Autor: admin

  • El colectivo 9

    El colectivo 9

    Estoy ocurrió hace 10 años, yo tenía 24 y trabajaba en un resto en el centro, tomaba el colectivo 9 de lañas a Retiro, siempre de 18 h de ida y a la vuelta cuando salía del trabajo en horario variado, pero siempre alrededor de las 3 de la mañana.

    Esto sucedió una noche de jueves que salí un poco más temprano, a las 2 y llegando a la parada esperando el colectivo estaba él, un hombre alto, corpulento, pelo corto, me puse atrás de él a esperar, éramos solo nosotros, en un momento se dio vuelta y me preguntó la hora le dije las 2:2 y me dice -se ve que no salió el que pasa a las 2 en punto, lo tomo siempre, ahora a esperar al de las 2:35- le contesto – bueno a esperar entonces- y en ese momento agacho la cabeza y le miro sin disimulo el bulto y levanto las cejas (se re dio cuenta mal)

    Se vuelve a dar vuelta dándome la espalda pero con una mano en el bolsillo de adelanto y moviéndola constantemente. En eso me animo a decirle – vamos al kiosco de la otra cuadra tiene para sentarse así no estamos acá parados de paso tengo que comprar algo- me mira raro pero dice- bueno de paso me tomo una birra-

    Llegamos al kiosco, compro unos chicles una cerveza y el su cerveza y nos vamos al fondo donde hay unas mesitas, nos sentamos y empezamos a charlar, todo normal hasta que me pregunta de una:

    – como me miraste el bulto, te gusta? Te gustaría chupármela?

    Agacho la mirada sonrío y le digo

    -pero donde?

    -vamos al bañito total no hay nadie.

    Se dirige al baño y lo sigo entramos y era chico diminuto así que me arrodille de una, se desprendió el jean se bajó todo junto y sacó terrible verga. Me la mandé de una adentro me agarraba de la nuca y me la hundía en la garganta, no paraba y me encantaba.

    Hasta que le dije con las manos que pare así le chupaba los huevos, tenía unos terribles huevos afeitados como me gustan y bien cargados, se los lamí se los chupe se los mordía. Volví a su pija para que siga en mi boca y sin avisar me soltó la leche en la garganta. Me tragué todo, le volvía lamer los huevos y salí del baño mientras él se arreglaba.

    Se hizo la hora y tomamos el colectivo, había dos personas solamente así que nos fuimos al fondo él se sentó detrás mío en el asiento de dos y me decía cosas como que rico la chupas y esas cosas.

    Noto que se agita y me doy cuenta que se esta pajeando, en eso acaba y me dice -tengo la leche en la mano quiero que te la tomes-

    Me doy vuelta y veo su mano llena de leche, me la acerca a la boca y se la empiezo a lamer todo rapido asi no se dan cuenta, y termino de limpiarle la mano.

    Esa noche me comí dos buenos lechazos y no serian los últimos.

  • Una noche sin censura (Parte 1)

    Una noche sin censura (Parte 1)

    Hoy me quedaba en mi camita bien a gusto… Es un fastidio el tener que madrugar solamente para abrirle la puerta a un desconocido que tiene que venir a ponerme un limitador eléctrico. Estoy en un piso de alquiler nuevo y, por eso, he tenido que andar con papeleos para dar de alta la electricidad y el agua.

    El hombre de la compañía de agua ya vino y no me enteré porque no le hizo falta subir a mi casa, ya que lo hizo todo desde el cuarto de contadores. Miro mi reloj que tanto me gusta (comprado en IKEA por 1,75€) que tengo colgado en una pared de la cocina, la de al lado de la nevera concretamente, y me doy cuenta de que son las nueve y algo de la mañana nada más.

    Pienso que es un poco pronto para que venga el electricista, aunque ya se sabe que este tipo de personas te dicen a una hora y suelen venir antes o después, nunca a la hora exacta. Prometió que estaría aquí a las nueve y media. Voy a desayunar algo para hacer tiempo. Un vaso de Nesquik y unas galletas Príncipe creo que será suficiente. Me encanta echar las galletas a la leche. Bueno, galletas, bizcochos, cereales… todo lo que sea que se pueda mojar para desayunar. Como veo que sigue sin venir y ya he terminado con mi primera y riquísima comida del día, voy a fregar los platos, vasos y demás. También aprovecho para barrer un poco la cocina porque anoche llegué tan tarde a casa que a esas horas no era buena idea andar haciendo tanto ruido con las tareas del hogar.

    –¡Mierda, mierda! –susurro malhumorada. Acaba de sonar el telefonillo y dice que ya sube. ¡Y yo ni me he cambiado de ropa todavía! ¡Si sigo con el pijama y los guantes de fregar puestos!

    Me pongo un vaquero elástico muy ajustado sin bolsillos, rápidamente, una camiseta ajustada negra de tirantes, también rápidamente, y me quedo con las zapatillas de andar por casa, por falta de tiempo. Da lo mismo, ya está llamando al timbre y me dirijo a abrirle la puerta.

    –Buenos días, soy Miguel, el electricista –dice él.

    –Hola, pasa, pasa, por favor –le digo amablemente mientras le indico con la mano que entre a mi casa.

    –Vengo a poner el limitador. Será solo un momentito –contesta él con mucha serenidad, pero observando detenidamente mi reacción. Creo que me ha notado en la cara lo poco que me gustan las visitas… y madrugar.

    Cuando estamos en el hall se queda mirando el cuadro eléctrico, sube el interruptor general y empieza a poner cara de sorpresa. Se gira y me dice:

    –¿Ya tienes electricidad en casa?

    –Sí, digo… no. Bueno, no sé. Es que, a ver, yo tenía un fusible puesto pero lo quité porque me aconsejaron unos vecinos que lo hiciera por si se enfadaba el electricista… digo… ¡jeje! –acabo de meter la pata y ya estoy con la dichosa risita tonta. ¡Mira que soy bocazas!

    –¡Jajajaja! No, mujer, no soy ningún ogro, ni nada por el estilo. No te pongas roja que no ha sido nada, ¡jaja! –me guiña un ojo, como gesto de consuelo. Odio ponerme colorada. –Entonces tengo que bajar antes al cuarto de contadores a ponerlo porque, si no, no te servirá de nada el limitador solo, ¡jaja! Dame el tuyo, si aún lo conservas, que te lo pongo y ahora mismo vuelvo. –Hago un gesto afirmativo con la cabeza y me voy hacia el dormitorio para coger el fusible de mi mesilla.

    –Toma –le digo mientras se lo doy.

    –Muy bien. Entonces, bajo a ponerlo. Hasta luego –se despide saliendo por la puerta.

    –Te dejo la puerta abierta porque voy a estar en la cocina algo ocupada. Hasta ahora.

    –De acuerdo. ¡Hasta luego! –me grita mientras le oigo bajar por las escaleras a toda prisa.

    ¡Qué vergüenza! ¡Tierra, trágame! Qué metedura de pata con el consejito de mis vecinos. Voy a ver si ordeno algunas cosas de la cocina mientras él se pone a lo suyo.

    Al cabo de un momento, siento a Miguel entrar por la puerta y escucho que abre el cuadro eléctrico para ponerme el aparato que mencionó antes. Yo sigo a lo mío, que es la limpieza, en la cocina a cuatro patas. He tenido que buscar algún producto fuerte para quitar unas manchas del suelo. Parece algún tipo de pegamento o grasa que utilizaron los albañiles, los pintores… no sé, el que haya sido. Lo que sí sé es que ahora mismo me estoy acordando de su mamá porque esto no sale nada bien y yo me estoy dejando los riñones, la espalda, las piernas y las manos hechos polvo. Cuando me levanto para coger otro estropajo, la nana de aluminio para frotar mejor, me da por mirar a la ventana.

    Al ver el reflejo del interior de la casa en los cristales, me doy cuenta de que Miguel me estaba espiando mientras limpiaba. ¿Habrá terminado ya su trabajo y, por eso, se aburría? Voy a ver si es que necesita alguna cosa y no se ha atrevido a decirme nada. Cuando me doy la vuelta ya no le encuentro parado donde antes, ni mirando en la misma dirección. Parece que ha vuelto a la faena. Es extraño pero cierto porque estoy viendo que el limitador está colgando de los cables y sin atornillar. Yo juraría que no se tarda tanto tiempo en una tarea así. ¿En qué se habrá estado entreteniendo este hombre? Ahora que le miro, es bastante mono. Miguel: pelo negro, piel morena, ojos negros, muy redondos y bastante grandes, mide poco más que yo, lleva un pendiente en la oreja, huele de maravilla, parece un poco más mayor que yo… Mejor paro, que bastante calor hace ya hoy como para añadirle más al asunto. Quizás me estén afectando un poco los vapores de los productos quitamanchas-imposibles.

    Al cabo de un momento, se da cuenta de que estoy parada detrás suya, apoyada en el marco de la puerta de la cocina, la que está justo en frente de la puerta de la salida, y empieza a preguntarme cosas típicas como que si soy nueva en el pueblo, que cuántos años tengo, que dónde vivía antes… Mi mente está suspirando mucho por dentro y diciendo a gritos: ¡Qué voz tiene! ¡Y ese ligero acento gitano tan encantador! Es la típica conversación que empieza todo el mundo para romper el hielo, pero me alegro mucho de estar teniendo una de esas en este mismo instante.

    Vaya, ahora que lo recuerdo, tengo un pequeño y extraño problema eléctrico en mi cuarto (ha sido como un flash en mi cabeza, como si de un aviso se tratara). Está hecho un poco desastre por la mudanza, pero no pasa nada, son todas cajas apiladas.

    –Miguel, te quería comentar una cosa. A ver si tú sabrías decirme qué puedo hacer… o si me lo puedes arreglar –se lo suelto intentando ocultar la vergüenza que siento, porque yo no soy de pedir favores y me da mucho palo, que quede claro.

    –Sí, dime, ¿de qué se trata? –me dice mientras se da la vuelta y se queda mirándome fijamente a los ojos.

    –Pues, es que, hay una bombilla en la casa que parpadea estando apagada.

    –Qué extraño, es imposible que suceda eso. No lo había oído en la vida –pone una cara muy sorprendida y me mira extrañado con los ojos abiertos como platos.

    –Mira, ven si quieres y lo ves tú mismo. Sé que es raro y por eso me preocupa un poco. Pero pienso que es posible que esa luz consuma estando apagada y no quiero dejarla así y que, al final del mes, mi factura haya engordado por su culpa.

    –Entiendo. Déjame que le eche un vistazo –me dice mientras coge una herramienta.

    Voy delante de él para que me siga, desde el hall hasta el dormitorio, pasando por el salón y el pasillo, hasta llegar a mi habitación. Le indico con la mano que entre y me preparo para explicarle el problema mientras enciendo la luz.

    –Pues la cosa es que por la noche, cuando me acuesto, veo que hace pequeños destellos de luz esa bombilla de ahí –la señalo con el dedo. –Y mira que la he probado en más sitios de la casa y, sin embargo, no hace nada de nada. Después, cogí la bombilla de la cocina y la puse aquí y, también esa, parpadeaba estando apagada. Solamente me pasa en esta habitación, ponga la bombilla que ponga.

    –Yo no veo nada ahora mismo –dice rascándose la cabeza con el dedo índice de su mano derecha.

    –Cierto, pero va a ser porque ahora no es de noche. Yo lo veo cuando me acuesto, cuando está todo a oscuras, claro.

    –Es curioso –dice entre susurros. –Pues no tengo ni idea de lo que podría ser.

    –Espera, que tengo una idea. No te muevas y observa. –Me dirijo hacia la ventana pasando por delante de él. Parece muy concentrado en el techo. Bajo la persiana para poder demostrar mi problemita eléctrico, me vuelvo hacia la puerta, donde está el interruptor, y apago la luz. –A ver si lo ves ahora.

    –Ni se inmuta –me comenta.

    –Vaya, pues te aseguro que parpadea. Espera, voy a cerrar la puerta también –me dirijo hacia la salida para dejarlo todo en la absoluta oscuridad y ver si así la estúpida bombilla no me hace parecer una tonta de nuevo. Me acerco a Miguel para observar si hay parpadeo o no desde su misma posición. Cruzo los dedos mentalmente, pero la cosa sigue igual. Tengo que parar esto ya porque Miguel se va a creer que le estoy tomando el pelo y puede que, incluso, se empiece a cabrear.

    –Bueno, será que la bombilla me tiene miedo –me dice, riéndose burlonamente. Parece que le divierten los sucesos inexplicables.

    –No, más bien es un poco puta y se está riendo de mí. No te muevas que voy a encender la luz –le digo mientras por mi cabeza pasa fugazmente una descabellada idea.

    –Vale, tranquila, no le tengo miedo a la oscuridad.

    –Bueno saberlo –le contesto riéndome de su gracia.

    Mi brillante plan va a ser un proceso muy rápido y debe salir perfecto. Voy lentamente en dirección a la puerta para encender la luz mientras realizo la difícil operación, haciendo el menor ruido posible. Me alegro de llevar solamente dos prendas puestas porque me va a facilitar mucho la tarea. Ya está todo listo y puedo encender la luz. ¡Clic! Se ha hecho la luz. Lástima que no haya reventado la maldita bombilla de mierda.

    –Pues si ves que otro día te vuelve a parpadear –me explica, mirando todavía al techo –lo deberías grabar y… –gira la vista hacia mí para mirarme a la cara mientras me habla. –¡Hostia! Eso no me lo esperaba –abre los ojos de par en par, con cara de susto y a la vez sorpresa, que parece ser bien recibida por su sonrisa picarona que le delata.

    Bien, veo que mi idea ha surtido efecto. Se ha quedado con la boca abierta. Me quedo donde estoy y solamente espero a ver su reacción. Lo único que hago es limitarme a mirarle haciéndome la inocente, indefensa y avergonzada. No le miro fijamente como está haciendo él conmigo, sino que miro al suelo y de vez en cuando subo un poco la mirada hacia sus ojos. Le sonrío varias veces como invitándole a decir algo y, por fin, empieza a emitir sonidos por la boca:

    –¡Madre mía! Niña, tienes mejor pinta que un Happy Meal para un crío de tres años.

    –Me alegro de que te guste tanto lo que ves –le respondo entre risas.

    –Pero, ¿cómo has hecho eso? –dice, más bien, para el cuello de su camisa. Ahora sus ojos están recorriendo todo mi cuerpo.

    –Oh, solamente me quité la camiseta y el pantalón en el tiempo justo que tardé en darle al interruptor –le explico mirando al suelo en su dirección. –Me salió tan rápido gracias a que no uso ropa interior en casa.

    –Ya veo, ya –su forma de mirarme se ha vuelto seria, llena de deseo y me da escalofríos. Incluso un poco de miedo, diría yo, por desconocer totalmente cuál va a ser su reacción.

    –Creo que esta va a ser la mejor instalación a la que me han enviado hacer nunca en el trabajo –me dice mientras se desabrocha la bragueta del pantalón negro de trabajo. Me encantan esos pantalones que les hacen llevar a muchos en algunas empresas.

    No digo nada, le observo atentamente y él se va acercando a mí con la mano metida por dentro de su ropa interior. No se ha quitado nada, solamente dejó paso libre para que su mano pudiera entrar y palparse a sí mismo. Parece que quiere hacerse de rogar. Con las ganas que tengo de verle desnudo y que me… No aguanto más. Me empuja de pronto contra el armario empotrado de mi habitación, pillándome tan desprevenida que de mi boca sale un grito ahogado, que él pareció entender como un gemido de placer (en parte lo era, lo confieso). Me acorrala y me aprieta fuerte contra la madera. Noto su rostro frente al mío, pero no lo veo porque me ha causado cierto temor y un acto reflejo que me ha hecho apartar la vista de él y cerrar los ojos. Ejerce cada vez más presión mientras me posiciona y sujeta las muñecas con los brazos extendidos hacia el techo. Puedo notar perfectamente su miembro entre mis piernas, apretándose de forma enloquecedora contra mi sexo.

    Quiero que se la saque, quiero verla, tocarla, lamerla… ¿A qué espera? Forcejeo un poco con él pero no consigo detener su juego y hacer que pase a la acción. Ahora me suelta una muñeca para poder sujetarme con esa mano la barbilla y dirigir mi boca hacia la suya. Sin embargo, lo que hace es pasar olímpicamente de mi boca y tomarla con mi delicado cuello. Lo besa, lo lame y luego lo muerde mientras yo me estremezco. La fuerza que está ejerciendo ahora empotrándome contra el armario se debe a que tiene que evitar que me desplome del placer que siento. Me flojean las piernas y me siento mareada. Se da cuenta de que mi cuerpo no aguanta más con su propio peso y se detiene para dejar que me tranquilice un poco.

    –Ven –me susurra haciéndome gestos con los brazos de querer que vaya a sus brazos.

    Me abrazo a él y lo que hace es darme la vuelta. Me pone de frente al armario, de manera que estoy dándole la espalda a él.

    –Quiero verte así, de espaldas entera –me dice.

    Parece que le gusta dar órdenes. Yo no digo nada. Me limito a obedecer y a dejarme hacer. Comienza acariciándome la espalda, bajando hasta las nalgas, para luego abrirme las piernas un poco más. Me produce escalofríos. Yo intento agarrarme al armario inútilmente porque es una textura completamente lisa, así que apoyo las manos a la altura de mis hombros y así me quedo, acorralada. Se detiene en mis nalgas para estrujarlas con fuerza y darme alguna que otra palmadita bastante sonora. Es como si me estuviera cacheando. Ahora solamente utiliza sus dedos para dar pellizcos y enrojecerme la zona. Cuando se cansa de ello comienza su ataque a mis labios. Los roza despacio con el dedo corazón y de vez en cuando me introduce la punta del dedo en la vagina.

    –Parece que te está gustando –indirecta y sutilmente quiere decir que estoy segregando gran cantidad de fluidos corporales. Yo le respondo con gemidos porque en estos momentos no soy capaz de pronunciar palabras.

    Jadeo y jadeo porque no soporto esta tortura. Encima ahora es mi ano el que sufre su ataque. Lo roza de manera tan suave que no puedo evitar cerrar las piernas de vez en cuando por las cosquillas que me hace en esa zona tan sensible. Lo curioso es que ha decidido no meterme el dedito por ese orificio ni una sola vez. Nos interrumpe el tono de llamada de su móvil.

    –Siéntate en la cama mientas yo voy al salón a responder. Ahora vuelvo, que tengo que decirle a mi compañero por teléfono que no me espere porque él estaba en casa de un vecino tuyo mientras a mí me tocó venir a la tuya. No tardo.

    –Vale, no te preocupes, así me tomo un respiro porque no sabes lo excitada que estoy –ambos notamos que mi respiración está muy acelerada y la voz algo ronca.

    Sale de la habitación y cierra la puerta, dejándome sola, a oscuras y con el calentón en el cuerpo. Estoy atenta a cualquier sonido pero no consigo captar nada de la conversación. A los dos minutos regresa con cara de pícaro y se me queda mirando de arriba a abajo. Cierra la puerta y se para delante de mí.

    –Veo que eres una buena chica y has esperado sentadita.

    –Claro que sí porque quiero que sigas lo que empezaste y si me porto mal seguro que no lo harías, ¿verdad?

    –Así me gusta –asiente con la cabeza. –Sigue en esa posición y haz lo que yo te diga.

    Se acerca más a mí y comienza a bajarse el pantalón. Me hace una señal para que le dé mi mano izquierda. Se la doy y él la pone sobre el bulto caliente de su calzoncillo. Está muy duro. Me deja palparlo durante un buen rato. Lo agarro fuerte, notando su envergadura, sus venas y toda su longitud y luego me baja la mano para que pruebe con sus testículos. Conozco muy bien la zona que hay entre el ano y los testículos y sé que si se presiona causa placer, así que yo lo hago y a ver qué pasa. Le gusta, sí, he acertado. Se estremece de placer. Decide terminar con este jugueteo de tocamientos y comienza a bajarse la ropa interior. Por fin, puedo ver su pene, olerlo, notar su textura, su calor, ver esas brillantes gotitas que salen de la punta…

    –Quiero que te lo metas en la boca y lo chupes. Si me gusta mucho cómo lo haces no tardaré en darte lo que quieres. Además, yo también he planeado algo para ti y estoy ansioso por saber si te gustará o no.

    –Sí –digo en voz baja, como muestra de mi sumisión. Estoy tan extasiada que apenas he podido entender lo que me ha dicho.

    Deseosa de poder saborear su miembro se lo cojo con una mano y con la otra le acaricio la zona de antes y los testículos. Voy alternando mamadas con masturbaciones y le pellizco el trasero cuando me apetece. Él me coge los pechos y los toca de una forma que me vuelve loca. Juguetea con mis pezones, a veces con pellizquitos y otras veces deslizando el lateral del dedo índice sobre el pecho de manera que tropiece con el pezón. Me coge las manos y me las sitúa en su trasero. Él con las suyas me sujeta la cabeza y comienza a moverse lentamente, penetrando mi boca. Primero lo hace suave y luego va aumentando el ritmo poco a poco mientras yo me excito cada vez más con cada gota que noto saliendo de su boca. Es un sabor salado nada desagradable. Quito una de mis manos de donde me las colocó él y me la llevo hacia el clítoris para incrementar mi placer. De pronto deja de mover su pelvis y me la saca de la boca. Miro hacia arriba para ver qué es lo que sucede.

    –No te muevas, voy a apagar la luz. Me apetece estar un rato a oscuras.

    –Bueno, como tú quieras. Siéntete como en tu casa.

    –De acuerdo. Y así si la bombilla se pone a hacer cosas raras la podremos pillar con las manos en la masa –me dice riéndose.

    –Eh, que lo de la bombilla es cierto. No era parte de mi brillante estrategia.

    –Claro, claro –bromea mientras pulsa el interruptor.

    ¡Clic! Se fue la luz. Oigo sus pasos y puedo sentir su respiración. Ahora está tan acelerado como yo. Viene hacia mí y me tira de las manos para que me levante de la cama. Me da la vuelta y me empuja, de manera que tengo el trasero en pompa y la cara contra la cama. Me levanto un poco para colocar mejor mi sexo invitándole a entrar dentro de mí. Él me empieza a acariciar la zona, luego me agarra las nalgas y las abre a más no poder. Comienza a rozar el glande en la entrada de mi ano y voy notando cómo se me abren más tanto el ano como la vagina deseosos de ser complacidos. Su sexo está tan mojado que resbala perfectamente. Acto seguido, noto que empuja su peso contra el mío, sujetándose en mi cintura, para hacer que su polla se me introduzca por el ano.

    Como veo que no atina con la dirección correcta de su miembro, me levanto y se lo agarro con una mano, mientras con la otra me abro un poco tirando de una nalga. Saco más el trasero empujando hacia él y por fin se me mete su sexo. Miguel me da una embestida para procurar que llegue bien al fondo y yo respondo con un enorme gemido de aceptación. Me soba todo el cuerpo mientras me embiste y me revienta con su deliciosa polla. Ahora me siento como si estuviera drogada.

    Él se da cuenta de ello y procede a manejar mi cuerpo y colocarme a su antojo. Se sienta en el borde de la cama y a mí me sienta de espaldas directamente mi ano sobre su falo. Sin darme cuenta estoy botando sobré él mientras me agarra de la melena con una mano a modo de cola de caballo y con la otra me coge un pecho. Mis piernas ya no pueden seguir y me paro. Él se echa hacia atrás hasta quedar tumbado y me lleva encima de él sin sacármela del culo. Lo siento cansado y con ganas de expulsar esa enorme polla que no lo deja descansar. Tiene ganas de cerrarse y no deja de palpitar. En esta posición me deja descansar un ratito pero sin sacarla de mi interior.

    Empiezo a sentir un ligero adormilamiento y no lo puedo consentir. Mejor me doy la vuelta y me pongo a horcajadas sobre él. A ver si ya accede a darme por delante. No me he equivocado, lo va a hacer. Inclino mi cabeza hacia su cara para besarle. Por debajo de mí noto que está cogiéndosela para dársela de comer, por fin, a mi hambriento sexo. No se anda con rodeos y la mete con una fortísima embestida seguida de más de lo mismo. Lo estaba deseando tanto… No puedo evitar gritar: ¡fóllame!, ¡más!, ¡así!, ¡no pares, por favor! Me falta el aire, es demasiado, se me va a salir el corazón y ya no puedo sentir ni mis propias piernas. Solamente siento calor y mucho placer ahí abajo.

    No sé si pretende matarme a polvos o qué, pero no quiero que pare, ¡es un vicio! Creo que intenta calmarme un poco porque noto que ha posado sus manos en mi cintura, como frenando mis movimientos. No me había dado cuenta de que mi cuerpo se estaba moviendo con tal frenesí hasta que he notado su presión para pararme. Me está volviendo a juguetear en la entrada del ano. Su dedo está moviéndose en círculos, repasando el anillo. Me siento tan mareada que me da igual lo que haga a continuación. Me mete un dedo, lo mueve, lo saca, mete dos, hace lo mismo, mete su pene despacito y lo va moviendo lentamente, de manera que mi ano puede notar perfectamente su longitud.

    Me encanta cuando tropieza el pliegue que separa el tronco del glande. Noto que en mi vagina también hay algo grueso dentro. No puede ser… no he notado cuándo me la sacó del coño para metérmela por el culo. ¿Habrá cogido algún objeto para hacerme una doble penetración? Me giro un poco para mirar hacia atrás pero no puedo ver debido a la oscuridad.

    Pruebo a palpar con una mano y noto algo caliente en mi ano. Dentro de mi vagina está la polla de Miguel pero no sé qué es lo que tengo por detrás. Sigo tocando un poco más pero esta vez me inclino mejor para llegar bien. ¡Oh, madre mía, no puede ser…! ¡Estoy tocando vello púbico! De repente, los dos hombres que hay en la habitación conmigo se empiezan a mover más y más, embistiéndome contra cada uno de sus cuerpos. Yo grito hasta quedarme sin voz, gimo hasta que mi respiración no me lo permite más y me masturbo hasta conseguir un impresionante orgasmo que me hace temblar de los pies a la cabeza. Miguel se para y el otro hombre le imita. Es como si pudieran leerse la mente.

    –Víctor, levántala un momento que ahora vengo. Pero sigue con ella mientras, no te pares, que quiero verlo bien todo –creo haber escuchado a Miguel decirle algo al otro hombre pero entre mis gemidos no lo he podido oír con claridad.

    Estoy cachondísima, no lo puedo evitar. Esta intriga y confusión me ha puesto malísima. ¡Clic! Miguel ha ido a encender la luz, estaba claro que lo haría, ya que ha dicho que quiere verlo todo bien. Si miro detrás de mí puedo ver al misterioso hombre que se apuntó a la fiesta sin yo saberlo y que se encuentra ahora follándome por el culo. Pero, para mi sorpresa, a quien encuentro en su lugar es a Miguel beneficiándose mi cuerpo. No entiendo nada, él se supone que está en la puerta porque ha ido a encender la luz para…

    Miro hacia el interruptor de la luz y veo a… ¿Miguel otra vez? ¿Qué sucede aquí? El Miguel que tengo ahora mismo detrás se detiene, me saca su miembro, erecto y duro como una piedra, del culo y se dirige hacia el Miguel de la puerta para ponerse a su lado. Se miran, me miran y me sonríen mientras cada uno se masturba ligeramente. Puedo ver cómo suben y bajan sus prepucios, tapando y destapando sus glandes y haciendo que los testículos boten.

    Un momento, creo que escuché a Miguel decir, ¡Víctor! ¡Son gemelos! Increíble, es la primera vez que me topo con gemelos, sobre todo en una situación así. Solamente los había visto en televisión. Los cuatro ojos negros me miran lascivamente sin pestañear. Ahora entiendo por qué parecía que cada uno sabía lo que pensaba el otro en todo momento. Se dice que los gemelos se compenetran así de bien. Ya lo creo que sí, pero que muy bien se han compenetrado estos dos. Me siento tan hechizada por esos profundos ojos oscuros que no soy capaz de moverme. Mi mente los desea, mi cuerpo quiere ser poseído por ambos a la vez, pero esta vez siendo consciente de todo. Me incorporo, me siento al borde de la cama y con el dedo índice les indico que se acerquen a mí. Ahora soy yo quien manda aquí. La adrenalina me ha subido de golpe, al verlos juntos a los dos, tan idénticos, tan irresistibles…

    –Miguel, ponte a mi derecha y, Víctor, tú a mi izquierda –doy la orden al aire porque no soy capaz de saber cuál es cuál. En el momento en el que se coloquen como he ordenado que lo hagan sí lo sabré.

    Cuando están los dos junto a mí les agarro las pollas y se las empiezo a masturbar. Las acerco cada vez más a mi boca, puedo olerlas. Y ahora voy a ir alternando mamadas con pajas, primero a Víctor, después a Miguel, así sucesivamente. Llega la hora de cambiar de juego porque necesito tenerlos dentro de nuevo, como sea. Me detengo, me levanto y le como la boca a Víctor. Miguel se arrima más a mí para acorralarme contra su hermano mientras me soba todo lo que tiene a su alcance. Víctor se excita cada vez más y me besa desenfrenadamente sosteniendo mis pechos mientras yo le paso las manos por todo el cuero cabelludo. Suerte que no tienen el pelo demasiado corto porque me encanta meter los dedos cuando beso a alguien de esta forma. Mientras tanto, Miguel se dedica a separarme las nalgas para metérmela de nuevo.

    Le sigo el juego poniendo el culito en pompa. La desliza por mi ano lentamente, la saca y la introduce por mi vagina. Repite el proceso unas cuantas veces y yo siento que me muero de placer. Necesito llevarme algo duro a la boca, así que, separando mis labios de los suyos, empujo a Víctor para hacer que retroceda y me agacho para comérsela. A Miguel parece encantarle esta escena, ya que sus movimientos se vuelven más rápidos y potentes. Víctor se deja llevar hasta correrse en mi boca. Siento su espeso chorro de semen recorriendo mi garganta. Es bastante suave al paladar. La saca despacito de mi boca y observa cómo se divierte su hermano con mi trasero. Se toca hasta conseguir ponerla dura de nuevo. Cuando veo que la tiene bien firme hago parar a Miguel. Todos los labios de mi cuerpo están ardiendo.

    –Miguel, ahora te toca a ti llenarme.

    Ninguno de los dos dice nada, solamente cogen a su presa como si de animales salvajes se tratara. Aprovecho que Miguel se sienta en la cama para empujarlo hacia atrás y hacer que se tumbe. A horcajadas me pongo encima de él y con una mano se la cojo y me la meto por el coño. Le digo a Víctor que me penetre por el agujero libre. Ambos obedecen y responden muy bien con movimientos profundos y bien acompasados. Me están volviendo loca, los manoseo por todos lados hasta que Miguel explota y noto sus convulsiones. Víctor no se detiene, sigue moviéndose a pesar de haber sentido también a su hermano terminar.

    Tengo la vagina llena de semen, noto ese líquido cremoso resbalando, buscando una salida que está siendo taponada por una polla que comienza a relajarse. Cuando sale por su propio peso, cae toda esa mezcla de líquidos deslizándose por mi vagina, mi ano y llegando a caer sobre el sexo de Miguel. Víctor no se corre dentro de mí, la saca cuando está preparado para eyacular y me lo echa por toda la rajita del culo. Me encanta ese cosquilleo que se siente. Tengo los bajos empapados y no puedo evitar reírme de gusto. Nos quedamos un rato en la cama tumbados para relajarnos y minutos más tarde se levantan y comienzan a vestirse. Los dejo un momento a solas porque tengo que ir al baño a limpiarme mientras acaban. Cuando vuelvo me miran intrigados.

    –Ya me ha contado Miguel lo de tu problema eléctrico, ¡jaja! Si sigues sufriendo por ello podemos venir otro día a echarte un cable.

    –¡Jajaja!, ¡oye!, no te lo tomes a broma tú también, que es cierto. No lo habéis notado antes porque no estabais mirando precisamente al techo. No hace falta que os llame para eso porque ya no me preocupa. Después de todo, gracias a ello le he dado a mi cuerpo un buen capricho.

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  • Entre más fresa más perra (2)

    Entre más fresa más perra (2)

    Los días pasaron y yo evitaba salir lo más que se pudiera, Edgar volvió a la casa con algunos vendajes, pero ya nada preocupante y hacíamos lo normal, estábamos en casa, veíamos series y películas, yo trataba de salir temprano a hacer mis cosas ya que los malandros se levantaban tarde y estaban en el portón hasta altas horas de la noche así los evitaba, pero por más que trataba no podía olvidar lo que me había hecho su «líder» Y pensar que tenía una foto mía así como si fuera su perra, su puta, su juguete…

    Pero algo estaba mal en mi pensar eso me calentaba y me lanzaba a Edgar como perra en celo, hacía que me cogiera 2 o 3 veces al día y aún así no podía evitar comparar su polla (promedio) con el monstruo de aquel señor negro, feo y malviviente.

    Así pasaron los días y poco a poco fui olvidando lo ocurrido y mi cuerpo también me llegue a encontrar con los tipos en el portón unas cuantas veces pero los ignoraba a pesar de que ahora sus miradas eran más lascivas (ya tenían material para imaginarse muchas cosas) y eso mismo me daba rabia como pudo haber pasado eso entre más lo pensaba más me molestaba pero como ya había decidido antes no iba a hacer nada pensé en que ya pasaría.

    El edificio tiene un área de lavado común al cual nunca iba porque teníamos lavadora en el cuarto, pero un día se descompuso y tuve que ir a lavar unas prendas eran como las 11 del día por lo cual subí normal no vi a nadie y pensé que era raro ya que siempre se llega a escuchar que ahí están algunas vecinas comadreando y echando el chisme de la colonia, sin más me puse a tallar unas blusas y no me di cuenta que el viejo feo había subido y estaba detrás de mí hasta que dijo «miren mi juguete favorito».

    Di un brinco del susto y lo voltee a ver con mirada de despreció se acercó y me dio una cachetada fuerte que si no hubiera estado cerca del lavadero me hubiera tirado «ya te dije que no me veas así perrita, se te olvidó lo bien que la pasamos el otro día?, porque a mi no y tengo muchas ganas de volver a jugar».

    Con algo de miedo y adolorida todavía con la cachetada le dije que se alejara que iba a gritar y que alguien iba a venir, se mofó de mi diciendo que sería inútil que mejor me portará bien si no quería que toda la colonia supiera lo zorra que soy que compartiría la foto con todos y además que Edgar sería el más afectado en todo esto no dudó ni un momento cuándo ya estaba pegado a mi poniéndome contra el fregadero tocándome y como rayo mi cuerpo volvió a recordar el placer que casi había olvidado, se acercó a mi oído y me dijo «justo así me gustan las perras que se resisten al principio pero no pueden negar que aman mi verga».

    Yo traía un short que cubría un poco más del muslo, una playera blanca suelta y ropa interior muy monótona típica para lavar ropa pero eso no pareció importarle e igual le excitaba un montón cuando se restregó a mi pude sentir su monstruo en mi culo , desabrocho mi short y lo bajo hizo a un lado mi calzón y sabía que iba a pasar, le dije que se detuviera si me cogía ahí iba a gemir y nos podían escuchar, me jalo del pelo hacia él y paso su verga entre mis piernas parecía que estaba montando una rama de un árbol por lo grande y dura que se sentía y me dijo «Mejor aún si te escuchan quiero que sepan los vecinos que eres mi putita y que vean lo guarra que eres, se detuvo un momento y pero si quieres seguir con tu fachada de niña fresa te doy una opción puede montar te haciéndote gemir como la puta que eres y que todo el edificio vea que eres una perra o te quito las bragas te tapó la boca para que no se escuchen tus gemidos y en la noche vas a la privacidad de mi cuarto a sacar lo zorra que eres sin que nadie se entere».

    Pensé en las opciones una era que me follada una vez haciendo que todos los vecinos se enterraran y me vieran siéndole infiel a Edgar y la otra era que me fallara 2 veces pero en secreto, al parecer de ambas formas yo terminaba con la vagina llena y engañando a Edgar.

    «Bueno mamacita si no te vas a decidir yo ya estoy bien duro así que yo decidiré”, estaba apuntando su verga a la entrada de mi vagina cuando alcanzo a decir «Espera está bien tapame la boca no quiero que nadie sepa esto».

    El sonriendo jalo mi calzón levantándome con él hasta que se rompió lo hizo bola y me lo metió en la boca y me la tapó con una de sus grandes manos la cual cubría la mitad de mi cara y con su otra mano dirijo su polla a mi vagina «extrañe coger con mi juguete favorito». Y de una embestida metió 3/4 de polla si no fuera porque me estaba cubriendo la boca mi grito se hubiera escuchado hará el edificio de a lado había olvidado lo que se sentía tener este monstruo dentro empezó un vaivén solo metiendo la mitad y sacando la hasta la punta, yo estaba concentrándome en no gemir muy duro pero no podía evitar que mi cuerpo se mojara después de unos minutos dijo «parece que ya te acostumbras te más así que ahora si te cogeré con gustó me jalo hacia el con su mano que tapaba mi boca y me clavo toda su polla ahí apreté los dientes y el apretó más su mano a mi boca ahogando mi grito.

    Me la dejó adentro toda esperando a que mi cuerpo se adaptara «Bueno creo que es hora de irte entrenando» Nos dimos la vuelta conectados pos nuestras partes y él se recargo ahora en el fregadero «ahora quiero que tú te cojas sola, que tú te des las metidas como si yo fuera tu consolador».

    En mi mente estaba entre adolorida, humillada y enojada pensando que este tipo estaba loco que no iba a cogerme yo sola con su polla como si esto fuera consentido “si no lo haces yo te cogeré duro sin cuidado alguno y créeme que te va a doler así que te recomiendo que no te quites tus calzones de la boca”.

    Antes de que el empezará a hacer algo yo de puntas me alejé un poco de él, no me saqué ni la mitad cuando volví a meterme esa gigante verga la cual dentro se sentía aún más grande, me dio una nalgada «esa es mi perrita obediente». Estuve con lentos movimientos sacando y metiendo su verga de mi interior de algún modo me estaba gustando y su verga lo sabía ya que estaba dejándola muy mojada, él se hartó y me tomó del pelo haciéndome una coleta «te enseñaré como debes follar». Y jalándome el cabello hacia el empezó a darme fuertes embestidas, tuve que poner ambas manos en mi boca para que no se me saliera la mordaza improvisada eso me excitó más y cada vez que me metía toda su polla se escuchaban sus huevos botando en mi haciendo un sonido como de chapoteadero siguió follando me haciéndome tener varios orgasmos yo ya solo parecía una muñeca dejándome hacer lo que él quisiera hasta que otra vez me dejó pegada a él y sabía que significaba eso, me llenó de su esperma y casi al mismo tiempo yo tuve otro orgasmo sentí como en mis piernas escurría mucho fluido y no sabía si era de él o mío en ese momento no pensaba ni en Edgar ni en si el que me estaba cogiendo era un malviviente que me doblaba la edad, feo y gordo.

    Solo me importaba haber tenido el mayor número de orgasmos seguidos en mi vida a tal grado que cuando me saco su verga caí al piso porque no tenía fuerza en las piernas me volvió a tomar del pelo y me dijo «pero mira como me has dejado la polla de sucia tienes que limpiármela saca la lengua».

    Obedecí ya que no tenía fuerzas para nada más y en cuanto abrí la boca metió su verga ya estaba menos dura, pero me seguía ahogando tirándome del pelo para no alejarme me dijo «parte de tu entrenamiento es saber mamar pollas así que empieza a lamer la como si fuera un dulce y no pares con la lengua hasta que me la dejes limpia”, yo solo obedecí y como pude pase mi lengua por toda su verga peluda y con olor a semen, cuando intentaba alejarme o quería que volviera a lamer una parte me jalaba del cabello «ufff que rico lo haces perrita te tengo que comprar una correa para entrenar mejor».

    Yo solo sentía su verga invadiendo cada parte de mi boca y con mi lengua saboreando una mezcla de mis fluidos con su semen pero no pude evitar pensar en sus palabras «perra y entrenamiento». Me iba a adiestrar como si fuera un animal. Y no podía hacer nada para detenerlo, cuando por fin decidió que le había dejado la polla limpia me soltó y fue a un tanque de gas saco un teléfono y dijo «sonríe a la cámara».

    Eso me heló la sangre, grabó la bestial cogida que me dio él la cual parecía que yo había consentido esto y los múltiples orgasmos, metió el celular en su bolsillo y se fue diciendo «te espero a las 9 en mi casa vente muy sexy que te quiero disfrutar como se debe a y dile a tu marido que te vas a quedar en casa de una amiga o yo que se solo que hoy no vuelves no faltes si no quieres que todos conozcan a tu verdadero yo».

    Yo seguía tumbada en el piso semi desnuda con los calzones rotos y llenos de mi baba y sintiéndome sucia y no por los fluidos que tenía en mis piernas y en mi boca si no porque me estaba haciendo su perra y me estaba gusta…

    Continuará.

  • Me la cojo en la fiesta de su esposo

    Me la cojo en la fiesta de su esposo

    La fiesta de cumpleaños de Mauro se desarrollaba excelente, era su cumpleaños número 27, así que parecía desatado, alcohol, comida y música inundaba el pequeño departamento donde vivía el y su cónyuge, Samanta.

    La “gordibuena” caliente de la que ya les hablé, después de esa rica noche de sexo que tuve con ella, en donde me dio un oral de infarto, ¡me invito a la fiesta de su marido!

    No podía evitar sentirme con adrenalina, estaba conviviendo como un amigo más y el me trataba bien, ¡no se imaginaba que ya me había partido a su mujer y que probablemente me la cogería esa noche!

    Samanta por su parte, andaba como siempre, riendo, bailando y siendo muy coqueta, traía puesto un minivestido blanco que mostraba esas piernas que a diario me generaban erecciones, la muy caliente era el centro de atención y al principio Mauro estaba incomodo, pero con el paso de la noche y el alcohol, ¡se había olvidado de su mujer!

    Aproveche para estar conviviendo con ella, bailábamos, brindábamos y nos coqueteábamos mutuamente, no sé si se dio cuenta su pareja, ¡pero mis deseos por darle verga empezaron a invadirme!

    S: ¡Tengo mucho calor!

    L: ¡Deberías quitarte el saco!

    S: Uhm, ¡se me verán mis teas!

    L: ¡Uhm, mejor, jajá!

    Ese tipo de pláticas solo me ponía más caliente, cada que podía le agarraba esas piernas que tanto me encanta, ¡ella no me decía nada y su pareja andaba ya bien metido en el alcohol!

    Después de cantarle la felicitación, algunos amigos comenzaron a irse, Samanta y yo continuábamos intercambiando miradas, ¡esas miradas hacían que se me pusiera súper dura!

    Mauro ya ebrio, se salió a su patio y platicaba y tomaba con otros amigos igual de borrachos, Samanta me miro fijo y subió a su cuarto, sin dudarlo la seguí.

    S: ¡Ven para acá cabrón!

    L: ¡Chiquita, me tienes duro!

    S: Lo sé, cógeme, vamos, ¡hazlo!

    L: ¡Eres una perra, me excitas un chingo!

    Nos metimos a su cuarto, y como rayo nos desnudamos, puse el seguro, sabía que su marido ni cuenta se daría, pero más vale prevenir.

    Nos acomodamos en un 69, le mamaba su rica y jugosa concha, ella devoraba con desesperación mi dura verga, la cual ya estaba llena de fluidos pre seminales.

    L: ¡Uf, mámala, que rico, uhm!

    S: ¡Ah, no pares, uhm, que rica verga!

    Nos olvidamos por completo de donde estábamos, mi lengua lamia su clítoris y lo hacía inflarse, saboreaba sus fluidos vaginales, ese sabor salado me encantaba en la lengua, ella se ahogaba metiendo mi verga hasta su garganta, ¡le acariciaba sus grandes nalgas y ella de vez en cuando le daba pequeñas lamidas a mi culo!

    S: ¡Deseaba tu verga desde hace meses!

    L: ¿Eres una caliente, que tu marido no tiene?

    S: ¡Pero la tuya me encanto!

    L: ¡Pues cómetela, vamos, uf, así, sigue, uhm!

    Samanta lo mamaba riquísimo, me tenía jadeando, no sé si me oían, ¡pero la rica gordita me tenía a mil!

    Samanta tomo la iniciativa y subió a cabalgarme, sus movimientos eran ricos, le acariciaba su pezón oscuro, ¡le apretaba las carnosas piernas y la empujaba más a mi dura verga!

    S: ¡Mmm! ¡Que rico!

    L: ¡Uhm, muévete, que rico te mueves!

    Me cabalgaba riquísimo, ¡sus ligeros entones me hacían sentir la gloria y afuera su marido o cónyuge o lo que sea seguía tomando mientras su vieja nuevamente era mi puta!

    Se dejaba caer mostrándome sus nalgas, la gordita me lamía los pies, y se dejaba caer rico, yo la tomaba de su cadera y aumentaba la velocidad e sus sentones, ¡me encantaba ver como mi verga entraba en su rica concha!

    L: ¡Uhm, ¡Samanta, coges rico, uhm!

    S: ¡Te trabajo mejor que cualquier flaca que te hayas cogido!

    L: Si, ni que lo digas, vamos, muévete, uhm, ¡apúrate o vendrá tu marido!

    S: ¡Seria excitante que nos viera así, uhm!

    Se puso en cuatro, un enorme, carnosos y rico trasero estaba frente a mí, lamí esas nalgonas con desesperación, mordí los carnosos muslos, coloqué mi verga en medio de sus nalgas y me masajeaba, ella lo movía sabrosos, ¡parecía Shakira moviendo la cadera!

    S: ¡ya, métela!

    L: ¡Pídemela!

    S: ¡Cógeme, méteme tu rica verga!

    L: ¡Uhm, ahí va nena!

    La tomé de sus caderonas y la empecé embestir, me empujaba con fuerza, sus gemidos me excitaban un montón, ¡me encantaba cogerla mientras Mauro estaba ebrio y sin darse cuenta!

    Ella también se empujaba hacia mí, se movía para hacerme sentir rico, más duro la empujaba y más duro gemía, no sé si nos escuchaban, ¡solo seguíamos disfrutando del acto!

    S: ¡Que rico, uhm, ah!

    L: ¡Ah, nena, uf!

    S: ¡Coges bien rico cabrón!

    L: Tú también, ¡eres una rica perra!

    La forma mal hablada que tenía me ponía más cachondo, le jalaba el cabello, le arañaba la espalda, total, ¡ella era buena para la infidelidad!

    La acosté y levanté sus piernas, la penetraba salvaje, el ruido de mi pelvis chocando en sus nalgas era violento, ella ya gritaba, la música lo disfrazaba, pero aún era arriesgado, le mordía los pies, más rápido se la metía, ¡la gordita me tenía a mil!

    S: ¡Ah, si, así, uhm!

    L: Toma, toma, ¡me vas a sacar la leche!

    S: No me la eches dentro, ¡dámela en la cara!

    L: Si, como digas, no te quiero preñar, ¡uhm!

    S: ¡Ah, papi, que rico, uhm!

    L: ¡Nena exploto, exploto!

    Mis huevos se inflaron, al sentir eso se la saque y la tome de la cabeza, ¡ella abrí su boca y me vine!

    Un alivio salió de mí en forma de leche, la cual, ¡ella probaba y se batía la cara de mi caliente semen!

    Samanta metió mi verga a su boca y limpio todo mi semen, cerraba los ojos y la metía y la sacaba, eso alargo mi orgasmo, la gordita también se vino, dejamos todo mojado.

    ¡Una vez pasado el orgasmo, nos limpiamos y medio acomodamos el lugar, al bajar ella primero me dijo que Mauro ya estaba en el sofá dormido y solo!

    Baje como rayo, e incluso la ayude a subir a su marido, en la puerta del cuarto con una hipocresía tan grande, nos besamos, miraba de re ojo a Mauro, que dormía como si nada, ¡sin saber que estaba acostado sobre mi semen!

    Salí de su casa como un gañan, me sentí el mejor de los chulos, pero no sabía que pronto algo cambiaria y que sería víctima de lo que yo mismo genere con mi amiga Susana, pero eso se los contare después.

    ****************

    Quiero agradecer a todos los que nos escriben y cuentan sus historias, les agradezco muchísimo que se tomen un tiempo para leer mis anécdotas, y las de mi esposa y mi amiga, muy pronto alguien más se unirá al equipo “ESPOSOSLyL” y espero que entre los cuatro podamos seguir complaciéndolos.

  • La señora Míri (Parte 1)

    Mi relato es acerca de una bella señora que conocí en mi taller, ella me trajo un vehículo para revisar, su nombre es Miriam, desde el primer momento que la vi entrar, atrajo toda mi atención.

    Ella es bajita de estatura, posee una cintura envidiable para muchas chicas jóvenes, porta unas nalgas muy apetecibles. Los jeans que usaba ese día parecían ceder a la presión. Procedí a revisar su vehículo y resolví su problema después de un rato, mientras tanto habíamos iniciado una conversación acerca de los detalles que encontré, ella siempre se portó muy cortes y simpática, portaba un blusa escotada y transparente, podía ver y apreciar sus senos hermosos y de apariencia firme, ella quedó en regresar días más tarde para concluir con el arreglo.

    Cuando ella regresó por su vehículo ella usaba una minifalda de mezclilla, esta vez una blusa cerrada, pero podía adivinar que no portaba sostén, pues podía notar sus pezones erectos y marcados en su blusa, desde un principio ella siempre usaba unos lentes de sol y sus ojos eran lo único que no había visto aún, así que de ahí me agarré para iniciar una conversación un poco más personal.

    Yo le había comentado de manera respetuosa y sin tanto rollo lo hermosa que ella es, que desde la primera vez me atrapó en un mar de sensaciones y sueños. Pero que definitivamente sus ojos son un misterio para mí. Ella sonrió y en seguida se quitó los lentes, pude ver que tenían un brillo intenso que sincronizaba con su sonrisa.

    Le entregué su vehículo y le hice ver que me sentía como un poco de pesar pues no la vería nuevamente. Ella se limitó a decir “Adiós y gracias”.

    Pasó el tiempo, un mes quizá, era temprano aun ese día cuando la vi llegar, en esta ocasión ella usaba un pants completo, pero definitivamente su figura resaltaba.

    Me platicó que quiso pasar a saludar, pues andaba por el rumbo, yo por mi parte le tuve que decir que tenía que salir a revisar un auto por la zona de Vallejo, le comenté que me hacía muy feliz verla, me preguntó en tono de broma si necesitaba un ayudante, rápido le contesté que la contrataba, así que marchamos juntos hacía el trabajo que iba realizar, claro que en el camino yo le dije lo que ella despertaba en mí, ella me acariciaba la mano cuando realizaba los cambios de velocidad, en tono cómico le advertía que tratara de no equivocar de palanca, ella parecía disfrutar de mis halagos.

    Estando en un semáforo me acerqué para besarla, ella me correspondió, dulce y suavemente.

    Llegamos al trabajo, para mi suerte no fue tardado así que media hora después estábamos camino de regreso, fue cuando le hice la propuesta de ir a un hotel, aceptó sin dudar, estando ahí, comenzó el ritual de besos, caricias, la desvestí y simplemente comencé a recorrer su cuerpo llenándolo de besos, chupaba sus senos, mi lengua jugaba con sus pezones, hicimos una pausa para desvestirme, ella se acercó a mi pene, empezó a darme un rico masaje y le daba besos cortos, después aceleró el ritmo, se lo metía toda, me acomodé para poder chupar su capullito, con mi lengua exploraba las paredes de su vagina, hasta llegar a su clítoris, así estuvimos por unos minutos más, la acomodé suavemente en posición de misionero, metí mi pene en su vulva y empecé con el vaivén, ella me abrazaba la cintura con sus piernas, nuestras bocas se besaban apasionadamente, mis manos jugaban con sus senos…

  • Errores de novatos

    Errores de novatos

    A la hora de escribir hay errores que se repiten incansablemente. Sin ánimos de caer en la pedantería, aquí menciono algunos de ellos.

    Títulos demasiado extensos y explícitos

    Es cierto que, por las características de este tipo de páginas, a veces resulta oportuno ser explícitos. Sin ir más lejos, hace poco publiqué un texto llamado “Todos se cogen a mi mujer”. Cosa que no deja mucho lugar a la imaginación. Pero no hay que exagerar. Títulos como, “Emputecí a mi suegra y a mi cuñada en el casamiento de mi primo, mientras mi esposa estaba de viaje”, puede parecerle muy atractivo al autor, pero es muy probable que el lector intuya que está en presencia de un relato poco sutil y mal elaborado. Los títulos no son un resumen de la obra. Deben ser concisos y representar el espíritu del texto, sin necesariamente indicar de qué va a tratar.

    Personajes presentados de manera superficial y forzada

    “Hola, ante todo me presento, me llamo Fulanita de tal, mis medidas son cien, sesenta, noventa. Tengo veinte años, el pelo rubio y la cola parada. Hoy voy a contarles mi historia…” ¿En serio hay autores que todavía creen que esta es una buena introducción? Ciertamente, todos los días, al menos uno de los relatos publicados comienza de esta manera.

    Es entendible, en cierto punto, que una persona que recién empieza a escribir y que no tiene idea de cómo hacerlo, recurra a este tipo de inicio. Pero cuidado, narrar una historia requiere de cierto magnetismo. Estos comienzos sólo pueden servir para ahuyentar al lector en las primeras líneas. Sé más sutil a la hora de describir a tus personajes. Si el punto en que se encuentra la historia no justifica que menciones lo grandes que son sus tetas, entonces, simplemente no lo hagas. Créeme, ya aparecerá el momento oportuno para hacerlo, y si no, tampoco será el fin del mundo.

    Actitudes poco verosímiles

    Un hijo ve a su madre robando de la billetera del padre. Esta se da cuenta de que es descubierta. El chico le da dos cachetazos por atrevida. La madre le ruega que no le diga nada al padre. El chico le dice que guardará el secreto a cambio de que se convierta en su amante. La mujer acepta. Fin del relato.

    ¿Les parece verosímil? A mi tampoco. Y de hecho, ¿A quién carajos podría parecerle creíble un argumento así?

    Procura conocer a tus personajes. Entender su psicología. Déjalos que transiten libremente por la trama. Que actúen de forma coherente. Y sobre todo, tomate tu tiempo para desarrollar la escena. Puede que al hacerlo descubras que no es tan fácil que una mujer copule con su hijo.

    Repeticiones y redundancias

    Ejemplo de repetición: “Clara se metió mi verga a la boca. Yo le metía y sacaba la verga mientras de su boca caía baba».

    Ejemplo de redundancia: ”Pablo se bajó el pantalón, y pude ver su erección. Entonces me di cuenta de que estaba excitado».

    Sin mucho que aclarar, los ejemplos hablan por si mismos. Los sinónimos resultan sumamente útiles para evitar repeticiones. También sirve reformular las oraciones. Es decir, escribir lo mismo, pero de otra manera. Estructurar las palabras de forma eficiente.

    Por otra parte, si Pablo tiene una erección, quizá no sea necesario aclarar que está excitado. Eso es una redundancia.

    Personajes demasiado perfectos

    Juan tiene la polla de treinta centímetros. Es rubio, alto, de ojos celestes. Un digno heredero de sus ancestros vikingos. Su físico es escultural. Su rostro le da un aire recio. Y, a pesar de contar con sólo dieciocho años, habla como un erudito cuando la trama así lo requiere. Es éticamente incuestionable. A las mujeres se les caen las bragas cuando lo ven. Deja con la boca abierta a cualquier adulto que se atreva a discutir con él. Y tiene más experiencias sexuales que Charlie Sheen y Mick Jagger juntos.

    Se te fue un poco la mano a la hora de ensalzar a tu protagonista ¿Cierto?

    Los personajes deben ser reales. Deben tener tantos defectos como virtudes. Deben cometer errores, incurrir en bajezas, actuar cobardemente. Deben amar, pero también odiar y desear. Quizá para alcanzar sus objetivos actúen correctamente, o tal vez, simplemente hagan lo que sea necesario hacer. Puede que no tengan los atributos necesarios para conquistar a su crush. A lo mejor sus nobles sentimientos lo lleven a hacer cosas que nunca imaginó que haría. Cosas a las que siempre se opuso.

    En resumen, no caigas en lo fácil. Crea un personaje con el que el público pueda simpatizar y déjalo libre en el relato, a ver cómo actúa.

    Ir rápido al acto sexual

    Lo que calienta al lector no es únicamente el acto sexual. Todo lo que viene antes, la tensión entre los personajes, el morbo que despierta la trama, las escenas sensuales, pero sin sexo, las conversaciones sugerentes, las descripciones bellas, las expectativas de los protagonistas. Todo eso y mucho más sirven para cautivar al lector, y así, cuando se llega a la escena de sexo, resultará mucho más placentera.

    No corregir lo suficiente

    Muchas veces me encuentro con relatos que, en lugar de parecer las versiones finales del texto, son más bien meros borradores.

    No existe autor que no necesite, al menos un par de veces, pulir sus textos. El propio Borges decía que publicaba sus cuentos para dejar de corregirlos. Así que deja la arrogancia de lado, y acepta el hecho de que tu obra necesita una que otra revisión. Corrige lo que sepas que está mal, y si es necesario volver atrás y reescribir escenas completas, simplemente hazlo. El público te lo agradecerá.

    Eso es todo por hoy. Espero comentarios. Y recuerden ¡Quédense en casa!

  • Masaje con doble intención

    Masaje con doble intención

    Mi nombre es Alfredo, soy de la ciudad de Barranquilla, Colombia, profesional, 47 años de edad, divorciado. Quiero publicar este relato erótico que tuve con una novia del interior del país, ella tiene 43 años, hermosa, ejecutiva, buenas piernas, pezones deliciosos, boca perfecta.

    Siento una adrenalina sexual cuando pienso en que mi pareja tenga un trío o la vea haciéndolo con otro hombre, a mi ex-novia siempre medio le insinuaba pero era un NO rotundo, pero yo sentía que ella quería, nos masturbábamos por video llamadas y siempre le mencionaba que tenía amigos que querían cogérsela, y eso la excitaba más, y se venía muy rápido, pero siempre lo negaba.

    Unos de los fines de semana ella se vino para mi ciudad a visitarme y a estar conmigo, y planeé un encuentro con otro hombre sin que ella sospechara, inventé que un amigo era masajista y que quería regalarle una sesión, ella se sorprendió y dudó mucho de mi deseo, pero aceptó.

    Contacté al masajista, era joven como de 22 a 24 años, delgado, atlético, estatura mediana. Llegó al hotel, y lo recibimos en recepción, le ofrecimos café, y subimos a la habitación, mi ex tenía un vestido negro con verde, cortico y con hilo dental, se veía muy provocable, el masajista la veía con disimulo y se veía muy entusiasmado.

    Llegamos a la habitación, ella se quitó el vestido y quedo con hilo y tapándose sus senos con una toalla, se acostó boca abajo en la cama, se retiró la toalla. El masajista estaba en bermuda y se quitó la camiseta. Mi novia no me decía nada, estaba tranquila y a la expectativa.

    Comenzó el masaje, se le aplico aceite de naranja en sus piernas y en su espalda, el masajista comenzó desde sus pies suavemente y yo me uní a la sesión haciéndole masaje a la espalda, yo ya estaba erecto… muy excitado y se me aceleraba el corazón, luego él comenzó a masajear en sus piernotas deliciosas y le rozaba su vagina prudentemente.

    Luego sus manos tocaban sus nalgas y se las abría suavemente y regresaba a la vagina directamente y comenzaba a frotársela teniendo lógicamente su hilo, y ella comenzó a gemir despacito y eso me volvió loco, me saque mi pene duro y caliente y la puse a que me la chupara mientras que el masajista comenzó a meterle los dedos, al ver eso y oír esos gemidos, no aguanté y descargué mi leche caliente en su espalda…

    Cuando terminé le hice una seña al masajista que ya no más, ella quedo en silencio y el tipo quedo insatisfecho lógicamente, pero no aguanté ese voltaje sexual sinceramente, fui egoísta, pero a la vez quedé satisfecho 100% fue delicioso e inolvidable, tanto que a cada rato me masturbo pensando en esa situación.

    Después de ese encuentro no se habló del tema, era incómodo, pero estoy completamente seguro que ella querría experimentar eso, ella es una perra en la cama, ella es mi actriz porno. Mi objetivo es cuando me la encuentre o la contacte es proponerle de nuevo, estoy seguro que lo hará. Gracias!

  • Mi primera vez con Álex en un parque

    Mi primera vez con Álex en un parque

    Álex y yo llevábamos todo el curso tonteando. Era evidente que nos gustábamos, y la gente a nuestro alrededor también lo veía.  Él me gastaba bromas, se pasaba el día provocándome, haciéndome rabiar en plan cariñoso… Me hacía cosquillas, me ponía nombres, me daba pellizquitos en la barriga, nos pasábamos el día riendo. Todo eso sucedía en clase, a la hora del descanso y al salir, cuando quedábamos algún día para comer o por las tardes en el parque.

    Una tarde de marzo, quedamos en el banco del parque donde siempre nos sentábamos. Estuvimos hablando de un trabajo que habíamos estado haciendo ese día en clase, nos comimos una bolsa de pipas y las cosquillas y pellizcos que nos dábamos empezaron a convertirse en abrazos, caricias y besos…

    «Oye, Alicia… ¿tú sabes que me gustas, no?» me dijo él mientras me acariciaba el cuello.

    «¡Pues claro! Como tú a mí… ¿no se nota?» le dije yo riéndome.

    Él sonrió y me dio un apasionado beso que me erizó toda la piel. Él lo sintió y siguió besándome también por el cuello. Yo empezaba a notar como mis bragas se humedecían. Esos besos en el cuello me ponían cachondísima…

    «Joder, Álex, mira cómo me estás poniendo» -le dije mientras llevé su mano bajo mi falda.

    Él, sin dudarlo, empezó a acariciar mi entrepierna, notando mi humedad y cada vez frotando con más fuerza. Álex ponía una cara que nunca había visto, medio desencajada, y estaba muy acelerado. Yo solté un pequeño gemido al sentir cómo frotaba y le dije que quizá lo mejor era ir a algún sitio más apartado.

    Se quitó la chaqueta y la colocó sobre mis piernas. De ese modo, podía meter su mano con total libertad entre mis piernas sin que llamara (mucho) la atención. Yo había notado su incipiente bulto que parecía querer salir de sus vaqueros, así que también se cubrió con la chaqueta. Yo le bajé la cremallera y metí la mano, acaricié su polla que ya estaba durísima… Eso me puso todavía más cachonda. Tenía ganas de sentirla dentro. Nunca antes había tenido sexo, pero lo había imaginado, había fantaseado con este momento y no se me ocurría nadie mejor con quien perder mi virginidad. Él era mi primer amor, mi amigo, mi consejero, mi compañero…

    Él apartó mis bragas a un lado y empezó a acariciarme el clítoris. Yo estaba muy mojada y él gemía suavemente mientras me tocaba y yo le masturbaba lentamente. Serían las 8 de la tarde, era un parque en un rincón de la ciudad poco transitado y eso era genial en ese momento.

    Todo el mundo sueña con una primera vez romántica, en un lugar bonito, especial, con decoración para la ocasión, velas, flores… A mí todo eso me daba un poco igual mientras fuera con él. Eso sí, hubiera preferido estar en un sitio más íntimo y cómodo y no en un sitio público, pero éramos dos niñatos de casi 18 años, sin casa propia, sin coche…

    «Te voy a follar ya» -me dijo Álex mientras me metía dos dedos en el coño.

    En ese momento, un hombre que paseaba a su perro labrador pasó por delante de nosotros. Nos quedamos paralizados por un instante, con caras de susto y con la chaqueta cubriéndonos. Él con sus dedos en mi coño y yo acariciándole el glande. Cuando el hombre y su perro ya se habían alejado, seguimos a lo nuestro, incrementando el ritmo.

    «Entonces… ¿me vas a follar?» -le dije al mismo tiempo que metía mi mano bajo su suéter y le acariciaba.

    «Sí. Te la voy a meter enterita, nena» -me dijo mientras empezaba a desabrochar mi camisa.

    Como de costumbre, ese día no llevaba sujetador. Me desabrochó tres o cuatro botones, los suficientes para sacarme las tetas y empezar a lamérmelas como si no hubiera un mañana.

    «Me encantan tus tetazas» -me dijo mientras me chupaba y masajeaba las tetas.

    Mis pezones se pusieron duros al sentir su lengua y él empezó a succionarlos y tocarlos. Yo me mordía el labio inferior al mismo tiempo que pasaba mi mano por su polla, acariciándola de arriba a abajo, cada vez con más intensidad. La tenía húmeda y durísima.

    De repente, Álex me quitó las bragas y me sentó encima de él. Se había bajado un poco los vaqueros y tenía la polla fuera del bóxer. Probablemente se le salió sola, porque estaba empalmadísimo. Sin mediar palabra, puse una pierna a cada lado de él, me subí un poco la falda y fui bajando mis caderas y metiéndome su enorme polla dentro lentamente. Gemía suavemente, igual que él.

    No era el sitio más cómodo, pero no había otra opción y con el calentón que llevábamos… Me agarraba de la cintura y puso la chaqueta cubriéndonos parcialmente, aunque era evidente que una simple chaqueta no iba a esconder lo que estábamos haciendo.

    Me introduje por completo su polla y solté un gritito. Me dolió un poco, pero estaba tan excitada que no me importó. A continuación, mis caderas siguieron subiendo y bajando, metiéndomela y sacándomela una y otra vez. Él movía su pelvis y seguía dándome algunos de sus pellizquitos por el culo. Cada vez iba más rápido, mis tetas botaban en cada movimiento. Él se acercaba a ellas y las besaba o mordía suavemente. También lo hacía con mi cuello.

    Mis gemidos eran cada vez más intensos. Me pareció escuchar un «Shhh!» que venía de alguna ventana cercana, pero no hicimos ni caso y continuamos follando como si nada. A pesar de que no era un día especialmente caluroso, estábamos sudando.

    «¿Te gusta así?» -me preguntaba Álex mientras empujaba con fuerza. Mi respuesta fue un agudo gemido y un orgasmo que me sobrevino y recorrió todo mi cuerpo, haciendo que mi espalda se arqueara y mis piernas temblasen.

    «¡Siii!» -grité botando sobre él. Su polla me llenaba por completo, estaba extasiada y él igual. Se mordía el labio y ponía los ojos en blanco a veces. Sus gemidos me excitaban. También los gruñidos de bestia que soltaba en algunos momentos.

    Me agarró una teta y me la comió mientras me la seguía metiendo. Se escuchaba el chapoteo de nuestros fluidos y nuestras pieles golpearse una y otra vez. Cuando sintió que iba a correrse, me apartó un poco para hacerlo fuera, pero le dije que lo hiciera sobre mis tetas.

    «¿Estás segura?»- me preguntó él y le dije que sí, que me encantaría. Y eso fue lo que hizo. Se corrió sobre mis tetas, me las llenó de leche calentita tal como le pedí.

    Acabamos agotados, pero completamente extasiados. Nos limpiamos, nos vestimos, nos despedimos con un apasionado beso, volvimos a bromear y reír y quedamos en volverlo a repetir muy pronto, pero eso sí, en otra parte.

  • La lencería erótica y una fiesta swinger

    La lencería erótica y una fiesta swinger

    No han sido días difíciles, por obvias razones; el mundo atraviesa por una etapa compleja.

    Como ya saben soy docente y mi marido por una mejor oferta hizo que nos desplazáramos a otra ciudad de mi país.  Y cómo ya todos saben el diablo es malo y a esa ciudad el pecado y la lujuria fue a buscar.

    Dicen que las mujeres que adquirimos un gusto «a gran escala» del sexo somos unas perras, zorras, putas, golfas… y sí, yo no me siento mal con esos apelativos; así me siento y hasta cómoda con ello. El problema es que soy casada y mis actos pueden dañar a un buen hombre… y a mi polvo matutino, mi mamada de 6 pm, una manoseada en mi chochito en medio de la noche y cosas que disfruto con mi marido. Pero el daño está hecho y consumado.

    Verán luego de mi última orgía con los 4 tipos amigos de ex «novio/amante» pasé casi 3 meses de absoluta y devota fidelidad, mezcla de remordimiento y culpa; pero también me sentía saciada, es como haber probado un platillo que deseas, te lo imaginas, al tenerlo sientes su aroma, saboreas su textura y te sacias con el sabor y la cantidad. Literalmente así me sentía luego de haber pasado por varias sesiones de sexo grupal con 4 hombres por muchas horas. Pues bien, en esos 3 meses no saboreé nada extramatrimonial y no me pareció nada aburrido.

    Aproximadamente 15 días aquella depuración mi marido es llamado con urgencia a la capital del país y sin más ni más debió partir… estoy acostumbrada, su trabajo es así y pues no dependo de él. Al partir, llegué a casa y me desnude me toqué me relajé; dormí por una hora y media, y me tentó el diablo. Me sentí linda, atractiva y se me ocurrió algo; jamás he usado lencería erótica, sería rico ofrecerle a mi esposo una rica bienvenida.

    Me coloqué manos a la obra y localicé varios sex shop en la ciudad el primero era un lugar feo y solo tenía cosas en cuero… nada atractivas; el segundo luego de conducir mucho y hasta perderme tenía muchas opciones. Compré 3 atuendos, uno (el más lindo) es un baby doll blanco de encaje y transparencia, trae una «micro» tanga; son solo 3 tirantes unidos a un triangulito de encaje casi a nivel del inicio de mi rajita, un medias de encajé hasta el muslo y se puede usar o no sin brasier. Otro, para mí el más «vulgar» en un enterizo de mayas negro con un triángulo que deja libre mi ano y vagina, es un «entrega inmediata». Y el ultimo, es el tradicional corset blanco con liguero, me veo de infarto con ellos, me los probé y me masturbe con todos puestos, era muy erótico verme así, me encantaba… y pum, llego un recuerdo, yo en acostada sobre un tipo, otro por detrás mío y dos turnado mi boca. Me estremecí toda.

    Mi esposo suponía regresar un jueves, pero un miércoles a eso de las 9 pm me llamaba a decirme que no podría que todo pintaba muy mal y debía quedarse; me tranquilizó porqué llegue a preocuparme y posterior a todo, me incomodo no poder usar aquellos atuendos. Jamás me sentí así. A la mañana me dije «le estoy dando más importancia a esto de lo que merece» y así es, es solo sexo.

    Trabajé todo el día, y de regreso el sex shop me mandó a mi móvil propaganda y el demonio apareció «fiesta swinger»; había escuchado el término, así que lo investigué… orgías, intercambios, cuckold, todas las aberraciones. Lo siento, no es doble moralismo, véanlo como lo quieran ver; son aberraciones. Me fui a la tienda y pregunté por la «fiesta», la chica del mostrador me explicó todo, con pelos y detalles. Digamos que me fui a casa traumada. Para no sentir más remordimientos o sentirme mal en automático envié un correó y me inscribí como «single»; me solicitaron mi examen de VIH y de ETS, eso me gustó y bueno lo tenía al día. Con ello me llego la dirección, hora, «reglas». Mi idea era ir a ver, me daba morbo ver parejas follar unas con otras y las posibles «orgías».

    En menos de 30 minutos estaba en el lugar con mi atuendo de mayas bajo una gabardina.

    Al ingresar, me solicitaron mi gabardina… y si, estuve con mi «entrega inmediata» en ese lugar, el lugar no estaba muy lleno, muchas parejas jóvenes y pocas de mi edad, varias mucho mayores; había todo lo que se requiere en una fiesta; música, cocteles… y gente desnuda o como yo parcialmente.

    Me ofrecieron un coctel y lo bebí recorriendo el lugar, es una casa grande, con piscina y jacuzzi; en eso un tipo con altavoces llamaba a los asistentes, y al igual que un pastor se dedicó a motivarnos a pasarla bien, a «disfrutar la experiencia» y pues noté que realmente no vi a mucha gente. Y tenía muchas miradas en mí, en mi culo, en mis tetas, mi vagina apenas cubierta por mi «micro tanga». Y el «predicador dio inició a la fiesta». Y fuera ropa.

    Todos, absolutamente todos se desnudaron.

    Un tipo con su esposa a mi lado me invitaron a quitarme algo, pues solo me quite mi «micro tanga», el tipo me morboso toda y su esposa ni que decir… pero ninguno era mi tipo, me fui a ver el lugar de los cuartos. No di menos de 20 pasos cuando una pareja me invitaba a un trio mmH, pero en eso vi un tipo hermoso y el a mí; le coqueteé con la mirada y me acerqué a él, me presenté de mano y tomándola el me hizo dar una vuelta. «¿y tu marido?», le dije que venía sola, el me señalo a una flaca alta arriba de un tipo follándolo; es tu mujer y la respuesta fue positiva; me tomó de la cintura y me dio un beso con lengua, tenía una polla gorda y grande, me arrodillé y me le comí su animal; me olvidé de mi marido y me entregué al sexo… él tipo fue un animal, de pie me folló cargada, reclinada, arrodillada en 4, lo cabalgué y luego de un rico misionero tuve su leche en mis tetas.

    Me ayudó a incorporarme y luego de un abrazo su esposa lo reclamaba. Tomé otro coctel y me sentía genial, fue delicioso; caminé a un poco y encontré cuartos, ingresé a uno y bi «todos con todos» lo bisexual no me apetece, salí así como ingresé. En el siguiente había parejas tomando y bailando; 2 parejas tenían sexo en una misma cama, solo me quedé un rato. Al salir 3 tipos me esperaban.

    «que buscas tan solita… ven y te acompañamos».

    La verdad me temblaron las piernas, me sentí «virginal» y lo único que pude decir fue «bueno» con temblor en mi voz, uno me tomó de la mano y me hizo dar la vuelta «otra vez», si me veía despampanante; «¿qué buscas?» volvieron a preguntar con tono muy seguro, con mucho esfuerzo por la excitación contesté que miraba en los cuartos a ver si algo me interesaba. Un a mi derecha me dijo, te vimos follar con el tipo aquél (señalándolo) mis amigos y yo queremos probarte… y se me salió un suspiro, como pude fui al grano «¿saben compartir?»… Y como si hubiera contado el cuento más gracioso soltaron una carcajada y uno sin mediar palabras me cargó y me condujeron a un cuarto; está oscuro y solo, grite «prende las luces» y me vi caer en una cama grande y con un colchón muy cómodo y ya tenía a un lado mío una polla morena hermosa, me la metí a la boca con pasión, otro abrió mis piernas y se mamo mi vagina y ano… otro se apoderó de mis tetas y se turnaba mi boca para meter su polla.

    Así estuve hasta, dando círculos en la cama como manecillas de reloj, siendo mamada, lamida, manoseada y hurgada.

    El más dominante de los 3 me colocó en 4 y sin mediar palabra folló alternadamente mi vagina y ano, bramaba como loco, muy fuerte y parejo por momentos me lastimaba el ano; pero era delicioso. Cuando no pude más, grité mis orgasmos y otro tomaba su turno… así con los 3, tuve 6 orgasmos. Y luego a cabalgar con dos pollas a lado y lado de mi rostro. Cada vez mis orgasmos llegaban más seguidos, en especial con el de la polla morena… pero para mi sorpresa no estaba tan dura como necesitaba; pero llegaba donde las otras no.

    Pensé que me iba solicitar una doble; pero no, vi las intenciones de uno de ellos y abrí mis nalgas en señal de aprobación… Luego de eso, mis agujeros siempre estuvieron llenos. A diferencia de mis anteriores 4 machos, estos 3 estaban sincronizados y eran más «salvajes» digamos que estos no se detenían, eran muy constantes y vigorosos; lo que me hizo llegar a otro nivel de orgasmos. Me orinaba de placer, no me podía contener, era un temblor incontrolable, seguido de contracciones de mí esfínter y mi vagina; y un calambre en la pared que separa mi ano de la vagina. Pero la naturaleza es como es y los hizo eyacular varias veces, hasta no poder más.

    Los 4 saciados, en cama… el cuarto me recordó aquellas deliciosas orgías de hace meses, el olor a coito, a sudor, a semen, a fluidos… me sentí genial. Uno de ellos llevaba su celular con un arnés en el tobillo, me solicitó mi número y mi nombre. Nos recuperamos y salimos del cuarto entre despedidas apasionadas. Vi parejas en un sofá descansado y al verme salir del cuarto con aquellos 3 solo murmuraban entre ellos.

    Tomé el ultimó coctel, recogí mi gabardina y conduje por 20 minutos a mi hogar. Mi esposo me dejó muchos mensajes, los leí mientras me quitaba aquel enterizo bañado en mi sudor y en el de esos hombres. Regresaba el lunes, así que todavía tenía un fin de semana libre, la verdad me recosté y me masturbé con locura, estaba en shock… 4 hombres en una noche, así no más. Con cada orgasmo que me auto propinaba mataba cada sentimiento de remordimiento, culpa y moralismo; lo hice y ya, lo disfruté mucho y era lo importante.

    Al día siguiente a eso de las 3 pm un mensaje se identificaba como aquél tipo que me solicitó mi número; pensé en dejarlo en visto, pero una palabra en plural me hizo leerlo. «queremos volverte a ver… repitamos!”. No respondí, me tiré en la cama y lo pensé bien, no estaba invadida por la lujuria así que me costaba tomar una decisión. A eso de las 4:10 pm contesté. Me invitaban ir a un hotel a pasarla bien. Pero fui un poco más lejos; los invité a mi casa. Eso me dio el morbo necesario para dejar de cuestionarme. Aceptaron encantados.

    No pensé sentirme así, pero recordé mi adolescencia en la que me volvía loca tratando de escoger algo bonito para vestirme. Tomé una mini falda negra, una blusa de tirantes espalda descubierta y tacones altos. Me veía como una cualquiera y me encantaba. A las 6 pm, muy puntuales llegaron mis 3 nuevos amantes. Como una novia los recibí, cuidando que mis vecinos no vieran el show; al pasar mi puerta me besé y dejé manotear de los 3. Pensé, era muy vulgar, pero a ellos les encantaba como lucía; los invité a mi sofá y pasé por 4 cervezas importadas, la mía en vaso la de ellos en su botella (como machos). Me le senté en las piernas al que me contactó y a medida que subía el erotismo me fui turnando con cada uno. Terminadas las cervezas los invité a mi cuarto.

    Los invité a pasar y desnudarse, yo quería probar el baby doll; así que me fui al baño. Me lubriqué el ano y me arreglé. Al salir, 3 hombres con sus penes erectos me esperaban acostados en la cama donde duermo con mi marido, donde él me hace el amor. Se volvieron locos con mi belleza y no dudaron en halagarme y festejar. Me coloqué de espalda a ellos y agachándome bajé mi «micro tanga» y pasé a acompañarlos a la cama.

    Una película porno en muchos casos supera la realidad; pero en otras no le hace justicia. Estoy segura que mis esfuerzos porque mis vecinos no se enteraran tal vez fue en vano, mis gritos eran viscerales, quedé un poco ronca… convulsioné en medio de un orgasmo mientras dos penes follaban mi vagina; me oriné mientras un pene en mi ano, otro en mi vagina y otro en mi garganta me hacían tener 2 orgasmos seguidos, fuertes, vibrantes… no sé cuántas veces eyacularon sobre mí, dentro de mi o me dieron a beber su semen; pero notaba como eyaculación tras eyaculación se iban fatigando hasta no poder más.

    Mi esposo regresó el lunes por la mañana, lo recibí con todo mi amor, en la noche usamos el único atuendo que no profané, pero mi marido es mi gran amor, el sexo con él fue mágico, hermoso y amoroso.

    Luego de eso, acordé otra cita con mis 3 nuevos amantes y les di a probar aquél atuendo que mi marido disfrutó; ellos a su manera. Mi esposo no conoce mis otros 2 atuendos y no pienso usarlos con él tienen el semen de otros… aun cuando los lave.

    El mundo se sumergió en la pandemia y mi esposo y yo nos resguardamos; mis amantes con sus familias y ahora no es momento de la lujuria y sí de protegernos.

  • Cogiendo con la amiga de Andrea

    Cogiendo con la amiga de Andrea

    ¿Se acuerdan de Andrea? Pues aquí les platico porque la dejé para comerme a su amiga.

    Estábamos en la universidad, andaba con Andrea, una chica delgada con un cuerpo muy formadito y súper atractivo, bonita, a mi me encantaba o me encanta más bien. Ya les platiqué de ella en el otro relato. Su amiga en ese momento, Tania, tenía el mismo tiempo sin tener novio, estaban en el mismo grupo y ocasionalmente se veían para adelantar algunos proyectos o simplemente estudiar, como les había dicho en el otro relato el sexo con Andrea en ese momento no era muy bueno. Desde el principio que empecé a andar con Andrea, su amiga Tania coqueteaba mucho conmigo, incluso había momentos en que trataba de disimularlo porque no quería que Andrea se diera cuenta.

    Mi relación con Andrea, era muy tranquila y aunque anduvimos 1 año, sentí que conmigo vivió su primera relación formal, en fin, eso a lo largo me trajo el rencor de Andrea, en muchas ocasiones me quedé solo con Tania y aunque no me crean resistía el tocar el tema sexual, pero un día casi al finalizar la relación con Andrea, me tocó lo inevitable.

    Eran las 12:40, yo le llevo 1 año a ambas y por consiguiente me faltaban menos materias, y para mí ya había finalizado el día, pero a ellas les faltaba 1 materia más y su clase terminaba a las 2:30, pero tenían examen de Álgebra lo que por experiencias previas, me hacía pensar que se quedarían al menos todavía 1 hora más.

    Era una clase con un profesor muy culero, pero pata esto saliendo de la universidad, hay un parque rodeado de casas habitación, que sirve como resguardo para todos los que queremos saltar clase, tomar una cerveza con la adrenalina de que llegue la policía en cualquier momento, jugar frontón, o simplemente a echar relajo con los amigos, por cierto tiene sus lugares, ya les platicaré, pues me fui para allá, para esperar a Andrea.

    Al llegar me di cuenta que estaba muy solitario el parque, raro, pensé, pero no me importó. Pensé en recostarme en alguna banca y dejar que pasara el tiempo. Justo cuando iba a sentarme, escuché pasos apresurados detrás de mi “Alex espera”, al voltear me di cuenta que era Tania.

    Le dije “Tania, ¿tu examen?”. Ella me contestó “la verdad no estudié y solo iba a perder el tiempo” y reímos los dos por unos segundos. “Que bárbara” le dije.

    Aquí les empiezo a describir a Tania, tiene unos ojos color miel bellos (mi debilidad en una mujer), ojos grandes, de verdad en todo momento la ves y te contagia su alegría es muy divertida siempre tiene un comentario para hacerte reír, la verdad nos juntábamos y no parábamos de reír coincidíamos mucho en ese manejo de pláticas. Ella es bajita aproximadamente 1.50 o un poquito menos, unas señoras tetas que es inevitable no voltear a ver, no es gorda, pero no es delgada es más llenita y la verdad le faltó un poco de nalgas para terminar de volvernos locos a todos, pero con todo lo demás ni falta le hacía.

    Siempre tenía una forma de vestir un tanto elegante con personalidad, no la veías nunca con escotes o haciendo notar su cuerpo, obviamente el ambiente pues no era como el mejor para hacerlo, a diferencia de Andrea que si le gustaba enseñar un poquito más, aunque realmente solo era porque así es su personalidad.

    Regresando con Tania ese día, llevaba una blusa que si giraba un poco el torso, hacía que yo pudiera ver desde mi posición (yo mido 1.75 ya imaginaran mi espectáculo), casi el comienzo de su pezón, se alcanzaba a notar el comienzo, me hacía pensar que tendría unos pezones grandes y ricos para poder sostener todo eso, raro en ella, nunca le había visto vestir así, un pantalón de mezclilla que le hacía dar una forma a su cuerpo, muy pero muy apetecible.

    Empezamos a platicar un tiempo sobre su atrevimiento en decidir reprobar el examen, le preguntaba que porque había decidido seguirme, situación que ella negaba y me decía que era coincidencia porque para allá van muchos, etc. etc. bromeábamos por todo la verdad. Tiene algo en particular Tania, cuando platicaba conmigo en un momento como que le daba ansiedad y le daba por pellizcarme o intentar morder mi brazo, siempre le decía que le pasaba? Por qué hacía eso y yo me daba cuenta que no lo hacía con otras personas, bromeábamos todo el tiempo como lo mencionaba antes, había una coquetería llena de nervios entre ambos, pero nunca pasaba de ahí.

    Total que nos sentamos y entre la plática, empezó a quererme morder, pero al juguetear y quererlo hacer, su blusa me dejaba ver sus enormes senos, podía ver todo su brasier de encaje que le sostenía todo y como iniciaba esa sombra que me hacía saber que era el inicio de un gran tesoro, pero a diferencia de otras ocasiones, ya no me quitaba y dejé que mi verga creciera como se le diera la gana no la iba a contener, además no estaba Andrea.

    En uno de esos jugueteos, con la palma de su mano me agarró la verga, estoy seguro que la sintió porque me volteó a ver muy apenada y se puso seria y nerviosa, se me quedó viendo y tímidamente me dijo “disculpa” y se paró. Le dije “tranquila”, la verdad sé que fue sin intención, pero yo ya no iba a parar, ya había encendido la mecha y ahora andaba tan caliente que intentaría yo hacer cualquier cosa por al menos cachondear bien con ella, además sus labios carnuditos, se me antojaban mucho.

    De pronto decidió caminar y nos fuimos metiendo entre las unidades habitacionales, seguimos platicando, bromeando, jugueteando, y me iba dando cuenta que estaba igual que yo de excitada, pero quería hacerlo más difícil. En un momento ella quedó arriba del escalón y yo abajo, y seguimos platicando, cuando yo corté la plática de momento y le dije “espera, quiero que me digas una cosa, te gustó sentir mi verga en tu mano?”. A lo que ella dejó un momento como pensando su respuesta y me volteó a ver fijamente, sonriendo, antes de contestarme la agarré y la besé. Por fin estaba probando esos ricos y deliciosos labios, sabían mejor de lo que se veían, poco a poco abría mas su boca como para que entrara más, y nuestros cuerpos nos hicieron saber el deseo irresistible que tenían. Cuando terminamos de besarnos, recordé que más adelante había unas cisternas muy solitarias como con un cuartito abandonado, mi objetivo llevarla para allá, la tomé de la mano y entre beso y beso, caminando poco a poco, llegamos ahí, ni había tiempo de hotel ni nada, era ya, no sé hasta dónde pero ya.

    Cuando estuvimos adentro, y que observé que podíamos continuar no resistí, fui directo a su blusa, solo 3 botones me alejaban de un manjar de muy famosas tetas que estaba por deleitarme, cuando los quité, me di cuenta que su sostén solo tenía un gancho por la parte de adelante, me recorría la impaciencia y lo quité. Ahí estaban, me di espacio para contemplar tan ricas y enormes tetas, de verdad que no entendía como todo eso podía caber en ese sostén que ahora veía muy pequeño.

    Las mamé como desesperado, con mi lengua jugueteaba con esos enormes pezones rosados, iba de un seno al otro, mientras ella buscaba sacarme la verga del pantalón que ya había sacado mucho líquido, por todo el cortejo y lo que estaba sucediendo en ese momento, ella me decía que ya necesitaba saber que ella era mía, solo mía y así yo de ella, me lo decía constantemente y eso me calentaba más.

    Me excitaba el pensar que esos labios tan carnosos, si ya se sentía deliciosos probarlos como se sentiría sentirlos en mi verga. Cuando por fin logro sacármela le decía “a poco Andrea te hace esto?”. La verdad que ni pensaba en ella, pero pues Tania conocía la respuesta a su pregunta y me lo confirmaba diciéndome “yo sé que no”, yo solo le decía que rico estaba disfrutando sus tetas y que rico estaba jalándome la verga. Ella me dijo “y falta mucho mi amor, ya quería disfrutarte y este día tendría que ser” (ahí fue cuando mis sospechas, fueron ciertas, había planeado todo, no importándole su examen, su amiga, ni el lugar).

    Pero que situación tan cachonda, al momento que terminó de decir que este era el día, me besó muy cálidamente y bajó a chuparme la verga, se sentía lo cálido de su boca como se iba metiendo poco a poco la verga hasta el fondo, era un momento lleno de éxtasis, sentía como sus labios gruesos lograban hacer de esta mamada de las mejores en mi vida, sentía como quería tragárselo todo, con su mano jalaba mi pellejo para después metérselo todo, me miraba con sus ojos llenos de lujuria para demostrarme que lo disfrutaba y mucho, que rico me la chupaba.

    Así estuvo unos minutos, sentía como mi glande se le notaba por el cachete al chuparlo y ahí la tenía toda una experta a mis pies mamando, ya que se cansó por la posición y la verdad la diferencia de estaturas pues aunque te acomodas en algún momento es más cansado, por lo que se paró y traté de regresar al desnivel del cuarto para quedar a una altura más adecuada. Le dije “te voy a comer esa vagina, voltéate”, ella solo me dijo “como me quieras me pongo”, la acomodé de perrito, le bajé el pantalón y se había depilado, una conchita güerita y para hacerlo más cómodo en la manera de lo posible, la acomodé entre unos cartones que había en ese lugar hizo más suave el piso.

    Eran más las ganas de en ese momento fajar que la incomodidad, empecé a comerle su vagina, no dejaba de gemir y pedirme que no le dejara de hacer con mi lengua esos movimientos en su clítoris “así papi, así papi, que rico, que rico, mmmm”, sentía como en instantes se quitaba de mi boca, como para no sentir que se meaba en mi rostro. Le dije “te la quiero meter ya no aguanto”, vio que iba a agarrar un condón (que pensaba usar con Andrea más tarde), pero al separarme y ver su culo, así para mí y entregado, me di la vuelta y se la clave así, ella solo grito y dijo “ahhhh que rico, ¿no te lo pusiste?”, le dije “No, siéntelo así, como está babeando y a reventar por ti”, ella me contestó “está bien por favor no me lo saques, cógeme ya, dame duro, dame duro, y no te vengas adentro, dame duro”.

    Así estuve dejándosela ir por un rato, gritaba mucho, esperaba que no la fueran a escuchar, pero estaba tan caliente, que no me importo el lugar. De pronto sentí que se llegaba el momento de venirme, le dije “ya te voy a llenar de mi semen, para que sepas quien es tu macho porque de aquí en adelante, te voy a coger a cada momento”, fue como entre lujuria, me pregunto “¿dónde me los vas a aventar?”, le dije “tu donde crees?”, ella solo me dijo “si por favor lléname de tu semen, lo quiero sentir adentro”. Al escuchar eso, de manera automática, sentí como el primer chorro salía con toda la fuerza, y a la vez ella también gemía tan rico de placer, solo me decía “si así los quería, que rico mi amor, así que rico me hiciste tuya y yo te hice mío”.

    Después de un rato, nos vestimos, aunque nos apenaba asomarnos salirnos de ese lugar y regresar al camino de regreso, pues nos aventamos muy contentos y de la mano, valiendo madre todo, ese día, ya no esperé a Andrea y nos fuimos juntos, acompañé a Tania.

    Tania tomó pastillas para evitar algo, posteriormente solo queríamos estar juntos y estar coge y coge como ya se imaginarán. Andrea empezó a darse cuenta, me mando a la chingada, ya salía con Tania como mi pareja, en su grupo se hizo un desmadre, mis amigos me decían “pues que pasó? Cuéntanos”. Ya les decía que pues no había nada con Andrea y al paso de unos meses, todo se estabilizó un poco, yo llegué a sentir algo más fuerte por Tania. Andrea terminó el ciclo y dejé de verla, por sus amigos sabía que la pasó muy mal por un tiempo, después, anduvo con un chavo y todo quedó ahí.

    Pasaron obviamente muchas cosas incómodas para Tania y para mí en todo este proceso, duramos casi 3 años, la verdad es que al final nos clavamos ambos, hice una relación con ella muy buena, mucho sexo, muchas locuras, pero el destino nos separó, diferentes caminos y la necesidad de progresar cada quien en lo suyo. Nos dejamos de ver un tiempo, pero nunca perdimos contacto. Les puedo decir que a la fecha, después de años, ella casada ya con dos hijas. Recordamos nuestras locuras en secreto y hace poco tiempo nos vimos… esa es otra historia que ya les estaré platicando.