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  • Laura, mi ex cuñada: Sexo anal. Primer intento

    Laura, mi ex cuñada: Sexo anal. Primer intento

    Transcurrió bastante tiempo desde la última vez que nos habíamos visto con Laura. Me estaban pasando tantas cosas juntas, que costaba un poco poder verme regularmente con alguna. No creía lo momentos que me estaba tocando vivir sexualmente hablando, tenía temor de no poder administrarlo correctamente y perder los tremendos contactos sexuales que había conseguido con tanta suerte.

    Sin perjuicio de ello, con Laura seguíamos constantemente en contacto por whatsapp. Siempre con la más buena onda. Sabíamos que ambos estábamos ocupados con nuestras cosas y que llegaría el momento adecuado para poder disfrutar de lo calientes que nos poníamos juntos. De vez en cuando, ella hacía que mi sangre hirviera con fotos que me enviaba. Se soltaba más conmigo, y eso me encantaba.

    En una de esas conversaciones, ella me había confesado que en las noches, estando bien calentita, se imaginaba mi miembro en todo su esplendor penetrando su ano. Que eso la había puesto muy loca al punto de masturbarse y conseguir acabar como pocas veces lo había hecho ella sola. Hasta ese momento no se animaba a contármelo, pero la confianza que habíamos logrado fue suficiente para poder hacerlo.

    Laura me calentó a más no poder. La idea de tener mi pene dentro de su ano era insoportable. Ella estaba dispuesta a hacerlo realidad, de cumplir su fantasía, pero por otro lado, me había dejado claro que debía conseguir el coraje para ello, si bien nunca ni siquiera había intentado por las cosas que había leído sobre el dolor y que sabía que le podía provocar el tamaño de mi pene.

    Con todas mis intenciones personales, le aconsejé que no lo pensara demasiado. Que si sucedía, fuera lo más casual posible. Sin tanta preparación que influyera en su cabeza. A ella le pareció una buena idea. Además le propuse que cuando la volvieran esos pensamientos y esté bien caliente, a punto de explotar, me escribiera, que iría a su casa en el menor tiempo posible.

    Todo lo dicho le había agradado. Por último, le deje en claro que lo intentaríamos tantas veces como fuera necesario. Si al primer intento no podíamos hacer que mi pene la penetre analmente, lo haríamos a la segunda, a la tercera y así. En realidad estaba ansioso, no veía la hora de llegar a ese momento, pero yo no era el que decidía cuando. La satisfacción de saber que la había convencido aún más hizo que mis ansias calmaran algo.

    Me preguntó si quería que se pusiera alguna ropa especial para ese momento. Le respondí que había visto en una tienda una calza camuflada, estilo militar, que con sus botas cortas de con tacos le quedaría increíble. Le hice una transferencia bancaria a su cuenta. Le dije que con esa plata comprara dos. Que a una la deje intacta y a la otra le abra la parte de atrás, de modo que le quede puesta por la cintura y sus nalgas quedaran libres.

    La idea la había sacado de un video porno que había visto hace rato. Y me había quedado en la cabeza. Lo busqué y le mandé una captura de cómo quería que quede. Laura estaba prendida, le había encantado todo lo que significaba vestirse sensual para tener sexo, y le ponía aún más caliente todo aquello. A todas mis indicaciones se allanaba. Me dijo que esté atento durante el fin de semana, que era cuando más se relajaba y ponía caliente.

    El primer fin de semana después de esa conversación paso tan lento. Que parecía que jamás finalizaba. Si bien me había visto con mi novia y tenido sexo, durante todo el tiempo estaba esperando que Laura me escribiera. Intentaba no dormir hasta muy entrada la madrugada. Pero no sucedió nada. Llegado el lunes, ella me escribió, me pidió disculpas que no había estado tan caliente como para llamarme.

    No sabía si era verdad o solo estaba jugando conmigo. No podía reaccionar de otra manera que haciéndole saber que no había ningún problema. Si quería el premio tenía que saber esperar. Sabía muy bien que el momento llegaría, tarde o temprano. En esa semana me masturbe todas las noches pensando en ello. Por suerte todo el día estaba ocupado con el trabajo y la universidad. De no ser así, hubiera perdido la cabeza.

    Por fin llegó el fin de semana nuevamente. El viernes había empezado a llover. Lo cual me vino muy bien para dormir. Había terminado muy cansado la semana. El sábado no fue la excepción, las lluvias no cesaban. Mi desilusión empezaba a crecer. Eran las 23 h pasadas, me dispuse a mirar una película para pasar el rato. Fui hasta el congelador para buscar una cerveza y lo lejos escuche mi celular sonar.

    Rápidamente volví a mi habitación. Tomé mi teléfono para ver quién era. Y si. Era Laura quien me había enviado una foto, vestida como le había pedido. Mostrándome la cola reflejada en el espejo que tenía colocado en el living. Debajo solo decía: “Si podes vení ya. No aguanto más”. En un instante la sangre empezó a hervirme. Me vestí rápidamente, llame a un remís, agarré un pote de aceite de bebé que había comprado y salí de casa.

    La lluvia no era intensa, pero sí bastante. Me refugié en un techo para esperar. Mientras, le respondí a Laura que ya estaba saliendo de casa. Ella me dijo que cuando llegara, entrara directamente, que se encontraba en el living. Me subí al remís, el camino parecía más largo de lo habitual. Cuando llegué le pagué lo más rápido posible y me bajé. Abrí el portón de la casa y entré.

    Ella abrió la puerta y salió. Estaba vestida como le dije. La calza con sus botas eran la combinación perfecta. También se había puesto un crop top color gris, que dejaba ver completamente su abdomen. Los resultados del gym se le estaban notando. En la mano, una botella personal de cerveza. Le puse candado al portón, para después poder acercarme a ella tranquilamente.

    Cuando me di vuelta nuevamente, Laura estaba dándome la espalda. Apoyada contra las persianas que daban al patio. Su espalda arqueada, sacando cola. La calza estaba perfectamente cortada. Sus nalgas se veían tan ricas reflejadas con las luces del patio. Verdaderamente ella estaba caliente. Cualquiera que pasara por allí podría verla, pero no le importaba. Yo estaba estupefacto mirándola.

    Sin decirnos nada me acerque a ella. La bese mientras acariciaba sus nalgas. Me alejé y le tomé algunas fotos con mi celular. Cuando me acerque de nuevo empecé a darle nalgasos. Mi mano golpeaba con fuerza primero una y después otra. Ella gemía como una puta cada vez que lo hacía. Podía escuchar como el sonido de mis golpes se hacía eco en las casas cercanas.

    Mi calentura en ese momento era igual o quizás más que la de ella. Mi miembro ya estaba tieso. Aun allí en el patio, me agache detrás de ella. Bese como un animal sus nalgas rojas de los golpes que les había propiciado. Les pasaba la lengua para luego volver a comérmelas. Laura no paraba de gemir. Estaba extasiada. Separe sus nalgas y bese su vagina totalmente mojada. ¡Qué sabor más rico!

    -¡Vamos adentro! -Me dijo Laura.

    Me paré. Ella me agarró de la mano y me llevó hacia adentro. Me paso la cerveza mientras cerraba la puerta. Le di un par de sorbos. Estaba bien fría. Aliviaba un poco el calor que estaba acumulando. Dentro, estaba tirado un colchón en el piso del living. Cerca de la tele encendida. Me quité la remera y las zapatillas. Acerqué el colchón a uno de los sofás, de modo que sirviera de respaldo.

    Me senté en el colchón y mi espalda quedó apoyada en el sofá. Laura trajo una cerveza más. La hice sentarse sobre mis piernas. Allí comenzamos a besarnos intensamente. Mientras, acariciaba sus senos desnudos, lentamente por debajo del crop top. Deje su boca para dedicarme ahora a besar sus senos. Sus pezones estaban duros. Me los comía lenta pero intensamente, tratando de provocarle la mayor calentura posible,

    El sonido de mis chupadas se oía por la casa, mezclándose con los gemidos de Laura y la TV. Ella estaba sumisa a todo lo que le hacía. Tomé el pote de aceite que había llevado, y empecé a derramarlo por sus nalgas. Volví a besar sus senos, pero esta vez con una mano iba empezando el trabajo de acariciar sus glúteos. Mis movimientos eran suaves y lentos, facilitado por el abundante aceite.

    Poco a poco iba acercándome más con mis dedos a su ano. Rozando lentamente. Laura desprendió mi jean, me bajo la bragueta y aparto hacia abajo mi bóxer, dejando mi pene tieso liberado. Tomé nuevamente el pote de aceite, me tire un poco en el pene, para que ella me lo trabajara. Otro poco me lo puse en la mano y fui directo a su ano. Podía sentirlo perfectamente, tan pequeño y apretado.

    Ella me masturbaba suavemente. Mi pene estaba tan duro que ya no necesitaba darle un trabajo más. Lo tenía en todo su esplendor. Temía que Laura se arrepintiera de intentar que todo eso entrara en su tan estrecho ano. Yo, mientras las estimulaba, empezaba a dudar que pudiera penetrarla completamente. Inclusive de poder ingresar tan solo el glande de mí pene allí.

    Hice que se diera vuelta y se colocara de espaldas hacia mí. El espectáculo que tenía a la vista era increíble. Sus botas con los tacos atrapando mis piernas, sus piernas, forradas con la calza y sus nalgas aceitadas por fuera, brillando con la luz del living. No sabía cuánto podría aguantar antes de perder el control y eyacular todo lo que había acumulado hasta ese momento.

    Ella tomo mi miembro y coloco el glande en la entrada de su vagina. Poco a poco se lo fue metiendo allí. Comenzó a moverse lentamente, mientras sus gemidos se iban intensificando esparciéndose por toda la casa. Su vagina estaba ardiendo, lo podía sentir perfectamente. Me coloqué un poco más de aceite en los dedos y otro poco en su ano. Con el dedo índice fui probando suavemente la penetración.

    Laura gemía y se apretaba los labios mientras yo lo hacía. Poco a poco su estrecho agujero fue cediendo a mi dedo. La punta ya estaba adentro. Con movimientos circulares intentaba dilatar todo lo que podía. Mientras, Laura seguía moviéndose con mi pene dentro de su vagina. Cada vez la podía sentir más. Su cara de dolor y gusto que le provocaban mis jugueteos varias veces casi hicieron que perdiera el control.

    Ya mi dedo estaba completamente adentro. Ella no podía creerlo. Ambos festejamos ese pequeño triunfo tiré más aceite a la zona para lubricar bien. Como si fuera mi pene fui moviendo el dedo, hacia adentro, hacia afuera. Después de un rato ya no había resistencia, mi dedo medio entró con más facilidad. Tenía dos dedos en su ano y mi pene a punto de explotar en su vagina. El momento era ya.

    Saqué mi pene de su vagina. Tire una gran cantidad de aceite nuevamente en él. Laura me lo tomo del tronco y acomodo el glande justo en la entrada de su ano. Ella probaba una y otra vez, mientras yo acariciaba su espalda y sus nalgas, haciéndola sentir lo más tranquila posible. Cada vez que Laura intentaba meter la punta de mi miembro gemía del dolor. Con paciencia el glande de mi pene fue haciéndose lugar en su ano.

    El glande lo tenía ahorcado en su ano. Laura empezó a moverse lentamente, con cuidado de que mi pene no saliera. Yo apretaba mis dientes, tratando de no perder el control y eyacular. Tiré un poco más de aceite en la zona para facilitar sus movimientos. Ella metió su mano por abajo y comenzó a acariciar mis testículos bañados en aceite. Luego por arriba el tronco de mi pene y la zona de su ano.

    -¡No puedo creer que eso este adentro bebe! -Me dijo Laura. Con cara de felicidad.

    -¡Siento que me vas a arrancar la cabecita! -Le respondí.

    -¿No te enojas si lo dejamos acá bebé? -Me preguntó

    -¡Me está empezando a doler mucho de verdad! -Continuó.

    -¡No hay problema amor! -Le dije.

    -¡Antes de sacarlo filma un poco y sacale algunas fotos! -Me dijo Laura.

    Obedeciendo sus órdenes agarré mi teléfono. Tomé algunas imágenes y filme un poco. Todo se veía increíblemente erótico. Mis ganas de eyacular ya se hacían incontrolables, no podía seguir un rato más con mi glande atrapado allí. Ella se quitó lentamente y se metió mi miembro entero en la vagina. La sensación de relajación fue la gota que colmó el vaso, sus movimientos terminaron con todo el control que tenía.

    -¡Voy a acabar cuñadita! -Le dije.

    -¡Quiero sentirla toda adentro! -Me respondió Laura. Mientras acariciaba su vagina rápidamente.

    Sentí que su vagina apretaba mi pene. Los espasmos dominaron mi cuerpo. Los borbotones de semen empezaron a salir. Podía ver como mi miembro temblaba dentro de ella. Sus piernas comenzaron a temblar. No controlábamos ninguno de los dos nuestros movimientos. Yo no paraba de largar mi semen. Su vagina estaba empapada. Le intensidad de nuestros orgasmos fue mutua.

    Poco a poco los temblores desaparecieron. Empezamos a relajarnos. Laura quitó mi pene de su vagina. Los chorros de semen ahora caían por la sabana. No decíamos una palabra. Solo se escuchaban nuestros gemidos de satisfacción. Laura se dio la vuelta, se inclinó hacia el colchón y lamió todo el semen que había caído. Ella estaba completamente extasiada.

    Se acercó a mi miembro aún erecto. Se lo metió en la boca. Me lo chupaba con intensidad. Saboreando hasta la última gota que había quedado. El cosquilleo en el glande era intenso que me causaba hasta la risa. Laura se levantó y fue al baño. Yo esperé allí mi turno para ir, mientras me fumaba uno de sus cigarrillos. Después de un buen rato regresó y pude ir a higienizarme bien el pene.

    Cuando regresé, Laura ya había cambiado la sábana del colchón que había quedado un desastre. También había traído más cervezas. Nos sentamos juntos en el colchón a charlar y mirar un poco de TV. El primer intento de penetrarla analmente había sido bastante positivo.

    -Alexander0022-

  • La nueva manera de pajearse (Partes 2 y 3)

    La nueva manera de pajearse (Partes 2 y 3)

    Parte 2: Nos descubren

    Como les conté la otra vez, con el Tony nos pajeamos varias veces más de la manera que le había enseñado el hermano. Descubrí que a él le gustaba que le besara el cuello (lo ponía como loco… igual que cuando él me agarraba las tetillas) y su otro punto de excitación era la boca. Ya me lo había transado la primera vez que me enseñó esta manera más intensa de pajearse. La verdad, no me daba asco para nada y él parecía gustarle mucho, así que para devolverle el favor yo alternaba entre el cuello y su boca mientras él se pajeaba. Una vuelta le dije que probáramos la nueva manera pero los dos a la vez, porque si no, cuando uno acababa no le daban ganas de “ayudar” al otro.

    Esa noche era un jueves de enero y hacía un calor de cagarse. Nos desnudamos al toque y nos tiramos en la cama. Nos empezamos a pajear y yo le besé el cuello como a él le gusta. De ahí le agarré una mano y se la llevé a mis pezones. Me frotaba y después me pellizcaba despacito calentándome a full. Empecé a gemir como siempre y el Tony me agarró la nuca y me dio mansa transada. El cabrón me seguía tocando y ya usaba las dos manos. Yo ya no me pajeaba más y alternaba entre besos en su cuello y su boca. De la calentura me le subí arriba y le frotaba su pija con la mía. Él la tiene apenitas más larga que yo y yo un poco más ancha. Se nos había mojado la panza de cómo salía lubricante de las vergas. Yo frotaba y gemía y el Tony no paraba de toquetearme las tetillas.

    No aguanté más y le llene la panza de leche que se mezcló con nuestras dos pijas y los pelos. Fue un enchastre. Él me miró como sorprendido y me saco de arriba suyo. Agarró todo el esperma y se lo untó en la pija. Se empezó a pajear a lo bestia y yo aunque estaba molido le chupaba el cuello como a él le gusta. No duró ni un minuto y acabó zarpado. Le llegó hasta la pera. En eso, todo relajados vemos en la puerta al hermano del Tony tocándose el bulto y filmando con el celular. Nos dijo que se creyó que estaba con una mina por cómo gritaba y nos cagamos de risa. Me dijo que tuviera cuidado con el Tony porque su boca es peligrosa. Y me invitó a una fiesta con minitas el finde en su casa para ver quién hacia el mejor video, jaja. Pasado mañana es la fiesta…

    Parte 3: La fiesta

    Cuando llegué a la casa del Tony no lo podía creer. Había cuatro gatos que parecían putas, pero el hermano del Tony decía que se dejaban gratirola. Había un amigo del hermano, que le decían el gordo. Era más bien corpulento… pero igual le decían gordo. Empezamos a escaviar y cagarnos de risa. En eso el gordo desapareció en la pieza del hermano del Tony con una de las minitas. Nosotros charloteábamos y el Tony ya se estaba transando a una morochita con un buen ojete. El hermano se me acerca y me dice que con el teléfono vaya a su pieza y filme al gordo. Estaba cagado de miedo pero fui igual. Cuando abrí la puerta ya estaba filmando. La mina estaba en cuatro y el gordo se la daba como un desaforado. Estaban medio de costado pero cuando entraba y salía la pija se veía bien. Era una pija re gorda. Con razón su sobrenombre.

    La minita que estaba dale gemir me vio y pegó un grito. Yo me fui cagando de ahí, pero al minuto apareció vistiéndose con el gordo enfurecido atrás de ella. La muy zorruda le contó a las amigas y todas se hicieron las ofendidas y se tomaron el palo. El hermano del Tony tranquilizó al gordo y le dijo que él me había dicho que filmara, pero no sabía que iba a ser tan culeado y que me iba dejar ver. El gordo apretaba las manos y decía que no se podía ir a su casa así. Todavía se le veía el bulto parado. El hermano del Tony le dijo que lo podíamos ayudar. Que nos había visto chapando en la pieza y que no nos importaba nada.

    El gordo se sacó los pantalones ahí mismo y se sentó en el sillón. Yo no entendía nada y me había dado cagaso. El hermano del Tony le dice algo al oído entonces el Tony me dice que hay que hacer lo mismo que hacemos entre nosotros. El Tony le empezó a tocar los pezones al gordo y el hermano del Tony me agarró y me llevó al otro lado del sillón. Se me acercó y me dijo “besale el cuello, como a mi hermano”.

    Empecé a besarlo y el gordo que se estaba pajeando me agarró una mano y me la llevó a su verga. Yo me sentía culpable así que mientras le besaba el cuello le hacía una paja. El gordo gemía. El hermano del Tony se tocaba el bulto y filmaba, como siempre. Estaba obsesionado con los videitos el chabón. En eso el gordo me agarra el cuello y me lleva mi boca a su pezón. El Tony saca las manos y me deja hacer. El gordo me lleva al otro pezón. El Tony me levanta la remera y me empieza a tocar los pezones a mí, sabiendo cómo me pone eso. Yo casi no podía respirar entre una tetilla y la otra del gordo. Mis manos estaban ocupadas en esa verga gordota que seguía pajeando y en los huevos que le había empezado a sobar.

    El hermano del Tony se acerca y me dice muy despacito que por mi culpa el gordo no pudo acabar. Que estaba dándole a una conchita mojadita y se había quedado con ganas. Que lo ayude al gordo… el gordo me agarró el cuello y me bajo a su pija… y de una me imaginé lo que se venía. Me daba un poco de asco y vergüenza pero me sentía culpable y excitado culpa del Tony que no paraba con mis pezones. Cuando me acercó a su pija sentí un olor fuerte… a concha y verga mezclado. Fui a chupar un poquito pero el gordo me bajo la cabeza y quedé atragantado. Había quedado arrodillado entre las piernas del gordo y el Tony estaba atrás mío sobándome los pezones y restregando un poco su pija dura en mi culo.

    El hermano del Tony se había sacado el pantalón y se estaba pajeando mientras filmaba. El gordo había empezado un mete saca con mi boca y no paraba de bufar. Me dolía el cuello y la mandíbula. Tenía baba por todos lados. El Tony me desabrochó el pantalón y me liberó la pija. Me empezó a pajear. Atrás sentía su pija húmeda restregándose en mi orto. No me había sacado el calzoncillo del todo por suerte, pero su verga sí estaba al aire libre porque a veces sentía mojado arriba de mi calzoncillo. El Tony alternaba con una mano entre mis dos pezones y me seguía pajeando con la otra.

    En eso el hermano del Tony se agacha y mientras sigue filmando más de cerca ayuda a mi amigo agarrándome un pezón y sobándomelo suavecito como a mí me gusta. Largué un gemido que casi no se escuchó porque tenía la pija del gordo ocupado toda mi boca. El gordo no aguantó más y agarrándome bien fuerte la cabeza me empezó a llenar de leche la garganta. Hice para atrás con fuerza y caí arriba del Tony que me tenía abrazado y no me soltaba la pija. Le grité al gordo que era un re culeado, que me podría haber avisado.

    El gordo estaba rojo y se lo veía culpable. Me pidió perdón mientras se subía el pantalón y se fue a la bosta. Le pedí al Tony que me soltara porque estaba asado. El hermano me dijo que no me enojara, que si quería me ayudaban a mí. Yo seguía enojado con el gordo… pero acepté. El Tony se volvió a poner atrás mío y seguía pajeándome.

    El hermano por fin dejo el celular y me empezó a tocar los dos pezones. Todos estábamos arrodillados en la alfombra. Ellos en bolas y yo con el calzoncillo medio bajado. El Tony seguía restregándose atrás mío y en eso siento la parte de debajo de mi espalda mojada con algo calentito. El conchudo del Tony también me había acabado encima! Lo empujé para atrás y me estaba levantando cuando el hermano del Tony me dice que me calme. Que él me ayuda a terminar. Yo estaba furioso. Me sentía usado. El hermano le pide al Tony que nos deje solos. El Tony me mira un poco asombrado, mira a su hermano mayor y se va a su pieza. El hermano del Tony me dice que me saque todo que me va a limpiar. Me lleva al baño y me dice que entre a la ducha.

    Él también está desnudo y nos enjabonamos bien, cada uno su cuerpo. Después me dice si quiero acabar y le digo que sí… obvio. Me pide que me dé vuelta y quedo de espaldas a él mirando a la ducha. Me dice que es para estar más cómodo. Me empieza a pajear con una mano y me toca los pezones con la otra. Me lleva una de mis manos a mi otro pezón y entiendo que quiere estimularme a full. En 2 minutos acabo mientras siento su pija dura atrás mío pero nunca presionando… como que me tocaba por accidente.

    Le agradezco y me estoy por ir cuando lo veo rojo y con la pija todavía parada. Me da cosa y le digo si quiere que lo ayude. Me dice que sí pero que quiere lo mismo que el gordo. Me jura que él sí me va a avisar y que no me va a forzar si no quiero. Me da culpa, porque me había ayudado y se había portado bien conmigo. Me arrodillo y le pido que me avise cuando esté por acabar. Le empiezo a chupar la pija pero es raro. Esta está limpia y no me agarra la cabeza ni nada. “Mirame” me dice… Y ahí sí me agarra y me empieza a bombear mientras nos miramos. “Tocame los huevos”, me pide… y yo cumplo… “pajeate vos también”, me dice… y me doy cuenta que estoy otra vez con la pija dura. Me pregunta si me gusta y yo no digo nada… y sigo chupando… “estoy por acabar -me dice- pero quiero que te la tragues… como con el gordo”. Me pide que por favor trague todo y descarga. Yo no me muevo y trago sin parar. “Gracias” me dice y apaga la ducha y me deja solo en el baño. Me terminé de bañar y me las tomé a mi casa.

  • Laura, mi perrita preferida

    Laura, mi perrita preferida

    El lunes iba de camino al colegio y no, no soy estudiante, soy profesor. Es un colegio bastante grande y con muchos problemas, pero me agrada enseñar, aunque no les miento, muchas veces he querido dejar todo tirado y ventarles la madre a mis estudiantes y decirles lo fastidiosos que son y lo poco que me interesan, pero esto no va al caso ahora.

    Estaba pasando lista y me di cuenta que faltaba una de mis estudiantes; Laura, ya había perdido unos años del colegio y siempre me traía problemas, era ya su último año, aunque debo decir que para su edad, que son 19 años, ya debería estar en sus primeros semestres de universidad pero su indisciplina y falta de responsabilidad no la han dejado graduar.

    A segunda hora tocaron al salón, por la ventalla de la puerta vi que era ella, así que salí

    -¿Qué haces llegando a esta hora Laura? Una hora tarde ¿en qué piensas? –le dije regañándola mientras ella solo me ignoraba, se notaba, miraba hacia el piso y levantaba sus cejas, mientras chupaba un bom bom que traía y con su otra mano se tomaba del cabello en círculos– mírame! –le dije y ella levantó su cara, no sé qué me sucedió, pero me quedé sin palabras, solo abrí mis ojos más de lo común y sentí unas ganas tremendas de morderle sus labios que los traía rojos por la cereza de su bom bom.

    -¿Me decías profe? –Me dijo mientras chupaba el bom bom y lo introducía en su boca –no se moleste conmigo, es más, debería castigarme– guiñó su ojo, no sé qué significaba eso, pero hizo que me sintiera nervioso y con ganas tremendas de cogérmela.

    -Está bien Laura, nos vemos después de clases, ya sabes cómo es esto, te espero en el salón de castigo.

    -Si profe -se fue dando de saltos hacia el salón, tenía dos colitas en su cabeza, una a cada lado y su falda era muy corta, más de lo permitido.

    Pasaron las horas y solo quería que llegara la hora de castigo, mas estudiantes se habían ganado ir allí este día, pero no quería que nadie fuera, nadie más que Laura claro. Así que miraba el reloj a toda hora.

    -¿Muchas ganas de salir? –me dijo Laura mientras se reía con sus amigas.

    -Saquen una hoja, quiz sorpresa –les dije a todos mientras refunfuñaban– ah y agradezcan a su amiga Laura, que solo sabe llegar tarde y no hacer nada durante las clases, es grosera y necesita que la enderecen pronto –le dije y ella me miraba a matarme, su rostro cambió completamente, me ignoraba y cuando lograba verla a los ojos fruncía el ceño y me esquivaba con rapidez, solo me reía.

    -De que se ríe señor –me dijo con voz como cuando una niña pequeña no obtiene lo que quiere.

    -De nada, solo que veo que ahora más son sus ganas de salir que las mías o no?…

    -Basta de charlas y comiencen a escribir las preguntas del quiz.

    Terminó la hora escolar y fui a tomar agua, comí algo y luego al salón de castigo, entré y ella no había llegado aún, que raro –dije en mi cabeza mientras esperaba.

    -hola profe, me esperaba –oí su voz y enseguida se me paró mi pene, me quedé sentado para que ella no lo notara.

    -sigue y siéntate, como siempre llegando tarde.

    -¿estás como estresado profe? ¿Quieres que te un masaje?

    -solo siéntate y no me hagas repetirlo más –le dije ya molesto, sus ganas de molestarme o provocarme para conseguir no sé qué, me molestaban y tenían nervioso.

    Por lo general la hora de castigo es solo aquedarse una hora sentado reflexionando sobre lo que había hecho y así llevábamos un rato, en silencio.

    -¿sabe por qué llego tarde profe?

    -porque te acuestas muy tarde hablando con tu noviecito y trasnochas y por las mañanas no logras levantarte a tiempo?

    -jajá –ella comenzó a reírse– ¿celosito profe, acaso quieres que trasnoche hablando contigo?

    -déjate de estupideces Laura, dime ¿por qué es que llegas tarde?

    -para en la hora de castigo verlo más tiempo profe -no sabía si me molestaba, si quería sacarme de quicio.

    -Laura por favor, silencio si es que no vas a hablar con seriedad.

    -es verdad profe, alguna veces me quedo, pero siempre hay más gente, excepto hoy ¿no le da gusto verme acá solita para usted?

    -¿cómo así que para mí? –le dije mientras me levanté y me acerqué a su asiento, yo soy bastante alto, así que su rostro quedaba justo en frente de mi pene, que ya se veía un bulto por lo que ella había dicho.

    -si profe, que estoy acá solita para usted, para que me castigue, mire que necesito enderezarme y solo usted puede hacerlo y haré lo que tenga que hacer para ser más responsable, si usted me ayuda claro –me dijo y no me miraba a mí, miraba mi entrepierna, me estaba volviendo loco, no sabía si me equivocaba o ella en serio me estaba coqueteando.

    -y que propones –no sé ni que decía, pero le dije eso esperando a ver si era ella quien me lo decía primero, yo no podía decirlo, si me equivocaba estaba perdido.

    -pues… -se levantó, al levantarse su bolso repleto de cuadernos se cayó, ella se agachó sin arrodillarse, tan solo bajó el tronco quedando sus piernas estirabas, su falda corta se subió más y traía un hilo muy pequeño, pude verle ese culo tan grande y redondo que tiene, solo pasaba saliva.

    -te ayudo -le dije mientras pasaba saliva.

    -no profe, ya casi termino, ¿le gusta lo que ve? –al decirlo volteó su cara y me miró– si gusta puede tocar, pero recuerde que debe castigarme primero.

    No sabía qué hacer, estaba muy caliente, así que me acerqué a ella, me agaché y mordí su nalga tan fuerte que gritó.

    -¡ayyy ayyy profe! pero que está haciendo, me duele –sus gritos sonaban más a gemidos.

    -castigándote Laurita o no querías esto.

    Ella solo me miraba y seguía agachada, así que la empujé hacia mi escritorio, sus senos quedaron apoyados en él y sus nalgas quedaron al aire, subí más su falda.

    -agárrate bien del escritorio -Le dije mientras caminaba y traía una de mis reglas.

    -¿qué me vas a hacer mi profe? ¿Me castigarás?

    Me acerqué a ella y puse la regla en ese gran culo, estaba fría, así que al tocarla ella saltó un poco, sus nalgas vibraron.

    -que rica estas Laurita, a quien le pertenecen esas nalgas dime.

    -a mi novio profe.

    -respuesta equivocada –y le di dos reglazos tan fuerte que gritó de dolor–cállate o nos oirán.

    -pero me dolió profe.

    -entonces responde correctamente, de quien son esas nalgas.

    -tuyas mi profe, solo tuyas, te las entrego y haz lo que quieras con ella.

    -así me gusta perrita –no sé cómo lo dije o por qué, pero decirle así hizo que me excitara más.

    -¡siii, tu perrita! eso seré, necesitaré un collar mi profe -me dijo mientras sacaba su lengua y disfrutaba que le acariciara sus nalgas después de esos reglazos.

    -te compraré uno y te pasearé en los castigos desnuda por el salón, y serás la perra más fiel, me lamerás cuando te diga. Ahora dime, con cuántos hombres has estado perrita.

    -con uno no más profe, con mi novio -me dijo y yo le daba unos reglazos a su culo.

    -¿ah? ¿Por qué? Pensé que solo querías estar conmigo -le daba más reglazos y ella los disfrutaba.

    -¡dame más duro profe, los merezco por perra! corrígeme, golpéame más, solo debo decir algo, he intentado estar con mi novio, pero no hemos podido, me da miedo.

    -pero que dices perrita, te da miedo y mira cómo te tengo.

    -es que no sé qué me sucede mi profe, pero te veo y solo quiero entregarme a ti –lo dijo levantándose de la mesa, se acostó boca arriba y abrió sus piernas tanto que pude ver uno de sus labios salirse del hilo–cómeme, esto es para ti, lo deseas mi profe.

    -no terminó de hablar y corrí su hilo hacia un lado y comencé a chupar y lamer esa vagina que ya goteaba– mmm pero te gustó el castigo, mira que mojada estás –ella solo gemía y yo movía mi lengua de abajo hacia arriba y cada que mi lengua tocaba su clítoris, ella saltaba, sus cuerpo se movía.

    -¡así así mi profe! así por favor, mas mas, quiero más –sus gemidos eran más fuertes, se notaba su desespero porque buscaba de dónde agarrarse en mi escritorio y al no encontrar apoyo, llevaba sus manos a mi cabeza y me empujaba más, como queriendo meter toda mi cabeza en su conchita deliciosa

    Yo estaba enloqueciendo, lamía hasta mas no poder, era una delicia, olía delicioso, era rosadita y bien depiladita, sentía como sus jugos bajaban por su vagina y me los tomaba, eran una delicia, sacudía toda mi cabeza como un loco haciendo que mi lengua rozara su vagina y ella saltaba de emoción y pegaba gritos que me hacía excitar más.

    -Es hora perrita.

    -Hora de que profe –me dijo mirándome con cara de asustada.

    -De que sientas una verga dentro tuyo –ella no sabía que decir, solo pasó saliva y con su cabeza asintió moviéndola de arriba abajo varias veces, se veía asustada, pero se mordía el labio, sus ojos estaban muy abiertos, como impactada o asombrada de hasta donde habíamos llegado.

    Le solté la camisa del uniforme, quería ver sus tetas saltar de arriba abajo con cada embestida que le diera.

    -¡que ricas tetas tienes Laurita! –le dije mientras la tomaba con mis manos y las apretaba, con mis dedos rodeé sus pezones y los pellizcaba.

    -mmmm si, que delicia profe.

    No aguanté y llevé mi boca a sus pezones y comencé a morderlos fuerte, tanto que ella comenzó a gritar que no, que me detuviera, pero eso solo hacía eco en mi cabeza y hacía que los chupara y mordiera más.

    Tomé sus manos fuertes y puse una en cada una de sus piernas.

    -ábrelas más y mantenlas así, ¿entendiste perrita? –ella solo asintió con la cabeza.

    Que sumisa era, que rica era.

    Puse la punta de mi verga en su vagina y ella abrió los ojos y respiró fuerte, sintió que era una gran cabeza la que rozaba su conchita, comencé a entrar lentamente y mientras mi verga entraba en su estrecha vagina, su boca se abría como si mi verga fuera a salir por ella de lo profundo que la sentía, ella miraba mi verga y me miraba a mí, con sus manos apretaba fuerte sus piernas, tanto que las aruñaba.

    -¡mírame! –le dije gritando, en cuanto me miró le di una embestida tan fuerte que el escritorio se movió, mis pelotas chocaron con su gran culo haciéndolo sonar, ella se soltó de las piernas y fue como si se desvaneciera de la estocada que le había dado, la tenía empalada con mi verga, la tomé de las caderas y la acerqué a mí.

    -¿Esto es lo que quería mi perrita? –le dije dándole una cachetada para traerla de vuelta, se veía que estaba ida, sus ojos adormecidos de placer y su cabeza tambaleando por todos lados.

    Comencé a darle más duro y rápido, sin piedad, para que recordara como era tener un macho dentro de ella que le diera placer, de lo ida que estaba podía manejarla a mi antojo, así que la levanté y la empujé hacia la pared donde estaba el tablero.

    -Eso perrita, borra lo que está en el tablero con tus grandes tetas –ella a este punto obedecía cualquier cosa.

    La puse contra la pared, mi mano en su cabeza aplastándola contra la pared, sus labios retorcidos y su lengua intentando humedecerlos, su mirada perdida intentando buscarme, me acerqué a ella quedando mi pecho en su espalda, con mi brazo la rodeé tapándole las tetas y con mi otra puse mi verga directo en su ano, ella sacudía su cabeza.

    -¡No mi profe, por el culo no por favor! –lo dijo casi susurrando.

    -Solo ábrelo para mí –le dije y llevó sus manos a su culo y una mano en cada nalga lo abrieron para mi.

    Puse mi verga en su culo y metí solo un poco, sus manos se soltaron tan rápido de sus nalgas y golpearon el tablero.

    -¡Ayy profe, me duele! –esta vez sí gritó– pero sigue por favor, cerraba sus ojos aguantando dolor y cuando lo metí más, su cabeza se elevó mirando al techo, abrió sus ojos y suspiró tan fuerte y gimió tan rico que me excitó más y a este punto no sabía cómo podía excitarme más, así que me acerqué a su nuca y mientras mi verga estaba en su culo, con mi boca le mordí su nuca, la lamía y mordía, ella me rodeó la cabeza con su brazo y aruñaba mi espalda y costillas como podía, era un dolor extremadamente delicioso.

    -Más Laurita, hazlo más fuerte, aráñame más –le dije mientras llevaba mi mano a su vulva y la palpaba y sentía lo mojada que estaba.

    Ella se agachó un poco y comenzó a empujarme hacia atrás con su culo, puso sus manos bien fuerte en el tablero y empujó más, yo como pude me detuve y noté que lo que quería era mi verga más adentro, así que empujé, sentí que la había partido en dos y ella comenzó a ir atrás y hacia adelante rápido y yo solo disfrutaba de aquella vista, sus tetas se sacudían y mis bolas golpeaban por debajo a su vulva de lo fuerte que nos sacudíamos y eso la excitaba más y a mí también.

    -Quiero tu leche dentro de mí, dale leche a tu perrita –solo dijo eso y comencé a sentir una calentura en todo el cuerpo.

    -Ahí viene perrita, ahí viene todita para ti –comencé a venirme y ella comenzó a gemir más fuerte, también comenzó a gotear, se oía en el piso como caía su orgasmo, la acerqué a mi abrazándola fuerte para penetrarla más duro y mientras me venía mordía su espalda, llevé una de mis manos a su cuello y la apretaba y ella solo disfrutaba, siendo la más perra de todas.

  • Cogiendo con el DJ

    Cogiendo con el DJ

    Uno de mis pasatiempos favoritos, además de la zumba, es poner coreografías de adolescentes o de salidas de escuela, una ocasión una vecina me pidió le pusiera la coreografía de sus 15 años a su hija, lo cual acepté, la señora logró que desde el principio nos dejaran ensayar en el salón, eso ayudó mucho en la realización de los bailes.

    Como siempre para ese tipo de cosas, acostumbraba a llevar mis licras, o a veces un mini short, tenis y blusas entalladas que no solo robaban la atención de los adolescentes chambelanes, sino también de todo el crew del salón.

    Entre ellos estaba el dj, era un hombre robusto, moreno, de aproximadamente 1.80, tenía carisma, pero estaba feo y aunque no soy tan física, si sabía decir cuando alguien no era tan agraciado.

    Su nombre era Ronald, tenía un nombre muy raro para el tipo de persona que era y todos los libidinosos de sus amigos le decían (rolas) un alias que acompañaba perfectamente lo que hacía en el salón.

    Durante todos los tres meses de ensayo sentía sus miradas en mi trasero, cuando me agachaba o cuando bailaba, sus ojos no se quitaban de ahí, al voltearlo a ver siempre me sonreía, eso paso de ser molesto a rutinario que dejó de importarme, de hecho, fue con el que más hablaba y terminé por llevarme bien con él, el último mes, me la pasaba una hora más en el salón, disque acomodando la música, pero en realidad platicaba con él y nos conocíamos mejor.

    Finalmente, el ultimo día, casualmente, solo estaba él, el ensayo se llevó a cabo como siempre, los jóvenes se fueron y me quedé como siempre con él, ese día, llevaba una minifalda negra entallada, mis zapatos de piso y mi blusa morada pegada y escotada, no sé, tal vez estaba preparada para algo más.

    R: ¡Finalmente acabaste!

    L: Si, ya terminé con esto

    R: ¿Vendrás a la fiesta?

    L: No creo, tengo planes.

    R: Pues traje un vino, para celebrar tu éxito

    L. Gracias, qué lindo

    Nos sentamos en una mesa que tenía en su cabina y comenzamos a beber y charlar.

    El ambiente fue subiendo, música a todo volumen y yo ya más suelta por el alcohol, lo abrazaba, lo sacaba a bailar, él muy tímido, apenas si me agarraba de la cintura, yo le tenía que poner la mano completamente en ella para poder bailar.

    R: ¡Dios, que bien bailas!

    L. Anda, suéltate, vamos!

    Me le repegaba mucho, le permitía arrimarme su pene, el cual ya se sentía con una erección, yo movía mi cadera y le arrimaba más mis nalgas para que las sobara con su pene.

    R: Lety! ¡Dios mío!

    L: ¿Qué?

    R: ¿No te molesta?

    L: En el baile se aprovecha para rosar, jajá

    Al ver a Ronald todo nervioso, regresamos a sentarnos, él no dejaba de mirarme las tetas y las piernas, yo ya me había calentado, honestamente me había excitado la charla con él, sentí su mirada, al ver que no hacía nada tomé la iniciativa.

    Me levanté y me senté en sus piernas, sentí como se tensó, con mis brazos rodeé su cuello y lo besé, él no sabía qué hacer, quedó inmóvil, mientras mi boca y la de él se pasaban saliva.

    R: Besas muy rico.

    L: ¿Habías tenido a alguien como yo?

    R: ¡Jamás!

    L: Pues aprovecha tu suerte.

    Me subí completamente en él abriendo mis piernas, me despojé de la blusa, el abrió los ojos y con sus manos pesadas tocaba mis tetas, las cuales empezaron a reaccionar erectando mis pezones.

    Le besaba su cuello, le quité su camisa roja, su cuerpo moreno y obeso sudaba al sentir mi piel, eso en vez de darme asco me excitó más.

    Le besaba su pecho que parecía más unas tetas, él gemía y me acariciaba las piernas, sentía como su verga quería salir de su pantalón, le mordía los pezones, él me acariciaba las nalgas, aunque aún no se desataba por completo.

    L: Mmm, papi que rico, uhm

    R: ¡Ah, nena, uhm, que rica!

    L: Vamos, sé que quieres, ¡quítame la ropa!

    R: ¡Esto es un sueño!

    Era la primera vez en mi vida que tenía en frente a alguien que no sabía qué hacer, me puse de pie y me quité la falda, él casi se desmaya al verme en tanga, me quité el brasear y la tanga, él como pudo se quitó su pantalón dejando solo en trusa.

    Le comencé a acariciar su verga, no era grande, de hecho, era apenas lo suficientemente grande para entrar en mí, él se quejaba como si lo estuviera acosando, pero eso me ponía más caliente.

    Le bajé su trusa de forma violenta, un pene erecto a todo lo que daba salía de él, lo metí a mi boca y con un solo bocado lo metí a mi boca, lo apretaba de las nalgas y succionaba su pene, el cual ya sacaba mucho líquido pre seminal.

    R: ¡Ah, Lety! ¡Dios!

    L: ¡Mmm!, uhm!

    R: Definitivamente estoy soñando, ¡uhm!

    L: ¡Goza papi, goza!

    El pobre no cabía de la excitación, yo jamás me imaginé que semejante hombre la tuviera pequeña, más porque tenía unas manotas, pero eso estaba pasando a segundo plano, sentía sus bolas endurecerse, él me apretaba la cabeza, me follaba la boca, aunque no me ahogaba me estaba complaciendo el DJ.

    Me senté en la silla y levanté mis piernas, él me tomó con fuerza e introdujo su verga en mí, lanzó un gemido gracioso y empezó a moverse rápido.

    L: Ah, tranquilo, no llevo prisa.

    R: Uhm, lo siento, agh.

    L: Suave, métela y sácala, así despacio, uhm.

    R: Lety, eres la mejor.

    Lo abrazaba con mis piernas y me empujaba a él, así sentía más adentro su verga, él me apretaba las tetas, se daba gusto con mis piernas, estaba en la gloria y yo gozaba, no como otras ocasiones, pero el gordito me estaba haciendo gemir.

    L: ¡Así, uhm!

    R: ¡Oh, nena, que rico!

    L. Métela, empújate más!

    R: ¡Si, agh!

    Tomó el respaldo de la silla y con violencia se empujaba, él sudaba y gemía como cerdo, yo gritaba, me encantaba lo que me estaba haciendo.

    Le dejé respirar, él se sentó y yo me di vuelta y me dejé caer, lo cabalgaba y le daba sentones, él me apretaba las tetas, sentía su barriga rozar mis nalgas, pero en vez de sentir asco, sentía más excitación…

    R: Gracias, uhm

    L: ¿De qué?

    R: ¡Por dejarme entrar en ti!

    L: Esto aún no acaba, vamos, dame papi, ¡cumple tu sueño!

    R: ¡Si, ahí voy!!

    Me tomó de la cintura y me empujaba con fuerza hacia él, el sonido de mis nalgas chocando con su pelvis retumbaba en el salón, seguía sudando y jadeando, le estaba dando la cogida de su vida.

    R: ¡Déjame darte en cuatro!

    L: ¿Y en donde me pondrás?

    R: Encima de la ropa.

    L: ¡Ok, hagámoslo!

    Acomodé la ropa y me puse en cuatro, movía mi cola como perra en celo, él me acarició las nalgas y me trató de penetrar, el tamaño de mis nalgas le impedía hacerlo de golpe, así que con mi mano lo guie a mi coño.

    Una vez dentro me movía sola, él casi no se podía mover y solo me agarraba las nalgas, yo como perra en celo me ensartaba sola, prácticamente me estaba cogiendo yo sola.

    Aun así, traté de hacerlo en equipo, le pedí se moviera más y él en un intento por complacerme se empujaba tan raro que su verga se salía de mi concha.

    R: ¡Ah, nena, me vengo!

    L: ¡No, espera!

    R: ¡Lo siento, uhm!

    L: ¡No!!! Agh!!!

    Su semen salió disparado en mí, él se quedó inmóvil y en un intento por venirme me moví como loca, eso no lo soportaba.

    R: ¡Nena, uhm, que rico!

    L: ¡Ah, ah!

    Apenas conseguí un pequeño orgasmo, pero fue suficiente para satisfacerme, tirados en el piso del salón, tomaba aire, él todo vencido se acariciaba su pene, el cual ahora era más pequeño.

    Tomé mi ropa, me lavé y me despedí, él endiosado por mí, me pidió que fuéramos amantes, pero estaba claro que no iba a poder conmigo, lo abracé, le di un beso y solo me limité a contestarle “tranquilo, todo a su tiempo”.

    Saludos, su amiga Lety.

  • Un caramelo para cuatro viejos

    Un caramelo para cuatro viejos

    —… ¿Sabés cuál es el mejor dulce de leche argentino, primo?

    —¿No, cuál es?

    —El de la concha.

    A ver, sabía que los argentinos le llamaban concha al coño. Yo estaba en mi cama. Mi prima estaba en la puerta de mi dormitorio, descalza, con unas medias negras y un picardías que enseñaba la mitad sus grandes tetas y parecía que estaba sin bragas. Mi esposa se fuera a las ocho de la mañana a cuidar los nietos de una de mis hijas. Me hablaba de desayuno y de repente me tira la indirecta. ¿Qué carallo iba pensar más que quería follar? Le dije:

    —Métete en cama que vas a saber cuál es la mejor leche española.

    Se echó a reír y después me dijo:

    —Sos un boludo.

    A veces, hablaba así, pero hablaba bien el castellano. Le dije:

    —Si tú lo dices…

    Se dio la vuelta y se fue moviendo su bello trasero. «Pin, pan, pin, pan…». Seguía empalmado cuando viene de vuelta de su habitación, se sienta en el borde de la cama y me enseña un bote que ponía: —Dulce de leche LA CONCHA, como el de tu madre.

    —Este es el dulce de leche, boludo —me dijo.

    Yo seguía empalmado viendo aquellas tremendas tetas, y seguro de que se me estaba ofreciendo, le dije:

    —Untado en tu concha debe estar riquísimo.

    Ya me dijo a las claras lo que quería.

    —En las tetas también está rico.

    —Y en la boca.

    —Y en tu pija.

    Puso el bote encima de la mesita de noche y quitó el baby doll y las medias, puso la ropa de la cama a los pies y se metió en ella. Mi prima Sonia, cómo ya sabéis, ya no es ninguna jovencita y está soltera. Es un alma libre. Folla con quien quiere y sus relaciones nunca duran mucho. No es rubia, es morena y tiene el pelo negro azabache, así lo tenía en el coño, y tenía una melena en él con la que se podían hacer rastras.

    Me interrumpió Toño (Tucho).

    —¿Cuánto tiempo se va a quedar en tu casa?

    —Una semana.

    —Te vas a hartar. ¡Quién la pillara!

    —Sería cuestión de hablarlo. Me dijo que follara con tres hombres. Dice que le encanta sentir dos pollas dentro de ella, una polla en el culo y otra en el coño. Que le encanta chupar pollas, masturbarse…

    —Pero con cuatro viejos no creo que le interese hacerlo, gratis. Ofrécele 400 euros. —dijo Fon.

    Moncho también quería mojar el churro.

    —Eso, eso, si paga Alfonso…

    —Pago, pago. Sigue contando lo que pasó

    Seguí hablando.

    —Al estar en cama, abrió el tarro con el dulce de leche, untó un dedo y lo pasó por los labios cómo si fuese un lápiz labial. Pasé mi lengua por ellos y lamí el dulce de leche. Estaba rico, pero más rica estaba ella cuando abrió la boca y me chupó la lengua. Nos besamos largamente. Luego, metió dos dedos en el tarro y untó los pezones y las areolas de sus grandes tetas, unas tetas que iban a su bola, una caía hacia un lado y la otro hacia el otro. Las cogí con mis manoplas y se las amasé mientras se las chupaba, lamía, mamaba y dejaba limpias de dulce de leche. Luego se abrió de piernas. Iba a echarlo en el coño, y le dije:

    —El coño me gusta comerlo al natural.

    Se chupó los dedos y posó el tarro sobre la mesita.

    Al pasar la lengua de abajo a arriba por su coño lo encontré empapado. Mi prima se mojaba mucho, cosa rara, pues no era una jovencita. Acariciándome la cabeza, me preguntó:

    —¿Te gusta mi concha?

    —Sí, está jugosita.

    —Y más que lo va a estar.

    Le abrí el coño con dos dedos. Lamí un labio, después el otro. Levantó el culo y le lamí el ojete y el periné, luego le follé la vagina con la lengua repetidas veces, acto seguido lamí su clítoris de abajo a arriba. Mi prima movió las caderas alrededor. Volví a los labios y volvió a levantar el culo, esta vez le follé el ojete con la punta de la lengua. Comenzó a gemir. Ahí me di cuenta de que era una viciosa, y no por que le gustara que le comiera el culo, sino porque me apartó, subió encima de mí, me cogió la polla, la acercó al ojete, empujó con el culo y la metió hasta el fondo, después acariciando el clítoris, me folló a su aire.

    Sus enormes tetas volaban de abajo a arriba y de arriba a abajo. No se las magreé. Me gustaba verlas volar. Al rato, me besó con pasión mientras metía y sacaba a toda pastilla… Se volvió a incorporar y sin tocar su clítoris, y me dijo:

    —¡¡Me vengo!!

    Se derrumbó sobre mí. Sentí cómo sus tetas temblaban sobre mi pecho, cómo su coño apretaba mi polla, cómo sus flujos vaginales encharcaban mis huevos y cómo mordía mi cuello.

    Al acabar me volvió a besar, sacó la polla del culo, y me la mamó, no le importó que estuviera machada de lo que estaba, mamó. ¡Y cómo mamaba la jodida! Iba con su lengua desde los huevos al glande y lo chupaba cómo si tuviera un succionador en los labios, lo dicho, hacía virguerías con su boca, debieran ser ciento de pollas las que pasaran por ella. Cuando me tuvo a punto la metió en el coño, y me folló sin piedad… Clavando hasta el fondo con toda la fuerza que tenía en el culo. Me corrí cómo un lobo… Le llené el coño de leche al tiempo que le estrujaba las tetas.

    Sonreía cómo una puta que acaba de hacer su trabajo cuando me dijo:

    —¿Te folla así tu mujer?

    Le di la vuelta, metí mi cabeza entre sus piernas y le comí el coño.

    La había sorprendido, me preguntó:

    —¡¿Qué haces?!

    —Comértela mientras sale mi leche. ¿Te lo hicieron tus otros amantes?

    —¡¿Qué?!

    —Que te la voy a comer hasta que te corras en mi boca.

    —No me gusta el sexo tan guarro, pero bueno, si te empeñas.

    Ni cinco minutos tardó en llenarme la boca con sus jugos calentitos, y podría seguir contando, pero no quiero aburrir.

    —No aburres, sigue —dijo Moncho.

    Ya se acabó la comida. Otro día hacemos otra sesión.

    —¿No ibas a hablar con tu sobrina? —preguntó Fon.

    —Sí, a ver si no se molesta.

    El comedor de la casa de Fon tenía una mesa con 24 sillas. Allí se habían reunido capos gallegos que acabaran en la cárcel o que ya estaban muertos. En las paredes había trofeos de caza: Cabezas disecadas de ciervo, de jabalís, de zorros… En el piso una gran alfombra roja sobre parqué, dos muebles estanterías donde había vajillas, muebles con bebidas encima… Y una gran lámpara en el techo.

    Sobre la mesa estaban los vinos, el pan, dos bandejas de cigalas… Y sentados a ella estaban Fon (en la cabecera), a su lado izquierdo estaba Sonia y yo, y a su derecha Tucho y Moncho. Los tres hombres del catering estaban de pie detrás de los hombres y la chica detrás de Sonia, para servirnos lo que necesitáramos.

    Ya habíamos dado cuenta de los entremeses, de la lubina, luego vendrían las codornices, la tarta de Santiago, el champán, el café y los licores. Se irían los del catering y comenzaría la fiesta donde la estrella invitada, el centro de atención, la reina… iba a ser Sonia. Había aceptado follar con los cuatro, con una condición, que la bañera del pazo de Fon estuviese mediado de leche. Quería saber cómo se sentía Cleopatra al bañarse. Tontería más grande en mi vida la había oído, pero allí tenía su bañera mediado de leche, una bañera en un baño con grifería y accesorios de oro, o sea, la barra de colgar la toalla y el asa que había en la pared de la bañera… Con la puerta abierta se quitó su cazadora roja, su blusa blanca, su sujetador, su falda roja de tubo, sus bragas rojas, sus botas blancas de mosquetero y se metió en el baño. Se lavó las tetas con leche, miró para la puerta, nos vio a los cuatro babeando, y dijo:

    —¿Quieres lavarme la concha, Alfonso?

    Fon, vestido con un traje gris con rayas negras, entró en el cuarto de baño, se sentó en el borde de la bañera y comenzó a lavarle el coño, o lo que es lo mismo, a hacerle una paja. Al rato ya Sonia besaba a Fon mientras se lavaba y amasaba las tetas. Poco después el chapoteo que hacía la mano al masturbarla fue en aumento y con él los gemidos de mi prima, hasta que los gemidos desaparecieron y se corrió comiéndole la boca a Fon.

    Al acabar de correrse, dijo:

    —Siguiente.

    Al salir Fon del cuarto vimos que sangraba por un labio. La corrida debió ser buena. Le dije a Moncho:

    —Pasa.

    Moncho le dijo a Tucho:

    —Pasa tú, Antonio.

    Estaban acojonados. Entré yo y me dijo:

    —Desnúdate y métete en el baño, primo.

    Me desnudé, me metí en el baño y Sonia se sentó sobre mí, metió la polla en el coño, y dándome las tetas a mamar y comiéndome la boca, me folló, siempre a su aire, ahora lento, hora rápido, ahora paraba y movía el culo alrededor. Fon, Tucho y Moncho ya había agarrado unas sillas y se habían sentado.

    Cuando sintió que se iba a correr, se levantó, salió de la bañera y le dijo a Moncho:

    —Me dijo un pajarito que tenías una buena verga, Ramón.

    Moncho, que estaba empalmado, sacó la verga, y le dijo:

    —¿Te parece buena?

    —Cógeme.

    Yo estaba en el baño cómo un papanatas, solo y empalmado. Vi cómo Moncho la cogía en alto en peso y se la clavaba y cómo ella le rodeaba el cuello con los brazos y el cuerpo con sus piernas. Le entró como si nada. Al ratito, me dijo:

    —Ven, primo, ven y métemela en el culo.

    Salí de la bañera y fui, pero pensaba que no le iba a entrar. La verga de Moncho lo llenaba todo. Estaba equivocado. Al poner la polla en su ojete, le dijo a Moncho:

    —Quítala —la quitó—. Mete tú, primo —se la clavé hasta el fondo—. Ahora mete tú, Ramón.

    La muy puta sabía latín. Las pollas entraron y salieron acompasadamente, hasta que colgada de Moncho, dijo:

    —¡Me viene!

    Temblando buscó la boca de Moncho, pero cómo le hizo la cobra, echó la cabeza hacia atrás y chilló cómo chilla un cerdo el día de la matanza.

    Nos corrimos dentro de su coño y de su culo.

    Cuando la puso en el suelo, de su coño y de su culo comenzó a salir leche que bajó por sus piernas. Sonia se volvió a meter en la bañera y lavó las tetas y el coño con la leche. Luego se recostó en la bañera, y dijo:

    —Siguiente.

    Tucho miró para mí y me preguntó:

    —¿Dijo siguiente?

    —Dijo.

    Tucho y Fon comenzaron a desnudarse a toda hostia…

    Y cómo no quiero aburriros y esta ya es la cuarta parte… Colorín colorado, el relato se ha acabado.

    Quique.

  • En cuarentena con mis dos chicas

    En cuarentena con mis dos chicas

    Cuando conocí a Iván, un amo ruso me contactó con Fernando un amo mexicano que se estaba desprendiendo de sus esclavas. Luego de un año de charla Fernando me dice que desde que se casó no usaba a las únicas dos esclavas que le había quedado, solo las usaba para servicio doméstico y a disposición de su esposa Margarita, quien solo castigaba por placer a las esclavas.

    Fernando me ofrece a Karola una de sus esclavas, yo solo tendría que hacerme cargo de los gastos de traslado y hospedaje hasta que me la lleve a mi casa.

    Karola una morocha muy linda, mexicana de veintitantos años amaba ser dominada, así me lo dijo en la charla por Skype que tuvimos previa a la sesión.

    Manteníamos encuentros on line donde hablaba con ella para yo saber dónde estaba parada, le dije que conmigo el beneficio de móvil o laptop debería ganárselo, que solo lo usaría los primeros días hasta que se adapte, Karola trabajaría en mi empresa como lo hacía con Fernando y haría también las tareas domésticas y de cocina.

    Una vez realizados todos los trámites, Fernando la lleva hacer el pasaporte y sacan los pasajes para Argentina. Karola no quería saber nada de venir conmigo ya que muchas esclavas conocen mi crueldad y muchos amos amenazan a sus sumisas con cedérmelas.

    Ama Yamila la peor de todas, la perra de los globitos, así era llamada en el mundo de las esclavas.

    Fernando me da un par de recomendaciones me dice que Karola es un poco rebelde, pero nada que un látigo no pueda solucionar.

    Agradezco el dato y a la mañana siguiente llega Karola, me gustaba físicamente, la llevé a su hotel le di unos días libres para que conozca la ciudad y unos cuantos pesos, cuando le cuento a Tamara que íbamos a tener una esclava se puso contenta ya que tendría los mismos derechos que yo sobre ella por ser mi novia y como ella a veces me prestaba su sumisa.

    Le mostré las fotos de Karo y se puso contenta, miss Tamara es experta en torturar ya que se desempeña en la división confesiones del penal de máxima seguridad de Buenos Aires, sus anécdotas son escalofriantes, pero arranca las mejores confesiones.

    Pasada las 23 h Karola llega a casa, como habíamos quedado, le di su uniforme para mi casa y el uniforme de la empresa.

    Le mostré su cuarto en el establo solo puede bañarse en la casa el baño y todo debe hacerlo en la fosa del establo.

    Le expliqué que debería bañarse todos los días y le dije que en el establo está el cuarto azul, el cuarto de castigo, que aunque no hubiera motivos lo usaría y para satisfacerme sexualmente en el cuarto verde de la casa.

    Le expliqué que iba a tener todo lo mejor si se portaba bien y lo peor si se portaba mal.

    Que si se portaba bien tanto conmigo o con Tani podría dormir en el cuarto de huésped de la casa.

    Le quité en móvil y su ordenador y la mandé al establo.

    La desperté a las 6.30 de la madrugada, hizo el desayuno y partió a la empresa, yo me quedé monitoreando desde casa.

    Era perfecta.

    Cuando llega a las 17 h le hago hacer la merienda y rompe un plato.

    La miré terrible y ella se puso a llorar, la hice apoyar de espaldas en el respaldar del sillón y comencé azotarla con mi cinturón que saqué de mi jeans.

    -Presta atención basta de bobadas o lamentarás haber venido hoy, vas a dormir parada y esposada en el cuarto de castigo.

    La desnudé completamente, la llevé al cuarto del establo cuando vio látigos cintos y objetos se largó a llorar comprendió que estaba con Yamila.

    Tomé el rebenque trenzado sin curtir para que pique más y descargué una veintena de latigazos en sus piernas muslos nalgas y gemelos.

    Me imploraba y era lo que más ganas de azotarla me daba, no la marqué mucho porque no me gustan las marcas los días de semana por el tema de la pollera de la empresa.

    Me retiré y quedó llorando, apagué la luz y puse música.

    En eso llega Tamara y me dice:

    -Vine a conocer a la cerda, dónde está?

    -en el cuarto Azul, Tami.

    -Ya tan rápido?

    -Si, me rompió un plato.

    -Querés ir a hacer lo que te gusta?

    -Pero nada sexual todavía no la estrené

    -buenísimo.

    Acompañé a Tamara prendí la luz y Karola no paraba de llorar.

    -Karola ella es Tamara es tu ama de adiestramiento.

    -Toda tuya Tami.

    Tamara le dio una cachetada y se acercó con la fusta y comenzó a azotar los pechos y a retorcer los pezones.

    La pobre Karola gritaba, luego agarró la bola y se la puso en la boca, ya me imaginé lo que venía y me mojé. Tamara comenzó a estirar la soga y su cuerpo quedó en el aire, agarró otras de la soga y ató una a una pierna la otra soga a la otra pierna y dijo Yami “vamos a darle la bienvenida a esta perra” y entre las dos tiramos de la soga hasta que quedó a 180 grados, Karola lloraba y se ahogaba con el llanto por la bola en su boca.

    La soltamos, retiramos su bola y Tamara me dice “se portó muy bien debería dormir en el cuarto”, acepté y ella estaba toda dolorida y la llevamos al cuarto, le preparé un sándwich y una gaseosa bien fría como premio.

    Esa noche cogimos Tamara y yo como dos locas.

    A las 6,30 la llamo, hago que nos prepare el desayuno. Tamara le dice que se acueste en sus rodillas y le da la famosa azotaina de mantenimiento, según ella su café estaba frío, el mío no. Karola se va al trabajo Tamara también y yo me voy a la oficina.

    Al llegar Karola ya había limpiado y ordenado, preparó mi café.

    Al ver eso la besé con mi lengua en su boca y le dije que hoy la usaría, si se porta bien dormiría conmigo en mi cama.

    Estaba muy triste Karola dolorida, Tamara fue muy dura y me gustó.

    -Karola vení ya acá

    -Si señora, que desea?

    -Masajes perra ya o te azoto con la vara.

    Karola comenzó a masajearme los pies, las piernas, las tetas, el cuello, me di vuelta y el culo también.

    La premié con otro beso.

    -Señora puedo hacerle una pregunta.

    -Si claro

    -La tortura de los globos que todas hablaban en México es real? O es un rumor que se corrió.

    -No es ningún rumor ante una falta grave la probarás y odiarás los globos el resto de tu vida, es el método de castigo que más me excita.

    Ya lo probaras estoy segura.

    Karola bajó la mirada y siguió limpiando.

    Yo le mando un Whatsapp a Tamara.

    -Tam la cerda me habló de la tortura de los globos, tan popular soy?

    -jajaa diosa si yo hoy se la hice a Rebeca, después te mando las fotos ya las subí a una web.

    Mi reina y sus globitos.

    Famosa en todo el mundo.

    Llego la noche la hice sentar a Karola en la mesa a comer, luego la hice bailar sexi para mí, luego la mandé a bailar y le di colonia importada.

    Terminé de contestar los mails y me bañé yo.

    En bata me senté en el sillón y me relajé con una copa de vino.

    Le puse el collar y la correa a Karola y la llevé al cuarto verde en 4 patas.

    Al llegar me desnudé y le saqué la correa, me acosté y le dije que me chupe la vagina que si lo hacía bien le daría 30 azotes y no 50 con el cinto.

    Me chupaba y me metía los dedos, me chupaba los pezones, me hizo terminar de tal manera que inconsciente, luego la acosté boca arriba le puse las esposas en la cama, me puse el arnés inglés, un globo y se lo empecé a pasar por el cuerpo, por los pezones, la vagina, las piernas, gemía como si le gustaba, le dije que tenía prohibido correrse, me subí sobre ella y me la cogí por la vagina sin piedad con mi falo de goma.

    Ahora la puse de costado y le puse un plug en el orto y me la volví a coger, gemía y se retorcía.

    -Perra acaso Fernando nunca te enculó?

    -no, él no, eso lo hacía ama Gabriela y su sumisa, él no nos daba por culo.

    Le saqué las esposas, cambié posición, la esposé de manos y pies, retiré el plug, lubriqué el consolador y se lo metí por el culo, era ancho y gritaba de dolor y más loca me ponía.

    Suplicaba que se lo sacara y yo más le daba hasta que empezó a gemir.

    Saqué el consolador del orto lo cambié y le dije “perra chúpame el consolador”, me acerqué y la penetré por la boca, hizo arcadas, pero no me importó.

    La solté de las esposas, la puse boca arriba de nuevo y le hice una tijera descomunal que se corrió y yo también. Cuando me repuse le di los 30 cintazos, y le dije “ahora vas a conocer una parte de la tortura del globo”.

    Le di un globo, se lo hice matar, lo abrí sus piernas y apreté el globo hasta que explotó, lo mismo hice con el otro, Karola lloraba de dolor, me dijo que dolía más que el cinto.

    Como acabé varias veces la dejé dormir conmigo.

    Al otro día se indispuso y por 4 días durmió en el establo y la azoté en dos oportunidades, una en las tetas y otra en el culo.

    Llegó el primer sábado y Tamara quería gozarla también así que fuimos al cuarto verde. Tamara y yo inflamos 30 globos, para la famosa tortura del globo que me hacía mundialmente conocida.

    -Bien Karola con Tamara vamos a disfrutar de vos, hay una palabra que puedes decir, si la dices te vuelves a México porque eres una mala esclava sino la dices porque la sesión de hoy será dura tanto Tamara como yo te gozaremos.

    Nos dirigimos al cuarto verde vestidas en cuero y antifaces mientras Carola solo tenía un pañuelo negro en sus ojos y estaba completamente desnuda. Tamara y yo empezamos besándonos, le sacamos la venda de los ojos a Karola, le mostramos una bolsa de globos los cuales tenía que inflar, la bolsa los globos que quedaban era la cantidad de azotes que iba a recibir con el rebenque, mi preferido, y la fusta la preferida de Tamara.

    Había 80 globos era imposible que lo hiciera le dimos una hora.

    Mientras tanto Tamara y yo cogíamos por todos nuestros agujeros.

    Karola ya sin aire no podía más había inflado 15 globos más los 30 que ya habíamos inflado eran 45 para la deliciosa tortura.

    -Bien perra quedaron 65 globos.

    -Como es impar serán 66

    -33 Tamara y 33 yo.

    La até a la barra del cuarto y comenzamos azotarla, yo con el rebenque y Tamara con la fusta repartimos la zona, Karola lloraba, pero no gritaba.

    Era un ida y vuelta de azotes.

    Inclino la barra para que quede en posición de 4 patas, Tami se pone el arnés y yo también, Tamara la penetra por la boca y yo por el culo, mientras Karola no deja de gemir.

    Luego cambiamos pero Yami agarró el consolador más largo y ancho que tenía 24 x 4 y la hizo gritar mientras yo azotaba su espalda, Karola no paraba de suplicar “basta, me duele –decía- no aguanto” a lo que empecé a metérselo por la boca mientras Tami la enculaba.

    -De la única manera que te suelto es que digas la palabra. -Dijo Tamara.

    Yo le saqué el consolador de la boca y le puse un globo inflado.

    -el globo solo se puede caer de tu boca si dices la palabra, sino te azotaré con el chicote y ahí vas a gritar de verdad.

    Tamara dejó de encularla, la debatamos la llevamos a la cama con el globo en la boca y Tamara la cogió por la vagina y luego yo hice lo mismo.

    Ordené a Karola que haga una tijera y la hiciera acabar a Tamara.

    Luego agarré el cinto y azoté a Tamara, me acosté y obligué a las dos que me hicieran terminar.

    Tamara me daba por culo y luego Karo, por la vagina.

    Cuando me corrí empecé a poner los globos en las piernas de Karola y se la cerramos hasta que explotaran los 45 globos, Karola quedó con la piel muy colorada y dolorida.

    Ahí obligué a Tamara que le hiciera un 69 a Karola, luego me chuparon la vagina las dos y terminamos en orgasmos tremendos.

    Dormimos las tres juntas. Desperté a Karola y le di la azotaina de mantenimiento, más de 40 nalgadas, hizo el desayuno y desayunamos las tres.

    Nosotras en la cama y ella en el piso en cuatro patas.

    Luego la dejamos subir a la cama y nos dormimos las tres y así vamos a pasar la cuarentena dictada por el gobierno.

  • Un amanecer junto a la mujer que me cautiva

    Un amanecer junto a la mujer que me cautiva

    Sonó la alarma a las 10 am.  Me volteé y me quedé observando a Camila mientras dormía. Digamos que la luz entraba y le daba a contraluz. Sus cabellos castaños se iluminaban. Sus facciones eran fascinantes. Tenía una tierna y perfecta nariz. Una delicada y adorable piel. Mientras descansaba casi podía imaginarle las alas.

    E inclusive su aroma era mágico y dulce. Una mujer maravillosa, expresiva, hermosa e inteligente.

    Ella era Camila mi novia. La mujer que me hipnotizó y desde la noche anterior, quise que todo fuese perfecto para el momento en que despertase. La contemplé así por horas.

    Podía ver semi descubierto sus hombros. Luego sus ojos se abrieron. Y nos sonreímos, le besé la frente y le di los buenos días.

    Mientras le acariciaba el rostro no podía dejar de observarle y ella a mí. No nos quitábamos los ojos de encima.

    Luego ella y yo nos besamos y fue allí cuando en el desenfreno comenzamos a besarnos nuestros cuellos, procedíamos a mordernos y lamer la parte posterior de nuestras orejas.

    Ante esa eventualidad comencé a girarla y besarle la nuca. Tomé el encuadre del perfil y la sonrisa perfecta y lo guardé en el registro de mi memoria.

    Le quité la blusa tierna y lentamente a lo que fui besando cada centímetro cuadrado de su espalda mientras la piel de sus piernas se erizaba. Fui besándole cada vez más abajo. Sus mejillas se tornaron rojizas. Le retiré con bastante pasión e intensidad el sostén, no así con su ropa interior levanté sus caderas y puse por debajo una almohada. Se los retiré con los dientes con el apoyo también de mis manos y los dedos que se perdían en su entrepierna.

    Le besé y mordí las nalgas, abrí la piel de su trasero y lentamente me fui acomodando hasta lamer su intimidad con ternura de comienzo, luego con pasión y terminé con toda la intensidad, mis dedos moldeaban y se introducían en su universo, describo esa piel como lisa y fina como una orquídea. Y su vagina como una rosa. En el entramado de sus pétalos le introduje la lengua y busqué su clítoris con movimientos circulares y pinceladas hasta que así pudiese acabar una primera vez.

    Los dedos entraban, iban y venían, mi boca, mi nariz y mi cara estaban humedecidos, sus labios, las sábanas, la almohada.

    Todo húmedo. Cuando su mano hacia más presión hacia mi cabeza y esta hacia su clítoris se produjo esa explosión de sensaciones aleatorias que le produjo una sonrisa y esa expresión facial fascinante que nunca olvidaré.

    Presioné sus muslos, su cadera, su cintura, y sus pechos los besé uno a uno. Y fui lo más tierno que pude. Pues ella es muy tierna y adorable. Mis dedos no la penetraron solo traté de dilatar y humedecerla. Besarle la frente y besarla pasionalmente fue maravilloso. Le encantaba que le mordiese. Le encantaban las caricias, que le suspirara, que le susurrara palabras al oído.

    Ella fue quien me quitó el bóxer e introdujo el glande hacia el interior de su vagina humedecida. Y me presionó a introducirlo lentamente hasta que me dijo “ya hazlo”, y fue allí cuando entendí que me pedía la penetrase con más intensidad, el placer para ambos era intenso explosivo e inigualable. Le mordía el cuello. Le besaba el cuello, le susurraba mientras la penetraba. Fuertemente y gemía, gemía demasiado.

    Sus expresiones eran suficiente para guardarme y no venirme hasta que acabase ella conmigo.

    Pero me detuve, lo retiré y la coloqué en 4, allí fue cuando experimentó y puso el grito en el cielo, sudaba tiritaba y acabo con una intensidad en que los fluidos rebalsaban, goteaban y caían hacia sus piernas. Cuando ya se venía la tercera quise venirme con ella.

    Mientras le presionaba los pezones y penetraba profundamente acabamos juntos su tercera vez. Se salió y cayó a la cama. Sudada y extasiada.

    La contemplé, la cubrí y me recosté junto a ella, la abracé y la besé. Y me sonrió y volvió a dormir, pero esta vez con la fuerza ejerciente de sus abrazos sobre mi pecho…

  • Retrasando lo inevitable

    Retrasando lo inevitable

    Este es mi primer relato, ya llevo un tiempo leyendo esta página y me pongo bien caliente, siempre termino tocándome delicioso, pero eso lo dejaré para mis próximos relatos. Me he animado a escribir sobre mis historias más excitantes, he disfrutado bastante del sexo a pesar de mi edad y me da demasiado morbo la idea de que alguien se venga leyendo mis relatos.

    Me llamo Viviana y tengo 29 años, en ese momento de mi vida tenía 24 y trabajaba como gerente de una oficina de mercadeo. Para ese entonces trabajaba, me acaba de mudar sola a un apartamento pequeño en una mejor zona y pues a pesar de estar muy feliz por estar independiente pues sí me hacía falta un hombre que me ayudara.

    Al poco tiempo de haberme mudado conocí a Paula y a Jesús, mis vecinos de al lado quienes eran esposos y aunque al principio me hice medio amiga de Paula con el tiempo nos distanciamos, pero siempre seguí mi amistad con Jesús. Él es un hombre que en un principio jamás pensé que me podría llegar a gustar, era todo lo contrario a lo que a mi me gustaba en un hombre. Era ordinario, negro, gordo, medio jocoso, en fin, no lo tomaba como algo más que un amigo y fue así como por dos años.

    Durante este tiempo él siempre estuvo allí haciendo cosas por mí que no debía hacer ya que no éramos pareja, digamos que yo fingía demencia ya que él igualmente no intentaba nada. Siempre me decía «estás retrasando lo inevitable» y yo realmente ni consideraba el asunto. Vamos que sabía su interés en mí, pero conocía a su esposa y no me atrevía aunque me agradaba tenerlo cerca y que estuviera allí para mí.

    Un sábado me escribió un mensaje

    Jesús: Hola, estás?

    —Hola, sí dime

    Jesús: Qué haces?

    —Hablando con Carla (mi mejor amiga), queremos salir a tomarnos unos tragos.

    Jesús: Paula está de viaje por este fin de semana, quieres que las acompañe?

    —Tú dices?

    Jesús: Bueno no tengo nada qué hacer

    Desde ese momento supe que algo iba a pasar esa noche. No sabía por qué, pero tampoco me detuve a pensarlo demasiado sin embargo me preparé. Ese día me depilé todita y me puse un conjunto negro bien sexy que dejara bien claro que ya sabía a lo que iba. Me puse un short bien cortito, llegó mi amiga y salimos.

    La noche transcurrió normal, hablando puros temas triviales, a todas estas yo ya venía bien high con un porro que me había armado antes de salir, más las cervezas ya más que encendida estaba demasiado horny. Ese día necesitaba sexo y quería que él por fin diera el primer paso, que ya no fueran bromas.

    Delante de mi amiga jamás hizo nada, terminamos de beber allí y nos fuimos. Dejamos primero a mi amiga que estaba un poco más que prendida, pero me dijo «me avisas cuando llegues» en un tono muy «ya te conozco perrita».

    Al bajarse ella, Jesús se mantuvo callado un rato y luego tomó mi mano. No entendía cómo el simple hecho de que él hiciera eso ya me estaba atormentando de calor en mi interior horriblemente. Era lo prohibido, saber en lo que me estaba metiendo. Seguimos así por un rato ya que el camino a casa era largo. Al llegar subimos y no decíamos nada, mi corazón iba a mil, no podía dejar que se fuera a su casa, pero pensaba que no podía lanzarme yo. Dios estaba tan excitada en ese momento.

    Al momento crucial de despedirnos él viene y dice:

    Jesús: No me quiero ir a mi casa.

    A lo que yo en menos de 3 segundos de forma totalmente impulsiva le respondí:

    —Yo tampoco quiero que te vayas a tu casa.

    Lo que siguió después de eso fue entrar a mi apartamento y comenzar a besarnos con una pasión incontrolable, en ese momento el mundo pasó a segundo plano solo importábamos los dos y ese momento. Nos besamos por largo rato, mi lengua buscaba la suya y de un momento a otro me estaba quitando la ropa mientras me decía «ves, era inevitable» eso me puso a mil y me arrodillé y ahí fue cuando vi su gran verga, era inmensa, gruesa, negra, era demasiado sexy de ver. Ya ahí no me aguanté más y me la metí en la boca, le di besitos en la punta, pasé mi lengua por todo el glande y lo agarré bien duro para masturbarlo mientras chupaba, era demasiado rico.

    No me dejó mucho tiempo pues él estaba como un animal de excitado y comenzó a besar todo mi cuerpo desde el cuello, no parábamos de gemir, el solo contacto ardía por dentro, no podía creer lo que Jesús me estaba haciendo sentir.

    Llegó a mi clítoris y comenzó a chupar, morder suave, lamer despacito ufff, me estaba matando, si algo disfruto es el sexo oral y este hombre me estaba haciendo la mamada más rica de mi vida. Me metía dos dedos y todo lo hizo despacito, iba acelerando al ritmo de mis gemidos.

    Me entregué completamente a ese hombre casado.

    Me vine en un orgasmo que me dejó en el Nirvana unos minutos mientras él se ponía el condón y entonces metérmela completa bien adentro, estaba demasiado mojada y sensible por el orgasmo, la sensación era increíble, me hacía enloquecer como se movía dentro de mí ese hombre, me estaba dando durísimo en cuatro, me nalgueaba y me decía que si me gustaba y yo solo podía gemir de placer. Me vuelve loca que me nalgueen y él lo hacía perfectamente, me estaba tratando como toda una perra y eso me tenía volando de excitación.

    Me puso boca abajo y él arriba de mí, me penetró delicioso, las embestidas eran brutales y cada vez más intensas, sentía que estaba por venirse a lo que mete la mano y comienza a tocarme el clítoris, eso me hizo explotar en un orgasmo como nunca al mismo tiempo que él se vino dentro de mí. Nos acostamos un rato y dormimos.

    A la mañana siguiente despertamos juntos y la sensación piel con piel era increíble, volvimos a hacerlo. Esta vez él se subió sobre mí y empezó a besarme toda hasta bajar a mi clítoris, necesitaba otra dosis de esa lengua y así fue, no sé cuánto tiempo estuvo chupándomela, me volvía loca verlo ahí pegado tomando todos mis jugos, me hizo venir dos veces así, ya en ese momento sabía que esa historia apenas iba empezando. Sabía que iba a querer coger con Juan muchas más veces.

    Juan: Que rico estar dentro de ti.

    —Ahh sii demasiado rico, dame así siii.

    Juan: Te gusta que te lo haga así? Qué quieres que te haga?

    —Hazme lo que tú quieras soy tuya ahh sii qué rico sentirte me vas a hacer venir.

    En ese momento no sabía la magnitud de lo que estaba diciendo, pero estaba tan excitada que iba a hacer cualquier cosa.

    Lo siguiente que sentí fue a Juan intentando metérmela en el culo, el dolor era tremendo, tuvimos que ir poco a poco porque era la primera vez, pero el dolor fue cambiando por placer y él acabó dentro de mí mientras me tocaba, estábamos sudados muertos de placer.

    Al rato nos duchamos y él se fue a su casa.

    Después de esa noche fuimos amantes por un año. Cogíamos a cada minuto que pudiéramos coger, las miradas, los inventos para escaparnos. Cogíamos en su casa en la cama de su esposa, en mi cama, en hoteles, en el carro. Donde fuera que pudiéramos. Nos separamos porque él y su esposa se fueron del país. Todavía me masturbo pensando en todas nuestras grandes cogidas.

    Dejo por aquí mi correo [email protected], me pueden enviar sus comentarios!!!

  • Mi primera vez en un club de intercambio

    Mi primera vez en un club de intercambio

    Mis amigos me llaman Javichu y este es mi primer relato. ¡Espero que os guste!

    Os puedo asegurar que es una historia real, en la que he cambiado el nombre de terceras personas. Me imagino que al leerlo estas personas recordarán esos momentos de pasión vividos y disfrutarán de la lectura.

    Tras una primera visita a un club de intercambio con una chica que conocí a través de una página web y que me introdujo en el ambiente, decidí proponerle a una amiga ir juntos a un spa nudista muy conocido que hay en Madrid.

    En verano nos habíamos bañado desnudos en alguna playa nudista (Maspalomas) y nos gustó la experiencia de disfrutar de nuestros cuerpos desnudos al sol. Esta situación nos provocaba un cierto morbo, pero el anonimato nos relajaba.

    Pese a mis cincuenta tacos, me conservo bastante bien, practico deporte, soy alto, 80 kilos de peso. Mi amiga Cristina a la que conocí en el trabajo, es más joven que yo. Tiene 35 años y nos consideramos “follamigos”. Nos vemos de vez en cuando, viajamos juntos cuando podemos y nos gusta experimentar, conocer nuevos restaurantes, nuevas ciudades y nuevas formas de practicar el sexo.

    Nunca nos habíamos planteado un intercambio, pero yo soñaba con ello y me ponía a 100, pero no sabía cómo planteárselo.

    Un día quedamos a comer y le propuse cogernos la tarde libre y sorprenderla con un nuevo plan (ir juntos a un spa para relajarnos por la tarde). No le dije toda la verdad sobre el sitio, solamente que era un spa nudista con jacuzzi, sauna y podíamos tomarnos tranquilamente un café y pasar una tarde tranquila.

    A Cristina, le extrañó la propuesta, pero contestó que podía ser divertido y así nos quitábamos encima el stress de toda la semana.

    Al momento me puse cachondo pensando en lo que nos íbamos a encontrar. Pero a medida que nos acercábamos me preocupaba su reacción y me puse un poco nervioso.

    Al llegar, ella se extrañó que no hubiese ningún cartel en la puerta, y que todo estuviese muy cerrado.

    —¿Estás seguro que es aquí? —Me preguntó Cristina.

    —Si, seguro —respondí.

    Mi corazón latía a mil y me decidí a explicarla antes de entrar que este local además de spa, permitía interactuar entre las parejas.

    Cristina puso unos ojos como platos y me dijo que ni de coña entraba en un sitio como este.

    La abracé e intenté tranquilizarla, “no tienes que hacer nada, simplemente nos relajamos y observamos el ambiente”.

    Ella seguía reticente, pero finalmente la convencí diciéndola que nos iríamos en cuanto ella me lo pidiera.

    La tenía abrazada y sentía su corazón latir muy rápido. Finalmente llevándola abrazada, nos acercamos a la puerta.

    Llamamos al timbre y nos abrió una chica que nos dio una llave para guardar la ropa, unas zapatillas desechables y nos preguntó si preferíamos toalla o albornoz. Nos decantamos por el albornoz.

    Pasamos dentro, estábamos excitados y nerviosos, menos mal que no había nadie en el vestuario porque posiblemente Cristina hubiese salido corriendo.

    Nos desnudamos con una risita nerviosa y nos fuimos directamente a la zona de bar tapados únicamente con los albornoces.

    Yo ya tenía mi polla empalmada, además no me podía cerrar el albornoz. En el bar había otras parejas que charlaban animadamente y algún chico solo que deambulaba por el local en busca de alguna aventura.

    Para rebajar la tensión, pregunté a la camarera que nos explicase un poco la organización del spa.

    Nos explicó que la parte de arriba era únicamente para parejas y en la de abajo estaba la piscina/jacuzzi, la sauna, y unos cuartos donde podíamos buscar más intimidad solos o con otras parejas.

    Cristina me apretaba la mano fuerte y se la notaba nerviosa, pero excitada.

    Nos decimos por entrar en la parte de las parejas y nos quedamos de piedra en la puerta. Varias parejas follaban en una gran colchoneta tipo futón o tatami, la habitación tenía mucha luz y se oían pequeños gritos de placer. Empujé a Cristina hacia el centro de la sala. La invité a tumbarnos, me deshice de mi albornoz y utilizándolo como sábana improvisada me tumbé en el tatami.

    La cogí de la mano atrayéndola hacia mí. Me besó profundamente mordiéndome el labio. A la vez que miraba hacia la pareja de al lado viendo como la chica le estaba haciendo una mamada de escándalo. Cuando se fue relajando empecé a besarla el cuello, los hombros y con las manos le acariciaba las tetas. Notaba sus pezones erectos y a cada caricia ella respondía con un respingo. Poco a poco mis manos se deslizaron entre sus piernas. Estaba totalmente mojada y empezó a jadear, a la vez que me cogió mi polla con una mano y la movía rítmicamente. Sus jadeos provocaron que la pareja de al lado se volviese y nos sonriese. Me entraron unas ganas locas de probar los flujos que salían de Cristina y de lamer ese clítoris que se había endurecido a respuesta de mis caricias.

    A Cristina le temblaba todo el cuerpo y jadeaba ante el trabajo aplicado de mi lengua. Tenía los ojos cerrados y no se percató que la pareja de al lado se nos había acercado y el chico le estaba acariciando el brazo. Yo sin dudarlo empecé a acariciar la pierna de la otra chica y esta me respondió acariciándome la espalda mientras yo seguía chupando como un poseso. Mi mano fue pasando de la pierna al coñito de mi vecina y su pareja empezó a chupar los pezones de Cristina que seguía en trance, con los ojos entrecerrados gimiendo como una perra en celo.

    Poco a poco los cuerpos de los cuatro se fueron entremezclando y mi nueva amiga con mi rabo en una mano me “pidió permiso” para llevárselo a la boca. Yo no cabía en mi gozo y la respondí afirmativamente con una sonrisa. Estaba comiendo el coño a Cristina mientras me chupaban mi polla con avidez. Estaba a punto de correrme, pero intentaba pensar en otra cosa. Mi cuerpo tenía espasmos y no podía aguantar más. Al levantar la cabeza para avisar a mi nueva amiga que me iba a correr, vi a Cristina agarrada a la polla de la otra pareja lamiéndolo el capullo con avidez. Ante esta visión empecé a eyacular, llenándole a mi nueva amiga de lefa por toda cara. Cristina al verme se echó a reír y me besó apasionadamente.

    —¡Me ha encantado tu sorpresa! —Me dijo.

    ¡En otro relato os contaré como continuó la fiesta!

    ¡Si alguna os ha gustado mi relato y queréis probar la experiencia, escribirme y me encantará acompañaros o recomendaros algún sitio!

  • Un anal de otro mundo con mi doctora

    Un anal de otro mundo con mi doctora

    Unos amigos me invitaron a jugar un partido de futbol, me encontraba algo ocupado, pero como hacía rato no jugaba y quería distraerme, fui con ellos a jugar.

    Todo transcurría normal, los dos equipos parejos, íbamos empatando 2-2 y el que perdía debía pagar unas cuantas canastas de cervezas, así que prácticamente jugábamos a tope para no perder. En una de las jugadas, uno de los contrincantes le robó el balón a uno de mi equipo, y venía atacando, yo estaba en la defensa, así que salí directo a chocarlo y me lancé con la pierna, lo que comúnmente en mi país se conoce como “barrer” o “plancha” y el pie se me quedó en un hueco pequeño de la cancha, lo suficiente para generar un esguince de primer grado

    Fue algo no tan grave, ya me había sucedido antes y lo que siempre hacía era aplicar hielo y hacer terapia en casa, pero al pasar los días el tobillo se hinchó más, parecía una pelota, así que fui al hospital y había tenido unas fisuras leves según entendí, algo dentro de lo normal y el tobillo hinchado era que no lo había sabido cuidar, lo había sobrecargado, por lo cual necesitaba reposo y terapias más tarde.

    Ya me sentía mejor, pero quería acudir a las terapias, tenía muchas cosas que hacer en la oficina, pero estas terapias me ofrecían llegar más tarde e igual pago y quería desahogarme de tanto trabajo, así que fui.

    Al llegar esperé en una sala grande con muchos casos más graves que los míos, la mayoría eran más graves, pero igual quería hacerme mis terapias, me llamaron y primero entré a un consultorio para una valoración, entré y no había nadie aun, vi el nombre y noté que era mujer quien iba a atenderme.

    —Hola joven, buenos días, mi nombre es Diana y yo estaré encargada de su recuperación –era una fisioterapeuta muy bonita, su uniforme no dejaba ver mucho, pero era delgada y un rostro de princesa

    —Buenos días –dije algo atontado y nervioso al ver lo bonita que era– mi nombre es Andrés y espero recuperarme pronto, con su ayuda claro

    —así será Andrés, solo debe seguir mis indicaciones y ya, las terapias las haremos dos sesiones por día para agilizar ¿está bien? –yo solo asentía con la cabeza– es que tenemos muchos pacientes y no está mal que haga varias terapias al día, con el correcto apoyo le irá bien –me dijo mientras sonreía, por mi podía cobrar todas las terapias que quisiera y no iba a decir nada, solo que si quería verla más tiempo.

    Pasamos a otro salón donde habían varios pacientes, y me dijo que las terapias serian algunos masajes circulatorios, electroterapia, estiramientos, fortalecimientos de musculo y más cosas y en otro orden que ni recuerdo ni me importaba, solo iba por no ir a trabajar y ahora por verla a ella.

    Al pasar los días nos íbamos conociendo más, le hacía preguntas típicas para entrar en calor y ella a mí, muchas veces la notaba distraía, tal vez mucho trabajo la tenía así de cansada, uno de los temas fue que si tenía novio a lo que ella enseguida contestó que no y sonrió.

    —¿Y tú? Tienes novio señor tobillos flojos –solté una carcajada.

    —No, no tengo –y para no decir las estupideces que todos dicen, que tan bonita, que tan agradable y no tener pareja y bla bla bla le dije– has de ser muy pesada o gruñona para no tener novio –ella me miró mal, sé que me miró feo, además de apretarme el robillo– ahhh me lastima –le dije.

    —Eso es para que no andes diciendo bobadas.

    —Lo siento, solo molestaba, es que…

    —Jajaja –ella se rio de mi– solo te molestaba, a decir verdad creo que si soy muy gruñona y me da igual, si me van a querer que me aguanten también.

    Era alguien muy divertida, hasta el momento anda de gruñona, por un momento pensé que la había embarrado con ella y no me había dado esperanzas de nada, pero sería perder mucho terreno si se hubiera tomado en serio lo que le dije.

    Al terminar la terapia, pasé por su oficina, se veía estresada y llenando papeles.

    —Hasta luego tobillos flojos –me dijo sacándome de nuevo una sonrisa.

    —Hasta luego gruñona –le dije cerrando la puerta rápidamente.

    —Cobarde –me gritó ella, así que volví y…

    —Te tomas algo más tarde –ella no supo que responder, pensó que vendría a molestarla, pasaron unos segundos eternos para mí y dijo claro, te veo luego del trabajo.

    —La espero mi doc. –le dije y salí.

    Esa noche la espere ahí hasta que ella salió, tan sol o quedaban dos horas para terminar y volver a mi casa sería ir y devolverme prácticamente de una vez.

    —¿Me esperaste hasta salir?

    —No quería llegarte tarde jajá –solo me reí a lo que ella respondió con risas igual.

    Fuimos a una cafetería muy conocida en la ciudad y charlamos un buen rato, nos conocimos mejor, vi que tenía ciertos problemas con sus familiares y su vida amorosa no le había ido bien, pero intentaba animarla o molestar a lo que ella me correspondía muy bien, hubo silencios pero no incomodos, solo silencios en donde nos mirábamos y ya.

    -mañana es tu ultima terapia.

    -wow, no lo había notado –le dije algo triste porque tal vez no la volvería a ver– tendré que partirme esta vez un hueso para volverla a ver y más tiempo.

    -jajaja no seas tonto, no debes hacer eso para vernos –me dijo algo sonrojada y yo internamente feliz.

    Charlamos más tiempo y la acompañé a su casa para que no fuera sola.

    —¿Deseas pasar? –me dijo mirándome fijamente a los ojos.

    —Si, por supuesto –con voz entrecortada.

    Al pasar vi que era bastante ordenada y en sus cuadros vi que tenía buenos gustos, me senté en el mueble y ella dijo que esperara que se iría a poner más cómoda. Estaba ahí sentado, nervioso, sin saber que iba a suceder. Pasaron unos minutos y ella me llamó.

    —¡Andrés, Andrés! ¿Puedes venir? –gritaba ella.

    —Claro, en seguida voy.

    Al entrar en la habitación vi que estaba solo en ropa interior, mirando hacia la cama y dándome la espalda.

    —Quédate ahí –solo pasé saliva e hice caso.

    —Emmm…

    —Cállate, no digas nada hasta que yo te diga, después de lo que te diga puedes decir o hacerme lo que quieras, pero hablaré primero.

    Yo estaba algo confundido, nervioso y contento, tenía unas nalgas muy paradas, eran preciosas, se notaba que iba al gimnasio, una cintura pequeña que hacían que sus nalgas se vieran más grandes.

    —¿Deseo que seas cruel conmigo, que así te diga que no, tú sigas y me trates como desees, puedes?

    —Si –solo supe decir eso, no bastaba decir nada más, prácticamente vivía un sueño al oír esas palabras.

    Me acerqué a ella, le di unas nalgadas.

    -anda, más duro, déjalas marcadas.

    La chica tierna que había conocido, en este momento no estaba presente, era una situación muy confusa, no tenía nada que ver a lo mostraba, pero no era momento de pensar y solo seguí nalgueándola.

    Me quité mi cinturón.

    —Ha llegado papi y te va a castigar –le dije mientras me quitaba el pantalón y tomaba la correa y una parte la enrollaba en la mano.

    —Si papi, lo merezco, me he portado muy mal.

    Hice que se pusiera en cuatro en la cama y comencé a darle de latigazos con la correa, sonaba duro y le dejaba marcada sus nalgas.

    —He hecho muchas cosas malas, debes castigarme más fuerte –a lo que ella se enderezó y llevó su cabello hacia adelante, quitándose el sostén y dejando su espalda descubierta para tal castigo.

    No había hecho antes tal cosa, así que con cierto miedo le golpeé la espalda, ella gemía, ya tenía algunas marcas que apenas estaba notando, como si ya la hubieran castigado tantas veces antes, me acerqué a ella y la volteé, vi que el uniforme le tapaba tantas cosas y atributos, sus senos hermosos, redondos, paraditos, rosaditos, sus pezones en punta de lo excitada que estaba y no dudé un segundo y ahí estaba chupándole las tetas, mordiéndole los pezones como un niño hambriento, subí con lamiéndola por el pecho hasta llegar a la boca.

    —Pero tremenda zorrita me he encontrado –ella me miró y sonrió, se mordió el labio y me labio mi boca.

    —Puedo ser tu perrita, solo debes alimentarme y cada que vengas a visitarme, saldré corriendo a lamerte y también sacudiré mi cola de lo feliz que estaré porque me darás lo que quiera.

    Tremenda puta me había llevado a encontrar esta situación, la tomé del cabello y la jalé para que su cuello quedara libre y fui directo a él y lo lamí y mordí, la tiré fuerte a la cama, ella se extendió toda, abriendo sus piernas.

    -no no perrita, ven para acá –yo estaba al borde de la cama– camina por la cama en cuatro patas como lo perra que eres y ven.

    Ella se acercó rápidamente como perra obediente, me bajé mi ropa interior y vio que salió mi verga, bien tiesa y gruesa, a lo que ella babeó en seguido, abrió sus ojos sorprendida y me miró.

    -abre esa boquita perrita –le dije mientras me llevaba mi verga bien tiesa hacia mi ombligo y la solté sobre su lengua– ¿ves lo dura que está? –me la tomé con mi mano y golpeé sus cachetes, eso pareció excitarle tanto que quitó las manos de mi pene y ella la metió en seguida a su boca, no tenía que decirle nada, ya era un espectáculo, su garganta profundo y metía mi verga hasta el fondo y sacaba su lengua para lamer mis bolas, y no dejaba de verme, sus manos en sus tetas, pellizcando los pezones, así que puse mis menos en sus cachetes y apretaba más.

    —Así mi perrita, mira como me masturbo en tu boca –ella a veces blanqueaba los ojos de lo profundo que lo sentía, lo chupaba muy bien– anda muérdelo zorrita –y ella siempre obediente me hacía caso, era una delicia verla chupando mi verga.

    Aceleró el paso y me tomó de las nalgas y empujó más fuerte, la tenía toda dentro de su boca, con sus manos ayudaba para jalar más y más rápido y sentí que me venía y ella lo notó cuando levanté mi cabeza y suspiré fuerte, al inicio tragó parte de mi semen.

    —Mírame –me dijo ella mientras me venía.

    Ella estaba con la boca abierta y mi semen saliendo a chorros, caía en su cara y tetas, ella se bañaba con mi semen, sacaba su lengua para lamer lo que le caía en los labios.

    A ese punto estaba feliz, fue tremenda venida, a lo que lleva fue al baño y oí la ducha

    —Ven Andrés, acá tu perrita te espera.

    Pensé que ya había acabado todo, cuando oí lo que ella me gritó desde el baño, así que fui directo a ella, se estaba quitando los rastros de semen en la ducha, entre junto a ella, se giró y me tomó mi verga con su mano y la enjabonó, bien desde las bolas hasta la punta, me estaba lavando la verga, así que puse jabón en sus tetas y comencé a darle un buen baño también, ya los dos estábamos de nuevo activos, mi verga con sus masajes no se bajó ni un poquito.

    —Veo que si eres buena con las manos –le dije mientras disfrutaba sus manos en mi verga.

    —Soy tu fisioterapeuta personal, debo cuidarte mi amo.

    Fue oírla decir eso y mi verga estaba en puta de nuevo.

    —Así quería tenerla de nuevo, grande para mí –me dijo con cara de deseo.

    La volteé y la puse contra la pared del baño, ella me miró y sonrió.

    —Ya sabes lo que deseo mi amo.

    Abrió bien sus piernas y puse mi verga en ano, empuje un poco y la punta ya estaba dentro.

    —Ahh siiii, la quiero más adentro –me dijo mientras cerraba los ojos, vaya perra como disfrutaba tener una verga en su culo, tanto que agarró mi mano y la llevó a su boca y la lamía.

    Comenzó a sacudir su culo, lo tambaleaba como si estuviera bailando, yo abría mi boca de lo rico que se sentía, mi pene vibraba con sus sacudidas, luego comenzó a sacudirlo de arriba abajo y de un jalón puso toda mi verga dentro suyo, gritó tan fuerte que sentí que los venimos oirían.

    —Oh por dios si, que verga más rica, me has roto el culo mi amo, pero que delicia, sentí como se me abrió y rompió –me dijo tomándome de la cabeza, quedando su espalda en mi pecho y sacando su lengua para lamer mi boca, era una zorra incontrolable.

    Sus tetas al aire se veían tan rica desde acá arriba, que jalé sus pezones, las masajeaba pero solo fue hasta bajar mi mano a su clítoris y con mi verga dentro de su culo, comencé a masturbarla. Sus piernas tambalearon y tuve que sostenerla con mi otra mano en sus tetas, apretándola hacia mí, y comencé a mover mi mano en su clítoris, lo sacudía rápido, ella parecía estar llorando y eso me excitaba más.

    —Por favor, por favor dame más –me decía llorando y gimiendo, era una combinación demasiado excitante.

    Llevé mi mano a su cuello y la ahorcaba.

    —Así mi amo, apretarme más fuerte, soy solo tuya.

    Intentaba bombearle ese culo mientras sacudía su vagina con mi mano y comenzó a chorrear demasiado rico, era increíblemente delicioso oír caer su orgasmo y ella mojaba bastante, mi mano estaba empapada, estaba tan excitado que la llevé a mi boca y lamí. Mi verga aún estaba tiesa en su culo, así que la tomé de las caderas y comencé a bombearla, ella se sacudía toda de lo ida que estaba.

    —Apenas termine dentro de ti debes dejarme la verga bien limpia ¿entendiste?

    —Si mi amo, lo que ordenes.

    Esta perra parecía ser insaciable, era como si tomara otro respiro, ella se fue acercando a la pared y me tomó de las nalgas y me llevó con ella.

    —Bombéame fuerte.

    Comencé a darle tan duro que mi pelvis se oía chocar fuerte con su culo que se sacudía de tremendas embestidas, mis bolas se sacudían y chocaban con su vagina, ella llevaba sus manos por debajo de su vagina y tomaba mis bolas, las acariciaba, pero solo fue hasta que las apretó tan fuerte que sentí algo que hasta ahora no lo había hecho, una calentura en un punto así sería imposible, pero esto me encendió mucho más.

    —Te gusta mi amo, te gusta como tu zorra te trata.

    —Siii, así mi zorra – era lo único que podía decir.

    Las apretaba y golpeaba dándole palmadas.

    —Anda, quiero mi culo lleno de leche.

    Saqué mi verga de su culo, la giré y la alcé, sus tetas en mi pecho mojaditas me excitaban demasiado, la puse en la cama boca arriba, ella se veía confundida, sus piernas las doblé, abriéndolas y llevándolas junto a sus tetas, para no perderme lo deliciosa que eran sus tetas, su culo se levantó y metí mi verga en ese rico ano, ella abrió sus ojos y me tomó de los brazos, apretándolos y arañándolos fuerte, su cabeza se movía para todos lados como sintiendo algo que no había sentido antes, como desesperada mientras mi verga entraba enterita.

    Ella pasó sus brazos por debajo de sus rodillas, para jalarlas más hacia arriba mientras bombeaba sin parar dentro de su culo, la miré y de un momento a otro comencé a partirle ese culo tan rápido como pude, ella gritaba:

    —Siii, por dios, que delicia mi amo, que delicia.

    Yo bombeaba y bombeaba, la miraba y a punto de venirme la tome de los cachetes y la apreté, se veía sodomizada, con cara de placer y sufrimiento, la cacheteé unas veces fuerte y ella se excito más, comencé a venir.

    —Me vengo mi puta, me vengo.

    —Lléname mi culo de leche, llénalo por favor.

    Comencé a sentir como me venía, no me había venido así antes, salió más leche que la primera, lo sentí como salía y salía.

    —Mmmm que delicia –me decía ella apretándose los labios, al terminar caí rendido en su cama.

    No sé qué hizo ella, pero ese culo estaba muy delicioso, yo solo me dormí y al amanecer ella ya no estaba, hoy era mi último día de terapia, en la mesa había una nota que decía, te espero en terapia mi amo, pero no fui, llamé a un sitio de juegos sexuales que llegó a la casa de ella esa misma mañana, le había comprado un plug anal con cola de zorra, lo recibí en su casa para volverlo a enviar a la oficina de ella con una nota que decía.

    “para mi zorrita, espero lo tengas puesto al llegar cuando te visite esta noche para que sacudas tu culo de lo feliz que estarás de verme”.