Autor: admin

  • Disfrutando con mi esposa

    Disfrutando con mi esposa

    Vanesa es una amiga ocasional que me contó este relato verídico de cuando con su esposo Oscar tenían juegos sexuales en su Estudio Jurídico, es por eso que decidí escribir el relato.

    Vanesa y Oscar son un matrimonio de 45 años con hijos adolescentes, Oscar es un abogado de clase media sin problemas económicos, posee bastante tiempo libre el cual lo utiliza para hacer sociales y también para ir al gimnasio.

    Vanesa es una mujer delgada de rulitos, ama de casa y con un carácter muy especial. Oscar se divorció muy joven ya que tenía innumerables aventuras sexuales con clientas en su estudio jurídico. Vanesa es una mujer ardiente y cuando se excita es increíble las cosas que puede hacer, desde muy joven tenía relaciones sexuales muy fuertes con los tipos que a ella le gustaba.

    En una oportunidad fue al estudio después del horario de trabajo y tuvo sexo con Oscar haciéndose pasar por una clienta, lo que provocó en Oscar una gran performance sexual. Cierto día Oscar llamó a Vanesa para que viniera al estudio con su mejor ropa interior y sus juguetitos sexuales, ese día Vanesa cuando se bañaba tuvo 2 orgasmos con su consolador en la ducha.

    Una vez relajada Vanesa fue al estudio de Oscar el cual la recibió con un caliente beso de lengua que la dejo sorprendida, al entrar vio a una pareja de abogados Carlos y Ana sentados en el living y después de la presentación formal los cuatro se sentaron y Oscar le comentó en el oído a Vanesa que tenía una fantasía sexual con esta pareja y que Ana quería conocerle.

    En ese momento Oscar me besó fuertemente y comenzó a manosearme, no tuve tiempo de nada y cuando pude mirar hacia el otro sillón Carlos estaba desnudando a Ana, lo cual me excitó mucho y comencé a desnudarme yo también.

    Cuando los cuatro estábamos desnudos Carlos y Oscar se alejaron, Ana se me acercó y me dio un beso y le respondí con un beso de lengua muy fuerte causando una sensación caliente entre las dos y excitándonos terriblemente, estuvimos varios minutos besándonos y tocándonos quedando empapadas.

    Oscar y Carlos se nos acercaron con los penes al máximo y comenzamos chuparlos y a cambiar de posición.

    Luego Oscar empezó a penetrar a Ana y Carlos lo hizo conmigo acabando simultáneamente las dos.

    Oscar me dijo que trajera los juguetes y mientras los buscaba Oscar y Carlos le hacían una doble penetración a Ana haciéndola gritar de placer… Luego ambos acabaron dentro de ella dejándola extenuada y satisfecha, esto me excitó aún más y me senté sobre el consolador acabando al poco rato.

    Luego los hombres después de recuperarse me tomaron a mí realizándome otra doble penetración, pero esta vez Oscar acabó dentro de mí en la cola y Carlos me acabó en la boca, Ana enseguida se me acercó y me besó y con un consolador doble nos penetramos hasta tener otro orgasmo juntas.

    Luego de esto nos despedimos hasta la próxima vez, solo había entre los cuatro placer y felicidad.

    Continuará.

  • Inesperado encuentro

    Inesperado encuentro

    Hace algún tiempo, cuando estaba todavía en Sudamérica, tuve la oportunidad de conocer a un joven, que en aquel momento no pensé que se daría algún encuentro particular entre nosotros, porque él estudiaba bachillerato, y yo tenía veinticuatro años.

    Lo cierto es que fue en un pueblo muy pequeño y remoto, donde todos se conocen y se saben los chismes con todo pormenor. Un pueblo donde hacía mucho calor, y el sol hacía a las personas sudar como si se encontrasen dentro de una enorme sauna al aire libre; la piel de cualquier persona allí se brotaba con urticaria debido al inclemente verano perpetuo.

    Sin embargo, era un pueblo bastante concurrido y muy visitado, donde viví por poco más de un año. Conocí mucha gente, aunque eran pocos los amigos que yo tenía.

    Una noche, me senté frente a una barbería, y observaba todo con calma. La gente entraba y salía, y en ese vaivén llegó él. Él era un muchacho de piel muy blanca, delgado, ojos claros, estatura promedio, y cabello oscuro. No era el perfil de la persona típica del lugar, que generalmente es de rasgos muy africanos, no obstante, este chico era natural de allí. Muy amigablemente saludó a todos, y después de salir de la barbería con nuevo corte de cabello, lo llamé, y no fue difícil entablar conversación con él,

    Para no dar pormenores de qué hablé con él aquella noche, pues no lo recuerdo muy bien, él necesitaba ir a otro pueblo, que quedaba al pasar un oscuro bosque. Me ofrecí de compañía. Mi perfil es de una persona alta con seis pies de estatura, piel bronceada, delgado, ojos y cabello oscuro. Yo daba parcialmente la impresión de ser su hermano mayor.

    Así aprendí que se llamaba Norman, tenía dieciséis años, y ya estaba cerca a finalizar el bachillerato. Nos hicimos amigos, aunque cuando regresé a América, perdí el contacto con él.

    Ahora soy profesor de español en Springfield Missouri. Tengo una buena vida, bastante quieta, aunque de vez en cuando un poco agitada por buenos asuntos laborales que me veo envuelto con el departamento de educación y cultura.

    Tengo una rutina de ejercicios, mi cuerpo se ha puesto en forma, no soy un adonis, ni me interesa serlo. Simplemente amo ejercitarme porque es una de mis maneras de drenar estrés.

    Han pasado dos años, hoy tengo veintiséis, y me pregunto qué será de la vida de Norman. Logré compartir con él varias veces, y en algunas ocasiones llegamos a hacer ejercicios juntos. Siempre le vi con buen afecto.

    Ya estando yo aquí, en América, no sabía yo que tendría un encuentro inesperado, aunque muy grato.

    Me encontraba trotando cerca del vecindario donde actualmente vivo, ya el día estaba atardeciendo, en un fin de semana caluroso, pues son días cerca de julio.

    Hacía un atardecer dorado, suave, y hermoso. Las calles lucían muy lindas con las enormes casas de madera, que en sus balcones ostentaban una enorme bandera americana, adornando los paisajes de sus céspedes bien cuidados y podados. Yo vestía en aquel momento, ropa deportiva negra. Yo sudaba, e iba distraído en el hermoso paisaje americano, cuando de pronto tropiezo fuertemente con alguien, que me hace caer sentado en la acera medio aturdido por el golpe en el hombro y en la retaguardia.

    Al ver esos ojos verdes, me abismé del asombro. ¡Era Norman! Con sus diecinueve años y lucia más alto y delgado aunque muy fibroso por los músculos desarrollados que tenía. Aquella vista me pareció que había visto un ser angélico.

    —Norman. ¿Eres tú? —Pregunté incrédulo.

    —¡Harold! ¡Mi amigo Harold, que de años que no te veía! —Me respondió asombrado.

    —¡Sí que es toda una sorpresa! ¿Cómo has llegado a América? ¿Te has venido a vivir el sueño? —Pregunté bromeando.

    —Pues, ya sabes, allá abajo no hay muchas oportunidades, así que, aquí estoy buscando mejores opciones de vida y libertad —dijo reflexivo.

    —La dolorosa realidad de nuestros pueblos del sur. —Dije también en tono reflexivo.— Pero ven. ¡Te invito a mi casa, no está lejos!

    Trotamos, y a los dos minutos ya estábamos en casa. Inmediatamente preparé té, porque no me gusta el café. Había preparado aquella mañana una masa para bisquits, que aproveche entonces, por mi nueva visita, y los horneé y serví con queso. Nos sentamos a conversar un buen rato allí, en el sofá de la sala de estar. Hablamos de todo un poco. Norman se interesaba por cada cosa que yo le decía, y en algunos temas parecía interesarse al grado de preguntarme más sobre el mismo. Mientras, las horas pasaban.

    Cuando tocamos la parte de sexo, se interesó mucho por el tema del sexo oral, tema que a mí también me gusta en particular, aunque no suelo hablar mucho de ello. Hablando de relaciones, le comenté que yo estaba solo, sin nadie que me mirara todavía.

    —Tengo una novia —Dijo.— Aunque a veces me frustra, es muy asquienta a la hora de chuparme la pija —dijo en tono un tanto herido.

    —Algunas mujeres lo son. ¡Pero anímate! ¡Al menos tienes a alguien! —Lo intentaba consolar.

    —Pero es que no sé, Harold, le falta eso a lo nuestro. Me calienta mucho cuando veo las porno, aquellas chicas mamando y tomando leche como unas becerritas, o cuando simplemente le hacen una buena paja al hombre, que se corren en la mano de su novia… ¡Uf! Es para mí de lo más puto caliente que me puedo imaginar. —Decía sobándose su entrepierna.

    Noté como aquellos comentarios le generaron una erección, y a mí se me paró también de sólo pensar que tal vez en eso podría ayudar a mi amigo. Pero debía ser cauteloso. Sin embargo, la próxima señal vendría de él mismo.

    —Tengo meses queriendo saber que es una buena mamada —dijo.

    —Pues en eso te puedo ayudar. ¡Dicen que los hombres la chupan mejor que las mujeres! —Dije bromeando, y solté una risa fingida, aunque lo suficientemente aceptable para ser real.

    —¡Ay hombre! ¿Acaso eres marica o qué? Ofreciéndote a mamármela. —Dijo entre risas.

    Aquella respuesta hirió un poco mi ego, sin embargo, para continuar la tertulia, sin esperanza de nada más, dije:

    —Marica es el que se enamora. Yo no he dicho que me voy a enamorar. —Dije herido.

    —Bueno, con una mamada se empieza el curso ¿No? —Dijo burlándose.

    —¿A qué no te gustaría tener una mano amiga? —Dije con picardía.

    Se hizo un silencio incómodo, creí que Norman se marcharía disgustado con semejante propuesta y quizás no le vería yo más. Pero para mí grandiosa sorpresa, Norman se coloca frente de mí, toma su pija, que está ya dura, y la saca de su pantaloneta, y dice:

    —A ver qué tal la chupa mi amigo.

    Su pija era, puedo decir, la pija normal, común y corriente, salvo que tenía una pequeña curvatura irregular, y era muy rosada con una enorme vena. La tome con mi mano y la pajeaba acariciándola un poco. Mi amigo soltó un hondo suspiro y sentí su mano en mi nuca empujándome gentilmente la cabeza. Él estaba ansioso de probar mi boquita y yo de saborear su pija, que emanaba un olor a macho que me ponía a mil.

    Me levanté del sofá, y comencé a masturbarlo primero lentamente e iba aumentando el ritmo, mi amigo ponía caras de placer que me excitan con solo recordarlas. Le solté la pija y le dije Debes hacer esto completo. Primero tú debes probarla. Pensé que rechazaría pero se colocó de rodillas y tomo mi pija, la sacó de mi corto negro sudado y se la metió a la boca. Primero la chupaba un poco incrédulo, luego iba usando su lengüita que me hacía sentir extasiado. Mi pija no es muy grande tampoco. Escasos 17 cm, pero el grosor compensa la falta de tamaño.

    A medida que se iba poniendo más confianzudo más profundo buscaba metérsela a la boca, o se la sacaba y me lamia gentilmente. Con una de sus manos me hacía caricias a mis huevos.

    Lo levanté del sofá y le quité su camisilla blanca sudada dejando su pecho y abdomen descubierto, era todo fibra de musculo. Comencé a tocar sus pezones duros, y los pellizcaba gentilmente mientras mi otra mano acariciaba su abdomen, él me pajeaba como un profesional, me estaba ordeñando realmente.

    Comencé gentilmente a acariciar sus nalgas duras y a rosar mis dedos en su entrada, que era muy limpia y rosada. Me ensalivé un dedo y lo introduje mientras con la otra mano lo pajeaba. Sus ojos brillaban como una esmeralda en verde fulgor, lo estaba disfrutando, así que lo lancé al sofá donde cayó acostado, me abalancé encima de él y yo iba besando desde su cuello hasta sus pezones. Me encantaban, eran oscuritos. Él gemía y gruñía de placer mientras seguía metiendo mis dedos en su cola.

    Le susurré al oído Que linda cola que tienes. Él solamente gimió y se colocó contra mi pija al voltearse me desnudó completamente y comenzó a mamarme la pija de nuevo. La sacó de su boca y me masturbaba con fuerza haciéndome bombear la pija. Finalmente lo volteé, abrí sus nalgas y comencé a intentar entrar mi pija en ese agujerito ajustado. Comenzó a gemir fuerte. Ambos de pies, nos dábamos placer

    Al lograr entrar comencé un lento y suave mete-saca que fui aumentando en ritmo hasta ir rápido y ligero. Norman gemía en alta voz, y yo le besaba detrás de la oreja, en un momento determinado sacaba la pija y masturbaba a norman, luego entraba de nuevo en él, en este juego sexual estuvimos un buen rato hasta que finalmente me sentí cerca y salí de él, me quité el preservativo que me puse al entrar en él, y él se bajó a pajearme muy rico y fuerte, terminé bombeando cuatro chorros de leche que dos de ellos pararon a su cara, y lo demás dejó su mano llena de mi lechita.

    Lo tumbé en el sofá nuevamente, sus verdes ojos brillaban de lujuria y su rosada pija estaba como una roca. La tomé y comencé a darle una buena mamada lamiendo cada lugar, chupando su cabecita, lamiendo sus huevos, pajeándola metida en mi boca. La chupaba dejando que rosara mi paladar mientras la pajeaba con mi mano, finalmente se vino en un orgasmo fuerte y me llenó la boca de leche que me tomé como perrito hambriento.

    Tumbados, desnudos, y sudados, en el sofá Norman exclamó:

    —¡Oh vaya que no solo la chupan mejor, hasta cogen mejor y mucho mejor que cualquier mujer! Esto ha sido fenomenal. —Dijo extasiado de lujuria y placer.

    Nos quedamos dormidos un rato, al despertar eran casi las nueve de la noche. Se fue apresurado porque debía trabajar mañana temprano, lo mismo que yo. Nos quitamos los números de teléfonos y estamos en contacto para cualquier otro encuentro futuro.

    HTA

    PD: Perdonen lo largo del relato. Es primera vez que escribo para publicar. Cualquier pregunta o sugerencia, no olvides dejar un comentario.

  • La primera de las noches

    La primera de las noches

    La historia en sí comenzó una noche de primavera cuando había salido de fiesta con unos amigos (hombres como mujeres). Una de ellas: Natalia (no su nombre real), no somos mejores amigos, pero tampoco nos llevamos mal. El problema con ella es que aunque es bastante guapa no piensa eso de ella misma. Morena, 1’66, grandes cualidades frontales y aunque algunas, no tantas traseras.

    Esa noche, después de la fiesta algunos amigos (entre ellos Natalia) fuimos a mi casa a pasar un rato más.

    Eran casi las tres de la mañana y ya casi todos se habían ido. Debo agregar que ya íbamos un poco pasados debido al alcohol. Ella no se encontraba muy bien como para irse manejando a casa, por lo que le dije que se esperara y le pediría un taxi.

    Nos quedamos hablando un tiempo, el taxi parecía no llegar.

    —No sé cómo haces para siempre estar tan relajado entre mujeres —no es exactamente lo que dijo, pero esto lo resume— yo siempre me pongo muy nerviosa.

    Me reí ligeramente.

    —Si tan solo supieras lo bella que eres no lo estarías.

    No sé si fue el alcohol o la tensión que había entre nosotros desde hacía un tiempo pero lo dije con un tono provocador.

    —¿En serio lo crees? —correspondió a mi provocación acercándose ligeramente.

    Estábamos en el sillón, nuestros rostros a unos pocos centímetros. Podía sentir su suave y cálido aliento.

    Cerré los ojos y me dejé llevar por el momento. Sentí el sabor a alcohol y frutas de sus labios contra los míos. No estaba mal. Llevé mis manos hasta sentir su cuerpo y lo recorrí hasta donde mis dedos alcanzaran. Poco después sentí como su mano comenzó a hacer el mismo recorrido en mi cuerpo. El calor de su cuerpo hacía que la noche no pareciera tan fría.

    Perdí completamente la noción del tiempo y lo que me despertó fue el sonido del timbre: el taxi había llegado.

    —Supongo que te tienes que ir —dije separando ligeramente los labios.

    —O tal vez podríamos decirle al taxi que se vaya.

    Me sorprendió un poco su atrevimiento, y más por su forma de ser. Me reí y bajé, le di al taxista 3 euros que tenía en el bolsillo y volví a subir.

    —Creo que sería mejor si fuéramos a mi habitación.

    Entramos y encendí las luces.

    —No —me dijo poniendo su mano sobre la mía, que seguía sobre el interruptor.

    En mi cuarto tengo en el techo tiras de luces led, así que las encendimos. Una tenue luz morada iluminaba ligeramente la habitación.

    Nos acostamos en la cama y continuamos un tiempo besándonos. Metí una de mis manos bajo su blusa y la comencé a levantar lentamente. Ella se alejó un poco. Dudó un segundo, pero se quitó por completo la blusa, yo la seguí. Estaba a punto de continuar desnudándose, pero la paré y la atraje hacia mi, poniéndola encima de mí.

    Mientras la seguía besando con mis manos le desabrochaba el brasier. Después de unos segundos sus hermosos pechos chocaban contra mi cuerpo con cada pequeño movimiento que hacíamos. Había soñado bastante con aquel momento. Se sentían incluso mejor de lo que había imaginado. Con mis manos los acariciaba, tanto con dulzura como con pasión.

    Después de unos momentos mis manos y mi otra cabeza, inspirados por la desesperación, tomaron el control de mi cuerpo y guiaron mis dedos hasta el pantalón de Natalia y luego el mío.

    Ambos quedamos completamente desnudos, nuestros cuerpos bañados en aquel tiente morado. Aunque no podía ver bastante disfrutaba de cada pequeño detalle de su moreno cuerpo.

    —Ves, eres hermosa.

    Mientras ella bajaba hasta posar su cabeza junto a mi cintura. Luego de admirar mi pequeño amigo allí abajo, que se encontraba en su mejor momento, se preparó para la tarea. Abrió su boca y lentamente fue introduciendo mi pene en ella. Sentía con maravilla como movía su lengua por todo mi miembro haciéndome sentir cosas increíbles.

    Me dediqué a disfrutar un rato el momento, pero pronto mi cuerpo comenzó a sentir ansias de más. Tomé su cuerpo y la guie a dar vuelta, quedando su vagina frente a mi rostro. Sumergí y boca en su sexo lamiendo todo lo que quedara a mi alcance. Lamia todo ese delicioso néctar con su sabor peculiar. Por momentos sentía como por unos segundos dejaba de chupármela para dejar escapar ligeros gemidos de placer. Yo por mi parte a pesar de sentir su peso sobre mí me sentía como si volara entre nubes de placer puro.

    Después de unos momentos me volví bajándola de mi y yo de la cama. La agarré de sus muslos y la acerqué al borde. Abriendo sus piernas se mostraba voluntaria a entregarme su cuerpo. Subí un poco mis manos hasta que quedaran por encima de su cadera y la atraje con mayor cuidado hacia mi. Lentamente comencé a introducirme dentro de ella. Al principio una leve resistencia me impedía llegar al fondo del placer. Pero lentamente esta se fue disipando, dejándome mayor libertad de movimiento. Con el mismo comencé a entrar y salir de ella con mayor velocidad y fuerza. En su rostro se veía una fusión de dolor y delicia, conforme el tiempo pasaba se veía menos del primero dando paso solo al segundo.

    Por mi parte disfrutaba ver cómo sus pechos saltaban al compás de mis embestidas, me hacían excitarme incluso más. Hasta estar a punto de venirme, pero me salí antes.

    Me acerqué por encima a ella y la besé. Mi erecto pene sobre sus muslos, sus hermosas y perfectas tetas contra mi pecho y sus suave y deliciosos labios y lengua contra los míos.

    Con mis manos en sus caderas la moví mientras me ponía bajo suyo. Nos seguíamos besando cuando nos comenzamos a acomodar. Con mis manos sobre sus hombros la fui levantando hasta que quedara sentada sobre mi. Con cuidado se introdujo sobre mi pene. Con lentos movimientos subía y bajaba. Me volví a excitar incluso más por el movimiento incesante de sus tetas que por otra cosa. Además ver su hermoso rostro de deseo y pasión hizo que estuviese a punto de venirme. En ese momento ella se vino y me excitó incluso más, ya no podía aguantar más. Logré salirme a tiempo viniéndome instantáneamente. Poco después nos quedamos dormidos desnudos junto al otro.

    Lo que pasó a la mañana siguiente es otra historia…

  • Don Genaro

    Don Genaro

    Me presento, soy Ivónne tengo 24 años, soy travesti, soy de Veracruz, pero por el momento vivo en el estado de México.

    Tengo un cuerpo gordito me dicen que soy gordibuena, piel medio morena, alta de 1.75.

    Desde muy pequeño me gustó la ropa de niña, sus vestidos ropa interior etc., a veces me ponía de mi mamá o de mis hermanas, y así crecí con esa pasión de vestirme de chica y me hacía feliz.

    A los 22 tuve que emigrar al estado de México ya que en Veracruz las oportunidades de trabajo eran pocas y las que habían eran muy mal pagados o solo se entraban a las empresas por medio del palancaso, así que viendo la necesidad metí papeles a empresas de México unas en la ciudad y otras en el estado, estuve esperando alrededor de 2 meses hasta que una en el E. De México me marcó, me hicieron la entrevista por vía video llamada y a la semana me volvieron a marcar que les interesaba mis servicios, (en la vida de chico yo soy ingeniero en alimentos), fue martes la llamada y tenía que estar el lunes ya en México para iniciar con mis labores, así que me fui jueves en la noche para llegar temprano y buscar algún cuarto en renta para quedarme, visite varios pero eran muy caros o estaban algo lejos, ya casi a las 5 de la tarde encontré una casa de dos cuartos y una sala por buen precio y estaba un poco más cerca de donde iba a trabajar, así que lo tomé y firmamos un contrato de un año.

    Me presente a trabajar y me agrado la empresa todos muy buenas personas y amables, pasaron los meses y poco a poco me fui comprando mis cosas, una cama, un mini refrigerador, y una televisión, también me compre unas ropitas de chicas, como: blusas, medias, tanguitas, cacheteros de encaje, mini faldas, mini shorts, mini vestidos, dos pelucas y un par de tacones que le compre a otra chica tv.

    Ya había pasado 8 meses desde que había llegado había veces en que iba a visitar a mi familia y otras ellos iban y pasaban unos días conmigo, claro mi ropita siempre la tuve oculta en una maleta con candado para que no la revisaran.

    Como les contaba ya había pasado 8 meses y todo tranquilo era septiembre y mes patrio, el mero día 15 recibí una llamada de la señora que me rentaba la casa de que quería hablar conmigo y dije que sí que llegaba a la casa a las 7:30 pm y así lo hizo cuando llegue ya me esperaba, la hice pasar adentro y ya si más me dijo que si le hacía el favor de que hospedara a un amigo de ella ya que venía de chispas y no tenia en donde quedarse y si aceptaba solo le diera la mitad de la renta, yo pregunte cuanto tiempo iba a estar y me dice 5 meses a lo que yo le digo que sí, pero solo pagaría 2 meses de renta a mitad del precio y los otros dos no se los pagaba y así cuando renováramos el contrato el mes que quedó se perdería y se lo pagaba completo, ella lo pensó uno minutos y aceptó, dijo que su amigo llegaría el domingo.

    Se llegó domingo y por la tarde me habla la señora y me dice que ya va con su amigo a la casa, a los pocos minutos llegaron era Don Genaro, un señor de unos 60 años un poco más chico, pero se veía como de 40 años, es gordo, con barba y cara de matón al principio cuando lo vi me sorprendí porque se veía de pocas pulgadas, pero no ya estando en casa y platicando resultó ser buena persona, tranquilo y agradable, le pregunte porque había ido a la capital y me dice que sus hijos lo demandaron por la casa y no podía habitarla hasta que se esclareciera el caso y no tuvo otra opción que hablarle a doña emirla así se llama la casera, y ella lo ayudo, poco a poco nos fuimos llevando bien pero por otra parte ya no me podía vestir de niña porque ahí estaba el, ni modo dije solo serán unos meses, yo me iba a trabajar y él se quedaba, y así por el primer mes, hasta que una tarde llegue y lo vi serio yo no hice caso y seguí con mi vida pero después de unos días ya me preocupaba así que decidí hablar con él y preguntarle que era lo que le pasaba, y le dije oiga don Genaro quiero hablar con usted y me dice si claro yo también quiero hablar contigo y dije va lo espero en la mesa, al los minutos llegó el y se sentó y le dije:

    Yo: que le pasa Don desde hace unos días lo noto raro, ¿se siente bien? O ¿algo así?

    Don Genaro: no te preocupes estoy bien, solo que hay algo que me perturba y quiero saber de una vez, ¿tienes novia?

    Yo: no entiendo que tenga que ver esa pregunta pero no no tengo novia ni nada

    Don Genaro: entonces ¿porque tienes mucha ropa de mujer encendidas en la maleta?

    Yo: ¿cómo?, ¿revisó mis cosas?

    Don Genaro: si necesitaba 10 pesos para una cajetilla de cigarros y al ver la maleta con candado me pico la intriga y la abrí, y vi toda esa ropa, ahora dime que onda contigo ¿eres marica?

    Yo: no no soy marica

    Don Genaro: ¿entonces toda esa ropa? Dime o hablo con ermila y que ella vea todo esto

    Yo: está bien don, solo me gusta vestirme de mujer a veces y ya no soy gay ni marica ni nada de eso

    Don Genaro: y porque lo haces?

    Yo: pues por placer y ya no tiene nada de malo

    Don Genaro: y te han visto otras personas?

    Yo: no no para nada usted es el único que lo sabe

    Don Genaro: a mira así que yo soy el único, muy bien pues fijate que quiero verte de mujer

    Yo: ahorita?

    Don Genaro: si y apúrate, dices que lo haces por placer pues quiero verte a ver si deberás das placer con solo verte

    Sin decir nada más se levantó y se fue a la tienda, yo no sabía que hacer y entre mis dudas poco a poco me fui al cuarto y me empecé a cambiar, me puse unas medias negras de encaje una mini falsa roja, una tanga negra, un brasier negro y un top blanco, con unos tacones negros altos, una peluca castaña y me maquille, solo faltaba el perfume y lista solo estaba esperando a que llegara Don Genaro, llegó a la hora y media, y al verme no se lo podía creer, babeaba, sin decir nada se sentó y me observó unos minutos dándome señas que diera de vueltas y por fin reaccionó.

    Don Genaro: woow hermosa, con razón te das placer si estás hermosa, y bien buena, hasta dan ganas de tocar todo eso.

    Yo: (temblorosa pero ya excitadísima) pues adelante toque

    Don Genaro: enserio? Si que lo haré porque esto lo veo todos los días

    Y en ese entonces me comienza a toca, primer mi cara, mis brazos, mi cintura, y llego a mis nalgas que las sobaba por encima de la faldita, y yo toda excitada y sin más le clavo un beso y el corresponde y poco a poco al cuello hasta que de momento para y me dice:

    Don Genaro: oye y como te digo?

    Yo: dígame Ivónne

    Don Genaro: bueno Ivónne, quieres ser mi novia?

    Yo: es enserio? si si quiero ser su novia

    Don Genaro: gracias, pero novios de verdad, aquí siempre quiero que estés de mujer ya en la calle normal y más adelante vemos si salimos a la calle, otra si notas las diferencias de edades?

    Yo: me fascina ser mujer siempre aquí y si es para ti me gustaría mucho, y cuál es el problema con las edades? No importa

    Don Genaro: bueno mi niña, entonces vamos a cenar y después nos acostamos a ver un rato la tele o una película si quieres

    Yo: si Don Genaro, ahorita mismo sirvo la cena y ya vemos la tele

    Don Genaro: ok, pero ya no me digas don, solo Genaro o amor algo así jajaja

    Yo: bueno amor siéntate que vamos a cenar

    Yo no podía creer lo que había pasado, hace un par de horas era un chico normal y ahora ya soy novia de un hombre que es dos veces mayor que yo.

    Pero seguí adelante, cenamos y como dijo nos fuimos a la cama a ver la tele pusimos una película de jurassic Park que me encantan y la vimos como un par de novios normales, el acostado y yo a su lado abrazándolo.

    Termino la película y me quite la blusa y la faldita dejándome solo en brasier y en tanga y medias, y el solo en bóxer, era la primera vez que dormíamos juntos desde que llegó, yo lo empecé a besar y el comenzó a besarme el cuello, me agarraba las nalgas, y me repegaba contra el sintiendo su pene ya bien erecto hasta que decidí ir hasta su pene y bajar el bóxer sin decirle nada se lo comencé a chupar de arriba abajo y el se retorcía del placer, después me levanto y comenzó a chuparme mi anito y a meterme sus dedos hasta que vio que ya era tiempo, me puso en cuatro hizo a un lado mi tanguita y puso su pene en la entrada de mi anito y empujó poco a poco yo gemía y daba algunos gritos de dolor pero todo caballeroso se esperaba a que me pasara el dolor y seguía hasta que logró meterlo todo así se quedó unos minutos y después comenzó en saque y mete, a ese punto el dolor iba disminuyendo y el placer iba incrementando, estuvo unos 20 minutos así hasta que sentí calientito dentro de mi, lo saco y rápidamente me volteo para que limpiara su pene de la leche que había sacado, se levantó y se fue al baño yo me quede sintiendo mi anito como salía leche llegó me dio un beso en la frente y me dio rollo para que me limpiara se acostó y yo encima de él no me quería desprender de él, el me abrazo y así dormimos hasta el otro día que me fui a trabajar, lo dejé durmiendo me bañe y me fui, pase todo el día pensando en lo de anoche y en él, terminó mi trabajo y al llegar a casa ahí estaba el, me vio y lo salude normal me pase al cuarto y salí como Ivónne, él se levantó y me dio un beso en los labios riquísimo, me dio una nalgada y me fui a preparar la cena, así estuvimos por varios meses.

    Ojala y les guste, más adelante les platico más cosas ricas que hicimos como pareja.

  • Mi tía Leonor: El día de su cumpleaños (1 y 2)

    Mi tía Leonor: El día de su cumpleaños (1 y 2)

    Llegué a casa de mi tía Leonor, dos días antes de su cumpleaños número 42, iba a pasar dos meses en su casa, mientras entraba a la universidad, donde tendría una habitación dentro del campus.

    Decidí aceptar la beca de posgrado en una universidad tan lejos de mi país, porque sabía que ahí vivía la hermana menor de mi madre y su hija de mí misma edad, a mi tía solo la había visto dos veces en mi vida, y a mi prima solamente la última de esas veces. Pero después de esto, había hecho una buena relación internáutica con ambas.

    Mi prima también estaba de beca en otro país, por lo que tomé su recámara por unos días. Así que, durante esos dos días, fui la única ayuda de mi tía Leonor para preparar su aniversario.

    A la fiesta acudieron unas 20 personas, entre amigos, clientes, proveedores y vecinos de mi tía, la celebración tuvo un toque mexicano, todos se divirtieron y disfrutaron la comida y la bebida, aunque pocos se sobrepasaron.

    Pasada la medianoche, se fueron los últimos invitados, cuando estuvimos solos, mi tía me comentó que si quería me podía ir a acostar, ella se cambiaría y empezaría a arreglar la casa, para así poder levantarse tarde, le dije que por ningún motivo la dejaría hacer todo sola, que también me cambiaria y le ayudaría con la limpieza.

    Me puse unas bermudas y una camiseta de tirantes y bajé a levantar lo que estaba tirado, mi tía tardó un poco más en bajar, traía puesto un camisón de algodón de un color beige claro hasta media pierna con dos aberturas laterales que permitían ver el muslo completo, se transparentaba que traía un bikini azul minúsculo como única ropa interior. En los días anteriores, si había puesto atención a la belleza física de mi tía, pero en ese momento pude apreciar casi a totalidad que, a sus 42 años, mi tía seguía siendo una mujer súper atractiva, su cuerpo firme y macizo, piernas bien torneadas, nada de abdomen y un par de pechos que, aunque particularmente no eran nada grandes, se conservaban bien paraditos con sus tetas y aureolas grandes y obscuras.

    Involuntariamente me quedé estupefacto al ver semejante belleza de mujer bajando por las escaleras, hecho que causó una leve sonrisa a mi anfitriona que con su voz me despabiló de nuevo para seguir haciendo la limpieza

    -Vamos Isaac, deja de verme como idiota y acabemos de limpiar la casa

    Pero no había forma de perder de vista aquel monumento de mujer, sobre todo cuando me daba la espalda o se agachaba a recoger algo y de esa forma mostraba más sus encantos. Después de 20 minutos de observar aquello mi hombría no daba para más, una tremenda erección se dejaba ver bajo mis bermudas y no había forma de hacerla pasar desapercibida, aunque trataba de darle la espalda a mi tía cuando me hablaba, bien pudo darse cuenta de mi estado de excitación y lejos de sentirse ofendida o molesta por esto, empezó a jugar conmigo. Cuando estaba lavando la loza, me pidió le ayudara a subir algunas cosas a la alacena superior, justo arriba del lavadero, por lo que tuve que acercarme a ella lo suficiente para repegarle mi tranca a su pierna, al sentir esto, mi tía giro levemente para que aquel pedazo de carne que latía en su muslo pasara a colocarse justo en medio de sus nalgas.

    -Que tienes allí abajo sobrino que se siente tan rico. Tenle respeto a tu tía.

    Pero al mismo tiempo empezó a mover su culo hacia arriba y hacia abajo como queriendo sentir aquello más adentro.

    -Sabes cuánto tiempo tenia de no sentir algo así, jamás pensé que te excitarías así con una mujer vieja como yo.

    Al tiempo que sus manos empezaron a subirse el camisón, mis manos bajaron mis bermudas y mis boxers hasta las rodillas, por lo que lo siguiente que sintió era mi verga restregándose en su pequeña braguita, provocando ligeros quejidos de placer. Mis manos empezaron a manosear sus tetas, las sobaba al tiempo que las tomaba fuertemente para mover mi pelvis de afuera hacia adentro como si me la estuviera cogiendo.

    -Dios, no sigas Isaac, me vas a hacer venirme.

    Recargo sus codos sobre el mueble de la cocina mientras una de sus manos hacia a un lado la tela de su bikini y la otra tomaba mi verga para dirigirla a su humedísima panocha.

    -Cógeme sobrino, cógeme duro

    Mi tranca entro en ella como cuchillo en mantequilla, apenas entraba mi glande cuando mi tía tuvo un espasmo provocado por su primer orgasmo.

    -Ah, que rico Issac, no pares mijo, no pares, métemela toda, no pares mijo

    -Ah, me vengo, ah, me vengo

    A pesar de su edad, la vagina de mi tía apretaba riquísimo mi verga, mientras ella subía una de sus piernas al mueble, no deje de penetrarla hasta sentir que mis huevos chocaban con sus nalgas, en aquella posición, mi verga entro tan profundamente que podía sentir sus paredes vaginales abrazando todo mi miembro. Una y otra vez arremetía sobre ella, mi pene entraba y salía de su nido de amor con facilidad, su chocho estaba más que lubricado por sus fluidos vaginales, luego de poco más de 5 minutos de taladrarla mi tía empezó a dar muestras de que un segundo orgasmo la estaba invadiendo

    -Ah, que rico, que rico coges primor, me estoy viniendo de nuevo, ah, que rico se siente esto, no pares mi rey, sígueme dando duro.

    Pero un orgasmo gigantesco de mi parte vino en ese mismo momento, sin decirle nada, acabe vaciándome dentro de ella.

    Permanecimos pegados cual perros durante el tiempo que mi verga perdió vigor, mi tía solamente emitía suspiros de placer y cansancio, yo recostado sobre su espalda hasta que mi tranca salió de ella chorreando líquidos de ambos

    -¿Te viniste adentro, verdad mijo?

    -Si tía, me fue imposible evitarlo, estaba muy excitado para sacarlo a tiempo

    -No, te preocupes, eso se puede solucionar, ¿qué te parece si vamos a mi recámara y pasamos la noche juntos?

    Parte 2:

    Mientras subíamos las escaleras, mi tía se quitó su bata, dejando así, que yo pudiera mirar sin ninguna barrera aquel cuerpo.

    Si acaso una ligera llantita en su cintura y algunas estrías en sus nalgas podría mencionar como detalles que dejaban ver que mi tía no era una mujer joven, pero ese par de piernas y los bellos cachetes de sus nalgas que se veían al traer la tela de sus bragas bien metida entre ellas mandaban a segundo plano aquellas imperfecciones.

    Llegando a su recamara, mi tía se despojó de la única prenda que todavía tenía puesta y ya totalmente desnuda preparaba la cama para que nos metiéramos en ella. Yo también me deshice de toda mi ropa dejando ver que mi pene empezaba a avisparse nuevamente.

    -Vaya Isaac, la juventud se impone, que bueno que ya estás listo para continuar haciéndome gozar, nada más ya no me digas tía por favor, para ti, de ahora en adelante soy Leonor o Leo, como más te guste.

    Caminó hacia mí, mostrando sus pechos macizos, con pezones tangentes y obscuros, una mata de bellos púbicos recortados finamente en forma de triángulo cubrían tímidamente sus partes íntimas, la humedad en ellos, mostraba claramente lo que había pasado minutos antes.

    Nuestros labios se unieron en un beso apasionado, Leonor besaba con desesperación, después de aquel tiempo de privación, quería aprovechar el momento para saciarse toda nuevamente, nuestros brazos y manos oprimían nuestros cuerpos entre ellos como queriendo fusionarlos. Nuestras lenguas se buscaban y entrelazaban una y otra vez, provocando que el flujo de saliva entre nosotros fuera como un rio caudaloso, que rico sabor que rico olor el de aquella mujer.

    Mi verga, recuperada al 100%, buscaba nuevamente donde anidarse, sobaba directamente el clítoris de Leo, entre sus piernas ligeramente abiertas. De vez en vez en el movimiento erótico de nuestras pelvis, mi glande encontraba los labios abiertos del coño de mi tía y amaga introducirse en ella.

    Leonor no podía más y quería sentirse penetrada nuevamente, se acostó en la cama, abrió sus piernas mostrándose lista, húmeda, caliente y dispuesta a recibirme nuevamente.

    -Vente Isaac, ven y cógeme nuevamente, hazme tuya y méteme esa verga tan linda y enorme que tienes.

    Me hinque frente a ella, acomode la cabeza de mi tranca entre sus piernas, justo en la entrada de su sexo y de un solo golpe me introduje hasta el fondo de ella, después de unos minutos de bombeármela, le saque la verga y la acomode en cuatro patas, para cogérmela como perra, así le llego otro orgasmo, yo sabía que mi segundo orgasmo tardaría más tiempo que el primero así que sacándole nuevamente mi pene, me acosté boca arriba y le pedí me montara de frente y así disfrutar su cara extasiada y el bamboleo de sus tetas, se colocó justo sobre mi erecta verga, hincada, abriendo sus piernas, con una mano acomodó mi glande justo entre sus labios vaginales y despacio, poco a poco se fue enterrando aquel fierro hasta que su sexo quedo unido a mi pubis, empezó a moverse hacia atrás y hacia adelante, sus nalgas mostraban la experiencia de los años y aunque decía tener mucho tiempo de no hacerlo, sus movimientos mostraban una destreza propia de una gran puta en celo.

    Mis manos sobaban y acariciaban aquel par te de tetas, aunque a veces la pasión que me desbordaba hacía que las oprimiera más que sobarlas, me senté para besarla y justo en ese momento sentí que pronto terminaría

    -Leo, estoy a punto de correrme, no creo aguantar mucho más.

    -No te preocupes mi amor, vuelve a acabar adentro, inúndame de tu leche, no te salgas hasta que acabes.

    Con un beso apasionado, Leonor moviendo como loca su culo tratando de exprimirme al máximo y a la vez tratando de llegar a otro orgasmo con lo último de rigidez que le quedaba a mi verga, ambos explotamos al unísono.

    Después de esto, ambos nos recostamos, abrazados, sudorosos y agotados de tan rica experiencia.

    Valga decir que los siguientes dos meses compartimos dormitorio, hicimos el amor en cada habitación de la casa (hasta en el cuarto y cama de su hija), Leonor en esos dos meses, tuvo más sexo que en toda su vida entera.

  • Mis aventuras con Nadia y mi nuevo amigo Luis

    Mis aventuras con Nadia y mi nuevo amigo Luis

    Desde hacía algunos meses, mantenía con Nadia una relación de follamigos. Nos veíamos de vez en cuando, quedábamos para tomar algo o paseábamos por la ciudad, y luego íbamos a su casa o la mía y ahí liberábamos nuestras tensiones. A veces quedábamos directamente en alguna de las casas para nuestras sesiones de sexo. Todo era muy cómodo para ambos, nos llevábamos genial, el sexo era estupendo para los dos y nunca hubo compromisos ni promesas de exclusividad. Un día, una propuesta suya para probar algo nuevo que yo acepté iba a provocar cambios importantes en mi manera de entender el sexo.

    Para que os hagáis una pequeña imagen mental, yo no soy muy alto (1.72) soy rubio, de ojos azules y la piel blanca; aunque como voy mucho a la playa y vivo en una zona soleada tengo algo de color. También voy al gimnasio así que, sin estar fuerte tengo el cuerpo bien tonificado. Tengo una polla de tamaño normal, nada del otro mundo, pero se pone dura con facilidad y, no solo Nadia, si no otras compañeras con las que me acuesto dicen que es muy bonita. Me gusta cuidarme y verme bien en el espejo, cuido mi aspecto, me gusta vestir bien y siempre voy completamente depilado y afeitado, no tengo ni un solo pelo en mi cuerpo, solo en la cabeza.

    Nadia es un poco más bajita que yo (1.66 aproximadamente), y es algo rellenita sin estar gorda, es de piel blanca, pelo castaño, ojos verdes y tiene unas tetas grandes y firmes, como su culo, que sin ser enorme tiene unos glúteos bien trabajados; todo su cuerpo es firme y terso sin un gramo de celulitis. Además, tiene unos labios gruesos y un piercing en la lengua con lo que, besarla y frotar mi lengua con la suya es algo que me pone cardíaco, y las mamadas que hace os las podéis imaginar, no sólo por el piercing sino por cómo succiona, como mueve la boca y la lengua y cómo te mira mientras lo hace. También le gusta vestir llamativa, suele llevar minifaldas, a veces muy cortas luciendo un muslamen maravilloso, a veces las combina con botas altas o se pone esas medias cortas que llegan hasta las rodillas y bueno… es habitual ver a los chicos girándose para mirarla, y es evidente que a ella le encanta sentirse deseada.

    Como ya dije antes, la propuesta que me hizo iba a dar un giro de 180º en mi vida, aunque en ese momento ni me imaginaba lo que pasaría. Estaba una tarde con ella en mi casa y habíamos tenido una sesión de sexo muy placentera para ambos. Nos habíamos dado una ducha y estábamos los dos en mi sofá en ropa interior, acariciándonos y viendo la tele. Ninguno de los dos tenemos reparos en hablar de sexo e intercambiar impresiones sobre lo que nos gusta y lo que no, así que en esta ocasión tampoco iba a ser una excepción:

    Nadia: Oye, estaba pensando una cosa.

    Yo: Dime.

    N: ¿Alguna vez has hecho un trío?

    Y: Pues la verdad que no, pero joder, es algo que me gustaría probar, ¿por qué? ¿Tienes alguna amiga? jajaja.

    N: Pues la verdad es que no, pero no hablaba de ese tipo de trío, si no con otro chico, a mi es algo que también me gustaría probar y si ocurre me encantaría que tu fueras uno de los chicos.

    Y: Pues… es algo que ni siquiera me había planteado, no se tía, estar ahí contigo y ver a otro tío en pelotas… No sé cómo podría asimilarlo.

    Nadia tiene una picardía fuera de lo normal y sabe de sobra como camelarme así que ante mis reservas supo cómo actuar y venderme la situación, empezó a darme unos besos en el cuello y a ronronear, cuando empezó a notar que me excitaba me empezó a pasar la punta de la lengua por el cuello con mucha suavidad, a mi se me escapó un suspiro y ella se rio malévolamente. Acto seguido me empezó a acariciar el paquete por fuera de mi bóxer mientras me susurraba al oído:

    N: ¿No te gustaría hacer eso por mi? A mi me encantaría masturbar una polla mientras chupo la tuya, y luego masturbar la tuya mientras chupo la otra, volver a chupártela mientras me están follando, y ponerme bien caliente mientras dos maromos me manoseáis y hacéis conmigo lo que queráis. Me encantaría ver cuántas veces podríais hacer que me corriera.

    Mientras me decía todo eso, su mano ya estaba por dentro de mis calzoncillos y me estaba pajeando muy lentamente; yo ya tenía la polla dura como una piedra, y tengo que reconocer que sus palabras habían echado a volar mi imaginación y me había puesto muy cachondo el imaginarme a Nadia gimiendo de placer y rota después de una sesión así. Así que mi respuesta no se hizo esperar:

    Y: Podría ser interesante.

    N: Pues… tengo otro amigo al que veo a veces, se llama Luis y me encanta tanto follar con él como contigo, creo que os llevaríais bien, y me haría muy feliz tener vuestras dos pollas enteras para mí, sería estupendo.

    En ese momento, Nadia ya había aumentado el ritmo de la paja y yo ya estaba fuera de mi, había sabido exactamente que palabras elegir y cómo tocarme para ponerme a mil por hora:

    Y: Bueno, por mi vale, será otra cosa nueva que probar.

    N: ¿En serio? Ufff que bueno, no puedo esperar, hablaré esta semana con Luis y nos juntamos en cuanto podamos los tres.

    Acto seguido dejó de masturbarme, me dio un morreo tremendo y me empezó a chupar la polla con una dedicación absoluta, la forma en la que me había tocado, toda la conversación que habíamos tenido y la espectacular mamada que me estaba haciendo me tenía tan excitado que no tarde mucho en correrme en su boca; mientras a mi me salían oleadas de leche, ella seguía chupando y tragando, cuando terminé de correrme me dejó con su boca la polla completamente limpia, se tragó lo poco que quedaba y me miró con un gesto de satisfacción. Había conseguido convencerme para lo que quería y no sólo eso, si no que había conseguido despertarme el interés.

    Pasados unos días me llamó por teléfono, había hablado con Luis, le había propuesto la idea y le había encantado. Me contó que no era el primer trío que iba a hacer, cosa que por algún motivo me tranquilizó. Así que quedamos los 3 para esa misma tarde, íbamos a hacerlo en casa de Luis así que mandó un mensaje con su dirección.

    Me preparé para la ocasión, como era verano y un día caluroso me puse unos pantalones cortos por encima de las rodillas, una camiseta de tirantes y unos playeros, salí de casa en dirección a casa de Luis entre excitado y nervioso. Llegué al portal a la hora acordada y pulsé el botón del telefonillo, se abrió la puerta, entré al portal y me subí en el ascensor. A medida que subía pisos en el ascensor me iba excitando y poniendo algo más nervioso. Llamé a la puerta y me abrió Luis muy sonriente:

    Yo: ¿Eres Luis?

    Luis: Sí. Pasa pasa jajaja, te estaba esperando.

    Luis era un chico más o menos de mi altura, con pelo corto, rubio y de ojos marrones, tengo que confesar que era bastante guapo, en ningún momento perdía la sonrisa. En ese momento sólo vestía una bata bastante corta que le llegaba un poco por encima de las rodillas y me fijé que, al igual que yo, estaba bien depilado, al menos hasta donde me alcanzaba la vista, me invitó a pasar al salón y mientras le seguía empezamos a charlar un poco para romper el hielo:

    L: Nadia me llamó hace unos minutos y me dijo que se iba a retrasar, pero bueno, no hay prisa, así tú y yo podemos hablar y conocernos un poco para que la experiencia no sea tan fría.

    Y: Me parece bien, porque va a ser la primera vez y he de confesarte que venía un poco nervioso.

    L: ¡Vaya! Jajajaja pues no tendrías por qué, yo ya he hecho esto alguna que otra vez y ya verás cómo lo pasamos todos no te preocupes.

    Sus palabras y el tono en el que me las dijo me tranquilizaron bastante, me llevó al salón y se fue a la cocina, volvió con un par de cervezas y nos sentamos en el sofá uno al lado del otro. Mientras las tomábamos hablamos un poco de todo, el nerviosismo inicial fue desapareciendo y después de unos 20 minutos y acabarnos las cervezas me sentía bastante cómodo. Luis posó una mano sobre mi hombro y me ofreció enseñarme el resto de la casa, cosa que acepté, nos levantamos del sofá y empezamos a caminar. La verdad que no había mucho que ver, no era una casa muy grande, una cocina, dos habitaciones y un baño con una ducha bastante grande. Cuando llegamos a la última habitación fue cuando la cosa empezó a ponerse interesante, entré detrás de él, y se dio la vuelta para quedarse frente a mí como a uno o dos pasos:

    L: Mira, esta es la habitación donde vamos a follar, tiene una cama amplia y es grande, ¿qué te parece?

    Y: Bien bien, creo que para esto lo mejor va a ser una cama amplia.

    L: Sí, por cierto, me estoy impacientando porque Nadia no ha venido todavía, creo que deberíamos ir empezando tú y yo y cuando venga que se una si quiere, ¿qué te parece?

    No sé porqué, pero cuando dijo eso, me bajó un escalofrío por la espalda y me quedé congelado por completo, Luis se desabrochó la bata y pude ver su cuerpo. Era más o menos como yo, un cuerpo delgado pero tonificado, piel algo más morena que la mía y también estaba completamente depilado, tenía un piercing en un pezón y no llevaba nada debajo de la bata, su polla tenía un tamaño similar a la mía, quizás un poco más larga y estaba morcillona en ese momento, yo me quedé contemplándolo sin moverme y sin decir nada, la normalidad con la que me había soltado esa bomba me había dejado perplejo, avanzó hacia mi con la bata desabrochada y puso las manos sobre mis hombros mientras esbozaba una sonrisa, con mucha suavidad empezó a presionar mis hombros hacia abajo.

    No sé por qué lo hice, pero no opuse ninguna resistencia, mientras tenía sus manos sobre mis hombros presionaba hacia abajo, pero no hacía apenas fuerza porque automáticamente me fui agachando mientras me acariciaba los hombros, cuando llegué abajo del todo me puse de rodillas, tenía su polla muy cerca de mi cara y mi pulso se aceleró. Empezó a masturbarse despacio y esta fue creciendo hasta que se puso completamente dura, yo tuve el reflejo de echar la cabeza hacia atrás, pero puso su mano sobre mi nuca y sin que hiciera ninguna fuerza me detuve, y aproximó mi cabeza hacia su miembro, yo en ese momento tenía al corazón desbocado de la excitación y empecé a salivar, con la otra mano se agarró la polla, rozó mis labios con su capullo e instintivamente abrí la boca, con su mano sobre mi nuca y con la misma suavidad que había hecho todo hasta ese momento dirigió mi cabeza hacia su polla en cuanto abrí la boca hasta que se introdujo dentro, yo posé mi mano derecha sobre la base de su pene y cuando soltó la mano de mi cuello empecé a mover la cabeza adelante y atrás con la polla de Luis en mi boca. Soltó un pequeño gemido, cosa que me animó.

    Ahí estaba yo, de rodillas, chupando la polla de alguien que acaba de conocer hacía menos de una hora, completamente dominado y cuando me quise dar cuenta, mi polla también se había puesto durísima, yo seguía chupando la polla de Luis y el me acariciaba la cabeza mientras lo hacía, de vez en cuando se le escapaba algún pequeño jadeo y a veces me decía cosas que me ponían más cachondo:

    L: Uffff, ¡joder, que bien la chupas! Ahh, sigue así. Cómete mi polla. Como sigas así no voy a tardar mucho en llenarte la boca de leche.

    Mientras me decía esas coas, mi excitación aumentaba y yo no podía dejar de chupar, movía mi cabeza adelante y atrás, notaba ese trozo de carne dura dentro de mi boca y yo ya estaba que casi me corría solo. De repente en mitad de la mamada Luis me dijo que parara porque no quería correrse tan pronto, me saque su verga de la boca mientras salían dos o tres hilillos de saliva y líquido que conectaban mi boca con su miembro, me dijo «mírame a la cara» mientras estaba ahí de rodillas y me puso una sonrisa burlona:

    L: ¿Has chupado alguna vez una polla? -Preguntó mientras seguía acariciándome la cabeza

    Y: No.

    L: ¿O sea que esta es la primera que te la comes eh?

    Y: Sí, es la primera vez.

    L: Pues se te da muy bien, eres muy bueno chupando pollas, lo haces mejor que muchas chicas.

    Mientras me decía eso me pasaba su miembro erecto y húmedo por la cara y me daba pequeños cachetes con él, yo estaba muy excitado con la situación y ya estaba completamente a su merced. Me volvió a agarrar la nuca con la misma suavidad y me invitó a que siguiera. Y me puse de nuevo a la obra, me volví a meter esa verga caliente en la boca y seguí chupando lo mejor que podía. Luis a veces jadeaba, otras veces resoplaba y de vez en cuando acariciaba mi cabeza con suavidad, otras veces me acariciaba los hombros y otras se quedaba contemplando como se la chupaba con las manos en la cintura. Me mandó que le mirara a los ojos mientras lo hacía y yo veía como se mordía el labio inferior. A veces cerraba los ojos mientras miraba al frente y yo no podía dejar de mamar. Él no paraba de decirme cosas:

    L: ¡Joder! La chupas de vicio, ojala estuviera aquí Nadia para verte, vamos, sigue sigue… aaahhh

    De repente, noté como su polla se puso más dura durante uno o dos segundos, empezó a palpitar dentro de mi boca y salió un borbotón enorme de semen, luego otro, luego otro, y yo seguía moviendo mi cabeza adelante y atrás, mientras iba tragando lo que podía y algún pequeño río de leche empezaba a arrollar por la comisura de mis labios, Luis gemía sin parar:

    L: ¡¡Ahhh!! ¡¡Ahhh!! ¡¡Jo-der!! ¡¡Uuufff!!

    Cuando dejó de salir semen de su miembro, me quedé con ella metida en la boca durante unos segundos y me la saqué, y ahí me quedé, de rodillas, algunos restos de la leche de Luis alrededor de mi boca, mirándole a los ojos mientras él me acariciaba la cabeza con una sonrisa de satisfacción, me la volvió a poner cerca de la boca y entendí que la quería bien limpia, así que pase la lengua por su capullo primero, y luego me la volví a meter entera asegurándome se quedara completamente limpia. Cuando terminé volví a mirar hacia arriba:

    L: Muy bien, lo has hecho muy bien – Me dijo con un tono muy suave.

    Y: ¿Sí?

    L: Sí, ahora vete al baño y lávate un poco la cara. Vuelve aquí cuando termines.

    Me levanté, entré en el cuarto de baño y me lavé, mientras lo hacía, me di cuenta de que yo aún seguía excitado por la situación, tenía una erección brutal. Volví a la habitación de Luis y me estaba esperando sentado en el borde la cama ya vestido, con un bóxer blanco y una camiseta de tirantes blanca, tenía las piernas separadas y me dijo con un tono muy firme:

    L: Acércate aquí.

    Obedecí y me acerque, quedándome entre sus piernas abiertas, mi erección se notaba por el bulto de mi pantalón cosa que Luis notó, con una mano empezó a acariciarme el paquete y ahí casi pierdo el mundo de vista:

    L: Vaya… parece que chupar pollas te pone cachondo ¿eh? jajaja. Bueno, como lo has hecho tan bien creo que hay que darte una recompensa. Ahora me toca a mi.

    Mientras hablaba, no dejaba de masajearme el paquete, yo no sabía cómo reaccionar y me quedé muy quieto. Luis se ocupó de todo, me fue desabrochando el cinturón despacio, me bajó la cremallera del pantalón y tiró hacia abajo, quedando mis pantalones en los tobillos y dejándome en calzoncillos, continuó masajeándome la polla lentamente y cuando se me escapó un leve resoplido me bajó los calzoncillos quedando mi polla bien dura en frente de su cara.

    Empezó a masturbarme muy despacio, pero no fue mucho tiempo, en seguida empezó a jugar con su lengua sobre mi capullo, cosa que me estaba poniendo aún más burro si cabe, yo le miraba, el me miraba a mi y seguía moviendo la lengua rápidamente sobre mi glande. De repente se puso manos a la obra, o mejor dicho, boca a la obra y se metió la polla entera. Empezó chupando muy despacio, como saboreándola, y poco a poco fue subiendo el ritmo. Tengo que decir que era una maravilla como la chupaba, a veces subía el ritmo, a veces lo bajaba, otras veces paraba para volver a jugar con su lengua sobre mi glande y de vez en cuando paraba solo para mirarme mientras yo gozaba, en un par de ocasiones se detuvo para escupirme en la polla y llenarla entera de su saliva, y luego volvía a chupar; era una de las mejores mamadas que me habían hecho nunca. Yo sólo estaba ahí, quieto, disfrutando de todo lo que me hacía, chupaba, lamía, me la llenaba de babas, escupía, succionaba…

    La verdad que tenía un repertorio del que carecían muchas mujeres. En un momento dado, yo ya no pude más y me corrí; como no podía ser de otra manera fue un orgasmo brutal, salían chorros y chorros de leche y Luis no paraba de chupar y tragar mientras yo eyaculaba una cantidad tremenda gimiendo y jadeando. Se notaba que se le daba mejor que a mi porque cuando terminó no tenía ni una gota en su cara ni fuera de su boca, se tragó absolutamente todo y me limpió la polla a conciencia. Yo me quedé ahí donde estaba como medio minuto disfrutando del momento y pensando en todo lo que acababa de pasar.

    Cuando recuperé un poco la conciencia de todo me senté en el borde de la cama al lado de Luis, estuvimos en silencio un minuto más o menos y fue él quien dijo la primera palabra:

    L: Qué, que tal.

    Y: Pues no sé, tengo que asimilar un poco todo esto.

    L: Si, me lo imagino, pero bueno, ahora sí que se ha roto el hielo por completo jejeje.

    Y: Sí, la verdad que de eso no hay duda.

    L: Por cierto, hay una cosa que deberías saber. Antes de que vinieras, me llamó Nadia, dijo que le había salido un problema de última hora y que no iba a poder venir. Pero bueno, así podríamos ir conociéndonos tu y yo…

    Y así fue como empezamos los tres a vernos. Después de ese día hemos ido quedando más veces y haciendo más cosas juntos. Pero eso ya os lo contaré en relatos sucesivos.

  • Sexo con mi amiga Luz

    Sexo con mi amiga Luz

    Tenía bastante tiempo que no veía a Luz, una chica de 24 años residente de la Ciudad de México, una noche llega a una notificación de Whatsapp; al percatarme vi el mensaje de luz, preguntando qué cómo estoy y que he hecho, le conté que recientemente había llegado a la ciudad a trabajar, por lo que ella se alegra y me hace la invitación de salir a tomar unas cervezas el fin de semana, sin dudarlo acepté; acordamos vernos a medio día en una estación del metro.

    Ese día estaba feliz pensado que volvería ver a Luz, rápidamente pasó la semana llegó el día de verla, así ese día en la mañana me marcó diciendo que se iba a adelantar con unos amigos en un antro ubicado en la zona rosa, y que llegara en el antro la cual ya me había mandado la ubicación por Whatsapp, entonces en la tarde mi alisté y pedí un Uber para llegar rápido y directo al antro.

    Antes de llegar le mandé mensajes a Luz que estaba a punto de llegar, ella me responde que me espera en la entrada, en unos minutos llegué y Luz me estaba esperando afuera, se alegró volver a verme la cual me abrazó y me dio un beso en mejilla, después entramos la cual ya tenían una mesa para 4, Luz me presentó a sus amigos, siendo compañeros de trabajo; sin problemas los dos me cayeron muy bien, les gusta el ambiente fiestero; tomar, bailar, echar desmadre a más no poder.

    Pero bueno esa tarde tomamos bastante hasta que sus amigos de Luz se les notaba la borrachera decidieron retirarse, los acompañamos en la salida para tomar una taxi y solo quedamos los dos, una vez estando solos platicamos de nosotros, le pregunté de la Uni la cual ella me respondió que temporalmente lo dejó para iniciar un trabajo, a todo eso le recordé que tenía ganas de volver a tener sexo; anteriormente ya habíamos cogido, a pesar del reencuentro no se negaría a irnos a un hotel, así que le fui directo; y cómo lo supuse no se negó y aceptó, entonces pagamos las cervezas y nos retiramos, para eso ya había pedido un Uber con dirección al hotel cerca de su casa.

    Siendo las 11 de la noche llegamos al hotel, pagué y sin problemas entramos a la habitación, sin perder tiempo y muy urgidos por coger iniciamos a besarnos muy cachondos, Luz directamente puso su mano en mi pene por encima de mi pantalón, apretando muy fuerte; mientras yo le quité su blusa y la arrojé a la cama para que le quitara sus tenis, para seguir con su pantalón, como siempre la recuerdo la dejé solo en ropa interior, ella estaba acostada boca arriba, yo me quité rápidamente tenis y ropa, y por último mi bóxer, me subo en la cama; la miro a los ojos al mismo tiempo le bajo su tanguita, observando su rastro de excitación, de tener mi pene dentro de ella, necesitada de mi y yo de ella, listos para iniciar con el misionero; froto mi pene en su clítoris, pero ella toma mi cacho de carne y se la inserta en ella, cómo siempre ella gime fuerte, hasta con gritos; le decía que ya me urgía verla para coger cómo antes, ella me responde que ahora que estamos juntos aprovechara en penetrarla, nalguearla, además de eso ella inicia pedirme que dé más fuerte, entres sus gemidos repetía que me extrañaba.

    Ella me dice que pare, saco mi pene, sin decirla nada ella sola se pone en 4; exponiéndome su ano y ricas nalgas, nuevamente empiezo a bombearla pero esta vez con nalgas fuertes y jalones de cabellos como si fuera un bozal de una yegua desenfrenada; levantado su rostro por los mismos jalones, me encanta esa posición porque ella grita y gime, eso me da más potencia para darle duro, además sabiendo que estoy haciendo bien trabajo, en esa posición tomo mi celular tomo unas fotos, y mejor pensé que sería mejor tener un recuerdo en un video casero, tal cual grabé nuestro encuentro.

    Después de unos minutos me detengo y le dije que me montara, me tiro boca arriba y Luz se pone encima de mi, ufff!!! Ella inicia a moverse en círculos, mientras yo coloco mis manos en sus nalgas apretando y llevando el mismo ritmo de movimiento, era algo maravilloso, con Luz disfrutaba tener sexo y sabía que ella estaba disponible para mi para coger cualquier día.

    Estando cabalgando y con sus movimientos rudos ella me dice que está a punto de venirse, cierra los ojos y me aprieta el pecho, pero acompañados de gemidos más fuertes, observo que empieza a temblar de las piernas, pero yo también estaba a punto de eyacular así que regresamos a la posición del misionero pero esta vez mis penetraciones eran más rudos eyaculando dentro ella, chorros y chorros de semen que dispare en su interior.

    Quedamos así en esa posición, casados, pero los dos disfrutamos mucho lo que sucedió. Estando desnudos platicamos que volveríamos a repetirlo y nos quedamos completamente dormidos.

    Espero que haya sido de su agrado este relato muy pronto estaré compartiendo otra experiencia con mi amiga Luz.

  • Disfrutando con mi esposa (Parte 2)

    Disfrutando con mi esposa (Parte 2)

    Cuando nos despedimos de Ana y Carlos (ver relato anterior), nos fuimos abrazados a casa como dos adolescentes, cenamos, nos acostamos y dormimos abrazados sin hablar una palabra de lo que había sucedido.

    Al día siguiente que era viernes, después de cenar nos sentamos en el living y charlamos acerca de la experiencia vivida y acordamos que se repetiría, pero esta vez con más preparativos ya que nos encantó estar con Carlos y Ana.

    Oscar recibió un llamado de Ana y después de charlar un rato con ella nos invitó a pasar un fin de semana a una casa quinta en Luján, sin consultarme hizo los arreglos y a la semana siguiente nos encontramos en Luján.

    Durante la semana Ana me llamó y acordamos detalles, lo cual me puso muy caliente ya que me propuso cosas que nunca me imaginé que podía hacer.

    El día del encuentro me vestí como una verdadera puta y dentro de mi cartera traje todos los juguetes sexuales que tenía en casa. Cuando llegamos a la quinta, Ana estaba vestida con una minifalda súper corta y sin ropa interior mostrando sus hermosas piernas que hicieron calentar a Carlos y a Oscar y también a mí.

    Nos quedamos a charlar en el living con Ana mientras que Oscar y Carlos daban un paseo por la quinta.

    Durante la charla Ana me contó que el encuentro anterior le gustó mucho y que sentía muchos deseos de estar un rato a solas conmigo.

    En ese momento Ana me tomó de la mano y me dijo “vení que te muestro la habitación” y sin soltarme de la mano me dio un beso que me provocó una sensación muy fuerte (mis tetas se pusieron duras y me sentí muy caliente).

    Dentro de la habitación había una pileta como para los cuatro y una cama gigante, un sillón amplio sin respaldo y al costado un canasto con muchos juguetes sexuales, lo que me provocaba mucho morbo y curiosidad.

    Ana me invitó a sentarme en la cama, me abrazó y me dio un beso de lengua interminable, me acariciaba toda y comenzó a quitarme la ropa dejándome completamente desnuda, luego se fue unos minutos al baño y apareció con un arnés y un consolador tremendo y me dijo: “Vane andá al baño y ponete el conjuntito con portaligas que vamos a tener una noche muy especial”.

    Cuando salí del baño me tomó de los brazos, me acostó y comenzó a chuparme la vagina como nadie lo había hecho nunca, me metía los dedos en la cola y me besaba toda, hasta ahí parecía un amante súper excitado, mi vagina estaba casi chorreando y de repente me penetró con el consolador, lo cual me hizo acabar casi instantáneamente, luego me puse en cuatro y me cogía por la vagina moviéndose rápidamente, haciéndome acabar un par de veces mas.

    Ella se fue nuevamente al baño y volvió con un conjunto con portaligas igual que el mío y nos seguimos besando un rato más hasta que aparecieron Carlos y Oscar en ropa interior. Carlos me preguntó si me sentía cómoda y le contesté que me sentía muy caliente y quería más, entonces Oscar me hizo arrodillar y me pidió que le chupe el pene, lo mismo hizo Carlos con Ana.

    Después de un rato de chupar e intercambiarnos los machos, me acosté y le pidió a Carlos que me penetrara, mientras que Ana se hacía chupar la vagina por Oscar haciéndola llegar a un orgasmo intenso que dejó a Carlos muy excitado y la intensidad de sus penetraciones comenzaron a aumentar hasta que acabó dentro de mi vagina, en ese momento Ana comenzó a chuparme el semen de mi vagina y le dio un beso a Oscar y otro a Carlos diciéndoles que debían sentirse el gustito para seguir disfrutando toda la noche.

    Oscar quedó muy excitado, comenzó a penetrar a Ana hasta que ambos acabaron intensamente, en ese momento chupé el semen de Oscar de la vagina de Ana y le di un beso a Carlos, el cual me abrazo y me dijo que estaba disfrutando a pleno con nosotros.

    Tomamos un descanso y fuimos a la pileta los cuatro, bebimos champagne y Ana comenzó a introducirme juguetitos en el ano, volviéndome a excitar, con Ana nos secamos y fuimos al sofá, nos besamos y tocamos mucho lo cual hizo que Carlos y Oscar se excitaran de nuevo. Carlos tomó a Ana y la empezó a penetrar por el ano haciéndola acabar gritando de placer, Oscar se tiró en el sofá y yo me puse encima de él penetrándome por la vagina, en ese momento Carlos dejó a Ana y me penetró el ano, entre los dos se movían acompasadamente provocándome varios orgasmos muy fuertes hasta que los dos acabaron simultáneamente dentro de mi haciéndome gritar de placer.

    Oscar y Carlos se quedaron dormidos después de esto, pero no me imaginaba lo que tenía Ana preparado para mí, me llevó a la otra habitación y trajo la canasta con los juguetes sexuales, de ahí saco un vibrador el cual lo insertó en mi ano dilatado y lo encendió generándome mucho placer, luego nos insertamos un consolador doble en nuestras vaginas y comenzamos a movernos como locas acabando las dos al mismo tiempo.

    Ambas nos quedamos dormidas hasta que Carlos nos despertó y nos llevó nuevamente a la primera habitación donde Oscar y Carlos se masturbaban encima de nosotras hasta que acabaron en nuestras bocas el poco semen que les quedaba.

    Luego nos besamos entre los cuatro felicitándonos por el hermoso encuentro que habíamos tenido.

  • La mamá cachonda de mi amigo

    La mamá cachonda de mi amigo

    Ese día llegué a la casa de mi amigo Carlos para realizar unos trabajos de la universidad, era mi último año y estábamos cargados de informes por entregar, además de nuestra tesis que estábamos a punto de culminar.

    Estaba en la sala esperando mientras veía a su madre caminar hacia la cocina, no recordaba lo linda que era, no sé si era por mi calentura, pero no podía quitarle mis ojos de sus nalgas, que rebotaban al caminar, se tambaleaban de lado a lado como queriendo hipnotizarme, su cadera pequeña hacía que sus nalgas resaltaran más, intentaba pasar saliva, pero mi boca estaba seca ante tal espectáculo.

    -¿Quieres agua? –me dijo la señora Ingrid.

    -Si, por favor, gracias –le dije mientras me acomodaba mi pene en el pantalón que ya estaba duro como una roca.

    Ella veía caminando hacia mí, me entregó el vaso y se sentó en el sillón de enfrente, cruzó sus piernas y miró hacia la ventana. Por dios, que mujer tan hermosa, que piernas más preciosas y sus senos ¡oh por dios! Sus senos, que grandes eran, quería ahogarme ya mismo en ellos.

    Ella voltea y me mira, intento sentarme mejor, me incomoda como me mira de abajo hacia arriba, se muerde la boca y se queda mirando mi entrepierna, ya sabe que está tieso mi pene y sabe que es por ella.

    -Estas incómodo conmigo, quieres que me vaya? –Me pregunta levantándose del mueble– Es que veo que no dices nada, anda, cuéntame, cómo va la universidad.

    -Bi… -no comencé a hablar y llegó mi amigo Carlos.

    -Ma, que haces, te he dicho que no hables con mis amigos

    -Solo charlábamos de la universidad, nada más, ya me voy para mi cuarto, los dejo solos.

    Ella se fue y me quedé solo con mi amigo en la sala.

    -Que linda esta tu mam…

    -Cállate. -Me dijo mi amigo Carlos.

    -Ok, está bien, ni una palabra ¿vamos a tu cuarto?

    Comenzamos a trabajar, pasaban las horas y horas, su madre nos trajo un sándwich para comer, cada vez que venía a preguntarnos si queríamos algo para comer podía imaginarme desnudándola y recostándola en mis piernas, dándole nalgadas mientras jalo su cabello y la oigo gritar, cada vez que venía mi pene se paraba y se ponía tan duro que debía ir al baño a acomodarme.

    Ya era tarde y estaba a punto de irme, abrí la puerta.

    -¿A dónde vas Andrés? –me dijo la señora Íngrid.

    -A mi casa, ya es tarde y no quisiera incomodarlos tanto.

    -No no no, quédate, ya es muy tarde y es muy peligroso que te vayas a esta hora, tu madre me mataría si te pasara algo, así que voy a acomodar el cuarto de huéspedes y te quedas –me dijo mientas cerraba la puerta y la bloqueaba con todo su cuerpo, no podía resistirme así que le dije que estaba bien, que me quedaba.

    Estaba en el cuarto acostado imaginando todo lo que quería hacerle a la mamá de mi amigo, así que quise masturbarme y me tapé con las sábanas y comencé a imaginar a la señora Íngrid entrado desnuda por la puerta, pero no era capaz, no sé si era el cansancio o que ella se encontraba junto a mi cuarto y mis deseos por ir a verla eran más.

    Así que salí del cuarto, fue a la habitación de mi amigo, que roncaba bastante fuerte por lo que sabía que estaba dormido, así que fui al cuarto de su mamá, estaba cerrado pero eran tantas mis ganas que intenté abrir lentamente, pero estaba con seguro, maldita sea, maldita sea, solo podía maldecir y maldecir, estaba muy caliente y con ganas de verla.

    Así que me agaché para ver por debajo de la puerta, a ver si alcanzaba a ver algo, me puse de rodillas y puse mi cabeza sobre el piso y vi que no estaba en la cama, así que fui mirando por todo el cuarto y la vi frente a un espejo que tiene en frente de su cama, estaba completamente desnuda, ella se miraba de arriba abajo, se llevaba las manos a su abdomen y subía lentamente por sus pechos, con cada mano rodeada la aureola de sus pechos, se acercaba a sus pezones y los pellizcaba, cada vez que lo hacía, arqueaba su espalda y abría su boca, disfrutaba aquello de muy buena manera, luego llevaba las manos a su cuello y lo apretaba, lo apretaba fuerte, podía ver cuando se agitaba su respiración, mientras tanto, yo me llevaba la mano a mi pene y comenzaba a jalármelo, era lo que estaba esperando, comencé a respirar más fuerte, era demasiado rico lo que veía por debajo de esa puerta y más cuando llevó su mano a su entrepierna y comenzó a masajearse, dio unos pasos hacia atrás y se acostó en su cama, se revolcaba y elevaba su pelvis agitando su mano más rápido, veía como la golpeaba una que otra vez como dando palmadas a su clítoris con su mano y con la otra mano se pellizcaba esos pezones tan deliciosos que tenía, se llevaba su mano a la boca y meto sus dedos muy profundo, le gustaba sentirse ahogada, que delicia de señora.

    Comencé a jalarme mi pene más rápido, cerraba los ojos de lo rico que lo estaba pasando y pude venirme, que delicia de venida, me sacudí todo, un estruendo en mi cuerpo, temblaba todo, un frio recorrió todo mi cuerpo, me la jalaba más rápido del desespero y solo pensaba en la señora Íngrid, ¡si, si, si! señora Íngrid así, repetía mientras me venía y podía oír cuando ella se empezó a venir al tiempo conmigo, sus gritos no eran fuertes pero oía como se desesperaba, se golpeaba esta vez fuerte su vagina, y no sé si por la calentura, pero le oí decir, más rápido Andrés, más mas, dame duro por favor, reviéntame mi concha por favor.

    Esas palabras hicieron que terminara mi mano y mi ropa con tanto semen que me tocó cambiarme completo, no podía creer lo que había oído, seria ese Andrés yo, su esposo no era porque sé que así no se llamaba, no pude dormir esa noche imaginando que era a mí a quien nombraba y que al otro día podía ser yo quien estuviera en ese cuarto con ella y estaba decidido a buscarla a solas para acercarme a ella y verificar que su venida así como la mía, fue pensando cada uno en el otro.

  • Mi amiga vino para que le diera un masaje

    Mi amiga vino para que le diera un masaje

    Había pasado un largo tiempo desde que había terminado con mi novia Ori. Había disfrutado mi tiempo de soltero, salir con mis amigos, dándome tiempo para mí. Durante este tiempo estuve cursando mi carrera universitaria en donde conocí a una amiga llamada Daniela.

    Cursamos un par de años juntos en la carrera, nos llevábamos bien y nos volvimos muy amigos, salimos un par de veces, pasábamos nuestro tiempo libre entre clases juntos y de vez en cuando nos regañaban por andar hablando mientras el profesor daba su clase.

    Un día, Daniela estaba cerca de mi casa y decidió pasar a visitarme. No era la primera vez que una amiga venía a visitarme de forma espontánea en mi casa, pero si era la primera vez que Daniela lo hacía.

    Había estado consiguiendo un par de cosas para un trabajo que estaba haciendo para una clase en la que no estábamos juntos, entonces quería tomarse un descanso y le pareció buena idea venir a visitarme.

    Yo con gusto, saque un par de chelas y comenzamos a platicar como siempre lo hacíamos. Nos reíamos y nos contábamos anécdotas que nos parecieron graciosas, pero mientras hablábamos me di cuenta que Daniela de vez en cuando se tocaba el hombro con una expresión de dolor.

    —¿Estás bien? —le pregunté después de la cuarta vez que veía que lo hacía.

    —Sí, es que me duele un poco la espalda, estuve cargando mi mochila todo el día y traigo muchas cosas.

    —¡Oh! Si quieres te puedo dar un masaje, eso quizá te ayude.

    —Bueno.

    No era la primera vez que le daba masaje. De vez en cuando, durante las clases y aprovechando que luego me sentaba detrás de ella, solía masajearle los hombros. Éramos estudiantes de universidad y sabía que la tensión, el estrés y traer una mochila llena de libros causaba desastres en la espalda y siempre es bienvenido un masaje para aliviarnos. Mi madre solía hacerme varios cuando regresaba en la preparatoria y aprendí su método para hacerlo.

    Desde que ella lo hacía, decidí darles a mis amigos un masaje en los hombros de vez en cuando para aliviarlos, por lo que darle un masaje a Daniela en aquel momento no me pareció nada fuera de lo ordinario.

    Ambos estábamos sentados en el sillón de mi sala, así que le pedí que se sentara dándome la espalda para que pudiera trabajar en sus hombros.

    Daniela suele tener un cabello un poco largo, así que le pedí que se lo pasara hacia el frente para que no me estorbara. Ese día llevaba una playera de tirantes de color negro, por lo que al quitar su cabello, me permitió ver la piel de sus hombros y gran parte de su espalda.

    Sin pensarlo mucho, comencé a masajear sus hombros, su piel se sentía suave. Un ligero gemido de alivio salió de su garganta, lo cual me agarró desprevenido. En mi sala había un espejo, mis papás estaban haciendo remodelación en su cuarto y lo habían sacado para evitar que se rompiera, en él observé la expresión de Daniela. Estaba relajada, con los ojos cerrados y se notaba que le estaba gustando.

    —Dame un segundo —le dije—. Voy por un poco de crema para que quede mejor.

    Ella asintió sin decir nada y fui al cuarto de mis papás donde sabía que mi madre siempre guardaba una botella de crema para ella. Cuando abrí su buró, tomé la crema y regresé con Daniela.

    Ahora con la crema, mis manos se deslizaban con más soltura. Tocaba a Daniela apenas con la punta de mis dedos y notaba como su piel comenzaba a erizarse. En ese momento detecte un olor dulce, como de perfume. Sin poder resistirme, acerque mi rostro a su cuello mientras mis manos acariciaron levemente sus brazos. Sentí de nuevo como se estremeció y pude sentir como comenzaba a excitarme.

    Me retire y luego le dije:

    —Deberías acostarte, para que te pueda masajear toda la espalda.

    —Está bien —me dijo ella con una sonrisa.

    Me levanté para darle espacio en el sillón y me coloque en un pequeño espacio al lado de sus piernas para continuar con lo mío.

    Continúe masajeando sus hombros y fui bajando poco a poco por su espalda. Mientras lo hacía me deleitaba con su cuerpo. Con las manos abiertas le recorría toda su espalda, mis dedos agarrando el contorno de su cuerpo, mi excitación aumentó al sentir sus curvas, asimilándolas, al tenerlas entre mis manos.

    Continúe bajando hasta llegar hasta su falda, me detengo un momento al notar que mis manos habían pasado por su trasero, tocándolo, pero ella no había dicho nada, Tenía la cabeza apoyada en el reposabrazos y continuaba soltando ligeros gemidos de placer.

    Seguí hasta sus piernas, unte un poco de crema en ellas y las levante para poder rodearlas con mis manos por completo.

    —¿Servicio completo? —dijo ella riendo ligeramente.

    —Bueno, si lo voy a hacer, lo voy a hacer bien —le respondí.

    Masaje su muslo por completo y bajé hasta que finalmente llegue hasta sus pies.

    —¿Puedo quitarte los zapatos?

    En respuesta, ella alzó ligeramente el pie y con determinación le desabroche su calzado para quitárselo.

    Mientras volvía a subir hacia su espalda, me deleitaba con el contacto de su piel. Ella se estremecía ligeramente mientras más y más subían mis manos. Volví a pasar por su trasero, de nuevo ella no dijo nada. Cuando volví a subir por su espalda, apretaba la tela de su playera contra su piel para hacer que mis manos se sintieran mejor, pero de repente choqué contra su sostén y detuve mi avance.

    —¿Oye, te molestaría quitarte el sostén? Así podría masajear mejor toda la espalda. Tan sólo desabróchatelo si quieres, no tienes que quitarle la playera.

    —Claro —me dijo ella.

    Metió sus manos debajo de su playera y se desabrochó el sostén. Continuando mi trabajo, volví a masajearla por toda la espalda, pero de repente se me ocurrió una idea.

    —¿Oye… quieres quitarte la playera? Es que me estorba un poco. Es más, así te puedo poner un poco más de crema y puede que te guste más así y así no se ensucia tu playera.

    —Claro, no hay problema,

    Daniela se enderezó, aun dándome la espalda y se quitó la playera. Sin poder evitarlo, miré su reflejo en el espejo frente a nosotros. Sus pechos tenían un buen tamaño y sus pezones estaban algo alzados. Comencé a sentir mi erección dentro de mis pantalones crecer.

    Volvió a acostarse en el sillón y recobre la compostura.

    —Quizá esto se sienta frío —le dije mientras vertía un poco de crema por toda su espalda.

    Al tocar su piel, Daniela se arqueó un poco, lo cual la colocó en una posición algo sugerente. Con la crema en su espalda, volví a tocar todo su cuerpo, a tomar sus curvas con mis dedos, dejándome llevar por la excitación que sentía.

    —¿Qué tal se siente? —le pregunté.

    —Se siente muy bien —me respondió con un ligero gemido—. Creo que mi piel está algo sensible.

    Volví a bajar mis manos en dirección a su trasero.

    —Voy a ir de nuevo a tus piernas, ¿de acuerdo?

    —¿No quieres que me quite la falda?

    Su pregunta me dejó tan sorprendido que me detuve. Me había agarrado con la guardia baja.

    —Ammm, de acuerdo, creo que estaría mejor.

    —¿Y si tú me la quitas?

    Sin decir nada más, tome su falda y comencé a bajarle el cierre, luego tomé a Daniela por la cadera para hacer que se levantara ligeramente y pueda quitársela mientras podía sentir sus piernas en ese momento. Ella tan sólo se dejó hacer con una sonrisa en el rostro.

    Al quitarle por completo la falda, observé su trasero y la unión entre sus piernas, donde se alcanzaba a ver su coño enfundado en su ropa interior. Mi erección estaba al máximo al ver esta imagen.

    Mis manos ahora sujetaban su trasero, ella acercó un poco más su cadera hacia a mí y estaba seguro que notaba lo tenso que estaba.

    —Quiero que me toques sentada de espaldas —dijo volteándome a ver.

    Llevado por la excitación, la tome de los hombros para erguirla y colocarla sobre mi pecho. Coloque mi barbilla sobre su hombro, mis manos tomando su abdomen, subiendo lentamente a hasta sus pechos.

    —¿Qué hay del masaje?

    —Quiero que masajees el frente —me dijo tomando mi rostro para que besara su cuello.

    Note que ella veía nuestro reflejo en el espejo, aproveche el momento para acercarme a su oído.

    —Tienes unos hermosos pechos —le susurré mientras los masajeaba ligeramente y para después darles un suave apretón, aun mis manos tenían crema, por lo que ella se mordió el labio cuando lo hice. Todo esto mientras ella contemplaba nuestros reflejos.

    Continúe masajeando sus pechos unos cuantos momentos, mi erección estaba al máximo, apretándose dolorosamente contra mi pantalón. Daniela tomó mi mano derecha y comenzó a guiarla hacia más abajo. Mientras lo hacía, mordía su cuello y su hombro ligeramente.

    —Creo que ya se te quito el dolor de espalda —le susurre al oido.

    —Hay otras maneras de quitar el dolor

    Bajé más mi mano y llegue hasta su ropa interior mientras le besaba la mejilla. Mis dedos comenzaron a jugar con su coño por encima de sus bragas, ella gimió en mi oído y sus caderas siguieron el ritmo de mi mano.

    —No quiero que me trates lindo —me susurró entre gemidos.

    —¿Segura? —le pregunté moviendo sus bragas a un lado y acariciando ligeramente sus labios vaginales.

    Ella como respuesta, tomó la mano que seguía en su pecho e hizo que lo apretara con más fuerza. Al hacer eso, metí dos de mis dedos en ella y brincó ligeramente sobre mí, pero saqué mis dedos de ella y volvía a acariciar sus labios para hacerla desear más.

    —Bésame —me suplicó girando la cabeza hacia mí.

    Obedecí, directo mi lengua entra en su boca, mis dedos volvieron también y comencé a moverlos de ella. Mordí su labio y lo jalé ligeramente.

    Daniela intentó subirse encima de mí, quería sentir mi erección, así que le iba a dar lo que pedía. La tomé de las piernas para poder cargarla, la sostuve del trasero para mantenerla en el aire y comencé a moverla hacia adelante y atrás para que sintiera como si la estuviera penetrando, haciendo que mi erección se restregara contra su mojada vagina. Ella comenzó a gemir más fuerte, el roce de mi ropa hacía que fuera algo complicada para ella sentirme bien, así que su mano buscó desabrochar mi pantalón. Con un brazo la sostuve en el aire y con mi otra mano ayudé a su cometido.

    Entre ambos desabrochamos mi pantalón, luego deje a Daniela en el sillón para que yo pudiera quitarme la playera debido al calor que sentía, ella por su parte me bajó el pantalón para ver mi erección encima de mis boxers.

    Tomé su rostro en mi mano derecha y la besé para poder quitarme el bóxer con la otra mano. Daniela sin esperar más, se hinco frente a mí y tomó mi verga entre las manos, pasó su lengua muy lento, desde la base hasta la cabeza, lo cual me hizo gemir de placer y posé mis ojos sobre ella mientras continuaba lamiendo.

    Sin aviso previo, lo metió por completo en su boca, lo cual hizo que una descarga atravesara mi cuerpo. Tomé a Daniela por el cabello y empuje lo más que pude mi falo en su garganta. Ella lo recibió gustosa, después comenzó a chuparla con rapidez y con hambre, mientras sentía como el orgasmo comenzaba a llegarme.

    No quería correrme en ese momento, pero estaba tan excitado y Daniela la mamaba tan bien que no pude evitarlo, sobre todo por la forma en cómo me veía mientras lo hacía.

    Al llegar el orgasmo y correrme, Daniela no sacó mi pene de su boca, tragándoselo todo. Saqué mi falo de ella, aún estaba muy excitado y mi erección no había bajado. Perfecto, porque aún no había terminado con ella.

    Tomé a Daniela de la barbilla para hacer que se parara, había un rastro de semen en su labio, así que se lo quite con mi dedo y ella sonrió.

    —Gracias

    —Es tu turno —le dije mientras la tomaba de la cadera y la lanzaba hacia el sillón.

    Ella simplemente se dejó caer, su espalda sobre los cojines y sus piernas al aire. Quise quitarle el resto de su ropa interior, pero estaba tan excitado que no lo hice, tan sólo moví sus bragas a un lado y pasé mis dedos de nuevo por encima de su vagina.

    Ella gimió, toqué su clítoris y su cuerpo se estremeció. Metí un dedo dentro de ella mientras besaba y mordía su muslo, sus caderas se movieron al ritmo de mi dedo mientras su garganta no dejaba de soltar gemido tras gemido.

    —Te quiero dentro de mí —me dijo entre gemidos y acariciando mi cabello.

    —¿Eso quieres? —le dije moviendo mi dentro de ella.

    —Por favor —me dijo con cara de puchero y mordiéndose el labio.

    Saqué mi dedo de ella y apunté la punta de mi pene directamente hacia su entrada, pero aún sin penetrarla. Con la punta de mi falo acaricié ligeramente su clítoris y ella volvió a retorcerse.

    —No seas tan malo conmigo —volvió a pedirme con su expresión de súplica.

    Ante esto ya no pude resistirme. Metí mi pene lento, pero no por completo, quería que disfrutara por completo de mi herramienta. Sin embargo, ella ya no podía soportar más, rodeó mi cintura con su pierna e hizo que entrara por completo, haciendo que ella gritara de placer.

    Comencé a penetrarla, deleitándome al ver como sus pechos se movían cada vez que lo hacía. La tomé por la cintura y comencé a darle más rápido y fuerte para ver sus pechos subir y bajar más rápido. Ella no paraba de gemir, mientras sentía cada vez como llegaba más profundo.

    —Te quiero en el sillón —me dijo.

    Me detuve y asentí.

    Salí de ella y me senté en el sillón mientras ella se subía a mí y se empalaba de nuevo con mi falo. Comenzó a moverse con habilidad, yo sólo pude tomarla de la cintura para intentar guiar sus movimientos, pero ella tenía el control en ese momento.

    Tomé a Daniela por el cabello para hacer que se arqueara y pudiera tener libre camino hasta sus pechos. Mientras ella continuaba cabalgándome, yo apretaba su trasero con mi otra mano y mi boca lamía y mordía sus pezones frente a mi rostro.

    Daniela colocó sus manos en mi pecho y movió su cuerpo rápidamente, aprovechando esta posición, le di varias nalgadas con ambas manos, a las cuales ella respondía con un ligero grito mientras se movía lo más rápido que podía.

    Arañaba su espalda, desde su espalda hasta la espalda baja y su respiración se aceleraba.

    —Ya casi llego —me dijo acercándose para besarme—. Quiero vernos reflejados.

    —Lo que tú quieras.

    La tomé de la cintura y continúe penetrándola un momento en el aire antes de bajarla para que pudiera tener vista al espejo. En esa posición, hago que se inclinara ligeramente hacia adelante para volver a penetrarla mientras tomaba sus brazos y hacerlo un poco hacia atrás. Daniela abrió más las piernas para recibirme mejor y en esta posición comencé a cogerla duro para ver su trasero rebotar en mi pelvis.

    Ella nos veía a través del espejo, se mordía el labio y disfrutaba del espectáculo que le estábamos dando.

    Yo también me sentía muy excitado al vernos frente al espejo, así que la tomé de las piernas para cargo. Hacía que subiera y bajara sobre mi verga y así ambos podíamos vernos mejor.

    —Siento que ya no puedo mucho más —me dijo mordiéndose el labio y tocándose el clítoris mientras continuaba subiendo y bajando sobre mi verga.

    —Quiero que te corras para mí.

    —Muerde mi cuello y lo haré.

    La bajé ligeramente para que pudiera poner una pierna en el sillón y así yo alcanzar su cuello. En esta posición más cómoda para mí y seguí cogiéndola lo más fuerte que podía hasta que sentí como se corrió entre mis brazos. Abrace a Daniela mientras su cuerpo continuaba retorciéndose por el orgasmo, apretaba sus pechos y callaba sus gemidos con varios besos. Cuando terminó su orgasmo, continué penetrándola con rapidez hasta que sentí de nuevo el orgasmo llegar.

    La corrida la llenó por completo y luego escurrió entre sus piernas. Metí mi pene en ella un par de veces más hasta que sentí que mi erección bajaba.

    Ambos nos sentamos en el sillón, ella tocándose un poco la vagina, esparciendo mi corrida. Su cuerpo aún tiene algunos espasmos de sus orgasmos, pero poco a poco su cuerpo se relaja. Yo estaba muy cansado, había hecho que me viniera dos veces y las dos muy riquísimas. ¡Qué mujer!

    —¿Cómo está tu espalda? —le pregunté tratando de recuperar el aliento.

    —Está mejor —respondió ella con una sonrisa.

    —Deberías venir más seguido y te puedo dar más masajes

    —Estaría bien para relajarse un rato

    Daniela me guiñó el ojo y sonreí.

    Después de vestirnos, la llevé hasta el metro más cercano y nos despedimos.