Autor: admin

  • Mi amigo de 22 años me coge en la calle

    Mi amigo de 22 años me coge en la calle

    Tuve un buen amigo que su nombre es Osvaldo.

    Nuestra relación de amistad fue un poco extraña, él me trataba como su amiga, pero eran notorias las ganas que me tenía, yo en ese entonces tenía 34 y el 23, soy 11 años mayor y era mi fiel escudero.

    Pasó de declararme su amor a cada vez que tenía oportunidad manosearme, yo no le decía nada, ya que no me desagradaba tanto, además siempre pensé que los amigos se pueden tocar, total, no pasaba de eso.

    Poco a poco se fue desenvolviendo más, pasó de ser un tipo raro a llamar la atención, sé que él empezó a tomar y bailar por mí, hasta su forma de vestir cambió.

    Una noche fuimos a tomar y charlar, la verdad el ambiente era muy bueno, bailábamos y todo era alegría.

    La verdad el alcohol, ya me había dominado, Osvaldo ya estaba de chicle como acostumbraba, podía sentir su pene erecto, me acariciaba las nalgas y me besaba el cuello, la espalda y los hombros, no sé porque, pero eso más que molestarme comenzó a excitarme.

    C: ¡Ya cabrón! ¡Deja de manosearme!

    O: Perdón, pero no lo puedo evitar, me pones a mil.

    C: ¡Ya, somos amigos ok!

    O: Lo sé, pero una cosa es eso y otra cosa es el deseo que te tengo.

    La verdad me halagaba eso, continuamos bailando y tomando como hasta las 3 de la mañana, ya ebrios nos fuimos caminando a mi casa ya que era la que nos quedaba ms cerca.

    O: ¡Pinche Cindy!

    C: ¿Qué onda?

    O: ¡Te deseo un chingo, dame un chance!

    C: ¡Ya cabrón, además eres un peque!

    O: Jajá y eso que, la edad solo es un número.

    Estaba a punto de mandarlo al carajo cuando se me ocurrió calentarlo un poco, me acerque a él y le permití abrazarme por atrás, sentí su erección a tope, el pobre ya no aguantaba, moví un poco mis caderas lo cual él respondió con un beso en mi oreja, tomé su mano y la llevé a mi teta, eso lo hizo ponerse más duro.

    O: ¡Dios, que rica!

    C: Jajá, nunca tocaras otra así.

    Una vez dicho eso, lo aventé y con una sonrisa me distancia caminando enfrente, justo cuando pasábamos por el camellón de un parque, él me tomó con fuerza y me jaló hacia el camellón, ahí me besó, yo forcejeé un poco con él, pero él estaba muy caliente.

    C: ¡Espérate!!

    O: Déjame hacerte mía.

    C: ¡Basta!!

    O: ¡Estas buenísima!

    Me arrinconó en una barda y me besó a fuerza, sus manos apretaban mis nalgas y mis piernas, sentía como su pene duro estaba por estallar, no sabía porque era tan fuerte, solo sabía que estaba a punto de violarme.

    Me besaba el cuello, yo ya no sabía qué hacer, me quitó la sudadera que me cubría y bajó a mi escote, yo cerraba mis ojos, prácticamente permití que me hiciera suya…

    O: Cindy estas buenísima, ¡que ricas tetas!

    C: ¡Ah, Osvaldo!!

    O: ¡No sabes cuantas ganas te tengo!

    Me levantó la blusa y sacó mis tetas de mi brasear, las lamia como desesperado, yo gemía, él era bueno con su lengua, yo volteaba a todos lados, aunque era de madrugada me daba pendiente que nos descubrirán.

    Él se daba gusto lamiendo mis tetas y sobando mi vagina por encima de mi licra.

    O: ¡Deliciosa!

    C: ¡Chupas bien!

    O: ¡Aun no es nada!

    Él bajó su lengua por mi abdomen y de sopetón me bajó la licra y la tanga, su lengua lamía mis muslos, olía mi vagina, para después darle lamidas, poco a poco abrió mi vagina con sus manos y luego metió su lengua, me chupaba magnifico, la verdad eme estaba empezando a gustar su trabajo oral.

    C: ¡Ah, que rico!

    O: Eso, disfruta.

    C: ¡Eres un cabrón!!

    O: Hermosa vagina, ¡ya la quiero penetrar!

    Se puso de pie y mientras se baja su pantalón me besaba, sacó un pene súper erecto y húmedo, no la tenía mal, era de tamaño mediano, unos 17 cm, ¡pero de buen grosor!

    Mientras me besaba, me tomó de la cadera, y llevó su verga a mi vagina, por lo mojada que estaba no le costó trabajo y me penetró, al sentirla una adrenalina me recorrió, su grueso pene se sentía genial.

    O: ¡Oh, que rico!

    C: ¡Ah, uf!

    Se movía muy rico, su pene me estaba dando mucho placer, nos besábamos salvaje, la verdad él besaba muy rico, no podía creer que un chamaco de 22 años me estuviera cogiendo.

    Me sacó su pene y me dio vuelta, me levantó la pierna y me la metió de golpe, me encantaba sentir su dureza en esa pose, yo jadeaba y gemía, él hacía lo mismo, me jalaba el cabello y me mordía la oreja, besaba mi espalda y me apretaba mis tetas, me estaba dando una rica cogida.

    C: ¡Así, que rico, ah!

    O: Soñaba con esto desde que te conocí.

    C: ¿En serio?

    O: Tus piernas, tus nalgas, tu cara, ¡todo me encanta!!

    C: ¡Ah, cógeme, ah, cógeme!!

    O: ¡Oh, toma, ah, toma mi verga!!

    Mi amigo me estaba dando rico, se notaba que estaba disfrutando lo que tanto había deseado, de haber sabido que cogía rico, le hubiera permitido hacérmelo desde hace tiempo.

    Él se pegó a la pared y tomándome de los hombros, me empujaba hacia él, eso me hacía sentir más su verga, yo movía mis caderas, ya no me importaba que nos descubrieran, estaba gozando, estaba sintiendo muy rico.

    O: ¡Así, que rico te mueves!

    C: ¡Dámela, agh, no pares!

    O: ¡Eres la mejor, ah!!

    C: ¡Ah, dámela, dámela!!

    Había una jardinera con unas bancas de concreto, él sin sacármela me llevó hasta ahí, donde poniendo mi sudadera de cobija subí y me puse de perrito, él disfrutaba dándome en esa pose, me daba de nalgadas, me empujaba con fuerza, yo le rogaba que lo hiciera más fuerte, me encantaba como se movía, ambos éramos unos salvajes depravados, los gemidos eran fuertísimos, en cualquier momento nos descubrirían, pero eso no importaba ya.

    C: ¡Ah, Osvaldo, ah!

    O: ¡Ahí viene alguien, ah!

    C: ¡Sácala, ah, ya!

    O: ¡Ni madres, toma, toma, agh, me vengo, agh!

    C: ¡Agh, Osvaldo, agh!!

    Su semen salió disparado, como buen joven, me llenó de bastante, era espeso y caliente, yo gustosa moviendo mi cadera recibía su néctar, él jadeaba de placer y a lo lejos se notaba la presencia de alguien pero el orgasmo no se detuvo.

    El orgasmo aun no pasaba, cuando nos vestimos con velocidad, nos acomodamos la ropa y salimos del camellón, escuchamos los pasos de alguien, pero no nos detuvimos, ya más cerca de mi casa, con una satisfacción enorme platicábamos de lo sucedido, él estaba orgulloso de haberme cogido y la verdad admito que me gustó que me penetrara.

    Esa fue la única vez que cogimos, Osvaldo se fue a vivir a Monterrey, no sé si aún somos amigos ya que tiene tiempo sin escribir, pero esa noche jamás la olvido, la noche que mi joven amigo me violó en la calle.

    Con cariño su amiga Cindy.

  • Asistente de recepción

    Asistente de recepción

    Me llamaba David Hurtado cuando ocurrió esta historia. Trabajo en un hotel, un resort en la zona de playas, con vista al mar. Soy asistente de recepción o como suele decirse, uno de los cinco botones de mi turno que atendemos al personal desde recepción hasta su habitación, también si necesitan los huéspedes algún extra a destiempo, ahí estamos nosotros. Mi jefe inmediato es Jaime, el recepcionista, con quien coincido siempre en el mismo turno junto con Felipe, Manolo y otros dos muy estirados, Chema y Angulo, pero nada guapos. Felipe y Manolo son guapos y humildes. Yo soy, rubio, no estoy mal, pero debo parecer muy guapo, dice Felipe, porque las mujeres me miran y comentan, lo que pasa es que no me doy cuenta de eso porque las mujeres no me van, aunque sí pagan…, no me duelen prendas. Pero quizá parezca más guapo de lo que en realidad soy por el cabello rubio oro intenso. Soy delgado, mi abdomen es plano sin cuadros ni tabletas, pectorales pronunciados con unos pezones agudos quizá de tanto tocarme; mi culo es de gimnasio porque allí lo he modelado y en mi polla cuelgan 16 cm en reposo paralelamente con los huevos, ni hecho a medida.

    Los de mi turno, en algún momento en que no hay mucho movimiento en recepción, nos reunimos en una salita a ver televisión o a jugar a cartas para estar a mano cuando se nos necesite; mi jefe, Jaime, habitualmente me requiere entonces para follarme el culo. ¡Joder!, las primeras veces su polla me parecía tan enorme, pero tan enormemente grande y gruesa que sentía como si me estuviera partiendo por la mitad, parecía meterme por el culo la pata de la mesa del comedor de mi abuela. Todo acompañado con una paliza con un abanico grande cerrado que tiene siempre a mano, para hacer las cosas fáciles. No podía creerlo de tanto que me dolía y sólo podía imaginar el daño que le estaría haciendo a mi coño con sus estocadas. La paliza atenuaba el sentido de la estocada, pero yo pensaba que me destrozaba el «culo-coño» al sentir tanto dolos en mis nalgas. Entre otras cosas, a él le gustaba pegarme a mí porque yo no gritaba, ni me quejaba y porque yo era delos que le besaba agradecido después de follarme.

    ¡Mierda!, ayer cuando aún eran las 2:00 p.m., y el recepcionista me había dicho que me iba a tener toda la noche, que iba a hacer una fiesta más tarde para sus amigos y que se esperaba que yo también los entretuviera… ¡Joder, joder!, por la forma en que estaba destruyendo mi ano, me parecía que mi agujero sería un desastre ya antes de que llegara ninguno de los invitados. Y si alguno de los amigos de este tipo la tenía tan bien colgada como él, yo estaría fuera de juego toda la semana siguiente, cosa que no puedo permitirme, porque me pagan por horas trabajadas y con tarjeta marcada.

    Bastantes tíos que se alojan en el hotel suelen preguntar al conserje si es posible conseguir algún chico que les pudiera acompañar, Jaime siempre me envía a mí. ¿Cómo es que Jaime, el recepcionista, siempre se las arregla para engancharme con los tipos que tienen penes como de burro? Si somos cinco los botones que asistimos a recepción y a recados y los cinco estamos de guardia, somos además cinco sementales dispuestos a agacharse y tomar una polla dura en nuestro cagadero cada vez que un huésped tiene la necesidad de follar un coño, pero ¿por qué siempre parece que me tocan los que tienen pollas matadoras? Quizá debiera hacerme un poco más amigable con Jaime, quizá si me dejara follar por él cuando quisiera, tal como lo hacen Felipe y Manolo, en lugar de darle largas, conseguiría otro trato. Al parecer ellos consiguen que estos penes monstruosos y destructores de coños no pasen por ellos, porque están muy disponibles para Jaime. ¿No debiera hacer yo lo mismo?

    Jaime es un tanto espeluznante y la verdad es que nunca me agacharía para que él me follara, pero si eso es lo que tengo que hacer para que mi agujero de mierda no se convierta en papilla cada semana, tendré que aguantarme y dejar que Jaime me folle cuando quiera. Por lo que dice Manolo, Jaime anda algo corto de dinero, por lo que pienso que tratar de dominar su polla no será mayor problema, aunque Manolo dice también que Jaime compensa su pequeña polla con una paliza en el culo antes de comenzar a follar, ¡que me digan o lo cuenten, puta mierda! Si a mí me parece grande y a él pequeña, ahora entiendo la paliza de Jaime para enrojecer mis nalgas. Bien pensado es preferible tratar con Jaime que me deja el culo dolorido antes que con los clientes que me lo destrozan y me lo dejan…, ¡maldita sea la puta que los parió!, me dejan un coño arruinado y estirado, ni que fueran marqueses, digo yo, en el uso del «ius prima nocte».

    Sí, voy a ser más amigable con Jaime de ahora en adelante, lo veo necesario, aunque antes tengo que sobrevivir esta noche, porque ya tengo destrozado mi pobre coño y no me va a ser fácil. ¡Mierda! ¡Mierda! He tenido un montón de pollas grandes y bastantes con golpes duros en mi turno. Así y todo la polla de Jaime ha sido la más grande y gruesa que me han metido en mi coño hasta el presente. Y me duele todo un infierno de tanto que arde. De verdad que sí.

    De todas formas solo he de relajarme, estar acompañando a Jaime por si le vuelve a apetecer follarme, ignorar el dolor y hacer que este cabrón se corra antes de que destruya totalmente mi puto culo. Tengo una noche terrible por delante, ya lo veo. Pero de alguna manera tengo que superarlo. Pero después de esta noche, seré mucho más amable con Jaime. ¡A la mierda!, incluso me cambiaré con él si es necesario, pues sé que lo desea. Porque una cosa se me ha quedado clara, que no pasaré otra noche como la de hoy. Simplemente no puedo. Sí, me gusta que me follen, llega un momento que es de mucho placer, pero no tiene gracia que destruyan mi culo primero y luego todo mi coño. Por muy marica que sea uno, pues, no, claro que no,

    Hoy he llegada a casa muy maltrecho. Ni Jaime ha podido follarme más, ni él ha podido disfrutar con sus amigos. Había mucho trabajo en recepción. Primero me ha enviado a mí con sus amigos. He estado como una hora aguantando pollas en mi trasero y todos se han venido, como dos veces cada uno, sobre mi cuerpo. Todavía estaban sanos y no han sido muy violentos. Me ha sustituido Angulo porque yo tenía que atender un cliente que llegaba en breve, ya era casi media noche. El cliente, Mr. Caulfield, 42 años, londinense, muy rubio, piel muy blanca, buena polla, más grande que la mía y menos gruesa, delgado, nada gimnástico, sin pectorales en relieve, cariñoso y totalmente gay.

    Se había hecho servir cena fría para dos, parece que le falló alguien porque decía algo así como mirándome:

    — He has missed it, I have earned it, you are more handsome.

    Me pidió que me desnudara y me lavara el culo. Entendí perfectamente y lo hice mientras él me miraba. Me ayudó incluso a secarme con la toalla, salí descalzo y desnudó, me miró por todas partes y solo decía sin cesar:

    — You are very handsome.

    Quizá lo decía por halagarme o por contentarse. Me hizo llevar la bandeja con la comida fría en el plato a la cama. Mientras yo preparaba su plato, se desvistió y se quedó en bóxer azul con rayas horizontales de colores. Me hizo sentar frente a él y comenzó a comer. Al segundo bocado me alargó el tenedor con una pequeña chistorra, abrí la boca y me puso el tenedor bajo los dientes, mordí la chistorra y me la comí. Me hizo preparar una copa de vino. Se la di, sorbió y me la pasó para que bebiera. Lo hice. Me fue dando de comer y beber y una de las veces que preparé otro plato me senté junto a él. Entonces ya estaba él más animado y me dio de comer tomando las cosas con sus dedos. Entramos en confianza y yo chapurreando el inglés hotelero le di conversación. Fue entonces cuando me dijo que al acabar de cenar quería hacer el amor conmigo, pero me rogó que lo follara yo porque él es más de abajo (pasivo). Me tocaba la polla de vez en cuando y le iba dando consistencia de dureza. Yo ya me había calentado y en el postre le di trozos de pastel en mis mano a su boca. Me sonreía y tomé la decisión de darle un trozo de pastel un poco más grande y estamparle un beso en sus labios, abrió la boca y le robé un trocito de su bocado. Le gustó y comí el resto de su boca.

    Retiré todo de la cama e iniciamos las previas. Le besaba todo el cuello, pecho, lamiendo sus pezones, bajé a besar su abdomen y comencé a sacarle el bóxer con los dientes como una puta para calentarlo más. Previamente mordí con suavidad su polla por encima del bóxer mientras él acariciaba mi espalda. Saqué su bóxer y lo miré sonriendo para indicarle que me gustaba lo que veía. Me dio un preservativo, aunque yo llevaba, y me dio lubricante KY, que yo no tenía. Le dilaté el culo haciéndole gemir con uno, dos y tres dedos y con abundante lubricante. El masturbaba mi polla y le puse una chorretada de lubricante en todo el eje.

    Se había tumbado de espalda a mí con el culo en alto para que lo lubricara bien, se dio media vuelta y levantó las piernas. Quería verme follarlo. Me arrodillé delante de su culo y lo agarré por la cintura arriba y descansó sus piernas en mis hombros, solo tuve que acercarme, ajustar mi polla a su agujero y comenzar a penetrar aquel culo de pelos rubios de modo dulce y suavemente. Él hombre gemía suave más por gusto que por molestia. No encontré resistencia y mi polla se escapó sola por la rampa anal. Llegué muy al fondo y gimió de gusto. Me quedé quieto hasta que sonrió. Con extremada suavidad inicié el mete y saca uniformemente acelerando hasta follarlo y hacerlo estremecer. Se puso tenso, apretó el esfínter, me hizo su prisionero y comencé a sentir espasmos que me iban a llevar al orgasmo. Lo notó y se retorcía hasta que llenó mi pecho y mi abdomen de su lefa, incluso un grumo largo en mi pelo, frente y ceja. Eso mismo me aceleró para llegar al orgasmo. Y llené su recto de mi leche. Ni me podía imaginar que después de lo vivido a las 2:00 pm, a once horas y media después, pudiera soltar siete disparos fuertes, en palabras de Mr. Caulfield.

    Estaba entusiasmado. Entramos al baño, me duché mientras él sacaba mi lefa y la mandaba a la mierda por el inodoro. Yo oriné abundante en la ducha. Salí, me ayudó a vestirme. Me hizo abrir el champaña y brindamos los dos. Me dijo que tenía que madrugar para hacer su trabajo y añadió:

    — Will you be tomorrow night?

    — Tomorrow I rest, if you wish, I can come.

    — Do you rest tomorrow?

    — Yes, sir, but if you wish I can come.

    — Tomorrow I would like to fuck you.

    — Very well, what time do I come?

    — Do you come at… 9:00 at night?

    — Yes sir.

    — He invited you to dinner, then you take me to a disco to dance and have a whiskey and we come to the hotel.

    — Sir, I escort you to the door and entered through the service door, okay?

    — OK beautiful boy.

    Me bajé los tres pisos hasta la recepción por la escalera feliz, sin pensar en nada más. Todo se me puso difícil cuando Jaime me comunicó que sus amigos me esperaban. Fui, llamé y abrió uno de ellos en calzoncillos. Me esperaban ya borrachos casi todos ellos. Estaban desnudos y el que me había abierto se quitó sus calzoncillos. Nada había que pensar: me desvestí delante de ellos, me agaché de culo a ellos como ofreciéndoles via libre hacia mi culo y me follaron todos violentamente, es decir, me violaron varias veces, me echaron al suelo cuando ya no me sostenía de pie, se masturbaron y me llenaron de semen todo el cuerpo. Me dejé hacer, me abandoné con mis pensamientos puestos en Mf, Caulfield. Unos ya se cayeron al suelo, otro en un sillón todo despatarrado. Uno me recogió del suelo y en sus brazos me llevó a la cama. Me folló duro, grité. No sé qué más hizo, porque me dormí. A las 5:00 am, desperté cuando ellos estaban despatarrados por doquier. Salí e la habitación y fui a mi casillero, me duché rápido y todavía pude despedir a los que salían temprano. Acabamos a las 11 la jornada de 24 horas. Jaime me preguntó por el inglés y le dije sólo:

    —Muy bien.

    Me preguntó por sus amigos y le respondí:

    — Unos putos del todo indeseables.

    No le gustó que dijera la verdad, pero ya no preguntó nada más.

    Cuando se enteró que yo había acompañado al día siguiente al inglés, me destinó a los hombres de grandes pollas. No pude hacer más amistad con él porque fue despedido por diversas trapicherías. Al despedirse, se disculpó conmigo y me dijo:

    — Eres el único que no se ha quejado de mí.

    Pero se equivocaba. Solo que respondí a lo que me preguntaron sin exagerar la nota.

    Mr. Caulfield hizo otro viaje a España. Me llamó para que viajara a Madrid y encontrarme con él. Magnífico. Le gustó alternar el juego sexual conmigo, ahora penetro yo, ahora tú, y en esa ocasión le mamé la polla, le gustó e hicimos un 69 antes de comenzar a follar. Muchas cosas se arreglaron ahí y mucho ha cambiado mi vida.

    En la actualidad vivo en Londres, ayudo en todo a Mr. Caulfield. Soy feliz. Cada día pongo a lavar nuestras sábanas, porque Jimmy y yo lo pasamos muy bien. Ahora me llamo David Caulfield, mi esposo es Mr. Jimmy Caulfield. Y mi culo ha recuperado su salubridad, y eso que a diario la polla de Jimmy entra en mí culo, pero con amor, con mucho amor, con inmenso amor.

    Ahora cuando viajamos, buscamos dos chicos para jugar los cuatro, nos gusta más así que si somos solo tres.

  • La otra Marta (III)

    La otra Marta (III)

    Al abrir los ojos y enfocar la vista, un escalofrió me despertó del todo, estaba sola en la cama, me di cuenta de que debía de ser avanzada la mañana por la luz que entraba por la persiana. Había dormido y lo que era más importante, de un tirón, ambos lados de la cama estaban fríos, señal de que hacía tiempo que estaba sola, me estiré en la cama para desentumecerse un poco e intenté recordar el porque y el como.

    La presión, el escozor entre mis nalgas me sacó de dudas, note la presencia de aquel objeto extraño en mi interior. Incrédula y para asegurarme, pasé la mano por la tela de la braga, mi tacto no me engañaba. No era la primera vez que usaba un juguete como aquel, pero aquello había sido diferente, si al principio me resultó incomodo, supongo que por el sueño la presencia de aquel plug en mi interior apenas me había molestado. Me tembló la mano, cuando me di cuenta también del collar que llevaba puesto.

    Cierto que era y soy una adicta incondicional al sexo, a tener relaciones sobre todo furtivas, esas que duran lo que duran y luego cada uno retoma su camino sin mirar hacia atrás. Pronto tuve claro que había una gran selección de placeres eróticos y sexuales, sin rechazar si venían tanto del sexo masculino o femenino, aunque hacía tiempo prefería más este último, de ahí que me resultase difícil establecer contactos medianamente serios. Había tenido fantasías y algún pequeño escarceo con el tema de la sumisión, pero nunca me lo había planteado en serio. Sonreí y me dirigí al cuarto de baño, empezaba a tener cierta necesidad, me bajé la braga y cuando en el espejo pude apreciar entre mis nalgas el brillante de la base del plug, me dije: ¿hasta qué punto estaba dispuesta?  

    Al verme reflejada en el espejo, desnuda y con el collar, mis dedos acariciando mí raja, volví a sentir un escalofrío que erizo mi piel. Los buenos días de Marta, entrando en el baño y con una sonrisa en la cara me devolvieron a la realidad.

    -Te sienta muy bien el collar ¿te gusta? -Mirándome a través del espejo.

    No puedo evitar fijarme en ella. Su pelo recogido en una coleta, la camiseta súper ajustada completamente sudada. Sigo para abajo, pantalones cortos de licra, marcando su culo, venía de hacer footing.

    -Mucho -La miré un poco asustada, esperaba una reprimenda, por tener el plug en la mano.

    -Tranquila, ya as echo un gran esfuerzo -Había leído la expresión de mi cara.

    Me comentó que Sole, hacía un buen rato que había marchado, cuando se despertó fue al baño, cogió su ropa y se vistió. No se la veía molesta por lo ocurrido, le dio las gracias por todo y que esperaba verme en la boda de Irene. Se despidió dándole un abrazo y repetidos besos.

    Me preguntó cómo me encontraba. Le respondí que bien, solamente que tenía cierto escozor en las nalgas. Tiró de mí y me besó apasionadamente hasta que me temblaron las rodillas, jadeé sin respiración cuando cortó el beso igual de rápido que lo había empezado. Sus ojos se clavaban en los míos sosteniéndome la mirada, se relamía los labios. No me lo pensé, no podía aguantar más y sin más comentarios

    Mis labios presionados contra los tuyos. La besé fuerte, suspiró, agarré su garganta y la besé más agresivamente. Ella gimió en mi boca, le besé la cara, me detuve para morderle la mandíbula, luego la besé en la garganta. La lamí hasta la oreja y le mordí el lóbulo.

    -Toma lo que necesites -Ella habló

    Olfateando, su olor era intenso por el sudor, olía a hembra. Me puse de rodillas delante de ella tirando del pantalón y desplacé la diminuta braga hacia un lado. Apenas con ese leve contacto pude notar como se estremeció, en mi mano percibí el calor y la humedad de su vulva.

    -Soy todo tuya…, caprichosa -Me sentía perversa, poderosa, abrí la puerta de la mampara y me introduje con ella dentro de la ducha, debajo del agua el resto de su ropa se empapó y cayó al suelo

    -¿Qué haces? -Preguntó sorprendida.

    -Mojarme contigo.

    Sonrió separando las piernas, besé la parte interna de los muslos y le dí unos mordisquitos con suavidad, jadeaba. La tenía a mi merced, me lo decía la predisposición de su cuerpo. Era yo quien ahora dominaba y me encantaba aplicarle esta dulce tortura. Paseé mi lengua por entre sus labios exteriores, colgaban prietos como alas de mariposa, pegados uno contra el otro, abrí más sus piernas para que se separen, apareció el clítoris brillante por encima de ellos.

    Acerqué mi nariz y una ráfaga penetrante de olor a coño entró por mis fosas nasales. Le chupé la vulva con tal voracidad que mientras profería insultos, cerda, puta… se retorcía, gemía, en pocos minutos tuve el rostro impregnado de líquido mezcla de flujos y sudores, sabores dulces y salados.

    -Quiero más… -Mientras se apoyaba en la pared dándome la espalda

    La entendí y dejé ir mi mano, golpeando la carne de su trasero. Ella lo tomó. Otro. Se estremeció esta vez. Arrastré mi boca húmeda por su espalda para lamer, besar una nalga y marcar con mis dientes la otra. Gruñó. Puse ambas manos sobre ella, apretando su trasero. Dejó escapar un gemido, se apoyaba en la pared dándome la espalda. Me pedía más, así que con mi otra mano separé las nalgas y busque el esfínter de su culo.

    Puse mi dedo allí y me lo encontré sumergido en sus propios jugos y el agua, lentamente se lo fui entrando, empezó a mover la pelvis en círculos como intentando darle una mayor profundidad a la penetración. Movía sus caderas mientras con los dedos de una mano penetraba el coño y con la otra le introducía dos dedos completos en el culo, no ofrecía ningún tipo de incomodidad al respecto, solo sé que gemía desesperada y volvía insultarme y pronunciar palabras soeces…

    -¡Me voy a mear de placer! -dijo enloquecida, dándose la vuelta, mientras temblaba presagiando un orgasmo.

    De rodillas, puse mi boca sobre la extensión completa de su raja. Un alarido profundo precedió a unos espasmos violentos y mi boca se llenó rebosando una copiosa cantidad de líquido, mezcla de orín y flujo vaginal. Continuamos juntas en la ducha lavándonos mutuamente sin dejar de bromear, besándonos y acariciándonos.

    Sin dar tiempo siquiera a secarnos me condujo a la habitación, se sentó en la cama dándome instrucciones yo de pie frente a ella, palabras picantes y calientes que me hicieron arder con excitación y humillación. Abrí las piernas, arqueé la espalda, jugué con mis pechos y me froté el coño. Todo para ella y aunque sentía la humillación, también mi cuerpo era un gigantesco pulso de libertinaje y obediencia.

    -Solo las putitas traviesas se excitan con esto. Creo que te gusta estar desnuda y dar espectáculo -Me mordí el labio, sintiéndome de repente increíblemente tímida. No podía admitir en voz alta que me gustaba, aunque la evidencia que hice estaba empezando a gotear por mi muslo. Se levantó rodeándome por detrás, pasando su mano sobre mis pechos, con un toque suave ahuecando y apretando. Luego agarró los pezónes y los retorció, duro, más duro, hasta que grité.

    -Por favor.

    -Me gusta cuando me suplican.

    -¡Ay! por favor, te estoy suplicando, duele.

    Soltó mi carne maltratada y solté un suspiro de llanto. A pesar del dolor sufrido, tenía los muslos pegajosos con mi propia excitación. Frente a mí, se quedó mirándome, tenía una gran sonrisa en su rostro. La miré hasta que lentamente bajé los ojos y me mordí el labio. No es que tuviera en aquellos momentos mucha experiencia en la obediencia y sumisión, pero me gustaba, me sentía cómoda con cierta esclavitud.

    -Serás una buena chica para mí -Asentí con la cabeza.

    -Te gusta follar, ¿verdad? -Respondí afirmativamente.

    Me hizo colocar de rodillas e inclinada sobre la cama. Empezó a introducirme un dedo en el ano muy despacio, mientras me echaba un aceite, iniciando un movimiento de mete y saca. Al poco empezó a introducir dos dedos, mi esfínter se iba dilatando muy despacio, con más aceite consiguió entrarme cuatro, mientras el dedo pulgar presionaba el perineo. Cuando consideró que estaba suficientemente dilatado cogió un consolador de dos puntas y bien lubricado, introdujo primero una punta en el culo, después la otra en el coño follándomelos primero lentamente para ir aumentando el movimiento.

    Al principio noté una sensación extraña y un cierto dolor, me pinzaban desde dentro. Salían, una pausa y luego volvían a entrar, más fuerte, tocando fondo. Me retorcí, nada que hacer excepto tomar su maldito castigo, delicioso. Cerré los ojos y me concentré en el placer que me recorría en espiral por la columna, apretando los músculos de mis muslos. Si seguía con esto, me iba a correr pronto, hubo una breve suspensión, un suspiro de pausa, temí por algo más.

    -Sabía que a la sumisa de mí putita esto le gustaría, estás jodidamente mojada -Sus palabras ásperas y sucias me hicieron sonrojarme por completo, el calor me recorría todo el cuerpo. Hasta que sin sacarme la parte del consolador del culo, me tumbó en la cama y sentada frente a mí, untó de nuevo la otra parte del consolador y se lo colocó en su coño, cuando nuestros cuerpos se amoldaron moviéndonos despacio al principio para ir aumentando la velocidad.

    El roce era de lo más gozoso, relajante. Utilizó una mano para acariciarme los labios vaginales, me masturbaba, yo cerraba los ojos, la escena continuaba con el continuo vaivén del consolador. Estaba muy mojada muy mojada. Cayó sobre mí, sentía su aliento en mi cara, su constante jadeo que me excitaba aún más y más. Su botar se hizo más rápido, cada vez más y continuado. Era cada vez más sonoro, el roce dolía.

    -Más rápido, más rápido… -gritaba ella, mi aguante no era normal.

    Mis gemidos eran entrecortados, era incapaz de hacerlo más fuerte. Y ella botaba empujando, más y más fuerte. Gritábamos al unísono, nuestras voces se confundían, estábamos a punto, íbamos a corrernos y en medio de uno de esos gritos ella se corrió toda y yo me fui también pocos segundos después, por entre el consolador nuestros líquidos se mezclaron. La abracé, la besé, era un vicio del cual no quería escapar. Puse mi mano sobre su rostro, pasé el pulgar por su labio. Abrió la boca y comenzó a chuparla, lamerla, suspiró.

    -Olvida todo por ahora y escucha -Me dijo, interrumpiéndome.

    -Sí, dime -Suspiré.

    -Deberías temerme.

    -Tú ordenas y yo obedezco, Marta -Con una sonrisa malévola como las de ella.

  • La ultima vez

    La ultima vez

    Esta es la primera vez que relataré, espero sea de su agrado.

    Hoy encontré en mi agenda (o diario) de una serie de salidas con una chica (que antes era escort y hacía sólo salidas). Su nombre, Lujan.

    En fin una de esas salidas en la que ya era sólo una «chica buena onda» fue por la ciudad de Mariano Roque Alonso, me buscó en un taxi y nos fuimos a un motel llamado «Déjà vu«, cuando subimos y llegamos a la puerta nos miramos, yo le sonreí y le dije que le traje un regalo a lo que saqué una cajita de cigarrillos del bolsillo y le gustó mucho porque «por fin le regalaron algo que en verdad esperaba de regalo».

    Entramos, para mi en ese entonces hice una previa excelente, muchos besos, roces, era prácticamente sexo con ropa, ella demostraba y expresaba su excitación con gemidos y apretándome fuerte contra su cuerpo, cuando por fin después de tantas manos ir y venir pude llegar a sacarle toda la ropa (era invierno y si hubo mucha ropa apilonada en el piso) bajé de su boca dibujando con mi lengua a su mentón, su cuello, que tenía uno de los aromas que hasta hoy en día lo reconocería en cualquier parte y sería capaz de traerme inmediatamente a la mente esas escenas de placer.

    Llegué a sus pechos y chupaba esos suaves pezones rosados y sin quedarme mucho ahí fui bajando en línea recta hasta la zona donde, sin contacto físico, ya se sentía todo más tibio, lamí suavemente alrededor de esos labios superiores y no había centímetro que se sintiera seco, entonces de sorpresa le lamo de en medio hasta el clítoris y suelta un gemido delicioso acompañado de una pequeña sacudida.

    Le lamí la vagina hasta que me dolía la mandíbula, le chupe el clítoris, sentía sus fluidos tibios cuando metía mi lengua dentro de su cavidad vaginal y ella no paraba de gemir cada vez más y más fuerte, hacía intentos de apartarme y en otras me presionaba contra su entrepierna, temblaba respiraba muy agitadamente y ya en la tercera vez que me decía «por favor cógeme ya, me vas a volver loca» accedí y me puse el látex.

    Ella me tomó del rostro, me lamió la boca y eso fue tan hot para mi, se puso la almohada debajo del cuerpo y acostada encima me quedaba justo en frente ese paraíso, por fin tenía ante mi una de mis mayores fantasías hecha realidad, cogerme a una pelirroja blanquita, bajita, con unas nalgas bien formadas y la cereza del pastel, ver que tenía ante mi una vagina rosadita de verdad como siempre quise, bien carnosita y mojadita.

    Y con su explícito y claro pedido de «quiero que me cojas fuerte» empecé a darle con gusto quitándome en cada metida de pija esas ganas de años que tenía de comerme una vagina así, la cogí en varias posiciones, me la aguantaba todas, me motivaban sus gemidos, el sudor de su cuerpo y que expresaba cada vez que podía (y con lenguaje sucio a veces) que le encantaba como la cogía mientas de fondo se oía la batería suave de Charli Alberti y la voz de Gustavo Cerati entonando «un millón de años luz» de Soda Stereo.

    Cuando tocaba en posición de perrito, pasó lo que prácticamente congeló casi todo, de tan elevada que estaba la temperatura uno se entrega por competo al placer, cuestión que cuando en una de esas miro como la penetraba y noté que el preservativo ya no lo tenía y por mi mente ya pasó lo peor.

    El preservativo quedó dentro de ella, paramos, le digo y de inmediato cambia su rostro y va para el baño… vuelve en cinco minutos, le ofrezco disculpas y las acepta pero ve que yo aún estaba con una fuerte erección y me pide que me masturbe por que le gustaba ver, que le calentaba y que luego termine en su boca para así poder cerrar la noche de una forma excelente.

    Pero… me pasó eso que de repente es tan extraño y que a más de uno le habrá pasado, algunos tienen el problema de la precocidad… pero hay otros que a veces ni se puede explicar el por qué (ya que hay una erección que parece no rendirse nunca y evidencia que uno está sumamente excitado y deseoso y no puede terminar)… y yo no pude terminar, y me frustró mucho porque si quería hacerlo en su boca y era la primera vez que me lo ofrecían y no pude… lo aceptamos, nos vestimos, la llevé a su casa y luego me vine yo a la mía ya entrando en conciencia de que me tomé un taxi de Mariano Roque Alonso hasta lambare y que ya eran como las 3 de la madrugada y que tenía que ir a trabajar en hora y media.

    En fin, me disculpo si alargué mucho todo, pero era algo que quería contar, y esta fue solo una de unas cuantas más… Gracias por leerlo si llegaste hasta acá.

  • Un polvo con mi futura suegra

    Un polvo con mi futura suegra

    Llevaba seis meses saliendo con Teresa cuando accedí a conocer a sus padres. No se trataba de miedo al compromiso sino que la relación, sobre todo a nivel sexual, no terminaba de satisfacerme. Teresa era hermosa, todo hay que decirlo. Morena de ojos verdes con unos pechos modestos y un culo soberbio.

    El padre era gerente de banco y encasillaba cada aspecto de la vida en columnas de un balance. En cambio, la madre era otra cosa. Simpática y muy mona. Se llamaba Ingrid, era morena como la hija pero con unos grandes ojos que oscilaban entre el verde y el marrón y que daban la impresión de navegar aguas misteriosas. La cena fue algo tensa. Yo no soy muy bueno con los números y el padre parecía tener solo estadísticas en la cabeza. Después del postre nos encerramos en la habitación a tener algo de sexo.

    Como dije, a pesar de toda su hermosura, Teresa dejaba qué desear en la cama. Los juegos previos se limitaban a unos cuantos besos y algunas caricias en los lugares indicados. El sexo oral era un tabú. Conclusión: tenía que poner mucho de mí para que la cosa saliera adelante. Y esa noche, vaya si salió adelante: la cogí como nunca en la oscuridad del cuarto, inspirado en las hermosas tetas de la madre, en ese culo macizo de mujer madura…

    El sol calentaba la habitación cuando me desperté. Teresa dormía dándome la espalda, contemplé unos segundos su culo espectacular bajo la sábana. Tenía la verga muy dura pero me contuve, en los seis meses de noviazgo no había logrado que tuviéramos una sola vez sexo por allí y ése no era el momento ni el sitio indicados para insistir. Tenía sed, me puse el bóxer y la remera y espié por si andaba cerca alguno de sus padres. En punta de pies, fui hasta la cocina.

    –¿Madrugando?

    Me sobresalté, Ingrid sonrió y mordió una tostada con jalea de membrillo.

    –Te diré que como huésped no sos para nada educado. No pude dormir en toda la noche.

    La miré intrigado y ella se metió a la boca el resto de la tostada.

    –La próxima vez deberían poner una almohada entre el respaldo y la pared.

    Me tocó a mí sonreír y de pronto me puse serio y creo que hasta pálido. Ingrid pareció leerme el pensamiento.

    –MI marido no está, se fue al club con esos… que son como él. Puros numeritos.

    Se levantó. Llevaba puesto un salto de cama atado a la cintura y, según pude ver, debajo solo tenía ropa interior. Se ofreció a hacerme un café y acepté.

    –Como te digo, una no es de palo. Y ustedes dándole sin parar al asunto. Probé leer pero ahí estaban gimiendo, quise escuchar música y volvían los golpes en la pared.

    Hablaba como si estuviera sola mientras preparaba café y buscaba más tostadas. Imaginé la carne llena de deseo bajo aquella bata, temblando por la necesidad de un buen polvo, ansiando con cada poro algo que la hiciese sudar como una yegua corriendo bajo el sol.

    –¡Y Aurelio! ¿Para qué vamos a hablar de…?

    ¡Que fuera lo que Dios quiera! Hacía cinco minutos que tenía la verga dura imaginando ese cuerpo encerrado dentro de la tela. Le apoyé por detrás mi pija y le abarqué las tetas, las encontré grandes y sueltas. No llevaba ropa interior. Las sobé con ardor, la taza vacía cayó al piso y se rompió. Afirmó las manos en la mesada, inclinó la cabeza y echó su culo hacia atrás, lo frotó contra mi miembro tieso como una columna, arriba y abajo, gimiendo cada vez como el sediento frente a una jarra de agua helada. Alcé la bata, la enrollé alrededor de la cintura y la turgencia de las nalgas me sorprendió. Ingrid se la quitó de su solo tirón y me encaró con los ojos despidiendo chispas de calentura. Nos besamos con una pasión que solo puede guardar una mujer que hace tiempo que no la tocan. Bajó la mano hasta mi verga, dura y caliente.

    –Te la voy a chupar hasta que se te gaste, hijo de puta.

    Se arrodilló y se la metió en la boca. Se entretenía deslizando la lengua por el glande, presionando con la punta en el único ojo. Succionaba salvaje, exhalando gemidos entrecortados.

    –¡No se te ocurra acabar! Quiero sentirla bien adentro –me advirtió, la cara transfigurada en una expresión de deseo violento.

    Volvió a metérsela en la boca, se acomodó y avanzó despacio, separando más y más los labios hasta que la punta de su nariz presionó fría contra mi pubis. Atraje su cabeza para que mi verga le perforara la garganta. Emitía gruñidos breves, una ligera arcada sacudió sus hombros. Se retiró intentando recuperar el aliento mientras yo solo quería que me la siguiera mamando. Le sujeté la cabeza y le acerqué la verga. Como una milf obediente, volvió a engullirla. Espiando de vez en cuando hacia el dormitorio de Teresa, disfrutaba de las lamidas calientes de Ingrid. Jugaba con su lengua dentro de la boca como si mi glande fuera un caramelo largamente ansiado. Con sus dedos suaves me acariciaba los huevos, jugaba con ellos sin dejar de chupármela mientras me miraba desde abajo con esos monumentales ojos verdosos.

    A punto estuve de escupirle toda mi leche cuando se detuvo con una sonrisa mientras se ponía de pie.

    –¿Ibas a terminarme, no? Es de muy mala educación. Vení, metémela toda ya mismo.

    Se afirmó contra la mesada presentándome su concha empapada de deseo. Apoyé el glande contra la entrada caliente y le abarqué una de sus tetas macizas.

    –Te voy a coger como hace mucho que no te cogen.

    –Partime la concha, papi. Hacé conmigo lo que quieras. ¡Pero ya!

    La metí despacio, disfrutando de cada milímetro de esa vagina que se iba abriendo para mí entre gemidos de agónico placer. Cuando la tuvo toda adentro, echó la cabeza hacia atrás con un largo jadeo. El olor a lavanda de su cuello se mezclaba con el del café de la mañana. Me empecé a mover dentro suyo, primero con suavidad pero después cada vez más fuerte. Mis manos sentían vibrar su cintura, mi boca bebía sus gemidos, nuestras lenguas luchaban como gladiadores espartanos. La humedad de sus jugos goteando por mis huevos me calentaba. Entonces, le daba más duro, quería perforarla.

    –Te voy a partir en dos, ¿me escuchaste?

    –Rompeme toda, papi. Hacé lo que quieras pero seguí dándome. ¡Qué rico! ¡Asííí!

    Con los dedos crispados contra el borde del mármol, tembló como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Le abarqué los pechos buscando sus pezones, se los pellizqué mientras se desarmaba en un orgasmo salvaje que sofocaba con los dientes apretados para que Teresa no nos oyese. Se dejó caer sobre la mesada y yo redoblé mis embestidas, nunca había tenido una concha tan estrecha y lubricada a mi disposición y estaba dispuesto a gozarla al máximo. Cuando sentía que estaba por acabar, me detenía, contaba hasta tres y seguía. Con la cara contra la mesada, Ingrid emitía gemidos débiles como si ese orgasmo la hubiera dejado sin fuerzas. Probé nuevas vías de acceso introduciéndole el pulgar en el ano pero protestó y lo apartó con un gesto desganado.

    –Quiero cogerte este culo gordo y hermoso –rogué sintiendo que acabaría en cualquier instante.

    –Dejame sentir esa linda pija en mi concha, no seas malo. Así, me encanta. Dámela toda, papi. No termines, por favor.

    Con la verga perdida en el interior de Ingrid, contuve la respiración y sentí detenerse hasta el tiempo esa décima de segundo que reprimí el violento disparo de leche caliente que la llenó entera. En el espacio de luz que dejaban mis párpados entornados, la vi recibir con deleite todo mi semen. Sonrió como si estuviera teniendo el mejor sueño en mucho tiempo y permaneció inmóvil hasta que dejé dentro de ella la última gota.

    –Sentate, mi amor –ronroneó con sensual languidez.

    La obedecí y me senté en una de las sillas. Ingrid volvió a colocarse de rodillas entre mis piernas y lamió el glande mojado con sus propios jugos y restos de semen. El suave contacto con la lengua me arrancaba estremecimientos de placer intenso. Permanecimos en esa postura un buen rato, Ingrid chupándomela con dulzura y yo gimiendo como un chico al que se la maman por primera vez.

    –¿Prepararías el café? Algo me chorrea –sonrió incorporándose.

    Con la bata colgando de un brazo y meneando el culo como una fruta prohibida, desapareció hacia el baño mientras me preguntaba dónde guardarían en esa casa el café.

  • Sofá sensación

    Sofá sensación

    En el sofá, junto a mí arrellanado, 
    muy dulcemente mis labios besaste, 
    la camiseta y el sostén me quitaste; 
    amor, ya casi me habías desnudado. 

    «Qué buena estás», susurraste afiebrado. 
    Tú, tu hambre de mí, mis tetas chupaste;
    con tus dedos mi coño acariciaste, 
    entre mis muslos habían penetrado. 

    Me hiciste la paja y yo me corrí;
    luego desabroché tu cinturón, 
    saqué tu polla: «Vamos, nena», te oí. 

    Sobre tu regazo tragué el pollón 
    que me ofreciste, tan hinchado: «Oh, así»;
    e hice y vino el semen, ¡qué sensación!

  • Mi nueva ama no fue generosa conmigo

    Mi nueva ama no fue generosa conmigo

    Encontré a una nueva mujer en la cual no existen límites en nuestra relación. Ella es mi ama, mi señora, y yo soy su esclavo, su juguete sexual. Se llama Thalía, tiene 26 años, de piel morena, pocas tetas pero mucha nalga. Del rostro es hermosa y su sonrisa es lasciva.

    Yo soy suyo en todos los sentidos. Me he quedado a dormir en su casa, en el mismo cuarto donde no hicimos nada, bueno, ella hizo mucho. Ella se desnudó para que yo le tomara varias fotografías en diferentes ángulos, sobre todo de su culo y de su coño depilado. Esas fotos se las envió a varios hombres y me enseñó los calientes mensajes que recibió. Por último la grabé mientras ella se masturbaba.

    Ella se durmió en la cama, feliz por el orgasmo que alcanzó gracias a su vibrador. Yo dormí en el suelo como un perro, con el pene bien erecto. Ella me amenazó con que no me tocara, tenía prohibido venirme. La desobedecí, con cuidado y lentitud me masturbé hasta venirme en mi propia mano. Lamí mi propio semen para deshacerme de la evidencia.

    Yo ya tenía mis órdenes en la mañana. Quitarme toda mi ropa, ponerme un mandil y hacerle su desayuno. Le estaba preparando unas quesadillas cuando ella entró a la cocina de su departamento.

    —Hola, pito chico. —Le gusta decirme así, hablar con la verdad.

    —Buenos días, mi señora —le dije sin voltear a mirarla.

    —Apresúrate con mi desayuno. —Ella se acercó a mi espalda, acariciando mi piel desnuda, y después me dio una fuerte nalgada.

    —Gracias, mi señora. —Mi pene se levantó un poco

    Terminé de hacerle su comida y se lo llevé a la mesa junto a su café. Ella estaba esperándome, con una sonrisa de oreja a oreja. Únicamente llevaba unas bragas rosadas, todo lo demás estaba al descubierto: sus piernas, sus muslos, su abdomen, sus axilas, y sus senos.

    —¿El café es negro? —me preguntó mientras partía las quesadillas.

    —Justo como me lo pidió.

    —Cambié de opinión. Lo quiero con leche.

    —Pero mi señora, no hay leche en el refrigerador.

    —¿No tienes leche aquí? —Metió su mano bajo el mandil y me apretó los huevos. Doblé las piernas por el dolor, me tuve que sostener de la mesa para quedarme en pie—. Saca leche para mí.

    —Claro que sí, mi señora. —Liberó mis testículos y prosiguió a comer.

    —Pero si no me das mi café con leche antes que termine mi desayuno habrá un castigo, ¿Entendiste, pito chico?

    —Claro que sí. —Asentí como perro obediente.

    Coloqué mi verga encima del café. Sentía su calor sobre mi piel, sobre mi escroto; eso no ayudaba a mi erección. Intenté mirar las tetas de Thalía pero ella me regañó.

    —No me observes mientras te la jalas, cochino —dijo con mucha ironía antes de darme un punta pie.

    —Perdóname, mi señora.

    Me reincorporé y empecé a jalármela con desesperación. No estaba lo suficientemente cachondo para venirme enseguida, y no tenía nada para estimularme. No sé cuánto tiempo estuve así, pero de la nada ella dejó caer los cubiertos sobre su plato vacío.

    —Detente. Mírame a los ojos. ¿Te corriste en la noche, verdad?

    Terminé confesando mi crimen. Se notaba su enfado y su malicia en la mirada de mi dueña. Se hizo para atrás con todo y silla. Meneó su cabeza hacia la derecha, indicándome que me acostara sobre sus piernas.

    Me quité el mandil y me coloqué en la posición que ella quería. Nalgadas, la verdad es que me gusta recibirlas, por eso sonreía con la cabeza agachada.

    —A mí nadie me desobedece, putito —me dijo mientras manoseaba mi culo.

    Thalía no fue gentil en ningún momento, lo hizo con fuerza desde la primera nalgada.

    —Gracias por castigarme, mi ama. Sé que me lo merezco.

    —Cállate y cuenta. —Otra nalgada.

    —Uno…

    Thalía azotó mi culo con violencia, con odio y con placer. Conté treinta nalgadas que me dejaron las nalgas rojas. Suspiraba con el corazón acelerado y el cuerpo caliente, babeando un poco sobre el piso.

    De repente ella metió un dedo en mi boca, lo metió hasta al fondo, provocándome arcadas.

    —Chúpalo, pito chico, sé que aguantas más que eso.

    Si ella metió un dedo en mi boca era porque quería metérmelo en el culo, y así fue. Separó mis nalgas, escupió en la entrada de mi ano y con delicadeza metió su dedo. Primero la mitad, después el dedo entero. Entraba y salía, primero con lentitud, después aceleró el movimiento y agregó otro dedo. Estoy obteniendo toda la estimulación que no tuve hace unos minutos, mi verga está goteando por el placer.

    Ella me ordenó a recargarme sobre la mesa, levantando mi culo sobre el aire.

    —No se te ocurra moverte.

    Escuché sus pasos dirigirse a la habitación y regresar cuatro minutos después. Era obvio lo que fue a buscar: su arnés con un pene de 17 centímetros. Mis sospechas se hicieron reales cuando ella se posicionó detrás de mí y dejó caer algo grande, grueso y lubricado sobre mis nalgas.

    —Es irónico que tengas un pene tan chico pero un culo tan grande. —De nuevo me azotó las nalgas. Ya me dolían demasiado, pero no quería que ella supiera, por eso me mordí los labios—. ¿Qué opinas que te preste a mis amigos para que se diviertan con tu culo?

    —No opino nada. Mi culo es suyo y puede hacer con él lo que le plazca.

    —Exacto. —Lanzó un gran escupitajo en la entrada de mi ano—. Bien contestado, perra.

    Thalía inició con la penetración anal. Metiendo lentamente esos 17 centímetros de placer. Me lo metió todo, bien profundo, y lo dejo ahí sin apenas moverse para que mi culo se adaptará.

    —¿Cómo se dice? —me preguntó a la vez que me nalgueaba.

    —Gracias mi señora por darme verga. Es lo único que merezco por ser puto y por tener un pito tan pequeño.

    —Solo tú me puedes hacer mojar con tu miserable voz. Me avisas cuando te vengas.

    Clavó sus unas en mis caderas, aferrándose a ellas para impulsar sus embestidas, las cuales fueron gentiles en un comienzo, pero para la décima metida de verga ya lo hizo con odio. Me follaba brutalmente, haciéndome gritar en una mezcla de dolor y placer. Sabía que si me mordía el labio sangraría, por eso opté por morder la mesa, en sujetarme de sus esquinas. El físico de Thalía es engañoso, porque me está cogiendo con mucha virilidad, al punto de mover la mesa junto con mi cuerpo. Mi pene se aplastaba con la mesa, y no era lo único. El arnés también incluía unos testículos falsos, que igual como el pene, eran bien duros, jodidamente firmes. Chocaban contra mis huevos con cada embestida, aplastándolos y robándome gritos ahogados en compañía de lágrimas.

    Era demasiado para mí, y para mi pene, que ya estaba a punto de explotar de tanto dolor y placer. Le avisé a Thalía, tal como me lo pidió. Detuvo la bestial cogida, sacó ese falso pero caliente pene de mi ano, y me apretó más los huevos. Pasó toda su mano sobre mi verga, masturbándome con cariño, lo cual agradecí en mi interior. Sentí el amargo orgasmo acercarse. Expulsé leche como una vaca.

    Me dolía todo, en especial el culo, por las nalgas y la cogida que me dio Thalía. Recuperaba el aliento cuando ella apareció frente de mí con el café en manos. Su piel morena brillaba por el sudor, en especial en las partes de las tetas y el abdomen. Su pene de utilería se alzaba cerca de mi cara, con rastros de mierda y sangre.

    —Mi café tiene leche, por fin. —Le dio un trago a la taza y después aventó su contenido en mi cara—. Ya está frio. Que no se repita la próxima vez, pito chico. Limpia todo este desorden y después báñate.

    —Sí, mi señora.

    Ella se encaminó al cuarto, cerrando la puerta de un portazo. A pesar de mi incomodidad, querida quedarme acostado en la mesa por horas, pero tenía que limpiar, aunque me ardiera el culo.

  • Doña Eugenia (Parte 4): Trío

    Doña Eugenia (Parte 4): Trío

    No sabría decir cuál de las dos hembras me daba más placer si la madre o la hija, las dos cada día eran más putas y atendían todos mis deseos, después de unos cuantos meses de relaciones, me preocupaba que se convirtiera ya en rutina, unos días con una otros días con la otra.

    Un buen día después de una gran follada con Eugenia le propuse hacer un trio con otra mujer, como me imaginaba se sorprendió mucho y por la cara que puso para nada estaba convencida pues solo había tenido sexo intenso conmigo y nunca ni se le paso por la cabeza el tenerlo con una mujer, así que comencé a mentalizarla, siempre que podía ponía películas porno donde había tríos y la tranquilizaba, que sería de una forma natural

    A su hija le hice la misma proposición y esta lo acogió de mejor manera, pero tenía cierto reparo con la “otra” mujer, por supuesto que ninguna de las dos se imaginaba que serían ellas.

    La ocasión llego el día de mi cumpleaños, las invite a cenar a las dos llegaron bien elegantes y un poco sorprendidas al encontrarse pero unas copas de vino bastaron para que la buena armonía volviera, después de la cena y con unas copitas de cava el ambiente ya era otro y las dos con ganas con darme su regalo particular, entre risas y cava les pedí que me sorprendieran, la primera fue Eugenia que se fue despojando de su vestido para quedarse con su ropa interior que se había puesto para la ocasión, un sujetador transparente y un tanguita minúsculo que apenas tapaba su vagina, mi pija comenzó a ponerse contenta, Isabel se dio cuenta enseguida de mi empalme y de la situación, comenzó a sobármela por encima del pantalón, se acercó Eugenia y comenzamos a besarnos mientras que Isabel saco mi polla y comenzó a mamarla suavemente, le quite el sujetador a Eugenia y comencé a lamer tus tetas y mordisquear tus pezones, y mis manos a frotar su chocho que enseguida se puso húmedo, los primeros gemidos brotaron, mientras Isabel seguía mamando cada vez con más intensidad, hasta le dije:

    -Ahora te toca a ti Isabel

    Se levantó del sofá y comenzó a quitarse poco a poco la ropa mientras yo no dejaba de jugar con el clítoris de su madre, cuando se quedó desnuda se acercó y nuestras lenguas se juntaron con furia, mientras Eugenia se pellizcaba los pezones. Entre las dos me desnudaron y ataqué las tetas de Isabel, su madre le tomaba el relevo con mi polla que estaba como un mástil de dura, se levantó Isabel y puso su coño en mi boca, metí mi lengua por todos sus rincones, así es como las quería mis dos hembras bien calientes, las tres nos fuimos para la cama, ya se habían olvidado que era madre e hija, era mis zorras a cuál de las dos con más ganas de follar.

    Ya en la cama el espectáculo era maravilloso dos mujeres divinas esperando desnudas que las follara, comenzó Eugenia que enseguida se clavó mi polla de un solo golpe mientras Isabel de nuevo me puso su chocho para que se lo volviera a comer después de un rato Isabel le dijo a su madre:

    -No seas abusona que yo también quiero esa polla en mi coño

    -No sabía que mi hija era tan puta. -Contesto Eugenia, sacando de mala gana su coño de mi polla.

    -Tranquilas mis zorritas que habrá para las dos

    Así que mientras Isabel se iba metiendo mi mástil poquito a poco Eugenia me pasaba sus tetas la cara para que me comiera sus pezones cosa que sabe que me encanta y a ella más.

    Cuando ya estuve a punto de vaciarme, les avise y sentí las dos lenguas como se enfrentaban en mi polla para dejarme bien limpia.

    Después de unos un rato de relajo yo en medio acariciando sus tetas suavemente y sus chochos chorreantes, comenzaron a pajearme de nuevo, hasta que la polla comenzó a recobrar sus fuerzas, cuando ya la noto dura Isabel se puso a lo perrito

    -Este culo quiere su ración

    -Tu qué opinas Eugenia

    -Y el mío también

    -Uno de tras de otro mis puticas

    Así que Eugenia me ensalivó la polla y en un par de embestidas ya estaba toda dentro del culo de Isabel, su madre mientras se masturbaba y se estrujaba las tetas

    -Anda Isabel échale una ayudita a tu madre

    Se acercó al coño de su madre le comenzó a lamérselo, al principio un poco sorprendida pero enseguida comenzó a gemir Eugenia, la hija comiéndole el coño a su madre, cosa que me excitaba cada vez más, hasta que note las contracciones de Isabel estaba a punto de correrse así que acelere hasta que comenzó a soltar sus fluidos y gritar como una posesa y cayo desplomada en la cama relamiéndose de placer.

    No hizo falta decirle nada que Eugenia ocupo su lugar, metí mi polla en el coño de Isabel para tenerla mi mojadita y acudí al agujerito de Eugenia

    -Espera que habrá que engrasar un poco ese agujero

    Dijo Isabel y metió su lengua por el culo de su madre para dejármelo bien preparado, así que cuando enfile mi polla solita se metió sin grandes esfuerzos, mientras ofrecía el coño a su madre.

    -Anda Eugenia prueba los juguitos de tu hija que son muy ricos

    No estaba muy convencida pero después de varias embestidas mías Isabel le acercó su coño y comenzó a lamerlo al principio con cierto miramiento, pero se fue acompasando con mis sacudidas en su culo, allí estábamos los tres con gemidos y gritos dándonos todo el placer del que éramos capaces, enculando a la madre y la madre comiéndose el coño de la hija, después del coño vinieron las tetas, la hija respondía pajeando a la madre, así que enseguida vinieron las sacudidas preludio de un buen orgasmo, Isabel puso su boca en el coño de su madre para beber sus fluidos que como ella eran abundantes, yo le daba cada vez más duro hasta que…

    -Me corroo, dame tu leche por el culooo

    Después de chocar una y otra vez mis huevos contra sus nalgas le di una buena ración que le llego hasta las entrañas, enseguida Isabel después de beber los jugos de su madre vino a por los míos, le limpio el culo a su madre y me dejo mi polla reluciente.

    Ya tumbados de nuevo, Eugenia e Isabel compartieron el resto de los fluidos dándose un morreo fenomenal. De nuevo en medio de las dos abrace y les dije:

    -El mejor cumpleaños que he tenido en la vida sois divinas

    A lo Eugenia respondió:

    -En lugar de cumpleaños habrá que celebrar más cumple meses o lo que sea.

    -Siii -Contestó Isabel y los tres nos fundimos en un enorme beso.

  • Cómo disfruté al novio de mi hija (4)

    Cómo disfruté al novio de mi hija (4)

    Ya había pasado un mes desde nuestra primera cogida.

    Mientras que el sexo era un 10, mi estabilidad no lo era. Cogíamos casi tres veces por semana, casi 5 años de frustración sexual salieron por la ventana junto con mi corrida y esperma de Caleb, pero algo me tenía inquita: mi periodo. Tenía retraso desde hacía dos semanas y mierda, estaba asustada por un posible embarazo.

    Caleb me estaba cogiendo en mi cama. Mi esposo no llegaría en otras dos horas y Karo estaba de antro con amigas. Ambos de costado, el uno frente al otro, mientras su enorme verga entraba y salía, raspando mis paredes vaginales y haciendo un «clap» con su pubis y sus testículos con cada empuje que hacía. Su mano en mi cuello, su mirada fija en mis muecas de placer y dolor. Mi orgasmo estaba cerca y, por lo mucho que palpitaba, sabía que el suyo también. Empezó a hacerlo más rápido hasta que, inevitablemente, chorros cristalinos se colaron de entre mis labios y su verga. A pesar de estar cansada, me mantuve en posición para que Caleb terminara también, mucho no le podía faltar. Y mucho no le faltó, pues en cuestión de minutos me estaba ahorcando, cogiéndome brutalmente por la fuerza de sus embestidas y mirándome con esa carita maliciosa suya. Los espasmos de su verga en mi interior denotaban eyaculación, pero no sentí esa calidez en mi interior, esa extrañeza en el vientre. No sentí eso.

    Cuando eyaculó, Caleb salió de mi vagina y, con mucho desdén y casi que coraje, se retiró el condón del pene. Parecía que un grupo había eyaculado dentro, estaba bastante llenito para ser sólo una corrida, lo más probable es que haya eyaculado varias veces, pero no me di cuenta. Pues eso, en un solo movimiento tomó el pene y lo lanzó con fuerza y viéndome con ojitos acusatorios.

    -Déjame descansar un poco, amor -le dije.

    -Tú sí lo sientes y los gozas y todavía quieres descansar.

    -Espérate a acostumbrarte, Caleb, te juro que le vas a agarrar gusto.

    Caleb claramente todavía tenía aguante y esa enorme verga dura y roja denotaba que, además, necesitaba sacarlo.

    Me acerqué al borde de la cama, me puse boca arriba y dejé que mi cabeza quedara colgando. Mi boca y garganta perfectamente alineadas. Se bajó de la cama y acercó su miembro hacia mi boca, haciendo un poco de cuclillas, metió con fuerza su pene en mi boca, lastimándome un poco los costados de la misma, cosa que ya era normal. Empezó a empujar mucho y muy fuerte, abriéndose paso por mi garganta en su camino a mis interiores orales. Me gustaba sentir mi sabor y mi olor combinados con los suyos, pero era grueso, carajo, por lo que el dolor era inevitable. Aun así, era mi forma especial de hacerlo eyacular pronto. Y funcionó. Caleb me tomó de las sienes y empezó a mover su pene en el interior de mi garganta con más fuerza, yo al borde del desmayo por la dificultad que me causaba al respirar, mi nariz cubierta por sus testículos que pegaban una y otra y otra vez contra mi cara. La corrida salió y ese sabor potente me raspó la garganta a su paso. Sacó su pene, ahora semierecto, y procedió a tomarme de la nuca y moverme hasta que él mismo se acostó y colocó mi cabeza en su pecho.

    -¿No te lastimé? -Me preguntó mientras me quitaba un mechón de la cara.

    -Siempre me lastimas, Caleb, es normal con ese pene.

    -Pero te gusta, ¿verdad?

    -No lo haría si no me gusta. No te preocupes, bebé, me encanta hacerlo contigo.

    -Te amo.

    -Yo también te amo.

    Después de eso, nos quedamos cayados un rato. Caleb me tenía rodeada con un brazo y me acariciaba suavemente, su pecho calientito y cómodo. Estuve a punto de dormirme hasta que vi cómo un pilar se alzaba de entre las piernas de Caleb, espasmódico y venoso.

    -Puta madre -Dijo a la vez que comenzaba a masturbarse.

    Caleb odiaba los condones, de verdad. Cuando le pedí que los usara, empezó a explicarme el cómo él prefiere el coito interrumpido, me demostró que podía controlar bien su eyaculación, que tenía claro cuando se corría y de todo, pero aun así le pedí que usara preservativo. Y se notaba que le costaba sentir placer con el látex entre su verga y mi vagina.

    -Perdón, amor, déjame ayudarte.

    -No te disculpes, Mary, es normal que no quieras bebés conmigo.

    Caleb dijo eso último triste, obviamente, tuve que quitarle esa idea de la cabeza al instante.

    -No digas eso, amor. Qué más querría que un bebé del hombre al que amo…

    -Pero lo feo es cuándo, amor.

    Caleb soltó su pene desganado, su miembro aún erecto.

    -Pues bueno, no… no sé, Caleb. Pero… -Tomé su pene y comencé a introducir mi meñique en la uretra -yo también quiero un bebé contigo.

    Suspiré y volví a tomar las riendas de la conversación, mirándolo a los ojos y untando mis senos en su brazo.

    -¿Cómo le explicamos a Alex que su esposa tuvo un hijo de su yerno? ¿Cómo le dices a Karito que va a tener un hermanito hijo de su novio?

    Caleb se quedó callado, disfrutando de mi dedo meñique moviéndose en el interior de su verga. Tardó muy poco en eyacular.

    -Perdón, Mary, perdón. No estaba pensando bien, creo que es porque estaba caliente todavía.

    Ya sabía que eso iba a pasar, pero también sabía, desde el primer día, que me tocaría tratar con las pendejadas adolescentes. Lo valía, Caleb lo valía, el sexo lo valía, esa verga lo valía. No me desesperaba, simplemente volví a acostar mi cabeza en su pecho y lo observé dormir durante una media hora más o menos. Dios, de verdad, me encantaba verlo dormir, era mi hora de volver a ser adolescente e imaginar tonterías románticas con él.

    Cuando despertó, me abrazó con fuerza, me colocó encima de él, mi pubis sobre su abdomen, y comenzamos a besarnos. Sus manos en mi cintura, las mías en su cuello. Nuestras lenguas entrelazadas, separándose y explorándose mutuamente.

    -¿Cuánto nos queda?

    Chequé el reloj de mi celular en el suelo.

    -Hora y media más o menos.

    -Vamos a bañarnos, Mary.

    -No, bebé, prepara la tina, te alcanzo enseguida.

    Caleb me lanzó un beso y se sacudió el pene con la mano y se metió al baño a calentar el agua y llenar la tina.

    Yo tomé mi celular y chequé si había algo que no hubiera visto mientras Caleb y yo cogíamos. Unas noticias, mensajes de mis amigas, uno de Alex quejándose de que no había dejado bien puesto el retrovisor de su auto.

    Meh, nada importante.

    Me levanté y, cuando estaba a punto de dejar mi celular en la mesita de noche, me di cuenta. Sobre la foto de bodas en la que Alex y yo nos besábamos, había un condón escurriendo esperma, una línea que nos dividía a mi esposo y a mí, justo en donde nuestros labios se tocaban un gran charco blancuzco se había formado debajo del cuadro. Al principio me lo tomé como algo aleatorio, pero ahora pienso que era algo más, que esa línea de semen representaba algo.

    Con mi propia lengua, limpié la superficie del cuadro y también el charco de la mesa. Después tomé el condón, apunté la abertura hacia mi boca y jalé con fuerza desde arriba hasta la base, vaciando sus contenidos y tragándolos. Seguía raspándome ese sabor amargo, pero lo cierto es que le había agarrado el gusto.

    Entré al baño y me encontré a Caleb midiendo qué tan caliente estaba el agua con la mano, me acerqué y le di una nalgada en ese hermoso culo.

    -Ya casi está listo, nena.

    Yo amaba que me dijera así, él lo sabía. Era sentirse joven otra vez.

    Después de un rato Caleb se metió a la tina y, abriendo las piernas, me invitó a recargar mi espalda en su abdomen y pecho.

    Ya dentro, sus impulsos sexuales siempre le ganaban. Su verga durísima, sus manos recorriendo mi cuerpo, sus labios en mi cuello.

    Pero siempre en la tina se le metía una misma idea: anal.

    Yo no quería hacer todavía, pero Caleb insistía bastante. Hasta el momento, lo había dejado lamerlo y meter hasta dos dedos, pero nunca penetrar mi ano.

    Y ese día, sus dedos acariciaban la puerta de mi recto.

    -Es pecado que con este culazo no me quieras dar a este chiquito -Me dijo.

    -Le dijiste chiquito tú mismo. Ahora voltea a ver tu pinche vergota, Caleb. Perdón, pero no mames.

    -Se estira bastante, amor.

    -No me quieras apresurar.

    -Bueno, sólo digo que por el ano no hace falta condón.

    -Si quieres meter dedo o lamerlo, está bien, pero ocupo estirar más para meterme esa cosa.

    Ni corto ni perezoso, Caleb me puso en cuatro dentro de la tina y comenzó a lamer mi ano a la vez que me penetraba con el dedo índice y el medio. Me gustaba su lengua, me encantaba, de hecho, pero esos dedos… No es que me hicieran daño, simplemente es que no me gustaban. Pero ahora Caleb usaba condón y claramente no disfrutaba tanto el sexo, supe que debía darle algo al adolescente jarioso, era natural y de esperarse en alguien de su dad.

    No dije nada, simples gemidos cuando su lengua tocaba la fibra indicada, pero fue entonces que sentí algo resbaladizo deslizarse entre mi raja y bañar la lengua y dedos de Caleb. Lubricante del que se calienta. Sus dedos se deslizaron con mayor facilidad y su lengua se sentía más caliente.

    Tarde creo que unos quince minutos en correrme.

    -Gracias, amor, tienes un ano increíble.

    -De nada, Ca

    No pude terminar de decir su nombre porque sentí cómo su enorme falo empezaba a entrar en mi recto.

    Fue horrible.

    Grité de dolor, un miembro enorme me estaba violando por el culo. Grité como nunca en mi vida he vuelto a gritar y comencé a orinarme del dolor, Caleb, en cambio parecía no importarle. Detestaba lo que me estaba haciendo, pero al voltear a verlo a la vez que apretaba mis dientes y lloraba, pude ver el éxtasis en su cara. Sus ojos desviados, sus caderas moviéndose solitas, sin mucho pensar. Me estaba partiendo y lastimando y lo estaba gozando.

    -Sácalo, sácalo, pendejo, me está doliendo un chingo, amor, no me hagas esto.

    -Tú fuiste la que me abrió las piernas, la que me dejó probar tu carne y hacerme adicto a ella, y después pones un plástico entre nosotros, culera.

    -Es por nuestra bien, Caleb -estaba llorando y me costaba hablar- si nos descubre… nos van a… nos va a ir mal, amor.

    -Pues por el culo nadie te va a descubrir, hermosa, así que grita lo que quieras, pero no me pidas que te lo pinches -Caleb echó sus caderas hacia atrás -¡saque!

    Su embestida me hizo perder toda fuera y él se encargó de mantenerme en cuatro. Me levantó con la pura fuerza de su abdomen y me llevó hasta la cama, la caja de trojans tirada todavía junto a la puerta. Me soltó en la cama con desdén y enseguida me abrió mis temblorosas piernas. Su pene llamando a las puertas de su ano. Me metió la boquilla del bote de lubricante, incluso eso me dolió. Y entonces, otra vez, su miembro entró y yo sentía mareos y dolores horribles en toda mi columna y piernas.

    Entonces, llegó la primera verdad: estaba a punto de tener un orgasmo. Mi ano era una tortura y mis ingles y columna me estaban matando, pero el cosquilleo ahí estaba, llegué incluso a confundirlo con ganas de orinar, pero aquello no salió como orina, sino como una bala. Mi eyaculación nunca había sido tan dura y tan rápida. Salió por montones y hacía un sonido húmedo al pegar contra las sábanas.

    Pasó más o menos un cuarto de hora hasta que Caleb eyaculó en mi culo, sacando su miembro inmediatamente después.

    Yo, callada y al borde de un desmayo, me arrastre por la cama hasta el borde, quería bajarme. Pero el terror continuaría. Sentí como sus manos me agarraban de la cintura y me arrastraban hacia él. Su miembro entró otra vez más y, durante más o menos una hora, la cogida consistió en mi corriéndome, sufriendo, llorando y acostumbrándome a lo que se convertiría en una de mis prácticas sexuales favoritas, pero que me dejaría un recuerdo que no sé catalogar como el mejor o el más tormentoso. Sea como sea, estaba empezando a disfrutarlo. Dolía, dolía mucho, pero Caleb estaba eyacule y eyacule y darme cuenta que ese poder lo tenía mi ano, que sin esforzarme podía complacer a un hombre y pensar en Caleb con sus enormes huevos masturbándose porque su mujer no le cumplía…

    Todo acabaría ese día entre Alex y yo.

    Caleb había eyaculado por cuarta vez en el día. Yo conseguí arrastrarme fuera de la cama, estaba en la alfombra, tirada, adolorida y orinándome del dolor. Dios, estaba tan sucia y tan degradada. Caleb, con su miembro semierecto, me observaba con las manos en la nuca y orgulloso de lo que acababa de hacer.

    Fue esa imagen, yo desbordando semen de mi ano, orinándome en el suelo hecha un desastre y Caleb orgulloso sobre la cama lo primero que Alex vio cuando entró al cuarto.

    Mi esposo me volteó a ver con cierto asco y desconcierto, después su mirada se tornó violenta y agresiva en dirección a Caleb, que por primera vez desde que lo conocí, parecía asustado. Alex, con todos sus problemas de salud, no era competencia para él, pero ahora sabía lo nuestro.

    Ver a Caleb tan «vulnerable» en ese momento fue lo que me dio fuerzas para pararme e intentar parar a Alex en su burdo intento de correr hacia Caleb. Mi esposo me empujó y caí sentada sobre la cama, mi ano me dolió nuevamente, pero ahora estaba más preocupada por lo que pasaría con mi vida que con mi ano.

    -¡Siempre has sido una pendeja, puta barata!

    Me intentó cachetear, pero entonces pude ver cómo la mirada de Alex se tornó en miedo y lo siguiente que veo es a mi esposo cayendo con sus ojos bien abiertos y la mano en el pecho. Supe al instante lo que estaba pasando… y Caleb también.

    Tardé un segundo en asimilarlo, tiempo suficiente para que Caleb ya estuviera marcando a emergencias con el celular. Me abalancé sobre mi joven amante y le quité el celular.

    -No marques -Le dije.

    -¡Se va a morir, Mariana, no estés mamando!

    -No marques, amor, por favor.

    Caleb me ignoró y se fue sobre mi celular.

    -¡Estoy embarazada!

    Cuando grité eso, Caleb dejó en paz mi celular y volteó a verme…

    -Estoy seguro que es tuyo, nadie más me ha tocado en años…

    Caleb entonces volteó a ver a Alex y después nuevamente a mí.

    -No marques, si no vamos a tener que…

    No terminé de hablar cuando Caleb me abrazó con fuerza y me susurró «no escuches». Me tapó los oídos con los brazos y yo hundí mi cara en su pecho.

    Ambos sabíamos los que estábamos haciendo. Pero tenía dos opciones. La primera, era marcar y que mi hijo creciera mal criado y prepotente como sus hermanos, o quedarme con todo, tener un joven como Caleb, bien intencionado, amable y, aunque un poco machista, buen hombre y manipulable. La respuesta se me vino al instante y supe que lo mejor era dejar a Alex ahí.

    Me dolió mucho, pero con terapia y casi año y medio, Caleb y yo dejamos atrás eso.

    Caminamos abrazados hasta el baño, donde Caleb abrió la regadera y me volvió a abrazar. El sonido de las gotas y la media hora que pasaron, aparte de los latidos de Caleb y su presencia me calmaron. Él fue el primero en asomarse y en salir. Cuando lo vimos ahí, supimos lo que habíamos hecho y Caleb claramente estaba afectado. Incluso más que yo. Caminamos a la ducha en silencio. Nos dimos un baño y, antes de cerrar la regadera, tomé a Caleb la nuca y le hable.

    -Vas a ser padre, Caleb. Y él no iba a dejarte serlo. Sé que vas a ser muy bueno con nuestro bebé, sé que serás también un buen esposo cuando llegué el momento. Ten siempre contigo que hoy, te elegí a ti. Nos elegí a nosotros -Tomé su mano y la puse sobre mi vientre.

    -¿Qué hacemos con Karo?

    -Tenemos que decirle, pero todo a su tiempo. Deja que pase un tiempo, ¿ok, amor?

    -Ok, Mary.

    Salimos, nos vestimos, pasé un trapeador sobre mi orina, cambié las sábanas y le dije a Caleb que se fuera antes de marcar a las autoridades. Me hice cargo del resto yo sola y descubrí mi talento para la actuación.

    Nadie más que nosotros sabemos lo que hicimos ese día. Sé que mi esposo no se arrepiente de ello y sé que yo tampoco lo hago.

    Un capítulo sin tanto sexo, lo sé, pero lo creo necesario para que puedan entender lo que está por venir.

  • Rico orgasmo en el transporte público

    Rico orgasmo en el transporte público

    En esta ocasión les platicaré de una vez que utilicé el metro de la ciudad de México para trasladarme a mi trabajo.

    Quien lo ha utilizado sabrá lo complicado que es poder abordarlo en las horas pico, pero también sabrán lo delicioso, divertido y morboso que es, así como también sabemos que es menos complicado subirse al vagón mixto o para hombres, ya que en el de las mujeres se pone súper pesado debido a como somos.

    Cómo saben siempre visto de una manera muy puta y está vez no era la excepción, ese día traía un vestido corto, escotado, coordinado de bra y tanga en color rosa y por supuesto zapatillas.

    Traté de subirme al primero que pasó pero fue súper complicado ya que éramos demasiados intentándolo, al estar ahí vi a varios hombres que no quitaban su vista de mí, de mi generoso escote por el cual se alcanzaban a apreciar mis tetas, así como de mis piernas y mis nalgas, eso lejos de incomodarme me puso caliente como ya es costumbre en mi.

    Detrás de mi estaban dos hombres por lo que vi y escuché en esos momentos supe que eran amigos, ambos me sonreían cada que nuestras miradas se cruzaban y comentaban que justo ese día había más gente de lo normal y que les costaría más trabajo abordar que en otros días, después de varios intentos por fin logré abordar al igual que ellos y al hacerlo quedé justo en medio de los dos, no sé si se pusieron de acuerdo para que así fuera o realmente por la cantidad de personas que subimos así paso.

    El metro comenzó su marcha y al hacerlo fue inevitable los empujones y por obvias razones los roces, sentí claramente las manos de uno sobre mis piernas de frente y la verga en mis nalgas del de atrás, ambos se disculparon por el roce, les sonreí y les contesté que no se preocuparan.

    Antes de llegar a la siguiente estación el metro se enfrenó muy fuerte lo que ocasionó más empujones y roces, sentí que me caía y sin querer me pegue a uno de ellos sintiendo toda su rica verga en mis nalgas y del que tenía enfrente me agarre de su brazo jalándolo hacia mi por lo que también sentí su verga de una manera deliciosa.

    Ahora fui yo quien les pidió disculpas y ellos solo me sonrieron, llegamos a la siguiente estación y subió más gente por lo que prácticamente quede pegada a ambos, el metro avanzo y comencé a sentir las manos de los dos sobre mis piernas y nalgas, sentí un rico calorcito entre mis piernas y comencé a excitarme, las caricias se hicieron más constantes y al ver que no ponía resistencia si no al contrario, intensificaron sus caricias.

    Sentía sus manos subir y bajar por mis piernas, tanto por detrás como por enfrente, intentaban meter sus manos para tocar mi panocha, así que decide facilitarles esa maniobra e intente abrir un poco las piernas para que fuera más fácil, como pude lo hice e inmediatamente sentí los dedos de ambos recorrer mi panocha sobre mi tanga, uno de ellos logro hacerla de lado y sentí como su dedo entro en mi ya lubricada panocha, me tuve que morder los labios para no dejar salir un gemido.

    El que estaba frente a mi noto eso y me puso su pecho para que me recargara en el y ahogara ahí mi gemido, era delicioso sentir los dedos de ambos entrar y salir alternadamente de mi panocha, sus dedos entraban por completo y era delicioso sentirlos, me estaban matando de placer.

    Como si se hubieran puesto de acuerdo ambos se acercaron a mis oídos y mientras uno me decía que estaba deliciosa mi panocha, que estaba muy mojada, el otro me decía que era una putita barata en busca de vergas, escuchar a los dos al mismo tiempo decirme cosas muy ricas me terminó por poner más caliente y les acaricie sus vergas sobre el pantalón, para después bajar el cierre y meter mi mano para acariciarles la verga muy rico.

    Me tenían tocando el cielo, uno de ellos me dijo desde que te vimos tratando de entran al metro delante de nosotros pensamos esta es una putita buscando verga y creo que no nos equivocamos verdad zorrita? Por qué eso es lo que eres una perrita en busca de vergas, yo solo asentí con la cabeza, ya que estaba a punto de llegar al orgasmo con los dedos de ambos, uno en mi panocha y el otro en mi culito, me hicieron venir de una forma exquisita, sentía que me tenían cargada sobre sus manos únicamente, fue un orgasmo súper intenso

    Tenía ganas en esos momentos de chuparles la verga y que se vinieran en mi boca ahí mismo y les apreté la verga como queriendo que ellos también se vinieran, pero se aguantaron para no hacerlo.

    Una vez que pasó mi orgasmo recobre la calma y la compostura, ellos se encargaron de acomodar mi tanga ya que la tenía a media pierna y en la siguiente estación bajamos los 3, preguntaron si estaba bien, les dije que si, que lo que acababa de suceder había sido algo muy muy delicioso y que me encantaría poder recompensarles ese delicioso orgasmo que me habían hecho tener, uno de ellos pregunto cómo quería hacerlo y acariciándoles la verga, dije que me gustaría chupárselas y que me cogiera tan rico como me habían metido los dedos.

    Ambos sonrieron y uno de ellos dijo ‘mmm creo que estábamos en lo cierto desde que te vimos, sabíamos que eras una putita buscando verga, cuando quieras podemos darte una muy buena cogida puta y podrás sacarnos toda la leche perra’.

    Uno dijo ‘quiero ver tu cara de puta llena de leche’ (será que de verdad me veo muy puta) mientras que el otro dijo ‘yo quiero ver cómo te tragas toda mi leche zorra, te vamos a dar verga hasta dejarte llena y bien abierta del culo y panocha puta, porque a las putas como tú se les da hasta para llevar perrita’.

    Uno de ellos me dijo que le regalara mi tanga como recuerdo de la deliciosa deseada que me habían dado, le sonreí y baje mi mano para irme quitando la tanga, cuando cayó al suelo rápidamente se agachó y levantes los pies para que pudiera recogerla.

    Ese día anduve sin tanga y muy caliente todo el día con ganes de una rica cogida.

    Les di mi número y quedamos de vernos con más calma para disfrutar de una rica cogida.

    Y desde ese día procuro viajar más seguido en metro jejeje.

    Espero les haya gustado está aventura por demás deliciosa.

    Cómo siempre pongo mi correo a su disposición para cualquier comentario.

    [email protected].

    Besos.