Autor: admin

  • Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (3)

    Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (3)

    Ahora venía la prueba de fuego. En cuanto nos recuperamos, la empecé a besar y antes de que ella se levantara de la cama para ir al baño, le comenté “en cuanto te levantes, le voy a escribir para empezar a preparar la visita”… ella se levantó y con una sonrisa coqueta, desnuda frente a mí, me vio a los ojos y acariciando sus pezones me dijo “pues vas”…

    Esa respuesta dejó un eco resonando en la habitación, así como sus gemidos lo habían hecho instantes atrás, ahora mi mente ya no estaba puesta en descansar, sino en saber que se podía hacer.

    Mientras ella entró a refrescarse para prepararse a descansar, tomé mi móvil y le escribí a nuestro amigo.

    -¿Cómo va la noche?

    Es importante comentarles que este mensaje fue a después de las 2 de la mañana, por lo que no sabía si iba a recibir respuesta.

    No pude dormir, tenía la adrenalina al máximo. Mi mujer ya estaba dormida y yo cada que abría el ojo, buscaba alguna noticia en mi teléfono. Amaneció y decidí dejar a un lado este tema y enfocarme en lo que tenía que hacer.

    Después de las 11 am sonó una notificación, ¿acaso era el mensaje esperado?

    -La noche tranquila, apenas voy despertando, ¿y ustedes que tal?

    Si era el mensaje. Así que quise aprovechar la atención.

    -Todo bien amigo, también nos desvelamos un poco. ¿Cómo te la pasaste en la cena?

    Su respuesta fue -Muy bien-

    Yo sabía que eso era cierto.

    -Amigo, ayer teníamos muchas ganas de acompañarlos, pero mi mujer dijo que prefería dejarlos a ustedes solos por si tenían algún plan más privado, jaja.

    -No, para nada, llegamos a su casa y la verdad es que no tenía ganas de seguir la fiesta por allá- me contestó.

    -Ya tendremos que organizar algo pronto- Le dije

    -Si, hagámoslo- fue su respuesta inmediata.

    Tenía la opción de soltar la bomba o de seguir avanzando poco a poco. En el fondo yo tenía una intuición clara de que no iba a ser una bomba, sino un gran regalo que le estaría dando.

    -Oye, quería comentarte que… ayer realmente me dio gusto que estuviste platicando con mi mujer, espero que hayas estado cómodo durante la cena-

    A lo que me respondió: – la verdad si la pase muy bien, ella tiene muy buena plática y buena vibra-.

    -Si? ¿Cómo es esa buena vibra?

    -Pues es agradable platicar con ella- me respondió.

    -Se que ella, cuando está cómoda, puede tener buena plática, entonces podemos confirmar que la hiciste sentir cómoda-

    Aquí vino un momento de silencio, pienso que estuvo analizando sus respuestas.

    -Me da gusto que se haya sentido así, ¿ella te dijo algo?- me preguntó.

    -Si, que se la había pasado muy bien contigo y que hiciéramos algo pronto juntos los 3, por eso lo que te digo- le respondí

    -Además de que ayer se veía super guapa, ¿tú que opinas?- le pregunté.

    -jeje- puso

    -No te preocupes, que no te de pena, yo se que es una mujer guapa y no me molesta si alguien mas lo reconoce o coincide conmigo, al contrario, creo que es bueno- le dije para tratar de motivar una respuesta más amplia.

    -La verdad es que si es una mujer muy guapa, tiene una cara muy linda- me dijo.

    Estábamos avanzando y no sabía si seguir empujando, pero algo me decía que debía hacerlo. Si estaba buscando algo, tenía que avanzar o se perdería el interés.

    -Lo sé y dime, ¿solo crees que tiene una cara linda?- pregunte.

    -No- me respondió

    -Entonces, que mas te gusta de ella, puedes decirme en confianza- afirmé.

    -Creo que tiene un cuerpo muy lindo- me contestó de forma muy reservada.

    -Tienes razón, tiene un buen cuerpo, y ¿qué opinas del escote que llevaba ayer? Estoy seguro que no paso desapercibido por ti.- le dije.

    -Si lo vi, pero no quería ser muy notorio- me respondió

    -Pues sobre todo frente a los demás, porque no creo que ella haya sentido alguna incomodidad, al contrario- le respondí.

    -¿Cómo?- me preguntó.

    -Mira, ese look lo eligió ella. Inicialmente se había vestido diferente, más conservadora, pero me queda claro que ella tenía un propósito y por eso hizo el cambio de último minuto. Me preguntó si me gustaba y le dije que me encantaba y que se veía guapísima- respondí.

    -¿O sea que ella tenía interés en vestirse así?- me preguntó

    -Pues yo digo que si, además de que pienso que también tenía interés en sentarse contigo, siempre me dice que le caes bien- le comenté

    -A mi también me cae muy bien- Respondió.

    Ahora era el momento…

    -La verdad es que pude ver como la veías y que su escote te llamaba mucho la atención y que también cada ocasión que se levantaba, le veías el culo. También pude ver que ella se sentó a tu lado durante un buen rato y que intencionalmente estaba en una posición en donde podías tener la mejor vista de su escote y quiero que sepas que no soy celoso, al contario. También que estoy seguro que el escote lo uso con el propósito de llamar tu atención y que ella y yo hemos platicado un poco más de ti que de lo que platicaríamos de otras personas y por ello me gustaría que busquemos el espacio para ponernos de acuerdo y salir o hacer algo los 3 juntos.

    Al parecer leyó este mensaje en más de una ocasión, creo que yo hubiera hecho lo mismo para evitar malos entendidos, pero yo también al leer el mensaje enviado, veía muy claro todo sin dejar lugar a dudas.

    -Gracias por platicar de mí, la verdad es que si me llamó mucho la atención. Ya había observado antes, pero ahora que me dices esto, me da mucho gusto y me siento halagado y también me gustaría pasar más tiempo con ustedes.- Contestó.

    -¿Puedo hacerte un par de preguntas muy directas?- pregunté.

    -Si.- Respondió de inmediato.

    -¿Qué parte de su cuerpo te gustaría ver más?

    -No lo se, toda ella es muy bella- respondió.

    -¿Estamos hablando ya sin pena, te gustaría ver mas de sus tetas o de su culo?-

    -Tiene unas tetas que se ven deliciosas, me gustaría ver mas de ellas- contestó

    -Perfecto, ahora lo siguiente. ¿Tienes alguna relación seria con alguien en este momento? ¿Estás saliendo o algo con la amiga con quien te fuiste? Seguro pensarás que esto que tiene que ver, pero te prometo que hay un punto y cualquier respuesta es buena.

    -No tengo relación seria con nadie en este momento y mi amiga quiere conmigo, pero yo no con ella. De hecho me ha propuesto varias veces pero yo no he accedido.- respondió.

    -Ok, esta bien, realmente solo es para saber que no exista algún problema.- le aclaré.

    -¿Por que habría un problema?- me preguntó.

    -Porque quiero preguntarte si te gustaría cogerte a mi mujer o que hagamos un trío con ella- respondí de manera muy directa.

    -¿En serio o me estas bromeando?- me contestó.

    -Es muy en serio, tan en serio que ayer mientras cogíamos acordamos que queríamos invitarte a coger.- afirmé

    -Si me interesa, me gustaría- respondió de manera inmediata.

    -Perfecto, te pido que por respeto a todo esto, lo manejemos con discreción y si estás de acuerdo vamos a empezar a ponernos de acuerdo para vernos.- le respondí.

    La conversación siguió avanzando y después de un rato cada quien siguió sus actividades.

    Por la noche, me acerque a mi mujer y tomando un drink cómodo le dije que había disfrutado mucho la noche anterior con todo lo que había tenido, desde su vestimenta, la cena, la compañía y el cierre cogiendo delicioso.

    Ella se sonrojo un poco y me respondió -a mi también me gustó mucho-

    Después de darle un beso y acariciar su pierna, le dije al oído -estuve escribiendo con nuestro amigo-

    Me miró con sorpresa y me dijo, -no es cierto-, le mostré solamente la existencia del mensaje dentro de mi aplicación y antes de que ella dijera algo le comenté: – estoy organizando que tengamos una salida juntos los 3.

    Ella se desconcertó pero a la vez mostró su excitación. Le hice saber que nuestro amigo tenía mucho interés en conocerla más y de manera muy directa le dije – le encantó tu escote, fue todo un éxito-.

    La noche avanzó, fuimos a nuestra habitación en donde cogimos delicioso y mientras lo hacíamos hablamos más de nuestro amigo.

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  • Terminé de criado de mi jefa (6): El semental (5)

    Terminé de criado de mi jefa (6): El semental (5)

    Nos quedamos dormidos, ni a correr al parque fuimos. Nos despertamos los tres y vimos el reloj, yo apenas si tenía tiempo de llegar, y me dijeron que me descontarían del sueldo si volvía a llegar tarde. Las chicas se reían por eso y me decían que me tranquilizara, tenia un olor a sexo que tiraba para atrás, y toda mi parte genital y abdomen estaban con flujos y semen reseco, fue una noche de sexo completa, creo que dormí tres horas y media, cuando me dirigí a la ducha note que me ardía mi pene, las chicas entraron conmigo a la ducha y empezaron a enjabonarme, según ellas para que pudiera salir más rápido, pero Vale empezó a lavarme el pene como si estuviera masturbándome y Juli se agacho atrás mío para besarme el ano.

    Alberto: Juli te dicho que ahí no.- Habíamos tenido una bronca en la noche porque había intentado meterme un dedo, me dijo que estaba acostumbrada porque se lo hacia a Hernán siempre.

    Juli: Tranquilo machote, nadie te va a desvirgar el culito.

    Vale: Cariño no quieres quedarte un ratito más, no pasa nada le dices a los de Recursos Humanos que estabas atendiendo a las dueñas.

    Alberto: No puedo, a parte Susana todavía no ha autorizado que revelemos lo nuestro.- dije saliendo de la ducha.

    Las chicas se quedaron besándose, que cabronas, bueno aunque era tentador no se si viera podido, si bien tenia una erección esta dolía de los mil demonios. Creo que también iba a tener que empezar a tomar vitaminas, si estos encuentros iban a ser tan seguidos me dejarían para el arrastre, menos mal que las chicas también se dieron entre ellas mientras yo me reponía. Salieron del baño riéndose, yo había terminado de cambiarme, Juli me dio un pote de crema para mi pene, mientras que Vale fue a la cocina, al llegar a esta me había preparado un vaso térmico con café y tenia las llaves de su Porsche Cayenne, tendría unos cinco años pero parecía nueva, hasta el olor a nuevo tenia, ambas me despidieron con un beso en la boca, todavía estábamos en la cochera y ellas desnudas a la par del SUV.

    Vale: Adiós cariño cuídate, nos vemos en la empresa.

    Juli: Adiós grandulón, que tengas buen día.

    Ese saludo, más el cariño con el que me lo dieron me hicieron dar cosquillas por todo mi cuerpo y yo salí con esa SUV que era demasiado para mi, tanto el Porsche como las dos chicas, pero era lo que tenia en ese momento y creo que puedo decir que sentí felicidad. Llegue con lo justo a la empresa la verdad que el bicho corría bien, y como dije estaba casi nuevo, tenia 7.000 kilómetros, iba tan concentrado en llegar a horario que ni me acorde de estacionarlo fuera de la empresa, llegue y lo estacione en el estacionamiento reservados para los administrativos, ni me fije si alguien me vio, creo que olvide todo sobre ser cauteloso, entre y marque mi entrada, me sobraron 3 segundos.

    El jefe de personal estaba un poco más allá viendo todo, seguro que esperando que llegara tarde, me la tenían jurada.

    Llegue y me cruce con el ex de Vale que me tiro una de esas miradas que matan. Simplemente pase sonriendo creo que eso le daba más en los huevos, tener que quedarse callado y que yo sonriera. Me siguió con la vista hasta que entre en el área de administración, que placer, ya llevaba varias cosas que me daban gozo en este día.

    Seguí en mi trabajo con mi habitual y poco productiva actividad de clasificar archivos en papel para destruir o guardar. Si estos tipos seguían en el poder yo iba a morir en el archivo sin destacar en nada, o buscarían la excusa para echarme. A media mañana aproveche los veinte minutos de descanso para ir por un café, iba a tomar una tortita como todas las mañanas pero me acorde las bromas de las chicas que tenia que bajar de peso, tome una tostada y una mermelada sin azúcar, iba a tener que cambiar o estas me iban a matar.

    En el comedor también estaban Hernán y Clara, cosa que me pareció rara porque siempre le subían las cosas a sus oficinas. Me acerque a saludarlos, me hicieron sentar con ellos, me comentaban que recién llegaban a la empresa, que Hernán habían dejado a Susana con los últimos detalles de la negociación, si todo salía bien, el viernes estaría todo resuelto.

    Había poca gente en el comedor, pero hasta los empleados del mismo les sorprendió que ellos dos estuvieran ahí, y más que yo los acompañara. Hablamos de todo un poco, para terminar haciéndolo sobre los ladrones que teníamos en la empresa, y Hernán me contesto que ha esos les quedaba poco, eso seria buenísimo para mi, sino moriría de aburrimiento. Antes de irse le hice un comentario.

    Alberto: Hernán cuando tengas tiempo hay algo que quiero mostrarte y tal vez te interese.

    Hernán: Por que no vienes a cenar esta noche a casa.- me acorde que era homosexual y yo no.- van a venir también las chicas.- me dijo con una sonrisa.

    Clara: Tranquilo galán, que tiene que guardar fuerzas para mañana a la noche, porque te pienso exprimir.- dijo lamiéndose los labios, y yo que pensaba que era seria y chapada a la antigua.

    Se fueron ambos riéndose, y Hernán reprochándole en broma por como era. Continúe con mi trabajo por tres horas más sin nada que destacar solo el aburrimiento. Ya en el almuerzo me pareció raro que no viniera Vale, aunque me escribió muy cariñosamente diciéndome que estaba ocupada con algo y había pedido que le subieran una ensalada, que nos veíamos en la noche. Aparecieron mis amigos y se sentaron conmigo.

    Alberto: Ya hable con Hernán del programa, esta noche se lo muestro.

    Lautaro: Yo sabía, eres la puta de Hernán, así se explican varias cosas.- yo sacudía la cabeza, ya empezaron estos dos.

    Kevin: Tiene mucho sentido todo, ahora encajan las piezas.

    Alberto: quieren dejar de ser idiotas, que alguien los va a escuchar. El esta casado, su pareja es el abogado con nos atendió en la reunión.

    Kevin: ¿ha y eso te pone celoso?.- no sabia si reírme o pegarles, sabia que era una broma, pero no era el lugar.

    En otra mesa estaba María, era la chica de Recursos Humanos que nos había ayudado con la investigación. Desde que nos reunimos en el estudio del Abogado no la vi más, y me pareció raro. Ella era una chica de cara bonita, tímida, delgada, muy inteligente. Paso por el lado nuestro y nos saludo, pero no se paro, conmigo siempre era muy simpática.

    Kevin: Tranquilo amigo, muchos desde que estas en la lista negra de los directores no se animan a acercarse a ti.

    Lautaro: Pero nosotros somos tus hermanos, te queremos con tus preferencias sexuales y todo.

    No podía con ellos, así que me uní a sus risas, la verdad es que ellos eran amigos de hierro. Los despedí y me fui a mi puesto. En el pasillo esperando el asesor me llamo María desde una oficina contigua.

    María: Alberto ven aquí, que no nos ve nadie.- entre más por compromiso.

    Alberto: ¿Que sucede?

    María: Mira estos tipos no se si alguna vez se van a ir de la empresa, o tal vez la señora Susana no pueda con ellos. Yo me he mantenido alejada por eso. Esta mañana escuche hablar a Martín el Director de Compras con mi jefe, ha contratado a hombres, dijo que te devolvería el golpe con creces. Ese hombre esta como loco, cada vez que hablaba de ti, escupía odio.

    Alberto: Gracias María, yo me encargare.

    María: yo te ayudare desde las sombras, no puedo darme el lujo de perder este trabajo, pero tampoco dejare que te lastimen.

    Nos despedimos, le volví a agradecer y me dirigí a mi puesto de trabajo. Empecé a mirar a mi alrededor y vi los cómplices de los Directivos, no perdían detalle de lo que hacia. No pasaba más la hora, así que fue una eternidad hasta la salida. Cuando fui a salir me acorde en que vehículo había venido, espere un poco más para que se fueran todos, no quería que me vieran en el Porsche de Valentina. Una vez que vi que quedaban pocos autos decidí salir. Sali y me fui rápido a la SUV pero al llegar vi que venia Martín.

    Martín: Tu muerto de hambre, que haces con el Porsche de Valentina.

    Vale; Y a ti que te importa eunuco.- dijo apareciendo desde atrás.

    El se quedo rojo, nos subimos y nos largamos de ahí, me dijo que la llevara a su casa para arreglarse y de ahí iríamos a la cena. Al llegar vi que atrás nuestro se estaciono un Renault Clío blanco, que nos seguía desde la empresa. Me baje de la camioneta, Vale no se había dado cuenta de nada, fingí darles la espalda mientras miraba el reflejo del retrovisor, el conductor se bajo con una palanca en la mano y se dirigió directamente a mi, el otro se quedo atrás de la SUV.

    Alberto: Vale quédate arriba.

    Pude ver como levanto la barra de hierro y esta se dirigía a mi cabeza, justo antes del impacto me moví y la deje pasar con una media vuelta, con la inercia al girar impacte con mi codo la mandíbula del agresor, que golpeo el costado del Porsche, acto seguido pegue una patada en su pecho tirándolo al piso, el segundo sujeto apareció de inmediato largando una serie de golpes. No eran tipos cualquieras, sabían pelear, este segundo me lanzo una combinación de golpes muy buena, incluso dos me impactaron, yo también me defendí y le di dos buenos tortazos y una patada, pero eran duros, el del piso ya se había levantado, cualquier persona que no este acostumbrada ese codazo te manda a dormir.

    No me había dado cuenta pero Vale mientras tanto estaba gritando que nos querían robar, y varios vecinos y transeúntes se acercaron, junto con dos policías que estaban en el parque se cruzaron corriendo. Se subieron urgentes a su Clio y salieron a toda velocidad. Creo que ellos habían cometido un error, Martin me había marcado en el estacionamiento para que ellos me vean, pensaron que iría a mi departamento, en una zona de clase media baja, no a un barrio con tanto lujo, cámaras y seguridad. La policía notifico el hecho y me insto a ir a las dependencias, les dije que iría primero al hospital por que me habían pegado con el hierro, una mentira, me tomaron todos los datos. Entramos a la casa de Valentina.

    Alberto: Sabes donde esta Martín ahora, o su domicilio.

    Vale: Por que, crees que el lo hizo.

    Estaba hecho una furia, cuando tienes autismo tu atención esta muy focalizada, y en este momento quería hacerle daño a ese patán, Vale me vio e intento tranquilizarme. Entonces me dijo.

    Vale: A esta ahora esta en el club Hípico, el no pierde oportunidad de codearse con las personas de dinero, creo que para eso me quería a mi, para pertenecer y no solo aparentar.

    Yo mientras me cambie de ropa, incluso me había cambiado de ropa, pedimos un Uber y partimos a la zona, yo llevaba mi bolsito de gimnasio con mí la ropa de trabajo. Vale no paraba de escribir en su teléfono, mientras yo tenía un objetivo en mente, salir impune.

    Llegamos y nos paramos frente el estacionamiento, era como una manzana completa, no tenia vallas ni nada, solamente una pequeña línea con grateus, de unos 90 cm había un guardia de seguridad en la entrada, Vale me señalo el auto de Martín, estaba al fondo en un rincón, me dijo que cuanto más cerca al edificio principal del club más estatus tenias ahí, el era de los últimos evidentemente. Ubique la mayor cantidad de cámaras posible, elegí el lado por donde saltar el Grateus, no es que no me fueran a ver, sino que no me fueran a reconocer, de donde estábamos parados no nos veían, pero ni bien cruzara la calle tendría unos 20 segundos solo con el y escapar.

    Alberto: Tú te quedas aquí.

    Donde estábamos nosotros era un terreno elevado, el estacionamiento y club estaban más bajos. El Audi A4 estaba a 50 metros más o menos. Vale me lo marco cuando salió del club, se despidió de dos hombres que salían con él y se dirigió solo a su auto, manipulaba el celular en sus manos. Yo me puse la gorra y un pañuelo que tome de la casa de Vale, cruce la calle a paso firme y rápido, salte el Grateus, y fui tras él, estaba hablando por teléfono.

    Martín: Como que no pudieron darle una golpiza, son inútiles.- me vio al ponerse de lado, su cara fue de susto.

    El primer golpe a la cabeza lo derribo, me subí sobre él y comencé a golpearlo, al tercer golpe dos piezas dentales salieron despedidas, al cuarto golpe estaba inconsciente, le di un par más por las dudas, al pararme pise sus testículos, se retorció como acto reflejo. Al estar entre dos autos, nadie vio mucho, volví con Vale y salimos de ahí, creo que alcance a ver al guardia dirigiéndose a la zona, tal vez me vieron en las cámaras. Había tomado el teléfono de Martín del piso, y saque su billetera.

    A una cuadra me saque la camperita que tenia y la guarde en el bolso junto con la gorra y el pañuelo, caminamos otra cuadra y tomamos un taxi hasta la estación de policía que me habían indicado en la tarde. Antes de subirme al taxi, saque el dinero de la billetera y la tire en un tacho de basura. El celular sabia que se podía rastrear pero en taxi le escribí a Kevin pidiéndole un favor.

    Vale no paraba de escribir en su teléfono, yo ya me había tranquilizado, la bestia había vuelto a su lugar de reposo. Al llegar a la comisaria, Kevin nos estaba esperando, había ido en su moto. No dijo nada, miro extrañado a Vale, la saludo y se fue con el Celular.

    Ya dentro nos hicieron esperar, teníamos que tener paciencia por que iba para largo. Esto cambio diez minutos después cuando apareció Javier, el esposo de Hernán, presentándose como nuestro abogado, al ser un abogado tan respetado y famoso salió el comisario a recibirnos, y nos tomo declaración en el acto. La causa quedo registrada como Intento de robo, y Lesiones leves.

    Comisario: Te defendiste como un León amigo, dijo riéndose y mostrándole el video al abogado.

    Llegamos a la casa de Hernán, nos llevó Javier, nos estaban esperando todos, solo faltaba Susana. Vale se apresuraba y atropellaba por contar todo lo que paso, incluso me grabo cuando le di la paliza a Martin, joder pero quería juntar pruebas en mi contra. Javier estuvo hablando con nosotros y me dijo lo que tenia que decir y que no.

    La cena fue un momento relajado después de la tensión del día. Conversamos sobre la empresa, el trato que Susana estaba cerrando y otros temas. Las chicas mencionaron nuestro posible casamiento, lo que nos hizo sonrojar a Valentina y a mí. Decidimos dejar ese tema para otro momento. Después de la cena, le mostré a Hernán el proyecto de mis amigos y el programa en el que estaban trabajando. Le encantó y me pidió que organizara una reunión para el jueves por la tarde en su oficina para que pudieran explicarle mejor todos los detalles del programa.

    Después de la cena, Juli se ofreció a llevarnos a casa de Valentina. Aunque habíamos planeado no ir a trabajar al día siguiente, yo insistí en asistir a la empresa. Juli nos llevó y nos dejó en casa de Valentina, donde nos duchamos y nos acostamos exhaustos. La verdad es que no estábamos para muchos trotes, pero cuando vives un hecho de mucha adrenalina esa queda en tu cuerpo y hay que sacarla de alguna forma. Valentina se acurrucó sobre mi pecho, acariciándome, y se subió completamente sobre mi.

    Ella al bajar del auto le había dicho a Juli que solo dormiríamos, pero algo entre nosotros estaba creciendo, y era de carne y duro. La niña se había acostado con un pijama casi inexistente, un pantaloncito cortito y top, había puesto su cara en mi cuello y me respiraba dándome todo el aliento en él, y se movía despacito, ya el bóxer estaba estrangulando mi pene. Me empezó a dar suaves besitos en el cuello, mientras su mano jugaba en mi pecho desnudo. Me dijo despacito al oído.

    Vale: Le prometimos a Clara dejarte descansar, para que mañanas le des todo a ella, pero no creo poder cumplir esa promesa.- me hablaba como bebota.- soy mala amiga si tomo solo un poquito de mi novio.

    Ella frotaba directamente su pubis contra mi pene duro, era muy placentero pero como que la ropa sobraba y mi novia se dio cuenta, se corrió un poco y bajo su mano con saliva y la llevo a mi pene frotándolo, bajo un poco el bóxer y se quito el pantaloncito de su pijama.

    Vale: hoy has hecho un gran esfuerzo, deja que tu novia te de un poco de cariño.- la verdad me encantaba esta mujer, nadie nunca me trato así.

    Se subió sobre mi y empezó a frotarse, nuestros órganos estaban en contacto directo, ya sin la molesta ropa, el flujo de mi novia era una lubricación perfecta, sumado a mi liquido pre seminal, yo acariciaba todo su cuerpo lo más posible, en un momento dado me molestaba también su top, yo quería tocar sus tetas y ella se lo saco.

    Alberto: Cariño quiero meterla.

    Vale: Tranquilo cariño que yo hare todo el trabajo para que tu no te canses.

    Dicho estos se dejo caer y empezó a besarme, una de sus manitos fue a por mi pene y lo dirigió a la entrada de su vagina empezó a jugar en la entrada, frotándolo y haciendo que entrara la puntita y saliera, ella bufaba y estaba muy caliente, tanto como yo. Ella se canso de jugar y metió el pene en su vagina, que estaba calentita y húmeda, que placer que me dio. Empezó a mover sus caderas sin soltar el beso nada más que para coger aire y seguir besándome, mis manos fueron a sus nalgas las agarre fuerte y separe, en un momento dado ella se separo de mi para tomar aire y metí un dedo en su boca, ella lo chupo mucho, lo saque y volvió a besarme, yo lo dirigí a su ano, sin penetrarla, sabia que no le gustaría la idea de que lo hiciera antes del matrimonio.

    Vale: Hay cariño, no puedo más, te quiero, tu pene me mata.

    Empezó a tener un fuerte orgasmo con contracciones, yo la deje acabar, cuando estuvo repuesta mi pene seguía duro dentro de ella. Me desmoto tomo mi pene y me hizo un cariñoso oral, con mucha lengua, mucho mimo, dándome mucho besitos en toda la zona, y siempre lubricando la cabeza y masturbándome, en un par de segundos mi pene acababa como una fuente expulsando semen para todos lados. Ella se lo metió en la boca, lo dejo limpito, se trepo sobre mi, me dio un beso tipo piquito y se acurruco en mi pecho, y así nos dormimos.

    A la mañana siguiente amanecimos todo pegados, yo un poco acalambrado mi novia no se había bajado de mi. A penas me viio con mi erección matutina, me dijo.

    Vale: No, no mi grandulón, no podemos jugar más, tienes que guardar fuerzas.

    Fuimos la ducha y un par de besitos y caricias, pero nada más. Vale salió antes y cuando me estaba cambiando sentí el timbre de la puerta, mire por la ventana y estaba Clara y Juli con bolsas de una panadería y cuatro cafés. Me asome para escuchar, cuando vale abrió la puerta.

    Clara: lo hicieron, esa cara de zorra te delata.- Vale se reía.- te dije Juli, que lleves a cada uno a su casa, estos dos están enamorados y después de todo lo vivido ayer iba a terminar en revolcón.

    Vale: Shhh Clara por favor, fue algo muy tranquilo, no lo exigí.- Empezaron a hablar bajito así que salí.

    Clara: Hola como está Sr. Salvaje, espero que esta noche me pueda cumplir.- me dio un beso en la mejilla.- Vamos a desayunar que se enfría.- Juli de pasada me saludo con un piquito.

    Le hicieron una video llamada a Susana, saludo a una por una, preguntándole algo personal, al llegar a mí.

    Susana: Buenos días Sr. Rodríguez, veo que ya vive prácticamente con Valentina.- se acomodo las gafas.- y por la cara de felicidad de mi hijastra veo que cumple como novio.- una media sonrisa en aquel mensaje en doble sentido creo que fue lo más cercano a un chiste para ella.

    Alberto: Buenos días Sr. Susana.- protocolo ante todo.- estas bien juntos.- le dije tomando la mano de Vale.

    Cambio de tema en el acto, pregunto por mi pelea, cosa que escucho atentamente sin decir nada, y después hablo un poco con cada una. Para finalizar conto que esta tarde cerraba el trato y volvía mañana a la mañana en avión. Y sugirió que debería irla a buscar yo, nadie dijo nada así que acepte tras un pequeño pellizcó de Vale para que contestara. Terminado el desayuno me fui antes a la oficina.

    El ambiente en la empresa estaba tenso, los directivos me miraban con recelo y Martín no se había presentado, es más creo que iba tardar su vuelta. Me dediqué a mi tarea y luego, durante el almuerzo, los chicos me enviaron mensajes para que nos juntáramos. Habían logrado desbloquear el celular de Martín y habían encontrado información importante. Nos reunimos en el comedor y María nos saludó antes de irse con sus compañeras de recursos humanos, me hizo una sonrisa cuando se iba, tal vez estaba contenta porque estaba bien. Kevin y Lautaro estaban expectantes, esperando que yo les explicara qué había pasado y qué significaba todo esto.

    Kevin: Ayer tu estabas con.- lo corte en el acto.

    Alberto: con mi novia, no importa quien sea ella, no diremos nombres aquí, es un secreto.

    Creo que los dos estaban que se mordían la lengua por preguntar. Terminamos de almorzar y les pedí que trajeran su notebook personal donde estaba el programa. Subimos al piso 10, sede de la Gerencia de Operación, ellos me miraban extrañados, pero les había dicho que no hablaran. Ni bien nos presentamos la secretaria nos hizo pasar, Hernán nos recibió muy afectuoso.

    El primer tema que tocamos con Hernán fue el del celular de Martin, era una mina de oro, en todo sentido, pruebas contra los robos, pruebas de infidelidades a Vale, pruebas de que mando a los hombres contra mí, incluso de delitos que no sabíamos. Hernán se los pasaría a su esposo.

    El segundo tema fue la presentación del programa, a Hernán le encantó, incluso llamó a sus directivos, todos vieron lo prometedor que era el programa, incluso nos insto a que consiguiéramos cuanto antes la patente y ya teníamos a nuestro primer cliente. Salimos triunfantes de ahí. Nos dirigimos cada uno a sus respectivas aéreas y a completar la jornada.

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  • Placeres prohibidos. Ángel del incesto (2)

    Placeres prohibidos. Ángel del incesto (2)

    Consumida por la excitación, se acostó en el suelo de la cocina, el frío del azulejo contrastó con el calor abrasador de su piel. Deslizó su propia tanga negra por sus muslos, dejándola a un lado, y comenzó a masturbarse con la prenda de Atziry, frotándola contra su clítoris hinchado. Sus dedos, empapados por sus propios jugos, presionaban la tela contra su vagina, cada roce enviaba descargas de placer que la hacían arquearse.

    Con la otra mano, levantó su brasier, liberando sus enormes senos, que rebotaron libres, sus pezones estaban endurecidos. Los lamía con avidez, su lengua trazaba círculos alrededor de ellos, mientras los apretaba con fuerza, imaginando que era Diego quien los devoraba, mientras hundía su verga en su vagina en lugar de la de Atziry.

    Los gemidos de su hija, cada vez más altos y desesperados, amplificaban su excitación. Elizabeth, perdida en su fantasía, imaginaba que era ella a quien Diego embestía, su cuerpo temblaba bajo sus manos fuertes. El roce de la tanga de Atziry contra su clítoris la llevaba al borde, su vagina palpitaba mientras sus jugos goteaban por sus muslos. Pero en un instante de éxtasis, un gemido agudo escapó de sus labios, rompiendo el silencio de la cocina.

    Al darse cuenta, el pánico la atravesó. Rápidamente se tapó la boca con una mano, su respiración era agitada mientras dejaba caer la tanga de Atziry donde la había encontrado. Con el corazón latiendo desbocado, se levantó del suelo, con sus senos aún expuestos y su vagina empapada, se escabulló sigilosamente hacia su habitación, cada paso era un esfuerzo por no hacer ruido. Cerró la puerta lentamente, el clic apenas fue audible, mientras el eco de los gemidos de Atziry y Diego seguía resonando en su mente.

    Sumidos en un torbellino de éxtasis, sus cuerpos entrelazados en el sillón, envueltos en una lujuria que parecía consumir el aire a su alrededor. Atziry, con las piernas abiertas y su vagina empapada, sentía la verga gruesa de Diego hundiéndose en ella con cada embestida, llenándola hasta el límite.

    Sus senos desnudos, libres tras la caída de su brasier amarillo, rebotaban con cada movimiento, los pezones rosados endurecidos bajo las caricias bruscas de su primo. Diego, con los ojos oscuros brillando de deseo, besaba apasionadamente a Atziry, sus labios devoraban los suyos en un choque húmedo y febril. Su lengua exploraba su boca, luego descendía a su cuello, lamiendo la piel bronceada, dejando un rastro de saliva antes de hundirse en sus senos, chupando los pezones con una avidez que arrancaba gemidos agudos de su prima.

    —Primita, eres mía —gruñó Diego contra su piel, su voz ronca mientras sus manos apretaban las caderas de Atziry, guiándola para que sus movimientos se sincronizaran con los suyos. Cada embestida era profunda, su verga rozaba cada rincón de su vagina húmeda, haciendo que Atziry gritara sin control, sus gemidos resonaban en la sala, ajena a cualquier otra presencia en la casa.

    El riesgo de estar cogiendo a metros de donde Elizabeth se escondía, detrás de la barra de la cocina, encendía a Diego aún más, su excitación era amplificada por la audacia de su acto prohibido. Atziry, perdida en el placer, sentía su cuerpo al borde del colapso, cada penetración la llevaba más cerca de un orgasmo que prometía ser devastador. —Sigue, primo, cógeme más fuerte —jadeó, sus manos se enredaban en el cabello de Diego, atrayéndolo hacia sus senos mientras sus caderas se movían con desesperación.

    Justo cuando el placer amenazaba con estallar, un gemido suave pero inconfundible llegó desde la cocina, rompiendo la concentración de Atziry. Sus se abrieron de golpe, su cuerpo se tensó mientras intentaba identificar el sonido. Por un instante, su oído se agudizó, buscando más pistas, pero el silencio que siguió la hizo dudar.

    Diego, demasiado inmerso en el ritmo de sus embestidas, no notó su distracción, sus manos apretaban las nalgas de Atziry mientras seguía penetrándola con fuerza. Ella, decidiendo ignorar el ruido, volvió a entregarse al momento, sus gemidos retomaron su intensidad mientras sus caderas se movían con más urgencia. —Hazme venir, primo —susurró, su voz rota por el deseo, mientras su vagina se contraía alrededor de la verga de Diego, llevándolos a ambos al borde de un clímax compartido.

    Atziry, se mantuvo concentrada en el placer que Diego le arrancaba, estaba a segundos de un orgasmo que la haría temblar, su cuerpo estaba completamente rendido al hombre que la poseía sin reservas.

    Ambos alcanzaron el clímax en un estallido sincronizado que los dejó temblando. Sus orgasmos, intensos y devastadores, los envolvieron en una ola de placer que resonó en el salón. Atziry, con su vagina palpitando alrededor de la verga de Diego, sintió chorros calientes de semen llenarla, mezclándose con sus propios jugos que goteaban por sus muslos. Diego, gruñendo, apretó sus nalgas con fuerza, su cuerpo se estremeció mientras vaciaba cada gota en su interior.

    Durante varios minutos, permanecieron así, agitados, abrazándose con una intimidad que contrastaba con la ferocidad de su acto. Sus labios se encontraron en besos tiernos, sus lenguas se mezclaban suavemente, mientras sus respiraciones pesadas llenaban el aire cargado del aroma de su sexo.

    Cuando sus cuerpos comenzaron a calmarse, Atziry, con los senos aún desnudos y los pezones sensibles al roce, rompió el silencio. —Tenemos que vestirnos antes de que llegue mi mamá —susurró, con voz suave pero teñida de urgencia, mientras se deslizaba del regazo de Diego, su vagina aún húmeda goteaba ligeramente.

    Diego, manteniendo la mentira que había tejido, asintió con una sonrisa cómplice. —Sí, primita, mejor apurémonos —respondió, poniéndose de pie para recoger su bóxer y el pantalón, la tela se ajustó a su miembro aún sensible. Atziry, mientras tanto, buscó su tanga amarilla por la sala, sus caderas se balanceaban mientras revisaba el sillón y el suelo. —¿A dónde aventaste mi tanguita, Diego? —preguntó, su tono era algo alterado, un dejo de frustración en su voz mientras su piel blanca relucía bajo la luz, su vagina depilada estaba expuesta ante la mirada hambrienta de su primo.

    —Creo que cayó en la cocina —respondió Diego, su voz fue vacilante al darse cuenta de su error. La mención de la cocina, donde Elizabeth permanecía escondida, hizo que su corazón se acelerara. Atziry, sin captar la implicación, frunció el ceño y se dirigió rápidamente hacia la barra, su cuerpo desnudo se movía con una sensualidad natural. —Espera, yo te la traigo —dijo Diego, apresurándose tras ella, el pánico crecía en su pecho. Pero Atziry, ignorándolo, llegó primero y encontró la tanga amarilla en el suelo, justo donde había caído tras el gesto provocador de Diego. Para alivio de él, no había rastro de Elizabeth, quien se había escabullido momentos antes.

    Atziry levantó la prenda, sosteniéndola entre sus dedos, y frunció el ceño. —Qué extraño, no recuerdo haberla dejado tan mojada —murmuró, llevándola a su nariz. Un aroma delicioso, pero diferente al suyo, invadió su olfato: una mezcla dulce y almizclada que no reconoció de inmediato. Sus ojos se entrecerraron, una chispa de curiosidad cruzó su mente, pero guardó silencio, decidiendo no profundizar en el misterio. Diego, observándola, sintió un alivio momentáneo, aunque su mirada seguía fija en la vagina depilada de su prima, aún brillante por sus fluidos mezclados.

    Ambos terminaron de vestirse en silencio, Atziry deslizó la tanga húmeda por sus muslos, el encaje abrazaba sus nalgas mientras se ponía el vestido amarillo. Juntos, acomodaron el sillón, borrando las evidencias de su encuentro apasionado. Luego, Atziry, con una sonrisa traviesa, se dirigió al baño para ducharse, dejando a Diego solo en la sala, el eco de su orgasmo aun vibraba en su cuerpo.

    A la mañana siguiente, el aroma del café recién hecho llenaba la cocina, donde Diego y Elizabeth compartían un desayuno en una calma tensa. Elizabeth, con una blusa ajustada que marcaba sus senos prominentes y una falda que abrazaba sus caderas, cortaba fruta con movimientos precisos, aunque su mente estaba atrapada en los celos y el deseo que la consumían desde el encuentro en la sala. Diego, sentado a la mesa, con una camiseta que delineaba sus músculos y unos jeans ajustados, sorbía su café, su mirada estaba cargada de una confianza que rozaba la arrogancia. El silencio entre ellos vibraba con una tensión sexual no expresada, hasta que el sonido de pasos ligeros rompió la escena.

    Atziry salió de su habitación, su figura estaba envuelta en un babydoll morado de tule casi transparente, una prenda que dejaba poco a la imaginación. La tela etérea se adhería a su piel blanca, revelando los contornos de sus senos firmes, los pezones rosados endurecidos eran claramente visibles bajo la luz de la mañana. No llevaba nada debajo, su vagina depilada estaba expuesta bajo el borde del babydoll, un desafío descarado que hizo que el aire se cargara de inmediato. Caminó hacia la cocina con una sensualidad deliberada, sus caderas se balanceaban, consciente de que los ojos de Diego y Elizabeth seguirían cada movimiento. Era una provocación calculada, una prueba para ver cómo reaccionaría su madre ante su descarada exhibición.

    Elizabeth, al verla, dejó caer el cuchillo con un tintineo, sus ojos se abrieron con una mezcla de incredulidad y furia contenida. —¡Atziry, vete a vestir decentemente! —espetó, con voz cortante mientras cruzaba los brazos bajo sus senos, haciendo que la blusa se tensara aún más—. ¡Aquí está tu primo presente!

    Atziry, con una sonrisa traviesa, se detuvo junto a la mesa, dejando que la luz resaltara la transparencia de su babydoll, sus pezones y la curva de su pelvis quedaron expuestos sin pudor. Diego, sin perder un segundo, intervino con un tono juguetón y provocador. —Por mí no te preocupes, tía —dijo, mientras recorría con la mirada el cuerpo de Atziry con un hambre evidente—. Si mi primita quiere vestirse así, no tengo inconveniente. Además, se ve riquísima. —Su voz, ahora estaba cargada de deseo, hizo que un escalofrío recorriera la piel de Atziry, su vagina palpitó bajo la tela fina.

    Elizabeth, con los celos ardiendo en su pecho, sintió un calor traicionero entre sus muslos, su propia excitación la traicionaba. —Diego, por favor, respeta a tu prima —replicó, con tono firme pero tembloroso, sus manos se apretaron contra la encimera—. O al menos respétenme a mí. —Sus palabras intentaban sonar autoritarias, pero el rubor en sus mejillas y el brillo en sus ojos revelaban el conflicto interno entre su indignación y el deseo que Diego despertaba en ella.

    Interrumpiendo la reprimenda de su madre, Atziry alzó la voz con un tono juguetón pero firme. —Ya, mamá, ahorita voy a ponerme otra cosa, no te alteres —dijo con picardía mientras se apoyaba en la mesa—. Por cierto, la fiesta de hoy será de disfraces, así que piensen en su mejor opción. —Con un movimiento deliberado, dio media vuelta, el babydoll se levantó lo suficiente para exponer sus nalgas blancas, redondas y firmes.

    Diego, incapaz de contenerse, se puso de pie en un impulso, sus jeans ajustados marcaban la erección que crecía ante la visión. Con un movimiento rápido, su mano impactó contra la nalga derecha de Atziry, el sonido de la nalgada resonó en la cocina. La piel blanca de su prima se tiñó de un rojo tenue, la marca de su mano se grabó como un sello de posesión. Atziry dejó escapar un gemido, mitad queja, mitad placer, y giró el rostro hacia él, mordiéndose el labio. —Travieso —susurró, su voz estaba llena de coquetería, antes de caminar hacia su habitación, sus caderas se balancearon con una sensualidad que desafiaba a ambos.

    Cuando Atziry desapareció, Diego volvió a sentarse frente a Elizabeth, quien apretaba su taza de café, sus senos prominentes subían y bajaban bajo la blusa con cada respiración agitada. Los celos ardían en sus ojos miel, pero Diego no le dio tiempo a procesarlos. —Ya la oíste, tía, será de disfraces —dijo, su voz era autoritaria, inclinándose hacia ella hasta que sus rostros estuvieron a centímetros—. Pero eso no cambia nada. Quiero que te vistas como te dije: el vestido más corto que tengas, con un escote que deje ver esas tetas perfectas. Serás la más puta de todas, porque te voy a coger frente a todos. —Sus palabras, crudas y dominantes, hicieron que un escalofrío recorriera el cuerpo de Elizabeth, su vagina palpitó bajo la falda mientras imaginaba la escena.

    Sin esperar respuesta, Diego se acercó más, tomando su rostro entre sus manos y la besó con una pasión que le robó el aliento. Sus labios se fundieron, sus lenguas se entrelazaron en un baile húmedo, mientras sus manos bajaron para apretar las caderas de Elizabeth, sintiendo la curva de sus nalgas bajo la tela. Ella, rendida al deseo, correspondió el beso con igual intensidad, un gemido quedó atrapado en su garganta. Cuando se separaron, Diego se levantó, dejándola sola en la cocina, sentada con su café, su rostro estaba ruborizado y una sonrisa traviesa curvó sus labios. La idea de ser tomada por Diego frente a todos, en una exhibición pública de su sumisión, no la incomodaba; al contrario, la encendía, su cuerpo vibró con la promesa de ser reclamada por él en la fiesta.

    La cocina, impregnada del aroma del café y la tensión sexual que aún flotaba, era testigo de la audacia de Diego y la rendición de Elizabeth, quien, sola con sus pensamientos, ya imaginaba el vestido que usaría para cumplir su mandato, lista para demostrar que ella también podía ser la reina de su deseo.

    La noche de la fiesta transformó el pequeño departamento en un hervidero de risas, música pulsante y deseo latente. Los invitados llegaban en un goteo constante, llenando el espacio con una energía vibrante pero cuidadosamente controlada por Atziry, quien había invitado justo a las personas necesarias para mantener un ambiente íntimo pero animado. Algunos lucían disfraces inspirados en la serie del momento, con capas oscuras y máscaras que destilaban misterio.

    Otros, más atrevidos, optaron por atuendos provocadores: vestidos ceñidos que marcaban curvas generosas, tops que apenas contenían senos voluptuosos y medias de rejilla que insinuaban más de lo que cubrían. Unos pocos se limitaron a pintar sus rostros como calaveras, los colores vibrantes destacando bajo las luces tenues, añadiendo un toque macabro pero sensual al ambiente.

    Atziry, la reina de la noche se había disfrazado de Wednesday Addams, pero con un giro descaradamente erótico. Su vestido negro, tan corto que apenas rozaba la parte superior de sus muslos, dejaba al descubierto la curva inferior de sus nalgas blancas con cada paso, un espectáculo que atraía miradas hambrientas. El escote pronunciado del atuendo abrazaba sus senos firmes, la tela fina delineaba los pezones rosados que se endurecían con la emoción de la fiesta.

    Su piel pálida, casi luminosa bajo la luz suave, contrastaba con el negro del vestido, convirtiéndola en el centro de todas las miradas. Sin embargo, sus trenzas, parte esencial del disfraz, se deshacían, mechones sueltos caían sobre sus hombros y rompían la ilusión. Frustrada, Atziry se escabulló del bullicio, sus tacones resonaron mientras se dirigía al cuarto de su madre, decidida a encontrar algo que perfeccionara su look.

    Entró a la habitación de Elizabeth, el aire estaba impregnado de un perfume floral que se mezclaba con la tensión sexual que Atziry llevaba consigo. La luz de una lámpara de mesa proyectaba sombras suaves sobre el tocador, donde comenzó a rebuscar en los cajones con dedos ansiosos, sus uñas pintadas de negro para el disfraz se deslizaban entre cosméticos, joyas y telas en busca de una cinta para el cabello. Cada movimiento hacía que el vestido se alzara, exponiendo más de sus nalgas, la piel blanca relucía como una invitación.

    Su vagina, apenas cubierta por una tanga de terciopelo negra que había elegido para provocar, palpitaba con el calor de la anticipación, sabiendo que Diego estaba en la fiesta, sus ojos oscuros siguiéndola, deseándola. Inclinada sobre el tocador, sus senos presionaban contra la tela, sus pezones endurecidos rozando el borde del escote, enviando escalofríos por su cuerpo.

    Mientras buscaba una cinta para sus trenzas deshechas, sus dedos tropezaron con algo inesperado: un vibrador, escondido entre las telas. Atziry se quedó inmóvil por un instante, sus ojos brillaron con una mezcla de sorpresa y picardía. —Mi mamá es una cochinota —susurró para sí misma, una sonrisa traviesa curvó sus labios mientras miraba hacia la puerta para asegurarse de que estaba cerrada.

    Confirmando su privacidad, Atziry encendió el vibrador, el zumbido suave resonó en la habitación silenciosa. Con un movimiento lento, deslizó su tanga de terciopelo a un lado, exponiendo su vagina depilada, ya reluciente por la excitación. Posicionó el juguete en la entrada de su vagina, el contacto inicial envió una descarga de placer que hizo que sus rodillas temblaran. Un gemido suave escapó de sus labios mientras el vibrador rozaba su clítoris, las vibraciones intensas hacían que su cuerpo se arqueara. Incapaz de sostenerse, se dejó caer sobre la cama de Elizabeth, el colchón crujió bajo su peso mientras abría las piernas, el vestido subió hasta su cintura. Sus senos, apenas contenidos por el escote pronunciado, rebotaban ligeramente.

    Atziry, con los ojos entrecerrados, comenzó a deslizar el vibrador dentro de su vagina, imaginando que era la verga de Diego penetrándola. Cada movimiento del juguete la llevaba más lejos, su mente recreaba las embestidas de su primo, su cuerpo sudoroso sobre el suyo. Sus gemidos se volvieron más audibles, el zumbido del vibrador se mezcló con el sonido húmedo de su vagina mientras sus jugos goteaban por sus muslos. Sus caderas se movían instintivamente, buscando más profundidad, más intensidad, mientras sus dedos libres apretaban un pezón a través del vestido, amplificando el éxtasis que la consumía.

    Pero justo cuando el placer amenazaba con estallar, un golpe fuerte en la puerta la arrancó de su trance. —¡Atziry, apúrate! —gritó una de sus amigas desde el pasillo—. ¡Los invitados siguen llegando y la anfitriona no está! —Atziry, con el corazón acelerado, sacó el vibrador de su interior con un movimiento rápido, un jadeo escapó de sus labios mientras su vagina palpitaba, aún al borde del clímax. Se levantó de la cama, acomodando su tanga y el vestido como pudo, el tejido se pegó a su piel húmeda. Olvidando el vibrador, lo dejó sobre la colcha, su superficie había quedado brillante por sus jugos, y salió de la habitación con pasos apresurados, su rostro ruborizado y su cuerpo vibrando de deseo insatisfecho.

    La fiesta estaba en su apogeo, el pequeño departamento vibraba con el ritmo de la música sensual y las risas que se mezclaban con el tintineo de copas. Atziry, radiante en su diminuto vestido de Wednesday Addams, se movía entre sus amigas con una energía magnética. La tela negra, cortísima, se adhería a su cuerpo, subiendo por sus muslos y dejando entrever la curva de sus nalgas blancas con cada giro. El escote pronunciado resaltaba sus senos firmes, los pezones rosados apenas eran ocultos por la tela fina, atrayendo miradas cargadas de deseo. Reía y bailaba, presentando a Diego a sus amigas con un brillo de orgullo en los ojos, sabiendo el efecto que su primo causaba en ellas.

    Continuará…

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  • Inicié a mi catequista y se enamoró de mi (3)

    Inicié a mi catequista y se enamoró de mi (3)

    Agarro a Maryori de la mano y nos dirigimos a mi habitación, me dirijo al armario y saco una de mis corbatas azules de seda, le ordeno que junte sus manos hacia adelante. Hace lo que le ordeno y rodeo sus muñecas con mi corbata haciendo un nudo apretado. Sus ojos le brillaban de excitación. Tiro de la corbata para asegurarme que el nudo está bien hecho.

    Maryori: Me encanta todo esto.

    Yo: ¿Te gustó mi semen?

    Maryori: Es raro, pero me gusta antes pensé que me iba a dar mucho asco cuando lo veía en fotos o videos pero ahora estoy deseando chupártela otra vez.

    Yo: Lo volverás a chupar pero ahora tengo otros planes que te van a gustar.

    La llevo hacia mi cama donde la coloco echada boca arriba levanto sus manos por encima de su cabeza, con otra corbata la amarro en la cabecera de mi cama. Me dirijo de vuelta al armario y saco de una gaveta unos juguetitos un antifaz negro para dormir y un vibrador en forma de huevo.

    Le coloco el antifaz en los ojos dejándola a ciegas, cojo una almohada colocándola debajo de su trasero, para alzar esa parte donde le introduzco el huevo en su interior vaginal. Con el control remoto enciendo el huevo y comienza a vibrar dentro de Maryori lo que la hace gemir de placer.

    Me acuesto a su costado le agarro la barbilla y la levanta, lo que me da acceso a su cuello.

    Yo: Voy a besarte todo el cuerpo, Maryori

    Comienzo por el cuello besándole, chupándole y mordisqueándole. Todo su cuerpo vibra expectante.

    Yo: Mmm, qué dulce eres Maryori

    Deslizo mi nariz desde su ombligo hasta sus labios vaginales mordiéndole suavemente y provocándole con la lengua.

    Maryori: Por favor, necesito tu polla, ya, dentro de mí.

    Yo: Dentro de poco la tendrás

    Me levanto y me dirijo a la habitación de mis padres extraigo de un cajón el lubricante a base de agua.

    Regreso a mi habitación y me detengo en la entrada unos minutos a contemplar el hermoso cuerpo de Maryori, era un sueño hecho realidad. Tantas veces había fantaseado con ella y ahora la tenía sobre mi cama desnuda, con los ojos vendados y sus manos amarradas a la cabecera esperando mi miembro. Son esos momentos de la vida que uno guarda en su memoria. Hasta ahora mientras escribo este relato y me pongo a recordar ese día especial con Maryori hace que mi miembro se endurezca.

    Aumento el ritmo del huevo que se encuentra en su interior al máximo. Maryori empieza a gemir fuerte y votar fluidos.

    Yo: Preciosa, me encanta que estés tan mojada.

    La agarro y la volteo colocándola ahora boca abajo, coloco una almohada debajo de su cintura para alzar su culo. Empiezo a meterle dos dedos en el coño recogiendo sus jugos y metiéndole primero un dedo en el culo, luego dos, luego abrí el lubricante a base de agua comencé a echarle al ano, tuve que darle un azote para que relajara el culito…

    Maryori: ¡Auchh! Espera ¿Me vas a desvirgar el culo?

    Yo: Exacto

    Maryori: ¿Me dolerá?

    Yo: Solo un poco necesito que te relajes.

    Maryori: ¿Crees que la aguante toda?

    Yo: Eso espero..

    Me limpie los dedos con papel y agarre su cabello haciéndole una cola en el pelo para poder sujetarla. Me puse tras ella y le clave mi miembro en el coño para lubricarlo bien, luego coloque mi polla en la entrada de su ano y empuje un poco, me costó entrar pero al final metí la punta.

    Maryori: ¡Uy, duele un poco!

    La ignore y seguí empujando.

    Continúe clavándosela, despacio, a veces paraba y le apretaba las tetas, Maryori gemía, sacándole mi miembro un poco como preparándome para clavársela del todo y enseguida seguía… sentía como mi miembro llenaba aquél espacio dentro de ella.

    Sentía un rico placer el roce de mi verga con su interior cada centímetro de carne que entraba no podía evitar hacerla gemir. Cuando ya estaban 3/4 partes dentro se calló, le apreté las tetas y espere unos minutos para que su ano se adapte bien.

    Maryori: ¡Clávamela! ¡Hasta el fondo!

    Me reí, y de un fuerte empujón hice lo que me pedía. Maryori aulló, yo la saque rápidamente y se la volví a clavar hasta el fondo, volvió a aullar, volví a sacársela…

    Maryori: ¡Dios! ¡Cómo duele, no pares! ¡Fóllame el culo! ¡Que polla! ¡Me encanta!¡Mas fuerte! Maryori no paraba de hablar

    Maryori: ¡mi culo, me lo vas a reventar! ¡Sigue! ¡Follame, que no me pueda sentar en una semana! ¡Madre mía! Grita

    Maryori ya no aguanta más y tiene un intenso orgasmo sus fluidos se desvanecen manchando mis sabanas, pierde todo pensamiento coherente mis arremetidas continuaban a un ritmo delicioso y perfecto de rica sensación.

    Seguí bombeándola más y más hasta que no pude más y comencé a soltar todo mi semen dentro de su culo. Caigo encima de ella, ambos boca abajo, con la respiración entrecortada, Maryori había perdido el sentido de la realidad hasta que lentamente comienza a recobrar el sentido, suspiro profundamente.

    Me acerco a su oído

    Yo: Esto ha sido el mejor sexo de mi vida —dijo aún dentro de ella

    Sonreí satisfecho

    Maryori: Gracias

    Yo: ¿Gracias? No seas tonta yo debería agradecerte

    Voy sacando despacio mi miembro de su culo

    Maryori: ¡Espera! No la saques me siento rara

    Yo: ¿Rara por qué?

    Maryori: Como si tuviera que ir al baño

    Continúe sacando mi miembro.

    Maryori: ¡Te dije que esperes! —me grita, la mitad de mi verga ya estaba afuera

    Yo: Tranquila es normal, además quiero verlo.

    Maryori: ¿Ver qué? —pregunto.

    No respondí y continúe sacando mi miembro lentamente. Cuando mi glande estaba a punto de salir Maryori apretó para que no pueda sacar mi miembro.

    Yo: Preciosa ¿Qué haces?

    Cuando mi miembro salió se escuchó un profundo “pop” y enseguida salió todo. Una combinación de aire en gases ruidosos junto con semen. Me comencé a reír.

    Yo: ¿Ves? Ni rastro de mierda —le di una nalgada —Solo tu semen y el mío, eres muy limpia, me encantas.

    El espeso y aún caliente líquido escurría por su ingle llegando a mis sabanas.

    Tomó mi celular y comienzo a tomar fotos de su culo lleno de mi semen.

    Maryori: ¿Qué haces?

    Yo: Tranquila, solo estoy contemplando el paisaje

    Fotos que hasta el día de hoy las tengo guardada en una cuenta de Dropbox en el solo yo tengo acceso.

    Se inclina y tuve mejor vista de su culo. Maryori empuja para que saliera todo el semen.

    Yo: Eso preciosa —decía mientras la apuntaba con mi celular —Que rico culito tienes.

    En eso suena la puerta principal de casa, mis padres habían llegado. Me levanto corriendo y cierro la puerta de mi habitación con seguro. Apago el vibrador y se lo saco a Maryori de su interior cubierto de leche.

    Maryori: ¿Qué pasa?

    Yo: Mis padres han llegado así que guarda silencio

    Desamarro sus manos, el nudo estaba muy duro que dejo marcas en su muñeca y le quito el antifaz para dormir, Maryori se acuesta del lado derecho apoyando su cabeza con sus manos.

    Maryori: ¿Qué hacemos?

    Yo: Silencio…

    En eso tocan la puerta era mi madre.

    Madre: Hijo ya llegamos

    Yo: Ok, Mamá

    Madre: Hemos traído chifa para cenar

    Yo: Ok mamá en un momento bajo

    Madre: ¿Por qué tu habitación esta con seguro?¿No estarás con una de tus amiguitas?

    Yo: No mamá solo me estoy cambiando de ropa

    Madre: Seré vieja pero no tonta

    Maryori: ¿Amiguitas? Cuantas estuvieron aquí

    Yo: Cállate.

    Madre: Jajaja lo sabía, espero que hayan usado condón soy muy joven para ser abuela, los espero abajo. – Se marcha.

    Maryori: Verdad, no usamos preservativos.

    Yo: Tranquila, pasaremos por una farmacia al salir.

    Maryori: No me respondiste la pregunta

    Yo: ¿Cuál?

    Maryori: La de las ¿amiguitas?

    Yo: Ninguna, era una trampa de mi madre, para saber si estaba con alguien y pisaste el palito.

    Maryori se quedó pensando, felizmente se comió la mentira.

    Yo: Apúrate, vístete que ya es tarde y tus padres te comenzaran a llamar.

    Maryori se levanta aun rebosando de mi semen por sus agujeros, nos comenzamos a vestir.

    Yo: arréglate un poco que te verán mis padres, aquí hay un espejo.

    Maryori saca maquillaje de su cartera comenzándose a arreglar

    Yo: Estas lista – asiente – vamos

    Bajamos al primer piso donde mis padres cenaban junto con mi hermano pequeño, nos quedan mirando, Maryori se encontraba un poco avergonzada.

    Madre: ¿No nos la presentas?

    Yo: Mamá, Papá les presento a Maryori. Maryori, esta es mi madre la doctora Evelyn y mi padre el Ingeniero Andrés y mi hermano Alex.

    Maryori: Encantados de conocerlos

    Mi madre le tiende la mano, Maryori le estrecha la mano.

    Madre: Mucho gusto

    Padre: Mucho gusto – Mi padre sonríe

    Madre: Bueno, ¿y cómo se conocieron?

    Yo: Maryori, fue mi catequista de confirmación

    Maryori se encontraba nerviosa agarrando sus cuadernos pero así no evitaba sonreír, como disfrutando el momento.

    Madre: Así que con tu catequista, Bueno siéntense acompáñenos a cenar.

    Yo: Este no creo que podamos es tarde y Maryori mañana tiene universidad y…

    Justo suena el celular de Maryori, seguro eran sus padres

    Maryori: Discúlpenme un momento – se marcha dirigiéndose a la sala

    Madre: Hijo ven acércate quiero decirte algo al oído

    Yo: Si mamá

    Madre: Échense un perfume, colonia o algo, se siente fuerte el aroma a sexo

    Maryori regresa de la sala.

    Maryori: Discúlpenme que no pueda acompañarlos pero mis padres me están esperando.

    Yo: Bueno mamá y papá tengo que llevar a Maryori a su casa – Nos marchamos

    Madre: Claro, cariño. Maryori, un placer conocerte. Espero que volvamos a vernos

    Maryori: Adiós, Igualmente

    Mi padre nos despedí con una sonrisa como diciendo ese es mi hijo

    Maryori: Tus padres me agradaron

    Yo: Tienes colonia o perfume en tu cartera

    Maryori: Si ¿porque?

    Yo: Roséate porque mi mamá sintió el olor a sexo

    Maryori: Enserio.. qué vergüenza ya no podre verla a la cara

    Entramos a una farmacia, compre la pastilla del día siguiente y preservativos para la próxima.

    Faltando 2 manzanas para dejarla en su casa Maryori se detiene

    Maryori: No lo tomes mal, pero a mis padres no les agradas. No sería bueno si me ven llegar contigo así que sería mejor que me acompañes hasta aquí.

    Yo: ok sin problemas entiendo

    Maryori: Gracias por prestarme tu computadora para hacer mis tareas y las impresiones, este día nunca lo olvidare.

    Maryori se me acerca y me da un beso en la boca, ya no era yo el que la intentaba besar sino ahora lo hacia ella por su cuenta.

    Maryori: Adiós, cuídate mándame un mensaje cuando llegues a casa, para saber si llegaste bien.

    Yo: Ok Maryori adiós.

    Se marcha camina lento, con las piernas abiertas y la parte de atrás mojada.

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  • Ari. Dominio y deseo (1)

    Ari. Dominio y deseo (1)

    Antes de que todo se derrumbara en una tarde de luz y curiosidad, mi vida tenía el orden tranquilo de los números. Me llamo Arian —Ari para quien me permite la confianza—, tengo 25 años y trabajo desde casa como contador. Paso los días entre hojas de cálculo y recibos, con la ventana de mi habitación convertida en mi pequeño refugio donde, cuando nadie me ve, me permito ser mínimamente quien siento por dentro. Mido 1.50 y peso 60 kilos; mi cuerpo, aunque nacido masculino, se ha ido moldeando con una feminidad que me enorgullece y me asusta a la vez: piernas firmes, un culote que atrae miradas, y unos pechos pequeños de quinceañera. Mi piel es blanca y cuido cada detalle: cremas, pedicuras —calzo 36 tengo un pie de mujer—, uñas cuidadas.

    Por fuera parezco toda una señorita adolescente ya que todos mis rasgos son muy finos, de pequeño mi madre me llevo al endocrinólogo donde me diagnosticaron falta de testosterona y exceso de estrógenos por falta de dinero no me pudieron dar un tratamiento ya que mi padre nos abandono y mi madre se dedico a trabajar para poder comer y darme estudios, para cualquiera que me escuche hablar por teléfono: mi voz es fina, dulce, de señorita, y más de una vez me han confundido creyendo que soy mujer.

    Pero en mi interior vive un conflicto constante: sé que soy hombre y, sin embargo, me siento mujer. Esa contradicción me llevo como una culpa que a veces se vuelve tortura. Soy tímido, obediente hasta la médula, sumiso ante el mundo, y las reglas me apaciguan ese miedo que nunca termina de callar. No he tenido novia, nunca he besado a nadie; el amor y la intimidad me parecen territorios lejanos donde temo perderme o ser descubierto.

    En el barrio, la vida es otra cosa: ruidosa, imprevisible, con miradas que van y vienen como autos. Ahí está Jordan —19 años, alto como un muro, 1.90 y 85 kilos de músculos—. Un muchacho de barrio, seguro, provocador; su cuerpo habla antes que él, y su voz —grave, mandona, burlona— corta el aire cuando entra en una esquina. No trabaja, se abre paso a su manera; practica calistenia, boxeo y sabe llevar la atención a donde quiere. Es el tipo que usa su tamaño y su experiencia para conseguir lo que desea; popular, mujeriego, y con una confianza que intimida y atrae a la vez. Su reputación sexual corre por las bocas del barrio: experto, dominante, y capaz de dejar a cualquiera sin palabras.

    Yo siempre lo vi como un niño le llevo 6 años pero ya hace unos dio el estiron que lo hace ver el hombre fornido que es ahora.

    Yo en mi intimidad cuando estoy sola en casa ya que mama trabaja todo el dia, aprovecho en usar prendas de mujer ademas que asi me siento comoda para trabajar desde casa.

    Nunca imaginé que un descuido pudiera cambiar tanto mi mundo. Esa tarde, mientras me probaba un conjunto de lencería nueva frente a la ventana de mi habitación, sin darme cuenta, dejé la cortina un poco abierta. La luz del sol iluminaba mi piel blanca, y mi reflejo en el vidrio me hizo sentir… viva, aunque también aterrada.

    De repente, escuché una voz que me heló la sangre.

    —Wow… qué mujer más hermosa —dijo un muchacho desde la calle, con un tono seguro y burlón.

    Me quedé paralizado. ¿Había dicho eso en serio? Mi corazón empezó a latir como loco. Mi reflejo se transformó en un deseo prohibido que nunca me había permitido sentir.

    —Eh… esto… —tartamudeé, intentando cerrar la cortina, pero fue demasiado tarde.

    —¡Hey! No te escondas —gritó él, con esa voz grave que parecía rebotar en todo el barrio—. Quiero conocerte.

    Me quedé sin palabras ahi pude reconocer que era Jordan el que me habia visto el chico problema del barria, si que estaba metido en un problema este chico no me dejaria en paz , sin saber qué hacer. Su presencia, aunque a la distancia, tenía algo magnético, cerre la ventana y corri con panico al baño a cambiarme esta muy asustada, todo el dia ya no pude concentrarme para ya que yo soy contador y trabajo desde casa, todo el dia me torture por mi descuido.

    Al dia siguiente despues que mama se fue a trabajar ya mas tranquila despues de lo sucedido el dia anterior, iba a empezar a trabajar cuando tocaron a mi puerta yo pense que seguro era un mensajero o tal vez un vendedor, al abrir la puerta me quedé paralizada. No era un mensajero ni un vendedor como pensé, era Jordan. Sentí un nudo en la garganta y de inmediato traté de cerrar, pero su fuerza me lo impidió con facilidad.

    —¿Q-qué haces aquí? —pregunté con la voz temblorosa, apenas atreviéndome a mirarlo.

    Él dio un paso hacia adelante, forzando la entrada, con esa sonrisa que me puso aún más nerviosa.

    —¿Así recibes a alguien que solo quiere hablar? —me dijo con calma, como si todo lo tuviera bajo control.

    Retrocedí sin pensarlo, apretando las manos contra mi pecho. Sentía que el corazón me iba a salir por la boca.

    —No… no deberías estar aquí… mi mamá… —balbuceé, sin terminar la frase.

    Jordan me interrumpió con firmeza:

    —Tu mamá no está. Solo estamos tú y yo.

    Bajé la mirada. No podía sostener esos ojos tan seguros, tan dominantes. Estaba tan nerviosa que ni siquiera sabía qué hacer con mis manos.

    —Yo… no sé qué decirte… —murmuré, casi sin voz.

    Él se inclinó hacia mí, acercándose tanto que sentí su respiración.

    —No tienes que decir nada. Solo escucharme.

    Tragué saliva, sintiendo un calor extraño en mi cara. Alcé la mirada apenas por un segundo, y sus ojos me atraparon. Fue demasiado, la bajé enseguida.

    —Por favor… yo no… nunca… —quise explicar algo, pero las palabras se enredaban en mi boca.

    —Shhh… tranquila —me interrumpió otra vez, con ese tono grave que me hacía temblar—. No voy a hacerte daño. Pero tampoco voy a dejarte escapar.

    Sentí un escalofrío recorrerme de pies a cabeza.

    —Tengo miedo… —admití al fin, con un hilo de voz.

    Él sonrió, inclinando apenas la cabeza.

    —Está bien que tengas miedo. Eso significa que entiendes quién manda aquí. Mientras me iba acorralando con su enorme cuerpo.

    Me quedé contra la pared, sin saber qué hacer con mis manos, sin poder controlar los temblores en mi voz. Jordan me miraba fijo, tan cerca que apenas podía respirar.

    —¿Sabes qué no puedo sacarme de la cabeza? —me dijo de pronto, con esa media sonrisa que me heló la sangre.

    No contesté. Me limité a bajar la mirada, nerviosa.

    —La imagen de ti ayer, con esa lencería… —continuó, bajando la voz como si fuera un secreto solo para mí—. Te veías hermosa.

    Sentí que la cara me ardía. Abrí la boca, pero las palabras se ahogaron en mi garganta.

    —Yo… yo no… no fue… —intenté explicarme, pero me interrumpió enseguida.

    —Shhh —susurró cerca de mi oído—. No tienes que justificar nada. Me gustó. Y quiero volver a ver esa imagen.

    Mi respiración se aceleró. Me cubrí el pecho con las manos, como si eso pudiera protegerme de su mirada, pero sabía que él ya había visto demasiado.

    —N-no puedo… —murmuré con un hilo de voz, sintiéndome cada vez más pequeña frente a su presencia.

    Jordan rio suavemente, inclinando la cabeza.

    —Claro que puedes. Lo único que falta… es que me obedezcas.

    Sentí que mis piernas flaqueaban. El miedo, la vergüenza y algo más que no quería admitir me tenían atrapada. No podía apartar la mirada de él, aunque lo intentaba.

    —Por favor… —susurré, sin saber si le pedía que se detuviera… o que siguiera.

    Él sonrió con calma, seguro de sí mismo.

    —Te ves aún más hermosa cuando tiemblas —me dijo, y esas palabras me atravesaron como un golpe suave pero certero.

    Me quedé quieta, temblando, sin saber si retroceder o dejarme llevar. Jordan me miraba con esa seguridad que me desarmaba.

    —Mírame… —ordenó con suavidad.

    Levanté la vista apenas, y en ese instante sus labios rozaron los míos. Sentí un escalofrío recorrerme entera, mis rodillas casi no me sostenían.

    —No… —alcancé a susurrar, pero mi voz se quebró entre jadeos.

    Él me sostuvo del mentón, obligándome a mantener la mirada.

    —Sí… —respondió con calma, como si no existiera otra opción.

    Su boca volvió a buscar la mía, esta vez con más firmeza. Me quedé sin aire, sin defensas. Cada beso me robaba la voluntad.

    Cuando me di cuenta, sus brazos me rodeaban, y con una seguridad que me hizo temblar aún más, empezó a conducirme hacia mi habitación. Yo apenas podía caminar, cada paso era un torbellino entre miedo y deseo.

    —Tranquila… —me susurró al oído mientras avanzábamos—. No voy a soltarte.

    Entramos y la puerta se cerró detrás de nosotros. Mi respiración era agitada, sentía mi piel arder. Él me miraba como si ya fuera suya desde antes de tocarme.

    —Eres mía… —sus palabras fueron un golpe dulce, del que no pude escapar.

    Me sentí desarmada. Su presencia llenaba el espacio, y yo, tímida, asustada, apenas podía sostenerle la mirada. Él, en cambio, parecía disfrutar cada instante de mi nerviosismo, y sumisión.

    Me habló de la imagen que tenía grabada en su mente: yo, en lencería, vulnerable, expuesta. “Te veías hermosa”, me dijo, y esas palabras me atravesaron más que cualquier gesto. Yo temblaba, me encogía, quería esconderme… pero al mismo tiempo sentía que algo dentro de mí se abría paso hacia él.

    Jordan me besó. Fue firme, arrebatador, y aunque intenté resistir, terminé entregándome a esa presión dulce que me hacía olvidar todo lo demás. Me tomó de la cintura y me deposito en mi cama me empezó a desnudar cada prenda que me quitaba era un torbellino: miedo, vergüenza, pero también un deseo que no podía nombrar.

    Allí, desnudos, me rodeó con sus brazos y me habló al oído con una voz grave que aún retumba en mi memoria: “Eres mía”. Supe que tenía razón. Esa mañana no hubo excusas, ni barreras, ni miedos capaces de detener lo inevitable.

    Me dejé llevar. Y en esa entrega descubrí no solo el peso de su fuerza sobre mi cuerpo, sino también el despertar de mi feminidad más oculta. Jordan no solo me tomó: me transformó. Después de esa primera vez, ya no fui la misma marcando un antes y un después en mi vida.

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  • Una historia nueva

    Una historia nueva

    Nos encontramos en la Ciudad de Guadalajara en el Estado de Jalisco.

    Marcelo trabaja en una importante compañía como ingeniero, él conoció hace unos meses a Beatriz quienes al cabo de tratarse personalmente y de comunicarse constantemente por las redes por espacio de algunas semanas durante la estancia de él en esa bella Ciudad, finalmente se hicieron novios luego de haberla cortejado y de haberse tratado más íntimamente.

    La novia de Marcelo tiene dos hermanas, Andrea y Araceli. Ellas son hijas de Alberto un amigo de Enrique con quien Consuelo se juntara y siendo la madre de ellas tres y pasados tres años se separara de él por no ser afines, algo que es conocido por quienes se casan como incompatibilidad de caracteres. Ellas viven con su madre y con Soledad la tía de ellas. La tía Soledad también tuvo dos gemelos que procreo a la vez con Alberto que también había sido su amante con la anuencia de su hermana Consuelo y que antes de juntarse con Alberto, ellas dos junto con Enrique el hermano de ambas, supieron disfrutar de agradables momentos.

    Luego de conocer a Alberto, el amante de ambas, al igual que su hermana también sucedió el mismo distanciamiento con él por no ser afines, “incompatibilidad de caracteres”, aunque ya son mayores de edad sus dos hijos, él y ella, viven en Canadá donde trabajan, por lo que resultan ser medios hermanos de las hijas de Consuelo, sin embargo hay otros motivos que las orillaron en realidad a distanciarse de Alberto. Enrique el hermano de ellas trabaja en otro Estado y es quien se encarga de visitarlas esporádicamente y de proporcionarles los suficientes recursos para la manutención de ambas y de los hijos de Consuelo.

    Marcelo aún no conoce del todo a Beatriz pero ha invitado a Cristina quien se ha convertido en una audaz escritora de novelas muy especiales de amor, a venir a Guadalajara junto con él, con la finalidad de presentarle a su novia Beatriz, una chica muy atractiva, la mayor de sus hermanas y hermanastros, ambos llegan a Guadalajara procedentes de la Ciudad de México y se hospedan en un hotel al que siempre ha llegado Marcelo por cuestiones de su trabajo.

    Marcelo sufre –si es que a eso se le llama sufrir- de un trastorno que consiste en tener altos niveles de testosterona, lo que ha dado por consecuencia un síndrome que se conoce como hiperespermia, por lo que a consecuencia de ello, requiere de una atención muy especial en ocasiones y con cierta constancia, sin que eso llegue a tratarse de algo realmente grave, más bien diríase placentero.

    Cuando llega el taxi que los transportaba del aeropuerto al hotel, se dirigen a la administración donde ya tenían preparada su reservación.

    –Señor y señora López aquí tienen la llave de su habitación, la diez que está en la parte de arriba subiendo por las escaleras, espero que disfruten su estancia como siempre –cabe decir que no es la primera vez en que él se hospeda ahí, aunque sí para Cristina a quien registró como su esposa, por lo que al entrar a la habitación encuentran una sola cama de buen tamaño junto a un escritorio con sillón. Todo se encuentra adornado exquisitamente aunque con sobriedad.

    Debido al calor que está haciendo en esos momentos ellos continúan sudando, por lo que Marcelo empieza a desvestirse sin siquiera poner el aire acondicionado para evitar que el cambio repentino de temperatura los pueda enfermar, del mismo modo Cristina que lleva un conjunto de falda y blusa se despoja de la segunda quitándose el brasier al tiempo que lo avienta hacia la cama, para acto seguido sin dejar de fijar su mirada en la de él, quitarse el resto de la ropa, dispuesta a tomar un refrescante baño junto con él, sin embargo, para Marcelo ese cuadro ha sido lo suficientemente excitante para que ella vea a su mejor amigo. Marcelo sabe corresponder ante la hermosa visión que a él le está presentando su adorable hermana.

    –¡Luces muy hermosa, pequeña! No puedo dejar de admirar tu belleza.

    –¡Sigues siendo como siempre muy adulador, querido hermano!

    Era algo imposible de frenar, se trataba de un gran amor que había surgido entre ellos desde que recién habían despertado a la pubertad. Marcelo se acercó a ella y ambos ya sin ropa que pudiera obstruirles lo que sentían en esos momentos. Juntaron sus cuerpos aún llenos de sudor al igual que sus bocas ávidas de besos dejando que las pieles desnudas de sus cuerpos se reconocieran una vez más, con cada beso ardiente de sus bocas y sus lenguas entrelazándose, deleitándose con el sabor de sus salivas, el pene de él se colocaba entre los labios de la candente y mojada vagina de su hermana, presagiando lo que se vendría a continuación, aunque decidieron pausar el momento de la entrega total para dirigir sus pasos a la regadera que esperaba a los dos amantes con el gran anhelo de poseerse como debía ser.

    Aquel pene endurecido por al constante roce con las nalgas de su pequeña, su propia hermana, jadeantes entregaban sus bocas a besos cada vez más impacientes por sentir aquel miembro palpitante dentro de su ya por demás bien lubricada vagina, el pene de él en ese momento se encontró una vez más con el pequeño agujerito en forma de una dulce rosquilla deseosa también de encontrarse nuevamente dentro de esos intestinos impacientes del tan ansiado esperma que los llenara cobijando tan sublime acto de amor tan ensayado a lo largo de los años por ambos hermanos.

    Cuando por fin secaron sus cuerpos, Cristina se sentó en una silla frente al espejo para cepillar su cabellera ondulada, sus mejillas estaban encendidas por el deseo en tanto Marcelo amasaba sus pechos entre sus manos dando pequeños pellizcos en sus pezones y rodeándolos con la yema de sus dedos, aplicando una pequeña cantidad de lubricante que salía tanto de la vagina de ella que escurría sus deliciosos néctares juntándolos con el liquido preseminal que salía del glande de su miembro.

    Ella solo atinaba a cerrar sus ojos imaginándose estar en un cielo lleno de nubes donde ella y su hermano jugaban desnudos aventándose trozos de algodón de azúcar de lo que tomaban de ellas. Finalmente se levantó cediéndole la silla a él, para voltear y colocarse delante de su hermano ofreciéndole sus pechos, los que Marcelo no se cansaba de devorar y amamantarse con esos pezones que alguna vez podrían dar la suficiente leche para saciar su sed.

    Se instaló abriendo sus labios vaginales los cuales palparon el glande entre sus paredes para poco a poco irse introduciendo hasta lo más hondo de su ser. Se llenaron de besos y caricias en tanto el mete saca los hacía vibrar aún más de un deseo que parecía interminable, aún después de haberse pertenecido durante varios años, tantos como lo fue el inicio del despertar de su juventud.

    Cristina emitió varios suspiros, ella tenía grandes facultades a la hora de hacer el amor, no se trataba de cualquier tipo de incesto, sino de uno que era tan adictivo y que no les permitía dejar de pensar el uno en el otro, para ellos no había más deseo que el de estar pegados por siempre. Así de esa manera fue que ella por fin le demostraba a su amante hermano lo que era amar, sus orgasmos eran múltiples, pausados, pero intensos, Marcelo se vino abundantemente dentro de ella, alguna vez contaron hasta cerca de diez mililitros de esperma, cuando seis mililitros ya se consideran hiperespermia. Pero a Cristina le encantaba sentir como le llenaba su hermano la vagina y empezaba a escurrirle por entre sus piernas.

    Aun así no era suficiente, pues querían sentirse más y para Marcelo era algo más que excitante hacerse el amor entre ellos sin siquiera sentir que se tratara de algo malo, para los dos era más que satisfactorio entregarse de la forma como lo hacían.

    Marcelo se vistió y salió para dirigirse a una tienda de conveniencia que se encontraba cerca del hotel y comprar el café que tanto les gustaba disfrutar para reponerse un poco y volver a amarse de la forma como siempre habían acostumbrado a hacerlo. Sus padres tenían pleno conocimiento de ese amor que ambos hermanos se tenían y mantenían, pero los respetaban porque ellos también habían vivido una experiencia similar y eso les hacía comprender el amor que había surgido entre sus propios hijos. Cuando sonó el celular de Cristina, su madre quien le había marcado, le preguntaba sí ya se encontraban instalados en el hotel.

    –¡Hola, hija! ¿Cómo están?, ¿Ya llegaron al hotel? Es que no me han hablado y estaba un poco preocupada por ustedes.

    –¡Hola, mamá! Perdona que no te hablamos en cuanto llegamos, estábamos muertos de calor y nos metimos a bañar para refrescarnos. Mi hermano y yo llegamos muy bien, así que no se preocupen mi papá y tú, ahorita él salió por unos cafés y cigarros, aquí hay una área en donde se puede fumar y nos tomamos el café aquí en el cuarto o bien afuera mientras fumamos.

    –¡Sí, hijita!, que bueno que ya se metieron a bañar para quitarse el calor, que aquí también está haciendo mucho, ya no sabemos ni cómo andar vestidos, dan ganas de mejor quitarse toda la ropa. Pero aquí también están tu papá junto con su hermana Maricarmen, que les mandan saludos. Al rato llega también mi hermano Alfredo para jugar un póker y beber algunos dinks.

    –Nosotros también mejor decidimos andar sin ropa dentro de la habitación por el calor que está haciendo, ya ves que el aire acondicionado nos enferma, a lo mejor lo prendemos un poco bajo ya que estemos en la cama ¡Dile a papá que los amamos mucho! Y a mis tíos que nos sentimos bien de que los acompañen para que no se sientan solos.

    –¡Sí, se los diré y dile a tu hermano que no deje de hablarnos!

    A pesar de la sinceridad con la que se hablaban ambos hermanos con sus papás, también sabían que debían guardar respeto hacia ellos, no por el hecho de que ellos fueran amantes y lo supieran sus padres, no debían hacerlo, puesto que ellos los comprendían y sabían que ese amor que existía entre sus hijos, seguía siendo algo benéfico para la salud de ellos, tal y cómo ellos también se habían sincerado al decirles la verdad respecto de la relación que sostenían con sus hermanos Maricarmen y Alfredo.

    En ese momento entró Marcelo con los cafés capuchinos puestos sobre una charola de cartón y nuevamente se desvistió para tomar asiento en la cama junto a su hermana Cristina, en cuanto se acomodó junto a ella, su pene volvió a tomar las proporciones adecuadas para continuar haciéndose el amor, en tanto platicaba con ella sobre la conversación que había sostenido con la madre de ambos.

    Pero antes de comunicarse él con sus padres, le marcó a su novia Beatriz.

    –¡Hola mi amor!, para decirte que ya llegué y estoy aquí en el hotel que siempre me he hospedado, y estoy con mi hermana… ¿Qué?, permíteme… ¡Ah! Que te manda saludar.

    –¡Dile a tu hermana que estoy ansiosa por conocerla! Nada más la conozco por la foto que me mostraste en tu cartera.

    –¡Mejor te la paso rápido! Que insiste en saludarte.

    –¡Hola cuñada!, ¿cómo estás? –Cristina se recostó en la cama en tanto su hermano hacía lo mismo para besarle los pechos y bajar su cara para meter su lengua dentro de su vagina y relamer su clítoris, provocando que ella empezara a gemir, pero sin querer delatarse, empezó a reírse nerviosamente.

    –¡Perdón!, es que mi hermano es muy latoso y me está haciendo cosquillas.

    –¡No tienes ni que decir, mis hermanas también son muy latosas y precisamente están aquí a mi lado haciendo ruido! Pero ya ardo en deseos de conocerte, tu hermano me ha platicado mucho acerca de ti y a lo que te dedicas.

    –Vaya, no sabía que te había dicho algo de mí, sí en efecto estoy escribiendo una otra novela especial de amor y Marcelo me trajo con él para presentarme contigo y a la vez poder inspirarme en lo que estoy escribiendo.

    –Pues ya me muero por leerte y ver el contenido de tus novelas.

    –¡Ten por seguro que te lo haré saber!, por lo pronto me despido porque ya es tarde y mañana tenemos que apurarnos. Te paso a mi hermano…

    –¡Pequeña! Te vemos mañana para que le presentes tu familia a mi hermanita.

    –¡Sí mi amor! Me dijo mi mamá que quiere hacerles algo muy especial a ti y a tu hermana.

    Cuando terminó de hablar Marcelo se le quedo viendo a Cristina sosteniéndole la mirada, absorto con los líquidos de aspecto gélido por la especie de baba que salía desde la punta de su lengua y que formaba una hebra larga hasta conectarse con los labios de su vagina. Cristina estaba temblorosa, momento que aprovecho él para meter sus dedos medio y anular para introducirlos dentro de su vagina y masajear su punto G, con calma provocando que sus piernas empezaran a templar descontroladamente mientras ella estaba a punto de tener su orgasmo y ofrecerle un buen chorro de venida con su “squirting” que le mojaba su glande, mojándolo todo al momento de estar introduciendo su pene.

    Los gemidos de ella eran una música para los oídos de él y ella no podía disimular el gran amor que siempre había sentido por su hermano.

    –¡Qué bárbaro!, hermano, ¡Cómo me has hecho venirme! ¿Te acuerdas cuando no te animabas a metérmela todavía y que me gustaba restregar mis vulva contra tus nalgas para venirme?

    –¡Cómo olvidarlo, mi pequeña! Me mojabas todo…

    –Ni creas que me pongo celosa con mi cuñada cuando también le dices “pequeña” y a propósito ya necesito que te vengas dentro de mi vagina y me des toda tu lechita, yo también la necesito.

    –Antes deja hablarle a nuestros padres.

    –Sí, habla con nuestros suegros de una buena vez.

    –¡Ay, hermana! ¿tú crees que no lo saben ellos?

    –Ahorita deben estar bien ocupados con la tía Maricarmen y el tío José, si hasta me dijo nuestra madre que estaba haciendo mucho calor y que estarían mejor desnudos, así qué imagínate.

    –Nuestros padres siempre han sido amantes del incesto con sus hermanos, por eso es que nos entienden bien y bastante hacen con no juzgarnos.

    –En eso tienes toda la razón, hermano. Mejor ya comunícate con papá y mamá

    Marcelo tomo su celular y marco a la casa de sus padres, la misma en que ellos vivían, pero con el departamento que ya habían comprado con ayuda de sus padres ahora Cristina y él vivirían aparte, más que como hermanos como pareja que ya eran.

    –¡Hola mamá!, me dijo mi hermana que ya había hablado contigo.

    –Sí, hijito y me dijo que allá está haciendo mucho calor, mejor no enciendan el aire acondicionado, ya ves que siempre se enferman, es mejor dormir sin ropa, aquí estamos igual, mi hermano prefirió quitarse la ropa y la hermana de tu papá también, por lo que nosotros tuvimos que hacer lo mismo, pero ya sabes en lo que eso puede terminar.

    –¡Sí mamá! Y no tienes de que avergonzarte, ustedes también tienen derecho a divertirse y a gozar de la vida. Bueno mamá nada más quería saludarlos, me saludas también a mis tíos y diles que se diviertan mucho.

    –Espera tu papá quiere saludarte.

    –¡Hola mi campeón!, cómo estás, que tal se la están pasando tu hermana y tú.

    –Muy bien, papá

    –Cuídala mucho hijo y hazla que disfrute mucho de su luna de miel.

    –Lo haré, papá, tenlo por seguro, te manda saludos tu hija Cristina.

    –Dile que la quiero mucho igual que a ti Marcelo.

    –Sí papá, Cristina te está escuchando.

    –Pásala bien con tu hermano, bomboncito y no enciendan el aire acondicionado, es más saludable dormir sin ropa y cuídense de los embarazos como lo hicimos nosotros con nuestros hermanos –“Bomboncito” era como él acostumbraba decirle a su hija.

    Vaya sinceridad con la que se expresaban sus padres, era algo fuera de serie, pero a la vez mucho mejor que andar con hipocresías.

    Marcelo introdujo su pene que tenía un tamaño bastante largo, ancho y endurecido, cómo decía su hermana que tenía un 23×5, a él siempre le había excitado mucho coger con su propia hermana, más que con cualquier otra novia que hubiera tenido, por algo decía la propia María Félix que “El perfume del incesto no lo tiene otro amor” y eso era precisamente lo que ambos como hermanos al estar cogiendo sentían.

    Cristina estaba verdaderamente muy caliente ya que nuevamente le empezaron a temblar sus piernas descontroladamente en tanto sentía como el esperma calientito de su hermano la inundaba por dentro, era demasiado esperma y a ella le encantaba sentir como se desparramaba por sus piernas, no había calzones o tangas que no se le mojaran a veces escurriéndole impúdicamente, siempre que sentía cerca de ella la presencia de su adorado hermano.

    Una vez que se calmaron sus ánimos volvió de nuevo la plática entre ellos luego de bañarse nuevamente y mientras trataban de dormir, ella con el baby doll que sus padres le hubieran regalado el día de su cumpleaños a sabiendas que iba a ser del agrado de su hermano. Él ni siquiera se preocupo por ponerse algo encima, ella entrelazó sus piernas con las de Marcelo, mientras le acariciaba el cabello y lo besaba en la boca saboreando sus labios con la punta de la lengua.

    –¿Qué crees que pudiera pensar Beatriz si llega a enterarse que me dedico a escribir puras novelas de amor filial, donde el incesto juega un papel demasiado importante?

    –¡No creo que vaya a ser del desagrado de ella por lo poco o mucho que me ha contado! –contestó Marcelo soltando una risa burlona.

    –¡Qué es lo que te ha contado, dime hermano!

    –Mañana te digo algunas cosas, mientras duérmete que mañana nos espera un día bastante movido.

    –¡Me vas a tener en ascuas! –contestó en tanto tomaba su pene entre sus dedos, volteándose en señal de enojo para colocarlo entre sus nalgas.

    –¡Hasta mañana, hermana!, espero no venirme con esas tentaciones que me pones.

    –¡Hasta mañana, hermano! y yo espero que si lo haces lo hagas dentro de mi donita.

    Continúa…

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  • Masajes completos

    Masajes completos

    Llegué como a las 3 de la tarde al lugar, había pocos hombres pero como ése día fui sólo a descansar, no me preocupaba mucho, apenas entré le pedí un turno con el masajista y me dijeron que solo estaba “Jorge” pero que debía esperar dos turnos, no tuve problema con eso, cada sesión duraba media hora aproximadamente, mientras recorría una de las salas me vinieron avisar que era mi turno, no iba con idea de tener sexo, suponía que siendo el tercero ya habría hecho uso de sus dotes.

    Él estaba vestido tan solo con un pantalón blanco muy livianito elastizado en la cintura, apenas ingresé al box y luego de saludarnos cerró la puerta, me pidió que me acueste boca arriba, tapó mi pubis con una sabanita e inició la sesión con masajes en las piernas pasándome un aceite cuyo aroma intenso me agradaba pero además al tocarme él la sensación era distinta; la verdad que empecé a relajarme hablábamos algo sobre la tensión laboral y otros temas, subió por las piernas, se entretuvo un poco en mis muslos tocando algo mi pene que se agrandaba pero aún no estaba erecto, enseguida pasó a mi pecho y hombros acercándose a mí de tal forma que quise besarlo.

    Ya mi excitación era notoria bajo la sabanita y me preguntó si estaba cómodo a lo que respondí que sí, entonces dejó a la vista mi erección me la acarició un poco y pidió que me ponga boca abajo, volvió a mis piernas con ese aceite intenso que ya me excitaba, llegó a mis muslos rápidamente y cuando tocó mis nalgas, las abrió y sus dedos acariciaron mi ano de tal forma que abrí las piernas instintivamente, entonces cortó ése trabajo y se puso frente a mí para masajear mis hombros y mostrarme su excitación a través del fino pantalón, dejé de apoyar mi cabeza sobre mis manos y toqué sus muslos al pretender reacomodarme

    -Perdón. Dije para ver su respuesta

    -No, está bien, vos tenés que sentirte cómodo. Y con eso me dio el permiso para iniciar mi juego.

    Una de mis manos fue derecho a su pene y sin bajarle el pantalón lo tomé para atraerlo más cerca y besar con delicadeza su miembro muy duro, enseguida estuve de costado y él desnudo llenando mi boca de placer, yo tomaba sus glúteos duros y los abría, eso lo calentaba y entonces tomando mi cabeza mandó hasta el fondo de mi garganta su pene de tal forma que hice una arcada; la sacó y con delicadeza, como cuidando de hacer ruido, bajó mis piernas, abrió mis nalgas y me penetró con fuerza al tiempo que tapaba mi boca, tenía miedo que gritara, me bombeó dentro de tal forma que movíamos la camilla, yo me convertía en una silenciosa perra que lo calentaba, se acercó a mis oídos y me dijo:

    -Así de puto sos excelente

    Entonces me tomó por las caderas e inició un movimiento que lo llevó al orgasmo, al sacar su pija aún erecta sentí ese vacío en mis entrañas que me dio placer y me relajó, por lo que volví a subir a la camilla, mientras él se cambiaba y se iba, me quedé unos minutos descansando, me levanté y salí derecho a las salas de vapor donde aproveché a asearme para luego irme a descansar a un privado en el que cerré la puerta hasta tomar fuerzas nuevamente y recién ahí dejé abierto y yo boca abajo volví a la acción. Aunque parezca increíble, ése era yo desde el descubrimiento de aquel baño turco y esto se mantuvo por varios años, 5 al menos.

    En el ínterin de esta vida sexualmente muy activa con hombres, me separo de mi mujer y me voy a vivir solo a un departamento, el que se convertiría en mi lugar para encuentros e inicié mi búsqueda de nuevas experiencias; mi nueva “soltería” me abría la puerta y yo estaba en esa época donde buscando mi identidad probaba cuanto se me presentaba y aseguro que no desperdiciaba a ni una sola oportunidad.

    Sexo con uno o dos al mismo tiempo, a la mañana, a la tarde y a la noche, con un hombre tal como si fuera mi novio o tan ocasional que pasó por mi departamentito se la mamé y en menos de 15 minutos estaba fuera, lluvia amarilla (orín) BDSM, cera, esposas, spank y todo aquello que valiera como disfrute sexual, mi único límite era la defecación y el dolor tortuoso, pero luego todo lo acepté, practiqué y gocé. En síntesis, me fui conociendo sexualmente hablando y madurando en mis gustos.

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  • Mi vecina morbosa

    Mi vecina morbosa

    Buenas, me llamo Carlos y lo que voy a relatar ocurrió hace algunos años, cuando vivía en mi ciudad natal, Alicante.

    Contaba yo con 38 años y vivía en un piso. Estaba en un edificio de 14 plantas y mi casa estaba en la última planta, la 14.

    Vivía solo, la casa la heredé de mi padre, que había muerto hace unos años.

    Había 4 puertas por planta. Al vivir allí desde que nací, conocía bastante a los vecinos. En la puerta que está junto a la mía, vivía una señora mayor (unos 80-85 años), que me conoce desde que era pequeño. Ella tiene una copia de la llave de casa de cada uno de nosotros; o sea que en su casa hay llaves para entrar en los otros pisos; además, nosotros 3 tenemos llave para entrar también en casa de la mujer mayor; más que nada por si tenemos alguna emergencia, se nos olvidan las llaves dentro o cosas similares.

    Bueno, en otra de las casas vive un hombre de unos 40 años. Era profesor y casi nunca estaba en casa. Lo conozco desde que se mudó allí, hará unos 15 años. También era amigo de mi padre y nos llevamos bastante bien.

    En la última puerta vivía una mujer que era muy buena amiga de mi padre. Desde siempre me ha parecido una buena MILF, entre 46 y 48 años; y, más de una vez, me he masturbado pensando en ella. Era funcionaria del ayuntamiento y me daba muchísimo morbo.

    Todo empezó un viernes cuando me llamó y me dijo que si le podía hacer un favor. Me dijo que cogiera la llave de su casa para vigilar si tenía goteras en el dormitorio. Se tenía que ir a cuidar de su madre el fin de semana y ella no podría comprobarlo y yo, acepté encantado.

    Serían sobre las 20 h y llamé a casa de mi vecina; me dejó la llave de la casa de la otra vecina. Le dije que me la quedaría hasta el domingo, para no tener que molestarla cada vez que entrara a revisar.

    Abrí la puerta con la llave y fui directo al dormitorio. No había caído nada de agua. Tenía la cama hecha y unas braguitas dobladas que supuse que usaba para dormir. Yo llevaba puesto un pantalón de chándal, calzoncillos, camiseta y zapatillas de andar por casa.

    No pude resistirme, cogí las bragas y las empecé a oler y lamer… me empecé a poner muy cachondo y mi polla empezó a crecer pensando en lo que estaba haciendo; entonces, se me ocurrió una idea. Dejé las bragas en la cama, me quité los pantalones y los calzoncillos. Entonces acerqué la almohada y la puse justo debajo de mi polla. Puse encima un almohadón pequeño y por último, sobre éste, coloqué las braguitas. El morbo y la excitación de la situación me la habían puesto casi dura del todo. Cogí el móvil y comencé a grabar mi masturbación. De vez en cuando giraba la cámara y decía algo, para que se viese que era yo. Recuerdo que también usé sus bragas para frotarme con ellas.

    Cuando estuve a punto, dejé las braguitas encima, acerqué el móvil para tener mejor visión de mi corrida y que se viese bien todo lo que iba a manchar. Después de unos meneos, empezó a expulsar leche a borbotones. Fueron 3 grandes chorros, manchando todo lo que había preparado. Lo volví a poner todo en su sitio, sin limpiarlo; me vestí y volví a casa. Creo que ese mismo día, después de cenar, volví a entrar y volví a mancharlo todo. Es increíble el morbo que me daba pensar en que luego, ella iba a apoyar su cabeza allí.

    Durante un par de años, cada vez que sabía que no iba a estar, aprovechaba para entrar y repartir toda mi leche, quedando grabado con mi móvil para la posteridad. Hice de todo: me corrí en sus cepillos de dientes, le llené la mascarilla que usaba de leche, eyaculé en sus cubiertos, metí una buena corrida en su brik de leche… y no hace falta contaros la de veces que dejé manchada la almohada y el almohadón. Cuántas veces he visto esos vídeos… me pone súper cachondo verlos del intenso morbo que me da.

    Un día tuve que mirarle un radiador que le goteaba. Me dijo que fuera por la mañana, ya que ella salía a las 15 h. Fui a las 12:30 h y, nada más entrar vi su mascarilla rosa que yo había usado, al lado de la puerta; al verla de cerca se veían, en la parte interior(que es blanca), unas manchas con chorretones. Eso me calentaba mucho pensando que la había usado.

    Lo primero que hice fue dejar las herramientas al lado del radiador e ir al lado de la cama para gozar del placer y el morbo de una nueva paja allí.

    El vídeo de ese día, dura más de 7 minutos. Y estuve más de 3 minutos echando leche y meneándomela suavemente. Creo que es una de las veces que más leche he tirado en mi vida. Ese día solo usé la almohada de la cama, era azul claro e iba a juego con las sábanas. El lado que manché era más azul oscuro que claro por la humedad de mi semen y su cantidad. Coloqué la almohada en su sitio, pero con la cara limpia visible, hacia arriba.

    Fui al radiador y comencé a desmontar una pieza. Se abrió la puerta y ella entró. No habían pasado ni 5 minutos desde que me había corrido en grandes cantidades sobre su almohada. Miré el reloj y eran las 13:15h, le dije que creía que iba a llegar más tarde y me dijo que había salido antes con la excusa que le iban a mirar lo del radiador.

    Me dijo que se iba a poner cómoda y a pegarse una buena ducha. Al verla entrar al dormitorio pensé que iba a ver las manchas e iba a ser “pillado”. Cerró la puerta y cada segundo que pasaba se me hacía eterno… qué excusa puedo poner… madre mía qué vergüenza… se abrió la puerta y salió envuelta en una toalla y con una camiseta en una mano y, en la otra, esas braguitas donde tantas veces me había corrido. Me dijo que iba a darse una buena ducha, que iba a tardar un rato en salir; me dijo que, si acababa de desmontar la pieza y ella no había salido, podía hacer lo que quisiese, como si fuera mi casa; o que si quería podía irme; le contesté que perfecto, que así lo haría.

    Yo ya había desmontado la pieza antes de que ella saliese con la toalla, pero no le dije nada. Ella entró en el baño y empecé a pensar en hacerme una paja junto a su cama estando ella en la ducha, se me puso durísima al instante, vaya morbo…. Esperé a escuchar el agua de la ducha caer. En cuanto lo oí, me fui directo junto a la cama. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que la almohada estaba con la cara de toda mi corrida a la vista. No sabía si se me había olvidado ponerla al revés o no. Bueno, pensé; pues la mancharé por el mismo lado y así no se notará. Bajé mi bragueta, me la saqué y me la empecé a tocar.

    No quise grabarlo por si oía la puerta del WC y tenía que disimular rápido. Estaba tan inmerso en mi suave paja cuando, de repente, oí una voz detrás de mí preguntándome que qué estaba haciendo. Me quedé petrificado, metí como pude mi polla en el pantalón intentando no hacer ningún gesto que, visto desde atrás, sugiriese hacer lo que estaba haciendo; y sólo pude subir a medias la cremallera antes de girarme.

    A mí, se me caía la cara de vergüenza y le dije que no era lo que parecía. Ella, sonriendo, me preguntó “¿Sabes lo que parece?”, y prosiguió, “lo que parece es que he abierto el grifo de la ducha y no he entrado porque quería confirmar algunas sospechas que tenía. Y, al parecer, creo que las he confirmado. Voy a cerrar el grifo y vuelvo, no te muevas de aquí que tenemos que hablar”.

    Cuando volvió, intenté hablar pero no me dijo que no la interrumpiese, que no había acabado; continuó “Llevo algún tiempo que, de vez en cuando, me encuentro con unas manchas extrañas por mi cama y almohadas; así que quiero que me digas qué pasa y, estoy segura que me lo vas a contar porque, si no lo haces, diré por todo el barrio que eres un cerdo y un degenerado, que te pillé en mi casa masturbándote junto a mi cama. Así que, cuéntame qué pasa..”. Se sentó en la cama, me miró a los ojos y esperó.

    Le dije que lo sentía mucho y que me perdonase y ella me dijo que me perdonaría si le contaba la verdad. Entonces le dije que me daba mucha vergüenza lo que le iba a contar, pero que era la verdad. Le conté que ella siempre me había atraído mucho y que, sólo imaginar que estuviese allí mirándome mientras me pajeaba, me ponía a mil; y que ,alguna que otra vez, no había podido resistir ni evitar masturbarme ahí. “Qué vergüenza…lo siento muchísimo…”, le volví a decir.

    Me miró y me dijo: “¿Eso es todo?, ¿lo haces por el morbo que te da? Jajaja… pobrecito…”, esperó un segundo y continuó… “Pues bien, vamos a ver si es cierto esto que me has contado”. Me quedé congelado… ¿había oído bien sus palabras?, ¿me quiere ver hacerlo?… Entonces ella se tumbó en la cama y me dijo que quería ver cómo lo hacía; que hiciera como si ella no estuviese allí. Y me volvió a decir que tenía 2 opciones: hacerlo o no hacerlo y si decidía que no, ella se encargaría de que toda mi familia y todo el barrio se enterase que soy un cerdo degenerado.

    Ante esas 2 opciones, mi cerebro descartó la segunda y actuó. Me quité el pantalón y en mi calzoncillo se marcaba fuertemente una gran erección. Le miré a los ojos y le dije que iba a cumplir una de mis mejores fantasías gracias a ella. Guiñándome un ojo y con cara de picarona me dijo que sería un auténtico placer. Bajé mis calzoncillos y los puse bajo mis huevos; me coloqué de forma que mi polla estaba justo encima de su cara.

    La situación me puso muy caliente y sentía que si me la machacaba, iba a acabar en menos de un minuto, ya que la tenía a punto de reventar; así que paré, me escupí en el glande y en mi mano y empecé a rozarme suavemente el prepucio, rodeándolo, babeé más mis dedos y los froté en mi glande… se notaba que ella también estaba excitada, ya que estaba sonrojada y con unos ojos que estaban llenos a rebosar de vicio y morbo. Entonces preguntó si podía ayudarme, que le encantaría. Asentí con la cabeza y solté lo que tenía “entre manos”. Ella me la cogió con una mano y con la otra, presionó mis huevos. Creí que iba a estallar de placer.

    Se escupió en la mano y empezó a hacerme una paja digna de una diosa; cada vez que su mano llegaba al glande, lo rozaba suavemente por todo su contorno.

    Sentía que iba a estallar así que le dije que quería pajearme sobre ella mientras me miraba y que deseaba embadurnarla con mi leche. “Lo que tú quieras”, me contestó, así que me puse al lado de su cara con mi prepucio apuntando a ella y empecé a hacerme una paja, bien fuerte, dándole rápido, mirándola a los ojos y diciéndole que se la iba a dar toda, ella sonrió y no pasaron más de 3 segundos cuando salió un gran chorro, seguido de 2 o 3 semi chorros; la miré y tenía manchada desde la barbilla hasta su pelo, trazando una línea de semen cruzándole toda su cara. Yo seguía masturbándome y le dije: “Espera que esto aún no ha acabado jejeje”.

    Sonrió hizo un gesto de aplaudir con las manos y dijo: “¡Qué bien!, ¡Quiero más!”. Le dije que no se preocupase que una o dos descargas más, iba a recibir. Giñó un ojo, sonrió y abrió la boca, sacando la lengua y señalando con sus manos al interior de la misma. Seguía con la cara “cruzada” de semen y señalándose esa boquita no tardé en darle la segunda ración.

    Apunté bien, el primer borbotón (que fueron 3 gotas grandes) le dio en el labio superior y en la nariz; el segundo flujo fue de mucha más cantidad y acabó exactamente donde yo quería, entró toda en la boca, excepto un poco que tenía en la comisura de los labios. Cerró la boca, me miró y, sin pensarlo, se lo tragó todo. “Cómo me pones… vamos a por otra… tengo una idea…”, le dije.

    La giré para que su cabeza y pies quedaran a los lados de la cama y le dije que se pusiera boca abajo, apoyando su cara en mi corrida anterior. Se colocó así, a la altura perfecta para poder hacerme una de las mejores pajas de mi vida, envolviendo mi polla con su pelo y pajeándome con dureza entre su cabello. Tardé muy poco en dejarle todo el pelo manchado de esperma… la imagen de verla tumbada y bien pringada de semen, la tengo grabada en mi cerebro y es algo que me excita muchísimo recordar.

    Recuerdo que luego, en mi casa, me volví a pajear y me pegué una grandísima corrida.

    Volví a ir a su casa varias veces, pero es otra historia…

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  • Encuentro ardiente en el tren

    Encuentro ardiente en el tren

    A esas horas del mediodía el vagón del tren iba abarrotado y yo le estaba dando vueltas a cómo continuar mi relato.

    Con un libro de Emily Dickinson abierto sobre las piernas, miraba distraído por la ventana cómo el mar iluminado parecía deslizarse junto al trazado de las vías.

    Fue entonces cuando, a causa de un movimiento brusco, el libro se me cayó al suelo y, antes de que yo tuviera tiempo de recogerlo, la pasajera que iba a mi lado se agachó y me lo devolvió con una sonrisa. La reconocí de inmediato: era una autora cuya cuenta de Instagram seguía y que publicaba poemas sensualmente concisos acompañados de fotografías sugerentes.

    -¡Vaya! No es habitual encontrarse con alguien que lea a Dickinson. Yo también escribo.

    -Lo sé…

    -¡¿Ah sí…?! ¿Y cómo es eso? -me preguntó picarona. Ya se lo imaginaba.

    -Te sigo hace tiempo. ¡Qué casualidad encontrarte aquí!- repliqué mientras, lo confieso, mis ojos se desviaban inevitablemente a su escote. “Si yo fuera Markus, ya la tenía en el bote”, pensé, “pero no lo soy”.

    Nos presentamos y Manuela me preguntó por mi cuenta y así se inició una conversación tan cálida que cualquiera hubiera pensado que nos conocíamos desde hacía mucho. Mientras hablaba, no dejaba de mirar aquellos preciosos ojos transparentes cuando, de pronto, vi que el cielo que reflejaban se oscureció; amenazaba lluvia como si augurara la tormenta primaveral que ya presagiaban los latidos de mi corazón.

    El tren ya llegaba a mi destino y, al ir a despedirme apenado, tuve una gran sorpresa.

    -Yo también bajo ahora, vivo aquí. ¡Otra casualidad! -aclaró Manuela.

    El chaparrón arreciaba cuando salimos de la estación, los dos sin paraguas, y empapados corrimos a refugiarnos bajo un balcón en una calle cercana, en ese momento solitaria. Al intentar resguardarnos mejor, ella resbaló sobre mí, su blusa blanca tan mojada que sus pechos se apreciaban completamente. La agarré de los hombros y, casi abrazados sin pretenderlo, empezamos a reír y entonces pasó un ángel; el súbito silencio lo rompió Manuela.

    -¿Qué tal si vamos a tomar un café?

    -Muy bien. Tú eliges dónde.

    -¿Qué tal mi casa?

    Llegamos a su casa chorreando de la cabeza a los pies.

    -Espera aquí en el recibidor, que te traigo una toalla. Si no te molesta, yo me ducharé antes y me cambiaré de ropa. No creo que tenga nada de tu talla que te puedas poner, pero ya buscaré.

    Mientras trataba de secarme la cabeza y el cuerpo lo mejor posible, oí de fondo el ruido de la ducha. Me imaginé a Manuela desnuda bajo el agua, enjabonándose, quizás con la barbilla levantada, recibiendo el agua caliente sobre los pechos, el vientre, el sexo, quizás girándose luego para que también chocara contra su espalda y resbalara hasta sus nalgas. Abstraído así, su voz llegó como de otro mundo y tiempo:

    -Marc, ¿puedes venir un momento?

    Creí que me llamaba porque había encontrado algo de ropa para mí, pero al cruzar el umbral de su dormitorio, la pude ver de espaldas, a contraluz frente a la ventana que se abría al atardecer, hermosa como una rosa amarilla que se fuera desprendiendo poco a poco de sus pétalos. Sólo una toalla la cubría parcialmente y, al girarse para hablarme de nuevo, la dejó caer al suelo.

    -Marc, me temo que no he encontrado nada para ti, así que será mejor que te quites eso mojado que llevas; cogerás una pulmonía. Desnúdate y ven…

    Me acerqué estupefacto desabrochándome la camisa. No dejábamos de mirarnos a los ojos.

    Por un momento creí que todo era ficción y otro autor estaba escribiendo la escena, pero cuando llegué a su altura y Manuela, apoyándose en mis hombros, se pegó a mí y noté en mi torso sus duros pezones, cuando puso su mano en mi nuca y me empujó hacia su boca abierta, supe que todo era real.

    Las yemas de sus dedos se fueron deslizando hasta mi cadera, me bajó el pantalón, el bóxer y luego, agarrándome el trasero, me apretó contra ella para notar mi dureza en su vientre.

    -¿Y el café, Manuela?

    -Creo que nos tomaremos otra cosa juntos…

    Cogiéndome de la mano, me llevó a su cama donde se tumbó boca arriba, la mirada libidinosa, esperando solícita que me uniera a ella, cosa que hice sin dudar.

    Sujetándole las manos por encima de su cabeza, la besé y le comí la lengua, chupé sus lóbulos, demorándome luego en su cuello. Aspiraba su perfume y en mi oído, muy cerca, resonaban sus suaves gemidos que fueron en aumento cuando mi lengua bajó y se entretuvo en sus pechos, en sus pezones enhiestos, que devoré, y aún más cuando, descendiendo hasta su entrepierna, le lamí los labios y, separándoselos, hurgué con dos dedos y mordisqueé hasta inflamar su clítoris; gozaba con su humedad en mi boca y, Manuela, arqueando la espalda, hundía sus dedos en mi pelo pidiendo, ordenando “¡Más… sigue…!” con la voz entrecortada.

    Su pálida piel ardía y se ruborizaba, sobre todo cuando, sin dejar de succionar su botón oculto, le introduje un dedo en el ano y lo mantuve. Jadeaba cubierta de sudor moviendo la cabeza de un lado a otro mientras un orgasmo parecía atravesarla.

    -Ahora , Marc, me toca a mí saborearte. Me pondré yo sobre ti, pero así…

    Y colocándose en 69, me ofreció de nuevo su coño; me bajó el prepucio, desflorando mi glande que se introdujo en la boca muy lentamente mientras me acariciaba los testículos. Manuela había conseguido que mi polla estuviera dura como nunca y ella también lo disfrutaba tragándosela hasta el fondo. Cabeceaba arriba y abajo para mamármela con ansia mientras movía sus caderas sobre mi boca para que no parara de comerla. Sus fluidos bajaban por mi garganta, se derramaban por mis comisuras; me excitaba paladear su sabor. No sabía si podría contener la eyaculación. Un hormigueo me recorría las ingles, cuando se giró y, cabalgando sobre mí, se insertó mi pene para follarme fuerte mientras acercaba sus tetas a la altura de mi boca

    Sólo se oía el rumor de nuestros cuerpos haciendo el amor. Sus movimientos de cadera se aceleraban. La volteé y la poseí primero por delante, luego por detrás. Salí de ella y me derramé en sus pechos mientras Manuela se corría a su vez.

    -Marc, creo que esto habría que repetirlo, ¿no crees?

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  • Mujer divina, escote divino

    Mujer divina, escote divino

    Cuando te conocí supe que serías mi perdición.

    Una sonrisa cálida, el rostro de una mujer joven, bonita, hasta cierto punto inocente pero inmutable, capaz de dejar unos segundos en silencio a cualquiera para contemplarte.

    Morena clara, más tirándole a morena a secas, la tez de tu piel me parecía de lo más dulce, pero en cuestión de segundos todo cambiaba, bastaba una mirada instintiva, casi inevitable, un elefante en la habitación, como se dice cuando algo es muy evidente, tus hermosos senos.

    Busque cualquier pretexto para interactuar contigo, era una salida de esas en las que un grupo de amigos invita a otros amigos, al poco tiempo de tratarte me percate de tu personalidad sencilla y eso me hizo interesarme un poco más, no le di más importancia al asunto y dejé que las cosas fluyeran, tuvimos un par de interacciones, superficiales pero eficientes, al menos para darme cuenta de que no era de tu desagrado.

    La tarde noche siguió su curso y al final te fuiste con tus amigas, esa noche, me lleve a casa una sensación agridulce, como un sentimiento a media tinta, pero sobre todo, instintivamente tal vez… me llevé a casa la imagen de tu escote pronunciado, decente, casi tímido, ligeramente atrevido, que hacía juego con tu hermoso rostro.

    Esa noche, te imaginé de las maneras más vulgares posibles que un hombre puede imaginar a una mujer, apretándote, mordiéndote, haciéndote mía, pero sobre todo, haciendo míos, esos maravillosos encantos que tanto me habían hechizado y no hacía otra cosa más que devorarlos, una y otra vez en cada fantasía, terminé masturbándome pensando en cada una de las succiones que le daría a tus senos, mientras te imaginaba brincando, cabalgando, gimiendo, perdiendo totalmente la cordura conmigo, entregándonos al placer, como dos nuevos amantes que han descubierto una mina de oro.

    Tiempo después las cosas se fueron dando y esas noches de espera se transformaron en una especie de calma, alegría ansiosa, inquietante, suena irónico lo sé, pero no se me ocurre otra manera de describirlo.

    Para mi sorpresa, la primera vez que lo hicimos, fue notablemente distinta, me pasé toda la noche haciéndole el amor a tus senos de una manera cálida, lenta, hacendosa; desde como los abordé a la hora de desnudarlos, hasta las veces que te tenía cabalgando con fuerza y lujuria, como tanto lo había soñado.

    Para que mentir, a momentos me encarnizaba con ellos y los comía mientras los apretaba con fuerza, desesperado, mordisqueando de manera suave tus pezones, que quedaban colgando, me detenía para admirar de lleno tus areolas y volvía de nuevo a los besos suaves, pausados, para restregarme y perderme un momento en ellas… la exclamación de tu gemidos me motivaban, entendí rápidamente que es lo que te gustaba y pasé la mitad de la noche pendiente de tus tetas, siempre de tus tetas… cosa que no hacías más que arquearte toda y mojar mi abdomen, exclamando gritos de placer.

    Relato corto para ustedes.

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