Autor: admin

  • Por fin mi fantasía se cumplió (Parte 1)

    Por fin mi fantasía se cumplió (Parte 1)

    Les vengo a contar con gran alegría que me he cogido a mi suegra hace un par de días.

    Todo comenzó un día que estábamos en el casa de mi suegra, todos habíamos salido de casa, cuando regresamos el papá de mi novia quería salir con sus hijos, por lo cual le dije que fuera y que yo le esperaba ahí en casa de su mamá, con el perro.

    A lo que dijo que estaba bien, que esperaba no tardar mucho, entonces me quedé ahí en la casa, yo estaba solo con el perro, pero luego escucho a alguien que va entrando a casa, pues era mi suegra, ella llegó antes de lo esperado.

    Ella dijo… ¿Dónde están todos?

    Yo: Se fueron el su papá, dijeron que no iban a tardar mucho, así que le dije a su hija que la esperaba aquí.

    Suegra: Bueno… ¿Ya comiste?

    Yo: Si, no se preocupe ¿Cómo le fue?

    Suegra: Me fue bien, nada interesante y ¿Cómo te trata mi hija?

    Yo: Bien, no puedo quejarme, es una gran persona, usted le enseñó bien.

    Suegra: Jajajaja, que bueno y ¿Qué tal el sexo?

    Esa pregunta me sorprendió pues ella y yo casi no hablábamos nunca, pero pues no podría dejarla sin respuesta.

    Yo: Es muy buena, la verdad, siempre disfrutamos hacerlo.

    Suegra: ¿Si lo hace rico?

    Yo: Por supuesto que sí, supongo que también lo aprendió de usted (Yo hablando en todo de burla).

    Suegra: Pues me gustaría que me dijeras si ella lo hace mejor que yo.

    Yo estaba tan caliente por escucharla hablar y decir esas cosas, mi verga ya estaba muy dura y bien parada, yo solo quería metérsela hasta la garganta.

    Yo: ¿Que está diciendo? claro que usted lo ha de hacer bastante bien. (No por eso es la putita favorita de todos, pensaba yo).

    Suegra: ¿Qué te parece si nos conocemos más?

    Me dijo mientras estaba parada frente a mi acariciando mi bulto.

    Suegra: Que rica esta, gruesa y dura, ya veo por qué mi hija está contigo.

    Yo: Cómo cree ¿De verdad le gusta? si le gusta tráguesela toda hasta la garganta.

    Ella se hincó frente a mi, me bajo el pantalón cómo una puta hambrienta de verga, me empezó a masturbar con fuerza, me escupía mucha saliva, toda mi verga estaba bastante húmeda y dura.

    Suegra: Oooh si, que rica verga tienes, dámela toda, quiero comérmela.

    Ella se empezó a tragar toda mi verga, se atragantaba con ella.

    Se sentía tan rico, cómo entraba y salía, me miraba con lágrimas en los ojos de tan adentro que llegaba.

    Le agarré la cabeza y le empecé a follar la boca.

    Yo: ¿Te gusta perrita? cómetela toda, siente como te la tragas.

    Mis testículos pegaban en su cara, ella hacia secadas y estaba tan caliente, se sacó las tetas y puso mi verga entre sus tetotas.

    Yo: Que ricas tetotas tienes putita, se siente bien rico como me lo haces.

    Suegra: ¿Te gustan mis tetas?, ¿Te gusta cómo se siente? (Me escupía más en la verga mientras me masturbaba con sus tetas).

    Todo estaba tan húmedo y se sentía tan rico, yo quería venirme en su cara, ya no aguantaba más de tan excitado que estaba.

    Yo: Me voy a venir perra ¿Quieres mi leche? ¿Quieres tragártela?

    Ella me masturbaba con sus tetas y me chupaba la cabeza de la verga.

    Suegra: Aah si, dame tu leche, quiero probar tu leche, dámela toda, mánchame toda, lléname de tu leche, soy tu perra.

    Yo: Aaah si, perra, trágatela, trágatela, me vengo me vengo.

    Suegra: Vente en mí, dámela toda, vente mi amor.

    Yo: Aaah sí, me vengo, me vengo puta.

    Suegra: aaah siii dámela.

    Y entonces me vine, me vine tanto que le cayó en la boca, en la cara, tenía todas las tetas llenas de mi leche, eso me calentaba tanto que le metí la verga en la boca otra vez y me la follé duro.

    Suegra: Aaah si que rico, quiero que me rompas el culo, quiero que me llenes toda otra vez.

    Se levantó y se sacó los pantalones dejando ver si hermoso y grande culo, redondo y carnoso culo que tanto deseaba comer.

    Hasta aquí está vez, pronto subiré la parte dos, recuerda comentar y cualquiera cosa estoy en el mail para todos, gracias por leer, no se pierdan la parte dos, dónde me cojo a la putita.

  • Historia caliente con mi deseada cuñada

    Historia caliente con mi deseada cuñada

    Mi cuñada tiene unos 25 años, es rubia, con un buen cuerpo, pero si había algo que realmente me llamaba la atención era que sabía que ella era una mujer muy experimentada y soñaba con que todo lo que mi novia no se atrevía a darme ella si lo haría, pero solo era un sueño. Cuando venía de visita a casa, yo no paraba de observarla, le miraba la cola, sus pechos, se podía distinguir si llevaba tanga o calzón común, y después que se iba no aguantaba las ganas de masturbarme en honor a ella y de hecho lo hacía. Para mí todo esto era raro pero excitante, hasta que un día mi novia se fue con sus amigas y yo con mis amigos como era costumbre en nosotros, pero esta no iba a ser una salida más, esa noche iba a ocurrir lo que tanto soñaba.

    Con mis amigos decidimos ir a bailar a un lugar que queda en las afueras de la ciudad como lo hacíamos siempre y ahí nos dirigimos, entramos y empezamos a beber como locos, era normal en nosotros y en la mitad de la noche ya estábamos todos borrachos y bailando en la pista como locos, hasta que en un momento decidí ir hasta el baño para mojarme el pelo y lo hice cuando estaba regresando del baño me dirigí a pedir un trago y allí la encontré, era ella, con su cabellera rubia platinada y sus ojos celestes, cuando la vi actué indiferente, la saludé y me invitó a sentarme junto a ella y yo después de hacerme el que lo pensaba accedí.

    Ella tenía puesta una minifalda negra sin medias me di cuenta porque rocé su pierna con mi mano sin quererlo, tenía unas piernas geniales dignas de ser mostradas sin medias, arriba llevaba una camisa blanca semi transparente por la cual se observaba el corpiño que era más chico de lo que debería usar, lo usaba a propósito para provocar, así lograba que casi medio seno quedase a la vista de todos y mis ojos no podían dejar de mirarla.

    Empezamos a charlar de cosas sin importancia, mientras tanto champagne va, champagne viene, yo quedé muy borracho y ella que estaba bien quedó casi como yo, cada vez que le decía algo tenía que acercarme a su oído por la música que era realmente fuerte y cada vez que lo hacía me acercaba a su cuello y sentía su perfume, su piel, su aroma y cada vez que ella se acercaba a mi sentía escalofríos por todo el cuerpo.

    Pasaron las horas y la charla cada vez fue más caliente, ella me contaba cosas que había hecho y cosas que le gustaban, hablando de sexo por supuesto, y todo se tornó más caliente todavía porque me acerqué a ella como para decirle algo y no pude resistir la tentación y le di un beso en el cuello y me alejé. No sabía cómo podía reaccionar, pero ella me miró con cara seria, como enojada, pero no pudo aguantar y se le escapó una sonrisa de sus labios y fue como rendirse…

    Volví a acercarme y empecé a besar su cuello y a pasar mi lengua por allí, ella automáticamente me abrazó, como entregándose a mi y de su cuello mis besos se fueron aproximando a su cara, sus pómulos hasta que comencé a rozar sus labios, me temblaban las piernas, la erección que tenía era indisimulable, nos besamos en la boca apasionadamente, y le propuse que nos corriéramos a un lugar más oculto, por si alguien nos pudiera ver y ella aceptó.

    Nos fuimos a un rincón del lugar muy oscuro y alejado, yo me apoyé en la pared y la traje hacia mi, allí empezamos a besarnos como locos, todo era muy caliente, mis manos estaban en su cintura y la presionaba contra mi cuerpo para que sienta mi pene súper parado y duro, pero mis manos no aguantaron y empezaron a bajar hasta que pude sentir ese culo que tanto había mirado y deseado, lo masajeé un buen rato, pero yo quería mas, estaba muy caliente y ella no oponía resistencia, así que bajé mis manos hasta que pude encontrar el fin de su minifalda y de ahí empecé a levantarla con mis dos manos hasta que llegué a su hermoso culo y pude sentir que llevaba una tanguita tan diminuta que le dije al oído:

    —Ay mi amor…

    —Qué te pasa? —Respondió ella.

    —No podes tener esa tanga —le dije yo.

    —Te gusta mi tanga?

    —Me apasiona, la tenés toda metida en la cola.

    —Si papi, se me metió entera.

    Mis manos recorrían ese culo, esa tanga, la corrían para un costado, la metían mas adentro, mi excitación aumentaba y la de ella también, mientras todo esto ocurría seguimos besándonos, nuestras lenguas jugaban entre ellas y parece que mi cuñada no quiso quedarse atrás y sus manos que estaban en mis hombros empezaron a bajar por mi pecho, mi cintura, y como yo tenía un pantalón de vestir, de esos amplios, no demoró mucho en sentir mi pene hinchado y comenzó a tocarlo por encima del pantalón e inmediatamente me dijo:

    —Ay papi que pedazo de biberón que tenés.

    —Te gusta? está llenito y todo para vos. —Le dije.

    —Uy con lo que me gusta tomar la leche, bebé.

    Ese momento fue unos de los más calientes, pero esto seguía, sus manos empezaron a bajar el cierre de mi pantalón y metió la mano en mi slip como pudo para poder sacar mi verga afuera, ya estaba toda lubricada por la calentura del momento, la miro y me miró a los ojos y empezó a masturbarme, me preguntó “¿te gusta?” y le dije “me encanta bebé”.

    Mientras ella frotaba mi verga con toda su experiencia, lo cual le permitía hacerlo de una manera muy especial yo jugaba con su tanga… con su culo… en fin, con mis manos en su cuerpo, pero ninguno de los dos queríamos que esa noche termine de esa manera, queríamos más, mucho más y esto quedó demostrado al yo proponerle ir a otro lugar, algo más íntimo.

    Ella ni lo dudó, aceptó inmediatamente y de hecho nos retiramos del lugar, por separado para no sembrar dudas y nos encontramos en mi coche el cual estaba estacionado a dos cuadras de la disco. Yo llegué antes que ella y me escondí para esperarla, cuando apareció me le abalancé desde atrás de un árbol, pero ni siquiera se asustó, la agarré por la espalda, mis manos fueron directamente a sus tetas y mi cuerpo bien cerquita al suyo, ella gemía tímidamente con cada lengüetazo mío que iba a parar a su cuello, y mi verga muy erecta apoyada en sus nalgas por arriba de la minifalda por supuesto, pero estábamos en la calle, así que le propuse irnos y así lo hicimos.

    Ya en el coche todo se «enfrió» un poquito, ya que mucho no podíamos hacer, así que nos pusimos a charlar, hasta que ella me preguntó:

    —¿te gusta jugar?…

    Yo medio despistado le dije:

    —¿Jugar a qué? —Un poco lento lo admito, pero con una mirada de ella bastó para que me dé cuenta de que se trataba y después me explicó que era exactamente lo que le gustaba, me dijo:

    —A mi me gusta jugar a muchas cosas, te gustaría vendarme los ojos, amarrarme a la cama y hacerme lo que quieras?

    Mi cara lo decía todo, quede atónito…

    —Me encantaría —le respondí.

    —Ya vas a ver, cuando lo pruebes te va a gustar más mi jueguito.

    Bueno esta es la parte más interesante de lo que íbamos hablando en el coche mientras nos dirigíamos a un lujoso hotel en las afueras de la ciudad, quería lo mejor para esa noche, no la iba a desperdiciar.

    Cuando llegamos a la habitación quedamos mirándonos… pero eso duró apenas unos segundos y nos hundimos en besos apasionados y enseguida mis manos empezaron a recorrer su cuerpo, su cuello, sus pechos, sus nalgas, empecé a desprender su camisa muy lentamente, con cada botón que desprendía podía empezar a ver un poco más de sus redondos pechos apretados por ese corpiño pequeño que llevaba puesto.

    Las manos de ella ya estaban manoseando mi verga la cual había dejado afuera en un segundo, yo empecé a bajar esa diminuta minifalda que llevaba, me ahogue para sacársela y mientras subía lo hice pasando mi lengua por sus piernas, a ella se le escapó un gemido, sabía que eso le gustaba, pero no me dejo seguir, se separó de mí, agarró mi camisa de color negro y la dobló hasta dejarla como una venda gigante y se la ató en los ojos.

    Era imposible que pudiera ver algo, se acostó y me pidió que la ate, yo no sabía cómo hacer eso, hasta que observé mis medias en el suelo y las utilicé como una cuerda para atar cada brazo de ella en cada uno de los barrotes de la cama, luego de hacer esto me paré y me terminé de desvestir. Ella solo tenía su corpiño y su tanguita, me quedé observándola, su cara expresaba miedo, pero a su vez placer, inseguridad, pero ansiedad, era hermosa, y tenerla así para mi solito era más hermoso todavía.

    Me acerqué a ella y sin meterme en la cama comencé a besar sus pies, mi lengua recorriendo cada uno de sus delicados deditos, sus gemidos no se hicieron esperar, muy lentamente comencé a subir besando sus piernas, sus muslos hasta llegar a entrepierna, recorrí con mi lengua todo el contorno de esa tanga tan pequeña que tenía, pude notar que ya estaba toda mojada, sin dejar de besarla, con mis manos la dejé completamente desnuda, abrí sus piernas y comencé a pasar mi lengua por el borde de su conchita toda húmeda, ella casi gritaba ya, pero eso no me importó y seguí, cuando menos lo imaginó yo ya estaba con mi lengua jugueteando en su clítoris, ayudándome con mis dedos, los cuales entraban y salían sin parar. Era muy rico sentir todos sus jugos en mi boca, estaba saboreando a mi cuñada tan deseada por años y lo estábamos disfrutando…

    De pronto me alejé y quedó desconcertada, pero no habló ni preguntó, me fui acercado muy silenciosamente a su cara, con mi verga por supuesto, a medida que me acercaba ella comenzó a sacar la punta de su lengua, como esperándome, ella ya lo sabía, y no la hice esperar mucho. Me paré encima de su cara y me agaché dejando mis huevos en la puerta de su boquita y ella los recibió encantada y empezó a chuparlos suavemente, mi pene ya estaba lubricado, muy lubricado, era demasiado todo esto para un solo día. De golpe saqué mis huevos de mi boca, ella continuaba con su lengua apenas afuera de su boca, sin ver nada, sin saber que podía pasar, acerqué mi verga a su boca y rápidamente sentí su lengua recorriendo la cabeza mojada de mi pene. No aguanté demasiado así, rápidamente ya lo tenía todo en su boca, y realmente sabía lo que hacía, era una experta chupándola, mis manos sujetando su cabeza y mi verga entrando y saliendo, estaba cogiendo su boca, de a ratos sacaba mi verga, la pasaba por toda su cara y finalizaba apoyándola entre medio de sus tetas mojándolas, cogiéndolas hasta que la penetré sin más…

    Todo fue muy hermoso, lo gozamos mutuamente.

  • Disfrutando del sexo en una clínica de fertilidad

    Disfrutando del sexo en una clínica de fertilidad

    Mi mano iba y venía rítmicamente bien lubricada y agradable. También miré las dulces fotos de la revista frente a mí. Al mismo tiempo, estaba pensando en Jaana, sus nalgas, sus muslos, sus caderas y sus hermosos pechos grandes. La presión en mi ingle aumentó a medida que crecía hasta que me sentí casi en un punto de explosión. Entonces comenzó la erupción, sucediendo como una pistola de fuego.

    La enfermera Jaana preguntó detrás de la cortina si estaba listo, le respondí que sí, que podría haberse deducido de mis voces sexuales. Le entregué el contenedor y mi salida. Ella agradeció y sonrió, me pareció que la enfermera era extremadamente agradable y también tenía esas formas femeninas que estaba describiendo.

    Pasó una semana. Todos los días pensaba en mi nueva conocida Jaana y sus formularios, a pesar de que solo la conocía como enfermera de la clínica y solo la había visto una vez durante el muestreo. Todavía me abstenía de los orgasmos según las instrucciones que recibí, aunque fue difícil. Luego volví a esa clínica de fertilidad, según mi cita.

    Fui recibida por una doctora canosa de 60 años. Pensé que probablemente no habría nada que esa mujer no supiera sobre la fisiología reproductiva humana. Ella fue muy amable, me dio la mano y me pidió que me sentara. Luego dijo los resultados de la prueba:

    -Primero, los resultados del control de salud normal que hicimos. Todo está bien, eres completamente saludable. Luego los resultados de la prueba de esperma. Tengo que admitir que yo y mis colegas estábamos realmente impresionadas. Tal es rara vez visto, si alguna vez.

    Yo estaba un poco preocupado, le pregunté:

    -¿Qué significa eso? ¿Está todo bien?

    -Si lo es. Bueno, de hecho lo es. En primer lugar, la cantidad de esperma. Era simplemente asombrosa, muchas veces del hombre promedio. Y también no es ningún papillo de agua, la cuenta de los espermatozoides es enorme. Y su calidad: la movilidad de los espermatozoides y otras características son las mejores para el Grupo A. En general: ¡tienes una capacidad de reproducción absolutamente increíble!

    Me sentí halagado al escuchar esa declaración de una boca experta. Eso era algo que había imaginado. Ella continuó:

    -Es realmente genial que te conviertas en un donante de semillas regular en nuestra clínica. Además, eres el tipo de hombre con el que la mayoría de las mujeres quisiera reproducirse. Apoya los objetivos básicos de nuestra clínica, ¡queremos hacer crecer la próxima generación de individuos sanos y vigorosos de acuerdo con los mejores principios de la eugenesia!

    Luego me pidieron que fuera a la sala de muestreo, la misma donde había comenzado mi carrera como donante de semillas una semana antes. ¡Oh, cómo deseaba que cierta persona estuviera en el turno ahora! Y entonces, mi deseo se hizo realidad… la enfermera Jaana entró en la habitación en su traje de trabajo sexy. Al saludarme, sonrió, no era una sonrisa pública normal, me pareció, al menos me imaginaba, que sus ojos comenzaron a brillar cuando nos volvimos a ver. Parte de la razón de esto podría ser que él también sabía sobre los resultados de mi prueba, que podría haber sido un tema común en la sala de café de las enfermeras.

    Yo tenía una sugerencia audaz:

    -¿Puedo estar desnudo cuando done semen? Se siente un poco más natural de esa manera.

    Jaana respondió con una sonrisa y sus ojos brillantes:

    -¡Por supuesto que puedes! Solo elimina todo. No hay nada de que ser tímido aquí ni en nadie, al menos yo no.

    Jaana salió de la habitación por un momento. Estuve hojeando las revistas porno hasta que tenía erección, luego tomé un lubricante en mi mano y comencé a masturbarme. A diferencia de la primera vez, el telón no estaba cerrado ahora. Cuando tuve un buen comienzo, Jaana regresó de repente para verme en pleno apogeo. Seguí desvergonzadamente. Después de todo, no es necesario sentirse avergonzado por el personal del hospital. Además, yo estaba haciendo exactamente lo que se esperaba que hiciera. Jaana preguntó:

    -¿Cómo te va? Necesitas ayuda?

    -Muchas gracias… no necesito.

    Me sentí completamente desnuda frente a esa mujer, así que lo estaba. La situación parecía enormemente erótica. Continuamos hablando sobre las cosas normales mientras me masturbaba frente a ella. La actitud de Jaana era realmente profesional, médica. Pero yo comenzaba a arrepentirme de decir que no necesitaba ayuda. Me pregunto si me atrevería a preguntar. Entonces animé mi mente y me pregunté qué podría perder aquí. Dije:

    -Por otro lado, podría necesitar algo de ayuda. Sería bueno si mi falo masajearías.

    Esperé a que Jaana estaría enojara. Pero la profesión de enfermera implica manejar varias situaciones sin distraerse. Entonces, ella respondió perfectamente naturalmente:

    -Lo que sea, sí lo hace. Las enfermeras ayudamos a los donantes de esperma cuando es necesario, no tiene nada de extraño.

    Se puso los guantes de goma, tomó un lubricante y comenzó a masajear mi falo totalmente erecto. Se sintió dulce y emocionado. Esa mujer realmente sabía lo suyo. Ella dijo:

    -Tienes uno grande. Un huevo realmente genial, porque tengo algunos puntos de comparación, veo mucho en este trabajo.

    -Gracias. Ese es el mejor cumplido que un hombre pueda oír.

    Esto continuó por algún tiempo. Entonces pregunté:

    -¿Te importaría quitarte la ropa, al menos el vestido? Me excitaría más y me ayudaría tener eyaculación más rápido.

    -Bueno, puedo quitarme el vestido, solo por esas razones médicas. Pero no me quito la ropa interior.

    Ayudé a abrir la cremallera del vestido. Ella continuó masajeando mis huevos solo con sujetador y bragas. Me pareció cada vez más emocionante. Admiré su magnífico cuerpo. Entonces decidí probar mi suerte otra vez:

    -¿Serías tan amable de quitarte el sostén? Es decir, con fines médicos, para promover el proceso de donación de esperma.

    Increíble, de hecho se los quitó. Yo estaba extasiado:

    -¡Tienes unas tetas geniales! Realmente hermosas.

    Ella sonrió y continuó entregando, sus grandes tetas balanceándose con el movimiento de su mano. Podría haber regado las semillas, pero lo retrasé, lo disfruté inmensamente, quería prolongar esta maravilla. Su mano se deslizó alrededor de mi huevo mientras que la otra mano acariciaba suavemente mis testículos. Empujé mi pelvis hacia adelante, la moví rítmicamente y cerré los ojos en el éxtasis del placer sexual. Susurré con voz ronca:

    -Eres una mujer maravillosa…

    Noté que Jaana también estaba cerrando los ojos y respirando más intensamente mientras ella mi falo masajeaba. Luego su otra mano se deslizó en las bragas. Pensé que yo no fuera el único en esta sala que recibió un masaje erótico. ¡Jaana claramente se divirtió también! Ella preguntó:

    -¿Estas bien?

    -¡Muy bien! No te puedes imaginar lo bien que me siento.

    -Siento que realmente puedo imaginar…

    Dijo eso porque se divirtió también. Entonces dije:

    -Se siente tan bien que solo puedo imaginar una cosa que podría ser aún más maravillosa contigo…

    Preguntó con picardía y con un brillo en los ojos:

    -¿Y qué sería?

    -Adivina.

    -Tal vez se podría hacer algo al respecto.

    Dicho esto, interrumpió el masaje y limpió el lubricante de mi huevo con una toalla de papel. ¿Qué demonios pasó ahora? Luego sacó algo del armario y explicó:

    -Este es un condón especial utilizado para recuperar semen. El depósito de esperma es extra grande, y no hay espermicidas que maten a los espermatozoides. Este es de caucho natural, no causa alergias. La película de goma es realmente fino, para un mayor disfrute, y el perfil sigue la forma del falo. Y luego, por supuesto, esto es más grande de lo habitual, de acuerdo con el tamaño de tu huevo.

    Ella comenzó a poner ese preservativo sobre mi huevo. Se dice que un caballero se frota con la goma, pero ¿ese era el propósito? Adivinando mi asombro, Jaana explicó:

    -Tenemos un servicio especial aquí en la clínica, que rara vez se realiza. Por ejemplo, yo nunca lo he hecho antes. Solo se da en ocasiones especiales y solo a los mejores donantes como tú.

    Se quitó las bragas. Se reveló un grueso triángulo de cabello moreno, era muy porno y tenía un aspecto emocionante. Entonces esa mujer completamente desnuda fue sobre la mesa de espaldas, extendió sus muslos y susurró:

    -Ven aquí…

    Yo estaba sobre la mesa entre sus magníficos muslos y me deslicé suavemente en la muesca caliente con mi huevo de goma. La mujer era extremadamente resbaladiza y viscosa. Ella tenía una coño maravillosa y profunda.

    La fornicación evolucionó a un ritmo vehemente. Jaana comenzó a respirar más y más fuerte. Sospeché que era muy audible en la sala de café de las enfermeras. Pregunté con preocupación:

    -¿No va a ser un problema para ti?

    Jaana respondió, jadeando:

    -No, ya te dijo, este es un procedimiento clínicamente admisible. Pero están celosas de mí, todas.

    Siempre extendía mis coitos al abstenerme de la eyaculación para permitir que la mujer disfrutara el mayor tiempo posible. Las caderas de Jaana se retorcieron en el sexo. La voz de una coño mojada, el olor del coito y la voz sexual de la mujer llenó la habitación. Todo estaba perfectamente audible en la sala de espera y la sala de café. Al menos mirarían el reloj cuánto duraría nuestra relación sexual.

    A continuación, Jaana explosivamente tuvo un orgasmo vaginal, sentí sus contracciones musculares de la coño, que seguía y seguía. ¿Acabaría ese pico alguna vez?

    Finalmente, sus caderas se relajaron por completo. Siempre tuve el principio de que no eyacularía hasta que la mujer tuviera un pico de los disfrutes. Había logrado abstenerme hasta ahora. Ahora era mi turno de disfrutar del sexo y podía dejarlo ir. Hice mis últimos empujónes lentamente. Sentía que me estaba moviendo a un nivel superior de conciencia, todo estaba desaparecido, solo quedaba una tremenda cantidad de disfrute. Luego bramé ruidosamente cuando una gran cantidad de semen, acumulado en testículos y pelvis durante la semana de abstinencia, salió a chorros desde mis caderas y de mi huevo a el condón.

    Saqué mi huevo de la coño. El condón se inundó de esperma, Jaana lo recuperó y lo almacenó de acuerdo con el procedimiento normal. Luego fue a acostarse nuevamente en la mesa, completamente desnudo y disparado, diciendo:

    -Como todos los demás, tengo un descanso para tomar café, lo uso para recuperarme…

    -¿Hay otros viniendo aquí?

    -Sí, supongo que el próximo donante vendría a la 1 p.m., pero ya es más de uno. Él pueda ir al baño de la sala de espera para hacer el trabajo allí.

    Entonces Jaana contó un poco sobre sus propias cosas. Estaba divorciada, como la mayoría de las mujeres de la profesión de enfermera.

    -Me gustaría de un bebé, todavía tengo tiempo. Pero mi ex marido no quería hacerlo, era la razón principal para divorciarme de él. Y a pesar de que no podía haber lo hecho, el esperma era de muy mala calidad.

    Me preguntaba cómo podría seguir conociendo a Jaana. Al menos quería asegurarme de que ella estuviera de nuevo en trabajo cuando donaré esperma. Sin embargo, Jaana fue la primera en decir:

    -¿Podrías venir de nuevo a las cinco? Entonces mi turno termina. Podríamos ir a mi casa, yo prepararé la cena, luego podríamos ir juntos a la sauna. Y después de eso, tal vez podamos idear algunas cosas buenas que hacer…

    -¡Bien, de hecho bien!

    -Podríamos continuar de donde estábamos ahora. Y una cosa: Esta vez realmente no tienes que traer preservativos. Te estoy esperando…

    -¡Realmente lo haré! Vendré otra vez…

  • Una apuesta en el descampado

    Una apuesta en el descampado

    Habíamos salido a cenar y como muchas noches, habíamos acabado en las carreras ilegales de coches donde a mi novio le gustaba acabar día si y día también. Ya cuando salíamos apenas me arreglaba. Esta vez me había puesto una camiseta blanca, una falda corta y un zapato plano.

    Mientras él se retaba con sus amigos, yo esperaba y hablaba con el resto. Alguno que otro me invitaba a un paseo en su coche pero sabía como solían acabar. Mi novio no era muy bueno pero la noche iba bastante mal. Ya debía bastante dinero y hoy solo lo había agravado.

    Nos estábamos yendo cuando uno de los mejores se acercó. Un chico alto, moreno y que parecía que invertía muchas horas al gimnasio como al coche. Le dice algo al oído mientras sonríe.

    -Debo casi 7,000 euros… sabes que no lo tenemos y qué ocurre si no puedes pagar. Robert me ofrece una última carrera antes de irnos. Tengo que intentarlo pero necesito tu apoyo. Me ha pedido que si gano me perdona la deuda pero si pierdo tú te tendrás que ir con él a dar un vuelta en su coche.

    Le reprocho su actitud, le grito. No me creo lo que me está pidiendo. Vuelve a pedírmelo por favor, que está seguro su victoria y que no pasará nada. A regañadientes acepto, le ayudo a poner a punto con el coche y el deseo suerte.

    La carrera comienza, va primero, aguanta cada uno de los ataques. Llega a la última curva y su coche se queda parado. El otro coche le pasa y gana la carrera.

    Veo como sale del coche, se pavonea, le dice unas palabras a mi novio y se acerca.

    Se ríe, me mira y cogiéndome por el brazo me metió en el coche. No dijo nada hasta que aparcó en un descampado cercano a donde estábamos.

    -Llevaba esperando este momento bastante tiempo… Tu novio es un cretino, solo piensa en el gimnasio, en el coche y en él. Mira cómo has acabado. Ahora por él no saber cerrar su bocaza, tú tendrás que abrir la tuya.

    Aún en el coche, se bajó el pantalón, se quitó el bóxer y pasando su mano por detrás del cuello, me llevo la cabeza hasta su entrepierna.

    Abrí la boca y noté como entraba poco a poco. Era grande y gruesa. Llegó hasta el fondo de mi garganta y cuando intenté sacarla de mi boca para poder chuparla, noté como su mano me paró a la mitad.

    -Soy yo el que decide y me gusta darlos duro en la boca. Vamos a pasarlo bien.

    Me empuja hacia abajo otra vez mientras con su cadera mueve su miembro hacia arriba. Yo apenas puedo emitir un sonido al notar como penetra. Acompasamos el movimiento de mi cabeza y su cadera, cada vez más rápido. Noto como salivo todo su miembro y sus huevos me dan en la mejilla.

    -Eres una verdadera guarrilla, mira que te gusta… Cómo llevo esperando este momento. Ahora verás que te voy a hacer

    Acto seguido, noto como empuja con más fuerza mi cabeza hacia abajo y mete hasta el fondo su miembro. Noto como entra hasta la garganta, aguanta unos segundos y la vuelve a sacar.

    -Así me gusta, aguantando como la perra que eres. Ahora vamos fuera, quiero probar esa conchita. Pero antes, quítate la camiseta quiero probar esas tetas.

    Salgo sin camiseta, nos ponemos delante del coche. Mis pezones se ponen duros por el frío. Me pide que me ponga contra el capó del coche. Obedezco mientras coloca sus manos en mis tetas. Me abro de piernas. Me aparta el hilo de tanga, saliva mi concha y penetra poco a poco. Ahora incluso parece más grande mientras va aumentando el ritmo.

    Constante a pico y pala, con golpes rápidos, yo contra el capó, dejando escapar algún que otro gemido. Me empieza a palmearme el culo y me dice:

    -Gime, gime en alto. Así te escuchará tu novio donde esté

    Al principio dudo pero continúa su ritmo y sus palmadas. E insiste. Él comienza a gemir y yo le acompaño.

    -Más alto, zorra. Aullada para demostrar quien tu macho alfa. Como me gustas.

    Continúa, no da un momento de respiro. Noto como ahora aumentar tanto el ritmo que solo puede sacarla y meterla un poco. Noto el calor del motor del coche en mi cuerpo y como por detrás su gran polla hace que mis piernas se tambalean.

    -Venga, rápido… ponte de rodillas quiero que veas lo que es un hombre de verdad.

    Me arrodillo, me pone el miembro en la cara y antes de que me tiempo a nada, noto como un líquido cálido inunda mi cara y empieza a chorrear hacia abajo. Sin poder abrir los ojos, abro la boca para acabar de limpiarle el semen de su polla.

    -Mereció la pena. Eres una verdadera perra. Voy a buscar algo para que te limpies.

    Me quedo de rodillas en medio del descampado, con los faros de su coche iluminándome, con los ojos cerrados y mi cara llena de semen que chorrea poco a poco por mi cuerpo. Me da algo para limpiarme, me ayuda a levantarme y nos vamos al coche. Llego al asiento, voy a ponerme mi camiseta y no la veo. Le miro y señala mi mano justo con lo que acaba de limpiar.

    -Así sabrá que estuviste conmigo.

    Me pongo la camiseta de todas formas, me siento y ahora con los faros puestos me doy cuenta de que hemos tenido compañía todo el tiempo. Unos ocho o nueve tíos se habían estado tocando en la oscuridad del descampado mientras me cogían contra el capó.

    -Si, hay mucho mirón por esta zona. Hoy más que nunca. Parece que has desatado pasiones.

    Volvemos donde estaba mi novio, antes de bajarme del coche. Me coge del brazo y me dice:

    -Has estado muy bien esta noche, si vuelves a estar aburrido del gallito de tu novio no hace falta que le truques el coche para que pierda y estés conmigo. Te he visto como lo hacías.

    Sonrío, me bajo del coche y llego hasta mi novio. Tan sólo le conté que le hice una mamada y que así acabó mi camiseta. El resto queda entre él, un grupo de mirones y nosotros.

  • Giovanna la casada nalgona

    Giovanna la casada nalgona

    Hoy contaré la historia que pasó con Giovanna. Ella es una chava de mi edad que tiene un muy buen cuerpo y es una mujer muy aventada, tan aventada que es de las que te calienta, pero te deja hirviendo, a mí ya me la había aplicado varias veces y pues obvio tiene unas piernas hermosas una cinturita muy bien formada y un trasero grande y duro, yo ya me había cansado de que me diera a oler sus encantos y me dejara con ganas.

    Ella es casada y tiene 2 hijos, pero es bien zorra, así que un día decidí hacerla mía en base a mentiras.

    Ella estaba buscando trabajo y ahí vi la oportunidad de desquitarme de ella, le dije que había una vacante para secretaria con un amigo que si quería yo la llevaba a la entrevista, ella acepto ya que tenía tiempo sin trabajar.

    Ese día se vistió muy sexy un pantalón pegadísimo que marcaba su tanguita, un escote muy bueno y un saquito negro, yo sabía que este era mi momento, en realidad la estaba llevando al departamento que me heredo mi tía, ella ni se imaginaba que en unos minutos estaría en mi cama recibiendo su merecido.

    G: ¿Oye? y es muy lejos a dónde vamos?

    L: ¡No, ya falta poco, no te desesperes!

    G: ¿Y te gusta cómo me veo?

    L: ¡Te ves riquísima canija!!

    G: Y qué tal si tú y yo vamos a festejar después de mi entrevista.

    L: Jajá, ¡claro como quieras!!

    Fiel a su costumbre, ella iba tirándome la onda todo el camino, yo le seguía el juego, ¡el imaginar que ella iba directo a mi trampa me excitaba mucho!

    Llegamos al depto., ella se notó sorprendida ya que obviamente como te van a hacer una entrevista en un depto., entramos y le dije que se sentara, después fingí una llamada

    L: Si, aquí ya estamos esperándote, ¡espero no te tardes hermano!

    G: ¡Mmm!! Todavía no va a llegar?

    L: Se va a demorar tantito, ¿pero quieres algo de tomar? aquí hay cerveza, tequila y vodka!

    G: ¡Pues dame una cervecita!!

    Comenzamos a platicar y yo la verdad comencé a manosearla, le acariciaba sus piernas y poco a poco me acercaba más a ella, ella al principio estaba accesible pero cuando mis manos empezaron a agarrar sus ricas nalgas.

    G: ¿Qué haces?, ¡no espérate!!

    L: Ay lo siento, ¡pero es que estas buenísima!!

    G: Sí, pero vine a la entrevista, ¡qué tal si llega tu amigo ahorita!

    L: ¡Tranquila, a él le falta todavía un rato!

    Giovanna un poco tensa, miraba su reloj y tomaba su cerveza, yo continuaba, de pulpo, la tenía arrinconada en el sofá, ella poco a poco fue cediendo a la seducción.

    Comencé a darle besos en su cuello y acariciarla, ella comenzó a temblar y como que quería aventarme, yo la abracé y no me le despegaba, ¡seguía besándola y mis manos llegaron a su pepita!

    G: ¡No!! Que haces? ¡porque me metes la mano!

    L: ¡Ya!! Si es lo que tú quieres, por eso siempre te me ofreces!

    C: ¡No!! Yo solo estoy jugando, somos amigos!!

    L: Yo ya me cogí a casi todas mis amigas, ¡así que eso no me detendrá!

    G: ¡Pero soy casada!

    L: Mejor aún, ¡además tu marido me cae mal!

    La llevé a mi habitación y comencé a desnudarla, ella me rechazaba con sus palabras, ¡pero no hacía nada por detenerme!

    Comencé a besarle todo su cuerpo, era un manjar, sus piernas torneadas eran mordidas suavemente por mí, le quité su tanguita y vi su vagina rasurada, así que comencé a chupársela, ella trataba de quitarme de su vagina, pero poco a poco se dejaba, comencé a desnudarme mientras seguía dándole con mi lengua, sentí como sus fluidos salían de su vagina y llenaban mi boca, tenía la verga bien parada.

    Continuaba chupándosela mientras Giovanna jadeaba, esa calienta huevos finalmente estaba recibiendo su castigo y su rica vagina, ¡finalmente me estaba comiendo su vagina!

    G: ¡Ah, Luis, que rico!

    L: ¡Ves!! ¡eres una caliente!!

    Después de chuparle su vagina y dejarla lista, ¡Giovanna estaba preparada para mí!

    Me desnude dejando mis 21 cm duros a su mirada, ella quedó encantada y sin condón se la metí.

    Comencé con una gran patita al hombro, era el inicio, ella ya no decía nada, solo gemía mientras yo le metía la verga fuertemente.

    L: ¡Toma mi verga puta!, ya te la merecías, ya te la había perdonado mucho

    G: ¡Ah, mmm, no me digas puuu… ah, ah!!!

    Me empujaba con fuerza, ella me abrazaba y movía su pelvis muy rico.

    Me acosté de lado y lo hicimos de cucharita, Giovanna tenía unas nalgas fantásticas, yo me deleitaba con sus tetas y ella me lamia los dedos, su lado más salvaje empezaba a salir.

    G: ¡Mas, que rico, ah!

    L: No sabes que ganas te tenia, ¡uf!

    G: Cógeme, ah, ¡que rico!!

    L: ¡Uf, nena, que nalgas, muévete, ah muévete!

    La puse en cuatro y comencé a morderle sus ricas nalgas, mi lengua probaba todo ese manjar, ella movía su trasero como invitándome a montarla y yo como buen toro sin más ni más la embestí y se la metí hasta el fondo.

    L: ¡Toma, ah, toma!!

    G: ¡Ah, que rico, ah!!

    Ella gritaba mientras yo le jalaba el cabello y me sabroseaba sus tetas, ella comenzó a moverse y poco a poco se olvidó de lo que me decía, ella ya estaba muy excitada me acosté y comenzó a darse sus sentones sobre mi verga, al mismo tiempo hacia una licuadora riquísima que me hacía poner los ojos en blanco, ella estaba moviéndose tan rápido que sentí cuando se vino sobre mí, ella estaba en el éxtasis placentero la puse boca abajo y comencé a darle con todo.

    L: ¡Giovanna, ah, que rica eres!

    G: ¡Mas papi, dámela más!

    Ella gemía delicioso y movía su cadera de una forma que apretaba mi verga que ya no podía aguantar más, así que me vine dentro de ella, ella gritaba y movía su cadera para sentir mi líquido, yo gozaba el llenarle su rico coño, se la saque y ella inmediatamente se volteó y se acomodó para hacerme sexo oral, mientras ella me la mamaba, yo acariciaba sus grandes y morenas nalgas.

    L: Que rica estás, ¡esto es lo que ya quería hacerte!!

    G: ¡Mmm ya cállate papi y déjame chupar este pedazo de carne!

    L: ¡Uf, que rico lo haces!!

    G: ¡Uhm, sabe exquisito!!

    De tan ricas mamadas que me dio logro que tuviera otra erección, me miro a los ojos y me pidió que se la metiera por el culo.

    G: ¡Me encanta el anal!

    L: ¡Me matas, déjame darte rico!

    G: ¡Haz tuyo mi culo Luis!

    Yo la puse de perrito, saque mi celular y comencé a grabar sin que ella se diera cuenta, lamí su culo para lubricarlo y comencé a meterle mi verga, poco a poco, ella gemía y gritaba, eso hacía que me excitara más y me moviera mientras mi verga se ponía más dura.

    G: ¡Ah, mi culo, agh!!

    L: ¡Ahora me pertenece, ah, toma, toma!

    Le daba de nalgadas y cambiábamos de posiciones anales, ella ya estaba abierta ya casi no me apretaba tanto, pero yo no podía dejar de darle por su culo, al mismo tiempo acariciaba y jugaba con su clítoris le estaba dando doble placer, ella se vino nuevamente mientras yo ya sentía que mi leche saldría, así que me puse frente a ella agarre su cabello y me vine en su cara, saque tanta leche que ella hasta se estaba ahogando. Ella se tragaba mi leche y chupaba mi verga para limpiarla.

    G: ¡Que rico coges Luis!

    L: Tú también reina, coges delicioso, ¡pero ya me tengo que ir!

    G: ¡Es verdad!! La entrevista!! Tu amigo!!

    L: Nena, no hay entrevista, te traje aquí para poder cogerte sin problemas.

    G: ¡Hijo de la chingada te voy a demandar!

    L: ¡Mira cabrona te grabe y si haces algo demostrare que no te viole y este video llegara a tu marido! así que tú decides!

    Me levante, me vestí y le dije que cerrara la puerta antes de irse porque la de la limpieza ya estaba por llegar.

    Y así amigos, fue como hice mía a esa casada calienta huevos y pude darle su merecido por detrás jajá.

    Giovanna, pese que se indignó, termino por ser una putita más, me escribía para que fuera a darle verga, lo disfrute el tiempo que duro, pero todo tiene un final y el de ella lo contare más adelante.

  • Tímidamente osado

    Tímidamente osado

    El miedo y falta de valor para acercarme a la chica me tenían quieto, no lograba dar el primer paso. Después de 40 minutos de coqueteo e intenso contacto visual, finalmente decidí acercarme a ella. Nunca fui realmente muy bueno conquistando o diciendo, «no doy mi número, así que tomaré el tuyo».  Nunca me gustó jugar ese juego, nunca pareció funcionar a mi favor. Pero su estómago plano y sus jeans ajustados tenían una «excepción» escrita sobre ellos. Así que me arriesgué, me acerqué y muy apenado solo le di mi número en un papelito, que solo decía quítame el miedo llámame.

    Ahora, tengo que admitir que estoy un poco sorprendido. Un par de días después, recibo un mensaje de ella. Me está enviando mensajes de texto desde su automóvil, camino a su casa y quería saber qué haré más tarde.

    Pasa una hora, y ella me escribe diciéndome donde ir a verla, que si quiero ver una película en la televisión y charlar un rato con ella. Cuando llego me abre la puerta de su casa, y recuerdo al instante por qué hice una excepción… esos jeans ajustados y sexys que llamaron mi atención antes. Siempre me pregunto «¿cuánto tiempo tardan las mujeres en ponerse jeans así?»; espero que me entere por la mañana.

    Ya es tarde, así que subimos a la habitación principal del tercer piso para ver la película.

    Después de una conversación intensa, mezclada con algunas sonrisas coquetas y risas contagiosas, decidimos apagar la película, apagar las luces y poner algo de música suave. Los sonidos suaves y cohesivos del jazz, tocando en el fondo. El humo del incienso de romero baila desde la punta del mismo, disminuyendo gradualmente en la oscuridad de la habitación, dejando en el aire el hedor maduro y potente de la hierba.

    Nos devoramos con los ojos. Ella es muy segura y segura con sus deseos y necesidades. La conversación es un juego previo. Sus labios son agresivos y afrodisíacos; son muy sexys y muy excitantes. La forma en que puede articular sus deseos nos vuelve locos a los dos. El temor que siento se va desvaneciendo, ambos sabemos que esto es solo un ejercicio para calmar nuestras necesidades, ninguno desea un relación más allá de ser amigos con derechos solo deseamos darnos placer mutuo.

    Creo que ella siente lo mismo, y antes de que yo pueda cambiar el tema; Ella ya está sentada a horcajadas sobre mí y me está delicadamente acariciando mis labios y lengua con la suya como para no asustarme. Finalmente me recuesto mientras ella se sube encima de mí. Ella lo quiere y el hecho de que puede sentirlo presionando contra su pierna, solo está ayudando. Su tono de piel claro es perfecto, tan suave e impecable…, inteligente y experimentada, me enseñó cosas esa noche que nunca olvidaremos.

    Quiero volverla loca y ella lo sabe, pero no se rinde. Ni siquiera puedo hacer que sus pezones trabajen a mi favor, juego con ellos mientras se sienta a horcajadas sobre mí, los lamo y los muerdo, mordiéndolos suavemente. Mientras los masajeo con la lengua mientras apretó el otro seno con la mano. Hago algunos de mis mejores trabajos… pero nada, solo una sonrisa… como, «¿Eso es todo lo que tienes?»

    Ella desabrocha mis pantalones y comienza a trabajar la punta de mi falo con su mano, solo la punta, que es diferente. Empiezo a endurecerme cuando siento la punta de su lengua y el calor de su boca tocándome, la sensación estimula todo mi cuerpo. Lo trabaja con la mano y la boca, en cuestión de segundos estoy tan lubricado que no sé cómo me mantiene en la boca. Pero ella lo hace, entre otras cosas.

    Algo sobre una mujer que se mete los dedos en la boca y luego los hace desaparecer debajo de sus bragas está más que caliente. Ella comienza a lamer y succionar la cabeza del pene, mientras trabaja el tronco con sus manos, ambas manos, en direcciones opuestas. Ella tiene la presión correcta, la cantidad correcta de lubricante. Ella dice que es una chica sola, con muchos amigos pero desea un amigo con el que no sale a menudo para divertirse sexualmente y disfrutar sin chismorreos y en confianza…

    De repente, se pone de pie y me ordena que haga lo mismo, no creo que me gusten esas cosas, pero antes de que pueda decidir, ella está de espaldas y me guía hacia su boca. Ella coloca mi mano en la parte posterior de su cabeza alentándome a empujar más fuerte. Su boca está bien abierta y está ansiosa por llenarla con mi pene. No veo el segundo para devolver las caricias y poder saborear lo que deben ser sus dulces jugos, el olor delicado de sus labios inferiores. Espero poder superar su habilidad y su deseo, voy a adorar cada centímetro de su blanca piel, espero poder experimentar con ella los placeres del sexo sin tabúes ni restricciones.

    Me corro tan fuerte que no creo que ella siquiera lo pruebe, simplemente se dispara por el fondo de su garganta. Siento que abuso de su boca, más o menos de su garganta, y no puedo creer que le encante, pero parece que sí.

    Todavía estoy encendido, todavía duro como una roca.

    Ella se tiende sobre la cama, y despacio me acerco, le digo que le toca a ella disfrutar tanto con más de lo que eh disfrutado. Le voy quitando sus jeans, los cuales todavía tienen puestos, y voy descubriendo un interior de encaje color azul cielo. Acerco mi rostro a su pubis y besos sus labios sobre el encaje que estimula mi nariz. Paso la punta de mi lengua por los bordes del mismo sintiendo su piel y el sabor de su excitado sudor, entre calo mis manos en su prenda y la bajo suavemente acariciando sus piernas. A la vista queda un pubis divino, de labios finos y un clítoris diminuto que espero poder hacer crecer. Le doy un corrientaso con la lengua y despacio voy incrementado la presión y lamidas de su abultadito sexo.

    Creo ella disfruta de mis lamidas tanto como yo lamerla, los temblores en sus piernas se incrementan y después de unos minutos se vine de una manera suave pero decisiva.

    Subo hacia sus senos deslizando mi lengua sobre su ombligo donde me entretengo un momento, llego a sus senos los cuales lamo, beso y humedezco, sigo subiendo hasta poder besarlas en sus rojos labios, acaricio su cabello y mirándonos en los ojos la penetro delicadamente, mientras ella aprieta con sus piernas mis nalgas y me obliga a penetrarla profundamente. Ambos en nuestro universo de placer hacemos el amor hasta que nos venimos simultáneamente y cansados del placer obtenido y las endorfinas segregadas caemos en un profundo sueño, abrazados el uno con el otro.

  • Todo fue por culpa de un gol

    Todo fue por culpa de un gol

    El bar vibró con el gol. El gol que eliminaba al equipo de mis amores y me obligaba cumplir la apuesta que había firmado con mis compañeros. La siguiente noche durante las fiestas del pueblo debía ir disfrazado de mujer con la ropa que ellos me eligieran. 

    Un vestido negro ajustado y corto, unas medias, un sujetador de encaje con bastante relleno y unos tacones me encontré la misma tarde. Junto al montón una nota:

    «Esperemos todo sea de tu agrado y puedas disfrutar de esta noche, señorita. Un detalle, verás que no hemos dejado ropa interior, es para que no pases calor»

    Me visto poco a poco y noto cierto problema logístico mientras me coloco el paquete. Consigo quedar bastante bien con algún que otro arreglo a las medias y salgo para la fiesta.

    Más allá de las bromas iniciales y alguna que otra explicación, pasé la noche tranquilamente bebiendo con mis amigos. Copa tras copa me fui desinhibiéndome y con alguno que otro empecé a bailar. Al final, quedamos un amigo y otro chico que nos ofreció llevarnos hasta nuestra casa. Nos montamos en el coche, yo en el asiento del copiloto y mi amigo detrás al cual le faltó tiempo para quedarse dormido.

    Nos podemos a charlar tranquilamente cuando entre risas me dice que desde atrás pensaba que era una tía y que parecía muy apetitosa. Nos reímos y tras un silencio me dice que puede que sea por el sueño o porque lleva tiempo sin coger, pero me hubiera dado bien duro.

    Llegamos a su casa, entramos dejando a mi amigo dormido en el coche y me invita a una copa. Acepto y seguimos hablando despreocupadamente hasta que noto como me pone la mano en la pierna, empieza a subir su mano y me dice:

    – Te ofrezco un trato, llevo mucho tiempo sin sexo y me ha puesto como te movías en la fiesta. Te doy 50 euros si me repites el baile mientras me masturbo.

    – ¿por qué lo iba a hacer?

    – Vi algo cuando estabas bailando, llevas algo dentro que quieres dejar salir… Y ¿qué te parecen cien?

    Dudo. Un baile es un baile y cien euros son cien euros. En cierto modo, el juego me empezaba a gustar. Le sumo a 150 euros y veo como saca la cartera y me mete los billetes en el sujetador. Pone la música, un reggaetón bueno y me empiezo a mover.

    Al principio se queda en el sofá observando mientras se toca por debajo de la ropa. Me dice que tengo que hacer como moverme hasta que se acerca, me coge por la cintura y me susurra que por 150 euros se merece un baile apretado. Me restriega el paquete por la cintura y poco a poco me voy encendiendo. Me dejo llevar por él hasta que noto que su mano busca tras mi vestido hasta encontrar mi entrepierna y dice:

    – Bueno, bueno… menuda zorrita tenemos aquí. Vas ligera. El baile se te da bien pero quiero ver que sabes hacer.

    Me da la vuelta y veo como no lleva la camiseta marcándose todos los músculos. Ahora voy a mandar yo un poco, atiende:

    – Me vas a bajar los pantalones, después los bóxer sin usar las manos. Obedece y tendrás más premios.

    Encendido le sigo el juego, sé donde quería ir a parar y jugar por una noche. Me arrodillo, bajo los pantalones, los bóxer y nada más que vuelvo a subir noto me mete la su polla en mi boca empujando mi cara contra su cuerpo con sus manos.

    – Come un poco que has bebido bastante esta noche

    Intento chupársela toda y aunque no es muy grande, me cuesta. Se nota mi inexperiencia pero aun así noto sus gemidos. Voy desde la punta hasta sus huevos. Me dirige desde la parte de detrás del cuello hasta que empiezo a notar como mueve las caderas. Cada vez muevo menos mi cuello y en su pene erecto quien sale y entra de mi boca. Miro hacia arriba con sumisión y entiendo que no va a acabar aquí.

    Me pone a cuatro en el sofá, me sube el vestido, me pega una cachetada en el culo y noto como un líquido frío y viscoso recorre mi culo.

    – Me iba a correr en tu boca pero quiero que tengas una buena entrada como viciosa. Si lo haces todo como con la boca… Nos lo vamos a pasar bien.

    Algo penetra poco a poco, gimo, duele y me resisto. Me susurra al oído que me relaje que ya llegaré el placer cuando tenga su polla dentro. Cada vez más profundo, cada vez un poco menos de dolor y un poco más de placer. Siento como algo más carnoso y ancho empieza a penetrar. Se para a la mitad y vuelve a susurrar: «esto distingue a las buenas perras del resto» y acto seguido, con fuerza, me la mete entera. Suelto un grito de dolor que se transforma en placer.

    Aumenta el ritmo, me dejo hacer. El peso de mi cuerpo case sobre el sofá. Soy suya. Gimo con cada una de las embestidas y él cada vez entre más. Me da la vuelta, cruzamos nuestras miradas.

    – Tienes una delicia de culo. Estaría así toda la noche.

    Se recuesta un poco sobre mí, me mira y vuelve a penetrar. Me comienza a masturbar mientras disfruto de las dos cosas. Ahora cambia, intenta llegar más hasta el fondo pero con menos movimiento. Dejó la cabeza hacia atrás cuando siento me corro. Noto el líquido en mi cuerpo.

    Penetra unas cuenta veces más, me pide que me arrodille, veo su polla delante y antes de que me tiempo, noto su semen en toda mi cara. Me quedo completamente en el sitio, disfrutando.

    – Ahora quítate el vestido. Límpiate con él y me lo dejarás de regalo. Voy a la habitación de arriba, sube cuando estés que quiero ponerme cómodo para seguir.

    Tardo un poco en reaccionar. Me quito el vestido, me limpio y subo, pero eso ya es otra historia.

  • Disfrutando de ser tan zorra como puedo (1)

    Disfrutando de ser tan zorra como puedo (1)

    Esta historia no empezó en verdad aquel día, aquel día solo empezó a hacerse palpable lo que mi marido, mi amor, mi querido perrito fiel, como le gusta que le llame, lleva tiempo cultivando. «Hoy» era, un primer día de cosecha.

    Félix, a sus 38, es un pedazo de macho, alto, fuerte, guapo, muy guapo, con una buena polla, grande, gorda y cabezona, siempre lista para mi en el momento que la preciso, que suele ser todos los días. Desde que estoy con él, mi percepción de la sexualidad ha cambiado… de la noche al día. Nadie me había eyaculado nunca en la boca, hasta que, en aquella primera noche de pasión que tuvimos me ofreció su precioso falo con ese glande tan cabezudo para que se lo lamiese, tal y como había hecho con mi concha repleta de jugos durante media hora.

    Me entretuve un buen rato lamiendo aquel tronco erecto desde los huevos hasta el caliente capullo, que parecía que iba a estallar, y luego me lo metí hasta donde pude en la boca, puesto que todo no me entra, y seguí subiendo y bajando con aquel trasto en la boca hasta que Félix, sin avisar, y entre gemidos y contracciones, descargo su chorro de blanco y grumoso semen en mi boca, mientras gruñía como un cromañón sujetándome suave, pero firmemente la cabeza sobre su rabo palpitante para que no me apartase, invitándome a tragar aquel regalito.

    Lo cierto, es que no solo me gustó, sino que me obsesionó hasta límites que no conocía en mí. Desde entonces, su leche es mía, y la reclamo a diario, sea en la boca, en la cara, tetas… o en lo más fondo de mi coño… mmmmm… solo de pensarlo, me mojo y me caliento… Me encanta ver salir a borbotones de su polla la leche… esa leche que me pertenece, y que recojo a lametazos de su vientre, después de haberle masturbado. La saboreo siempre un rato antes de tragármela mientras le miro fijamente a los ojos.

    No sabe igual todos los días, hay días que está un poco amarga, otros más saladita, y otros… otros le sale dulce… mmmm. Digo le sale porque es que le sale, le sale de ese cuerpazo que se manda, acabado en esa preciosa tranca, por la que me da su regalo, el regalo para su zorra, como le gusta llamarme.

    Yo soy su zorra y el mi perro fiel. Esa polla es solo para mí y no va a jugar con nadie más. A mi sin embargo, mi macho me incita continuamente a probar otras pollas, de otros machos que, como el mismo dice, también dan leche.

    Al principio todo esto me parecía raro, hasta el punto de molestarme.

    Con el tiempo, voy cogiéndole gustito y, aunque no tuve nunca ninguna intención de llevar a la práctica sus fantasías morbosas, me gusta que me diga cosas guarras mientras me penetra, susurrándome sus perversas ideas al oído. Él sabe que me gusta, el hace que me guste…

    Hay días que nos excitamos mucho, él se corre en mi coño y me lo deja chorreando. Entonces yo le digo «límpiame perrito, límpiame la leche que me han echado ahí…”. Y él, él la recoge con la boca, y besándome me la pone en la mía, mientras me dice, «te gusta eh, te gusta que te echen el chorro de semen en el coño y tu perrito te lo limpie eh…» a mi eso me pone como loca, excitadísima le digo solo «si, me gusta».

    Tengo que reconocer que el me da lo que nadie me ha dado nunca, y le quiero con locura, tanto como me quiere el a mi, y nunca haría nada que le hiciese daño, me encanta ser su zorra y hacerle de todo, dejarle siempre seco es mi prioridad, y eso siempre conlleva a gozarme varios orgasmos en la misma sesión, puesto que no es precisamente un tipo precoz, y además le encanta llevarme a lo más alto. Nadie me ha comido el coño como el tampoco, ni de lejos. Es un verdadero dios lamiendo mi coño, y le encanta que me corra en su boca y tragarse mis fluidos vaginales.

    Hay días en que tan solo me da mimitos, me encanta recibirlos. Empieza besuqueándome el cuello, susurrándome al oído, y lenta, muy lentamente va bajando sin parar de besar y lamer mi espalda, hasta llegar a mi culito, el cual masajea y chupetea completamente durante un buen rato, por todas partes. Luego pone especial interés en besuquearme en el agujerito, hasta que acaba lamiéndomelo como buen perrito que es. Lame mi culito provocándome gemiditos de placer, me encanta. Yo le pego bien la cabeza a mi culo con la mano, indicándole que meta más hondo su lengua, y que me saboree… mmmm es difícil no acabar diciéndole que me folle después de hacerme eso.

    Esto es digamos, parte de nuestra rutina sexual, pero como ya he dicho, a él le gusta salirse de la rutina, salirse de las normas, y encontrarse con sus límites… y los míos…

    Hacía un tiempo que me había apuntado a clases de percusión, era una de mis actividades pendientes y por fin había cogido tiempo para ella. En la clase eran todo tíos, menos yo. Había unos cuantos que estaban muy aceptables, y entre ellos, uno que estaba bueno de verdad. Manu se llamaba. Era alto y fuertote, moreno con ojos claros, muy macho, y muy guapo a la vez, pero no era su físico lo único que me llamaba la «atención». El tío era muy buen percusionista, y desde el principio hicimos muy buenas migas. De hecho le hablé de él a mi querido Félix, y el muy guarro me incitó a ponerle cachondo, obviamente no le hice caso, creo.

    El caso es que yo llevaba un tiempo con el móvil dándome problemas, se me apagaba y me hacía cosas raras. Manu se había percatado, y me había ofrecido uno suyo que ya no usaba. Llevaba días diciéndome que me lo iba a traer, pero no fue hasta hoy que me lo trajo, yo pensaba que estaría indeciso de dármelo o vendérmelo, así que le ofrecí comprárselo, a lo que él se negó, afirmando que me quería hacer ese regalo.

    No tuve más remedio que aceptárselo, habíamos cogido mucha confianza como colegas, pero no pensé que tanta. Le di las gracias, acompañadas de un abrazo y dos besos.

    Llegué a casa y después de ducharme y ponerme cómoda con mi camisón de pijama largo y nada más, me puse a hurgar en el nuevo móvil, a ver cuántas cosas tenía, le puse mi tarjeta y lo fui configurando a mi manera. Había borrado casi todo, digo casi porque quedaban cosas suyas que fui borrando y sacando. La galería estaba totalmente vacía, pero al rato descubrí en una aplicación que no conocía, que había otra especie de galería. La abrí y vi que había fotos suyas. No pude resistir ser una cotilla y me metí a verlas, al fin y al cabo era mi móvil.

    Las primeras eran de él, fotos muy chulas, en la playa, sin camisa, se le adivinaban unos pectorales muy bien puestos, abdominales también, visto así el tipo aparte de guapo y de saber posar, estaba bien bueno, así que mi labor de cotilla se iba haciendo más emocionante cada foto que pasaba.

    Todas eran fotazas, no había fotos en las que no saliese hecho un tremendo macho, de repente… Paso la siguiente foto y la veo… Me quedé absorta, primero aparté la vista y me dio un poco de risa, pero volví a mirar y ya me costó apartar de nuevo la mirada, allí estaba el, sin ropa, ninguna ropa, y una tremenda polla colgaba entre sus piernas, morena, esbelta, tremenda y bonita. Me quedé un poco en shock, mi corazón se aceleró sin yo darme ni cuenta. Amplíe la foto enfocando en toda aquella tranca…

    Que estoy haciendo me dije… Pasé la foto sin pensar y allí estaba otra vez, esta vez mi amiguito posaba con toda ella empalmada, y, dios mío que pedazo de polla, este tipo era un portento. Pasé más fotos y seguía saliendo su armatoste de polla en casi todas. Algunas con la polla muy de cerca y al ampliar, gracias a la buenísima calidad de las fotos, podía apreciar su textura, sus venas, el brillo de su glande sobresaliendo de aquel moreno tronco con el vello recortado, como a mi más me gusta.

    Me permití observarla de cerca durante un buen rato, y sin darme cuenta, estaba chorreando de excitación, me estaba poniendo morada viendo la polla de Manu y ni siquiera era capaz de darme cuenta.

    Mi mano bajó instintivamente, levantó mi camisón largo de pijama y alcanzó mi vulva, estaba sin bragas, empapada, chorreando literalmente, viendo aquel espectáculo, sin ser capaz de decirme «para». Paré, me levanté totalmente aturdida y me preparé un yogur con frutas, mientras trataba de distraer mi atención.

    Solo conseguí echarle sal al yogur, en vez de azúcar, estaba totalmente traspuesta, esas imágenes se sucedían en mi mente mientras mi corazón rebosaba de locura, latiendo a galope como una manada de ñus escapando de una de leones.

    Me rendí, me volví a sentar a mirar las malditas fotos, esta vez comiéndome un yogur medio salado, el cual cumplía a la perfección como sucedáneo de leche de macho, macho como el de las fotos, estaba fuera de mí cuando de repente me llega un whatsapp. Era el, el dueño de aquel pedazo de carne me escribía.

    -que tal vas con el móvil nuevo? Te gusta? Igual no borré todas mis cosas, quería dártelo ya y no he tenido tiempo estos días

    -hola, ya veo que te has dejado algunas cosas, si (y puse la sonrisa con la gota de sudor)

    Le di la peor respuesta, pero es que el muy cabrón me había escrito en este preciso momento. Habrá sido un despiste? Me las habrá dejado para que las vea? Como se puede olvidar uno de esas fotos? Cierto es que ya van muchas bromitas con retranca, y conmigo se ha mostrado siempre muy cariñoso pero… Joder… Me estaba empapando más…

    -bueno tu misma borra lo que no te interese, y si hay algo que te quieras quedar, no te voy a cobrar derechos de autor.

    Y me guiña el ojo el muy cabrón.

    En eso llegó Félix a casa, me levanté del sofá, le saludé, le di un largo beso y volví a sentarme poseída por aquella conversación de whatsapp tan animada.

    Percibí como Félix me miraba y se dirigía hacia la cocina, pero yo seguía absorta en el tonteo con mi compa de «clase».

    -algunas cosas ya he borrado si, no todas…

    -hay aplicaciones que igual no te interesan, y si alguna no sabes como va, yo te enseño

    -me interesan, me interesan… Ya me enseñarás. Y voy y le pongo una sonrisita picarona, pero de coño iba yo también me preguntaba, no solo le estaba siguiendo el juego, es que además le estaba echando leña al fuego a brazadas.

    -te enseño lo que quieras, claro, (guiño de ojo) muchas gracias Manu, eres muy majo. Dije poniéndome cariñosita, a ver por donde me salía.

    -de nada guapa, (toma caldo) la verdad que personas como tú no se encuentran cualquier día, me pareces una mujer excepcional, aparte de preciosa (y me pone un beso con corazoncito!!!), que hábil, me había pillado el giro como buen experto que era, me dio un subidón de temperatura que sentí como mi cara estaba del color de un tomate bien maduro. Me temblaba el pulso, al tiempo que se me marcaba una sonrisa nerviosa en la cara.

    -oye Marian, te quería proponer una cosa.

    -dime Manu

    -como te comenté, vivo cerca de ti, a unos 5 minutos, si quieres, para ir a la próxima clase de percu pasas por mi casa y vamos en un solo coche, así ahorramos viajes, si te parece bien…

    -claro que si, me parece genial, pasado mañana paso por tu casa, mándame la ubicación

    -genial, nos vemos pasado mañana, un beso guapa

    -otro para ti Manu -y le puse un beso con corazoncito.

    Estaba flipando con lo que acababa de suceder cuando Félix se me acercó sigiloso y me besuqueó la mejilla.

    -Con quien hablas? Me dijo mientras su mano recorría mi muslo y su boca se acercaba a mi cuello.

    -no, que estaba quedando con Manu para ir juntos en el mismo coche a clase.

    -ah, genial, que idea más buena, así podréis tener muchos ratitos asolas en el coche. Esto me lo dijo besándome el cuello y agarrándome la cacha a mano abierta.

    Solo pude balbucear un -sii, esta guai, mientras me subía otra calorada de los pies a la cabeza.

    Félix me siguió acariciando y besando el cuello hasta que su mano llegó a toparse con mi vulva chorreante.

    -dios, cariño, estas mojadisima! estas empapada mi amor!

    -si?

    -joder, como te has puesto hablando con tu amiguito eh zorrita?

    Estaba completamente mojada, tanto que moje hasta el sofá, Félix me tocaba la vulva suavemente y yo iba a explotar.

    -Zorrita mía, como te has puesto, te voy a limpiar esto todo con mi boquita vale?…

    Había perdido el habla, estaba traspuesta, acababa de tontear saltándome las reglas del juego con el dueño de la polla de las fotos, esas fotos que me habían dejado en este estado, y ahora mi chico me seguía el juego, no iba a negarme a que metiese su lengua en mi manantial de flujos, que pedía a gritos un poco de atención. Sentí como su boca besaba mis muslos por la parte interior, avanzando hacia mi vulva, hasta llegar a ella, besándola y empapándose de mis fluidos. Empecé a gemir, me derretía de placer por sentir esa boca socorriéndome en un momento como este.

    -mmmm que rico está esto cariño, me encanta que te pongas cachonda con tus amiguitos y luego me abras las piernas para lamerte, estoy cachondísimo zorra.

    -lame perrito, limpia todo eso, mmm, que gustito, ooh, mmmm, siiigue, siigueee…

    Su lengua recorría todo mi coño lamiendo y absorbiendo todos mis caldos, para tragárselos morbosamente, sentía a mi perrito excitadísimo, le gustaba mucho la situación, y hacía que yo me sintiese más cómoda, y me dedicase a disfrutar plenamente de ser así de golfa. Si a él le gusta, que otra cosa puedo hacer yo, mi amor me lame de arriba abajo, lo que otro me ha provocado, y yo de pensarlo, mmm, me pongo muy zorra, uuufff, que gustito joder, que gustitooo.

    -sigue cariño no pares, sigue, lámeme perrito, oooh sii, oooh, me voy a correr, sigue lamiendo, ooohhh, mmmm… sentí un intenso orgasmo con la boca de mi perrito fiel en la vulva, mientras él se esmeraba en alargarme aquel momento y tragar todo y cuanto le diera yo. Me sentí plena, gozosa, zorra, le apreté la cabeza contra mi coño, grite, grité fuerte, me derretí en su boca sintiendo como me lo agradecía con lametazos sin piedad.

    Me quedé un momento exhausta, pero lo justo para que Félix me quitase el camisón y se quitase él la ropa, y ahí estaba su polla, gruesa y dura como un roble, dispuesta a darme el postre.

    Se puso encima de mí y me puso el glande en la entrada de mi concha.

    -mira mi chica que bien se lo monta eh, le ponen los tíos fuertotes a mi zorrita eh, le ponen cachonda y quiere marcha, pues yo te voy a dar.

    Le miraba callada, con cara de posesa, no podía formular palabra, ya lo había dicho el todo, solo me quedaba, sentir su polla en mis entrañas. El empujó lentamente, diosss quería que me diesen polla, y la estaba recibiendo, me perdí, me desconfiguré, recibí su enorme rabo hasta el fondo de mi coño y fui follada por mi macho, a empujones me invadía las entrañas con su carne, entre fluidos vaginales y gemidos de ambos, yo quería mucho de eso, quería mucha polla, y la estaba recibiendo.

    Entonces se me pasaron por la cabeza las imágenes de Manu con su rabo empalmado, mientras sentía este otro rabo rellenando mis vacíos, mi excitacion se volvió en delirio, me sentía deseada por dos tíos que estaban como un tren, y estaba siendo follada al mismo tiempo por uno de ellos, la polla de Félix me penetraba sin piedad, la sentía entrando y saliendo, mientras sus brazos me inmovilizaban. Yo gemía y gritaba a la vez, me encanta que me den polla, me encanta…

    -tienes el coño empapado mi amor, estás cachondisima y yo sé porqué, te has puesto calentorra con tu amiguito y ahora de premio tu marido te folla, no es así zorrita? Estas pensando a ratitos en tu amiguito verdad? pues por mi puedes dejarte llevar y hacer lo que te plazca con él, tu perrito va a estar en casita esperándote para darte el postre. Te quiero mi zorrita, quiero que goces mucho vale? sabes que te voy a lamer todo lo que me pongas…

    -si perrito mío, como me conoces, dame, oh si dame, dame, que polla tienes joder!!

    Le contesté, a todo le decía si, estaba cachondísima, pero no mentía, sabía que se iba poner calentísimo y me lo iba agradecer con una buena corrida en mi coño.

    -bufff, eres una zorra amor mío, me pones demasiado, ufff, me viene, me viene la leche, te voy a rellenar toda por zorra

    -aah, si, mmmm dame leche, échamela dentro, échame tu semen, aahh, aaahh, siiii, aaaahh, mmmm, aaahhh

    Me corrí como una posesa, estaba excitadísima, mmmm, me corrí muy intensamente mientras Félix, gruñéndome como una bestia, me descargaba su chorro de semen en lo más fondo de mi coño, y me dejaba convulsionando de placer, rellenada de polla y de leche como a mi me gusta estar, mmmm, como me pone que me llenen joderrr

    Mi perrito me estuvo besuqueando un buen rato y susurrándome al oído lo mucho que me quería. Él siempre sabe dejarme a gusto y hacerme sentir tan bien, que a veces me retuerzo de placer entre sus brazos después de haber follado, como teniendo una prolongación del orgasmo que me deja excitadísima y relajada a la par.

  • Nuestra obra maestra (Primera parte)

    Nuestra obra maestra (Primera parte)

    Una vida nueva. (Erothic)

    Prácticamente madrugaba alistándome rumbo al aeropuerto. Estaba muy ansiosa, feliz de embarcarme en esta nueva travesía en mi vida. Finalmente había conseguido aquel aclamado papel de teatro por el que había luchado toda mi vida, en una de las firmas más prestigiosas de teatro.

    Una vida nueva me esperaba; sol, arena y mar. Recorriendo la costa en mi servicio de taxi rumbo a mi nueva residencia, entre las lujosas calles bordeadas por largas palmeras, llena de alegría e ilusiones.

    Al llegar al elegante complejo, mi agente de bienes raíces me esperaba con las llaves de mi nuevo hogar encaminándome amablemente hasta la puerta. Nos despedimos, le agradecí con un fuerte abrazo como si fuésemos grandes amigos pese a habernos visto solo un par de veces.

    Al fin en casa

    Entré a mi nueva vivienda, ubicada en uno de los lugares más celebres y acaudalados barrios del lugar. Aún había mucho por hacer; esperar mis cosas personales que llegarían en un par de días, la mudanza, instalarme, comprar algunos muebles, algo de ropa y por supuesto, un nuevo auto.

    Alegre, recorrí cada habitación de mi nueva casa de arriba a abajo, como si no lo hubiese hecho semanas antes. Estaba encantada, me gustaba todo, la sala, el comedor, el cuarto de baño, los dormitorios, la estancia principal acompañada del cuarto de entretenimiento y sobre todo, la piscina. Sí, aquel traspatio elegante con pequeña vegetación y sillas para tomar el sol frente con una maravillosa vista.

    Fascinada me recargué sobre el barandal de vidrio templado admirando el paisaje paradisiaco. Hermosas casas, amplias calles, grandes edificios y a lo lejos el sonido del mar que se hacía presente aún a la distancia acompañado de una tenue y refrescante brisa. Aunque no podía verlo, ahí estaba, lo sentía.

    Actriz de primera

    Lo confieso, me encanta ser el centro de atención, me gusta que me seduzcan con la mirada, hombres y mujeres por igual. No hay nada que disfrute más que la admiración, la atención y el deseo sobre mí. Ya sea arriba de un escenario o caminado por las calles adoquinadas al ir de compras por la ciudad.

    Vestidos cortos, faldas y pantaloncillos diminutos para lucir mis largas y torneadas piernas. Tops, trajes de baño, y delgadas blusas para presumir mi abdomen plano y mis firmes senos sin nada debajo, nunca me ha gustado usar sujetador.

    Hermosa, glamurosa y toda una diosa, mi trabajo me lo exige, debo cuidarme, ejercitar mi delgado cuerpo, consentir mi piel tersa blanca, proteger mi sedoso cabello largo ondulado, debo ser perfecta y estarlo en todo momento.

    Me gusta, me hace sentir femenina, poderosa, consentida. Me enamoran todas esas miradas sobre mi cuerpo, acosándome a cada paso, al pasearme en la playa vestida en hermosos trajes de baño.

    Él

    Lo vi por primera vez, llegaba por la noche después de un día muy largo de casting y ensayos; estaba muy cansada, apenas entraba a mi habitación en la planta alta, puse un poco de música y me senté al borde de mi cama y me saqué las molestas medias de seda relajando al fin mis prisioneras piernas.

    Me relajé y me consentí un poco con un reconfortante masaje. Estaba a punto de desvestirme cuando me percaté que tenía las cortinas completamente abiertas. Entonces me levanté caminando descalza hacia la ventana. Ahí me dejé enamorar un momento del paisaje nocturno. Las luces destellantes de la calle, los faros de los autos transitando a lo lejos, y los edificios contiguos en el vecindario.

    Estaba sola, sola en la privacidad de mi nueva residencia. La calle estaba oculta por la perspectiva de la colina donde me ubicaba. Las casas vecinas estaban perfectamente cubiertas por las altas murallas de concreto y vegetación que no dejaban ver en absoluto, y el resto estaban demasiado lejos para preocuparse por miradas espías. Todas a excepción de un edificio justo al frente a un par de calles, donde se podían mirar algunas oficinas aún en actividad, y a sus empleados merodeando con desaire ansiando terminar su turno.

    A la distancia, aquel edificio de seis plantas se asomaba sobre las lujosas casas escondiendo sus primeros cuatro niveles bajo el horizonte urbano. Fue justamente el último piso, donde seguramente se encontraba las oficinas de la directiva, donde lo encontré. Estaba asomado por la ventana, aún a la distancia se le podía observar; moreno, alto y de buen porte. Un bello rostro de barba elegantemente recortada.

    Vestía de traje azul profundo, o podría ser negro, no se percibía muy bien bajo la noche. Me gustó mucho el momento, se prestaba para montar otra obra. El escenario estaba puesto, y era hermoso, y el público esperaba.

    Comenzaría mi obra privada. Emprendí por desabotonarme la blusa blanca. Lentamente separaba botón a botón los telares de la parte de enfrente mostrando cada vez más la piel de mis pechos hasta abrirla por completo y quitármela, dejando mi torso desnudo al aire libre.

    Mis blancos senos naturales se balanceaban delicadamente, firmes y duros por el frío de la noche, que levantaba mis pezones cafés, altos y duros a la intemperie. Enseguida lo volteé a ver, disimulaba, pero bien sabía que si yo lo podía ver, él también podría hacerlo. Me veía, lo sé.

    Día de locos (Julio G.)

    Hoy había sido un día infernal en el trabajo. Se me juntó todo. El nuevo proyecto del rascacielos con todas las exigencias y cambios que de golpe nos pidió el cliente. Y para rematar la mala suerte los imprevistos que salieron hoy en la reforma del edificio donde tenemos nuestras oficinas.

    Cuando estudias en la universidad no te advierten de lo duro que es la profesión de arquitecto. Sí que es verdad que ahora estoy bien posicionado, con interesantes proyectos y buenos clientes. Que mi esfuerzo me ha costado. Pero lidiar a veces con según que clientes, agota la paciencia de uno. Y luego las obras. Hay que vivirlas para saber lo que se sufre, para poder lograr que cada proyecto se transforme en ese edificio que hemos diseñado en el despacho con tanto cariño.

    Por hoy ya es suficiente, me digo mirando el reloj sabiendo que ya llegaba tarde para mi clase de yoga, que si bien, siempre me ayuda a superar momentos de estrés como éste, relajándome y manteniendo mi cuerpo en forma, creo que mejor iré pasado mañana.

    Convencido, me acerco a la ventana. La abro para coger el aire fresco de la noche a la vez que me aflojo la corbata. Aspiro y me lleno los pulmones de la brisa del mar. Es una delicia. Fue un acierto instalar el despacho aquí. El sol, la brisa marina de la magnífica playa que tenemos tan cerca, hace de este lugar un sitio privilegiado.

    Ella

    Con todos esos pensamientos mirando el entorno, me quedo observando la luz de una ventana de la casa que acababan de ocupar hace poco. Me llamó la atención la silueta de aquella mujer. Pude verla sentada en su cama.

    Tenía una posición privilegiada desde mi oficina sobre toda su vivienda. Hasta podía ver todo el ámbito del jardín y la piscina. Me llamó la atención como se deshizo de sus tacones liberándose enseguida de sus medias. Fue algo natural y cotidiano para ella, pero para mí fue seductor el hecho de contemplarla, así, sin que me viera.

    Poco a poco se fue deslizando sus medias dejándome apreciar su blanca piel. Pude apreciar como aparecían ante mí aquellos muslos que se fueron convirtiendo en unas largas y delgadas piernas. Y después, cuando se hizo aquel masaje sobre ellas, imaginándome las traería tan cansadas del largo día, consiguió mi total atención.

    No sé cómo lo hizo, pero me entraron ganas de tener mis manos sobre aquellas piernas, subiendo por sus muslos. Cuando se acercó lentamente a su ventana, la abrió y se quedó contemplando las vistas e intuyo que también observó mi edificio, incluso diría que a mí también. Pero lo que nunca habría imaginado es que sería espectador privilegiado de lo que a continuación contemplaría.

    Lentamente se fue desabrochando los botones de su blusa enfrente de la ventana. Era como una gran pantalla, como un escenario para mi solo. La contemplaba perfectamente ya que debía tener una lámpara en un lateral de la ventana que la bañaba con la justa luz para no dejar nada a la imaginación.

    Al momento pude apreciar esos deliciosos pechos coronados por unos ricos pezones color café. No sabría decir si estaban erectos por el frescor de la noche o por la posible excitación que sintiera al exhibirse.

    Pensaba en eso, cuando me di cuenta de que se giró y nuestras miradas se cruzaron. Sí, ahora sabía que lo estaba haciendo a propósito. Se exhibía. Miré alrededor y no vi a nadie más que pudiera verla en ese momento. ¿Realmente lo hacía para mi? ¿Estaba regalándome una actuación privada para mí?

    Lo que si era verdad es que ella estaba consiguiendo que fuera mi centro de atención. Contemplaba su hermoso cuerpo y en ese momento sentí como respondía mi pene pulsando dentro de mi pantalón. Sí, me estaba excitando la nueva vecina. Me hacía desearla. Mi cuerpo reaccionaba sintiendo un delicioso calor interno.

    Pero no acabó ahí el espectáculo. Siguió con su juego de seducción y protagonismo. Corrió la cremallera de su falda y ésta, cayó al suelo. Pude ver su estilizada figura meciéndose agarrada al borde de la ventana. Imaginaba que podría tener música puesta y seguía su dulce ritmo.

    Se dio la vuelta ofreciéndome el espectáculo de su culito enmarcado por un fino tanga negro. Pero es que lo alucinante fue como en ese preciso instante empezó a bajárselo poco a poco mostrándome todo el esplendor de aquellas nalgas tan redondas.

    Sabía cómo captar mi atención. Me tenía cautivado. Paró un segundo dejando el tanga justo en la base de su culo poniéndolo en pompa y moviéndolo haciendo círculos. La verdad es que me estaba poniendo a mil.

    ¡Dios! que regalo me estaba obsequiando mi nueva vecina.

    Fin del primer acto (Erothic)

    Estaba fascinada, ahora lo sabía, su mirada no se me desprendía un solo instante. No me importaba dejarme ver, me gustaba. Era un show de bakcstage solo para él.

    Ya no podía fingirlo, exhausto de un largo día, habría salido a tomar el aire, en ese lindo pasillo que fungía de balcón afuera de su gran despacho, admirando el mismo paisaje del que yo disfrutaba. Pero desde el otro lado, estaría yo, caminado en mi habitación con mis hermosos senos al aire, disfrutando de sus miradas voyeristas.

    Modelándole mi cuerpo desde la distancia, me llevé las manos a la cremallera de mi falda y lo deslicé permitiendo que la prenda me abandonara cayendo inevitablemente al suelo. Terminé de deshacerme de ella, olvidándola sobre el suelo, cubierta ahora, tan solo por mi lencería fina de galanes encajes que exhibía alegremente.

    Me sentía muy risueña, me había contagiado completamente del ambiente y de aquella música que sonaba a bajo volumen desde mi reproductor que me parecía estar bailando al ritmo de las canciones inconscientemente.

    Cuando lentamente deslizaba la única prenda que cubría mi cuerpo parando mi trasero con extremo descaro apuntando a la ventana para que mi solitario espectador pudiese admirar el espectáculo sin censura.

    Casting

    Aquello me divirtió mucho, reía a cada momento, simplemente era una experiencia muy satisfactoria para mí. Me encantaba ser la protagonista en aquella exhibición de primera. Pero estaba muy cansada, el día había sido muy largo y necesitaba retomar energías para el día siguiente. Así que finalmente, me puse mi ropa de noche, silencié la música y apagué las luces. El espectáculo había terminado.

    Los días posteriores serían igual de intensos, la carga de trabajo no me dejaba un solo momento para descansar. Pero con el paso del tiempo las cosas se iban acomodando; por fin terminaba de instalarme o al menos lo más importante. Había comprado todo lo necesario para acondicionar mi nueva estancia a mis necesidades y ya tenía auto.

    Semanas pasaron hasta poder privilegiarme con un par de días libres a la semana. La obra se habría estrenado hacía poco y aquellos ensayos eternos, muestras de escenas, prospectos, cambios de guion y todo eso había quedado atrás.

    Por fin podía disfrutar el paradisiaco lugar en el que ahora vivía. Así, emprendí camino hacia la playa. Vestía un atrevido bikini blanco que acababa de comprar, recuerdo que me mostraba particularmente preocupada por mi vestimenta ese día. Y es que sucede que aquel conjunto era de una tela muy delgada y seguramente con la luz correcta o al estar mojada se trasparentaría un poco.

    De igual forma no pensaba andar mucho tiempo ni mojarme en absoluto. Tan solo planeaba tumbarme sobre la arena hasta perderme por completo. Pensaba en eso caminando hasta la playa, buscando un lugar privado, asombrada por la inadvertencia de mi presencia, segura de estar exagerando por mi descarado exhibicionismo.

    Hasta el final del día cuando regresaba a casa entre una extraña mezcla de emociones, satisfecha con mi trabajo, orgullosa por mi cuerpo, pero un poco triste y decepcionada por mi actuación del día. Sentía como si no hubiese logrado atraer al público, pese a mostrar mis mejores dotes con mi mejor vestuario.

    En fin, no todos los días pueden ser un éxito rotundo. Me reconfortaba mientras entraba en mi habitación planeando desnudarme para tomar una ducha antes de cambiarme de ropa. Pero entonces observé mi ventana abierta con las cantinas recorridas.

    Normalmente no me importaría, pero desde hace algunos días habían comenzado a trabajar en el edificio de enfrente y no me agradaba la idea de desnudarme frente a todos esos trabajadores de la obra.

    O quizá sí. Solo ese día. Tan solo lo suficiente para alzarme la autoestima aunque fuese un poco para regresarlo a su nivel normal. En lo alto, orgullosa e inalcanzable. Entonces salí al traspatio paseándome con aires de diva hasta una de las sillas de playa frente a la piscina. Ahí me recosté estirando mis piernas en torno a aquel edificio en remodelación.

    Me parece que es un despacho de arquitectos, había pasado un par de ocasiones por allí. Posiblemente lo visite pronto, tengo planes maravillosos para hacerle algunos arreglos a la casa. Por ahora solo quiero relajarme, bajo el sol, la brisa marina y las miradas indiscretas de aquellos trabajadores en la construcción.

    Lentamente me perdía en la parsimonia del paradisiaco lugar, mis parpados se derrumbaban sobre mis ojos. Mi piel era abrazada por los ardientes rayos del día relajando cada musculo de mi cuerpo. Poco a poco me embriagaban todas esas sensaciones inequívocas de lo que necesitaba. Un momento para consentirme, para satisfacer mi cuerpo y atender mi estima.

    Casi sin saberlo, a ojos cerrados, recorría sensualmente mis manos por todo mi cuerpo, desde mis piernas, abdomen, senos, hasta mi cuello. Entonces abrí mis parpados bruscamente y ahí estaban, todos esos sucios depravados mirándome sin reparo ni disimulo. Me gustaba mucho, me hacía sentir muy bien; hermosa, mujer, anhelada, ama y señora de todas sus fantasías lujuriosas.

    El telón se había levantado y el espectáculo daba inicio conmigo como protagonista estelar. Lo que más me gustaba. Me levanté de la silla y me solté el cabello que había amordazado en una coleta, enseguida me posé frente a la piscina y de un salto me clavé hasta el fondo de la refrescante agua cristalina.

    Tras bucear un poco salí por el extremo opuesto modelando en una de mis mejores actuaciones al salir en cámara lenta directo al barandal de cristal, mirando justo al frente de aquel edificio exhibiendo mi cuerpo húmedo con aquel bikini blanco que ahora trasparentaba sus telares dejando al descubierto mis redondos pechos y mis pezones cafés a la intemperie.

    Acto seguido, les di la espalda, engreída, caminando con profesionalismo sobre el escenario de regreso a mi pedestal bajo el cobijo de una sombrilla playera que me protegiera del sol abrumador. De nuevo tomé postura sensual para que pudiesen admirarme con detalle.

    La premier

    Entonces apareció aquel hombre galante, imponiendo su autoridad con su sola presencia, regresando al trabajo a todos los obreros que huían despavoridos.

    Seguro les habría reprendido, lo pude ver a la distancia, me dio mucha gracia. Comenzaba a enamorarme de aquel hombre simpático y soberbio, quien permanecía supervisando la obra, recargado sobre un pilar haciendo anotaciones en una agenda de cuero negro.

    Con disimulo me miraba, ahora con toda claridad a la luz del hermoso día resplandeciente sobre mi piel mojada. Le sonreí, le coqueteaba como adolecente ingenua, quizá era por el momento. Pero lo cierto era que me encantaba, en todos los sentidos. También le veía, intentando no cruzarle la mirada más de lo debido mientras me llevaba las manos a la nuca para desanudar mi traje.

    Segura que me estaría mirando, me quité la parte de arriba de mi bikini haciéndole topless a aquel hombre de traje. Enseguida abrí un poco mis piernas mientras me acariciaba con erotismo mis senos duros por el placer de ser aclamada y deseada por sus ojos indiscretos.

    Incontrolablemente me dejaba llevar por los sensuales masajes de mis manos en todo mi cuerpo, estaba realmente excitada, me sentía tranquila, relajada y cómoda, igual que si estuviese en alguno de mis personajes recitando alguna de mis líneas, cuando mis manos llegaban hasta mi entrepierna sobándome con extremo placer, intuyendo lo que vendría.

    Jugueteaba como muñeca, encogiendo y estirando mis estilizadas piernas blancas, ahora un poco más bronceadas, rozando la tersa piel de mis muslos, acariciándome las pantorrillas con la planta de mis pequeños pies sonrojados por el sol, al tiempo que mis manos comenzaban a hacer travesuras sobre el tanga de mi traje de baño.

    Ya no lo observaba, no hacía falta. Ahí estabas, en primera fila, desde tu palco estelar mirando mi mejor actuación en el papel de tierna zorrita mojada, con mis piernas abiertas, recogidas sobre la silla, tocándome con sensualidad y tremenda excitación.

    Entones me separé mi bikini para mostrarte todo mi depilado sexo, mojado por el chapuzón del agua de mi piscina y por mis jugos íntimos que me escurrían por todos mis pulcros labios rozados, cuales enseguida recogía con mis dedos medios para restregármelos a lo largo de mi vagina deseosa de ti.

    Estaba caliente como nunca, sí, por el caluroso día, pero principalmente era por otra cosa. Era por el momento, por ti y por aquellas miradas de todos esos espectadores mórbidos y depravados que fingían trabajar a marchas forzadas bajo tus órdenes, cuando en realidad se concentraban en mí, en mi cuerpo que se estremecía como nunca, extasiado por mis caricias.

    Pude ver a algunos obreros tocarse la tranca bien parada que todos mostraban sin reparo. Me encantaba, aquellos jaloneos a su miembro erecto, eran como aplausos y ovaciones ante mi acto protagónico. Agradecida, gemía de regodeo, haciendo de los mejores alardes de mi cuerpo, exhibiendo mi húmedo vestuario, dándome placer duro y fuerte con mis dedos medios que entraban y salían con rudeza de mi delicado coño estimulado con delicia, haciendo salir mi clítoris de entre mis pliegues vaginales, gozando con las caricias de mis empapados dedos masturbándome mejor que nunca.

    Estaba enamorada por el excitante momento. El amor era reciproco, les gustaba tanto mirarme como a mí de mostrarles hasta la más íntima parte de mi cuerpo a mis aclamados espectadores. Y tú, que ahora le dabas la espalda a tu trabajo por verme, ahí, dejando de supervisar a tus obreros sin importar que uno de ellos se estuviese masturbando escondido detrás de la maquinaria. Despreocupado por tu pasión de toda la vida, prefiriendo la mía. Eso era lo que más me gustaba, quitarte tu valioso tiempo para que te perdieras en mí.

    No pude más, era demasiado, estaba muy estimulada; relajé mis piernas, haciendo presión en mi pubis pujando un poco, pellizcándome mi clítoris desde dentro con mi par de dedos medios y por fuera con mi pulgar, haciéndome regocijarme de placer. Seguía y seguía hasta sentir como mi vagina explotaba dilatándose por completo, empapando mis manos con mi prominente y escandalosa eyaculación que escurría como dulce miel trasparente para el deleite de mi encantador público que amablemente se había hecho presente para apreciar mi obra estelar.

    Delicioso espectáculo (Julio G)

    Pasaron los días, incluso semanas hasta que pude ver otra vez a mi nueva vecina. La verdad es que los primeros días la eché en falta. Salía a mi atalaya particular, al amplio balcón de mi despacho en el que sabía que tenía total privacidad, para ver si la descubría de nuevo. Anhelaba poder contemplarla y espiarla haciendo cualquier cosa en su casa. Pero por más que esperaba, no se produjo esa situación hasta bastantes días después.

    La remodelación de mi edificio estaba en plena ebullición de actividad. No llevábamos mal ritmo. Estaba contento realmente. Los industriales contratados funcionaban bien. Pero un día, en la visita diaria que siempre hacía por la obra, de repente noto que no hay ruido ni de la maquinaria ni de los obreros. Increíble, la actividad era casi nula.

    Cuando llego a la siguiente planta veo a los operarios en el borde de la fachada mirando al exterior. -¿Qué ocurre? –Pregunto.

    En eso, uno de ellos se gira y avisa a sus compañeros de mi presencia con un espasmódico gesto.

    Casi todos reaccionan y vuelven a sus tareas, excepto un par que no me han visto. Me acerco hasta ellos para ver el motivo que capta su atención. Y cuando miro hacia abajo te veo ahí, junto a tu piscina, exhibiendo tu cuerpo a todas las miradas del edificio.

    Por un momento casi también quedo cautivado, pero me rehago y doy instrucciones a todo el mundo para que no pare el trabajo. Una vez que me apunto un par de cosas y lo tengo todo organizado, no me lo pienso y subo las escaleras hasta mi despacho. Cierro por dentro y salgo deprisa hasta el mirador de mi balcón. Y si, aún estas ahí.

    Dios, menudo espectáculo empiezo a ver. Solo con poder ver como te quitas el bikini y aparecen tus ricos senos coronados por tus oscuros pezones erectos, mi cuerpo ya reacciona. Contemplo como te acaricias, como tus manos se deslizan por tu piel mojada dándome una gran envidia, queriendo que sean mis manos las que sientan la delicia de la suavidad de tu piel. Siento como mi miembro se hincha dentro de mi ropa. Lo noto palpitar acompañando a cada una de tus caricias.

    Junto mis piernas. Me pego a la barandilla de vidrio apretando mi pelvis contra ella buscando un contacto imaginando tu cuerpo aprisionado entre el vidrio y yo. Y ya cuando dejas que vea tu coño mojado y húmedo por tu excitación, contemplo como poco a poco te vas masturbando, ofreciéndome ese maravilloso espectáculo. No puedo más. Mi mano busca mi polla.

    Abro mi pantalón buscándola para acariciarla. Me siento seguro de mi privacidad donde estoy. Sé que solo tú puedes verme y nadie más. Así que me dejo llevar por el momento y mis caricias empiezan a acompasarse con las tuyas.

    Estamos en un momento de darnos placer a la vez, mirándonos intensamente, contemplando nuestra mutua excitación entrando en un juego de provocación y seducción de alta carga sexual.

    Saco mi verga de su prisión y mi mano empieza a subir y bajar buscando mi escroto. Busco un placer inmediato. Solo deseo correrme para descargar todo el estrés y la adrenalina que llevo acumulados, pero sobre todo para que me veas cómo me has provocado. Como me has puesto con tu actuación estelar, y seguro que mis obreros estarán en situaciones similares a la mía.

    Es imposible contenerme. Te veo moverte ya casi descontrolada después de la sesión de caricias. Dedos que entran y salen, pellizcos que imagino anticipan que tu deseado goce final esté cerca.

    Me es irresistible no acariciarme viéndote gozar de esa manera desde mi balcón, tocándote y disfrutando. Dándome ese sensacional espectáculo de tus senos estrujados en tus manos, lleno de envidia por no poder hacerlo yo mismo, allí, en ese momento.

    Quería estar succionando tus pezones, lamiéndolos mientras mis dedos acariciarían tu coño, rozando tu clítoris, y entrando cientos de veces de tu cada vez más y más mojada vagina.

    Escuchando tus jadeos y gemidos subiendo de tono. Eso me excita muchísimo, oírte así, gozando con esa intensidad. Me pone a mil. Ha sido imposible resistirme a tocarme. Me estoy acariciado mi polla insoportablemente dura. Arriba y abajo. Deseándote. Imaginando que mi mano es la tuya.

    Dios que excitado me tienes. Estoy decidido a ofrecerte mi explosión de placer provocada por tu exhibición, dándote toda mi esencia, derramándome contigo en mi mente, explotando con un largo gemido descontrolado al descargar el néctar blanco acumulada en mis testículos, salpicando el vidrio de la barandilla en ese gozo extraordinario de mi deseado y anhelado orgasmo, imaginando que estas pegada a mí y ambos masturbándonos; jadeando, gozando, frotando nuestros dedos dentro de ti, llevándote al paraíso.

    Imagino y deseo fuera tu mano cerrada sobre mi verga subiendo y bajando, apretándola, sintiendo tu tacto, en la lubricada piel de mi glande, recorriendo a lo largo de todo el tallo de mi pene, provocándome suspiros de placer, amasando mis cojones hasta hacerlos explotar; cerrando los ojos por unos segundos mientras me corro, ahogando mi gemido apretando los labios, dándote mi leche en varias sacudidas de mi cuerpo. Me estremezco estampando mi esencia en varios chorros sobre el vidrio, dejando así, constancia de mi placer alcanzado en un abstracto cuadro en la barandilla.

    **********************

    Relato creado entre dos autores, Erothic una extraordinaria autora y yo, compartiendo y encadenando partes redactadas por ambos.

    Si habéis disfrutado con esta lectura, os animo a que continuéis leyendo la segunda parte en el perfil de la coautora Erothic.

  • Catalina, una joven prohibida

    Catalina, una joven prohibida

    Pasó, como dicen, como agitar una tela rojo sangre en las narices de un toro.

    Catalina se inclinó y rebuscó en los cajones del mueble… Me encantaba verla doblada sobre sí misma, buscando algo, Solo llevaba una remera beige algo corta y suelta, lo que me permitió ver sus largas piernas. Mis ojos recorrieron la longitud de sus muslos y se quedaron sobre sus nalgas. Catalina tenía el culo más delicioso que había visto en mi vida: lleno, duro y súper comible.

    No podía volver a hacerlo. Sí, ella era hermosa, joven, inocente, sexy y dispuesta a culear en cualquier momento. Y sí, lo habíamos hecho en cada oportunidad durante toda esta semana. Pero ahora era demasiado arriesgado. Las posibilidades de ser atrapado eran demasiado altas. Teníamos que parar. Tuve que parar. Pero cuando Catalina comenzó a hurgar en la parte posterior del cajón, se inclinó un poco más y me dio un vistazo de su pequeño nido de placer.

    No me pude aguantar.

    «Qué demonios…», dijo ella, mientras la agarraba por detrás.

    Catalina no supo que le paso, Mi pene ya estaba incrustado en su apretada cuca antes de que tuviera la oportunidad de darse cuenta de lo que había sucedido. Pero como todas las chicas jóvenes, ella era adaptable. En cuestión de segundos, su cuerpo había reaccionado a mi ataque. Su cuca se mojó y sus caderas comenzaron a empujar contra mí.

    «No podemos hacer esto», gimió, mientras trataba de girar. «Ella regresará en cualquier momento».

    La escuché, pero no importó. Ella tenía razón, pero no importaba. Ya nada importaba. La cogí más fuerte. La embestí con todo lo que tenía. Estaba perdido en todo, excepto en la compulsión de meter mi verga dentro de su caliente, apretado coño…

    «Oh, sí, sí, sí…», comenzó a gemir, mientras se rendía ante las sensaciones de su cuerpo.

    Ella abrió las piernas y se alzó sobre las puntas de sus dedos. Agarré su cintura mientras empujaba hacia arriba. Ella se relajó y me presionó. Gemí cuando sus gruesos y deliciosos labios se deslizaron hacia mi verga.

    «Seré rápido, lo juro», jadeé. «Terminaremos antes de que ella vuelva a casa».

    Ella comenzó a gemir y estremecerse. Sus caderas giraban locamente mientras golpeaba su trasero contra mi regazo. Mi pelvis estaba casi directamente debajo de ella, y cada vez que ella empujaba hacia abajo, cargaba todo su peso sobre mi falo.

    No deseaba parar.

    Deslicé mi mano debajo de su camiseta. Como de costumbre, no llevaba nada debajo. Fue más fácil de esa manera. Nunca tuve la paciencia suficiente para esperar a que se quitara la ropa, se desabrochara el sujetador y se quitara las bragas. No podía soportar el tiempo que tarde en saltar a la cama o tumbarme en el sofá. Ciertamente no podía darme el tiempo para ponerme un condón.

    Mis manos estaban llenas de sus senos carnosos en ese momento. Sus senos estaban llenos y firmes, como melones tiernos y recién arrancados de la tierra. Ella gemía cada vez que le frotaba sus pezones duros y cauchudos. Ella jadeó cuando los pellizqué y los hice girar entre el pulgar y el índice. Ella lo amaba. Sus caderas comenzaron a tambalearse cuando perdió la concentración. Sus muslos temblaron bajo el ataque combinado de mis dedos y mi excitado pene.

    Ella se derrumbó sobre mí. Dejé caer sus tetas y la sostuve por su cintura. Tenía los ojos cerrados y su respiración entrecortada. Me concentré en esa deliciosa sensación de hacerla culear por mucho tiempo.

    «No sé cómo voy a vivir sin esto», murmuré en su oído. «Eres tan sexy, quiero cogerte y penetrarte cada vez que te veo».

    Ella volteo la cabeza y me miró con esos ojos que me matan. Ella sonrió soñadoramente mientras trataba de concentrarse en algo más que mi pene cogido ente sus labios inferiores.

    «Todavía podemos divertirnos si no nos dejamos pillar».

    «No es como, ah, ah…”

    Su voz se apagó en una serie de pequeños suspiros. Ella cerró los ojos y comenzó a empujar contra mí.

    Unos minutos más tarde, Catalina, estaba cerca. Estaba perdiendo el control nuevamente. Su cuerpo estaba desplomado sobre el mío. Se apoyó temblorosamente en el tocador, y se habría caído si mis brazos no la hubieran atrapado. Un leve gemido salió de sus labios. Estaba que se corría o se venía como decimos por aquí.

    Bale el ímpetu y velocidad de mis movimientos de cadera, quería alargar su placer. Estaba tan quieta, tan callada en mis brazos que parecía que estaba dormida. Solo su tembloroso y tembloroso torso traicionaba la tensión en su cuerpo.

    «¿Lo quieres, Cata?» Le susurre al oído.

    «Quiero oírte decirlo, cariño. Hazme saber lo que quieres».

    «Cógeme, dame duro quiero ser tuya…”

    Gemí al escuchar esas palabras provenientes de su boca. Todo era demasiado. Hace una semana, habría muerto de sorpresa si la oía decir esas palabras. Había cambiado mucho en tan poco tiempo.

    Y pensar: ella solo tenía dieciocho años.

    +++++++++++

    ¡¿Qué crees que estás haciendo?!»

    Giré mi cabeza Isabela estaba parada en la puerta, con las manos en las caderas. Por un segundo, me quedé sin palabras. Parecía furiosa y lista para quitarme la cabeza, pero no pude evitar estar excitado: era tan atractiva cuando estaba brava.

    «¿Cómo crees que se ve? ¡Estoy cogiéndome a tu hermana!»

    Empecé a darle a Catalina una serie de empujes cortos y afilados. No pasó mucho tiempo antes de que Isabela se recuperara de la conmoción de vernos juntos. Mi mano derecha se deslizó por su estómago hasta sus calientes labios, el clítoris saltaba cual frijolillo saltarín. Mientras tanto, le di duro y rápido, tratando de que se viniese antes de que Isabela se acercara demasiado hacia nosotros.

    Si mis manos no hubieran estado alrededor de ella, Catalina se habría caído al suelo. La atraje hacia mí cuando el primero de sus orgasmos se extendió por su cuerpo. Ella gimió en mis brazos mientras su coño se convulsionaba. Se inclinó hacia delante sobre el tocador y delicadamente, se levantó de mi pene. Se dio la vuelta y le sonrió débilmente a su hermana Isabela.

    «Hola, Isabela. ¿Cómo va el trabajo?»

    Mientras tanto, Isabela había dado esos pasos. Sus manos agarraron mi hombro como las garras de un alma en pena mientras me empujaba a un lado. Me tropecé con los pantalones que todavía estaban envueltos alrededor de mis pies. Me caí en la cama. Una Isabela furiosa y hermosa se posaba sobre mí.

    Carajo, lo iba a conseguir. Puedo salir de la mayoría de las situaciones, pero ser atrapado follando con la hermana de mi prometida no es común. No se me ocurría nada.

    Me detuve. Como siempre, verla con furia me dejó asombrado. Ella era impresionante en la forma en que solo una diosa amazónica puede ser. Tenía 1.80 de altura con senos llenos y caderas deliciosas, piernas que se estiraban para siempre y un culo espectacular. Pero fue su rostro lo que me retuvo; Esos ojos verdes que parecen más intensos con su cabello corto y negro, su piel blanca como la harina recién molida y su boca sensual. Incluso cuando estaba muy enojada, no podía evitar exudar el atractivo erótico de una hembra en celo.

    «Oh, supongo que tú y Catalina no se estaban follando uno al otro.

    ¡No puedo creer que me hicieras esto, maldito pervertido!»

    «Bueno, ya ves… ¿fue una sorpresa?»

    Sonaba estúpido cuando salió de mi boca. Sonaba cada vez peor cada segundo siniestro que colgaba en el aire.

    Y luego se echó a reír.

    «Maldita sea, me encantan las sorpresas. Lamento haberlo arruinado. Estaba tan enojada de verte a ti y a Catalina culeando allí… Supongo que reaccioné de forma exagerada. ¿Puedes perdonarme?»

    Ella hizo un puchero cuando se acercó.

    «Um, sí… seguro que puedo perdonarte. No hay problema».

    Se quitó la falda y se desabrochó la camisa. Se subió a la cama y se sentó a horcajadas sobre mí.

    «Entonces, ¿cuál es la gran sorpresa? Espero que sea algo bueno…”

    Mi polla estaba clavada en la grieta entre sus muslos. Ella sonrió mientras la cogía. Gemí e intenté pensar, pensar rápido. Tenía que haber una explicación correcta… pero era difícil pensar con mi verga en esas condiciones.

    «Carajo…» suspiré.

    «¿Perdóneme?»

    «Un, quería practicar…» elaboré. «Sabes, ¿cómo algunas personas practican el baile antes de su boda para que puedan hacer el vals nupcial?»

    «Sí, continúa…”

    «Quería practicar culeando… para asegurarme de que nuestra noche de bodas fuera bien». Tartamudeé. «Catalina, un, Catalina tuvo la amabilidad de practicar conmigo. Pensamos que no era trampa ya que así lo manteníamos en la familia».

    «Qué dulce», murmuró mientras se frotaba contra mi verga. «Sabías que quería abstenerme hasta nuestra noche de bodas y, sin embargo, querías estar en buena forma para mí. Qué hombre tan dulce y sensible eres».

    Puede acostarse encima de mí. Ella descansó sus brazos sobre mi pecho. Sus labios formaron una pequeña sonrisa.

    «Debe haber sido una imposición tan dura para ti», dijo ella, sus caderas chocando contra las mías para enfatizar. «Siento mucho haberte hecho pasar por eso. Pero estoy muy contenta de que hayas contado con la pequeña Catalina para que te ayude a mantenerte en forma. Es un gran alivio, en cierto modo. Me preocupaba que pudieras ir. Corriendo con alguna extraña”.

    «Debería haberte dicho, supongo. Lamento haberte sorprendido así». Dije. Me sentía considerado.

    Ella se rio.

    «Esa es la excusa más tonta que he escuchado. ¿Qué tan estúpido crees que soy?» ella se rio. «En realidad, también tengo una confesión para ti. Catalina y yo inventamos algo especial para nuestra noche de bodas también. Realmente no debería haberte irrumpido así. Lo estropeé todo».

    «No hay nada malo en darle su regalo hoy, ¿verdad?» Intervino Catalina.

    Di un respingo sorprendido. Había estado tan concentrado en Isabela que, en el tiempo que habíamos estado hablando, Catalina había podido deslizarse a mi lado en la cama.

    Isabela sacudió la cabeza y suspiró.

    «No, tienes razón; no sería una sorpresa si esperáramos. Tendremos que dárselo ahora».

    +++++++++++

    Fue una de las cosas más eróticas que jamás había visto.

    Catalina e Isabela se besaban profundamente. Las largas y atléticas piernas de Isabela estaban envueltas alrededor de las caderas de Catalina mientras rodaban en la cama. La mano de Catalina estaba encajada entre sus cuerpos, tocando frenéticamente sus coños. Llevaban allí unos diez minutos. Había perdido la cuenta de la cantidad de orgasmos que se habían dado las dos.

    Se interrumpieron. Catalina se arqueó hacia atrás y me sonrió.

    «¿No quieres jugar, querido hermano?» preguntó ella, golpeando sus párpados.

    Se desenvolvió de las garras de Isabela y se arrastró hacia mí.

    «Sabes, Isabela y yo compartimos una habitación juntas hasta que ella se mudó contigo. Nuestros padres pensaron que era extraño que pasáramos tanto tiempo juntas, pero siempre lo pensaron debido a nuestra educación saludable. Nunca sospecharon que nosotros «Nos comíamos como locas y nos penetrábamos con pepinos y zanahorias».

    No supe que decir. Es difícil concentrarse cuando acabas de ver a tu prometida y a su hermana hacer algo tan tabú. Catalina apenas parecía real, con su cabello desordenado y su expresión vidriosa y sensual. Envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y me acercó más.

    «Después de que Isabela y tú se casen, tendrán que invitarme a pasar muchas noches de pijama», dijo. «Eso es… ¿si no te importa?»

    Sacudí mi cabeza. Mis manos ya estaban ahuecadas en sus senos firmes, del tamaño de una manzanita. Ociosamente, mis dedos comenzaron a torcer los pezones. Catalina se arrastró más cerca de mí, hasta que sus muslos descansaron contra mis costados y mi verga se frotó en el borde de los labios de su Cuca. Ella sonrió cuando su pelvis comenzó a empujar contra la parte superior de mi verga.

    «Oye, ¿no te has olvidado de alguien?» dijo Isabela, después ya no recuerdo más.