a cualquiera lo comunican con los dueños del negocio. Di su nombre y añadí “él me pidió que me comunicara a este número”, “un momento, por favor” fue todo antes de escuchar su voz que de inmediato me aceleró las palpitaciones y sentí que las hormonas me circulaban por todo el cuerpo.

    –Hola, soy Tita, nos conocimos la semana pasada, pero no pudo ser como tú y yo queríamos, ¿me recuerdas? –dije y esperé la respuesta, que no fue inmediata.

    –¡Claro que te recuerdo! Pasaron muchos días para que te comunicaras, creí que ya no lo harías. ¡Estoy gratamente sorprendido! Antes de que ocurra algo, dime cuándo y a qué hora podemos vernos.

    –¿Así, sin más? –pregunté pasmada.

    –Sí, quiero tener la seguridad de que nos veremos: comemos, cenamos, platicamos o lo que quieras, pero dime cuando –insistió.

    –Por mí, te diría “ahora mismo”, pero tengo una casa que atender que incluye hijos y marido, por eso debo pensar bien el día, la hora y el tiempo del que dispondríamos. ¿Tú no tienes cosas que atender? –pregunté socarronamente.

    –Sí, claro, pero puedo suspenderlas o delegarlas, más tratándose de ti –contestó con firmeza.

    –Bien, en principio puede ser el jueves, después de la hora de comer que es cuando mi hermana me puede ayudar a atender a los críos. Me gustaría en la entrada a los viveros de Coyoacán a las tres y media. Si surge algún inconveniente, te hablo. Por ahora te dejo trabajar.

    –De acuerdo, pero aclárame una cosa: ¿por qué, si tu marido es tan celoso, te llevó a esa reunión swinger?

    –Eso requiere platicarlo con calma, el jueves te lo cuento, por lo pronto te diré que Eduardo, con quien fui, no es mi marido, sí es muy íntimo, pero no es mi marido –le contesté alegremente.

    –¿Y tu marido sabe que fuiste allí, con esa persona? – interrogó con modo de doble reproche.

    –¡Ja, ja, ja! El jueves te cuento. Adiós, que tengo que atender algo aquí. Te mando un beso.

    –Adiós, Tita, hasta el jueves… –contestó con ternura– Gracias por el beso, recibe uno de mí –añadió y colgamos.

    Todo marchó bien, pues esa noche Saúl daba clase en la universidad, mi hermana estaba disponible pues ya sabe que los jueves yo suelo salir “de compras o a visitar a alguna amiga”. En realidad, la tarde de ese día se la dedico a Eduardo, pero no siempre puedo y le lo avisé con anticipación, así que le dije que por razones familiares no lo vería. ¡Asunto arreglado! A las tres, después de dar de comer a Saúl y a los niños me salí de casa “a ver unas tiendas”. Tomé un taxi y le pedí que me dejara cerca del vivero de Coyoacán. Caminé un par de cuadras y llegué exactamente a la hora convenida con Joel.

    –¡Qué puntual! –me dijo Joel al verme cuando llegué. Me dio un beso en la comisura de los labios y me extendió una orquídea que traía escondida de mi vista.

    –¡Gracias! –Le respondí cuando me dio la flor y me percaté que estaba preparada para ponerse como prendedor–. Ayúdame a ponérmela, le pedí señalando la solapa derecha de mi saco.

    –¡Con mucho gusto! –respondió y la colocó con delicadeza deteniendo con su mano derecha la solapa por el interior, descansándola sobre mi teta

    –Que quede bien firme –le dije cuando él estaba a punto de retirar sus manos, pues su trabajo estaba concluido, y las presioné hacia mi pecho. Él deslizó su mano derecha hacia abajo recorriendo con el dorso la sinuosidad hasta llegar al cinto de mi falda.

    Lo tomé del brazo y nos metimos a caminar en el parque platicando con naturalidad de lo que eran nuestras vidas, espontáneamente como dos viejos conocidos que se tienen mucha confianza. También le conté sin tapujos mis problemas sexuales y las razones por las que había tenido dos amantes y otra relación casual. Lo celosa que yo era, sobre todo con las muchachitas y las colegas que asediaban continuamente a Saúl, y lo que me molestaba que mis parejas lo fueran ya que yo no me consideraba propiedad exclusiva de nadie, todo lo escuchó sorprendido pues le parecía contradictoria y me lo señaló. “Sí, sé que tengo muchas fallas, pero así soy yo”, le contesté. Joel me contó que tenía 27 años y llevaba dos trabajando como socio de su padre, quien le puso como condición poseer una maestría, al igual que a su hermana, dos años mayor que él para incluirlos como socios. Su madre se negó a que a Joel le hicieran la circuncisión como era la costumbre entre ellos. Cuando murió su madre Joel y su hermana eran adolescentes y juntos descubrieron los juegos sexuales, los cuales continuaron cuando alguno de los dos tenía ganas, que uno a otro se contaban sus correrías amorosas y eran cómplices en algunas, como la de asistir a las reuniones swingers, pero su relación era sexo y nada más allá de su fuerte relación filial. Sin embargo, él “no había encontrado a alguien que lo excitara tanto” como cuando me vio a mí.

    –¡También tú me moviste el piso cuando te vi, más aún al contemplarte desnudo! –le confesé deteniéndome para besarlo y me correspondió igual de enamorado que yo.

    –Me atrajeron tus tetas y al acercarme a ti percibí tu aroma, ¡sentí el golpe de tus hormonas en mi cuerpo! –dijo volviéndome a besar y metiendo sus manos bajo el saco para abarcar mi cintura cariñosamente. Nuestras lenguas jugaron y el abrazo fue más cercano –No es el perfume que te pones, es el que emana de ti lo que me gusta –susurró recorriendo mi cuello con su nariz. Seguramente yo seguía destilando feromonas por lo que estaba sintiendo…

    Nos avisaron que ya cerrarían el parque y salimos justo en el momento en que comenzó a llover, para refugiarnos en un restaurante de comida alemana, creo que ya no existe, donde ordenamos algún entremés y que nos sirvieran vino blanco. Así, sin hacer nada más que platicar y acariciarnos las manos y la cara, fue nuestra primera cita. ¡Con eso estábamos satisfechos!, por lo pronto…

    Desde ese día soñé con frecuencia que Joel me poseía y me corría sin medida “¡Qué rico me haces el amor!” grité despertándome encima de Saúl, totalmente venida y chorreando los jugos con el esperma de mi marido. “Tú lo haces mejor, Nena, no sé con quién soñarías, seguramente no era Eduardo, pero me encantó”, me contestó, suponiendo acertadamente lo que me ocurría.

    Joel y yo nos hablábamos por teléfono diariamente, él en su privado y yo encerrada en mi recámara o en el estudio de Saúl, y mutuamente recordábamos que teníamos un pendiente entre nosotros, “tú tienes dos que me fascinan”, me decía y yo le contestaba que el suyo también me atrajo desde el principio, que quería recorrerlo con la lengua antes de metérmelo para vaciar todo el amor que decía sentir por mí. Los comentarios continuaban subiendo de tono y varias veces nos masturbamos juntos hablando de nuestros deseos, de las maldades que le hacía a Saúl al obligarlo a hacer el 69, después de que me penetraba y, según yo, sin que él lo supiera, había mezclado su semen con el de Eduardo o Roberto después de que regresaba de una sesión de amor con alguno de ellos. “Espero tener oportunidad de hacer algo así contigo, tanto la de cooperar con mi leche para que tu marido o alguna otra pareja la pruebe, como para saborear el atole que haces con ellos y lamer tu mata que, estoy seguro, es de donde surge el perfume que me enloquece”, me dijo una vez. A veces le decía que estaba completamente desnuda y con mis dedos acariciándome el clítoris aprovechando el flujo que me salía tan solo de escuchar su voz; Joel contestaba que no podía desnudarse, pero que tenía su pene en la mano y detallaba cómo le salía el presemen con sus jalones; así, riendo o gritando, jadeábamos al alcanzar el orgasmo y nos lo comunicábamos añadiendo un “te amo”.

    Para la siguiente reunión se dio una feliz oportunidad al segundo fin de semana. Mi amiga Silvia se casaría pronto y dije que le organizaríamos una despedida de soltera en Cuernavaca. Yo tendría que irme con otra amiga desde la mañana para preparar y adornar el lugar donde sería la fiesta y regresaría hasta la tarde del domingo siguiente. Obvio que esa fue una de mis invenciones, la cual se me ocurrió cuando supimos del próximo matrimonio de Silvia. Tuve así la vía libre sin la sospecha de mis parejas, además de algún tiempo para preparar la realización de nuestro sueño postergado casi un mes.

    En la mañana del sábado hice una pequeña maleta donde incluí un colorido traje de baño que me a la perfección, un camisón muy sexy y un coordinado de encaje, todo blanco, ¡son muy hermosos!, aunque nuevos, ya los había lavado desde el día en que los recibí de un propio de Joel, quien los envió para la ocasión, Me avisó preguntando a qué hora convenía hacer la entrega, advirtiendo el porqué: “Será nuestra Luna de Miel, los eligió mi hermana, tiene buen gusto, ella te calculó las medidas a ojo desde que te conocimos. El sostén es de la talla de ella, y la tanga es obviamente más chica.” “Sí, no tengo las nalgas tan bonitas como ella” le dije con tristeza. “Sí las tienes hermosísimas, y al igual que tus piernas con sus curvas delicadas me enloquecen. Tu pecho es de un tamaño muy parecido al de mi hermana, pero la caída natural, seguramente formada por la lactancia, y los pezones guindas las hacen más antojables, amor”, finalizó elevando mi autoestima y sus palabras me resonaron cuando me probé el conjunto, “Sí, soy hermosa” dije para mis adentros al verme en el espejo, “pero sólo será por un rato que traiga esto, porque encuerada soy más linda para todos”, rematé con soberbia y llena de lujuria.

    A mediodía le dije a Saúl que ya había pedido un taxi para que me llevara a la casa de mi amiga. “Si usas al stripper, ponle condón, Nena”, me dijo mi marido entre broma y vera cuando me subí al taxi, “¿Me conoces algo?”, le contesté.

    Llegué al parque de los venados donde me esperaba Joel. Nos saludamos con un beso muy húmedo, no era para menos. Caminamos a la acera y nos detuvimos, creí que Joel veía si venía un taxi, lo cual me extrañó pues pensé que nos iríamos en su auto, un deportivo, pero en menos de un minuto llegó un auto grande muy lujoso y se detuvo frente a nosotros. Me asusté cuando un tipo que estaba cerca de nosotros se acercó a abrirnos la puerta, no me había percatado de su discreta presencia. Joel y yo nos subimos atrás y el tipo fornido se subió al lado del chofer. Seguramente mi cara mostraba más susto que sorpresa y Joel sonrió diciéndome “Son medidas obligatorias impuestas por mi padre. No lo notaste cuando estuvimos en Los Viveros de Coyoacán, ni que el auto nos seguía cuando te dejé en el mío cerca de tu casa esa noche, yo tardé en acostumbrarme.”

    ¡Uf, nunca pensé que Joel tuviese escolta! No supe si molestarme con él o de mi ingenuidad. Pronto se me pasó pues en el trayecto hubo muchos besos y caricias, como cualquier par de enamorados. Llegamos a un pequeño hotel en Taxco, donde nos bajamos. El copiloto se bajó rápidamente para abrir la puerta y sacar una pequeña maleta de Joel, la cual cargó junto con la mía y se dirigió a la recepción para recoger las llaves de dos cuartos contiguos y comunicados internamente. Me sentí incómoda al ver que el escolta examinó las habitaciones, incluidas las ventanas y entradas del aire acondicionado. “No te preocupes, ahorita desaparecen de nuestra vista”, me tranquilizó abrazándome, luego me pidió que esperara un poco y entró a la suite donde cerró la puerta que daba a la otra habitación, encendió el sonido ambiental, verificó que la llave que le dejaron correspondía a la nuestra, regresando por mí. y, en efecto, no los volvimos a ver en todo el día. Y es que ya no volvimos a salir… Me cargó como a una recién casada y me depositó sobre la cama dándome un beso. “Te dejaron esto”, me dijo tomando un hermoso arreglo de flores blancas que tenía una tarjeta de su hermana con la leyenda “Que todo sea felicidad”.

    –¿Quieres bajar a comer o pedimos algo para comerlo aquí? –me preguntó viendo la carta del restaurante, la cual me pasó cuando le contesté “aquí”.

    –¿Qué se te antojó? –pregunté viendo la carta con un amplio menú, cosa que me sorprendió por el tamaño del hotel, pero no debía hacerlo, dados los lujos del interior.

    –Un coctel “vuelve a la vida” chico, una langosta y vino blanco del Rhin –contestó y vi los precios que rebasaban con mucho mis expectativas.

    –Lo mismo, pero el coctel de camarones, suena rico, aunque yo no necesitaré los mariscos…

    –No sé si yo sí, pero me quedaré seco con la mujer de mis sueños… –contestó Joel y levantó el auricular para hacer el pedido, “incluyendo unas entradas de canapés de caviar, foie gras y salmón ahumado”, señaló–. ¿Estrenas tu ropa ahorita? –me pidió con dulzura y me fui al vestidor después de asentir.

    Cuando regresé, ya con mis ropas de estreno, incluidas unas pantuflas muy suaves que también su hermana tuvo el tino de acompañar junto con unos pequeños aretes con un brillante y una pulsera de oro de distintos tonos con tres brillantes en la “muda de noche nupcial”, como ella dijo. La cara de Joel se iluminó y bajo su única prenda, un pantalón blanco acampanado de tela vaporosa de algodón, creció su enorme miembro.

    Sobre el sofá estaba la pieza superior, también de la misma tela que el pantalón, pero distinta a la de mi camisón, aunque con ribetes idénticos a los de éste en aplicaciones discretas. ¡Su hermana pensaba en todos los detalles!

    –¡Quiero decirte que te amo como nunca había querido a alguien! –dijo hincándose y mostrándome una argolla con un diamante no tan pequeño como el de los aretes, pero de tallado hermoso, la cual puso en mi dedo anular izquierdo.

    Se levantó y me dio un beso abrazándome con mucha ternura, yo me sentía en el paraíso.

    –Sabes que no puede ser más que esto o algunas salidas esporádicas –le dije y me quité el anillo devolviéndoselo. En ese momento caí en cuenta que aretes anillo y pulsera eran parte del mismo juego trabajado con gran delicadeza.

    –Es tuyo, mi amor, por favor consérvalo y úsalo esta noche… –pidió con fervor y cierta desilusión.

    –No lo tomes a mal. Sí los conservaré y se los daré a mi hija cuando crezca, deseándole que encuentre un amor tan sincero como el tuyo, le dije con lágrimas –Era increíble que apenas en la tercera vez que coincidíamos sintiéramos un amor así.

    Me pidió tomarme unas fotos así, con mi ramo de flores blancas, sólo me faltaba un velo para parecer novia lista para consumar su Luna de miel. “Pero sólo para tus ojos, mi amor, si acaso también para tu hermana” le dije y empecé a posar. Me las mostró a la siguiente semana y me dijo “Con ésta quiero que me hagan un cuadro para mi oficina, les pediré que le añadan un velo, ¿estás de acuerdo?”, dijo mostrando una donde se veía del ramo hacia arriba. “Loco”, le dije sonriendo y asentí.

    A la hora nos trajeron la comida, yo me fui al vestidor mientras colocaban el servicio y regresé cuando me llamó. Comimos charlando sobre nuestras vidas, nunca había platicado tantas cosas de mí a alguien, ni a Saúl, aunque éste sabía más de mí que yo misma. Joel me contó de sí mismo, de su estancia de posgrado y de un proyecto muy importante que le había confiado su padre y él ya estaba concluyendo con éxito, “todo con tecnología mexicana” dijo orgulloso. Fue una prueba de fuego de dos años para mí y la parte más difícil, el programa para el cálculo de estructuras, de iluminación y acústica fue hecho en la universidad, con ayuda externa de un sujeto brillante, carero, pero muy extraño, que nos recomendaron en el Instituto de Ingeniería, si es que deseaba que estuviese a tiempo el trabajo. En pocas semanas concluiré la obra y otra más que fue el pago pedido por el tipo extraño.

    Poco antes de concluir la comida descorchó la segunda botella de vino. Me preguntó si quería café o té y lo pidió.

    –¡Salud, por nosotros, por esta noche tan esperada! –dijo al brindar.

    –¡Salud! –Contesté tomando su pene sobre el pantalón–, aunque parece que el encanto ya se desvaneció… –le dije dándole unos apretones que lo tomaron por sorpresa y, junto con el inicio de una carcajada, escupió el vino mojándome el camisón.

    –No le muevas, amor, porque no llegamos al fin de la comida… –en mi mano sentí cómo creció su falo y de inmediato se desinfló como un globo cuando se dio cuenta que me había rociado–. ¡Perdóname! –dijo tomando una servilleta limpiándome como pudo.

    –Ahora eres tú quien le mueve y no terminaremos la comida… –le dije porque me estaba magreando ricamente las chiches. En eso tocaron con el café y me volví a meter al vestidor donde me arreglé un poco el camisón antes de volver.

    Concluimos la comida y tomamos el café en el sofá donde le conté de mis hijos, mis hermanos y demás familiares. Joel, a su vez me platicó sobre sus restantes familiares y lo que sintió con la muerte de su madre y la manera en que pudieron concluir el duelo.

    Al concluir el café, le abrí el pantalón y el pene y creció de inmediato. Me extasié mirando su largura, pero de un ancho casi normal, le bajé el prepucio y salió una pequeña gota de presemen la cual tomé con la lengua paseándosela por el orificio del glande, las gotas de rico sabor salado seguían saliendo conforme le agitaba el tronco, él estaba completamente rasurado y, sin dejar de hacer los jalones, le lamí los huevos, me los metí uno a uno en la boca y, aunque con trabajo y por muy poco tiempo, logré tener los dos adentro de la boca. ¡No estaban tan pequeños como parecía por el tamaño de su falo! ¡Era la primera vez que lograba tener dos bolas dentro de la boca! No lo he vuelto a intentar con nadie, me dolió mucho la mandíbula. Mientras me reponía, le pedí que nos fuéramos a la cama.

    Me volvió a cargar y me llevó a la cama. Desnudo se regresó al sillón y me dijo “Me gustaría quitarte la ropa, pero preferiría ver cómo te la quitas al ritmo de la música”, suplicó sentado con las piernas estiradas y abiertas, resaltando su miembro erecto. ¡Cómo podría negarme! Afortunadamente, la pieza musical que sonaba en ese momento se prestaba para ello y comencé a moverme con la sensualidad que el momento y la música sugerían. Me despojé una a una las prendas, empezando por las pantuflas ya que permitían hacer que me colgaran las chiches oscilando rítmicamente. Cuando por fin salió la tanga, después de unos pases provocativos, la besé y se la lancé al rostro. Riéndose se puso de pie y me tomó un par de fotos más antes de venir hacia mí.

    Me abrazó y se puso a mamarme el pecho haciendo que mis pezones se arrugaran ‘como ciruelas pasa’. Restregó su rostro en ellos y fue bajando la cara, beso mi vientre y lamió la cicatriz que me dejó la cesárea de mi primer hijo. Volvió a restregar su rostro, ahora en mi mata, luego me volteó hacia atrás para besarme y lamerme la espalda, una vez más me acarició con el rostro, esta vez en mis nalgas y luego me las abrió para meter su lengua en mi ano, ¡sentí que se me doblaban las piernas, fue riquísimo! Por último, me cargó y colocó bocarriba, abrió mis piernas y lamió mi vulva, sorbió mis labios interiores y mi clítoris ¡qué bueno que yo estaba ahora acostada y no podía caer pues los orgasmos vinieron uno tras otro! “¡Yo también quiero!”, grité estirando mi mano hacia su falo No sé cuántos minutos abrevó los jugos que yo soltaba, pero ¡me sentía en la Gloria! Ya no podía más y le pedí que me penetrara. Se colocó sobre mí y, después que con mi mano moví su glande en los pliegues de mi vagina para mezclar su presemen con la viscosa humedad de mi pepa, lo dirigí al interior ¡todo me cupo de un delicioso y raudo golpe! Se movió como nadie lo había hecho antes sobre de mí y mis jadeos se convirtieron en gritos al que se unió uno de él cuando vació su amor que seguramente inundó mi útero. Descansamos un poco y nos metimos bajo las cobijas donde, entre besos y caricias quedamos dormidos.

    Casi a la media noche, me despertó con besos e hizo a un lado la cobija “para que la luna se entere de nuestro amor”, me dijo y señaló hacia la ventana. Puso unos cojines sobre la alfombra justo donde iluminaba el astro con su luz y nos fuimos a sentar ¡viendo juntos una luna que antes no habíamos visto tan bella! Me volvió a besar y me acomodó en cuatro de tal manera que la luz de la luna me daba en pleno rostro y me montó de perrito, poniendo su cara junto a la mía y una mano en cada teta. Me besó el cuello al ritmo que su pene y sus manos me mecían, yo subí mi grupa para que entrara toda la largura de su amor y pronto, junto a mis orgasmos vino el suyo. Ya repuesto, me cargó a la cama y me obligó a un 69 donde tomó la mezcla de nuestras satisfacciones y yo logré extraerle unas gotas más de amor…

    Al amanecer, entre trinos de pájaros, volví a mamarle el glande y recorrer su tronco y bolas con mi lengua, de tal manera que al despertar ya estaba listo para darme unos buenos días. Nos bañamos y enjabonamos uno al otro, nos secamos para ponernos el traje de baño y nadar un rato en la alberca. Desayunamos y salimos a pasear mezclándonos con los demás turistas. Después de comer regresamos llenos de felicidad por haber consumado nuestro deseo. Cuando me dejó, a una cuadra de mi casa, me quité la sortija y la pulsera, las eché a la maleta y caminé aún borracha del amor que abrevé de ese hombre. Hubo otras pocas veces más, pero ninguna tan bella como la Luna de miel a la luz de la luna.