Autor: admin

  • Orgía familiar (Parte 2)

    Orgía familiar (Parte 2)

    Pasé un día entero sin hacer nada en el rancho con Caleb.  Veía a parte de su familia entrar y salir de lo que parecía ser un salón, era un edificio particular, pues no tenía ventanas, no parecía tener instalado ningún servicio que no fuera eléctrico, era simplemente una gran habitación iluminada y con calefacción, nada más. Supuse que ahí haríamos la orgía. Entraban con alfombras, sábanas y bancos, garrafones de agua, mesas y uno que otro colchón, también vi que metieron 3 columpios de techo…

    Aparte de mí, había otras dos nuevas. La primera, María José, tenía 18 años al igual que Caleb y yo, era morena y guapa, tenía labios gruesos, la boca grande y el cabello castaño, aparte de un culo pequeño, pero bien formado, tenía unos pechos increíbles, mínimo copa d, le calculé, medía menos incluso que yo, pero tenía más caderas. La otra se llamaba Michelle y era una hermosura en toda la expresión de la palabra. Su piel era como nieve o leche de blanca, su cabello rubio natural, tenía las caderas cuadradas, pechos chicos y el culo pequeño, pero su cuerpo estaba tan bien formado y tan delicado que parecía hecha para el sexo. Sus labios parecían pequeñas gotitas de jalea roja (tantos los de su boca como los vaginales), sus ojos marrones eran grandes y le decoraban hermosamente el cuerpo. A mi me preocupaba un poco ella, ¿y si al final todos se fijaban en Michelle? No sabía si sentirme aliviada o asustada por ella, pero lo cierto es que me sentía igual por participar en una orgía.

    Sabía que en dos días estaría en ese cuarto follando con unas 20 personas alrededor. Dios, tenía tanto nerviosismo. Caleb me explicó qué es lo que pasaría una vez ahí dentro. Dijo que lo primero sería cambiar parejas con sus padres, su padre me follaría y él haría lo mismo con su madre. Hablamos del incesto durante una media hora y pude entender las ideas de esta familia un poco más. Me explicó que preferían mantener un placer tan íntimo e importante en familia, que era mejor buscar entre tus seres cercanos a gente capaz de satisfacer las necesidades sexuales y afectivas, incluyendo a gente externa solo cuando se tiene certeza de que hay amor. Piensan que solo si se ama a la persona externa, es seguro incluirla y cuidar así de su secreto incestuoso. Así que, sus primos amaban a María José y a Michelle del mismo modo que él me amaba a mí, al igual que me amarían todas las personas que estuvieran ahí dentro mañana.

    Me puse un DIU antes de esto, Caleb me explicó que no debía esperar que cada hombre ahí dentro se pusiera condón, pues realmente les importaba poco el quién se embarazara de quién, eran familia después de todo. Que yo supiera, tres primas de Caleb y una tía usaban el dispositivo, así que eso, no quería embarazarme de un cualquiera y menos a los 18, así que decidí cuidarme de esa forma.

    Al día siguiente, Caleb y yo despertamos y me topé con la sorpresa. Me estaba vistiendo después de bañarnos, Caleb me dijo que parara. Ese día, la familia entera andaría así, desnudos. Bajamos a desayunar y me encontré con unas 12 mujeres y 10 hombres sentados desnudos alrededor del comedor. Me sentí enormemente aliviada al ver que, entre María José y Michelle, había dos asientos vacíos. Caleb se sentó al lado de Michelle y yo junto a Majo. Mi suegra, Luisa, tardó poco en acercarse con dos platos de fruta y huevos revueltos, y era más impresionante desnuda que vestida. Sus enormes pechos que antes pensaba eran operados, se balanceaban frente a mí, naturales y bellos, areolas que abarcaban un tercio de sus senos y un par de pezones bien gruesos y carnosos, sus enormes caderas y su cintura diminuta le daban un aspecto voluptuoso que resaltaba la sutil alfombra púbica que llevaba. Me puso los platos frente a mí, besó a Caleb en la boca y después me puso una mano en el hombro, mi suegra, antes tierna y atenta a más no poder conmigo, ahora me parecía sexosa y excitante, pero sus tratos no cambiaron conmigo. Me preguntó cómo me sentía y cuando le respondí que muy nerviosa, me dijo que la buscara después del desayuno antes de darme un beso en la frente.

    Para esta gente era de lo más normal, pero Michelle, Majo y yo estábamos muriéndonos. O así fue hasta que ella empezó a acariciarme la pierna, durante unos 20 minutos, sus caricias fueron aumentando, al final, estaba tan empapada que no pude evitarlo y le pedí a Caleb que me llevara a nuestro cuarto. Nos levantamos y, antes de irnos, Caleb se detuvo a hablar algo con su primo Adal, el novio de María José, cuando acabaron, Majo se levantó y caminó junto a Caleb. Salimos los tres juntos y, aunque yo me dirigía a los cuartos, Caleb me detuvo y nos guio hasta la sala de la casa, donde se nos habían adelantado José Manuel y Saúl, dos tíos de Caleb, estaban compartiendo a Sonia, la esposa de Saúl. Los dos hombres tenían cuerpos delgados, Sonia, en cambio, era la mujer de la familia más trabajada, su cuerpo era como el de Caleb en lo tonificado que estaba, pero con Sonia destacaban sus senos y sus abdominales, la hacía ver menos femenina, pero más atractiva.

    Caleb tenía el pene semierecto, se sentó en uno de los sillones grandes, abrió sus piernas y nos indicó «a mamar, amores». Yo obedecí al instante, era mi novio, no quería que Majo lo hiciera mejor, pero María José claramente lo dudó un poco. Caleb le dijo que su novio le había dado permiso, que podía hacer lo que quisiera con nosotros. Majo le respondió que era el tamaño lo que le preocupaba, a mi se me olvidaba que tenía al hombre más vergón de la familia, estaba acostumbrada a ese pene.

    Vi en Majo la oportunidad de cumplir la fantasía de ver a mi novio con otra mujer y de yo misma estar con otra mujer. No estaba pensando claro, estaba excitada, pero fue María José la que me había puesto así en primer lugar. Solté el pene de Caleb y lo saqué de mi boca, volteé a ver a Majo y le tome la mano, la jalé un poco para que se arrodillara frente a Caleb y le puse una mano en la nuca para poder empujar su cabeza mientras Caleb le ponía el pene en la boca. «Despacio, amor, no la lastimes», me dijo Caleb y le retiró con las manos el cabello a Majo de la cara. Durante unos diez minutos esta cabrona tuvo el pene de Caleb en boca y su lengua saboreó mi manjar, después de ello, Caleb eyaculó, manchando la garganta de Majo con su espeso y rasposo esperma.

    Al sacar su pene de la boca, Caleb se puso de pie y nos hizo acostarnos a ambas, él se puso en medio y empezó el primer beso de tres que yo había experimentado en mi vida. Majo le puso una mano en el pene y yo hice lo mismo, empezamos a masturbarlo juntas, nuestros anos y vaginas expuestos. Majo fue la primera, un hombre aprovechó ese culito vulnerable, José Manuel, el padre de Julián, el novio de Majo, la penetró en la vagina y fue entonces que Majo se volteó y este hombre le tenía bien agarrada de las caderas. Majo no gritó ni nada, simplemente le dijo en voz baja «ay, suegro», antes de que José Manuel le hiciera volver al beso de tres por la fuerza, empujando la cara de Majo hacia la nuestra. Para mi suerte, Sonia estaba cerca, porque Saúl se acercó a mi por detrás sin que me diera cuenta y habría penetrado en mi vagina. Sonia era la mayor en la habitación y su cuerpo y voz le daban autoridad. Le preguntó a Caleb si yo era suya, cuando él respondió que sí, le dijo a Saúl «solo el ano».

    Fue entonces que este hombre me penetró en el culo. No fue la gran cosa, su pene, a lo mucho, medía 16 centímetros, no lo suficiente como para sentir dolor, aunque sí era placentero, la forma de su verga, recta y cabezona, se llevaba bien con mi culo. Sonia entonces tomó la mano de Majo, la puso de vuelta sobre el pene de Caleb y ella comenzó a mamar los testículos. Así fue como con un pene metido en mi culo, con una mujer mamando los huevos de mi novio, mientras tres personas nos besábamos y dos masturbábamos a Caleb, que él llegó al segundo orgasmo, pero no pudo correrse, pues Sonia lo tenía bien agarrado de los huevos, retorciéndoselos y su espasmódica verga no podía soltar la semilla. Sonia empujó a su esposo fuera de mi ano, se metió el pene de Caleb y lo dejó eyacular. Me tomó de las piernas, las levantó y se las puso por encima de los hombros y me levantó boca abajo. Caleb se puso de pie y me tomó de las caderas, mi vagina quedaba expuesta para él, pero él y Sonia me dieron la vuelta, de tal manera que seguía colgando boca abajo, pero mi vagina le quedaba de frente a Sonia, misma que expulsó el semen de Caleb en el interior de mi vagina. Caleb, mientras tanto, introdujo su lengua en mi ano, recién su tío estaba ahí dentro, pero no le importaba. Al voltear a mi izquierda, pude ver cómo salía del interior de Majo un squirt, seguido del pene de José Manuel eyaculando en todo el estómago de ella. Se colocó nuevamente encima de ella, manchándose el abdomen con su propio semen al tocar el estómago de Majo. La besó y después se puso de pie y salió del cuarto junto a Saúl. Finalmente, mi orgasmo llegaría y le bañe la cara de corrida a Sonia mientras ella no dejaba de lamer mi flora vaginal, esa persistencia dio como resultado un segundo y después un tercer squirt, ni siquiera Caleb me había hecho eyacular tanto.

    Antes me parecía guapa, pero ahora Sonia parecía la mujer perfecta. Fuerte, pero femenina y con curvas sensuales, ese tono de piel bronceado oscuro, su cabello ondulado, como el mío, su sonrisa maliciosa y su voz que dominaba. La quise tener sólo para mí, el día de mañana lo lograría.

  • Un trío por dos mil dólares

    Un trío por dos mil dólares

    Mariana, una mujer de mi edad, rondábamos los 35 años en ese entonces, ella era bisexual, teníamos una muy excelente relación de amistad.

    Una ocasión mientras charlábamos por el celular, ella me hizo el comentario que tenía un amigo argentino de nombre Leonel, Leonel estaba en México y más que nada vino porque quería hacer un trio con dos mexicanas, ella me pregunto que, si conocía a alguien, que el hombre ofrecía 1000 dólares.

    Le dije que les comentaría a algunas chicas, pero la verdad cuando medite las cosas, la idea de ser yo me rondo demasiado, 1000 dólares en ese momento equivalían a 20,000 pesos mexicanos, así que ya sin dar más vuelta le escribí a Mariana y le dije que ya había encontrado a la chica, que donde tendría que llegar, Mariana me paso la dirección de un restaurante en Chapultepec, la hora y la mesa asignada, sin decir más, le dije como iba a ir vestida la mujer y que estaría ahí en una hora.

    Me puse mi minifalda negra, mi blusa rosa y tacones del mismo color, pedí un Uber y salí al lugar acordado.

    Llegue 5 minutos después, Mariana ya estaba en el lugar y al verme casi se va para atrás.

    M: ¿Cindy? ¿Tú eres la chica?

    C: ¡Claro, será una experiencia nueva, jajá!

    M: ¡Guau! ¡No sabía que te agradaran las mujeres!

    C: Pues no me gustan, ¡pero 1000 dólares son 1000 dólares!

    Mariana me miraba sonriente, no daba crédito y no creía que yo estuviera ahí, en el pasado ella me aventó la onda, yo la rechacé y en ese instante estábamos a momentos de ir juntas a un hotel.

    Mariana me contaba lo agradable que era su amigo, que era divorciado y que venía a México solo a tener sexo ya que adoraba a las mexicanas, según él somos muy sucias y tal vez tenga razón.

    Justo en ese momento apareció él, era de piel canela, ojos grandes y claros, un cuerpo atlético y una sonrisa encantadora, la verdad me gustó mucho.

    L: Hola Mariana, ¡no me digas que esta hermosura es la chica que se animará a estar con nosotros!

    M: Hola Leo, ¡te presento a Cindy!

    C: ¡Hola, un gusto!

    L: Espero que Mariana te haya dicho de lo que se trata esto.

    C: Claro, por eso estoy aquí.

    M: Pedí un vino, tomemos y vayamos al lugar.

    Leonel era muy agradable, me encantó, de no ser que prácticamente me estaba prostituyendo sería una excelente cena.

    Nos fuimos en su auto deportivo, se notaba que el hombre era adinerado, tal vez un empresario, no lo sé, solo sé que nos dirigimos a un hotel de lujo, no al típico motel u hotel de paso, Mariana reservó una habitación en un hotel de empresarios.

    Antes de entrar a la habitación, el hombre sacó 2000 dólares y me dio 1000 a mí y 1000 a Mariana, vaya el dinero más rápido en mi vida, una sonrisa iluminó mi cara mientras guardaba el dinero en mi bolsa como toda una escort.

    Él puso música de Jazz, nos dio una copa y nos pidió nos pusiéramos cómodas en lo que él se preparaba en el baño.

    Con el dinero en mi bolsa tuve la oportunidad de salir corriendo, pero estaba excitada, además él me había gustado y Mariana no me desagradaba, era morena, de tetas grandes y buen trasero, además su vestido azul arriba del muslo la hacía ver muy interesante.

    M: ¡Espero estés lista!

    C: ¡No tienes idea!

    Sin pensarlo dos veces comencé a besar a Mariana, la calentura me invadía, mis labios y los suyos se apretaban de forma suculenta, mis manos acariciaban sus piernas, lentamente sus manos me quitaron el saco que traía puesto, le comencé a bajar el cierre de su vestido, Mariana me despojo de la blusa y empezó a besarme el pecho a lamer mis tetas.

    En lo que Leonel salía, nos fuimos a la cama, Mariana me acostó y me quitó la falda, su lengua lamía mis piernas, yo le quité su vestido, la morena no traía brasear, bajó y me puso sus tetas en la cara, yo besaba sus pezones oscuros y duros, ella me acariciaba la vagina con sus manos por encima de mi tanga.

    En eso Leonel, desnudo salió del baño, traía una verga de unos 20 cm, gruesa, bonita, al vernos en la cama, inmediatamente se endureció más de lo que ya venía, miro atento como Mariana me chupaba las tetas.

    Comenzó a acariciar las nalgas de Mariana. Subió a la cama y su boca fue directo a la mía, me besaba muy rico, mis tetas continuaban siendo comidas por Marian y mi lengua por Leonel.

    Mariana me levantó y acostamos a Leonel, nos besamos frente a él, algo que aplaudió y festejó mientras sus manos apretaban nuestros tarseros.

    L: ¡Chúpenme la pija!

    M: ¡Esta buena, uhm!

    C: ¡Que dura se ve!

    Bajé primero y metí su cabecita en mi boca, a tiempo de recibir caricias de Mariana en mi vagina, la cual ya estaba súper húmeda.

    Luego Marian bajó a mi lado y miró como me tragaba toda la pija de Leonel, él agarro su cabeza y la llevó a su dura verga la cual compartimos, una tragada ella y otra yo, él no cabía del placer, se sentía en la gloria, sus quejidos y exclamaciones a causa de nuestro oral.

    Mariana se acostó y Leonel bajó a lamer su concha, miraba atenta como su larga y gruesa lengua jugueteaba el clítoris de mi amiga, en eso, Mariana me tomó de las nalgas y casi cargándome llevó mi concha a su boca, uf, el oral que me daba me tenía en la gloria, bajaba mi cuerpo hasta acomodarme para un 69, me besaba con Leonel y le chupaba su vagina a Mariana.

    L: ¡Sos una caliente Cindy, que rica!

    M: ¡Ah, chúpame más, uhm!

    C: ¿Ya la vas a meter?

    Leonel levantó las piernas de Mariana e introdujo lentamente su dura verga, mi amiga gemía al sentir el arma del argentino, yo que continuaba en la pose de 69 lamía la concha y el mástil del guapo sudamericano.

    Él se movía fantástico, mi amiga gozaba su verga, yo lo besaba y él me mordía las tetas, me pidió me pusiera en cuatro mirando a mi amiga, yo lo obedecí, y con sus dedos empezó a meter y sacarlos de mi vagina, tenía una muy buena habilidad, mientras que Mariana y yo estimulábamos nuestras tetas chocándolas fuertemente.

    Me encantaba morder el pezón perforado de Mariana, la estimulación en mi lengua me hacía mojarme más, Leonel continuaba dándole a Mariana y metiéndome los dedos a mí.

    Después sin avisar, se al saco a mi amiga y me la metió de golpe. Eso me encantó, él me tomaba del cabello y me penetraba rápido, Mariana me lamía las tetas y me metía sus dedos en mi vagina, mientras Leonel palpaba a mi amiga.

    C: ¡Ah, que duro, uhm!

    M: ¡Ah, uhm, si!

    L: ¡Que rica concha tenés!

    M: ¡Dale fuerte papi!

    C: ¡Agh, uhm!!

    Leonel se acostó en la cama, ambas nos acomodamos en su pelvis y como un tren, nos movíamos, eso hacía que Leo, pudiera penetrarnos a las dos, una metida a Mariana y otra a mí, Mariana me apretaba las tetas y me besaba la espalda, luego Leo me detuvo apretando mi cadera y me la empujaba toda, Marian me tomaba de los hombros y me empujaba a Leonel, estaba gozando maravillosamente.

    L: ¡Ah, que rica concha, uhm!

    C: ¡Ah, más, así, uhm!

    M: ¡Ah, que rico, que rico!

    El trio estaba saliendo de lo mejor, pude haber cogido con ellos gratis.

    Mariana estaba en cuatro, yo estaba en la cama recibiendo su lengua y dedos, Leonel la montaba como buen vaquero, la embestía fuerte y sus empujones hacían efecto domino y la lengua de Mariana entraba de forma riquísima.

    Leonel era un gran semental, tenía fuerza para los dos, ni siquiera me importó estar cogiendo sin condón, solo quería seguir disfrutando el momento.

    Leonel me la metía riquísimo mientras estaba encima de Mariana, nos la metía a las dos, de alguna forma nos acomodó para que sintiéramos su dureza.

    L: ¡Ah que rico, uhm!

    M: ¡Ah, más, danos más!

    C: Uhm, ah, ¡esto es la gloria!!

    Cogimos de muchas poses y maneras, hasta llegar a una rica tijera entre Mariana y yo, mientras chupábamos la polla de Leonel para que nos bañara con su rico semen.

    M: Mmm! Cindy, muévete, muévete!

    C: ¡Ah, Mariana!! Agh

    L: ¡Uf, chúpenla, ahí viene, ahí viene!

    Leonel nos llenó de semen, mi cara, mis tetas y mis piernas, toda me cubrió al igual que a Mariana, nosotras continuábamos con la tijera, movíamos nuestras caderas para llegar al orgasmo, que nos hizo gritar como locas.

    C: ¡Ah, uf, dios mío!

    M: ¡Cindy, uhm!!

    L: Si, eso, así nenas córranse, ¡córranse!!

    El trío salió de lo mejor, pero como si me tratara de una sexoservidora, me bañé, me alisté y dejé a mi amiga con el guapo argentino, me abrazó, me agradeció que le cumpliera su fantasía y me prometió venir nuevamente a eso y que esta vez serian 2000 dólares.

    Solo sonreí, me despedí de Mariana y regresé a casa, ya que mi pareja me esperaba.

    Nunca olvidé esa noche, la amistad con Marian dio un giro de 180 grados, ella me introdujo al mundo swinger y mis experiencias ahí se las contaré más adelante.

    Con cariño su amiga Cindy.

  • Me le declaré y salí victorioso

    Me le declaré y salí victorioso

    Tengo una cuenta adicional en Facebook, la cual uso para andar en los mundos más recónditos de mi ciudad, ahí he conocido gente y tenido experiencias interesantes.

    Un día usando la aplicación de parejas que tiene Facebook, me encontré a Diana, una chica que de yo conocía, pero le había perdido el rastro. En su momento ella y yo hicimos clic, pero yo sabía que ella era casada y con hijos, lo cual técnicamente «no debería ser problema para lo que yo busco», pero creí que era una chica más conservadora, por lo que solo quedamos en una amistad, que poco a poco se apagó.

    En fin, la vi ahí, le mandé su «corazón» y más tarde le envié un inbox. No le dije quién era yo, pero si le di algunos tips, para que más o menos me ubicara. Ella entendió perfectamente y me reconoció. Me dijo que estaba teniendo situaciones en casa y pues que se había dado un chance de experimentar. Aclaró que ella no era así, y esas cosas que a veces decimos para sentirnos bien. Después de una larga charla y ponernos al corriente de lo que hacíamos, fui directo al grano, la invité a salir. Obviamente mi intención era pasar a tercera base, pero como tal no se le dije, aunque en mi perfil de esa aplicación, lo dice claramente, yo esperaba que ella lo hubiera leído.

    Ella trabaja en una empresa que está a las afueras de la ciudad, donde solo hay algunas otras empresas, pero es un lugar apartado y despoblado, eso podría ser bueno, para poder vernos y poder ocultarnos del mundo por un momento. Dieron las 6 pm y yo estaba afuera de su oficina puntualmente, ella me dijo que traía su coche, que la acompañara a dejarlo en algún sitio, para que no vieran sus compañeros que aún estaba ahí, pero sin ella. Decidimos irnos en su carro y dejé el mío estacionado por ahí, así se levantarían menos sospechas. Ella tomó un camino hacia el fondo de ese parque empresarial, donde no hay nada mas que monte, y algunas oficinas de gobierno, pero que en ese momento estaban cerradas, pues ya no era horario laboral. Nos bajamos del coche y comenzamos a caminar por los senderos de ese parque industrial. Ella estaba muy apenada, al parecer, si era la primera vez que «se portaría mal». Que, aunque yo no le hice ninguna propuesta o indirecta, creo que ella si sabía para que estábamos ahí.

    Pasó media hora, la tomé de la mano y la invité a sentarnos en una banca, la miré directo y le dije «vamos a dejarnos de rodeos, ya te dije que me gustas mucho, y que quisiera estar contigo más cerca, que solo amigos, ya aceptaste que viniera, por lo que supongo que tú también»… Ella sonrió y se hico pequeñita, pequeñita, me dijo que yo también le gustaba, pero no estaba segura lo que estaba haciendo. Entonces la besé, le lancé hacia ella con mucho entusiasmo. Ella aceptó sin problemas el beso, comencé a tocar su pierna, luego me fui hacia la parte interna de su muslo, lo que la hizo estremecerse. Ella hizo lo mismo, comenzó a llevar su mano a mi entrepierna, donde se encontró una verga lista para la acción. La comenzó a frotar y se escuchaba como ella hacía pequeños gemidos, lo cual me calentó muchísimo.

    Unos minutos después ella se alejó de mí, y me preguntó “¿qué vamos a hacer?”. Le dije que si podíamos irnos a su coche, para tener un poco más de privacidad, para lo cual ella accedió. Ya arriba de su carro, me pidió que me quitara la camisa, pues quería sentir lo que yo presumía en mis fotos de perfil. Accedí y me la quité, ella comenzó a tocarme el pecho, los hombros, los brazos, y sonreía mientras lo hacía. Me dijo que desde que vio mis fotos, se le antojaba tenerme cerquita, pero estaba inquieta, porque sabía que ahí no podríamos hacer gran cosa. Le dije que si estaba dispuesta entonces a dar en siguiente paso, me respondió que si, entonces me desabroché el pantalón y como pude, me saqué mi verga, que estaba a punto de reventar. Ella la vio y se puso de todos los colores, me preguntó “¿Qué quieres hacer?…”. Le dije que me hiciera la mamada de su vida, «chúpamela como si de eso dependiera tu vida»… ella se rio tanto, pero yo sabía que no era burla, era más bien de pena.

    Comencé a masturbarme mientras ella solo veía, me bajé la piel de mi pene, hasta que dejé expuesto todo el glande, ella sin darse cuenta abrió la boca mientras me veía hacer mi trabajo. Después, quitó mi mano y puso la suya, empezó a hacerme una deliciosa puñeta, primero despacio, después comenzaba a hacerlo más y más rápido. Recargó su cabeza sobre mi pecho, como quiero acercarse más a mi pene, hasta que en un momento, comencé a sentir sus suaves labios en mi verga, los tenía húmedos, tersos.

    Comencé a sentir como su lengua daba un tour por todo el tronco de mi pene y hasta arriba. Diana comenzaba a excitarse, lo sentía fielmente. Yo veía como empezaba a mover su pubis, como un reflejo ante la situación en la que estábamos, sollozaba un poco, haciéndome saber que seguía con algo de culpa, pero que de verdad disfrutaba lo que estaba haciendo. Yo me sentía todo poderoso, ella es una alta ejecutiva en la empresa que trabaja, y yo, un simple mortal, la tenía ante mí, haciéndome una deliciosa mamada. Yo fantaseaba en decirle a todo su equipo de trabajo, que la gran Diana, me había mamado la verga, y que seguro un día iba a ser mía.

    Después de un rato, en que ella estaba haciendo un extraordinario trabajo, se levantó y se secó los labios, me dijo que no era el momento de tener sexo, pues no se sentía cómoda, pero me dijo que si podíamos terminar dicho plan otro día. Le dije que sí, pero que definitivamente no me iba a ir con esa erección, así que, debería seguir su trabajo o mientras me llevaba a mi carro, me iba a masturbar hasta dejarle todo su asiento lleno de mi semen. Ella sonrió y me dijo que sí, pero me dijo que no traía toallas o papel para limpiarme, le dije, entonces «trágatelos». Ella dejó de sonreír, con algo de sorpresa, y me dijo rotundamente que no.

    Le dije que si lo había hecho antes y me respondió que no, entonces le pedí que lo intentara, que siempre había una primera vez. Después de besarla y hacer algunas estrategias, la convencí. Ella de verdad estaba muy caliente, yo creo que eso sirvió para convencerla. Así que regresó a lo suyo, me hacia una mamada, que podría decir, nadie lo había hecho al igual que ella. Era una mujer experimentada, quizá solo con su marido, pero vaya que había aprendido cosas. Lamía mi glande, después se iba a mis testículos, los chupaba con tal fuerza, que sentía que me los arrancaba, pero eso me encendía.

    La quité de mi pene y la agarré de su cola de caballo, empecé a masturbarme de forma tal, que temía que mi leche saliera disparada hasta el techo del carro. Comencé a decirle cosas sucias y al parecer, eso la encendía más. Incluso hasta le externé mi fantasía de decirle a sus subordinados. «Les voy a decir que su jefa es mi puta, que me cogí a la jefa que los hace trabajar todos los días»… ella me pedía que se los aventara en la boca, eso me hizo saber, que quizá me había mentido cuando dijo que no tenía experiencia en eso.

    Pasaron los minutos y sentí como venía el chorro de leche, ella abrió la boca y empezó a recibir toda la carga. Como si fuera agua, movía su rostro para que le cayeran mis mecos en todo su rostro. Se acercaba a mi verga, para que los residuos que me habían caído, terminaran embarrados en su frente, en sus mejillas. A ella le gustaba que se vinieran en su cara!!! y no me lo había dicho la muy cabrona. Después de que me vine, comenzó a chuparme la verga de nuevo, quitaba los excesos de semen con los dedos, para después seguir mamando.

    Usó mi camisa para secarse el rostro, me dijo que al menos tenía que pagárselas de algún modo. Me llevó a mi coche y ahí me bajé sin camisa, pero aprovechando que ya estaba oscuro, no sentí vergüenza. Le pedí su teléfono y los intercambiamos. Hicimos una cita para otro día, que por supuesto, les platicaré como estuvo.

  • Soy un limpiador de semen

    Soy un limpiador de semen

    Estaba arrodillado frente al sillón, desnudo, con un collar de perro en mi cuello. Mi pene ardía que pasión, dolía por la presión de querer salir de su fría prisión. Thalía, mi dueña, enjauló mi pene para que no creciera, en una jaula de castidad. Es un nuevo nivel de humillación e impotencia que tengo que soportar mientras que ella se divierte con su amigo. Están cogiendo en el sillón, frente de mí.

    Me presentó a su amante, un hombre entre los treinta años, alto, de grandes manos y brazos musculosos. Su piel es medio clara, su rostro es muy fino y tiene poca barba. Me obligó a besarle los zapatos, después de indicó que lo desvistiera y que lo masturbara. Su gigantesca y gruesa verga creció entre mis manos con rapidez, lista para ser devorada por la boca y por el coño de mi dueña.

    Lo hicieron como animales salvajes, inundando de gemidos y gritos el departamento. Mis órdenes era observar todo, sin tocarme (aunque era imposible con la jaula), sin participar. No sé el tiempo que pasó, pero ya me dolía la espalda, las rodillas y mi poca hombría, si es que todavía queda algo de eso. Estaba enloqueciendo por no poder tocarme, por no sentir mi erección en su totalidad.

    Ellos parecían no tener fin. Sus energías eran increíbles. Thalía ya se había corrido cuatro veces y él ninguna, no paraba de cogerla de perrito, de azotarle el culo o de besarla en el cuello. Y yo no paraba de observar como esa gran verga se perdía dentro del coño de mi ama. Como las prietas nalgas de Thalía saltaban sobre ese pedazo de carne.

    Pero hasta las más grandes fiestas tienen un final. Ese cabrón se vino dentro de Thalía, dejando su verga por varios minutos a la espera de haber expulsado todo. Se separaron en el sillón, exaltados y bañados en sudor, con la respiración súper agitada.

    —Me llenaste toda de leche, que rico —dijo Thalía entre profundos suspiros. Se ve hermosa estando sudada, con el coño choreando semen.

    —Te lo merecías, perrita. Me exprimiste los huevos bien rico.

    —Gracias. —Se sonrojó la muy puta—. ¿Quieres que mi perro te limpie tu hermoso pene?

    El cabrón me miró con malicia. Yo hui de su mirada, en espera de su respuesta.

    —Sería bueno.

    —¡Ya oíste, perro! —Me pateó la cara, tirándome al piso—. Límpiale la verga a mi querido invitado.

    —Sí, mi señora —dije de prisa mientras me reincorporaba y me acercaba a ese tremendo pedazo de carne.

    Estaba medio erguido, pero seguía siendo monstruosamente grande para mi boca, pero no podía fallarle a mi ama. Por la posición en que se vino tenía mucho rastro de semen que tenía que eliminar con mi lengua. Visualicé una rica paleta helada de limón, y con esa imagen en mi mente inicie a lamer ese pene, iniciando por los huevos donde hice un remolino con mi lengua que fue mucho de su agrado, por los suaves gemidos que soltaba. Después recogí todo el semen de su falo, chupando un poco la punta de su verga. Cuando termine mostré mi boca para demostrar que me había tragado todo.

    —Tu perro si sabe lamer —dijo agradecido mientras se ponía de pie para vestirse.

    —Eso espero, porque ahorra me tiene que limpiar a mí.

    Thalía me jaló con la correa hasta su coño caliente que chorreaba de semen. Ella me agarró del cabello y me restregó todo su sucio coño en mi rostro. Tenía semen y vello por todos lados, y a ella le gustaba verme así. Se acercó a mis labios a besarme y después, con violencia, me regresó a su entrepierna mientras se despedía de su amante que se marchaba por la puerta

    —Déjalo bien limpio.

    Yo la obedecí, introduciendo mi lengua en esa vagina recién cogida e inundada de leche, y como si fuera un gato, bebí de esa leche, me la tragué junto con los fluidos de Thalía.

    —Lo estás haciendo bien, pito chico.

    Escucharla decir eso entre gemidos me hizo un sumiso bien feliz.

  • Me violaron delante de mi esposo y me gustó

    Me violaron delante de mi esposo y me gustó

    Ese día iba de prisa a mi casa pues Fernando me estaría esperando para almorzar como todos los jueves que él llegaba antes que yo a la casa. Yo iba un poco apurada pues en la Uni mis alumnos me entretuvieron más de lo normal con sus preguntas. Hacía calor y eso hacía que el vestido se me pegara a mi curvilíneo cuerpo con el sudor, hasta que por fin llegué a la casa, toqué timbre para no sacar las llaves, pero para sorpresa mía Fernando no me abría, “estará terminando de cocinar escuchando música como a él le gusta” pensé, así que decidí sacar mi llave y abrir con ella.

    Al hacerlo me encontré con una imagen que me estremeció, estaba Fernando totalmente atado a una silla las manos el cuerpo y los pies y además amordazado, no alcancé a hacer nada pues al siguiente segundo alguien me empujó y cerró la puerta y fui a dar contra la pared del empujón golpeando un poco mi cara.

    En eso siento que alguien me agarra del cabello y me empuja la cabeza hacia la pared con toda su fuerza y me susurra al oído “vas a hacer todo lo que yo te diga putita o tu esposo es boleta, entendiste?” Yo no pude ni contestar de los nervios y la sorpresa, entonces esa misma voz me dijo apretándome más aun contra la pared “entendiste putita” casi gritándome, yo solo atiné a contestar si entre sollozos.

    Inmediatamente vi que en la mesa había dos bultos enormes envueltos con frazadas supuse que eran las cosas que nos estaban robando, y giré para ver a mi esposo nuevamente y por primera vez vi a uno de los ladrones que le apuntaba con una pistola en la cabeza. “no le hagan nada” grité, a lo que el que me tenía por la cabeza me contestó “¿Desde cuándo tu das las ordenes, acá se hace lo que yo digo, entendiste putita?” y con su otra mano me apretó uno de mis pechos fuertes pellizcando mi pezón que me hizo ver las estrellas ya que no llevaba brasier.

    “no por favor no nos hagan nada” supliqué.

    “Así me gusta más putita que supliques, vas a hacer todo lo que te digamos? ¿O quieres quedarte viuda?“, me contestó el que me tenía por la cabeza a quien desde ahora llamare el jefe “si si“ contesté “no le hagan nada”.

    “Así me gusta” dijo él mientras me manoseaba groseramente el culo. “no por favor, no“ exclamé.

    “vamos hacelo por él“ señalando a mi marido mientras el otro le hundía la punta de la pistola en su sien ”Además yo sé que te gusta tenés una pinta de puta” y comenzaba a levantarme la falda. Ante esta situación no tuve más remedio que ceder y le dije “está bien, pero despacio por favor no le hagan nada”.

    “eso solo depende de ti putita” contestó el jefe con cierto cinismo e inmediatamente grito “viruta ven” e inmediatamente apareció un tercer hombre “esta putita quiere chuparte la pija” dijo “no la dejes con las ganas” a lo que respondí “no por favor, no”.

    “vamos putita recuérdale a tu marido lo bien que la chupas”. Mi esposo intentó moverse para zafarse, pero entonces el tal Viruta me apuntó a mí con otro revolver y Fernando se quedó quieto. Mientras el Viruta ya se había bajado los pantalones y el jefe me empujaba la cabeza hacia abajo y en dirección a Viruta de modo que mi boca quedara a la altura de su pene que ya estaba al descubierto.

    “chúpasela perra” gritó el jefe empujándome más aun, como no me quedaba más alternativa empecé a lamerle lentamente parte del tronco de su pene ante los suspiros del Viruta.

    “así no, trágatela entera puta” gritó de nuevo el jefe y me empujó hacia el Viruta haciendo que su pene entre todo casi hasta mi garganta lo que me provocó arcadas, pero aguanté, el “viruta” comenzó a cogerme por la boca con fuerza agarrándome de los pelos, yo trataba de no mirar a mi marido muerta de vergüenza y a la vez que sentía como su pene entraba y salía por mi boca también sentía la punta del revolver sobre mi cabeza y las manos del jefe que ya se metían por debajo de mi hilo dental, llegando a mi vagina.

    «vamos putita, colabora» me decía el jefe mientras uno de sus dedos se introducía en mi concha.

    Si bien al principio me resistía después me di cuenta que era en vano y nada podía hacer así que me relajé… y aunque parecía mentira al sentir como crecía la pija del «viruta» en mi boca comencé a excitarme y eso hizo que me humedeciera, cosa que el jefe percibió perfectamente con sus dedos dentro de mí. «Ah te gusta putita» exclamó, cosa que me hizo sentir mucha vergüenza ya que estaba caliente como una puta por la pija de un desconocido delante de mi esposo, no quise mirar a Fernando de la vergüenza y aunque trataba de contener mi excitación iba creciendo.

    «Creo que tu esposa está queriendo que me la coja» le dijo el jefe a mi esposo, y luego agrego “Y le voy dar el gusto, pero que crees? por el culo je je je».

    En ese momento me sobresalté y quité de mi boca el pene del «viruta» para suplicarle «no por favor no» ya que, si bien estaba excitada, nunca había tenido sexo con dos hombres a la vez eso me hacía sentir más sucia y además era virgen de mi culo.

    Demás está decir que todas mis palabras fueron en vano, El jefe volvió empujarme la cabeza contra la pija del «Viruta» haciéndomela tragar toda mientras que con los dedos que sacó de mi vagina empapados comenzaba a lubricarme un poco el culo, mi desesperación aumentaba, miré a mi esposo con miedo, él también tenía la misma mirada, pero nada podía hacer pues el otro ladrón le apuntaba con una mano mientras con la otra se masturbaba por sobre el pantalón, alcancé a notar que su bulto crecía en forma acelerada, cuando de repente sentí como una estocada del jefe que me hizo ver la estrellas al perforarme con su miembro el culo, me saltaron las lágrimas del dolor, sentía que me partía en dos, pero poco a poco el dolor fue disminuyendo y la verdad comencé a excitarme como nunca antes, por suerte todavía tenía la pija del «viruta» en la boca de no haber sido así seguramente me hubiera deschavado delante de mi marido con un «si así así que rico», así que en ese momento estaba que estallaba de placer y me aferraba a la pija del «viruta» para no descubrirme aunque al ver este espectáculo el «viruta» se corrió en mi boca sin avisarme y me tragué todo su semen mientras el jefe me bombeaba duro al tiempo que tocaba mis tetas.

    Tragué todo su semen ya que el viruta no me soltó la cabeza hasta que su pija quedara completamente limpia, luego me la sacó y le gritó al que le apuntaba a mi marido ”ahora te toca a vos «trípode» mientras yo gritaba «no no por favor» para disimular frente a mi esposo aunque cuando vi avanzar al «trípode» entendí perfectamente el porqué de su apodo. Cuando se bajó los pantalones y el calzoncillo vi una enorme pija de unos 23 cm aproximadamente, algo que terminaba de excitarme.

    «Agárrala» me dijo el «trípode» y le obedecí con gusto ya estaba por llevármela a la boca cuando se sintieron unos ruidos fuera de casa entonces el jefe dijo «puede venir alguien ya vámonos» y me la saco enseguida mientras los otros dos también se hicieron un lado.

    La verdad me quedé con bronca porque justo cuando se venía lo mejor, estos tipos me dejaban con una excitación tremenda y encima teniendo que disimular delante de mi marido, se subieron los pantalones rápido se vistieron como pudieron y salieron corriendo por la parte de atrás de la casa saltando la barda del patio con los bultos de frazada. Yo quedé tirada en el suelo con el culo que me dolía, me quedé un rato allí fingiendo un dolor insoportable, aunque en realidad era para lograr que se me quitara la cara de excitación antes de que la viera mi marido (estaba dándole la espalda).

    Finalmente me incorporé y desaté a Fernando, él me abrazó fuerte y me preguntó ”estás bien?» a lo que le dije «si algo dolorida, pero bien y vos?».

    Me dijo que estaba bien que, si quería que fuéramos al médico, le dije que no, que estaba exhausta que solo quería descansar y que después veríamos que hacíamos, así que me di una ducha y al salir me fui a la cama y me quedé completamente dormida hasta el otro día.

    Lo que me sorprendió que mientras me bañaba no pude evitar masturbarme pensando en todo lo que me habían hecho eso tres tipos y peor aún, imaginando todo lo que me quedé con ganas de hacerles y que me hicieran, me imaginaba las delicias que haría con la pija del «trípode» y lo lindo que hubiera sido que el jefe eyaculara en mi culo y un montón de otras fantasías que lejos de sentirme triste me hicieron ver que me faltaban muchas cosas por probar que me podrían dar placer y estaba dispuesta a conocerlas.

  • El abogado justiciero

    El abogado justiciero

    Luis Fernández —para todos Lucho—, estaba seguro de que el abogado era un marica, pero eso era positivo porque, siendo estudiante universitario no tenía dinero para pagar un abogado, y en verdad que lo necesitaba, no un abogado cualquiera sino un defensor de primera clase si quería evitar el falso cargo de haber violado a una estudiante en el campus.  Claro, ella había seguido diciendo «no, no», pero la verdad era que la perra lo había querido tanto como Lucho, con sólo mirarla Lucho podía verlo, y no había manera de que pudiera pagar la tarifa vigente de un abogado. Así que Lucho había decidido que le haría al marica una oferta que no podría rechazar.

    El tipo cobraba 200 euros la hora por representar a un cliente y Lucho le iba a ofrecer al hombre la oportunidad de ir directamente a su coño hetero de semental por cada tres horas de trabajo. A Lucho nunca le habían follado antes y pensó que lo iba a odiar, pero era un trato con su abogado marica o arriesgarse a ir a la cárcel. Y mirando la forma en que lo hizo, Lucho pensó que lo más probable era que le dieran una paliza en su primera noche allí. Así que su coño iba a ser escarnecido sin importar lo que hiciera, y tenía que creer que lo pasaría mejor con su abogado maricón follándoselo que con un bloque entero de duros y cachondos criminales cada día y cada noche durante un par de años en prisión. 

    Cuando Lucho hizo su propuesta, el tipo se enconó y se puso a gritar. No negó que era gay y ciertamente no negó que estaba interesado en el chico, pero empezó a decir toda esa mierda sobre la ética legal y cómo tener sexo con un cliente podría hacer que el colegio de abogados le quitara todas las licencias y no sé cuántas mierdas más. Como si a Lucho le importara un carajo esa mierda. Todo lo que Lucho quería conseguir no era otra cosa que asegurarse de no ir a la cárcel y, si agacharse y dejar que este marica se lo follara, era lo que tenía que hacer para librarse de la acusación, Lucho estaba más que feliz de hacerlo cuantas veces fuera necesario. Bueno…, tal vez no tan feliz, pero estaba más que dispuesto a hacerlo. Y si Lucho pensó que entregar su virginidad a este tipo y dejar que el maricón computara sus honorarios por trabajar en la guarida baja de Lucho y así se vendiera es porque valía la pena permanecer fuera de la cárcel, ¿qué le importaba a los demás? Él quería conseguir que su culo marica no lo follasen en la cárcel ni le depositaran en su culo el semen, —el abogado era otra cosa—. Cada quien que se ocupe de sus propios asuntos.

    Lucho no tenía ni de lejos la costumbre de aceptar un «no» por respuesta cuando se empeñaba en algo, así que tampoco iba a hacerlo ahora cuando tenía tanto en juego. Por eso de modo paciente dejó que el marica terminara su discurso sobre ética legal y toda esa monserga y luego simplemente sonrió mirándolo fijamente a la cara con una mueca burlesca. Lucho bajó sus manos con los brazos hacia abajo, tomó la parte baja de su camina que tenía por fuera del pantalón y la levantó sobre sus pectorales y dijo:

    — Amigo, mira, mira esto, —extendiendo una sonrisa muy perspicaz—; mira este cuerpazo, amigo. ¿Tienes idea de cuántas perras darían sus dientes para poder acariciar y jugar con este semental? Pues…, esto podría ser tuyo, amigo. Ah, pues esto no es nada. Todas las perras con las que he estado me han dicho que tengo un culo verdaderamente caliente y más de una vez he visto a otros tipos mirándomelo en las duchas. Sí, sí…, —bajando la voz— es virgen, amigo, es virgen, jamás, nunca, nadie me lo ha follado…, puedes ser el primero, ¿eh?…, sí, puedes ser el primero, puedes ser tú quien me quite la virginidad. Te dejaré follarme durante una hora, una hora entera, por cada tres horas que pases trabajando en mi caso… 

    El abogado, el Dr. Andrés Alcalá, se le quedó mirando como abobado, no pensaba, solo oía lo que le decía Lucho y estaba anonadado. Lucho rompió este breve silencio de desconcierto:

    — Todavía algo más que te dejaré hacer, amigo, —continuó mirando al abogado, sabiendo que lo tenía enganchado y que sólo tenía que enrolarlo en su campaña—. Te dejaré que me folles en bruto, sin ninguna protección, como sé que te gusta. Te dejaré que me folles a rabiar, amigo, que me folles como si fuera una puta perra. ¿Te gústa mi planteamiento?, ¿no? ¿No te gustaría meter tu polla dura en mi apretado agujero joven, sin estrenar, y soltar un montón de tu leche caliente de hombre lujurioso en lo profundo de mi hueco?, ¿a que sí, amigo? ¿Te gustaría? ¡Aaaah, claro que sí, amigo, claro que te gustaría, puedo verlo en tus ojos, puedo verlo en el sudor de tus manos… Apuesto a que estás ahora mismo con ganas, te pica el asiento y te ha crecido la verga solo de pensar que podrías con un sí o un de acuerdo, perforar ahora mismo mi culo, el culo de uno que se ha follado a tantas y ahora se convertiría en tuya, tu amiguita a sueldo, tu putita, tu puta de mierda, convertirías a este semental en tu puta esclava… Pues, eso que estás pensando, puedes hacerlo tuyo ya, amigo, aquí mismo y ahora mismo… Si eso es lo que quieres… si hacemos tú y yo un trato…, todo eso tienes…, y quizá hasta más. ¿Qué me dices, amigo? ¿Hacemos el trato trato?

    El Dr. Andrés Alcalá Monterrubio estaba sentado en su silla retorciéndose. Su polla de 20 cm estaba tan dura dentro de sus pantalones que temía que se le corriera antes de saquear el coño apretado de Lucho Fernández. Pero, pensándolo bien, quizá no fuera tan malo. Andrés Alcalá estaba tan caliente ahora que no duraría ni tres minutos dentro de la pija virgen del chico antes de correrse. Pero si antes accedía a darle una mamada, se le quitaría un poco de su calentura, y entonces podría darle al jovenzuelo arrogante la larga y brutal cogida que el hombre quería.

    Andrés Alcalá había tenido ganas de meterse en los pantalones del chico desde el momento en que el jovencito semental apareció en su oficina. Pero había planeado ir despacio, preparando el escenario, explicando cuánto costaba retener sus servicios, insinuando oblicuamente cómo el chico podría arreglárselas para proporcionar a su abogado una compensación alternativa en lugar de dinero en efectivo. Andrés Alcalá no había ido mucho más allá que explicar su tarifa por hora cuando el chico intervino y simplemente se ofreció a agacharse y dejar que su abogado se lo follara por el coño del chico a razón de una hora por cada tres horas de su trabajo de abogado.

    El Dr. Alcalá había planeado sugerir una proporción de cinco a uno aunque habría estado dispuesto a llegar hasta diez a uno para meterse en los pantalones de este chico. Tres a uno era mucho mejor que lo que él mismo había esperado obtener. De hecho, era tan bueno el trato y Fernández lo había ofrecido tan rápidamente que hizo saltar las alarmas en la cabeza del abogado. Así que, receloso de una posible trampa —Lucho Fernández no era su primer cliente estudiante que había atendido al margen de sus honorarios dejando que el abogado se lo follara, había más—, es por eso que el abogado Andrés Alcalá se volvió muy cauteloso y se lanzó a un pequeño discurso sobre ética legal, queriendo ver cómo reaccionaba el chico.

    Cuando Lucho respondió dejando de lado esas consideraciones y exponiendo flagrantemente su cuerpo —lo que también demostró como obvio el que no llevaba ningún micrófono escondido—, el abogado pensó que el muchacho en verdad era exactamente lo que decía y lo que el abogado había entendido, se trataba de un un atleta arrogante que estaba desesperado por obtener su representación ya que sabía que era culpable del delito del que se le acusaba. El Dr. Andrés Alcalá Monterrubio, abogado, iba a divertirse mucho con este chico. Mucha diversión. A estas alturas el abogado no pudo evitar sonreír y dijo:

    — Sabes, muchacho, no hemos discutido los detalles de tu caso detenidamente pero por lo poco que me has dicho hasta ahora, puedo decir que va a requerir mucho trabajo de mi parte.

    —Lo que necesito saber es si está preparado para cumplir sus obligaciones de forma continua, para que no se retrase demasiado.

    La arrogante despreocupación del chico se volvió un poco más velada:

    — Bueno, amigo, ¿de cuánto tiempo estamos hablando exactamente?

    Respondió su abogado

    — Bueno, calculo que tendré que trabajar un mínimo de tres horas diarias durante al menos dos semanas. Y, con su audiencia preliminar acercándose, puede que tenga que trabajar los fines de semana también. Las horas se sumarán rápidamente, tanto las mías como las tuyas. Para que no se desvíen demasiado, le sugiero que planee pasar por aquí todas las tardes de la semana a las 6:00 p.m. durante las próximas dos semanas. De esa manera, podrás mantener tus pagos relativamente al día. En cuanto a los fines de semana, tendremos que esperar y ver, aunque es casi seguro que también pasará por mi residencia al menos una vez cada fin de semana».

    — ¿Todas las noches durante las próximas dos semanas?, —preguntó el chico, sorprendido e inquieto ante la perspectiva de que su coño fuese escarnecido tan a menudo.

    — Chico, —explicó el picapleitos Andrés Alcalá suavemente—, probablemente no entiendas cuánto trabajo cuesta defenderte de cargos como los que enfrentas. Aparte de la preparación de los documentos legales que tendré que presentar, tendré que contratar a un investigador privado y, como tampoco podrás pagar su factura, me temo que tendré que doblar esos costes en la deuda general que me debes. Los preparativos necesarios antes de ir a la corte son extensos, pero asumo que no quieres que los escatime y corra el riesgo de perder tu caso, ¿verdad, muchacho?

    Lucho Fernández respiró hondo y dijo sumisamente:

    — No, no quiero eso; en verdad que no quiero eso.

    La importancia de lo que estaba aceptando fue finalmente golpeando al chico y estaba claramente nervioso ahora. Respiró profundamente otra vez, diciendo:

    — Planificaré mi vida para estar aquí todas las noches a las 6:00 p.m., a partir de mañana.

    Su abogado asintió con la cabeza. Pero antes de que Lucho pudiera levantarse, su abogado volvió a hablar:

    — En este momento, sin embargo, muchacho, es costumbre que un cliente potencial proporcione un anticipo por los servicios de un abogado.

    — ¿Qué significa eso?, —preguntó Lucho receloso. 

    — Significa —repitió su nuevo abogado, adoptando sus ojos una cualidad verdaderamente salvaje—, que deberías quitarte esa camisa y bajarte los pantalones cortos. Es hora de que descubra por mí mismo lo bueno que es ese culo del que has estado presumiendo, chico. Es hora de que hagas tu primer pago.

    Tragando saliva convulsivamente, el chico se puso de pie lentamente. Con evidente reticencia bajó sus brazos, se agarró la parte inferior de la camisa y se la quitó del pecho. Luego, lentamente, se desabrochó los pantalones y los dejó caer al suelo. Un minuto después los bóxers de Lucho se les unieron allí.

    — Bien, muchacho, bien, —murmuró Andrés Alcalá entraba intensamente en calor, mientras contemplaba el cuerpo desnudo de Lucho—. Date la vuelta y déjame ver tu trasero.

    Cuando el chico lo hizo, Andrés Alcalá casi no pudo evitar silbar. Se descolocó ante tanta belleza. El chico realmente tenía un trasero espectacular, dos globos perfectamente redondeados, de Fina textura, sin pelos, brillantes, uniformemente coloreados como el resto del cuerpo, una raja divisoria recta que dejaba adivinar el final de su recorrido. Tanto es así que, antes de que pudiera levantarse de su silla, Andrés Alcalá inundaba sus propios calzoncillos con una copiosa carga de sus jugos seminales. El hombre tardó unos buenos cinco minutos en recuperarse de su orgasmo, durante los cuales Lucho se quedó ahí parado, mostrando su trasero a su abogado, esperando más instrucciones, sin estar seguro de lo que estaba pasando. 

    Andrés Alcalá no podía creer que se hubiera corrido de esa manera. No recordaba la última vez que tuvo un orgasmo espontáneo con sólo mirar el culo de otro tipo, pero el hecho de que, aún estaba algo embarazoso, le pareció que era un buen augurio para la próxima desfloración del coño virgen de Lucho Fernández. Ahora Andrés Alcalá podría tomarse su tiempo para follarse al chico; ahora podría alargar su asalto inicial y disfrutar de verdad reventando la virginidad del chico y echarla definitivamente a la puta mierda.

    Don Andrés Alcalá, habiendo perdido su talante señorial, se levantó, se quitó los zapatos y los calcetines, se bajó los pantalones y sus calzoncillos empapados de semen, se puso a caminar detrás del chico, se alegró de ver el brillo de sudor cubriendo el cuerpo desnudo y brillante del muchacho ahora. Quería que el chico estuviera nervioso, quería que se asustara. Una vez que estuvo detrás del adolescente, Andrés Alcalá se agachó y por detrás de su entrepierna metió su mano por el perineo hasta tocar suavemente el agujero del chico, provocando en él un aullido de sorpresa y susto del ya no tan arrogante deportista.

    — Esto va a ser divertid, —pensó—. Esto va a ser muy divertido, —se le escapó decir al oído de joven.

    Agarrando al chico por los hombros, caminó hacia él y el propio abogado lo maniobró hasta el escritorio, lo dobló sobre él hasta que el pecho del muchacho quedó plano contra la tapa de madera pulida. Ya se había tirado a varios clientes así muchas veces, pero Andrés Alcalá estaba seguro de que esta sería una de sus folladas más memorables. Entonces, levantándose, sin perder tiempo en preparar el coño del chico para la dolorosa invasión que estaba a punto de recibir, se abalanzó hacia delante y enterró su polla de 20 cm. en una sola estocada en lo más profundo, del muchacho quedando las bolas aplastadas entre el pubis y los cachetes junto al agujero anal del muchacho. El chico recompensó los esfuerzos de su abogado aullando en agonía.

    Cuarenta y cinco minutos más tarde, estaba el abogando follando su segunda ronda en aquel agujero de recién perdida virginidad, lo follaba con tal violencia y brutalidad que el muchacho sudaba y soltaba sudor salpicado al suelo con cada embate que le daba el abogado a su ya totalmente brutalizado cagadero, Andrés Alcalá estaba en el séptimo cielo. Lucho Fernández tenía, sin lugar a dudas, el agujero más estrecho y caliente que el hombre se había tirado en toda supura vida. Este caso iba a ser un placer trabajar en él. Al menos para él, aunque probablemente no para Lucho, que había estado llorando sin parar durante la última media hora. Pero eso fue seguro lo mejor para él.

    Después de todo, el letrado Andrés Alcalá Monterrubio era un abogado defensor de primer nivel y, con toda probabilidad, conseguiría que el chico fuera absuelto de los cargos que se le imputaban, aunque fuera culpable de un pecado, algo que el chico había admitido mientras su abogado se estaba follando el coño del muchacho. Era esta una técnica que picapleitos Andrés Alcalá había perfeccionado desde hacía mucho tiempo o o una norma del buen abogado: «si quieres que tu cliente te diga la verdad, interrógalo mientras le das un golpe fuerte, follándolo sin darle tiempo a pensar, sacándosela del todo y volviéndola a meter rabiosamente por sus maltrechos y magullados labios de coño una y otra vez. Una vez que el cliente se dé cuenta de que no se detendrá hasta que diga toda la verdad, es increíble lo rápido que un culpable admite su culpabilidad».

    Lucho Fernández, ansioso de que la experiencia más dolorosa de su joven vida terminara lo más rápido posible, sin siquiera darse cuenta de que su abogado le engañaría todos los días a partir de ahora, le iba a hacer pagar debidamente los emolumentos correspondientes a sus servicios.

    Por supuesto, incluso después de su confesión entre gemidos y lágrimas, Andrés Alcalá seguía planificando y preparando la defensa para que el chico fuera absuelto. Después de todo, era un abogado y para eso le pagaban. Pero iba a asegurarse de que antes de hacerlo, Lucho Fernández comprendiera personal e íntimamente de cómo se sentía el ser violado y abusado; además iba a adquirir el conocimiento de cómo eso junto con el miedo a tener que soportarlo de nuevo, tendría un efecto corrector cada vez que Lucho pensara obligar a otra chica a someterse a sus pasiones.

    Lucho Fernández iba a ser absuelto, pero definitivamente no iba a escapar al castigo. Su abogado se encargaría de ello. Después de todo, era un oficial del tribunal y estaba encargado de que se hiciera justicia.

    ¡Cuán grato es servir a los fines de la justicia y a la vez tan personalmente placentero. Al menos lo sería para él, si no lo era para su cliente era problema suyo. Al menos iba a ser muy placentero para Andrés Alcalá Monterrubio, Eso compensa el denodado esfuerzo que se hace para servir a la justicia.

  • Mi nueva vecina Milf (Parte 5): La perfecta medicina (III)

    Mi nueva vecina Milf (Parte 5): La perfecta medicina (III)

    Nos bañamos juntos con Ana. El espectáculo de verla totalmente desnuda bajo la lluvia caliente de la ducha era indescriptible. Mis manos recorrieron cada centímetro de su cuerpo, en cuestión de unos instantes ya me estaba subiendo aún más la temperatura, mi pene se ponía tieso y ella lo notaba. No podría cansarme nunca de penetrarla una y otra vez. La calentura entre los dos era cada vez más incontenible. Pero… a pesar de ello, no sucedió nada allí, esta vez. ¡já! ¡já! Ella jugaba conmigo y con mis ganas.

    Bajamos hacia mi habitación para vestirnos. Ya eran las 23 h pasadas. El cansancio sumado con el estado gripal que tenía, estaban jugándome una mala pasada. Quería cenar algo antes de tocar la cama nuevamente y morir de sueño. Mientras Ana se vestía, le propuse comer algo, que yo cocinaría, a lo cual se opuso rotundamente, estaba decidida a que no hiciera nada. Fui hacia la heladera para ver que podía inventar, por suerte, en el congelador tenía varias bolsas de nuggets de pollo, de esos que los metes en el horno y listo.

    Mientas estaba en el comedor, ya con la comida en el horno, Ana salió de mi habitación, completamente arreglada, como si nada hubiera pasado antes. Se había puesto más cómoda de ropa, una remerita corta gris que apenas tapaban sus senos y por debajo un short-calza, muy corto de color violeta. Su cabello suelto recién secado se veía estupendo. Yo sentado en la mesa solo podía mirarla y desnudarla mil veces con la mirada. Si bien afuera estaba algo fresco por la lluvia que no cesaba, dentro de casa estaba agradable.

    -¿No te molesta que ande así paseando por acá? -Me dijo Ana. Riendo.

    -¡Para nada! -Le dije.

    -¡Te ves bien puta! -Agregué. Riendo.

    Se acercó a mí y sentó sobre mis piernas. Mientras ella miraba la tele, yo le escribía a mi novia por whatsapp y también a mi madre, que se había quedado preocupada por mí. Si supiera lo que estaba pasando en casa en ese momento. ¡Madre mía!

    Cuando podía, tocaba cada parte de su cuerpo que estaba a mi alcance. Besaba como un animal su cuello y parte de su espalda apenas tapada. Ella se fregaba contra mí sin oponer resistencia a nada. Abrí sus piernas y acaricié su vagina mientras que con la otra mano hacia lo mismo con sus senos desnudos debajo de su remerita, estaban calientes y los pezones se pusieron duros. Mi pene, para acompañar estaba tieso, con ese dolor de querer liberarse de las ropas y penetrar la vagina caliente de Ana.

    Sus gemidos eran suaves y sensuales. No había prisa. Todo era lento y caliente. Metí la mano por debajo de su short. La tela suave de su tanga me puso aún más loco de lo que estaba. Ahora mi mano de dirigió directamente a tocar la piel de su pelvis. Ella estaba recostada contra mí, puso su mano sobre la mía y la llevo rápidamente hacia su vagina, por debajo de la tanga. Estaba mojadita, mis dedos recorrían sin problemas sus labios vaginales mientras ella apretaba mi mano fuertemente.

    -¡Voy a apagar el horno! -Me dijo entre gemidos.

    La solté por un momento. Se paró y fue hacia la cocina. Apagó el horno y volvió rápidamente hacía mi. Me quité la bermuda y el bóxer. Aliviado, mi pene como una roca quedó liberado. Me corrí con la silla un poco hacía atrás, alejándome de la mesa, mientras ella se ponía frente a mí, de espaldas. Yo, sentado, tenía su cola justo frente a mi cara. Sin perder tiempo le quite el short y la tanga. Tomo mi pene y recostándose nuevamente sobre mí se lo metió lentamente en su apretada y mojada vagina.

    Fregando su cuerpo por el mío, hacia arriba y hacia abajo, ella intentaba que todo mi pene entrara en ella. Sus movimientos no se aceleraban, pero sentía que podía perder el control en cualquier momento. Ambos estábamos excitados a más no poder. Mientras, mis manos arremetían sus senos, los apretaba con fuerza. Cada vez que tocaba sus pezones, Ana gemía aún más fuerte, se sentían suaves y calientes. Ella se aferró a mi cuello con sus brazos hacia atrás, la velocidad de sus movimientos aumento.

    Mi pene ardía con cada subida y bajada. Ella ya estaba completamente mojada. Podía sentirlo hasta en mis piernas. Puso una mano en su vagina y comenzó a tocarse, cuando lo hacía, rozaba el tronco de mi pene con sus dedos. Su cara se tensaba cada vez más, podíamos sentir que el final se estaba acercando para ambos, queríamos explotar de placer al mismo tiempo. Sus dedos empezaron a describir un circulo acariciando su clítoris, yo, ya no podía aguantar más. Quería llenarle la vagina con mi semen.

    -¡No aguanto más amor! -Le dije. Casi sin aliento. Estaba al límite de la eyaculación.

    -¡Voy a llenarte la conchita de mi leche! -Continué.

    -¡Dame ya tu leche bebé! -Me respondió.

    Sus palabras terminaron por hacerme perder toda noción. La apreté con los dos brazos de su cintura para aquietar sus movimientos. Ella comenzó a retorcerse arqueando su espalda. Los espasmos dominaron mi cuerpo, sentía como los borbotones de semen salían disparados dentro de su caliente vagina. Ana apretaba sus labios, sus mejillas estaban rojas, sus espasmos no paraban al igual que los míos. Empujé mi pene aún más dentro de ella, mientras empezábamos a relajarnos.

    -Levántate poco a poco -Le dije.

    Cuando por fin mi pene salió por completo de su vagina, mi semen cayó un poco sobre mi pelvis. La tomé de la cintura y la coloqué sobre la mesa. Ella abrió sus piernas, mientras seguía acariciándose la vagina, me quedé mirando como mi semen salía poco a poco de allí. Acerqué mi boca y lamí desesperadamente esa hermosa vagina. Para luego subir por su abdomen sus senos hasta fundirnos en un fogoso beso. Cuando nuestros labios se separaron reímos, siendo cómplices de lo que acababa de suceder.

    Cuando por fin todo se calmó, Ana subió al baño, mientras yo me dispuse a limpiar todo lo que había caído. No podía creer todo el semen que había largado. En el otro baño pude terminar de lavarme bien el pene. Cuando ella bajó, nos pusimos a cenar, finalmente, parecíamos muertos de hambre. Aproveche para seguir intercambiando whatsapp con mi novia hasta despedirnos. Ni se imaginaba lo que estaba sucediendo en mi casa. ¡Vaya locura!

    Después de un rato de charla el cansancio era inaguantable. Yo más que ella por mi estado gripal. Ya eran como las 2 de la madrugada. Tomé la dosis del antibiótico mientras ella acomodaba mi cama para acostarnos. Prendió un rato la tele mientras miraba su celular, yo me metí a la cama, me tape y la abracé como si fuera una almohada. Prendido de sus senos desnudos bajo esa preciosa remerita y con mi bulto apoyando sus nalgas. No podía contener más el sueño y caí profundamente dormido.

    ********************

    Queridos lectores:

    Quiero disculparme por estar ausente en todo este tiempo. Mi vida ha dado un giro completamente. Logré graduarme de la universidad y con más responsabilidades en el trabajo. Pero, no abandoné una de mis pasiones que es escribir. Ahora estoy con más tiempo y con todo esto que está ocurriendo, a lo cual Argentina no es la excepción, aprovecharé e intentaré ponerme al día con los relatos para así hacer más amena la situación.

    Sin más los saludo a todos y les mando fuerzas en el lugar donde se encuentren.

    -Alexander0022-

  • Una salida al aire libre

    Una salida al aire libre

    Todo empezó cuando me fui a quedar unos días a la casa de mi pareja, que era de región (Yo soy de Santiago) y bueno era verano en plena época de vacaciones por lo que el calor era bastante insoportable. Uno de esos días la familia de mi polola la llaman invitándola a un lugar pre cordillera de una región del sur de Chile, obviamente ella acepta y yo le digo que sí también ya que nunca había ido a acampar. Fuimos a una tienda X y compramos una carpa para la ocasión.

    Llegó el día y fuimos a acampar, cuando empezamos a descargar las cosas me percaté de todo el alcohol que llevó la familia de mi ex, muchas latas de cervezas y 3 ‘chimbombos’ de vino (Capacidad de 5 litros puede ser?) y bueno yo no tomaba vino así que estaba feliz con la cerveza, nos cambiamos para irnos a bañar al río, más helada que la mierda el agua pero rica después de mucho rato. En fin, se nos hizo corto el día y llegó la noche, los niños se habían ido a acostar y los abuelos de mi ex también, quedamos sus tíos/as y nosotros, tomamos como condenados hasta que se acabó la cerveza y sólo quedaba vino, me negué a tomar por la sencilla razón de que no me gustaba, pero mi pareja mi insistió y terminé cediendo. Los dos terminamos muy ebrios y teníamos que saber llegar a la carpa que la habíamos dejado un poco alejadas del resto (Menos mal teníamos un colchón inflable en el lugar) llegamos como pudimos y ya me estaba bajando la calentura…

    Me acosté, sacándome la ropa, quedando solo en bóxer y ella acostándose al lado mío con pijama, la empecé a besar colocando mis manos en su cuerpo, partí por la espalda hasta llega a su culo, se lo agarraba y apretaba más fuerte mientras nos besábamos, mi pene estaba duro ya, sólo por el hecho de estar en el aire libre a medias y estar rodeado de otras personas, el morbo que tenía era bastante.

    Escuchaba como gemía cuando le apretaba bien fuerte y la apegaba a mí, llegó el punto en que empecé a besar su cuello y bajé a sus pechos, donde se terminó sacando la parte de arriba quedando solo en calzones. Apegué mi pene (en bóxer aún) a su vagina (en calzones) y lo frotaba solo para calentarla más, me comía sus pezones clarito que tenía y los mordía mientras apretaba más su culo con mi mano y apegaba su vagina a mi pene.

    Estaba tan caliente que decidí subirme arriba de ella y (aparte de seguir frotando mi pene con su vagina) empecé a recorrer su cuerpo desde su cuello hacía abajo de manera lenta y brusca, le fui dando besos, llegado al entrepecho le empecé a dejar marcas, fui bajando más lento pasando por su vientre y llegando a su entrepierna donde le saqué los calzones rosados que tenía y me empecé a comer su vagina, pasaba mi lengua por todo el contorno de ella sin tocar el clítoris, quizás rozándolo, pero no tocándolo con mi lengua explícitamente, sentía que estaba muy mojada y por dios que me encantaban sus fluidos al nivel de que le metía mi lengua por su vagina solo para tragármelos. Seguí chupándolo por un buen rato y ella estaba gimiendo, no tan fuerte obviamente, aguantando por el entorno… esto último hacía que me calentara más y más, todo mejoro cuando le empecé a comer su clítoris, la empecé a dedear al mismo tiempo que se la chupaba, levantando mis dedos y ella solo atinaba a taparse la boca con las dos manos.

    Estuvimos un buen rato así hasta que le dije que se pusiera en cuatro, en ese momento quería hacerle una anal, por lo caliente y duro que estaba, por lo que intenté meterla y no pude porque estaba muy apretada, puse saliva y un poco de su fluido en mis dedos masajeando su ano y no pasó nada al volver a intentar meterlo, por lo que decidí a hacer algo que nunca había hecho antes en mi vida sexual, que fue hacerle el famoso beso negro o sexo oral anal, cuando le pasé mi lengua sentí un gemido distinto a los otros, era más profundo quizás, le abrí los cachetes del culo y empecé a pasar mi lengua (de manera improvisada por la nula experiencia) hasta el punto que le metía la lengua y uff ese sabor distinto que tenía era hermoso, estaba más excitado que nunca y ella también, le empecé meter dos dedos y entraba fácilmente, por lo que decidí meter mi pene y entro todo sin problemas, se lo empecé a sacar y meter de manera rápida mientras tomaba su cintura (de manera incomoda por cierto por la carpa) le daba nalgueadas, lo suficientemente fuerte para que le doliera y no se escuchara tanto, le tiraba el pelo y rajuñaba la espalda, escuchaba sus gemidos y escuchaba como mi pene entraba en su ano de manera fácil, incluso se escuchaba como si fuera su vagina por lo mojada que estaba, fue una sensación única en el momento, no cambiamos de posición, seguimos así un buen rato hasta que me quería ir y obviamente deposité todo mi semen dentro de su ano sin antes ella soltar un gemido al sentir mi semen en su culo.

    Descansamos un rato y yo seguía duro, así que le dije que se subiera, me empezó a montar y puta que lo hacía bien, se movía muy rico y al estar arriba me daba la posibilidad de apretar sus pechos, le daba nalgadas y apretaba su culo, de igual forma masajeaba su ano que ya estaba húmedo pero sin meterle un dedo, le encantaba esa sensación y cabalgaba más rápido, le dije que cambiáramos de posición de patitas al hombro y empezamos de nuevo, ella era bien elástica en ese sentido por lo que podía estar metiéndosela, mientras tenía sus piernas en mi hombro y le comía la boca, el cuello o sus pechos, seguíamos ambos muy excitado por lo que otra vez me dieron ganas de acabar y le dije, obviamente no quería acabar en su vagina así que le dije que se lo tragara, ni tan desobediente me dijo que si, así que me recosté y ella de inmediato me la empezó a chupar hasta tragarse la leche que me quedaba. Volvimos a recostarnos y aún ebrios le dije que estuvo todo rico al mismo tiempo que tomaba sus pechos.

    Decidimos terminar ahí y dormir porque al otro día había que levantarse temprano, desconozco el tiempo que estuvimos haciendo todo, pero fue un tiro largo.

    Espero que les haya gustado mi relato, así me animo a escribir otros, que son para contarlos, gracias.

  • Reencuentros de secundaria

    Reencuentros de secundaria

    Hola nenes!! Vaya que si me he ausentado mucho! Lo siento, pero ser mamá y esposa quita mucho tiempo y bueno ahora con estas eventualidades y todo esto de quedarse en casa pues me hicieron recordar que tenía algo pendiente por acá.

    Bueno pues les cuento, no pasó a más con mi suegro y mi concuño, se portaron groseros e insistentes, bastante diría yo, pero pues a nadie nos convenía que se enterara de todo lo que pasó aquel día, de repente no faltaba el manoseo por parte de ellos, pero a la fuerza nada, así que lo olvidaron.

    Posterior a ello la verdad es que me porté bien, mi primo, mi doctor, Don Carlos (Don Carlos!!!), se convirtieron en solo recuerdos, en momentos de mi vida que en definitiva cuando los recuerdo hacen que me moje y me masturbe pensando en ellos y esos momentos.

    Con mi esposo al final el sexo siguió siendo el mismo, digo al final se trata de coger y con lo que me encanta pues trato siempre de disfrutarlo al máximo y hacerlo gozar, reconozco que al final siempre se esfuerza el cabrón y entre que hace bien su chamba y yo le ayudo un poquito al cerrar mis ojitos y recordar mis aventuras, pues hacen que lo disfrute aún más.

    Ya actualmente no trabajo, por un tiempo perdí contacto con el exterior ya que fui solo mamá y esposa. A casa de mis papás regresamos y todo a la “normalidad” sin embargo hace poco en esto de las redes sociales y así me salió como sugerencia un antiguo amigo de la secundaria, el más teto diría yo, ya saben, el raro, gordo y feo, pero cuál fue mi sorpresa que cuando vi su perfil obviamente era el pero demasiado cambiado, atlético, le había salido barba, muy muy diferente y obviamente pues ya en la licenciatura y todo el show, casual, le mandé invitación y pum, me aceptó luego y así de repente un “hola”

    Nos pusimos al día en ese momento, platica y platica por mensaje de lo que éramos y hacíamos en ese momento. Muy agradable él, como siempre. Ese día se quedó así, como un reencuentro por mensajes, al día siguiente de nuevo escribió, pero ahora con un “he estado viendo tus fotos y vaya que te has puesto muy bien, el ser mamá te vino de 100”.

    No contesté, la verdad que no se me dio el stalkaerlo así que me adentré a sus fotos, y pues viaje aquí, viaje allá, fiestas, familia, pero empezaron a salir fotos de él haciendo actividad física, o bien vestido, siempre sonriente a lo que respondí “pues tú tampoco te quedas atrás eh!! Tu muy bien, mira que los milagros existen?” “Por qué lo dices? (Pregunto)” “pues mira que para haber sido el tetó y patito feo del grupo, a estas alturas te conservas, te hiciste guapo, varonil y además estudias, pues así quien no quisiera contigo?” “No es para tanto (siguió) aun así suerte en el amor no he tenido, pero si, al menos chicas si se han presentado”.

    Yo solo reía de las contestaciones que me daba ante cada halago tratando de minimizarlo, hasta que en eso no faltó el “bueno, y que si compartimos nudes” yo solo reí al leer el mensaje “ya te habías tardo” (respondí) “auch, disculpa lo atrevido” me dijo.

    Y solo pensé lo siguiente y escribí inmediatamente “pues si quieres dale tu primero” solo me mandó una carita de asombro seguida de tres puntos suspensivos. Obviamente me conocía y no podía hacerme la mustia.

    Recibí después de un par de minutos la notificación de un mensaje con foto. No la quise abrir inmediatamente, quise darle un poco de suspenso un par de minutos así que me esperé.

    Abrí el mensaje y pum, cuerpo entero, marcado, con no mucho, pero si músculo, y con su pene en estado natural, que para mi gusto pues estaba pequeño, seguido de un “lo animas?”

    La verdad me llenó el morbo, pues tenía mucho tiempo que no me portaba mal, y pues quizás se presentaba la oportunidad y que más daba que fuera con él. Así que me dispuse a mandarle mi número diciéndole que mejor por whatsapp, me mandó su número y el primer mensaje fue una foto de mis tetas mordiéndome los labios. Le súper encanto que mandó como loco muchos emojis de encanto, sorpresa y satisfacción, me halagó demasiado y pues a quien de nosotras no la gusta eso, acto seguido me mandó ya una foto de su verga erecta, y si, en efecto no se veía tan grande, pero al menos si gruesa, limpia y depilada, me empecé a mojar y pues que le mando una así con el calzón que traía puesto, una cachetero de encaje negro.

    En eso solo me escribió “deberíamos de encontrarnos un día, tomar un café, vernos y pues si tú quieres, pues no sé, ir a coger”, pfff me mató con el “ir a coger” hombre sin tanto rodeo y a lo que buscaba, obviamente mi mero mole.

    Solo pedí tiempo para darme la oportunidad de que alguien me cuidara a la bendición y que no estuviera mi esposo, o sea un día entre semana, accedió y no fue insistente solo me dijo que le avisara con tiempo cuando pudiera.

    Los días siguientes eran pláticas y ya, me gusto el hecho de que había un pacto y era paciente, pasaron dos semanas así hasta que mi mamá accedió a cuidarme a mi hijo para “encontrarme con amigas” según para mi esposo, mi mamá sabía qué onda, solo me dijo “con cuidado y al menos avísame en donde vas a estar”.

    Le mandé mensaje “mañana puedo desde temprano tipo las 7 de la mañana hasta las 4 de la tarde”, “dime a donde tengo que pasar por ti (me respondió)”. Le mandé la dirección y me dijo que estaba a las 7:10 ahí.

    Estaba completamente a la expectativa y medio nerviosa, tenía ya tiempo que no probaba otra verga que no fuera solo la de mi esposo, actué normal y no la hice de emoción ese día, en el momento que mi esposo se fue a trabajar me paré, me bañé y vestí lo más normal, pero debajo con un conjunto sexy.

    Salí y me marcó “ya estoy aquí, ubica un coche rojo, de todas maneras yo estaré esperándote afuera de el”.

    Legué e inmediatamente lo reconocí, me recibió muy alegre y con abrazo largo, me subió al coche y platicamos arriba, “vamos a desayunar (me dijo)” ya estando ahí y platicando salió la pregunta “entonces? Nos vamos?” Sonreí y asentí. Salimos del restaurante y pues patitas para que las queremos.

    Entramos al hotel, yo un poco nerviosa, pero el tratando de hacerme reír en todo momento, fue demasiado ocurrente con cualquier comentario.

    Ya en la habitación me tomó de la cintura, me miró y dijo “de verdad que sigues siendo demasiado hermosa como en la secundaria, pero ahora aparte de hermosa estás bien buena cabrona”.

    Nos comenzamos a besar y a desnudar el uno al otro, yo temblaba de la emoción, del gusto de tocar ese cuerpo tan rico y musculoso, fuerte, marcado, me tocaba con unas ansias pero también con delicadeza, me besaba me mordía, ya solo con la ropa interior me susurró “que rico culo Meli, que rico culo”.

    No me aguanté más así que le bajé la trusa, era una verga gruesa, de tamaño normal, pero demasiado gruesa, los huevos los tenía normales, los empecé masturbar y así de la nada me bajé, lo contemplé, estaba hermoso, carnosos grueso, cabezon, demasiado efecto, muy roja la cabeza con gotas a través del orificio por donde sale todo, lo besé y lo empecé a besar, a lamerlo, hasta que me dispuse a mamarlo, pero en definitiva era demasiado grueso, pero el solo recordar como lo babeé aquel día, lo trataba de tragar completo me moja demasiado.

    Lo estuve chupando por un rato mientras él solo gemía, me decía que lo mamaba rico, me tomaba del pelo e intentaba meterlo todo a mi boca mientras causaba que me ahogara. Era demasiado excitante regresar a las andadas…

    Me levantó y me empezó a mamar las tetas, me mordía, me dedeaba y me tocaba el ano, yo estaba en éxtasis total, gimiendo y gozando, solo sentía como me chorreaba y sentir lo duro que seguía, no perdía la erección.

    Me tumbó a la cama, y comenzó a comerme toda la panocha, por un momento sentía toda su cara, lamiendo mis labios, metiendo la lengua, me levantaba más y me chupaba el ano era un sube y baja, resbalándose, aprovechando que estaba yo súper mojada.

    Se centró en el punto exacto y comenzó a darme la mejor mamada de panocha después de mucho tiempo, era un va y ven de mini orgasmos y más y más líquido que salía, se puso aún más en el punto exacto, lo agarré de la cabeza para fijarlo, creo entendió porque no paró y siguió chupándome de una manera entre rápida y de una manera inexplicable que cuando menos lo supe empecé a correrme todita en su cara, mientras yo tratara de contener la respiración, sintiendo como un calor corría por todo mi cuerpo, me paralizó las piernas y cuando sentí que ya no salía más me deje vencer.

    Se posó en mi “no pensé que fueras tan genial, que rico” yo solo sonreí como pude pues estaba totalmente extasiada, en eso sentí como me empezó a penetrar, era tan rico sentir lo grueso de su pene que a decir que he probado buenas vergas esa aunque no era grande como me gustan era lo suficientemente ancha como hacerme sentir mucho mejor que un trozo grande.

    Me empezó a bombear, pero no era dolor era aún mejor, tamaño promedio, gruesa y aún con esa erección, ufff increíble (perdón de solo recordar aquella vez me empiezo a mojar) era increíble como sabía manejar ese trozo, lo sacaba, lo metía, sabía cómo coger. Me puso de una y mil maneras, y aun así esa erección la mantenía impresionante. Cuando me puso de a perrito fue de lo mejor, jalándome pelo, apretándome la teta, dándome duro, lento, sacándolo todo y manteniéndolo todo adentro mientras me tiraba fuerte, nalgada tras nalgada y era aún más increíble y glorioso el que mantuviera la erección, la condición física de seguir con el mismo ritmo, aún sin terminar.

    Me agarró de las caderas y sin decir agua va me dejó caer toda la velocidad que se pueden imaginar, cogiéndome de lo más rápido y duro, yo fascinada, continuaba extasiada al mil, gimiendo gritando el “más, más, más, así papiii rómpeme, soy tu puta soy tu puta mi amor” era un reto para él, aún seguía duro y sin parar, no sé en qué momento sucedió, pero de nuevo ese calor en mi sentí como llego justo a mi vagina, mi piernas me temblaron, me quedé sin habla y ahí está de nuevo, ese orgasmo con una chorreada impresiónate, eso lo excitó demasiado, pero perdida por un rato y complacida al mil dejé caer mi cuerpo diciendo con lo pude “párteme cabrón”.

    Sentí como se salió de un jalón, se posó en mi, se dio unos jalones de su verga aún dura y me dejo caer toda su leche en mi cara gemía y decía “trágatelos mami trágatelos” me impresionó la cantidad de leche que me aventó, fue muchísima a mi parecer, pero me encantó, sin mentir quedé llena de la cara de su leche pegajosa fue tan excitante, me metió su verga medio parada ahora si a la boca mientras seguía gimiendo, cosa que me excitaba aún más a pesar de haber terminado por segunda ocasión.

    Todo eso fue una batalla increíble con un aroma penetrante a sexo, los dos caímos uno a lado del otro “eres genial” me dijo.

    Después de un rato me levanté y me miré al espejo, era impresionante la cantidad de leche que me había tirado “no mames, parece cómo venida de caballo, fue mucho” “crees? (Pregunto)” “si no mames” y comencé a recogerla con el dedo y tragármela.

    Descansamos esa vez un rato y todavía hubo tiempo para otras dos cogidas más, me encantaba la condición que mantenía, apenas si mi esposo me da una sola vez y sé que esa vez la tengo que aprovechar, pero este cabrón me mató. Aún tenía pila para más, pero el tiempo no fue nuestro mejor aliado.

    En las siguientes dos ocasiones hizo lo que quiso conmigo, poniéndome de la forma en que quiso, levantándome, tirándome, jalándome, al último se animó a insultarme y al parecer eso lo excitó bastante que hizo se corriera de una manera increíble, aun así la leche ya no era la misma cantidad, pero aun así seguía gastando mucho más, me los llegó a tirar en las nalgas y en las tetas en esas dos últimas ocasiones.

    Salimos del hotel, me llevó a casa y en el camino la plática fue de lo bien que lo pasamos, él encantado con mi cuerpo y la forma de coger, yo encantada y maravillada por la verga que tenía y ese cuerpo, y vaya que decir de esa condición.

    “De mediano tamaño, pero no mames que trozo y que manera de coger (le dije)” él solo sonrió y me guiñó el ojo.

    Me despedí y bajé del coche, entrando a casa mi hijo me recibió contento, mi mamá solo se me quedó viendo y me pregunto “qué tal estuvo?”. “Vengo acabada”, “se nota, anda ve a preparar las cosas y descansa un rato”.

    Lo hice, estuve un rato con mi hijo, llegó mi esposo de trabajar, lo atendí y llegada la noche comenté que me sentía muy cansada y que quería irme a dormir.

    Abrí mi whatsapp y estaba el mensaje de él agradeciendo el rato, halagándome y repitiendo lo bien que estuve, esperando se volviera a repetir, respondí el mensaje y pues bueno, ahora, ahora tengo de nuevo un amante, y vaya que cabroncito me encontré.

  • Cine porno favorito

    Cine porno favorito

    Este es mi primer relato y es verídico. Todos los meses una vez por mes tengo que viajar a Capital Federal para la reunión de trabajo. Cada vez que termina la reunión tomo el subte línea D para bajarme en la estación de Agüero, caminar dos cuadras y llegar al cine porno box, pero este día fue muy especial ya que conocí a Raúl, un veterano de unos 50 años.

    Como siempre que voy recorro las dos salas del cine, una gay y una hetero, mirando con quien me puedo entretener hasta que sentado en una butaca lo veo con su pija ya afuera… a media asta, pero imponente, me quedo mirándolo, cruzamos miradas y me animo a preguntarle “me la puedo comer?”.

    Acto seguido se para y se saca todo el pantalón quedando desnudo de la cintura para abajo. Me llama con la mano y me dice “cometela toda”, acto seguido me arrodillo y me quedo mirando su terrible pija empiezo a pajearlo y a lamerle la cabeza, pasarle bien la lengua hasta metérmela todo lo que pude en la boca, intentaba metérmela toda, pero no entraba, ya estaba bien dura y era gigante!!!

    Chupaba enloquecidamente era una delicia!!! Después bajé a comerme sus huevos que colgaban peludos, pero no me importaba, cambiaba su pija y sus huevos deliciosos constantemente mientras él me agarraba de la nuca y me apretaba.

    La mandíbula no me daba más, pero quería seguir comiendo ese manjar, así que le subí bien las piernas y llevé mi lengua a su agujero, me encantó chuparle el culo, él solo gemía hasta que se dio vuelta y me dejó su cola más cómoda para meterle la lengua en el agujero, le lamía toda la raya hasta sus huevos y volvía a meter mi lengua en su agujero.

    Quería volver a su pija así que lo di vuelta y parado le dije “garchame la boca”. “Seee” dijo sonriendo y comenzó un mete saca hasta mi garganta haciéndome hacer arcadas llenas de saliva y me encantaba!!! No pude aguantar y le pedí algo que me encanta: “escupime en la boca”, le pedí, acto seguido se acercó a mi boca abierta y me escupió bien adentro de la boca, me saboreaba se saliva y a él le volvió loco!! Cada rato me escupía y yo abría mi boca para recibir su saliva.

    Volvía a su culo, pasaba por sus huevos, su pija y así un rato largo hasta le pregunté la hora y ya me tenía que ir, así que mirándolo tiernamente le pregunté:

    -me das la leche que me tengo que ir?

    Agarró su pija empezó a pajearse y me preguntó:

    -querés la lechita? Te la vas a tomar toda? (Me pregunta, me hace abrir la boca y me escupe otra vez).

    -toda me la voy a tomar respondo entusiasmado!!

    -mira que acabo mucho bebé -me retruca.

    -No importa me la tomo toda!! Damela!!! -Le digo feliz!!

    Acelera el ritmo de la paja, me avisa que ahí viene y le llena la boca de leche, a medida que va acabando y era un montón voy tragando así no desperdiciar nada. Termina y me mete la pija en la boca y me dice:

    -limpiala.

    Obedezco y le limpio la pija hasta sacarle la última gota. Me separo un poco de él, se empieza a poner el pantalón y yo me siento en una butaca y se me acerca me abre la boca, me escupe y me dice

    -estuvo muy bueno siempre venis?

    -vengo una vez por mes cuando tengo reunión de trabajo siempre los miércoles a esta hora -le digo.

    -voy a venir a buscarte la próxima, tengo ganas de mear, querés probar mi meo?

    -podría ser, pero acá no, en algún lugar donde me pueda lavar, acá no se puede -le contestó con una sonrisa.

    -está bien, pero vení al baño conmigo quiero que me veas mear.

    -dale -le contesto.

    Llegamos al baño y el mijitorio saca la pija y se pone a mear.

    -acercá la boca así probás, dale, quiero mearte.

    Lo miro y me acerco a su pija, le paso la lengua por el tronco hasta tocar la lengua con su pis, me retiro y saboreo.

    -te gusta? -me pregunta mientras sigue meando.

    -si esta rica le digo, pero más tu leche -le digo riéndome inocente.

    Se baja el pantalón se pone de espalda a mí y me dice:

    -chupame el culo un poquito más dale.

    Me arrodillo y le meto la lengua directamente en el agujero, me agarra de la cabeza y me aprieta así me meto bien adentro de su culo. Me separo y salgo del baño. Me despido con un…

    -chau, hasta el primer miércoles del mes que viene -para aclarar cuando vuelvo.

    -Voy a venir ansioso -me dice y me retiro del cine, empachado de leche.

    La próxima les cuento las demás veces que lo vi y todo lo que hicimos.

    Si les gustó mi relato mi mail es [email protected], espero sus mensajes.