Autor: admin

  • No puedo moverme, pero siento como me penetra

    No puedo moverme, pero siento como me penetra

    Hace frío, hace mucho frío, este lugar parece un congelador, quizás por eso no puedo moverme.

    *Espera… por qué estoy en un congelador? Este lugar está muy frío. No puedo ni abrir los ojos. Qué diablos está pasando? Esto está muy pequeño, y duro. No sé porqué, pero creo que en realidad sí estoy en un refrigerador. Tengo miedo.

    *No sé cuánto tiempo llevo aquí dentro, pero me duele todo, la espalda, la cabeza me quiere matar, en el abdomen siento algo raro, está más frío que en el resto de mi cuerpo, se siente más correr el poco aire que hay aquí, como si me hubiera cortado, las piernas y los brazos, todo me duele. Me pegaron? De dónde me caí?

    Se escuchan pasos afuera, ojalá sea alguien que me pueda ayudar, que al menos pueda explicarme qué está pasando.

    Abren y cierran una y otra cajas…

    Esta se llama Sonia, 45 años.

    Él es Juan, 38.

    Fabián, 60 años.

    Escucho como se acercan a donde estoy, sáquenme de aquí! Necesito ayuda! No sé qué está pasando.

    Claudia, 30; esta se queda aquí.

    *Alto, por qué hay tantas personas? Por qué no puedo ni gritar, ni abrir los ojos, ni nada, apenas puedo respirar. Pero debo estar tranquila, se acerca la ayuda

    Paula, 32; tu tampoco entrarás aún.

    *Eh? Espera… qué pasa? Siento la luz en mis ojos, pero sigo sin poder abrirlos, al menos se siente menos frío aquí, están cerca al menos dos personas que pueden ayudarme, pero no puedo moverme, trato de poner toda mi fuerza en abrir los ojos, en hablar, en moverme… pero no puedo, me está invadiendo la desesperación. Ayúdenme.

    Le fue muy mal, tiene bastantes golpes, y está cortada en su abdomen debió ser dolorosa, aunque tal vez murió en la caída y ya no la sintió, sabes cómo fue? Se ve desesperación en su cara.

    *Espera qué? Muerta? No, yo no estoy muerta, los escucho, siento su presencia, el dolor, el calor, estoy viva!

    Qué más da cómo fue, no tenemos tiempo para averiguar, hay poco tiempo antes de que debamos entregarlas.

    *Qué está pasando… no estoy muerta, es cierto que tengo golpes, lo sé porque todo me duele, pero justo eso, aún siento.

    Quédate tú (dijo uno de ellos), elije y me dejas a la otra, regreso en el tiempo acordado.

    Mi cabeza da mil vueltas mientras escucho unos pasos alejarse y luego una puerta cerrando… no entiendo nada, ayúdenme, que alguien me saque de aquí.

    Aunque a lo lejos, escucho la voz del tipo que sigue en la habitación.

    Son muy jóvenes para estar aquí, no es agradable recibir ancianos y viejitas, pero es peor aún recibir jóvenes como ustedes, seguro tenían familia, y muchas cosas por vivir. Pero a veces el dolor de unos es la alegría de otros.

    *No, no! Yo no estoy muerta, no me hables así, abre mis ojos, siente mi respiración, aún siento calor, no estoy muerta!

    Siento su mano en mi pie izquierdo, algo está murmurando.

    Clau o Pau, quien me va a disfrutar hoy?

    Su mano fría recorre mi cuerpo, parece que trae un guante, hace una pausa, escucho como algo truena, pone su mano sobre mi pierna, es más cálido, el sonido fue porque se quitó los guantes.

    No sé por qué tú te sientes aún tibia, llegaste aquí antes. Lo siento Clau, no sabrás lo que es tenerme

    *Dios no! Me eligió a mi. Para qué? Siento tanto miedo, todo me tiembla, al menos eso me parece. Si tan solo pudiera hacer algo! Pero mi cuerpo sigue sin reaccionar! Muévete mano… por favor! Muévete!

    Su mano recorre mi piel, presiona más justo en donde siento los golpes.

    Ni tantos moretones hacen que te veas tan bien, esos pechos son tan jugosos y grandes, cuántos no habrán disfrutado con ellos.

    *Me aprietas demasiado fuerte, me gusta que los presionen… pero no así! Seguramente por brusco no puedes estar con una viva. No no! No puedo estar pensando en eso, concéntrate, trata de abrir los ojos, de mover algo!

    Puso mi mano sobre su pene, no era gordo ni muy largo, pero seguramente por el tamaño podría darme bastante placer.

    Te está gustando verdad!? Por eso mueves el dedo. (Susurrando) si no hubiera pasado esto tantas veces, seguro pensaría que estás viva.

    *Lo logré! Moví el dedo! Si estoy viva! Date cuenta… no es un reflejo! Estoy viva…

    Seguía acariciando su pene con mi mano, luego lo acercó hasta mi boca. La abrió y metió una parte de él en mi, su sabor era amargo, olía mal, era muy desagradable tenerlo en mi boca, quería vomitar!

    Todavía estás húmeda, aún te sientes suave. Nos vamos a divertir!

    *Claro que estoy húmeda! Date cuenta… estoy viva! Déjame en paz! Déjame.

    Después de meter y sacar un rato su pene de mi boca, se subió a la plancha donde yo estaba, mordió muy fuerte mi cuello y me penetró. Sentí cada centímetro de su verga entrando en mi vagina que al parecer era lo único que me respondía y apretaba tratando de evitar que me penetrara por completo.

    Estás bien apretada cabrona, que rica estás, hasta parece que lo estás disfrutando.

    *Quítate, déjame animal, suéltame, me lastimas!!

    Al notar la resistencia que puse se calentó más y de una embestida me metió todo lo que aún no entraba, en mi mano se sentía más pequeño, sentí mi vagina rasgándose, era un dolor inmenso, no recuerdo haber sentido algo igual nunca.

    Si tan solo pudieras moverte aunque sea un poco. Seguro con esta cogida regresabas a la vida.

    *La vagina me arde horrores. Parece estar húmeda, presiento que es sangre. Quítate animal, me duele, no lo soporto. Siempre quise que me cogieran sin que pudiera moverme, pero no así, no contra mi voluntad.

    El tipo dice cosas que no logro entender, parece animal gruñendo, mientras me penetra y aprieta mis pechos brutalmente. Al menos uno lo está disfrutando.

    Seguramente disfrutabas como perra cuando estabas viva. Y si así está de apretada tu panocha, quiero saber cómo está tu cola.

    *No! No! Nooo! No por favor no! Llora, grita, muévete! Algo! El miedo y el dolor me invaden! Por favor! Ayúdenme!

    Sacó su pene de mi vagina, bajo de la mesa y me volteó, caí como costal, todo me dolió aún más.

    Aunque sea muerta vas a saber lo que es bueno.

    Sentí lágrimas recorrer mi cara.

    Volvió a subir a la plancha mesa o lo que sea. Abrió mis nalgas, escupió dentro de mi ano y sin más me clavo su pene, en mi mente grité, lloré, me moví, arde horrores, es la peor sensación de mi vida, y aun así no puedo hacer nada, solo siento como más y más lágrimas brotan de mis ojos.

    Estás apretadísima, apenas voy a aguantar.

    Entre ardor y dolor y con un sonido asqueroso que soltó el tipo, siento mi ano llenarse de semen de un desconocido, mis lágrimas no paran.

    Que rica cola tenías, al menos no te irás sin que yo la disfrutara.

    Mi mente quedó en blanco, ya no intento moverme, ni gritar ni nada, ahora sí quiero estar muerta, a pesar de todo, me duele más el ano que la vagina, incluso más que cualquier golpe que ya tenía.

    Siento otra vez sus manos sobre mi. Me está volteando nuevamente.

    Que puta eres, lo disfrutaste tanto que estás llorando.

    Ríe mientras me da un beso en la frente.

    Escucho como sube su pantalón y abrocha su cinturón, camina hacia afuera, regresa. Siento un trapo mojado sobre mi, está limpiando mi vagina y mi ano. También mis lágrimas. Aun así, no paro de llorar.

    Si quieres repetimos, pero ya deja de llorar.

    Vuelve a meterme al congelador. Escucho como se aleja y le habla a su compañero.

    *Por qué me está pasando esto. Y si en realidad estoy muerta. El miedo, el dolor, la impotencia me invaden, aun así trato de moverme mientras escucho gemidos y ruidos grotescos de otro sujeto. No puedo darme por vencida, tengo que salir de aquí.

    Y si estoy muerta? Y si no y me entierran viva…?

    Mis lágrimas no dejan de brotar…

  • Nochebuena con mi hermana (Capitulo 1)

    Nochebuena con mi hermana (Capitulo 1)

    Era el 24 de diciembre de 2019, un día frío y especial en el cual la gente aprovechaba para comprar los últimos regalos a sus familiares y los últimos preparativos de una de las cenas más importantes del año (y tanto).

    Se acercaban las seis de la tarde y yo decidí comenzar a prepararme para la cena y hacer la maleta. Pues como de costumbre yo y mi hermana Blanca solíamos dormir en casa de mi abuela, es decir, donde cenábamos. Así que sin tardar un minuto más me puse manos a la obra e hice la maleta poniendo de primero mis bóxer preferidos que me marcaban un paquete enorme por si tenía algún encuentro en la noche, y, con ropa normal para el día siguiente. Después aproveché para afeitarme, depilarme mi escroto y mi pene, ducharme, y, ponerme mi traje azul marino el cual solo ponía en ocasiones muy especiales como podía ser este día.

    Una vez listos mi padre fue a sacar el coche al garaje y yo estaba de camino a la cocina cuando de repente me cruce a mi hermana Blanca de dieciocho años en sujetador y bragas a lo que le respondí que guapa iba y si iba a ir así a la cena, a lo que ella me respondió guiñando el ojo, expresión que me desconcertó pues no sabía cómo reaccionar a ello.

    Sin más dilación ya estábamos todos listos y pusimos rumbo a una ciudad de la provincia, no muy alejada en la que vivía mi abuela y una vez allí todos nos empezamos a saludar como de costumbre felicitando las fiestas uno al otro.

    La cena no fue nada fuera de lo común, de hecho fue muy cotidiana y normal sin quitar ese ambiente navideño de la época y con abundante comida, mucha más que la de costumbre. Sin embargo, discurrió bastante rápido. Yo comí hasta llenarme al tope, una vez llegado a la etapa de postres yo ya no podía con mis barriga, hinchada, la cual me tapaba una de las zonas más esculpidas en el gimnasio, mis relucientes abdominales marcados uno a uno.

    Así pues, llegó la una de la madrugada y mis padres estaban ya a punto de retirarse de vuelta a casa, sin embargo yo y mi hermana hoy dormíamos en casa de mi abuela como había comentado anteriormente. Acto seguido nos despedimos y cada uno se fue para su respectiva habitación a pasar una larga noche, quizá la noche más larga e inesperada de mi vida. Como solía hacer fui a mi cama en calzoncillos sin necesidad de pijama y así fue como intenté dormir pues todas las cenas pesadas venían acompañadas de una larga noche de insomnio.

    A media noche me desperté pues me dolía muchísimo la barriga a lo que decidí ir a buscar algún tipo de medicamento en la cocina. En mi trayecto me encontré a Blanca en el salón y le dije:

    – ¿Blanca que haces despierta a estas horas? -susurré.

    – Nada que te importe Toni.

    – A ver en serio… ¿Qué pretendes hacer?

    – Pues me voy de fiesta, no aguanto las comidas familiares sin fiesta después. Las navidades se me hacen súper aburridas así.

    – Ah ok…

    – Si quieres puedes venir conmigo, no tengo con quien ir. -Agregó Blanca.

    – Sinceramente no tengo muchas ganas, de hecho me duele la barriga…

    – Boh un poco de perreo no le hace mal a nadie y así a lo mejor pillas cacho.-guiñándome el ojo.

    En ese momento entendí eso como una indirecta que ya había visto antes, lo que en parte me convenció en ir de fiesta.

    – Bueno vayamos de fiesta entonces pero hay que cambiarse sin hacer mucho ruido, no quiero despertar ni a la abuela ni al tío.

    – Ya bueno, yo ya estoy lista. Cuando estés te espero abajo.

    – Okay en cinco minutos estoy.

    Acto seguido allá fuimos los dos hermanos de bar en bar de local en local, dejándonos todo el dinero que nos habían dado por Navidad. Copa tras copa, y otra, y otra… Yo iba bastante bien pero a Blanca se le había subido bastante hasta que llegó el momento en el que empezó a perrear conmigo y yo sin ser muy consciente le seguí su juego, poco a poco, me iba excitando más y había más roce con su enorme culo, además se me venía a la cabeza esa imagen de su perfecto cuerpo tras ducharse tan bello, lo que hizo que yo me pusiera como una locomotora y mi pene se engrandeciese enormemente, pensé que ya estaba en el edén cuando comenzó a pasarme su tierna mano de arriba a abajo suavemente por todo el paquete al ritmo de la música. Yo no podía contenerme y comencé a sobarle sus enormes nalgas y apretar cada vez más y más haciendo que pareciésemos una sola persona, estuvimos así media hora hasta que nos dimos cuenta de que iban siendo altas horas de la mañana y ella mientras me rogaba que nos quedásemos más yo decidí tomar la decisión de que debíamos ir a casa.

    Pedimos un taxi, y, en cuestión de minutos estábamos de vuelta en casa. Una vez llegados íbamos a ir cada uno a su habitación cuando ella me rogó que si podía dormir conmigo que tenía mucho frío y que el alcohol no le había sentado muy bien (su aspecto lo decía bastante) entonces decidí dejarla dormir conmigo. Pero una vez entrado en la habitación y cerrada la puerta me bajo el pantalón cual relámpago y me comenzó a estimular el pene de arriba a abajo hasta que se me puso como un barrote de hierro. Ella empezó a relamerlo cual caramelo y luego siguió chupando de arriba a abajo yo juraba estar en el cielo y gemí levemente de placer.

    Luego me la lleve a la cama y ahí comenzó lo bueno, la desnude de arriba a abajo empezando por sus pantalones ajustados y le empecé a comer toda su almeja tan deliciosa como ella entera. Acto seguido le quite la parte de arriba y comencé a chupar esas enormes esferas terminadas en unos puntiagudas pero no desagradables pezones y se los empecé a chupar mientras ella gemía de placer.

    No paso más de medio minuto y y la estaba penetrando entre sus piernas, entraba y salía súper suavemente los dos gritábamos de placer, a los dos nos encantaba, ella me gritaba que no parase y yo seguía dándolo todo hasta que un rayo blanco seguido de un lúgubre escalofrío que me recorrió la espalda de arriba abajo. Saque la polla inmediatamente y me corrí en su cara, ella comenzó a relamerse entre risitas mientras estrujaba mi miembro rogando que no se acabara.

    Después comenzamos a escuchar unos pasos, pero eso ya quedará para la continuación…

    Si quieres más contenido sobre mí, consulta mi Twitter: @BlanquitaSexy97.

  • A la próxima ¡me la metes! (4)

    A la próxima ¡me la metes! (4)

    Diego ya había alabado suficientemente mi casa, aunque seguía impresionado con la cantidad de mariconadas que yo tenía, incluida la moto, una consola nintendo, literalmente centenas de juegos, computador, videos, etc… No había riesgo de que de las casas vecinas se percataran que había alguien acá (haciendo además lo que hacíamos); primero, a nadie le importaba un puto bledo en este lugar, y además, los alrededores de la casa eran un campo libre de 10.000 metros cuadrados, es decir desde la reja de acero 2,5 metros de alto hasta la entrada de mi casa habían 300 metros.

    Diego me había dicho que sus papás eran empleados y por tanto de esa situación económica nuestras familias estaban a mucha distancia una de la otra. Poco me importaba esa mierda, siempre pensé que mis papás eran millonarios, no uno sino los dos, pero yo no era millonario.

    — Bueno, ya que estamos con el porro, ¿quieres una cerveza? —ofrecí.

    Me sonrió con su sonrisa preciosa gracias a la cual le brillaban sus blanquísimos dientes.

    Teníamos las toallas puestas como togas romanas, le pasé unas zapatillas y partimos a la cocina, tomé la precaución de abrir las ventanas para que el olor del porro se fuera. Yo sabía que mis papas, ambos, eran de porro frecuente, pero eran muy precavidos en que mi hermana y yo no nos percatásemos, pero el olor y las briznitas dejadas descuidadamente en el cenicero, eran claros indicios de lo que ocurría y por lo que mi hermana y yo nos hacíamos los tontos. Estoy seguro que además había también en ellos algo de cocaína.

    Prendimos el cigarrillo de marihuana, destapamos las cervezas, y empezamos a beber la cerveza y aspirar el picante humo del canuto. Para mí bastaron sólo tres chupadas para quedar tremendamente colocado, tosí como si me estuviera «dando la pálida» (2), logré recuperarme y no di para una cuarta aspirada. Diego llegó sólo a cinco, las que aspiraba profundamente, se le llenaban los ojos de lágrimas. Tosió intensamente.

    El silencio se fue apoderando de nosotros, en tanto las sensaciones de todo el entorno se hacían más intensas. El ruido del refrigerador se hizo música, las luces de la cocina se hacían más brillantes, y los olores del ambiente, incluidas las frutas, nos invadían a torrentes. Tuve aún el ánimo de proponerle que fuéramos a ver televisión a mi dormitorio. Nos dirigimos allá y aprecié su cuerpo delgado y bien formado, poniendo especial atención a su trasero. Nos recostamos en la cama, prendimos la tele, hicimos zapping entre varios canales y nos quedamos con MTV que estaba tocando un especial de rock pesado (no me gustaba, pero a Diego sí); las luces bailaban al ritmo de la banda de heavy metal. Yo me quedé pegado a la tele, las imágenes eran alucinantes y me empecé a hacer parte de ellas, estiré mi mano y alcancé la de Diego, que la aceptó sin reparos y, al contrario, me la apretó y se aferró a mí. Me volteé y lo miré a la cara. Estaba yo pasmado con este muchacho a mi lado que se me apegó, me brindaba su calor, y respondía a mi mirada con el mismo encantamiento que el que yo sentía por él. Apoyó su cabeza en mi hombro, pude oler su cuerpo, y el entrelazado de sus cabellos ordenados de manera tan armoniosa me tenía hipnotizado. Levanté mi brazo y lo tomé del mentón, levantándole la cara hacia mí para perderme en sus ojos verdes, hermosamente alargados. Su boca fue mi centro de atracción, me fui acercando lentamente hasta que nuestros labios se quedaron tocando como si fuera el primer beso, estiró su mano, aferrándome de la nuca me atrajo hacia él y presionó sus labios contra los míos con mucha fuerza e intensidad, abrí mi boca y él la suya, nuestras lenguas se extendieron como buscando agua con miel, nos empezamos a besar, un beso sensual, apasionante, sobrecogedor. Lo abracé apretándolo contra mí, deseaba sentir el máximo de su cuerpo contra el mío y él también lo deseaba, nos apegamos y lo empujé con mis caderas, mi pene ya estaba erecto, igual el suyo, dos palos rígidos que luchaba un apasionante combate a través de las toallas que cubrían nuestros cuerpos. Me arrebató la mía dejándome completamente desnudo, igual hice yo y nos volvimos a atacar deseosamente. Nuestras lenguas luchaban su propio combate y nuestras manos exploraban todos los territorios que nos dejábamos conquistar. Diego fue directo a mi trasero, metió el canto de su mano entre los cachetes y yo conquisté sin represalia alguna al guerrero que tenía entre sus piernas. Con mi mano libre, fui hasta su culo e imité lo que él me hacía, se desembarazó de su brazo que tenía sujeta mi cabeza y se fue directamente a mi pene, la masturbación lenta y mutua así como la sensación de nuestros traseros era estremecedora. Metí una de mis piernas entre las de él y levanté una de ellas con la mía, esto hizo más espacio para que las intrusas manos que merodeaban nuestros culos avanzaran a terrenos más secretos, pero igualmente dispuestos a ser conquistados.

    — Diego, ehh… humm… ¿te puedo tocar tu hoyo?

    Me sonrió con una amplia sonrisa:

    — Marcelo, ¿te puedo tocar tu hoyo?

    Le sonreí a mi vez, al tiempo que lo volvía a besar.

    Diego exploró todo mi culo, y me tocó allí en medio, pude sentir que uno de sus dedos me acariciaba el ano con una suavidad infinita, la misma que yo estaba aplicando a su juvenil agujero. El calor que emanaba de allí era sobrecogedor, pude sentir el gemido de Diego al mismo tiempo que el mío.

    — Mmmmm!…

    Su pene entre mis manos me tenía enloquecido. Todas aquellas fantasiosas imágenes de mi obsesiva mente volvieron como una arrolladora necesidad.

    — ¡Chupar una buena polla!

    Dejé el beso que nos tenía tan unidos, y fui hasta su cuello, lo besé. Su pecho, lamí sus tetillas. Diego pareció entender, se puso de espaldas, abrió sus piernas al máximo y solo se hizo víctima de mis movimientos. En sus tetillas me detuve un buen rato, hasta dejárselas rígidas, seguí hasta su ombligo y hundí mi lengua allí, Diego sólo respondía con quedos gemidos.

    — ¡Aah, aah, aah, awh!

    Le agarré el pene lo que hizo que saltara como electrizado, se lo miré a gusto y se lo acaricié como si fuera un peluche nuevo y muy querido, la piel que le recubría el glande estaba muy estirada sobre el casco que era su cabeza y se la retraje hacia abajo para hacerlo aparecer. Rubicunda y húmeda. Me acerqué y le di un ligero lengüetazo que hizo que Diego se estremeciera. Con mi lengua le lamí todo su glande ya húmedo, se lo limpié de jugos y dejé mi saliva allí. Llegué a sus huevos que tenía una suave pelusa y extendí por ellos mi lengua, las arrugas de su bolsa se las sentí una por una. Volví a su verga pasando mi lengua por toda ella, hasta que alcancé la cabeza, Diego tiritaba y gemía, apretando sus manos contra las toallas húmedas a cada lengüetazo y estímulo que le propinaba. Abrí mi boca y tomando su glande desnudo con mis labios se lo sujeté, el sabor de sus jugos invadió mi boca, no iba a renunciar a mis tempranas obsesiones. Le pasé mi lengua por todo el cipote que esta vez estaba dentro de mi boca. Y lo deslicé dentro de mi lujuriosa y cálida caverna hasta casi tocar mi garganta, una arcada me recorrió el cuerpo, debí retroceder un poco, mi total falta de experiencia me había traicionado, sólo me detuve para recuperarme de la desagradable sensación, y seguí en mi empeño, empecé a meterlo y sacarlo de mi boca lentamente primero y luego alcancé un febril ritmo. Diego sólo era capaz de emitir sonidos guturales mientras lo masturbaba con mi boca, cada vez iba más adentro y aunque las arcadas se repetían eran cada vez menos intensas, hasta que ya no las sentí y podía hacerlo llegar hasta más allá de mi glotis y aún hacer llegar mis labios hasta la base de su miembro, en que sentía la pelusilla de su pubis que me cosquilleaba la nariz. Llegué a forzar hasta meterlo todo dentro de mi boca, y hasta casi la mitad de sus escroto pude meter en mi boca en tanto sentía que su palo me entraba entero…

    — ¡Oye!, ¡para, para!… aaaghh… yo… yo… yoo… yooooo voy a acabar, aghhh!!, hoa… fffhj!

    Sentí que nada me detendría, cuatro o cinco entradas y salidas más de mi boca y Diego levantó sus caderas y estalló con un chorro que me invadió la boca, bajando directamente por mi garganta hasta mi estómago, seguí tragando el líquido viscoso que sabía a fruta no madura, los últimos chorros no eran tan potentes, y se quedaron sobre mi lengua, el último se escurrió de entre mis labios y quedó allí; el pene de Diego saltaba a cada bombeo de su corazón, mientras una gota caía de la punta de su ya lánguido pene hasta su vientre, la que también lamí. Con mi boca aún con el semen de mi amigo, me acerqué a él y lo besé viciosamente, quería que supiera qué era eso.

    Diego y yo éramos claramente inexpertos, pero no ignorantes de los vericuetos en los que estábamos adentrándonos. Aceptó mi beso y parte de su semen pasó a su boca que no rechazó y, al contrario, me pareció que lo aceptaba con un deleite que yo casi envidié.

    — Mmmh, qué rico, —fue lo que me dijo Diego.

    — ¿Tú ya habías hecho esta mariconada antes?, —me preguntó.

    — ¡Nop!, —le respondí—, esta es mi primera vez y me ha gustado de puta madre.

    Diego hizo unas respiraciones profundas para recuperar su resuello.

    — ¿Y tú? —le pregunté a mi vez.

    — No, en verdad que no, pero he hecho otras cosas, — agregó con algo de misterio en su voz.

    No le dije nada, sólo le hice un gesto con la cara que era claramente una demanda de mayores detalles.

    — ¿Te resultó muy extraño que te viera como cagabas?, — volví a hacer un gesto que le daba a entender que sí.

    — Una vez —continuó— estuve con una amiga después de una fiesta, estaba súper borracha la putona, se había pasado de copas; estábamos los dos en pelotas, y nos habíamos pegado unas chupadas a nuestros sexos súper ricas, estaba muy cachonda la nena y dijo que quería cagar, pero que le daba reparo ir al baño, y la putangona, loca ella a más no poder, ahí mismo abrió sus patas y me dijo que le abriera la raja, ¿lo captas?, —asentí—, ya pues, yo, cachondo también, lo hice…, se le abrió el hoyo un poco y le quedó abierto, y le empezó a salir el mojón, una mierda larga, así como la tuya de antes; puta huevona, me calentó enorme, verle el hoyo que se le abría y se le cerraba y después que apareciera esa puta mierda, me puso súper caliente…, le miré el hoyo, y le había quedado limpiecito, puta, y no aguanté, le di un lengüetazo.

    La historia me pareció super cochina, asquerosa en verdad, siempre la caca me ha resultado repulsiva y mucho menos excitante.

    — Y después de eso, bueno… me quedé con la manía de querer lamer un hoyo —agregó—. Las mejores pajas me las he hecho imaginando que le estoy lamiendo el hoyo a una chavala,… o a un chico guapo —agregó esto último insinuantemente perverso.

    Sus últimas palabras fueron de un magnetismo mágico, hizo que mi pene que estaba medio lacio, se me enderezara rápidamente, hecho que no pasó inadvertido para mi amigo, que se puso serio y me miró fijo. Sostuve su mirada y luego percibí que algo de paralelo en las historias mías y de él hacía que nuestra relación se hiciera tan fácil como era lo que estaba ocurriendo entre nosotros.

    Yo me había imaginado que me metía un pene en la boca mientras me trabajaba manualmente el mío, el hombre acababa en mi boca, cuando él acababa, lo hacía yo… y esas acabadas eran de desmayo seguro. Mi amigo había visto y vivido algo muy bizarro con una amiguita y eso le había marcado sus fantasías sexuales más secretas. Si a eso se le agregaba que mi culo era muy rico según me había dicho, entonces yo había tenido mi sueño hecho realidad, ¡chupar una polla!, ya era tiempo que él tuviera su oportunidad. Iba yo ahora por caminos de solidaridad.

    Lo miré con algo de perversión, me retraje y me puse boca abajo en la cama y abrí las piernas tanto como pude, levantando el culo, enviándole un mensaje que sólo quien no estuviera allí podía quedar ausente de mis invitaciones,

    Diego se acercó a mí, me besó en los labios suavemente agregando un lengüetazo, y poniéndose boca abajo, apoyado en sus codos me miró, se estiró y abrió sus piernas tanto como pudo, desde la misma posición, adiviné que Diego quería ser retribuido en la sensación que había otorgado al dar ese lengüetazo que le dio al hoyo de su amiga. Entendí.

    Poco me costó recogerme para llegar directamente a su culo. Si había chupado un pene, por qué no lamer un hoyo,… Siempre hay una primera vez… Además era Diego… Además yo quería hacerlo…

    … Me ubiqué entre sus piernas y se las abrí aún más. La visión de su trasero ya abierto, entre medio se adivinaba su pequeño agujero, fue fascinante, estiré mis manos y las posé directamente en cada nalga. Las acaricié como se acaricia a un niño, tiernamente. Estas caricias arrancaban de Diego gemidos guturales que procedían directamente de sus pulmones. Me atreví a abrirlo, buscando el tesoro, ¡allí estaba!…

    Una pequeña boquita, ligeramente alargada, rodeado de arrugas que convergían directamente en una cavidad estrecha, sin un solo pelo, ligeramente más oscuro que el resto de su magnífico culo. Diego hizo una asombrosa maniobra: apretó y soltó su piel; la abertura palpitó insinuante, cautivadora, enloquecedora en verdad. Le abrí un poco más los cachetes y se abrió como una florecita. Pude apreciar las rosadas paredes de su recto. Diego exclamó:

    — ¡Ooohhhh… ohh, ooh!!

    Le solté los cachetes y desapareció la manchita rosada de sus entrañas de en medio de su fascinante orificio; lo volví a abrir y apareció de nuevo. Jugué un rato con esta aparición. Al fin, me acerqué al increíblemente atractivo agujero, y deposité un beso allí con mis labios estirados, un besito; Diego se recogió exclamando y apretando sus cachetes al inesperado contacto que hice de mis labios con su ano. Sentí que me estaba excitando como nunca, la visión y la sensación de este agujerito arrugado eran cautivantes; saqué mi lengua y la estiré, alcancé la pequeña hendidura y la lengüeteé; dos o tres tímidas pasadas de mi lengua, Diego ya no decía nada, sólo soltaba y apretaba allí a cada uno de los toques que le proporcionaba con mi lengua, decidí lamerlo sin timidez, se la paseé toda su raja, desde lo más alto hasta sus cocos, deteniéndome en ese fascinante agujero para presionar incluso un poco y sentir que se hundía levemente. Le tomé los cachetes del culo y se los abrí cuanto pude, el agujero se abrió y planté mi versátil lengua allí, pude sentir el terciopelo de su recto, traté de hundirme más en su ano. El mismo Diego se agarró los cachetes del culo y se abrió en lo que me pareció casi doloroso, pero así pude incursionar aún más adentro, la hacía serpentear desde arriba hacia abajo, directamente en el agujero. La forcé hacia dentro tratando de ponerla lo más rígida posible y me hundí con todas mis fuerzas, aplastando incluso mi nariz contra su raja.

    Sentí que era exquisito, pero necesitaba llegar más adentro tal como se necesita respirar; metí mis manos entre sus piernas, le alcancé las caderas y con mis antebrazos lo levanté separándole, si más cabe, sus piernas para dejarlo con su culo levantado, muy abierto de patas y con el pecho pegado a la cama. Me puse de rodillas detrás de él, pude apreciar todo su agujero húmedo y esta vez abierto mostrando el pequeño spot rosado que era el inicio del recto.

    Me curvé hundiéndome allí con desesperación, ataqué su ano con mi lengua nuevamente como si no hubiera mañana, Diego sólo gemía y algo le entendía:

    — ¡Qué rico!, ¡ahhhh!..¡Que rico!… ¡waw!

    El agujero de Diego se fue abriendo paulatinamente a los impulsos de mi ya dolorida lengua, pero no me rendía, hasta que entró, entró no sólo la punta de mi intrusa lengua, a lo menos dos centímetros más invadieron el recto de Diego. Si pensaba que iba a ser repulsivo me equivocaba, era sencillamente delicioso. Diego enloquecía y con cada arremetida de mi carnosa y babeante lengua hacía que se estremeciera, chillara, suspirara y aún me parecía que se ahogaba, para recuperarse y apreciar el tratamiento que le estaba propinando.

    Diego se agarró la polla y empezó a pajearse, en tanto yo le repasaba mi arenosa lengua por la raja, se la ensartaba en el hoyo lo que más podía.

    — Aaaaggh…, ggnnn, aaaooooouu! —Fue el grito enorme que salió de Diego.

    Le hundí mi lengua todo lo que pude dentro de su ano, sentí que cada trallazo de semen era ratificado por una fuerte pulsación de su recto que me transmitía a mi lengua y que le invadía en oleadas incontenibles todos los sentidos para dejarlo casi desmayado de delirante placer y… yo se lo estaba proporcionando.

    Mi pene saltaba como si estuviera epiléptico. Un largo y denso hilillo líquido se desprendía desde mi meato urinario hasta alcanzar la sábana… estaba tan caliente…

    Diez o quince minutos más, ya recuperado mi amigo, luego de muchos besos y lengüetazos míos a su año, Diego estaba con cara de ausente totalmente absorto y pudo abrazarme.

    —Gr… Gracias, —articuló.

    Yo lo miraba algo divertido, y le respondí:

    — ¡De nada!, ¡cuando se te ofrezca!

    Diego se incorporó, se apoyó en su codo y me besó tiernamente, yo cerré mis ojos para percibir sólo esa lengua que me invadía en mi boca, abrazándome conforme el beso se hacía más apasionado, su lengua me exploraba todo y aún se adentró en ella para que yo se la chupara, lo mismo hice yo y recibí la misma recompensa, me la succionó hasta casi hacerme doler. Mi pene nunca dejó de estar duro como un palo.

    Diego no hizo teatro, se bajó directamente a mi pene y lo puso en su boca sin titubeo alguno, la sorpresa hizo que abriera mis ojos y gimiera.

    — ¡¡¡Oooohhhhaa!!!, ¡¡¡¡que rico… ouuu!!!!!

    Sentí que chupaba la cabeza del pene y allí se detenía saboreándola, lo sentí que tragaba, me succionó salvajemente, y se lo fue metiendo entero, abrió su boca y sin pausa sentí que mi verga le entraba en su garganta, y allí se le quedaba, ¡el maldito lo aguantaba sin arcada alguna!, sentí que lo disfrutaba pues escuchaba

    — Mmmmhh, mmmh…. —y empezó la sensacional paja con su boca…

    — ¡Ohhh!

    Eso era más de lo que yo podía imaginar, sentí que se escurrían mis líquidos haciendo que oleadas de placer me recorrieran el cuerpo, me sentía tiritando y sacudiéndome de los espasmos por los toques mágicos que me daba su boca en mi pene.

    Diego se arregló de manera que se puso frente a mí, estirado boca abajo, me abrió las piernas y continuó dándome la gloriosa mamada. Su cabeza subía y bajaba con mi pene en su boca, increíblemente apretada en sus labios para darme el máximo de placer posible. Se fue a mis bolas y se las puso ambas en su cavidad húmeda y cálida. Inclinado directamente en mis huevos, se recogió y quedó curvado frente a mí. Volvió a mi pene y lo engulló nuevamente hasta su garganta y aún más allá. Metió sus manos entre mis piernas haciéndome abrirlas, me agarró firmemente los cachetes del culo levantándome la pelvis, y puso mi espalda baja en sus muslos, de modo que yo estaba levantado, con mis piernas muy abiertas, me las levantó aún más, quedé en la más clásica posición de película pornográfica, patas alhombro, para quedar finalmente con mis rodillas a la altura de mi pecho casi doblado en dos. Quedé expuesto entero a la ansiosa boca de Diego. Aplicó su boca a mi hoyo, el salto que yo di fue tanto de sorpresa como de placer, un encantamiento mágico se apoderó de mí al ser lamido en mi ano. Su lengua empujaba haciéndome gemir desesperadamente, entendiendo ahora los ahogos que había experimentado Diego no hacía más de media hora atrás.

    Me abrí yo mismo con mis manos agarrándome cada cachete, la sensación de placer de ser tocado con su lengua justo en medio de mi culo, era fascinante; en mi encogida posición, la facilidad con que se adentraba su lengua en mi agujero era mucho mayor y, prontamente, tenía metida entera la lengua de Diego en mi recto dándome oleadas de placer conforme me la metía y me sacaba de allí, y aún podía moverla dentro de mí.

    Me sentía deliciosamente abierto, me entregaba al placer infinito que el maldito me estaba propiciando.

    Detuvo su deliciosa tortura:

    — Marcelo, ¿puedo…?, ¿puedo meterte un dedo?, —sólo lo miré con mi boca estirada como un pescado y fui capaz solamente de hacer un signo afirmativo.

    Diego se llevó su dedo meñique a la boca y lo mojó, sentí que aplicaba su boca a mi agujero y dejaba saliva allí.

    Lo vi hacer, llevó la punta de su dedo más pequeño a mi ano, lo exploró arrancándome gemidos de placer. Cerré mis ojos y dediqué todos mis sentidos a percibir la sensación que vendría. Sentí que empujaba un poco y exploraba la entrada hasta que logró insertarlo en el ángulo correcto. Empujó otro poco y sentí que el anillo de mi ano se expandía haciendo que me sacudiera.

    — ¡Ups,…!, —exclamé.

    — ¿Te duele? —Me preguntó, aunque sin sacármelo.

    — No —le respondí—, hazlo despacito.

    Cerré nuevamente mis ojos, buscando las sensaciones en el centro del placer que era ahora mi ano. Sentí que el pequeño intruso se adentraba un poco más, la sensación de irse resbalando lentamente por mi recto fue emocionante, era impresionantemente placentero, delicioso, sentía que me iba abriendo lentamente, acogiendo el instrumento que se apoderaba de mí y mis sensaciones más insospechadas. De pronto, sentí que su dedo latía, en verdad no era su dedo, había llegado al extremo de mi esfínter anal que pulsaba a medida que me iba abriendo trabajosamente para dejarlo entrar aunque ofreciendo las últimas resistencias al invasor. Un ligero latido de dolor me hizo gritar suave pero audiblemente dando la señal de alarma. Diego se detuvo.

    — ¿Te duele?, ¿te lo saco?

    — No, déjalo, —dije entre suspiros y gemidos— déjalo ahí un ratito.

    Apreté involuntariamente un poco mi culo, dos o tres espasmos, que llevaron oleadas de placer a todo mi cuerpo; podía sentir con mayor intensidad el dedo de Diego encajado en mi ano. De modo que esta vez lo hice a propósito, lentamente el dedo de Diego empezó a avanzar inexorablemente, esta vez sin dolor y, por el contrario, con mayor placer si cabe. Traspasada la valerosa barrera inicial impuesta por mi esfínter, el dedo se hundió gloriosamente entero dentro de mí, haciendo que alcanzara mis entrañas, donde lo recibí con el más delicioso de los goces:

    —¡Aaaaahhh… que rrrrrrr…rrico!, ¡¡¡ah!!!¡¡ ¡Aaa!!!… ¡¡¡¡Aaaah!!!! ¡¡¡que rr…rricoooooo….!!!, Diego, Diego, haz eso de nuevo… ¡¡¡porr favoorrr!!!…

    Mi amigo, retiró su dedo y mi esfínter lo expulsó rápidamente, para que el porfiado Diego rehiciera el camino de vuelta, llevándome a convulsiones incontrolables al sentirme invadido por ese intruso que me elevaba hasta la nubes sin yo poder controlarlo. Con su dedo insertado profundamente en mi ano, Diego se curvó hacia delante, retiró un poco su dedo, y lo volvió a meter, esta vez ya sin rechazo de mi esfínter que estaba ya totalmente rendido a las embestidas de mi Diego. Me atrapó la punta de mi rígido pene con su boca y se lo metió conforme me culeaba con su dedo.

    Fue más allá de lo que pude aguantar…, mi cuerpo se sacudió violentamente, empecé a moverme para que se me ensartara aún más.

    — ¡¡¡Aaaah!!!… ¡¡Aaaah!!…¡ ¡Aah!!… ¡Aaah! —cada trallazo en la boca de Diego me sacaba de mí para llevarme a extremos de delectación nunca antes percibidas ni en la más febril de mis masturbaciones.

    Sentí que me desmayaba en tanto mi cuerpo expulsaba el dedo de Diego como rechazándolo, la salida definitiva fue tan placentera como las entradas, colapsé, cayéndome de las piernas de Diego, mientras me abandonaba la respiración y sólo gemía como poseído, incluso lagrimas se habían arrancado de mis ojos. Diego me abrazó diciendo:

    — ¡Qué lindo, que lindo, mi precioso Marcelo!, debo decírtelo, Marcelo, mi Marcelo, te amo, —me declaró en tanto tragaba mis últimas gotas de jugo expulsado por mi cuerpo.

    Fuimos a cenar después de toda la tarde de sexo y teníamos hambre. Al parecer Virgilio había estado en la casa y trajo viandas cocinadas que estaban en el horno y una nota «Recién cocinada por mi madre. Mañana vendré con mi padre a realizar unos trabajos, ¿podré usar la piscina?». Escribí debajo y lo puse sobre la mesa: «Por supuesto que sí, aunque estemos nosotros, puedes venir, quiero saludarte».

    Después de comernos lo que nos había traído el hijo de Virgilio, nos fuimos a dormir para descansar. Nos acostamos en mi cama, habiendo cambiado antes las sábanas mojadas. Dormimos desnudos. Ya estaba yo que me caía de sueño y dije:

    — ¡Qué bueno debe ser que en lugar de un dedo, entre un pene!

    No escuché respuesta, solo sentí que su polla se excitó al contacto con mi pierna. Ya no supe nada hasta que escuché voces en el jardín.

    **********

    Nota:

    (2) La pálida es aquella circunstancia o situación por la que tras fumar un porro hace que nos sintamos profundamente mareados, con muchas náuseas, debilidad corporal, sudamos frío y también sentimos algo parecido a una «pérdida de la conciencia» que nos hace a veces cuestionarnos el lugar en donde estamos sin saber cómo ni por qué llegamos ahí. Como lo dice su nombre, nos tornamos «pálidos» y nuestros labios a veces se ponen morados. Hay casos extremos en los que uno se pone a llorar desesperadamente durante cuatro o cinco horas seguidas, o hace daños corporales golpeándose contra una pared u otro lugar como si estuviera desesperado; a veces es muy grave y conviene llevar al sujeto a un hospital, un síntoma puede ser vómitos y comportamientos de desesperación. Recomiendo no sobrepasar las cuatro o cinco caladas y la quinta ya me parece mucho. La pena es que en estos casos se pierde también la prudencia. También recomiendo no fumarse un porro solo, con tres o cuatro amigos para colocarse agradablemente es más que suficiente y no perder ni la compostura ni la prudencia.

    **********

    Continuará…

  • Mi inicio en la sumisión

    Mi inicio en la sumisión

    Siempre he sido muy caliente, coqueta, atrevida y curiosa, sexualmente creí que era fuerte y valiente hasta que llegó el día de poner todo eso a prueba.

    Para comenzar, mi introducción al sexo y a la sumisión fue por medio de un «exnovio» de mi mami, crecí solo con ella hasta que se juntó con él, un hombre muy caliente, pervertido y dominante, era impresionante e impactante escucharlos tener sexo, escuchar como la dominaba y la sometía y a mi mami jamás le importó que yo estuviera en casa mientras todo eso pasaba, lo cual me hizo muy curiosa.

    Escuchar como él le gritaba, perra, puta etc., me daba miedo al principio, hasta que me fui acostumbrando, la primera vez que los vi fue impresionante y excitante y marcó algo en mi, incluso alguna vez llegó con más hombres, yo me escondía para verlos, y ver a mi mamá ser penetrada y sometida se me hizo muy excitante.

    Ya a mis 18 yo me sentía la más valiente y sexualmente preparada para lo que sea, un día, de la nada en una discoteca, me hice una amiga, me pareció extraño que una chica tan guapa y mayor (25) se acercara a querer ser mi amiga, pero nos llevamos bien, luego de un tiempo de tener confianza me dijo:

    -«quiero introducirte en un mundo totalmente desconocido y privado, hablo de convertirte en una sumisa»

    – como 50 sombras de grey?

    -jajaja si y no, si como una sumisa, vas a servir como un objeto sexual, y van a poder usarte de la manera que gusten, a cambio tendrás lo que tú quieras, dinero viajes etc. etc. y no, porque no habrá romances ni niños guapos, solo hombres mayores que serán tus Amos y que quieren usarte y montarte.

    Al final, los nervios me hicieron aceptar, me excitaba la idea de un hombre mayor y maduro me hiciera suya, algunos me han dicho que es por mi falta de padre en la infancia y creo que puede que sí, pero me ilusionaba la idea, pero no tenía ni la menor idea en que me metía, me dijo:

    -ok, espera, mañana te van a llamar, solo sigue lo que te digan.

    Al día siguiente, una llamada:

    -Srta. Fabiola, soy el chofer que mando su amiga, estaré en tal lugar a tal hora…

    Ahí fui y no era un Uber el que esperaba, era una enorme camioneta negra, un hombre muy guapo y bien vestido bajo y me saludo, me dijo que me llevaría al lugar, yo acepté, en el camino, los nervios no me dejaban en paz y le dije:

    -disculpe… usted es el Amo?

    -jaja no, soy el chofer del amo, tu eres la nueva perrita?

     (Mi mente: como me dijo?!!)

    -si veo que eres nueva, que rico, si el Amo me permite te voy a coger ese culo, vamos déjame ver, ábrete las nalgas.

    Yo indignada volteé hacia la ventana.

    -no importa, hoy veré aún más de ti.

    Al llegar, a las afueras, luego de un par de portones con vigilantes, llegamos a una enorme casa de playa, en la entrada un par de sirvientas que me llevaron al área de la piscina, no sin antes dejar el comentario, «bien, carne fresca, a ver si duras más de 1 hora».

    Luego el impacto, por fin veo a mi amiga… desnuda, de rodillas, con collar de perro y cadena, mamando el pene de un hombre que la sostenía, un hombre mayor que al verme dijo ‘haa por fin, ven siéntate por favor’, sacó el pene de la boca de mi amiga y se lo guardó en un pequeño calzoncillo.

    -por fin Fabiola! Llevo años esperando por ti, la hija de Michelle… (que?!!!)

    -conoce a mi mamá?

    -sí, una larga historia de hace mucho tiempo, luego te la cuento, que bueno que aceptaste, desde que mande a… («mi amiga») a que se hiciera tu amiga y te convenciera, esperaba con ansías tenerte aquí. (queee?!!!)

    Para resumir, me habló de lo que significaba aceptar ser su sumisa, me ofreció lo que yo quisiera, mucho dinero, viajes, carros etc. Me dijo que sería una experiencia increíble si tenía la fuerza de soportarlo y que podía renunciar cuando quisiera. Fue muy amable y luego de varios tragos y hacerle prometer que me contaría como conoce a mi mami y su historia, acepte. Me hizo firmar un documento donde decía que yo jamás debía de hablar con nadie al respecto de él y que si lo llegaba a decir, los problemas serían muy graves, lo cual le creía al ver su dinero, chofer, guarda espaldas etc.

    -muy bien, comencemos por fin, de pie, quítate la ropa.

    El corazón me latía demasiado fuerte, las piernas me temblaban, los nervios, como jamás antes y sumarlo a que dos hombres y 3 de sus sirvientas estaban paradas viendo todo, casi tenía ganas de llorar.

    Me fui desnudando poco a poco, hasta que quede en nada, él se levantó y dijo ‘exquisita’.

    Eso me alivió, además de alagarme, porque yo soy muy delgada y no tengo grandes atributos.

    Me toco todo el cuerpo y me dijo ‘ok, de rodillas’, sacó su pene flácido y sus testículos y los restregó en mi cara diciendo ‘acostúmbrate, no habrá nada más deseado para ti que esto’.

    Luego lo metió en mi boca y comencé a mamar, su pene era de un tamaño promedio, ni tan grande ni tan pequeño, pero yo no podía dejar de pensar en las personas que nos miraban y me tenían tan incómoda.

    Luego me puso sobre el sofá, en 4, lamió mi vagina y me penetró de un solo golpe, duro, sentí como me desgarraba y me partía en dos, grité tan fuerte como pude y no paré de gritar y gemir como cada envestida, me tomaba del cuello y me decía ‘eso perra, grita’, acabé un par de veces, pero él siguió y siguió, no sé cuánto tiempo fue, pero fue larguísimo.

    Yo estaba cansadísima, una sirviente se acercó a mi, de manera muy cariñosa me sobó la cara y la cabeza diciendo, «eso perra» y mi supuesta amiga debajo de mi me lamia mientras el Amo seguía penetrándome, al final, por fin, eyaculó en mi cara y en cada parte de mi cuerpo donde pudo, ahí mismo quede dormida acostada sobre el mismo sofá.

    Un par de horas después, desperté, llena de sudor y semen, en las piernas de una sirvienta, que estaba limpiándome y me decía ‘estas muy jovencita, segura que seguirás?’.

    Y le respondí que sí, pensaba seguir, y me dijo ‘bien’, me puso un collar para perros y me dijo ‘me encantara verte en lo que viene’.

    Este es el comienzo de mi historia, espero les guste y la comenten para seguir escribiendo lo demás que es mucho, bye.

  • El primero después de mi exesposo

    El primero después de mi exesposo

    Después de un divorcio discutido, largo y doloroso, decidí tomar unas vacaciones y meditar sobre mi futuro. Quería estar sola y poner orden en mis pensamientos, a la vez de demostrarme que como mujer, no era lo que mi exesposo decía y me reprochaba. Para él, el sexo que teníamos no era de su agrado y me lo hacía ver cada vez que podía. Así, antes de emprender aquel viaje de mis vacaciones, fui de compras por algo adecuado a la playa. Deseaba que fuera algo especial. Conseguí algunas cosas, aunque no todas. Lo demás, lo dejaría para buscarlo ya en el lugar escogido.

    Escogí un centro muy turístico de una ciudad porteña muy conocida. El hotel, de lo mejor. Al ingresar, en verdad quedé impresionada del lujo y la calidad de servicios, La habitación era excelente. Ya instalada, bajé a una boutique dentro del mismo hotel a terminar mis compras. Encontré lo que deseaba y subí de nuevo a mi habitación. Me probé cada una de las prendas para decidir con cual bajaría a cenar. Usaría un vestido destapado completamente de la espalda, bastante corto de largo y por el frente, lo único que impedía que saltaran fuera mis senos, era una «pasadorcito» metálico para unir la parte izquierda con la derecha de aquel vestido.

    El ingresar al restaurante, pude notar que muchas personas me miraban. Algunos no me quitaban la vista de encima. Soy una mujer, creo, atractiva con un pelo voluminoso y largo, ojos color miel y boca bastante sensual. No puedo decir que soy fea, sin afán de parecer presuntuosa.

    La cena estuvo deliciosa y al salir, me dirigí a un bar cercano al restaurante. Me senté en la barra con mis piernas cruzadas, mostrando bastante de ellas. Las miradas aumentaban, especialmente de los hombres, pero en especial de un grupo de tres que estaban bebiendo en una mesa cercana. Uno de ellos al coincidir nuestras miradas, me hizo un gesto con la cabeza, al cual respondí con otro gesto y una sonrisa. Al terminar mi bebida, me mandó otra igual, encargando al bartender que me avisara que él la había enviado y que era una cortesía. Lo volví a ver y le agradecí con otra sonrisa y gesto, diciéndole «gracias». Esto hizo que se levantara de su mesa y me pidió autorización para sentarse a mi lado en la barra.

    Era un hombre maduro sin ser viejo, alto, educado, no muy guapo pero tampoco feo. Charla muy interesante y se veía muy inteligente. Conversamos bastante hasta que el bar tenía que cerrar. Me invitó a ir a otro, pero en verdad yo me sentía cansada. No acepté pero sí me acompañó hasta mi habitación, abriéndome la puerta con la tarjeta que yo le facilité a pedido de él. Su nombre era Enrique. Nos despedimos de beso de amigos, quedando de vernos al siguiente día en la playa.

    El traje de baño que vestía aquella mañana, era muy chico, de una textura muy delgada y muy bien ajustado a mi cuerpo. El escote del top era grande, solo lo suficiente para cubrirme los pezones. Fui a la playa a hacer uso de una palapa, cuando Enrique se me acercó diciendo que ya tenía una reservada. Fuimos a ella, nos acomodamos y disfrutamos de la bella vista, del mar y de la piscina. En la conversación, empezamos a tocar temas muy personales que, como adultos, los abordamos con naturalidad, entrando ya en confianza. Al estar en el mar y en la piscina, yo aprovechaba a rozar su cuerpo con mis senos y a rozarle su bulto con mis piernas o glúteos. Ambos nos dábamos cuenta de lo que queríamos. Almorzamos juntos algo muy ligero, y le pedí, al terminar, que me diera un rato porque quería descansar un momento, tomar una ducha y que llegara a mi habitación a eso de las cinco de la tarde.

    En realidad, primero descansé, dormí un rato y sin sentir, se me fue el tiempo. Desperté y eran casi las cinco. Apresuradamente entré a la ducha y rápidamente terminé. Estaba secándome cuando tocaron a la puerta. Desde adentro pregunté quién era. Soy Enrique, respondieron. No sabía qué hacer. Salir envuelta en una toalla, era muy evidente lo que quería. Decirle que me esperara, era algo que no me gustaba porque quedaba como informal. Decidí pasarle la tarjeta de llave de la habitación debajo de la puerta y que esperara unos minutos para entrar, mientras yo me encerraba en al baño, llevando mi ropa antes que él entrara. Así, aprovechaba a arreglarme, vestirme, peinarme, etc.

    Entró, y le pedí disculpas explicando lo que había sucedido. Pacientemente esperó y por fin salí del baño. Él estaba muy bien arreglado. Creo que yo había escogido un atuendo adecuado también. Ambos nos sentíamos bien con lo que llevábamos puesto. Pero oh sorpresa. Enrique llevaba una botella de vino y una tabla con quesos. El mensaje fue claro. Así pues pasamos a la terraza que había en la habitación y que tenía una vista preciosa hacia el mar. Nos sentamos, abrió la botella y empezamos a beberla y comer los quesos. De a poco me tomó la mano y no hice nada por rechazarlo. Se puso de pie y me pidió usar el baño. Fue para allí y después me llamó a la habitación. Estaba de pie, me detuve y me dijo que me acercara. Lo hice y nos besamos después de una mirada larga son decir palabra. Mi atuendo era muy sexy y fácil para encontrar todos mis encantos, además de no llevar ropa interior. Yo sentía ya su bulto creciendo con el beso que nos estábamos dando. Nuestras manos empezaron su labor. Las de él, acariciaron gentil y suavemente mis senos, haciendo que los pezones se pusieran duros y dispuestos. No cesaban los besos y los gemidos empezaron a hacerse más fuertes y seguidos. Levantó el vestido y se encontró con lo que buscaba. Por mi cuenta, desabotoné su camisa y su pantalón, cayendo éste al piso e inmediatamente sobre su ropa interior, empecé a acariciar su masculinidad que ya estaba lista… dura y gruesa.

    Con mucha dulzura y delicadeza, me levantó y me puso sobre la cama, tomando la precaución de poner una toalla debajo. Desnuda como estaba, Enrique tenía a su disposición todo lo que yo tengo… y fue por partes. Besos en la boca, en el cuello, en mis tetas mordisqueando los pezones mientras acariciaba mi pussy. Se quitó su ropa interior y descubrí lo que tenía. Era de buen tamaño y estaba listo para la acción. Ambos estábamos afeitaditos así que era muy agradable poder acariciar, besar y chupar aquella verga. Él por su parte, estaba ya deleitándose con mi conchita, lamiéndola completa sin quitar sus manos de mis tetas.

    Como pude, me dirigí a su verga para gozarla. La metí en la boca y por ratos la sacaba para lamerla a todo lo largo. Le pasaba la lengua en su agujerito superior, haciéndolo vibrar y gemir. Luego, quedé boca abajo, abrió mis nalgas y me besó el ano acariciando mi concha al mismo tiempo. Aquello era irresistible. Me di vuelta, quedé boca arriba y me penetró suavemente. Nos vimos y nos besamos mientras empezó a acometer. Suave al principio, poco más rápido y duro, hasta llegar a hacerlo brusco pero sabroso. Le pedí darnos vuelta porque quería cabalgarlo. Estando arriba, controlaba yo la situación y así, arrancaba y me detenía. Arrancaba otra vez y me detenía. Él no desaprovechaba para acariciarme y besarme las tetas. Al fin, ya sin detenerme y jineteando con fuerza, entre gemidos y casi gritos, terminó. Yo lo había logrado ya en dos ocasiones.

    Descansamos un rato mientras terminábamos el vino. Por todo aquello puedo decir que era un caballero y un buen amante. Los siguientes días nos entregamos a la pasión y al gozo, disfrutando cada momento. Lo que de mí decía mi exesposo, ha quedado en el olvido. Sé ahora que lo decía por molestarme y por buscar bronca. Las otras veces que he tenido sexo después de ésta, también han sido muy satisfactorias para ambos. Será en otra ocasión que les pueda contar de otras aventuras.

    Hasta pronto.

  • A la próxima ¡me la metes! (5)

    A la próxima ¡me la metes! (5)

    Escuché voces en el jardín. Me asomé por los cristales, abrí la puerta de vidrio y salí a la terraza que bordeaba toda la casa. Vi a lo lejos a Virgilio y a su hijo trabajando. Ellos me vieron y saludaron con la mano, les respondí del mismo modo. Entré porque aún hacia fresco con sol. Vi a Diego que me estaba mirando:

    — Has saludado a alguien…

    — Sí, a Virgilio y a su hijo…

    — Estás desnudo…

    — No es problema, piensan que me voy a la piscina y saben que ahí siempre nos bañamos desnudos.

    — Ah, ya.

    — Hemos de desayunar.

    Fuimos a la cocina y encontramos desayuno preparado.

    — Mucho te quieren.

    — Siempre ha sido así.

    Desayunamos, nos metimos a la ducha, nos tocamos, nos besamos, recordamos lo de la tarde anterior y le dije:

    — Me va a gustar que me la metas.

    — Cuando quieras.

    — ¿Vamos a ver qué hacen?, —pregunté.

    — Me gustaría.

    Le presté ropa y nos pusimos un short y una camiseta cada uno y nos encaminamos a ver qué hacían. Nos saludamos brevemente. Estaban amontonando leña y de vez en cuando Virgilio cortaba los troncos grandes al tamaño de los que agavillaban. Sin más ni más, Diego se puso a ayudar a recoger leña. Yo, que no había hecho nunca un trabajo agrícola, me entró un poco de vergüenza y para superarla, me puse también a recoger leña. Estuvimos un par de horas y descansamos. Virgilio nos invitó a descansar y nos pasó una cajetilla de cigarrillos. Él sabía que yo fumaba de vez en cuando. Nos pusimos los cuatro a hablar.

    — Hemos avanzado dos horas nuestro trabajo gracias a vuestra ayuda. lo que queda es para amontonarlo yo y dejarlo aquí para quemarlo en la estufa el próximo invierno. Yo me voy a mi casa en mi bicicleta y Elio se queda con vosotros, el preparará comida y más tarde ya se bajará.

    — Si no es molestia, nos parece bien, —respondí.

    Ya eran las 12, estábamos sudados y hacía sol y calor primaveral. Invité a Diego y a Elio a la piscina. Nos fuimos los tres. Cuando llegamos, Elio se quedó rezagado en la puerta. Le invité a entrar:

    — ¿Qué te pasa, Elio?, —pregunté.

    — Si ustedes van a bañarse, yo igual les molestó…

    — ¿Has leído la nota, Elio?, —pregunté.

    — Sí, señor.

    — Eso lo guardas para mi padre, a nosotros nos tuteas y nos bañamos al mismo tiempo, a no ser que no te guste vernos desnudos, ahí te respeto.

    — No, no, a mí no me disgusta. Gracias.

    Nos desnudamos los dos, Diego y yo y, sin más dudas, se desnudó Elio. Nos metimos dentro, nadamos, charlamos un rato dentro y salimos a que nos diera el sol para calentarnos, pues el agua estaba tirando a fría.

    Elio nos miraba de uno a otro sin parar como prestando mucha atención a lo que decíamos; si era yo el que hablaba, a mí me miraba; si era Diego el que hablaba lo miraba a él. Se le veía como nervioso. Me fijé bien y como tampoco intervenía en nada le dije:

    — Elio, ¿en qué piensas?

    — Ah, ¿quien?, ¿yo?, no, en nada.

    — Puedes decir lo que piensas, no hay problema, nada es importante de lo que conversamos, —insistí.

    — No sé, pero no quiero interrumpir, usted perdone…

    — ¿Cómo? ¿A estas alturas qué significa ese usted? Aquí somos iguales los tres, —le dije.

    — Elio, lo que dice Marcelo es verdad, aquí podemos ser tres amigos en este momento, no somos nadie más importante que los otros…, —intervino suavemente Diego.

    Me levanté, me acerqué a él, me puse detrás de donde estaba sentado, un sillón de mimbre. Me incliné para verle la cara desde el costado un poco por encima, le acaricié la cara con mis manos. No rehuyó, ni le vi más nervioso que antes. Pasé uno de mis dedos por sus labios y le dije:

    — Eres muy guapo, Elio.

    — Gracias, —contestó.

    Me puse delante de él en cuclillas mirándole su cara y coloqué mis manos sobre sus muslos cerca de las ingles tocando mis codos con sus rodillas. Me miró, bajo la vista.

    — Elio, —dije.

    Me miró de nuevo muy serio, pero con su respiración normal.

    — ¿Te gustaría decirme algo?

    — Sí, —contestó.

    — ¿Qué te estas callando ahora?, —dije.

    — Mmm…, bueno, mmm… Marcelo, eres muy guapo y Diego también, me gustan las trenzas de Diego, me gustas, Marcelo, ¡oh!, ¡ay!, no quería decir nada…

    — Elio, lo sé, durante el tiempo que hemos estado recogiendo leña no has parado de mirarme y de mirar a Diego.

    — ¿Qué?, oh, yo, no quiero, oh, no, perdón, yo, no…

    — Diego, te gustan los chicos, ¿verdad?

    — ¡Ay, Dios mío! No le dirás nada a mi padre, no, por favor, no le digas nada a mi padre…

    — Yo no le diré nada a tu padre, un día se lo dirás tú, yo no tengo por qué decirle nada… —iba diciendo yo despacio— Diego es mi amigo y entiende lo que te estoy diciendo y la verdad, Elio, es que siempre me has gustado y me rehuías, pero me gustabas tú desde que te vi la primera vez aquí con tu padre… ¿entiendes esto?

    — Sí, he sufrido mucho por no atreverme a decirte nunca nada por miedo a mi padre. De cualquier cosa me hubiera echado la culpa a mí.

    — Ahora somos tres aquí, que nos gustamos… ¿te gusta Diego?

    — Esto me pone en un aprieto —nos reímos Diego y yo y él se sonrió—; es que sí, claro que me gusta, pero el que me gustas de verdad eres tú.

    — Invitado quedas a pasar esta noche aquí en la casa con nosotros, pero quiero que te encuentres a gusto…

    Salí de la piscina a la casa y recogí mi móvil, regresé, habían estado hablando los dos y los sorprendí hablando con libertad y de un modo muy ameno y amistoso.

    — Elio, marca el número de tu casa y hablaré con tu padre.

    — No le digas nada de lo que hemos hablado, —dijo temeroso.

    — No, te he dicho que yo no diré nada, pero quiero pedirle que te quedes a preparar nuestra cena.

    — Va a traerla mi padre, —contestó.

    — Pues le diré que no se moleste que la prepararás tú.

    Como ya tenía el móvil en la mano marcó el número y comenzó a sonar. Se lo tomé y escuché:

    — Sí, diga…

    — ¿Virgilio? Soy Marcelo…

    — ¿Necesitas algo, Marcelo?

    — No, si te parece bien, tu hijo se puede quedar y preparar nuestra cena…

    — Pensaba llevarla yo mismo…

    — No es necesario que te molestes si permites a Elio que se quede y lo haga, luego veremos una película y como hace buen clima igual nos acompaña a dar un paseo, pero solo si te parece bien.

    — Claro que sí, seguro que a él también le parecerá bien; me alegra porque no es que tenga muchos amigos, creo que más bien no tiene, y me alegra que, sí, que se quede, —y no pudo hablar más porque se puso a llorar.

    — Gracias, Virgilio, pues aquí ya tiene dos amigos. Hasta pronto.

    Silencio total, los dos me miraban, sabían el resultado por mis «gracias» y por lo de «dos amigos», pero me miraban como esperando que explicara más. En este momento de total desinhibición, los tres teníamos las pollas lacias y caídas del todo. Los miré, vieron que me salieron unas lágrimas de los ojos y les pedí que se acercaran. Se levantaron, se acercaron y los tomé a los dos de los hombros y me los acerqué para besarles. Aunque estaban sorprendidos, reaccionaron devolviéndome el beso y poco a poco lo convertimos en un solo beso de tres jugando las tres lenguas entre sí. Total compenetración. Elio cerraba los ojos, Diego y yo nos guiñamos el ojo y los cerramos. Al rato, Diego me puso la mano en mis nalgas y poco más tarde Elio me puso una mano en mis nalgas y yo puse las mías acariciando las nalgas de ellos dos, me tropecé con las manos de ellos. Esperé unos segundos para gozarlo y comenzó mi polla a ponerse dura y con ganas. Muy suavemente me separé de ellos y luego con mis manos y sin hacer fuerza los separé. Nos fuimos a la piscina, porque los tres estábamos con calentura.

    Elio comenzó a nadar en serio y los dos le acompañamos, íbamos de un extremo al otro con cierta violencia en el ejercicio pero sin interés de ganar una carrera, íbamos muy iguales y como si hubiese sido una especie de sentido común a los tres, paralizamos la carrera para abrazarnos en la piscina y comenzamos de nuevo a besarnos.

    Estábamos cansados, salimos de nuevo a los sillones de mimbre. Elio sacó de la caseta tres toallas y puso una en cada sillón. Todo esto sin palabras.

    — Si tuviéramos una cerveza…

    Elio se levantó y en menos de tres minutos teníamos una lata cada uno en las manos.

    — Está visto que el que sabe aquí donde están las cosas es Elio, —dijo Diego.

    — Yo no sé tanto —dije— por esa manía de dármelo todo hecho.

    — Yo lo sé porque es una de las cosas que me encarga siempre mi padre, —dijo Elio.

    — Tu padre, tu padre…, qué bueno es tu padre y cuánto te quiere…

    — ¿Qué te ha dicho?

    — Que se alegra mucho que te quedes con nosotros porque no tienes casi amigos, y…

    — No tengo ninguno, —me interrumpió.

    — … Y yo le he dicho que ahora tienes ya amigos, y…

    — Qué, y qué…

    Diego escuchaba absorto deseando saber.

    — Y se ha puesto a llorar al decirle que tienes dos.

    — Mi padre no podía imaginar nunca que yo podría ser tu amigo y ahora habéis sido los dos los primeros en saber mi secreto.

    — Mis padres saben mi secreto, —dijo Diego.

    — Mis padres y mi hermana saben mi secreto, —dije yo.

    — ¿No dicen nada?

    — ¿Qué tienen que decir, Elio? Dime, ¿qué tienen que decir? Lo que dirán tus padres es que eres un hijo bueno, obediente, cariñoso, amistoso y diferente al común de todos los demás, porque no somos nada, ni mejores ni peores, sino diferentes a lo común, y eso tan común resulta que no lo compartimos muchos, porque somos diferente no a lo común sino a lo que se cree que es común.

    — Lo que dice Marcelo es que nada es común cuando comenzamos a especificar —explicaba a Elio al verle tan confuso—, en general todo es común, tenemos nariz, ojos, boca, lengua, orejas, barbilla, pero no hay ninguna cara común, cada uno la suya y en esto de la sexualidad, cada uno es diferente… Yo soy gay y no sé por qué, pero me conformo con lo que soy y he llegado a quererme por ser como soy…, gracias a eso me he encontrado con Marcelo y ahora contigo.

    — Yo no soy gay —se quedaron mirándome fijamente—, más bien creo ser “heteroflexible” o “heterocurioso”. Me gustan las chicas, puedo estar con ellas e incluso puedo tener algún modo de relación sexual, pero no me ha dejado satisfecho nunca. Con Diego mi relación ha sido agradable, muy agradable, placentera y satisfactoria. Y tú, Elio, ya me das mucha alegría y placer solo con mirarte. No sé qué tienen tus ojos, pero me enamoran, —dije con mucha alegría.

    — Yo pensaba estar equivocado, en un error y mi vida íntima ha sido un infierno, porque no osaba ni tocarme para ver si se me pasaba todo esto. No me la tocaba, se me ponía dura y así y todo eyaculaba nervioso y pensando que yo estaba enfermo, —contó Diego.

    — Acabemos esta cháchara antes de que anochezca, que ya está haciendo un poco de fresco, —les dije.

    — Y si nos la meneamos mutuamente, —sugirió Diego.

    Nos reímos de la ocurrencia de Diego y nos sentamos en uno de los bancos los tres juntos. Elio cayó al centro y entre Diego y yo se la íbamos frotando, alternativamente uno a la polla y otro en sus huevos y luego a cambiar. Elio extendió sus brazos y nos masturbaba lentamente a los dos. No tardamos mucho en despejar nuestra calentura, cada uno se amarró a sí mismo y echábamos nuestra lefa contra el césped. Nos metimos los tres en la ducha de la piscina y nos secamos en las toallas que teníamos en nuestros sillones de mimbre.

    — Voy a preparar la cena.

    — Espera, vamos a mi habitación a ponernos un short y una camiseta cada uno para ir los tres a la cocina y nos mandas cómo podemos ayudar para preparar la cena, —dije esto con tanta resolución que nadie me la discutió.

    Elio sabía dar órdenes, en un momento la cena estaba opíparamente preparada y no perdimos el tiempo en contemplaciones, comenzamos a comer. Como habíamos sentado a Elio a la cabecera, estaba situado en medio de los dos. Elio me miraba cómo comía yo y luego vi que Diego también me observaba, y pregunté:

    — ¿Qué os pasa? ¿Por qué me miráis tan fijamente?

    Silencio…

    — Decidme qué os pasa.

    Diego contestó:

    — Mi pregunta es con cuál de nosotros dos te quieres casar.

    Miré a Elio esperando su respuesta.

    — Yo estoy confuso, dijo Elio.

    — ¿No os gustaría que nos pusiéramos a vivir juntos los tres cuando decidamos formar hogar?

    Se quedaron absortos y pensativos.

    — ¿Donde viviremos?, —preguntó Diego.

    Entonces comencé a relatar:

    — Comentaba mi padre una vez que esta casa era un gasto excesivo para venir algo menos de un mes en verano y alguna fiesta él con sus amigos, pero que no quería vender porque tendría que despedir a Virgilio y eso no lo iba a hacer y esperaba que tal vez uno de sus hijos la quería para vivir. Mi hermana dijo que ella no, que no le gusta vivir fuera de la ciudad. Yo dije que me gustaría. Ahora pienso que este es el lugar de nuestra vida.

    ¡Qué noche! Claro que vimos una película, una porno gay que yo tenía casi recién adquirida y aún no había visto. Teníamos interés de ver la película, pero a poco de comenzar ya estábamos los tres meneándonosla. Así que a la primera follada que se dieron dos tíos buenos, ninguno de los tres podíamos aguantar.

    — Diego, te dije no sé cuándo que «a la próxima ¡me la metes!; hoy es la próxima, pero tú, Elio, no desesperes, que para ti también me queda culo.

    Nos pusimos Diego y yo tumbados en la alfombra, yo mirando al techo y Diego metido encima de mí al revés, quedamos en 69. Comencé a comerle la polla. Tanto habíamos nadado que, al estar tan limpia, me sabía a poco y solo la chupaba para hacer que se corriera pero ni modo. Diego me estaba comiendo el culo, metiendo lengua. Llegó Elio con un plástico enorme de color verde y lo fue colocando debajo de nosotros. Nos movía un poco, pero sin molestar y con este arte consiguió cubrir la alfombra para que no se ensuciara.

    Se sentó Elio para contemplarnos y Diego le hizo una señal, y cuando Elio se le acercó le dijo:

    — Cómeme el culo.

    Se puso de rodillas detrás de mi cabeza, extendió las manos por encima de mi pecho y me iba acariciando los pezones y pellizcando las tetillas para ponerlas más duras, mientras iba comiéndole el culo a Diego como le había visto hacer. De vez en cuando baja su cabeza para besarme y lamer la polla de Diego junto conmigo.

    Al poco tiempo, todos con la polla dura, Diego me dijo:

    — Remójale con tu saliva su polla, mientras cumplo tu petición.

    Me puse a chupar la polla de Elio que igualmente estaba muy limpia, pero como ya estaba el ojito de su pene fruyendo presemen, le daba un especial sabor, que me gustaba más. Yo estaba ávido porque Diego me la estaba metiendo y acariciaba mis costados y mi polla recogiendo mi presemen para lubricar mi culo. No tardo en comenzar a penetrar y menos en llegar al fondo con un fuerte dolor que me hizo abandonar la polla de Elio, que se asustó y me acariciaba el rostro. Diego se quedó quieto y yo comencé a mover mi culo circularmente, buscando la mayor comodidad y gusto. Lo hallé sonreí a Elio grité:

    — Continúa, continua, fóllame de una puta vez, mierda…

    Elio se reía de mis exabruptos que eran continuos y lo mandé al culo de Diego, diciendo:

    — Tú cabrón de los huevos, vete allá detrás y métele tu polla en el agujero de mierda de ese maricón que me está violando.

    No lo dudó y Diego comenzó a follar cada vez más violentamente, se puso a sudar y me hizo sudar. Yo no los veía bien a los dos y le pedí a Diego que se arrodillara, así descansé un poco de mis omoplatos y descansaba ya media espalda. Pero Elio tenía mayor dificultas y se tumbó al suelo, con mis manos alcanzaba los pues y por nuestro contacto entendí lo que hacia con Diego, lo estaba follando tumbado y Diego descansaba sobre el en sus salidas de mi culo y en las entradas, para que no se le escapara Elio levantaba su culo.

    Dios mío a mi me estabas golpeando la próstata y ya no podía aguantarme, por eso me corrí y fui el primero en hacerlo porque ellos gemían pero no gritaban como yo. Cuando yo estaba echando mi semen a lo alto cayo muy repartido y nos tocó a todos, pero por cada forcejeo que hacía, Elio clavaba sus uñas en mis manos y cuando las dejó quietas, apretando sus uñas en mis manos, me di cuenta que todo su cuerpo temblaba de espasmos y se corrió dentro de Diego, entonces comenzó a gritar y se contagió Diego que me miraba y me dijo:

    — No puedo salir, disculpa, no puedo salir…, me corro, me corro…, me coooooorrooooo… ¡Aah, aaah, aaaah…

    Claro que no podía salir, le taponaba Elio y eso para mí fue un gusto, porque se corrió gritando:

    — Cabrón, mierda, cabrón, qué tío, cabrón, mierda.

    Así todo el rato eyaculando bastante que lo sentí dentro de mí cómo entraba el semen y cómo golpeaba. Bendije mi sensibilidad porque me lo hizo notar todo y de nuevo me puse duro y Diego comenzó a masturbarme con cierta dificultad que yo hice por levantar mi culo un poco. Todo esto causó que me fatigara más y me dejé caer en cuando volví a soltar mi lefa por encima de mi cuerpo. Soltó Diego mis piernas y salió su pene de mi culo. Se me echó encima y me besaba sin parar. Se acercó Elio y se turnó con Diego para besarme y yo los besaba alternativamente hasta que ya no distinguíamos quien besaba a quien y a quien besaba cada uno porque éramos uno solo. Cuánta saliva y cuantos mocos en nuestras caras que iban pasando de boca en boca y alguno se colaba por la garganta hacia el estómago.

    — En mi cuarto tengo lubricante y otras cremas para esta noche, la vamos a pasarte puta madre, —dije y se levantaron de inmediato.

    Nos fuimos a la ducha, nos acariciamos y nos super retocamos para ayudar a lavarnos, pero la calentura siguió y ahora sin película ni monsergas, en directo y como actores o agentes.

    Nos embadurnamos y después qué contar, no habría papel en el mundo para narrar los pormenores, nos follamos los tres, dimos y recibimos y los tres éramos difíciles de cansar. Eran las 6 de la mañana cuando nos entró más el cansancio que el sueño.

    ***********

    Lo hemos repetido muchas veces hasta adueñarnos de la casa. Cuando comencé a tomarme aquella casa como mía, Elio se encargó de embellecerla y nos hacía la vida tan grata, que tanto Diego como yo decíamos: «Vamos a casa de Elio». Todavía hoy vamos a la casa de Elio. Yo trabajo con mi padre, Diego ha conseguido con la ayuda de mi padre un trabajo de funcionario en el ayuntamiento y Elio con su padre se hace cargo del campo y de la casa Cada noche, al acabar el trabajo cada uno vamos a la «casa de Elio a cenar y a dormir, con las previas. Ahora ya saben que me gusta más recibir las dos pollas y la mía le gusta más que la chupen, la mamen y jueguen con ella. Mis dos agujeros inferiores son la diversión de mis maridos, me encanta ser su juguete y conste que sé cuánto me aman, tanto o más que yo a ellos.

  • Alberto mi ex (Parte 2)

    Alberto mi ex (Parte 2)

    A: ¡Que ricas nalgas, mmm!

    Lu: ¿Dónde andas amor, ya es tarde, tardaras aún más?

    L: ¡Ah, sí cariño, ya descansa!

    A: ¡Dile que su mujer es mi puta!

    Lu: ¿Que dices nena?

    L: ¡Nada cielo, bueno bye!

    Continuaba en el futuro restaurante de mi ex Alberto, respondí la llamada de mi marido, pero Alberto aprovecho para meter sus dedos en mi vagina y querer hacerme gritar, yo me contuve y no porque no quisiera que supiera que estaba cogiendo si no que no quería que supiera que era con Alberto.

    El me masajeaba las nalgas mientras sus tres dedos entraban y salían de mi vagina, yo apretaba su verga con mis manos, ¡me miraba desafiante y gustoso de que yo era su víctima!

    L: ¡Seguro que aquí traes a tus putas!

    A: ¡Pero ninguna como tú, tu eres de lujo!

    L: ¡Jajá, eres un maldito!

    A: Y tu una puta infiel, siempre soñé verte en cuatro recibiendo dos vergas, ¡eso me pone como loco!

    L: ¡Seguro te hubieras desmayado si eso pasaba!

    A: ¡No creo, hubiera pagado por ver!

    Lo mire fijo sus ojos y fui nuevamente a mamarle la verga, mientras eso le hacía, él me contaba con detalle cómo le hubiese gustado compartirme, metía su rico palo lo más que se podía a mi boca, el sabor a semen con mis fluidos me encantaba, poco a poco se volvía a poner duro, el me acariciaba la espalda y me pegaba más a su verga, sentía como se endurecía en mi boca, ¡estaba yo lista para recibir una nueva friega de mi ex!

    Me recosté en la orilla de la cama y nuevamente levanto mis piernas, me penetro suave, esta vez era más lento y más rico, me besaba los pies, yo se los ponía en la boca, él se endurecía más con eso que yo hacía, me apretaba los muslos, ¡me acariciaba las nalgas y poco a poco me la metía más rápido y más adentro!

    L: ¡Así nene, uf, así!

    C: ¡Que rica puta, uhm!

    L: ¡Que rico me coges, que rico me besas los pies!

    A: ¡Amo tus ricos pies, pero amo más tus piernas de campeonato y tus ricas nalgas ni se diga!

    L: ¡Son tuyas papi!

    A: ¡Agh, que puta eres, me matas, así debiste ser cuando éramos pareja!

    Nos pusimos de pie el levanto mi pierna y me penetro fuerte, me mordía las tetas, me apretaba las nalgas, yo le mordía el cuello y le besaba la boca, me encantaba lamerle sus pezones, ¡el me ensartaba más y más rico!

    ¡Me puse en cuatro en la alfombra, el me tomo de la cintura y me penetro con fuerza, yo sentí riquísimo como me empujaba su rico animal, me encantaba estar así y él lo sabía, me daba de nalgadas, seguía acariciando mis muslos y me arañaba la espalda con violencia!

    A: ¡Quiero que el cornudo vea como te deje!

    L: ¡Basta, no me marques, no soy vaca!

    A: ¡Pero si mi puta y tengo que marcarlo bien!

    L: ¡Agh, arde, dios, que tosco eres!

    A: Cállate y goza mi verga nena, toma, ¡toma mi verga!

    L: ¡Ah, uf, ah, dios, ah, qué bien se siente!

    Él se acostó en el suelo y me pidió volver a cabalgarlo, pero esta vez invertidamente, yo subí dándole mi espalda la cual seguía lacerando, me movía suave, levantándome un poco para dejarme caer moviendo mi cadera, el me apretaba las nalgas, me jalaba el cabello y acompañaba mi acto con suaves movimientos de su cadera.

    A: ¡Lety que rico te mueves, uf!

    L: ¡Ya noté que te gusta!

    Me agachaba a sus pies para hacer un tipo de twerk en el, él me tomaba de las nalgas y me bajaba rápido, eso me hacía sentir riquísimo, él estaba tan cachondo que sentí como se inflaba, entonces comencé a moverme más y más, el gemía como loco y yo estaba a punto de llegar nuevamente, en eso un rico orgasmo tuve y comencé a expulsar fluidos sobre su dura verga, en eso, el me la saco se puso de pie, me tomo la cara y empezó a chorrearse en ella, su semen entraba a mi boca, me caía por las tetas, el satisfecho de verme llena de semen, me pegaba con su verga en la frente, yo lamia lo que escurría de su semen y nuevamente metí su cosa a mi boca!

    A: ¡Ah, mamacita que rico, te ves hermosa llena de semen!

    L: ¡Tu semen sabe a mar!

    A: ¡Agh, mamela amor, agh!

    L: ¡Rica verga, mmm!

    Se sentó en la cama y yo continúe mamando su rica verga, poco a poco se endurecía, me encantaba hacerlo gemir y ponerlo duro, su verga nuevamente agarraba firmeza, yo quería seguir siendo la puta de mi ex, ¡quería seguir siendo penetrada por su gordo pene!

    A: ¡Mamacita, que puta, ahora tu culo será mío!

    L: ¿Qué??

    A: ¡Si, ven, súbete a la cama y abre las patas!

    Lo obedecí ya que estaba muy caliente, el subió mis piernas dejando mi ano abierto a su disposición, me tomo de la cadera ay empezó a penetrarme, su gorda cabeza empezaba a estirarme el ano, poco a poco iba entrando, ¡me besaba las tetas y disfrutaba ver las muecas que hacia al sentir su gorda verga!

    A: ¡Uf, mamacita que rico culo, uf!

    L: ¡Ay, me lastima, uf!

    A: ¡Aprietas magnifico, dios, finalmente es mío!

    L: ¡Agh, no pares no pares!

    Me empujaba su verga de forma deliciosa, yo estiraba as piernas para apretarle más su rico pene, él se movía magnifico, se hacía un poco hacia atrás y movía delicioso su pelvis, me tenía gritando como loca, ¡en eso sonó mi celular y me pidió que contestara!

    A: ¡Contesta mami!

    L: ¡Agh, es mi marido!

    A: Dios respóndele, ¡por favor!

    L: Bueno ¡uuf!

    Lu: ¡Cariño aun te fala!

    L: ¡Agh, si cielo, aún falta!

    A: ¡Toma mi verga en tu culo, uf, if!

    L: ¡Dios mío!

    Lu: ¿Por qué dices dios mío?

    L: ¡Es que casi me caigo!

    Lu: ¡Bueno nena, te espero despierto, te quiero hacer el amor!

    L: ¡Agh, ok amor, agh!

    A: ¡Jajá, te encontrara llena de semen, jajá!

    Colgué el teléfono y me puse en cuatro, tomé ms nalgas y me abrí toda para recibir la verga de mi ex, el sonriente me embistió con fuerza y me metió su verga, se movía rapidísimo, yo jadeaba y sentía que vomitaba, mordía la almohada, mi respiración era agitadísima y luego sentía que me faltaba el aire, el seguía estrujándome delicioso, saco su celular y grabo como me la metió, yo estaba excitadísima, gozando y a punto de llegar a un nuevo orgasmo, pero quería hacerlo gritar también así que aun con el dolor combinado, empecé a empujarme rápido hacia él, moviendo mi cadera y empujándome a su verga con fuerza!

    L: ¡Agh, que rica verga, mm, ah!

    A: ¡Lety dios, que rico agh!

    L: ¡Chila papi, chilla!

    A: ¡Agh, así, que rico, dios, mi verga!!!

    L: ¡Así, agh, muévete, agh, dame más!

    A: ¡Toma puta, toma esta verga, ah!

    L: ¡Si, es mía, esa verga es mía, uf, agh!

    A: ¡Rica puta, dios, que rica, me encantas uf!

    La cama se movía diabólicamente, parecía que hacíamos un exorcismo, el sudaba y gritaba yo estaba igual que él, mi culo estaba totalmente ancho por el grosor de su verga, ¡mi vagina seguía húmeda el cosquilleo en mi estómago me estaba anunciando que se acercaba el rico final y su verga me anunciaba que pronto terminaría también!

    L: ¡Dame tu leche, la quiero!

    A: ¡Mami, dios, te llenare el culo!

    L: ¡Si, lléname, lléname de tu semen caliente rey!

    A: ¡Que infiel eres y que puta, me haces venir!

    L: ¡Ya, dámela, dámela, agh!

    A: ¡Dios, agh, ufff, madre mía, dios mío, que rico, uf!

    L: ¡Si, agh, te siento, agh!

    Un gran chorro de semen me lleno mi ano, el temblaba y yo también, el orgasmo era maravilloso, el me apretaba la cintura, estaba teniendo el mejor orgasmo de su vida, yo disfrutaba lo caliente de su leche, me dio unas nalgadas y me araño más, hasta que finalmente el orgasmo paso y quedamos tumbados en la cama, el encima de mí y yo escurriendo por todos lados.

    A: ¡Lety, que rico, que rica noche!

    L: ¡Alberto uf, eres muy bueno, lo había olvidado!

    A: ¡Te dije que no te arrepentirías amor!

    L: ¡Bueno, donde está el baño, ya me tengo que ir!

    Pase a su baño y me arregle, me limpie el semen de todos lados me perfume y salí rumbo a mi casa, él se quedó acostado en su cama y me dijo que me esperaba mañana, yo le sonreí y le dije que esa era la última vez, cerré la puerta y me fui.

    Aún recuerdo esa noche, creí que lo más sano para mi relación era no tener contacto con él, lo elimine del Facebook y solo guardo el recuerdo de esa rica noche con él.

    ¡Saludos su amiga Lety!

  • Mi esposo me ve llena del semen de otro hombre

    Mi esposo me ve llena del semen de otro hombre

    Mi nombre es Katherine,  soy colombiana, tengo 35 años y comenzaré relatando varias historias de cómo hemos logrado renovar la llama de la pasión con mi esposo.

    Habíamos caído en la monotonía, casi no teníamos sexo y cuando lo hacíamos era solo por cumplir, por terminar rápido en la misma posición de él encima de mí y a dormir. Tuvimos momentos difíciles hasta que él llego con la idea de hacer algo diferente en el sexo que despertara esa pasión perdida, compramos juguetes eróticos, dildos, vibradores, pero nunca fue muy excitante.

    Comenzamos a hablar sobre nuestras fantasías sin cumplir y a medida que hablábamos me ponía a imaginar cumpliendo mis fantasías y yo cumpliendo las de él, y debo aceptar que me puso a volar, me excite demasiado con escuchar algunas cosas que a él le gustarían, pero otras me pusieron a pensar, ya que, entre ellas, muchas tenían que ver con sexo con otras personas, a lo cual yo nunca me había puesto a pensar.

    La primera fantasía que llevamos a cabo fue una de él, quería ver como otro hombre me tocaba los senos, me besaba, me daba sexo oral, como le chupaba el miembro a otro hombre, pero entre las reglas estaba que no podría penetrarme, lo cual me pareció bien ya que no compartía del todo la idea, pero si no me iba a penetrar, entonces echaría todo su semen sobre mí?

    Pues así lo hicimos, como era la fantasía de mi esposo, él quería que yo me sintiera lo más cómoda posible, así que yo debía escoger al afortunado al que le haría derramar toda su leche sobre mí. Y así lo hice, busqué un amigo al que yo sabía que le gustaba, y que varias veces se me había invitado a salir. Realmente él no despertaba mucho interés en mí así que era perfecto, ya que después de lo que pasara no habría chance de volver a tener nada con él.

    Su nombre era Juan, nos vimos en un restaurante, cenamos y luego él propuso tomar algo licor, estuvimos tomando un par de horas y como era obvio, la conversación llego a que quería algo conmigo. Le dije que lo único que podría esperar de mi era cumplir una de mis fantasías sexuales, pero que después de eso no pasaría nada, lo cual lo dejo perplejo y bastante interesado en conocer:

    – Cuál es esa fantasía sexual mi Kathe, con la que te podría ayudar?

    – Quiero que mi esposo me vea mientras me tocas, mientras me besas los senos, quiero que vea como me chupas el clítoris hasta hacerme gritar, quiero que me llenes de semen los senos y que él nos vea llegar tener un orgasmo.

    Quedo boquiabierto, se le hacía muy raro una petición de estas, pero al mismo tiempo se le hacía irresistible la idea de tener sexo conmigo sin riesgo a meterse en problemas.

    – Cuando quieras, me respondió, aunque creo que por retarme a ver qué tan enserio hablaba.

    – Vamos hoy, le respondí.

    Durante el camino a casa no hablamos nada, el silencio reinaba en el taxi, no sabíamos que decirnos, el nerviosismo se apodero del momento, yo no podía sino imaginar lo que estaba a punto de ocurrir, me temblaban las manos y se me agitaba el corazón como si fuera una niña que va a hacer algo malo, pero pensar en lo que se aproximaba me hacía entrar en calor, me excitaba mucho, creo que no habíamos llegado y ya mi panty escurría de lo excitada que iba. Llegamos, subimos, y como un novio que ve por primera vez a su suegro entró mi amante a casa y saludo formalmente a mi esposo. No quiero ni imaginar que se pasaba por la cabeza de los dos en ese momento, pero por la mía ya no pasaba más que imágenes sexuales de lo que quería que me hicieran. Sin mucho perder tiempo, mi esposo le ofreció un whiskey a Juan y le dijo: simplemente olvida que estoy acá.

    Entramos al cuarto, y muy tímidamente comenzó a besarme, le correspondí como sí lo hubiera deseado toda mi vida. Supongo que, de los nervios, y del saber que lo estaban mirando, le tomo un poco de tiempo poder ponerme las manos encima. Me acaricio la espalda, y yo acariciaba sus bolas sobre el pantalón, noté como tenía de dura su verga, quería salirse de allí, y eso que aún no comenzábamos. Le solté la camisa, le besé el pecho y comencé a soltar mi blusa. Lo hacía tan lentamente que la excitación lo hacía querer ayudarme a desnudarme.

    Con mis tetas al aire, me senté en el borde de la cama y comencé a soltarle el cinturón, le baje la cremallera y tire su jean al suelo, el caucho de sus bóxer no estiraba más, esa verga quería explotar. Antes de verla, voltee a mirar a mi esposo, quien estaba sentado tomando whiskey en una esquina de la habitación, a ver si en algún momento él se arrepentía y me pedía que no siguiera. Pero no paso, así que decidí continuar.

    Saque esa verga de su ropa interior para que pudiera extenderse a todo su poder, era la primera vez que veía una verga diferente a la de mi esposo, se le escurría una gota desde la punta, sin haberla tocado siquiera. Mire a Juan a los ojos, pero no se la bese, me recosté sobre mis codos en la cama, lo que le dio a entender que debía comenzar él y así lo hizo.

    Comenzó a besar mis tetas, las tenía duras de la excitación, lo hacía tímidamente pero muy rico, su lengua daba vueltas en mis pezones, después los subía y los bajaba, me mordisqueaba suavemente de vez en cuando, lo que me hizo olvidar que mi esposo estaba allí y relajarme a disfrutar, entregarme al placer que Juan me estaba provocando. Después de un rato, comenzó a besarme el abdomen, los costados, a soltarme el pantalón hasta que lo bajo totalmente, me besaba las piernas lo cual me hacía enloquecer, paso su lengua por la parte interna de ellas y llegó muy cerca de mi vagina, lo que me hizo soltar mi primer gemido, esa vagina que con lo mojada que estaba lo invitaba a seguir.

    Sin mucho pensar, quito mi panty y comenzó a pasar sus dedos por toda mi vagina, hacia arriba y hacia abajo, me estaba dando un placer increíble, no me di cuenta en que momento había perdido el control y ya no hacía sino gemir cual puta, me pasaba la lengua por todo rincón de mi vulva, se detenía en mi clítoris unos segundos y volvía a dar una vuelta, me tenía a mil.

    Entre tanto placer que me daba, me había dado un par de orgasmos maravillosos, como hacía mucho tiempo no los tenía, como imagine que no volvería a tenerlos. Se puso de pie y me levanto de la cama, dejándome sentada con la vista a la altura de su pene. Me tomo de la cabeza y me llevo de inmediato a él. En ese momento noté que ni Juan tenía ya timidez ni que yo tenía ya el control, estaba haciendo lo que él quisiera.

    Me metí esa verga a la boca y comencé a chuparla, como si fuera un helado que se derretía y mi tarea era no dejar que pasara, entraba en mi boca hasta el fondo, en ocasiones provocaba que me ahogara, sabía diferente al de mi esposo, era un poco más largo, pero un poco menos grueso, lo que lo hacía totalmente diferente, y eso me excitaba mucho, me concentre tanto en besarlo que quería que se corriera así, que me llenará la boca de semen, pero él tenía otro plan.

    Saco su pene de mi boca y lo coloco en medio de mis tetas (creo que es lo que más le excitaba de mi), cogió mis manos y me las llevo a ellas, indicándome que debía apretarle la verga con mis tetas, y así lo hice, comenzó su vaivén llevando la punta de su pene hasta casi mi boca, se movía cada vez más rápido y su respiración era cada vez más sonora, yo sabía que en pocos instantes mis senos estarían llenos de su leche, continúo moviéndose hasta terminar.

    La explosión de su orgasmo hizo que su primer chorro de semen cayera sobre mis labios, los siguientes cayeron en mi cuello, en mi pecho y tal como quería mi esposo, sobre mis tetas, sentía como circulaba su semen por entre su pene justo antes de volar hacia mí, desde su primer chorro estuve viendo a Juan a los ojos, su cara, su expresión de satisfacción y cuando termino de moverse, voltee a mirarme, no podía creer, mi esposo no eyaculaba tanta cantidad de semen como Juan, estaba literal cubierta de él, escurría mucho por el centro de mis tetas, escurría una gota por la punta de mis pezones y escurrían pequeñas gotas por su pene, desde la punta bajando por su glande, se las quite con mi dedo pulgar.

    De un momento a otro, recordé que mi esposo estaba allí, y lo voltee a mirar y estaba tranquilo mirándonos, note que se había masturbado y ahora tendría que limpiar el piso, pero no sé si había sido hace mucho tiempo, mi esposo termino y se sentó a dejarnos terminar.

    Los días posteriores a ello, sin haber hablado nunca del tema, note que el sexo entre nosotros había mejorado mucho. Y no tardó mucho tiempo en decir:

    – Ahora vamos a cumplir una fantasía tuya.

    Que será tema de un nuevo relato.

  • La extorsión de Luis

    La extorsión de Luis

    La historia que os relato a continuación fue en gran parte culpa mía por un error garrafal con un ordenador de mi empresa. En horas de trabajo, ingresé a la cuenta de red social que manejamos mi esposa y yo para nuestros encuentros liberales con otros hombres y por un olvido en cerrar la sesión iniciada; Luis, el informático de nuestra empresa, descubrió y rastreó el perfil en una limpieza general que le hizo al computador que solía manejar yo en mi trabajo y a partir de ahí ocurrió esa gran calamidad que os voy a relatar. Luis, es el típico trepa que suele haber en todos los trabajos, chivato, mal compañero y que su único fin dentro de la empresa es buscarse un ansiado ascenso para lo cual pisotea a quién haga falta y por eso ni que decir tiene está muy mal visto por el resto de compañeros. Encima, y por lo que me cuentan mis compañeras, es muy poco agraciado físicamente, algo obeso y suele visitar poco la ducha por el hedor que suele ir acompañándolo al cabo de la jornada laboral a lo que se le une lo salido que es pues ya alguna que otra compañera ha dado las quejas por sus continuos arrimones a ellas y miradas lascivas. Toda una joya que se le precie y lógicamente con esas señas de identidad sabemos que ni está casado ni tiene pareja estable, cosa por otra parte fácil de adivinar pues es un ser absolutamente despreciable.

    Una mañana, estando en mi trabajo es cuando recibo la fatal noticia, Luis no coincidía conmigo esa semana pues estaba de turno de tarde y veo en mi teléfono un mensaje y era un video de él. Yo que apenas tengo contacto con él me extraño en recibirlo y cuando lo abrí se me vino el mundo al suelo. Me vi a Luis en mi dormitorio sentado en mi cama junto a mi mujer y esparcidas por toda la cama, decenas de fotos de las que teníamos en nuestro perfil comprometidas de escenas de sexo con otros hombres.

    Le pregunté que era todo eso, la cara de mi esposa era un poema, y Luis muy socarrón me confesó que desde el ordenador de la empresa no se debía acceder a ciertos sitios pues las consecuencias pueden ser fatales, tanto íntimas o personales como laborales pues eso incluso podría acarrearme el despido de mi puesto de trabajo. Así que tanto mi esposa como yo estábamos a merced de la voluntad del seboso de Luis en tanto que ya por conversación telefónica, me comentó la de pajas que se había hecho pensando en mi mujer pues él deseaba encontrársela en las diferentes convivencias que solemos hacer al cabo del año en nuestra empresa por lo sugerente y buena que está. Frida es un portento de mujer, desde que nos iniciamos en el mundo swinger nunca nos faltaron pretendientes pues es una Milf en potencia, curvas por doquier en muslos, culo respingón y redondo y el remate de dos enormes tetones fruto de los dos embarazos que tuvo y que hacen las delicias mías y de todo buen macho que se precie pues le encanta salir escotada a la calle atrayendo miradas por donde va.

    Vista la situación, le pedí hablar con mi esposa a lo que éste gustoso le cedió el teléfono y mi mujer con la voz entrecortada tan sólo me espetó, que no había otra opción que aceptar lo que Luis pidiera.

    Mi impotencia fue desoladora, me fui al aseo y lloré de rabia por la situación a la que tenía que enfrentarse mi esposa y encima sin poder estar allí con ella. Luis muy astuto me dijo, cómo comprenderás no grabaré ni me tomaré fotos donde salga yo explícitamente de lo que va a ocurrir en breve en tu alcoba, pero siendo condescendiente a lo mejor te envío algo de la puta de tu mujer para que disfrutes del encuentro que vamos a tener.

    Recibí al tiempo varias fotos de mi esposa con lencería sexy y en tacones, y alguna de ellas ya de cuclillas mamando la verguita pues su dotación era encima ínfima del cabrón de Luis pero evidentemente sin mostrar su rostro. Al regresar a casa ya a la tarde, le pedí a mi mujer Frida que me contara que es lo que pasó.

    Con toda la frialdad del mundo, Luis la amenazó en no tener compasión en destruir nuestra vida social y laboral si no accedía a sus pretensiones sexuales, para ello, la obligó a lucir una lencería sexy de las múltiples que ella tiene y para ello la hizo probarse varios conjuntos hasta dar con uno de su agrado; Luís vino con una mochila, al abrirla sacó varios juguetes sexuales y se empecinó con una polla negra de unos 25 cm. Para que mi esposa jugara con ella mientras él empezaba a cachondearse, Mi esposa me hizo hincapié en su mal olor corporal y lo poco atractivo que era. Pasado un tiempo, fue cuando la puso de cuclillas frente a él y le obligó a chupar su ridícula polla, ya erecto no llegaba ni a los 14 cm, ella tuvo que con sus dedos pajearlo y le tiró el pellejo de su polla hacia atrás dejando al descubierto su glande y una mezcla de olor a orina y sucio que casi hace vomitar a mi mujer a lo que Luis con vehemencia la agarró del pelo y apretó fuerte contra su gorda barriga llena de pelos también su cara mientras éste movía sus caderas en ademán de estar follando la boca de mi mujer.

    Ella con lágrimas en los ojos no tenía otra opción, la extorsión que nos estaba haciendo Luis comenzó y la única ilusión de Frida y lo que se convirtió en su propósito fue en intentar que eyaculara lo antes posible para dar fin a esa violación que estaba sufriendo. Haciendo de tripas corazón, quiso revertir la situación mostrándose algo más complaciente con Luis para hacer creer a este que le estaba gustando y así ganarse su excitación para hacerle descargar la leche lo más rápido posible, así pues la mamada que le estaba dando empezó a coger brío y cuando encontró un ritmo más contundente el cerdo de Luis la apartó de golpe antes de que eyaculara… tonto no era y quería disfrutar de mi mujer a tope.

    La tiró encima de la cama y la puso a 4 y Luis como un león, se abalanzó a su culo y coño devorando con violencia ambos dando a mi mujer una extraña sensación de placer y daño a la vez, ya que con su cara enterrada dentro del culo de Frida, escupía, lamía y mordía sus glúteos, dedeaba su ano y absorbía los labios vaginales dando pequeñas mordidas a estos haciendo esa sensación de daño y placer a mi mujer a lo que este azotando su culo duramente le insinuaba que se estaba dando cuenta que le estaba gustando y que si ella quería podía llegar al clímax aunque siendo cruelmente sincero con ella, le confesó que no iba a buscar ni mucho menos el placer de Frida ya que consideraba que con la de pollas que se había follado ya ella, él era consciente que no iba a dar la talla y sólo quería su disfrute personal… y por eso vino acompañado de esa gran polla negra de látex, así que puso ese enorme pollón encima de la mesita de noche que por la altura le venía mejor y obligó a Frida a sentarse en ella mientras que él de pie en la cama recibía de nuevo otra mamada de Frida fajándose esta vez también con sus dos pequeñas bolas que tenía como huevos.

    A Frida no le gustan las pollas de látex, ya le regalé hace bastante tiempo una y apenas la usamos, dice que es demasiado fría y le gusta sentir el calor de la carne de la polla atravesando su coño así que de nuevo tuvo que armarse de coraje y casi con el coño seco tuvo que sentarse en ese pollón donde el dolor se vio considerablemente aumentado, ella jadeaba y animaba a Luis a darle su leche caliente y este con la mirada perdida solo acertaba a decir que siguiera chupando que es lo que le gustaba por zorra y ramera, la situación le pudo a Frida, y para estimularse, acarició su clítoris mientras se pegaba esos sentones en ese verga para así trasladar el dolor al placer y a su vez pudo hasta conseguir un leve orgasmo ante el asombro de Luis a lo que este reaccionó tumbándose en la cama y obligando a Frida a cabalgar su mini polla y ahí con la iniciativa por primera vez llevada por ella, cabalgó duramente su verga buscando acabar rápido mientras este mordía sus tetas y las abofeteaba mientras Frida llena de odio le agarraba con fuerza por el cuello con ambas manos y Luis al sentirse obligado la volcó a un lado de la cama y de ladito pretendió sin éxito clavar su pollita por el culazo de Frida; era demasiado culo como para una verguita tan pequeña querer clavarla en esa postura, entonces la insultó llamándola putona y que quería romperle el culo a lo que le pidió de nuevo ponerse a 4 y ya así mi mujer sintió esa polla invadiendo su culo sin apenas llegar a sentir placer, para ella tener esa verguita dentro de su ano era como cuando un buen macho le mete solo la punta en su ano.

    En el vaivén, pellizcaba sus tetas mientras la clavaba y ya le reconoció que tenía ganas de venirse e invitó a Frida a pedir donde quería su leche caliente, ésta, para evitar contratiempos, la pidió en sus tetas o en su cara y el maricón de Luis al escucharlo no pudo aguantar más y en repetidas ocasiones gritó descontrolado “me corro”, “me corro”… y siguiendo el patrón de crueldad de su malvada extorsión ,de golpe se la sacó del culo y acto seguido y sin esperarlo Frida igualmente se la introdujo en su coño y recostó su pecho en la espalda de Frida para inmovilizarla mientras eyaculó hasta la última gota dentro de su coño mientras Frida le gritaba “Nooo” Nooo”. Al sacársela después de estar largo tiempo encima de la espalda de Frida para recuperarse, notó por el muslo de Frida parte de su corrida y con un dedo la recogió y se la ofreció a la boca y ella con todo el asco del mundo no tuvo más remedio que tragárselo. Por último, el cerdo de Luis sabiendo que era un delito lo que cometió juró a mi esposa que no iba a volver a ocurrir y que ya tenía otros objetivos dentro de la empresa para continuar con su depravada vida sexual con lo que nos dio a entender que no era la primera vez que hacía algo similar.

  • Cómo disfruté al novio de mi hija (1)

    Cómo disfruté al novio de mi hija (1)

    Era 2017, estaba regresando a la casa por unos documentos que necesitaba para hacer un pago en el banco, los había olvidado en mi apuro porque no se me pasara la fecha límite. Estacioné fuera del garaje, así sólo me subía a la camioneta y me iba, lo cierto es que hice mucho ruido al entrar, me sorprendería que Karolina y Caleb, mi hija y mi yerno respectivamente, no me escucharan, pero los gritos de placer de Karito cubrieron el azotar de la puerta. Santo Dios, nunca había escuchado a mi hija gritar así, su hermosa voz siendo torcida y erotizada por el pene de mi yerno. No pude evitarlo, era tanto grito y gemido que tuve que acercarme al cuarto a ver qué estaban haciendo, mis pezones duros mientras subía las escaleras y mi vagina húmeda en cuanto vi lo que vi.

    Pude ver cómo un cuerpo moreno, tonificado y musculoso se movía encima de mi hija, la piel blanca de Karolina, sus brazos delgados y lo delicada que parecía debajo de Caleb… Lo estaba recibiendo como una campeona, pues Caleb se movía rápido y sus caderas golpeaban sin piedad las piernas abiertas de Karo. No podía ver su pene, pero sí el par de huevos más grandes y negros que nunca hubiera visto. La voz quebrada de Karolina, sus gritos ocasionales, esa espalda musculosa, esos huevos, el tronar las nalgas de mi hija y los huevos de Caleb meciéndose… Estaba empapada, mis bragas húmedas como nunca lo habían estado.

    Y cambio de pose. Caleb se puso de pie sobre la cama y pude ver por primera vez al hermoso que le colgaba entre las piernas. Era oscuro y grueso y venoso y largo. Frente a mí y dentro de mi hija, esos 23 cm de verga se explayaban, sin condón. Caleb se abrió de piernas y echó hacia enfrente las caderas, acercando su monstruo a mi hija, Karo lo tomo con ambas manos y jaló de él para levantarse, a mi hija le temblaban las piernas y tenía la cara congestionada, sus ojos llorosos. Caleb acomodó las almohadas y se acostó con la espalda recargada en ellas, sus piernas abiertas, esperando que Karo se sentase en su enorme pene. Le dio una mano a Karito y ella le dio la espalda, hizo cuclillas hasta que el glande tocó sus labios vaginales y se dejó caer lentamente sobre las manos de Caleb, que junto a su pene soportaban todo el peso de Karo. Lo que siguió fueron unos cortos cinco minutos de Caleb moviendo sus caderas, manoseando a mi hija y desviviéndose por complacerla. Fue al final de esos 5 minutos que Karolina gritó a la vez que se reía, se impulsó con los brazos para ponerse de pie y comenzó a correrse, manchando la alfombra y la sabana. Caleb se apresuró a arrodillarse sobre la cama tras de Karo y, poniéndole una mano debajo de la vagina, pudo redireccionar los chorros de fluidos de Karolina, pudiendo así abrir la boca y recibirlos directamente.

    Después de eso, Caleb se quedó así, arrodillado, abrazando las piernas de Karo con su cara en medio de sus nalgas. Mi hija respiraba aceleradamente y se notaba cansada, se llevó la mano a las piernas y después empezó a acariciar el cabello de Caleb.

    -¿Si pudiste esta vez, bebé? -Preguntó Karolina.

    Caleb sacó la cara de entre la raja de Karo y untó una mejilla en sus nalgas.

    -Sí, amor, esta vez sí me vine.

    -A ver, déjame checarlo.

    -Karo, en serio, créeme.

    -¿Por qué no dijiste nada entonces?

    – No me diste tiempo, en seguida te levantaste.

    Vi cómo Caleb arqueaba los ojos mientras Karolina se agachaba y tomaba su pene. Lamió el glande unas tres veces y después le dio un fuerte manotazo a Caleb en el hombro.

    -No me mientas, pendejo.

    -Es que me cuesta mucho…

    -No fuera con Karina, ¿verdad?

    Contexto: Karito y Caleb habían hecho un trío con una amiga en común y mi yerno se la pasó eyaculando esa noche.

    -Eso es diferente, estaba cumpliendo una fantasía.

    -Ajá, o sea que si el niño no cumple su berrinche, no puede correrse.

    Hubo un largo silencio en el cual Karo se puso de pie y bajó de la cama en dirección al baño de su cuarto. Caleb alcanzó a agarrarla de la mano y no la dejó ir por más que Karolina se esforzó.

    -No me sé el nombre de los papás de Karina, nunca he jugado con sus hermanitos, tampoco se sabe el nombre de mis perros, nunca la llevaría a conocer a mi mamá, tampoco me gustaría despertarme cada día de mi vida a su lado. De verdad, Karo, no es que no me gustes, casi siempre soy yo el que empieza con esto -Le acarició una nalga a Karo- es sólo que me cuesta mucho eyacular. No es culpa tuya.

    Karolina se dio la vuelta y abrazó a Caleb, mismo que apoyó su cabeza sobre los pechos de mi hija. Tenía tiempo sin verlos, 34d, eso lo sabía, pero eran pechitos hermosos con areolas grandes y casi invisibles y un pezón chiquito, las tenía lelas igual que yo.

    -Acuéstate -Le dijo Karo a Caleb.

    -No tienes que hacer eso.

    -Quiero hacerlo, acuéstate.

    Caleb se acostó y abrió las piernas, Karo se acercó y levantó las nalgas de su novio, dejando expuesto un ano bien rasurado.

    -Avísame cuando te vayas a venir, ¿ok?

    -Ok, amor.

    Karo entonces, sin pudor ni duda, metió su cara entre las piernas de Caleb y comenzó a mamar su ano. Su lengua recorrió la parte exterior del culo, lametazos fuertes que hacían a Caleb contraer las caderas, pero se mantuvieron rígidas y temblorosas cuando Karo metió su lengua directamente. Joder, nunca había pensado en mi hija como una persona sexualmente activa y ahí estaba, mamando el culo de un hombre que recién le había dado un orgasmo, el cuarto apestando tan fuerte a sexo que el olor me llegaba a mí fuera de la puerta. Todo el cuerpo de Caleb gritaba placer, su pene estaba venoso, más que antes y palpitante, sus músculos de las piernas rígidos y sus ojos volteados mientras mi hija preparaba un orgasmo para él.

    Y el orgasmo estaba por llegar. Cuando Caleb le avisó, Karolina lo tomó de los huevos con fuerza y se los retorció para retrasar la eyaculación, Caleb la miró con ojos suplicantes mientras su pene palpitaba como loco. Karo se tomó el tiempo de apuntar la enorme verga de Caleb en dirección a la cara y finalmente soltó los testículos, dejando que Caleb eyaculara en su propio rostro una exagerada cantidad de espeso esperma.

    Karo procedió a acostarse encima de su novio y recolectar con la lengua todo el semen que recién había salido de su pene y, abriendo la boca para mostrárselo a Caleb, se lo tragó.

    Lo que siguió fue un largo beso, una plática en la que planeaban la limpieza del cuarto y una alarma para poder dormir hasta una hora antes de que los niños salieran de la escuela.

    Así fue como mi hija, con tan sólo 18 años, demostró que ya estaba más recorrida que yo con el doble de su edad.

    Pero yo noté una cosa muy sencilla. La razón por la que Caleb no se corría era Karolina, lo terrible que era en el sexo, para ser más específica. Quizá fuera buena para mamar culos, pero no para ser penetrada ni jugar con su hombre en la cama. Y Dios sabe que yo llevaba ya casi media década sin que mi hombre me cumpliera.

    Así que, si a Caleb su mujer no le cumplía y a mí mi hombre no me cumplía…